+18 Fic Colectivo Durkheim Crisis [The Truth Ƹ̴Ӂ̴Ʒ ]

Tema en 'Colectivos, Roles y Proyectos en Equipo' iniciado por Amaki, 13 Abr 2017.

  1. Velvet.

    Velvet. I challenge my fate!

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    Sofi: Hola, soy una exploradora y generalmente consigo algunos tesoros en mis viajes. Por un módico precio, "Un vaso de milo o alfajores" puedo darte estos objetos que te ayudaran a pasar las penas luego de esta actu.

    Clorox: Util para ahogar las penas, aunque puede ser mas pejurdicial de lo que puede ayudarte.
    Cajita de pañuelos: Una caja de pañuelos que te puede ayudar a limpiarte los mocos o las lagrimas en un momento triste.
    Litro de helado: Nada mejor que ahogar tus penas en un dulce helado. Viene en tres sabores, vainilla, chocolate y fresa.
    Caja de pandora: No estoy segura de lo que trae, pero una bruja me la entregó. Dice "¿Que podría salir mal?"

     
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  2. Autor
    Amaki

    Amaki ¡¡No!! ¡¡Krillin!!

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    Lucy... Lucy...

    No me dejes.

    Por favor...

    Por favor...

    Ha... ha... ¿Esto es el futuro que a todos nos espera?

    Veo risas, observo felicidad; pero nada de eso es mía y tú en el suelo: caíste.

    ¿Es este el fin de la raza humana?

    Oh Lucy... Mi amada Lucy...

    ¿Todavía recuerdas
    de tu vida mortal, aquel tiempo,
    en el que la beldad resplandecía
    en tus ojos huidizos y rientes,
    y alegre y pensativa, los umbrales
    juveniles cruzabas? ​

    —¿Cuál es tu sueño de vida, Lionel?

    —Ninguno en particular. Sólo quiero que Tristán esté bien.

    —¿Y tú?

    —Eso da igual.

    —Tantas estrellas en el cielo y tú no puedes tener ningún sueño.

    —Una cosa no tiene que ver con la otra.

    —En un libro leí que las estrellas son los sueños de las personas, y cada vez que alguien tiene un ideal, una nueva estrella nace.

    —Ya te dije que están muertas. Uh... Eso significa que hasta los sueños están muertos.

    —¡Que no! ¡Los sueños son tales porque aún no nacen! ¡Sino serían hechos, no sueños per se! ¡Quizá no están muertas! ¡Tal vez están en camino a nacer...!

    —Un final jamás será un inicio.

    —¿Quién lo dice?

    —El sentido común.

    —Te limitas demasiado...

    —En todo caso... ¿Cuál es tu sueño?

    —¡Quiero que papá me deje salir! ¡Poder conocer cada rincón del mundo! Y... y... ¡Crecer! ¡Volverme una mujer hermosa y exitosa como mi madre!

    —¿Para qué quieres conocer un mundo tan podrido y, peor aún, ser hermosa? Las mujeres si que son raras. Al final la verdadera belleza está dentro de cada quién, en la forma en la que alguien habla, en la forma en la que alguien se mueve, en su forma en que su calidez logra ser percibida por todos. Creo yo que eso es más hermoso en un escote excesivo, unas piernas largas, un trasero descomunal o un abdomen bonito.

    —¿Yo soy bonita Lionel?

    —¿Eh? ¿Y esa pregunta...?

    —Yo... quisiera salir y algún día tener un novio. Así como tú tienes una novia y...

    —¿Para qué quieres eso?

    —Manos grandes...

    —¿Eh?

    —En mi cabello.

    —Lucien puede...

    —No... yo quiero a alguien que me quiera, no porque compartamos lazos sanguíneos sino porque eligió hacerlo, alguien que esté a mi lado siempre. Quiero... —Ella se sonrojó —. Casarme y tener niños —se levantó, alegre —. ¡El primero se llamará Iori y será mi cuenta nueva! —Lionel se echó a reír —. ¿Por qué te ríes?

    —Por un momento me preocupaste...

    —¿Te preocupé...?

    —No lo entenderías...

    Resonaban las calmas
    estancias, y las calles
    vecinas con tu canto inagotable,
    mientras a las labores femeniles
    te sentabas, dichosa
    de aquel vago futuro de tus sueños.
    Era el mayo oloroso: y tú solías
    pasar el día así. ​

    —¡Nunca pensé que a las personas que se les acababan las vidas las ponían en esas cosas llamadas ataúdes y en esos lugares grandotes llamados cementerios! ¡Woaaa! ¡Seguro que hay fantasmas! ¿Crees que a mi madre la hayan puesto en ese lugar? ¡Deberíamos ir a explorar de noche! ¡Lionel! ¡Lionel! ¿Por qué sigues vestido de negro?

    —Estoy de luto. Hoy es el aniversario de la muerte de mi madre.

    —Te comportas igual que papá cuando recuerda a mi madre, no creo que a los muertos les guste que los recuerden con lágrimas. ¡Creo que ellos preferirían una gran sonrisa!

    —Lucifina... por favor, déjame solo.

    —Pero yo creo...

    —¡Te dije que me dejes solo, maldición! ¡Tú no entiendes! ¡Mi madre no estuvo en coma! ¡Ella estaba a mi lado...! ¡Me besaba! ¡Jugaba conmigo! Y... y... ¡Me abrazaba! ¡Ya nunca más podrá hacer eso! ¡Nunca más! ¡Nunca más! Mi madre está muerta —Una voz que llenó todo, y Lucifina solo mantuvo silencio mientras el varón se sostenía su boca, intentando contener el llanto —. Mamá...

    —...Oye...

    —...

    —Si quieres un abrazo, yo puedo darte uno.

    [​IMG]

    Siempre me pregunté... ¿Por qué las personas se enamoran? Las tonterías que la gente hacía por amor eran tan irracionales, ¿por qué alguien buscaría ser incongruente e instintivo? ¿Por qué alguien buscaría destruirse y volverse un mero esclavo de sus emociones? Ellas nunca guiaban a las personas por el camino correcto y aún así, cuando tu calidez me invadía caía víctima de mis propias palabras. Una parte de mí quería amarte con todas mis esfuerzas y otra huía desesperadamente. «Nunca le des de comer a cachorros de la calle o no se alejarán de ti » Eso me decía mi madre. Y, sin embargo, ahí era yo el cachorro estaba tan destrozado que nunca me alejé de ti, siguiendo tu estela aún cuando temía volver a ser pateado. Hace mucho confíe en alguien y descubrí un lado aterrador de esa persona. ¿Podía yo confiar en ti? Mi instinto me decía de correr, pero esas mejillas suaves, esa sonrisa perenne y esos ademanes infantiles me hicieron caer. Y cuando me di cuenta estaba enamorado. No quiero amar, no más, el amor hace que las personas quieran vivir y yo ya no quería hacerlo. Pero...

    Caí.

    Y amé esa caída cada segundo de mi vida.

    La caída... fue el inicio de mi vida, mía. No de Tristán, no de mi madre, ni de la academia. Mía y únicamente mía.

    Yo los gratos estudios
    tal vez dejando y los sudados pliegos,
    que mi temprana edad
    gastaban y de mí la mejor parte,
    en los balcones del hogar paterno
    escuchaba el sonido de tu voz
    y tu mano ligera
    recorriendo la tela fatigosa.
    Miraba el cielo calmo,
    los dorados caminos y los huertos,
    y allá el lejano mar, y allá los montes.
    Lengua mortal no dice
    lo que mi alma sentía. ​

    —Soy fatal en esto de ser líder del consejo, sabes.

    —¡Yo te puedo ayudar! ¡Soy buena!

    —Ayúdame a hacer una estadística diferencial del plan actual de vestigios de este mes.

    —Eh... vale no.

    —¿Ves? —rió el otro —, gracias por el intento.

    —...

    —...¿Por qué me miras tanto?

    —¡No te pusiste tu tinta!

    —Sí, el peluquero me recomendó decolorarme un tiempo, ah y también me corté el cabello, pero como siempre no lo notas.

    —¡Oye! ¡Sabes que soy algo lenta para notar esos detalles! Egh... y dicen que las mujeres son las que enloquecen cuando su pareja no nota sus cambios.

    —¿Cómo me dijiste...?

    —Que tampoco es el gran cambio...

    —Para tu información me corté el flequillo algunos centímetros, ya se ven mis ojos por fin.

    —No noto nada... igual... ¿Has probado tener tu flequillo para atrás?

    —¿No es una estrategia tuya para parecerme a algún personaje raro de tus juegos, no?

    —¡Lo juro!

    —Bien... ¿Qué te parece?

    No hubo respuesta, sólo se escuchó un flash.

    —¡Lucy! ¡Trae esa foto!

    —¡No idiota! ¡Ahora es mía!

    —¡Luucy! Bórrala de tu galería.

    —Ya va... ya va... aburrido.

    En esos tiempos puedo decir que me sentí grato.

    —¿Puedo ver la hora en tu celular?

    —Sípi.

    —...Te dije que borraras esa foto.

    [​IMG]

    —¡De mi galería! ¡Ahora es el fondo de mi celular!

    —¡¡¡Luuucy!!!

    ¡Qué dulces pensamientos
    que esperanzas, qué pálpitos, oh!
    ¡Cómo la vida humana
    y el hado contemplábamos!
    Cuando recuerdo tantas ilusiones,
    me abruma un sentimiento
    acerbo y sin consuelo,
    y me vuelve a doler mi desventura. ​

    —¡Mira esa estrella, Lionel! ¡Brilla tan bonito! Ah... tirados aquí en el Bosque Leuce todo se ve mejor.

    —¿Ves? Te dije que éste ángulo era el mejor de la ciudad para ver las estrellas.

    —¿Quién te lo enseñó?

    —...Nadie.

    —...Siempre te he preguntado de tus sueños actuales, pero... ¿Tú tuviste sueños cuando eras niño?

    —Sí —contestó —. Quería ser jugador profesional de baseball.

    —¿Y por qué no es tu sueño actual...? ¡Aún puedes...!

    —Ahora el baseball me trae malos recuerdos, fue mi padrastro él que me enseñó a jugarlo. Por lo que ahora quiero alejarme todo lo posible de él.

    —Tu padrastro... ¡Lionel! ¡Él no debería quitarte algo que amabas!

    —De todos modos ya no quiero jugarlo...

    —¡Vas a regresar! ¡Cuando tengamos niños! ¡Les enseñarás a jugar baseball!

    —Lucy... como que es algo temprano para pensar en eso, apenas hemos iniciado a salir y...

    —¡Es obvio que nos vamos a casar! ¡Dime una pareja que se compenetre tan bien como nosotros...! Nos llevamos bien y somos muy seguros el uno del otro. ¡Confianza absoluta!

    —Clarissa...

    —¡Oye no estoy loca! ¡Ella te miraba raro!

    —Lucifina... deja de hacer pucheros —le besó la mejilla —. Todo va a estar bien.

    —¿De verdad?

    —De verdad.

    —¿Eres feliz conmigo?

    —Um...

    —¿Qué?

    —Tengo frío, es todo —El varón notó como la fémina se elevó —. Lucifina, no es necesario que te levantes.

    —Los abrazos calientan, ven y abrázame.

    —Lucy...

    —¿Por fis?

    —De acuerdo. De acuerdo... eres imposible...


    No llegaba a concebir la vida sin tus abrazos y sin tus besos. Todos mis miedos, incluso los que monstruo que amé me dejó parecían tan diminutos. Le temí a la paternidad y contigo decidí afrontarla. Le temía al amor y contigo decidí dejarme caer. La vida es un constante vaivén de riesgos y, acostumbrado a huir, aprendí rápidamente que todo es más fácil cuando no estás solo. Las personas no nos enamoramos por capricho, sino que algunos notamos que esta vida es demasiado difícil para entrar, como tu dirías, en una modalidad solitaria. Por eso mientras jugabas no podía evitar sonreír.

    —¿Qué dice eso?

    —Oh, es el diálogo del inicio de Zelda: Es peligroso andar solo, toma esto.

    —...Ya veo.

    —¿No me vas a preguntar qué dan?

    —No es necesario.

    —Estás muy pensativo hoy, Lionel.

    Podía ser yo mismo... sin temor a nada.

    —¿Uh? —sintió una respiración en su cuello —. ¿Pasa algo, Lionel?

    —La casa está sola hoy.

    —¿Ummr?

    —¿Quieres jugar conmigo?

    —Depende al juego...

    —Al que tú quieras... —pasó sus manos abajo de su blusa.

    —Eres malo en ellos...

    —Enséñame.

    ¿Esto es el gozo? No lo sé... pero debe ser lo más cercano a eso.

    —¿Es qué no entiendes indirectas?

    —¡Oye dijiste juegos! —el varón estaba rojo como un tomate.

    —¡M-Me refería a otra cosa, tarada!

    —¿A qué cosa?

    —A-A-A... ¿Qué demonios crees?

    —¡Eres tú él que no dejas las cosas claras!

    —¡Lucifina!

    —¡Par de tórtolos dejen de gritar que asustan a mis clientes!

    Y salíamos de cualquier lugar tomados de las manos. Siempre creí que tu mano jamás me abandonaría, independientemente de todo y de qué. Nuestros dedos siempre estarían enlazados. Ese era mi más grande sueño. De entre todos, el único que quizá realmente me importaba.

    Oh tú, naturaleza,
    ¿por qué no das después
    lo que un día prometes? ¿por qué tanto
    engañas a tus hijos?
    Antes que el frío arideciera el prado,
    de extraña enfermedad presa y vencida,
    moriste, oh mi ternura, sin que vieras
    las flores de tu edad;
    no alegraba tu alma
    el dulce elogio o de las negras trenzas
    o de tu vista esquiva y amorosa;
    ni contigo en las fiestas las amigas
    de amoríos hablaban.​

    Es ahora que me doy cuenta que protegía este mundo porque fue aquel que te concibió en sus cimientos. Es claro para mí que un mundo donde Lucifina no esté, no es un mundo que quiera proteger.

    Ha... ha... ¿Qué se supone que haga ahora? Las generaciones entierran a sus ancianos, creciendo y cultivando de los errores de los viejos. ¿Y ahora? Soy una leyenda, un recuerdo perdido, pero ahora...

    Ahora...

    Perdí todo lo que amé.

    Lo que realmente amé.

    También murieron pronto
    mis dulces esperanzas: a mis años
    también les negó el hado
    la juventud. ¡Ah, cómo,
    cómo pasaste, cara compañera
    de mi primera edad,
    mi llorada ilusión! ​

    Este mundo es tan hermoso por haberme concedido alguien tan valiosa como tú y a la vez tan cruel por habérmela quitado.

    Lucy...

    Lucy... mi amada Lucy...

    —¡Lionel cuando nazca Saiph! Tendremos más niños, ¿de acuerdo?

    —Lo pensaré, pero será pasado los treinta. Y cuando no esté varado en la calle como ahora, no quiero otra golpiza de Lucien —recordó el golpe de su mejilla —. Si que golpea bien, se nota que en la Frank no estuvo precisamente recogiendo margaritas.

    —Ignora eso Lionel... ¡Piensa en esto! ¡Yo quiero una familia numerosa!

    —Ve despacio... por favor...

    —Oye... ¿Eres feliz ahora?

    —¿Ummm?

    —Feliz...

    —Lucifina...

    —Digo... sé que es difícil con tu patología y todo eso, pero... pero... ¿Alguito feliz?

    —Yo...

    “Creo que sí”

    —¿Y ya tienes claro cuál es tu sueño?

    —Te reirás.

    —¡Venga! ¡Claro que no!

    —Cuando salga de Durkheim... quiero... casarme contigo. Sé que es absurdo, somos jóvenes, irá mal, ¿qué matrimonio funciona cuando los componentes tienen nuestra edad? ¡Es ridículo...! Pero...

    —Oye... está bien ser irracional. Si te hace feliz, ¿quién te lo impide?

    —M-Mi sentido común... l-la sociedad... eso... yo... quiero ser bueno...

    —¿Bueno para agradar a otros?

    —Quizá. No lo sé, sólo sé que no quiero que nadie más me deje como mi madre cuando partió al cielo, o que se convierta en alguien malvado como Rex o que... que... me desprecie como mi padre biológico, yo... yo... quiero ser bueno, demostrar que vivo para ser algo más que una lacra. Por eso, yo... yo... haré todo lo posible para hacer un mundo mejor y ser alguien útil para la sociedad.

    —No necesitas demostrarle nada a nadie para que te amé, solo sé tu.

    —Ser yo...

    —Porque tú eres...

    “Un ser humano maravilloso”

    [​IMG]

    Y caí.

    Mi Lucy... mi amada Lucifina...

    ¿Por qué todo tuvo que culminar así?

    Ha... qué mundo... y aun así puedo decir que...

    Te amo con todo mi ser.

    ¿Es este el mundo aquel? ¿Éstas las obras,
    el amor, los sucesos, los placeres
    de los que tanto entre los dos hablábamos?
    ¿esta es la suerte de la raza humana?
    Al llegar la verdad
    tú, mísera, caíste: y con la mano
    la fría muerte y la desnuda tumba
    de lejos señalabas. ​

    Mi Lucy...

    Mi Lucifina...

    Lucy...

    Lucy...


    ¡¡¡¡¡LUUUUCY!!!!!​

    —¡Un terremoto!

    El grito de Rengnar conmocionó a todos, mientras buscaban tomarse de las manos, pues una tormenta se arremetió contra ellos, una tan fuerte que prácticamente despojó al edificio del techo con enorme brutalidad y que si no fuese por las acciones veloces hubiese arrastrado a varios al cielo, como a la desafortunada Akane que fue tomada con fuerza por Rose para no caer víctima del ojo del huracán. Andrés se quedó en shock viendo algo bastante conocido en el panorama espacial, era un enorme ojo rojizo que pestañeaba varias veces y se veía a lo lejos por una ranura, luego desvió su mirada, viendo al líder del consejo, no, el viejo líder del consejo llorando desconsolado sosteniendo el cuerpo de su amada.

    —El sello... ¡Se hizo una brecha! ¡El sello se debilitó y se formó una abertura! —gritó el nuevo One.

    —Gané.

    Fue el comentario de Lionel mientras el local desprovisto de techo permitía que la lluvia cayera descontrolada, humedeciendo el cuerpo de todos los estudiantes, que se vieron empapados de pies a cabeza.

    “Mi caída, mi hermosa caída”​

    Susurró Lionel sosteniendo el cuerpo de su amada, tenía el rostro húmedo por la dichosa tempestad y a la vez por sus lágrimas, su cabello estaba empapado y sus prendas comenzaron a adherirse a su cuerpo como una segunda piel, que hicieron que todos lo observasen, especialmente cuando comenzó a caminar en aquel silencio religioso donde el único ruido era la lluvia. El león negro observó el cielo del Nexo, ignorando las potentes gotas de lluvia, incluso observando aquel ojo rojo, cerró sus propias orbes y se dejó mojar por la lluvia que bañó su rostro.

    —Este mundo es demasiado peligroso, nunca caminen solos.

    —Boss... no... Lionel... —Rose quiso decir más, pero la tormenta aumentó su auge y nadie pudo acercarse al varón que sostenía a su difunta amada y que controlaba el clima del Nexo con sus emociones.

    “Qué bello es estar vivo y a la vez qué aterrador”

    Y lo único que quedó fue la profunda oscuridad.

    “Lucifina... te buscaré hasta el final”​

    Y se fundió en la nada.

    … ​

    Una oscuridad tan profunda que fue reemplazada por apacibles estrellas mientras varios chicos despertaban de lo que parecía ser una pesadilla eterna que duró varios meses, pero en el mundo real solo unos pocos días. Una tos, una crisis de tos llenó los pulmones de uno de los individuos buscaba recuperar su aliento, su primera visión fueron las estrellas que vio debido a que estaba tirado de espaldas y a su alrededor muchos árboles: estaban en el Bosque Leuce, sí, estaban, a su alrededor habían muchos jóvenes con rostros confundidos que se sostenían la cabeza y buscaban orientarse.

    —Estamos... ¿En nuestro mundo? —Rengnar se sintió raro de decir eso, pues el Nexo gran parte del tiempo fue lo que él definió “mundo”. Se sostuvo un lado de la testa y cerró los ojos con fuerza, conteniendo un enorme dolor de cabeza. Hasta que despertó de golpe y comenzó a buscar por todos lados —. E-El... ¡¿El peruanito?! —giró en su propio eje, buscándolo pero no había nadie.

    El sonido de un bebé llorando y de una chica con frenillos apretando el pecho de un bello rubio despertó a todos, estaba aplicando primeros auxilios. Hasta que esos sonidos incesantes de voces confusas y momentos de tensión fueron reemplazados por el sonido de ambulancias y patrullas policiales, que no tardaron en ofrecer mantas y servicios médicos que llevaron de inmediato al inconsciente rubio.

    —Qué tontería.. —dijo Rengnar, bebiendo un chocolate caliente dado por uno de los oficiales en la comisaría.

    —¡Rengnar! ¡Paren ahí! —gritó una voz masculina que vino acompañada de otras similares —. ¡Es nuestro chico!

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    —¿Bros? —se sorprendió el chico salamandra antes de ser rodeado de abrazos —. Bros... —Y no pudo contener sus lágrimas, siendo víctima de aquel encuentro fraternal.

    —¡Ustedes, par de imbéciles! ¡A mí no me engañan se fugaron! ¿Es qué no piensan en mí y en su madre? ¡Esperaba más de ti Dario!

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    —¡Que soy Ryrio, papá!

    —¿Y cómo es eso de que ahora tienes una hija, Mario? —ignoró al vástago menor —- ¡Tienes mucho que explicarme, Mario! ¡Dios mío! ¡No espero nada de ti y logras decepcionarme! Dile algo Nevana.

    —“Mamá por favor... deja de limpiarme la mejilla con ese pañuelo con saliva”

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    —...

    —¡Mi princesa! ¡Hermano! ¡Tu muchacho se debe hacer cargo! Snifff... ¡Por fin! ¡Séptimo nieto!

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    —¡¿Quiénes crees que son mis hijos?! ¡Pues claro, subnormal! ¡Y mañana hago fiesta por la nieta! ¡HE DICHO! ¡Están invitados todos!

    —No nos conoces.... —dijo un varón de porte militar preguntándole algo a su hija, pero ésta estaba silente, al parecer algo de la ubicación de su hermano mayor.

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    —¿Señor Schneider quiere que lo calle? —dijo un elegante mayordomo, sacando al parecer un spray con pimienta y otros compuestos de uno de los bolsillos de su elegante camisa.

    —Agh... —Ryrio quería salir de ahí, más de lejos vio a Adrien yendo con algunos agentes, recordó que él no tenía apoderados, al igual que Barbara que iba con otros policías miembros de la selecta casta de los asistentes sociales —. …Oye papá...

    —¿Y ahora qué quieres, Dario?

    —Yo soy... olvídalo —Lirio subió sus cejas, no comprendiendo al menor de sus gemelos —. Quiero un abrazo tuyo y de mamá... yo... yo... —Lágrimas comenzaron a caer de sus ojos. Unas que el tiburón más joven limpió con su antebrazo, pero salían más de sus orbes que él no pudo contener.

    —Venga ya... ya... ya... aquí... aquí...

    —Denme a mi hija, no tengo todo el día. No necesito declarar mi identidad: Xavier Everluck, me conocen, agentes.

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    —Pero señor Xavier, no debe...

    —MI HIJA. YA DIJE.

    —¡Papiii! —Se abalanzó hacia él y el varón de cabellos grisáceos le dio palmadas a su cabeza.

    —Te extrañé, mi pequeño trébol...

    —Esto es un dolor de cabeza... —susurró un joven coreano saliendo de la comisaría, ahí un hombre lo esperaba. Tenía claras facciones asiáticas —...

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    —... Jihyun...

    —Andando.

    Andrés quién se hallaba con sus apoderados vio una figura alta firmando algunas cosas con los agentes. Conocía ese cabello blanco y ojos profundamente azules.

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    Era el terror del club incluso cuando en aquellos días su jefa lo declaraba como el hombre más dulce y bueno, pero aún ahora su mirada severa no parecía disminuir, aún cuando su perenne ceño fruncido poco a poco mutaba en uno de tristeza y dolor. No supo cómo ni cuándo pero cayó al suelo, poniendo sus manos en el duro pavimento, dando un grito que alarmó a todos en la comisaría, y que tuvo que ser retenido por varios hombres.

    —Mi conejita... mi conejita... ¡Ahhh!

    Hasta que se desmayó por un calo de azúcar y las ambulancias no tardaron en llegar. Al igual que cierto sujeto acompañado de un menor de espesa cabellera rojiza que le sostenía de la mano y que miró para todos lados.

    —¿Hermano...? —dijo el infante.

    —No lo veo Tristán... me pregunto... —Archer se rascó la cabeza, paró lo que iba a decir y suspiró con molestia —. Este chico... ¿Cuándo comprenderá que está rodeado de gente que lo ama y que se preocupa por él? Que carga tan pesada me dejaste hermana, tu hijo es un cabezota justo como tú. Sí, idéntico a ti, incluso en lo maravilloso.

    La noche no tardó en venir y con ella el cielo estrellado que él amaba. Se subió a ese enorme edificio en donde más de una vez había planificado su suicidio. Miró hacia arriba, siendo asediado por esas enanas blancas que le obligaron a extender sus brazos, desviando suavemente su cuerpo hacia atrás con intención de hacerlo caer por ese enorme rascacielos y morir viendo sus amadas luces níveas. Pero de entre todas vio una estrella fugaz pasar.

    “Quiero que vivas... todo lo que puedas...”

    Y se detuvo, viendo una ilusión de su corazón formada de luz, él dio una suave sonrisa.

    —En un determinado lugar, a una determinada hora, volveremos a estar juntos.

    “Seré paciente”

    Muy paciente.

    Aún espero por ti.

    Por ti.

    Por ti.

    Y mientras haya estrellas en el cielo, mientras este cuerpo mortal resista tu falta. Lo seguiré haciendo. Hasta el fin de mis días, navegando por todo el espacio, entre las dimensiones, las miles de probabilidades y los mundos seguiré la estela de tu vida, tapizaré nuestros recuerdos, amores y sueños con flores. Creeré en un mundo donde podamos cumplir todos nuestros sueños. A fin de cuentas, este mundo donde moraste, es sencillamente maravilloso y a la vez cruel. Mi amada Lucifina.

    ¿Puedes ver ahora quién soy realmente?

    ¿Accediste a mi mundo estrellado hecho de mentiras y verdades?

    En aquel lugar tú vives, porque los recuerdos jamás mueren.

    Gracias.

    Gracias por hacer de este mundo algo que valiera proteger. Y volver el tiempo más que un número.

    Sí, en ese día las manecillas del reloj se detuvieron y nada. Absolutamente nada volvió a ser lo mismo.

    “Lucifina... ¿Fui un buen chico?”

    … ​

    Un mundo repleto de estrellas donde la gravedad no sólo alteraba el simple flujo del tiempo. Sí, ahí se hallaba un muchacho extendiendo su brazo, notando que no tomaba nada, sólo era asediado por una oscuridad infinita repleta de enanas blanquecinas que brillaban: Estaba en el espacio, en uno infinito donde la vida parecía lejana y lo peor, estaba solo.

    —Chicos... ¡Kristina! ¡Emil! ¡Maeve! —gritó un joven moreno, nadando en ese espacio sin gravedad —. ¡Chicooos! —Pero no hubo respuesta, hasta que oyó unos murmullos, inmediatamente nadó como cuando estuvo en aquel mundo de nubes, intentando alcanzar esos atisbos de humanidad circundante. Encontrando la causa de esos susurros: enfocó a dos individuos, era su amigo de cabello bicolor y Sofia. El primero parecía estar explicándole algo a la fémina.

    —Debemos de estar dentro de un mundo mental como cuando estuvimos dentro del mundo de Barbara.

    —Sí, mi parce... pero... ¿Cómo salimos?

    —No hay suficientes elementos que nos den una respuesta.

    —¡Chicos! Ah... ah... —El moreno parecía agitado y algo cansado de nadar tanto —. P-por poco no los alcanzo... ¡Emil! ¿Dónde estuviste? Desde la batalla cerca de Nibikure te perdimos el rastro y...

    —No ahondemos en esos detalles. Debemos ver cómo salir de aquí.

    —Kuso... —Alguien pareció maldecir e ir hacia otra parte en su nado.

    —Shirai —fueron las palabras de Emil, logrando que el japonés prestara atención, parecía molesto de estar ahí y hubiese preferido estar en el Nexo.

    —Esto está muy raro, me recuerda a lo de Apollyon. ¿Quizá todo explotó?

    —Lo dudo... —contestó Emil.

    —Ojalá hubiese sido así —maldijo Reiji entre dientes.

    —¡Maeve! ¡No saltes! ¡Te puedes caer...! O sea no hay gravedad pero... ¡Maeve!

    Esa voz. Esa inconfundible voz. Los chicos voltearon y siguieron esos potentes gritos con un aclamado acento argentino que era individuable incluso a gravedad cero. Hasta hallar con ella, quien intentaba atrapar a Maeve, pero esta daba saltos potentes dirigiéndose a un punto desconocido y, en su afán de seguirla, la lisiada inconscientemente guiaba a los demás al rumbo de la rana que parecía estar siendo atraída hacia algo, era curioso ver a Maeve en su forma de rana normal, pero nada fuera de lo común para Jesús quien había vivido una ocasión similar dentro de Madre Gaia en su experiencia con... ¿Adrien?

    —Sempai... —Jesús se detuvo un momento, viendo el infinito espacio —. Ni siquiera... pude despedirme.

    —¡Maeve!

    Hasta que la rana llegó a su meta o al menos eso pareció al hallar a Llun pero luego de saltar en su mano partió nuevamente a otro sector y, ahí, se hallaba alguien impactado viendo algo. Sí, era Franco observando un enorme planeta colosal abajo de él, en aquel lugar sólo se veía luz, una enorme luz, era como el Sol, pero uno que no quemaba, era sólo cálido, como un núcleo de infinita armonía y como un recordatorio que incluso en territorios carente de luz, áridos y tristes se hallaba algo cálido y gentil que fungía como un núcleo puro.

    —Franco... —dijo la lisiada.

    —Ustedes están aquí... ¿Por qué...?

    —Iba a explotar todo —tajó Reiji —. Al final no ocurrió.

    —Tsk... —bufó Franco —. ¿Al final cambiamos algo? Lucifina... los demás...

    —Ni siquiera nos pudimos despedir... —Jesús volvió a repetir.

    —Qué horrible... —susurró Llun.

    —Hay gente de allí que aún están en nuestro mundo al menos a Barbara y Ryrio podremos... ver y... —Sofía quiso animar, pero Kristina se inmiscuyó.

    —¿Ver? ¡Boluda estamos volando en el espacio! En serio, pibita... ¿Qué va a pasar ahora? ¡Incluso desearía que algo malo pase! ¡Pero ALGO!

    Hasta que ese Sol incandescente comenzó a girar en una rotación violenta, expulsando enormes corrientes de luz que hizo que la gravedad aumentara, halando a los individuos que giraban entorno de su órbita, hacia su núcleo con violencia, siendo arrastrados hacia la infinita luz, donde sus ojos se cerraron por instinto. ¿Qué quedaba ahora? En ese recorrido por los casilleros lumínicos, las dudas, los recuerdos, los dolores y las traiciones, todo obtenía una única forma. Y dentro del planeta mismo, otro espacio los esperaba.

    La luz, la perenne luz los iluminaba como los protagonistas en un espectáculo mientras el resto sólo era un universo oscuro y ellos la única luz del lugar. Todo estaba hecho de luz incluso aquellas sillas en el centro que hacia que se den las espaldas contra el otro, en un panorama que parecía ser un interrogación circular donde no se podían ver a los rostros por la posición elíptica, y solo podían observar las infinitas estrellas de las tinieblas espaciales. Hasta que de ellas se formó algo: Con bellas estrellas un ojo comenzó a dibujarse lentamente. Uno gentil, sabio pero a la vez aterrador.

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    —¿Do... Dónde... estamos ahora? —el primero en preguntar fue el otaku moreno. Se sentía cálido como si estuviese cerca a una fogata con una tenue llama que le proveía calor.

    Potente pero a la vez suave, una voz invadió sus cabezas pero lograba mantener un eco fuera de éstas, logrando que el mensaje inundara sus sentidos, incluso la calidez se hacia menor o mayor dependiendo de las frases dichas por ese misterioso ser que no mostraba su cuerpo, sólo un único ojo hecho de estelas multicolores.

    —Están dentro del núcleo del Nexo, el Nexoverse mismo. Yo.

    —Esa voz... —Franco la reconoció inmediatamente, pero sacudió su cabeza. Él no debería, no, por supuesto que no.

    —Si tú cargas la voluntad de mi amada Eros, entonces dirás mi nombre mortal cuando aún trazaba el camino de un humano solitario. Mis días lejanos cuando la gloria y la miseria daban a mi existencia placer o dolor, pero engradecian las cualidades humanas de aquel individuo triste que amé como a mí mismo, pues era yo mismo.

    —Psyche...

    —Mi nombre... ¿Saben que significa?

    Silencio.

    La Psyche nos guía a cualquier cosa: a todas las realidades celestes, terrestres y marinas. Gracias a sus propios movimientos los cuales tienen un nombre: Querer, analizar, proteger, tomar decisiones, juzgar bien o mal, experimentar dolor o felicidad, coraje, miedo, odio y amor. Y tantos otras emociones que pueden ser percibidas y que llamamos movimientos primarios. Guías hacia aquellas secundarias. Los movimientos de los cuerpos, que determinan todo en nuestro universo: El crecimiento, la regresión, la separación y la unión, y con ellas percibimos el calor y el frio, lo pesado y lo ligero. El blanco y el negro, lo amargo y lo dulce.

    —La capacidad de sentir, de actuar, de cambiar. Son las gratificaciones de ser humano. Por eso, es hermoso tener una consciencia, un psyche, un aliento de vida que nos separa de ser figuras de barro.

    —¿Por qué nos trajiste aquí? —La pregunta fue de Emil que entrecerró sus ojos, apretando el cuello de su camisa, la temperatura en aquel lugar había subido luego de esa charla apasionada del Nexoverse.

    —¿Eh? ¿Qué dices, parcerito? Fue Metatrón quien nos trajo aquí. Ella y su libro.

    —Yo los traje aquí —sí, esa confirmación fue la que vino, comprobando la teoría del joven de hebras bicolor. Una risita inocente se escuchó —. Ella me ayudó con su infinita luz que jamás me abandonó, pero culpas, no, ninguna. Todas son mías. El ideal, la acción, la voluntad. Mía. Únicamente mías.

    —¿Por qué...? —preguntó Shirai.

    —El tiempo se acaba y el espacio se contrae... los errores del pasado se repiten y el monstruo carmesí se alimenta de la ignorancia humana.

    —Eso... no responde nada... —susurró Emil con una voz quebrada, se mordió el labio. Incluso a él la situación lo estaba desesperando.

    —Dejaré este mundo muy pronto y partiré donde mi amada Eros. Llevando conmigo sus esperanzas de vivir —explicó —. Todos nos cansamos de luchar algún día. Y sólo esperamos reunirnos con la gente que amamos. El egoísmo es parte fundamental del amor, el amor hacía uno mismo.

    —¿Y en que ayudó que viniésemos aquí? —clamó Sofía, recordando todas las cosas horribles que hizo.

    —Conocimiento.

    —¿Ah? ¿Y por qué nosotros? —tajó Kristina, sosteniendo su rana entre sus manos.

    —Llámenlo casualidad, quizá destino, pero llegaron en el momento en que mi muerte es cercana... —respondió —. Pudo haber sido el año pasado, el próximo. El futuro y el pasado fueron mis metas, pero la realidad se plasma en el presente. Y fue con ustedes.

    —¿Morirás...? —esta vez fue Franco, como si fuese el único que realmente tuviese un deje de preocupación ante tal evento.

    —Y el monstruo carmesí será libre —afirmó —. Mi prisionero y compañero. Su verdugo perecerá y él obtendrá su ansiada libertad.

    —Eso no es alentador... —susurró Jesús.

    —No les puedo dar nada. Sólo conocimiento. Y eso hice.

    —¡Eso no nos ayuda en nada...! —gritó el moreno, algo frustrado.

    —Eso es algo que ustedes decidirán al final —confesó el gran ojo.

    —¿Qué se supone que haremos ahora? —preguntó Sofia. La voz pareció disminuir y así la temperatura corporal, haciendo que los pies de los adolescentes comenzaran a ser invadidos por un potente hielo que comenzó a expandirse por sus piernas.

    —Avanzar, esa es la naturaleza de los seres humanos.

    Silencio.

    —Ellos nunca se detienen y continúan hasta el final. Evolucionando, cambiando, adaptándose y no repitiendo sus errores gracias a la experiencia.

    —¿Cómo se supone que hagamos eso? —repitió Sofía.

    —Eso es algo que sólo un humano puede responder. Yo no lo soy. Mi preciada humanidad se alejó de mí. Un fragmento diminuto aún yace en su corazón, pero la realidad es que mi mundo y él de él solo colindan jamás se interceptan. Yo quisiera... que ustedes... que él y yo... ah...

    Ojos rojizos comenzaron a salir en el cielo, pestañeando varias veces y creando una tormenta, hasta que la voz del gran ojo espacial evitó que ese ambiente se volviera peligroso para sus huéspedes.

    —Nada.

    —No ayudas... —dijeron todos.

    Suspiros, muchos suspiros y corrientes de aire como brisas, ese gran ojo estaba suspirando junto con ellos. Ahora lo entendían, esa calidez, ese frío gélido, las tormentas, la lluvia, todo absolutamente todo provenía de las emociones de esa gran ente. Él era, como dijo, el Nexo mismo.

    —¿De qué sirve todo esto? Al final del día ni siquiera... nos pudimos despedir de ellos —Jesús guió su mirada hacia abajo, apretando sus puños en su pantalón —...sempai...

    —Ellos... Mis...

    La voz comenzaba a sonar errática.

    “Mis adorables estudiantes”​

    Los chicos vieron muchas estrellas que comenzaron a aglutinarse formando lumínicas pantallas que mostraban múltiples eventos, conversaciones en las cuales en la mayoría de los casos, ellos se hallaban siendo partícipes, era como si hubiesen sido grabados todo ese tiempo. La voz comenzó a ser errática, aún más, perdiendo el hilo, cambiando tonos y alternando la temperatura de un gélido frío a un incandescente calor.

    “Luci... E-Eros... ahhh... este mundo... es... es....

    Gh...

    Quiero... ser... bueno...”​

    —¿Lionel-sama...?

    —Es... extraño. Qué mundo tan extraño.

    Una triste risa que creó una tibia calidez y a la vez comenzaron a caer gotas de lluvia salada que se evaporaban. Del vapor se creó una enorme pantalla, en ella se veían a sus amigos, sí, a los chicos de la caída en diferentes situaciones. Se quedaron en silencio observando a cada uno de ellos.

    Amo este mundo más que cualquier otro​

    —Gracias... gracias...

    Un llanto lleno de felicidad.

    —¿Por qué? ¿Por qué nos agradeces?

    —Porque... puedo ver de nuevo sus sonrisas. Esas hermosas sonrisas. Mi futuro, mi hermoso futuro.

    Calidez sólo calidez.

    —Psyche...

    —Gracias... gracias...

    ¿Aplausos?

    —Por todo esto.

    Una voz conocida hizo que Jesús levantara su mirada viendo esa pantalla.

    —¡Es la voz de Adrien-sempai!


    “Nos encontramos de nuevo...

    Sí, tú y yo lápiz. Es gracioso, siempre creí que ser líder del consejo sería muy divertido. ¡Pero es agotador! Debo dejar algo para el futuro, así que decidí iniciar a escribir mi diario para quinto año, aunque aún esté en tercero. ¡Sé que a último momento no tendré nada de tiempo! Los de quinto se gradúan meses antes, para que así tengan tiempo para pensar qué hacer de sus vidas. Es tan complicado volverse adulto. ¿Puedo quedarme niño para siempre? Oh cierto, no puedo, creo que terminaré con yagas en los dedos cuando termine de escribir esto...” ​

    —Es llagas, no yagas. Corrige ese horrible error ortográfico, idiota. ¿Piensas dejarle esos horribles errores a las futuras generaciones? Y apúrate, tenemos que salir, pronto será la ceremonia de graduación de los de quinto.

    —¡Dame un segundo! ¡Quiero seguir escribiendo!

    —¡Eres imposible, c-cabeza hueca!

    “No puedo decir que sea tan bueno como Lionel-sama, es más ni soy tan inspirador como Lucifina-san, solo soy yo. Adrien. Y eso, sip, eso no está mal. No puedo decir que esta travesía haya sido fácil. ¿Pero qué aventura lo es? Cuando ascendí y me volví líder del consejo, Allen se volvió mi consejero como buen Zero y Barbara junto a Jihyun-san los encargados de la fuerza militar. Hubieron muchos motines, los acuerdos no son sencillos pero creo que a pesar de todo, aún podemos ver a los demás con una sonrisa, ¿creerían que incluso decidí que Durkheim y la Frank Academy tuvieran un encuentro? ¡Todos dijeron que era una idea estúpida y que no tardaría en volverse una masacre! Pero fue divertido, un evento único, conocí a los amigos de Jihyun-san, una tipa con gilette, un árabe entre otros. Al verlos, al verme, al ver a los demás, me di cuenta... ¡Todos eramos adolescentes igual de idiotas buscando entender este mundo!

    Sobre Jihyun-san sigue como siempre distante y misterioso. Es genial. GENIAL. Sí, con negrita para que quede en la historia. Luego de todo el caos, nos volvimos amigos (aunque él no lo admita <3). Voy a su casa todos los domingos, aprendí a hacer kimchi y remendó mi parka que se estaba rompiendo. Jihyun está pensando estudiar moda, él tiene mucho que decidir para su futuro, el próximo año se irá, ah, no quiero que se vaya. Pero supongo que ser adulto significa eso, ¿no? Crecer. Es difícil, pero con amigos es mucho más fácil. También conocí a uno de los clientes de la madre de Jihyun, que ahora viene a él por prendas, no recuerdo su nombre pero me dijo que si quería ir a su casa. Jihyun se enojó por eso. ¡Es como un hermano mayor cool! COOL. Y de nuevo otra negrita para la historia.” ​

    —¡Adrien! ¡Apúrate! ¡Ya va a comenzar la ceremonia de graduación de los de quinto!

    —¡Ya voy!

    “Crear un futuro significa mirar hacia adelante, es complicado, pero observando los errores del pasado, pienso que cada cosa fue necesaria. No dejaré que la vieja generación sirva solo como piedra angular, cada uno de ellos, sus sonrisas, sus sueños y metas, todas las tendré en mis manos. ¡Y las lanzaré al cielo como globos con helio para que jamás abandonen su objetivo! ¡Alcancen las estrellas y brillen con todas sus fuerzas! Porque este es el presente, el futuro que crearon los del pasado, y nosotros crearemos el nuevo futuro.

    Sin embargo, nunca olvidemos de dónde venimos ni hacia donde iremos. ​

    Perdidos en esta adolescencia complicada, nadando en un mar de ideales, sueños y metas diferentes siempre es bueno recordar que se debe avanzar, naufragar no es una opción. Continuemos nadando. Siempre: Hasta el final. A fin de cuentas, ¿no somos demasiado jóvenes para rendirnos tan deprisa? No somos perfectos, no somos santos, ni los protagonistas... ¡Somos perdedores! ¡Los perdedores de Durkheim que luchan por un mañana!” ​

    —Adrien es la última vez que te llamo, Barbara nos debe estar esperando abajo. ¡Si sigues así me iré solo, tonto, cabezahueca!

    —¡E-espera! ¡Debo acomodar el libro en la estantería o...!

    “Porque el futuro debe ser protegido con todas nuestras fuerzas. Y eso se hace... ¡Viviendo con todas nuestras fuerzas el presente! ¡El regalo de la humanidad!”​

    —Yo me encargo, sempai —un chico joven con dientes de tiburón vino con algunos documentos, que casi tira cuando su líder del consejo se abalanzó hacia él y rozó su mejilla contra la de él —. ¡S-Sempai...!

    —¡Mi mano de diooos! ¡Me salvaste de nuevo Ryrio! —No dejó de rozarse con el menor que estaba algo apenado —. ¡Eres el mejor! ¡Te dejé unos papeles encima también! —Adrien fue halado por Allen que lo llevó casi a rastras de un brazo, chasqueando su lengua fastidiado mientras el líder del consejo levantaba su brazo, moviendo su mano de un lado a otro, despidiéndose de forma efusiva del tiburoncin que se sostenía la mejilla sonriente.

    “Conocer el futuro siempre será una odisea, el presente se ve tan complicado y el pasado es un padre difícil de superar. Sin embargo, es bueno recordar que nadie está solo: pareja, amigos, familia... El ser humano es un ser social”

    —Creo que esto es todo —suspiró el pequeño tiburón.

    ¡Ryrio! ¡Ryrio!

    Desde la ventana del segundo piso de la academia, Ryrio decidió mirar quien lo llamaba observando literalmente su reflejo: Su hermano Dario levantaba su mano y luego las ponía rodeando su boca, gritando con todas sus fuerzas llamando a su gemelo.

    —¡Ya voy! —saltó el menor de los gemelos, bajando las escaleras tan rápidamente que llegó agitado, sujetándose las rodillas.

    —¡Siempre tan ocupado! ¡Por algo eres mi hermanito bebé responsable!

    —No digas tonterías... ¡Y no soy un bebé!

    —Bebé~ —canturreó, girando alrededor de su hermano con una radiante sonrisa. El menor de los gemelos sólo dio un zapatazo y se arremetió contra su gemelo, haciéndole una llave, pero el otro se defendió, riendo entre dientes —. Gaaahg... ufff... ¡Hahahaha! ¡Ryriooo!

    —¡Eres un tonto! ¡Un tonto! ¡Ay! ¡Me escupiste!

    —¡Doy a respetar mi espacio de hermano mayor!

    —¡Ni siquiera sé porque estoy aquí contigo, idiota! ¡Y son dos minutos, Dario, dos minutos!

    —¡No justifiques tu lentitud!

    —¡Daaario! ¡Grrrr! ¡No me traigas para insultarme! —su gemelo sacó la lengua, guiñando el ojo.

    —¿Y cómo no te iba a traer? ¿Acaso lo olvidas? Toda la familia vino hoy.

    —¿Para qué?

    —¡La graduación de Mario!

    —Espera... ¡¿Logró graduarse?! ¡No esperaba eso de él!

    —¡Yo tampoco! ¡Es más creo que nadie en la familia de primer, segundo o tercer grado se lo esperaba! ¡Ni él mismo se lo esperaba!

    —¿Mario graduado? Pfff. ¿Qué universo es este?

    —Lo sé, no tiene sentido, qué absurdo.

    Ambos gemelos chocaron contra un muro, que resultó ser su hermano. Ciertamente, hablar del diablo hacía que apareciesen los cuernos.


    —M-Mario... —dijeron ambos al unísono, notando la enorme figura de su hermano mayor, éste sostenía varios perros con correas, ya que era uno de sus trabajos de medio tiempo que el señor Lirio le obligó a tomar pues ahora tenía una hija. Sin embargo, los gemelos, al ver como estaba vestido su hermano mayor pusieron rostros confusos y se mataron de la risa —. ¡¿Q-Qué demonios te pusiste?! ¡Jajajajaja! ¡Mario te ves como un pringado!

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    —“Me gradúo y ahora soy un adulto maduro” —mostró sus ceñas con seriedad, logrando que los gemelos de forma sincronizada se sostuvieran el mentón.

    —Mientes —dijeron al unísono.

    —“¿Por qué debería hacerlo?”

    —Hermano...

    —“Los quiero hermanos, gracias por haberme acompañado en mi camino a la adultez, independientemente de todo, quiero que mi entrada a la adultez no sea el fin de nuestra jocosa hermandad”

    —E-Eso jamás... —Dario abrazó a su hermano mientras Ryrio parecía aún algo escéptico, pero la sonrisa de Mario se veía sincera y no pudo contener un suspiro, abrazando a su hermano mayor —. Hermano mayor...

    —Eres un idiota, Mario, un gran idiota, pero eres nuestro hermano mayor idiota.

    —“Los quiero, hermanitos”

    —Q-qué rápido... hace poco nos enseñaste a nadar y ahora... ahora... sniff...

    —Dario, no llores, y no nos enseñó a nadar, nos tiró a altamar.

    —¡No rompas el ambiente! ¡El tiempo pasa tan rápido! ¡Cuando menos te lo esperes, seremos nosotros los graduados!

    —Oh, Dario... ya inicias...

    —¡El tiempo va demasiado rápido! ¡Páralo! ¡Páralo!

    —“¿Saben que va rápido también?”

    —Hermano...

    —“¡Ustedes par de palurdos!”

    Mario soltó las correas de los canes que comenzaron a olfatear al vacío y notaron el aroma de los gemelos, sin duda Mario había sido listo y había puesto pequeñas bolitas de carne en los bolsillos de sus hermanos en medio del abrazo que hicieron a los perros sentirse atraídos y perseguir al par, mientras el mudo daba una risa silente que no paraba, viendo al dúo de gemelos, tratando de quitarse las cosas de sus bolsillos, pero en medio de todo el caos los perros se arremetían contra ellos o mordían sus prendas.

    —¡Mario eres un idiota!

    —¡Waah! ¡Un perro me mordió las pompis!

    —¡Bastardo! ¡Bastardo! ¡Y mil veces bastardaaaAUUUU!

    —Podrías ser más maduro... —dijo una pequeña chica, pero que hizo que el varón sonriera de lado —. Naranjita.

    —“¿Marcia?”

    —Con mi padre, por supuesto, es su séptima nieta, y sabes su obsesión con el número siete.

    —“El tío nunca cambia.”

    —Vas a llegar tarde a tu graduación.

    —“Lo mejor tarda en llegar, mi amor” —el varón se inclinó a la altura de su prima y le dio un beso —. “Luego de esto vamos al caribe”

    —¿Con qué dinero?

    —“Con el de siempre”

    —Me encantas.

    —“Lo sé” —subió sus hombros.

    —¿Y esa vestimenta?

    —“La eligió Artemis para mí, quería verme sobrio como Yoshi en este día”

    —Te queda fatal.

    —“Ese era el punto”

    —¡Hermanoooo! —gritos sincronizados que para Mario eran cánticos divertidos que podría escuchar para siempre y que lejos de parar, le inspiraban a continuar haciéndole la vida imposible a ese par. ¿Adultez? En alguna dimensión sería un adulto maduro, serio y capaz. Sí, en alguna. Pero no en ésta.


    “La realidad es más compleja que en los mangas, las historietas de superhéroes o las épicas historias donde el bueno siempre gana. Este era un mundo carente de protagonistas, ¿pero saben algo? Ser el personaje secundario no es tan malo como creí en su momento”

    —Así que regresas con la cola entre las piernas, Gladis... creí que...

    Una pelota rebotó.

    —¿Vamos a jugar volleyball sí o no?

    —¿Y tu noviecito?

    Un muchacho se hallaba en el comedor de la escuela vio su reflejo en la cacerola y comenzó a sonreír, para luego negar tristemente sin borrar ese ademán infantil y contento: Una sonrisa triste que culminó cuando el pequeño con un pañuelo limpió aquel contenedor y lo dejó brillante, dejándolo en la cocina de la escuela, antes de caminar con tranquilidad, yendo hasta un sector que siempre le pareció la cueva infinita donde los goblins atacaban doncellas y preparaban sus malvados planes en busca de la dominación y la perpetuación de su especie superdotada en fuerza. O como lo llamaban simplemente: Club deportivo.

    —¿Quieres inscribirte a un club deportivo?

    —La respuesta es una... pero el corazón de un hombre lo guía a... —paró —. Yo... sí. Quiero inscribirme a las pruebas.

    —Bien, completa esta inscripción. Así podrás experimentar las pruebas, si eres bueno te elegirán. Marca las casillas de los deportes que te interesan.

    “Judo” ​

    —¡Q-Qué fuerza...! ¡Parece que su cuerpo fuera innamovible! ¡Eres pequeño pero increíblemente robusto! ¡Como si fueses acorazado! ¿No quieres ser parte del equipo?

    —Yo...

    El chico escuchó voces femeninas que provenían del pasillo y que lo hicieron ver desde el rabillo del ojo a Remy que le dedicó una suave mirada. Ambos se juraron en Water Kingdom, bajo la estela del mundo marino, que se esforzarían en ser populares. Sería algo a lo que se dedicarían en cuerpo y alma. Así no tendrían que afrontar esa dura realidad, así no verían a más gente amada perecer, así, sí, solamente así podrían estar juntos.

    —“Mi fiel escudera, mi caballera de mis días infantiles. ¿Alejarme de tu lado por un simple juego de espadas y una pesada armadura? ¡Jamás! ¡Jamás! ¡Siempre juntos hasta el final” —Rómulo pensó —. Sí. Está bien.

    Mientras en la cocina, una solitaria cacerola ya no emitía ningún reflejo. El fin de una aventura épica, y el nacimiento de un thriller psicológico que acercaban a todos al inevitable destino de crecer, abandonando quizá en el proceso los juguetes, las risas y las espadas de juguete pero obteniendo en su lugar algo valioso como lo era la sonrisa de la persona amada.

    El caballero entonces se dio cuenta que todo lo que buscaba ya lo tenía, y junto a su llama regresaron al pueblo, tuvieron una vida normal, pero repleta de sonrisas.

    —Gracias por no dejarme, Rómulo. Sé que no pudimos culminar tu aventura —se disculpó la fémina, ambos se hallaban en la azotea de la escuela tomando jugos con pajillas mientras estaban silentes, mirando el cielo.

    —Al final el caballero encontró lo que buscaba.

    —¿Así?

    —Una escudera leal. Y una compañera para toda la vida, ¿qué más podría desear? Eso es mejor que cualquier tesoro o bendición del rey.

    —Je... A veces me pregunto... —La chica miró el cielo con tristeza —. ¿Qué diría mi hermano ahora...?

    —Yo creo que él diría algo como...

    “Vive para no morir, hermana mía”

    … ​

    "Las nuevas generaciones eventualmente nos reemplazarán, y viendo hacia arriba observarán leyendas. Por un segundo, sí, sólo por uno, por favor mírennos como seres humanos, los héroes están bien en los mangas y en los cómics no en la realidad, así que ruego que vean nuestras hazañas tanto como nuestras tonterías. Al final ustedes, tengo la fe, serán mejores que nosotros"

    —Q-Qué libro tan pesado. ¡A-Ah! —una chica asiática repleta de libros en sus brazos hizo caer una pesada enciclopedia que contenía dentro unos apuntes, ambas cosas cayeron a los pies de un estudiante de primer año que leyó de reojo esos apuntes y abrió grandemente sus orbes—. ¡G-Gomene!

    —¡N-No pasa nada! ¿Quieres algo de ayuda?

    —¿N-No son demasiado pesados para un estudiante de primer año? ¡No quiero ser una mala sempai! —comentó Akane, inflando sus mejillas, pero el varón la ignoró, sonriendo y tomando los libros, sorprendiendo a la oriental debido a la gran fuerza de éste pues los libros parecían ser plumas para él.

    —No sé qué significa sempai. Así que pensaré que es un pedido de ayuda —comentó el otro, Akane sonrió bajito y agradeció en su lengua natal con voz suave —. Me llamo Brutus, por cierto.

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    —Y-Ya veo...

    —Esto... S-soy fan de tus fanfictions. Akya~ne. ¿Cierto?

    —¿¡C-Como sabes eso...?!

    —L-Los apuntes... ¡Perdón! Pero es justo lo escrito en el capítulo de ayer de Kokoro No Raion ¡Perdón, perdón! ¡Pero en serio admiro tu fic! ¡Lo tengo en favoritos y te dejo reviews en cada capítulo!

    —¿Tú... lees ese fic cursi y aburrido? —Akane era muy crítica hacia sus propias historias y ella lo sabía. Brutus se encogió de hombros y puso una mano atrás de su cabeza algo apenado.

    —¿T-Tiene algo de raro que un grandullón como yo lea algo así? ¡P-Perdón si soy algo creepy! — No lo dijo molesto sino nervioso y algo avergonzado.

    "—P-Perdón por los ojos rojos, Akane, p-pero... aún me duele que Ryou haya regresado a su tiempo~ Waaa...
    —Lo sé, lo sé, Rod. ¡Malditos viajes en el tiempo que separan a un chico de su amor verdadero! ¡Not equal es demasiado cruel!
    —¿V-Verdad?"

    La asiática sonrió con tristeza.

    —No tiene nada de raro...

    —A-Amo tu fic. Leer como Usagi-hime, quien fue rescatada de la luna por el general Raion Takeshi, se enamora de él aunque fuese seco, patriótico y frio pero fiel a su nación es tan enternecedor. ¡Ah! Lloré con el conflicto de elegir entre serle fiel a tu nación o a tu corazón. El ambiente bélico que separaba a ambos amantes y como Takeshi-taichou se vio obligado a alzar su katana hacía su amada cuando ella quiso librar al mundo de la tiranía del Shogun... ¡Demasiado épico y romántico!

    —A-Arigatou...

    —¡Y cuando muere el general más fiel a Usagi-hime: Tsuchi-taichou a manos de la aterradora Kuchisake-onna! ¡Morí! ¡Te juro que falté dos días a la escuela de la impresión!

    —Eso... sí... fue triste —comentó suavemente Akane desviando su mirada al suelo.

    —Especialmente por la miko del templo Rakudai. ¿Ella lo amaba... cierto?

    —Como... como... a ningún otro...

    —Soy tu más grande fan, juro que... —Antes de que el varón de porte robusto pudiera continuar sintió el jalón de una pequeña chica que hizo que Akane también desviara su mirada, viendo a la fémina que parecía estar algo aburrida —. ¡P-Perdón Ari! ¡Pero es la autora de Kokoro no Raion!

    —¿Oh? ¿En serio? — la chica miró a Akane que estaba roja por eso —. A mí no me engañas te inspiraste en la historia de Camus.

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    —¿T-Tambien lo leíste? —Akane estaba sorprendida.

    —¡¡Claro que lo leyó!! —se inmiscuyó Brutus.

    —Sólo porque quería ver si seguirías la misma ruta y... —La rubia desvió su mirada a un lado —. Admiiito que... uh... El ambiente bélico y la cantidad de muertes es genial. Es como ver a un montón de bebés jugar Dark Souls, si que eres cruda.

    —¿A-Arigatou? "Me alegro que hayan leído ese fic y no..."

    —También me encantó Ryu no kokyu.

    —Puaj... ¿En serio, Brutus? ¿No es esa la historia del naga que se enamora del monje ciego?

    —¡Que muere! ¡Es una historia trágica!

    —Yo diría fetichista pero andando.

    —E-Ese fic... ¡¡¡¡No lean el capítulo ocho!!! —La japonesa se fue corriendo, avergonzada dispuesta a borrar ese capítulo, su rostro estaba rojo de vergüenza. ¡¡¡Ahhh!!! Ahora todos sabrían que era una fujoshi sucia y depravada. Hasta que sus pensamientos se esfumaron cuando colisionó contra el pecho de alguien y cayó a un lado mientras el sujeto descendió en la misma posición paralela —. G-Gomen... ¡Lider del consejo!

    —¿E-Estás bien?! —la chica asintió y Adrien sonrió suavemente, ayudándola a levantarse, ofreciendo su mano de forma cordial. De pronto la chica miró hacía hacia al frente y retrocedió —. ¿Uh?

    —E-El jefe...

    —Allen estaba justo conmi-

    "Quiero creer en un camino donde incluso los perdedores podemos cambiar el mundo"


    Efectivamente el albino se había quedado más atrás algo pasmado o mejor dicho cautivado por una melodía que provenía del club de música. Lugar que no estaba desolado a pesar del horario y el evento principal que atraía la atención de toda la Academia, sino que aún tenía presencia estudiantil con la estadía de dos muchachos: Una atractiva y alta chica que estaba cantando mientras un amigo suyo yacía en el marco de la puerta con los brazos cruzados pero ¿sonriente? escuchando la melodía que cantaba su mejor amiga. En el pasado pudieron haber dicho ser enemigos, pero no. Ni en el pasado, ni en el presente... jamás se separaron siendo muchas veces el símbolo de que los otakus y los gamers podían ser amigos.

    Rengnar no faltaba a las prácticas de Clover quien gustosa preparaba su canto para el festival musical de Letzenburg que se llevaría a cabo hoy en la noche, gustosa de la compañía del ex amish que ignoraba la presencia del fantasma patinador muy cerca suyo.

    ¿Qué es lo que ilumina un corazón vacío?
    Una brillante luz que no se detendrá hasta ser vista.
    Aún si caigo en la profunda oscuridad
    Nunca, jamás soltaré tu mano.
    Cuéntame la historia de tu vida, estamos a mitad de camino.
    Nunca me rendiré contigo.
    Los impulsos incontrolables, estos días en que encarno el amor
    cada vez que doy la vuelta siento un viento familiar, al escuchar tu voz.

    —¿Allen? —buscó llamar Adrien.

    Aunque el débil tome la ruta más peligrosa será mucho mejor que huir.
    Si no crees en ti mismo y no te tienes confianza, ¿quien más va a creer en ti?
    Sólo así alcanzarás la luz.
    Brillando a través de las nubes, caemos hacia la oscuridad.
    Nunca, jamás soltaré tu mano cuéntame que es lo que piensas, cuales son tus sueños
    Cuando creemos que perdimos el corazón enfrentando una vida sin significado, pero aún así...

    ¡No te rindas! ¡Sigue avanzando! ¡Dale la vuelta! No importa cuan lejos estemos, jamás se va a romper esta conexión.

    —...Esa letra... —Allen se dejó guiar por sus recuerdos.

    Podemos seguir viviendo unidos.
    Siempre corriendo a toda velocidad.
    Estás escalando hacia esa cima,
    estás buscando constantemente un lugar al cual pertenecer
    pero ese lugar siempre ha estado esperándote a ti.
    Nuestras vidas son caminos entrelazados, incluso si tomamos un atajo…

    Será mejor que huir. Si lo estropeamos, nuestros esfuerzos no serán en vano.

    —Es hermosa la canción, Clover. Admítelo, la cantaste pensando en mí, soy tu conexión especial.

    —Nope~

    —¡No engañas a nadie! ¡Siempre estuviste enamorada de mí!

    —Qué asco, Tohru. ¡Eres demasiado feo!

    —¡Pero como te atreves! ¡Ghhh! ¡Soy mejor que ese chico tiburón que tanto te gusta! En todo sentido.

    —Pero él es lindo, tú no.

    —¡Yo soy muy guapo interiormente!

    —¿Quién te engañó...?

    —¡Clover! Agh... —el varón paró su furia y suspiró —... extraño al peruanito. Comparado con él, yo no me veía tan enojón. A veces me pregunto... —El amish vio el techo, viendo las notas musicales que estaban colgadas ahí —. ¿Fue todo un sueño? La Caída... no... yo lo sé... veo mis cicatrices, mis quemaduras y sé que no lo fue. Y, sin embargo... aún parece tan irreal que hace tan poco estaba luchando por mi vida, pero hay pruebas. Hay hechos. Del peruanito ninguna, sólo mis recuerdos. Todos los días me despierto pensando en que si acaso estoy tan desesperado por compañía que tuve un amigo imaginario. ¿La soledad quizá...? Sé que estoy loco.

    —No lo creo... yo pienso lo mismo de mi narulisiada.

    —¿De verdad? ¡No estoy loco! ¡Lo sabía...! —se alegró pero paró un momento —. Yo... quisiera volver a verlo.

    —¿Para declararle tu amor que supera el tiempo y el espacio? Serás mayor de edad pronto y en nuestro tiempo él aún no viene a Durkheim: Asaltacunas.

    —¡Para con eso! ¡Estás entendiendo mal todo ahora...! ¿Qué tal si vemos la forma de viajar al futuro? ¡Eso sería asombroso! ¡Sólo tenemos que conseguir información en el Nexo! ¿Qué dices?

    —Buuu, eso suena aburrido.

    —Venga, Clover. ¡Eres la líder de los otakus ahora! ¡No te estires, tonta! —la sacudió un poco de los hombros —. ¿No quieres ver a la narulisiada, al peruanito y... y...?

    —Rengnar —Era raro que ella lo llamara por su nombre, se acercó y le dio suaves palmadas en la cabeza. Ahora entendía de donde venía el comportamiento paternal de Heller, tal vez en el fondo Clover no era muy diferente a él —. ¿Por qué buscas desesperadamente acceder al futuro? Vive tu presente, hay gente valiosa aquí también.

    —Clover...

    —Además... —se separó de él y lo miró con una sonrisa —. ¡Si viajamos vamos al pasado! ¡A montar dinosaurios así todo genial! ¿Te imaginas? ¡Siempre he querido volar en un velociraptor que llame viejos lesbianos a todos! ¡MENTALIZATE! ¡Wiii! ¡Lanzar bolas de fuego encima de un dinosaurio volador! ¡Quemar todos los bosques prehistoricos! ¡Decir que fuimos nosotros que los extinguimos y no un meteorito todo cutre! ¡JAJAJAJA! ¡Sangre de dinosaurios volando por doquier!

    —¡Soy una jodida salamandra alada! ¡Tonta! ¡Y también me has montado! ¿ES QUE ACASO OLVIDASTE ESO? ¡ME MONTASTE! ¡ME MONTASTE!

    Varios chicos atraídos por la música de Clover inmediatamente se fueron por el comentario de Rengnar y luego murmullaban cosas que a Allen se le dificultaría quitarse de la mente.

    —Oye Clover, ¿quieres que te lleve a casa? Tengo entendido que hoy debes ir con tu hermano al LetzenMusic.

    —Sipi, pero me lleva mi papi. Y ya sabes que no le gusta verme con vagos sin futuro como tú.

    —Dale mis saludos al viejo Xavier entonces...

    —¡Clarin! ¡Clarinete!

    —¡Y dile que es un hijo de las chorromil putas!

    —¡Vaaaaaaaleeee!

    Clover levantó una mano, metió su guitarra en la funda y se las puso a sus espaldas, despidiéndose de su mejor amigo que sonrió alegre y tan sólo salió con las manos en los bolsillos, buscando en estos las llaves de su motocicleta, suponía que iría solo a casa. Y salió al patio de la escuela, donde vio una figura que estaba discutiendo con un celular. Era un chico gordito, pero bastante adinerado que estaba vestido bastante elegante para haber venido a un día normal de la escuela.

    —¿C-cómo qué tarde? ¡Aghh...! ¡N-no! ¡No puede ser...! ¡Debo ir a recoger ese regalo en la joyería o estoy perdido Sebastían! ¡Dile al chófer que se apure!

    —¿Qué te pasa, gordis?

    —¡Aghhh! ¡Ni te atrevas a robarme! ¡T-Tengo un teaser! —retrocedió el gordito llamado Lancelot hacia el motero que subió una ceja, mientras el de complexión robusta sostenía el aparato.

    —No venía a robarte...

    —¿E-entonces?

    —Sólo pregunté qué te pasa...

    —Ah... pues... nada... ¡Y ese es el problema! —suspiró, bajando sus brazos increíblemente frustrado el adinerado varón —. Se supone que dentro de media hora debía recoger un collar de perlas de la joyería, pero mi chófer tuvo un retraso por el tráfico... ¡Mi señora Aracely se gradúa! Si no le doy algo... uh... no será correcto...

    —No estás obligado a regalarle nada a esa bruja.

    —¡No la llames así! ¡Será amoral, cruel, despiadada, inhumana y todo lo que quieras...! P-pero... ella... es genial... ¿Sabes cuánto nos ayudó con sus experimentos?

    —No le debes nada.

    —Es algo que quiero —se rascó la nuca algo entristecido —. ¿Sabes? Mi señora se va a graduar pero nadie vendrá a su ceremonia... su familia se desentendió y debe ser duro... ¿No? Que nadie te observa orgulloso cuando has cumplido una meta de vida. P-por eso... ¡Yo estaré ahí y le daré un regalo bastante caro! ¡Es mi labor como subordinado y... como... como...! ¡Amigo! ¡Sí! ¡Eso mismo.

    —Ya veo... —Rengnar avanzó y decidió mirar de reojo a Lancelot —. Entonces... ¿Nos vamos?

    —¡¿Eh?!

    —Te llevaré yo en mi motocicleta.

    —¡Ugh!

    —¿No estás desesperado?

    —¿Está asegurada tu chatarra?

    —¡No llames chatarra a Maximilien!

    —B-bueno estoy desesperado... —se subió a la motocicleta donde el varón ya se preparaba para partir —. ¿Me pasarías el casco?

    —¿Casco? Qué cosas tan graciosas dices.

    —¿Q-Qué? ¡E-Espera! —Muy tarde arrancó —. ¡Ahhhhh! ¡Esto es ilegal! ¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh! ¡¡¡BAJA LA VELOCIDAAAD!!!

    —¡No te escucho!

    —¡¿E-Esas no son patrullas?

    —Tsk... —chasqueó su lengua el motociclista —. Lo siento, gordis. Iremos a velocidad máxima.

    —¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!

    —¡N-no me aprietes tanto!

    —Vamos a morir, vamos a morir, vamos a morir, y eso me encanta.

    —¿Q-Qué dijiste?

    —Naaaaa.... ¡Un verde! ¡Cuidado con el grupo de niñas exploradora!

    —¡Todo bajo control!

    —¡No debí meterme en estooooo....!

    “Todos somos perdedores después de todo. Y dicen que uno para todos y todos para uno, ¿no?”

    —Perdón es que me distraje con algo de música —se disculpó Allen.

    —N-no pasa nada...

    ¡¡¡EN SERIO!!! ¡¿Cómo te atreves a estar así?!

    —¿Uh? —Adrien notó que una voz venía desde el fondo de los pasillos, parecía algo cabreado. Estaba vestido elegantemente de forma tan pulcra —. ¡Jihyun-onii-san!

    —Hoy es la ceremonia de graduación de los de quinto. Rose se irá. ¿Y tú vienes vestido como si fuera el día de las rebajas?

    —¿P-perdón?

    —Lo siento Jihyun pero Adrien y yo íbamos... —Allen se quedó en silencio al ver los ojos del oriental, uno era de vidrio y tragó saliva: No diría más, estaba demasiado aterrado.

    —Menos mal traje una corbata de emergencia, ven deja que te la pongo —suspiró el otro —. Listo. Y más vale que asistas o juro que te partiré la cara.

    —¡Justo a eso estaba...!

    —Sin excusas.

    Sin decir más Adrien se fue junto con Allen que seguía asustado y tragaba saliva, la presencia de coreano era imponente hubiese guerra o no. El oriental suspiró pesado, a veces era demandante poder guiar correctamente a Adrien especialmente cuando su cabeza más que en liderar aún pensaba en sus amigos y en divertirse, pero ahí estaba él para ser su ancla hacia la realidad dura y pesada que era ser líder del consejo. Anteriormente se hubiese peleado por ese puesto, pero las odiseas y caos vividos en la Caída le demostraron que su lugar jamás sería estar tras un escritorio sino en la vanguardia luchando. No era alguien con ideales que seguir e inspirar a otros, sino un ejecutador de planes y un militar hecho, y derecho. Estaba acostumbrado a eso y era algo que aprendió a amar.

    —¿De nuevo perdido en tus pensamientos?

    —Ah, eres tú —El desprecio hacia los gamers era algo que Jihyun jamás perdería —. Aún te observo, ni creas que pienso que un patán como Phantom Skater los va a tener tranquilos, seguro en el fondo de su corazón la venganza y el dolor los guiará a un motín... o quizá a dos. Y yo estaré ahí, para detenerlos, One.

    —Tengo nombre: Soy Andrés...

    —Hablas mucho para no tener tu máscara, mudito.

    —Bueno... creo que nos conocemos lo suficiente para hablar con el otro sin temor.

    —Quitarnos partes del cuerpo o extremidades no cuenta como amistad. Sólo aléjate de mí, yo no soy como tus amiguitos. Si quieres uno ve con los gamers o con Adrien. Tu manipulación no servirá conmigo.

    Ambos mantuvieron silencio, mientras sus espaldas estaban sostenidas por los casilleros, estaban con los brazos cruzados, mirando a los estudiantes pasar.

    —Tú te graduarías hoy. ¿Cierto? Pero tanto quisiste superar a la jefa que...

    —Me alegro no haberlo hecho. Así puedo guiar a ese papanatas de Adrien.

    —En el fondo siempre admiré tu capacidad de guiar a otros. Nunca como un líder ni como un amigo, sino como un general estricto. El mundo te debió golpear lo suficiente para eso.

    —Adular no sirve conmigo. Sé a que vengo y a donde iré. Mi destino no es hacer amistades ni tener una vida tranquila. No me permitiré jamás vivir en una paz artificial que debilita, hipnotiza y funge como anestesía para los débiles —se acomodó su bufanda —. La Caída fue solo una guerra civil y mientras la amenaza carmesí aún esté en este mundo. ¿Descansar? Tsk, ese no es mi estilo.

    —¿La brecha hará que regrese?

    —Una parte de él, no sabemos cuánto.

    —¿Deberíamos ignorarla?

    —No —completó —. Pero sí vivir con el terror y prepararnos. Este no es el fin, es un inicio. Aún no hemos dado todo de nosotros para obsequiar un mundo que realmente valga la pena proteger.

    —¿Alguna vez te veré sonreír sinceramente? —preguntó Andrés.

    —Lo he hecho muchas veces —contestó el coreano.

    —¿Alguna vez conmigo?

    —¿Si te digo que sí me creerías?

    —De entre todas las personas creo que eres en la que más confío. Nunca te interesó agradarme.

    —Sonreí de forma sincera y plena cuando... Te volé la jodida oreja.

    —No sé cómo sentirme.

    —¿Aterrado o asqueado?

    —Ná, feliz o... ¿intrigado?

    —¿Qué te causa intriga? ¿Qué alguien te quiera volar no sólo la oreja? Diablos, quizá te debería presentar a mis amigos de la Frank, así puedo satisfacer tu intriga.

    —¿Es una cita?

    —Con la muerte quizá.

    Una figura caminó estaba vestida elegantemente, pero más que feliz parecía molesta de estar vestida como una princesa, pero pues su padre quería verla así alguna vez.

    —¡Roseeeeeeeeeeeeeeeeee~!

    —¿Jihyun?

    —¡Te ves hermosa... yo...!

    —Déjame decirlo a mi, asian. TÚ. YO. BAILAR. No me digas que no. ¿Tienes huevos?

    —¿Para ti? ¡Siempre!

    —¡Ja! ¡Veamos si sigues mi ritmo!

    —Me gustan los retos.

    Andrés suspiró.

    —Rose tienes mucha suerte.

    —¡Y tú oye! ¡Ven a bailar con nosotros!

    —¿Eh yo?

    —¡Claro! ¡Sino que fiesta de graduación es si no bailamos todos!

    “Porque al final... ¿Los bandos qué son? Solamente fragmentos de nosotros mismos. Al culminar el día somos uno.

    Solo uno, porque una cosa rota solo será una única cosa pero partida en dos”

    —Sé más cuidadoso, Alexandr. —dijo suspirando Sapphire, vendando el hombro de un varón vestido de negro, sin borrar su sonrisa repleta de frenillos, mientras un peluche de aterradores facciones estaba en la repisa.

    —Fue un error táctico. Pero te haré caso... —el varón rozó su nariz con la de la otra —. Me pregunto que pensaría mi luz de esta paz. ¿Le gustaría? A veces me culpo por ser el que...

    —No es tu culpa y sobre los otro... Quién sabe. Es una paz misteriosa, ¿sabes? Incluso yo siento que en cualquier momento nos será arrebatada.

    —Supongo que tendremos que luchar para conservarla.

    —Mr. Gutted y yo lo haremos con todas nuestras fuerzas. Un mundo sin fenómenos sería muy aburrido.

    “Incluso si estamos alejados, la conexión que a todos nos une: El lazo de la guerra, de las disputas y el dolor nos mantendrá siempre unidos. Nos amamos como guerreros, nos amamos como enemigos, nos amamos como aliados, y ahora por fin nos amaremos como amigos”

    —¿Pavel? Pensé que hoy te graduabas —Una mujer que iba acompañada con otra estaba sentada mientras el sonido de hombres y mujeres que iban y venían vestidos de blanco en el hospital lograban que mantener la charla fuera complicada —. Me alegro que incluso con eso estés aquí.


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    —La ceremonia tardará un poco en empezar, antes de eso quería pasar a dejar flores a Engel, espero que se recupere pronto —dijo el ruso con voz seria, dando las flores a una de las mujeres que asintió.

    —Qué galán, sin duda Engel tiene la suerte de tener un gran amigo como tú. En serio, sé que nuestro Engel puede ser algo cabezadura y terco, pero es un gran muchacho, cada amigo que tenga vale como el oro mismo.

    —Para nada, la amistad de Engel es más valiosa para mí que el oro mismo. Y sí, es terco, pero es bueno que aún en este mundo haya gente que luche por sus ideales y no se rindan.

    —Eres encantador, ¿qué harás luego de esto?

    —Voy a estudiar medicina.

    —¿Oh? ¿Engel te picó el bicho?

    —Realmente... no sólo él.

    —Entonces te volverás el superior de Engel incluso en eso.

    —Muchos de mis amigos tuvieron enfermedades graves: cardíacas, inmunitarias, deformidades plásticas y el amor de mi vida... una enfermedad neurológica e incluso yo mismo, sólo es cuestión de verme. No soy muy listo, pero quiero creer que todo lo que me rodeó me ayudó a comprender que camino tomar en mi vida. Las personas normales y yo quizá no terminamos de cuajar —sonrió —. Sé cuál es mi lugar y quiero estar ahí. Al final del día.

    El chico habló con las mujeres hasta que llegó la hora en que debía partir a la escuela, seguro su familia de Rusia habrían venido a Letzenburg para verlo y a más de uno le caería la noticia de sus estudios como una gran sorpresa, pero era una decisión que él había tomado y él sabía ser tan innamovible como una roca. Se despidió de las madres de su amigo y se retiró, dejando a las mujeres con las flores.

    —Qué flores tan bonitas.

    —Son crisántemos. ¿Sabes que significan “flor de oro”?

    —Vaya, no lo sabía.

    —Además son blancas, significan sinceridad y verdad. Es un chico bastante sincero.

    —Me alegro que Engel tenga amigos tan buenos y...

    ¡¡¡Blondy!!!

    —¿Gustav?

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    —¿C-Cómo está mi Blondy? Dios... Ilse me llamó, díganme por favor que está bien... ¡¡¡Blondy!!! ¡¡¡Maldito vuelo!!! ¡Tuve que vender mi automóvil para comprar el boleto y el vuelo se retrasó!

    —Prefiero dar los detalles cuando venga Ilse —dijo la madre de cabellos oscuros del rubio.

    —Aquí me tienen. ¿Y en este hospital? Si quieren puedo pedir transporte a uno privado —dijo la mujer que apareció con anteojos negros y se los quitó.

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    —Dicen que es muy peligroso transportarlo. En todo caso nos dijeron de esperar.

    —Maldición... mi Blondy.. mi Blondy —El varón golpeó la pared con dos manos —. S-si pierdo a mi pequeño sin decirle lo mucho que lo quiero... yo... yo...

    —Tranquilo, Gustav. No pierdas tu temple en público —corrigió Ilse.

    Hasta que un doctor vino algo apesadumbrado luego de ver algunos papeles y observó a la familia que lo esperó preocupada y sentada de forma taciturna con tristeza naciente pero serena, claro, todos menos Gustav que literalmente sostuvo al doctor de sus prendas logrando que éste se sobresaltara.

    —Me temo que la cepa de tuberculosis de su hijo es demasiado resistente, no ayuda mucho que su cuerpo esté inmunodeprimido a causa del cero positivo. La probabilidades son pocas y más porque tiene un pulmón totalmente dañado y el otro no está mejor. Y nuestros antibióticos no parecen hacer ningún efecto.

    —¿No hay nada que se pueda hacer? —dijo Ilse, apretando sus puños, mientras Gustav ya estaba al borde del llanto. Las madres del rubio estaban en la misma situación, la de cabellos claros al borde del llanto y la otra consolándola.

    —Hubo un caso en un hospital de Gran Canaria donde un trasplante de pulmón ayudó a un paciente con tuberculosis resistente. Pero hallar un donante...

    —¡Aquí estoy! ¡Por favor! ¡No dejen morir a mi hijo! —se señaló Gustav, haciendo que el doctor suspirara.

    —No es un hecho que funcionará y ante todo debemos estabilizar a su hijo, será un proceso lento que nos tomará muchos meses o incluso un año y sin ninguna seguridad.

    —Doctor... ¿Usted es padre?

    —Sí...

    —¿Haría lo mismo?

    —Sin dudarlo.

    —Entonces no hay nada que discutir —dijo Gustav de forma seria.

    Las enfermeras miraron a todos los presentes y sonrieron.

    —Ese muchacho sin duda está rodeado de amor —

    “Porque el amor es algo que realmente vale proteger. Pero sin duda lo más valioso, es el amor hacia uno mismo”

    —¿Barbara? —preguntó Adrien.

    —Me dijo que estaría aquí.

    —Qué raro... ¿Qué hacemos?

    —Debemos ir a la ceremonia con ella o sin ella. ¿No escuchaste la amenaza del coreano? ¡No quiero morir joven!

    —T-tienes razón...

    —Además... ¿Tú quieres ir, no?

    —¿Eh?

    —Por el señor Lionel... será... la última vez que lo veamos.

    —S-sí... yo...

    —¿Lo extrañarás?

    —Sí, pero... me siento en culpa luego de ya sabes... todo.

    “—Cometes un gran error.
    —¡No podemos pelear para siempre! Algo de paz...
    —Adrien, eventualmente tu sistema evolucionará tanto que regresarás al de Surt.
    —Yo...
    —Basar un liderazgo sobre amistad te da una base muy frágil.
    —P-pero...
    —Proteger una academia es más que sonrisas.
    —Lo haré así.
    —¿Qué?
    —He dicho que lo haré así, te guste o no, Lionel-sama.
    —Ya veo...
    —¿Perdón?
    —Un líder del consejo debe independizarse de su anterior líder. Si esa es tu decisión la acepto.
    —Lionel-sama...
    —Siempre que estés dispuesto a cargar con las desgracias con responsabilidad y honor.
    —No creo que...
    —Puedes hacer lo que quieras, pero recuerda responsabilizarte siempre de tus actos”

    “Esa fue la última vez que hablé con él. Era extraño pero luego de eso Lionel-sama comenzó a ser más distante, nunca volvió a ser el mismo. Quizá me odiaba, o tal vez no, pero era como si su mente se hubiese ido de este plano. Se dedicó a escribir, a fumar y de vez en cuando a visitar un parque de diversiones de noche.

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    Se veía descuidado, agotado y varias veces terminó en la enfermería. Nadie sabía qué le pasaba y yo no tenía el suficiente valor para acercarme a él. Y hasta la fecha sigo sin comprender esas grandes responsabilidades, puesto que la paz de ahora sólo auguraba que todo iría bien de ahora en adelante, ¿cierto?”

    … ​


    La ceremonia se había plantado en el patio de la escuela, el cual estaba lleno de personas, cámaras y representantes absolutos del Proyecto Monarca. Ver el rostro de cada pariente, maestro y personal escolástico le causaba una sensación de unión y felicidad al rubio que iba acompañado de su ahora fiel Zero. El albino seguía buscando rastros de Barbara por el paraje, pero nada parecía indicar la ubicación de la chica hasta que la ceremonia empezó como tal. Políticos habían asistido además de las figuras de los padres que estaban sentados como figuras de por sí influyentes. Los muchachos en toga yacían en primera fila siendo llamados uno a uno por el alcalde.

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    —La reunión de hoy es para condecorar la increíble labor de los estudiantes de esta academia quienes lograron cursar su ciclo académico. Centro se enorgullece en tener jóvenes de este calibre que demostraron en estos cinco años su valor, astucia y trabajo duro. Cualidades que todo ciudadano debe tener, auguramos que a futuro estos jóvenes hagan brillar nuestra ciudad, siendo ciudadanos nobles y justos que contribuyan con el glorioso círculo social. Agregando que, es de aclarar que estoy orgulloso de cada uno de ellos, y me siento orgulloso de llamarlos: Hijos, rogando que no sólo hallen su lugar en esta sociedad sino que, en respeto de ésta, encuentren su propia felicidad.

    —No obstante, debido a la desaparición de estudiantes que se tuvo en el invierno, daremos un minuto de silencio—Un silencio pesado llenó el ambiente hasta que el varón dijo unas cuantas palabras más como era su labor, pues era el alcalde de Centro: J. Tadeo D'Saint —. Sin más que decir, el primer graduado: Pavel Kozlov.

    El pequeño gran gigante caminó. La toga le quedaba algo larga pero parecía no molestarle, su familia lo veía. La mujer campesina de huesos anchos quien era la madre del jovencito no pudo evitar llorar, siendo su esposo, un humilde granjero quien la consoló, los hermanos del pequeño parecían sonrientes y orgullosos. ¿Quién diría que el pequeño de la familia lograría tanto?

    —Buen trabajo —dijo el alcalde, dándole el diploma a Pavel que lo sostuvo y mientras él tomaba su diploma, el alcalde le quitaba el brazalete y asentía con el mentón. Mientras el brazalete tomó la forma de un pájaro y se posó en un árbol cercano mientras pájaros reales salieron volando.

    —Gracias... —agradeció, mientras su mente recordaba todos los momentos en las incursiones y las aventuras áureas que vivió. Suspiró y miró sus manos, y la pequeña cinta de oro que rodeaba su diploma y entrada hacia el mundo de la adultez —. “Midas...te extrañaré... prométeme que te vas a embriagar mucho en tu reino y en el Nexo. Porque yo lo haré saliendo de aquí. Gracias por protegerme todo este tiempo y ayudarme a proteger a la gente que amé. Tu amistad, tu esfuerzo y tu fuerza, valieron más que todo el oro del mundo. Sé que tuvimos muchas pérdidas, pero seguiré adelante por ti, mi buen amigo. A pesar de ser un rey maldito, me diste muchas bendiciones. Hasta siempre.”

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    —Continuando... Rose O'Bradley —Jihyun la observó encantando, al igual que la familia de la morena, como sus amigos, chicos de pieles oscuras y con vestimentas raperas que comenzaron a decir “uhhh” “oh yeah” y a vitorear al ver que la queen se había graduado. La chica sólo recibió el diploma, mirando al alcalde con una sonrisa.

    —Thanx, oldie —agradeció, el serio alcalde subió una ceja pero no dijo más nada mientras le quitaba el brazalete a la muchacha y el brazalete voló en la dirección del otro, ocupando el lado izquierdo de la rama—. “Mis chicos más les vale hacer fiestas locas en el Nexo o no se los perdonaré. Pateamos muchos traseros, bros, pero es hora de jubilarse. ¿O no? Ja, yo sé. Me dirán “Never” grupo de golosos, seguro se la pasarán bien en mi cabeza y en el Nexo, hagan reír a todos y hacerlos sentir en casa como buenos bros. Porque eso fueron para mí, mis bff. Hasta siempre, Prodigious, Ambitious y como olvidarte: Virtous. Los amo” —La chica levantó su diploma y varias personas aplaudieron, menos sus amigos de piel oscura que más bien gritaron y comenzaron a hacer señas con sus manos y rapear.

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    “La reina pisa los talones, baila al ritmo de las canciones. Todos gritan: ¡Queen! ¡Queen! ¡Uhuhu! La reina se ríe de la tempestad y canta al ritmo de un buen rap ♪♫♬”

    Incluso coreano se atrevió a canturrear esa melodía junto a los muchachos afroamericanos que crearon un griterío que hizo que el estirado alcalde se acomodase los anteojos y hablara con uno de los guardias anti disturbios ante la posibilidad de acciones que pudieran entorpecer el ambiente formal que se estaba desmoronando.

    —Ante todo la seguridad ciudadana —se dijo hacia sí mismo, rogando que otro espectáculo de ese calibre que traería un bullicio enorme pudiera volver a invadirlos.

    Lamentablemente lo peor estaba por venir al pronunciar otro nombre.

    —Mario Poniatwoski —

    —¿Mario se graduó?

    —¡Se equivocaron!

    —¡Trucadoooo!

    —Más respeto para el graduado —rogó el alcalde mientras quitaba el brazalete—. Lo siento muchacho, se ve que tienes muchos enemigos.

    —“¿Enemigos? Son mi familia” —rió silente. D'Saint que comprendía el lenguaje de señas notó que casi todo el público presente... ¡Vitoreaba insultos amistosos al graduado! Y que era casi la mayoría de personas presentes. Qué sujetos más extraños pensó, pero en medio de esas ofensas que hacían sentir amado al de cabellos naranjas, se podían ver sonrisas y risas, una extraña forma de querer a alguien.

    —Yo es que no me creo esto... —dijo Ryrio, mientras su hermano mayor (el primer hijo) filmaba, mientras sus sobrinos gritaban “¡Tío Mario! ¡Tío Mario!”

    —Ni yo me lo creo —dijo el varón.

    —Ni yo me creo lo que veo... ¡Y estoy ciego! —comentó un abuelo sin dientes, riendo hasta que tuvo un ataque de tos.

    —¿En serio trajeron al abuelo del psiquiátrico de Bulgaría para ver esto? —subió una ceja el tiburón más amargado. Ryrio a veces no creía lo que hacían sus familiares.

    —¡Bieeen hecho, Muriaaaak!

    —¡Abuelo, es Marío!

    —¡Ahora podrás liberar a las ovejas del corral del malvado general Churchill!

    —Por dios...

    —¿Quieres decir unas palabras? —se sorprendió el alcalde —. No veo por qué no.

    —“Quiero ayudar a otros a cumplir sus sueños y guiarlos por el camino correcto de sus vidas” —Palabras que fueron traducidas por Lina, y todos vieron conmovidos al chico de cabellos naranjas —. “¿Se la creyeron? ¡Ná! ¡Viajo al Caribe! ¡Huelan su pobreza, mendigos perdedores!” —la familia del gitano gritaron.

    —¡Ese es mi chico!

    —¡Típico de ti, maldito zángano!

    —No lo conozco... —dijo Ryrio, buscando ocultarse en algún lugar.

    —Agh... Mario nunca va a cambiar —Jihyun ni se sorprendió, él era siempre así. Lo fue en la Frank, lo fue en Durkheim, pero con todo eso podía decir que era su amigo más genuino y verdadero, y lo notó cuando Mario le hizo el símbolo de la paz con los dedos. ¿Qué paz podría traer ese maldito embaucador? Vamos si lo más seguro es que usaría el dinero que le quitó a esa rubia ingenua, que bien o mal Jihyun aún recordaba especialmente cuando veía a alguien hacer algo estúpido, eran recuerdos gratos, aunque él jamás lo admitiría. Pero Kristina, y también Jesús fueron en cierto sentido su prueba máxima de que podía ser buen maestro cuando se lo proponía, pero por su salud mental, no volvería a hacerlo. Guió su mirada a un lado mientras veía al varón juguetear con su hija que veía su japa mala y lo tomaba con sus manitos.

    —“Es mi amada Ouroboros, papá la escuchaba mucho, ¿sabes? Podía viajar a mundos maravillosos, pero brutales. Si supieras cuántos negocios hizo papi con ella. Algún día papi te enseñará a hacer contratos, tal y como me enseñó Ouroboros a hacerlos y espero que en las infinitas posibilidades haya una donde no nos separemos”

    —Así que no te olvidaste de tu arma...

    —“¿Cómo podría?”

    —Está bien estar triste, Mario.

    —“¿Por qué debería?”

    —Tu amiga... inseparable... ¿Te acuerdas en la Frank cuando la invocaste?

    —“¿Cómo podría olvidarla? Por eso sé que jamás nos separaremos. Sí, en esta dimensión sí, pero en las infinitas posibilidades, en los interminables ciclos y en los millones de universos, pienso, no, estoy seguro, que estamos juntos”

    —Prosiguiendo: Armando Aaron Sevilla Linares.

    Mario volteó esperando a hallar a su amiga vestida con un despampanante vestido, demostrando porque en España la miss era un transexual y no alguna española nacida mujer, pero no halló nada de eso. La presencia que vino de forma opacada, silenciosa y triste era la de un muchacho que vestía militarmente, incluso se rapó su espesa cabellera castaña. El sujeto dedicó su mirada a algunas sillas, pero no había nadie, suspiró: Lo suponía, y él que se había vestido como le hubiese gustado a su padre, pero de todos modos fue un fracaso.

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    —Gracias —hizo un saludo militar y agarró su diploma, retirándose mientras pensaba —. “Al menos tu presencia era inolvidable, Sparagmos. Tú resaltabas por tu enorme ser, tu poderío y el hecho de que eras tan destructivo como apasionado. Sé que dejo en buenas manos todo, pero ahora eres libre de ser tú, criaturas perfecta, de entre todos los H-00, tú eras mi favorito. Y donde pisa un robot de muchos metros, que no venga a pisar un jefecito promedio. ¿Cierto? Mis estudios, mis descubrimientos, todos gracias a ti y veremos si estos desadaptados pueden hacer cosas grandes con ellos” —observó el diploma, esa cinta de oro, pensando en que había obtenido una meta en su vida, una que nadie vio, que a nadie le importó. Justo como ella.

    —¡S-Señorita Aracely! ¡¡¡Ahhh!!! ¡¡Llegué tarde!!!

    —¿Perdón?

    —¡¿Qué hace vestida así?! ¡No le queda nada! ¿Y su maquillaje?

    —¿Qué te importa, Lancie? Lárgate.

    —¡¡¡Nooo!!! Mire lo que le traje —Una caja envuelta con un lazo llegó al rostro de Aracely que lo vio, notando un enorme collar de perlas rosadas. Femeninas, pequeñas, pero increíblemente costosas. Aracely pestañeó varias veces para enfocar a Lancelot que estaba sonriendo nervioso y suspiró

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    —Pónmelo.

    —¡A-A-A sus ó-ordenes! —Mientras Lancelot ponía el collar a la miltiar, ésta intentó contener una sonrisa —. Y-ya está...

    —¿Por qué? Ya no eres mi subordinado.

    —¡Pero eres mi amiga!

    —Ya veo... Los amigos podemos decirnos todo, ¿cierto? Porque te debo confesar algo.

    —¡C-claro! ¡Soy todo oídos!

    —Yo... yo... —lo tomó del cuello de su camisa y lo acercó con toda su fuerza de militar —. ¡¡¡QUERÍA DIAMANTES, SUBNORMAL!!!

    —¡S-señorita Aracely! ¡¡¡Es la mejor!!! —Insultado como nunca, Lancelot se sentía en la gloria mientras que lejano, y mirando esa escena, Rengnar no sabía si sentirse asqueado o intrigado por aquel comportamiento tan bizarro.

    La ceremonia continuó mientras los nombres de todos los estudiantes parecían salir de la boca de ese varón. El alcalde D'Saint era un hombre misterioso, catalogado perfeccionista por unos y por otros solo un hombre en exceso severo al punto de parecer robótico.

    Y así, el alcalde de Centro daba los diplomas, dedicando palabras de ánimo, estimaciones sociales y de claras connotaciones políticas, que pasaban desapercibidas por todos menor por alguien: Lionel, quien observaba todos con sus orbes, analizando cada cosa, cada evento, cada palabra, cada expresión facial. Era increíble pensar que ese hombre, el hermano del creador del proyecto monarca: Era su tío. Sangre de él pasaba por sus venas, pero cuando sus miradas se entrecruzaban eran viles desconocidos. ¿Ese bastardo de Bartolomé habló alguna vez de él? ¿De qué existe? ¿De que es su hijo ilegítimo? Ante la confusión del alcalde Lionel negó para sí mismo, ja, como si eso fuese posible. Al final, al entrecruzar los pasillos que lo llevaban a su propia sangre, se daba cuenta que ésta no valía nada, ya que todo lo que observaban eran rostros desconocidos. Él nunca existió en el mundo de su padrastro, cuanto menos en el de su padre biológico. Miró a un lado viendo a su hermanito que le sostenía la mano y lo observaba, mientras su tío aun buscaba calibrar una vieja cámara que compró en ofertas.


    —Y ahora, el último graduado. Representando con maestría la labor de líder del consejo y embajador del Proyecto Monarca, galardonado por su trabajo y admirado entre las jóvenes promesas de Letzenburg: Lionel Lyonesse. Quién culminará este evento con sus palabras, en representación a todos los jóvenes que ahora abren sus alas como mariposas y se vuelven adultos. Por eso, de adulto a adulto, da lo mejor de ti en tu discurso.

    —Sí... —Lionel ascendió a la tarima mientras sostenía un papel. El ambiente, los aromas, la paz, las miradas de todos encima de él. Todo, absolutamente todo se sentía artificial, pero entoldado en ese mundo plástico forjado de mentiras y teñido en gris, donde nadie tenía rostro: Sonrió. Nunca en su vida había sonreído de forma tal falsa como ahora, pero las reacciones en los rostros ajenos eran de admiración, de genuina felicidad. A la gente le encantaban las mentiras teñidas de verdad —. Me llamo Lionel Lyonesse, como todo joven repleto de sueños muchas veces me cuestioné si mi trabajo era digno de mención. ¿Realmente vale la pena esforzarse por cambiar el mundo, vale la pena derramar lágrimas para hacer brotar los capullos del futuro y, sobre todo, vale la pena sacrificar la propia juventud? Muchas preguntas, pero ahora, en este momento: Yo creo que todo vale la pena. Las personas a mi alrededor, las que están, las que no, las que vendrán, las que se irán, todas ellas ocupan un lugar especial en nuestra sociedad. Nuestro mundo se compone de muchos seres humanos, sí, visto así cada uno de nosotros se puede percibir insignificante.

    Sus amigos lo observaron, sonriendo, inspirados por las palabras del león negro... no, Lionel Lyonesse.

    —¿Pero cuántas de esas personas son realmente felices? Somos muchos seres humanos, pero pocos no estamos en disputas o guerras. Por eso, esforzarse no sólo por crear un mundo productivo es esencial, sino también crear un mundo que esté repleto de felicidad. Por los niños, por los bebés, por nuestros hermanos menores, por nuestros hijos en estos momentos y por los que vendrán. Quiero creer que todos podemos hacer de este mundo un lugar pleno y lleno de armonía. Para todos.

    Alguien vino, su ruido era ligero pero logró acomodarse en la última fila. Su cabellera albina y su rostro de pocos amigos, parecían ser ignorados, en sus manos tenía una foto encuadrada que puso en un asiento vacío, era de su hija: Lucifina. No dijo nada, ni nadie le preguntó, pero los ojos rojos de ese varón eran los de alguien que había llorado demasiado, y ya no tenía más lágrimas, el dolor se había fundido tan profundo dentro de él que ya se habían vuelto uno. Lionel lo notó, y esos ojos azules tan similares a los de alguien por un momento le hicieron tener un escalofrío, pero era un adulto y era capaz de mirarlo ahora, sin un deje de temor.

    —Los seres humanos somos seres sociales, damos siempre parte de nosotros para que el otro viva. Es nuestra naturaleza, porque los otros son parte de nosotros. Sin distinción de raza, nacionalidad, ideologías, todos somos iguales en este mundo, y somos indistintos. Así como protegemos nuestros propios corazones, ¿por qué no proteger el de los otros? Puesto que todos somos parte de una gran colectividad, hermosa, fructífera y gloriosa. Somos seres humanos, ¿no? Creación divina, bendecidos con raciocinio y el don maravilloso de la empatía.

    —... —Incluso el alcalde se quedó en silencio, esas palabras hicieron que tuviera un revoltijo en su pecho.

    —La vida es valiosa por eso debemos protegerla a toda costa, y me siento honrado de vivir en una sociedad que la protege con tanto amor. Donde el bien ajeno es el propio, y viceversa. Letzenburg tierra prodigiosa donde todos podemos ser nosotros mismo y donde la justicia puede existir tal y como Dios.

    Dos varones caminaron de paso, pero eran lo suficientemente veloces e importantes para que algunos videocámaras los enfocaran, pero ellos estaban dispuestos a tomar su limusina y retirarse. No importaba donde estuvieran o cómo se vieran, Lionel siempre reconocería a uno de esos sujetos que se hallaba cubierto por un sombrero, pero jamás podría ocultar sus múltiples vendas ni sus brazos amputados: Era su padre biológico, que se quedó unos segundos, observándolo.

    —¿Bartolomé ese no es tu muchacho?

    —Tengo un hijo y no es él, Felipe. Andando.

    Las miradas se juntaron pero él las desvió, como alguien que le daba la espalda a un cachorro sarnoso que le causaba asco.

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    —Sí, dios —Lionel miró al cielo —. Laaaaaaaaaaaaaaaaaaástima que yo sea ateo —Eso causó conmoción —. ¿En serio? ¿Llaman a esto justicia? Esta sociedad nos consume, matan a nuestros hijos, violan nuestra integridad, liberan a los asesinos de nuestras madres, a los violadores de los infantes, esta jodida sociedad que te quita todo y luego quiere que sonrías contento. ¿Saben algo? Esta sociedad es falsa, es un espejo de mentiras que refleja algo que no es real. Cada uno de nosotros somos combustible para un sistema donde peces como ese bastardo —Ante esa señalación Bartolomé se quedó quieto y levantó una ceja —. Se benefician. Para un futuro... ¡Para un futuro que quizá ni veamos! ¿Y nos dan esto? ¿Un maldito papel que nos dice de trabajar e ignorar todo lo vivido? Hermosa sociedad hecha de olvido, de muertos, de mentiras irrompibles. Esto es la naturaleza humana... ¡Una vil mentira donde no somos mejores que animales!

    —Párenlo. Ese muchacho no está bien mentalmente—ordenó el alcalde, algo sorprendido.

    —¡Por eso! La justicia de esta ciudad no sirve... ¡Por eso mataré a cada persona cruel que abuse de los más débiles! ¡Tal como hice con mi padrastro! ¡Con el asesino de mi madre! ¡Y con todos esos bastardos que osaron destruir la vida de otros! ¡Herramientas! ¡Siempre nos consideraron así! ¡Cada uno de ustedes! ¡Nosotros! ¡Tú! ¡Yo! ¡¡¡¡TODOS ESTAMOS MALDITOS!!!!

    —Aún tiene el brazalete —Bartolomé subió una ceja —. Aplica el protocolo normal antes de que Jude pierda su temple.

    —¡¿La descarga letal?! Él es de Durkheim, no de la Frank, tendríamos que...—preguntó Felipe.

    —No es necesario, bastará paralizarlo, la justicia se encargará.

    —De acuerdo, Bartolomé.

    —Hazlo rápido —ahora fue el turno de Bartolomé que se retiró luego de dar esa orden. Los policías tomaron de los brazos a ese jovencito que se movía como loco hasta que notó a un hombre que lo señaló con un láser que fue hasta su brazalete y éste emitió un rayo que lo hizo caer inconsciente y arrodillado frente a los policías lo sostenían, todo eso mientras Archer sacaba a su sobrino, intentando tapar sus oídos. Las personas presentes se quedaron en silencio, mientras los graduados algunos parecían confundidos y otros entender a qué se refería, pero... ¿Qué se podía hacer en ese punto? Solo avanzar y aprovechar la vida que ahora tenían. El alcalde lanzó algunos comentarios, aprovechando ese momento para declarar el poder de las enfermedades psiquiátricas y porque era tan importante tratarlas y erradicarlas, pues los enfermos rodeaban cada zona del país, mostrando sonrisas, pero silenciosas como ellas solas, las psicopatologías podían aparecer en cualquier momento.

    “Ese día arrestaron a Lionel-sama, no pudimos hacer nada cuando lo llevaron en la patrulla. Allen y yo solo nos quedamos pasmados sin hacer nada. Lionel-sama no nos dedicó ninguna mirada, la única cosa que enfocaron sus ojos fue a un hombre de cabello blanco que le sonrió de oreja a oreja y lo llamó “Imbécil”. Las noticias lo culparon de la desaparición que hubo, atribuyéndole todos los difuntos de la caída, la muerte de su padrastro, la del asesino y de otros criminales. Fue noticia por un largo tiempo, hasta que eventualmente todo en esta ciudad es consumida por el olvido”

    Noticias Letzenburg:

    “Joven de Durkheim es acusado de múltiples asesinatos, se dice que tenía graves enfermedades mentales”

    —Aquí Eileen Kellton, estamos ante el adolescente serial killer. ¿Qué puedes decir?

    —No hay tiempo para entrevistas, largo —dijo uno de los policías.

    —¡Es para la exclusiva!

    —Fuera.

    Un joven cambió de canal.

    —Lionel-sama... —suspiró Adrien, buscando ver algo mejor.

    “En Tu Puerta: Joven asesino”

    —Doctor Perk, ¿qué piensa al respecto?

    —Yo creo que el Proyecto Monarca debería invertir más dinero para tratar a estos jóvenes. Sin duda las psicopatologías nos quitaron a otro muchacho valioso para la sociedad. Pero creo que todos inicia en casa, quién sabe qué crianza pudo tener este muchacho.

    —Sin duda...

    —Yo recomiendo por eso leer a los padres mi libro de educación infantil: “Criando genios” Siempre es bueno evitar casos deplorables como este.

    —¿Padre Pio?

    —El problema es que los jóvenes se han alejado de dios, él declaró ser ateo, le faltó fe en su vida. Algo esencial en la existencia de cada uno de nosotros.

    —¿Señora Jimena?

    —¿Asesino serial y sigue vivo? ¡Pena de muerte ya! ¡Todos los jóvenes desaparecidos por ese psicópata! ¡Gobierno hazte cargo y elimina a esa escoria!



    —Ugh... —Adrien quizá no tuvo otra opción que resignarse.

    Hasta que incluso eso fue cubierto bajo la tela sutil pero frágil del olvido.

    —Joven asesino, se presume un largo proceso. En otras noticias: Niña es salvada por Abogadín.

    —¡Abogadín es lo máximo! ¡Estuve a punto de ser atropellada pero tomó mi brazo y me arrojó a otro lado!

    —Y en farándula, ¡entrevista con la presunta ex novia del alcalde D'Saint!

    “Las personas tienden a olvidar todo. Yo mejor que nadie lo sabía, por largo tiempo me culpé de mi propia habilidad, pero creo que los seres humanos necesitamos olvidar para avanzar, es un mecanismo de defensa que permite que no nos hundamos. Independientemente de todo, yo no quería eso. No quería olvidar más. Sobre Barbara no dimos con su paradero, más Allen verificando archivos intuyó que no había culminado su última misión en el Nexo, pronto iríamos, sin embargo, luego de lo de Lionel-sama me preguntaba... ¿Por qué? Era un porque que abarcaba muchas cosas y llenaba mi mente de pensamientos complicados que intenté quitarme tantas veces. Sea como sea, aún me pregunto si Lionel-sama... estará bien”

    Fotografías, abogados, voces de múltiples personas que le hablaban. Y su nombre en la boca de todos, Lionel se esperaba eso y más. Negó toda la ayuda legal gratuita, no quería saber nada de la escuela, de la ciudad, del país o siquiera del mundo, solo quería estar en paz. Una que no se reveló sencilla, pues en prisión muchos de sus enemigos de la Frank lo esperaron hambrientos de odio y vieron una oportunidad perfecta para golpearlo hasta que perdiese el conocimiento. Aun así, Lionel se sentía ligero, tan fútil como una libélula, indiferente, negligente con él mismo. Alejado de la realidad que le rodeaba. Comer, dormir, o siquiera hablar comenzaron a ser necesidades que no se definían ya esenciales para él.

    Aún recordó la última charla con su padre biológico que fue la única vez que le dirigió palabra:

    —¿No es curioso? Lo que puede hacer el dinero usado correctamente.

    —...

    —Quinientos euros. Sí, quinientos euros. Era una gran cantidad de dinero. Lo necesario para pagar un aborto legal y rápido. Y lo suficiente para poder irse de viaje o pagar el alquiler por tres meses. Quinientos euros que pudieron ser usados y beneficiar a Isolda de mejor forma.

    —...

    —Fue el dinero que le di. Y los invirtió mal, en pañales, en comida y en cosas para un bebé que nadie realmente quería.

    —...

    —Cien mil euros. Sí, ese es el precio que ahorá deberá pagar el estado por un convicto. En su tratamiento psiquiátrico, alimentación, salud, abogados sin contar tu deuda académica. Quinientos euros pudieron haber ahorrado despilfarrar dinero del estado, pero la decisión de una mujer egoísta te tiene aquí.

    —...

    —¿Alguna vez te has puesto a pensar en eso? Quinientos euros nos hubiera ahorrado un adulto inútil, desadaptado, fracasado y criminal como tú.

    —¿Me odias...?

    —No —tajó —. Me cuestas. Le cuestas al estado, a la sociedad, a las personas que trabajan honradamente. Eres un desperdicio de ser humano.

    No importaba quienes lo visitaran, fuese su padre, un religioso o un psiquiatra. Justo como él.

    —Los adultos podemos tener dificultad en iniciar una conversación con otro. Los niños tienden a superarnos en ese aspecto, pues son capaces de romper el hielo sea quien sea el niño a su alrededor.

    —Yo no fui así de niño. Generalizar es un error típico de psiquiatras.

    —Ya veo. Ganas de discutir posees, mas no ganas de conversar.

    —Soy un tipo difícil.

    —Siempre has sido así, Lyonesse.

    —Tantos pacientes y no olvidas mi apellido, viejo Barini.

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    —La senilidad habrá podido invadir gran parte de mis órganos, pero no mi cerebro lo suficiente para olvidar a mis antiguos pacientes.

    —Creí que todos los miembros del Proyecto Monarca nos veían como viles máquinas. Puedes quitarte tu máscara, actúes como actúes no dejarás de ser un patán mentiroso para mí.

    —Las máscaras son inútiles para un hombre en medio de una metástasis.

    —...

    —Lyonesse, dime... ¿Por qué?

    —¿Qué?

    —¿Por qué no te amaste lo suficiente?

    —Eres médico, sólo mi salud debe importarte.

    —Me refiero a eso, no cuidaste tu salud.

    —Siempre tuve una correcta alimentación, hice ejercicio, ciertamente fumé y me drogué, pero lo dejé gran parte de mi vida. Me hacía exámenes mensuales, nunca falté al dentista, y era consciente de mis posibles enfermedades hereditarias. Cuidé mi salud.

    —¿No es irónico? Vivimos en un mundo donde los medios nos llenan de constante publicidad sobre cuidar nuestro corazón, nuestro peso, nuestros huesos, e incluso nuestros dientes. Pero jamás de cuidar lo más valioso de todo: Nuestra salud mental.

    —...

    —Muchos creen que los psicólogos y psiquiatras somos irritantes por recordarle eso a nuestros pacientes, pero... ¿Un oncólogo le gustaría ver a un paciente morir de cáncer por rehusarse a controlarlo o a tener terapia? Podemos aceptarlo, sin embargo, no es una decisión que apoyemos. La vida humana es demasiado valiosa, y lo que nos hace humanos no es sólo este cuerpo sino nuestra mente. Tu mente, tu corazón, tu alma, Lyonesse. Eso debiste curar todo este tiempo.

    —¿Por qué viniste? Eres el dios y mentor de muchos agentes del Proyecto, y aún así vienes aquí y te juntas con los presos como un simple mortal.

    —Yo también estuve en prisión. Uno no puede olvidar ciertos eventos de su vida tan fácilmente.

    —Pero tú saliste, yo no saldré nunca más.

    —Los motivos pueden ser muchos, pero el resultado es el mismo. Es muy posible que ninguno de los dos vea el atardecer de los próximos cinco años.

    —Para ser un psiquiatra eres depresivo...

    —Y... sin embargo... —habló —. Mirando tu muro, mi muro, nuestros muros de maravillas hallaremos en este camino borrascoso lleno de dificultades, sonrisas, personas, metas e ideales fugaces, seres que hicieron esta estadía en el mundo una experiencia gloriosa.

    —...

    —¿No es hermoso haber nacido para haber visto todo eso?

    —...

    —En fin, nos volveremos a ver.

    —¿En este mundo...?

    —O quizá en el otro.

    Y se fue.

    Al final del día todos tenían razón, por eso al irse, Lionel no dijo nada. Solo se quedó quieto y no emitió palabra alguna, incluso ahora que yacía sentado en su cama, y que ignoraba que el guardia lo estaba llamando.

    —Lyonesse tienes visita —Lionel subió su ceja ante las palabras del policía. No esperaba visitas de nadie más que de su tío que debería estar trabajando ahora. Sin más, sólo accedió y fue llevado al locutorio.


    Sí, el locutorio, una cabina espesa, en el que por un lado estaba él siendo bloqueado por una espesa pared de cristal, y del otro lado su visitante quien no podía ver bien debido a los moretones de sus ojos. Cada parte de la cabina tenía un telefonillo que él sostuvo.

    —Lionel...

    —¿Lucien...?

    —...

    —...

    El silencio los gobernó, pero el tiempo en aquella cabina era limitado. Por lo que Lionel dijo lo único que podía salir de su boca, sin embargo Lucien habló casi al mismo tiempo.

    —Fui a tu graduación... mi conejita hubiese ido... supongo que tenía razón: Tú siempre sabes como alegrar los eventos —quiso reír pero salió muy fingida —. Verte a ti, fue como verme a mí mismo de joven, hace muchos años.

    —Lo siento... lo siento... lo siento mucho...

    —Lionel...

    —Por mi culpa... Lucy... Lucy... no está... todo es mi culpa, mis estúpidos ideales, mis estúpidos deseos me quitaron a la única persona que amé realmente, y te quité a tu tesoro más preciado —el varón no pudo contener más sus lágrimas, y lloró como un niño pequeño tratando de contener esos riachuelos salinos que salían sin control de sus cuencas.

    —Eres un imbécil —tajó Lucien, intentando contener las lágrimas —. Un grandísimo imbécil. Nunca valiste nada... absolutamente nada...

    —L-lo sé... lo sé...

    —¡No haces más que causarme problemas! ¡Hiciste que mi hija dejara su cúpula de felicidad que creé con tanto amor! ¡Hiciste que conociera este mundo repugnante! ¡Por si fuera poco hiciste su vida miserable! ¡Eres de lo peor! ¡Sin duda de lo peor!

    —Lo siento... lo siento... —balbuceó Lionel, siendo asediado por las incontrolables lágrimas.

    —Te odio Lionel, te odio tanto... ¡Y ahora por ti ella nunca regresará! Mi conejita... mi dulce conejita...

    —Lucy...

    Ambos no pudieron contener sus lágrimas.

    —Pero... —Lucien miró al reo que tenía los ojos rojos —. Gracias...

    —¿Q-Qué...?

    —La hiciste feliz, hasta el final. Le diste algo que yo jamás pude: En este mundo asqueroso, repugnante, mentiroso y falso le diste amor sin alejarla de lo bruto, lo feo, lo triste. Le mostraste que incluso la realidad puede ser hermosa.

    —Por mi culpa... ella...

    —Yo la eduqué para ser así. Su forma de pensar, su forma de actuar, eso es mío, Lionel. No tienes la culpa de nada, ella siempre fue así. Es mi hija y lo que más deseaba era ser libre... y tú le diste eso. Algo que yo le privé.

    —L-Lucien...

    —Siempre te odié porque creí que me la robarías. Que la perdería por tu culpa.

    —L-La perdiste...

    —Me duele darme cuenta tan tarde que nunca perdí a mi hija contigo, sino que gané otro hijo.

    —L-Lucien...

    —Feliz cumpleaños número diecinueve, Lionel. Perdóname.

    —¿...Qué?

    —Si hubiera visto a Rex, si no me hubiese alejado de él, quizá... sólo quizá... te hubiese podido conocer antes.

    —Era un niño tonto...

    —Eras un niño, y todos los niños merecen amor. Las condiciones por la que vienen al mundo no importan. Pues una vez que sus ojitos se abren, dan su primer llanto y existen, son hermosos y valiosos, cada uno de ellos. Incluso tú.

    —Ya no soy un niño... ahora soy esto...

    —Un niño encerrado en el cuerpo de un adulto roto, Lionel. Justo... justo como yo.


    No pudo más y lloró frente al locutorio, poniendo su mano en la pared de cristal, Lucien hizo lo mismo, no podían rozar sus manos pero si verse, observando las lágrimas del otro. Tanto tiempo odiándose, pero amaron a la misma persona, tanto tiempo detestándose pero no notando que eran tan similares. Lionel había sido criado por un buen hombre que resultó ser un monstruo, por otro que lo era pero al ver a Lucien, quizá, Lucifina le había dado más que un profundo amor, le había dado el privilegio de tener un padre. Algo que él creyó lejano.

    —Lucifina... la extraño...

    —Yo también...

    —Mi Lucy...

    —Mi conejita...

    —Nuestra amada luz...

    Lloraron, no pudieron más, los sollozos invadieron la cabina por varios minutos.

    —Te sacaré de aquí, juro que te sacaré de aquí, muchacho. Aunque deba gastar todo en abogados. Te sacaré de aquí y ambos visitaremos la tumba de mi conejita, juntos, justo como ella hubiese querido.

    —...Lucien... lo más probable es que me condenen a la silla eléctrica... tú...

    —Lo imposible siempre ha sido mi meta favorita. Ya perdí una hija, no perderé a un hijo, ahora. Quieras o no. Veré la forma de sacarte de aquí.

    Lucien se paró de su asiento, la visita había acabado y el policía había decidido llevarse al jovencito que aún no se separaba del comunicador, hasta que Lucien lo tomó por última vez.

    —Le dejé algo a los guardias. Mi conejita lo tenía en su cuarto, al parecer es tu regalo de cumpleaños...

    —...

    No dudó en pedirlo apenas estuvo cerca del guardia, lo que le dieron era una caja pequeña, envuelta en papel negro con motivos estelares y un lazo rojo encima. Lionel no perdió tiempo abriéndolo: “¡Para el chico más lindo de todos! Prómeteme que usarás esto cuando estemos juntos. ¡Te quiero, mi Lio!” Era...

    Una corbata. Esos motivos lo hicieron sonreír y a la vez llorar, mientras abrazó con todas sus fuerzas esa prenda. Si todo fallaba, si debía morir, sin duda pediría usar esa corbata. Era su deseo, un anhelo triste, pero recordando que era un presente de ella, incluso eso era algo sin duda hermoso.

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    “Más allá de las promesas del futuro. Tú hiciste mi pasado algo hermoso...y ahora mi presente lo tiñes de resolución. Sin duda el amor es algo maravilloso”

    … ​


    “Tengo la fe de que vivimos en un mundo maravilloso, que puede ser tan bondadoso como despiadado con sus hijos, independientemente de todo quiero creer que somos más que piezas en un tablero injusto. Es mi esperanza mayor.”

    Al avanzar de los días, y ver que la ausencia de Barbara se hacía mayor. Adrien junto a Allen decidieron ir a buscarla en el Nexo, esperando que ninguna misión la hubiese expuesto a una experiencia difícil, luego de la guerra esperaban que Barbara hallara su serenidad. Tan pocos meses habían pasado en su mundo, pero aquel centro mental se había recuperado de la guerra. Nuevos edificios se alzaban en todo el Nexo, muchos de ellos de entretenimientos, de los cuales Heller se encargaba de planificar con dotes de arquitecto. Los policías ahora circulaban por todas las calles del lugar, por un sistema que había creado Adrien en el que ahora el Nexo debía poseer un sistema de seguridad mayor, pues tanto jefes como familiares eran valiosos. Era su tierra, por lo cual merecían eso y más, su iniciativa no hubiese tenido pulso alguno si no hubiese sido bendecido con la estela de Light, ya que muchos lo recordaban como alguien a quien ella amó y eso le abrió muchas puertas a él y a Metatrón que fue la que implantó el sistema, bajando las tasas de criminalidad y aumentando la de supervivencia de gran parte de los familiares y jefes. Por lo que el Nexo tardó menos de lo esperado en llenarse de vida, una que la guerra por tanto tiempo les quitó al ser por mucho tiempo un mero “daño colateral”.

    Ex Land estaba radiante de energía y se vio al ver a un hombre lobo algo enojado mientras iba acompañado de una oveja que estaba de compras.

    —¡Kirilia! —gritó Adrien, levantando la mano.

    —¡Hola! ¿Estás bieeen? —hizo un lindo “bee” que hizo que Adrien dijera “cuteee”.

    —Sipii.

    —Adrien a lo que vinimos —tajó Allen como sentido común del otro.

    —Ah sí, ¿han visto a Barbara?

    —Oh no... pero podrían ir a Movov City a preguntarle a esa humana y...

    —¡Gracias! Nos vamos, andando, Adrien.

    —S-sí...

    Las cosas en Movov City siempre tan frío se había vuelto una zona más confortable con la presencia de Paracelsa, ella renunció una vida en el mundo “real” pues prefería estar en el Nexo, monitoreando anomalías sobre todo ese gran ojo rojo que se observaba más en la zona nevada, y ella tenía la función de vigilarlo siendo llamada por los familiares del sector como una especie de astrónoma loca, usando al fiel Sparagmos que ahora dormía en aquel sector mientras era rodeado de sus experimentos que ahora eran como sus familiares.

    —¡Señora Paraceeelsaaaa! ¿Ha visto a Barbara? —corrió por los pasillos de Sparagmos, pero tropezó con alguien —. ¡G-gomeneee!

    —¡Ahhh! ¡Fue mi culpa! —dijo una chica pelirroja, recogiendo bebidas. Adrien buscó ayudarla —. S-señor Adrien.

    —Perdón Dolly... ¿Tu madre?

    —E-estaba hablando con Fausto sobre la salud de Urd... ¿Uh? ¿Busca a Barbara? Quizá mami sepa. Según mis cálculos ahora debe estar cerca al gran telescopio.

    —¡GRACIAS! —gritó Allen, halando al distraído Adrien.

    Hasta que hallaron a la muchacha que se encontraba escribiendo en un diario mientras veía desde un gran telescopio lo sucedido en el cielo, ese ojo rojo que a veces la observaba.

    —¡Paracelsa-sempai!

    —Oh Adrien. Poco común que me vengas a visitar. ¿Sucedió algo?

    —Sipiii... ¡Wuaaa! ¡Que telescopio tan grande! Ahora entiendo porque se quedó aquí, a mí también me gustaría ver constelaciones grandotas así.

    —Mi labor es mera vigilancia con una dosis sana de egoísmo —comentó, bebiendo un té —. Me enteré que hace poco mi camada se gradúo, qué cosas.

    —¿Por qué no fue? Graduarte te hubiese abierto muchas puertas —dijo Allen.

    —Muchas puertas que me hubiesen llevado a un camino y finalmente a un lugar.

    —Exacto...

    —Un lugar que ya encontré —sonrió —. Aquí. Con mis pequeños. Mientras ellos estén en este mundo, mi existencia está conectada a la de ellos. El mundo real hace mucho dejó de ofrecerme algo que realmente me importe. Llámenlo escapismo, pero es una decisión que tomé consciente.

    —Es respetable... por cierto. ¿Ha visto a nuestra compañera Barbara? —preguntó Allen.

    —Ella vino a preguntarme cosas del monstruo carmesí y de su ojo que nos observa, luego partió. Tengo entendido que está recaudando información y que se fue a Water Kingdom.

    —Barbara...

    —Es una chica terca, se ve que le gusta hacer las cosas por ella misma.

    Los chicos agradecieron y partieron, yendo hasta el sector acuático, viendo el hermoso cielo del Nexo repleto de gaviotas y una bastante lenta que estaba literalmente cayéndose, hasta que pudieron ver la luz del faro siendo controlada por un hombre marino. El sol resplandecía y brillaba sobre el agua transparente que reflejaba el cielo azulado, siendo la brisa marina la que ahora movía sus cabellos. Le preguntaron a muchos familiares la presencia de Barbara pero muchos dijeron que había solo pasado por la zona.

    —Anone, anone, vimos a la gran hermana mayor... ¡Pero luego dijo que se iría! ¡Nos dio dulces de regalo! Comentó algo de tierras niponas, pero no sabemos.

    —Ahhh son tan tiernas —dijo Adrien.

    —¡Vámonos Adrien!

    Ahora fue el turno de visitar las primeras zonas pero fueron asediados por un grupo de ninjas que los rodearon. Ambos levantaron las manos no querían pelear, y terminaron despojados de algunas prendas como medida estratégica de Allen.

    —P-pudimos haber hecho algo...

    —La situación es algo complicada en el Nexo, cualquier ataque nuestro y tendrán recuerdos de la guerra. No queremos tener problemas con familiares o jefes, ellos te pueden querer mucho, pero cualquier altercado y ese aprecio se puede esfumar, causándonos problemas a futuro. Nadie quiere rebeliones con nuestra paz tan frágil y neonata.

    Hasta que pudieron acceder a un territorio que antes estaba cerrado. Adrien estaba alegre de haber pasado Nibikure adentrándose al imperio donde se estaba llevando una ceremonia.

    —Luego del retiro de nuestra emperatriz Ichiko-sama... ¡Es el ascenso de nuestro nuevo emperador: Ichimaru-taichou! ¡El segundo heredero al trono!

    Miradas y procesiones que impedían al dúo avanzar más, mientras el hombre de la armadura se mantenía firme y seguro, aunque Allen susurró algo respecto a las armaduras: Que eran útiles pues nadie podía notar que te estabas muriendo de miedo en el fondo. Hasta que vieron a una diva de la moda en medio de esa aglomeración de personas ante tal importante evento, tenía anteojos negros que se los bajó.

    —Muñecos esas prendas, nonono... —movió sus dedos —. No renací para ver esto y menos mal lo hice a tiempo para ver a mi Ichi-bebé ser emperador. Que por psyche, no aprende el bebé que las armaduras son tan Nexo pasado.

    —¿Has visto a Barbara? La... esto... la chica que explota... Es amiga nuestra...

    —Oh... la chica, tengo entendido que se fue donde mis amores en Death End, espero que no a darle consejos de moda, nono, ella se veía fatal vestida de blanco.

    —¡E-esa zona! —Allen se fue hasta las espaldas de Adrien, por muy Zero que fuese ambos podían seguir siendo ellos mismos el uno con el otro, cosa que no se podían permitir con sus subordinados.

    Pero fueron, Adrien preparaba a la brillante Metatrón con sus manos mientras Allen... bueno él tenía un mapa con las mejores rutas de escape. Cualquiera pensaría que Allen era estúpido, pero huir de los conflictos había ayudado muchas veces a que pelearan y así obstaculizar esa paz tan delicada como bebé recién nacido que poseían. Sin embargo, el camino para la prisión estaba guiado de un inevitable pasaje por “No Life City, esperaron disparos apenas llegaran pero todo el sector western estaba tan vacío que bolas de polvo y paja rodaban por él. Ambos pestañearon dos veces, viendo que al parecer había un festival con carreras a caballos para los vaqueros, bailes rancheros entre otros en el centro. No todo podía ser destrucción.

    —Ah... esto me calma... —susurró Allen.

    —¡Wiii! ¡Amigo de la niña bonita! —un dragoncito blanco voló junto a otro símil a él hacia la cabeza de Adrien —. ¿Vienes al concurso de vuelo de la ciudad?

    —¿Concurso de vuelo?

    —¡Sipi! ¡Wind participará y ganará!

    —M-Mist no digas eso... jamás ganaré al héroe renacido de alas blancas...

    —¡Tú puedes ganarle a ese pegaso!

    —L-Lo dudo...

    —¿A qué hora es? ¡Me gustaría verlos, chicos!

    —¡Dentro de una hora! ¡Ven! ¡Ven!

    —Pues...

    —NOS. VAMOS. ADRIEN —lo volvió a halar, haciendo que la búsqueda por Barbara continuase.

    —¡No vayan a Death End! —gritó Mist.

    —¿Por qué?

    —E-ese lugar... está... roto.

    —¿Roto?


    No supieron que responder y el silencio no era una respuesta que los ayudara. Allen y Adrien se dirigieron a la zona conocida por ser la prisión del entero Nexo. Esperaron entrar a la prisión pero lo único que vieron fue un cráter, sí, uno inmenso en el cual polvo, arena y edificaciones iban hacia el cielo. Una chica vestida de blanco sosteniéndose las manos miraba todo adentrarse hacia el ojo rojo mientras sus amigos al ver dicha escena corrieron en busca de comprender qué había sucedido.

    —¡Barbara! ¡Barbara!

    —Chicos... —la chica volteó, tenía algunas heridas en su cuerpo y las detonaciones habían ensuciado gran parte de su ropa. Había usado a Apollyon. Allen la sostuvo de los hombros.

    —¡¿Qué pasó?!

    —Qué pasó... yo... yo también me lo pregunto... —ella miró hacia arriba con sus ojos oscuros, viendo al polvo ir hacia el cielo mientras ella parecía perdida en recuerdos —. Una criatura tan negra como la brea, con múltiples ojos tan rojos como la sangre, descendió del cielo...

    —¡¿Toxic?!

    —No... era un familiar... —ambos tragaron saliva al escuchar eso —. Tenía fauces e una irrefrenable hambre, comía de todo, familiares, jefes, edificios incluso la existencia misma. No importaba, todo lo que hallaba a su paso lo consumía como si hubiese nacido para impartir penas.

    —¿L-Lo eliminaste?

    —S-solo... desapareció. Una vez saciada su hambre.

    —Barbara...

    —Yo me pregunto... ¿Es esto real...? ¿O estamos viviendo en una ilusión que pronto se desfragmentará en cualquier momento? Nuestro mundo de cristal.

    —Barbara no digas... —Adrien quiso parar esos pensamientos negativos pero Allen se inmiscuyó.

    —¿Y qué si es de cristal? ¡¡El cristal puede ser como el diamante si quiere!! ¡Rompernos no es una alternativa ahora!

    —Yo tengo esperanza —dijo Adrien —. Que haremos que esta paz de cristal se vuelva tan dura como el diamante.

    —Chicos...

    —¡Estamos juntos! ¿De acuerdo? —Adrien puso su mano, Allen suspiró y la puso también encima de la del rubio. Barbara quien se sostenía la mano la puso también y ambos las elevaron al mismo tiempo —. ¡Y juntos jamás seremos derrotados!

    —Tienen razón chicos... gracias... —Barbara comenzó a caminar sin mirar atrás, Allen aprovechó para acercarse y decirla algo a la chica de cabellos oscuros.

    —De paso quería decirte que tú... esto... tú me...

    —¡¡¡Chicos!!! ¡Faltó decir el uno para todos, todos para uno! —Adrien se abalanzó en medio de ambos, tocándolos por los hombros y sonriendo de oreja a oreja. El albino quiso matarlo ahí mismo, pero Barbara sonrió

    —¿Querías decirme algo Allen? —Entre sus sonrisas, Barbara enfocó al albino que se sonrojó y desvió su mirada a un lado.

    —Que te quiero mucho...

    —¡Yo también te quiero! ¡A ti y a Barbara! —Adrien se metió y rozó su mejilla contra ambos, mientras Allen tenía un rostro de asco.

    —¡No así idiota! ¿Es qué no sabes lo que es querer como amigos y como novios? ¡Es diferente!

    —¿El amor no es amor y ya?

    —¡Claro que no!

    —¡Entonces ya sé! —dijo Adrien, feliz —. ¡Ustedes serán mis novios! ¡Nos vamos a casar los tres!

    —¡ERES UN IMBÉCIL!

    Barbara rió. Rió como nunca, desde que la guerra había acabado nunca la habían escuchado carcajearse de esa forma. Estaba feliz y debían admitir que cuando lo era, ella era sin duda radiante. Apollyon podía destruir mundos con sus explosiones, pero Barbara podía destruir corazones fríos con su suave y dulce risa. Era algo que ambos confirmaron.

    —¡Amigos hasta el final! —levantó su brazo Adrien.

    —Agh... no te soporto —comentó Allen.

    —El festival... de No Life City.

    —¡¡¡Sí Barbara!! ¡Hay que verlo!

    Los chicos se quedaron viendo el festival mientras el evento principal el concurso de vuelo hizo acto de presencia. Era glorioso ver la infinidad de familiares, jefes, y criaturas aladas que extendían sus alas y navegaban por toda la infinidad. El cielo, un hermoso cielo azul que había visto muchas cosas pero que ahora podía brillar. Justo como aquellos seres que se abrían a la inmensidad, sintiendo el aire y la brisa de lo que podía significar un nuevo mañana. Los tres chicos lo vieron juntos, estaban observando hacia el cielo, hacia arriba, luego de tanto mirar hacia abajo. Por fin podían ver que tenían un cielo hermoso que querían ver juntos. Siempre.

    “La adolescencia puede ser complicada, pero antes de ser adulto quiero poder decirle a los que son más jóvenes que yo que está bien. Sí, está bien ser tonto, está bien soñar, está bien cometer errores, es parte de crecer y mientras haya vida habrá oportunidad. Nunca abandonen el tesoro más valioso que tenemos nosotros: La juventud”

    [ * * * ] ​


    El festival musical de Letzenburg no traía sólo a personas que iban a demostrar su talento sino a bandas importantes como: Pain, Pain, Pain! Que haría un concierto en vivo como oportunidad única por lo que casi todo los jóvenes de centro se habían reunido al lugar.

    —No puedos creers he salidos de la franks y puedo hacer mi puesto de kebaps —un muchacho de porte árabe venía junto a una chica con minifalda y escote —. Giasuris, ¿me estás escuchando?

    —El chinito no viene... ¡Y eso que lo vi conectado en wassap! No vino a nuestra ceremonia de graduación. Lo entiendo de ese idiota de Mario quien también se graduaba hoy, pero no de él. Mírenlo ya se volvió Durkheim a full. Está peor que el Wisin y el Yajairo cuando la Kimberly les pide pensión para sus bebés. Se volvió marica, peor que el Brayan con el Kevin.

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    —¿Cómo me llamaste?

    —¡Medio hombres! —gritó el árabe.

    —¿En serio salieron, chicos? No fui a su fiesta de graduación, no quería ver a los policías de nuevo.

    —Si los policias le dan sabors, coreanos. ¿Y a quién traes, a tu novios? ¡Por Allah! ¡Bliss te cambió!

    —A callar, el mudito los quería conocer.

    —¡Oh por dios! ¡La Yuranis está en la fiesta! ¡Le voy a clavar la guilette! ¡No olvidé lo que me hizo esa zorra cuando me separó del Yandel!

    —Acabamos de salir de la frank, mujers... ¡No quiero a prisión! ¡Oyes! ¡Oyes!

    —¡¡¡¡IRÉ A PRISIÓN PERO TE SACO LA RAJA, REGALADA!!!

    —Ay noos... ¡Tiene pandilla la Yuraniiis!

    —Supongo que es momento de pelear, ¿no, musul-man?

    —¿N-no debíamos disfrutar de la fiesta? —se cuestionó Andrés.

    —Estos sujetos son de la Frank, ellos disfrutan así. Ahora ponte algo encima del rostro... de aquí saldremos con un arresto domiciliario...o dos.

    —¡Aahhh! —gritó Andrés notando que había alguien más que estaba con anteojos negros y estaba a punto de sacar un cuchillo —. ¿Tú no eres Mario?

    —“Solo alguien parecido... ¡Ahora venguemos a la Giasuri!”

    Y mientras la música llenaba todo Letzenburg, un grupo con muchas heridas estaba en un bar tomando alcohol o fumando. No solo las hermosas águilas merecían volar, en un mundo sucio, injusto pero a la vez maravilloso incluso las aves carroñeras tenían ese derecho.

    —¡Un brindis por los graduados de la Frank! —dijo coreano con un vaso repleto de cerveza barata.

    —¿Qué tú no eres de Durkheim?

    —S-Sí... Jihyun recuerda que somos de Durk... —Andrés volvió a ser interrumpido cuando coreano le dio un empujón. Jihyun estaba borracho de eso no había duda.

    —¡¿En mis días que decíamos?! —gritó el asiático.

    —¡Durkheim buuuu! ¡BUUUU!

    —“¡BUUU!” —incluso Mario se metió, bajando el pulgar y bebiendo directamente de una botella.

    —¡Buuu! ¡Otra ronda más! ¡Yo la pago! —rió el coreano mientras varias personas de la Frank estaban en ese bar de mala muerte y decadente. Andrés se sentía como una oveja en el redil de los lobos. Independientemente de eso, Andrés la estaba pasando... ¿Bien? Coreano era sin duda alguien... intrigante.

    Mientras que siendo más comunes, las águilas disfrutaban la bella música, sí incluso Adrien quien sostenía una vara luminosa animando a la banda, Allen que suspiraba y Barbara que reía al verlos.

    “Hermosos momentos que deben ser apreciados pues no serían eternos, pero que todos sabíamos algo...”

    Los protegeríamos hasta el final​

    [ * * * ] ​


    Las estrellas brillaban y las constelaciones se veían radiantes en el infinito panorama espacial que era Psyche mientras los chicos en sus posiciones veían esos infinitos monitores entre sonrisas y llantos que querían contener. Ver a esos chicos con los que habían pasado aventuras o desventuras, conectarse de forma tan íntima con su pasado les había dado una visión única que los libros de historia jamás le concedería. Porque conocieron más que figuras históricas, conocieron seres humanos: La clase de seres que cometen errores por sus sueños, que aunque tontos son suyos. Jóvenes estúpidos pero repletos de ideales por los que no hubiesen dudado ningún segundo en morir. Ahora ahí, frente a ellos, disfrutando sus vidas, las cuales lejanas de ser perfectas, en su gloriosa imperfección lograban avanzar hacia un futuro. Futuro que no tardarían en ser ellos, los que ahora los observaban.

    —Gracias... gracias...

    —¿Por qué...? —preguntó Llun.

    —Por vivir, por observar, por atesorar, por no olvidar.

    —Olvidar... —susurró Reiji.

    —Ese es el mejor regalo para la gente que ven aquí.

    —¿Qué pasará... ahora?

    —Quién sabe. El pasado fue ya escrito, el presente aún avanza y el futuro es misterioso.

    —¿Algún consejo señor estrellado? —preguntó Jesús, ese apodo pareció haberle causado gracia a Psyche.

    —Sí —agregó.

    “Vivan. Vivan todo lo que puedan. Avancen, incluso si el camino hace mucho desapareció. Avanzando siempre se llega a un lugar. Hacia adelante, con la cabeza en alto, siendo humanos, cometiendo errores, aprendiendo, no olvidando. Ese es mi único consejo”

    —Supongo que debemos agradecer tales palabras del Nexoverse —dijo Emil.

    —Nexoverse... —susurró —. Solo Psyche está bien —habló.

    —Arigatou, kami-sama.

    —No... yo no soy un dios. Sólo soy los ideales de un jovencito algo confuso, roto y dolido. Tan idiota, tan arrogante y tan... obstinado como ustedes. Pero que buscaba su lugar en este universo tan lleno de posibilidades.

    —Psyche... tú... —Franco quiso decir algo.

    —El mundo es hermoso, uno llega a conocer, a olvidar, a dañar, a perdonar, a saludar... y finalmente a despedirse.

    —¡¡¡Espera Psyche!!! —gritó Franco, entendiendo a donde iba el dios del Nexo.

    “Amemos hasta el final, atesoremos los buenos días y sobre todo... ¡No olvidemos los adioses!”

    “Goodbye”​

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    Una luz, una profunda luz invadió a los muchachos del futuro siendo entoldados por el blanco absoluto que los cegó, sintiendo sus cuerpos desfragmentarse en polvo. ¿A dónde irían ahora? ¿Sería el fin de aquel viaje astral entre dimensiones? ¿O el inicio? Independientemente de todo, no volverían a ser los mismos. Las experiencias, el conocimiento, el alejamiento de la ignorancia cambiaba a los seres humanos, dotándoles de habilidades fascinantes a fin de cuentas la historia poseía ese poder, de alejarnos de la repetición de errores creando un bucle infinito de fallas, y ahora ellos cargaban el sello del conocimiento. Uno que les daría una perspectiva única pero a la vez tan diferente, como diversas sus vivencias personales. Al final del día todo lo que quedaba era avanzar, y ese era su mote: Hacia adelante. Y quizá la única cosa que los podía unir en aquellos momentos.

    En la soledad estrellada el universo infinito vio todo con una sonrisa mientras sus polizontes dimensionales vagaban entre las realidades hasta que esa mueca le fue arrebatada cuando un brazo rojizo salió de su plano y lo arrastró hacia él, rompiendo parte de su ser creando una brecha dimensional que entoldaba los planetas de rojo.

    —Psyche... ¿Es qué acaso me piensas dejar solo y aburrido?

    —No... yo...

    —Además tú sabes bien... sí lo sabes...

    Un gran ojo rojo se abrió en todo el espacio infinito, este estaba bañado en sangre y del infinito mundo estrellado se plasmó una sonrisa enorme.

    Que eso no fue todo​

    … ​


    Corriendo, corriendo, no había escapatoria, las alas de un rubio estaban teñidas de rojo mientras un río de cadáveres estaba a sus pies. El rostro del rubio estaba pálido, mientras las paredes de carne y repletas de ojos eran lo único que lograban enfocarlo con claridad. Escuchaba risas y llantos, por doquier, personas pidiendo auxilio y él corriendo por doquier. ¿Qué podía hacer? ¿Qué podía hacer? Justo como el mundo de cristal que fue resquebrajado con el martillazo de la realidad vino Toxic aquel día. La tos gobernó su cuerpo al sentir un gas tóxico que impedía la respiración. ¿A dónde estaba yendo? ¿Iba a servir de algo correr? Pero era el instinto humano hacerlo, cortando las paredes de carne buscaba una salida, un núcleo, o algo que le permitiese destruir al monstruo, pero más y más carne en un mundo infinito donde parecía estar rodeado de miseria.

    —Agh... n-no puedo... respirar... —una muchacha de segundo año yacía en el suelo varios drones estaban caídos. Su visión del sector alteró al jefe. Nadie se atrevería tener omnipresencia en su mundo. La pena máxima que aplicó fue la agonía para ella —. L-Líder...

    —¡Akane! ¡Espera! ¡Llamaré a los deprimidos! —viendo que había otros heridos inconscientes quiso gritar. Era urgente —. Lancelot, ¡Lancelot! ¡Llama a todos los deprimidos! ¡Tenemos muchos heridos! —gritó desde su brazalete, la señal era pobre pero no haría caer más.

    —El personal... estamos cortos y...

    —¡NO VOY A DEJAR QUE MÁS PERSONAS MUERAN! ¡HAZLO YA!

    —S-Sí —y la señal se perdió.

    Antes de que la ayuda viniera, Adrien miró a su alrededor mientras sostenía a la nerd entre sus brazos. Personas siendo rodeadas de extremidades oscuras colgadas en los techos, en el piso hundiéndose en un líquido viscoso en una especie de asimilación, el olor a sangre, a fluidos llenaba su nariz, y los profundos ojos rojos lo observaban por doquier. Había visto muchos jefes en su labor, pero nunca algo tan aterrador, sus piernas por un momento flaquearon, pero no... no...

    Cuando...

    Cuando...

    ¿Cuándo todo se volvió así de aterrador?

    —¡Mi lucecita fenomenal! —gritó Sapphire con sus peluches.

    —¡Sapphire! —gritó Adrien.

    “Qué divertido... ¡Gracias por el regalo!”

    Del piso emergieron más extremidades negruzcas que fueron hasta la curandera y sus aliados curadores que fueron rodeados y apretados hasta hacerlos explotar como si fueran una naranja podrida, todo frente a los ojos del líder del consejo que sintió la sangre rebotar en su rostro mientras negaba y sostenía a la nerd que tenía la boca repleta de sangre.

    —No... no... no...

    “Tu deseo de que todos vivan... ¡Será tu mayor perdición!”

    Las extremidades enormes hicieron que Adrien fuera lanzado a un lado, no pudo defenderse con su espada quien estaba perdiendo el brillo porque sostenía a Akane que por la caída cayó a un lado. Adrien se arrastró y se puso encima de ella, pero fue sostenido y arrojado a una pared que comenzó a consumirlo con ácidos corrosivos, mientras lentamente lo halaban hacia atrás, él extendió su mano.

    —¡N-no...! ¡No! ¡¡¡¡NOOOOOOO!!!!


    “Un fragmento de Toxic no podría causar problemas, ¿no?
    Ciertamente... la mayor parte de él es contenido por Psyche.
    Entonces no deberíamos temer... ¡Si viene lo enfrentaremos!
    Un fragmento de él... ¿Qué tan poderoso podría ser?
    Claramente menos que él con su entera energía.
    Bueno, lógicamente sí”

    La extremidad mostró tener una gigantesca boca la cual incluso tenía bocas, y se fue hasta la nerd inconsciente y comenzó a devorarla como un animal hambriento, mientras Adrien gritaba con todas sus fuerzas, extendiendo su mano mientras su piel se hallaba en carne viva, y su kris a un lado caída, oscura tan inerte como un pedazo de madera, sus orbes rojizas como la del monstruo observaron como la enorme criatura comía las vísceras de la jovencita hasta que la tragó entera dirigiéndola como una serpiente.

    “Lógicamente... podremos con él... claro claro...”

    —Soy... soy...

    “Un grandísimo estúpido”​

    Un mar de cadáveres frente a un varón que se vio consumido por el ácido y desollado en vida, mientras lo único que pudo observar es como cada persona que venía era devorada, calcinada, frita o decapitada frente a sus ojos. Quería morir. Quería morir... pero incluso en la absoluta agonía seguía vivo... ¿Por qué...? ¿Por qué no podía ser como Lionel? Ahaha... No debió haber nacido.

    Y mientras sus ojos caían en una ceguera momentánea de una muerte que sería la primera de muchas tantas por ser el peón de los enemigos del monstruo carmesí a su alrededor la muerte albergaba cada sector de ese mundo caótico y de dolor.

    —¡Debo hallar a Adrien-sempai! ¡Debo hallarlo! ¡D-debo...! —Una enorme extremidad vino como un relámpago pero una chica corrió junto a su fiel tubería repleta de fuego y saboreó pedazo de aquel brazo —. ¡Clover! ¿Clover? —la chica no hablaba.

    —¡Corre, tiburón, corre! —Lo sostuvo del brazo y comenzaron a correr, mientras buscaban cortar todo a su paso. Ryrio en media de su carrera vio muchos cadáveres y muertos que le hicieron bajar la cabeza.

    —S-Sempai... ¡Debemos hallarlo sino...! ¡Sino...!

    —¡No podemos!

    —¡Déjame ir! —se soltó del agarre de la otaku.

    “Oh, ¿una discusión? ¿Puedo unirme?”

    Muchísimas extremidades como en medio de una pesadilla lovecraftiana se arremetió contra los chicos mientras el piso que ellos pisaban comenzaba a calentarse y volverse corrosivo, provocando que ambos gritaran y buscaran escapar, pero él monstruo carmesí los había estampado contra el piso incapaces de esquivar aquella fiesta de extremidades que fueron hasta ellos hasta que alguien se lanzó contra ellas, una criatura inmensa similar a un dragón.

    —¡Tohru! —gritó Clover.

    —¡Grrr! ¡Grrr! —continuó mordiéndola con sus fauces llena en llamas —. ¡Huyan! ¡Rápido!

    —Rengnar... —susurró Ryrio mientras buscaba el consejo de Mirai —. Dinos por favor que todo irá bien... ¡Mirai habla! ¡Habla! ¡No me dejes, Mirai!

    “...”

    —¡Mirai! —gritó pero fue sostenido de la mano por Clover que lo haló, pero una pared de carne se creó frente a ellos —. Estamos atrapados...

    —¡Debemos pasar! ¡Pasar! ¡PASAR! —Clover usó su arma dispuesta a salir, dándole muchos golpes ígneos con su arma, Ryrio la ayudó pero era inútil hasta que el gran dragón fue lanzado a un lado por la terrible criatura y se irguió frente a ellos como una masa de carne que salía desde el suelo, mirándolos con sus muchos ojos y una sonrisa.

    “Adiós”

    Fueron sus únicas palabras mientras el rostro aterrado del par no tuvo comparación hasta que alguien volando a toda velocidad fue hasta en medio recibiendo el ataque de ese enorme ser que le atravesó el pecho con un brazo, creando un rugido de dolor que expulsó sangre que llenó los rostros de los muchachos. Rengnar cayó al suelo, regresando a su forma humana con un enorme agujero entre su pecho y su estómago.

    —¡REEENGNAR! —gritó Clover, yendo hasta el motociclista que escupía sangre, buscando despertarlo, pero parecía tener sus ojos en blanco.

    —C-Clover... p-perdón... por... por... no verte... ascender a la fama... no cumplí... mi... mi... promesa... —dijo él mientras botó una gran cantidad de sangre en su boca, tenía lágrimas en sus ojos y un gran dolor —. L-lo siento... tanto...

    Hasta que no respondió más y cayó en un charco de sangre.

    —¡¡¡REEENGNAAAAAAAAAAAAAAAAAR!!! —gritó la chica, mientras Ryrio palideció y ahora fue él quien la sostuvo de los brazos.

    —¡Tenemos que salir de aquí! ¡No podemos contra esto! S-si buscamos a sempai... él... él... nos va... a... ayudar... sí... sí...

    —¡Rengnar! ¡Tengo que regresar por él! —dijo, tomando el brazo del tiburón haciendo que se detenga.

    —¡ÉL YA ESTÁ MUERTO, ENTIÉNDELO DE UNA VEZ! ¡NO VA A REGRESAR NUNCA MÁS! —Le gritó con su voz quebrada, y rompió en llanto —. Y si continuamos aquí también nosotros... debemos... debemos...

    —¡NO ME QUEDARÉ AQUÍ! —gritó Clover.

    —¡CLOVER ESTO ES SERIO! —Al ver que la chica quería ir para atrás tuvieron que forcejear hasta que Ryrio hizo algo que jamás creyó que haría: La besó y ella le tiró una bofetada que le marcaría de por vida.

    —¡Si tú irás por él, yo sí! —La chica preparó su flamante Heller que brilló como nunca —. Yo no soy como tú... ¡Soy una otaku! ¡No dejaré a nadie atrás!

    —Clover...

    La flama de Heller brilló como nunca y resplandeció de tal forma que incluso el imponente amo del lugar rió.

    “¿Fuego? ¡Veamos quién tiene el fuego más incandescente!”

    Y flamas se formaron en medio de los chicos que se vieron envueltos en medio de un averno que el chico acuático no podía apagar de ningún modo, se sentía tan diminuto, tan solitario, como un niño asustado, quería a sus padres, a sus hermanos, a todos ellos... ¿Por qué...? ¿Por qué...? Una extremidad flameante ahora iba hacia ellos y seguramente los apretaría como naranjas maduras, sacando su jugo mientras los iría llenando de ampollas lentamente.

    Hasta que una explosión los sacó de órbita.


    En medio del fuego, atravesando esas paredes flameantes sin importale las quemaduras apareció One mientras sostenía el collar de Rengnar en su mano. Clover la observó mientras la extremidad ahora se dirigía a ella y la muchacha de blanco extendió su mano y la hizo explotar, mientra sostuvo la mano de ambos novatos y los obligó a correr.

    “Toxic, Toxic, Toxic”

    Gruñía el arma de la chica mientras todo a su perímetro explotaba y si bien se recomponía, ella no paraba mientras saltaba por todo el terreno ignorando sus quemaduras, su dolor, su propio cuerpo y actuando según su instinto. Ryrio buscaba cortar todo lo que podía junto a Mirai y Clover lo mismo junto con Heller.

    Hasta que llegaron a un sector plano donde sólo había un piso ígneo de carne rojiza, el lugar era extenso y ellos se pusieron espalda contra espalda, preparados para el arrebato enemigo que no tardó en venir cuando centenares de extremidades rojizas fueron hasta ellos. Barbara empujó a los novatos haciéndoles rodar mientras ella rompía adornos de su cabello y se preparaba para formar enormes detonaciones.

    “Eres fuerte de cuerpo... ¿Lo serás de mente?”

    Barbara entonces notó que las extremidades comenzaron a tomar forma de sus padres, cosa que le hicieron retroceder y chocar contra un ser de carne idéntico a Adrien, y otro igual a Allen. Ryrio gritó.

    —¡No le creas no son reales! ¡Bruja! Tú... —Antes de que Ryrio pudiera decir más se vio luchando contra otras protuberancias, una que casi le arrebata el ojo y que si no fuera por la acción de Clover le hubiese causado una ceguera, su orbe estaba sangrante pero eso no le impedía de gritar hacia la bruja.

    Y todo explotó. Mientras ahora la chica estaba sostenida por cada brazo por dos extremidades al lado del sector, en una posición similar a la crucifixión. Hasta que una enorme extremidad iba directamente a ella que no se podía librar, intentó mandar explosiones pero estas parecían ser contenidas por paredes de carne hasta que ella abrió grandemente sus ojos cuando la enorme protuberancia cayó encima de su cuerpo, haciéndole caer como una muñeca de trapo, inconsciente mientras rodó por todo el sector, varias extremidades la rodearon aún si estaba inconsciente y comenzaron a agitarla, y lanzarla al suelo una y otra vez, destruyendo toda su anatomía. Hasta que un látigo de agua detuvo una extremidad.

    “¿Oh?”

    Ryrio había logrado algo incluso con su miedo y aprovecho para crear una neblina suave, que le dio el don de halar a la inconsciente muchacha que no daba señales de vida y comenzó a correr junto con Clover.

    —B-bruja tienes que despertar... por favor... por favor...

    —¡Ahhh! —gritó Clover, siendo halada por una extremidad que la guiaba hasta las entrañas del monstruo.

    —¡Clover!

    —¡Corre! ¡Corre! ¡Estaré bien! —gritó ella. Ryrio jamás lo haría, pero por primera vez en su vida, cargando a Barbara corrió, cerró sus ojos con dolor, uno de ellos incluso sangraba, pero debía sobrevivir, realmente quería hacerlo y mientras cargaba a esa inconsciente mujer era su única meta.

    Hasta que resbaló y el cuerpo de la mujer cayó a merced de los fluidos y cuerpo del monstruo que se abalanzaron a ella.

    —¡N-no...! —gritó el varón, hasta que una patada de un varón en patines logró alejar a una extremidad —. Z-Zero... —susurró y lloró Ryrio con esperanza —. G-gracias...

    —Barbara... ¡Barbara despierta...! N-no... si Barbara... si ella murió... todos nosotros... ¿Q-qué nos... queda...? ¿Qué... yo... yo...?

    Fue como si el gran Zero hubiese abierto sus ojos, notando su alrededor y muchas extremidades vinieron en su lugar mientras el río de cadáveres le hizo darse cuenta que qué tenía en frente.

    —N-no... no...

    —Señor Zero... por favor... por favor... —susurró el novato entre llantos mientras su cuerpo estaba rodeado de extremidades que lo guiaban hacia abajo.

    —¿Q-qué hicimos para merecer esto...? ¿Es un... castigo divino?

    “Sí que lo es, humano demasiado humano”

    Y enormes bocas comenzaron a aparecer alrededor de todos y rieron al unísono. Allen sintió como sus patines iban en retromarcha.

    —Señor Zero... ¡¡¡SEÑOR ZERO!!!

    N-no... no... ¡Jamás podría con eso!

    —¡¡¡¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!! -Corrió asustado, el hombre sin número, escapando de las extremidades a toda velocidad, abandonando al novato y alos cadáveres o a las personas en agonía que tomaban sus piernas —. Yo... no debía estar aquí... no soy un héroe... no soy nadie... no... no...

    “No soy un ángel, no soy un demonio, solo soy humano”

    Lloró como nunca, mientras se sostenía el estómago y luego la boca. Para luego vomitar mientras su cuerpo estaba aterrado. No... no... luego rió, luego lloró, luego gimió y luego no supo que más hizo hasta golpearse la cabeza varias veces contra aquella pared, sacándose sangre de ésta. La tortura mental de Toxic era algo que jamás olvidaría.

    “Me engañé todo este tiempo... solo... solo...

    Soy basura.

    Ni dorada, ni valiosa.

    Solo basura”​

    Y volvió a vomitar.

    Un héroe caído en desesperación, no era más admirable. Ryrio se vio a sí mismo,escapando solo, mientras una de sus piernas estaba fracturada y cargaba a la chica en coma casi a rastras. ¿Es qué acaso ese era su destino? ¿Es qué acaso nadie los podía salvar?

    —Él.. sempai... él...

    Nos salvará​

    ¿Salvar? ¿Quién podría salvar a un hombre que necesitaba salvación? Hundido en su miseria, la muerte se repetía en el varón rubio que se arrastraba, siendo juguete divino de la abominación carmesí, esperando hallar una luz pero nada. Él era luz, pero no veía más eso en su vida, su mirada opaca, sin vida ya no contenía esperanza, mientras se recalcaba una y otra vez su estupidez.

    —Lionel-sama... me entregó un mundo roto pero real...

    “Yo creé un mundo de cristal, artificial, plástico y repleto de mentiras”

    —Ha... Quizá... sí... debería morir aquí... escapar de todo...

    Lejano a la luz, solo cayó en la absoluta desesperación.

    Hasta que despertó y ella la acogió en su infinita gloria siendo recibido por un coro de ángeles. ¿Había muerto? ¿Por fin? Un niño que jamás debió haber nacido, quizá hubiese conocido el cielo de paz mucho antes, así evitaba mancharse, dañar a otros y sobre todo probar la miel de los infiernos de la tierra.

    “¿Morí?”


    Las puertas del cielo se abrieron.

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    —Lionel-sama... no debió elegirme... yo solo... yo solo...

    Los ángeles comenzaron a cantar en la infinita luz donde no se podía ver absolutamente nada.

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    —Yo.. solo... yo solo... me doy cuenta... me doy cuenta.

    El coro continúo increíblemente armónico mientras rodeaban al varón de las alas luminosas.

    —¡Que no soy un ángel! Paren las melodías... paren... paren...

    —Hijo mío, aquí ya no tendrás más dolor —esa voz... ¿Su madre? No...

    —¿Met? —Lo tenía entre sus brazos, mientras a su vez sostenía ese mundo de por sí.


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    —Alejado del mal... siempre estarás rodeado de amor. Si quieres paz te la daré, si quieres guerra la causaremos, si quieres vida la crearemos y si quieres muerte la suministraremos.

    —Yo...

    —Soy tú, y tú eres yo. Te amo tanto como te amas a ti mismo. Si quieres escapar, nos fugaremos para siempre en un viaje de felicidad.

    —Met...

    Cálido. Una calidez hermosa que quizá hubiese podido sentir con su madre, cerró los ojos y cayó en esa luz infinita, durmiendo mientras la gran mujer lo sostenía en su corazón. Él la miró con una sonrisa y si bien ella ya no tenía rostro, era capaz de notar su hermosura.

    —¿Soy malo por querer quedarme aquí?

    —No. Eres humano, mi pequeño sol.

    —Sólo quiero... dormir... dormir mucho... tengo mucho sueño.

    —Shhh sh... —le susurró suavemente con ternura y comenzó a cantar.

    Una canción de cuna celestial que poco a poco hizo que el varón cayera en un profundo sueño, siendo secuestrado por la infinita luz celestial

    Sin embargo, alejado de la luz, las tinieblas ocultaban una guerra que no parecía acabar en ningún momento y eso lo sabía Ryrio. Había corrido mucho y su cuerpo parecía ceder, incluso con la chica en su espalda su cuerpo había podido resistir, pero ya no más, su sangre, su sudor, sus lágrimas, todo se entremezclaba en un combinado de fluidos que apestaban a desesperación. No había luz de esperanza, sólo miseria, olor a cadáveres y muerte. Los héroes habían perecido, huido o desaparecido. Ya no tenía nada, absolutamente nada, ¿qué pecado había cometido para ser relegado a ser el último superviviente? Por eso al avenir de la siguiente extremidad no esquivó, no hizo nada, sólo se quedó quieto con la esperanza de ser engullido para siempre en las tinieblas.

    Pero alguien no iba a aceptar eso​

    El amo de los hilos descendió como un demonio con tridente, no era su estilo ser un ángel salvador de todos modos, su cuerpo parecía estar consumido pero a él eso no le importaba en lo absoluto, miró al novato pero pareció ignorarlo, mientras sostenía su bufanda y luchaba contra cada extremidad que se abalanzaba sobre él.

    —¿Por qué luchas...? ¡Vamos a morir todos! ¡Todos!

    —¿Y qué? ¿Quieres morir sin pelear?

    —¡No tienes que luchar más! ¡Ya no tiene sentido!

    —No lo entiendes, nunca luché porque tuviera sentido —escupió sus palabras y no borró su falsa sonrisa que ahora tenía atisbos de ser verdadera —. ¡Lucho porque es lo único que sé hacer!

    “Fascinante, qué humano tan particular”

    —Jihyun...

    —No pareces hermano de Mario, él hasta el final... ¡Hubiera luchado! —Y luchó contra cada extremidad que se avecinaba, ignorando el líquido corrosivo que estaba iniciando a comer sus pies, o como era halado hasta las paredes carnosas que lo iban a consumir, incluso la muerte no le importaba. Los fantasmas de su madre y hermana, ja, como si la manipulación no hubiese existido antes, escupió y continúo luchando, incluso si ese monstruo le quitaba las extremidades lo haría. Un ciclo de muerte sin fin, mientras el rostro aterrado del tiburón no pudo soportar ver morir a ese sujeto tantas veces provocó que escapara —. Mejor... n-no mereces ver esto, mocoso —comentó el asiático.

    “Eres un humano tan mecánico que es hasta aburrido perder el tiempo contigo”

    —Ugh... —Y fue atravesado en el pecho y luego penetrado infinidad de veces por los tentáculos asesino del omnipresente Toxic, y luego revivido para ser quemado en vida —. Jamás... me voy... a rendir... yo... yo... ¡SOY JIHYUN RYU! E-esta academia no es tu juguete... este mundo no debe seguir tus órdenes... ni yo... ni Adrien...

    “¿Hablas de ese mocoso que fue absorbido por su deseo egoísta?”

    —No... no... ¡ADRIEN IMBÉCIL TIENES QUE REGRES- —Y fue azotado por una gran extremidad que él rompió con Fibrous, la extremidad al explotar lanzó un líquido corrosivo que atravesó su piel hasta sus huesos y más allá —. A-Adrien... ¡¡¡ADRIEN!!

    Grito que despertó al chico cautivado por la luz que miró para todos lados.

    —Onii-san... ¡Tengo que regresar con onii-san!

    —Si sales mi sol estarás expuesto al dolor... y no podrás regresar.

    —Met...

    —Es posible que nos separemos para siempre.

    —Yo...

    ¡¡¡¡ADRIEN!!! ¡¡¡¡IDIOTA!!!! ¡¿NO IBAS A PROTEGER ESTA ACADEMIA?! AAAARGHHHHHHHHHHHHHHH.

    Hasta que fue asediado por un montón de extremidades que lo enterraron a ese piso de carne, pero él logró crear una esfera de hilos con Fibrous que lo mantuvieron casi intacto. Adrien que escuchaba su voz se alarmó.

    —D-Debo ir... ¡No puedo dejar a onii-san solo!

    —Mi sol... tú naciste para ser feliz.

    —¡¡¡NO!!! ¡YA BASTA!

    El coro de ángeles paró.

    —Mi sol...

    —¡Nací para sufrir! ¡Y eso está bien! ¡Si sufriendo ayudo a otros entonces... entonces...! ¡NACÍ POR UN MOTIVO MUY IMPORTANTE!

    —Si ese es tu deseo...

    —Perdóname.

    —No, perdóname a mí... por no notar que ya no eras mi bebé sino un hombre.

    —Met...

    —Independientemente de todo...

    “Te amo” ​

    Una luz que nació en medio de las tinieblas y que cegó por varios minutos a Jihyun, pudo verla, era Adrien sosteniendo su kris con esas enormes alas blanquecinas. Sonrió con todas sus fuerzas, nunca creyó que podría sonreír tan sinceramente.

    —¡Hermano!

    —T-Te tardaste...

    —Ya no tienes que luchar más... yo... yo... —Comenzó a llorar con todas sus fuerzas mientras abrazaba al oriental —. Es mi culpa, todo es mi culpa, si no me hubiese cegado con esta paz, si me hubiese preparado más... si fuese como Lionel-sama... nada de esto... nada de esto... snif... —no pudo contenerse más, la mano maltrecha del coreano fue hasta su mejilla pero en vez de una caricia recibió un leve puño.

    —Tú eres Adrien... eres un imbécil... —dijo —. No un dios y precisamente por eso... d-debes levantarte y luchar...

    —Los muertos... yo...

    —Es lo único que nos queda a ti y a mí —Coreano se levantó con todas sus energías —. Luego tendremos tiempo para llorar y arrepentirnos, pero no podemos detenernos ahora. Sí, en estos momentos sólo queda avanzar —se paró y comenzó a caminar, cojeando pero acomodándose la bufanda —. ¿Alguna vez hemos tenido otra opción? —Adrien vio la espalda del asiático y sonrió. Era tan imponente y maravilloso, todo lo que él jamás sería.

    Ambos comenzaron a avanzar, luchando contra infinidad de extremidades, el ácido, las quemaduras y la misma muerte. La luz incandescente de Metatrón y los agarres brutales de Fibrous los hicieron avanzar, no sabían a dónde pero debían ir hacia adelante, por lógica encontrarían algo. Como dos ermitaños vagaron por ese pasaje lleno de muerte y dolor, donde lucharon no sabían si por horas o por días, no tenían ya el control de nada, ni siquiera de sus propios cuerpos. Hasta que se vieron en un paraje desconocido era una especie de sector plano sin paredes de carne sólo con un cielo repleto de estrellas y ojos rojos que observaban, Adrien quiso avanzar más, pero Jihyun lo tomó con Fibrous, había un risco cosa que a Adrien lo asustó.

    —Debemos tener cuidado.

    —Sí... debemos estar en un sector colindante con el sello de Psyche.

    —Es lo más probable por ese cielo.

    “Se nota que ustedes disfrutan mucho de la diversión”


    Y diciendo eso, Jihyun abrió grandemente sus ojos viendo como del cielo comenzaron a caer estrellas fugaces incandescentes por todo el sector, empujó a Adrien velozmente mientras rompía esos meteoritos en muchas partes. Pronto, aquello se volvió una persecución donde buscaban sobrevivir a toda costa, rompiendo esos colosos que caían del cielo, no solo estrellas sino meteoritos. Estaban agotados, hambrientos, sobrepasados pero no podían detenerse. Eran el líder del consejo y el que fue considerado el segundo heredero. El halo brillaba en ambos hasta el final. Adrien rompió en dos un meteorito mientras Jihyun hacía lo mismo, hasta que el asiático vio como una extremidad negruzca salió del suelo, inmediatamente usó a Fibrous y su propio cuerpo para empujar al rubio pues esa mano era extremadamente enorme. Adrien cayó a un lado soprendido mientras vio como coreano logró destruir esa extremidad, pero un meteorito había caído justo en ese momento y se había estrellado contra una de sus piernas.

    —Te sacaré de ahí, hermano yo...

    —Largo...

    —¿Qué?

    —¡¡Te dije que largo!! —Hasta que Adrien notó por qué, una enorme extremidad estaba a sus espaldas y volteó con los ojos muy abiertos. Jihyun tomó a Fibrous y la arrojó hacia el rubio. La bufanda roja se abrió en muchas fibras que contuvo la extremidad y la atravesó en infinidad de puntos.

    —J-Jihyun... —Si eso pudo ser lo único que pudo decir Adrien cuando varias extremidades salieron del suelo, sacando el meteorito con fuerza y a la vez atraversando el cuerpo del asiático como un muñeco lleno de agujas —. ¡¡¡HERMANOOO!!!

    —Adrien...

    —¡No te mueras! —El rubio fue de inmediato a sacar a su hermano, rompiendo esas extremidades, lográndolo pero el daño había hecho que coreano estuviera bañado en sangre pero a él no pareció importarle.

    Hasta que algo peor se arremetió contra ellos, una enorme tormenta que los hizo literalmente ser enviados hasta el risco, Adrien se sostuvo del pico mientras coreano se sostenía de las piernas del menor que trataba de escalar para ponerlos a ambos a salvo, pero el francés no podía debido al peso extra.

    —Me soltaré...

    —¡¡¡No lo hagas, hermano!!!

    Abajo sólo había extremidades hambrientas que jadeaban o emitían risas mientras buscaban halar al par hacia su núcleo.

    —Si continúo así no podrás subir y...

    —¡¡¡NO PUEDO!!!

    —Adrien estoy feliz que tú seas el líder del consejo, nunca te rindas, pequeño bastardo. ¡POR DURKHEIM! ¡SALVARÉ A SU MAÑANA! ¡TÚ!—Jihyun ató a Fibrous en la pierna de Adrien, la mascota se retorció y se estiró pero nada, la decisión del asiático era clara. Sonrió una última vez —. Siempre te querré hermanito. No olvides algo...

    Saranghae​

    Y se tiró, siendo víctima de la infinidad de extremidades.

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    Adrien subió del risco, llorando, mientras se sacaba a Fibrous de la pierna y sollozaba encima de ella, sintiendo el aroma de Jihyun.

    —Hermano... hermano...

    “Máquina terca, pero máquina sin humanidad a fin de cuentas, aunque la idiotez le dio un aire de ternura y humanidad”

    —Basta...


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    “¿Um?”

    —No llames a mi hermano idiota... no te atreves... ¡¡¡¡NO TE ATREVAAAAS!!!

    Un sello se formó abajo del francés mientras sus alas comenzaron a resplandecer y una puerta enorme conocido como el portal de Alkaid salió del cielo. Toxic conocía ese auge y esa aura, ese lugar maldito crearía otra cerradura para él. Adrien sintió una energía única al igual que la propagación de unas manos oscuras buscando halarlo, pero no le importó y sus alas luminosas crecieron obteniendo patrones diferentes mientras la enorme figura de Met estaba tras él, el varón sostuvo su espada y fue volando hacia el monstruo carmesí. Una escena que para Toxic era conocida, pero ese muchacho no sabía que no era la única cosa que debía hacer para librarse de él.

    “Nunca aprenden, siguen usando los restos de mis hijos. Son sencillamente crueles, criaturas”

    Con las enormes alas de luz el varón se lanzó en picada mientras la dama lo seguía como un enorme espíritu luminoso a sus espaldas, la expansión de la luz comenzó a derretir paredes y todos los sectores del lugar, haciendo que personas de otras zonas del monstruo observaran la escena. Adrien continuaba en el cielo, mientras enormes protuberancias buscaban alcanzarlo, pero él esquivaba sin soltar su espada de luz que ahora emitía un ahora lumínica gigantesca con la que él se arrojó partiendo en dos al monstruo carmesí pero él escupió, sosteniendo una pierna del varón doblándola, pero él continuó, luchando con todas sus fuerzas.

    “Incluso si ahora soy solo un fragmento de mi poder, no te lo dejaré fácil”

    Una pelea horrible que duró mucho tiempo, donde las mordidas, la pérdida de miembros comenzó a ser protocolo normal...

    No...

    No...

    ¿Met?

    La voz de Psyche paró.

    No quiero recordar eso... no más...

    No más...

    Recuerdos confusos poco a poco salían borrosos y en trazos.


    El enorme monstruo odiaba no tener todo su poder cuando el último salto del otaku terminó con un corte vertical que destruyó al monstruo hasta sus entrañas y la luz quemaba todo a su paso. Fragmentos de luz volaron por doquier mientras el sector carmesí regresaba a sus normales entonaciones. El ambiente rojizo ahora era reemplazado por nubes, luz y terrenos celestiales mientras los ángeles cantaban al varón repleto de sangre. Pero una voz aún resonaba.

    “Un sello mediocre, se ve que eres demasiado humano para abandonar tus lazos, ¿no? Una cadena... solo una cadena... ¡INÚTIL!”

    —A-Adiós... monstruo carmesí... adiós... y Met... perdóname...

    Los fragmentos de luz brillaban por doquier mientras él tiraba la espada al suelo y buscaba calmar su respiración.

    Un héroe con una pierna destrozada, varios dedos perdidos y un corazón roto. Que fue hasta el risco a recuperar un cuerpo sin vida. Mientras una mujer quedó atrapada con el monstruo carmesí, siendo una cadena que no podría jamás salir. Un sello hecho en Castlelot y perdido ahí. Un sello débil de lazos que no pudieron ser rotos. Él era demasiado egoísta para ser como el león negro y sin embargo...

    Ahora era un héroe, los gritos de los supervivientes que lo declararon como el vencedor de Toxic pues la batalla se vio en todo el lugar, pero él... él ya no sentía nada. Cargando el cuerpo de su hermano sólo salió siendo recibido por la alegría de Ryrio.

    —¡Sempai eso fue... fue...!

    —Desastroso.

    —Yo creo que... usted es un héroe genial.

    —No soy un héroe genial...

    “Soy solo un muchacho estúpido” ​

    … ​


    Todo pareció fundirse en la más grande miseria luego de aquel evento. Recuerdos, nombres y experiencias todas ellas arrebatadas. Los sobrevivientes aclamaban su victoria, y lo nombraron el Psycho Hunter pero... ¿Realmente lo era? Las muertes que cargaba a sus espaldas decían otra cosa, que era un fracasado que jamás podría igualarse a su predecesor. Por eso se quedó quieto ignorando que impedía el paso de los estudiantes aquella mañana y estos tan sólo lo observaban murmurando cosas desagradables, pero eran miradas invisibles para él. Ya no sentía nada. El dolor se había vuelto una experiencia tan lejana que ni siquiera recordaba claramente cuando le amputaron la pierna izquierda. Ese día estaba tan aterrado al ver a Barbara no despertarse y llena de tubos que poco o nada le importó su propia salud.

    —¡Sempai! ¿Qué hace aquí interrumpiendo el pasó? ¡Lo llevaré a su clase! —El futuro aún buscaba protegerlo y eso se materializaba en ese chico de dientes afilados que movía la silla de ruedas —. Oh, recuerdo que hoy tienes cita con el traumatólogo. ¿Quieres que te acompañe? Creo que puedo con mi horario y...

    —Como quieras.

    No tenía ganas de hacer nada.

    —Por cierto Zero te dejó documentos... ¡No te preocupes ya los llené todos yo!

    Él era radiante incluso sin un elemento como tal. Adrien siempre lo pensó: Ese chico era como el agua que parecía ser tan obvia y de poco interés pero que sin ella ningún individuo podía vivir. En ese periodo eso fue Ryrio para él, su linfa vital que impedía que cayese en la miseria y desesperación incluso luego del coma de Barbara.

    —Allen...

    Sí, Allen se había recluido en su trabajo ninguno de ellos tenía el valor de dirigirse palabra alguna. Rumores decían que el albino había desarrollado una actitud más protocolar y estricta, y eso se verificó cuando su fuerza de élite comenzó a tener reglas que impidieran los lazos obvios que perjudicaran la labor militar o la eliminación veloz de los posibles traidores o elementos peligrosos. Mond parecía cargar una culpa invisible que Adrien no comprendía, ¿por qué sentir culpa de tener miedo y escapar? En el incidente Toxic todos lo hicieron, todos fueron niños asustados buscando sobrevivir pero solo Allen se inundó en ese agujero de culpa que lo tenía envuelto en trabajo e incluso le daba ausencias tremendas en las clases. La mente del número más bajo vagaba en otro sector mientras en el de Adrien ahora era otro.

    —No quiero entrar a mi clase.

    —¿Oh?

    —Quiero ir al hospital — comentó, era evidente que no era por el traumatólogo, era por otro motivo. Ryrio suspiró, él no podía faltar a la escuela por acompañar a un amigo, pero mirando al frente tan solo sonrió: Él haría eso y más por su sempai.

    —De acuerdo...

    En el hospital nadie se sorprendió al verlos, dos muchachos que se fugaran de la escuela para venir a un lugar tan opaco y triste como un hospital debían tener motivos bastante válidos más allá de una actitud hedonista que los hubiese guiado a un local de diversión y no a un centro de cura. Adrien pasó y pidió ver a Barbara que estaba recostada en su cama siendo asediada por tubos que le permitían vivir y ser cuidada.

    —Yo... esto... mejor me retiro —dijo Ryrio, prefiriendo dejar a su sempai a solas con la chica. El tiburón se fue hasta a una máquina de café y se sentó mientras miraba el techo —. Demonios...

    Dentro de la habitación de la muchacha había un gran silencio que abarcó todo. El único sonido presente era de los artefactos médicos que mantenían con vida a esa chica que llevaba muchas semanas en coma. Adrien la miró con sus ojos vacíos hasta que no pudo soportar más y lloró. Sollozó como nunca, cayendo a los pies de la cama y humedeciendo con sus lágrimas las sábanas de la chica.

    —Lo siento... Lo siento... todo es mi culpa. Si tan solo pudiera hacer algo... si tan sólo te pudiera ayudar a despertar. ¡¡¡Soy un inútil!!

    Ryrio quiso entrar. Su sempai no tenía un estado mental muy bueno luego de la cantidad de eventos que pasó en el incidente Toxic. Tanto tiempo considerando al viejo Lionel un tipo aterrador para darse cuenta que lo era, ningún humano normal hubiese podido reaccionar como él. Y Adrien no era ningún fenómeno por mucho que tantas personas lo hubiesen creído por su apelativo de prodigio y poder. Él era un humano bastante humano y por eso al verlo llorar el tiburón se alertó, quiso ayudarlo pues había caído de su silla de ruedas, pero el rubio estaba con los ojos cerrados. Estaba rezando. Quizá cuando un hombre no puede alcanzar o proteger a la persona amada, busca ayuda de entes más alejadas de este plano. Por mucho tiempo su sempai le declaraba la complicada relación que tuvo con dios por su familia y complicaciones religiosas, pero al borde de la desesperación hasta el más osado caballero en problemas estaba dispuesto a acercarse a su rival más disgustoso para pedirle ayuda. Un quiebre mental que lo llevó a ese extremo aterrador. Hasta que paró, tenía los ojos llorosos pero los abrió y dio una tenue sonrisa.

    —Ryrio...

    —Sempai...

    —Llévame a la capilla del hospital.

    Sin dudarlo, Ryrio asintió ante la orden de Adrien, llevando aquella silla de ruedas por los pasillos hasta llegar a ese pequeño lugar. Habían algunas personas rezando pero eso no impidió a Ryrio de mover la silla de ruedas hasta al frente del altar y ayudar al francés a sentarse frente a este. El gitano sólo se quedó a un lado con la cabeza baja, él era de otra religión pero eso no significaba que no podría tener un comportamiento educado y cordial frente a otras inclinaciones religiosas. No dijo nada, sólo cerró los ojos y esperó a que su mentor culminara.

    —Creo que no querrás oírme por un blasfemo ser. Nunca comprendí como amarte pues mi vida por tu culpa tuve que conocer —suspiró con los ojos cerrados —. Dios... sé que tengo una relación complicada contigo —oró —. No comprendo qué hago en este mundo ni por qué. Sé que muchas veces te odié por no haber ayudado a la gente que amo o a mí mismo. Tú eres dios, pero permitiste que Lionel-sama sufriera abusos de su padrastro, permitiste a mi madre ser víctima de un sujeto como mi padre, permitiste la muerte de mis amigos, no hiciste nada. Lo sé, quizá yo tampoco he sido un hijo bueno o leal. Siempre tuve problemas contigo y podría contar hasta la infinidad los momentos donde tú no estuviste y dije cosas malas en tu nombre. Incluso ahora no hago más que quejarme, ¿no es gracioso? Ja... Yo no te pido nada, lo sé bien —paró un momento —. Dinero, fama, posesiones, amor... Nada para mí, no quiero nada. Sólo quiero vida... Vida para Barbara. Toma la mía si quieres, y de no tomarla... yo te la daré, me dedicaré a ti, a tu nombre, a tu pueblo... Sólo te pido... te pido, de parte de este humano que trajiste al mundo, aún cuando todo estaba en su contra...

    "Que no me quites a Barbara"​

    —Por favor... por favor...

    —Sempai...

    Amén.

    ... ​

    Hasta que llegó la visita con el traumatólogo, Adrien odiaba esas visitas aunque en cierto sentido no eran tan malas sólo largas debido a que el doctor estaba algo anciano y no escuchaba muy bien las preguntas. En todo caso parecía siempre dar lo máximo de sí y eso era relatable para un varón de su edad.

    —El doctor vendrá en un momento — dijo la enfermera era joven, bonita y agradable aunque a Ryrio no le caía muy bien. Ella se acercó y le dio una caricia a Adrien que la observó —. ¿Quieres un café o algo mientras esperas, tesoro?

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    —Así está bien — intervino Ryrio —. Queremos ver al doctor.

    —Lo siento niño, aquí no hay ningún actor aunque dicen que me parezco al Brad Cruise —comentó el bajo doctor con una sonrisa tranquila.

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    —Doctor Manssur ha combinado dos actores diferentes —dijo mosqueada la enfermera sosteniendo los papeles.

    —Es que cuando eres bárbaro como yo tienes que fusionar actores para que te alcancen.

    —Agh... Y dijo doctor no actor.

    —Katia no tengo ardor.

    —¡Soy Karla!

    —¿Qué quieres rascarmela? ¡Karla soy un hombre casado con nietos! ¡Controla tu sed de sugar daddys!

    —Hola doctor — saludó Adrien con voz bajita rompiendo el ambiente entre los funcionarios médicos, hasta que el doctor acomodó sus anteojos y examinó al muchacho rubio que tenía delante.

    —Veamos esa pierna, vaya vaya... todo parece ir bien —dijo el médico, controlando los puntos de la amputación, al ver el rostro taciturno de su paciente comenzó a hablar—. No sé si te conté de un viejo amigo, era el domador de cerdos más experto que jamás haya visto hasta que un niño esquizofrenico quemó su casa en un ataque de amor. Estos niños. —Adrien ya no estaba taciturno ahora solo estaba confundido con inicios de una risa forzada por no comprender el ¿chiste? malo del anciano —. ¿Y qué tiene que ver con esto? ¡Nada! Aunque él se largó con quemaduras a los dos días, yo te digo que ese tipo atraía cada criatura sobrenatural a casa...

    —De nuevo con sus historias ficticias doctor.

    —¿Qué si era de Venecia? ¡Pues no, Katia! ¡Pero hablaba con los perros!

    —Perdonenlo está senil y siempre habla de su amigo imaginario... ¡Y soy Karla, doctor!

    —Ok, Catria. Perdona a este anciano.

    —¡Ni está tan viejo...! Argh...

    —Entonces me puedo ir... ¿cierto? —preguntó Adrien.

    —Pues tus expedientes muchachito dicen que eres un candidato del proyecto monarca, ¿cierto?

    —Yo... sí... eso...creo...

    —Me he informado de prótesis adecuadas y pareces un buen candidato, aunque tendría que comunicarme con el proyecto monarca para ver si pueden financiartelo pues son bastante caras, caray.

    —Gracias por la información, doctor.

    —¿Uh? ¿Dejé el motor prendido?

    —¡Dijo que muchas gracias doctor! —gritó Ryrio. Ese sujeto le recordaba a su abuelo.

    —¿Mucha mafia? Madre santa, los jóvenes de ahora y sus pandillas.

    —¡Viejo! ¿¡Que no entiende lo que decimos...?! Ay... —El tiburón estaba frustrado.

    —¿Qué son gays? Viva el amor joven.

    —Por todos los...

    —Y como te decía Karina, un día vio una horrible criatura misteriosa en un cuadro y cayó. ¡Queé cosas!

    —Una palabra doctor: Jubilación.

    —Sí, Kamila, yo apruebo la diversión, tengo alma joven.

    Adrien y Ryrio cerraron la puerta de la consulta, a pesar de lo loco que era el médico ciertamente ayudaba a que el ambiente depresivo entre ambos no aumentase. Letzenburg podía parecer una tierra gloriosa pero cargaba con sí injusticias, tantas, pero a la vez gente buena que hacían que ser candidato valiera la pena. Muchos adultos, jóvenes y ancianos por el que pensar en un mañana era positivo. Vivían en una sociedad después de todo, una que no sólo tenía jóvenes sino también niños, adultos y ancianos. Todos con sus pequeños sueños volando y buscando llegar a un lugar. Quizá por eso Ryrio disfrutaba en acompañar a su sempai donde ese tipo excéntrico porque luego de todo veía algo que creyó que jamás podría vislumbrar en ese rostro luminoso: Una sonrisa. Una hermosa sonrisa, una que lo guió por mucho tiempo pero Toxic le había arrebatado, la vida podía ser dura pero siempre había un halo de esperanza encima.

    Y con el vaivén de las estaciones Ryrio lo comprendía, y ahora ambos sentados en el parque pensaban, viendo jugar a los niños.

    —¡Sempai! —Ryrio se levantó y alzó ambos brazos—. Yo venía a jugar con mi hermano y Gild aquí. ¡Siempre ganaba obviamente!

    —¿De verdad?

    —¡Claro! Siempre los alcanzaba aunque Gild me la ponía muy fácil, a veces creo que se dejaba ganar, siempre fue un niño muy bueno. Incluso no me golpeó cuando le dije que su familia no era de verdad porque no tenía un papá.

    —Eso fue cruel, Ryrio. ¡Un poco de dulzura te faltó!

    —Los niños lo éramos, es curioso porque ahora pienso... ¡Debía estar en la gloria! Mi padre es un viejo histérico y pesado.

    —Pero te quiere mucho.

    —¡Ni lo dudes!

    —Supongo que te envidio un poco...

    —¿Por mi familia? ¡Te los regalo! ¡Especialmente a Mario!

    Rió. El varón en silla de ruedas lo hizo. Sin duda al ver a Ryrio veía nuevamente a alguien a quien proteger, que le devolvía esa esperanza que había ido perdiendo. Esa sonrisa repleta de dientes afilados debía estar intacta hasta el final. Y él se encargaría de eso.

    * * * ​

    Todo pasa y semanas después Barbara despertó. Los milagros podían existir y con su despertar. Adrien no hizo más que abrazarla apenas cruzó el umbral de la Academia. La chica debía descansar pero ella era tan terca como para ir apenas estuviese bien. Aquel abrazo pareció eterno y fue complementado con un beso en la frente por parte de Barbara al rubio, y de este a ella en las manos. Ryrio vio todo desde una pared, no se quería inmiscuir especialmente cuando el lazo entre ambos hacía ver el suyo como una mera soga para sostener pan. Estaba celoso y él lo sabía.

    Tan solo gruñó y fue a devorar un pedazo de pan en la azotea de forma solitaria, y al parecer Barbara no era la única que vino.

    —¿Gild?

    La bella estela de un rubio delgado de facciones hermosas mirándolo frente a frente hizo que un escalofrío recorriera su columna vertebral. Hasta que él abrió sus bellos labios mientras sus orbes estaban abiertas de forma aterrada y aquella acotación logró que Ryrio pensara en escapar.

    —Ryrio... ¿Dónde están los... demás?

    Las cosas se estaban poniendo increíblemente complicadas.

    … ​

    La realidad podía tener muchas matices, colores que iban trazando una nueva obra e iban ocultando los colores antiguos. Poco a poco aquel lienzo en blanco iba obteniendo tonalidades diferente haciendo desaparecer las teñidas anteriormente y, sin embargo, el color original aún yacía abajo de toda aquella amalgama de creencias, sueños y desgracias. Adrien desde su oficina veía Ryrio discutir con su hermano que revoloteaba alrededor de él como una abeja entre flores y él, queriendo golpearlo con la mochila o cualquier objeto punzante que tuviera en la mano.

    —Te preocupas por él, ¿no? —Una chica trajo dos tazas con chocolate caliente.

    —Es un buen chico.

    —Concuerdo. Será un gran líder de consejo.

    —Barbara... No quiero darle... esto —explicó, señalándose a sí mismo —. Una maldición como esta que sólo trae desgracia y dolor. Es mi labor proteger la sonrisa de mis estudiantes no cederles la miseria.

    —Eventualmente te irás.

    —Lo sé... pero...

    —¿No quieres maldecir a nadie?

    —Supongo... ellos son tan jóvenes y buenos. Han perdido mucho y los que vendrán tendrán la bendición de no haber vivido pero tendrán la santidad hedonista de la ignorancia que hará que los errores se vuelvan a repetir —suspiró —. Y cuando no conoces el dolor, su presencia te destruye de forma más catastrófica.

    —Claro... Ellos no conocerán el dolor y cuando éste haga acto se presencia se romperán. Es un punto de vista maduro, Adrien.

    —Maduro... ¿Yo?

    —El señor Lionel tenía razón, eventualmente te volverías un líder de consejo asombroso. Tus ideales, tus hazañas en el Nexo, te has vuelto bastante maduro y capaz de dirigir una academia. Cometiste errores, pero nadie es perfecto, lo importante es continuar y mirar hacia adelante.

    —No soy tan genial...

    —Eres un héroe Adrien, sé que no lo aceptarás pero...

    —Un héroe roto —zanjó—. Y no quiero que nadie más se rompa. Justo como lo hice yo.

    —Adrien...

    —Aún si me hago el fuerte, cuando pienso en mi vida, en mis temores y en mis recuerdos de una paz falsa que creí verdadera. Tengo el pensamiento egoísta de descansar. ¿Qué clase de héroe soy?


    —Uno de verdad —agregó la chica, abrazando la cabeza del rubio que se sorprendió por eso —. Ser un héroe no significa estar adelante con optimismo y luchar contra el mal siempre con una sonrisa. Un héroe puede ser alguien triste, arrepentido y asustado, un héroe puede ser alguien que no olvida y que vive con los recuerdos aún si son muy tristes. Un héroe es aquel que puede hacer que el dolor no sea olvidado ni transmitido pero sí comprendido para que los que vienen lo conozcan, mas no lo vivan. La capacidad de hacer que otros no erren y caigan en el mismo error es una cualidad divina sumamente hermosa.

    —De todos modos... No pasaré esta maldición a nadie más... Yo... —Adrien sintió la mano de Barbara encima de la suya.

    —Entonces dásela a alguien que ya esté maldito.

    —Barbara... —Ella se acercó, se arrodilló un poco y le dio un beso en la frente.

    —Descanse, señor líder del consejo.

    —Y-Yo no puedo... —sus ojos comenzaron a tener vida propia y derramar suaves lágrimas —. Yo debo...

    —Hay cosas en este mundo que no podremos hacer solos. Siempre me he considerado un monstruo, nada cambia entre un monstruo aterrador a un monstruo maldito. ¿No lo crees? —sonrió ella —. Yo haré avanzar tus ideales, sueños y pensamientos. Ejecutaré cada uno de ellos, tú... tú transmite este legado para que nunca sea olvidado.

    —Barbara... ¿Por qué?

    Porque te quiero como a ningún otro. ​

    "Las estaciones traían con sí buenas nuevas o volvían a sumergir a todos en una cómoda monotonía. Ignorantes del monstruo que los acechaba, y los recuerdos de los difuntos siendo sólo un aterrador recordatorio para los tenían el don del conocimiento de que la paz debía ser preservada mas nunca fundirse con ella. Es ironico: La guerra mata, pero la paz destruye."

    La paz sí, aquella que debilita y nos concede una ignorancia hedonista y fantasiosa. Cuando la sonrisa afilada fue devuelta al ángel del olvido que estaba perdido en sus pensamientos. Los pasillos parecieron no tener vida, para el rubio sólo estaban ellos dos, ignorando la masa estudiantil que conversaba o gozaba de su hermosa ignorancia.

    —¡Mi récord de asesinato de distreses está rozando el tuyo, sempai! ¿A qué soy genial? —saltó el chico tiburón, el rubio en silla de ruedas le dedicó una sonrisa.

    —¡Ese es mi kohai! —respondió y Ryrio se rascó la nariz, orgulloso y dando una suave risita —. Si supieras las felicitaciones que recibo de parte de Zero por hacer que el número de enemigos disminuya, dejando a sus tropas sólo los asuntos realmente serios. No sabes cuánto nos ayudas, Ryrio.

    —Ah... Zero —el menor escupió con fastidio —. Ese patán sin duda no tiene sangre en el rostro, ¿cómo se atreve a considerarse un líder cuando nos abandonó a la bruja y a mí? Sólo es un cobarde ataviado de mentiras. ¡¡¡Ojalá se pudra ese patán mentiroso!!!

    —Ryrio...

    —¡Pero yo no seré así! ¡Cuando sea líder del consejo lo echaré a patadas!

    —No...

    —¿Qué sempai?

    —Tú nunca serás el líder del consejo.

    —¿Q-Qué? Pero yo... Yo... ¡Yo soy tu mano de dios! Yo... Yo... ¡¿Crees que no soy capaz?! ¿Es eso?

    —No. Nada de eso.

    —¿Entonces qué? ¿¡Qué?! O mejor dicho... ¿¡Quién!?

    "Aquella primavera las hortensias nacían mientras que de la última arboleda una chica caminaba lentamente, toda ataviada de blanco. Aún si esa fue la primavera de su liderazgo, fue el otoño de Ryrio.

    Él había visto caer muchas cosas en su vida a ese punto, atascado en un otoño eterno donde las hojas caían, frondas grises y cobrizas que eran: Sus sueños, sus amigos, sus ideales y ahora incluso...

    Sus héroes​
    "

    … ​

    “La vida continuaba, ella jamás se detenía, los seres humanos debemos continuar es lo único que nos queda. Incluso si el sufrimiento está cerca, incluso si el dolor nos está acechando, todo lo que nos queda es vivir con todas nuestras fuerzas, rendirnos y desistir nunca es la respuesta”

    —¡Adrien! ¡Tú puedes...!

    Una chica de gran cabellera negra alentaba a un chico que estaba en una plataforma sosteniéndose de dos largas líneas de metal que lo ayudaban a caminar, mientras su pierna tenía una prótesis. La fisioterapia nunca era fácil para Adrien pero no faltaría jamás a ella, incluso si su ahora perezoso cuerpo se desistía a avanzar.

    —Vamos jovencito, casi lo logras —dijo el anciano doctor con voz alegre.

    —Mantén la postura más vertical —tajó el fisioterapista con voz seca. Incluso él tenía prótesis en las piernas —. 3cm más a la izquierda.

    —¡S-Sí! —gritó Adrien, buscando caminar mientras veía la meta más cerca, no quería fallar, quería llegar a su meta, pero...

    Cayó.

    —Oh... imagino que eso es todo, puedes intentarlo mañana —habló el médico, rascándose el bigote.

    Pero Adrien no se quedó ahí y se sostuvo de los soportes de metal, alzándose con dificultad y negando la ayuda de Barbara.

    —¡No me voy a rendir! ¡Voy a volver a intentarlo! Quiero... quiero tomar mi diploma... quiero ir a la graduación... ¡Caminando!

    —Muchacho... —susurró el doctor —. ¡Ya que más da! ¡Otro intento más!


    “La marcha irrefrenable del tiempo llega a todos por igual, incluso a mí. Esos días pasé mi vida como un ermitaño encerrado en la biblioteca incluso si mis piernas comenzaron a colaborar conmigo. Escribí muchos libros, ¿no era irónico? Con mi hoja me encargué de impartir olvido y con mi pluma de hacer recordar. Mi vista se había echado a perder un poco, pero me costaba resignarme a dejar un libro incompleto. Por eso escribía, y los novatos que alguna vez llamaron viejo a Lionel y miraban mi jovialidad con ternura ahora eran serios adultos o alcanzaron un cielo hermoso. Para los nuevos novatos ahora era yo el viejo. “Viejo Adrien” “Héroe silente” Muchas veces los guié y era muy amado por ellos, y sin embargo... hasta la fecha la palabra héroe no es de mi agrado y entre más crezco, mucho menos me gusta. Aun pienso en Metatrón, ¿me odiará? ¿Me seguirá queriendo? Con mi entrada al mundo de los grandes cualquier esperanza de reencuentro se difuminaba lentamente. Crecer duele, siempre y, no obstante, antes de acceder al territorio de los gigantes, quise visitar la tierra eterna de las hadas con ellos, con mis amigos y recordar un poco del viejo yo que antes se reflejaba en una espada de luz tan bella como aterradora”

    —Nuestra base secreta... —Barbara estaba ahí, en ese agujero en Nibikure —. Adrien...

    —Tengo trabajo... ¿En serio me querías traer a esto? —Dijo Allen con seriedad.

    —¡Pues clarooo~! Ya pronto me graduaré.

    —Lo sabemos... ¿Quién diría que lograrías pasar el año y nosotros no? —comentó el judío, suspirando con fastidio —. Entre el coma de Barbara y mi carga laboral, te digo que nuestras prioridades más serias dejaron de ser estudiar.

    —¡Ah! ¡Pues cuando estás todo el día sentado no te queda otra opción que hacerlo! —se defendió Adrien, sonriendo.

    —Touché —completó el albino.

    Se quedaron en silencio un largo rato, mientras decidieron hacer una fogata en medio de los tres, el trío la observaba, un fuego calmado, tranquilo, que creaba un ambiente suave y único que ahora disfrutaban ellos tres.

    —Fuimos idiotas, ¿sabes? —dijo Adrien con una sonrisa recordando.

    —Éramos niños, ¿no? —Barbara respondió, poniendo su mano cerca al juego sintiendo su calor —. Aunque esa nunca fue una excusa para que nos quedáramos quietos.

    —Y tanto menos para olvidar que teníamos responsabilidades —agregó el albino —. Temo por el futuro, ¿estaremos haciendo lo correcto?

    —Creo que eso lo veremos más adelante... —completó Barbara —. Por ahora disfrutemos este presente.

    Hasta que un sonido los alertó a ambos y fueron hasta la entrada, dándole la espalda al rubio que vio a ese par. Espaldas importantes e imponentes, ambos siendo uno en su labor. El líder del consejo y Zero. Y ambos, sí ambos, frente a él. Adrien sonrió y se sintió iluminado por una luz que hizo que sus amigos volteasen, notando al ángel de luz con sus resplandecientes alas.

    —Perderé mis alas pronto —comentó —, pero espero no perderlos a ustedes, amigos.

    —Eso jamás... —dijo Barbara.

    —No digas tonterías, idiota —completó Allen.

    —Prométanme que nos volveremos a reunir los tres —El ángel puso una mano en el centro, Barbara puso su mano encima de la de él.

    —Lo prometo.

    —Siempre con tus idioteces, Adrien... ufff supongo que... ¿sí? —Y el albino imitó el acto de la azabache, poniendo su mano encima de la del francés.

    “Sé que este mundo a veces puede ser demasiado cruel, despreciable e inclemente, pero no estamos solos, cada persona que nos rodea vive una lucha interna, invisible para el resto, pero presente tal como las nuestras. Al final no somos tan diferentes sea cual sea nuestra raza, orientación, religión, política o ideal: cada uno de nosotros es un guerrero que lucha por continuar”

    —Por eso mismo sigamos avanzando.

    Aplausos se escucharon mientras un chico rubio sostenía su diploma y miraba el cielo, siendo asediado por la luz cálida del sol. Una que le recordó a cierta dama de ojos ocultos que lo cuidó como su propia madre y que ahora cuidaba al resto como si fuesen sus hijos. Su amada Metatrón, aun si nunca volverían a abrazarse, sus corazones seguían la misma sinfonía para siempre.

    “Irremediablemente en el camino vamos a hallar baches, incluso con optimismo la vida nunca será sencilla”

    Próxima parada: Roma.


    La maleta de un jovencito sonaba fuertemente mientras miraba una fotografía que tenía en sus manos era de él junto a Allen y Barbara en su graduación, sonrió al verla mientras recordó lo que dijo aquel día:

    —Recuerda la promesa —dijo Allen —. ¿Padre Lacourt?

    —¡Adrien! ¡Nada más...! ¡Hahahaha! Ni siquiera sé como me irá, ¿si no le caigo bien a los sacerdotes?

    —Lo harás genial.

    —Esto de estudiar teología me matará... ¡Pero tengo esperanza!

    —Tú siempre tienes esperanza, cabezahueca —agregó Allen —Por eso te queremos.

    —Pero regresaré... ¡Y estaremos juntos los tres!

    Gritaron, volviendo a alzar sus manos. El rubio recordó eso con ternura mientras guardaba la fotografía y arrastraba la maleta, yendo hasta el tren que lo llevaría a su parada. Si bien su destino era el Vaticano, su interés turístico lo llevaría a Roma para ver algunos teatros y museos, y como estaba de paso, ¿por qué no?

    —Oh, así que tú eres nuestro acompañante, espero que Jesús no te moleste mucho —una mujer sostenía un bebé que se chupaba el dedo, el varón sonrió.

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    —Qué lindo nombre. Me recuerda a alguien, ¿sabe? —comentó mientras se acomodaba al lado de la fémina, mientras el bebé cada tanto se acercaba a él y él le hacia caras tontas y divertidas. Adrien se quedó observando al pequeño, tan curioso y lleno de vida, ignorante de un mundo amplio, tenebroso pero tan maravilloso que lo esperaba, aun así Lacourt hizo todos sus esfuerzos por ver hacia su ventana, notando a un par de adolescentes que rompían su relación en medio de la calle.

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    —¡Eres un idiota!

    —¡Tú más!

    “Vivimos en una burbuja donde pensamos que la sociedad se compone solo de nosotros y seres similares a nosotros, y si bien el presente es un regalo, no es lo único que tenemos ni es lo único que nos edifica como seres humanos”

    Un varón caminaba con su pequeña hija hasta que éste se chocó en un poste, eran padre e hija.

    —¡Gilbert no te choques con los postes!

    —P-perdón... ¿Ya estamos cerca de la escuela?

    —¿Escuela? ¡Nop! ¡Es el festival de Abogadín donde él y Positivín bailan! ¡Será divertido ver si ahora podrán ser mis esclavos!

    —Perdón... —susurró la acompañante de Adrien, ya que él bebé había comenzado a tomar la camisa del rubio que volteó y negó, mirando al infante mientras le tomaba la mejilla. Suave, tersa y linda. Los niños eran seres tan puros y maravillosos.

    —No pasa nada... ¿Puedo cargarlo?

    —Claro, jovencito.

    Adrien lo hizo viendo a ese pequeñín extender sus manitos hacia él con una enorme sonrisa.

    “El futuro es radiante, parece inalcanzable pero ésta ahí, frente a nosotros, en el rostro de cada niño que nos observa con curiosidad o inocencia. Sonrisas que uno quiere proteger con todas sus fuerzas, pero que para eso se debe resguardar el propio presente para que este futuro brille más que nunca”

    —Por cierto, ¿tiene hambre, señora? Creo que puedo pedirle algo a la azafata.

    —Vengo con poco dinero y...

    —¡No se preocupe! ¡Yo pago!

    —Eres un ángel, tesoro —dijo la mujer, no lo diría jamás pero estaba hambrienta pero apenas tenía dinero para su bebé, dado que era madre soltera, así que prefirió sacrificarse por su pequeñín —. Es raro que alguien se preocupe por una señora como yo.

    —No se diga así, es bonita y tiene un bebé hermoso. ¡Seguro que él es feliz si usted lo está!

    “El presente es el padre de nuestro futuro”

    Mientras él sostenía al bebé y la mujer comía el varón no pudo evitar de nuevo ver aquella ventana, notando a su... ¿médico? Mientras estaba rodeado de niños que seguro eran sus nietos.

    —¡Abuelo! ¡Abuelo! ¡Quiero ir a ver Venom!

    —¡Abuelo Freeed! ¡Yo quiero ir al baño!

    —Ay... mi cadera... niños tranquilo iremos a ver Nemo.

    —¡Venom, abuelo! ¡Venom!

    —Sí, sí, Nemo, ese pejelagarto en busca de su tesoro.

    —¡Esa no es la historia, abuelo!

    —¿De Venom?

    —¡De Nemo!

    —¿Ahora quieren ver Nemo? ¡Juventud voluble!

    “Y el pasado como guía que nos permite no repetir todos los errores: Ni pasado, ni frente ni futuro. Seamos ambiciosos y cuidemos los tres con todas nuestras fuerzas aún si este mundo nos haga elegir uno, en ese momento elijamos el camino y no perdamos el rumbo de nuestros sueños, morir o vivir, es inevitable, pero continuar es opcional”

    —¡Debo bajar! —Adrien notó eso de inmediato, se despidió de la mujer y tomó su maleta, saliendo con todas sus fuerzas, antes de que literalmente las puertas del tren lo aplasten al cerrarse —. E-Eso estuvo cerca.


    Perdido en medio de Roma, la tierra donde la civilización humana empezó, donde el Coliseo se imponía con gloria. Adrien pudo ver muchas cosas, tomándose fotos con hombres disfrazados como gladiadores y perdido como un turista con un mapa entre sus manos. Tantos lugares que visitar, tanta humanidad por conocer, sentado en medio de la fuente de Piazza Spagna mientras comía un pan con porchetta se vio rodeado de turistas que hablaban en diferentes idiomas. Risas, cuentos maravillosos, bromas y demás mientras el sol quemaba sus pieles u obligaba a más de uno a abanicarse con algún panfleto. Hasta que era la hora de ir al destino original, ahora perdido entre la tierra de la religión católica, fe que había decidido tomar. Recordó una de las charlas de las personas de Roma que le recomendó de ir a la Capilla Sixtina, por lo que antes de partir a su destino decidió ir allá.

    Frescos, hermosos frescos por doquier. Mientras a su lado había un varón viendo el mismo que él, no se dedicaron palabra alguna, ambos estaban silenciosos mirando esa obra de arte.

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    —Mi padre es un idiota... —susurró el sujeto misterioso que veía ese fresco a Adrien —. Pedir de entre todas las cosas esto...

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    —¿Uh? —se atrevió a preguntar.

    —Mi padre morirá... —susurró —. Antes de morir, su voluntad era que visitara este lugar. Él dice que cosas hermosas siempre suceden en esta capilla, sí, alguna estupidez que seguro le dijo su maestro.

    —¿De verdad?

    —Desvaríos de un viejo.

    —Debes de querer mucho a tu padre si cumpliste su voluntad.

    —¿Lo quiero? Ah, no tengo la pálida idea. En todo caso, me largo. No soy un hombre de arte.

    —Sí, yo también debería irme.

    —¿Oh?

    —Soy estudiante de teología.

    —Ya veo un religioso... Qué tipito más falso.

    —¡P-para nada! ¡Je! —Esa sonrisa le causó disgusto al acompañante que sonrió ladino.

    —¿Cómo te llamas?

    —¡Adrien! ¿Y tú?

    —Julius —respondió —, pero puedes decirme Octavio. bambino.

    “Incluso si todo parece perdido, si el optimismo se esfumó de la faz de la tierra. Avancemos, las metas son efímeras, pero el camino es maravilloso. Perder todo, no significa quedarse sin nada. Corriendo, caminando o arrastrándose conoceremos más guerreros en medio de su lucha, peleas invisibles que conoceremos acercándonos. Qué bella es la vida que nos permite conocer infinidad de personas en toda nuestra estadía en este planeta. Si avanzamos hasta el final podremos hallar más seres humanos valiosos que nos impulsarán a vivir con todas nuestras fuerzas.

    Porque esto es la vida, un complejo cúmulo de dificultades, desesperación y gloria que nos sumerge en una tierra de posibilidades, nunca olviden eso, chicos del futuro. Si el futuro parece gris solo nos queda avanzar, buscando, cayendo y levantándose encontraremos los nuevos colores”

    —¡Debo irme!

    —¡Cuidado con ese auto, mocoso!

    —¡Woaaa!

    —¿Eres idiota?

    —¡No! ¡Soy Adrien!

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    “Si, chicos del futuro, nosotros fuimos los chicos del pasado, nosotros también sonreímos, también soñamos y también perecimos. Nuestra historia, nuestros ideales y nuestros sueños, espero que un día los conozcas, mi espada portará el olvido, pero mi yo traerá el recuerdo de un pasado lejano donde nosotros también amamos, un recordatorio amargo pero a la vez dulce, por eso chicos del futuro... ¡No nos olviden! Y recuerden siempre...

    Ceux qui ne se souviennent pas du passé sont condamnés à le répéter”
    “Y esa sonrisa regresará” ​

    [ * * * ] ​

    Cof... Cof...

    Una tos llenaba todo el lugar, mientras una chica de largas trenzas se veía a sí misma repleta de heridas y tirada en algún sector mientras muchas miradas se posaban en ella, debía tener un hueso roto o dos, cosa que a Llun le sorprendía en gran manera, hasta que de esos ojos que la observaban y que provenía de criaturas sobrenaturales provenientes del Nexo, alguien buscó pasar.

    —Permiso... permiso... ¡Permiso!

    Esa voz... por un momento Llun quiso escapar al escuchar esa voz femenina que ahora atribuía a cierta mujer de peligrosidad aterradora: Barbara, pero ahora con un cabello más corto se acercó a ella, tomó su mano y la preguntó su estado.

    —Barbara... ¿Dónde estoy...? ¡Ah! ¡¿Los demás?! Nosotros...

    —Hubo una explosión en la biblioteca, se están llevando las investigaciones para saber quién la causó. Pero por ahora, me alegra que estés bien.

    —N-no yo... nosotros... ¡Conocimos a Psyche! ¡Viajamos al pasado...! Nosotros...

    —Llun...

    —¡¡¡Bruja!!! ¡¡¡Encontré al último!!! —Un herido tiburón acompañado de un varón con anteojos negros gritó mientras alzaba la mano. Era Ryrio quien sostenía a un herido Reiji que lo miraba de reojo y con seriedad.

    Nunca pensaron verse ahí, juntos con unas mantas mientras le daban algunas tazas de té, no habían dejado el Nexo. Las palabras de Llun habían dejado mucho en qué pensar, mientras Ryrio caminaba de izquierda a derecha, no sabiendo ni por dónde empezar, quiso decir algo con delicadeza pero alguien le ganó.

    —¡Maes! ¿Pasado? ¡Pasen el chisme!

    —No les creas aún, John... puede ser un desvarío por haber estado inconscientes en la explosión. El Nexo puede ser engañoso —tajó el tiburón, varios de los santos lo observaron con miradas secas. ¿En serio no les creía?

    —¿No los ves heridos y... diferentes, Ryrio? Podemos creerles —dijo Barbara.

    —Aún esperamos los análisis de Raziel, me niego a creer en algo sin pruebas.

    “Pues dicen la verdad, sus armas emiten vibraciones vestigiales de jefes que están en la documentación oficial del anterior líder del consejo. Dichos vestigios provienen de estudiantes que los capturaron que ahora están fallecidos o graduados”

    —U-Ustedes realmente viajaron al pasado... —La voz escéptica de Ryrio cambió por una más sorprendida —. Ya veo... —y desvió su mirada.

    —Lamento que... hayan tenido que vivir eso —dijo Barbara con seriedad —. Que nos hayan visto... así.

    —¿Dónde... dónde están los demás? —Franco decidió aventurarse a preguntar. Barbara y Ryrio se observaron, él sostuvo la mano de ella y asintieron.

    —Sígannos —dijeron al unísono.

    El Panteón no era una zona desconocida para todos; ubicada en Castlelot en donde alguna vez fue el castillo del león negro. Entre los innumerables jardines que ahí siempre yacieron, la presencia del cementerio se hallaba como un recordatorio perenne de que las vidas humanas eran frágiles pero a la vez dignas de ser recordadas. Los chicos se sentían raros, atraversando pasillos sin vida, donde los cuadros y las estatuas ahora estaban empolvados o llenos de telarañas. Lo que alguna vez fue símbolo de fuerza e integridad era sólo un monumento histórico donde pequeños familiares se ocultaban. Llun incluso pudo ver una vieja botella de vodka en el mismo lugar donde una vez con Pavel lo vio tomar hasta hallar su resolución. ¿Sería la misma? Pensamientos que vagaron hasta que los pasos de la mujer líder hizo que aquella fila se detuviera. Ahí, en fondo, se hallaba el panteón, un complejo de estructuras funerarias con bellas tumbas que decían nombres conocidos de innumerables personas.


    —Este es el Panteón, donde honramos a todos nuestros caídos —contó Barbara.

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    —Muchos murieron en la caída, pero... —Barbara no pudo completar lo que iba a decir pues el tiburón se interpuso.

    —Otros murieron luchando contra Toxic, nuestros sempais... mi camada... —contó, mientras incluso John miraba hacia abajo y se quitaba su sombrero en señal de respeto —. Yo estaba ahí... y no pude... hacer nada.

    —Tu camada...

    —Sí, los sobrevivientes de la caída se hicieron populares, gente como Rómulo y Remy, los otros... bueno bastó el incidente para que se lo pensaran, Clover y Lancelot luego de eso decidieron ser populares, por voluntad o porque el destino los atrajo a esa vida. Los demás... los demás... fueron consumidos por el monstruo carmesí —Ryrio cayó al piso y lloró—. Sólo... sólo... quedé yo... solamente yo... ¿Por qué? ¡¿POR QUÉ?!

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    —Ryrio... —Barbara le puso la mano en el hombro —. No fue tu culpa...

    Eso no detuvo el llanto de Ryrio, los de segundo no lo habían visto llorar. Al menos no así. No con ese cuerpo adulto que relataba la de un veterano experimentado, bajo esa fachada, el chiquillo alegre y algo atrolondrado que conocieron en la caída aún yacía muy dentro de ese adulto fornido que los estaba guiando.

    —¿Podemos... despedirnos de ellos? —dijo Jesús, viendo unas flores a lo lejos —. Quisiera poner algunas. Es la única forma de darle respeto a los difuntos —Una costumbre típica de un mexicano, que honraba a los muertos con regalos y ofrendas, especialmente a aquellos valiosos como fueron los que conoció en la caída.

    —Adelante...

    Despedidas tristes que culminaron luego de un largo viaje. Los chicos del futuro ahora eran los chicos del presente y sabían bien que las experiencias, hechos y vivencias que experimentaron dentro de aquella guerra no quedarían en el olvido. Pues habían aprendido que ese presente de gloria y tranquilidad tenía un precio, y olvidar era algo que ninguno se podía permitir ahora ni nunca.

    Pues ahora cargaban un legado​

    __________________________________________________________________​

    ¡¡¡Y con esto culminamos la saga de la caída!! Fue una experiencia... tocante que muchas veces me hizo sentirme sobrepasada y si bien el final no es feliz, creo que es el adecuado para una historia así de agridulce como Durkheim. Los chicos de la caída, cada uno de ellos, fueron personajes increíbles, y sin duda los extrañaré, ya sea porque crecieron o porque perecieron. Pero es bueno avanzar y mirar hacia adelante, sin olvidar a cada uno de esos valiosos personajes. ¿Cuál fue su favorito? ¿Lo dirían aquí? ¿En el AP? ¿O en nuestra charla? Pero sin duda los echaré de menos. Vaya, si hasta ganas de llorar me dieron muchas veces escribiendo esto... ¡Espero que haya sido igual de tocante para ustedes! Ahora a pasar con las dudas...

    ¿Qué debemos escribir? Pues... si quieren algo de batalla en el pabellón de los Números mientras Allen lucha. Pensamientos mientras ven los vídeos de Psyche de la felicidad de los chicos, son opcionales pero es algo que deberían. Lo que si es obligatorio es su estadía en el Panteón, donde deberán despedirse de todos aquellos personajes que los marcaron o que sencillamente les cayeron bien. Es ahora o nunca para dejarles flores, tener flashbacks de ellos con sus personajes en vida, en fin, de hacer toda una condecoración en su memoria. Es ahora o nunca... Pero tendrán dudas de quiénes se hallan ahí y quienes no, pues haré una LISTA DE LOS PERSONAJES QUE SOBREVIVIERON. Si no están aquí, perecieron en el incidente Toxic (y no me golpeen si no puse las muertes de todos en el post... era demasiado y muchas emociones ya, tampoco soy un monstruo).

    En fin... Sobrevivientes.

    -Adrien —Sobrevivió, pero perdió una pierna, actualmente usa una prótesis y estudia teología. Vive con Octavio, su roomie y nuestro psicólogo.
    -Mario y Lina —Ambos sobrevivieron, Mario se dedica a la pescadería de su familia, mientras tiene más hijos. Lina dejó sus estudios apenas Mario se graduó. Viajan al Caribe cada tanto con el dinero de la lisiada.
    -Rómulo y Remy —Remy se volvió capitana del club de volleyball es profesional mundialmente, no tiene recuerdos de su impopularidad. Es novia de Rómulo, líder y mentor en el club de Judo, tampoco tiene recuerdos, y ya no habla como un caballero medieval, aún escribe, pero en secreto. Ambos son populares de quinto año.
    -Clover y Lancelot —Clover fue salvada por Rengnar y Lancelot solo estuvo de comunicador. En su tercer año se retiraron, Clover por volverse popular en contra de su voluntad y Lancelot porque bajó de peso por la depresión. Clover posee la motocicleta de Rengnar y la cuida como un tesoro. Lancelot, pues... es todo un galán.
    -Pavel —Estudia medicina, está ya en su tercer año. Es considerado un varón increíblemente culto.
    -Rose —Luego de su graduación se volvió rapera y trabaja como creadora de eventos, es una famosa cantante de hiphop
    -Lionel —En prisión con pena de muerte, su ejecución se llevará muy pronto.
    -Aracely —Sobrevivió, su paradero es desconocido. ´
    -Ryrio
    -Barbara.

    Todos los demás murieron, incluidas las mascotas del jardín de los caídos y Paracelsa con sus pequeños (siendo ellos los primeros pues vieron la amenaza carmesí primero pero lograron que no se expandiera lo suficiente avisando) cayeron. Sus tumbas se encuentran ahí, no solo de los caídos por Toxic, sino de los caídos en guerra también como Jaspe, Diamond, Frida incluso transportaron tumbas como la de Klaus y etc. La única tumba que no van a hallar será la de Lucifina, pues fue enterrada en el cementerio central de Letzenburg al lado de su madre.

    Recuerden que luego de ir al Panteón saldrán del Nexo. En el mundo real han pasado doce horas, so, regresaran de noche a sus casas. Sus padres no habrán notado su ausencia. Pueden saludarlos, abrazarlos y poner lo que harán al día siguiente, yendo a la escuela, pues tendrán un día normal. Pensamientos, cosas, sus hobbys a la salida. Básicamente... ¿Normalidad? ¿En serio? “Qué asco” y lo digo porque... ¿En serio quieren eso luego de todo? Ugh, en fin. Esa es su misión, introspección, normalidad, visita a los caídos y sensación de irrealidad. Recuerden ser realistas. Es todo. Sobre si pueden despedirse personalmente sin que los demás los miren sí, es más, pueden regresar al panteón más tarde siempre diciéndole a John y Barbara, o incluso a Ryrio. Por si quieren despedirse de forma personal. Plazo... creo que 9 días.

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    zXArtemisXz I watch from the shadows

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    Parecía como si el cielo se hubiera partido en dos, el único sonido que se podía escuchar era el de la lluvia caer. Tras la derrota de Zero a manos de Allen, Barbara y Adrien-senpai, la chava albina yacía en mitad del coliseo junto a Lionel-senpai. No podía escuchar lo que hablaban, solo podía ver el dolor y la desesperación de mi superior al ver como Lucifina poco a poco abandonaba este mundo. A pesar de que los números eran nuestros enemigos, Lionel-senpai amaba a Zero por sobre todo lo que había pasado, aquel grito desgarrador tras su muerte fue lo suficientemente impactante para sentir el sufrimiento de su perdida. Me pregunté si debía sentirme triste por la muerte de aquella mujer quien quería muerto a Adrien-senpai, quien había iniciado toda aquella ola de muertes tanto del bando del consejo como el de los números. En realidad no sabía cómo debía sentirme en ese momento, tan solo se me hizo un nudo en la garganta ver el estado en que quedó el león negro, me hizo recordar un poco al rostro de mi padre cuando Tatiana se fue, supongo que el amor de ambos por esas mujeres era algo que todavía no podía entender, simplemente, me dolía verlos así.

    Escuché que Adrien-senpai, Baru y Allen gritaron algo en medio de aquel torrencial aguacero, pero no pude oírlos muy bien ya que no lo repitieron y se unieron al llanto de Lionel-senpai.

    Lo que vino después fue peligroso y confuso, un terremoto sacudió el suelo, una especie de huracán quiso sacudirnos como muñecos y en el cielo oscuro, un ojo que pestañeaba observándonos y enfocando su mirada en Lionel-senpai. Tras unas palabras del líder del consejo, todo se volvió oscuro y dejé de sentir el frio de la lluvia que me había empapado.

    [***]

    Al principio, cuando desperté en aquel lugar oscuro, como si flotara en el espacio tuve miedo. El nexo no había explotado pero encontrarme solo en aquel lugar me generaba incomodidad, así que lo primero que hice fue buscar a mis compañeros en aquella inmensidad. No tardé mucho en lograr encontrar a alguien y luego poco a poco otros fueron apareciendo, hasta el Gamer loco que era compañero de los números. De pronto fuimos arrastrados y cegados hasta quedar frente a otro ojos gigante, sin embargo, este si nos habló… mejor dicho, nos explicó quién era y porque nos había llevado a ese lugar. Bueno, al menos podía dejar de culpar a Metatrón por algo que no hizo, no en su totalidad al menos.

    Psyche nos habló sobre la razón principal de que hubiéramos pasado por todo ese evento que fue la “caída”, quería que aprendiéramos de ese pasado para no repetir los mismos errores en el futuro, no nos llevó allí para que continuáramos esa absurda pelea entre números y aliados del consejo, aunque ya de por si sabíamos que una guerra solo dejaba muerte, separaciones y tristeza, nos llevó a ese tiempo, a esa parte de la historia para advertirnos sobre algo muy malo que vendría a continuación, justo en el momento en que Psyche dejase de existir para reunirse con un tal Eros.

    A pesar de todo ello, me sentía frustrado. El abrupto desenlace de nuestra presencia en aquel tiempo me había dejado triste, ya no iba a poder ver a Adrien-senpai y todos los demás, bueno, no era como si hubieran muerto pero conociendo vagamente lo que era ser impopular, bueno, no estaba de más preocuparme por haberlos dejado. Como otaku, dejar compañeros atrás no era algo que se debía hacer, curiosamente, Jihyun-senpai me animó a conservar este pensamiento.

    Luego de que Psyche nos agradeciera por ser parte del futuro, comenzamos a ver un video en una pantalla que había aparecido frente a nosotros. Se trataba de los eventos posteriores a lo que nuestros senpais vivieron en el nexo, aquello inició con el día de la graduación de los alumnos de quinto año. Adrien-senpai se veía esperanzado, todo transcurrió con normalidad para todos, algunos entraron en clubs deportivos, como Rómulo y Remy. Me sorprendió bastante ver a Rómulo-senpai sin su armadura, ¿quién iba a imaginarse que era un chavo más bajito que yo cuando con armadura medía casi dos metros? Por cómo fueron bien recibidos por sus respectivos compañeros de club, imaginé que les iría excelente, tanto así que esperaba que se volvieran populares luego de ello.

    Prosiguió la grabación y vimos a los números, a Lancelot montado en la motocicleta del dragón mascota y Jihyun-senpai arreglando a Lacourt para que se viera presentable en la ceremonia de graduación. Todo iba siendo explicado por el serafín del olvido mientras transcurrían las imágenes. Vi como Lionel-senpai y Adrien-senpai discutían sobre el sistema que quería seguir el ahora líder de consejo para ese momento, si bien el león negro no estaba de acuerdo porque era una base muy frágil, terminó por acceder ya que era una decisión que Lacourt había tomado por sí mismo. No estaba seguro de cuál de los dos tenía razón al respecto, consideraba que no era tan inteligente o benévolo como cualquiera de esos dos para entender del todo sus pensamientos, sencillamente me sentí fatal ya que no tenía madera de líder… no ahora. Adrien-senpai comentó que Lionel-senpai se distanció de todos, enfrascándose en sí mismo, cerrándose. Aquello comenzó a darme mala espina, Lacourt simplemente dejó que se alejara.

    Pasamos a ver la ceremonia de graduación, era como un pequeño circo con medios de comunicación y los mandamases del proyecto, bien vestido y en lo personal, tenían cara de mala leche. Los de quinto año fueron llamados uno a uno para recibir sus diplomas y siendo liberados del brazalete que se transformaban en pequeñas aves de colores. Cada quien dijo algunas palabras antes de bajarse del escenario, todo recibiendo una ronda de aplausos por sus logros, bueno, todos excepto Mario quien fue insultado amistosamente. Otra sorpresa de ese video fue ver a la jefa de los nerd vestida de hombre, no lo había notado hasta que Lancelot apareció en cámara gritando su nombre, ¿¡ERA UN CHAVO!? Rayos… eso nunca me lo esperé. Que locura.

    Una vez que todos los graduados del quinto año pasaron a recibir sus diplomas, fue turno de Lionel-senpai. Nombrado como embajador del proyecto, líder del consejo y otras cosas más, senpai fue llamado a pasar al escenario para recitar un discurso. El lugar quedó en silencio cuando el león negro se paró frente a todos. Antes de comenzar a hablar, él sonrió, en el poco tiempo que lo vi, nunca había sonreído, más bien era el tipo de persona que no mostraba expresión alguna. Recordé lo que Adrien-senpai había mencionado minutos atrás, Lionel-senpai se había distanciado de todos, ¿por qué sonreía? Su discurso comenzó y podía sentir un poco de esperanza en sus palabras, que todo podía cambiar para bien, sin embargo, conforme avanzo llegó a un punto donde tras observar a alguien entre el público, bueno, el león negro prefirió decir lo que él mismo pensaba más que seguir la palabrería que otros le pedían decir para continuar con la fachada de ser una despedida feliz.

    Vi como un par de policías fueron enviados para hacerlo bajar y que terminara con su arranque de “locura”, como senpai cayó de rodillas luego que hicieran que el brazalete que llevaba puesto lo electrocutara. La voz de Adrien-senpai se hizo presente explicándonos que aquel día, el león negro fue arrestado y culpado de las desapariciones de los alumnos que lamentablemente murieron en el Nexo. Todo lo que vimos después de ese evento, hizo que mi sangre hirviera, las noticias, los comentarios… ¡Lo llamaron psicópata! ¡Asesino serial! Ni siquiera les importó conocerlo, solo se jactaban de sus conocimientos lanzando información absurda a todo aquel que los viera. Durante sus días de detención, Lionel-senpai fue visitado por un hombre mocho que al parecer era su padre biológico, por un psiquiatra anciano que se apellidaba Barini y por último, un hombre albino, bastante parecido a la chica Zero. Oí que su nombre era Lucien y conforme hablaron, el nombre de Lucifina se hizo presente. Aunque el hombre repitió muchas veces que odiaba a senpai, también mencionó que lo consideraba un hijo a causa de su conejita. Mientras ellos seguían en su conversación, un gran peso se alojó en mi pecho impidiéndome respirar bien. El león negro no estaba solo, aunque eso era lo que él sentía, había personas a quienes les importaba de verdad pero todo lo negativo le impedía verlo. Intenté respirar profundo y continué viendo lo que transmitía aquella pantalla.

    Adrien-senpai y Allen viajaron por el nexo para buscar a la desaparecida Barbara, no sabía cuánto había pasado pero una vez que la encontraron, la paz que habían tenido durante ese tiempo estaba comenzando a desfragmentarse debido a aquella criatura, Toxic.

    El video terminó con el festival musical de la ciudad donde en cierto bar, el señor coreano alzaba un vaso de cerveza para brindar por los graduados de la Frank. Aquellas últimas imágenes mostraban como varios de nuestros senpais se la pasaban bien, conversaban, bebían y bromeaban entre ellos, era un ambiente extraño de ver considerando que apenas habían pasado para nosotros como cinco minutos de que estábamos en medio de su guerra.

    La pantalla se apagó, solo pude oír uno que otro llanto entre los presentes, ni siquiera me atreví a pasear la mirada sobre alguno, supongo que yo intentaba aguantar. Psyche nos aconsejó que viviéramos y siguiéramos siempre adelante, eso me hizo recordar a Lionel-senpai, el mismo era del tipo de persona que dejaba que todos decidieran por si solos y afrontaran las consecuencias de sus actos, nunca forzó a nadie a pensar lo mismo que él. Apenas éramos niños que comenzaban su segundo año en el instituto, indudablemente cometeríamos muchos errores en el camino, en base a ello, íbamos a aprender muchas cosas, buenas y malas.

    Tras esas palabras, nuevamente como si fuéramos muñecos, acabamos siendo llevados a otro lugar por una luz que por poco nos deja ciegos.

    [***]

    Desperté en medio de una nube de polvo, me dolía hasta la cedula de identidad mexicana. Sentí cierta cantidad de peso en todo el cuerpo, cuando alcé un poco la cabeza para ver lo que era, me di cuenta que se trataba de unos cuantos libros, así que me incorporé en tanto Hikari me ayudaba un poco con las heridas superficiales. Fui recibido por John-senpai, quien al escuchar mis quejidos corrió para ayudarme a ponerme de pie y llevarme junto a los demás. Maeve y Kristina estaban sentadas sobre una pila de libros, pude divisar polvo y sangre en la ropa de la güera y un poco en la piel de la ranita, no sabía que había pasado. Estaba confundido por toda la situación, solo sé que fui junto al líder de los otakus hasta donde estaba la argentina y me senté junto a ella preguntándole si estaba bien.

    – Che, salimos de algo boludo y entramos en otro evento más boludo todavía, ¿hasta cuándo, che, hasta cuándo? – Murmuraba la güera mientras le tomaba la mano para calmarla un poco.

    – Al menos regresamos a nuestro tiempo. – Fue lo único que mencioné en tanto Ryrio alzaba la voz mencionando que había encontrado al último.

    Algunos familiares nos trajeron unas tazas de té para tranquilizarnos un poco, por lo que pudimos oír de Barbara, había ocurrido una explosión y quedamos envueltos en todo ese desastre. En resumidas cuentas, por… de hecho ya pedí la cuenta las veces que había volado como muñeco en la última semana. Vi que además de Baru-san, Ryrio-senpai, John-senpai, Kristina y Emil, ninguno de los rostros presentes los recordaba como parte de mi camada. De hecho, a los demás los reconocía por el evento de la Caníbal Party, pero hasta ahí. La chica con trencitas que habían sacado al último, empezó a decirles a nuestros senpais lo que habíamos vivido mientras estábamos “inconscientes” a causa de la explosión. Al principio, Ryrio-senpai no nos creyó nada, pero luego de que Rawziel mencionara la presencia de los vestigios que ahora poseíamos, bueno, aceptó todo lo que le habían informado.

    El chico Gamer fue quien hizo la pregunta que en mi caso también estaba quemándome por salir, es decir, preguntó por los demás. Aquello hizo que Barbara-san y el escualo pusieran expresiones sombrías antes de guiarnos por los pasillos de Castlelot hacia el panteón. Aquel lugar era el mismo, pero a la vez muy diferente al que conocimos hacía poco tiempo. Telarañas y finas capas de polvo adornaban las estatuas, cuadros y pasillos. Supuse que desde hace un buen rato nadie había ido a visitar a los caídos.

    ¿Ahí estaban los demás? No entendí a que se referían hasta que Ryrio-senpai habló sobre lo sucedido. Aquellos no eran nuestros compañeros que perecieron durante la caída, también había compañeros que murieron luchando contra Toxic, aquel monstruo carmesí que nos había mencionado Psyche.

    Escuchar el llanto de Ryrio me llevó nuevamente al momento en el que Lionel-senpai estaba en medio de la lluvia junto a Lucifina, definitivamente escucharlo hacia que mi pecho se sintiera pesado.

    Despedirse era difícil, pero quería hacerlo, necesitaba hacerlo. No pensar en lo que pasó u olvidar y seguir adelante no se sentía correcto. Una vez que recibí el permiso de los senpais para arrancar unas cuantas flores del jardín, decidí subir para recoger algunas. No esperé a nadie, quería estar solo, si estaba solo podía… no lo sé.

    – Aquellas, recoge violetas. – Me indicó Hikari unas flores que tenía en frente. – Claveles rojos, tulipanes y lirios también.

    – Gracias, Hikari. – Agradecí en voz baja, y no lo hacía solo por las flores sino por simplemente mantenerse conmigo, en silencio. – Eres mejor de lo que pensé para armar ramos de flores.

    – Solía armar ramos para Ichimaru-sama. – Comentaba mi katana mientras yo cortaba algunas flores. – Era bastante relajante.

    – Admiras mucho a ese man, ¿cierto?

    – Sí, es un buen hombre a pesar de todo. – Respondió mi arma con la tranquilidad que la caracterizaba.

    Cuando terminé de recoger las flores y ordenarlas un poco, decidí que era hora de volver a bajar. La suave fragancia de aquellas flores hizo que mi nariz picara un poco, por lo que cuando llegué a la tumba que tenía el nombre de Jihyun-senpai, estornudé y varios pétalos salieron volando.

    – Salud. – Dijo Maeve justo detrás de mí.

    – Gracias. – Contesté con un asentimiento.

    – ¿Estás bien, chocolatín? ¿Necesitas un abrazo? – Ofreció la anfibia empujándome un poco con su hombro.

    – Estoy bien, ¿en dónde está Kristina?

    – La renacuaja necesitaba un poco de aire, supongo que todos aquí lo necesitan. – Mencionaba la diva mirando fijamente la tumba. – Habla un poco con ella, o con alguien, no te quedes solo, ¿vale?

    – Ok, lo tendré en cuenta. – Asentí con una sonrisa de lado. – Gracias, Maeve, y cuida a Kris.

    – Siempre. – Decía guiñándome el ojo antes de alejarse.

    – ¿Qué crees que dijera Jihyun si te viera aquí frente a su tumba? – Preguntaba Hikari en mi cinturón mientras un par de lágrimas rodaban por mis mejillas.

    – “Déjate de idioteces y mira adelante, otaku.” – Dije intentando imitar su voz. – Sería su modo de darme ánimos. Era un buen chico, leal, alguien con quien estoy orgulloso de decir que luche junto a él. Su mala leche era por ratos, pero era una persona que valía la pena conocer. Jihyun-senpai, gracias por todo. Seguiré con mis idioteces pero te prometo que seguiré adelante.

    Coloqué una de mis rodillas en el suelo y puse las violetas con claveles rojo justo a los pies de la tumba. Luego limpié mis lágrimas antes de volver a incorporarme. La siguiente tumba a la que fui, se trató de la de Diamond-senpai y Jasper-senpai las cuales estaban una al lado de la otra. Allí coloqué los tulipanes y lirios blancos, después cerré los ojos y baje la cabeza un par de segundos. Le agradecí a ambos, la ayuda que nos brindaron cuando viajamos al pasado y lamenté sus muertes. También coloqué tulipanes blancos en la tumba de Frida, recordé sus corre corre tras el pequeño Pavel por toda la base de la cruz azul, sí que era una chica muy vivaracha.

    – Descansa, paisana, fue un placer conocerte. – Murmuré en voz baja.

    Di un paso atrás y me tambalee un poco, por fortuna, alguien logró sostenerme. Cuando me voltee, vi que se trataba de Baru-san.

    – Barbara.

    – ¿Estás bien, Jesús?

    – Si, si, es solo que… quería saber si… conoces la dirección de Adrien-senpai. – Le decía en tanto terminaba de girarme hacia ella. Durante un par de segundos, Baru quedó en silencio. – No quisiera incordiarlo con cosas del pasado, lo prometo.

    – Te creo. – Asintió la actual líder de consejo. – Justo ahora, Adrien está de vacaciones de la universidad y bueno, los exámenes lo han dejado un poco exhausto.

    – ¿O sea que no puedo verlo? – Pregunté un poco decepcionado.

    – Oh, no, si solo quieres pasar a saludarlo entonces claro que puedo darte su dirección. – Sonrió la de cabellera oscura, lo que me dio un poco de miedo considerando su antigua personalidad como One.

    – G-gracias.

    Barbara buscó lápiz y papel y me anotó la dirección del lugar donde ahora vivía senpai. Aquello me alivió, él estaba bien, había seguido adelante. Le agradecí a Baru-san desde el fondo de mi corazón, no tendría su dirección para visita social cada que pudiera, Adrien-senpai ya se había graduado, no necesitaba que un mocoso de segundo año fuera a incordiarlo con lo que sucedía en Durkheim.

    Cuando salí del panteón para tomar un poco de aire fresco me topé con John-senpai, quien estaba apoyado en uno de los pilares de la entrada, por lo que me acerqué.

    – Hey, yisus, ¿cómo te sientes? Ya sabes por la explosión y los huesos rotos. – Saludaba el artista. Al menos no se enfocó en mis sentimientos.

    – No te mentiré, estoy destrozado por dentro, ignora mi exterior. – Intenté seguirle el tono de broma para evitar preocuparlo. – Tan cansado. Estoy listo para hibernar un par de días.

    – No puedes perderte, si te vas ¿cómo sobreviviré sin mi vice presidente?

    – Ah… todavía no acepto el cargo… ¿o sí? Rayos, ha pasado tanto desde que te vi que ya ni me acuerdo. – Decía dándome una palmada en la frente. – Como sea, sobrevivirás sin mí, de todas manera ni siquiera había comenzado mis “labores”.

    – Entonces eso es un sí. – Mencionaba colocando una mano en mi hombro. Oh-oh, definitivamente ya no tenía escapatoria.

    – ¿Tengo opción? – Pregunté inocente viendo como senpai me miraba tras sus anteojos oscuros con una sonrisa y negando lentamente con la cabeza. – Esta bien. Soy tu negro, pero no seré tu esclavo.

    – Nuestro club es bastante libre, no tienes de que preocuparte. – Asentía feliz el cubano. – Yo mismo me deshice de los instrumentos de tortura para los esclavos.

    – Qué bueno oír eso, ya estaba preocupado. – Comenté cruzándome de brazos y viendo como un par de familiares con uniforme de policía pasaba a nuestro lado llevando varios libros en manos. – ¿Alguna idea de lo que ocasionó la explosión?

    – Todavía nada. – Negó John-senpai con la cabeza. – A parte de ustedes, los libros fueron quienes sufrieron la peor parte, justo ahora los estamos moviendo a otro lado para preservarlos.

    – Entiendo. – Hablaba mientras veía desaparecer a los familiares.

    – Te ves como Cuba y sus deudas, o sea muy mal. – Decía el líder de los otakus frunciendo el ceño. – Ni con un poco de “turismo” vas a salir de esa, así que deberías irte ya.

    – ¿Puedo irme ya?

    – Por supuesto, hablas con el chico de las llaves de este pequeño gran manicomio.

    – Si, supongo que luego de un rato podría llamarlo así. – Me encogí en hombros en tanto John sacaba su manojo de llaves. – Quiero irme.

    – Bien, sígueme, pequeño mesías.

    [***]

    Al salir de la escuela rumbo a mi hogar vi que el cielo ya había oscurecido, al parecer pasamos casi todo el día dentro del nexo, o eso fue lo que me mencionó John-senpai cuando salimos. Hikari había desaparecido de mi cinturón, antes de irme me había cambiado de uniforme por uno que me prestó el cubano, así que ahora me veía como si no me hubiese pasado nada del otro mundo. Prácticamente corrí para regresar a casa, la sensación que tuve al ver las luces encendidas fue de alivio y cuando entré, me golpeó el aroma a quesadillas, chilaquiles y frijoles hechos por mi abuela. De verdad había vuelto a casa.

    – Oh, regresaste. – Escuché la voz de mi abuela desde la puerta de la cocina. Mi vieja se estaba limpiando las manos con un paño, su cabello estaba recogido en una trenza y a su lado apareció Mariale, que llevaba la bandeja con los chilaquiles. – ¿Cómo te fue hoy en la escuela, mijo?

    No pude responder, simplemente corrí hacia mi abue y la abracé. Ya no tenía que aguantarme, no frente a ella, así que lloré. Lloré porque estaba aliviado de regresar a salvo a casa, lloré porque extrañé mucho a mi familia, lloré porque estaba triste de que podía abrazar a mi abuela, a mi hermana y a mi padre otro día más, cosa que mis compañeros caídos no pudieron hacer. Lloré porque a la final, me sentía nuevamente indefenso en brazos de mi vieja. Mi abuelita Paz me preguntó un par de veces que era lo que me pasaba, dejo de insistir cuando no respondí, simplemente acarició mi cabeza como cuando era pequeño. A parte del aroma de su comida, su olor me reconfortaba.

    No sé cómo me habrá visto Mariale o mi papá, lloraba a moco suelto como un crio pero en ese momento no me importaba. Estaba aliviado.


    ***
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  4. Ahkilendra

    Ahkilendra Beep, beep im a sheep!

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    En su tiempo con su familia su abuelo Lázaro Altamirano le había enseñado algo que ella no entendía en un principio.

    —Solcito. En la vida nada es gratis.
    —Es gratis respirar, abuelito.
    —Bueno, algunas cosas son para todos, pero otras que uno desea siempre debe sacrificar.
    —Quisiera tenel tolo.
    —Entonces…¿cómo apreciarías lo que tienes?
    —Abuelo, ¿tenes un pico dulce?

    Ahora creía entenderlo. Ella había escogido tener algo pero a cambió tuvo que sacrificar en consecuencia a la elección. Un precio de sueños de otros no realizados, lealtades traicionadas, corazones rotos y sangre, sudor y lágrimas derramas por estar en pie.

    La batalla había llegado a su fin de una forma atronadora. Varias partes de su cuerpo tenían quemaduras cortesía de Clover, quién en correspondencia ganó uno que otro hueso roto y moretones ¿qué había ganado? Sobrevivir, Salvar a Adrien, no alterar la línea temporal y a Franco.

    Entonces ¿Por qué sentía que perdió? Por qué al final no luchaba contra monstruos salidos de lo más oscuro de las almas humanas o manifestaciones indolentes y alienígenas del mal, sino contra otros seres humanos. Sueños que ignoró para conseguir el suyo.

    Ella era una hipócrita. Se puso una mascará de heroísmo para lidiar con el horror de la realidad en que estaba, se adaptó como un camaleón y mostró comprensión para que en el momento difícil ella permaneciere con su ideal. Ella en principio no luchó por Durkheim, Lionel, Jihyun o sus propios compañeros sino por ella. Sólo por ella ¿por qué todo se trataba de ella: su opinión, su dolor, sus problemas? Los que acordaban con ella eran sus amigos y quienes no pasaban a ser enemigos.

    La manzana no caía lejos del árbol.

    Más en el camino su psique se permeó del calor de las relaciones humanas de quienes no había creído poder tener algún punto en común.

    En ese momento lo comprendió:

    Ella era una Bestia. Una para quien había deseado salvar y para los que lucharon contra ella. Al final del día eran ellos o ella, pero incluso las bestias querían vivir y cuando te metías en ella te dabas cuenta que latía un corazón que podía ser alegrado como herido.

    Ella lo hirió. Quería salvarlo, pero ¿él quería ser salvado? ¿Se sentío en peligro alguna vez? Ese era el secreto a voces de los discapacitados que había aprendido con esta guerra: ellos podían tolerar lo más salvaje que el mundo les tirase, porque ellos en si mismo eran bestias salvajes, libres y temibles, pero que al final del día eran movidos por un corazón humano que tarde o temprano tendría que afrontar las consecuencias de sus acciones y lidiar con ellas.

    Ella ganó, pero pagó un precio.

    Curioso ¿no? Por primera vez alguien podía decirle que la odiaba y que le deseaba lo peor con todo el argumento del mundo. Ella vivió creyendo que era la víctima y hoy se había convertido en la victimaria

    Pero…

    Ella aún así deseaba seguir, pues estaba en su naturaleza. Si eras su aliada iba a ser tu hermana y protectora, si te volvías su enemigo iba a ser tu bestia que te devoraría, pero si te apreciaba y te ibas al bando en que ella no estaba tendrías que prepararte porque iba a luchar como aliada y bestia.

    Quizás por eso era: La Maldita lisiada. Maldita para quienes quería, para quienes la odiaban y para quienes renegaban de ella. El poder de someter a otros era algo que llevaba en la sangre. Aún así, ella no dejó algo que su familia si: corazón. Si, era un monstruo con sentimientos y uno que podía percibirlos y por eso no había risa de jolgorio en esa escena sino un silencio sepulcral quebrantado por los sollozos que acompañaban a un líder destrozado y un compañero herido.

    En otro tiempo podía decirse que debía castigarse, pero por primera vez no se sentía mal de haber descubierto algo negativo en ella. Después de todo la luna tenía caras resplandecientes y otras tan oscuras que se mimetizaba con las tinieblas.

    —Franco.

    Un aplauso seco fue lo que escuchó.

    —Bravo — rio desganado— ¿se siente bien, no? —la intensidad de los aplausos aumentaron— ¡Ganaron! ¡Ganaste! ¡Tení a tu Adrien! Felicidades —más el tono de voz del chileno no reflejaba en ese momento su naturaleza agresiva y malhablada sino una frialdad y desprecio a esa congregación de hipócritas que se creían sus salvadores.

    —Yo no…

    —¡Ahórratelo wna! ¡Eri penca!

    —…


    No había más que hablar.

    Dolor desatado en una tormenta que forzó a Maeve a sostener a Kristina en sus brazos, agacharse y sostenerse del piso con la fuerza de sus piernas como su adherencia.

    La noticia de One no pasó desapercibida de los oídos de la lisiada.

    —¡Ay, no!

    —Este mundo es demasiado peligroso, nunca caminen sólo.

    —¡Lionel!


    La oscuridad se acercó a ella. Maeve le cubrió con su cuerpo sólo para ser ambas engullidas por las tinieblas.

    [***]
    Lo primero que pudo percibir fueron cientos de luces lejanas en el cielo. Destellos resplandecientes de diversos colores que conformaban un escenario cósmico, era hermoso pero algo le preocupaba: no hallaba a nadie y menos a Maeve, aunque el alivio le llegó al ver a su rana en la forma humilde que merecía dando saltos en gravedad zero en un rumbo que sólo ella sabía.

    Intentó caminar pero termino flotando y usaba las muletas para estabilizarse como si fuese una especie de avión. El hallar a Franco en ese lugar le causó alegría pero a la vez dolor, sabiendo que había pasado bastante agua por el puente pero ¿importaba? Estaba vivo, aunque no podía decir que estaban en casa. El ver a White le alivió pues aún no conocía bien a los demás.

    Las noticias que Pysche/Nexo les había dado no eran alentadoras: Toxic, ese monstruo del que habían oído y visto iba a regresar. Lo único que poseían era conocimiento, pues él se alimentaba de la ignorancia. Ellos, entre todos los posibles candidatos ¿qué podían hacer? Avanzar, sí es algo que Jihyun hubiese dicho y usar el conocimiento dándole valor.

    El agua precedió a la niebla y en esta pudo ver la argentina varias facetas de la vida de Jihyun, tomó una de las gotas en sus dedos y la probó

    —Lloras.

    No tuvo que esperar mucho para que ella misma fuese conmovida. Ahí estaba Adrien, su hermano escribiendo de su vida y reconociendo lo genial que era Jihyun como sus deseos de estudiar moda. Le alegraba que su relación hubiese crecido.

    —Si, somos los perdedores —sonrió para sí la argentina.

    Cuando observó lo de Mario podría decir que quedo estupefacta y se llevó su mano a la cara.

    —Uuuuurgh Este pibe… —la lisiada tensó sus dientes ni la Frank cambio a Mario, pues Durkheim menos— ¿Sabes qué? Me alegró que vayas al Caribe ¡Con el mío! ¡Gitano Chorro! ¡Sabeló, Mario, Chorroooo!—su abrupto había sido ignorado por sus compañeros quienes prestaban atención a los otros eventos. Ouroboros ¿cómo olvidar la vez que lo invoco: siendo devorada por un titán de cadáveres y él metido en drogas?

    Romulo y Remy habían hallado su felicidad y era una escena tierna aunque no dejaba de dar un toque de tristeza en el alma de Kristina, pues para lograr algo tuvieron que sacrificar algo y si llegase el momento ¿ella tomaría esa decisión? En ese momento ponderó que si bien ser impopular era más malo que pegarle a la mamá, habían cosas que valían la pena sufrir. La lealtad de Lancelot a Aracely , era lindo como le quería, quizás le tuvo una paciencia infinita para tantos malos tratos.

    Jihyun y el brujo, incluso comenzaron a relacionarse. Era tristemente gracioso, en otro tiempo hubiesen deseado arrancarse la cara pero ahora, gracias a Adrien, No, a los esfuerzos de todos podían llegar a verse sin golpearse y Rose como Pavel y Mario habían cerrado un ciclo en sus vidas. ¿Qué hacía el alcalde ahí? Y whooops…Lionel le digo sus verdades a alguien y auch, esa descarga tuvo que doler.

    Ver su descenso fue doloroso. La caída no fue sólo para ellos sino para él un descenso interminable a una velocidad vertiginosa, la diferencia es que el resto pudo frenar ¿pero él? No.

    El nexoverso siendo reconstruido. Kirilia y…Ese tipo que le cosio los ojos. Había revivido, ok esperaba quizás no encontrarlo en el presente. Vamos ¿Qué podría salir mal? Le hacía feliz ver a Barbara feliz, y comparada a cómo la conoció en la caída era un alivio. El amor podía hacer cosas extrañas aunque no se viesen en el momento. Quizas …

    La memoria del festival de Letzen y la lucha campal entre la Giasuri y la Yuranis fue el broche de oro del festival. Había logrado la Giamillete dejarle la G, no de Gege, sino de Giasuri, Giasuri Giamillete mientras que Musul-man no pudo evitar tirar un coctel molotov que quemó un vehículo mientras gritaba: ¡Hulululululu!. Habían cosas que eran posiblemente nunca cambiarían y quizás estaba bien. Tenía la alegría de quien veía a su amigo feliz e incluso con ese gamer, wow. Tendría aventuras totalmente movidas pues la vida con Jihyun era todo menos aburrida.

    Los recuerdos se difuminaron, pero calaron en el alma de la lisiada en especial el consejo de Psyche:

    “Vivan. Vivan todo lo que puedan. Avancen, incluso si el camino hace mucho desapareció. Avanzando siempre se llega a un lugar. Hacia adelante, con la cabeza en alto, siendo humanos, cometiendo errores, aprendiendo, no olvidando. Ese es mi único consejo”

    [***]

    Ella viajaba por el infinito. Un concepto que acompañaba a otros y no por ello necesariamente significaba que estaba amistado con todos pues a unos conocía, a otros no y aquellos le odiaban. La luz del legado desfragmentada en diversos colores que navegaban por los torrentes del tiempo rumbo a su punto de origen, pues el alma no estaba encadenada.

    La confusión era la consecuencia del resplandor de la revelación. La mente demoraba en asimilarlo, comprenderlo y aprehenderlo. Ya no era el nítido campo de batalla sino bloques borrosos, aroma a quemado, calor y un sabor a papel quemado, Kristina intentó extender su mano, esperando aclarar la vista. Le dolía todo el cuerpo, quiso andar y se tropezó cayendo sobre algo duro y blando cuya superficie se escurría entre sus dedos.

    —¿Hojas?

    —¡Renacuaja!

    —¡Maeve!


    Una mancha verde avanzó y su silueta se volvió nítida a pocos metros.

    —¿Qué paso? ¿Dónde esta…?

    —Estamos en un lugar con muchos libros y parece que algo se quemó.

    —¿Libros?


    Una monja le miró y se acerco a ellas juntando sus manos frente a ellas.

    —Bendito sea el benevoló Psyche que han sido halladas en medio de este desastre y…

    —Si, si, cariño —
    le detuvo Maeve quien cargaba a su lisiada— ¿Has visto a otros humanos?

    La asistente masculló algunas palabras y volvío a su sonrisa.

    —Están a vuestra derecha.

    —¿Qué pasó aquí? —Sus sentidos le decía que esto era el resultado del fuego ¿una explosión? ¿cómo?

    —Un estruendo y un temblor, luego fuego —replicó la monja— dichosa Met, pudimos responder a tiempo pero ahora seguidme.

    Mascota y dueña caminaron con cuidado entre el desorden de madera, hojas, tapas, libros y escombros de techo y paredes. El polvo en el aire hacía toser en ciertos lugares y el peso en sus cuerpos les forzó a detenerse de vez en cuando.

    —¡Lisiada!

    —Hey, hermoso.

    —Ma... —
    tosio. La argentina alzó sus ojos encontrando a alguien que sentía que conocía de bastante tiempo, pero que ahora estaba más crecido —¿Ryrio?

    —Tsk —
    El tiburón tsun se acercó a ella y avisó por su brazalete que había encontrando a otra de las desaparecidas.

    “Ché, ¿desaparecidas?” percibió el ambiente alrededor de ella y las indicaciones o gritos de familiares y personal de la biblioteca corriendo de un lado a otro.

    La monja le indicó una dirección al tiburón antes de marcharse. Éste miró a la argentina de pies a cabeza y le señaló que siguiese hacia la derecha en donde encontraría banquillos puestos pues ahí encontraría monaguillas que la atenderían.

    —Ryrio.

    —… —
    El peso pesado avanzó hacia la confusión para seguir con su propósito.

    —Gracias.

    —Volvimos a ver al tiburón silente —dijo con aire coqueto la anfibia llevando consigo a su compañera hacia el lugar indicado.


    [***]

    Juntos. Así comenzaban y así terminaban, pero esta vez habían cadenas más fuertes entre algunos y barreras entre otros aunque todos dentro de un conjunto forjado en principio por el deseo de sobrevivir conocido como los Santos de Ned. Habían participado en una guerra que no era suya, pero que se apropiaron como se apropio de ellos con el paso del tiempo en aquel tiempo que dejó consecuencias que viven en la actualidad. Ella perdió y ganó. Esas sensaciones se confirmaban al ver a Jesús y no muy lejos a Franco, quien sólo miraba su taza de té sin prestar atención a los que le acompañaban a excepción del “chino” cuya miraba analizaba el ambiente.

    ¿Viajes al pasado? ¿Encuentro con los autores de tal evento y con las versiones pasadas de sus líderes? John, tras la conformación de Raziel se trataba de mantener serio pero no podía evitar de vez en cuando una sonrisa.

    No sabía que responder ante el escepticismo de Ryrio o la disculpa de Bárbara. Una parte de ella estaba contenta de verlos otra vez como sus mentores pero otra deseaba a Ryrio decirle cinco palabras.

    “Barrera acuática del futuro resplandeciente”
    Algo capturó su atención: ambos tomándose de sus manos. Cuando antes deseaban matarse el uno al otro y en combates uno contenía a la otra, agua y fuego. Irreconciliables pero ahora unidos, sintió un nudo en su garganta y algo cálido en ella.

    En el trayecto al Pantheon John se acercó a ella y Maeve.

    —Oiga, mae —le susurró —ya que nos salimos del arroz con mango de la biblioteca cuénteme pues de su viaje. Que tuvieron que comer candela en la bronca legendaria. No sea Casasola y pásele el dato a su consorte —El otaku bajó un poco sus lentes notando su mirada algo cansada pero brillante. Si, sello de los otakus —Sé que parezco chanchullero pero puede descargar conmigo que no sale na de esta boquita.

    Quizás por la alegría que le trajo el ver su actitud insistente como algo torpe se motivo a acariciarle su rostro, esas actitudes le había traído una mezcla de irritabilidad pero a la vez de calidez recordando a Adrien con sus saltitos e insistencia a mantenerse firme o su poca habilidad en el oportunismo.

    —Me recordaste a Adrien.

    Eso detuvo momentáneamente el avance del presidente de los otakus cuyo rostro borró su sonrisa. ¿Recordarle a Adrien? ¿Él? Podía haber dicho que la mae se golpeó en la cabeza, pero lo dicho por Raziel había dejado fuera toda duda sobre el testimonio de los chicos de segundo. Rió débilmente, en su mente pasaron recuerdos de los libros que leía y los recordatorios con los que solía luchar:

    —Adrien dedicaba cuidado a este nexo y a esté tonto no le importa.
    —Lionel, Adrien, Sean eran otakus ¿Qué hay de ti? ¿Qué inspiras?
    —Guarda silencio, no sabes nada.

    Siempre persiguiendo ser como otros que nunca conoció o vio al rostro, nunca admirado si bien hacía lo que hacía porque creía en su ideal y si bien eso no cambiaba su situación actual no quería decir que no le diese algo de esperanza. Quizás, después de todo, tenía algo que era suyo y comparable a quien era una leyenda.

    [***]

    Los pasos de sus compañeros hacían eco por los pasillos de lo que en otro tiempo fue un sitio vibrante con familiares, mascotas y personas. El castillo había pasado a ser un mausoleo recordando que la guerra producía muerte, pero no necesariamente olvido. Esto no debía ser así: tan silencioso, tan quieto cuando hace poco caminaba por zonas donde la luz reflejaba belleza, recuadros y bustos vibrantes hoy cubiertos por el polvo. Su presente se volvió pasado pero en su mente los ecos de las voces de las mascotas del jardín de los caídos, el ajetreo de los familiares y las palabras de los diversos alumnos resonaban.

    —Clover…Lancelot.

    El rostro psicótico de la zorra afortunada y del nerd con sobrepeso dueño de los tentáculos locos pasaron por su cabeza.

    —Heller…Elux.

    Lo había visto. Los recuerdos de Jihyun sobre aquella abominación cuando apareció en el gobierno de Lionel habían venido en un flash carmesí a su cabeza. Si el silencio tuviese peso literal, la ausencia de palabras tras esa declaración hubiese destrozado sus piernas y sin pedir nada acompañó al tiburón herido en su lamento, no importándole el dolor que tendría en sus rodillas por caer con fuerza. Ni quería que le preguntaran motivo pues sólo quería sufrir con él, sostenerlo en sus brazos como en alguna forma él le sostuvo y aunque no cambiase nada. Sólo…sólo…quería decirle que…no estuviese miserable, pero no sabía cómo así que decidió sostenerlo gentil y torpemente. Era su guía y su mentor en la dura realidad de la impopularidad, pero en algún momento ella lo guió en un pasado que fue su presente. Él hombre hosco y fuerte escondía en su corazón a ese muchacho alegre que fue herido por un monstruo horrendo.


    [***]

    Había escuchado la idea de White, pero no quería hacerlo. No a lo menos frente a todos, además que había quedado cansada tras estar abrazando a Ryrio y superada en general por todo, pero no podía simplemente marcharse sin más por lo que le pidió a Bárbara que le acompañase para ir sola al panteón. Ahora había otra necesidad apremiante.

    La relación de la argentina con la literatura podía decirse que en el mejor de los términos era algo complicada, siempre le gustó más la fantasía y en especial las historias de animales parlantes entre ellas su amada eran las crónicas de Narnia y la Historia sin Fin. Los textos históricos no los podía digerir con facilidad a diferencia de Lázaro Altamirano y Agnés, pero ahora había sido parte de la historia y tenía que hacer algo.

    Eso pensaba mientras sacaba entre los escombros un libro cuya tapa había sido volada y algunas de sus hojas quemadas, las letras eran difíciles de distinguir y no sabía si habían restauradores como en esas películas de aventuras.

    —¡Aaaaaah, este está re-tostado, pero igual lo llevó Maeve! ¿dime, piba, has sacado algo?

    —Si por libros te refieres a páginas quemadas o pedazos de ladrillo, Neh.


    La discapacitada intentó moverse entre los escombros cuando piso una piedra floja, sí literalmente era una piedra perezosa que no opuso resistencia a rodar.

    —¡Waaaaaaaaaaaah! —estuvo por besar el suelo de no ser porque fue sostenida por la lengua de su compañera, quien seguía buscando con sus manos entre los escombros.

    Kristina parecía que entendía que los demás estaban muy ocupados con las labores de rescate de la información perdida ¿cómo no? Habían cosas que pertenecían a gente que realmente habían conocido. Ella fijó con sus ojos en John.

    —Pibe ¿encontraste algo?

    —Una tapa del libro de tácticas de combate pero las páginas rajadas, pero lo positivo es que los chistes de coquito se salvaron.


    La argentina exhaló molesta. La imagen mental de coquito pasó por su cabeza. Era complicado le caía mal pero a la vez le caía bien, si no era tan mal tipo pero era un caníbal y…algo atrajo su atención. Había un trió de libros que parecían no tan dañados por la explosión pero cuyas portadas estaban dañas e irreconocibles dejando ver algunas palabras.

    —Entangled

    —Regalo.

    —Sere…seren…dipi..dipipi…dia…Serendipidia.


    La lengua de Maeve le retrajo alzándole.

    —¡Pibes, halle un trió! Las portadas no se ven, pero las hojas. Se ven que no están tan quemadas.

    —¡Llévelos donde está la presidenta y el tiburón, Mae!


    En el intervalo que la argentina llevaba como sumo cuidado los libros hacia Barbará, Maeve se topó con lo que era un rollo largo cuyas puntas estaban quemadas. El papel parecía similar a un pergamino grueso en el que había algunas palabras que leyó en voz baja.

    —Auuuuuuuuuuuu, Arf, Arf, woof, woof, woof, guau, grrrr, grrr , arff, guau, guau, afff, jajajajajaja, arf, awoooooo, borf, borf, wan…
    —Es tan hermoso —sorprendida y conmovida enrolló el pergamino y lo llevó hacia la zona de recepción en donde Baru estaba recibiendo los libros de Kristina mientras que Ryrio usaba su fuerza de peso pesado para escarvar entre el desorden o levantar piedras para ayudar a las monaguillas y monjas de la iglesia suprema de Castlelot para recopilar todo manuscrito, libro, pergamino, carta y material semejante que les permitiese salvar el conocimiento del olvido.

    Shirai era bastante perspicaz. No entendía si era por lo realizado por Aracely-Sama o porque sus compañeros solían sufrir de algún déficit atencional, quizás no el deprimido que le había acompañado en su servicio a la causa pero ¿no era bastante curioso que Psyche les comunicase información y tras su regreso un centro de recopilación de conocimiento hubiese sido afectado? No era muy apegado a su vida, sino que le daba la medida racional por lo que también sabía valorar el poder de la información. Debería estudiar sus elocubraciones mientras recopilaba todo respaldo de información posible de conocimiento, en especial relacionado con su rol y Aracely-sama o Lancelot. Emil no le dejaba atrás pues él también tenía su propia y hermosa información que deseaba conservar.

    Sofía y Llun escarbaban entre el desastre logrando hallar hasta ahora algunas hojas y partes escritas. El sentido periodístico de Llun estaba sintiéndose incomodo: la información era importante, había tenido acceso a la fuente principal por lo que podía contrastar entre lo recibido y lo vivido, pero aún así era triste la situación de la biblioteca. Le interesaba hallar el diario de Pavel.

    —¡Mi negro, venga a ayudar a su sempai con este baro! —John intentaba mover un escombro algo grande, el azteca de obsidiana se acercó para prestarle auxilio pero tuvieron que llamar al Tiburón para terminar el trabajo hallando algunos textos dañados y quemados pero algo legibles. La esperanza en los otakus era un atributo que no desaparecía, quizás de a poco podrían volver a reunir piezas o encontrar el one piece. Lo que sucediese primero.

    Cuando Ryrio regreso, éste relevó a Baru la cual fue a la sección de los líderes del consejo para avaluar los daños y ver si podía recuperar algunos de los textos literarios que estaban almacenados.

    Todo conocimiento era valioso.


    [***]


    Realmente era la elección más extraña para volver en privado a este lugar. Una parte de su mente miraba a la dama nívea de cabello azabache y coronada de cristal con precaución pues recordaba a una bruja explosiva que le hizo sostenerse el corazón con las manos en más de una ocasión pero que incluso fue con ella a la batalla por el Nexoverso y les dio la chance de lograr rescatar a Adrien y a la vez era la que les dio la bienvenida a la vida dolorosa de la impopularidad, los buscó en ese bosque trastocado por la demencia y dispuesta a detener a su propia arma de hacer explotar todo.

    Bárbara hubiese querido evitarles el dolor, pero una parte de ella consideraba que era necesario para que supiesen que lo que habían tenían ahora fue ganado pagando un precio amargo.

    El trio de féminas llegaron al campo santo. El silencio el atronador saludo que les recibía, Baru miró hacia unas no-me-olvides colocadas junto a unas hortensias en un macetero cercano a las tumbas las que cumplían la función de hacerle recordar.


    —Baru —Kristina aclaró su garganta para desatarla del nudo de ansiedad que se iba desarrollando en ella. Quería liberarse de ese peso en su alma pero ¿soportaría el corte? —Dime, por favor, ¿Qué pasó con Jihyun?


    La líder del consejo giró etérea fijándose en ella mientras su mano indicaba una tumba adornada con diversas flores y un epitafio que rezaba el nombre del caído:

    —Está aquí.

    Una parte de ella no se sorprendió de que estuviese en este lugar, quizás la batalla era el inicio como el fin de un guerrero y por lo que había vivido sabía que la tranquilidad no le sentaba.

    —¿Cómo?

    —Cuando Toxic regresó. Él luchó con todas sus fuerzas por proteger la academia y a Adrien dándole tiempo.


    Una risilla triste salió de los labios en el rostro humedecido por las lágrimas de una discapacitada.

    —En… su propia ley.

    Si, sabría lo que él le hubiese dicho de esta aquí: Nunca muestres debilidad, eres una discapacitada y deja de importunar mi descanso, lisiada.

    ¿Por qué no podía conocer personas valiosas de la forma normal: un saludo cordial, una conversación cálida, una comunión amable que llevaba a una amistad entrañable? Lo suyo fue una expectativa de muerte galopante, una amenaza de muerte en un calabozo, una dotación de disciplina espartana, una relación accidentada que llevó a un aprecio mutuo en un modo tosco. Suponía que era el gaje de ser ella misma pues así como él no podría digerir una vida de sólo paz ella igual, habiéndola rechazado dos veces.

    —¿Podría estar un rato a solas?

    —Llámame cuando estés lista —
    concedió Giolliti. El ruido de sus pasos se alejaron dándole a Kristina y Maeve una especie de quietud.

    La anfibia decidió ir con Barbara, pues algo le picaba la curiosidad:

    —Querida ¿qué pasó con las mascotas de esa época y donde está Fibrous?

    —Sígueme.

    La argentina se absorbió en lo que fue una vez un presente del que participó y se convirtió en pasado. La persecución de un cazador implacable que inspiraba temor en sus corazones, las tretas de Mario y su encuentro con aquel ser temible en un calabozo.


    “—Habla ahora maldita lisiad…
    —¡Jihyun!”

    Si, en lo profundo de un calabozo en un castillo conoció a su futuro hermano y su mentor.

    “—¿Tan pronto te ibas? Apenas estamos conociéndonos.
    —¿Por qué las aspirinas?
    —Hablar contigo me da dolor de cabeza”

    Uno que era un demonio que la tenía cautiva en una mazmorra, pero que reflejaba en cierta forma sentimientos


    “—Sólo te pido…no le hagas daño a Maeve, si aún está con vida. E-Ella merece ser feliz.
    —Me ofende tu petición. Nunca dañaría a un animal, soy un discapacitado como tú”

    Si uno que también tenía ojos que miraban a cosas que no estaban ahí ni otros podrían percibir en forma alguna:

    “—¿Alguna vez has confiado en ti? Sé de alguien que siempre ha creído en ti: Maeve, siempre ha creído en ti como para luchar por ti y daría su vida defendiéndote, pero ¿merece un dueño que decidió rendirse en vez de luchar por ser útil y liberar su potencial? ¿Pagarías así su amor? Además de eso: eres una discapacitada. Tú no deberías agachar la cabeza pues tu has enfrentado al mundo todos los días y aunque te hundiese en la mierda tú has salido de ella. Puedo verlo en ti. Eres patética por ti misma, pero puedo transformarte en un ser útil en que otros podrán confiar y porque no: hacerte la próxima líder de los discapacitados.
    —Ché, mírame. No soy materia de líder, hasta yo lo sé.
    —Esa es una mentira y lo sabes. Si quieres seguir en la mediocridad e insultar a tu compañera hazlo, pero si quieres abrir tus alas y convertir tu nombre en un símbolo de confianza y terror. Yo soy el indicado para hacerlo.
    —Ya veo.
    —Acepto.
    —¿Qué dijiste? No te oí.
    —Dije que acepto.
    —¿Qué aceptas terminar con tu vida como un ser patético?
    —¡QUE A-ACEPTO TU OFERTA! No quiero ser una carga para nadie y si Jesús está vivo quiero acompañarlo y ser su apoyo, no un lastre…estoy cansada de sentirme un lastre.
    —Entonces aquí está tu primera lección: No eres un lastre, eres una discapacitada y nosotros nunca miramos abajo ni dejamos que nadie nos mire en menos”

    La primera de muchas lecciones.

    Su mente recordó un busto destrozado de Lionel en los pasillos del vibrante castillo.

    “—¡Ché, podemos pegarlo! Sólo hay que recoger las piezas y le ponemos cinta.
    —¡FIBROUS! ¡TRATAMIENTO TREINTA Y CUATRO!”

    Las camillas de una enfermería y las agujas de una curandera peculiar.

    —Nunca había escuchado a alguien chillar tanto por simples agujas.
    —Pos…bueno…no por algunas, eran más de cien. Ni que fuera puercoespín.
    —Excusas. Aprende templanza.

    Su figura arrodillada frente a una oveja:

    —Lo…siento…Lo siento ¡Lo siento mucho! ¡Lo siento tanto por todo lo que han tenido que sufrir por nosotros! ¡¡¡Perdónenos, somos malos y egoístas!!! ¡¡¡¡No los merecemos!!!! Si pudiera hacer algo para aliviar su dolor lo haría, pero soy un ser humano ¡Perdóneme por ser una lisiada inútil!
    —No es tu culpa, yo no creo que tú seas mala. Tú nos entiendes.
    —Pero soy un ser humano, ovejita.
    —Jihyun también, nuestros amos que nos cuidaron igual y tú eres una humana pero diferente a esos gamers y números o al resto de ellos. Lo veo en tus ojos y en tu mascota.

    Nunca pude entender tu modo de hacer las cosas. Digo la gente común te lleva a enfrentar cosas pequeñas para luego ir por las grandes, pero me llevaste donde no quería a enfrentar los monstruos que no deseaba:

    —¡CHE! P-Pero si soy una pibita aún, ¿ya me quieres meter con caníbales?
    — ¡No te quejes, maldita lisiada, te ayudará!
    — Ahora, vamos por los caníbales.
    — ¡CHE, ESOS CANÍBALES!
    — ¿Cuáles más? Esos caníbales. Avanza, lisiada.
    — ¡SOY ESTUPIDA, NO LISIADA!

    Confrontamos seres con pieles de hombre. Uno de ellos me salvó de ti cuando entre a este mundo ¿Qué irónico? Como en un momento alguien a quien llamas alivio se te puede volver tu dolor aún cuando con sus manos quiera darte la paz.

    —Paz, paz, paz, paz, paz, paz, paz, paz, paz, paz…

    Negando la realidad de que cambiamos y la lucha es parte de eso. En todo ese desastre viste algo en mi. Sinceramente pensé que estabas loco y me usabas como carne de cañon, ché, quizás lo hiciste ¡Quizás lo hiciste!

    — Mis chicos son rudos, estoy seguro que colaborarán para la causa, después de todo, lo último que una mascota desea es ver a sus amos esclavizados o al menos siendo las mascotas de otros, pero...estos chicos irán sin mí, estoy seguro que a mí no me mandarás a una misión de esta índole ¿cierto?
    — Estoy seguro que podrás encargarte de esto, después de todo, está en tu sangre ¿O no, vicepresidenta?
    Mas volviste a ver más allá de lo que otros o yo miraba de mi misma:
    — ¡¿Q-Q-Q-Q-Q-QUÉ? ¿CHE PIBE, QUÉ?! ¿C-Cómo que me vas a enviar a mi ahí? ¿N-No te resulta más probable que vayas vos, ché? O sea, mírame ¿Acaso tengo madera para andar al frente de una batalla?
    — ¿Qué te he dicho, vicepresidenta? Los discapacitados no necesitamos demostrar debilidad ni ser subestimados.
    — ¡PERO CHÉ! ¡ME ESTÁS ENVIANDO COMO CARNE DE CAÑÓN!

    Quizás si me enviaste como carne de cañón y te sacaba canas de color arcoíris, pibe pero en Animal Planet vi que los polluelos de las águilas aprendían a volar tirándolos de los acantilados más grandes.

    — ¿No es eso como todos nos ven? Ahora demuestra que no eres eso, muéstrales de que estás hecha
    — S-S-Sí, señor.
    — Si necesitas un ejército grande, el jardín de los caídos está a nuestra disposición -
    — E-E-Entendido, entonces de eso se compondrá la mayor parte del grupo de Vanguardia -
    — Pero oíme ché ¿Por qué...? -
    — Kristina, conozco la habilidad de Andrés, esos malditos ojos que todo lo ven, primero muerto a dejar que le ponga los hilos a la armería divina, además ¿Ya viste el grupo que ese idiota de Allen creó? No durarán ni dos segundos sin que antes haya algún tipo de riña, necesitan supervisión.
    — ¡Ah! ¿Cómo una nana?
    — Sí, como una... Espera ¿Qué estás diciendo, idiota?

    Ese lugar con el Bambi me hizo entender las tristezas que habías pasado y me hizo sentir avergonzada de mi misma pero a la vez valorada y con el anhelo de no ver la Frank Academy ni en pintura. Digo, ché, sé que había gente como la Giasuri, el Musul-Man y hasta el chorro de Mario, pero no me pego un viaje así otra vez…aunque ya sabes: soy yo. Tsk, ¿por qué no decir que coquito también es alguien que me gustaría viendo? ¿Acaso ya me deschabete? Pero donde me enviaste si fue una locura.

    Morí…

    —Es por eso que hago esto, porque quiero ponerle fin al sufrimiento. Las lágrimas derramadas por muchos no deben perderse en el olvido ni la muerte sino hacer brotar semillas que se volverán árboles que harán un bosque.
    —¡No lo entendes! No se trata de que haya o no sufrimiento sino de que la gente tiene derecho a decidir.
    —Eh, disgrego en eso.
    —¿Vas a decidir por nosotros? ¡No ves que por eso estamos luchando contra ti y tu club de wololos! Piba, la vida es dura. No sé qué te llevó a ser caníbal, pero lo que estás haciendo es robarle a otros lo que los hace ser únicos.
    —Sé qué piensas que soy como los caníbales de la Frank Academy, pero te aseguro que cada uno quiso venir por su cuenta. No estoy forzándote, sólo estoy guiándote a tomar la mejor decisión como una madre por su hija.
    —Ignorando lo que yo decidí…

    Pero sobreviví para sentir el peso y el precio de guiar a otros.

    —Lo lamento...E-en serio... lo intenté, pero... pero... apesto como líder... m-muchas mascotas... e incluso personas... murieron, por mi culpa. Solo soy una lisiada estúpida... lo lamento... en serio... en serio...

    Aún así sentí el peso de tu estricto amor.

    —Hiciste un buen trabajo. A veces las muertes serán inevitables, pero es parte de ser líder. Aceptar que no somos perfectos y muchas veces no podremos proteger a todos. ¿Sabes? Estoy orgulloso de ti.
    —P-pero yo... yo...
    —¡LISIADA! ¡¿Es qué acaso estás negando lo que pienso?!
    —¡No, no, no! ¡O sea sí! ¡Pero no...! ¡Aghh...!

    En ese momento no pudo más y gimió con fuerza tapándose con Sun-Hee su rostro humedeciéndola con sus lágrimas. Descargando los dolores y las alegrías que nacieron en medio de un escenario trágico. Se había ido, pero en su ley más lo que le entregó en su forma peculiar estaba entrelazada en ella como las telas de la bufanda con la que acariciaba su rostro.

    —Fuiste para mí como el hermano que nunca tuve y yo como la hermana que te arrebataron.

    La valquiria de cristales guió a la bestia de guerra hacia un lugar cercano a la tumba del amo de los hilos. Según lo que le contó Bárbara Adrien había regresado de la batalla con Fibrous, pero su nombre ha sido una leyenda en el nexoverso pues nunca se le ha hallado.

    Cual elegante y etérea parca con su guadaña, la dama explosiva indicó hacia una hilera de tumbas con fotos en ellas que contenían diversos epitafios.

    Ella asintió y observó por breves instantes a su compañera antes de volver su enfoque hacia el lugar mientras Barbara en señal de respeto le debaja sola.

    Maeve se abrazaba a si misma recordando el roce de las hebras de Fibrous. Una risilla se formó en su rostro recordando la constricción de su primer encuentro y de su tiempo bajo su instrucción.

    — No están dejando la tarea más dura ¿No te parece, querida?
    — Confiamos en que lo harán excelente.
    — Bueno, siempre me han gustado los escenarios donde la gente se aglomera por verme.
    — En ese escenario no creo que quieran escucharte gritar... cuídense, ustedes y todas las demás mascotas.
    — Me pides esto a mí, es obvio que lo haré... mi renacuaja y yo lo haremos, o sino, te prometo que nos castigues por ser niñas malas.
    — ¡MAEVE!

    Ese roce digno de una tela de calidad y única en su clase:

    —Maeve, yo brillo. Pero no negaré que tú resplandeces.
    —Oh querida, aprendí de la mejor.

    Ellas eran diferentes en experiencia y en habilidades, pero con el deseo de proteger a lo que consideraban querido. Nunca la vio como una superior tanto como una compañera de profesión una que con su propia luz se hizo digna de seguirle y que le enseñó a brillar por si misma.

    Paseo glamorosa y solemne por las lapidas, curiosos espectadoras de una modelo en una marcha de recuerdos en la pasarela de un campo santo.

    Kirilia.
    Ahora pastas en valles de dulces pastos.

    Tungskan.
    Los amo hasta el final.

    —Kero…—La anfibia tapó su rostro y sollozó.

    Isis.
    Aprendió a envolver su propio destino.

    Lord Lowen.
    Nunca cayó ante la adversidad.

    Lady Fatíma.
    Una pequeña valkyria que llevó a su amado.

    Bors.
    Lobo fiel y guerrero hasta el fin.

    Ron.
    Un galanazo hasta el fin.

    Light.
    Brilla con su propia majestad.

    Se detuvo y giró viendo la hilera desde el otro lado soltando una risilla molesta ¿En serio? ¿Una frase resumía sus vidas? No…¡No! ¡Ellos eran mucho más!

    Ella prometió que les recordaría con alegría. Una risilla salió de su boca, que fue creciendo a una más sonora que se mantuvo por un momento.

    —Yo…prometí…reír y…—la risa en ella se cortaba —Yo…aún recuerdo cuando los encontré…muertos en vida… bebíamos, bailábamos y nos reíamos. —Respiró con fuerza —les traje alegría cuando estaban caídos y…vivieron de nuevo…y —su voz se quebró y dio lugar al sollozo que llevó al clamor —¡No es justo! —su cuerpo cedió siendo sostenido por sus manos, las lagrimas rodaban por sus mejillas— ¡¡¡NO ES JUSTO!!! —su puño golpeó el suelo tomando el pasto del campo santo y la joyería de renacuajos de su cuerpo se había detenido de su agitación cayendo lánguidos. Sus tonfas tomaron forma de niñas cuyos ojos rojos buscaron abrigo en los brazos fatigados de su progenitora —Ellos…ellos merecían más que palabras en una piedra. ¡Eran más que eso!...lo sé… yo…lo sé…yo lo viví…yo

    —¡LO SÉ! —
    gritó su compañera quien se lanzó a ella y le abrazó hundiendo con cuidado el rostro de la anfibia en su busto. Las renacuajas lloraban clamando los nombres de los caídos como tíos y tías mientras con un brazo rodeaban a su jefa y con otra a la lisiada que también les dio lugar.

    Barbara a lo lejos ya había lidiado varias veces con estas situaciones, por lo que sabía tener discreción para expresar su pena, pues que no fuese efusiva no significaba que no sintiese el dolor suyo o de otros.

    Ya no había más lágrimas, La pena había dado lugar a la solemne resignación y el deseo de seguir adelante a pesar de no tener idea de lo que les deparará la vida en el siguiente minuto. Kristina y Maeve se acercaron a la tumba de Fidra, ambas sonriendo recordando la personalidad electrizante de la mexicana, su deseo por estar con Pavel, su espíritu de Batalla y como ahora un legado de ella les acompañaba.

    La siguiente fue Diamond. El ángel que les salvó, pero cuyo deseo de protección y vida le llevo a la locura. Una hermosa advertencia sobre tener siempre equilibrio en la vida y de aprender a aceptar la decisión de otros ¿gracioso, no? Había aprendido eso de ella también, pues lo había hecho con Franco. Claro, con la diferencia de que no se lo devoraría si él persistía en lo suyo.

    Jaspe, realmente no lo conoció lo suficiente, pero se veía un buen sujeto.

    Luz María le enseñó que una ciega puede ser tan peligrosa como alguien que está con sus sentidos intactos.

    Max. Si no fuese por la mascará de ciervo no lo hubiese conocido, el bambi que le hizo viajar más allá de lo que alguna vez pudo haber imaginado o deseado ir a tal de no querer volver, si bien cogió algo que podría llevar: la enseñanza de la escoria dorada y lo que era la Frank Academy.

    El Shinobi shileno. No sólo su nombre lo decía sino ese era su epitafio, pero quizás era porque su propio nombre era impactante para todas las generaciones, una especie de héroe urbano. Cuando le preguntó a Bárbara la causa de su muerte ella le respondió que Luchó contra Toxic usando jutsus y sus técnicas prohibidas.

    Cabeza de coco. Ooooh, ella no sabía cómo había logrado ser un héroe, pero en cierta fue el héroe de su propia historia y esto le hacía ver que lo que le habían contado no era como realmente sucedió ¿por qué la gente debía alterar la historia? Era una pregunta para hacerse.

    Myosotis. Esa eran las flores que les había dejado a cada uno. La razón es porque le gustaba el nombre de la flor, más que conocer el significado tras su nombre y quizás era un consejo para recordar a los que vinieron antes de ella y lo que dejaron para lo que vendrían después de ellos.

    —Es hora de irnos, renacuaja.

    La argentina asintió al consejo de su amiga y le pidió a Barbara que las llevase con John para poder salir al mundo real.

    ¿Real?...

    —¿Listas para marchar en aerolíneas Baptist?

    La argentina y Maeve se despidieron, para la sorpresa de la rana recibió un beso en la mejilla rápido de parte de la argentina que se colgó a ella mientras ella le frotó su mejilla con la suya y le besaba la nariz.

    —Cuídame allá —la rana le sonrió.

    —Cuídame aquí —replicó Kristina.


    [***]


    Las calles de Letzenburg eran activas en la noche. Los ojos se deleitaban con la iluminación que daba esperanzas ilusorias y las calles estaban limpias gracias a los “Wall-E” si, así le decía la juventud a los asistentes mecánicos de limpieza y orden. Si a Kristina le hubiesen dicho que habría robots limpiadores ciertamente hubiese dicho que eso sería imposible pero en este tiempo estaba viendo que la barrera entre lo imposible y lo poco probable se difuminaba. La gente transitaban con sus propios asuntos: niños, jóvenes, adultos y ancianos. Nunca se había detenido a ver que había más de los terceros e incluso de los cuartos que de los primeros y segundos.

    —Kero, kero.

    —Ché, tengo hambre.



    —¿Usted tene hambres?

    —Esa voz…Oye, espera ¡Espeaaaaaaaaaaaa!


    Sostenida con fuerza por una mano morena fue llevada a un local de comidas. En su interior tenía decoraciones de temática de oriente medio que alegraban el ambiente eficiente de una tienda de Kebabs. El color café, rojo y verde predominaban en su temática y se hacía claro el sonido de música de instrumentos de cuerda y en especial en que tocaba en ese momento que aunque fuese de un compositor hindú no medraba el objetivo de hacer entrar en un ambiente árabe.

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    —¡Bievenidas Clientas a los Kebabs de Alibaba de este humildes servidor de Allas!

    —Ajajajaja —
    La lisiada no podía creerlo.

    —Veo que esta de buen humor, clientas ¿Sorprendidas de venir acasos?

    —Eeeeeh, es la primera vez que vengo aquí.

    —¡¿Usted es nueva clientes?! ¡Por Alás! —
    El hombre se postró en el suelo en dirección a la meca y alzó sus manos —¡Hulululululululu!

    —Eeeeh, veo que eres muy creyentes.

    —Si supiera lo que he vividos, la voluntad de Allas les ha traídos, tome asientos y le serviré el Kebabs de Ifrit.


    Un sonoro bostezó se dejó notar en el local. Desde la puerta que daba al interior del lugar salió una mujer de ébano físico atlético en cuyo vientre expuesto por su bra se notaba varias marcas de cuchillazos y tatuajes. En su mano derecha llevaba una botella de licor árabe medio llena y un puro en su siniestra.

    [​IMG]

    —¡Mujers, que haces aquí!

    —Te vine a visitar porque le deje la fashion emergency con la gillete a la Kimberly.

    —¡La Kimberlis, pero mujers…!


    —Ya no hagai tanto drama oe ¿Quién es la niña de papi?

    —Es mi nueva clientas. Ella comprar muchos Kebabs y hacerme ricos.

    —Más te vale o —
    dejando la botella en la cantina sacó una gillete que movió con destreza entre sus dedos— te dejo la G no de Ge, ge sino de…

    —Gi…Giasuri, Gia…suri Giamillete —
    La argentina trago saliva, se sentía tan real. ¡Por supuesto si era real!

    —Vaya mujers, sos populars —La femina se sentó en la cantina y siguió bebiendo mientras el musulman atendía a la lisiada

    — ¿Cuántos Kebabs va a querers para llevars? ¿Quizás los shawarmas? Y…

    —Me gustaría sólo uno.

    En ese momento vio a la Giasuri haciéndole una seña que la lisiada sabía que era característica de ella en la Frank cuando le iba a dejar la sonrisa eterna fuese persona o distress.

    —Pero tengo mucha hambre —
    cambio de opinión la lisiada viendo que la ex peso pesado de la Frank le hizo la señal de “te estoy viendo”— ¿Qué tal unos cuatros para llevar?

    —¡Cuatros! ¡Enseguidas! ¡Ghiyats! ¡Baja Ghiyats y atended a la clientas o te mando de vueltas con el tío Yusuf a las majadas.


    —Ya voy.

    Desde las escaleras bajo un muchacho moreno de piel tostada y cabello café con un flequillo que cubría uno de sus ojos. Su expresión era de alguien cansino y algo hosco. El miró hacia el techo.

    —¡Yallah, yallah!


    En pocos minutos salieron los Kebabs para llevar y un shawarma que Kristina comió ahí mismo y concluyó que fuese lo que hicieran ahí era bastante delicioso. La masa se derretía en su boca y las carnes se mezclaban de buena forma.

    —Están muy buenos —comentó tras comer el último y pagar el plato para llevar.

    —Kero —Maeve había salido de la bufanda para volver a ella.

    —¡Obvios, si están hechos con el poder de Alas y secretos del medio orientes! ¡No te vayas sin llevar una tarjeta mujers —la tarjeta decía: Kebabs Yanna.

    La argentina se marchó de la tienda sin dejar de mirar

    Este había sido un encuentro del pasado de Jihyun en su presente y algo le decía que los Kebabs Yanna serían una nueva opción si no quería tener la GG en ella.

    Cuando salió la argentina dos persona entraron en el lugar de los Kebabs del Musul-Man. Uno era un pequeño bambino de cabellos aureos y expresión bucolica que no podía mantenerse en un mismo lugar por más de dos segundos haciendo con complimento de todo lo que observaba comparandolo con el anime de Magi: Labyrinth of Magic. El otro era un hombre de unos diez y siete años de cabello azabache corto que llevaba consigo un abrigo color verde oscuro, Éste se ajustaba sus lentes sonriente de ver la vitalidad del pequeño bambini quien saltó sobre él para tomarle de su brazo.

    —¡Oni-san! El muchacho le señaló un combo de Kebab llamado las mil y una noches que aparte de los Kebabs tenían diversos dulces árabes.

    —Pide como quieras, es tu fiesta sorpresa. Federico.

    —Multo gratia, Miguel.


    Si, ese pequeño podía derretirle su corazón. Una inocencia que deseaba que este mundo no manchase lo suficiente y que anhelaba cuidar.

    [***]

    El color, la música animada y el aroma a comida nunca faltaban en el barrio guayaba. La esencia de lo que era el latino ruidoso y con candela que siempre buscaba enfrentar los problemas de la vida con una sonrisa, cada uno tan variopinto como sus casas. Había quienes llevaban sus emociones en silencio pero aquí todo se podía expresar fuese moviendo las caderas en un baile en la avenida o ahogando tus penas en el bar Pasión Platanera. Lo bueno del lugar es que nunca dormía, lo malo de este sitio es que precisamente nunca dormía y como tal eso hacía que quienes no estaban acostumbrados les costase.

    —¡Lleve su plátano dulce!

    —¡Compre su taco, el enchilado taco del amigo Luis!

    —¡Mangos, manzanas, melones, vitamínicos, malta con huevo, Milo con café, Lleve sus jugos —
    El comercio ambulante era lidiado en Letzen, pero los pillos siempre sabían cómo sacar sus productos!

    —¡Picos dulces! ¡Ricos picos dulces! ¡Palomitas y picos dulces!

    En cualquier otro día hubiese pedido picos dulces sin pensarlo, pero ahora ni para ello tenía energía. Quería volver a su casa y descansar. Cuando llegó a la casa abrió se tuvo que dar el tiempo para encontrar las llaves pues casi siempre se le perdían entre las prendas de vestir.

    —Ah vamos, pibe, aparecete ¡Aparecetee! —En aquel momento la llave se le cayó al suelo y la argentina puso su cabeza sobre la puerta— ¡ché, el universo cósmico está en mi contra!

    La manilla de la puerta se movió y en aquel momento alguien abrió la puerta: un hombre de buen porte y de cabello albino que le observaba de pies a cabeza. Hubo un momento de silencio entre los dos pudiéndose escuchar el croar de una ranita desinteresada.

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    —Kristina Rio de la Plata San Martín.

    —¿Q-quién sos? —
    Algo le había caido en el veinte a la argentina. Ese hombre era bastante similar a quien había visto cuando vivió la vida de...

    —¡KRISTINA VOLVISTE!


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    La boliviana había llegado a la puerta con un aroma elegante de diversas especias. El hombre galante rodeó su cadera con su brazo y ella le tocó una nalga jocosamente sacandole un gruñido que parecía enojado, pero que el europeo no podía negar que le encantaba.

    —Consuela, Hola… —Estaba contenta de verla, pero cansada de todo a tal que no podía expresarlo bien. Quizás una parte de ella simplemente quería lanzarse a llorar a abrazarla, pero la gruesa mujer tomó la iniciativa hundiendo su cabeza en su pecho y acariciando su cabello.

    —ANDAS AGOTADA CON LA ESCUELA. AH, A MI EDAD YO COMÍA BASTANTE PARA CARGAR SACOS DE PAPAS. TE FALTA MÁS AGUANTE ASÍ QUE TE TENGO UNA CALAPURCA QUE NO TE LA AGUANTARÁS MI POLLITA, ¿AH QUE NO TE ESPERASTE A MI NOVIO?


    —Pensé que le habías dicho, cariño.

    —TU SABES QUE ME GUSTAN LAS SORPRESAS.

    Aquel hombre rió elegante mientras se ajustaba su corbata.

    —Olvidaba tu sangre caliente.

    —Y CUERPO.

    El europeo tosió cordial sintiendo una mezcla de elegante vergüenza y a la vez candidez por la personalidad arrolladora de quien había conocido. Internet, citas y ahora habían decidido tras tiempo formalizarlo en una relación. No se reservo en darle una mirada rápida a su conviviente, si cuerpo de donde podía tomar con sus manos y personalidad aplastante, aunque luego se dio cuenta de algo.

    —Querida, creo que necesita espacio personal y urgente.

    —Si, como que me gustan tus abrazos pero me ando quedando si aire —
    dijo Kristina cuyo rostro estaba en el pecho de su nana.

    —AISH LA JUVENTUD DE HOY Y SU ESPACIO PERSONAL.

    —Cuando crecen tienden a compartir ese espacio.

    —Oiga señor, disculpe pero ¿Cómo se llama y cuando conoció a Consuela?

    —¡BUENA, OH! AHORA ME ESTAS CUIDANDO A MI —Rió la gordita— A POCO QUIERES SER MAMÁ TAN JOVEN, KRISTINA. ESTUDIA A LO MENOS Y LUEGO ME HACES ABUELA

    —¡Consuela!

    —Mi nombre es Xavier y llevó un tiempo conociendo a Consuela.

    Kristina rió débilmente.

    —Ya veo y que piensa de ella, señor Xavier.

    —Qué es única en su especie.

    La respuesta de su galante halago fue una palmada en la espalda, que de no haber sido por su tiempo de juventud hubiese resentido.

    —AAAAAAWN Y DEJA DE HALAGARME Y VEN A LA COCINA. TÚ TAMBIÉN, KRISTINA QUE TE VES PÁLIDA Y GUARDAREMOS LOS KEBABS. YA QUIERO CONOCER A TU RETOÑO, XAVI.

    —Espera ¿retoño? —susurró la argentina marchando hacia la cocina ¿Acaso ahora la familia crecía? Antes era ella y Consuela, pero ahora un hombre se había metido a su vida y si bien ella estaba feliz por Consuela igual tenía sus dudas, quizás tendría que hablar con él y su retoño.

    Xavier les seguía detrás. Si lo que Consuela le digo era cierto, no había razón para no creerle pues el conocía mentirosos de verdaderos, entonces esta chica estaba también en eso.


    [***]
    Después de comer decidió ir a dormir, pues se sentía agotada. Dejó a Maeve en el acua terrario y a Sun-Hee al lado de ella mientras cerraba pesadamente sus ojos y dormía. Podía descansar y todo iba a quedar atrás y quizás podría soñar.

    —¿No soy real? —una voz decepcionada y distorsionada entre tonos agudos y graves hizo ecos en una oscuridad que pasó a ser teñida de un cielo carmesí y una tierra húmeda de sangre. Frente a la argentina una niña cubierta por una prenda negra de la que salían varios ojos. Ella caminaba juguetonamente hacia ella sonriéndole y mostrando una hilera de dientes—¿No soy lo suficientemente real para ti?...

    —No…no…no —
    mascullo retrocediendo —no puede ser —se detuvo. Intentaba invocar a Maeve pero esta no aparecía por lo que tomó sus muletas reprendiéndose para luchar pero todo su ser se rehusaba a sus clamores reconociendo un temor primario grabado en lo más profundo de la corteza cerebral de cada individuo.

    En un instante la entidad estaba levitando sobre el piso y su nariz topaba con la de ella pudiendo ver su hilera de colmillos.

    —Fue lo suficientemente real para coreano.


    En aquel instante su boca se abrió con violencia que desafiaba toda lógica mostrando una hilera de millares de colmillos que llevaban a un agujero sin fin del que emanaban gritos de hombres y mascotas en eterno sufrimiento.

    Kristina despertó de golpe y saltó de la cama movida por la desesperación terminando de caer al lado de la cama y para su suerte siendo golpeada por su mochila, los libros en ella y sus muletas. Jadeaba y se tomaba a sí misma para verificar que era real…era real…¡Era real! Todo era real, siendo bueno y malo y ahora ella era parte de esto.

    No había despertado de ningún sueño y este no era un sueño del que iba a despertar. Mordía su labio inferior y apretaba sus uñas en sus brazos. Toxic iba a volver, no sabía cuándo ni cómo pero lo haría. La cosa era ¿cómo lo atravesaría? Río, si se río pero en aquella risa iba envuelta frustración, tristeza, desesperación y a la vez resignación esperanza de lo no visible como deseo de perseverar entrelazadas en una danza paradójica. Total:

    —¿Qué podría salir mal, ché? —se susurró a ella misma mientras Sun-Hee caía sobre su rostro.

    —Kero kero.

    Sólo quedaba avanzar.



    AmakiAmaki y TaKaTaKa los hago responsable por el crimen de provocarme feels en primer grado (?)
    IceIce Quiero teorías, teorías del hombre ara...digo de Durkheim xp
    LeoLeo Franco </3
    zXArtemisXzzXArtemisXz
    CorventCorvent.
    Velvet.Velvet.


     
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  5. Velvet.

    Velvet. I challenge my fate!

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    1. Cuando cae el Telon

    [****]


    Tic Tac Tic Tac Tic Tac

    El sonido de las manecillas del reloj no dejaba de sonar en aquella habitación. La situación era tensa para los miembros del grupo de rescate, sin paradero alguno de su líder y el tiempo corriendo para la inminente explosión del nexo todo parecía indicar que lo mejor era dejar todo en manos de Baru y de Lionel, como si eso fuera una opción para ellos.

    Las puertas se abrieron y nadie pareció notar a una fantasmita que se movía entre la habitación sentándose tranquilamente entre el grupo esperando a las instrucciones de aquel líder de escuadrón en silencio. No se atrevió a preguntar nada a los presentes, solo se quedó ahí, esperando a que el líder de aquella escuadra hiciera acto de presencia.

    — “¿Lista para tu último vuelo?” — se burló el vestigio una vez más, Sofía apretaba sus puños con fuerza, tenía miedo, miedo de morir en aquella pelea, pero a pesar de eso, debía continuar.
    — “No” — Le dijo — “No va a serlo”

    Y el vestigio guardó silencio, siendo callada por la mente de la muchacha. Escuchaba las voces de sus compañeros, pero ahora mismo no tenía palabras con que dirigírseles, pues en ese momento, lo único que debían hacer era actuar. Pronto, la bota del coreano abrió abruptamente la puerta luego de que fuera sometido una vez más a un chequeo médico antes de salir al campo de batalla. La mirada del medio hombre era severa, pues aun sentía la derrota recorrer cada fibra de su cuerpo, pero aún estaba vivo, y listo para luchar contra aquellos números que buscaban robarse el futuro de la academia.

    Gritos y regaños se escucharon por parte del Ryu quien estaba decepcionado por el desempeño de su grupo, pues realmente creía que estaba hablando con lo mejor que podía ofrecerle la academia, excusas baratas no quería escuchar, pues necesitaba resultados, no palabras. No obstante, pronto la lluvia de ideas inició a darse entre aquella junta de guerra pues a pesar de todo el grupo tenía un trabajo que hacer y la aparición de la dupla de pesos pesados era señal de que las cosas podrían mejorar.

    No obstante, la aparición de Allen le daba algo extrañeza al grupo, un número, llegando al trono del rey, a la guarida del león, como una hiena muerta de hambre, pero Mond, tenía algo más en mente. Salvar a sus amigos en un acto que ninguno de los presentes pudo imaginarse viniendo de un chico tan cobarde, pero poco le importaba, el tenia valor, o eso creía, para venir hasta donde se encontraban sus “Enemigos” en un intento desesperado para salvar la vida de las dos personas más importantes en su vida. Las palabras del coreano le dieron la determinación adecuada para tomar el siguiente paso, retar a la cabecilla de la rebelión a un duelo por su puesto. Tal vez no era un héroe o alguien a quien admirar, solo era una persona común y corriente queriendo hacer algo por sí mismo y por la gente que quiere.

    Sofía escuchaba atentamente a los líderes mientras observaba atentamente a las reacciones de Allen y su manera de actuar. Realmente su futuro Zero era un tanto curioso y complicado, pero de que mostraba valor en venir no se lo quitaba.

    — “Basura dorada…eso suena lindo” — pensó en las palabras de aquel militar, tal vez no tendría ella no era fuerte como Jesús, carismática como Kristina, táctica como Franco incluso lista como Reiji o Emil, si, ella aún estaba en lo más bajo de la cadena, podía subir, escalar, levantarse, como lo hacía Allen quien se movía hacia adelante sin quejarse, como lo hicieron Baru, Adrien, y Ryrio.

    Y luego de armar el plan de ataque, el grupo se preparaba para la acción. Cada uno de los miembros tomó un rumbo diferente, preparándose para la acción, por su parte, Sofía necesitaba alisarse para la pelea: Un par de bombas le ayudarían en la batalla un cinturón lleno de kunais y shurikens. No obstante, las últimas batallas hacían que la cantidad de estos objetos fuera limitada, dejando a la muchacha con los elementos necesarios para este último encuentro.

    — Queremos ver resultados, niña. este será el último día del nexo, por lo que necesitamos tener nuestra confiabilidad intacta —. Desde las sombras, como aves de mal agüero el par de gitanos sosteniendo a una pequeña bebé hicieron acto de presencia. instintivamente Sofía se alejó de la niña recordando las palabras del ruso sobre las victimas de asesinato. — Tenemos exclusividad con el coreano, no queremos perder una oportunidad para nuevos negocios. — Sofía no respondió nada, solo se quedó mirando aquel gitano de sonrisa perene, Mario le dijo algo a la muchacha en lenguaje de señas traducido por su encantadora esposa.

    — “No te mueras. si lo haces, no me podre ir sin mi sueldo de retiro”

    — Pero si ya es millonario, don Mario — dijo Sofía — Además tiene el dinero de la Krispy.

    — “Oye, yo separo muy bien el trabajo de mis otros negocios, o es que me vas a faltonear, socita” — Sofía se quedó mirando extrañada a su jefe.

    — ¿Y vos desde cuando me entendes la jerga, patrón?

    — “Desde que me entere de que yo tenía una dimensión en tu país” — Sofía suspiró con pesadez, pero, no podía negar algo, en aquel mundo, lleno de muerte, dolor, sexo y drogas haya sido una pesadilla para ella, luchar por sus hijos valio la pena cada segundo que estaba atrapada allí. El gitano la observó una vez a la chica quien se dirigía al campo de batalla con un rostro lleno de seriedad. — “¿Me vas a faltonear?” — la asocial negó.

    — Culebra…— Sofía dirigió la mirada a su vice presidenta — doña Lina ¿Cuándo les he faltado yo con una vuelta?


    [****]

    La misión de infiltración había sido un éxito y una batalla campal por la supervivencia del legado de Durkhein se estaba llevando a cabo sobre un coliseo romano en donde ambos bandos estarían dispuestos a darlo todo por la causa en la que creían. Las cosas no tardaron en complicarse para el grupo de recuperación pues los números a pesar de verse sorprendidos por la infiltración sorpresa no tardaron en demostrar lo que valían y afrontaron el ataque, no obstante, las cosas no tardaron en complicarse, puesto a que el duelo entre Five y Zero estaba llegando a su apogeo. Allen demostró ser un oponente digno para Lucilina quien a pesar de mostrar un dominio absoluto frente a sus avatares tenía problemas con la hábil mente de Mond.

    — "Iniciando protocolo de exterminio. Aplicando comandos de ataque C3."

    La mecánica voz de Akane salió desde las gradas portando su imponente armadura robótica. Aquel golpe le había dado una buena sacudida, por suerte, su base de datos pudo procesar la fuerza del peso pesado y tomar las medidas necesarias para contrarrestarla, no obstante su armadura estaba agrietada por el impacto, demostrando que el poderío de los de quinto grado no debía ser subestimado. Varios drones rodearon a la nerd mientras se lanzaba como un bólido hacia los pesos pesados. El rey de oro generó una barrera la cual fue cortada por los láseres de los robots que flotaban alrededor de la pequeña Nerd, Sofía con Hanzo en mano trató de derribarlos pero estos de formaron una barrera que repelieron a la kusarigama de la kunoichi hacia un lado. Sofía rápidamente tuvo que poner su vista en la porrista asesina que llenaba de fuego su barra de hierro buscando su cabeza, las cadenas rodearon la pierna de la porrista haciendo que esta se cayera al suelo, Clover se recuperó rápidamente dando una voltereta hacia atrás dándole tiempo para volver al ataque. Aquella barra chocó contra los nudillos de la rapera que usando su otro brazo impacto con fuerza el rostro de la rock star, haciendo que esta escupiera sangre de su boca. Akane estaba concentrada en los cortes y embates de Sofía, pues aun su arma no lograba detectar a tiempo la secuencia de los cortes que el silente ninja lograba hacerle a su armadura que poco a poco iba cediendo al combate.

    — “Enemigo a las 9 en punto” “Se sugiere tomar medidas defensivas” — la mirada de la miko se dirigió hacia el ruso quien formó varias cuchillas de oro en el suelo lanzándolas hacia ella. Los drones automáticamente formaron una barrera sobre su cuerpo, la cual logró destrozar el ataque del peso pesado, pero aquello fue usado como un señuelo, ya que Pavel usó la propia burbuja en la que se había encerrado Akane como una pelota de futbol. — “Iniciando secuencia para estabilizar el cuerpo”

    El equilibrio de la muchacha fue devuelto gracias los propulsores ubicados en su espalda permitiéndole disparar un rayo de energía formado desde la palma de su mano en dirección al peso pesado quien ágilmente esquivó el rayo generando más estacas de oro las cuales fueron rotas por los drones de la chica que interceptaron el movimiento del gnomo. Rose saltó con en dirección a la nerd, pero logró chocando con fuerza a Heller contra Prodigious, Ambitious y Virtous que las chispas saltaran al alrededor. La asocial arremetió contra Clover obligando a la otaku a bajar la cabeza para evitar ser rebanada por la hoja silente del ninja. La numero 8 gruñó y golpeó a Sofía con una patada en el estómago haciendo que la colombiana retrocediera, obligándola a esquivar los proyectiles de los drones que salieron en apoyo de la amante de la música. Un par de ellos rozaron varias partes de su cuerpo desgarrando parte de la ropa que llevaba puesta y quemándola en el proceso, aunque no fueron golpes certeros debido a la agilidad de la ninja en esquivar los ataques seguían doliendo con intensidad. Pavel se lanzó hacia Akane preparando una espada hecha de oro, la kamen rider rápidamente colocó sus puños hacia adelante generando unas cuchillas de energía pura las cuales no tardaron en chocar contra el arma del peso pesado iniciando a forcejear entre ellas, El duende generó un montículo de oro bajo sus pies buscando hacer que la nerd se distrajera, pero este fue repelido por un dron. Rápidamente Sofía saltó hacia el robot pero fue detenida por una barrera generada por otros autómatas chocando contra esta. Rápidamente los drones de la nerd salieron a cazar a la kunoichi la cual se encontraba en una muy mala posición.

    — “¡Bold Wind!”

    Sofía inició a moverse en el aire usándolo como plataforma para impulsarse y esquivar los proyectiles de provenientes de los drones de la asiática. No obstante varias balas incendiarias casi golpean el cuerpo de la asocial obligándola a aterrizar al suelo, el ataque a distancia de Franco logró dejar a la ninja a merced de una otaku que buscaba clavarle aquella barra de acero sobre su cabeza, Hanzo rodeó la mano de Clover con su cadena desviando la fuerza de la barra de acero hacia otra dirección, no obstante, el golpe llegó a las costillas de la chica haciendo que Sofía se arrastrara varios metros por el suelo. El cuerpo le dolía pero no le impidió a la futbolista levantarse para continuar con el combate. Sin embargo ahora debía cuidarse de Franco y su dragón ya que ahora la tenían en la mira. Una barrera de tierra y varios cañonazos salieron en su dirección haciendo que Regnar se levantara por los aires esquivando cada ataque de la armería de la academia.

    — ¡Sostente, peruanito!

    Las llamas del dragón pronto iniciaron a cubrir el campo de batalla pero estas fueron absorbidas por un enorme vórtice de agua. Regnar gruñó pues no le hizo gracia alguna que Ryrio bloqueara su ataque, un dolor punzante lleno el cuerpo del lagarto pues un láser logró perforar parte de su abdomen que de no ser por su rápida reacción, seguramente lo habría matado en el acto.

    Reiji apuntaba al lagarto mientras que Remy y Rómulo generaban un golem de tierra cubierto de varias ballestas que lanzaron flechas las cuales no tardaron en buscar a la salamandra alada. Usando su cola Regnar logró repeler varios proyectiles, pero fue obligado a girarse bruscamente haciendo que Franco por poco se cayera de su montura. El Gamer inició a disparar a la armería, pero la defensa acuática del tiburón le hacía la labor más complicada.

    Por parte de los demás números, Clover y Akane mantenían un fiero combate con la dupla de pesos pesados y asocial. Rose trataba de mantener alejada a Clover de su líder puesto a que el elemento fuego era fuerte frente a sus técnicas de oro, no obstante, pese a la agilidad y destreza del rey de oro y de la ninja de viento, les era difícil atrapar a la escurridiza nerd quien ya analizó todos los patrones de movimiento durante el combate. No obstante, la ninja tenía recursos que estaba dispuesta a utilizar.

    — Chiqui — Sofía miró a Pavel, el peso pesado quien la acompañó durante toda su aventura, este no dijo nada, simplemente asintió golpeando con fuerza el suelo generando varias manos doradas que se dirigieron hacia Akane buscando retenerla. Los láseres de la chica robot cortaban cada extremidad que iba en su búsqueda, no obstante, la nerd fue tomada por sorpresa al ver como la ninja usó aquellos pilares como plataformas para propinarle una patada a toda haciendo que perdiera el equilibrio por unos instantes antes de recuperarse del ataque y levantar vuelo gracias a su potente armadura de combate.

    La miko inició a disparar ráfagas energía desde sus drones y de las palmas de sus manos haciendo que la muchacha de cabellera castaña esquivara aquellos movimientos usando a Bold Wind. A pesar de su velocidad, la nerd lograba adivinar poco a poco su trayectoria dificultando a la ninja moverse en el campo de batalla. Sofía dejó caer una bomba de humo lo cual hizo difícil a la nerd la visión del entorno, momento aprovechado por Pavel para golpearla con una mano dorada obligando a la miko cubrirse con una barrera generada por sus robots.

    — “Movimiento del enemigo sobre nosotros”

    — “¡¿Cómo?!”


    Si había algo que supiera hacer bien Sofía era pasar desapercibida pues aquello fue lo que la llevó a la impopularidad y a tener esa obsesión con llamar la atención de las personas, pero durante la caída usó aquella curiosa habilidad para sacarle provecho, lo había hecho muy bien en las batallas que había vivido y en las operaciones de infiltración durante la fiesta caníbal. Y ahora, usó esa misma habilidad para estar en una posición ventajosa sobre la nerd.

    — “Hora de por fin darle un buen uso a este vestigio”

    La asocial se rodeó de un aura azul mientras caía como un cometa a toda velocidad en dirección a la nerd. Akane trató de reaccionar ante la nueva amenaza, pero los brazos dorados del peso pesado hicieron que se mantuviera lo suficientemente. Akane desplegó la barrera de sus drones lo más fuerte que pudo para aguantar los ataques de Pavel y el posible golpe de Sofía, pero el cometa logró romper el muro como si una piedra hubiese quebrado una ventana.

    Una fuerte patada impacto en el peto de la nerd quien fue arrastrada hasta el suelo por la fuerza del cometa, el choque provocado generó un enorme cráter levantando una fuerte estala de humo que inundo el ambiente por unos momentos. El cuerpo de Sofía salió despedido por el impacto arrastrándose varios metros por el suelo, llena de cortaduras que iniciaban a sangrar, mientras que los huesos que sostenían su pie izquierdo estaban completamente destrozados por la caída. No obstante, a pesar del impacto del golpe, la Nerd aun podía continuar con la batalla, no obstante, su armadura iniciaba a caerse en pedazos. Parte de su peto estaba agrietado, los drones que desplegó para usar como escudo se encontraban completamente destruidos mientras que el visor de su casco estaba resquebrajado dejando ver sus lentes partidos a la mitad. Sin decir palabra alguna desde sus manos disparó un rayo de energía. Sofía se movió lo mejor que pudo pero el impacto parecía ser inminente de no ser por la rápida intervención de Pavel quien saltó en su auxilio.


    “No, no dejare que suceda esta ruta”
    Antes de que la pareja pudiera descansar varios hilos salieron debajo de la tierra cortando su piel. Allí frente a ellos se encontraba un muchacho portando una máscara de inugami. Los hilos del azabache se movían como serpientes listas para atacar a sus enemigos en cualquier momento. El nuevo número One, había hecho acto de presencia. Andrés le dedicó una mirada a su compañera, la cual asintió indicándole que no había ningún problema con ella y a Clover quien por otro lado, Clover ahora se encontraba peleando contra Rose y Maeve.

    — Andrés — la voz seria del enano dorado denotaba lo peligrosa de la situación ahora. El número no emitió palabra alguna lanzando varios hilos que no tardaron en ser detenidos por varias estacas que salieron del suelo las cuales fueron partidas fácilmente por los poderosos hilos del número.

    — ¡Boss! —gritó Rose al ver al nuevo rival, los puños de la morena chocaron con fuerza frente a la envestida de la rock star, mientras que su tercer brazo golpeó con fuerza a la nerd que buscaba atravesarla con el láser de sus manos. — ¡Shit!

    — No creas que te dejare sola en esto, querida. — comentó la Rana deteniendo los golpes que trataba de darle la nerd con ambas tonfas.

    — ¡Narulisiadaa!

    — ¡Cashate la boca, Clover!

    — “Hora de acabar con esto” — con una velocidad inhumana el número se colocó por detrás de su coterránea Andres lanzó varios hilos que buscaban cortarla en pedazos. Sofía reacionó sacando a su propia arma cortando rápidamente los hilos antes de que llegaran a un punto vital, no obstante el número sabía muy bien lo ocurrido con la asocial y no tardó en golpearla en un punto para dejarla vulnerable su pierna derecha. Varios hilos volaron sobre ella obligando a Sofía a cojear para evitar ser alcanzada por uno de ellos manteniendo la presión sobre ella. — “Esto va por ustedes, Chris, Bea”


    Pavel se lanzó hacia el numero levantando varias cuchillas doradas desde la tierra, los hilos del número cortaron cada mineral mientras que su mirada se digirió hacia Sofía quien a pesar de tener una pierna coja eso no la detenía para usar su vestigio moviéndose entre salto y salto usando el mismo aire para impulsarse como si fuera una plataforma.

    “Cambiare este resultado”
    La chica esquivaba como podía las hebras de color carmín de san Valentín, pero el número poco a poco le estaba tomando la ventaja obligando a la hacía a usar un Kunai para alejarse, este sin embargo fue rodeado por hilos siendo lanzado hacia la ninja que al tratar de moverse hacia la izquierda varios hilos cortaron parte de su cuerpo haciendo que este sangrara permitiéndole al kunai entrar a su costado. Sofía cayó al suelo intentando levantarse, siendo apoyada por Pavel quien levantó un muro de oro para permitirle a Sofía volver a ponerse de pie evitando los hilos que cortaron aquel muro como si fuera papel. El ruso se cubrió de oro lanzándose hacia el número pues no iba a dejarle espacio para que usara a San Valentín, Andrés se mantenía a distancia pero era rodeado por la guadaña de la ninja que buscaba rebanarle su cabeza, no obstante los hilos y las cadenas se entrelazaron en una extraña y tétrica combinación, Andrés jaló de sus hilos con fuerza lanzando violentamente contra el suelo. El número dirigió su vista al enano cubriendo rápidamente de hilos su cuerpo usándolos como una especie de peto para bloquear parcialmente el daño del potente puñetazo que le propino aunque ese golpe seguro le haya dejado con un par de costillas rotas. Andrés se alejó unos cuantos pasos mientras observaba fijamente a sus rivales.

    “Porque no dejare que nadie más obtenga un bad ending”
    Y la lucha aún continuaba, en donde los bandos daban lo mejor de sí para cumplir con sus objetivos, pero sobre todo, para no que ninguno de sus otros seres queridos perezca, pero bien sabido que en la guerra, no hay ningún lado ganador.

    [***]

    Recuerdo las palabras del Chiqui durante la misión en No life City, en la guerra, no hay ganadores ni perdedores, solo víctimas, porque esta se encarga de romper los corazones de quienes participan en ella. No importaba si hubiéramos terminado la guerra, o si la “Malvada Zero” había perecido dándole pasó a una época de prosperidad y de paz a la academia, ver al viejo Lio así, a los compañeros de Zero, a Franco, incluso a la razón por la cual fui hasta aquí llorar, me hacía sentir con un nudo en el estómago. Apagamos una luz, para conservar otra, así era el resultado, era como debía acabar para nuestro beneficio, pero la voz resquebrajada del viejo Lio y lo que ocurrió con el hermano de Remy, me hicieron comprender mucho mejor lo que me dijo mi compañero en aquella ocasión y que al final del día, todos éramos seres humanos.

    Mi mente estaba en blanco, aunque mi cuerpo me pedía a gritos que descansara, mi mirada aún estaba puesta en la imagen del viejo Lio quien lloraba como un niño pequeño por la pérdida de su amada. No le importaba ser un rey o un Dios, ante todos, en ese momento, era un chico común y corriente. Realmente, esperaba a que las cosas no terminaran así o que hubiesen iniciado en primer lugar, pero la realidad era otra, una que aunque dolorosa, debía aprender a aceptar. Las gotas de lluvia aun caían sobre mi cuerpo e inconscientemente mi mirada se dirigió hacia el cielo nublado pues ahora el nexo, lloraba la pérdida de un ser querido.

    [***]


    El conocimiento, el arma más poderosa que podía usar la propia humanidad, esa fue la razón por la cual vinimos al pasado. Todos los sacrificios que se hicieron, las personas que perecieron y las que vivieron para contar la historia, todo eso fue para que entendiéramos que la paz que vivimos en nuestro presente fue una labor en la que costó mucho y que era nuestro deber conservarla, pero sobre todo, vivir…y continuar avanzando. Eso fue lo que entendí del dios del Nexo, o mejor dicho, del arma del viejo Lio, Psyche, ya que él fue quien nos trajo aquí en vez de Metatron. Pero, algo me sorprendió, y fueron esas palabras de gratitud que nos dio Psyche, aunque en el fondo, no pude evitar sentirme conmovida por ellas, Psyche, no, Lionel luchó por el futuro de la academia.

    Mis ojos se dirigieron hacia las estrellas que tomaron forma de monitores en donde el dios del Nexo nos mostraba la vida de esos muchachos que vivieron en el pasado. No pude evitar sonreír, puesto a que cada imagen que pasaba y eran las sonrisas, sueños, aventuras y desventuras de esas personas que al final, en vez de ser figuras, villanos y héroes históricos, eran tan humanos como nosotros. Vi a los miembros del bando enemigo pasar sus vidas tranquilamente, siendo ellos, volviendo a una paz que a pesar de la derrota de su líder, se merecían tanto como los del bando ganador. Me alegraba ver que a pesar de todo, ellos aún tenían metas que cumplir y que no eran los demonios que buscaban destruir en la academia como creí al llegar por primera vez a ese lugar.

    La primera vida que vi fue la de Clover quien se encontraba preparando sus instrumentos para dar un enorme concierto en el festival de música. El público estudiantil que observaba como practicaba con efusividad la chica no tardaba en soltar gritos de apoyo y ánimo, eso me hizo recordar aquella vez en la que cantamos las dos y realmente me alegraba que Clover estuviera mostrando lo que era capaz de hacer… ¡Y era rockear!


    Ahora tienes la oportunidad
    Tienes el poder
    Date cuenta, solo cree en ti
    Te muestro mi vida
    Te muestro mi amor
    Te muestro todo de mí, sí, sí.
    Cariño no tengas miedo.

    — ¡Woooo! — no pude evitar soltar un grito, pues en verdad la música que cantaba me emocionaba demasiado, pues era como si estuviera en un concierto de Rock al parque. No me importaba que mis compañeros me miraban extrañados pues lo único que quería era escuchar como rockeaba aquella chica tan ardiente como el fuego mismo. — ¡Yeah, Yeah, keep going on!

    Pronto, los monitores enfocaron algo que no me esperaba ver y era la graduación de los de quinto grado. Esos muchachos que pasaron tantas cosas durante su vida como estudiantes, ahora se estaban graduando para dar paso a una nueva etapa en sus vidas. Mi rostro no tardó en dibujar una sonrisa, pues ver a esa gente subir al podio a recoger sus diplomas me llenaba de alegría y solo podía darles mi más sinceras felicitaciones. El primero en subir al podio fue Pavel, escuche las porras de felicitación de su familia mientras miraba aquella sonrisa que irradiaba su rostro, después de todo lo que había pasado era hora de que al menos tuviera algo de prosperidad.

    — “Chiqui…felicidades” — felicite al peso pesado quien por fin se graduaba del colegio. Pavel, fuiste una gran persona, a pesar del dolor que sentiste al perder a tu amada, siempre tuviste el coraje de nunca dejarnos solas a Llun y a mí. Realmente fuiste un hombre admirable, un caballero hecho y derecho, de ti aprendí que a pesar de todo, hay cosas por las cuales vale la pena luchar y proteger. Espero de todo corazón, que logres cumplir las metas que tienes propuestas.

    La imagen de la morena al recibir su diploma me hizo sonreír, aunque no la conocía, seguramente con su energía y sabor logró hacer sentir en casa a muchas personas, después de todo, el mismo coreano estaba re tragado de ella.

    — “Ese rap fue banacano, fijo mi hermano te está escuchando ahora en la radio”

    Un chico vestido de militar se vio en mi pantalla, realmente desconocía quien era, pero me sorprendió mucho al ver que ese gordito le regaló un collar de perlas… ¿Y se llamaba Aracely? ¿No era Armando?, espera…ah. Admito que eso si me lleno de sorpresa, pues mi mente no tardó en conectar los puntos sobre quien era esa persona, por su puesto, era la diva que cantó en la boda de Don Mario.

    — “Por algo Don Mario la tiene en alta estima”

    Y si, hablando de don Mario, luego fue su graduación, realmente esperaba a que dijera algo digno de un adulto serio y responsable, pero luego, recordé lo tramposo que era y se me pasó, y más aún cuando dio su discurso de graduación. Podría ser un mentiroso, codicioso y embustero, pero si algo aprendí de él, era el valor de hacer lo que te proponías. Incluso de doña Lina, que al verla con su radiante vestido besar a su novio mientras sostenía a la pequeña entre sus brazos, me hizo recordar lo que era ser un asocial de verdad, alguien que cumplía con sus metas sin importar los métodos que utilizaras. Y esa filosofía, la tuve que aplicar en mi pelea contra los números y cuando tuve que salir de esa promesa.

    — “¿Sabes, amorcito? Siempre he querido viajar a San Andrés”

    — ¿Y por qué te pico en ir allá, Naranjito?

    — “No sé, me recuerda a alguien que trabajaba con nosotros”

    — Ah…te refieres a.

    — “Si…A ese gamer, llamado Andrés. Es colombiano y quería visitar su país”

    — Ah, bueno. Pero naranjito, pero ese no trabajó con nosotros.

    — “¿Segura? Bueno que más da”


    No pude evitar colocar mi mano sobre mi frente y soltar una ligera risa. Ese par siempre resultaba con unas cosas.

    — “Disfruten de su vida y de San Andrés” — mi mirada se abrió por completo al ver como Don Mario guiñaba el ojo hacia la distancia…. ¿En verdad nos estaba viendo? Conociendo a Don Mario, seguro que sí.

    Siendo sincera esperaba a que Lionel dijera un discurso épico sobre el futuro y las nuevas generaciones que vendrían, en parte, eso fue lo que ocurrió. Su discurso sobre cómo hacer un mundo mejor para todos, proteger las sonrisas de cada una de las personas que habitaban en este mundo era algo conmovedor, pero todo cambió tan rápido y en un abrir y cerrar de ojos, las miradas de admiración por parte del público, cambiaron a una de horror, odio y lastima. El viejo Lio dijo algo crudo y tan realista de lo que ocurría en el país…no, en el mundo entero. Gente buena y trabajadora, siendo asesinada, violada, mientras que aquellos criminales escapan de la cárcel o son liberados a la semana siguiente por “Falta de pruebas” ciertamente el sistema judicial tenia fallas y la impunidad reinaba sobre las familias de las víctimas que clamaban una justicia que seguramente no les llegaría. Le daba toda la razón al viejo Lio, su caso, el de Baru…incluso aquella bala perdida que me quitó a mi padre, eran cosas que la sociedad estaba permitiendo una y otra vez, de nada servia hacer una denuncia, cuando la propia ley te impide hacerla de manera efectiva, los tramites, el papeleo, todo eso se pierde en una fiscalía que a la larga, ignora a personas como Baru o Lio, obligando a este último, tomar justicia por cuenta propia. Apreté mis manos al ver que ahora lo trataban como un criminal, un demente, un psicópata, ocurría lo que en todas partes cuando una persona asesina a un ladrón o violador, a esa persona, también la aprenden. Con casos así, realmente me pregunto si se puede confiar en esa justicia o si de alguna manera se puede mejorar para evitar más tragedias.

    Pese a la vida de mierda que le tocó vivir Lionel durante la estadía en la prisión me alegre que no se encontrara solo pues a pesar de todo, había alguien que lo visitaba, por nada más y nada menos que el padre de su amada Lucifina y aunque me amargara el hecho de que pronto iba a colgar los guayos, al menos sabía que había gente que luchaba por su libertad, en vez de satanizarlo como lo hacían los medios

    Mas imágenes pasaron y estas se enfocaron en Adrien, Barbara y Allen investigando lo que al parecer era un familiar de la bestia carmesí. Al recordar al monstruo de un millón de ojos sentí un escalofrió recorrer mi cuerpo, ese encuentro que tuvimos con él y como el arma del viejo Lio en el núcleo del nexo aún continuaba luchando para mantener el sello que evitara que escapara, si, pese a la caída aún faltaba aquella amenaza que no tardaría en causar una calamidad, no sabía cómo debíamos detenerlo, pero según Psyche, lo único que podíamos hacer nosotros era avanzar. A pesar de todo lo que ocurría en el nexo, era bueno saber que el coreano también tenía su momento de relajación, era curioso, puesto a que ahora estaba bebiendo con gente de la Frank Academy, recuerdo que Don Mario había estado allá anteriormente, donde seguramente fue allí lo conoció aunque, no me sorprendía mucho verlo allí, disfrazado con un bigote falso y anteojos negros.

    — “…. ¡Don Mario!” — Pensé al verlo tomarse un tarro de cerveza junto sus amigos de la Frank. Incluso la gente de prisión podía tener aspectos positivos, porque de ese reformatorio, salieron gente que cambió la manera de pensar que tenía nuestra escuela.

    Lagrimas no tardaron en caer sobre mis ojos pues ver la felicidad de los chicos, de esas personas por lo que tanto pasaron, era algo verdaderamente conmovedor. Sentía que se merecían eso y mucho más, incluso me alegra de que Don Mario se vaya a pasear por el caribe con Doña Lina usando el dinero de la Krispy. En verdad me complacía ver que esas personas que fueron mis aliadas, compañeros, incluso enemigos, pudieran tener esa paz que tanto deseaban. Aun si tenían dificultades, aun si a veces podían tropezar o si el camino parecía ser difícil, todas esas personas merecían disfrutar de un futuro próspero.

    Gracias…

    Por vivir, por observar, por atesorar, por no olvidar.

    No lo haría, no iba a hacer eso, esos distintos momentos que vivieron esas personas, sus dificultades, derrotas, perdidas, felicidad y jubilo, todo eso no lo iba a olvidar.

    “Vivan. Vivan todo lo que puedan. Avancen, incluso si el camino hace mucho desapareció. Avanzando siempre se llega a un lugar. Hacia adelante, con la cabeza en alto, siendo humanos, cometiendo errores, aprendiendo, no olvidando. Ese es mi único consejo”

    "Viviría, por esas personas que ya no estaban, por aquellos que me dieron ese futuro, lo iba a hacer, aunque no supiera que camino me esperaba, o si quiera que hacer, era lo mínimo que podía hacer por esa gente…por aquellos que protegieron mi futuro."

    “Esta es nuestra generación”

    “Y la pienso proteger”

    Ahora era mi turno, de proteger esas sonrisas, de devolver aquello que me han dado, lo iba a hacer por mí misma y porque era lo correcto. Aunque no supiera como seguir ese camino, aunque cometiera errores o tuviera miedo…mucho miedo, aun si pierdo gente importante para mi, aun si llegaran a odiarme u olvidarme, lo único que podía hacer era seguir adelante, aun si no hubiera un camino fijo. Tal vez aun no tenga las respuestas que busco, y quizás aun siga buscando mi lugar en este mundo, nos ere fuerte, inteligente, incluso sere un manojo de nervios y torpeza, pero sé que solo avanzando puedo al fin encontrar las respuestas y entender por fin mi lugar en el mundo.

    "Después de todo, tengo un par de piernas fuertes. Y solo caminando, llegaras por fin a la meta"

    [******]
    Primera parte....uh, esto me llenó de emociones escribir esta parte.

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  6. Leo

    Leo ¿No ves que te voy a matar (con feels)?

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    No los iba a dejar. No cuando habían llegado tan lejos. Podían haber sido sus compañeros pero ya había decidido, y los dejaría hechos cenizas en el suelo de ser necesario. Forrest solo reía, definitivamente se la estaba pasando bien con este cambio en los eventos, después de todo quedarse quieto y esperar mientras otros combatían no era algo que se le diera particularmente bien.

    "Luci." Mientras el chileno era invitado al lomo del dracónico dio una disimulada mirada. Solo podía ver cristales y movimiento, nada claro. En un inicio de la batalla de Zero y su retador, el quinto, asumió –como el resto– que no dudaría mucho. Mas Allen demostró que no debía ser subestimado, al punto de iniciar a dar la vuelta el combate antes de que el grupo de bastardos llegase. Una parte de él quería también darle una mano, pero ella y el resto de los números le dejó claro que en una audición intervenir la batalla no era opción. Solo le quedaba esperar que ella saliera victoriosa.

    La distracción le costó una estaca en el hombro. Rengnar notó eso y rápidamente exhaló algunas llamas para derretir las que siguieron acercándose, para luego descender en picada hacia la armería, que ya preparaba otro ataque, Varios golems se levantaron para protegerlos y el chileno no tardó en apuntar entre ellos, tratando de alcanzar al par de otakus que no tardaron en ponerse a cubierto tras los guardianes de tierra. Alguien aprovechó el momento y golpeó al dragón por el costado, lanzando a ambos gamers al suelo de golpe. El chileno alcanzó a reaccionar, usando su vestigio como protección ante el intento de golpe de Pavel, quien retrocedió en cuanto su mano cubierta de oro comenzó a tornarse oscura.

    Franco no se detuvo a saludar al hombre que alguna vez le dio ese vestigio. No cuando era claro lo que pretendía. Rápidamente disparó en su dirección, a lo que el peso pesado respondió con una barrera aúrea que fue fácilmente atravesada por la bala en llamas. Pavel, sin embargo, no tardó en notar aquello, y en lugar de retroceder, dio una patada a dicha barrera que se quebró en un millar de trozos en dirección al chileno, el cual fue cubierto por las garras de su compañero, poco antes de que un golpe directo del otro los amenazara con lanzarlos fuera del sitio.

    –¡Tohru!-antes de que el daño fuese mayor, Clover intervino, dando una voltereta ígnea suficiente como para que Pavel retrocediese, mas segundos después fue apartada con una patada de Maeve y una cuchilla voladora de Kristina. Eso le dio tiempo al par de gamers de reincorporarse. Rengnar tomó impulso para alzarse un poco, y Franco subió a su lomo, cual jinete de wyvern, para ayudar a retener al resto.

    –El resto…–en una posición más segura, el chileno notó la falta de algunos de los miembros del bando rival. Algunos hilos pasaron justo a su lado, evitando que una roca lanzada por un gólem hacia ellos los impactara.

    –¡Pongan atención!-replicó Andrés desde abajo, lanzando a cierta asocial a lo lejos. La chica apenas si se movía; lo que fuera que hubiese hecho con ese último ataque de antes la dejó lo suficientemente mal como para sacarla del combate. La chica trató de levantar su brazo, cosa que el gamer de su camada tomó como amenaza, lo que le ganó un disparo que frenó cualquier movimiento en dicho brazo… y uno en la pierna por si acaso.

    –¡Wey! ¡El coreano!

    –¡Four está encargándose, ahora muévanse y eviten que lleguen a Zero!

    Un láser azul forzó al trío a moverse tan rápido como pudo para evitarlo, y de pronto el sudamericano se hallaba de cabeza, sosteniéndose con fuerza para no caer de golpe por unos segundos, hasta que su compañero decidió subir. Franco no tardó en ubicar cualquier posible amenaza, que llegó en la forma de una bandada de cuchillas, las que el muchacho no tardó en derretir con su arma y vestigio a toda potencia. A pesar que la voz en su cabeza iniciaba a causarle dolor y visiones raras, no iba a dejar que lastimaran a Rengnar más de lo que ya lo habían hecho.

    –Hijos de puta…–el grupo de otakus le ponía los nervios de punta, y entre la pelea de los pesos pesados contra Clover y Akane, sumada a Reiji, Kristina y Maeve en medio, asegurándose de ejercer presión constante, la idea de ofrecer apoyo aéreo se estaba haciendo cada vez más peligrosa–¡Ren, baja!

    –¡Agárrate!-el dracónico descendió de golpe, tratando de abrirse paso entre los luchadores, con la armería como objetivo. Clover de un salto cayó sobre su cabeza, usándolo de trampolín para luego dejarse caer sobre Rose. Akane pasó poco después, proveyéndole apoyo a la cazadora en cuanto Pavel se lanzó para ayudar a su subordinada. Varios muros se levantaron a medida que avanzaban para luego dejarse caer sobre ellos. Rengnar aceleró cuanto pudo para sobrepasar los obstáculos que se acercaban cada vez más, pero entonces una patada electrificada separó a ambos gamers al lanzarlos contra un muro de piedra que se rompió ante el golpe del dragón. El chileno se levantó en cuanto pudo, pero un segundo impacto lo volvió a tirar al suelo.

    –Hija de–


    –Se un buen niño y cierra la boca–Maeve dejó caer una tonfa sobre el chico, quien rodó para evitarlo. Tenerla cerca no eran buenas noticias–. Y tu castigo será menos doloroso.

    –Mentirosaaaaaaaa~

    –Ay, cariño, no puedo enojarme contigo–comentó la rana con una sonrisa que no tardó en desaparecer–. Tu usuario, por otro lado…

    Franco apenas tuvo unos segundos para comprobar que Rengnar estaba siendo asediado por la armería y Reiji antes de verse obligado a forcejear por su vida: Maeve a corto alcance era problemas y él lo sabía, más considerando que sus ataques claramente no buscaban ser cuidadosos.

    Aunque Forrest lograba contener (un poco) los constantes golpes, la fuerza no hacía sino arrinconarlo constantemente, sin darle cabida a la ofensiva. La rana dio un impacto particularmente fuerte con ambas armas y entonces el chico trastabilló, momento en que ella aprovechó para darle una patada en las piernas que lo hizo caer de golpe al suelo, seguido de un impacto que el chileno trató de cubrir con un brazo. Grave error, la fuerza fue tal que éste causó un sonido cual crujido. Franco dejó salir un grito de dolor, mas no pudo quedarse quieto, pues un nuevo “tonfazo” le habría hecho trizas la cabeza en caso contrario. Con el brazo que aún le quedaba en condiciones logró recuperar su arma y disparar a la rana, forzándola a tomar distancia. La reptil, sin embargo, pronto regresó al combate de un salto, y el chileno se vio de vuelta a la defensiva, haciendo esfuerzos para contener el dolor de su extremidad inutilizada. Maeve no tardó en aprovechar la oportunidad y golpear con la lengua el brazo herido. El dolor del chileno le dio suficiente tiempo como para acercarse y con una patada golpear el pecho del otro, desequilibrándolo, y luego usar el momento para rodearlo con su lengua y atraerlo hacia ella, lista para finiquitarlo con sus amas. Antes de poder hacerlo, sin embargo, el chileno forcejeó y puso su mosquete, caliente por el uso y su ira, sobre la lengua de la mascota, la reacción suficiente como para soltarlo. Usando el impulso, el chileno se lanzó sobre ella y la derribó, abrazándola con fuerza para luego activar su vestigio. Las llamas iniciaron a rodear al instante a la mascota, quien forcejeó hasta lograr quitarse de encima al otro justo a tiempo para evitar ser rostizada en vida, no sin llevarse unas serias quemaduras que la hicieron detener cualquier otro ataque por unos momentos.

    Franco maldecía no poder quedarse quieto. Antes de continuar la ofensiva algunos hilos lo agarraron y lanzaron al aire, donde fue agarrado por Rengnar poco antes que una horda de golems y cuchillos le dieran caza, y la rana tuviese que ponerse a la defensiva por el ataque de Andrés.

    –¡Peruanito! ¿Qué tal estás?

    –Viviré–replicó el chico, volviendo al lomo de su camarada–. Solo ando medio mal pa’ disparar… lo siento.

    –Tranquilo, me encargaré de ti–aseguró el dracónico, lo que le sacó una sonrisa al sudamericano.

    –No me jodai’, sin mi te habrían volao’ la raja hace rato.

    –¡No me vengas con esas, te acabo de salvar el culo!

    –Solo sigamos salvándonos el culo y ya, ¿quieres?

    Usando el brazo que le quedaba, el chileno continuó disparando a todo lo que amenazara al dragón, aunque el tiempo de recarga fuese mas lento. No iba a dejarles la pelea ni dejar de protegerlos. Iban a ganar, o iba a caer con ellos peleando. Eso se lo había jurado a sí mismo.



    [*****]





    Hasta que un boom que provino desde la dirección en que se encontraba Lucifina llamó la atención de todos por un segundo. Seguido de un grito desgarrador. Una voz familiar para todos los presentes.

    Llamaba a Lucifina. Con una voz desesperada.

    Lionel…

    Le tomó algo de tiempo al chileno procesar lo que estaba ocurriendo, mas cuando por fin pudo divisar la situación lo entendió: Ella estaba en el suelo, herida horriblemente, y él sosteniéndola entre sus brazos, rogándole desesperadamente que viviera. Podía escuchar su voz, aunque débil. Franco quiso hacer algo, mas el súbito sonido de un trueno carmesí lo frenó de golpe. Eso y la lluvia. Una lluvia intensa y llena de sufrimiento… como todo el nexo. Como Lionel mismo.


    — ¡LUCY! ¡DESPIERTA, LUCIFINA! ¡LUCIFINA...LUCIFIIIIIIINAAAAAAAAAA!


    … No… no podía… no podía terminar así. No cuando…

    Cuando…






    Lucy… Lucifina…

    Viniste de una burbuja de blanco. Un blanco puro e infinito.

    Te lanzaste a este mundo de horror y sufrimiento. Con los brazos abiertos.

    Lo amaste como amaste todo en tu vida. Honestamente y con todas tus fuerzas.

    … ¿Y esto es lo que este mundo te dio a cambio?

    ¿Lo que les dio a ambos?

    Lucifina… tú que me enseñaste a creer otra vez en… a que amar está bien. A que lo roto que hay en mí es hermoso.

    ¿Qué será de ti?

    ¿Mi maestra?

    ¿Mi camarada?

    … ¿Mi hermana querida?



    —¡Un terremoto!

    … ¿Qué? ¿Qué es esto?... El tiempo… todo… una tempestad…

    –¿¡Hasta que volviste, imbécil!?

    Yo… esto…

    –¡Peruanito! ¡Sujétate!

    –¡Franco!

    Algo lo agarró con fuerza. Era Rengnar, sostenido de varios hilos rojos. Le tomó un momento darse cuenta que ambos apenas podían mantenerse estables, tratando de que la tempestad no los arrastrase. Era como si el cielo mismo estuviese en descontrol, destruyendo y arrasando con todo lo que se encontraba bajo él. Los escombros se elevaban y volaban, y los demás se agarraban de lo que fuera para no ser arrastrados. El edificio mismo poco a poco se deshacía, dejándose llevar por la tormenta. Todos menos uno, que se movía como un cadáver andante sosteniendo el cuerpo de su amada.

    —Este mundo es demasiado peligroso, nunca caminen solos.

    La tormenta se hizo aún más fuerte. Parecía que en cualquier momento serían arrastrados hacia el literal ojo del huracán. Hasta que, como si el espacio mismo se estuviese rompiendo, poco a poco olas de oscuridad lo cubrieron todo, hasta hacer desaparecer cada rincón de aquel universo maldecido.



    [*****]



    … Qué… ¿Qué sucedió? ¿Dónde… dónde estoy?

    No siento tormenta… no escucho nada… ¿Narrador? ¿Narrador, dónde fuiste?...

    Es extraño… ¿Acaso estoy muerto?


    ¿Por qué habría estrellas en el otro mundo?

    –¿Ah?...-el chileno notó entonces; se encontraba flotando en un cielo lleno de estrellas…no, en el espacio mismo. Millares de puntos luminosos rodeándolo. Lejos de sentirse frío, había una sensación cálida que parecía provenir de todas direcciones, mas algo llamó su atención de pronto. Algo particularmente cálido.

    Al dar la vuelta, el muchacho se encontró con lo que parecía un enorme planeta hecho de luz. No era un resplandor que lo lastimase, sino al contrario. Era reconfortante y cálido. Como un abrazo. Franco no entendía cómo es que había llegado a un sitio como éste, pero por un momento cerró los ojos, abandonándose a la sensación.

    Entonces voces familiares lo hicieron despertar. Notó que no estaba solo: en la distancia divisó a sus compañeros de camada. Verlos le causó una mezcla de repulsión y miedo, mas la calidez lo tranquilizó lo suficiente como para poder hablarles de vuelta. De pronto, aquel planeta inició a girar, y entonces todos fueron arrastrados a éste. Un núcleo donde todo se había vuelto luminoso. Un blanco puro, etéreo, como uno que había visto tiempo atrás.


    –Psyche…


    Era… ¿él quien los había traído a aquel tiempo? Porque su tiempo se acababa. Y necesitaba dejar con alguien conocimiento. Eso quería decir… Psyche… que todo este tiempo había permanecido atado a Toxic, iba a…

    Pero yo… ninguno de nosotros… pudo hacer nada. Vinimos de un mundo egoísta. Somos egoístas, y lo demostramos tantas veces que siento asco de mí mismo. No merecemos tus gracias, Psyche. Tu compasión. Ni lo que hiciste por todos. Lo que tú y Lionel hicieron. No lo merecemos…


    Imágenes iniciaron a aparecer en aquel mundo de luz. Visiones de unos chicos que se levantaron del sufrimiento y el dolor de la guerra, y que habían vuelto a ser lo que siempre habían sido: adolescentes.



    Las palabras de Adrien resonaron en mi cabeza. Se mezclaban con las palabras de Lucifina. “Recuérdanos como lo que fuimos bajo la máscara”. Quizá… todos llevaban máscaras de una u otra forma. Tal vez por las hazañas. Tal vez por el tiempo. Quedan héroes, pero los chicos bajo ellas se olvidan. Las figuras de un pasado que vimos con nuestros propios ojos. Igual de idiotas y perdedores que nosotros.

    Eres bueno en esto.

    Lo somos, supongo.

    Ver a Ryrio y sus hermanos actuando como niños idiotas fue… extrañamente reconfortante, luego de ser enemigos en la guerra. El chileno no pudo evitar recordar la “cálida” bienvenida que le dio en su primer día de trabajo en el consejo estudiantil. Y luego de lo que había pasado, el gamer podía sentir que comprendía la razón tras sus palabras.

    Lo echaba de menos.




    Ver a Rómulo y Remy dar un paso a la popularidad se sintió… extraño. Dejar de verlos como enemigos no sería sencillo, pero iniciaba a entender que simplemente era un par de adolescentes más. La mención de Klaus le apretó el pecho. Su sonrisa aún se sentía fresca en su mente. El chico debió apretar los puños para contener las lágrimas. No quería llorar frente a nadie.




    Akane… le alegró verla viva. Esa chica había aguantado bastante. Y era raro verla como una adolescente más, más cuando… oh por dios, ¿Es mi Adonis de pequeño? ¡Waaaaaaaaah! ¡Es adorableeeeeeee!

    … Espera, ¿¡ELLA ES AKYA~NE!?

    El golpe de saber aquello fue un mindblow tan fuerte para el chileno como cuando leyó el inicio de la segunda mitad de Cien Años de Soledad. Recordó una vez que buscaba fics de Fire Emblem y entre los tags populares halló algo en un setting japonés que lo hizo llorar a las 3 de la mañana.

    ¡AAAAAAAAAAAAHHHHHHHH!




    Ver a Rengnar y Clover otra vez calmó su espíritu, para luego emocionarlo otra vez. Estaba… estaban bien, y eso lo hizo sentirse aliviado. Y feliz. Y el hecho de que aún de vuelta en su vida él lo recordara era…

    Al chileno se le escapó una lágrima. Alcanzó a contenerse, sin embargo.

    Lo voy a buscar cuando salga. Me debe un viaje en moto.




    Alexandr y Sapphire juntos fue toda una escena. ¿Quién lo habría imaginado? Aunque lucían bien juntos: un par de tipos extraños en una relación extraña. Y eso lo hacía tan genial, ¿no?

    Siento que alguien sufrirá por eso.

    Tal vez, pero seguro acabará rezando porque sean felices.

    Es un adicto a los happy endings, ¿no?




    Fue extraño ver a Andrés y el coreano en el mismo sitio sin que se estén agarrando a golpes. La batalla ahora era más verbal, insultos contra burlas. Aunque más bien, y viéndolo desde un punto de vista más neutral eran… bueno, no tengo idea de lo que pueden ser. ¿Tal vez alguna amistad extraña?

    … Es extraño, ¿sabes? Ese tipo… lo odié mucho. De hecho creo que aún lo odio. Pero Andrés puede tratarlo como una persona…

    Todos usamos máscaras. Supongo que algunos pueden ver bajo ellas más fácilmente.

    Él siempre tuvo esa facilidad, ¿no? Lucy lo sabía.




    Pavel… poco antes casi nos aplasta. Y aún antes nos protegió y dio el vestigio. ¿Qué piensas de él?

    … Pavel es alguien respetable. Incluso con todo no podría odiarlo. Además él y Gild…

    Oh dios, Gild…

    Pero estará bien, ¿no? Está en nuestro futuro…

    Supongo que este Gild tiene un largo camino por delante.

    Mucha suerte. Y gracias.




    Así, esta Durkheim del pasado despedía a sus veteranos. ¿Cuántos desastres vieron? ¿Cuánto dolor sufrieron? Y aun así, se mantuvieron firmes hasta el final. Protegieron este mundo que es esta academia y a los que viven en ella.

    … ¿Por qué?

    Franco…

    Lucy… ella también quería protegerlos. No quería que se sacrificaran por este mundo cruel. Quería que ellos tuvieran también una vida y un futuro, y al final ella…



    … No es… Lucy…


    … El final de esa ceremonia fue también el inicio de lo que se sintió como un chiste mediático. Era sinceramente asqueroso. El chileno apretó los puños, detestaba la forma en que todos terminaron haciendo una burla de la situación, o simplemente la aprovechaban para decir estupideces.

    No es justo… no lo es… ellos no tienen idea de nada de lo que pasaron… de lo que Lio y pa–Lucien pasaron… no es…. No… la puta madre…




    … Aunque las imágenes avanzaron, revelando un mensaje de amenaza, de pronto ver a Bárbara riendo fue… extraño. Aún no podía ponerle un nombre a lo que su imagen le provocaba. Era conflictivo. Baru, la líder. Baru, la adolescente. Baru, la víctima. Baru, la número. Baru, la traidora. Tantas facetas diferentes de una misma persona que le confundían. ¿Debía odiarla? ¿Sentir lástima? ¿Comprenderla? No tenía idea. Y quizá, no la tendría en mucho tiempo.




    Esas imágenes que volaban. Las lágrimas del dios… no, de Psyche, y sus palabras de agradecimiento, así como su consejo. Vivir, avanzar y aprender… nos está dejando un camino confuso y peligroso, pero él… ¿qué sería de él ahora?

    Franco quiso decirle algo. Pero la luz de pronto se intensificó, y su llamado se perdió en un blanco eterno. Su cuerpo se volvió polvo estelar y voló por los rincones más profundos de aquel universo hasta perderse para siempre.

    “Amemos hasta el final…”

    Psyche…




    [*****]





    …ta…

    …pi…Fra…es…

    Fran…

    –¡Franco! ¡Reacciona!



    Abrí los ojos. Alguien me llamaba. Su voz era familiar. Al recuperar la conciencia, lo primero que sentí fue dolor en todo mi cuerpo… ardía. Ardía mucho. Y aquello me hizo reaccionar. Vi una figura familiar… adornos blancos… cabello oscuro… y ojos… esos ojos observándome…

    Ella alzó su mano, moviéndola en mi dirección. Instintivamente escapé de ella, arrastrándome.


    –No… no… ¡No!

    –¡Franco, soy–!

    –¡No me mates!



    ¡Franco!



    –… ¿Eh?

    No es ella. No es esa Bárbara.

    Mira sus ojos… su expresión dolida… a tu alrededor. Los familiares preocupados y los libros tirados.

    –… ¿Dónde... estoy?-preguntó el chileno, adolorido y confuso por todo.

    –… Estás bien ahora–aseguró la chica–. Si quieres… pediré que alguien más te ayude.

    –…


    Así hizo la líder de consejo. Unos familiares con trajes sacerdotales lo ayudaron la levantarse y llevaron con el resto de los heridos: su “camada”. Al parecer todos había regresado. Franco ni siquiera les dedicó una expresión. Estaba aún demasiado confundido por todo lo que había pasado. Psyche… La Caída… lo que vendría ahora…

    Para cuando todos estuvieron reunidos y Llun… oh por dios, Llun estaba bien… verla fue una mezcla de alivio y confusión, comenzó a decir lo del viaje en el tiempo y Psyche. Tomó un tiempo, pero cuando la voz mecánica de Raziel pareció confirmarlo al mencionar los vestigios, los impopulares de quinto parecieron reaccionar.

    Franco alzó la voz, preguntando por el resto. Por quienes quedaron en el pasado. Y entonces fueron guiados a un campo lleno de lápidas.


    Ryrio lo dijo. Cómo la paz que vieron fue rota por Toxic. Cómo numerosas vidas se perdieron. Cómo él se quedó solo. Y el alma del chileno se sintió helada en cuanto lo vio caer de rodillas y llorar.



    Franco esperó. Esperó que los demás fuesen hacia el peso pesado. Alguien lo hizo. Le dejó ser. Y entonces, en cuanto Ryrio fue soltado, él se acercó y lo sujetó con fuerza. Quería llorar también con él, pero las lágrimas no salían. Se habían congelado, al igual que su espíritu.

    Luego de separarse, el gamer caminó entre las tumbas. Encontró nombres familiares: Jaspe, Frida. Diamond. Una tumba particular lo forzó a sujetarse de lo que fuera para no caer: era la de Klaus, adornada con girasoles secos. Las manos del muchacho temblaron. No pudo apartar la mirada de un epitafio grabado bajo el nombre del muchacho.


    “Al más leal y valiente soldado, hermano y camarada.”

    Algo lo forzó a apartarse. Y entonces en su rango de visión vio otro par de nombres conocidos: Cris y Francisca. También estaban allí. Más pasos y otra lápida: Alexandr, con flores blancas, junto a Sapphire, que tenía algunos muñecos descosidos. Y luego, Andrés, con un ramo multicolor y unas fotos ennegrecidas por el tiempo. Y Akane, con cerezos marchitos.


    Y entonces, una que tenía una flor rojiza. Franco cayó frente a la lápida. Quiso tocarla, pero sus manos cayeron, víctima de una horrible sensación de debilidad.


    “Rengnar Finnbogadóttir

    Un alma forjada en fuego, que brillará cual estrella destellante para siempre.

    Y el mejor dragón salamandra alada



    –Estúpido…–el chileno rió un momento. Una risa que sonó distorsionada–Se suponía… que iba a verte por ahí…–agregó en un susurro–. Íbamos a salir por ahí… y me llevarías en moto… y–y me llamarías peruanito otra vez… y yo te putearía por… por eso y… y…



    Hermana mía.

    Camarada.

    Compañeros.

    Hermanos.

    Este mundo…



    ¿Por qué les hizo esto?





    [*****]





    Era de noche, pero la gente aún circulaba para cuando el chileno salió de la escuela. Sintió el aire frío en su rostro, las conversaciones de las personas a su alrededor, todo como si nada pasara.

    Estaba vivo.

    Se sentía extraño. Incómodo. Esperaba que en algún momento algo le saltara, tratando de matarlo. Pero nada ocurría, y eso era lo peor. Franco pensó en ir por un autobús, aún debían estar pasando. Pero prefirió caminar.

    Sentía algo de frío. Una mano fue instintivamente por su bufanda, mas al verla algo lo detuvo. Chasqueando la lengua, fue a un basurero y la tiró, para luego continuar la marcha en silencio.


    Los autos pasando, las personas, los negocios cerrados y los que aún estaban abiertos. Franco los observaba como si nunca los hubiese visto antes, como si esta mañana no hubiese pasado por esa misma ruta, como lo hacía todos los días desde hace un par de años. ¿Qué era este mundo y por qué le parecía tan irreal? ¿Tan falso y despiadado? Las calles elegantes y las paredes pulcras poco a poco fueron perdiendo brillo y ganando graffitis. Las miradas de siempre ahora lucían extrañas y peligrosas, lo que hacía que el gamer caminara atento con los músculos tensos, listo para reaccionar si algo ocurría.


    Algo lo distrajo, sin embargo. Un pequeño supermercado, de esos que mantenían las puertas abiertas hasta tarde. Había algo en la vitrina que lo hizo entrar.


    El único presente dentro del sitio era un cajero ocupado leyendo una revista, que apenas le dedicó una mirada desinteresada. Franco caminó hacia un mesón y tomó una de esas cosas, para luego colocársela. Había un pequeño espejo, en el cual se observó. La vista le causó una expresión malhumorada.

    –… Te quedaban mejor a ti.

    [​IMG]


    A pesar del comentario acabó comprando las gafas y se las llevó puestas. Continuó la caminata como un zombie, hasta que sin darse cuenta se halló en la entrada de su departamento. Buscó entre sus cosas su llavero y trató de abrir, mas sus manos temblorosas hacían difícil lograrlo. Intentaba una y otra vez introducir la maldita llave, pero no lo conseguía. Hasta que de pronto la puerta se abrió sola y Julio apareció del otro lado.

    –Ah, eras tú, no me asustes. ¿Ya terminaron con lo del consejo? ¿Por qué no me llamaste? Podría haber ido a buscar–

    El muchacho se le lanzó de golpe, abrazándolo con fuerza y hundiendo el rostro en el pecho de su padre, quien permaneció anonadado un par de segundos, antes de responder el gesto y estrecharlo también, acariciándole el cabello. Eso hizo que el menor se largara a llorar ahí mismo mientras el mayor se limitaba a susurrarle que estaba bien, que ya estaba en casa y que no se preocupara.


    Le hacía tanta falta. Oh por todo lo santo en este mundo, cómo le hacía falta.





    –¿Quieres hablar?-preguntó Julio, poco después, cuando su hijo por fin cedió a sus intentos de que entrara a casa. Lo llevó hasta el sillón donde estaba viendo televisión, y el menor se acurrucó a su lado. Ante la interrogante, Franco hizo un gesto de negación con su cabeza, recostándose en las piernas de su padre–Está bien. Pero recuerda que estoy aquí, ¿de acuerdo?-el menor asintió, y Julio simplemente se quedó en silencio, revolviendo su cabello mientras en la pantalla alguien hablaba del tiempo para mañana en Centro.


    En ese mismo silencio, el muchacho poco después se levantó, despidiéndose con un gesto para luego dirigirse a su cuarto. Su padre solo lo dejó ir. Una vez en su habitación, el chico se dejó caer sobre la cama. La vista se clavó en el techo. Se sentía cansado. Cansado de pelear. De sufrir. De respirar. De pensar. Cansado de todo. Ni siquiera se tomó la molestia de cambiarse, solo cerró los ojos y dejó que el peso de todo lo hundiera en el sueño.



    Lucy…

    Klaus…

    Ren…

    Akane…

    Andrés…

    Alex…

    Cris…

    Fran…

    Se han ido muy, muy lejos. Duermen para siempre. ¿Los encontraré aquí, entonces? ¿Los veré de nuevo si me quedo aquí? ¿Puedo hacerlo?

    Me agrada la idea.

    El mundo que me espera es el mismo que les escupió en la cara. No puedo sentir algo por ese mundo. Aquí podría verlos. Eso sería lindo y…

    Y…

    ¿En serio? ¿Eso quieres? ¿Luego de todo lo que hiciste?

    Esa voz es familiar… la conozco…

    ¿Qué? ¿Finges que me olvidaste? No seas imbécil, niño roto.

    Roto…

    –Te dije que nunca te perdonaría.

    Esa sombra acercándose…

    Soy yo…

    El yo del otro mundo…

    Pero tú estás muerto…

    [​IMG]

    –Si. Todo lo que construí. Todo lo que amé. Está muerto. Ahora entiendes como me siento, ¿no? Duele, ¿no es así?

    Duele mucho…

    –Quisieras consuelo, ¿no es así?

    Lo quiero…

    –Quisieras escapar, ¿no es así?

    Quiero escapar…

    –¡PUES YO NO TUVE ESE LUJO! ¡Todo fue destruido! ¡Todo! ¡Por culpa tuya!

    Culpa mía…

    –¿Y qué conseguiste por ser un maldito hijo de puta? Esto. ¿Estás feliz? ¿Es este el futuro que querías conseguir por ti mismo? ¿Tu propia cuenta?

    Yo…

    –Eres igual que los otros.

    Los demás... puedo ver sus siluetas en la distancia… corrompidas… sucias…

    –Eres igual de asqueroso que ellos.

    Estoy manchado… sucio… roto…

    –¿Y ahora dices que quieres dar la vuelta y salir corriendo? No me hagas reír. Sigues siendo igual de egoísta y cobarde. ¿Con qué cara los llamas hipócritas? Eres igual que ellos.

    No… yo no…

    –¿Tanto quieres morir? Entonces te concederé tu deseo. Muere cono la basura hipócrita que eres. Mu
    ere y deja en el suelo todo lo que ellos hicieron por ti. Eso sabes hacerlo bien, ¿no?

    Duele… mi cuello… lo aprieta… me ahogo y no puedo… respirar… no… no quiero… no quiero morir… no siendo así… ellos… ellos no hubiesen querido esto… ¡Ellos querían que los recordara! ¡Lucy quería…! ¡No quiero morir y olvidarlos! ¡No quiero!

    –Ahahaha
    … hahahaha…–mi yo… se vuelve rojo… llora sangre… por muchos ojos en todo su cuerpo… y su sonrisa… alas carmesí llenas de ojos terroríficos…

    ¿Quién dijo que tenías opción?


    –¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHH!

    ¡Franco! ¡Franco, respira! ¡Está bien! ¡Estás bien! ¡Era una pesadilla! ¡No es real! ¡Respira! Respira… vamos… así… estás bien, campeón… todo está bien…


    –…

    Eso es… estarás bien… hey, ¿no tienes hambre o algo? Quizá si comes un chocolate–

    –No tengo hambre.

    …Está bien…

    –… Lucy… todos…


    El chileno recordó algo. Una imagen. Una promesa. Las manos fueron a sus bolsillos, lo recorrieron. Y entonces encontró un sobre. Era el que Lucifina le había entregado antes de…

    –Lucy…

    Franco… quizá deberías dormir un poco.

    –… No tengo sueño.


    El muchacho guardó el sobre en su mochila, y luego decidió encender su computador. No eran más de las dos de la mañana, pero no quería regresar a la cama. Tampoco tenía ganas de tocar su 3DS. Así que simplemente entró a internet e inició a teclear palabras al azar.

    “Lionel Lyonesse”

    Muchos artículos. Cárcel. Pena de muerte.

    “Cómo visitar a un condenado”

    Permiso del apoderado. Julio nunca le daría algo así.

    –…

    “Akya~ne”

    Varios fics en Wattpad. Uno llamó su atención. Kokoro no Raion. Se le hacía familiar, aunque hace mucho que no leía sus fics desde que se fue de hiatus.

    –Hiatus… claro…

    Lo leyó. Pasó cada capítulo. La historia… fue como revivir la Caída otra vez. Era doloroso pero no podía parar. Llegó al penúltimo capítulo con lágrimas en los ojos, y entonces se dio cuenta que la última actualización fue hace años. El cierre de la historia nunca salió al público.

    –Akane…



    Leer esa historia le hizo pensar en alguien más. Había visto un nombre entre las tumbas de antes que era familiar: Paracelsa. Ella y todos sus hijos fueron los primeros en caer ante Toxic, o eso le dijeron en cuanto preguntó. Eso significaba que Fausto también…

    –… Lo siento… lo siento mucho…



    Las lágrimas regresaron un poco más. La oscuridad, al menos, las cubría lo suficiente. Franco se quedó un tiempo, pensando. Y entonces volvió a teclear.

    “La Biblia”

    –… En el principio creó Dios los cielos y la tierra…

    Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.


    “ Y dijo Dios: Haya luz, y hubo luz.”




    Franco leyó por un buen tiempo. ¿Cuánto? No estaba seguro. Para cuando los ojos comenzaron a dolerle, se dejó caer en la silla en que se encontraba, y dejó puesto un gameplay de algún juego en youtube en lo que buscaba sus anteojos.

    Al regresar notó que había elegido uno de Nier Automata. Hace bastante que no escuchaba del juego. El video en cuestión era el seguimiento de una misión donde debían enfrentar a un tipo cuyo nombre le recordó a cierto chico de cabello bicolor. Se le quedó viendo por distraer sus pensamientos, hasta que llegó al final de la batalla. Hubieron algunos diálogos que de pronto lo hicieron volver a llorar.

    El gamer se quedó allí, viendo videos y leyendo cosas, hasta que de pronto luz comenzó a colarse por la ventana de su habitación.



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  7. zXArtemisXz

    zXArtemisXz I watch from the shadows

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    No pude comer las delicias que mi abuela había preparado para la cena, sentía un revoltijo en el estómago cada vez que intentaba llevarme algo a la boca. Me di por vencido y subí a mi habitación, había pasado tanto tiempo desde que había estado ahí, mi computadora, mis figuras anime, mis mangas, mis pelucas y trajes, hasta mi ropa sucia en el suelo estaban justo como los había dejado aquella mañana. Prácticamente arrastré mis pies hasta que llegué a mi cama y me deje caer boca abajo, me dolió un poco pero se me paso luego de unos minutos. Ahora estaba completamente solo ya que Hikari no estaba conmigo, en ese momento no tenía que temer a ningún ataque de los enemigos o alguna explosión provocada por un jefe o un familiar, ok, podían pasar esas cosas en este mundo pero eran provocadas por personas comunes y corrientes.

    Intenté dormir pero el silencio no me calmaba, creí que llegaría a mi cama y dormiría como un tronco pero no fue así. Di vueltas en el colchón pero Morfeo nunca llego a mí. Puesto así, me volví a levantar y me cambié de ropa, supongo que todavía tenía algo que hacer. Me armé con una navaja, una linterna, un Snickers y un poco de agua y salí por la ventana de mi habitación bajando por el árbol que había en frente hasta llegar al suelo.

    Recordé que ella estaba en el cementerio de Letzen, así que iría a ese lugar.

    [***]

    Mi exploración por el cementerio fue tranquila, claro, siempre que no pensara que los espíritus chocarreros iban a aparecerse. Busqué la tumba de Lucifina en medio de la oscuridad y el frio de la noche, a lo lejos podía ver las luces de las casas y edificios que rodeaban el cementerio. Supongo que cualquiera pensaría que era hipócrita por hacer algo como eso, sobre todo luego de que no sentí nada cuando ella murió. ¿Por qué estaba ahí? ¿Qué quería lograr con esto? Creo que era un tonto, un farsante sin remedio, en resumidas cuentas, si, era un hipócrita por ir a ese lugar.

    Poco a poco fui leyendo los nombres de los pies de las estatuas cuyos epitafios rendían tributo a los muertos, si no fuera porque estaba concentrado en lo que hacía, me hubiera dado miedo estar haciendo eso en plena noche. De pronto, me acerque a una estatua de un ángel sosteniendo y siendo rodeado por conejos, al bajar la luz de la linterna vi un par de pequeño arbustos de floripondios blancos, también habían en las copas a los lados del ángel. Leí el epitafio que decía: "Ni las flores más blancas se acercan a la blancura del corazón de Lucifina, una estrella nívea con luz propia, amada hija, novia y amiga."

    Coloqué la linterna encendida apuntando la sepultura y comencé a quitar las flores marchitas que había en las copas, eché un poco de agua y arranqué unos cuantos floripondios para ponérsela, también deje a los pies del ángel el Snickers.

    Hola, Lucifina… ¿Sorpresa? – Decía un poco cohibido mientras daba un par de pasos hacia atrás para luego tomar la linterna del suelo. – Veras, no vengo a hablarte como si fueras Zero, ese es solo un título que usaste para… bueno, ya sabes. Con solo ver el rostro de Lionel-senpai supe que eras alguien especial para él, y ahora que lo sé, me hace querer preguntarte tantas cosas. Supongo que una de las cosas que dejo Adrien-senpai en mi fue la de entender o por lo menos intentar entender todos los lados de un enfrentamiento, eso me hace plantear que hubiera sido mejor conocerte que tener una idea preconcebida de todo el asunto. Todo para buscar lo mismo que Diamond-senpai, pero de otra manera. Me deje llevar por lo que pasaba a mí alrededor que te vi inmediatamente como una enemiga, aunque Lionel-senpai nunca te menciono así con esas palabras exactas. – Suspiré y froté mi cuello en tanto bajaba la mirada. – Lamento que todo haya acabado así, pero amenazaste la vida de Adrien-senpai y mis compañeros y yo no íbamos a permitir que lo mataras por cualquier razón solo porque era el siguiente en tomar el mando. Imagino que esa es una de las razones por las que sigo sin sentir nada hacia ti, ni siquiera odio ya que tu perdiste algo ese día al igual que Lionel-senpai, de hecho, todos perdimos algo con esa estúpida guerra. Luego de ver lo que Psyche nos mostró de los días de la post-guerra, me di cuenta que me perdí de conocer a muchas personas que estaban de tu lado, como por ejemplo el hermano de Remy-senpai, su mascota, el dragón volador y otros más. El único que queda de tu legado es… el chileno loco ese de mi camada. Supongo que sí quiero respuestas a las preguntas que tengo para ti, alguien cercano que pudo conocerte pueda responderlas, o sea que no me va a quedar de otra.

    Oí un crujido cercano e inmediatamente apague la linterna y me escondí detrás del ángel con los conejos, cuando saqué un poco la cabeza para ver si no era la llorona o la princesa Donaji buscado su cabeza, preparado para llevarme el susto de mi vida, observe que se trataba de un animal pequeño pero no lo divise bien hasta que encendí la linterna.

    Esto debe ser una puta broma. – Murmuré al ver a un pequeño conejo blanco con una mancha naranja que recorría su ojo hasta su oreja.

    [​IMG]

    Casi me matas del susto. – Le mencioné al animalito acercándome a él para ver si se iba pero el pinche conejo se quedó mirándome. – ¿Vienes a verla a ella? – Pregunte como si el peludo pudiera responderme. – En fin, te me haces un poco familiar con ese blanco y naranja. Como si fueras una mezcla de… ah, tal vez solo estoy imaginándome cosas.

    Cuando me dispuse a irme, volví a girarme para ver al conejo que había dado un par de saltos para acercarse a la tumba. Hacía mucho frio, el peludo estaba solo y en mi casa no teníamos mascotas, supuse que podía llevármelo, así que regrese un par de pasos y tome al conejo en mi mano. Era tan pequeño y suave que no dude en acariciar sus orejitas, lo que hizo que este se hiciera bolita. A Mariale le iba a encantar, o eso pensaba mientras caminaba de regreso a casa.

    [***]

    Hice mi hazaña épica de la noche al subir al árbol frente a mi habitación con una sola mano en tanto el conejo ocupaba mi otra mano. Me sorprendí al ver que mi ventana había sido cerrada hasta la mitad, con un pinche demonio, solo esperaba que mi abuela no fuese la que me esperaba dentro. Respiré profundo y abrí la ventana para luego entrar, las luces estaban apagadas pero pude ver una silueta sentada en mi cama, no estaba seguro de si era mi abuela o mi padre ya que ambos compartían la gran musculatura que podía ver.

    Jesús. – Dijo la voz de mi papá, lo que me alivió un poco. – ¿A dónde fuiste? Estaba preocupado cuando no te encontré en cama.

    Ah… lo siento, yo… – Decía intentando idear una mentira así que rápidamente bajé la vista hacia el conejo. – Regrese a la escuela para buscarlo. – Mencioné extendiendo la mano para que viera al peludo. – Hacia mucho frio y estaba preocupado, así que… bueno, no podía dejarlo solo.

    ¿Primero llegas llorando a casa y ahora adoptaras un conejo? – Preguntaba mi jefe poniéndose de pie y yendo a encender la luz de mi habitación.

    Supongo que es tiempo de aprender sobre responsabilidades, ¿no? – Me encogí en hombros mientras volvía a poner al conejo contra mi pecho.

    ¿Qué paso en la escuela? – Ufff la pregunta que no quería responder.

    Nada, solo fue un mal día. – Dije evadiendo la mirada de mi padre.

    ¿Te están molestando?

    Oh, vamos, todo el tiempo, pero ya estoy acostumbrado.

    No deberías.

    Pues mi abuela me prohibió responderles a golpes así que no tengo muchas opciones. – Ante esto mi papá solo suspiró y se acercó a mí. – Estoy bien, en serio, no es nada. Solo son adolescentes estúpidos que no saben lo que es el verdadero sufrimiento.

    ¿Por qué dices eso?

    Por nada… – Murmuré cerrando los ojos. – ¿Puedo quedarme con el conejo? – Mi jefazo solo quedo en silencio unos segundos antes de asentir con la cabeza. – Gracias.

    Llévalo al veterinario, será tu responsabilidad. – Comentaba desordenándome un poco el cabello antes de irse.

    Cuando estuve nuevamente solo en mi habitación, decidí que el conejo dormiría al lado de mi cama con una sábana doblada en mi cesto de ropa sucia que estaba vacío. Coloqué al pequeñajo en su cama improvisada y comencé a desvestirme en tanto pensaba en lo que había ido a hacer al cementerio. Todavía no había terminado, aún tenía que ir a ver a Adrien-senpai y estaba decidido a ir en la mañana a la dirección que Baru-san me había dado. Observé mi cama pero seguía sin tener sueño, tal vez me arrepentiría al día siguiente aunque estaba acostumbrado a irme cansado a la escuela, así que decidí encender mi computadora y buscar cosas sobre cómo cuidar conejos.

    [***]

    A la mañana siguiente, cuando noté que el sol había salido recordé las memorias de mi abuela Paz, como su mamá se levantaba temprano y hacia las tortillas para desayuno acompañadas de huevos rancheros y atole. Tan solo pensar en eso me abrió el apetito así que mire al conejo, quien dormía plácidamente en su improvisada cama y salí de mi habitación rumbo a la cocina.

    Asalté la nevera, coloqué todo lo que necesitaba sobre la mesa y acordándome poco a poco de las enseñanzas de la bisabuela Constanza cuando le obligó a mi abuela a aprender los secretos de su comida, hice justo el desayuno que supuse sorprendería a todos. Mientras le daba vuelta a las tortillas, escuché llegar a mi vieja.

    ¿Jesús Alejandro? – Fue lo que dijo con gran sorpresa. – ¿Qué rayos haces en la cocina?

    Tortillas, huevos rancheros y atole, ¿quieres? – Le respondí ofreciéndole un plato donde coloqué tortillas recién hechas.

    ¿Mijo, estas bien? ¿Qué mosco te pico? Has estado muy extraño desde que llegaste ayer. – Decía mi abuelita tocándome la frente para ver si tenía fiebre.

    Si, bueno, ayer traje un conejito a casa y quería saber si me das permiso de quedármelo. – Comenté nuevamente sacando a flote la presencia del conejo. Uff menos mal que lo había recogido, era mi salvador para las excusas de mi comportamiento raro. – Lloraba porque, pues, la mamá se la comieron los perros y me dio sentimiento.

    Awwww, mi pobre muchacho. – Hablaba mi abue estrechándome entre sus brazos. – Por supuesto que puedes quedarte con un conejito, pero tienes que llevarlo al veterinario, esterilizarlo y será tu completa responsabilidad.

    Sí, eso me lo imaginé. – Asentía en tanto me alejaba un poco de mi vieja. – Al menos podrás cuidarla cuando este en la escuela, ¿no?

    Por supuesto que sí, mijo.

    Tras terminar las tortillas y ver a mi abuelita degustar con admiración mi desayuno, mi papá y Mariale bajaron a desayunar, llevándose la misma sorpresa que mi vieja al verme en la cocina tan temprano. Deje que mi familia desayunara tranquila mientras subía, me daba una ducha y me vestía con el uniforme para luego recoger al conejito, que ya estaba despierto. Al bajar, fui abordado por mi carnala que quedo completamente enamorada del conejito. Mientras María mimaba a usagi-san, yo desayuné.

    Cuando se hizo la hora de ir a clases, deje al señor conejo con mi abue, me despedí de mi gente para luego salir de la casa. Contrario a lo que mi familia pensaba de que iba a ir a la escuela, saqué el trozo de papel que me dio Barbara para dirigirme a la dirección indicada.

    Era un hermoso día, bastante normal, con gente viviendo su cotidianidad como si no hubiese otra cosa más importante que hacer. Mi día normal usualmente consistía en ir a la escuela, ser víctima de bullying, ver clases, pasar el rato leyendo manga y regresar a casa, pero mi normalidad había sido hecho añicos desde hacía… dos días contando lo vivido en el nexo. Me sentía ansioso mientras avanzaba por la calle, quería ver a Adrien-senpai, quería saber que estaba bien, que había logrado avanzar a pesar de todo. Me detuve en la acera esperando que la luz de cruce se pusiera en rojo, varios automóviles pasaron pero estaba enfocado en lo que tal vez le diría a senpai cuando lo viera, le había prometido a Baru-san que no hablaría de la caída con él, probablemente sería un desconocido, ni éramos tan cercanos como para que se acordara de mí. Aquello me deprimió un poco, esperaba que solo fueran ideas mías. La luz se puso en verde para el paso de peatones, por lo que crucé la calle junto a otras personas.

    Llegué a un edificio de apartamentos que indicaba el papel y casi que pido una bolsa de papel para tomar aire antes de presionar la clave para activar el timbre del departamento. Cuando pulse el botón solo fue cuestión de tiempo, tan solo fueron segundos en los cuales pensé en salir corriendo, como si hubiera sido una broma de escuincle sin oficio, pero me mantuve ahí, firme a la espera de escuchar una voz conocida.

    ¿White? ¿Qué rayos haces tocando el timbre de mi casa? ¿Es un tipo de acoso o algo así? – Esa era una voz conocida, pero no era la voz que esperaba.

    ¿Julius-sensei?

    Doctor Barini para ti. – Gruñó por el intercomunicador. – ¿Y bien?

    Ammm creo que me dieron la dirección equivocada, estaba buscando a un senpai y…

    ¿Un senpai? ¿Eres estudiante de Durkheim? – Escuché la voz que esperaba oír hacia unos momentos.

    Deja de empujarme, Adrien. – Se quejaba Julius-sensei.

    ¿Adrien-senpai? – Dije sorprendido.

    Sí, soy yo. – Afirmó. – Que lindo ser visitado por un kouhai, por favor, pasa.

    Oye, Adrien, deja de invitar niños de la calle que ni siquiera conoces. – Decía el doc mientras yo escuchaba un pitido que indicaba que la puerta de entrada había sido abierta.

    Es un kouhai, Tavo, no puede ser mala persona, además ¡es un chico otaku!

    Ammm, voy subiendo. – Anuncié mientras el par quedaba discutiendo en el intercomunicador.

    El edificio era bastante modesto, no había un vigilante como tal sino que había un sistema inteligente para entrar en el lugar, al fondo de la entrada principal había un ascensor así que presioné el botón y espere un momento para que llegara. Al abrir la puerta me hice a un lado para que una señora con sus dos hijos pasara y luego entre para presionar el botón del piso cuatro. Adrien-senpai no había sonado como alguien que me conociera, supongo que no me recordaba. A su manera parecía un capítulo de Steins Gate donde viaje en el tiempo pero regrese a una línea temporal donde los sucesos que vivimos en la caída nunca pasaron en este tiempo. Supongo que estaba pensando de más por lo que negué con la cabeza para deshacerme de esos pensamientos. Cuando la puerta del ascensor volvió a abrirse note que en el pasillo estaba Lacourt esperándome con lo que parecía ser entusiasmo, y apoyando en una puerta estaba Julius-sensei con cara de pocos amigos.

    Me contuve para no correr hacia Adrien-senpai y palparlo para ver si estaba bien, después de todo si hacia algo extraño era probable que sensei saltara encima de mí cual perro guardián.

    ¿No deberías estar de camino al instituto, White? – Preguntó el doc con suspicacia.

    Iré… en la segunda hora. – Respondí tragando en seco. – Solo pase porque quería saludar a Adrien-senpai.

    Es un placer conocerte… emmmm. – Decía el rubio extendiendo su mano hacia mí.

    Jesús White, el placer es todo mío. – Contestaba estrechando la mano del francés mientras este sonreía complacido pero note un par de ojeras debajo de sus ojos. – ¿Se encuentra bien?

    Oh, sí sí, estuve de hikikomori viendo anime toda la noche. – Mencionaba mientras ondeaba la mano restándole importancia. – Ven, pasa adelante, tenemos leche y galletas.

    Adrien, ni siquiera has desayunado, no esperes que te deje comer galletas. – Comentaba Julius-sensei incorporándose y entrando al departamento.

    Ahhhhh, vamos, Tavo, es para las visitas. – Hablaba senpai en tono de súplica mientras entraba detrás del psicólogo.

    Me tranquilice un poco al ver que Adrien-senpai tenía una actitud parecida al Adrien Lacourt que conocí, sin embargo, mientras iba detrás de él me percate que caminaba un poco extraño.

    El lugar era bastante moderno en su interior, pisos de mármol, un amplio espacio en la sala que estaba decorada por un mueble de cuero en forma de L, una mesita de te frente a esta y un televisor pantalla plana que colgaba de la pared. En el lado contrario de la habitación, note un balcón que tenía una vista hacia un parque cercano. Adrien-senpai me invitó a sentarme mientras Julius-sensei desaparecía por una puerta. Cuando me senté, senpai hizo lo mismo colocándose a mi lado con una sonrisa cálida.

    Y dime, Jesús, ¿en qué puedo ayudarte? – Dijo acomodándose un poco en su lugar. – Bueno, hace mucho que no asisto a Durkheim y creo que las cosas habrán cambiado un poco con Barbara como líder de consejo, pero prometo que te daré buenos consejos.

    Ah, no, estoy bien, gracias. – Me apresuré a decir negando con mis manos y mi cabeza. – Solo quería ver que estabas bien, senpai. Y-yo acabo de ingresar a los impopulares y oímos sobre la caída y… los sucesos posteriores y…

    ¿Querías conocer a quien llaman “héroe” entre los impopulares? – Preguntó cambiando un poco su actitud entusiasmada por una sombría.

    ¿Qué? No, por supuesto que no. – Respondí sorprendiendo al francés.

    ¿No?

    Yo no creo que seas un héroe, solo fuiste un líder que hizo lo mejor que pudo para mantener bien la escuela. – Explicaba mientras Julius-sensei aparecía con una bandeja en manos, dos vasos con leche y un plato de galletas y otro de avena. – Gracias, sen… – No pude terminar de hablar ya que el doc me frunció el ceño y gruñó en respuesta. Supongo que había estropeado la hora del desayuno para ellos.

    ¿Quién es habló de la caída? – Habló Adrien atrayendo mi atención nuevamente. – ¿Fueron a la biblioteca de Castlelot?

    Baru-san nos habló un poco, pero Psyche nos… ah… – Rayos había mencionado algo que no debía. Me percaté de que cuando nombre a Psyche, senpai enderezo su espalda.

    ¿Psyche? ¿Por qué? Espera, ¿qué hizo, Psyche-sama?

    Nada, solo nos llevó al pasado durante la caída y… Baru-san va a matarme. – Murmuré escondiendo mi cara entre mis manos.

    ¿Al pasado? ¿Cuándo estuvimos varios meses en el nexo? ¿Así es como me conociste? – Preguntaba volviendo a sonar ligeramente animado.

    Si, por eso mero sé que eres tú y estaba preocupado así que quise venir lo más pronto posible para asegurarme de que estabas bien. – Hablé rápidamente para sacar todo lo que tenía por dentro. – Le prometí a Baru-san que solo vendría a eso pero veo que soy un pinche joto lengua larga que no puede guardar nada cuando está preocupado pero si no te decía probablemente no me ibas a creer y pues…

    Está bien está bien, no le diré a Baru que me dijiste nada, tranquilízate. – Pedía el güero colocando una mano en mi hombro en tanto yo asentía en respuesta.

    Así que por eso estuvieron ausentes en el día. – Comentaba Julius-sensei que se había recostado en un mueble individual frente al sofá.

    Sí, señor.

    Wow, un viaje al pasado, como los viajes en el tiempo de Steins Gate. – Mencionaba bastante emocionado Adrien-senpai. – Pero si hablamos de viajes en el tiempo, su presencia hubiese alterado el tiempo de acá por lo que podemos inferir que…

    Esta es otra dimensión donde no ocurrió eso. – Dijimos senpai y yo al mismo tiempo.

    Por eso senpai no me conoce. – Añadí.

    ¿Y para qué sirvió ese viaje en el tiempo? – Preguntó sensei cruzándose de brazos. – ¿Qué razón tuvo Psyche para todo eso?

    Ah…

    Durante un rato estuve explicando todo lo que había pasado luego de que ocurrió la batalla final contra Lucifina, como vimos la graduación de los senpais de la camada de Mario, Aracely y Lionel, así como vimos a Barbara luego de su lucha contra el familiar de Toxic. Adrien-senpai no se veía muy cómodo recordando todo eso, sobre todo cuando Toxic comenzó a aparecer en el relato. Una vez terminado el relato del viaje y el cómo llegué hasta su casa, ambos presentes permanecieron en silencio.

    Y, ¿qué te pareció el Adrien de aquella época? – Preguntaba senpai en tanto comía un poco de avena.

    Ah, pues, era un gran chico, un poco inocente pero con un corazón de oro. – Comenté luego de beber un poco de leche. – También era muy fuerte cuando se lo proponía. Muchas veces me preocupé por él porque… bueno, se subestimaba y era un poco negativo en cuanto a si mismo.

    Entiendo. – Susurró el rubio universitario. – Lamento no ser el Adrien que esperabas.

    Oh, no no, está bien. Con saber que estas bien, avanzando y con un buen roomie, me doy por bien servido.

    ¿Qué te hace pensar que soy un buen roomie? ¿Intentas hacer que me agrades? – Decía el doc a la defensiva.

    Pues, cuidas su aparente dieta, le prohibiste las galletas y en vez de eso le trajiste avena. – Contesté a lo que el psicólogo gruñó, senpai por su parte rio por lo bajo.

    Después Adrien-senpai me hizo un montón de preguntas, sobre mí y Hikari, cuando vi el reloj supe que ya era hora de irme y sin darme cuenta, Julius-senpai estaba vestido de traje listo para irse a trabajar a la escuela, así que senpai le pidió de favor que me llevara, si bien ambos dijimos que no, el güero simplemente insistió hasta que accedimos.

    Me despedí de Lacourt con un abrazo prometiéndole que haría todo lo posible para hacer las cosas bien como impopular, eso lo hizo sentir orgulloso y mencionó que podía ir otro día para hablar sobre anime con él para desconectarme un poco de Durkheim. Luego de ello, baje junto a sensei hasta el sótano donde estaban estacionados los automóviles. Ya que estábamos solos, le dije que podía irme caminando sin problema, pero él mencionó que ya había dicho que si, así que me pidió que cerrara la boca y entrara en el modesto ferrari rojo.

    Sensei, déjeme dos cuadras antes de llegar a la escuela. – Comenté anonadado con semejante coche frente a mí.

    Tranquilo, te lanzaré como si estuviese dejando un perro sarnoso en la calle para que lo atropelle cualquier pendejo. – Respondía con seriedad ondeando la mano.

    Ah, gracias, creo.

    [***]

    Llegué a la escuela para la segunda hora de clases y para mi mala suerte, tocaba clases con el profesor Peterson, la bestia de las mates. No estaba seguro de si podía sobrevivir a sus ataques con las tizas o el borrador ya que estaba un poco cansado y con mucho sueño. Lo bueno era que cuando entre y me senté, note que no era el único que estaba soltando la baba en medio de la clase, así que respiré profundo y me preparé mentalmente para no dormirme y ser el objetivo del profe.

    Estar en clases se sentía extraño, casi que irreal. Vi a los populares del salón tranquilos, algunos prestando atención al espartano, otros enviando mensajes a escondidas desde sus teléfonos celulares y luego estábamos nosotros, el grupo de impopulares de los de segundo. Cada cierto tiempo escuchaba croar a Maeve y cuando me giraba, Kristina o Emil tenían los ojos cerrados y los volvían a abrir rápidamente. Supongo que nadie estaba de humor para ser estudiantes, por lo menos hoy no. Fue una eternidad las horas de clases, creí que no sobreviviría, pero así lo hice. Hasta ahora me daba cuenta que necesitaba recargar energía, necesitaba un café bien cargado. Tenía un par de minutos antes de la siguiente clase, así que decidí salir a la cafetería cercana para comprar algo.

    Oye, Kris, Emil ¿quieren un café? Yo invito. – Llamé a la güera y al de cabellos bicolor, quienes salían del salón, una tapándose la boca mientras bostezaba y el otro bastante cabizbajo.

    Estoy bien, gracias. – Respondió el deprimido yendo en otra dirección.

    Vale, como gustes. – Asentí en tanto comencé a andar.

    ¿También tuviste una mala noche? – Preguntaba la argentina caminando a mi lado.

    Los otakus rara vez dormimos bien, aunque esta vez no le echo la culpa a un anime que me quede viendo hasta la madrugada. – Mencionaba con una sonrisa de lado. – Estaba viendo videos de conejos e informándome sobre cómo cuidar uno.

    ¿Ahora eres amante de los conejos y adoptaras uno? – Dijo mi compañera enarcando una ceja.

    Anoche me topé con uno conejito y decidí llevarlo a casa, ahora es mi responsabilidad. – Contaba pasando por la puerta principal del instituto para salir. – Es blanco con una mancha naranja y tiene cara de mala leche. Es bastante adorable.

    Kero, kero. – Habló la ranita como si estuviera ofendida.

    Claro, nada tan adorable como tú, Maeve. – Le respondí a la pequeña anfibia.

    Conversamos un rato mientras íbamos a la cafetería. Kristina me contó sobre un hombre que cortejaba a su nana Consuela y por lo que vio, ambos estaban felices. Eso me hizo pensar en mi padre, desde que Tatiana se había largado de nuestras vidas, él nunca busco otra pareja con quien estar, me pregunte si aceptaría que él saliera con mujeres para que volviera a hacer una vida junto a alguien. Supongo que no sería problema para mí ya que estaba grande y pues, en algún momento Mariale y yo íbamos a dejarlo solo para realizar nuestras vidas… Bueno, mi carnala más que yo, dado que con el trabajo de loser no estaba del todo seguro si llegaría a graduarme considerando los riesgos.

    [***]

    De regreso en la escuela, Kristina fue por su lado dejándome solo nuevamente. Caminé por los pasillos rumbo al aula, bebiendo un poco de café para recargar energía y mientras cruzaba en una esquina, vi un destello de luz y luego sentí que caí al suelo derramando mi bebida de los dioses. En camara lenta grité “Noooooo”, hasta que choqué contra el piso.

    Oh, por Dios, lo siento. – Escuché una voz femenina.

    ¿Están bien? – Esta vez fue la voz de un chico. Cuando alcé la vista, vi que era Krilin, el chavito calvo de primer año. – Ven, Aliki, te ayudo. – Dijo extendiendo la mano hacia la chava de cabello verde que estaba encima de mí.

    Chavos, tengan más cuidado cuando corran por los pasillos. – Mencionaba frotándome la cabeza mientras me incorporaba y viendo que mi bebida se había derramado en el suelo. – Ahhhhh, noooooooo, mi caféeeeeee. – Lloriquee.

    L-lo siento ta-ta-tanto, senpai. – Se disculpaba la tal Aliki haciendo varias reverencias. – Yo… yo… yo te lo compensaré, i-i-iré a comprarte un café ahora mi-mi-mismo. – Luego de tanto tartamudeo, la chava salió corriendo rumbo a la salida.

    Ali, esperaaaa, no me dejes solooo. – Decía Krilin corriendo tras la chica.

    Supongo que me va a tocar limpiar esto. – Suspiré cerrando los ojos. No quería ver el cadáver acuático de mi bebida caliente, era tan trágico.

    Puesto así, me puse de pie y fui a buscar un trapeador mientras escuchaba a algunos populares burlarse de mi desgracia. Bueno, en cierta forma comenzaba a sentirse como un día normal para este negro, aunque todavía sentía que faltaba algo, como si estuviera roto por dentro.


    ***
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  8. Velvet.

    Velvet. I challenge my fate!

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    2. Mentiras Irrompibles

    — ¡Sofi, Sofi! — su mirada se enfocó en una tierna chica de lentes y cabello blanco, Llun sonreía con alivio al ver que su compañera despertaba. — ¡Sofi! ¡Qué bueno que estés bien!

    — ¿Dónde?

    — Volvimos.

    — ¿Cómo?

    — ¡Volvimos!


    Los ojos de la muchacha se abrieron encontrándose con algo que ya se había vuelto una costumbre para ella: Caos La colombiana trató de levantarse del suelo pero aun sentía como su cuerpo pedía a gritos tomar un descanso, sus piernas se encontraban destrozadas y una en posición en la cual no debería de estar. Al llegar le aplicaron algo de primero auxilios, para curarle parte de su pierna dándole algo de movilidad, pero la otra era caso a parte debido al uso de su vestigio. Los ojos de la muchacha miraban una cosa, su mundo, su nexo, su realidad. Todo parecía un sueño, como si hubieran despertado de una pesadilla al fin, pero eso sería engañarse pues todo lo que vivió en el pasado era real, muy real. Le era raro estar en su mundo pues estar tanto tiempo en una guerra le dejó estragos en su psiquis y lo peor, era que solo pasaron unas cuantas horas. La vuelta a la realidad podía ser más cruda de lo que parecía, volvió a su época y era lo que importaba, pero ahora que estaba en casa ¿Realmente podía descansar tranquila? No…no podía, pues aun sentía esa horrible sensación sobre su estómago.

    — ¿Qué ocurrió? — se atrevió a preguntar mientras era ayudada por la rusa – Se supone que estábamos en la biblioteca.

    — Y lo estábamos, pero explotó. — comentó — Según Baru ocurrió mientras estábamos allí.

    — ¿Cómo?

    — Aun investigan el hecho — respondió la rusa.

    — “No tardamos de regresar a casa y ya están explotando las cosas…que novedad” — pensó, aunque a estas alturas del partido ya eso era demasiado normal para su grupo. Suspiró, ni siquiera las bromas podían calmar sus nervios.


    A pesar de estar con una sábana que cubría sus fríos cuerpos y un té para calentarlos, la mente de la muchacha aun trataba de digerir lo que ocurría a su alrededor y lo que haria a continuación. La asocial dio una mirada rápida al gamer de la camada quien ignoraba todo lo que ocurría a su alrededor, suspiró, pues ahora para Franco ella era un monstruo.

    - “Bueno, supongo que soy una amenaza para el” – no iba a reclamarle nada si decidía gritarle o mandarla a la mierda pues tenía razones más que claras para hacerlo, después de todo, se volvió una asesina a sueldo para poder salvar su propio pellejo, importándole poco dejar a una niña huérfana, convirtiéndose en lo mismo que le arrebató a su padre. Tomó una decisión e iba a aceptar las consecuencias. La última vez hizo un berrinche, ahora, aceptaría la responsabilidad.

    Sofía sintió un duro golpe en su corazón al escuchar lo ocurrido con aquellos que lucharon en la caída, el monstruo carmesí fue una amenaza que nadie pudo prevenir, terminando en una masacre total de aquellas personas que alguna vez sonrieron en esas pantallas que les mostró Psyche. Aquel evento cambió en gran medida a los que se encontraban allí presentes y ver llorar al tiburón frente la tumba de los caídos demostraba lo duro que fue para él ser el único sobreviviente de aquella masacre. Sus compañeros, cada uno de ellos con los que vivió aventuras y desdichas perecieron contra Toxic o la vida de popularidad los llamó, dejándolo como el único que quedaba de su camada

    — Ryrio – La fantasma no dijo nada, pues no era alguien que levantara los ánimos, pero no dejaría a nadie solo con sus tristezas de nuevo. – Llun.

    La colombiana miró a su compañera quien la llevó con cuidado hacia donde estaba su enamorado. Kristina miró aséptica a ambas féminas que se acercaban, pero las palabras de Llun fueron lo que confirmaron sus intenciones.

    - ¿Podemos?

    - …Sí.


    La argentina dio paso a las muchachas, que torpemente se acercaron hacia el tiburón dándole un abrazo grupal. El gitano sintió las lágrimas y el abrazo cálido que brotaban del cuerpo de las chicas, pues Ryrio era alguien importante para ellas: Un mentor, un guía, un enamorado, pero sobretodo, un chico que a pesar de lo tosco que era aún mantenía ese ánimo que lo caracterizaba en el pasado y aunque sintiera que estaba solo, las cosas ahora eran diferentes, y esas dos chicas lo demostraban.

    - No estás solo, mi parcero. – susurró la colombiana a su oído – Estamos aquí para ti. — No pudo hacer nada por Franco en su momento de debilidad, no iba cometer ese mismo error con alguien más, aun si lo único pudiera hacer era llorar a su lado.

    - ….

    - Ryrio, has hecho mucho por mí en el pasado y como presidenta es mi deber velar por la seguridad de mis muchachos – Llun acarició con suavidad los cabellos negros del muchacho. – Ahora es mi turno de hacer algo por ti. – El escualo levantó su cabeza y encontró con su “Lider” regalándole una sonrisa torpe por las lágrimas que recorría su rostro. – Y es sonreír.

    - …Te vez horrible, Llun.

    - ¡Y yo que trataba de animarte y así me pagas!

    - No me agrada la idea de que un par de feas traten de animarme.

    - ¡¿Feas?!

    - Si…feas, Llun.

    - ¡Aish, si serás! ¡Ryriooo!


    Gritó Llun un tanto molesta con el tiburón, pues de vez en cuando el de quinto adoraba molestar a su pequeña “Superior” aunque fuera por un momento, Ryrio volvía a ser el mismo de siempre y a su manera, apreciaba el hecho de que todos esos muchachos estuvieran ahí para él.

    [***]
    Las labores de reparación y recolección de libros no iban del todo bien ya muchos de ellos se perdieron durante la explosión. El conocimiento lograba combatir la ignorancia, pero ahora esta ganó una batalla dejando una gran pérdida a las generaciones presentes y futuras. Los muchachos se separaron buscando lo mejor que podían entre los escombros para entregárselos a Barabara que ordenaba la información que sobrevivió.

    — ¿Alguna suerte con algo, Llun? — Sofía miraba atentamente a lo que eran unos mapas que señalaban los recónditos más inesperados del nexo, seguramente esas rutas habían sido trazadas por Allen. Suspiró, al menos algo tan valioso no se perdió durante el incendio. — Yo encontré mapas del nexo.

    — ¡Bien! hay que dárselos a Baru o a John.

    — ¿Encontraste algo bueno?

    — Sin suerte. — la rusa encontró una pila de libros que se encontraba debajo de. No obstante, algunos de sus títulos le hacían cuestionar su suerte. — Chistes frutales, Coco 2.0 la venganza de Coquito, Coquito recargado, como criar hijos interraciales en un matrimonio polígamo.

    — Mejor sigamos buscando — Llun tomó el libro que llevaba Sofía colocándolo en la pila que debían entregar. Su mirada se dirigió a un par que estaba cerca de un estante hecho pedazos, por suerte, ninguno resultó estar afectado por la explosión. No obstante el rostro de la rusa se tornó serio al encontrar un libro en particular. — Sofi. — la colombiana se acercó dónde Llun, el libro que la muchacha sostenía le hizo poner un rostro de intriga. — Este es.

    — Mario Poniatowsky — susurró. Conociendo como era su antiguo líder de la Blood Moon seguramente no pondría nada importante. Con cuidado la fantasmita abrió el libro esperando a que no se dañara debido a la situación de la biblioteca. Al leer las primeras palabras del tomo suspiró, coloco sus dedos sobre la entrada de su frente y rió con desdén. — Me lo imaginaba.

    — ¿Qué ocurre Sofi? — Llun no tardó en saber lo que se refería, cada palabra, párrafo y hoja contenía solo una palabra —… Puto quien lo lea.

    — ¡Don Mario! — aun después de graduado, el ilusionista siempre encontraba la forma de molestarla — Puto, nepe, puto…capitulo 10 ¿Cómo embaucar a una rubia tonta en 5 sencillos pasos?

    — ¡Aaaaah, no leas eso, pibaaa! — Kristina estaba escuchando lo que sucedía y al ver que la pareja encontró ese libro del demonio para evitar ser embaucada una vez más la lisiada buscó arrebatarle el libro a la asocial. No obstante, antes de que si quiera llegara hasta donde ellas, tanto Llun como Sofía leyeron las páginas que decía el capítulo.

    — Y se la creyó. — Definitivamente, Mario había dejado huella en la academia, una que sería muy difícil de quitar.

    — ¡Si será conchudo!

    Mientras el grupo continuaba buscando entre los libros, Sofía vio un montículo que aún estaba echando fuego. Llamando las diferentes monjas y autoridades del lugar, el cuerpo de bomberos terminó con la posible amenaza de que el fuego pudiera volver a esparcirse. Investigando los libros detalladamente la asocial encontró uno bastante curioso entre las cenizas. A pesar de tener la tapa dañada, la portada estaba intacta, mostrando el nombre de la chica dueña de aquel diario.

    — Baru — La lider del consejo que se encontraba revisando que aquellas llamas no se expandieran. Al ver a su pupila acerarse a ella una sonrisa se dibujó en su rostro— Me parece que esto es tuyo.

    — Esto es algo nostálgico — La muchacha de cabello negro miró con un aire de tristeza aquel libro — Es mi diario de segundo.

    — Oh… ¿Puedo verlo? — pregunto, esperaba a que no fuera un tanto impertinente, después de todo, Baru era alguien muy reservada, no obstante, la líder asintió, permitiéndole a la muchacha ver el contenido del diario.

    — Adelante, Sofi.


    Tomando aquel objeto como si fuera el más preciado tesoro Sofía buscaba el contenido del libro de la de quinto grado. Una sonrisa melancólica se dibujó en su rostro mientras recorría cada página con fotos y dibujos del gran amigo de su líder.

    — Realmente lo querías.

    — Si…es alguien especial para mí. Disfrute cada momento que pasamos juntos, tanto buenos como malos.

    — Espero que donde este se encuentre bien — Sofía suspiró — El mancito lo pasó muy mal.

    — Adrien tuvo una vida llena de dificultades, no fue fácil mantener esa sonrisa. Pero siempre nos tuvo a nosotros y eso hizo que el camino fuera mucho más llevadero para él.

    — Ya veo.

    — Las personas por más que tratemos de alejar a otros nunca vamos a estar solos completamente.

    — Es cierto — Sofía recordó con vergüenza las veces que pensó que estaba sola durante la caída, una manera de pensar bastante estúpida, porque para bien o para mal, siempre hubo personas que nunca la dejaron sola en sus momentos más crudos. Llun, Pavel, incluso Emil, fueron un gran ejemplo de ello. — Nunca estamos solos.

    — Fui una tonta en pensar eso, trataba de alejar a la gente que realmente quería estar conmigo — admitió Baru recordando las veces en las cuales alejó a la gente que se preocupaba por ella en el pasado — Pero el tiempo me hizo ver que siempre estaba rodeada de amor. — Sonrió — Mis amigos, mis mentores y mis estudiantes, son prueba de ello.

    — Baru…



    Ambas féminas guardaron silencio mientras observaban las fotos y los dibujos del viejo líder no obstante la voz de Llun hizo que ambas se voltearan a verla.

    — Emm, si quieren vuelvo en otro momento, yo.

    — Está bien, Llun. Ya ha pasado todo — dijo Sofía, luego se quedó mirando el libro que llevaba Llun — ¿Otro libro?

    — ¡Es el diario de Pavel! — la fantasmita abrió los ojos, realmente encontró el diario.

    — ¡¿Cómo?! ¡Déjame ver! — Sofi se fue dando saltos hacia donde se encontraba la chica de trenzas, no obstante al leer el contenido miró a la rusa confundida pues no entendía el idioma en el que se encontraba escrito. — Esto… ¿Qué dice aquí?

    — Está en ruso, Sofí. — respondió — Cada página de su diario está escrita así.

    — ¿Y qué decía?

    — Decía todo lo que vivió en su estadía en la escuela. — Llun sonrió — Pero sobretodo, había un mensaje para la Cruz Azul. — hubo un silencio durante unos segundos, dándole tiempo suficiente a Llun para que mostrara el mensaje — Dice


    “A mi familia de la Cruz Azul. Su amor fue más valioso que todo el oro del mundo”.
    “Muchas gracias por todo”
    .​

    Tanto Sofía como Llun se quedaron conmovidas por el mensaje en el diario. Aquel muchacho de porte pequeño encontró una familia en aquel grupo de rescatistas y aunque algunos de ellos perecieron durante la guerra los vínculos que formó durante ese tiempo era algo que apreciaría durante el resto de su vida. Bárbara tomó aquel diario como si fuera una reliquia, colocándolo con el resto de los libros que rescataron de la explosión.

    — Parece ser que conocieron a Sir Pavel, chicas. — comentó la líder del consejo — ¿Qué opinan de él?

    — Un hombre sabio — respondió Llun — Y muy leal a los suyos.

    — Fue alguien que lucho para proteger a las personas que amaba aun si ellos estaban lejos. — ahora fue la fantasmita quien respondió. — Él nunca las apartó de su lado. Aprendimos muchas cosas de él.


    Porque el oro es el metal más preciado de todos y así fue el alma de ese pequeño pero sabio peso pesado. Para aquellas chicas, fue un caballero cuya armadura nunca se oxidó, demostrando siempre en alto lo que en verdad era ser un peso pesado: Defender y proteger aquello que amas.

    [***]

    Tantas cosas que vivieron esas personas en el futuro eran algo de lo cual debían estar agradecidos los santos de Ned. Algunos de lo que lucharon a su lado se habían ido durante la guerra, otros, con la llegada de Toxic, era normal que la camada de segundo grado estuviera deprimida, pues muchos de los chicos formaron un vínculo con esas personas que fallecieron. Sofía debía honrar a la gente que les brindó ese futuro, por eso, estaba dispuesta a ir hacia el panteón donde rendiría tributo.

    — Llámame cuando termines.

    La líder de consejo dejó paso libre a una muchachita de cabellera corta de recorrer aquel campo santo. Sofía sentía su corazón latir a mil por hora mientras observaba cada tumba de las personas que cayeron en combate durante la caída o en la llegada de Toxic. Muchas de esas personas eran sus enemigos, aliados, camaradas, gente que le ayudó a levantarse o buscaba matarla, pero que al final, todos eran seres humanos valiosos, gente que luchó hasta el final por aquello en lo que creían y por la gente que amaban. La colombiana acariciaba suavemente cada tumba, mientras leía sus nombres.

    — “Frida. Puedes descansar tranquila, tu amorcito cumplió con su palabra. Gracias por todo”

    Imágenes de la mexicana llegaron a su mente, esa chica tan vivaracha que hacia sacar sonrisas a sus compañeros de la cruz azul. No le importaba mucho no tener una habilidad tan potente como otros discapacitados, pero tenía el coraje para luchar por la gente que amaba y por eso, no dudo en dar la vida por su amado Pavel.

    — Diamond…discúlpame por haber pensado que eras alguien horrible. Al final, buscabas siempre proteger a la gente que amabas…en verdad lamento que todo haya acabado de esa manera, aunque espero de todo corazón, que ahora estés con los tuyos.

    Ese ángel que los acogió durante la caída, pero que al mismo tiempo por su locura casi los condena. A pesar de sus fallas y errores, ella siempre veló por los suyos.

    Mientras caminaba por el campo santo, una tumba captó su atención. En ella, se encontraba el nombre de su coterráneo escrita en ella, una sonrisa melancólica se dibujó en su rostro al reconocer los nombres de esas personas que lo acompañaban. Agradecía a Mario que al menos, tuviera el corazón de darles una digna sepultura, en vez de dejarlos tirados en una fosa común.

    — “Francisca, Cris…” — Leyó los nombres de los mejores amigos del brujo, luego dirigió su mirada a la tumba del antiguo numero — “Andrés, parcero, al final vos pudiste estar con tus perritos”

    Porque esos tres eran más que amigos, fueron familia y juntos crearon un vínculo que incluso en la guerra se mantuvo firme.

    Luego miró la tumba de aquella chica de frenillos que se encontraban. Su mirada se encontró con unos muñecos bastante feos y descocidos, pero que para sus ojos, eran los objetos más hermosos del mundo.

    — “Nunca me dejaste morir…aunque me traumaste con las agujas. Espero que hayas encontrado tu circo de fenómenos en el cielo”

    Por último, la muchacha encontró una tumba, Jihyun Ryu. El man coreano como le decía. Nunca pudo conocerlo más a fondo, solo lo conocía como el cliente favorito de Mario y el sujeto que casi los mata apenas llegaron a la caída. No obstante, durante la pelea final, fue capaz de inspirar a mucha gente, incluyendo a su actual Zero. Y a pesar de que era alguien tosco, sus palabras aun calaban dentro de ella.

    — “Basura dorada…gracias. Incluso alguien como yo, puede ser algo valioso”

    Sofía no podía considerarse devota o creyente como mucha gente que va a la iglesia pero algo que le enseñó su padre era a tener fe en la gracia divina, aunque ese mismo Dios no pudo protegerlo, siempre tuvo la esperanza en la que los difuntos estuvieran en su gloria. Quizás así, cuando al fin le llegara su hora, su alma podría estar en paz y junto con su padre.Ahora, ella pediría por aquellas personas descansaban en esa tierra santa.

    “Oh Dios que concedes el perdón de los pecados y quieres la salvación de los hombres, imploramos clemencia en favor de todos nuestros hermanos, parientes y bienhechores que partieron de este mundo, para que, mediante la intercesión de la bienaventurada Virgen María y de todos los Santos, hagan que lleguen a participar de la bienaventuranza eterna”

    “Dales señor el descanso eterno y que brille para ellos la luz perpetua”

    “Descansen en paz, amen”

    No sabía el significado de las flores, pero dejó a cada tumba una flor de un hermoso color rosa que daba vida a un lugar lleno de tristeza, echándose la bendición, Sofía mostró profundo agradecimiento por todas las cosas que hicieron por ella y su generación.

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    Al salir del campo santo, la muchacha de cabellera castaña se encontró con un muchacho de piel canela. Su expresión, al igual que la suya, era un completo desastre. Jesús había pasado muchas cosas con la gente que falleció en el pasado y realmente se esperaba que algún día pudiera encontrarlos en su época, aunque la realidad le demostró lo cruel que podría llegar a ser el mundo.

    — ¿Cómo estuvo todo? — preguntó, el moreno dirigió una rápida mirada a la asocial para luego volver a ver al vacío. — ¿Hubo algo que querías decirle a alguien?

    — Solo las gracias.

    — Ya veo. — hubo un silencio entre la pareja durante unos momentos, luego decidió volver a iniciar otra conversación — Oye… ¿Cómo era realmente?

    — ¿Quién?

    — El man coreano — respondió — La krispy y tú lo conocían mejor que yo. ¿Te importaría hablarme algo de él? — El moreno guardó silencio.

    — ¿Para qué quieres saberlo? — respondió.

    — Solo…quiero comprender quién fue para los ojos de las personas que lo conocían. Yo solo sé que fue el mejor cliente de don Mario. Pero nunca pude saber quién era detrás de esa sonrisa.


    El moreno miraba detenidamente a la asocial que conoció en la fiesta de Mario. Tenía sus sospechas de ella por la manera en la que se comportaba, pero ahora mismo era diferente y su semblante mostraba querer aprender de quien era aquel guerrero que lo acompañó durante la caída.

    — Él fue…alguien muy leal a sus ideales, un fiero guerrero que luchaba hasta el final. Era estricto, pero siempre encontraba la manera de animarnos.

    — Lo hizo con Allen “Y conmigo, aunque no lo supiera” — Sofía suspiró mientras se levantaba con algo de dificultad del suelo — Realmente Krispy y tu tuvieron suerte de conocer a una persona como él.

    — Si…

    — Espero que donde este su alma pueda descansar en paz.

    — Yo también espero.


    Jihyun cambió a mucha gente durante el transcurso de su vida, aunque no estaba en este mundo, su legado perduraría en las personas que conoció y con los cuales formó un lazo especial.

    — Descansa, chu…Jesús.

    — Tú también, werita.


    [****]

    — Aun no me puedo creer que ustedes hayan viajado al pasado, maes. ¡¿En verdad Adrien-senpai fue alguien super hellow?! — Sofía había pedido a Bárbara que John la acompañara a la salida del Nexo. No sabía que responderle al otaku en esos momentos, su mente ahora pensaba en lo que ahora a continuación una vez que saliera del lugar, aunque lo más probable era que terminara en la sala de emergencias pues su cuerpo aún no se encontraba en buen estado. Sofía suspiró mientras miraba fijamente al otaku.

    — Fue alguien maravilloso — respondió — Tal y como lo describes.

    — Lo sabía, ustedes compadres tienen mucha suerte, no saben lo que daría por conocer a Adrien-senpai, verlo en acción es mi más grande sueño.

    — Aunque. — John se cerró su boca al escuchar a la fantasmita hablar. —…Él nunca estaba solo. El viejo Adri era fuerte y su labor como líder era difícil, pero siempre tenía a gente que lo quería a su lado. Eso logró darle la fuerza para seguir adelante— Sofía sonrió débilmente a su superior— Recuerda que no estamos solos en este mundo, Juancho.

    El otaku sonrió ante esas palabras, pues la fuerza de un equipo era algo en lo que creían los otakus fielmente. Aun si su labor de líder pudiera agotarlo, ahora tenía un kohai con quien podía contar. Mientras la pareja caminaba a la salida del nexo, el arma de Sofía se materializó en el acto sorprendiendo al cubano y a la asocial que miraba como aquella cadena ahora colgaba de su cinturón.

    — “Hanzo” — la muchacha pensó en su arma y en las cosas que le hizo. Aun debía arreglar un asunto muy importante con su camarada, y por ende, con ella misma. Antes de proteger su generación, debía cuidarse primero — Juancho, ¿Te puedo pedir un favor?

    — Ni que estuviéramos enojados, mi compi.

    — ¿Podrías llevarme donde el mono?

    — ¿Quién?

    — Donde Gild — aclaró — Aun me siento mal por lo de la explosión y quiero que revise que no tenga nada raro.

    — Muy bien, mi comadre. Ya la llevo donde está el guaperas.



    [***]

    El cuarto medico de los deprimidos era un lugar que la asocial no esperaba ver después de tanto tiempo. Sofía se sentía algo nostálgica, pues ese aroma que desprendía el lugar le parecía reconfortante en cierta medida.

    El hermoso medico cumplía con su labor, curando las heridas provocadas por la explosión y la última batalla con la ayuda de su aula médica. Ver a esa muchachita de esa forma le resultaba algo intrigante al líder de los deprimidos, por lo que no tardó en indagar acerca del asunto.

    — Escuche que hubo una explosión en la biblioteca. Me alegro que no les ocurriese nada grave.

    — A mi también — respondió agotada la fantasma — Pasamos muchas cosas en el nexo, tanto que pensaba que era una eternidad.

    — Comprendo, los mundos mentales tienen ese efecto en la gente. Especialmente si se pasa mucho tiempo en el nexo.

    — Aun no me creo que hayan pasado solo unas horas. — suspiró — Se siente tan irreal.

    — Lo importante es que hayan regresado a salvo — comentó el beato una hoja con el diagnóstico de la asocial — Aunque he de decir que esa explosión te afecto mucho. Quemaduras, cortes y un daño considerable en tu pierna, parecía que tus huesos se habían pulverizado literalmente — Sofía soltó una risa bastante débil.

    — Bueno, la explosión me levantó bastante lejos, Mono.

    — Entiendo.

    — Ha sido un día de mierda.

    — Comprendo, Sofía. No han pasado tres días y ya has vivido muchas cosas que una persona común y corriente no se imaginaria. — Sofía suspiró.

    — Solo tres días.

    — Aunque espero que algún día puedas acostumbrarte a esto. Sé que es difícil, pero lo lograras — el beato le acercó a la muchacha un balón de futbol recordando la última vez que aquel esférico logró animarla. Sofía negó el regalo, haciendo a un lado el objeto. Su mente se encontraba tan afectada que no tenía ganas de jugar

    — Lo lamento, mono….ahora no estoy ni para un partido — la fantasmita se quedó mirando al beato — Pero si estoy de ánimos para pedirle una cita al doctor, este, ¿Cómo se llamaba? Tavo, si, ese.

    — ¿Te refieres al doctor Barini? — Sofía asintió. — Kisa puede ayudarte a asignarte una cita con él. Pero debes hacerlo mañana por la mañana, es un hombre muy ocupado.

    — Muy bien — la fantasmita se levantó de la camilla, suspiro. En su mente o pudo evitar ver al rubio que se encontraba de pie frente a ella, luego de que en la visión de Psyche estuviera a punto de morir y como Pavel y la enorme familia que tenía lo visitaban en el hospital. — “Chiqui…dijo que iba a estudiar medicina. Me pregunto si” — pensó, pensó mucho. Debía ser cuidadosa con lo que iba a decir, ya que la caída no era un tema muy agradable para el Beato — Mono, antes de que ocurriera la explosión en la biblioteca, Llun y yo estábamos leyendo un diario. Su autor era un chico llamado Pavel — El rubio se detuvo un momento al escuchar ese nombre.

    — ¿Ah, sí? ¿Qué leyeron de él?

    — Mencionó que quiso mucho a sus amigos — confesó — Llun y yo nos sorprendimos al ver que te puso en su diario — continuó — Dijo que eras terco, pero alguien dispuesto a defender sus ideales a capa y espada. Y que gracias a sus amigos, pudo entender su lugar en el mundo.

    — Ya veo.

    — También que la amistad que formó contigo vale más que el oro. — Sofía suspiró —Parece ser que fue un gran hombre. Llun y yo quedamos maravilladas por las cosas que puso en su diario…—Sofía guardó silencio — Mono…Disculpa si te pregunto esto, pero ¿Tu sabes que ocurrió con él? Se ve que te tenía mucho aprecio.

    — De hecho, si sé que ocurrió con él — Respondió el Beato — Actualmente está estudiando en su tercer año en la escuela de medicina.

    — Espera… ¿Va a ser médico? ¡Wow, eso es genial! — Comentó Sofía sorprendida.

    — Y le va muy bien.

    — ¿Estudia en el exterior?

    — No, de hecho estudia en la facultad de medicina en la universidad del centro. — respondió el hermoso extendiéndole la dirección de la universidad — Si quieres darle una visita y conocer al autor del diario en persona, hazlo en las horas de la tarde.

    — ¿No crees que se moleste? — Gild negó hermosamente.

    — Mientras no te metas en problemas todo estará bien. — Sofía le extendió su mano al hermoso médico.

    — Mono, muchas gracias.

    — No hay de que, Sofía —el germano devolvió el gesto de la muchacha apretando con suavidad la muñeca de la chica.


    La fantasma se retiró del lugar mientras observaba como el rubio se despedía de con su radiante sonrisa. Recordó las cosas que vivió con él en la cruz azul y lo mal que lo pasó en la guerra: Sus amigos usados como carne de cañón, ver a Diamond, aquella persona tan importante en su vida morir frente a sus ojos y que todos sus compañeros perecieran en el incidente de Toxic formaron a la persona capaz que se encontraba en su futuro. No se sentía con ganas de hablar de esas cosas porque creía que podía tocar una fibra sensible, por lo que opto por la opción más sensata, evitar el tema tomándolo desde otro punto de vista.

    Al llegar a su casillero la chica invisible no tardó en sacar las cosas que tenía guardadas dentro: su mochila y la chaqueta de la escuela. Al tomar sus objetos personales la joven buscó entre los bolsillos de su falda los objetos que consiguió durante la caída. Su sorpresa fue enorme al no sentir los cigarrillos y el encendedor que le obsequió Lionel.

    — “Supongo que es una señal” — pensó, mientras buscaba en sus bolsillos encontró algo que nunca imaginó tener, los cristales de Allen y sus extensiones de colores. Aquello era prueba suficiente para recordarle lo que vivió en la guerra. Sonrió débilmente, colocándose aquellos accesorios sobre su cabellera y guardando los cristales como una reliquia.

    Mientras salía del colegio su celular inició a vibrar, al tomar el teléfono pudo notar que era el número de su hermano. A estas horas siempre la llamaba para preguntarle como había pasado en colegio.

    — Hola, hermano. ¿Cómo te fue en la práctica hoy?

    — “Bien, ya estamos cuadrando para el partido de mañana en la tarde. El profe quiere que juegue en la segunda mitad. Nos toca contra la Einsamkeit”
    — Puta, va a estar difícil. Son gente del centro.

    — “El profe quiere que de una buena actuación en la segunda mitad, si lo hago, me podrá poner a jugar partidos completos.”
    — Así se habla, hermano. Ánimos con el juego de mañana.

    “Claro, mami. Te agradezco el apoyo. Por cierto, me preguntaba algo”
    — ¿Qué?

    “¿Quieres salir conmigo este fin de semana?” — Sofía se sorprendió por la propuesta de su hermano —“Quiero llevarte a comer a alguna parte”
    — ¿No tienes planes o algo?

    “Mis planes son con mi familia”. — comentó el futbolista — “¿Qué dices? ¿Te animas? Podemos traer a mamá también, seremos nosotros tres, una salida familiar”.
    La fantasmita sonrió con melancolía mientras que sus lágrimas iniciaban a caer en su rostro. Realmente tenía suerte de tener una familia tan amorosa como la suya. Apretó sus puños con fuerza, pues ahora mismo más que nada en el mundo deseaba proteger a su familia y evitar que más tragedias como la suya, la de Lionel y la de Baru ocurriesen en el mundo.

    — Hágale — respondió — Yo me le mido. — una sonora carcajada se escuchó en el teléfono.

    “Esa es mi princesa”

    [***]


    La fantasmita deambulaba por las calles de Letzenburg en donde todo parecía estar transcurriendo con relativa calma. Su mente aun no lograba entender el contraste de aquella ciudad pacifica con la cruda guerra que vivió. Lo vivo del lugar era muy diferente con la sangre y el olor a muerto que cubrían las calles del nexo, volvió a casa, pero la guerra en el pasado caló muy hondo sobre ella. Suspiró, esperaba que aquello por lo que trabajó la gente del pasado hubiera formado a las personas que ahora transitaban las calles de su ciudad. Aunque luego recordaba las palabras de Lionel en donde la misma colectividad en la que vivía la utilizaba y desechaba cuando terminaba su uso. ¿Acaso en eso terminaron los muertos de la caída? ¿En combustible?

    — Una mentira irrompible. — susurró. Eso era la sociedad que la rodeaba y a la cual se acostumbró, pero no podía romper ese sistema, porque ¿Qué ocurriría? No quería imaginárselo, solo esperaba a que algún día, con el esfuerzo que hiciera, las cosas pudieran pasar a mejor.

    Los pasos de la pequeña fantasma la llevaron un local llamado “Equidad y calidad” un supermercado ubicado en la central en donde usualmente su madre hace las compras debido a lo barato y buenos que resultaban los productos. Su estómago empezaba a rugir, ¿Hacia cuanto que no probaba algo de comer? Tenía dinero y el mercado aun no cerraba sus puertas. Mientras miraba en los pasillos los artículos que ofrecía la tienda, una voz conocida llamó a la pequeña ninja sacándola de sus pensamientos.

    — ¿Sofía Andrea? — la mencionada sudó frio, pues conocía muy bien la dueña de aquella voz y como si hubiese la hubiese descubierto un monstruo, dio media vuelta con cuidado encontrándose con una mujer de una larga cabellera castaña atada a una coleta. Sus ojos color miel le dedicaban una mirada dulce y amorosa a la pequeña, no obstante, Sofía sabía muy bien que detrás de esos ojos se encontraba una fiera oculta, después de todo, cuando la miraba de esa forma significaba algo: problemas para ella. — Mami, ¿Hace poco saliste del colegio?

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    — Eh, si mama “Ay, no, me está dando esa mirada” Me detuve de camino a casa a comprarme alguito. — Sofía trataba de permanecer tranquila, pero la sola presencia de su progenitora la hacía temblar como gelatina. Se había enfrentado a enemigos poderosos en la caída, pero nada era equiparable al poder de una madre.

    — Ah bueno, mi amor ¿Y por qué te cortaste el pelo? O mejor dicho ¿Qué hace tinturada? …y ¿Eso son extensiones?

    — “Mierda, mierda ¡Mierda! ¡¿Por qué tenía que preguntar eso precisamente?!” — la muchacha sudaba frio, mucho frio — “Ah, no, mamá revísate esa vena en la cabeza que te va a estallar, piensa algo, Sofía, ¡Piensa algo pero ya!” Esto, veras, mamá.


    — Deje así mija que ya luego hablamos. Ahora mejor venga ayúdeme con algunas cosas que tengo que comprar. — Respiró aliviada, por ahora su culo estaba a salvo, no obstante, la mirada amorosa y tranquila de su madre le hizo recordar el verdadero terror.

    — “Si no me mató Toxic o la caída, mi mama seguramente va a hacerlo”


    Madre e hija compraban algunas cosas que según Luz le faltaba a la casa: entre ellas una paca de leche, pan tajado, queso cuajada y un paquete de arepas de mote. Luz no parecía indagar más sobre el asunto del cabello por el momento, al contrario, estaba más preocupada por su hija ya que no parecía mirarla. Su voz se encontraba apagaba cuando contestaba y la mirada que tenía no era la radiante que usualmente mostraba.

    — Sofía Andrea, búscate algo pa comer.

    — ¿Segura ma?

    — Agárrate un pastel, un yogurt o algo que pa eso viniste vos acá.

    — Ok.


    Si, algo raro andaba con ella, algo que la obligó a cortarse el cabello. Esperaba que no le estuvieran haciendo matoneo o algo peor en lo que tuviera que intervenir. Mientras buscaba alcanzar el pan tajado de uno de los estantes, un brazo enorme le hizo el favor de bajar el alimento. La mirada de la colombiana se colocó sobre un moreno de gran estatura, que con cierta torpeza le entregó el paquete de pan a la mujer.

    — Gracias, a veces creo que mi Dios no me hizo para estas vainas.

    — No hay de qué.

    — ¿Te ibas a llevar esto? Porque si quieres te lo puedo dar. — el hombre negó un tanto nervioso.

    — Oh, tranquila, de hecho, venia por esto de acá — el moreno tomó de la repisa un paquete de totopos, Luz se quedó mirándolo con intriga.

    — ¿Y qué vas a hacer con esos…nachos, es que se llamaban?

    — Mi mamá hace unos chiquiales exquisitos y me pidió que trajera esto para la cena.

    — Seguro está celebrando algo porque eso suena delicioso. — la ama de llaves soltó una pequeña risa con la cual el hombre la acompañó.

    — Solo es la cena, aunque a veces mamá hace unos tamales que son para chuparse los dedos.

    — ¿Enserio? — Luz sonrió — Tal vez debería probar la receta, ¿No lo cree?

    — ¿Quiere hacerlo en casa? — preguntó, Luz asintió.

    — ¿Por qué no?


    Mientras Sofía llegaba con la merienda que iba a comer encontró a su madre charlando tranquilamente con un extraño, aunque había algo en ella que le llamaba mucho su atención y era lo animada que estaba, como si hubiera encontrado a un nuevo amigo o alguien con quien charlar. No se iba inmiscuir, por eso, optó por esperar a que terminaran de hablar.

    — Entonces así se preparan — Luz Andrea mostró una sonrisa confiada provocando una pequeña risa al moreno —. Fácil, puedo hacerlo.

    — Aunque no tendrá el sabor que tiene mi mamá.

    — Tendrá mi sabor y eso va a hacerlo mejor. — El hombre miró por unos segundos el reloj de su muñeca. — ¿Se te hace tarde? — preguntó Luz.

    — Sí. Pero fue un gusto hablar con usted, Luz.

    — El gusto es mío, Elías. Disfrute la comida.

    — Igualmente


    Sofía se acercó con cuidado a su madre quien se despedía de aquel hombre mayor.

    — Bien hecho, mamá. Haciendo nuevos conocidos. — dijo Sofía dando una pequeña risilla. — Ha pasado tiempo desde que te vi tan conversadora.

    — No digas tonterías, Sofía Andrea. Hablo con doña Consuela cuando me la encuentro en la legumbreria. Que sea estricta contigo no me hace un ogro.

    — ¿Segura? — volvió a preguntar — ¿Estas mejor de…ya sabes? — Luz Andrea suspiró pesadamente.

    — Vos sabes mija que no me puedo quedar de luto todo este tiempo, no cuando te tengo a vos. Además a él no le hubiera gustado que su potra salvaje estuviera tan mansa. — Aquella explicación no convencía del todo a la pequeña Sofía, algo que Luz notó por la mirada triste que tenía su muchacha. Suspiró, y colocando sus manos sobre sus mejillas inició a acariciarla. — Estaré bien, lo prometo.

    — Oh, entiendo — susurró en un tono melancólico, no obstante la mujer tomó las mejillas de su hija jalándolas con fuerza haciendo que ella soltara lagrimitas por el dolor.

    — Ahora cuando volvamos a casa y hagamos la comida espero una explicación para lo que hiciste con tu cabello.


    La ninja se alegraba mucho de que su madre se encontrase bien, ella había pasado por mucho y aunque no lo dijera, aun sentía el peso de la pérdida de su padre, por eso Sofía se entusiasmaba que poco a poco la herida en el corazón de su madre estuviera sanando. Avanzar, eso era lo que tenía que hacer ella también.

    Al llegar a casa madre e hija hicieron la cena para esa noche. Una taza de milo caliente con un pan de queso. La comida trascurrió con relativa calma en donde Sofía preguntaba a su madre como le fue hoy en su día, por su parte, Luz no contó nada nuevo aparte de que doña Belinda, la señora con quien trabaja, se encontraba en muy buena salud. Al recoger y lavar los platos Sofía sintió a su madre sonarse la garganta, al dar media vuelta la temerosa asocial la observó con el objeto más terrorífico que un hijo pudiera verle a un padre: la chancla.

    — Sofía Andrea Rodríguez. Jiménez — Cuando un padre o una madre llama a un hijo por su nombre completo, significaba peligro — Me va a explicar por qué tiene el cabello corto…ahora.

    Era el momento de la verdad, cualquier cosa que dijera podría afectarle en gran medida incluidas sus posaderas, no podía decirle la verdad a su vieja viéndose en la penosa necesidad de tener que usar mentiras para sobrevivir. Sofía realmente le dolía mentirle a su madre ¿Por cuánto tiempo tendría que hacerlo? Deseaba decirle que se cortó el cabello tratando de hacer un cambio luego de que se metió en una guerra y asesinó a un grupo de personas pero seguramente eso la metería a la Frank y a su madre en prisión. Su mente no tardó en recordarle el discurso de Lionel, que el mundo donde vivían estaba lleno de mentiras irrompibles. Era doloroso que con esas falsedades se conservara el mundo de cristal en el que vivía. Suspiró, sabía la consecuencias si decía algo del proyecto, por lo que tendría que seguir con la farsa.

    — En clase nos mostraron un video de lo que era la segunda guerra mundial. Nada que no haya visto en documentales y en películas. Gente muerta, judíos siendo ejecutados, ya sabes, lo de siempre. — comentó con cierta pesadez en su voz la colombiana — Pero luego nos pusieron algo, una entrevista con los supervivientes: Fuerzas aliadas, del eje, víctimas de las guerras nos contaron lo que tuvieron que vivir en carne propia — Luz guardó silencio al relato de su hija — Nos contaron acerca de la matanza que ocurría en sus calles, y como esas personas que lucharon se rompían a medida de que avanzaba la guerra.

    — Eso fue muy crudo. — Comentó Luz.

    — Lo sé. Pero aprendí algo de eso. — Luz Andrea se quedó mirando a su retoño — Que debo apreciar las cosas que esa gente hizo por nosotros, aquellos que lucharon y murieron, fueron personas que hicieron el mundo en el que estamos ahora…incluso los que fallecieron en nuestro país para lograr esos acuerdos de paz.

    — Ya veo…por eso viniste tan decaída del colegio. Eso te afectó, ¿No? — Sofía asintió — Siempre fuiste de lagrima suelta.

    — Por eso quiero hacer algo para no olvidar a esa gente, contribuir así sea un poco. — Sofía comenzó a jugar con lo su corta cabellera — Los acondicionadores son muy caros, pensé que si me cortaba el pelo podría al menos reducir los gastos para…ya sabes, ayudarte un poco.


    La sonora risa de su madre sorprendió a Sofía pues no se esperaba que ella fuera reaccionar de esa forma. Luz Andrea se acercó a su hija, dándole un cálido abrazo. Sofía inició a soltar lágrimas inconscientemente, pues hacía tiempo que no sentía el calor de su madre en su cuerpo.

    — No debes preocuparte por mí, Sofía Andrea. Tu solo encárgate de terminar tus estudios, eso es lo único que tienes que hacer.

    — Pero mamá yo.

    — Sin peros — comentó — Si realmente me quieres ayudar entonces continua lo que estabas haciendo todos los días. A lavar tu ropa, limpiar la casa, lavar los platos, no tienes que trabajar o cortarte el cabello para ahorrar en gastos. Déjame cumplir mi labor como madre, mientras tú sigues adelante con el estudio. Aunque si quieres trabajar, deberás hacerte responsable y cuadrar tus horarios, porque lo que menos deseo es ver que por tu trabajo estas siendo irresponsable en el colegio.

    — Yo….gracias, entiendo mamá — Sofía abrazó con fuerza a su madre, al fin, después de tanto tiempo podía volver a sentirse vulnerable , dejar de ser una guerrera, una asesina y volverse solo eso, una niña pequeña que buscaba estar en los brazos de su progenitora.

    — Aunque hay algo que quiero preguntarte jovencita — La sensación de peligro invadió el cuerpo de la colombiana, pensaba que se había salvado, pero al parecer su madre tenía otros planes. — Si quieres ayudarme a reducir costos ¿Por qué te tinturaste el cabello y compraste extensiones?

    — Ah, bueno, el cabello si fue para ahorrarte costos…—sí, estaba nerviosa, muy nerviosa — Pero…—debía pensar algo para salirse de la situación o moriría en el acto pues no podía decirle a su madre que consiguió ese color de cabello y extensiones por juntarse con una loca — Luego me di cuenta que mi cabello quedó muy simple y quería probar algo nuevo, así que me tinture y compre extensiones, después de todo, tu también tenías un estilo parecido al mío cuando eras joven.

    — …

    — …

    — Sofía Andrea.

    — D-Dime, mamá.

    — ¡¿Por qué te gastas el dinero del colegio en esas bobadas?! — Una chancla voló en su dirección la cual esquivó gracias al instinto de supervivencia cultivado en la guerra, pero eso no le importó a su madre quien se lanzó hacia ella con la otra chancla en mano — ¡VENI PUES CULICAGADA! ¡VAS A APRENDER A NO DESPILFARRAR LA PLATA! ¡PA UNAS COSAS AHORRAS PERO PARA OTRAS NO!

    — ¡No ma, la chancla no!


    No importaba que tan veloz fuera, o cuanto logró sobrevivir en la guerra, cuando hacías enojar a una madre, daba igual si fueras el dios del nexo o no, estabas perdido.

    Luego de recibir una paliza en sus partes posteriores, Sofía decidió hablar con su madre, quien se encontraba mucho más tranquila.

    — Por cierto, mamá…. quiero preguntarte algo.

    — Dime.

    — ¿Puedo ir a tu cuarto? — la ama de llaves se quedó observando a su hija durante unos segundos, luego asintió acariciando sus cabellos.

    — No sé para qué quieres ir, pero hágale.


    Retirándose de la mesa la fantasmita se dirigió al cuarto de su madre. Era bastante sencillo, adornado con una cama simple y unas sábanas limpias que la cubrían. En su mesa de noche, se encontraba una vieja fotografía suya con su padre.

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    Sonrió, aun le costaba creer que alguien de su misma edad se juntara con un tipo de veinte tantos años, pero a veces, la vida era así de impredecible. A su lado, había una foto de ella vestida con una chaqueta, ahora su cuerpo se mostraba mucho más desarrollado que de costumbre, seguramente por el estirón que dio durante su juventud.
    — Me pregunto si — Buscando entre los vestidos del closet de su madre Sofía encontró la chaqueta que se mostraba en aquella foto. Sin tardar tiempo se probó dicha prenda, mirándose en el espejo del closet vio como la ropa de su madre le quedaba perfecta.

    — Sofía Andrea, ¿Qué estás haciendo? — Luz entró al cuarto, encontrando a su hija con su vieja chaqueta. — ¿Por qué te estas probando mis cosas?

    — Quería ver si me quedaba. — la muchacha dio media vuelta enseñándole la ropa a su madre — ¿Me luce no?

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    — Si, te luce — respondió

    — ¿Puedo quedármela? — El ama de llaves se quedó pensando por unos instantes, aquella petición de su hija era demasiado rara. Suspiró, esperaba a que en el colegio no estuviera aprendiendo cosas raras, entendió la historia de la guerra que le contó, pero aún se le hacía raro que ahora estuviera buscando imitar su antiguo estilo.

    — No sé qué buscas al ponerte la misma ropa que yo o pintándote el cabello. ¿Estas segura que no ocurrió nada raro?

    — Segura.

    — Bien — suspiró — Mientras no me llamen de dirección a decir que estas infringiendo alguna norma por irte así, te la daré. Incluso pasare que te hayas pintado el cabello y comprado extensiones.

    — De hecho, es aclarador, mamá— Sofía sintió la mirada penetrante de su madre — Pero mejor no digo nada.

    — Así me gusta. — Luz observó a su hija quien continuaba buscando algo en su armario — Sofía Andrea, ¿Qué ocurre ahora?

    — Estaba buscando esto — del closet de su madre, la pequeña fantasmita saco una guitarra española que se encontraba guardada cuidadosamente bajo una funda de color negro. Luz dio un suspiro al ver aquel instrumento musical en las manos de su hija. — No has vuelto a tocar desde que nos mudamos aquí. — Luz suspiró.

    — Estoy algo corta de práctica.

    — ¿Puedes? — la muchacha ofreció la guitarra a su madre, Luz Andrea se quedó mirando el instrumento durante unos instantes, luego lo tomó. Sofía miraba atentamente como su madre afinaba aquella guitarra, tocando cada acorde en espera a que no sonara mal o alguna cuerda se rompiera, una vez terminó de hacerlo, la mujer adulta se quedó observando a su hija.

    — ¿Qué quieres que toque?

    — Sorpréndeme.


    Luz inició a mover los dedos tocando los acordes de la guitarra, aun le faltaba práctica y eso se notó cuando las notas que tocaba no salían como esperaba, aunque poco a poca la canción que tocaba iniciaba a salir con más fluidez haciendo que la adulta iniciara a emocionarse. Sofía observó atentamente como su madre apretaba cada acorde y rasgaba la guitarra con un ritmo bastante envidiable. Al terminar su canción la muchacha aplaudió por el espectáculo, haciendo que Luz se sintiera algo apenada.

    — No fue mucho, no salió como yo quería.

    — Pero me gustó. — respondió su hija — Aun tienes el toque.

    — Yo…no es nada, Sofía Andrea, solo toque porque me puse algo nostálgica, nada más.

    — Mamá — la mujer se quedó observando a su hija menor — ¿Tocarías mas para mí?


    La mujer se quedó mirando a su hija durante unos instantes. No tocaba guitarra desde que murió su marido ya le traía ese recuerdo amargo cuando le dedicaba serenatas, incluso pequeños conciertos a sus dos hijos, pero ver que su pequeña le pedía tal favor, le hacía replantarse si realmente fue buena idea abandonar algo que amó hacer durante mucho tiempo.

    — Solo si me prometes no gastarte el dinero en estupideces.

    — ¿También me enseñarías a tocarla?

    — ¿Ahora que bicho te picó?

    — Solo quiero cantarte una serenata, eso es todo, así como lo hacías cuando era pequeña— Luz sonrió acariciándole la cabeza a su hija.

    — Solo si estas dispuesta a seguir el ritmo — Sofía asintió — Vamos, ve a arreglar las cosas para mañana, tienes que madrugar.

    — “Madrugar” — Pensó, la realidad volvía a golpearla, ahora debía continuar su vida de impopular al día siguiente. No importaba cuantas veces su mente tratase de pensar en otras posas para preservar su cordura, el hecho de que una vez más volvería al trabajo luego de aquella guerra le aterraba.


    [***]

    — No puedo dormir.

    Por más que la fantasma tratara de conciliar el sueño no podía pegar el ojo en la almohada. La normalidad era inquietante, aunque su cuerpo pedía descansar para el dia siguiente, las cosas que procesaba su mente no le dejaban tranquila. La guerra la había puesto en un estado de alerta constante pues pensaba que un enemigo podría atacarla en cualquier momento. Su corazón latía a mil por hora, mientras que sus ojos miraban cada detalle de aquella habitación oscura.

    — “Uh, así es como se sintieron eso veteranos” — recordó la “Mentiras” que le dijo a su madre. Su mente no pudo evitar pensar en Ryrio y Baru, quienes seguramente se sentían de esa forma.

    Un grito la sacó de sus pensamientos haciendo que se levantara de la cama agarrando uno de los cristales de Allen que estaba en la mesa, listo para usarlo como un puñal improvisado. La voz de Kristina retumbaba por sus oídos, era como si hubiese visto a un horrible monstruo que estaba dispuesta a devorarla. Pudo escuchar su risa fingida y un sollozo a través de la pared.

    — “Krispy “— quería ir a abrazarla, acompañarla en esos momentos, pero recordó que ahora ella la veía como una desconocida y seguramente si hacía eso la mandaría a la mierda. Gruñó — “Esto apesta.”

    Ahora mucho menos podía conciliar el sueño, el grito de auxilio de esa muchacha le hacía recordar que todo lo que estaba viviendo en esos momentos se podía ir al diablo. Su futuro, aquel presente que debían proteger, todo podía romperse tan fácilmente como si fuera una copa de cristal.

    — “No puedo quedarme aquí”

    Su cuerpo inició a moverse en dirección al closet sacando algunas prendas informales, colocándose la chaqueta de su madre, una blusa, unos jeans y unas pequeñas botas, el celular y la billetera de su mesa de noche, Sofía estaba dispuesta a salir de la casa, pensando que una caminata nocturna podría poner su mente en tranquilidad. Al abrir la puerta de su habitación Sofía caminaba con paso sigiloso a través de la sala de su casa, esperando a que su madre no se despertara. No obstante, su corazón se detuvo al escuchar un ruido proveniente de la cocina obligándola a esconderse en el baño. Abriendo con cuidado la rendija de la puerta pudo ver como su madre caminaba somnolientamente hacia la sala de su casa, quedándose sentada en el sofá mientras tomaba un vaso de agua. La muchacha suspiró con alivio, pero ahora la intervención de su madre hacia el trabajo de escabullirse fuera de la casa más difícil, por lo que optó por devolverse a su cuarto cerrando con cuidado la puerta de su habitación. La fantasma caminó en círculos durante un tiempo hasta que vio una salida obvia: la ventana de su cuarto.

    Con cuidado de no hacer mucho ruido la muchacha trepó por la ventana de su habitación subiendo hasta el techo de su casa. La fantasma trepó caminó con cuidado por las tejas del edificio buscando la manera de continuar con su recorrido. No obstante la única forma que veía era saltar hacia el hogar de la argentina. Tomando impulso la muchacha brincó hacia el otro lado de la casa colocando sus piernas sobre la pared para amortiguar el impacto mientras que sus manos sostenían con fuerza los barandales del hogar de la discapacitada. Esperaba a que el impacto no causara tanto ruido, pero al sentir el croar de la ranita supo que estaba en problemas.

    — ¿Maeve? — Kristina salió a la ventana a investigar lo que ocurría, encontrándose con una muchacha que subía ágilmente su edificio. La lisiada tuvo que tallarse los ojos un par de veces para procesar lo que vio, pues aquello le resultaba tan irreal que era imposible de creer. — Che, ¿Qué?

    — Con permiso. — Aquella voz le confirmó que lo que vio no era un mal sueño. De inmediato, la discapacitada no tardó en reclamarle a la chica que estaba sobre el techo de su casa.

    — ¡¿Che piba, que haces allá arriba?! — Kristina estaba haciendo mucho ruido, por lo que Sofía debía irse rápido de ahí antes de que su madre o doña Consuela se despertaran.

    — Lo siento…tengo irme. Trata de descansar, por favor.


    La muchacha caminó en el techo de la casa de Kristina haciendo que la discapacitada y la rana se mirasen a los ojos por lo que acaba de ocurrir mientras veían a la asocial alejarse del techo como si fuera.

    — Un gato, la mina parece un gato.

    Caminar y caminar, la fantasma deambulaba por las calles de la ciudad buscando una manera de darle descanso a su mente o al menos algo que la distrajera de todo lo que ocurrió, quedarse en casa no era la opción, pues la tranquilidad en vez de darle reposo le causaba más ansiedad en ella. Sus pasos la llevaron hasta la estación del metro. Comprando un ticket esperó en la estación hasta que el tren llegara y una vez lo hizo, se subió en él. No le importaba el destino, solo deseaba distraer su mente en algo.

    Al sentarse en uno de los puestos del vagón, la muchacha pudo ver desde la ventana como las luces de los edificios iluminaban la ciudad, aquella ciudad llena de mentiras y falsedades. Su mente se dejó absorber por el sonido del tren pasar por los rieles ignorando por completo lo que ocurría a su alrededor, ni siquiera el altavoz del chofer del tren que decía las paradas del vehículo lograba sacar de su trance a la muchacha, no obstante, algo pareció sacarla de sus pensamientos lo suficiente para hacer que volviera a la tierra de los vivos.

    — ¡Auch! ¡Lo siento mucho! — Sofía sintió como algo estaba sobre ella, al enfocar su vista encontró a una chica de cabellera turquesa que se acariciaba cabeza luego de tropezar con sus agujetas desatadas. — ¡Creí que era una silla vacía! ¡No pensaba que hubiera alguien ahí!

    — Descuida, no pasó a mayores — La asocial se quedó mirando a la chica quien parecía estar hipnotizada — Oye, no te ocurrió nada malo, ver.

    — ¡Esa chaqueta!

    — ¿Qué?

    — ¡Es tan genial! ¡Pareces una estrella de rock! — Sofía inició a mover sus manos negando todo lo que le decía aquella chica.

    — No, para nada, yo.

    — Y ese cabello corto tan salvaje con esas extensiones, es como si le dijeras al mundo ¡Mírenme! ¡Rompo con los estereotipos de belleza!

    — Pero si mi cabello no es nada del otro mundo y no creo que rompa nada del.

    — ¡Eres tan genial! Debes decirme como es que te luce ese estilo punk.


    — Espera, espera, habla un poco más despacio, ¿Quieres? No soy nada del otro mundo a decir verdad, gente como yo la vez en todas partes, además, no es que quiera llamar la atención o nada — Si, hasta ella misma se quedó callada, hace tiempo se hubiera enojado o entristecido porque alguien le llamaba silla vacía, o vestido de forma extravagante para resaltar. Ahora, luego de todo lo vivido en la caia, solo buscaba sentirse cómoda con lo que se ponía y trataba de restarle importancia que la gente la viera o no. Quitando esos pensamientos de lado miró a la chica con atención — Me preocupa más el hecho de que te hayas lastimado con la caída ¿No estas herida, verdad?

    — ¡Para nada! ¡Soy tan dura como un roble! — la hiperactiva chica levantó su mano en señal de fuerza aunque ciertamente su musculatura no se veía nada — ¿Lo ves?

    — Claro que si — contestó — Me alegro mucho.

    Pronto el ánimo del ambiente inició a bajar, algo que notó la alegre chica ya que la asocial se encontraba mirando el paisaje que mostraba la cabina del tren. Sin penarlo dos veces, la extraña se sentó al lado de Sofía, mirando junto con ella aquel panorama.

    — Es una vista muy bonita. — comentó — La ciudad es bastante hermosa cuando cae la noche.

    — Sí. — respondió.

    — Pero, ¿Sabes que es más hermoso que las luces de la ciudad? — Sofía continuaba mirando el panorama, pronto sintió como un dedo apuntaba hacia el cielo nocturno. — Las estrellas.

    — ¿Estrellas?


    — Si — respondió — ¡Son muy hermosas! Pueden tener distintas formas como la de un caballo, escorpión, incluso la de un oso.

    — No creo que esa del oso sea uno en específico — dijo Sofía, no obstante aquella chica estaba tan emocionada que ignoró el comentario de la colombiana.

    — ¡Eso no importa! Lo que importa es que incluso puedes darles nombres geniales a las estrellas ¿Sabes por qué? Como son tantas ¡Nadie las ha descubierto aun! Por lo que puedes ponerle un nombre — la hiperactiva muchacha señaló un punto blanco en el horizonte — ¿Ves esa de allí? Le llamare venus.

    — Esto, creo que.

    — ¡¿Y ves esa de ahí?! Es tan hermosa, ¡Y tiene la forma de un cono de helado! La llamare vainilla.


    Sofía no tuvo intención de detener a la chica, esa inocencia que irradiaba era tan contagiosa que no pudo evitar sacarle una sonrisa. Tal vez ese el estaba lleno de mentiras, pero esa sonrisa que daba esa chica era genuina y verdadera, parecía que ella, era una estrella que iluminaba la noche.

    — “Tal vez este mundo esté lleno de falsedades…pero, si hay gente como ella, valdrá la pena proteger ese cielo con sus estrellas”

    La asocial escuchaba atentamente a la joven nombrar aquellas estrellas que estaban en el cielo, algunos nombres eran lindos, otros un tanto extraños, pero la vivaracha chica parecía importarle poco, concentrándose más en divertirse con aquella extraña que conoció en el tren.

    — ¿Por qué estás en el tren? — preguntó Sofía a la parlanchina — ¿Vas a alguna parte?

    — ¡A la aventura, por supuesto! — respondió sin pensarlo dos veces — ¡El día no se acaba hasta que salga el sol! ¡Y cuando sale, es el inicio de un nuevo viaje!

    — “Supongo que tiene sentido para ella”

    — ¿Y tú? ¿Por qué estás aquí? — Sofía suspiró dirigiendo su mirada a la muchacha.

    — Quería tomar algo de aire fresco, eso es todo.

    — Mmm, ¿Sabes? Eres cool y eso, pero creo que no sabes mentir muy bien.

    — ¿Eh?

    — ¡Algo te pasa! Estoy segura de ello — Sofía negó sintiéndose un tanto incomoda por la presencia de la chica — Tal vez no quieras hablar ahora, pero ¿Sabes algo? ¡Siempre es bueno tener a alguien para esas cosas!

    — Ya veo — recordó las palabras de Adrien, que este mundo nadie estaba solo.

    — ¡Y por esto creo que es el destino que tú y yo nos encontráramos aquí!

    — ¿Destino?

    — ¡Sí! Creo que es el destino encontrarme contigo ¡Justo como cuando Nana se encontró con Hachi! — la chica sonrió — ¡Es perfecto! ¡Yo seré tu Hachi y tu mi Nana! — Sofía soltó una pequeña risa.

    — Pero no nos conocemos.

    — ¡Entonces quiero conocerte! — La peli turquesa tomó con fuerza las manos de la asocial quien aún no salía de su asombro.- ¡Déjame ser tu amiga!

    — “Amiga… ¿eh?” — pensó —Vamos más despacio, ¿Quieres?

    — ¡Entonces quiero ser una conocida! Ya sabes, al menos para hablar de cualquier cosa. ¿Qué te gusta? ¿Te gusta la ropa punk, verdad? ese estilo tan salvaje y loco es genial, aunque no creo que me pueda poner chapas o tintarme el cabello como lo tienes ¡Pero sé que algún día me pintare un mechón! ¡Si, un mechón! Y será el mechón mas genial que hayas visto


    La asocial se quedó mirando a la vivaracha chica, esa sonrisa tan inocente le provocaba ternura. La guerra le mostró el lado más cruel y horrible de las personas, incluso de ella misma, pero ver a esa muchacha preguntarle de manera tan dulce si podía ser su conocida le hacía ver que en este mundo, aún existía gente que podía iluminar esa oscura noche.

    — Vale, al menos empecemos presentándonos. — Sofía le extendió la mano a la vivaracha joven — Me llamo Sofía. Mucho gusto.

    — ¡Soy Aliki! ¡Mucho gusto, Sofi!

    — ¿Sofi?

    — ¡¿Ah?! ¿Es muy temprano? No te diré así si no.

    — Está bien — respondió — Puedes decirme así.

    — Dime, Sofi ¿Dónde estudias? ¿En qué grado estas? — Sofía parpadeó un par de veces tratando de digerir las preguntas que le hacía.

    — Durkhein, segundo grado.

    — ¡¿Eres mi senpai?! — gritó con fuerza haciendo que las personas que estaban en su mismo vagón miraran raro a la pareja de chicas. — ¡Que genial!

    — “¿Senpai? Por qué me recuerda a alguien” — pensó para sí misma viendo la imagen del moreno sobre Aliki. — No es la gran cosa, vamos.

    — Aunque si eres mi senpai entonces te podría ver en los pasillos del colegio. Te iré a buscar entonces para invitarte a comer algo.

    — Tiendo a ser un tanto invisible — confesó Sofía — Pero si me quieres invitar a comer algo apreciaría el gesto.

    — ¡Genial, entonces nos veremos en!

    — Eso, si me encuentras primero —Agregó. A lo que la muchacha tomó aquello como un desafío.

    — ¡Soy muy buena en las escondidas! ¡Ya lo veras, te encontrare en un dos por tres!

    — Entonces inténtalo.


    La asocial no sabía en lo que se metió al entablar una conversación con aquella hiperactiva chica, pero esa noche fue un encuentro grato para ella. Al llegar a la calle Guayaba la asocial se vio en la necesidad de subir nuevamente por el techo de la casa de Kristina. Antes de saltar a su habitación, la joven observó las estrellas tan brillantes en el cielo nocturno. Aquel panorama hermoso, más cuando sus ojos se abrieron cuando una lluvia de estrellas caía sobre el firmamento.

    — “Realmente tenía razón…las estrellas son hermosas”

    Levantándose del tejado la muchacha se escabulló nuevamente por los barandales, saltando hacia la ventana de su cuarto. La argentina salió de inmediato viendo a la asocial entrar por la ventana de aquella casa, como si fuera una viejita gruñona, Kristina le gritó a la chica.

    — ¡Y la conchuda seguía en mi techo!

    — …¡Lo siento!


    La noche continuó su curso, aunque la muchacha aun no podía dormir, su único consuelo fue ver los astros que estaban en el firmamento, y así se quedó, mirando desde la ventana de su cuarto aquel cielo nocturno.

    [​IMG]

    [****]
    Segunda parte.

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    Última edición: 7 Nov 2018
  9. Ice

    Ice ﴾͡๏̯͡๏﴿ O'RLY?

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    Un cielo partido en dos que daba señales de dolor y pérdida mientras el corazón de un muchacho partía a otra realidad junto al de su amada que veía perecer en sus brazos. Gritos de misería y de desolación lograron invadir corazones ajenos a la tragedia. Independientemente del bando, de los ideales, todos los presentes estaban unidos por un gran amor que se verificaba en las cabezas de ambos bandos, una muerta y el otro vivo. El fin de la caída, pero a la vez de una muchacha que logró salvar a un jovencito perdido en la oscuridad y que ahora partía dejándolo en este mundo que odió. A pesar de la lejanía, Reiji sintió que algo cayó de su mejilla, era una lágrima que el mismo no creyó poder expresar, se sostuvo con un dedo aquel invasor cristalino que se resbalaba por su mejilla.

    “Llorar... que acción tan ineficiente...”

    Se la sacó, pero salieron más, y notó la mirada de la rubia en él.

    —Chino... ¿Estás llorando?

    —No. Es culpa de un escombro de la explosión —dijo, mientras salían más —. Culpa de... los escombros...

    El varón continuó sosteniendo el cuerpo de su amada, mientras erguía su mirada al cielo que lloraba. Hasta que la tormenta de la desolación se arremetió contra todos, el destino ahora incierto, aunque... ¿Alguna vez fue cierto en aquel basto viaje?

    Estrellas...

    Muchas estrellas...

    El espacio era un territorio que aún no había sido descubierto y sin embargo, ahora yacían en él sin necesidad de respirar ni de gravedad. Mientras la voz celestial les daba la bienvenida a otra realidad infinita. Ver a sus amados amigos, enemigos o jefes avanzar en aquella vida que se veía más lejana que nunca. Reiji extendió su mano, queriendo tocar las pantallas, viendo como los nerds habían progresado y el subordinado mayor era el rubio de facciones tiernas.

    “Eres insuperable Lancelot-san, como subordinado, tú siempre fuiste el número uno”



    .
    .
    .


    Me pregunto... ¿El mundo nos odia?

    Nos lleva al paraíso y luego nos arrebata a los más profundos abismos del infierno, como una tortura kármica que se materializó en tumbas que tenían nombre de gente amada. Tan solo a unos centímetros de llantos, de sonrisas, de miradas llenas de esperanzas y ahora... eran cadáveres. Me pregunto... ¿Nosotros terminaremos igual cuando Toxic venga? Si ellos, sí, llenos de eficiencia, valor y gallardía no pudieron sobrevivir incluso con su innato talento, ¿qué nos quedaba a nosotros? No pude acercarme a ninguna tumba, por temor, por angustia, que mi rostro no expresaba. Al ver a los demás acercarse a ellos y dejar flores yo sólo quise retroceder, escapar... porque ellos, al menos perecieron en el Nexo que amaron. Yo me quedé aquí, desamparado en un espacio-tiempo que no era el mío. Alivio. En el fondo todos sentían eso.

    Yo no.

    No lo sentía.

    Este no era mi tiempo.

    —¿...Habrá alguna forma de regresar? —pregunté suave, recibiendo las miradas confusas de mis, ahora, aliados.

    —¿Perdón...? —Barbara pareció confundida —. ¿R-regresar?

    —A-Al pasado... no quiero estar aquí... no... yo... esto no es justo.

    —Reiji... —susurró ella, para luego poner su mano suave y cálida que temí que me hiciera explotar pero tan sólo me dedicó un suave revoltijo en mis hebras —. Estás en tu hogar, en tu tiempo, fuera de la guerra, y donde está la gente que amas.

    —¡Aquí no está la gente que amo! —retrocedí, recibiendo miradas y algunas exclamaciones —. Quiero irme. No quiero estar aquí.

    “Irme... ¿A dónde?”

    —Es aceptable, quizá estés muy cansado y quieras regresar a casa —me comprendió. Barbara era dulce, eso era innegable, incluso si en el pasado fue una figura que causaba terror —. Ryrio... John...

    “¿Casa...?”

    —Sí, bruja, tienes razón —completó el tiburón, asintiendo —. Te llevaremos a tu hogar.

    “¿Hogar...?”

    Salí del Nexo, nada ni nadie me importó, no me despedí de ninguno de mis presuntos aliados, tan sólo me sentí extranjero. En mi propio hogar. Las calles las conocía, conocía los letreros del barrio asiático donde sabía que vivía, la dirección de mi casa, e incluso reconocería al hombre que diría que es mi padre, pero me sentía atrapado en un sueño. Sostuve mi mochila y me detuve cerca a una casa, y le di un puñetazo a la pared de ésta. Estaba furioso, enojado por no tener la opción de quedarme y recibir el “regalo” de estar en esta realidad donde las risas y la banalidad llenaba a cada persona que miraba a mi alrededor. Me daban asco.

    —Eso fue... real... yo... debo saber qué soy ahora, mañana...

    Mis murmuros internos acabaron cuando llegué a mi morada. Lo sabía, a lo que sería llamado mi hogar. Abrí la puerta, quitándome el calzado, como decía mi cultura. Entonces noté que una fotografía me recibió apenas entrando: Mi madre.

    “Lo único que realmente podía decir que era parte de mí. Nunca ajeno”

    Le dediqué una oración.

    Madre mía...

    Protege a toda la gente valiosa de la caída que reencarnarán junto a ti.

    “Reiji”

    Esa voz. Me dirigí a ella, me guió al estudio donde mi progenitor trabajaba, mis pasos no se sintieron por la carencia de calzado e intercepté a un hombre. Nuestras miradas se juntaron por un largo rato.

    —...

    —...

    —¿Te encuentras bien? —él estaba sentado, haciendo unos apuntes mientras se quitó a un felino oscuro.

    [​IMG]

    —Boss... —Recordaba a mi gato y lo sostuve.

    —Pensé que era un gato que había entrado a la casa.

    —Lo traje yo.

    —Tener mascotas es complicado.

    —Me sentí solo.

    —Ya veo...

    —...

    —...

    —¿Tú eres mi verdadero padre?

    —¿A qué viene esa pregunta? Es bastante extraña.

    —Yo...

    —Actúas extraño.

    —Supongo que echo de menos muchas cosas —Eso era cierto. Las vivencias de la caída, que sentí realmente mías estaban en mi cabeza.

    —Yo también.

    —Uno no puede olvidar tan rápido las pérdidas.

    —Entiendo a qué te refieres —confesó, ¿en serio me entendía? ¿Él? ¿Qué siempre consideré alguien sin emociones? —. Reiko dejó algo imposible de colmar. Entiendo que eches de menos a tu madre, yo echo de menos a mi esposa y mejor amiga.

    —Ah... eso... supongo que... ¿sí?

    —Supongo que es un tema que ambos hemos esquivado, pero inevitable de afrontar tarde o temprano.

    —¿Algún consejo? —Mi padre levantó una ceja, mi comportamiento asertivo le sorprendió, pero suspiró pesadamente antes de regresar a sus documentos.

    —Continúa trabajando, no tenemos tiempo para recordar cuando ese tiempo sirve para hacer dinero.

    Ni siquiera me sorprendí de que estuviese en casa ahora y no en su trabajo, ni su respuesta tan arisca. Él era así, por algo era un sujeto tan despreciable, escuché algunos lamentos mientras se sostenía la espalda, pero lo ignoré, y decidí ir a mi habitación, pero su voz me detuvo. Esperando la clásica reprimenda sobre apagar la luz para ahorrar electricidad.

    —Gomenasai.

    —¿Eh? —me detuve.

    —Por no tener dinero suficiente para... salvar a tu madre.

    —...¿Otou-san...?

    —Pero eso ya no ocurrirá nunca más.

    “El pasado no se puede cambiar, pero el presente es un proceso el cual uno puede constante alterar”

    Silencio. Eso nos llenó a ambos.

    Él era mi verdadero padre.

    El que odiaba.

    El que me estaba esperando.

    Este era mi hogar.

    —Traeré honor a casa y a nuestra familia, otou-san —le dije, solemne.

    —Reiji...

    —Por mamá...

    —Por Reiko...

    Ambos amábamos un pasado que nos abandonó y que no podríamos jamás recuperar ni regresar.

    Ese hombre y yo nos parecíamos mucho

    Me tiré a mi cama, luego de pensar en eso, busqué en mi habitación albumés fotográficos, hallando fotos de mi padre, mi madre y yo.

    “Gracias Psyche... por fin ahora pude comprender a este hombre desconocido”

    Y sin embargo...

    Aún me pregunto... ¿Dónde estoy?

    No dormí, sólo vi fotografías de un pasado que no regresaría, tal como esos días en la caída.

    AmakiAmaki
    TaKaTaKa
    LeoLeo
    zXArtemisXzzXArtemisXz
    Velvet.Velvet.
    AhkilendraAhkilendra
    CorventCorvent

    Algo corto en lo que mando a arreglar mi pc <_< no sé cuanto tardará y no quiero no postear en esta fase.
     
  10. Ahkilendra

    Ahkilendra Beep, beep im a sheep!

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    Rise and shine.

    La noche fue algo más benévola con la lisiada. Su mente había navegado a un escenario plancentero:

    Estaba en medio de un valle extenso con varias hileras de sillas blancas, en medio una alfombra roja cubierta con petalos de flores y cuyo fin era un altar. Ella avanzó confiada y alegre viendo que tenía un ramo de flores en su mano y en el aire resonaba una melodía hermosa. El tiempo no existía en ese lugar y en el momento que llegó estuvo sola hasta que escuchó los pasos y encontró al novio vestido de blanco y por su contextura parecía de buen físico aunque no le vio el rostro. Se sentía feliz ¿al fin estaría con el mexicano? El hombre tomó sus manos y sintió un salto en su corazón, sus ojos cerrados y sus labios acercándose hacia quien le acercaba a él y en su curiosidad extasiada la novia abrió sus ojos hallando algo que retorció su rostro:

    —¡Ay, Ché!

    Un Anubis sonriente la tenía tomada de la cintura con sus fuertes brazos mientras trataba de liberarse y apartar su rostro de las lamidas del ser que le recordaba a cierto individuo. El forcejeó en su mente era reflejado en su cuerpo que finalmente cedió. La argentina abrió sus ojos escuchando el ringtone de alarma de su celular.

    [***]

    Se levantó como pudo, gruñendo de vez en cuando y tomando su dispositivo móvil para darle una leída al Heraldo de Letzenburg y hallar un pop-up, en medio de la lectura que hablaba sobre noticias de farandula,un consejo de su aplicación obligada en los celulares de Centro: Positivin.

    “Una mente dispuesta a lo bueno, llegará al éxito. Se positiva”

    Tenía que despertar y moverse. Si se quedaba quieta Consuela iba a despertarla y no tardó en escuchar los golpes de la puerta de su habitación, pero había algo. No eran los potentes acompañados del grito de Consuela sino un ritmo corto seguido por silencio. Agarró un palillo de Kebab pues podía ser un ladrón, pero también el nuevo hombre en su casa: Xavi. Lentamente abrió la puerta pero fue empujada, a poco y cae pero se mantuvo lo que si es que la sorpresa en su rostro no se quito.

    —¿Se…?

    —Sean.

    Hubo un silencio entre el séptimo y la novata. La última no sabía que pensar, pues lo único que sabía de él era lo que había visto en la interrogación con ese cara de perro y con John, ahora que lo pensaba siempre había visto que estaba acompañado por ese sujeto.

    —Te ves sorprendida.

    —Sí, no me esperaba verte aquí —Esperaba que no fuese algo de los números.

    —A partir de hoy viviré en tu mismo techo.

    Su declaración no tardó en hacer click en la Rio de la Plata:

    —¿Xavi es tu…?

    El albino asintió.

    —Vaya.

    —Entiendo…—contestó con sus brazos cruzados —tener a alguien desconocido en tu hogar es…

    —¡No! —le interrumpió la argentina— Sólo me sorprendió. Consuela estará feliz contigo, es bastante efusiva con sus niños por así decirlo y…

    —¿Aggretsuko?

    —¿Eh?

    —Tu Pijama.

    La argentina bajó su cabeza alzando sus cejas:

    —Ah, con que ese era el nombre de esta mona china —dijo tomandose sus prendas —Se veía linda y la compré por e-bay en el verano.

    —Ven a la mesa.

    El séptimo se marchó hacia el pasillo dejando a una argentina confundida. Sabía que Xavier tenía un hijo, a lo menos por lo vivido en el viaje con el Bambi y con lo dicho por Consuela, pero que fuese un número. Podían vivir bajo el mismo techo, pero eran extraños el uno para el otro. No sabía si le había agradado sus respuestas, pero por lo menos intento. Se notaba por su forma de expresarse que estaba lejos de estar ser alguien del Barrio Guayaba y aún así ahora vivía en su techo.

    Quizás estaba sobre pensando las cosas. Se marchó al baño, se aseó y una vez que estuvo vestida se acercó al comedor y en ese momento pensó que estaba en ese show antiguo llamado “La Zona desconocida” Se retiró un momento.

    —Tranquila…no es verdad.

    Nuevamente miró con cuidado y halló que estaba ante una mesa de desayuno de marcado contraste. En una parte había un joven de cabello blanco comiendo ensaladas de diversos colores y a su lado una muchacha pelirroja que devoraba choripanes con chimichurri en cantidades que un ser humano común no podría soportar, está en ocasiones le daba golpes cariñosos en el hombro al joven tranquilo y mientras tanto un Anubis observaba la situación bebiendo una taza de café ¿cómo podía comer algo con esa mascará puesta? Ni yo que relatos estos eventos poseía respuesta a tal pregunta. Desde la cocina una mujer iba a de un lado a otro con ademan animado trayendo y dejando platos como besos en su amado. Qué curioso, estaba feliz de ver a Consuela animada aunque ella estaba algo desanimada por el sueño pero ¡FIVE! Entre todos los sujetos que habían en el planeta tierra, siete mil millones de personas repartidas en cinco continentes y justo en su cara él ¿en serio?

    Suspiró y se animó a mostrar una sonrisa mientras tomaba asiento siendo este corrido por la muchacha pelirroja que le recibió efusivamente mientras le daba de comer un tomate cherry a Sean quien hacia el rostro a un lado.

    —No me des comida, yo ya soy un hombre adulto.

    —Nunca dejarás de ser mi hermano menor, no importa cuántos años tengas —respondió esta limpiándole un poco de tomate cherry con una servilleta. Cosa que no ayudaba a que el rating de la aprobación de Xavier a su hijo aumentase lo que se expresaba en la mirada del padre decepcionado remarcada por las hojas del heraldo de Letzeburg que leía el nuevo miembro de la casa.

    —Debo admitir que este barrio es peculiar, pero

    —Ah, Adalgio, eres como el hijo que nunca tuve.

    —Estoy aquí, padre.

    Hubo un breve silencio interrumpido por el degusto de Clover del choripan.

    La mirada de Xavier se desvió lentamente hacia su progenie

    —Lo sé…— y luego hacia el hombre con la mascará canina —y como te decía: tú tienes todo lo que desee.

    Kristina, discretamente se había pellizcado. Estaba tensa, pues podía pasar por la impresión de tener nuevos miembros llegando en masa a su vida apacible lo que era entendible para quien le observase, pero sentía el contraste de tener a dos miembros de lo que en su mundo secreto eran fuerzas especiales y con un pasado algo loco. Escenas de la primera interrogación pasaban por su cabeza.

    —¡KRISTINA!

    La argentina casi saltó de la silla ante la voz de Consuela.

    —¿TE PASA ALGO MI NIÑA?

    Negó.

    —Nada, sólo que estoy sorprendido y…

    —¡Ah, es normal estar sorprendida, Consuela! —Dijo la que era la zorra afortunada sosteniendo el cuello de la lisiada, ella sintió el deseo de saltar pero la fuerza de la pelirroja se lo impedía —Yo soy Clover y él mi hermanito: Sean. Tu rostro me recuerda a alguien pero conozco a mucha gente así que no logró captarte bien pero tienes buen rostro. Te ves para comerte —su sonrisa mostró su dentadura

    —Aaaaaah, gracias.

    —CIERTO MI NIÑA, SIEMPRE HE DICHO QUE A MI POLLITA LE FALTA MÁS PERSONALIDAD.

    Adalgio, quien leía un periódico soltó un leve carraspeó veloz, ocultando una risilla socarrona.

    —¡Consuela! —La argentina se tapó con Sun-Hee. El aroma de ella le recordaba un tiempo y un mentor y luego la mano de la boliviana restregándole los cabellos le hizo sonrojase más.

    —La interacción de los muchachos con otros suele tener a la vergüenza como parte —comentó Xavi alzándose de la mesa —Yo debo ir al trabajo.

    Consuela se detuvo a su lado dándole un beso y un guiño. Pues tenía otra clase de menús especiales para dos personas.

    —¡Yo estoy lista! —Clover se marchó no sin antes llevarse unos choripanes que les escurrían el chimichurri— Mi banda me viene a buscar. Chao hermanito, chao hermanita nueva, chao consuela, chao viejo.

    El europeo alzó su mano en gesto de despedida. Ahí iba su hija.

    Sean también se alzó y el canino le hizo una seña de esperarle afuera.

    —La comida estaba deliciosa, Señora —comentó Adalgio acercándose— Puedo ayudarle con esto.

    —AH, TAN JOVEN Y TAN EDUCADO —La mujer tomó los platos —NO TE PREOCUPES, VE A CLASES, OJALA HUBIESEN MÁS HOMBRES COMO TU.

    Kristina intentó sutilmente levantarse de la mesa. Esto era real pero a la vez no era real. Conflictaba en su mente la realidad que había vivido con la caída, Adrien y Coreano y si bien deseaba volver a su hogar no se sentía aún “en casa” era extraño. Querías volver a tu casa, pero tenías una idea de que esta se mantendría fija y en un momento para ella ¡Plaf! Todo había cambiado en un siantiamen y ahora en su mesa comía gente que nunca había conocido, creido conocer y que no quería conocer. ¿Acaso no podían parar el mundo? Pues deseaba bajarse por un momento y sopesar lo ocurrido y

    NO.

    Apenas pudo tomar la mochila y las muletas antes de ser llevada por Five hacia afuera. Una vez que Clover y Xavier habían marchado. En la puerta de la casa le esperaba dos hombres que había visto en un interrogatorio uno tan distinto a otro. Adios normalidad, suponía que desde que adquirió el titulo impopular la palabra: Normalidad era incompatible con su nuevo estado.

    —Kero…

    Maeve estaba en su bufanda y quizás su croar le tranquilizaba.

    —Piensen mientras caminan, Rebaja de idiotas.

    Si, seguía siendo el mismo.

    El que estuviese entre dos hombres no le hacía sentir muy cómoda. Una parte de ella deseaba estar al lado de uno pero éste parecía tener ojo para gente algo más ¿crecida?

    —Ché ¿va a golpearme? —susurró a Sean.

    —Sólo si haces o piensas algo estúpido así que: si, te golpeare y te dolerá mucho.

    —Déjala.

    —No, tiene que saber la verdad.

    Five le miró de soslayo a ambos y soltó una risa falsa.

    —¿Vas a jugar a ser el protector de esta estúpida invalida? Verdad, eso se da tan bien.

    Sean estaba acostumbrado a estas respuestas sardónicas de parte del número cinco, pero la argentina no entendía que clase de relación tenía. Ni quería preguntar mucho, la cosa de estar entre ellos dos era como extraño de por sí.

    Kristina pensaba que en este día Positivin se había emborrachado, pues su predicción había sido equivocada: No importa si tenias un set de mentalidad positiva, la vida se iba a encargar de darte vuelta la tortilla. Ahora era parte de una familia atípica.

    El trió tomó el bus que llevaba a la academia y descendieron. El duo se adelantó a ella, pues la argentina se había quedado mirando el lugar donde todo había comenzado para ella quizás hasta que…

    —Pero miren nada más, una lisiada.

    —Chicas, quisiera darles euros pero en verdad hoy no ando de humor ando con el periodo y cosas como esas así que podemos pasar…

    Su comentario terminó en el lugar que entes como ella estaban destinados: el basurero.

    —Más te vale tener dinero para mi almuerzo. No me importa si se lo tengas que pedir a tu Nandito.

    —O Tus Nanditos.

    Todas las chicas del grupo se rieron dejándola allí y haciendo comentarios como: facilona, estúpida y lisiada. Si, este era su lugar pero por primera vez no se sentía mal. Había visto cosas peores en este tiempo y un lugar de desechos no era tan malo, bueno era repugnante y había la chance de encontrar cosas que te hacían preguntarte si valía tener fe en la humanidad pero no era tan malo. Ella misma era una basura, pero dorada. ¿Por qué no le puso a la caudillo un puñetazo entre sus ojos? Quizás no lo merecía o no valía sus energías.

    —Bueno, ¿Qué podría salir mal?

    La argentina salió del contenedor de basura, pero fue ayudada por una mano.

    —Hey.

    —Hola, vi que esas chicas te hicieron mal y quería ayudarte. Aún tengo el sabor del alfajor en mi boca.

    —Tú…

    La sonrisa de un rostro con vendajes y raspones le ayudó a levantarse. Le había traído las muletas que las chicas le habían quitado y tirado para lanzarla a la basura.

    —Gracias.

    —Quería agradecerte por esos alfajores.

    —¿Cómo te llamas?

    —Aliki.

    —Kristina.

    —¡La maldita lisiada!

    —¿Eh?

    —Disculpa, es que los chicos te dicen así —la muchacha enérgica se rascó su cabello con una sonrisa apologética.

    —Je, Supongo que mi fama me precede.

    —Tú eres de la que habla el chico progeria. Sabes Tim te quiere siempre habla de ti.

    —¿En serio?

    —Sí, dice que tienes vivencias únicas.

    La lisiada miró hacia un lado soltando una risa burlona que escondía algunas lágrimas que salieron de sus ojos mientras mascullaba palabras contra el progerioso. ¿Qué cosas no le habrá dicho de ella a sus compañeros? Hoy se sentía como una montaña rusa en sus emociones.

    —¿Quieres un clinnex?

    —Ah…¡No! Gracias, si, pero no. Sólo ando en mis días.

    —Ah, bueno todos tenemos días. Hey, las clases van a iniciar así que nos vemos.

    La helena dio saltos y tropezó, pero se alzó y continuó. Volvió a tropezarse, se sobó la rodilla soltando molestias en griego y luego continuó.

    —¡Hey!

    —¿Qué? —Aliki le miró.

    —Si queres alfajores, sólo ven y pedimelos, Piba, puedo hacer para ti.

    —¡Claro, ven a clases o estarás atrasada!

    Claro, clases. Si, porque su vida no era ser una especie de combatiente en un conflicto de sobrevivencia. ¡Era estudiante! Y ahora tenía clases y entre todos le tocaba con nadie menos que el señor Peterson.

    —Vamos, piba, ni que estuviese quemada.

    —Kero.

    —Aggh, Cashate, Maeve.


    AmakiAmaki
    TaKaTaKa
    IceIce
    LeoLeo
    zXArtemisXzzXArtemisXz
    CorventCorvent
    Velvet.Velvet.
     
  11. Velvet.

    Velvet. I challenge my fate!

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    La mañana siguiente no fue la mejor para la pequeña fantasmita. Aunque se escapó durante la noche y conoció a una animada chica en un curioso recorrido de tren, las responsabilidades como estudiante e impopular seguían vigentes en su vida. El aroma del calentado de su madre y los gritos de Consuela fueron suficiente para traerla de vuelta a la realidad. La muchacha mantenía una mirada cansada sobre el espejo de la sala mientras trataba de arreglar el lazo del uniforme, Luz acosaba a su hija que se moviera pues le iba a coger la tarde, pues según ella, parecía ser que a Sofía se le pegaron de manera literal y figurativa, las sabanas.

    — “Y pensar que todo esto inició hace tres días” — Su reflejo en el espejo mostraba a alguien diferente. Aquella chica que fue hace tiempo hacía un enorme contraste con la persona que fue antes de iniciar su vida como impopular. — “¿Hice un cambio en mí?” — Suspiró, tal vez si, tal vez no, pero debía avanzar para averiguarlo.

    Luego de arreglar su uniforme, Sofía se despidió de su madre yéndose nuevamente para el colegio, en donde todo estaría normal, justo como lo dejó. Como siempre, la muchacha pasó desapercibida al entrar al salón de clases, no obstante, antes de sentarse en su pupitre recordó a quien tenía de frente. Suspiró, no sería sabio sentarse a su lado luego de lo ocurrido.

    — “Creo que es lo mejor” — Dejando aquel puesto de lado se sentó a uno libre cerca de la ventana.

    La clase de Ciencias transcurría con relativa calma aunque la mente de la colombiana no prestaba atención pues se encontraba cabeceando en su puesto por la falta de sueño haciéndole imposible enfocarse en la explicación de la profesora Cici, por lo que poco a poco fue sucumbiendo a Morfeo, apoyándose en el pupitre quedando dormida hasta pasarse la primera hora de clase. Sus ojos se abrieron y su mirada se enfocó ahora en un nuevo acompañante que se encontraba frente suyo. Talló sus ojos un par de veces antes de ver al joven moreno quien estaba completamente agitado.

    — ¿Chucho?

    — ¡¿Ah?! — gritó el moreno como si hubiera visto al mismísimo diablo, al voltearse se encontró a la fantasmita detrás suyo. — ¡Virgen, santísima! ¡Casi me matas del susto, werita!

    — Ruido…haces ruido — bostezó. Luego lo miró con ojos perezosos — ¿Mala noche?

    — …Si — suspiró — No importa, estoy acostumbrado a desvelarme.

    — Yo…no —y de nuevo bostezó — No te vi en la primera hora…seguro fue por eso.

    — Si — Mintió — Me quede dormido en el transporte y termine dándole la vuelta a toda la ciudad.

    — Yo no sé ni cómo me mantengo de pie. Es difícil volver a la normalidad luego de todo esto. — Y volvió a bostezar — Chucho…yo— poco a poco el sueño le ganaba a la muchacha cayendo rendida sobre su pupitre.


    [****]


    Era difícil adaptarse a la vida de estudiante luego de pasar tantas cosas en la guerra, pero había que avanzar aun si la normalidad fuera tan aterrante. Sofía miraba a cada estudiante que se cruzaba, chicas porristas pintándose las uñas mientras hablaban cuál de los chicos de la clase era el más guapo, los deportistas que planeaban su más grande logro para la virtud de la escuela, un sinfín de rostros variopintos que demostraban que tan frágil era su mundo y como de un momento a otro dicha felicidad se podría romper, luego se vio a sí misma, era la escoria y lo más bajo de la cadena alimenticia pero ahora no le molestaba el hecho de ser lo que era, una perdedora, porque creía que ella podía escribir su propia historia, tal y como lo dijo Adrien. Aunque cada historia tiene sus tropiezos y dificultades. El equipo de futbol americano pasó corriendo en medio de la cafetería lanzando aquel balón como si estuvieran en pleno juego, ignorando el hecho de que se llevaron a rastras a la colombiana, quien solo pudo ver frustrada como su bandeja de comida quedó desparramada en el suelo. Esperaba volver a comer la sorpresa especial luego de tanto tiempo que verla tirada en el suelo le partía el corazón.

    — “Mi sorpresa especial” — su tristeza era enorme, pues ahora veía como aquella plasta amarilla le crecían patas, levantándose del suelo y alejándose rápidamente de la chica quien trató de agarrarlo con un tenedor. — “Supongo que comeré otra cosa”

    Luego de limpiar aquel desastre, Sofía caminó como si fuera un zombie hasta una máquina expendedora. El menú: papitas, galleas dulces, integrales, saladas, jugos y una lata de milo. Sofía pensó un momento en irse por su bebida favorita, pero optó por algo que necesitaría para pasar el día: un Monster. Colocando el dinero en la maquina la muchacha esperó un momento hasta que esta soltara el producto, fue mala su fortuna al ver como a segundos de caer la lata se quedó atascada.

    — “¿Es una broma?” — bufó golpeando una y otra vez aquella maquina ladrona esperando a que el ruido no atrajera a nadie. Dio un par de miradas a su alrededor y una vez comprobado que no habían monos en la costa golpeó con una patada la maquina haciendo que la lata de Monster cayera sobre el dispensador.

    Era la primera vez que tomaba una bebida energética, el sabor dulce y refrescante invadía su lengua y garganta mientras tomaba con fuerza aquella lata. No sabía en lo que se estaba metiendo, pero poco a poco su cuerpo comenzaba a sentirse más despierto, pero su corazón latía a mil por hora, una sensación que le daba miedo.

    — “Espero que no me mate”

    Las clases aun no daban inicio debido al receso, por lo que Sofía decidió ir a buscar a Kisa para preguntarle sobre la manera en la cual podía pedirle una cita al psicólogo escolar. Su mente aún era un desastre por lo que seguramente un par de sesiones le ayudarían a equilibrar un poco las cosas dentro de ella. Esperaba a no molestarla pues al encontrarla en la biblioteca parecía estar tan sumida en sus estudios que nada ni nadie parecía perturbarla. La muchacha notó el cambio tan evidente de la deprimida, pues la primera vez que la vio ella tenía el cabello largo.

    — Disculpa, Kisa— Sofía trató de llamar la atención de la muchacha quien se encontraba tomando apuntes en su cuaderno — Gild me mandó a hablar contigo sobre un asunto. — La mirada de la albina se dirigió a la chica de segundo. — Hola.

    — Sofía Rodríguez…Si, el señor Gild me dijo que te hiciera una cita con el Doctor Barini. — La muchacha sacó una agenda de su mochila, revisando las fechas en las cuales el doctor podía atenderla — Hay espacio preparado para la próxima semana. ¿Te parece bien?

    — Si, así está bien — la muchacha anotó el nombre de la chica en la libreta. Sofía suspiró aliviada, tenía un asunto menos que resolver.


    Luego de agradecerle a la chica, Sofía se retiró sin hacer mucho ruido de la biblioteca pues no quería molestar más a Kisa en sus estudios. Mientras que caminaba en los pasillos de la escuela, la colombiana no tardó en escuchar el sonido de una guitarra resonar por los pasillos.

    Atraída por la música Sofía se escabulló entre la multitud que se formaba cerca del lugar de donde provenía la melodía. No tardó en reconocer la voz y el nombre que ovacionaba el público improvisado ya que deseaban ver en práctica a la rock star de la academia. Sofía no tardó en levantar sus manos y moverlas al ritmo de la canción que tocaba Clover mientras ella se movía a través del escenario de su club con maestría y elegancia, demostrando que la pista le pertenecía a ella sola. Definitivamente Sofía estaba encantada en la manera que Clover manejaba aquella guitarra y se alegraba mucho de que no haya perdido el estilo con el pasar de los años.

    — ¡Graciaaaaaaaaaaaaaas, Durkheim! — Clover hizo una reverencia un tanto dramática haciéndose ganar aplausos, bragas y boxers de algunos de los estudiantes que allí estaban. No obstante, la sola presencia de Sor María en los pasillos hizo que la muchedumbre se disipara como humo.

    Sofía suspiró aliviada pues camuflándose en el ambiente logró escapar de la mirada penetrante de la monja. Luego de pasar el susto la fantasmita echó una miradita al club de música en donde los miembros de la banda afinaban sus instrumentos. Allí, la mirada de Clover se cruzó con la suya haciendo que la animada ex otaku se acercara a ella.

    — ¡Hola! ¡¿Te gustó la canción?!

    — Sí. Bastante movida la práctica. Realmente dominaste la pista.

    — ¡Gracias! Adoro que los chicos vengan a escucharme. Por cierto, ese estilo es bastante salvaje. Cabello cortó y extensiones de colores ¡Debes llevarme a ese estilista! — comentó con energía la muchacha. Sofía sencillamente negó un tanto apenada.

    — No es nada del otro mundo — la fantasmita recordó aquella sesión de belleza que tuvo con Clover durante la fiesta de Mario — Esa personita dijo que me quedaba bien, en vez de tenerlo largo y en coletas. Dijo que era aburrido.

    — Oh, por favor, ese estilo es para mojigatas — respondió la zorra afortunada — En fin, me alegro que te hayas quedado a escucharnos. ¡Es bueno saber que estamos teniendo tanto apoyo!

    — Lo han ganado — sonrió — Todos ustedes.

    — Awww, que bueno tener una fan así como tú.


    Era genial ver que Clover seguía tan radiante como siempre y que su música sonaba con igual fuerza en la escuela a pesar de los años. Al despedirse de la cantante, en el pasillo se encontró con el portero del nexo, quien aún se encontraba rockeando en la sala de su club. Al ver a la muchachita pasar el cubano se acercó a ella con su despampanante energía.

    — ¿A que no es grandiosa mi musa? — John rodeó su brazo sobre el de Sofía quien se quedó mirándolo por unos segundos.

    — ¿La conoces?

    — ¡Pues claro! Desde que entre a este mundo ella ha sido mi más grande inspiración. Puede que no sepa que estoy a su lado, pero soy su caballero silente que en las noches busca protegerla.

    — Suena canción de bachata — comentó Sofía recordando una melodía que sonaba en el barrio de su casa mientras se dirigía al colegio.

    — Como superman le mostraría el universo — John inició a bailar aquella melodía tomando a la colombiana como pareja quien se sorprendió por el acto — Y si alguien te pregunta por tu héroe favorito, dile que soy yo.

    — Bobo — golpeó ligeramente al cubano sobre su brazo soltando una risilla — Pero enserio ¿No te molesta? Prácticamente estas al lado de la pared.

    — ¿Molestarme? ¡Al contrario! Su música siempre me inspira a dibujar con mucha más pasión mi chama.

    — Entiendo, es bueno saber que ella siga inspirando a la gente. Por cierto, John — Sofía colocó un rostro serio — ¿Cómo va con la explosión? ¿Saben algo del culpable?

    — No. De hecho, los jefazos están sobre mí pidiéndome explicaciones sobre todo lo ocurrido.

    — ¿Incluso lo que pasó con el nexo? — asintió.

    — Pero este nene saldrá a delante, ya lo veraz. — Sofía lo miró preocupada, a lo que el cubano soltó una sonora risa — ¡Relájate! No me va a pasr nada, mae, ya verás.


    Despidiéndose del cubano la colombiana siguió caminando por los pasillos del colegio entrando a lo que era un salón un tanto vacío con varios artículos del periodo. Sofía se quedó mirando durante unos instantes a la presidenta quien dormía plácidamente ya que al igual que todos pasó una mala noche.

    — Te traje las fotos, Llun. — la imponente voz del escualo logró despertar a la irregular de su siesta dejando caer una pila de periódicos al suelo. Sofía no tardó en ayudar al igual que Ryrio a ordenar el lugar. — Si te vas a quedar dormida en el trabajo mejor cierra el club por hoy.

    — No…puedo Ryrio. Aún tengo un deber con presidenta — dijo bostezando entre palabras la irregular. — Hay que informar a los chicos sobre lo que ocurrió en la biblioteca. Se perdieron muchos libros y eso es algo que debemos informar.

    — ¿Cuántos lograron salvar? — preguntó Sofía. Ryrio levantó los hombros desinteresado.

    — No sabemos. De hecho, la bruja en estos momentos está haciendo el conteo.

    — Ya veo. —comentó Sofía. La muchacha dio una mirada al encabezado del artículo. “Explosión en la Biblioteca Saint Peter” — Solo espero que podamos recuperarnos de esto.

    — Mientras tanto, descansen todo lo que puedan. Tengo el presentimiento de que les harán una visita para preguntarles sobre la explosión. — ambas féminas no supieron a qué se refería el chico tiburón dándose una mirada confundida. — Por su bien, traten de no abrir demasiado la boca. Hay algunas cosas que son mejor mantener ocultas.

    — “La mentira irrompible” — pensó, pues no negaba que a veces la verdad podría ser demasiado para algunas personas. — Gracias, lo tomaremos en cuenta.

    — Más les vale. Poseen información valiosa, no vayan a abrir el pico— El escualo se retiró dejando a ambas chicas solas.

    — ¿Qué vas a hacer ahora, Llun? — preguntó, la rusa suspiró.

    — Continuar con el periódico. Es lo mejor que puedo hacer por ahora. Odio admitirlo, pero Allen hizo mucho más que yo durante la caída siendo irregular. Pero creo que aprendí algo de todo esto. Que a incluso, puedo hacer algo por todos ustedes.

    — Lo sé. Créelo o no hiciste mucho por mí en la caída.

    — Nunca dejar nadie atrás. Ese es el lema — la rusa se acercó a Sofía entregándole un par de chulos. La fantasmita se mostraba bastante sorprendida, pues no pensaba que Llun todavía tuviera esos accesorios.

    — Lo recordaste…No iba a decirte nada, en la guerra se pudieron haber perdido. Incluso yo me había olvidado de ellos.

    — Tengo buena memoria. Aunque te hayas cortado el cabello me pediste que los guardara.

    — Ja…gracias.

    — No hay de qu— Llun no dijo nada, solo se dejó llevar por aquel tierno abrazo de la colombiana. Gratitud y un cariño enorme hacia ella, era lo que podía expresar Sofía en esa muestra de afecto de alguien quien no se apartó de ella durante la caída.


    Pasaron las horas y el día transcurrió con normalidad. Aunque aún se moría de sueño, Sofía pudo aguantar la peligrosa clase del señor Peterson gracias al Monster que se bebió durante el descanso. Al sonar la campana de fin de día, los pasos de la fantasmita se dirigían hacia la salida de la institución. No obstante, a la distancia escuchaba una melodía estridente, pero con cierto toque romántico y melodioso. Al indagar más sobre el tema, la muchacha encontró a un chico con aura oscura, cuya alma estaba sumida en lo más profundo del abismo.

    — ¿Zacharie? — preguntó Sofía ganándose la atención del chico Darks quien le regaló una mirada de pocos amigos.

    — Larva, veo que recuerdas mi nombre.

    — Difícil olvidar a alguien que nos ayudó en el bosque — respondió.

    — Estas diferente —comentó el chico Darks señalando el color de su cabello — Parece ser que tu alma ahora está sumida bajo el caos.

    — ¿Gracias? — dijo, realmente no entendía aquella jerga tan extraña — Por cierto, Zac, esa canción realmente suena muy bien. ¿Alguna banda nueva?

    — ¿Dónde has estado todo este tiempo, Larva? — respondió con mala gana. — Son Pain Pain Pain, la banda más sonada de Letzenburg ¿Acaso solo escuchas música para morras simples?— Sofía ignoró el hecho de que Zac prendía un cigarrillo delante de ella pues estaba sumida en las melodías estruendosas de aquella banda.

    Grotesco rostro, labios vacíos que lanzan mentiras. Quiero que me digas una verdad que bañe tu boca del profundo rojo.


    Mia, te busco como aquel día con tu vestido rojo.
    ¿Dónde estás?
    ¿Dónde te encuentras?
    Todos son rojos por dentro, pero tu mi amor lo eras por fuera.
    Vestido rojo, guíame a mi Cenicienta, enloquezco, enloquezco y pronto me baño en ese rojo apasionad
    o​

    — Wow…suena genial. — comentó, pues no podía quitar de su cabeza aquella letra. Zac bufó mientras tomaba un bocado de aquel cigarro.

    — Se llama Red Dress…y ojala pudiera darle un vestido rojo a mi amada y enloquecer en ese rojo apasionado de sus labios.

    — Emm.

    — Mia, mi amada Mia.

    — Zac…

    — Algún día mi amor por ti te alcanzara. Y bañare mi boca en lo profundo de tus labios rojos.

    — Creo que lo perdí — Sofía se quedó escuchando el resto de la canción que sonaba en el celular del francés a todo volumen. Cuando termino, la colombiana miró al chico Darks quien volvió al mundo de los vivos para teñirlo de oscuridad nuevamente. — ¡Realmente suenan genial!

    — Hmp, veo que he hecho bien en enseñarte lo que es música de verdad. — Comentó el metalero soltando algo de humo en su boca. Sofía se acercó al francés colocando algo de música en su celular, Zac bufó poco sorprendido, pues ya escuchó a esa banda. — ¿Epica? Buen gusto, pero ya sabía de ellos.

    — No me refiero a eso, mira.

    — Esa canción. — Zac se quedó escuchándola por un tiempo —Me suena.

    Put on your wings and take the sky, fly into liberty. Sí, me gusto como usaron esa orquesta y tiene un aire como medieval en ella. Como si fuera a alzarme a la batalla.


    — Si…ya recuerdo, sabía que esa canción me sonaba — El metalero chasqueó sus dedos recordando el origen de aquella musica — Eso la usaron como cover de una serie esas chinas que ven los otakus.

    — ¿Ah, sí? — Sofía se quedó pensando, pues era la primera vez que escuchaba a una banda hacer un cover de una serie famosa por lo que más tarde debería indagar más en el tema. Mientras buscaba en los archivos de su móvil la colombiana encontró una canción en especial. — ¿Qué te parece esta? ¿La has escuchado?

    — No. ¿Qué cancion es?

    — Se llama Muere libre
    y es de Kraken. Una banda de Colombia que sonó mucho en los años 80.

    — Pues no los escuche —Sofía suspiró.

    — Bueno, fue porque en Colombia no se hacía mucho rock, fueron pocas bandas las que sonaron y apenas agarró algo de auge durante los 2000. En su momento tuvo auge, pero no el debido gracias a que en esos tiempos sonaba mucho la música tropical.

    — Ugh, estúpido capitalismo. —comentó asqueado el darks, de un momento a otro su mirada se ensanchó mientras que sus mejillas se tornaron de un carmín. Mientras Sofía hablaba, sintió como unos brazos rodeaban su cuerpo en un cálido abrazo. Como era de esperarse, el muchacho de cabellera oscura estalló en furia contra la autora de tal obra que hacía que su corazón se partiera en dos — ¡Deja de tocar a la larva, Ostara!

    — Awww, pero hace poco que no veo a mi Sofi-Sofi — La gitana abrazó como si fuera un peluche a la muchacha, aprovechando aquella posición para darle una nalgada haciendo que Sofía sintiera un escalofrió en su espalda. — ¡Te extrañe mucho!

    — Y-Yo también te extrañe, Tarja aunque no han pasado más de tres días.

    — Pero para mí fue una eternidad, Sofi —Ver a los chicos de su club actual era una idea reconfortante. Aunque uno de ellos la quería matar por “Tocar” a su “Novia” mientras que su líder, la abrazaba como si fuera un oso de peluche. — Escuche que hubo una explosión en la biblioteca. Mi jefecito ha estado de un lado para otro investigando el problema.

    — Eso nos sacudió a muchos — Comentó la novata — Pero lo bueno es que salimos con vida de allí. Sí que han pasado cosas muy locas ¿No?

    — Y esto es tooodos los días. Así que vete acostumbrando, Sofi aunque descuida, con nosotros la pasaras muy bien ¿A qué no, Shasha? — comentó guiñándole el ojo al chico darks quien bufó muerto de rabia.

    — ¡Que es Zacharie, con un demonio Zacharie! — Sofía no pudo evitar soltar una risilla pues ver la dinámica del par lograba hacerla sentir una vez más como en casa. La colombiana miró fijamente a su líder sosteniendo sus manos algo que hizo enojar al metalero, no obstante, Sofía no lo hacía con malas intenciones como pensaba el edgy boy. — ¡Larva!

    — ¿Qué es esto, Sofi? ¿Una confesión de amor? — la muchacha negó.

    — Es que, tienen razón. Este mundo está muy loco y por eso quiero ayudarlos en lo que pueda — Presidenta y vicepresidente guardaron silencio. — Somos asociales, es verdad, pero eso no significa que debamos hacer las cosas por nuestra cuenta. Por eso si necesitan mi ayuda, cuenten conmigo. — Sofía fue abrazada repentinamente por su líder haciendo que esta se sintiera apenada.

    — Awww, ¿Qué ternurita, no lo crees, Sasha? Nos quiere ayudar.

    — Si, y puede ayudar ¡alejándose de ti! ¡Y es Zacharie!

    — Aish, siempre tan aburrido.


    Pasar tiempo con los miembros de su club era agotador, lo suficiente para que Sofía saliera directa al café Salvatore a tomarse un café latte, al tener la bebida en las manos la muchacha degustaba tranquilamente sus dulce y caliente sabor suspirando aliviada de que el día de escuela por fin terminara.

    Algo llamó su atención, y era ver una multitud en medio del local, al acercarse lo suficiente pudo ver como Salvatore cobraba a la gente por ver la televisión de plasma que estaba allí colgada pues no iba a dejar verla a nadie a menos que se comprara algo. La sorpresa de la chica fue tal al ver cuál era tanto alboroto, ¡Era el juego de su hermano!


    Este partido aún está lleno de emociones, señores. En donde en este juego ambos equipos, los Monarcas y la Einsamkeit pueden dar la talla.

    Van uno a uno y ningún equipo tiene intenciones para rendirse aunque el juego de los monarcas por el lateral izquierdo está perdiendo fuerza.

    Tratan de buscar oportunidades pero ninguno parece que el primer tiempo ha hecho migas en la Einsamkeit ya que ahora en este segundo tiempo han podido replantear muy bien su estrategia de juego.

    Yo digo que es momento de cambiar de táctica y buscar más oportunidades por otros bandos. Y ahora vamos a ver un nuevo aire para los monarcas.
    Sofía no pudo evitar sentirse emocionada al ver como una persona entraba al campo de juego ¡Era el turno de jugar de su hermano!
    Pablito Rodríguez entra a jugar. Esperemos que este muchacho le dé el aire que necesita a los monarcas para marcar el gol.

    Pablo ha iniciado muy bien en la temporada y se ve que es favorito para la titular del equipo y es momento que demuestre su nivel de juego en esta temporada.


    La colombiana miraba atentamente el partido, estaban igualados y las cosas no parecían ir bien para ningún lado y esperaba a que el cambio le diera nuevo aire al juego que le faltaban los monarcas, y lo hizo. Los pases de Pablo a la profundidad de mitad de cancha hacían que los demás jugadores avanzaran, incluso el al estar más fresco lograba interceptar los balones para su equipo y poco a poco la ventaja volvía para los monarcas. La Einsankeit no se rendía y tuvo también oportunidades luego de intentar marcar en un tiro de esquina. Sofía se comía las uñas púes la defensa del equipo de la central aún se mantenía a pesar del desgaste que los monarcas provocaban.

    — “Vamos, hermano, agárrela” — Pablo logró tomar un pase del Ac, dirigiéndose al lado derecho de la cancha gambeteando con destreza a los demás jugadores. Entre pase y pase con sus compañeros de equipo el muchacho logró entrar al área de gol — ¡Gol, Gol! ¡Métela!

    La para con el pecho y dispara

    ¡GOL DE LOS MONARCAS! ¡GOL DE LOS MONARCAS! ¡GOL DE LOS MONARCAS! ¡GOOOOOOOOOOOOL!

    La tribuna formada por los integrantes del café saltaron de emoción, el colombiano marcó su primer gol de la temporada, en un hermoso despliegue de control de la pelota, bajando el esférico con el pecho para definir con el izquierda interna. Sofía aplaudía al ver a su hermano celebrar con un hermoso baile que le recordaba a su casa, incluso sus compañeros se unieron aquella celebración marcándose unos buenos pasos.

    El partido aun no daba fin y el fútbol club de la central demostraba agarre en un intento de penal que de no ser por su arquero hubieran igualado. Los cinco minutos de reposición fueron eternos y muchas veces la Einsankeit insistía sobre todo a los laterales en donde la defensa poco a poco estaba cediendo. No obstante el pitido final le dio a los monarcas la victoria en ese juego tan complicado que tuvieron, pero gracias al planteamiento técnico y la nueva sangre que entró al juego pudieron remontar y mantener el marcador. Los aplausos no se hicieron esperar en los espectadores, pues aquel fue un buen juego para los monarcas. El cuerpo de la muchacha tropezó con el de un moreno quien se mostraba bastante alegre por la victoria del equipo. Sofía no tardó en reconocer al pequeño, pues hace poco jugó futbol con él.

    — Oh, eres tú.

    — ¿Te conozco? — preguntó el moreno parpadeando un par de veces pues no recordaba a la chica que lo saludaba.

    — Soy Sofía, Paulinho — comentó — Jugamos un partidito hace días en el colegio. — el joven hizo memoria luego cayó en cuenta.

    — ¡La chica del balón!

    — Eso.

    — ¡Ya te recuerdo! Aunque estas algo cambiada — Sofía se llevó un tanto apenada su mano detrás de la cabeza.

    — Creo que este estilo me queda. Te vi muy animado en el juego ¿Hincha de los monarcas?

    — Algo así, pero más que el juego ¡Que ganaran los monarcas me sirvió mucho! Le atiné a una polla futbolera.

    — ¿Enserio? — preguntó algo incrédula a lo que el brasileño asintió. — ¿En verdad apostaste a los monarcas?

    — ¡Claro! Mucha gente creía que el partido no lo iban a ganar al ser la Ac de la central, pero desde la temporada pasada los Monarcas han sabido llevar muy bien su nivel de juego en la parte técnica. — comentó —Aunque mucha gente no esperaba nada de Pablo.

    — Oh — Así era el futbol, después de todo, tenías que luchar y hacerte conocer para poder tener una oportunidad en la titular, y al ser Pablo alguien tan nuevo y que empezó de cero, mucha gente no lo estaba tomando en cuenta hasta hace un par de años en donde pudo lograr salir poco a poco del poso de las reservas.

    — Pero el tipo sabe jugar con el equipo haciendo muy buenos pases ¡Por eso no me molestó que lo pusieran de suplente al segundo tiempo! ¡Necesitaban definir al final y se guardó bien las cartas el director técnico!

    — Es bueno ver que la gente le tenga fe a la sangre joven —respondió Sofía a lo que Paulinho asintió.

    — Y sí que ha servido, se ve mucho en la calidad de todos los equipos que han mejorado gracias a la gente joven que ha entrado al país.


    Una chica de cabellera turquesa apareció de la nada abrazando con fuerza a Sofía derribándola al suelo. La fantasmita trató de ver quien era, enfocando su mirada en la pequeña Aliki que mostraba una sonrisa de oreja a oreja.

    — ¡Te encontré! …bueno, no de la forma en que quería ¡Pero te encontré!

    — ¿Quién eres? — preguntó a lo que unas lágrimas iniciaron a escapar de la parlanchina.

    — ¡Que cruel eres! ¡Yo que pensaba que deje una buena impresión en ti! — Sofía no pudo evitar mostrar una sonrisa un tanto traviesa.

    — Claro que te recuerdo, Aliki. — comentó ayudando a ponerse de pie a la chica. — Me encontraste, quien lo diría.

    — ¡Te dije que era buena jugando a las escondidas! —la mirada de la griega se dirigió al moreno a quien no tardó en saludar — ¡Hola Paulinho!

    — ¡Hola Aliki! ¿Qué crees? ¡Gane!

    — ¿Enserio ganaste?

    — ¡Sí!

    — ¡Felicidades!


    Sofía miró algo confundida a la pareja de primer año.

    — ¿Se conocen?

    — ¡Es mi compañero de clase! — respondió con energía Iki. — Aunque ha estado un tanto deprimido porque perdió a su perro.

    — Pero ya no más — comentó el muchacho apretando con fuerza sus puños — Con el dinero que he reunido hasta entonces y lade la apuesta podré pagar a un detective privado para que me ayude a encontrarlo. — Sofía no comprendía del todo lo que pasaba. ¿Cómo podía apostar ese muchacho en primer lugar?

    — ¿Y cómo es que lo haces si eres menor de edad?

    — No preguntes — respondió el dos caras, ya con eso era suficiente para que la fantasmita entendiera la situación.

    — Ha estado repartiendo volantes por toda la ciudad esperando a que alguien supiera el paradero de su perro. — Continuó Iki explicando la situación del perro. Sofía observó a la pareja de primer grado.

    — ¿Han puesto en todas partes? — preguntó, Aliki y Paulinho asintieron.

    — Desde la calle guayaba hasta la central. Incluso en el bosque Leuce.

    — ¿Han probado en la uni de la central? — preguntó, a lo que ninguno de los dos respondió. — Iré al centro a averiguar unas cosas, puedo hacerles el favor si quieren.

    — ¿En verdad harías eso? — preguntó Aliki, Sofía asintió — ¡Gracias! ¡Sabía que eres genial!

    — Solo estoy de paso, Aliki. No es nada del otro mundo — dijo Sofía restándole importancia al asunto.

    — Y Paulinho ¡Te dije que debíamos ir a la central! — reclamó al muchacho, a lo que el moreno agitó sus manos negando con fuerza.

    — ¡No puedo mostrar mi cara ahí! No luego de lo que le hice a esa hermandad.

    — Y sigues con eso, ambos sabemos muy bien que fueron estúpidos al apostar el disfraz de Abogadín que iban a usar para su obra de teatro.

    — Estúpidos y borrachos. Pero no importa — el moreno miró fijamente a la muchacha, entregándole un par de volantes con el nombre de su amigo: Un canino llamado Oz. La desesperación del muchacho era tal que incluso puso una recompensa por su paradero. — Llevo semanas buscándolo, pero aun no pierdo la fe.

    — Entiendo — la colombiana puso aquel panfleto sobre su mochila dando marcha a la universidad — Mejor hacerlo antes de que me agarre la tarde.

    — ¡Podemos ayudarte, Sofi! — antes de que Aliki pudiera decir algo, la fantasmita desapareció mezclándose entre la multitud de estudiantes y personas que se dirigían a casa o a sus trabajos. Una sonrisa se dibujó en la griega mientras que Paulinho aún estaba procesando lo que ocurrió. — Jugaremos escondidas de nuevo ¿Eh? ¡Pues rétame las veces que quieras, no pienso perder!


    [***]
    El aire de la universidad central era algo nuevo para la muchacha. Los imponentes edificios de las distintas facultades del centro académico eran un mundo diferente a la escuela en donde ni siquiera los uniformes se veían mostrando la identidad de aquellos estudiantes que formaron durante su adolescencia. Se sentía extraña, como si hubiese pisado un mundo mental, pero este era diferente, era el mundo de la adultez. Al entrar a la universidad tuvo que registrar su brazalete y mentir a los porteros del lugar, ¿Qué hacía una estudiante en una universidad? Sencillo, buscar un pensum académico para planear su futuro y que mejor manera de hacerlo que en la universidad estrella de Letzenburg. Mientras caminaba por la ciudadela y colocaba los panfletos de se busca en los tablones de anuncio de cada facultad, Sofía podía escuchar aquel curioso jingle de la institución por los parlantes y televisores colgados en los distintos pasillos

    El centro, encontraras tu alternativa
    Si quieres progresar en la vida, en centro cubriremos un futuro para ti
    En centro, en centro entrenamos a la gente de provecho como tu
    En centro, centro hay un lugar para ti.

    El recorrido de la muchacha era fructífero, pues a cada facultad a la que pasaba conseguía panfletos en donde mostraban las diversas ofertas académicas del lugar: Ingeniería, psicología, pedagogía, administración de empresas y diseño, eran de las tantas ofertas que ofrecía la universidad. Ver tantas posibilidades le estaba haciendo pensar a futuro, aunque ahora mismo desconocía cuál de ellas elegir. ¿Pedagoga? ¿Ingeniera? ¿O tal vez empresaria? Aunque no pudo evitar sentirse algo decepcionada cuando miró los precios pues cada semestre costaba un ojo de la cara.

    Mientras estaba perdida en sus pensamientos chocó con alguien y tropezando al suelo. Al levantarse su mirada se enfocó en aquella persona que estaba buscando en primer lugar. Aunque tal fue su sorpresa que al ver la apariencia del enano ruso tan diferente a la que conoció la dejó completamente fuera de lugar.

    — “¡¿Pero qué te pasó, Chiqui?!” — Sofía no podía creer lo que veían sus ojos, Pavel estaba demacrado, con notables ojeras en sus ojos y una abundante barba que le daba un toque mayor. Para algunas personas eso podría ser atractivo, pero para Sofía era algo de preocupación. —Ah, este yo.

    — ¿Te encuentras bien? — preguntó el ruso ayudando a levantarla — Parece ser que hubieras visto un fantasma.

    — Solo fue la caída. — negó mientras Pavel ayudaba a roceoger los volantes y panfletos que Sofía dejó caer. El ex peso pesado notó el uniforme que llevaba la fantasmita. — Eres de Durkheim ¿No es así? ¿Qué hace una estudiante en un lugar como este?

    — Buscaba información de la universidad. A futuro planeo estudiar aquí.

    — ¿Has visto una carrera en especial que te interese? — Sofía negó ante la pregunta del pequeño.

    — Me llaman muchas de hecho, pero aún no se bien que elegir.

    — Eres demasiado joven aun para pensar en esas cosas. Mejor tomate tu tiempo el futuro que piensas escoger —aconsejó sabiamente el pequeño Stalin.

    — ¿Por qué lo dices?

    — Porque el tiempo es el mejor aliado que puedes tener. Cuando somos jóvenes, experimentamos muchas vivencias por el camino llamado adolescencia, y solo viviendo nuestra juventud podemos saber nuestro lugar en el mundo.

    — Ya veo.

    — Está bien pensar en tu futuro y una carrera, pero por ahora, lo mejor que puedes hacer es vivir. Pasa el tiempo con tus amigos o la gente que quieres, y así, quizás en un futuro puedas encontrar aquello que desees hacer.

    — ¿Y es difícil estudiar lo que quieres? —preguntó, a lo que Pavel asintió enseñándole un par de libros de medicina y anatomía del cuerpo humano.

    — Lo es, pero nunca dejo de esforzarme porque sé que realmente vale la pena el intento.


    Podían pasar los años, pero aquel peso pesado seguía siendo una fuente de sabiduría. La muchacha mostró una ligera sonrisa agradeciendo las palabras de aquel peso pesado despidiéndose de él no sin antes darle las gracias por aquel consejo.

    — “Buena suerte, Chiqui. Gracias por todo”

    [***]
    — ¿De dónde sacaste esas cosas, Sofía Andrea? — preguntó Luz tomando uno de los panfletos de la universidad mientras ponía la mesa para comer junto a su hija.

    — De la universidad Central. Quería ver las carreras que ofrecían.

    — ¿Y encontraste algo que te gusta? — la colombiana negó ante la pregunta de su madre. — No se afane por eso, mami. Por ahora acabe el colegio, luego ya mira lo que quiere hacer. Si es por la plata, no se preocupe, ya encontraremos la forma de pagarla.

    — Entiendo.


    El resto de la noche en la casa fue tranquila salvo la potente voz de Consuela que como la noche misma, ahora eran parte de la calle Guayaba. Sofía esperó nuevamente a que su madre se durmiera para salir por su ventana y quedarse en el techo de Kristina. Su mirada se enfocó durante unos instantes en el panfleto que sostenía, luego hacia el cielo estrellado. Su viaje en la universidad la dejó pensativa, si lograba sobrevivir como impopular ¿Qué haría después con su vida? ¿Acaso tenia algún talento? ¿O al menos un propósito como lo tenía Pavel? Por ahora, ninguna de esas preguntas tenía respuesta, al menos de momento. Solo le quedaba avanzar y vivir, para que algún día, pudiera encontrar su lugar en el mundo, tal y como lo hacían las estrellas en el firmamento.

    [***]


    No life City era una ciudad en donde las cantinas y la música se hacían notar en aquellos parajes desérticos, aunque luego de aquel apocalipsis sus habitantes volvían a ponerse de pie regresando a su rutina habitual. Mientras tanto, en una de las cantinas del lejano oeste un hombre con un prominente afro ahogaba sus penas en licor colocando su cabeza en aquella barra esperando a que el licor pudiera hacerlo dormir. La bartender, una Banshee, se mostraba algo inquieta por el comportamiento de su cliente pues no paraba de llorar y de tomarse cada cinco minutos un vaso entero de sake.

    — No es muy común ver a alguien de Nibikure en este lugar tan recóndito, ¿Viene de visita?

    — No…solo quiero estar en un lugar alejado de todo.

    — Escapar de los problemas no le hará bien — El ninja volvió a tomar otro trago de sake — Y beber.

    — No me importa.

    — Debería detenerse. Es por su bien — habló con suavidad la fantasma tratando de hacer desistir al hombre que ignoró las palabras sus palabras volviendo a llenar aquel vaso con sake. — ¿Creo que lo mejor es que regrese a su mundo?

    — Aquí estoy bien — Comentó el ninja — Solo…quiero algo con que distraerme.

    — Pues ya se ha tomado como cinco botellas enteras.

    — No me importa.

    — ¿Desea hablar al respecto?

    — No, solo quiero beber.


    Una nueva persona entró a la cantina avanzó entre la poca de clientes que bebían y disfrutaban de aquel ambiente. Hanzo sintió como una mano sacudía su cuerpo, tratando de llamarle la atención.

    — Maestro Hanzo.

    — …

    — ¡Maestro!


    El ninja enfocó su mirada hacia aquel extraño, a pesar de lo tomado que se encontraba, el shinobi pudo diferenciar algo de aquel desconocido, era Nawaki, su pupilo de la escuela ninja.

    [​IMG]
    El monje de cabello claro trataba de hacer entrar a razón a su maestro, pero este se negaba, como si aquella barra ahora fuera su único hogar.

    — Maestro, no se encuentra en buen estado. Necesita descansar.

    — No quiero, Nawaki…no deseo nada ahora.

    — ¿Qué ocurrió, maestro? Desde que luchó para salvarnos de ese desastre no ha vuelto ser el mismo.

    — El mismo…ha — respondió con desaliento — Ya no soy tu maestro, Nawaki. Soy considerado un traidor en la aldea…cuánta razón tienen — El ninja volvió a tomar una copa de sake — No soy un maestro, un ninja, no soy nada.

    — ¿Pero qué dice?

    — No me queda nada. honor, pueblo, familia, ni una vida ¿Qué me queda a mí? — Las lágrimas iniciaron a caer sobre el rostro del ninja, no, de aquel despojo de hombre mientras volvía a tomar aquella copa de sake. — ¿Qué me queda Nawaki? ¿Ser esto? ¿Un arma? ¿Es realmente lo unico que puedo hacer cuando yo era algo mas que un simple ninja?

    — ¿Qué ocurrió maestro? — volvió a insistir el monje ninja, Hanzo sencillamente continuó tomando aquella copa de sake.

    — Solo puedo decirte, que perdí un abrir y cerrar de ojos una parte de mí y la causante de todo mi sufrimiento fue alguien que quise mucho. — suspiró — Lo mas difícil es que ella es parte de mi asi como lo soy yo de ella. Mierda....mierda.

    — Maestro.

    — No tengo nada, Nawaki…me siento perdido. — el monje se quedó observando a su antiguo maestro. Dio un suspiro mientras se sentaba al lado de su mentor, pidiendo una copa de lo que estaba tomando para el mismo.


    — Desconozco que ocurrió con usted, maestro y la verdad no sé qué decirle para hacer que se sienta mejor o algo.

    — …

    — Hace mucho tiempo, mi aldea fue atacada por una calamidad que venia del cielo. Muchos de mis compañeros y familiares perecieron en ese mismo día. Pero poco a poco nos fuimos levantando hasta estar de pie una vez más. este Nexo ha sido destruido muchas veces, pero eso no importaba, porque siempre encontrábamos la manera de reponernos.

    — …

    — Tal vez no sea un maestro, tenga honor, una familia. Pero aún tiene vida y eso es más que suficiente para salir adelante ¿No lo cree? —Hanzo se quedó pensativo durante unos momentos. Luego, dirigió su mirada hacia su antiguo pupilo.

    — ¿Por qué estás aquí, Nawaki? No soy el jefe de tu mundo mental o tu maestro. Además Lord Edna te debe estar buscando para salir contigo — El monje sintió un escalofrió recorrer su espalda al escuchar el nombre del fashionista.

    — Le jure lealtad, maestro.

    — No soy tu maestro. Eso no es motivo suficiente

    — Le jure lealtad a usted, no a su título. — El ninja guardó silencio — ¿Y qué tal este motivo? — respondió — La aldea podrá haberle dado la espalda, pero yo no creo que usted la haya traicionado, después de todo, lucho con todas sus fuerzas para defendernos de la calamidad. Por eso quiero creer en usted, no como alumno, sino como persona.

    — Nawaki.

    — Déjeme acompañarlo en su viaje, no importa si no tiene nada en estos momentos, porque tengo la fe que usted puede levantarse y volver a intentarlo.


    Hanzo se quedó mirando a su antiguo pupilo, aquel muchacho estricto que no dudaba en regañar a los alumnos perezosos de su dojo. Hanzo no pudo evitar soltar una sonora carcajada mientras tomaba con más ánimo aquella bebida alcohólica que ya estaba haciendo estragos en su organismo.

    — Nawaki, eres un imbécil.

    — Y yo que trataba de animarlo, maestro.

    — Por eso te digo que eres un imbécil, deja de decirme maestro — rió — Llámame Hanzo.

    — Está bien, Hanzo. — comentó. Ambos hombres soltaron una carcajada mientras brindaban con sus copas. — Ni yo sé que depara ahora el mañana.

    — Podríamos intentar vivirlo.

    — Si…eso hay que hacer. — el ninja recordó que a pesar de perder su futuro ideal a manos de su propia usuaria, aún tenía en el presente una meta que alcanzar, tal vez así, podría al fin descubrir lo que realmente deseaba hacer con su vida. – Podemos hacerlo.


    Un ninja que perdió el camino pero tenía voluntad para avanzar. Tal vez llevar una máscara negra no era lo suyo, por eso, continuaría caminando aquel sendero desconocido, aunque no supiera a que lo llevaría, tenía la fe de que algún día encontraría la respuesta que busca.

    La noche en el bar del lejano oeste continuaba, mientras que aquellos hombres bebían todo el sake que la bartender les podía ofrecer. Entre juegos y risas ambos hombres continuaron la velada, porque solo así se olvidaban las penas.

    [****]

    Y finito, no se que ocurrira ahora para ellos dos ahora que estan caminando sin rumbo. Solo queda ver como sigue el recorrido, ¿No?​
    AmakiAmaki
    LeoLeo
    TaKaTaKa
    CorventCorvent
    AhkilendraAhkilendra
    zXArtemisXzzXArtemisXz
    IceIce


     
  12. Leo

    Leo ¿No ves que te voy a matar (con feels)?

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    La alarma no sonó como siempre. De hecho, el chileno se aseguró de apagarla media hora antes de que iniciase a sonar. Se había terminado de ver un walkthrough de un randomizer de Fire Emblem Fates, y aún quedaba algo de tiempo antes de iniciar a pensar en el desayuno. Dios, no tenía ganas de hacerlo hoy, pero estar ocupado era una buena forma de mantener bajo control los pensamientos intrusivos de su cabeza.

    Aun así, necesitaba al menos cerrar los ojos un poco. Se lanzó en la cama e intentó descansar. El cuerpo le pesaba un tanto, pero no más que sus noches donde pasaba de largo jugando algo. Pronto recuerdos de la caída iniciaron a llegar. El chileno hizo lo posible para mantenerse calmado hasta que uno en particular llamó su atención.

    Franco se levantó y volvió a su pc para realizar una búsqueda.

    “Lenguaje de las flores.”

    Había pasado mucho tiempo sin tener que pensar en su madre. Los recuerdos de ella en algún momento se habían hundido en lo profundo de su mente, y no fue hasta que experimentó la vida de su padre en el réquiem que estos volvieron gracias a la nueva perspectiva. No podía decir que ahora la amaba otra vez; con las memorias de los malos tiempos recuperadas había mucho que resentir. Pero con lo malo, los buenos momentos también habían vuelto. Aquellos donde ella le enseñaba libros con flores, llevaba a las plazas y jugaba con el barro mientras ella atendía el jardín de la tía Valeria. Hasta planeaban comprar una casa para que ella tuviera el suyo propio.

    -Camelia. Significa “te querré siempre”...




    -¡Papi! ¡Camelia!
    -Si, muy bien. Mamá es buena maestra, ¿no?
    -¡Mami! ¡Camelia!
    -Camelia para tí Franco.​






    -... Bruja…

    Se quedó leyendo un rato más hasta que sintió movimiento en el cuarto de su padre. Y entonces salió a preparar el desayuno.



    Julio apareció un rato después, ya listo, cuando Franco estaba terminando de hacer huevos revueltos. El hombre se sentó en la mesa de la cocina y encendió un pequeño televisor que allí había, poniendo el noticiero matutino. Aunque en lugar de centrarse en la pantalla, fijó sus ojos grises en su hijo.

    -¿Estás mejor?-preguntó. El menor asintió con la cabeza-¿Quieres hablar?

    Sabía que no podía dejar las cosas así como así. Pero no era como si pudiera decir lo que en realidad había ocurrido.

    -... Es… por unos amigos…

    -¿Amigos? ¿Pasó algo con tus compañeros de-?

    -No, no esos hijos- ellos no…-se corrigió el chileno-. Son… otros…

    -¿Otros?-el profesor arqueó una ceja, extrañado.

    -Es que… los conocí en internet… jugamos juntos de repente, eso.

    -Ah, ya entiendo. ¿Y qué pasó con ellos?

    Franco agachó la mirada.

    -...Se murieron.

    Julio abrió los ojos como platos por la sorpresa.

    -Ay, mi niño, lo siento muchísimo.

    -Está bien…-el muchacho comenzó a servir las cosas, deteniendo a su padre con un gesto, ya que se estaba levantando.

    -Pero… ¿cómo fue?...

    -...Un accidente-replicó el otro-. Pasó hace tiempo, parece… solo que recién ahora me enteré que habían sido ellos y…

    -No te preocupes, entiendo. De verdad lo siento, Franquito…-el mayor parecía inseguro de cómo proseguir-. Oye, ¿te sientes bien? ¿No necesitas algo? Si quieres quedarte en la casa por hoy-

    -No, no, está bien-negó el chileno menor-. Voy a estar bien, en serio. Tú tranquilo.

    -¿Seguro?

    -Seguro.

    Tal vez ahora no estaba mintiendo… técnicamente. Aunque de todos modos se sentía mal por ello.


    Julio le ofreció a su hijo llevarlo a clases, y por una vez el menor accedió. Después de comer y dejar todo listo para la tarde, ambos salieron. El chileno, antes de dejar el sitio, se puso en la cabeza las gafas que había comprado ayer, distrayéndose con la pantalla del retrovisor hasta que recordó los juegos de su celular. Al menos a la recompensa por login podría dedicarle tiempo.

    -¿Y esas gafas?

    -¿Ah?-Franco alzó la vista, notando que su padre se refería a las que traía puestas-Ahh… las compré por ahí ayer… uhm…

    -¿Te recuerdan a alguien?

    -... Sí…

    -Entiendo… quizá podría conseguirte unas graduadas.

    -Na’, no es necesario.


    Con sus diligencias hechas, el gamer guardó su móvil y se distrajo mirando la ventana. La sensación de extrañeza de ayer no se había ido, aún todo le parecía lejano, incluyendo los kioskos, las florerías y Salvatore. Hasta el automóvil de su padre. Al menos Julio mismo todavía se sentía como parte real suya.

    El mayor se detuvo frente a la escuela y revolvió el cabello de su hijo antes de que éste se bajara y despidiese con un gesto de la mano, que el otro imitó para luego marcharse, no sin antes dedicarle una mirada a su hijo que le decía claramente que estaba allí para él. Franco lo siguió con la vista hasta que dobló una esquina, y permaneció un tiempo más observando la distancia, hasta que por fin se armó de fuerza suficiente para enfrentar lo que le esperaba.

    Y como todos los días, fue recibido por una patada por la espalda.



    Qué extraño se siente el volver a la realidad… los golpes que antes hacían rabiar ya apenas son una leve molestia… las burlas ni siquiera pueden ser escuchadas. Ver tantos rostros sonreír como si nada, reír ignorando que caminan sobre los huesos de tantos que murieron por ellos… por nosotros.

    Antes de darse cuenta, el muchacho volvió al baño de hombres, su viejo refugio, y allí esperó hasta que la campana anunciara el inicio de clases.


    No pudo poner atención a lo que sea Peterson estaba enseñando durante todo el día. Ver a sus “compañeros de curso” ahí como si nada le revolvía el estómago. Permaneció tenso toda la clase, y en cuanto el timbre sonó tomó sus cosas y salió tan rápido como pudo. Caminó al baño con la vista agachada, pensando, lo que le causó chocar con varios estudiantes cuyas réplicas ignoró. Hasta que en lugar de un reclamo hubo una pregunta en una voz familiar.

    –¿Franco?

    El aludido se detuvo de golpe. Dio la vuelta, y la expresión extrañada de Gild lo confrontó.

    –Ah…

    –¿Estás bien?-el chileno asintió rápidamente.

    –L–Lo siento… no me fijé…

    –No te preocupes… más importante, ¿de verdad todo esta en orden? Luces…

    –N–No es ná, en serio… solo…–la garganta se le secaba–M–Me alegra verte…

    –Oh…

    –P–Permiso–dio la vuelta y se fue, buscando el baño. Sabía que el rubio estaba vivo. No era nada nuevo. Pero luego de esas imágenes en el hospital… verlo bien fue... mucho.

    –No quiero ir a clases…–se dijo el muchacho, con la mirada perdida.


    Pero la siguiente era con Sor María, y por mucha caída vivida, nadie en su sano juicio se atrevería a perderse esa clase. La sensación de tensión regresó al ver a sus compañeros, mas extrañamente la forma en que la monja tenía todo bajo control (después de todo ni una mosca vuela sin que ella lo sepa) le daba una extraña sensación de seguridad.

    Eso le permitió concentrarse un poco más en lo que estaba explicando. Algo sobre uno de los libros de la biblia, acera de un tipo que se metió a algo así como un horno ardiendo y por intervención divina se salvó. La religiosa no hacía sino recalcar el poder de Dios y su protección para con sus hijos.

    –… Sor María–el muchacho alzó la voz cuando la mujer mayor dio paso a preguntas–. ¿Los que creen en Dios son protegidos por él entonces?

    –Exacto, muchacho. Su bendición está sobre todos sus hijos.

    –¿Entonces por qué les siguen pasando cosas malas?

    La monja alzó una ceja.

    –Digo… si se supone que él creó todo y somos sus hijos… ¿por qué seguimos sufriendo aquí? No entiendo por qué él deja que todo esto pase…

    La mujer se acercó. El muchacho esperaba uno de sus conocidos reglazos, pero el objeto en lugar de sus manos o su cabeza, cayó en su escritorio, apuntando a la biblia que exigió a todos del día 1.

    –Génesis 3:17–dijo–. “Porque escuchaste la voz de tu esposa y te pusiste a comer del árbol respecto del cual te di este mandato: ‘No debes comer de él’, maldito está el suelo por tu causa. Con dolor comerás su producto todos los días de tu vida”. 19. “Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que vuelvas al suelo, porque de él fuiste tomado. Porque polvo eres y a polvo volverás”.

    El chileno pestañeó, confundido.

    –Este suelo… el mundo, fue condenado en el momento que Adán y Eva pecaron contra Dios. El hombre está destinado a sufrir en esta tierra, que ya no es de él, ni nuestra, sino del tentador Satanás. Y hasta que él vuelva y reclame lo que sea suyo, sufriremos, pues es el legado de nuestros ancestros.

    –…

    –Y eso lo habrías sabido su hubieses estudiado el Pentateuco como correspondía al inicio del semestre. Quiero una plana sobre el Génesis para mañana, jovencito, que cubra todos los sucesos que contiene, para que te quede claro por qué este es un mundo de dolor.

    –...Sí, Sor María.

    “Genial, otra de sus weas hechas a mano” pensó el menor, mas prefirió no hacer otro comentario a riesgo de ganarse otra tarea o un reglazo.

    El día continuó con ese mismo ritmo monótono. Clase, recreo, clase, comida, clase, recreo, y así. En medio de todo, tuvieron una lección del profesor Stevenson sobre la primera guerra mundial. La mayoría de los presentes despertaron en cuanto el normalmente taciturno maestro inició a contar acerca de las memorias de un soldado que participó en el conflicto. El chileno no pudo evitar engancharse ante la oratoria del maestro. Era como presenciar una guerra ante sus ojos. Otra vez.

    Cuando la última campana sonó, el chileno se apresuró a salir de la escuela. Rápidamente fue a un local cercano, compró algunas cosas y luego regresó a la academia, con una dirección clara y dando un rodeo para evitarse a sus bullys, no tenía tiempo para perderlo con ellos. Hasta que por fin se halló frente a la puerta del club de artistas frustrados. No creía que fuera buena idea discutir esto con Ryrio, y sinceramente no se sentía capaz aún de confrontar a Bárbara. Y al final, iba a acabar allí sí o sí.


    Golpeó la puerta. Poco después le abrió una figura familiar: la profesora de Arte.

    –Uhm… ¿está John?-preguntó el gamer.

    –S–Sí, déjame ir a buscarlo y… uhm… ¿E–Esas flores?

    –Larga historia.

    –D–De acuerdo... Un segundo, ¿sí?

    El muchacho esperó un tiempo más, hasta que el presidente de los otakus hizo su aparición. Al verlo, su sonrisa de siempre desapareció.

    –Eres… el gamer–kun de segundo…

    –Sí… oe, necesitaba–

    –¡Waaaah! ¡No, gamer–kun! ¡No podemos!-el chileno no entendía qué estaba pasando–¡Amor prohibido nos gritarían en las calles, porque somos de distintas sociedades!-replicó el cubano, abrazándose. Franco lo observó, luego a las flores, y luego a la maestra que los veía con cierta sorpresa y un sonrojo en sus mejillas.

    –¡Weon, esto no es lo que–!

    –¿Qué pensaría la gente?-volvió a replicar el otaku–¿¡Qué pensaría tu comandante Pinochet!? ¡¡Y mi papi Fidel!!

    –¡Pesca lo que te digo, aweonao!

    –¡El peso de la historia nos separa, gamer–kun, no podemos! ¡Tendrías que luchar todos los días en duelos y terminar perdiéndote para rescatar mi verdadero yo encerrado por–! ¡Wah! ¡Espera! ¿Dónde me llevas?

    El chileno pescó de un brazo al otro, lo arrastró fuera del club y cerró la puerta con un pie, para luego arrinconarlo literalmente entre ésta y su persona.

    –¡Ah! ¿Kabe–don en la primera cita? Al menos invítame un trago–

    –¡Cierra la boca por un puto segundo y escúchame, weon!




    Tiempos después, ambos se encontraban llegando a Castlelot, con el panteón como objetivo. John se reía por la confusión de antes, mientras el chileno hacía lo posible por ignorar sus comentarios.

    –Jajaja, mae, no me asuste así, que venía con todo el aire shojo, pa’ la otra dígame de una nomás.

    –Eso quería hacer, pero no te callabai nunca…–masculló Franco, cuando de pronto el otaku rodeó su hombro con el brazo. Él le dedicó una expresión de disgusto, pero John pareció ignorarla.

    –Así que ya sabe, si necesita una mano dígame nomás, que aquí está su papi riqui para darle su apoyo. Para que vea que yo no tengo dramas con los gamers, de hecho tengo un amigo gamer y todo bien, así que siéntase en confianza.

    Dios, ese tipo comenzaba a irritarlo.

    –… Así que dígame, aquí entre nos, ¿Es verdad que la Lucifina esa era una demonio que tenía un arma de destrucción masiva pa' cargarse a toda la academia? ¿Cómo era? ¿Vio al mero Zero joderle los planes?

    El chileno le quitó el brazo de encima de un golpe. Al menos tuvo la voluntad de no traer a su arma y dispararle.

    –Cierra la puta boca un rato, ¿querís?

    –Vamos, mae, si ya le dije que yo cero problema con ustedes y su legado de traición a la academia.

    –…–tal vez si lo mataba antes de llegar… no, luego no tenía cómo volver. Sin él no vuelves Franco, sin él no vuelves…


    Cuando por fin llegaron al panteón, el chileno se tomó un segundo para observar las tumbas en silencio. Y luego pidió al líder de los otakus que le diera algo de privacidad.

    –Tú tranquilo, yo me doy la vuelta y cuento hasta–

    –Largo.

    –Bueno, bueno, me iré a ver el bar, nos vemos ahí.



    Cuando se halló solo, el muchacho caminó por entre las tumbas, leyendo nombres y epitafios de desconocidos, y preguntándose cómo habrían sido. Qué vidas los habría traído a este mundo de dolor, y cómo lo habrían dejado. Y en la gente que quedó atrás, esperándolos inútilmente.

    Entonces halló un nombre familiar. Diamond. Hasta ahora su imagen se le hacía difícil de asociar con esa criatura de terror que los obligó a aliarse durante la caída. Tal vez si no fuera por ellos… no habría acabado todo así para ella. Inclinándose junto a la lápida le dejó una azucena.


    Cerca estaba la tumba de Frida y Jaspe. Una siempre se mostró positiva. Otro lo protegió a pesar de ser un gamer. A ambos le dejó un par de olivos.


    Entre todas las tumbas había una que tenía varias flores. Era la de Jihyun. El chileno se le quedó viendo por largo rato. Chasqueó la lengua, repasando su “recibimiento”. Luego las peleas a su lado. Luego las visiones de sus días de paz junto con Andrés. Podía decir que al final del día era tan hombre como él. Pero aún lo odiaba. Aunque al menos era un odio más… ¿humano? Su imagen ya no le daba miedo. Solo disgusto.

    Supuso que era algo. Le dejó un par de muérdagos y continuó su camino.


    Por allí halló otro nombre familiar. Adam, o como Lucy le decía, “el número T”. Le dejó un ramo de Zinnias multicolores antes de pasar a otra que tenía algunas hortensias. Era la de Max. Al lado de éstas dejó unas dalias malvas.

    –Gracias por todo–le dijo, despidiéndose con una reverencia.


    La primera tumba de sus compañeros de la caída en hallar fue la de Andrés. Se arrodilló ante ésta y le dejó un ramo de lirios del valle. Por algo de tiempo se quedó absorto viendo el epitafio grabado allí, y finalmente le dio una sonrisa débil.

    –Me pregunto si pudiste hallar algún final feliz donde fuera que te fuiste–comentó en voz baja–. Me hubiese gustado verlos de nuevo. Quizá jugar juntos. Con todo el grupo.


    Al lado estaban las tumbas de Cris y Francisca. El gamer les dejó a ambos un ramo de Mirtos, para luego observarlos de pie.

    –Habría sido lindo cazar zúbats juntos.


    Luego, encontró las de Alexandr y Sapphire. A ellos les dejó unos pensamientos blancos. Primero, al gamer, cuya lápida se quedó viendo por un rato, recordando las cosas que vivió a su lado como Lucifina.

    –Me habría gustado conocerte como Franco–le susurró, para luego atender la de la deprimida a su lado–. Gracias por ayudarme a pesar de todo. Viéndolo ahora, fue un gesto valioso.


    Buscando, en medio de todas halló la tumba de Akane. Acomodó frente a ella un ramo de rosas azules.

    –Me hubiese gustado decirlo antes… pero soy tu fan–comentó–. Y sorry, leí el capítulo 8. Prometo no decir nada sobre él–agregó, para luego seguir buscando.


    Ver la tumba de Klaus otra vez le causó sentimientos encontrados. Revivir su muerte fue doloroso, pero aun así se armó de valor y le dejó unos girasoles. Luego, tomó unos pasos hacia atrás e hizo una venia militar.

    –Quisiera poder ser la mitad de lo que eras como gamer–dijo, repasando sus momentos y conversaciones juntos–. Fuiste el mejor porque fuiste el número uno–agregó, dando otro paso hacia atrás para luego marcharse.


    Al final del recorrido se detuvo en la tumba de Rengnar. Se sentó a su lado, dejándole un ramo de crisantemos de colores.

    –Me debes un viaje en moto, pinche salamandra del clóset–comentó, riendo débilmente–. Pero está bien. Yo… voy a esperar. Creo. Me pregunto si tú también esperaste…–agregó, mirando las flores que había traído–Ren… gracias por cumplir tu promesa. Gracias…

    Lágrimas iniciaron a caer. Él las dejó fluir, libres, mientras se apoyaba en la tumba del dracónico.


    El chileno salió en silencio luego de sus despedidas. Buscó al cubano por las calles de Castlelot hasta hallarlo en un bar familiar cantando junto a un trío de negros musculosos. Debió llevárselo arrastrando para que por fin lo regresara a su mundo.

    –¿Y ese ramito?-preguntó John, otra vez con el brazo sobre su hombro, y refiriéndose a unas flores que aún le quedaba.

    –Es pa’ alguien más–dijo Franco, quitándose al otro de encima.




    De vuelta a la escuela, el muchacho guardó el ramo en su mochila, notando que tenía un mensaje de su padre preguntando a qué hora salía. Él se excusó diciendo que tenía algo que hacer y que no se preocupara por él mientras se acercaba a la salida de la academia, recordando que tenía el resto de la tarde libreo por hoy. Entonces risas y una voz familiar llamaron su atención. Notó que unas chicas acababan de pasar, y entre ellas cierta adolescente gracias a la cual tenía un par de piercings en los pezones. Clover comentaba cosas que no lograba discernir. Lucía más alta y en general tenía un aire más maduro. Supuso que, igual que Ryrio, vivió muchas cosas.

    De pronto notó que la muchacha se acercaba a un parquímetro, donde montó una motocicleta. Estaba algo cambiada, pero distinguía perfectamente que era la de Rengnar; la vio cuando llevó a Lancelot en el viaje de su vida. Verla partir con una sonrisa en su rostro le contagió el gesto. Se sentía orgulloso de su salamandra alada.

    Hasta que alguien le dio un golpe por la espalda, tirándolo al suelo.

    Cierto, ahora había vuelto a la vida de siempre.



    Un rato después Franco se halló junto a un árbol, tratando de recuperarse de la golpiza. Había dedicado todo su esfuerzo a proteger su mochila y lo que había adentro como para pensar en devolver algún golpe. Era extraño, se sintieron como siempre pero no se “hallaba” molido como las otras veces, a pesar de que aún no pudiese levantarse bien. Al final acabó presionándose a sí mismo para reincorporarse, y lo logró, pero no como quería: por poco cae de no ser porque algo detuvo a la gravedad.

    –¡Wah!

    –¡AHHHH! ¡SOCORRO! ¡M–ME ESTÁN ASALTANDO!

    …Olviden lo que dije, Franco encontró el suelo de golpe. El niño gritón salió corriendo. Mierda, quedó peor de lo que creyó… el muchacho suspiró con molestia; ni siquiera podía levantarse aún, y los pocos estudiantes que aún circulaban reían y hacían comentarios despectivos sobre él. Malditos músculos adoloridos.


    –…

    –…

    –…

    –… ¿E–Estás vivo?-una voz familiar…

    –Si…

    –Oh, bien… u–uhm…

    –… Ayuda.

    –A–Ah, claro, de–debería llamar a una ambulancia…

    –Solo ayúdame a pararme, porfa.

    –¿Ah? Uh… p–pero… uhm… eso significaría contacto con un objeto en mal estado que podría traer alguna clase de virus extranjero contra el que no he desarrollado anticuerpos, y que probablemente arruinen mis capacidades cognitivas, condenándome a un futuro de labores manuales para las que nunca seré bueno, oh por dios, estoy muerto, tal vez sería mejor buscar un edificio largo y–

    –¡AYUDA!

    –¡AAAH!


    Por fin el chileno se vio de pie, teniendo que sostenerse de la pared más cercana para no caer. Quien lo había ayudado rápidamente sacó algo de su mochila: un gel que frotó contra sus manos con fuerza, mascullando cosas. Franco suspiró por esa actitud odiosa, pero supuso que había peores. Al menos se dignó a darle una mano.

    –Gracias–musitó al otro chico, que se le quedó viendo como si fuera alguna clase de cosa extraña.

    –¿Ah?

    –Chao–replicó, iniciando a caminar con cierta dificultad. Calculaba que si tomaba el bus de las 4 y media podría recorrer el sitio y buscar en el cementerio para… espera, ahí va el bus… auch…

    “A la mierda, prefiero caminar.”

    Había otro colectivo que pasaba por otro lado, o eso se suponía. Avanzó por la esquina contraria a Salvatore algo lento, pero ya se acostumbraría.

    Entonces notó algo. Pasos demasiado cerca. Se detuvo un momento, y éstos frenaron. Dio la vuelta de pronto, encontrándose al chico de antes que casi da un salto por la sorpresa.

    –¿Qué querí?

    –Uh… es quieres…

    El chileno lo observó con molestia.

    –¡Es esto!-gritó, señalando a lo que traía… ¿su mochila? ¿Cuándo se le había caído? Franco la recuperó de golpe, abriéndola para comprobar que lo que traía estaba bien… y lo estaba, relativamente. El gamer dejó escapar un suspiro de alivio.

    –Están bien las weas…

    –De hecho no son “weas”, son camelias, división Magnoliophyta del reino de las Plantae y… uhm… particularmente… esas son Camellia Oleifera. En el lenguaje de las flores significa–

    –Amor puro…–comentó el chileno, pensando en el destino de aquellas flores, para luego fijar la vista en el otro–¿Viniste a darme un discurso de flores? Te recuerdo, erí el pendejo que me dijo ladrón ante’.

    –Ah… primero, eses finales por favor, y–

    Franco dio un paso adelante, lo que puso en alerta al menor. Tal vez era porque no estaba de humor para seguir replicando, la golpiza o lo que quería hacer, pero prefirió dejar de quejarse.

    –Como sea, gracias por traerme la mochila… uhm…

    –…

    –…

    –… Uh, lo siento ¿querías saber mi nombre?

    –¡Sí weon!

    –¡Ah! Es Thiago.

    –Ya, como sea… gracias Thiago–dijo, continuando con lo suyo.

    –Uh… ¿vas a estar bien?

    –Si, esto no es na’.

    –Nada.

    –Ugh, ¿no tení algo que hacer?

    –De hecho es–¡Ah! ¡La hora! ¡Llegaré tarde a casa y todo el horario tendrá que ser atrasado, no podré repasar suficiente y acabaré con otro 9.5!-replicó el menor, ya corriendo en dirección contraria a quién sabe dónde. Franco se encogió de hombros y continuó hacia la siguiente parada.




    El bus le dejó en el cementerio central. Supuso que la hallaría ahí. Recorrió las tumbas, buscó mensajes, lápidas, alguna indicación. Así prosiguió un buen tiempo. Le dijeron que la tumba de Lucifina no estaba en el panteón. Que la habían llevado a otro lado que no conocían. Supuso que sus seres queridos solo podrían darle un lugar posible para su descanso eterno.

    Entonces una escena familiar apareció ante sus ojos. Reconocía aquella lápida, aquel árbol. Aunque en sus memorias estuviese todo cubierto de blanco. Verlo ahora verde, floreciendo, y con múltiples colores fue… extraño. Pero a la vez bello.

    –Delfina…–era el nombre de la persona en aquella lápida. Franco tomó una de las camelias y se la dejó. Y entonces observó la tumba a su lado.


    Tenía muchos detalles de conejos, lo que lo hizo sonreír. También tenía unas flores frescas y… ¿un snickers? Franco le restó importancia, y prefirió darle un vistazo a la lápida: "Ni las flores más blancas se acercan a la blancura del corazón de Lucifina, una estrella nívea con luz propia, amada hija, novia y amiga."

    Mientras dejaba las camelias arregladas junto a las otras flores, el chileno pensó en la vida que había compartido con esa chica. Tanto gracias al Réquiem como por los propios eventos de la Caída. El secuestro, la misión en Niflheim, el juego de ajedrez, las batallas. También el mundo blanco, Lionel, la vida junto a Mario y Armando, el tío Stephane y su familia, la vieja Durkheim, Surt, los números… había tanto en este mundo que ella trató de proteger. Tanto por lo que terminó entregando la vida. Y si bien aquel epitafio revelaba que aún hay gente que la ama, la historia distorsionada de la academia era un recordatorio constante de que muchos la veían como un demonio. Era injusto. Que este mundo que amaste hasta el final te diera la espalda por ir contra su corriente…

    ¿Pero qué podía hacer? ¿Insistir en cambiar la historia? ¿Qué ganaría con eso? De hecho, ¿no lograría con ello otra guerra? ¿Más muertes? Era cosa de que hablara. Pero… revivir memorias por el mero hecho de hacer correcto algo, sacrificando este presente…


    –Lucy. Este mundo no mereció tu amor. Tu dolor… tu tristeza… tu desesperación… ellos no saben nada sobre eso–mencionó Franco, pensando en lo que podría suceder si le daba uso al regalo de Psyche. Pero entonces hizo un gesto de negación con la cabeza–. Pero aun así… pensar de esa forma está mal–se corrigió–. No importa qué tan difícil… o doloroso… ustedes nunca se rindieron. Siguieron peleando, porque creían que algún día podrían superar todo esto…

    Más lágrimas. No importaba cuantas cayeran, nunca se acabarían. No mientras pudiese recordarlos. Y se sentía orgulloso de esas lágrimas.

    Porque caían por aquella que enmendó una parte destrozada de su espíritu.


    –¿No es cierto, Lucy?-se dijo con la voz quebradiza–Incluso si no tiene sentido… hay que seguir haciéndolo… ¡P–Porque éste es el mundo que mis amigos trataron de salvar…!

    El dolor no se iría pronto. Tal vez nunca. Pero estaba bien. Ese dolor existía porque ellos existieron. Ella existió. Y cargaría con su memoria y su voluntad.


    Psyche dijo que cargaba con la voluntad de Eros. Que así fuera, entonces.


    –Lucy…–le musitó a la tumba el chileno–Voy a hacer lo que pueda para que te sientas orgullosa de mí. Los haré sentir a todos orgullosos. Llevaré sus risas, sus penas, todo. Y me encargaré de que no se pierdan. Quiero ser un gamer que refleje sus ideales. Quiero nunca rendirme como Cris. Quiero poder entender como Andrés. Ser profesional como Alex. Proteger como Klaus. Volar siempre alto como Ren. Y amar como tú. Tal vez sea un sueño loco pero quiero intentar ser esa clase de gamer… así para cuando nos veamos de nuevo, te contaré cuánto me esforcé… y espero que me digas que hice un buen trabajo, Lucy…



    Franco se quedó un tiempo hablando de días felices y recuerdos infantiles, sentado frente a la lápida, hasta que el frío inició a sentirse. Entonces se levantó, despidiéndose con una reverencia, para luego caminar por ahí, con la mirada en el cielo que iniciaba a cambiar de tonalidad. Siguió avanzando hasta que éste se volvió anaranjado. Y luego más, hasta que cambió a negro, y los destellos de las primeras estrellas iniciaron a aparecer. El cielo era bello desde donde estaba, al punto que daban ganas de sentarse y admirarlo. Y eso hizo, se quedó viendo como de a poco el negro se llenaba de puntos luminosos.





    Y con esa misma belleza brillaban las estrellas sobre el cielo de No Life City. Alguien las veía desde el tejado de un edificio. Era una noche pacífica, considerando la naturaleza del lugar. Y aquel testigo del negro esplendor pensaba en el siguiente paso de su futuro.

    –¿Tienes que venir a molestar también aquí, narrador? ¿No tienes trabajo?

    Quería ver el espectáculo.

    –¡Lord Forrest! ¡Está todo preparado!-gritó alguien desde abajo, uno de sus sirvientes.

    –¡Da la señal, Rowan!

    –¡Si, milord!-el vaquero saltó a un caballo y cabalgó fuera del pueblo. Poco después varios disparos al aire se escucharon, y un tanto más tarde, un estallido en el cielo que iluminó por segundos éste con destellos y formas multicolores. Al que le siguieron muchos después en sucesión, causando un escándalo de proporciones.

    –¿Qué? Soy el emisario del fuego, me gustan este tipo de cosas.

    Nunca dije que fuera malo.

    –… Estoy segura que a Eros y C.C. le gustarían este tipo de cosas cursis. Y a Basilisk.

    Jajaja… supongo…

    –… Bah, suficiente sentimentalismo. ¡Vamos chicos, hora de beber y agarrarse a madrazos por ahí!


    Seguido de su contendiente, el mosquete corrió por las calles hasta encontrarse a un jefe vaquero a quien le propinó un golpe en la cara. La cosa no tardó en escalar, y poco después había una multitud peleándose a puño limpio bajo fuegos artificiales, sus gritos superando incluso el que causaban los estallidos en el cielo.

    Alguien arriba de seguro tendría que notar su bullicio.






    Para cuando Franco volvió en si el cielo nocturno estaba lleno de estrellas. Pero había un detalle que notó al regresar los ojos a tierra… ¿dónde se hallaba exactamente? Buscó su celular, pero éste estaba en negro. Trató de encenderlo. Nada. Ahora que lo pensaba… desde ayer que no lo cargaba. ¿Había agotado la batería? Genial…

    El lugar donde se hallaba estaba algo… deshabitado. Era casi bosque. Se encontraba en el límite de la ciudad, de seguro. En la distancia vio un edificio con luces encendidas y rodeado de múltiples vehículos pesados. Sin tener mucha opción se dirigió hacia allá para buscar alguna indicación o al menos un teléfono que funcionase. El interior era una especie de… restaurante… bar… extraño, poblado de tipos grandes y anchos, de enormes brazos trabajados por horas de labor y… uhm… era un… interesante paisaje…

    –Cierra el pico un rato–Ok ok, ya me concentro. El chico cruzó el umbral, haciendo que una campanilla sonase. Varios de los presentes miraron en su dirección, lo que hizo que el menor se quedara helado de golpe, mas en cuanto volvieron a lo suyo Franco pudo actuar otra vez. Se dirigió a la barra, donde un señor de piel morena y enorme cuerpazo… uhm… atendía a un par de tipos.

    –Oiga, una duda–


    –¿¡Y USTÉ QUE HACE POR ESTOS LADOS TAN TARDE, CABRO CHICO!?-gritó el hombre, lo cual hizo saltar al menor–¿QUÉ LE PASA? ¿ANDA NERVIOSO? ¡USTÉ TRANQUILO, QUE ESTÁ EN CONFIANZA, MIJITO!

    –Ah… uhm… gracias…

    –¡CHELO, PA’ LO QUE MANDE! ¿EN QUÉ PUEDO AYUDARLE?

    –Ah, puta, es que me perdí y se me jodió el teléfono, ¿tiene alguno usté?

    –SORRY MIJO, NOS CORTARON EL FIJO QUE TENÍAMOS Y NO TENGO PA’ LLAMAR EN MI MÓVIL. TAL VEZ ALGUIEN AQUÍ TE DE UNA MANITO, SON BIEN BUENA GENTE LOS CAMIONEROS.

    –Ok, gracias–dijo el sudamericano al otro, que fue a atender a un recién llegado, mirando a su alrededor. No sabía si ir y ya, tanta gente con mala cara en un sitio poco familiar le incomodaba, y el único elemento que no parecía encajar, un adolescente de cabello claro que parecía de su edad, se marchó antes de que pudiese preguntarle algo. Molesto, intentó consultar con quien tenía más cerca cuando algo llamó su atención. Un grupo en un rincón con muchas hojas y… ¿dados?


    –Oigan–al acercarse, notó que también tenían un tablero con figuritas–. ¿Están jugando D&D?

    –Sí, jovencito–respondió uno de ellos, quien al parecer era el GM–. Estamos terminando la mesa de hoy. ¿Te gusta el juego?

    [​IMG]

    –Yo…–balbuceó el chileno, viendo al otro fijamente–Sí. Digo, a un amigo mío le gustaba…

    –Si quieres quedarte a ver un rato no hay problema, chico–comentó otro de ellos. Franco tuvo la misma reacción al verlo, y solo atinó a asentir.

    [​IMG]

    –Entonces siéntate conmigo. Mira como me acabo a estos dragones.

    [​IMG]

    –Con la suerte que has tenido hoy seguro te comen vivo.

    –Tu calla y pasa los dados.


    Entre un grupo de tipos enormes Franco siguió el resto de la campaña. Estaban en la batalla final contra Tiamat. Varios de los participantes cayeron ante la furia de la señora de los dragones, hasta que el tipo que hasta entonces había sacado siempre bajo 5 consiguió dos 20 seguidos y acabó por fin con la amenaza, consiguiendo que todos en aquella mesa vitoreasen. Para cuando acabó la campaña solo tres se quedaron a ordenar las cosas.

    –¿Y qué haces un niño como tú a esta hora y por estos lados?-preguntó el de cabello corto por los lados al menor, luego de sacar en cara su última jugada a los otros dos.

    –Estaba viendo a alguien… y de ahí empecé a caminar y… me perdí–admitió el chileno, causando algo de risa en los hombres.

    –Tienes que andar con más cuidado chico, no vaya a suceder algo por ir por ahí sin fijarte–le comentó el de pelo cobrizo.

    –Por cierto, ¿eres estudiante de Durkheim?-preguntó el que tenía menos cabello de todos, señalando a su uniforme. Franco asintió–Ah, ya veo. ¿Y te va bien?

    –Se hace lo que se puede–el menor se encogió de hombros, lo que le pareció gracioso al hombre mayor.

    –Ponle ganas chico. Y bueno, ¿te hace falta un aventón o algo? Porque ahora nosotros nos vamos a la ciudad.

    –De hecho… si, pero ¿está bien? No quiero molestar tampoco.

    –¡No es molestia, chico!-el gamer recibió unas palmadas-Por cierto, ¿cómo te llamas?

    –Franco.

    -Yo soy García-comentó el que hizo de gm.

    -Dime Den-agregó el de cabello rojizo.

    –Y yo Bulldog-comentó el último-. ¿Dijiste Franco? Ho… raro…

    –¿Qué pasa?

    –Nada, que tu nombre se me hace conocido… como sea, ¡Nos vamos Chelo! ¡Nos dejas todo en la cuenta!

    –¡CLARO VIEJOS! ¡CUIDADO AL MANEJAR!


    El muchacho acompañó a los hombres a la salida, desde donde se dirigieron a un trío de motos que los esperaba.

    –¿Te has subido alguna vez a una de éstas?-preguntó el de cabello corto. Franco negó con la cabeza.

    –Aunque siempre quise.

    –Estás de suerte hoy, entonces–el llamado Bulldog subió a la suya–. Vente atrás y agárrate fuerte, ¿okay? Por cierto, ¿dónde vives?

    –¿Cachan Big Cube?

    –Seguro. ¡En cuanto te ubiques nos gritas!



    El ruido de las motocicletas encendiéndose tomó desprevenido al chileno, quien tardó en acostumbrarse al sonido. En cuanto el trío partió, Franco se sujetó lo mejor que pudo antes de sentir el viento golpearle la cara al acelerar. Era una sensación extraña… pero al mismo tiempo liberadora y genial.

    De hecho bastante similar a cuando volaba con Rengnar…

    Con esa velocidad no tardaron demasiado en llegar a su barrio, y de ahí fue cosa de seguir la dirección en que el menor apuntaba. Bajar por fin junto a su departamento fue un alivio, pero al mismo tiempo decepcionante, pues el viaje en moto se había acabado.


    –Gracias por traerme–dijo Franco a los hombres. Uno de ellos le revolvió el cabello al muchacho, acomodando sus gafas luego.

    –Tú no te preocupes chico. Solo no vuelvas a perderte así, ¿de acuerdo?-le comentó Den. Franco asintió.

    –Por cierto…

    –¿Uh?

    –… ¿Por qué me ayudaron tanto?

    El trío compartió una mirada cómplice y una sonrisa nostálgica.

    –Quien sabe…-replicó García en un tono parternal-. Tal vez nos recuerdas a alguien…–comentó. Franco prefirió no tocar más el asunto.

    –… Gracias.

    –Como sea chico, cuídate, ¿si? Nada de andar por sitios peligrosos.

    –Trataré.


    Los hombres se despidieron con un gesto antes de arrancar motores y marcharse. El menor los siguió con la vista y más allá, hasta que el ruido que hacían dejó de ser audible. El chileno entonces se quitó las gafas y se las quedó viendo, sonriendo de lado por un momento, para luego volver a ponérselas y mirar al cielo.

    Y entonces regresó a casa. Tendría que pensar en una excusa sobre por qué había llegado a casa a esa hora y acompañado por motociclistas.



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  13. Ahkilendra

    Ahkilendra Beep, beep im a sheep!

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    La clase con Peterson había iniciado. Su cuerpo estaba presente , pero su mente ausente. Si , cualquiera que le acompañó primer año podría alegar que era por diferencias con el profesor ya que era la peor en cuanto a rendimiento y motivo de burla en la clase.

    Ella simplemente no prestaba atención a su alrededor. Todo era lejano y falso. Ni le importó cuando Peterson le llamó por su nombre ni le envió al pasillo por desobediente, pues en otro tiempo se hubiese lanzado a la pizarra a responder erradamente los ejercicios de algebra y hubiese recibido risas de burla. Si eso era la norma no escrita.

    Hoy la bimbo lisiada no estaba y probablemente no volvería en mucho tiempo, quizás nunca. En un momento sintió una explosión de dolor , impotencia, rabia y Frustración que le hizo golpear un casillero con su puño siniestro para sentir un dolor real a lo menos.

    ¡Mentiras! todo eran mentiras. Su amistad con sus compañeros impopulares, la paz que había aquí , la dinámica social. Corrió hasta salir a un patio de la academia y se dejó caer para gritar y llorar.

    Uno que otro que pasó por ahí creyó que tuvo un quiebre amoroso o estaba loca. Ni aunque hubiesen venido ella les hubiese permitido acercarse pues no deseaba ser consolada por nadie ni a pesar de los croares de su rana.

    ¡Mentiras! Todo mentiras que prefirió creer para no enloquecer pero la dura realidad era que al mundo le importaba tres pepinos lo que sintiese y que la ”amistad" que tuvo con ellos no era verdadera sino el resultado de una necesidad. Iban en manada para no perecer. Ni siquiera los sentimientos que tenia por White, pues eran sueños que no vería hechos realidad. Jihyun tenia razón, La Frank tenia razón ¡El mundo estaba loco!

    Cayó agitada al pasto , intentando respirar. El mundo estaba loco y fundado en mentiras y normas silenciosas que te declaraban popular o impopular y aún así...había que vivir. No importó cuantas veces ese demente de Bliss le abusó y torturó , que nadie le creyese o que el mundo le viese un delincuente ni que tratase al resto duramente. Él era libre, no tenia que poner rostros para sobrevivir como una presa sino para burlar cual depredador. Podía despreciar a todos y aún así le seguían y no sólo eso: le querian y aprendió a querer a su peculiar forma.

    –Quisiera que estuvieses aquí... conmigo...sniif...no me importaría si me dijeses: lisiada estúpida. Todo es falso, Coreano , Buuuu Durk...heim...Buuu.

    Estaba en cero y aún viva. Eso era todo ¿No se lo mostró coreano y Adrien? ¡Incluso el Cabeza de Coco y Diamond! si había voluntad, había Había un camino. Ella haría su realidad y andaría por su camino. Él que la siga bien.

    -Hola lisiada.

    Esa voz. La había escuchado antes y era esa tipa de la mañana con sus amigas.

    –¿Te dejo tu nandito?

    Risas. Si, como hienas. Las cuales ignoró y le valió ser empujada con fuerza al suelo.

    –¿Te tropezaste?

    –No, piba... no quería ver tu rostro de cualquiera.


    Esta vez eso le valió se tomada de los hombros y arrimada a un árbol con fuerza.

    –¿Andai valiente , lisiadita?

    –La tipa con sus amigotas lo dice.


    Un rodillazo al estomago.

    –Vo necesitai conocer bien tu lugar, Bimbo tullida. Tal vez con tu ranita y...

    En ese momento esas palabras gatillaron algo en lo más profundo de ella. El recuerdo de un felino ensangrentado en el piso y los clamores de guerra. La frente de la argentina dio de lleno contra el rostro de la mujer que cayó de trasero y sintió un sabor metálico en sus labios y calidez recorriendo su rostro.

    –¡A Mi Rana NADIE LA TOCA! –clamó histérica.

    Maeve se refugió en un sitio seguro viendo con sus ojos a su dueña siendo golpeada entre cuatro personas que le dejaban caer puños, patadas y cadenazos de billetera.

    –¡No te metai conmigo! –La líder de la banda la escupió y le mandó una patada en las costillas que le hizo retorcerse.

    El cuerpo le ardía y cada musculo de su cuerpo le transmitía dolor pero era tan real mientras se levantaba y hacia contraste con el frío del pasillo mientras caminaba con sus muletas hacia la enfermeria. Una mueca de sonrisa apareció en su rostro herido y moreteado antes de desplomarse en la pared.

    –Lisiada ¿Estas bien?
    –¿Bien estas? Lisiada.


    –uuugh...veo doble.

    –Efecto de los analgésicos en tu cuerpo.
    –En tu cuerpo efecto de los analgésicos.


    Su mirada enfocó mejor notando la enfermería.

    –Kero.

    –Mae...


    –Tranquila, esta bien.
    –Bien esta, Tranquila.


    –¿Como?

    –Ibamos a dejar cosas al hermoso Gild y te encontramos tirada.
    –Tirada te encontramos y al hermoso Gild íbamos a dejar cosas.


    –Gracias.

    –Es nuestro trabajo.
    –Nuestro trabajo es.


    –¡Aún así! –Su voz por un momento adquirió un tilde espartano que sorprendió a L&L pero luego se ablandó e intento el amago de una sonrisa–...Gracias.

    Kristina intentó levantarse pero fue detenida por cada mano de las gemelas en un movimiento suave y sincronizado.

    –¡Media hora de descanso!
    –¡Descanso de media hora!


    Las ángeles de Gild no iban a dejar a esta muchacha ir así como así pues seria decepcionar al magnifico Gild. Ellas marcharon hacia la puerta.

    –Kristina.

    La voz de la argentina les detuvo.

    –Mi nombre....es...Kristina.

    Ellas no respondieron más allá de un asentimiento en sintonía saliendo de la puerta tomadas de la mano.

    –Kero...

    La discapacitada miró con cuidado a su rana sobre el escritorio.

    –Cuidame allá.

    Eso dijo antes de cerrar sus ojos.

    [×××]

    Hoy en Nexoverse News:

    El reinicio de un nuevo año es esperado como caótico. La gente opina de ello. En nexonews en la calle.

    Edna destroza a la competencia metafórica y literalmente con el anuncio de su nueva linea : Shinobi shileno inspirado en la moda de los ninjas de Nibikure y la leyenda del Shinobi de poderes místicos

    Parece que Edna no es la única que busca inspiración en el pasado para revolucionar el ahora pues la Idol sensación: Maeve, ha sacado dos singles llamados Ligth in the Dark y Weaver of Fates que conmemora a la revolucionaria Ligth hablando sobre sus grandes gestas y la misteriosa Fibrous cuyo paradero se desconoce hasta hoy. Cuando quisieron entrevistarla se negó a dar declaraciones pero sigue siendo fabulosa.

    La noche había llegado a No Life City y en el cielo retumbaban fuegos pirotécnicos. Ignorante de su alrededor, en una de las tabernas se hallaba una dama singular bebiendo whisky en las rocas siguiendo el ritmo de la música con una de sus patas. Su capa polvorienta le daba privacidad y un estilo de moda adecuado al lugar.

    –Usted no es de aquí.

    La tabernera goblin tomó su vaso.

    –¿Eso por?


    –Lo que bebes es un trago de señorita.

    –Tengo muchas cosas bajo esta capa , primor.

    –Entonces ¿Porque no las muestras?

    Una mano de un orco se posó sobre ella y luego de una elfa.

    –Seras una linda adquisición en el mercado.

    La visitante no dijo nada sino que se acercó a una vieja rocola y cambió la musica a un tema en singular. Uno que le trajo buenos recuerdos con tres grandes amigas de la cual Dos habían partido más sus enseñanzas iban con ella.

    La Elfa vio una capa tapándole el rostro y lo siguiente que supo fue que su cuerpo fue impulsado por una patada en su estomago y cayó sobre una mesa de apuestas provocando la ira de los forajidos viéndose forzada a llamar a sus dos orcos y la batalla de grupos paso a una lucha campal donde la anfibia daba ancas como recibía golpes, si no había mejor luto para un guerrero y sus bestias que vivir y luchar.

    AmakiAmaki
    TaKaTaKa
    LeoLeo
    IceIce
    Velvet.Velvet.
    zXArtemisXzzXArtemisXz
    CorventCorvent.
     
    Última edición: 12 Nov 2018
  14. Corvent

    Corvent |><(((((ಠ> ... Deal with it!

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    ¿Qué había conseguido a final de cuentas?
    Una crisis, una guerra, haber sido amenazados con la destrucción total y ahora… nada. No, aún peor, había ido perdiendo cosas en el camino. En un principio la llegada del grupo a ese pasado no había resultado tan problemática. Una situación desconocida, sí, pero no una de peligro. Poco a poco todo se fue desvirtuando, quemando él mismo puentes que no podría volver a cruzar. ¿Cuál había Sido el primero? Si las cosas fueran diferentes una voz familiar le habría recordado. Otro puente que había quemado.
    – Ah, claro, Franco. – Dijo Enache por lo bajo cuidando que el resto no lo oyera.
    Resultaba interesante el cómo había tardado en recordar a alguien que había intentado matarlo, quizás podía ser un reflejo psicológico, tratar de eliminar un problema olvidandolo. Por desgracia nada era tan simple. El lado emocional del Gamer había excedido sus expectativas. El rumano no se habría imaginado que su compañero decidiría retribuirle a tal nivel por haberlo abandonado y cambiado de bando.
    – Bueno, desde un principio no he Sido bueno con esas cosas…
    Alguien le había dicho que tenía que ser más empático, algo sobre aprender a “leer” a la gente. Nuevamente, el de cabello bicolor no podía recordar quién había sido, pero algo dentro de él le decía que aquél consejo venía de una fuente confiable. Quizás, si conseguía la oportunidad investigaría el tema.
    – Segunda pérdida.
    El segundo punto era más complicado, a pesar de que sucedió al mismo tiempo que el otro. Gild. ¿Cuál habría Sido el destino del alemán luego de que ellos salieran del Nexo. Era obvio que había sobrevivido a todo lo que había sucedido, pero los recuerdos que ahora veían con el “señor estrellado” no eran suficientes para saber a ciencia cierta todo lo que había transpirado luego de que ellos desaparecieran, o de que si quiera lo que habían hecho hubiera tenido una influencia. Si lo que hicieron ya estaba considerado en el pasado y sus superiores no habían mencionado nada cuando los conocieron o habían demostrado alguna reacción que apuntara a eso, era claro que ninguno recordaba haberlos conocido. Emil no sabía leer a la gente, pero estaba seguro que habría notado si algo así hubiera sucedido, al menos en retrospectiva, y ese no era el caso. Quizás el asunto con Gild podía realmente dejarse en el pasado y olvidarse.
    – Conveniente.
    Quizas podría haberle dado un mejor cierre al tema, pero de nuevo, un intento de asesinato contra su vida no había ayudado en nada.
    – Tercera pérdida… – Lejos, la más importante de todas.
    Aquel era un tema más delicado de lo que podría llegar a ser jamás el anterior. El asunto de Franco era una pequeñez al lado de lo que había sucedido con su arma- no, su verdadero compañero.
    – Herophilos.
    Los recuerdos seguían proyectándose. Armando realmente se veía como otra persona en su graduación. Un pensamiento pasajero entre cosas que realmente importantes. Si se le hubiera preguntado, Emil consideraba muchas veces más interesante los proyectos en sí del Nerd que al Nerd mismo. De haberse dado la oportunidad, probablemente hubiera pedido que lo posicionarse en Niflheim, pero bueno, desde un principio nada lo que había sucedido había sido regular o algo para lo que pudieran prepararse.
    La mente de Emil volvió a su compañero. A pesar de haber pronunciado su nombre, este no respondía, ni la más mínima reacción era perceptible, ni un sonido, lo que hacía las cosas todavía más estresantes para el deprimido, porque sabía que aunque su arma no propiciaba ninguna respuesta, estaba ahí. Aquel silencio era uno intencional, como aquel que podía dar otra persona como reproche, volviendo el ambiente tenso, solo que esta vez era todo dentro de sí mismo.
    “¿Dónde habías estado?”, esa pregunta era bastante simple de responder. Alejándose del conflicto, porque lo único que hubiera logrado de estar presente sería haber estorbado. Por un momento el rumano pensó que quizás así es como se sentía un irregular como Allen o Llun, de hecho, explicaba bastante bien porqué es que el primero desaparecía a la menor señal de problemas, pero había una diferencia que le hacía pensar que el podía sentirse peor. Era peor haber tenido y perdido que nunca haber tenido. El de los piercing había disfrutado de sus habilidades, acostumbrándose a ellas, explorando las posibilidades y sus usos y ahora no las tenía. Podría haber ayudado desde un punto de vista logístico, pero en aquel momento en que su propia arma lo había abandonado aquello no era algo que estuviera dentro de la mente de Emil. Casi lo habían matado y solo por eso Herophilos lo había ayudado, alguien simple se habría puesto en peligro constantemente para conseguir el apoyo de su arma, y quizás hasta le hubiera resultado, pero él no se consideraba alguien simple y no esperaba menos de su compañero. El bisturí no era un tinto y ambos sabían que el cuerpo humano no necesita de todas sus partes para seguir subsistiendo. El rumano podría sobrevivir sin una pierna y eso significaba que Herophilos no necesitaba intervenir si tal extremidad era amenazada.
    ¿Cómo era que Sofia se había arreglado con Hanzo? Quizás no lo había hecho del todo, eso era algo que solo ella podría saber, pero a diferencia de ella, él no lograba ni que su arma le devolviera una palabra. ¿Cómo iba a solucionar algo de esa forma? Decir cosas hasta que una resultará era una opción, una que no iba a tomar. Herophilos quería que llegará a algo, y no lo aceptaría si no era con sus propios medios.
    Imágenes de Lionel pasaron frente al grupo, un discurso de lo fallido del sistema.
    – Ah, él tuvo problemas para usar su arma alguna vez. – Recordó Emil. Quizás habría sido una buena oportunidad haber hablado con Lionel mientras estaban en aquel mundo del pasado, quizás haber obtenido alguna pista.
    Quizás sí la tenía. ¿Porqué se activaban las armas? Era por cosas específicas, sentimientos y emociones, un estado mental. ¿Cuál era el de Herophilos? El rumano no estaba seguro. Algo absolutamente básico y él no tenía ni la menor idea.
    – Quizás sería buena idea comenzar ahí…
    El tren de pensamientos fue detenido ahí por las palabras de Psyche, indicando que su viaje en el tiempo estaba pronto a terminar, pero augurando algo peor por venir, algo que ya había sucedido, algo por lo que muchos de aquellos con los que interactuaron en ese tiempo habían muerto, algo con lo que ellos se habían encontrado cara a cara. El arma esperaba que aquello les hubiera servido para estar preparados para aquella calamidad, algo cuestionable, pero cualquier ayuda era bienvenida por el de cabello bicolor.
    Emil miró a su alrededor viendo al resto de los que había llegado a ese mundo. Si existía algo llamado “Destino” tenía que ser algo consiente y que le gustarán las ironías. Emil descartaba muchas cosas, pero se había dado cuenta que de una u otra forma las opiniones de aquel grupo lo perseguirían y hasta ese momento no había hecho más que alejar a la mayoría.
    – P-puede ser… que tenga peor suerte que Kristina…
    No, eso era imposible y el pensamiento fue descartado, como muchas otras cosas, pero lo cierto era, que Emil no estaba de humor para ver a ninguna de esas personas a la cara.
    [***]
    Todo lo que podía sentir el rumano era dolor. Luego de que Psyche los despidió lo siguiente que le grupo supo es que estaban heridos. Quemaduras en la ropa y alguna de diferentes grados en su piel eran prueba de que algo los había atacado, extrañamente, el dolor comenzó a desvanecerse poco a poco. Cuando finalmente el rumano se halló en buenas condiciones se sentó en el piso, observando cómo sus heridas se estaban cerrando lentamente, un ritmo acelerado para lo que cualquier humano consideraría normal, pero de todas formas, lento para las habilidades que Herophilos había demostrado y de lo que era capaz. La respuesta a esto era que el bisturí estaba ligeramente clavado en el pecho del muchacho, su filo en contacto con su propio flujo sanguíneo. Una forma ingeniosa de poder curarse de forma general, aunque la velocidad se viera mermada, seguía por sobre lo que cualquier humano podría normalmente.
    Los daños habían sido causados por una explosión en la biblioteca. Era gracioso que luego de todo lo que habían vivido, el de iris grises prácticamente había olvidado donde había comenzado todo. Probablemente lo mismo o algo parecido le habría pasado a sus compañeros. Aquello no podía ser una casualidad. ¿Escapaban del pasado y volvían para ser víctimas de una explosión? Habían muchas posibilidades, desde algo preparado en el mismo libro que habían leído, como algún tipo de medida de seguridad, o la influencia de un tercero, uno con el poder para influir en aquel diario.
    Tanto para Baru como Ryrio era difícil creer lo que los Santos les decían. Emil no los culpaba, él mismo no se hubiera creído algo tan estúpido cómo viajar al pasado. Las consecuencias de algo así siempre eran desastrosas en la ficción, pero esto era la realidad… lo que significaba que las cosas podían ser mil veces peor. A medida que el grupo se recuperó, la líder del consejo los guio al mausoleo, un lugar de descanso, un homenaje donde se hallaban todos los caídos en el conflicto que ellos se habían perdido.
    Las vidas de muchos que pelearon en las crisis que ellos vivieron hacia momentos, ahora inexistentes de un momento a otro. Gente con la que pelearon codo a codo, o incluso como enemigos, algo que nada importaba. Cada uno fue en dirección a los lugares de descanso de aquellos con los que habían entablado alguna amistad. Tal vez una relación de respeto o admiración.
    ¿A qué tumba debía ir? Emil no estaba seguro. Sus pasos lo llevaron hacia los homúnculos, los primero en morir, aparentemente. No sentía ninguna emoción de tristeza o de pena, pero no sabía dónde más ir. Gild, Jesús, Reiji, se podía decir que eran las tres personas que podrían interesarle y todos estaban bien, aunque el rumano no se sintiera en el ánimo o si quiera con el derecho de hablarles. Gild no recordaba, pero era un asunto más de que el rumano sabía qué había sucedido. Jesús… él no parecía guardar esa clase de resentimientos, mismo caso que Reiji, aunque por diferentes motivos.
    – Quién lo diría, tal vez no soy tan malo en entender gente cuando lo intento... – Murmuró el rumano para sí mismo– Hablarás conmigo de nuevo, Herophilos, quieras o no, no está en nosotros el quedarnos sin hacer nada…
    No hubo respuesta, pero Enache sabía que su arma lo escuchaba.
    [***]
    El mundo real se sentía lento, demasiado tranquilo para todo lo que había vivido. Todo el camino desde la escuela se había sentido demasiado calmado. Enache no lo había notado, pero desde que había iniciado el año como impopular todo había estado sucediendo muy rápido, todo era caótico e incierto y era… divertido. Habían tenido pérdidas de vidas que realmente le importaban y aún estaba su promesa consigo mismo de cuidar al resto del grupo, pero su perspectiva definitivamente había cambiado.
    El rumano a abrió la puerta de su casa. Las luces estaban apagadas pero desde las ventanas entraba la iluminación de la calle, dejando a la vista un plato cubierto de film transparente, comida que su madre probablemente había dejado para él. Todo estaba frío pero Emil no de molestó en calentarlo, simplemente llevándoselo tal y como estaba a su habitación. Ahí, en su escritorio, el deprimido se sentó en silencio. Habían muchas cosas que debía planear y no había tiempo, nunca había tiempo, no desde el día en que había llegado a la oficina del consejo y había conocido al resto de ese grupo desafortunado.

    [***]

    AmakiAmaki TaKaTaKa IceIce LeoLeo zXArtemisXzzXArtemisXz AhkilendraAhkilendra Velvet.Velvet.
     
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