Entrenamiento +18 Libre B i r d s (?

Tema en 'Naruto World' iniciado por Blair, 15 Abr 2018.

  1. Autor
    Blair

    Blair スパークル Moderador

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    Cierto tiempo había pasado desde el festival que se había llevado a cabo en Arashigakure, el estilo de vida habitual había vuelto a tomar su rumbo y la calma se sentía de nuevo como algo predominante en la villa – tal parecía que ahora sí, la Tormenta lograba volver a la normalidad luego de todo lo ocurrido el año anterior. No había rastros de edificios destruidos ni un humor que delatara la tragedia pasada, no había sido olvidado ni se ignoraba, simplemente habían aprendido a vivir con ello y procuraban retomar sus vidas.

    Shiba meditaba un poco de todo, mientras esperaba con la espalda recargada en un árbol de los tantos que había a lo largo de la aldea. Se encontraba en uno de los sectores intermedios, de brazos cruzados, simplemente mirando a la nada y absorto en sus pensamientos – la persona a la que esperaba no iba tarde, de hecho, él había llegado temprano. Quizá por los nervios o por otra cosa.

    Llegaste temprano. – Aquella voz lo sacó de sus cavilaciones, el peliverde enfocó la mirada hacia uno de sus costados y se encontró con los orbes rosados de Haruhi, quien se acercaba a paso normal hacia él. Taiga se irguió, separando su cuerpo del tronco y sonriendo a la par que hacía aquel movimiento.
    Un poco. Supongo que me quedé pensando cómo enseñar lo que me pediste, la verdad no creo ser muy bueno explicando, pero haré el intento. – Sus palabras salieron todas de golpe, obviando sus nervios, el ANBU se removió el cabello con su diestra y dio los últimos pasos que faltaban para estar a una distancia prudente para saludar a la de menor edad. Uchiha le sonrió de vuelta.
    No creo que sea tan difícil.
    Para ti no, yo no soy bueno con estas cosas.


    Váyalo, deme todo su dinero HathawayHathaway
     
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  2. Hathaway

    Hathaway It's not just something you take, it's given.

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    Asintió en silencio tras escuchar eso del mandatario. Paseó su visión en los alrededores del sitio y se encontró con gente merodeando por la zona. No es que quisiera tiempo a solas con el varón por algo en especial, pero no estaba acostumbrada a practicar o incluso aprender cosas al aire libre porque Toshio y Sona siempre le impartían en privado.

    Tal vez la próxima vez le pediría quedar en su dojo de entrenamiento para su comodidad propia, después de todo, veía imposible que él se fuera a negar a pasar tiempo en su, aparentemente, lugar favorito. Por ahora sería mejor concentrarse en evitar que Taiga no relacionara su desdicha de mirar los alrededores por su molestia al público, dejando de observar tanto como si buscara algo en el sector.

    No es necesario que me enseñes como hacer lo esencial, ya he hecho antes un pacto de invocación. —Haruhi ajustó su bufanda y se dirigió hacia la sombra del árbol para sentarse. Shiba la siguió. —Poseo uno con las serpientes, aunque hasta los momentos solo he logrado invocar cobreas reales… En fin, lo que me interesa en sí: ¿trajiste lo que te pedí?
    ¡Sí! Me fue difícil encontrarlo, pero tras buscarlo con detalle en mi habitación, logré hallarlo.

    Tasmania se sentó al lado de la menor, recostando su espalda del tronco del árbol y tomando de su bolsa ninja un pergamino. Era azul con retoques de aros dorados en la punta. Uchiha sonrió al ver el objeto, y con impulso de su emoción, invadió el espacio personal del mayor para agarrarlo de su mano diestra. Shiba sintió el aroma a flores que desprendía Haruhi por su naturaleza botánica, y aunado a su repentino acercamiento, fue inevitable sentirse nervioso y avergonzado… No solía compartir tanto espacio personal con nadie más allá de ella, su familia o Rinha cuando molestaba, pero la oriunda de la Tierra incluso decidió permanecer así de cerca con él, recostada de su costado zurdo.

    No, no era la primera vez que ella hacía eso, pero por alguna razón ahora más que nunca lo ponía nervioso, no obstante en ninguno de los casos llegaba a molestarle.

    El pergamino de las aves, ¡por fin podré leerlo! —Exclamó ella recomponiendo su postura y enderezándose. Yin dejó de sentir su cuerpo contra el suyo cuando más comenzaba a agradarle y tranquilizarle la cercanía. —Empezaré por esto, quiero verte trazando el primer sello manual para el pacto y luego firmaré el papiro para iniciar los procesos de invocación.


    BlairBlair que denso es Taiga!
     
  3. Autor
    Blair

    Blair スパークル Moderador

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    El peliverde soltó una risita nerviosa por lo bajo, cosa que provocó que Uchiha alzara la vista, lejos del pergamino, hacia los orbes rojizos de su acompañante. Con la mirada cuestionó la reacción del varón y éste se rascó la mejilla antes de abrir la boca, dispuesto a expresar lo que había pasado por su cabeza.

    – Solo pensé que parecía que estabas enseñándome tú a mí en lugar de yo a ti. – Le dedicó una sonrisa sincera y acto seguido, con los ojos rosados de Haruhi aún posados sobre él, hizo el sello que la menor le había pedido que hiciera; esperó unos segundos antes de que terminara el proceso, invocando un montón de aves pequeñas las cuales comenzaron a volar alrededor de la portadora del Sharingan. Parecía como que estaban alegres, jugando, posiblemente conscientes de su entorno y de que Taiga no parecía estar en medio de alguna misión.

    – ¿Ves? No es tan difícil, solo debes enseñarme los sellos, prácticamente.

    – Eso porque ya sabes hacer invocaciones, o tendría que hacer más explicaciones, las cuales no tengo la más mínima idea de… – Ella le interrumpió con un simple carraspeo, evitando que el taijutsuka siguiera tachándose a sí mismo de pésimo maestro, luego volvió su mirada hacia el pergamino entregado por el mayor y pasó a leerlo en silencio. Taiga la observó sin romper el mutismo, llamando a sus aves con un simple gesto de mano para que no perturbaran a la azabache, se veía bastante concentrada y a él le agradaba verla.

    Pasados unos minutos, la joven firmó el pergamino.

    – Es hora de que lo intentes. – Obvió él, una de sus aves voló hasta posarse en el hombro izquierdo de Haruhi, la chica asintió.

    – ¿Puedes mostrarme los sellos una vez más? No tienes que invocar nada, solo mostrarme el proceso.

    – Hai. – Él obedeció y repasó los sellos manuales uno por uno, lentamente, permitiendo que Uchiha los viera con atención.



    HathawayHathaway
     
  4. Hathaway

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    Después de observar los sellos que hacía Shiba, Haruhi asintió y curvó sus labios mientras los imitaba un par de veces por precaución. Seguidamente de tener asegurado el posicionamiento de manos, mordió su pulgar para el sacrificio de sangre, realizó de nuevo el sellado y colocó su palma en el césped.

    Una suave neblina ocultó de la visión del dúo la mano de la Uchiha y un aleteo similar a un susurro alertó sus sentidos auditivos (no era común que el aleteo de un ave se escucharan tan claramente). Taiga levantó su mano para abanicar la neblina, pero repentinamente diez colibrís salieron volando en distintas direcciones de la nube.

    Woaah~ —Jan alegremente se asombró de sus propias invocaciones, entre todas las posibilidades de aves, no creyó que tendría afinidad con los picaflores.

    Los pequeños empezaron a revoletear alrededor del dúo y las propias aves del peliverde. Muchos se acercaban a sus mejillas realizando suaves y dulces picoteos que provocaban cosquillas en ellos.

    Son hermosos —declaró ella. Taiga asintió mientras estiraba su índice para que uno se pudiera apoyar en su extremidad; los demás colibrí al presenciar esto comenzaron a apoyarse en distintas partes del shinobi, compartiendo lugares con las aves de él -aunque casi todos se posicionaron sobre su cabellera—, y les gustas. Oye, ¿no hay muchos de estos en el país del Té? —Haruhi gateó hasta estar frente a Yokai para que no tuviera que girarse a verla, se notaba que él trataba de no hacer movimientos bruscos para que las aves se mantuvieran cómodas.

    Haruhi no pudo evitar pensar en lo adorable y lindo que se veía junto a ellas.

    Bastantes —afirmó él mientras acariciaba con su mano libre la cabecilla azuleja del que descansaba en su índice. Este gustoso acepto el mimo—. Por la hacienda de mis padres siempre hay miles, es un festival de colibrís.

    Era lógico, su propio nombre indicaba que era un país abastecido en naturaleza para sus infusiones.

    Me gustaría ir al país del Té. —confesó mientras jugaba a hacer formas en el pasto del suelo— Solo he conocido la frontera con Hi no Kuni.


    Listo pacto lvl 1.

    BlairBlair :ña:
     
    Última edición: 25 May 2018
  5. Autor
    Blair

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    Una semana después de que Shiba le hubo enseñado el primer nivel del pacto de las aves, Haruhi y el ANBU volaban sobre una de las invocaciones del varón con rumbo hacia el país del Té; el dirigente se las había arreglado para conseguir unos días libres, mismos que utilizaría para viajar junto con la azabache hacia dicho sitio y de paso enseñarle el próximo nivel del pacto que deseaba aprender. Obviamente dejó un clon en la aldea, el cual serviría como “alerta” en caso de que algo urgente sucediera mientras él no estaba.

    Ya casi llegamos, mira. – La voz del peliverde llamó la atención de Uchiha, quien se movió apenas un poco de su lugar para poder ver hacia donde él apuntaba. El verde era el color predominante del paisaje, pero también podía distinguir una gama más variada entre todo, muy seguramente se trataba de las distintas hiervas y flores que se utilizaban para hacer los muchos tipos de té que existían. Haruhi sonrió ante la vista que tenía ante sí, era bastante bella.
    Wow.
    Te encantará cuando aterricemos. De cerca es todavía más impresionante. – Sonrió ligeramente, tras lo que el ave comenzó a descender poco a poco, ya estaban cerca de la residencia de la familia Shiba. No les tomó mucho arribar al sitio luego de eso y los padres del varón no dudaron en acercarse a recibir a los recién llegados, el ANBU llevaba tiempo sin visitarlos y éstos, a pesar de conocer el cambio de género de Taiga, no lo habían visto personalmente desde lo ocurrido.

    Creciste bastante. – El varón de mayor edad silbó al ver la estatura de quien fuese su familiar adoptado.
    Supongo… – El aludido se rascó la nuca, nervioso, a pesar de ya haber hablado con ellos al respecto, no estaba muy seguro de cómo actuarían en persona cuando vieran que era verdad.
    ¡Taiga! ¿Quién es tu amiga? – La mujer sonrió cálidamente, haciendo que el shinobi cayera en cuenta de que no había presentado a la menor.
    Haruhi – respondió él luego de ser abrazado por su madre, quien pasó rápidamente a saludar a la azabache –, hace mucho que yo no los visitaba y ella quería conocer el país, así que aproveché la oportunidad para hacer ambas cosas.


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  6. Hathaway

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    Los ojos rosáceos cruzaron con los ocre de la mujer. Haruhi se quedó inmovil en su sitio, nerviosa porque era la primera vez que conocía a la madre de otra persona (hablando externamente de sus tías y vecinas de Iwagakure). Era más alta que ella por pocos centimetros e incluso más delgada, de piel clara y ligeras arrugas bajo los ojos y en la comisura de los labios. Cabello largo, castaño y lasio, llevaba un mantel de jardinería puesto; en el guardó los guantes de la misma profesión en uno de los bolsillos antes de acercarse a ella.

    Quedó estática y con su propia sonrisa leve hasta que la señora le dio un suave abrazo, ahí reaccionó entonces y supo como actuar: aceptando el abrazo. Viniendo de un trato tan frío como era el de los Uchiha, no conocía maneras formales y dulces de interactuar inicialmente con otros más allá del apretón de manos o los besos de mejilla. Se sintió raro el contacto al inicio pero luego sintió esa calidez que transmitía la mujer.

    Bienvenida, Haruhi —sintió el tacto maternal de Shiba en sus hombros a medida que caminaban hacia el par de hombres—. Mi nombre es Aoi.
    ¿Madre de Taiga? —Era obvio que ella lo era, pero los nervios de la menor podían ser más latentes que su razonamiento social. Quiso darse ánimos a si misma diciendo que su pregunta era válida: podía ser su tía o hermana mayor… muy mayor.
    Sí. ¿Amiga de Taiga? —Aoi le lanzó una jugada curva a Jan, quien dudó muchísimo en como responder esa pregunta… ¿Acaso insinuaba que era algo más? Su mente iba a mil cuando la realidad era que Shiba mujer solo jugaba simpaticamente al mismo tema del razonamiento obvio de la situación, sin saber que su simple contestación confundiría a Haruhi.
    Sí… tal vez algo más pero está en veremos.
    ¿Eh? —La señora se sorprendió ante la “confesión”.
    ¡Bienvenida al País del Té, Haruhi! —La voz gruesa del varón más viejo nubló el instante de ambas mujeres. Alto y de contextura gruesa, estaba bronceado y en su cara se marcaban hoyuelos cuando sonreía, llevaba botas de lluvia junto a guantes, el mismo mantel que la mujer y un sombrero de paja. Se acercó a ellas y apretó de los hombros a la chica con uno de sus brazos, Haruhi apenas le llegaba a los pectorales. —No es común ver que Taiga traiga compañía, la última fue Rinha hace mucho tiempo.
    Y que forma de traer compañía… —remarcó Aoi, ya que su esposo se refería a la vez que encontraron a ambas tras los sucesos con Dan.
    La vida shinobi es muy peligrosa, sin embargo, tenemos a un hombre ya preparado acá. —Una palmada, de esas fuertes e inesperadas, llegaron al omoplato diestro del peliverde. Su padre siempre solía ser bruto en tacto con ella por su naturaleza taijutsuka, pero ahora podía ser hasta más brusco ya que del Taiga “delgado y pequeño” quedaba muy poco. Su musculatura taijutsuka ahora era bastante visible e Ichigo no se contenía en tratarlo como un hijo. —¿Dónde dejaste a Tego?
    En la villa, vinimos en una invocación y él se inquieta cuando vamos sobre invocaciones...


    Haruhi observó la interacción padre-hijo con mucha concentración. En el fondo la causa se debía a recordar la propia de su hermano y padre, ¿qué tan rápido se había marchitado su familia, sus lazos y convicciones? La nostalgía invadió su pecho pero buscó disimularlo con la “curiosidad” que le producía ver y conocer a la familia Shiba.

    Aoi no perdió de vista su mutismo pero también lo relacionó con la poca confianza que tenía ella a la familia, era la primera vez que se veían y resultaba normal que no supiera como actuar.

    Tienes que conocer a la prometida de tu hermano. —indicó Ichigo, caminando hacia la quinta familiar.
    ¿Prometida? —Sin duda había pasado muchísimo tiempo desde que había visitado a sus padres.
    Sí, por fin sentó cabeza. —Su padre lo decía como el mayor logro de la familia [? (y así se sentía para él por la propia naturaleza de su hijo mayor) —Esta tarde está en la otra hacienda, después del almuerzo podemos ir a visitar la zona de cultivo.


    BlairBlair
     
  7. Autor
    Blair

    Blair スパークル Moderador

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    El día había pasado mucho más rápido de lo que esperaban, con la familia de Taiga siendo tan cariñosa y platicadora, el dúo ni había sentido el pasar de las horas.
    ¡Visiten las aguas termales! Es una época excelente para relajarse en ellas. – El varón de mayor edad se acercó a los Tormentosos, dando una suave palmada en el hombro de Uchiha y una considerablemente más fuerte en el de Yin. El peliverde instantáneamente sonrió y lo marcó como una excelente idea, realmente necesitaba relajarse y las aguas termales parecían el método más óptimo para lograr aquello; dirigió su mirada hacia la menor, preguntándole en silencio si quería ir allá.
    No suena mal. – Concedió la de orbes rosas, provocando que Taiga soltara un ligero sonido que indicaba una victoria. El taijutsuka se mostraba evidentemente contento por el inminente tiempo de relajación pura que se avecinaba. El jinchuuriki, sin mediar palabra, se puso de pie y fue a alguna parte, regresando rápidamente con un par de toallas y un cambio de ropa en mano; dirigió sus orbes hacia la azabache, quien entendió el mensaje y fue por su propio cambio.

    ¿Van? – La pregunta iba dirigida para sus familiares.
    Oh, no, vayan ustedes hijo. – Aoi replicó antes de que su marido lo hiciera, aunque parecía que su respuesta iba a ser la misma. – Nosotros ya vamos a la cama, tuvimos un día largo. – Le sonrió, el menor asintió y luego volteó para buscar a su hermano, pero su sitio en la mesa ya estaba vacío.
    Oh, él y su prometida viven juntos ahora, solo vinieron a cenar porque estabas de visita. – El peliverde volvió a asentir con un movimiento de cabeza, definitivamente había pasado mucho tiempo desde la última vez que los había visitado - sentía que debía esforzarse más por mantener contacto con ellos. Volteó cuando percibió a Uchiha en el marco de la puerta, la aludida ya estaba lista para ir a las aguas termales y así, sin más, ambos se encaminaron hacia la puerta principal del hogar.

    […]

    Taiga y Haruhi platicaron poco durante el camino, en su mayoría, la de ojos rosados se concentraba en disfrutar del paisaje, mismo que era uno distinto al que estaba acostumbrada y que rebosaba de colores y olores muy variados. Yokai de vez en cuando hacía comentarios en los cuales explicaba alguna zona en específico, o buscaba la atención de la menor para que viera otra cosa distinta a la que veía. Al llegar a su destino, lo primero que notó la azabache fue que el lugar era bastante grande, más de lo esperado, además de lucir de buen nivel.

    No sabía que había un sitio así aquí… – Comentó, con cierta sorpresa, a lo que Taiga asintió sin dejar de caminar.
    El Té es un lugar muy turístico, así que invirtieron mucho en subir la calidad de todos los puntos que podrían ser atractivos. Este es uno de los más llamativos. – Sostuvo la puerta, permitiendo que Jan entrara antes que él.
    Se nota que invirtieron bastante.
    Buenas noches, bienvenidos. – Una mujer bajita y de buen ver les saludó con una reverencia, solo un voluptuoso mueble, que era más cristal que madera, separaba a los recién llegados de la trabajadora. Haruhi leía las opciones que estaban descritas en un folleto. – ¿Pasarán aquí la noche o solo entrarán a las termales generales?

    Privadas, por favor. – Se adelantó Uchiha, dejando como piedra a Shiba, el cual había estado buscando en su cartera el dinero para pagar la entrada más básica. Haruhi notó el gesto del mayor, el cual no supo qué decir ante la sonrisa de la recepcionista, la cual sin dudarlo ni un momento ya se encontraba anotando algo en su registro.
    Serían 600 Ryo’s.
    ¿Estás segura? Esas son… – El hombre tragó saliva, no controlando muy bien su sorpresa ante la intensa mirada de la de menor rango.
    Prefiero estar contigo a solas, ¿tú no? – Toda la sangre del cuerpo viajó en un segundo al rostro de Shiba, el cual con movimientos tensos pagó la cantidad pedida para ir a una de las suites privadas, misma que tenía sus propias termas, ciertos lujos y privacidad total.
    ¡Disfruten su visita! – Enérgica, la fémina dejó unas llaves junto con el recibo sobre el mostrador, Haruhi tomó aquello como si nada y se encaminó por el pasillo hacia los que serían sus aposentos por aquella noche; Yin, por su parte, caminaba cuasi-robóticamente detrás de ella, pensando que incluso había cargado toallas innecesariamente, ya que las termas privadas contaban con todo lo necesario para una jornada de relajación. Se quedó mirando a la espalda de la azabache, quien dirigía la marcha en esos instantes.

    Su mente se detuvo de golpe.

    A las termas no se podía entrar con ropa.


    HathawayHathaway
     
  8. Hathaway

    Hathaway It's not just something you take, it's given.

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    Uchiha alzó su mirada por encima del hombro, flexionada hacia atrás, para cerciorarse de que Shiba la seguía. Encontró a un peliverde congelado a la mitad del pasillo, con sus orbes rubí clavados en el suelo mientras la angustia se reflejaba en su rostro.

    Si ella tuviera que definir lo que hacía, soltaría al aire que estaba jugándole una broma muy pesada a Taiga, pero en el fondo muy alejada de la realidad estaba esa palabra. Él le gustaba, lo admitía. Sentía una fuerte atracción, la reconocía desde el día en que lo observó siendo entrevistado en el festival de Arashi, y por más que los primeros tiempos costara aceptarlo, ahora más que nunca le encantaba sobrellevar la idea de que Yokai pudiera saciar su libido.

    Ahí estaba ese calor en su centro, todo su cuerpo estaba reaccionando a sus emociones; no iba a salir de esa habitación sin lo que quería, y para como iban las cosas, las obtendría. Para Haruhi, él no era inocente, también desea un tiempo a solas y probablemente tenía noción de lo que sucedería en esa suit privada, si no, se hubiera negado desde el inicio de su petición a la recepcionista.

    Taiga —Su entonación era más baja, lenta y suave; Yin seguía estupefacto pero sus sentidos reaccionaron a la voz de Haruhi, quien vio aquello como una ventaja abismal. Tomó una de sus manos y jaló de ella para que el mayor por fin se moviera de su sitio—, no te detengas.
    Hai… —La espalda de Haruhi volvió a ocupar su campo de visión mientras que cada paso que daba era un gramo más de incertidumbre para su persona.


    Al llegar frente a la puerta que indicaba ser el cuarto que pertenecía a ellos, la pelinegro soltó al varón y realizó las maniobras habituales para abrir la cerradura de la puerta. Una neblina cálida poco a poco se aproximó a ellos.

    Elegantemente el área de las aguas termales adornaba el centro del cuarto privado. El suelo estaba adornado de incrustaciones pequeñas de piedrillas que terminaban en los ventanales que daban la vista hacia el interior de la suit que poseía el lugar. Todo lo demás era área al aire libre de la gran pileta, evitando que por completo que el lugar se viera apoderado de la neblina natural que causaba el sauna y que en espacios cerrados podía llegar al punto de imposibilitar la visión.

    Wow. —exclamó realmente sorprendida de la amplitud del sitio. Caminó hacia la entrada de la suit seguida por Taiga, y una vez movió una de las ventanas corredizas, quedó aún más maravillada. —Claramente el precio lo vale.
    Hhg. —No sabía que decir, las tonalidades rojizas seguían haciendo una fiesta en sus mejillas después de verificar el estado de la suit: predominaba la madera pulida en el closet, los muebles, el soporte de la cama… La cama. Era grande, fácilmente más grande que las matrimoniales y decorada con sabanas blancas. Pero a fin de cuentas era LA cama. Única, no existía ningún otro mueble de descanso en el lugar. Cambió de dirección de vista, debía centrarla en otra cosa. —¿Qué es eso?


    La botánica se había movilizado hasta la mesa que había en el sitio, en ella había una canasta con una tarjeta de bienvenida y un jarrón pequeño de agua. Comenzó a revisar la canasta y se encontró con varias frutillas, aperitivos de empaque y…

    ¿De qué te ríes? —El taijutsuka desde su posición alzó una ceja, intrigado por la risillas que escuchaba soltar a la médico. Se desplazó hasta ella y descubrió lo que llevaba en las manos: una caja de condones.
    Saben dar la bienvenida y también mantener saciados a sus clientes hasta en las emergencias. —Volvió a meter todo de nuevo en la canastilla y fue hacia el baño del sitio. —Iré a cambiarme.


    Él la escuchó perfectamente, sin embargo seguía mudo y petrificado en su lugar. Las miles de imágenes de él y Haruhi que habían pasado por su mente con solo ver aquel objeto lo habían inquietado, y ahí seguía mentalmente recibiendo una demostración gráfica de su creatividad. Una corriente tibia subió por sus muslos internos hasta su centro, la ropa comenzó a sentirse apretada, no, incluso en el sentido más figurado también sentía apretada la piel, como si quisiera liberar algo de su cuerpo. Solo pudo salir de ese trance al escuchar la voz de la mujer que gobernaba su imaginación.

    Te espero en las aguas. —avisó ella envuelta en un paño, de reojo vio a Taiga quien seguía dándole la espalda por estar en dirección hacia la mesa, sonrió para sus adentros de pensar que la causa permanecía en lo que encontró dentro de la canastilla. Abrió la ventana corrediza y jugó con una tentación suave. —Por favor, no tardes.
    Hai, hai. —Casi parecía ser la única palabra que pudiera salir con buena modulación del jinchuuriki (quien además lo reconocía). Sintió una presión en su vientre cuando escuchó a Jan hablar de esa forma y creyó que la temperatura había subido mínimo cuarenta grados más. Tenía que controlarse, si sus ideas no fallaban sabía claramente lo que le estaba sucediendo y debía tranquilizarse si no quería comerte una locura… ¿Locura? ¿Qué tipo de locura podría llegar a cometer él?


    Se frotó las manos contra la cara porque estaba empezando a pensar en atrevimientos insanos y lo único que creía que podía solucionar esa situación era espabilar con movimientos físicos. Pero por más que tallara su rostro las imágenes calientes que habían en su mente no se iban… Como tampoco se iba la presión en sus partes privadas.

    Haruhi por su lado ya disfrutaba del calor que patrocinaban las aguas termales, recostada de una de las orillas y con su cuerpo sumergido hasta inicios de la clavícula. Había sujetado su cabello en forma messy bun para evitar mojarlo, dejando que los mechones más frontales y cortos cayeran por los lados de su rostro.

    Mantenía sus ojos cerrados para gozar con más plenitud del momento y pacientemente esperaba a que la figura varonil de su interés hiciera acto de aparición. Sabía que en cualquier momento él tendría que salir de la habitación mas le permitía tomarse su tiempo para procesar la situación que, sin darse cuenta, se había dado. Tenía muchas posibilidades en su cabeza para justificar el actuar del ojirubí, pero fuera por su alta seguridad en si misma o por las pequeñas pistas que dejaba al aire Taiga inconscientemente, la posibilidad de que rechazara la ocasión que se le presentaba esa noche por su "falta de interés en ella" le parecía nula.

    La ventana corrediza abriéndose y cerrándose le notificó a la ojirosa que Taiga había salido por fin de la suit. Su mirada recorrió las piernas torneadas del chico hasta que se topó con la toalla que tapaba más arriba de sus rodillas hasta su cadera, de resto, nuevamente tenía la oportunidad de observarlo sin ropajes. Mordió su labio inferior cuando delineó con sus ojos toda esa área superior: sus serratos, los abdominales, sus pectorales… Quería trazar esas zonas también con sus manos. De nuevo reconoció que la subida de temperatura no era causa del ambiente si no de su propio cuerpo exigiendo algo que deseaba fervientemente. ¿Y cómo no? La figura ancha y musculosa de Shiba era ideal para Haruhi, quien se había perdido por un instante en solo imaginar que se sentiría tener encima su cuerpo.

    Muchos. Sin dudarlo. Habían muchos deseos íntimos de él que necesitaba ya liberar.

    Taiga se sentó en la orilla aún con el paño en sus caderas, al otro extremo de las aguas termales donde se encontraba Haruhi pero que de todas formas le regalaba una visión perfecta de él. Sostenía del centro de su vientre la toalla con el puño diestro, y la florista como no despegaba su vista de ese musculoso contorno pudo darse cuenta de lo que trataba de hacer él: entrar por completo al agua sin quitarse antes el paño.

    Estaba tan excitada que la situación que en otra circunstancia le hubiera parecido condenadamente graciosa en ese momento solo le provocaba más calentón, inclusive hubiera podido ser hasta tierno ver como él buscaba no quedar expuesto por completo, pero si había un problema con el que Taiga tendría que aprender a vivir (para un gozo inigualable de Haruhi), era de que estaba dotado de una delantera envidiable: Uchiha captó que más allá de tratar de entrar sin sacarse antes el paño, la razón por la cual tomaba con una de sus manos la toalla era para evitar que esta se apretara a sus caderas y se notara su erección. No obstante nada o poco era útil esa técnica, ya que tal vez desde su angulo él pensaba que pasaba desapercibida, pero Haruhi veía fácilmente el bulto que estaba formándose en su centro.

    Pues bien, como buena samaritana, ayudó al varón a lograr su objetivo. Mientras este seguía sin atreverse a verla, ella giró su cuerpo para darle ahora la espalda a Taiga y recostar sus brazos y mentón en la orilla de la pileta. Fue entonces que al minuto escuchó el pequeño chapuzón que provocó el peso del varón por fin entrando a las aguas termales.

    Anuar respiró hondo por enésima vez, las imágenes obscenas seguían sin salir de su mente y por más que tratara de reprocharse sabía que en el fondo sentía un profundo placer por imaginarlas. Eso era lo que lo hacía sentir mal, como un pervertido y sinvergüenza. Su cuerpo y emociones estaban malinterpretando a Haruhi, y por más que trató de controlar lo que sucedía al salir de la suit, el solo ser consciente de que estaba dirigiéndose hacia el cuerpo desnudo de la médico disparó la sangre hacia sus mejillas, y también hacia su virilidad.

    Como si se tratara de un niño regañado, él lentamente subió su mirada hacia al frente, donde a menos de cinco metros estaba la figura de la chica que tanto le gustaba. Jan estaba semi fuera del agua, recostada en una posición dormilona del suelo de piedrillas. Shiba podía hacer un recorrido desde la piel visible que iniciaba después de los diminutos mechones sueltos en su nuca hasta el inicio de la curva de su cintura, perdiéndose en su imaginación de lo que había más abajo. Sencilla vista, pero que le gustaba y fomentaba la creatividad en su imaginación. Cautivado, no levantó su mirada de ella hasta que se dio cuenta de lo que hacía unos minutos más tarde, reprochándose así mismo y decidiendo entonces hacer lo que hizo la menor: darle la espalda.

    El sonido mas el agua moviéndose provocó que la mujer girara de su sitio para ver el acto del peliverde y quiso esperar a estar segura de que el mandatario de la Tormenta tenía el suficiente autocontrol como para no romper el hielo de la frívola situación. Ahora sabía que tenía que estimularlo.

    Se dirigió lentamente hacia él para que no se percatara de su cercanía antes de tiempo por el movimiento del agua. Taiga se mantenía con los ojos cerrados meditando para darle un fin a su “problema hormonal” pero ni la meditación más determinante fue de ayuda, porque una vez que lo imaginado pasó a la realidad, su autocontrol empezó a quebrantarse.

    Haruhi había comenzado a acariciar de forma ascendente suavemente con sus dedos la espalda ancha de Tasmania, generando unos escalofríos particulares en el varón. Su tacto siguió el recorrido hasta llegar a su tórax y permitirle depositar sus brazos alrededor de sus hombros. Podía sentir como Taiga se tensaba, fuera por las caricias circulares con una de sus uñas en los pectorales o el suave tacto de sus senos presionados contra su espalda.

    Desde hace mucho quería un tiempo a solas comtigo sin interrupciones de terceros, —expresó de nuevo con ese tono suave que junto a sus frotaciones le enviaba a Shiba palpitaciones a su centro. Abrazándolo por la espalda, le mordió el lóbulo de la oreja de un modo juguetón y se le escapó una sonrisa de lado, llena de lujuria, cuando acarició con sus manos el resto de su piel, deleitándose por fin de masajear sus músculos. Notó con detalle que a pesar de la temperatura caliente del agua, su piel estaba erizada, y que a medida que sus manos se dirigían a su vientre dándole lentos arañazos el respirar de Shiba se volvía más denso y pesado. —y desde que entramos a la habitación de alguna forma u otra me evitas. ¿Hice algo que te moleste, Taiga?
    Haru… hi —Dijo tratando de no perderse en el sonido que provocaban los besos dulces de la portadora del sharingan detrás de su oreja y nuca. Su voz comenzaba a estar más ronca y su mente mucho más nublada, interfiriéndo con sus ganas de conectar palabras para formar una oración coherente y firme. —No… No es eso…
    ¿Hm? —Murmuró ella en su oído antes de separase sutilmente de él para posicionarse cara a cara. Sus ojos rosa al confrontarse con los rubí causó en Shiba lo que sucedía desde el día en que la conoció: hipnotizarlo; fue por eso que levantó una de sus manos para acariciar la mejilla del peliverde y así darle una pequeña reacción que solo desencadenó que Taiga notara que la tenía en frente, pudiendo ver su cuerpo entero entre esas aguas cristalinas. Recorrió todas sus curvas con una mirada lasciva que causó satisfacción en Haruhi, quien poco a poco lo fue empujando en su pecho con una de sus manos para moverlo hacia atrás. La espalda de Yokai chocó con los asientos de piedra que habían dentro del agua a las orillas. —¿Qué es entonces? Dímelo, quiero disfrutar mi tiempo contigo.


    Al vociferar esas palabras, fue acercándose más al jinchuuriki y el semblante de Tasmania cambió a uno más ausente y lujurioso sin poder evitar que sus ojos rojos se comieran los húmedos labios entreabiertos que ocupaban toda su visión. Haruhi pasó sus brazos por el cuello del ANBU y se sentó a horcajadas sobre su regazo. Con su vientre presionó tentativamente su ya firme erección.

    Los vellos de los genitales de Taiga hacían cosquillas placenteras en el monte de venus de la azabache, quien inició un vaivén casi imperceptible para frotar su intimidad con la de él. Yin ya estaba sumergido en Uchiha pero solo faltaba un pequeño detalle para que finalmente el taijutsuka reaccionara a sus deseos:

    Su labio inferior tembló un segundo entre los posesivos de Haruhi antes de corresponder el beso que se le plantaba. Los dedos siniestros de la melliza se perdieron entre los mechones verdes que estaban detrás de su oreja y su mano diestra jugó a hacer caricias sutiles en su pectoral a la altura del corazón. Taiga no pudo seguir autoimponiéndose control por lo que apretó más su cuerpo contra el de su amada y envolvió su cintura con su brazo zurdo posesivamente; masajeó sus nalgas con la mano libre y profundizó el beso que recibía.

    Su cadera también comenzó a moverse para intensificar el contacto con el centro de Uchiha. Ella comenzó a soltar suspiros y gemidos cortos entre besos cuando el pene del Anuar empezó a rozar bruscamente contra sus labios vaginales, excitándose aún más si se podía al reconocer los gruñidos en tono bajo de Taiga.

    Haruhi no era consciente aún de que había desatado a la bestia.


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    Última edición: 24 Jun 2018
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    Taiga estaba seguro de que su capacidad de pensar en otra cosa que no fuera el cuerpo de Haruhi se iba perdiendo rápidamente con el pasar de los segundos; ¿estaba bien ceder a sus deseos carnales sin siquiera ser nada? Ni siquiera había sido capaz de decirle que le gustaba desde hacía más de un año, ¿para ella era solo algo que quería hacer casualmente? ¿O acaso también sentía una atracción emocional hacia él? Su mente podría haber continuado con sus miles de preguntas, de no ser porque la azabache le mordió el labio e hizo un movimiento que tensó cada centímetro de su cuerpo y le borró cualquier pensamiento ajeno a lo que estaba ocurriendo en ese instante.

    Se pegó lo más que pudo a Haruhi y el gemido que la aludida soltó debido al brusco roce entre sus intimidades lo terminó de vencer. Provocó roces más constantes e intensos, además de cambiar su atención de las posaderas de Uchiha hacia sus senos, acariciándolos y estimulándolos para deleitarse con las reacciones de la kunoichi.

    Haru…hi. – Un sonido ronco se escapó de su garganta, en verdad sentía que estaba perdiendo la cabeza. La azabache pareció reaccionar ante el sonido hecho por Shiba y se le pegó todavía más, si es que era posible, presionando su centro contra la virilidad del varón y volviendo a unir sus labios en un encuentro lleno de deseo; la respiración de los dos era agitada y el aire que exhalaban chocaba en el rostro del otro debido a la cercanía que mantenían. Yin ya no pudo más e hizo un movimiento para empujar su miembro contra Uchiha, de manera más directa y no como un simple roce, otro gruñido salió de su interior y sus brazos apretaron el cuerpo de la menor contra el propio, demostrando una posesividad nunca antes percibida por la chica.

    Taiga pareció recordar algo y sin decir nada, bajó sus manos hasta las nalgas de Haruhi, las cuales tomó firmemente antes de ponerse de pie, cargando el cuerpo de Jan consigo. La azabache podía sentir claramente la erección del mayor rozando su intimidad mientras éste caminaba, con ella en brazos, de regreso hacia la suit. El peliverde se las arregló para abrir y cerrar la ventana corrediza, depositando a Haruhi en la enorme cama y posicionándose instantáneamente sobre ella; sus manos se pasearon desde las posaderas de ella hasta los senos, luego de nueva cuenta hacia abajo, deteniéndose en la cintura y parando un momento por completo.

    ¿Taiga? – Jan alzó la vista, encontrándose con la mirada intensa del jinchuuriki sobre ella, ahora que estaba fuera del agua y debajo de él, le era mucho más fácil ver todo su cuerpo desnudo. Él depositó un beso en el cuello de ella cuando por fin volvió a movilizarse, guiado por su deseo, luego descendió hasta que sus labios atraparon uno de los pezones de ella y al mismo tiempo, una de sus manos tomó el otro pecho que se encontraba desatendido. Con la mano libre se aventuró a masajear la intimidad de la menor, percatándose de que se encontraba bastante humedecida y estaba completamente seguro de que no se trataba únicamente del agua de las termas. Eso le excitó más, si es que eso era posible, no tenía idea de la cantidad de sensaciones que estar así con ella le podía provocar, estaba experimentando todo por primera vez y a niveles inimaginables.

    Su deseo incrementó todavía más y comenzaba a impacientarse, tanto que el simple hecho de escuchar otro gemido proveniente de la azabache lo convenció de lo que haría. Se movió de nuevo, poniendo los brazos a los costados de la menor y aguantando su propio peso con ellos, mientras que sus labios buscaron de nueva cuenta los de ella y en un instante, su miembro se encontraba rozando nuevamente la entrada de Uchiha. Escuchó otro gemido, luego su propia respiración pesada inundó el ambiente y cuando estuvo por simplemente seguir su instinto, Haruhi lo llamó por su nombre.

    Los orbes rojizos, intensos y llenos de deseo, cayeron pesadamente sobre los rosados de la persona que ocupaba su mente, y su corazón, desde hacía muchísimo tiempo; la azabache tenía los pómulos colorados, producto de la calentura que sentía por lo que estaba pasando, probablemente él se encontraba en el mismo estado. Las sábanas estaban empapadas y apenas se estaba percatando de ello, ni siquiera se había preocupado por recostarse en ellas luego de sacarla, sin preguntarle, de las termas.

    Condón. – Alcanzó a decir ella, entre jadeos, tras lo que se estiró para tomar uno de la canasta y se lo alcanzó al varón. Taiga se alejó del cuerpo de ella, apoyándose en las rodillas para no levantarse por completo y eso le dio una buena vista a la mujer de su virilidad. Él abrió el empaque sin decir absolutamente nada y luego trató de ponérselo, sin conseguirlo, era la primera vez que siquiera trataba de ponerse uno y el hecho de que su mente estuviera más enfocada en el cuerpo desnudo de Haruhi que en el propio, le dificultaba la tarea más de la cuenta. La menor sonrió un poco, aguantándose la risa y acto seguido se sentó, tomando el condón de manos de su acompañante y colocándoselo ella misma.

    El deslizar de los dedos de la kunoichi sobre su miembro erecto se le antojó casi tortuoso a Taiga, estaba bastante sensible y excitado y eso amenazaba con volverlo completamente loco, especialmente por lo lento que la mujer lo estaba haciendo, casi a propósito. Cuando la menor cumplió su propósito, Taiga no se tardó en volver a hacerla recostarse en la cama, poniéndose sobre ella por segunda ocasión y acomodándose para esta vez lograr lo que había intentado antes de la “interrupción” de la azabache. La besó con toda la lujuria que tenía acumulada en ese momento y presionó su miembro contra la entrada de la kunoichi.

    Se introdujo lentamente al inicio, pero cuando comenzó a sentir la presión en su miembro, volvió a caer preso de sus propios instintos e hizo un movimiento brusco, que lo introdujo por completo abruptamente y le arrancó un gemido a Haruhi. Él jadeó audiblemente, luego respiró con fuerza y soltó un gruñido; no se movió más, la cantidad de sensaciones que tenía en ese momento eran aún más de las que había experimentado durante el encuentro previo, era más de lo que se había imaginado: a fin de cuentas, era su primera vez teniendo relaciones desde que se había vuelto un hombre.

    ¿Estás bien? – Se las arregló para preguntar aquello cuando por fin se percató de lo que había hecho, también sintió un ligero ardor en su espalda, producto de las uñas de su acompañante. Uchiha no respondió, simplemente se acercó a buscar de nueva cuenta los labios del shinobi y éste, a consecuencia, asumió que no había hecho nada malo, o que la chica no buscaba detener lo que hacían.


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