+18 Original Fic Asilos Magdalena -Epílogo-

O-O¬ Baton pass!!
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:3 Hola de nuevo, les traigo una nueva historia que espero lo disfruten, :3 es un fic que le he tomado mucho cariño desde su concepción, owo sin más que decir, empecemos.




Hoja 1




Los países bajos acababan de librar un conflicto separatista que llevó a la independencia de Bélgica y la separación de las regiones en dos secciones, Holanda del Norte y Holanda del Sur, 1843 era una fecha compleja para vivir dentro de los estados que conformaban a ese gran pedazo de tierra que comúnmente era mal llamada Holanda, por ser el integrante más importante y relevante en Europa. Los problemas traídos por la influencia de Francia así como de los movimientos ideológicos de Inglaterra llevaron a grandes problemas en toda la región, solamente los burgueses, eclesiásticos y nobles lograban sobrevivir a costa de los villanos, pueblerinos y esclavos, situación que no cambiaba alrededor del mundo ya que los Estados Unidos de América tenían sus conflictos que llevarían pronto a una guerra civil.
A pesar de todos los problemas que podría haber fuese por la influencia victoriana, napoleónica o las nuevas corrientes ideológicas en Europa, había una familia que lograba mantenerse en auge en Amsterdam, la casa Mannes, hábiles comerciantes desde siglos atrás, conocidos por sus negocios que llegaban a Italia así como la peculiar característica en la mayoría de las mujeres de la familia, un gen pelirrojo, en algunas culturas eso era señal de lujuria, mala suerte, para otros, señal de belleza, erotismo y pureza, considerando que la Reina Isabel I, una de las más influyentes de la historia, se supo que era pelirroja. No era nada extraño que esa cualidad en sus bellas integrantes fuera aprovechado por la familia para hacerse de favores y puestos entre los países, incluso la más pequeña de ellas con apenas doce años ya estaba en la mira de varios nobles, sin saber que su historia tendría un rojo distinto al de su cabello, la sangre sería derramada, en pos del amor que ella ocultaba.
Aún no madrugaba el Sol pero los cantos de las aves ya se escuchaban, bastante como para que alguien despertara de su lecho y cubriera el cuerpo desnudo y pálido de una niña de cabello rojo brillante. Esa persona de aspecto andrógino de gran estatura, empezó a vestirse con sus ropas de mayordomo, colocando unos vendajes negros para ocultar unos senos casi planos, terminando su arreglo con una bolsa de arroz dentro de una tela que acomodaba en la zona de la entrepierna para simular su masculinidad. Mientras abrochaba los gemelos de su saco, los ojos verde jade de aquella infante se asomaban mirando hacía esa joven que se vestía como hombre, siendo notada por ella que le sonrió tenuemente y dejó escuchar una voz masculina con tintes de mujer.


- Siga durmiendo, señorita. -


- ¿Por qué tienes que irte tan temprano? El reloj Cucú apenas marcó las cuatro de la mañana. - Dijo la pequeña extendiendo su mano al momento que esa chica se sentó al borde de la cama y se la tomó.


- Le he dicho, tengo que irme temprano o levantaremos sospechas. -


- ¿Tan malo es lo que hacemos? No he dejado de ser virgen, aún puedo ser desposada. -


- No se trata de sólo eso, es cuestión de principios. -


- Ya veo. - Susurró la pelirroja tomando con sus dos manitas la mano aspera y llena de cicatrices de esa chica, acercándola a su mejilla. - Oliver ¿Cuándo me dirás porqué tus manos están tan lastimadas? -


- Ya le dije, de niño siempre me tocaba ir por la leña. -


- Eso es mentira, tú no eres buena mintiendo. -


- Yo no le mentiría. -

Oliver, como se llamaba esa joven menor a los veinte, se agachó un poco para besar lentamente en la boca a su señorita, de nombre Rin, surgido del Río Rin de ese país, algo normal en la familia que solía llamar por tradición a las mujeres con nombres de cuerpos de agua. La castaña se separó lentamente de ella y frotó su mejilla con mucho cariño, antes de alejarse para tomar sus guantes negros.


- Duerma, más al rato vendré a traerle el desayuno. -


- Me gustaría almorzar con mis padres al menos un día ¿No te han dicho cuando podré? - Preguntó Rin con una mirada algo melancólica.


- Les preguntaré cuando pueda, ellos insisten en que no debe de ser mostrada al público, es la menor de las Mannes y quieren causar impresión cuando la presenten ante la sociedad. -


- Pero, ni siquiera me dejan salir al jardín. -


- Usted sale conmigo al jardín, ayer compartimos té en él ¿No lo recuerda? -


- Me refiero a jugar, a pasear por él, yo sola. -


- ¿Acaso no le gusta mi compañía? -


- Basta, Oliver. - Dijo la pelirroja frunciendo un poco el rostro al cubrirse con la sabana. - Sabes de que hablo. -


- Perdóneme, señorita, son órdenes. -


- No, perdóname a mí, no es tu culpa, eres la única que se preocupa por platicar conmigo, la única amiga que tengo… -


- Me siento dichosa de que me considere su amiga. - Contestó Oliver haciendo una reverencia, antes de tomar su sombrero. - Nos veremos en unas horas. -


Oliver salió de la habitación siendo lo más silenciosa posible, habilidad que la adquirió a partir de su trabajo de mayordomo, alejándose rápidamente para su casa, un pequeño cuarto cerca de las escuadras que alguna vez le perteneció a su hermano, él antiguo protector de los herederos Mannes. El interior de ese cuarto de no más de cuatro por cuatro metros tenía muy poco que mostrar, un armario, una cama, un buró, un reloj de péndulo, una chimenea con una estufa anexa que por el color del metal se le notaba mucho tiempo de uso, no pedía más, suficiente era tener un lugar donde descansar para tener fuerzas y seguir cuidando de Rin.
Aún faltaban un par de horas antes de que el trabajo rutinario empezara, su padre no tardaría en llamarle al ser el mayordomo en jefe, así que tenía que quitarse de nuevo la ropa y recostarse para fingir haber estado ahí toda la noche, ocultando un día más los encuentros que tenía con esa niña a su cargo. Rin Mannes, su delirio, no sabía si era por haber sido criada como hombre que se fijó en una mujer o si siempre fue así, ni le interesaba saberlo, la conoció cuando apenas tenía ocho años y se encariñó con ella, al principio pensó que era por su trabajo o por verla como una hermana menor, al llegar a sus once primaveras y su cuerpo fue mostrando las señales de que se convertía en una mujer, esa visión cambió por completo. Nadie podía saberlo, sería una locura para su familia o la de ella, pero tras convivir con ella se dio cuenta que Rin era reciproca o tal vez, confiaba bastante en su persona como para ser su mentora en las artes amatorias que algún día tendría que otorgar a quien la desposara.
Las horas pasaron y ya se podía ver a Oliver vistiéndose de nuevo, viendo en el reloj que faltaban diez para las siete, estaría a tiempo para el pase de lista y las ordenes del día, aunque su trabajo era enfocado a cuidar de Rin, de vez en cuando tenía encargos por parte de sus padres, a los que agradecía en su mente al no haberle conseguido algún compromiso a la pequeña, sería complicado para ella poder estar cerca de su protegida cuando ya tuviera un esposo y otro hogar, solamente pensarlo le causaba tristeza e impotencia.

- El señor Edna nos llama de urgencia, Oliver. - Habló la voz de un hombre fuera de la casa.


- No tardo. -

La joven recogió su cabello y se colocó su sombrero de estilo cartero para salir de su cuarto, caminando en dirección de la entrada principal de la mansión Mannes, donde ya estaba una fila de sirvientas y otra de mayordomos listos para acatar las tareas. Al frente de todos ellos había un hombre de mediana edad, tan alto como Oliver, con un cabello castaño asomando muchas canas y un rostro que daba las señas de estar emparentada con ella.

- Tenemos que dar una buena impresión de la casa Mannes en esta mañana, el señor acaba de avisarme que vendrá una diligencia por parte del archiduque de Austria, está interesado en desposar a la señorita Rin. - Comentó el señor de apellido Edna, provocando que los ojos de Oliver se dilataran por la noticia. - Hagamos un buen papel, quiero que vayan por lo mejor del mercado, no escatimaremos en gastos, la señora quiere una comida de primera para los invitados, ustedes, vayan a buscar al mejor violinista de la ciudad, escuché que el heraldo del archiduque es gustoso de los instrumentos de cuerda así que será un gran recibimiento para él. -


- !Ya escucharon al señor Edna, vamos! -


El conjunto de trabajadores se movió rápidamente hacía sus labores, dejando solamente a la joven “varón” junto a ese hombre que le miró extrañado por ver que ella no mostraba señales de ponerse en marcha.


- Oliver, tus instrucciones son las más importantes, asegurate que la señorita se vea lo más presentable posible para el almuerzo, la señora no podrá ayudarle porque tiene que comprarse un vestido para la ocasión. - Dijo el hombre acercándose a ella, tomando sus hombros. - Hijo ¿Te sientes bien? -


- Estoy bien, papá… Sólo… ¿No es muy pronto? La señorita apenas cumplió los doce años. -


- Vivimos en tiempos complicados y que la familia se una a la nobleza de Austria asegurara que los señores tengan una vida más digna, lo que significa que nosotros sigamos con trabajo. -


- Lo sé, pero la señorita Rin aún es una niña. -


- El archiduque escuchó los rumores sobre su belleza, él sabe que aún es una infante pero no quiere arriesgarse a que alguien se la gane. - Habló el padre abrazando a su “hijo” para darse una vuelta. - Además, en Austria ven a los pelirrojos como un milagro de la naturaleza, una bendición, presentar a una futura reina de cabello rojo fuego sería una manera de que su pueblo se sienta tranquilo. -


- Aún así, creo que no es momento. -


- Eso no lo decides ni tú ni yo, muchacho, es decisión de sus padres, nosotros solamente hacemos lo que nos ordenen. -


- Ya lo sé. - Contestó Oliver agachando su rostro para ocultar su enfado frente a su padre.


- Deja de pensar en tonterías y ve a despertar a la señorita, sí haces un buen papel podrías lograr convencer al archiduque de servirle, imagínate, mi hijo sirviendo para la nobleza. -


- Sí… Tu hijo. -

La joven solamente decidió ir en busca de Rin, sintiendo que el mundo se le iba encima ¿Por qué el mundo funcionaba así? ¿Por qué todos buscaban siempre prestigio, riqueza y poder olvidándose del amor? La nobleza y la burguesía ignoraban amar, eso parecía. Mientras caminaba iba recordando la primera vez que la tocó, era un baño como todos los demás, limpiando su pequeño cuerpo desnudo, fue un desliz que le hizo recorrer hasta sus zonas más delicadas, cuando vio que en su rostro ruborizado no había señal de molestia, esas manos se convirtieron en enredaderas conquistando su piel y su boca un gorrión alimentando a un polluelo con besos, Oliver descubrió esa vez que amaba y deseaba a Rin ante todo, así como supo que la señorita también sentía mucho por ella, aunque igual le seguía la duda de si la veía como un romance o como la amiga que le hizo conocerse más de si misma.
La puerta de siempre, la hora de siempre, pero no era la misma sensación ni el ánimo de abrir, no le gustaba dar malas noticias y esa era la peor que podía darle a ella, era su trabajo, se repetía, se lo prometió a su papá, se lo decía así misma, no obstante, dolía como nada que haya sufrido. Entró a la habitación y vio que esa señorita de cabello rojo ya estaba despierta, mirando por la ventana con mucha timidez al estar en camisón.


- Buenos días, señorita, debería de retirarse de la ventana, no está con prendas para ser vista. - Dijo Oliver tratando de actuar como siempre.


- Hay mucho alboroto afuera, Oliver ¿Acaso pasó algo? -


- Vendrán visitas muy importantes, una diligencia del archiduque de Austria. -


- ¿Qué busca el archiduque en nuestras tierras? ¿Hará negocio con mi padre? - Preguntó Rin dándose vuelta, notando que los ojos de su asistente parecían querer llorar.


- El archiduque quiere desposarla, señorita. -


- Oh… ¿Y mis padres que dijeron? -


- Ellos parecen contentos con su propuesta. -


- Ya veo… -


- Me pidieron que esté lista para el almuerzo, tendrán una gran bienvenida en el comedor y la quieren presente. -


- Al menos hoy si comeré junto a mis padres. - Río tenuemente Rin, provocando que Oliver apretara sus puños al pensar en lo triste que era.


Como asistente, nunca se apartaba de esa niña más que en las noches de descanso, al menos eso pensaba la gente que no sabía de sus encuentros nocturnos, por eso sabía bien que la familia Mannes tenía un trato hacía ella casi abusivo, apartada de todos como si fuese un fenómeno, ignorara por sus padres, maltratada por sus primos, su aspecto de infante era dispar a comparación de las demás integrantes que solían lucir como bellas mujeres a temprana edad, quizá ese era el motivo de que sus papás sintieran vergüenza de ella o solamente eran así por verla como una moneda más de transacción, educada para servir, obedecer y agachar la mirada.


- Señorita, no tiene que aceptarlo, usted no ha llegado a la edad para ser desposada. -


- Lo sé, Oliver, pero si mis padres son felices con esto, lo aceptaré, tal vez así ellos… - Susurró Rin agachando un poco el rostro para luego sonreír forzadamente. - Ellos me van a querer ¿No lo crees? -


Oliver sintió que le atravesaban el corazón, esa sonrisa no era la de ella, era una falsa, podía ver en esos ojos verdes las ganas de llorar cuando hablaba sobre sus padres. No pudo más y abrazó con fuerza a Rin, quien ocultó su rostro en el cuerpo de la sirviente vestida de hombre, para no ser vista llorando.

- No lo acepte, por favor. -


- No tengo opción. -


- Usted siempre me ha dicho que odia como tratan a los esclavos, a los siervos, porqué ahora que la quieren tratar como un objeto no se ve molesta. -


- Porqué mis padres así lo decidieron. - Dijo la pelirroja jalando el saco de Oliver tímidamente. - No quiero, pero no tengo opción. -


- ¿Y si hubiera una opción? Por más imprudente y peligrosa que sea, sí hubiera una opción para que usted no esté con alguien que no quiere ¿La tomaría? -


- ¿Por qué me dices todo eso, Oliver? -


- Porque quiero su felicidad… -


- Gracias. - Sonrió Rin separándose un poco de su sirvienta. - Ayúdame a arreglarme ¿Si? -


- Señorita. -


- Vamos, hay que pensar que tal vez no pase nada, dudo que el archiduque esté interesada en una niña como yo, no soy para nada bonita. -


- Usted es la más bella de todas estas tierras, lo sabe bien, se lo digo como quien ha sido su instructora en el arte del amor. -


- Oliver, te pedí que no digas eso, no a estas horas, podrían escucharnos. -


- Lo siento… -Respondió Oliver pidiendo una disculpa al agacharse, quedando pensativa. - Si se enteran, no sólo a mi me colgarían, a usted podrían… Ni siquiera quiero pensarlo. -


- Levántate y prepara mi ducha, estoy segura que pasará como te dije. -


- Confió en que así sea. -


- Por cierto… Gracias. - Susurró la pelirroja a la castaña tomando sus manos. - Por siempre preocuparte por mí, aunque se que es tu trabajo yo… -


- No lo hago porque sea mi trabajo, yo… -


- ¿Si? -


- La amo. -


Rin se ruborizó por el comentario, sabía bien que Oliver no era un hombre aunque lo aparentara, era una chica con la cual compartía un afecto especial que le llevó a curiosear y darse cuenta que le gustaban las mujeres, pero eso era algo que se consideraba desviado y por eso era el secreto mejor guardado que tenía. A pesar de todo ese secreteo entre las dos y las noches en que ella le hacía conocer los rincones más delicados de su ser (sin llegar a desvirgarla), nunca se habían dicho palabra alguna sobre amarse o quererse, que lo dijera justo en ese momento hacía pensar a Rin que no era justo ¿Por qué ahora?
No hubo más palabras entre ellas que no fueran sobre su baño y vestimenta, la castaña pensó que tal vez no le hizo gracia el comentario por el momento en que se atrevió a decirlo, quizá no sentía lo mismo y lo suyo fue mera curiosidad, todo ese silencio y duda le carcomía las entrañas y le causaba un dolor agónico. Antes de que la dejara en el pasillo que iba al comedor principal, Rin le dio un pedazo de papel hecho bolita en la mano, estaba tan distraída en sus pensamientos que no recordaba verla tomar ese papel, al abrirlo, sintió como si toda su vida volviera y se fuera en un vaivén de tristeza y alegría.


- “También te amo, fue lindo tener nuestro sueño de amor, perdóname, Oliver. “ -

Ese papel fue guardado con mucho cuidado en el mismo bolsillo donde guardaba su reloj de ferroviario, como si fuese un gran tesoro. Ella la amaba, la amaba de verdad, no tenía que ser así, alguien que no era feliz no merecía ser más desdichada y ofrecida como carne de cañón, como si su único motivo para estar en esa mansión fuese ser una moneda de cambio. Si tan sólo hubiera una opción, una oportunidad para asegurar que su sonrisa no se borrara o fuese entregada a alguien más.
El almuerzo fue llevada tal cual los padres de Rin desearon, con los mejores músicos de la ciudad, la mejor comida, todo para entretener a los mensajeros de Austria, parecía un pequeño festival, pero no lograron convencer del todo al heraldo, por mejor que se viera todo, el motivo de su presencia no era el esperado, aquella belleza estaba ahí, era linda no obstante, el detalle era su apariencia tan infantil, no estaba convencido de que tuviese las doce primaveras.
Cuando todo se calmó y la señorita de la casa se fue a su habitación, Oliver se quedó en los pasillos barriendo el papel picado y las rosas que usaron para la bienvenida, no podía ocultar una leve sonrisa al notar lo evidente, aquel enviado no estuvo contento, para ella, Rin era la chica más bella de todas, pero era normal que para otros fuese tan sólo una chiquilla.

- Es verdad que nuestra hija es algo pequeña aún, pero es como todos, crecerá. -


- No creo que sea lo que busque nuestro señor, le prometieron una doncella y aunque la señorita tenga un rostro muy lindo, dudo que sea de su interés, ni siquiera parece estar lista para poder dar un heredero. -


Oliver alcanzaba a escuchar esas voces, eran el padre de Rin y el heraldo, con mucho cuidado de no ser descubierta, espió la conversación, estaba confirmando que no tenían interés en su amada y era suficiente para que su corazón quisiera brincar de emoción.


- Por favor, reconsidérelo ¿Qué le parece si ayudó a la construcción de los caminos que querían poner en Luxemburgo? Sé que tuvieron dificultades en su viaje. -


- No estaría mal, mi rey no está para hacer uso de nuestras riquezas en tierras de paso. -


- ¿Qué dice? - Hablaba el hombre frotando sus palmas. - Podemos ampliar los caminos hasta Holanda del Sur, sería perfecto para el comercio y los acercaría a los mares del Norte, donde tendría usted su propio muelle. -


-Se ve que siempre tiene una visión comercial, señor Mannes, considere que de mi parte, hablaré maravillas de su hija. -


- !Muchas gracias! -


La sirvienta apretaba su escoba crujiéndola un poco, llena de furia y rabia, estaban tratando con Rin como si fuese un objeto, la chica que amaba era negociada de forma descarada y sin que su padre sintiera remordimiento de lo que hacía. Era suficiente, no iba a permitir que le hicieran eso a su protegida, no le importaba que tuviera que romper su código al servicio de los Mannes e ir en contra de su padre, el corazón de Rin se abrió a ella y por esos sentimientos, se aseguraría de darle la libertad y felicidad que siempre mereció. Ya había encontrado una opción, aunque estuviese manchada de sangre.







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¿Podrá Oliver librar a su pequeña amada de ese trato? oAo Ya lo sabremos.

 

PRAISE THE SUN!
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Uff, justo cuando ya casi había olvidado a los Mannes (que hijos de pvta). Se viene un buen drama
 

O-O¬ Baton pass!!
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Uff, justo cuando ya casi había olvidado a los Mannes (que hijos de pvta). Se viene un buen drama
owo En sí, está historia es la primera que habla sobre como eran los Mannes, u3u una historia nunca contada que ocurre mucho antes de lo demás. Rin es ancestro de todas las pelirrojas owo así como la primera en tener ese trastorno de crecimiento owo que hace que la mayoría de las pelirrojas Mannes sean pequeñas con un aire infantil o que luzcan muy jóvenes y se coman bastante años.
PD: Físicamente, Rin comparte rostro y apariencia con Cris (más no la personalidad :d) , del fic de la oficina owo y que pronto subiré la segunda temporada.
 

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Más cosas para leer. Me gusto bastante el tono sombrío de las historia, es interesante ver el lado más oscuro de los Mannes
 

O-O¬ Baton pass!!
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Más cosas para leer. Me gusto bastante el tono sombrío de las historia, es interesante ver el lado más oscuro de los Mannes
:3 Espero te guste, ya voy a terminar la historia (en mi archivo de word) he iré subiendo capis con las debidas correcciones y mejoras.
 

O-O¬ Baton pass!!
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Hoja 2



Ser la única hija en uno de los brazos de la familia Mannes era un gran peso, nacer con características que para esa época eran una maldición, tener un corazón incapaz de juzgar u odiar el rechazo era una tortura, todo era así, hasta que Oliver apareció en su vida. Desde que tuvo uso de razón fue capaz de notarlo, su familia la miraba distinto a los demás, sus padres parecían ignorarla todo el tiempo, no entendía porque, solamente se acercaban a ella para reprimirla cuando la veían escribir con su mano izquierda o por tartamudear. Sus primos y tíos no eran distintos, solía ser maltratada por los demás niños en las fiestas familiares, la tiraban al suelo, le jalaban el cabello, la golpeaban, la solían encerrar en cofres, roperos y barrilles, al punto de crearle una fobia a los espacios cerrados, todo eso mientras los adultos ignoraban, después de todo, era el fenómeno de los Mannes, como solían llamarle. Ningún doctor pudo explicar porque no mostraba señas de un crecimiento “normal”, ya tenía siete años y su altura era bastante pequeña comparada al resto de los niños Mannes, incluso entre el promedio de la altura que había para esa edad en los Países Bajos, la ciencia no estaba tan avanzada en esa era para que pudieran saber que Rin era la primera en tener un gen que le generaba es condición, por lo que solamente llegaban a la conclusión de ser un capricho de la naturaleza.
Para sus ocho años, Rin entendió que su vida sería así, sin afecto real, sin una familia verdadera, solamente estando ahí por la compasión de sus padres, aunque en el fondo ellos se resignaron porque sería vergonzoso que la gente sospechara una extraña desaparición de su única heredera. Los días se basaban en comer, dormir, comer, dormir, encerrada en su habitación, de vez en cuando sacada al jardín donde se le ordenaba estar sentada solamente para luego volver a ser aprisionada, no hablaba con nadie, no tenía con quien hacerlo, incluso los trabajadores que sentían algo de pena por esa niña de rasgos lindos y delicados evitaban acercarse por el miedo de recibir un reclamo por parte de los patrones. Fue un día más de esos en que la puerta de su habitación se abrió y vio al señor Edna, el mayordomo en jefe, acompañado de un alto joven de rostro muy bello y serio, por el uniforme pensó que sería un nuevo sirviente.



- Buenos días, señorita. -


-Buenos días, señor Edna. - Habló Rin dándose vuelta dejando de dibujar para prestar más atención.


- Le presento a mi hijo Oliver, desde hoy él estará a cargo de cuidarla, cualquier cosa que necesite puede ordenárselo. -


- Buenos días, señorita, cuidaré de usted a todo momento. -


- Hola… Oliver. - Susurró la pelirroja viendo como ese joven se arrodillaba frente a ella y tomaba su mano para besarla, sonriéndole.


- Encantado de conocerla. -


- El gusto es mío. -


La sonrisa de Oliver aunque parecía más una mueca, era cálida, la forma en que le miraba era dulce y le creó confusión, nadie más le miraba como lo hacía él. Al principio, su timidez le hacía intercambiar una o dos palabras a lo mucho con él, pero al pasar el tiempo, vio que era muy amable y atento, siempre le preguntaba como se sentía, si ocupaba algo, estaba ahí para ella, no le importaba si era un trabajador de su familia, estaba ahí como nadie más lo hizo. Además de su compañía, algo cambió, sus primos ya no la molestaban, era como si la mera presencia de ese alto joven que les miraba con reprobación los mantenía a raya. Oliver era distinto a todos, sentía que podía soportar esa soledad con su compañía, al salir ya no podía evitar abrazar su brazo, temiendo que pudiera irse aquella persona que le hacía sentirse un poco feliz en esa jaula de cristal.
Así pasaron tres años, Rin creció un poco más hasta lucir como una bella muchachita pero seguía el inconveniente de su estatura 4.3 pies (1.30 metros), bastante diferente a todas sus primas de misma edad que llegaban a los 5 pies y ya lucían como damas listas para el matrimonio, eso fue el colmo para sus padres, ver como hombres de fama y riqueza cortejaban a las señoritas de la familia al mostrar ya una belleza en potencia, mientras que su hija “deforme” era ignorada por todos. Quizá en otro tiempo la pelirroja hubiera caído en depresión, pero era por Oliver que no decaía, menos cuando al preguntarle si ella era bonita, siempre le contestaba con una sonrisa “Lo es, señorita, es la chica más bella para mí”. A esa edad lo comprendió, su primer amor, su primer príncipe encantado, ese era Oliver, su sueño de amor, que más de una vez la rescataba de su prisión para buscar un lugar donde amarse.
El sentimiento que nació en el corazón de Rin le hizo volver a sonreír, aunque tenuemente, sonreía por Oliver, que siempre estaba desde temprano para despertarla tomando su mano, mirándole solamente a ella. Fue ese mismo sentimiento que le llevó a atravesar el límite de lo debido, en una de esas tantas mañanas que recibía su baño rutinario en manos de su sirviente, estaba acostumbrada a ser bañada por él desde niña y ya era capricho de ella pedirle que lo siguiera haciendo, sabía que no estaba bien al estar cerca de su edad para contraer nupcias, pero sentir las manos ásperas y cicatrizadas de ese chico le hacían sentir apreciada, manos que lentamente se acercaron a sus lugares más delicados, su vagina juvenil (casi infantil siendo más exactos) y sus minúsculos senos, ella le miró entre suspiros, no dijo nada, le invitaba, quería estar con él. Fue una sorpresa al estar con él desnuda en la bañera, descubrió algo que nunca creyó posible, Oliver era mujer, lo notó rápido por esos senos firmes sin ser redondos y su pubis llena de vello, aunque su cuerpo marcado por los músculos, cicatrices le hacían ver varonil. A pesar de que le impresionó saber que su primer amor era una chica, eso no cambió sus sentimientos, las caricias de ella sobre su cuerpo y la manera en como le brindó su primer beso le hicieron feliz, se sentía amada así como amaba a esa asistente.
Ese año fue maravilloso para la pequeña pelirroja, las mañanas siempre estaba en compañía de Oliver en su habitación, a veces en el jardín cuando le permitían salir y en las noches, su amante secreta llegaba a brindarle una lluvia de caricias y besos sin llegar a tratar de invadir su castidad, la curiosidad y deseo de Rin le llevó a preguntarle porque no lo hacía y le respondió con una sonrisa que aún no estaba en edad, tal vez, porque era común hasta los trece ser desposada.
La noticia que le llegó de tener un hombre con interés hacía ella le cayó como agua fría, la cara de Oliver también dejaba claro que no estaba contenta con eso, no tenía sentido que de la nada hubiera alguien que se fijara en una chica más cercana a niña que mujer, pero estaba de por medio la aceptación de sus padres que aún le ilusionaba un poco, que un día le dieran el amor que siempre le negaron. Antes de presentarse en ese almuerzo de bienvenida, escuchó de voz de esa joven algo que todo el tiempo quiso escuchar, Oliver la amaba, la amaba como ella lo hacía también, pero tuvo miedo de decirlo así que dejó que una nota fuese quien compartiera el mensaje, le dolía pensar que esa petición de mano arruinara su primer y único sueño de amor. Para fortuna de la señorita, los hombres que venían como representantes de aquel noble no parecían interesados en ella, era un alivio bastante grande como para regresar a su habitación con una sonrisa y una calma en su corazón al saber que seguiría al lado de Oliver, sin saber que había aún planes de por medio para su vida.
En la tarde de ese mismo día, casi cayendo el Sol, Oliver se veía frente al espejo, sería la última vez que estaría en la pequeña choza que alguna vez le perteneció a su hermano que llevó su mismo nombre. Nació con el nombre de Olivia, tomó el nombre de Oliver cuando su hermano mayor falleció once años atrás en un asalto en medio de un camino, primogénito de la familia Edna al servicio de los Mannes desde un siglo atrás. La decisión de tomar ese nombre y ser educada como un varón fue de su padre, ya que al no tener otro hombre en la familia y su esposa no parecía estar esperando pronto, no tuvo otra opción que criar a su hija para ser el próximo sirviente, teniendo que enseñarle como ocultar su femineidad. Lo hizo bastante bien por todos esos años, nadie sospechaba de ella, solamente los señores sabían de su secreto y por eso confiaron en “él” la protección de esa niña que tenían encerrada.



- “Cuando encuentres a alguien que te haga feliz, con quien desees compartir la vida, me gustaría verte usar esto. “ - Recordaba Oliver las palabras de su hermano al ver un par de aretes que le dio días antes de morir.



Ella no recordaba cuando fue la última vez que usó aretes, quizá fue a los ocho cuando su hermano falleció o desde antes, pero ya tenía motivo para volver a usarlos. Calentó una aguja frente a una vela y perforó sus lóbulos con cuidado para ponerse el obsequio de su hermano, se colocó sus guantes y vio la hora del reloj, pronto sería el momento de la verdad, sabía bien lo que hacía, ganaría el odio de su familia, de la familia de Rin, posiblemente del mundo entero, le importaba un carajo, no podía vivir en una mansión y en una ciudad donde la chica que amaba sufría y era tratada peor que un leproso, en un sitio donde no podían consumar su amor, más ahora que sabía que también la amaba. Guardó varias prendas en un bolso grande, así como seis bolsas llenas de florines entre monedas, billetes y y bonos que había ahorrado, ropa que había comprado para su señorita en la ciudadela para preparar su escape, algo de ropa para ella y pasar desapercibida, por último se colocó un cinturón con dos fundas para un par de pistolas de pimentero que tenía por si había un intento de robo o agresión en la mansión.


- Oliver… Ya tengo quien me hace feliz, ahora debo de asegurarme de que ella lo sea. - Pensó la joven al verse por última vez al espejo.



La noche llegó y todo estaba en gran silencio, a pesar de eso, una sombra se movía con cuidado entre los arbustos, logrando entrar a la casa con uso de una llave maestra. La figura se movió rápidamente en los pasillos en dirección de la habitación de la señorita Mannes y tras asegurarse de que nadie estuviera de testigo, entró con cuidado y cerró la puerta evitando hacer ruido. Con pasos ahogados caminó hasta la cama de su amada, acariciando su mejilla para despertarla.



- Oliver… Perdón, pasó la hora de siempre y me dio sueño. -


- Shh… - Susurró la joven tapando con sus dedos los labios de Rin y acercó su boca al oído. - No hagamos mucho ruido, tengo que sacarla de aquí. -


- ¿De qué hablas? -


- Shh… -


- ¿De qué hablas? - Murmuró Rin mientras Oliver le levantaba con cuidado de su cama.


- El heraldo de Austria no quedó contento con la propuesta de su señor padre, él hizo un acuerdo para que la desposen. -


- ¿Mi papá hizo eso?-


- No necesitamos guardar nada, pienso llevármela. -


- Espera… ¿Llevarme a donde? -


- Señorita, no pienso dejar que usted sea una moneda de cambio, no lo permitiré. - Dijo Oliver mirando seriamente a la pequeña al tomar sus manos. - La amo y sé que me ama, no dejaré que usted esté al lado de alguien que no la ama. -


- Pero no es nuestra decisión, yo… -


- ¿Usted quiere seguir así? ¿Encerrada y sin conocer que hay ahí afuera? -


- Yo… Es que, lo nuestro… Somos mujeres… Amar así está mal. -


- Señorita… ¿Cómo puede decir que nuestro amor está mal cuando nadie le ha dado el amor que yo le doy? - Habló la castaña con una sonrisa y algo de lágrimas al sujetar las mejillas de Rin.



Los ojos de Rin se empezaban a llenar de lágrimas, era verdad, nadie le había tratado como Oliver lo hacía, nadie se preocupó por alguna vez preguntarle como se sentía más que ella, fuese mujer o no, la amaba y no quería que eso acabara, no quería volver a estar en el abismo de la soledad, convertirse nuevamente en una pieza de adorno en una enorme casa. Esa pregunta que le dio le hacía pensar ¿En verdad el amor entre dos chicas estaba mal? ¿Cómo podía estar mal si era lo más bello que tenía en la vida? Tanto como para aferrarse a él.



- ¿A donde iremos? -


- Donde sea, donde estemos juntas, confíe en mi, señorita, no hay nada más importante para mí que hacerla feliz. - Dijo Oliver mientras Rin rodeó lentamente su cuello con sus bracitos.


- Vámonos… Ya no quiero estar aquí… Por favor. -


Oliver abrazó con fuerza el pequeño cuerpo de su señorita, calmando sus lágrimas con unas suaves caricias en su cabello rojo. Con mucho cuidado y silencio, le ayudó a vestirse solamente iluminadas por la Luna, guardando un poco más de sus prendas en el bolso que cargaba. Justo al momento en que la joven abría la ventana sin hacerla rechinar, la mano de Rin la detuvo.



- Señorita. -


- ¿Puedo escribirle una carta a mis papás? Por favor. -


- No tenemos mucho tiempo para irnos, el cambio de guardia será en veinte minutos y será el momento para poder salir de la mansión. -


- Por favor. - Suplicó suavemente la pelirroja con esos ojos verdes llenos de melancolía.


- No tarde mucho. -



Rin sacó del cajón de su buró una hoja de papel, entintó su pluma y empezó a escribir una nota a sus padres, aunque ellos nunca la trataron como una hija, ella los amaba y tenía la preocupación de que se pudieran poner tristes por su ausencia. Por respeto a esa petición, Oliver volteaba para no leer el contenido de la carta, pero conociendo a la señorita, no dudaría que escribiría que se iba con ella y confesaría el amor que tenían entre las dos, esa carta podría causarle problemas, no obstante, Rin quería dejarla y no podía decirle que no a su última orden en aquella mansión.



- Listo. -


- Bien… - Susurró Oliver caminando a la puerta para trabarla con una silla y luego dirigirse a la ventana. - Eso nos dará más tiempo, poco pero algo es algo. -


- ¿Bajaremos por aquí? -


- Sí, solamente yo la atiendo por la mañana, tardarán en descubrir que no estamos. - Habló la castaña empezando a salir por la ventana, colocando su bolso hacía el frente.


- !Oliver, estamos en el segundo piso! -


- Shh…. No se preocupe, bajaré por el pilar, venga conmigo y suba a mi espalda. -


- ¿Estás segura? -


- Estoy segura. - Contestó Oliver mirando seriamente a Rin al ofrecerle la mano.


Rin apretó sus puños y decidió confiar en ella, después de todo, era la única persona en la que podía confiar, se subió con nervios a su fuerte espalda y cerró los ojos al sentir como empezaban a descender. No abrió los ojos hasta que sintió como Oliver la bajaba con cuidado de su espalda, pasó su bolso atrás y a ella la cargó en sus brazos con una fuerza y calidez como nunca lo había hecho.


- Bien… No haga ningún ruido. -


- Está bien… ¿Desde cuando usas pendientes? - Preguntó en susurros Rin mientras la castaña le sonrío levemente.


- Es una noche especial. -


La sirviente corrió con Rin en sus brazos hacía la puerta trasera del jardín, por donde entraba el cambio de guardia. Escondidas entre los arbustos esperaron la hora exacta en que la puerta se abría, momento en que Oliver lanzó una piedra hacía el otro lado del jardín, distrayendo por unos minutos a los guardias que entraban y así poder salir con la niña siguiendo un camino contrario a la carroza que terminaba su servicio.


- ¿A donde vamos, Oliver? - Preguntó la pequeña volteando a todos lados al ser la primera vez que salía de la mansión Mannes.


- Necesitaremos un vehículo, creo que podremos conseguir uno en las calles bajas. -


- Hace mucho frío. -


- Cierto. - Dijo la joven deteniéndose para quitarse el saco y abrigar a Rin antes de seguir con el camino. - Sujéteme bien. -


- ¿Puedo pedirte algo? -


- Dígame señorita. -


- ¿Puedes llamarme por mi nombre? Ya no estamos en la man… Mansión. - Susurró Rin ocultando su sonrojo en el pecho de Oliver, quien sonrió por el comentario.


- Está bien, Rin. -



Por más de veinte minutos siguieron la marcha, para la sirvienta no era nada el ligero cuerpo de Rin ni la carga extra que traía comparado a todo lo que entrenó para su trabajo, así que pudo llegar pronto a la zona baja de la ciudadela, que se encontraba casi en oscuras a falta de hogares alumbrados. Oliver chitó sus dientes al no poder observar algún carruaje que pudiera hurtar, hasta que logró divisar uno entre la bruma y las sombras, se acercó a unos barriles fuera de una posada y bajó despacio a la pelirroja, pidiéndole silencio.



- Espere aquí. -


- No te vayas. -


- Volveré, lo prometo. - Susurró Oliver tomando las mejillas de Rin para besarla en su boquita.


La castaña caminó pegada a la pared sacando una de sus pistolas para asegurarse de que no hubiera alguien que pudiera detenerla de tomar el carruaje, al acercarse y ver el interior, se dio cuenta que podía pertenecer a un mercader por los alimentos, cofres y ropas que había.


- Oye… Niño bonito ¿Qué haces? -


Oliver dio un paso hacía atrás al ver que un hombre se despertaba del asiento del chófer, con una botella de licor en sus manos al cual le daba un trago tirando más de lo que bebía. Con mucha atención de no ser descubierta, llevó una de sus manos a su espalda para tomar su arma en caso de necesitarla, pero el hombre no parecía estar en todos sus cabales al mover la cabeza de atrás hacía adelante para reconocerle.


- Te hice una pregunta. -


- Estaba interesado en comprarle su carruaje y su mercancía. -


- ¿A está hora? ¿Estás loco? ¿O no? Jajaja. - Hablaba el hombre ebrio rascando su cabeza. - Pero una venta es una venta, Victor… A ver niño bonito ¿Quieres todo esto? -


- Sí, todo. -


- No lo sé… Si me das dos mil quinientos florines te llevas hasta los caballos, estoy enfadado de dar vueltas y no vender nada. -


- Tenga. - Dijo Oliver sacando un bono por esa cantidad, provocando que el hombre cayera del carruaje y mirara con incredulidad el papel.


- ¿De donde sacaste tanto dinero, muchacho? -


- Le daré veinticinco florines más si guarda silencio y no cuenta a nadie que nos vimos. -


- Cla… Claro, mi boca cerrada hasta la tumba, muchacho. - Contestó el señor apenas poniéndose de pie, sonriendo y oliendo el papel. - Jaja, con esto me compro un mejor carruaje, caballos y hasta me alcanza para una muchacha, esa que siempre me tira el whisky en la cara por no traer dinero, jaja. -



Oliver esperó a que el señor se alejara de la escena para volver corriendo por Rin, que estaba sentada detrás de los barriles donde la había dejado, sus ojos estaban llorosos pero los limpió en cuanto los vio y se puso de pie, abrazándola por tenerla de nuevo cerca.



- Perdón por la tardanza, es hora de irnos. -


- ¿Encontraste como irnos? -


- Sí, ven. - Susurró Oliver llevando en sus brazos a Rin para subirla a la parte trasera del carruaje junto a su bolso. - Necesito que siga guardando silencio, platicaremos todo lo que quiera en cuanto salgamos de la ciudad. -


- Está bien…. Oliver. -


- ¿Si? -


La castaña quedó sorprendida al sentir un abrazo repentino y un beso robado por esa chiquilla, Rin quiso premiar de esa manera a la persona que la estaba sacando de esa jaula de oro, no era tan fuerte como ella pero quería hacerle saber que estaban juntas en esto, que era un deseo compartido.


- Te amo. -


- Y yo a usted, señorita… Te amo, Rin. - Respondió Oliver separándose de ella para bajar la carpa del coche.


Teniendo su experiencia con los caballos por haber vivido todos esos años al lado de las caballerizas, la muchacha encaminó a los equinos paso a paso, calmándolos al cambiar de dueño con caricias en su frente y lomo, saliendo más y más de las partes bajas de la ciudad hacía los caminos del Sur. Su viaje empezaba y junto a él, una guerra declarada de Oliver y Rin hacía el mundo.








 

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Hoja 3



La mañana traía consigo el despertar de la esperanza para dos jóvenes enamoradas. El movimiento del carruaje levantó a la pequeña pelirroja que dormía sobre un costal de algodón, aún tenía el saco de su sirviente abrigándole por lo fresco del clima, gateó con cuidado para asomarse en la parte frontal del vehículo, asombrándose con el verdor del bosque y el aroma del estornudo de las plantas, era la primera vez fuera de su hogar que todo parecía un milagro de la naturaleza, de Dios.
Rin estaba sorprendida por la maravilla de la libertad, todo lucía tan esplendido, más bello que los dibujos de sus libros, más bello aun fue ver a esa mujer de la cual se había enamorado manejando aquel vehículo, confirmando que todo lo del escape no había sido un sueño, estaban libres. Oliver volteó por un instante para ver a Rin, sonriéndole al verla despierta y tomando su mano para ayudarla a cruzar a los asientos.

- Buenos días, señorita. -

- Buenos días, Oliver ¿Donde estamos? -

- Estamos en Utrecht, viajaremos hasta Bélgica para tomar un tren e ir un poco más al Sur. - Dijo la castaña mientras conducía el carruaje. - Tardaremos una semana en llegar si no tenemos contratiempos, perdone si no es tan rápido pero no podemos tomar las rutas principales, es probable que ya descubrieran que no está en su casa. -

- ¿Y a donde iremos después? -

- Iremos a Italia, hay alguien que nos puede ayudar a buscar un lugar para vivir, solamente nosotras. -

- ¿Y quién es esa persona? Perdóname por preguntar tanto. -

- No se preocupe, puede preguntarme todo lo que quieras y le responderé. -

- ¿Qué te pasó en… -

- Ya le dije que fue por recoger leña. - Sonrió Oliver acariciando la mejilla de la pelirroja teniendo sus guantes puestos. - Iremos con Luscina. -

- ¿Luscina? -

- Mi hermano desposó a una joven gitana de Germania, mi padre no toleró su relación y ella huyó por su bien así como por su bebé, él me contó que mantenía contacto con su amada y no dejaba de mandarle cartas, me dijo que cuando necesitara ayuda de algo, la buscara. -

- ¿No dicen que los gitanos hacen magia negra y brujería? -

- No me gusta juzgar a los demás por lo que dicen, sino por lo que hacen y Luscina parece que hacía muy feliz a mi hermano. -

- ¿Cómo se llamaba tu hermano? -

- Eso… Hace mucho que murió, no logro recordarlo. -

- Perdón. -

- No se disculpe. - Dijo Oliver abrazando a Rin para acercarla a su pecho. - Por este camino hay un pequeño arroyo, dejaremos descansar un poco a los caballos y comeremos algo, revisé los sacos y bolsos que compré y tenemos suficiente comida para el viaje, además de carne y pescado salazonadas. -

- Perdóname. -

- ¿Por qué pide perdón ahora? -

- No soy muy útil para ti en estos momentos, quise venir contigo pero te escucho y … No sé en que pueda ayudarte. - Habló Rin agachando su rostro por la vergüenza, sintiendo como su rostro era levantado por la castaña.

- No diga eso, usted está mas letrada que yo, conoce más idiomas y eso nos ayudará en nuestro viaje. -

- ¿En serio seré de ayuda? -

- Claro que lo será. - Habló la joven sujetando la nuca de Rin para besarla en la boca suavemente, con una sonrisa compartida.


Tras casi una hora de viaje el carruaje se detuvo en el arroyo que la sirviente mencionó y sin perder más tiempo, empezó a alistar una parrilla improvisada con los materiales que tenía en el carruaje, mientras Rin alimentaba a los corceles con ayuda de una navaja que le prestó Oliver y así cortar la hierba para las bestias, era una tarea ligera para alguien que no solía hacer muchos trabajos pesados. Al terminar de poner todo para cocinar, la castaña se acercó al arroyo para llenar ollas que traía en el vehículo y poner a hervir el agua, algo que aprendió de los libros que solía leerle su señorita (como mayor pasatiempo que tenía al estar encerrada), que para asegurarse que uno no enfermara al beber agua de ríos, arroyos o lagos, debía colarse con una tela y ponerse a hervir. Oliver aprovechó para retirarse los guantes y lavar sus manos tras sentirlas sudorosas por llevarlas toda la noche, tallando sus cicatrices y callosidades que le daban una apariencia de mano de hombre de campo. Lo que le contaba a su amada respecto al origen de esas marcas era una pequeña parte de la verdad, eran el recuerdo de todo lo que significó para ella haber perdido a su hermano.
El agua clara le permitía a la joven su reflejo, ya no era aquella niña que su hermano vio antes de partir a su último trabajo, ahora con sus aretes lucía un poco más femenina, el cabello largo fue lo poco que pudo conservar a suplicas, ya que no quería perder eso que le hacía parecerse tanto a su madre. El sonido de la madera crujiendo por el fuego de aquella parrilla le trajo en su mente los recuerdos de como cambió así.


- “Ya no llores, levántate, Oliver.” -

- No soy Oliver, papá, me llamo Olivia. -

- “Cállate, eres Oliver. “ -

- Ya no, papá… Me duele mucho. -

- “Deja de llorar, estúpida, tú eres un hombre y los hombres nunca lloran, levántate!” -

- Ya no puedo… Ya no. -

- “!Si no te levantas te arrastraré hasta la casa del cabello! !Ponte de pie, Oliver o mataré a tu madre por no darme otro hijo!”-

- !No, no le hagas nada a mamá! -

- “!Entonces ponte de pie y pelea!” -


La chica recordaba claramente como su padre la enseñó a sus ocho años a pelear, cazar, antes que otra cosa, llevándola al bosque por años. Solía golpearla hasta que no pudiera levantarse, pisaba sus manos cuando no lograba hacerlo, la ataba de los brazos a árboles para que colgara y así creciera más que una mujer promedio, todo para alimentar su plan de hacerla “un hombre.”

- “!Levántate!” - Gritaba su padre a cada rato pateando su estómago. - “!Tu hermano murió y no tengo otro varón y mientras tu mamá no me dé otro hijo tú serás lo que yo diga!” -


Durante ese tiempo, se hacía la idea de que tenía que hacerlo por su familia, tenía que ayudarlos de algún modo, pero el maltrato de su padre era cada día más cruel, que ya no sabía si era por los demás o lo hacía por mantenerse dentro de la casa Mannes. En algún momento, Olivia se quedó enterrada mientras Oliver iba naciendo en su mente, un “muchacho” obediente, soportando tanto los daños físicos de su padre como las violaciones que recibió cada noche que la llevaba al bosque, con el fin de enseñarle lo que le pasaría si no se convertía en un hombre fuerte y capaz de defenderse. Para fortuna de ella, tanto maltrato parecía haber alterado su capacidad para engendrar, pero eso no cambió nada, tuvo que soportar ser manoseada y penetrada por su progenitor por ambas cavidades, forzada a darle sexo oral y ser ensuciada con sus fluidos, como si él la castigara por el hecho de no ser el otro hijo que quiso tener, llegando al colmo de los males cuando él empezó a compartirla con sus amigos, sin tener algo de vergüenza y pena, prostituía a su hija como parte de su “entrenamiento”. No tenía muchas opciones, fue criada para obedecer a su padre y sin su hermano, no había quien le diera confianza de que las cosas mejorarían.

- Oliver ¿Ya pongo la carne? -

- Espere señorita, yo lo haré. - Dijo la joven secando sus manos para caminar hacía ella, con una sonrisa al verla curiosa frente a la parrilla.

- ¿Tardará mucho? Perdóname, pero ya tengo mucha hambre. -

- No se preocupe, esto no tardará y es normal, siempre desayuna a primera hora. -

- Perdón por causarte tantas molestias. -

- No piense así, para mí usted nunca fue una molestia. -


Esa sonrisa era lo que le dio una esperanza en la vida, cuando le presentaron a Rin, pensó que era una pequeña ángel, su belleza y mirada tan nostálgica le hicieron sentirse viva, había escuchado por los trabajadores como vivía ella y le sorprendió que esa señorita había soportado todo eso sin que alguien le extendiera la mano. El corazón de Oliver se marcó como una meta nunca permitir que su sonrisa se borrara, quería protegerla por convicción, por su entrega, sin saber que todo eso pasaría a un segundo plano al aceptar que se había enamorado de su protegida.


- Pronto estará listo, señorita, si gusta tome asiento debajo del árbol mientras cocino. -

- Está bien… Oliver ¿Puedes enseñarme a usar eso? - Preguntó Rin apuntando a las pistolas que la castaña tenía a cada lado de su cinturón.

- No señorita, esto no es un juguete. -

- Sé que no es un juguete pero estamos viajando juntas ¿O no? Me sentiría más tranquila si pudiera ayudarte a cazar. -

- Disparar y apuntar es fácil pero dígame ¿Usted le quitaría la vida a un animal? - Dijo la sirviente provocando que la señorita agachara un poco el rostro.

- No… -

- Le enseñaré como distinguir entre los hongos y frutas del bosque, como hacer trampas para conejos y cerdos salvajes, pero de las armas no me vuelva a preguntar, por favor. -

- Lo entiendo ¿Puedo ayudarte a cocinar? -

- Usted es muy insistente. - Sonrió Oliver tomando la mano de Rin. - Venga, le enseñaré. -


Era cierto, no estaba sola, ese viaje no era solamente su escape de todo su pasado y de esa mansión, era un escape al lado de su amada y ella también quería dejar todo atrás, no es que fuese insistente, Rin ansiaba vivir, conocer, explorar, como le fue negado todo este tiempo, quizá debía quitarse esa idea de mantenerla al margen de las cosas y compartir más momentos así, enseñándole lo que la vida le robó.
Lejos de la ubicación de las jóvenes, en la mansión de los Mannes en Amsterdam, el padre de la criatura que había sido “secuestrada” gritaba por toda la habitación principal, sin importar que sus trabajadores lo escucharan, igual si hablaban algo de lo que él decía era seguro que los mandaría a matar. El hombre estaba que lo devoraba el diablo, la única hija que la vida le dio y que consideraba un castigo divino, esa misma que parecía ser su boleto a la nobleza europea, había sido robada por la persona que estaba a cargo de protegerla, por lo que no paró de gritarle e insultar al padre de esa joven por su incompetencia.


- !Maldita sea, maldita sea! !Dios me quiere jodido! -

- Señor, no grite o será escuchado por la gente de afuera. -

- !Eso no me importa! !Carajo! - Gritaba el hombre arrojando las decoraciones de su escritorio.

- Le aseguro que pronto todo se resolverá y...-

- !No me asegures nada! !Maldita sea, Edna! !Tu hija acaba de arruinarme la vida! -

- Señor, le pido mil disculpas, ya mandé a todos los trabajadores a buscarlas y yo partiré en seguida, estoy seguro como piensa Oliver y … -

- No me salgas con estupideces, si supieras como piensa esa machorra que tienes por hija sabrías lo que planeó. -

- Yo nunca esperé esta traición por parte de él, le juro que recibirá su castigo. -

- Me importa un carajo lo que hagas con tu hija !Necesito a mi hija cuanto antes! - Gritaba el hombre golpeando la mesa y arrugando la carta que dejó Rin. - Dios se ha de estar burlando de mí, darme una hija zurda, deforme y ahora !Desviada! -

- No estamos seguros que su hija lo sea, señor. -

- Más le vale que no lo sea porque tiraría todo por la borda, si el archiduque llega a enterarse, no sólo seríamos el hazmerreír de toda la región, a mí me podrían mandar a matar por ofenderle de esta manera. -

- Le juro que no será así. -

- !No me jures nada y lárgate de aquí! Trae a mi hija cuanto antes porque antes que me maten, te mando fusilar. -

- La traeré cuanto antes, yo crié a Oliver y sé que caminos tomaría. -

- !Entonces deja de hablar y muévete! -


El hombre salió de la habitación de su patrón, golpeando la pared y tumbando una pintura de la pared al no poder evitar sentir frustración, no esperaba que Oliver hiciera algo tan estúpido como secuestrar a la heredera de esa mansión, más cuando sabía que un noble de Austria estaba tras ella ¿Acaso se había vuelto loca? No importaba las razones que tuvo, tenía que encontrarlas cuanto antes y asegurar que la niña estuviera sana y salva, si “él” no se la entregaba por las buenas, sin importarle que fuese sangre de su sangre, tendría que tratarla como lo que era, una criminal y aplicar la ley del hierro y la pólvora sobre su único descendiente.
 

PRAISE THE SUN!
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So sad :’’’
Me esta gustando bastante el rumbo y esta parte me recuerda un poco otra historia tuya (que ya no recuerdo el nombre de la original pero si que una secuela se llamaba heaven).

Fantasmon fuera
 

O-O¬ Baton pass!!
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Me esta gustando bastante el rumbo y esta parte me recuerda un poco otra historia tuya (que ya no recuerdo el nombre de la original pero si que una secuela se llamaba heaven).

Fantasmon fuera
Eternal, Edenecho y de ahí seguía Heaven :3
 

O-O¬ Baton pass!!
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:3 Sigamos wiuwiu



Hoja 4


Se acercaba la noche y aun quedaba distancia para llegar hasta Hertogenbosch, pueblo donde Oliver planeaba informarse sobre los horarios de trenes en Bélgica, aunque Rin no lo decía, le notaba que por la manera en como le temblaban las manos y cabeceaba ya estaba cansada, después de todo, ella no estaba acostumbrada a viajar así que tenía que cambiar de planes para que su señorita pudiera descansar, así que decidió dar paso hacía un pueblo mercantil en medio del camino, sabía que era un riesgo quedarse dentro de un lugar civilizado, pero conociendo a su padre y mentor, él la buscaría en los caminos viejos que él le enseñó y seguro pensaría que no sería tan estúpida como para arriesgarse a ser descubiertas, por lo que se trataba de un juego de ver quien conocía mejor al otro.

- Hola. - Dijo Rin al asomarse por la cortina al levantarse de su pequeña siesta.

- Hola, señorita. -

- Perdón por dormirme. -

- No sé preocupe, es normal que se sienta cansada por el viaje. - Contestó Oliver mientras la pelirroja era asistida por ella para pasar al lado del chófer. - Ya casi llegamos. -

- Oliver ¿A dónde vamos ahora? -

- Es un pueblo de paso, en muchos poblados así hay un gran crecimiento por el comercio. - Dijo Oliver cubriendo a Rin con su saco para que no tuviera frío. - Sigame la corriente dentro del pueblo, señorita. -

- Está bien. -

El carruaje entro en aquel pueblo que se notaba el flujo de riquezas por la apariencia de las casas y el movimiento que había incluso a esas horas de la noche, donde hombres y mujeres seguían en la venta de mercancía y carruajes se movían por doquier. Rin se sintió algo abrumada al ver tanta gente, abrazando a Oliver para sentirse más segura, ella posó su mano en el hombro y le sonrió mientras dirigía sus caballos hasta el lugar que se viera más elegante, nadie sospecharía de alguien llegando a un lugar costoso, a diferencia de los lugares bajos donde siempre eran los primeros sitios en donde buscarían a dos prófugas.
Rin se quedó sorprendida al ver el lugar donde llegaban, una casa lujosa y grande similar a su hogar. La castaña le ayudó a bajar del carruaje y se mostró con mucha seriedad al cargar un maletín de viaje y tomar de la mano a la pequeña, caminando hacía la entrada de aquella posada que parecía de lujo, seguramente era el edificio más ostentoso de aquel pueblo. Rin se mantenía en silencio y con el rostro firme, siguiendo la postura y actitud de su sirviente que parecía bien metido en su papel.

- Por favor, resguarde mis caballos y mi carruaje. - Habló Rin con su voz de tono varonil al joven que estaba en la entrada, dándole unas monedas. - Asegure de que tengan suficiente comida y que un herrero revise sus herraduras. -

- A sus órdenes, señor. -

Oliver y Rin entraron a la posada, mirando que por dentro lucía como una mansión, con adornos y muebles que parecían traídos de algún rincón de Francia. La joven alta caminó sin mostrar asombro cosa que imitó la pelirroja al acercarse a la recepción, tocando el timbre y esperando cerca de un minuto hasta que un hombre de mediana edad se acercó para atenderlas. Aquel hombre miró con curiosidad a la pareja, ese joven apuesto y alto con ropa fina y sombrero de copa, acompañado de una niña pelirroja con un rostro precioso, por su vestido podía saber que se trataba de una burgués, por lo que dejó pasar su apariencia, era bastante pequeña como para imaginar que fuese la pareja de aquel joven señor.

- Buenas noches ¿En qué puedo ayudarles? -

- ¿Tiene habitaciones disponibles? -

- Claro que tenemos, hay sencillas, otras más cómodas y… -

- Mi esposa y yo queremos la mejor habitación ¿Verdad, cariño? - Dijo Oliver con una sonrisa al voltear a Rin quien se sonrojó por ese atrevimiento pero por el guiño le indicó que hiciera caso.

- Si, cariño, pero no es necesaria la mejor, una sencilla estaría bien para nosotros. -

- Pero quiero lo mejor para ti. -

- A mí sólo me preocupa que descanses. -

- Vaya pareja tan joven que tenemos, y no sé preocupe señorita, tenemos una de nuestras mejores habitaciones disponibles a cien florines la noche, le juro que descansarán como nunca. - Dijo el encargado al ver que para su sorpresa sí eran pareja, aunque esa señorita de seguro no pasaba de los diez años bajo su criterio.

- Me parece perfecto. -

- ¿Gustan que les lleven algo de cenar? - Habló el hombre emocionado por ver que ese joven no titubeó por el precio. - Cortesía de la casa. -

- ¿Gustas algo, cariño? -

- Algo ligero no estaría mal. -

- !Rita, ve preparando nuestra especialidad para la habitación de gala! - Gritó el señor para luego sonreír a la pareja.

- ¿Para cuantas personas? -

- !Para una pareja joven y enamorada! -

- Pareja enamorada. - Pensaba Rin ruborizándose escondiéndose un poco detrás de Oliver.

- En unos minutos se los llevan, sigan a Rupert, él los guiará a su habitación. -

- Por aquí, señor. -

- ¿Quiere llenar el registro ahora o primero quiere ver la habitación? -

- Llene el registro por mí, por favor, a nombre de William Wilson y su esposa. -

- Entendido señor. -

- Y por favor, no quiero que nadie nos moleste, tenemos un viaje largo a Gante y no me gusta que la gente ande metiéndose en mis asuntos, sí usted entiende. - Dijo Oliver pagando el hospedaje y dejando cincuenta florines al momento que le sonrió al recepcionista.

- !Claro señor! Aquí nadie sabrá que está hospedándose ni tendrá molestias, no voy a dejar que la distinción de mi posada se ensucie por molestias a usted o a su linda esposa. -

- Muchas gracias. - Contestó la joven al retirarse sin que Rin se soltara de su brazo, al momento en que una señora se acercaba al recepcionista.

- ¿No es muy pequeña esa señorita para estar casada? Juraría que mi hija es más grande. -

- Eso que no te importe Rita, ese joven pagó ciento cincuenta florines por nuestra mejor habitación y no le tembló ni un dedo al hacerlo, tal vez es algún joven comerciante o un burgués de Amsterdam. -

- ¿Cómo lo sabes? -

- Las ropas que traen no son de cualquiera, es algo que encuentras en la ciudad. -

- Sigo pensando que esa niña es muy pequeña para estar casada. -

- !Ya te dije que eso no te debe importar, Rita! Además ¿Viste la cara de ellos? Se ve que se quieren y mientras eso me de más dinero es lo único que me importa. -

La pareja siguió al encargado que llevaba su maleta hasta la habitación que el recepcionista aseguró ser la más lujosa, entrando rápidamente a ella para poder relajarse de ese juego de roles que usaron para que no tuvieran más cuestionamientos sobre quienes eran o de donde provenían. Oliver puso el seguro y dejó su maletin sobre una silla, se quitó sus guantes solamente al momento de sentarse en el borde de la cama y suspiró antes de sonreír a Rin quien seguía sonrojada por el comentario de dos pisos abajo de ellas.

- Perdón por el atrevimiento, señorita. -

- Debiste decirme antes que íbamos a fingir que éramos casados. - Dijo Rin aún sonrojada tapando sus mejillas para luego sonreír. - Aunque es lindo pensarlo… Pero sé que no se podría. -

- Sí se puede, solamente debemos de buscar a un sacerdote y que él atestigüe nuestra unión sin que sepa que yo soy mujer. -

- ¿No sería mentirle a Dios? -

- No estamos mintiendo a nadie, nos amamos señorita y esa es la única verdad que debemos saber. -

- Lo sé. - Sonrió la pelirroja tomando la mano de Oliver. - Oliver ¿Cómo es que traes tanto dinero? No era necesario estar en la habitación más cara y me sorprendió que tuvieras para estar en este lugar. -

- Son ahorros que mi hermano dejó cuando sirvió a su familia y a la milicia, antes de morir, él me contó donde lo tenía escondido y me dijo que me pertenecía, yo solamente seguí ahorrando lo que me daban de salario en el trabajo. -

- Pero no quiero que te gastes los ahorros que tienes en mí. -

- Señorita, es mi deseo, usted es la persona más importante en mi vida y todo lo mío le pertenece. -

- Siento que me tienes muchas consideraciones y yo me siento mal. - Hablaba Rin abrazando a Oliver. - Cuando logremos llegar a donde tú piensas que podemos estar juntas, déjame ayudarte ¿Si? -

- Está bien. -

- Y Oliver, deja de decirme señorita, te pedí que me llamaras por mi nombre. -

- Está bien, Rin. - Sonrió la castaña abrazando con fuerza a la pelirroja. - Es difícil llamarla de otra manera, no sé si sea digna de llamarla por su nombre. -

- Lo eres, porque me haces feliz, por me amas tal como soy. -


Oliver sujetó la nuca de Rin para prenderse a sus labios y besarla suavemente y frotar su cuerpo ansiando por desnudarla y comerla a besos y caricias, pero tenían que esperar a que trajeran la cena y pudiesen probar un mejor bocado que lo que comían en el viaje. Rin se dio cuenta de ese detalle, no entendía porque entraron al pueblo por lo que separó de Oliver por un instante, mirándole fijamente mientras la castaña le observaba.

- ¿Qué sucede? -

- Tengo curiosidad ¿Por qué entramos al pueblo? Recuerdo que dijiste que teníamos que evitar que nos vieran y por eso tomamos los caminos viejos. -

- Así es, pero de seguro nos han de estar buscando y pensarán lo mismo, así que ahora tomaremos una ruta más comercial y seguiremos con la idea de que somos un matrimonio recién casado, sino te molesta, Rin. - Comentó Oliver mientras la pequeña se sonrojaba y le abrazaba.

- No me molesta, aunque preferiría llamarte por como te llamas ¿Quién es William Wilson? -

- Es el personaje de un cuento que leí en uno de los tantos periódicos que su padre recibe de las Américas. -

- Las Américas… Dicen que allá hay más libertad. -

- Pero también más derramamiento de sangre, todas esas antiguas colonias no han dejado de tener guerras y levantamientos, por un momento pensé que sería buena opción para irnos, tratar de llegar a Francia y viajar allá, pero no quiero arriesgarla en un mundo donde se matan por vivir. -

- Parece que no dejas de pensar en donde podemos vivir. -

- Solamente pienso en eso, un lugar donde podamos amarnos sin que nadie nos juzgue. - Sonrió Oliver recostando a Rin para besarla en los labios, disfrutando de su rostro ruborizado. - La amo, señorita… Perdón, te amo, Rin.-

- Y yo a ti, Oliver. -

Por primera vez en varios días podían darse ese trato de amor que solían entregarse a escondidas en la mansión, esa mezcla de besos, caricias y susurros que tanto disfrutaban, el acto que Rin ansiaba cada noche cuando Oliver la visitaba en su cuarto, pero ahora tenía mayor significado ya que no tenían que temer a ser descubiertas, su amor podía dejarse ser.






:3 Awww
 
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SIgamos :3




HOJA 5






El viaje continuaba en dirección a Hertogenbosch, el andar del caballo era más rápido de lo habitual debido a que Oliver empezaba a sospechar que no tardarían en darle encuentro a ellas, la familia Mannes tenía mucha influencia en los Países Bajos, con uso de toda su flota de aves mensajeras ya habrían dado aviso a la mayoría de las autoridades sobre su escape, tenían que llegar al tren que salía de Amberes, Bélgica, para estar seguras de salir de la región donde podían detenerlas. Mientras la castaña manejaba el carruaje y estaba al pendiente de cualquier detalle en el camino, Rin estaba en la parte trasera, cargando y descargando una pistola con balas falsas, así como probando su puntería aún con el temblor del vehículo, aunque su protectora insistió en que no era necesario, quería al menos saber usarla un poco para la cacería, sólo para eso.


- Oliver ¿Es normal que pese tanto una pistola? -


- Esa es ligera comparada a otras. -


- Ya veo… ¿Quién te enseñó a usar armas? -


- Mi hermano y mi padre, ambos fueron militares. - Habló Oliver notando que a lo lejos se veía un par de hombres y un carruaje. - Señorita, métase a uno de los cofres. -


- ¿Qué? -


- Haga lo que le dijo. -


- Pero. -


- !Rápido! - Dijo la castaña dándose vuelta para abrir un cofre grande y meter a Rin. - Será por un momento, no hable. -


Oliver siguió por el camino manteniendo el mismo ritmo tratando de no levantar sospechas, al acercarse, notó que el uniforme de esos hombres eran de la policía, sin dudas era sospechoso que estuvieran cuidando esa carretera tan desolada, todo evidenciaba que esos dos estaban esperándolas. La joven se detuvo al ver que ambos le daban la señal de alto, manteniéndose tranquila al ser abordada por los dos.


- ¿A donde vas? -


- A Hertogenbosch. -


- ¿Podemos saber cual es el motivo de su viaje? - Dijo uno de los hombres tratando de observar dentro de la carpa.


- Viajo a visitar a mi prometida. -


- ¿Y qué llevas dentro del carruaje? -


- Regalos para ella. -


- Por ordenes, tenemos derecho a revisar los vehículos que salen del país, háganos el favor de bajar. -


- ¿Puedo ver esa orden por escrito? -


- Baja o te arrestaremos ¿O acaso ocultas algo? -


La joven bajó mientras los hombres subieron al carruaje para revisarlo, revisando cada rincón, cuando ellos se acercaron al cofre donde había escondido a Rin, apretó sus puños al sentir que iban a descubrirlas.


- ¿Qué llevas aquí adentro? -


- El vestido de novia que mi madre le regaló a mi prometida. -


- Abre el cofre. -


- No puedo, es de mala suerte que el novio vea el vestido. -


- !Qué lo abras! -


- No lo haré. -


- Si no lo abres, yo lo haré. - Dijo el policía sacando una navaja para reventar el seguro.



Sería la desesperación o el estrés de Oliver, lo que fuese, hizo lo que ella tenía como última opción, sacó rápidamente su otra pistola apuntándole a ambos, que del pánico cayeron sobre la madera del coche. Con la mirada, ella les ordenó bajar del carruaje, lo que hicieron ellos con cuidado de no caer o darle la espalda a su agresor.


- ¿Sabes lo que estás haciendo, imbécil? -


- Lo sé. -


- !Estás apuntando a la justicia de… - Hablaba el hombre cuando un disparo sonó, reventando su cabeza.


- !Maldi… -


Un segundo disparo dio en el corazón del policía que quedaba, ya no había marcha atrás, eran ellas o ellos, Oliver sabía bien lo que le pasaban a las mujeres y hombres “desviados”, la muerte era una bendición para los que les podría esperar y no podría soportar que su señorita tuviera ese destino, la alejaría de eso aunque tuviera que mancharse aún más las manos de sangre. Recogió las armas de aquellos hombres y el dinero que tenían, persignó sus cuerpos y subió al carruaje para abrir el cofre.


- Ya puede… -


- !Idiota, idiota, idiota, idiota! - Lloró Rin empezando a tirar golpes al pecho de Oliver quien la abrazó con fuerza al verla tan agitada.- !Sabes que me da miedo estar encerrada! !No lo vuelvas a hacer! -


- Perdóname… -


- Idiota… -


- No abras los ojos. - Dijo Oliver atrapando a Rin entre sus brazos mientras sacaba su mano por la cortina para ordenar a los caballos avanzar.


- ¿Qué pasó? -


- Nada. -


- Escuché disparos. -


- Nada. -


- Oliver… ¿Qué hiciste? - Preguntó la pelirroja al asomarse un poco y notar que se veían los cuerpos de esos hombres quedando atrás en el camino.


- Eran ellos o nosotras. -


- ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste? -


- Rin, lo que nos espera si descubren que tú y yo somos amantes es peor que la muerte. -


- ¿De qué hablas? -


- No soportaría que a ti te torturen y te lastimen, que te hagan de lo más depravado que uno puede pensar, sólo por amarme. - Habló la castaña mientras la pelirroja le miraba sorprendida y al mismo tiempo asustada.


- Pero… ¿Los ma… -


- Lo haría de nuevo, te dije que haría lo que sea para asegurarme que nos dejen en paz. -


- Es triste… Esto es muy triste… -


- ¿Preferiría que no los detuviera y que nos separarán? -


- !No! !No quiero separarme de ti! -


- Aunque asegure un lugar en el infierno, haré todo por nuestra libertad. - Sonrió Oliver acariciando la mejilla de Rin quien le abrazó.


- Aunque vayas al infierno, no estarás sola, Oliver… Nos iremos juntas. -


- Rin. -


- Por qué ahora… Soy tu cómplice. -



Rin se acurrucó en el pecho de Oliver pensando en esos hombres fallecidos, así como lo que le había contado su amada ¿Qué sería más cruel que la muerte? Solamente imaginar esas torturas de la que habló que seguro eran como lo que había leído en tantos cuentos le hacía empalidecer la piel y temblar de miedo, sí ella estaba dispuesta a ensuciar sus manos, seguramente sabía el destino que les podía pasar ¿Pero cómo lo sabía?
Por fin llegaban al destino marcado, Hertogenbosch, rápidamente Oliver buscó recibir información sobre los horarios de los trenes y sus viajes, siendo el lugar más alejado para viajar Zurich, Suiza, lo suficientemente cerca para tratar de llegar a Italia. Tendrían que esperar hasta la noche para poder tomar el tren que se dedicaba a la carga de bienes y meterse de polizones, sería la mejor forma de evitar ser rastreadas, pero para ello, primero tenían que buscar donde esconderse en la ciudad hasta esa hora.


- Rin, tendremos que pasar la noche fuera de los lujos, espero no te moleste. -


- No me molesta, estamos juntas en esto. - Dijo la pelirroja tomando las manos de Oliver quien le sonrió.


- Hay un edificio viejo cerca de la zona de carga, te llevaré ahí y quiero que me esperes, venderé el carruaje y algunas cosas para obtener más dinero y ocultar nuestras huellas.-


- ¿Por qué no te acompaño? -


- Resaltas mucho, el color de tu cabello es un milagro, sabrían que eres tú la chica que buscan rápidamente, espero entiendas. -


- Lo entiendo, pero… No tardes ¿Si? -



Oliver llevó a Rin hasta el edificio que había dicho a la pequeña, era una estructura vieja que parecía no ser usada en muchos años, alguna vez fue una posada que se usó para los trabajadores que construían la estación y el centro de carga, pero fue abandonado cuando la ciudad creció más adentro, sería el escondite perfecto para ellas. Con mucho cuidado de no ser descubierta, la castaña reventó una ventana para entrar y luego meter a la pelirroja, a quien le dio un pañuelo para tapar su nariz y boca por el polvo en el lugar. Oliver revisó cada espacio del edificio asegurándose de que no hubiera nadie más o que pudieran verlas desde lejos, al sentirse confiada, cargó a Rin para llevarla a un cuarto que parecía ser el área de servicio postal.


- Quédate aquí, el seguro de esta puerta aún funciona, cuando me vaya lo colocas. - Explicaba Oliver acariciando la mejilla de Rin. - Hay un pequeño elevador manual, por tu tamaño no tendrás problema en entrar en él, solamente en caso de emergencia, bajas y te escondes donde puedas. -


- Te dije que no me gustan los espacios cerrados. -


- Sólo por emergencia. -


- No tardes, por favor. -


- No lo haré. - Contestó la joven tomando las manos de la pelirroja para darle una pistola.


- Oliver. -


- Mírame. -


- Yo… -


- Mírame, no estás obligada a disparar, pero si te sientes en peligro, apunta al pecho o a la cabeza. -


- Oliver. -


- No quiero que tengas que ensuciar tus manos también, así que de preferencia, escapa, esto es en casos extremos. - Dijo Oliver mientras Rin abrazó el arma y le afirmó con la cabeza.


- Te esperaré. -


- No me tardo. -



Oliver besó en la boca a Rin, sujetando su rostro suavemente para luego tocar su frente con la de ella, en señal de protección, esperaba no tardar en vender lo que traían, todo con tal de obtener más dinero y asegurarse llegar más lejos y tener con que empezar una nueva vida. La castaña partió rápidamente hacía la ciudad, dejando a la pelirroja algo nerviosa por estar sola por primera vez en mucho tiempo, así que lo primero que hizo recordando las ordenes de ella fue esconderse detrás de un viejo mueble, rezando y rezando porque Oliver volviera pronto y todo eso terminara. Ambas no sabían que el peligro se encontraba más cerca de lo que esperaban.





CHANCHANCHAN OAO
 

PRAISE THE SUN!
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La única con la que me voy a poder mantener al día por ahora :’v

Que lindas asesinas, siento que esto se puede poner muy sádico de un momento a otro
 

O-O¬ Baton pass!!
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HOJA 6




Oliver se regresaba al escondite que tenían, había logrado obtener dinero rápido con la venta del carruaje y las pertenencias, quedando sólo con una bolsa con ropa para Rin y ella así como cosas de uso común, no tendrían problemas en viajar con tan poco equipaje. Mientras se acercaba al edificio abandonado, notó luces a lo lejos, se escondió tras una caja de transporte y logró ver a un carruaje que estaba frente a la estructura, había por lo menos seis hombres y por las decoraciones del vehículo pudo darse cuenta que se trataban de gente trabajando para los Mannes, las habían encontrado. La joven escondió sus bolsas dentro de un barril y corrió con sigilo hacía la casa, tratando de no ser vista por aquellos que traían sus lamparas de aceite.


- No hagan ruido, puede haber trampas y este edificio está hecho un desastre. -


- Pásame fuego. - Dijo uno de los hombres mientras otro encendía le ayudaba con su lámara.


- Vayamos en pareja, unos vayan al segundo piso, ustedes dos al tercero. -


- No disparen si es necesario, necesitamos a la señorita viva. -


La sirviente logró escabullirse hasta llegar a una de las paredes, vio la tubería que dejaba caer el agua del tejado, empezó a golpearla para llamar la atención, corriendo hacía otra ventana donde la luz de la Luna iluminaba menos.


- !Por acá! - Gritó un hombre corriendo junto a otro hacía la ventana.


- !Sepárense, debe de ser una trampa! -


- !Unos vengan conmigo, dos allá! -


- No hay nada. - Habló uno al asomarse y no ver nada.


Oliver sujetó del cuello al hombre al estar agachada debajo de la ventana y disparó al otro que venía detrás en la cabeza, para luego colocar su arma sobre la cabeza del que sujetaba.


- !UN DISPARO! -


- !NO CORRAN, CUIDEN SUS ESPALDAS! -


- No sé te ocurra gritar. - Susurró la joven apretando el cuello del hombre con su brazo.


- Oliver, de aquí no saldrás vivo. -


- ¿Cómo llegaron aquí? -


- El señor Mannes está furioso con todos por tu culpa, no tienes ver... -


- ¿Cómo llegaron? - Preguntó Oliver presionando la cabeza del hombre con el cañon.


- Te hemos rastreado gracias a los mercade… -


La joven quebró el cuello de aquel agresor y se metió por la ventana, corriendo hacía la zona de descenso del elevador de servicio. Notó por la guía de la pared que la caja estaba en ese piso, siendo que al irse la dejó arriba, señas de que podría estar ahí. La abrió y soltó un suspiro al ver a Rin dentro de la caja, tapando sus ojos y temblando de nervios, por lo que la abrazó con fuerza y besó su frente para calmar su pánico por encerrarse.


- Ya… Tranquila, estoy aquí, fuiste muy valiente. - Susurraba Oliver calmando a Rin.


- Vi a esa gente bajando del coche y me escondí como dijiste… Me dio mucho miedo. -


- Tengo que detenerlos, nos han estado siguiendo el paso. -


- Rin. -


- Tranquila. - Susurró la castaña corriendo con ella en brazos a una ventana, sacándola con cuidado. - Necesito que vayas hasta donde está esa caja y esos barriles, escóndete en uno de ellos si es necesario. -


- Está bien. -


- ¿La traes? - Preguntó la sirviente a la pelirroja quien sacó de entre sus ropas la pistola. - No la uses a menos que sientas peligro. -


- No tardes, por favor. -


- No lo haré, quiero que corras haciendo una media luna hasta llegar allá, asegurate de evitar ser iluminada por la Luna. -


- Si estás en peligro, corre, no quiero que te pase algo. -


- Te lo prometo. -


Ambas se separaron con un beso como recuerdo del porque hacían eso, Oliver entró de nuevo a la casa para detener a los hombres que iban tras de ellas, casi al entrar uno la vio y ella disparó a su lampara de aceite para cegarlo un instante que aprovechó para tirarlo al suelo y clavarle una daga en el cuello que ocultaba en su cinturón. Iban tres y calculaba que faltaban otros tres, tenía que apresurarse antes de que pudieran llegar más y con las horas encima para la madrugada que pasaría el tren, era crucial eliminar a cada posible atacante.
Oliver se acercó a las escaleras, por el sonido se dio cuenta que debía haber al menos tres personas arriba, cargó su arma y tomó un trozo de madera que vio en el piso, tratando de subir sin hacer crujir las viejas tablas. Cuando logró subir al segundo piso, estaba un hombre de guardia, al que aturdió con un golpe potente a la manzana de Adán, pisando su cuello después para asegurarse de quebrarlo y darle muerte silenciosa. La casa era bastante grande en ambos pisos por lo que no lograba divisar a los dos restantes, por lo que lanzó el leño hacía una de las ventanas y se escondió en el respaldo de un mueble, al ver que salió un hombre de entre las sombras, disparó una serie de balas, que por los impactos que logró ver por la poca luz de Luna y la lámpara que él traía, supo que fueron letales.


- Uno más. - Pensaba Oliver estando escondida.


- Oliver ¿Hasta cuando piensas hacer está estupidez más larga? -


- No pensé que saldrías a buscarme en persona. -


- Sabes que lo haría, no iba a permitir que tú estupidez pusiera en riesgo a la familia. -


- Familia... Esa palabra no tiene significado en tu boca. -


- No tienes derecho a contestarme, soy tu padre. - Habló ese hombre en un tono intenso.


La joven apretó el mango del arma y sus dientes al escuchar esa voz tan reconocible, la voz del hombre que la convirtió en lo que era, la que la despojó de su infancia para hacerla aquel hijo que él perdió y necesitaba para permanecer bajo el cobijo de la familia Mannes. No podía creer que su propio padre era quien estaba guiando a ese grupo, aunque era de sospecharse cuando sería la única persona capaz de rastrearla, después de todo, él le enseñó a como sobrevivir y defender a la señorita Rin aunque le costara su propia vida.


- Si te quitas de mi camino, podrás volver a casa y olvidar que existo para ti. -


- Sé que la señorita no está aquí, de seguro ya está afuera cerca de la estación, escondida. - Hablaba el hombre maduro caminando entre los pasillos del segundo piso. - ¿Por qué haces todo esto? ¿Por qué vas en contra de la familia? -


- No pienso decírtelo, porque no me gusta repetir las cosas. -


- Más vale que me lo digas, tu madre necesitará una buena razón para que pueda perdonarte. -


- Mi madre no me perdonaría nunca, ella es ciega a lo que le digas, como fue ciega a lo que me hiciste. -


- ¿Es por dinero? ¿Alguien te está pagando por secuestrarla? - Hablaba el señor buscando entre las sombras a Oliver, iluminándose con su lampara. - Me cuesta creer esa estupidez del enamoramiento. -


- Es una lástima, pero es la verdad, la señorita y yo nos amamos. -


- ¿Acaso estás enferma? !No puedes amarla, eres una mujer! !Eso te haria una desviada! -


- El enfermo eres tú al decirme en este instante que soy mujer, cuando tú me obligaste a pensar y actuar como un hombre. - Contestaba Oliver corriendo a otro lado, esquivando un disparo de su padre. - Me quisiste hacer creer que era un hombre mientras dejaba de ser tu hija y me veías como una mujer. -


- !No puedes juzgarme, soy tu padre! -


- Dejé de considerarte como tal desde hace años. -


- Déjate de tonterías, trae a la señorita y volvamos a Amsterdam, tal vez logre que te perdonen la vida. -


- ¿Perdonarme la vida? Sabes que no hay lugar para ella y yo en esa mansión, sé bien lo que le depara a las mujeres que se aman. -


- Si lo sabes ¿Por qué depravaste a la señorita? -


- No hables de depravación cuando sabes bien lo que me hiciste. - Hablaba la castaña esquivando otro disparo que rompía unos vitrales.


El hombre cayó de rodillas al sentir una bala rozarle el muslo y causarle una herida, logró sujetarse de un mueble y disparó desde donde el flash de la pistola se vio, para evitar un posible remate. Un silencio profundo se quedó en ese piso, hasta que fue interrumpido por los pasos que daba aquella joven sin saber bien donde estaba.


- Oliver, aún tienes tiempo de arreglar las cosas, si le pides perdón al señor y devuelves a su hija, podrás vivir, hasta podemos conseguir que sigas a su servicio. -


- No pienso pedirle perdón a ese hombre, menos a alguien que nunca vio a su hija como tal. - Contestó Oliver sin mostrar su rostro. - Tal vez por eso le eres tan fiel a él, tienen tanto en común, nos vieron como sus monedas de juego, como un objeto. -


- ¿Es eso? ¿Por eso es todo esto? !Tú sabes que nuestra familia dependía de tener un nuevo mayordomo en jefe a futuro! !Sin tu hermano solamente quedabas tú para seguir el puesto! -


- Esto no es por la familia, es por ti, por eso él quería alejarse de ti, tener una vida aparte. -


- No estaba listo para comprometerse con la familia, por eso no fue capaz de mantenerse vivo. - Dijo el hombre molestando más a la joven. - Al menos sirvió como carne de cañón y protegió a la recién nacida de los señores. -


- No puedo creer que para ti valga tan poco mi hermano. -


- ¿Valer? !Él imbecil quería cambiar todo lo que le ofrecimos por una puta gitana! -


- !Esa gitana le ofrecía más que todo lo que nos ofreciste! !Mi hermano te odiaba porque siempre fuiste un malnacido con nosotros! -


Nuevamente el silencio se postró entre padre e hija, el hombre se levantó y cargó su arma, notó que el aceite de una de las lámparas se había derramado e inició un pequeño incendio en el otro cuarto, sería bastante luminoso el lugar como para poder observar a Oliver y darle muerte, aunque fuese su hija, no le quedaba otra opción, si regresaba sin esa niña, estaría sentenciado a vivir en la miseria o perder su cabeza.
Cuando intentó caminar hacía el salón principal de ese piso, un clic le advirtió de lo inesperado, Oliver se había movido entre las sombras para ponerse detrás de él, apuntando su arma a la cabeza de su propio padre, quien volteó lentamente con las manos levantadas al saber que no dudaría en disparar si intentaba atacar.


- Tu hermano echó a perder su vida, te di la oportunidad de que fueses una digna representante de nuestra familia. -


- Yo nunca quise eso, menos representar a tan horrendo hombre. - Reclamó Oliver presionando la cabeza de su padre con el arma.


- No hagas algo de lo que te arrepientas. -


- De lo único que me arrepiento es no haberlo hecho antes. -


- Soy tu padre ¿Cómo puedes desobedecerme? -


- Dime cuantos más nos siguen, sino hablas, te volaré la cabeza. -


- !Hazme caso si quieres vi… - Gritó el hombre pero un disparo sobre la mano que sostenía su arma le hizo temblar. - !Malditaaaa! -


- Habla ¿Cuántos más están en la ciudad? -


- !Estás loca! !No podrás salir de la ciudad! !Si te preocupa la señorita entrégala antes de que te maten! -


- Última vez que lo pregunto. -


- ¿Cómo puedes dispararle a tu propio padre? ¿Qué clase de monstruo eres? -


- Me llama monstruo el hombre que violó a su hija por años, que la prostituyó con sus amigos y solamente miraba como era abusada entre todos como si fuese un trapo. -


- !Eran tiempos difíciles y de alguna forma tenías que ayudar a la familia! -


- Ayudar es llevar el pan a la mesa, asistir a mamá en la costura, cortar la leña de cada día, lo que tú hiciste... Disculpa pero no puedes llamarle ayudar, no busques pretextos para lo que me hiciste. -


- Olivia… - Dijo el señor haciendo que Oliver frunciera su mirada al ver la desesperación de ese hombre. - Hija, no hagas esto, vamos a casa, tu mamá nos espera ¿No quieres lo mejor para la señorita? ¿Verdad, Olivia? Volvamos, todo estará bien... Te juro que estoy arrepentido, voy a cambiar Olivia !Vamos a casa, hija! -


- Lo siento señor, creo que se ha confundido, mi nombre es Oliver. -


Un disparo certero en la cabeza de aquel hombre le dejó muerto al instante e irreconocible, Oliver solamente cerró los ojos un segundo, arrojó su sombrero sobre el rostro del difunto y caminó hacía los escalones, dejando que el fuego siguiera y crecieran sus llamas, ese inmueble empezaba a incendiarse y con él, el cuerpo de quien alguna vez se hacía llamar “su padre.”
 

O-O¬ Baton pass!!
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HOJA 7



Rin asomó su cabeza por fuera del barril donde es escondía, sorprendida al ver que aquella vieja casa empezaba arder en llamas, estaba bastante asustada pero le había prometido a Oliver que la esperaría. Su corazón se agitó y sus lágrimas querían salir, temía lo peor, pero ver una figura alta y delgada a lo lejos le trajo una sonrisa, de entre todas las sombras podía verla, a la chica que amaba y que le había jurado buscar a su lado un lugar feliz para amarse. La castaña vio como la pequeña pelirroja asomaba su rostro de ese barril, corriendo para poder abrazarla con fuerza, sacándola del cilindro para besarla y acariciar su nuca al verla sana y salva tras haber temido que la descubrieran.

- !Oliver! -


- Tranquila, todo está bien. -


- ¿Quienes eran esos hombres? -


- Unos bandidos, pero ya pasó el peligro. -


- ¿Bandidos? -


- Sí, es normal en las grandes ciudades. -


- ¿Ellos iniciaron el fuego? -


- Sí, tal vez ocultaban algo. - Dijo Oliver besando la frente de Rin, pensando en que era mejor mentirle un poco. - Busquemos otro lugar cerca para escondernos mientras llega el tren. -


- Está bien. -


- Pobrecita… Tienes el rostro ensuciado por el hollín. -


- Estaré bien. - Sonrió la pelirroja mientras su pareja limpiaba su rostro con un pañuelo.


Rin cerró los ojos un segundo al dejarse limpiar, cuando los abrió, pudo ver que detrás de ellas se veía la figura de un hombre corriendo hacía ellas, su cuerpo era iluminado por la lámpara que cargaba en sus manos, suficientemente como para que la pelirroja se diera cuenta de que portaba un arma. Fue un segundo en que su pánico y la adrenalina le hizo moverse, la pistola que abrazó durante todo ese tiempo se levantó entre sus manos, empezando a disparar hacía ese hombre, Oliver reaccionó en ese momento para abrazar a Rin y sujetar sus manos para reafirmar sus disparos, logrando darle muerte a ese hombre.
Tras el silencio de los disparos que resonaron en toda esa área, la pistola cayó y una pequeña empezó a temblar de nervios, Oliver la abrazó con la mayor fuerza que pudo al ver como sus ojos azules estaban abiertos del terror y empezaban a llorar por lo que había hecho, aunque no lo hubiera logrado sin la asistencia en ese instante de las manos de la castaña, fue ella quien le apuntó a ese individuo, fue quien accionó el arma.

- Ma… Maté a alguien. -


- No, no fue así señorita. - Hablaba Oliver abrazando con fuerza a la pequeña. - Fui yo, yo guié su mano. -


- Maté a alguien, maté a alguien Oliver. -


- No fue así… -


- Pero, yo lo vi y le apunté, tuve miedo, ese hombre me dio mucho miedo. -


- A todos nos da miedo. - Susurraba la castaña mientras limpiaba las lágrimas de Rin. - Ese hombre quería hacernos daño y nos defendimos. -


- Duele… Duele mucho. -


- Te lo dije, apuntar un arma y arrebatar una vida son cosas distintas. -


- Vamosno de aquí, por favor… Me siento mal. -


- Espere un poco. -


La joven corrió hacía el cuerpo del recién fallecido para tomar la lámpara de aceite, aunque estaba quebrado de un costado aún servía, esculcó el cuerpo y encontró una caja de fósforos blancos, con eso en mano volvió hacía Rin, metiendo los objetos en una de las bolsas.
Oliver cargó en sus brazos a la pelirroja corriendo hacía unos depósitos al otro lado de la estación de trenes, por más de una hora la mantuvo abrazada, esperando a que se calmara, si algo no deseaba que sucediera era que ella se viera obligada a herir a alguien, pero el daño estaba hecho, a pesar de ello, le sorprendió que Rin reaccionara de esa manera, no sólo por pensar primero en defenderse sino por lo que le había contado, la pequeña no le había creído del todo la historia de los bandidos y quizá, en el fondo, sabía que habían ido por ellas. El silbido del tren y de las alertas del ferrocarril acercándose despertó a la niña, quien notó que Oliver estaba dormida, ella dormía poco por estar cuidándola que seguro estaba exhausta, aunque no quería despertarla, besó sus labios y acarició su rostro para que abriera los ojos.


- Oliver, el tren. -


- Perdón… Me quedé dormida. - Dijo la castaña siendo despertada por su amada.


- Se escuchó el tren. -


- Apresurémonos, tenemos que subirnos a uno de los vagones traseros. -


- ¿No compraste boletos? -


- Ya no alcancé, por eso tendremos que viajar atrás, pero no te preocupes, dejaré el dinero cuando bajemos. - Sonrió Oliver al mentirle de nuevo a Rin quien le miró incrédula.


- ¿Somos polizones? -


- ¿Cómo sabe esa palabra? -


- Cuando estaba escondida, veía por la ventana y escuché a unos policías diciendo que se aseguraran de que no hubiera polizones y cuando pasó el tren, atraparon a dos hombres que iban detrás de los vagones. -


- Lo siento, sé que estás acostumbrada a lujo, pero no podemos viajar de forma normal o nos seguirían. -


- Entiendo. -


- ¿Está lista? -


- Lo estoy. - Dijo Rin tomando de las manos a Oliver quien le sonreía al ver que esa linda carita seguía viéndose hermosa aún con un poco de polvo.


Oliver cargó a Rin en su espalda junto a la bolsa de ropa y dinero, corriendo hacía los vagones traseros del tren usados para la carga de inmuebles, se escondieron unos minutos hasta ver que los visores terminaran de revisar la parte trasera para luego acercarse de la manera más sigilosa posible. La castaña pasó de vagón en vagón tratando de ver cual se podía abrir, hasta que el cuarto contando desde el último se abrió, metiendo primero a la pelirroja para luego subir ella y asegurarse de cerrar con cuidado de no causar mucho ruido. Había poca luz dentro de aquel sitio, pero era lo bastante tibio como para que no pasaran frío en esa noche, sería perfecto para descansar.


- No te muevas, deja enciendo la lámpara. - Dijo Oliver preparando la lámpara de aceite, encendiéndola mientras Rin estaba de pie a su lado. - ¿Te sientes bien? -


- Sí, empezaba a agitarme al estar encerradas pero con la lámpara veo que es un lugar muy grande, hay muchos muebles. -


- Puede ser un vagón de algún burgués, podríamos buscar algo que nos sirva. -


- ¿Vamos a robar ahora? - Preguntó Rin mientras Oliver se puso de pie y froto su mejilla.


- Dejaremos dinero, no te preocupes. -


-Empecemos a buscar, haga el menor ruido posible. -


Las dos jóvenes revisaron los muebles, no había mucho, parecía que eran objetos recién comprados, entre todo lo que había, Rin notó que había una cama de madera y al lado, un colchón nuevo que por lo suave y blando que era, seguro que estaba relleno de lana. Por un segundo, la pequeña pensó en si debía hacerlo, pero recordó lo exhausta que estaba su amada, por lo que creyó que era justo que pudieran descansar debidamente.


- Encontré unos cobertores y sábanas, al menos no tendremos tanto frío. -


- Oliver ¿Y si bajamos esto? - Preguntó la pequeña señalando la cama, la castaña sonrió y acarició la cabeza de ella como premio por su observación.


- No lo había notado, bien hecho. -


- Si lo bajamos con cuidado nadie nos descubrirá. -


- De un paso atrás. - Dijo Oliver bajando con cuidado el marco de la cama. - Faltan las tablas. -


- Están detrás del colchón. -


- Entonces, deje las coloco, no será el mejor cuarto del mundo, pero dormirá tranquila. -


- Dormiremos. - Habló Rin abrazando a la joven, quien sonrió por el gesto.


Tras alistar la cama y montar el colchón, Oliver tendió una sabana, justo al momento en que silbó el tren, empezando a moverse, la joven acomodó la lámpara entre un cubo de acero para que no cayera y tomó de la mano a Rin para llevarla al colchón, cubriéndolas con el cobertor. Rin sonrió al estar de nuevo en paz, abrazada de ella.


- No me quité el vestido. -


- Déjame ayudarte. - Dijo la castaña asistiéndole al desvestirla.


- Oliver ¿Soy alguien mala? -


- ¿Por qué me preguntas eso? -


- Maté a una persona. -


- Matar a alguien es un pecado. - Comentaba Oliver mientras dejaba a la pequeña solamente en pantaletas y medias, sonriendo al ver como tapaba su pequeño busto. - Pero es más pecado matar solamente por el placer de hacerlo. -


- Yo no lo disfruté, me duele mucho todavía. -


- El arrepentimiento es algo que la acompañará toda la vida, pero yo cargaré con ella también. -


- Esos no eran bandidos ¿Verdad? -


- Eran trabajadores del señor Mannes, los dirigía mi padre, por eso dieron rápido con nosotras. -


- ¿Viste a tu papá? ¿No le dijiste porque escapamos? -


- Sí, pero él no iba a estar de acuerdo. - Habló la castaña notando la cara de impacto en la pelirroja.


- No tenía opción, él no iba a detenerse hasta separarnos. -


- Oliver… ¿Dónde está? -


- Tal vez, su cuerpo ya fue consumido por el fuego. -


- ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste? Era tu papá. - Susurraba la pelirroja empezando a llorar.


Oliver no quería romperle más el corazón a su amada, ya había sufrido bastante al arrebatarle la vida a una persona como para que ella sintiera la culpa del asesinato de aquel hombre. La joven alta empezó a quitarse sus guantes y desabrochar su camisa para enseñar sus cicatrices en las manos y en el pecho, mismas que siempre atraían la mirada de Rin, tomó sus manitas y las llevó a sus senos reducidos por años y años de vendas y placas.


- Esto… Mis manos, mi pecho, mis muslos, todas esas heridas que tú me has preguntado una y otra vez de que son, él me las causó. - Confesó Oliver mientras Rin le miraba aún llorando. - ¿Crees que puedo llamarle papá después de esto? -


- Oliver… -


- Hizo cosas que no podría contarle, porque temo que sienta asco de mí, aunque él me dio la vida junto a mi madre, dejó de ser mi padre en cuanto se atrevió a hacerme esto… No tenía motivo para vivir, sólo era un esclavo para él, pero fuiste tú y tu bello corazón, quienes me empujaron, me hiciste pensar que había luz después de vivir en la oscuridad. -


- Tú me dijiste… Que había cosas peor que la muerte ¿Eso es… -


- No tienes que estar pensando en eso, solamente quiero que entiendas. - Susurró la castaña limpiando su rostro para abrazarla en su pecho. - Él no merece tus lágrimas, no fue tu culpa que decidiera hacerle lo que hice, tarde o temprano la llama alcanza la pólvora y esta estalla. -


- Pero… Tal vez yo fui la chispa. -


- Rin, tu fuiste el viento que mantenía esa llama controlada, la única chispa aquí fue cuando tu padre te usó como un objeto. -


Oliver sujetó la carita de Rin para besarla en la boca, la pelirroja cerró los ojos y dejó que ella la recostara mientras las caricias empezaban a recorrer su cuerpo casi infantil. El corazón de la niña acaba de tener una mancha negra y su enamorada haría el esfuerzo de pintarlo con besos de mujer para que supiera que ese pecado lo compartían.
El viaje en tren duró casi todo un día para llegar a Zurich, punto donde las jóvenes se movieron rápidamente para no ser descubiertas, eso sí, como Oliver lo había prometido, dejaron una bolsa con una suma de dinero considerable por las ropas tomadas y la noche que tuvieron en sus muebles. Esa ciudad era sorprendentemente enorme, los ojos de Rin no sabían hacía donde ver de tanto que había, pero no podían quedarse por mucho tiempo ya que tenían camino por recorrer hasta Villadossola, pueblo al cual su hermano solía mandar cartas y papel moneda dentro de ellas. Por más grande y poblado que fuera aquel lugar y que fuese buena idea esconderse en él, la castaña no estaba segura de que se debían quedar, era probable que el señor Mannes siguiera a su hija hasta donde los límites de sus recurso pudieran o hasta que el archiduque de Austria perdiera interés en ella, no podía arriesgarse.
Las calles eran enormes y perderse era fácil, por lo que Oliver no soltaba en ningún segundo a Rin, que por su edad y por ser la primera vez en una urbe que no fuera Amsterdam estaba emocionada. Parecía una tarea ardua empezar a buscar y más cuando la castaña no era buena con ciertos idiomas, pero el tiempo apremiaba y debían concentrarse.


- Oliver, esta ciudad es hermosa. -


- Sí, pero no podemos quedarnos. -


- Lo sé. - Dijo Rin tomando su brazo. - ¿A donde vamos? -


- Tenemos que comprar un carruaje y viajar un poco al Sur, hasta los límites de Suiza con Italia. -


- ¿Será un viaje largo? -


- A caballo y a buen paso, tardaremos dos días. -


- Entonces, no tardemos.- Sonrió la pelirroja ayudando con algo de dificultad con una maleta.


- No ocupas esforzarte. -


- Déjame ayudarte ¿Si? -


Oliver sonrió ante la iniciativa de Rin, tal vez se estaba haciendo la fuerte por el dolor que pasó el día anterior, tal vez buscaba no sentirse como una carga, lo que fuera, quería verla sonreír así y no verla decaída. Ambas chicas pasaron por las calles buscando algún mercado que tuviera caballerizas, para sorpresa de la castaña, no esperaba que tanta gente hablara italiano, idioma que no dominaba bien, cuando todo parecía que se le complicaría, la pelirroja empezó a preguntar en aquel idioma, así como en francés y alemán, Rin había aprendido idiomas por obligación familiar y le alegraba que por fin hubiera tenido algo de fruto, no era tan fluido su hablar, pero era suficiente para lograr dar con el cometido.


- Sino fuera por ti, creo que estaríamos dando vueltas. - Dijo Oliver alegrando a la pelirroja que tomaba de la mano.


- Gracias, me alegra ser de ayuda. -


- ¿Preguntas tú o pregunto yo? -


- Dejámelo a mí. -


La pequeña entró a aquel edificio acompañada de Oliver, para poder realizar la compra que tanto necesitaban. Un carruaje, cuatro caballos y provisiones, tenían todo listo para volver a partir a las pocas horas de la mañana, por lo que no quisieron esperar más y decidieron partir enseguida hacia el destino que se habían puesto, un pequeño poblado de Italia cercano a la frontera norte con Suiza. El carruaje viajaba a una velocidad constante, evitando apresurarse para no cansar y lastimar a los caballos así como para que fuese un viaje calmado para la condición de Rin, que no dejaba de envolverse con un cobertor por la frescura de aquella tierra. Aunque el lugar hacía donde iban parecía ser un misterio, Rin se sentía contenta, viajar al lado de Oliver y conocer todo el mundo que había fuera de su casa, valía cada segundo.
Pasaron praderas, valles y alguno que otro pueblo, lejos de Países Bajos eran sólo una pareja más de enamoradas, más de uno volteaba a verlas pero era normal, el color rojo, piel pálida y ojos de un azul tan claro de Rin eran bellos, mágicos, como una muñeca de porcelana vestida como una princesa. En el trayecto, la pelirroja disfrutaba de abrazar de Oliver, quien siempre le mostraba una tenue sonrisa, sabía que no era de sonreír demasiado pero con ese gesto se sentía muy feliz, aunque estaban lejos de todo, sentía que tenía todo a su lado.


- Ya casi anochece. -


- Buscaremos un sendero donde podamos pasar la noche. - Contestó Oliver acariciando la mejilla de Rin notando su mirada algo preocupada. - ¿Te sientes bien? -


- Pensaba en mis papás, si estarán bien. -


- Seguro que lo están… Aunque no entiendo como te preocupas por ellos. -


- Sé que ellos no me tratan como quisiera pero son mis papás, aún los quiero. -


- Ellos no se merecen tu afecto. - Dijo la castaña frotando la nariz de Rin haciéndole sonreír. - Eres una chica maravillosa y ellos no supieron valorarte. -


- Lo sé, sé que por más que he intentado que me quieran ellos me rechazan, pero a veces, sueño que ellos me abrazan y me dicen que me quieren mucho. -



Hubo un silencio entre las dos, Rin miró a Oliver que seguía conduciendo con la mirada directa al camino, solamente iluminados por la lámpara de aceite y la luz de la Luna. La pelirroja pensó lo que dijo y abrazó con fuerza a su amada, sorprendiéndola bastante al punto de detener el carruaje.


- No pienses que me estoy arrepintiendo de esto, estamos juntas, Oliver. -


- Rin… -


- Perdóname por decirlo… Eso es un sueño, la realidad es otra. - Susurró Rin abrazando fuertemente a Oliver, ocultando su rostro. - Papá me ofreció como si fuese un objeto y mi mamá ni siquiera volteó a verme en esa cena, sentía como si ellos se estaban quitando un peso de encima… -


- No tienes que seguir pensando en ellos, a donde vamos, solamente nos necesitamos la una a la otra. -


- ¿Me juras que no me dejarás sola? -


- Jamás te dejaré sola. -


Oliver acurrucó en sus brazos a Rin para besarla en su boquita lentamente, el sabor de sus labios despertó su libido, pero no era el lugar para ello, por lo que se apresuró a llegar a un sendero cercano a un arroyo, para luego meterse en la parte trasera del carruaje junto a la pelirroja, para desvestirla y probar de su cuerpo con el amor que tanto le tenía. Tras terminar su encuentro amatorio, la pequeña descansaba sobre el pecho de la castaña, recuperando el aliento y acariciando su pecho paseando por las cicatrices que tenía, aquellas que siempre evitaba responder su origen, no obstante, ahora que estaban lejos de sus tierras, creía que podía saber la verdad.


- Oliver ¿Por qué tienes todas estas cicatrices? -


- Ya te lo he dicho muchas veces, de niña iba a la leña. - Sonrió Oliver frotando la mejilla de Rin, quien le tomó la mano con sus manitas.


- Dime la verdad, esto no es de ir a recoger leña ¿Verdad? -


- No insistas, esa es la verdad. -


- Hemos venido tan lejos y dejamos mucho atrás ¿Por qué sigues ocultándome cosas? - Preguntó Rin mirando algo triste a la chica mientras tomaba su mano. - ¿No confías en mí? -


- No se trata de confianza, sino de miedo. -


- ¿Miedo? -


- Temo que si te enteras ya no me veas de la misma manera. -


- Eres la única que me hiciste sentir amada, como una persona y no como un fenómeno. - Susurró la pelirroja tomando las mejillas de Oliver para mirarla fijamente. - Tu dijiste que ibas a cargar con mis pecados y mi mundo, yo puedo cargar con el tuyo. -


- Rin…. -


- Cuéntame porque tienes estas cicatrices, porque cuando te lo pregunto parece que vas a llorar. -


- Está bien… Y Rin, entenderé si quieres alejarte de mí. -


Oliver tomó toda la fuerza de su corazón y empezó a contarle lo ocurrido hacía once años atrás, cuando Rin apenas era una bebé, un asalto al carruaje de su familia dio como resultado la muerte de su hermano mayor y encargado de la protección de la recién nacida y la madre por ordenes del señor Mannes. La falta de un heredero varón para las obligaciones de los Edna llevó al padre y líder familiar a una locura, educarla a ella a sus ocho años como si fuese un hombre, aunque eso distaba bastante de educación. La cara de la pequeña era de desgarramiento, frustración, tristeza, escuchar de la voz titubeante de la chica que amaba todo lo que tuvo que vivir bajo el yugo de su madre, las incontables noches que él la tocó y abusó de ella sexualmente, hasta la barbarie de haber sido violada por varios hombres a la vez en el bosque, sin que él hiciera algo para evitarlo, solamente vio como esa docena de depravados la despojaban de su infancia, de su inocencia e identidad.
Las manos de Oliver temblaban, sus ojos brillaron por el congojo de confesar lo que le hicieron al amor de su vida, dentro de ella seguía siendo esa niña que lloraba suplicando a su padre que se detuviera o que la ayudara. Un abrazo la hizo reaccionar, Rin la abrazó con toda la fuerza que pudieran darle sus brazos infantiles, intentando con ello poder reducir el dolor de su amada lo más que pudiera.


- Entenderé si sientes asco de mí. -


- !Nunca lo tendría! Te amo Oliver, te amo… Lo que te hayan hecho no cambia lo que siento. - Lloraba Rin abrazando con fuerza a Oliver, llenando de besos su rostro.


- Rin… -


- Yo haré que tus cicatrices duelan menos, te lo juro. - Decía la pelirroja besando las cicatrices de la castaña, quien lloró sonriendo por verla haciéndolo. - ¿Te están doliendo menos? -


- Sí… Mucho menos. -


- Yo nunca te lastimaré, nunca… -


- Sé que no lo harás… - Suspiró Oliver abrazando a Rin, mirando sus ojos fijamente.


- Oliver… ¿Soy una mala persona por pensar que tu papá se lo merecía? Que tú… -


- No lo eres, es normal sentir tanto odio por alguien como él. -


- Pero… ¿Por qué no escapaste? ¿Por qué no huiste de él? -


- Porqué no podía dejarte atrás. - Contestó la joven tomando la carita de Rin con sus manos, sonriéndole. - Tú eras esa luz que trataba de atrapar en la oscuridad. -


- Entonces… déjame iluminarte todo el tiempo. -


Oliver y Rin se abrazaron hasta que el sueño las fue venciendo, el corazón de la mayor aún seguía llena de cicatrices, pero ahora eran menos dolorosas, haberlas enseñado a la niña que amaba y que ella siguiera firme en su ideal de estar juntas, eran la medicina perfecta para ir curando poco a poco esas viejas heridas.
 

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HOJA 8





Aunque el viaje fue largo, ver por fin a lo lejos la comunidad de Villadossola, siendo aquella iglesia arriba de un cerro lo que sobresalía desde varios kilómetros. Oliver no conocía bien el lugar, pero por las cartas que su hermano recibió de su enamorada, parecía ser tranquilo, no obstante, no sabía los detalles de esa mujer tras once años sin comunicarse desde la muerte de él, así que iba por la corazonada de tener algo de apoyo de quien alguna vez amó al único hombre que admiraba. Mientras el carruaje se acercaba más y más al poblado, no llevaba prisa la conductora ya que no quería despertar a la pequeña que dormía en el interior, llegando a la calle principal con una calma para no captar la atención de nadie, por eso mismo había elegido un carruaje modesto, quería que todos creyeran que era una pareja viajando nada más.
Oliver empezó a preguntar a varias personas de la calle sobre el paradero de Luscina, tendría que ser fácil de reconocer ya que de lo poco que recordaba de ella eran sus peculiares color grises, un largo cabello negro y un lunar en su mejilla derecha. No era muy buena con el italiano, pero se las arregló para investigar, no obstante, nadie daba paradero de esa mujer que calculaba debía tener unos veintisiete o veintiocho años.


- Joven, joven ¿Busca a Luscina? - Dijo un anciano hablando neerlandés que pasaba por la calle, caminando con ayuda de un bastón. - Me sorprende escuchar a un compatriota por estos lados. -


- Buenos días señor ¿Usted es de Amsterdam? -


- Cerca, soy de Amstelveen, hace mucho que dejé mis tierras por la guerra y me asenté aquí, es un territorio muy rico en metales., pero parece que tú andas buscando otra cosa o mejor dicho, a alguien. -


- Vengo de viaje con mi prometida y buscábamos a Luscina para invitarla a nuestra boda. - Comentó Oliver mintiendo y fingiendo su voz perfectamente.


- ¿Por qué la molestia de viajar tan lejos? La correspondencia ha mejorado bastante, jovencito. -


- Consideramos que es más educado entregarlo en persona. -


- Bien dicho, así debe de ser todo, de la manera más cortés. - Respondió el viejo señalando con su mano hacía el otro lado del pueblo. - La comunidad gitana está más allá, como a tres millas, vienen los viernes a vender sus mercancías y presentar sus bailes y música, los demás días están apartados ya que la iglesia no los ve bien, conozco a esa muchacha porque es quien me da un remedio contra el dolor de huesos. -


- Muchas gracias señor. -


- Te recomiendo que cuando vayas, digas que vas de parte de Ruppert Geffen, hago varios negocios con ellos y sabrán que eres de fiar. -


- Gracias. -


Oliver subió al carruaje despertando a Rin con el movimiento, los ojos azules de la pequeña apuntaron hacía la castaña que le sonrió y le acarició la mejilla antes de besarla para darle los buenos días a su amada, que poco a poco se fue incorporando.


- ¿Dónde estamos? -


- En Villadossola, iremos a buscar a Luscina. - Dijo Oliver besando más a Rin. - Recuéstate un poco, saldremos del pueblo y en el camino buscaré un lugar donde puedas cambiarte sin problemas. -


- Está bien. -


El carruaje volvió a ponerse en marcha, tras media hora de camino, Oliver se metió entre los árboles para que Rin pudiera ponerse una ropa más cómoda sin el temor a ser observada por ojos ajenos, mientras ella se cambiaba, la castaña sacó un poco de queso, fruta, pan y vino para desayunar.



- Listo. - Dijo Rin al salir con un vestido color rojo, acercándose a su amante que servía todo sobre el asiento del conductor. - Oliver. -


- Tenemos que comer algo antes de seguir. -


- Pensé que teníamos prisa. -


- Dudo que aquí nos encuentren, el pueblo parece ser muy cerrado en hablar sobre otros, me imagino que más de uno es como nosotras, queriendo evitar problemas. - Respondió la castaña quitándole la cera que recubría el queso y cortarlo en rebanadas. - Toma asiento, no es un platillo ostentoso pero será suficiente para llenarnos. -


- Provecho. -


- Provecho… Disculpa, esto quería compartir contigo. - Habló Oliver destapando la botella para servir el vino en dos copas.


- Oliver. -


- Quería celebrar que estamos más cerca de la libertad. -


- Aún no puedo creer todo esto, es cómo un sueño, nunca creí que saldría de casa. - Dijo Rin mientras chocaba la copa de vino con esa joven.


- Es nuestro sueño y vamos a luchar por él. -


Mientras las jóvenes almorzaban, vieron pasar un carruaje proveniente del sitio a donde se dirigían, por la decoración del vehículo Oliver supo de inmediato que era de una caravana, comprobando que la comunidad gitana estaba hacía allá. Tras terminar de comer, apresuraron un poco el paso para llegar antes del anochecer, logrando divisar algunas casas y carpas cerca de una laguna. La castaña le pidió guardar silencio a Rin al entrar a la comunidad ya que todos veían al desconocido y a esa niña que se asomaba de dentro del coche, con la piel pálida, ojos azul claro y su brillante cabello rojo, características bastante llamativas para cualquiera que la viera.
Oliver se bajó del coche y dirigió sus caballos a pie, mirando a todos lados con mucha calma, viendo quien pudiera darle con el paradero de Luscina, pero algo inesperado le captó la atención, un niño que calculaba de diez u once años, muy parecido a su difunto hermano, que le miraba y se daba la vuelta para correr a una casa.


- !Mamá, mamá, mira a esa niña, tiene cabello de fuego! - Gritó el niño frente a su casa.


- Oliver, te he dicho que no grites ni señales a las personas. -


Una joven mujer salió de la casa secando sus manos, su cabello negro, piel ligeramente morena y sus ojos verdes fueron bien reconocidos por Oliver, a pesar de los años pasados, seguía siendo esa hermosa chica que enamoró perdidamente a su hermano. Ahora era claro, ese niño era el hijo que tuvo con él, recordaba que él le dijo que ella esperaba un hijo y la traída del recién nacido de la familia Mannes sería su último trabajo antes de reunirse con ellos. La castaña ayudó a bajar a Rin y le tomó la mano para caminar hacía esa mujer, quien le miraba con curiosidad al notar que ese chico le sonreía de manera amigable, por alguna razón sus rasgos le parecían conocidos pero prefirió pedirle a su hijo entrar a casa.


- Buenos días, perdón por la molestia, mi hijo es algo confianzudo con la gente. -


- Igual que su padre. - Contestó Oliver sorprendiendo a la mujer. - Ha pasado mucho tiempo, Luscina. -


- ¿Disculpa? ¿Nos conocemos? -


- Tal vez ya no luzco como lucía antes, pasaron muchas cosas desde que él partió. - Hablaba la castaña mientras Luscina le miraba. - ¿Podemos platicar en privado? Vengo de parte de mi hermano. -


- ¿Olivia? -


- ¿Olivia? - Pensó Rin sorprendida al escuchar que le llamaba así.


- Disculpa, pero me llamo Oliver, te lo explicaré si me das tiempo. -


- Pasen. -


- Perdón, no me he presentado, soy Rin Mannes. - Dijo la pelirroja siendo amable con quien les recibía, sorprendiendo a la mujer que le tomaba la mano y miró con confusión a Oliver.


- Si, también te explicaré de ella. -


Luscina dejó pasar a ambas jóvenes ofreciéndoles asiento en la sala, la madre ordenó al hijo salir a jugar con la pura mirada, pero como el inquieto que era, se paró frente a Oliver mirándola fijamente, admirando su altura.


- ¿Eres mi tío? Alcancé a escuchar que eres hermano de mi papá. -


- Oliver, no seas entrometido. -


- Si, soy tu tío. - Sonrió Oliver acariciando la cabeza del niño. - De hecho, nos llamamos igual. -


- ¿Puedes contarme de papá? ¿Es cierto que fue un héroe de guerra? -


- !Oliver! -


- Lo fue, puedo contarte de él si tu madre me permite. -


- ¿Puede mamá? ¿Puede? -


- Primero obedece y sal, voy a platicar con… Tu tío. - Comentó Luscina confundida por ese detalle.


- !Nos vemos, tío! -



El niño salió corriendo de la casa, dejando a las tres mujeres a solas. Luscina miraba fijamente a Oliver, ya viéndola con más detalle pudo ver que sin dudas era la hermana de su difunto esposo, pero tenía cierta apariencia masculina y una voz varonil que le había extrañado al principio.



- Olivia ¿Por qué usas el nombre de tu hermano? -


- Prefiero pensar que el nombre de Olivia murió el mismo día que él. - Respondió Oliver mirando fijamente a la gitana.


- ¿Qué te ha pasado? -


- Dame tiempo para contarte. -


Oliver empezó a explicar la situación que la había traído ahí, la crianza que tuvo con su padre para que ella actuara como un chico, dejando fuera lo más turbio de esa historia, el amor que tenía hacía Rin y su decisión de escapar lejos de la familia Mannes, cuya sola mención causaba molestia a Luscina, ya que fue justo un encargo de ellos lo que le arrebató a su amado. La gitana se levantó al terminar la historia para servir algo de té, no sólo para las invitadas, necesitaba digerir todo, la hermana menor de su enamorado ahora se hacía llamar como él, era una “desviada” y tenía en sus manos a la niña que fue la causante de la muerte de Oliver, aunque en el fondo, entendía como ellas se sentían, ya que era la misma emoción que atravesaron ellos cuando se enamoraron, ser rechazados por que ella era gitana.



- Esto … Es muy sorpresivo. -


- Solamente quería saber si estabas bien y si era posible, me dijeras si conoces algún lugar en Italia donde la iglesia no tenga tanta presencia. - Comentó Oliver mientras Luscina bebía de su té. - Donde podamos estar juntas sin miedo a nada. -


- Es difícil, tendría que preguntarle a los demás si saben, no he viajado mucho desde que tuve a mi hijo, mis padres me pidieron vivir aquí con ellos y dejar las caravanas, temían que tu familia quisiera arrebatarme a Oliver. -


- Si mi padre se hubiera enterado de él, sin dudas lo hubiera hecho, lo bueno es que eso jamás pasará. - Dijo la castaña sintiendo una calma al saber que ese niño estuvo a salvo.


- Yo… -


Rin se arrodilló frente a Luscina, tomando por sorpresa a las presentes, agachaba su cabeza en una posición de suplica, sintiendo como Oliver trataba de levantarla pero ella mostró resistencia.


- Perdóname… Yo no sabía que… El hermano de Oliver murió por culpa de mi familia. - Lloraba Rin pidiendo perdón a Luscina. - Te pido perdón… Perdóname. -


- Rin. -


- Ponte de pie, no es tu culpa… Él tenía algo que valoramos mucho y es su palabra, nunca abandonaría una promesa… Aunque, no cumplió lo último que me prometió. - Dijo Luscina ayudándole a ponerse de pie.


- Pero… -


- Es mejor que se queden a dormir, ya mañana temprano les diré si encuentro algo de información. -


- Podemos dormir en nuestro carruaje. -


- Olivia ¿Qué cara pondré cuando mi hijo pregunte porque dejé a su tio durmiendo afuera? - Habló la joven madre haciendo sonreír a la castaña. - Por favor. -


- Está bien… Gracias, Luscina. -



La noche cayó y el sueño venció a Oliver y a Rin, el viaje había sido largo y no habían dormido bien así que la sensación de una cama suave les hizo poder descansar. Al ser una casa ajena, se abstuvieron de demostrarse su amor, así que decidieron dormirse un poco separadas para evitar explicaciones en caso de que el sobrino de la castaña las viera. Incluso para la mayor de las dos que siempre estaba en alerta, el cansancio era bastante y no pudo evitar rendirse, sintiéndose segura en aquel hogar que se le negó a su hermano.
Aprovechando la oscuridad y el silencio, la puerta de la habitación de invitadas se abrió lentamente, por la luz de la Luna se veía brillar un filo de navaja, que se acercaba poco a poco hacía la niña de cabello rojo, que sin saberlo, aquella arma apuntaba hacía su cuello, señal de que alguien en aquel lugar guardaba rencores que nadie más sabría.
 

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HOJA 9




Una mano temblorosa posaba una navaja cerca del cuello de la niña de cabello rojo que dormía profundamente, sus mejillas blancas y algo coloradas por el sereno de la noche podrían cautivar a muchos pero no a la persona que estaba atentando contra su vida. La duda mantenía a ese filo sin contar, era una gran oportunidad para desquitar años de frustración, dolor y ansiedad, de descargar su odio hacía esa familia con la menor de las integrantes, pero algo le detenía. Los labios de Rin empezaron a temblar suavemente, tal vez era el frío, no obstante, esos temblores pasaron a todo su cuerpo y parecían más los reflejos de una pesadilla que el daño del ambiente.


- Tú…. Me quitaste todo… - Pensaba la persona que se posaba frente a la pequeña pelirroja.


- Ma…. Mamá. -


- Niña estúpida, esto es por Oliver. -


- Mamá… Mamá… ¿Por qué… ¿Por qué no me quieres? - Susurraba entre sueños Rin, soltando algunas lágrimas. - ¿Por qué… Por qué me dices que me muera? … ¿Por qué no me quieres? Mamá… No me dejes sola… -


- …-


- Oliver… Oliver…. ¿Por qué no me quiere mi mamá? ¿Por que… Por qué me dice que mejor hubiera muerto? … - Susurraba la pequeña llorando y moviendo su cabeza al dormir.

La mano retrocedió cuando su dueño sintió un nudo en la garganta, aquella niña estaba implorando por amor, justo cuando podía vengarse, el remordimiento de matar a una infante le desgarraba el corazón. Bajaba, subía, bajaba, subía, la indecisión de cometer un crimen, de cobrar venganza o de perdonar a esa niña, su corazón de madre le hacía angustiarse al ver a tan tierna criatura llorando por falta de amor en las pesadillas, pero su congojo de viuda le causaba una frustración intermitente, tener la posibilidad de hacerle sentir a esa familia el dolor de perder a un ser querido. Luscina, quien apenas se podía ver por la poca luz, daba vueltas al no saber que hacer, apretaba sus dientes y puños por la balanza de vida y muerte que pesaba en esa navaja.


- ¿Por qué? ¿Por qué dudo? Tú me quitaste a mi esposo… - Pensaba Luscina apretando sus manos y apuntando el puñal hacia el pecho de Rin para luego retroceder. - !Deja de llorar, no llores! !Si lloras no podré hacerlo! -


La madera crujiendo por los pasos de aquella mujer despertó a Oliver, que al ver esa figura tomó el arma que escondía debajo de su almohada, pero se detuvo al ver que era Luscina. La castaña dedujo rápido que estaba ocurriendo, su cuñada estaba queriendo cobrar venganza contra Rin, por ser aquella niña por la que su hermano dio la vida. Oliver pensó en disparar y terminar el peligro de su amada, no obstante, veía que ella estaba dudando, su humanidad estaba peleando contra su rencor, además, también para si misma era una decisión complicada, darle muerte sería dejar a su sobrino sin madre y ya era bastante duro crecer sin su papá como para hacerlo huérfano.


- ¿Por qué? !Deja de llorar, tú tuviste todo! !Viviste a costa de su vida! - Se guardaba para si misma la mujer quien alzó la navaja preparándose para clavarla, arrepintiéndose al ver las mejillas empapadas en lágrimas de esa niña. - ¿Por qué? … -


- ¿Qué crees que haces?





El sonido del martillo de un revólver hizo reaccionar a esa persona, la mujer que estaba al lado de la pequeña estaba apuntando directo a su pecho, a esa distancia sería una herida fatal y por la mirada que le tenía, supo que no estaba jugando, en verdad deseaba matarla. Oliver señaló con el cañón de su arma que saliera del cuarto, siendo seguida por la castaña que no bajó el arma en ningún instante para guiar al atacante hasta la sala, donde sólo la luz de la Luna iluminaba ese espacio. A diferencia del atacante, la mano firme y mirada penetrante de la guardiana de Rin no mostraban dudas, estaba dispuesta a matar, eso era lo que le causaba más dolor y confusión a la persona que portaba la navaja, porque de todas las personas en el mundo, esperaba que ella entendiera sus motivos.


- Deja el cuchillo en la mesa. - Ordenó Oliver sin bajar su arma al apuntarla a la amenaza. - Pensé que tendrías ese deseo, pero nunca esperé que lo intentaras. -


- Ella… Ella es una Mannes. -


- Lo sé. -


- Es hija de la familia que mató a mi esposo, a tu hermano. - Dijo Luscina sujetando su camisón con fuerza en el pecho. - ¿Cómo puedes defenderla? Por su culpa lo perdimos, si esa niña no hubiera nacido, aún lo tendríamos. -


- ¿Cómo sabes que es ella? -


- La última carta de tu hermano… Él me lo contó, su última misión era proteger a la recién nacida de esa familia, llevarla a casa, habló de lo bella que era, de su cabello rojo como el atardecer y sus ojos del color de los ríos, lo sabías ¿Verdad? -


- Sí, lo sabía. -


- ¿Entonces? - Reclamó la mujer a Oliver quien no bajaba su arma. - ¿Cómo puedes estar cuidándola? !Ella vivió a costa de la vida de Oliver! !De tu hermano! -


- Lo sé, por eso su vida es más valiosa para mí que la mía. -


- ¿Estás loca? !Estás protegiendo a la asesina de tu hermano! !Esa mocosa condenó a mi esposo desde que ella nació! -


- No vuelvas a insultarla. -


- ¿Por qué la defiendes? !Ella debe de morir! -


- Mi hermano nunca dejaría que la sangre de una infante se derrame en su nombre. -


- !Qué sabes de lo que él quería si no lo amaste como yo! Él debía vivir, aunque muriera esa malnacida. -


El clic del martillo hizo que Luscina diera un paso atrás, los ojos de esa joven estaban llenos de coraje, ofender a esa niña no parecía ser la mejor de las ideas ¿En verdad era capaz de matarla cuando su hijo, su sobrino estaba en otra habitación?



- Es verdad, mi hermano murió protegiéndola, pero ella no tiene la culpa de ello, no tiene la culpa de haber nacido bajo esa familia y si vuelves a llamarla malnacida, no tendré piedad. -


- !No la defiendas sólo por estar con ella, maldita desviada! - Gritó Luscina furiosa mientras Oliver daba un paso hacía adelante. - Revolcarte con la niña que mató a tu hermano, actuar como un hombre, usar su nombre, solamente ensucias su recuerdo. -


- No me obligues a dejar a mi sobrino sin su madre. -


- ¿Qué? ¿Piensas ser una asesina como ella? !No lo entiendes Olivia! !Ella y su jodida familia me arrebataron todo! -


- !AL MENOS TUVISTE ALGO! -


Un fuerte golpe en la mesa hizo reaccionar a a esa mujer, pensó que era su final pero en la cara de Oliver solamente se veía tristeza y coraje, muy distinta a la mirada de odio de hacía unos segundos.


- Tienes una familia que cuidó de ti, un hijo que te ama, un lugar en donde vivir… En cambio, ella nunca tuvo nada, no tuvo un padre que la protegiera, una madre que la mimara, una familia a cual pertenecer ¿Crees que por ser gitana sabes lo que es ser marginada? -


La mirada de la castaña estaba llenándose de lágrimas, siempre se contuvo de mostrarse débil ante Rin, pero escuchar a esa mujer de quejarse y culpar a Rin de lo que le había perdido le causaba rabia, como si pensara que la vida fue injusta con ella y nadie más.


- Tú no soportarías ni un minuto lo que es ser apartada de tu propia sangre, de rogarle un abrazo a tu mamá, de llorar de rodillas a tu padre por acompañarlos a la mesa, de ser golpeada por quienes deberían de quererte, de ser más una mascota o adorno en la casa...Todo por ser pequeña, por ser frágil, por nacer siendo una niña que no ve cuando llegue la madurez a su cuerpo, por no ser lo que todos quieren que ella sea… - Hablaba Oliver tallando sus ojos al llorar y apretar su pecho. - Ni soportarías lo que yo viví… Tú fuiste afortunada. -


- Pero… Perdí a mi esposo, a tu hermano. -


- Perdiste a tu esposo y yo a mi hermano, pero aún tienes a tu familia, a tu hijo, la vida te dio más de lo que crees... Nosotras nunca tuvimos nada que perder… Solamente nos tenemos a nosotras… Y en vez de culpar al mundo y a los demás, decidimos aferrarnos a eso único que nos hace ser felices. - Respondió la castaña terminando de limpiar su cara, dejando su arma en la mesa. - Vamos, mátame y matala a ella, dime si eso te traerá de vuelta a Oliver, si podrás vivir y darle la cara a tu hijo por ser una asesina, por matar a sangre fría… Yo ya me manché las manos por defender lo que siento ¿Puedes hacerlo tú? ¿Puedes matar a una niña inocente? -


- !ELLA NO ES INOCENTE, ES UNA MANNES! -


- ¿Y ELLA DECIDIÓ SERLO? - Gritó Oliver golpeando la mesa al estar furiosa. - ¿Crees que ella quiso nacer en un hogar donde solamente ha sido maltratada? No hables de inocencia cuando no sabes lo cruel que se siente perderla en tu propio hogar. -


- !Yo perdí a mi esposo! -


- Y ella no tenía una vida, ni una familia, a nadie, menos el amor de una madre. - Dijo la castaña tratando de calmar a la mujer, notando que esas palabras le afectaron. - ¿Tú le dirías a tu hijo que no debió nacer? ¿Le negarías un abrazo y un beso? -


- Ese no es mi problema… Que ella haya sufrido no es mi culpa. -


- Así como no es su culpa ser una Mannes. - Contestó Oliver haciendo reaccionar a Luscina. - Ni es su culpa que mi hermano muriera, sólo piensa, si eres tan cruel del corazón como para culpar a una niña que tuvo un año de nacida cuando perdimos a Oliver y me dirás quien es la criminal aquí. -


- Yo… Yo… -


- Extraño a mi hermano tanto como tú, pero no voy a dejar que corra sangre por su recuerdo, no quiero que también ensucies tus manos por culpa de esa familia… Basta con ensuciar las mías. -


Luscina cayó de rodillas empezando a llorar, Oliver soltó un suspiro al darse cuenta que la mujer estaba desesperada y se había quebrado emocionalmente, la entendía, pues también extrañaba a su hermano, un maravilloso hombre que no merecía morir así. La castaña se arrodilló para abrazar a su cuñada, quien escondió su rostro por vergüenza de lo que estuvo a punto de hacer. Mientras ella empezaba a calmarse, la joven volteó hacía atrás esperando que el alboroto no despertara a su amada, pero era demasiado tarde, Rin estaba asomándose en la puerta y por las lágrimas en sus lindos ojos parecía haber escuchado todo.


- Lo siento… Lo siento. - Susurraba la mujer mientras Oliver la calmaba y la ponía de pie.- Lo extraño… Nunca dejé de amarlo y yo… -


- Sé que nadie amó más a mi hermano que tú, pero no dejes que su recuerdo se convierta en un motivo para lastimar a alguien más. -


- Olivia ¿Cómo? ¿Cómo es que puedes soportar su ausencia? - Preguntó Luscina viendo como ella le daba la espalda al recoger su pistola.


- Te lo dije… Olivia murió el mismo día en que mi hermano fue asesinado. -

La puerta se escuchó cerrar de golpe, la castaña se descuidó un instante, momento que aprovechó la pequeña para salir corriendo de la casa sin rumbo aparente. Oliver salió a toda prisa sin saber hacía donde corrió, la pequeña sombra que se movía hacía el bosque le hizo sospechar de ella, solamente alguien sin conocimiento real de los peligros de meterse a lo desconocido le haría ir hacía allá. La castaña apresuró su paso logrando verla, corría torpemente con sus pies descalzos, se tropezaba y seguía, pero no pudo ir más lejos, unos fuertes brazos la atraparon y levantaron mientras ella pataleaba al reconocer ese aroma y calidez.

- !Suéltame, suéltame! -


- No lo haré hasta que me prometas que no saldrás corriendo. -


- !Suéltame! !No es justo! !No es justo! - Gritaba Rin soltándose para tapar su cara y caer al suelo, soltándose a llorar y temblar por los nervios. - No… No merezco ser…. No merezco ser feliz. -


- No digas eso. -


- Ma… Maté a tu hermano… Al papá de ese ni…. Ni… - Trataba de hablar la pelirroja pero su agitación y llanto no le permitía.


Oliver se sentó en la tierra y abrazó con todas sus fuerzas a Rin, frotando su pequeño cuerpo para calmarla, detestaba verla tan devastada, sabía bien que si ella llegaba a descubrirlo se volvería a culpar de ello, como siempre lo hizo, cuando un corazón es tan frágil y puro que se culpa así mismo de los errores y faltas ajenas.


- No.. No… No merezco vivir… Ni ser feliz… Ni… Ni que… Me ames… - Titubeaba Rin mientras Oliver le sujetaba su carita pálida, llorando de preocupación por verla así.


- !Nunca lo vuelvas a decir! Nadie más que tú mereces ser feliz, mereces ser amada, mereces vivir, vive por mí, Rin, porque yo te necesito a mi lado, porque te quiero a mi lado. -


- Soy una… Mannes… Sólo lastimamos a los demás… Por mi familia, Luscina y tú han sufrido mucho… Y por mi culpa. -


- No cargues con la culpa de tus padres. - Dijo Oliver besando su boquita y frotando con su pulgar los labios para calmar el temblor de los mismos. - Ya no llores por favor. -


- Mi mamá tenía razón… No debí haber nacido. -


- !No lo digas! -


Rin reaccionó al ser sacudida de repente por Oliver, la pelirroja pudo ver en esa cara siempre firme y fuerte a una chica llorando, lloraba por ella, por sus palabras tan hirientes y autocompasivas que no hacían más que abrir heridas en ambas.


- No vuelvas a repetirlo nunca, Rin. - Habló la castaña acurrucando en sus brazos a la pequeña, frotando su cabello y su espalda. - Tú eres mi rayo de luz en la oscuridad, no digas que no debiste nacer… Por que me partes el corazón. -


- Oliver… -


- Eres tú quien me dio las fuerzas para seguir adelante, quien me hizo soñar con una vida fuera de esa mansión, quien me hizo creer en los sueños… Que nacieras fue lo más bello que pudo pasarle a mi vida. -


- Oli… - Susurró Rin escondiendo su rostro en el pecho de Oliver, quien la frotaba para evitar que su cuerpecito sufriera por el frío de la noche.


- No es tu culpa, no tienes la culpa de nada… Y si alguna vez sientes que cargas con ella, la cargaremos juntas… No estás sola. -


- Abrázame… Por favor.… Sólo abrázame. - Titubeó la pequeña mientras su amada la atrapaba entre sus brazos y piernas acunándola para conservar el calor.


Mientras Oliver procuraba mantener tibia y calmada a su amada niña, alguien a escasos metros de ellas estuvo de testigo de lo ocurrido. No dijo nada, no quiso acercarse, solamente dio la media vuelta y decidió volver a ese hogar que le faltaba una persona en la mesa, reflexionando sí eso era peor que nunca haber tenido un lugar en ella.
 

مكسورة و تالفة
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¡Llegué a la mejor parte!

Mira que qué adecuado me parece que Oliver haya matado a su padre, aunque sea para quitarse ese peso de encima.
No sé si los motivos de Luscina sean válidos, pero al final todos toman sus decisiones (o casi todos).
 
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