Quest D Banquete para el aristócrata [Sasha]

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"Banquete para el aristócrata"
- NPC involucrado: Vamdemon
- Sinopsis: La milanesa ensangrentada es un manjar exquisito y extremadamente peculiar de File City cuyo objetivo demográfico es, evidentemente, los Digimon vampiros. El aristócrata de File Island, Vamdemon, está deseoso de realizar un banquete con este platillo, pero su más leal sirviente se encuentra de vacaciones en este momento. Es labor de un Tamer llevar el encargo hasta la mansión de Overdell
- Escenario: File City - Mansión de Overdell
- Objetivos:
  • Recibir el cargamento de milanesas ensangrentadas del restaurant
  • Llevar el encargo y entregarlo personalmente a Vamdemon
- Notas:
  • Las milanesas ensangrentadas se dañan rápidamente bajo el sol. No permitan que ninguna se descomponga
  • Quest disponible en modalidad individual

Digivice: Xros loader
Ficha: [Link]

Bishamon Bishamon adelante, puedes comenzar, que te diviertas!
 

This is the time of kingdoms falling
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Faltaban dos noches para una de las celebraciones más importantes entre la socialité vampírica de la ciudad. Nada solía estar fuera de orden; ni el mínimo de los detalles podía quedar sin la debida atención. No por nada el aristócrata de File era conocido por su excentricismo, exquisitez y un muy desarrollado sentido de la perfección: cuadros alineados, simetría desbordante en el orden de las cosas; nunca un “no” por respuesta hacia sus peticiones, mucho menos un “tal vez”; una gama de colores que combinaban sin esfuerzo, su encantadora forma de hablar tan… falta de errores. Incluso el encaje de sus colmillos, separados a distancia perfecta. Odiaba los valores con decimales. Apenas son pocas características de un fastidiado Vamdemon.

Sus sirvientes podían contar con los dedos de una de sus patas, garras, lo que sea que tuviesen por manos, la cantidad de ocasiones en las que algo salía mal. Semanas atrás estuvo regodeándose de lo sabroso que estaría el banquete que ofrecería en su celebración, sinigual, siempre brindando expectativas altas porque nunca dejaba nada a la suerte. Nunca quedaba mal. Vamdemon no estaba acostumbrado a recibir la gota gorda de su saliva sobre su cara tras tirar palabras al aire.

—Amo, amo —un picodevimon entró revoloteando al salón en el que se encontraba el de alta alcurnia digital, encontrándole observando la brillante luna desde la ventana más ancha—, hemos llamado a su restaurante favorito otra vez para insistir en su petición, pero están…
—Págales lo que pidan.
—Le ofrecimos mucho más de lo que cuesta el plato.
—No me interesa que se lo informen al administrador —el pequeño alado le miraba con cierta preocupación. Su tono pasivo era el habitual cuando estaba a nada de exasperarse, el problema: nunca se podía prever cuándo sucedería—. ¿Debo ser yo quien lo resuelva todo?
—¡N-no! ¡No! Por supuesto que no, amo.
—Quiero que quede resuelto antes de que esta hermosa luna se ubique en el punto opuesto —movió su índice grácilmente hacia la dirección aludida—. ¿Estamos?
—S-sí, amo.

Picodevimon no levantó vuelo enseguida por andar preguntándose qué le pudiera estar sucediendo al de más nivel que no terminaba de desatar su ira; tampoco era como si quisiera ser el blanco de ataques por doquier. Desde que notara que Vamdemon giraría sobre sus pies se espabiló, saliendo de inmediato a buscar a otros sirvientes, por poco entorpeciendo su vuelo al encontrarse de frente con otro digimon.

[…]

I
"Fé... esa facultad que nos permite creer cosas que sabemos que son falsas"


Había perdido la cuenta de las veces que dejaba su D-Terminal sobre la mesa, volvía a tomarlo y le abría con la esperanza de que apareciera lo que fuese sobre cierta persona. Creyendo que sería la última vez que lo haría, le cerró tan fuerte que le preocupó haber afectado su pantalla. Su propia mente le jugaba tretas ingeniosas para excusar su afanoso deseo de quedarse eternamente esperando una respuesta, con los ojos puestos en una conversación que llevaba una semana y un par de días muerta.

Definitivamente necesitaba más humanos en su vida.

Gaia fue más cuidadosa al desplazar la tapa hacia abajo, empero fue ruda al restar puntos a su estúpida fe y al regañarse por actuar como una adolescente ilusa. De la misma manera con la que pretendió no desquitarse con el aparato, le empujó unos centímetros; reposó su frente sobre sus manos, puesto que los codos los tenía encima de la mesa. Se quedaría así hasta que alguno de sus amigos requiriese de ella o su cuerpo le demandara satisfacer alguna necesidad fisiológica, que según la hora faltaba poco para que su estómago rugiera.

Qué tonto de su parte querer convencerse de que quizás la germana no le respondía porque podría estar tan lejos que el horario fuera diametralmente opuesto al de File. Imaginarlo le hizo reír; una justificación más que añadiría a la lista de cosas absurdas. ¿O tal vez no? El D-T empezó a emitir un sonido particular.

Sus orbes no enfocaron en el nombre de quien enviara la nota, sino que se centraron en captar cada palabra del corto y consistente mensaje… dirigido a Vanya. La modelo tuvo que repasarlo varias veces, tomando en cuenta los detalles que omitió. «Te esperamos en la mansión de Overdell al amanecer, preferiblemente cuando el sol esté iluminando gran parte de la ciudad. No entres por las puertas principales.»

Shura dirigió su vista hacia el pasillo que separara la sala de su habitación, donde debería estar el felino en un profundo sueño. Por más dudas que tuviera al respecto, no se abstuvo de revisar la hora en su digivice a modo de confirmación (luego de verla en el D-T). Faltaba una hora y media para que los primeros rayos del sol emergieran; tendría quince minutos para indagar sobre la procedencia del mensaje, diez extras que añadiría a su búsqueda en caso de no tener frutos y cinco sobrantes para continuar perdiendo el tiempo a la espera de algo que no pasaría.

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..

..
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—A ver si entendí —la eslava caminaba al lado de su digimon rumbo a la parada de tren más próxima—, viste la solicitud de un picodevimon que necesita con urgencia un chef y aceptaste… ¿por qué? —Coronamon lucía tan contento con su futuro trabajo que no parecía comprender lo que hubiera detrás del repaso de su tamer.
—Porque soy bueno cocinando y necesitamos bits, ¿no?
—Eso lo entiendo. —Tomaron asiento en la parada techada a la espera del primer viaje en rieles del día. —Es solo que no tienes certeza de que ese picodevimon te dijera la verdad.
—Si mintió, nos quedará una sola salida —la humana aguardó en silencio por la segunda parte de su reflexión—: enfrentarnos a él y vencerle —empuñó su mano dominante, no obstante el aire de desánimo y resignación que destilara la peliblanca le resultó demasiado desconcertante e impropio de ella. Vanya recordó lo que sucediera en el último trabajo que él escogiera, en el que puso la vida de Gaia en riesgo por no ser precavido. Por un instante dejaría que el sentimiento de culpa le embargara tanto que pudiera romper su fuerte convicción positivista, mas sentir la mano de Sasha sobre su diminuto hombro y encontrar sus azules observándole con un extraño encanto bastó para reavivar la flama del optimismo.
—Tienes razón —suavizó su facción—. Nuestra vida siempre ha sido una constante aventura.
—Y hemos logrado superar lo que sea.

La sonrisa de la humana se hizo más amplia a modo de validación. Ahora más que nunca debía retomar lo que pensó se quedaría enterrado en La Tierra, en lo que sin querer terminó por involucrar al ígneo. Por aquellos tiempos no se trató de su ausente alerta del miedo ni una descarada falta de respeto hacia el peligro. Salir de la protección de sus padres y su zona de confort, empezar a asumir sus propias reglas y trazar el camino que le viniera en gana según sus creencias, le hizo concluir con que la mejor manera de sobrellevar una vida pendida de un hilo era viviéndola cual si fuese una eterna aventura.

La verdad era que sin importar mucho el que tuviera la atención típica parental encima, Shura buscó la forma de no pasar una infancia abrumadoramente aburrida. Su adultez solo sirvió para liberar lo que cohibía por consideración a su familia.

La zona estrella no estaba muy retirada del centro de la ciudad; abarcaba tantos terrenos que llevaban tres minutos distinguiendo la misma columna en la pared que cumplía su papel de dividir lo que en una mente fantasiosa sería lo “burgués” del “proletariado”. En dicho pedazo de mármol bien tallado, figuraba un símbolo peculiar que Sasha supuso debía ser la marca personal de quien o quienes residieran en el imponente castillo que cada vez se hacía más cercano. El profundo bosque protegido por la separación de repente fue reemplazado por un campo vestido de hermosos príncipes negros capaces de hipnotizar a cualquiera.

Vanya y Gaia cruzaron miradas por un cortísimo segundo.

—Es probable que caminemos cinco kilómetros para entrar por la puerta trasera. —Se burló la ucraniana para minimizar la desazón de la realidad.
—Este lugar se parece mucho al de las historias de vampiros de tu mundo. —Su tamer también lo pensó. —¡Debo fotografiarlo!

El tren se detuvo casi chirriando las metálicas llantas de los rieles, tomándolos por sorpresa al escucharle emitir un mensaje de bienvenida con la “imposible ignorar” posdata de tener cuidado con todo lo que formara parte de la mansión Overdell. El child sagrado no desechó esas palabras, pero las desplazó para no aplastar sus ganas de tomar varias fotos del rededor. Por eso fue uno de los primeros en descender. Shura lo tomó con calma. Ella quedose un tanto impresionada al ver a otros digimon desmontarse; consideró que podrían estar allí por lo mismo que el sagrado, lo que le parecía lógico. Uno de esos digitales resultó estar acompañado por un humano, hasta entonces la chispa de la curiosidad se mantuvo a medio encender.

—Disculpa —la criatura fue el primero en mirarla a la cara; sus grandes ojos centellaron—, ¿están aquí por la solicitud de chef? —La dermis del muchacho se erizó por el sonido de su voz. Torpe aunque discreto tocó su cara para constatar que estuviera oculta. Luego la levantó sin miedo a que su mirada chocase con la de su igual.
—¡Sí! —Que el digimon respondiera rápido cortó la posibilidad de que ambos humanos se escudriñaran. —Él es bueno con la cocina.
—Qué curioso —un sentimiento familiar comenzó a crecer—. ¿Te conozco de alguna parte? —Se dirigió al V-mon. El azul contestó con un “no” no muy convincente, pero Sasha podía quedarse con eso. —Mi amigo es el bueno con la cocina —agregó en son de amenizar—. Está por allá, tomando fotos.
—Debería ser cauteloso —Gaia alzó sus orbes hacia el hombre, percibiendo que el sentimiento que surgía en su interior se transformaba en algo difícil de nombrar—. El dueño de estas tierras tiene un carácter muy fuerte.
—¿Le conocen? —Ambos negaron. —Igual se lo aconsejaré, gracias.
—Podemos ir juntos a la mansión —propuso el de cuerno en la nariz; los tamer se mantuvieron callados un par de segundos—. ¿O mejor no?
—Es una buena idea —díjoles la fémina—. Vamos a lo mismo. —Siendo así, el varón extendió su brazo derecho invitándola a ser la primera en caminar. —Vanya —V-mon y el enmascarado se vieron a la cara en un acto fugaz—, recuerda las instrucciones.
—He tomado suficientes imá... —Coronamon reparó solamente en el hombre; le miró de pies a cabeza cual si fuese un escáner, y sin ninguna explicación su cara se convirtió en un poema indescifrable.



everyday everyday Si tengo que avisar a los modes que ya he empezado la quest después de tanto abierta, déjame saber xD

 

This is the time of kingdoms falling
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II
"Hay malos sueños para aquellos que duermen imprudentemente"



En compañía lograba pasar desapercibido el tiempo que se tomara hasta la caminata más larga, así se arrastrasen los pies en completo silencio, apenas intercambiando preguntas que pudieran responderse con monosílabos. Así suscitó la interacción entre los humanos y los digítales en lo que se colaban a la mansión por la parte trasera, observando más el rededor que compartiendo a través del verbo.

Coronamon no dudaba en fotografiar cualquier escenario que pudiese utilizarse cual postal. El jardín de las imponentes rosas rojas era mucho más extenso que el bosque de troncos altos y flacos que admiraron desde el tren. Quien velase por el cuidado de esas plantas sin duda tenía buena mano; un notorio amor por ellas. Sin temor a equivocarse, ninguno negaría que de las mismas se desprendía un aroma particular: ¿dulce? ¿Ácido? ¿Ligeramente metálico? Vanya tampoco desaprovechó la oportunidad de perpetuar la silueta de su tamer en varias tomas fotográficas.

Y mientras él amenizó el recorrido con su hobbie favorito, Shura no obvió dos cosas evidentes e intrigantes: Coronamon no perdió su buen ánimo, pero su modo hablador se apagó desde el instante en el que el enmascarado y V-mon se les unieron; lo segundo, el hombre echó vistazos prolongados hacia ellos sin siquiera dar chance a suposiciones sobre su acto. De repente dio la sensación de que quiso decirles algo… un mensaje que ni se reproducía. Por suerte que el desconocido tan callado no era. Con su compañero digital estuvo dialogando de vez en cuando.

Un par de impmon les cortaron el paso a todo aquel que estuviera a nada de entrar a la residencia. Su sentido carismático bastó para conglomerar a los que buscaban llenar el papel de chef, en un inicio haciendo malabares con unas pelotitas de goma que fácilmente intercambiaban al lanzárselas.

—¡Acérquense y admiren nuestro acto! —anunció uno de los child.

Como si fuera la cosa más maravillosa de la vida, muchos digitales se aproximaron casi encerrándolos en un círculo. Vanya miró a Sasha en búsqueda de confirmación sobre si sería prudente ceder, no obstante, poco antes de darle el visto bueno, el enmascarado levantó la voz para que la fémina y el sagrado pudieran captarle. “Hay otros digimon observando desde el interior. Cuchichean.” La única que agradeciera la disfrazada advertencia fue Gaia; por encima de la misma, coronamon tomó su cámara e inició una serie de fotografías corridas.

El par igual detuvo su entretención para dar un discurso al unísono, nada relevante; solo entorpecedor. De la nada uno a uno, aunque no todos, empezaron a manifestar molestia por un toqueteo que enseguida achacaban al que estuviera a la derecha de los afectados. Varios fueron los bufos, no faltaron las insinuaciones de ataque si “ese” continuaba con la broma pesada de la cual no tenía consciencia, pues los verdaderos culpables no eran visibles.

V-mon soltó una carcajada que llamó la atención del otro ígneo y la eslava. No le cuestionaron, pero el de rasgos felinos le miró con suspicacia. Varios de los solicitantes por el puesto a chef se descubrieron con las patas despegadas del suelo y casi exigiendo ser soltados por lo que sea que les estuviera jugando una broma. Unos bakemon se evidenciaron antes de dejarse convencer por los desesperados, convenientemente haciéndose pasar por desentendidos de lo que pudiera sucederles a esa altura (considerable). Entre la impresión de varios, el miedo de los que yacían en el aire y la risa descojonada de los impmon, el mandato fuerte y claro de una chica vestida con ropa gótica obligó a los fantasmas a rescatar a sus víctimas.

Los bakemon abuchearon la decisión y acataron sin rezongar demasiado. La recién llegada ordenó que entraran a la mansión a los clones bromistas.

—¡No estoy dispuesto a entrar a esa mansión de locos! —declaró un gabumon algo enfadoso.
—Este trabajo no lo vale. —Bufó un agumon indignado. —Para empezar, nos traen por la parte trasera como si fuéramos indignos de estar aquí.
—Es que eres indigno —contestó un picodevimon motivando las risas de otros trabajadores de la mansión, porque los impmon, los bakumon y la chica (aunque no se riera) eran parte de ese gremio laboral.
—¡Me largo! —anunció algún digital entre el grupo, prácticamente motivando a otros a secundar su decisión.

A los trabajadores de la mansión Overdell no les pareció extraño que una cantidad de postulantes terminara retirándose, más fue de conmoción que unos trucos tontos dispararan el temor de todos esos. Indignos. Picodevimon suspiró, enseguida pidió a los “valientes” que se acercaran. Prestó especial atención a V-mon y su tamer casi soltando un comentario que pudo sonar comprometedor, agradeciendo a la de apariencia púber haber interrumpido su cuasi impulsividad.

—No tenemos tiempo que perder. —Hasta entonces nadie había reparado en la pistola que llevara en su mano derecha, porque con ella apuntó hacia la puerta en forma de arco e hizo un movimiento con su cabeza. —Todos, ¡adentro!
—Relájate, Noir —la aludida prefirió ignorar lo dicho por picodevimon —. ¡Hey! ¡Sabes que me necesitas para esto!

El de color gris fue uno de los últimos en pasar el umbral. La entrada les condujo a una estancia muy pequeña que conectaba con una escalera hacia el sótano. Las paredes eran frías y la luz escasa. Gracias a la flama de coronamon no fue un problema recorrer los pasillos hacia quién sabía dónde. La modelo sintió curiosidad sobre lo que pudiera estar pensando el enmascarado, mas no se molestó en preguntar. Él y V-mon iban adelante y en ningún momento hizo ademán de voltear.

La de vestimenta gótica les invitó a pasar a una habitación en las que había largas mesas de madera. No tenía ventanas, tampoco ventilación interna. Gaia empezó a sentirse incómoda; cada lado de su rostro comenzó a humedecerse de a poco, un hormigueo a estorbar en sus manos y sus pálpitos a acelerarse a la vez que sus pulmones le hacían creer que respirar era la labor más complicada de la vida. Movió sus ojos en busca de algo que matara la semilla de la ansiedad. Quería poder bloquear sus propios pensamientos intrusivos que exageraban su situación; ventilarse al tirar del cuello de su blusa tampoco ayudaría.

—Vanya... —pronunció en un tono increíblemente bajo. —Vanya. —Supo que él no le escuchó porque estaba inmerso en lo que sea que estuviera diciendo la chica que los llevara hasta allí. —Vanya. Va...—Dio un paso con su diestra levantada, con la intención de alcanzar al sagrado, a contracorriente de su voz interna pesimista y asfixiante. De repente volteó la cara para encarar a quien le sujetara la mano.

Sasha estaba estupefacta además de aturdida por los efectos de la claustrofobia, pero se dejó ayudar por el enmascarado porque sentir el calor de alguien más le hacía entender a su cerebro que no estaba sola en su encierro. A raíz de eso logró relajarse, mucho más al ver la motivación del chico al mover su mano libre de arriba hacia abajo. A pesar de la máscara pudo escuchar lo que dijera.

—No contamos con mucho tiempo —los oídos de la ucraniana filtraron la voz de la tal Noir, por fin—. Y necesitamos saber quién de ustedes logrará replicar las milanesas sangrientas que tanto ama nuestro amo.
—¿Tendremos que competir por el trabajo?
—Escuchaste bien —prosiguió picodevimon—. Tendrán un par de horas para elaborar la mejor milanesa sangrienta. Elegiremos al mejor y esta misma tarde regresará a la ciudad para preparar un gran banquete.
—¿Y qué ganaremos luego de esto? —La duda fue la misma de uno que otro digital.
—¡Cualquier cosa que venga de nuestro amo será buena! —Se acercó revoloteando a ese que cuestionara.
—No pierdan el tiempo —continuó Noir—. Los utensilios están por allá.
—Estaremos vigilando —un par de bakemon adoptaron su forma visible, pero quien hablara fue un candlemon que se encargaría de iluminar junto a otros de su misma especie.
—¿Escuchaste eso Shu... —Lo primero que visualizara fue la unión de la mano de su tamer y del muchacho. Gaia captó el significado de su abrupto silencio y la expresión de su rostro, no tardando dos segundos en recoger su extremidad. Vanya atizó al sujeto.
—Buena suerte. —Díjoles en lo que se marchaba.
—No necesitamos su suerte. —Coronamon se cruzó de brazos. —¿Por qué le sujetabas la mano? Pensé que solo hacías eso con Dylan. —Las palabras se atoraron en la garganta de la humana, no así la reacción de su cuerpo al escucharle. —¡No me agrada! —declaró entre dientes.
—Vanya, ¿qué te sucede?
—Contéstame.

La eslava no lo hizo, menos consideró responder hasta no comprender la actitud del ígneo. Repuesta de su pasada y corta crisis, elaboró una lista mental de posibles razones que estuvieran detrás del desagrado de Vanya hacia el extraño humano. No concebía que pudiera estar celoso porque él no era así; con Theo Vryzas no se comportó de esa forma. Que supiera, el enmascarado no les había hecho nada... ¿o tal vez sí y no lo notó? Gaia adoptó la misma postura de Coronamon: manos en la cadera, una mirada demandante, nariz respingona. Bueno, ese último detalle solo lo imaginó la de hebras blancas para amenizar las cosas en su interior.

El sonido de los instrumentos culinarios atrajo los azules de la fémina. Todos ya se encontraban enfocados en la primera parte de la elaboración.

—No vinimos aquí a discutir —bisbiseó la medium —. ¿En qué puedo ayudarte?
—Tal vez no debimos venir. —Echó un largo suspiro que dejó sorprendida a su mejor amiga. —Primero debemos sazonar el filete. —El refrigerador estaba en el cuarto contiguo. —Yo voy. —Se adelantó a decir desde que viera a Gaia intentarlo.

La modelo liberó su pecho al soltar una gran cantidad de aire. Observó un instante el recorrido del child, empero se encontró siendo escudriñada por el compañero de V-mon. Su frente se arrugó levemente, gesto que variara al presenciar cómo no fue capaz de sostener un envase que le entregaba el dragón. Sasha se limitó a sonreír con burla.

Vanya depositó el trozo sobre una tabla. Era el filete más ensangrentado que jamás hubiera visto. No le molestaba tocar la comida cruda, ensuciarse con residuos o que se le pegaran de los dedos... empero, el combo entre lo visual y lo táctil disminuían puntos a su tolerancia. Tuvo la idea de limpiarse las manos, aunque desechara la idea rápido. Sería una pérdida de tiempo.

—¿Y? —Sasha le sacó de su trance.
—Condiméntalo de la manera simple.
—¿Será suficiente? —Fugazmente echó un vistazo a la carne súper roja. Tanta sangre le preocupaba.
—No quiero opacar el sabor de la sangre —Gaia se colocó unos guantes que luego tendría que retirarse al ser reprendida por su digimon —. Es mejor cocinar a manos limpias.
—¿Hay alguna diferencia? —Pensó que el de fuego estaba siendo algo radical con el proceder. De todas maneras obedeció, tomó la sal, pimienta y bañó el trozo dándole toquecitos amables.
—¡Qué horror! ¡No pudiste vomitar en otra parte? —Gritó uno de los candlemon. Todos observaron al guilmon que colapsó después de devolver su estómago. Los bakumon no contuvieron las risas.

[…]

En la extensión superior a la que se hallaran los cocineros, picodevimon no paraba de rezongar mientras volaba de un lado hacia el otro. Era difícil entender lo que dijera porque lo escupía entre dientes. Ante la llegada de otro digital con alas se detuvo con exabrupto, maldiciendo la horrible sensación de atragantarse con sus propias palabras.

—¡Nos habían dicho que no podrían preparar las milanesas! —Fue la bienvenida que le diera al recién llegado, quien no pareció inmutarse.
—¿Entonces sí están aquí?
—¿Qué clase de burla es esta, tsukaimon? ¡Sabes que el amo adora las milanesas que prepara tu humano! —Ni tenerlo a centímetros envuelto en cólera hizo que el purpúreo variara su expresión.
—No es mi humano. —Aterrizó entre los brazos de Noir para ser acariciado en la cabeza. La “adolescente” se encontraba en completo silencio. —Es amigo de mi humano.
—¡Cómo sea! Ahora debemos degustar varios platillos sin necesidad.
—¿Desde cuándo la comida gratis es un problema? —picodevimon bufó aún más al ver a la vestida de negro reír. —Despáchalos a todos desde que terminen, salvo a uno.
—No estoy dispuesto a aceptar a cualquiera por tus caprichitos. —Aterrizó sobre una mesa. —Sabes cómo se pone el amo si no obtiene lo que quiere.
—Y el premio al más lamebotas es para... —Tsukaimon alzó vuelo—. Nunca hemos quedado mal con tu amo. Ahora me voy. Debo informarle a Vladimir sobre lo cabezota que es su querido amigo.

Ahora más que nunca se preguntaba qué había conversado con Vamdemon la noche anterior. Estuvo a punto de chocar con él tras su salida en esa ocasión. Conociéndolo y el que se hubiera molestado en ir hasta allá para averiguar sobre “el experto” en las milanesas sangrientas que amaba su amo, le hizo sospechar que el rechazo a la realización del banquete fue planeado, parte de una gran orquesta que empezaría a desarrollarse desde que eligiera al chef encargado de la especial cena.

Noir le envió saludos al tamer de tsukaimon.

[…]

Un contendiente menos, un paso más cerca de ganar. De ganarle al enmascarado, sobre todo. Aunque Vanya estuviera inmerso en su labor, no podía dejar de pensar en ese sujeto por lo que le hiciera asociar su aroma. Ya tenía preparada la mezcla para empanizar el filete, misma que desprendía un olor agradable, picoso; nunca decepcionaba un platillo satisfactorio para el olfato que hubiera cocinado el ígneo. Gaia le ayudó a limpiar y ordenar los utensilios.

—¿Harás alguna salsa? ¿Una guarnición? —Coronamon asintió. En lo que se sellaba el filete, agarró un contenedor redondo en el que vertió unos tomates. Por un instante se fijó en lo que estuviera haciendo v-mon y su humano, lo que lamentara un montón al verlos realizar lo que él estaba casi iniciando. La flama de su cabeza se disparó sin causar estragos. —Las grandes mentes piensan igual. —El felino no estuvo de acuerdo con esa afirmación producto de su terquedad.

Vanya no utilizó más que sus manos para aplastar la fruta, y en lo que lo hiciera fue dejándose percibir enfadado. El tomate explotaba debajo de sus nudillos, seguro que en su cabeza estaba resultando terapéutico desahogarse de esa forma porque por segundos aplicaba más fuerza. No se le hizo complicado volverlo puré ni le costó tiempo, lo que para Gaia resultó a medias positivo bajo la denominación de ejercicio de relajación. La realidad era que no estaban allí para rebajar tensiones sino para cocinar.

—Detente. —La ucraniana metió una mano en el bowl, colocándola sobre la ensuciada de su digimon. Por más molesto que estuviera, nunca fue de esos que armaban una coraza impenetrable en pos de empeñarse en sus pareceres como buenos y válidos. Coronamon observó a Gaia a los ojos. —Lo que cocinamos puede reflejar nuestros sentimientos, ¿no es así? —Notó que el ceño del elemento caliente se arrugó un poco. —No entiendo qué te sucede.
—Hace mucho me enseñaste que no todo el mundo iba a caerme bien. —Ella no desmintió eso.
—¿Te hizo algo? —Apretó levemente la mano del sagrado. —Puede que no lo haya visto.

El child repasó la pregunta varias veces, como si su cerebro tuviera que descodificar algún mensaje oculto para interpretarlo con éxito. Nada más alejado de la verdad. A coronamon no se le hacía complicado encontrar las palabras correctas para responder, pudo haber escupido lo que hiciera sentir incómodo al supuesto órgano que existía en su pecho; o lo que figurativamente los humanos llamasen alma. Su tamer insistió por cómo le estaba viendo.

—Ha hecho... —El estruendo de unos cucharones cayendo al suelo distrajo a todos. —Debo dar vuelta al filete, ¿podrías verter la pasta en ese pote?
—¿Sin condimentos? —Su mejor amigo contestó afirmativamente.

Al cubrir el cilíndrico envase le dejó a un lado en la mesa. Estaba segura de que Vanya le diría la razón de su actitud arisca, digno modelo de la foca ególatra con la que alguna vez compartieran piso. Reparar en el detalle le hizo recordar lo que le preguntara el felino. Despacio fue retrayendo sus dedos diestros deseando revivir el cómo se sentía aquella calidez en su piel. Entonces enderezó su mano de golpe, plantándola firme sobre la madera, ahuyentando la nostalgia. El movimiento le valió la atención de su compañero.

—No te dejaré en paz hasta que no me digas.
—Está bien —colocó el filete en un platillo—. Tú nunca me estorbas.
—¿De qué me he perdido o de qué me estoy perdiendo?
—¿Podrías pasarme la salsa? —Otros digitales yacían emplatando su muestra. No todos coincidieron en aderezarlo. Al girar un cuarto para alcanzar la botella plástica, Shura encontró raro que no pudiera lograrlo solo extendiendo su brazo. No recordaba haberla puesto tan lejos. —Bien, echaré un poco en esta taza para que picodevimon se sirva a su gusto.


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III
"Hay una razón por la que todas las cosas son como son"


—Quiero que quede resuelto antes de que esta hermosa luna se ubique en el punto opuesto —movió su índice grácilmente hacia la dirección aludida—. ¿Estamos?
—S-sí, amo.

Picodevimon no levantó vuelo enseguida por andar preguntándose qué le pudiera estar sucediendo al de más nivel que no terminaba de desatar su ira; tampoco era como si quisiera ser el blanco de ataques por doquier. Desde que notara que Vamdemon giraría sobre sus pies se espabiló, saliendo de inmediato a buscar a otros sirvientes, por poco entorpeciendo su vuelo al encontrarse de frente con otro digimon.



Tsukaimon no intentó evadir al otro digital alado porque nunca solía ceder el paso a nadie. Nunca ha tenido que hacerlo y nunca encontraría un por qué debería, si desde que tiene consciencia el resto de digitales son los que suelen hacerse a un lado para no chocar con él. Mientras que picodevimon le dedicó una mirada de reproche y molestia, el purpúreo ni siquiera se inmutó en girar hacia él. La puerta se cerró a su paso gracias a un simple comando de vamdemon.

—Qué afortunado —inició el dueño de aquella mansión—. No suelo esperar a los impuntuales.
—Vladimir y yo tuvimos cosas que hacer.
—Nada puede ser más importante que un poco de mi tiempo. —Soltó la cortina con suavidad, casi dejándola resbalar entre sus dedos. —Qué rápido lo olvidaste.
—Es el privilegio de salir de este cuchitril. —A diferencia de la seriedad en su rostro rechoncho, vamdemon sonrió de lado. —Yo diría que las cosas han cambiado. Ahora el tiempo de Vladimir y mío es más importante que el tuyo.
—Eso sí, no has cambiado.
—Es lo bueno de la vida —vamdemon tomó asiento en la silla con el espaldar más alto, detrás de un escritorio antiguo—: podemos aprender de todo y de todos. —Aterrizó sobre un sofá a cierta distancia considerable del otro digimon. —¿Y tu sirviente?
—Ya no soy como antes —acomodó su mentón sobre sus manos entrelazadas—. Le he dado unas cortas vacaciones.
—Y por eso tienes al inepto de picodevimon a cargo de tu gran fiesta. —Vamdemon rio para sus adentros. —Buena suerte con eso.
—¿Vas a decirme para qué te urgía verme?
—¿Me urgía? Qué tergiversador. —Su receptor continuó riendo sin separar sus labios. —Vladimir ya empezó con su parte. A cambio, necesitamos que cumplas la tuya. —El murciélago vuelto hombre se mostró extrañado.

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Gaia se mantuvo observando lo que hiciera Vanya sobre los últimos retoques de su platillo. Todavía le daba mente a lo curioso que fue encontrar el dispensador de la salsa algo alejado de su alcance. Recordó a los fantasmas digimon y la bromita pesada que hicieran gracias a su maravillosa habilidad de desaparecer, empero no podía achacar la responsabilidad a ellos porque no se convencía. De reojo echó un vistazo rápido por encima de su hombro; el enmascarado y v-mon se hallaban metros más atrás culminando su muestra.

El sonido de una campanilla frenó a los postulantes a chef; picodevimon y Noir se hallaban delante de todas las mesas de trabajo. Serían los jueces. Una a una fueron requiriendo las milanesas, con la mirada compartían opinión respecto al cuidado de la presentación; todas coincidían en tener un buen aroma, así que lo que pondría la división entre una y otra sería el sabor.

La habitación quedó bajo la expectación colectiva traducida en silencio.

Los nervios se proliferaban en prácticamente todos los concursantes, menos en el humano y su acompañante. Shura lo constató al observarles por curiosidad. Esta vez no apartó la mirada de encima de ellos, ni siquiera cuando fuera imán de la atención del otro terrícola. El hombre encerró su mano izquierda; el juego de quien pestañara primero acabó con la modelo rompiendo el contacto. De todos modos, era uno muy injusto.

Tras el retiro de una gran cantidad de digitales, quedaron unos seis “valientes” con las ganas de obtener el puesto y, seguramente, conseguir un jugoso premio más grande que el miedo a los digimon residentes de la mansión. Hasta el momento, los jueces no emitían ningún comentario, tampoco un gesto que les adelantara algún veredicto.

Frente al jurado restaban dos platos; picodevimon sabía que si degustaba el que cocinara el enmascarado iba a obtener lo que estaba deseando conseguir para su amo, empero recordó las palabras de tsukaimon respecto a su elección pseudo democrática. Para no sentir que le daba el gusto de seguir sus órdenes, a posta dejó esas muestras de último.

Noir humedeció el trozo que tomara con la salsa puesta a un lado; picodevimon se echó el resto a la boca sin demasiadas expectativas. Craso error. Ambos jueces se paralizaron un instante, masticaron lento un par de segundos hasta absorber cada gota de sabor. Coronamon ansiaba ser la voz del par respecto a cuán emocionado se sentía al percibir lo evidente: estaba seguro que su comida les había encantado. Sin embargo, se abstuvieron de decir sus pareceres y dar una oportunidad al plato restante. Repitieron el mismo procedimiento, Noir hizo un corte modesto y, al mismo tiempo que picodevimon, lo ingirió. La reacción fue muy similar.

—¿Y? —preguntó uno de los candlemon.
—¡Shh! No presiones —exigió picodevimon—. Es una decisión muy difícil.
—No es cierto —a todos desencajó lo dicho por la joven chica—. ¡Nos quedamos con quien hiciera este! —Movió el plato seleccionado hacia adelante.
—¡Es el mío! ¡Lo sabía! ¡Shura, lo sabía! —Gaia le regaló un abrazo en medio de los aplausos de los que aceptaran la derrota.
—¡¿Por qué no esperaste a que hablara?! —picodevimon se dirigió a la gótica en medio de riñas entre dientes.
—¿Para qué darle largas? Escuchaste bien lo que nos pidieran hacer. —Para disimular la conversación, Noir mantuvo una gran sonrisa. Por encima de la verborrea del alado pidió a los no ganadores que se retiraran de la mansión; serían escoltados por los bakemon hacia la salida, sin hacerse responsable de las jugarretas que podrían ocurrir de repente.

Antes de marcharse del sótano, el sujeto desconocido y su digimon se detuvieron frente al par agraciado. Los ánimos de Vanya se transformaron en algo completamente distinto; porque no estaba en su naturaleza, se disculpó con ellos bajo la excusa de ir a investigar lo que tendría que hacer. V-mon externó su preocupación al no comprender la causa de la actitud del ígneo, pues podía captar la negativa receptividad hacia ellos por más que el sagrado intentase no ser abierto con eso.

—Si tuviera la respuesta, con gusto te la diría. —Sasha suspiró.
—No te preocupes —el hombre miró a su amigo en seguida—. No podemos caerle bien a todo el mundo.
—Vanya —al humano le recorrió una especie de corriente eléctrica—, no es así. Él no es así.
—Es curioso cuando le otorgamos apodos a nuestros compañeros. —La ucraniana sintió una punzada que agradeció no fuera tan fuerte como para demostrarla a través de gestos. No obstante, reflexionó sobre las razones de que pusiera “nombres” a sus digimon; los dos tenían que ver con otra persona que formara parte de su vida. —¿Dije algo malo?
—¿Eh? ¿Por qué?
—Te quedaste en el aire. —Las mejillas de Shura se encendieron un poco.
—Solo me quedé pensando en lo que dijeras —observó a Vanya charlando con Noir y picodevimon—. De verdad es curioso.
—No dejes que los de este lugar los presionen. —Entonces la fémina volteó a verlo por última vez.

La frase-consejo quedaría navegando en el mar de sus pensamientos en lo que aparecía un motivo para rescatarla. Por el momento no tendría tiempo que perder cediéndolo a sus dudas; coronamon volvía a su lado con nuevas instrucciones y un rostro digno de preocupación.

—Necesitan un banquete para mañana.
—¿De qué cantidad estamos hablando?
—De una... muy alta. —Gaia abrió sus orbes un poco más de la cuenta, además de morderse el labio inferior sin hacerse daño. —No contamos con los instrumentos suficientes ni con las manos suficientes, ni los ingredientes suficientes... —su tamer se colocó a su altura para que mirarle a los ojos fuera fácil. Le agarró de los hombros, pidiéndole calma. Con el premio en el bolsillo no podía evidenciarse ineficiente. —¿Qué vamos a hacer?
—Tú y yo siempre resolvemos todo, ¿no? —Vanya movió la cabeza de abajo hacia arriba. —Encontraremos la forma.
—Tienen que marcharse ahora —anunció el child con alas de murciélago—. Nuestro amo puede despertar en cualquier instante y no es recomendable que les vea por aquí.
—El tren pasará en quince minutos.

El recorrido hacia la salida se sintió menos largo, por fortuna. Los digitales curiosos huían antes de ser confrontados por la humana y el sagrado, tan solo dejando la estela de la incertidumbre en ellos. Noir abrió la puerta trasera por la que entraron y de ahí en adelante tendrían que recorrer el sendero solos. Había nubes grises opacando al astro rey; las rosas rojas lucían más oscuras así y la mansión Overdell encajaba perfecto para cualquier escenario de terror dramático.

La brisa esparció el olor de las flores, profundizándolo.

—¿Ella es la humana que se encargará de mi banquete?
—En realidad es su compañero, amo. —Vamdemon dedicó unos segundos visuales a Vanya, pero no pudo contener las ganas de retornar sus ojos hacia la silueta de la fémina. No quería perderse de nada porque yacían alejándose. —En sustitución de su chef favorito, ese coronamon tiene talento culinario.
—¿Por qué no fui informado de esto antes? ¿Quién se está encargando de todo?
—Es…
—¡Amo! ¡Amo! —Picodevimon entró a la habitación bastante preocupado, nervioso. Alguno de sus compañeros le advirtió que estaba siendo saboteado frente a su superior. Al principio creyó que podría tratarse de tsukaimon, pero quedó enmudecido al encontrar al ayudante principal de Vamdemon de vuelta de sus “vacaciones”. —¡Wizardmon! ¿Qué haces aquí?
—Supe que el señor Vamdemon está teniendo dificultades con los preparativos de su gran fiesta.
—¡No es cierto! Todo está en orden. —Se acercó al otro digital humanoide. —Su plato favorito no faltará, amo.
—Espero que quede tan exquisito como siempre.
—Amo, si quiere puedo ir a recogerlo para que no se… —El aludido alzó una mano pidiendo silencio.
—Quiero conocerlos. —Wizardmon y picodevimon tuvieron la misma impresión. —Quiero que ellos traigan mi banquete.

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..

..
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En momentos como esos, la protagonista humana de esta historia agradecía tener sentido del ahorro. Si Vanya estaba en lo cierto, necesitarían una gran cantidad de bits para comprar los ingredientes. Ambos descansaron sus posaderas en una banqueta, pretendiendo relajarse tras casi trotar para llegar a tiempo a la estación. No obstante, si el cerebro de cada uno no daba tregua a la lluvia de ideas surgidas por el problema a resolver, descansar no pasaría de ser un banal intento. Se miraron un instante con el ceño levemente arrugado; de repente carcajearon, destilando cuotas de resignación. Estaban metidos hasta el cuello en aquella labor. Renunciar no era la solución ni una opción.

—Tú y yo siempre resolvemos todo. —repitió el felino como si le hablara al aire, pensando en voz alta. —No necesitamos de nadie más. —Gaia empezó a prestarle mayor atención sin desviar su foco visual: el interesantísimo diseño neutral del cielorraso de la parada. Era profundo y alto. —¿Cierto? —Apoyó sus codos de sus piernas, de repente adoptando una actitud pensativa. —Me he dado cuenta de que es difícil confiar en los humanos.
—¿A qué viene tu comentario?
—A que a los de tu especie no les importa hacerle daño a los demás de su misma especie.
—Hey —Zaytseva reclinó su torso hacia adelante, queriendo descubrir cuál facción tenía su amigo—. ¿Lo dices por algo en especial? —Vanya suspiró.
—Por ti, Shura. —La aludida abrió los ojos con desmesura. —Eres una buena persona. ¿Por qué te han lastimado entonces? —La fémina apretó sus dedos sin despegarlos de sus piernas; tragó fuerte e hizo silencio por varios segundos. —Hasta los humanos que alguna vez parecían quererte, lastiman. —La peliblanca ocultó sus ojos detrás de unos cuantos flequillos que gráciles se deslizaron a su rostro; bajó su mirada a los rieles y se preguntó lo mismo. Pero se respondió rápido:
—Tal vez... —peinó los mechones caídos antes de girar la cabeza hacia coronamon—, yo soy la del problema.

Una sonrisa amarga surcó su rostro en contraste a la aflicción de su compañero, quien negara varias veces a modo de rechazo de esa afirmación. Vanya puso sus manos tibias sobre las de ella. Tuvo la intención de explicar el por qué no estaba de acuerdo con que así era, pero la silueta del enmascarado y su digimon le hicieron perder “la nota”. No, de hecho, reforzaron su postura sobre quién era el verdadero problema. Siguiendo la mirada endurecida y ensombrecida de su mejor amigo, Gaia pudo encontrar la causa cada vez más próxima a ellos.

La medium y el ígneo adoptaron otra postura al simular un par de estatuas. El enmascarado y v-mon tampoco hicieron ademán de dirigirse a ellos de alguna forma, y en lo que se trasladaban a otra banca para aguardar por el tren la soviética recordó lo que le dijera el muchacho. La manera en la que hablara fue particular; apostaría a que tan desconocedor de la mansión Overdell no era.

—¡Oye! —Coronamon la miró consternado. Los aludidos voltearon en sincronía. —¿Los conocen?
—Shura, ¿qué haces?
—A los de la mansión Overdell. —Solo v-mon dibujó una ancha sonrisa. —Necesitamos ayuda —se lo decía a su digimon, lo que lo trastocara todavía más—. ¿Entonces?
—Sí, algo así. —Esa respuesta le supo a modestia a la eslava, mas no lo discutió. —¿Necesitan un lugar de trabajo?
—Sí, eso.
—Podemos hacerlo en el departamento de Halsey y Rain —Sasha respiró hondo—. Es enorme. ¿Ya lo olvidaste?
—Ya no tengo las llaves. —A Vanya se le bajaron los colores del rostro.

A diferencia del viaje a horas más tempranas, el tren iba con muchos pasajeros con destino a File City. Coronamon iba perdido entre los paisajes que podía vislumbrar por el ancho ventanal, no así ignorante de la conversación que estuviera sosteniendo su tamer con el par dispuesto a ayudarles. El enmascarado se presentó como Yohannan; a su introducción añadió que trabajaba en un restaurante y que podía pedirle la cocina prestada al dueño. Para empezar eso sería suficiente.

Sasha y Vanya caminaron acompañados del ruido exterior, pues en la burbuja que les encerraba a ambos el silencio se apropió. De vez en cuando se sentía extraño andar con la mirada puesta al frente, con los labios sellados; de vez en cuando la peliblanca tuvo ganas de romper el hielo, solo que más grandes fueron las ganas de no alborotar las emociones de su amigo. Debía aprovechar el recorrido a casa para recapitular la conversación anterior, hilo que le trajera a colación los recuerdos del día en el que supo, por corazonada, que otra vez se hallaba sola.

Y no le temía a la soledad.

Zaytseva dejó salir a Taras del digivice ya estando en su departamento. El bebé dio un gran bostezo, al que Sasha achacó a su estómago vacío. Mientras preparaba algo rápido para almorzar, Vanya escribía la lista de ingredientes (la cantidad) en una hoja suelta que encontrara por ahí. Se apoyaba en la libreta de dibujos de su tamer y sin querer, al moverse chocó los codos con la parte sobresaliente del objeto. Algunos papeles se desparramaron; el sonido llevó a la humana a ver lo que ocurriese y su expresión despreocupada varió a la par en que la de Vanya se tornaba sorprendida.

El ígneo analizó los detalles en el dibujo que resultase expuesto, enseguida ordenando las hojas para no tener que continuar invadiendo la privacidad de la peliblanca.

—Si quieres puedes ver. —El sagrado giró sobre sus pies, dándole la cara. —No es como si fuera un gran secreto lo que he hecho.
—Tus dibujos deberían exponerse en algún lado, Shura —recogió un pedazo de papel que se había salido de la libreta. Allí yacía ilustrada la silueta de la heroína perdida junto a sus digimon—. Hasta en una servilleta sé que podrías hacer algo muy bueno.
—Gracias. —Observó su arte luego de que Vanya le dejara encima de la mesa. —Necesito otra inspiración.
—¿Alguien más? —Gaia negó en silencio. —Nos tienes a nosotros —se señaló y apuntó hacia Taras dormitando sobre una almohada en el pequeño sofá de su inexistente sala.
—Exacto. —Se apoyó de las rodillas frente a él. —Ustedes dos son lo único que me queda. Lo más importante.
—No te has olvidado de ella, ¿o sí? —Zaytseva levantó los hombros.
—Eso qué importa. —Trató de sonreír. —Y ya que estamos hablando —se puso de pie para terminar de organizar la mesa—, debes aceptar la ayuda de Yohannan y v-mon.
—No quiero hablar de eso.
—Vanya, tienes que explicarme qué es lo que sucede. —Le vio desviar la mirada, cruzarse de brazos y rezongar al exhalar aire por la nariz. —¿Ya los conocías desde antes?
—¡Sí! No es quién crees que es.
—¿Es, fue... una mala persona?

Vanya no pudo salir del primer monosílabo que le surgiera decir y su enfado cedió ante el estupor; caviló en un santiamén porque la imagen de su tamer de años atrás regresó como un relámpago a su consciencia. Pensó que posiblemente Gaia podría reaccionar no tan mal, empero no quería verla triste. Lo de Dylan lucía reciente a pesar de las semanas transcurridas; supo que ella continuaba en sus pensamientos al ver la expresión que hiciere ante el dibujo expuesto. No se perdonaría si Shura volvía a derramar otra lágrima por otro humano. Suficiente con el dolor de no saber nada sobre su padre.

—Tal vez estoy exagerando. —Alzó los hombros con cierto desazón. —Ya sabes que tenemos un olfato amplio como las mascotas de tu mundo.
—Vanya, te pasaste toda la mañana molesto… ¿por una confusión? ¿Eso es lo que dices?
—No descarto nada, pero puede ser. —La medium no podía creerlo. Regresó a la cocina queriendo no pensar demasiado en la actitud irracional y extraña de su mejor amigo. Seguro era una etapa; secuelas de haber convivido tanto con otro digital que sufría de manifestar comportamientos parecidos.

En una calle corta del centro de la ciudad, en un suburbio pintoresco de apartamentos pequeños de edificios coloridos, se encontraba el restaurante italiano donde trabajara Yohannan. Al escuchar la puerta, el muchacho no volteó a ver quién pudiera ser; se apresuró en ir detrás de la barra de bebidas, agacharse y colocarse una máscara. Otro hombre sostuvo una conversación con Gaia, le explicó lo que ya sabía gracias a su compañero de cocina y v-mon, y amablemente los guio hacia la parte trasera.

—Es una bella Ragazza. —Díjole quien recibiera a los protagonistas a quien se encontrara oculto aún.
—Es hermosa. —Se puso de pie sacudiendo su delantal. —Y no es para ti.
—¿Y para te sí? —Rio de burla sana. —Seguramente, debe tener un ragazzo mejor que tú e io.
—O una novia —su receptor abrió la boca—. ¿A dónde se fue la inclusión?
—Tienes razón. De todas formas —dejó el delantal colgando en la pared—, es muy afortunada la persona que esté con ella. Me parece amable y dulce. Y guapa —con sus manos hizo un modelo de mujer con curvas.
—Lárgate ya.

Con la salida del chico de acento italiano, el local se envolvió en silencio… uno que potenciaba incertidumbre. Yohannan cruzó unas cortinas e interrumpió lo que estuviera diciendo v-mon sobre el cómo usar la estufa. Vanya se recogió, echándose a un lado en pos de no quedar tan a la vista del enmascarado.

—No necesitan comprar ingredientes. —Toqueteó un enorme refrigerador con el índice derecho. —V-mon, ¿puedes sacar el filete que nos llegó hoy?
—Espera, no tienes por qué gastar los abastos del restaurante.
—En serio, no te preocupes. —De un cajón sacó dos delantales negros, en seguida facilitándoselos a la humana. —Por allá están los vegetales, allí las especias.
—Debes dejar que paguemos por todo lo que gastaremos. —Miró al child felino un instante, siguiéndole con la mirada desde que él se pusiera manos a la obra con la carne. Era tan roja como la de la mansión. —Una vez trabajé en la granja de carnes. No las recordaba tan sangrientas.
—¿Una chica como tú en una granja de carne? No te creo.
—Las apariencias engañan. —Aunque no pudiera verlo, Yohannan sonrió con dejo nostálgico. —No me importa trabajar en el lodo si es necesario —en un papel tenía anotado los ingredientes para la salsa, así que había iniciado el procedimiento escogiendo los tomates para aplastarlos con las manos—. En esa ocasión, fue mi nov… —la velocidad de sus nudillos mermó. Miró al muchacho por un segundo, queriendo transmitirle con el gesto que no prestara atención a lo que fuera a decir. —Alguien más eligió ese trabajo. Fue interesante. La carne está hecha de códigos; me lo dijo una persona alguna vez.
—Por supuesto —pareció reír por el inocente comentario—, no hay animales aquí. Los digimon no son como las criaturas de nuestro mundo. No… deberían devorarse entre sí.
—Pero lo hacen algunos.
—Para aumentar su poder, se alimentan del código de otros. —Depositó más tomates frente a la peliblanca. —Generalmente son digimon oscuros o corrompidos. Los hay en todas partes, solo que existe demasiada luz alrededor como para notarlos.
—¿Cuánto tiempo tienes aquí? No luces novato.
—Más que tú, seguro. —Ambos curvearon los labios.

El resto del día se les fue “volando”. El filete empanizado estaba pre hecho y la salsa debidamente guardada en un contenedor que debía permanecer fuera del refrigerador. Al día siguiente culminarían los platillos y entregarían la orden antes de que se acueste el sol. Esa era la última condición y la más problemática. Era de conocimiento popular que las milanesas sangrientas se dañaban si les daba la luz solar; por eso era un platillo común entre digitales y humanos amantes de la noche.

Yohannan les invitó una bebida para amenizar y celebrar el futuro éxito que tendrán las milanesas de Vanya. Por Shura, el sagrado accedió a tomar una; no quería notarse tan descortés si quería mantener el disfraz de falsa alarma respecto al sujeto. Lo que no haría sería sentarse en la misma mesa que él.

—¿Y cómo se llama tu pequeño amigo? —Gummymon movió sus orejas. Desde el regazo de Gaia engullía una galleta napolitana.
—Es Taras —el aludido asintió —. También puedes llamarlo Gumita o Tommy. —Volvió a mover su redonda cabeza en aprobación.
—Qué afortunado. —Yohannan echó una rápida mirada a la mesa que ocuparan ambos elementales de fuego. —¿Tienen una guild?
—No y no estoy interesada en pertenecer a alguna —el muchacho fingió indignación—. Estamos reuniendo dinero para lograr ciertos objetivos.
—Directo al punto. Sabes lo que quieres.
—Así es —sus iris amenazaron con tornarse grises—. Quiero encontrar a una persona.
—¿Sabes dónde se encuentra? —Tras un pesado suspiro, Sasha negó sin separar los labios. —¿Ni una pista?
—Debo ganar mucho dinero. Es todo lo que sé. —Agarró su bebida tratando de minimizar los efectos del tema en sus emociones.
—Buscarás en cada continente o querrás inmiscuirte en la socialité —abrió las manos como si cada una representara una de esas opciones—. ¿Por qué no te ofreces como modelo del Tengu? Tienen una sección con personas de lindos rostros. —Sashenka apenas rio en lo que jugaba con el popote de su trago. —Si todo resulta un éxito con las milanesas, estoy seguro que habrá una publicación acerca de eso.
—¿Tan importante y famoso es ese banquete?

[…]

El desayuno corrió por cuenta del restaurante. Vanya, v-mon y Yohannan se encargaban de completar el sellado del filete mientras que Gaia terminaba de preparar la guarnición bajo la dirección del felino, quien magistralmente se desenvolvía bastante bien entre una labor y otra. Para la ocasión había elegido patatas dulces cortadas en rodajas ligeramente doradas en los bordes.

—Shura, ¿puedes buscar la salsa? —La eslava se limpió las manos antes de. —¿Sabes dónde está?
—Sí. —Porque vio al muchacho llevarla a una alacena en la que ponían a reposar las diferentes salsas que preparaban comúnmente en el local.

Los orbes azules de la medium escudriñaron cada uno de los frascos, mas hubo uno en particular que llamara su atención. Aquel poseía una etiqueta que rezaba el nombre del especial y exótico platillo protagonista y al lado yacía lo que prepararan ayer. De repente, todos los vellos se le erizaron: el enmascarado se encargó de bajar el contenedor de Vanya para facilitárselo a su tamer. Sin embargo, Gaia se puso de puntillas y agarró el otro envase de cristal con cuidado de no dejarle caer, porque era pesado. Al girar sobre sus pies se descubrió demasiado cerca del varón.

Sus latidos frenaron de golpe al percibir su respiración chocar contra su piel, de pronto olvidándose del propósito de su máscara. Juró que se derretiría si continuaba admirando el cristalino de esos zafiros que añoraba demasiado. Él era más alto y ancho; la encerraba perfecto entre su cuerpo y la despensa. Qué difícil era controlar el impulso de susurrarle de la forma más dulce posible que por fin estaban cara a cara; que sus sentimientos no estaban muertos, así como ella creía que lo estaba él. Si hubiera podido soltar el frasco ya lo hubiera hecho; ansiaba reposar sus manos en su rostro.

—Ah... m-me... ¿me puedes explicar? —Abrazó el contenedor al sentirse invadida por la cercanía. Consideró que hubiese sido fantástico poderle ver a los ojos si no fuera por esa impertinente máscara. ¿Quién era ella para catalogar de inapropiado lo que usaran otros? Se humedeció los labios al sumirlos un instante, vaciló la mirada y con un sonido de garganta pretendió obtener una respuesta. —¿Yohannan?
—Lo lamento —mencionó de golpe al echarse a un lado—. No sé qué me pasó. Perdón.
—No te preocupes. —Palmoteó la tapa del frasco un par de veces. —Aunque sí me gustaría saber si tú tienes que ver con todo esto del banquete.
—¿Por qué lo dices? —Sasha levantó lo que tuviera en sus brazos.
—Mira, es demasiada coincidencia todo esto. —Pretendió hablar en voz baja para no alertar a Vanya. —Nos conocimos ayer, nos ayudas como si supieras que somos de fiar... nos brindas el desayuno, cocinas con nosotros. —Hizo ademán de reír debido a la incertidumbre. —Cuchicheas sobre mí con tu amigo.
—¿Escuchaste eso? —Shura entrecerró los ojos. —Solo decíamos la verdad. Eres linda.
—¿Y haces todo esto para conseguir algo conmigo? —Yohannan puso el frasco sobre la mesa más próxima. —Estoy segura de que tuviste algo que ver con que eligieran a Vanya. —Imitó lo que hiciere él para intercambiar los contenedores. —De la única forma en la que pretendo pagarte es con bits.
—Sasha. —Desistió rápido de sus intentos por retenerla al creer que lo mejor sería dejar que las cosas se enfriaran un poco. Ahora que la tenía tan cerca, no quería echarlo a perder.


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This is the time of kingdoms falling
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IV
"¿Crees en el destino? ¿Que hasta los poderes del tiempo pueden ser alterados por un propósito? ¿Que la persona con más suerte en este mundo es aquella que encuentra el amor verdadero?"


A Gaia no le dio tiempo de ponerse a pensar en lo que sucedió, ya que el varón la alcanzó rápido. Enseguida se mentalizó para rebatir cualquier cosa que pudiera decir, tanto así que sus impulsos por poco la hacen meter la pata; Yohannan le aconsejó agregar otro ingrediente a la salsa que potenciaría su sabor. Era gracias a ese toque que vamdemon prefería las milanesas que se cocinaban en el restaurante (ese). Aprovechando el dato dado a confianza, la medium preguntó lo evidente: ¿por qué no atendieron el pedido? Si tenían todos los ingredientes. La receta perfecta.

—No soy el dueño de este lugar, así que no tengo la respuesta a eso. —Zaytseva no insistiría por menos que le satisficiese esa respuesta. —Si v-mon y yo nos sumamos a los postulantes fue por nuestra cuenta.
—¿Hiciste algo para no ganar, cierto? —El enmascarado agarró un cucharón de madera y movió la mezcla sin prisa. —Tú cambiaste la salsa. —¿Le acusaba?
—Escucha —cortó la distancia unos centímetros casi provocando que ella retrocediera—, no podía hacer más que participar. Fue estúpido de mi parte ir a la mansión cuando habíamos quedado en no preparar las milanesas.
—Y para cuidarte el trasero, decidiste escoger a alguien más, engañarlo y luego que... ¿prestarle tus servicios?
—¿Tan mala ha sido mi idea?

La cercanía de Vanya y v-mon aplazaría la contestación de Shura. De todos modos, no tenía mucho qué decir al respecto. Reconocía que el “aventajado” sujeto jugó tan bien todas sus cartas que fácil se los echó a la bolsa por menos bien que le cayera al ígneo; que tampoco lo vivido fuera una tortura. Lo que le hizo ruido fue la falta de honestidad desde el inicio.

—Todos los filetes están listos y las patatas igual. —Se atrevió a degustar un poco de la salsa que elaborara su tamer con una pizca tramposa del otro humano. —Definitivamente el sabor de la milanesa resaltará con esto.
—¿Ya saben cómo lo van a transportar? —Los protagonistas suspiraron. —Si tuviera alas al digievolucionar, los llevaría con gusto.
—El problema no es trasladarlos —coronamon salió de la cocina motivando a los demás a seguirle —. Es el sol. —Llevó sus orbes hacia las nubes sin reparo a la molestia de la luz. —¿Por qué no se termina de nublar? —Lanzó al cielo a modo de reproche; ironía digna tomando en cuenta su elemento.
—No sería suficiente que se nublara sin que se oscurezca. —Gaia escuchó el comentario de Yohannan sin nada que añadir, mas sí qué pensar.
—¿Existe alguna manera de subir al techo? —Sin tener que mirarlo a la cara, captó su respuesta afirmativa. —No tenemos mucho tiempo.
—¿Qué estás pensando?
—Después de ustedes.

Lo bueno de cargar con su máscara era que la fémina no podía ni suponer cuál gesto estuviera esbozando en equis momento. Verla en esa faceta de mujer imperturbable, cortante y frívola le hizo recordar los días en los que estaba tratando de acercársele para... ganar una tonta apuesta. A la distancia le parecía una chica de fáciles entradas sociales, de esas que hablaban hasta por los codos con los desconocidos (sobre todo si de tópicos científicos se trataba), pues la conoció mientras estudiaba la fauna y la flora de una zona sumamente hostil para la vida. Era la ayudante de otra persona. Y ahí estaba; comiéndose un par de libros en una pequeña biblioteca local. Yohannan caminaba junto a v-mon, adelante del par invitado, mientras rememoraba aquel recuerdo con una adolescente Zaytseva y una sonrisa nostálgica se mantenía tatuada en su oculta cara.

Como el edificio era pequeño en comparación de los dos contiguos, la idea de Shura no funcionaría si se realizaba allí. El trio aguardó a que se decidiera a hablar para dar “indicaciones”. En lo que sucedía, Vanya se asomó a los bordes del lado opuesto a la entrada del restaurante; otro barrio se levantaba ahí un poco menos llamativo: tenía paredes grafitadas, la basura yacía mal colocada e incluso llegó a ver a un par de digitales rebuscando en ella.

—¿Existe forma de subir a ese edificio? —preguntó la modelo para ambos conocedores del rededor. El varón se tocó el falso mentón antes de empezar a atar cabos.
—¿No te importa correr riesgos?

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Vanya y Shura fueron conducidos a una de las múltiples habitaciones de la mansión tras exhaustos segundos de labor de convencimiento por parte de picodevimon. Sobre la cama se extendía un hermoso vestido rojo sin tirantes, de los que se ceñían al cuerpo. Las zapatillas y los accesorios eran de color plateado. Quien fuera el responsable de escoger cada pieza del atuendo, sabía bien lo que estaba haciendo. Sin embargo, Gaia no comprendía toda la faramalla si nunca tuvo intención de formar parte de los partícipes de la fiesta. Su intento por obtener respuesta fue lo siguiente a infructífero por el parloteo imparable del alado.

Coronamon encontró una tarjeta perfectamente acomodada al lado de un jarrón lleno de rosas. Algunos pétalos se encontraban desparramados sobre el buró, víctimas de la estación de turno o la falta de minerales. Zaytseva le concedió ser el primero en enterarse de lo que estuviera escrito, mas fue condescendiente al leerla en voz alta:

“Se mi invitada de honor. No me conoces, pero de esta espectacular noche no pasará y las cosas entre nosotros cambiarán. Pedí que escogieran el vestido más hermoso que tuviéramos, porque así sabré quién eres desde que te vea. No acepto negativas. Te lo advierto, soy demasiado insistente con lo que me interesa y no descanso hasta obtenerlo. Wizardmon estará esperando afuera de tu habitación para darte las siguientes instrucciones.”

—Si es como dicen que es, ¿vas a negarte? —Sasha acariciaba la tela del vestido, comprobando que estaba hecho con una de las mejores. —Estaré contigo por si intenta hacer algo.
—Deberías descansar, Vanya. —Giró su torso lo necesario para mirarlo a la cara. —Estaré bien.
—Tienes algo en mente, ¿cierto? —Su digimon nunca terminaba de sorprenderla con lo mucho que la conocía. Estaba segura de que no se hallaba con alguna facción delatora, ni con un dejo pensativo revoloteando a su alrededor. Podía intuirlo en base a sus respuestas, a su forma de hablarle. —Shura... —ella hizo un sonido—. ¿Qué haremos para volver a la ciudad? Seguro nos meterán en prisión.

Sí, debía estar temblando de miedo al no tener idea de cómo le harían cuando tuvieran que abandonar la mansión Overdell. Debería sentirse acorralada, en exceso estresada por haber puesto a sus amigos en riesgo. No obstante, con solo ver al ígneo a los ojos supo que él tampoco lo estaba. Su inquietud no era real; tan solo era curiosidad, de rigor. Más que preocuparle el que los de Digital Security pudieran estar esperándoles con los brazos abiertos, lo que temía era no tener un sitio al cual volver y que pudiera llamar hogar. Gaia se recostó en la cama con los brazos abiertos. Hacía tiempo que no sentía la adrenalina recorrerle el cuerpo. Carcajeó.

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Horas atrás

Shura movió la cabeza de lado a lado para responderle. De inmediato, Yohannan le tocó un brazo y apuntó a las escaleras de emergencia. Subir por ellas sería invadir propiedad privada, abusar de un recurso puesto ahí por un propósito actualmente inexistente para los inquilinos de ese edificio. En cambio, ellos sí tenían una emergencia.

—Empaquemos las milanesas. —Sugirió la eslava como primer paso de su futuro e intrépido plan.

Coronamon y v-mon se centraron en poner los filetes en un contenedor que retendría el calor. Sasha y el enmascarado se encargarían de la logística, pues ella necesitaba de su experiencia para proceder de la mejor manera. Díjole él que esos pedidos no eran comunes entregarlos en otros lugares, pero vamdemon era un cliente distinto; tenía demasiadas influencias y negarse a algo que pidiera era problemático. De alguna forma, el dueño de aquel restaurante se las arregló para que fuera uno de sus trabajadores (wizardmon) quien se encargara de recoger el pedido y llevarlo a la mansión. Sería aquella la primera vez entregando el delicado platillo.

Gaia no podía creerlo. Refunfuñó un poco, balbuceando que esos locos digimon podían ir allí y buscarlo, en vez de hacerles pasar un mal rato por la presión de tener que entregar el alimento en estado impecable. Además, ¿qué se creía ese vamdemon? A lo que Yohannan le contestara con un “vale la pena ganarse su confianza”. ¿Otra indirecta de saber qué carajos estaba sucediendo tras bambalinas? Bueno, si las cartas estaban echadas para que las cosas sucediesen como los titiriteros lo planearon (fuese quienes fuesen), debía aprovecharse.

—Vendrán con nosotros. —El varón parecía mirarla a los ojos al quedarse estático muy cerca de su rostro. Shura bisbiseó con tono serio. —No pueden perderse la experiencia.
—¿Qué tienes en mente? —preguntó con el mismo tono de voz. —Debes contarme. Te prometo que no me importa si es muy arriesgado.
—Oscurecer el cielo.
—Hemos terminado. —anunció el azulado entusiasmado. Yohannan se echó para atrás, levantó el pulgar en aprobación de lo dicho por su amigo y cuando buscó a coronamon con la vista, recibió una mirada de soslayo. De paso levantó el mismo dedo para mostrárselo a la peliblanca. No diría nada más.
—¿Cómo lo llevaremos a la parada?
—No hay una muy lejos de aquí —v-mon contestaba—. Tendremos que correr.
—No será necesario cargar con las cosas. —El muchacho se acercó a un armario del que sacó un arnes para arrear. —Los contenedores están hechos para ser arrastrados. —El par de cajas contaban con pequeñas ruedas que facilitaban su traslado. —Es lo que usamos para entregar muchos pedidos.
—Vanya y yo subiremos al edificio y ustedes nos esperan aquí para irnos cuando sea el momento.
—Tengan cuidado. —Se atrevió a sujetarle de un brazo previniendo no lastimarla ni lucir brusco. Sasha asintió, agarró el bolso que llevara y marchose junto al sagrado hacia el sector vecino.

Vanya le contó lo que hubiera visto de ese sitio: no era un lugar limpio, tampoco llamativo por cosas agradables que tuviese para lucir. Le recordaba a un barrio típico de ladronzuelos y seres sin nada que envidiarles, mas sí de andarse por las ramas y la sombra; sin atraer su atención para no meterse en problemas.

En el callejón había un contenedor de basura tirado, le arrastraron hasta colocarlo debajo de la primera plataforma (pues la escalera estaba recogida). De repente, escucharon cómo se removía una pila de basura, por la que saliera un tyumon lanzando un grito que pretendió ser de cólera. Coronamon y Gaia retrocedieron; el felino se puso delante de la tamer con los puños al aire.

—¿Quiénes son ustedes y qué quieren con mi basura? ¡Mi basura! ¡Mía, de mi propiedad! —Estaba molesto.
—No queremos tu basura —respondió Vanya—. Solo queremos pasar.
—¿Pasar por encima de MÍ basura? ¿Eso quieren? ¿Sobre mi basura? ¡¡Es MÍA!! —De la nada empezó a lanzarles desechos que al pegarse contra el suelo evidenciaron ser más que basura. Les estaba atacando. Shura y coronamon lograron evadir los lanzamientos; en cuanto pudo, la humana agarró una tapa metálica para usarle de escudo. Si salían del callejón llamarían la atención y el plan se iría al trasto.
—¡Detente! Por favor. —El rosado hizo un sonido con sus dientes. —No queremos tomar tu lugar.
—¡Entonces largo! —Empuñó otro poco de desechos.
—¡Corona Flame! —El jet de fuego cayó en los pies de la rata. No le hizo daño, pero sí logró su cometido: espantarlo. La llama en la frente de coronamon yacía más fuerte que de costumbre. —¡Escucha a mi tamer! No queremos tu cosas, solo pasar.
—¿Sabes qué pasará si quemas todo esto? ¡Voy a matarte! —Rezongó sin ponerse de pie, detrás de una pila de basura.
—Inténtalo. —Mientras intimidaba al de piel rosada, Gaia subía por el contenedor hacia la plataforma. Enseguida Vanya saltó a su lado y sin darle tregua a Tyumon, le dejaron escupiendo una sarta de amenazas.

El par corrió tan rápido como le permitieran sus energías. El escándalo que estuviera haciendo el amante del queso podría traerles complicaciones, obstáculos que optaron por desplazar de sus mentes para no ceder a ese lado racional que les exigiría frenar para no hacer nada de riesgo. El ígneo llegó a ver a uno que otro digimon y humano cerca de la ventana que daba a las escaleras; alguno cruzó miradas con él y como si nada, simplemente les saludó.

Vanya no tenía en claro por qué subieron a la azotea, empero alcanzar la cima y sentir el golpe de la brisa fría contra sus cuerpos fue reconfortante. Humana y digimon miraron al cielo; tenía nubes, los rayos del sol luchaban por prevalecer y seguramente meteorología tenía otros planes para los ciudadanos de File.

—Ahora o nunca. —Gaia sacó el digivice de su bolso.
—¿Quieres que... —Sus ojos se abrieron en señal de sorpresa. La eslava extendió el aparato hacia él y un halo de luz apareció.

Coronamon se transformó en geo greymon.

—Lanza tantas bolas de fuego como puedas, al cielo.

El adulto condensó una gran cantidad de energía en sus fauces, la cual disparó en forma de esfera a las nubes. Antes de proceder, se cercioró de que no hubiese ningún digital volando por ahí. A la distancia se pudo admirar el improvisado espectáculo que volvía anaranjado el cielo por una mínima cuota de segundos. Los transeúntes del rededor se detuvieron; rápidamente el chisme se esparció: un responsable, que además se podía apreciar por su tamaño, anduvo en boca en boca de cuantos esparcieron el hecho.

El cielo empezó a oscurecerse producto del calor; las nubes reproducían relámpagos cada vez más seguidos. ¿Y el sol? Quedó totalmente cubierto.

Vanya regresó a su forma child. Y como un humano curioso había salido a ver lo que estaba sucediendo, Sasha aprovechó su “gentileza” y junto a su amigo descendió por el interior del edificio. La persona quedó estupefacta.

Yohannan esbozó una sonrisa al ver el resultado. Con su digivice hizo que v-mon se transformara en lighdramon; acomodó el arnés y enganchó las cajas.

—Debemos apresurarnos antes de que llueva. —Shura escuchó lo que dijera cuando aún no llegaban hasta ellos. Se paralizó un instante al ver al adulto de cuatro patas porque le recordó a... —Suban.
—Seguro nos perseguirán los de seguridad. —Lo que dijera Vanya la trajo de regreso a la realidad. Él iría sobre uno de los contenedores.
—Sujétense. —Recomendó el digimon que les trasladaría.

La ventaja de moverse en el digimundo era que no tenían que lidiar con tráficos ni autos mal estacionados; ¿una desventaja? Estar entre tantas criaturas volvía todo más complicado. Lighdramon se desplazó por la avenida, excusándose con otros digitales que estuvieran caminando en medio de ella. Vanya se aferró al contenedor, ocultando su rostro para no ser bofeteado por el viento. Por encima de su hombro vislumbró a un grupo de digitales que parecían estar persiguiéndolos; ¿acaso eran los del Digital Security? Juró que el cuadrúpedo había acelerado.

Para evitar que les lanzaran algún ataque, astutamente el azulado tomó una ruta bastante concurrida. Los de seguridad se sintieron fastidiados; de querer actuar tendrían que pedir a la gente que se hicieran a un lado y alborotar a la población no era algo que estuviera estipulado en su “misión”.

Antes de que el tren cerrase sus puertas, Lighdramon retornó a su forma child; los humanos arrastraron los contenedores y marcharon hacia Overdell. Sintieron alivio al inhalar y exhalar, incluso al saberse objeto visual de los que ya ocuparan el vagón.

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Actualidad

—Quiero verificar que las milanesas estén bien. —Vanya fue guiado por picodevimon a la cocina. Él se encargó de acomodar los filetes, de arreglar las guarniciones y retocar la salsa que daría una impresión similar a la sangre.
—Bien hecho. —¿Era una felicitación? —Wizardmon pudo haber ido por ellas, pero apreciamos el esfuerzo de tu tamer y tuyo.
—¿Cómo? ¿Pudimos no traerlas? —Coronamon se sintió en conflicto.

[…]

Wizardmon levantó su brazo izquierdo apuntando las escaleras. Zaytseva hizo una parada en el mezanine queriendo apreciar el escenario debajo, sobre todo ubicar a cierta persona entre los digitales que poco a poco se conglomeraban en el salón. Lo bueno entre todo: no tendría las miradas de nadie puestas en ella; nadie más que quien requiriese de su presencia, intentaría acercársele con segundas intenciones. Con delicadeza y una destacable finura descendió los peldaños restantes. El corto vuelo del vestido danzaba al compás de su contoneo; sin desviar las pupilas avanzó hacia quien le atrapara con sus ojos.

Vamdemon mostró sus colmillos al sonreír de dientes afuera.

—Aquí nadie podrá tocarte.
—¿Tocarme cómo? —Tenía que admitirlo: estar frente a semejante digimon era “pesado”. Se sentía su poder y eso la hacía sentir pequeña e insignificante.
—Los de seguridad. Supe que están siendo buscados porque gracias a ti y a tu amigo, alteraron el clima por mí. —Se reclinó hacia ella sin darle chance a retroceder. —Me siento halagado.
—Nuestro deber era cumplir con usted.
—Justo lo que me encanta de los demás. —Teniéndolo tan cerca pudo reconocer el olor de las rosas: era sangre. —Espero que las milanesas estén a la altura de todo lo que tuvieron que pasar para llegar hasta aquí.
—Disfrútelas.
—Si no es así, tendré que conformarme con tu sangre. —A Shura se le paró el corazón por una milésima de segundo. —¡Qué estamos esperando? ¡Hora de comer!


—¿Vas a decirme para qué te urgía verme?
—¿Me urgía? Qué tergiversador. —Su receptor continuó riendo sin separar sus labios. —Vladimir ya empezó con su parte. A cambio, necesitamos que cumplas la tuya. —El murciélago vuelto hombre se mostró extrañado.


—Una humana de cabellos blancos, ojos azules y rasgos destacables y un coronamon serán los encargados de preparar tu asquerosa comida favorita. —Vamdemon se burló por la forma de hablar de tsukaimon. —Si quieres conseguir tu venganza; podrás ver, pero no tocar.
—¿Ella será la encargada de lo que se supone deben hacer tú y Vladimir? —Por primera vez en todo lo que llevaran conversando, el purpúreo sonrió un poquito.
—Esto es parte de nuestro trabajo.

“Verás... la pobre chica está rota. No ha pasado mucho desde que supiera que un ser despreciable —fingió estar afligido—, mató a su padre. Es una situación que viene arrastrando desde antes de venir a este mundo. Lástima que sus penas aumentaran con la huida de su cobarde novia. —Hizo un gesto burlesco, como si se agasajara del hecho. —El mismo sujeto que lo hizo fue...”

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—No me molesta que la luna esté opacada por las negras nubes. —Shura sintió escalofríos y por inercia se movió hacia un lado. —Las milanesas estaban exquisitas. Me encargaré de recomendar las manos de tu compañero.
—Eso nos expondría. —Recuperó la compostura y el porte carente de emociones. —Nos conformamos con su gratitud.
—Tengo que pagarles de alguna manera —el vampiro cortó una rosa, la extendió a la humana y con cierto recelo fue tomada—. Yo puedo ver que al igual que yo, tienes muchas cosas que te afligen.
—¿Está usando alguna técnica en mí?
—No hace falta. Recuerda que soy... como un animal. —Shura recordó lo que le dijera Vanya sobre su “sentido” especial, mismo que comparó con el de las mascotas de su mundo. —Porque no existen los vampiros en tu universo, ¿o sí? —La humana negó. —Queremos cobrarnos una deuda pendiente. —La eslava tragó en seco. —Yo no puedo salir de aquí. —Y no preguntaría las razones por más curiosidad que tuviera. —Pero tú sí.
—Siento que está leyendo mi mente. —Rápidamente evadió la mirada de vamdemon al caminar hacia el lado opuesto. —No lo haga, por favor.
—Ya te dije que no estoy usando ninguna técnica en ti. —Decidió no voltear para dar en el clavo. —No lo necesito, porque veo en ti mi reflejo. Ambos hemos perdido cosas valiosas... seres importantes.
—¿Por qué me cuenta?
—¿No te parece demasiada coincidencia todo? No todo es casualidad. No todo lo que sucede en nuestra vida pasa porque sí. —Shura empezó a sentirse anonadada. —Los seres que alguna vez amamos y perdimos, no estuvieron presentes solo para enseñarnos lo que era el tan desastroso amor.
—Lo sé. —Su garganta le empezó a molestar un poco. —Lamento que haya perdido a sus seres queridos.
—Lo mismo digo de ti.
—Y-yo no, yo n-no... no...
—Me entero de todo, querida. —Un escalofrío recorrió el cuerpo de la modelo de pies a cabeza. —Somos seres solitarios, destruidos por culpa de un tercero que nos arrebató la dicha de estar con quienes amamos. —El corazón de la humana dolió. Haciendo tripas corazón retuvo una lágrima traidora que pudo haber arruinado su maquillaje. —Quieres respuestas. Yo puedo ayudarte a conseguirlas.
—No hice nada para merecer su ayuda.
—Claro que sí. —Abrió la palma derecha justo al caer una primera gota de lluvia. —Desafiar a otros en mi nombre, es algo que disfruto demasiado.

“Y una última cosa —tsukaimon se devolvió al alcanzar el umbral—. Como te gustan las cosas románticas, ¿podrías decirle, a tu modo, que su gran amor no está tan lejos? —Salió de la habitación mofándose de tan solo imaginarlo—.”

[…]

Sasha se mezcló entre los digitales que degustaban otras exquisiteces casi a trompicones. Lo último que escuchara de boca de vamdemon la trastocó; siempre supo que retenerle la mirada por muchos segundos podía ser peligroso. Con cada palabra que dijera fue sintiéndose débil, blanco de sus propios sentimientos; vulnerable y estúpidamente esperanzada de que fuera cierto... de que su persona favorita estuviera tan cerca, aunque no pudiera alcanzarle; cada que podía planeaba discursos, preguntas que le haría. Nada sonaba convincente; nada sería suficiente. Detestaba que jugaran con sus emociones, que la tratasen como a un títere. Por eso su consciencia inició una lucha de poder contra su corazón. Necesitaba a Vanya; tenía que encontrarlo y le desesperaba buscar en los lugares que creyó estaría y no.

Noir le aconsejó buscar en la habitación donde se había cambiado de ropa. Tal vez estaba descansando. Qué estúpida se sintió por no haberlo intuido. No tardó en subir hacia la cocina (porque bajó al sótano, donde estuvieran el día anterior haciendo la prueba); se quitó las zapatillas y al cruzar por la primera ventana descubrió la silueta de una persona bajo la lluvia.

Su error fue haber salido pensando que Yohannan sería alguien totalmente desconocido.

—…
—Gaia... —Palideció.
—Es... —vaciló, deseando encontrar al digimon bromista que debía estar oculto por ahí—, es una maldita broma, ¿no? ¿Qué lugar es este que quiere jugar con mi mente? —Unas tremendas ganas de reír le invadieron. No tenía otra forma de demostrar cuán nerviosa se sentía. —No eres real.
—Gaia. —No iba a servir de nada ocultar su rostro, por lo que tiró la máscara por ahí.
—Eres parte de mi cabeza. —La lluvia servía para ocultar las lágrimas que no pudo inhibir. —No eres real. No lo eres. —Él cortó la distancia, lentamente atrayéndola a su pecho para envolverla en un abrazo. —Estás muerto. No eres real. No estás aquí. No estás... no... —se rindió.
—Tengo mucho que contarte. —Apoyó parte de su cabeza sobre la de ella en lo que le acariciaba el pelo. —“He cruzado océanos de tiempo para encontrarte.”

V


everyday everyday listo.
 

everyday

Moderador
Offline
Narrativa:
Un escrito bien cuidado en cuanto a ortografía y ritmo, creo que detenerme más tiempo aquí es innecesario.

25/25

Interpretación:
Me encanta el control que tienes de tus personajes, esto puede verse a lo largo de la Quest en Sasha y la gama de emociones por la cual le hiciste pasar. Además, tuviste sumo cuidado con los npcs que utilizaste, dejando de lado aquellos cuya participación se limitaba a una mera participación en tercer plano, siempre te esforzaste en mostrarlos de manera orgánica y con una personalidad clara, aún más aplaudo el cuidado que tuviste a la hora de manejar a un npc del rol como lo es Vamdemon.

25/25

Realismo:
Debido al rango de la Quest las exigencias en este apartado eran mínimas y en ningún momento presentaste algún evento que rompiese con la armonía de la trama. Te aseguraste de que la cena de Vamdemon se viese como un evento de gran importancia, no porque así lo plasmaras en palabras, sino porque las acciones de todos los personajes (tus personajes y npcs) así lo demostraron con sus acciones, diálogos y demás; un detalle muy importante a mi parecer.

25/25

Desarrollo:
Sin temor a equivocarme el elemento más sobresaliente de toda la quest. Me dejó con un buen sabor de boca ver cómo tomaste un encargo simple y lo convertiste en un punto de suma importancia (creo yo) para la historia personal de tu Tamer, y aclaro, todo esto lo hiciste sin sacrificar la trama misma de la quest, porque para bien o para mal, en ocasiones con tal de darle espacio al desarrollo de un personaje, se deja de lado otros aspectos de una quest.
Excelente trabajo.

25/25


Nota: 100/100
Paga: 150 bits
EVO: +1
Fama: +1
Stats: -

Bishamon Bishamon un gusto leerte. Debiste incluir el epilogo sin spoiler, porque ese final... es tremendo xD

Masaru Masaru Tizza Tizza
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