Sistema Banchou's Dojo 2.0

Soncarmela

Moderador
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Ficha: Compendio de Fichas - Foros Dz

Nombre del ataque: Espadas del Caos
Digimon que lo utiliza: Knightmon
Explicación de la técnica: Utilizando la carta Heat Chain, Knightmon rodea con las cadenas de fuego las espadas pequeñas y las envuelve en llamas, pudiendo manejarlas como si fueran látigos cortantes. La habilidad le permite girar, atrapar y atraer enemigos.
Datos Extras:
- El poder ígneo depende del ATK del propietario.
 

Soncarmela

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C.T aprobada sin cambios. El precio para aprenderla es de 450 bits con un rol de mínimo 800 palabras.
Ficha: Compendio de Fichas - Foros Dz

Nombre del ataque: Espadas del Caos
Digimon que lo utiliza: Knightmon
Explicación de la técnica: Utilizando la carta Heat Chain, Knightmon rodea con las cadenas de fuego las espadas pequeñas y las envuelve en llamas, pudiendo manejarlas como si fueran látigos cortantes. La habilidad le permite girar, atrapar y atraer enemigos.
Datos Extras:
- El poder ígneo depende del ATK del propietario.
He notado que los enemigos suelen usar la distancia para darte problemas —analizó Rox, colocando una mano en su barbilla—. Se me ocurre una idea para que no puedan escapar de ti.
Soy todo oídos, señora —dijo Aegis, muy atento en sus palabras.
La muchacha asintió y metió la mano en el bolsillo donde guardaba la colección de cartas. Poseía ya un buen arsenal a su disposición. Fue pasando varias con el dedo hasta que llegó a la indicada. La extrajo y le dio la vuelta para que el Digimon pudiera leerla.
El otro día, aprovechando las ganancias de los trabajos realizados, compré varios naipes que te proporcionarán un gran apoyo en el combate. Pero creo que puedes ir más allá —esbozó una sonrisa. Aegis ladeó la cabeza, curioso—. A parte de ganar el efecto, ¿y si lo utilizas con tus espadas? Esta, por ejemplo, te otorga unas cadenas de fuego que te permite controlarlas a tu gusto. Si consigues que rodeen las armas en llamas, atacarás desde lejos como si fueran látigos, provocando quemaduras y atrayéndolos hacia ti.
Oh... —Los ojos de la criatura dorado brillaron con emoción— Es... es genial, señora. No me extraña que se le haya ocurrido. ¡Me esforzaré!
Con el plan en mente, el dúo se dirigió al campo de entrenamiento del Banchou Dojo. Zubamon cerró los ojos y esperó hasta sintió el cuerpo pesado del caballero plateado. Dejó el mandoble en el suelo para que no le incomodara, junto al escudo, y manejó las pequeñas hasta que la castaña consideró que era buen momento para iniciar. La carta se activó en cuestión de segundos, manifestando su poder y entregándole unas cadenas ardientes alrededor de su cuerpo. Knightmon se asombró de ser capaz de dominarlas sin necesidad de dar órdenes orales, con pensarlo era suficiente para que se movieran en la dirección indicada. De ese modo, con cuidado, concentró el enlace y trató de unir las correas con las armas pequeñas.
No lo logró a la primera.
A la segunda, con mayor precisión y calma, consiguió juntar las cadenas con las espadas, pero su alegría duró muy poco cuando las levantó desde las cadenas. Se dio cuenta de un detalle importante: era un espadachín, utilizaba el filo desde la empuñadura, se sentía seguro de esa manera. Pero hacerlo como látigos...
No temas —habló Rox adivinando sus pensamientos—. Tómalo como que es una extensión de tu propio cuerpo. Tampoco tienes que aprender ahora mismo, cualquier entrenamiento requiere de esfuerzo, dedicación y sudor.
Respiró hondo, le dio la razón y se preparó mentalmente para cambiar su modo de actuar. Atrapó las cadenas con sus manos, apretó y les ordenó que se movieran con la voz de sus pensamientos. Para cuando las levantó, el efecto desapareció y la humana tuvo que deslizar nuevamente la carta.
Así, poco a poco, día tras día, porque llegaba un momento donde el naipe dejaba de funcionar al usarlo tanto, Knightmon se acostumbró a utilizar látigos en vez de espadas como tal. Era una mezcla extraña, pero realmente efectiva. Repitió el proceso con maniquís o Digimon que se apuntaban para entrenar. El caballero aprendió a arrojar las armas, retraerlas, atrapar, girarlas a una gran velocidad e incluso juntarlas para que las chispas ardieran y provocaran un leve humo, entonces atacaba con todo su cuerpo. Debía admitir que a pesar de considerarse un estupendo espadachín, aquello le abría un mundo de posibilidades.
Lo único negativo es que apenas duraba tres minutos. Y un máximo de nueve antes de que le tocara detenerse. A veces practicaba en las calles, durante la noche, sin molestar a nadie y en compañía de Rox. La monotonía se hizo presente al cabo de una semana, mas no se quejó, porque deseaba dominar la técnica sin cometer errores. Chocó las cadenas en el suelo y les ordenó alzarse rápidamente para cortar un maniquí en seis pedazos distintos, entonces los recogió y chamuscó dejándolo inmóvil.
También probó con una única espada, aprovechando el escudo para atraer a un invisible enemigo y golpearlo con la protección en la cara. Manejar los látigos y las armas al mismo tiempo también le resultó útil, pero prefirió centrarse en lo principal. Deslizarse hacia un lado, dirigir la ofensiva a otra, unir las cadenas y arremeter desde arriba. Con el mandoble solía estar limitado, aunque una estocada con él poseía una fuerza el triple de potente. Los Digimon voladores tampoco eran un problema, extendía todavía más las correas y los atrapaba, incluso se daba el lujo de quemarlos al rozar sus alas.
Ha dado más frutos de lo que esperaba —admitió la Tamer con asombro, contemplando un maniquí que acabó aniquilado en un segundo—. Ahora eres mucho más rápido con los látigos, y como las cadenas te obedecen, si decides utilizar el mandoble, igualmente puedes girar las otras armas para pasar a una ofensiva más intensa.
Sí, señora. Esta técnica me ha hecho más fuerte —Hincó la rodilla—. Se lo agradezco.
Eres tú quien lo ha conseguido, Aegis —negó con la cabeza—. Yo te he estado mirando y dado algún consejo, es cierto, pero no habría salido tan bien sin tu perseverancia.
¡La idea se le ocurrió a usted, señora!
Rox era consciente de que no le haría cambiar de opinión. Se limitó a acercarse, colocar una mano en su hombro, lo cual fue sencillo porque Knightmon continuaba con la rodilla en el suelo, y esbozó una sonrisa:
Buen trabajo, amigo mío.

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