Original Fic Navidad Digital

Tema en 'Digimon Fanfics' iniciado por ElohimEditor, 24 Dic 2017.

  1. Autor
    ElohimEditor

    ElohimEditor "The Heir of Chaos"

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    Muy buenas y felices fiestas para todos. Últimamente he tenido mucho trabajo y si bien no pude actualizar mis fics habituales, no me pude resistir a subir uno dedicado a la Navidad. Trataré de que sea corto para no ocuparme demasiado y terminarlo pronto, pero creo que no estará terminado hasta Año Nuevo XD.

    Este fic sigue la línea de tiempo de mi otro fic Yo Deseo, pero trataré de simplificarlo para aquellos que no lo conocen; cualquier cosa me la pueden preguntar.

    Y sin nada más que agregar les deseo a todos una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo.

    Nos vemos!!



    Una Navidad Digital.

    Prólogo: La Organización.

    Se acercaba el día de la Navidad, y para variar de años anteriores, las Hermandades Sagradas celebrarían la festividad todas juntas, en lugar de hacerlo por separado como acostumbraban. La Regente actual del Digimundo y antigua consejera de Yggdrasil, Zoe Graystone, había tomado la decisión: para organizar el festejo, había hecho llamar a los miembros de todas las Hermandades a un enorme salón circular de estilo neoclásico coronada por una inmensa cúpula de más de 100 metros de diámetro -y de altura-, ubicada en medio de un bosque templado cercado por montañas cubiertas de nieve: un lugar perfecto para pasar la Navidad.
    Caballeros, Ángeles, Dragones, Bestias Sagradas, Devas, Olímpicos y hasta Demonios habían acudido a la cita.

    — Me encanta lo que hizo con este lugar Fraulein Zoe. -exclamó Duftmon tras admirar la arquitectura del edificio- Me recuerda al Große Halle diseñado por Herr Speer. -suspiro- Si lo hubiera logrado construir…
    — Gracias. Pero a decir verdad me tomé la libertad creativa de hacerlo más pequeño; no necesitamos tanto espacio después de todo.
    — Sigo sin entender por qué tenemos que incluir a los buenos para nada de los Demon Lord, señorita Zoe. -bufó Lordknightmon de disgusto- Ellos ni siquiera celebran la Navidad… además de no ser de confianza.
    — ¡Apoyo la moción! -alzó la mano Barbamon- La Navidad es estúpida: tiempo de cursilerías empalagosas , interminables repeticiones de películas sosas como "mi Pobre Angelito" y cosas nada sombrías y siniestras.
    — ¡Cierto! -exclamaron los demás Demon Lord, menos Lilithmon, a quien sí le gustaba la Navidad, y Belphemon, que seguía durmiendo- ¡Abajo la Navidad!
    — ¡Debemos destruir la…! -Zoe manda callar a Barbamon con un relámpago salido de su dedo, dejando al Demon Lord ligeramente chamuscado-
    — ¿Olvidé decir que si se ofrecen VOLUNTARIAMENTE a cooperar podrán quedarse a cenar y recibirán obsequios?

    Tras pensarlo detenida y razonablemente, los Demon Lord concluyeron que…

    — ¡¡ALABADO SEA EL SEÑOR!! ¡¡JESUCIRSTO EL SALVADOR!! ¡¡NACIDO EN BELÉN Y CRIADO EN NAZARET…!!
    — Los convenció, señorita Zoe.
    — Regla de Oro, Craniummon: NADIE rechaza comida y regalos gratis. En fin -retomando la conversación- para poder organizar nuestro festejo de Navidad, dividiré las tareas entre ustedes.
    — ¿Nos asignará nuestras funciones?
    — No, Goldramon: los primeros dos digimon que escojan una categoría serán los líderes de grupo para dicha tarea, y podrán escoger a los demás para que los ayuden. -hizo aparecer una gráfica en una pizarra detrás suyo y comenzó a explicar- Dividí las tareas en siete categorías: Árbol, Pesebre, Decoración del Salón, Comida, Bebida, Música y Regalos. Cada grupo se encargará de cubrir dicha parte de la celebración: como formarán grupos bastante grandes, dudo que requieran de ayuda externa. Cada tanto los estaré supervisando para que todo vaya acorde al plan, aunque me supongo que los líderes de grupo también estarán poniendo orden.
    — Por supuesto. -asintieron los digimon-
    — Bien, pode…
    — ¡Esperen, esperen!

    Unas voces provenientes de la entrada interrumpieron a la regente: eran Hawkmon y Armadillomon, acompañados de Yolei y Cody. Se los veía sumamente exhaustos.

    — ¡Perdonen la demora! -se excusó Cody- Tuvimos que ayudar en nuestra casa con los preparativos.
    — Además de despedir a TK y Matt en el aeropuerto.
    — ¿Ellos no pasarán Navidad con ustedes?
    — Este año no, UlforceV-dramon: TK y su familia viajaron a París para festejar con sus abuelos maternos, que los invitaron.
    — Me sorprende que la abuela de TK haya invitado al señor Ishida, considerando que no lo soporta.
    — Tal vez quieren mejorar la relación. -sugirió Armadillomon- O humillarlo.
    — ¿Qué hacen estos niños aquí?
    — Esta es una reunión para Hermandades Digimon: no una guardería. -añadió Jupitermon-
    — Te recuerdo, “rosita”, que es una reunión de Hermandades. -respondió Hawkmon, pavoneándose delante de un humillado Lordknightmon- y nosotros somos dos Caballeros Reales, y son nuestros compañeros.
    — Así que mejor te tragas tus palabras, plumífero bisexual. -Jupitermon casi electrocuta a UlforceV-dramon de no ser por Junomon-
    — Los Niños Elegidos tienen todo el derecho de acudir a nuestra fiesta, y hasta de participar. -aclaró Zoe; Lorknightmon, Examon, Jupitermon, Zhuquiaomon y otros más tuvieron que tragarse sus palabras- Volviendo a nuestro asunto, ¿Quién quiere encargarse de la Comida?
    — ¡Nosotras! -exclamaron Ceresmon y Vestamon al unísono, sumamente contentas- Haremos el mejor banquete navideño.
    Malditas zorras. -murmuraba Lordknightmon, sintiendo un trago amargo en su garganta- Yo quería encargarme de la comida, y no pienso estar bajo las órdenes de esas dos viejas chismosas.
    — ¡Ven querida! ¡Seremos las tres Hermanas Olímpicas trabajando juntas!
    — ¿Esperan que me quede todo el día enfrente de un horno? -insinuó Junomon, indignada- Olvídenlo: veré algo más apropiado para mi nivel.

    Ceresmon y Vestamon se centraron en pensar en sus futuros ayudantes; Zoe por su parte, retomó la asignación de labores.

    — Sigamos. ¿Quién está interesado en el Pesebre?
    — Si no le molesta, señorita Zoe, quisiera encargarme yo de ese trabajo. Mis conocimientos en ingeniería y construcción servirán para ese propósito.
    — ¿Desde cuando eres ingeniero como yo, Gallantmon?
    — Desde que tomé ese curso rápido hace quien sabe cuántos años, Vulcanusmon. Sin mencionar que no pierdo tiempo en seguir casado con una zorra -pensó mientras miraba directamente a Venusmon sin que nadie se diese cuenta-
    — ¡Yo también quiero participar! -exclamaron dos digimon radicalmente diferentes al mismo tiempo: Megidramon y Cherubimon- ¿Eh?
    — ¡Soy muy buen artesano, aunque nadie lo crea! Más les vale creerlo -amenazó el Dragón Carmesí mostrando sus colmillos- O ya verán.
    — ¡Y yo sé de figuritas y muñequitos! ¡Seré un gran aporte para armar el pesebre!
    — Gallantmon y Vulcanusmon serán los líderes del Equipo Pesebre; -aclaró Zoe, tratando de poner fin a un posible conflicto- dependerá de ellos el meterlos adentro. Megidramon, Cherubimon: háblenlo con ellos mientras me encargo de los demás.
    — Sí, señorita.
    — Ahora la Bebida, quien ser…
    — ¡¡QUE NO SEA BACCHUSMON!! -exclamaron todos los Olímpicos a la vez- ¡¡LO BEBERÁ TODO ANTES DE LA FIESTA!!
    — ¡Siempre me hacen lo mismo!
    — ¡Porque siempre acabas bebiéndote toda la bebida de las fiestas, barril sin fondo! -contestó Apollomon-
    — ¡¡LO HARÉ YOOOOOOOOOOOOO!! -exclamó con una voz profunda y ruidosa el viejo Examon; ¿Quién más sería si no?- ¡Nadie sabe más de bebidas que yo! Y el borrachín morado aquí presente. Aparte que conozco un lugar que me hace un descuento especial por ser cliente frecuente.
    — Supongo que puedo ir yo también; tengo buen gusto.
    — Bien: Examon y Jupitermon se encargarán de las bebidas. Ahora la dec…
    — ¡¡YOOOOOOOOO!! -los dos que se autoeligieron se miraron furiosamente- ¡¿TÚ?!

    Lordknightmon y Junomon estaban al borde de enfrentarse allí mismo, mientras se miraban de manera asesina cada uno: la orgullosa de la Reina del Olimpo no se dejaría dominar por el más afeminado de los Caballeros, y el Caballero Indiferente no toleraría ser mangoneado por mujeres, y menos por una Olímpica, que eran de las peores, además, ya había perdido la oportunidad de dirigir el banquete, y sólo le quedaba la decoración del salón. Junomon por su parte, sólo le interesaba la decoración de interiores como trabajo; lo demás que se encarguen los “plebeyos”.

    — Antes de que inicien la Masacre de Navidad, los pondré a ambos como jefes, así que tendrán que trabajar juntos. ¿Está bien?
    — ¡¡Pero señorita Zoe!!
    — ¿¿ESTÁ BIEN??
    — Si, señorita. -respondieron resignados; en pocos segundos comenzaron a mascullarse mutuamente- Más te vale tener buen gusto, rosita.
    — Y a ti que no te llegue el periodo en las fiestas, querida. Ah, lo olvidé: ya sufres la menopausia desde hace eones, ¿Verdad? -Junomon se limitó a gruñir de manera casi inaudible-
    — Ahora veamos, ¿Quién quiere tomar el trabajo de la Música?
    — ¿Puedo ser yo, señorita? -preguntó amablemente Apollomon- le prometo que no se decepcionará.
    — Creo que podría ayudarte con eso.
    — ¿¿Beelzemon?? ¿Quieres encargarte de la música?
    — Alguien tiene que darle ritmo a esta fiesta, y el chico solar necesitará ayuda, Lucemon.
    — Bueno, haz lo que quieras.
    — No lo arruinarás, ¿Verdad, Beelzemon?
    — Descuida, chico solar: yo ayudaré a salvar la Navidad.
    Esto va a salir mal… -pensó Zoe- ¿Quién quiere encargarse del árbol?
    — ¡Yo quiero!
    — Hawkmon, ¿Estás seguro?
    — Claro que si, Yolei: soy el Caballero Real de la Naturaleza. Escogeremos el árbol más grande y bonito y lo traeremos aquí. Por cierto, señorita ¿Donde tenemos que colocarlo?
    — En el centro del Gran Salón. -aclaró la regente- y por supuesto, tienen que decorarlo ustedes.
    — Te ayudaré, Hawkmon. -dijo Goldramon levantando la mano- Siempre me gustó decorar el árbol.
    — Bien: Hawkmon y Goldramon serán los líderes del equipo Árbol. Sólo nos queda un grupo; el de los Regalos.
    — ¡¡Yo, yo, yo, yo!! -gritaba y saltaba entusiasmada Venusmon mientras estiraba de su brazo a Marsmon, su amante más habitual; Vulcanusmon hervía literalmente de celos- ¡Por favor, señorita; yo soy muy buena con los regalos! ¿Verdad queridito?
    — See, Venusmon…
    — ¡Te recuerdo que estamos casados, Venusmon!
    — Ay, no te pongas celoso, cariñito. ¡Mi amor alcanza para todos!
    Zorra… -pensaron todos los presentes en ese momento, incluyendo Zoe-
    — Supongo que está bien; tú y Marsmon serán los jefes del equipo de los Regalos.
    — ¡¡¿¿QUÉ??!! -se exaltó el aludido- ¡Yo no accedí a ello!
    — ¡Fantástico! ¡Podremos trabajar los tres en familia! ¡Lucemon, queridito: trae a tus amiguitos para ayudarnos!
    — ¡¡¿¿Qué qué??!! ¡¡MAMÁ!! ¡No me avergüences!
    — ¿¿¿Mamá??? -exclamaron los niños humanos-
    — Lucemon es hijo de Venusmon y Marsmon. -les explicó UlforceV-dramon en voz baja- ¿Por qué creen que está loco? Jejeje…
    — Ahora que los grupos están armados, los líderes son libres de escoger a sus integrantes: espero lo mejor de ustedes para organizar esta hermosa celebración. Nos vemos después.

    La Regente desapareció en un haz de luz dejando a todo el conjunto de digimon deliberando a sus compañeros de equipo: debían de escoger sabiamente no sólo por sus potenciales habilidades, sino también por con quienes se llevarían mejor en el trabajo. Lo que ninguno de ellos quería era decepcionar a la señorita Zoe, que por más tolerante que fuese y mucho más agradable que Yggdrasil -eso lo recordaban bien los Olímpicos, los Dragones y las Bestias Sagradas- podía llegar a ser muy irascible cuando las cosas salían mal.

    Finalmente, los grupos quedaron conformados de la siguiente manera:

    - Equipo Comida: Ceresmon, Vestamon*, SlashAngemon, UlforceV-dramon, Dynasmon, Merukimon.

    - Equipo Pesebre: Megidramon, Cherubimon, Gallantmon, Sleipmon, Dominiomon, Minervamon, Mervamon, Baihumon.

    - Equipo Decoración: Lordknightmon, Junomon, Armadillomon (a.k.a. Selahemon**), Ophanimon, Alphamon, Omegamon, Magnamon, Bacchusmon.

    - Equipo Bebida: Examon, Jupitermon, Dianamon, Duftmon, Gankoomon, Qinglongmon.

    - Equipo Música: Apollomon, Beelzemon, Belphemon, ClavisAngemon, Rasielmon, Neptunmon.

    - Equipo Árbol: Hawkmon (a.k.a. Cuauhpillimon***), Goldramon, Magnadramon, Seraphimon, Ebonwomon, Jesmon, Zhuquiaomon.

    - Equipo Regalos: Venusmon, Marsmon, Lucemon, Barbamon, Lilithmon, Leviamon, Anubismon****


    Tenían poco tiempo, y la Navidad se acercaba. La carrera por lograr la mejor fiesta de Navidad daba comienzo.




    Notas:

    * Digimon OC. No hay imagen sobre ella. Pueden imaginarla como una mujer de fuego con actitud hogareña.
    ** Digimon OC: Hipotética etapa mega de Armadillomon, que es parte de los RK. Selahemon Color by EditorElohim on DeviantArt
    *** Digimon OC: HIpotética etapa mega de Hawkmon que es parte de los RK. Cuauhpillimon by EditorElohim on DeviantArt
    **** En mi historia de Yo Deseo -y otros materiales- Anubismon es la "forma purificada" de Plutomon.
     
    Última edición: 24 Dic 2017
  2. Autor
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    Capítulo 1: Comida

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    El Gran Salón tenía la fortuna de tener una cocina impecable, muy moderna y totalmente equipada con todos los electrodomésticos, utensilios y vajillas necesarios para preparar la cena de Navidad, además de una gran variedad de ingredientes y condimentos almacenados en las alacenas, depósitos y frigoríficos. Hasta las Olímpicas Ceresmon y Vestamon estaban encantadas de trabajar allí, y se disponían de sacarle el máximo provecho.

    De hecho, ellas eran las que se encargaban de casi todo el trabajo pesado, pues eran demasiado exigentes a la hora de cocinar los platos principales como el pavo, los arrollados de carne y el postre, dejando a los demás el trabajo de asistentes: Merukimon ayudaba a seleccionar los condimentos y preparar las ensaladas; SlashAngemon cortaba la carne y los vegetales, mientras que UlforceV-dramon y Dynasmon se encargaban de los aperitivos.

    — ¡Este pavo me quedará divino! Solo queda ponerlo en el horno para que se cocine.
    — Entonces te encargarás del postre, Vestamon. ¿Ya tienes una idea, hermana?
    — Pensaba en un delicioso pastel Selva Negra con mi toque especial
    — ¡¡OH, SI!! -chillaron de emoción las hermanas- ¿Y cómo van ustedes?
    — Estoy por acabar esta guarnición de arroz, tías. -respondió Merukimon con su tradicional indiferencia- Y acabé las ensaladas de verduras surtidas que me pidieron; las dejé junto a los aderezos allí en la mesada. Sigh… Quiero beber.. o leer a Borges. -pensó- No me gusta la cocina.
    — Yo estoy haciendo los cortes para el lomo Strogonoff con champiñones, y después cortaré esos hongos.
    — ¡Pero SlashAngemon! -señaló duramente la Diosa de las Plantas- ¡Más te vale que laves tus cuchillos después de cortar la carne!
    — ¡No aceptaremos conductas antihigiénicas en nuestra cocina!
    — Pero si después vamos a cocinarlo todo.
    — ¡¿Quieres que todos acaben con salmonella por tu culpa?! ¡¡HAZ LO QUE DECIMOS!!
    — …
    — Ulforce, Dynasmon, ¿Cómo van ustedes?
    — Bien, Ceresmon: me costó un poco, pero logré hacer unos miniquiches -canastillos rellenos- de relleno mediterráneo con tomates, queso y aceitunas.
    — No está mal -señaló Vestamon observando los entremeses- Nada mal para alguien como tú. -Dynasmon obvió el disimulado insulto y permaneció calmado- Ahora podrías encargarte de las galletas de jengibre. ¿Y tú, Ulforce?
    — Pues yo preparé unas empanaditas rellenas de queso de soja y albahaca, cubiertas de semillas de sésamo.
    — ¡¡¿¿¿SOJA??!! ¡Es Navidad; no la feria macrobiótica! ¡Ponle otra cosa! Algo relleno de carne.
    — ¡Pero si Dynasmon hizo algo sin carne y no te quejaste! ¡Y sabes que soy vegetariano, Vestamon!
    — ¡La soja no tiene pedigrí para la cocina; es cosa de mediocres!
    — ¿Entonces no pensaban hacer una opción vegetariana para el pavo? ¿O algún arrollado de carne vegetal? ¿Dónde quedó la opción para los que no comen carne?
    — ¡¡¡ERES EL ÚNICO QUE NO COME CARNE, ULFORCEV-DRAMON!! -gritaron ambas hermanas- ¡No pensamos hacerte un menú especial!
    — ¡Pues lo haré YO! Y les restregaré en la cara el éxito que tendrán entre los invitados.

    Dicho eso, Ulforce dejó sus aperitivos en la mesada de la cocina junto a los otros platillos ya preparados y fue a una parte diferente de la cocina para trabajar su propio plato principal, lejos de las enfurecidas Vestamon y Ceresmon, que por su parte, no creían en la “amenaza” del Caballero Real, tratándolo de jovencillo irreverente, y burlándose a sus espaldas mientras retomaban su labor.

    — Ulforce… -le susurró a su amigo, lejos de las miradas asesinas de las Olímpicas- ¿Por qué te metes con ellas? Sabes que es una pérdida de tiempo.
    — Dynasmon; no pienso dejar que me humillen así. Ahora entiendo lo que debe de sentir Lordknightmon al no querer trabajar con ellas.
    — ¿Empatizas con Lordknightmon? Viejo, de verdad estás enfermo.
    — Ya, ya… Deja que yo me encargue de humillarlas, y ve con tus galletas de jengibre.
    — Está bien.

    Sin que nadie se percatara, la puerta entreabierta de la cocina dejaba ver a un curioso visitante.

    — Interesante… Jejejeje….



    Horas después, el pavo y el pastel de Vestamon, el arrollado y el lomo a la Strogonoff de Ceresmon y las galletas de Dynasmon estaban listas. Sólo faltaban los platos de UlforceV-dramon, que tardarían más en completarse.

    Las hermanas, por mera formalidad y confiadas de su éxito, probaron cada uno de los platillos… sólo para descubrir que cada uno había sufrido de una desagradable alteración en su sabor: el arrollado estaba excesivamente salado, la salsa del strogonoff se había agriado, el pavo estaba inusualmente dulce como si le hubieran echado todo un tarro de miel, y las galletas de jengibre estaban picantes… como si en lugar de jengibre, tuvieran ají y salsa tabasco.

    — ¡Esto es terrible! –gritaba una angustiada Ceresmon- ¡Toda la comida está arruinada!
    — ¡La señorita Zoe se enfadará cuando se entere! ¡Tendremos que cocinar todo de nuevo! ¡Y queda tan poco tiempo!
    — Mmm… Vestamon, ¿No te parece sospechoso que lo ÚNICO que no se haya arruinado es la comida de ese niñato azul?
    — ¿O sea qué? -preguntó Ulforce indignado a más no poder- ¡Me están culpando a mí de arruinar la cena de Navidad?
    — ¡¡EXACTO!!
    — No creo que UlforceV-dramon haya sido capaz.
    — ¡Es un gran tipo! -lo defendieron SlashAngemon y Merukimon- ¡Además de ser buen amigo de la señorita Zoe!
    — Ajá, y casualmente quedarías muy bien con ella presentándole tu comida…
    — Humillándonos a nosotras.
    — ¡¿Se han puesto a pensar que las galletas de Dynasmon también se arruinaron?! ¡¡Es mi mejor amigo; nunca haría algo para perjudicarlo!!
    — Cierto, UlforceV-dramon jamás lo haría. -dándole unas palmaditas en la espalda- Confío en ti, amigo.
    — Gracias.
    — Seguirás siendo el…

    En eso, llega Zoe a ver cómo iba todo; los digimon la saludan, tratando de ocultar su nerviosismo.

    — Veo que va todo bien, ¿O me equivoco?
    — ¡Todo bien! -exclamaron todos, mintiendo- ¡Cero problemas!
    — Me encantaría probar algo de lo que hicieron pero creo que arruinaría la sorpresa, además de romper con su estética. Así que reservaré mis ganas para la fiesta. ¡Nos vemos después!

    Apenas se fue…

    — Tendremos que hacer lo que podamos para remediar este desastre, Ceresmon.
    — ¿Y si ordenamos comida preparada, Vestamon?
    — ¡Eso jamás! -masculló ella- Sería ir en contra de mis principios de ama de casa.
    — Además que todos los restaurantes deben de estar cerrados. -añadió Merukimon- Tal vez debamos comprar sólo una parte de la comida, y ustedes se encargan de cocinar lo que puedan.
    — A mí no me suena nada mal. –dijo el ángel-
    — De acuerdo. –asintió rápidamente Ceresmon: tomó un lápiz, una hoja de papel y anotó rápidamente algo que pasó de inmediato a Dynasmon- Ustedes, los buenos amigos, irán a cualquier tienda a buscar eso de la lista y traerlo inmediatamente aquí. ¿Entendido?
    — ¡No pienso dejar mi comida a su alcance! Podrían arruinarla.
    — ¡Puedes volar a la velocidad de la luz, mocoso! ¡Haz lo que se te dice!
    — Tranquila tía, o te subirá la presión. Ulforce, yo te acompaño, así terminaremos pronto; y así Dynasmon se asegura de que nadie toque tu comida.
    — Gracias, Merukimon.
    — ¡Dejen de perder el tiempo y vayan! -gritó Ceresmon- ¡Niños!
     
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    Capítulo 2: Pesebre

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    Megidramon y Cherubimon tenían sus propios planes para la elaboración del pesebre: el Dragón Carmesí construiría un sencillo pesebre con su cabaña y algunos ornamentos, mientras que Cherubimon conseguiría las figurillas más apropiadas, y por supuesto, lo decorarían con algunos adornos y luces. Sin embargo, Gallantmon y Vulcanusmon tenían planes más… elaborados.

    El Dragón y el Querubín quedaron atónitos al descubrir que el Caballero Carmesí tenía planeado -y de hecho, lo tenía bastante avanzado ya- construir un gigantesco pesebre que más le valdría el título de maqueta a escala de la ciudad de Belén en el siglo I D.C. con los más mínimos detalles: casitas, pozos, establos, edificios públicos y hasta muñequitos movidos por un mecanismo hidráulico que simulaban las tareas hogareñas: desde carpinteros, herreros, comerciantes, recaudadores de impuestos, pastores acompañados de sus animales y mujeres acarreando agua o haciendo pan hasta soldados romanos haciendo guardia. De hecho, el pesebre era tan grande que los demás digimon se preguntaban cómo rayos lo llevarían al Gran Salón, donde se supone debería de estar.

    Alguien definitivamente se había entusiasmado al construir el pesebre.


    Pese a todo, no se veía nada mal el trabajo de Gallantmon. Pero Cherubimon se indignó al ver que Vulcanusmon pensaba usar figurillas de metal con muy poca gracia para el pesebre.

    — ¿En qué estás pensando? ¡Esas cosas no pueden estar en un pesebre! Parecen robots.
    — Le dan un aire más steampunk a estas fiestas.
    — Lo hace ver horrible. ¡No son muñequitos adorables: parecen pisapapeles hechos por un herrero!
    — Soy un herrero, Cherubimon, ¡Doh!
    — He de admitir que mi amigo tiene razón, Vulcanusmon: no es por hacerte enfadar, pero creo que debemos dejar las figuras a su cuidado.
    — Gracias por el apoyo, Dominimon.
    — Bien. -suspiró Vulcanusmon dejando su trabajo- Iré con Gallantmon a supervisar el funcionamiento del sistema hidráulico.
    — Ahora que ya se fue, podremos usar estas lindas figuras que compré para la ocasión. -Cherubimon abrió una caja y con mucho cuidado sacó cada una de ellas para mostrárselas a su compañero ángel- ¿No son lindas?
    — Si, se ven muy bien.
    — Ayúdame a ubicarlas por favor.

    Mientras tanto, Megidramon observaba detenidamente a Gallantmon armando una parte del pueblo en miniatura con ayuda de Minervamon y Mervamon, siendo él quien las dirigía, mientras que Sleipmon y Baihumon observaban pendientes de cualquier ayuda que pudiesen dar.

    — Gallantmon…
    — Dime.
    — ¿En serio hiciste todo esto en unas pocas horas?
    — Ajá… ¿Verdad que quedó estupendo? Y eso que me basé en una muy breve investigación sobre la ciudad de Belén en el siglo I y los relatos de Sleipmon.
    — ¿Cómo?
    — Sleipmon estuvo durante el nacimiento de Jesús. -dijo Minervamon- Y le contó a Gallantmon de los detalles más pequeños.
    ¿¿¿EN SERIO???
    — Bu… bueno… Estaba de paso para ir a comprar unas sandalias locales como muestra de mi trabajo, y entonces hubo una tormenta de arena y me quedé a esperar que terminara. Entonces aparecieron tres sujetos preguntándome. “¿Oiga hombre centauro? ¿Sabe dónde queda Belén? Nos guiaba una estrella pero con esta tormenta apenas la vemos”. Y lo les dije que quedaba a unas cuatro horas en camello. Entonces les pregunté para qué iban allí, y me dijeron: “Tuvimos sueños que nos decían que acababa de nacer el nuevo rey de los judíos” Les contesté que podríamos ir los cuatro juntos y ellos aceptaron. Llegamos al pesebre, honramos al niñito Jesús y después nos separamos. Compré mis sandalias y volví al Digimundo. Y así fue.

    Definitivamente Megidramon había pasado demasiado tiempo en su guarida, pues tras oir ese relato, no solo él, sino todos tenían los ojos como platos.

    — Ehh… Entonces… ¿Viste a Jesús? ¿Y a su familia?
    — Sí.
    — ¿Y cómo eran? -le preguntaron las primas Olímpicas-
    — El bebé normal, aunque algo… brillante y llorón; pero adorable en realidad. María era… rubia y de ojos azules, según recuerdo.
    — ¿¿En serio??
    — Parecía más griega que judía, y tenía como unos quince o dieciséis años; José en cambio sí que era moreno y tenía como treinta, y muy barbudo. Pero se veían muy felices.
    — ¿Y los Reyes Magos?
    — Eran en realidad astrólogos, pero en esa época Astrología, Astronomía y Magia eran casi sinónimos: Melchor era un viejo rubio de Persia, Gaspar un hombre de mediana edad de Babilonia, y Baltasar era un joven negro que creo era de Arabia o Etiopía... ya me olvidé. Eran muy amables.
    — ¿Anotaste eso, Cherubimon? -dijo Gallantmon muy concentrado en colocar un grupo de árboles en unas colinas- Tenlo en cuenta para el pesebre.
    — Si, si… Lo tengo anotado. -siseó el ángel a la distancia sin darle importancia-

    Pasaron las horas, y el pesebre había quedado terminado: Megidramon ayudó a Gallantmon con los detalles finales del pesebre al hacer algunos complementos para la maqueta, así como la colocación de las luces; Vulcanusmon supervisó y comprobó el funcionamiento del sistema hidráulico que hacía mover a las demás piezas del pesebre como había dicho, y también verificó el estado de las luces. Dominimon y los demás ayudaron a Cherubimon a colocar cada una de las figuras principales dentro del complejo pesebre.

    Quedaba todo perfecto, hasta que…

    — ¡¡¿¿DÓNDE ESTÁ EL NIÑITO JESÚS??!! ¿¿Dónde está?? ¡¡¿¿Dónde estáaaaa??!!
    — Cálmate, Cherubimon: debe de estar por algún lado.
    — ¿Cómo quieres que me calme, Dominimon? -el querubín comenzaba a volverse casi un neurótico- ¡El niñito Jesús es la estrella de toda esta cháchara! ¡Sin él, nada de esto tiene sentido!
    — Este tipo me está dando miedo. -dijo el tigre blanco-
    — ¡Es como un estadio de fútbol lleno de espectadores y con los jugadores listos pero sin la pelota! ¡¡TODOS SE VEN COMO UN MONTÓN DE IDIOTAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSS!! -de golpe acabó con los gritos y su voz se tornó sombría, algo que asustó a sus compañeros- Dios se enojará… Se va a enojar: no cuidamos de su hijo y ahora nos castigará: extinguirá a los digimon por irresponsables. Será el fin de todo y nos lo tendremos merecido por…
    — ¡¡CHERUBIMON!! -lo abofeteó Vulcanusmon en un intento de que entre en razón-¡¿De dónde rayos sacas esas tonterías?!
    — Debe de ser de alguna creepypasta navideña que lee por ahí. -indicó Dominimon- Suele leerlas por la noche.
    — Pero tiene razón… ¡En lo del niñito Jesús! -corrigió rápidamente Gallantmon antes de que pensaran mal de él; luego dejó salir un suspiro- Sin él, el pesebre no tiene ningún sentido. Cherubimon, Dominimon, Baihumon: busquen un reemplazo para el niño Jesús del pesebre y regresen de inmediato: nosotros nos encargaremos del pesebre.
    — Entendido.
    — Y por favor, Dominimon: trata de mantener calmado a Cherubimon.
    — ¡¡ESTOY CALMADO!!

    Una vez que Dominimon y los demás se fueran, Gallantmon, Megidramon, Vulcanusmon y Sleipmon permanecieron unos segundos observando el pesebre hasta que llegó Zoe a inspeccionar el pesebre: quedó muy impresionada al ver lo grande, complejo y bien armado que se encontraba, y comentó lo entusiasmada que estaba por verlo en el Gran Salón junto al árbol de Navidad. Dicho esto se despidió.

    — Todo salió bien: a la señorita Zoe le encantó nuestro pesebre. Sólo señaló lo del niñito Jesús, pero de eso se encargarán Cherubimon y los demás.
    — Al menos no tuvimos que explicarle la psicosis de Cherubimon. -completó Vulcanusmon, complacido de los resultados-
    — Ahora sólo queda mover el pesebre al Gran Salón. -añadió Megidramon- ¿Por dónde comenzamos a desarmarlo, Gallantmon?
    — ¿Cómo?
    — Dijo que por dónde comenzamos a desarmarlo. -repitió Sleipmon-
    — …
    — Gallantmon… -Megidramon comenzó a gruñir- Dime que hiciste que este pesebre tamaño INDUSTRIAL fuese fácilmente desmontable.
    — Eh… Creo… que me entusiasmé un poquito.
    ¡¡¡GALLANTMON!!! -exclamaron todos al unísono- ¡¡¿¿HICISTE ESTE PESEBRE DE MANERA A NO SER DESARMADO POR PARTES PARA MOVERLO??!!
    — ¡¡¿¿EN QUÉ PENSABAS IDIOTA??!! ¡¡AHORA TENDREMOS QUE ARMARLO NUEVAMENTE DE CERO!! -el Dragón Carmesí lucía más aterrador y enfurecido que nunca- ¡¡TE QUIERO MATAR!!
    — ¡Tranquilo, Megidramon, tranquilo! ¡Conozco este pesebre como la palma de mi mano! Sólo deben seguir mis instrucciones y lo tendremos completa y perfectamente armado en el Gran Salón.
    — Tendríamos que ver qué clase de decoración piensan usar Lordknightmon y mi mamá.
    — Cierto, Vulcanusmon, pero tendríamos que averiguar también lo del árbol. Megidramon, ¿Puedes hablar con tu hermano para saber qué tamaño tiene?
    — Bien, bien… lo haré en cuanto pueda.
    — También tengo que hablar con Apollomon para ver lo de la música.
    — ¿¿Música??
    — ¿Creen que añadí ese coro de ángeles celestiales mecánicos como mero adorno? -señalando dicha pieza de su pesebre-
    — En especial considerando que YO te ayudé a armar esa cosa. -añadió Megidramon conteniendo sus ganas de masacrar a Gallantmon allí mismo-
    — Pero enfoquémonos primero en desarmar esta maravilla. Empecemos por la ciudad.
    — Por cierto, -Sleipmon levantó la mano- ¿Alguien vio a Minervamon y Mervamon?
    — Capaz fueron a curiosear a los otros grupos: no las podemos esperar. Comencemos de una vez.
     
    Última edición: 27 Dic 2017
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    Capítulo 3: Decoración.

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    Los miembros del equipo encargado de la decoración no tardaron en descubrir que trabajar bajo las órdenes de Lordknightmon y Junomon era un auténtico infierno: no porque fueran particularmente quisquillosos y perfeccionistas -que lo eran-, sino porque no se ponían de acuerdo en cómo decorar el Gran Salón, y ninguno aceptaba la opinión del otro: Junomon estaba acostumbrada a no ser cuestionada sobre casi nada en su familia -en muchos aspectos, era ella la líder de los Olímpicos- y Lordknightmon no se acostumbraba a la idea de discutir con mujeres -trataba con muy pocas en su vida diaria- y menos con alguien tan altanera como la Reina Olímpica.

    — ¡Ya te lo dije, rosita! ¡Dorado y Plateado es lo mejor!
    — Lo es… si fuera un aniversario de tu incestuosa boda, cariño. ¡Rojo y Verde es lo mejor, por ser más asociado a la Navidad!
    — ¡Pero es tan común y ordinario! ¡Se supone que será una grandiosa e inigualable fiesta de la élite; no una reunión para recaudar fondos!
    — ¡Tampoco un reflejo de tu inflado ego!
    Miren quien lo dice… -siseaban mentalmente Magnamon y los demás Caballeros-
    — ¡Rojo y Verde!
    — ¡Dorado y Plateado!
    — ¡Y ustedes! ¡¿Qué opinan?!

    Los integrantes del grupo se miraron el uno al otro; tenían miedo de hacer enfadar a uno de los líderes, pero tenían que empezar de una buena vez.

    — Yo opino… Que empecemos a trabajar de una maldita vez. -todos miraron boquiabiertos a la ángel- ¿Por qué no se deciden por una opción o usamos ambas ideas?
    — Opino igual que Ophanimon. -añadió Cody- Sólo perdemos el tiempo.
    — Nadie te preguntó, cabeza de huevo. -gruñó Junomon-
    — Yo prefiero el dorado y plateado.
    — ¡JA! Tu líder acaba de darte la espalda, Lordknightmon.
    Claro, quédate con el fumasándalo de Alphamon; veamos CUANTO te ayuda.
    — A mí me gusta más el rojo y verde.
    — Tu hijastro será un regordete, pero al menos tiene sentido común.
    Y un alcoholismo insufrible -refunfuñó- ¿Alguien más?
    — Yo apoyo a Lordknightmon: el rojo y el verde son tradicionales de Navidad.
    — Explícame, pitufo. ¿Cómo apoyas su idea si vistes de dorado todo el tiempo?
    — Precisamente por eso, Junomon: uso dorado todo el tiempo. Una decoración con ese tono sólo me haría ver… invisible. O me confundirían con algún adorno tuyo.
    — Punto para mí.
    — Esto no irá a ningún lado. -masculló la ángel- Rojo y Verde: ya me tomé la molestia de tejer las medias navideñas y no pienso hacerlo de nuevo. No es fácil conseguir lana dorada y plateada.
    — Dorado y Plateado: me parece más sofisticado. -comentó Armadillomon-
    — Opino igual. -continuó Omegamon- Y Wargreymon y Metalgarurumon también.
    — ¡Esto lo deja en un empate! -gruñó Junomon- ¿Y que se supone que haremos?
    — ¿Y acaso mi opinión no cuenta?

    Los digimon quedaron perplejos por unos segundos hasta percatarse que se habían olvidado de preguntar a alguien: a Cody.

    Pero ninguno de los líderes no estaba particularmente interesados en él.

    — ¡Dividiremos el Gran Salón en dos, y cada uno decorará a su gusto!
    — ¿No piensan pedirme mi opinión?
    — Pff… Ya la diste, y no nos interesa. -bufó Lordknightmon, haciendo un ademán con la mano indicando que se apartara- Haz lo que quieras.
    — Pues entonces me voy.
    — Ah, no: no te irás. -Junomon se interpuso en el camino de Cody, impidiendo que se vaya- Ayudarás a decorar como todos los demás.
    — ¿Y por qué debo de ayudar a quienes no les interesa mi opinión?
    — Porque lo digo yo, mocoso.
    — ¿Sabes, Junomon? Podrás tener dominados a todos en tu familia: a tu esposo, a tus hermanos, a tus hijos, hijastros, etc.; todos allí te habrán malcriado para que siempre tengas la razón. Pero yo no pienso seguir ese juego. Así que… -pasando de largo de la Olímpica- adiós y buena suerte.

    Unos incrédulos digimon se quedaron mirando al niño alejarse de ellos con total tranquilidad ante la atenta y atónita mirada de los líderes el equipo: Junomon no sabía cómo reaccionar, y Lordknightmon… sería capaz de besar los pies de Cody en ese momento.

    Pero el problema ya estaba allí: Cody se había ido, y era muy probable que otros digimon siguiera su ejemplo. O bien…

    — Lo siento, Lordknightmon, pero yo también me voy. -dijo Magnamon, abandonando el grupo- No es que Cody sea mi humano favorito, pero eso de no pedirle su opinión fue muy grosero de tu parte, y no pienso ayudar a alguien así.
    — Me voy de aquí. -Armadillomon digievolucionó a Selahemon y le hizo frente a Junomon antes de irse- No pienso ayudar a quien trata a mi amigo de trapo usado. -gruñó y le dio la espalda- Vieja gruñona.
    — ¿Pero entonces quien me va a ayudar?
    — Que te ayude tu enorme ego. -le contestó el Caballero Árabe antes de salir del Gran Salón- Ah, y tienes a Alphamon y Omegamon.
    — Ophanimon, ¿Tú también?
    — DEBERÍA de irme, pero decidí quedarme a ayudarte, Lordknightmon: no puedo dejarte todo el trabajo.
    — ¡Yo también ayudaré!

    No quería admitirlo, pero Lordknightmon sí se había conmovido con que no le dejaran solo con todo el trabajo. Se guardó esos sentimientos para sí y comenzó a impartir órdenes para tener acabado su trabajo… y de paso humillar a la pedante de Junomon.

    Por su parte, Junomon descubrió con horror que tener a los principales líderes de los Caballeros Reales como ayudantes era de todo menos práctico. Cada tanto cometían errores y a lo lejos se oía la risilla cómplice de cierto caballero rosa.

    — ¡Omegamon, pon de nuevo esa guirnalda: se ve horrible! ¡Alphamon! ¡¿Qué tenías en la cabeza al colocar esos globos en ESA orden?!
    — ¡Pero no tengo manos, Junomon!
    — A mí me gusta cómo se ven: me recuerdan a cuando vi el Multiverso desde...
    — ¡NO ME INTERESAN SUS TONTAS EXCUSAS! ¡TIENEN QUE HACER LAS COSAS COMO YO LO DIGO! Yo soy el cerebro, y ustedes el músculo.
    — Musculo atrofiado capaz….
    — Cállate, rosita. -volviendo a sus asistentes- ¡Ah, me olvidé los candelabros para la mesa! Iré por ellos. ¡Ustedes dos! Cuando vuelva, quiero ver esos adornos puestos como la gente y no como animales, ¿Quedó claro?
    — Si, Junomon.

    Minutos después de que Junomon se fuera, Zoe hizo aparición en medio de su visita de supervisión: quedó muy extrañada de ver el salón decorado en dos formas diferentes: una roja y verde que iba avanzando, y la otra dorado y plateado, que se veía algo flojo en su ejecución. Lo otro llamativo era que había poca gente trabajando. ¿Adónde habían ido?

    — Digamos que se fueron por diferencias creativas, señorita.
    Principalmente por culpa de esa plumífera cornuda. -estaba por decir Ophanimon, pero se contuvo-
    — Lo aceptaré, Lordknightmon. Pero por favor continúen con su trabajo y acábenlo bien.
    — Déjemelo todo a mí, señorita. No la decepcionaré.

    Algo más calmada sobre el asunto, la regente se retiró. Junomon volvería poco después y seguiría mangoneando a Alphamon y Omegamon sobre como hacer su trabajo.

    — Una pregunta aquí entre nos, Ophanimon.
    — Dime.
    — ¿Crees que Junomon tiene una sana vida sexual?
    — ¿QUÉ? -Ophanimon casi se atraganta tras oír semejante pregunta- ¿A qué viene ese tema?
    — Es que me parece muy irreal que exista alguien así de irritante. ¿Será que Jupitermon no cumple con ella? -susurró; Ophanimon se puso colorada- No me extrañaría que por eso tuviese amantes.
    — Eh… sí.
    — Bueno. -dejó lo que estaba haciendo y fue hacia un pasillo- Estoy algo cansado; iré a la cocina por algo de té. Cuida todo por mí, ¿Si?
    — Claro.
     
  5. J.M.

    J.M.

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    Ayer ya lo habia terminado de leer pero justo pusiste otro capitulo.XD

    Pues parece que es una navidad de pura hermandades. Muchos personajes aunque no estoy acostumbrado a todos los Olimpicos ademas creo que pusiste angeles que no son de una hermandad.

    Hasta ahora estuvo gracioso. Me da curiosidad quien estropeo esa comida. Parece que cada grupo tendra sus propios problemas, algunos mas graves que los otros.

    Esperare a que actualices. Aunque parece que seran capitulos cortos asi que quiza sean muchos. Habra que esperar para averiguarlo.
     
  6. Autor
    ElohimEditor

    ElohimEditor "The Heir of Chaos"

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    Capítulo 4: Bebidas

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    Examon -que estaba en un tamaño bastante pequeño respecto al original para poder desenvolverse mejor- y Jupitermon se hallaban en una auténtica cacería de bebidas: casi todo lo que llevaban era vino tinto, sidra común y otras sin alcohol, y algunas bebidas gaseosas para los abstemios, principalmente los niños. El resto del grupo no presentaba queja o exigencia alguna, salvo por Duftmon, que insistía siempre con lo mismo:

    — ¡No, Duftmon: no vamos a llevar semejante cantidad de caipiriña!
    — ¡Sabes que me gusta, Examon!
    — Aún recuerdo la Navidad de hace diez años donde te encargaste de las bebidas y acabamos bebiendo sólo caipiriña hasta Año Nuevo. ¡No te dejaré a cargo de las bebidas nunca más!
    — Me llevaré tres botellas y las pagaré yo.
    — Haz lo que quieras.
    — Querida, ¿No hay nada que quieras llevar?
    — No, papá. -contestó Dianamon a su padre- Me conformaré con lo que compren, pero creo que falta algo, ¿No crees?
    — Es verdad. -añadió Qinglongmon al oír a la Olímpica; el Dragón Celestial había adoptado la forma de un Shakamon de color azul cielo tirando al aguamarina- ¿No deberíamos de comprar champaña?
    — Veremos la champaña en el lugar especial que les mencioné. -comentó Examon- Paguemos por esto primero y luego iremos a ese lugar.

    Tras haber pagado por las bebidas compradas -caipiriña incluida-, el grupo fue a un lugar apartado guiados por Examon. Una vez allí, ordenó a Gankoomon y Qinglongmon que llevaran todo al Gran Salón a refrigerar.

    — ¡Yo también quería ir! -chilló un indignado Gankoomon- ¡Se supone que soy un Caballero Real!
    — En esta historia eres nuestro secretario con salario mínimo y tus “alumnos” son criados de poca monta, así que me vale verga tu opinión: Haz lo que te digo.
    — Llevaremos las bebidas, Examon. ¿Alguna sugerencia?
    — No dejes que esté fuera de los 5 o 7 grados, Qinglongmon. Y deja algo de espacio para la champaña.
    — De acuerdo.

    Luego de que los dos se fueran con su carga…

    — ¿Y de dónde vamos a conseguir la champaña, Examon?
    — Ya lo sabrás, Jupitermon.
    — Adivinaré: ¿Iremos a Francia?
    — Maldita sea, Duftmon; arruinaste la sorpresa.
    — ¿O sea que iremos al Mundo Real? -Dianamon se sorprendió momentáneamente, para después dejar salir un bufido- Demasiado viaje por una mera bebida: prefiero la ambrosía.
    — No pienso brindar el día de Navidad y Año Nuevo con esa cosa verde que toman ustedes; -gruñó Examon- me recuerda a la absenta. He comprado champaña de un pequeño productor por más de cuatrocientos años durante las fiestas y no hay año en que no lo disfrute en esta época… excepto durante esa cosita llamada Revolución Francesa… y las Guerras Napoleónicas… y la guerra Franco-Prusiana, ah, y las dos Guerras Mundiales.
    — ¡Aja! -exclamó Duftmon; sonaba como si hubiera descifrado el enigma de Jack el Destripador- ¡Con razón te la pasabas encerrado la mayor parte de las noches de fiesta de fin de año en tu habitación! ¡Te bebías toda la champaña tú solo!
    — ¡¡Oh, perdóname por vivir de mi dinero, Duftmon!! No es mi culpa que el estilismo o la perfumería no rindan sus frutos.
    — ¿Podrían dejar de quejarse? Me basta y sobra con las discusiones extramatrimoniales de mis hermanos como para soportar sus tonterías. ¿Vamos a irnos o no?
    — Muy pronto, Dianamon. -contestó el Caballero Dragón en tono aburrido- Hay un portal aquí cerca.

    En efecto: cerca de su ubicación había un portal al Mundo Real, que convenientemente los llevó a la campiña francesa, en las afueras de Reims, a mitad de la cuna de la champaña. Comenzaron a volar sobre la campiña, mientras Dianamon preguntaba una y otra vez por qué tenían que venir al Mundo Real para comprar una bebida que en el Digimundo también existía.

    — La respuesta es obvia: la champaña es un producto de origen controlado. Sólo la que se fabrica en esta zona puede llamarse así.
    — Muy quisquilloso de parte de los humanos.
    — Capaz, Jupitermon. Pero al menos se esmeran en proteger lo suyo. -mirando abajo, Examon ve una modesta construcción rodeado de viñedos- Es aquí: bajemos con cuidado.

    Sin hacer mucho ruido, los cuatro digimon aterrizaron a las afueras de la construcción: a primera vista, una casa de campo con algunas bodegas en las cercanías, y extensiones de viñedos hasta donde perdía la vista. Y a lo lejos, un pequeño pueblo que aún conservaba su aire medieval.

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    — Me encanta este sitio. -sonrió Examon tras dar un vistazo y respirar el aire de campo- Sigue casi igual a cuando vine la primera vez.
    — Entra de una vez y haz el pedido.
    — Agh… ya voy. Hey, Jupitermon, ¿Acaso tu hija no tiene novio? -a la aludida comienza a emergerle una venita en la frente- Suena muy irritable.
    — Siempre es así.
    — ¡Papá!
    Todas las mujeres Olímpicas tienen el archivo de mujer irritable en su data. -pensó Duftmon, tratando de disimular su risa ahogada-

    Tras golpear suavemente la puerta, un anciano bien vestido salió a recibir a sus visitantes; tras quedar sumamente sorprendido de ver a cuatro grandes digimon enfrente y casi desmayarse, se apresuró a entrar de nuevo al edificio, hasta que Examon bloqueó la puerta sutilmente con su cola.

    — Espere; soy cliente frecuente de este establecimiento. Me llamo Examon.
    — Ah, verdad. -respondió el anciano- Usted compró diez botellas de champaña el año pasado. ¿Quiere que le traiga su pedido?
    — ¡¿Te bebiste diez botellas de champaña tú solo?! -le reclamaron los otros digimon- ¡Egoísta!
    — MI dinero, MI champaña. Agradezcan que ahora quiero compartir. -se volteó nuevamente al hombre- Esta vez me llevaré una mayor cantidad: me llevaré cien botellas.
    — ¡¡¿¿CIEN??!! -exclamó el anciano; nunca había dado semejante cantidad- ¡Pero es una barbari…!
    — Pagaré en efectivo: Incluye el descuento de cliente frecuente, ¿Cierto?

    Examon dejó caer de una bolsa diez lingotes de oro sólido, dejando perplejo tanto al anciano como a los otros tres digimon que lo acompañaban ¿De dónde sacaba el dinero ese dragón? El dueño del viñedo no tardó en responder.

    — ¡Paul! ¡Prepara cien de nuestras mejores botellas de Chardonnay para nuestro cliente Examon!
    — ¿El dragón gigante que cada año viene a comprar diez botellas para emborracharse solo en Navidad? -dijo una voz joven desde el interior de la casa; Duftmon y los otros no pudieron contener la risa- ¿Ya consiguió a alguien con quien tener una cruda?
    — ¡Haz lo que te digo, muchacho!
    — ¡Si, abuelo!
    — Perdone a mi nieto. -se excusó el hombre- Pero ya sabe cómo son estos jóvenes de hoy.
    — See… lo sé.
    — Esperen aquí por favor: ya les traeremos su pedido.

    Varios hombres comenzaron a venir trayendo en cajas las botellas solicitadas. Una vez que las trajeran todas, los cuatro digimon se repartieron la carga y se despidieron del hombre, deseándose recíprocamente una Feliz Navidad.

    — ¿De dónde sacaste el dinero para pagar por esto? -preguntó Jupitermon mientras volaban- Ya no eres Emperador de los Dragones.
    — Tengo otros trabajos, Jupitermon.
    — Seguro son drogas. -dijo Duftmon-
    — No son drogas.
    — Tienen que ser drogas. -comentó Dianamon-
    — ¡Que no son drogas! ¡Bah, olvídenlo! Allí está el portal.
    — Esperen aquí por favor: ya les traeremos su pedido.

    De regreso al portal, y ya en el Gran Salón, comenzaron a guardar la champaña junto a las demás bebidas que Qinglongmon y Gankoomon habían guardado previamente. Examon sacó una botella y se la hizo probar a Jupitermon, que tras varios intentos de negarse, acabó aceptando.

    — No está mal. -sentenció él- La verdad hiciste una buena elección. Aunque está algo caliente. Dianamon…
    — ¿Bromeas, verdad? ¡¿Quieres usar mis poderes para enfriar tu bebida?!
    — Hey, es cierto. -río Examon- Ella controla el frío y el hielo: muy útil.
    — Dianamon…
    — Está… bien… -Jupitermon pasó la copa a su hija y está, tras tocarla, la enfrío levemente, a gusto del Olímpico- Me siento congeladora.
    — Pero estas copas no tienen la clase que Junomon esperaría de este acontecimiento.
    — Descuida: Duftmon se encargará de ese asunto. -se volteó hacia el aludido- ¿No tenías unas copas especiales para brindar?
    — Ah, sí. Cierto Examon: mis copas especiales de cristal con bordes dorados. Las traeré de inmediato. Gankoomon.
    — Ya qué…

    Con ayuda de Gankoomon, Duftmon trajo sus copas especiales y las colocaron con SUMO cuidado en el refrigerador para que se mantuviesen frías, pues así la bebida se disfrutaba mejor -como decían algunos entendidos-

    Al momento de llegar la Regente, el grupo le mostró el refrigerador lleno de bebidas y las copas preparadas. Satisfecha de ver que habían logrado su cometido, les dio su aprobación y se marchó.

    Estaban a salvo, por ahora…

    Minutos después, cuando fueron a revisar las bebidas, hicieron un terrible descubrimiento.

    — ¡Mis copas están rotas!
    — La mayoría al menos; parece que no resisten tanto el frío. Es una pena: eran muy hermosas
    — ¡Y todo por ponerlas en el refrigerador!
    — ¡No es mi culpa que tus copas sean más frágiles que un cristal de azúcar, Duftmon! -se defendió el caballero dragón- Seguramente te estafaron.
    — Creo que lo mejor es conseguir otras copas: no importa si no son tan ornamentadas como estas. Pero hay que beber en algo.
    — Qinglongmon tiene razón. -suspiró Duftmon- Tengo un juego de emergencia más sencillo en el castillo. Vamos, Gankoomon.
    — Traigámoslo de inmediato, antes de que empiece la fiesta. O Zoe nos matará.

    Luego de que ambos se fueran.

    — Me pregunto si Ceresmon y Vestamon cocinarán Mammothmon rellenos de castañas o Whamon a la vinagreta: saben exquisito acompañados de champaña.
    — Tienes que estar… bromeando. -a Dianamon le dio un tic nervioso en el ojo tras oír el comentario de Examon- ¡Eres un caníbal!
    — ¿Y qué? Tú eres una cazadora.
    — ¡Por deporte: los dejo ir luego, no me los como! ¡Tú eres un enfermo! ¡Eso que haces está…!
    — Otra ecofeminista; demonios…
     
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    Capítulo 5: Música

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    El salón donde componían la música estaba dotado de varios instrumentos musicales, entre ellos un hermoso piano de cola, y algunas guitarras eléctricas, además de grabadoras y parlantes.

    La composición de la música para la fiesta de Navidad iba por caminos distintos: por un lado, Apollomon y los ángeles apoyaban un estilo más clásico, mientras que Beelzemon y Neptunmon iba por un ritmo más moderno. Belphemon por su parte… de vez en cuando daba algún signo de vida con un bostezo mientras retozaba en un sofá.

    — Insisto en que deberíamos de tocar las clásicas, como “Noche de paz”, o “Jingle Bells”.
    — No te lo niego, chico solar, pero hay que añadirle algo de ritmo del siglo XXI, o todos se quedarán dormidos.
    — No creo que sea así.
    — En especial si todos se ponen a beber.
    — ¡Tío Neptunmon!
    — Bah, sabes que digo la verdad, sobrino: ocurre en todas nuestras fiestas. ¡Pongamos algo para mover el bote! ¿Quién dijo que tenemos que escuchar música como si estuviésemos en plena misa?
    — ¡Ves! Tú tío genial apoya mi idea, Apollomon.
    — Hagamos lo siguiente: cada uno graba la canción de fondo para la fiesta, y luego se lo mostramos a la señorita Zoe: así ella escogerá la que tendremos que tocar.
    — De acuerdo. Ya verás que escoge lo mío: sabes que tratamos con alguien con mentalidad de adolescente, ¿Verdad?
    — Si, verdad.

    Cada uno de los líderes se dispuso a grabar su canción: Apollomon tocó en el piano la canción que su grupo logró escoger: “Noche de Paz”, con Rasielmon y ClavisAngemon tocando de coro, mientras que Beelzemon y Neptunmon tocaron con la guitarra y la batería una versión en metal de “Jingle Bell”


    Sobra decir que a la primera, ninguno podía tocar sus respectivas versiones, por lo que para evitar enfrentamientos, sortearon quien grabaría primero: Apollomon fue el primero, seguido de Beelzemon. El Demonio de la Gula y el dios del Mar se aburrieron durante la primera grabación, mientras que el dios del Sol y los ángeles trataron de taparse los oídos por el estruendo causado por la segunda grabación. Increíblemente, Belphemon no se movía de su sitio.

    — Ahora habrá que esperar a que escojan nuestra canción.
    — Escogerá la nuestra, chico solar.
    — ¡¿Tú también, tío?! Beelzemon te está influenciando demasiado.
    — Sobrino, compadéceme: la mayoría de mis sobrinos son un desastre: el borrachín, el cornudo, el cornudo musculoso e idiota, el cínico nihilista, y tú que eres el mejorcito de todos. Y tengo más de cincuenta HIJAS.
    — Apollomon es el don perfecto, ¿Verdad Neptunmon?
    — Ahora que lo dices, sí.
    — Tengo una duda. -preguntó la ángel felina, señalando al oso durmiente- ¿Este perezoso de aquí hará algo o sólo vino a dormirse?
    — Es el Demonio de la Pereza, Rasielmon: ¿Qué más va a hacer?
    — Pues no veo a Beelzemon atragantarse hasta el hartazgo. Por cierto, me crea una gran duda. ¿Cómo es que sigues tan flaco?
    — Soy bulímico. -contestó de manera indiferente; Rasielmon se lo quedó mirando, incrédula- Bueno: de alguna forma tengo que mantener este cuerpo sexy para las nenas, ¿No?

    Inesperadamente, Belphemon se desperezó, se rasco la parte baja de la espalda y se levantó como si nada en dirección al piano. Apollomon lo dejó pasar, aun temiendo que llegara a destruirlo.

    Entonces lo más increíble ocurrió: Belphemon comenzó a tocar en el piano una parte del coro de “Mesías”, de Händel. La manera de tocar del digimon demonio era tan impresionante que dejó a todos boquiabiertos, y más todavía a su compañero Beelzemon. A decir verdad, verlo tan enfocado en algo, y hacerlo de manera tan espectacular era un verdadero milagro. Nadie se dio cuenta de que la regente había llegado en ese preciso momento para escuchar todo el concierto de Belphemon quedando igual de asombrada.


    Cuando dejó de tocar, Belphemon cayó de espaldas al suelo, volviéndose a dormir.

    — ¡Eso fue increíble! -exclamó la regente- ¡Tiene que tocar durante la fiesta! ¡me encantó!
    — Ni yo lo puedo creer. -dijo ClavisAngemon- Un demonio tocando el piano como los ángeles.
    — Haremos que toque, señorita, descuide.
    — ¿¿De verdad?? -preguntaron a Apollomon sus compañeros- ¿En serio?
    — Hagan lo posible por favor.

    Una vez que Zoe se fuera, belzeemon hizo hasta lo imposible por tratar de levantar a su compañero.

    — ¡Despierta, dormilón! ¡Tu concierto le encantó a la señorita Zoe! ¡nuestra cena y regalos gratis dependen de ti!
    — …
    — ¡¿No me escuchaste?!
    — De verdad que es perezoso. -comentó Rasielmon-
    — Que pasa… -habló Belphemon tras tantos intentos fallidos- Quiero dormir.
    — ¡Pues te aguantas! -gritó Apollomon- ¡La señorita Zoe oyó como tocas el piano y le encantó! ¡TIENES QUE TOCAR EN LA FIESTA!
    — Ah… -se volteó apoyando su costado izquierdo en el suelo para acomodarse- Que bien…
    — Viejo, ¿Dónde aprendiste a tocar así?
    — ¿Huh? -Belphemon apenas podía mantener abiertos los ojos- Pues tomé clases particulares con Examon. Despiértenme para la cena, ¿Si? Zzzzz…
    — ¡¡¿¿EXAMON??!!
    — Se volvió a dormir -gruñó Neptunmon- Maldito dormilón con talento.
    — Así nunca le llegará a los pies a Mozart. -Apollomon miraba al digimon profundamente dormido, babeando en el piso- Estamos en problemas; este monigote no piensa levantarse y la señorita Zoe QUIERE que toque sí o sí.
    — Me encargaré de que esté despierto para la fiesta, descuiden. Sólo necesitaré algo de amapola púrpura y quedará como nuevo.
    — ¡Esa es una droga! -exclamaron los ángeles- ¡No podemos permitir que recurras a eso!
    — ¿Quieren que Belphemon toque o no?
    — Ni modo. -suspiró el dios solar- Contamos contigo, Beelzemon.
    — Jamás creí en confiar mi supervivencia en un Señor Demonio, Rasielmon.
    — Tampoco yo, ClavisAngemon. Pero es Navidad: pasa cualquier cosa.
     
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    Capítulo 6: Árbol

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    Yolei y Goldramon lideraban parte del equipo dedicado a comprar los adornos para el árbol de Navidad: de acuerdo a los cálculos de la niña, el árbol de Navidad perfecto para el Gran Salón debería de tener entre treinta a cuarenta metros de altura para no quedar opacado por la inmensidad de la cúpula del Gran Salón. Por tanto, ella y sus acompañantes se encargaban de comprar los adornos necesarios para un árbol de dicha envergadura.

    Respecto al árbol en sí, Hawkmon y Ebonwomon se encargarían de hallar uno lo bastante bueno para la fiesta.

    — ¿Esta cantidad de luces será suficiente, Yolei?
    — Si, Jesmon: será suficiente; ahora tenemos que ver los globos.
    — ¡Ya los tengo, Yolei! -añadió Seraphimon, mostrando dos grandes cajas llenas de globos de colores- Imagino que con estos el árbol quedará estupendo.
    — Magnadramon debía ir por las guirnaldas, ¿Dónde…?
    — ¡Aquí llego, Goldramon! -la aludida llegó volando sobre los estantes de la tienda con varias guirnaldas coloridas y brillantes colgando de sus patas- Me traje unas cuantas para el árbol.
    — Como siempre, escogiste bien, Magnadramon. -el dragón dorado se sonrojó un poco- ¿Alguien ha visto a Zhuquiaomon?
    — Aquí traje su estrella. -gruñó el fénix rojo bajo la apariencia de un Ravemon escarlata mientras sostenía con la mano la estrella para el árbol- ¿Ya mencioné que detesto que me mangoneen humanos? En especial niños.
    — Como un millón de veces. -sisearon todos-.
    — ¿Estás segura que tu pajarraco escogerá un buen árbol, niña?
    — Hawkmon elegirá el mejor árbol: eso se los aseguro.

    Lejos de allí, en un bosque relativamente cercano, Hawkmon, en s nivel mega, buscaba el árbol perfecto junto a Ebonwomon, que a pesar de sus buenas intenciones al tratar de ayudar, se sentía casi como un lastre para el Caballero Águila, pues se movía muy lentamente.

    Finalmente, Cuauhpillimon había encontrado uno que a su juicio, era el indicado.

    — Este. –palmando el tronco con su garra- Nos llevaremos este.
    — ¿Seguro que quieres llevar este?
    — Claro, Ebonwomon. ¿No ves lo bonito y majestuoso que es?
    — Si… Pero me parece un poco… No sé, grande.
    — El Gran Salón es muy grande, valga la redundancia. Necesitamos de un árbol que destaque.
    Oh, estoy seguro de que ÉSTE destacará.
    — Iré a buscar una maceta para plantarlo; no me atrevo a cortar semejante maravilla. ¿Lo cuidarás por mí? No quiero que nadie se lo lleve.
    — Seguro, Cuauhpillimon: ve con cuidado.

    El Caballero Águila se marchó a toda velocidad para encontrar algo donde colocar con cuidado su árbol elegido; la tortuga bicéfala se lo quedó mirando mientras se desvanecía en el cielo.

    “¿Quién podría llevarse semejante árbol?”


    Mientras tanto, Yolei y los demás digimon habían acabado con las compras de los adornos necesarios para decorar el árbol, y tras una breve conversación telefónica con el Caballero Águila, tomaron rumbo a la ubicación del árbol que habían escogido. Los digimon volaban siguiendo a Goldramon, sobre cuyos hombros estaba Yolei.

    — Me pregunto por qué escogió buscar el árbol en un lugar apartado de la tienda.
    — Capaz creyó que allí hallaría el árbol perfecto. -sugirió Goldramon-
    — Más le vale a esa aguilucha de cuarta haber escogido el árbol correcto, o se las verá conmigo.
    — ¿Te puedes, calmar, Zhuquiaomon? ¡Es Navidad!
    — ¡Seraphimon está en lo cierto! -concordó Jesmon- ¡Deja de ser el Grinch del Digimundo!
    — Por favor, dejen de discutir. -pidió calma el Dragón Dorado- Y tú, Zhuquiaomon, contrólate por favor.
    — Está bien. -gruñó-
    — Grinch del Digimundo, buena esa.
    — Lo sé, Yolei. -río el dragón dorado en voz baja- Jesmon se merece un premio.

    Llegaron a la ubicación indicada, donde se encontraron con los dos digimon… y el árbol: cuando Yolei y los demás lo vieron quedaron tan impresionados o más bien perplejos que dejaron caer las cajas de adornos, que por suerte, no se dañaron. La pregunta en su cabeza era la misma. ¿En qué estaba pensando Cuauhpillimon?

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    — ¿Qué opinan? Bonito, ¿Eh?
    — Eh… Eh…
    ¡¿EN QUE ESTABAS PENSANDO, PARRAJACO CABEZA HUECA?! -Zhuquiaomon estaba en llamas, literalmente- ¡NO PODEMOS LLEVARNOS ESTA, ESTA… ESTA COSA!
    — ¿Qué tiene de malo? Es un lindo árbol.
    — Eso no es un árbol: ¡¡ES UNA MONTAÑA DE MADERA!! ¡¡ES UNA SECUOYA!! ¡UNA GIGANTESCA, ENORME, VOLUMINOSA Y PESADA SECUOYA! ¡NO ES UN ÁRBOL DE NAVIDAD!
    — ¡Pero si también es una conífera!
    — Si… una de más de cien metros. -completó Goldramon tras medir el árbol con una cinta de medir que había traído- Ciento veinte metros para ser exactos; el árbol es bonito, pero es gigantesco.
    — No creo que nos alcancen los adornos para esta cosa. -agregó Yolei tras mirar el árbol de arriba abajo- Tendremos que comprar más.
    — ¿Y si conseguimos otro árbol?
    — Olvídalo, Seraphimon. -se negó el Caballero Águila- Nos quedaremos con este; hasta me tomé la molestia de ponerlo en una maceta. Y cortar esas raíces de más de trienta metros con cuidado a no matar al árbol fue MUY arduo.
    — ¿Es eso un edificio de cinco plantas?
    — Ah, sí, Yolei; lo tomé de una ciudad cercana: iban a demolerlo pero por suerte los digimon me lo dejaron llevar para usarlo de maceta.
    — ¿Cuánto era que tenía de alto el Gran Salón?
    — Cien metros, Magnadramon. -respondió el Caballero Jesmon- ¿Por qué?
    — Porque veo que costará mucho meterlo.
    — ¡¿ES QUE HAN PERDIDO TODOS LA CABEZA?! -reclamó el fénix- ¡¡NO PODEMOS LLEVARNOS ESTA COSA!!
    — No cambiarás de opinión, ¿Verdad, Cuauhpillimon? -el ave negó rotundamente con la cabeza- Ni hablar; tendremos que comprar más adornos: Cuauhpillimon, Jesmon, Magnadramon, Ebonwomon: lleven el árbol, al Gran Salón y encuentren la manera de meterlo: si es necesario hacer un tragaluz a la cúpula, háganlo y luego se lo explicaremos a la señorita Zoe, ¿Entendido?
    — ¡Sí!
    — Entonces tú, los demás y yo iremos a comprar más adornos.
    — Exacto, Yolei. ¡Andando! Debemos decorar este árbol en tiempo récord.
    Voy a necesitar MUCHO alcohol después de esta noche. -pensó Zhuquiaomon-

    El Caballero Águila cargó con el inmenso árbol acompañado de los otros digimon, mientras que Goldramon y los demás compraron más adornos para el árbol.


    Pasadas unas horas, el grupo de Yolei llegó al Gran Salón, donde por un milagro -y el haber abierto un tragaluz enorme por el que entraba la nieve-, habían logrado meter el inmenso árbol; de inmediato notaron el primer gran defecto, aparte de la nieve.

    — Este árbol está echando sus hojitas por todo el salón. A Lordknightmon no le va a gustar.
    — Lo haremos pasar como una nevada, Jesmon. -dijo el Caballero Águila- Le dará un toque muy navideño…
    — Y sucio… -añadió Yolei- Ni hablar: hay que comenzar a decorar.

    De inmediato comenzaron a trabajar a toda velocidad: Seraphimon, Jesmon y Cuauhpilimon colgando los globos, moños y demás adornos; Magnadramon y Zhuquiaomon colocando las guirnaldas, seguido de las luces y Yolei y Ebonwomon supervisando todo desde tierra.

    Finalmente, y tras comprobar las luces, Serahpimon tuvo el honor de colocar la estrella en la punta -que estaba fuera del edificio- El árbol estaba terminado, y ellos estaban exhaustos y tendidos en el suelo.

    La regente pasó a supervisar y se sorprendió de encontrar el árbol ya terminado –además de haber escogido uno tan grande- ; valorando el esfuerzo que le dedicaron, los felicitó y se despidió de ellos.

    — ¿Ven? -el Caballero Águila sonrió- A la señorita Zoe le gustó el árbol: elegí muy bien
    — Cuauhpillimon.
    — ¿Si, Yolei?
    — ¡¡¡CÁLLATE!!!
     
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    Capítulo 7: Regalos

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    Encargarse de los regalos no era un trabajo tan tedioso como los Demon Lord esperaban en un principio: en lugar de ir a la tienda a comprar regalos personalizados para cada uno de los invitados, tendrían que empaquetar y envolver los regalos de una canasta que habían sido comprados previamente. Los regalos eran relativamente simples y hasta se podría decir que sosos: libros, tarjetas, adornos navideños, cajas de bombones y alguna que otra chuchería; por su parte, Venusmon y Marsmon, en compañía de Lucemon y muy apartados del resto del grupo, trabajaban incansablemente para terminar su parte del trabajo, si bien la Diosa del Amor tenía su propia visión de qué regalos debía de entregar.

    — ¿Verdad que tengo muy buen gusto, amorcito?
    — ¿Huh? Ah, sí. Lo tienes, Venusmon.
    — Si, lo tienes, mamá. -siseó aburridamente el Rey Demonio- ¿Pero por qué envolvemos una foto autografiada tuya y una colonia?
    — ¡Ay, pero que preguntas tontas haces, hijito querido! -los demás Demon Lord no podían contener la risa cada vez que Venusmon mimaba a Lucemon, haciéndolo sentir incómodo- Porque son los mejores regalos que tenemos en comparación a esos tan… simples.
    — Ajá, entiendo. ¿Puedo volver con mis camaradas?
    — De acuerdo: ve a ayudar a tus amiguitos; tu padre me ayudará.
    — Sigh…

    Lucemon volvió hacia sus compañeros quienes continuaban envolviendo los regalos de aquella canasta: la única que se mostraba entusiasta con el trabajo era Lilithmon, quien era muy buena envolviendo los paquetes y colocándole los lazos y moños de colores; los demás, lo hacían claramente con desdén.

    — Esto es MUY aburrido.
    — Ni siquiera deberíamos de hacer esto, Barbamon. -se quejó Leviamon, que adoptó la forma de un Depthmon negro- Es humillante.
    — Si dejaran de quejarse, terminaríamos más rápido. Al final lo estoy haciendo todo yo.
    — Lilithmon, tómate esto en serio…
    — Lo hago, Barbamon.
    — ¡Somos Demon Lords, estúpida; no duendes de Santa Claus! ¡No envolvemos regalos; los destrozamos y hacemos llorar a los niños! Como mínimo al menos.
    — Comprendo tu malestar, Barbamon. -Lucemon miró a cada rincón de la habitación- Oigan, ¿Y Anubismon?
    — La hizo llamar la señorita Zoe -contestó Lilithmon- Volverá en una hora más o menos.
    — ¿No se supone que debe vigilarnos?
    — Capaz se aburrió de nosotros y cree que no haremos nada malo. O fue a buscar las tarjetas, porque no vi ninguna.
    — Bien. -sonrió maquiavélicamente el ángel caído- Con mamá y papá distraídos y Anubismon lejos de aquí, no tendremos obstáculos. Escúchenme; tengo un plan.
    — ¿Y cuál es, “queridito” líder?
    — Oye Leviamon: me vuelves a decir así y te hago sushi.

    El líder de los Demon Lord comentó el plan a sus compañeros: Leviamon y Barbamon estaban encantados con la idea; a Lilithmon le pareció muy travieso, pero estaba preocupada de ser descubiertos. Tras varios minutos de conversación sin embargo, lograron convencerla.

    — Así quedamos: llenaremos los regalos con carbón y tiraremos esos sosos regalos a la basura.
    — ¿Qué hay de las cajas que ya envolvieron tus padres?
    — No me atrevo a pedírselos, Barbamon: mi padre podría sospechar algo. Así que sólo nos queda encargarnos de los que envolvemos nosotros.
    — Pero oye… ¿Y si todos abren sus regalos durante la fiesta?
    — ¿No sabes cómo funciona lo de los regalos, Lilithmon? Los regalos se abren en la mañana de Navidad; no durante la Nochebuena. Para cuando esos tontos abran sus regalos, nosotros ya estaremos con la barriga llena y a salvo en el Área Oscura. Lo único que tienes que hacer es reservar nuestros regalos apartándolos de los demás, hasta que Anubismon venga con las tarjetas.
    — ¿Puedo poner algún regalo en especial?
    — Dale libertad a tu creatividad, Leviamon. Es Navidad.

    Los Demon Lord se pusieron a trabajar: los regalos que ya fueron envueltos acabaron siendo abiertos de nuevo y su contenido reemplazado por cantidades de carbón; Lilithmon los envolvía de nuevo y apartaba unos cuantos regalos del resto para que el carbón no les toque a ellos: no es que fueran grandiosos regalos, pero era mejor que una piedra negra y sucia. Finalmente, y tras acabar con los regalos, tiraron todos aquellos sosos regalos a un contenedor de basura afuera del Gran Salón.

    Y todo esto sin que Venusmon y Marsmon se diesen cuenta, que estaban muy distraídos o bien envolviendo regalos, o bien besuqueándose en algún armario de limpieza.


    Anubismon llegaría poco después de que el trabajo de los Demon Lord hubiese acabado; miró primero a sus “parientes” muy contentos y rodeados de regalos dejando salir un suspiro. -por sus caras, era obvio que se habían revolcado en algún rincón recientemente-, y luego a sus “prisioneros” de manera seria, para después suavizar su expresión a una más relajada.

    — Veo que han acabado: la señorita Zoe estará orgullosa de ustedes.
    — Espero que sí. -sonrió Lucemon fingiendo inocencia- Y con algo de suerte nos da alguna libertad condicional.
    — No te ilusiones… “sobrinito”. -río Anubismon- Pero estoy seguro que se alegrará de ver el fruto de su trabajo y de que podrán comportarse como gente civilizada durante la fiesta.
    — ¡Morimos por que empiece la fiesta! -chilló Lillithmon- ¡Va a ser súper divertido!
    — Por cierto, Anubismon. -Barbamon levantó la mano y después señaló los regalos- Antes de llevar los regalos bajo el árbol, tenemos que colocarles las tarjetas, o nadie sabrá a quien pertenecen.
    — ¿Tarjetas? ¿Qué tarjetas?
    — Las tarjetas a quienes van dedicados los regalos. -aclaró Lucemon-
    — Nadie dijo nada de tarjetas.

    Esa oración comenzó a poner nerviosos a los Demon Lord, pero debieron mantener la calma para evitar que Anubismon sospeche de ellos.

    — Creí que lo sabían: los regalos que envolvieron ustedes no llevarán tarjetas, pues pueden tocarle a cualquiera. Son completamente anónimos. -aclaró el dios canino, Los Demon Lord comenzaron a sudar- ¿Por qué creen que los regalos eran tan genéricos y sin alusión al género? A excepción de los regalos de Venusmon, pero ella lo resolvió colocando dos cosas diferentes.
    — No… No lo sabía. -tartamudeaba Lucemon- Maldición…
    — ¿O sea que cualquiera podría agarrar uno de los regalos? ¿Cualquiera?
    — Exacto; incluso la señorita Zoe. -al oír esto, los Demon Lord comienzan a temblar; Leviamon casi se desmaya si no fuera porque Barbamon lo impidió- Ella estableció que estos regalos eran meramente simbólicos, y que se abrirían antes de la cena.

    Los Demon Lords sentían que habían clavado más de un clavo en su ataúd. Anubismon continuó.

    — Después de la medianoche, la señorita Zoe nos daría los auténticos regalos que ella misma encargó para cada uno de nosotros.
    — Qué lindo detalle de su parte. -comentó Lilithmon en una mezcla de emociones: conmovida por la generosidad de la regente, aterrada por la posibilidad de que ella descubriese su travesura, y furiosa por haberse convencido por el tonto de Lucemon- No nos merecemos semejante gesto de bondad.
    — Supongo que no -se encogió de hombros el canino- Pero es Navidad; época de dar y perdonar… Supongo. En fin: debo de regresar al Área Oscura; sólo vine a supervisar su trabajo porque son mi responsabilidad. Recuerden dejar los regalos bajo el árbol, que según llegué a ver, ahora están decorando y es enorme. Nos vemos después.

    Luego de que Anubismon se fuera, y se aseguraran de que estuvieran lejos, y de que los Olímpicos no los vieran -posiblemente se habían metido al armario de limpieza a revolcarse otra vez-, Lillithmon y los demás enfrentaron a Lucemon.

    — ¡¡ERES UN IDIOTA!! ¡¡SABÍA QUE NO DEBÍA CONFIAR EN TU ESTÚPIDO PLAN!!
    — ¡Yo cómo iba a saber eso de los regalos, Lillithmon!
    — ¡No importa: es Navidad! ¡Podíamos tomarnos un descanso con eso de ser los “malos”! ¡TE ACUSARÉ CON TU PAPÁ, LUCEMON!
    — ¡¡No, por favor!! -suplicaba el ángel caído- ¡Me dará nalgadas como cuando era niño! Miren; sólo debemos traer de vuelta los regalos que tiramos y volver a envolverlos.
    — Y deshacernos del carbón. -agregó Barbamon-
    — Y de mi regalo “especial”. Si eso llega a tocarle a la señorita Zoe, no nos mandará al Área Oscura: nos formateará.
    — ¿Qué es exactamente tu regalo “especial”, Leviamon? -le preguntaron-
    — Pues… digamos que es algo que hice yo mismo. -los demás no tardaron en adivinar QUÉ era- Lo siento.
    — ¡ERES UN ENFERMO ASQUEROSO! Bien; es hora de que una mujer con cerebro tome el mando. Lucemon, Barbamon: revisen la basura y traigan de vuelta los regalos. AHORA.

    Ante la imperativa y enérgica voz de Lilithmon, los aludidos no tuvieron opción más que el obedecerla. Regresaron un par de minutos después… con las manos vacías.

    — ¿Y bien?
    — Se llevaron la basura. -Lillithmon y Leviamon se querían morir ahí mismo- Ya no sabemos dónde está el recolector.
    — No me importa si tienen que ir al mayor vertedero del Digimundo o seguir a cada camión basurero de esta región, pero van a traer esos regalos de vuelta… ¡YAAAAAAA! -Lucemon y Barbamon corrieron aterrorizados al exterior a cumplir su misión; Lillithmon se volteó a Leviamon- Y tú; más te vale me ayudes a desenvolver los regalos y a deshacernos de tu… “contribución”. Ve primero a traer aromatizante… ¡Y mucho!
    — ¡Si, Lillithmon; enseguida!
    — A veces me cansa ser mala.
     
    Última edición: 1 Ene 2018
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    Capítulo Final: La Fiesta


    Las horas antes de la fiesta de Navidad de las Hermandades estuvieron cargadas de actividad:

    UlforceV-dramon y Merukimon habían ido a buscar alguna tienda donde comprar comida para reemplazar la que “misteriosamente” se había echado a perder, mientras que Ceresmon y Vestamon se mataron en la cocina reemplazando lo que pudieron con la ayuda -no tan eficiente según ellas- de Dynasmon y SlashAngemon. Al final, las Olímpicas habían podido reemplazar parte de lo perdido, como el arrollado, y el pastel, a la vez que Ulforce y Merukimon habían conseguido un pavo y un lomo al Strogonoff y unas galletas para completar lo faltante.

    A pesar de sus esfuerzos, Cherubimon, Baihumon y Dominimon no hallaron reemplazo para el Niño Jesús perdido: el querubín, aparte de histérico, se había vuelto sumamente quisquilloso para escoger uno, porque -según él- debía de combinar perfectamente con el juego de figuras que había conseguido antes… y para empeorar las cosas, ninguno de los juegos de figuras que encontraban en las tiendas le gustaban. Gallantmon y los demás se dedicaron a desarmar con sumo cuidado el enorme y complejo pesebre para ensamblarlo en el Gran Salón: grande fue su sorpresa al ver que el árbol de Navidad escogido era gigantesco, pero al menos estaba terminado, y si bien se tomaron su tiempo, lograron armar el pesebre y acomodarlo perfectamente en su sitio. Por otro lado, Minervamon y Mervamon no aparecían, pero Gallantmon se preocuparía de ellas luego: estaba exhausto.

    Pese a sus constantes rencillas, Lordknightmon y Junomon habían conseguido acabar con la decoración del Gran Salón, al precio de dejarlo más dividido que Berlín durante la Guerra Fría: la mitad del mismo lucía la combinación rojo-verde y la otra mitad dorado-plateado; ni siquiera las mesas se salvaron de dicha rivalidad. A pesar de ello, la decoración había quedado espléndida. Tras finalizar el trabajo, Ophanimon y Selahemon fueron a ver a Cody para averiguar cómo estaba; afortunadamente el chico se sentía bien y prometió quedarse un rato más antes de volver a su casa para pasar la Navidad con su familia. Eso sí: no le dirigió la mirada a Junomon el resto del día.

    Por su parte, Examon y su grupo habían logrado su cometido: habían conseguido las bebidas y todas estaban esperando en el congelador a ser degustadas; Duftmon trajo sus copas de reemplazo y las puso a enfriar para que estuviesen a la temperatura perfecta para el brindis. Ahora que tenían tiempo libre, se dedicaron a descansar, o bien a ayudar a los otros grupos.

    Beelzemon había conseguido algo de la “púrpura” para estimular a Belphemon a despertarse y poder tocar; sin embargo, los efectos no duraban mucho, y además, la sustancia era muy costosa, por lo que el Demonio de la Gula optó por ahorrarla hasta que comenzara la fiesta y fuese más necesaria. Por su parte, Apollomon y los demás tenían música grabada en caso de emergencia.

    El árbol de Navidad lucía espléndido, pero había dejado exhaustos a quienes trabajaron en traerlo y decorarlo, por lo que lo único que hacían ahora era descansar para luego preparar sus mejores galas para la fiesta. Otro GRAN problema del "súperárbol" era que dejaba caer sus diminutas hojas por todo el lugar, cosa que hizo enfurecer en más de una vez a los encargados de la decoración; y por si fuera poco, el tragaluz que se hizo para que pudiese entrar cómodamente dejaba entrar la nieve del exterior, aunque no afectaba de todos modos la temperatura confortable del salón, si causaba algunos pequeños charcos de agua al derretirse.

    En cuanto a los regalos, Lucemon y Barbamon tardaron horas en hallar el vertedero donde habían acabado los regalos tras haberlos tirado a la basura, y tras regresar, tardaron una hora en desarmarlos, retirar el carbón -y el "regalo especial" de Leviamon-, envolverlos de nuevo y aromatizarlos para disimular el hedor que habían adquirido. Pero como al parecer no habían tenido suficiente éxito, Lilithmon pasaba cada tanto para “disimuladamente” seguir perfumando los regalos con aromatizante de pino.

    Cuando ya todo estuvo en su punto, y cuando los digimon comenzaban a ponerse sus mejores galas, Yolei y Cody se despidieron para pasar la Navidad con sus familias, aunque cabía la posibilidad de que aparecieran antes de la medianoche, justo para la cena.


    Lo único que faltaba era averiguar que se hizo de los Devas, pues habían desaparecido en todo el día y ninguna de las Bestias Sagradas sabía su paradero.

    Sólo quedaba esperar.


    ______________________________​


    La hora de la fiesta había llegado y todos los integrantes de las Hermandades Sagradas disfrutaban por fin el fruto de su arduo trabajo: había muebles para acomodarse y conversar mientras los Knightmon de los Caballeros y los Angemon y D’arcmon de los Grandes Ángeles hacían de meseros sirviendo bebidas -sidras, vinos y otros- y aperitivos antes de la cena. Algunos bebían -Bacchusmon era sumamente vigilado por esto-, otros comían, charlaban, recorrían el Salón y admiraban la decoración, el pesebre, todo el ambiente que ellos mismos habían preparado.

    Contra todo pronóstico, Beelzemon consiguió que Belphemon tocara varias canciones en el piano, y con una destreza tal que dejó a todos con la boca abierta. La música, que iba de relajante a cargada de mística y sin obviar el espíritu festivo, ayudaba a darle alegría a la ocasión.

    A pesar de la atmósfera aparentemente calma, algunos luchaban por ocultar su nerviosismo: los Devas no aparecían, y las Bestias Sagradas se impacientaban; Minervamon y Mervamon tampoco aparecían, lo que molestaba a Gallantmon, pues ellas casi no habían ayudado; Cherubimon estaba nervioso por el pesebre, que a estas alturas, seguía sin tener un Niño Jesús; Beelzemon se preocupaba de que la “púrpura” no fuese suficiente y Belphemon se quedara dormido en el piano y arruinara el concierto de Navidad; Lordknightmon y Junomon se dirigían indirectas cada tanto a la vez que miraban con repudio aquella mole de celulosa que no paraba de ensuciar el salón con su “ligera lluvia de hojas diminutas”; y el resto de los Demon Lord se angustiaban de que la regente, quien ya estaba en la fiesta junto a Craniummon, percibiera el hedor de los regalos a pesar de los intentos por disimularlo.

    — Debo de admitir que todo ha quedado estupendo. ¿No lo crees, Craniummon?
    — En efecto, señorita: todo está perfecto. Aunque cuestiono el tamaño del árbol, y del pesebre. Y otra cosa, ¿me explican el tema de la decoración dividida por favor?
    — Eso es cosa de Lordknightmon y Junomon. -contestó Ophanimon- así lo quisieron ellos.
    — Increíble que se hallan puesto de acuerdo en algo. -ante semejante respuesta de Craniummon, la ángel optó por cerrar la boca- Creí que se arrancarían los ojos.

    En otro rincón, Junomon, Jupitermon y Neptunmon estaban bebiendo tranquilamente cuando una D’arcmon ofreció unos aperitivos; luego de que los Olímicpos se sirviesen, se dispuso a retirarse.

    — Que preciosu… -antes de acabar la frase, recibe un tremendo golpe en la cabeza- ¡HEY!
    — Estoy aquí, idiota. ¡Tu esposa!
    — ¿Es que nunca vas a cambiar, Jupitermon?
    — Pero no hice nada malo, Neptunmon. -en eso pasa un Angemon vestido de mozo, y de manera muy desprevenida, Jupitermon lo nalgea- ¡Hey, chico! ¡Estás muy bien!
    — ¡¡¡JUPITERMON, PERVERTIDO!!! -sus hermanos le dan sendas golpizas en la cabeza- ¡¡CONTRÓLATE!!
    — Ay, que pesados. Ese mozo me recuerda al Angemon que trabajaba para nosotros. ¿Qué habrá sido de él?
    — ¿A cuál de todos los que fueron tus amantes te refieres? -gruñó Junomon en voz baja- De seguro murieron todos de vejez… o porque los maté yo.
    — Y sí…

    Cherubimon estaba pasado de nervios y ninguna bebida ayudaba a calmarlo; le aterraba la idea de que se diesen cuenta de que el pesebre estuviese incompleto, aunque la gran mayoría ya sabía esto. Megidramon, Gallantmon y Dominimon trataban de calmarlo a la vez que querían divertirse como los demás, sin éxito alguno.

    — Esto será un desastre: seremos maldecidos.
    — Deja de exagerar, Cherubimon… Y bebe algo: se nota que lo necesitas.
    — ¿Cómo puedo beber en una situación así, Gallantmon? Si la señorita Zoe lo descubre y le disgusta, me borrará.
    — Ah, bueno. -Megidramon aclaró la garganta tras beber su copa de sidra de un trago- Eso es cierto: fue un placer conocerte, a pesar de ser un psicópata.
    — ¡¡MEGIDRAMON!! ¡No ayudas a calmarlo!
    — A poco estoy mintiendo, Dominimon.
    — Atención: la señorita Zoe se acerca. -avisó Gallantmon- Muestren naturalidad.
    — Tú no, Cherubimon: finge que estás tranquilo.
    — Megidramon…

    Zoe y Craniummon se acercaron a Gallantmon y sus compañeros, que se hallaban delante del pesebre: tras saludarlos, comenzó a recorrer los alrededores del pesebre para observarlo más detenidamente. Por la expresión de la chica, estaba complacida con los resultados.

    — Es una verdadera maravilla. Se ve que lograron trabajar en equipo.
    — Gracias, señorita.
    — ¿Le gusta el coro de ángeles que canta “Hossana, hijo de David”?
    — Muy ingenioso, Gallantmon.
    — ¡Hey! -interrumpió Megidramon- ¡Yo también ayudé!
    — ¿Podría verlo más de cerca? La parte de la Sagrada Familia. -Cherubimon tuvo un tic nervioso imposible de ignorar- ¿Ocurre algo?
    — ¡No, nada! -dijeron los demás, “controlando” a Cherubimon”- Adelante.

    Luego de acercarse con sumo cuidado al centro del pesebre y observarlo con sumo cuidado, volvió junto a los responsables de dicha maravilla.

    — Escogieron muy buenas figuras para el pesebre.
    — ¿No le molesta que falte el Niño Jesús, señorita?
    — ¡¡CHERUBIMON!!
    — ¿De qué hablas? -preguntó extrañada- El Niño Jesús está allí.
    — ¿C…Cómo?

    Cuando Cherubimon fue a verificar lo que le dijo la regente, no tenía palabras para expresar su perplejidad: la figura del Niño Jesús estaba allí en su lugar, como si llevara horas colocado en su sitio. ¿De dónde había salido?

    Una vez que la regente se despidió y recorrió el resto de la fiesta, el querubín se volvió a sus compañeros.

    — Ustedes no fueron, ¿Verdad?
    — ¿En serio crees que de haber hecho de esto una broma la hubiésemos continuado hasta plena fiesta y tras ver su Modo Chiflado?
    — Megidramon tiene razón. Capaz alguien lo encontró y lo puso en su lugar.
    — Tienes razón, Dominimon.
    — ¡¡Hey, ustedes!! -Gallantmon hizo llamar a las desaparecidas primas, que al oír ser llamadas acudieron ante el Caballero Carmesí- ¿En dónde han estado? -al ver que ellas lucían algo afligidas, suavizó su tono- Ehm, díganme que pasó.
    — Lo sentimos, Cherubimon.
    — Nosotras tomamos el Niñito Jesús y acabamos por romperlo.
    — Bueno, Minervamon lo rompió.
    — ¡Prima! Pero fue sin querer: fuimos a buscar un reemplazo porque pensamos que si lo pegábamos te darías cuenta.
    — Pero no hallamos ninguno parecido. -Mervamon da un vistazo al pesebre y notó la nueva figura- ¡Oigan! Veo que la hallaron.
    — Momento… Si ustedes no la colocaron aquí, y nosotros tampoco. ¿De dónde vino esa figura?

    La pregunta de Cherubimmon quedó en el aire mientras la fiesta seguía su curso. Pronto llegaría la hora de la cena, donde todos fueron convocados. Tras unas breves palabras de la regente, la comida fue servida: Ceresmon y Vestamon, así como el resto de su grupo, fueron alabados por el fastuoso ágape presentado, si bien las Olímpicas parecían recibir la mayor parte. La cena transcurrió sin más problemas que el de un breve atragantamiento de Bacchusmon y las constantes idas de venidas de Beelzemon a causa de su bulimia. Por lo demás, lucía como cualquier cena familiar.

    Acabada la cena, tras degustar el postre y recibir los regalos envueltos por los Demon Lord, se hizo llamado al brindis: la champaña de Examon y las copas de Duftmon se hicieron presentes.

    — Antes que nada, quiero felicitarlos a todos por haber logrado una fantástica celebración de Navidad. Estoy orgullosa de todos ustedes… y aunque me cueste admitirlo, también de los Demon Lord.
    — Gracias, señorita.
    — Quiero desearles a todos una muy Feliz Navidad. ¡Salud!
    — ¡Salud! –las copas chocaron suavemente entre si-
    — Ahora, quisiera que me acompañaran todos afuera, por favor. Craniummon, ¿Está todo listo?
    — Todo está en posición, señorita.

    Había mucha intriga en el ambiente, ¿Qué iban a hacer afuera? Pero nadie se atrevería a discutir a la regente del Digimundo, por lo que todos los digimon obedecieron.

    — Se preguntarán por qué los hago salir. –decía Zoe encabezando la marcha- Pues debo de confesar que se me olvidó un detalle importante.
    — ¿Un detalle? -preguntó Alphamon- ¿Cuál?
    — Yo tengo entendido que usted entregaría los regalos definitivos, señorita.
    — No es eso, Lilithmon; yo me encargué de los regalos más personalizados, y Craniummon y los Devas…
    — ¡¡LOS DEVAS!! -exclamaron las Bestias Sagradas- ¿Sabes dónde están, Craniummon?
    — Afuera.

    En efecto: ahí estaban los doce Devas, agaurdando solemnes a que salieran las demás Hermandades. El enorme grupo de digimon esperaba a ver qué ocurría hasta que sonaron las campanadas de la medianoche.

    Fue entonces que ocurrió: el cielo nocturno, prístino y gélido, se iluminó con numerosos y hermosos fuegos artificiales de todo tipo, formas y colores. Un espectáculo de luces que duró varios minutos. Nadie se podía quejar: era una maravilla.

    [​IMG]

    — Me enteré que en partes del Mundo Real se celebra la navidad lanzando fuegos artificiales a la medianoche, y me dije: “Tonta, Zoe. ¿Cómo se te olvidó eso?
    — Pues fue una estupenda idea. -añadió Seraphimon- Además de una gran sorpresa, señorita.
    — Disfrútenlo, muchachos: se lo merecen.
    — Ulforce, quiero disculparme contigo.
    — ¿Huh? ¿Por qué, Lordknightmon?
    — Hice que esas viejas brujas te acusaran de sabotear la cena. No era mi intención.
    — ¿Tú lo hiciste? -preguntó sorprendido- ¿Cómo?
    — Aproveché que fui a la cocina por té y que todos estuviesen distraídos para arruinar el trabajo de esas dos. Pero no esperaba que te perjudicara a ti o a Dynasmon.
    — Entiendo.
    — ¿No estás enfadado?
    — ¿Yo? No -dijo el benjamín de los Caballeros- Es Navidad y eso, y… no querías causarme problemas. Pero creo que deberías disculparte con Ceresmon y Vestamon.
    — Mmm… Tal vez el año que viene; si me acuerdo. Ya acabé mis reservas de humildad contigo.
    — Jejeje… Claro.

    Los fuegos artificiales fueron el final perfecto para la fiesta de Navidad de las Hermandades Sagradas: todos se despidieron contentos y satisfechos al acabar la reunión. Esa mañana de Navidad, cada integrante recibió de parte de la Regente su regalo de Navidad, quedando sumamente agradecidos; incluso los Demon Lord hallaron la dicha por una vez al año.

    Así fue la primera Navidad conjunta de las Hermandades Sagradas del Digimundo, que pese a sus diferencias, lograron trabajar juntos y convivir en armonía.


    Pero no debían dormir en los laureles todavía: faltaba la fiesta de Año Nuevo y el Día de Reyes, que debían organizar también.



    ¡¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo a todos!!
     
    Última edición: 5 Ene 2018
  11. J.M.

    J.M.

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    Pues ya me lei todo. Me tarde porque actualizaste muy rapido.

    La verdad creo que los graciosos fueron Cherubimon y Beelpemon.
    Lo que no entiendo porque pones a olimpicos como padres de Lucemon?
    Anubismon a que hermandad pertenece? O SlashAngemon?
    Los problemas que se presentaron al principio sinceramente pense que habia un solo culpable misterioso ajeno a estos grupos pero los responsables resultaron ser los mismos compañeros. La verdad esperaba otra cosa, quiza mas desastre. Pero supongo que igual quedó bien.

    Pues quien sabe si hagas especiales para las otras fiestas.
     
  12. Autor
    ElohimEditor

    ElohimEditor "The Heir of Chaos"

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    El último cap tuve que subirlo rápido porque al día sgte tenía que viajar. Quise terminar este especial, y por eso toda esta semana estuve contrarreloj; si parece que el final fue apresurado, capaz sea por eso

    Al momento de escribir esto, estoy en Maceió, al NE de Brasil

    Marte y Venus tuvieron un hijo llamado Cupido, de donde se basa Cupidmon, el cual evoluciona en Lucemon.

    Todos los ángeles mega los pongo dentro de los Grandes Ángeles, que con la inclusión de Rasielmon son 7.

    En el prólogo aclaré que Anubismon está relacionado con los Olímpicos porque antes de que Plutomon fuese oficial, lo imaginé como una forma purificada del mismo.

    Mi concepto original de Plutomon era de un brujo lobo antropomórfico que manejara el fuego, el hielo, la oscuridad y poderes nigrománticos, y que tiene la habilidad de controlar a todos los digimon tipo demonio, fantasma y cánidos: en un momento enloquece y trata que el Mundo de los Muertos -Dark Area- cubra todo el Digimundo, y tras ser derrotado, su parte malvada es sellada, y la buena se vuelve Anubismon.

    Siempre hay alguien que amarga las fiestas; solo ve a Buzz en Home Alone XD

    Espero la hayas pasado bien.
     

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