Misión A Ascenso Peligro de extinción/Sanagi

Tema en 'Naruto World' iniciado por Rygart, 17 Feb 2018.

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    Rygart

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    - He reconocido el monte Yoneyama. - Comunicó Sanagi tras bajar del árbol al que se había subido para observar. Continuó mientras guardaba el catalejo. - Por lo tanto, deberíamos llegar en pocas horas.
    - Descansaremos aquí. - Decidió el líder del escuadrón. - Por pocas que sean, eso nos haría llegar de noche. Los aldeanos ya estarán lo bastante asustados por la situación; mejor no contribuir apareciendo entre la oscuridad.
    - Pero este retraso podría ser la diferencia entre la vida y la muerte de alguien. - Se quejó la voz aguda de una muchacha recién entrada en la pubertad. - Deberíamos estar corriendo hacia allí. - Otro joven, con armadura y katana, se levantó y se situó detrás de la niña de brazos cruzados para mostrar que estaba de su lado. Rara vez hablaba y menos aún se oponía a las opiniones de la niña.
    -
    Más morirán si llegamos cansados al peligro. O si al llegar de noche nos confunden cor bandidos y tenemos que luchar para defendernos. O...
    - Vamos, vamos. - Se inmiscuyó el último hombre del grupo, de edad algo más avanzada que el resto. - No hace falta asustar a nuestros jóvenes bisoños.
    - En cualquier caso... - Continuó el jefe, cortando la retahíla de ejemplos catastróficos. - ¿Cual es la primera vida que debe proteger un médico?
    - La suya propia. - Contesto la niña haciendo pucheros. - Porque si muere no podrá salvar ninguna otra. - Era lo primero que enseñaban en el hospital de la Tormenta y probablemente en los hospitales de cualquier parte del mundo, pero solo la experiencia podía hacer que calara en la mente de los graduados.
    -
    ¡Ja! Mira que mona. - Se carcajeó el hombre mayor. - Ven, preciosa; debemos preparar la cena. Si fuera por nuestros oficiales comeríamos el pan seco y la carne curada que forman nuestras raciones de combate todos los días, pero yo he encontrado una deliciosas bayas con las que darnos un festín. - Mientras se llevaba a la niña, ésta pareció disgustada un momento por haberla llamado mona, pero enseguida inició una animada conversación sobre la cena.

    El líder de escuadrón miró al marionetista buscando ayuda para imponer su autoridad, pero éste se encogió de hombros. Los novatos siempre discutían hasta que veían por primera vez el peligro; que disfrutara del poco tiempo que le quedaba de inocencia. Sanagi se preparó un jergón y se sentó a tallar una rama caída mientras pensaba en los que serían sus compañeros en esa extraña misión.

    El primero era Shûta, líder del equipo en esta ocasión. Un jounin en alza, su reputación como médico había hecho inconcebible que no le hubieran escogido para investigar tan extraño suceso. Sanagi ya esperaba su presencia antes de que hubieran hecho las presentaciones formales, pero su elección como como cabecilla del grupo era... rara. Etsu, el otro jounin, tenía considerablemente más experiencia, ya que superaba los treinta años y había dedicado la mayor parte a la carrera shinobi. Podría ser que los mandos creyeran que era necesario un médico al mando de la misión y no un usuario de taijutsu, pero en ese caso ¿Por qué no le habían nombrado sublíder en lugar de a Sanagi? Lo único que se le ocurría era que se trataba de una especie de prueba o de que tuviera otra misión, una que requiriera que estuviera libre de las cargas del liderazgo... como proteger a los novatos. Sus ojos se desviaron a la niña y a su inseparable guardián con armadura.

    Eran la última parte de la ecuación, y posiblemente la más extraña. Hermano y hermana, ambos eran genins con poca experiencia, si bien eran en cierta manera famosos en la villa. Ella, de nombre Miwa, era simple y llanamente un genio. Ya desde muy pequeña había dado maneras de una gran médico, así que la habían admitido en la academia a una edad temprana y se había graduado en tiempo récord. Algunas lenguas decían incluso que su medicina estaba ya al nivel de un chunin a pesar de su juventud e inexperiencia. Tenía sentido que no quisieran que le pasara nada durante la misión. Sin embargo, su físico dejaba mucho que desear como kunoichi. Sanagi había tenido que transportarla en Tora varias veces durante el viaje, cuando se encontraba demasiado cansada como para continuar. Su hermano, Takeo, era todo lo contrario. Inútil en casi todos los aspectos relevantes para un shinobi, había luchado con uñas y dientes para superar la academia y poder así proteger a su hermanita. Lo primero que había hecho era endeudarse para comprar una katana especial y una armadura y practicar incontables horas hasta dominarlas. Su habilidad con el Kenjutsu era, pues, de lo mejorcito y se había ganado el sobrenombre de "samurai de la tormenta" a pesar de que probablemente estaría atascado en el rango genin toda su vida. No podía ascender de forma normal con su incapacidad para manejar el chakra con eficacia y eficiencia.

    En definitiva, eran un grupo poco ortodoxo para una misión extraña, lo cual en cierta manera encajaba, pensó Sanagi. Solo esperaba que lograran superar el desafío; el marionetista tenía una sensación extraña desde que habían salido de la villa, como si hubiera algo oculto esperándoles... Como si que la gente se pudriera de la noche a la mañana no fuera ya lo bastante tenebroso. Sanagi se desperezó y se dirigió hacia donde estaban los demás; ya había descansado lo suficiente y no quería que los demás pensaran que se escaqueaba de las tareas de campamento. Tiró el trozo de madera que había tallado a un lado mientras caminaba, sin mirarlo. Inconscientemente había tallado a la anciana, una figura que en el desierto del que procedía simbolizaba la protección contra influencias negativas. Quizás una advertencia de lo que estaba por venir, una que había pasado desapercibida...

    [...]

    Un encapuchado se inclinó en actitud reverente ante lo que parecía un altar tallado en el interior de una gran cueva. Sobre él, un cuerpo ajado reposaba en posición de descanso, rodeado de velas que iluminaban la zona; la luz del sol nunca alcanzaba ese lugar, a tanta profundidad se encontraban.

    -
    Señor, todas las cosechas de la zona se han echado a perder. Y cada vez más aldeanos se ven afectados. No tardaremos en tener suficiente energía vital para finalizar el proceso. El plan está funcionando.

    Y ese cuerpo destrozado, un cuerpo que debiera llevar mucho tiempo muerto por la edad, respondió con una respiración profunda mientras una sombra enorme se movía por el fondo, esperando.


    En la frontera entre Ame y los Campos de Arroz yace un pueblo de no más de quinientos habitantes que viven de forma muy humilde bajo un estilo rural. Estas personas en su mayoría son agricultores (siembran arroz y otros productos) y por lo general comercializan su cultivo con otros agricultores de mayor renombre, pues si algo no hacen los que residen en ese pueblo es salir de allí.
    Unos shinobi de la Tormenta que pasaban por allí e hicieron parada, se enteraron de algo que estaba ocurriendo en el sitio de forma muy recurrente: los cultivos se pudrían ni bien pasaba una hora de ser recogidos para ser consumidos. Primero les pasó a unos pocos agricultores y no a toda la cosecha, por lo que lo dejaron pasar como una mala pasada de la vida. Después se volvió a repetir el hecho y solo cuando constataban que todos los procedimientos de cultivo se llevaran a cabo correctamente y que les pasara al 90% de los agricultores, supieron que algo estaba terriblemente mal. Pero, ¿qué? O ¿por qué? La angustia era palpable. Ese suceso tan amargo hizo que menos gente volviese a sembrar y los que tenían fe de que no les pasaría nada, siempre terminaban viviendo la misma mala experiencia. Sin embargo, justo cuando estos ninjas se marchaban, algo extraño pasó: una familia completa fue encontrada en estado de putrefacción. Según los vecinos, en la noche anterior todos estaban con vida.
    Uno de los ninjas quiso verificar lo sucedido, siendo que era médico aunque no experto. Posó sus manos sobre el pecho de una de las víctimas en pos de saber si había algún veneno allí pero no encontró nada. De todos modos marcharon con prisa hacia la Tormenta para informar sobre el suceso y ver si se podía hacer algo. Y vaya que necesitarían hacer algo porque al otro día, el ninja médico apareció muerto y en el mismo estado de descomposición.
    Objetivos:
    -Investigar qué ha sido del pueblo durante los meses anteriores al extraño suceso y encontrar una explicación de lo que sucede (por qué, cómo...).
    -Exterminar lo que sea que esté provocando las muertes repentinas.
    -Dar caza a quien haya sido el autor intelectual de la situación (puede ser atrapado o puede morir).
    -Evitar que más muertes ocurran.
    Notas:
    -El ninja de Arashigakure que murió repentinamente, no utilizó su chakra en la aldea. Es solo un detalle que podría venirte bien.
    -Sanagi será enviado con un equipo a realizar la labor. No irá en condicion de líder de escuadrón sino de sublíder, porque habrá por lo menos un jounin contigo. De resto, solo pueden ser cinco en total.
    -Desde la última vez que se avisara del siniestro, han muerto más personas. Actualmente en el pueblo quedan unas 400 o un poco menos.
    -Por alguna razón, los habitantes no quieren abandonar el pueblo. Debes explicar eso. Esto llevará a tu equipo a idear algo para poderles proteger u obligarles a marcharse (siendo realmente difícil convencerles).
    -No se trata de una bacteria o virus, tampoco de un veneno.
    BlairBlair DrSheeranDrSheeran ¿Alguien? Denme paso cuando puedan, sin prisa (?)
     
  2. Lionel

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    Rygart

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    Al día siguiente se despertaron antes del amanecer para llegar al poblado por la mañana. Avanzaron los primeros kilómetros entre bostezos mientras acababan de desperezarse, pero pronto cogieron un buen ritmo.De rama en rama y ayudando a los genin cuando era necesario, a las pocas horas divisaron el pueblo tal y como Sanagi había dicho el día anterior. En ese momento volvieron al camino principal para que los vieran llegar y no los consideraran una amenaza.

    -
    Muchos de los campos están abandonados. - Comentó Takeo preocupado. Eran las primeras palabras que pronunciaba desde que habían despertado y de las pocas que había dicho durante el trayecto.
    -
    Si la situación era tan mala como nos dijo el anterior equipo dudo que estuvieran de humor para plantar. - Respondió el jounin líder. - Esto entraba dentro de los cálculos. - Si bien significaba que además del problema por el que habían ido tendrían que preocuparse por el abastecimiento. Esperaba que el pueblo tuviera reservas suficientes para sobrevivir hasta que se solucionara lo que estuviera pasando allí... y que dichas reservas no se echaran a perder.
    -
    Parece que nos han detectado. - Dijo Sanagi, señalando hacia la entrada del pueblo. Varias personas, algunas armadas con horcas y otros utensilios de agricultura, se estaban reuniendo a la altura de las primeras casas. Al menos no tenían una actitud amenazadora y parecían conformarse con esperar a que se acercaran.
    -
    ¡Ah del pueblo! - Vociferó Shûta. - ¡Somos ninjas de Arashi y venimos a investigar los recientes problemas! - Mejor dejarlo claro desde el principio para evitar posibles conflictos.

    Y parecía que funcionaba. El grueso de las personas se relajaron visiblemente y algunas hasta volvieron a sus casas. Uno de los hombres desarmados empezó a instar a los demás a que hicieran lo mismo, por lo que el escuadrón supuso que sería el alcalde o alguna posición de poder semejante. En lo que tardaron en recorrer los últimos metros el pueblo pareció volver a la normalidad mientras la gente se retiraba y volvía a lo que estaba haciendo antes; eso si podía considerarse normal el tenso silencio en medio de la mañana. El hombre se presentó como el alcalde Jo, confirmando las sospechas del grupo de shinobis respecto a su puesto.

    -
    Les estábamos esperando. - Dijo mientras se frotaba nerviosamente las manos. Parecía haber perdido peso en los últimos tiempos; y las ojeras indicaban que sueño también. - La situación ha empeorado desde que sus compañeros estuvieron aquí... Han muerto más de tres docenas de personas en los últimos días, incluidos algunos niños y...
    - ¡¿Y siguen todavía aquí?! - Preguntó la benjamina del grupo. - Deberían haberse marchado en cuanto empezaron las muertes, salvo que... ¿Esta pasando lo mismo en otros pueblos de la zona? - La idea de que lo que fuera se estuviese extendiendo parecía horrorizarla.
    -
    Yo... Nosotros... - El alcalde parecía totalmente sobrepasado por la situación. Sanagi dudaba que ese hombrecillo nervioso hubiese resultado elegido para una posición de poder si siempre se portaba así. - No hay ningún otro pueblo en varios kilómetros a la redonda y no tenemos noticias del exterior desde hace tiempo. - Pareció recuperarse un momento antes de afirmar. - Todos los vecinos han nacido y crecido aquí, incluido yo, y nadie desea marcharse. - Tragó con ansiedad y las fuerzas parecieron abandonarlo de nuevo - Esperábamos... Esperábamos poder volver a la normalidad una vez ustedes estuvieran aquí.
    - Y haremos lo que podamos para que así sea. - Le tranquilizó el cabecilla del grupo. - Pero para eso necesitamos examinar las consecuencias de lo que esté pasando. ¿Hay algún cadáver todavía sin enterrar? ¿O cultivo que no se haya tirado? - Directo al grano como siempre.
    -
    Yo... Hemos descubierto a los Ishiguro esta mañana. No creo que los hayan enterrado aún. - Jo miró preocupado a ambos lados antes de continuar. - Puedo... Sí, puedo llevarles a su casa.

    El hombre se dio la vuelta y se dirigió rapidamente hacia una de las casas del otro lado del pueblo, sin comprobar si lo seguían. Durante el trayecto pudieron observar el estado de Yoneyama (tenía el mismo nombre que la montaña que dominaba el horizonte). A simple vista parecía un pueblo normal de la zona, con las características casas familiares de un solo piso. Los cultivos se encontraban alrededor del núcleo urbano y eran cuidados entre todos, si bien cada parcela tenía su propietario. No había pasado el tiempo suficiente para notar los problemas en los edificios, que estaban en general bien cuidados. Las caras de los pueblerinos, y el hecho de que no estuvieran en los campos en ese momento del día, era lo único que denotaba que estaba pasando algo terrible en la localidad. De vez en cuando escuchaban algún sollozo que hacía que el alcalde acelerara el paso.

    Por fin llegaron a una casa que no se diferenciaba de las demás, pero el hombre que los guiaba la señaló como su destino. Hizo ademán de entrar, pero fue detenido de inmediato por el doctor. Tanto él como Miwa habían preparado con anterioridad lo que necesitarían. Se pusieron guantes y taparon sus vías respiratorias con un paño empapado en vinagre, por si se trataba de algo que se transmitía al contacto o por el aire. Empezaron a hablar entre susurros de las causas que habían barajado durante el trayecto y cómo comprobarlas, completamente absortos en su trabajo.

    -
    Bueno, supongo que eso me deja a mí al mando. - Comentó Sanagi al comprobar que su líder de escuadrón estaba ocupado y no parecía que fuera a dar órdenes por el momento. - Takeo, quédate en la puerta por si tu hermana o Shûta-sama necesitan ayuda. - El aludido asintió. No tenía intención de separarse de su hermana en un lugar tan peligroso, si bien era improbable que pudiera protegerla con su espada de algo así. - Etsu-sama y yo investigaremos como empezó esto mientras tanto. - Sanagi miró con deferencia a éste último, que respondió afirmativamente. No serían de mucha ayuda analizando a las víctimas, así que era una manera tan buena como cualquier otra. Se acercaron al alcalde, que se había retirado al otro lado de la calle al ver los cuidadísimos preparativos realizados por los shinobis médicos antes de entrar al edificio. Probablemente sería el mejor informado de la situación y, en su defecto, podría indicarles con quien hablar. Datos como cual había sido el primer campo afectado, dónde habían encontrado a la primera víctima... sumados a la información que obtuvieran sus expertos en medicina podrían indicar qué estaba pasando. Por no hablar de las preguntas típicas de cualquier investigación: ¿Había llegado alguien nuevo? ¿Algún suceso extraño que reportar antes de que todo empezara? Tenían muchas preguntas y todavía ninguna respuesta.
     
    Última edición: 28 Feb 2018
  4. Lionel

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    - En la escuela hay mapas de la zona… Así podrán ver los sitios y casas afectadas sin necesidad de recorrer todo el pueblo. – Dijo el alcalde en tono ausente mientras contemplaba la puerta por la que habían entrado dos de los shinobis y que ahora estaba vigilada por otro de ellos. - Si, ¡Sí! – Por fin desvió la mirada hacia Sanagi y Etsu. – Haremos eso, está aquí al lado.

    Empezaron a caminar en la dirección indicada por Jo, comentando cosas sobre el problema que tenían entre manos. El representante de la aldea caminaba callado excepto cuando le hacían una pregunta directa, lo que al poco tiempo empezó a molestar al Kugutsu. –
    Quizás debería indicar a sus conciudadanos que preparen sus enseres “por si acaso”. Depende de lo que descubramos es posible que haya que evacuar el pueblo.
    Eso sin duda logró llamar su atención. Tras un respingo, empezó a farfullar todos los problemas que eso podría causar. Tras unos segundos de frases ininteligibles, pareció calmarse para afirmar. - Todos los vecinos han nacido y crecido aquí, incluido yo, y nadie desea marcharse.
    Sanagi se quedó con la respuesta que tenía preparada en la boca. Algo en la última frase había hecho sonar una campanita en su cabeza, y una mirada a su compañero Etsu le indicó que a él le había pasado lo mismo. Sin embargo, en esos momentos llegaron a su destino y no pudieron llegar a comprender la razón antes de distraerse con lo que habían venido a hacer.

    -
    El primer campo afectado fue éste. - Dijo el profesor de la escuela haciendo una marca en un sencillo mapa del territorio circundante al pueblo. Parecía tener la cabeza considerablemente más fría que el alcalde, pues no se le entrecortaba la voz al hablar del tema y se había ofrecido voluntario para realizar la tarea tras conocer las intenciones de los shinobis. Jo se había mostrado bastante más reacio y se había retirado quizás un poco más deprisa de lo debido una vez relevado. - Después fue éste, éste... - Rapidamente un montón de cruces marcaban el plano sin ningún orden aparente.
    -
    No soy ningún experto, pero si fuera una enfermedad común se habría extendido de otra manera. - Comentó Etsu, rascándose la barbilla.
    -
    Así es. No es habitual que se produzcan estos saltos de una plantación a otra. - Comentó el civil mientras continuaba añadiendo marcas. - Hemos tenido nuestros problemas con los cultivos en el pasado, pero nada que extienda de esta forma. - A veces había centenares de metros entre una plantación afectada y la siguiente mientras las de el medio continuaban sanas. Sin embargo, ésto poco duró y pronto acabaron con una marca ellas mismas. La mano que las añadía se detuvo unos instantes. - Entonces empezaron las muertes.
    - ¿También siguen esta pauta errática? - Inquirió Sanagi, demasiado preocupado como para hablar con tacto.
    -
    Si. Aunque todos los que se encuentran en la casa fallecen la misma noche, no he dilucidado ninguna teoría sobre cómo una vivienda es afectada. - Definitivamente era un hombre de ciencias si era capaz de plantearse las muertes de sus vecinos con tal lógica.
    -
    Esto me preocupa. - Adujo Etsu mirando a Sanagi.
    -
    Aunque no dije lo de la evacuación del todo serio, puede que al final si que tengamos que llegar a eso. - El marionetista se lo planteó de verdad. Acarrearía innumerables dificultades, pero podía ser necesario. - Todo depende de lo que averiguen Shûta y Miwa...
    - Dudo que la gente esté de acuerdo con eso. - Le interrumpió el profesor. - Al fin y al cabo todos los vecinos han nacido y crecido aquí, incluido yo, y nadie desea marcharse.

    Eso volvió a encender las alarmas en la mente de la pareja de shinobis, pues eran exactamente las mismas palabras que había pronunciado el alcalde en dos ocasiones. Ahora se daban cuenta de la extraña sensación de deja vu que habían tenido antes de entrar a la escuela. Y aunque no era extraño que no quisieran abandonar sus hogares, el hecho de que ambos emplearan las mismas palabras y el mismo tono... No parecía una respuesta natural. O estaba preparada, lo que significaba que ambos hombres estaban en el ajo, o algo les obligaba a decirlo. Y aunque no sabía realizarlos, Sanagi había oído hablar de genjutsus con tal efecto. Tenían que averiguar qué estaba pasando inmediatamente, pues cada vez la situación tenía peor pinta.

    -
    ¡Empezad a mover chakra por el interior de vuestro cuerpo de inmediato! - La voz del líder de escuadrón llegó a la radio de Sanagi a tal volumen que los tres lo oyeron, y obligó al titiritero a arrancarsela de la oreja para mantener su sentido del oído. Al mismo tiempo empezaron a escucharse gritos de fuego a través de la ventana. Todos los presentes se levantaron de inmediato y los shinobis empezaron a realizar ejercicios básicos de manipulación de chakra que habían aprendido en la Academia. Servirían para el propósito pero no era suficiente. Necesitaban pasar a la ofensiva y averiguar lo que estaba pasando, así que Sanagi actuó. Apuñalo al profesor en el brazo con un kunai.
     
  6. Lionel

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