+18 Original Fic Abigail -FINAL-

I-AM-ROSY!!

O-O¬ Baton pass!!

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La región templada de Norwich parecía ser un sitio algo aburrido para la mayoría de las personas, no obstante, para Leonor, era un sueño hecho realidad, visitar el hogar donde su querida madre nació, poder conocer a su tía a quien en sus quince inocentes años no había visto, así como alejarse de lo concurrido que era Londres, sin dudas, un viaje perfecto para una joven que se quería mantener al margen de planes de matrimonio o familia como sus amigas ya lo pensaban. Para la madre de Leonor, no era muy agradable el viaje, tenía sus motivos por los cuales no volver a su hogar natal, pero, esa valiosa mansión era una herencia compartida con su hermana menor, a la cual, debía de convencer para venderla.

La jovencita, asomaba su cabeza por la ventana del carruaje, disfrutando del paisaje boscoso del camino, mirando a lo lejos esa gran casa de paredes de color cobrizo y grandes chimeneas, nunca pensó que ese lugar fuese más grande de lo que alguna vez le contó su madre, sin dudas, habría mucho que conocer y explorar, ya que, para alguien tan peculiar y avispada como lo era Leonor, conocer el mundo, era su pan de cada día.


- Mamá ¡Es hermoso! ¿En verdad ahí vivías de niña? -


- Sí, sigue tan viejo como cuando me fui de aquí.
- Habló la mujer suspirando y golpeando suavemente la madera del coche. - Ernest, ve con más cuidado por favor, me duele un poco la cabeza con tanta sacudida del carruaje. -

- Entendido. -


- Se ve todo tan lindo. -


- No asomes la cabeza por la ventanilla, ya no eres una niña, compórtate, Leonor. -


- Perdón, mamá.
- Rio la chica metiéndose al coche. - Es la primera vez que venimos, estoy emocionada. -

- Lo sé, pero eso no significa que debes de comportarte así, mantén el porte. -

- Está bien… ¿Y esa otra mansión que está hacía allá? ¿Son vecinos de mi tía? - Señaló Leonor mientras el carruaje seguía su curso.

- No lo sé, le pertenecía a los Mellot, pero no sé de ellos desde que me fui. -


- Nadie vive ahí desde hace cinco años, el último dueño de la casa fue el señor Jonathan Mellot, quien se trajo a vivir a su esposa Miriam Keine, conozco sus nombres porqué yo solía traerles víveres desde Cambridge. -


- ¿Y se mudaron? ¿O por qué dice que fue el último dueño? -


- Nadie sabe bien que ocurrió en esa casa, pero fue bastante serio como para que nadie la quiera reclamar, unos dicen que el señor enloqueció y otros que su esposa, cual sea el caso, el velador de sus caballerizas dijo que escuchó gritar al señor y a la señora, cuando corrió para saber que ocurría, vio a Jonathan en el suelo, al parecer, había caído de las escaleras, y a su esposa, en el segundo piso, descuarti… -


- Ernest, no cuentes cosas de mal gusto a mi hija. -


- Perdóneme señora.
- Contestó el hombre dirigiendo su mirada al frente.

- Que horrible… -



El carruaje se detuvo frente a la mansión vieja, Ernest bajó para abrir la puerta y ayudar a bajar a madre e hija, para después, sacar las maletas de la cajuela. Leonor estaba emocionada, de cerca, la mansión parecía un palacio, era enorme, aunque se veía muy antigua, seguía viéndose elegante, imponente y mística, para su madre, era una molestia, después de diecisiete años, volver a su casa le traía nauseas, al punto de tapar su nariz para evitar sentir alergia por tanto polvo.


- Parece como si nadie limpiara la entrada en décadas. -
Habló la mujer tapando su nariz con un pañuelo.

- En realidad, la limpiaron la semana pasada, pero, hubo tormentas muy fuertes en estos días que levantaron mucho polvo. -




Una bella mujer rubia, de ropas elegantes, de unos treinta años aproximados, recién salía de la mansión, con una pipa fina en su mano. La madre de Leonor frunció una ceja por la presencia de esa mujer, aunque sus vestimentas hacían creer que podía ser alguna mujer recatada, sabía que no era así, ya que, su hermana no era alguien social y su “condición” le hacía ser alguien que solamente podía permitirse cierto tipo de interacción.


- Buenos días, has de ser Bellia, Noir me habló de ti. -




- Buenos días, sí, me sorprende que mi hermana hable de mí.
- Sonrió la mujer mostrándose más simpática que antes. -Eso me hace muy feliz, vamos hija, preséntate. -

- Buenos días, me llamo Leonor Hansen. -



- Encantada de conocerte, me llamó Isabelle, permíteme decirte que eres muy linda, sin duda, sacaste la belleza de tu madre. -

- No es para tanto. -
Rio Bellia tratando de no incomodarse por la presencia de esa chica. - Dime ¿Eres amiga de mi hermana? -

- Digamos que soy su asistente, sabes que a ella no le gusta salir de esta mansión, así que yo le ayudo con pendientes en la ciudad. -


- Así que ahora se les dice, asistentes. -


- Todas buscamos como subsistir, no todas tenemos la fortuna de cazarnos con un empresario ferroviario. -


- Mi hermana te tiene mucha confianza como asistente para contarte cosas de la familia.
- Sonrió la joven madre de cabello platinado, tocando el hombro de su hija. - Hija, dile a Ernest que deje nuestras cosas en la sala, luego yo las llevaré a una habitación. -

- Entendido, mamá. -



La jovencita corrió al interior de la mansión, sorprendiéndose más por el interior. Mientras le explicaba al hombre donde dejar las maletas, Leonor alcanzó a escuchar unos suaves pasos por la escalera central, volteando a ver la procedencia del sonido, mirando a una hermosa mujer de piel pálida y cabello negro, tan preciosa y al mismo tiempo, con un aire de tristeza en su mirada cansada.


- Me retiro, señorita Leonor. -


- Gracias señor Ernest, mi madre le pagará por sus servicios.
- Sonrió la jovencita al hacer una leve reverencia al hombre por su trabajo.

- Ernest, por favor, lleva a Isabelle a la ciudad, ella trae dinero para pagarte el viaje. -




- Con mucho gusto, señorita Noir. -


- ¿Noir? ¿Tú eres mi tía Noir?
- Preguntó Leonor con alegría al ver y escuchar a esa bella mujer de voz apagada.

- Sin dudas, te pareces a Bellia. -


- En verdad que no cambias, ni siquiera bajaste a recibirnos. -
Dijo la hermana llegando a la casa, tomando de los hombros a su hija. - Leonor, ella es tu tía, Noir. -

- ¡Encantada de conocerte, tía! -


- El gusto es mutuo…
- Contestó Noir suspirando para luego, darse la vuelta y caminar a la cocina. - Estaba a punto de recibirlas, seguro tienen hambre, les serviré algo de comer. -

- Hija ¿Podrías llevar nuestras maletas al segundo piso? Tú habitación será la que yo tenía, es la tercera a la derecha, dejas mi maleta en la habitación del ala izquierda, la primera. -


- ¡Si, mamá! -



Mientras Leonor tomaba las maletas y subía a las escaleras lentamente, Bellia caminó rápidamente hacía su hermana, quien servía con mucha paciencia, una sopa con un rico aroma en unos platos elegantes. La hermana mayor, parecía no estar contenta, sus ojos cobrizos se mostraban enojados, cosa que Noir no le prestaba atención y seguía sirviendo el desayuno en el comedor. Al terminar de poner el último cubierto, volteó a ver a Bellia, quien le miraba de manera reprobatoria y de brazos cruzados.


- ¿Qué ocurre? -


- ¿No tienes vergüenza? No sólo no nos recibiste en la entrada, tuvimos que encontrarnos con esa prostituta en la entrada. -


- No es una prostituta, Isabelle es una agradable y fiel cortesana, no te permito que la insultes cuando es la compañía más agradable que tengo. -


- Prostituta, cortesana, es lo mismo.
- Señaló la hermana a Noir quien le miraba fijamente. - Más vale que mi hija no vea tus depravaciones, o en verdad me molestaré. -

- ¿Y qué harás? Ya suficiente tengo con ser olvidada por la familia ¿O no? -


- Te correré de esta mansión. -



Esas palabras calaron en Noir, cambiando su rostro frío por uno temeroso, junto a unas manos temblorosas que se acercaban a su pecho, como si fuese una retracción para sentirse protegida. Bellia suspiró al notar esa reacción esperada de su hermana, lo único que parecía estimar en su vida era aquella casa, por eso, más que amenazarla, tenía que buscar una manera de convencerla de dejarla y llevarla a la ciudad, donde podrían “curar” sus gustos morbosos.


- Noir, no vine a pelear contigo, quiero que reconsideres lo que te he escrito en las cartas, ven conmigo, aún estás en edad para buscar un buen hombre, en hacer familia, olvidarte de eso. -


- No, no lo entiendes, no soy como tú, no quiero irme de aquí. -


- Mira que mi hija está feliz con la idea de que vivas con nosotras ¿Acaso piensas romperle el corazón? ¿Acaso no te alegró conocerla? -


- Algo… Me recuerda a ti. -
Contestó la morena mientras miraba a su hermana con su mirada apagada. - Dejemos el tema para otro día ¿Sí? Tuvieron un viaje largo. -

- Está bien, pero, es una promesa, lo retomaremos otro día, ahora, déjame voy por esta niña, seguro se puso a ver todos los cuartos, esa curiosidad la sacó de su tía, tú te portabas como ella a su edad. -


- No lo creo. -



En el segundo piso de la mansión, tal cual dijo la madre, Leonor corría por las habitaciones, abriendo cuarto tras cuarto, era como si esa casa no tuviera fin de lo enorme que era, había tanto por explorar que, sin dudas, no se aburriría en la semana que estarían ahí, tendría mucho que contarle a su padre al volver de sus aventuras en la mansión de Norwich. La jovencita, se detuvo en uno de los corredores, mirando directamente hacía una puerta muy rara, al abrirla, vio que había unas escaleras, tal vez, iban al primer piso, por lo que decidió bajar y sorprender a su mamá por encontrar ese pasaje.


- Está casa es grandiosa, es como un laberinto.
- Pensaba Leonor mientras bajaba las escaleras, notando un aroma en el ambiente. - Huele a flores y agua ¿Acaso será un jardín? ¡Si, un jardín! -


La chica bajó las escaleras más a prisa, logrando atinarles a sus sospechas, en medio del ala izquierda de la mansión, con los corredores alrededor de él, había un gran jardín, con un pequeño pasillo en el medio y un puente, por debajo del mismo, una pequeña corriente de agua cristalina corría, tal vez, algún manantial propio de la casa para tener agua siempre. Leonor estaba anonadada, la belleza de ese lugar le hacía pensar que su tía amaba las flores, ya que lucían en perfecta armonía, alineadas creando hermosos patrones y su cuidado era ejemplar, al menos, había encontrado un tema para platicar con ella. Pero, no todo era alegría, algo no cuadraba, el ambiente en esa zona especifica de la casa, parecía algo oscura, al levantar la mirada, el cielo antes azul lucía nublado, apagando poco a poco la luz del Sol, todo tan fuera de lo natural.


- Que raro, juro que pensé que hoy sería un día muy soleado. -
Pensó Leonor bajando su mirada lentamente, sintiendo la piel erizarse por algo inesperado.


Frente a Leonor, una figura femenina se erigía en medio del puente, soportando apenas el viento que se arremolinaba en el jardín, de piel pálida casi transparente, de vestido negro que le recordaba al de las gitanas y un cabello blanco, lo más inusual en esa presencia, eran sus pies descalzos, una cadena en su tobillo que no parecía tener final y unos ojos color ámbar, tan brillantes como la luz que liberaba el candil de su mano.



- Volviste. -


- ¡Leonor! ¿Dónde estás? -


Leonor escuchó el grito de su madre que provenía desde las escaleras por donde bajó, volteando para ver si ella no bajaba, al volver su mirada hacía donde estaba esa chica, ya no había nada, era como si lo que vio fuese parte de su imaginación. La chica lentamente subió por las escaleras, sin dejar de mirar hacía atrás, pensando en lo que vio, cerrando la puerta con cuidado para que no supieran que bajó sin permiso a ese lugar, para luego, correr a su cuarto antes de que su madre la descubriera.


- ¡Leonor!
- Gritó la madre entrando varios segundos después que su hija, que trataba de no evidenciar su agitación. - ¿Qué no me escuchas? Llevo rato diciendo que bajes a desayunar. -

- Ya voy, mamá… Oye, mamá ¿Mi tía ha vivido sola todo este tiempo? -


- Sí, solamente Ernest que ha trabajado para la familia desde que tengo memoria, es quien le sirve yendo y viniendo desde Cambridge, y parece que ahora le hace compañía su pu… Su asistente.
- Corrigió la mujer antes de ser altisonante. - Vamos, baja rápido, luego desempacas. -

- Está bien. -



Antes de salir de su habitación, Leonor miró hacia la ventana, seguía soleado, no tenía sentido, hace unos minutos, el cielo estaba nublado, como si la noche acechara con llegar más temprano, aunque, eso era lo de menos ¿Quién era esa chica que vio? ¿En verdad vio a alguien?









oAo así empieza este fic de misterio y terror por este jaladoween, más que un fanfic original, lo puedo considerar un fanfic como tal, ya que está inspirado en los álbumes conceptuales Abigail y Abigail II, de uno de mis artistas favoritos, King Diamond, el maestro del black metal y quien trajo el terror y horror de los clásicos del género literario y más allá al metal. :3 Les dejo está grandiosa canción, toda una obra de culto, para ambientarles en esta historia.


 
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Merry Yuri X-mas~
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Justo me preguntaba por qué le habías puesto "fanfic". Bueno, está bastante buena la atmósfera y creo que los personajes están bien presentados. Sólo recuerda: no spoilerssss jajaja.
 

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Dos




Leonor pasó el transcurso de la tarde limpiando el cuarto de su madre y el propio, no fue necesario pedírselo, a ella le gustaba ayudar, sentir que de una u otra forma, apoyaba a su familia con cosas tan sencillas como la cocina o el aseo, esos detalles hogareños y su belleza similar a la de su madre, la había convertido en una de las chicas más cortejadas de Londres, pero, su madre era exigente y no permitiría que cualquiera desposara a su hija, así que al menos le quedaba un año de libertad juvenil.

La joven, pensaba en poder descansar un rato leyendo aquellos libros recién desempolvados que había en su habitación, pero, le tomó por sorpresa que fuese llamada a cenar, apenas se estaba retirando la tarde, era muy temprano para cenar, quizá, así estaba acostumbrada su tía, o tal vez, era una hora muy tarde y el paisaje le estaba engañando. Al bajar las escaleras y ver hacía las ventanas de la sala, se dio cuenta que era como pensó, ya estaba anocheciendo, era como si estar en esa casa le hiciera perder la noción del tiempo, parecía que la estaba pasando tan tranquila lejos de la ciudad, que las horas pasaban volando.


- ¿Qué tal la casa, Leonor? -


- Es hermosa, tía.
- Contestó la joven tomando asiento en el comedor, mientras veía a su tía tomar té, manteniendo esa mirada adormilada y sombría. - Aunque, le falta un poco de iluminación ¿No crees? Podrías mantener las ventanas abiertas por la mañana y así disfrutar de la luz del Sol. -

- Pero entraría el aroma de las flores y detesto su perfume. -


- Leonor ¿Qué te he dicho? En la mesa, nada de platicas, primero, come. -


- Perdón. -
Respondió Leonor pensando en las palabras de su tía. - Si detesta el aroma de las flores ¿Por qué tiene un jardín tan bonito? -


La cena transcurrió en silencio, un silencio muy incómodo para la jovencita, que disfrutaba de las platicas con su papá a la hora de comer, aunque a su madre no le agradara que lo hicieran. Tras concluir los alimentos, su tía se dirigió a la sala con un caminar algo torpe, no la vio tomando alcohol como para creer que estuviera ebria, por lo que, decidió acercarse a ella para sujetarla pensando que se caería.


- Gracias. -


- Tía ¿Te sientes bien? -

- No es nada. - Suspiró Noir, sentándose con ayuda de su sobrina en el sofá. - Me siento algo agotada. -

- Tu tía sufre de mareos desde niña, los doctores dicen que es por qué su corazón late despacio. -


- ¿Acaso no es malo eso? -


- No me pasará nada, solamente, debo de cuidar lo que como y caminar un poco para que mi corazón se agite un poco. -


- Por eso deberías de venir con nosotras, estar sola en esta mansión, lejos de buenos médicos y una mejor atención te tiene así. -


- Estaré bien, además, Isabelle viene a cuidar de mí y sabe un poco de medicina porque su papá fue doctor y le enseñó un poco. -


- Isabelle, Isabelle, le tienes mucha confianza a esa fur… A esa mujer.
- Corrigió Bellia al recordar que su hija estaba presente. - Leonor, vete a tu cuarto. -

- ¿Estará bien mi tía? -


- Lo estaré, anda, haz caso a tu madre. -


Leonor subió por las escaleras lentamente, mirando por su hombro a su tía que respiraba pausadamente, así como a su madre, abrazando a su hermana menor y frotándole suavemente su espalda. Aunque su mamá era muy estricta fuera de lo amigable que era ante los demás, se notaba que cuidaba mucho a su tía, no entendía como es que se habían distanciado tanto, y no quería entrar en detalles para incomodar a quien apenas conoció.
Bellia esperó a que su hija ya no estuviera a la vista, para seguir conversando con su hermana, no sin antes, tratar de relajarla, seguramente, todo el polvo levantado por la limpieza le habría hecho daño y ella no lo había comentado.


- ¿Te sientes mejor? -


- Sí… Gracias. -


- Noir, no quiero ser grosera, pero, eres una necia, ya estuvieras mucho mejor si vivieras conmigo en Londres. -


- Estoy bien aquí, es mi hogar. -


- ¿Tu hogar? Vives sola, no tienes nadie con quien conversar, ni siquiera estás interesada en contraer nupcias, toda esta soledad te hace daño. -


- Ya te dije, no estoy sola, tengo a Isabelle, de seguro, no tarda en venir. -


- ¿En verdad confías tanto en esa chica? ¿Acaso no sabes que te quiere por tu dinero? -


- ¿No es lo mismo por lo que me quieren los hombres?
- Respondió la hermana menor mirando con incomodidad a Bellia. - Solamente por eso me cortejan, quieren el dinero de nuestra familia, la casa. -

- No sólo eso, eres una mujer muy bella, Noir, desperdicias tu tiempo con esa… -

- ¿Esa qué? Si tanto te molesta ella, no debiste de haber venido. -

- Perdón… Mira, sé que tenemos nuestras diferencias, pero, eres mi hermana menor y quiero lo mejor para ti. -


- Entonces ¿Por qué insistes en verme así como lo haces? -


- Es qué, no es normal, no puedes sentir gusto por las mujeres, es algo sucio, inmoral. -


- Entonces, lo soy. -



Ambas hermanas voltearon al escuchar el golpe de la puerta principal, Bellia se levantó del sofá para ver quien podría ser a esas horas de la noche, creyendo que podría ser Ernest con algún mensaje de su esposo. La sorpresa de la mujer fue notoria cuando abrió la puerta, esa rubia de la mañana estaba ahí, frente a ella, con el cabello suelto y una maleta pequeña en mano.


- Buenas noches. -


- Buenas noches ¿Qué haces aquí? -


- Isabelle. -
Alzó un poco su voz suave la dueña de la mansión, parándose poco a poco.

- Noir ¿Te volviste a sentir mal? -


- No es nada. -


- No te levantes. -
Dijo la rubia corriendo hacía la morena, volviéndola a sentar, tomándole de su muñeca para tomar su pulso. - ¿Caminaste mucho hoy? -

- No es nada, te lo juro. -


- Espera, recuéstate un poco y te prepararé una infusión. -


- Yo te ayudo. -



Tanto Isabelle como Bellia fueron a la cocina, más que nada, la hermana quería cerciorarse de que esa mujer no planeara algo malo, pero, le sorprendió que, en verdad, la rubia parecía tener conocimientos médicos, usando ampolletas y varios instrumentos para asegurarse de no agregar demasiado de cada ingrediente natural y oliendo el insumo para comprobar que estuviese listo.


- ¿Me puedes pasar una taza y un pañuelo limpio? -


- Dime ¿Cuánto tiempo has frecuentado a mi hermana? -


- Cinco años. -
Hablaba la rubia mientras servía con cuidado el té y lo cubría con el pañuelo.

- ¿En verdad eres su amante? O solamente estás por su dinero. -


- ¿Crees que es importante eso ahora? -


- No quisiera que mi hermana se contagie de algo por revolcarse con una puta. -


- No vuelvas a decirme eso, Noir ha sido mi primera y única cliente, y desde que la conocí, solamente he estado con ella.-


- No pensé que hubiese prostitutas que se ofrecieran a mujeres. -


- No soy una prostituta.
- Contestó Isabelle mirando con algo de molestia a Bellia. - Había pensado serlo, por qué necesitaba dinero,tu hermana llegó a la posada donde estaba ofreciéndome por primera y única vez, y ella me pidió mis servicios, nunca pensé que lo que me pediría era que estuviera una noche a su lado, para no sentirse sola. -

- ¿Y por eso te aprovechas de ella para sacarle dinero? -


- Noir tenía razón, sólo piensas en el dinero, trabajo como su asistente, ya te lo había dicho. -


- Una puta bien vestida no deja de serlo. -


- No es momento para discutir, tu hermana se siente mal. -



Isabelle dejó atrás a Bellia, para auxiliar a Noir. Aunque la hermana mayor no le creía del todo su historia, parecía que esa chica era inofensiva, por lo menos, en verdad le preocupaba la condición de Noir, fuese o no una ramera, no la quería cerca de su hija, no quería que Leonor viese las desviaciones de su tía y que pudiese contagiarle ese torcido gusto.

Sin que Bellia lo notara, Leonor espiaba asomando su mirada entre la baranda del segundo piso, sintiéndose alegre por ver que su tía estaba siendo atendida por su amiga, pero, algo inesperado sucedió, la joven, vio como aquella rubia, sujetando el rostro de su tía, le brindó un beso cariñoso, uno que hizo que su madre volteara a otra parte, era un beso similar al que su padre le daba a su mamá, sin dudas, algo muy extraño. La chica decidió regresar a su cuarto, pensativa por lo que acababa de ver, no era normal que una mujer besara así a otra, tal vez, la noche le había jugado una fantasía.


- Tal vez, le estaba dando algo con la boca.
- Pensaba Leonor al caminar hacia su habitación, notando algo raro. - ¿No era está mi habitación? -


Leonor intentaba abrir la puerta, pero no podía, se quitó la llave que traía colgando de un collar improvisado con un listón, nada, no se abría, intentó con otra puerta, nada, era tan extraño, pensó en bajar y preguntarle a su mamá, pero era más importante que cuidaran de su tía que una simple llave. La joven volvió hacía las escaleras, pensando que tal vez se confundió de corredor, pero no era así, tuvo que regresar y nuevamente batallar con las puertas ¿Se había equivocado de llave? El sonido de un goteo captó su atención, había una puerta que no intentó abrir, aquella que llevaba a ese jardín, la curiosidad le carcomía, no pasaría nada si lo intentaba. Caminó poco a poco sin hacer ruido hasta esa puerta, insertó la llave, la giró y un clic le hizo notar que estaba abierta, pensó en cerrar, pero, ese goteo se hizo presente nuevamente ¿Estaba lloviendo?

Quizá fue la curiosidad, quizá, no tener otra opción, o el misticismo que rodeaba a esa llave, lo que fuese que movió los pies de Leonor, ella empezó a bajar lentamente por las escaleras, llegando a ese precioso jardín que vio por la mañana, asombrada por la gran Luna que iluminaba aquel escenario natural. En medio de ese sitio, como si fuese parte del paisaje, se encontraba aquella joven del candil, con lágrimas en los ojos, esas lágrimas causaban ese sonar de goteo al golpear el suelo, tan profundos como las gotas chocando sobre el metal.


- Hola ¿Quién eres? ¿Trabajas para mi tía? -


- Ella… Me está olvidando.
- Susurró sin voz esa chica, era como si le hubiese hablado directamente al oído. - Bellia… Volviste. -

- ¿Hola? ¿Quién te está olvidando? ¿Conoces a mi mamá? -

-Me está olvidando… Tengo miedo… No quiero estar sola. -

- ¿Puedo ayudarte? -


Leonor sintió un escalofrío cuando esa chica volteó a verla, con esos ojos color ámbar que parecían perforarle el cuerpo, aquella figura se acercaba a ella, pero no podía moverse, su cuerpo no respondía, la piel se le hizo papel por los nervios al ver como esa chica atravesaba su ser, desvaneciéndose. Una humedad empezó a surgir en la vagina de la joven, se había orinado del susto ¿Acaso era un espectro? En cuanto sus extremidades le obedecieron, salió corriendo, subiendo las escaleras, casi cayéndose más de una vez, logró llegar de nuevo a su habitación y olvidando el detalle de la llave, pudo abrir la puerta como si esa llave fuese siempre la correcta, cerrando de golpe y apretando su pecho al sentir su corazón latiendo a mil por hora.


- ¿Qué fue eso? ¿Quién es ella?... Mamá… Mamá debe de saber.
- Pensó la chica levantando su pijama, viendo con vergüenza sus pantaletas bañadas en orina. - Dios, dime que no fue lo que pienso que es, por favor. -












chanchanchan o3o
 

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Tres





Leonor no podía dormir, seguía con los escalofríos de aquello que vio en el jardín, no sabía si decírselo a su mamá o a su tía, por qué significaría confesar que se metió en un lugar sin permiso y seguro se enojaría mucho su madre. Las horas pasaban, el reloj de la pared le causaba mayor nervio, se levantó para tomar un vaso de agua más, a pesar de tantas veces que ya había ido a orinar por el estrés, notando que ya no tenía agua en su jarra y tendría que bajar a llenarla. Con mucho cuidado y miedo, decidió aventurarse a salir de su cuarto, estando en confianza de que, al haber luna llena, la iluminación de la casa le permitía saber a dónde dirigirse. Con mucho cuidado, caminó por el segundo piso para no hacer ruido, teniendo que pasar por la habitación más cercana a las escaleras, que era la de su tía. Antes de poner un pie en el primer escalón, un sonido le hizo voltear, la puerta de esa habitación estaba ligeramente abierto, era un quejido, quizá, su tía estaba agotándose, tal vez, también ocupaba un poco de agua, la joven, creyendo en que su tía ocupaba ayuda, se asomó, sorprendiéndose al ver que estaba pasando. En el interior del cuarto, Noir, estaba recostaba boca arriba, desnuda, con las manos estiradas apretando las sabanas y piernas dobladas y separadas, mientras que, entre ellas, el rostro de Isabelle se hundía en su zona intima, por el sonido que emitía, parecía que le estaba besando ahí, al mismo tiempo que sus manos acariciaban los senos medianos de su amante.

Leonor estaba impactada, era la primera vez que veía a dos personas hacer el acto de amor, pero, era inusual que su primera vista de aquello fuese entre dos mujeres, los dos preciosos cuerpos, el delicado, delgado y pálido ser de su tía, siendo el manjar de aquella curvilínea y sensual rubia, que hábilmente usaba sus dedos en la vagina de Noir, arrancándole gemidos suaves. La joven quiso dar un paso atrás, al pensar que había visto demasiado, fue cuando su mirada se cruzó con la de esa mujer, que solamente le sonrió y subió sus labios por el vientre de su tía hasta llegar a sus pezones para lamerlos. La citadina bajó rápidamente las escaleras, llenó su jarra con agua y corrió hacia su habitación, cerrando con cuidado de no golpearla ¿Qué acababa de ver? ¿Qué estaban haciendo esas dos mujeres? En la escuela nunca les explicaron eso, sólo sabía que una mujer entregaba su cuerpo a un hombre para consumar su matrimonio y tener familia, que “eso” del hombre iba en “aquello” de la mujer, pero ahí, su tía y su amiga estaban tocándose, haciendo cosas que parecían ser demasiado obscenas e incomodas. Leonor, a sus quince años, poco comprendía que existía otro tipo de amor, del cual, muchos se ofendían por considerarlo enfermizo, y su tía, amaba de esa manera.

A la mañana siguiente, la jovencita trataba de mantenerse tranquila en la cocina, mientras ayudaba a su mamá a cocinar, si algo le había enseñado ella era a no ser una molestia al visitar otros hogares y ayudar un poco. No sabía si tomar ese tema con su mamá, seguro, ella podría molestarse, pero, era algo importante ¿O no? Se trataba de su hermana menor, de su tía, y de algo que podía afectarle ante la sociedad. La joven dio un brinco al ver que, en la sala, Isabelle y su tía ya estaban sentándose, ya con lo visto la noche anterior y ver la manera en como esa rubia trataba a Noir, es cuando empezó a darse cuenta de algo, ellas no eran amigas, se trataban como si fuesen “novios”.


- Mamá, sobre mi tía y esa mujer. -


- ¿Ya te diste cuenta, verdad?
- Dijo la mujer mientras picaba la carne cocinada. - Tu tía es una desviada. -

- ¿Una desviada? -


- Así es como le llamó el doctor que la atendió hace unos años, cuando ella insistía en que no le gustaban los hombres, sino, las mujeres. -


- ¿Fue eso porqué dejaste de quererla? -


- Yo nunca he dejado de quererla, es mi hermana menor y la amo como lo único que me queda de mi familia, pero, eso hizo que tus abuelos se sintieran asqueados por ella, de ahí que cuando tu abuelo murió, tu abuela no se molestó en convencerla de venir con nosotras a Londres. -


- ¿Tan malo es? -


- Claro que lo es, es insano y contra de la naturaleza, está condenándose al infierno cada vez que se acerque a esa mujer.
- Contestó Bellia continuando con la comida. - Hazme el favor de no cruzar palabras con esa, aunque le agradezco que cuidara de tu tía, no deja de ser una … Una cualquiera. -

- Está bien, mamá. -



A los minutos, Leonor ayudó a servir la comida en la sala, lugar donde prefería comer Noir para recibir más aire entrante de todas las ventanas. La chica se mantuvo en silencio, pensando en lo que le dijo su madre y lo que vio anoche, todo le daba vueltas, no sabía en que concentrarse, en el espectro, en ver a su tía y su amiga en ese encuentro o los detalles del tipo de vida que llevaban ellas alejado de la gracia de Dios. Tras acabar la comida, se dieron el momento para bajar los alimentos con un poco de té preparado por Leonor, quien intentaba relajar la tensión que se notaba entre las presentes, era claro que su mamá toleraba a esa mujer, era como si su presencia le molestara mucho ¿Tan malo era que fuese tan cercana a su tía?


- Dime, Isabelle ¿Qué opinas de que quiero llevarme a mi hermana a Londres?
- Dijo la mujer para romper el hielo del momento, viendo como esa rubia dejaba su taza elegantemente en su reposa tazas.

- Algo necesario, no es la única que le ha insistido en que debe de vivir en un lugar con mejores médicos y mayores cuidados, aunque sé un poco de medicina, no significa que pueda hacer mucho por ayudarla. -


- Me alegra que estés de acuerdo conmigo.
- Contestó Bellia con una sonrisa sincera, sirviéndose más té. - Empiezas a agradarme más, Isabelle. -

- Noir está enamorada de esta casa, pero, no entiende, que de nada le sirve quedarse aquí si solamente se la pasaba encerrada, de las pocas veces que la llevo al pueblo, termina agotada y me preocupa que, si sigue así, se la pase en cama. -


- No pasará eso, estaré bien. -

- Vamos, Noir, si hasta tu… Tu asistente te insiste en que lo mejor para ti es viajar a Inglaterra, con nosotras. -

- No quiero, por favor, dejen este tema. -
Respondió Noir mostrando un rostro algo molesto, por lo que, las dos decidieron dejar de hablar.

- Tía ¿Por qué no te quieres ir a otro lugar? ¿Está bien que te la pases sola? -


- Solamente, quiero estar aquí, es mi casa, aquí nací y aquí quiero morir. -


- Sé que no te llevas bien con tu hermana, con respeto a ella que este aquí presente, pero, debes de escucharla, me gustaría que te valorara un medico y puedas atenderte. -
Habló Isabelle tomándole la mano a Noir, mientras Bellia volteaba a otro lado para no mirarla.

- No pensé que te preocuparas tanto por mí. -


- Por lo mismo que me preocupo por ti, sé que lo mejor para ti es dejar esta casa. -


- ¿Segura que no se pusieron de acuerdo?
- Preguntó Noir mientras Bellia volvía su mirada hacía su hermana menor.

- ¿De acuerdo en qué? La única que parece no entender la necesidad de alejarte de esta casa eres tú, hasta parece que esta casa es la que te está debilitando, mírate, estás pálida cuando siempre te veías hermosa con tus mejillas sonrosadas que tenías. -


- No sé que decir… Pero, me gusta esta casa… ¿Me disculpan? Iré al baño. -



Noir se dirigió al baño lentamente, dejando a Isabelle en compañía de sus familiares, quienes no decían nada. La rubia le sonrió un poco a Leonor, quien se sonrojó al recordar lo visto, cosa que no le pareció a su madre ya que pensaba que lo mejor para su hija era mantenerse alejada de esa mujer sucia.


- ¿Por qué mi tía insiste en quedarse? -


- No lo sé, yo he querido convencerla que lo mejor para su salud es vivir en el pueblo, donde por cualquier emergencia un doctor pueda atenderla, pero, como verán, se cierra a la plática. -


- Sí logras convencerla de salir de esta casa, no me importa si es otro lugar que no sea Londres, podría tolerar que seas… Su asistente. -
Repuntó la mujer mientras Isabelle soltó una leve risa.

- No busco su aprobación, a ella tampoco le importa, solamente, quiero que esté bien. -

- Eres muy obstinada para la clase de mujer que eres. -


- ¿Clase? ¿Aún cree que eso debería de importar? La clase es algo tan frágil, tan inútil, mis padres se preocupaban demasiado por eso y no supieron manejar la riqueza que tenían, de ahí que una joven como yo tuvo que arriesgarse para buscar sobrevivir, sino fuera porque Noir me tomó como su asistente, no sabría que sería de mí. -


- Entonces, usted está agradecida con mi tía. -


- ¡Leonor! ¿Qué te he dicho de meterte en conversaciones de mayores? -


- Perdón. -
Dijo Leonor tapando su boca mientras Isabelle se reía y miraba su cigarro, pensando si fumar aprovechando que no estaba presente Noir.

- Es una niña encantadora. -


- Sí, por eso mismo, no quiero que… -


Iba a hablar la mujer, cuando escuchó que alguien empezaba a toser fuertemente, la primera en correr fue Leonor, que su juventud le impulsó a subir por las escaleras, pensando en que su tía estaba teniendo algún tipo de crisis, pero no esperaba verla como la encontró, Noir, estaba contra la pared, tratando de respirar, aunque algo parecía sostenerla, entre parpadeos, logró ver algo, era esa figura que vio el día anterior en el jardín. Al escucharse las pisadas de las mujeres subiendo por las escaleras, esa imagen desapareció, fue cuando reaccionó Leonor, para sujetar a su tía quien estaba estornudando.


- ¡Tía! -


- ¿Estás bien? -
Preguntó Isabelle sujetando entre sus brazos a Noir quien no paraba de toser.

- ¿Qué paso, Leonor? -


- Yo… No lo sé. -
Contestó la chica sin tener palabras para explicar lo que pasaba.


Entre Isabelle y Bellia llevando a Noir a su habitación, dejando confundida a la joven, que al ver hacia el fondo del pasillo atrás de ella, logró de nuevo ver aquella imagen reflejada en un espejo, esa chica, que mostraba una mirada molesta, contrario a la calmada que tenía antes.


- ¿Quién eres? ¿Por qué atacaste a mi tía?
- Susurró Leonor dando un paso atrás.

- Me está olvidando, me está olvidando… Bellia, volviste. -



Aquel espectro, nuevamente se desvaneció, Leonor no sabía que ocurría, pero, se había decidido, tenía que descubrir que estaba pasando en esa casa, ya que, la salud de su tía parecía depender de eso.









oAo!!
 

Merry Yuri X-mas~
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Voy en el capítulo 2 y suena a que la mamá se tocaba sus cositas con ese fantasma jaja.


En otras cosas, Wolfie está incomunicado por los efectos del huracán Willa pero está bien y en unos días regresará a poner yuri por acá :3
 

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Sigamos :3/ Ya todo bien librados de la contingencia, gracias a Kissu por avisar.



CUATRO





Leonor revisaba a su tía, quien dormía tranquilamente en su habitación, su “crisis” había pasado y ahora descansaba, era un momento en que ella se sentía agradecida de que Isabelle estuviera ahí y sus conocimientos médicos asistieran a su tía, pero, sabía que no era algo relacionado a su condición, aquel espectro de ojos color ámbar fue quien la atacó, y tenía que averiguar por qué, no por buscar hacer justicia, sino, por el bienestar de la dueña del hogar.

La joven bajó rápidamente a la sala, donde Isabelle servía algo de té a su mamá, que se había alterado al ver en tal estado a su hermana menor, parecía que por ese instante se le había olvidado que esa mujer era la amante de Noir, solamente importaba su mejoría.


- ¿Cómo está tu tía?
- Preguntó Bellia bebiendo de su taza con las manos temblorosas.

- Ya se durmió y su respiración se calmó. -


- Que bueno, si gusten, pueden descansar mientras yo cuido de ella. -


- No es necesario, es mi hermana y quiero cuidar de ella. -

- Mamá, sé que no es momento para preguntar cosas que no son, viendo como está mi tía, pero ¿Conoces a alguna chica como de mi edad con ojos color miel que viva cerca? - Cuestionó Leonor haciendo que Bellia golpeara su taza con el plato de reposo.

- ¿De color miel? -


- Sí, creí ver a una chica sujetando a mi tía, creo que fue una visión. -


- ¿Un intruso? Mejor le mandaré un mensaje a Ernest.
- Habló Isabelle asustada. - Tal vez fueron ladrones, le pediré que venga cuanto antes. -

- ¿Pero como le avisará si él esta en el pueblo? -


- Tu tía usa palomas mensajeras, las tiene en el tejado. -



Isabelle subió velozmente por las escaleras, sujetando su vestido, mientras Bellia dejaba su taza y se ponía de pie, mirando fijamente a su hija que estaba esperando por una respuesta, por la cara molesta de su madre, era obvio que sabía algo.


- ¿Cómo era esa chica? -


- Tenía el cabello de un rubio muy claro, casi blanco, unos ojos color miel y vestía ropas de gitana. -


- Abigail. -
Susurró la madre sorprendiendo a su hija. -

- ¿Abigail? -


- No, no es posible, seguramente viste a alguien más y estabas asustada, tu mente te debió jugar una treta. -


- Mamá ¿Quién es Abigail? ¿Por qué dices que no es posible que fuera ella? -


- Por qué hace más de veinte años que no sabemos de ella.
- Respondió la madre dejando helada a Leonor. - Cuando tenía trece años y mi hermana diez, esa chica vino con su familia, unos gitanos que buscaban un lugar para vivir y algo de trabajo y alimento, tus abuelos les permitieron quedarse en las cercanías de nuestro terreno y su familia trabajó un tiempo para nosotros. -

- ¿Por qué no sabes de ella? ¿Se fueron o le pasó algo? -


- Su familia se fue justo después de que ella… Ella desapareciera.
- Hablaba Bellia volviéndose a sentar y tomando de nuevo su taza, mientras su hija estaba atenta a la historia. - Nunca la encontraron, algunos sospechaban que se fue con algún posible amante, otros dicen que decidió buscar su propia suerte, lejos de la comunidad gitana. -

- ¿Por qué no me hablaste de ella antes? -


- ¿Por qué te hablaría de la servidumbre? Esa chica solamente convivió de cerca con Noir, yo no soy como tu tía que le gusta relacionarse con gente de poca clase. -



Toda esa historia le causó más intriga a Leonor ¿Por qué esa chica atacaría a Noir si era su amiga? Tal vez, no supo que era su tía, o había algo más. Pasó la tarde tranquila, pero, no hubo algún momento en que la joven pudiera ir a la habitación de su tía, todo el tiempo su madre o Isabelle estuvieron cuidándola, por lo que le decían que no era necesario más personas presentes en el cuarto para no estresar a su tía, así que no tenía otra solución, esperar a la noche y buscarla.

La noche llegó, lo supo por el ruido enloquecedor del reloj que marcaba las diez de la noche, hora que sabía que era más que seguro que todas estuviesen dormidas. Con mucho cuidado, salió de su habitación, evitando hacer el menor ruido posible, sin llevar algún candil para no ser descubierta y poder esconderse, dirigiéndose únicamente con la luz de la Luna llena. Al llegar a la puerta que daba al jardín, se quitó la llave que llevaba colgada en su cuello y con nervios, no lograba encajarla para abrir, hasta que, al sujetar su mano con la otra, abrió la puerta, cerrándola en silencio al entrar.

Los escalones se veían más pequeños que la última vez, quizá, por el susto de ese día, no logró ver bien como era aquel lugar, bajó poco a poco, por el aroma de las flores, supo que el sitio era real, ese jardín estaba ahí, sin lugar a dudas. Leonor caminó con lentitud por el puente que estaba en medio de aquel bello jardín, sujetando su pecho donde escondía un rosario, pensando que era la única arma en contra de un ser malvado, si es que era malo.


- Abigail… Abigail.
- Susurraba Leonor sintiendo sus pies temblar, al notar que las nubes empezaban a cubrir la Luna y se estaba oscureciendo. - Abigail… ¿Te llamas Abigail? -


Leonor dio un brinco al escuchar como varias ventanas se reventaban, pero, tenía que aguantar el miedo, si ese espectro era real, tenía que averiguar porque atacaba a su tía, su deseo de ayudarla la mantenía de pie, con una fuerza tan grande como la que usaba para apretar el rosario.


- Abigail…Me llamo Leonor, soy sobrina de Noir, mi mamá dice que desapareciste ¿Te paso algo? ¿Por qué estás lastimando a mi tía? ¿No eras su amiga?
- Preguntaba Leonor escuchando como las demás ventanas de alrededor se reventaban en cadena. - ¿Por qué lastimas a mi tía? -


Hubo un silencio tras romperse el último cristal y la oscuridad lograba llegar por completo, tan oscuro estaba que la joven no podía ver ni su mano frente a ella. El silencio se rompió al escuchar un goteo, un goteo lento y profundo, unos goteos que le llegaban al corazón, haciéndole palpitar. Una luz tenue empezó a iluminar poco a poco frente a Leonor, una pequeña llama flotaba delante de ella y detrás de la misma, unos ojos color ámbar brillaban por la luz, siendo lo único que podía ver, pero, sabía que era ella.


- Abigail ¿Eres Abigail? -


- Me está olvidando, me está olvidando. -


- ¿Quién te está olvidando? ¿Mi tía? ¿Por eso la lastimas? -


- Bellia… Volviste. -


- Solamente repite lo mismo.
- Pensaba Leonor sin saber como sacarle palabras más allá de lo que había escuchado, pero, una pregunta la sacó de su mente.

- Bellia… ¿Dónde estuviste? -


- Yo… Yo no soy Bellia. -

- Tu cara… Tu voz… Bellia ¿Por qué me mientes?... Eres tú. -

- No soy Bellia, ella es mi mamá, yo soy Leonor. -
Hablaba Leonor pasando saliva al ver que esa llama y esos ojos se acercaban al punto de tenerlos a escasos centímetros, como si buscara observarla mejor.

- Bellia… ¿Por qué? -


- ¿Por qué? -


- Me está olvidando… Me está olvidando… -


- ¿Quién te está olvidando? -


- Ella… Ella me amaba, lo sabes, lo sabes… Ella me está olvidando.
- Susurraba esa voz que bajaba de intensidad, casi como si estuviera llorando.

- Mi… Mi tía… ¿Noir? -


- ¿NOIR? -
Alzó su fuerza esa voz de repente, casi como un chillido que hizo que Leonor tapara sus oídos. - ¡NOIR! ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE? -


El chillido era más y más penetrante, tan fuerte como uñas tallando el vidrio, Leonor volteaba para todos lados tratando de ver una esperanza para salir de ahí, sentía que la cabeza le iba a explotar por ese sonido tan alarmante. Entre voltear y voltear y apretar sus orejas, la jovencita logró ver una pequeña luz azul con cierta altura respecto a ella, era la luz de la luna que escapaba por debajo de la puerta donde entró. Tratando de recordar el camino, corrió lo más que pudo, tropezándose más de una vez, y al voltear, se dio cuenta que ese espectro la seguía sin parar de preguntar un porqué. Golpeándose más de una vez en las escaleras, Leonor logró salir de la habitación, cerrando con la llave y regresando a su habitación, ya sin importarle que pudiese ser descubierta.


- Noir… Mi… Mi tía… Esa cosa…
- Pensaba Leonor tratando de organizar sus ideas, lo único que se le venía era una idea. - Mi tía ¿Acaso tuvo algo que ver con esa chica? -

- No me olvides… No me olvides. -



El miedo de la jovencita volvió a recorrer su cuerpo, al ver que, frente a ella, estaba nuevamente aquel ser, cuando intentó reaccionar, sus piernas y manos no se movían, era como si una energía extraña la detuviera de cualquier acción posible. Quería hablar, quería gritar, pero su voz no salía, solamente, podía ver como ese espectro subía sus manos por su cuerpo, tocando sus caderas, su cintura, sus senos, hasta llegar a su nuca, sujetándola. Las lagrimas de Leonor empezaron a emerger, cuando aquello se acercó y se prendió a su boca, su primer beso, estaba recibiendo el primer beso de parte de algo que no sabía que era en realidad, pero, la sensación de sus labios, era tan real, que más le causaba miedo. Por más que quería detenerla, apartarla, huir, no podía, sus extremidades parecían tiesas, mientras la lengua de aquella aparición se abría paso en su boca, causando que sus lágrimas aumentaran.


- Te amo… -



Fue lo último que escuchó, la imagen desapareció y su cuerpo se aflojó, desplomándose al suelo lentamente, mientras ella tallaba sus labios tratando de limpiarlos, llorando por lo que había pasado, se sentía sucia, violada, aquel monstruo que atacó a su tía ahora le había tocado, y aunque fue superficial, bastaba para incomodarla gravemente. Tras limpias sus lágrimas, fue cuando Leonor entró en uso de razón ¿Te amo? ¿A quién se lo dijo? ¿Amaba a su tía? O… Por la confusión que tuvo, no, no podía ser posible, era ilógico, pero, ese ser la confundió con su madre, acaso ¿Hablaba que su madre y ella…?











REQUETECHANCHAN OAO!
 

Merry Yuri X-mas~
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Ahora voy en el capítulo 3 y me gustó eso del fantasma que ataca gente :3 Y no sé por qué pero me da la impresión de que Noir ya está muerta jaja (aunque si así fuera quizá el fantasma no la habría atacado).
 

Merry Yuri X-mas~
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Ya llegué al capítulo 4. Quedó genial jaja, el misterio de a quién ama Abigail (ahora sí me parece un poco confuso, sobre todo no entender por qué parece odiar a Noir).
 

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u3u Esté capítulo está participando en el reto Ocean´s Seven Tsurugu Strait de Kissu Kissu




CINCO



Nuevamente el no poder dormir, los temblores y espasmos recorriendo su cuerpo, Leonor estaba con miedo, con terror, esos susurros le golpeaban la cabeza una y otra vez, te amo, te amo, palabras huecas y sin sentido por alguien que desconocía la historia de ese espectro, de aquel lamento que tenía relación con el pasado de su madre y su tía ¿Ellas sabrían que es lo que estaba ocurriendo? La joven se levantó, decidida a hablar con su madre, pero, un tintineo le desorientaba, ese tintineo seguía por las escaleras, hasta el vestíbulo, como si fuese una señal para seguirla.

Aunque ya era noche y era la única despierta, se armó de valor, encendió un candil pequeño y decidió bajar con cuidado, notando que el tintineo seguía por fuera de la casa. Abrió la puerta poco a poco, sintiendo su espalda erizarse por el ruido del viejo perno. No había nada afuera, al menos, eso creía hasta que vio esa figura fantasmal de Abigail internándose hacía el bosque. Corrió hacía ella, tenía que confrontarla, saber que estaba ocultando, era tan ingenua que no se daba cuenta que entraba a un lugar desconocido, del cual, ya no supo por donde andar, empezando a temblar de pánico al escuchar los árboles agitarse por el viento y el sonido de las ramas quebrándose.

Algo le hizo encaminarse en cierta dirección, como si una voz le dijera por donde pisar, no sabía por cuanto tiempo caminó, hasta que llegó a una casa dañada por el tiempo y la naturaleza, recordando lo que dijo su madre, la familia de Abigail vivió dentro del bosque, seguro, esa fue su casa. Leonor pasó saliva y se atrevió a acercarse, mirando por las viejas ventanas, sin lograr ver algo, fue cuando su sangre se enfrió, había algo ahí, por los peluches y la ropa, era el cuarto de una joven. Los ojos de la joven se centraron en la cama polvorienta, sin saber por qué, fue cuando chispazos en su mente le llegaron, esa cama empezaba a sonar como si fuese golpeada contra la pared, gritos sin voz, uno, dos, tres hombres con silueta conocida, y después, sólo una chica sobre otra, sentía los apretones del cuerpo, mordiscos, la suciedad, la cama rechinaba más fuerte, hasta que el miedo pudo más y Leonor salió corriendo, lo más que pudo, hasta que se tropezó con las raíces de un árbol cercano a su casa. Cuando se intentó poner de pie, una humedad le alarmaba, una sensación líquida en sus pezones y su vagina, las cuales, lentamente descubrió tras su camisón, estrellándose sus ojos y tapando su boca antes de gritar, ya que había algo rojo en sus zonas íntimas, ahora entendía algo que había sufrido Abigail y nadie supo de seguro, ella había sido violada.
 

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oAo Sigamos, estamos a 2 capítulos de terminar está historia.




SEIS




Leonor no podía volver a su cuarto, sus piernas le temblaban antes de subir las escaleras, apretaba su puño y tapaba su boca al sentirse asqueada, era como si sintiera en carne propia aquella depravación por la que pasó Abigail, por más que intentaba moverse, el ardor en su piel, su sangre hirviendo le causaba tanto dolor que sentía que iba a desfallecer. Su voz estaba oculta, quería gritar, pero, no podía, solamente pudo golpear la pared de madera, tratando de alarmar a alguien, nada, la fortuna pareció sonreír, al ver que una pequeña flama se paseaba por el segundo piso. La figura de su tía fue iluminada por la poca luz que daba esa vela, la mujer había bajado a tomar un poco de agua, ya que no quería molestar a Isabelle, la cara pálida se le aclaró más al observar a su sobrina, casi cayendo al suelo.


- Leonor ¿Te sientes bien? ¿Qué haces abajo? -


- Tía… A…A… Abi… Abi… -
Trataba de hablar la joven mientras su tía bajaba, asustándose por ver la imagen de ese espectro detrás de ella. - ¡Tía, corre! -


A mitad de las escaleras, la imagen de Abigail estaba presente, y sin usar mucha fuerza, empujó a Noir, quien al pesar tan poco, cayó abruptamente contra el piso, quedando inconsciente, con sangre en su frente. El grito de Leonor se escuchó por toda la casa, pensaba lo peor, a cuestión de segundos, ese ser desapareció, justo al momento en que su madre y la amiga de su tía corrían, asustándose por lo que veían, mientras Leonor caía sobre el suelo, llorando de impotencia.


- ¡NOIR! ¡Despierta, despierta, amor! -
Gritaba Isabelle quien corrió y sujetó en sus brazos a Noir, tocándole el cuello. - Aún tiene pulso. -

- ¡Hija, dime, que paso! ¿Por qué dejaste que mi hermana saliera a tomar agua sola? -


- ¡Yo no sabía, si no fuera por qué gritó Leonor no me entero que salió del cuarto! Leonor, que viste, por favor, dinos. -


- Abi… Abigail. -


- ¿Abigail? ¿Quién es Abigail?
- Preguntó Isabelle mientras la madre de Leonor ponía una cara de espanto.

- ¿De qué estás hablando, Leonor? -


- ¡Fue ella, yo la vi, vi que empujó a mi tía! -


- ¿De quién está hablando? -


- ¿A qué hora llegará Ernest? Ya debería de estar aquí. -


- ¡Se escuchan los caballos! -


- Isabelle, llévate a mi hermana al medico más cercano, no importa cuando cobre.
- Habló Bellia que mostraba un rostro serio.

- Está bien. -


- Hija, vete con ellas. -


- ¡No, no me iré, no te puedo dejar a solas con ella! -


- ¡Haz lo que te digo!
- Exclamó la madre subiendo las escaleras a prisa mientras Isabelle cargaba en sus brazos a Noir.

- Leonor, ve por unos abrigos y mi maleta, por favor, ahí tengo ropa para nosotras. -


- Si. -



Leonor ayudó a Isabelle a cargar a Noir al carruaje, por la cara de Ernest, era claro que estaba atemorizado el señor. Tras acomodarla dentro del coche, la jovencita se bajó y se acercó al anciano, que tallaba su barba y bigote con cierto temblor en sus manos.


- Ernest, por favor, vámonos rápido.
- Dijo Isabelle sujetando la frente herida de Noir con un pañuelo. - Leonor, sube. -

- No, no puedo dejar a mi mamá sola, señor Ernest ¿Qué tiene? Está muy callado. -


- Mis caballos se pusieron nerviosos desde que entramos a los terrenos de la familia, y por un segundo creí ver a una gitana en medio del bosque, tal vez, la edad ya está jugando con mi mente. -


- ¡Ernest! -


- Perdón, señorita, suba. -


- No, ya dije, tengo que buscar a mi mamá. -


- Está bien… Volveré por ustedes en cuanto deje a la señorita en el hospital. -
Habló el señor empezando a mover su carruaje, dejando a Leonor en la entrada de la puerta.

- Debiste irte… -



La piel de la joven se erizó en la espalda al escuchar esa voz gutural y al mismo tiempo delicada, volteando lentamente, para encontrarse con la imagen de Abigail, quien le miraba fijamente con sus ojos color ámbar. Leonor tenía miedo, más miedo que nunca, pero, tenía que ser fuerte, tenía que enfrentarla, más ahora, que había intentado lastimar a su tía.


- ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué quieres matar a mi tía? ¡Ella no te hizo nada! -


- Yo no le haría daño a Noir… Era como mi hermana menor... Solamente la mantengo a salvo de lo que pas.
- eHabló fluidamente aquel espectro que antes se limitaba a sólo unas cuantas palabras.

- ¿A salvo? ¡Casi la matas! -


- Es por su bien… Debo alejarla de ella… De ti. -


- ¿De mí? ¿De qué estas hablando? -


- Debo alejarla de su hermana, su hermana no es quien ella cree… Bellia ¿Por qué? ¿Por qué te olvidaste de mí?
-Divagaba el ser, dejando más confundida a Leonor, quien corrió al interior de su casa para buscar a su mamá.

- ¡Mamá, mamá! -



La chica corrió por toda la casa, sin encontrar a su madre, solamente le faltaba un sitio donde buscar, el jardín, aquel jardín donde vio por primera vez a Abigail, no tenía otra opción, debía ir, corrió hacía esa puerta, abriéndola y bajando por las escaleras rápidamente, con el corazón al límite, deteniéndose en los últimos escalones, al ver a su madre en el centro del jardín, fue cuando algo no cuadraba, empezaba a recordar cosas que no había vivido, la vida de quien estaba intentando advertirle de algo.


- Parece que los gitanos son tan peligrosos como cuentan, hija, pensar que aun tras tantos años esa chica viene a hacerle daño a mi familia. -


- No es cierto, nunca le hice daño.
- Susurraba Abigail al oído de Leonor, quien se acercaba a su madre que le miraba fijamente a ella, como si no notara la presencia del fantasma. - Yo amaba a Bellia y ella juró amarme, nos amábamos… -

- Esa chica puso en peligro la integridad de tu tía, si sigue viva, me aseguraré ahora…-


- Nunca pensé, que Bellia se olvidara de mí, de nuestro amor… -


- Me aseguraré, de que esté muerta. -



Leonor empezó a tener una visión, los recuerdos de Abigail, podía verlo todo, aquel pasado que parecía esconder su madre. Abigail y Bellia tenían la misma edad cuando se conocieron, pronto, se hicieron de amistad, a pesar de que su familia no veía con buenos ojos a los gitanos, Noir, que era más chica, disfrutaba mucho de los juegos y la cultura que le enseñaba ella, viéndola como una hermana menor y su mejor amiga, ya que, lo que sentía por Bellia era muy distinto, y, al parecer, esos sentimientos eran recíprocos. Por las mañanas, Abigail y Bellia alimentaban la curiosidad del sexo a Noir en el jardín oculto de la casa, parecía que, a sus años, ya iba dando señas que tendría un corazón como ella y su hermana, por las noches, cuando nadie había en el hogar de Abigail, ya que las caravanas iban a los pueblos a trabajar en sus pequeños actos nocturnos, la joven burguesa visitaba su cuarto, para conocerse más a fondo. La gitana soñaba con las palabras de esa chica, con la promesa de escapar y estar juntas, de no tener que esconderse, pero, no esperaba lo que le vendría.

No supo quién fue él que descubrió su atracción por otras chicas, ni tuvo tiempo para descubrirlo, pero, en una noche, unos hombres entraron a su cuarto, pudo conocerlos, eran el padre y dos tíos de Bellia, quienes abusaron de ella, entre los gritos e insultos, le escuchaban decir que la harían una verdadera mujer, que le enseñarían a cumplir como mujer, entre otras cosas, que más le dolían que lo que le hicieron. Por más que la humillaban, siempre escondió que se veía con Bellia, para evitar que le hicieran lo mismo, aún, soñando con que escaparían y vivirían felices.

Día tras día, soportaba aquellas penetraciones, usar su joven cuerpo para complacer a esos hombres, desgastando su ano, vagina, boca, manos y pechos, para complacer la enferma y retorcida mente de ellos, sin quebrantar su amor y atracción única por Bellia, no obstante, no se esperaba con algo. Un dolor en el vientre fue emergiendo, en secreto, buscó a un doctor, ya que no confiaría algo así a su propia gente, estaba embarazada, embarazada de alguno de los familiares de la chica que amaba. No podría seguir ocultándolo, no tenía más opción, tuvo que contarle lo que había pasado, pero, en vez de recibir compasión y cumplir con un escape de amor en lo más lejano del bosque, cayó al suelo, inesperadamente, ella la tiró, y una gran piedra que levantó con dificultad la chica que tanto amaba, cayó sobre su rostro, aun no había muerto, sentía aún, lloraba, al sentir como era arrastrada y llevada a un río cercano ¿En qué fallé? ¿Por qué me olvidaste? ¿No dijiste que me amabas? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?


- ¿Por qué? … ¿Por qué lo hiciste, mamá? -
Lloraba Leonor al sentir su piel fría, al tener en su cabeza los recuerdos de Abigail, quien la abrazaba por detrás y le susurraba al oído.

- Huye, huye… -


- ¿Hacer qué, Leonor? -


- ¿Por qué… La mataste?
- Habló la joven sin parar de llorar, mientras su madre mostraba un rostro serio. - ¿Por qué le hiciste eso a ella? ¿Por qué? ¡Si ella te amaba! -

- Así que estás de su lado ¿Dónde está? -


- ¡Ella está aquí! ¡Me contó todo! ¿Por qué le hiciste eso? -


- Hija, eres muy tonta para entenderlo, Noir y yo éramos hijas únicas, mis tíos y tu abuelo nunca tuvieron un hijo varón, tan sólo imagina si ella daba a luz un varón, lo perdíamos todo, no solamente la herencia de la familia ¿Imaginas que dirían que el primogénito fuese hijo de una vulgar gitana? No me iba a arriesgar, lo hice por Noir y por mí, por lo que tienes ahora. -


- Mamá… -


- Ahora, dime, hija ¿Dónde esta esa mujer? Ahora entiendo todo, quien intentó ahorcar a Noir, quien la atacó en las escaleras… Fuiste tú ¿Verdad? Le creíste a esa maldita, está ocultándose y te enredó, de seguro, ya eres una enferma como tu tía… -
Sonrió de forma retorcida la mujer, caminando hacía su hija. - Ya sé, es tan claro ahora, esa prostituta, seguramente se alió con Abigail para aprovecharse de la estúpida de Noir y quedarse con todo, pero, no dejaré que eso pase, no podemos perder todo lo que nuestra familia ha logrado, Leonor, aunque eso signifique, que te despidas de tu tía. -

- ¿Qué cosas estás diciendo? -


- Hija, ven con mamá. -



Leonor sentía su piel erizarse, trataba de huir, a pesar del rostro dulce de su madre, en el fondo, era una mujer perversa, fue capaz de traicionar a quien dijo amar con tal de mantener su vida de lujos, capaz de matar a alguien por ello, a pesar de todo lo que sufrió Abigail, no tenía nada de valor para su madre, ahora entendía, por qué Abigail, había hecho su intento por alejar a Noir de la casa, el verdadero monstruo, llegó junto a ella.









Requetechanchan OAO
 
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I-AM-ROSY!!

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Aquí hay un error en el nombre, ¿no?

Mmm, interesante revelación. La gente hace cosas tan curiosas por dinero jaja
¿Cuál error? :d jaja, ya corregí, gracias.
u3u chanchanchan, no solamente le salió la mamá bisexual en secreto, ella tenía relaciones con su hermana menor, Noir o3o chanchanchan (Y luego tener la poca vergüenza de llamarle desviada xd).
 

I-AM-ROSY!!

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OAO YA SE VIENE EL FINAL





SIETE






Leonor quería huir, tenía miedo, miedo de su propia madre, quien le miraba de una manera tan cruel y fría, como si no tuviera ningún remordimiento de lo que hizo. La joven por fin logró dar un paso hacía atrás, al mismo tiempo que Bellia daba un paso hacia adelante, notando como su hija estaba retrocediendo.


- ¿A dónde piensas ir, Leonor? -


- Huye, deja la casa, huye. -


- Mamá… Tú… No puedo creerlo. -


- Ven aquí, Leonor, mamá te ayudará a purificarte de esa enferma de Abigail. -


- Huye. -



Leonor subió las escaleras lo más rápido que pudo, siendo perseguida por su madre, cuando iba por el pasillo, tropezó al no tener ninguna luz de guía, fue cuando sintió como le jalaban el cabello y la atrapaban con fuerza, era Bellia, quien jalaba hacía su hija hacia una habitación mientras ella forcejaba.


- ¡NO, MAMÁ, TÚ NO ERES ASÍ! -


- Tengo que castigarte por juntarte con mujeres vulgares como tu tía y como esa gitana. -

- ¡MAMÁ! ¡NO! -Gritaba Leonor sintiendo como le era propinada una fuerte bofetada que la dejó inconsciente.


Los ojos de la joven se abrieron poco a poco, sintiendo su mejilla adolorida, cuando quiso moverse, notó que sus manos y pies estaban atadas y por la sensación de su piel, era claro, estaba desnuda en una cama. Cuando pudo estar por completo despierta, vio que su madre estaba al lado de ella, y pudo sentir sus largos dedos hurgando su vagina virgen y la boca de Bellia lamiendo sus pechos, su madre estaba tocándola de forma inapropiada, empezando a jalar lo más que podía de sus ataduras, sintiendo como las cuerdas le quemaban la piel.


- ¡NO, MAMÁ! ¿QUÉ HACES? ¡PARA, PARA!
- Lloraba Leonor tratando de soltarse al sentir como los dedos de su madre entraban y salían de su intimidad, causándole dolor, mientras sus pezones eran mordidos con suficiente fuerza para hacerle gritar. -¡NOOO! -

- Hija… No cabe duda que te críe bien, sigues siendo casta, esas desviadas no te quitaron tu virginidad… No son dignas de ti, de una chica de clase. -


- ¡MAMÁ, SUÉLTAME, SUÉLTAME! -


- Pero, aún así, tengo que castigarte… Tengo que recordarte, que solamente debes de obedecer a tu madre.
- Susurró la mujer metiendo sus dedos lo más que podía en la vagina de su hija, viendo como se arqueaba por el intenso dolor, notando como la sangre bañaba sus dedos. - Eres tan preciosa, Leonor, no dejaré que una cualquiera como ellas te enseñe sobre el amor o el valor de las personas, solamente yo soy digna de hacerlo. -

- ¡Para, mamá… Me… Me duele! -


- Me duele más a mí, hija… Tienes que hacer una promesa, promete que nadie sabrá lo de esa desviada ¿Se lo prometes a mamá? -


- ¡No! ¡Eres una asesina, una asesina! -
Gritaba la joven llorando mientras sentía como su madre la masturbaba con salvajismo y pellizcaba sus pezones.

- Eres una grosera, te estoy dando la oportunidad de demostrarme que eres una niña buena. -


- ¡Ayuda! ¡Ayuda! -


- Te lo preguntaré otra vez.
- Habló la mujer tomando una vela para dejar caer cera caliente en los pechos de su hija quien gritaba y lloraba. - ¿Vas a ser una niña obediente? -

- No…. Mi… Mi mamá…. Mi mamá nunca haría esto… Tú no eres mi mamá, mi… Mi mamá nunca me las… -


- Me duele tanto esto, Leonor, tu tía y esa perdida te han hecho tanto daño, te tienen confundida. -
Hablaba la mujer derramando más cera en el vientre y piernas de su hija, quien no paraba de llorar. - Más vale que seas una niña buena. -

- ¿O… O qué? ¿Me matarás como lo hiciste con Abigail? -



Leonor sintió otra bofetada en su rostro, llenando su boca y nariz con su propia sangre, tuvo que soportar un martirio mayor al ser violada con una vela gorda que le era insertada en su ano, sin que su madre cambiara ese rostro tranquilo, ese rostro que le causaba más y más pánico. La mujer acercó la llama de la vela a los pezones de su hija, haciéndola temblar de agonía, la voluntad de esa joven era fuerte a pesar de que su cuerpo no lo fuese, eso le molestaba aún más, provocando que empezara a surtir sus glúteos de golpes con la cuerda para la cortina. La jovencita temblaba, pero, no se rendía, por más que su madre trataba de doblegarla, el espíritu de Leonor de no ser cómplice de algo tan ruin la mantenía, en una ironía, Bellia había educado muy bien a su hija, para mantenerse siempre firme contra lo injusto y lo malo del mundo.


- Es tan triste…
-Hablaba la mujer parándose frente a su hija, que tocía y lloraba. - Mi hermana y su amante desviada, violaron y asesinaron a mi hija, que descubrió que Noir asesinó hace años a la joven moza que servía a nuestro hogar, todo para ocultar su depravasión. -

- Eso… Es… Eso no es verdad. -


- Claro que lo es, es la verdad que todos sabrán… Es tu última oportunidad, Leonor ¿Serás una niña buena? -


- Ja… Jamás… Abigail cuenta conmigo… Ella lo sabía… Sabía quien eras… ¡Por eso quería que mi tía se fuera cuanto llegamos! ¡Quería alejarla de ti! -



La voz de Leonor se fue de golpe, algo atravesaba su pecho, algo frío, su mente se iba nublando, teniendo aún segundos para ver lo que ocurría, su madre había enterrado una daga en su pecho, su mamá, a quien tanto amaba y admiraba, que veía como una mujer ejemplar, acababa de darle un golpe certero a su corazón, apagando su vida. Bellia lloró por unos minutos, le dio muerte a su hija, pero, no podía perderlo todo, limpió sus lágrimas y llevó su mano al rostro de Leonor para cerrar sus ojos, pensando en que no era su culpa, ella había muerto por culpa de Abigail, quien la puso en su contra. Con calma, la mujer desató el cuerpo de la joven, para cubrirlo con una sábana. La dama no sabía que hacer, faltaban horas para que volviera Ernest, tenía que hacer aparentar que en verdad fue alguien más quién mató a su hija, pero, el tiempo no le alcanzaría, ya que, al voltear por un instante, las sabanas ensangrentadas ya no cubrían a nadie. La madre buscaba por todos lados el cadáver de su hija, seguramente, Abigail se la llevó, ni siquiera iba dejar descansar en paz a Leonor, a su pobre Leonor.
Cuando estaba por acercarse a la escalera, sintió como alguien la abrazó por detrás, y un filo apuñalaba su espalda, mirando por su hombro a su hija, cuyos ojos pardo claro se habían perdido y en cambio, se veían unos ojos color ámbar, como los que tuvo alguna vez.


- Te amaba tanto… Tanto… Me diste la espalda, como se la diste a tu hija… Y esto te pasa, por volver a darme la espalda… Adiós, Bellia.
- Le susurró Leonor con una voz que claramente, Bellia sabía que era la de Abigail.

- No… No lo hagas… Yo… Yo también te amaba Abi…-


- Tú lo dijiste, te amaba.
-Contestó la joven empujando toda la navaja en el cuerpo de la mujer, para arrojarla por las escaleras.


Horas después, en la madrugada, apenas asomándose el Sol, el carruaje de Ernest se acercaba hacía la colina de aquella casona, llevando varios policías por la sospecha de atacantes en la mansión, sorprendiéndose todos al ver como ardía en llamas, llamas que alcanzaban más allá de los árboles más altos del bosque, el anciano apresuró el vehículo pensando lo peor. Los policías bajaron a prisa, sin poder acercarse por el calor del fuego, fue cuando uno gritó por el médico del conjunto, había alguien con heridas en la puerta trasera del hogar. El anciano lloró al ver que habían encontrado a esa dulce joven, que tenía una herida mortal en su pecho, las manos y brazos cortados por lo que daba a la idea de haber sido atada, y por las demás heridas en todo su cuerpo, era obvio haber sido victima de violación. A pesar de todo el maltrato en su cuerpo, el corazón de Leonor latía casi en su límite, no había otra opción, el médico y Ernest se devolvieron a la ciudad a toda prisa, tratando de salvar a Leonor, mientras los policías empezaban la búsqueda de los causantes de ese infierno, así, como el paradero de Bellia.











OAO CHANCHANCHAN!!!!!
 

I-AM-ROSY!!

O-O¬ Baton pass!!

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OAO Y AQUÍ TERMINA.






FINAL






Un carruaje viajaba en la mañana por las calles de Londres, que como siempre, estaban concurridas al ser una urbe en épocas de su mayor crecimiento. Dentro del carruaje, había tres bellas mujeres, dos adultas, una morena con un vestido blanco y decorado rojo, una rubia en colores azules y una joven de cabello rubio platinado y unos ojos violeta heredados de su madre tan raros como atractivos, de vestido tinto. Había pasado un año desde que alguien entró a la mansión de la familia, abusó y maltrató de Leonor, prendieron fuego a la casa y desaparecieron todo rastro de su madre, Bellia, la investigación daba la idea de que intentaron robar la casa y salió mal, eso fue lo último que dijeron, pero, no decidieron indagar más, Noir pidió detener todo, ya que, lo que más le preocupaba, era la estabilidad de su sobrina, que tras lo sufrido, tardó semanas en cruzar palabras y parecía haber olvidado lo que sufrió.


- Leonor ¿Estás escuchando?
- Preguntó Noir mientras su sobrina miraba por la ventanilla, volteando a su tía con una cara algo despistada.

- Perdón, tía… Me distraje un poco. -


- Te decía que sí traes el boleto de tren. -


- Ya lo traigo, lo guardé muy bien, así como el dinero que me diste.
- Sonrió Leonor gentilmente, viendo a su tía tomada de la mano de Isabelle.

- ¿Estás segura de irte luego? -


- Noir, confía en tu sobrina, sé que estará bien. -


- Sólo… -


- Estaré bien, tía, te lo prometo. -
Habló la joven tomando la otra mano de su tía de piel pálida. - Solamente quiero despedirme de mis compañeras del colegio, y darles la dirección que tendremos en Belfast. -

- Prométeme que no saldrás por la noche. -


- Te has vuelto muy preocupona, aunque, me alegra verte de mejor humor. -


- Eso es porque ella no tiene a nadie más, que necesito ser fuerte. -
Susurró Noir a Isabelle, mientras volteaban a ver a Leonor quién volvía a ver por la ventanilla. - Si tan sólo su padre la hubiera apoyado, cree que con dinero le bastará a ella. -

- No importa… Papá tiene derecho a ser feliz con su nueva mujer, tratar de pensar en qué fue de mi mamá. -


- Leonor… -


- Tranquila. -
Murmuró Isabelle abrazando a Noir, recostando el rostro de su amada en el pecho. - Es mejor no seguir con el tema, sé que no te llevabas del todo bien con ella, pero... -

- Era mi hermana, Isabelle, yo nunca la odié, la quería, aunque tuviéramos diferencias, la amaba. -


El carruaje llegó hasta el pequeño departamento que rentaban las mujeres, bajando Leonor, volteando para ver a su tía y a Isabelle, quienes le miraban con una preocupación real, las caras de una familia real.


- Qué les vaya bien en el viaje, tía. -


- Has caso, por favor, nada de salir por la noche.
- Habló Noir desde el interior del carruaje. - Sabes bien que anda un loco suelto. -

- ¿Lo del destripador? Es sólo un cuento. -


- No es un cuento, escuché que ya van ocho asesinatos, busca a las prostitutas que andan por los callejones y… Dios mío, sólo leer lo que les hace, me causa nauseas. -


- Tú lo dijiste, Isabelle, yo no soy una chica así, no saldré, se los juro.
- Dijo la joven sonriendo dulcemente, mirando a su tía. - Cuida mucho a mi tía, Isabelle. -

- Lo haré, cuídate mucho y haz caso a lo que te estamos diciendo. -


- Recuerda, Ernest prometió pasar por ti a primera hora, nada de ir a otro lado en la mañana, aquí, a la…-

- Ya sé, tía, agradezco que te preocupes tanto, pero, disfruta de tu amor, nada más, lo mereces, Noir. - Sonrió Leonor mientras Isabelle rio por ese comentario tan peculiar, abrazando el delicado cuerpo de Noir, quien se extrañaba por ese extraño comportamiento que traía su sobrina.

- Gracias. -



El vehículo empezó a moverse, dejando a la joven sola, empezando a caminar hacía su habitación, pensando en que le alegraba saber que Noir estaba en buenas manos, esa mujer frágil y deseosa de amor, por fin, estaría en un lugar donde podría disfrutar de su relación con Isabelle.

La noche cayó, el cuarto de Leonor estaba vacío, tampoco estaba en el hotel, nadie sabría de su paradero, ya que, había sido muy hábil para ocultarlo. Entre la penumbra y la poca luz que salían de las casas y la Luna, una voz se callaba al instante en que una navaja le era atravesada por la mandíbula, la rapiña de aquella bestia despedazaba el cuerpo de una mujer sin nombre, que no sería encontrada entre las sombras hasta que llegara el amanecer. Partes de su cuerpo fueron extraídos, las últimas que servían para un rompecabezas enfermo, los pasos de caballos hicieron desaparecer al agresor, que, sin un toque de vergüenza o tristeza, dejó la muerta en el suelo como si fuese desechos.

En una casa vieja en un barrio perdido de la ciudad, la puerta de un sótano se cerraba lentamente, asegurándose el visitante que nadie descubriera su presencia. Tras descubrirse la capucha, la joven mostró su rostro, era Leonor, quien sacaba de una pequeña cesta, el corazón y pulmones extraídos de un cadáver, finamente envueltos en suficiente tela para no dejar rastros. Encendió unas velas, dejando ver un mar de sangre por el suelo, en el cual, arrojó los órganos como si fuesen parte de una receta macabra.


- Por fin. -
Susurró una voz sin origen.


Una mano salió de entre el charco rojo, metiendo esos tejidos al interior, como estuviese profundo aquel líquido. Poco a poco, de la sangre, empezó a emerger una figura juvenil y femenina, de rasgos finos, un cabello casi blanco platinado, con ropas que parecían ser los del cádaver dejado en la calle, con unos ojos color ámbar ligeramente enrojecidos por el baño en el cual se encontraba.



- Las palabras siempre han sido lo más importante, una ley entre mi pueblo, tú… Fallaste a tu promesa de amarme, Bellia.
- Habló la joven, sentada en medio de la sangre, mientras Leonor se arrodillaba y ofrecía prendas limpias a ella, como si fuese una sierva. - Cuando me traicionaste, mataste mi corazón. -


La extraña joven se puso de pie y tomó las ropas, empezando a vestirse con una lencería negra con decorados blancos, miró fijamente a Leonor, quien solamente afirmó con la cabeza y empezó a guardar todos los decorados, grimorios, velas y papel que usó para el ritual en una pequeña maleta, mientras la misteriosa dejaba las ropas sobre un cofre, para acercarse a Leonor.


- Me quitaste lo que más amaba en la vida, la visión que tenía de ti… Te amé y te odié, pero… Te he perdonado…Ya qué, te quité algo con más valor que las riquezas por las que me cambiaste. -
Susurraba la joven, extendiendo su mano hacía Leonor.


Con una sonrisa tímida y enamorada, Leonor se acercó, cerrando los ojos al sentir como esa chica acariciaba su mejilla, su otra mano la tomó de la cintura, acercándola a su cuerpo, levantó su rostro con sus dedos, para luego, besar su boca con una pasión que solamente podría describirse, como amor y deseo puro.


- Eres tan bella como ella… Pero, tu corazón, es tan puro, aun cuando Bellia enmancilló tu cuerpo, estar dentro de ti me hizo ver lo valiosa que eres… Más valiosa que ella. -
Hablaba la joven abrazando a Leonor, sujetando su cabeza para besarla con más pasión, viendo como la cara de esa joven mostraba éxtasis por el beso. - Belfast… Suena un buen hogar para las dos ¿O no? -


Leonor miraba para confundida para todos lados, estando entre los brazos de aquella chica, que probaba de su cuello y manoseaba sus pechos a su antojo, cerrando los ojos al sentir placer, era todo extraño, no lograba recordar mucho, más allá de estar viajando con su tía en el carruaje por la mañana. La doncella sintió como era recostada sobre un viejo colchón, sus prendas empezaban a ser retirados, dejando a la vista ese par de grandes pechos que heredó de su madre, sus suspiros empezaban a liberarse al sentir como esa chica empezaba a magrear y chupar sus tetas, mientras su mano hurgaba en su vagina húmeda, sintiendo que no tenía control de su cuerpo, era, como si estuviera ahí y al mismo tiempo, alguien más tuviese dominio de ella.


- ¿Quién eres tú? ¿Dónde está mi tía? -


- Tranquila, ella nos está esperando, me alegra tanto ver que Noir pudo tener su historia de amor, sé que ella no verá mal que su sobrina llegue conmigo tomada de la mano.
- Susurraba la joven que manoseaba y probaba de su cuerpo, sin dejar mirarle con una sonrisa. - Y yo, soy tu dueña, dime, Abigail. -















u3u Otra historia terminada oAo CHANCHANCHAN
 
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