Fanfic Age of Revenge - Capítulo 22 [23/1/14]

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Leido el 16 ^^ cada vez me gusta mas este fic jaja por lo que exijo que lo continues pronto xD nah, pero ojala puedas seguirlo en poco tiempo, veo que los capitulos se me estan acabando O.o

Un capitulo con Izzy y Joe solo puede ser un capitulo poco habitual xD son dos personajes que normalmente la gente no trabaja en los fics(sobretodo Joe) y sin embargo a mi me gustan mucho. Fue intenso, eso seguro, desde la perspectiva de Joe en la enfermeria y de Izzy desde el laboratorio. Ambos hicieron sus descubrimientos, o deducciones como bien las llamas en el titulo xD

La parte donde Izzy entra en crisis me gusto particularmente, de hecho fue mi parte favorita en el cap, y me suena completamente justificada ^^ quien sabe, a lo mejor son los personajes secundarios como Izzy y Joe los que van a ganar esta guerra para los elegidos =P

La parte final como siempre que te centras en los enemigos, cubierta de un halo de misterio *-* desconozco quienes seran los dos que hablan, pero me gusta xD pienso en una maxima de Sun Tzu que dice algo como "mil victorias en mil batallas no es la mejor habilidad, mil victorias sin batallas, esa es la mejor habilidad. Pues el supremo arte de la guerra consiste en derrotar al enemigo sin luchar" xD

Continua ^^
 
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[MENTION=313660]Dark Fallen Angel[/MENTION]
Jaja, gracias por comentar :D Me alegra que se te haya hecho corto. Para mí
fue muy largo de escribir xD Y tendré en cuenta lo de que pasé muy rápido la escena
de la cueva. Había puesto una escena o dos pero las saqué porque me parecía
endemoniadamente largo xD Y bueno, aquí tienes lo de la búsqueda que pedías xD

[MENTION=265114]Lord Roko[/MENTION]
Ante nada, gracias por comentar. Sobre qué pasó con Takeru en la cueva, eso ya
vendrá. Aunque no en este cap, sino en el próximo =P Cuestiones de espacio más
que nada, jajaja. La verdad no vi Xross Wars. ¿En qué cosa lo plagié sin saber?
xD Oh, y no, no lo tenía. Lo tuve que hacer y me llevó... un tiempito xD


[MENTION=96869]Lord Patamon[/MENTION]
JAJAJAJAJAA, les tomó 21 capítulos averiguar que no perdieron sus emblemas xD
Cuando lo dices así suena un poco tonto xDDDD Me alegra que te gustara y sí,
ya era hora de que se dijeran lo que sentían -.- Niños... Tardan demasiado xD


[MENTION=434433]Belerofonte[/MENTION]
Creo que lo dije en otra respuesta, pero tus comentarios me hacen releer mi
fic xD Una lástima que no cayeras con lo del simulador virtual en la pelea de
Angemon y Angewomon. Sí, lo había usado en la versión vieja del fic, pero
tenía la esperanza de que no perdiera efecto xD Y Rouga tiene la edad de TK
y Kari, pero tuvo sus propias decepciones amorosas y aprendió de ellas. En el
concurso ese de la otra vez donde había que hacer OS y drabbles por semana
hice uno que explicaba un poco el pasado de Rouga. Creo que en alguno de los
próximos caps podría incluirlo. Lo de la guerra de guerrillas en la fortaleza del
este se me ocurrió porque, como dices, me pareció lo más lógico :P Sobre el
16, me alegra que te gustaran las partes de Izzy y Joe. Y no sé si ellos ganarán
la guerra, pero definitivamente contribuirán mucho. Y bueno, si no me equivoco
el 17 es donde todo se va al carajo, así que pronto sabrás más acerca de los
enemigos xD Gracias por leer y comentar ^^



Bueno, tres meses de retraso. ¡Ouch! No fue intencionado, se los aseguro xD Es que bueno, me tomó en el final del año escolar y el inicio de las vacaciones… Pero bueno. Ahora que ya tomé ritmo de nuevo les prometo que la tardanza va a ser mucho menor. Ya recuperé la inspiración y las ganas de escribir y terminar este fic :D Falta mucho en realidad para que termine, pero bueno xD Los dejo con este cap que me costó escribir (por algo tardé 3 meses xD aunque también fue flojera, lo admito) pero que me terminó gustando. Ojalá les guste.











— ¡¿Que lo raptaron?! —Gritó ella, separándose luego de varios minutos del abrazo de su hermano.

Tras un emotivo encuentro con el resto de los Elegidos, Takeru e Hikari recibieron la noticia de que Koushiro había sido raptado minutos atrás. Con mucho pesar, les contaron cómo Karatenmon había aparecido de la nada, resistió los ataques de los ocho Comandantes, acabó con los digimon capaces de volar y seguirlo y luego raptó a Koushiro ante la impotente mirada de los demás. Ni siquiera les dieron tiempo de explicar quiénes eran sus nuevos digimon.

Sin detenerse a pensar mucho en lo que hacía, Takeru se separó de Yamato (quien lo había recibido con el abrazo más grande que jamás le había dado a alguien) y subió de un salto a Pegasusmon.

—Si lo hirieron y además carga a Koushiro, no puede volar demasiado rápido. Dicen que partió hace poco, tal vez si Pegasusmon se apresura podamos…

—Takeru, no lo intentes —se apresuró a decirle Shiori.

— ¿Por qué no? No puede haberse ido tan lejos.

—Tu digimon podría llevarte hasta él, sí, ¿y luego qué? Sería, si ese digimon egipcio los acompaña —dijo señalando a Nefertimon—, un dos contra uno; un “uno” que se las arregló para vencer a ocho digimon adultos, aún estando herido. No es prudente ir ahora.

El rubio consideró las palabras de Shiori. Aún no conocía los poderes de Pegasusmon y Nefertimon, por lo que no sabía si podrían llegar a presentar resistencia alguna contra el cuervo. Su amigo tenía razón, no tenía sentido ir hasta allí. Oprimió sus puños, furioso con la vida, con las circunstancias y pruebas a las que debían enfrentarse día a día. Acababan de salir de una cueva donde las tinieblas los habían llevado al borde de la locura, y ahora que volvían con sus amigos se enteraban que uno de ellos había sido secuestrado. Era todo demasiado injusto.

—Chicos, sé que todos estamos cansados, nerviosos y hasta asustados por lo que pasó con Koushiro. Deberíamos acampar en un lugar seguro y ponernos al tanto de lo que sucede. Si nos calmamos podremos encontrar la mejor manera de resolver esto.

Taichi suspiró. Él también quería perseguir como sea a Karatenmon, antes de que se llevara a Koushiro demasiado lejos. Algunos años atrás, lo habría hecho sin dudar. Pero había madurado, y ahora sabía que para tomar decisiones importantes debía actuar calmado.

—Joe tiene razón —dijo finalmente—. Subamos a la montaña, encontremos alguna cueva u otro lugar para armar el campamento. Primero, quiero saber dónde estuvieron —añadió, señalando a su hermana y al Elegido de la Esperanza— y porqué volvieron. Luego veremos cómo rescatar a Koushiro.

Todos estuvieron de acuerdo. O quizás no, algunos quizás querían lanzarse rápidamente en búsqueda de su amigo. Pero Taichi era el líder y Joe era el mayor, la voz de la razón gran parte de las veces. Si ellos dos estaban de acuerdo, simplemente no podían contradecirlos. Takeru e Hikari extendieron sus digivices, los cuales habían cambiado su apariencia.

— ¡Hey! ¡Son como el de Taichi! —Se apresuró a decir Mimi, notando la similitud inmediatamente.

—Ah, sí —reconoció Takeru—. Cuando armemos el campamento les explicaremos lo que sucedió.

Los cuerpos de Nefertimon y Pegasusmon brillaron durante unos instantes y dos pequeñas esferas de luz salieron despedidas directamente hacia los D3s, como los había llamado Koushiro. Patamon y Gatomon se encontraban de pie donde segundos antes estaban sus armor digievoluciones. No fue sorpresa para ninguno; intuían que eran nuevas digievoluciones de los compañeros digitales de Takeru e Hikari. Solo no sabían cómo ni porqué las habían obtenido.

Sin detenerse a preguntar y a sabiendas de que lo harían más tarde de todas formas, comenzaron una acelerada caminata por la ladera de la montaña, en busca de algún refugio.


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— ¿Quieren decir que los digimon pueden digievolucionar con los DigiEggs? —Preguntó Taichi, recuperando ligeramente el humor.

—Pues… sí.

Taichi dio una significativa mirada a Agumon. Él tenía su DigiEgg. Decidió anotar mentalmente que debía probar en la siguiente batalla el poder de la digievolución de su compañero.

—Después de eso —volvió Takeru a la historia que estaba contando— nos hicieron dar cuenta de que los emblemas continúan existiendo en nuestro corazón. Salimos de la cueva, nos reencontramos con Patamon y Gatomon…

—…y Jijimon nos teletransportó hasta aquí —acabó de explicar Hikari.

—Los encontramos en cuestión de segundos. Quizás si hubiéramos llegado un poco antes habríamos podido ayudarlos en la batalla —se lamentó el rubio.

—Hey, no se culpen —los reconfortó Sora, acariciando el brazo de Hikari—. Hicieron lo que pudieron.

—Y además, averiguaron datos de suma importancia —agregó Gabumon.

—Es cierto. Ahora sabemos que siguen manteniendo sus emblemas, y eso significa que podremos volver a alcanzar la etapa ultra —mencionó Gomamon, ilusionándose con volver a su poderosa forma de Zudomon y acabar con Karatenmon con un golpe de su martillo.

—Si lo que ese Jijimon dijo es cierto, los DigiEggs deben ser la clave para que recuperen sus emblemas —destacó Rouga, dirigiendo una tímida mirada a Tsukaimon, que se encontraba dormido en una improvisada cama de hojas—. Y si de verdad cree que con esos poderes seremos capaces de vencer a Ragnarok y los demás, entonces creo que deberíamos encontrarlos cuanto antes.

—Lo siento, pero no estoy de acuerdo —dijo Taichi, con un gesto de decepción—. La prioridad, ante todo, es encontrar a Koushiro. Una vez que lo recuperemos, recién entonces comenzaré a buscar el resto de los DigiEggs.

—Tienes razón con que la prioridad es traer de regreso a Koushiro —dijo Agumon, colocando una garra sobre el hombro de su tamer—, pero con nuestros poderes actuales nunca podríamos rescatarlo si los secuaces de Ragnarok se encuentran allí.

—Pero Agumon, ¡debemos intentarlo! Koushiro haría lo mismo por nosotros.

—Lamento decir que tiene razón —intervino Yamato, triste también—. Pero míralo de esta forma: si recuperamos los DigiEggs, podremos hacer digievolucionar a nuestros digimon. Sería muchísimo más fácil luchar contra los enemigos.

— ¡Pero no sabemos dónde están los DigiEggs! ¡No sabemos cuánto tiempo podría tomarnos recolectarlos!

—Quizás podríamos volver con Jijimon. Él debe saber dónde se encuentran los demás —propuso la hermana menor del Elegido que estaba perdiendo los estribos.

—Tardaríamos semanas. Demonios, no sabemos si a estas alturas Koushiro sigue… si sigue…

— ¿Si sigue qué?

Todos se callaron y voltearon a ver a la voz que había hecho la pregunta. Tentomon, desde que recuperó la consciencia, había permanecido apartado del grupo, sumido en un silencio sepulcral. Decidieron que lo mejor era no molestarlo. Probablemente necesitaría un tiempo para asimilar la captura de su tamer.

— ¿Si sigue qué? —Repitió, con un tono neutral de voz—. ¿Vivo? Sí, sigue vivo. La prueba es que yo también lo estoy.

Algunos de los Elegidos no comprendieron aquellas palabras. Sora, por su parte, recordó una conversación que había mantenido con Gabumon. Hay, entre digimon y tamer, un vínculo que los une y retroalimenta. Una relación simbiótica que les permite compartir emociones y energía. Sin embargo, la parte dominante del lazo es siempre el tamer. Si este muere, el digimon unido al vínculo lo haría también. Por lo tanto, si Tentomon seguía vivo era porque Koushiro también lo estaba.

—Por ahora. No sabemos si van a mantenerlo como prisionero—reiteró su punto Taichi—. No podemos perder tiempo. Tentomon, tú más que nadie querrá recuperar a Koushiro —dijo, casi a modo de pregunta.

El digimon insecto desvió la mirada algunos milímetros, pensando la respuesta a la tácita pregunta.

—Sí, yo quiero recuperarlo a como de lugar. Pero si vamos ahora, no podremos hacer nada. Necesitamos más poder. Debemos reunir los DigiEggs.

—Pero Koushiro…

—Él es fuerte. Yo sé que sobrevivirá lo suficiente como para que lo rescatemos. Lo suficiente como para que recupere mi forma de MegaKabuterimon y acabe con quienes lo secuestraron —dijo Tentomon, sintiendo que la furia corría por su sangre.

Taichi, resignado, debió aceptar lo que los demás pedían. Su nuevo objetivo, pues, era encontrar los DigiEggs para recuperar sus emblemas y poder rescatar a Koushiro. El problema dónde buscarlos. Hikari reiteró su idea de ir con Jijimon, y ante la falta de mejores propuestas, fue esa la aceptada.

—Entonces partiremos mañana temprano —finalizó el líder del grupo—. Tendremos dos meses de viaje aproximadamente hasta llegar a Jijimon, y desde allí deberemos recorrer el resto del Digimundo. Recuerden empacar la pasta dental.

Horas más tarde, habiéndose dividido las tareas y aclarado algunos detalles correspondientes al viaje, la mayoría de los elegidos se encontraban durmiendo. Los digimon harían las guardias por esa noche, para que ellos pudieran descansar, recuperarse, y prepararse también para el viaje. Así, mientras los diez digimon se encontraban fuera de la cueva, parlamentando sobre el viaje y cuidando que ningún peligro se acercara, los elegidos dormían, tratando de no pensar en cómo se las estaría arreglando su amigo en aquellos momentos.


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Lo lanzaron con rudeza hacia el suelo, cayendo primero con sus rodillas. Inmediatamente llevó sus manos a ellas, sabiendo que un horrible hematoma aparecería luego. Quiso ponerse de pie y correr, no importa hacia dónde, solo escapar. Pero un golpe en su estómago le quitó las pocas fuerzas que le quedaban.

—No te resistas.

—Activar propulsores —dijo en cuanto pudo reunir el aire suficiente. Las botas, dañadas por Karatenmon, se activaron con pequeñas explosiones, imposibilitando un vuelo estable. Pero lo único que él necesitaba eran impulsos que lo alejaran del suelo, y eso sí podían hacerlo. Intentó dirigirse hacia lo que parecía ser una puerta, pero una gran cola lo golpeó por la espalda como si fuera un matamoscas. El golpe lo envió directo hacia la pared, hiriéndose la cabeza. Habría sido una dura caída de varios metros, si no fuera porque la misma cola que lo golpeó lo atrapó en un abrazo letal.

—Te dije que no te resistas —repitió Megidramon, aumentando la presión con la que sostenía a su prisionero. Los alaridos de dolor comenzaron a inundar la sala, y el Juez del Ocaso se regocijaba en el bello sonido. Para él, aquellos gritos eran la verdadera música del Digimundo. Nada le producía más placer.

—Megidramon, libera al Elegido inmediatamente —dijo entonces una voz que acababa de entrar en la sala. Una voz grave y poderosa, que hizo estremecer a todos los presentes. Ni siquiera sus secuaces podían evitar que el miedo que les inspiraba se manifestara.

Siguiendo aquella orden, Megidramon liberó al Elegido de su agarre y se replegó hacia una de las paredes.

Ragnarok se acercó lentamente hacia su prisionero. Su andar era victorioso, sabiendo que había capturado una de las piezas claves de los Dioses, que tenía en sus garras al único de los Elegidos que representaba una verdadera amenaza para sus planes. Con su mano derecha tomó el cabello de su trofeo de guerra y lo obligó a levantar la mirada.

—El Elegido del Conocimiento —señaló, mientras lo liberaba.

Koushiro, que estaba de rodillas en el suelo, ni siquiera tuvo la fuerza necesaria para retroceder, aunque cada fibra de su ser le pedía a gritos que lo hiciera, que se alejara de aquel ser maligno.

—Tú eras el único capaz de salvar a los Elegidos. El único que, eventualmente y con la ayuda del Elemental y del ermitaño de la Tierra Sagrada, descubrirías lo que en verdad está sucediendo. Pero ya no eres una amenaza para mis planes.

Koushiro levantó la mirada, claramente intimidado y tomado también por sorpresa. ¿A qué se refería Ragnarok con aquellas palabras? ¿Qué verdad habría sido capaz de descubrir?

—Veo que aún no has descubierto lo elemental. No te has percatado de los pequeños detalles que revelarían la verdad del asunto. Está escrito que el Conocimiento sería la clave de la victoria de los Elegidos. Y sin embargo…

El imponente digimon se volteó y comenzó a caminar hacia un ventanal desde el cual se podía apreciar un gran páramo destruido. Darkdramon, Megidramon, Khanmon y Karatenmon observaban con intriga los movimientos de su amo. Parecía estar reflexionando algo.

—Si percaté algo —dijo de repente Koushiro, tratando de ponerse de pie y fallando miserablemente—. He estado pensando en ello durante semanas. En nuestro último enfrentamiento, los ataques de nuestros digimon no lograron hacerte ningún daño. Pero Devidramon fue capaz de detenerte.

Ragnarok se volteó lentamente, y el pelirrojo supo en ese momento que aquel detalle del cual se había percatado era fundamental.

—Al principio creí que Tsukaimon tendría un inmenso poder oculto dentro de sí. Pero contra Karatenmon no fue capaz de hacer nada. Aún no sé cuál, pero sé que hay una relación entre tú y Tsukaimon. Y voy a averiguarla —sentenció con orgullo.

—Impresionante. Realmente impresionante —comentó—. Los Dioses no se equivocaron al darte tu emblema. Eres verdaderamente merecedor de él.

Se acercó a paso lento hacia el pelirrojo y acercó una de sus manos a su rostro.

—Sería tan sencillo asesinarte… —mencionó, mientras lo golpeaba en el pecho con un dedo, enviándolo directamente hacia la pared más lejana—. Podría asesinarte con mis propias manos en un instante. Pero tengo mejores planes para ti. Enciérrenlo y asegúrense de que no intente nada.

Tras dar aquellas órdenes, volvió al gran ventanal a observar el mundo que pronto le pertenecería. Los secuaces se miraron entre ellos. Khanmon, Megidramon y Karatenmon tomaron a Koushiro y lo llevaron hacia uno de los calabozos. El único que permaneció en la sala fue Darkdramon.

—Mi señor, le aconsejo que revise su decisión —dijo, intentando sonar decidido.

—Mi decisión es definitiva.

— ¡Tenemos al Elegido del Conocimiento prisionero! Las profecías dicen que solo y únicamente el grupo completo de Elegidos podría acabar con el nuevo orden del Digimundo. ¡Está en nuestras manos asesinarlo y sellar nuestro destino!

Para entonces, Ragnarok se había volteado y observaba sin emoción alguna a su mano derecha.

—Yo mismo podría cumplir el papel que tiene planeado para el Elegido. No hay porqué arriesgarse. Mi señor, asesine al Elegido, y habrá ganado. Si lo deja vivir, estará dándoles a los Dioses la posibilidad de reunir a sus campeones.

—Darkdramon, te aseguro que los Elegidos, en el largo plazo, no serán una amenaza para nuestros planes. No hará diferencia que deje vivir durante un tiempo más a este prisionero.

—La soberbia y la excesiva confianza nos llevaron al destierro en la Gran Guerra.

Ragnarok entrecerró ligeramente sus ojos, ofendido por el comentario de Darkdramon. Éste, por su parte, encontró en su interior el valor suficiente como para rebelarse ante las incongruencias y los fallos de su Amo.

—Si no asesina al Elegido ahora que tiene la oportunidad, ahora que está indefenso —dijo con un tono sombrío, mientras comenzaba a abandonar la sala—, los Elegidos acabarán con usted.


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—Deberemos atravesar el desierto. Tenemos a Kabuterimon, Birdramon, Pegasusmon y Nefertimon para que nos lleven por el aire. Deberíamos poder cruzarlo rápidamente. Una vez que lleguemos allí, esperemos que Jijimon sepa dónde se encuentran los demás DigiEggs.

Las palabras no eran las más alentadoras. Pero claro, el panorama nunca sería alentador mientras Koushiro estuviera raptado. Taichi se maldijo a sí mismo. El plan era una locura. Tardarían un par de meses en el mejor de los casos. ¿Y si su amigo no tenía tanto tiempo? Probablemente, si él estuviera con ellos, habría pensado un mejor plan. Era bueno en eso, encontrando las soluciones más eficaces y prácticas a los problemas.

Precisamente por eso se lo habían llevado.

— ¿No sería más fácil preguntarle a Sylphid? —Dijo Tsukaimon, quien se encontraba recostado sobre la cabeza de Rouga, manteniendo aún cierta distancia con sus padres.

—Sí, sería mucho más sencillo. Pero no es como si pudiéramos llamarlo y él apareciera para responder todas nuestras dudas—se lamentó Rouga.

—Es, de hecho, tan simple como eso —comentó una profunda voz que pareció resonar en sus mentes. Los digimon y elegidos se miraron entre ellos. Elevaron la vista para encontrarse con el portador de aquella voz que habían escuchado una sola vez, pero que no podrían olvidar.

— ¡Sylphid! —Dijo Palmon, gratamente sorprendida.

El Airdramon se encontraba suspendido en al aire, mirándolos fijamente. Descendió lo suficiente como para que pudieran mantener una conversación decente sin tener que levantar demasiado el tono de voz.

—No siempre responderé a su llamado, pero nunca está de más intentarlo. Es bueno volver a verlos, Elegidos.

—Lo mismo digo —se apresuró a decir Joe—. Necesitamos tu ayuda. Koushiro ha sido…

—Raptado, lo sé —interrumpió—. Estoy al tanto de todo lo que les ha sucedido.

— ¿Qué podemos hacer?

—Ustedes han llegado ya a esa conclusión, Elegido de la Esperanza.

— ¿Entonces sí debemos juntar los DigiEggs? —Preguntó Rouga.

—Así es. Los DigiEggs son su mejor opción para rescatar a su camarada.

— ¿Y dónde los encontraremos? —Preguntó Tentomon, acercándose al Elemental.

Sylphid acercó su rostro aún más a Tentomon, analizándolo con detenimiento.

—Esa será tu tarea, valiente digimon —dijo con serenidad; su mirada se desvió entonces hacia el resto de los Elegidos—. Antes que nada, necesitaré designar un portador provisional del Emblema del Conocimiento —declaró.

Todos quedaron pasmados. Esperaban que fuese algún tipo de broma, o que hubieran malentendido las palabras del Elemental. Pero la frase era clara y dejaba poco lugar a la libre interpretación.

— ¿Un qué? —Preguntó Sora, confundida.

—Hasta que rescaten al Elegido del Conocimiento, será necesario que uno de ustedes lleve consigo el Emblema del Conocimiento. Y ya sé quién será.

Todas las miradas siguieron la dirección en la que los ojos del Elemental apuntaban. Joe volteó hacia atrás para ver quién era el afortunado, cuando se dio cuenta de que no había nadie detrás de él.

— ¿Yo? —Preguntó, incrédulo.

—Así es, Elegido.

Los ojos de Sylphid comenzaron a brillar con un resplandor violáceo. Una especie de neblina morada rodeó a Joe, quien quedó paralizado por la sorpresa. Sintió que en su interior algo se revolvía, llenándolo de una renovada energía. La sensación duró solo unos instantes tras los cuales todo volvió a la normalidad. El Elegido de la Sinceridad observó sus manos.

—El Emblema sigue perteneciéndole a Koushiro —aclaró Sylphid—, pero ahora también te reconoce a ti. Concéntrate, Elegido. Si te concentras lo suficiente, serás capaz de acceder al tesoro del Emblema.

Joe no sabía qué hacer. Se encontraba aún en un estado de incredulidad. ¿Qué acababa de suceder? Sin embargo, y pese a las mil y un preguntas que recorrían su mente, decidió concentrarse en algo. No sabía en qué, pero sabía que debía concentrarse en “algo”. Así que lo hizo. Y ante sí, comenzó a materializarse una figura ovalada que brilló con intensidad. Hicieron falta instantes tan solo para que todos reconocieran qué era lo que tenían ante sí.

— ¡Es un DigiEgg! —exclamó Mimi.

—Y tiene el emblema del Conocimiento.

En efecto, los círculos de distinto diámetro unidos por una especie de puente que formaban el emblema del conocimiento se encontraban grabados en el frente del DigiEgg. Tenía a los lados unas líneas que no formaban parte del emblema, pero que daban un toque estético. El color púrpura contrastaba con el amarillo del artefacto, que brillaba como el oro. Joe lo observó con interés y asombro, aún tratando de digerir la noticia. Era el portador provisional del emblema del conocimiento. Tenía el DigiEgg del Conocimiento.

— ¿Y ahora qué? —Preguntó.

—Haz que el digimon del Conocimiento digievolucione con el poder del DigiEgg.

Siguiendo su instinto, apuntó ligeramente el DigiEgg hacia Tentomon.

—Em… ¿Digievoluciona?

El DigiEgg se transformó en un rayo de luz que se dirigió directamente hacia Tentomon. Todos se sorprendieron y retrocedieron un paso por cautela. El digimon insecto, mientras tanto, sintió cómo el poder ancestral recorría sus venas. Un poder distinto a todo lo que había experimentado anteriormente. Con el brillo característico de la evolución, la fisionomía y estructura de Tentomon comenzó a modificarse.

Para cuando el resplandor se había extinguido, Tentomon ya no se encontraba allí. En su lugar, un inmenso insecto, del tamaño de un auto pequeño, tanteaba el suelo sobre el que se paraba con sus seis patas. No era amarillo como el DigiEgg, sino plateado casi en su totalidad. Su cabeza relativamente pequeña en comparación con el resto del cuerpo acababa en dos grandes antenas que compensaban la proporción. Las pequeñas garras de sus patas y algunas otras partes de su cuerpo eran de un azul marino. Lo que más llamaba la atención, sin, embargo, era una gran superficie plana y circular que salía de su caparazón. Y sobre ella, el emblema del conocimiento, también en azul marino.




—Su nombre es Searchmon —anunció Sylphid—. El radar en su espalda le permite ubicar los DigiEggs en cualquier parte del mundo. No deben preocuparse, todos se encuentran relativamente cerca unos de otros.

— ¿En serio? —Preguntó Gomamon, sumamente impresionado—. ¿Hay un digimon que tiene un radar para ubicar los DigiEggs y se nos aparece precisamente cuando estamos por buscarlos?

—El destino es astuto, ¿no es cierto? —Sonrió el Elemental—. Ahora saben dónde tienen que buscar. Cuando tengan los diez DigiEggs reunidos, ataquen la Fortaleza del enemigo. Las armor-digievoluciones…

—Un momento —interrumpió Shiori, ganándose la mirada confundida de los demás—, ¿dijiste diez DigiEggs?

—Así es.

—Pero… ¿Shiori y yo también tenemos? —Preguntó esta vez Rouga.

—Por supuesto. Son Elegidos, y como tales tienen un emblema y un respectivo DigiEgg.

— ¿Y cuáles son sus emblemas? —Quiso saber Hikari.

Sylphid descendió hasta el suelo y rodeó a Rouga, asustándolos a él y a Tsukaimon en el proceso. Sabían que no les haría daño, pero ver su cuerpo largo y sus alas moverse a su alrededor los incomodaba un poco y les recordaba lo pequeños que eran en ese mundo.

—Él es el Elegido de la Confianza —explicó el Elemental, señalando con su cabeza al castaño.

— ¿Confianza? —Preguntó estupefacto el flamante portador del nuevo emblema.

—Así es. Tus acciones están en perfecta armonía con tus creencias, tus valores y tus corazonadas. Has perdido muchas cosas en tu vida, a seres queridos, y estás dispuesto a dar lo que sea por las personas que significan algo por ti. Todos pueden poner sus vidas en tus manos con la seguridad de que harás todo lo que esté a tu alcance para cuidarlos.

Rouga sintió la sangre correr más fuerte por sus mejillas, las cuales probablemente estaban adquiriendo un tono más rojizo en aquellos instantes. Las palabras del Elemental eran fuertes, y lo hacían ver con una fortaleza y una decisión que dudaba tener. Estaba lleno de dudas y de miedos, y no se consideraba alguien en quien los demás podrían confiar su vida. Para eso estaba Taichi. Taichi era un líder nato, valiente y dispuesto a arriesgarlo todo por los demás. Ya había estado en el Digimundo y daría lo que fuera por salvarlo. ¿Y él? Era simplemente un muchacho asustado, que se había visto inmerso en aquella guerra sin desearlo y que aún no comprendía del todo al Digimundo. No confiaba en sí mismo para estar a la altura de la situación. ¿Y los Dioses pretendían volverlo el Elegido de la Confianza?

—En cuanto a ti —dijo Sylphid, acercándose ahora a Shiori y Leormon—, tu Emblema ha cambiado de nombre algunas veces.

— ¿A qué te refieres? —Quiso saber el Elegido.

—Verás, las profecías nos llegan a través de las Homeostasis, unos agentes que tienen como función comunicar los deseos y la voluntad de los dioses a los mortales. Actualmente, el Digimundo es una creación compleja, madura y eficiente. Pero en sus inicios, los dioses necesitaban enviarnos instrucciones de vez en cuando. Las profecías se transmitían aleatoriamente a digimon de todo el mundo, quienes recibían las instrucciones de ir al Gran Templo, un lugar sagrado que solo las Homeostasis saben dónde y cómo dar con él, para escribirlas en los muros. Por eso hay varias profecías, algunas que incluso se repiten.

— ¿Y dices que mi Emblema cambió?

—Así es. En un inicio, tu Emblema era el de la Astucia, pero en las siguientes profecías serías nombrado como el Elegido de la Racionalidad. Tomarías siempre el camino más razonable y redituable para lograr tus objetivos.

— ¿Eso dicen las profecías de mi?

— ¿Qué, no estás de acuerdo? —Preguntó Leormon, con una sonrisa—. A decir verdad, yo creo que es una definición bastante exacta.

Sylphid volvió a elevarse algunos metros en el aire, para poder ver a todos los Elegidos y sus digimon.

—Como les decía, han de reunir los DigiEggs antes de atacar al enemigo. Utilicen el poder de las armordigievoluciones, las cuales les permitirán rescatar a su amigo. Una vez que lo hagan, le haré entrega nuevamente de la totalidad del Emblema del Conocimiento, y les diré el siguiente paso de su cruzada. Hasta entonces. Buena suerte, Elegidos.

Como era costumbre en el Elemental, se elevó por los cielos y desapareció incluso antes de que los Elegidos y los digimon pudieran despedirse de él. Todos se quedaron observando las nubes por las cuales se había alejado, tratando de averiguar tal vez el misterio de aquel ser. ¿Qué tan poderoso era realmente?

—Bueno —la voz metálica los sorprendió al principio, pero al voltearse vieron que se trataba de Searchmon—. Creo que es buen momento para probar mis nuevas habilidades.

Apoyó sus patas con firmeza en el suelo y se concentró. Sabía lo que tenía que hacer, lo llevaba en su código. Sus ojos brillaron como si estuviera a punto de Digievolucionar, al igual que el radar sobre su caparazón. Su energía se expandió como una onda invisible por el globo, volviendo a su epicentro una vez que lo hubiera cubierto todo. Y cuando lo hizo, generó una gran proyección holográfica del Digimundo. Similar a las que había en los Centros de Mando de las Fortalezas. Solo que mucho más grande, mucho más preciso, y con varios puntos de colores en diferentes lugares. Pero al mirar más detenidamente, se dieron cuenta de que aquellos puntos de colores eran, en realidad, los distintos emblemas.

—Vaya —dijo Gatomon, impresionada.

—Entonces, nosotros estamos aquí —señaló Yamato. Efectivamente, en el centro del mapa, diecinueve puntos colocados uno junto a otro delataban su posición.

—El emblema de la Amistad es el más cercano —notó Gabumon.

—Según el mapa, está en una especie de… templo, o construcción.

—Así es —respondió Searchmon—. Estamos a una hora de viaje a vuelo.

— ¿Qué estamos esperando entonces?

Birdramon, Kabuterimon, Pegasusmon, Nefertimon y Liamon —quien dijo que era lo suficientemente rápido como para seguirles la pista a los digimon alados— hicieron aparición para servir como montura, y partieron rápidamente hacia el lugar que Searchmon les había mostrado. Era una especie de templo en medio de una gran llanura. No había bosques cercanos y estaban lejos de las montañas. Debían tomar el DigiEgg y alejarse cuanto antes, ya que allí eran extremadamente visibles para patrullas enemigas.

—Sabes —dijo tras casi cuarenta minutos de viaje Rouga, quien iba montado junto a Takeru y Tsukaimon en el lomo de Pegasusmon—, Tsukaimon extrañó a sus padres estas semanas.

El pequeño digimon morado casi cae hacia el vacío.

— ¡Rouga! —Se quejó. Confiaba en que su mejor amigo, su tamer, tendría cierta delicadeza. No que lo dijera en voz alta con su padre presente.

Pegasusmon redujo un poco la velocidad a la que se movía. Se mantuvo en silencio unos instantes.

—Tu madre y yo íbamos a hablar contigo hoy —dijo finalmente el pegaso—. Hijo, lamentamos habernos alejado de ti.

—Claro que no —respondió, dolido, mientras se refugiaba en el regazo de Rouga, el único que lo aceptaba tal y como era.

—Tsukaimon, entiéndenos. No podíamos despedirnos, debíamos irnos cuanto antes.

—Mentira. Desde que supieron que mi digievolución es malvada ya no me quieren como antes.

Rouga y Takeru miraron al pequeño, sorprendidos. No parecía triste, ni melancólico. Sus ojos miraban sus pequeñas patas delanteras, con el ceño fruncido. Parecía, de hecho, enfadado. Enfadado consigo mismo y con sus padres. Pegasusmon suspiró.

—Tsukaimon, ya habíamos hablado esto. Al principio nos sorprendió, pero sigues siendo nuestro hijo y seguimos amándote igual que siempre.

—Sí, claro. Mamá me golpeó en la cara cuando me vio —dijo, recordando con dolor aquel día en que Gatomon lo había atacado.

—Hijo, no nos importa que tu digievolución sea Devidramon.

— ¡Pues a mí sí! —Estalló el pequeño.

—Amigo, no te enojes —dijo Rouga, mientras sacudía levemente el pelaje de la cabeza de su digimon, tratando de tranquilizarlo, pero Tsukaimon continuó.

—Yo quería ser un ángel, ser como ustedes. Pero soy un digimon malo. No quiero ser un digimon malo.

El Elegido de la Confianza sintió entonces que unas gotas caían en el dorso de una de las manos con las que sostenía sobre su regazo a su digimon. No supo qué hacer. ¿Debía abrazarlo, dejarlo expresarse? Quizás no había sido buena idea mencionar en voz alta los problemas que su pequeño amigo había experimentado. Takeru, por su parte, se sentía muy incómodo y culpable. Todo esto era porque a él se le había ocurrido escapar con Hikari sin despedirse de nadie. Tendría que haber dejado que Patamon y Gatomon se despidieran de Tsukaimon. Nunca se detuvo a pensar cómo afectaría aquella separación al pequeño.

—Hijo, como te dije, a nosotros no nos importa cuál sea tu digievolución —comenzó Pegasusmon tras pensarlo un poco; tras decidir que no podía esperar a que Gatomon estuviera a su lado para que los dos hablaran con su hijo—. Pero si a ti sí te molesta… Tal vez haya una solución.

Tsukaimon levantó la visa para ver a su padre. Pegasusmon seguía volando en línea recta, pero su cabeza volteaba ligeramente por encima de su hombro para ver a su hijo.

— ¿S-Solución? ¿Qué…?

— ¡Nos han descubierto! —Gritó con energía Birdramon, acercándose a Pegasusmon para alertarlo.

Detrás de ellos, un grupo de Devidramons y Kuwagamons se acercaban volando. Y, delante de todos ellos, una figura que casi provoca que Takeru se cayera.




— ¡Es Devimon!

—No, no lo es. Es un NeoDevimon —explicó Birdramon—. No tiene relación alguna con el Devimon que derrotamos hace años. Pero este es mucho más poderoso; es un digimon perfeccionado.

— ¿Perfeccionado? —Preguntó Rouga.

—Así es. Parece que están comenzando a tomarse en serio nuestra captura.

Kabuterimon y Nefertimon se acercaron rápidamente a ellos e hicieron un gesto para acercarse a Liamon, quien corría a toda velocidad en el suelo. Sorprendentemente, el león no tenía problemas en seguirle el ritmo a los digimon voladores.

—Están demasiado lejos como para alcanzarnos por el aire, pero si nos detenemos al llegar al templo estaremos perdidos —dijo Kabuterimon.

—Yamato y yo entraremos al templo y recuperaremos el DigiEgg cuanto antes. Ustedes resistan hasta que salgamos.

Aceptando el plan de Gabumon, aceleraron su desplazamiento. Ya se veía en el horizonte un templo que tenía un gran parecido con las pirámides escalonadas de los mayas. La majestuosa estructura, que se alzaba poco más de veinte metros desde el suelo, se encontraba cubierta de maleza. A medida que se acercaban, se dieron cuenta de que las grandes escaleras llevaban a un templete rectangular. Seguramente allí se encontraba el DigiEgg de la Amistad.

En cuanto llegaron, los Elegidos se bajaron de los digimon que los transportaban, y los Comandantes que aún permanecían en su etapa de novato decidieron digievolucionar. Yamato y Gabumon se apresuraron a subir corriendo las escaleras que llevaban al templete. Rouga y Takeru tomaron sus armas y siguieron al Elegido de la Amistad, para ganar altura y tener una buena posición para disparar.

Agumon estuvo a punto de digievolucionar, pero Taichi lo detuvo.

—Creo que es hora de averiguar qué tan fuerte es tu digievolución con el DigiEgg del Valor —sonrió, mientras se concentraba para que de su D3 saliera el antiguo artefacto; Agumon sonrió y asintió—. ¡Digievoluciona! —Gritó, extendiendo el DigiEgg hacia su compañero.

Unas llamas comenzaron a rodear a Agumon, reemplazando al característico brillo de la digievolución. Un sol en miniatura se creó, con el comandante en su centro.

— ¡Agumon armordigivolves a…!

De la esfera llameante surgieron dos brazos, luego dos piernas, y finalmente una cabeza con un casco y un cuerno. Un rugido hizo expandir las llamas en un anillo ígneo que no dañó a nadie. Pisando fuerte, el nuevo digimon extendió sus brazos, sintiendo el poder ancestral recorriéndolo.

— ¡…FlameGreymon!

Taichi observó con gran emoción la nueva digievolución que habían descubierto. Recordaba aquella ocasión algunos meses atrás en los que Veemon, aún en Odaiba, había digievolucionado a Flamedramon para luchar contra los Devidramons que habían atacado la ciudad. FlameGreymon era muy similar a ese digimon que había visto, aunque su piel era naranja en lugar de azul, y se lo veía mucho más robusto y fornido. En cierta medida parecía WarGreymon con una armadura distinta, roja y llena de flamas naranjas.




— ¿Y qué tal, amigo? —Preguntó el Elegido del Valor, mientras desenvainaba su espada de Chrome Digizoid.

—Creo que esta forma es tan o más poderosa que mi forma de Greymon —respondió FlameGreymon, mientras lanzaba algunas patadas al aire—. Pero mucho más ágil.

—Pues será mejor que te prepares —advirtió Ikkakumon—, pues los enemigos ya están sobre nosotros.

Los primeros en llegaron fueron un Kuwagamon y un Devidramon. Togemon y Liamon estuvieron a punto de atacarlos, pero FlameGreymon apareció de repente con un gran salto y su cuerpo envuelto en llamas. Al grito de “Ariete de Fuego”, impactó en los dos digimon, derribándolos al suelo. El digimon armor volteó a ver a su tamer, obviando las miradas de asombro de los demás comandantes. En cuanto entabló contacto visual con Taichi, sonrió y elevó uno de sus brazos.

— ¡Esto es la bomba! —Gritó emocionado, haciendo suspirar a Elegidos y digimon por igual. No cabían dudas de que era el digimon de Taichi. Pero el momento de relajación duró poco, ya que de pronto comenzaron a aparecer oscuros, rodeándolos por completo, y desde el cielo los Devidramon y Kuwagamon se preparaban para atacarlos. NeoDevimon permanecía suspendido por encima de todos los demás, observando con su horrible rostro a los Elegidos.

La primera en notar algo extraño fue Sora.

—Hikari —dijo, mientras observaba a su amiga, quien se encontraba de pie y sonriente—, estamos rodeados de oscuros. ¿No te duele?

—El DigiEgg de la Luz le ha devuelto poder a su emblema —respondió Nefertimon—. No lo suficiente como para hacerme digievolucionar en Angewomon, pero sí como para protegerla de la influencia de la oscuridad.

Para sorpresa de todos, la digimon regresó a su forma de Gatomon. Caminó lentamente hacia donde se encontraba Tsukaimon, el único que no había digievolucionado.

—Tsukaimon, creo que es hora de digievolucionar —le dijo con ternura, pero el pequeño negó con la cabeza; la digimon sonrió y tomó el anillo sagrado de su cola—. ¿Ves esto? Es un artefacto sagrado que guarda los poderes de la luz. Jijimon nos dijo que si te sentías asustado de tu evolución, esto te transformaría en un digimon puro.

El digimon morado permaneció mirando el anillo durante unos segundos, antes de preguntar si era cierto lo que decía. Gatomon rió ante la pregunta y le aseguró que así era. Finalmente y tras un destello, Devidramon apareció allí. Gatomon extendió el Anillo Sagrado, el cual comenzó a elevarse en el aire como por arte de magia. Giraba sobre su propio eje, cada vez más rápido, hasta que su forma comenzó a cambiar hasta formar una especie de halo. El halo se acercó a Devidramon y se cerró sobre su pecho como si fuera un cinto. De aquel cinto salieron varios tentáculos que comenzaron a rodear distintas partes de su cuerpo, como los brazos, las piernas e incluso su rostro.

El digimon dejó escapar un leve rugido, mientras sentía cómo el poder sagrado comenzaba a tomar control de su cuerpo. Para asombro de todos, la piel negra comenzó a volverse blanca, las alas agujereadas y demoníacas comenzaron a cubrirse de plumas blancas, y decenas de cinturones plateados aparecieron sobre su cuerpo. Unos minutos más tarde, la metamorfosis acabó, y el nuevo digimon se observaba.

— ¿Devidramon? —preguntó Rouga, desde la mitad de la escalera de la pirámide. Su digimon se volteó para verlo, con una sonrisa.

—Ya no más. Ahora soy Gargoleymon.




Gatomon, sin su anillo sagrado, había perdido una significante cantidad de poder como para luchar. Así que nuevamente utilizó el poder del DigiEgg para volverse Nefertimon.

—Bien muchachos —dijo finalmente Taichi, mientras tomaba con fuerza su espada—, ¡ataquen!


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— ¡Ahí está! —Dijo Gabumon, al ver sobre un pedestal el DigiEgg de la Amistad. El templete era simplemente una habitación rectangular sostenida por varias columnas gastadas, con ventanas naturales que iluminaban así la sala. Y en el fondo de la sala, un altar, un pedestal donde se encontraba el DigiEgg. Éste era completamente negro, con una especie de cuerno en forma de rayo amarillo y el emblema de la amistad grabado en azul.

Gabumon se apresuró a poner sus manos sobre él y luego quiso salir corriendo, pero casi se disloca su hombro cuando el DigiEgg permaneció inamovible en su lugar, como una pesada roca. Yamato sonrió y tomó el DigiEgg con una mano, levantándolo como si fuera una pluma.

— ¿Te olvidaste que solo el Elegido puede tomarlo? —Preguntó con una sonrisa.

—Es que creí que quizás yo también podría. Ya sabes, siendo tu compañero —respondió, mientras sobaba con una de sus manos su hombro derecho.

El Elegido de la Amistad recordó entonces que del DigiEgg del Valor había salido Veemon, y que según el relato de su hermano, Pegasusmon y Nefertimon se habían presentado como los Guardianes del DigiEgg de la Luz y la Esperanza. Así que, extendiendo su Digivice, exclamó:

—Guardián del DigiEgg, sal de ahí —pronunció, recordando cómo Taichi había hecho aparecer con palabras a “la roca” en Odaiba.

Y del objeto que llevaba en sus manos, una esfera azulada salió, alejándose algunos metros antes de comenzar a crecer y tomar forma, como si fuera una figura gaseosa que adquiría densidad. Algunos instantes después, un digimon azulado, similar a un perro con una cinta roja en la cabeza y unos guantes de boxeo en sus manos lo miraba.




—Mi Señor. Gaomon a su servicio —acabó presentándose, mientras se arrodillaba y hablaba de la misma manera que Veemon solía hacerlo.

—Soy Yamato —se presentó, sintiéndose un poco tonto; probablemente el Guardián ya lo sabía—, y él es Gabumon.

—Lo sé. ¿Qué necesita, mi Señor?

—En realidad solo quería saber si el DigiEgg también tenía un guardián.

—Todos tienen un Guardián, mi Señor. Excepto el del Conocimiento, el cual fue delegado a un Elemental llamado…

—Sylphid, sí, lo sabemos —lo interrumpió el rubio, sabiendo que necesitaba salir cuanto antes para ayudar a sus amigos—. Ya nos entregó el DigiEgg del Conocimiento. Tenemos ese, el del Valor, el de la Esperanza y el de la Luz.

—Así que ya están reuniendo los DigiEggs —dijo Gaomon, poniéndose de pie con aire reflexivo—. Tal y como estaba escrito. Eso quiere decir que el velo de la muerte vuelve a cernirse sobre el Digimundo, y que es hora de que me sacrifique.

—Espera un momento —se apresuró Yamato—. No es necesario que lo hagas.

—Si ya tienen esos DigiEggs, entonces es porque ya sabe que es nuestro destino unir nuestra energía vital para que puedan utilizar el poder del DigiEgg y acceder a la armordigievolución.

—Gaomon, no te llamé para…

—Mi Señor, sé que no era su intención que me sacrificara —interrumpió esta vez el Guardián—, pero es necesario. Véalo de esta forma: parte de mí seguirá viviendo cada vez que utilicen el DigiEgg. Además, mis sentidos me alertan de que una batalla está aconteciendo fuera del templo mientras hablamos. Necesitará este poder para ayudar a los demás elegidos.

Yamato intercambió una mirada con Gabumon. Los dos se sentían tristes en parte por el destino que debía correr el Guardián, y que Veemon ya había sufrido. Ante la inminencia del hecho, el Elegido finalmente asintió, suspiro mediante. Gaomon reunió su fuerza vital y extendió sus manos apuntando hacia el DigiEgg.

—Digi-Egg que guardas el Emblema de la Amistad: yo, Gaomon, Guardián de la Luna, hago entrega de mi energía sagrada —a medida que recitaba, un viento salido de ningún lugar comenzó a envolver la habitación; pequeños tentáculos de luz emergieron del digimon y se insertaron en el Digi-Egg—. Acepta este humilde sacrificio y sella tu contrato con el Elegido de la Amistad. ¡Libera tu poder!

Un estallido de luz obligó a Yamato y Gabumon a retirar la mirada. Cuando volvieron a fijarse, Gaomon ya no se encontraba, y el DigiEgg palpitaba con energía. Gabumon miró a su tamer, quien comprendió.

— ¡Digievoluciona! —Gritó.

Del DigiEgg surgieron varios rayos azules que comenzaron a moverse alrededor de Gabumon, ocultándolo de la vista del Elegido.

— ¡Gabumon armordigivolves a…!

Los rayos se elevaron hacia el cielo, atravesando el techo del templete sin romperlo y dejando ver un nuevo digimon frente a Yamato. Era similar a Garurumon, pero con una armadura negra obsidiana que cubría parte de su cuerpo. Le recordó en cierto sentido a MetalGarurumon. Pero éste digimon tenía un cuerno en forma de rayo que salía de su frente.

— ¡…RaiGarurumon! —Rugió.





Yamato se acercó y pasó su mano por el rostro de su compañero.

—El negro te queda bien —dijo finalmente, mientras subía a su lomo y tomaba su espada—. ¡Vamos, nuestros amigos nos necesitan!

RaiGarurumon salió a toda velocidad del templete, dando un gran salto en cuanto llegó al borde de la escalera. En el aire, tuvo tiempo suficiente como para golpear con sus garras un Kuwagamon que volaba cerca de él. Al caer, RaiGarurumon dejó escapar un poderoso rugido que hizo detener a todos los digimon, aliados y enemigos, durante un instante.

— ¡Hey, veo que también armordigievolucionaste! —Dijo con una sonrisa FlameGreymon, lanzando una poderosa bola de fuego a un Devidramon que fue tomado por sorpresa—. ¿Verdad que es genial?

Yamato se bajó del lomo de su digimon y acudió rápidamente a su encuentro con Taichi, ayudándolo a luchar con su espada contra los oscuros.

—Y que lo digas. ¡Siento un gran poder! —Exclamó RaiGarurumon, mientras cargaba una gran cantidad de energía eléctrica—. ¡Hoja Relámpago!

Un fuerte rayo azulado en forma de flecha salió disparado de su cuerno, impactando en el pecho de un Devidramon que cayó al suelo frente a él.

— ¡El poder de la electricidad está conmigo! —Festejó. Ocupado en su celebración, no se dio cuenta de que el Devidramon se había puesto de pie y se abalanzaba hacia él.

— ¡Tormenta del Rey!

Un rayo amarillo volvió a derribar al Devidramon, y Liamon aterrizó instantes después a un lado de RaiGarurumon.

Eso es un verdadero rayo —dijo Liamon con una sonrisa desafiante. Instantes después, una inmensa esfera de electricidad pasó sobre sus cabezas, erizando debido a la estática sus cabellos y estallando al impactar en el mismo Devidramon que los dos digimon habían atacado previamente, convirtiéndolo en datos.

—Novatos —musitó Kabuterimon al sobrevolarlos, lo suficientemente fuerte como para que los dos lo escucharan y supieran quién era el verdadero maestro de la electricidad.

— ¡Dejen de ver quién es el macho alfa y encárguense de acabar con NeoDevimon! —Estalló Togemon, quien aplicaba una llave a un Kuwagamon que luchaba por liberarse.

Alejados de la batalla, Pegasusmon y Nefertimon trataban de controlar con su Fuerza de Unión al digimon perfeccionado. Pero el lazo apenas podía mantenerlo quieto, aún con Gargoleymon utilizando su habilidad especial para tratar de paralizarlo, logrando solo ralentizarlo un poco. El resto de los digimon se encontraba manteniendo a raya a los pocos enemigos que quedaban en pie.

—RaiGarurumon, Liamon, acabemos con ese sujeto —dijo FlameGreymon.

Los tres digimon se lanzaron hacia el digimon perfeccionado, que luchaba para liberarse del aprisionamiento al que los otros digimon lo sometían. FlameGreymon saltó con todas sus fuerzas y conectó una patada llameante en el abdomen del digimon. Liamon lanzó un poderoso rayo a uno de los largos brazos, tratando de invalidarlo, y RaiGarurumon atacó con una mordida eléctrica los pies de NeoDevimon.

Sin embargo, la diferencia de nivel entre los digimon se hizo notar, y tras reunir algunas fuerzas, el digimon maligno se liberó del lazo que lo aprisionaba y de los ataques de los comandantes.

— ¡Necesitamos ayuda por aquí! —Gritó Liamon. Ikkakumon y Kabuterimon se acercaron para dar su apoyo.

—Es demasiado fuerte. Nuestros ataques no logran penetrarlo.

— ¡Hey! —Gritó Shiori desde el lugar donde los Elegidos se refugiaban de la batalla, a un lado de la pirámide—. ¡No distribuyan sus ataques por todo su cuerpo, focalícenlos en un punto!

— ¡Es un digimon de la oscuridad! —Agregó Joe—. ¡Que Pegasusmon se convierta en Angemon y aproveche la ventaja de tipo para abrir sus defensas!

Los Comandantes se miraron y sonrieron. Habían hecho un buen trabajo al entrenar a los Elegidos. Así, Pegasusmon regresó a su forma de Patamon para inmediatamente después transformarse en Angemon. Los digimon voladores comenzaron a rodear a NeoDevimon para llamar su atención y darles a los demás la oportunidad de atacar, mientras Gargoleymon continuaba ralentizándolo. NeoDevimon batía sus alas tratando de desestabilizarlos y movía sus brazos frenéticamente, intentando golpearlos. Pero sus movimientos eran más lentos de lo normal y sus adversarios demasiado ágiles.

— ¡Maldición de Esfinge! —Gritó Nefertimon, disparando dos rayos de los ojos de la serpiente de su tocado, dando directo en el pecho de NeoDevimon—. ¡Ataquen allí!

— ¡Arpón Volcán!

— ¡Electroshock!

— ¡Tormenta del Rey!

— ¡Golpe de Fe!

Los cuatro poderosos ataques impactaron simultáneamente en el mismo lugar, creando una herida abierta en el pecho de NeoDevimon, quien cayó de rodillas al suelo.

— ¡Acabemos con él! —Gritó FlameGreymon, mientras él y RaiGarurumon se lanzaban como dos arpones envueltos en llamas y truenos respectivamente. Los dos impactaron justo en la herida que se había formado. Tras unos instantes de resistencia, el cuerpo del digimon finalmente cedió, y los dos digimon lo atravesaron completamente.

El digimon perfeccionado desapareció rápidamente en datos, mientras algunos metros atrás, Birdramon y Togemon acababan con los últimos oscuros que amenazaban a los Elegidos. Taichi y Yamato chocaron sus manos en el aire, al tiempo que FlameGreymon y RaiGarurumon hacían lo propio. Los digimon volvieron todos a su etapa de novato; excepto Nefertimon, que volvió a su forma de Gatomon y tomó su Anillo Sagrado que se separó de Gargoleymon en cuanto este volvió a ser un simple Tsukaimon.

—Muchachos, creo que Sylphid tenía razón. Si juntamos los DigiEggs, traeremos a Koushiro de vuelta —dijo Taichi con una sonrisa.

Todos elevaron sus manos y dejaron escapar un grito de júbilo. No les importaba si una nueva patrulla los descubría. Todo el mundo debía saber que los Elegidos seguirían dando batalla. Que el Digimundo aún contaba con sus Guardianes.













Ok, ya se imaginaban que el siguiente paso iba a ser juntar el resto de los DigiEggs. ¿Pero a que no se imaginaban a Searchmon? Ja. Y sobre FlameGreymon y RaiGarurumon, imagino que no soy el primero en ponerles esos nombres (nunca los he visto antes, pero tampoco he leído taaaaaaaaaaantos fics) y en imaginarlos. Pero bueno. ¿Qué puedo decir? Me gustan =P También me gustó poner a Gaomon como guardián, porque también es medio lobo como Gabumon(?). Y eso del anillo sagrado para convertir a Devidramon a Gargoleymon lo saqué del perfil de este último, que dice que antes era un digimon maligno pero que la maldad fue encerrada y controlada y qué se yo. Sé que es un horrible mensaje lo que estoy transmitiendo xD Tendría que dar un mensaje de igualdad y aceptación y en cambio estoy haciendo que el pequeño haga todo lo posible para no ser lo que es. Pero eso es por ahora, llegará el día en el que Tsukaimon se acepte a sí mismo xD

Este tipo de cosas son casi spoilers, pero tengo que decirlo: recuerden lo que dijo Sylphid sobre los Emblemas de Rouga y Shiori; y lo que Koushiro le dice a Ragnarok. Las dos cosas son sumamente importantes y están *alerta de casi-spoiler (?)* relacionadas.

Listo, era eso todo lo que quería agregar :D Ahora me despido y vuelvo a mi cueva. ¡Hasta la próxima!

*Saluda y va a su cueva*.
 

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Díos mío, qué desfachatez la tuya, hermano. Pero bueno, volviste que es lo importante. Lo que sí, no me gustó lo de Gargoleymon, simplemente altera todo el concepto, pero te dejaré ser.

La pequeña aparición de Gaomon fue, mmm, cómo ponerlo...demasiado breve. Bien pudo tener más emoción, al igual que la pelea de NeoDevimon. Es un ultra, por favor, lo hubieras dejado dar un par de golpizas al menos.

Yo creí que les darías Bondad a Shiori y Milagros a Rouga, o al revés, porque sinceramente sí cuadra con lo que presentabas.

En fin, este es el primer capitulo de este fic del cual no estoy muy convencido que digamos, pero bueno... Espero la continuación.
 

PataGato Fan #1
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A mi me gustó el capítulo ya deje comentario en de.net n.n

Lo que recitó Gaomon me sonó a card captor sakura XD
 

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Leido el 17, vaya que fue epico, y dinamico ^^ en realidad me gusto mucho, fue uno de tus mejores capitulos jaja ni siquiera se me hizo largo.

Una pregunta, Shakkamon y Khanmon no existen, verdad? No colocaste imagen, y realmente no pude encontrarlos por ninguna parte xD

Me sabe un poco mal que Veemon haya muerto asi xD se que era su destino, pero era un personaje carismatico, y los dejo en el pero momento =P Bueno, todo quedo en su sitio, los entrenamientos y la relacion de sustitucion de Tai con Dinuhumon(pobre Tai, no le han salido muy bien las cosas ultimamente xD) el sacrificio, la historia del pasado del digimundo y la explicacion del digihuevo que presentaste al principio O.o Karetenmon es un digimon genial, aunque no pense que fuese a acabar con todos tan facil jaja, lo que si me molesto un poco fue la actitud tanto de Tk como de Kari xD ella fue como excesivamente malcriada al irse con el en lugar de entender que no era util como hicieron los demas no-utiles xD y Tk dejo la unica posibilidd de salvar el mundo de lado porque a Kari le afectaba la oscuridad O.o creo que perdio la perspectiva, despues de todo no iba a poder ayudarla de ninguna forma, asi que en cierta forma ellos dos tienen la culpa xD

Rayos, me gustaria ver una imagen de Ragnarok =P es un ser un poco ambiguo, y Genai murio O.o eso si fue inesperado.. estos dias te agarro el paso xD

PD: Como que mitad de fic? Solo 32 caps? Ya llevas 22, eso deja poco margen... -_- luego no tendre nada que leer por aca jaja

Agregado el 8 de febrero de 2014 xD

El 18, listo xD

Fantastico ^^ de verdad. Esas profecias que mencionas al parecer tienen mucho peso en los acontecimientos, tanto Sylphid como Ragnarok las respetan mucho... me gusto la actitud de Tai reclamandole a Sylphid, ellos siempre han savado el digimundo, y ni siquiera es realmente suyo xD no estaria mal que los ayudaran de vez en cuando. Yo si entendi lo de las "10 claves" xD al menos eso creo, dudo que sea otra cosa =P aunque corrigeme si me equivoco, pero seria algo asi como un 8+2 en las claves, no?

Se me hace raro ver a Mimi siendo de esa manera con Tai jaja ya que nunca se soportaron mucho =P aunque la parte con Izzy me dio risa.

Lo de los granos quedo genial, sobretodo porque lo dejaste ver en un capitulo anterior, fue una escena que me recordo a las peliculas de zombies xD supongo que lo de las profecias de que no deben llevarlos a una batalla es precisamente porque cuando estan en peligro suelen digievolucionar O.o las lineas evolutivas me estan gustando, aunque es raro ver al hijo de dos angeles convirtiendose en una especie de dragon demoniaco xD

Esta excelente, quizas hoy mismo pueda leer otro =P
 
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Regresando de la muerte. :<
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¿Qué puedo decir? é_e Me encanta el fic en general. Hace tiempo que no leía un buen fic como este. Espero puedas continuarlo. (?)
 
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