Dije que hablaría de las violaciones, pero es un tema tan extenso que tendré que dividirlo. Hoy hablo de las acusaciones de violación falsas.

El de la imagen es Naofumi, de Tate no Yuusha no Nariagari. Buena historia. Spoiler: le puse ahí porque no sabía qué imagen podía representar el concepto “violación falsa”, hasta que me acordé de él.

Sí, hay acusaciones de violaciones falsas. Pero tranquiliza saber que ocurre muy raramente. 1 de cada 10 casos según la estadística más alarmante. 1 de cada 100 según la más optimista. Claro que hay machistas que dirán que es mayor. Es su misoginia la que habla, pero sí puede que sean más y que por un mal trabajo policial no se detecten. Pero en esa estadística no entran las muchas violaciones que no se denuncian por miedo de las víctimas o no se apuntan por incompetencia de la policía. Hay que decir que muchas de estas violaciones falsas pueden ser verdaderas, pero se registran de este modo por la policía, cuando no pueden o no quieren investigar un caso por incompetencia.

Las causas son muy variadas. Las hay que mienten sobre haber sido violadas por la fama que acarrea ser víctima o para cobrar el dinero de un seguro. Muchos temen ser falsamente acusados por estas estafadoras, pero en muchos casos no señalan a un hombre en concreto, si las basta solo con decir que fueron violadas para cumplir su plan. Pero sí hay casos de mujeres que denuncian a sus novios como venganza por algún desliz o que son descubiertas con sus amantes y fingen haber sido violadas en vez de admitir que engañan a sus parejas. Un informe del Departamento de Policía de Los Angeles señala dos casos muy especiales: mujeres sin hogar que fingen haber sido violadas porque así reciben cuidados médicos que no se pueden permitir y pueden serles necesarios para sobrevivir y padres de adolescentes que tuvieron sexo consentido que las dejó preñadas que prefieren decir que fueron violadas para salvar su honor. Nótese que la propia policía descubrió que estas “violaciones” eran falsas.

En general, la policía fracasa en manejar muchos de estos casos. La historia más ridícula que leí sobre este tema es la de una chica que molestaba a un chico, llegando a pegarle bofetadas. Cuando este la apartó, sin hacerla daño, empezó a chillar “¡Violación!”. Un policía que estaba cerca le placó sin hacer preguntas. Por suerte, hubo testigos que le salvaron de inmediato. Pero hay casos más desafortunados de hombres inocentes que fueron acusados de crímenes que no cometieron. Los machistas culparán al feminismo por plantar en la sociedad la idea de que hay que creer siempre a las mujeres porque no pueden mentir, pero es obvio que los culpables son las mujeres que acusan falsamente y la propia policía por no hacer bien su trabajo.

Si se hace bien, el proceso de investigación de una supuesta violación no debería tocar al supuesto violador. Basta con centrarse en la supuesta víctima y en ver si fue realmente violada, pues esa es la base. Se la hace un examen físico, buscando heridas que indiquen sexo forzoso y agresión, así como ADN que comparar; se la toma declaración, donde destacan ciertos detalles si es inventada; y se miran otros detalles, como lugar y hora, testigos o la colaboración de la susodicha. Si se hace bien, como en toda investigación, se sabe fácil cuando una miente y cuando dice la verdad. Si se hace bien.

Las falsas acusaciones de violaciones esconden una realidad más compleja de lo que se cree. No temas tanto de que te acusen falsamente de cometer una violación. Según las estadísticas que vi, es más probable que te acusen de crímenes aún más graves, como robos o asesinatos. Hay gente peligrosa por ahí, pero la policía es más peligrosa aún. Lo lamento por el hombre que sea acusado falsamente de cometer una violación, pero también lo lamento por las mujeres que son violadas de verdad y cuyos violadores quedan impunes.

Siguiendo esta línea, la próxima entrada será sobre las mujeres que violan hombres.
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