+18 Original Fic Asilos Magdalena -Epílogo-

O-O¬ Baton pass!!
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¡Llegué a la mejor parte!

Mira que qué adecuado me parece que Oliver haya matado a su padre, aunque sea para quitarse ese peso de encima.
No sé si los motivos de Luscina sean válidos, pero al final todos toman sus decisiones (o casi todos).
:d A ti te encanta el drama jaja, x3 mucho drama.
 

O-O¬ Baton pass!!
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HOJA 10




Oliver cargaba en su espalda a Rin, aunque la pequeña insistió en que podía caminar, ella no pudo evitar preocuparse por sus delicados pies que se lastimaron por correr descalza por el bosque. La castaña había logrado calmar la tristeza de su amada y ahora estaba el pendiente de que encontrarían al volver a la casa, Luscina podría seguir con su plan de venganza, quizá no las dejaría pasar por sus cosas y quien sabe que más posibilidades más, así que tendrían que tener la mayor cautela posible para evitar peleas innecesarias.


- Rin, pasaremos por nuestras cosas y nos iremos. -


- ¿Y si ella no nos deja entrar? -


- Me esperaras en el carruaje y yo entraré a la fuerza. - Comentó Oliver mientras cargaba a Rin. - Te prometo que no le haré nada malo. -


- Perdóname, tú querías volver a ver a la esposa de tu hermano y yo… -


- No te culpes, nunca pensé que guardara tanto rencor. -


- ¿Y si nos vamos? - Susurró la pelirroja abrazando con un poco más de fuerza el cuello de la castaña. - Podemos comprar ropa en otro lado con lo poco que traemos en la carreta… Estaré bien con ropa de segunda mano. -


- Pero necesitamos el resto del dinero, así podremos tener un techo donde vivir. -


- Podemos trabajar juntas… -


- Intentemos hablar con ella. - Dijo Oliver tratando de ser positiva para animar a la niña. - Espero que al menos me permita dejar recoger y salir. -


- Está bien. -

La pareja se acercó a la casa donde habían sido bienvenidas, sorprendiéndose por ver que la puerta estaba abierta y había un poco de luz saliendo de las orillas de las ventanas de madera. La castaña bajó a Rin y le pidió guardar silencio, mientras la tomaba de la mano y caminaban despacio al interior de la morada, asomándose a la sala de donde provenía la luz, observando a una mujer frente a una vela, en una posición como si estuviera orando. La joven madre escuchó el crujido de la madera y volteó lentamente hacía ellas, dejando ver unos ojos rojos por haber estado llorando. El silencio de las tres era casi de velorio, eran tres puntos de vista tan distintos pero tan relacionados que buscar un punto neutral en ello era complicado, una viuda con rencor, una niña sintiéndose culpable, una enamorada dispuesta a todo por la libertad de la pequeña.


- Pasaremos por nuestras cosas y nos iremos. - Comentó Oliver en un tono calmado, mientras Rin se escondía detrás de ella.


- Está bien… -


- Lamento todo esto. -


En cuanto iba a dar un paso Oliver, sintió como la pequeña se soltaba y caminaba hacía Luscina, arrodillándose frente a ella de nuevo. Tanto la mujer como la joven se sorprendieron por la acción de la niña, causando un temblor de impotencia y frustración en Luscina al empezar a sentirse culpable de atentar contra su vida.


- Perdóname… Perdóname… - Susurraba Rin entre lágrimas al agachar la cabeza. - Yo no lo sabía… No lo sabía… -


- Rin, levántate por favor. -


- Yo… No debí de nacer… Por mi culpa Oliver y tú…. No lo tienen a él… -


- !Levántate por favor! - Volvió a ordenar Oliver sintiendo su pecho oprimido al ver a esa niña así, pero sabía que la lastimaría más si la levantaba a la fuerza.


Luscina tenía una sensación similar a Oliver al ver a la niña en esa posición, podía escuchar su suave lloriqueo, casi como él de un bebé, haber escuchado en secreto el dolor que cargaba le hacía pensar que tan perversa podía ser la familia Mannes, como para haberle negado amor a tan inocente criatura, a tan pequeña inocente. La mano de ella trataba de tocar la cabeza de Rin, estiraba los dedos y los cerraba, le temblaban, se tronaba el pulgar, luego las articulaciones de cada dedo, era tan desgarrador querer cobrar venganza a costa de matar a una criatura más pequeña que su hijo, más doloroso aún era pensar que su esposo murió sin saber que a la bebé que salvó le esperaba tantas desgracias. Tras pensarlo, su mano se posó sobre el suave cabello de ella, acariciándolo con delicadeza mientras no paraba de llorar.


- Quería matarte, quería vengar la muerte de mi esposo. - Hablaba la mujer con la garganta apretada por tanta tensión.


- Perdóname… -


- Pero… Veo que esa familia no lloraría por ti ni una gota, ni pensaría en si quiera darte una sepultura… Matarte no me dejaría satisfecha… - Habló Luscina mirando a Oliver. - La única persona que sufriría por tu ausencia, ya está aquí presente… Y ya perdió a alguien importante como para quitarle lo único que le queda. -


- Perdóname… -


- No puedo perdonar algo que no es tu culpa… Odio a los Mannes, pero … Por más que intento odiarte también, no logro hacerlo. -


- En el fondo sabes que ella no tiene la culpa de hacer en esa familia. - Dijo Oliver acercándose a Rin para acariciar sus hombros.


- Deberían de odiarme, de despreciarme… Les quité a Oliver. -


- No nos quitaste nada, Rin… Deja de calgar con la culpa de tu familia. -


- No es justo… - Susurró Luscina levantando la cara de la pequeña. - No es justo que por fin me encuentro a un Mannes y no pueda maldecirte, cuando tu propia vida ha sido tan injusta… -


-Rin, levántate. -


- Haz caso… -


- Pero… No me has perdonado. -


- Ya te lo dije, no hay nada que tenga que perdonarte… Odio a la familia Mannes, no obstante, para ellos nunca fuiste un integrante de su familia. - Habló la mujer ayudando a pararse a la niña. - Solamente eres una linda niña que tuvo el infortunio de tener ese apellido. -


- Rin… Ve por nuestras cosas. -


- Espera… Pueden quedarse esta noche. -


- No me siento segura todavía. -


- Lo sé, tampoco yo de ti, Olivia. - Contestó Luscina mirando a su excuñada. - No podré dormir por cuidarme de ti. -


- Ni yo dormiré cuidándola a ella de ti. -


- Entonces ¿Por qué no permites que ella duerma en una tibia habitación? -


Oliver se quedó pensando un poco antes de cargar en sus brazos a Rin, quien se ruborizó por la manera tan cariñosa de tratarla estando alguien presente. La joven volteó hacía la gitana, que le miraba fijamente, como esperando alguna ofensa o amenaza más.


- ¿Puedes poner un poco de agua a entibiar y un pañuelo limpio? Necesito lavar sus pies. -


- Oliver, no es necesario. -


- Tengo que hacerlo, nunca has andado descalza y tienes algunas raspaduras. - Dijo Oliver mientras cargaba a Rin en sus brazos.


- No tardo. -


Mientras Luscina ponía a calentar un poco de agua sobre el fuego de la chimenea, Oliver entraba a la habitación y sentaba a Rin en la orilla de la cama, arrodillándose para mirar bien las plantas de los pies de la niña, notando raspones y cortaduras. La pequeña siempre tuvo una piel muy delicada y era claro tras ver el color de sus plantas, que siempre eran de un color rosa crema y se le veían algo morados por el frío y las rocas.


- No debiste salir corriendo así. - Dijo Oliver mientras limpiaba los pies de Rin.


- ¿Estás enojada conmigo? -


- Nunca estaría enojada contigo… Soy yo quien debió contarte todo. -


- ¿Por qué eres así, Oliver? ¿Por qué me perdonas todo? No hago más que llorar, más que darte problemas… Incluso desde que yo nací. - Susurró Rin agachando un poco su cara, sintiendo la mano de esa chica en su mejilla.


- Porque te amo, no necesito otra razón para ello. -


- Oliver...-


- Aquí está el agua y traje esto. - Habló Luscina trayendo algunas hierbas en la mano, que al notar la mirada de la castaña sobre ella mordió las hojas. - No es nada malo, es manzanilla y cebolla. -


- ¿Cebolla? -


- Las capas de la cebolla ayudan a cerrar las heridas y la manzanilla reduce el dolor ¿Puedo ayudarte? -


- Está bien. -


Entre Luscina y Oliver curaron los pequeños pies heridos de Rin, tras un poco de té de manzanilla y un beso en la boca, su amada la dejó descansando en el cuarto, para poder platicar a solas con la mujer, que se había regresado a la sala para seguir en esa posición de rezo con la cual la encontraron al volver a la casa. La joven no sabía que decir, no estaba segura de que esa mujer dejara su plan de matar a Rin, pero al menos parecía más prudente y centrada que horas atrás. El silencio fue la tercera compañera en esa sala, mientras las dos mujeres esperaban el pasar de los minutos, Luscina mantenía sus dedos cruzados sin dejar de mirar hacía la ventana, Oliver solamente miraba hacía la puerta del cuarto, asegurándose que la pequeña siguiera descansando.


- Olivia… ¿Qué tanto ha sufrido esa pequeña? -


- Más de lo que me gustaría decirte, no me hace feliz volver a pensar en las veces que la vi llorar. - Dijo Oliver cruzando sus brazos. - Rin nació con algo especial, los doctores que la atendieron decían que era la enfermedad de los enanos, pero sé que no es así, he visto a los enanos de circo y ella no es para nada como ellos, parece más como si ella hubiera dejado de crecer. -


- Tal vez… Dios castigó a esa familia y ella tuvo el infortunio de ser el blanco de ese castigo. -


- Dios sería un tremendo bastardo si hubiera hecho eso. - Contestó la castaña mirando a Luscina. - Rin es la razón por la que me siento viva, porque ella también sabe lo que es sentirse muerta en vida. -


- Olivia… No puedo perdonar a su familia. -


- ¿Crees que yo lo he hecho? -


- ¿Entonces? Tú vivías en esa mansión ¿Por qué… -


- Porque ella lloraría por sus padres. - Respondió Oliver apretando sus codos. - A pesar de que dejaron de quererla, de que fue maltratada, humillada, vista como una mascota en esa casa, sin importar que ni siquiera le dejaban sentarse en la mesa familiar… Ella les seguiría llorando… Su corazón es muy dulce como para guardarle rencor a sus padres y primero se culpa ella antes que reconocer que ellos son escoria. -


- Mañana temprano pediré información, veré a donde puedan ir… Es lo mejor para esa niña, alejarla de todo… Incluso de mí. -


- Luscina… ¿Qué te hizo dudar? -


- Pensé que Oliver estaría triste de saber que su sacrificio fue en vano… Qué murió y solamente ella vivió para sufrir… Al menos me gustaría que uno de todos los que sufrimos por culpa de esa familia pueda ser feliz. -


- De eso me encargaré. -


- Sabes que ser desviadas les traerá bastantes problemas. -


- No importa cuanto tengamos que enfrentar, lo superaremos juntas. -


- Olivia… Pase lo que pase, no vuelvas aquí, no quiero que esa niña esté cerca de mí. - Comentó Luscina mirando a la joven. - Verme le traerá tristeza y a mí también. -


- Lo prometo. -


En la mañana siguiente, el Sol parecía haber sido vencido por Oliver que desde temprano alistaba el carruaje para emprender su viaje, asegurándose de que Rin siguiera dormida dentro del coche al estar todavía un poco adormilada por las hierbas. Aunque era temprano, mucho antes de lo planeado, quería cumplir la promesa que le hizo a Luscina, sintiendo un poco de tristeza por apartarse del sobrino que acababa de conocer, así como dijo ella, era lo mejor para la pelirroja. Mientras terminaba de revisar las herraduras de los caballos, la mujer se acercó a la castaña, quien le miró fijamente pensando en que le iba a decir.


- Génova. - Comentó Luscina acariciando el cabello de uno de los caballos. - Hay disputas políticas por ese territorio, por lo que no hay mucho interés de países al Norte de Italia por tener presencia ahí, dudo que las busquen. -


- ¿Hacía donde queda? -


- Al Sur, como a tres días de viaje. -


- Ya veo… - Susurró Oliver para luego mirar a esa mujer. - Dejé una bolsa de monedas en la habitación. -


- No necesitas dejarme nada, casi asesino a la niña que amas. -


- Aunque no quiera hacerlo, le prometí a mi hermano que le daría lo que te corresponde, esos ahorros me los dio a guardar para ti, así que hoy cumplo esa promesa. - Contestó la castaña acomodando su cabello dentro del sombrero.


- Olivia… Cuida de ella, no permitas que ellos… O que yo, intenten hacerle daño. -


- No ocupas recordármelo… Y no me llamo Olivia. - Respondió la joven al poner pie sobre el estribo para subir al carruaje. - Olivia murió junto a su hermano… Yo soy Oliver. -


Oliver emprendió su viaje al Sur de Italia, buscando la promesa de una vida mejor, de un lugar donde Rin y ella pudieran amarse sin temores. Génova parecía ser la tierra prometida, por fin esa travesía tendría un descanso verdadero, pero ella nunca pensaría que el pasado en algún momento las volvería a enfrentar.

 

O-O¬ Baton pass!!
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HOJA FINAL



Las playas de Génova eran un sitio lleno de calma, un estilo de vida relajado y días llenos de trivialidad y sencillez, que se convirtió en el sitio perfecto para dos chicas enamoradas que eran prófugas de su pasado. Había pasado un año desde que Rin y Oliver llegaron a esas tierras por recomendación de Luscina, a quien siguieron comunicándose con ella por medio de cartas, pues la pequeña quería agradecerse la ayuda prestada para llegar hasta ahí. Al principio fue difícil, no conocían a nadie, eran dos personas extrañas en un pueblo costero que iba creciendo de a poco, pero la amabilidad de Rin y que supiera tantos idiomas, así como la seriedad y lo servicial de la castaña, hicieron que la gente las fuera aceptando como lo que ellos decían que eran, un matrimonio joven buscando un hogar, y como cada persona que necesita de uno, necesitaban trabajar.
Oliver miraba su reloj de bolsillo tras terminar de hacer unos apuntes en un inventario, había acabado de revisar el último desembarco de ese día y siendo casi las doce en punto, era hora de ir con su amada a casa. La joven que aún fingía ser un hombre, acomodó todo en la pequeña oficina que había en ese muelle, tomó su saco y su bolso y salió de aquella choza, encaminándose de regreso al hogar.


- ¿Ya te vas Oliver? - Preguntó un joven que estaba ajustando los amarres de un pequeño barco.


- Ya es hora, terminas con ese barco y nos vemos mañana. -


- Oye, Richard está invitándonos a festejar esta noche que se casará con Rita ¿No quieres ir? -


- Lo agradezco pero sabes que no bebo ni salgo de noche. - Sonrió Oliver mientras el chico terminaba su trabajo y sacudía sus manos.


- Eres muy aburrido, parece que lo único que te preocupa es tu esposa. -


- Y estás en lo correcto. -


- Oliver, he tenido la curiosidad de preguntarte y creo que todos lo han pensado aquí en el muelle ¿Por qué estás con esa niña? - Dijo el chico de manera educada. - Hay muchas chicas del pueblo que no dejan de hablar de ti, hasta mi hermana lo hace, pero parece que no tienes ojos más que para esa pequeñita. -


- Tom, no me molesta que preguntes porque eres un buen chico… Rin es mi razón de vida, no necesito más, podrá lucir como una niña para los demás, pero en el fondo, es una mujer que desea ser amada. -


- Me sorprende, hasta nos saliste poeta. -


- También puedes serlo, si te pones a estudiar, ya me dijo tu padre que te brincas las clases del cura. - Habló la castaña dándole un suave golpe en la cabeza a Tom.


- El señor cura es aburrido, tartamudea como si tuviera frío y a veces se duerme. -


- Así estarás tú a su edad si sigues hablando mal de él. -


- !Tom, mamá dice que no le has llevado lo que te encargó! !Hola Oliver! - Gritó una chiquilla de cara pecosa como el hermano, saludando de lejos al par.


- !Perdón Oliver, me tengo que ir!-


- Apresúrate, salúdame a tu madre y dile que gracias por las ropas del otro día. -


- No te preocupes, Sara está creciendo y ni modo de tirar tanta ropa, además que mi mamá le agarró cariño a tu esposa. - Hablaba el chico tomando su gorro y su bolso.


- !Qué te apresures! -


- !Ya voy Sara, Oliver va a pensar que eres una escándalosa! - Respondió Tom gritando, haciendo reír un poco a la castaña al verlo correr tirando todas sus cosas.


Oliver siguió su camino a paso lento, despidiéndose de los pescadores y cargadores que aún estaban trabajando, aunque ser encargada del inventario y registros del puerto no era el trabajo mejor pagado del lugar, era suficiente para alguien en busca de calma y tiempo para su enamorada, para alguien organizada, meticulosa y hábil con las cuentas, era perfecto.
En el centro del pueblo, en la oficina postal alguien terminaba de escribir una carta en alemán y ponía el sello de cera para asegurarse de que estuviese listo para ser enviado, no sin antes escribir con letra elegante los datos del remitente y el destinatario. La pequeña escritora de vestido blanco impecable y brillante cabello rojo dejaba la última carta sobre un puño de ellas, atándolas con cuidado para no doblarlas de más, para luego dejar el paquete en una caja.


- Ya terminé la última del día Don Goriot. - Dijo Rin poniéndose su bolso mientras un hombre de edad avanzada salía de una oficina.


- Bien hecho pequeña, perdón por pedirte que cubrieras a Ruppert, solamente tú y él saben bien el alemán. -


- No se preocupe Don Goriot, es mi trabajo. -


- Eres una niña muy lista, nos ayuda mucho tener a alguien que conozca tantos idiomas. - Habló el señor dando una palmada en la cabeza a la pelirroja. - No olvides pasar a mi casa, mi señora quiere regalarte unos quesos. -


- !No por favor! Con darme trabajo estoy más que bien. -


- Acéptalos, sabes que mi señora te ve como una nieta, además ¿Qué vamos a hacer nosotros con tanto queso si sólo estamos ella y yo en la casa? -


- ¿En serio no es una molestia? -


- Claro que no, pasa y le dices que saldré en una hora más o menos, nomás espero al señor cura para que recoja unos libros. -


- Está bien, con permiso. - Dijo Rin haciendo una reverencia antes de salir.


Tras un largo suspiro al disfrutar el aroma de la brisa marina, Rin emprendió camino hacía su casa, con una gran sonrisa en su dulce cara al saber que un día más salía adelante junto a Oliver. Para alguien con un físico más cercano a lo infantil que a lo juvenil, no fue fácil para la pelirroja adaptarse a una nueva vida lejos de los lujos, fue sin querer que al estar ayudando a Don Goriot a leer una nota que le llegó la oportunidad, pues el dueño del servicio postal del pueblo vio potencial en tener a una redactora de calidad y conocedora de diversos idiomas como una forma de mejorar su servicio.
Mientras Rin caminaba, su mano no paraba de agitarse suavemente al saludar a las personas, aquel pueblo era tan amigable que en menos del año le agarró cariño, se sentía feliz en ese lugar, no paraba de aprender cosas del hogar con ayuda de las señoras del mercado y la iglesia, seguía ilustrándose con las clases que daba el cura en el patio de la iglesia y disfrutaba de su trabajo, sentir que era útil para todos aquellos que querían mandar un mensaje y no sabían escribir o que necesitaban un traductor, era un motivo para sacarle una sonrisa.
Tras pasar por aquellos quesos prometidos, Rin siguió su camino pensando en como sorprender a Oliver, todo el tiempo era ella quien cocinaba para las dos y deseaba mostrarle cuanto aprendió de cocina con ayuda de las señoras del pueblo, quería mostrarle que también podía hacer las cosas por su cuenta y no depender siempre de su apoyo, aunque pensar eso le hizo reírse un poco al imaginar que Oliver se sentiría al saber que podía cocinar sola.


- ¿Ocupas ayuda? - Preguntó una voz que era la favorita de Rin, que miró por su hombro al ir cargando los quesos.


- !Oliver! -


- Déjame ayudarte. -


- No te preocupes, no pesan mucho. -


- ¿Segura? Al menos deja ayudarte con él de arriba para que puedas ver mejor. - Dijo Oliver tomando palabra, recibiendo una sonrisa de agradecimiento por parte de la pelirroja.


- ¿Cómo fue tu día? -


- Tranquilo, aunque dicen que mañana será algo agitado. -


- ¿Por qué? - Preguntó Rin curiosa por el día a día de la castaña.


- Vendrán mercaderes del norte a ofrecer sus mercancías, están viendo que el pueblo está creciendo más rápido que otros, incluso hay personas que piensan que pronto será el puerto más importante de Italia. -


- Eso es sorprendente ¿Significa que tendrás más trabajo? -


- Así es, pero también significa mejor sueldo. - Sonrió la castaña acariciando la mejilla de la niña.


- Oliver, hoy voy a cocinar yo y no quiero que digas que no. -


- ¿Te sientes lista para hacerlo? -


- Sí, Rita me ha enseñado mucho… !Es cierto! Me dijo que esta noche iban a festejar que Richard pidió su mano ¿Podemos ir? -


- ¿Quieres ir? -


- Sí, quiero ir, Rita ha sido muy atenta conmigo. - Hablaba Rin mientras Oliver sonreía al ver como su timidez poco a poco la iba superando. - También me ha dado ropa y me enseña a cocinar, sería mala persona si no acepto su invitación. -


- Entonces iremos un rato. -


- Gracias, Oliver. -


Oliver no pudo decirle que no a Rin cuando ponía esa cara, la cara de curiosidad y alegría por conocer algo nuevo, algo que para los demás era tan trivial como un festejo por compromiso nupcial, era completamente novedoso para una niña que vivió encerrada en un castillo de cristal. Si ella era feliz, valía la pena ser menos quisquillosa en algunas cosas con tal de mantener esa felicidad.
La casa de ellas era un lugar especial, su nido de amor, lo primero que hizo Oliver al llegar a Génova fue buscar una casa para ellas y sino era accesible con sus ahorros, la construiría, para su fortuna, lo que tenía por parte de ella y de lo que le dejó su difunto hermano, bastó para esa pequeña casa y para muebles. Al querer amueblar, pensó en mandar a hacer muebles adaptados a Rin, para que se sintiera más cómoda, pero ella le insistió en que no lo hiciera, no sólo sería gastar más, quería tener una casa normal, un hogar normal. Que más normal podía ser que ver a esa linda pelirroja esforzándose en la cocina, mientras ella revisaba las ropas que le habían obsequiado el día anterior para ver si necesitaba algunos ajustes de costura, pero casi siempre le quedaban bien, eso deseaban, un día sencillo estando juntas y nada más.
Como Oliver prometió, llevó a Rin al festejo de su amiga, bastándole con sentarse y ver a su amada bailar y reír al compás de la música y las platicas de sus amistades. Toda esa alegría, el aire de amabilidad y simpatía entre la gente del pueblo, Rin lo necesitaba, así que de igual manera, dejaba un poco de lado sus preocupaciones y miedo, para mantener la alegría de la niña de su corazón. Bastó esa salida especial para que la menor quisiera tener su propia celebración en casa, entregándose en su lecho, dejándose hacer por Oliver, disfrutando de sus besos, caricias y suaves mordidas sobre su infantil ser, poder salir así, sin miedo a nada por estar con ella, era lo más maravilloso en el mundo que le ofrecía esa mujer, lo que le hacía tan feliz a la pelirroja.


- Oliver, te amo. -


- Y yo a ti, Rin. - Sonrió la castaña al acurrucar en su pecho a la pequeña, quien estaba por completo roja, como siempre le pasaba al hacer el amor.


- ¿Crees que algún día pueda vestirme de blanco y casarme contigo? -


- Me encantaría decirte que si, pero sería raro para el pueblo, se supone que ya eres mi esposa. - Dijo Oliver frotando la mejilla de Rin quien le miraba fijamente.


- Podríamos casarnos en otro lugar ¿O no? Tan sólo pensaba que… Si me visto de blanco y tomas mi mano en un altar, ya sería tu esposa de verdad. -


- Rin, tú ya eres mi esposa, porque así lo dice mi corazón. -


- Oliver… - Susurró Rin escondiendo su cara nerviosa en su pecho al sentir su corazón saltar de alegría.


Oliver envolvió en sus brazos a Rin, mientras el sueño y el agotamiento poco a poco cobró en sus cuerpos, hasta quedar dormidas, sin preocupaciones, solamente amándose como siempre lo desearon, como debía ser.
A la mañana siguiente, Rin caminaba rápidamente hacía el puerto ya que Oliver se levantó muy temprano y conociéndola no había almorzado, así que le llevaba algo de comida en una cesta, pensando también que la sorprendería al llevarle el almuerzo a su trabajo, como otras esposas lo hacían para alegrarles el día a sus esposos. La pequeña veía que había mucho movimiento por todos lados, recordando lo comentado por la castaña el día anterior sobre los mercaderes del norte, así que decidió tomar camino hacía la playa para evitar atorarse entre tanta gente. Poco sabía Rin que ese cambio de dirección le llevaría a toparse con algo que no quería ni debía encontrarse.


- Oliver ¿No es Rin quien viene por la playa? - Preguntó Tom a la castaña que bajó el cuaderno del inventario y salió de la oficina para ver desde el muelle.


- Si, es ella, por la cesta ha de traer comida. -


- Que envidia, quisiera tener una esposa que me traiga el almuerzo también. -


- No con esa actitud. - Sonrió ligeramente Oliver dándole suavemente con la libreta en la cabeza. - Sigue trabajando. -


Cuando Oliver caminó en dirección de Rin, le sorprendió ver que un carruaje que pasaba por la calle contigua a la playa se detenía. Tanto la niña como la joven se quedaron congeladas al ver una insignia en el carruaje, el sello heráldico de la familia Mannes, era tanta la felicidad que ellas estaban viviendo que nunca se acordaron que esa familia se vivía de los negocios mercantiles y no era extraño que un puerto en auge fuese a ser visitado por ellos. Oliver corrió hacia Rin temiendo que intentaran quitársela, llegando hasta ella para cubrirla, mientras veían que la puerta del carruaje se abría y un hombre de edad adulta y cabello cano descendía de él, con una mirada despectiva hacía la pareja.


- Papá… - Susurró Rin mientras se escondía detrás de Oliver.


- Tú… -



De todos los sitios en el mundo, de todos los lugares a donde ese hombre pudo haber ido a buscar aumentar su fortuna, tenía que ser ahí, justo en lo que ellas consideraban su hogar. La mano de Oliver tomando la suya hizo que la pequeña asomara más su rostro, no estaba sola, no tenía que temer, lo que pasara en ese momento lo enfrentaría, como ya una vez lo enfrentó.
Un hombre de pasado los cuarenta años bajó del carruaje, dejó su sombrero a su chófer y se quietaba el saco sin dejar de mirar hacia la niña que se quedó congelada al ver a su padre tras un año de haber escapado de casa.


- Es Rin, cariño, es ella. -


- Esa maldita enana ¿Donde fuimos a encontrarla? - Dijo el señor Mannes al mirar a su esposa dentro del carruaje, una mujer muy parecida a Rin pero con la apariencia de alguien cercana a los treinta. - Ni se te ocurra bajar. -


- ¿Qué piensas hacerle? -


- Eso no debe de importarte, esto lo voy a arreglar yo. -


- Pero ya no la ocupas. -


- Cállate mujer, eso pasó porque no supiste educarla, ya verá lo que le espera. -


- !Rin, ven acá, rápido! - Gritaba Oliver a la pelirroja que estaba estática mientras él señor caminaba rápidamente a ella.


- Papá. -


- !Por fin, hasta que das señas maldita ingrata! - Gritó el hombre furioso levantando a Rin de su brazo.


La pelirroja reaccionó al sentir como aquel hombre sujetó su bracito para levantarla, siendo lo primero que vio tras volver en sí fue el rostro furioso de su progenitor.


- !Papá, me duele! -


- !Por tu culpa casi pierdo todo! -


- !Papá! -


- !Mocosa desobediente, por tu culpa el archiduque desposó a una Farah y no a ti, pudiste ser de la realeza! - Hablaba el señor alzando su mano al estar a punto de golpear a su hija.


Como si fuese un rayo, Oliver presionó la muñeca del hombre para que soltara a Rin que cayó en la suave arena, el señor Mannes no tuvo tiempo para poder hacer algo al ver los ojos llenos de rabia de esa castaña que soltó un puñetazo a su cara que lo tiró al suelo. La castaña estuvo a punto de sacar su pistola y matarlo, pero la reacción natural de Rin fue correr detrás de quien intentó golpear.


- !Papá! - Gritó Rin tratando de ayudar a su papá, pero este le dio un manotazo a sus manos.


- !No me toques, desviada! -


- Papá, sólo quiero ayu… -


- No sabes cuanto se burlaron de nosotros en la ciudad. - Hablaba el hombre levantándose y sacudiendo sus ropas, señalando de forma despectiva a Rin. - Cuando empezaron los rumores de que eras una jodida desviada, que te fugaste con una mujer, me hiciste gastar miles de florines para callar todo eso. -


- Pero papá, yo… -


- !Cállate, no tienes derecho a hablarme! - Gritó su padre empuñando su mano, pero vio la mirada fría de Oliver sobre él conteniéndose. - Todo es tu culpa, enferma, le dije a tu padre que no debía de darte trabajo, no debí recibirte siendo un fracaso como mujer. -


- No importa lo que diga, usted es quien no tiene derecho de levantar la mano contra Rin. -


- ¿Qué no tengo derecho? !Yo soy su padre! -


- Usted nunca se comportó como tal. - Dijo Oliver sujetando de los hombros a la pequeña. - Vamos, Rin. -


- ¿A donde piensas irte? Ven aquí, de una u otra forma vas a devolverme todo lo que gasté contigo. -


- Ella no le debe nada, vamos. - Contestó la castaña pero notaba que la niña no se movía.


- Yo siempre te quise…Y te sigo queriendo, papá . -

La niña ponía sus puños frente a su pecho como si implorara el perdón de su padre tras escapar, Oliver solamente respetaba los sentimientos de Rin pero ella sabía bien que ese hombre nunca la aceptaría, nunca la aceptó por como nació, mucho menos por la manera en que ella amaba.


- Rin, no entiendo como puedes decirme eso cuando por ti casi pierdo todo. - Habló el hombre en tono recio sin dejar de mirar con desprecio a la niña apuntando hacia su carruaje. - !Tu madre no puede mostrar su cara de la vergüenza que siente por ti!-


- Papá, escúchame. -


- He sido tu padre, he sido tu mentor., te di todo lo que necesitabas en la vida ¿Tan poco te importó irte con esta depravada? -


- Lo sé pero mi vida... - Trató de responder Rin asustándose un poco al ser callada.


- !No! tu vida mía es, yo siempre te cuidé, te daba un futuro y ¿Así lo agradeces? -


- No has sabido ver cual era mi necesidad, sólo… Sólo… Yo sólo quería que me quisieras, papá. -


- Has violado mi bondad y la de tu madre, cuando pudiste hacer por fin algo por nosotros, huiste !Si nos quisieras como dices hubieras obedecido!- Gritó el hombre dando un manotazo en el aire mientras su hija agachaba un poco la cara por la tristeza.


Rin sentía dolor en sus ojos por querer llorar, trataba de hacerle entender a su padre que siempre lo amó, pero el parecía necio en reclamarle, en señalarle sus fallas, fue cuando ella talló sus ojos y entendió que no podía seguir así, no podía agachar la cara y recibir ese trato siendo que desde el principio, él no fue la persona que creyó, no tenía derecho de padre cuando él no mostró en algún momento ese amor hacía ella.


- Yo siempre hice lo que me pediste, he intentado complacerte toda la vida, pero nunca lo logré ¿Para ti no fue suficiente que te amara? - Hablaba la pelirroja presionando su pecho al aguantar las ganas de llorar y armarse de valor.


- !Desde luego que no lo es! !De que me sirve eso! -


- No es justo… No es justo !No es justo! - Gritó Rin empuñando sus manos, mostrando unos ojos llorosos y con señas de enojo. - Tú nunca me viste como tu hija, nunca fuiste un padre para mí ¿Por qué me reclamas a mí cuando nunca me quisiste? -


- ¿Te atreves a decir eso después de todo lo que te di? -


- ¿Qué fue lo que me diste? !No me diste nada! !Por eso Dios no te dio un hijo más, porque nunca le diste amor a la hija que tenías! - Dijo la niña sin pensarlo asustándose al ver que su padre levantaba su mano.


- !Ni te atrevas!


- ¿Cómo te atreves a decir eso mocosa? - Gritó el señor amenazando con golpear a Rin, pero se detuvo por la amenaza de Oliver que estaba detrás de ella con mano sobre su funda.


Rin pensó de nuevo las palabras que le dijo a su padre, le dolía habérselas dicho pero parte de sus sentimientos le decían que podían ser ciertas, los hermanos y hermanas de su padre habían sido bendecidos con muchos hijos y él solamente la tuvo a ella, en vez de valorar esa única hija la despreció por como era ¿En verdad merecía ser padre de nuevo? Fue cuando lo comprendió, lo que dijo era lo que sentía, él no merecía su amor, Oliver tenía razón, lloraba y se preocupaba por alguien que nunca la quiso ¿Porqué tenía que seguir sufriendo por alguien que nunca la amó?


- Te mereces lo que dije, nunca me arrepentiré. - Dijo Rin tallando sus ojos, molestando al hombre al ver por fin unos ojos molestos en esa niña que siempre se vio tan temerosa.


- Eres una ingrata !Nunca te perdonaré! -


- Tú perdón nunca voy a implorar,ya no anhelaré tu estima !Nunca la tuve y nunca la necesitaré! -


- He desperdiciado dinero y tiempo que no voy a recuperar, has sido lo peor de mi vida. - Expresó el padre escupiendo en señal de asco mientras Rin lloraba mostrando una mirada llena de tristeza y coraje.


- He desperdiciado tanto esfuerzo en hacer tu voluntad y para nada, el único malagradecido has sido tú, ya no tienes poder sobre mí. -


- !Vete fuera de mi vista, maldita desviada! -


- !Poco tiempo he de tardar! !No me verás jamás! - Gritó con todas sus fuerzas Rin al ya no poder aguantar más. - !Tú me lo dijiste muchas veces! !Preferías que estuviera muerta! -


- !Si eso es lo que quieres así será! !Para mí estás muerta! -

Oliver sintió ganas de matar a ese hombre al atreverse a gritarle eso a la niña de su corazón, pero le hizo entrar en razón ver a una mujer pelirroja tapando su rostro como si no quisiera ser descubierta, la madre de Rin parecía sufrir al escuchar a su esposo decir eso ¿Por qué lo hacía? ¿No odiaba a su hija también? Eso quedó en segundo plano cuando la castaña se percató del shock que había recibido su amada, a quien se acercó para sujetarla antes de que se desmoronara. Rin sintió su corazón romperse en mil pedazos al escuchar eso de boca de su padre, sus manos presionaban su pequeño pecho al querer caer, pero sus puños se apretaron y ella talló sus ojos para verlo con todo el dolor, coraje y desilusión que él le causaba, sí así él lo deseaba, no quedaba más que por decir.


- Para mí…. Estás muerto. - Dijo Rin mientras el hombre le miraba con desprecio.


- !Oiga! ¿Qué le está haciendo a Rin? -


El señor Mannes levantó su rostro y se sorprendió al ver que a varios metros de ellos se veía un buen número de hombres, desde jóvenes a ancianos que no le miraban con buenos ojos. Oliver notó la presencia de sus compañeros de trabajo, por lo que aprovechó para cargar en sus brazos a Rin y acurrucarla en sus brazos al notar que temblaba de tristeza y desilusión.


- !Responda, poco hombre! !Metiéndose con una niña! - Gritaba Tom mientras alzaba su puño. - !Vamos Oliver, acaba con ese malnacido! -


- !Jonathan! Ordena a los demás que nos vamos de este puerto, no pienso aguantar el hedor de tanta escoria reunida. -


- Si señor. - Dijo el asistente del chófer que bajó del coche para correr al pueblo.


- !Oiga, no corra! -


- Déjalo Tom. - Habló Oliver deteniendo a su amigo que se acercaba con la bola de trabajadores, viendo como se retiraba ese señor.


- ¿Por qué no lo golpeaste? ¿Cómo se atreve a hacer llorar a Rin? -


- Ese hombre… Fue mi padre. - Susurró Rin al estar entre los brazos de Oliver, siendo escuchada por Tom quien prefirió callar.


- Luego te contaré. -


- Está bien, pero ya sabes, aquí nos apoyamos todos y si vuelve a molestarlos te juro que. -


- No te preocupes, sé que ya no lo hará. -


Oliver mantuvo a Rin entre sus brazos para calmarla tras el enfrentamiento con su padre, teniendo que inventarle a sus compañeros de trabajo que Rin y “él” se escaparon para poder casarse y vivir juntos, ya que al ser de origen humilde su padre nunca aceptaría su relación. Los hombres creyeron y confiaron en esa versión, ya tenían una sospecha de que había algo raro debido a la apariencia tan llamativa de la niña así como su educación y modales, con eso bastaría para saciar su curiosidad y decirle a ambas que contaran con ellos, pues ya eran parte de ese pueblo y no iban a permitir que alguien se metiera con esa gran familia que tenían. Eso hizo volver a sonreír levemente a la pelirroja, saber que pertenecía a una gran familia que aunque no los unía la sangre, la dedicación a los propios era de valor real.
Aunque no era de su agrado faltar al trabajo, las amistades convencieron a Oliver de descansar y cuidar de Rin, quien durmió un poco y luego despertó ya más calmada, sonriendo al tener la mirada de esa castaña que tanto amaba al lado de ella, quien la recibió con besos y caricias que llevaron a algo más profundo en la cama, ya que la mayor sabía que si algo le hacía recobrar el ánimo y la calidez, era sentir ese amor y deseo que compartían entre sus corazones. Después de un momento de afecto, Rin descansaba sobre el pecho de Oliver, quien frotaba sus mejillas y tallaba sus ojos que estaban un poco rojos por lo que lloró, disfrutando de ver su lento parpadeo y su leve sonrisa enamorada.

- Gracias, Oliver. -


- ¿De qué me agradeces? -


- Tú me diste fuerzas, no sabía que decirle, tenía miedo, pero recordé todo lo que has sufrido y todo lo que hicimos para poder estar juntas… Tú me hiciste entender lo que uno puede hacer por amor y… Él era todo lo contrario. - Suspiró Rin recostando su cabeza en el pecho de su amada. - No entiendo como mi madre pudo estar con un hombre así, aunque… Ella también me ha de odiar. -


- Ya no estoy tan segura de eso. -


- ¿No? -


- Cuando él te dijo eso, la vi llorar. -


- ¿Mi mamá lloró? - Preguntó la pelirroja sorprendida por ese detalle.


- Tal vez, ella no te odiaba, solamente lo obedecía por miedo, como todos los demás en esa casa. - Hablaba Oliver mientras sujetaba la carita de Rin.


- Mamá… -


- De alguna u otra forma, le haremos llegar una carta antes de que se vaya ¿Qué te parece? - Dijo la castaña a la pelirroja quien mostró una sonrisa tierna. - Que ella sepa que estarás bien, que esté tranquila. -


- Oliver… !Gracias! -


- Gracias a ti, por ser la luz de mi vida. -


- Y tú eres mi libertad. - Susurró Rin sonriendo mientras su boquita recibía los más dulces besos que le podían dar. - Te amo. -


- Y yo a ti. -


“En la tarde de ese mismo día, Oliver se aseguró de entregarle la carta a mi mamá con ayuda de la gente del pueblo. Pensé que ella nunca me respondería y me sentía contenta al creer que con eso se sentiría más tranquila, pero tuve respuesta de ella más pronto de lo que pensaba, antes de que se fueran me dejó una carta en la oficina postal.
Don Goriot me abrazó y pidió que llamaran a Oliver cuando empecé a llorar al leerla, ella me pedía perdón por no haberme cuidado como era, por no ser la madre que necesitaba, me confesó como fue ofrecida a él como esposa desde que tenía mi edad, que él tomó su apellido ya que era lo que le interesaba, tener el poder y reconocimiento de la familia, toda su vida tuvo miedo de él, de contradecirlo, se sentía feliz de que yo tuve el valor de alejarme de quien se decía mi padre y me deseaba toda la felicidad del mundo. Aunque no pude decírselo de frente, la perdoné, porque también una vez tuve miedo, porque sé lo que era vivir a su lado, porque esas hojas llenas de lágrimas decían la verdad de su corazón, nunca me lo dijo pero me amó, mi madre me amó.
Sé que ha sido duro para nosotras empezar una vida nueva, pero se lo prometí a mamá, seré feliz, seremos felices, amo a Oliver como a nada en el mundo, fue mi llave a la libertad, mientras estemos juntas sé que estaremos bien, porque nuestro amor puede superar todo, incluso el pasado que dejamos en mi casa, además de que no estamos solas, encontramos una familia de verdad, este pueblo es nuestro hogar, un verdadero hogar...”



Un cuaderno bastante viejo se cerró, alguien sonó su nariz por las lágrimas, se quitó los guantes de látex y talló sus ojos tras haber leído parte del contenido de lo que parecía ser un diario, el diario de una niña llamada Rin Mannes. La lectora cubrió su boca al estar sorprendida de lo que encontró en aquel baúl oxidado que estaba en la casa de su abuelo recién fallecido, lo poco que sabía del cofre era que habían recuperado objetos de un antepasado no fechado en el árbol genealógico y pidió que solamente se abriera cuando su única nieta heredara sus pertenencias. Tal vez había pedido así, porque sabía que Ginebra, una mujer que siempre apreció a la familia sobre todas las cosas entendería mejor su contenido y su relevancia, así como porque mantener el secreto de ello.
Cuando Ginebra se colocó de nuevo los guantes y quiso guardar el cuaderno en una bolsa, algo se deslizó fuera de él, parecía ser una foto. La nueva dueña del diario se quedó sorprendida al recogerla del suelo y ver una foto fechada el 8 de Septiembre de 1855, donde aparecía su antepasado, una joven mujer alta con un rostro similar al suyo, vistiendo como varón, teniendo a su lado a una linda y pequeña chica que parecía casi una niña, con una sonrisa tenue y dulce, cuya cara , cabello y altura fue rápidamente identificada por Ginebra, era idéntica a una de sus compañeras de trabajo. Dudó un poco en si llamarle o no, pero al ver el rostro de Crista Mannes reflejado en Rin, pensó que era lo mejor, ella también tenía derecho a saber esa historia que no fue contada.


- Cris… Buenas noches, sí… Se que es algo tarde. - Hablaba Ginebra sonriendo al ver esa foto. - Me gustaría contarte una historia… Un legado de tragedia que concluyó en una historia de amor. -







:d Surprise! Se viene el epílogo.
 

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Epílogo :3



Genova tenía la visita de un grupo de chicas en especial, dentro del grupo había una pelirroja que quería hacer una ofrenda de flores a quien escribió ese diario y no quisieron dejarla ir sola, ya que desconocían la historia de ese lugar en relación a la familia recién descubierta. En el fondo del cementerio más viejo de esa ciudad, la más baja de estatura cargaba dos ramos en sus brazos, parándose frente a un mausoleo que se notaba hecho con bastante dedicación por los pobladores. Lo poco que pudo descubrir Cris además de la ubicación de las difuntas era que Rin falleció primero, su salud la condenó a morir a los treinta y seis años, pero significa que pudo disfrutar más de veinte años al lado de la mujer que amaba, Oliver murió al año siguiente en la Tercera Guerra de Independencia Italiana, defendiendo a su pueblo cuando empezaron las hostilidades de Prusia a Italia.
Los ojos de Cris se llenaban de lágrimas al ver esas tumbas, sentía una gran tristeza y al mismo tiempo una enorme felicidad por saber la historia de Rin Mannes y Oliver Edna, sentía como si la palma de sus manos era acariciada por ellas en agradecimiento a su visita, como si ese lugar donde ellas descansaban fuese un sitio a donde se le permitía entrar para que conociera el pueblo donde ellas se amaron, donde ellas cumplieron su sueño, donde fueron felices.

- Cris ¿Estás bien? - Preguntó Magda tocando el hombro de su esposa quien se limpió las lágrimas y se agachó para dejar las flores.

- Estoy bien… No puedo creer que nos ocultaron la historia de ellas por tanto tiempo. -

- Pero ahora ya todos en ambas familias lo sabemos. - Comentó Ginebra a la pelirroja quien colocaba sus manos sobre los nombres de la pareja.

- ¿Si publicarás su diario, primita? -

- No lo sé, fue lo primero que se me ocurrió, para contar su historia. -

- Creo que ese diario te pertenece y tú debes de hacer lo que desees con él. -

- Pero… -

- Eres la viva imagen de Rin, creo que por eso debes tú decidirlo. - Sonrió la castaña mientras Cris se tallaba los ojos y sacaba la foto de su antepasada para verla.

- Pero Oliver es tu ancestro, también es tu decisión. -

- Prefiero que tú lo decidas. -

- Yo… Mandaré a resanar el diario y le sacaré copias para las familias. - Habló Cris abrazando la foto. - Esta historia une a nuestras familias y prefiero que sea nuestra, de nadie más, como así fue el amor que tuvieron, sólo de ellas. -

Cris miró el alto mausoleo de Rin y Oliver, nuevamente miró la foto donde estaban ellas, donde podía ver el gran parecido que tenía con su ancestro, esa chiquilla pelirroja de la cual seguramente heredó esa peculiaridad de ser pequeña aún al crecer, ahora que lo sabía, se sentía más orgullosa de ser así, porque demostraba que por voluntad una podía lograr todo, así como alguna vez lo logró Rin en busca de su felicidad. La pequeña mujer soltó un suspiro para luego abrazar el mausoleo, mientras las demás la miraban atentas al ver como había tomado ella esa historia.

- Rin… Oliver, les prometo que nuestras familias las recordarán, el amor que tuvieron será tan grande que seguirá contándose. - Hablaba Cris, separándose un poco del mármol. - Nacer con tu rostro es una bendición, porque cada vez que me vea al espejo desde hoy, sé que llevo tus sueños en mis manos, que cada día estaré demostrando que amar a una mujer es lo más bello del mundo y que una puede cambiar su vida por amor y por voluntad, que no importa tu sangre, tu apellido, tu riqueza, tu fama, nada de eso vale como amar y ser amada. -

- Bien dicho, primita. -

- Les agradezco a todas que quisieran venir, en especial a ti, Ginebra. -

- También quería saber sobre la historia de ellas, después de todo, ahora tenemos algo que une a nuestras familias. -

- Quien diría que lo tuyo viene de familia. -

- ¿Lo mío? - Preguntó Ginebra al escuchar el comentario de Magda.

- La fijación por las pelirrojas pequeñas. -

- !Magda! !No digas eso frente a la tumba de ellas! -

- No te preocupes Cris, ya me acostumbré a su humor. - Sonrió la castaña viendo como la pelirroja soltaba un suspiro y sonreía. - ¿Te sientes mejor? -

- Mucho mejor… Amm… Magda ¿Podemos contratar a alguien para que resane este mausoleo? -

- ¿Y si mejor compro todo este terreno? No sólo resanaría este lugar, me aseguraría de que estuviese siempre limpio y bien cuidado. -

- ¿Harías eso por mí? -

- Sí eso te hace feliz, con gusto lo haré. -

- !Gracias! - Exclamó Cris abrazando con fuerza a su esposa.

- Ya que estamos aquí ¿Por qué no buscamos la casa donde ellas vivieron? -

- ¿Te gustaría tenerla, Cris? -

- Magda, ya estás haciendo mucho. -

- No sólo lo hago por ti, la historia de ellas es inspiradora. - Sonrió Magda cargando a Cris en sus brazos. - Pensar que hace tanto tiempo, una Mannes se atrevió a amar sin importar lo que dijera su familia, me recuerda a nosotras. -

- Magda… -

- ¿Y que esperamos, prima? !Vamos! -

- !Vamos! - Exclamó Cris levantando su mano para luego mirar a Ginebra. -!Vamos Gina, por esa casa y por las escrituras de este terreno! -

- !Vamos! -


La castaña alzó su mano, siguiendo al trío de pelirrojas, no sin antes mirar por su hombro aquel sitio lleno de historia y amor. Ginebra solamente sonrió y volteó hacía adelante, seguramente, desde donde ellas estuvieran, se sentirían orgullosas de lo que sus familias habían logrado al alejarse de aquella oscuridad que poseían, ahora eran millonarias de amor, como alguna vez lo fueron Rin Mannes y Oliver Edna.
 

مكسورة و تالفة
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Aww, qué bonito epílogo <3
Además de que me pareció genial lo del parentesco con Ginebra.

- No sólo lo hago por ti, la historia de ellas es inspiradora. - Sonrió Magda cargando a Cris en sus brazos. - Pensar que hace tanto tiempo, una Mannes se atrevió a amar sin importar lo que dijera su familia, me recuerda a nosotras. -
¡Esto fue bonito también! (sobre todo viniendo de Magda)
 

O-O¬ Baton pass!!
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Aww, qué bonito epílogo <3
Además de que me pareció genial lo del parentesco con Ginebra.

¡Esto fue bonito también! (sobre todo viniendo de Magda)
:3 Gracias, quería que el epílogo fuese algo muy bonito y que mantuviera la frescura de las historias de Cris, de Magda es entendible, ellas son hermanas y saben que su familia sigue sin aprobar su relación pero eso no les importa, porque se aman :3, así como Rin decidió escapar junto a Oliver para amarse.
 

O-O¬ Baton pass!!
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Kissu Kissu Es una de los fics que más he disfrutado escribir, nwn pues es una historia en él que para encontrar la felicidad, hay que saber salir del fango.
 

PRAISE THE SUN!
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Pensé que iba a tener final triste, como me alegro de haberme equivocado.
Me gusto bastante este fic
 
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