Misión S Trama Asedio | Mamá leona Nashla & sus cachorros Einarr y Sho

Tema en 'Naruto World' iniciado por Bishamon, 4 Ene 2018.

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    Bishamon

    Bishamon Can you feel the rhythm? Running, running! Moderador

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    Kirigakure, noche.

    Por casi ruegos de su pequeña mascota, Sho había accedido a portar una capa que le mantendría protegido de la torrencial lluvia que azotaba la aldea desde hacía muchos, muchos días. No era como si le hiciera falta ocupar su tiempo en algún encargo, aunque el motivo de su presencia en la torre administrativa estaba desligado a lo anterior, vio con un gramo minúsculo de interés cómo shinobi se movían de un lado hacia el otro con prisa. No recordaba una noche tan agitada como esa y es que era obvio que algo sucedía y que solo determinados ninjas lo sabían.

    —¿Qué haces ahí parado? —Kageyama dio un respingo. Juró que quien estuviera detrás de él le hablaba a él, constatándolo al girarse. Allí estaba el que usualmente acompañaba a la Mizukage: un hombre joven, cabellera castaña; era del clan de la fémina porque en algún momento le hubo visto en acción. También le había visto la espalda y por ende la insignia del clan. —Nashla te está esperando.
    —Sí, sí —inclinó un poco su cabeza hacia abajo y sin pedir permiso avanzó cuantos pasos le faltaran para llegar a la oficina de la aludida.
    —¡Anda! —Uchiha varón le terminó por dar el empujón de gracia sin llegar a la brusquedad.

    El chuunin no podía ver la expresión de la de mayor rango ni siquiera porque esta se reflejara a medias en el cristal húmedo del ventanal. Inevitablemente se preguntó si Uchiha mujer yacía molesta pero fue rápido al considerar que de estarlo, tendría justa razón; la situación en Suijin era para preocuparse ante tanta agitación. El clic de la puerta al cerrarse fue una especie de señal para Nashla, aunque supiera que no se encontraba sola; al girarse se descubrió con un gesto afable, para nada ligado a lo que se imaginaba el peliblanco.

    —Siéntate, Sho —con su mirada se cuestionó si se refería a que tomara asiento frente al escritorio o en la pequeña salita—. Donde prefieras —entonces sintió una punzada; Pecas se había dado cuenta de su indecisión. El sofá a su izquierda lucía bastante confortable y sin saber por qué sus piernas se movieron en automático hacia los asientos frente al escritorio, un poco más duros por el material. La Nidaime avanzó hasta él para sentarse a la par. No a su frente, como se lo esperaría cualquiera de un superior; tampoco se colocó detrás o con una posición intimidante. De hecho, estando tan cerca de la mujer Kuro podía constatar que ella no distaba mucho de su edad. Lucía madura pero era jovial aún. Hasta le sorprendió verla subir los pies en el asiento, adoptando una pose mariposa. —¿Podrías traernos un… —de reojo miró al varón de menor rango—. ¿Tomas?
    —Sí —apretó con ligereza sus pantalones.
    —Sake —miró al Uchiha que empujó a Sho antes y este se dispuso a servir lo pedido.
    —¿Puedo saber por qué? —Tragó en seco. Nash no comprendió del todo la pregunta y se atrevía a decir que tampoco la escuchó muy bien. Si Neo no le hubiera dicho eso, Sho no se hubiera molestado en iniciar de nuevo con más propiedad. —Por qué me llamó, eso.
    —Es que me quedé con cierta curiosidad —Satoshi dejó una copa para cada uno sobre el escritorio—. Tienes vendas nuevas —Y eso hizo que el chuunin apretara un poquito su boca; enseguida llevó su mano izquierda sobre el brazo derecho—. Me he enterado que últimamente vas seguido a los dispensarios y hasta donde sé no eres médico.
    —¿Me está espiando? —Por primera vez la miró a los ojos (esa noche).
    —No —suspiró—. Entenderás que debo interesarme por todos en esta villa y que me es imposible estar pendiente de todos a la vez; asumo en muchos casos que hay personas que están bien, pero no puedo ignorar a aquellos que no están o podrían no estarlo —tomó la copa con el alcohol, quedándose viéndolo—. La última vez que tuve un contacto cercano contigo, pasó algo muy extraño.
    —Que no sea un ninja médico no significa que no pueda aprender ciertas cosas…
    —Y te doy la razón —sonreía con calidez—. Pero no siempre adquirimos conocimientos para usarlos de la forma más acertada.
    —Eso dependerá de lo que desee la persona con eso, ¿no? —Tomó la copa también; se sentía extrañamente menos agitado que al comienzo.
    —Claro, pero lo que quiero decir es que por algo existe lo tangible y lo intangible… por ejemplo, esta copa —la alzó a la altura de su cara—. En ella puedo tomar lo que sea, pues es un envase. Sin embargo, quien la creara no lo imaginó así —Sho la miraba fijamente—. La creó pensando que de esta forma las personas podrían disfrutar de una buena y suficiente dosis de Sake… —ahora Nashla miraba a los ojos al varón—. Si yo la usara para tomar agua, ¿podría satisfacerme?

    Cuando el chuunin se disponía a responder o por lo menos Uchiha a continuar con su explicación, alguien tocó la puerta de su oficina y por lo que conversaba con Satoshi pudo discernir que algo estaba ocurriendo y que debía prestarle atención con inmediatez. Antes de despedirse de Sho y su amigo animal, los dos tomaron el sake al mismo tiempo, coincidiendo con que la bebida estaba realmente fuerte pero lo bastante caliente como para anular cualquier atisbo de frío.

    Las últimas palabras que escuchara de Yuusha aquella noche tenían que ver con que en otra ocasión retomarían la conversación, pues para la Nidaime era importante tratar el tema que tanto procuraba Sho ocultar. En lo que descendía las escaleras dirigiéndose a la salida de la torre no se fijó cuando alguien iba pasando por su lado y por la prisa de quien fuese en dirección opuesta, sus hombros chocaron.

    —Discul…
    —¿Por qué no te fijas bien, maricón? —Los orbes violetas y azules de cada uno chocaron; Kageyama se sintió exuberantemente intimidado por esa facción de enfado. Aparte de que el otro muchacho emanaba un aura gélida que empeoraba más su impresión.
    —No quise que esto pasara.
    —Me importa una mierda; ya hasta pareces nenaza disculpándote así, maricón.

    Y cuando el mal hablado se disponía a marcharse, un jounin atajó su paso haciendo que retrocediera con brusquedad. Entre palabrotas e intentonas por zafarse del agarre del de mayor rango, fue cuasi arrastrado junto a Sho a quién sabe dónde. En cuanto pudo, Einarr tiró de su cuerpo pero ya se encontraba en la oficina donde se entregaban misiones. Había cierto desorden allí y un ambiente palpablemente tenso.

    —¿Qué te pasa, hijo de puta?
    —Mira, te conseguí a dos shinobi para la misión —ignorando los despectivos de Yuki, se dirigió a quien requiriese a dos ninjas—. Aprovéchalos.
    —¡No sabes modales, malparido! —Fue lo último que le gritó, algo irónico viniendo de él.
    —Pensé que no estaban asignando nada por el temporal —para entonces el de cabellera más clara ya tenía el pergamino con el sello oficial de la villa y con la palabra “emergencia” bastante notoria.
    —¿Quién les dijo que voy a hacer esa mierda?
    —Mira, si no quieres hacerlo está bien —le hablaba el sujeto que asignaba las misiones—. Te perderás de una buena cantidad de dinero —y la expresión de Tye cambió drásticamente—. ¿También te saldrás? —La pregunta iba para Sho, quien respingara y danzara su mirada entre el pergamino, quien le hablara y Yuki.
    —Ah… yo…
    —Espérate, maricón. Yo nunca dije que me saldría —de un tajo le arrancó el papiro al otro—. Haré esta mierda así me estén pidiendo a gritos que casi me suicide —Kageyama se detuvo en esa última palabra—. Y cuando la cumpla, me tendrán que limpiar el cu…
    —Yo acepto.
    —¿Y tú quién eres? —Einarr lo miró con fastidio.
    —Tu compañero de misión —Ty alzó una ceja.
    —Vale, vale, deben partir ahora mismo porque es de carácter urgente.

    El hombre apuntó los nombres de ambos chuunin en el libro de registro. Era de noche y la lluvia azotaba con furia… ¿cómo estaría el clima en la zona costera si así era en la ciudad?



    Descripción de la misión: el país del Agua ha estado asediado por un mal temporal que podría poner en riesgo la vida de cualquier persona, hasta de los ninjas. Muchas zonas se han visto afectadas por la creciente de ríos y la entrada del mar a los poblados costeros y esto ha obligado a las fuerzas shinobi a desplegarse en pos de poner a salvo a tanta gente como sea posible, llevándolas a centros comunitarios. Siendo Kirigakure la amalgama en el tema, los encargados de movilizar a los ninjas en momentos críticos, no tardaron en designar a un gran grupo de ellos a diversos puntos vulnerables del país.

    Por si fuese poco, hacía un mes y algunas semanas (antes de que empezara la tormenta) que ocurrió lo de Tenohira; la aparición misteriosa de un shinobi desconocido que terminó por enfrentarse al Shodai y la Nidaime Mizukage. Su presencia anunciaba peligro por todas partes, en vista de lo que representa la isla de Tenohira para Kirigakure. Varios ninjas habían sido ordenados para que fuesen a proteger toda la isla, empero pasados algunos días desde que empezara el mal tiempo, todos fueron abatidos y el mandatario de la isla fue raptado y llevado a Shinku no Shima (leer tema de ambientación, país del Agua).

    La situación se torna más frustrante por cómo sucedieron las cosas; se ha imposibilitado ir a Tenohira por el temporal, mas la Mizukage decidió no perder más tiempo debida a la emergencia acaecida. Y por si fuera poco, alguien (presumiblemente del Consejo) envió a ninjas a rescatar a unos pescadores envalentonados que no habían regresado desde hacía 24h a sus casas. La ruta para llegar a Tenohira colinda con la misma del incidente.

    Objetivos:
    -Investigar lo sucedido en Tenohira. Hasta el momento no se ha podido contactar a los ninjas que fueron vencidos por quien secuestrara al mandatario.
    -Buscar y encontrar al mandatario en Shinku no Shima, preferiblemente con vida.
    -Atrapar al responsable o los responsables del siniestro, vivos (para interrogarles).

    Más objetivos pueden añadirse en el transcurso de la misión o pueden modificarse.

    Objetivos secundarios pero importantes:
    -Rescatar a los pescadores náufragos si es que siguen con vida o por lo menos llevar sus cuerpos a tierra.

    Notas:
    -La Nidaime irá acompañada por un ANBU y dos chuunin. La razón de que vayan dos chuunin se explicará en la trama. Podrían aparecer más ninjas de refuerzo en cualquier momento.
    -La familia del mandatario de Tenohira se encuentra tan consternada y afectada por lo que sucedió que padecen de mutismo selectivo.

    NPC que nos acompañara en algún momento: Sistema - Biblioteca de NPC [No se admiten antagonistas] | Página 15 - Naruto World | Foros Dz

    Nota: En esta primera parte deben solo centrarse en la "misión" que recibieron. Yo me encargaré de reunirnos en mi siguiente post.

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  2. Verwest

    Verwest Aquele hálito? Me faz chorar

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    Einarr se duchó, se afeitó la barba, se lavó los dientes y se puso el traje típico de los ninjas de la aldea. Era de noche, pero aún así podía ver su reflejo en el ventanal del vestíbulo de la torre Suijin, el cual arrojaba la imagen de un joven adulto alto, flacucho y de gesto serio; aunque no por esto último agradable. Tal vez si la anciana Mizukage pudiese escuchar lo que tenía para decir, accedería a otorgarle una segunda oportunidad para subir de rango antes de que sus familiares se enteraran de su primer intento. Lo necesitaba como el comer.

    Sin embargo, mientras subía las escalinatas hasta las oficinas más importantes de todo Kirigakure no sato, algún infame le interceptó y le hizo aceptar una misión que no estaba dentro de sus planes. Su partida fue inmediata.

    Unos pescadores habían desaparecido bajo la tormenta. Vaya joya en las manos de Einarr: su encargo consistía en ir a un pueblo pesquero para rescatarles. Sonaba a una cuestión tan importante que sólo podría recaer en hombros de shinobis de alto rango o shinobis de mucha confianza –ironizando-. Había algo en todo aquello que no cuadraba, mas no se interesó en hacer muchas preguntas debido a que la paga era irrisoriamente alta: ¡10,000 ryo’s por sacar a un par de inútiles del agua! Pan comido. Solo había un inconveniente y este era que no se encontraba solo. Los simios sin cerebro que trabajaban para Nashla le habían condicionado a trabajar en equipo con otro ninja que nunca había visto, y por su aspecto lo único que podía adivinar sobre él era que era maricón, muy maricón.

    ¿Qué es esa cosa miertera? —preguntó de repente Tye, señalando a una pequeña criatura dentro del pecho del albino. Eran las primeras palabras que alguno de ellos pronunciaba después de que abandonasen Kirigakure por la puerta oeste. Kageyama se encogió de hombros y se desencajó al mismo tiempo.
    Es mi... —comenzó a decir, pero fue interrumpido.
    ¿Tu osito de peluche? —el frígido estalló en risas— . Mantente fuera de mi camino, nenaza. Haré esto solo —repuso sin dejar de correr entre el bosque por la tierra convertida en fango. Sus pies estaban tan sucios que ya no podía saber si es que continuaba usando zapatos, pero no había remedio puesto que trasladarse por encima de los árboles era equivalente a arriesgarse a morir frito por un rayo eléctrico. La tormenta que golpeaba con fuerza su aldea de origen sí que era inusual.
    Quiero el dinero —Sho agachó un poco su cabeza mientras intentaba seguirle el paso a Einarr, que era ligeramente más rápido— . No seré un estorbo, lo prometo —su voz se apagó con la última sentencia. El otro varón le miró de reojo soltando un sonoro gruñido.

    Kilómetros más adelante, el bosque se abrió para dar paso a una extensión sin árboles ni arbustos. Alrededor solo había rocas, más tierra y arena, lo cual significaba que estaban muy cerca del mar. El pueblo desde el cual hubiesen partido los pescadores se llamaba Tanahira, y el albino fue el primero en avizorar sus luces a través de las gruesas gotas de lluvia.

    Al llegar al lugar, recorrieron la avenida principal –la única- tapizada por pequeñas chozas de lado a lado. No había gente en los alrededores, lo que era comprensible puesto que con aquel torrencial lluvioso, se había implantado una especie de toque de queda en toda la isla. Tan solo a un par de idiotas olorosos a pescado se le ocurriría salir a navegar en esas condiciones, pensó Tye. Como no sabían por dónde comenzar, los varones se dirigieron directamente al muelle. En la caseta de entrada un señor barbón de unos sesenta años hacia guardia y se encargaba de que el enorme faro continuase encendido. Einarr tocó como enfurecido la puerta y el anciano apenas asomó el rabillo del ojo por la ventana.

    Oye, estúpido —habló el frígido, el otro joven no parecía tener ganas de entrometerse mucho en el asunto— , somos shinobis.
    ¿Q-qué quieren? —preguntó con inseguridad el señor. Llevaba puesto un impermeable de color amarillo intenso.
    Venimos a buscar a esos imbéciles desaparecidos.
    ¿Desaparecidos?
    Sí, bolsa de arrugas, ¡dinos por dónde se fueron! —cuando Tye congeló la manija de la puerta para derribarla, el barbón retrocedió cayendo sentado al piso, preso del pánico.
    ¡No sé de qué hablan! ¡No hay reportes sobre alguien desaparecido! —alegó retrocediendo todavía más hasta acomodar su espalda contra la pared— Los barcos tienen prohibido salir con este clima.
    ¿Estás intentando jodernos?
    Estoy diciendo la verdad —un escalofrío provocó que el hombre se retorciera desde el piso. Los shinobis se miraron por un breve instante y constataron que no había uno más desconcertado que el otro.

    ¿Sería posible que los avalentados pescadores hubiesen escapado sin permiso de nadie? O tal vez era que los susodichos no existían en primer lugar y todo era una broma de mal gusto... ¡No! Ni siquiera pensarlo. Einarr apretó sus puños determinado a rescatar los cuerpos que tuviese que rescatar para poder cobrar la jugosa recompensa. No le importaba si estos pertenecían a otros pescadores, aldeanos, trabajadores o lo que sea.

    ¿Cuál es la ruta que suelen seguir los pescadores hijos de puta? —demandó saber el frígido, el hombre mayor apuntó con su dedo índice una pizarra que se encontraba pegada en la pared, encima de su cabeza.

    Pateando la puerta hacia afuera, salió de muy mala gana de la caseta de información para caminar por lo largo del muelle hecho de tablones de madera. La lluvia no iba a cesar pronto, ni tampoco las intensas ráfagas que agitaban las aguas marítimas de manera salvaje. A Tye le molestaba porque su ropa se encontraba permanentemente empapada y sus cabellos medio largos pegoteados a su frente. Inclusive dificultaban un poco su visión.


    ¡Kuchiyose no jutsu! —Sho, quien observaba desde cierta distancia los movimientos de su compañero, se sorprendió por el repentino grito. Enseguida Einarr saltó del muelle hacia el mar y aterrizó sobre el lomo de una gran tortuga de diez metros— . Maricón, si no quieres salir lastimado, te sugiero que te encadenes a tierra firme —rio de manera burlesca hacia el que se había aproximado al parapeto para no perderle de vista.


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  3. Blair

    Blair スパークル Moderador

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    Sho sintió una combinación entre emoción y pánico abriéndose paso por su cuerpo, el frío de la tormenta parecía ser algo de segundo plano en ese instante en el que, sin pensarlo, saltó sobre la tortuga invocada por el chuunin que era su compañero de equipo. El solo hecho de estar con el frígido le parecía jodidamente intimidante, pero se encontraba en un proceso mental tan extraño que ni siquiera parecía reaccionar como usualmente haría a dicha sensación.

    Sus pensamientos volaron en múltiples direcciones, entre ellas, ¿qué tan malo podría ser morir ahogado? Bien podrían creer que fue un accidente, la tormenta combinada con aquel método de transporte tan poco confiable y el carácter del otro ninja… Era perfecto. De pronto, el arranque de la tortuga lo trajo de vuelta a la realidad y un jalón en su pecho lo hizo dejar de imaginarse cosas, por acto reflejo se tomó de alguna parte en un intento de no caerse de la coraza.

    No podía arrastrar a Neo consigo en eso.

    Se mordió el labio inferior a la par que se concentraba lo suficiente para enviar chakra a la planta de sus pies en un esfuerzo por afianzar aún más su agarre y evitar caer, el agua de la tormenta golpeaba con dureza su rostro y comenzaba a sentir náuseas. ¿Qué se supone que estaban haciendo en esa situación? El otro ninja no parecía tener un plan claro sobre las cosas y ahora podrían ser ellos los que se perderían en la tormenta, de ese modo no había forma de que consiguieran el dinero de aquella misión.

    ¿T-tienes un plan? ─ Tartamudeó un poco a la par que alzaba la voz lo más que podía, buscando que el frígido lo escuchara entre todo el desastre a su alrededor. Einarr lo ignoró, como si la voz detrás de sí no fuera más que un mosquito revoloteando a su alrededor; Kageyama se las arregló para no caerse cuando la tortuga se movió violentamente, producto de una ola chocando duramente contra su anatomía, el del clan Yuki gruñó por lo bajo. ─ ¡¿TIENES UN PLAN?! ─ Se repitió, alzando la voz todavía más, pues en su inocente mente, el de cabellos grises no había sido capaz de escucharlo.
    ¡¿Te puedes callar de una puñetera vez!? ─ Violento, el de igual rango escupió sus palabras casi con odio, haciendo que el de la marca en el ojo se encogiera en su sitio, sintiéndose inmediatamente intimidado a un grado que no había conseguido sentirse hasta ahora debido a sus idealizaciones suicidas. Kuro se mordió el labio con más fuerza, hiriéndose ligeramente hasta que sintió nuevamente un jalón en su camisa, tenía la ropa pegada al cuerpo debido al clima, su mascota estaba en la misma condición y aunque tenía frío, parecía seguir más centrado en el shinobi.
    Lo siento…
    Maricón. ─ Bramó Pecho Frío, enfocándose de nuevo en su desorganizada búsqueda de los imbéciles perdidos que le generarían una muy buena ganancia. El mutismo volvió a instalarse entre ellos, con Ty insultando al universo en repetidas y constantes ocasiones por la maldita tormenta que los azotaba y hacía todo tan jodidamente complicado; otra ola atentó con tirar a ambos ninjas de la invocación y una nueva marejada de insultos salió a borbotones de los labios del engreído chuunin. Sho parecía solo incrementar su inseguridad y debate interno a causa de todo lo que sucedía a su alrededor.

    ¡Cuidado! ─ La alerta del albino puso de mal humor al frígido, aunque su invocación de todos modos prestó atención a lo que avecinaba: una embarcación, parcialmente destruida por la tormenta, se acercaba a alta velocidad hacia ellos. El animal hizo un movimiento brusco y de todos modos recibió un impacto en el costado, haciendo que el navío crujiera con fuerza y se despedazara todavía más.
    ¡Mierda!
    No podremos encontrarlos así… ─ Murmuró el de menor edad con cierto nervio y derrota en su voz, Einarr rechinó los dientes.
    Si me vas a estorbar bájate de una maldita vez, no me importa si te ahogas. Yo llevaré los cuerpos de esos idiotas a tierra. ─ Su mirada afilada puso todavía más nervioso al albino, el cual se congeló en su sitio, estaba atrapado en esa tortuga con un ninja que le vaciaba la energía rápidamente con ese carácter; no podía regresar por su cuenta, tampoco hacer al otro abandonar, suspiró audiblemente y bajó la mirada, cortando el contacto visual con el otro chuunin.

    Se había metido en un tremendo lío.



    VerwestVerwest C. UnderwoodC. Underwood planes inesperados ayer, una disculpa x'D ya quedó
     
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    Bishamon

    Bishamon Can you feel the rhythm? Running, running! Moderador

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    Al recibir el aviso sobre la junta que se llevaría a cabo entre miembros del Consejo y su persona, Nashla creyó que todos estarían presentes pero apenas había menos de la mitad de ellos ocupando sus respectivos lugares. Con duda miró al jounin que la fuera a buscar a su oficina y este se encogió de hombros antes de que Vrook emitiera un sonido con su garganta.

    —Tengo entendido que varios de nuestros compañeros se encuentran sumamente ocupados —y no era para menos; lo que había sucedido en Tenohira tenía a toda Kirigakure movilizándose. Además estaba la emergencia de rescatar y/o poner bajo protección a todas las personas de zonas vulnerables—. Pero no todos están cooperando. Eso me consta.
    —¿Tan temprano y ya empiezan las acusaciones? —Ruura se cruzó de brazos y piernas.
    —Shigeki sama está cubriendo turnos en el hospital; también está cerciorándose de que el cuerpo médico de la aldea se movilice tan rápido como sea posible —Cyrus tomó la palabra; entre sus manos tenía unos informes que en algún momento estarían en las de la Nidaime—. Kimo san está trabajando en los centros comunitarios, quizás ya no se encuentre en la Niebla. Todavía no hemos podido hacer contacto con los ninjas que están en Tenohira y los Kuchiyose no pueden llegar allá por el mal tiempo.
    —¿Y qué están haciendo los demás que no se atrevieron a dar la cara? —Terumi pronunció casi gruñendo.
    —Ashi san está en la labor de rescate; es probable que tampoco esté en la Niebla pero dejó a disposición de la Nidaime a varios shinobi de su clan —Pecas asintió—. Tachibana san y Nara san no dejaron ningún aviso de por qué se ausentaban —la sonrisa socarrona que mostrara la matrona del hielo se ensanchó—. Y Unmei san no se sentía muy bien de salud.
    —Me parece una total falta de respeto y una enorme muestra de cinismo que ninguno de los que faltara enviara algún representante o diera la cara —todos miraban a Yuki—. Todos sabíamos que esa isla era desconocida y solo nosotros teníamos constancia de su ubicación.
    —Podría ser muy temprano para especular —dijo Gottschalk.
    —Es demasiado tarde, muchachito.
    —Estoy de acuerdo con Ruura, solo por esta ocasión —Vrook pronunció con tono endurecido—. Es evidente que alguien de esta mesa nos está traicionando y para ninguno del Consejo era un secreto lo que sucedió con el representante de esa isla.
    —A mí me vale una mierda ese hombre —Nashla frunció un poco el ceño; cuando la gélida mujer quería ser ridículamente honesta, lo era—. Me preocupa lo que estaba bajo su cuidado y es evidente, además, que están detrás de nuestro tesoro —Ruura se puso de pie y con su puño derecho golpeó la mesa—. Es cierto que nos llevamos mal muchos de aquí —de reojo miró a Uchiha, dándose cuenta de que esta la miraba de lleno—, pero es un movimiento ruin querer clavarnos la misma espada a todos en la espalda. Nuestras diferencias personales no deberían perturbar lo que hemos decidido para Kirigakure y estoy muy segura que la Mizukage está de acuerdo conmigo —ahora todos apuntaron a Nashla con sus ojos.

    Pecas se puso de pie sin atisbo de apuro, aguardando silencio por unos segundos que parecieron eternos gracias a que acrecentaron la tensión entre los pocos presentes. Si decía que no había considerado la postura de la líder del hielo, mentiría; pero si tampoco daba cabida a lo que proponía el descendiente de vikingos, estaría adoptando una posición radical que iría en contra de su persona pues era cierto: no tenían pruebas de que realmente alguien del Consejo les estuviera jugando chueco. Sin embargo, odiaría admitirlo, pero la balanza se inclinaba más hacia el otro lado.

    —Quien haya sido la persona que nos traicionara, pagará.
    —No tienes que decirnos lo que es obvio —Yuki rodó los ojos.
    —No me entiendes —Pecas mantuvo su mirada hacia el frente, abarcando todos los puestos de aquella mesa cuadrada—. Lo siento por ustedes, Cyrus y Vrook san, pero la situación también me lleva a dudar de ustedes tres —los hombres no se inmutaron a diferencia de la otra mujer.
    —¿Insinúas que yo estoy detrás de esta mierda? —Y Uchiha la miró directo a la cara, casi clavándole su mirada afilada que claramente Ruura pudo interpretar como una afrenta; Nashla no ignoraba lo que alguna vez la frígida y su clan quisieron hacer contra su familia. Si le preguntaran, la Nidaime no estimaba a nadie Yuki salvo a Einarr (pese a su forma de ser) y si no había hecho algo en contra de la familia de Pecho Frío era por la misma razón y por otras justificaciones políticas en vista de que Ters era un arma andante gracias a su sello maldito. Dejarles ese poder a los Yuki era como dejarle a un niño una pistola en las manos.

    Pero ese secreto del sello era algo que muy pocos conocían; presumiblemente, Ruura no estaba enterada de que Pecas lo sabía y siendo así, lo ideal era mantener la apariencia. Uchiha se enteró de que el chuunin portaba uno justo después de que éste regresara de una misión importante (que realizara con gente de Arashi). No negaría que saberlo le tomó por sorpresa y fue de completo desagrado, pero de nada serviría vivir con la molestia arraigada hacia esa maldición. Como Toshio también poseía uno, pudo reconocerlo al verlo en Tye, a su vez pudo asimilarlo bajo la premisa de que algún día el peligris aprendería a usarle a favor de la Niebla.

    —Te entiendo —Terumi cortó la tensión a medias entre las mujeres—. Eso significa que también podemos dudar de ti… sobre todo si nos remontamos a los sucesos protagonizados por Sohma hace años —Yuki esbozó una sonrisa maquiavélica—. Has demostrado que no eres igual a él pero…
    —No importa si me creen culpable. Tengo la intención de descubrir quién ha sido y lo mismo les pido… si no ha sido ninguno aquí presente, entonces demuéstrenlo.
    —Eso haremos —Cyrus asintió, reforzando las palabras del más viejo en la sala.
    —¿Qué procede, Nidaime?
    —Iré a Tenohira y no perderé más tiempo; saldré en media hora.

    La junta había culminado y la azabache de ojos malditos quedó sola en aquella sala con los papeles que le entregara von Gottschalk. Sin embargo, el silencio no tardaría en romperse tras la llegada de uno de sus ayudantes más cercanos; Satoshi tocó la puerta del cuarto pese a que estuviera abierta y sin recibir respuesta de su superiora, avanzó hacia uno de los asientos ubicados a un lado del que ocupara la fémina. Solo posó sus manos sobre el espaldar.

    —Malas noticias —Pecas mantenía su cabeza apoyada de sus manos; yacía cabizbaja y así se mantuvo—. Supe que asignaron misión a dos chuunin —Uchiha mujer respiró hondo—. Están en peligro.
    —¿Quién asignó las misiones y a quiénes? ¿Dónde están?
    —¿A quiénes? Debe estar en el registro… ¿quién lo hizo? Eso también debería estar escrito en algún lado, ¿no? —Con dejo pensativo llevó una mano hasta su barbilla.
    —¿Hay algo que sepas con exactitud?
    —Fueron a rescatar a unos pescadores que llevan más de veinticuatro horas desaparecidos —con exabrupto, Nash encaró al varón al levantar su cabeza—. Las malas lenguas dicen que fue a propósito.

    Los rumores importaban muy poco en esos momentos. La Mizukage salió cual bala en dirección al departamento de asignación de encargos, mismo que estaba cerrado por la hora y por el claro mandato que hubo dictado la kage respecto a la no realización de misiones. Como no contaba con la llave ni el tiempo para buscarla, forzó la cerradura y con un golpe abrió la puerta. Tanto ella como Satoshi rebuscaron en los libros de registro y el archivero; en ninguna parte se encontraba la información.

    —¿Estás seguro de lo que escuchaste?
    —Solo queda una forma para averiguarlo.

    Pecas dejó una réplica suya en el edificio administrativo mientras otros clones se dirigían a puertas distintas de la villa; la original se encontraba junto con Satoshi en dirección a la puerta más factible para salir rumbo a Tenohira. Allí aprovecharía para preguntar sobre los supuestos shinobi que saliesen a realizar alguna misión. En los registros de entrada y salida del norte figuraba que el último movimiento había ocurrido hacía días y que se trataba de uno de los escuadrones médicos. Sin levantar sospechas de por qué ansiaban conocer ese detalle, la Mizukage agradeció con naturalidad a los encargados de velar en esa zona; sin más caminó hacia el pórtico de la caseta que fungiera de punto de revisión.

    —Si quieres puedo quedarme para investigar qué fue lo que sucedió exactamente —hablaba por lo bajo aunque audible quien acompañara a Nashla.
    —Te lo encargo y una cosa más.

    La pecosa tenía en mente una serie de cosas que más valía poner al tanto al ANBU antes de que fuese tarde y en medio de su habla hizo una breve pausa delatora, pues su ceño se frunció ligeramente dándole a entender a Uchiha varón que algo había ocurrido, pudiera ser que recordara algo o que más bien hubiesen llegado los recuerdos de sus clones.

    A continuación mordió uno de sus pulgares bajo la mirada extrañada de más de un shinobi para invocar a Wayne, su murciélago principal. El alado se sacudió desde que se sintiera sumamente empapado (la lluvia todavía no cedía en cuanto a su inclemencia) y apenas pudo preguntar sobre la razón por la que fuese llamado bajo esas peripecias cuando Uchiha mujer se subiese en él; no dio razones a Satoshi sobre lo que uno de sus clones descubriera mas le dijo que se dirigiese a la entrada/salida oeste. Él comprendió por qué sin hacer preguntas.

    […]

    Volar muy pocas veces le había resultado tan incómodo al mamífero chupa sangre; el cielo se iluminaba por los relámpagos constantes que de igual modo no servirían para alumbrar en términos normales, por lo que animal y humana se valían de sus cualidades especiales para detectar lo que anduviesen buscando: a dos chuunin que por alguna estúpida razón habían enviado a una misión de muerte, misma que todavía no se confirmaba. Lo único que sabían los del puesto de seguridad era que tenían un permiso sellado con el característico de la Nidaime (era uno pre hecho para ese tipo de cosas) y que por lo mismo no les hubieron detenido.

    La brisa impedía el correcto movimiento de las alas del murciélago por lo que este se vio en la necesidad de ubicar algún punto sobre el cual aterrizar, sino se las podría lastimar. Les restaban trescientos metros para llegar a la zona estrella y por supuesto que la kage deseaba llegar tan rápido como pudiese pero, no iba a exponer demasiado a su compañero. En el proceso de descenso, Pecas echó un vistazo al cielo; las nubes se empezaban a iluminar a una velocidad sospechosa y las líneas eléctricas viajaban hacia su dirección. Tanto ella como Wayne sabían lo que eso significaba.

    Enseguida la mujer colocó un sello Shiki en el lomo del mamífero antes de saltar en lo que culminaba otros sellos, de forma que pudiera ser imán del rayo que pretendía caer sobre ella y su invocación. Gracias al Chidori Nagashi pudo soportar el ataque natural y si bien el halo de fuerza brutal recargó en su máxima potencia el escudo que surgiera alrededor de la Nidaime, fue tanta energía que la fémina resultó mínimamente afectada; su cuerpo se entumeció.

    Pecas trató de mover sus brazos para completar lo que hiciera falta en pos de aparecer donde yacía Wayne sin éxito. Caía sin muestra de cambio en su estado; gruñó al darse cuenta que si no lograba lo que hubiese planeado estaría perdida porque iba directo hacia una zona sumamente boscosa. Su corazón empezó a latir con frenesí, lanzó un gritó cargado de frustración y tan solo se lastimó un poco las piernas al contacto brusco con varias ramas. Nashla pudo realizar el Hiraishin a costa de mucho dolor.

    Del lomo del alado cayó al suelo con la respiración entrecortada y destellos eléctricos brotando de su cuerpo que desaparecieron a los segundos. Pecas miró a su invocación con visible dolor, mas sonrió complacida por la hazaña. Igual su gesto no duró demasiado.

    —Lo mejor será que te apoyes de Bishamon —miró hacia el cielo—. Los rayos son más comunes en esta área… ni siquiera me atrevo a colgarme de un árbol —Yuusha cerró sus ojos; todavía se encontraba con la dificultad de moverse con libertad, así que el murciélago la cubrió de las fuertes gotas al expandir sus alas—. Por favor, no vayas a sacrificarte si ves que no vale la pena.
    —Son… son mis ninjas —con esfuerzo se dio la vuelta en pos de apoyarse de sus brazos para ponerse de pie; los mismos les temblaban—. Genin o ANBU… es lo mismo, poseen el mismo valor y no pienso abandonarlos —terminó apoyándose del torso del murciélago para componerse.
    —Tu vida sobre la de ellos es más valiosa.
    —Ya sabes qué decir si muero y a quiénes debes buscar —cerraba y abría sus puños hasta constatar que estuvieran más flexibles—. Pero descuida, tampoco tengo planes de irme de este mundo por ahora.
    —Eso espero.

    Uchiha activó su doujutsu para poder moverse con destreza por el sendero que restaba por recorrer. No era por autoconvencerse de que se encontraba cerca de la costa pero podía oler la sal del mar e incluso escuchar el lamento de las palmeras al danzar con total locura por culpa del viento. Hacía más de diez minutos que retomó el camino, permitiéndole al alado promiscuo abandonar el mundo de la azabache; el pueblo yacía totalmente a oscuras con excepción de un faro, empero no fue allí donde recayera la mirada maldita de Nashla sino en la figura de un hombre que luchaba contra la ventisca. Este estaba en un tipo de muelle de madera y a duras penas logró sujetarse de una columna del mismo material del puentecito.

    Sin que se diera cuenta, la madera del poste empezaba a desprenderse de su base. Para entonces, el sombrero que llevara puesto el sujeto se había perdido en algún punto del mar. Por más evidente que fuese, sabía que haberse acercado al muelle significaba una tremenda locura, no obstante estaba bastante preocupado por los dos jóvenes que se atrevieron a echarse al mar en busca de gente que “supuestamente” se había perdido. Un minuto después y la columna apenas se sujetaba de su cimiento; minuto y medio la misma se había desprendido y con ella tumbado al pobre hombre que terminó perdiendo el control. Se había visto en el agua e irónicamente no vio su vida pasar frente a sus ojos, como típicamente sucedía en casos como esos; Nashla logró sujetarle con ayuda de su serpiente más leal. Por supuesto que el tipo pegó un grito.

    Pecas no necesitaba ninguna explicación por parte del cuidador del faro. Lo puso en tierra para que buscara refugio cuanto antes en lo que cumplía con lo que le llevara hacia allá; Bishamon podía sentir calor por encima del frío temporal.

    […]

    En todo el rato que llevaban en el mar, solo el golpe crítico de las olas contra la enorme tortuga era lo único que experimentaban los chuunin y sus animales. Sho mantenía entre sus ropas al pequeño Neo, quien en más de una ocasión intentó asomar su cabeza pero se ocultaba rápido cada que veía que su amigo humano debía hacer tripas corazón sobre el caparazón. También Ice T la tenía liada; era imposible enfocar la mirada en algún punto por culpa del ventarrón combinado con la lluvia. Más de una vez, su invocación le advirtió que regresaran a tierra, solo que Einarr se empecinaba para mal en las cosas.

    —¿Todavía no detectas nada, cabeza de huevo? —gritó para su gran animal; si la tortuga intentaba hablar, se le metía una gran cantidad de agua por la boca.

    En una de esas, el mar se alzó tanto que los shinobi rodaron y aplicaron mayor cantidad de chakra en sus extremidades en pos de no caer. Tye masculló por lo bajo algún improperio, habiéndosele ocurrido algo en dicho momento de crisis. Kageyama observaba atentamente y si quería que lo que intentase Pecho Frío funcionara, debía ayudarle así fuese regañado por el peligris. A contracorriente avanzó, justo atajando la caída a falta de equilibrio de Yuki con su propio cuerpo. Por supuesto que el gélido gruñó, empero también vio en su compañero un andamio momentáneo; debía admitir que le serviría su “ayuda”.

    Mientras el albino le servía de soporte, agarrándolo por su suéter con todas sus fuerzas, Ters extrajo una resma de hilo y ató lo suficiente para unir su manriki y el hacha que portaba. Una ola alcanzó a bañar de lleno a ambos varones.

    —Regresaré a la orilla digas lo que digas —alcanzó a decir la tortuga antes de recibir un golpe en la cabeza por el mismo mar embravecido.
    —¡¡No te he dado esa maldita orden, gallina!!
    —¿Has pensado que puede… —Tye le miró con visible fastidio, haciéndole sentir cohibido; tampoco le había pedido opinión alguna aunque no necesitara esa clase de permisos. Él era parte de la misión no su subordinado. Sin embargo se abstuvo al final de completar su idea; apenas habían descubierto unos trozos de madera pero eso pudo haber sido el material de muchas otras cosas.

    Rotando uno de los mangos de la cadena y valiéndose de su destreza para la buena puntería, Einarr lanzó el hacha hacia la parte superior del caparazón, de esa forma la hoja se afincaría del mismo y eso les ayudaría (sobre todo a él) a no caer al agua producto de alguna sacudida violenta por la marea. De todas maneras, la madre naturaleza haría de las suyas; arrastrando al gran animal como si se tratase de nada, una enorme ola comenzó a formarse, alzando a la tortuga tan alto para el gusto de los ninjas. Era en ese momento en el que Yuki agradecía haber asegurado en parte su estabilidad sobre el Kuchiyose, no obstante la misma tortuga perdió dominio de su propio equilibrio en el mar, así que fue lanzada con estrépito. Los dos varones cayeron al agua dando vueltas; a uno de ellos les rozó el enorme animal, cuasi aplastándole de no ser porque todos estuvieran conscientes de la situación logrando así evadir con extremo esfuerzo. Sho abrazó su pecho. En cuanto pudo sacó su cabeza e hizo que Neo se subiese por su espalda para asomar la suya, empero una ola volvió a hundirles por unos segundos.

    Debajo del agua las cosas no estaban tan turbulentas. La tortuga nadó para atrapar a ambos shinobi justo cuando otra gran ola iba arremeter contra ellos. El usuario del hielo utilizó sus poderes para congelar lo que pretendía azotarles, convirtiendo la onda en una magnífica obra de arte brillante. Tanto él como Kuro cuasi aguantaron la respiración por la impresión del evento… la fuerza del oleaje era tal que la capa de hielo solo pudo resistir unos treinta segundos antes de romperse.

    La tortuga ayudó a su invocador a subir sobre ella luego de haberle rescatado. Einarr tosía como nunca antes, pues tragó más agua salada que lo que tomase de agua en un día. Su respiración evidenciaba cuán agitado estaba y ni siquiera así sus impulsos para maldecir desaparecían. Cerca de ellos estaba el otro chuunin, quien fuese ayudado también, solo que Sho palmó su espalda como loco ante la mirada endiablada de Ice.

    —¿Qué mierda te pasa!
    —Neo… no lo encuentro, no está conmigo, ¡NEO! —Ty frunció el ceño porque no entendía de quién hablaba. Para él, Sho era un maricón sin cordura. Otra ola se estaba formando ante la mirada espantada de Yuki. De inmediato exigió a su Kuchiyose salir de ahí entre despectivos, pero Kageyama no estaba dispuesto a abandonar el área sin su pequeño amigo. Sin pensarlo demasiado saltó al mar sin que Ters pudiera evitarlo (igual no lo haría).

    Bajo la densa oscuridad del mar, el mejor amigo de Kuro se dejaba vencer por su imposibilidad de alcanzar la superficie. Tampoco tenía forma de buscar a Sho y podría encontrarse lastimado por los tantos golpes dados por cada ola. En el fondo, lo que más deseaba Neo era saber que su amigo sobreviviría y esperaba que así fuese.

    Por su parte, a Sho se le estaba acabando el oxígeno. Era tanta su angustia que se exigía de más cuando sabía que sería inútil buscar en esas condiciones. ¡Pero no quería rendirse! Era su culpa lo que estaba sucediéndole al pequeño, sería su culpa si al final Neo moría. ¿En qué estaba pensando cuando aceptó esa maldita misión? ¡Cuando lo hizo sin pensar en su amigo! Ahora más que nunca deseaba no estar en aquel mundo, por lo que no hizo nada para lidiar con su asfixia.

    Merecía pagar.

    —¿No piensas ayudar a tu compañero? —La tortuga le había dicho a Ters que la única forma de alcanzar la orilla era nadando bajo agua, por lo que el varón buscó entre sus pertenencias una máscara de respiración. —No hablará bien de ti si le dejas morir.
    —Cállate, no es de mi incumbencia lo que le suceda al maricón ese… —y justo un pensamiento arremetió contra su consciencia; cuando fue interceptado por el mequetrefe que le metiera en ese apuro, en la torre Suijin, iba a hablar con la Nidaime en pos de mediar su situación. ¡Le urgía ascender! Y estaba segurísimo que merecía ser jounin… y ahora que estaba en esa situación fuera de su control, lo menos que podría hacer para ganar más puntos a su favor, era salvarle la vida a un parásito (como le considerara Yuki).

    Por efecto de la falta de aire en su cuerpo, Kageyama empezó a retorcerse tan solo segundos antes de abrir su boca y de que alguien se aprovechara para colocarle un aparato dentro. Ters se había asegurado de tomar una gran bocanada para no sufrir las consecuencias tan pronto; su Kuchiyose estaba lista para marcharse cuando la sombra de algo les bordeó. Lo que sea que estuviera rodeándoles iba a toda velocidad, tanta que Pecho Frío no evitó impresionarse para mal.

    Sea lo que fuese estaba listo para atacar; agarró el hacha con fuerza y con mucha más movió su brazo queriendo cercenar lo que estuviese relativamente cerca, empero el filo del arma se encontró con otro material resistente. En ese lapsus de retención, Tye pudo darse cuenta de lo que había sucedido; por la sorpresa abrió su boca, ¡tremendo tonto! Si Nashla no le hubiera hecho sujetar una senbon con el Tsute Hiraishin activado, se hubiera metido en más problemas.

    Bishamon avisó a la tortuga para que pudiera regresar a su mundo.

    Los dos chuunin se encontraban dentro de una caseta más alejada de la playa; allí aparecieron tras un halo luminoso. Ty era el más consciente de los varones, por lo que no tardó en ubicar cualquier cosa que le resultase familiar, como la Mizukage… ¡la anciana estaba allí!

    —¡Qué clase de misión es esta, anciana? —aseveró con tono alto, pues gritar le era imposible.
    —Yo no les envié a ninguna —se acercó al cuerpo de Sho, retirándole la máscara antes de practicar los ejercicios de primeros auxilios.
    —¿Ah no? —Buscó en su portarmas el pergamino todo mojado. Con fastidio le lanzó al suelo, a su lado. —¿Qué significa esa mierda entonces? —Tosió un par de veces; algo llamó su atención al percibirle apenas por el rabillo de su orbe izquierdo. Entre unas toallas yacía una bola peluda siendo rodeada por dos fuegos fatuos. Recordó que el otro taijutsuka andaba con esa cosa desde que le viera en la villa y seguro era por eso que preguntaba cuando estaban en la tortuga. Vaya maricón, pensó.
    —Es lo que deseo saber —Pecas le miró a la cara—. Por ahora necesito que le des respiración boca a boca a Sho —Tye quiso partirse de la risa pero un dolor en su abdomen se lo impidió; era lo que le faltaba, le salvó la vida y ¿debía continuar siendo su héroe? Qué vergüenza para alguien como él.
    —Puedo darle unas patadas o puñetazos en el estómago si lo que quieres es que escupa el agua que se tragó… ¡Pero no soy un maricón de mierda para andar besando a otros maricones!
    —No se trata de besarle —continuaba apretando el pecho de Kuro.
    —No, claro que no… ¡Se trata de darle mi puto oxígeno! ¿Por qué no lo haces tú, anciana?
    —Ya estoy aquí —otra Nashla apareció por la entrada; esta lucía mucho más agotada que la que estuviera tratando de reanimar al peliblanco. Al ver la postura de las manos de su otra ella, se acercó al varón para proseguir con lo que estuviera haciendo. Supo que debía darle algo de oxígeno a Sho, así que no tardó en tapar su nariz para hacer lo debido.
    —Solo soy un clon —se puso de pie en lo que le respondía a Ters—. Y así como te sientes, así me siento… se suponía que nadie debía salir de Kirigakure a realizar misiones —Yuki acentúo la molestia en su mirada—. Quien lo haya hecho lo hizo con alguna intención o varias.
    —¿Matarnos? Porque no veo otra razón… y si algo nos pasaba, tú la pagarías —se cruzó de brazos. Lo que había deducido el frígido no estaba para nada lejos de lo que ya había considerado al respecto, mas evitó hacer un comentario aprobatorio.

    En el suelo yacía el pergamino donde se extendía la petición de búsqueda. No se leía casi nada porque la tinta se había desparramado; con su índice diestro tocó el papel, paseándolo sobre una mancha para verle después. Escuchar a Sho toser y escupir una gran cantidad de agua la sacó de sus pensamientos; la verdadera Uchiha le ayudaba a sentarse. Era un verdadero alivio el que haya recuperado la consciencia. Lo primero que hiciere, fue mencionar el nombre de su mejor amigo animal con desesperación. Su mirada atónita delataba lo que le hacía sentir la ausencia de Neo.

    —Él está a salvo —giró su cabeza hacia donde mirara la pecosa con una sonrisa cálida. El chuunin bajó su mirada, segundos después su cabeza.
    —Lo expuse demasiado…
    —Se está recuperando y es lo que importa ahora —tocó uno de sus hombros—. De nada te va a servir culparte por lo que no pasó.
    —Tampoco pudimos dar con los pescadores… —comentó Kuro por lo bajo, como si se lamentara por eso por el tono de su voz—. Admito que —volvió a hacer alusión a lo que quería decirle a Ters. Ahora que se encontraba frente a alguien que le brindaba un poco más de confort, tragó fuerte y prosiguió—, admito que llegué a pensar que pudo ser mentira.
    —¿Mentira? —Ice apretó su puño izquierdo. —El hijo de puta que nos metió en esto me las va a pagar.
    —Tú no harás nada —quiso rebatir lo que le hubiera dicho la de mayor rango, solo que ella no le permitió hablar—. De eso me haré cargo yo.
    —¿Entonces sí fue una mentira? ¿Fue una trampa?

    El sonido de unos pasos sobre el techo fue perceptible así estuviera cayendo un torrente de agua y la brisa ametrallara al compás de las grandes gotas la estructura. Todos los shinobi miraron en dirección a la puerta; Tye llevó una mano hacia atrás, ubicando una cuchilla y fue cuestión de nada cuando hubo hecho el movimiento vital con el que enviara el arma directo al recién llegado; de no haber sido por la intercepción de otro kunai, que hubiese lanzado la azabache con ayuda de su doujutsu, tal vez Yuki hubiera logrado su objetivo. Asimismo hubiera cometido un error.

    —Vaya recibimiento. —Satoshi miró a cada uno a la cara. Tanto Einarr como Kuro se mantuvieron expectantes hasta que la Mizukage confirmara que se trataba de alguien conocido. —Estoy de su lado.
    —¿Descubriste algo? —Pecas ni siquiera esperó a que se sacara la capa que le protegía del aguacero.
    —La información varía; algunos dicen que vieron a —los de bajo rango escuchaban con atención lo que le comentaba el recién llegado a la Nidaime. Básicamente nadie podía asegurar quién estuvo asignando misiones porque lo que “todos” conocían era el mandato que hubiese dado la mujer de “no misiones”. Las únicas que estaban siendo otorgadas provenían de personas muy específicas como Shigeki o Ashi. —Los únicos que pudieran decirnos con seguridad son —y miró a los más jóvenes—. ¿Qué sucedió con los pescadores?
    —Y una mierda, esos hijos de puta seguro fueron devorados por tiburones —Ice prefería pensar en eso a creer que todo fue una artimaña para hacerles daño; ¡para matarlo! Sho solo bajó la mirada.
    —¿Los vas a regresar a Kirigakure? —Satoshi miró a Nashla a la cara, a la verdadera.
    —No.
    —Eso significa que… —otra vez la atención de los de menor rango yacía puesta en ellos—. ¿No es más peligroso si vienen?
    —Prefiero que estén conmigo por ahora.
    —¿De qué carajos hablan? —El albino también tenía dudas. Agradecía en su interior lo muy volado que podía ser el amante de las bajas temperaturas. —Me urge regresar para superar esta mierda.
    —Yo creía que te gustaría más ir a una misión de verdad —Pecas ni lo miró para lograr el efecto que deseaba en él—. Van a acompañarnos hacia Tenohira —Ty abrió un poco más sus ojos. Había escuchado algo de lo sucedido en ese lugar de boca de su mamá y su tío; por otra parte, Kageyama no conocía nada al respecto, pero si requerían de su servicio estaría al pie del cañón. Lo único que le preocupaba era Neo.

    Yuusha decidió que pasaran la noche en ese lugar para recuperar parte de las fuerzas perdidas y el chakra consumido. Había invocado a más hitodama para calentarse junto a Satoshi y Sho, pues Einarr no lo requería. Él se había recostado en el otro extremo, lo que pintaba una escena bastante solitaria si se miraba desde esa perspectiva. Kuro había intercambiado unas cuantas palabras con su pequeño amigo, cerciorándose que estuviera mejor. La Mizukage le contó cómo le hubo rescatado, gracias a su serpiente más leal.

    Las horas avanzaban y los adultos no conseguían pegar los ojos. Sabían que si las cosas continuaban tan mal, el mar no tardaría en enviar sus olas hasta donde estaban; probablemente tendrían que irse de allí antes de uno de los amaneceres más oscuros en Mizu. Entre las manos de la única mujer ahí, yacía el rollo con el encargo maldito. Aprovechando que los de bajo rango pudieran estar dormidos, contó a Satoshi sus hipótesis:

    —Creo que esto fue una trampa —dejó a un lado el pergamino—. La tinta que se utiliza para escribir las peticiones no suele borrarse tan pronto al ser humedecida, a menos que fuera algo escrito hacía unas horas… como creo que fue.
    —Dices que alguien creó una falsa misión para iniciar algún plan con maña, ¿no? —Nash asintió solo con su cabeza. —También lo creo.
    —Es que las misiones de emergencia no se escriben —suspiró—. Esto suponía ser una.
    —¿Qué piensas hacer?
    —Por lo pronto les dejaré creer que han logrado su propósito —miró a Ty y luego a Kuro—. Los dos vendrán conmigo mientras que quien haya orquestado todo pensará que efectivamente dos ninjas murieron por mi negligencia…
    —Eso va a afectar tu reputación; es innecesario.
    —Es muy necesario. Confía en mí —sus orbes azules se anclaron en los del otro Uchiha—. Quien haya planeado todo esto será uno de los primeros en manifestarse. Tú y mi clon van a regresar a la Niebla y te encargarás de desaparecer el registro donde se encuentra la salida de Sho y Tye —tomó una gran cantidad de aire para soltarla, liberándose un poco del estrés—. Ese alguien debería tener algo que nadie más podría tener, si quisiera inculparme así sería.
    —Estaré muy atento pero, si me necesitas no tardes en avisarme.
    —No dejes que nadie del clan Uchiha sepa que es un clon ni los del clan Inuzuka.


    Por el mp diré qué sigue para quien vaya a postear de los dos VerwestVerwest BlairBlair
     
    Última edición: 22 Ene 2018
  5. Verwest

    Verwest Aquele hálito? Me faz chorar

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    He estado aquí antes.
    ¿Estás seguro?

    La Mizukage jugó con su mente, haciéndole dudar unos segundos. Esta indecisión, a su vez, le llevó a distraerse a tal punto que casi choca en contra de una enorme rama de olivo. Los pies de Einarr resbalaron por el lodo hasta que por fin pudo recobrar el equilibrio.

    ¡Garlopo de mierda! —Era un mal día. Su paupérrimo humor se hubo intensificado por los hechos ocurridos entre ayer y esa misma mañana.

    La incesante lluvia de la noche anterior acompañada de latigazos eléctricos que hacían retumbar los cielos, hicieron imposible conciliar un sueño placentero. Cuando percibía que sus sentidos comenzaban a apagarse y sus ojos se cerrarían por inercia del cansancio, no obstante, resultó que la hora de marcharse había llegado. Y para más inri, la Uchiha ni siquiera les había ofrecido un desayuno digno: pescado crudo, grasa de ballena y algas frescas. Era todo lo que se podía obtener en un puerto pesquero de minúscula importancia, además de que no podían desperdiciar tiempo.

    Después de los exquisitos aperitivos dignos de la nueva temporada de Chef’s Table, volaron sobre el lomo de un murciélago hasta una recóndita ubicación, a expensas de quedar fritos por algún rayo que pudiese alcanzarles. Porque sí, la tormenta no había disminuido ni un poco, inclusive se había formado una gruesa capa de neblina que les impedía ver con claridad hacia dónde se dirigían. Esto último resultaba conveniente según Nashla, pues afirmaba que de esa manera sería más difícil ser vistos.

    En cuestión de horas llegaron a una isla en medio de la nada y ahora se encontraban recorriendo el extenso territorio plagado de cocodrilos, simios salvajes, serpientes, antílopes; así como también osos polares, alces, pingüinos. Bastaba mencionar que la flora era tan variada como la fauna. Aunque la revuelta de ecosistemas resultaba algo merecedor de admiración –Sho memorizaba todo a su alrededor de manera visual e inclusive sacaba un par de fotos-, Einarr seguía teniendo una sensación de deja vú. Algo en su interior le decía a gritos que sus pies ya conocían ese asqueroso fango. Al dejar atrás la jungla para entrar a una planicie cubierta de nieve, el hijo de los inviernos lo supo; la enorme torre de campanario que visualizaba en el poblado más adelante había iluminado su mente con una incandescencia tan fuerte como asquerosa.

    ¡Lo sabía! —parloteó Tye— Definitivamente he estado aquí antes, en aquellas pruebas mierteras... —él corría por el lado izquierdo de la Mizukage quien iba al frente del grupo. Kageyama era como un espejo pero maricón corriendo por el otro lado. La tierra se hacía más sólida a cada paso, pero los de menor rango no podían notarlo debido al chakra en sus plantas. Cuando el piso se hizo completamente firme, Uchiha advirtió:
    Hielo.

    Por si fuera poco, un mazazo eléctrico sacudió el escenario detrás de sus espaldas, haciéndoles vibrar. La conjugación de elementos ocasionó que el del clan Kuro resbalase, pues no tenía demasiada experiencia desplazándose por encima de dicho material aka agua sólida. El impermeable negro que portaba y que les había proporcionado la Mizukage tanto a él como a Einarr antes de partir -el peligris aclamaba que les hacía lucir como cadáveres envueltos en bolsas de basura-, quedó cubierto de blanco. Al son de la risa burlesca del otro varón, Kageyama se reincorporó muy rápido, ignoró los escalofríos causados por las bajas temperaturas y puso más chakra en sus pies para no volver a pasar por lo mismo.

    Nenaza, ¿necesitas un abrazo? —por venir ensimismado en sus puyas, Ters no divisó una liebre que saltó por sorpresa de detrás de un cúmulo de nieve. El animal se enredó entre sus piernas y luego le invitó a probar el delicioso sabor del pasto; pero no había pasto. Tye también se reincorporó rápido— ¡Engendro de mierda!
    Casi llegamos, no se distraigan —la voz de Nashla les hizo tranquilizarse.

    A unos metros adelante, cuando estaban a punto de acceder a las inmediaciones del poblado frente a sus ojos, Uchiha ralentizó sus pasos. Los chuunin se vieron obligados a imitar sus actos, aunque ninguno comprendía el por qué ya que la mujer se mantenía en silencio. Más que eso, había interrogantes más importantes flotando en el aire, como por ejemplo: ¿qué era aquél sitio y qué hacían ahí? Uchiha les debía un par de respuestas. Inesperadamente fue Sho, quien sacando valor de quién sabe dónde, se animó a preguntar en voz alta. Entonces Nashla procedió a explicarles el porvenir de la misión:

    Este lugar se llama Tenohira —Einarr le miró de reojo prestando mucha atención. Ese nombre lo había escuchado antes de la boca de su madre sustituta y también de su supuesto padre biológico. Tal lugar resultaba ser uno cuya ubicación solo era conocida por altos miembros del consejo de la Niebla; entrenamientos especiales, tesoros escondidos, inclusive actividades ilícitas. El peligris ahora comprendía el toque misterioso detrás del encargo en curso—. El mandatario, Tenzo Lapierna, ha desaparecido, y los shinobis encargados de su custodia han sido abatidos. Nuestra misión es investigar sobre lo sucedido.

    La boca se Nashla se hallaba sincronizada con sus pies, que no dejaban de moverse con destreza por la avenida principal de la capital de Tenohira. A simple vista, los shinobis lucían como un trío de forasteros muy sospechosos. Nadie podría reconocer sus rostros debajo de sus capuchas negras de plástico para protegerse de la lluvia, aunque tampoco parecía haber existencia humana a su alrededor que quisiese intentarlo. Para cerciorarse, Uchiha se acercó a la puerta de algún local al azar y asomó sus ojos por la ventanilla: desolación total. Un nudo se formó su garganta porque era extraño. Así como era difícil entrar a la isla, también era muy difícil salir. Por su propia seguridad, los oriundos desconocían la ruta en mar abierto hacia la isla principal del País del Agua o hacia cualquier otro país, y por eso es que todos terminaban convirtiéndose en comerciantes, pescadores, agricultores que vivían una vida larga, quizá también aburrida. En resumidas cuentas pues, Tenohiragakure era una aldea sumamente tranquila. Así que, ¿a dónde se habían metido sus habitantes? Tampoco detectaba señales de agresión para sospechar que estuviesen muertos.

    Iremos a la torre principal para interrogar a la familia del mandatario.
    ¿De q-qué rango eran los shinobis que hacían guardia? —preguntó Sho, temiendo saber la respuesta.
    Cuatro hombres ANBU —el albino tragó saliva. Aquella declaración solo podía significar que se enfrentaban a varios enemigos de alto calibre, o en su defecto a uno o dos pero con un sobresaliente estratega entre sus filas. Era espantoso y a la vez emocionante.
    Ajá, ¿tu esperas que nosotros derrotemos a unos hijos de puta que nos sacan el doble de rango? —Ters se hallaba cruzado de brazos con el entrecejo arrugado y muy mojado, unas gotas de lluvia resbalaron hasta caer de su barbilla— Estas demente, anciana.
    No vamos a pelear de manera directa contra ellos —argumentó la única fémina, sacando a relucir sus ojos malditos.

    Tal vez estaba mintiendo. Aunque no era su intención exponer a dos jóvenes chuunin en una misión de altísimo riesgo, ella no podía controlar el curso de los hechos. Pudo haber regresado a Kirigakure con Tye y Sho después de rescatarles en el infame pueblo pesquero y luego enviar a otro escuadrón de ninjas más calificados a investigar el asunto en Tenohira, pero su cabeza le decía que ese sería un movimiento demasiado previsible para quien sea que estuviese detrás de todo aquello; quien sea que le acuchillase por la espalda y se sentase en su misma mesa, en la sala del consejo.


    ---


    El inmueble donde vivía la familia del desaparecido no podía asemejarse más a un pequeño castillo, tétrico, como sacado de alguna historia de Drácula. De torre no tenía nada, apenas eran dos niveles y tal vez un sótano. Se erguía a las afueras, del otro lado de Tenohiragakure en lo alto de una ladera, y su composición de rocas y tablones revelaban que había sido construido desde hacía una centena de años. Los encapuchados debatieron sobre cómo abordar el lugar. Con ridiculez, el frígido surgirió que se acercasen a tocar la puerta; su idea fue inmediatamente desechada. No sabían en qué condiciones encontrarían a las personas adentro ni tampoco qué actitud adoptarían, por eso Nashla optó por otro plan un tanto más discreto.

    La pelinegra hizo los sellos propios de un kuchiyose y al terminar, una parvada de pequeños murciélagos apareció revoloteando a su alrededor. Reconocieron que los animalillos encajaban muy bien en el escenario. La mujer le propinó a los jóvenes una ligera palmada en sus espaldas y luego, como por arte de magia, fue succionada por la boca de uno de los mamíferos. Antes de ascender volando con dirección al castillo, también les avisó que les llamaría en el momento adecuado, por lo cual debían estar alerta. Ambos chuunin desempolvaron sus radios.

    Mientras tanto debían aguardar. Como no había nada entretenido que hacer, Einarr se cruzó de brazos y miró a todas partes: primero una locación selvática, después una tundra, ahora estaban como en medio del bosque. El único común denominador era el maldito aguacero que no discernía entre estaciones del año ni horas del día. Y a pesar de no poder sentir frío, sabía que la temperatura era baja porque el de cabellera de nieve –frente a él, jugando con Neo- se revolvía a veces desde su misma posición, agitando los huesos. Ters se habría sentido muy cómodo, de no ser porque el constante sonido de las gotas golpeteando los charcos le estaba volviendo loco. Se sentó en una gran roca a su izquierda y juntó sus rodillas, sujetando con fuerza lo que tuviese entre sus piernas. Luego mordió su labio inferior y gruñó para levantarse de un solo brinco.

    ¡Hijo de puta! —Gritó. El más joven se sobresaltó, ¿es que le hablaba a él? Pero si no había hecho nada. Pestañeó un par de veces incrédulo mientras el otro hombre continuaba profiriendo— ¡Maldita sea! En un minuto regreso.
    ¿A dónde vas? —Kageyama amagó con seguirle.
    ¡No te atrevas a seguirme, maricón! —hizo aspavientos al perderse corriendo entre los arbustos. Luego se levantó el impermeable y desabotonó sus pantalones para ya saben qué (¿).

    Mucha agua. Cuando esa sensación de paz y tranquilidad estaba a punto de llegar, todo a su alrededor se distorsionó para hacerle entrar en otra dimensión. Tye fue arrastrado por un vórtice que le transportó en un abrir y cerrar de ojos hasta otro lugar: el interior del castillo de Tenohira. El joven cayó de bruces en el suelo, emitió un sonido de dolor y con los ojos entrecerrados reconoció una serpiente gordísima que se deslizaba por su derecha. Le disgustaban esos animales rastreros, así que con un respingo involuntario se echó hacia su izquierda tan solo para chocar en contra de un bulto de carne y huesos: Kageyama se hallaba tan constipado como él mismo, huyendo de otras culebras que le acechaban por el otro extremo. Los chuunin de pie se colocaron espalda contra espalda y temieron que los animales fuesen venenosos

    ¿Estas temblando? —preguntó Sho con un atisbo de inocencia, mas el otro se lo tomó a modo de burla.
    ¡Díselo a alguien y te partiré el orto! —el peligris estaba a punto de asestarles tremenda patada a los rastreros cuando de repente, la figura de Nashla emergió entre las sombras. Las amenazas desaparecieron tras una ligera nube de humo.
    Escuchen —llamó la Mizukage— : según mis invocaciones, el castillo cuenta con tres niveles y aparentemente no hay enemigos, tan solo tres civiles. De cualquier manera quiero que investiguen. Tengan cuidado de no ser vistos —mientras ella hablaba, los varones se recomponían, en especial Einarr quien arregló sus pantalones con disimulo. Enseguida avanzaron por un pasillo en semi-penumbras y subieron por unos escalones de madera que crujieron a cada paso por debajo de sus pies. Al final entraron a un pequeño vestíbulo, pero Nashla les hizo retroceder pues la figura espigada de una sombra acercándose les puso en alerta— . Buenos días —dijo Uchiha para la otra persona, quien solo asintió con un movimiento de cabeza y continuó avanzando. Se trataba de una anciano de unos setenta años que andaba a expensas de un bastón hecho de plástico. Escondidos detrás de Nashla, los de menor rango se preguntaron qué es lo que estaba sucediendo. Einarr juró que pudo ver aunque sea por una milésima de segundo las aspas del dojutsu de la kage girar, antes de mirarle a ella y descubrir que se había transformado en un hombre con monta de campesino. El shinobi restregó sus ojos— . Vayan a revisar el resto del sitio, yo seguiré a ese hombre —dijo ella, o él, antes de retirarse.

    Ters se sacó la ‘bolsa de basura’ en alguna parte mientras reclamaba el espacio del último piso del castillo -Sho tuvo que conformarse con el piso intermedio-. Corriendo hacia allá sobre una canaleta de hielo y con toda la sigilosidad posible, el joven solo encontró polvo, muebles destartalados y ropa vieja que no valdría ni un ryo en una subasta de jardín. Si bien la Mizukage les indicase que tuviesen cuidado de no ser vistos -a él le gustaban ese tipo de misiones-, una pequeña parte dentro de sí quería brillar bajo las luces; deseaba un poco de acción. Su tarea hasta ahora era tan aburrida como intrascendental, nadie le creería cuando contase acerca de su estancia en la renombrada isla. Recorriendo el típico pasillo con un montón de puertas a cada lado, Tye decidió entrar a una habitación. Esta era una recámara y estaba tan polvorienta y sucia como las demás. Se dispuso a retirarse, pero entonces escuchó unos ruidos que provenían desde afuera. ¡Por fin! Hasta ese momento, tenía la sensación de haber estado persiguiendo fantasmas. Apenas abriendo un poco la hoja de la puerta, asomó uno de sus ojos casi cristalinos y visualizó a una joven de unos veinte años que caminaba arrastrando sus sucios pies descalzos. La fémina entró a otra habitación y el shinobi no dudó ni un instante en perseguirle. Con cautela, Ters puso su mano izquierda sobre el pomo de aquella otra puerta y como en repetición, asomó su ojo una vez más para ver lo que estaba sucediendo. Inmediatamente se llevó una gran sorpresa; fue tal que no notó cuando sus dedos, de manera no intencional, comenzaron a soltar una onda de chakra que congeló un poco la hoja de madera. Y es que la mujer aquella se encontraba encima del cuerpo de un hombre en la cama. La maldita mente del shinobi lo estaba asociando a recuerdos suyos con cierta pelirroja que últimamente ni siquiera se dignaba en devolverle sus llamadas. Algo en sus entrañas se revolvió haciéndole sentir furia. Acto seguido, el chuunin ingresó su mano derecha por la abertura y la colocó sobre la pared al lado. Ese toque fue suficiente para que todos los muros se congelasen en un santiamén.

    Tras dar un portazo, Einarr ingresó al espacio. La mujer soltó un grito de espanto y se echó al lado de la cama, mientras su amante se quedó inmóvil con la mano que antes estaba sobre su cadera tendida en el aire, empotrada contra la cabecera de la recámara; el shinobi la había apuntalado ahí con un kunai y gracias a su Precisión Endemoniada. Entretanto los gritos seguían, el peligris soltó una larga carcajada.

    Esa mano estaba en lugares indecentes —dijo entre risas, tornando hacia el varón encamado. Al descubrir las condiciones de éste, no obstante, trago sáliva: ¡se encontraba muerto! Era un cuerpo en visible estado de descomposición y no solo eso, pues llevaba todavía puesto el uniforme de los ninja de la Niebla. A pesar de ser testigo de tantas relaciones turbias dentro de su propia familia, el frígido no pudo evitar impresionarse un poco— . Eres tan asquerosa —dijo para aquella con una sonrisa honesta en su rostro. Enseguida fue a su lugar y y le apuntó con uno de sus kunais— . Estúpida, ¿en dónde están los demás shinobis? —Ella tembló, presa del miedo y se echó otro poco hacia atrás para no sentir que el filo del arma rozaba en contra de la punta de su nariz— ¡¿En dónde están?! ¡Contesta! —Sin embargo, estaba al borde de la pared. Apretó su espalda contra el frío muro y guardó silencio— ¿Eres familiar de Tenzo Larodilla? ¡Habla, maldita sea! —al soltar otro grito más fuerte que el anterior, los nervios del shinobi se enturbiaron por completo— ¡Shuck! ¡Maldita puta!

    Lo último que la mujer vio fue el puño de Tye acercándose, ya que inmediatamente después perdió el conocimiento; los gritos cesaron. Con malestar, el varón echó un vistazo a las cosas congeladas en derredor y tropezó con una foto enmarcada en la cual salía la joven inconsciente -en ella lucía limpia y arreglada- junto a otras personas. Entre las otras personas estaba el viejecillo con el cual Nashla seguramente bebía el té o jugaba una partida de parqués. Estaba claro: tenía que interrogar a la mujer necrófila y llevarle el cadáver a Uchiha. Al sacar ambos cuerpo al pasillo, percibió que el desalmado expedía un hedor que no había detectado antes a causa del tapizado de hielo. Ters encontró su viejo impermeable y con ello envolvió al difunto.




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    Última edición: 26 Ene 2018
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    Bishamon

    Bishamon Can you feel the rhythm? Running, running! Moderador

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    También le congeló desde que se descubriera quejándose más de lo debido por el olor. Qué tonto fue al no usar sus habilidades antes para mantener el cuerpo del occiso inodoro; por suerte, nadie se enteraría. Rápidamente, Einarr ocupó su mente en otro pensamiento: la mujer aquella estaba pesada. Apenas fue audible el despectivo que pronunciara por culpa de ello.

    […]

    Según lo que ya conocía del representante principal de Tenohira, era un hombre de edad madura con una buena reputación entre las personas de su isla y bastante respetado en Kirigakure. Él estuvo presente en la socialización pacífica entre los clanes, siendo el moderador de aquella reunión que consolidó los cimientos para la formación de una gran villa. ¿Si tenía kekkei genkai? ¿Si provenía de un clan? No a ambas preguntas. Este secuestrado hombre no es más que una persona ajena a las habilidades sanguíneas que lo único atractivo que podría poseer, sería su título de líder de una isla sin ubicación en el mapa. Tenía esposa y una hija, mismas que suponen deberían estar en algún lado de la hoy tétrica residencia. También estaba ese hombre que ahora mismo yacía sentado muy cerca de una ventana, en una habitación para nada amplia porque solo tenía espacio para un catre, un baño muy chiquito, closet y buró.

    Toc, toc.

    —¿Puedo pasar? —El anciano real asintió en silencio sin despegar su mirada del exterior. —Disculpe, supe lo sucedido con nuestro señor… he venido desde Saboten.
    Saboten era una pequeña población oculta en los manglares de la isla y Nashla, que conocía bien el territorio, se valió del detalle para dar más trasfondo a la repentina aparición de un desconocido (o sea su transformación). Uchiha no pronunció nada más, dedicándose a analizar cada detalle de la apagada expresión del más adulto. Desde que le viera en el pasillo intuyó que algo no andaba “bien” y no por la evidente situación. A punto de abrir la boca para proseguir, su objetivo se adelantó:
    —Este no es un lugar seguro —Pecas en su falsa forma, entrecerró los ojos levemente—. Las paredes siempre escuchan. Es por eso que nosotros estamos condenados a perecer… es como una sentencia eterna de muerte que no podemos apelar porque no podemos ver —definitivamente había algo raro en aquel hombre—, y que solo se hace válida cuando cometemos el error de hablar de más —¿acaso le estaba queriendo dar una pista?
    —No le entiendo.
    —Quiero decir —hizo una pausa para poder girarse hacia el Henge—, que podemos ser fácilmente traicionados. Tenzo confiaba mucho en las personas —estaba sonriendo con dejo nostálgico—. Creía que todos tenían bondad… —suspiró—. A veces nos toca descubrir la realidad de mala forma, ¿no?
    —Y a veces no es necesario esperar a que lo malo ocurra para descubrirla —y el mayor asintió con su cabeza. Enseguida miró hacia afuera para con su bastón arrastrar la cortina de modo que cubriera el interior.

    —No seré ninja pero sé que para haber entrado tuviste que haberlo hecho de forma no tradicional… como lo haría alguien normal.

    Yuusha cerró los ojos solo unos segundos. Su presentimiento era verdadero; aunque así fuera, podía sostener la mentira más tiempo pero no. Si ese sujeto le hubiese querido hacer daño, se hubiera aprovechado de su transformación para tomar ventaja y tiempo era algo que no poseía si quería llegar hasta Tenzo antes de que su secuestrador le hiciera lo que muchos sospechaban sucedería en algún momento. Uchiha se deshizo de su transformación y ante la figura femenina, esbelta y jovial, el hombre ensanchó su sonrisa con calidez.

    —¿Quién es usted? No lo había visto antes en este lugar.
    —Solo trabajaba con Tenzo. Me encargaba del mantenimiento de este sitio, de velar porque todo marchara en orden con su familia.
    —Usted vio todo lo que sucedió —él no respondió; solo desvió su mirada—. He venido desde la Niebla y debe suponer por qué.
    —Lo sé… solo Tenzo tiene la llave.
    —¿Me permitiría ver sus recuerdos?

    No quería recurrir a la fuerza mental para llegar a descubrir qué fue lo que sucedió con el líder y el secuestrador, por lo que abogó a la participación consciente de este otro hombre. Al principio pareció reticente, empero no tardó más de cinco minutos en consentir la propuesta de Uchiha, quien tocara el dije del collar que usaba. Yata se manifestó en su forma despertada.

    —¿E… eso qué es? —Pese a ser un objeto en apariencia metálico, podía verse perfectamente reflejado en él.
    —Con su ayuda podré ver sus recuerdos.
    —¿T-todos ellos?
    —No, solo los de aquel día —saber eso le hizo sentir extrañamente aliviado—. Hazlo, Yata.
    El arma utilizó una de sus habilidades, sumiendo al hombre en una especie de trance.

    «El señor salía de una habitación después de verificar que no hubiese nadie en el pasillo que debía transitar para marcharse, sin embargo el sonido de algo haciéndose pedazos en el suelo le alertó. No era el mejor momento para irse y menos tras escuchar el reproche de un sujeto a otro. Esa voz no le era conocida. Al cerrar la puerta con cuidado, no fue capaz de alejarse demasiado de ella por el terror que le causaba imaginarse que extraños estuvieran allí, mismos que pasaron por el frente de la habitación. La parte inferior de la puerta se ensombreció durante segundos; creyó que su corazón se detuvo más se obligó a no respirar.

    Pasaban los minutos y nada más sospechoso ocurría; animándose a salir del cuarto, tomó el camino opuesto al que pensaba recorrer hacía rato cuando fue interrumpido. Justo en esa dirección quedaban otras habitaciones y a solo poquísimos metros de alcanzar la que fuera el despacho del líder de Tenohira, escuchó unos gritos que dejaban en claro cuánta desesperación sentía quien los emitiera. Enseguida se escucharon varios estruendos; su pecho dolió. Corrió o más bien caminó con toda la prisa que pudiera, chocando su bastón contra el suelo casi produciendo un sonido rítmico. Su intención fue alertar a los shinobi que debían estar custodiando la residencia, solo que ninguno yacía en el exterior… no al menos del lado que se asomó. Justo, la puerta del despacho se abrió de golpe y de adentro salió Tenzo, chocando con estrépito con la pared del frente.

    No le serviría de nada ocultarse.

    Quiso llegar hasta su superior, no obstante dos esbeltos muchachos le hicieron detener de golpe. Lo que ya pudiera estar sintiendo acrecentó cuando los dos le apuntalaron con la mirada en sincronía. Era evidente que a él no le veían como una amenaza. Tampoco pareció haberles afectado saber que había ninjas por ahí que procurarían ponerles un alto; uno de ellos hasta carcajeó. Sin más, el varón que riera tomó a Tenzo del cuello para estrellarle contra la misma pared. Era la enésima vez que le preguntaba por las espadas y la enésima vez que Lapierna quedaba en silencio, desafiando la poca paciencia del sujeto que le cuestionara.

    El otro muchacho instó a su compañero a llevárselo porque no tenían tiempo que perder. Buscarían la forma de hacerle decir todo lo que supiera sobre las espadas de la Niebla y quién sabe qué más; nunca les había fallado la fuerza bruta en ese tipo de situaciones… tampoco jugar a infundir terror. Este mismo hombre volvió a mirar al de bastón; su corazón sobresaltó y casi por inercia empuñó su andamio para usarle como un arma de ser necesario, pero no tendría que molestarse. Su única labor sería resguardar aquel recuerdo para que la Mizukage pudiera verlo».


    Nashla abrió sus ojos de forma desmesurada. ¿Cómo sabía que ella podría hacer eso? Sus puños se cerraron con fuerza. En ese instante solo podía pensar en una cosa que se hacía cada vez más evidente: alguien de Kirigakure estaba detrás de todo lo que estaba pasando. Alguien del Consejo les estaba jugando sucio al resto… o tal vez era un complot entre varios o contra ella… podía ser quien fuera que estuviera cerca y conociera ciertas destrezas que la Meijin procurara mantener en secreto. ¿Algún Uchiha tal vez? ¡Mierda! Tomó asiento en la esquina del catre.

    El señor tocó su cabeza al salir de los efectos de la habilidad del Espejo sagrado y como supo que la azabache no había visto todo hasta el final, prosiguió el recuento diciendo lo que ya se conocía del caso: la esposa y la hija de Tenzo se encontraban allí.

    —¿Qué sucedió con los shinobi? —La voz de Pecas evidenciaba su estado trastocado aunque firme; la mandataria solo estaba lidiando con dos sentimientos: la decepción y el enojo.
    —No lo sé. Ninguno dio la cara después de lo sucedido… pero —sus miradas se encontraron.
    —¡¡Aaahhh!!

    El grito provino del exterior del cuarto y si bien los dos se pusieron de pie, fue el mayor que optara por moverse primero hacia el origen del mismo. Avanzaba con prisa y una preocupación bastante alarmante. La Meijin le siguió de cerca; sus intentos por hacerle detener para tomar su lugar en la delantera, fueron en vano.

    —¡Cierra la boca, hija de puta!
    —¡Déjala! —Un perro se plantó frente a su receptor y él al percibirle como desconocido. El can empezó a gruñir en lo que mostraba sus dientes. —No le hagas nada…
    —¡Tye! —El aludido detuvo la acometida ante el llamado; después de todo, había logrado lo que quería: llevarle la necrófila a la Mizukage. La joven pataleaba y quejaba del dolor porque Yuki la llevaba agarrada del cabello sin el mínimo de tacto.
    —Encontré a esta sucia rata teniendo sexo con —solo señaló el cuerpo del fallecido con su mirada cargada de asco.
    —¡Déjala! —Quiso acercarse otra vez a la joven pero el perro le impedía el avance.
    —Contrólalo —ordenó Pecas pero en vez de eso, Ters aventó a la fémina hacia el viejo; también dejó caer el cuerpo envuelto para pedirle al canino que quitase la bolsa.
    —Es un ninja de la aldea y esa asquerosa estaba sobre él…
    —No lo entiendes —recriminaba el más adulto allí mientras la muchacha lloraba asustada.
    —Lo que no entiendo es qué hace una enferma aquí —pronunció con burla—, pero quién soy yo para juzgar los gustos de esta inmunda.
    —Ya basta, Tye —Nash se acercó para revisar al occiso; pese a la capa de hielo que le recubría, era evidente que estaba en estado de descomposición por los huecos en el rostro y brazos. La placa de la Niebla la cargaba a nivel de la cadera. Su vestimenta tampoco les dejaba mentir. —¿Fueron ellos? —Solo el señor entendía la pregunta que no tardó en responder.
    —No lo sabemos. Solo lo encontramos un día muy herido cerca de este lugar y pensé que… podría salvarse.
    —¿No será que le complaces los gustos a la puerca? —Nashla recriminó a Yuki con la mirada. —No me mires así, yo no soy el anormal.
    —¿Quién es ella?
    —Es la hija de Tenzo… —con razón había una foto de ella en su cuarto, pensó Einarr, recordando que el vejestorio estaba en ella—. Es especial.
    —Asquerosamente especial —rio un tanto.

    El hombre emitió un sonido desaprobatorio, conteniéndose de decir algo solo porque la mandataria alzó su mano derecha; no serviría de nada seguirle la corriente a Pecho Frío cuando había otros asuntos que atender. Si ese shinobi había muerto, podría significar que los demás también solo que sus cuerpos seguro yacían esparcidos por ahí… no obstante, algo no le parecía tan natural; Pecas recordó el momento en el que el de bastón enfrentara a uno de los secuestradores, amenazándole con que había ninjas allí. Este solo se burló. Su actitud era similar a la de alguien bastante confiado y no porque creyese más en sus poderes que en los de sus oponentes.

    —Busquemos a Sho cuanto antes.
    —¿Hmm? ¿Qué sucede, anciana?
    —Debemos salir de aquí —compartió miradas con el chuunin antes de encarar al otro adulto y a la muchacha que se cubría detrás de este—. Algo me dice que este lugar es solo una trampa.
    —¡¿Y lo dices tan tranquila!?
    —Los que secuestraron a Tenzo sabían perfectamente lo que sucedería si yo venía a este lugar, así que dudo mucho que solo quisieran dejarme un mensaje a través de usted —el viejo respingó.

    En esas, se dieron cuenta que el perro de Ice no paraba de rascar el cuerpo congelado.


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    Última edición: 11 Feb 2018
  7. Blair

    Blair スパークル Moderador

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    Ajeno a todo lo que sucedía con sus compañeros de equipo, Sho llevaba ya un buen rato explorando el nivel intermedio de la edificación; sus ojos paseaban de un lado a otro, no parecía realmente muy interesado en lo que ocurría y, de hecho, ni siquiera se estaba fijando bien en cada habitación a la cual entraba. Neo, quien no había hablado mucho desde que despertó luego del incidente en el mar, se asomó de entre los ropajes del albino para mirar el sitio al cual Kageyama hubo entrado recientemente.

    El cuarto es muy grande, ¿no? ─ Nervioso, el pequeño animalito hizo el primer comentario que se le vino a la mente, tratando de romper el hielo con su amigo – Sho solo hizo un sonido que ni siquiera llegaba a considerarse un monosílabo. Su vista perdida en la nada. ─ ¿Sho? ─ El chuunin no le prestó atención y salió de la habitación sin siquiera haber explorado el interior de la misma meticulosamente. ─ Oye, Sho. ─ Insistió, escalando hacia el hombro del varón y tratando de sacarlo de sus pensamientos con palmaditas en las mejillas, pero no funcionó, el shinobi parecía una especie de zombie que solo caminaba sin rumbo.

    Se adelantó hacia otro cubículo de aquel lugar y repitió el mismo proceso ausente, obviando su desinterés extremo hacia lo que ocurría a su alrededor; su mente era un revoltijo de cosas turbias, culpa, preocupación y deseos de ser tragado por la tierra. Ni siquiera se percató de unos gritos provenientes del piso superior, improperios lanzados por el frígido que tenía como compañero improvisado de misión, Neo se alteró al escuchar tanto alboroto.

    ¡Oye! ─ Exclamó la mascota exasperadamente a la par que se colgaba de los flequillos de Sho, era imposible que lo ignoraba si literalmente le impedía la visión y tenía su cuerpecito pegado a la cara del chuunin. El aludido se detuvo de golpe, sobresaltándose por la repentina aparición de Neo en aquel lugar, se encogió en su sitio y dudó antes de abrir la boca.

    ¿Te sientes mejor? ─ Tartamudeó y desvió la mirada, como si aquello pudiera lograr que no viera al petauro pegado a sus ojos.
    ¿Puedes dejar de portarte así? ─ Su voz sonaba triste, Kuro puso las manos frente a sí, a la altura de la barbilla, permitiendo que el animal se soltara de su cabello y aterrizara en las palmas. Lo mantuvo allí, a la altura de su rostro, pero a una distancia prudente del mismo.
    Perdón.
    No hagas eso.
    Por mi culpa tú…
    Estoy bien. ─ Lo miró con un gesto confuso y preocupado, estaba por decir algo más, posiblemente confrontarlo por sus actitudes recientes, pero un ruido extraño llamó la atención de ambos. Sonaba como una especie de gemido, un sollozo, luego otra cosa que no supieron identificar; ambos se miraron por un rato, Sho no sabía si tener miedo o curiosidad, su propia mente no se ponía de acuerdo en cuanto a cómo reaccionar. ─ Vamos a ver. ─ Las palabras de Neo lo sacaron de su ensimismamiento, asintiendo con la cabeza antes de caminar en dirección a la habitación de la cual recientemente había salido. Ésta se encontraba casi completamente sumida en oscuridad, cosa que no era muy problemática para el manipulador del vacío, se asomó hacia un lado y luego hacia el otro, al mismo tiempo, Neo subía por su brazo para dejarle las manos libres en caso de necesitarlas.

    ¿Hola? ─ Empujó la puerta para abrirla completamente, percatándose hasta ese momento de lo grande que era la habitación, cosa que el petauro hubo mencionado anteriormente. ─ ¿Hay alguien aquí? ─ Dio varios pasos hacia el interior, había una cama en medio del lugar, muebles tumbados a los costados y una puerta bloqueada por una mesa de noche. El chuunin se quedó estático en su sitio, guardó silencio, todo en un intento de identificar correctamente el origen de aquello que habían escuchado hacía apenas unos minutos.

    Era como si estuviesen rascando algo.

    Se acercó a la puerta que estaba bloqueada y volvió a quedarse inmóvil, en definitiva, el sonido venía de allí adentro. Miró a Neo, éste negó con la cabeza, pero Sho tomó la mesa de todos modos y la arrastró unos metros; con un kunai en su mano se dispuso a abrir la puerta, jalándola con cuidado y tratando de ver lo mejor posible en el nuevo cuarto oscuro que se abriría paso frente a sus ojos apenas lograra su cometido.

    ¡Sho! ─ El gritito del animal hizo que el chuunin se sobresaltara, pegando un salto hacia atrás a la vez que la puerta cedía al peso de quien estaba recargada del otro lado. El portazo hizo un ruido fortísimo que asustó todavía más al albino, el cual apenas notó el cuerpo de alguien desplomarse en el suelo y acto seguido, haciéndose ovillo en el mismo lugar donde hubo aterrizado. Después de recuperar el aliento y mirar como con molestia al petauro, Sho miró a quien estaba en el suelo: se trataba de una mujer. Inspeccionó la puerta, ésta tenía manchas de sangre en todo lo largo por dentro, ¿los sonidos no completamente reconocibles eran eso? Se agachó y miró las manos de la mujer desde una distancia segura, sus dedos estaban heridos, ¿cuánto tiempo llevaba rasguñando la puerta? ¿por qué? Se veía como ida, en shock.

    ¿Deberíamos llevarla con Nashla?
    Creo que sería lo mejor. ─ El albino asintió, deseando internamente que Neo le hubiera dicho que no, para luego acercarse a la mujer y tomarla de uno de sus brazos. Algo muy malo le había pasado, tanto que parecía estar completamente aislada en un mundo alterno en el cual él no existía, no reaccionaba a sus acciones o palabras y eso preocupaba en cierta medida al chuunin – la ayudó a ponerse de pie y básicamente la hizo usarlo de bastón para que caminara. ¿Quién la había encerrado ahí? ¿Qué le había pasado para que terminara en ese estado mental? Kageyama respiró hondo conforme se las arreglaba para caminar con la mujer que era casi un peso muerto.

    […]

    ¿Qué cojones? ─ La expresión de Tye llamó la atención de Uchiha, quien detuvo su andar y giró su rostro apenas lo suficiente para ver al de menor rango, luego siguió la línea imaginaria creada por los ojos del frígido; éste estaba observando, con un asco evidente, cómo unos animales salían del cuerpo del occiso. Justo en la zona donde su perro había logrado rascar lo suficiente para que el hielo terminara por ceder.

    ¿Ciempiés? ─ La mandataria arrugó el entrecejo, no eran cualquier animal, ella juraba reconocerlos de algún lado. ¿Invocaciones? ¿Qué hacían ahí? Escuchó un ruido proveniente de un piso superior, otro afuera, ¿había alguien afuera? Antes de que el animal girara su cuerpo para verla, el chuunin lo aplastó y provocó que desapareciera. El perro seguía rascando el hielo y de paso mordió a otra invocación, mandándola al mismo destino que a la primera en salir del cuerpo del muerto. ─ ¿Nos observaban? ─ Aquella duda se quedó en los pensamientos de Uchiha, todo parecía apuntar cada vez más a que eso estaba siendo orquestado por alguien de Kirigakure, alguien que estaba dispuesto a traicionar y tenía el nivel suficiente para dejar en ese estado a un ANBU.

    Un temblor ligero se sintió y acto seguido, el lugar entero comenzó a agitarse violentamente.


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  8. Verwest

    Verwest Aquele hálito? Me faz chorar

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    Al principio, Einarr pensó que el olor fétido del muerto le estaba causando náuseas, pero luego al ver el gesto distorsionado de Nashla y la cara de maricón asustado de su compañero de aldea –quien aparecía por la esquina presuroso, arrastrando consigo a otra fémina-, comprendió que las náuseas eran generalizadas: el castillo estaba temblando como un juego de ninjenga en las últimas. ¿Cómo era posible? Seguramente el enemigo les había preparado una trampa para cuando sus ciempiés terminasen de hacer su trabajo. El peligris imaginó que los cimientos del sitio estarían llenos de sellos explosivos, los cuales comenzaban a estallar uno por uno hasta conseguir envolver las paredes y los muebles en llamas. Tuvo un escalofrío con la sola idea de sentir el calor quemar todo su cuerpo. Se hallaba pasmado hasta que de pronto, Nashla con su mano libre –con la otra tenía ceñido al anciano- le propinó un suave golpe en la nuca.

    ¡Agh! ─bramó por aquello─ ¡¿Qué sucede, anciana?!
    Dame tu mano ─pidió la Mizukage.

    A Tye le pareció un gesto muy cursi, pero luego comprendió que lo que su superior al mando pretendía era teletransportarles lejos de ahí. Einarr tomó a la joven abusadora de cadáveres y luego sujetó a Nashla del hombro, rechazando su mano, misma que sería tomada enseguida por Sho que cargaba con la otra mujer de edad más avanzada, familiar de Tenzo Lapierna. El sexteto esperó dos segundos que el Hirainshin hiciera efecto, pero eso nunca sucedió... El techo estaba colapsando, los protagonistas saltaron hacia todas partes cuando una parte de la losa cayó encima de Pecho Frío, quien no tuvo más remedio que destruirla con sus puños llenos de chakra para no terminar como una tortilla. Asimismo, una parte del piso debajo de sus pies se hizo añicos provocando que Kageyama cayese en una especie de fosa. De no ser por los rápidos reflejos de Uchiha que alcanzó a sujetarle de su muñeca en un último instante, el joven hubiese sido tragado por una oscuridad tan negra como desconocida. Inmediatamente después, Sho levitó y volvió a su posición anterior.

    Todo seguía revolviéndose como si los shinobis se encontrasen dentro de una licuadora, y fue un momento a otro lo que sucedió a continuación: el edificio explotó, provocando un sinnúmero de brasas en el aire como si fuesen fuegos artificiales de dudosa calidad. Una nube de polvo se instaló por encima de donde existían antes, y bajando por aquella ladera ya solo quedaban un montón de rocas apiladas envueltas en llamas. El panorama era caótico y no había señales de vida por ninguna parte...

    Lejos de ahí, a unos tres kilómetros al sur del castillo de Tenohira, el suelo se removió como si de otro terremoto se tratase, pero en lugar de derribar árboles o edificios consigo, una pequeña brecha se abrió partiendo la tierra en dos. De ese lugar, un sexteto de personas emergió ansiando tomar un respiro de aire fresco.

    Maldita sea, ¡Maldita sea! ¡Hijos de puta! ¡¡Shuck!! ─Einarr intercalaba sus típicos insultos con fuertes tosidos pues sus pulmones se encontraban llenos de humo y tierra, pero por encima de todo aquello persistía un dolor en su brazo derecho a causa de una abrasión en su piel. Desafortunadamente algo había estallado muy cerca de su persona y para menguar los daños procedió a cubrir enteramente su extremidad con hielo.

    Por otro lado, Kageyama y los familiares de Lapierna contaban con multiples rasgaduras y golpes por todo el cuerpo. La única que parecía intacta era Nashla; su figura espigada acentuaba un porte serio y muy sereno, inclusive cuando por dentro sentía ganas de gritar y maldecir tal cual lo hacía Yuki. ¿Serviría para descargar su molestia? ¿Quién diablos sería capaz de poner un sello alrededor de Tenzo Lapierna que le impidiese usar su Hirainshin? Para poder escapar del siniestro, los ninjas hubieron tenido que utilizar Doton: Dochuu Senkou.

    ¿Q-qué haremos ahora? ─preguntó Sho que lidiaba con la mujer que había encontrado para que se mantuviese quieta. La extraña de edad adulta media solo profería gruñidos y de vez en cuando gemidos de dolor. El shinobi apenas pudo aplacarle tomándole de sus muñecas por detrás de la espalda.
    ¿Quién es ella? ─preguntó Nashla.
    La encontré en una de las habitaciones del castillo ─Kuro se encogió de hombros.
    Es la esposa de Tenzo ─intervino el anciano─ , y aquella es la hija ─señaló enseguida a la otra mujer de apariencia más joven. La misma era sometida con facilidad por el frígido, pues bastaba una sola mirada para que ella se encogiese en el piso atemorizada por recordar las habilidades del maldito. Debido a que ninguna de ellas se comportaba con decencia –se arrastraban como animales en el piso y forcejeaban de manera frenética-, Uchiha sospechó que no se encontraban bien de salud.
    ¿Qué les sucedió?
    Están enfermas, son mudas.
    ¿Desde cuándo?
    Desde que Tenzo desapareció.

    Sho continuaba batallando con aquella que podía ser descrita por su larga cabellera castaña repleta de fango. Sus mejillas y brazos estaban manchados de sangre seca, su ropa anteriormente blanca teñida de marrón. Era una lástima que esa mujer portase tal aspecto tan desaliñado porque a simple vista, cualquiera podía deducir que con algunos cuidados personales podría verse como una señora respetable de la aristocracia. Su cuerpo también gozaba de unas medidas perfectas para una persona de su edad. Enseguida, los ojos furiosos de Uchiha giraron para ver más allá de lo que arrojaba el exterior. Ella sabía por experiencia que las apariencias podían ser engañosas, y sus terminaron por confirmarlo todo: aquella era solo la portada de un libro que no le apetecía leer. Con un rápido movimiento que Tye no alcanzó a ver, Nashla desenfundó un kunai y lo lanzó de manera lateral justo a la cara de la esposa de Lapierna. La tensión subió como espuma cuando el anciano del grupo soltase un grito de lamento.

    ¡Señora Marta! ─profirió intentando acercarse a la susodicha, pero Yuusha se lo impidió extendiendo una de sus extremidades. Einarr miró a su superiora y luego rodó sus orbes sin girar la cabeza para mirar a la víctima: yacía en el piso retorciéndose y el kunai estaba muy lejos de ella aunque intacto. No había rastro de sangre por ninguna parte. Sho, quien estaba en primera fila siendo testigo de los hechos, indicó luego que el arma había rebotado de manera ridícula al impactar contra la frente de la llamada Marta.
    Mátenlas, son clones ─ordenó Uchiha─ . Nos están observando.

    Una leve sonrisa se difuminó en la cara del gélido, quien no esperó nada para crear una estaca más alta que su cuerpo y que hiciera juego con su brazo de hielo. Einarr pateó con disgusto a la joven para colocarla de espaldas en el piso e inmediatamente después dirigió el objeto punzocortante hacia su vientre. Sin embargo, así como el kunai antes, el arma rebotó cuando debería estar perforándole. El chuunin quedó perplejo un instante antes de hacerlo de nuevo y esta vez sujetando la estaca con ambas manos, pero la consistencia de aquella piel era viscosa y al mismo tiempo muy dura, era como si intentase atravesar un pedazo de ¿goma? Como la fémina se movía mucho, el varón no tuvo más remedio que colocar uno de sus pies encima de su cara, aplastado su cabeza con desprecio para que se mantuviera quieta mientras imprimía en su trabajo más fuerza. De poco en poco, el arma fue penetrando hasta ocasionar que la víctima explotase y desapareciera tras una nube de humo.

    ¡Puta! ─exclamó el shinobi ensalzando su victoria. Lo siguiente fue que viró para encontrar a Kageyama. Aquel maricón aún no terminaba de deshacerse de su clon y Tye estaba muy dispuesto a ayudarle. Corrió hacia él, pero antes de poder llegar, la supuesta muda recordó el dialecto:
    Suerte escapando de la isla ─no fueron solo sus palabras lo que inquietó al del clan Kuro, sino también su sombría y malévola sonrisa la cual ocasionó que perdiera concentración. El tantó que apuntalaba en su garganta para matarle perdió vigor y de no ser porque ella lo tomaría enseguida con sus propias manos para suicidarse, Sho no habría podido conseguirlo.

    Todos se mantuvieron estáticos y el único sonido era el de las gotas de lluvia porque, ¡maldición! ¿Cuándo se acabaría aquel torrencial lluvioso? Mientras, los involucrados razonaban las últimas palabras de la supuesta esposa de Lapierna. Amenaza o advertencia; cualquiera fuese el caso, a ninguno pareció atemorizarle, no obstante debían tener cuidado. Como su cuello se hallaba particularmente perezoso aquél día, Einarr giró otra vez solo sus orbes azules para encontrar a Nashla. Iba a externar su opinión diciendo algo así como ‘aquella hija de puta solo está parloteando mierda’, pero al verle realizar los sellos de mano propios de un Kuchiyose, supo que no necesitaba hacerlo porque ambos pensaban lo mismo.

    Dos murciélagos del tamaño de una puerta de habitación aparecieron a sus pies, ofreciéndose como sus nuevas naves de transporte. Sho y Ters subieron en uno y el anciano y la Mizukage compartieron el otro, después alzaron el vuelo.

    Katon: Dai Endan ─se suponía que aquellos mamíferos serían su ticket de salida, sin embargo alguien desde bambalinas quería arruinarles sus planes. Un primer proyectil ígneo impactó en contra del murciélago de los chuunin y un segundo lo hizo después en contra del que transportase a la Mizukage. Debido a la pequeña diferencia de tiempos, la de mayor rango consiguió saltar del transporte junto al anciano antes de que las llamas estallasen. Su aterrizaje fue muy tranquilo en comparación con el de sus subordinados...

    Debido a que el impacto y la caída fueron muy abruptos, el frígido no tuvo oportunidad de preparar al menos una colchoneta de nieve para reducir los daños. Ni tampoco Kuro, que lo único que atinó a hacer fue sujetar a Neo muy fuerte en contra de su pecho. Y así, ambos shinobis tocaron tierra justo encima de un amplio charco de lodo en medio de una de las calles del pueblo de Tenohira. La cabeza le dolía a Tye como si el día de ayer hubiese bebido tres botellas enteras de licor, y su cuerpo adormecido no reaccionaba. Lo único que podía hacer era inventar nuevos agravios en su cabeza. Cuán conveniente sería en ese instante que gozara de poderes telekinéticos o algo por el estilo, pues al parecer su mente era más poderosa que su físico.

    La reputa malcogida que te parió, garloppo miertero de mierda ─pudo pronunciar al fin y poco le importó que sus dientes se manchasen de tierra al estar boca abajo en el piso. Su sentimiento de desahogo valía más que eso (¿).

    Kageyama desde su derecha no tardo mucho más en reavivar; se levantaron lentamente y a duras penas ya que las piernas de ambos se habían convertido en gelatina: temblorosas y débiles. Einarr pestañeó un par de veces para recuperar su visión la cual era borrosa. Cuando pudo hacerlo, divisó a un cúmulo de gente a su alrededor sosteniendo diversos objetos: desde platos, floreros, palas para jardín hasta cuchillos, varas y unas cuantas katanas. Ninguno tenía pinta de ser shinobi así que por descarte tenían que ser los pueblerinos desaparecidos; aunque tampoco lucían como pueblerinos normales. Sus ojos carecían de pupilas y sus movimientos eran dignos de un actor extra en la serie The Walking Dead.

    Los zombies avanzaron a ellos, Einarr sacó su hacha y su manriki, y no dudó en utilizar el objeto con filo cuando uno de los muertos vivientes puso una mano sobre su hombro. Cinco dedos salieron volando por los aires al tiempo en que Sho soltaba un tímido regaño, alegando que aquellas personas, aunque se encontrasen en una especie de trance, seguían siendo personas inocentes. Ice T hizo una mueca de fastidio.

    Mira, Sha...
    Soy Sho.
    Maricón ─puntualizó. Acto seguido, volvió a utilizar su hacha para rebanarle la cabeza a otro que quiso morder su espalda. Su compañero por su lado optó por propinarle una patada en el pecho al zombie que le acechaba, lo cual hizo que este resbalase hacia atrás, llevándose consigo a demás atacantes─ . Esto es el puto ciclo sin fin ─continuó el peligris. Kuro y Neo se miraron entre sí pensando en una película de Disney─ : los matas o te comen.

    Con aquella última aseveración, lanzó su manriki encadenándolo a lo alto de una farola pública, la misma cadena se hizo más pequeña y el chuunin utilizó el impulso para llegar hasta el otro lado de la calle, a una explanada más despejada del tumulto de gente. Desde esa localización, comenzó a combatir a los que se le aproximaban clavando su hacha en los cuerpos de hombres, mujeres y niños que no tenían ni siquiera una noción de las artes ninja; sería una auténtica masacre. Y gracias a su burdo afán por congelar su escenario siempre que luchase -para sentirse más cómodo-, pronto el panorama en un radio de quince metros se tiñó de blanco y rojo.

    Einarr salió disparado corriendo por una canaleta de hielo, se acercó a tres hombres: pateó al de la derecha, saltó sobre el de la izquierda y estando en el aire tomó su hacha con ambas manos para clavarla en la cabeza del que estaba en el centro. Sin embargo, no previó que ese hombre gozaba de una expresión en su rostro muy diferente a la de todos los demás, sus ojos eran normales y su ropa no era común, tampoco corriente. El susodicho levantó sus antebrazos a la altura de su cabeza formando una equis que repelió la fuerza del frígido, de tal manera que este salió expedido hacia atrás resbalando de vuelta por el largo de su propia pista de hielo.

    El malhechor salió de entre los pueblerinos para revelarse. Era un hombre de la misma altura que Ters, complexión fornida, barba poblada y cabellera negra muy, muy corta. Sus ojos verdosos no paraban de examinar el ambiente bajo cero y el brazo gélido del que todavía estaba tirado en el piso.

    Un hijo del invierno ─señaló el musculoso.
    Una nenaza bara ─contrapuso el flacucho. Einarr estaba tomando su tiempo para reincorporarse debido a que el hacha había salido de sus manos en la acción anterior y ahora sus ojos no podían detectarla por ninguna parte. Revolvió toda la nieve a su alrededor buscándola.
    ¿Qué haces en este lugar? A Ruura no va a gustarle.
    Ja ─rió con ironía─ . Imbécil, me importa una mierda ─más molesto de lo usual porque había perdido aquella arma que comenzaba a volverse en su predilecta, el peligris volvió a su pose de ataque pero no sin antes activar el sello que contenía su ninjato. Esa arma le parecía algo maricona, pero no solía cargar con muchas otras para viajar ligero así que no tenía opción─ ¡¡Mierda!!
    Después de asesinarte, le diré que combatiste valientemente hasta el final, aunque no haya sido suficiente ─entonó el villano como si fuese una especie de favor.
    Si tanto te interesa mi santa madre, me llevaré tu deforme cabeza decerebrada y se la daré como ofrenda.

    El primer entronconazo entre ambos no se hizo esperar más. Ters blandió su espada la cual no gozaba de ninguna propiedad especial, motivo por el cual el hombre bara pudo destruirla fácilmente con su mano desnuda. La hoja se partió en dos y un segundo de estupor resultó caro para el de Kiri, que tendría que pagarlo con un fuerte puño en su cara que le llevara a caer de nueva cuenta desplomado en la lona.




    C. UnderwoodC. Underwood BlairBlair
     
    Última edición: 6 Mar 2018
  9. Autor
    Bishamon

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