Fanfic Age of Revenge - Capítulo 22 [23/1/14]

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Por mi cabeza nunca me pasó darkdramon. Digimon perfeccionados, digimon mega, un maldito dios que deja a Lucemon como un bebé. No criticaré nada, simplemente fue expectacular. No puedo esperar por la conti...

Tú dices estr enganchado por mi fic, pues yo lo estoy por el tuyo, mi hermano.

No tengo más comentarios. Suerte.
 

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Increíble O.o admiro la velocidad con la que actualizas xD recuerdo una vez alguien dijo que en ocasiones los débiles se han unido y apelando a los grandes números lograron revertir la ley de la naturaleza jaja algo así ocurre con los oscuros. Lo que me sorprendió es que pudieran digievolucionar por su cuenta =P comprendo que no es suficiente para vencer a sus enemigos. Creo que seguiré tu consejo y me voy a leer hasta ese capítulo para empezar con el background, no quiero arruinar alguna sorpresa jeje.

Por el momento me leí el 9 y el 10 xD

Del 9 me gustó mucho la temática, es bueno que hayan paréntesis en la consecución de los hechos para poder desarrollar mejor a los personajes, lo que no me gustó tanto fue el ritmo de la narración, creo que por momentos se estancó un poco. El hecho de que haya suspenso en las acciones es fantástico porque hace ver que tienes la trama bien pensada jaja y el discurso de Tai fue épico xD casi me atraganto cuando kari le dijo a Tk que durmieran juntos O.o la expresión da a entender algo completamente diferente jaja. El final me dejo picado xD quiero saber mas


El 10 mejoro mucho el ritmo. Lo de Matt al principio me hizo reír bastante jaja y la Kari rebelde es inesperada, pero al mismo tiempo lógico de su edad, así que totalmente congruente con la evolución del personaje. Me extraña un poco que los digimons sean tan poco honestos con los elegidos, ya que siempre fueron algo infantiles, pero supongo que los años y la guerra los modificaron. La batalla quedo excelente, y ahora que llegaron a la fortaleza del Oeste creo que sucederá algo importante! xD

Jaja ya está casi listo el 5to capitulo xD es uno de los más complicados que he escrito así que espero que no sea un desastre =P yo te aviso! Gracias! Jaja

PD: El comentario del Monet me recuerda a una vez que escribiste un fic estilo arcoiris y te mencione lo mismo xDD

*sigue leyendo*
 
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[MENTION=265114]Lord Roko[/MENTION]
Darkdramon es como la frutilla escondida del postre (?) Jajaja. Es que tal vez no
es un digimon muuuy conocido, pero me parece genial para ser la mano derecha
de Ragnarok. Además, tiene un papel muy importante, pero bueno, eso se verá
más adelante. Gracias por tus comentarios, siempre me ayudan y motivan :D

[MENTION=434433]Belerofonte[/MENTION]
No actualizo tan rápido como yo quisiera xD Pero bueno, supongo que es un ritmo
"mas o menos constante", jaja. Si, la clave de los oscuros está en su número. Una
bola de fuego no te hace nada. Diez bolas de fuego podrían dejarte en el suelo.
Doscientas bolas de fuego simultáneas te convierten en datos xD Sobre las evoluciones,
se me ocurrió que tras tantos años de guerra haya sido necesario que lograran
dominar la digievolución a nivel Adulto. Para llegar a la Ultra necesitarán la ayuda
de los Elegidos. Aunque como perdieron sus emblemas, aún no sabemos cómo
van a hacer. Bueno, yo sí xD Agradezco tus críticas sobre los capítulos. Obviamente
no puedo corregirlos, pero sí lo tengo en cuenta para los siguientes. Ah, y lo del
Monet es cierto; recordé tu comentario en mi OS y creí que quedaba muy bien xD
Digo, las referencias artísticas siempre hacen quedar a uno bien xD Encima estaba
estudiando sobre el Renacimiento y la profesora no deja de recordarnos que un
recurso era la cita de autores clásicos =P Supongo que eso influyó un poco cuando
lo escribí, ja. ¡Gracias por comentar! :D


¡Hola, hola, hola! Me tardé un poquito más de lo esperado (que va, casi el doble de lo esperado xD aunque seamos sinceros, tampoco fue tanto), pero lo gracioso es que no me tardé en escribirlo, sino en revisarlo. ¡Nunca me pasó! Siempre lo reviso en media hora, masomenos. Pero ésta revisión me llevó mucho tiempo por dos cosas: Primero, me di cuenta de que utilizo mucho el verbo “haber” y sus conjugaciones, sobre todo “había”. Es una falla en mi escritura, pero muy difícil de corregir. Así que estuve haciendo muchos cambios de verbos, colocando sinónimos, ja. Y segundo, porque había escrito una escena GENIAL que luego me di cuenta de que quedaría mejor para el siguiente capítulo. La escena estaba a la mitad de este, por lo que la quité y tuve que modificar el resto.

En fin, unas semanas un poco accidentadas en ese sentido, ja. El capítulo pasado fue la llegada del villano, Ragnarok. ¡Oh, antes de que me olvide! Ni Ragnarok ni Khanmon son digimon reales. Sin embargo, sí basé su apariencia en dos personajes. La apariencia de Khanmon está basada en Juggernaut de DoTa 2. De hecho, su nombre "beta" era Juggermon. Pero me parecía demasiado evidente (además es un nombre ya usado por el fandom), así que, luego de asegurarme de que no existía ningún digimon llamado así, lo bauticé como Khanmon, en "honor" a Genghis Khan. Bueno, les dejo la imagen xD :


Y Ragnarok está basado en un dibujo que vi hace mucho tiempo (cuando comencé a escribir la primera versión de este fic en otra página) del Prince of Persia en su versión “Dark” del tercer juego.


Aclarado todo esto (que debí aclarar en el capítulo anterior, sorry), los dejo con el capítulo 18. Un capítulo que, básicamente, termina de demostrar el poder del nuevo enemigo.




Las llanuras fueron poco a poco convirtiéndose en mesetas a medida que se alejaban del Oeste. La flora se modificó, y los grandes bosques de coníferas dieron paso a una vegetación de arbustos que cubrían irregularmente el suelo, dejándolo casi desnudo en algunos sectores si no fuera por la verde capa de césped. El cielo despejado dejaba ver las estrellas que acababan con la negra monotonía del firmamento. Un paisaje hermoso, lleno de vida, extremadamente diferente a los sectores cercanos a las Fortalezas, lo cual era lógico; los oscuros habían aparecido en el Oeste, y aunque rápidamente se habían expandido por todo el continente, la Resistencia se alzó en armas y logró repelerlos, creando cuatro Fortalezas en los puntos cardinales para evitar que los oscuros volvieran al centro. En su momento, aquello había significado una grandiosa victoria.

Pero ahora sabían que todo había sido una maldita mentira.

Cuarenta y cinco minutos. En tan solo cuarenta y cinco minutos, la Fortaleza del Oeste, la más segura de todas, había sido reducida a cenizas. Un simple siervo había vencido a tres Comandantes, un sargento, burlado todos los protocolos de seguridad y robado el Digihuevo. En cuestión de segundos, los tres lugartenientes acabaron con todo el ejército de la Resistencia de aquel sector. Con un simple movimiento de su mano, aquel ser llamado Ragnarok destruyó por completo la Fortaleza misma.

¿Cómo es que habían sido engañados de esa forma? Sabían que su enemigo era poderoso, solo alguien con mucho poder podría comandar a todos esos ejércitos de oscuros. Pero durante años, creyeron que tenían la situación controlada. Sufrían cada batalla como el demonio, sí, pero siempre vencían. Angemon, el campeón de la Resistencia, había acabado con innumerables ejércitos, con decenas de enemigos. Y un maldito cuervo había acabado con él en pocos movimientos.

¿Por qué jugaron con ellos de esa forma? Evidentemente tenían el poder de acabar con toda la Resistencia cuando se lo propusieran. ¿Por qué esperar a la llegada de los Elegidos? ¿Por qué darles falsas esperanzas? ¿Qué ganaban con todo ello?

Esas y muchísimas preguntas más se hicieron los Elegidos y sus digimon mientras volaban sobre el lomo de Sylphid. Había usado sus poderes telequinéticos para ya no llevar a los Elegidos flotando a su lado, sino montándolo. El Elemental con apariencia de Airdramon se deslizaba por el cielo con una delicadeza propia de una bailarina clásica. La belleza de la vista que les proporcionaba era incomparable. Sus poderes, incluso, reducían el impacto del viento en sus rostros. Pero ninguno estaba de humor para apreciar el paisaje. Todos y cada uno de ellos se encontraban sumidos en un estado de pena. Algunos, como Mimi, no podían dejar de derramar lágrimas. Otros, como Yamato, tenían los ojos fijos en el suelo, el ceño fruncido y la mente divagando por el tiempo y el espacio, con sus reservas de lágrimas ya acabadas.

Hacía un rato que Hikari había despertado. La influencia de la Oscuridad fue demasiado para ella y perdió el conocimiento. Cuando despertó, se encontró a si misma en los brazos de Takeru. Nunca olvidaría el rostro de su amigo en aquel instante en que ella abrió los ojos: por un instante se lo vio feliz de que ella despertase finalmente, pero sus ojos rojos y cansados de llorar y su rostro tenso fueron suficientes para que ella entendiera. Lo abrazó y comenzó a derramar lágrimas en su pecho. Taichi miraba la escena con tristeza. Los recuerdos de aquella tarde continuaban atormentándolo. Y, aunque el castaño sabía que era una estupidez, que comparado con la situación del Digimundo aquello no era nada, no pudo evitar sentirse más triste aún al ver cómo cada día era más obvio que estaba perdiendo a su hermanita con Takeru.

Al cabo de un rato llegaron a un primer cordón montañoso, no muy alto, pareciendo más una serranía que lo que el común de la gente considera como montaña. Sylphid se acercó a la ladera oriental. El viento proveniente del este la había erosionado, por lo cual presentaba una pendiente más suave y sencilla de recorrer. La humedad del aire era retenida debido al efecto barrera de aquel accidente geográfico, así que los principales ríos también se encontraban de ese lado. Los Elegidos estarían más seguros allí.

No tardó en encontrar una cueva lo suficientemente amplia como para albergar en su interior diez humanos y diez digimon, y que estuviera además lo suficientemente oculta como para darles cierta protección durante una noche, por lo menos. Cuando aterrizó, debió esperar unos segundos hasta que sus “pasajeros” reaccionaran y se bajasen. Una vez que estuvieron los veinte individuos en la cueva, Sylphid utilizó sus poderes para reunir leña. Estuvo a punto de prenderla fuego cuando una voz le habló.

—Eso sí puedes hacerlo, ¿verdad?

La voz de Taichi sonaba cortada, como si tantas horas de viaje en silencio y llorando le hubieran afectado la garganta. El digimon lo observó con curiosidad.

—Puedes transportarnos a todos, reunir leña, detener los malditos ataques de aquellos fenómenos y hasta pudiste encerrarlos. Eres más fuerte que ellos ahora, ¿verdad?

Sylphid cerró sus ojos por un segundo, en señal de asentimiento. El Elegido del Valor se puso de pie de un salto y se acercó furioso hacia él.

— ¡¿Y por qué demonios no haces nada?!

Los Elegidos lo miraron con sorpresa. Se lo veía realmente desencajado.

— ¡Asesinaron a miles de digimon en un par de horas! ¡Hace años que están causando desastres, destruyendo el Digimundo, TU mundo! ¿Y te quedas ahí parado, sin hacer nada? ¡Si eres tan poderoso, ve y acaba con esta catástrofe!

La cueva volvió a quedar en silencio tras aquellos gritos. Esperaban una respuesta de Sylphid, querían ver cómo reaccionaría aquel poderoso ser ante las palabras de Taichi. ¿Se ofendería? ¿Le daría la razón?

—Esa misión no me corresponde a mí, Elegido, sino a ustedes.

Tal vez en el fondo ninguno esperaba una respuesta, puesto que al recibirla todos quedaron pasmados. La voz de Sylphid parecía resonar con un eco ajeno a la cueva, y el hecho de que no moviera sus labios para emitir palabra alguna fue suficiente para corroborar que sus poderes telequinéticos estaban acompañados de telepatía. “Una mente poderosa”, pensó Koushiro.

— ¡No me vengas con eso! —Le espetó Taichi—. ¡Todos en este mundo parecen querer delegarnos la responsabilidad a nosotros! ¿Es que acaso no hay nada que tú puedas hacer? Si tú puedes vencerlos, ¿cuál es el propósito de hacernos luchar a nosotros? ¿De qué nos sirve ver cómo todos nuestros amigos mueren mientras somos incapaces de hacer nada?

—Taichi…

— ¡No, Sora! ¡No intentes calmarme! ¡No voy a permitirle a este engreído que se quede con los brazos cruzados! ¡El Digimundo es de todos! ¿O es que acaso no te das cuenta de que sólo queda una fracción de la población de digimon que había antes de la caída del cometa? —gritó, dirigiendo la última pregunta hacia el digimon.

—La vida siempre encuentra un camino. El impacto demográfico será fuerte, pero con el tiempo todo regresará a la normalidad. Nuevas especies surgirán de las cenizas de los digimon que perecieron en esta guerra, y el nuevo Digimundo tendrá una biodiversidad más hermosa que el actual —les explicó, mientras extendía sus alas—. Estarán a salvo por esta noche, pero deberán emprender la marcha al amanecer. Tienen una de las diez claves para vencer, deberán reunir el resto. La Fortaleza del Este se encuentra a pocos kilómetros de aquí. Se detendrán lo suficiente para recoger elementos indispensables de supervivencia y se alejarán cuanto antes. No llamen la atención, puesto que todo el Digimundo es ahora territorio hostil.

Sin decir adiós, sin desearles suerte, Sylphid encendió la fogata, emprendió vuelo y se alejó rápidamente de aquella cueva, perdiéndose por el cielo. Furioso, Taichi tomó una roca y se la lanzó, aunque ya estaba demasiado lejos como para pretender un impacto. Se arrodilló y golpeó con su puño cerrado el suelo de la cueva, frío y sin vida. Tal y como el Digimundo.

Sintió que lo abrazaban por detrás, pero en ningún momento se le ocurrió quejarse o decir algo al respecto. Su primera idea fue que se trataba de Hikari, aunque no tardó en darse cuenta de que los brazos que lo rodeaban no correspondían con los de su hermana. Giró entonces esperando encontrarse con el cabello de Sora, pero se llevó una sorpresa al ver un cabello castaño.

—Él nos salvó —dijo Mimi, con los ojos rojos por las lágrimas derramadas y la voz entrecortada—. Deberíamos confiar en él.

El Elegido del Valor recibió aquellas palabras como un golpe a su orgullo. Su amiga tenía razón. Sylphid los había salvado de una muerte segura. Quizás eso era más que lo que podía reprocharle. Se sintió mal por el digimon, o Elemental, como Veemon lo había mencionado una vez.

Veemon…

“Confío en ustedes, Elegidos. Sé que no fallarán.”

Esas habían sido las últimas palabras del Guardián antes de sacrificarse. Un amigo que confiaba y había muerto por ellos.

“Pueden perder la fe en nosotros. Pero… por lo que más quieran… por lo que más quieran, no pierdan la fe en ustedes mismos.”

Las últimas palabras de Dinohumon también acudieron a su mente. También había muerto por ellos y les suplicaba que no se rindieran, que no perdieran las esperanzas. Toda una Fortaleza había muerto en pos de defender a los Elegidos. Años y años de guerra esperando su llegada. “La Resistencia”. Su misión no era recuperar el Digimundo; su misión siempre había sido “resistir” hasta la llegada de los Elegidos, asegurarse de que el Digimundo no cayera en las garras del mal para que ellos tuvieran mayores posibilidades de salvarlo.

Todo giraba en torno a sus nombres. El destino mismo parecía unir sus hilos con el del Digimundo. Eran los únicos capaces de salvarlo, de traer de nuevo aquel hermoso mundo que hubieron visitado alguna vez. Era el sueño de muchos el que lo lograran. Los soldados de la Resistencia estaban preparados para morir con tal de asegurarles una nueva oportunidad. No podían permitir que hubiera más sacrificios.

Taichi se levantó, desligándose del abrazo de Mimi y con una chispa en sus ojos que no había brillado así desde hacía mucho tiempo. Una chispa que pronto se convirtió en hoguera.

—Después de lo que vimos hoy —comentó el Elegido, observando atentamente a todos los presentes—, no sé cómo vamos a hacer para salvar al Digimundo. Tal vez nos lleve un tiempo averiguarlo. Pero no pienso permitir que más digimon continúen muriendo en nuestro nombre. Iremos a la Fortaleza del Este y desde allí alertaremos a las demás. Nos tomaron por sorpresa una vez; que no se repita.

Cuando, algunos años atrás, afirmaron en el Castillo de Myotismon que Taichi era su líder, no lo hicieron únicamente por su ímpetu, valor e iniciativa. Había algo en él, algún extraño condicionamiento genético, una especie de don que volvía sus palabras en incentivadores de primera clase. Estaban asustados, aterrados, perdidos sin rumbo en un limbo de desesperación. Cuestionaban en su interior si podrían acaso continuar con la loca empresa de ser los estandartes de un movimiento de resistencia. Pero en menos de treinta segundos, las palabras de su amigo y líder les habían devuelto las esperanzas.

—No podría quedarme sin hacer nada luego de ver lo que esos malvados le hicieron a nuestros amigos —añadió Yamato, la comisura izquierda de su labio hacia arriba en una media sonrisa. El castaño también sonrió.

—Exacto.

— ¿Y qué haremos? —preguntó Tsukaimon, quien se encontraba entre los brazos de Rouga.

—Necesitamos un plan —comentó Shiori.

—Lo primordial es hacer lo que Taichi dijo —aseguró Tentomon—. Hay que advertir a los demás soldados del peligro. Luego nos ocuparemos de encontrar la forma de dar vuelta esta situación.

Todos estuvieron de acuerdo; la seguridad de los soldados de la Resistencia estaba por encima de todo. Comenzaron a planear la hora en la que iniciarían el viaje a la Fortaleza del Este, los turnos de guardia, la recolección de alimento en los alrededores para la cena y el desayuno del día siguiente y demás necesidades básicas. Todo con tal de distraerse un poco y convencerse a sí mismos de que no todo estaba perdido aún.

El único que no participó de aquella charla debido a que se encontraba sumido en reflexiones y pensamientos era Koushiro. Pensaba acerca de uno de los comentarios de Sylphid, uno que había pasado desapercibido debido al gran torrente de emociones y el arrebato de Taichi.

Tienen una de las diez claves para vencer, deberán reunir el resto”.

¿A qué clave se refería?

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Un halo de oscuridad se encontraba frente a Ragnarok y la Guardia del Ocaso. En el interior de la circunferencia formada por aquella energía corrupta se ponía apreciar una ventana que reflejaba imágenes de otro lugar del Digimundo. Los Elegidos se reunían alrededor de una fogata, con varios frutos colocados en un improvisado mantel. Ninguno de ellos parecía tener demasiado apetito. Ragnarok observaba la escena sin emoción alguna, hasta que un rostro apareció en aquella ventana.

Los ojos del Airdramon lo miraron durante un instante antes de brillar. La oscuridad que formaba el mirador se disipó en cuestión de segundos. Darkdramon movió sus manos intentando conjurarlo nuevamente, pero se encontró con que no podía acceder a los Elegidos.

—El Elemental los protege —dijo finalmente el líder de la Guardia.

—No es la primera vez que ese Elemental interfiere con nuestros planes —comentó Khanmon.

—Sí, lo recuerdo bien —agregó Megidramon, moviendo su cola como una cobra a punto de atacar—. Un rival muy astuto en la Gran Guerra. Si la memoria no me falla, sus poderes eran extraordinarios. Debió serlo; después de todo, él fue quien acabó conmigo.

—Tu derrota fue producto de tu insuficiencia, Megidramon —dijo simplemente Ragnarok; el Juez del Ocaso se sintió ofendido durante un instante, pero bajó la cabeza, aceptando la observación—. Sus poderes en aquel entonces eran similares, pero él era más listo. Ahora, con el paso de los milenios, debe ser aún más poderoso.

— ¿Deberíamos preocuparnos en neutralizarlo, Magnificencia? —preguntó con una genuflexión Darkdramon.

—Si fuese una amenaza directa para nosotros habría actuado antes. Podría haber evitado mi regreso. La verdadera amenaza son los Elegidos.

—Mi Señor, han perdido sus emblemas, la fuente de su poder. Ya no pueden acceder al siguiente nivel de digievolución. Han escapado debido a la oportuna llegada del Elemental, a quien usted podrá vencer sin ninguna duda cuando logre recuperar sus poderes. Los Elegidos no representan amenaza alguna para sus planes.

Los orbes amarillos lo miraron sin emoción.

—Entonces, ¿por qué son la última esperanza de los Dioses?

Darkdramon agachó la cabeza y retrocedió. Ciertamente, pese a que no fuesen tan magníficos como su Dios, los “otros” eran extremadamente sabios. No confiarían el destino de su preciado mundo a unos seres frágiles y que no pudieran hacer nada al respecto.

—Las profecías hablan de que no serán derrotados en batallas. No aseguran su victoria ni nuestra derrota, sin embargo —les explicó Ragnarok, mientras caminaba hacia las ruinas de la Fortaleza, acabando con toda vegetación que sus pies tocaran—. Como ya te he dicho, Darkdramon, debemos vencerlos sin luchar contra ellos directamente. ¡Cuervo!

Desde los cielos, Karatenmon descendió en picado hasta situarse frente a su amo, arrodillándose en su caída.

— ¿Cumpliste tu misión en la Fortaleza del Este? —preguntó. Darkdramon ya le había informado, pero debía corroborarlo. Karatenmon asintió. El Señor Oscuro continuó caminando, siendo seguido de cerca por su séquito. Con un movimiento de su mano, algunos escombros de la Fortaleza se reagruparon formando un trono adecuado a su figura. Tomó asiento y cerró sus ojos, reflexionando sobre su siguiente movimiento.

— ¿Está considerando recurrir al siguiente paso? —preguntó Darkdramon, intentando sonar como si no le importara.

—Ya está decidido, Darkdramon. Se llevará a cabo mañana mismo —abrió sus ojos y los enfocó en su siervo más leal—. ¿Hay acaso algún problema?

—Claro que no, mi Señor —le aseguró—. Es simplemente una pena acabar con la belleza de los amaneceres.

—Casi olvido tu pequeña obsesión por la belleza. Cuando los digimon abandonen este mundo te devolveré tus amaneceres. Sin embargo —dijo, poniéndose de pie nuevamente y acercándose al líder de su Guardia—, para asegurarme de que no tienes dudas sobre nuestra misión, serás tú quien dé inicio al siguiente paso.

—Así será, mi Señor.

—Ahora vuela. No ataques a los Elegidos. Explícales lo que implica nuestro avance en el plan, y deja que nuestros ejércitos lo intenten.

Tras una nueva reverencia, Darkdramon extendió sus alas y se alejó en dirección hacia el Este.

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Koushiro se despertó en mitad de la noche. Se odió a sí mismo por hacerlo; finalmente había conciliado el sueño. Se sentó en su lugar y observó la cueva. La pequeña hoguera estaba extinguiéndose, pero aún alcanzaba para iluminar las siluetas de todos sus amigos durmiendo. Incluso los digimon. Había sido un día lleno de emociones y todos necesitaban un descanso. Sonrió ligeramente al ver a Taichi completamente desparramado, con sus brazos y piernas colocados en formas extravagantes. Sonrió un poco más al ver a Takeru e Hikari durmiendo uno junto al otro, con el brazo del muchacho rodeando los hombros de la chica. Al igual que todos, los consideraba como dos hermanos menores y sabía —suponía, aunque con un margen mínimo de error— lo que sentían el uno del otro. Era agradable saber que estaban comenzando a avanzar en su relación.

Se puso de pie y caminó hasta salir de la cueva. Había despertado debido a la acumulación de líquido en su organismo. Se acercó a un árbol cercano y desabrochó la bragueta de su traje. Cerró los ojos y se preparó para descargar.

— ¿Koushiro?

En una fracción de segundo, tras el sobresalto inicial, cerró su bragueta y se volteó a observar a quien le había hablado, completamente sonrojado.

— ¡Mimi! Yo… eh…. ¿qué haces aquí? —preguntó, agradeciéndole al cuarto menguante que no iluminaba aquella ladera lo suficiente como para que Mimi pudiera haber visto algo.

—Es mi turno de estar de guardia. Salí a dar un pequeño paseo —respondió ella—. ¿Qué haces tú aquí?

—Vine a… ver las estrellas —respondió, desviando la mirada hacia el cielo, aunque la bajó rápidamente—. Espera, ¿dices que saliste a dar un paseo? —le preguntó, con una mirada acusadora.

—Sí, ¿por qué?

—Mimi, hay un Dios y todo su séquito buscándonos, no deberías salir sin acompañamiento —le dijo, sumamente preocupado por lo que pudiera ocurrirle.

—Pero no me alejo mucho, sólo paseo por los alrededores. ¡Es tan hermoso! Me hace olvidar todo lo malo que está sucediendo —admitió, jugando con las puntas de su cabello al decir lo último y con una mirada ligeramente triste.

El pelirrojo la encontraba sumamente adorable e inocente. Echó un vistazo a la cueva. Todos estaban durmiendo. Miró a los alrededores, y se encontró con que no había peligro aparente. Estaban completamente solos en aquella ladera boscosa.

—Bueno —comenzó, acariciándose el cuello con su mano, nervioso de decir lo siguiente—, si quieres puedo acompañarte a dar un paseo. Tal vez no sea de mucha ayuda si algo o alguien aparece pero supongo que aún así…

—Oh, muchas gracias —dijo Mimi, mirándolo con una gran sonrisa que lo derritió por dentro. El pelirrojo se dio vuelta, mirándola a los ojos e invitándola a que caminara a su lado. Ella se acercó feliz de tener compañía en aquella noche y dejó que él la guiara.

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— ¿Qué está sucediendo? —preguntó Rouga de repente, deteniéndose.

Habían despertado un par de horas antes del amanecer. Ninguno había logrado mantener el sueño debido a las pesadillas, por lo que decidieron comenzar a caminar rumbo a la Fortaleza. Sylphid les había dicho que no debían llamar la atención, por lo que no era conveniente volar en lomos de Kabuterimon, Birdramon y, por qué no, Angemon. Llevaban poco más de una hora recorriendo a paso ligero el paisaje. Habían llegado al pie de la serranía y lograban divisar en el horizonte los bosques que rodeaban a la Fortaleza del Este.

Sin previo aviso, cuando el cielo comenzaba a aclararse y Ra parecía estar preparado para iniciar una nueva jornada, todo el firmamento fue cubierto por una gran nube de tinieblas. La oscuridad ocupaba el cielo como una onda expansiva, cubriendo las pocas estrellas que quedaban y opacando las nubes. Todo se volvió ligeramente más oscuro, aunque la visibilidad no se veía muy afectada.

—La oscuridad ha cubierto todo el cielo —dijo Tentomon rápidamente—. ¡Se preparan para una invasión!

—No hay tiempo que perder, ¡debemos llegar a la Fortaleza cuanto antes! —exclamó sobresaltada Biyomon, digievolucionando en el acto. Tentomon y Patamon la imitaron.

Avanzando por el aire a gran velocidad, no tardaron en llegar a los latifundios de la Fortaleza. Un grupo de Kokuwamons, aquellos digimon con apariencia de naves, los escoltaron cuando entraron a los terrenos exteriores. Al llegar a las puertas de la gran estructura, el Sargento Mothmon los esperaba.

—Comandantes, estábamos preocupados. No hemos podido establecer contacto con la Fortaleza del Oeste desde hace dieciséis horas. ¿Ha sucedido algo? —preguntó.

—La Fortaleza Oeste fue destruida. Somos los únicos supervivientes —dijo Palmon, sumamente triste.

Las exclamaciones de sorpresa inundaron aquel sector, seguida de murmullos preocupados y escandalizados en algunos casos. Mothmon permaneció con la boca abierta.

— ¿Destruida? Pero… ¿cómo…?

—No hay tiempo, soldado. Debemos prepararnos para un potencial ataque —se apresuró a decir Gomamon. El Sargento quedó sin palabras durante unos instantes, asimilando la información. Sin embargo, recobró la compostura rápidamente.

—Sí. Es cierto. Será mejor que vayamos a la Sala de Control. Hay algo que debo mostrarles, además.

Los Comandantes y Elegidos siguieron al Sargento por los pasillos de la Fortaleza.

— ¿Qué quiere mostrarnos? —preguntó Joe, intrigado.

—Estuvimos analizando las cámaras de seguridad y encontramos algo raro en uno de los videos de una batalla de hace algunas semanas. Al parecer, un animal se infiltró por las chimeneas de los silos del grano. Nos sorprendió la facilidad con la que entró, pero no creo que sea algo demasiado grave en comparación con lo que sucedió en la Fortaleza del Oeste. Creímos que debíamos informárselos, puesto que podría significar que una parte de los granos fueron devorados. Pero yo no me preocuparía, los cuervos no transmiten graves enfermedades. De las ratas hay que preocuparse.

Todos se detuvieron de repente, sorprendiendo a Mothmon.

— ¿Qué dijiste? —preguntó Joe, con una extraña bola de nervios formándose en su estómago.

—Las ratas. De esas debemos preocuparnos. Juro que las acabaría a todas con mis ametralladoras si me las cruzase entrando a los silos.

— ¡No, eso no! —gritó Yamato, acercándose al Sargento—. ¿Dijiste un cuervo?

—Sí —respondió, confundido.

Elegidos y Comandantes se miraron.

— ¿Qué querría hacer? —preguntó Takeru.

—Esos granos… ¿para qué son?

—Son los que exportamos para el resto de las Fortalezas, para alimentar a los soldados —respondió rápidamente Palmon.

—El alimento de todos los soldados —repitió Koushiro para sí mismo, mientras su mente ataba cabos y llegaba a una teoría desalentadora—. Oh, no…

Las sirenas comenzaron a sonar en los pasillos, alertando a todos en la Fortaleza de que el enemigo se acercaba. Las luces intermitentes tiñeron las paredes de un color sangre y los movimientos de los soldados que corrían de un lado a otro agregaron el caos y la adrenalina necesaria. Corrieron los últimos metros que faltaban hasta llegar al Centro de Mando.

— ¿Qué muestran los radares? ¿Hablamos de un batallón o un ejército? —se apresuró a preguntar Mothmon.

—No, es sólo uno. Pero los niveles de energía están por los aires —informó rápidamente uno de los operadores del radar.

—Pónganlo en pantalla —ordenó Agumon.

Tras una breve combinación de teclas, en la gran pantalla holográfica de la sala apareció un rectángulo que mostraba la visión de una de las cámaras de seguridad. A lo lejos se veía un punto que se acercaba hacia la Fortaleza. Con un nuevo tecleo, la imagen aumentó y distinguieron claramente la figura de Darkdramon acercarse por los aires.

—Es uno de ellos —dijo Leormon al reconocerlo.

—Enviemos los escuadrones de Kokuwamons, no podemos dejar que pase el Círculo de Fuego —sugirió uno de los tenientes.

—Negativo, teniente. Hoy no habrá Círculo de Fuego. Enviar un escuadrón contra aquel ser sería sacrificarlos. Que todas las tropas vuelvan a la Fortaleza. Preparen los cañones y torretas externas y que los soldados estén listos para un ataque directo a la Fortaleza.

—Pero, señor…

—Es una orden, soldado.

Tras unos momentos de dubitación, el teniente finalmente asintió, tomando su comunicador.

—Ya escucharon al Comandante Gabumon. Que todos los soldados regresen a la Fortaleza. Preparen las defensas de emergencia.

—Ustedes vayan al búnker anexo. Es peligroso que estén en el campo de batalla —dijo Biyomon a los Elegidos.

—En ese caso permaneceremos aquí.

— ¿Y qué pasa si vuelven a hacer caer un cometa? Podrían destruir toda la Fortaleza.

— ¡Entonces el búnker tampoco serviría de nada! —Dijo exasperado Taichi—. Nos quedaremos aquí y punto. Ahora, tengan cuidado.

Sin nada más que agregar y sin deseos de discutir con los Elegidos, los Comandantes se apresuraron en salir de la Fortaleza. Leormon y Tsukaimon debieron quedarse en el Centro de Mando, a pesar de las protestas del felino, quedando junto a un teniente a cargo de la protección de los Elegidos.

Los Comandantes avanzaron por el sendero fuera de la Fortaleza hasta quedar a algunas decenas de metros de la estructura, con todos los soldados detrás en una formación cerrada. Con siete intensos resplandores, las formas adultas de los Comandantes dieron acto de presencia —sin contar a Gatomon, quien siempre estaba en etapa adulta. Darkdramon se acercaba a gran velocidad, pero no parecía venir acompañado. Era, de todas formas, un peligro considerable.

Cuando el líder de la guardia aterrizó frente a ellos, todos los soldados de la Resistencia contuvieron el aliento. Prepararon sus armas y ataques, dispuestos a darle con todo su arsenal de recursos.

—No seré yo su oponente —dijo Darkdramon tras un silencio prolongado.

— ¿Qué haces aquí entonces? —demandó saber Togemon.

Darkdramon realizó un leve movimiento con su mano derecha, y de las nubes de oscuridad comenzó a caer una lluvia que se condensó a sus espaldas, formando un batallón de oscuros en cuestión de segundos.

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Hikari sintió que algo en su interior se retorcía en cuanto los oscuros aparecieron. No era tan intenso como en otras ocasiones, pero aún así la incomodaba. Una jaqueca comenzó a hacérsele sentir, aumentando la intensidad progresivamente. Cerró los ojos para serenarse y no dejar que aquello fuese notado por los demás. No ayudaba a nadie que se preocupasen por ella, habiendo un ejército del otro lado.

El brazo de Taichi rodeó sus hombros. El Elegido del Valor notó aquella incomodidad, y aunque no podía hacer nada para sanarla, quería asegurarse de que ella supiera que estaría allí para ayudarla en todo lo que pudiera. Hikari se recostó ligeramente en el protector pecho de su hermano y cerró los ojos, permitiéndose a sí misma temblar de vez en cuando si el dolor se intensificaba.

Aquel abrazo fraternal la reconfortaba, en cierta forma.

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—Mostrarles que no vale la pena luchar.

Angemon apretó con fuerzas su báculo sagrado. Tenía un mal presentimiento sobre todo esto. Una extraña sensación al ver a sus soldados. ¿Era que sentía acaso su miedo? Por alguna razón, se veía a sí mismo rodeado de enemigos. Intentó apartar aquellas ideas de su mente, por lo que dio un paso hacia delante mientras extendía sus alas, intentando lucir más amenazante.

— ¿Crees acaso que puedes extinguir nuestro deseo de proteger al Digimundo? ¡Los Elegidos y nosotros mismos defenderemos a todos los seres vivos de esta tierra de su malvada influencia!

Algo en su tono de voz o tal vez en el contenido de su declaración le causó gracia a Darkdramon, quien comenzó a reír de una malvada manera, ocasionándoles escalofríos a todos en el campo de batalla y en el Centro de Mando.

—Contamos con eso, simple digimon. Sabemos que seguirán luchando por la vida del Digimundo. Ahora bien, ¿lucharían por una roca?

— ¡Déjate de rodeos! —Rugió Greymon, pisando fuertemente con una de sus patas, creando un pequeño cráter—. ¡Ve al grano!

Lo siguiente que el Comandante logró sentir fue una dura opresión en el pecho, como si un invisible proyectil impactara en él a toda velocidad. Fue empujado hacia atrás, cayendo cuan largo era en el suelo.

—Deberías respetar a tus superiores —dijo frívolamente el digimon dragón—. Cumpliré tu deseo de ser directo: hace unas semanas, Karatenmon vino a esta Fortaleza, y se infiltró en los silos y hornos. Los poderes de nuestro heraldo son superlativos en comparación con cualquiera de ustedes. Fue sencillo para él dejar parte de su oscuridad en las semillas.

— ¡¿Qué?! —fue la exclamación que muchos dejaron escapar, mientras que el resto simplemente la pensó, horrorizado.

—Esos granos fueron exportados hacia las demás Fortalezas, y probablemente no haya quedado ni uno sin ser consumido a estas alturas.

Darkdramon chasqueó sus dedos, generando una brisa llena de energía oscura que pareció absorber el oxígeno del aire y reemplazarlo con monóxido de carbono. Los Elegidos y los Comandantes volvieron a sentir en su pecho aquella extraña sensación que habían experimentado un día antes del regreso de Ragnarok. No era un sentimiento particularmente agradable. Taichi sintió a su hermanita tensarse y cómo un leve sonido de dolor escapaba de sus labios.

El primer grito se produjo en el campo de batalla. Un soldado dejó caer su arma y llevó sus manos a su estómago. Tras unos instantes, unos tentáculos de oscuridad comenzaron a salir a través de su piel, rodeándolo. Los gritos de agonía del soldado fueron pronto acompañados por los de otro más, que experimentó el mismo dolor y la misma experiencia. Otro soldado se sumó, y luego otro, y otro.

En cuestión de minutos, un tercio de los soldados estaba acabando su metamorfosis.

— ¡Los soldados se convierten en oscuros! —gritó Birdramon, sin dar crédito a lo que sus ojos veían.

Los Comandantes se miraron, sin saber cómo reaccionar ante esta situación. ¿Debían asesinarlos? ¿Debían escapar? ¿Qué podían hacer contra sus propios soldados? El primero en tomar una determinación fue Greymon.


— ¡Mega Flama!

La bola de fuego dio de lleno en un pequeño grupo de oscuros que se había formado. Las miradas acusadoras no tardaron en caerle a Greymon, quien simplemente se mantuvo serio.

—No hay nada que hacer —respondió, justificándose. Algunos soldados tardaron unos instantes en reaccionar y comenzar a acribillar a los oscuros que instantes atrás eran sus camaradas.

Un Bearmon se encontraba disparando contra un oscuro cuando él mismo comenzó a sufrir la metamorfosis. Cayó al suelo retorciéndose y observó a un Commandramon que se encontraba cerca de él, mirándolo con horror.

—Dispárame —le pidió, con lágrimas cayendo de sus ojos producto del dolor y a sabiendas del destino que le esperaba.

— ¿Qué? Pero…

— ¡Mátame! —gritó, con los tentáculos de oscuridad casi cubriéndolo por completo. El soldado reaccionó ante aquel grito y de un certero disparo acabó con la vida de su camarada. Su cuerpo desapareció en datos y la oscuridad, sin una fuente de energía, se disipó hacia el cielo.

— ¡Esto está mal! —comentó Garurumon, mientras evitaba algunas bolas de fuego dirigidas hacia él—. ¡Yamato y los demás están en la Fortaleza!

— ¡Yo me encargo! —dijo Gatomon, corriendo en sus cuatro patas para mayor velocidad hacia la Fortaleza.

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— ¡Cuidado!

Afortunadamente para Shiori, Yamato logró acabar con un movimiento de su espada con la vida del oscuro que se preparaba para atacarlo. Leormon se distrajo al ver que su tamer había corrido peligro y él no había hecho nada al respecto. Aquella distracción le valió un golpe por la espalda que lo dejó sin aliento durante un instante.

— ¡Neblina púrpura!

El oscuro se retorció en dolor antes de desaparecer. Leormon dirigió una mirada agradecida a Tsukaimon, quien simplemente sonrió. Los dos digimon se colocaron frente a los Elegidos, dispuestos a hacer su mejor esfuerzo por detenerlos. Yamato y Taichi también decidieron adoptar una postura defensiva. Estaban rodeados de oscuros en aquella sala.

—Muy bien, creo que si los cuatro atacamos al mismo tiempo podríamos llegar hasta la puerta y de allí correr hacia nuestros amigos. Leormon y yo iremos en la vanguardia, y Yamato y Tsukaimon que defiendan la retaguardia —propuso Taichi.

—De acuerdo.

—De acuerdo.

—No, esperen —se opuso Koushiro—. Manténganlos ocupados durante unos momentos, tengo que revisar algo en aquellas computadoras —dijo señalando unos ordenadores que se encontraban en el otro extremo de la sala.

Taichi lo miró con una ceja levantada.

— ¿En serio? ¿No hay ninguna más cerca?

—Sólo… cúbranme mientras voy hacia allá.

Con una mirada, Yamato le dijo a Taichi que se quedara allí para cuidar a los demás. El castaño asintió y se apresuró para desviar con su espada de Chrome Digizoid una bola de fuego. Aprovechando aquella distracción, Yamato tomó a Koushiro del traje y lo llevó hacia las computadoras, acabando con algunos oscuros en el trayecto. Cuando hubo llegado, el Elegido del Conocimiento comenzó a teclear determinados comandos, abriendo una nueva ventana en el ordenador.

Entre Sora y Takeru sostenían a Hikari, quien ya no podía fingir que no le dolía la presencia de los oscuros. Intentaban calmarla y hacerla sentir mejor, pero nada de lo que hicieran podría ayudarla.

—Chicos, debemos alejarnos de aquí cuanto antes, Hikari no resistirá mucho más —anunció Mimi, sumamente preocupada.

— ¡Koushiro, te permito apresurarte! —gruñó Taichi, luchando contra un oscuro que se rehusaba a ser tocado por su espada.

—Si tan sólo pudiera tomar alguno de esos fusiles, entonces yo también podría luchar —se lamentó Rouga, observando las armas que estaban a los pies de los oscuros.

Joe estaba de pie, observando todo como un autómata. Taichi y Yamato estaban arriesgando sus vidas para protegerlos. Koushiro estaba realizando “algo” en una computadora, lo cual seguramente les traería beneficios. Hikari sufría y él no podía hacer nada, pese a haber realizado varios cursos de primeros auxilios y enfermería. Todos estaban en peligro, y él, el mayor, el responsable —así se veía a sí mismo— de la seguridad de sus amigos, estaba parado sin hacer nada.

El lamento de Rouga interrumpió en su mente y todo dejó de verse en cámara lenta. Rouga necesitaba un fusil, pero no podía llegar hacia ninguno. Joe logró divisar bajo los pies de un oscuro el arma. No eran demasiados metros de distancia entre el arma y él, y los oscuros parecían estar ocupados en atacar a Taichi, Leormon y Tsukaimon.

Tras una gran inhalación, se lanzó a toda velocidad contra los oscuros.

— ¡Joe! —gritó Taichi, estirando una mano para tomarlo, pero fue demasiado tarde.

El peliazul corrió hacia el rifle, evitando por poco una bola de fuego que no estaba dirigida hacia él. Los demoníacos seres fijaron en él sus ojos, y uno lo atacó tras unos instantes de sorpresa.

Con unos grandiosos reflejos, que de no ser por el entrenamiento físico que había sido obligado a seguir nunca hubiera tenido, logró tirarse al suelo, deslizándose por la inercia de su velocidad. Llegó hasta los pies del oscuro que lo había atacado y le dio una patada que carecía de técnica alguna, pero que sirvió para empujarlo hacia atrás y distraer a toda la formación.

— ¡Rouga! —gritó, mientras tomaba el fusil y lo lanzaba con todas sus fuerzas hacia su amigo.

El aludido vio el arma que se acercaba hacia él y se apresuró a dar unos pasos hacia adelante y tomarla. Colocó una rodilla en el suelo mientras quitaba el seguro y cambiaba de automático a modo ráfaga y apuntó directamente a quienes rodeaban a Joe, amenazando con acabarlo. Tres veces apretó su gatillo para acabar con aquel pequeño grupo, permitiéndole a Joe regresar con los demás.

—Gracias —dijeron los dos al mismo tiempo cuando se encontraron; uno por tener ahora un arma para luchar y el otro por haber sido salvado.

— ¡Lo tengo! —Festejó Koushiro de repente, mientras oprimía un nuevo botón del teclado de su computadora—. Activé las defensas automáticas de la Fortaleza.

Efectivamente, dos ametralladoras automáticas surgieron del cielorraso y rápidamente comenzaron a disparar hacia los oscuros, acabando con la mayoría en cuestión de segundos.

— ¡Es nuestra oportunidad! —dijo Shiori, viendo que los oscuros estaban demasiado ocupados en destruir las torretas como para preocuparse en evitar su huída.

Siguiendo el plan que Taichi había ideado minutos atrás, el propio Elegido del Valor, Leormon y ahora Rouga se lanzaron directamente hacia la puerta, acabando con los oscuros que quedaban en pie. Los siguieron Shiori, Mimi, Joe, Koushiro, Sora, Takeru e Hikari, y detrás se quedaron Yamato y Tsukaimon, cubriendo la retaguardia. Comenzaron a avanzar por los pasillos de la Fortaleza, agradeciéndole a Koushiro por haber activado las defensas, dado que era mucho más sencillo acabar con los oscuros mientras éstos recibían ráfagas de disparos.

—La salida está por allí —dijo Taichi, desviándose para pasar por una puerta.

— ¡No, es por la derecha! —lo contradijo Sora, haciendo que el castaño se detuviera abruptamente.

—Estoy muy seguro que la salida es por la izquierda.

—Pues yo estuve en esta Fortaleza más tiempo y te digo que es la derecha.

—Mimi, ¿tú qué dices?

—Pues… realmente no recuerdo en estos momentos.

— ¡Entonces vayamos por la maldita derecha! —Gritó Yamato, mientras repelía con su espada un ataque—. ¡No estamos solos en la Fortaleza!

Dándose por vencido, el líder de los Elegidos optó por tomar el camino de la derecha, y comprobó que su sentido de la orientación no era tan bueno como él creía.

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Con un certero golpe acabó con su oponente, el último que quedaba en pie en el pasillo que llevaba a la Sala de Mando. Entró en ella apresuradamente. Se encontró con la mayoría de los ordenadores rotos, algunos escritorios prendidos fuego, las defensas activadas, y ningún rastro de vida.

—Demonios —se lamentó Gatomon, mientras salía de la sala y comenzaba a recorrer otro camino—, ¿dónde se han metido?

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Darkdramon se encontraba suspendido en el aire a la altura de las nubes. Había cumplido con su propósito: cubrir al Digimundo en una capa de tinieblas y activar la trampa del cuervo. Los Elegidos deberían darse cuenta de que, con la Resistencia acabada, no tenía sentido luchar. ¿Para qué arriesgar sus vidas para salvar un mundo que estaba condenado? Debería haber abandonado aquella Fortaleza y volver con su Señor. Pero su curiosidad pudo más.

Observaba con tranquilidad la batalla de los siete digimon contra el ejército de oscuros que él mismo había creado, que contaba además con los soldados de la Resistencia que engrosaron sus filas tras la metamorfosis. Luchaban con ferocidad, pese a la gran diferencia numérica. Probablemente lograrían vencer contra aquellos esbirros de despreciable poder, pero les llevaría un tiempo.

Su prodigiosa visión captó entonces que, al otro lado de la Fortaleza, se producía un movimiento. Pocos eran los oscuros que estaban de aquel lado, no más de algunas docenas, pero éstos comenzaron a atacar repentinamente. Intrigado, el líder de la Guardia del Ocaso se movió lo suficiente como para ver qué era lo que sucedía. Sonrió al ver a los Elegidos luchar desesperadamente por sus vidas. Sólo tenían dos digimon que no parecían ser mucho más fuertes que los oscuros. Estarían perdidos.

Las órdenes de su amo eran claras, no debía atacarlos pues sólo podría acabar mal. Pero no tenía nada de malo intentar destruirlos psicológicamente. Descendió como un rayo hasta caer a algunos metros de los únicos capaces, por capricho del destino, de detener sus planes. Una sonrisa cubrió su rostro al oír las exclamaciones de sorpresa y temor.

—Luchan con valentía, Elegidos. No temen enfrentarse ustedes mismos a nuestros ejércitos. Pero, ¿por qué luchan? —preguntó, sin esperar una respuesta realmente.
Aunque sí hubo una. Leormon se lanzó hacia él preparado para atacarlo con sus garras. Fue sumamente sencillo para Darkdramon utilizar su cola para atrapar al pequeño león. Desesperado, éste intentó realizar una descarga eléctrica que no logró ni hacerle cosquillas a su oponente, quien lo oprimió con su cola, quitándole el aire durante un instante.

— ¡Déjalo! —exigió Shiori, saliéndose de sus estribos.

—Oh, pero si fue él quien quiso jugar conmigo —replicó, aumentando ligeramente la presión ejercida. Un gemido de dolor escapó de la boca del digimon novato.

Rouga, Taichi y Yamato intentaron atacarlo al mismo tiempo. Mientras el primero comenzó a disparar, procurando apuntar a las partes que parecían no estar cubiertas por la armadura, los otros dos se lanzaron, espada en mano, hacia los laterales.

Con un pensamiento, una parte de la oscuridad del cielo bajó hasta la posición de Darkdramon y creó una pequeña onda de choque que derribó a los Elegidos.

—No pueden luchar contra mí, ya lo saben.

—Por favor, deja a Leormon —le pidió Shiori nuevamente, desde el suelo.

— ¡Deja a mi amigo! —exigió, esta vez, Tsukaimon, con lágrimas en los ojos.

—Bien podría asesinarlo ahora mismo —musitó, asegurándose de que la constricción le causase dolor al pequeño—, hacerles ver que no temo en matarlos a todos y cada uno de ustedes. Sería un excelente ejemplo, ¿no creen? Ver morir al pequeño que osó levantarse contra mí. Es una idea tentadora.

— ¡Déjalo y lucha contra mí! —gritó Taichi, intentando ponerse de pie.

—No. Hoy sólo uno deberá morir, y no eres tú —con un movimiento de su cola lanzó a Leormon hacia arriba y apuntó con su Lanza Gigastick, preparado para acabarlo.

— ¡LEORMON!

Dos destellos de luz iluminaron el terreno. Sorprendido, Darkdramon no llegó a moverse cuando un león casi de su tamaño, con un cuerpo atlético y musculoso y una voluminosa melena cayó sobre él, tumbándolo al suelo. Extendió sus alas y se impulsó hacia atrás.

— ¡Tormenta del Rey! —rugió el digimon, mientras de su boca expulsaba un rayo. El ataque impactó en la armadura del digimon maligno, sin causarle daño.

— ¿Leormon? —preguntó Shiori, quien vio todo en cámara lenta. Cuando su compañero digital fue lanzado hacia el aire, creyó por un instante que lo perdería para siempre. Su corazón olvidó cómo latir y su mente sólo se concentraba en la imagen del pequeño felino que giraba, con temor en sus ojos, preparado para morir de un instante a otro.

Y en un abrir y cerrar de ojos, tras un intento brillo, aquel cachorro se había convertido en un majestuoso león. El Rey de la selva se volteó para sonreírle a Shiori, con una mirada llena de confianza.

—Soy Liamon ahora.


— ¡AAAAAH!

El grito de Mimi hizo que todos se voltearan, y los Elegidos se pusieron en guardia. Habiendo estado tan preocupados por la seguridad de Leormon, no prestaron atención a lo que sucedía a sus alrededores. Y cuando quisieron voltearse, un gran digimon, negro como la obsidiana, de brazos largos y dedos rojos, con dos pares de ojos también rojos se encontraba a su lado. Debía de haber llegado de repente cuando menos se lo esperaban.

El Devidramon levantó sus manos y las observó con sus orbes color rubí.

— ¡Cuidado! —dijo Rouga poniéndose frente a Mimi, apuntando con su fusil al rostro de la bestia.

— ¿Qué, no eres lo suficientemente poderoso como para luchar tú sólo, que tienes que traer más digimon? —le preguntó Taichi a Darkdramon, mordiéndose el labio y con sus cejas unidas en un gesto de preocupación.

El digimon de azulada armadura no se sintió ofendido en lo más mínimo. De hecho, Taichi y Yamato notaron, examinaba al Devidramon con interés. Casi con sorpresa, se atrevieron a creer. Efectivamente, algo debió suceder, puesto que extendió sus alas y se alejó a toda velocidad. Pareció llevarse también parte de la energía que había utilizado antes, puesto que en cuestión de segundos todos los oscuros desaparecieron, dejando a los Elegidos solos con el digimon. Los dos espadachines se apresuraron a colocarse a un lado de Rouga, y Liamon se colocó frente al Devidramon con un gran salto.

— ¡Pelea, maldita criatura! —rugió el digimon, ansioso por probar sus nuevos poderes.

El Devidramon desvió la mirada de sus manos y la llevó al león. Lo observó durante unos instantes, incrédulo.

— ¿L-Leormon? ¿T-tú también d-digievolucionaste? —preguntó, sorprendiendo a todos por tener voz (todos creían que esos digimon no poseían cuerdas vocales) y por hablar con temor. Además, la forma familiar en la que se refirió a Leormon causó un gran desconcierto.

El primero cuya mente se iluminó tras dar una rápida mirada a sus alrededores y ver que faltaba alguien fue Rouga. Dejó caer su fusil y se acercó lenta y precavidamente; podría estar equivocado. Liamon trató de colocarse frente a él, pero el Elegido se lo impidió. Se acercó hasta estar frente a frente con Devidramon y extendió una de sus manos.

— ¿Tsukaimon?








Oh, no he didn’t!

Bueno, lo siento. Lamento mucho dejarles un cliffhanger (para los que no están acostumbrados al término, es básicamente cuando te cortan un capítulo en un momento determinado con la intención de dejarlos con intriga y ganas de saber cómo se resolverá todo). Pero, ¡ya me había extendido demasiado!

Ok. Entonces, aquel capítulo de “La Fortaleza Este” donde el cuervo (que no sabíamos en aquel momento que era Karatenmon) entraba a los hornos sí era importante. Ahora sabemos por qué. ¡Contaminó la maldita comida de los soldados de la Resistencia para convertirlos a todos en oscuros! Vaya, si eso no es desalentador para los Elegidos, nada lo será. Realmente creo que todo se está yendo al demonio, ¿cómo harán los Elegidos para solucionar todo esto?

Tal vez tenga algo que ver con las palabras de Sylphid. “Una de las diez claves para vencer”. Bueno, yo ya sé cuáles son. Deberán averiguarlo ustedes xD ¡Y Leormon y Tsukaimon digievolucionaron! Algunos tal vez esperaban que Leormon se convirtiera en Leomon, pero no, me gusta más Liamon. Y Tsukaimon… Pobrecito, ¡con lo que él quería ser un ángel! Y terminó siendo un Devidramon. Quiero que sepan nada más que me pasé casi un mes (hace tiempo, cuando planeaba el fic) diseñando la línea evolutiva de Tsukaimon, quien tendrá más idas y vueltas que una montaña rusa.

Para acabar con estas notas, tengo dos últimos ítems que tocar: 1) ¡Con este capítulo el fic tiene oficialmente más de cien mil palabras! Yo estoy muy contento, pero la verdad tengo que pedirles perdón a todos xD ¡Recién se revela el conflicto y ya tengo la misma cantidad de palabras que una novela moderna promedio! Y 2), un anuncio que para algunos será una buena noticia y para otros, tal vez no: a partir del siguiente capítulo el romance vuelve recargado. Ojalá les guste.

Sin nada más que agregar, me despido. No se olviden de dejar su opinión, recomendar(?) y seguir esta historia que cada día está más jodida para los Elegidos. ¡Saludos!
 

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I gonna kill you, I swear!

La verdad, estuvo impresionante. Sudé frío cuando evolucionó Leormon, y luevo que viene Tsukaimon vuelto Devidramon. Diablos, qué maléfica mente la tuya. :sonrisota:

Te enviaré un mensaje después con ciertos comentarios, pero por mientras, te lo juro. Creo que ha sido el mejor capítulo del momento. No me atrevo a criticarlo, así que espero el siguiente cap.
 

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Hago uso de este espacio para agradecer a [MENTION=265114]Lord Roko[/MENTION] por ser el comentario del capítulo pasado. Gracias amigo por tener siempre un tiempito para leer este intento de fic. En este cap te dejo un misterio más de Tsukaimon, para ver si se te ocurre alguna respuesta, ja.

No sé cuánto me tardé en actualizar, pero creo que no fue tanto. Y si fue mucho lo lamento xD Pero quería que el cap quedase bien. Tenía toooda una gran escena de romance, pero consideré que esa escena en particular la dejase para el próximo. Déjenme decirles que poco a poco voy llegando a donde quería llegar. Pero no quiero adelantar nada, ja.

Un último comentario antes de dejarlos con el cap. Pues, digamos que es un poco triste en cierto sentido que el fic sea seguido por poca gente. Estoy eternamente agradecidos a los que sí lo siguen, y continuaré escribiendo, de eso no hay duda alguna. Pero me gustaría saber su opinión: ¿es problema mío que no tenga seguidores? ¿Hay algo en lo que estoy fallando? No sé, tal vez es mi forma de escribir, o puede ser que haya elegido un género incorrecto. No sé. Pero me gustaría saber qué opinan, si es algo que puedo mejorar o me resigno a la no aceptación, ja.

Eso solo. Los dejo con el cap.





— ¿Tsukaimon? —preguntó Rouga, sorprendido y, ¿para qué negarlo?, asustado.

Frente a él se alzaba un Devidramon que miraba de un lado a otro, tratando de encontrar una explicación a lo que sucedía. Estaba completamente asustado. Volvió a mirarse sus manos. Aquellos repugnantes brazos desproporcionados que finalizaban con garras de color sangre.

— ¿Qué? ¿Tsukaimon? —preguntó Liamon, la forma adulta de Leormon, quien había digievolucionado minutos atrás para luchar contra Darkdramon.

—Yo… pero… ¿por qué? —preguntó Devidramon en voz alta.

—Tsuka… Devidramon —se corrigió Taichi, guardando su espada y acercándose, con un gesto de tranquilidad—. Escucha, no te preocupes. Todo está bien—le aseguró, aunque su rostro lo traicionó.

—Entonces, ¿eres Devidramon ahora? —Le preguntó Rouga, acercándose con una sonrisa; para él no importaba en absoluto la forma que tuviera ahora su compañero—. Supongo que ya no podré detenerte de ir a luchar.

—No… no, ¡yo no puedo ser… esto! ¡Yo debía ser un ángel!

Un ruido hizo que todos se voltearan. La puerta de acero había sido derribada de un golpe y Gatomon se encontraba de pie en el hueco. Sus ojos recorrieron rápidamente la escena. Se sorprendió un poco al ver a Liamon, aunque no tardó en deducir que era la digievolución de Leormon. Después de todo, el parecido era razonable. Fue entonces que divisó al Devidramon. Sus cejas se unieron en un gesto de furia y determinación. Dio un paso hacia atrás, y los demás entendieron qué es lo que iba a suceder.

— ¡Gatomon, espera! —intentó detenerla Koushiro, pero fue demasiado tarde.

La Comandante se impulsó con un gran salto y, giro aéreo mediante, logró conectar un golpe en la quijada a Devidramon. El impacto envió al digimon varios metros hacia atrás. Gatomon cayó como una pluma y se preparó para atacar de nuevo.

— ¡Detente! ¡Es Tsukaimon! —gritó Rouga, quien vio horrorizado como su compañero era atacado por su propia madre.

— ¿Qué? ¿De qué hablas? —preguntó ella, con sus neuronas fallando al interpretar este nuevo dato.

—Tsukaimon digievolucionó en Devidramon — informó Sora, mordiéndose el labio inferior debido al momento. Casi se pudo imaginar lo que el pobre de Devidramon estaría sintiendo en aquellos momentos.

Los ojos de Gatomon se agrandaron casi dos veces su tamaño normal, su corazón y pulmones olvidaron cómo funcionar durante unos instantes, y si su pelaje no fuese blanco habría empalidecido. Desvió la mirada hacia el digimon que había golpeado hacía instantes; hacia su hijo. Devidramon estaba incorporándose, con una mano en donde había recibido el impacto.

— ¡Muchachos! —gritó Ikkakumon, mientras se acercaba rodeando la Fortaleza; el resto de los Comandantes lo seguían. Se detuvieron en seco al ver a Liamon.

— ¿Leormon? ¿Digievolucionaste? —preguntó Birdramon, gratamente sorprendida.

—Así es. Soy Liamon ahora —respondió el león, irguiéndose orgulloso.

— ¡Un Devidramon! —alertó entonces Greymon, preparándose para atacarlo. Rouga fue más rápido, sin embargo, y se colocó frente a su compañero digital, extendiendo sus brazos para detener a los comandantes.

— ¡No le hagan daño! ¡Es Tsukaimon, él Digievolucionó también!

— ¿Qué? —preguntó Garurumon, tomado por sorpresa.

Angemon casi dejó que su Báculo Sagrado cayera de la misma forma que lo había hecho su mandíbula. Descendió hasta el suelo, intentando digerir la notica. ¿Tsukaimon, su hijo, había digievolucionado en un digimon de la oscuridad? ¿Cómo había sucedido eso? Gatomon digievolucionaba en Angewomon, él mismo estaba en su etapa de Angemon y el siguiente en su línea evolutiva era MagnaAngemon. Un hijo de ángeles que se convertía en un digimon de la oscuridad.

— ¿Cómo es eso posible? —Preguntó en voz alta—. Él debería ser un ángel. ¿Por qué Digievolucionó en un digimon maligno?

— ¡Hey! —Gritó Rouga, acercándose a Angemon con el ceño fruncido en un gesto de evidente enfado—. ¿Quién te crees que eres para decir que es un digimon maligno? ¡Sigue siendo tu hijo! ¡La gente no puede sencillamente nacer malvada! ¡¿Acaso importa si es o no es un ángel?!

Unas plumas se desprendieron de las alas de Angemon cuando éste las extendió, imponiendo respeto ante el arrebato del joven Elegido.

—Cuidado con lo que dices. Por supuesto que sigue siendo mi hijo.

— ¿Entonces por qué te escandalizas por su apariencia?

— ¡Yo no me escandalizo!

— ¡Basta!

Todos se voltearon a ver a Hikari, quien estaba reincorporándose en los brazos de Sora. Pareció recuperar el equilibrio y cuando pudo permanecer de pie por sí misma se acercó lentamente hacia Devidramon. Apoyó una mano en su mejilla, la misma que había recibido el impacto minutos antes. Devidramon dejó que Hikari revisara su herida y de sus rojizos ojos comenzaron a derramarse algunas lágrimas. Después de todo, su digievolución sólo había cambiado su cuerpo. Seguía siendo un niño asustado e inseguro, que agradecía en aquellos momentos cualquier cariño que pudieran brindarle.

—No importa si no es un ángel. Devidramon es perfecto tal y como es —aseguró la Elegida de la Luz, sonriéndole al digimon.

Con un suave destello, Devidramon regresó a su forma de Tsukaimon. El pequeño digimon morado se lanzó inmediatamente a los brazos de la Elegida y enterró su rostro en su pecho, llorando. Lloraba por no ser un ángel, por no ser lo que siempre había querido ser. Porque se había decepcionado a sí mismo y porque creía haber decepcionado a sus padres.

Tras unos minutos donde nadie supo cómo reaccionar, Gatomon y Angemon se acercaron a su hijo. Hikari se separó lentamente del abrazo de la criatura y dejó que los padres le transmitieran, sin necesidad de palabras, su apoyo. No era problema alguno para ellos. No dejarían de querer a Tsukaimon por ello; era, simplemente, una novedad. Nunca lo hubieran imaginado, y aún así, tardaron muy poco en aceptarlo.

—Lamento interrumpir —dijo Greymon tras los que parecieron diez minutos de silencio y reflexión—. Pero los oscuros se acercan por el oeste. Lo mejor será alejarnos hacia las costas del Este, donde los acantilados deberían servirnos como escondites.

Nadie tuvo una mejor idea, por lo que hicieron lo que les fue dicho.

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El viaje a lomos de Sylphid había sido el segundo viaje más difícil en la vida tanto de humanos como de digimon. En aquella oportunidad, habían perdido a la Fortaleza Oeste. Nadie estaba de humor para hablar, nadie podía dejar de pensar en todos los digimon que habían muerto en una tarde. Sí, definitivamente, el segundo peor viaje de la historia.

El primero, sin lugar a dudas, era el de la Fortaleza Este hacia los acantilados. Porque aquella tarde, un día después de la llegada del enemigo, no habían perdido una Fortaleza. Las habían perdido todas. Fue a principios del viaje cuando sus mentes, sin la adrenalina de la batalla, comprendieron que todos los soldados de las demás Fortalezas se habían convertido en oscuros. El plan del enemigo había sido, lamentablemente, brillantemente eficaz. Contaminaron el grano que alimentaría a todos los soldados de la Resistencia para poder unirlos a sus filas con un chasquido de dedos.

Ninguno lloró en esta oportunidad. La realidad era demasiado chocante como para que una emoción como la tristeza pudiera hacerse fuerte. Su psiquis se encontraba en un estado de negación total. No podían, no querían aceptar lo que había sucedido. Necesitaban distraerse con algo, evitar pensar en qué vendría a continuación.

Por primera vez, sus corazones se sintieron aliviados al ser rodeados por una gran cantidad de oscuros; así podrían concentrarse en proteger sus vidas, al menos.

—Ikkakumon, Birdramon, Greymon y yo nos ocuparemos de la vanguardia —comenzó a organizarlos Garurumon—, que Kabuterimon, Togemon, Angemon y Liamon protejan la retaguardia. Gatomon y Devidramon se quedarán junto a los Elegidos para que nada les suceda. ¡Nosotros podemos con un batallón, adelante!

Ante aquellas palabras de aliento, los Comandantes se lanzaron al ataque. Las llanuras onduladas, que darían paso en algunos kilómetros a los acantilados, fueron testigos del furor de la batalla. La ferocidad de Greymon y Angemon, el dinamismo en los movimientos de Kabuterimon y Birdramon, la velocidad de Garurumon y Liamon, la potencia de los ataques de Ikkakumon, Gatomon y Togemon. Los Elegidos estaban reunidos en una formación cerrada, con Taichi, Rouga y Yamato asegurándose de que los oscuros que lograsen pasar a Gatomon no llegaran a ellos. Al igual que cada vez que los oscuros estaban demasiado cerca, Hikari comenzó a sentir un intenso dolor de cabeza, por lo que Sora y Mimi debieron atenderla.

— ¡Cuidado! —advirtió Takeru, lanzándose sobre Rouga para evitar que una bola de fuego impactase directamente en él. No fueron lo suficientemente rápido para evitarla por completo, pero afortunadamente el ataque dio en el fusil del Elegido.

—Maldición —se lamentó Rouga.

Los Comandantes lograron contener durante varios minutos la horda de oscuros. Pero la situación comenzó a salirse de control cuando Gatomon se dio cuenta de que cada vez le era más complicado contener ella sola a los enemigos que se acercaban a los Elegidos. Tsukaimon no había digievolucionado e intentaba luchar utilizando su neblina púrpura, la cual era efectiva sólo hasta cierto punto.

— ¡Tsukaimon, tienes que digievolucionar! —le pidió Rouga, mientras levantaba un pie para evitar que un ataque se lo incendiara.

— ¡No! ¡Yo puedo luchar así!

— ¡Necesitamos más poder! ¡Conviértete en Devidramon! —casi le ordenó Taichi, luchando ferozmente con su espada.

El digimon morado mordió su labio inferior. No quería convertirse en Devidramon. No quería ser un digimon “malo”. Pero los muchachos tenían razón, si seguía así no sería de mucha ayuda. ¿Qué hacer? ¿Digievolucionar y convertirse en algo que no aceptaba, o continuar luchando así hasta donde pudiese?

La pequeña dubitación fue suficiente para distraerlo y que un ataque le impactase, derribándolo al suelo.

— ¡TSUKAIMON!

El digimon cayó pesadamente en el suelo. Los Comandantes se replegaron para intentar proteger a los Elegidos, haciendo gala de todos sus ataques especiales para despejar el camino hacia ellos. Rouga se apresuró a tomar en brazos a su digimon.

— ¿Estás bien? —preguntó, preocupado. Tsukaimon levantó la cabeza con cierta dificultad y lo miró apenado.

—Lo siento… Tendría que haber digievolucionado. Pero yo no quiero digievolucionar.

Rouga lo abrazó cuidando de no tocarlo donde había recibido el ataque.

—Descuida, campeón. No es tu culpa.

—Angemon, usa tu Golpe de Fe para abrir un pasillo. Utilizaré mi Muro de Fuego para crear una barrera que debería permitirnos escapar. Estamos rodeados, si nos quedamos aquí no tendremos muchas posibilidades —sugirió Greymon. Angemon se apresuró a colocarse frente al grupo.

— ¡Golpe de Fe!

Tal y como Greymon lo había previsto, la energía sagrada acabó con toda una columna del batallón enemigo, creando un pasillo lo suficientemente extenso como para pasar por allí. El dinosaurio pisó dos veces el suelo, creando dos grietas a los lados del pasillo. Dos murallas de llamas emergieron de las entrañas de la tierra y dejaron a los oscuros sin posibilidades de alcanzarlos.

Los Elegidos y sus digimon comenzaron a avanzar tan rápido como sus piernas se lo permitían. Iban por la mitad del camino cuando un grito los hizo detenerse. Hikari cayó al suelo de rodillas y tomó su cabeza con ambas manos. Taichi se acercó corriendo.

— ¡Hikari! ¡Hikari! ¡¿Qué sucede?!

Ante la incapacidad de su hermana de articular palabras, el castaño comenzó a asustarse. El rostro de ella comenzaba a adquirir cierta tonalidad de rojo, como si estuviese esforzándose demasiado. Quiso tomarla en sus brazos para sacarla de allí cuanto antes, pero apenas la tocó, los gritos se hicieron más intensos, opacados solamente por un ruido más estruendoso. En el cielo se pudo comenzar a apreciar cierta actividad eléctrica. Relámpagos que iluminaban el terreno de forma cada vez más constante.

— ¡Yo la llevaré! —se apresuró a decir Birdramon, acercándose para cargar a Hikari y alejarla de allí cuanto antes. Sin embargo, cuando aún le faltaban algunos metros para llegar a ella, un rayo cayó desde el cielo, cayendo a pocos metros de distancia de los Elegidos, en medio del pasillo que Angemon y Greymon habían formado.

El impacto del rayo los derribó a todos. Se pusieron de pie tan rápido como pudieron, y lo que vieron frente a ellos los paralizó de inmediato.

—Elegidos —dijo la profunda, autoritaria y aterradora voz de Ragnarok. Sus grandes orbes amarillos estaban fijos en sus enemigos.

Todos los Digimon se colocaron instintivamente entre los Elegidos y Ragnarok. Mentalmente preparaban alguna estrategia para escapar de allí, puesto que evidentemente aquel enemigo se encontraba más allá de su alcance. Garurumon estaba a punto de realizar el primer ataque cuando un preocupado Taichi llamó a Joe.

— ¿Qué sucede? —preguntó el Elegido de la Sinceridad.

—Hikari… está inconsciente, ¡revísala o algo! —le pidió. Sin hacerse esperar, el peliazul se acercó a la joven Yagami y revisó rápidamente sus signos vitales. Todo parecía estar en orden.

—La otra vez también se desmayó cuando este Ragnarok apareció —dijo Takeru, sumamente preocupado también—. Creo que él tiene demasiada oscuridad, e Hikari simplemente no puede soportarlo.

Solucionado el tema de la salud de Hikari, los Comandantes se miraron e idearon mentalmente un plan de acción.

— ¡Arpón Volcán!

Tal y como había hecho en alguna oportunidad contra MetalSeadramon, Ikkakumon lanzó hacia el cielo un único proyectil que se dividió en decenas de otros, creando una lluvia de destrucción sobre Ragnarok. No pretendía vencerlo con ello, sino distraerlo lo suficiente. Aprovechando esos segundos, Birdramon y Kabuterimon tomaron a los Elegidos y los alejaron lo suficiente como para que no recibieran fuego cruzado ni daños colaterales.

Ragnarok movió una de sus manos para desintegrar los proyectiles que Ikkakumon le había lanzado. Intentó crear una bola de fuego, pero Liamon fue más rápido.

— ¡Tormenta del Rey!

El rayo impactó directamente en el rostro del campeón de la oscuridad, sin causarle daños, pero ralentizándolo un instante. En aquel instante, Greymon logró acercarse lo suficiente como para golpearlo con su cola y hacerlo retroceder.

— ¡Aullido Explosivo!

Ragnarok se puso de pie inmediatamente y extendió sus brazos hacia delante, con las palmas juntas y los dedos apuntando hacia el ataque de Garurumon que se acercaba a él. Acto seguido, abrió sus brazos formando con su cuerpo una letra “T”, bifurcando así las azuladas llamaradas.

— ¡Meteoros Fugaces!

— ¡Halo Sagrado!

Las bolas de fuego cayeron sobre él sin hacerle ni un rasguño pero obligándolo a colocar su antebrazo para proteger su rostro. El ataque especial de Angemon llegó después; un halo de energía sagrada que se generó alrededor de Ragnarok y luego comenzó a contraerse, encerrándolo e impidiéndole mover sus brazos. Sin embargo, una de sus amarillentas miradas bastó para que la tierra comenzara a fisurarse y a dejar salir columnas de lava.

Gatomon avanzó a toda velocidad evitando las grietas que se formaban en el suelo y con un gran impulso conectó una patada giratoria y ascendente en la mandíbula de su oponente. Éste se elevó varios metros hacia el cielo, donde Kabuterimon lo esperaba cargando en sus brazos a Togemon. Lanzó a la Comandante, quien ni lenta ni perezosa, golpeó dos veces con sus puños a Ragnarok, enviándolo hacia atrás.

— ¡Electro-shock!

— ¡Mega Flama!

La bola de energía eléctrica y la llamarada de Greymon se combinaron en un potente proyectil que explotó al entrar en contacto con el cuerpo de su oponente. Para sorpresa de todos, mientras caía al suelo Ragnarok logró dar una vuelta hacia atrás y caer de pie.

Por supuesto, en cuanto levantó la cabeza, Angemon se acercaba volando a toda velocidad.

—Con el poder de los Cielos… ¡Golpe de Fe! —con una plegaria a la Diosa, el ángel desencadenó su poder en forma de un grandioso haz de energía sagrada. Se detuvo con su puño a centímetros de Ragnarok, quien quedó cubierto por completo por el ataque que recibía.

Los Comandantes contuvieron la respiración, esperando que tras aquella grandiosa combinación que finalizaba con el ataque de Angemon, su enemigo quedase reducido.
Tras un par de segundos, un brazo negro como la más oscura de las tinieblas surgió de la columna de energía y tomó el puño de Angemon. El Golpe de Fe se disipó y, de pie como si nada hubiese ocurrido, Ragnarok se erigía triunfante.

— ¡Demonios, utilizamos todos nuestros ataques y no le hicimos nada! —se lamentó Greymon.

El Báculo Sagrado se materializó en la mano izquierda de Angemon, quien intentó golpear con él a su enemigo. Demasiado rápido como para que la vista lo captase, Ragnarok detuvo el báculo y pateó a Angemon en la cara tan fuerte que fue Patamon quien llegó a la línea de los demás Comandantes.

— ¡Patamon! ¡Papá! —gritaron Takeru y Tsukaimon, respectivamente, el segundo comenzando a brillar.

— ¡Esto termina aquí y ahora! —gritó Ragnarok, elevando sus manos y dejándolas caer con gran potencia. Los relámpagos cubrieron el firmamento y varios rayos cayeron al suelo, derribando a todos los Elegidos y sus digimon. Elevó su mano izquierda y comenzó a generar una bola de fuego de tamaño descomunal. El ataque parecía listo para lanzarse cuando, por algún motivo, comenzó a perder intensidad. Los Elegidos miraron confundidos cómo Ragnarok hacía desaparecer su ataque y observaba sus manos. Sus movimientos fueron poco a poco volviéndose más rígidos, como si tuviese dificultades para moverse.

La brisa que se generó cuando extendió sus alas alertó a los Elegidos de la presencia de Devidramon. Sus ojos escarlata brillaban sobrenaturalmente, fijos en el cuerpo del poderoso digimon.

— ¿Qué es esto? —preguntó Ragnarok, su voz más curiosa que preocupada.

—Debemos ser rápidos —dijo Devidramon a sus amigos, ignorando la pregunta que le había sido realizada—. No sé cuánto tiempo podré paralizarlo. Tendremos que escapar tan rápido como podamos.

Todos se preguntaban cómo era posible que Devidramon pudiese paralizar así a un oponente cuyo poder parecía ser digno de las leyendas de las que le habían contado. Sin embargo, de tontos hubiera sido quedarse a averiguarlo. Se montaron en sus digimon y comenzaron a alejarse tan rápido como les fue posible. Percibieron las palabras que Ragnarok les dedicó antes de alejarse demasiado.

—Podrán esconderse, Elegidos. Pero jamás podrán escapar, porque este mundo es mío ahora.

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Tras varias horas de frenética huída, lograron llegar a los acantilados. Exhaustos, se dejaron caer sobre el frío piso de una grieta lo suficientemente grande como para caber allí, pero no tanto como para llamar la atención. La humedad allí era tanta que no podrían pretender jamás encender una fogata. Aún faltaba un tiempo para la llegada de la noche, pero la luz solar comenzaba a ser insuficiente. Quizás si todo el Digimundo no estuviese cubierto por una capa de tinieblas que volvía a los oscuros inmune al Sol, entonces sí los rayos del atardecer habrían iluminado correctamente su refugio.

Hikari no había despertado aún. No temían por su salud, puesto que simplemente parecía exhausta. Pero, ¿cómo explicarle eso a su hermano mayor? Taichi estaba muriéndose de los nervios, la ansiedad y la angustia. Todos lo hacían.

Los ratos de silencio sirvieron para que sus mentes recordaran todo como una película. Los últimos dos días habían estado tan cargados de sucesos y tragedias que ni Jack Bauer los soportaría. Volvieron a sentir que todo se había ido al demonio. Las cuatro Fortalezas habían caído, el enemigo era tan poderoso que ni siquiera los esfuerzos de todos los Comandantes combinados habían logrado hacerle un rasguño. Si escaparon había sido exclusivamente porque Devidramon consiguió detenerlo temporalmente. El silencio en la cueva era devastador. Fue Shiori quien finalmente se decidió a romper el hielo.

— ¿Qué haremos ahora? —preguntó, y nunca una voz había sonado tan fuera de lugar como en aquel momento.

— ¿Qué podríamos hacer? —respondió Mimi, abrazando sus rodillas, con Palmon a su lado.

—No lo sé… algo. No podemos dejar que vaya por el Digimundo haciendo lo que quiera. Tenemos que detenerlo.

Taichi suspiró y sacudió su cabeza. En el fondo sabía que Shiori tenía razón. Eran ahora los únicos que podían detener a Ragnarok. No podían simplemente hacerse a un lado. Debían crear un plan de acción. Se puso de pie pesadamente.

—Shiori tiene razón. Tenemos que hacer algo. Si estábamos nerviosos hace un día en la otra cueva, ahora definitivamente estamos aterrados. Pero lo que dije en aquella ocasión sigue aplicándose. Está en nuestras manos salvar al Digimundo. Sé que si ponemos lo mejor de nosotros encontraremos la forma de lograrlo.

—No será fácil —se lamentó el Elegido de la Sinceridad.

— ¿Cuándo fue fácil nuestro trabajo, Joe? —Replicó Yamato—. Creo que Sylphid sabía que algo así pasaría; nos dijo que fuéramos a la Fortaleza, tomásemos instrumentos de supervivencia y nos alejásemos cuanto antes. No sé si estoy de acuerdo con su forma de actuar, pero si sabía que esto podía suceder y aún así tenía fe en nosotros… Eso es una buena señal, ¿no?

Poco a poco, los Elegidos comenzaron a creer que después de todo existía una mínima posibilidad.

—Rayos, deberíamos haber hecho eso… Juntar elementos de supervivencia.

Fue entonces cuando un pelirrojo se levantó de repente y golpeó su frente con su mano.

— ¡Soy un idiota por olvidarme!

— ¿Olvidarte qué? —preguntó Sora.

—Cuando estábamos en la Fortaleza Oeste, fui a la sala de Investigación e Inteligencia y tomé algo que había estado preparando —comentó Koushiro, mientras sacaba de un bolsillo un pequeño cubo que brillaba intensamente.

— ¿Y eso?

Por toda respuesta, el pelirrojo lo oprimió en su puño y luego lo lanzó a unos cuantos metros de distancia. El brillo fue intenso durante una fracción de segundo. Cuando todos pudieron quitarse la mano de delante de los ojos para ver, se encontraron con un gran baúl del tamaño de una cama de una plaza y media. El Elegido del Conocimiento se acercó y lo abrió.

—Nunca se sabe cuándo podemos ser atacados o tener un desafortunado incidente que nos deje sin nada. Por eso, estuve diseñando este pack de supervivencia para Elegidos, como me gusta llamarlo.

— ¿Pack de supervivencia? —preguntó Gomamon, intrigado.

—Tiene todo lo que necesitamos: cantimploras, pequeños cuchillos y pedernales para encender fogatas, un par de brújulas —Koushiro se agachó para tomar algo del fondo del baúl, saliendo tras unos segundos con una pistola de energía en su mano—. Y armas, por supuesto. Traje una para cada uno. Taichi y Yamato ya tienen sus espadas aquí, pero de todas formas no les vendría mal un repuesto, ¿no?

—Koushiro, eres un maldito genio —dijo entre risas Taichi. Su amigo sí que pensaba en todo.

—Con estas armas y un buen plan, les mostraremos a esos idiotas por qué nunca debieron meterse con la Resistencia.

—La Resistencia está muerta —dijo entonces la voz apagada de Agumon, silenciando y borrando la sonrisa del rostro de todos.

— ¿Qué has dicho? —preguntó Gatomon, sorprendida.

—Lo que escucharon. Quieren engañarse a sí mismos creyendo que pueden ganar esto sólo porque se tienen fe. Estuvimos años y años luchando con una fe ciega en que una vez que ustedes regresaran todo estaría bien. Y miren cómo nos fue. Deberían haber regresado a Japón cuando aquel condenado Dios se los permitió.

Gabumon dirigió una mirada a Taichi. El Elegido parecía haber sido apuñalado en el pecho y posteriormente petrificado. Su se mostraba parecía herido y estaba rígido, estático. La antipatía de Agumon durante estos meses en la Fortaleza lo había molestado, herido. Pero que intentase acabar con sus esperanzas ahora que la estaban recuperando, eso ya era demasiado.

—Agumon… —comenzó Palmon, pero Taichi se le adelantó.

— ¿Vas a decirme qué demonios te pasa? ¡Llegué al Digimundo hace un par de meses y no me has dirigido la palabra por más de cinco minutos ni un día!

—Estaba comandando una Fortaleza entera. No tenía tiempo para cosas tan insulsas como…

— ¿Pasar tiempo conmigo es una cosa insulsa? —estalló el Elegido.

— ¡Lo es comparado con salvar vidas! —gritó también Agumon, poniéndose de pie. Su ojo sano brillaba ante el brillo de la pequeña fogata. Parecía húmedo, a punto de llorar, pero Taichi no se fijó en eso.

Sin darle tiempo a reaccionar —aún con los increíbles reflejos que el Comandante había desarrollado en base a sus entrenamientos—, golpeó fuertemente el rostro de su camarada. El impacto fue tan fuerte que Agumon, en un intento por no caer al suelo, tambaleó hasta salir de la cueva, donde finalmente impactó contra el suelo. Takeru y Shiori se acercaron para sostener a Taichi, intentando evitar que la pelea se tornara física. Agumon permaneció en el suelo; aquel golpe lo había sorprendido.

—No sé qué es lo que esta guerra te hizo, pero tú no eres el Agumon que yo conocí en este Digimundo hace años —espetó, ignorando olímpicamente las súplicas de Joe de que se detuviera y el aire cargado de humedad y salitre que impactaba su rostro—. Ya ni siquiera te importan tus amigos.

—No es cierto.

—Sí lo es. No hablas ni siquiera conmigo. ¿Acaso ya no te importa lo que me suceda?

— ¡Claro que me…!

— ¡Entonces explícame por qué no me has hablado desde que llegué! —ordenó, separándose con un estallido de fuerza del agarre de sus amigos y acercándose peligrosamente a Agumon.

Todos vieron el gran resplandor, y antes de que comprendieran a qué se debía, Greymon apoyaba sus pies y acercaba su gran cabeza hacia Taichi.

— ¡Porque no quiero perderte! —gritó, derribando al Elegido con el aire que expulsó de sus gigantescos pulmones.

Nadie habló ni se movió. Observaban a Greymon y a Taichi. Estaba decidido tácitamente que, tras aquellas palabras, era algo que tamer y digimon debían resolver por sí mismos. El dinosaurio anaranjado respiraba profundamente como si acabase de correr una maratón, con sus pulmones expandiéndose y dejando salir luego una gran bocanada de aire. Taichi permanecía en el suelo.

— ¿Perderme? —preguntó tras intentar organizar sus ideas. Greymon cerró los ojos y desvió la cabeza hacia otro lado, incapaz de mantener contacto visual con su amigo.

—No lo entiendes…. El primer día vi cómo la Isla File se consumía en llamas. Desde entonces no he parado de ver morir a valientes soldados, habilidosos guerreros que también quieren salvar el Digimundo —oprimió sus párpados, evitando que las primeras lágrimas resbalasen de sus ojos—. No podía… No puedo permitir que te suceda lo mismo. He estado día y noche tratando de este campo de batalla en el que se ha convertido el Digimundo fuera un lugar seguro para ti, Taichi. Asegurarme de que estuvieras a salvo, que no corrieras peligro. Y en un parpadeo todo se ha ido al demonio. Ya no puedo protegerte —se lamentó.

La suerte de represa que sus párpados improvisaron cedió finalmente ante la presión de las gruesas lágrimas que cayeron sobre el suelo del exterior de la cueva. Taichi lo miró llorar, sin saber cómo reaccionar ante ello. Ver a un ser tan grande como Greymon llorar era de por sí inquietante. Pero lo que más le molestaba era la extraña sensación que sentía en su pecho.

¿Greymon se había estado preocupando por él? ¿Aquel distanciamiento que tanto lo había herido era porque quería asegurarse que estaría a salvo? Una lógica un poco extraña, o al menos eso creía Taichi.

— Pero… ¿por qué no me lo dijiste antes? Creí que me odiabas, que te habías olvidado de nuestra amistad.

Los ojos de Greymon se abrieron y miraron fijamente al Elegido que se encontraba frente a él.

—Jamás podría olvidarme de nuestra amistad. Si no te lo dije fue —realizó una pausa, buscando las palabras exactas para continuar; lo hizo tras un suspiro— fue porque en el fondo temía aceptarlo. Aceptar que tal vez no podía protegerte de esta guerra. Si te lo admitía, pondría en descubierto mis propias inseguridades. Pero ahora ya no hay dudas; ya no puedo protegerte de todo este desastre —finalizó, cayendo de rodillas, con el rostro cerca del suelo.

El Elegido del Valor comenzó a sentirse como un idiota. El día anterior había gritado a Sylphid, quien los había salvado de una muerte segura y les daba una oportunidad de continuar con su misión y de salvar al Digimundo, y ahora había golpeado a Agumon. ¡A Agumon! Lo había golpeado creyendo que era un egoísta que sólo se preocupaba por sí mismo, y ahora se daba cuenta de que sus suposiciones no podían estar más lejos de la realidad. Los dos arranques de ira le parecieron, en su momento, justificados. Ahora, sin embargo, se veía a sí mismo como un impulsivo que no se detenía a pensar. ¿De quién era el problema? ¿Suyo, o de los demás que no se comportan como deberían?

Sintiéndose mal consigo mismo, se puso de pie y abrazó el hocico del dinosaurio. Se dejó llevar también por las lágrimas, las cuales creía ya agotadas por un día. Dejó que Greymon supiera que lo perdonaba y que le pedía disculpas.

—Greymon, no hay nadie en quien confiaría más mi vida que tú.

—Lo siento… Lo siento mucho. Les fallé a los soldados, a ustedes. Les fallé a todos —se lamentó.

Taichi permaneció abrazado a Greymon durante un buen rato, consolándolo y asegurándole de que no le había fallado a nadie. Los demás decidieron darles privacidad y se apresuraron a entrar a la cueva para ver qué más traía el pack de supervivencia de Koushiro.

---------------------------------------------​

Habían pasado cuatro horas desde el “Buenas noches” general. Eventualmente, todos habían logrado dormir. El cansancio pudo más que los torrentes de pensamientos que cruzaban por sus mentes. Los únicos despiertos eran Takeru y Patamon, a quienes les tocaba hacer guardia. Patamon recorría sigilosamente los alrededores, mientras que el rubio se encontraba sentado a un borde de la entrada a la cueva. Por algún motivo, la Luna iluminaba la noche más que el Sol durante el amanecer y el atardecer. Koushiro había dicho que probablemente se debía a que la luz de la Luna no es igual que la solar, y que la capa de tinieblas únicamente reflectaba ésta última.

Y aquella blanquecina luz le permitía, desde la entrada, observar a Hikari. Su amiga había despertado cerca de la hora de la cena —en la cual el único platillo eran frutos secos, para variar— pero sólo había permanecido consciente lo suficiente como para comer algo y luego volver a descansar. Takeru estaba casi tan preocupado como Taichi. La vio moverse y, creyendo que tal vez tendría frío, se acercó a cubrirla con su propia manta. Permaneció junto a ella durante varios minutos, sintiendo su corazón desgarrarse cuando la veía hacer gestos de dolor y cansancio, lo cual era bastante a menudo.

—Ésta vez la afectó demasiado.

El joven Takaishi casi se cae de espaldas al escuchar la voz de Gatomon. Se volteó rápidamente. Creía que la Comandante estaba durmiendo, pero al parecer se había equivocado. Una vez recuperado de la sorpresa, volvió a acomodarse y su gesto de preocupación se dirigió una vez más a su amiga.

—Estoy preocupado, Gatomon —admitió—. Esto es demasiado para ella.

—Lo sé. No quiere que nos preocupemos, pero se nota que le afecta muchísimo.

—Pero le afecta sobre todo cuando aparece ese Ragnarok. Es demasiada oscuridad para ella.

—Mientras siga con nosotros —se lamentó Gatomon—, seguirá sufriendo.

Durante los minutos de silencio que siguieron a esa declaración, Takeru no dejó de observar a su amiga. Sus ojos cansados y ojerosos, su respiración por momentos entrecortada, sus labios, aquellos que había probado algún tiempo atrás. Se sonrojó inmediatamente al recordarlo y volvió a concentrarse en lo que importaba. Su amiga estaba grave y, como bien había dicho Gatomon, seguiría estándolo. Continuar con el grupo implicaba que seguirían siendo perseguidos por los oscuros, Ragnarok y sus secuaces. ¿Por qué arriesgarla de esa forma? ¿Por qué no evitarle tanto sufrimiento? ¿Por qué no…?

La idea fue casi descartada automáticamente, pero algo en su mente evitó que eso sucediera. Comenzó a considerarla y, pese a que a cada momento que pasaba le parecía una idea cada vez más loca, terminó convenciéndose de que era lo mejor para ella.

Porque tal vez no era lo mejor para el grupo o para el Digimundo. Pero en la mente de Takeru, Hikari estaba por sobre todas esas cosas. Si lo que acababa de ocurrírsele era lo que debía hacer para proteger a Hikari, entonces eso haría. Mediría luego las consecuencias.

—Escaparemos —soltó, ganándose una mirada confusa de Gatomon.

— ¿De quién?

—De los oscuros. Me llevaré a Hikari lejos de aquí, nos separaremos de los demás. La ocultaré en algún lugar donde no puedan encontrarnos —la digimon se puso de pie, sin poder creer lo que oía—. No voy a dejar que siga sufriendo de esta forma. No si puedo hacer algo al respecto.

—Takeru, sé que estás preocupado, pero esta no es la solución. ¿Crees que tú sólo puedes cuidarla?

—Patamon vendrá conmigo. Y tú también puedes venir, si quieres —la invitó, como si estuviese hablando de ir a un picnic en el campo; suspiró y miró a Gatomon a los ojos—. ¿De verdad prefieres que siga desmayándose del dolor? ¿Quieres seguir viéndola así?

La mirada de la felina se desvió hacia su tamer, que yacía en el suelo exhausta. Sus orejas descendieron, como siempre que estaba triste. Cambió de pierna el peso de su cuerpo, incómoda.

—De todas formas, ¿dónde pensarías ocultarla? —preguntó, deseando que la respuesta no fuese convincente; no podría rechazarlo si seguía argumentando así.

—Cuando estábamos en la Fortaleza Norte nos dijeron que al noreste, más allá del desierto, hay un cordón montañoso lleno de claros. Algunos soldados me contaron historias, me dijeron que aquel lugar fue donde el primer Seraphimon pisó el Digimundo. Es una tierra sagrada donde la maldad no puede entrar. No sé qué tan cierto será eso… pero si es un cordón montañoso entonces al menos sí habrá lugares donde ocultarse.

—Es un viaje largo, Takeru. Un par de semanas si vamos despacio y sin llamar la atención. Al menos que quieras atravesar directamente el desierto.

—No importa cuánto tiempo nos lleve. Si es lo mejor para ella, estoy dispuesto a hacerlo. Gatomon, ¿vendrás conmigo? —le preguntó, mirándola seriamente. Ella titubeó antes de responder.

— ¿Cuándo piensas partir?

—Ahora mismo.

— ¿No piensas decirle a los demás?

—No.

Por alguna razón, ella ya esperaba esa respuesta. Miró hacia el suelo mordiéndose el labio inferior. Takeru tenía razón, era lo mejor para Hikari. Suspiró, rindiéndose. Habiéndose quitado un peso de encima —realmente creía que Gatomon no aceptaría aquello—, el rubio se acercó en silencio hacia Hikari. Con ayuda de la felina digital, logró cargarla en su espalda sin que ella se despierte.

Gatomon se adelantó para avisar a Patamon, y Takeru comenzó a seguirla.

—Takeru.

Un escalofrío recorrió la espalda del rubio. Se volteó lentamente. Si había algo que podía arruinar todo aquello, alguien que pusiera en peligro su plan, definitivamente era él. Taichi lo miraba seriamente, mientras se acercaba a paso lento. El Elegido de la Esperanza no pudo articular ninguna palabra. Su mente no lograba encontrar excusa alguna. ¿Cómo evitaría que Taichi lo asesinase si se enteraba que planeaba escapar con su hermana?

—Escuché tu conversación con Gatomon.

Si tuviera un bolígrafo y papel, Takeru escribiría su testamento allí mismo.

— ¿Piensas llevarte a mi hermana, recorrer ustedes solos un desierto para llegar a unas montañas donde tal vez exista la posibilidad de que no los encuentren?

Pensándolo mejor, sólo necesitaba una roca y las paredes de la cueva. No eran necesarios un bolígrafo y un papel.

Respiró hondo. Taichi era como un hermano mayor para él, aunque lo intimidase a veces, cuando Hikari estaba en el medio. No podía mentirle en la cara. Debía decirle la verdad.

—Es lo mejor para ella —respondió simplemente.

Los ojos del castaño lo observaron durante varios minutos. Takeru sintió que las piernas le temblaban, y no por el peso de Hikari. La respuesta de Taichi sería un veredicto. No podría llevarse a su amiga ahora si él se lo impedía. Maldijo cada uno de los segundos que pasaron allí en silencio, pensando en cómo justificarse.

—Eres un idiota —dijo Taichi, mientras se volteaba y caminaba hacia el baúl de Koushiro, su “pack de supervivencia para Elegidos”. ¿Estaría buscando un arma para matarlo allí mismo? Permaneció algunos minutos, mientras parecía acomodar algunas cosas.

—Lo hago por ella. ¿Es que acaso te gusta verla sufrir cada vez que aparecen los enemigos? ¿Qué quede inconsciente durante horas? ¿No te das cuenta de que lo mejor es alejarla de todo esto?

—Digo que eres un idiota —continuó Taichi, sin hacerle caso a las protestas de Takeru, mientras sacaba un bolso del baúl—, porque pensabas irte sin nada. En este bolso hay cantimploras, yesca, pedernales, una brújula, algunas mantas, un kit de primeros auxilios y un par de armas. Tu rifle es demasiado grande como para llevarlo, lo siento.

Se acercó y colocó la correa del bolso sobre los hombros de Takeru, asegurándose de no despertar a su hermana. El rubio tenía la boca abierta y no caía en lo que escuchaba. ¿Taichi apoyaba su decisión de irse con Hikari?

—Sé que la cuidarás —explicó—. Yo llegué a pensar lo mismo, ella no puede permanecer aquí. Quiero que sepas, Takeru, que sólo a ti podría confiarte a mi hermanita como lo estoy haciendo ahora.

—Taichi, yo…

—Y nunca te pedí perdón por esto —lo interrumpió—, pero realmente siento haberte dicho lo que te dije tiempo atrás, en al Fortaleza Sur. Te dije que me habías defraudado. No es cierto, Takeru. Fui un idiota, me dejé llevar por mis impulsos.

—D-Descuida —dijo, nervioso por la charla que estaba manteniendo con Taichi, cargaba en su espalda a Hikari y se preparaba para emprender su propio camino con ella.

Taichi le sonrió y puso una mano en su hombro.

—No te metas en muchos problemas, ¿de acuerdo? —Le pidió con una sonrisa que fue rápidamente devuelta.

—Lo intentaré.

El Elegido del Valor se acercó a su hermana y le dio un suave beso en la frente, cuidando de no despertarla.

—Ve. Yo me quedaré haciendo guardia.

—Sí. Es hora.

Comenzó a caminar hacia donde Gatomon lo esperaba junto a Patamon, pero tras unos pasos se volteó a ver a Taichi una vez más.

—Gracias.

El castaño hizo un gesto restándole importancia y se sentó, preparándose para una noche de insomnio asegurada.




¡DAAAAAAAAAAH! ¿Qué carajos fue eso?

No les voy a mentir: a este cap. siento que le falta algo. Y yo sé qué le falta, porque no lo puso adrede. Lo dejé para el próximo. Lo que sí creo que tiene es de todo un poquitín. Tiene cierto drama por lo de Tsukaimon. Paréntesis: Pobrecito, ¿no? No acepta su “condición” porque no cree que sea lo correcto. Tiene un mensaje algo interesante si se lo analiza con profundidad. Igual, tranquilos que Tsukaimon tiene MUCHO para contar. Se los aseguro.

En segunda instancia, creo que quedó masomenos claro las diferencias entre los digimon y Ragnarok. Les recuerdo que Ragni(?) es del mismo nivel evolutivo, está en etapa adulta. Los Comandantes son unos expertos en estrategias y están muy organizados y coordinados. Pero ni todos sus ataques juntos pueden hacerle algo a Ragnarok. Excepto Devidramon. Curioso, ¿no? Como les dije, Tsukaimon tiene mucho para contar.

En tercer lugar, la relación entre Taichi y Agumon. Oh, sé que todos querían saber por qué se comportaba así. ¿Está justificado? ¿Es una buena razón? No lo sé. Les recuerdo únicamente que están en una jodida guerra donde la cantidad de digimon que murieron es estratosférica. Eso trauma a cualquiera.

Por último, Takeru rapta a Hikari con apoyo de sus digimon y de Taichi. ¿Quién lo diría? No crean que esto lo hago solamente porque me gusta mucho el Takari, tiene una explicación lógica y que será importante en los próximos capítulos. De hecho (y esto se los dejo para que se rompan la cabeza), TOEI y Digimon Adventure 02 son los que me obligaron a que Takeru e Hikari tuviesen que estar juntos. En un inicio iba a ser sólo Takeru, pero mi deseo de que haya un poquitín de canon en mi fic pudo más.

El próximo capítulo será un poco más tranquilo, aunque tendrá contenido de trasfondo y tal vez algunas revelaciones. Oh, y una escena de romance que quedó fuera de este cap también aparecerá allí. De hecho, se los adelanto y me voy:

Se acerca el primer beso del fic.

*Se va riendo y saltando como un idiota infantil*
 
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PataGato Fan #1
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Momento. TK, Kari y sus digimon se van. Pero y Tsukaimon? Como van Patamon y Gatomon a abandondar a su propio hijo? y mas cuando Tsukaimon esta en una situación donde mas necesita de ellos? o.o

Ahora si que me dejaste con dudas amigo o.o
 

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Mañana edito, que me voy a la cama, namás te diré que me hiciste llorar en la escena de Greymon y Tai, y te dejo una falla gramatical que tuviste por mientras. Mañana te doy un comentario bien acá, lo prometo.

pero realmente cierto haberte dicho lo que te dije tiempo atrás, en al Fortaleza Sur. Te dije que me habías defraudado. No es cierto, Takeru. Fui un idiota, me dejé llevar por mis impulsos.
Bueno, cumpliendo lo que dije. Diablos, pobre Tsukaimon, y apostaría lo que fuese a que sentirá que sus padres lo abandonaron, pfff. Sinceramente este fic se está volviendo bastante emotivo, ya quiero ver qué pasa en el siguiente cap. Y creo conocer el destino de Tsukaimon.

Ahora, me gusta que no pongas a Ragnarok TAN overpower; me recuerda a cuando se enfrentaron al súper Devimon en la isla File, aunque ni Angemon pudo salvarlos ahora. Hmm, que Devidramon sea el único capaz de afectar al diosecillo aquel es, mmm, interesante.

Bueno, me muero por ver la reacción de Hikari. Sigue adelante, y sobre tus preocupaciones, pues te comprendo. Simplemente hay tramas y redacciones que se le hacen muy complicadas a otros, o también está el hecho de que tu fic ya lleva rato. No te fije es eso, pero mientras tengas lectores tú deber es el de seguir.
 
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Art of life
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Siento no haber comentado nada en estos tres capítulos amigo.
Pero me está gustando mucho y por supuesto sigues haciendo que pueda verlo todo en modo película.
Estoy exausto pero no quería olvidarme de comentar esta vez, ya que tienes pocos comentarios y se que eso desanima en parte mucho a la hora de actualizar.
Ya estoy deseando saber la respuesta de los elegidos ante la huida de dos de sus miembros y como dice LP el pobre Tsukaimon que se queda ahora sin sus padres 0.0

Sigue así amigo. Este fic es de mis prefes sin duda =)
 

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Leido el 11 ^^

Solo puedo decir que me gusto absolutamente todo de este capitulo xD es de esos que llamas "Puente" porque conectan eventos mas trascndentales, pero es uno de los que mas he disfrutado. La calma que precede la tormenta =P

La parte del temple muy enigmatica, me gusto la descripcion de esa dimension donde habita el que esta detras de todo, se oye como esos enemigos que vale la pena temer xD Tambien me gusto como repartiste las profesiones dentro del ejercito jaja mucho mas justificado y logico que lo que hicieron al final de 02 O.o deberian haberte contratado para esa parte del guion.

Tambien la parte de Izzy estuvo impeccable, coherente con la realidad digital y cientifica que los rodea, y con un sentido practico para el proposito al que sirven(la Guerra) los cubos fueron una idea genial jaja me dio risa algunos comentarios del segmento, y la alusion a la torpeza de Tai con la tecnologia me recuerda al correo electronico que envoi por accidente en la pelicula O.o creo que simplemente no se le da.

Aun me cuesta visualizer a un agumon tan diferente, pero supongo que la Guerra lo afecto mas que a nadie, en todo caso me da un poco de lastima con Tai. Jaja excelente! todos tienen sus digimons, aun me pregunto que papel juegan Shiori y Rouga aca, se que los introdujistepor algo, y hasta ahora se mimetizan perfecto con el grupo, pero aun tengo esa duda =P

Recordaba el affair de patamon del tu version anterior, aun asi me perturbo un poco xD al igual que cuando TK dijo que Tai no se equivoco... acaso el? O.o por cierto, excelente charla con Matt.

Se nota que tu studio en material belica fue muy completo, tambien pense al momento en la tactica de Guerra relampago de los alemanes jaja pobre polacos xD otra charla que me gusto fue la que que tuvo Tai y Sora antes de entrar a la batalla, creo que es un momento en el que todos sienten miedo, explorarlo a traves de la relacion mas antigua de todos los personajes quizas era la manera mas apropiada. Y por ultimo, el espia... quizas no sea nadie importante, pero no puedo evitar pensar que si xD

Excelente cap, lamento la demora, creo que te habia dicho que estoy empezando de Nuevo una empresa y no tienes idea de como absorbe ^^ en todo caso, este es mi recreo, nos leemos pronto

PD: Alejandro Magno, jaja, el es mi modelo a seguir, en mas de un aspecto =P
 

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[MENTION=96869]Lord Patamon[/MENTION] :
Como te dije en el perfil, Tsukaimon lo tiene a Rouga y a todos los demás. Takeru e Hikari no tienen a nadie D: Hacen este pequeño sacrificio. La reacción de Tsukaimon la tendrás en este cap, la de los padres en el siguiente :3

[MENTION=265114]Lord Roko[/MENTION] :
Gracias por la corrección, lo corregí inmediatamente cuando me lo avisaste. Eres bueno apostando, lol. Ragnarok es jodidamente poderoso. Pero sí, no es que es intocable como Myotismon hasta que aparece Angemon. Lo hacen mierda, pero le tipo se levanta y con un movimiento los deja a todos en evidencia. ¡Y está en su etapa adulta nomás!

[MENTION=313660]Dark Fallen Angel[/MENTION] :
No tienes por qué disculparte. En realidad, ese párrafo de ver en qué estaba fallando estaba más que nada destinado a Fanfiction. Sí, soy muy vago y las notas de autor son las mismas en ambos lados xD Por eso tengo esta sección aparte, ja. Todos se preocupan por Tsukaimon, nadie por Kari D: Nah, solo bromeo, jajaja. ¿Lo quieres? Lo tendrás.

[MENTION=434433]Belerofonte[/MENTION] :
Lo que me gusta de tus comentarios es que me hacen leer mis capítulos para ver qué demonios escribí xD Sí, TOEI se pierde de mis originalidad(?) Ok, no, sigamos. Me alegro que te gustara lo de la tecnología, y para defender a Tai, si mal no recuerdo no fue accidente, fue Kari quien lo envió xD Me alegra también que te gustaran las charlas. Sobre lo de explorar los miedos colectivos a través de la relación más antigua... Me estás dando mucho crédito, yo quería poner una escena de Tai y Sora nada más xDDD De hecho, son varias las veces que veo que analizas mi historia de una manera GENIAL y que me hace ver como un intelectual, cuando a veces se da por casualidad o sin querer xD Al menos que mi inconsciente sea un genio y no quiera que yo lo sepa. Sobre lo de Takeru, pues hay que ver qué considera él como propasarse =P Y no te preocupes, tus comentarios son bien recibidos lleguen cuando lleguen. Como tus caps xD








— ¡¿Has perdido la cabeza?! —Gritó indignado Yamato, sacudiéndolo por los hombros. Taichi no hizo esfuerzo en resistirse, sabiendo que su amigo tenía razón y estaba en todo su derecho enfadarse. El Elegido de la Amistad lo soltó al ver que no pensaba defenderse y comenzó a caminar por la cueva en la que se ocultaban desde el día anterior, nervioso.

Los demás observaban la escena, la mayoría acordando con Yamato, pero sin recriminarle a Taichi su decisión de manera tan activa.

— ¡Es que no puedo creerlo! —Estalló el rubio nuevamente— ¡Dejaste que Takeru e Hikari se escapasen! ¡¿Te olvidaste acaso que tenemos un Dios y todo su ejército persiguiéndonos?! ¡Tienen doce años, y tú los dejaste ir, los dejaste solos en un mundo hostil! ¿Por qué demonios lo hiciste?

El castaño lo miró a los ojos antes de responder.

—Takeru me lo pidió.

—Y supongo que si te pide que te tires de un puente también lo harías, ¿no?

—No quería que Hikari siguiera sufriendo —continuó, ignorando el ácido comentario—. Dijo que la llevaría a un lugar seguro. Patamon y Gatomon fueron con ellos, estarán a salvo.

Hubo un silencio incómodo que se prolongó durante varios minutos. Los digimon no querían opinar, y los demás Elegidos tenían opiniones encontradas. Por un lado, todos coincidían en que ciertamente Hikari no podía continuar desmayándose de dolor cada vez que eran atacados por un grupo considerable de oscuros. Por supuesto que no se lo reprochaban dado que no era su culpa. Sí, alejarla era tal vez lo mejor para ella. Pero por otro lado, que Hikari y Takeru se separasen del grupo sin avisar a nadie era peligroso. Lo mejor sería encontrarlos e intentar proteger entre todos a Hikari.

— ¿A dónde fueron? —preguntó Yamato, mientras tomaba su espada y ajustaba la vaina en su cintura.

—No lo sé.

— ¿Pretendes que crea que dejaste que mi hermano se fuera con tu hermana sin siquiera saber a dónde la llevaría? ¡Dime hacia dónde se fueron! Salieron hace algunas horas, si Garurumon me lleva en su lomo tal vez podríamos alcanzarlos antes de que suceda algo.

—No me dijo el lugar exacto —mintió el castaño—, sólo me dijo que iría a algún lugar que escuchó mencionar a los soldados en la Fortaleza Norte —añadió, para añadir algo de verdad en sus palabras.

— ¿El lugar del que hablaban los soldados en las cenas? —preguntó Rouga.

Inmediatamente se lamentó el haberlo hecho. Todas las miradas estaban puestas en él, y Yamato se había acercado.

—Tú estuviste en la Fortaleza Norte. ¿De qué lugar hablaban los soldados? —preguntó el rubio, con una mirada que se podía traducir en “miénteme y te mato”.

—Yo… bueno… en realidad…

Conocía la historia. Sabía que era en un lugar más allá del desierto, donde el primer Seraphimon tocó el Digimundo. Los soldados hablaban de aquella leyenda casi todos los días a la hora de la cena. La conocía de memoria. Debía decirlo, Yamato era el hermano mayor de Takeru y tenía el derecho de saber a dónde había ido este último.

Pero entonces se encontró con la mirada de Taichi. El castaño movió ligeramente su cabeza hacia los costados, su mirada suplicando que no dijera lo que sabía. Rouga debía decidir si entregaba a Takeru e Hikari o si continuaba con una mentira para protegerlos. Mentir nunca había sido de su agrado, le gustaba confiar en las personas y que ellas confiaran en él. Pero también podía entender a Takeru; todo esto era para proteger a Hikari. Si las leyendas que contaban los soldados eran ciertas, entonces no habría mejor lugar para que ella estuviera oculta.

— ¿Rouga? —volvió a preguntar Yamato. El muchacho suspiró finalmente.

—No sé dónde queda el lugar. No solía prestarle atención a esas historias, me preocupaba más por hablar con Tsukaimon e intentar relajarme. Lo siento —añadió, bajando la cabeza.

El Elegido de la Amistad se volteó y debió reprimir el instinto de golpear a Taichi.

— ¿Y ahora qué haremos? No podemos alejarnos si no sabemos dónde están, y tampoco podemos quedarnos aquí. ¿Qué se supone que hagamos, eh? —cuestionó mientras caminaba por la cueva tomándose la cabeza, pensando en los peligros que su hermano menor podría estar corriendo en aquellos momentos.

Sintió una mano que se apoyaba en su hombro. Al voltearse vio a Gabumon, quien lo miraba con una sonrisa un tanto amarga.

—Takeru ya no es un niño. Pueden cuidarse. Lo hecho, hecho está, no hay nada que hacer más que confiar y tener fe en ellos.

Reflexionó durante algunos minutos las palabras de su compañero digital. Si, Takeru ya no era un niño. Lo tenía claro desde su primera aventura en el Digimundo. Era un muchacho maduro. Probablemente podría cuidarse solo en una situación normal. Pero no era normal que un Dios los persiguiera con el único objetivo de aniquilarlos. Era muy arriesgado.

—Confía en tu hermano.

Tras las súplicas de Gabumon, y luego de comprender que en realidad ya no había nada más por hacer, que la suerte estaba echada, se resignó.

— ¿Y qué haremos, de todas formas? No podemos permanecer aquí. ¿A dónde iremos?

Tras un silencio de algunos minutos, fue Agumon quien tomó la palabra. Desde el incidente con Taichi el día anterior, el digimon se había mostrado más dispuesto al diálogo y a participar en las conversaciones colectivas, aunque se lo veía bastante cohibido cuando hablaba con su tamer, avergonzado quizás por su propio comportamiento.

—Veamos —dijo, tras trazar con sus garras un rudimentario mapa del Digimundo en el suelo de la cueva—. Nosotros estamos aquí, en la costa Este. Sabemos por seguro que las fortalezas del Este y el Oeste fueron acabadas. Es muy probable, en realidad, que las cuatro Fortalezas no sean seguras. Volver directamente hacia el centro es peligroso, considerando que deberíamos atravesar las llanuras y latifundios que estaban bajo la jurisdicción de la Fortaleza Este y es allí donde el enemigo se reunió por última vez. Hacia el noreste sería una buena opción, dado que los terrenos son muy buenos para ocultarnos, por las montañas y claros que allí se presentan.

Taichi tragó saliva, nervioso. Hacia allí se dirigían Takeru e Hikari. Por un lado se alegró de que Agumon coincidiera también en que aquel era un lugar seguro; significaba que Takeru no se había equivocado. Pero si ellos iban en la misma dirección podrían atraer la atención de Ragnarok y poner en peligro la huída de los dos jóvenes.

— ¿Y si seguimos la costa hacia el sureste? —sugirió Shiori.

— ¿Qué hay en el sureste? —preguntó entonces Mimi.

—Se supone que allí es a donde fueron los digimon refugiados que no se unieron a la Resistencia —explicó—. Dinohumon me contó en una ocasión que estos refugiados formaron campamentos aislados que están sumamente ocultos.

— ¿En serio? ¿Por qué yo nunca escuché eso?

—Taichi, tú nunca prestas atención a nada, no sé de qué te sorprendes —bromeó Sora, ganándose una graciosa mueca de falso enfado de parte de su amigo.

—Es cierto —secundó Tentomon, retomando la conversación—. A decir verdad, nunca tuvimos contacto directo con los refugiados, pero de vez en cuando alguno de sus miembros decidía unirse a la Resistencia. Dicen que hay un digimon que maneja todo allí y que tiene su propio escuadrón de rebeldes que pueden hacer frente a importantes números de oscuros. Una vez tratamos de acercarnos a ellos para conocer a estos supuestos rebeldes, pero siempre se mantuvieron ocultos a nosotros.

—Estoy seguro de que si siguen vivos comprenderán que las circunstancias han cambiado. Por el futuro del Digimundo, es necesario que todos cooperemos. Yo digo que deberíamos ir allí cuanto antes, asegurarnos de que no es demasiado tarde como para salvarlos, y hacernos de unos interesantes aliados si es cierto lo que dicen —fue raro escuchar a Shiori hablar con aquella pasión; casi parecía un líder, aunque era un tanto lógico siendo que había sido entrenado en el Centro de Mando de la Fortaleza del Oeste, y era su deber dar órdenes.

—Bien… Creo que está decidido entonces —sentenció Taichi tras ver en los rostros de todos una mirada de aprobación—. Opino que debemos partir cuanto antes. Estamos a varias semanas de viaje si queremos pasar desapercibidos. Juntemos las cosas, preparemos las cantimploras e iniciemos nuestra travesía.

Estando todos de acuerdo, siguieron las indicaciones de Taichi y se prepararon para iniciar una nueva cruzada.

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La primera semana fue la más complicada de todas. Ragnarok y su séquito parecían estar absolutamente enfocados en acabar con ellos cuanto antes y pronto les mostraron a los Elegidos cuán en serio iban. Los cielos estaban cubiertos por Devidramons que patrullaban toda la zona. Podían ver también en las costas grandes grupos de Seadramons, a la espera de que los Elegidos aparecieran. Más de una vez debieron detenerse y ocultarse en los pequeños espacios que la naturaleza les otorgaba para pasar desapercibidos. Incluso por tierra había patrullas de oscuros que más de una vez estuvieron a punto de descubrirlos. Sí, había quedado muy claro que Ragnarok sabía lo que hacía, no les dejaría respirar tranquilos.

Por suerte, una vez que se alejaron de los acantilados y volvieron a entrar a uno de los pocos cordones montañosos del Sur, la presencia de patrullas enemigas se hizo menor. Probablemente continuarían durante algunos días revisando hasta el último rincón del Este antes de decidir expandirse por todo el continente. Ahora ya no era necesario dormir en las más pequeñas cuevas que los acantilados ofrecían, cubriendo las entradas con rocas para evitar ser descubiertos. Ahora simplemente podían avanzar por la base de la montaña, formar en la noche un campamento en algún lugar que la maleza mantuviera oculto a simple vista y mantener atentas guardias para evitar desagradables sorpresas.

Avanzaban desde la salida del sol —el cual seguía siendo ocultado casi por completo por la capa de tinieblas— hasta bien entrada la noche, donde la necesidad de descansar se hacía evidente. Hasta aquel momento habían sobrevivido a base del agua de los ríos y de los frutos de árboles y arbustos. Sólo en tres ocasiones contaron con el tiempo y el espacio suficiente como para pescar o cazar algún mamífero pequeño en los claros de los bosques. No podían quejarse, puesto que por lo menos conseguían recursos como para mantener a ocho humanos y ocho digimon, sin pasar hambre y recibiendo una aceptable cantidad de nutrientes.

Tras unos primeros días donde apenas si podía dormir y en los cuales se mostraba melancólico y preocupado, Yamato terminó aceptando la idea de que su hermano tendría que valérselas por sí mismo y que ese había sido su deseo. No era algo que lo mantuviera particularmente feliz, pero había logrado hacerse con la idea. La tercera noche, el Elegido de la Amistad se acercó a Taichi cuando éste último hacía la guardia nocturna. Charlaron largo y tendido aquella noche, y el rubio acabó disculpándose por haber reaccionado de aquella forma.

—Descuida, supongo que yo habría reaccionado de la misma forma —le había asegurado—. Créeme que no fue fácil aceptar que él e Hikari se fueran.

—Pero era lo mejor para ella. Lo entiendo.

Quien no pareció mejorar con el paso de los días fue Tsukaimon. El pequeño digimon volaba siempre cabizbajo, apenas participaba de las conversaciones —respondía únicamente a los intentos de charla de Rouga— y se las arreglaba para pasar completamente desapercibido. Rouga, Sora y Palmon habían tratado de hablar con él para saber qué le sucedía, pero no había caso. Sin embargo, todos creían saber cuál era el origen de la angustia del pequeño digimon.

El pobre creía que era su culpa por la cual Patamon y Gatomon habían huido sin despedirse de nadie. Cinco semanas habían pasado y en su mente seguía la idea de que sus padres probablemente no habían sabido cómo reaccionar ante la horrible digievolución que le correspondía. No ayudó para nada a su autoestima el hecho de que durante el viaje fueran Devidramons los enviados por el enemigo para cazarlos. Era un recordatorio permanente de que su etapa adulta era un digimon de la maldad, que simplemente no podía ser bueno.

En aquellos precisos momentos, por ejemplo, estaban ocultándose en los arbustos, intentando no ser detectados por la mirada de un grupo de Devidramon que surcaba los cielos.

—No hagan ruido —susurró Taichi, acomodándose más aún dentro de un arbusto. Durante varios minutos oyeron el ruido de las alas recorriendo el territorio. Eran por lo menos cinco. No es que fueran adversarios particularmente aterradores, pero sin duda que el problema no era vencerlos, sino tratar de escapar de quienes serían atraídos por la batalla. Afortunadamente, se alejaron sin haber descubierto la posición de los Elegidos.

Solamente cuando la patrulla desapareció por el horizonte los Elegidos se permitieron salir de sus escondites.

—Se tardaron mucho ésta vez —comentó Koushiro.

—Chicos, creo que avanzamos suficiente por hoy —opinó el Elegido del Valor—. Subamos un poco por la montaña y armemos un campamento para descansar.

Siguiendo aquellas indicaciones, fueron cuesta arriba por la ladera hasta encontrar un punto del bosque donde podrían acampar. Formaron un improvisado refugio que consistía simplemente en un techo de baja altura que se camuflara desde los cielos y los mantuviera ocultos. Dormían todos en fila, uno al lado del otro. Dado que el fuego de una hoguera podría atraer a las patrullas enemigas, debían conformarse con el calor que sus trajes térmicos les proporcionara y con el único agregado de las frazadas. No era algo ideal, pero les permitía sobrevivir.

Y eso era lo único que importaba.

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Una columna de tierra surgió desde el suelo, mientras comenzaba a adquirir forma. Primero cuatro extremidades, dos piernas y dos brazos. Luego se definió el torso y comenzó a surgir una cabeza. En cuestión de segundos, una figura tamaño real hecha de arcilla de Taichi Yagami se erguía.

—El Elegido del Valor —explicó Darkdramon—. Líder de los Elegidos. Impulsivo, temerario. Actúa y luego piensa. El baluarte emocional de todos los Elegidos, es él quien evita que se desmoralicen y se dispersen. Su testarudez y falta de concentración parecen ser sus debilidades. Su compañero digital es un Agumon, perteneciente a la línea de los Greymon.

— ¿Greymon? ¿El compañero del Elegido del Valor es un descendiente directo de la prole de AncientGreymon? —preguntó Ragnarok, intrigado.

—Sí, mi Señor. Varios de los digimon de los Elegidos tienen sangre de Antiguos, pero la relación es muy lejana. Hasta donde sabemos, no son capaces de acceder a esos poderes milenarios que tantos problemas nos causaron en la Gran Guerra.

—Una pena. Los Antiguos eran unos verdaderos dolores de cabeza, hacían de la guerra algo interesante.

Con un nuevo gesto de Darkdramon, de la tierra surgieron otras nueve columnas que adoptaron la forma de los demás Elegidos.

—El Elegido de la Amistad —dijo acercándose a la figura de Yamato—. Es uno de los más perceptivos y temerarios. En base a la información que hemos podido recolectar, es algo similar a la mano derecha del Elegido del Valor. Ellos dos son los únicos cuyos digimon han alcanzado en algún momento la etapa mega. Aunque no tiene sentido ahora que no pueden superar la etapa adulta. El punto débil a explotar es el hecho de estar a la sombra del Elegido del Valor.

—El Elegido de la Sinceridad —continuó—. Es el mayor y el Cuervo lo identifica como el médico del grupo. Es descrito a veces como la voz de la razón dentro del mismo grupo de Elegidos, aunque no siempre es escuchado.

—Típico de humanos no hacer caso a la razón —bufó Khanmon, siendo acompañada la burla por las risas de Megidramon.

—Su punto débil es la falta de confianza en sí mismo. El Elegido del Conocimiento es el cerebro del grupo. No es el líder, pero es quien suele comprender lo que sucede antes que los demás. Su digimon es poderoso para los estándares regulares, pero no ha sabido desarrollar su poder. En nuestra conquista encontramos el castillo de un digimon donde al parecer este Elegido fue atrapado. Las evidencias indican que es susceptible y, por lo tanto, manipulable.

—Interesante —murmuró Ragnarok, guardando en su perfecta memoria todos los datos que Darkdramon le daba de sus enemigos.

—Los Elegidos de la Esperanza y la Luz han sido los que más cambiaron desde su primera llegada al Digimundo. Siguen siendo, de todas formas, débiles psicológicamente y altruistas. Sin mencionar que la esencia de Luz de la Elegida la hace altamente susceptible a la influencia de los poderes de la Oscuridad.

—Si eso es cierto, hay una Elegida menos de la cual preocuparnos —comentó Megidramon, mientras se paseaba por el terreno con su cola pegada al suelo como una serpiente.

—Sus digimon, sin embargo, parecen pertenecer a la clase alta de los ángeles. Siguen sin sobrepasar la etapa Perfeccionada o Ultra, pero parecen ser los más amenazantes a nuestros ejércitos.

—Los ángeles son fuertes contra la oscuridad, es cierto, pero la Guardia del Ocaso fue creada específicamente para ser casi inmunes a los ataques sagrados. No deberían representar amenaza alguna —afirmó Ragnarok, mientras en su mente terminaba de formular un plan de acción.

—Las Elegidas del Amor y la Pureza carecen ambas de fortaleza y determinación. Nuestras fuentes indican que son tal vez los puntos más débiles de los Elegidos. Dispuestas a ayudar, pero altamente inseguras. Sus digimon tienen potencial, pero los Emblemas de las Elegidas no han sido completamente activados, por lo que la energía de los mismos se ve mermada. De nuevo, con la desaparición de los Emblemas, mencionarlos se vuelve casi anecdótico.

— ¿Qué hay de los dos nuevos? —preguntó el campeón de la oscuridad, habiendo recogido todos los datos que consideraba relevantes de los ocho Elegidos originales.

—La información es muy poca, mi Señor. No forman parte del grupo de Ocho del que las primeras profecías hablaban. El Cuervo identifica a uno de ellos como un estratega nato y al otro como un muchacho intrépido y arriesgado, aunque no parece ser irracional como el Elegido del Valor. Sus digimon lucen ligeramente más poderosos que los de los demás Elegidos. Un Liamon y un…

—Devidramon —completó Ragnarok, mientras elevaba una de sus manos y la analizaba—. Ese simple digimon fue capaz de paralizarme durante varios minutos, propiciando la huída de los Elegidos.

Khanmon, Megidramon y Darkdramon intercambiaron miradas. Aún les costaba creer que los Elegidos pudieran haber escapado a un enfrentamiento directo con su Amo. Parecía altamente improbable y antinatural que un Devidramon lograra paralizar al Gran Conquistador. Pero había sucedido.

—Sería interesante averiguar el porqué de aquello. Pero primero hay que acabar con los Elegidos —sentenció, poniéndose de pie y acercándose a las figuras de tierra, recorriéndolas con la mirada—. No será necesario acabar con todos. Sólo debemos eliminar a uno, a quien mantiene a los Elegidos con posibilidades de vencer. Mi Guardia, valientes y astutos guerreros, ¿quién creen que es el arma secreta de este grupo de Elegidos? ¿El único capaz de entrometerse en nuestros planes? ¿A quién debemos eliminar primero?
Un breve silencio se hizo presente, hasta que Megidramon habló.

—El Elegido del Valor es el líder. Acabar con el máximo exponente debería ser suficiente para acabar con sus esperanzas.

—Tu razonamiento es tan obvio como incorrecto —dijo en un tono de voz neutral, tal vez incluso jocoso, pero que salido de la boca de un ser tan poderoso como Ragnarok sonaba casi como amenaza—. Hay alguien mucho más importante en este grupo, uno que tal vez pase desapercibido, pero que es de quien todos dependen en última instancia.

Con un enérgico movimiento, diez rayos cayeron del cielo, acabando con las figuras de los Elegidos. Ragnarok se volteó y sus ojos amarillos se fijaron en su Guardia.

—Y es él a quien han de secuestrar.

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Mentalmente se repetía que no era ni el lugar ni el momento apropiado. Se recordaba que estaban siendo perseguidos, que eran los únicos supervivientes de la Resistencia y que debían ir en búsqueda de los refugiados. Intentaba concentrarse en que Takeru e Hikari estaban solos en alguna parte del Digimundo. Convencerse de que la supervivencia de todos era lo primordial y lo único en lo que debería preocuparse.

Pero Sora sabía que no podía ignorar sus sentimientos. Éstos, sencillamente, martillaban su corazón y bombardeaban su consciencia con preguntas, interrogantes y problemas que su mente de adolescente no lograba responder. Éstas cinco semanas habían sido para ella extremadamente confusas. Por los días, Taichi solía caminar a su lado y hablaban de cualquier cosa, distrayéndose y olvidándose de sus preocupaciones durante maravillosos minutos, horas tal vez. Se sorprendía a sí misma enamorándose cada día más del entusiasmo de Taichi, de su buen humor, de sus palabras justas y necesarias. Y también de su capacidad para entenderla; más de una vez él se acercó a preguntarle qué era lo que le sucedía, diciéndole que la veía pensativa y preocupada por algo. Sora siempre se excusaba con la salida más fácil: decir que pensaba en cómo saldrían de aquella situación, cómo podrían salvar al Digimundo.

Por supuesto, no podía decirle que sentía que estaba enamorada de dos chicos. Y es que aquellos acercamientos diarios con Taichi parecían aclarar el panorama hasta la noche. Allí, cuando todos dormían, Sora intentaba despejar su mente. Y noche tras noche, Yamato se le acercaba a hablar, a hacer más llevadero el insomnio, pero también a complicar su situación. Los temas de conversación eran más profundos que los que ella mantenía con Taichi. Hablaban de la situación del Digimundo, de los miedos y las seguridades de cada uno, de todos los misterios a los que se enfrentaban y de las distintas formas en las que ser Elegidos les había hecho madurar.

Aquellas “conversaciones maduras” servían para que Sora continuase alimentando el ideal que tenía de Yamato como un chico en apariencia frío, pero que era sumamente inteligente, cariñoso cuando se lo proponía y, para qué negarlo, con un aura de misterio que le resultaba muy atractiva. Tal vez era sólo curiosidad, pero la Elegida del Amor sentía que la atracción por el misterio que rodeaba a su amigo era algo un poco más grande. Lo que mayores emociones despertaba en su interior, sin embargo, era el hecho de que todos aquellos acercamientos y conversaciones se producían durante la noche, sin que los demás se enterasen. No sabría explicarlo, pero Sora creía que aquello lo volvía un momento más íntimo, personal y reservado. Pequeños encuentros que eran sólo conocidos por ellos dos y que sólo ellos disfrutaban. Compartir algo así con Yamato la volvía muy feliz por dentro.

Pero entonces, ¿a quién prefería? El buen humor, la comprensión, el apoyo y la amabilidad de Taichi lo volvían un chico simpático que, a risas y grandes experiencias, habían conquistado a la Elegida. Sin embargo, el aura de madurez, misterio y fría resolución de Yamato habían producido un efecto similar.

Lo peor de todo, era que había tomado meses atrás una decisión. Había elegido a Taichi, lo había aceptado y hasta lo había racionalizado. Fue la época durante la cual Yamato se preocupaba más por estar con su banda que pasar tiempo con sus amigos. Un período donde los humos se le subieron a la cabeza y su ego parecía no dejar de crecer. Aquellos días habían facilitado… condicionado, en realidad, la decisión de la joven Takenouchi. Sin embargo, luego de haber recibido un contacto con el Digimundo que desembocaría en la llegada de la Roca (es decir, el Digi-Egg del Valor), el rubio volvió a la normalidad, y Sora cayó nuevamente en sus redes.

¿Y si hubiera actuado en cuanto la decisión estuvo tomada? Tal vez, si Taichi le hubiera correspondido, estarían ahora en una agradable relación, y las dudas de la chica quedarían en segundo plano. O quizás formaría parte de una relación donde su cuerpo estuviera dedicado a Taichi, pero su corazón divido en dos, contrariado. Ciertamente, no habría sido beneficioso para ninguno de los dos.

—Otra noche sin sueño, ¿eh?

Su corazón se aceleró, en un primer momento por el susto, pero luego por haber reconocido aquella única e inigualable voz.

—Lo mismo digo —respondió, volteándose para ver al rubio, quien ya se sentaba a su lado. Elevaron la vista y dirigieron su mirada a la Luna.

—Es igual de hermosa que la de la Tierra.

—Quizás sea la misma.

—Me gustaría creer que así fuera —admitió Yamato, con un susurro apenas audible que amenazaba con perderse en la oscuridad de la noche, siendo aún así captado con total claridad por su interlocutora—. Me gustaría saber que mis seres queridos en nuestro mundo se encuentran en este mismo instante observando la misma Luna que yo observo. Sería como si, indirectamente, nos estuviéramos conectando.

Aquellos arrebatos poéticos, intelectuales en algún sentido, y llenos de sentimentalismo eran cada vez más comunes en el Elegido de la Amistad. Y esas palabras cálidas de emoción derretían el corazón de Sora.

—Extraño a mis seres queridos, ahora que lo mencionas. A mi mamá, a mis abuelos.

— ¿Algún chico en particular? —preguntó de repente y como si fuera de lo más natural. Sora lo miró durante un instante y se sonrojó levemente.

—Yamato, sabes que yo no tengo ningún chico especial esperándome en Odaiba.

—Deberías.

— ¿Por qué?

—Porque una chica tan hermosa como tú debería tener a decenas de chicos esperándola.

El leve sonrojo se transformó en un intenso escarlata que cubrió sus mejillas. Afortunadamente, la luz nocturna no bastaba para volver aquella reacción especialmente notoria.

—Gracias. Pero creo que no es momento de que me preocupe por mi vida amorosa —dijo, riéndose irónicamente para sus adentros, puesto que su vida amorosa era precisamente lo único en lo cual su mente quería concentrarse éstas últimas semanas.

— ¿Y cuándo sería el momento para preocuparte por ello? —cuestionó el rubio, acercándose lenta e imperceptiblemente a Sora.

—Pues… Cuando todo esto termine. Cuando se solucionen las cosas más importantes —respondió, notando el acercamiento de su amigo y perdiéndose en aquella mirada color zafiro.

Sus ojos se encontraron y permanecieron unidos durante largos minutos. Con sólo la Luna y las estrellas como testigos, Yamato inclinó su cabeza, llevó una mano a la mejilla de su amiga, y con suavidad acabó con la distancia que los separaba.

Fue como recibir una descarga eléctrica. Todo su cuerpo reaccionó ante el estímulo. ¡Y qué estímulo! Sora, perdiendo toda noción de lo que sucedía a su alrededor, del espacio y del tiempo, aprendió cómo se sentía un primer beso. Los nervios iniciales de actuar equivocadamente y de que su inexperiencia la traicionara dejaron de atormentarla cuando decidió rendirse al instinto. Fue un beso superficial, únicamente con los labios uniéndose, pero para la Elegida, fue algo más.

Se sorprendió cuando Yamato se separó lentamente de ella. Tras unos instantes que aprovechó para recuperar el aire, abrió sus ojos. La media sonrisa de él se encontraba aún muy cerca de su rostro.

—Te esperaré hasta entonces, pues.

Para cuando Sora recordó cómo venía la conversación hasta antes de aquel mágico momento, el rubio se había ido, dejándola feliz, pero con un corazón cada vez más confundido.

Ninguno de los dos notó sin embargo la mirada sorprendida y, por algún motivo, aliviada de Mimi.

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—Muchachos, tengan cuidado, éste barranco es muy empinado —advirtió Taichi, mientras continuaban recorriendo un sendero por la mitad de la montaña.

En la madrugada, algunas nubes comenzaron a cubrir el cielo. Para cuando despertaron, la lluvia caía a cántaros sobre todo el terreno. No podrían haber caminado de no ser por las gafas que Koushiro había diseñado tiempo atrás y que había incluido en su baúl. No sólo les permitía intercambiar información y tener un increíble radar frente a sus ojos si lo deseaban, sino que los protegía de las gotas de lluvia que atacaban su rostro.

Dado que cerca de la base de la montaña había un río que amenazaba con desbordarse, y que la vegetación arbórea podría resguardarlos un poco de la lluvia, decidieron que lo mejor sería avanzar más bien por la mitad.

—Es complicado avanzar con todo este lodo —se quejó Rouga.

—Tengan cuidado, el lodo resbala mucho —comentó entonces Agumon.

Continuaron caminando por el borde del barranco. La lluvia estorbaba la visibilidad, y los árboles comenzaban a perder hojas y ramas que obstaculizaba aún más el camino. Para colmo, veían a lo lejos algunas patrullas enemigas. Estaban todos concentrados en cada uno de sus pasos. Todos, excepto una.

Sora caminaba casi de manera automática. Su corazón se aceleraba cada vez que veía a Yamato por el rabillo del ojo y su cuerpo entero rememoraba aquellas fantásticas sensaciones. Mil y un veces había soñado, imaginado cómo sería su primer beso. Su mente de niña adolescente había idealizado aquel maravilloso momento. Se imaginaba en algún atardecer, diciéndose palabras de amor, declarándose un amor eterno e inolvidable, sellando su promesa con el único primer beso.

Y sobre todo, lo que más le alarmó, fue que siempre había imaginado su primer beso con Taichi; tal vez porque llevaba más tiempo enamorada de él. Trataba de averiguar si en verdad era esa la causa por la que idealizaba su primer beso junto a su mejor amigo cuando, por caminar distraída, pisó un gran charco de lodo.

Todo sucedió bastante rápido. Sora resbaló en el lodo, se tropezó con una rama y chocó en la espalda a Mimi, quien rodó hacia el barranco. Durante un segundo todos, Elegidos y Comandantes, permanecieron sin reaccionar. Tras unos instantes en los que comprendieron lo que sucedía, Palmon y Leormon digievolucionaron a Togemon y Liamon respectivamente y se lanzaron para atrapar a la Elegida. Taichi y Yamato también se tiraron por el barranco, deslizándose por la inclinada pendiente, cuidado no perder el control. Quizás lo que nadie esperaba fuera que Koushiro oprimiera un botón del brazalete que todos tenían y activase sus botas propulsoras, aquel curioso invento que habían visto semanas atrás.

El Elegido del Conocimiento, impulsándose a toda velocidad, logró llegar primero a Mimi. Intentó frenar su caída, pero sólo consiguió que dejara de rodar sin control. Continuaron deslizándose por el barranco hasta que Liamon llegó y los contuvo. Togemon se apresuró a Tomar en sus brazos a Mimi y a Koushiro.

— ¡Mimi! ¿Estás bien? —preguntó sumamente preocupada. Taichi y Yamato llegaron justo después.

—Sí… Sólo me golpeé el hombro —dijo la Elegida, llevando una mano a su hombro izquierdo. Koushiro se elevó lo suficiente como para quedar a la altura de Togemon.

— ¿Segura que estás bien? ¿No te duele nada más?

—Sí, estoy segura. Todo gracias a que me atrapaste rápidamente —le agradeció, con una sincera sonrisa que trató de ocultar el dolor que sentía en aquellos momentos. El pelirrojo se permitió perderse algunos momentos en aquella sonrisa, pero rápidamente captó el gesto de dolor de la Elegida.

—No fue nada. Togemon, llévala con Joe para que la revise.

—Koushiro, creo que lo mejor sería que tú la llevaras con Joe. Togemon va a tener que quedarse aquí conmigo —dijo Liamon, observando el cielo.

— ¿Por qué dices eso?

—Porque nuestra ubicación ya no es un secreto para el enemigo —respondió el digimon.

Ante aquel comentario, todos elevaron su vista hacia el cielo. A través de las copas de los árboles lograron ver a varias patrullas acercándose a toda velocidad hacia su posición. Al parecer, la digievolución de los dos Comandantes y los gritos de los Elegidos habían llamado la atención de sus persecutores. Togemon y Liamon ayudaron a subir a los Elegidos para que se reagruparan.

—Las patrullas ya nos localizaron, los verdaderos enemigos llegarán en cualquier momento. No tiene caso ocultarnos en el bosque, destruirán toda la montaña si es necesario —advirtió Agumon, mientras se preparaba para digievolucionar.

—No tenemos nada que hacer contra Ragnarok y sus secuaces si es que llegan —reconoció Gabumon—. Debemos huir, pero si las patrullas nos siguen tampoco ganaremos nada. Hay que eliminarlas cuanto antes y emprender la retirada.

— ¡Entendido!

Los Comandantes que aún se encontraban en la etapa de novato digievolucionaron inmediatamente. El único digimon que permaneció tal y como estaba fue Tsukaimon. Birdramon y Kabuterimon se lanzaron directamente contra el primer grupo de Devidramons que se acercaba. Éstos dispararon rayos de energía desde sus ojos. Unas maniobras evasivas sirvieron para salvarlos de cualquier daño posible.

— ¡Meteoros Fugaces!

— ¡Electroshock!

Los primeros dos Devidramons cayeron derrotados. Aún les faltaba una docena. Los Comandantes, luego de encontrar un lugar donde los árboles no estorbasen, comenzaron a lanzar sus ataques desde el suelo. Las flamas de Greymon y Garurumon estorbaron el movimiento de sus enemigos y los obligaron a detenerse algunos instantes para evitar ser impactados. En esos momentos de dubitación, los rayos de Liamon, los misiles de Ikkakumon y algunas espinas de Togemon impactaban en los Devidramons, acabando con algunos en el mejor de los casos.

— ¡Cuidado! —Alertó Rouga, mientras comenzaba a disparar con su fusil a un objetivo que pretendía atacar por la espalda a Kabuterimon. El Devidramon sintió los impactos. Furioso por aquel ataque, lanzó sus rayos hacia Rouga.

— ¡Rouga! —Gritó Tsukaimon, mientras su cuerpo comenzaba a brillar.

Afortunadamente para el Elegido, Taichi logró interponerse y desviar el ataque con su espada hacia un árbol cercano. Devidramon, ésta vez el compañero digital de Rouga, se lanzó encolerizado a atacar a quien se atrevió a tratar de herir a su tamer. Sus garras brillaron un instante en el cual realizó un profundo corte en el pecho de su oponente, desintegrándolo en datos segundos más tarde.

La breve batalla parecía estar a favor de los Elegidos y sus digimon. Pero entonces, las gafas de todos emitieron un extraño sonido.

— ¡Se acerca un digimon con un gran poder! —Anunció Joe, al analizar la información que se proyectaba en los lentes.

En efecto, un cuervo negro se acercaba a toda velocidad hacia ellos. Cuando estuvo lo suficientemente cerca como para entrar en batalla, sus alas quintuplicaron su tamaño y lo cubrieron, abriéndose segundos más tarde para revelar a Karatenmon. Juntó sus dos espadas y lanzó un rayo de energía.

— ¡Kabuterimon, no! —Gritó alarmado el Elegido del Conocimiento cuando aquel ataque impactó en el pecho de su digimon, precipitándolo hacia el suelo. Encendió sus botas propulsoras para llegar cuanto antes a él.

— ¡Es el cuervo, estén alertas!

Los Comandantes observaron cómo Karatenmon se detenía en el cielo y observaba con detenimiento a todos los presentes. Era obvio que notaba la ausencia de dos Elegidos y sus digimon, pero aún así parecía estar buscando algo (o a alguien) en particular. Eventualmente pareció encontrarlo y decidió por atacarlos.

— ¡Ésta vez no te subestimaremos! —Rugió Garurumon, mientras lanzaba su ataque especial. Como esperaba, el cuervo sólo debió cerrar sus alas para evitar recibir daño alguno. Al volver a expandirlas, decenas de plumas negras fueron lanzadas como cuchillas hacia los Elegidos.

— ¡Ataque de Espinas!

Las espinas de Togemon impactaron en el aire con todas las plumas que amenazaban con impactar en los humanos. Karatenmon no se detuvo ahí, y se lanzó directamente a atacar con sus espadas a Devidramon.

— ¡Te detendré como hice con tu líder! —exclamó éste último.

Sus ojos rojos comenzaron a brillar y su habilidad paralizadora fue lanzada hacia su oponente. Había servido satisfactoriamente contra Ragnarok, así que no parecía haber forma de la que su secuaz lograra escapar. Sin embargo, Karatenmon siguió como si nada sucediera, y realizó dos cortes en los largos brazos de Devidramon. Éste dejó escapar un aullido de dolor, haciendo que la sangre de Rouga hirviera en furia.

— ¡Maldito!

Rodó hacia delante para ganar algunos metros y colocarse en una mejor posición. Apenas si necesitó arrodillarse para comenzar a disparar. No colocó el modo ráfaga sino en modo semiautomático, disparando sin cesar. Los extraordinarios reflejos y la sobrenatural agilidad de su enemigo, sin embargo, le bastó para rechazar con sus espadas todas las balas de energía que iban dirigidas hacia él.

— ¡Te tengo! ¡Tormenta del Rey!

Un poderoso rayo salió disparado desde la boca de Liamon, apuntando directo al flanco izquierdo de Karatenmon. Éste vio venir el ataque y esperó al último instante, defendiéndose de los ataques de Rouga mientras tanto. Cuando parecía inevitable el impacto, el cuervo realizó un movimiento con su espada para desviar el rayo de Liamon directo a la posición de Rouga. El Elegido se quedó estático durante un instante, y fue entonces demasiado tarde para poder escapar.

Con un gran impulso de sus alas, Devidramon logró colocarse justo a tiempo en la trayectoria del rayo, recibiendo el gran ataque sin posibilidades de defenderse. Fue electrocutado durante unos segundos durante los cuales sintió dolor en cada fibra de su ser. Tras aquella breve tortura, el ataque acabó y Devidramon volvió a su forma de Tsukaimon.

— ¡Tsukaimon!

El Elegido tiró su fusil y trató de atrapar a su digimon antes de que este impactara en el suelo, pero no llegó a tiempo.

—Tsukaimon, Tsukaimon, háblame. ¿Estás bien? —preguntó, sumamente preocupado. Pero su digimon no contestaba. Tsukaimon permanecía con los ojos cerrados, inconsciente.

— ¡Eres un maldito! —Exclamó Greymon, lanzando su Mega Flama. Garurumon también acompañó el asalto con su propio ataque, mientras Birdramon se acercaba a Togemon sin que el cuervo lo notara.

El enemigo volvió a cerrar sus alas hasta que los ataques de los Comandantes acabaran. Las abrió luego, confiado en sí mismo tras haber resistido aquel ataque doble. Sin embargo, la sorpresa de ver a Birdramon volando a toda velocidad con Togemon cargada en sus patas no fue una vista agradable. Sin darle tiempo a reacción, el digimon ave lanzó a su camarada con todas sus fuerzas. El cuervo trató de lanzar un ataque, pero Togemon colocó un golpe con toda su energía en su cabeza, enviándolo al suelo en el acto.

— ¡Ahora!

Birdramon, que habría aprovechado el vuelo para ganar velocidad, se apresuró a tomar de las alas a Karatenmon (procurando hacerlo con sus garras) y lanzarlo hacia arriba antes de que tocara el suelo. Inmediatamente después envió su ataque especial, impactando varias decenas de pequeñas bolas de fuego en su oponente. Aprovechando aquella vulnerabilidad, Ikkakumon disparó tres de sus arpones.

Liamon no quiso quedarse atrás, y con un potente salto logró llegar a la altura de su enemigo.

— ¡Golpe crítico!

La poderosa garra del digimon león dio un increíble zarpazo en el vientre de Karatenmon, enviándolo directamente hacia el suelo. La batalla parecía estar decidida, pero para sorpresa de todos, el cuervo logró estabilizarse en el aire y caer de pie. Debió flexionar sus rodillas y analizar sus daños durante unos instantes. Era evidente que aquella grandiosa combinación le había afectado muchísimo.

No podía seguir recibiendo daño. Era necesario cumplir con su objetivo a como dé lugar. Cerró sus ojos durante un instante y preparó su habilidad especial. En cuanto los abrió, los espíritus de todos los presentes se le mostraban como un libro abierto. Podía ver sus intenciones antes de que el cerebro enviara el estímulo a los grupos musculares que iniciaran la acción. Estaba, literalmente, un paso por delante de todos ellos. Con Devidramon y Kabuterimon caídos, sólo había un digimon del cual encargarse.

Con un ágil movimiento, realizó un giro de ciento ochenta grados y se defendió de los ataques de Taichi y Yamato. Fue sumamente sencillo para él salir de aquel embrollo y dirigirse directamente hacia Greymon. Lanzó una pluma al lugar donde instantes después Greymon movería su mano. Efectivamente, tras algunos segundos logró escuchar el alarido de dolor del dinosaurio. Aprovechando aquel momento de debilidad, golpeó con una de sus patas la clavícula del digimon, quitándole toda posibilidad de resistencia inmediata. Tomó entonces la cola y con mucha fuerza lo lanzó hacia donde debería encontrarse Birdramon, si es que hacía lo que su espíritu indicaba.

Tal y como lo esperaba, el gran peso de Greymon y la sorpresa del impacto bastó para que el último digimon capaz de volar pudiera seguirlo. Resuelto aquello, voló tan rápido como pudo —rechazando ataques a diestra y siniestra— hacia donde se encontraba un debilitado e incapaz de levantarse Kabuterimon. A su lado, Koushiro trataba de hacerlo reaccionar.

— ¡Vamos, levántate!

El pelirrojo no se percató de la presencia del cuervo hasta que una pluma se incrustó dolorosamente en su antebrazo izquierdo.

— ¡K-Koushiro! —Gritó el digimon insecto, tratando de incorporarse para luchar y defender a su tamer.

No hubo nada que hacer. Un corte en su pecho bastó para devolverlo a su forma de Tentomon. El Elegido del Conocimiento activó sus botas propulsoras para alejarse de allí y que Karatenmon dejase en paz a su digimon. Pero el digimon oscuro fue más ágil y logró atraparlo. Rompió con una de sus espadas los propulsores de las botas y golpeó la nuca de Koushiro.

El golpe logró dejar inconsciente al Elegido y Karatenmon lo cargó sobre su hombro. Comenzó a alejarse, para completo horror de los Elegidos.

— ¡Koushiro! —Gritó Joe, mientras trataba de correr hacia su amigo.

— ¡Arpón Vol…!

— ¡No lo hagas! ¡Lastimarías a Koushiro! —Gritó Shiori, interrumpiendo el ataque de Ikkakumon. El comandante se dio cuenta de la tontería que estuvo a punto de realizar y maldijo para sus adentros.

— ¡¿Qué esperan?! ¡Vamos a buscarlo! —Gritó Mimi.

—No podemos —acertó en deducir Yamato—. Kabuterimon, Devidramon y Birdramon están fuera de combate. Se encargó de eliminar a los digimon que podían volar y perseguirlo. Yendo a pie nunca podremos alcanzarlo. Se lo llevaron.

Aquellas palabras cayeron como baldes de agua fría para todos. El enemigo había secuestrado a Koushiro frente a sus narices. ¿Qué podrían hacer? Era cierto que no podían alcanzarlos, no sin ningún digimon volador. Lo que era peor, no podían siquiera seguirlos. ¿Cómo harían para encontrarlo? ¿Cómo rescatarlo si no sabían dónde ir a buscarlo?

— ¡Maldición!

La espada de Taichi se clavó casi hasta la mitad de su hoja en el suelo. Deseó con todo su corazón que aquella porción de tierra fuera el pecho de Karatenmon. Dos veces los había burlado él solo contra los esfuerzos combinados de todos. Y ahora acababa de secuestrar a uno de sus mejores amigos. El cuervo no podía ser perdonado.

—Algo se acerca desde el norte —dijo Shiori, el único que, en su desesperación, parecía aún conservar algo de cordura. Todos desviaron la vista hacia la dirección que el Elegido había indicado.

—Parecen ser dos digimon. Están lejos, pero creo que no son Devidramons.

— ¿Qué son entonces? —Preguntó Sora, fallando al querer mantener la preocupación fuera de su tono de voz.

—Los lentes tienen una función de distancia focal variable, ¿no es cierto? —recordó entonces Garurumon.

— ¡Sí, lo recuerdo! —Joe oprimió un botón que se encontraba en el marco de sus lentes. La pantalla de los mismos comenzó a mostrar una imagen cada vez más grande de aquellas figuras. El zoom le permitió al Elegido de la Sinceridad tener una clara visión de las criaturas.

— ¿Y bien? ¿Qué son?

—Son dos digimons alados. Nunca los he visto, pero no parecen tan… Oh, por Dios… ¿Acaso…?

— ¿Qué pasa? ¿Qué ves? —Le preguntaron, no sabiendo cómo tomar aquellos gestos de sorpresa de Joe.

—Definitivamente son aliados.

— ¿Por qué lo dices?

—Porque en sus lomos traen a Takeru e Hikari.







Éste cap me gusta por varios motivos. Primero, porque agudiza aún más la situación de desesperación de los Elegidos. En un breve repaso de los últimos caps: Ragnarok y su Guardia del Ocaso aparecieron y destruyeron a la Resistencia, demostraron ser simplemente demasiado para los Elegidos, los cuales ahora corren como pueden en un mundo completamente hostil y que los quiere muertos. Con el nuevo agregado de que acaban de raptar a Izzy (Koushiro, ja; es el único que detesto tener que escribir su nombre en japonés, todos los demás me gustan más en la versión original). Lo peor de todo esto es que lo peor aún no llega.

También me gusta porque creo que queda cada vez más claro que los malos van en serio. No dejan nada al azar, maldita sea. Se toman la situación bastante en serio, y tienen guerreros poderosos para llevar a cabo sus planes. Es para destacar la labor de Karatenmon, a quien me gusta llamar El Cuervo porque suena mucho más genial, ja. No es extremadamente poderoso. Es un digimon ultra y, como tal, tiene gran ventaja sobre los demás que son simplemente Campeones o adultos, como quieran decirle. Las dos veces que luchó contra el grupo entero la tuvo jodida y sólo logró escapar. Es que claro, su habilidad de leer el espíritu de los demás lo vuelven un gran dolor de cabeza.

También me gustó profundizar un poco más sobre Yamato. No tuve muchas oportunidades, pero siempre traté de mostrarlo como un hermano que se preocupa por Takeru. Y la escena inicial tenía la intención de reflejar eso. Además, está la obviedad de que protagonizó uno de los momentos más importantes de este cap, que fue el beso con Sora. Espero que les haya gustado la escena. No quise gastar párrafos enteros en las sensaciones que sintieron ambos. Preferí ser un poco más conciso, si se me permite ese término.

En fin, no tengo mucho más para opinar sobre el cap. Como leyeron en el final, Takeru e Hikari vuelven a reunirse con el grupo. Los dejo que usen su creatividad para adivinar en qué digimon volvieron. El siguiente capítulo narrará las vivencias de los dos pequeños en estas cinco semanas que pasaron. Será… Me atrevo a decir que, argumentalmente, será el capítulo más importante del fic, junto al de la aparición de Ragnarok y uno que falta por llegar. Espero no decepcionar.

En fin, eso es todo. Saludos.
 
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PataGato Fan #1
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Buenisimo el capitulo amigo.

Cada vez que leo en los capitulos de tu fic donde dice el cuervo, por alguna razón me imaginaba el poema de Edgar Allan Poe "El cuervo" XD

Y que poeta salió Yamato, y hasta con beso salió premiado XD

Pobre Tsukaimon, ojala pronto se recupere emocionalmente... Y fisicamente tambien luego de tremenda paliza o.o

Y que onda con Takeru y Hikari que regresaron? o.o

Y pobre Izzy tambien, acabó secuestrado, me pregunto que irá a hacer el enemigo con nuestro elegido genio? o.o
 

Art of life
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Otro magistral capítulo.
Desde el principio con la escena de la preocupación de Yammato, la decisión de ir hacía el sur, el conocimiento de una aldea de rebeldes que no actuaban con la alianza...(eso me recordó un poco a juego de tronos no se porqué XD )
Luego lo de siempre, como describes las escenas, me gusta mucho la fluidez que tomas a la hora de escribir sucesos.
Me encantó la escena del beso. Y de nuevo esa indirecta de que Mimi siente algo por Tai jajaja veamos como lo haces en el futuro.
Luego la escena de Ragnarok estudiando a los elegidos por Darktyranomon, muy propio de un enemigo de libro, no de anime la verdad, y eso también me gustó. Me esperaba algo tipo Ragnarok riendo maliciosamente y el resto inclinados ante él a la espera de que los mande a matar a todo dios XD
Y la escena final, la estrategia de Birdramon y Togemon fue sublime, pero ese Karatenmon...si no fuera por su habilidad, sin duda hubiera caido.

¡¡Llegan Kari y Tk después de 5 semanas!!

Por supuesto que queremos ver que han pasado en esas 5 semanas para ellos...y creo que van montados a lomos de Silphyd.

Espero el próximo con muchas ganas amigo!
 

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jaja justo estaba leyendo el capitulo cuando respondiste xD listo el 12. Excelente por cierto, fue tan dinamico que a pesar de ser bastante largo se me hizo super corto. Tengo que reconocer que sabes narrar las batallas muy bien, a mi siempre me ha costado un poco =P

Todo muy bien descrito, creo que el capitulo dio para todo, por lo que pude visualizar a la perfeccion el paso entre las montanas y toda la batalla en el. El boggeymon dio una gran batalla, solo me descoloco un poco su arranque de pasion y lealtad a la causa al final de la batalla, ya que al principio parecia no importarle mas que su superviviencia xD pero es un detalle insignificante. Me gusto el papel de Izzy como "maestro" de Shiori, en cierta forma dandole apoyo ante su falta de experiencia.

La parte de Tai y Matt contando victimas me recordo a Legolas y Gimli en LOTR jaja fue gracioso, se nota que hay quimica entre ellos. Por un momento pensaba que no lo iba a lograr, pero que bueno ver que Matt esta major ^^ aunque me sorprende que la perturbada sea Sora y no Tai, ya que fue por su culpa y todo eso xDD Muy professional la parte de Joe en la sala de emergencias =P

En fin, tus preguntas(con el atraso correspondiente xD)

1º ¿Qué impresión tienen del fic hasta ahora?

Bueno, ya te lo he dicho xD uno de los mejores y mas completes que he leido. Me haes sentir orgulloso jajajaja xD

2º ¿Qué personaje(s) creen que estoy dejando de lado? Lo cierto es que quiero que los 10 Elegidos tengan una importancia similar en la trama. Pero tal vez no me estoy dando cuenta y estoy relegando a algunos más que otros. Avísenme así puedo cambiarlo.

No esta mal repartido hasta ahora, quizas por ahi Joe y Mimi son los mas de lado, pero es muy dificil distribuir protagonismo entre 10 personajes jaja yo sufro horrores con solo 8 O.o Nos leemos, sigue subiendo caps! xD

PD: jaja me dio risa tu respuesta, quizas como yo trato de darle una simbologia implicita a todo lo que escribo tambien me empeno en buscarla xDD Por otra parte.. no puedo creer que aun no lo subo O.o soy un asco xD
 

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Sabía qué raptarían a Izzy, pues basicamente el que les permite a todos sobrevivir. Ay, dios. Esto se está poniendo muy, pero muy bueno.


El beso de sora y Matt, dios, a pesar de que literalmente odio esa pareja con cada fibra de mi ser, fue mágico. Tan genial eres que haces que me guste una pareja a la que le tengo abersión. Neta, eso te da mucho crédito.

Hubiera deseado más que un par de parrafos para la preocupación de Tsukaimon, pero nimodo, así lo hiciste tú. Pero yo pienso que Hikari estará ediabladamente enojada con Takeru y su hermano. O eso creo...
 

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Hey! Hola denuevo xD Paso a dejar el cap 13

Jaja en lo particular nunca pude encontrarle ningún tipo de sentido o justificación a la relación entre Matt y Sora que apareció en 02, así que agradezco que trates de explicarle un por que =P por otra parte, el gabumon que desarrollas en tu fic es genial ^^

Excelente también la parte de Rouga y Shiori, ya que no contamos con ningún tipo de información adicional respecto a ellos, y yo quiero saber por qué los introdujiste xD (me diste la razónal final del cap) supongo que su reacción es muy lógica, más en el contexto en el que llegaron, en medio de una guerra brutal. Siempre he pensado que los elegidos deben ser 7 por motivos de argumento (Kari sería un añadido posterior,aunque bueno, luz... puede justificarse). Ansío ver la lógica detrás de esto.

Por lo que veo Gennai tiene un rol activo en el fic, eso es nuevo ^^ y Sylphid el elemental,me pareció algo con marcada influencia de Harry Potter xD hasta ahora me gusta cómo encaja en tu obra. Oh jaja un Firewall xD ya veo, muy apropiado O.o este es literal.

Ok, a partir de acá se separan, así que los caps estarán mucho más concentrados en el desarrollo individual de los personajes, la parte más difícil creo xD

Continuare leyendo, esperando tu próxima actualización *-*

Hasta pronto
 
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[MENTION=96869]Lord Patamon[/MENTION] :
Gracias amigo por tus palabras. Si, yo siempre que escribo sobre el cuervo recito una partecita del poema de Poe. No es que está basado en eso, pero decir “el cuervo” es demasiado poético cuando lo miro desde ese sentido xD Todas tus preguntas serán respondidas pronto; eso sí, tendrás que leer bastante para responder algunas de ellas xD (ya verás por qué lo digo).

[MENTION=313660]Dark Fallen Angel[/MENTION] :
Me allegro que te haya gustado :D A decir verdad nunca vi ni leí Game of Thrones, así que no sabría decirte si es algo así o nada que ver xD Desde que empecé a diagramar el fic se me hizo bastante lógico que no todos los digimon del mundo estarían dispuestos a unirse a la Resistencia, por X motivo. Además, dejar a los Elegidos completamente solos luego de la caída de la Resistencia me parecía un poco cruel(?). Ragnarok intenta ser un villano más inteligente y precavido que los típicos villanos de animé que se descuidan o confían y pierden. Sin embargo, no es perfecto, como veremos en un par de capítulos. Y sí, Karatenmon es fuerte por la diferencia de nivel en cuanto a evolución, pero principalmente por su habilidad especial. Esa marca la diferencia.

[MENTION=434433]Belerofonte[/MENTION] :
Como siempre, un placer leerte, incluso en forma de comentario xD Creo que tienes razón con el cambio de actitud de Boogeymon. Realmente no me percaté de lo chocante que resulta. La idea era que Boogeymon quisiera morir habiendo hecho algo. Como matar a un Elegido xD Sí, lo de contar las cabezas lo saqué de LOTR. Son ese tipo de referencias que simplemente no pude resistir incluir xDD Y estuve varias horas investigando sobre primeros auxilios y cirugías menores para escribir la escena de la enfermería. No quería poner cualquier cosa. Por cierto, ¿por qué te hago sentir orgulloso? xD Me dejaste intrigado con eso, jaja.

[MENTION=265114]Lord Roko[/MENTION] :
Sí, Izzy es el cerebro, el que descubre todo antes que los demás. Es, básicamente, el más peligroso para Ragnarok. Me alegra que haya hecho que un acto de herejía te parezca mágico, jajaja. No quería extenderme mucho sobre Tsukaimon porque ya lo haré en el futuro y sería reiterativo. Y tus suposiciones (tanto las que comentaste como las que me escribiste por MP) serán respondidas a continuación.

Fe de erratas: en unas notas de autor previas, mencioné que el beso entre Yamato y Sora sería el primero del fic. Pues bien, lo que quise decir es que sería el primero de este triángulo amoroso que Sora tiene con Yamato y Taichi. Obviamente, como todos recordarán, el primer beso fue entre Takeru e Hikari. Sucede cronológicamente la noche antes de que viajaran a la Fortaleza del Oeste (donde se prepararían para la batalla de Kiawi) y es narrado por Takeru a Rouga en el capítulo 14, “La Fortaleza Norte”. Les recomendaría que, si no recuerdan para nada esos dos caps, los leyeran de vuelta. Éste trata sobre las aventuras solitarias de Takeru e Hikari, y vendría bien recordar cómo fue su primer beso.

Sólo puedo decirles que les espera un capítulo largo, LARGO, pero que intenté que fuera fluido, entretenido y fácil de leer. Tiene acción, tiene romance, hará madurar a nuestros personajes y abrirá un nuevo arco argumental del fic, arco que me gusta llamar “la búsqueda”. Ya verán porqué. Ojalá les guste leerlo tanto como a mí me gustó imaginarlo y escribirlo.




Sus pesadillas se transformaron paulatinamente en maravillosos sueños. La sensación de estar ahogándose y de tener varias toneladas de peso sobre su pecho fue dando lugar a un estado de bienestar que la dejó dormir plácidamente. Eventualmente, su cuerpo consideró haber descansado lo suficiente y volvió lentamente al estado de vigila.

Lo primero que notó fue un cierto balanceo. Su cuerpo entero se movía a un ritmo constante. A medida que recuperó el sentido del tacto, se dio cuenta de que no era ella quien se movía, sino que alguien más la estaba moviendo. Identificó también estar siendo cargada por alguien.

Abrió los ojos lentamente y vio una nuca cubierta de cabellos rubios.

— ¿Takeru? —Preguntó débilmente, aún somnolienta.

—Hikari, qué bueno que despiertas —respondió, un tanto agitado, el Elegido de la Esperanza. Volteó la vista por sobre su hombro para poder ver el rostro de su amiga. Los dos sonrieron cuando sus miradas se encontraron.

— ¿Por qué me estás cargando? —Quiso saber, mientras frotaba con una mano sus ojos cansados. No vio, por lo tanto, cómo Takeru desviaba la mirada hacia delante, rompiendo el contacto visual.

—Tuvimos que salir, y estabas muy cansada. No quería despertarte, necesitabas descansar.

—Qué raro que mi hermano no insistiera en ser él quién me cargase.

Notó que la broma no había causado reacción alguna en su amigo. También se dio cuenta que se lo veía desanimado y bastante cansado. Probablemente ya no podía cargarla con comodidad.

—Takeru, bájame, yo puedo caminar.

— ¿Segura?

—Sí, estoy bien —aseguró, sonriendo ante la mirada de preocupación de su amigo.

El rubio no objetó; estaba realmente cansado después de todo. Dejó que se bajara de su espalda y la sostuvo por el hombro, como si estuviese preocupado porque ella se cayera. Hikari estiró un poco sus brazos y piernas para desentumecerlos y vio a su alrededor. Se encontraban en un bello bosque, lleno de árboles y pequeños pájaros que se paseaban de copa en copa.

— ¿No estábamos en un acantilado?

—Sí… pero tuvimos que movernos —explicó nervioso, mientras buscaba la forma de decir la verdad—. Estamos caminando desde hace unas seis horas.

— ¿Seis horas? Takeru, no debiste haberte preocupado tanto por mí. Me hubieras despertado.

—Descuida, estoy bien.

— ¿Y dónde están los otros? —Preguntó entonces, mirando hacia todos lados. Ni siquiera veía a Gatomon.

—Patamon y Gatomon se adelantaron un poco para explorar la zona en busca de agua —respondió, retirando lentamente su mano del hombro de ella.

— ¿Y los demás?

Miró a su amigo tras un prolongado silencio. Éste se mordía el labio inferior y miraba hacia el suelo. El corazón de la chica comenzó a latir más rápido. No le gustaba para nada aquel gesto.

— ¿Takeru?

—Hikari, yo… Los demás están bien.

— ¿Y dónde están?

—Escúchame —dijo, tomándola nuevamente por los dos hombros y mirándola a los ojos; quería que viera que estaba siendo sincero, que viera que todo lo hacía por ella—. Los demás están bien. La que no estaba bien eras tú.

— ¿Yo? —Preguntó, confundida.

—Sí. Los oscuros, Ragnarok, todos ellos te causan demasiado dolor. Tu Emblema te hace vulnerable, y yo no podía quedarme sin hacer nada mientras sufrías —el rubio realizó una pausa y tomó aire—. Hikari, me separé del resto de los chicos.

— ¿Que te separaste? ¿Qué quieres decir con eso? —Inquirió, preocupada por su amigo. ¿Estaba diciendo que se había peleado con todos los demás? ¿A qué se refería con “separarse”?

—Si tú te quedabas con nosotros, ibas a continuar sufriendo. Los oscuros nos perseguirían a todos lados, no podía permitirlo. Esta madrugada, mientras todos dormían, escapé. Y te traje conmigo.

— ¿Qué hiciste? —Preguntó, sorprendida, preocupada y, en cierto punto, enfadada.

—Lo que escuchaste. Pero lo hice por tu bien. No podía quedarme parado mientras…

—Takeru, ¿estás diciendo que te separaste del resto del grupo? ¿Me trajiste hasta aquí sin siquiera consultarme al respecto? ¡Soy una Elegida, no puedo escapar sólo porque corro peligro!

—Hikari, escúchame por favor —suplicó el rubio, sintiéndose culpable. Sabía que ella tenía razón, que su accionar, pese a surgir a partir de la preocupación que sentía para con Hikari, había sido en cierto punto egoísta. Había imaginado durante aquellas horas un escenario similar, donde ella acababa odiándolo por separarla del resto.

—Takeru, tenemos que volver con los demás.

—No, no podemos hacer eso.

Hikari lo miró enfadada y se liberó del agarre de su amigo.

—Por supuesto que sí. Dime dónde están los demás, volveré con ellos y les ayudaré a salvar al Digimundo.

—Taichi estaba de acuerdo conmigo, me ayudó a hacer esto. Estamos preocupados por ti —le aseguró, sin saber cómo convencerla. Sus palabras, sin embargo, sólo sirvieron para enfurecer a la chica.

— ¡Ese es el problema! ¡Taichi y tú se preocupan demasiado por mí, creen que soy una inservible, que no puedo cuidarme por mí misma!

—Yo no…

— ¡Siempre quieren tomar decisiones por mí y se olvidan de pedir mi opinión! ¡No me importa si Taichi estuvo de acuerdo, voy a volver con los demás, te guste o no! ¡Soy una Elegida y tengo que pelear, aún si eso significa arriesgarme!

Tras los gritos de la Elegida, Takeru permaneció en silencio, con la mirada fija en el suelo. Él lo había hecho por ella, su intención siempre había sido salvarla de sus dolores, de la influencia de la oscuridad que tan mal le hacía. Hikari sufría cada vez que los enemigos se acercaban. Recordó lo mal que se veía en la cueva, débil, sumamente cansada e incapaz de permanecer despierta durante mucho tiempo. El simple recuerdo hacía que su corazón se sintiera estrangulado. Era demasiado doloroso siquiera pensar en dejar que ella continuase sufriendo así.

—No, no tienes que hacerlo —dijo tras unos minutos de reflexión; su mirada era decidida y miraba desafiante a la Elegida—. No es necesario que te arriesgues. Aunque peleásemos los diez Elegidos juntos, no tenemos forma aún de vencer a Ragnarok. Hasta que sepamos cómo vencerlo, no voy a dejar que sigas sufriendo por la oscuridad.

— ¡Pero la guerra y el destino del Digimundo son más importantes! —Replicó ella.

— ¡Claro que no!

Hikari se sobresaltó ante el grito de Takeru. El rubio tenía sus puños apretados y el ceño fruncido como nunca antes lo había visto. Estaba completamente furioso.

— ¡El destino del Digimundo no es más importante! ¡No para mí! —Tras aquel desahogo, respiró hondo varias veces, intentando calmarse; se apoyó luego contra el tronco de un árbol, desviando la mirada hacia el sueño nuevamente—. ¿No lo entiendes? Tú eres más importante. No me importa lo que le suceda al Digimundo, no podría perdonarme si algo te sucediera. Daría mi vida por ti, Hikari.

Takeru pasó de un estado de exaltación y efervescencia a uno donde se lo veía derrotado, impotente. De repente, todo el enojo de Hikari pareció esfumarse. Vio en aquellos azulados ojos una preocupación tan real y sincera que logró ablandarla. Es cierto, a veces odiaba cómo tanto Taichi como Takeru parecían tratarla como una niña pequeña. La manera en la que parecían creer que no era capaz de cuidarse por sí misma, o que necesitaba que los demás decidieran por ella. Sí, aquello la enfurecía en cierto punto.

Pero por otro lado, era una señal de aprecio, una forma de demostrar su preocupación. Ver en aquellos momentos a Takeru tan miserable, tan preocupado por ella… Despertó sentimientos en su corazón que no supo interpretar. No era aquella pizca de gratitud que sentía cuando su hermano se preocupaba. En el caso de Takeru, era algo más. Una especie de… ¿felicidad? Una alegría inmensa que la llenaba por dentro. Un sentimiento que difícilmente entraría dentro de lo que una chica debería sentir por un amigo. Sentimientos que había experimentado una noche semanas atrás, cuando compartieron una cama y se regalaron su primer beso.

Se sonrojó inmediatamente al recordar aquello. ¿Qué hacía pensando en eso? Ya lo habían aclarado, se habían dejado llevar. Se habían dejado llevar… ¿no?

El abrazo sorprendió a Takeru. El Elegido de la Esperanza vio con sorpresa cómo Hikari lo abrazaba fuertemente, su cabeza recostada en su pecho. Suspiró aliviado y devolvió el gesto, apoyando su cabeza sobre la de ella ligeramente.

—Te preocupas demasiado por mí. Piensa un poco en ti —pidió la Elegida, ésta vez mucho más serena y tranquila.

—Hikari, no puedo no preocuparme por ti. Eres… —recordó entonces una frase que Taichi había usado tiempo atrás para referirse a Sora, y creyó que no había mejor forma para describir lo que sentía—, eres mi tesoro más importante.

La castaña no pudo sino levantar la vista y mirar a los ojos a Takeru. Sus ojos azules reflejaban una sinceridad y emoción en cada palabra que había mencionado que sólo sirvió para que aquel sentimiento que había germinado en el corazón de la muchacha floreciera.

—Takeru… creo que nunca nadie me había dicho algo tan lindo —dijo, con una gran sonrisa. Él también sonrió, y ambos se perdieron en los ojos del otro. Las miradas se entrelazaron y crearon una atracción casi magnética que pareció obligar a sus rostros a acercarse lentamente. La distancia que los separaba fue reduciéndose cada vez más. Llegó un momento en el que debieron girar un poco sus cabezas para no chocarse.

Estaban por cerrar sus ojos cuando les pareció escuchar un sonido. Tímidamente, levantaron la vista. Gatomon —que llevaba colgado el bolso que Taichi había preparado para Takeru— y Patamon los observaban con dos grandes sonrisas desde las ramas del árbol donde se encontraban apoyados.

— ¡Gatomon! ¡Patamon!

Tan rápido como les fue posible, los dos se desentendieron del abrazo y tomaron distancia, ruborizándose completamente y mirando a sus digimon muy apenados.

— ¿H-Hace cuánto tiempo están ahí? —preguntó Takeru, nervioso.

—Lo suficiente como para saber que te has convertido en un poeta —bromeó Patamon, descendiendo desde el árbol para posarse sobre la cabeza de su tamer, quien parecía ser una manzana madura con extremidades debido al color que su rostro había adquirido.

—Escuchamos los gritos y vinimos cuanto antes —explicó Gatomon, bajando del árbol y colocándose junto a Hikari—. Íbamos a interferir, pero parece que ustedes ya lo solucionaron.

Hikari acarició la cabeza de su digimon mientras pensaba en la situación en la que se encontraba instantes atrás. ¿En serio iba a besar a Takeru? ¿Besar a su “amigo”? ¡¿De nuevo?!

—No debí enojarme contigo, Takeru —dijo tras unos instantes, intentando desviar su mente de aquellas preguntas que la atacaban—. Sé que lo hiciste para protegerme… Pero aún así creo que deberíamos volver con los demás. No está bien que nos separemos. Ellos podrían necesitarnos.

—Hikari, sé que quieres estar con los demás, ayudar en todo lo que puedas para salvar el Digimundo —comentó Patamon, mientras se acercaba volando a la chica—. Pero quien huye hoy, puede luchar mañana.

—Es cierto —secundó Gatomon—. Lamento decírtelo de forma tan directa, pero por ahora no somos de ayuda a nadie. Angemon es muy poderoso contra los oscuros, pero sus poderes no son nada comparados con Ragnarok y sus secuaces. Yo tampoco puedo hacer nada al respecto. Y cuando tú te desmayas, Takeru y Taichi dejan de prestar atención a lo que sucede a su alrededor y sólo tienen ojos para ti. Créeme, lo mejor es permanecer alejados de los enfrentamientos directos y esperar hasta encontrar la forma en la que podamos ser útiles.

La Elegida de la Luz consideró las palabras de su digimon. Ciertamente, nunca había pensado que podría llegar a ser una carga para los demás. Si continuaba desmayándose cada vez que el enemigo se acercaba, lo único que lograría sería causar problemas. A su hermano y a su mejor amigo, sobre todo.

—Yo creía que si nos alejábamos de los demás les causaríamos muchos problemas. Pero ahora veo que en realidad, que yo esté con ellos causa más problemas aún —comentó con tristeza.

—Hey, no digas eso. No creas que te traje porque eras una carga. Te traje por tu propio bien. Taichi también lo consideró así.

—De todas formas, ¿a dónde pensabas llevarme? Los oscuros nos encontrarán donde sea que nos ocultemos.

—Vamos rumbo al noreste. Más allá del desierto. Los soldados en la Fortaleza Norte me contaron historias. Dicen que en el cordón montañoso que rodea el desierto hay decenas de claros, ríos, cuevas y santuarios. Se dice que allí fue donde el primer Seraphimon bajó de los cielos y tocó el Digimundo. Un lugar donde la maldad no puede entrar. Es perfecto para ocultarnos hasta que podamos volver a luchar.

— ¿Son ciertas esas historias? —Preguntó la Elegida a su digimon.

—Hasta donde sabemos, son leyendas. No sabemos si son ciertas.

—Debemos averiguarlo —dijo Takeru—. ¿Qué es lo peor que puede pasarnos? ¿Qué sea otro lugar lleno de gente que quiere matarnos? Los enemigos estaban en la Fortaleza del Este. De todas formas nos habríamos alejado de ellos.

Hikari consideró lo que le decían. Iniciaban una cruzada para llegar a un lugar de leyendas, donde podrían —o no— encontrar refugio. Mientras tanto, los demás vagaban por el Digimundo sin saber hacia dónde dirigirse, siendo perseguidos por digimon con una fuerza fuera de su alcance. Miró a los ojos a su amigo, preguntándole con la mirada si estaba seguro de aquello. Takeru le sonrió y asintió levemente.

Y ella no necesitó más.

— ¿Cómo podemos llegar hasta allí?

—Sólo hay dos formas de llegar: siguiendo el cordón montañoso desde sus orígenes, pasando por pantanos, selvas y toda clase de peligros, lo que nos llevaría, siendo precavidos, algunos meses; la otra opción es atravesar el desierto. Nos llevaría poco más de cuatro semanas atravesarlo, y por eso es que pretendemos tomar este camino. Pero no será fácil. El desierto está lleno de digimon hostiles. De por sí, la escasez de agua y el sol hacen del viaje un peligro.

—Pero tal vez éste es el mejor momento para cruzarlo —dijo Patamon entonces, señalando hacia el cielo—. La capa de tinieblas oculta muy bien el sol y baja la temperatura del ambiente. Por las noches el frío del desierto será más agudo, pero sus trajes térmicos los protegerán sin dudas. Sobre todo si usan las frazadas que Taichi les dio.

—Y, odio tener que poner esto como una ventaja, pero los oscuros y los secuaces de Ragnarok asesinaron a casi todos los digimon —remarcó el Elegido de la Esperanza, con una mueca de tristeza—. Dudo que nos encontremos con digimon hostiles. De hecho, sería una suerte que encontremos algún digimon…

—Sea como fuere, lo mejor es seguir moviéndonos. Cargamos las cantimploras y juntamos algunos frutos para el almuerzo. De ahora en más, lo mejor será reunir provisiones para el viaje por el desierto.

Tras una breve discusión sobre cómo serían las condiciones del viaje, Hikari finalmente dio su bendición para continuar con el peligroso viaje. Un viaje que les demoraría semanas y que los llevaría a enfrentarse a peligros inimaginables. Una batalla contra la falta de agua, alimento y refugio en un desierto desconocido e impío.

—Pero haremos frente a lo que sea que se nos presente —dijo Takeru sonriente, mientras tomaba por un segundo la mano de Hikari en un gesto de afecto—, porque estamos juntos en esto.

—Sí, lo estamos —respondió, deseando que el rubio mantuviera sus manos juntas durante más tiempo.

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Cinco días más tarde, llegaron al borde del desierto. Tal y como Patamon y Gatomon supusieron, los oscuros debían estar siguiendo el rastro de los demás y les daban terreno libre a ellos para continuar con su viaje sin preocupaciones. Ni siquiera se cruzaron con una patrulla de oscuros o Devidramons. Avanzaban tanto como las piernas les permitían cada día, tomando pequeños descansos de vez en cuando para beber y comer algo. Aquel bosque por el que habían avanzado parecía ser más rico en frutos y pequeños animales a medida que se acercaba el desierto. Casi una cortesía, una invitación a quedarse allí en lugar de adentrarse en un páramo sin vida.

Y sólo le llevó un día al desierto hacerles desear volver. El sol no brillaba sobre ellos con una fuerza aplastante, pero era lo suficientemente caluroso allí como para hacerlos desear beber de más. Cuidaban el agua como un tesoro; y allí en el desierto, podría decirse que lo era. Había pequeños oasis esparcidos esporádicamente por el desierto, pero los separaban días de distancia. Días que se sentían como meses y los maltrataban como años. Más de una vez Takeru estuvo a punto de sugerir dar media vuelta y arriesgarse por el camino largo.

—Yo quería salvarte, pero este viaje podría ser tan peligroso como lo son los oscuros —se lamentó en cierta oportunidad.

—Siempre será difícil, Takeru —le aseguró la Elegida—, hagamos lo que hagamos. Pero mientras estemos juntos, sé que lo superaremos.

La sonrisa que la joven esgrimió en aquella oportunidad bastó para convencer al Elegido de la Esperanza.

Continuaron su camino, yendo de oasis en oasis para beber. Estaban comenzando a acostumbrarse a caminar en lo que otrora había sido la noche. La luz de la luna iluminaba casi tan bien, o mejor aún incluso que el sol a través de la capa de tinieblas. Además, la temperatura era mucho más agradable. Los dos muchachos sentían frío en el rostro, pero los trajes térmicos mantenían sus órganos vitales a salvo.

Con el clima eliminado como obstáculo y con fuentes de agua repartidas en el territorio lo suficientemente cercanas las unas de las otras como para sobrevivir, el único obstáculo que les habría faltado resolver eran los digimon hostiles.

Lamentablemente, el obstáculo había sido resuelto por la Guardia del Ocaso. No fue sino hasta el vigésimo segundo día que se encontraron con otro digimon.

Estaban descansando en un oasis, llenando sus cantimploras y mojando sus cabezas. Gatomon aprovechó aquella pausa para revisar la comida que les quedaba. Takeru e Hikari comenzaron a hablar muy amenamente sobre banalidades, distendiéndose un poco.

Patamon se había elevado hasta la copa de una de las palmeras que rodeaban el lago en busca de algún fruto, cuando en el horizonte le pareció ver algo acercándose. Agudizó la vista, y lo que en un principio creyó que era un espejismo pasó a ser una realidad.

— ¡A cubierto! ¡Se acerca un digimon! ¡Y hay varios oscuros detrás de él! —Alertó, descendiendo rápidamente.

— ¿Dónde está? —Preguntó Gatomon, poniéndose de pie rápidamente.

— ¡Por allí! ¡Takeru, Hikari, escóndanse en aquellos arbustos! Gatomon y yo nos ocultaremos del otro lado. No hagan ruido y no llamen su atención. Tal vez pasarán de largo, o incluso pueden llegar a aterrizar aquí pero no descubrirnos. Debemos pasar inadvertidos.

Veloces como el rayo, los cuatro tomaron sus cosas y corrieron hasta los arbustos. Las burbujas de aire de Patamon se encargaron de eliminar las huellas en la arena, para que no hubiera indicio alguno de que aquel oasis había sido visitado recientemente.

Pocos minutos más tarde, oyeron el ruido de algo estrellándose contra el agua.

—Lo siento. Eso fue un poco más rudo de lo que esperaba —dijo una grave voz—. Esos malditos lograron herirme. Pero les di su merecido. Los asesiné a todos.

Hikari se abrazó aún más a Takeru, quien se agachaba tanto como le era posible para que los arbustos los cubrieran a ambos. Aquellos sujetos parecían ser enemigos. ¿Por qué sino estarían hablando de asesinar?

—No asesinaste a todos —le respondió otra voz, ésta vez más aguda y femenina—. Te deshiciste de una patrulla. Pero sabes cómo son esos oscuros; donde uno cae, diez más han de alzarse. Ahora mismo nos están siguiendo varias decenas.

Hikari dirigió a Takeru una significativa mirada. Si estaban luchando contra oscuros, entonces no deberían tener nada contra ellos. No deberían, al menos. La Elegida le preguntó con la mirada si estaría bien dejarse ver, pero él negó con la cabeza. Podrían ser hostiles, e incluso si no lo fueran, los oscuros los verían y su huída se vería comprometida.

—Sí. Y me temo que esta herida no me permite volar. No hasta que la trate, al menos. Y no tenemos tiempo para eso. Huye tú. Lucharé hasta que envíen a uno de sus campeones. Eso te dará tiempo para escapar.

— ¡Jamás! ¡Lucharé contigo! Quizás sus campeones están lejos de aquí. Si así fuera, venceremos a los oscuros, trataremos tu herida y continuaremos nuestro camino.

—Si ese es tu deseo, lo respetaré —dijo finalmente la grave voz—. Es tu última oportunidad. Los oscuros están por llegar. Si dejas que te vean te perseguirán, no importa a cuántos elimine yo antes.

No escucharon respuesta alguna, pero la mujer debió haberse quedado, puesto que instantes más tarde escucharon el ruido de de una batalla tomando lugar en el oasis. Los ataques de los dos digimon alteraron la atmósfera de serenidad que se respiraba allí. Y pronto, los oscuros llegaron allí. Y consigo, llegaron también los problemas.

—Oh, no, ¡Hikari! —Dijo Takeru, al ver que su amiga se tomaba la cabeza. Los oscuros, pese a no ser demasiados, comenzaron a afectarla.

—Estoy bien, pero está comenzando a doler.

—Rayos… La idea era pasar inadvertidos, pero parece que no hay otra —se lamentó el rubio; con mucho cuidado, dejó a Hikari a un lado y asomó la cabeza por los arbustos—. ¡Patamon, Gatomon, acaben con los oscuros! —Gritó.

Segundos más tarde, un resplandor se produjo en un arbusto y Angemon salió de allí, acompañado por Gatomon, quien saltó desde lo alto de una palmera. El elemento sorpresa sirvió para descolocar a los oscuros, y antes de que estos pudieran reaccionar, los golpes de Gatomon se encargaron de varios de ellos. Angemon no quiso quedarse atrás, y con su Báculo Sagrado consiguió despejar el camino hasta los dos digimon que habían aparecido hace momentos, trayendo consigo el peligro de los oscuros.

— ¿Aliados o enemigos? —Demandó saber, apuntando con su báculo a los forasteros.

—Si eres enemigo de los oscuros, seremos tus aliados —afirmó el gran dragón, con su voz grave y autoritaria.

—Que así sea. ¡A un lado, Gatomon! ¡Golpe de Fe!

El ataque sagrado del digimon ángel bastó para acabar con los oscuros que quedaban. Hikari volvió a respirar con normalidad y una sonrisa aliviada llegó al rostro de Takeru.

— ¿Mejor?

—Sí. Mucho mejor.

Los dos Elegidos se pusieron de pie y salieron de detrás de los arbustos. Pudieron entonces ver claramente a los dos digimon que habían oído.

La voz grave seguramente pertenecía al dragón que los miraba curiosamente. Su vientre era de un rojo intenso, y las escamas que cubrían el resto de su cuerpo de un negro obsidiana. Sus garras y su rostro eran, sin embargo, doradas. Era la viva imagen de un majestuoso dragón oriental, lleno de poder y sabiduría.

A su lado, lo que parecía ser una digimon mitad humana y mitad felina los miraba también con curiosidad y entusiasmo; aunque por algún motivo, parecía fijarse más en Takeru. Su cabello rojo combinaba con el color de sus garras. Un velo cubría su rostro desde los ojos hacia más allá de la barbilla, y aquel era el pedazo de tela más grande que cubría su cuerpo. Sus brazos, piernas, colas y orejas eran de un color marrón, con manchas similares a las de un guepardo cubriendo toda su extensión.

— ¿Quiénes son? —Preguntó Takeru, ligeramente perturbado tras descubrirse a sí mismo admirando el cuerpo de aquella digimon.

—Mi nombre es HisyaRumon —dijo el dragón—, y ella es Persiamon. ¿Y quiénes son ustedes? Ciertamente no parecen digimon ordinarios.

—Mi nombre es Takeru y ella es Hikari. Somos dos de los Niños Elegidos.

— ¡Elegidos! —Exclamó Persiamon.

—Entonces las profecías eran ciertas —dijo HisyaRumon, mientras se inclinaba ante los dos Elegidos—. Ustedes han vuelto al Digimundo para salvarnos de la aniquilación.

Takeru e Hikari intercambiaron una mirada nerviosa.

—Si… Estamos en eso.

— ¿Y dónde están los demás? ¿Y el resto de los Elegidos?

—Digamos que tuvimos que separarnos de ellos —sentenció el Elegido, intentando dar por finalizada la charla sobre el tema—. ¿Qué hacen ustedes aquí?

—HisyaRumon y yo somos los únicos sobrevivientes de nuestras aldeas. Nos encontramos hace algunos años por casualidad, y desde entonces hemos vivido ocultos en las colinas del Norte. Pero hace algunas semanas, la Fortaleza Norte cayó bajo las garras de los oscuros, por lo que días atrás iniciamos nuestro propio éxodo. Planeamos ir hacia las montañas del Noreste, a las tierras sagradas del Digimundo.

— ¡Nosotros también vamos hasta allí! —Dijo entusiasmado Patamon, quien había vuelto a su forma de novato luego de comprobar que los digimon no eran hostiles.

—Estamos viajando hace semanas por este desierto, y aún nos faltan otras más para llegar hasta allí.

HisyaRumon dirigió una profunda mirada a Persiamon. Ella simplemente sonrió y asintió.

—Elegidos, permítanos acompañarlos. Puedo llevarlos a todos en mi lomo. Si vuelan sobre mí, podrán llegar hasta la base de las montañas en tan solo dos días.

— ¿En serio? —Preguntó ilusionada Hikari—. ¿No será una molestia?

—Elegida, servir a los únicos destinados a salvar el Digimundo será un honor para nosotros.

Los dos Elegidos miraron a Patamon y Gatomon. Ellos simplemente se encogieron de hombros y asintieron.

—Perfecto. HisyaRumon, deja que cure la herida de la que hablabas. Luego podremos partir cuando te sientas listo.

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—Mi Señor, los digimon de los Elegidos de la Esperanza y de la Luz aparecieron en el gran desierto.

—Creí que los Elegidos estaban dirigiéndose al Sur —cuestionó la autoritaria voz de Ragnarok—. Deben haberse dividido. Astutos, los Elegidos; lograron burlarme. La única razón por la que se dirigirían al desierto es para llegar a las montañas sagradas.

—Mi Señor, permítame ir en búsqueda de esos Elegidos. Yo mismo los eliminaré —dijo Megidramon.

—No podrás eliminarlos; las profecías los protegen. Deberás detenerlos, puesto que si llegan a las montañas, estarán fuera de nuestro alcance. El ermitaño que protege la entrada a las Tierras Sagradas rivaliza con los poderes de la Guardia del Ocaso. Y en mi estado actual, soy mucho más débil que ustedes. Deberíamos esperar a que recupere mi verdadera fuerza.

—Los detendré antes de que lleguen, mi Señor. Y si llegasen a escapar, los esperaré hasta que deban reunirse con el resto de su grupo.

—Que así sea. ¿Cuánto tardarás en llegar hasta allí?

—Dos días, como mucho —se relamió el Juez del Ocaso.

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En cuestión de minutos, Hikari logró tratar la quemadura en una de las patas del digimon dragón e inmediatamente después emprendieron el viaje hacia la tierra sagrada. Descubrieron que HisyaRumon no mentía al decir que su velocidad de vuelo era impresionante. No les quedó ninguna duda que él en efecto había logrado escapar de los oscuros durante todos esos años.

Además, Persiamon resultó ser una excelente compañera de viaje. Su vieja aldea era una aldea nómade del desierto, y ella heredó todos los conocimientos ancestrales que poseían. Sabía con precisión la ubicación de los oasis, donde se detenían a recargar sus cantimploras cada vez que podían, y sobre todo contaba excelentes historias del desierto. Quién más fascinado parecía estar era Takeru. El rubio se sentaba justo detrás de Persiamon, y ella aprovechaba cada momento para poder hablar con él y contarle historias que eran escuchadas con entusiasmo.

Hikari, por su lado, no estaba tan entusiasmada. Observaba desde atrás cómo su amigo parecía olvidarse de ella y se centraba por completo en hablar con Persiamon. La digimon le sonreía pícaramente, hacía bromas sobre “lo guapo que son los humanos” y no perdía oportunidad en rozar su cuerpo con el de Takeru. Hikari sabía que su amigo no era “esa clase” de chico…

—Pero es un chico, al fin y al cabo —pensaba para sus adentros, entristeciéndose. Takeru tenía doce años, trece tal vez, ya que estaban en el Digimundo desde hacía meses. Las hormonas probablemente le hacían querer buscar la compañía de una mujer hermosa. Y aunque Persiamon claramente no era una humana (sus orejas y la mitad felina de su cuerpo la hacían quedar bastante fuera de la clasificación), aún así era extremadamente femenina y sumamente hermosa.

¿Qué era Hikari comparado con ella? Una niña de doce (o trece, también) años, sin desarrollar por completo aún. Claramente, el radar de Takeru la ignoraba por completo. Y fue para ella una revelación darse cuenta de que aquello le producía mucho dolor. Ese dolor se sumaba a la lista de sensaciones confusas que Takeru producía en ella, y fue también malinterpretada por la muchacha como “cosas de mejores amigos, supongo”.

La única parada que realizó HisyaRumon para realmente descansar, dormir durante varias horas, fue durante la madrugada del vigésimo cuarto día. Habían llegado a un oasis desde el cual se podía ver cómo las montañas rompían con la recta línea del horizonte. El dragón descendió hasta colocarse a un lado del pequeño estanque de agua.

—Recarguen las cantimploras, Elegidos —les dijo—. Persiamon y yo haremos una fogata. Tendremos una pequeña cena y luego podrán dormir. Sus digimon y nosotros haremos las guardias, no se preocupen.

—Tengo dos tiendas. HisyaRumon siempre duerme fuera, así que en realidad una sólo la utilizo de repuesto —dijo Persiamon—. Pueden utilizar una para ustedes, si quieren.

—Muchas gracias —dijo Hikari, mientras acariciaba el lomo del digimon dragón—. Gracias a ustedes, este viaje se volvió mucho más fácil.

—El placer es nuestro, Elegida.

Media hora más tarde, una fogata se encendía en medio del oasis, mientras todos se encontraban alrededor, sintiendo el agradable calor del fuego en sus rostros y comiendo los frutos que habían recolectado durante el viaje. Hikari hablaba con Takeru sobre qué podrían encontrarse en las montañas una vez que llegaran, mientras que Gatomon y Patamon discutían algo en secreto con HisyaRumon y Persiamon.

—No sé si será un lugar donde la oscuridad no pueda entrar, pero sé que tendremos suficiente lugar como para escondernos si es necesario —dijo Takeru—. Te lo digo, no voy a dejar que nada te suceda.

—Creo que no te di las gracias propiamente sobre todo esto que estás haciendo por mí —dijo un tanto apenada la Elegida—. Estás tomándote demasiadas molestias sólo para que yo no me desmaye cuando aparecen oscuros.

—Es lo menos que puedo hacer por mi mejor amiga, ¿no crees? —Dijo con una gran sonrisa. Una sonrisa que Hikari devolvió, pero que en realidad ocultaba un dolor en su pecho. “Mejor amiga”. ¿Era eso todo lo que ella era para él?

—Disculpe, Elegido —dijo de repente Persiamon, haciendo voltear a los dos muchachos.

—Persiamon, puedes llamarme Takeru.

—Entonces, Takeru —repitió, con un tono juguetón—, hay una tradición en mi aldea. Cuando forasteros llegan a nuestras tierras, la tradición nos indica que deberíamos recibirlos con un baile alrededor de la fogata.

— ¿Un baile? —Preguntó Takeru, un poco nervioso—. Pero… yo no sé bailar.

—Descuida, todo es muy… instintivo —casi susurró la digimon, sonrojando al rubio y haciendo que Hikari desviase la mirada a otro lado. Sin esperar respuesta por parte de Takeru, lo tomó de la mano y lo llevó hasta a un lado de la fogata.

La digimon comenzó entonces a realizar una hipnótica danza, mirando fijamente a los ojos a Takeru. El joven no pudo separar sus ojos del cuerpo que se movía rítmica y sensualmente frente a sí. La fogata pareció intensificar su llamarada, o al menos eso fue lo que Takeru sintió al recibir una oleada de calor que recorrió todo su cuerpo. Casi ni se dio cuenta de que Persiamon lo tomó de los brazos y comenzó a marcarle el compás del baile. El rubio trató de seguir los rápidos, salvajes e instintivos movimientos de su flamante compañera de baile, y pronto se dio cuenta de que sólo debía dejarse llevar. Nunca había ido a ninguna discoteca o a alguna fiesta donde la premisa fuera simplemente bailar. Y en aquel momento, con lo mucho que se estaba divirtiendo, deseó haberlo hecho.

Hikari, por su parte, sólo veía impotente cómo su mejor amigo disfrutaba de un baile asquerosamente sensual y lleno de roces. Persiamon era definitivamente una mujer con todas las letras, sabía cómo seducir y conquistar. ¿Y ella? Una niña, una novata, alguien que nadie podría tener en cuenta.

Intentando que nadie se diera cuenta, la chica se levantó y se dirigió rápidamente a su tienda. Sin embargo, en medio de aquel divertido baile, Takeru desvió la mirada un instante hacia el lugar donde se antes se encontraba su amiga. No la vio allí.

Y de repente, toda la adrenalina, todo el calor que había invadido su pecho y se había expandido al resto de su cuerpo se extinguió. En su lugar, un sentimiento de preocupación se presentó. Se detuvo en mitad del baile, mirando hacia la tienda donde su amiga se había dirigido.

— ¿Qué pasa, Takeru? —Preguntó Persiamon, mientras volvía a pegarse al cuerpo del joven. Ésta vez, el Elegido la apartó con delicadeza.

—Fue divertido pero… Creo que iré a dormir. Estoy un poco cansado —mintió, fingiendo de repente un cansancio que segundos atrás no mostraba. Persiamon simplemente sonrió.

—De acuerdo. Que descanses.

—Gracias.

HisyaRumon sonrió con satisfacción desde el otro lado del estanque.

—Tenían razón, el vínculo entre esos dos es muy fuerte. Nunca nadie se había resistido a la técnica especial de Persiamon. Ese baile ha hecho caer a grandes guerreros con voluntades de acero.

—No es cuestión de voluntad lo de Takeru, sino de lealtad —comentó Gatomon.

—Lealtad a su amor por Hikari —agregó Patamon, orgulloso de su tamer.

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— ¡Ya casi llegamos! —Anunció (al ver que sólo quedaban unos doscientos metros hasta las montañas) Hikari, con una renovada alegría. Detrás de ella se encontraba Takeru, colocando sus brazos a un lado de ella para evitar que se cayera en los giros bruscos; era casi como si la abrazara.

La noche anterior, cuando se encontraba entristecida por la poca atención que su amigo le prestaba, él había entrado en la tienda y se había acostado junto a ella. Le pidió perdón por haber estado tan distraído, y acabaron durmiendo juntos. Como aquella vez en la Fortaleza, sólo que sin beso ésta vez.

Aún así, Takeru la había elegido a ella. Hikari se sentía la chica más dichosa de todo el mundo. Nada podría arruinar aquella alegría que inundaba su corazón. Ni siquiera…

— ¡CUIDADO!

HisyaRumon apenas logró evitar una llamarada que rozó la cabeza de los Elegidos. Todos dirigieron su mirada hacia el lugar del cual provenía, y se paralizaron al instante.

— ¡Es Megidramon! —Alertó Takeru.

Patamon Digievolucionó en el acto a Angemon y tomó a Gatomon. Se lanzó volando a toda velocidad hacia Megidramon. Cuando la distancia que los separaba era mínima, el digimon maligno lanzó un golpe con su cola. Una simple maniobra bastó para evitarlo. Gatomon se sujetó al Báculo Sagrado y Angemon lo lanzó como si de una jabalina se tratase.

— ¡Golpe de Gato!

El Báculo Sagrado impactó en el pecho de Megidramon y Gatomon, que hubo saltado a último momento, colocó un golpe con todas sus fuerzas en el rostro del digimon.

— ¿Eso es lo mejor que puedes hacer? —Preguntó con una malévola sonrisa, golpeando con un dedo a Gatomon y devolviéndola directamente a Angemon.

—Rayos —exclamó el ángel, mientras canalizaba en sus manos la energía del Báculo Sagrado que caía desde las alturas tras haber impactado—. ¡Golpe de Fe!

— ¡Onda del Infierno!

La onda expansiva atravesó sin problemas el ataque de Angemon y derribó a todos los presentes, con excepción de quien la había lanzado. HisyaRumon apenas si logró estabilizarse antes de caer estrepitosamente al suelo.

— ¡Elegidos, corran! —Gritó Persiamon, ayudando a levantar a Hikari. El rubio no necesitó que se lo repitieran y, tras asegurar el bolso que Taichi le había preparado, tomó de la mano a Hikari y comenzó a correr a toda velocidad hacia los árboles de la base de la montaña.

Mientras tanto, Angemon y Gatomon evitaban como podían los azotes del enemigo. Era demasiado fuerte para ellos, sus mejores ataques no habían logrado siquiera hacerlo pestañar. Afortunadamente, no era tan rápido, y la agilidad de Gatomon le permitía evitar por poco los impactos de sus garras.

— ¡Corran todo lo que quieran, pero no podrán salvarse! —Se relamió Megidramon.

Estuvo a punto de golpear con su cola a Angemon, pero HisyaRumon se lanzó con todas sus fuerzas y lo impactó, derribándolo.

— ¡Huyan con los Elegidos, nosotros les daremos tiempo! —Rugió.

Angemon dudó durante un instante; sus nuevos amigos morirían sin lugar a dudas si se quedaban a luchar. Pero no tenían otra opción. La prioridad era salvar a Takeru e Hikari. Asintió con pesadumbre y tomó a su compañera de Fortaleza, iniciando un vuelo a toda velocidad para alcanzar a sus tamers.

— ¡Malditos! ¿Cómo osan meterse en mi camino? —Gritó el Juez del Ocaso, furioso por haber recibido un golpe por parte de un ser inferior.

Se lanzó a toda velocidad hacia el dragón, quien intentó detenerlo enviando algunos rayos de energía. Pero las garras de Megidramon se abrieron paso limpiamente hasta el corazón de HisyaRumon.

Sintió frío en su pecho, un intenso y agudo dolor como nunca antes lo había experimentado. Levantó la vista y miró a los ojos a su asesino.

—Los Elegidos acabarán con ustedes —logró decir antes de desaparecer en datos.

— ¡NOOO! —El grito de dolor de Persiamon se extinguió en un abrir y cerrar de ojos, el tiempo que le llevó a Megidramon lanzar sus llamaradas infernales hacia ella y destruirla.

Se lanzó entonces hacia los Elegidos, quienes prácticamente habían llegado ya a la base de la montaña.

— ¡Onda del Infierno! —Exclamó, esperando que su onda expansiva acabase con ellos antes de que entraran en la protección de la tierra sagrada.

Una poderosa esfera de energía proveniente del mismísimo corazón de la montaña, sin embargo, dispersó la onda demoníaca e impactó en Megidramon, derribándolo y enviándolo decenas de metros hacia atrás. Angemon y Gatomon vieron con asombro aquel suceso, y se desconcentraron durante un segundo.

— ¡¿Qué es eso?! —Gritó Hikari.

Lo último que los cuatro llegaron a ver fueron unas burbujas gigantes que se acercaban a ellos a toda velocidad.

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—Takeru, despierta.

El rubio tardó varios segundos en levantar sus pesados párpados. Parecía haberse quedado dormido. Intentó recordar dónde se encontraba. Y entonces los recuerdos llegaron. Las montañas, HisyaRumon y Persiamon…

— ¡Megidramon! —Gritó, despertándose por completo. Se habría puesto de pie inmediatamente… si tuviera algún lugar donde pararse.

— ¡Wow! ¿Qué es esto? —Preguntó, confundido. Se encontraba dentro de una esfera transparente que se movía a toda velocidad por el aire. Era idéntica a una que Piximon había conjurado tiempo atrás para salvarlos de los Dark Masters.

—Una esfera de energía —le respondió entonces la voz de Patamon. El rubio volteó hacia su izquierda y vio que su compañero volaba también dentro de una de aquellas esferas.

— ¡Patamon! —Giró la cabeza hacia su derecha y vio también a Hikari y Gatomon; por algún motivo, su amiga se veía más radiante que nunca. No la veía así desde antes de llegar al Digimundo.

—Estas esferas nos salvaron de Megidramon y nos están llevando a toda velocidad hacia el interior de las montañas —explicó Gatomon—. No sabemos a dónde exactamente, pero sin dudas debe ser algún aliado.

En ese momento, Takeru recordó algo.

— ¿Qué pasó con HisyaRumon y Persiamon?

No hizo falta respuesta alguna. El rostro de sus amigos confirmó lo que temía. Cerró los ojos y se dejó caer contra la pared de la esfera de energía. Dos digimon más que morían por defenderlos. El destino apestaba.

—Eran dos digimon ultra y ni siquiera pudieron rasguñarlo —dijo Patamon, tratando de cambiar un poco de tema—. Pero alguien lo atacó desde la montaña y nos salvó. Sea quien sea, seguramente es alguien muy poderoso.

Y, afortunadamente, no tardaron mucho en averiguarlo. Viajando a la increíble velocidad de aquellas esferas de energía, recorrieron las montañas, bosques y ríos en cuestión de minutos. Fue entonces cuando vieron que la montaña más alta de todas tenía un camino de escaleras que la rodeaban como un espiral. No tuvieron que seguir el camino, puesto que la esfera de energía tomó un camino más directo hacia casi la cima. Allí, vieron la entrada a una cueva. Cerca de allí había una gran roca que resaltaba como un monolito, con algunas inscripciones en ella.

Y sobre el monolito, un digimon los esperaba sentados. Las esferas de energía los dejaron suavemente en el suelo ante él y desaparecieron con un chasquido de dedos. Takeru e Hikari lo observaron con curiosidad y respeto. Parecía ser un anciano. Sus ropas desgastadas cubrían su torso y piernas, dejando ver únicamente unos brazos flacos que se cruzaban sobre su pecho. Toda su cabeza estaba cubierta por largos y desprolijos cabellos largos. A su lado, un báculo que acababa en una especie de guante amarillo se encontraba suspendido en el aire.

—Llegaron antes de lo previsto, Elegidos —comentó el digimon con un tono casual y amigable—. Creí que tendría que esperarlos una semana más, pero se encontraron con HisyaRumon. Eso aceleró todo.

— ¿Usted sabía que vendríamos? —Preguntó Hikari.

—Oh, claro que sí. Llevo esperándolos mil doscientos treinta y ocho años.

— ¡¿Qué?! —Dijeron al unísono los cuatro.

—Así es. Mi nombre es Jijimon. Soy el ermitaño de la Tierra Sagrada, el digimon más antiguo de todo el Digimundo.

— ¿El más antiguo? —Cuestionó Patamon—. ¿Cómo es eso? Nosotros conocemos a Sylphid, que tiene mucho más de mil años. Él vive desde la época de la Gran Guerra.

—Oh, sí, recuerdo al pequeño Sylphid —comentó con nostalgia—. Yo fui quien lo entrenó.

— ¡¿Qué?! —Volvieron a exclamar.

— ¿Cómo es eso posible, si sólo tienes mil años?

— ¿”Sólo mil años”? —Susurró irónicamente Takeru a Hikari.

—Verán, hace más de cuarenta mil años, yo era un simple Piximon que recorría estas montañas. Y, por azar o por el Destino, fui el primero en presenciar la llegada del primer Seraphimon a esta tierra. Fue aquí mismo, donde me encuentro sentado —contó, señalando la gran piedra—. Como recompensa por haber sido el primer testigo, el Seraphimon me concedió una misión: ser el guardián de éstas tierras y aconsejar y entrenar a los puros de corazón. Vi desde aquí mismo la Gran Guerra, sin poder participar debido a las restricciones de mi posición como Guardián Sagrado. Cada cinco mil años, mi vida llega a su fin y debo volver a ser un digi-huevo. Algunos años más tarde vuelvo a nacer y así puedo continuar con mi misión. Cada una de mis vidas, de hecho, tiene una misión. Ésta vida inició hace mil doscientos treinta y ocho años, y hoy mismo cumpliré el acto para el que está destinada. Ahora que conocen mi historia, voy a responder a todas sus preguntas.

Tardaron en reaccionar luego de aquel relato. ¿En serio estaban frente a un digimon que vivía desde hacía más de cuarenta mil años?

—Yo… ¿Fuiste tú quien nos salvó? —Preguntó Takeru, aunque le pareció una pregunta sumamente absurda.

—En efecto.

— ¿Sabes qué es lo que está sucediendo en el Digimundo en estos momentos?

—Así es.

— ¿Y qué podemos hacer al respecto? —Preguntó Hikari, esperando que la sabiduría del digimon les sirviera de algo.

—Esa es la pregunta que deseaba escuchar, Elegida de la Luz. Como saben, sólo ustedes, los Elegidos, son capaces de detener ésta catástrofe. La época de las batallas ente dioses ya pasó. Es hora de que los mortales luchen en nombre de sus deidades. ¿Qué hacer? Es, en realidad, una pregunta muy sencilla de responder: luchar. Sólo eso han de hacer.

— ¿Luchar? Lo hemos intentado, pero sus poderes van más allá de nuestro alcance.

—No, Elegido. Puedo asegurarle que los poderes de Ragnarok y su Guardia del Ocaso no están a la altura de sus digimon.

—Disculpe que lo contradiga —dijo Hikari con sumo respeto y un poco de timidez—, pero nosotros hemos perdido nuestros emblemas. Ya no podemos hacer que nuestros digimon evolucionen al siguiente nivel. Por más que lo intentemos, simplemente no podemos hacerle frente a un Dios y sus secuaces.

— ¿Dios? ¿Acaso creen que…?

Jijimon permaneció en silencio durante un par de minutos. Pareció reflexionar las palabras de Hikari, llegando a alguna conclusión que lo dejó contrariado.

—No… deben averiguarlo ellos mismos —pensó en voz alta, finalmente—. Elegidos, podría yo mismo responder a sus preguntas. Pero sólo si ustedes descubren las respuestas por sí mismos tendrán la experiencia y madurez necesaria para hacer frente al enemigo.

Estiró su brazo derecho y abrió la palma de su mano. El báculo que tenía a un lado levitó hasta allí. Con un enérgico movimiento, dos antorchas se encendieron en la entrada a la oscura cueva.

—Esa, Elegidos, es la cueva de la Luz y la Esperanza.

— ¿La Luz y la Esperanza? —Dijo Takeru, sorprendido porque esos fueran exactamente los emblemas de Hikari y él.

—Como verás, Elegido, que nos hayamos reunido no es coincidencia. Fue creada por el Seraphimon que yo recibí al Digimundo. Dentro, encontrarán las respuestas que buscan.

Casi sin esperar a que los invitaran, Takeru, Hikari, Patamon y Gatomon comenzaron a caminar hacia la entrada. Sin embargo, fueron detenidos por la voz de Jijimon.

—Sólo los humanos pueden entrar a la cueva —advirtió—. Deberán arreglárselas por ustedes mismos. La cueva tratará de dejarlos atrapados para siempre, pero deben confiar. Donde más tinieblas haya, es donde han de encender la luz. Y mientras más desesperante la situación se vuelva, con más intensidad ha de crepitar la llama de la esperanza en su interior. Ahora, entren.

Patamon y Gatomon intercambiaron una mirada, preocupados. Sus tamer se agacharon y los abrazaron.

—Estaremos bien, se los prometo.

—Tengan cuidado.

—Lo haremos.

—Y recuerden, ustedes son los Niños Elegidos, pueden superar cualquier obstáculo que se interponga en su camino.

Sonrientes ante las palabras de apoyo de sus amigos, los dos muchachos tomaron las antorchas y se internaron en la cueva. Cuando estaban varios metros internados en ésta, la entrada se cerró de repente. Hikari se volteó asustada.

—Tranquila. Estamos bien —le aseguró él—. Sólo debemos seguir el camino.

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“El camino” resultó ser un laberinto de bifurcaciones, callejones sin salida, estalagmitas, estalactitas y murciélagos que aparecían sólo para asustar a Hikari. Caminaron y caminaron durante algunas horas, hasta que tuvieron que detenerse a descansar las piernas.

— ¿Nos habremos perdido? —Preguntó Hikari, comenzando a preocuparse.

—Recuerda, no hay que perder las esperanzas. Jijimon dijo que la cueva trataría de atraparnos, pero que sólo debemos confiar. Si seguimos caminando, estoy seguro de que llegaremos a… donde sea que tengamos que llegar.

—Supongo…

Tras aquella breve pausa, continuaron con su camino. No tardaron en llegar a una nueva bifurcación.

—Bien, ésta vez te toca a ti elegir. ¿Derecha o izquierda? —Preguntó el rubio, señalando con la antorcha ambos caminos.

—Derecha —respondió, para nada segura de su decisión.

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—Jijimon, ¿estás seguro de que no les sucederá nada malo? —Preguntó Patamon.

—La cueva les presentará duras pruebas —explicó el ermitaño—, pero su integridad física no correrá peligro. Se busca lograr una maduración emocional y psicológica, además de hacer que ellos mismos descubran la forma en la que deberán luchar contra estos nuevos enemigos.

—Ya veo —suspiró Gatomon, a quien se la veía decaída por algún motivo—. Supongo que necesitan una ayuda así.

—Así es; pero creo que los Elegidos no son los únicos que necesitan ayuda —dijo Jijimon, mirándola fijamente—. Desde esta montaña soy capaz de ver todo lo que sucede en el Digimundo.

— ¿En serio? —Dijo Patamon, mientras se elevaba algunos metros en el aire, esperando quizás poder ver su nuca en el horizonte.

—Particularmente, los he estado siguiendo a ustedes, digimon y humanos Elegidos. Y he visto lo sucedido con su hijo, Tsukaimon.

Gatomon y Patamon abrieron sus ojos, tomados por sorpresa y se acercaron un poco más a Jijimon. Ciertamente, la evolución de su hijo era algo que generaba en sus corazones sentimientos encontrados. Seguían amándolo, por supuesto que lo hacían. No juzgaban a su hijo por lo que se había convertido. Y sin embargo…

—No ha cumplido con sus expectativas —afirmó Jijimon—. Ustedes y él mismo esperaban un nuevo ángel en el grupo, pero resultó ser un Devidramon, un digimon que desde las épocas antiguas está vinculado a la oscuridad. La decepción es entendible.

—No estamos decepcionados —se apresuró a decir Patamon—. En verdad, hemos conocido digimons de la oscuridad que eran buenos amigos nuestros, como Ogremon. Nos sorprendió al principio, y tal vez nos cueste un poco de tiempo asimilarlo. Pero lo que nos preocupa es otra cosa.

—Nos preocupa lo que él piense de sí mismo —completó Gatomon.

—Es cierto; la imagen que él tiene de sí mismo es bastante negativa. Y lamento informarles que la forma en que se separaron del grupo hizo que creyera que lo hicieron para alejarse de él. Que ya no lo querían como hijo.

Aquellas palabras se clavaron como puñales en sus corazones. Sí, habían imaginado que algo así podría suceder. Pero si querían darle a Hikari y Takeru tiempo para alejarse sin ser detenidos, ni siquiera Tsukaimon debía enterarse de la huída. El pequeño tomaba aquella partida como un abandono, como una señal de que sus peores pesadillas se habían vuelto realidad. Y ellos sabían que era su culpa.

—La esencia y el aura de su hijo no puede cambiarse, y eso es algo que a los jóvenes les preocupa enormemente. Cuando sea mayor comprenderá y aceptará su situación. Hasta entonces, sin embargo —comentó, haciendo que Gatomon y Patamon lo mirasen con intriga—, pueden ayudarle a que sea lo que quiere ser.

Los dos Comandantes intercambiaron una mirada.

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Tomaron ese camino y avanzaron durante algunos minutos. Desafortunadamente, cada vez veían menos el camino que recorrían.

—Sabes, deberíamos haber apagado una antorcha y encenderla cuando la otra estuviese a punto de extinguirse. Habríamos tenido el doble de tiempo de luz —se lamentó Takeru.

—Sí, pero… Mira las antorchas, no parecen estar extinguiéndose.

El rubio se detuvo y analizó los dos objetos flameantes. Su amiga tenía razón. La lengua de fuego bailaba con la misma intensidad que cuando habían entrado. Acercó la antorcha a una pared y se dio cuenta de que necesitaba acercarla casi hasta tocarla para que ésta se iluminara.

—Esto es muy extraño. Parece como si este lugar estuviese cubierto por…

Dos tentáculos lo tomaron por las piernas.

— ¡…tinieblas! —Finalizó, mientras intentaba zafarse.

Más tentáculos salieron de la nada y comenzaron a cubrirlo.

— ¡Hikari, corre! —Gritó, luchando con todas sus fuerzas.

La castaña trató de acercarse a su amigo para ayudarlo pero también fue atrapada. Las antorchas pronto cayeron al suelo y los dos Elegidos se vieron a sí mismos siendo cubiertos por tentáculos que los encerraban en una especie de capullo. Sus rostros parcialmente cubiertos se miraron. Estiraron con sus últimas fuerzas sus brazos para tratar de tocar al otro. Sus dedos estaban a punto de rozarse cuando las tinieblas los cubrieron por completo.

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Nada. No veía nada.

O mejor dicho, estaba viendo la Nada. Una oscuridad total que la rodeaba. Comenzó a correr, pero no chocó contra ninguna pared, contra ningún pasillo. Miró sus manos. Estaba allí, se veía. Podía sentirse, sentía el contacto. Estaba; por lo tanto, existía. Pero no estaba en ningún lado.

— ¡Takeru! —Gritó.

Nadie respondió.

— ¡Takeru!

Continuó gritando, esperando que su amigo apareciera en algún momento. Pero no recibió ninguna respuesta. Corrió y corrió hasta que se cansó y cayó de rodillas al suelo. No podía escapar de allí, estaba atrapada. Estaba sola.

—Eres débil.

Levantó la vista tan rápido que el cuello le dolió. De pie, frente a ella, se encontraba Taichi.

— ¡Hermano! —Gritó, abalanzándose para abrazarlo. Comenzó a llorar en el pecho del Elegido del Valor.

—Eres débil —repitió él, con un frío tono de voz. Hikari se separó y lo miró confundida.

— ¿Qué?

—No puedes luchar. Cada vez que te acercas te desmayas y haces que todos nosotros perdamos la concentración. Algún día, todos moriremos por tu culpa. Yo moriré por tu culpa. Incluso Takeru.

Taichi dio un paso hacia atrás y la miró enfadado. Ella, por su parte, quedó impactada por las palabras de su hermano. Sintió que sus rodillas temblaban y estuvo a punto de caer al suelo nuevamente.

— ¿Por qué dices esas cosas? —Le preguntó, llorando aún más—. Sabes que no lo hago a propósito.

—Tú nunca haces nada a propósito, pero siempre lastimas a los demás —dijo otra voz.

— ¡Takeru!

Trató de acercarse a su mejor amigo, pero éste se lo impidió. Hikari no notó el momento en el que la figura de Taichi se desvanecía en el aire.

— ¿De qué hablas?

—Me besas y luego dices que sólo somos amigos. Arriesgo mi vida para que no sufras escapándome de los demás, y sólo recibo gritos y reproches por parte tuya. Me acerco a Persiamon y tú te enfadas y haces que me sienta culpable. Sólo te preocupas por ti.

—No, no es cierto —dijo, tratando de convencerse a sí misma, pese a que cada palabra que aquella imagen de Takeru le decía sonaba a verdad.

— ¿Por qué me besaste? —Le preguntó Takeru, quien de repente estaba frente a ella, tomándola por las muñecas—. ¿Por qué estabas celosa de Persiamon? ¿Es que no soportas la idea de que tenga más de una amiga?

— ¡No, claro que no! —Gritó, tratando de liberarse.

— ¿Por qué demonios te molesta que esté con alguien más, si solo soy tu amigo?

— ¡Porque te amo! —Estalló.

Literalmente. Un gran destello de luz blanca iluminó aquella oscuridad, como si hubiese explotado una bomba lumínica. Se vio a sí misma brillando con una luz propia, al tiempo que una cálida y familiar sensación la recorría por todo su cuerpo. Pronto el resplandor cesó y se vio a sí misma en la cueva, donde las tinieblas la habían apresado.

Tardó en ver lo que sucedía a su alrededor, pues estaba demasiado ocupada fijándose en qué sucedía en su interior. Acababa de revelarse a sí misma una verdad oculta: estaba enamorada de Takeru. Por eso ansiaba estar con él más que con nadie. Por eso lo había besado. Por eso no podía dejar de pensar en él, y por eso estaba celosa de Persiamon. Amaba a su amigo. Ya no podía ocultárselo más.

La emoción de haber descubierto sus propios sentimientos la devolvió a la realidad poco después. Miró hacia todos lados. Encontró las antorchas, vio con claridad las paredes, el suelo y el techo. Y, recostado contra el frío muro de roca, vio a un muchacho rubio.

— ¡Takeru! —Exclamó, acercándose rápidamente a él. Se detuvo a algunos metros cuando vio una gran capa de tinieblas que lo rodeaba. Era como si él se encontrase en una burbuja de oscuridad. Sus ojos se veían apagados y todo su cuerpo denotaba debilidad y tristeza.

— ¿Qué te pasa? Takeru, soy yo, Hikari, ¡mírame! —Dijo, mientras se arrodillaba a su lado. El rubio la miró a los ojos, y ella sintió una punzada en su corazón. Los azules y emotivos ojos del Elegido de la Esperanza estaban opacos, fríos, vacíos.

—Hikari —susurró, arrastrando los sonidos—. Ya no hay esperanza.

—No digas eso, no seas tonto. Lucha contra la oscuridad.

—La oscuridad —repitió él, desviando la vista hacia ninguna parte—. Ella ganó. Este mundo está perdido. No podemos hacer nada.

— ¡Takeru, no digas eso! —Gritó, tomándolo por el rostro y obligándolo a verla a los ojos—. ¡Eres el Elegido de la Esperanza!

—Yo tenía esperanza, pero la perdí.

—Sé que cuando destruyeron las Fortalezas todos parecimos perder las esperanzas, pero tú más que nadie sabe que…

—No fueron las Fortalezas las que me quitaron mi esperanza. Yo esperaba que algún día pudiéramos estar juntos —dijo, sorprendiéndola por completo.

— ¿Q-Qué?

—Yo creí que podríamos ser algo; por eso te besé aquella noche. Porque te amaba.

Aquella nueva revelación la golpeó con la fuerza de una bola de demolición. Minutos atrás había descubierto que lo amaba, y ahora él le decía que sus sentimientos eran correspondidos.

—Pero… Tú… Dijiste que…

—Dije lo que dije porque creí que no servía de nada decirte lo que sentía realmente. Sólo te confundiría. Además, dijiste que te habías dejado llevar. Aún después de eso continuaste viéndome como un simple amigo. Ahí… Ahí fue cuando perdí las esperanzas.

Sintió una lágrima amenazando por caer por su mejilla. ¿Se había sentido así durante todo este tiempo, todo por ella? ¿O era solo un efecto secundario de las tinieblas que lo rodeaban?

—Ya no me importa seguir luchando. Sin ti, ya no tiene sentido conti…

Hubiera continuado hablando, pero unos labios se unieron a los suyos, impidiéndole modular sonido alguno. Sus párpados se abrieron al máximo. Hikari, por su parte, los tenía cerrados, temiendo que al abrirlos descubriera que no había tenido el valor para hacer eso realmente. La lágrima finalmente cayó por su mejilla, acabando en el dorso de la mano de Takeru.

Un destello verde cubrió nuevamente la cueva. Aún así, ella no abrió los ojos ni se separó. Lo único que le importaba era lo que sucedía en aquel instante, en las sensaciones que recorrían su cuerpo. Se estremeció levemente cuando la mano derecha del Elegido la tomó suavemente de la nuca y la atrajo un poco más ante sí. Sintiéndose aliviada por aquel gesto, rodeó el cuello del rubio y se entregó por completo al beso.

Se separó cuando la falta de aire le hizo imposible continuar. Tan solo se alejó algunos centímetros, lo suficiente como para respirar. Abrió los ojos y se encontró con dos orbes azules, llenos de emoción y vida. Las tinieblas habían desaparecido, esta vez para siempre.

—Hikari, yo…

—Lamento no haber aceptado lo que me sentía —lo interrumpió—. Tenía miedo de aceptarlo. Pero ya no. Takeru, te amo.

Sintió que se quitaba de encima un peso equivalente a dos Monochromons. Había aceptado lo que sentía y, mejor aún, se lo había hecho saber a la persona más importante para ella. El rubio la miró sorprendido durante algunos instantes. Lentamente, la mirada de sorpresa se transformó en una sonrisa, la sonrisa de quien se sabe el hombre más feliz de la Tierra.

—Yo también te amo, Hikari.

Se unieron nuevamente en un beso, ésta vez uno más intenso que los anteriores, sin perder ni un gramo de sentimiento ni de dulzura. Sus labios se abrazaban y sus manos se entrelazaron. Habrían permanecido así durante varias eternidades si no hubiese sido por dos voces que les hablaron.

—Han entrado a las tinieblas más oscuras…

—…y han sabido seguir adelante.

Se separaron y pusieron de pie tan rápido como pudieron. Frente a ellos, dos digimon nunca antes vistos se manifestaron. Uno de ellos era un caballo anaranjado, con un vientre blanco y cola y crin doradas. Su rostro y las partes inferiores de sus patas se encontraban protegidas por una armadura dorada con algunas gemas incrustadas. Takeru vio que las orejas de este digimon eran similares a las orejas-alas de Patamon. Sin embargo, lo más destacable del equino eran las grandes alas doradas también que surgían desde el lomo.

A su lado, un digimon de apariencia femenina, cuadrúpedo también. El pelaje era blanco como la nieve, al igual que las dos grandes alas que también poseía. Su cabeza y sus cuernos delanteros estaban totalmente ocultos por una ornamentada coraza plateada con hombreras unida a un casco grabado de estilo egipcio. La cola tenía algunas rayas violáceas.

— ¿Quiénes son ustedes? —Preguntó Takeru.

—Yo soy Pegasusmon.

—Y yo Nefertimon.

—Somos los dos Guardianes…

—… de la cueva de la Luz y la Esperanza.

— ¿Guardianes? —Preguntó Hikari, extrañada por cómo los dos digimon parecían estar unidos por un lazo mental, a juzgar por la facilidad con la que completaban las frases del otro.

—Así es —dijo Nefertimon, mientras ella y Pegasusmon comenzaban a caminar alrededor de los dos Elegidos, inquietándolos levemente—. No teman, Elegidos, no les haremos daño, por el contrario…

—…estamos aquí para ayudarlos. ¿O es que acaso olvidaron que los Guardianes estamos para servirles? ¿Acaso olvidaron…?

— ¿…al valiente Veemon?

Comprendieron entonces quiénes eran esos dos digimon.

— ¡Ustedes son guardianes de Digi-Eggs! —Dijeron al unísono.

—Así es —respondieron, también al unísono, los dos digimon.

— ¿Qué Digi-Eggs custodian? —Preguntó Hikari.

— ¿No es obvio?

—Estamos en la cueva de la Luz y la Esperanza.

—Es bastante claro que nosotros somos los guardianes de sus Digi-Eggs —finalizó Pegasusmon.

—Y con estos poderes, serán capaces de vencer a sus enemigos —añadió más tarde Nefertimon.

Las sonrisas de Takeru e Hikari se desvanecieron al recordar el increíble poder de Ragnarok y sus secuaces. No podían siquiera imaginar tener una posibilidad de luchar contra ellos.

—Lo siento, pero Ragnarok es demasiado poderoso. Además, nosotros perdimos nuestros emblemas, no tenemos chances de ganar.

— ¿Es cierto lo que dicen? —Preguntó, con un tono extraño, Pegasusmon, mientras él y Nefertimon volvían a girar alrededor de los dos muchachos.

— ¿En verdad perdieron los emblemas? —Cuestionó también la digimon con apariencia egipcia.

— Claro que sí. Nosotros dimos nuestros emblemas tiempo atrás para sellar la puerta entre ambos mundos.

— ¿Por qué se separaron del resto del grupo?

—Porque Hikari sufría cada vez que los oscuros se le acercaban —respondió Takeru.

— ¿En verdad perdieron los emblemas? —Repitió el pegaso digital.

—Sí, los perdimos —volvió a responder la Elegida de la Luz.

— ¿Por qué se separaron del resto del grupo?

Para aquellos momentos, los dos Guardianes volaban en círculos alrededor de los Elegidos, desorientándolos e incomodándolos en cierto punto.

—Porque cada vez que los oscuros se acercan a mí siento dolor y pierdo la conciencia.

— ¿En verdad perdieron los emblemas?

— ¡Dejen de repetir esas preguntas! —Gritó Takeru—. ¡Ya les respondimos!

— ¿Por qué se separaron del grupo? —Nefertimon decidió ignorar la queja del rubio.

— ¡Porque Hikari se desmaya cada vez que los oscuros se acercan a ella!

— ¿En verdad perdieron los emblemas?

— ¡Ya les dijimos que sí! —Dijo Hikari, irritada al igual que su amigo, pero con la sensación de que estaban pasando por alto algo importante.

— ¿Por qué se separaron del grupo?

— ¡Porque el emblema de Hikari es la Luz y eso la hace susceptible a la influencia de la oscuridad! —Gritó.

Entonces, los dos Elegidos se detuvieron en seco. Pensaron durante algunos instantes lo que Takeru acababa de decir. La implicancia tácita que ello conllevaba. Los Guardianes dejaron de girar alrededor de ellos. Pegasusmon colocó su rostro cerca del de Takeru y lo miró a los ojos.

— ¿En verdad perdieron los emblemas? —Preguntó nuevamente, sabiendo que sería la última vez que debería hacerlo.

—Ella… Ella se desmaya porque su emblema es la Luz—comenzó Takeru—. Eso significa…

—Significa que debo seguir teniendo mi emblema —completó Hikari, con una sonrisa—. ¡Si no lo tuviera la oscuridad no me afectaría!

Los Guardianes sonrieron detrás de sus cascos ante la astucia y perspicacia de los Elegidos.

—Veemon fue el primer Guardián en ser sellado en el Digi-Egg. Nosotros fuimos los últimos, y sólo a nosotros se nos confió este conocimiento.

—Ahora ya saben que sus Emblemas están dentro de sus corazones, esperando ser reactivados. Si logran reactivarlos, alcanzarán los poderes que necesitan para vencer a sus enemigos. Hasta entonces —en ese momento, los dos Guardianes comenzaron a brillar—, podrán contar con el poder de las armor-digievoluciones.

Con un gran destello, Pegasusmon y Nefertimon adoptaron la forma de dos DigiEggs, los cuales mantenían un gran parecido con los Guardianes. Takeru e Hikari los tomaron en sus manos. Segundos más tarde, sintieron un gran torrente de energía que los recorría por dentro.

Sin saber cómo ni porqué, fueron teletransportados fuera de la cueva.

— ¡Takeru!

— ¡Hikari!

Patamon y Gatomon se lanzaron sobre sus tamers. Los felicitaron por haber logrado salir, hicieron preguntas sobre los DigiEggs que cargaban y se sentaron a oír un resumen de la historia. Jijimon observaba todo desde la roca en la que se sentaba, satisfecho por la actuación de los Elegidos.

—Ahora saben qué hacer para vencer. Todos los Elegidos deben recuperar sus emblemas. Deben volver cuanto antes con sus amigos y decirles lo que han aprendido.

— ¿Pero cómo sabremos dónde están? —Preguntó Takeru—. No sé hacia dónde se fueron.

—Utilizaré mis poderes para teletransportarlos lo más cerca posible de ellos, pero necesitarán unas monturas —dijo.

Takeru e Hikari se miraron y asintieron.

— ¡Digievoluciona! —Gritaron, extendiendo los DigiEggs.

Patamon y Gatomon comenzaron a brillar. Instantes después, Pegasusmon y Nefertimon se alzaban en la Tierra Sagrada. Los Elegidos se montaron a sus respectivos digimon. Jijimon los apuntó con su bastón y lo agitó fuertemente.

—Espero que se den cuenta pronto que Ragnarok no es el Dios del que ellos hablan —dijo para sí mismo una vez que los Elegidos y sus digimon hubieran desaparecido.

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— ¿Dónde están? —Preguntó Hikari, mirando hacia todas partes. A su derecha había una montaña, y los suelos estaban cubiertos de bosques. Tardarían mucho tiempo en revisarlos, sobre todo si pretendían pasar desapercibidos.

— ¡Miren, allá están! —Señaló Takeru. En efecto, en un lugar donde la maleza no era tan espesa, lograron divisar a sus amigos. Nefertimon y Pegasusmon volaron tan rápido como pudieron hacia allí, deseosos de reunirse con sus amigos y contarles todo lo que habían aprendido.

Pronto se enterarían de las terribles noticias con respecto al paradero de Koushiro.






Bah, el capítulo más jodidamente largo que escribí en mi vida. Pero, ¡es que no podía cortar ninguna parte! La pelea era esencial, lo de HisyaRumon y Persiamon fue para que llegaran rápido e Hikari sintiera celos que le ayudarían a entender lo que sentían. Y lo de Jijimon, la cueva, y los Guardianes son DEMASIADO importantes para el fic.

Pensé por un momento dividirlo en dos partes, pero me decidí a hacerlo uno solo. No sé si esto me causará problemas con ustedes, lectores, pero en todo caso espero que el contenido haya sido tan bueno que les permite perdonar la extensión xD

No sé cuándo voy a tener listo el próximo. Éste me dejó bastante agotado xD Pero ahora sí vamos a tener al grupo casi completo. El siguiente cap va a mostrarnos cómo se las arreglan a partir de ahora, qué nuevos planes harán, qué sucede con Koushiro, y bueno, básicamente cómo sigue el fic, lol.

¡Hasta la próxima!
 
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Art of life
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Vaya...puede que fuese largo, pero en serio, se me ha echo corto de leer.
Has conseguido que preste más atención a la historia y los sucesos que a cuánto faltaba para terminar. No me he cansado de leer, y como dije antes, se me hizo incluso corto.

Esperaba ver más "problemas" en la cueva. Si te soy sincero, has pasado esa escena demasiado deprisa. Podrías haber puesto, en mi opinión, más apuros para salir de las tinieblas a Hikari.
Pero ha sido perfecto lo de Takeru, sólo la luz de Hikari podría hacerle volver en sí.

En el capítulo anterior tenía un presentimiento de que era pegasusmon y nefertimon los que venían, pero leí que estaban montados en una montura y por eso dije Sylphid >.< si hubiera leído que eran dos, sin duda habría acertado.

Te mereces el descanso..pero espero que sea cortito XDD que ya tengo ganas de ver el reencuentro y la busqueda de los digieggs de los demás. (Hubiera sido grandioso que Akiyoshi hiciera así Digimon Zero Two y no como lo hizo e.e )
 

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Antes de quedar deslumbrado, te diré tus errores gramáticos, sólo encontré dos, bien pequeñitos.

Había pequeños oasis esparcidos esporádicamente por el desierto,
Tal solo se alejó algunos centímetros,
Ahora, yendo al deslumbre....

WOW, me quedé completamente en cátarsis, como diría un muy buen amigo mío. Aunque debo estar de acuerdo con [MENTION=96869]Lord Patamon[/MENTION], la escena de la cueva pudo ser más larga; digo, si ya te echaste todo el capitulote, un poco más no haría daño. Pues Hikari se ganó su propia escena, y lo justo sería que Takeru también la tuviea en la prueba. Pero bueno...

Yo me hubiera quedado bailando, la neta, pero qué se le va a hacer, jaja. A mí se me hace que a ti te gustó Xross Wars, o como próximamente se conocerá en Nickelodeon, el gringo al menos: Digimon Fusion.

Y me dejaste en la duda de nuevo con Tsukaimon....Está como pa' hacer una apuesta jaja, pero en fin.

Ya quiero el próximo cap, que en una de esas ya lo tienes pero sólo te haces del rogar jaja.
 

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Wow.... Increible capitulo. Aunque me dio risa como Pegasusmon y Nefertimon volaban alrededor de Takeru y Hikari y no paraban de hacer las mismas preguntas una y otra vez XD

Hasta que por fin se dieron cuenta que nunca perdieron sus emblemas. Les tomó 21 capitulos averiguarlo e.e

Y al fin se dejaron de negar sus sentimientos reales uno por el otro y se confesaron que se aman. Ya era hora XD

Ahora me pregunto que van a hacer Patamon y Gatomon con respecto a Tsukaimon? Realmente tienen mucho que hablar con el o.o
 

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30 Dic 2009
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14 y 15 listos ^^

Bueno, como te habia comentado no veo ninguna tragedia en estos caps que son mas exploratorios que los demas, de hecho, a mi me gusta mucho que exista esta pausa en medio del caos xD el 14, no se porque, quizas en tu otra version del fic ya lo habias usado, pero de alguna manera supe que la batalla de los angeles era el simulador virtual xD lo siento, no cai de nuevo =P El papel de Rouga estuvo genial jaja refrescame si me equivoco, pero el es aproximadamente de la edad de Tai, Sora y Matt, asi que es logico que sea alguien mas maduro, y queda totalmente coherente que los aconseje en este tipo de cosas xD Creo que Tk se atormenta mas de la cuenta, pero como dices esta en la edad ^^U yo hubiese jurado que habia llegado mucho mas lejos jaja al menos parcialmente pudo resolver sus problemas con Kari ahora veamos que sale de todo esto O.o

El 15 me gusto incluso mas, me parecio mas balanceado entre los dos matices principales de este fic ^^ me gusto mucho el analisis que hiciste acerca de la situacion, y como la resolvieron aplicando el concepto de "guerrillas", sobretodo me gusto porque es lo mas logico, y se ve que has investigado. En general la parte militar te esta quedando muy acertada.

Aprendí a ver la belleza en todo lugar. Es importante disfrutar cuanto podamos de todo lo que nos rodea, sobre todo en esta situación donde no sabemos si mañana podremos hacerlo.
Eso es el Bushido xD no se si lo habras hecho concientemente o no, pero piyomon ya es todo una guerrera xD

Ahora, el Sorato me perturba un poco xD nunca podre entenderlo. Veo que ya introduces el triangulo, y ademas anexas a Mimi en una de las aristas =P lo ultimo si me sorprendio un poco jaja me dio algo de pena Mimi, nunca pense que fuera una chica tan solitaria, aunque como dijo Scott Fitzgerald, nunca se es tan solitario como cuando se esta rodeado de gente xD si me descoloco que Mimi no piense que es atractiva =P es decir, Mimi es coqueta desde Adv 01 *-* Lo de la guerra quedo genial, y el suspenso de como termino me dejo con ganas de saber mas.

Respondiendo a tus preguntas, a pesar de que Togemon y Garudamon tienen un aspecto bastante masculino yo siempre las vi como hembras O.o es decir, en todas sus demas fases son hembras, no creo que cambien de genero =P aunque no se como funciona la biologia digital jaja y el color de letra esta bien, no choca xD

Ojala continues pronto ^^ nos leemos
 
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