+18 Original Fic APOPHIS III -TERMINADO-

O-O¬ Baton pass!!
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owo Este fic es continuación de la historia de ciencia ficción u3u Apophis, les recomiendo leer las partes previas. =3 En un rato de tiempo libre subiré un glosario de las especies de la historia y las imágenes.
X3 COMENZAMOS!!!



La guardia estelar, dentro de la galaxia REL9003, conocida por la especie humanoide menos evolucionada, como la vía láctea, un conjunto de seres humanoides que se unieron para mantener el orden entre las distintas especies y el progreso de cada una, encaminadas a un bien común, preservar cada raza y asegurar el equilibrio propio de las leyes galácticas que formularon los fundadores de esa guardia. Aunque la mayoría de los seres humanos de distintos puntos de la galaxia estaban afiliados, había una especie que se reusaba a ser aceptada, las Uruae, un error en la evolución, como la consideraban las otras clases, que se desarrollaron de una forma muy distinta, aunque en su ADN mantenían relación estrecha con las demás al punto de poder procrear, distaban mucho de un comportamiento civilizado, eran agresivas, arrogantes, manipuladoras, depravadas, su único deseo era esparcir su raza por toda la galaxia. Dentro de esa especie, había una mujer en especial, Saghir, considerada un peligro de alto nivel, misma, que se logró apaciguar en un pequeño planeta, a expensar de dar por perdida a la civilización local y tomarla como una raza en riesgo de extinción.

A pesar de que la Tierra se tomaba como un zoológico y área de investigación, había alguien que insistía en traer de vuelta a los homo sapiens como la especie dominante, ella era una de las sobrevivientes y encargada de la patrulla de dicho planeta, así como directriz del laboratorio donde cuidaban a las crías rescatadas de ese planeta, respondiendo al nombre de Kim, quien con ayuda de Eve, su mejor amiga y pareja sentimental, se esforzaban por demostrar la necesidad de una confrontación contra Saghir y medidas más fuertes contra su tiranía, siendo ya tres años sin lograr frutos. Esa joven adulta, era la misma que salía de la oficina de la almirante, con un rostro furioso, haciendo que las personas a su alrededor le abrieran el paso, aunque fuese de baja altura comparada las demás especies, se había ganado el respeto de todos por haber sobrevivido a una pelea con Saghir, así, como ser la única que nació con una inmunidad a diversas toxinas de distintas razas de la galaxia, entre ellas, las uruae, característica que llevó a ser tomada en cuenta para formar parte de la patrulla así como su investigación.

Kim llegó al hogar que tenía en esa estación espacial, una casa que compartía con Eve, quien se encontraba preparando la comida, notando en su pareja una clara molestia por su rostro fruncido y la manera en que arrojaba su chaleco de la guardia a la pared.

- ¡Maldita pendeja! - Gritó Kim golpeando la pared. - Odio a esa mujer. -

- Adivino, la almirante volvió a negar tu petición. -

- Ella insiste en que no hay motivos para atacar a Saghir, que ha cumplido con su parte del trato, sólo tener que escuchar su sermón de siempre y sus malditas insinuaciones de querer algo conmigo me sacan de quicio. -

- Sobre eso, ten cuidado. - Comentó Eve deteniendo sus actividades culinarias para acercarse a Kim y tratar de calmarla. - Escuché algo sobre la almirante, dicen que es de los pocos “machos” de su especie. -

- ¿Macho? Pero, ella es una mujer… No ¿Acaso me dices que es como… -

- Sí, al parecer, la especie de ella, tiene una población totalmente femenina, cuando llegan a cierta edad, se preparan para decidir si desean procrear o ser quienes inseminan a la pareja. -

- Maldita evolución jodida que tienen. - Habló Kim presionándose las sienes al caminar, sentándose en el sofá. - Harían que Darwin se volviera loco, ya tengo suficiente con las pesadillas de haber sido violada por esa maldita, como para empezarme a imaginar que la mujer al mando de aquí, es una jodida hermafrodita que quiere follarme. -

- Al menos, lo estás tomando con más calma, el año pasado, seguro la hubieras querido matar. -

- No es como si tuviéramos más opciones. - Dijo la pelirroja empuñando sus manos frente a su rostro al reflexionar las cosas. - No tenemos a donde ir, que nos permitieran cuidar de las niñas e incluso, que haya parejas interesadas en adoptarlas, basta para comprender sus intenciones, pero… -

- No estarás a gusto hasta que Saghir esté muerta ¿Verdad? -

- No podemos confiar en ella. -

- Así es, no, cuando sabemos lo que les hizo a nuestras familias. - Habló Eve tomando las manos de la pelirroja, sonriéndole un poco. - Pero, no hagas tonterías, tenemos que planear bien como enfrentarla, aunque la odio también, no quiero arriesgarme a que te pase algo. -

- Perdóname, Eve… A veces, pensar en lo que le hizo a mi hermana, estando yo tan cerca sin poder hacer algo. -

- Te he dicho muchas veces que dejes de culparte, tú me pediste lo mismo respecto a mi padre y mi hermano. -

- A veces, me pregunto, si algún día, podremos volver a ver a la Tierra como la conocíamos. -

- No lo sabemos, tal vez, les toque a las niñas que salvaste verlo ¿O no? Tal vez, crezcan, conozcan la historia a través de nosotras y decidan, que quieren recuperar su mundo. -

- Sería grandioso. - Rio un poco Kim mientras Eve subía sus manos al rostro, antes de besarla en la boca.

- Por hoy, olvida a Saghir, olvida a la almirante, no pienses en nada más que en estar tranquila. -

- Eso haré. -

Eve se levantó para volver la cocina, dejando a Kim en la sala, que empezó a quitarse las botas y la camisa de su uniforme, tornando su mirada hacia una caja metálica que reconocía bien, eran los paquetes que enviaban de su trabajo, ya que, siendo ambas oriundas de la Tierra, hacían de traductoras en documentos que parecían ser muy importantes.

- ¿Y esta caja? -

- Valea nos la envió, dice que parecía importante, la encontró en un laboratorio subterráneo cerca de Washington. -

- ¿Valea sabe donde queda Washington? -

- No creo, pero, por la descripción de los monumentos históricos, sé que era ahí. - Comentó Eve mientras Kim tecleaba en la pantalla táctil el código personal que usaba para los envíos de esa mujer.- ¿Qué hay adentro? -

- Parecen ser sólo papeles… Hay algunos planos, archivos… Y… -

- ¿Qué más? -

Kim se quedó callada al tomar entre sus brazos un cuaderno con el nombre de su hermana, parecía ser una bitácora, no obstante, lo más sorprendente, era la fecha con la que registró la pasta, hacía cinco años, el momento en que cayeron cautivas de esa extraterrestre. La pelirroja empezó a revisar las hojas, tratando de leer sobre los últimos días de su hermana, Eve dejó todo lo que hacía para sentarse al lado de su novia y tomar sus hombros, temiendo en que se rompiera a llorar, como solía hacerlo al tener pesadillas, pero, hubo un ligero “hum” en su voz, así como un retroceso de su cabeza, lo que estaba escrito ahí no tenía sentido, por lo que lo leía una y otra vez.


- ¿Esto perteneció a tu hermana? -

- Si… Es de ella… Siguió escribiendo en la bitácora, aunque era una esclava de esa maldita, tomaba notas de lo que hacía, tal vez, pensando en que le serían de ayuda después para los planes de la puta lagartija… Estuvieron en Washington ocultando algo… - Hablaba Kim pasando saliva. - Pero… Lo que dice aquí, no tiene sentido. -

- Déjame leer… Umm… ¿Qué idioma es este? -

- No es ningún idioma, es un código que usábamos desde niñas en nuestros diarios y trabajos personales, usando de base el alfabeto inglés de veintiséis letras, las invertíamos, por ejemplo, la letra A era la Z, la B era la X, así, sucesivamente. -

- ¿Y qué dice? -

- El espécimen K tuvo su etapa de gestación sin problemas, pero, el retoño no era lo que esperaba la reina, la cría tuvo la apariencia exterior de la especie local, tras el análisis de ADN, resultó tener un noventa por ciento de los genes de la madre gestadora, es decir, no cumple con los parámetros de una hija idónea de nuestra reina. - Hablaba Kim con el rostro totalmente sorprendido. -

- ¿Espécimen K? -

- La cría posee las mismas cualidades que la gestadora, aunque es primitivo, su sistema inmunológico está peleando contra las células uruae… -

- Kim, tú eras la única inmune a las feromonas de ella, de forma natural ¿Verdad? -

- Creo que ya no soy la única… La reina consideró que debemos de estudiar más a la criatura, lejos de la gestadora, averiguar sus posibilidades de supervivencia y como punto más importante de investigación, su capacidad reproductiva… La reina tiene expectativas altas sobre el retoño a quien nombró K2… Se anexa misión principal, la gestadora no debe de tener conocimiento del nacimiento de una cría de tales características, se le seguirá induciendo la premisa de ser progenitora de uruaes con perfiles genéticos correctos. -


Kim cerró el cuaderno dejando su dedo índice para no perder esa hoja, volteó a ver a Eve, quien mostraba la misma cara que ella, lo que estaba escrito ahí, parecía ser una locura, pero, si era cierto lo que decía, estaban tratando con un asunto más que preocupante, estaban de por medio con el hecho de que, Kim nunca dio a luz a una hija de Saghir, mejor dicho, a una uruae, sin embargo, si fue madre, madre de una niña humana. No podía ser así, tenía que ser alguna broma o algún plan de esa extraterrestre, pero, del libro, cayó algo, al momento en que ambas agacharon su rostro para ver que era, vieron una fotografía, una bebé recién nacida, con algunos mechones pelirrojos, bebé que estaba en brazos de Saghir, quien le miraba con indiferencia, como si sintiera asco de que no fuera lo que esperaba.


- Kim… Esta bebé… -

- No puede ser cierto…-

- Espera, tú me dijiste que habías dado a luz varias de esas criaturas ¿No era verdad? -

- No lo sé, la mayor parte del tiempo que estuve atrapada en el laboratorio de Mirka, estuve drogada. - Respondió Kim dejando el libro para subir sus manos a sus sienes, presionándolas al sentir un dolor de cabeza por la presión de esa información. - Di a luz a una humana, Eve… ¿Sabes que significa eso? -

- ¿Qué Saghir nunca logró su cometido contigo? -

- Algo más importante… De alguna forma, mi inmunidad va más allá de no ser afectada por sus feromonas, significaría, que podemos evitar que su especie se propague. -

- ¡Tenemos que contárselo a la almirante! ¡Podemos detener a las uraue! - Habló Eve emocionada al pensar en que no habría más planetas invadidos.

Al momento en que Eve se levantó para dirigirse al comunicador, Kim siguió pensando en la información que recién había leído, sin dejar de ver la foto de aquella bebé, su hija, fue cuando recordó, Washington, habían ido a esconder algo allá, no era algo, era, alguien, más que el sentimiento de madre, el escalofrío de sentir que Saghir estuvo de nuevo jugando con ella, le hizo ponerse de pie y correr hasta Eve, deteniéndola.

- ¡No! No podemos contarle, no nos creerá, sabes que esa mujer es una maldita burocrática, buscará la forma de decirme que no haremos nada. -

- Pero, la almirante también es una científica ¿O no? Seguro que podemos despertar su curiosidad con esto. -

- ¿Puedes confiar en esa mujer? - Preguntó Kim a su pareja, quien frunció la mirada al recordar cuantas veces rechazó sus planes contra Saghir.

- Tienes razón. -

- Esa maldita de Saghir, me mintió todo este jodido tiempo, he estado atormentada por creer que di a luz a esos monstruos… -

- ¿Qué haremos entonces? -

- Iremos a la Tierra. - Contestó la pelirroja apretando sus puños y frunciendo su mirada. - La llevaré al borde de la muerte si es necesario, hasta que me confiese que hizo con esa niña… Ella lo sabía, mi hija, es la clave, Kim… Noventa por ciento humana, diez por ciento Uruae, si ella sigue con vida, Valea podría investigarla, podríamos averiguar… -

- Cómo es que tú diste a luz a una humana y como esa niña enfrentó ese ADN. -


La pareja no sabía que alguien estaba atenta de su conversación, cámaras y micrófonos había por doquier en su hogar, puestas bajo las ordenes de la almirante, quien se enteraba de todo desde su escritorio, dándole vuelta a su asiento lentamente, al pensar en lo que acababa de enterarse.


- Así que una tienes una hija de tu especie… Interesante. -
 

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Una torre sobresalía en esa estación espacial, desde la cual, una mujer miraba desde el ultimo piso todo aquello por lo que se esforzó, era reconocida como una leyenda dentro de la guardia espacial y estar a cargo de una de las bases más importantes y siendo la única con la categoría de almirante dentro de la guardia, le hacía sentir la más grandiosa mujer de toda la galaxia. A pesar de ello, estar en la cima era algo solitario, más, si no tenía un trofeo todavía más gratificante que un título, ese trofeo, debía ser algo en verdad único, algo que nadie más pudiera obtener alguna vez en la historia, que pudiera presumir ser la única en ostentarlo. Ese tesoro, llegó en forma de una humanoide de un planeta primitivo llamado Tierra, en su lenguaje local, de complexión delgada, una piel más suave que él de otras especies, una altura pequeña comparada a las demás humanas de la galaxia, aunque, en propias palabras, sería alta dentro de sus congéneres, de un rostro fino, era bella, pero, su belleza también estaba en su sangre. Kim se convirtió en un oasis para la investigación científica, era la primera humana de cualquier parte de la galaxia en tener una genética que le permitía no ser afectada por la mayoría de bacterias, enfermedades, parásitos y sustancias conocidas por la guardia estelar, motivo por él cual, aceptaron su trato para que ella permitiera continuar el estudio de su sangre, estar dentro de la flota y hacerse cargo de su planeta natal.

Al principio, era sólo atracción científica y sexual, pero, al compartir tiempo con ella y ver esa bestia salvaje que tenía que domar como almirante, más se sintió atraída, el mero deseo de doblegar a esa brusca pelirroja, ansiar verla como una mansa hembra a merced de sus caricias y ordenes, le excitaba y erizaba el órgano que había decidido tener para copular como si fuese un varón dentro de su especie. Kim, en algún momento, sería su trofeo, su mayor logro ¿Qué mayor premio sería poder recibir una heredera de todo lo que creó con esa belleza y sangre única de aquella chica? Pero, para lograr que ella cediera, tenía que encontrarle un punto débil, mismo, que parecía haber encontrado.


- Almirante, traigo el informe del equipo BEPZA. - Dijo una joven de cabello peculiarmente verde, en uniforme militar.

- Gracias, Synrah ¿Tienes pareja? -

- No, capitana, recién cumpliré la edad para poder buscar matrimonio en mi planeta ¿Por qué la pregunta? -

- Sabes que los Ashtarianos solamente tienen un tiempo limite para elegir a su compañero de vida o si no, se convierten en espiritualistas ¿Cierto? -

- Lo tengo muy en claro, almirante, me llama la atención que de repente hable de ese tema. -

- Ya entré a la madurez de mi especie, debo de empezar a pensar en procrear, en tener una familia y un hogar. -

- Sinceramente, no la veo como una mujer muy hogareña. -

- Haré como que no escuché eso. - Comentó la capitana dándose la vuelta mientras su asistente servía una bebida similar al té en una taza.

- ¿Y ya tiene alguna interesada? -

- Veo que estás bien informada. -

- Además de las uruae, su raza es la única que se conforma únicamente por mujeres, tengo en tendido que ustedes al entrar a la adolescencia, deciden conscientemente que órgano sexual desarrollar en su cuerpo. -

- Así es. -

- Dudo que alguien con su orgullo se decida por ser una gestadora. -

- Por eso eres mi asistente, Synrah, me agrada que comprendas mis planes. -

- Sabe que algún día quiero tomar su lugar. -

- Y lo lograrás si sigues así. - Dijo la rubia sentándose mientras bebía de la taza y miró seriamente a la peliverde. - Dime ¿Dónde está Kim? -

- Le mandamos un mensaje tal como dijo, pero, mis subordinados me dijeron que la vieron dirigiéndose al hangar ZW1, a su nave. -

- Mmm… -

- Creo que le da muchas libertades a esa salvaje, si fuera usted, ya la hubiera mandado a encerrar una semana por levantarle la voz, es una atrevida. -

- Por eso es que me gusta. - Sonrió la almirante al mirar como su asistente movía la cabeza reprobando su decisión. - No te preocupes, sé a donde piensa ir. -

- ¿Eso significa que la dejará irse sin su permiso? -

- Synrah, tengo una misión para ti, hazme el favor y activa la seguridad de las puertas. -

- Que ordene eso significa que es extraoficial ¿Cierto? -

- Es algo de una importancia de máximo grado. - Habló la rubia mostrando una mirada seria a su asistente, encendiendo su pantalla personal. - Ve esto. -

- ¿Acaso espía a esa salvaje? ¿Sabe que pasará si se entera? -

- Cállate y ve. -

Synrah se quedó atenta al vídeo, sorprendiéndose por escuchar que Kim, a quien tenían como única en su clase y un espécimen de investigación vital, había tenido una hija con un ADN de concentración propia de su especie, en pocas palabras, una uruae de la jerarquía de Saghir, no fue capaz de copular una cría de su raza dentro del vientre de esa pelirroja.

- Kim… ¿Tiene una hija? -

- No solamente una hija, una niña que parece haber heredado su genética entera, entre ello, el gen que le genera esa inmunidad a la mayoría de las sustancias y toxinas conocidas, imagina, no solamente es un espécimen con los genes de Kim, me pregunto, que características habrá obtenido de ese diez por ciento de sangre uruae que corre en sus venas. -

- La hija de Valea tiene un veinte por ciento de sangre uruae, sino mal recuerdo y tiene algunas características de esa raza. -

- Cierto, su hija es un espécimen muy peculiar también, pero, si la información que obtuvieron es real, esa cría es lo más humana posible, sin rastros de alguna malformación o cambio fisiológico típico de las hibridaciones con las uruae. -

- Entonces ¿Quiere que ayude a Kim a recuperar a su hija? -

- ¿Quién dijo que era ayudarla? - Sonrió la almirante apagando la pantalla para volver a tomar su té. - Tu misión, es encontrar a esa niña y traerla conmigo, antes que ella. -

- Déjeme adivinar, la va a chantajear. -

- Eres muy buena deduciendo. -

- No puedo creerlo, tanto desea a esa salvaje como para hacer algo tan ruin como chantajearla. -

- Piensa bien lo que vas a decirme, sigo siendo tu superior. - Habló la rubia caminando hacia la ventana, sin soltar su mano. - Solamente adelanto las cosas, Kim tiene que comprender que, siendo ella tan excepcional, merece estar al lado de alguien de una alta jerarquía, además, yo con gusto tomaría a esa niña como mi propia hija y la educaría como una Shivaena. -

- Pero, Kim tiene una pareja sentimental, no creo que ella cambie de la noche a la mañana y se enamore de usted. -

- ¿Acaso importa eso? - Respondió la almirante con una risa arrogante. - Pensar primero con los sentimientos te hace una persona estúpida, sino me crees, pregúntale a Kalea, era una de nuestras mejores guerreras y terminó convirtiéndose en la primera dama de esa desquiciada de Saghir. -

- No me la recuerde, era amiga de Valea y mía, no puedo creer lo que hizo, traicionar a su propia gente, a sus principios. -

- Los principios y voluntades se rompen cuando hay algo lo suficientemente intenso para quebrarlo, cuando pones en una balanza dos decisiones del mismo peso, Kalea, decidió que era más importante ofrecerse como una puta a quien la hizo su mujer y cuidar de sus hijas, que cumplir su promesa de matar a quien asesinó a toda su legión. -

- ¿Usted piensa que esa niña será el punto de quiebre de Kim? -

- No lo pienso, lo aseguro, Kim está desesperada por ayudar a su especie en peligro de extinción, haría lo que sea para salvar a su mundo, excepto, entregarse a mí. -

- Tal vez, es una tonta, si se entregara a usted, no dudo que tendría seguridad para su planeta y su especie. -

- Lo siento, estimada Synrah, pero te equivocas, ella no es para nada tonta, es cautelosa y duda de todo, eso me agrada, si fuese una presa fácil, no sería divertido. -

- Parece que se divierte. -

- Claro que lo hago, anda, ve al hangar QZ3 y toma una Silent. -

- Pero, esas naves son solamente para misiones de sigilo, no tengo preparado a un equipo táctico para eso. -

- Esto debe de ser lo más secreto posible, sin ningún equipo, solamente tú, si lo logras, te juro que daré mi voto para ascenderte a brigadier. -

- Almirante, eso… Es demasiado. - Dijo sorprendida la peliverde mientras la almirante le ofrecía la mano.

- Yo, Suarga, marquesa quinta de Shiva, almirante de la guardia estelar, te doy mi juramento ¿Qué dices, Synrah? ¿Estás lista para la misión? -


En el rascacielos más alto de Nueva York, una criatura de estatura promedio en vestido de reptil afelpado, caminaba en el ultimo piso, observando todo lo que ahora le pertenecía, el mundo que en cuestión de años logró conquistar, pero, lo más grandioso de todo, era tener a su lado a la presa que siempre deseó, esa mujer que era lo más cercano a tener una relación “romántica”. Kalea, su rival de largo tiempo, a todos lados la seguía, con una fidelidad incomparable, misma que la llevó a romper relaciones con sus promesas a la guardia estelar y a quienes confiaron en ella, nada le importaba, más que estar al lado de Saghir, quien no paraba de mostrarle un afecto especial, siendo la única de sus parejas a quien besaba, abrazaba y hablaba de una manera que hacía más y más feliz a la pleyaideana.


- ¿No es lindo, Kalea? Parece que va todo perfecto, nuestra linda Kaé tiene una buena relación con su hija, a este paso, la mujer con la que procreó e Ib podrían convencer a la guardia estelar de aceptar a nuestra hija como una de las suyas ¿No crees? -

- La guardia estelar aun tiene mucho recelo contra ti, dudo que acepten alguna vez a una uruae. -

- Pero, aceptaron a Ib, que, aunque tiene más sangre de andromedeida, no deja de tener rasgos de una uruae, no pierdo la confianza de que eso pase. - Hablaba Saghir sacando su lengua mientras metía sus manos a los bolsillos. - Puedes ponerte de pie, no necesitas estar arrodillada todo el tiempo. -

- Te juré lealtad, es lo menos que puedo hacer como tu mano derecha y como tu pareja. -

- Lo sé, pero, eres mi reina, ponte de pie, además, estás esperando otras crías mías, debo de cuidarte. -

- Papá, mamá. -


Kalea y Saghir voltearon al escuchar la voz de Kaé, la hija mayor y más fuerte de la pareja, quien entraba a la habitación y mostraba reverencia a la uraue, quien movía su mano como diciendo que no era necesario, al hacerlo, la chica sonrió y abrazó a su madre, quien le correspondió el gesto.


- Mamá, felicidades, Stephanie me dijo que estás esperando nuevamente. -

- Así es, pronto te daré más hermanas. -

- Hija, no creo que hayas venido sólo a felicitar a tu madre ¿Verdad? -

- Así es, recibimos un informe sobre una nave de la guardia estelar que entró sin notificación, por las coordenadas y cálculos, parece que va en dirección a la antigua capital de este territorio. -

- Mmm… La guardia estelar no haría algo tan estúpido como provocarme. - Dijo Saghir metiendo u sacando su lengua mientras sacaba sus pequeñas manos de los bolsillos para verlas. - Contaría con mis dedos quienes se atreverían a hacer algo sin mi permiso. -

- ¿Crees que debemos de interceptarlos? -

- No, creo que, ya tengo una idea de quien podría ser, pero, para asegurarme, Kaé ¿Estás segura que se dirige a ese sitio? -

- Si, no hay ninguna duda. -

- Sería mucha coincidencia… ¿Tienes información del grupo de esa región? -

- No han encontrado ninguna niña de las características que dijiste, padre ¿Tiene que ver esa niña con esa nave? -

- Lo más probable. -

- ¿Niña? ¿De qué niña hablan? -


Saghir volteó a ver a Kalea, quien le miraba preocupada por la situación, la uraue metió su lengua a la boca y le miró fijamente a la pleyadeiana, pensando en contarle o no ese detalle, sabía que Kalea ya no tenía ninguna intención en su contra, pero, también sabía lo celosa de que era de las otras chicas, si conocía sobre esa bebé, podría hacer algo imprudente.


- Papá ordenó a un equipo buscar una niña, que tuviera parecido a Kim. -

- ¿A Kim? ¿Una niña uruae? -

- Una niña humana. - Explicaba Kaé mientras Kalea volteaba a ver a Saghir con una mirada de ellos.

- Eso no es posible, no han nacido niñas humanas fuera de los campos de cultivo, además, que se parezca a Kim no tiene sentido… ¿Acaso?... Saghir ¿Esa niña es?... -

- No te atrevas a mirarme así, sabes que Kim es una hembra de mi interés, que sea inmune a mí, me molesta, ha sido la única que se ha resistido. -

- ¿Cómo es posible? ¿Cómo te dio una hija humana? ¿Por qué te interesa esa niña si no es una hija como las que te he dado? -

- Lo que te diré, no quiero que se lo cuentes a nadie, ni a Stephanie. - Dijo Saghir mirando con enojo a Kalea por sus celos. - Es cierto, esa niña que han estado buscando, es mi hija, Kim nunca me dio una hija como la que yo deseaba, en cambio, dio a luz a una niña humana, decidí alejarla de ella para tener un as bajo la manga por si necesitaba doblegarla, así como, un espécimen para investigación. -

- ¿Por qué no mataste a esa niña? Tú dijiste que querías hijas de tu especie, no una humana. -

- No creas que estoy contenta de saber que una hija mía no es una uruae, pero, puede ser una pareja perfecta a futuro para mí, al tener más compactibilidad de sangre, ella me podría dar una cría fuerte… Cometí el error de confiarle a un puñado de mis hijas el llevar a esa niña a un bunker de la familia de Kim, eran unas niñas aún para saber cómo actuar y perdieron a la bebé. -

- Seguro ya está muerta. - Suspiró Kalea con una sonrisa, haciendo que Saghir le miraba fijamente con los ojos bien abiertos, sorprendida por lo mala que podía ser en el fondo su reina.

- Pues, no lo creo, mientras no tenga su cadáver, para mí, esa niña sigue viva, y si es como creo, Kim de alguna forma se enteró de su existencia. -

- ¿Ella intenta recuperar a esa niña? -

- Lo más probable. - Habló Saghir tocando el hombro de su hija quien le miraba con curiosidad. - Kaé, prepara un transporte, iré personalmente a la búsqueda. -

- ¿Estás segura? -

- Sí, si Kim está en esa nave, es mi oportunidad de poder tenerla bajo mi control ¿No es irónico, Kalea? Nuestra hija fue lo que terminó uniéndonos como familia, puede que mi hija con Kim, de los mismos resultados. -

- No puedo creerlo, esa maldita, se atrevió a insultarme, a llamarme traidora, y está haciendo lo mismo… Esa maldita, quiere tener toda la atención de Saghir. - Pensaba Kalea dándose la vuelta para salir de la habitación.

- Kaé. -

- ¿Sí? -

- Vigila a tu mamá. -

- ¿Por qué? -

- No quiero que arruine mis planes, si es necesario, enciérrala. - Ordenó la uruae llevando de nuevo sus manos a los bolsillos. - Parece que no le agradó que le ocultara esto. -

- ¿No piensas hacer nada malo o sí? -

- Claro que no, es mi reina, mi hembra alfa, menos cuando está preñada, pero, no me gusta que quiera hacer lo que se le plazca y no me obedezca. -

- Mamá te quiere mucho, sabes que ella es la mujer más leal de todas. -

- Por eso me preocupa, la lealtad y los celos pueden ser muy peligrosos. -

- Te has vuelto muy sabia, padre. -

- Es el tiempo de sobra que tengo para leer todo lo que encuentro, los humanos hacían cosas muy entretenidas, tal vez, debería de criar algunas enfocadas en las artes terrestres para mi entretenimiento. -

- Nos vemos, padre, tengo que ordenar lo de su transporte. -


Kaé salió de la habitación dejando a Saghir sola, quien caminó hacia la ventana, pensando en la existencia de esa niña, si en verdad, Kim estaba buscándola, había una gran posibilidad de que estuviera viva, no obstante, si no sobrevivió, de igual forma podría acercarse a esa pelirroja y fingir ayudarle, para lograr convencerla u obligarla a estar a su lado nuevamente, fuese cual fuese la decisión, tenía que llevarle al mismo resultado.


- ¡Padre! - Gritó Kaé volviendo a la habitación, mostrando que había corrido hasta ahí por su agitación. - ¡Otra nave de la guardia acaba de entrar a la atmósfera! Están pidiendo permiso para realizar investigación de campo en la misma área donde la primera nave se dirige. -

- Esto ya no es coincidencia… ¡Vamos, Kaé! No hay tiempo que perder. -


En algún lugar que alguna vez se llamó Washington, se podía ver algo de movimiento entre los arboles que daban a los suburbios. Un pequeño ciervo era arrastrado con mucho cuidado por una figura femenina, de larga cabellera y capucha llena de hojas y ramas, aquella chica parecía cuidar de no ser vista al entrar a la cerca de una casa, dirigiéndose a la parte trasera, cuando se aseguró de que nadie la vio, tocó el tronco de un enorme árbol, abriendo una puerta secreta, la cual, tras meter a la bestia, aseguró. Aquella chica, se quitó la capucha camuflajeada, colgándola, para luego, empezar a bajar al animal que cazó por unas escaleras rectas, hasta llegar a una puerta de metal.


- Hope, llegó mami. - Habló la joven de pocas prendas, tecleando la clave de acceso. - ¿Adivina qué? Mami te hará un rico estofado con carne de verdad, no más carne procesada. -


La joven sonrió al ver a una pequeña niña de entre cinco y seis años, dormida en un sofá, así quería verla, tranquila, despreocupada, por eso la llamó Hope porque era su esperanza. La chica llevó al cadáver hacía el área de refrigeración, pensando en que prepararle a su hija, aunque en ese bunker que su madre paranoica hizo había bastante reserva de comida y agua para al menos cinco años más, sentía el deseo de hacerle probar comida “de verdad” a quien veía como su hija de sangre.


- No soy la mejor cocinera, pero confió en que cocinaré bien, mamá. - Habló la chica mirando una foto de su madre en la pared. - Y gracias, no sabría que sería de mí si no hubieras hecho todo esto, es una lástima que no estes aquí, para decirme que debo de hacer, al menos debí preguntarte como ser una buena mamá… Claro, ya lo sé, te tuve como ejemplo.


La sobreviviente estiró sus brazos y se dirigió a la cocina, poniéndose el mantel para empezar a cocinar algo especial para su hija, a quien miraba aun profundamente dormida en el sofá, provocándole una sonrisa.


- Mientras estés así de tranquila, todo estará bien. -




 

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Una niña cuya apariencia oscilaba entre 6 y 7 años se iba despertando poco a poco, el aroma a comida le hacía reaccionar, ese aroma le hacía saber algo, mamá había vuelto. La pelirroja se levantó y volteó a la cocina, donde estaba esa joven de cabello largo de mechas rubias y violetas, que estaba entretenida probando la comida.

- ¡Mami! -

- Hope ¿Dormiste bien? - Preguntó la chica recibiendo el abrazo de su hija. - Uy, que fuerte eres, vas a hacer que mami se quede sin aliento. -

- ¡Es porque soy tan fuerte como mami! -

- Lava tus manos para que comas, te tengo algo especial este día, ya que hoy cumples cuatro años, aunque no recuerdo ninguna niña que creciera tanto como tú. - Sonrió la madre acariciando la cabeza de su hija, pensando. - Quienes fueran tus padres, seguro tenían genes muy fuertes… Es algo bueno, te ayudarán cuando crezcas más.-

- ¿Qué vamos a comer? -

- Está noche probarás estofado de ciervo, la especialidad de mi mamá. -

- ¿Ciervo? ¿Cómo bambi? -

- Si, pero este era un ciervo malo, por eso no esta mal comerlo. -

- Oooh… ¡Ya voy a lavarme las manos! - Gritó la niña corriendo al lavamanos, haciendo reír a la madre por esa mentira blanca.

- Y junta los libros y juguetes, sabes que debes de guardar las cosas en su lugar. -


La joven de no más de veinticinco años, empezó a servir la comida mientras recordaba como fue que encontró a esa pequeña, quien se convirtió en la esperanza tras la caída del mundo que conocía. No supo como fue ni cuando empezó todo, en cuestión de meses era un caos y una guerra sin tregua contra esas extrañas criaturas con aspecto femenino de las cuales se supo pronto que tenían dos planes, acabar con los hombres del planeta y obligar a las mujeres en edad reproductiva a tener sexo con ellas, parecía sacado de un cuento de terror cósmico. Al momento del primer estadillo, ella estaba trabajando en el Night Club que siempre su mamá odió como trabajo, gritos y disparos sonaron por toda la calle dándole la alerta a Alaska que tenía que buscar refugio.

Fuera de ese negocio parecía una zona de guerra, por un instante pensó en ayudar a sus compañeras de trabajo, pero recordó las reglas que su madre le inculcó siempre desde que sufrió un asalto a mano armada, no juegues a ser la heroína, primero estás tú y nadie más. Al correr entre las calles y esquivar esas “cosas” que parecían sacadas de una pesadilla, llegó a un laboratorio donde pensó que podría esconderse mientras buscaba un mejor plan, pero primero ocupaba un arma para defenderse y la suerte parecía estar de su lado, pues cerca de ahí estaba una patrulla con la puerta desprendida, una escopeta y una escuadra, así como suficientes balas eran lo mejor en esa crisis. No tardó en usar sus armas al acabar con las criaturas que había dentro del laboratorio, parecía que no iba a ser un lugar seguro y la mejor opción era volver a su casa, pero algo la detuvo de irse enseguida, un llanto de bebé. La joven buscó la procedencia de ese ruido, encontrándose con una bebé de unos cuantos meses, dentro de una incubadora muy extraña, se la pensó mil veces en menos de un minuto si llevársela o no, recordaba las palabras de su madre de que su supervivencia siempre era lo primordial, pero su corazón no pudo dejar a esa bebé a su suerte así que hizo una mochila improvisada con unas sabanas, la cargó en la espalda y corrió sin parar.

Alaska siempre se preocupó de la paranoia de su madre, cuando era niña, su mamá sufrió un ataque del cual no quiso explicar más detalles que no fueran el asalto, aunque al crecer, ella supo que fue algo más para que sus padres se divorciarán y fuese tan nerviosa con los hombres. Era tal su miedo, que empezó a entrenar en el uso de armas, defensa personal y supervivencia, metiendo a su hija en ese mismo mundo, y no sólo bastó eso para sentirse segura, invirtió todo lo que tenía a excepción de la casa para el bunker subterráneo con provisiones suficientes para diez años que nunca usó. Quien diría que una mujer preparada para cualquier desastre terminaría muriendo de influenza. Al menos, todo lo que hizo no fue en vano para su hija, sino fuera por esa crianza tan especial, no sabría que hacer ni tendría un refugio para sobrevivir.


- Mami, mami ¡Mami! -

- Perdón, me quedé pensando en algo. - Sonrió la joven al volver al presente, acomodando un babero en su hija. - Recuerda, se come despacio, se mastica la comida. -

- Si, mami…. Mami ¿Vas a salir de nuevo a cuidar la casa? -

- Así es, tú te quedas a dormir, nada de hacer ruido. -

- ¿Es por los mostros? -

- Monstruos, monstruos. - Rio Alaska frotando la mejilla de su hija limpiándole la comida. - ¿Te gusta? -

- ¡Si! -

- Entonces te daré un poco más y guardaremos para mañana. -

Pasado un par de horas y que su hija adoptiva se durmió en el cuarto que le adornó lo más lindo posible, Alaska tomó una lata de café, un rifle de francotirador, lentes de visión nocturna, un arco compuesto y una navaja de combate, todo lo necesario para resguardar la entrada de su hogar. Hacía tiempo que empezó a ver más movimiento de lo normal en la ciudad, por lo que decidió hacer guardia y averiguar que es lo que ocurría, notando que esas criaturas parecían estar buscando algo o alguien, mayores motivos para estar vigilando que no se acercaran a las inmediaciones de su casa.


- Bien… Veamos que hay de nuevo en los suburbios. -


Alaska roció su cuerpo con almizcle de ciervo pues la experiencia le hizo saber que tenían buen olfato aquellas cosas, se puso sus lentes de visión nocturna y subió al gran árbol donde se ocultaba el bunker, tomando posición en una gruesa y fuerte rama, desde donde era capaz de ver con facilidad las manzanas cercanas a su puesto, abrió su lata de café y cargó el rifle listo para atacar.

- No parece haber de esas cosas por la calle Madison… En la otra cuadra hay algunas… Parece que será una noche tranquila otra vez. -


Pasaron unas horas más, la guerrillera estaba casi dormida al recostarse en el tronco de ese árbol, cuando una luz la alertó, pero no fue la única, en el cielo se pudieron ver dos bólidos de luz pasando en distintas direcciones, por el punto donde aterrizaban se podía intuir que no era lejos de ahí. Alaska pensó que podrían tratarse de refuerzos para esas criaturas, apuntó su mira hacía el grupo que vio antes y se sorprendió al ver como corrían hacía esos objetos ¿Acaso se trataban de enemigos? Cualquier enemigo de su enemigo era su amigo, al menos eso pensaría cualquier persona basándose en la lógica, pero cuando se trataba de una especie invasora que destruyó el mundo moderno, no era buen confiar en que llegase otro tipo de alienígena.


- No puedo arriesgarme a investigar. - Pensó Alaska abrazando su rifle. - No dejo a Hope por más de una hora, hoy fui muy atrevida al dejarla por dos y media… No creo que esté lista para salir del bunker e ir juntas… -


El sonido de un walky talky le tomó por sorpresa, solamente podía ser su hija a quien atendió su llamada hablando en voz baja.


- Mami, me… Me… Me hice pipi. -

- Tranquila, mami bajará a cambiarte las sábanas, dormiré contigo está noche para que no tengas miedo. -

- Oki, te quiero mucho, mami. -

- Y yo a ti, mi querida Hope. - Susurró la joven colgando la radio, optando por bajar. - Mejor no tomo riesgos, si es un enemigo de esas cosas, que mate a todas las que quieran… Pero, si se atreven a tocar a Hope, me conocerán. -


En el techo de un hospital, la nave de Kim descendía perfectamente y como comandaban las normas de la guardia estelar, las defensas de laser autodirigido se activaban al tocar suelo firme. Sin necesidad de decir algo entre las dos, Eve y Kim empezaron a alistarse para salir del transporte, olvidando el detalle de no tener indicios de donde encontrarían a esa niña o si había logrado sobrevivir todo este tiempo.


- ¿Lista? -

- Lista.

- Tendremos que hacerlo todo de la forma difícil. -

- Si, esa maldita Almirante, ordenó que no se me permitiera tomar los cascos HUD sin su previa autorización. - Dijo Kim algo molesta, presionando el botón que presurizaba su traje de combate. - El diario de mi hermana fue encontrado en un laboratorio a tres kilómetros de este hospital, es la pista que tenemos. -

- No dudo que esas lagartijas nos vieran llegar y ya estén cerca… Recuerda que por más que las odiemos, venimos en un plan de rescate, solamente usaremos los sedantes. -

- Lo sé, no quiero ser como esa estúpida que puso en riesgo a toda la guardia por la puta de Saghir. -

- Además, hay otro detalle ¿Viste el radar cuando entramos a zona de descenso? -

- Sí, había otra nave de la guardia, un Silent… Un modelo de sigilo llegando a un área que se considera zona de nula actividad de desarrollo. -

- Me huele a que nos siguieron. -

- ¿Te huele? Apesta a eso. - Sonrió Kim cargando su pistola. - Tenemos que apresurarnos. -


El dúo se acercó a la puerta, se miraron fijamente y se abrazaron para prenderse en un beso acalorado, mezclando el sabor de sus salivas y compartiendo las caricias en el cuerpo de la otra, una promesa de regresar sanas y salvas en sensaciones de amor sin recurrir a palabras.


- Vayamos por esa niña. -


En una zona boscosa a varios kilómetros de la ciudad, la nave de Synrah aterrizaba sin ningún problema. Como profesional que la caracterizaba a esa asthariana, no tardó en salir del vehículo y correr en dirección a la civilización, recibiendo un mensaje por parte de la almirante dentro de su casco multifuncional.


- Recuerda que no podré comunicarme contigo mientras estés fuera de la nave, Kim podría detectar nuestra onda de comunicación y averiguar que eres tú quien está ahí. - Decía el mensaje preregistrado. - En tu HUD viene un rastreador que detecta el calor corporal en el área cercana a la nave, las uraue son de temperatura templada mientras que la raza de Kim es de un calor tibio, así podrás encontrar cualquier presencia sospechosa. -


Synrah llegó hasta una cascada, ocultándose detrás de un tronco al ver a lo lejos la ciudad, activó el periférico dentro de su casco recibiendo rápidamente tres señales, había dos que se movían juntas y en un patrón sincronizado, lo más probable es que eran Eve y Kim, pero la tercera señal era muy extraña, ya que en menos de un segundo desaparecía en el mismo punto donde aparecía. La peliverde, ya había encontrado su primera dirección a investigar.
 

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Una mañana más para Alaska, que salía de su escondite para revisar los paneles solares del techo de la casa, mismos que alimentaban el bunker, no hacía mucho que los revisó, pero por los movimientos de esas criaturas decidió que era mejor asegurarse que no había problema alguno. Mientras la joven observaba que toda pieza de la estructura estuviera en su lugar, una figura a lo lejos se iba acercando, no parecía ser una de esas criaturas, no obstante no debía confiarse ya que podría ser algún saqueador, por lo que corrió rápidamente a la orilla del techo para apuntar con su rifle. Alaska se sorprendió al ver que se trataba de una mujer con un extraño atuendo militar y de cabello verde que salía detrás del casco que portaba, sus armas eran igual de raros ¿Sería una más de ellas disfrazada? No sabía que pensar, por si las dudas decidió mejor bajar lo más rápido posible y esconderse.


- Espero no me haya visto ¿Será una de esas cosas? - Pensaba Alaska poniéndose una máscara antigas. - Hasta el momento, no me ha pasado nada como a las otras mujeres que se les acercaron, sin dudas, tienen algún tipo de toxina esas cosas, puede que se disfrazarán para confundir a los sobrevivientes. -


Synrah notó movimiento delante de ella, una figura humanoide que corría en dirección hacía un área que su lector de calor detectaba como una zona, un escondite posiblemente, así que corrió para tratar de alcanzarla al darse cuenta que por la lectura era una humana como Kim. Alaska pudo ver por la ventana que aquella extraña la había encontrado, por lo que se arriesgó a bajar desde el segundo piso hacía un montículo de hierba y ramas que siempre tenía como amortiguador de emergencia. Cuando la joven estaba a punto de llegar a la entrada del bunker, escuchó un clic cerca de ella, reaccionando rápidamente para dar vuelta y golpearla con su rifle para tomar distancia y apuntarle.


- ¡Mueve un solo dedo y te vuelo los sesos! - Gritó Alaska sin dejar de apuntar a esa desconocida, quien le apuntaba de la misma manera.

- No soy un enemigo. -

- ¿Habla inglés? No, ha de ser un truco. - Pensó la guerrillera mientras veía cada aspecto de ella. - Aunque, no se le ve ninguna cola y es muy alta. -

- Puedo demostrarte que no soy tu enemiga. -

- Baja el arma y quítate el casco. -

- Lo haré, pero también, baja tu arma. - Contestó Synrah guardando su arma en la funda mientras se quitaba el casco y pensaba. - Me sorprende que esta chica sobreviva en este lugar, podría acabar con ella pero, tal vez pueda ser de ayuda. -

- ¿Qué eres? -

- Mi nombre es Synrah, soy una Asthariana, miembro de la guardia estelar. -

- ¿Eres una extraterrestre? ¿Cómo es que sabes mi idioma? - Cuestionó Alaska sin dejar de apuntar su arma. - ¿Qué mierda haces aquí? ¿También estás con ellas? -

- No, no estoy con ellas, si bajas tu arma te explicaré mejor las cosas, además de que no estamos seguras estando a la vista de ellas. -


Alaska no podía confiar en esa chica, su aspecto aunque era él de un humano normal, su color de cabello, ojos y gran altura le demostraban que posiblemente si era alguien de otro mundo, aunque para esas fechas era difícil que alguien confiara en un alienígena. Synrah lo sabía, así como sabía que podía detenerla si quisiera por vía de la fuerza, pero no era una bruta como para actuar con pura violencia así que buscó como convencerla.


- Aprendí tu idioma porque dentro de nuestra flota hay dos de las tuyas, así como un orfanato de crías que sobrevivieron a la conquista. -

- ¿La conquista? -

- Tu planeta fue catalogado como colonia de las Uruae hace cuatro años. - Comentó Synrah mientras Alaska bajaba su arma. - Se dejó bajo el control de Saghir, la uruae que empezó la colonización. -

- ¿Uruaes? ¿Saghir? -

- Confía en mí, tengo una misión que cumplir en tu planeta y no tiene nada que ver con esas criaturas, también las aborrezco, te contaré todo lo que quieras. - Dijo la peliverde ofreciendo su arma a Alaska quien caminó con cautela, mientras la alienígena pensaba. - Esta chica ha sido capaz de sobrevivir cuatro años de la colonización sin ningún daño aparente, no es un ejemplar débil, alguien que conozca el terreno a la perfección y que ha sabido evadir a las uruae sería un boleto seguro a encontrar a esa niña. -

- Esto… No pesa casi nada. -

- Está hecho de un material que no hay en tu planeta… Puedes quitarte la máscara, a diferencia de ellas, no libero ninguna toxina. -


Alaska pensaba mientras veía el arma y sostenía su rifle de asalto apuntando a Synrah, todo era tan sorpresivo, aunque no confiaba del todo en esa chica, quería saber que es lo que había pasado con el mundo ya que no tenía contacto más allá de las cuadras próximas a su bunker. Fue un instante que recordó lo que mencionó respecto a un orfanato, significaba que había niños que estaban sanos y salvos fuera de todo ese caos ¿Qué si podía ayudarle a mantener a Hope protegida?


- Me quedaré con esto. - Dijo Alaska mientras levantaba la corteza falsa del árbol para abrir el bunker. - ¿No vienes con nadie? -

- Es una misión secreta, solamente yo. -

- Quiero que me expliques todo, nada de mentiras que sabré bien cuando me mientes. -

- Entendido. -


Synrah siguió a Alaska, caminando a la par de ella, sino fuera por el casco que se le permitió usar seguramente no habría dado tan rápido con algún superviviente, pero por la desconfianza y amenaza de esa joven era claro que la vida en ese lugar no era fácil o que simplemente, aplicaba la ley de desconfiar de todos.


- Espera aquí. - Habló la joven abriendo la segunda puerta para entrar a su bunker, sin dejar de apuntar con su arma a Synrah. - Pasa. -

- No tienes que seguir apuntando. -

- No sé si escondes algún arma. -

- ¡Mami! -


Al entrar al bunker, una niña corrió hacia Alaska tomándola por sorpresa, estaba segura que su hija seguía dormida, pero ella corría a sus brazos, provocando por instinto el dejar las armas en la mesa para abrazarla y levantarla, fue justo el momento que pensó que cometió un grave error, imaginando que esa mujer que se autoproclamaba alienígena tomaría sus armas y la atacaría, siendo todo lo contrario ya que ella se quedó callada al verlas.


- ¡Mami, mami! ¿Quién es ella? -

- ¿Qué haces despierta tan temprano? Anda, a la cama a seguir durmiendo. -

- ¿Quién es ella? - Preguntaba Hope mientras Alaska la cargaba en sus brazos.

- Es alguien que andaba afuera, pero luego te contaré de ella, ve a dormir. -

- ¡Si! ¿Luego me cuentas un cuento? -

- Luego. - Sonrió Alaska bajando a su hija para decirle con las manos que se fuera su cuarto, volteando a ver a Synrah que estaba desconcertada al ver a Hope. - No mentías. -

- ¿Disculpa? -

- Sobre no ser de peligro. - Dijo la rubia platinada quitándose la máscara mientras llevaba sus manos a la cintura. - Por un momento, me descuidé y pensé que te aprovecharías. -

- Te lo dije, no vengo a causarte molestias. -

- ¿Quién eres y que haces aquí? -

- Esa niña… Es idéntica a Kim… ¿Será ella? Si pudiera tomar uno de sus cabellos y analizarlo. - Pensaba Synrah mientras cruzaba su mirada con Alaska. - Podría quitársela ahora mismo… Pero, traicionar mi palabra no es el código de una guardiana estelar, no soy como Kim. -


Lejos del bunker, en medio de los edificios de la ciudad a un par de kilómetros de los suburbios, Eve y Kim corrían ocultándose lo mejor que podían de las pequeñas hordas de uruae que paseaban por las calles. La ventaja de tener trajes que reducían la temperatura de su cuerpo para sus sensores naturales, así como el difuminado de aromas para evitar ser rastreadas les daba herramientas suficientes para poder explorar sin ser descubiertas, costándoles la madrugada entera para poder llegar hasta el laboratorio del registro.


- Tres a la izquierda ¿Las eliminó? -

- No, un disparo y tendríamos a todas encima de nosotras. - Susurró Kim por el auricular a Eve. - ¿No es sospechoso?-

- ¿Qué cosa? -

- Pensé que estarían todas esperándonos al descender, pero todas parecen estar concentradas en los alrededores de la ciudad, como si evitaran que alguien se infiltre. -

- Es como si ocultaran o buscaran algo. -

- O alguien. - Dijo Kim ocultándose nuevamente detrás de una pared. - Esto no me gusta, se están yendo las del lado norte. -

- También las que estaba observando, puede que nos descubrieran y quieran distraernos. -

- No son así… Mierda… Tenemos que movernos rápido. -

- ¿No me digas que está aquí? -

- Mierda, mierda ¿Cómo pudieron detectar nuestra nave? -


Ambas humanas corrieron lo más rápido que pudieron hacia una construcción de obra pública, posiblemente había una cloaca o camino de servicio por donde podrían escabullirse. Lo peor que podía pasarle estaba pasando, pero confirmaba al mismo tiempo algo que Kim no tenía seguro, la existencia de esa niña y que estuviera con vida, si esa monstruo estaba detrás de ella y tenía a todas esas crías buscando en el área, era señal de que buscaban lo mismo.


- ¡Kim, por aquí! - Habló por el auricular Eve, quien encontró una esclusa que daba a las alcantarillas.

- ¡Voy! -


La pareja entró a toda prisa y se colocaron las máscaras que traían en sus mochilas para evitar dañarse la vista y los pulmones con los residuos flotantes de ese sitio, para asegurarse de no ser seguidas, la pelirroja colocó una carga de un explosivo y corrió a toda prisa tomando la mano de su novia para evitar la explosión que cerraría esa entrada. Desde el techo de un edificio a decenas de metros de ahí, una pequeña criatura albina de larga cola y vestido de serpiente, sacaba y metía su lengua como un reptil, mientras metía sus manos en los bolsillos y miraba el polvo levantado y el desastre causado por sus presas.


- Padre ¿Fueron ellas? -

- Sí, no puedo olerlas, pero sé que es ella. - Dijo Saghir mientras su hija llegaba seguida por Kalea, a quien miraba por su hombro. - ¿Por qué estás aquí? Debiste quedarte en el transporte. -

- No pienso dejar que manches tus manos con esa maldita, yo misma la mataré. -

- No hemos venido a matarla, su hija y ella son importantes para mis planes. -

- ¡Pero ella te desprecia y es una maldita! - Reclamó Kalea mientras Saghir volteaba para ignorar sus celos. - ¿Cómo puede interesarte alguien que no te quiere ni te respeta? -

- Mamá deja de discutir, papá tiene razón, estás embarazada y es mejor que descanses. -

- Hija, pero… -

- Esto parece divertido. - Sonrió la alienígena sacando y metiendo su lengua larga. - ¿Quién encontrará a quien primero, Kim? -


 

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“En esta noche eterna busco un resto de mi sol”, esas palabras estaban escritas en la entrada del bunker de esa chica que no le había dado su nombre, ni siquiera le sacó platica en todo el momento posterior a la explicación del porque de su presencia. Fue osado decirle a una humana todo lo que se refería a la guardia estelar y lo ocurrido con el planeta terrícola, pero era la única forma de lograr obtener su confianza.


- Ya veo… - Río ella tras escuchar esa historia con la cabeza gacha. - Creo que fui una pendeja al pensar en que había un lugar a donde ir si se me acababan las provisiones. -


Fue lo único que comentó esa joven tras su historia, era como si ya se esperara esa situación, pero le quedaba un poco de esperanza. Synrah no hizo más que ver por una hora local como revisaba un sistema de cámaras arcaica y un viejo radar, hasta que esa niña tan parecida a Kim se levantó. La manera en que esa chica sonreía, como la mimaba, la cuidaba y jugaba con ella, le recordaba bastante al amor de madre que ofrecían las mamás de su planeta natal, pero eso no tenía sentido ¿Por qué trataba de esa forma a esa niña que no era su hija? Dentro del concepto de las demás razas humanoides, la idea de madres adoptivas era ofensivo, se consideraba suplantar a alguien que se conectaba emocional y sanguíneamente con la cría, por eso era aceptado el papel de tutoras y mentoras más que madres sustitutas ¿Era posible que alguien que no fuese su madre tratase de forma tan amorosa a un hijo que no fuese fruto de su cuerpo?


- Mami ¿Tienes sueño? - Preguntó Hope mientras su madre le leía un cuento y cabeceaba un poco.

- Algo. -

- ¿Nos vamos a dormir? -

- Mmm… -

- Si gustas, puedes esposarme o atarme, no intentaré nada. - Dijo Synrah buscando obtener aun más confianza por parte de esa joven, quien se puso de pie y sacó unas esposas de un cajón.

- No es nada personal. -

- Yo también lo haría, más si tengo que cuidar a mi hija. -

- ¿Tienes hijas? -

- No, por ahora. - Sonrió la peliverde mientras la joven tomaba sus manos y la esposaba a una tubería. - ¿Puedo saber tu nombre? -

- Alaska. -

- Alaska… Es un nombre raro. -

- No tanto como el tuyo. -


Pasaron unos minutos, suficientes para que Synrah pensara en que ellas ya se habían dormido, esas esposas eran más que arcaicas, por lo que no batalló en zafarlas usando una aguja retráctil que escondía en su guante, cuidando de no romperlas para volver a ponérselas antes de que despertaran. La Asthariana caminó con cuidado hacia el cuarto, Alaska se había dormido muy pronto, teniendo a esa niña entre sus brazos, en una imagen muy linda y enternecedora. Era muy fácil intentar quitarle a esa pequeña, ella no lucía como alguien que pudiese enfrentarse a una asthariana de clase guerrera, pero algo no estaba bien, al menos no para el juicio de Synrah.

La peliverde salió del cuarto y se sentó en la sala, mirando todo a su alrededor y clavando su mirada en esa frase de la entrada que entendía gracias a que Kim compartió los idiomas más importantes de su mundo en un registro. Volteó su mirada al sofá encontrándose algunos cabellos de la niña, los cuales introdujo en una cavidad muy pequeña de su lector de pulsera. 90% de compactibilidad con los registros sanguíneos de Kim y 10% sangre uruae, esa niña era la misión. Synrah revisó el lector de su muñeca para confirmar su misión, era una misión tan fácil y la tenía ahí mismo ¿Por qué estaba dudando? Su objetivo era sencillo, pero no esperaba toparse con esa situación, para la raza de Asthar, la familia era algo sagrado y por eso el ritual de selección al madurar era celebrado como un gran festival del amor, fertilidad y armonía, Alaska había sobrevivido a todo lo cruel de su planeta por amor a esa niña, sin dudas, era esa su fortaleza ¿Cómo podría arrebatársela cuando era testigo del amor que ella le tenía?

No supo cuantas horas pasaron estando sentada en el sofá, con las manos sobre las sienes, reaccionó cuando escuchó unos pasos y vio que Alaska abría un congelador para sacar unas latas y le miraba fijamente.


- No sé como te quitaste las esposas, pero me doy cuenta que no eres alguien mala. - Comentó Alaska que empezaba a cargar sus armas de fuego y guardar objetos en una chaqueta. - Cualquiera hubiera aprovechado para hacerme algo a mí o a mi hija. -

- Nunca haría algo tan ruin como eso, como Asthariana y como alguien que desea convertirse en la próxima Almirante de la guardia espacial, nunca actuaría cobardemente. -

- Ojalá pensarán así todos… -

- Perdón por haberte dado las malas noticias. -

- No es como si no lo hubiera pensado, la última persona que vi con vida terminó muerta por una de mis balas, nada personal. - Dijo la rubia al cargar su rifle en el hombro. - Cuando falta la comida, las personas pueden convertirse en bestias, en especial los hombres, que se portan peor que esas cosas. -

- ¿Acaso? -

- No, a mi no, por fortuna mi madre me enseñó a defenderme muy bien, por experiencia propia no quiso que me pasara lo mismo. -

- Lo lamento. -

- No tienes que lamentar nada, sino fuera por ella no estaría aquí. -

- Mami ¿Vas a salir de nuevo? - Preguntó Hope saliendo del cuarto con un conejo de peluche, siendo cargada por su madre.

- ¡Si! Mami tiene que cuidar la casa, así que se una buena niña y duerme temprano. -

- ¿Puedo ver Barney? -

- Está bien, te pondré un CD que no has visto, pero verás un poco y luego a dormir -

- ¡Si! ¡Barney! - Gritó la niña mientras era bajada y corría al cuarto, siendo seguida por Alaska que en menos de un minuto regresó a la sala.

- Eso la entretendrá un rato, se dormirá como a los veinte minutos. -

- ¿Piensas salir? -

- Alguien tiene que cuidar por la noche, las cámaras que puso mi mamá no tienen visión nocturna y no he encontrado por la ciudad, mejor dicho, no me he arriesgado a alejarme más de lo debido para buscar. -

- Permíteme acompañarte, te dije que estoy en una misión de búsqueda. -

- ¿Puedo saber de qué? -

- Es un secreto militar. - Respondió Alaska sin hacer un comentario, solamente tomó el arma de Synrah de su bolsillo y se la entregó.

- Dos ojos más no me vienen mal, deja traigo otros lentes de visión nocturna. -

- No los necesito, nosotras podemos ver en la oscuridad, nuestros ojos crean fluorescencia. -

- Suena genial. -


Alaska y Synrah salieron del escondite, subiendo con cuidado hacia el brazo grueso del árbol que usaba la humana como punto de vigía, aprovechando bien que parte del tronco estaba hueco y servía de igual forma para esconderse de la vista de cualquier agresor. Alaska sacó de su bolsillo una caja de cigarros y le ofreció uno a la alienígena, que la miró confundida, tomó el cigarro y lo acercó a su lector, regresándolo al notar la cantidad de toxinas que tenía.

- Lo siento, esto es muy dañino. -

- Lo sé, pero ayuda a hacer que las noches sean más agradables. - Sonrió Alaska por primera vez a la peliverde, encendiendo un cigarro y lanzando una bocanada. - Si mi madre me viera, se volvería loca. -

- ¿Tu madre murió en la guerra contra las uruae? -

- No, por suerte no vivió para ver esto, murió de una enfermedad común. -

- Lo lamento. -

- ¿Bebes alcohol? - Habló la joven ofreciendo un poco a Synrah quien tomó la lata mirándole con cautela. - Vamos, no es veneno. -

- Mmm… Huele… Y también sabe como al elixir fermentado de mi planeta. -

- Entonces tienen buen gusto. - Río Alaska provocando que Synrah también se riera, mientras cada una miraba hacía un punto en el horizonte.


La noche siguió por varios minutos en las que ambas mujeres no compartieron palabras, solamente cuidaban de su puesto. Synrah aun pensaba en la manera en que Alaska cuidaba de esa niña, su amor de madre, su sentido de supervivencia girando en torno a esa cría que no era de su sangre, estaba segura que ella sabía claramente que si no la tuviera su porcentaje de supervivencia sería casi perfecto ¿Por qué arriesgar tanto por ella? Fue cuando recordó la frase que leyó en la entrada del bunker.


- “En esta noche eterna busco un resto de mi sol. “ - Susurró Synrah haciendo que Alaska volteara.

- Esas palabras. -

- Las leí en la entrada de tu escondite ¿Es por tu hija? -

- Sí… Cuando todo era normal, me gustaba escuchar a cierto artista español, aprendí español sólo por él y eso que escribí era de mi canción favorita de él, hasta cuando empezó esto me di cuenta lo que significaba en realidad. - Explicó la joven recostando su espalda en el árbol, tirando la colilla del segundo cigarro. - Sin mi hija, me hubiera vuelto loca desde hace mucho, ella es ese sol, mi esperanza. -

- La amas mucho. -

- Si…Es mi mundo. -


Hubo un breve instante en que Synrah pensó si decirlo o no, pero tenía de por medio su misión, había una forma de lograr cumplirlo sin pelear, no obstante, primero debía obtener total confianza de Alaska.

- ¿Por qué lo haces? Ella…. No es tu hija de sangre. - Dijo directamente Synrah, viendo como Alaska se reía con ironía y algo de burla.

- No tengo ni puta idea… Mi madre me hubiera llamado mil veces estúpida por hacerlo, no pude abandonarla, no podía abandonar lo único que me quedaba de humanidad en ese momento. -

- Ya veo. -

- Que digas eso… ¿Cómo sabes que no es mi hija? -

- Porque… Conozco a su verdadera madre. - Habló la peliverde haciendo que los ojos de Alaska mostraran algo de tristeza, abrazando con fuerza su rifle. - Ella… Ella es la compañera de la que te conté. -

- Ella no es su verdadera madre, Hope es mi hija ¿Cómo puedes decirle que es su verdadera madre si la abandonó? -

- Ella no sabía de su existencia… No te puedo explicar más, pero tu hija es muy importante para toda la galaxia. -

- ¿Dé que estás hablando? -

- Alaska…. - Susurró Synrah sintiendo el pecho oprimido, decidiendo hablar. - Mi misión es llevar a tu hija a la estación de esta zona galáctica, su sangre y la de su madre son de suma importancia biológica para la supervivencia de todos los huma… -


En cuanto hizo ese comentario, Alaska retrocedió y apuntó con su rifle a la cabeza de la peliverde, quien le miraba fijamente sin mostrar señal de nervios o agresividad, solamente levantó sus manos y se arrodilló frente a ella en el tronco, mostrando que no iba a atacar.


- ¡No, no me vas a quitar a Hope, es mi hija! -

- No alces la voz o las alertarás. - Susurró la peliverde mientras trataba de calmar a Alaska. - No quiero que pienses que te la quitaré, escúchame. -

- Perdón… No sé porque reaccioné así. -


Synrah quedó sorprendida por un hecho inesperado, Alaska estaba llorando, lloraba de alegría ¿Por qué estaba llorando? ¿Se sentía mal? ¿Era esa la manera en que un humano reaccionaba a una mala noticia.


- ¿En verdad te la puedes llevar? - Preguntó Alaska llena de lágrimas, tomando las manos de Synrah, notando como le temblaban. - Por favor, sácala de aquí. -

- Alaska… -

- Me duele, me duele tanto, no quiero separarme de mi hija, pero este mundo no tiene futuro para ella… Si tan sólo, si tan sólo pudiera escapar de aquí… -


Synrah sintió las ganas de llorar por ver la cara de Alaska así, podía sentir las vibraciones de su corazón agitado e intenso, el temblor de su cuerpo, la humedad saliendo de sus ojos, nariz y boca, estaba sufriendo bastante. La Asthariana por fin aclaraba su imagen respecto a esa joven, Alaska actuaba como una madre dispuesta a todo por el bienestar de su hija, incluso a apartarse de ella si así aseguraba su bienestar, aunque se le rompiera el corazón. Nunca había visto tal sacrificio en alguna persona de cualquier especie, no solamente había cuidado de una niña que no era suya, le dio un amor real y profundo como una mamá real y estaba dispuesta a desgarrarse la vida al perderla tras tan intenso sentimiento.

La peliverde no sabía que decir, su misión era solamente tomar a esa niña y regresar en cuanto pudiera, pero no podía hacerlo, no en esas condiciones ¿Cómo sería capaz de dejar a Alaska sin la razón que la mantuvo viva todo ese tiempo? Si así estaba actuando al ver la posibilidad de salvarla a costa de sufrir en soledad ¿Qué sería de ella si la apartaba? Synrah pasó un gran trago de saliva y apretó las manos de Alaska al pensar en una solución, no le importaba lo que le diría la almirante, lo más sagrado de su mundo era la familia y no podía destruir una por una promoción.


- Alaska, ven conmigo. - Dijo Synrah tomando sus manos, sabiendo que no era el plan, pero su corazón no podía hacerle eso a esa chica. - Mi misión es llevar a tu hija con su madre y al centro biológico de la estación, pero… Pero…. No puedo dejarla a ella con su verdadera madre. -

- Yo… -

- Tal vez, no confíes en mí todavía, pero te juro que no les pasará nada malo y… -

- ¡Gracias! -


Synrah sintió como aquella chica la abrazaba fuertemente por sorpresa, llorando en su pecho, las manos que mantenía arriba lentamente fueron bajando hasta corresponder el abrazo. Esa chica que vio fuerte, decidida y tenaz, se desbordó en ese mar de llanto y liberación, no imaginaba cuantas veces sufría por pensar en como cuidar de su hija en un mundo donde no había más que muerte y desolación, darle esa esperanza, ese pequeño rayo de luz en la oscuridad, era una esperanza mínima que Alaska estaba tomando arriesgadamente sin conocerla por completo. Synrah envolvió en sus brazos a Alaska, sintiendo su suave piel, su mezcla de aromas a licor, cigarro y frutas, pensando en que se aseguraría de que su confianza no fuese en vano.






 

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La mañana llegó y casi como si fuese de piedra, Alaska cayó dormida justo después de terminar de preparar el desayuno para su hija, misma que la acompañó después de comer. Parecía que el motivo del repentino sueño de Alaska era por fin tener el descanso que esperaba, la sensación de tener una esperanza real para su hija, en manos de Synrah, quien se sorprendió por ver el desplome de la joven a quien cargó en sus brazos para llevar a su habitación.

La peliverde no hizo más que sentarse en la sala, pensando en lo que había ocurrido en la noche y madrugada, su juramento de protegerla a ella y su hija, asegurarle un bienestar lejos de ese mundo donde solamente era cuestión de tiempo para convertirse en juguetes para la especie dominante. Ella no era de tomarse las cosas tan a la ligera y de ser imprudente, siempre fue muy sensata y pensaba mil veces antes de tomar una decisión, pero, algo en sus sentimientos habían conflictuado con sus pensamientos, logrando llevar a esa determinación de cuidar de Alaska y Hope. Aunque el plan de la almirante era atraer a Kim por medio de su hija, no significa que por eso no le permitiera a esa niña y a la madre que cuidó de ella estar juntas y tener una vida normal, no creía capaz de que la mujer a quien admiraba hiciera algo así.


- Pero… Ella usará a Hope para atraer a Kim… ¿Ella solamente es una herramienta para sus planes? - Pensaba Synrah juntando sus manos al recargar sus codos en la mesa. - Piénsalo bien, Synrah, ponerte en contra de la almirante sería acabar tu carrera militar, pero… Esto no está bien, una cosa era comprobar que la niña estuviera con vida y llevarla, otra, que alguien hubiera cuidado de ella todo este tiempo y asegurara su supervivencia. -

Synrah suspiraba sin saber bien que hacer respecto a la situación de la persona que tenía como alto mando, recordó la bebida que le dio la noche anterior esa chica, decidiendo abrir el congelador y tomar una de esas latas con un elixir relajante similar al de su mundo, un líquido fermentado algo intenso, pero con ciertas capacidades de relajación que era lo que más necesitaba. Volvió a sentarse para pensar las cosas, dándose cuenta que se resumía en ciertos puntos.

- Primero… Tengo que asegurar que la almirante me prometa la integridad de Alaska y Hope, segundo, tengo que saber que piensa Kim de su hija y si está dispuesta a dejarla bajo el cuidado de Alaska, tercero, en cualquier situación de que ninguna de ellas dos tengan una intención positiva o no vean a Hope más que como una herramienta para sus planes… Yo… - Pensaba la peliverde bebiendo de la lata, jugando con la orilla del recipiente. - Tengo dos opciones, ceder ante la almirante confiando en que entenderá mi postura o… Llevarme a Alaska y Hope a mi planeta, desde donde podría negociar con ambas… -

La Asthariana recargó su cabeza en el sofá, no entendía porque hacía todo eso, estaba dispuesta a confrontarse con la almirante solamente por una chica de una raza inferior, no obstante, lo que vio el día de ayer, el amor que tenía esa chica por una niña que no era de su sangre, la conmovedora reacción de una madre resignada a su vida con tal de asegurarle un futuro a su hija, era algo con lo que no podía cargar en su conciencia, por lo menos quería pretender que ella contaba con su apoyo, no, no era pretender, deseaba ayudarla, no le parecía justo que tras tanto martirio de soledad y desgracia en esos años, su única esperanza le fuese arrebatada por pretextos tan magnánimos como la supervivencia de una especie que no hizo nada por ellas.

- ¿Qué sucede? - Preguntó una voz adormilada, haciendo voltear a Synrah, viendo a Alaska quien bostezaba y sonreía a verla con una lata en mano. - ¿Te gustó mucho el Buddweiser? -

- Necesitaba beber algo, mejor duerme, parece que estás agotada. -

- Y tú también ¿Acaso no duermes? -

- Mi especie evolucionó para poder descansar la mayoría de las funciones del cerebro y aun así estar activos, vemos el dormir más como una actividad de recreación o relajación que como una necesidad física. -

- Dichosos ustedes. - Sonrió Alaska quien se sentó en el sofá, abrazando una almohada mientras bostezaba. - ¿Cómo es esa colonia espacial que tú dices? -

- Es una imitación de una ciudad de la guardia estelar, suficiente para que cinco millones de habitantes estén cubiertos en necesidades básicas, la mejor forma que te lo podría describir, sería como un gran jardín rodeado de laboratorios y grandes edificios. -

- Suena como New York. - Rio la joven mientras empezaba a dormirse otra vez. - Gracias… De nuevo, gracias. -

- Aún no me des las gracias, tengo que buscar la manera en como sacarlas todavía. -

- Pensé que ya sabías como hacerlo. -

- Tengo como, más no él cuando, así como él evitar ciertas complicaciones. - Hablaba Synrah notando como la chica se acomodaba para verla al rostro.

- Dime ¿Por qué viniste por mi hija? ¿Qué tiene de especial para que tu vengas a este infierno? -

- Su madre biológica, así como tu hija, parecen ser las únicas ejemplares de una mutación particular, una suerte de milagro en el cosmos… Dentro de su genética, hay un gen que no han logrado replicar en su totalidad. - Explicaba Synrah mostrando un parche en su brazo. - Usamos un prototipo creado por una exguerrera, que sirve como una imitación de esa cualidad que ellas poseen, aunque esa misma mujer demostró que no es cien por ciento eficiente. -

- ¿Cuál es esa cualidad? -

- Kim y Hope, son inmune a la mayoría de las enfermedades, bacterias, virus, toxinas y sustancias que se conocen en el registro biológico de la guardia estelar, hablamos del santo grial de la medicina y genética galáctica, investigar su sangre permitiría asegurar prosperidad hacia todas las especies, no más planetas devastados por epidemias, invasiones con toxinas como lo que pasó en tu planeta, así como otros avances médicos. -

- Pero si esa tal Kim ya trabaja con ustedes ¿Por qué también venir por Hope? ¿Cómo es que ella nunca buscó a su hija? -

- No sé los detalles, ella no habla mucho de eso. - Contestó la peliverde mientras Alaska le miraba con atención sin soltar la almohada. - Ella fue prisionera de la líder de esas criaturas, al parecer, Hope es hija de ella y Saghir. -

- Espera… ¿Hope es hija de una de esas criaturas? Pero… Pero no sé parecen en nada. -

- Por eso es que es tan importante. - Respondió Synrah al ver la cara de sorpresa de Alaska. - Aunque tu hija tiene genes de esa criatura, ella es más tan humana como tú, su sangre es tan fuerte que pudo evitar las mutaciones que caracterizan a una uruae. -

- Mi hija… ¿Tanto podría hacer por la galaxia? Suena a fantasía. -

- Podrá sonar como fantasía, pero es la verdad, por eso mismo es que estoy pensando bien en que hacer para ayudarte. - Dijo la peliverde tomando las manos de Alaska, quien le miró fijamente. - Mi misión, es llevarla a la estación, pero es más importante, asegurar que ustedes tendrán un trato digno y que podrás tenerla bajo tu custodia. -

- ¿Por qué me dices eso? Me basta con saber que estaremos fuera de este mundo cruel, que ella estará bien cuidada. -

- Porque… No estoy segura… Presiento que no estarán del todo seguras ahí… Alaska. -


Al momento de que ella habló, la joven volvió a dormirse entre sus brazos, situación que le hizo recostarse a ella en el sofá para acomodarla con cuidado sin despertarla, fue cuando pudo notar un poco de ojeras en sus ojos, la piel pálida y algo delicada propio de una persona que casi no salía al Sol y su musculatura algo más delgada de lo que había creído, seguramente, Alaska había cuidado las provisiones para extenderlas más para su hija. Synrah vio al tejado extraño de ese escondite, trataba de entenderse a sí misma, más que una promesa era un deseo real de ayudarla ¿Por qué se sentía así? Fue cuando se le vino a la mente, se acercaba su edad para contraer nupcias, aquella unión emocional y espiritual a modo de festival en su planeta natal, donde declararía frente al pueblo donde nació, cumplir con los votos de compañía de por vida hacía la persona a quien veía como digna para formar una familia o inclinarse por votos de espiritualidad, para dedicarse una vida de clériga y compartir las memorias de su gente para las próximas generaciones dentro de sus templos, seguro un evento así sería del agrado de Alaska y su hija. Synrah pasó saliva al darse cuenta de algo, tal vez era eso, volteó a ver al rostro de esa joven que dormía, a esa delicada madre de una niña ajena que estaba dando hasta lo último de su vida por cuidarla, cualquiera en su mundo consideraría como divino, ejemplar y valioso un ser tan lleno de amor y entrega por sus hijos, la viva imagen de lo que era una madre Asthariana, cualquiera lo notaría, fuese hombre o mujer. No le quedó más que sacudir la cabeza y pensar en que tal vez, si necesitaba dormir, no por sueño sino para relajar un poco la mente y despejarse esa idea.

En una estación del metro abandonada, una puerta oxidada se abría lentamente, unos ojos se asomaron y con mucho cuidado, dos mujeres salieron de aquel escondite, caminando de espaldas una de la otra para cuidar todos los flancos, mientras avanzaban en dirección a una salida. Eve y Kim sentían un alivio tras pasar una noche sin haber sido descubiertas por Saghir, ya que no tenían planes de enfrentarla, ni siquiera esperaban tener que verla, pero eso le daba preocupaciones a la pelirroja, esa mujer alienígena siempre había estado enterada de esa niña, que la estuviese buscando significaba que también veía las posibilidades de que estuviera con vida, cosa que apresuraba la misión.


- Creo que nos perdieron el rastro. -

- No bajemos la guardia, sabes que esa perra es una astuta. - Habló Kim mientras señalaba a Eve otra dirección. - Tomaremos esta ruta, tres kilómetros adelante está otra estación, daremos una curva para llegar ahí y podremos volver a salir por detrás del laboratorio. -

- ¿Cómo aseguraremos que ella no nos encuentre? -

- Ya lo arreglé, le di una pista falsa. - Comentó la pelirroja apenándose un poco al recordar que mientras Eve dormía, ella dejó caer un poco de su sangre en metros atrás, así como orinó a escondidas, todo para dejar su esencia. - Maldita perra, lo que me haces hacer. -

- ¿Kim? -

- Nada, avancemos rápido, que estoy segura que no viene sola. -


Ambas humanas avanzaron con cautela por el metro, en dirección propuesta por Kim, esa estación parecía estar libre de actividad por lo que todo fluía como iba planeado, pero la sombra que bajaba por la escalera las hizo esconderse en los pilares, notando que se trataba de Kaé, ya que era la única uruae que conocían con la altura de una humana normal.


- Mierda… ¿Qué hace esa niña aquí? -

- ¿No se supone que ella está esforzándose por entrar a la guardia estelar? ¿Por qué ayuda a su madre? - Susurraba Eve mientras Kim le señalaba que bajara la voz.

- No puedes confiar en ellas, menos cuando es hija de ese par de perras. -

- Yo también te extrañé, Kim, también para mí eres una perra, una perra a quien nunca eduqué. -


Kim volteó lentamente sin dejar de apuntar su arma, viendo que de entre las sombras, se asomó la figura de una niña de piel pálida hasta el cabello, de grandes ojos rojos, lengua serpentina y disfraz de serpiente, caminaba torpemente con las manos extendidas, balanceándose sobre los rieles como si se tratase de un juego, a su lado le seguía una mujer pelirroja de gran altura, que miraba con desprecio a Kim como si viese a la peor de las cosas.


- ¿Puedo saber que haces en mi planeta sin mi permiso? Mi linda Kim. -

- Tu planeta una mierda, maldita, este no es tu planeta. -

- Bajo los tratados de la guardia estelar, sí, es mi planeta. - Sonrió Saghir mientras seguía jugando, brincando de riel en riel. - Podría avisar a la guardia que una de sus agentes entró a mis tierras sin consentimiento, seguro que ya no te permitirían volver a pisar este lugar. -

- Venimos en una misión de colecta de especímenes, solamente eso. -

- No eres buena mintiendo. - Dijo la alienígena mirando fijamente a Kim, quitándose la capucha y metiendo sus manos a los bolsillos para verla con seriedad. - ¿Viniste por ella? -

- Eres una maldita puta… -

- ¡No le hables así a Saghir! -

- Tú cállate, perra, no puedo creer que tengas cara para hablarme después de lo que hiciste… Ese vientre… ¿De nuevo esperas más de esos engendros? ¿No te da asco parir las hijas de quien juraste matar? - Gritó Kim a Kalea mientras le hacía señas con sus dedos a Eve, mostrando que traía una granada de luz.

- ¿Qué me calle? Si es obvio lo que estás haciendo, aprovechas que existe esa niña para acercarte a Saghir ¿Verdad? -

- ¿Estás loca? Tú sabes cuanto odiamos a esa cosa. -

- Sabes que no puedes razonar con Kalea. - Susurró Kim sujetando el anillo de la granada. - En cinco, corremos hacía arriba. -

- Kim ¿Por qué no unimos fuerzas? Mis sentidos son muchísimo más refinados que los tuyos y lo sabes, no por nada pude oler tus recuerditos que dejaste para mí desde lejos, gracias por decirme donde estabas. -

- Mierda. -

- ¿Crees que estuve lejos de ti? No me moví ni un metro, sé como piensas, sabía que intentarías confundirme con una pista falsa, soy más lista de lo que piensas. - Sonrió Saghir sacando y metiendo su lengua de larga. - ¿Qué dices? Puedo ayudarte a encontrar a “nuestra” hija, a cambio, aceptarás ofrecerte a mi junto a tu amiguita. -

- ¿Me crees estúpida? Ni siquiera has podido con toda tu manada de engendros el poder encontrarla. -

- Padre ¿La detengo? - Preguntó Kaé al notar que esas palabras de Kim la habían molestado al echarle en cara una verdad.

- Puedes romperles las piernas a ambas, pero nada más. -

- ¡Ya! -


Kim dejó caer la granada y ambas corrieron hacía las escaleras, al instante en que Kaé trató de derribarlas, la luz cegó a ambas uruaes y a Kalea, quienes esperaron unos segundos para recuperar la vista y seguir a las dos humanas. La pelirroja vio que había una cisterna al salir de la estación, mandando una señal con su cabeza a Eve, quien arrojó una granada debajo del vehículo y se echaron a correr lo más rápido posible.


- ¿Dónde están? -

- Por aquí… - Dijo Saghir quien escuchó el clic del interior de la granada, notando la trampa. - ¡Cúbrete! -


Saghir brincó hacía atrás envolviendo a Kalea con su cola mientras Kaé alcanzaba a cubrirse detrás de las gruesas paredes de la entrada del metro. La nube de polvo, ceniza y escombros difuminaron el aroma de esas dos, provocando que Saghir mordiera sus labios al haberlas perdido de nuevo, pero luego, sonrió, le estaba divirtiendo jugar a perseguirlas sin llegar a la agresividad que le caracterizaba, parecía que buscaba más que Kim se diera cuenta que necesitaba de su ayuda, más que obligarla.


- ¿A dónde iremos? -

- A los suburbios, estamos en primavera, el aroma de las flores y árboles es intenso en las zonas fuera de la ciudad, recuerdo que mi hermana se llenaba de alergias al venir a Washington en estos meses. - Dijo Kim mientras encendía una moto al cruzar cables. - Sube, no tenemos más que unos tres minutos antes de que a esa perra se le pasen los efectos de la explosión. -

- Tenemos que pensar bien como acercarnos a investigar el laboratorio. -

- Olvídate de él. - Contestó la pelirroja mientras su novia se subía y arrancaba a toda potencia. - Si Saghir estuvo tanto tiempo cerca de él, pudo haber encontrado algo, pero no había nada, esa niña no está ahí. -


Kim empezó a manejar en dirección a los suburbios que recordaba que eran donde había más presencia vegetal, uno que podría vaticinar un encuentro inesperado con el motivo de estar nuevamente en ese planeta.
 

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Dos mujeres y una niña caminaban rápidamente en dirección a las montañas más cercanas a los suburbios de los cuales escapaban. Synrah había decidido que ya no podían esperar más tiempo, Kim y seguramente esas criaturas estarían en busca de esa niña, por lo que lo mejor era tratar de escapar al espacio, estando ya en la órbita, podría decidir un rumbo idóneo para ellas.


- ¿Era necesario salir tan temprano? -

- Las uruae no suelen cazar en las primeras horas de la mañana. -

- Lo sé, pero… - Hablaba Alaska preocupada al ver como su hija caminaba algo torpe.

- Mami, me duele. -

- Apenas empezamos, Hope. -

- Tardaremos mucho así. -

- Perdón, es la primera vez que Hope camina tanto. -

- Espera. -


Synrah dejó su rifle en el suelo, cargó en sus brazos a la pequeña pelirroja, para luego, arrodillarse al lado de Alaska, quien se sorprendió por esa acción tan inesperada.


- Sube. -

- No, no podría, basta con que lleves a mi hija. -

- Podré ir más rápido si las cargo, no puedo forzarlas a seguir mi velocidad. - Comentó Synrah mientras Alaska se sonrojó un poco por esa preocupación, aferrándose bien a la espalda y cintura de la peliverde.

- ¡Sujétense bien! -

Synrah empezó a correr a toda velocidad, sorprendiendo a Alaska y su hija, era como si fuese un caballo de competencia, ellas desconocían que la especie de Synrah era conocida por sus grandes habilidades atléticas, físicamente podían equipararse a especies fuertes como las uruae, pero su cultura pacifista procuraba evitar peleas innecesarias. La peliverde corría y corría, calculaba que a ese ritmo, podría llegar en la noche a su nave, pero tendría que detenerse en algún momento para que ellas pudieran comer algo, todo fuese por cumplir la promesa que le hizo a esa joven madre.

Una hora después, cerca de los suburbios de donde se alejaron Synrah y compañía, una motocicleta se detenía al pensar en que se habían alejado lo suficiente de sus agresoras. Kim y Eve empezaron a ver hacía su alrededor, haciendo señales de comando para buscar agua y comida, así como asegurar el perímetro, bastando cinco minutos para reencontrarse frente a la motocicleta.


- No hay nada. -

- Parece que esta zona ha estado siendo asegurada ¿No crees? -

- Sí, ropa, comida, agua, todo está limpio y no se ve que haya sido algún salvaje, alguien era consciente no dejar huellas. -

- Quien haya sido, tenía algo de doctrina militar ¿Viste los hilos? -

- Sí, son varios interconectados, hilos de pesca con latas y trampas con sangre y orina. -

- Era una mujer lista. - Habló Kim mientras se subía al techo de un coche para ver mejor. - Supo que las uruae son atraídas por el aroma. -

- ¿Crees que esté cerca? -

- Por el perímetro, yo creo que este era su territorio de supervivencia, tres cuadras hacia adelante ya no hay ningún tipo de trampa y es donde noto que aún se pueden encontrar una que otra cosa útil, fue precavida de no alejarse demasiado. -

- Significa que su escondite debe de estar cerca. -

- Mmm… ¿Tienes el detector de estática? No hay energía eléctrica en el área, así que de alguna manera ella tuvo que arreglarlo. -


Eve sacó de su mochila un aparato portátil similar a un celular, lo encendió y esperó a que este mostrara algo en la pantalla, notando una onda estática hacía una dirección. Ambas caminaron hacía esa señal, encontrándose con una única casa con paneles solares, por el aspecto del interior, era obvio que habían dado con el punto principal de esa superviviente.


- En el sótano no hay nada. -

- El lector dice que la señal fluye de la casa hacía el patío, es posible que tenga un escondite. -

- Espera… ¿Hueles eso? -

- ¿Eso? … Amoníaco. - Dijo Eve mientras las dos se cubrían la cabeza con sus mascarillas, saliendo al patio y viendo una lata en el piso. - Esto es reciente, alguien lo dejó a propósito. -

- Las uruae son muy sensibles al amoniaco, no las mata pero si las atonta, dudo que esa mujer hubiera sabido algo tan especifico. -


Kim vio el gran árbol que estaba en el patio y subió a él rápidamente, sujetándose de una rama mientras sacaba sus binoculares, viendo a cientos de metros, un arma que se le hizo reconocida y explicaría como sabían sobre el amoníaco.

- Eve, sube y ve esto. -

- Ya voy… - Dijo la novia de Kim subiendo para tomar sus binoculares y mirar hacía donde señalaba la pelirroja. - ¿No es ese un rifle de plasma? -

- Si… No sólo eso, la insignia que trae es de una persona que conocemos bien. -

- ¿La asistente de la almirante? ¿Qué está haciendo ella aquí? -

- Maldita sea… ¡Lo sabe! - Gritó Kim bajando rápidamente del árbol. - ¡Vamos a la motocicleta! -

- ¿Pero como es posible que lo sepa? -

- De alguna manera lo sabe, ella estuvo aquí y seguro contactó a la sobreviviente, que no estén significa que le servía de algo. -

- Sería bastante coincidencia. -

- Es por eso que a veces me caga el destino, todo lo malo que me pasa parece ser fruto de coincidencias. - Pensaba Kim mientras corría a la motocicleta, subiéndose y encendiéndola para que al momento en que Eve su subiera, arrancar a toda máquina.


Tras un par de horas de estar corriendo, Synrah se detuvo en las faldas de las montañas, cerca de un pequeño riachuelo. Para alguien de su especie, el agotamiento físico no era algo común, podían durar horas corriendo sin cansarse, pero no era lo mismo para Alaska y Hope, quienes recuperaban el aliento por estar contra el viento a esa velocidad.


- Descansen, en treinta minutos nos iremos. -

- Mami ¿A dónde vamos? -

- Iremos a viajar a las estrellas. - Sonrió Alaska acurrucando a su hija en sus brazos mientras se recargaba en un árbol.

- ¿A las estrellas? ¿Cómo el principito? -

- Si, como él. - Hablaba la joven madre acariciando la mejilla de Hope, mientras ella suspiraba al tener algo de sueño. - Duerme un poco, te levanté muy temprano hoy. -

- Mami… ¿Ella quien es? No me has dicho quien es. -

- Ella… Es alguien en quien confiar. -


Synrah veía a varios metros como Alaska acomodaba a su hija entre sus brazos para que durmiera un poco, apartándose para ir a un riachuelo del cual tomó agua en una botella larga que tenía algunos botones que presionó, para después, liberar un chorro de gas frío de la tapa. La peliverde regresó hacía Alaska, quien cuidaba de Hope, se sentó al lado de ella y le ofreció la botella, misma que esa joven miró con curiosidad.


- El agua del riachuelo era bebible, pero eliminé cualquier residuo que pudiera hacerte daño. -

- Gracias… -

- Perdóname por avisarte apenas anoche de mi plan. -

- No… Está bien, sé que quieres ayudarme y no puedo exigirte más de lo que haces por mi hija. - habló Alaska mientras acariciaba el cabello de Hope.

- Sobre lo otro que te dije. -

- No lo sé… Es algo muy drástico y no sé si esté bien. - Comentó la joven algo sonrojada al recordar la propuesta. - No sé si sea normal en tu planeta o fuera de aquí, aquí muchas chicas lo son pero no todos lo veían bien. -

- Tal vez me estoy adelantando a las cosas, pero… Si yo te presentara como mi pareja y a Hope como mi hija, nadie trataría de intervenir en las condiciones que pondremos si quieren estudiar a tu hija, en especial, que siempre estés tú a su lado cuidándola. -

- Lo sé, haré lo que sea por que Hope esté sana y salva, pero… ¿Estás segura? -

- Es un plan en caso de que todo se salga de mis manos. -

- ¿Y crees que eso pase? -

- No sé ni que pueda pasar. - Dijo Synrah pasando su brazo por el cuello de Alaska, usando su capa militar para cubrir a hija y madre del frío de la montaña. - Solamente sé que no permitiré que les pase algo, las promesas son sagradas en mi mundo. -

- Pero no estamos en tu mundo, Synrah ¿Por qué eres tan considerada conmigo y con mi hija? Tu misión es llevarla al lado de quienes quieren estudiarla ¿O no? ¿No bastaría para ti y para mi que ella esté cuidada en un lugar sin riesgos? -

- No creo que haya un buen lugar para ella si no estás tú presente. - Sonrió la peliverde mientras Alaska se ruborizaba por el comentario, sintiendo como la alienigena la acercaba más a ella para envolverlas. - Mi misión como soldado de la guardia estelar, es cumplir con las ordenes de mi almirante, pero antes que soldado, soy una Asthariana y nuestra misión, es velar por la armonía y las virtudes de los seres humanos sin importar la especie, su avance tecnológico o su origen, asegurar que una madre y su hija estén sanas y salvas es un propósito más noble que separarlas. -


Alaska miraba con admiración a Synrah, sus ojos brillantes mirándole fijamente, su sonrisa, la voz amable y suave que tenía, sus palabras llenas de sinceridad, se notaba que era fuera de este mundo, no por ser extraterrestre, sino, por la manera tan entregada de cuidar de ella. Si alguna vez pudiese imaginar una figura a quien su hija pudiese ver como un ejemplo de buena persona, sin duda, le gustaría que fuese Synrah, o quizá, como figura paternal.
La noche llegó y con ello el frío de la montaña, por lo cual, cualquier forma de vida buscaría refugio contra la intemperie. Para fortuna de Synrah y Alaska, era común en las montañas de ese país que hubiera pequeños refugios para los viajantes, así como puntos de rescate, no sería obstentosa, pero tenía una estufa, un calefactor de gasolina, reserva para echarla a andar y algo de provisiones, que aunque ya traían demasiadas un poco más no haría mal.


- Ya eché a andar la calefacción. -

- Mami, hace mucho frío. -

- Tranquila, en un ratito más verás que no tendrás nadita de frio. - Dijo tiernamente Alaska tallando las mejillas de Hope.

- Revisé el perímetro, no hay actividad de ellas por aquí, el clima frío no es de su agrado, por si las dudas yo tomaré guardia. -

- Si quieres yo puedo turnarte. -

- No te preocupes, piensa en descansar, para ustedes ha sido un viaje pesado. - Hablaba la peliverde revisando las puertas que había en el refugio. - Aquí dice WC ¿Qué es? -

- Son los baños. -

- Ya veo… Esto parece ser una clase de bodega. - Habló Synrah mientras revisaba lo que parecía ser un almacén. - Encontré unos abrigos y unas botas, les servirán a ustedes. -

- ¿No necesitas uno también? -

- Este clima no me molesta, puedo soportar bien el frío, más no así el calor. -

- Ya veo… Hope, ven, mami te pondrá un suéter. - Dijo Alaska acercándose a su hija para abrigarla. - ¿Te gustaría cenar un poco de carne con papas? -

- ¡Si, tengo mucha hambre! -

- Jeje, se buena niña y espera sentada ahí, mientras cocino. -

- Tu raza es muy consciente, tener estos refugios para quienes se pierdan en estos bosques es una medida muy considerada. -

- Si, es cierto que los humanos hacíamos cosas de las que no debíamos estar orgullosos, pero no todos eran malos… - Mencionó la joven riéndose un poco mientras buscaba los utensilios. - Pero que diablos, hablo como si ya no hubiera más para nosotros. -

- Mientras haya personas como tú y niñas tan dulces como tu hija, tu especie podrá florecer nuevamente. -

- Gracias. -


Synrah notó que las manos de Alaska le temblaban mucho, por lo que se acercó un poco, fue cuando pudo ver que sus manos estaban algo enrojecidas, eso le hizo recordar que mientras la cargaba y empezaba a enfriarse el ambiente, ella pasó su chaqueta y bufanda a su hija así como mantuvo atrapadas las manos de Hope entre las suyas.


- Déjame ver… - Dijo Synrah pasando sus manos a los costados de Alaska, tomando sus dedos para ver y descubrir lo mal que estaban. - Tus manos, … -

- Estoy bien, tenía que cubrir las manos de mi hija mientras nos cargabas, es la primera vez que sale del bunker y me daba miedo que se le entumecieran. -

- Alaska... - Habló la peliverde frotando las manos de la joven, provocando en ella un sonrojo al ver por su hombro aquel bello rostro preocupado. - Tu hija no puede enfermarse, es por ello que vale tanto para tu especie y para la galaxia entera, pero tú si, debo de cuidar que no te pase nada o ¿Quién cuidará de tu hija? -

- Synrah…-

- Ve y descansa, yo prepararé la comida, no cocino tan bien como tú, pero será comestible. -

- No es necesario. -

- Tranquila… Anda, descansa. - Sonrió la peliverde frotando aun las manos de Alaska, quien sonrió con un gran rubor en su rostro, yendo hacía su hija.


Synrah empezó a alistarse para cocinar, viendo por su hombro a Alaska que empezaba a enseñarle a su hija un mapa que habían encontrado, parecía que esa joven madre no perdía tiempo en que Hope aprendiera más de las cosas, era digno y hermoso de ver como buscaba motivar su aprendizaje. Fue un segundo en la mente de la peliverde, que se imaginó en una casa en su mundo, con Alaska cuidando de Hope y devolviéndole a ella una sonrisa, como si se tratase de una familia feliz, sin dudas, era algo bello que pensar, algo que sentía en el fondo de sus pensamientos que Alaska merecía por lo que había hecho todo este tiempo. Era mejor que se concentrara en su misión y escape, podría soñar después de eso.
Cerca de la cabaña, un par de figuras se movían entre los árboles y la noche, con ayuda de los binoculares, esas personas trataban de ver el interior de ese lugar para saber si era seguro entrar, teniendo que acercarse aún más para averiguarlo.


- No parece haber ninguna de esas cosas. -

- Tratemos de acercarnos un poco más. - Susurró Kim mientras avanzaban lentamente hacía unos arbustos a veinte metros de la cabaña. - ¿Puedes ver por esa ventana? -

- No, ya sé. -

Eve colocó su hombro contra un pino e hizo cuna con sus manos, haciendo entender a Kim que subiera para elevarla y poder observar mejor. La pelirroja subió, colocando un pie en el hombro de Eve mientras abrazaba con un brazo el pino y empezaba a observar.


- ¡Es ella! -

- ¿Synrah? -

- Sí… A menos que exista otra mujer que mida casi dos metros y tenga el cabello verde en este planeta. - Dijo en un tono sarcástico Kim mientras seguía observando. - Parece que está cocinando.-

- ¿Cocinando? -

- Afirmativo… Está una chica con ella… -

- ¿Qué pasa? -

- No puede ser, esa chiquilla seguro no llega a los veinticinco ¿Qué hace aquí? -

- ¿Será ella la superviviente? -

- No parece ser una exmilitar como nosotras, me da curiosidad saber como le ha hecho estos cuatro años. -

- ¿Ves algo más? -

- Parece que están sólo ellas… -

- ¿Kim? -


Kim se quedó muda, frente a ella, veía a Synrah sirviendo la comida mientras era ayudada por esa jovencita, pero en la escena, aparecía una niña que abrazaba a esa chica, siendo cargada para ser llenada de besos en su mejilla. El acto podría ser lo más tierno del mundo sino fuera porque aquella niña pelirroja tenía un rostro que no había visto en muchos años, pues era un rostro que había cambiado un poco con los pasos de los años, pero no lo podría olvidar, esa niña tenía la misma cara que ella cuando era infante.

- Kim… ¿Kim? -

- No puede ser. - Murmuró Kim bajándose de Eve, quedando parada y totalmente desconcertada. - Era verdad… -

- Kim ¿Qué viste? -

- Ahí dentro… -


Eve estaba confundida por la reacción de Kim, era como si hubiera visto un fantasma, aprovechó que ella era más alta y algo más fuerte que su novia para lograr subir al pino por si misma y ver con sus propios ojos que observó, quedando impactada, tanto como para dejarse caer del pino y tomar la mano de Kim para que reaccionara.


- Kim, esa niña… -

- Es mi hija… No estaba mintiendo mi hermana… En verdad, di a luz a una humana. -

- Así que es cierto… Esa malnacida existe. -


Eve y Kim voltearon al escuchar una voz que conocían y detestaban, de entre las sombras, el fulgor de una lanza roja y la figura femenina y alta de Kalea empezaba a asomarse, provocando que ambas le apuntaran con sus armas, no sabían por cuanto tiempo las siguió y como llegó tan rápido, pero sin dudas, ella no venía con esa actitud arrogante y tranquila que caracterizaba a la uruae que la doblegó.
 

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Dos uruae caminaban entre el bosque helado, una vestía lo que parecía una pijama de serpiente y la otra era de una altura de un humano promedio, muy distinto a la estatura de un niño que poseían la mayoría de su especie. El andar que llevaban era lento, algo que estaba desesperando a la hija de la más pequeña, quien mostraba una mirada algo despreocupada mientras sacaba y metía su lengua larga, era como si no tuviera miedo de que le pasara algo a Kalea, su pareja y madre de quien estaba a su lado.


- Padre ¿Por qué vamos tan despacio? ¿Acaso no te preocupa lo que le pase a mamá? -

- Kalea es muy fuerte, aunque esté embarazada podría vencer muy fácil a esas dos. -

- Pero… -

- No tienes que preocuparte, es más, deberías de enojarte que ella se adelantara, no debí permitir dejar que aprendiera a usar los vehículos de este mundo. - Hablaba Saghir mientras caminaba y olfateaba el camino. - Al menos podemos rastraerla, ellas tomaron muchas precauciones para poder evadirnos. -

- Padre ¿Por qué pareces tan interesada en Kim? Sé que fue amiga de mamá y Stephany, pero siempre te ha odiado, además que con lo que nos contaste, ella nunca te dio una cría así que no le veo el valor a alguien que no te de una hija. -

- Claro que me dio una hija, una hija humana. - Comentó Saghir a su hija mientras metía las manos en los bolsillos. - No es lo que quería, pero es la primera hija que tengo que no tiene la apariencia de nuestra especie, incluso tú que eres muy alta no dejas de ser una uruae. -

- Entonces no te sirve de nada esa niña. -

- Me sirve porque me gustaría saber que pasaría si tuviera una hija con ella, así como tener mas hijas con Kim. -

- No te entiendo nada, puedes tener a las hembras que quieras de su especie, comparada a los demás especímenes de su raza, su altura apenas es del promedio y su fuerza física es un poco mayor pero eso no la hace alguien digna de tu interés. -

- Así es, pero Kim es capaz de resistirse a mí, logró escapar y seguir evadiéndome, ha sido la presa que más me ha interesado después de tu mamá, ella sabe que es frágil, que podría destrozar sus huesos con un solo golpe y aun así me reta, eso me parece muy excitante. -

- ¿Acaso la amas? -

- ¿Amor? No, lo más cercano al amor lo he tenido con tu mamá. - Habló la uruae mientras seguían caminando. - Podría ser… ¿Respeto? No podría describirlo, solamente sé que me sorprende su tenacidad y su esfuerzo por querer vencerme, a pesar de que no tiene ninguna oportunidad de ganar. -

- Con razón mamá la odia tanto. -

- Tu mamá odia a cualquier otra hembra que tenga. -

- Ustedes eran rivales ¿Cierto? - Preguntó Kaé al seguir a Saghir quien le miraba por el hombro.

- Si, aunque siempre supe que terminaría aceptando que deseaba estar a mi lado, es lo que dicen las otras razas, el destino. -

- ¿Entonces? ¿Por qué pensar en que alguien más sea digna de tener tu admiración? -

- Mmm… Es porque, Kalea más que mi rival yo la vi siempre como mi futura reina y ya lo es, Kim fue una joya en mi camino y es una joya que pienso poseer. -

- Sigo sin entender que tiene de especial. -

- Es tu sangre de pleyadeiana que no te hace comprender la ambición de una uruae, hija mía. -

- A veces quisiera comprenderlo, tú me dijiste que tomaría tu lugar algún día y no podré hacerlo si no pienso como tú. -

- Así es… También por eso me interesa tu hermanita, esa humana que nació de Kim, sería una linda mascota y futura pareja para ti. -

- Pero yo ya tengo una pareja. -

- ¿Esa centaureana? Olvídala, aunque te trate en verdad como una de las suyas, los de la guardia estelar siguen rechazando su propuesta de hacerte una guardiana. -

- Valea ha sido muy buena, padre, además de que siempre trae a mi hija y hemos tenido una buena relación. -

- Eres una uruae, no tienes porque esperar a que ella venga a visitarte, la próxima vez, hazla tuya y oblígala a quedarse contigo. -

- Sí, padre. -

- Mmm… ¿Lo notaste? -

- Sí, es el aroma de mi madre y creo poder oler un poco a Kim. -

- No están lejos. -

- ¿Qué esperamos? - Dijo Kaé queriendo correr, pero Saghir le sujetó la cola.- ¿Padre? -

- Estoy disfrutando de la cacería, no me la arruines, además, tu mamá necesita de una vez dejar salir lo que traiga en contra de Kim. -

- ¿Pero si algo le pasa a mamá? -

- No le pasará nada, Kim sabe que si algo le pasa a ella, sería joder el trato que tenemos con la guardia estelar en relación al ganado de su especie, así como tu mamá sabe que si llega a matar a Kim, descargaré mi coraje en ella. -


Cerca de la cabaña donde Synrah y Alaska se refugiaban, Eve y Kim mantenían sus armas apuntando a Kalea, quien estaba frente a ellas con una mirada llena de furia hacía la pelirroja, como si verla le provocara repulsión.

- Que raro ver a la perra de Saghir sin su correa. -

- No tienes derecho a decirme algo, cuando estás haciendo lo mismo, maldita. -

- ¿De qué estás hablando? -

- A mi no me vas a engañar, usas de pretexto a esa malnacida que tuviste con Saghir para que ella tenga motivos de estar cerca de ti. - Hablaba Kalea apuntando su lanza hacía Kim. - Eres una descarada, criticarme todo este tiempo cuando siempre estuviste detrás de ella también. -

- Se ha vuelto loca. -

- Kim… Su vientre. -

- Aun estando preñada de esa cosa ¿Viniste a pelear? -

- Al contrario de tu especie, puedo soportar más y aun así destrozarlas. -

- Eve, ve con ellas. - Susurró Kim a su novia acercándose lentamente a ella.

- ¿Qué dices? Aunque esté embarazada, no podrás contra ella, tú me contaste que ella podía pelear mano a mano contra Saghir y aun así perdió. -

- Sé que no estoy segura de poder hacerle algo, pero no puede encontrar a esa niña, puede ser la salvación de nuestra raza. -

- Pero… -

- Ve y advierte a Synrah que están tras esa niña, ayúdala a salir de este planeta. -

- ¿Qué hay de ti? - Murmuró Eve mientras Kim le sonrió y levantó su pulgar al sujetar su arma.

- Yo me encargaré de perderla, te lo prometo. -

- ¿De qué tanto hablan? -

- ¡Ahora! - Gritó Kim lanzando una granada de luz hacia Kalea, dándole oportunidad a Eve de correr.

- ¡Maldita! -


Eve corrió a toda prisa hacia la casa que estaba a varios metros de ahí, una luz que entró por la ventana hizo que Synrah pensara que algo raro estaba ocurriendo en las afueras, fue cuando le sorprendió ver a esa humana de cabello algo platinado corriendo hacía ellas, agitando su mano como si ocupara su atención.


- Synrah ¿Qué sucede? - Preguntó Alaska asomándose por la ventana, tomando su arma al ver a Eve. - ¿Es una enemiga? -

- No… -

- ¡Corran, corran! - Gritó Eve al llegar hasta la ventana, recuperando el aliento lentamente. - Kim detendrá a Kalea, ella quiere matar a esa niña, sácala pronto de aquí. -

- ¿A mi hija? -

- ¿Tu hija? - Preguntó Eve mirando a esa joven, sintiendo la mano de Synrah en su hombro.

- Eso déjalo para después. -

- Huyan, Kim y yo les daremos tiempo. -

- Entendido. - Respondió Synrah mirando los ojos de Eve, pensando en que en verdad estaban confiándole a esa niña. - Vamos, Alaska, toma tus cosas y huyamos. -

- Ok. -

- Luego le explicarán a Kim todo. -


Eve volvió para apoyar a Kim al momento que empezó a escuchar disparos, Synrah decidió confiar en ellas también y tomó su arma y mochila, esperó a que Alaska y Hope estuvieran listas para cargarlas (Hope en sus brazos y Alaska en su espalda) para correr lo más pronto posible a su nave. Kim estaba escondida detrás de unos arboles sin parar de disparar para mantener a raya a Kalea, quien se movía ágilmente evitando sus impactos, pero una bala perdida le hizo retroceder aún más, momento en que la pelirroja vio como Eve se escondía en unas rocas al otro lado de ella, cruzando miradas.


- Te dije que te fueras. - Habló Kim en señal de manos con su novia, que le respondió igual.

- Somos un equipo, siempre. -

- Siempre. - Sonrió la pelirroja mientras las dos se asomaban para empezar a disparar y pensar. - Diez minutos, hay que conseguirle diez minutos. -

- Papá, puedo escuchar disparos a lo lejos. -

- Parece que tu mamá ya empezó la fiesta sin nosotros. - Dijo Saghir con una gran sonrisa, sacando sus manos de sus bolsillos. - ¡Ahora sí, vamos! -


Las balas no paraban de llover hacia la posición de Kalea, Kim y Eve trataban con toda su fuerza de fuego a esa mujer y darle tiempo a Synrah para sacar a esa niña de ahí, siendo conscientes lo difícil que sería eliminar a esa pleyadeana. La pelirroja cargaba nuevamente su arma mientra Eve la cubría y viceversa, al menos parecían dificultarle sus movimientos, eso sumado a que por el redondeado de su vientre señal de embarazo, no podría pelear tan bien como siempre, pero no le quitaba la peligrosidad.


- ¿Tienes más granadas cegadoras? - Preguntó Kim mientras se cubrían ambas detrás de una gran roca.

- Solamente una más. -

- Yo tengo dos, no podemos afectar tanto su visión como la de Saghir. -

- Tengo tres fragmentarias y dos incendiarias, una de gas de cianuro. -

- No podemos arriesgarnos con la última, guardémosla por si aparece. - Dijo Kim asomando su arma para disparar a Kalea que se escondía detrás de un árbol.

- ¿Van a seguir todo el tiempo escondidas? ¿Seguirás siempre siendo una cobarde y débil, Kim? -

- No la escuches. -

- No la escucho, no volveré a escuchar a esa maldita. -

- Me pregunto que pensará Stephany de ti, tú que juraste odiar a Saghir y ahora vienes a este planeta a buscar a la hija que tuviste con ella. -

- Ella ya no piensa nada que no sea lo que ustedes quieran. - Contestó Kim mientras señalaba a Eve otra posición.

- Saghir ha sido buena con nosotras, nos ha dado libertad comparado a las demás, ella me ama, al contrario de ti que solamente te ve como una mascota que desea tener, pero me desharé pronto de ti. -

- Dime, Kalea ¿Qué se siente que tu amada Saghir viaje al otro lado de este mundo buscándome a mí? Si tanto te ama ¿Por qué parece que me desea tanto? -

- ¡MALDITAAAAAA! -


Kalea fue provocada por Kim como lo deseaba, dirigiéndose rápidamente hacia ella. El coraje de la pleyadeana era tal que no le permitió darse cuenta que Eve salió corriendo del escondite para rodearla y lanzarle una granada de fragmentación, pero algo imprevisto surgió de entre las ramas, una figura reptiloide con rostro de niña, aparecía y golpeaba con su larga cola la granada mandándola a la distancia antes de que estallara. Eve y Kim corrieron hacia unos árboles gruesos, sorprendidas por la repentina aparición de la mayor de las preocupaciones en ese planeta.


- Veo que se divierten. -

- Deja que la mate, Saghir, ella ya no te será una molestia. - Hablaba Kalea acercándose a la uruae, tomando su mano para besarla, pero ella la retiró y le soltó una bofetada.

- Vuelves a desobedecerme y te encerraré de nuevo, no necesito a una reina que no obedece. -

- Perdóname, pero… Esa escoria no merece tu preocupación, no puedo permitir que ensucies tus manos con su sangre. -

- Sabes que la quiero viva. -

- ¡Pero! … ¡No la necesitas! ¿Qué tiene de especial ella que no tenga yo? - Gritó la pleyadeana mientras su hija llegaba con el disfraz de su padre en brazos.

- ¿Piensas tratar este tema justo en este momento? -

- ¡Si! ¿Por qué estás necia en tenerla? ¿No te basta conmigo? - Reclamó Kalea mientras Saghir le miraba verdaderamente molesta.

- Porque no es una estúpida y débil de mente como tú. -

- Padre. -

- Necesito a alguien centrada, eres mi reina, Kalea, pero no me sirve que estés tan centrada en decir que me amas en vez de preocuparte por ayudarme a extender mi poder más allá de este sucio planeta, necesito a alguien que esté dispuesta a lo imposible para mantener sus metas y convicciones firmes, y esa es ella. - Explicó Saghir a Kalea quien apretaba sus puños por los celos. - Ya escuchaste, Kim… Necesito a alguien como tú, alguien que sabe que pierde su tiempo, vida y esfuerzo por un sueño imposible, tú en el fondo sabes que lo que haces no tiene futuro y tu especie ya es un mero residuo de genes en la galaxia, pero sigues retándome y retando a la lógica universal del más fuerte. -

- Padre ¿Acaso? -

- No es lo que piensas, Kaé, es una admiración real por lo que ella ha hecho por su especie, no había conocido a una mujer capaz de retarme aunque tenga todas las de perder y se esfuerce tanto a pesar de que no tiene a nadie a su lado, eso es lo que quiero para ustedes, juntas, podríamos desbaratar a esa maldita guardia estelar y asegurarme todo este sistema solar. -

- Ella no está sola ¡Me tiene a mí! - Gritó Eve lanzando una granada incendiaria contra ellas.


Saghir reaccionó en cuestión de segundos a esa granada, golpeándola con su larga cola para mandarla a volar como si fuese una roca más, provocando el incendio en otra parte. La alienígena caminó lentamente hacia ellas, mientras Kim se colocaba delante de su novia para escudarla.


- Si se ponen las cosas duras, huye. - Susurró Kim a Eve quien se sorprendió por el comentario.

- No pienso irme sin ti. -

- Yo corro más rápido que tú y lo sabes. -

- ¿Eres estúpida? - Reclamó Eve a la pelirroja. - Sabes que no puedes correr tan rápido como ellas, estamos juntas en esto, siempre. -

- ¿Ya dejaron de hablar? -

- Tienes los días contados, Saghir. -

- Me encanta como te quedan ánimos para amenazarme aunque sepas que pronto a ti y a tu amiguita las tendré entre mis brazos. -

- Antes que pase eso. - Dijo Kim colocando la punta de su rifle en su barbilla, provocando que se detuviera Saghir. - ¿Lo sabes, cierto? Eso que dijiste es puro cuento, me necesitas porque no quieres que mi sangre esté en manos de la guardia estelar. -

- ¿Su sangre? -

- La sangre de esa maldita tiene inmunidad a las feromonas de las uruae, por eso es que ya no se preocupan por tu padre, porque mientras ella esté se sienten seguras, por eso debe de morir. -

- Pero no es así ¿Cierto? Hay algo en mí que tú quieres y que también tiene mi hija, por eso no la mataste aunque no era un engendro como las demás. -

- ¿Qué tiene tu hija? - Sonrió Saghir al escuchar ese comentario, haciendo que Kim chitara sus dientes al maldecirse por decirlo. - Así que ya la viste… Dime ¿Cómo es nuestra hija? -

- Ni se te ocurra acercarte a ella. -

- ¿Por qué no? Sería una hermosa reunión familiar. -

- La granada de cianuro. - Susurró Kim a Eve quien sacó la granada a escondidas al estar atrás de su novia.

- ¡Maldita! -


Kim fue sorprendida por Kalea, no supo en que momento ella corrió tan rápido como para aproximarse, tratando de asestar un golpe fatal con su lanza, su reacción para esquivarla fue suficiente para evitar ser penetrada por la punta, pero alcanzó a cortar su costado, en cuestión de un segundo, Kalea reviró para soltar una potente patada a la pelirroja, arrojándola hacia un pino.



- ¡Kim! - Gritó Eve corriendo hacía su novia, sujetándola y presionando la herida del costado de su vientre.

- ¡Estúpidaaaaaaaaaa! -


Saghir corrió y atrapó los brazos y cuello a Kalea con mucha fuerza, mirándola con una furia intensa, mientras su hija corría para tratar de zafar a su madre de la prisión de su padre que había reaccionado así por su desobediencia.

- ¡TE ORDENÉ NO DESOBEDECERME! - Gritó Saghir mientras Kaé trataba de detenerla.

- ¡Padre, la estás lastimando! -

- Lo… Lo hice por que… Te amo… Sa… Sa…-

- ¡Si me amarás me obedecieras, maldita! ¡Si se muere, date por muerta! -

- ¡Padre la estás… Ya no están. - Habló Kaé provocando que Saghir soltara a Kalea, quien fue auxiliada por su hija.

- Kaé… Ve… Ve por ella, acabala. -

- La necesito viva, con una herida así no podría sobrevivir si me la llevo y seguro su amiga puede curarla. - Dijo Saghir cruzando sus brazos mientras miraba molesta a su hija. - ¿Vas a obedecerme a mi o a tu madre? -

- Padre, esa mujer es un peligro, es tu enemiga. -

- El único peligro aquí es tu madre… - Habló la uruae dándole la espalda a ellas. - Kaé, lleva a tu madre a la nave… Ruega porque Kim no esté muerta. -

- Saghir… -

- Si ella muere, tu castigo será tan fuerte que la muerte será lo que más desees en tu vida. -
 

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Lejos de ese punto, escondidas en un enorme tronco de secoya caída, se encontraban las guerrilleras. Eve lanzó la granada de cianuro a lo lejos para evitar que Saghir pudiera oler la sangre de Kim, para luego, recostarla y quitarle el chaleco y romper su blusa para revisar la herida, sacando el paquete de primeros auxilios de su mochila.


- Aaarrgh… Mierda… - Susurraba Kim al presionarse la herida.

- No es profunda, solamente fue el corte y no logró perforar, podré cerrarla y detener la hemorragia. -

- Esa tipa está loca… No puedo creer que desobedeciera a Saghir. -

- Eso nos dificulta las cosas. - Dijo Eve limpiando la herida y usando un líquido azul proveniente de la farmacología estelar. - Tenemos que ir con Synrah, con esta herida no podrás pelear. -

- Vamos. -

- Espera un rato, aún no cierro tu herida. - Habló su novia sacando un instrumento en forma de celular, él cual presionó sobre el corte, encendiéndose una especie de láser. - Esa cosa… -

- ¿Acaso te puso celosa todo lo que dijo? -

- Claro que sí, pensar que quiere alejarte de mí, me enfurece. -

- Mejor aún, que tengas motivos para odiarla nos hace más fácil todo esto. - Rio Kim provocando una risa en Eve, quien al mismo tiempo se quedaba pensando.

- Kim… -

- Sí… También tengo ese presentimiento desde que vi a Synrah. - Comentó la pelirroja mientras sentía el calor intenso sobre su herida. - Algo planea la almirante y tiene que ver con esa niña. -


Eve y Kim caminaban poco a poco en busca del rastro de Synrah, con la confianza de que no serían seguidas por Saghir por el aroma de cianuro dejado cientos de metros atrás. Aunque la pelirroja quería ir más rápido, su novia la detenía de hacerlo pues su herida, aunque cerrada, era lo bastante grande para causarle dolor y dificultarle combatir.


- Puedo caminar bien. -

- No te hagas la fuerte. - Dijo Eve acomodando el cuerpo de Kim sobre su hombro para darle soporte. - Apenas puedes ponerte de pie por el dolor. -

- Tenemos que sacar a esa niña de aquí. -

- Por un instante deja de pensar en eso, primero debemos de encontrarnos con Synrah y averiguar que quiere la almirante con ella. -

- Argh… - Gritó Kim al casi tropezar, siendo sujetada por Eve.

- ¡Te lo dije! Vamos despacio. -

- Adelántate, yo iré detrás de ti. -

- No pienso abandonarte. -


Eve bajó los rifles al suelo y buscó unas ramas lo bastante gruesas para servirle, cortó las correas de sus ropas para atarlas y formar una camilla improvisada en la que recostó a Kim y la ató de las manos para que no intentara moverse más y empezó a arrastrarla, causando un suspiro en la pelirroja.


- No vas a poder arrastrarme todo el tiempo, mejor adela… -

- No pesas mucho ¿Recuerdas? - Dijo Eve haciendo que Kim soltara una risa por el comentario respecto a su peso. - Te he dicho muchas veces que estás baja de peso. -

- No me gusta la comida de la guardia. -

- A mi tampoco, pero tienes que comer, flaca. -

- Gigantona. - Rio Kim por lo que le decía su novia, alegrándose porque siempre parecía tener algo que decir para calmarla. - Gracias, Eve. -

- No me agradezcas, no voy a dejar a la chica que amo tirada en el suelo, menos cuando esa cosa quiere violarte. -

- De ella es quien menos me preocupo ahora… Synrah es obediente a la almirante, que esté aquí significa que algo planea con esa niña… Pero ¿Cómo lo supo? -

- Esa maldita. - Habló Eve mientras arrastraba a Kim. - No me sorprendería que tenga cámaras en nuestra casa, ha estado obsesionada contigo desde que la conocimos. -

- Creo que es más probable que quiera usarla como moneda de intercambio… Pensar que esa niña tenga mi sangre la hace un tesoro invaluable para jodidos alienigenas me causa coraje. -

- Kim… -


Eve se detuvo y volteó a ver a su novia, quien le miró asomándose hacía atrás, notando una cara algo preocupada por parte de a quien le confiaba la vida día con día.


- ¿Por qué sigues llamándole así? Es tu hija ¿Es porque es hija de ella también? -

- No… No es por eso, aunque ella nació de mi… Yo no he sido su madre. - Dijo Kim mientras miraba fijamente a Eve. - Esa joven que estaba al lado de Synrah, parece ser quien ha estado cuidándola, no podría llegar y decirle hija, cuando yo no estuve ahí para cuidarla. -

- Kim… -

- Yo nunca podría hacerle eso, a ninguna de las dos. -

- Aunque a veces actúas como alguien fría, eres más considerada de lo que creía. -

- Que me digas un halago mientras me tienes atada no es nada lindo. - Sonrió la pelirroja mientras su novia le acariciaba la mejilla y se agachaba para besarla en la boca.

- Saldremos de esto pronto y tendrás tiempo para conocerla, para ganarte el derecho de llamarla tu hija. -

- Mientras salgamos de esta y ella esté bien me sentiré satisfecha. -


Más delante del camino de esa montaña, Synrah cargaba a Hope y Alaska sobre su cuerpo, acercándose más y más hacia la nave en la cual llegó, aunque tenía ganas de volver y poder ayudar a esas dos chicas que les ayudaron a escapar, recordar la forma en que le miró Eve le hacía saber que estaban dispuestas a todo por protegerla, sin dudas era admirable que ambas mantenían en mente la ley base de la guardia estelar, cuidar de los débiles ante todo.


- Ya casi llegamos. -

- Puedo caminar desde aquí. -

- ¿Segura? -

- Si, déjame ayudarte también con ella. - Dijo Alaska cargando en sus brazos a su hija quien seguía dormida.

- Pronto saldremos de aquí y estarán seguras. -

- ¿Qué hay de tus compañeras? -

- Ellas saben defenderse, confío en ellas. - Contestó Synrah mientras volteaba hacía atrás, pensando. - Sé que estarán bien, les debo una y no me gusta deberle a nadie. -

- ¿Por dónde? -

- Por aquí. -


Synrah y Alaska siguieron caminando pasando una meseta donde se miraba a lo lejos la nave de la peliverde, pero su sorpresa fue grande al ver que al lado de su nave se veía la figura femenina de alguien que conocía muy bien, era una mujer alta, de rasgos bellos y una mirada fría y penetrante, quien miraba fijamente hacía su dirección.


- No puede ser. -

- ¿Qué sucede? - Preguntó Alaska que cuya vista humana no era capaz de enfocar tanto como la de Synrah. - ¿Qué ves? -

- La almirante. -

- ¿Almirante? -

- Es de quien estoy bajo su cargo. -

- ¿Ella nos ayudará? - Cuestionó la joven mientras Synrah se ponía delante de ella y veía como movía sus dedos cerca de la funda de su pistola. - Synrah. -

- Quédate detrás de mí. -

- ¡Admirable, Synrah! -


La peliverde escuchó la fuerte voz de su líder, quien empezó a aplaudir mientras ella caminaba hacia ellas, al acercarse se pudo ver en su rostro una sonrisa de satisfacción, como si todo hubiera salido bajo sus planes, pero para la peliverde, su presencia ahí le daba una señal clara de que su misión era más importante para la almirante de lo que pensaba.


- En verdad, admirable, Synrah. - Aplaudía la admirante Suarga con esa sonrisa de alegría. - Me preocupaba que no te hubieras comunicado, no debí de haber dudado de ti, no solamente me trajiste a esa niña, parece que te trajiste un trofeo propio. -

- ¿Trofeo? Synrah, tú. -

- Atrás, Alaska. - Susurró la peliverde sacando su arma para apuntarle a la admirante.

- ¿Puedo saber que haces? -

- Almirante ¿Qué hace usted aquí? Mi misión era asegurar que estuviera viva la hija de Kim y llevarla a su lado. -

- Es cierto, pero es demasiado importante para la guardia estelar que quise ver los avances de la misma. -

- ¿Para la guardia o para usted? -

- Creo que te lo había dejado claro, esa niña es la clave para tu ascenso y es la llave para que Kim esté conmigo. - Habló Suarga mientras miraba seriamente a Synrah que no paraba de apuntarle. - Tan sólo piénsalo, Synrah ¿La almirante más fuerte de la guardia teniendo de concubina a la humanoide con la sangre que los científicos llaman el milagro rojo? No solamente sería la persona con mayor influencia en la guardia estelar, la descendencia que tenga de ella sería digna de la nobleza. -

- No puedo permitir eso. -

- ¿Disculpa? ¿Estoy escuchando que desobedecerás una orden que te di? -


Synrah miró por su hombro un instante a Alaska quien sujetaba a su hija entre sus brazos, viendo esa cara llena de esperanza y confianza sobre ella, mismas que no quería perderlas, por lo que apretó sus puños y volteó a ver directamente a la almirante para apuntarle con más firmeza.


- No puedo permitírselo, almirante, arrebatarle a Alaska a su hija va en contra de lo que creo, de lo que es el principio de la guardia estelar, por favor, no me haga disparar y déjenos ir. -

- Esperaba más de ti, Synrah. -

- No me importa, perdóneme por fallar a sus expectativas, pero… Es más importante para mí cumplir con lo que le prometí a ella. - Dijo Synrah mientras Alaska se colocaba detrás de su espalda.

- Si quieres llegar lejos en esta galaxia, las únicas promesas que debes de cumplir son las que te haces a ti misma ¿Ayudar a los débiles? ¿A los que no tienen nada que ofrecerles a las demás razas? Tu mundo está dormido con sus ideales de paz y armonía, cuando no ven la realidad de las cosas, tienes de ejemplo a este planeta que se pudrió por que su raza era débil y no tenía nada importante en sus genes, tecnología o cultura que dar, pero Kim es punto y aparte. -

- Su forma de pensar no es la de una almirante. -

- Al contrario, eres tú quien no piensa como alguien que aspira a ser una. - Habló la almirante suspirando. - Y yo que pensaba que tendría una digna sucesora cuando yo ascendería a comandante suprema… Oh, que torpe soy, es tan obvio ¿Esa jovencita fue la que te cautivó? -

- Muévase. -

- No creía que eso de la monogamia y el enamoramiento de tu raza fuese tan cierta, me das tanta lastima, Synrah, por una chiquilla sin nada especial acabas de arruinar tu gran futuro en la guardia estelar. -

- Almirante… No, Suarga, te pido que te muevas. -

- Fuiste muy estúpida al dejar que tus sentimientos te controlaran, me pregunto si ella es igual de estúpida que tú. -


Una punzada llegó al costado de Synrah, no pudo ver en que momento la almirante desenfundó su arma y disparó en señal de advertencia hacía su vientre, solamente caía al suelo mientras Alaska se quedaba congelada del miedo al ver que esa mujer había disparado a quien era su subordinada.


- Dime mocosa ¿La dejarás morir o seguirás protegiendo a tu hija? -



 

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Alaska veía con miedo como Synrah se retorcía de dolor al recibir el disparo de aquella mujer quien se suponía era su aliada. La confusión en la joven era enorme, si soltaba a su hija era muy probable que esa persona intentara arrebatársela pero si no detenía el sangrado de Synrah ella podría morir, las palabras de su madre nuevamente venían a su cabeza recordándole que debe de no tener preocupación por los demás y sólo por ella misma, pero abandonar a quien estaba buscando salvarla sería traicionarla, incluso la peliverde se arriesgó a traicionar a su almirante con tal de mantener su promesa de cuidarla.


- ¿Qué sucede, chiquilla? Nadie te dirá algo por dejarla morir, después de todo, no es nada tuyo. – Habló Suarga mientras Alaska lloraba de los nervios.

- Escapa… No dejes que tome a tu hija. –

- Yo… No… No sé que hacer. –

- Vete.. – Susurró Synrah aguantando el dolor para tomar el arma y apuntar a la almirante. – Yo la distraeré. –

- Pobrecita, apenas puedes sujetar el arma y crees que podrás atinarme, sin duda las especies menos evolucionadas son esas bestias y ustedes que dejan que sus emociones les nublen el juicio. –

- Lo dice… Quien hace todo esto… Aarg… Por Kim. –

- Es muy distinto, se trata de selección natural y elitista. –

- ¡Vete! –

- El tiempo pasa, chiquilla ¿Dejar morir a quien te quiso ayudar o proteger a tu hija? Duele preocuparse por los demás ¿Cierto? -


Alaska sentía sus pies temblar, quería correr pero su corazón no le permitía abandonar a Synrah ¿Porqué ahora? Siempre fue Hope su única preocupación y ahora estaba pensando en el bienestar de esa extraña chica, no tenían ni más de cuatro días compartidos y sentía que la conocía de toda la vida, fue esa duda la que le hizo recostar por un instante a su hija que aun dormía, corriendo a ayudar a Synrah al presionar su herida.


- ¡No, escapa con tu hija! – Gritó la peliverde mientras Alaska lloraba al tratar de detener la hemorragia.

- ¡No puedo, no puedo abandonarte! ¿Luego que le diré a ella? –

- No lo hagas… Por favor. –

- Par de estúpidas. – Habló la almirante caminando hacía Hope, para tomarla entre sus brazos y acariciar su rostro. – Es una belleza, se parece tanto a su madre… Sería un buen remplazo si ella no acepta mis términos. –

- ¡Usted está loca, deje a mi hija! –

- No pienso perder más el tiempo con ustedes, ya tengo lo que quería. – Dijo la mujer dirigiéndose hacía más allá de la nave.

- ¿Por qué lo hiciste? –

- Tú lo dijiste, ella quiere a mi hija y no la va a lastimar, yo… Yo no podía dejarte así. – Lloraba Alaska mientras rompía su playera para limpiar la herida. – Ya no hables, tengo que detener el sangrado. –

- Alaska… -

- Mierda… Mierda… No se detiene. –

- Ve por tu hija, te necesita. –

- No… No puedo, tengo miedo… - Dijo la joven mientras Synrah aguantaba su dolor para no asustarla más. – Esa mujer, si tú no hubieras estado ahí, tarde o temprano hubiera llegado por mi hija y… Y… -

- ¡Kim, las veo! –


Alaska volteó hacía atrás de ella, viendo que a varios metros de donde estaban se acercaban un par de chicas entre ellas la que se presentó frente a la cabaña cuando huyeron. Eve desató a Kim para poder correr hacía las dos y bajar al suelo rápidamente para revisar a Synrah.


- ¿Qué te paso? ¿Fue una de esas cosas? –

- No… Arg… La almirante, ella se llevó a Hope. –

- ¡Esa mujer le disparó a Synrah a quemarropa y se llevó a mi hija! – Exclamó Alaska mientras veía como Eve sacaba un botiquín y un extraño aparato para atenderla.

- Tu hija. –

- Tú… - Murmuró Alaska al ver por primera vez a Kim quien se acercaba lentamente por la molestia de su herida. – Ella… Es igual a ti. –

- Ella es Kim… La madre de Hope. –

- No, la única madre de esa niña está frente a mí. – Dijo Kim al ver fijamente a Alaska, quien sintió un alivio en el pecho por el comentario de esa chica. - ¿Por donde se fue? –

- Por allá...Ella dijo que si tú no aceptas sus términos Hope será tu reemplazo ¿De qué está hablando? –

- No tengo idea, pero me imagino de que se trata. -

- ¿Cuánto tiempo lleva así? -

- No más de dos minutos ¿Puedes salvarla? –

- Tardaré un poco, atravesó el costado y casi toca tus órganos vitales… Kim, pásame la… -


Eve volteó y se quedó perpleja al no ver a su novia detrás ni su rifle, cambió su mirada hacia la nave de Synrah y podía ver a lo lejos que Kim se había echado a correr aun con su herida a perseguir a la almirante. Sentía coraje por ver que nuevamente se aventaba sola, pero entendía en el fondo que estaba haciendo lo correcto, si todas se enfocaban a atender a Synrah, la almirante escaparía con aquella niña.

Kim corría con todas sus fuerzas, aguantando el dolor todavía pues no podía dejar que la almirante se saliera con la suya y menos cuando parecía tener algo que ver con ella, meter a ese punto a aquella niña además de siniestro era inhumano, si es que podía llamarle humana a alguien capaz de eso. La pelirroja logró ver una nave a lo lejos, la nave de Suarga que no parecía a punto de irse, aún tenía oportunidad de detenerla.


- El radar no mentía, en verdad eres tú. – Habló una voz que Kim conocía muy bien, misma que bajaba lentamente por la rampa de la nave.

- Devuélveme a esa niña. –

- ¿Estás intentando darle ordenes a tu superior? ¿Aún cuando viniste a este planeta sin mi permiso? –

- Yo no necesito tu permiso para volver a mi planeta. – Dijo Kim apuntándole con su rifle. – Dame a esa niña. –

- ¿Tu planeta? ¿Acaso no lo ves, Kim? Este sitio dejó de pertenecerle a tu especie desde hace años, son sólo ganado para las uruae, y conejillas de indias para nosotros. –

- No lo repetiré más, dame a esa niña. –

- Lo siento, pero tu hija duerme muy tranquila en la incubadora, es una niña muy linda y se desarrolló bastante rápido, disfrutaré de investigarla. –


Kim iba a disparar pero un golpe dado a su vientre la hizo detenerse al instante, el golpe fue tan fuerte que todas las fuerzas que reservaba se le fueron al instante, dejando caer su arma, no fue capaz de ver en que segundo la almirante se acercó y soltó ese ataque, su velocidad era abismal comparada a la de Kalea y seguro podía rivalizar con la de Saghir.


- Está sangre fresca, tu rostro, estás lastimada… Aunque estás herida, aunque no puedes derrotarme y no eres más que una niña comparada a mi físico, experiencia, fuerza y habilidad, estás aquí tratando de detenerme, eso me encanta de ti. – Hablaba Suarga sujetando del cabello a Kim mientras presionaba su puño en el vientre y ella sujetaba su mano tratando de pararla. – No juegas a ser una heroína como lo intentó Kalea, solamente tratas de proteger a tu raza ante su inminente final. –

- Dame… A esa niña. –

- Te la daré, a cambio de ti. – Sonrió la Almirante mientras rodeaba la cintura de Kim y con la otra frotaba su rostro. - ¿Estarías dispuesta a ser mi mascota si libero a tu hija? –

- ¡Estás loca! ¿Qué mierda les pasa a ustedes que me ven como un juguete? –

- No sabes lo valiosa que eres. –


Kim trataba de moverse, no obstante, sus brazos estaban atrapados por el brazo de esa fuerte y alta mujer, podía sentir como esa tipa acariciaba su cuello y bajaba hasta acariciar uno de sus pechos por encima de su camisa sin ninguna vergüenza, como si tratase de su propiedad.


- Aunque el físico de tu especie es el más frágil de los humanos de toda la galaxia y no sirven más que para ganado de otras especies, tus venas poseen un tesoro único, cuando supe de ti y que estarías bajo mi cargo, supe que todas las posibilidades estaban a mi favor para hacerme de ti, de tu sangre. – Habló Suarga mientras desabrochaba la camisa de Kim y sacaba su pequeño pecho para acariciarlo y pellizcar su pezón, viendo como la pelirroja le miraba furiosa. – Puedes tener todo lo que tu quieras, tan sólo tienes que aceptar ser mía, no dejaré que nadie te toque a ti o a tu hija, solamente yo tendré derecho de tu sangre y de tu vientre. –

- ¿En verdad crees que voy a aceptarlo? ¡Estás igual de loca que Saghir! –

- Eres necia, pero eso me gusta de ti, te niegas a aceptar que no tienes otra opción. – Sonrío la almirante levantando un poco el cuerpo de Kim para lamer su seno desnudo y morder su hombro con fuerza, provocando que Kim se retorciera.

- ¡Mierdaaaaaaa, estás enferma! –

- Eres algo salvaje, por eso hago algo que una bestia le hace a otra para demostrarle su dominio. – Respondió la mujer tras morder a Kim dejando una herida por sus dientes, para luego lamer la sangre que liberaba. – Eres mía. –


Una figura fugaz golpeó con potencia a la almirante, provocando que Kim cayera al suelo mientras la mujer retrocedía varios metros y alcanzaba a detenerse con ayuda de una lanza de plasma. Al levantar la mirada, vio a una pequeña criatura humanoide de piel blanca, ojos rojos, con aspecto reptiliano y una larga cola que se meneaba, criatura que estaba delante de Kim y mostraba unos ojos molestos.

- Disculpa, pero Kim me pertenece. –

Kim se incorporaba lentamente al recargarse en una roca, el dolor de su cuerpo le impedía moverse como quería y el golpe que le dio la almirante fue bastante fuerte como para que aun retumbaran sus extremidades. La situación no se podía complicar más para la pelirroja, la aparición de Saghir de ultimo momento le permitió zafarse de Suarga, pero le frustraba saber que no pudo hacer nada y terminó siendo salvada por el ser que más odiaba, no le quedaba más que esperar que ambas se destrozaran mutuamente y le diera el tiempo suficiente para sacar a esa niña de la nave.

Saghir caminaba lentamente viendo a Suarga que tomaba cautela y no dejaba ningún punto ciego al mantener su lanza firme, la uruae jugueteaba con su lengua y meneaba su cola para tratar de distraer a esa mujer, era claro para ambas que la otra era sumamente peligrosa y cualquier movimiento en falso podía acabar rápido con el combate.


- Así que tú eres la famosa Saghir, la reina de las uruae. –

- Nunca quise ser la reina de mi planeta natal, ser reina de un nuevo mundo, por el contrario, es mejor. – Dijo Saghir moviendo los dedos de las manos para relajarlos mientras se colocaba en una posición similar a la de un raptor a punto de atacar. – Tienes muchas agallas para tocar a mi mujer. –

- ¿Tu mujer? Tengo entendido que tu asquerosa especie no entiende la definición de “mi mujer”, solamente ven a las mujeres como vientres para sus parásitos. –

- Es el problema con ustedes, se creen con la autoridad de criticarnos cuando no son muy distintas a nosotras, por lo menos yo puedo ocultar lo que la naturaleza nos brindó para sobrevivir, en cambio tú no puedes ocultar ese bulto que tienes entre las piernas. – Sonrió la alienígena provocando a la almirante.

- Nosotras sabemos controlarnos, no como ustedes, bestias, no sé porque la guardia estelar fue tan estúpida para negociar contigo. –

- Ni yo entiendo como eres una capitana siendo que eres tan depravada, atreverte a tocar y querer violar a mi Kim. –

- Tu pobre cerebro no te hace comprender que eres poca cosa para ella, Kim debe de estar al lado de alguien que aproveche sus cualidades al máximo, además, déjame corregirte pedazo de escoria, soy la almirante de la flota encargada de este lado de la galaxia. –

- Eso me importa poco, serás una almirante pero Kim necesita a una verdadera líder a su lado, y esa soy yo. -

- Dejen de joderme, ambas están igual de enfermas. – Pensaba Kim tratando de levantarse sin poder hacerlo. – Mierda… Si tan sólo pudiera… -

- Disfrutaré tanto de romperte el cuello. –

- Inténtalo, lagartija, que vencieras a la estúpida de Kalea no significa que puedas vencerme a mí. –

- Eso ya lo veremos. –

Saghir corrió a toda velocidad contra Suarga, quien trató de impactarla con su lanza pero las patadas y giros de la uruae le dificultaron el ataque. Saghir se sorprendió al ver que la almirante era capaz de defenderse de sus patadas, coletazos y golpes consecutivos, era una guerrera tan fuerte como Kalea pero a diferencia de su pareja, esa mujer tenía sangre fría y buscaba darle en puntos vitales. Cuando la guardiana creyó haber dado en el pecho de la uruae, quedó impactada al ver que la punta de su lanza de plasma se abría a los costados como si algo creara una barrera contra esa energía pura, esa distracción bastó para que la alienígena albina diera un fuerte coletazo para mandarla a volar.


- Maldita… ¿Qué fue eso? – Preguntó la almirante deteniendo su lanzamiento clavando la lanza, limpiando su rostro con una mano.

- ¿Crees que iba a ser tan idiota para no estudiar sus armas? Kalea fue muy amable de explicarme como funcionan sus armas de plasma y no fue difícil analizar una manera de que mi cuerpo pudiera modificarse para contrarrestarla, no solamente puedo endurecerme contra sus balas, aumento mi resistencia térmica superior a los límites posibles de cualquier ser. –

- Eso es imposible. –

- Para mi no hay imposibles ¿No dijiste que mi raza es estúpida? Te dejaré muy en claro que siempre hemos sido superiores, por eso es que nos temen. – Sonrió Saghir haciendo que Suarga se molestara aún más.

- Una raza como la tuya solamente me causa asco. –

- O miedo, siempre nos han tenido miedo, nos odian porque evolucionados a un punto en que somos casi perfectas, pero esa perfección la alcanzaré con ella. – Dijo la uruae señalando a Kim, quien le miraba con furia a la alienígena que la salvó. – Kim será quien engendre a mis descendientes perfectas, inmunes a cualquier enfermedad y sustancia, incluso a otras uruae, nada podrá detenerme a mi y a mis hijas. –

- No voy a permitir que un ser tan repulsivo como tú se quede con mi presa. –

- ¿No te lo dije antes? Yo la encontré primero. –

La pelea entre ambas siguió y Kim cada vez más se sorprendía de que Saghir estaba haciendo retroceder a la almirante, solamente podía significar dos cosas, la almirante no era tan fuerte como aparentaba o esa alienígena se había hecho más fuerte durante esos años. Todo eso le llenaba de rabia, saber que si se atrevía a atacar a Saghir en algún momento atrás ella hubiera terminado nuevamente como una de sus prisioneras, le daba coraje saber lo impotente que era al lado de esas dos, pero no era momento de lamentarse, tenía que aprovechar el momento así que con todas sus fuerzas logró levantarse y caminar poco a poco hacía la nave. La almirante logró ver por un segundo a Kim tratando de sacar a su hija de su transporte, así que pateó una roca con fuerza lanzándola contra su pierna y provocar que cayera al suelo por el impacto, ganando así unos segundos, pero esa distracción fue útil para Saghir quien la atrapó sus pies con la cola y empezó a azotarla contra el suelo con agresividad, hiriéndola más y más con cada impacto dado hasta arrojarla contra su propia nave.

- Vaya decepción, la almirante encargada de este lado de la galaxia. – Rio Saghir mientras Suarga se presionaba el pecho y limpiaba su rostro bañado de sangre tras la golpiza.

- ¡Maldita lagartija! ¡Pagarás por esto! –

- Tu error fue creer que tu pudieras vencerme cuando yo derroté a su guerrera más fuerte. –

- Jajaja… JAJAJAJA. –

La almirante empezó a carcajearse dejando confundidas a Kim y Saghir, tal vez se había vuelto loca al ver que no podía superar a la uruae, pero no sabían que ella tenía un plan bajo la manga, literalmente hablando, ya que sacó un pequeño intercomunicador mientras se reía y miraba de forma burlesca a su enemiga.


- Aquí, la almirante… Como autoridad máxima de la guardia estelar de esta zona galáctica, ordeno el ataque a discreción contra este planetoide, su líder rompió el acuerdo al atacar a las guardianas Kim y Eve, nativas del lugar y a mi asistente Synrah. – Hablaba la almirante sorprendiendo a Kim por lo que estaba haciendo. – Tomen lectura de mi posición para evitar el fuego aliado. –

- ¡Estás loca! ¿Piensas bombardear mi planeta? –

- Kim ¿Cuántas veces te lo tengo que repetir? Este planeta dejó de ser tuyo hace mucho tiempo. –

- Está mujer… ¿Piensas matarnos a todas por haber perdido? –

- Eres más estúpida de lo que pensé, yo no pienso morir con ustedes… Además, yo nunca pierdo. –


La almirante sacó rápidamente una granada de luz para enceguecer a Saghir, quien como primera reacción fue brincar hasta donde estaba Kim para evitar que se la llevara, pero nunca pensó que el verdadero plan de esa mujer sería descubierto al difuminarse la incandescencia y al escucharse los motores de plasma activándose.

- ¡Noooo! ¡Está llevándosela! – Gritó Kim tratando de moverse, pero Saghir la detenía con la cola.

- Si te acercas esos motores te incineraran… -

- Nos vemos Kim, no te preocupes si no sobrevives, cuidaré bien de tu hija. – Habló la almirante usando los parlantes exteriores de la nave, escapando en cuestión de segundos.

- ¡Esa maldita!... ¡Esa maldita se llevó a mi…!Se llevó a Hope! ¡Maldita seas! ¡Mierda, mierda! –

- Esa enferma… No creo que fuese capaz de orden… - Pensaba Saghir mientras bajaba a Kim al suelo para no lastimar más su cuerpo frágil, mirando al cielo y sintiendo pánico por primera vez. – Esa loca… No estaba jugando. –


Kim levantó la mirada al ver que Saghir estaba temblando y fue cuando entendió el motivo de ese miedo, se podía ver claramente varias esferas brillantes cruzando el cielo, señal de que las palabras de la almirante eran verdad, había ordenado atacar al planeta.

- Mierda… No… Esto debe de ser una broma. – Pensó Kim mientras sentía el dolor de todas sus heridas siendo superadas por el miedo de que todo se derrumbaba frente a sus ojos. – No… Esto no puede ser posible… ¿Qué más quieres de mí, Dios? Mis padres, mi hermana, mi raza y ahora… -
 

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El cielo empezaba a llenarse de bolas de fuego que daban señal de un inminente ataque a todo el globo, situación que hacía que los ojos de Kim se llenaran de lágrimas al pensar en lo poca cosa que era en ese preciso momento al ver como su mundo llegaba a su final. Saghir analizó la situación lo más rápido posible, lo más seguro es que todas sus crías y sus soldados serían exterminados por lo que sería estúpido tratar de rescatar a todas, lo más inteligente era asegurar la nueva progenie que estaba en el vientre de Kalea y huir en la nave en la cual llegaron a Washington, podía intentar llevarse a Kim pero las heridas que ella tenía así como un peso extra le podría causar que no lograra llegar a tiempo y lograr salir de la Tierra, pero tampoco podía dejarla morir, no cuando su sangre podía ser lo más importante a salvar en esa situación y que determinaría una carta de triunfo contra esa mujer. La mirada de Kim lentamente se dirigió a la extraterrestre que agitaba su cola y le miraba extraña, de una manera distinta a la usual lujuria que le presentaba, había tomado una decisión inesperada.

- No puedo dejar que mueras, menos por culpa de esa lunática. – Dijo Saghir mientras se acercaba a Kim quien no podía moverse por el dolor.

- Maldita… -

- Me deberás una. –

Saghir cargó a Kim en su espalda sujetándola bien con su fuerte cola para asegurarse que no se moviera, para salir corriendo en dirección al aroma de las otras humanoides que detectaba cerca del lugar. La rabia de la pelirroja y su tristeza se peleaban en lágrimas de sangre, no solamente no pudo rescatar a esa niña por la que estaba peleando, no pudo protegerse así misma y como colmo, la criatura que más odiaba en toda la galaxia estaba salvándola, no podía sentirse más miserable y más decepcionada de su fragilidad y peor aún saber que le debería su vida a esa enferma uruae.

- ¡Bájame, maldita sea! –

- No te pienso dejar morir, eres de mi propiedad pero si intento escapar contigo no aseguro que llegues con vida, no en tu estado. – Contestó Saghir mientras seguía corriendo y cuidaba de no lastimar a Kim. – Esa maldita me las pagará, te juro que me aseguraré de destrozar su cuerpo en mil pedazos por lo que me hizo. –

- ¡Te odio! –

- ¿Eso importa? – Dijo la alienigena sin parar de correr. – Por fin lo entendí, escuchar a esa mujer me hizo abrir los ojos, tú eres más valiosa de lo que pensaba, no pienso permitir que nadie te toque, tu cuerpo sabe que la primera en marcarte fui yo y nadie más. –


Saghir se iba acercando al grupo viendo que la compañera de Kim estaba tratando a una asthariana, Eve al verla rápidamente tomó su arma así como Alaska, su rostro se aterró al ver a la pelirroja siendo sujetada en la cola y con mucha sangre por su cuerpo, por lo que pensaba que ella le había causado ese daño.


- ¡Suéltala, maldita perra! – Gritó Eve mientras Alaska se acercaba para proteger a Synrah.

- No es buen momento para pelear, no sí quieres ayudarme. –

- ¿Ayudarte? –

- Asegúrate de mantenerla viva, o sino las buscaré y me aseguraré de que su destino sea peor que todas mis hijas, eso si sobreviven. – Dijo Saghir dejando en el suelo a Kim con cuidado, sorprendiendo a las demás.

- ¿De qué estás hablando? ¿Si sobrevivimos? –

- Tenemos que huir… Rápido. – Hablaba Kim soltando un quejido, por lo que Eve corrió rápidamente a socorrerla. – La almirante se llevó a esa niña y ordenó bombardear el planeta. –

- ¿Qué? –

- Las dejo, nos vemos, Kim… No se te ocurra morir. –


Saghir salió corriendo con toda la velocidad posible para buscar a Kalea y Kaé, dejando a las chicas confundidas. Synrah se levantó lentamente con ayuda de Alaska, para acercarse a la pelirroja que empezaba a ser atendida por Eve que tenía el rostro preocupado al ver los ojos llorosos de Kim.


- Perdónenme… No pude hacer nada. – Habló la pelirroja a Alaska y Synrah mientras aguantaba el dolor. – La almirante me… Me destrozó, esa jodida mujer lagarto me salvó ¡Mierda! ¡MIERDA! –

- Mi hija… Ella está… -

- Ella no le hará daño, la necesita… Primero tenemos que escapar de aquí. –

- ¡Pero mi hija! ¡No puedo irme sin ella! – Gritó Alaska desesperada, sintiendo como Synrah la abrazaba con la fuerza que le quedaba.

- Alaska, tenemos que salir de este planeta, o sino no podremos rescatar a Hope. –

- Pero… -

- La almirante tendrá a esa niña en la estación de la guardia, no podrá irse de esta sección espacial ya que tendrá que explicar porque atacó un planeta con tregua… Aargh… -

- No te muevas. –

- ¡Mierda, mierda, mierda! – Gritaba Kim mientras aguantaba el dolor y lloraba de coraje tapando sus ojos. – Esa jodida mujer ordenó bombardear la tierra, todo por ser humillada por Saghir. –

- ¿La almirante perdió? –

- Estaba a punto de perder cuando hizo esta tontería. –

- ¡No perdamos tiempo, vamos a mi nave! – Ordenó Synrah tomando las manos de Alaska. – Te juro que iré por tu hija. –

- Iremos. –


Alaska y Synrah voltearon a ver a Kim, quien descubrió su rostro mostrando aun sus lágrimas pero detrás de ellas había una mirada llena de enojo y determinación. La pelirroja sintió como Eve le tomaba la mano y se la apretaba suavemente para hacerle entender que estaban juntas en esto, en lo que de seguro sería lo último que les quedaba de esperanza.


- Iremos por Hope, cueste lo que cueste, la recuperaremos. –

- Alaska ¿Cierto? ¿Puedes ayudarme? – Dijo Eve acomodándose a un costado de Kim. – Levántala del otro lado. –

- Ayúdala, yo estoy bien. –

- ¿Segura? –

- Si, Kim tiene razón, la almirante tenía mucho interés en tu hija y no creo que le vaya a causar daño, menos cuando el motivo principal del porque quiere a Hope es su madre de sangre. – Comentó Synrah calmando a la joven, quien asistió a Eve para cargar a Kim.


Las cuatro mujeres caminaron lo más rápido posible hacia la nave de Synrah, mientras avanzaban empezaban a escuchar las explosiones que provenían de todos lados, seguramente el último punto de impacto sería aquel lugar por el puro hecho de que Kim se encontraba ahí, a quien la almirante veía como su principal trofeo. El equipo logró ascender a la nave y Synrah, aun con el dolor de sus heridas, tomó control de ella para poder despegar a toda marcha, teniendo en mente dirigir su viaje hacia Asthar al poner el piloto automático, debía volver a su planeta natal, debía explicarles a los altos mandos el peligro que significaba la almirante Suarga para su gente no sólo por traicionarla, sino por el pensamiento en contra de todos los principios establecidos en los acuerdos que tuvieron con la guardia estelar.

- No te muevas tanto, tengo que revisar que no tengas huesos rotos. – Dijo Eve recostando a Kim en una camilla y usando el sistema para analizar su cuerpo.

- Oye… Alaska. –

- Si… - Susurró la joven aun con la mente dispersa al temer por su hija, cruzando la mirada con esa pelirroja que era la viva imagen de ella.

- No agaches la cara, aunque me cueste la vida, tendrás de vuelta a Hope. –

- Y yo me aseguraré de que regreses con vida. – Habló Eve acariciando la mejilla de su novia quien seguía llorando. – Kim. –

- No voy a permitir que me quiten más, no de nuevo, Eve. –

- No lo permitiremos, ninguna de nosotras. –

- Hope… Hijita. – Susurraba Alaska apretando sus manos por los nervios, sintiendo las manos de alguien más acariciándolas. – Synrah. –

- Te lo juro por mi vida, la recuperaremos. –

- Tengo miedo… Tengo miedo, no tengo nada más porque pelear, solamente ella, Synrah. –

- Así como nosotras. – Dijo Kim a la joven quien volteó a verla. – Nuestro mundo, nuestras familias, nuestra especie, esas malditas nos han arrebatado todo, no dejaremos que nos quiten lo último de nosotras. –

- Lo último de nosotras. –

- Lo último de nosotras. – Sonrió Synrah al besar las manos de Alaska y frotarlas para calmarla, provocando que ella sintiera un poco de alivio.

- Gracias a todas, se los juro, haré lo que sea por su ayuda. –

- No ocupas hacer nada, ahora estamos todas juntas en esto. –


Las cuatro mujeres tomaron sus manos para reafirmar su juramento, aunque cada una tenía sus motivos y principios, las unía una cosa en mente, recuperar a Hope, la niña que llevaba el nombre de lo único que les quedaba al ver desde las ventanillas como las explosiones empezaban a cubrir al planeta Tierra.

Pasaron varios minutos desde que el bombardeo empezó y Kim había logrado escapar con las demás, pero no eran las únicas fuera de la Tierra, había dos naves más, la que pertenecía a la almirante quien disfrutaba de ver como su plan se llevaba a cabo mientras que la otra nave se dirigía a Marte sin ser detectada, desde la cual una pequeña uruae miraba con furia como su breve reino llegaba a su fin por esa maldita mujer a quien debió matar en su momento. Saghir se quitaba su disfraz de serpiente que siempre usó como si fuese su ropa de gobernante, dejándola caer al pensar que no era momento de vestirla.


- Padre, mamá ya se quedó dormida. – Dijo Kaé a Saghir quien miraba desde la ventanilla el planeta que abandonaban. – Ella no dejaba de gritar por Stephany. –

- Por fin tenía algo que me hacía sentirme feliz, tenía un planeta a mi gusto, no le hacía daño a nadie, esa maldita militar me arrebató todo. –

- ¿Dónde viviremos ahora? –

- Volveremos a la Tierra cuando considere que sea acto regresar. – Contestó Saghir apretando sus puños al mismo tiempo que daba un coletazo al suelo. – Pero antes, me aseguraré de que esa mujer sufra por cada una de tus hermanas, por cada una de mis hijas. –

- Lo haremos juntos, padre. –

- Recuperaré aquello que nos une, Kim. – Pensó la alienígena mientras se daba la vuelta para dirigirse a la cabina de control. – Me veían como un monstruo, les daré razones para creer que lo soy. –








o3o Y aquí termina esta parte .
 

تالف و مكسور تماما
Moderador
De este Apophis me gustan Synrah y Alaska :3 Las dos son buena gente y hacen bonita pareja.
Cabe decir (aunque ya lo sabes) que Kalea me sigue dando lástima, en esta parte por lo menos. Qué mal está la pobre.
 

O-O¬ Baton pass!!
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De este Apophis me gustan Synrah y Alaska :3 Las dos son buena gente y hacen bonita pareja.
Cabe decir (aunque ya lo sabes) que Kalea me sigue dando lástima, en esta parte por lo menos. Qué mal está la pobre.
Hoy iré subiendo la cuarta parte :d y también de Biomechanical jaja.
:3 Son lindas las dos, :d y la hija que tienen está preciosa jaja.
 
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