Historia Matatabi [Taiga Shiba]

Tema en 'Naruto World' iniciado por Blair, 7 Jul 2018.

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  1. Autor
    Blair

    Blair スパークル Moderador

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    Desde la desaparición de Rinha el consejo no había tenido una junta formal, sin embargo, ahora se encontraban dentro de aquella sala nuevamente; Taiga se sentía incómodo, viendo la otra cabecera de la mesa vacía debido a la ausencia de Pawa. Los miembros del consejo se encontraban acomodados en sus respectivos lugares, entre ellos también había un puesto vacío: el del clan Hakugaku. Todos guardaban silencio, cosa que ponía todavía más ansioso al peliverde ya que ellos hubieron sido quienes llamaron a la reunión y él desconocía los motivos. Era la primera vez desde la fundación de la villa que se le avisaba de alguna reunión sin decirle el porqué de la misma.

    ¿Tienes idea del motivo de la junta? – Yumiko fue quien decidió romper el silencio, el peliverde se enderezó en su sitio, ligeramente sorprendido por la repentina oración.
    No estoy seguro.
    Hace poco más de una semana tuviste una misión con Sayuri, aquí presente, y también con Akisora. – El solo mencionar de aquellas fechas, Shiba automáticamente supo qué era lo que estaba ocurriendo, o al menos parte del motivo. Se sintió más incómodo aún, como si la presión se le viniera encima repentinamente, una que no había estado tan presente en los últimos meses por las miles de tareas que tenía como dirigente, además del rastreo de la organización Pan y la desaparición de Rinha. – El reporte llenado por Hanamura nos dejó algo preocupados.
    Lo siento. – Al instante, el ANBU se disculpó por lo sucedido, no era la primera vez que alguno de sus aliados había tenido que cuasi noquearlo para que recuperara el control sobre la bestia con colas. Era peligroso el simple hecho de que fueran a misiones con él, debido a que esa situación estaba de por medio y podría herir a sus propios compañeros.

    Sabemos mejor que nadie que no quieres herir a la gente de la aldea – esta vez, Hiroshi Narukami fue quien tomó la palabra –. Decidiste aceptar esta responsabilidad con tal de proteger a la Tormenta y te seguimos agradecidos por ello, pero Taiga, la situación ahora ha cambiado. – Esas palabras llamaron la atención del jinchuuriki, el cual cuestionó con la mirada al líder del clan Narukami.
    Lo que Hiroshi trata de decir, es que a la gente le preocupa tu capacidad para dirigir la aldea de ese modo tan inestable. La ausencia de Rinha ha empeorado esa inquietud. – Enoshima explicó la situación tan directamente como le fue posible sin faltarle al respeto al dirigente de la aldea, de todos modos, Shiba no parecía estárselo tomando de mala manera, más bien parecía solo ponerse más serio mientras escuchaba atentamente lo que tenían que decirle.

    A lo que vamos con todo esto, es que necesitamos que muestres una mejoría en el control del Dos Colas. Así la gente podrá ir confiando más en ti, sin tener la incertidumbre de que en cualquier momento puedas perder la cabeza y atacarlos. – Kutsugu sonrió con cierta tristeza al decir eso, no era del tipo de persona que quisiera poner en una posición así a nadie, mucho menos a Taiga, quien en el pasado había ayudado a su clan en momentos de crisis. – Si la gente duda más, es probable que pidan a gritos que se te destituya del cargo, no queremos que las cosas lleguen a ese extremo. – Lo último le cayó como un balde de agua helada al ANBU, no se había puesto a pensar en eso, desde que se había vuelto jinchuuriki siempre había estado Rinha al frente público de parte de ambos, no había tenido que afrontar la presión tan directamente al ser el dirigente que tuviera que estar tan visiblemente a la cabeza de la villa. Se llevó una mano a la sien y la masajeó con firmeza, la gente tenía su derecho a dudar de él, repetidas veces le había sucedido lo que ocurrió en Kyotei.

    Taiga, sabemos que eres buena persona – Taiyou habló por primera vez –, sé también qué tan atento eres con tus estudiantes y cuánto te gusta dar clases en la Academia, cosa que tú mismo detuviste por esta situación. – Al mencionar a los estudiantes, obviamente se refería a la hija de su hermana, quien fuese una de las personas que Taiga hubo tomado bajo su manto para entrenarles personalmente. – Hacemos esto no con malas intenciones, sino para que la situación mejore tanto para ti como para la aldea. No te estamos quitando tu cargo, no queremos hacer eso.

    ¿Qué es lo que quieren que haga? – Se veía serio, pero decidido, todos los presentes se miraron entre sí.
    De eso nos encargaremos nosotros. – Sin previo aviso, Daichi y Akisora aparecieron dentro de la sala, parecía que habían estado escuchando todo hasta ahora y solo esperaban su momento para entrar. La mujer veía intensamente al varón que se encontraba en una de las cabecillas, el escuadrón Sannin había sido creado como una fuerza de élite, misma que tenía como una tarea de prioridad mantener el bijuu bajo control.
    Iremos a una isla al norte del país, entrenarás con Daichi y conmigo hasta que muestres un buen control sobre el bijuu. Hasta entonces, no regresaremos a la aldea. Tú sabrás cuánto tiempo quieres dejar a la Tormenta sin sus dos fundadores. – Directa y fría, como era costumbre de ella, Shiba sintió cierta falta de aire nuevamente, pero a la vez sabía que no tenía otra opción. Debía mejorar, debía esforzarse, estar en la aldea le era imposible realmente priorizar el control de la bestia que yacía dentro de sí. Cerró los ojos unos instantes y se masajeó el puente de la nariz, luego paseó su vista por todos los miembros del consejo y al final la dejó fija en los dos ANBU presentes.

    Vale… Disculpen los problemas que causé, haré lo posible por controlarlo pronto, por favor mantengan la aldea en orden mientras no estoy. – Se puso de pie e hizo una ligera reverencia hacia todos, confiaba en ellos y en Kizashi, quien se quedaría al frente como era costumbre cuando Rinha y él no estaban allí. Tenía cosas que trabajar, ya no podía seguir aplazándolo, no con la situación así.



    Taiga Shiba [Ficha]
    Akisora Hanamura [Ficha]
    Daichi [Ficha]
     
  2. Belgium

    Belgium Dying. Moderador

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  3. Autor
    Blair

    Blair スパークル Moderador

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    Luego de afinar los últimos detalles, la reunión se dio por concluida y al dirigente se le dio menos de un día para dejar en orden lo que tuviera que dejar en orden. El peliverde se dirigió a su habitación, mientras que Daichi y Akisora se encaminaban hacia el puerto, ellos ya tenían sus cosas preparadas y solo quedaba asegurar que todo, tanto la ruta como la hora de partida, fueran completamente seguros y confidenciales; no querían que el mundo se enterara que la Tormenta estaba sin sus dos dirigentes.

    ¿Puedes encargarte de Weiss, Ares y Tego mientras no estoy? – El varón alzó la voz, tenía a la gata en sus manos, acariciaba su pelaje y le daba algunos mimos, no sabía si la vería pronto, aunque esperaba que así fuera. Detrás de él estaba su hermano, de pie en el marco de la puerta, él había sido informado del plan previamente y se le hubo prohibido mencionarle algo a su familiar antes de tiempo.
    Lamento no haberte dicho nada…
    No tienes por qué disculparte. ¿Puedes?
    Claro, me aseguraré de que coman y que estén bien. – Accedió, Ares estaba cerca de él, tratando de tocar con sus patas la banda ninja del castaño.
    Tarde o temprano tenía que afrontar seriamente este problema y el consejo tiene razón. Pongo en peligro a la aldea si sigo así, tengo que hacerlo. – Su rostro, serio, evidenciaba que no planeaba seguir postergando aquello; estaba completamente decidido a dar todo de sí para poder controlar aquel poder tan abismal. Le vendría bien, tanto personal como políticamente, el demostrar que podía hacer uso a placer de la fuerza proporcionada por el bijuu, ya no sería un arma de doble filo. – Asegúrate también de que todo esté en orden en la Academia, no olvides hacer pedidos de las bandas antes de la graduación.
    No planeas irte por tanto tiempo, ¿o sí?
    Espero que no, pero por si acaso es mejor recordártelo. – Él sonrió y luego dejó a Weiss en el suelo, para luego él moverse por la habitación y comenzar a preparar lo que necesitaría para aquel viaje. Le habían comentado que, en cuanto a provisiones, ya todo estaba arreglado y en caso de necesitar más, alguien de confianza iría a entregarlas; por lo que él solo debía preocuparse por las cosas propias.

    Pasó una o dos horas caminando por la torre administrativa para encontrarse con distintas personas, además de ir a su oficina a resolver algunos asuntos y finalmente encontrarse con Kizashi, el cual estaba informado también de lo que sucedería. Apenas se sintió satisfecho con la resolución o reasignación de los asuntos administrativos, regresó a su habitación para hacer los últimos arreglos; faltando una hora para lo acordado, envió sus cosas al puerto y se despidió de los felinos. Salió de la torre oculto bajo una especie de capucha, la lluvia y la noche ayudaban a que no fuera tan sencillo de reconocer, tenía que hacer una última parada antes de irse hacia el barco.

    […]

    ¿Ya dejaste todo en orden? Porque pretendo cumplir mi palabra en cuanto a que no regresaremos hasta que muestres control sobre el bijuu. – Akisora clavó su intensa mirada en el dirigente, éste asintió.
    Estoy listo. – Se acomodó el brazalete que compartía con Haruhi, a quien había ido a ver justo antes de ir hacia el puerto, acto seguido caminó hacia el barco y subió a éste, aún con su identidad siendo medianamente cubierta con la capucha y la oscuridad de la noche.

    El barco zarpó poco tiempo después de la llegada del peliverde, la cantidad de marinos a bordo era mínima, casi nula, apenas lo suficiente para dirigir como era necesario el transporte en el cual viajaban. Daichi y Akisora portaban gestos bastante serios mientras platicaban entre ellos, Shiba optó por mantenerse un poco alejado de todos mientras digería completamente lo que estaba pasando. Respiró hondo, se recargó en su asiento y dejó que las gotas de lluvia empaparan su rostro; conforme se iban alejando de la aldea, el silencio se fue haciendo más y más notable, dándole cierta “calma” al varón que no había percibido estando en la Tormenta. Apretó los párpados y trató de ponerse en contacto con el Dos Colas; mientras más pronto averiguara qué era lo que debía hacer, mejor.

    «Ustedes humanos son muy extraños.» La voz femenina fue audible únicamente para el jinchuuriki, quien a vista de los otros dos, simplemente se encontraba muy sumido en sus pensamientos. Shiba arrugó el entrecejo y se concentró de sobremanera, no muy seguro de lo que pensaba hacer ahora que el bijuu se había percatado de que estaba intentando comunicarse.
    «Extraños, ¿por cuál motivo?» Podía visualizar a la inmensa bestia frente a sí, aunque sabía que eso estaba ocurriendo en su mente; su “voz” salió más seria de lo que había planeado, pero a pesar del tiempo, no tenía una idea clara de cómo comunicarse propiamente con el bijuu que “habitaba” dentro de él.
    «A mí me sellaron en un humano, tú me odias, pero tratas de hablar conmigo.»
    «No te odio, supongo. Pero si vas a vivir en mi cuerpo, supongo que eventualmente teníamos que empezar a aprender a convivir.»
    «Yo no quería que me sellaran, tú no me quieres en tu cuerpo. Libérame y los dos estaríamos mejor.»
    Sus ojos se clavaron intensamente en el cuerpo del peliverde, éste sintió un escalofrío recorrer su cuerpo entero.
    «No puedo hacer eso. Destruiste una cantidad considerable de la aldea, sirvo para contenerte.»
    «¿Y cómo te va con eso? No eres capaz ni digno de controlar mi poder. Ni siquiera lo mereces.»
    «Yo no pedí esto, pero tendremos que llegar a un acuerdo.»
    Y sin más, el peliverde abrió los ojos, estaba ligeramente molesto, no era el rumbo que quisiera que la conversación hubiera tomado, pero realísticamente era uno esperado. Chasqueó la lengua y se recostó en la madera, sin importarle que eso simplemente hiciera que sus ropajes se humedecieran más, poco le incomodaba el agua.

    Les tomaría unas horas llegar a la isla en cuestión, según lo que se había informado, por lo que simplemente se decidió a tratar de calmar su mente con algo de descanso; suponía que, estando allá, poco tiempo tendría para realmente estar “a solas” y relajarse.
     
  4. Shulman

    Shulman No sé, me sabe a mierda

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  5. Autor
    Blair

    Blair スパークル Moderador

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    La dichosa isla entró en el campo de visión del dirigente, la tormenta era bastante intensa por esa zona y los rayos le daban momentos de luz que le ayudaban a visualizar el sitio en donde entrenaría en un futuro cercano. Podía ver árboles demasiado altos, montañas que rayaban en lo tétricas, incluso alcanzó a ver manchones blancos en algún momento ¿hielo? ¿Nieve? No estaba seguro. El barco se movió bruscamente de manera repentina, conforme más se acercaban a la isla, más violento se volvía el agua, como si estuviera decidida a no permitir que el navío llegase completo a tierra.

    ¡Sosténganse! – Gritó alguien, Taiga se levantó de su sitio solo para ser enviado al suelo bruscamente debido a otra arremetida del mar contra el barco; se sostuvo de lo primero que encontró y se esforzó por no ser lanzado en otra dirección de nuevo. Sintió cómo la fuerza de gravedad trataba de halarlo hacia uno de los lados del barco, evidenciando que el mismo estaba siendo levantado demasiado por las olas.
    ¡Nos va a voltear!
    ¡Claro que no, sosténganse con fuerza! – El capitán apretó la mandíbula mientras hacía maniobras con el timón, buscando evitar que aquel terrible final le ocurriera a su barco; gritó a causa del esfuerzo y se las arregló para colocar el navío en una posición más óptima. Otra embestida del agua los movió bruscamente, sin embargo, ya no parecían estar a punto de voltearse; la lluvia los golpeaba con fuerza el mar tampoco les daba tregua, todos a bordo se esforzaban por no caer al agua.

    El sonido de algo crujiendo alteró a más de uno, ¿el barco cedería ante la fuerza del agua? Sabían de antemano que la gente se había rendido de habitar ese lugar, en parte, por las condiciones del mar, pero vivirlo de primera mano era mucho más distinto que solo conocer el problema. Shiba se soltó sin pensarlo cuando vio a uno de los marineros a punto de caer del barco, se deslizó por la superficie del mismo hasta que detuvo, con obvio dolor, su cuerpo con uno de los costados del barco; se levantó como pudo, apoyando su costado en la madera, para luego tomar la mano de aquel que se aferraba con todas sus fuerzas a la escalera que estaba a un lado del barco. El agua lo golpeaba con violencia y el jinchuuriki sentía los tirones en sus propios brazos, en esa posición le era muy difícil traer al varón de vuelta a bordo.

    «Déjalo caer o nos iremos con él.» La repentina voz del demonio que vivía en el anillo se abrió paso en su mente, Taiga se mordió el labio, sabía que el parásito tenía razón, pero se negaba a simplemente dejar caer al marinero. Se esforzó, tratando de cambiar de posición sin caer al agua, pero sintió otro tirón que lo obligó a volver a recargarse en la madera para no perder el equilibrio; los brazos comenzaban a dolerle, las constantes sacudidas no le ayudaban tampoco.

    ¡Cuidado! – El mástil se había roto, la madera crujió todavía con más fuerza mientras éste caía desde su posición hacia uno de los lados; Tasmania, muy a pesar de que no quisiera, soltó su agarre y se lanzó hacia un lado como pudo para evadir la pieza que caía. Escuchó el agua salpicar, luego más crujidos, la superficie del barco se rompió en varias partes a causa de la caída del mástil, el cual terminó incrustado en el barco al no haberlo podido atravesar por completo en su descenso.

    Joder. – Chasqueó la lengua e hizo sellos de mano rápidamente, tras lo que invocó a su ave insignia: Thunderbird. Tomó su mochila y dio instrucciones rápidas, los marineros se negaron a abandonar el barco puesto que su capitán tampoco tenía intenciones de hacerlo, pero Daichi y Akisora subieron al pájaro junto con el dirigente de la Tormenta, el cual nuevamente intentó disuadir a los marinos de abandonar el barco.
    ¡Los alcanzamos allá, hemos pasado por cosas peores! – Aseguró el capitán mientras que el trío de ninjas se alejaba volando en la invocación del peliverde.

    […]

    Pasados unos minutos, el grupo de Tormentosos logró finalmente arribar a la isla, desconocían el estado del barco o de sus tripulantes, incluso de los suministros que utilizarían para quedarse allí por tiempo indefinido. Tal parecía que no había pasado ni un día y ya tendrían que enviar un mensaje a la aldea informando que se habían quedado sin alimentos; Yin se masajeó los hombros con fuerza, tratando de liberar así algo de la tensión que había en ellos, y de paso, la que se cargaba él mismo luego de abandonar a los marinos en el barco.

    No empieces a ponerte sentimental, la única forma de que te los llevaras en ese momento era inconscientes o muertos. – La única mujer presente habló mientras se escurría el exceso de agua del pelo, desde hacía unos minutos la tormenta se había aplacado y ahora solo estaban bajo un montón de nubes negruzcas que no soltaban ni una gota. La sannin había adivinado los pensamientos del dirigente con solo verle la cara, seguía siendo alguien relativamente fácil de leer cuando se trataba de la gente de la villa o simplemente personas cercanas a él, no se sentía cómodo con decisiones similares a las que hubo tomado hacía unos minutos.

    Daichi permanecía en silencio a un lado de su compañera de escuadrón, él también se retiraba algo del agua que hacía más pesados sus ropajes, Taiga mientras tanto se había quedado viendo hacia la dirección de la cual habían venido. ¿Qué podía hacer ahora? Muy seguramente nada. Así como sabía que el demonio había tenido razón sobre el hombre caído al agua, estaba al tanto de que las palabras de Akisora estaban llenas de verdad – no habría podido llevarse a esos hombres a tierra en su invocación a menos que estuviesen inconscientes o muertos.

    ¿Empezamos? – Esa única palabra proveniente de la boca de Hanamura llamó la atención de Shiba, quien se giró en su sitio para ver a su homóloga en rango.
    ¿Aquí? Ni siquiera sabemos si siguen vivos, o si este es un buen lugar para hacer eso. ¿Qué tal si alguien nos ve? ¿No deberíamos adentrarnos más a la isla? – El jinchuuriki alzó una de sus cejas, confundido, no estaba muy seguro de cuáles eran los planes de la fémina. Repentinamente tanto Daichi como Akisora desaparecieron y una voz se escuchó a la distancia, una que el dirigente reconocía a la perfección; su piel se erizó, miró en distintas direcciones tratando de encontrar a la dueña de aquella voz, ignorando por completo el hecho tan simple y básico de la inexplicable desaparición de ambos ANBU. – ¿Rinha?
     
  6. Shulman

    Shulman No sé, me sabe a mierda

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    Dele~
     
  7. Autor
    Blair

    Blair スパークル Moderador

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    Taiga sintió una presión en su pecho que no podía describir, había estado tremendamente preocupado por Pawa, quien no se había comunicado en lo absoluto en relación a su partida o desaparición (no estaba seguro de cuál de los dos era) y tenerla ahí frente a él era una especie de shock intenso. Quiso acercarse a la castaña, pero su cuerpo no respondía, el ruido alrededor aumentó exponencialmente y Shiba se sintió agobiado.
    ¡Rinha! ¿A dónde te habías ido? – Tuvo que hablar más fuerte de lo normal, ya que sentía que el entorno estaba ahogado en una cantidad de ruido similar al que se escucharía si estuviera en medio de un tornado. Detalles básicos que en cualquier otra ocasión lo pondrían a la defensiva o mucho más consciente del entorno estaban siendo ignorados terriblemente por el dirigente, con un evidente malo control de sus emociones cuando se trataba de alguien tan cercano a él como lo era su mejor amiga.

    Akisora, quien era la culpable de aquella ilusión en la cual el peliverde estaba metido, sintió una gran cantidad de fastidio; Shiba no tenía idea de lo malo que era no poder controlar algo tan simple como eso: las emociones provocadas por alguien que era importante para uno. Era una debilidad espantosa, especialmente en una posición como la del taijutsuka. Ser líder de aldea, un jinchuuriki, simplemente un ninja con la reputación de Taiga, el hecho de que supieran que su punto débil yacía directamente en otras personas era una sentencia de muerte; especialmente por el hecho de que cargaba una bestia con colas dentro suyo. Provocar que Yin perdiera el control ahora era mucho más peligroso que antes, convertía al dirigente en un arma de doble filo, una amenaza incluso para los suyos, y eso era algo que ella no estaba dispuesta a permitir más.

    Hizo un gesto que únicamente Daichi fue capaz de ver, acto seguido, el cuerpo estático de Tasmania tuvo una especie de respuesta, a la par que su cuerpo parecía rodearse de una capa rojiza burbujeante de chakra.
    ¿Qué hiciste?
    Darle una lección. – Fría y directamente, su respuesta no pareció sorprender al varón, el cual soltó un suspiro a la par que se quitaba su bufanda y las prendas que consideraba que estaban de más para lo que venía. No le gustaba pelear, mucho menos con alguien que no le había hecho nada malo (como Taiga), pero estaba muy consciente de la misión que se le hubo encargado y de que el peliverde no sería él mismo en los minutos siguientes, él estaría encargado de ponerlo bajo control.
    ¿No crees a veces que eres muy directa?
    Es mejor de esa manera, las personas como Taiga no entienden de otro modo. – Se hizo a un lado, dándole espacio a su compañero de escuadrón para ser el primero en encontrarse con el taijutsuka. Shiba comenzaba a respirar con más fuerza, mientras que poco a poco parecía liberarse de la ilusión de alto nivel en la cual hubo sido atrapado hacía poco tiempo.

    El cuerpo del ANBU se rodeó de una capa ígnea justo instantes antes de que fuese embestido por el líder de la Tormenta, la propia técnica de fuego del azabache ayudó a que el chakra rojizo de su contrincante no le ocasionara quemaduras, sin embargo, la fuerza física del peliverde había aumentado considerablemente y a pesar de que Daichi no salió quemado, su cuerpo sí se vio repelido violentamente contra un árbol cercano. El tronco se partió por el impacto y el ANBU cayó al suelo duramente, respirando profundamente luego de haber perdido el aire almacenado en sus pulmones luego del golpe.

    Vaya, es más fuerte de lo que pensé. – La figura del jinchuuriki se apareció nuevamente en el campo de visión del sannin, el cual se puso de pie tan pronto como detectó a Yin cerca de él y congeló un área bastante grande en forma de cono frente a sí. El jinchuuriki fue atrapado en el hielo. Acto seguido, Daichi expulsó una especie de ola de fuego, misma que reaccionó ante el aire tan frío y la combinación provocó una detonación intensa.

    El del clan Enoshima retrocedió prontamente y se quedó a escasos metros de su compañera de escuadrón, quien entrecerró los párpados y trató de ver entre el humo que se extendía frente a ellos; hasta ahora no había señales del dirigente de la Tormenta y no fue hasta un movimiento repentino que ambos ANBU se dieron cuenta de que éste seguía consciente y estaba más enojado que antes. La velocidad del peliverde fue tal que el varón de mayor edad no alcanzó a reaccionar y fue lanzado violentamente hacia un costado, cuando la mujer estuvo por ser atacada, ésta activó una ilusión cuasi instantánea que provocó que Shiba se detuviera en seco.

    Hora de dormir, evidentemente no estás logrando nada en este momento. – Hizo un movimiento con sus manos y el chakra rojizo burbujeante desapareció, acto seguido, Taiga cayó al suelo inconsciente. Akisora miró en varias direcciones, no únicamente para buscar a su compañero de escuadrón, sino porque sentía algo en esa isla, no estaba muy segura de qué; apenas ubicó a Daichi, se aseguró de que éste estaba bien y luego, entre ambos, cargaron al dirigente de aldea hacia una zona que habían preparado previamente para su viaje. Apenas el de ojos rojos despertara volverían a intentar, aunque fuese por las malas.


     
  8. Shulman

    Shulman No sé, me sabe a mierda

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    BlairBlair baila como Juana la Cubana~
     
  9. Angelo.

    Angelo. where's the fun in playing fair? Moderador

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    - Saben que estamos aquí – comentó la tenebrosa voz de Yojimbo mientras que su dueño mantenía su presencia oculta en medio de la frondosa vegetación en su lugar seleccionado para ocultarse. - ¿Tienes un plan?

    -
    No te preocupes… la sensible de su grupo no puede ubicarme todavía debido a mi fusión con las plantas. Saldré de la técnica cuando sea el momento de actuar – explicó Kiseki, sin forma humana. Ahora su cuerpo era uno con los arbustos y el césped, gracias a una de sus técnicas familiares. – Es muy talentosa, debo reconocerlo, pero creo que tiene otras preocupaciones en este momento.

    -
    Similares a las tuyas – replicó el fantasma. - ¿Estás seguro de que quieres hacer esto? No le debes nada a ese hombre y parece que ahora quieres actuar en su beneficio.

    -
    Creo que la mejor manera de establecer buenas relaciones internacionales es dando regalos inesperados. Imagínate lo positivo que sería para la aldea el tener al bijuu de nuestro lado, especialmente después del pequeño desliz que tuvimos junto a nuestros amigos de la Tormenta. – la mirada de Michibiki no estaba enfocada en ningún lado, pues su mente le mostraba todo lo que necesitaba saber. – Aparte, creo que es hora de deshacer el pequeño error que nuestro mandatario favorito cometió la última vez que nos vimos.

    Sí, en efecto, meses atrás, en esa cueva donde intentaron emboscar al ilusionista, ninguno de los presentes imaginó que el pergamino repleto de información sensible iba a ser la clave de los eventos que transcurrirían en la isla. En ese momento, cuando el tormentoso aún tenía otro cuerpo, cometió la equivocación de confiar por completo en una ofrenda pacífica del floreado, consiguiendo ser víctima de un pequeño proyecto que había trabajado el modista junto con algunos miembros de Oto: un sello rastreador.

    Gracias a los avances de algunas técnicas en la aldea, la araña no dudó en empapar su pergamino con el chakra de sellado necesario para transformar a alguien en un faro de información permanente… el cual enviaría reportes de lo que veía, oía y sentía cuando su ejecutor lo deseara.

    Por ello, Kiseki estaba ahí, finalmente sabiendo el poder que yacía dentro de Taiga.

    -
    Ya es hora – sonrió para sí el albino, percibiendo como Shiba despertaba a varios metros de su ubicación, consiguiendo que sus escoltas se acercaran y comenzaran a verificar que estaba en buen estado. La pelinegra de alto poder lo había noqueado con una eficiencia monstruosa, por lo que seguro se encontraba ligeramente cansado… una oportunidad que no podían perderse.

    . . .

    Alrededor del líder, todos esperaban sus primeras palabras tras el despliegue de destrucción que había demostrado con anterioridad. Los ojos del grupo eran expectantes, pues entendían que más pronto que tarde iban a tener que volver a ponerse a trabajar, con o sin las fuerzas recuperadas de su superior.

    -
    Creo que… - intentó hablar finalmente el peliverde.

    Sus palabras no pudieron siquiera salir de su boca porque la azabache de ojos rojos se puso en guardia varios segundos antes de que los presentes pudiesen sentir las vibraciones del suelo. Ellos se encontraban dentro de una gran carpa campestre que acomodaba a todos de manera casual, por lo que no pudieron ver hacia el exterior hasta que fue demasiado tarde. Ya estaban todos atrapados dentro de un enorme bosque de madera negra.

    -
    Lo sabía. – suspiró irritada la sensor. – Alguien nos siguió hasta acá.

    -
    ¿¡Qué!? – Varios se sorprendieron, aunque Taiga se mantuvo en silencio, viendo detenidamente las cortezas de aquellos extraños autótrofos.

    -
    Ese maldito bastardo – apretó los puños el recipiente de la bestia con colas. - ¿Cómo es posible que sepa de nuestra ubicación? Peor aún, ¿qué es lo que lo trajo hasta acá?

    -
    Las preguntas se hacen al final de la clase – la voz de Kiseki resonó entre los árboles, alertando a todos los presentes. – Es hora de un examen real.

    -
    ¡Dispersense! – Ordenó Akisora, pero no logró su cometido.

    Desde varios puntos, los ninjas pudieron ver como el suelo se deformaba al mismo tiempo que crujidos y rugidos terrestres empezaban a sonar en todas direcciones. Por encima de los árboles, tres estructuras negras se alzaron con enorme velocidad, prohibiendo el escape de cualquiera que fuese lo suficientemente rápido como ordenarle a sus piernas algo de movimiento.

    Esas cosas… eran Rashomones.

    El trío de murallas no pareció quedarse quieto, pues en cuestión de segundos se tambalearon hacia adelante, comenzando una rápida caída que a cualquiera pudo parecerle una sentencia de muerte, excepto a los que vieron la trayectoria de los tres objetos. Kiseki no era idiota, no planeaba herir a nadie con algo tan torpe como una pared, para nada, lo que él deseaba era encerrarlos en uno de sus macabros juegos.

    CRASH

    La oscuridad se hizo total y el polvillo causado por el impacto cayó sobre las cabezas de cada involucrado. Dentro de la triangulación que se generó aún quedaban muchos árboles creados por el botánico… y tal vez otras cosas, pues Hanamura percibía el movimiento de otras criaturas dentro del mismo perímetro penumbroso en el que ahora estaban confinados.

    -
    No saben cuánto tiempo me tardé planificando la geometría de la curiosa obra en la que se encuentran ahora – la voz de la araña volvió a oírse. – No es fácil crear una pirámide con tres rectángulos, ¿saben? He estado practicando, espero les guste.

    -
    Hijo de puta – La pelinegra se hizo escuchar.

    -
    Ahora, creo que todos entienden lo fuerte que son estas paredes, ¿verdad? Estoy completamente seguro de que la hermosa chica que se les unió ya ha ubicado a mis bebes dentro de la zona oscura, por lo que no tendrán problema en pelear contra ellos… o tal vez no. – rio disimuladamente. – Ah, no hay tiempo para bromas, así que iré directo al grano: querido Taiga, usted ha sido marcado por un sello rastreador desde hace unos meses, cuando cometió la estupidez de emboscarme en la cueva junto a la seductora Setsuna. Qué recuerdos, ¿no? Pues hoy llegó el día de demostrar que puedo remover dicho rastreador… si es que puede salir de la prisión que he ideado para usted y sus amigos.

    -
    Son sólo paredes… – se quejó Daichi, preparando sus puños.

    -
    Para los ignorantes que no sepan lo que hace mi triple Rashomon, procedo a darles un pequeño detalle: cada puerta una tiene su propia función: la primera recibe los ataques de frente; la segunda usa un sello especial que reduce su poder; y si todo eso falla, la tercera puerta usa otro sello especial que dispersa el chakra, disolviéndolo. Se dice que solo una bijuudama podría destruir las tres puertas, que curioso, ¿no? Espero entiendan que ahora están rodeados por los tres portones, así que sus habilidades se verán enormemente mermadas por los sellos presentes en dos de las tres estructuras… ¡ah! Y tengan cuidado… puedo ver todo lo que hacen, cualquier indicio de trampa será castigado.

    Así de simple, el discurso terminó. Lo único que permanecía en el ambiente era el serpenteo de enormes creaciones vegetales, el orgullo de Kiseki, que ahora estaban encaminadas a atacar no sólo a Taiga, sino a todo su equipo.

    -
    Disculpen – se volvió a hacer presente el hombre. – No puedo dejarlos así como así a oscuras, ¿verdad? ¿Qué les parece un poco de música mientras disfrutan de la función?

    Inmediatamente, desde todos los árboles, la armoniosa voz de Monban se hizo oír, cantando una melodía en alguna lengua extranjera que ninguno podía comprender… pero sí podían sentir. ¡Un jutsu Ototon! El canto maldito del Oto no Yure se amplificaba gracias a los árboles dentro del sector aislado, obligando a los presentes a recibir el chakra sonoro infectado directamente en su sistema.

    Vaya artimañana más enferma habían jugado sobre ellos.


    BlairBlair ¿muy cruel?
     
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