Quest D En sus marcas, listos, a limpiar! [Dylan & Gomamon]

Tema en 'Digital World' iniciado por Maiku, 26 Nov 2017.

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    Maiku

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    Basura. Todo lo que entraba en el campo de visión de la rubia y su excéntrico compañero era basura. No podían creer siquiera la cantidad de deshechos, ropa, tierra, bolsas, paquetes vacíos, entre otro sinfín de desperdicios que había regados por el suelo del barco. Desde la perspectiva del ser digital, esa visión era insultante para el barco en sí y la vida en alta mar. A lo lejos, Captain Hookmon se acercó cauteloso, aparentemente muy tenso y mirando a todos lados cual paranoico.
    — Vengan por acá, que Mizuno no los vea.​



    "En sus marcas, listos, a limpiar!"

    a) NPC que lo solicita: Captain Hookmon
    b) Descripción de la misión: Los tripulantes y hasta el mismo Captain Hookmon están cansados del desorden de la aventurera Mizuno, es tan extremo el mismo que necesitan la cooperación de algún Tamer que les ayude a convertir el Zeit Krokodile de una pocilga al importante y decente barco que realmente es.
    c) Descripción del campo de juego: El barco Zeit Krokodile.
    d) Objetivos a cumplir:
    • Seguir las órdenes de Captain Hookmon.
    • Pasar por todas las habitaciónes del barco.
    e) Notas
    • Quest disponible en modalidad individual o party (2 personas máx)
    • Mizuno no tiene ni idea del plan debido a que Captain Hookmon hará pasar al Tamer como uno más de las labores de reparación, deben evitar que los vea limpiando.
    • Todo es un auténtico vertedero.

    Dylan Tanneberger & Gomamon [iC]
    NPC personal
    Plazo: 7 días

    VerwestVerwest que te diviertas!
     
  2. Verwest

    Verwest Everlasting like the sun

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    Taggart le miró de reojo mientras caminaron hacia el Digimon. Dylan se sintió incómoda, pues aún a pesar de que Hookmon hablaba dándoles indicaciones, el varón no desistía de posar sus ojos sobre ella. Por al menos Gomamon, quien se encontraba entre sus brazos y muy atento a las palabras del compañero de la capitana del barco, no repararía en ello. De lo contrario se armaría un escándalo.

    —Tengan cuidado —parloteaba Hookmon— , que Mizuno no los vea...
    —Será interesante verte desempeñar labores domésticas —le dijo Drew al mismo tiempo por lo bajo, muy cerca de su oído. Al principio le costó trabajo asimilar dos voces hablando cosas distintas.
    —Su deber es limpiar cada camarote...
    —Aunque aún no comprendo por qué has elegido esta Quest tan esperpéntica.
    —Sacudir, barrer, ordenar, fregar...
    —Por favor, dime que no eres tan aburrida.

    Cuando Tanneberger sintió el aliento del de cabellera castaña muy cerca de su cuello, su imagen inamovible se fue al trasto por culpa de un respingo que recorrió su cuerpo entero de pies a cabeza. Un respingo que pasaba de todo, menos desapercibido. La rubia, con un aspecto descuidado, dio un paso hacia su costado derecho, alejándose del varón, alertando a Gomamon e interrumpiendo el palabrerío del capitán digital del barco. Enseguida Hookmon inquirió para saber si sucedía algo extraño, a lo cual la fémina negó con su cabeza.

    Incrédulo como ningún otro, Gomamon saltó de los brazos de su Tamer para trepar a su espalda y hombros. De esa manera no perdería de vista a Taggart ni tampoco a Monodramon. Aunque este último no parecía representar ninguna clase de amenaza, puesto que en todo el tiempo que llevaban juntos como equipo no había pronunciado ni una sola palabra, tampoco había tenido gestos ni acciones comprometedoras. Así pues, le preocupaba más el comportamiento del humano; ese ‘barbaján, arrogante, fantoche’ que se empeñaba en realizar Quest junto a su querida Tamer.

    —El armario de limpieza se encuentra al final del pasillo. Pueden comenzar —concluyó Hookmon. Después se retiró para atender a otro grupillo de Tamers que iban llegando para apoyar en las reparaciones del barco. Lo primero que hizo la germana después de perder de vista al Digimon, fue emitir un largo suspiro. Era fácil adivinar cuál era su sentir, al menos para aquellos que presumían de conocerle:
    —Qué pereza.
    —Pero ni siquiera hemos comenzado —alegó Taggart.

    A grandes pasos, Tanneberger se alejó del norteamericano para dirigirse a donde encontraría los objetos que utilizaría tal cual rifles en el cruel y mortífero campo de batalla: escobas, trapos y trapeadores. Sin mucho ánimo, tomó una escoba que estaba hecha de grandes hojas de paja amontonada y también un trapo de tela muy suave al tacto. Salió del armario y miró a su alrededor; ¿por dónde comenzar? El Zeit Krokodile era enorme. Antes de poder decidirlo, su compañero humano pasó por su lado para entrar a la pequeña habitación y tomar una cubeta y dos trapeadores.

    —Empezaré por el lado oeste del barco —indicó Dylan— . Te haré saber cuando termine mi trabajo para que puedas hacer el tuyo.
    —Espera —antes de que pudiese ponerse en marcha, Drew le tomó del brazo impidiéndole moverse. Ella ni siquiera forcejeó— , creí que haríamos esto juntos —pero Gomamon, atento a lo que sucedía, saltó de los hombros de Dylan para empujar al hombre.
    —¡Suéltala, ser inferior! —Bramó la foca. El otro Child, Monodramon, gruñó al detectar la cuasi agresión hacia su Tamer. Antes de que la situación se tornara problemática, la fémina se plantó en medio de los combatientes para tranquilizar las aguas.
    —Err —comenzó aclarando su garganta. En realidad no sabía a ciencia cierta qué pronunciar y hasta se sentía incómoda gozando de cierto protagonismo; ella no era una lider— . No es conveniente barrer y trapear al mismo tiempo —fue lo único que atinó a decir. Encogida de hombros, sus ojos se encontraban examinando con suma curiosidad el piso de madera que formaba parte de los acabados de aquella embarcación de lujo... Hasta que de pronto, recordó la promesa que se había hecho a sí misma. Dylan alzó su rostro y miró a Taggart directamente a los ojos— . Haremos esto de la manera correcta: comenzaré barriendo una de las habitaciones y tú esperarás afuera hasta que termine para que puedas trapear. Gomamon y Monodramon sacudirán y ordenarán los objetos —dijo con una determinación casi impropia de su persona— . Así será más rápido y además...
    —Okey —interrumpió el varón. Su acento era tan americano.
    —¿Qué?
    —Está bien. Lo que tú ordenes.

    El silencio se instaló en los presentes, aunque Tanneberger podía presentir que pronto sería cortado por culpa de la incómoda sonrisa de Taggart: era como si todo aquello le pareciera divertido. ¿Acaso se estaba burlando? Para prevenir más situaciones tortuosas, tomó a la foca con un brazo y su rifle de batalla con el otro, luego se marchó por el pasillo hacia aquel lado del barco en donde dijo que comenzaría con su trabajo.

    —Dylan, ¿por qué trajiste a ese esbirro ordinario con nosotros? —preguntó Gomamon en el trayecto. Su entrecejo lucía arrugado desde que la presencia de Andrew se hubiese hecho casi permanente; era obvio que el humano no era de su agrado por culpa de ese carácter bribón, presuntuoso, y además porque en ocasiones solía mostrarse irrespetuoso para con su Tamer.
    —No lo sé —la Heroína emitió otro suspiro. Después de pensarlo un poco, respondió— . Creo que él quiere algo de nosotros —torció su mueca. Seguramente se habría llevado una mano a la barbilla si tan solo las tuviese libres— , o necesita ayuda.
    —Entonces, ¿él es tu segunda labor humanitaria del día?
    —¿Cómo es que un Digimon sabe el significado de la palabra ‘humanitario’?
    —He estado leyendo —el pelinaranja saltó al piso para colocarse frente a Dylan e infló su pecho con orgullo. La rubia le siguió y con su dedo índice pinchó sus mejillas, haciéndole sonreír— . Lo digo de verdad, ¡he estado leyendo! —Agregó el Digimon entre risas.
    —Falacia.



    MaikuMaiku
    me-puedes-dar-pase?
     
    Última edición: 30 Nov 2017
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    Maiku

    Maiku Mr. Nobody

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  4. Verwest

    Verwest Everlasting like the sun

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    Las primeras habitaciones que visitaron eran pequeñas, muy pequeñas: Dylan apenas necesitaba avanzar unos cinco pasos para tocar la pared del otro extremo del lugar. A su costado derecho había una litera de camas individuales y a su izquierda un estrecho escritorio en donde reposaba un florero lleno de lirios y un par de libros. Había poca luz puesto que se encontraban debajo del nivel del mar, la escotilla al fondo solo les dejaba ver el azul intenso de las aguas. Después del rápido análisis, los héroes comenzaron con su tarea.

    Tal vez no era buena en ello, pero nadie podría negar que disfrutaba haciéndolo. Barrer era una actividad tan simple y ordinaria -‘digna de seres inferiores’ según Gomamon-, así como también relajante. Movió su escoba por el piso hacia la derecha y luego hacia la izquierda; hacia adelante y luego hacia atrás. Sus zapatos estaban llenos de polvo, pero poco o nada le importaba su aseo personal porque estaba en ese lugar para ocuparse del aseo de los demás.

    —No deberías limpiar para estos mequetrefes, Dylan —insistió la foca mientras sacudía el único mueble sin mucho cuidado: por mera suerte no había resbalado el jarrón ni tampoco los libros. Desde que había descubierto cuál era su nueva Quest, no paraba de recordarle a su Tamer que ellos eran ‘de la realeza’ y que los mortales ordinarios ‘tenían mucha suerte de ser atendidos por ellos en sus obras de caridad’— . Eres demasiado bondadosa.
    —Imagina lo felices que se pondrán cuando sepan que el mismísimo Rey del Digimundo ha venido a atenderles —parloteó la germana. Sabía que alimentando el ego de su compañero era la única manera de convencerle de realizar sus obligaciones.
    —Ah, tienes razón —Gomamon saltó sobre la cama del camarote y peinó sus cabellos naranjas antes de levantar su quijada en un gesto de superioridad— . Aunque nadie debe enterarse de que he movido este sucio trapo con mis propias garras. Les dejaremos saber que fue ese esbirro norteamericano y su compañero subnormal quienes han hecho el trabajo para nosotros.
    —¿Esbirro? —dijo de pronto Drew, asomando la cabeza por la puerta entreabierta— ¿Me acabas de llamar esbirro?
    —¡Así es! —la foca le señaló con su garra— ¿Acaso eres sordo? —su tono era desafiante, pero antes de que otra discusión diese comienzo, Dylan le reprendió con una leve mirada. Eso bastó para se tranquilizara y volviese a sus labores. Después se dirigió hacia la puerta y la abatió para revelar la figura completa de su compañero humano.
    —¿Qué haces aquí? —preguntó ella.
    —Ya terminé con la habitación anterior.
    —Vaya —pestañeó un par de veces y habló sin emoción— . Eres rápido.
    —Soy muy rápido —aseguró el hombre con una sonrisa.

    No obstante, su intento de galantería resultó ser estéril con la teutona. Dylan abatió de nuevo la puerta y esta vez para cerrarla por completo, aporreando la nariz respingona y quizá las mejillas del varón en dicho proceso. Si bien le agradaba Andrew –aunque no supiera demostrarlo-, lo que ella necesitaba era paz para poder llevar a cabo su trabajo, la cual seguramente no conseguiría si juntaba la presencia del susodicho y Gomamon dentro de un espacio tan reducido. Es por ello que había inventado aquella excusa para poder separarse en dos equipos de trabajo. Aunque tal excusa no tenía nada de mentira.

    Tanneberger continuó con su actividad y con un poco de prisa, pues ahora sabía que Taggart esperaba en el pasillo para poder proseguir con el siguiente paso de limpieza. Se aseguró de barrer también debajo del mueble y debajo de la cama. Al final recogió el polvo y lo depositó en una bolsa de basura que se encontraba al ras del límite; los habitantes del Zeit Krokodile generaban una gran cantidad de desechos: envolturas vacías de alimentos y bebidas, más que nada.

    Debido a que Dylan no era precisamente la más fuerte físicamente del grupo, Gomamon se ofreció tal cual caballero en armadura brillante (¿) de ocuparse de los desechos. Tomó la enorme bolsa y la arrastró con sus garras para llevarla hasta la superficie del barco y depositarla en otro contenedor más grande de basura. Entre tanto, la humana se dirigió hacia la siguiente habitación.

    Aquella era la última antes de pasar hacia el siguiente nivel del barco. Temía que las próximas habitaciones fuesen más grandes; renegó con su cabeza, empero, para no pensar mucho en ello y siguió barriendo. De lo contrario le inundaría ese sentimiento que le caracterizaba:

    —Qué pereza.
    —Anímate, ‘blondie’ —instó aquella voz: Drew. Dylan se asomó por encima de su propio hombro para mirarle otra vez en el marco de la puerta— . Tu actitud no te dejará nada bueno.
    —Claro —la rubia alzó sus cejas— . Tú dímelo —tono irónico, pero Drew no lo pudo detectar.
    —Estamos en medio del mar disfrutando de estos apestosos camarotes junto con un par de trapeadores y escobas. ¡Divertidísimo! —tono irónico, y el del varón sí que era obvio.
    —¿Qué haces aquí? Deberías estar limpiando.
    —Ya terminé con la habitación anterior.
    —¿En dónde está Monodramon?
    —A nadie le importa —Taggart se encogió de hombros, después se recargó sobre el mango del trapeador para mirar fijamente a Tanneberger.

    La rubia rodó sus ojos y luego siguió a lo suyo. La escoba de paja se notaba algo desgastada, motivo por el cual cada vez le costaba más esfuerzo realizar su trabajo. Además, sus zapatos estaban tan sucios que ya casi era imposible ignorarlo: sus agujetas, que antes eran blancas, ahora lucían negras y sus calcetas grises. De repente, Drew emitió una sonora carcajada que fastidió un poco a la casi impasible germana.

    —¿Por qué siempre estás sonriendo? ¿Qué es tan gracioso? —Dylan lo decía como un reproche, en realidad no esperaba respuesta coherente por parte del de cabellera castaña, pero el resultado fue sorprendente:
    —No sabes barrer.
    —¿Qué?
    —No sabes barrer. Es por eso que eres tan lenta —la mujer quedó boquiabierta por unos segundos, tiempo en el cual el varón fue hasta ella y le arrebató su herramienta de trabajo— . Debes mover la escoba de lado a lado y hacia afuera, no hacia ti, ¿notas que has arruinado tus zapatos? —dijo mientras le mostraba la manera correcta de hacerlo. Dylan se cruzó de brazos y alzó una de sus cejas. Su semblante era neutral, o quizás apático, como si estuviese presenciando un aburrido funeral— ¿Entendiste? —no pronunció ni un sonido, así que el castaño prosiguió— ¿Sabes? Comprendo que no hayas llevado a cabo estas actividades antes. Siendo parte de una adinerada familia, no tienes necesidad.
    —¿Cómo sabes eso?
    —Ya te lo dije. ¿Acaso no me recuerdas?

    Él sonrió y ella se mantuvo petrificada. Al paso de los minutos, Taggart terminó por completar lo que en un principio era tarea de ella. Enseguida el mismo procedió a trapear, después a sacudir. Tanneberger apenas reaccionó juntando algunos envoltorios vacíos y desechos, llevándolos consigo hasta que volviese Gomamon o encontrase otro depósito de basura. La limpieza en aquella habitación estaba completa. Los humanos salieron al pasillo cargando las escobas y cubetas, y la teutona tenía intenciones de aprovechar ese momento para indagar más en la identidad de su compañero: ¿por qué le resultaba su rostro familiar? Debía ser un antiguo conocido puesto que él clamaba conocerle a ella, y debía serlo de alguna situación o lugar en el mundo real. Dylan despegó un poco sus labios secos, producto del cansancio ante el arduo trabajo, tomó aire. No obstante, antes de decir algo, Andrew se adelantó hablando primero.

    —Solíamos asistir al mismo colegio —¿acaso el varón podía leer su mente?— . Solías ir a mis partidos de lacrosse para animarme —Súbitamente abrió sus ojos más de la cuenta: la palabra 'lacrosse' era como una revelación a medias... Dylan pensó un poco en ello hasta que de pronto, de la habitación contigua apareció Monodramon cargando consigo otro trapeador y cubeta. El momento personal y emocional quedó relegado a un segundo término a causa de una ligera molestia.
    —¿Dejaste a Monodramon solo, haciendo tu trabajo? —Inquirió, solo para confirmar sus suposiciones: al parecer Taggart, además de tratar mal a su compañero, abusaba de su lealtad y confianza.
    —Hey, no es solamente mi trabajo. Él también es parte de la Quest —se defendió el castaño.

    La rubia palmeó su rostro. Iba a rebatir, pero entonces apareció por la vuelta del pasillo una persona caminando y con su vista perdida detrás de unos papeles arrugados, tan viejos que parecían pergaminos piratas. Esa piel bronceada, esa cabellera ceniza atada en una coleta y ese aroma a brisa salada de mar; era inconfundible: se trataba de la capitana Mizuno. Dylan lo sabía porque había trabajado para ella hacía mucho tiempo atrás en las reparaciones del barco.

    —Es Mizuno —dijo por lo bajo. La citada se aproximaba a ellos con un paso lento.
    —¿Quién?
    —¡La capitana Mizuno! —se exaltó un poco. Propinándole un leve codazo a Taggart, este pareció recordar las advertencias que les hubiese hecho Hookmon.
    —Ah —mustió secamente el hombre. Pero al momento siguiente, tomó con rapidez los objetos de limpieza de Dylan y los suyos, luego se los entregó a Monodramon y le ordenó que desapareciera entrando a alguna de las habitaciones vacías. Entre tanto alboroto, la capitana despegó la vista de sus papeles y miró apenas a los humanos en medio del pasillo. El par se mantuvo estático, temiendo que la capitana hubiese alcanzado a observar alguna actitud sospechosa en ellos. La rubia tragó en seco.
    —¿Qué hacen aquí solos? —Preguntó Mizuno, y antes de que alguien respondiera prosiguió— ¡Par de tórtolos! —el tono juguetón que usó para acusarles desencajó a la teutona.
    —No es lo que parece.
    —Lo es —repuso el norteamericano para seguir la corriente. De pronto, la Heroína se sintió indefensa. ¿En dónde estaba Gomamon?— . No seas tímida, Dylan —él se acercó a ella con esa mueca burlesca, luego intentó tomarle de la mano, pero el simple contacto de la yema de sus dedos sobre su piel, le hizo sentir náuseas.
    —¿Dylan? —Inquirió la capitana. Aprovechando su irrupción, la rubia dio un paso hacia atrás para zafarse del hombre— ¡Viniste a ayudar de nuevo con las reparaciones! —asumió Mizuno. Los pensamientos de Tanneberger daban vueltas, por lo cual se dejó llevar por sus instintos asintiendo con la cabeza. Infame falacia que le rescataría del presunto apuro— Es por acá, síganme —les ordenó la capitana.
    —Blasfemia.

    Tal cual jóvenes estudiantes reprendidos por la seguridad del colegio, Drew y Dylan marcharon casi cabizbajos siguiendo la estela de Mizuno. La rubia tuvo una sensación de Deja-vú, pero curioso era que no podía recordar tal escena. ¿En verdad había compartido sesiones de estudio con Taggart? A saber en qué lugar, en qué momento. Su ‘condición de salud’ no le impedía recordar rostros, pero sí le volvía bastante distraída, además de la alta ingesta de medicamentos que solían dejarle en un estado casi vegetativo. Escarbar en su memoria para encontrar la identidad del varón se antojaba como una travesía tortuosa, pues ello conllevaba a recordar, también, etapas en las cuales solía desenvolverse como una persona muy distinta a quien era ahora.

    —Lacrosee...

    No había vergüenza, pero tampoco orgullo.

    Entre tanto, Mizuno les llevó hasta la cubierta del Zeit Krokodile. En ese lugar, la Heroína se topó primero con Hookmon, que les miró desde lejos con un gesto reprobatorio, y luego con su compañero de batalla, que adivinó casi automáticamente lo que estaba sucediendo. En silencio, la foca se integró al grupo trepando sobre los hombros de su Tamer. La capitana señaló al trío una tarima adherida a la popa del barco: los trabajadores debían subir a ella con las herramientas necesarias para poder tallar los restos de pintura oxidada antes de colocar una nueva capa de pintura. Ya había otro par de Tamers en ese lugar trabajando. El trío tomó sus utensilios y se dirigió a ello para unírseles y colaborar en las tareas.

    —Esto es trabajo extra, ‘blondie’. No me pagan por reparar barcos sino por limpiar habitaciones —se quejó Taggart.
    —Esto es tu culpa, esbirro —le atizó la foca.
    —Escaparemos de esto —musitó la rubia con calma mientras pensaba en algún remedio para sus problemas. ¿Qué podía hacer? ¿Cómo podría convencer a la capitana de que se encontraban ahí para ayudar en las reparaciones pero limpiar las habitaciones del barco al mismo tiempo? Y sin que se descubriera esto último. No podía partirse en dos para llevar a cabo ambas tareas, así que tenía que salir de ahí para cumplir con lo que era verdaderamente relevante— Gomamon, tomemos un poco de agua —dijo Dylan, su compañero sonrió y comprendió al instante.
    —¿Estás sedienta? —incrédulo, el castaño le miró por encima de su hombro. Pronto descubriría el significado de aquellas palabras.

    De manera sorpresiva, Dylan cayó de espaldas como un objeto muerto de la tarima hasta caer en el agua, sumergiéndose en las mismas durante largos segundos. Andrew, alarmado, ahogó un gritillo en su garganta, ¿la rubia había resbalado? ¿Por qué no salía del agua? Enseguida gritó su nombre con algo de desesperación.

    —Dylan, ¡Dylan!
    —Cierra la boca, ser inferior —espetó Gomamon justo antes de empujar al varón para que también resbalase y sufriera el mismo destino que su Tamer. Después de hacerlo, el Digimon acuático saltó hacia ellos.

    Los Tamer alrededor escucharon el alboroto y de inmediato pausaron sus actividades para observar lo que estaba sucediendo. Después de dar un paseo por las aguas y refrescarse, Tanneberger emergió de hombros hacia arriba para tomar un poco de aire. Arrastraba consigo a Taggart, quien al parecer no era un buen nadador o no sabía nadar del todo, y del otro lado Gomamon, que continuaba disfrutando de su hábitat natural. La capitana Mizuno les miró desde la cubierta del barco y en un tono de preocupación, pidió a sus navegantes que ayudaran a rescatar a ‘aquellos descuidados Tamers que habían resbalado del barco’.




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  7. Verwest

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    Después de refrescarse y hacerle creer a la capitana Mizuno que ‘habían resbalado por error de la tarima’, Drew, Dylan y Gomamon se dirigieron de vuelta a las habitaciones del barco para tomar un descanso concedido por la misma capitana. Después de todo, no podían continuar ayudando en las reparaciones en esas condiciones: con su ropa mojada, el cabello enmarañado y ‘asustados’ después de sufrir tal accidente. La farsa había resultado ser un éxito.

    Dylan merodeó de un lado a otro del vestidor, usando únicamente el bañador que siempre portaba debajo de su ropa mientras esperaba que sus demás prendas se secasen. Gomamon descansaba en una esquina de la habitación echado de espaldas, dormitando en una siesta. Rondó más rápido porque en su cabeza tenía la impresión de que, si no se daba prisa, no alcanzaría a limpiar las habitaciones restantes antes de que Mizuno reparara en su ausencia. Todo se debía al efecto de sus preocupaciones hasta que de repente, simplemente se detuvo. Dylan se mantuvo casi estática, de no ser por sus manos temblorosas: si no se tranquilizaba, sufriría de un ataque de hiperactividad. Tomó asiento en una banca muy larga hecha de madera y luego apretó muy fuerte entre sus manos su Digivice iC. Cerró los ojos y respiró profundo.

    —Hey, Tanneberger —le llamó Taggart desde el otro lado de la puerta. La rubia había sido precavida poniendo el pasador para que nadie pudiese molestarle— . ‘Blondie’ —insistió el hombre— , terminemos con esto, ¿quieres? —La citada reveló sus orbes esmeraldas y llenó sus pulmones de oxígeno para poder ponerse en pie.

    Dylan no tuvo más remedio que ponerse sus ropas húmedas para poder reanudar sus labores, y Drew hizo lo mismo. Después de despertar a Gomamon, salieron del vestidor para reunirse con Monodramon, quien ya se encontraba listo con las cubetas, trapeadores, escobas y trapos. Avanzaron hasta el siguiente nivel del barco, aunque la rubia se adelantó bastante para entrar primero a una de las habitaciones. Para su desgracia, aquellas sí eran un poco más grandes con las anteriores y también más sucias. Les tomaría más tiempo limpiarlas.

    Dejó escapar un leve suspiro mientras tomaba su herramienta de trabajo, luego comenzó a barrer el piso lleno de unas manchas de color rojizo. ¿Acaso era sangre? Al mismo tiempo, Gomamon se desplazaba por todo el espacio juntando la basura y ordenando los objetos y muebles.

    —Gomamon —le llamó Dylan tras acercarse a una de las camas y descubrir que también se encontraba salpicada de aquella sustancia roja— , necesitamos lavar las sábanas y edredones.
    —Bah, yo me haré cargo —dijo el acuático saltando hacia aquella cama. Enseguida tomó los retazos de tela que la cubrían, los dobló y salió con ellos al pasillo buscando a Taggart para dárselos— . Súbdito, te ordeno que vayas a la lavandería.
    —¿Q-qué? —El castaño lucía desencajado.
    —Que vayas a la lavandería. Apresúrate —espetó ‘el Rey del Digimundo’. Después se marchó dejando al humano boquiabierto. Resignado, Andrew terminó por seguir las indicaciones del Digimon, aunque de muy mala gana.

    Al percibir la ausencia de su compañero humano, Monodramon se acercó a donde se desenvolvía la otra humana y tomó un pedazo de trapo gastado para ayudarle. Inmediatamente comenzó a sacudir con brusquedad todo a su alrededor, inclusive las paredes, el techo, el piso. Su entusiasmo era innegociable por encima de que no pacía saber muy bien lo que estaba haciendo. Gomamon miró de manera extraña a dicho Digimon, luego a Dylan. Esta última se encogió de hombros y ablandó su semblante, dando a entender que apreciaba la ayuda del de tipo Dragón, a pesar de todo.

    Y en ese rato, los presentes se mantuvieron sin pronunciar palabras. El único sonido en el aire era el rechinido que ocasionaba Monodramon mientras raspaba con su trapo la mesita de noche junto a las camas. Esa misma falta de delicadeza que en alguna ocasión le achacaba su Tamer, por poco le llevó a derribar unas lámparas que lucían bastante costosas.

    —¡Tonto! ¡Te dije que tuvieras más cuidado! —La voz grave de Taggart retumbó en la habitación cuando hubo aparecido de vuelta, justo a tiempo para ver las actividades y las maneras de Monodramon. El Digital se quejó emitiendo un sonoro gruñido, pero eso no impidió que su Tamer continuase regañándole— Eres un bruto, ¡no tienes cerebro!

    Tanneberger tomó a Gomamon muy fuerte en sus brazos antes de que este intentase intervenir en el momento áspero entre aquella pareja. Se convenció de que lo mejor era mantenerse a raya, ignorarles, porque quizá no todos los Tamers y sus compañeros Digimon solían gozar de una relación tan cercana como la que ella tenía con Gomamon. Lo cual era normal. Incluso recordó que en un principio la foca y ella no solían llevarse bien. Pensando en ello, abandonó a paso muy lento la habitación y se dirigió hacia la siguiente.

    —Dylan, ellos son unos seres inferiores muy anormales. Sub-inferiores —dijo la foca mientras limpiaban el nuevo lugar. La rubia pensó en algo inteligente o sabio que pudiese contestar, pero al final las palabras no salieron de su boca. Mordió sus labios y un pequeño atisbo de sonrisa apareció en ellos. Gomamon se sintió tranquilo al detectar el gesto.

    Las siguientes horas, la Heroína se dedicó a terminar la limpieza en compañía exclusiva de Gomamon. El ambiente era ameno y hasta un tanto divertido: en una de las muchas habitaciones se encontraron con todos los muebles patas arriba. Era como si un remolino hubiese causado revuelo ese lugar. Con algo de esfuerzo físico Gomamon y la rubia consiguieron poner todo de vuelta en orden. En otra habitación, las pilas de basura se amontonaban hasta formar montículos casi tan altos como la misma Dylan, además del horrible olor que desprendían lo cual volvía todo muy desagradable. Como no podían sacar todos esos desperdicios sin que nadie en el barco se diera cuenta, a la humana se le ocurrió que podría convertirlos en datos y guardarlos en su Keychain hasta llevarlos de manera incógnita a los contenedores de basura. Mientras lo hacía, se preguntó si es que sus objetos ya guardados en dicho aparato podrían quedar impregnados de suciedad o mal olor. Palmeó su rostro y se lamentó mentalmente, aunque al fin y al cabo no había otro remedio.

    En la siguiente habitación -afortunadamente la última-, la teutona y la foca se encontraban sudorosos, cansados y con mucha hambre. Sin embargo, como la tarde se consumía rápidamente y no era su intención viajar de vuelta hasta File City en medio de la noche, aparcaron su sentir para culminar más pronto que tarde sus labores. Gomamon se retiró a rellenar las cubetas de agua mientras la humana se dedicó a analizar el siguiente espacio, uno muy grande y majestuoso, con piezas y muebles aparentemente más caros que los de las demás habitaciones. La luz era tenue, no obstante, entre medio de todo pudo reconocer la silueta de un varón parado de espaldas.

    No le había visto desde que le dejara a solas discutiendo con Monodramon, inclusive creyó que quizá habría desertado de la Quest: se trataba de Taggart.

    —¿Drew? —el joven respingó por sorpresa. Claramente no había percibido la presencia de la joven, y con ese movimiento repentino dejó caer de sus manos una pequeña bolsa hecha de cuero. De la bolsa cayeron, a su vez, un montón de monedas de esas que se usaban en el mundo Digital: al menos unos ochocientos bits.
    —¿D-Dylan? —el hombre pateó con sutileza la bolsa y su contenido debajo de la cama más cercana. Luego sacudió sus manos y al girarse para encontrarse de frente con la rubia, sonrió con nerviosismo.

    Alrededor de Tanneberger nada parecía estar fuera de lugar ni tampoco había suciedad, polvo. El piso tan brillante como una baldosa recién pulida revelaba que las labores de limpieza se habían llevado a cabo recientemente. Junto a Andrew, más al fondo, estaban las escobas y cubetas que seguramente había utilizado. Pero, ¿por qué el hombre lucía sospechoso? La rubia fue hasta un escritorio cerca de ella y tomó el portarretratos que yacía en él: se trataba de Mizuno. Aquella habitación pertenecía a la capitana del barco y, por consecuente, el dinero que Taggart intentaba tomar, también.

    —¿Por qué haces esto?
    —¿El qué?
    —Robar.
    —No estoy robando —rebatió el varón muy rápidamente— . Solamente estoy tomando algo...
    —Algo que no es tuyo —Dylan le arrebató las palabras de vuelta— , ¿acaso no es lo mismo? —sus ojos escudriñaban con seriedad al hombre, quien a pesar del tono neutro en las palabras de la mujer, podía detectar cierta molestia en ella— . Te pagarán bien por completar esta Quest. Y aún así, si eres mi amigo... —la duda y la desconfianza se apoderó de ella. Cerró sus ojos por un segundo antes de continuar hablando— si se supone que eres mi amigo y necesitas más dinero, yo podría...
    —¡Ya no somos amigos y no necesito dinero! —esa sensación que Taggart detectaba en ella terminó por hacerle también molestar. No deseaba su falsa compasión ni tampoco su lástima— Es la emoción, el riesgo. Jamás lo entenderías —el joven desvió su mirada, y en orden de abandonar el espacio que compartían juntos, tomó sus utensilios; ese movimiento de muñeca mientras blandía la escoba tal cual un palo de beisbol... No. Tal cual un palo de lacrosse. Un recuerdo nítido golpeó a Tanneberger así como el fresco oleaje de una mañana de verano. Más que nunca, se aferró al marco de la puerta para bloquear el paso de Drew quien tuvo que detenerse y mirarle otra vez a los ojos— . Déjame pasar, Dylan.
    —No puedo hacer eso hasta comprobar que no hayas tomado ninguna otra cosa, Sawyer —su nombre en labios de la teutona le hizo sentir escalofríos. Sin embargo, no se dejó llevar por el momento.
    —¿Quieres que vacíe mis bolsillos? —el tono era uno de sarcasmo o broma, pero al ver que no causaba ninguna gracia, retomó su molestia— No he tomado nada.
    —Muéstrame tus bolsillos.
    —Lo digo de verdad. No tomé nada.

    Antes de que la discusión entre los Tamers se convirtiera en un fuego abrazador, c
    omo por obra del destino apareció Hookmon, solamente para verificar que la limpieza se hubiese llevado a cabo en forma correcta.

    —Chicos, han hecho un gran trabajo el día de hoy, pueden irse ya. Háganlo antes de que la capitana aparezca para tomar su habitual siesta —dijo con amabilidad, aunque por sus ademanes desesperados supieron que se trataba más de una orden— ¡Vayan! ¡Ahora!

    El dúo salió del lugar, se reunió con Monodramon y Gomamon, después abandonó los confines del barco.





    MaikuMaiku fin (?)
     
    Última edición: 7 Dic 2017

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