Criador Preparación de alimentos [Dario]

Tema en 'Pokémon New Adventure' iniciado por everyday, 10 Sep 2018.

  1. Autor
    everyday

    everyday Moderador

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    LABOR CRIADOR
    Preparación de Alimentos
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    Yuki TigerYuki Tiger adelante, puedes comenzar o-o/, que te diviertas
     
  2. Yuki Tiger

    Yuki Tiger Do not think twice... ♪

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    Los helados salados caseros de Jenna.​
    Al bajarnos del tren aún se podía sentir el aura de tristeza que envolvía a Darío desde que dejamos aquella montaña repleta de pokémon de tipo fuego. En su cara aún llevaba puestas una especie de vendas y, debajo de estas, tenía aplicada una pomada especial para que la herida sanara sin dejar cicatriz, o al menos así alcancé a escuchar a la humana que trabajaba en el centro pokémon. Pero su expresión era lo que me tenía preocupada. Desde que era una Mudkip, jamás lo había visto estar tan deprimido. Ya estaba acostumbrada a escucharlo hablar consigo mismo o con nosotros de una forma muy positiva, sin importar la clase de problemas que tuviéramos. Pero, en aquel momento no había charla de ningún tipo. Su mirada estaba fija en el suelo y su semblante, antes serio, ahora estaba decaído. Verlo así me rompía el corazón, pues aunque a veces Darío me desesperaba o hacía enojar, no quitaba el hecho de que me soportaba y quería. Nunca se cansaba de recordarnos que nosotros, sus compañeros pokémon, éramos parte de su familia y no solamente mascotas.

    Auque sabía muy bien que, en su estado actual, no importaría lo que hiciera, mi entrenador estaría atrapado en su mente de científico y le sería imposible dejarla por un rato. Incluso parecía no percatarse de lo enormes que eran los edificios de la Ciudad a la que acabábamos de llegar. Muchos de ellos eran tan altos que me provocaban mareos al intentar vislumbrar su final. Y qué decir de las calles. Estaban atiborradas de otros humanos y sus compañeros pokémon, y todos parecían tan ocupados con sus propios asuntos que no se percataban de lo mismo que Darío en su extraño estado de ánimo. Pero me forcé a seguir su lento caminar, pues no quería alejarme de su lado. Probablemente nuestro nuevo lugar para vivir no estaría muy lejos.
    <<—Ojala ese otro humano no hubiera hecho esas cosas horribles—>> me dije a mi misma, meditando todo lo ocurrido mientras avanzábamos en la calle. Aquel Camerupt… actuaba demasiado extraño. No fuí capaz de comprender nada de lo que decía, cosa muy extraña ya que, como Swampert, debería de entender sus palabras. Y no importo cuanto lo intenté, simplemente me fue imposible. Darío mencionó antes que era algo llamado “control mental”. De existir, eso era algo muy cruel. La piel se me erizaba solamente en pensar en ello… No poder controlar mis acciones o incluso estar atrapada en mi propio cuerpo. Y también estaba Eoleo. Nunca antes lo vi tan derrotado y pequeño como en aquella cueva volcanica.

    Agité mi cabeza, en un intento de alejar los oscuros pensamientos y centrarme en mi entrenador.
    —¿Te encuentras bien, Jenna?— preguntó el humano pelirrojo, desviando su mirada a mi rostro. Por un breve momento su mente se vio liberada de sí misma y, en sus ojos, percibí el brillo de amabilidad y cariño que solían tener siempre.
    No le contesté. De cualquier forma no habría comprendido mis palabras. En lugar de usar mi voz, tomé con mi enorme mano su brazo, deteniendo nuestro avance y ladee la cabeza, intentando expresar mis pensamientos con mis acciones —¿Yo?— asentí lentamente —Yo estoy bien, Jenna. Gracias por preocuparte— su sonrisa hizo que su rostro se iluminara como las estrellas que comenzaban a aparecer en el cielo —Es Eoleo quién me preocupa… se niega a salir de su pokébal— y la luz antes mencionada se extinguío.

    <<—¿Cómo puedo animar a esos dos—>> pensé mientras estábamos caminando. Miraba a mí alrededor, en busca de alguna forma de conseguir convertir una cara triste en una cara feliz. Y entonces vi a un niño humano, llorando al lado de quién pensé era su padre. El pequeño tenía las rodillas completamente peladas, quizás en consecuencia de una caída. Mis instintos comenzaron a intentar hacerme salir corriendo para acallar el llanto del pequeño con cariño, pero unos segundos antes de que mis piernas reaccionarán, el padre le entregó al chico una especie de golosina color blanco, con un recipiente en forma de cono por debajo. Los llantos del pequeño disminuyeron mientras comenzaba a lamer el extraño alimento y, en unos instantes, las lágrimas se acabaron por completo para ser reemplazadas por risas. Luego el adulto limpió las rodillas de su cachorro y ambos se alejaron caminando, como si nada hubiera sucedido.

    —¿Sucede algo, Jenna?— preguntó mi entrenador, que estaba ya a unos cuantos pasos delante de mí. Recordaba que en repetidas ocasiones el científico ya nos había comprado un poco de ese extraño alimento. Frío y dulce, de distintos sabores. Me gustaba, pero no conseguía recordar su nombre —¿Quieres un helado?— ¡Eso era! ¡Helado! Si funcionó con el humano en miniatura, era más que seguro que funcionaría con Darío y Eoleo. Negué rápidamente con la cabeza y volví a situarme a su lado. Mi objetivo estaba tan claro como el agua de mis ataques: les prepararía algo de helado a ese par… El problema era que no sabía cómo hacerlo. Pero ya me las apañaría. Además, Terry, el Typhlosion que teníamos de compañero, sabía cocinar muy bien. Su comida era mi favorita. Si podía contactarlo con el aparato en la muñeca de Darío era más que seguro que lograría hacer algo delicioso.

    —¿Estás segura de que estas bien, Jenna?— insistió el de cabello color fuego —Estas actuando demasiado extraño, incluso para ti— ante aquel comentario me habría enfadado. Pero su preocupación era sincera, sobre todo luego de lo que nos hizo el otro científico llamado Domino. Me limité a agitar la cabeza, en un intento de contener la emoción que me provocaba mi auto asignada misión.
     
    Última edición: 19 Sep 2018 a las 01:36
  3. Yuki Tiger

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    Para cuando alcanzamos nuestro nuevo hogar temporal las estrellas ya estaban en el cielo, brillantes y atentas a todo lo que sucedía aquí abajo. No eran muchas, pues una vez Darío me dijo que los humanos intentaban bajar las estrellas del cielo y colocarlas en los edificios. El lugar estaba en un gran edificio con muchísimas puertas. Pero, a diferencia de los otros en los que antes estuvimos, los pasillos para acceder a nuestro lugar estaban por fuera de la construcción. Y gracias a eso era posible admirar el cielo. Torpemente, el pelirrojo introdujo la llave para abrir la puerta y me invitó a entrar primero. No había muchas cosas en el interior. Pude ver un par de muebles de madera y una enorme cama en el fondo. Además, otra puerta que debía ser el baño. El sitio para cocinar estaba ubicado en un pequeño hueco en la pared, decorado con una mesa y un par de sillas pequeñas. En resumen, era un lugar un poco más grande que el anterior. Seguramente podríamos caber incluso tres de los más grandes juntos sin estar apretados.

    —Por ahora iré a dormir, Jenna— me comentó el científico con voz agotada. Inclusos sus hombros estaban caídos. Distraídamente arrojó su mochila cerca de un sofá individual para luego avanzar con dirección a la cama sin molestarse en accionar el switch de la luz.
    <<—¡Espera!—>> grité, dándome cuenta de que me sería imposible contactar con el ratón ígneo por mi cuenta. Forzosamente necesita la ayuda de al menos un humano para hacerlo. Así que salté a la mochila de mi entrenador y saqué el traductor de bolsillo. Luego corrí al lado de Darío y se lo mostré amablemente.
    —¿Quieres decirme algo?— preguntó, tomando el aparato entre sus manos. Usualmente su curiosidad lo haría actuar de inmediato. Justo ahora se notaba que lo único que quería hacer era descansar. Asentí, energéticamente. Y sin hacer algún otro ademán, encendió el prototipo de traductor pokémon y lo apuntó en mi dirección.
    <<<—Hablar con Terry—>> pronuncié claro y alto. Ojala pronto el traductor no tenga un límite de tres palabras y pueda convertir frases enteras. Así la comunicación sería mucho más fácil.

    Y, cumpliendo su función, el invento arrojó mis palabras en su pantalla digital en el idioma de los humanos —¿Quieres hablar con Terry?— por un segundo pude notar la típica curiosidad de Darío en su voz. Volví a asentir, con paciencia —¿Por qué?— qué pregunta más ridícula. No podría reducir mi respuesta a solamente tres palabras, así que solamente alcé los hombros, en gesto de indiferencia —Está bien, déjame hacer la conexión— se quitó el brazalete que llevaba y lo colocó en la pequeña mesita. Luego presiono una serie de botones y del aparato surgió una pantalla holográfica. Ya sabía cómo funcionaba esa cosa y aun así nunca dejaba de impresionarme. En la pantalla apareció el rostro del padre de Darío. Unas enormes ojeras eran apreciables bajo sus ojos. Su cabello enmarañado era señal de que llevaba días sin dormir —Hola papá, buenas noches.

    —Darío, buenas noches. Me sorprende que llames a esta hora—
    comentó el adulto científico con una sonrisa cansada, pero alegre —¿Qué puedo hacer por ti, campeón?
    —¿Está Terry por ahí?—
    Me sorprendía que el padre de mi entrenador aún lo siguiera llamando con tal sobre nombre. Darío ya era muy grande como para ser llamado así, aunque no parecía importarle en absoluto. El humano de la pantalla holográfica volteó la cabeza, buscando y luego agitó su brazo, indicándole a alguien que se acercara —Ya viene de camino. Por cierto, te ves terrible, campeón. Espero que no trabajes demasiado.
    —No te preocupes papá, justamente estoy por hacer eso. Muchas gracias—
    y el papá de mi entrenador desapareció de la pantalla —Cuando acabes tu llamada, Jenna, presionas éste botón y el aparato se apagará— y señaló un botón del aparato con un dedo. Asentí una vez más. Y así, el agotado científico se fue a tumbar en la cama. Ni siquiera se molestó en envolverse con las sábanas. Simplemente se dejó caer en el suave colchón para cerrar los ojos.

    Momentos después la cara de un gran ratón de fuego apareció en el holograma.
    <<—¡Jenna!—>> exclamó Terry feliz y con muchas fuerzas <<—¡Cuánto tiempo sin verte.>>
    <<—Lo sé, Terry. Necesito tu ayuda para preparar un poco de comida—>>
    dije, yendo directamente al grano. Entre más rápido terminara el helado, mejor.
    <<—Qué interesante. Y dime, ¿qué es lo que quieres hacer?—>> el semblante del Typhlosion era el mismo que Darío adoptaba cuando algo le creaba curiosidad. Se notaba que él era el primer amigo pokémon que tuvo el pelirrojo.
    <<—Me gustaría hacer el mejor helado del mundo para subir los ánimos—>> comenté y me vi obligada a narrar todo lo acontecido en nuestro último periplo.

    <<—¡Es un desastre!—>> gritó Terry, visiblemente furioso. Las llamas de su espalda ardían con la misma furia que lo consumía <<—¡Si alguna vez llego a ver a ese sujeto de blanco, lo quemaré yo mismo con las llamas de mi espalda!>>
    <<—Por ahora lo único que nos debería de importar es nuestra familia, Terry—>>
    ni siquiera yo misma creía esas palabras. Tenía tantas ganas de golpear al sujeto como las que tenía Terry de quemarlo.
    <<—Es verdad. Entonces, desde aquí te iré enviando los ingredientes por el pokénav de Darío. Tú serás quien lo haga, así que tendrás que seguir mis indicaciones al pie de la letra—>> Ahora el roedor daba un aire de respeto y liderazgo.
    <<—Entendido, capitán—>> exclamé en broma, esperando las primeras indicaciones.
     
  4. Yuki Tiger

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    Pese a que las instrucciones de mi compañero pokémon de tipo fuego eran claras, precisas, y pensadas para alguien que no tenía experiencia alguna en la cocina, me fue imposible seguirlas al pie de la letra sin enfadarme y arruinarlo todo por ello. Me desesperaba que todos los aparatos que necesitaba emplear estaban diseñados para los pequeños dedos de los humanos, no para los de los pokémon. Mi principal desesperación constitía en ello, que mis enormes manos azules eran inútiles para el manejo de cosas tan pequeñas. Uno solo de mis dedos presionaba varios botones a la vez, entorpeciendo el proceso y en ocasiones arruinándolo por completo. Gracias a Arceus Darío aparentemente tenía el sueño pesado y Terry me mandaba todo con los aparatos de comunicación que utilizaban los entrenadores.

    Las dulces mezclas fallidas en el suelo despedían un agradable olor, lo que me ayudaba un poco a relajarme y recuperar la compostura. Incluso Terry se estaba desesperando por mis continuos errores. Su expresión ya no poseía la alegría y diversión de hace unos momentos. En su lugar, su rostro dejaba ver claramente su frustración.
    <<—Sabes, creo que deberías de despertar a Darío para que te ayude a hacer el helado—>> comentó el enorme roedor luego de un profundo y exagerado suspiro. Entre sus patas había un frasco de mantequilla, el cual se negaba a entregarme por la alta probabilidad de que me volviera a equivocar.
    <<—¡Pero ya casi lo tengo!—>> exclamé, reprimiendo las ganas que tenía de arrojar la pequeña mesa por los aires <<—Solamente debo de tener más cuidado con los aparatos de cocina…>>

    <<—Jenna, creo que estás cometiendo el mismo error que nuestro entrenador y Eoleo—>>
    la imagen holográfica parpadeo por unos segundos debido a una interferencia de señal. Pero luego de volver a la normalidad, Terry ya estaba de brazos cruzados mirándome directamente con sus ojos llenos de paciencia y comprensión.
    <<—No entiendo a qué te refieres, Terry—>> grazné un tanto fría. No me gustaba que aquel ratón de fuego intentará sermonearme, sobre todo cuando mis intenciones eran cien por ciento buenas. Pero la verdad que podía ver reflejada en la expresión de su rostro provocaba que desviara la mirada casi inconscientemente. Muy en el fondo sabía muy bien a que se estaba refiriendo, pero no quería demostrar debilidad ante quién podría considerar mi superior.
    <<—Lo más valiente que uno puede hacer cuando tiene problemas es pedir ayuda, Jenna—>> y tal como pensé, sus palabras atravesaron mi corazón como un par de filosas cuchillas. Me vi obligada a contener un sollozo por la frustración ya no solo del helado, sino de todo lo que había ocurrido en el volcán <<—Sé que no quieres hablar de eso, y está bien. Pero ahora mismo lo que necesitas es estar con Darío y Eoleo, no alejarte de ellos buscando escapar de tus emociones con la excusa de intentar hacer algo por ti misma—>> el tono de su voz fue tan comprensivo y amable que, por más que lo intente, no pude reprimir una lágrima. Esta escurrió por mi impermeable mejilla hasta caer silenciosamente en el suelo.

    <<—Yo… pude haber hecho más, Terry. Pero no fui capaz—>> dije mirando el suelo. Luego de aquella solitaria lágrima comenzaron a surgir muchas más. Llegó un momento en el que mi espalda comenzó a precipitarse por mis sollozos <<—Si fuera más fuerte… esto no habría pasado. Eoleo no estaría como está y Darío tendría su humor de siempre…>>
    <<—No es así, Jenna. Diste todo lo que tenías y gracias a eso no acabo peor. Puede estar orgullosa de eso—>>
    ”¡Cállate ya, maldita sea!” me daban ganas de gritarle a mi amigo tipo fuego, pero, por la honestidad que acompañaba sus sinceras, duras y amables palabras, no fuí capaz.

    <<—Hyauu!—>> grité cuando sentí como alguien me abrazaba por la espalda. El pequeño salto que pegué resultó en un desastre total. Todos los ingredientes que tenía en la mesita terminaron en el suelo y por poco también el aparato de comunicación.
    —Perdóname Jenna. No me di cuenta de que tú eras la más afectada de la misión— la suave voz de Darío inundó mis oídos. Su cálido abrazo eliminaba la sensación de tristeza que hace unos segundos me estaba consumiendo —Sé que debes de estar culpándote y diciendo “pude hacer más”— ¿acaso mi mente era tan transparente? Pero no era momento de pensar en ello, pues mi entrenador estaba sollozando al igual que yo —Déjame decirte que eso no es correcto. Lo diste todo y gracias a ti y a Alex fue que logramos salir del volcán enteros— con cuidado, el humano pelirrojo se separó del abrazo y colocó una de sus manos en mi hombro.
    <<—¡Cállate de una vez, tú, estúpido desperdicio de espacio!—>> le grité a mi amigo humano, a mi protegido, a mi familia para lanzarme a sus brazos y derribarlo en el sucio suelo. Y así, rompí en llanto, recargando mi cara contra su pecho.
    [...]

    —¿Intentabas hacer helado, Jenna?— me preguntó el científico luego de que ambos dejamos salir nuestras emociones reprimidas. En su rostro ya estaba presenté de nuevo su habitual seriedad, con la única diferencia de que ahora sonreía. Asentí en modo de respuesta —A Eoleo le encanta el helado, así que es una excelente idea. Déjame ayudarte...— exclamó, mirando el sucio suelo, luego sus manchas ropas y finalmente mis manos, que estaban completamente sucias y pegajosas por los intentos fallidos de preparar helado. La cara de Terry en la proyección holográfica mostraba satisfacción y felicidad.
     
  5. Yuki Tiger

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    Ahora con Darío el método de hacer helado fue bastante más efectivo, aunque mucho más caótico. Terry daba las instrucciones y, como el aparato de traducción solamente podía cambiar tres palabras, el pelirrojo se veía bastante limitado. El ratón de fuego incluso llegó a desesperarse mucho más que cuando me estaba dando indicaciones a mí. En ocasiones, le quitaba al humano la caja de ingrediente que tenía entre sus manos para agregar por mí misma, pues no sabía que estaba intentado decir su primer compañero pokémon. Incluso en repetidas ocasiones, ambos nos vimos enfrascados en pequeñas disputas por tomar un frasco de vainilla o una barra de mantequilla para agregarlas a la mezcla, y terminaban con ambos sosteniendo el ingrediente y soltándolo al mismo tiempo. En algún momento incluso agregamos por accidente ingredientes que no eran necesarios… entre ellos una pizca de sal. Pero el caos era tal que no podíamos empezar la receta desde el principio.

    Y así, luego de aproximadamente otras dos horas de trabajo, el helado estaba listo para congelarse. Y gracias a Arceus el resto de las pertenencias de mi entrenador llegó a la habitación, incluyendo su pequeño refrigerador para conservar los alimentos. De esa forma solamente debíamos de esperar hasta el día siguiente para intentar ahora animar a nuestro otro compañero de equipo. Finalizamos la llamada de Terry, no sin que antes nos deseara mucho éxito, y luego nos alistamos para ir a dormir. El de cristal en su ojo me comentó que ya había comprado unos grandes colchones para que pudiéramos dormir fuera de nuestras pokeball, pero que, con el cambio de ciudad, tardarían un poco en llegar. Y cómo en su pequeña cama no podía dormir uno de nosotros, me pidió disculpas. Así que regresé al transporte esférico, pero con el corazón ahora libre de parte de la carga que lo apresaba con violencia.
    [...]

    Cuando salí de la pokéball ya era de día. La luz del amanecer ya se colaba por la venta. El aroma de la habitación era neutral, como solían oler lugares que estaban en desuso. No pasaría mucho tiempo antes de que los olores de libros viejos, comida viaja y grasa se hicieran presentes. Nada más aterrizar en el suelo estiré mis brazos y mi espalda, que crujieron de forma agradable. La expresión feliz de Darío fue lo que realmente me hizo salir del mundo onírico. En sus manos tenía el recipiente donde estaba el helado que me ayudó a hacer el día anterior.
    —¿Quieres probarlo primero?— tomó una cuchara de la pequeña mesita, tomó un poco de la golosina helada y me la ofreció. Su embriagante aroma a dulce me hizo salivar y su color azul claro me recordaba al cielo despejado. Lamí el resultado de nuestro arduo trabajo y me vi envuelta en un gran contraste de sabores.

    Por un lado, el helado estaba dulce y sabía a vainilla. Y por otro, un ligero toque salado sorprendió mi paladar. Confundida por el gran contraste, estuve a punto de escupir la golosina. Pero luego de percibir el toque fresco y frío de la golosina el sabor se hizo tolerable e incluso delicioso.
    —¿Qué tal quedó?— preguntó el humano, algo impaciente y preocupado por mi expresión anterior. No dije nada, pero señalé a la otra cuchara en la mesa. Acto seguido, el humano también le dio una probada al helado. Su reacción fue diferente, pues pareció disfrutar de su extraño sabor desde el principio, cerrando los ojos para dejarse llevar por el contraste dulce y salado —Delicioso y curioso a la vez. Estoy seguro de que le encantará a Eoleo.

    Esa era la prueba de hierro. Que mi idea y nuestro trabajo ayudarán al deprimido cerdo de fuego, pues es quién tenía más remordimientos de nuestro último periplo. Así que mi entrenador tomó la ball del porcino. Antes, esté se había negado a abandonarla, por lo que el pelirrojo comenzó a hablar antes.
    —Eoleo, tenemos una sorpresa muy especial para ti, sal de ahí, por favor— y arrojó la ball dentro del cuarto. Al principio, el aparato permaneció inmóvil en el suelo. Pero luego de un par de minutos, finalmente el ser en su interior decidió abandonarlo.

    La expresión triste de Eoleo no había cambiado en lo absoluto. Sus llamas estaban muy bajas, al igual que sus orejas, y sus hombros estaban caídos.
    —Eoleo, Jenna tuvo la excelente idea de preparar esto para ayudarte— el porcino no respondió.
    <<—Eoleo—>> dije y el Emboar movió las orejas <<—Nada de lo que pasó en esa cueva fue tu culpa.>>
    <<—Yo… casi ataco a mi entrenador—>>
    espetó el deprimido sin levantar la mirada del suelo y sin escuchar las palabras de nuestro entrenador. Parecía estar a punto de romper en llanto, pero, al igual que yo ayer, se resistía.
    —Deja salir lo que sientes, Eoleo— comentó con una tierna voz el musculoso humano mientras le acariciaba la mejilla a su compañero tipo lucha. El gesto fue tan adorable que el congelado corazón del cerdo calculador se derritió inmediatamente. Primero una tímida lágrima recorrió el camino hasta las llamas de su cuello, dejando una estela de humo cuando esta se evaporó. Y seguido de eso, otro y otra más. El llanto de mi compañero era silencioso y orgulloso. Tenía los ojos cerrados con fuerza y aceptaba distraídamente el delicado contacto de la mano de Darío.
    <<—Sé que no es mucho, Eoleo—>> comenté mientras colocaba mi mano en su espalda, la cual estaba dura como la piedra gracias a su constante entrenamiento <<—Pero hice, con la ayuda del inútil de ahí, este helado para ti. Espero que te guste.>>

    <<—¿D-de verdad es para mí?—>>
    con sus enormes patas el de tipo fuego se limpió las mejillas. Asentí y le ofrecí el recipiente con la delicia helada. Con su hocico pareció evaluar el alimento. En sus ojos pude detectar el mismo brillo alegré que en el cachorro de humano de ayer. Y cuando le dio una probada con una de sus patas, su expresión fue digna de fotografiarse. Al igual que yo, primero se sintió desconcertado por la diferencia de sabores y luego, cuando se acostumbró, simplemente no podía dejar de lamer el dulce de su pata <<—¡Esto está deliciosamente extraño!>>
    —Jenna se esforzó bastante en hacerlo, espero que te gust… ¡Huff!—
    de la nada, el recipiente de helado término en el suelo, pues ambos brazos del fortachón porcino se extendieron para tomarnos al pelirrojo y a mí en un agradable abrazo. Nuevamente las lágrimas hicieron acto de aparición en el rostro de Eoleo, que ahora estaba ruborizado. Algo en la forma en que me miraba me aceleraba el corazón y me hacía no querer separarme de su lado.
    <<—Gracias… muchas gracias… no pude tener una mejor familia—>> al sorber por su hocico, Eoleo hacia un sonido gracioso que rompía por completo la ternura del momento.
    —De nada— espetó Darío sin tener que usar el traductor. Y así pasamos otros minutos más, juntos, antes de levantar el bote de helado y devorar lo poco que se salvó de tocar el suelo.

    Al final, los tres acordamos en llamar a ese sabor de helado “helado salado casero de Jenna”.


    Ya está finalizado everydayeveryday /owo/ Me encantó escribir así. Creo que desde ahora escribiré casi todas las labores así :3 Y me gustaría modificar un poco la personalidad de estos dos proximos tortolitos:
    Jenna/Swampert: Tan bipolar como si de dos pokémon diferentes se tratara. Por un lado Jenna es más dulce que un bocadillo de fresa, llenando de caricias, atenciones, mimos e incluso besos a su entrenador tanto como a sus compañeros de equipo; al estar de este buen humor también la convierte en alguien sobreprotectora, tanto como una madre que protege a sus hijos, pues la invade la rabia cuando observa que alguien que aprecia se encuentra en peligro. Y por otro lado, Jenna posee un lado bravucón y grosero que suele surgir cuando se enoja; cuando está de mal humor ignora completamente a cualquier pokémon o humano, a excepción de Darío a quien le encanta hacer la vida imposible con travesuras y a Eoleo, a quién recurrirá para usar cuál saco de boxeo o para buscar un poco de cariño. Pero detrás de dicho comportamiento se escondé algo más profundo, pues cuando el cerdo igneo está cerca de Jenna, está intentá hacer gala de sus habilidades y sus cuidados maternales.

    Eoleo/Emboar: Meticuloso, calculador y perfeccionista. Eoleo es la clase de pokémon que quiere hacer todo bien en su primer intento. Cuando llega a fracasar siempre recurré a Jenna, quién se ha convertido en su principal confidente, con quién puede charlar, practicar e incluso comparti un poco de cariño. Todo ello le ayuda bastante en los combates, pues es capaz de analizar la situación e incluso preveer las indicaciones de su entrenador antes de que este se las diga, sobre todo cuando su compañera acuática está presente. Le encanta el helado, sobre todo la receta que desarrollo Jenna de "helado salado". Y al igual que la Swampert, un extraño sentimiento que intenta comprender ha empezado a desarrollarse en su corazón, que le ocasiona ponerse nervioso cuando Jenna se le acerca.
     

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