Rol Operation D. O. R. I. T. O. [Objetivo 1: Reunión.]

Tema en 'Colectivos, Roles y Proyectos en Equipo' iniciado por Texas, 16 Jul 2018.

  1. Autor
    Texas

    Texas Thorns.

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    Más info sobre el rol en la imágen.
    Corre el año 2143 y una raza de seres inteligentes provenientes del espacio exterior ha invadido nuestro planeta en un intento de conquista. Son fuertes, gigantes, astutos, inteligentes, con una tecnología tan avanzada para camuflarse entre nosotros y su único objetivo es desestabilizar a la población humana llevándose uno de los suministros más importantes: Los doritos.

    ¿Dejaremos que eso pase? ¡Jamás! Una vida sin doritos es una vida que no vale la pena vivir. Es por ello que la zona Sur del continente Americano, en su calidad de potencia contra ataques alienígenas, ha tomado la iniciativa de reunir a las personas más letales del planeta para crear un comando invencible que sea capaz de poner a nuestros invasores en su lugar y salvar el futuro de la raza humana. Las Naciones Unidas aprobaron la iniciativa y en consenso con representantes de todo el mundo, se creó la operación D. O. R. I. T. O (Defensa o Rescate Internacional de Tortillas).


    Líder y Sub-Líder
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    Comando
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    Para ver las fichas, dar click en las imágenes.
    Si falta alguien me dicen. (?)


     
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    Última edición: 16 Jul 2018
  2. Autor
    Texas

    Texas Thorns.

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    — ¡Tenemos que hacer algo!
    — Esto se está saliendo de control, hay países donde el pánico es indetenible. No podemos dejar que la histeria se apodere de todos.

    El murmullo constante era un reflejo de la palpable tensión que se podía sentir en el frío y tenue ambiente. La gran mesa ovalada era ocupada por hombres trajeados elegantemente y, delante de ellos, una pequeña y brillante placa con el nombre de la nación a la que representaban.

    Les era fastidioso tener que hablar ante un micrófono y que la voz que salía de los altavoces era de un idioma distinto al suyo, pero no había otra forma. Debían entenderse, rápido y buscar una solución al terrible problema que los estaba afectando.

    — Señores… mantengamos la calma
    — ¡¿Cuál calma?! — Gritó el representante de Japón antes de llevarse un gran bocado de doritos a la boca. Con los labios y dedos manchados del característico color naranja del queso, parecía una especie de payaso de algún circo barato. Limpió la el sudor que perlaba su frente y volvió a desplomarse sobre su sillón. Su nación era una de las más afectadas. Fue la primera en recibir un ataque y, mientras el yacía reunido en esa sala, los habitantes, desesperanzados, luchaban por volver a construir la fábrica principal de las famosas hojuelas de maíz y queso. — No sabes lo que es tener que ver a pequeños pidiéndole doritos a sus padres y que estos, con lágrimas en los ojos, le digan que no hay… ¡Es inhumano!

    El murmullo constante volvió a apoderarse de la tenue sala. Los representantes nacionales discutían entre sí, histéricos y la comunicación era imposible en ese momento. Si querían encontrar una forma de solucionar lo que les aquejaba, estaban yéndose por el camino equivocado.

    Pero un golpe, un estruendo lo suficientemente fuerte para ser escuchado en todo el lugar les hizo dar un salto en sus asientos, llamando la atención de todos, quienes miraban el origen del sonido con su rostro pálido y asustado.

    Una mujer con el rostro cubierto por un antifaz negro había disparado su AR-15 unas cinco veces contra el techo del lugar, haciendo que unos cuantos trozos pequeños del concreto cayeran sobre los líderes mundiales. La mujer se levantó, justo al momento en que la chica a su lado dejó de teclear con sus hábiles manos para empezar a devorar la bolsa de doritos azules que estaban en su escritorio. Segundos después, una imagen holográfica se formó en medio de la mesa, mostrando perfiles de diferentes personas.

    — Señores, les pido un poco de calma. Ya hemos tomado cartas en el asunto — la mujer volvió a sentarse pesadamente en su sillón y señaló a la pantalla — ahí están las personas más cualificadas para detener esta burda amenaza alien.
    — ¡Pero no son más que fenómenos!
    — Y en caso de que mueran, a los fenómenos no se les extrañará, ¿verdad? — El sarcasmo de la mujer parecía entrar en el cerebro de los presentes, quienes solo asintieron suavemente antes de empezar a reír de forma histérica.
    — No podía esperar menos de la señorita Kathrin… pero hay que movernos y traerlos aquí ya. Debemos defender este centro cuanto antes, sin duda alguna será el próximo ataque — la voz carrasposa y fastidiosa del representante estadounidense martilleó en los oídos de la rubia. Desde que lo conoció en su adolescencia, siempre le pareció un ser asqueroso y sumamente molesto. Pero guardó su compostura.
    — No se preocupe, señor Estados Unidos. Ya están en camino…



    No sé a ustedes, pero eso me pareció muy a lo Suicide Squad (?) Bueno, el primer objetivo está listo, ¿Qué por qué elegí Venezuela? Por que puedo. (?) Y por que es una excusa para que nuestros personajes "sepan" hablar español. Si quieren pueden ponerle acentos o como gusten xD En fin, si no se ubican más o menos como es chuao o su llegada, usen google, pero técnicamente es una isla pequeña cercana a una playa.

    Bueno, el objetivo es sencillo; reunirnos en el laboratorio. Empiecen con sus intros, como llegan al país y tal y después desarrollamos como llegamos al laboratorio y nos reunimos todos. Este principio es más "solitario", aunque pueden reunirse en el camino con otros si quieren! Y recuerden lanzar el dado en su primer post para determinar su futuro en el objetivo!

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  3. Corintia

    Corintia ✧・゚: *✧・゚:*

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    Oskar sabia apañárselas bastante bien solamente con un mapa y un destino. La semana pasada estaba en un laberinto turbio y caótico en la calurosa Mumbai, huyendo junto con un aspirante a arqueólogo que había fastidiado a unos tipos de una secta que usaban mascaras de elefantes. En retrospectiva eso fue chistoso… sobre todo porque las trompas de hule se mecían de un lado a otro cuando corrían. Ahora se encontraba caminando por las calles alargadas de una colorida ciudad, observando todo a su alrededor con pupilas afiladas. Apenas había llegado a Choroní y lastimosamente ya se tenía que ir. Los mercados de pescados abrían desde la madrugada y el aroma le llegaba bastante fuerte. De pequeño tal vez no fuera un gran fan de las delicias del mar, sin embargo ahora su pancita rugía por la falta de un buen desayuno. Estaba seguro que ahora, más que nunca, debía verse como el gato callejero más feo del mundo pues tan pronto recibió el mensaje abandonó a esos indios y se embarcó a otro continente… prácticamente a pie.

    Uno creería que los representantes de la seguridad del planeta tierra podrían costearle algún jet privado a sus posibles salvadores, o tal vez una limo… o una bicicleta, sinceramente Oskar se hubiera contentado con un burro y un fuete, pero que tuviera que ingeniárselas para llegar al otro lado del mundo en el menor tiempo posible probó ser más complicado de lo que aparentaba. Sí, tenía magia, pero no de la cool que te deja teletransportar cosas entre dimensiones o la que te vuelve rico y famoso. No. La suya era más bien la que servía para aliviar cólicos y contactar a la tía muerta de alguien lo cual parecían habilidades bastantes loables para la vida doméstica, pero no tanto para emprender viajes largos.

    -Oh, por las barbas de satanás… -suspiró hondamente a la vez que llevaba la pata derecha a su frente. La fragancia de la presa local ahora parecía que lo estaba seduciendo a propósito, así que apresuró el paso con determinación hasta el muelle.

    Desde que salió únicamente se detenía para dormir y recuperar las fuerzas mínimas para seguir moviéndose. Se quedaba en casas, chozas o cuevas de cualquier bruja amigable que lo recibiera con los brazos abiertos. La comunidad internacional de practicantes de magia negra podía tener una pésima fama a vox populi, pero lo cierto es que eran el equivalente herético de los testigos de Jehová.

    Finalmente llegó a la salida principal de los botes. A lo largo de la zona se extendían puestos de ropa veraniega junto con restaurantes informales. Las personas paseaban visiblemente relajados, completamente absortos de la terrible realidad que los amenazaba. Pero Oskar sabía mejor.

    -Fuera de aquí, animal.

    -Perdone, buen señor, pero estoy en necesidad de un viaje hasta la playa de Chuao –
    se acercó a uno de los muchos lancheros presentes que lo recibió con desagrado. El gato no se dejó avasallar-. Estoy seguro que su potente maquina haría de ese un recorrido seguro y breve.

    -Que te vayas a maullar a otro lado, no monto embarazadas ni bestias encantadas –
    hizo un ademán a sus pasajeros para avisarles que ya saldrían. El felino meneó lentamente la cola, calculando sus siguientes palabras.

    -Ah, claro, comprendo los inconvenientes que podrían resultar en la mar, no obstante, señor, le aseguro que jamás me atrevería a ser un incor-¡GISSS! ¡OK, ENTIENDO, ENTIENDO! –el lanchero no tenía ganas de seguir escuchando tanta palabrería así que lo roció con el agua bendita de emergencias que guardaba en un envase de desinfectante usado.

    Venezuela tenía una cultura altamente espiritual con un contraste entre la santería y el catolicismo bastante peculiar así que sus habitantes no se apabullaban fácilmente ante contratiempos de tilde sobrenatural. De haber sido otro, Oskar le hubiera saltado en la cara, clavado sus garras, maldecido sus cosechas y robado el bote, pero se consideraba un gato sabio así que sacudió el malestar que el líquido sagrado le había ocasionado y buscó un frasco bajo su túnica. Las personas siempre querían algo a cambio, lo único que no querían era tener que pedir por ello así que era su trabajo ser extra observador para adivinar. Parándose lo más erguido posible, volvió con el lanchero quien se dispuso a sacar un garrote.

    -Como me saltes encima te bateo más que una tambora.

    -Al contrario, señor, le quiero ofrecer esta pomada para su pierna hinchada –
    el hombre quemado por el sol se mostró desconfiado, pero el brujo continuó- Tiene una distrofia mal tratada, me temo que no solo le debe estar causando dolor al caminar sino también dolor de cabeza y un horrible calor por la mala circulación.

    El irlandés se permitió sonreír suavemente cuando el navegante se tocó dicha extremidad con expresión de incomodidad. Ante esto volvió a agitar el frasco milagroso para apurar la decisión.

    -No tiene nada que me vaya a adormilar el que te conté –dijo apuntando con gran obviedad hacia su entrepierna.

    -Para nada, señor marinero, le aseguro que sus dones viriles quedaran intactos y su pierna tan sana como el primer día en que la usó...

    El viaje a la isla se le hizo veloz, en menos de treinta minutos ya estaba saltando fuera del transporte visiblemente malhumorado por toda el agua salada que lo había mojado. Se agitó apenas lo suficiente para quitar el exceso de humedad y de inmediato salió corriendo rumbo al centro de Chuao. La arena tenía el color de una deliciosa crema pastelera que resaltaba el tremendo verdor de los altísimos árboles que junto con las aguas cristalinas eran un espectáculo para cualquier artista, pero él no se pudo detener a contemplarlas. Era un amante de los paisajes y la tranquilidad que se conseguía al apartarse de las bulliciosas ciudades grises, sin embargo jamás podría unirse con libertad a los temporadistas porque ahora que estaba tan cerca de la sede de la CIUV no podía permitirse perder un segundo más.

    -No puedo seguir retrasándome, necesito poner todo de mí… Tks. ¡Vamos! –su delgado cuerpo peludo se movió como una sombra, primero correteando ágilmente para después empezar a escalar un árbol y saltar a otro.

    Aunque dejó atrás las palmeras y la inocente risa de los civiles, el aire marino aún lo acompañaba mientras se hundía más y más al espesor desconocido de la isla. Los venezolanos aún no sentían todo el peso de la desgracia que se cernía sobre ellos, pero el nigromante ya había visto los estragos que ocurrían en otros países; se estaban quedando sin tiempo. Ya pronto ningún mapa le serviría de nada, debía fijarse en sus puros instintos para terminar de orientarse pues lo mejor de una base secreta es que solo la encontrabas cuando dejabas de buscar.

    Y un súbito gruñido seria el responsable de detener su búsqueda.

    Oskar maniobró en mitad de un salto para esquivar un enorme látigo escamoso. Cuando sus patas aterrizaron en una rama gruesa, trató de divisar a su atacante, sin embargo en menos de un segundo estaba siendo emboscado por ráfagas de energía azulada que trituraban los arboles a su paso. El gato cantó palabras indescifrables y un escudo creado de sombras lo protegió igual que una cortina a un mago. Sus ojos lavandas barrieron el improvisado campo de batalla, frenando en seco sobre su atacante. La criatura tenía el tamaño de un humano, pero era evidente que podría crecer mucho más si se le daba la oportunidad. Su piel tenía tonos azulados y marrones que, a pesar que lo hacían resaltar, Oskar suponía que debajo del agua debía ser mucho más difícil verlo; aquel era un alíen enviado a trabajar en una isla sin duda alguna. La diminuta docena de ojos rojizos se le clavaron al mismo tiempo y el minino lo tomó como una señal para alejarse. El ser de otro planeta se volvió a abalanzar en su contra, alzando la larguísima cola que ahora el brujo podía distinguir en toda su intimidante gloria y la cual cayó sobre él con la potencia de una jabalina de batalla.

    A pesar de que el escudo lo protegió de nuevo, el alienígena aprovechó que intentara alejarse para concentrar más de ese destello azul. El curandero no soportaba estar tan cerca de esa abominación, cuando la energía le impactó, desvaneció su protección y extendió sus brazos.

    -¿Tienes ganas de comer gato empalado?

    Un gruñido rabioso precedió otro intento de apuñalamiento. El animal se deslizó en el último instante ocasionando que la cola del alíen atravesará el grueso tronco y, acto seguido, lo usó como puente para corretear hacia los ojos de su oponente. En menos de un segundo sus garras se habían enterrado en los orbes viscosos, rasguñando todo a su paso.

    -Por supuesto que no, tontito, tú lo que quieres son mis Doritos, pero eso no va a pasar –el monstro se retorció en quejidos, salpicando los fluidos de su herida a todas direcciones, sin embargo fueron los repentinos agujeros de balas los que ocasionaron mayor desastre-. ¡Arg! Que… desagradable.

    Tan pronto reconoció el sonido de pasos -pasos humanos sumamente organizados- Oskar saltó de la cabeza del alíen apenas a tiempo para escuchar como caía con un ruido seco a la fría tierra; estaba muerto, o al menos tan muerto como debería estar alguien baleado con armas semiautomáticas.

    -Eso fue curioso –dijo a la par que sacaba un pañuelo y limpiaba sus patas. Delante de él un trío de hombres uniformados en trajes de camuflajes apuntaban el cadáver extraterrestre que aún se retorcía en espasmos-, pero me alegra que me encontraran, señores.

    -Primera amenaza del día erradicada –corroboró el que parecía ser el líder-. Confirmada presencia de objetivo: es un gato.

    -Ciertamente, digo, no estoy muy presentable –
    mientras hablaba trató de aplanarse la túnica y acicalarse un poco-, pero aún se nota que soy una felino, ¿verdad? Ha, ha…

    -Oskar, el médico brujo, su presencia se ha solicitado con emergencia.

    -Prefiero el término curandero, pero sí, soy yo –
    se acercó con aire tranquilo a pesar del ajetreo de hace unos segundos-. Disculpa, no creo conocerte, joven, aunque podría estar confundido.

    -Ah, no, soy su escolta, debo llevarlo a la CIUV.

    -¡Oh, que buenas noticias! Sinceramente no he sabido de ustedes desde que me enviaron ese mensaje autodescructivo de espías, adorable aparato, pero creí que ya no me necesitarían.

    -Al contrario –
    el soldado negó secamente-, hemos estado tratado de localizarlo desde hace días para traerlo directamente a nuestra sede, pero siempre se movía de un lugar a otro así que concluimos que lo mejor sería esperar a que llegara a la isla. Como ha podido comprobar, tenemos una pequeña plaga de intrusos.

    Y así Oskar se enteró de que se hubiera ahorrado el viaje a pie de haber sido más paciente en Mumbai… Suspiró pesadamente. Al menos ya estaba aquí.

    -¡Por los Doritos! –exclamó con el puño al aire, renovándose con nuevas fuerzas.

    //////////////////////////////////////////////////////////

    Realmente no tenia idea de que tipo de aliens enfrentaríamos, me imagino que serán una gran variedad así que tome como punto de partida uno de los “clásicos”. Cualquier cosa, jefa, me dice, espero todo este bien!
     
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  4. Miss Never More

    Miss Never More MasterShip Moderador

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    Shay miró con incredulidad el carro detenido en medio del camino, un sol ardiente se encontraba sobre sus cabezas, y por el sonido del motor a manos del chofer no daba la impresión de que fuera a tener arreglo pronto.

    En busca de mantener el buen espíritu británico tomó su bolso de mano y sacó un sombrero de ala ancha, el calor era insoportable, especialmente porque en su país la idea del sol era prácticamente un mito urbano -No hay de otra- comentó mientras se sentaba sobre su equipaje -Las estrellas no me quieren en esa misión, no llegaremos a tiempo y tendremos que regresar a casa. Mattias, ¿puedes enviar una carta de disculpa a la compañía cuando volvamos?-

    El hombrecillo dentro del carro secó el sudor de su frente al tiempo que salía de allí, observando a su alrededor. Ciertamente estaban en medio de la montaña, el carro no parecía tener esperanzas, y el sol iba a freirle las neuronas, pero -Temo que no es posible Shay- aclaró su garganta ante la posible ofensa, que esa negativa podría representar -El contrato demanda que lleve a cabo su deber protegiendo los doritos, como su representante es mi deber asegurar que usted lo cumpla-

    Con indignación de calibre británico se puso en pie y dio dos pasos hacia el empleado, levantando un dedo en alto para acentuar su enfado -El carro no se mueve y no hay forma de cruzar esta montaña sin el mismo, ¿estas sugiriendo que camine? ¿Viste mis tacones? ¿Qué harás si no puedo caminar nunca más después de esto? ¡El desfile en Praga es en 2 semanas!- Matty, como Shay lo llamaba, volvió a limpiarse el sudor -Además mi maleta Matty- lloriqueó la estrella mientras levantaba la maleta sobre la cual se había sentado y la colocaba en manos del otro, recibiendo por respuesta un quejido al caer al piso sobre el equipaje -Puedo luxarme algo cargándola, y no la pienso dejar atrás de ninguna forma, es mi preciosa colección de Verano- hizo un pequeño puchero recogiendo la valija y tomando asiento de nuevo.

    Con algo de nerviosismo el representante se puso en pie, sacudiendo el polvo de su traje, mientras calibraba todas las posibilidades a disposición. El mayor problema era, sin duda alguna, que si Shay no cumplía el contrato, se enfrentaba a una demanda millonaria, y no podían arriesgarse a eso. Consideró la posibilidad de hacer que el chofer cargara a su artista y la maleta cuando el sonido suave de ruedas llegó a oídos de los presentes. Para horror de Shay y fortuna del otro una carretera se acercaba lentamente por el camino, un anciano de apariencia algo somnolienta sobre ella, y mucho heno en la parte de atrás.

    -Señor, disculpe, caballero- de inmediato Matías salió corriendo hacia el hombre, señalando el auto y a Shay, y recibiendo una sonrisa por parte de este, quien no podía permitirse dejar a una señorita en tan vulnerable situación. Si bien Shay le sonrió con amabilidad y agradeció por acceder a llevarlos, lo único en su interior era el llanto aterrado de quien se dirige a la guillotina. Abrazó la maleta y se despidió del chofer, mientras sufría por el heno en su cabello.

    “Cochinos doritos” pensó para sí.

    ------------------------------------------------------------------------------​

    Luego de cambiar entre un par más de carretas, un autobus, y llorar 2 veces en los sanitarios más insalubres que había visto en su vida, Shay y su representante llegaron a lo que parecía ser un poblado costero, donde serìan llevados a la isla para acceder a la base.

    -¿Nos van a recoger aquí?- preguntó Shay bajando del autobus mientras se abanicaba con el mismo sombrero, estaba más que deseoso de llegar a instalaciones con aire acondicionado y una cama al menos descente -Temo que no, debemos buscar algún transporte a la isla- la estrella frunció el ceño, preguntándose cuando iba a terminar la tortura, lo único que quería en ese punto, y desde el principio de la travesía, era regresar a Inglaterra, y no por la incomodidad o las cosas, sino porque no tenía el más mínimo deseo de enfrentarse con alguna criatura mutante para proteger unas papitas con exceso de sal.

    -Espere aquí mientras pregunto a los pobladores- Matty dejó a su modelo cerca del muelle y se introdujo en un local de verduras dispuesto a conseguirles un transporte. Con un suspiro Shay se colocó los audífonos nuevamente y agradeció que el Spotify funcionara mientras comenzaba a escuchar una de sus tonadas favoritas.

    Aunque no lo admitiría, pues detestaba que le reprocharan no escuchar a la gente cuando tenía los audífonos puestos, esa fue precisamente la razón por la que no escuchó la notoria explosión a unos pies de él, ni escuchó las criaturas mutagénicas que se le acercaban por detrás, o los gritos de la gente al huír de la escena. Ni siquiera escuchó cuando Matty le gritó desde la tienda segundos antes de ser arrojado dentro por un extraño tentáculo.

    Se dio cuenta de todo esto, sólo cuando su sombrero veraniego fue levantado, y en lugar de su representante encontró un par de ojos negros y una cara amorfa frente a sí. El grito que le siguió sería recordado por varios años en el lugar.

    Para su maravillosa suerte, el autobús en el que viajaban no demoró mucho en sufrir el mismo destino que la lancha, y una llanta golpeó directamente la cabeza del alien que bloqueaba su camino. Shay tomó su maleta y comenzó a correr tan aprisa como lo permitían sus tacones en la arena.

    A diestra y siniestra más de las horribles criaturas comenzaban a aparecer, algunas saliendo del agua, otras cayendo del cielo, y la estrella no podía hacer más que esquivarlas con una agilidad casi gatuna. Si tan sólo hubiera tenido el mismo sentido de orientación probablemente habría corrido hacia la salida del pueblo, y no el muelle.

    Abrazó su maleta mientras daba un par de pasos hacia atrás midiendo las posibilidades de escape. A su derecha, un par de chicas peleaban con una especie de leviathan que intentaba salir del agua, frente a sí, y un poco más lejos a la izquierda los alienígenas de acercaban, y detrás sólo había mar azul. Apretando la mandíbula y reuniendo toda su fuerza dio el tiro más pendejo que alguien pudiera dar en toda su vida, y arrojó la maleta apenas un par de pasos delante, lo que consiguió que soltara otro lloriqueo -No me toquen- añadió con una voz 3 octavas más aguda al tiempo que seguía retrocediendo, lamentando la pérdida de su preciosa colección de verano.

    Todo estaba perdido, así iba a morir, con la ropa empapada en sudor por el calor de la costa, viendo su colección de verano destrozada, apestando a agua de mar y pescado…

    Como si alguien hubiera tirado un mágico 5 en un rol un delfín saltó fuera del agua y tomó entre sus dientes el cuello de la blusa de algodón que el modelo llevaba puesto, a la vez que otro saltó en dirección contraria y tiró de la cinta de la maleta. Ambos delfines desaparecieron en el agua con sus respectivos botines, nadando lejos de la costa y las criaturas, en una serie de eventos muy afortunados que nadie sabrá explicar realmente.

    ----------------------------------------------------​

    -¿Este es el que se había perdido?- un hombre de atuendo militar que cargaba una arma entre sus manos observó con cierta incredulidad el cuerpo tendido sobre la costa, preguntándose cómo había llegado ahí en primer lugar -Debe ser la representante de la marca en Inglaterra, ya sabes, la superheroína- su compañero frunció el ceño al observar lo que parecían marcas de aletas en la arena y fijó la mirada en el agua en caso de que algo decidiera salir de ahí -¿No es un chico?- no recibió respuesta alguna, su interlocutor se encontraba apuntando a las burbujas en el agua, pero ninguno de los dos pudo prevenir la maleta de color melón que salió disparada hacia ellos, y que terminó por noquear al segundo militar.

    -Maldición- dijo el primero observando los dos cuerpos inconscientes y la valija de equipaje -No me van a pagar horas extra por cargar todo-
     
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    Miss Never More tiró un dado de 8 caras por: proteger la cara de Shay Total: 5
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  5. CZ2128・Δ

    CZ2128・Δ Shizu

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  6. Autor
    Texas

    Texas Thorns.

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    El sonido del celular quebró su tranquilidad, despertándola de golpe. Se fue espabilando como quien no quiere la cosa y mientras trataba de saber dónde coño estaba –ella, no el teléfono–, comprendió que el sonido del celular no se escuchaba ridículamente irritante esa mañana y todo se trataba de su espantosa resaca, la cual, estaba segura –muy, muy segura–, se desarrollaría aún más mientras avanzara el día.

    Como pudo, logró abrir un ojo para poder ubicar el condenado aparato y largar su mano izquierda hasta poder apagarlo. Se incorporó lentamente actualizando viejas promesas sobre no beber nunca, nunca más, solamente para arrepentirse segundos después. El puto mundo se había salido de su órbita y estaba girando como un carrusel desbocado. Qué mierda, pensó. El fin de los tiempos había llegado y ella recibiría a Dios –o a quién fuese que viniese– resacosa, oliendo a maría, sudor y sexo, y en bolas. Sin embargo, comprendió –bastantes minutos después– que el mundo no se había salido de su eje ni ningún apocalipsis se avecinaba y solamente se trataba de su ya famosa y recurrente jaqueca producto del exceso de alcohol y marihuana.

    Llevó su mano derecha hasta su frente y la masajeó torpemente, sintiendo el cabello entrelazarse entre sus dedos. Abrió ambos ojos, sintiendo el ardor de la potente luz del Sol maracayero y como pudo se arrastró sobre la mesilla de noche hasta alcanzar su mochila. Ubicó de inmediato su caja de paracetamol y se tragó dos tabletas de golpe. Si el vodka y el weed no la habían matado, el paracetamol menos.

    Inspeccionó la habitación en la que se encontraba; el verde horrible de las paredes y las ordenados y desordenados muebles puestos por ahí y allá y la hermosa mujer desnuda a su lado. Sí, sin duda, estaba en una habitación de hotel. En el Hotel Maracay, para ser más exactos.

    Bueno, no es nada que no hubiese ocurrido antes.

    Prestó atención a la mujer bocabajo a su lado. Las mujeres desnudas le gustaban demasiado como para no prestarle la debida atención solo por estar resacosa, y estudiándola como un arqueólogo a la momia del mismísimo Tutankamon, se encontró fascinada con el rizado cabello castaño que caía a un lado de su cabeza y tapaba parte de su rostro y de la hermosa vía láctea formada de pecas que salpicaban su espalda, la deliciosa curva de su espalda y culo y las kilométricas piernas que se perdían bajo unas sábanas desordenadas.

    El gusto no lo había perdido, no señor.

    Y recordando el delicioso sabor de cada centímetro de piel que chupó la noche anterior –o lo que la resaca le dejaba recordar–, se levantó a darse una ducha rápida para poner marcha a su próximo destino.

    […]

    Anna Lindberg conocía la ciudad de Maracay como la palma de su mano, vivió ahí por muchos años y en su puñetera vida se habría imaginado que en una playa en la cual pasaba más tiempo que en su propia casa, se encontraba una instalación mata extraterrestres.

    Llegó caminando hasta el terminal de Maracay y recargó su reserva de tabaco en uno de los puestos de buhoneros que se encontraban a las afueras, saludando a los comerciantes informales que ya la conocían. Se dirigió al andén dónde salían los ya famosos buses de Choroní y puso rumbo, al fin, a su playa favorita.

    Las hermosas playas de Aragua no habían cambiado mucho desde la última vez que las visitó. Los vendedores ofrecían las deliciosas jaleas de frutas artesanales y los hermosos collares y fantásticas pulseras que hacían los más chicos y que ofrecían a los tontos turistas. Se sentía como en casa nuevamente; compró un par de pulseras y un frasco mediano de frutas en almíbar como bocadillo para el camino –apenas se había dado cuenta que no había desayunado una mierda– y se dirigió a la salida de los botes. Específicamente a dónde el viejo Pescador.

    — ¡Los viejos no cambian!
    El hombre volteó con mala gana, pero suavizó su gesto inmediatamente al encontrarse con los dorados cabellos batiéndose por la brisa marina. El lanchero terminó de desatar los nudos del muelle y se acercó hasta la muchacha, la cual saludó con una palmada y un puño. Un saludo de lo más femenino. (?) — Vaya, vaya. La gringa en Choroní, que sorpresa.
    — Sabes que nunca me alejaría de Chuao ni a balazos.
    — Y eso que si te ganaste tus cuantos tiros por busca pleitos — rieron los dos, el hombre sacó un cigarrillo e, inmediatamente, Anna le ofreció fuego antes de encender uno propio — ¿Qué haces por aquí?
    — Necesito que me lleves.
    El hombre miró con desconfianza a la mujer antes de escupir a un lado y hacerle un gesto afirmativo — ¿Hay convención de fenómenos en Chuao o qué?
    — ¿Por qué lo dices?
    — Porque hace un rato llevé a un gato negro con vestido, estaba desesperado.
    — ¿Tú llevando alimañas? Esa es nueva.
    — ¿Qué quieres? Era un bicho de esos mágicos, me dio un mejunje para la pierna.
    — Qué raro tú dejándote joder por brujas y vainas raras.
    — Si uno no cree en eso igual se le respeta, ¿oíste, carajita?
    — Sí, sí, lo que tú digas — apagó le cigarrillo con sus propios dedos y tiró la colilla al bote de basura más próximo antes de encaminarse a la lancha.

    Solamente había un par de viejitos esperando a que Pescador zarpara, por lo que no tardarían mucho tiempo. Sabía que por la resaca de mierda seguro se marearía en el camino, pero qué más da, los hijos de su madre de la operación esa no se habían dignado de mandarle siquiera un helicóptero para recogerla. Sí que les urgía salvar el mundo, eh, hijos de puta.

    Pero como todo en la vida de Anna Lindberg empeoraba junto a su resaca de una manera exponencial, su ida a Chuao no sería sencilla y es que apenas puso un pie sobre la lancha, salió volando, despedida por la explosión de la lancha.

    Su caída la amortiguó el bote de basura antes mencionado y los desperdicios se esparcieron por todos lados. La rubia se alzó entre bolsas de doritos y cáscaras de mango con una expresión que gritaba a los cuatro vientos « ¡Voy a matar al coñísimo de su madre que hizo esto!» y con el dolor de cabeza atronador aumentando de nivel por los gritos asustados de los turistas y lugareños.

    Cuando Anna ubicó la lancha humeante, notó las dos hileras de ojos diminutos y rojizos dentro del agua, apenas perceptibles, los cuales la miraban fijamente antes de hundirse una vez más en el mar.

    — Ah no, mamagüevo ¡Ven acá!​


    _______________________________

    Master WeaselMaster Weasel Kanra-chanKanra-chan TōkyōTōkyō GaletteGalette CorintiaCorintia Dark...Dark... Miss Never MoreMiss Never More DORYANDORYAN RenrawRenraw DeejayDeejay PoxetPoxet

    Recuerden que los dados son del 1 al 8 y que los primeros 4 números indican que serán heridos y cuan grave será! Por suerte la misión es nivel 1 (?) xD
     
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    Texas tiró un dado de 8 caras por: No morir como Corintia (?) Total: 1
    Última edición: 22 Jul 2018
  7. DORYAN

    DORYAN

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    La semana de iniciaba bien un laboratorio grande de una mansión, la familia de adentro era una pareja mayor conformada por una doctora en medicina directora de un hospital prestigiado y un físico renombrado que trabajo en diversos experimentos. La heredera de estos era una mujer que conducía un experimento sobre una capa de metal resistente capaz de aguantar los peores ambientes, Lina, como se llamaba, tenía en su haber el historial de una chica genio desde su corta edad y si bien puede tener mas reconocimiento por sus experimentos prefiere el anonimato por desagradables contratos con los gobiernos anteriormente.

    - De lograr crear esta aleación resistente a varios cambios de ambientes se podría usar para cápsulas mas seguras en viajes espaciales, o internas sobre nuestro planeta. Sonreía, le entusiasmaba crear este tipo de cosas que pudieran ayudar al mundo y a las personas. Pero también sabe, y teme, que dichos experimentos como esta aleación que estaba creando puede usarse para otros fines mas destructivos. De ahí que prefiere alejarse de contratos exclusivos con el gobierno.

    La prueba daba inicio, consistía en aplicar sobre una placa de este metal un abatimiento de temperaturas extremas dentro un cuarto protegido, observaba sobre monitores de lecturas la reacción con fascinación hasta que una llamada la interrumpió. Vio con frustración el número de contacto y reconociéndolo puso una video llamada.

    - Andrew, estoy en medio de algo importante, puedo saber ¿a que viene esta interrupción?. Se trataba de un colega de ciencia, uno de los pocos científicos (si no que el único) con el que tenía una relación personal amigable y normal.

    - Lina, siempre hay un experimento en proceso contigo.
    - Eso es porque la vida misma es un experimento Andrew. Solo vivimos para observar, medir y experimentar para luego tomar los resultados, lo que se haga con ello es cosa de cada uno.
    - Y tú decides guardarlas aquí en tu escondite por temor a lo que el mundo pueda hacer con ello perjurando que es solo para el bien de la humanidad algún día.
    - Aun no están listos del todo.
    - ¿Tus experimentos o la humanidad?.
    - ..... ¿Tienes algún asunto que tratar conmigo? o ¿solo veniste a fastidiarme?
    - Hay un tipo de ¨asunto¨ al cual deberías prestar algo de tu tiempo y trabajo. Hay una pequeña crisis acerca sobre una invasión alienígena que pretende desestabilizar al mundo, y los gobiernos buscan ....
    - No me interesa. A punto estaba de cerrar la video llamada y sumergirse de nuevo en su experimento pero su colega insistió.
    - Aguarda un poco ¿quieres?.
    - Sé lo de la invasión y aunque admito que me intriga lo de conocer otra civilización alienígena y sus basta tecnología prefiero seguir con mis propios experimentos, estoy segura que los gobiernos se ocuparan de ello y lograrán contener la invasión, después podría arreglármelas para conseguir algo de su tecnología. Ademas, si necesitaran mi ayuda, ya habrían contactado conmigo directamente.
    - Es que es eso precisamente. Necesitan de tu ayuda, sabían que no confiarías en ellos si te contactaban y es por eso que me pidieron hacerlo por ellos.

    Lina interrumpió el experimento deteniendo todo, postergaría sus inventos hasta lograr saber lo que pasaba con mas detalle.

    - Solo iré a cerciorarme pero si hay algo que no me agrada me iré en seguida.
    - Perfecto, te prepararé una junta, por cierto ¿te gustan los doritos?.

    Pasado unas horas, la científica fue informada acerca de la situación, por alguna extraña razón la invasión alienígena tenía como objetivo principal la contención y consumo de los doritos, a pesar de lo absurdo que pudiera sonarle pensó en el misterio de esto, ¿porque los doritos?. ¿Qué propósito tenían estas botanas para estos seres?. Tal vez es algo mas allá de la primera impresión, aunado a ello, los doritos son un producto muy popular y de alguna forma desestabiliza un poco la economía mundial, lo que fuera que le pudiera dar mas coherencia a esta misión.

    *****

    El sitio de reunión era el centro de inteligencia y ufología de Venezuela, CIUV. Ahí tendría la oportunidad de encontrarse con el resto de un equipo especializado para esta misión; El gobierno proporcionó un helicóptero para el traslado hasta la base en Chuao. A su llegada observó desde arriba que un par de personas combatían una criatura extraña, uno de los seres alienígenas. Una criatura bajo el agua, herida de una extremidad pero con intenciones de seguir atacando.

    - Piloto. Esas personas ahí abajo necesitan ayuda!. Gritó preocupada la mujer.
    - Me lleva, esas personas son parte del grupo especial. El copiloto respondió:
    - Lo sé pero según su historial deberían ser capaces de lograr salir de ahí, nuestra principal razón es llevar a la doctora a las instalaciones y asegurar que esté a salvo, involucrarnos pondría en peligro a nuestro objetivo.

    Frustrada y con temor Lina miraba como se alejaba de ahí en el helicóptero, pero decidió entonces ayudar de alguna forma. Antes de viajar tomó algunos inventos suyos para su misión, entre sus bolsillos internos de su bata sacó unas pequeñas esferas metálicas que dejó caer al vació por una ventanilla; el helicóptero lograba entrar a las instalaciones con la distracción hecha por esas par de chicas. Lina sacó una lente que puso en sus gafas y mostraba una pantalla de control con el que activaba las esferas que reaccionaron siendo disparadas con gran velocidad hacia donde estaba el combate. Las esferas se impactaron con fuerza sobre la cabeza del alienigena que ayudaba a las chicas sorprendidas, no era mucho el daño causada pero al menos servían como distracción, ademas que recolectarían pequeñas muestras de tejido de la criatura.

    Al cabo de unos minutos, La doctora llegó a las instalaciones y se quedó a esperar al resto mientras seguía manejando sus esferas desde ese lugar, hasta que fue sorprendida por un gato negro parlante que la distrajo con una pregunta que en su situación era algo vergonzosa, moviendo sus gafas con extraños movimientos como si estuviera peleando con un bicho encima de sus gafas.

    - ¿Señorita se encuentra bien?.



    Mi post, un poco mal colocado si tomamos en cuenta el lugar de los post XD
    CorintiaCorintia Kanra-chanKanra-chan me involucré un poco, las esferas serán como moscas castrantes que las ayudaran
    TexasTexas cualquier cosa estoy a tus órdenes.
     
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    DORYAN tiró un dado de 8 caras por: Total: 6
    Última edición: 27 Jul 2018
  8. Kanra-chan

    Kanra-chan Chaotic and Crazy~~

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    […]​

    Un helicóptero estaba descendiendo lentamente desde los cielos en lo que sería un campamento recientemente hecho por los soldados. Eliminaron la vegetación suficiente para que el helicóptero cuando aterrizara no tuviera ningún problema en aterrizar como despegar, las hélices superiores empezaron a descender su velocidad hasta detenerse cuando el vehículo volador había tocado el suelo, un grupo de soldados se formaron frente al vehículo en un saludo mientras su líder al mando corrió abriendo la puerta de este

    ── Es un gusto tenerlo aquí, señor Presidente ──Agrego el capitán mientras un hombre de por lo menos 40 años con traje elegante, pese a eso todavía podía notarse juventud en su rostro como en su estado de salud con una vestidura que pese a la apariencia era toda una armadura anti balas y anti cortes después de los múltiples intentos que han ido contra su vida desde civiles hasta lo que lo llevo a estar en ese lugar en medio de la jungla colombiana──

    ── ¿La han encontrado? ──Pregunto el alto mandatario y el soldado asintió para luego empezar su camino por un sendero ya despejado de árboles y vegetación──

    Conforme iban avanzando por ese camino, aquel hombre que era un ex-militar que gano elecciones hace relativamente poco, pudo notar detalles. Plantas con oscurecidas un poco más que otras, lugares aparentemente despejados sin razón aparente, arboles con ramas cortadas, plantas con líquido que no era precisamente agua en su mente y pudo entender la situación que tenía frente a el: Ese lugar fue una “zona de muerte”

    Cerro los ojos por unos momentos para imaginar la situación, soldados recorriendo la jungla cautos lo suficiente para evitar emboscadas, pero no todas las trampas ingeniosas que han sido colocadas, casi podía escuchar los gritos pasados de los soldados que cayeron victimas ante aquella zona cuando finalmente oyó los pasos del soldado detenerse haciéndolo detener.

    Lo que pudo verse fue una casa o más bien una cabaña improvisada alrededor de un terreno que no cuadraba con el territorio de jungla que estaban caminando hace unos momentos, todo alrededor de esa cabaña en un radio de 20 metros estaba despejado. No había ni árboles, ni arbustos, solo las plantas que estaban escondiendo el suelo. El gobernador no tardó en darse cuenta que todo alrededor era una “zona de muerte” igual que lo que vio hace rato y al ver a soldados veteranos con precaución apuntando sus armas hacia cualquier muestra de movimiento dentro de esa cabaña, no hacía más que confirmar la identidad de la persona que estaba dentro

    ──Lanzamos un comunicador indicando que queríamos conversar, por lo que hemos podido oír, lo ha mantenido todo el tiempo, pero no se comunica ──Informo el militar antes de entregarle un comunicador en la misma frecuencia que el entregado al habitante dentro de la cabaña──

    Esperaba que estuviera de ánimo para conversar, fue lo que pensó el mandatario, para luego aclararse la garganta y empezar a hablar

    ── Hola, está hablando Pablo Gallego, el actual presidente de Colombia ──Se presentó como lo hacía en sus transmisiones── Queremos saber si se puede entrar en un dialogo con usted ──Tras eso solo se oyó el sonido de una respiración y silencio en lo absoluto. La tensión iba creciendo hasta que después de tres minutos exactos, la puerta de la cabaña se abrió, los militares al instante no dudaron en levantar sus armas para apuntar al objetivo en caso de que viniera a atacar──

    Para los soldados no pudieron dar crédito que el objetivo que debían rastrear y mantener en un área de contención para la llegada de su presidente, era una pequeña niña. Una joven de cabellos oscuros desordenados y sujetados por una simple cola de caballo que parecía ser una especie de punta de piña, la mayoría de su cuerpo no podía verse debido a que estaba cubierto por una capa o poncho que le quedaba tan grande que permitía esconder todo su cuerpo pero por su rostro podían pensar que era de complexión delgada a moderada, lo que resalto fueron dos cosas: Una parte de superior de su rostro estaba vendada y se podía apreciar el mango de una espada saliendo de su escapa por su espalda, por el diseño podían creerse que era una katana

    Ella estaba de pie con una mirada severa, casi podía notarse la agresividad en su único ojo hacia todos los militares y hacia el propio mandatario

    ── Es un placer conocerla, yo…──Pero rápidamente fue cortado──

    ── Ahorre tu hipócrita amabilidad ──Su voz reflejaba su género siendo suave con un tono femenino, francamente era difícil indicar su género debido a la capa y los rasgos peculiares que podían ser tanto hombre como mujer── Si existe un motivo por el cual les deje venir a mi casa es porque me parecía demasiado molestias para esta ocasión ¿Qué es lo que quieren?

    Por la mirada de aquella joven, no parecía dispuesta a ir con rodeos

    ── Tenemos un trabajo para usted, señorita Cataleya ──Al instante uno de los soldados acerco una carpeta y la lanzo con suficiente fuerza para que llegara suficiente cerca. La joven solo se acercó un par de pasos y con rapidez abrió la carpeta retrocediendo un paso como si esperara cualquier golpe sorpresa, pero al ver que solo trataba de papeles, lo tomo con cuidado y empezó a leer──

    ── ¿Doritos? ──Pregunto ella──

    ── Son un recurso que no podemos sacrificar por absolutamente nada ──Indico con un tono dramático el gobernador──

    ── No me interesa ──Sin darle importancia al contenido── El asunto con esos alienígenas o como se llame no me concierne. Si ustedes quieren proteger sus preciados Doritos, pueden hacerlo ustedes mismos ──Estaba a punto de tirar la carpeta──

    ── Pensé que diría eso, por eso agregue una recompensa extra por su servicio ──Dijo señalando la próxima página y cuando la joven miro, su único ojo se abrió abruptamente mostrando una mirada digna de un cuchillo en su objetivo, pareciendo haber perdido un momento el aliento y volverlo a recuperar disimuladamente──

    ── ¿Cuándo tengo que ir? ──Pregunto la joven──

    ── De inmediato sería lo más recomendable

    […]​

    No pude evitar gruñir cuando finalmente el autobús se detuvo, pudiendo bajar de el

    No importaba las varias veces que tuvo que meterse dentro de un vehículo en movimiento y dormir sentada o en posiciones que solo un buen quiropráctico podía aliviar el dolor. Incluso el hecho de que durmiera unos segundos en el asiento causo que cuando despertara tuviera un severo dolor en la parte de la espalda y en la parte inferior de su cuerpo como su cuello que se recostó por la ventana del autobús

    No fue difícil entrar el territorio venezolano con su pasaporte e ir desde San Antonio por autobús hasta Maracay para luego ir otro viaje a una de las playas cercanas donde indicaba que estaba el laboratorio

    ── De saber que me dolería tanto el trasero, hubiera pedido que me llevara en su jodido helicóptero el hijo de puta ──Murmuraba maldiciendo en voz baja──

    Su ojo único no dudo en admirar el ambiente bastante alegre para un turista, varios de sus trabajos en Venezuela eran en lugares turísticos y las playas de Aragua no eran la excepción. Más bien eso junto algunos golpes en Caracas eran los lugares donde hacía más comúnmente trabajos, iba caminando por las calles turísticas cercanas a la playa

    Tal vez debería amenazar a un pescador o robarme un barco para ir a la dirección…

    Pero tan pronto como pensó en ello, de repente un sonido de explosión alerto todos sus sentidos y corrió rápidamente a esa dirección, evitando a los turistas como residentes corriendo del peligro solo para permanecer escabullida viendo la escena de una lancha humeante con uno de esos seres hundiéndose dentro del agua mientras una mujer de descendencia aparentemente extranjera grito

    ── Ah no, mamagüevo ¡Ven acá!

    Mi ojo no pudo evitar semicerrarse

    ── “No me jodan” ──Pensaba para sus adentros──

    La mujer rubia parecía dispuesta a lanzarse al agua y la misma criatura parecía surgir para atacar. Di un suspiro profundo, realmente esperaba que ese día fuera tranquilo para el desastre que iba a venir después. La criatura no dudo en lanzar una especie de látigo escamoso en dirección a la rubia que reacciono de forma esplendida evitándolo, pero la criatura que esperaba volver a traer su extremidad-arma, no pudo prever mi llegada al acercarme corriendo y sacar mi arma

    Di un corte veloz vertical y la hoja de mi espada logro atravesar la piel escamosa de esa extremidad cortándola de golpe

    La criatura parecía haber recibido dolor al perder aquella extremidad y aquel látigo organizo se retorcía antes de clavar mi espada nuevamente acabando con su movimiento

    Tan pronto como termine aquella acción, levante la vista a la rubia y note que me estaba mirando fijamente pero antes de que pudiera alguna decir una palabra, dos hileras de ojos brillaban debajo del agua. Creo que aquello lo hizo enojar…

    TexasTexas terminamos encontrandonos XD

    Me jodi me salio 1 tambien XD
     
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    Kanra-chan tiró un dado de 8 caras por: Veamos si salva Cataleya (?) Total: 1
    Última edición: 23 Jul 2018
  9. Poxet

    Poxet

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    ((La partida de mi personaje ocurre antes del enfrentamiento en los muelles, así que no consigue cruzase con los personajes de Texas y Kanra.))

    En una ajetreada oficina una junta de gerentes y ejecutivos discute airadamente sobre los últimos acontecimientos. Todos observan atónitos las distintas capturas de los diferentes ataques alienígenas. Junto a ellas un proyector mostraba los últimos movimientos de precios y el impacto que generó en la masa de consumidores el sorpresivo saqueo de Doritos en varias partes del globo.
    Cada individuo tenía la frente perlada de sudor, los hombres aflojaban sus corbatas y las mujeres se daban viento con lo que tuvieren a mano. Algunos tenían sus rostros enrojecidos luego de varios minutos de hablar, otros observaban con semblante serio estadísticas y predicciones que yacían ante ellos sobre la mesa. Por momentos el silencio era tal que el mero sonido de una hoja rozando otra parecía cortarlo como si de un elemento sólido se tratara.
    Y en medio de toda la situación, estoico en su expresión pero con sus hombros visiblemente derribados se encontraba Elías.

    —¡Ésto es inaudito! ¿Vieron acaso el impacto en el público? ¡¿Saben a cuánto se vende ahora mismo un mísero paquete de esas malditas tortillas?!

    El hombre, ciertamente indignado, igual que el resto, agitaba unos papeles que sostenía en su mano que luego arrugó entre sus regordetes puños. El logo de Pringles que se encontraba en la pared recibió un nuevo bollo de papel que se sumaba a la montaña que se había ido formando debajo del mismo con el correr de las horas.

    Elías había notado que el hombre que acababa de hacer esas preguntas tenía un mostacho igual al del hombrecillo del logo.

    —Esto no puede seguir así, ciertamente —agregó otro ejecutivo, secándose el sudor de la frente con el dorso de la mano—, quiero decir, hasta hace nada de tiempo estábamos haciendo competencia pero estos sucesos le han dado a esos malditos una publicidad que jamás habríamos podido soñar en nuestros más salvajes y avariciosos sueños —el hombre, sin agregar una palabra más, comenzó a retorcer la punta de su mostacho, igualito al del logo.

    La discusión siguió unas largas horas más que Elías soportó de pie en la esquina de la sala de conferencias. Más papeles volaron como lo hicieron también papas fritas, lapiceras, latas de Pringles y también unos Doritos que uno de los gerentes había llevado ocultos e intentó comer mientras simulaba ir debajo de la larga mesa de conferencias a buscar una lapicera que se le había caído al suelo.
    Luego de varias tazas de café, latas de Pringles y frustración, todos parecieron ponerse de acuerdo.

    —Entonces es unánime. Enviaremos a alguien que participe de la operación D.O.R.I.T.O., alguien que no destaque demasiado pero que sea hábil para mantenerse a la par del resto y, de paso, nos pueda suministrar información desde el interior.

    La persona que habló era la cabeza más alta en la jerarquía de aquella sede de Kellogg’s, una mujer de tez morena, expresión autoritaria y cara de pocos amigos. Toda la mesa se había girado para observarla y prestarle total atención.

    —También hemos decidido en la persona indicada para el trabajo, ¿no es así?

    Elías enarcó una ceja, no recordaba haber oído nada al respecto en lo que había durado la reunión.
    Esta vez todas las cabezas se voltearon a él.

    —Sí… —dijo uno de los directores.

    Todos y cada uno de los presentes comenzaron a sonreír cínicamente mientras jugueteaban con la punta de sus mostachos.

    —En efecto —confirmó la mujer—, Elías prepárate para realizar la misión más importante en la que jamás has participado y entrega todo lo que puedas y más por el bien de esta compañía —finalizó, acariciando maliciosamente su mostacho.



    *​


    El fuerte temblor arrancó a Elías de sus recuerdos. El avión ya había aterrizado y se encontraba ahora en Venezuela. Tan lejos y a la vez tan cerca de su tierra natal.
    Mientra espera que los demás pasajeros recojan su equipaje y desciendan del avión saca su celular y revisa si recibió algún tipo de mensaje pero nada le había llegado. Suspiró levemente mientras pensaba en lo feliz que habría sido si el vuelo hubiera ser abortado por algún avistamiento alienígena o algo similar, lamentablemente no fue el caso.
    Según las instrucciones que le habían proporcionado un auto de Kellogg’s en Venezuela lo estaría esperando para llevarlo al punto más próximo al lugar de encuentro donde daría inicio la operación; le dijeron que no se preocupara por tener que identificarlo, que se daría cuenta de inmediato.
    Luego de varios trámites rápidos y tomar su escaso equipaje Elías salió finalmente de la zona de arribos y, al abrirse la puerta automática, puede ver con claridad a un señor sosteniendo un cartel con su nombre y apellido pero, lo más llamativo, era el frondoso mostacho que portaba. En ese momento no puede más que imaginarse que hay algún tipo de política corporativa extraña de la que ha sido excluído.
    Sacudiendo su cabeza se acerca al hombre.

    —¿Señor Mattea? —pregunta el venezolano.

    Elías suspira antes de responder: —Sí.

    —¡Ah, un gusto! Roberto Chagas, soy su conductor por el día de hoy.

    —Que gusto…

    Sin decir más ambos se dirigieron al automóvil que resultó ser una camioneta de reparto de mercancía. Cualquier persona, Elías incluído, hubiera pensado que una junta directiva decidida a emprender un trabajo importantísimo para su compañía que incluía una buena dosis de espionaje empresarial utilizaría los elementos más sutiles a los que pudieran echar mano. Aparentemente Kellogg’s pensaba de otra manera.
    El olor a cereales y galletas era algo agobiante. De tanto en tanto Roberto aprovecha que el compartimento de los productos no estaba separado de los asientos delanteros para sacar algunos paquetes de cereal que devora con avidez; no pasó mucho tiempo hasta que Elías debió abrir la ventanilla de la camioneta para que circule algo de aire.


    *​

    El viaje hasta el pueblo de Choroni fue un suplicio. Desde algún que otro accidente en la ruta hasta controles policiales sorpresivos, sumado a que Chagas continuó comiendo esos cereales que le provocaron un exceso de gases tal que Elías fue con la ventanilla abierta todo el trayecto.
    Eventualmente su camino llevó hasta el centro del poblado y de ahí fueron guiados hacia la zona costera, a Puerto Colombia. Una vez allí debía un ferry oficial que lo transportaría hasta las playas de Chuao, donde, según la información que se le proporcionó, sería el encuentro de todos los miembros de la operación.
    Por alguna razón todo se le tornó abrumadoramente corriente. Se sentía un turista admirando la costa, los bosques y todo lo demás a medida que recorría lentamente el camino hacia el muelle. Se le hacía común todo aquello que veía aunque jamás hubiera pisado ese sitio antes: Los negocios, claramente diferenciables entre aquellos dedicados a los locales y aquellos a visitantes, algunas personas que se le acercaban a ofrecerle cosas; la gente en general es amable con él… mientras le ofrecen cualquier baratija con la esperanza de que las compre a precios inflados.

    Una vez en la zona del puerto Elías desciende del auto y se despide de Roberto Chagas, que se despide con una mano llena de pedazos de zucaritas adheridas. Elías no puede hacer más que asquearse.

    El olor del pescado llega inmediatamente a su nariz. A sus oídos el sonido del agua mezclado con el constante murmullo de las personas que pasan por allí ya sea para entrar a alguna barcaza pesquera o tomar algún ferry para realizar un recorrido por la zona costera y ver la cautivadora fauna marina y los hermosos bosques y desfiladeros de la costa. El sol produce reflejos centelleantes en el agua, aces de luz que acompañan fugazmente el movimiento de las pequeñas olas; todo parece tener un tinte casi paradisíaco.
    Si no tuviera nada que hacer, Elías elegiría quedarse allí un buen tiempo para huír de, principalmente, tener que seguir tomando alguna decisión importante en lo que sea.

    Un hombre se aproxima a él con una amplia sonrisa. Extiende su mano y toma la de Elías para estrecharla en un fuerte apretón que sorprende al pelinegro.

    —Veo que ha llegado sano y salvo, amigo.

    —S-sí… ¿quién es usted?

    El hombre mira hacia ambos lados.

    —Estoy aquí para transportar a los miembros de la operación —responde en tono bajo y confidente.

    —Oh… de acuerdo...

    —Por aquí, señor Mattea.

    El hombre comienza a avanzar mientras señala un barco anclado a lo lejos. Elías lo sigue mientras afloja levemente su corbata. No lo había notado hasta entonces, pero ese sol, por hermoso que se viese y el buen día que creaba, estaba empezando a afectarle un poco.
    El agente encubierto se sube al barco. Elías hizo lo mismo y de un salto que casi lo hizo caer al agua subió al transporte. Una vez arriba el hombre encendió los motores y de inmediato se pusieron en marcha.


    La distancia no era demasiada hacia su destino, en media hora se encontraba ya observando la costa de la isla que a primera vista era tan paradisíaca como lo que había presenciado hasta el momento. El agente apaga los motores del navío apenas se aproximó lo suficiente a la costa como para poder andar hasta tierra firme mojando únicamente los zapatos y la parte baja de los pantalones; según el hombre era para economizar tiempo entre viajes.
    Elías no desea discutir al respecto y simplemente se deja caer al agua que lo recibió con un chapoteo que por poco moja el resto de su cuerpo. Anda con pasos trabajosos mientras siente los efectos del sol en su cabeza y cuello, se pregunta si no debería haber llevado algún tipo de protector pero ya era demasiado tarde para lamentarse.
    A sus espaldas el ferry enciende los motores y comienza a regresar a aguas más profundas.

    —Huh… ¿dónde dejé mi equipo?

    Revisa sus bolsillos pero están vacíos, es allí cuando se percata de que no tenía encima su equipo guía, tampoco llevaba las coordenadas a la base. Estaba, a todas luces, varado en una isla sin la seguridad de que fuera a ser encontrado.
    El hombre observa a su alrededor y es cuando empieza a preguntarse porqué no había nadie allí para recibirlo, se pregunta sobre su ubicación, qué debería hacer, ¿estaba perdido?
    Sin meditarlo más dio sus primeros pasos en la arena. Ahora entendía que haber ido en traje había sido un error, la arena se pegaba a sus zapatos y su pantalón húmedo, sentía el agua removerse bajo la planta de sus pies y entre sus dedos. Por momentos sus pasos era lo único que conseguía oír y así era hasta que un sonido similar al suyo provino de más adelante, varios, de hecho.
    Elías se coloca detrás de un árbol cercano, se asoma levemente pero lo único que se extiende ante él es follaje. No hay viento, no puede distinguir nada más que esos pasos pero su dirección es confusa e intenta retroceder mientras mantiene sus ojos bien abiertos. Allí fue cuando, a sus espaldas, un par de manos tocan sus hombros.

    —¿Señor Mattea? —dice una voz—, somos de la organización.

    La tensión en el cuerpo del hombre se va casi inmediatamente. Lo encontraron, piensa, y ahora lo llevarán a la base donde será puesto al tanto de lo que deberán hacer. Sí, ya podía imaginarse la entrada secreta, seguramente debajo la tierra o algo similar, con comodidades suficientes para estar a gusto y con la posibilidad de tomarse una buena ducha ya que la caminata y el sol lo han dejado bastante sudado. Sï, talvez alguna comida porque, ahora libre del viciado aroma de la camioneta de reparto, comenzó a darse cuenta que tenía algo de hambre.

    —¿Señor Mattea? —repitió la voz—, vamos a llevarlo a un sitio seguro.

    Elías se da vuelta porque al parecer quien quiera que lo hubiese encontrado no estaba seguro de su identidad, al hacerlo se encuentra con dos grandes ojos negros que lo observan detenidamente. No eran ojos humanos.

    —Demonios… —susurró.

    El ser tenía su altura pero su piel era puramente gris. En su cuello brilla un dispositivo que a intervalos regulares repite alguna oración pregrabada con la voz de un ser humano. En su mano izquierda hay un dispositivo similar a un arma, probablemente un láser, y la derecha se encontraba extendida, aún a la altura en la que había estado el hombro de Elías.
    El hombre rápidamente salta a un lado, justo para evitar un haz de luz y energía concentrados y rueda en el suelo sintiendo piedras, raíces, ramas y hojas clavándose por su cuerpo. A la velocidad que puede se pone de pie acomodando sus lentes y escupiendo algunas hojas. El gris continúa allí de pie ante él con el brazo extendido y el arma apuntándole directamente. Su cuerpo es delgado y su cabeza es desproporcionada para su cuerpo.
    El ser mueve la mano y Elías responde corriendo a toda velocidad hasta cubrirse detrás de un tronco; un destello de luz roza el tronco pasándolo de lado a lado como si fuese papel e impacta de lleno en el árbol de adelante, el golpe hace que la madera se ennegrezca, carbonizada en el acto.

    —¿Señor Mattea? —repite la voz del dispositivo, ésta vez diferente, un tono distinto, de mujer.

    —Eso ya se volvió viejo… —susurra.

    Elías introduce una mano en su bolsillo trasero y extrae unas pequeñas esferas metálicas. Naturalmente viene a él la visualización de un arma de aspecto anticuado, una pistola de chispa, su mecanismo, su modo de utilizarse, la potencia del arma. Todo llega en un instante y el metal en su mano se retuerce mientras cambia su color a un fuerte tono de cobre pulido. El tambor, el mango, el gatillo y el martillo, todos los componentes acoplándose unos con otros en perfecta sincronía y a una gran velocidad.
    De un momento a otro un montón de esferas se convirtió en una pistola de aspecto antiguo que no duda en utilizar, y lo hace bien.
    Se asoma por un costado del árbol, apunta y dispara. Una nube extraña de colores violáceos con unas chispas rojizas le bloquea la vista pero cree oír un quejido proveniente del otro lado; la oportunidad perfecta para huir.
    Sin pensarlo dos veces echa a correr hacia el interior del bosque y puede ver un haz de luz impactando el suelo cerca de sus pies. Salta a un lado mientras corre intentando confundir a su atacante zigzagueando entre los árboles y los arbustos altos. Se siente agitado pero sabe que si detiene su marcha será su fin por lo que opta por dar fugaces miradas a sus espaldas y disparar en la dirección general de su perseguidor dejando más nubes violáceas a su paso.

    Unos disparos de imprevisto lo hicieron tirarse al suelo, paranoico de lo que podía estar ocurriendo. En su mente aquellos sonidos podrían haber sido armas convencionales o láseres mortales y no deseaba averiguar qué fueron en realidad. Con la adrenalina circulando por su cuerpo Elías se arrastró apartando hojas, raíces y montones de tierra; puede oír voces viniendo de más adelante y para cuando quiere incorporarse es levantado a la fuerza por unos soldados. Le dan un rápido vistazo y lo empujan, haciéndolo caer al suelo nuevamente junto a una joven, ¿una niña quizás? que se encontraba tendida en el suelo inconsciente.
    También recibe el aroma de pollo asado, por alguna razón.

    Una nueva luz refulge efímeramente y algunos árboles caen al suelo calcinados. De su perseguidor no hubo más rastros.

    —Creo que le estoy agarrando el truco.

    —¡Deja ya esa maldita cosa, casi nos mata a todos!

    —… aguafiestas.

    Elías levanta la mirada, se encuentra con la de los soldados.

    —No se preocupe, señor Mattea, lo llevaremos a la base junto a su compañera.
     
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  10. Tōkyō

    Tōkyō

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    Dos semanas atrás...

    El golpe en sus testículos fue lo suficientemente brutal como para arrancar el aire de sus pulmones, un instante más tarde yacía en suelo retorciéndose de dolor. Antes de que pudiera recuperar el aliento una segunda arremetida lo lanzó contra el acuario de cristal que se hallaba en el centro de la habitación. Tras emitir un leve crujido el vidrio se rompió, los fragmentos lo rodearon como una tormenta de nieve y la fuerza del agua lo arrastró hasta el borde de la cama circular. Durante una fracción de segundos sus ojos se desviaron más allá de la silueta que lo acechaba, encontrándose con los cadáveres de sus compañeros desperdigados por la estancia. Doce hombres experimentados y bien armados habían sido masacrados por una única mujer en cuestión de minutos. Bueno, Venus quizás lucía como una inocente jovencita, pero en realidad era la desalmada mascota del líder del clan Washuu.

    Pocos miembros de la mafia tenían el privilegio de conocer de la existencia de esa criatura, además de sus miserables víctimas, por supuesto. Las habilidades de Venus le habían permitido mantenerse totalmente por fuera del radar de la policía, en su extensa carrera criminal jamás habían conseguido ligarla a ninguna de sus fechorías y, por consiguiente, ante los ojos del mundo ella no existía. Él había coincidido con la fémina durante las reuniones oficiales de la organización, ataviada en un elegante kimono ella siempre se sentaba a la derecha del líder silenciosa y observadora, como un perro guardián a la espera de que su amo le de la orden de ataque. Era tan hermosa que pese a su infamia los hombres -incluido él mismo- caían rendidos a sus pies, igual que insectos atraídos a una venus atrapamoscas.

    Si Venus había recibido la orden de acabar con su equipo significaba el clan consideraba que habían cometido algún acto de traición o que despacharlos al otro mundo era más rentable que pagar despidos. El último trabajo que les asignaron fue encargarse de un detective honesto que había frustrado en más de una ocasión los negocios de la organización. Si bien no lo asesinaron - no solo el policía resultó ser un rival bastante excepcional sino que los refuerzos llegaron antes de lo previsto-, lograron dejarlo al borde de la muerte. El líder dio por finalizada la misión personalmente, estaba satisfecho con el curso de los acontecimientos, incluso si el sujeto no fallecía a causa de las heridas, durante la larga recuperación tal vez meditaría acerca de meter la nariz en asuntos ajenos.

    Hizo el intento de incorporarse apoyando todo su peso en las manos y las rodillas, podía averiguar la razón cuando estuviera a salvo. En el proceso los cristales rotos penetran sin piedad la carne, pero era un pequeño precio a pagar a cambio de la supervivencia. De repente su garganta se cerró, bloqueando el paso del aire. En consecuencia su respiración se tornó difícil y ruidosa. Incapaz de hablar prorrumpió en chillidos desesperados, mientras sus dedos ensangrentados arañaban su cuello en una tentativa de reabrir las vías respiratorias. Segundos más tarde se desplomó de bruces en la húmeda superficie. Antes de que la vida abandonara su magullado cuerpo lo último que vio fue el par de orbes rosados, los cuales por primera vez estaban desprovistos de su característica frialdad. Era tan hermosa.

    Shadows fall and hope has fled. Steel your heart the dawn will come —Cantó con voz dulce mientras caminaba lentamente hacia su víctima —. The night is long and the path is dark. Look to the sky for one day soon the dawn will come —Se agachó para darle la vuelta al hombre y comprobar que efectivamente estuviera muerto. Sus labios seductores dibujaron una sonrisa de satisfacción —. The shepherd's lost and his home is far. Keep to the stars the dawn will come —Arrastró el cadáver hacia el baño del penthouse y lo introdujo en la enorme bañera circular. Atrapó en un moño ajustado su preciosa melena dorada y desplegó delicadamente el estuche de herramientas —. The night is long and the path is dark. Look to the sky for one day soon the dawn will come —Meditó durante unos segundos por dónde debía comenzar a cercenar. Era una mujer tradicionalista, generalmente cortaba primero manos, pies y cabeza, en segundo lugar las extremidades inferiores y superiores, y tercero el tronco. Sin embargo, al tratarse de una ocasión especial ameritaba que se desviara un poco de su zona de confort e improvisara. Si no recordaba mal este bastardo había sido el responsable de la mayor parte de las heridas de Seishirou-san —. Bare your blade and raise it high. Stand your ground the dawn will come — Clavó el cuchillo en los genitales masculinos repetidamente, salpicando sangre en las blancas paredes de la estancia en el proceso, hasta convertirlos en una especie de carne picada deforme. Abofeteó su mejilla con la mano libre para recuperar la compostura, dejando una huella carmesí en la pálida piel. Fue entonces que notó las lágrimas —. The night is long and the path is dark. Look to the sky for one day soon the dawn will come...


    La primavera anterior, mientras regresaba en tren a casa un pervertido la asaltó. Una problemática que enfrentaba a diario, igual que muchas otras mujeres. Japón era uno de los países más avanzados tecnológicamente hablando, pero en lo que respectaba a lo social se había quedado estancado en el siglo pasado. Estaba a punto de apuñalar al acosador con una de sus cuchillas ocultas cuando un apuesto desconocido acudió en su auxilio, el nombre de su héroe era Seishirou Sakurazuka. A raíz de ese evento desafortunado comenzaron charlar cada vez que coincidían en el transporte público, días después intercambiaron números telefónicos porque los encuentros ocasionales resultaban insuficientes y unas semanas más tarde iniciaron oficialmente una relación. Ella era una cazadora, escogía una presa y utilizaba sutiles artimañas para atraer a su presa. No obstante, con Seishirou-san las cosas eran distintas, él la hacía sentir como si fuera la presa y ella asumía gustosa su papel. Nunca antes conoció a una persona semejante, tan contundente, directa, llena de confianza, egoísta, demandante, posesiva e inesperadamente cariñosa. También era la primera vez que experimentaba un amor de esa magnitud, desde que estaban juntos el dolor del pasado y el vacío de su alma se esfumaron, él le contagió su fuerza y le dio un sentido diferente a su existencia.

    Y ahora se hallaba postrado en una cama de hospital, conectado a máquinas para sobrevivir... De forma inconsciente volvió a apuñalar al cadáver, esa vez en la cara.

    —Eso es por arruinar el sensual rostro de Seishirou-san —murmuró haciendo puchero. Tras un último arrebato de ira se dispuso a encarar la faena seriamente.


    […]


    El sol empezaba a asomarse en el firmamento cuando la esbelta mujer abandonó el edificio, habiendo culminado la limpieza del dormitorio con la habitual eficiencia. Tras cambiarse de ropa tomó un taxi para dirigirse al hospital donde habían ingresado a su enamorado, necesitaba verlo desesperadamente antes de proseguir aniquilando al clan Washuu. Había sido una empleada leal de la organización criminal, pero nadie tocaba sus pertenencias sin recibir su merecido escarmiento.

    —Seishirou... —Las palabras murieron en su boca cuando vio al varón de cabellos negros sentado en la cama hablando casualmente con una extraña mujer. ¿Quién era esa y qué estaba haciendo tan cerca de Seishirou-san? Él no tenía hermanos y conocía a cada uno de sus allegados. ¿Cómo era posible que estuviera despierto y lúcido? Los médicos aseguraron que el trauma severo lo había dejado en un estado de coma y que no había forma de adivinar cuándo recobraría la consciencia.

    —Tsuyu —La calidez de la mirada oscura provocó que olvidara totalmente la presencia de la intrusa. Se abalanzó a los brazos del varón, cubriéndolo de besos, pero manteniendo disimuladamente un ojo en la extranjera.

    El detective regresó el abrazo con toda la fuerza de la que era capaz y consintió pacientemente los besos húmedos. No le gustaban las muestras de afecto en público, pero era lo mínimo que podía hacer para compensar la preocupación que le había ocasionado a su futura esposa. Él no sospechaba de que la inofensiva acción era una artimaña para averiguar si el secreto celosamente guardado de Tsuyu había sido revelado. Afortunadamente el varón ignoraba la verdad, en caso contrario Venus se habría visto en la desafortunada obligación de incorporarlo a su galería de trofeos.

    Antes de que tuviera la posibilidad de preguntar acerca de la extraordinaria recuperación de Seishirou-san, el doctor a cargo instó a las mujeres a retirarse de la habitación mientras le realizaban una serie de análisis de rutina. Haciendo un esfuerzo sobrehumano Tsuyu logró contener la compulsión de apuñalar a la extranjera en medio del pasillo y pintar con su sangre las inmaculadas paredes del hospital para enseñarle que nadie tocaba sus cosas impunemente. Necesitaba mantener la calma (al menos por fuera) hasta obtener respuestas, luego de eso podría dar rienda suelta a sus fantasías más salvajes.



    Luego tiro el dado... TexasTexas
     
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  11. Galette

    Galette Inadaptada social

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    ¿Qué hora sería? ¿Cuatro de la mañana? Eli no tenía ni la más mínima idea, pero sabía que estaba ahí por alguna razón, miraba confundida hacia todos lados, estaba oscuro y caminaba en círculos o alguna figura geométrica parecida a eso, los árboles la rodeaban y no entendía nada, trataba de recordar. No sabía en dónde estaba, ni cómo había llegado a ese lugar, hacía un poco de frío y estaba exhausta. Dejó de caminar durante un rato, se sentó sobre una roca plana y miró al horizonte un rato, llevaba su celular en el bolsillo de su vestido junto a un GPS que marcaba justo el lugar donde estaba parada, miró la hora por tercera vez, las dos veces anteriores había olvidado para qué miraba la pantalla del celular y luego se le ocurrió por obra de Dios mirar su lista de "cosas por hacer" En las cuales quedaba una sola sin tachar la cual era "Llegar a la base secreta". Miró alrededor y se sentó sobre una roca con una forma lisa y alargada.

    -Cierto...-balbuceó...la base secreta, seguramente nunca la encontraré si es secreta, que mala suerte, justo ahora. ¿O siempre fue secreta?.-se preguntaba tomándose la cabeza con una de sus manos. -¿Por qué tendría que ir a una base secreta? ¿Para que ya no sea más secreta?...¿Dejará de ser secreta si la encuentro? No...dejaría de ser secreta si la encuentro y le digo a alguien más dónde está...jo...esto es bastante complicado, pero supongo que puedo hacerlo...tal vez.

    Después de su monólogo se puso de pie nuevamente y avanzó un poco, miró su bolso, sabía que podría sacar algo que le fuera útil pero ¿qué? A esas alturas de la vida su cerebro no funcionaba del todo bien y cada día le costaba más pensar de manera coherente y llegar a una solución pronta, más aún después de tan agotador y largo viaje. Estaba perdida en una isla buscando un lugar del cual no tenía mucha idea. Eli estaba en un estado de degeneración cerebral algo preocupante y por esto a veces ni siquiera podía recordar qué hacer sin que alguien más le diese la orden directa. Su magia era poderosa pero cada vez se hacía más inútil en sus manos, esto le preocuparía a la joven si tan sólo pudiese ser consciente del problema.

    -Tal vez comer unos Doritos me haga pensar algo mejor...-pensó. Y sin más demora abrió su bolso del cual una luz púrpura comenzó a emerger, Eli metió su mano y rebuscó un poco. Mientras en otra parte del planeta una joven mujer a punto de abrir un paquete que había conseguido a un precio exorbitante por contrabando lo perdía al ser robado por Eulalia y reemplazado por un montón de hojas secas recogidas del suelo. El dolor en el corazón de esa pobre mujer la hizo llorar por una semana.

    Mientras usaba su magia, Eulalia se notaba diferente, sabía lo que hacía y sus ojos no parecían fuera de órbita, sin embargo al dejarlo y comenzar a comer su cara de estúpida comenzaba a formarse y la sonrisa habitual de quien no piensa demasiado se marcaba en su rostro con rapidez.

    El primer "crunch" rompió el silencio de aquella noche, el olor a ese queso procesado alto en sodio y grasas saturadas atrajo a más de un interesado, lamentablemente para Eli, sus invitados no serían aliados.
    Se escucharon pasos, lentos y sigilosos pero que delataban su presencia inevitablemente en medio de la noche, un sonido lúgubre y fuera de éste mundo.


    -Oh no.-musitó la chica, levantándose de su improvisado asiento.

    El reflejo de unos ojos que parecían inyectados en sangre la alarmó y dejó caer descuidadamente el paquete del snack al suelo, regando algunos a sus pies, uno de los monstruos saltó hacia ella con desesperación y seguido por un par más de sus compañeros tomaron los Doritos junto al paquete y con horrendos gruñidos se abalanzaron contra la pelirrosa. Ésta con el miedo corriendo por su cuerpo no atinó más que a pedir ayuda en un grito ahogado, haciendo eco por los árboles cercanos. Trató de quitarse a uno de los aliens que comenzaba a introducir uno de sus largos y viscosos dedos por su boca para arrebatarle hasta la última migaja del producto.

    -¡Alto ahí!.-se escuchó no muy lejos del lugar, un par de disparos se hicieron escuchar rápidamente y uno de ellos fue a parar al brazo que atacaba a Eulalia, cubriéndola de un líquido pegajoso y de extraño color.

    La joven dio un grito por el asco y desesperada abrió su maleta introduciendo su mano con rapidez, se levantó como pudo y sacó con ambas manos un arma enorme que parecía poderosa, un arma cuyo rayo láser sería capaz de extinguir medio pueblo pero que tal vez no sería tan útil contra criaturas interestelares, Eli no sabía eso y apuntó a los seres que se le aproximaban, el láser comenzó a cargar y de un momento a otro fue gravemente embestida por un par de militares quienes alarmados trataron de impedir el disparo del arma, dejando a la joven noqueada casi instantáneamente.

    -¡Apunten esa cosa hacia arriba!.-gritó uno de ellos.

    Otro de sus compañeros tomó el láser y lo apuntó hacia el cielo, el rayo fue expulsado hacia el arriba atravesando las nubes con una luz de un rojo intenso. Luego de eso un par de pájaros cayeron al suelo rostizados listos para comerlos con papas.


    --- Días antes a los hechos recién descritos ---


    -¿Y para qué cresta la querrán a usteh, mijita?.- Preguntaba una anciana en una silla de ruedas automatizada.

    -No sé, lela, debe ser porque sé ocupar magia y weas. Mire que tampoco le atino mucho a nada más y cada día ando peor, tengo la cabeza por el la'o 'e las pailas.-respondía la joven de cabellos rosa, sentada a la mesa preparando unos panes con mantequilla para ambas.

    -¿Pero le dijeron algo más? ¿No me la vayan a querer hacer tonta? Váyase con cuida'ito con esas cosas, mire que hoy en día es peligroso andar ahí haciéndose la chora con los marcianos esos.-replicaba la mujer.

    -Ya sé, lelita. No se preocupe tanto si más que mal es una peguita, y a lo que me paguen le mando la platita, nos va a venir bien, así se puede mandar a hacer el par de piernas que quería pa' ir a jugar a la pelota con las chiquillas del centro de madres.

    La joven Eulalia, quien vivía con su abuelita desde hace años al fallecer sus padres. Había sido llamada para una misión importante y peligrosa para acabar con la terrible amenaza que ahora azotaba a los países del mundo. Su vida hasta aquel día había sido tranquila y pacífica, la una cuidaba de la otra aunque en los últimos años la abuela de Eli se había encargado mucho más de ella por el "retroceso" cerebral que se notaba, iba creciendo, la joven había perdido su trabajo hace poco y ya que le habían ofrecido un pago por ayudar en la misión era una oportunidad que debía aprovechar.

    -Tan buena que es ustéh, mijita, igualita a su mamá. Vaya con Dios entonces y que me la protejan los santos.

    La mujer se movió hasta la muchacha y le dio un abrazo amable, al otro día partiría por sus propios medios hasta el lugar que le habían indicado en el mensaje. No tenía mucho problema en viajar, lo importante era no olvidar la dirección.

    Eulalia tenía sus días “buenos” como solía llamarlos, aquellos en que su mente lograba concentrarse en la realidad que la rodeaba, podía mantener una conversación fluída con cualquier persona y llegar a sitios sin perderse, darle de comer al perro sin terminar masticando ella misma los granos sabor a pollo. Aquellos días los aprovechaba para escribir algo de su vida y lo que podía recordar de sus momentos “no tan buenos”, lo único que odiaba de los días buenos es que la invadía una preocupación importante sobre su salud mental y solía asustarse un poco.

    A la mañana siguiente salió de casa temprano, no se asomaba aún el sol por esa parte del mundo, la isla se veía desierta a esa hora, todos, o al menos la gran mayoría, dormían tranquilamente.
    Eran casi las cinco de la madrugada, la joven Eli se vestía y tomaba su maletín, se dio bastantes vueltas antes de recordar lo que debía sacar del mismo, aprovechó de desayunar sin hacer mucho ruido para no despertar a su abuela. Pasaron unos veinte minutos antes de que pudiera descifrar en su mente lo que necesitaba para ese momento, tuvo que volver sobre sus pasos y quedarse otra vez en su habitación.


    -Un GPS…-al momento de introducir su mano y coger el objeto lo dejó sobre la mesa de luz e introdujo su reloj despertador. Configuró el aparato y siguiente a eso, sacó una escoba motorizada voladora de alguna dimensión paralela donde se usaban como un buen medio de transporte, con su magia activada le era bastante más fácil centrarse y hacer las cosas. Activó el aparato y se abrigó bien para emprender el vuelo. En su lugar dejó una escoba normal provocando un accidente en otro lugar del universo.

    Con el aparato en mano inició su vuelo siendo guiada por la voz computarizada que le indicaba hasta donde ir y a qué altura para su seguridad. La escoba en la que iba montada era muy eficiente, cómoda y alcanzaba una velocidad enorme, el viaje pudo haber durado unas veintitrés horas si Eulalia no hacía parada alguna pero su vejiga, el hambre y el sueño hicieron que su viaje durara alrededor de un día y medio. Por suerte volar en escoba no estaba dentro de los trámites legales como para tener que sacar una licencia, lo malo fue que al no ser identificada por los dispositivos de seguridad en algunos países sufrió ataques de armas anti-aliens, de los cuales sólo por suerte salió ilesa. Cuando por fin llegó a tierra firme, se encontró a sí misma completamente perdida.
     
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  12. Autor
    Texas

    Texas Thorns.

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    — ¿Qué coño?

    Las dos chicas miraban como la criatura se hundía entre un mar de burbujas gorgoteantes. Después de asegurarse de que el monstruo con tentáculos hentai no volviera a salir del mar voltearon a ver el origen de las cuchillas que acabaron con la insignificante existencia de su atacante.

    — ¿¡Pero qué coño!?

    Esta vez fue la chica más bajita –quien parecía tener el mismo dialecto femenino que la rubia– la que exclamó en voz alta al ver al enorme perro deforme y rosa a distancia. Ya estaba preparando su katana para ponerse en modo asesina una vez más.

    — Oye, niño, espera, viene con alguien.

    ¿Niño? ¿Quién se creía esa mujer que era? Ella podía ser marimacha, rústica, irrespetuosa, niño, ¡pero jamás ladrona…! Ah no, si era ladrona, pero no niño. Después de que salió de sus líos mentales, la pequeña muchacha se dio cuenta que la rubia había empezado a caminar hacia la criatura y que, efectivamente… ¿Alguien? Venía con ese bicho deforme.

    — Al notar que no huyen como el resto… supongo que son de la misión — la voz dulce y simpática de la pelirosada sorprendió a la rubia.

    Jamás espero que una mujer que pudiera arrojar cuchillos con tal destreza y habilidad asesina tuviera una actitud tan angelical. Pero esa extraña impresión se fue al garete cuando sus ojos se posaron en el par de buenas razones para volverse la mejor amiga de esta extraña mujer.

    Sin embargo, Tsuyu –la personalidad con la que había preferido presentase Venus– advirtió de la lasciva mirada de la mujer y prefirió pasar olímpicamente de ella por el momento y saludar a la tímida chiquilla que se acercaba a ellas perezosamente— ¡Hola pequeña!

    — ¿Pequeña? — Anna volteó con el ceño fruncido hasta Cataleya y empezó a examinarla como cirujano plástico. No le hacía ascos a las menores de edad –siempre y cuando tuvieran conciencia de sus actos. Tampoco era una pedófila–, pero es que esta chica parecía tener menos carne que una empanada.

    — Hola — saludó serena –y hasta educadamente, quien lo diría– mirando de reojo la extraña examinación de la británica — también estoy en la misión con ustedes, supongo.

    Se presentaron tranquilamente mientras las personas alrededor de la playa empezaban a aproximarse a las féminas, curiosos. Sin saber que estas tres mujeres eran realmente más peligrosas que un ejército de aliens. Decidieron obviar a la multitud que los aplaudía como descerebrados y concentrarse en su objetivo. Alcanzar un puto laboratorio del cual no tenían idea ni dónde estaba realmente. Sin embargo, sus plegarias fueron escuchadas pues un hermoso helicóptero militar arribó a Choroní, con un grupo de cuatro militares a bordo.

    Uno de los uniformados se bajó e hizo el típico gesto de saludo, presentándose a las mujeres.

    —Venus Akatsuki, Cataleya, Anna Lindberg, las hemos estado esperando.

    — ¿Qué? Pero si no mandaron ni una mísera bicicleta a buscarnos, anormales.

    — De hecho, si man… — la réplica del soldado se vio interrumpida por un gruñido cuasi animal que provenía de la multitud. Cuando las mujeres y los militares voltearon hasta el origen del sonido, adoptando una posición de ataque, notaron que se trataba de un civil con la apariencia de un viejo mañoso corriendo en su dirección.

    Ninguno de los implicados tenía idea de quien se trataba, excepto Anna. Quién empezó a empujar a todos –agarrándole el culo a Tsuyu en el proceso– hasta el helicóptero — No importa, ya llegaron, vámonos, vámonos.

    — ¡GRINGA MI LANCHA!

    […]

    Si alguien conocía la entrada a secreta de la baticueva, no se habría sorprendido al ver que en las profundidades cristalinas de Chuao había una especie de entrada secreta ultramoderna. Las muchachas fueron introducidas, cada una, en unas especies de capsulas que se hundieron en el mar y la trasladaron hasta la compuerta mencionada. Una vez el agua fue drenada por completo, las capsulas se abrieron, liberando a las extrañas mujeres. Otro guardia las recibió y las invitó a seguirles.

    El repiqueteo metálico de los tacones de Tsuyu alertaban que todo el piso, paredes y techo del camino exclusivamente metálico. Cataleya observaba curiosa por todos lados. Era la primera vez que observaba algo parecido en toda su vida. Estaba acostumbrada a la vida rural que llevaba. Por otro lado, Anna estaba acostumbrada a estar en bases de ese tipo. En el entorno en los que trabajaba, ese tipo de guaridas eran más normales de lo que la gente creería. Los ricos son más excéntrico de lo que pensamos.

    Cuando vieron el final –por fin– del pasillo, una enorme habitación los recibió. Un buen número de soldados rodeaban las paredes del cuarto y, en el medio, una mujer de lo más extraña las esperaba. Anna miró a los presentes, la chica en la computadora que las miraba tímidamente por detrás del monitor y al peludo y extraño…

    — ¿Conejo…?
    — ¿Qué? —Preguntaron todos al unísono, incluyendo el aludido.
    — ¡¿Conejo?!

    Una ráfaga de tiros de una glock sorprendió al felino curandero que no dudó en engrifarse, gruñir y huir a cuatro patas de la desquiciada mujer para salvar su vida. Todos los presentes se abalanzaron sobre la rubia para detenerla, pero no fue hasta que la mujer de cabello grisáceo la abordó y golpeó su frente con la culata de su rifle.

    — Es un gato, estúpida.​


    Kanra-chanKanra-chan TōkyōTōkyō CorintiaCorintia ¿Puedo? xD
     
    Última edición: 13 Ago 2018 a las 18:09
  13. Beck

    Beck

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    Aquella tarde hacía un clima espléndido, el cielo despejado de odiosas nubes que se interponen entre la piel y la calidez del sol, daba paso a una tranquila brisa primaveral venida desde el sur del país la cual agitaba ligeramente las apacibles aguas de los ríos cristalinos cercanos a la oscura casa en medio de la naturaleza.
    Si había alguien a quien poco le interesaba este agradable clima era justamente al propietario de esta enorme edificación. La casa tenía sólo un piso al nivel de la tierra, sin embargo más abajo le seguían dos niveles ocupados por todo tipo de efectos personales de tecnología avanzada que le proporcionaban al dueño de casa la facilidad de llevar a cabo sus investigaciones científicas. El edificio tenía una fachada sencilla de madera, parecía una casa normal y para nada sospechosa excepto por los recurrentes extraños ruidos nocturnos, por suerte al estar tan alejado de la civilización no habían vecinos molestos que pudiesen arruinar una buena jornada de experimentos secretos. Por otro lado y para el infortunio del dueño, la comida llegaba sólo de vez en cuando y con el tiempo cada vez menos dado que los repartidores que tocaban la puerta no solían volver vivos a casa.
    Ser un científico que experimenta con humanos no es tarea fácil, menos si los sujetos de prueba escasean.

    Aquella mañana el señor Samuel Berckstein se encontraba cómodamente recostado sobre uno de sus sillones favoritos, leyendo el periódico virtual, cada tanto apartaba la mirada de la pantalla, parecía estar a la espera de algo. Las noticias esa mañana no eran las mejores, la gente sumida en la tristeza y desesperación por los constantes ataques alienígenas y hurtos de sus posesiones alimenticias secundarias los tenía al borde del colapso nervioso, la humanidad parecía estar perdiendo la batalla.

    Desde la cocina se escuchaban ruidos imprecisos y molestos, movimientos torpes de utensilios metálicos siendo manipulados por pequeñas manos de color ceniciento. La criatura se movía frenética de un lado a otro en busca de alimentos que adicionar a la olla con agua hervida que le esperaba sobre el intenso fuego de la hornalla, sus movimientos aún en aprendizaje le dificultaban el trabajo y su enorme cola empujaba los trastos sin control, el tamaño de la habitación no le beneficiaba tampoco, miraba de vez en cuando un enorme libro de recetas en una de las esquinas sobre la mesa, su capacidad lectora tampoco era exacta y demoraba en comprender del todo. Hace un año había aprendido a cocinar y aunque sus papilas gustativas no tenían la delicadeza de las de un humano normal, era completamente capaz de darle algo de sazón a sus preparaciones y dejar contento a su amo.

    —¡Amo, amo!. Ya está casi listo, por favor prepare su mesita.—exclamaba el extraño ser de ojos saltones.

    El señor Berckstein dejó de lado su actividad soltando un suspiro de resignación ante tales noticias horrorosas aquella tranquila mañana, no podía creer que esos alienígenas estuviesen realmente interesados en aquellas hojuelas sabor queso. Por otro lado, ya había experimentado con cuanta criatura había encontrado en la tierra, su último y mejor experimento había resultado en la unión de un felino, un humano y un perro, aunque de los animales sólo había dejado algo de su ADN y las partes más suaves y acariciables para tener en parte una mascota. La amenaza alienígena que invadía la tierra llamaba poderosamente su atención le intrigaba saber sobre su composición biológica y química, hacer una disección de una especie así podría ser útil para sus estudios y posiblemente sus proyecciones de incubar nuevas especies podrían llevarse a otro nivel.
    El hombre sentía cómo su corazón se aceleraba de tan sólo pensar en la posibilidad de tener un espécimen de esos sobre su mesa de estudios.

    —¡Amo, amo!—volvía a exclamar la criatura sacando al científico de sus extrañas ensoñaciones.

    —Estoy al tanto de tus alaridos, Ser experimental exitoso número 1, basta de llamarme.—respondía con su siempre bajo volumen de voz.

    Otra de las razones por las cuales su experimento tenía orejas felinas era justamente para no tener que gastar su voz para ser oído, tampoco es que lo haya hecho nunca con las pocas personas que alcanzó a conocer en su vida, el hombre tenía la extraña costumbre de acercarse y hablar al oído de quien fuese provocando muchas veces rechazo e incomodidad en la gente.

    —Trae el alimento hasta aquí, te estaré agradecido si me alcanzas la sal y la mostaza de camino.—repuso mientras se acomodaba la servilleta al cuello de la camisa.

    —Sí, amo. ¿Me puedo sentar a su lado, amo?— preguntaba el inocente ser de maneras poco normales.

    —Puedes hacerlo, Ser experimental exitoso número 1, pero deseo comer en silencio así que cualquier consulta que desees hacer la responderé al terminar.

    —Sí, amo. ¿Necesitar algo más, amo?—pregunta erróneamente el pequeño.

    —”Necesita” “¿Necesita algo más, amo?”. Es la manera correcta de conjugar el verbo, criatura—le corrige el hombre con una sonrisa.

    —Sí, amo.—asiente al tiempo que retiene la información en su cerebro.

    El extraño ser de nombre innecesariamente largo fue dotado de un cerebro especialmente brillante y sano, ambos hemisferios perfectamente desarrollados y aptos para su uso, posee un modo de aprendizaje rápido y efectivo. Sin embargo al ser éste tomado de otro lugar posee información ajena almacenada dentro, la cual de vez en cuando y de manera aleatoria se manifiesta en sus acciones o modos de hablar y razonar.

    El hombre comenzaba a cucharear el estofado preparado por su creación, mientras la misma lo miraba fijamente con los ojos bien abiertos. Por primera vez su amo no ocupó el salero y una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en su rostro
    El hombre no emitió palabra alguna, comió el alimento con calma disfrutando a la vez ver las ansias con las cuales lo miraba la criatura a la espera de su veredicto sobre el sabor de su comida, cada cucharada era más lenta hacia el final, provocando el disfrute del hombre al ver a su creación mover la cola de un lado a otro, estaba no muy lejos de soltar una carcajada pero se contuvo y disfrutó del momento como un preescolar.

    Cuando por fin acabó y limpió los restos de comida de la comisura de sus labios fue atacado por las preguntas del pequeño y curioso ser de color ceniciento.

    —¡Amo, amo!—exclamó sin hacerse esperar.—¿El alimento estuvo perfecto para usted?—el pequeño estaba a punto de saltarle encima.

    —Estuvo bien, casi perfecto para mi.—respondió el albino.

    —¿Casi?—la desilusión de escuchar esa palabra se hizo visible al recoger sus orejas hacia atrás. Sin embargo el gesto se borró totalmente al sentir la palma de la mano del hombre caer sobre su cabeza y revolver su cabello.

    —Tu progreso ha sido maravilloso, Ser experimental exitoso N°1. Eres mi orgullo...aunque incompleto aún...—el hombre se levanta con entusiasmo dejando caer la bandeja y plato al suelo, espantando a la criatura.—¡pero eso no es un real problema! ya que estoy estudiando cuidadosamente la manera de poder mejorar tus defectos y convertirte en la criatura más fisiológicamente perfecta sobre la faz de la tierra. —termina diciendo mientras frota sus manos con una sonrisa ambiciosa en su rostro. —Por el momento, vamos por tu comida, Ser experimental exitoso N°1 pero recoge este desastre antes.

    El pequeño experimento comía sólo después de que su amo terminaba su porción y él mismo se levantaba a servirle en su comedero para perros, el cual por instinto le hacía sentir mucho más cómodo que un plato y cubiertos. Al llegar nuevamente a la cocina el pequeño comenzó con nuevas preguntas para su amo, cada día se enteraba de novedades ya sea por internet o por televisión, quería aprenderlo todo para complacer a su amo aunque aquel día su pregunta sería una genuina sorpresa para el hombre.

    —Amo…¿qué es una base secreta?—preguntó repentinamente el parte animal.

    Samuel se lo quedó mirando de reojo un momento haciéndose sus propias preguntas acerca de lo que acababa de escuchar, intentaba deducir de dónde había sacado su experimento esa clase de información, en los medios de comunicación convencionales no suelen hablar de cosas “secretas”. Así que no le quedó más remedio que responder su pregunta con otra.

    —¿De dónde has sacado esa información, Ser experimental exitoso N°1?—pregunta mientras sirve en el comedero.

    La cara del ser azabache se tornó confusa, estaba escondiendo algo y su amo estaba a punto de descubrirlo, ambos se miraron fijamente y el experimento bajó la cabeza, sentía algo, que más adelante Samuel le explicaría, llamado culpa.
    El pequeño ser corrió hasta su habitación y trajo consigo un sobre con una carta, el sobre abierto y la carta en su interior con un doblez distinto al original. El señor Berckstein la leyó y rió, la arrugó dentro de su mano y exclamó con alegría dando un violento golpe en la mesa de la cocina logrando que el animal se espantara y saliera de la habitación a toda prisa.

    —¡Ser experimental exitoso N°1, vuelve aquí en este instante!.—exclamó el científico.

    El pequeño asomó su cabeza con las orejas recogidas hacia atrás y una mirada que pedía clemencia. El hombre no parecía furioso y aunque lo estuviera era difícil notarlo pues siempre mantenía esa sonrisa nerviosa en su rostro sin embargo el pequeño podía oler en él algo de disgusto y exaltación.

    —¡Criatura! ¿Entiendes lo que dice esta carta?—inquirió con un tono de voz firme.

    La criatura asintió con un gesto y luego negó rápidamente, parecía haber entendido pero no del todo tanto el mensaje de la misiva como la pregunta de su amo.

    —El amo se irá lejos...y me va a dejar...yo esperaré y moriré de pena al usted no volver...—trataba de explicar el pequeño.

    Samuel reventó en una carcajada con un tinte cruel y burlesco, se mantuvo así unos minutos terminando con una tos un tanto convulsiva, al calmarse finalmente le explicó.

    —Iremos por parte, criatura...—comenzó mientras caminaba a paso lento de una esquina a otra de la cocina, releyendo el papel arrugado y maltrecho.—Esta carta llegó hace cuatro días atrás ¿en qué momento? ¿Por qué no me diste aviso de esto? ¿Acaso estás experimentando sentimientos como el miedo y la inseguridad? ¿de dónde provienen? ¿Estás experimentando sentimientos como el apego y el cariño a tu creador? ¿por qué no me lo habías mencionado con anterioridad? ¿sabes que necesito tener un informe completo sobre cada pequeño desarrollo que tengas, verdad? No puedo permitirme que desarrolles este tipo de actitudes sin mi consentimiento ¿Estás entendiendo que puede que hayas arruinado una oportunidad única en la vida de tu maestro?...—comentó mirándolo con severidad.

    El pequeño comenzó a sentirse realmente agobiado, sabía que su amo tenía razón en cada una de sus palabras y sintió ganas de escabullirse como un niño y como un animal. Su cerebro estaba en pleno desarrollo y no entendía aún muchas cosas sobre sí mismo, por lo tanto tampoco sabía cómo controlar aquellos impulsos, comenzaba a actuar como un humano cada día que pasaba pero sus instintos animales también estaban a flor de piel, era un ser complejo y por sobre todo el orgullo de Samuel, quien a final de cuentas era responsable de sus acciones y debía enseñarle como el más perfecto de los padres a su más perfecto hijo.

    —Pero aún más importante ¿Por qué no hiciste pasar al cartero? Te he explicado muchas veces que debes ser cordial con las personas que vienen a visitarnos, porque es difícil conseguir sujetos para experimentos por estos lados...espera un poco…¿Por qué vendría un cartero a este lugar? ¿Cómo nos ha encontrado? ¿Le has visto siquiera?.—continuó pregunta tras pregunta mientras uno de sus ojos comenzaba a temblar.

    —Amo, sólo vi la carta bajo la puerta y la tomé y la leí...no había ningún catrero…

    —”Cartero”, Ser Experimental exitoso N°1.—corrigió el hombre.

    —Cartero, no había nadie. Y nuestra casa se puede ver por Google Maps, amo...—agregó el pequeño en voz baja.

    —Malditos satélites de espionaje...—susurró molesto el hombre— Como sea, arregla tus pertenencia, debemos partir en este mismo instante, hablaremos de tu comportamiento en el camino, criatura.

    —¡¿Puedo acompañarlo, amo?!—exclamó abriendo sus ojos de par en par y esbozando una igual de enorme sonrisa.

    —¡Por supuesto! No puedo creer que seas tan inocente de pensar que te dejaría aquí sólo, ni siquiera saber ladrar, maldita sea…¿cuánto tiempo nos tomará llegar?—Se preguntaba a sí mismo, para luego mirar al chico.—¿Qué haces ahí parado, todavía? ¡Rápido, rápido! Tendré que llamar un Uber o algo por el estilo para que nos venga a recoger.

    El pequeño ser corrió a toda velocidad hasta su habitación preparando una pequeña maleta. Mientras su amo seguía dando vueltas en la cocina.
    Salieron dentro de las siguientes tres horas al caer la noche, debido a la sensibilidad de la piel del hombre hacia el sol.
    El científico no sentía ningún tipo de motivación acerca de la pérdida de los Doritos, pero sí estaba ansioso por poder unirse al proyecto para conseguir una muestra de ADN de esos alienígenas, podría estudiarlos y entender mucho sobre ellos, experimentar cuánto quisiera, debía llevar todo su equipo consigo, ya vería cómo más adelante, lo que ahora importaba no era otra cosa que presentarse ante el equipo a cargo de la misión. Su mente comenzó a maquinar todas las posibles reacciones, un equipo de desconocidos trabajando por un bien común, sin nada en común entre ellos probablemente ¿habría otros científicos en el equipo? No le importaba en lo más mínimo mientras no interfirieran en sus planes todo estaría perfecto. ¿Sabrían ya sobre la existencia de su pequeño homúnculo? Comenzaba a excitarse mientras sus pensamientos giraban entorno a su exitosa presentación imaginaria ante el resto y la explicación de sus proyectos y de su trabajo de vida ¿lograría hacerse famoso? Le tenía sin cuidado, se vió a sí mismo mordiendo la punta de su pulgar antes de volver a la realidad. Era ya hora de partir.

    El viaje hasta el aeropuerto privado donde contrató un jet privado para que los llevara hasta su destino, fue largo, su ubicación no era fácil de alcanzar, aún no se explicaba cómo era que aquella carta había llegado hasta su puerta. Pero ya no importaba en absoluto, iba en camino a su destino junto a su pequeña creación quien hace no mucho tiempo se había dormido profundamente en el piso de alfombra.

    El señor Beckrstein se pasó todo el camino pensando en su discurso de presentación y cómo pasaría a explicar a sus compañeros sobre su vida y toda su carrera. En lo que pensaba, emocionado comenzó a interpretar su llegada al lugar, ocupó cada una de las siete horas siguientes en ensayar su discurso, cambió el tono de su voz y agregó un acento falso a sus palabras remarcando la letra erre para , según él, sonar como un verdadero científico loco.

    —¿Qué te parrece ésto, Serr Experrimental exitoso N°1?—

    El pequeño que recién despertaba parpadeó y se talló los ojos varias veces antes de poder entender lo que sucedía, su amo estaba mal de la cabeza y él lo intuía pero jamás le había visto actuar de manera tan extravagante.

    —Ya estamos prontos a arribar, señor Berckstein. Por favor tome asiento y ajuste su cinturón de seguridad.—le indica el piloto del jet por el altoparlante.

    Preso de la emoción del momento el científico ya con su discurso de presentación planeado toma asiento mientras agita sus manos con energía. Su experimento sentado frente a él no deja de mirarlo con extrema curiosidad.
    Al aterrizar por fin el avión en medio de la tarde el piloto estacionó y el científico no bajó de éste sino hasta que cayó por completo la noche y la luz del sol se extinguió.
    El pequeño miraba por la ventana el nuevo paisaje, estaba maravillado con la isla.

    —¿Qué es arribar, amo?—preguntó el pequeño.

    —Lo que acabamos de hacerr justo ahorra, crriaturra.—el sujeto se había quedado con el acento que estuvo ensayando durante el viaje.

    —Oh...

    Los militares encargados de recibirlo tuvieron tiempo de ir por un café y unos buenos emparedados antes de que el científico se dignara a bajar del jet, el piloto los acompañó en su improvisada cena.
    En cuanto la puerta lateral se abrió por fin y todos estaban abajo hartos de perder el tiempo, el hombre salió con sus brazos extendidos hacia los costados y con su natural sonrisa extraña los saludó vociferando con el mismo exagerado y caricaturesco acento ruso que practicó durante el viaje. Al parecer pretendía mantenerlo por el resto de la misión.

    —¡Buenas noches mis poco estimados perrfectos desconocidos, es parra mi casi un agrrado el poderr estarr aquí y serr parrte de esta vigorrosa emprresa!.—de entre su abrigo la pequeña criatura se asomó tímida apenas sacando las orejas para ver a quienes los recibían, no parecían nada amigables sino todo lo contrario.

    —Amo…¿Está seguro que estas personas nos esperan?.—pregunta dudoso.

    —Porr supuesto, Serr Experrimental exitoso N°1. Ellos nos han de rrecibirr y guiarr hasta sus instalaciones.—aclaró el hombre.

    Los soldados en fila esperaban el descenso del científico sin decir palabra alguna, sólo intentaban mantener la mirada firme ante tal pintoresco personaje.

    —Trrae nuestrro equipaje, crriaturra. Es horra de instalarrnos en nuestrro nuevo hogarr.

    El hombre dio la orden y obediente cumplió el pequeño, los militares no le quitaban los ojos de encima a la criatura, si bien los aliens invasores tenían aspectos terribles y peculiares este ser no distaba de ser llamativo, su única ventaja era ser de aspecto antropomórfico.

    Durante el camino, sus escoltas iban con las orejas rojas de oír al sujeto parlotear sobre él mismo, estaba tan cerca de ellos para poder ser oído que el rostro de incomodidad ya no lo podían disimular, además no parecía tener ni el más mínimo interés en la misión y se les hacía raro que no les preguntara ni una sola vez algún tipo de información confidencial como lo habían hecho otros miembros de la operación.

    El camino parecía estar tranquilo hasta ahí y en medio de la noche sólo se escuchaba el murmullo del sujeto y los pasos duros de los uniformados, no mucho tiempo después un siseo cercano llegó a los oídos del pequeño experimento que iba a su lado, el sonido lo puso alerta y no dudó en avisar para que los demás detuvieran el paso, al momento los escoltas adoptaron posición defensiva rodeando al científico y su mascota. Samuel no comprendía del todo lo que estaba sucediendo por otro lado el pequeño ser cuyos ojos se asemejaban a dos linternas, estaba con todo el pelaje de su cuerpo erizado, emitía sonidos similares a los de un felino enfurecido, el científico notó que sus instintos estaban ahora por sobre su raciocinio y se limitó a observar.

    —Señor, sígame por favor, este lugar es peligroso en estos momentos.—indicó uno de los uniformados.

    —No, esperra, quierro verr qué pasa ¿Es que no te da curriosidad saberr cómo va a terrminarr todo esto?— inquiere el albino.

    —Maldito loco.—piensa el soldado tomando sus armas y patrullando el sector con su mirada.

    —Se acercan.—dice el pequeño experimento clavando sus garras en la arena.

    En cuatro patas el pequeño se agazapa moviendo su cola con pesadez a la espera de los atacantes quienes no se hacen esperar demasiado, el siseo no cesa y sus pasos se hacen cada vez más audibles sin dejar ver aún sus siluetas. El silencio vuelve nuevamente de un momento a otro tomando por sorpresa incluso al atento animal, repentinamente y sin darse cuenta están completamente rodeados por al menos unos siete alienígenas de aspecto desagradable, los ataques sin retraso comienzan, uno de los soldados cercano al científico lo empuja al suelo pudiendo derribarlo fácilmente, éste contempla las acciones desde su lugar poniendo sus manos sobre su sombrero manteniéndose a cubierta, no deja de sonreír emocionado por los acontecimientos. Los aliens llevan consigo armamentos avanzados de pequeño tamaño pero gran potencia, parecen estar coordinados como si se tratase de uno solo que controla a los demás, dirigen todos los láseres hacia uno de los soldados y lo convierten en una especie de queso derretido, el aroma a piel asada y cabello quemado es horrible, cae cerca del científico quien saca de su bolsillo una pequeña pipeta y toma una muestra de la masa que antes era un humano.

    El siguiente en la mira es el pequeño animal quien esquiva el rayo hábilmente dándole así espacio a los militares para que fallidamente disparen a los alienígenas, sus balas los atraviesan como si se tratasen de simples hologramas.

    —¿Es que no lo ven, tontos? ¡El monstrruo tiene un dispositivo de tecnología alienígena avanzada sobrre su pecho, los demás son simples copias! ¡Vayan por él, cabezas de alcorrnoque!—exclama desde su posición el científico.—Como le haga daño a mi experrimento los meterré a todos ustedes en un maldito frrasco y los converrtirré en abono!

    El alien expuesto deja de disparar y comienza a huir siendo perseguido por sus copias quienes desaparecen al mismo tiempo en que el mismo presiona uno de los botones en el dispositivo sobre su pecho.

    Por su parte el científico se levanta y sacude la arena de su ropa quedando solo con su experimento quien lo mira mientras se lame una de sus patas.

    —Así es, Serr Experrimental exitoso N°1, estamos aquí solos otrra vez, tu y yo. Tendrremos que esperarr a esos cerrebrros de pepinillo parra que nos escolten de una vez a la base secrreta, qué día pesado hemos tenido...Porr otrro lado...—menciona mirando el frasco con la muestra del soldado.—tú tarrdarrás un tiempo en volverr a crrecer, si mis estudios sobrre la clonación humana son correctos y encontrramos una buena incubadorra en la base te tendrremos de vuelta en unos meses, mi viscoso amigo.








    Nota importante:

    En caso de que se utilice a Samuel no es necesario en absoluto que se escriban sus diálogos con doble "erre", utilicé este recurso únicamente para dejar aclarado el estúpido acento con el cual quisiera que lo escuchen en sus mentes.

    El personaje de Haiiro "Ser Experimental exitoso N°1" puede ser llamado de otro modo más corto si lo desean o pueden darle algún pseudónimo si les acomoda.

    Nuestros personajes se encuentran en el abandono, si alguien decide integrarse es bienvenido.

    Es todo, lamentamos la demora. Saludos.


    PD: Dejo aclarado que los dados Son de Haiiro y Beck, respectivamente.

     
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    Última edición: 5 Ago 2018
  14. Tōkyō

    Tōkyō

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    Quince días habían transcurrido desde que conoció a Kathrin Heindrich en Tokyo.

    Catorce días desde que arribó en Venezuela bajo el pretexto de continuar allí el proceso de sanación de Seishirou-san.

    Catorce días desde que estaba bajo las órdenes de esa zorra carente de sentido de la moda.


    Se despojó de la blusa bruscamente y la descartó con rabia en un rincón del vehículo. Una mirada fulminante bastó para que el conductor del taxi regresara la vista a la carretera. Su sangre hervía ante el recuerdo de lo sucedido. No solo no había sido capaz de cumplir su fantasía de matar a la alemana, sino que la muy hija de puta tuvo la osadía de chantajearla con exponer su identidad secreta. El precio a pagar por guardar el secreto era unirse a su organización. Años atrás se hubiera burlado de la situación, jugaba a ser Tsuyu por puro entretenimiento. Sin embargo, la situación cambió cuando se enamoró perdidamente del detective más apuesto, correcto y serio de la policía japonesa. Venus era la clase de criminal que más odiaba Seishirou Sakurazuka y Tsuyu era la clase de chica que él amaba. Por consiguiente, perder a Tsuyu equivaldría a perderlo a él y no estaba preparada psicológicamente para que eso sucediera.

    En caso de que la posible exposición de su identidad secreta no resultara lo suficientemente convincente, Kathrin amenazó sin preámbulos la vida de Seishirou. "La rápida mejoría de este se debía a unas drogas experimentales muy exclusivas, negárselas le ocasionaría una muerte agónica", esas fueron las precisas palabras que utilizó la extranjera. Cualquier rastro de duda fue disipado, cedió a la extorsión en ese mismo instante y a la mañana siguiente embarcó un avión en compañía de su príncipe azul.

    —Espero que los doritos se extingan y que se pierda la receta para siempre —murmuró haciendo puchero mientras acababa de quitarse la ropa, quedando completamente desnuda.
    Durante la infancia hubieron días en los que ni siquiera le alcanzaba el dinero para una comida diaria, los alimentos chatarra eran un lujo que no podía costear. En la adultez su situación económica mejoró drásticamente (el homicidio era un negocio altamente rentable), pero debido a los procedimientos quirúrgicos a los que se sometió ya no era capaz de procesar esa clase de basura. En resumidas cuentas: le daba absolutamente igual lo que sucediera con los doritos (y el resto de la comida chatarra). Su única preocupación era el ardiente hombre al que acababa de abandonar a regañadientes en el centro de salud de la extraña organización. Si bien jamás perdonaría a su nueva empleadora por poner en peligro a Seishirou-san, agradecía el tratamiento que le proporcionó. Los médicos aseguraron que la posibilidad de que sobreviviera era escasa, incluso si lograba ese milagro cabía la probabilidad de que no despertara nunca del coma. No obstante, con un cóctel de narcóticos de dudosa procedencia y un par de cirugías Heindrich consiguió que el detective se recuperara en un noventa por ciento. Le gustara o no, estaba en deuda con la desalmada mujer. Aniquilaría engendros en nombre de los repollos si eso bastaba para librarse de ella.


    —Te destriparé y usaré tus intestinos para ahorcarte, asqueroso pervertido —dijo en japonés con una radiante sonrisa.

    Tras colocarse el vestido victoriano de color negro de mangas cortas, las medias blancas largas y los zapatos de taco alto (quizás no parecía el traje más práctico, y de hecho lo era, pero antes muerta que sencilla) procedió a maquillarse con suma precisión, tarea para nada sencilla teniendo en cuenta que las calles estaban llenas de pozos, la gente conducía como desquiciada y el taxista prestaba atención a todo excepto al tránsito. "Genial, escogí un multitarea. Ahora también habla por teléfono mientras me mira el escote", puso los ojos en blanco. Lo único que le impedía acabar con su ofensiva existencia era que estaba llegando tarde a la reunión y todavía no había memorizado los sitios más aptos de la región para tirar de cadáveres. Ella podía ser una psicópata desalmada, pero ante todo tenía códigos.

    Una vez quedó satisfecha con su apariencia, guardó cuidadosamente los filos (de distintos tipos y tamaños) dentro de los compartimientos secretos que poseía su cuerpo artificial, quedando fuera solamente la exquisita katana que hasta semanas atrás perteneció al líder del clan Washu. El anciano no le daría ninguna utilidad en el más allá. Soltó una suave risa al recordar el chistoso sonido que había emitido cuando clavó esa misma espada en su garganta. La incredulidad había bailado en sus cansados ojos, incrédulo de que su siempre fiel mascota lo traicionara sin motivo aparente. Había elaborado un plan de venganza complejo, pero la nueva oferta laboral requirió que recurriera a otra metodología (mucho más rápida, cruel y sanguinaria).

    Tras diez minutos de congestionamiento la fémina de orbes rosados comenzaba a impacientarse. Pensaba que la situación no podía ser más mortificante hasta que el ser humano más horripilante sobre la faz de la tierra (léase el taxista) sintonizó la estación de radio local y comenzó a cantar el tema más sonado del verano (una especie de regaetton con tanto autotune que hacía parecer humana a Miku Hatsune). Estaba a punto de sabotear su propio sistema auditivo cuando escuchó el rumor de una explosión de una distancia, seguido de un impacto que sacudió el ya de por sí destartalado vehículo. Mientras el mundo a su alrededor entraba en pánico a causa de la lluvia de bolas de pelos (de las proporciones de un perro grande) con ojos y tentáculos, Tsuyu se cuestionaba si le permitirían adoptar una de esas criaturas, cuánto costaría su manutención, qué clase de nombre le iría mejor, si vendrían en más colores, si sería capaz de entrenarla, etcétera.

    —Qué ruidosos —chasqueó la lengua exasperada.
    Luego de pagar el viaje (porque ante todo era una ciudadana responsable) salió del coche, destripando a todos los monstruos que cometían el error de atravesarse en su camino. Tal como sospechaba estos poseían una regeneración superior, pero no les servía de nada contra la poderosa toxina que bañaba los filos de sus armas. Al cabo de unos minutos restaba un solo enemigo. Tsuyu se acuchlilló frente a la pelota rosada (de cerca era todavía más esponjosa, peluda y adorable) y extendió la mano hacia esta, permitiendo que le olisqueara su esencia. La criatura, en principio recelosa, finalmente emitió un gorjeo de aceptación (probablemente porque quería evitar el fatídico destino de sus semejantes).

    —Te llamaré Tako-chan —sentenció.
    Una segunda detonación guió a la asesina y su nuevo compañero hacia la playa, locación en la cual se estaba desarrollando una contienda. Deseaba regresar lo más pronto posible a los brazos de su enamorado, así que sin perder el tiempo se sumó al dúo (suponiendo que ellas eran parte del equipo que había mencionado Kathrin) arrojando con excelsa precisión dagas envenenadas a la cabeza del alienígena.
     
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  15. Renraw

    Renraw Mistress of hearts

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    Perdón por la demora >.<! Espero poder postear hoy.
    En caso de cualquier cosa mi personaje se encontrará con los de Beck y Haiiro y el trío se irán a la base juntos. n.n
     
    Renraw tiró un dado de 8 caras por: El destino de Astrid(?) Total: 8

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