Fanfic Batallas en la Tierra FF (Terminado)

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Capítulo uno:



Todo había terminado. Ahora los niños elegidos respiraban en paz, sintiendo las gotas caer sobre su rostro, viendo el cielo encapotado por nubes grises. Pero no les importaba estar debajo de esa fuerte lluvia. Habían logrado por fin, derrotar a todos los digimons malvados. Por fin, la Tierra estaba en paz.

Esta historia no comienza aquí. Sino unos meses atrás, cuando ninguno tenía ni idea de lo que iba a suceder.

(Tai)

No es difícil, no es difícil. Me había repetido estas palabras muchas veces, y mis compañeros de equipo querían que chutara de una vez. Pero el partido iba dos a uno, nosotros perdiendo y apenas faltaban tres minutos. Si en este penalti no lograba meter gol, todo sería por mi culpa. Y no quería, no quería que eso sucediera.

Menos cuando están mi hermana y Sora en las gradas, mirándome…

Tal vez sería más sencillo si ella, precisamente ella, no estuviera ahí arriba, aplaudiéndome y animando junto a mi hermana. Hace que solo me concentre en sus ojos, y eso hace que el equipo vaya peor. En todos estos minutos, había fallado cuatro pases y dos tiros, y eso que se suponía que era el goleador del equipo.

—¡Tai!-gritó alguien de mi equipo—. ¡Chuta de una vez! El árbitro ya ha pitado…
—Ya voy, ya voy—suspiré, volviendo a centrar mi mirada al portero.

Hablando del portero. Este también me ponía nervioso. Moviéndose de un lado a otro sin ocupar un lugar fijo, parecía que me quería engañar, o poner más nervioso todavía par ano lanzar.

Y, entonces, después de haber pasado varios minutos pensando, me decidí a chutar.
Podría ver a todos mis compañeros de equipo con las manos juntas, rezando para que este balón entrara hasta las redes de la portería. Rezando para que su capitán, el cual estaba bastante ido hoy, no fallara un maldito penalti.

El portero paró el tiro.

Y yo me sentí como si el tiempo se hubiera congelado. Que el partido nunca había comenzado y todo esto era una pesadilla, que ahora me despertaría y vería que a las once de la mañana tenía el partido, el último partido para decidir quien era el campeón de la liga.

Pero no, a mis dieciocho años no es normal tener pesadillas, y lo comprendo demasiado tarde. Cuando el tiempo ha vuelto a funcionar y todo el mundo que nos animaba está en completo en silencio. Cuando mis compañeros me miran con el ceño fruncido, esperando una explicación. Pero es que no puedo dársela, o sí, señalando a una persona que está en las gradas, pero eso sería, sin duda, un mayor problema.

Dios, hubiera sido más fácil hacer un concierto, como hace Matt. No es tan malo subirse a un escenario y gritar… Bueno, seré buen amigo, gritar con talento musical. ¡Un partido es mucho peor! Como falles tus amigos te comen vivo y ahora estoy sintiendo todas las miradas asesinas en mi espalda.

El árbitro dio como finalizado el partido.

Yo me que de quieto, sentado en el césped, mirando como los del otro equipo celebraban su victoria. Dándose abrazos y golpes de amistad. Seguro que, si echo la mirada hacia atrás, no veo a nadie con buena cara. Bueno, no sé puede decir que no lo he intentado.

Miré hacia arriba para ver a las dos chicas que habían venido a verme. Kari sonreía, de esa forma que me decía que todo es una tontería, pero claro, no es ella la que está aquí abajo, la que acaba de fallar un penalti… No, y me siento todavía peor por haber echo el partido como un juego de canicas, y delante de Sora.

Me levanté con cuidado y fui corriendo hacia los vestidores para ducharme y vestirme con la ropa que había traído de casa. No me apetecía hablar con ninguno de mis amigos, si ahora me consideraban sus amigos. Lo mejor sería darme prisa y regresar donde mi hermana y Sora me esperaban.

—Tai—llamó entonces, un chico que conocía. El que mejor me caía del grupo—. Colega, no pasa nada, ¿eh? Un partido perdido es solo un partido. Estoy seguro de que en el próximo lo harás mucho mejor.
—No creo que los demás piensen como tú…
—Ya se les pasara—cortó él—. Además, que se acostumbren a que un partido hay once jugadores y que no todo se cierne a ti.
—Gracias, amigo—sonreí. La primera vez que sonrió hoy.
—No hay de qué—él también sonrió—. Nos vemos otro día, ¿sí?
—Por supuesto. Adiós.

Salí del vestidor un poco mejor. Era cierto, si los demás se ponían así no sería por mi culpa. Ellos no hacen nada en el partido, todo se basa en pasarme el balón y esperar a que yo gane por ellos. Mejor, ahora los ánimos de Taichi Yagami estaban como siempre. Como un verdadero capitán.

Llegué donde me estaban esperando. Kari me abrazó con fuerza y me susurró al oído que no pasaba nada. Mi hermana era así, siempre que hacía algo mal—que no le afectara a ella—hacía algo para que me sintiera mejor. Sora me sonrió, y yo perdí la noción del tiempo como antes. ¡Mierda Taichi! ¡Contrólate!

—El partido…—empecé a justificarme.
—Oh, vamos hermano, no hablemos de eso ahora—cortó mi hermana—. Lo has hecho genial. Es la primera vez que fallas un penalti. Hasta los mejores se equivocan a veces.
—Ya… ya… pero eso lo dices porque eres mi hermana—repliqué.
—Yo estoy de acuerdo con ella—Dijo Sora, conciliadora—. Así que ya no puedes decir que lo dice alguien de tu familia.

Sonreí, por segunda vez en el día. Ahora parecería un idiota, pero me daba igual. Había perdido un partido, ¿y qué? Ya ganaría los demás, tampoco era el fin del mundo. ¿Y quién no se hubiese puesto nervioso al lanzar un penalti? ¡Todo el mundo!

—Tenemos que ir a casa de Izzy—dijo mi hermana, cogiéndome del brazo.
—¿Para qué? —pregunté yo.
—¿Cómo que para qué? ¿No te acuerdas?
—No…
—¡Qué cabeza tienes hermano! Haber, te refresco la memoria: Ayer nos llamó Izzy, que por fin había encontrado una manera de comunicarnos con los digimons. Solo comunicarnos, todavía no podemos ir al digimundo ni ellos venir aquí.
—¿Izzy todavía juega con ordenadores? —me reí.
—¡Mira quien habla! —saltó Sora—. Si tú y David seguís jugando a la consola.
—¡Eso no es verdad! —Me defendí yo—. Solo le estaba arreglando “su” consola.
—¿En serio? Y cuando escuché: Davis, te voy a ganar. ¿Eso que significaba? ¿A ver quien arreglaba antes la consola? —frunció el ceño.

Ahora no tenía nada para defenderme.

—De igual—dijo Kari—. Vayamos a casa de Izzy ya. Que aunque soy adulta—murmuró, mirándome a mí—. Echo de menos a Gatomon y quiero hablar con ella.
—Y yo con Biyomon—añadió Sora.
—De acuerdo, de acuerdo. Yo también echo de menos a Agumon—me rendí al final.
—E Izzy a Tentomon—murmuró Sora—. Así que vamos, que seguro que todos ya están ahí.

Davis

—¿De verdad vamos a poder ver a nuestros digimons? —pregunté, ansioso.
—Ya te lo he repetido muchas veces, Davis…Si consigo que los digimons entren a un portal pequeño, donde está mi comunicación, sí, podremos—contestó Izzy.
—Eso no es un sí seguro—repliqué, cruzándome de brazos.

Izzy me miró con mala cara.

—¿No tienes otra cosa que hacer? —preguntó—. Tienes afuera a todos tus amigos, ves con ellas y déjame a mí que me encargue de esto.
—Ken y T.K son aburridos. Prefiero quedarme aquí.
—¿Solo han llegado ellos? —estaba sorprendido.
—Sí… los demás todavía faltan por venir—respondí.
—Que extraño… si les dije que vinieran y de que iba el tema.

Me encogí de hombros y señalé la hora.

—Tai tenía partido—expliqué—. Por lo que sé, Kari y Sora fueron a verle. Matt creo que tenía que ensayar con la banca, aunque esto lo he sabido gracias a T.K. Y los demás no estoy muy seguro. Ya vendrán.
—¿Partido? ¿Ensayos? Llevan años y años sin ver a sus digimons y… ¿y les importa más eso?
—Hombre, Izzy, Tai es el capitán—mis reflexiones no entraban en su cabeza—. Y Matt… Matt es el que compone las canciones, así que…
—Vale, me enfadaría más si fueran los últimos—respiró hondo—. Así que solo han venido Ken y T.K. Todavía faltan: Mimi, Yolei, Cody…
—Cody no va a venir—corté yo—. Se ha ido a un campeonato de Kendo, fuera de la ciudad.
—Mimi, Yolei—repitió él—. Sora, Kari, Tai, Matt, Joe… ¿Todos estos?

Me volvía encoger de hombros.

—Y yo que sé. No seas tan impaciente. Te hare caso en algo, me voy afuera.
—Mejor. Mucho mejor. Me pones de los nervios.

Me fui hacia afuera. Eso de estar con Izzy en la habitación era muy aburrido. Además de que el chico no paraba de teclear en su ordenador, y a mí me apetecía hablar. Hacía bastante que no nos reuníamos todos juntos para hablar.

Tenía más comunicación con Tai, siempre quedábamos los fines de semana para ir algún sitio. O cualquier otra cosa antes de quedarnos en casa esos dos días, que eran como especiales para nosotros dos. Luego estaba T.K, pero él parecía más centrado en sus estudios de periodismo, así que casi nunca venía con nosotros dos. Y Ken tenía una relación con Yolei… Aunque prefiero que se venga con nosotros que se quede en casa de esa chica. Y no entiendo como se han enamorado, ¡Si es una borde!

Ken y T.K se giraron al verme ahí, sentado en uno de los sofás. Les sonreí, si supieran que estaba pensando en ellos, y si Ken supiera lo que pensaba de su “gran” novia seguro me mataba. Se había vuelto muy defensor de Yolei, cuando ella, perfectamente sola, sabía como defenderse de los demás.

En tema de Kari, prefiero ni pensar sobre ello. Hace un par de semana le dije lo que sentía, ¡mis sentimientos! Y me parece que pensé mal sobre sus sentimientos. Me dijo, con su voz dulce y para que no me sintiera tan mal, que ya estaba enamorada de otro chico. Vale… llegaba a entenderlo, pero… ¿quién era ese chico? Me había comido la cabeza estos días pensando en nombres y nombres. Seguro que es alguno de su instituto, no queda otra.

Llamaron al timbre.

—¡Voy yo! —grité, interrumpiendo a T.K, que ya estaba a punto de levantarse.
—Como quieras—dijo este, volviéndose a sentar.

Al abrir la puerta casi nos caemos los tres al suelo. Mimi y Yolei venían demasiado deprisa y yo no tenía tanta fuerza como para detener a las dos. Sí, creo que se me olvido decir que estas dos viven juntas… Junto a Kari y Sora. ¿Quién iba a decir que todas las chicas iban a vivir juntas? Yo jamás iría a su casa, sería un infierno, ¿Qué digo? Mucho peor.

—¡Davis! —grito Yolei—. ¿No sabes abrir ni una puerta?
—¿Y tú? ¿Tú sabes? —contrataque, levantándome.

No era el mejor insulto que podía hacer en estos momentos, pero después del golpe en la cabeza, no se me ocurría nada mejor. Mimi se había ido directa hacia la habitación de Izzy, buscando explicaciones sobre Palmon. Todos estábamos escuchándola, sus gritos llegarían hasta el vecino de abajo.

Yolei no me contestó. ¡Ja! Ahora se comportaba educada, si, si… seguro sería porque acababa de ver a Ken en el sofá. Cuando veía a ese chico se convertía en otra persona, menos cuando yo le molestaba de verdad, que entonces era mejor que corriera.

Me sobé la cabeza, seguro me salía un chichón. ¡Me había echa daño de verdad! ¿Pero cómo no? Si esas locas iban como si fueran en una competición.

—¿Qué? ¿Qué todavía faltan todas esas personas? —preguntó Yolei—. ¡Una reunión de amigos y tienen que llegar tarde!
—Estarán ocupados—le tranquilizó Ken.
—O a lo mejor no han venido para no verte la cara—susurré yo, en voz baja.
—¿Qué has dicho? —preguntó Yolei, con una ceja levantada.
—¿Quién ha dicho qué?
—¡Tú! ¿Qué has dicho hace unos segundos? —¿se había dado cuenta?

Bien, ahora es el momento Davis. Piensa algo inteligente para que no empiece una guerra. Espera, espera, ¿Y si la comienzo? Así Ken se daría un poco de cuenta de como es su chica. Aunque no, es mi amigo y tampoco quiero causarle problemas.

—No habrá dicho nada, Yolei—susurró Ken—. No es para ponerse así.
—Eso, Yolei, tranquilízate—sonreí yo—. La vida hay que tomársela con alegría.

Me encantaba hacerla enfadar. Aunque siempre he sido muy bromista no aguantaba a esa chica, y eso que, junto a Kari, Cody, T.K y Ken habíamos tenido que derrotar a digimons malvados hace mucho tiempo. Deberíamos llevarnos todo bien, pero supongo que a veces hay gente que no se tolera, y no se puede hacer nada.

—¿Y qué tal te va el periodismo, T.K? —preguntó Mimi, que acababa de salir de la habitación de Izzy—. Me han dicho muy bien…
—¿Quién…?
—¿Quién me lo va a decir Takeru? ¡Pues Kari! —Mimi sonrió—. Vivimos en la misma casa, nos contamos relativamente todo.
—¿Todo? —preguntó él, parecía nervioso: yo reí.

Mimi le guiñó un ojo, pero no hico ningún comentario. Yolei también rio. Y entonces empecé a dudar un poco sobre la cordura de esos tres… Izzy seguía en su habitación, ¿No iba a salir a hablar con nosotros? ¿Para eso nos invita?

En ese momento volvió a sonar el timbre.

No tuve ganas de levantarme. Si… para que nuevo alguien viniera corriendo y me tirara al suelo, ya tenía suficiente con un chichón en la cabeza. Al contrario, se levantó Mimi y abrió la puerta con las energías de siempre.

—¡Tai! ¡Sora! ¡Kari! —y los abrazó a cada uno de ellos—. Pensé que nunca volvería a veros.
—Pero Mimi, si vivimos todas juntas—rio Kari—. Solo hará de esta mañana que no nos vemos.
—Ya, pero tu hermano casi no se deja ver…
—Porque tú nunca estás en casa, Mimi—se defendió él—. Voy a menudo a visitar a mi hermanita, pero da la casualidad que en esos momentos estás en otros sitios…
—Sí, sí, bueno dejemos de hablar de esto—interrumpió ella—. Venga entrad, que ya faltan menos para que estemos todos juntos, como en los viejos tiempos.

Tuvieron que coger algunas sillas de la cocina, ya que poco a poco la casa de Izzy se iba llenando. El solo tenía dos sofás, así que casi todo estaba ocupado. Menos él, que por supuesto, tenía su silla para el ordenador.

—Tai—llamé yo; él se giró—. ¿Qué tal ha ido el partido?

No sé el motivo, pero Kari y Sora que estaban detrás de él, me estaban haciendo unos gestos muy raros. Una se ponía la mano en la boca y la otra se pegaba una mano abierta con la otra que estaba en puño. ¿Qué me querían decir?

—No ha ido muy bien—respondió Tai.
—¿Empate? —pregunté yo, sin hacer caso a los gestos de esas dos locas.
—No exactamente…
—No me lo puedo creer, ¿habéis perdido? ¿Es eso posible? ¿Con el gran Taichi? ¿Te han hecho falta? ¿Habías desayunado mal…?
—He fallado un penalti—contestó él; suspiró y me miró a la cara—. Y como íbamos perdiendo y faltaban tres minutos pues les he fallado a todos.

Kari

¿Tan difícil es entender cierra la boca? ¿No sabe que significa ponerse la mano en la boca? ¿No lo sabes, Davis? Dios, si lo que menos quería ahora Tai era recordar el partido, había estado todo el camino diciendo cosas para justificarse, y llega este y lo echa todo a perder.

—Pero lo ha hecho muy bien—habló Sora.
—Es una lástima que no haya podido ir—asintió Davis—. Así podría haber entrado en el partido.
—¿Y para qué ibas a entrar? —preguntó Tai—. Si solo quedaban tres minutos.
—En tres minutos pueden suceder muchas cosas—repuso—. Y tú y yo somos un as en el fútbol, ¿eh?

Mi hermano negó con la cabeza.

—No tengo ganas de hablar de eso, Davis.
—Como quieras—se rindió por fin él—. ¿Cuándo es el próximo partido?

Creo que ahora todos le estábamos mirando con mala cara.

—Y dime, Davis, ¿cuánto pagas por el piso? —preguntó T.K.
—Ah, pues…

Menos mal que Takeru había cambiado de tema. Mi hermano no estaba para hablar de temas de fútbol y Sora y yo lo sabíamos. Mi amiga pelirroja se acercó a mi hermano para hablar con él, a lo que este sonrió un poco.

Aunque, normal, Tai está enamorado de Sora, cualquier cosa que le diga ella es como una cura a sus problemas. Es una lástima que mi hermanito no le diga sus sentimientos. ¿De qué sirve callarse? El no ya lo tienes.

—¿Quién falta? —preguntó Mimi—. Yo veo a mucha gente ya.
—Matt y Joe—respondió Ken.
—Pues es raro—comentó T.K—. Mi hermano no es de llegar tarde.
—Tal vez en el ensayo le ha ido algo mal—añadió Davis—. Las cosas no salen siempre a la primera. ¿No te dijo cuanto terminaría o algo…?
—No—contestó Takeru—. Solo me dijo que tenía ensayo, nada más.

Nos quedamos callados esperando a que tocaran el timbre. Sora, Tai y yo habíamos preguntado sobre el tema del digimundo, y Mimi nos había contado que Izzy no estaba completamente seguro de si iba a funcionar.

Es extraño, todos nos habíamos reunido aquí para ver de nuevo a nuestros digimons. Sin pensar si quiera de que hacía muchos años que no lo veíamos. Habíamos dejado de ser niños, ahora todos éramos adolescentes, algunos teníamos pareja y era gracioso decir, que esas parejas, eran chicas y chicos del grupo.

Y, por última vez, supongo, sonó el timbre.

Esta vez fue Tai a abrir. Aunque todos escuchamos perfectamente que eran Joe, por la voz tímida, y Matt, con su tono frío y de ausente de siempre. Los dos pasaron y hablamos un poco sobre la vida, ya que todos estábamos esperando a Izzy, que nos dijera algo más.

—¿Qué tal el ensayo, hermano?
—No ha ido mal—respondió Matt.
—¿Y tú Joe? —preguntó Tai—. ¿Qué tal el médico de la familia?

Me alegraba que mi hermano hiciera bromas de nuevo. Tai siempre había sido parecido a Davis, pero bastante diferente. No sé, tienen sus iguales y sus diferencias. De todos modos, creo que mi hermano se piensa las cosas antes de decirlas, todo lo contrario, suelta lo que piensa.

En ese preciso momento, Izzy salió de la habitación. Todos nos levantamos, ansiosos por saber algo de información.

—Bueno…—empezó él—. Ya tengo en la pantalla a nuestros amigos.
________________________________________________________________
Es el primer capítulo, no sé como me habrá salido. Acepto críticas, opiniones y todo lo que quieran. Y decir también, que no actualizaré muy seguido. La inspiración no es mi punto fuerte y con los estudios casi no tengo tiempo de escribir.
Tal vez, tal vez... pueda actualizar cada semana.

Hasta la próxima.


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siiii mira a mi pensar eres muy bueno me gusto mucho tu forma de narrar y la personalidad de cada uno de los personajes es en vdd muy buenna te felicito y espero con ansias la continuacion :D
 

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siiii mira a mi pensar eres muy bueno me gusto mucho tu forma de narrar y la personalidad de cada uno de los personajes es en vdd muy buenna te felicito y espero con ansias la continuacion :D
Ah, pues gracias por el comentario. Intento hacer el escrito de primer persona tal y como es el carácter de cada uno. Como ya he dicho antes, y a lo mejor me vuelvo algo repetitiva, no podré actualizar muy seguido.

---------- Mensaje agregado el 03/02/2012 a las 20:54 ----------

Capítulo dos:

Izzy

Había estado mucho tiempo buscando una solución para poder comunicarnos con nuestros amigos del pasado, y ahora, por fin, lo había conseguido. La primera vez, aunque solo fue un segundo, fue escuchar la voz de Tentomon. Y entonces supe que tenía que volver a intentarlo, hasta hoy.

Ahora todos nos habíamos reunido alrededor de mi ordenador, esperando a ver a nuestros amigos. Parecía que de nuevo teníamos una edad infantil, que teníamos que volver al digimundo para ayudarlos en su aventura, pero no, no era así, ahora éramos adolescentes.

—¿Dónde se supone que están los digimons? —preguntó Tai, frunciendo el ceño.
—Eso, ¿dónde está Veemon? —añadió Davis, con el mismo rostro.
—Enseguida os lo muestro—respondí yo—. Solo tengo que conectar con el mundo digimon para conseguirlo, no es tarea sencilla y…
—Vale, vale, Izzy—cortó Davis—. Yo quiero ver a Veemon.

Me senté en la silla y empecé a teclear con nerviosismo. Yo también había echado de menos a mi antiguo amigo insecto. Todos los demás esperaban, ansiosos, que yo consiguiera lo que todos habían venido hacer. Esperaba, por lo menos, que funcionara de nuevo.

Y entonces fueron apareciendo todos los digimons. Uno a uno, empezando por Palmon, Agumon, Veemon, Gabumon, Gomamon, Biyomon, Patamon, Gatomon, Tentomon, Hawkmon, Wormmon y Armadillomon. De nuevo, los once digimons juntos, de nuevo todos los niños elegidos, exceptuando a Cody, que no había podido venir.

—Sí que habéis crecido—comentó Gabumon—. Matt, estás tan alto.
—Es normal, Gabumon—contestó este, sonriendo—. Los años cambian a la gente.
—¡Vosotros no habéis cambiado nada! —sonrió Tai—. Seguís igual que siempre.

Empezaron hablar cada uno con su digimon. Pusimos turno y fue gracioso en algunos tiempos, sobre todo con Tai y Agumon, y David con Veemon.

—¿Y ya tienes novia, Davis?
—¿Sabes lo que es una novia, Veemon? —preguntó este, sorprendido.
—Claro…—parecía ofendido incluso—. Pero si me contratacas con eso es que no tienes.
—¡No es eso! —gritó—. Es solo que… bueno, no quiero novias ahora. Se está muy bien solo, ¿sabes?
—Ya, ya, lo que pasa es que no consigues una—replicó el digimon—. ¡Por eso dices excusas!

Y tuvimos que quitarle el turno antes de que esos dos empezaran a discutir.

—¿Qué tal, Agumon?
—Es bastante aburrido no poder digievolucionar—contestó este—. Echo de menos ser Wargreymon.
—Sí…—recordó Tai—. Yo también echo de menos verte así de fuerte.
—Algún día volveré a tener esa forma—dijo Agumon—. Algún día…
—Por supuesto—asintió Tai—. Y entonces volveremos a luchar juntos. Como en los viejos tiempos.

Aunque, también hubo algunos que no pararon de llorar.

—Mimi, no llores—pidió Palmon, que ya estaba sollozando.
—¿Qué dices? Si la que está llorando eres tú.
—No, tú.
—Tú.
—Las dos, ¿sí?

Y empezaron a llorar tanto que le tuvimos que dar papel a Mimi. Palmon se había ido a un rincón, a llorar sin parar. Agumon y Veemon fueron a animarla un poco.

Al final todos hablaron con sus digimons. Tres acabaron llorando: Kari, Mimi y Sora.

Fue un día bastante largo. El tiempo pasó muy deprisa eso, sí, cuando terminamos de hablar con todos los digimons y ellos se tuvieron que ir, decidimos pedir unas pizzas y quedarnos a cenar todos juntos. Cada uno se fue a su casa en el ultimo momento, hasta que finalmente quedamos cinco personas: Takeru, Kari, Tai, Davis y yo.

—Ha sido un día feliz—comentó Kari—. Hacia tanto que no veía a Gatomon.
—Si, tienes razón—asintió Tai—. Me he alegrado bastante al ver a mi Agumon.
—¿Sabéis? —dijo Takeru—. A mí me gustaría volver a estar en el digimundo, aunque tengamos que pelear contra otros digimons, echo de menos esos tiempos. Ahora… ahora cada uno estamos en una cosa y casi no nos vemos.
—Yo he tenido suerte—sonrió Hikari—. Sigo viendo a todas las chicas…
—Por que vivís juntas—cortó Tai—. Pero yo sigo viviendo con papá y mamá. Izzy vive solo y los demás igual, ¿no?

Takeru negó con la cabeza.

—Yo vivo con mi hermano—dijo él—. Los demás, como tú has dicho, prefieren vivir a solas.
—Pues yo estoy por hablar con Davis—comentó Tai—. Así me voy de casa de mis padres y vivo con un amigo.
—Como le digas eso a Davis monta una fiesta ese mismo día—sonrió Kari—. Ya sabes como es, le encanta celebrar las cosas.
—¿En serio Tai? ¿Quieres venirte a vivir conmigo? —Davis no cabía en su alegría.
—Pues la hacemos, ¿qué tiene de malo? —preguntó Tai.
—Recuerda hermanito: Es mi casa, yo la limpio—murmuró su hermana.

Estuvimos charlando un buen rato más. Riendo y riendo sin parar. Tai, ahora parecía más contento que esta mañana y no paraba de hacer bromas. Y Davis, al igual que Tai, hacía la charla más amena. Al final pasaron las horas, y todos querían irse a su casa a dormir.

—Nos lo hemos pasado Genial, Izzy—dijo Davis—. ¡Hay que repetir!
—Ya has oído a Tai, Davis—reí yo—. La próxima fiesta en tu casa.
—Esto no ha sido una fiesta—replicó Tai—. No había música… ¡Pero la que haremos nosotros será genial!
—Espero que no pase nada desagradable en esa fiesta “vuestra” —repuse yo.
—¿Qué iba a pasar? Si solo vendríamos lo de siempre…
—La bebida no sienta bien en algunos casos—expliqué—. Pero bueno, supongo que sabrás como controlarnos.

Tai me miró, sorprendido.

—¿Vendrías? ¿Si al final la hacemos, vendrías?
—Tal vez—sonreí—. Tal vez.

Kari

T.K y yo esperamos a que esos dos se despidieran de Izzy. ¿De verdad iban a hacer una fiesta? A mi parecer, creo que lo han pensando demasiado rápido. Una fiesta lleva sus complicaciones, como organizarla y estos dos se piensan que es como coger el desayuno de la nevera.

Al menos me alegro de que mi hermano esté más animado. Eso de haber estado con todos los amigos le había echo bien, ahora solo faltaba que nadie le recordara lo del partido durante un periodo de tiempo.

—¿Estás bien? —me preguntó T.K, mirándome.
—Estoy un poco cansada—respondí—. Me sentará bien tumbarme en la cama.
—Todavía te queda un buen camino hasta llegar a tu casa…—susurró él, preocupado—Y es tarde. No deberías ir sola.
—¿Quieres acompañarme?
—Dudo mucho que tu hermano me deje acompañarte—dijo él, con un suspiro—. Seguramente querrá acompañarte él.
—Pero yo quiero que me acompañes tú—insistí—. Si se lo pido a mi hermano me dejara ir contigo. No me puede negar nada, soy su debilidad.

T.K sonrió.

Al cabo de unos minutos llegaron Davis y mi hermano. Los dos hablaban y hablaban del tema de vivir juntos y, como no, de la fiesta que iban hacer dentro de poco.

—¿Entonces te instalas hoy? —preguntó Davis.
—Primero tengo que coger las cosas de casa de mis padres—contestó Tai—. Y decírselo a ellos también.
—Se van a poner muy contentos—añadí yo, riendo—. Venga vamos, que estoy cansada.

Al llegar hasta abajo, me esperaba la pregunta de mi hermano. Que para mi sorpresa estaba tan absorto en sus pensamientos que no se enteró.

—Tai…—dije yo—. No hace falta que me acompañes hasta casa, Takeru lo hace por ti. ¿De acuerdo?
—¡Vale hermanita! —exclamó él—. Cuídamela, ¿eh? ¡Cómo le pase algo!
—Hermano…—intenté sonreír—. No seas tan sobreprotector.
—Si fuera sobreprotector te acompañaría, Kari—observó él—. Buenas noches, chicos.
—No te preocupes, Tai—dijo T.K—. No dejaré que le pase nada.
—Así me gusta, chaval—Tai le dio una palmada a la espalda—. Nos vemos otro día.

Me di cuenta de la cara de Davis. Sabía que, si días antes, no me hubiera dicho lo que sentía y yo le hubiera dado calabazas, ahora él también me querría acompañar hasta casa. Solo esperaba, que algún día pudiera decirle la verdad, no me gusta engañarle. Es un buen amigo, y no quiero que, por sus sentimientos, estemos mal.

Davis y Tai se perdieron entre la niebla y Takeru y yo empezamos a andar hacia mi casa. Pero claro, yo no iba a desaprovechar que estábamos solos.

—¿Cuándo se lo vas a decir? —pregunté, suavemente.
—¿Qué?
—A Davis—contesté—. ¿Por qué no le quieres decir que salimos juntos?
—Es mi amigo, Kari. No quiero hacerle daño.
—Pues yo creo que le gustaría saber la verdad—insistí yo—. Sabes que hace unos días, no sé exactamente cuantos, me dijo lo que sentía por mí.

Bien, al menos había conseguido que Takeru se pusiera serio. Ahora se había quedado quieto, sin caminar, observando el suelo como si eso fuera lo más importante del mundo. Sé que no le gusta que hablemos de este tema, pero yo ya estoy harta. ¿Tan difícil es decir que soy su novia? Con lo que le costó decirle lo que sentía y ahora tenemos que mantenerlo en secreto. Con algunas personas, ya que mis amigas sí lo saben.

—¿Y qué le dijiste? —preguntó él, finalmente.
—¿Qué le voy a decir? Pues la verdad, que estaba enamorada de otro chico.
—¿Y no te pregunto quién era?
—No, T.K—contesté yo—. En cuanto le dije eso se fue, no me pregunto nada más. Por eso, yo creo que es mejor que se lo digas. Que le digas la verdad. Es tu amigo, lo comprenderá.

T.K negó con la cabeza y siguió caminando. Yo me puse a su lado, esperando a que dijera algo. La conversación no había terminado, solo acababa de comenzar.

—¿Vas a decirlo? —insistí yo.
—¡No es fácil, Kari! —acabó gritando él—. Sé el daño que le puedo hacer, será como si le hubiera traicionado.
—¡Pues yo no pienso llevar nuestra relación en secreto! Sé a quien quiero y no tengo porque esconderlo—me puse seria—. Así que, si tú no eres capaz de decírselo, acabaré por contárselo yo.
—¡No! Espera…—susurró—.Yo… yo se lo diré. Solo dame un poco de tiempo.
—¿Cuánto?
—Un par de días—contestó él—. Pero sé que me va a odiar en cuanto lo haga.
—Yo creo que será al revés. Que te dará las gracias por decirle la verdad.

Takeru sonrió.

—Estás un poco pesada con lo de la verdad, ¿eh? —rio.
—Sabes que no me gusta mentir—contesté yo—. Y menos a un amigo.
—De acuerdo—suspiró—. Se lo diré en cuanto le vea. Era lo que querías, ¿no?
—Sí—sonreí y le di un beso en la mejilla—. Venga vamos, que las chicas se estarán preguntando donde estoy.

La noche era bastante preciosa. Además de que no hacía ningún frío y la temperatura era bastante buena, se podía decir que tener como compañía a la persona que quieres te hace la noche mucho mejor.

Cuando llegamos al portal de mi casa, miré con cuidado hacia arriba. Las chicas eran bastante cotillas y en un descuido salían todas a la terraza para verme. Lo habían echo ya un par de veces y lo había descubierto al subir, que todas me miraban con cara rara.

T.K se acercó a mí para despedirse. Era nuestro ritual, un simple beso, pero a mí no me gusta que mis amigas me vean. Esto es algo íntimo, pero ellas no lo entienden.

—¿Quieres subir? —pregunté yo, cuando nos separamos.
—No quiero molestar…—susurró él—. Pero si quieres quedamos mañana. No soporto no verte en dos días.
—¡Qué bonito!

Takeru y yo pegamos un bote al escuchar una voz chillona procedente de algún sitio. Fue hacia afuera para si estaban asomadas, pero eso sería imposible, ya que no me podían ver… ¿Entonces?

—¡T.K! Eres tan romántico.
—¿Quién…?—preguntó él, mirando a todos sitios—. ¿Mimi?
—¿Cómo que Mimi? —pregunté yo, acercándome a él—. ¡Espera!

Miré al timbre del portal. No podía saber si las chicas estaban ahí con seguridad, pero las dos veces que alguien había hablado sonaba mucho a Mimi y Sora. Así que tenían que ser ellas. ¡Serán!

—¡Dejadme intimidad! —grité yo—. Ya sé que soy la menor, pero también tengo mis propias reglas. Dejad el telefonillo en paz.
—¡Kari, no te enfades! —era la inconfundible voz de Mimi—. Es que son estos momentos los que nos hacen ver la realidad… queremos decir, que ahora entendemos porque le quieres.
—¡Si eso ya lo digo yo!
—Kari, tranquila—sonrió Takeru—. Será mejor que me vaya, a mí también me queda un buen camino hasta llegar a casa de mi hermano.
—¡Chao, T.K! —dijeron todas a la vez.

Me tranquilicé un poco y me despedí de Takeru. Estaba segura de algo, en cuanto subiera, todas se habían ido a su cuarto, fingiendo dormir para que no les montara alguna.

Mimi

¡Ring! ¡Ring! ¡Ring! ¡Ring!

Apagué el despertador con la mano y me volví a girar en la cama para dormir. Que pereza daba levantarse temprano, y todo para tener que limpiar la casa. Hoy, sábado, todas las chicas nos levantábamos a la misma hora para organizarnos. No es que me gustara mucho, pero como no me despertara enseguida, vendrían ellas a despertarme a mí.

—¡Mimi! —se escuchó desde afuera—. ¡Vamos! ¡Levántate!
—¡Sora! —gritó otra voz—. ¡Es mejor entrar que llamarla desde afuera!
—¡ O poner música, eso motiva a mucha gente por la mañana! Yo lo veo mejor que entrar adentro, Kari—exclamó, otra voz.
—¡Callaos, ya! —grité yo.
—¡Vale, pero levántate! —respondió Sora—. ¡Cinco minutos!

Me tapé con la almohada y empecé a contar los segundos. Tenía cinco minutos, y sabía que Sora los iba a contar también. ¿Qué podía hacer? Solo me quedaba despertarme y hacer lo de todos los fines de semana.

Cuando salí, ya vestida y arreglada, me encontré con las tres chicas sentadas viendo la tele. ¿No se suponía que íbamos a limpiar?

—¿Qué hacéis? —pregunté, acercándome a ellas.
—Ver la tele—respondió Kari, como si fuera evidente—. ¿No lo ves?
—¡No se suponía que hoy teníamos que limpiar la casa! —me estaba empezando a enfadar.

Las tres me miraron. Me sentí un poco mal, al sentir tanta atención.

—Hemos decidido que, como siempre te duermes, hoy te toca hacer a ti la casa—dijo Sora.
—Es como un castigo—añadió Yolei.
—Seguro que así no te duermes la próxima vez—terminó diciendo Hikari.
—¿Qué? ¿Esto lo habéis pensado en dos minutos?
—La verdad…—respondió Yolei—. Ya lo habíamos pensado la semana anterior.
—Cuando te quedaste dormida—añadió Sora.

Abrí la boca sorprendida.

—¡No es justo! —grité yo—. Esta casa es de las cuatro. Ensuciamos las cuatro y tenemos que limpiarla las cuatro. Además, ¿qué hacéis hablando una oración entre todas?
—Nos aburrimos—contestó Kari—. Y estamos cansadas.
—Más bien hacemos esto para molestarte—añadió Yolei, sonriendo.
—No te enfades, por favor —terminó por decir Sora.

Cogí el mando de la televisión y la apagué.

—¡Todas a limpiar!

Y, para mi suerte, me hicieron caso.

Tai

—¿Cómo que te vas? —preguntó mi madre, por tercera vez.
—Ya te lo he dicho mamá—traté de explicárselo de nuevo—. Un amigo me ha ofrecido que vaya a vivir con él y yo simplemente he aceptado.
—¿Qué amigo? —menudo interrogatorio.
—Davis, lo conoces—suspiré—. Ha venido un par de veces aquí. Un chico con gafas… ¿te suena?
—¿Motomiya? —era más una afirmación que pregunta.
—Exacto—sonreí yo—. Pues que vive solo y como casi no tiene para pagar el alquiler pues no le viene nada mal compartir casa conmigo, ¿eh? Pues por eso me voy.

Terminé por meter toda la ropa en la maleta y le sonreí a mi madre. Pero verla con los brazos cruzados y el ceño fruncido, hico que me quedara quieto en la habitación.

—¿Qué pasa? —pregunté, extrañado.
—Hijo… este es un tema delicado, lo puedo entender—estaba nerviosa—. Te lo preguntaré directamente, ¿te gustan las mujeres, verdad?
—Mama…¿no pensaras que…?
—Ay no, mi niño mayor ¡no!
—Espera…!espera! —solté la maleta—. No me voy a casa de Davis por eso…!Por favor, mamá! A mí siempre me han gustado las chicas… de toda la vida. ¡Eso que te quede bien claro!

Ella respiró hondo, ya estaba más tranquila.

—Menos mal—sonrió—. Pues que te vaya muy bien en tu nueva casa, Tai.
—Sí…sí. Adiós mamá.

Salí de casa con un nudo en la garganta. ¿Cómo podría haber dudado mamá de mi homosexualidad? ¿Tenía pluma? ¿Cara de gay? Si casi toda mi vida he estado enamorado de Sora, y lo sigo estando. ¡No me puedo creer que mi madre me haya preguntado eso!

Me dirigí a casa de Davis. A ver que pasaba en los días siguientes. Ya no sería como estar en casa de mis padres, que me lo hacían todo prácticamente, ahora me tocaba trabajar y limpiar en casa, tal y como había dicho Kari.

Bueno, pues allá voy.
__________________________________________________________________________
He podido actualizar antes... Espero que guste. Decir que, la parte en que hay acción y empieza el trama de la historia es un poco más hacia delante, ahora... supongo que quiero dar el margen de los niños elegidos adolescentes.
Hasta el próximo capítulo.
 
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Gran fic, me gustó mucho la parte de la fiesta, jejeje vale también que sea takari y taiora, la narrativa grandiosa, me gusta el fic... O.O... soncarmela... no sé por qué pero tu nombre se me hace --U vale nos vemos XDOMG:
 

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Gran fic, me gustó mucho la parte de la fiesta, jejeje vale también que sea takari y taiora, la narrativa grandiosa, me gusta el fic... O.O... soncarmela... no sé por qué pero tu nombre se me hace --U vale nos vemos XDOMG:
He estado antes en esta página, a lo mejor te suena.
Gracias por comentar... Siempre intentó que la narrativa sea buena y la gente lo entienda. Lo de la fiesta...¿En serio te ha gustado? Pues entonces te gustará bastante cuando sea el capítulo de "la fiesta" van a pasar grandes cosas.
 
H

hopeandligth

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en vdd me esta gustando mucho este fic y que bien que te des el tiempo como para desarrolllar la personalidad de cada uno de los elegidos en vdd que me gusta mucho lo que ases SIGUE ASI ^^
 

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Capítulo tres:

Matt

Alguien llamó a la puerta de la habitación tres veces.

—Pasa, hermano—dije yo.

Volví a coger la guitarra para practicar. Me había despertado temprano para componer una nueva canción, pero no me salía nada. La inspiración no venía y la banda quería sacar pronto un nuevo disco…

T.K pasó a la habitación con una sonrisa. Desde que salía con Hikari le veía más contento que antes. Es que eso de estar callado y no decirle a tu mejor amiga lo que sientes es algo estresado, es una suerte que por fin estén juntos esos dos. Y es raro, la hermana de Tai con mi hermano. Que casualidades tiene la vida.

—Voy a salir—avisó Takeru—. ¿Vas a traerte la banda a casa?
—No lo sé—respondí—. ¿Por? ¿Vas a venir luego?
—Iba a venir esta tarde con Hikari a ver una película—sonrió él—. Por eso preguntaba…
—¿Es una indirecta para que no esté en casa de cinco a ocho, hermano?
—Sí—amplió su sonrisa—, gracias por entenderlo, Matt.

Takeru cerró la puerta al irse y yo volví a quedarme a solas con mis instrumentos (la guitarra, únicamente) Tenía que hacer algo para componer… una simple melodía sencilla y que a la gente le gustara.

Pasado los minutos, ya me salía el ritmo de una canción. Pero en ese preciso momento, cuando ya la tenía casi terminada e iba apuntarla, alguien llamó al teléfono y la guitarra se me cayó de las manos.

—Mierda—mascullé— ¿Quién será ahora?

Miré el móvil. Se trataba de uno de mis compañeros de la banda.

—¡Matt! —gritó, en cuanto me puse el móvil al oído—. Tío, ¿dónde andabas?
—Pues en casa—contesté—. Intentando hacer nuevas canciones, algo que, al menos podrías ayudarme a hacer vosotros.
—¿Ah? ¿Eh—seguro estaba con resaca—. ¿Componer? ¿Nosotros? Esa es tu tarea, Yamato. Bueno, te llamaba por otro motivo.
—¿Cuál? —pregunté, cansado de escucharle.
—Pues esta noche vamos a salir toda la banda—dijo él—. Y claro, tú, el cantante y compositor no puedes faltar. ¿Qué dices? ¿Te vienes?
—Estoy un poco cansado de las relaciones de una noche…
—¿Y eso me lo dices para creértelo a ti o a mí? —contrataco él.
—De acuerdo—suspiré—. Iré a la fiesta, ¿a qué hora?
—¡La de siempre! —gritó y esta vez alejé el móvil—. ¡Chaoooo!

Colgué el móvil y lo tiré a la cama. Ahora solo tenía que anotar las notas musicales en un pentagrama para ensayarlas en el próximo ensayo, que si mal no recordaba, sería dentro de tres días. Bah, mi amigo, al fin y al cabo, tenía razón. Yo que era el cantante tenía que ir a una fiesta con ellos. Aunque al despertarme me odiara a mi mismo por ser como yo… Habré cambiado demasiado. O será que quiero odiarme a mí mismo.
¿Qué me estará pasando?

Sacudí la cabeza. Parecía que ya hablaba yo solo con mi “yo” del pasado.

Tai

Al llegar a casa de Davis me encontré en una situación de rabia. Si, como cuando alguien te pega y tú se lo quieres devolver, o cuando alguien se está metiendo con tu pareja y tú no lo soportas más y descargar tu rabia hacia ese idiota.

Y por eso, ahora estaba de esa manera.

La casa de Davis era una pocilga. Todo estaba patas arriba y parecí que nadie limpiaba en esa casa. No es que tuviera mucho interés en la limpieza, pero tampoco me gustaba tenerlo todo como lo que estaba observando.

—¿Esta es…tu casa? —pregunté, suavemente.
—Claro—sonrió él—. Es la mejor casa barata que pude encontrar por aquí.
—¿Y no has pensando en limpiar un poco?
—Ya habrá tiempo para limpiar—contestó—. Bueno ven, te enseñaré tu habitación.

Fuimos hasta la habitación donde me tocaría dormir.

—Esta no la has usado mucho, eh —comenté, viéndola completamente limpia.
—Viene de vez en cuando mi hermana, pero siempre la deja muy bien al irse.
—Se nota que no ha salido a ti—dije, en voz baja para que no me escuchara.
—Pero a partir de ahora—añadió él—. Cada vez que se quiera quedar a dormir aquí le tocara dormir en el sofá. ¡Y ni se te ocurra ofrecerte tú para dormir en ese sofá oscuro, eh! Que encima que le dejo que venga a mi casa a descansar…
—¿No os lleváis muy bien todavía? —me interesé. Yo me llevaba bien con Kari.
—No me gusta los novios que tiene—respondió él, sombrío.
—¿Qué novios?

Davis me miró un momento, luego suspiro.

—Novios de una noche, ¿entiendes?
—Sí, supongo que es normal que te enfades—contesté—. ¿Y cómo haces para conocerlos a todos? Si según tú son de una noche.
—No los conozco—se apresuró a explicar él—. Pero… No puedo decírtelo, me juro que no se lo diría a nadie.

Me encogí de hombros y dejé la maleta en la cama.

—Como quieras—dije—. Entiendo que no quieras contármelo, es un secreto de ella.
—Y de otra persona más que conoces—susurró él, apoyándose en el umbral de la puerta.
—Davis, ¿no se suponía que no me ibas a contar nada?
—¡Es qué es demasiado alucinante! —suspiró de nuevo—. De acuerdo, de acuerdo, me callaré.
—Vale. Ahora déjame a solas, que tengo que arreglar cosas de aquí. Poner mis cosas en el armario y todo lo demás—le eché de la habitación.

Abrí la maleta y empecé a colocar todas las cosas.

Yolei


Por fin habíamos terminado de limpiar toda la casa. Ahora Mimi se había ido de casa para dar un paseo, mientras nosotras respirábamos en paz y veíamos la tele como en un principio.

—¿Qué hacemos esta noche? —preguntó Sora—. Es fin de semana, tendremos que salir a algún lugar, ¿no?
—Si queréis llamo a mi hermano—se ofreció Kari—. Y le hago hacer la fiesta esta noche, con todos los niños elegidos, ¿eh?
—Pues no estaría mal—asentí yo—. Echo de menos una buena fiesta.
—Venga, llámalo—insté.

Kari asintió y sacó su móvil del bolsillo.

—Pon el altavoz—dijo Sora, sonriendo—. Que si no, no escucharemos sus respuestas.
—Vale—contestó ella—. ¡Pero que nadie diga que le estáis escuchando! Se me acaba de ocurrir una idea.
—¿Qué vas hacer? —pregunté, alzando una ceja.
—Ya veréis—sonrió, de manera misteriosa.

Sonó dos veces antes de que el hermano de Kari lo cogiera.

—¿Hermana? —se escuchó—. ¿Qué quieres? Estoy ocupado metiendo toda la ropa en el armario y colocando esta habitación a mi manera.
—Gracias por la explicación, Tai—sonrió Kari—. Es que… bueno, hay algo que te tengo que decir y es muy importante.

Sora y yo nos miramos. ¿Qué iba hacer la hermana pequeña Yagami?

—¿Qué pasa? —Tai ahora estaba serio.
—Tú sabes que yo estoy saliendo con Takeru, ¿verdad?
—Claro, me lo dijiste—se notó el timbre de duda en la voz de Tai—. ¿Te ha engañado con otra? Si es eso lo mato.
—No exactamente—contestó—. Es otra cosa, que nos va a unir más. Como pareja.
—Kari… ¿qué pasa? —repitió, esta vez nervioso.
—Esto es difícil para mi hermano—Kari sonreía, pero su voz era de temor—. Un día, Takeru y yo bebimos más de la cuenta y…y estoy embarazada—soltó, tapando el móvil con la mano para reír.

Cuando Kari terminó de reírse y se puso seria de nuevo, destapó el móvil de su mano y esperó a que su hermano contestara. Las tres estábamos impacientes al ver que decía Tai, ya que verlo tan callado era extraño.

—¿Hermano? —preguntó Kari, preocupada—. ¿Estás…bien?
—¡LO MATOOOOOOOOOOOOO!

Él teléfono pareció vibrar tanto que Kari lo soltó y cayó al sofá. Yo miré a mi amiga, como diciendo “la que vas a liar”

—Los dos queremos a ese niño, hermano—continúo Kari con su broma—. Y no quiero que el futuro padre de mis hijos esté muerto, comprendeme.
—¿Dónde se encuentra Takaishi en este momento? —preguntó Tai, con tono amenazador.
—No, hermano, no le vas hacer nada—dijo ella—. Déjala.
—¡Qué dónde está! —ordenó Tai—. Dímelo o llamaré a Matt.
—Espera un momento, hermano, enseguida sigo hablando contigo.

Kari puso de nuevo la mano en el móvil y nos miró.

—¿Sigo con la broma o se lo digo ya? —preguntó, riendo.
—Mejor que cortes ya—dijo Sora—. No quiero que tengamos que ir al entierro de T.K.
—¿Le veis capaz de ir a por él? —inquirió ella, frunciendo el ceño.
—Supongo que matarlo no—concedí yo—. Pero darle unos buenos golpes… de eso si que le veo capaz. Yo que tú diría la verdad ya, la vida de T.K peligra en cada minuto.
—¿Y te imaginas como llame Tai a Matt? —añadió Sora—. Otro que se va a creer la mentira.
—Vale, se lo digo ya—asintió Kari—. Vamos a ver que dice cuando se entere de la verda.

Volvió a destapar el teléfono. Ahora se podía escuchar perfectamente la respiración de Tai agitada. ¡Vaya! La broma le había afectado.

—Creo que me queda algo por añadir—susurró Kari, a nosotras.
—¡Kari, no! —exclamó Sora, y enseguida se tapó la boca—. No lo hagas—susurró.
—Hermano…¿No te alegras de ser tío? —preguntó.
—¡No! Y menos siendo tu madre tan joven. Dime ahora mismo donde está Takeru.

Kari suspiró. Espero que le diga ya la verdad, la broma está llegando demasiado tarde. Nunca habíamos imaginado que Kari fuera así, pero bueno, la gente cambia. La niña pequeña y dulce se ha convertido en… en la yagami que tenía que ser.

—Venga, Tai… ¿en serio crees que si estuviera embarazada de verdad te lo diría? —dijo ella por fin—. Es todo una broma.
—¿No me estarás engañando ahora, verdad? —inquirió Tai, más relajado.
—No—contestó ella.
—¿De verdad? ¿No lo harás para defender padre?
—¡Qué no! —gritó ella—. Somos demasiado jóvenes para eso… Bueno, te llamaba para otra cosa, esta broma era algo que quería hacer y ya ha terminado.

Todas sonreímos, por fin tocaba el tema de la fiesta.

—Que alegría—dijo él—. Me habías dado un buen susto, ¿sabes? Aunque como te quedes embarazada de aquí cuatro años, sigo con lo mismo de antes, mato a Takeru.
—Vale…—dijo ella, rodando los ojos.
—¿Entonces… para qué me habías llamado? —preguntó.
—¿Podríais hacer la fiesta esta noche? —contestó ella—. Sé que es mucho jaleo y cuesta bastante organizarla, pero las chicas y yo podremos traer la bebida y llamar algunos amigos. Vosotros hacéis lo mismo, ¿os parece bien?
—No sé… Tendría que hablarle con Davis.
—Él te va a decir que sí, hermano—insistió ella—. Pues ya está, todo arreglado, esta noche fiesta en tu casa, ¿eh? ¡Hasta luego!

Colgó el teléfono y se levantó del sofá.

—Pues ya tenemos fiesta esta noche—sonrió ella—. Id vosotras a comprar las bebidas yo cogeré vuestras agendas telefónicas para llamar a todo el mundo.
—Ya verás la factura de teléfono…—murmuró Sora.
—¡Oh, vamos, eso no es problema! —exclamé yo—. Siempre la pagamos entre las tres, se queda en muy poco.

Kari se dirigió a la habitación de las dos para coger las agendas. Yo me acerqué a la habitación de Mimi.

—Le dejaré un mensaje a Mimi—dijo Sora—. Para comunicarle lo de esta noche.
—Vale—contesté yo—. Iré al supermercado, a comprar las cosas.
—Adiós, nos vemos luego.

Takeru

Hubo un momento que me pitaron los oídos: Alguien estaría hablando de mí en alguna parte. Ahora lo que tenía que hacer era concentrarme, que Ken podía ser bastante bueno si se lo proponía.

Como no tenía nada que hacer y hasta más tarde no había quedado con Hikari, fui hasta el parque de baloncesto para jugar un poco. Fue una suerte encontrarme a Ken jugando con un amigo allí, así que ahora estaba jugando con ellos y así pasaba el tiempo divirtiéndome.

Se habían unido otro chico que estaba por ahí para jugar un dos contra dos. Como sería algo injusto que Ken y yo estuviéramos juntos, nos habíamos dividido. Estábamos empatados y por eso tenía que tener cuidado a que Ken consiguiera robarme el balón.

—¡Pásamela! ¡Pásamela! —gritó mi compañero.
—No puedo, te están cubriendo—contesté yo, esquivando a Ken.

Me pasé el balón a la otra mano e intenté pasar por delante de Ken con una finta que aprendí de pequeño. El baloncesto siempre fue mi deporte favorito, pero ahora casi no lo practicaba y eso se notaba.

Al notar un mensaje en el móvil perdí la concentración del partido y Ken aprovechó para robarle el balón e ir hasta la canasta. No hacía falta que me girara para saber que había logrado clavarle en la canasta.

Ya que no tenía nada que hacer para defender, saqué el móvil y miré el mensaje.

De Kari: Hola, T.K. No podemos quedar esta tarde, pero te digo el motivo enseguida. Esta noche hay fiesta en casa de Davis, ¿me recoges a las ocho, vale? Un beso, te quiero. Por cierto, te tengo que contar algo muy gracioso, aunque creo que te enfadarás.
Hasta después, Takeru.

¿Qué cosa me tenía que contar? Yo nunca podría enfadarme con ella, demasiada suerte había tenido al tenerla como novia.

Le contesté que iría a esa hora y volví al partido.

—Yolei me acaba de mandar un mensaje—me avisó Ken—. Esta noche hay fiesta…
—En casa de Davis, ya—terminé yo—. Me lo dijo Kari.
—¿Crees que terminará bien esa fiesta? —preguntó él.
—No sé, la verdad es que puede pasar cualquier cosa—contesté.
—Yo voy para acompañar a Yolei—dijo él—. Pero no me parece una buena idea ir a una fiesta con tanta gente.
—Yo igual, voy para acompañar a Kari, nadad más—asentí, dándole la razón—. ¿Seguimos con el juego?
—Sí.

Era cierto, una fiesta en casa de Tai, con gente que no conocíamos. Eso no podía terminar bien…
__________________________________________________________________________
Siento mucho la tardanza, pero ya avisé en que los capítulos no iban a ir muy seguidos.
Ahora decir, que a lo mejor tardo bastante en poner el siguiente capítulo, estoy en semana de exámenes y puede que no pueda escribir. Pido que seáis pacientes y no me metáis mucha prisa.
Sin más demora, espero que os agrade el capítulo. Un beso.
 
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Grandioso de nuevo, me gustó la reacción de Tai XD aunque de que me quejo, si yo reaccionaría igual con mi hermana XD vale informame hacerca de la conti, vale no vemos!!!!!!!
 

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Hola amiga, la verdad recién acabo de ver tu fic, no sabía que tenías algún trabajo actual.XD
Me leí los tres capítulos de una sola vez, me agradaron mucho y están muy bien escritos, eso es lo que más me gusta de una fic, porque cuando la redacción es un asco me da flojera leerlo aunque sea una buena trama.
Hay algo que no entiendo... aquí se ven a los digimons pero no sé si realmente van a formar parte de la historia o no, el título me confunde un poco, por un lado parece que se basa solo en la vida de los elegidos pero a la vez parece que no todo será tan tranquilo. Supongo que el título quizá es metafórico.
De todos modos esperaré tu próximo capítulo...
 
H

hopeandligth

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uuu muy buen capitulooo ammm espero la conti y sigue asii aunque concuerdo con takeru y con ken ese tipo de fiestas no saldran nada bien en fin SUBELO PRONTO
 

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Respuesta a los comentarios.
Pr30: Estoy intentado que el fic tenga algo de comedio, ya que más adelante será bastante de acción.
J.M.: El título lo puse en un principio ya que tenía una idea principal, pero con los capítulos me he dado cuenta que lo alargaré un poco hasta llegar a la acción. El título en si sí se centra en el fic, lo notarás en los próximos capítulos. Más o menos en el capítulo siete empieza la acción.
hopeandligth: La fiesta será un cúmulo de cosas divertidas, jaja.


Capítulo cuatro:

Tai

—¿Cómo que no puedes venir? —pregunté, enfadado.
—Que no puedo, Tai, lo siento—contestó Matt.
—¿Pero… por qué? —insistí.
—Porque ya había quedado con otra persona antes—suspiró—. Si hubiera echo planes contigo antes… pues sí, pero los de la banda me llamaron antes. Además, no creo que tu fiesta sea muy buena.
—¿Qué? ¿Y por qué no va a ser buena, señor cantante?
—En solo un día no se puede organizar una fiesta—respondió—. Así que prefiero ir a una disco con los de la banda que ir a un lugar donde estarán todos mis amigos. Me comporto de forma diferente… Y hoy quiero disfrutar.

No lo entendía. Matt prefería irse con el grupo de la banda antes de venir a una fiesta con todos sus antiguos amigos. Me costaba creer que en estos momentos echara de menos al Matt de antes, el frío y cabezón. Ahora era mucho peor, se iba de fiestas todos los días y tenía mujeres de una noche. Mi amigo había cambiado y demasiado.

Y todo sabíamos como era ahora: Un chico muy ocupado, que se interesaba mucho por su banda y estaba casi todos los días componiendo canciones. Menos los fines de semana, que se iba a cualquier sitio para ligar… Y lo conseguía, gracia a su reputación de la música.

Matt no era el de antes. Y, a decir verdad, todos hemos cambiado, pero él para mal.

—¿Sigues ahí, Tai? —preguntó Matt—. Tengo que seguir practicando con la guitarra, si no tienes nada más que decirme…
—Pues no vengas—dije yo, malhumorado—. Espero que te diviertas con tus amigos de la banda en vez de con nosotros.
—Tai, no te enfades.
—Has cambiado, tío, has cambiado—él bufó—. No entiendo nada.
—¿Quieres hablar ahora de eso? —preguntó él, suavemente—. En serio, no tengo ganas de que me eches un sermón, para eso ya tengo a mi hermano, que me lo repite todas las noches que salgo.
—¡Y hace muy bien! —exclamé—. Debería atarte a la cama.
—Tengo una navaja siempre en el bolsillo—contestó—. Corto las cuerdas.

Si ahora Matt fuera un buen amigo, dejaría a los de su banda de lado y se vendría a la fiesta, pequeña sí, de todos nosotros y podríamos divertirnos todos los niños elegidos. Además de que habíamos llamado a un par de amigos más, aunque me parece que al final no viene. De todos modos, el chico de la amistad no es el que era.

—Hace dos años que te comportas de esa manera…—susurré yo.
—Tai, no me apetece hablar de eso—cortó él.
—Desde que Sora te dejó—proseguí—. Desde ese día, que ella pareció no querer nada serio contigo, empezaste a centrarte en la banda y a salir todas las noches. ¿Por qué Matt? ¿Por qué preferiste esa vida?

Matt no contestó. Bien, acababa de colgarme, así que esa era una buena explicación a que no respondiera a mi pregunta.

Al salir de mi habitación de me encontré con Davis, que estaba recogiendo toda la casa. La fiesta tenía que salir lo mejor posible.

—¿Qué te ha dicho Matt? —preguntó, mirándome.
—Que no viene a la fiesta—respondí.
—¿Por qué?
—No sé.
—¿No le has preguntado el motivo?
—No.
—¿Por qué?
—No sé.
—¿Y los demás, vienen todos?
—No sé.
—Vale.

No quería contarle lo que sucedía con Matt. Por eso a todo había contestado en forma de duda. Si Matt quería que algunos que todavía no se hubieran dado cuenta de cuanto había cambiado, que lo contara por si solo. Yo no quería meterme en problemas.

Nos quedamos mirando como idiotas. La conversación que acabamos de tener era una gran tontería, pero yo estaba demasiado confusa con la charla que había tenido con Matt. Tal vez debería hablar con él seriamente de la vida que estaba llevando, pero hoy no era el mejor día.

Hoy disfrutaría de la fiesta.

—Iré… a comprar bebida—dije—. ¿O los demás van a traer?
—Algunos sí—respondió—. Compra algo para picar, por si tenemos hambre.
—De acuerdo, compraré un poco de todo—cogí las llaves—. Adiós.
—¡Y compra bolsas!
—¿Bolsas? ¿Para qué?
—No quiero que la gente me vomite por todas partes—respondió—. Y solo hay un lavabo. Si tenemos bolsas, al menos tendrán un lugar para… bueno, ya sabes.
—Como quieras. Compraré bolsas también.

Salí de la casa con una chaqueta. Cogí el coche y fui hasta el supermercado. Al salir, me encontré con Joe y recordé que no le había dicho nada de la fiesta.

—¡Joe! —grité, corriendo hacia él.

El chico me miró algo asustado. Al darse cuenta de que se trataba de mí se tranquilizó un poco. Estaba con su hermano mayor, aunque pareció que se despedían, ya que se fue hacia otro lado.

—¿Qué pasa, amigo? —preguntó, cuando llegué a su lado.
—Pues…—recuperé aire—. Te quería comentar algo.
—¿Algo… sobre una fiesta? —adivinó él.
—¿Cómo lo sabes?
—Me lo dijo Sora—contestó—. Me llamo hace unos minutos. Se ha adelantado a ti.
—¿Y…vendrás?
—Claro—sonrió—. Es una fiesta de todos nosotros. No podía faltar.

Sonreí. Joe, para ser un chico que no le gustaba mucho las fiestas y nada que tuviera música a tope y bebida, venía porque estábamos todos nosotros. Todo lo contrario a Matt…

—Gracias—dije—. Por venir—aclaré.
—No me las tienes que dar, Tai—sonrió—. Me gusta pasar tiempo con mis amigos.
—Sí, como a todos. Nos vemos allí, pues.
Izzy

—Nos vemos mañana, Tentomon—dije.
—Que te diviertas en la fiesta—sonrió él.
—Por supuesto. Despídete de los demás por mí.
—Vale. Por cierto… ¿le vas a decir a los demás lo que tienes planeado?
—No. Es una sorpresa—ahora sonreí yo—. Prefiero contárselo mañana. O ir casa por casa diciéndolo.

Apagué el ordenador y me dirigí hacia el armario. Tenía que ponerme una ropa decente para la fiesta, aunque no estuviera muy acostumbrado a este tipo de celebraciones. Davis me lo había pedido como un favor, y aunque al principio no me apeteció mucho ir, al final decidí que sería una buena idea estar una noche con mis amigos de la infancia.

Era extraño como todo cambiaba. Cuando fuimos por primera vez al mundo digimon todo nos resultaba extraño. Ahora, quedábamos para ir a fiestas. Algunos incluso tenían pareja entre ellos. Como eran Kari y Takeru… que me había enterado de esa noticia gracias a T.K. Y también me había prometido no contárselo a Davis. La otra pareja era Ken y Yolei, que estaban muy felices juntos.

Cogí la ropa adecuada y la puse encima de la cama. De repente alguien llamó a la puerta de mi casa.

Me sorprendí al ver a Mimi en la entrada.

—Hola, Mimi—saludé—. Pasa, no te quedes ahí fuera.
—Gracias, Izzy—sonrió ella; y pasó hacia dentro.

Dejó la chaqueta bien colocada sobre el sofá y me miró durante un tiempo. Se podría decir que me sentí un tanto incomodo, pero tampoco quería decirle directamente que tenía que ir a ducharme y prepararme para la fiesta.

—¿Qué te trae por aquí? —pregunté.
—Pues que había salido a dar un paseo y no sabía donde ir—contestó ella, con sinceridad—. Y como tu casa está próxima pues vine aquí.
—Ah… Yo, es que iba a prepararme para la fiesta—comenté—. Así que no vamos a poder hablar mucho.
—Claro, la fiesta de Davis y Tai—asintió ella—. ¿Vas a ir?
—Sí te he dicho que voy a prepararme es que voy a ir.
—Es que me ha extrañado que tú, siempre encerrado en casa con el ordenador, vinieras a una fiesta con los demás. No es corriente en ti.

La miré un momento.

Mimi y yo no es que hubiéramos tenido una buena relación de pequeños. Y creo que ni siquiera ahora hablábamos mucho. Si encima venía a mi casa para decirme que yo era una persona encerrada, que no disfrutaba, las cosas iban a empeorar.

—¿Has venido a… insultarme?
—Ah… lo siento Izzy. No había querido decir eso.
—Voy a prepararme-dije, cortante—. Tú haz lo que quieras o vete.
—Ya te he dicho que lo siento—se molestó ahora ella—. ¡No es para que me trates así!
—Mimi, estás sacando las cosas de quicio—observé yo.
—¿Quieres que me vaya? —preguntó—. Había venido a hacerte una visita… Pero ya veo que no quieres ninguna comunicación con conmigo. Mejor será que me vaya.

Cogió la chaqueta y abrió la puerta.

Pero yo no quería que se fuera así, enfadada. No quería llevarme mal con nadie, y menso con ella, que desde un principio me había llevado mal.

Le cogí del brazo e hice que se girara. Mimi me miro, entre molesto y sorprendida por lo que acababa de hacer.

—Mimi… No había querido decir eso—¿por qué me costaba tanto disculparme? —. Es solo que me molesta que penséis que no me gusta rodearme de mis amigos. Yo quiero tener una buena relación con todos.
—¿Lo dices de verdad? —preguntó— ¿O para que no me vaya enfadada?
—Lo digo en serio—afirmé—. No quiero que tengamos una mala relación entre tú y yo.
—No te preocupes, Izzy—sonrió ella; le solté del agarre—. Nos vemos en la fiesta. No quería molestarte, solo que no sabía que hacer…
—Ven cuando quieras—corté—. Nos vemos en la fiesta.

Se despidió con un beso en la mejilla y salió corriendo escaleras abajo.

Yolei

Estaba sentada en el sofá, esperando a las otras tres. A las fiestas que íbamos siempre sucedía lo mismo. A mí me tocaba esperarlas hasta que eligieran un vestido que les gustara.

Menos mal que yo, en estos casos, era un poco más rápida y, en cuanto me despertaba o me decían que habría fiesta, elegía ya lo que iba a llevar. No como ellas, que esperaban al último momento y llegaban tarde.

Me acerqué a la habitación de Mimi, que era la que más tardaba y llame a la puerta.

—¡Ya he dicho que enseguida salgo! —gritó ella, golpeando la puerta más fuerte.
—¡Eso lo dijiste hace media hora! —repliqué yo.
—¿Yolei? ¡No es mi culpa que tú no sepa elegir ropa!
—¿Qué? ¡¿Me estás diciendo que la ropa que me pongo es fea?!
—No… ¡Yo no he querido decir eso! —no sabía si creerla—. ¡No me agobies! ¡Vete a llamar a las otras!

Me senté en el sofá y encendí la tele. Esas dos todavía tardarían y yo no quería estar de pie gritando todo el rato; eso no quería decir que no me molestara, ya que ellas siempre estaban igual.

Hasta que al cabo de unos minutos, llamaron al timbre; apagué la tele y fui abrir. Sabía que serían Takeru y Ken, que venían seguramente a por Kari y yo. Habíamos quedados con ellos desde aquí…

Abrí la puerta.

—Estás preciosa, Yolei—sonrió Ken, dándome un suave beso.
—¿Y las demás? —preguntó T.K pasando adentro.
—Todavía siguen en su habitación—contesté, señalando la habitación de cada una.
—¿Todavía? —inquirió él—. Si solo faltan cinco minutos para que empiece la fiesta…
—Tampoco hay que ser puntual—cortó Ken—. En una fiesta no importa quien llegue antes, sino llegar.

En ese preciso momento apareció Mimi.

—Hola, chicos—saludó—. ¿Acabáis de venir?
—Sí, hace apenas dos minutos—respondí yo—… ¡Por fin sales!
—Tú, que eres muy rápida—sonrió Mimi—. Yo me voy ya, quiero llegar pronto.
—¿Qué? Encima que sales más tarde que yo… ¿No vas a esperar a las demás?
—¡Tengo prisa! —exclamó ella—. He quedado con alguien en la fiesta.
—¿Con quién? —me interesé—. Pensé que ahora no ibas a tener novios…

Mimi se sonrojó un poco.

—Ya sé que dije eso, pero este chico es diferente—contestó ella.
—¿Quién es? —repetí—. ¡Dímelo!
—Que histérica te pones—suspiró ella—. Es Michael.
—¿Michael? —abrí la boca—. No puede ser… ¿Está aquí? Y… ¿Está contigo?
—No estamos juntos todavía—respondió—. Estamos empezando a salir, conocernos, bueno lo que hace una pareja al comenzar. Y me voy ya.

Después de decir esas palabras, salió de la casa cerrando la puerta.

—No sabía que Michael estuviera aquí—murmuró T.K.
—Yo tampoco—añadió Ken—. Y es extraño, deberíamos a verle visto por la calle.
—Si os quedáis más tranquilos, lo más raro es que no lo hayamos visto nosotras—hice notar yo—. Si es pareja de Mimi, es extraño que no haya venido por aquí.
—Hoy lo veremos en la fiesta—dijo T.K—. Hace mucho que no le vemos.
—Tampoco es que le conozcamos de mucho…—susurré yo—. Es un niño elegido, pero con quien más relación tiene es con Mimi.
—Será por eso por lo que están juntos—respondió Ken.

Nos quedamos de pie esperando a las otras dos. Escuchamos algún que otro ruido procedente de la habitación de Sora. Yo tranquilice a los chicos diciendo que no pasa nada, que esos ruidos eran normales.

—Iré a ver si meto prisa a Kari—avisó T.K—. ¿Os vais a ir o esperaréis?
—Esperaremos—dije yo—. ¿Te parece bien, Ken?
—Sí—respondió este.

Takeru

Fui hasta la habitación de Kari; se seguía escuchando los mismos ruidos en la habitación de Sora. Estaba por ir para asegurarme si sucedía algo, aunque Kari hubiera dicho lo contrario.

Llamé a la puerta y esperé a que Kari abriera.

—Ya voy, Yolei—escuché.
—No, soy T.K—avisé—. ¿Puedo entrar?
—Ah, claro pasa—dijo ella—. Aunque antes dile a Mimi…
—Mimi se ha ido—corté yo—. Quería llegar pronto a la fiesta.

Finalmente entré. Kari ya estaba totalmente preparada, ahora estaba colocando toda la ropa que no había usado en el armario.

—¿Te ayudo? — ofrecí, acercándome a ella.
—Si quieres…—respondió ella, pasándome un libro—. Coloca todos esos libros que hay en la cama en la estantería.
—¿Para que has usado libros? —pregunté, curioso.
—Tenía que encontrar una pulsera… y estaba entre todos esos libros—sonrió—. Colócalos en orden.

Empecé a colocarlos con cuidado. Hasta que la voz de Yolei llegó hasta aquí.

—¡Sora ya ha salido! —decía—. ¡Salid ya!
—Vamos ya—me dijo Kari—. Ya colocaré yo los libros que quedan.
—De acuerdo.

Me cogió de la mano y fuimos hasta afuera.

Tenía pocas ganas de fiesta. Aunque al menos estaría un rato con mis amigos mientras bailábamos y bailábamos. Además de que la casa de Davis, que aunque la última vez que la vi estaba muy sucia, al menos era conocida y por eso iba cómodo. Aunque vendría gente que no conocía, nunca era tarde para hacer amigos. Y, al menos, iba con Kari y los demás.

Cuando Tai nos abrió, con un vaso de cerveza en la mano y dejándonos paso, nos quedamos algo parados. La música se escuchaba por todas partes, y había demasiada gente.

Sin duda, esto sí iba a ser una fiesta loca.
__________________________________________________________________________Y el próximo capítulo por fin... !La fiesta!
Según la idea que tengo tendré que partirla en dos partes.
Siento la tardanza, espero poder tardar menos en el capítulo siguiente.
Nos leemos.
 
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Grandioso, espero la conti, está interesante, pero, por alguna razón, la trama se me hace conocida ... na no es nada, vale espero la conti, sigue avisandome que esta bueno
FIESTA!!!OMG::link:
:banana:

PD: Espero que digas cómo terminaron Sora y el pendejo XD Vale nos vemos
 

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Hola amiga, realmente perdóname por tardar tanto, estuve algo ocupado con el inicio de mis clases.

el capítulo estuvo muy bueno, se notó cierta tensión entre los antiguos elegidos, parecen que tienen algo de resentimiento y enojo entre todos ellos. No puedo adivinar como es que la van a pasar como equipo cuando vayan al digimundo.

La fiesta que planean da la impresión que terminará bastante confusa.XD

Por cierto... gracias por aclararme lo del título, ahora sé que si habrá acción en el digimundo, habrá que esperar para saber quien es el nuevo enemigo.

Estaré esperando el siguiente capítulo, nos vemos...
 

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Contestación a comentarios.
Pr30: Pues no sé. Hay muchas historias sobre digimon, si alguna se parece... Aunque espero que logre que esta historia tenga un punto cómico y, sobretodo, de acción. Sin dejar el romance, aunque eso tiene una gran parte cómico. Y no te preocupes, que ya pondré más adelante porque Sora dejó a Matt.
J.M.: No pasa nada si tardas en comentar, más tardo yo en actualizar. Que bien que te haya despejado eso. Y sí, la fiesta tiene un final que espero que os agrade. Aunque será en la segunda parte del capítulo. Y necesito que haya tensión para crear una trama. Ya que, si estoy en lo cierto con mi fic, se divide en bastantes géneros. Entre los que destacan: Cómico, romance (una pequeña parte) Acción y dramático.
Y sin más dilación, que empiece el quinto capítulo.
Capítulo cinco: (1/2 parte)

(Kari)

Se podía decir que esa noche parecía no tener fin. Aunque ahora misto T.K y yo no estábamos juntos, nos veíamos a menudo. Al entrar, habíamos visto caras conocidas, ya que casi todas las personas que habían venido a la fiesta de mi hermano y Davis eran niños… bueno, hombres y mujeres ya elegidos.

Willis también había venido. Y es extraño, ya que supuse desde siempre que él estaba un poco aislado de estos compromisos de fiesta… Por otra parte, Michael y Mimi estaban ya bastante ebrios y parecía que se iban a quedar dormidos en el sofá en un momento u otro.

Izzy era el más sensato de todos. Se había quedado alejado en una esquina, hablando con otra persona de la fiesta y hablando, solo charlando animadamente. Mi hermano era el que más estaba disfrutando de la fiesta, ahora acababa de subirse a una de las mesas y gritaba.

Si seguía así se iba a romper las cuerdas vocales.

—¡¿Cuál es la mejor fiesta de todas?!
—¡La de Tai! —gritaron todos, levantando las manos.
—¡¿Quién es el mejor organizador de fiestas?!
—¡La de Tai! —repitieron.

Eché una ojeada para ver si lograba ver a Davis en algún lugar. Tendría que haber replicado a la hora de ver a mi hermano tomándose todo el merito de la fiesta. Pero no estaba o, mejor dicho no le veía. Después de todo había demasiada gente y era difícil encontrar a una sola.

Miré hacia la derecha. Quería saber que hacían cada uno de mis amigos. ¡Joe! Vaya, nunca le había visto tan atrevido. Ahora besaba a una chica como si fuera lo último que podía hacer. Recuerdo que Izzy nos contó una teoría sobre la bebida y las personas tímidas… Que en cuanto beben un poco de alcohol cambian por completo. Me parece que eso le ha sucedido ahora mismo a nuestro amigo el médico.

Ken y Yolei bailaban entre la multitud de gente. Algunas personas se habían subido al sofá para dar más el canto, pero me parece que mi hermano Tai era el que más atención estaba atrayendo.

—¡Baja de ahí, Tai! —grité, cogiéndole de la pierna—. ¡Te vas a caer!

La verdad es que yo ya llegaba a ver doble y borroso. Había bebido más de la cuenta, pero al ver como una de las chicas de la fiesta se acercaba a mi chico… pues me había puesto nerviosa y estaba más cerca los vasos y la bebida que la patatas fritas.

Mi hermano bajó de un salto al mismo tiempo que todo el vaso que tenía hasta arriba se le caía en el pecho. O no se dio cuenta por el grado de ebriedad que llevaba o le daba igual.

—¿Qué pasa, hermanita? —preguntó, apoyándose en la mesa para no caerse.
—¿Quién es esa? —murmuré, señalando a la chica que estaba cerca de Takeru.

Se trataba de una chica de nuestra edad, más o menos. Con el pelo rubio largo y bastante guapa. Pero me molestaba bastante que mi chico no hiciera nada para detenerla… ¡Me estaba empezando a enfadar! Y no quería ir y llegar a las manos, y menos en una fiesta de mi hermano.

Tai tuvo que concentrarse bastante para darse cuenta a quien señalaba.

—¡Ah! —dijo por fin—. Yo sé quien es esa chica—afirmó, asintiendo.
—¡Pues dímelo!
—¿Eh? ¿De quién me hablas ahora? —me miró, frunciendo el ceño.
—¡De esa chica! —le cogí de la cabeza para que la mirara—. Esa chica rubia que está al lado de Takeru, ¿sabes quién es?

Era difícil hablar con Tai o con cualquiera de esta manera.

—¡Ah, sí! —asintió de nuevo—. Es… ¿dónde la conocimos?
—Eso me de igual—suspiré—. ¿Quién es? ¿Cómo se llama? ¿Takeru tiene alguna relación con ella?
—Es Catherine—respondió él—. Una chica bastante guapa, ¿eh?
—Sí… ya me doy cuenta—mascullé, fulminándola con la mirada.

Mi hermano me miró, con una ceja levantada.

—¡Estás celosa! —afirmó.
—¿Qué? ¡Por supuesto que no! —me eché hacia atrás—. Solo me da rabia que esa chica no pare de susurrarle cosas al oído y tocarle coquetamente… ¡Y qué encima Takeru no haga nada!
—¿Y eso no es estar celosa? —insistió él.
—Déjalo Tai—murmuré—. Es imposible hablar contigo esta noche.
—¡Adiós! —se despidió él.

Me acerqué a Sora, que estaba al lado de la mesa de aperitivos.

—¿Qué te pasa? —preguntó ella.
—Nada—mascullé, poniéndome a su lado.
—Que este algo borracha no significa que no me de cuenta de las cosas—dijo ella, algo molesta—. ¿Es por esa chica? ¿La qué está con T.K?

Volví a mirar hacia esos dos. T.K también iba pasado de bebidas, pero esperaba que no se olvidara que en la misma fiesta donde se encontraba él también estaba su novia. De nuevo, esa chica le quitó un mechón rubio de la cara y le susurro algo en el oído. Mi chico se fue hacia atrás y negó con la cara, pero estaba con una sonrisa.

—Me molesta un poco—reconocí—. Pero tampoco quiero parecer la chica celosa que no puede dejar que su novia esté con una chica hablando…

Me detuve, al ver como esa chica agarraba el rostro de T.K con sus manos y le daba un beso en toda la boca sin ningún miedo a que le vieran. Ahí perdí los nervios, me fui directamente hacia donde se encontraban ellos, que ahora mismo Takeru se había separado obligándola a ella que se fuera hacia atrás. Bien, ahora me quedaba claro que mi chico no tenía intención… ¡Pero a esa chica la mataba!

Takeru al verme reaccionó y me cogió de las muñecas.

—Espera, Kari—pidió—. Ella… no parece la misma que conocí.
—Claro que no—bramé yo—. Cuando era pequeña tal vez era algo madura, pero ahora es una furcia.
—¿Y tú quién eres? —preguntó la chica—.Que Takeru me rechace no significa que vaya a aceptarte a ti.
—¡Soy su novia! —y le tiré el vaso encima—. Es para que te enfríes un poco, que se te notaba muy caliente.
—¡Kari! —riñó T.K—. No hacía falta que…

De repente sentí algo mojado en toda mi cara. Al darme cuenta que la chica rubia sostenía un vaso vacío y que sonreía con satisfacción, no lo pensé dos veces y me lancé a por ella. Estando bien, sin haber ingeridos alcohol, no sería capaz de hacer estas cosas, pero ahora me comportaba como una novia celosa.

—¡Tai! —gritaba Takeru, mientras que intentaba cogerme y separarme—. ¡Davis! ¡Ken! ¡Quién sea, que me ayude a separarlas!

Mientras tanto, yo intentaba coger a la chica de los pelos. Mi visión era algo mala y mis movimientos torpes, pero ella no estaba mucho mejor que yo. Lo de tirarle la bebida y el contragolpe había sido solo un juego con lo que estábamos haciendo ahora. T.K estaba todo el rato intentado separarme, pero yo me agarraba bien para poder arañar a la chica llamada Catherine.


(Takeru)

Tenía que hacer algo antes de esas dos se mataran entre ellas. Era imposible coger a Kari y echarla para atrás, ella pegaba patadas para que la soltara. Aunque yo tampcoo estaba muy cuerdo, al menos estaba mejor que algunos de la fiesta.

Catherine tampoco es que tuviera ganas de terminar esa pelea absurda. Esa chica había estado todo el rato intentando coquetear conmigo… ¡Tendría que haberme dado cuenta antes! Pero cuando se atrevió a besarme ya era demasiado tarde, Kari se había dado cuenta de ese detalle.

Tal vez no me había dado cuenta… ya que estaba todo el rato mirando a Kari, y procurando que, cualquier chico que la mirara no se acercara. Por eso, cada vez que esa chica me decía algo sonreía, ya que ni siquiera la escuchaba, o cuando me tocaba no me daba cuenta… Hasta el último momento.

—¡!Agárrala, T.K! —gritó Ken, que acababa de coger a Catherine de los brazos.

Demasiado tiempo pensando en lo ocurrido para no darme cuenta que Ken acababa de aparecer. Yolei estaba en medio, intentando por todos los medios que su amiga no volviera a golpear a la chica rubia.

Cogí a Kari de la cintura y con todas mis fuerzas la eché hacia atrás. Tuvimos que estar un buen rato cogiéndolas a las dos, ya que se miraban con furia asesina y parecía que ninguna de las dos había dado por finalizada la pelea.

—Será mejor que te la lleves al balcón, T.K—propuso Yolei—. Como siga mirando a esta chica se zafará de tu agarre e irá de nuevo a por ella.
—Sí…—murmuré—. Creo que tienes razón.
—¿Pero que decís? —intervino Ken—. Esta es una fiesta de Tai y Davis, estoy seguro de que no pasara nada si echamos a esta chica afuera. Después de todo, Kari no tiene la culpa de que Catherine no parara de coquetear con su chico.
—Y es normal que se enfadara—añadió Yolei—. Podrías haber echo algo para dejarle claro que no querías nada con ella, T.K.
—Lo sé—asentí—. Pero ni siquiera estaba centrado en ella, solo miraba a Kari… Trataré de explicárselo para que no se enfade. Nos vemos luego.

Ken seguía sujetando a Catherine, pero las palabras de ella se seguían escuchando.

—¡Esta pelea no ha terminado!
—¡No te preocupes, perra, enseguida iré a por ti! —contratacó mi novia.
—Lleváosla ya, por favor—urgí yo, llevándome a Kari más deprisa.

Fui hasta el balcón para que me diera algo de aire. No podía soltar a Kari todavía, ya que no paraba de mirar con ojos de asesina a Catherine, que ahora estaba siendo arrastrada por Ken hasta la puerta.

—Si te suelto… ¿te vas a quedar quieta? —pregunté.
—¿Tú que crees?
—Que no—susurré.
—¿Entonces para que preguntas? —sonrió—. Déjame, solo quiero enseñarle quien manda… ¡Nadie se atreve a tocar a mi chico!
—Estás muy borracha—afirmé yo—. Tranquilízate, Kari.
—¡Estoy en una fiesta! ¡No pienso tranquilizarme!
—Mañana te recordaré todas las tonterías que estás diciendo—bromeé—. Voy a ir a por unas tazas de café, haber si se nos pasa esto. ¿Te quedaras aquí? Te lo pido por favor, no quiero más problemas.

No me respondió enseguida. Se había quedado mirando como echaban a Catherine, empujándola, ya que esta se negaba a salir de la fiesta. Como Tai ni Davis estaban bien para replicar sobre lo que estaba sucediendo, no pasó nada.

Ken y Yolei volvieron a entrar a la fiesta y todo quedó como si no hubiera sucedido nada. De pronto recordé la conversación que tuve con Ken cuando estábamos jugando básquet, de que esto no iba a acabar bien. Por ahora ya había pasado esto y estaba seguro que todavía quedaban muchas cosas.

—No te prometo nada—sentenció Kari, dándose la vuelta para mirar al cielo.
—Enseguida vuelvo—aseguré, dándole un pequeño beso.

Se habían ido algunas personas ya, pero parecía que la fiesta acababa de comenzar. Ahora la gente estaba más borracha y la música a más volumen. Sora y Mimi ahora estaban haciendo una apuesta sobre algo, ya que sacaban el dinero del bolsillo.

Me acerqué a ellas, ya que tenía curiosidad.

—¿Qué hacéis? —pregunté, levantando una ceja.

Las dos me miraron, se dibujó en sus labios una siniestra sonrisa.

—¿Quieres apostar con nosotras? —preguntó Mimi.
—¿Sobre qué? —quise saber.
—Te habrás dado cuenta de que Joe e Izzy están aquí. Siempre han sido los más rudos a hacer una fiesta o a ir a ella…
—Sí, lo sé—asentí—. ¿Y qué? ¿Qué tenéis planeado hacer?
—¿Hay pegamento? —preguntó Sora, sin responder a mi pregunta.
—¡Y yo que sé! ¡No es mi casa!
—¿Y plumas? —preguntó Mimi.
—Me voy mejor, estáis muy locas—afirmé—. ¡No hagáis locuras!

Lo mejor era no saber que planeaban esas dos. Y ahora no estaba para pensar en muchas cosas… ¿Pegamento y plumas? ¿Qué querían decir esas dos palabras? Sacudí la cabeza y me dirigí a la cocina para preparar café.

Ahora lo difícil era conseguir café, claro está. En todas partes había bebida y bebida. Y no sabía donde se encontraban Tai y Davis, ya que estarían por la fiesta. Para ser una casa pequeña cabía mucha gente… Y la que estaba en habitaciones y subidos a las mesas eran otros más.

—¡T.KKKKKKKKKKK! —gritó alguien, que se acercaba a mí.
—¿Davis? —fruncí el ceño—. Pero… ¿qué te ha pasado?
—Que cara más borrosa tienes—empezó a reírse—. Me quedé dormido hace unos minutos. Espero que no aprovecharan para dar problemas en la casa, ¿eh?
—No… no creo que estuviera pendientes de la casa…

Me estaba aguantando la risa. Davis tenía toda la cara pintada. Los labios de color rojo fuerte, le había pintado las pestañas y las mejillas con un tono rosado. Menos mal que no estaba en todas sus facultades, ya que como se llegue a ver en el espejo nos mata a todos. Por cierto, ¿quién habrá sido?

—Eres… el mejor amigo del mundo—sonrió él, abrazándome—. Y sé que ahora son momentos difíciles para los dos, pero quiero que sepas que aquí tienes un amigo. Para lo que quieras.
—¿Por qué me dices esto ahora, Davis?
—¿No lo sabes…?—de pronto estaba llorando—. ¡Kari no me quiere! ¡Kari no te quiere! Los dos enamorados para nada…
—¿Cómo?
—¡Está enamorada de un chico! —y volvió a abrazarme—. Hubiera preferido, incluso, que estuviera contigo antes que con ningún otro.

Claro. Kari me había hablado de esto. Davis le había dicho lo que sentía y ella, para no contarle que estábamos saliendo, le había dicho que estaba enamorada de otra persona.

Ahora de pronto me venía la conversación que tuve con Kari la noche que le acompañé en casa. Parece que esta noche tengo que recordar bastantes cosas, pero es que la bebida te las hace olvidar.

¿Sería ahora el mejor momento para contarle a Davis lo mío con Kari?

—Davis…—murmuré—. Yo… soy yo el otro chico.
—¿Qué chico? ¿De qué hablas? —se separó de mí y se apoyó en la mesa.

¿Y por qué no? Ahora sería el mejor momento. Está borracho y si intenta golpearme no será tan duro, eso espero. Después de todo Kari tendrá que esperar el café. Al menos ha conseguido lo que ella quería, que le dijera a Davis la verdad por fin.

__________________________________________________________________________

Sí, sé que ha sido corto, pero prometo que no me tardaré en subir el próximo. Pues ya he comenzado a escribirlo y tengo una idea ya para poner el final. Muchas gracias por comentar en los capítulos.
Hasta la próxima.
 
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Bueno, para compensar lo del anterior capítulo, ahora voy a comentar sin tardarme mucho.XD

El capítulo me sorprendió un poco. No esperaba que la fiesta estuviera tan "intensa". Sin duda las cosas se salieron de control, sin mencionar que aun no acaba. Obviamente todo va empeorar considerando como terminó la primera parte de este capítulo.
Algunas cosas se aclararán después. Me pareció interesante que incluyeras a elegidos secundarios de la serie ¿los pondrás a todos en algunas partes de la historia o solo están de extras en la fiesta? Si no son extras pues creo que te falta poner a algunos de otros países, la verdad ni yo mismo recuerdo los nombres.XD

Estaré esperando la segunda parte...
 

THIS IS DZETAAAAA!!!
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segundo..

la verdad, me intereso el titulo y lei...y lei....y lei...bueno, me gusto el fic. ya quiero saber que pasa, quien sera el villano ? (ojala no sea myotismon. ya necesita vacaciones), bueno, sigue asi
 

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J.M.: No tenía pensando poner a los demás niños elegidos en los próximos capítulos. Aunque tal vez salga Michael a menudo, pero solo será para traer problemas xD. Sí, la segunda parte que se viene tendrá un final raro, sin duda, pero espero que os guste.
Gray123: Gracias por comentar y me alegra que te haya agradado el fic. Si quieres que sea sincera, tuve mis dudas de empezarlo, pero al final… Ya se verá más adelante quien es el villano. Ya que eso me lo guardo hasta más adelante.

Capítulo cinco: (2/2 parte)

(Matt)

No había sido una buena idea venir aquí. Estaba a gusto con mis amigos de la banda, pero no era lo mismo. Tendría que haber ido a la fiesta de Tai y Davis desde la primera. Tai tiene razón, he cambiado y mucho, pero esta es mi vida y, si me sincero conmigo mismo, debo decir que me gusta.

Hace unos años casi no tenía conversación con nadie. Me enfadaba por todo y casi no tenía amigos. Incluso cuando fui al mundo digimon siempre me mostraba ausente, me peleé con Tai… y eso que es mi mejor amigo ahora.

—¿Otra? —preguntó la mujer que estaba detrás de la barra al ver mi vaso vacío.
—Sí, por favor—le di el vaso.

Me di la vuelta y me cogí la cabeza con las dos manos. Tenía que cambiar. O al menos tener más relación con mis amigos de siempre. Con Tai, mi hermano… Era cierto, mi hermano siempre se preocupaba por mí pero yo no le hacía ni caso. Desde un principio se negó a que yo fuera a fiestas a hacer tonterías. Pero no le escuchaba.

Cuando estoy borracho me va por reflexionar y es malo, ya que al día siguiente no recuerdo nada.

Se acercó a mí un amigo de la banda, a trompicones, ya que también iba un poco subido de tono.

—¡Está fiesta es genial! —gritó—. ¡Una por favor! —pidió.
—A mi me parece que esto es demasiado—murmuré yo—. ¿Tenías que llamar a todas estas mujeres? ¿Se puede saber cuanto te has gastado en ellas?
—¡No regañes, que antes te vi entrar al baño con una de ellas! —replicó—. Es una fiesta, quería que disfrutaran todos los de la banda…
—Solo fue una…
—Que no te estoy echando un sermón, hombre—río—. Para eso están aquí… Eh, eh, ¿no estarás pensando en irte a la mierda de fiesta de tu amigo, no?

Me levanté de la silla y le cogí de la camisa.

—Ni se te ocurra insultar a mis amigos, ¿te queda claro? —siseé.
—¡Matt! ¡Colega! —volvió a reír—. Si nosotros somos tus verdaderos amigos.
—Por supuesto que no. He pasado mucho más tiempo con ellos que con vosotros. Solo os conozco desde que tengo la banda…
—Y desde ese momento fueron tus mejores años—afirmó él.
—No, en eso te equivocas—le solté—. Esta vida es una mierda.

Pusieron dos bebidas más en la barra. Me senté y cogí el vaso con cuidado. No sabía que hacer… Quería irme a la fiesta de Tai, pero en el mismo momento me daba vergüenza. ¿Aparecer de repente cuando le dije que no tenía pensado ir?

—Si crees que esta vida es una mierda… ¿por qué sigues haciendo lo mismo siempre? —preguntó, sentándose a mi lado.
—No lo sé—admití.
—¿No lo sabes?
—¡No! ¡No lo sé! Tal vez porque cuando bebo me siento bien. Y porque antes era un hombre amargado que siempre estaba en problemas.
—¿Entonces para que te quejas? ¡Diviértete!
—Sí—suspiré—. Eso haré. O me iré a la fiesta de mis amigos.
—Pues vete.

Le miré, casi con odio. ¡Era imposible hablar con él!

(Sora)

Desde que habíamos llegado a la fiesta, cada uno estaba haciendo otra cosa. Kari se había peleado con una chica y Ken y Yolei habían tenido que echarla. Tai no paraba de subirse a las mesas y gritar. A Davis le habían pintado la cara. Mimi había llevado a Michael a la cama, ya que el chico se había dormido.

Y ahora las dos estábamos planeando un plan para Izzy y Joe.

—¡Pero no sabemos donde están las herramientas que necesitamos! —se quejó ella.
—Haber, eso puede ser lo más difícil—asentí yo—. Pero primero tenemos que decirles donde pueden encontrar el dinero…
—Sí, si el plan ya me lo sé—suspiró—. Es mala suerte que T.K no haya querido apostar. Podríamos haber ganado un poco de dinero.
—Ya…
—Bien, ¿qué hacemos? —preguntó.
—Pues buscar cojines y el pegamento—respondí.

Mimi me miró con el ceño fruncido.

—¿Dónde? —¡No paraba de preguntar!
—Dije buscar, ese verbo significa que yo tampoco lo sé—me exasperé—. Venga vamos. Lo mejor será buscar por los cajones de la casa.
—¡Señor, sí señor!

Nos levantamos del sofá y empezamos a rebuscar por todos sitios. Como la gente estaba tan centrada en bailar y pasárselo bien, no se pararon a dos locas que intentaban encontrar pegamento.

—Mimi, tu busca por aquí—dije—. Yo iré a las habitaciones a por todos los cojines que vea. Si alguien te pregunte… no sé, invéntate algo.
—¿Qué invente algo? ¿El qué? —preguntó.
—No sé, lo que se te ocurra.
—¿En serio crees que en este estado de ebriedad se me va a ocurrir algo? —indagó.
—¡Ni siquiera sobria se te podría ocurrir! —repliqué—. Bien, iré a buscar los cojines. Ya pensarás algo si te preguntan.
—Vale—contestó.

Eché una rápida mirada hacia donde estaban Izzy y Joe. Tenía que saber su posición para tener el plan bien hecho. La Sora sobria no había aceptado a la idea de Mimi, ya que había pensando en sus amigos, pero esto era una fiesta y se venía para dar problemas.

Entré en la habitación (Que ahora seguro era la de Tai) Estaban todas sus cosas ahí. Y estaba claro que la foto de Agumon con él solo podía ser de mi amigo Tai. Cogí la almohada entera… En fin, al día siguiente le compraríamos nuevos cojines, por lo que íbamos hacer.

Luego entré a la habitación de Davis y cogí dos cojines que estaban en el suelo. Cuando llegué, Mimi había cogido los cojines del sofá y se había alejado un poco de la fiesta.

—¿Y el pegamento? —pregunté, dejando los cojines.
—¿Qué pegamento?
—¡El qué tenías que buscar!
—¡Ah! Sí. El pegamento, no encontré—negó con la cabeza.


Lo decía tan natural. Sí, es norma que el alcohol haga que todo te de igual. Y eso me hace recapacitar en algunas cosas. ¿Cómo hemos hecho para idear un plan en este estado?

—Es normal que saliera mal—comentó, sentándose encima de los cojines.
—Y antes querías apostar con T.K—sonreí—. Hubieras perdido.
—Nadie dijo que iba a salir bien—se encogió de hombros— ¿Qué hacemos?
—Buscar pegamento—respondí.
—Pero…
—Le preguntaré a Tai—corté—. Seguro que él sabe donde está. Además, seguro que si le cuento lo del plan también le interesa. Ya sabes que a él todo lo que tenga que ver con bromas le encanta.
—Como quieras—se volvió a encoger de hombros—. Te espero aquí.

(Takeru)

Era un momento difícil, no cabía duda de ello.

Davis había sido, desde hacía bastante tiempo, amigo mío. Desde que fuimos al mundo digital habíamos tenido un duelo para ver quien conseguía a Kari, y eso era lo que hacía que ahora ese tema fuera difícil de hablar.

—¡Hey, T.K! —llamó Davis—. ¡Te has quedado blanco, colega!
—Te quiero decir algo…—comencé.
—Vale, pues dilo—se cruzó de brazos—. No te cortes, hombre.
—Pues…
—Entiendo que, con lo que te acabo de decir de Kari, estés mál—interrumpió—. Pero no te preocupes, nos ayudaremos mutuamente. ¡Y qué no es la única mujer del mundo! Hay muchas más para ti y para mí.

Seguía conque nos teníamos que ayudar. ¡Era yo el chico del que Kari se había enamorado! Lo que no entiendo es como no se ha dado cuenta. Hemos venido juntos, nos hemos peleado porque una chica me ha besado. O desde que venimos estaba ya borracho o no sé donde estaba.

—Kari ya eligió—murmuré.
—Ya…—frunció el ceño—. Te acabo de decir que me lo dijo el otro día.
—No—negué—. Ya ha elegido a uno de los dos.
—¡Qué no! —me cogió de los hombros—. ¡Qué está enamorada de otro chico!
—¡Ya lo sé! —grité también—. ¡Está enamorada de mí! ¡Estamos juntos! ¡Somos novios!

Me fui para atrás al ver del rostro de Davis. Primero tenía esa sonrisa tonta desde un principio, luego se la quitó y sus manos empezaron a temblar. Sus ojos se cerraron un momento y luego se abrieron. Ya no tenía una sonrisa, sino que tenía las cejas arqueadas y las manos apretadas.

—Tú… tú…—me miró a los ojos—. ¿Tú… estás con Kari?
—Sí—respondí solamente.
—¿Y ella… te quiere? —preguntó.
—Por algo estamos juntos. Somos pareja, Davis.

Ahora mi amigo hico algo que me sorprendió. Puso una de sus manos en mi hombro.

—Cuídala—murmuró—. Y prefiero que seas tú antes que otra persona.
—Vaya… Davis—estaba muy impresionado—. Parece que a ti no te hace falta café para pasar de ebrio a sobrio.
—No creas, ha sido el momento—sonrió—. Me vuelvo a la fiesta.
—Adiós…

Davis se fue. Yo me quedé paralizado, sin poder creerme lo que acababa de suceder. Le había confesado a Davis que estaba con la chica que él amaba, y ahora me dice que la cuide… Al final Kari tenía razón, mi amigo iba a aceptar nuestra relación.

Preparé dos tazas de café. Aunque ahora que lo pensaba era una total tontería. Si bebíamos ahora café, luego volveríamos a beber alcohol…

Volví hacia el balcón, en el mismo momento en que Kari salía corriendo con la mano en la boca. La miré hasta que entró en el baño y cerró la puerta.

—Qué rápido que hace efecto—comenté.
—¿No deberías ir a verla? —preguntó Izzy, que me había escuchado.
—Eh, sí, ahora mismo voy—sonreí—. Que te lo pases bien.

Me acerqué a la puerta y llamé suavemente.

—Puedes entrar, Takeru—susurró ella; que escuché débilmente.
—¿Estás bien? —preguntó, entrando y cerrando de nuevo.
—Estoy algo mareada, pero eso se arregla—se levantó—. ¿Quieres jugar?
—¿A qué? —pregunté; me daba un poco de miedo esa cara que tenía ahora mismo—. ¿Sigues muy borracha, verdad?
—Algo—confesó—. Pero ahora no quiero salir de aquí.
—¿Cómo…?

No me dejó terminar, acababa de besarme con mucha efusividad.

—Espera, Kari—la detuve—. No es el mejor momento para…
—Nadie va a entrar—aseguró—. Cerramos y ya.
—No sé.
—¿No te apetece? —preguntó de pronto.
—Estás borracha—murmuré—. No quiero aprovecharme de eso.
—Takeru, tu también estás borracho—sonrió—. ¿Qué más da? Somos pareja y no es la primera vez que lo hacemos.
—Vale—no podía negarle nada—. Soy todo tuyo.

(Tai)

Era mejor sentarse y esperar a que la casa dejara de dar vueltas. Después de haber estado tan efusivo uno necesitaba relajarse. Habían pasado ya muchas horas desde que empezó la fiesta y algunas personas se habían ido ya, pero mientras que hubiera gente yo animaría la fiesta.

Sora se acercó. Ahora la veía mucho más hermosa… Ah no, que hay dos Soras. ¿Eh?

—Tai—susurró—. ¿Te puedo preguntar algo?
—Lo que quieras—sonreí, como un tonto.

A lo mejor era el momento en que me decía sus sentimientos. Que, durante todos estos años me había visto de otra manera, como me sucedía a mí. Y entonces yo me liberaría de esta carga de callarme mis sentimientos…

—¿Sabes donde hay pegamento? —preguntó; y yo bajé la cabeza—. ¿Eso es un no?
—¿Pegamento?
—Sí, ¿sabes donde puedo buscarlo? Es la casa de Davis y tu te mudaste esta mañana… Tal vez sepas si hay.
—Bueno… no sé si Davis tiene—respondí—. Pero en mi habitación, en uno de los cojines seguro que encontrarás.
—¡Gracias, Tai! —me abrazó.

Se iba a ir ya, pero la cogí del brazo para detenerla.

—¿Y para qué quieres pegamento? —pregunté—. Si estamos en una fiesta…
—Claro, también te quería comentar sobre eso—sonrió—. Queremos hacer una broma a dos personas de la fiesta.
—Parece interesante—asentí—. ¿A quiénes?
—A Izzy y Joe, claro. Ya que casi nunca vienen a una fiesta, Mimi y yo queremos que recuerden esta para siempre.
—¿Y el pegamento que va hacer? Lo único que se puede hacer con ese objeto es que se peguen entre ellos.
—Hombre no—se soltó de mi agarre—. Hemos ideado ya el plan. Mira te lo diré.

Me susurró al oído todo lo que había ideado con Mimi. Me sorprendió bastante, ya que Sora no era de hacer bromas, y yo tampoco es que tuviera en todos mis sentidos para entenderla completamente, pero al menos capte la idea de su plan.

—No está mal—comenté, cuando termino—. No es una gran broma, pero como es tu primera vez…
—¡Tai! —me dio un golpe—. No queremos que salgan malheridos. Tus bromas llegan a ser algo dolorosas. Como la vez que pusiste chinchetas en la silla de Davis, como cuando pusiste un cubo en la puerta de pescado… Recuerdo que Mimi estuvo tres días en la ducha sin salir a comer y cuando…
—¡Vale! Ya me quedó claro todo lo que he hecho—suspiré—. Ves a por el pegamento, yo cogeré un cuchillo para romper los cojines.
—Enseguida voy.
—Y antes de que te vayas—se giró—. Mis bromas son las mejores.

Se río y se dirigió hacia mi dormitorio.

Por un lado yo fui hasta la cocina para coger uno de los cuchillos. Seguía un poco mareado, pero como había dejado de beber me encontraba un poco mejor. Espera… ¿No dicen que cuando estás ebrio es mejor no utilizar utensilios de cocina? Ah, no, que eso es conducir.

Mimi al verme, abrió los ojos e intentó esconder los cojines.

—Puedo… explicarlo—murmuró.
—No te preocupes—dije—. Sora me ha contado lo del plan y estoy de acuerdo. Incluso quiero ayudaros. Primero tendremos que buscar cuatro cubos.
—¿Cubos? ¿Para qué?
—¡Veis como soy más inteligente! Cuando estoy borracho y vosotros también pienso mejor—repliqué.
—O será que tú estás más acostumbrado a este tipo de cosas…—repuso.
—Sí, eso también puede ser—admití—. Ves abriendo los cojines y sacando las plumas, yo intentaré encontrar los cubos suficientes para hacer la broma a esos dos.

Sora llegó con el pegamento en el mismo momento que yo volvía a irme.

—¿Dónde vas? —me preguntó.
—A por cubos.
—¡Es verdad! —se llevó las manos a la cabeza—. Los cubos son necesarios…
—Y ni siquiera lo habíais pensado—negué con la cabeza—. No valéis para hacer una broma digna de admirar.

Era un poco difícil buscar los cubos necesarios para la broma (de poco nivel) de esas dos. El único cubo que encontré fue el de la fregona, ya que no había ninguno más. Y, en este tono que estaba, solo se me ocurrió bajar y llamar a otras puertas del edificio, sin darme cuenta de la hora que era.

Salió una mujer en bata, que en cuanto me vio cerró la puerta, asustada.

—¡Oiga! —grité—. ¡Necesito unos cubos!
—¡Manolo! —escuché—. ¡Hay un loco afuera, sal tú!
—¡No soy un loco! —repliqué—. ¡Y no llame a Manolo, no hace falta despertarle…

Me quedé callado al ver lo que llevaba el hombre mayor entre las manos. Sin duda, para tranquilizar a alguien solo hacía falta tener un rifle.

—¿Pasa algo, joven? —preguntó, sin inmutarse y con un puro en la boca.
—No… no… no pasa nada—respondí—. Solo quería unos cubos. Pero creo que me he equivocado de puerta.
—Sí, pienso igual—asintió—. Y baje el volumen de la música, o iré yo mismo a bajarla.
—Enseguida. No quería molestar…

La puerta se cerró, al mismo tiempo que escuchaba los gritos de la mujer.

—¡Manolo! ¿Quién era ese?
—El vecino, Manuela, el vecino—contestó “Manolo” —. ¡Y deja de gritar!
—¡El que está gritando eres tú! —se defendió la mujer.
—¡Un día de estos me pegaré un tiro en la cabeza!
—¡No eres capaz!

Como sentía que esa conversación no tenía nada que ver conmigo, me baje las escaleras para llamar a otra puerta. Solo esperaba que no me pasara como esto, ya que demasiada emoción había pasado al sentir un rifle sobre mi cabeza, con un hombre muy relajado.

Menudos vecinos tiene Davis… ¿Cómo ha durado tanto él solo aquí? De algo estoy seguro, nunca bajaré al piso de antes para pedir sal, azúcar o cualquier cosa. Como vuelva a ir, sale Manolo de nuevo y me pega un tiro… y no precisamente en la cabeza.

Lo que no entendía es como esas personas mayores estaban despiertas a esta hora. Al mirar mi reloj me di cuenta que eran las tres de la madrugada… Tal vez no era una buena idea llamar a las puertas de los vecinos en estos momentos. ¿Y dónde encontraba los cubos entonces?

Me encogí de hombros y volví el camino hacia la fiesta. Podíamos mezclar el pegamento y las plumas en el mismo cubo y tirárselo a los dos a la vez. Solo teníamos que pensar algo para que esos dos estuvieran juntos en el mismo momento…

—¡Tai! —gritó entonces una voz—. ¡Espera! ¡Espera!

Cuando me giré, comprobé como mi amigo Matt subía las escaleras corriendo. Pero al llegar a mí resbaló y casi nos caemos los dos al suelo. Él también estaba algo bebido, pero se le veía muy contento.

—¿Qué haces aquí? —pregunté—. Pensaba que no ibas a venir.
—Y así iba a ser en un principio—asintió él—. Pero al final tenías razón. Esta es una fiesta de vosotros y me apetecía venir.
—¿Has ido antes a la otra, verdad?
—Eh… sí—admití—. Ahora quiero estar aquí, con mis amigos de siempre. Una fiesta con los amigos de la banda es divertida, la verdad, pero quiero pasarlo un rato con vosotros. Con mis amigos de la infancia.
—Bien—sonreí—. Vamos adentro entonces. Se han ido algunas personas, pero todavía quedan bastantes.
—¡De igual! —exclamó—. Yo lo que quiero es beber hasta desmayarme…
—¿Más? Pero si llevas un pedo que no puedes con él.
—¡Y tú también!

Nos empezamos a reír como dos tontos. Hasta que escuchamos como una de las puertas se abría y salía una mujer. Yo la reconocí enseguida, era la mujer de…

—¡Manolo! —gritó—. ¡Ahora son dos locos, sal!
—¡Ya voy, Manuela! —contestó—. Estoy cogiendo a mi amigo.
—¡Corre, Matt! —dije yo, agarrándole del brazo—. ¡O moriremos esta noche!
—¿Qué…? Si es solo una mujer anciana…
—Ella sí, pero Manolo y su amigo el rifle no son tan ancianos.

Cuando nos acercamos a la puerta, empezamos a escuchar gritos y gritos. Y de repente la puerta se abrió y todas las personas (menos mis amigos, los niños elegidos; y Michael, que no tenía ni idea de donde estaba) salieron corriendo hacia abajo. Y Yolei y Ken también, pero estos andando tranquilamente y cantando. Estaban muy borrachos.

—¿Qué… ha pasado? —preguntó Matt, entrando.
—Pues que me parece que la fiesta ha terminado.

Sora y Mimi estaban alejadas del grupo. Tenían una cara de culpables que no podían con ella. Además de que en sus manos había un cojín roto que estaba vacío de plumas. Por otro lado, Mimi acababa de soltar el pegamento que ahora reposaba en el suelo, como si jamás hubiera sido roto; y así sería, si la tapa estuviera en el.

Y fue cuando me di cuenta del estado de Izzy. Joe estaba totalmente bien, sin ninguna pluma y sin rastro de pegamento, todo lo contrario a lo que pasaba al pelirrojo. Tenía todo el pelo lleno de plumas, y la ropa también. Lo único que se había librado era las piernas.

—¿Pero cómo lo habéis hecho? —pregunté—. Si el cubo me lo lleve yo afuera.
—¡También tú tenías la idea de hacerme esto! —gritó Izzy.
—Calentamos el pegamento y lo fundimos en un vaso—respondió Mimi, sin hacer caso al enfado del pelirrojo—. Luego cortamos los cojines y se lo tiramos a la cara, con tan mala suerte que Izzy se dio cuenta y entonces echó el cojín hacia arriba. Al estar abierto, todas las plumas cayeron en su cara y parte del cuerpo… Luego echamos el pegamento que ardía y tuvo que irse al lavabo. Pero no pudo entrar…
—¿Por qué no pudo entrar? —preguntó Matt.

Las dos se miraron. Incluso Izzy, que estaba enfadado, se cruzó de brazos y no contestó. Algo me decía que me estaban escondiendo algo.

—¡Qué pasa en el lavabo! —ordené—. ¡Decídmelo!
—¡No es…—intentó decir Sora, que fue interrumpida por un ruido del baño.

Todos miramos hacia ahí. Yo me acerqué, pero Sora me cogió del brazo y Mimi del otro.

—¿Se puede saber que pasa? —intenté sonar tranquilo, pero me salió de nueva una orden—. No pasa nada si uno a vomitado fuera del váter, en una fiesta pasan cosas así… En serio, ¿qué pasa?

Y entonces escuchamos dos voces del baño.

—¡Cómo se te ocurre dejar los pantalones en el váter! —gritaba mi hermana.
—No es mi culpa, cayeron ahí y con tan mala suerte que la tapa estaba subida—se escuchó ahora la voz de T.K.
—¡Y ahora como vas a salir! ¿Sin pantalones? —preguntó mi hermana, de nuevo, gritando—. Menuda cabeza tienes.
—Y deja de gritar, que nos van a escuchar.
—Da lo mismo—bufó ella—. Mi hermano sigue afuera, solo lo saben Sora, Mimi e izzy… que bueno, que nos han pillado. Pero que estoy segura de que no le dirán nada a Tai. Ellos saben como se pondría si se enterara.
—Eso espero…—suspiró T.K—. Pues iré corriendo a la habitación de Davis para coger unos pantalones antes de que venga tú hermano.

Matt se había quedado con los ojos abiertos y, ahora, junto a Mimi y Sora, él también me cogía de atrás. ¡Parecía un muñeco! Izzy ya no parecía importarle las plumas ni el pegamento ardiente, ahora tenía el mismo rostro de todos, de miedo.

—Temo por la vida de mi hermano—susurró Matt.
—Oye, Tai…—murmuró Sora—. Estás borracho, ¿no es mejor que esperes a mañana para hablar con ellos?
—¡Yo estoy perfectamente! ¡Soltadme! ¡Lo voy a matar!
—Ni hablar—replicó Matt—. No quiero ser hijo único.

La puerta del lavabo se abrió. Y, cuando ellos notaron que no estaban solos, y que además estaba yo, T.K no salió corriendo. Se había quedado totalmente paralizado, aunque temblaba un poco. Kari, por otro lado, miraba a los demás con una sonrisa inocente.

—Puedo explicarlo…—murmuró ella.
—¡¡¡Te voy a mataaaaaaaaaaaaar!!! —grité, intentando zafarme del agarre de los tres—. ¡No solo lo haces con mi hermana, sino que te atreves hacerlo en mi casa!
—Pobre Davis, ya ni siquiera es su casa—comentó Joe, que iba bebido.
—¡Cállate! —ordené, dirigiéndome al médico; luego volví la vista a mi hermana—. ¡La broma del embarazado estaba muy, pero que muy mal, pero esto ya es demasiado!
—¿Qué broma del embarazo? —preguntó Takeru.
—¿Eh? ¡Nada! —contestó Kari—. ¡Somos novios, hermano!
—¡Y a mí qué más me da! —seguía intentando zafarme—. Lo peor de todo es que os pillen unos amigos míos y luego queráis esconderlo. ¡Como te vuelva a ver con mi hermana te dejo sin hijos…

La puerta de una de la habitación se abrió. Un muchacho rubio y con cara adormilada nos miraba, como si todo fuera irreal.

—Esta no es mi casa—dijo, negando con la cabeza—. ¿Dónde estoy? ¿Y por qué tanto grito?
—Michael, no es el mejor momento—murmuró Mimi—. Vuelve a la cama.
—Pero no es la mía—replicó.
—¡De igual, vuelve! —gritó ella, poniendo cara de enfadada.
—Sí… lo siento. No debí levantarme—antes de entrar, se volvió—. Y no griten, que tengo sueño, por favor.

Nos quedamos unos minutos en silencio. ¿Qué hacia ese tipo en mi habitación? Y lo peor, ¿cómo se atreve a decirme que me calle? ¿Acaso no se ha dado cuenta que hay un chico en calzoncillos?

—¿Y mi hermano? —preguntó Matt, mirando a todas partes.

De nuevo, y como si fuera ya un tema gracioso, escuchamos las voces del vecino.

—¡Manolo, un chico en calzoncillos, sal tú!
—¿Quién es Manolo? —preguntó Hikari.
—Nadie—sonreí—. Es alguien que me hará un favor… espero.
—Es un buen vecino—contestó Davis, que salía de su habitación—. Siempre que voy a verle me enseña sus armas…
—¡Armas! —interrumpió Kari—. ¡Ese hombre tiene armas!
—Sí, y le va a pegar un tiro a tu novio—asentí yo—. Me he quitado un trabajo de encima.

Mi hermana salió corriendo, mientras que gritaba:

—¡Manolo no haga nada!
—¡Manolo, sí, hágalo! —grité yo.
—¡No, Manolo, no quiero ser hijo único! —gritaba también Matt, que junto a Kari había salido corriendo.

Esta fiesta no había terminado del todo bien.

Y por fin el final de la fiesta. Lo de los personajes inventados: Manolo y Manuela, solo salen esta vez, y era para dar un poco de comedia al fic. No saldrán más, o a lo mejor los pongo, pero solo para que salgan un momentito.
¿Y ahora que pasará con T.K? ¿Conseguirá Manolo pegarle un tiro? jajaja. Es broma, no soy de matar a personajes... al menos no tan pronto xD.
Bueno, espero que pronto pueda poner acción.
Nos vemos.
 

THIS IS DZETAAAAA!!!
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al menos manolo es un buen vecino..si fuera uno malo, tai no estaba contando el cuento...lol. eso tenia que pasar en una fiesta hecha por tai y davis, sigue asi
 

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Ya terminé el capítulo y paso a dejar mi comentario.

La verdad no estoy muy seguro de la reacción de Davis, quizá las cosas no terminaron... Normalmente odio los fics donde ponen a un chico celoso y diabólico, sin embargo me comenzó a caer mal esa pareja sinvergüenza, especialmente Kari (je, je, es que la Kari de Adventure 02 siempre me cayó gordo)

La parte de la comedia es obvia pues casi todo el capítulo se basó en eso, sin embargo me dio la impresión de que ese chiste de los vecinos lo ideaste inspirándote en algún programa que viste o quizá en algo de tu vida real o de algún conocido. Lo digo porque parece algo que realmente le hubiese pasado a alguien en una fiesta.XD
De todas formas la comedia fue muy oportuna en un capítulo basado en una fiesta y ebriedad juvenil.XD
La verdad el final no lo vi tan raro como dijiste, simplemente fue un final de comedia en este capítulo en particular.

Esperaré tu siguiente actualización. (Ojalá pongas una que otra escena graciosa en algunos capítulos, tú sabes que la comedia me agrada.XD)
 

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Respuesta a los comentarios:
r4pt0r12 : Sí, sería bastante gracioso tener un vecino así. El cual la mujer le está molestando cada dos por tres por tonterías.
J.M: Lo de Davis no sé que haré. Yo también estoy cansada de los fics en que siempre están discutiendo esos dos. Y como ya sería muy repetitivo prefiero que Davis lo acepte todo tal y como está y no pase nada. Ya que el fic no se centra en peleas amorosas, o al menos en lo que requiere Davis y el Takari. En las otras puede que meta un poco de cizaña. Lo de vecino me vino de repente. No es nada de que me haya pasado. Pero creo que fue bueno ponerlo para el capítulo de la fiesta.
Sí, ya se ve que la comedia es tu trama favorita. Intentaré, al menos, poner un poco en los capítulos siguientes. Pero te puedo decir que por ahora se va a centrar en acción y otra cosas.
Y sin más dilación, que comience el capítulo. (Parece una presentación de la tele)


Capítulo seis:

(Matt)
Vaya noche. Las siete de la madrugada y Kari y yo en el hospital, esperando a que nos dijeran algo los médicos.

Salí corriendo en cuanto Kari fue detrás de mi hermano. Eso de saber que un hombre tenía un rifle y le gustaba enseñarlas no era muy tranquilizador, y si veía a mi hermano en el estado y poca ropa que iba, no dudaría en dispararle.

Mientras tanto, Kari se había detenido para ver que sucedía, yo le alcance y me puse a su lado para investigar también. Vimos como el hombre salía con el rifle en las manos y como su mujer se iba para adentro.

Pero no había rastro de mi hermano.

El hombre empezó a bajar las escaleras tranquilamente. Parecía que estaba en el bosque y era un día de caza, y eso que era bastante tarde y debería estar durmiendo. Creo que con el susto de que mi hermano podría morir, se me había ido toda la ebriedad y conseguía pensar con claridad. Y a Kari le pasaba lo mismo.

—¿Y mi hermano? —susurré, para que nadie me escuchara; además de que la puerta de donde había salido el hombre seguía abierto, y la mujer podía oírnos.
—No tengo ni idea—respondió ella, bajando despacio los escalones—. O es muy rápido y ya ha conseguido salir del edificio o…
—¿O qué?
—O se ha caído de las escaleras y, en cuanto el hombre le vea, le disparara—respondió—. No tengo otra lógica.
—¡Pero como se le va a ocurrir a disparar a alguien que ha tenido un accidente—dije, más alto de lo normal—. ¿Y de dónde has sacado que se haya caído?
—Antes de que llegaras aquí he escuchado un fuerte golpe—susurró—. No estoy segura si era Takeru u otra cosa, pero quiero ir a investigar. Lo que pasa es que ese hombre me tiene algo asustada.
—Y a mí—admití—. Pero no nos queda otra cosa. Yo quiero saber como está mi hermano. Y quiero saberlo ya.

Ella pareció dudar un momento, pero luego asintió y empezó a bajar las escaleras más deprisa. La mujer no salió en ningún momento y yo aproveché para cerrar la puerta. Luego, sudando, me puse a lado de Kari y los dos bajamos.

—¡Ya te he encontrado! —escuchamos al hombre.
—¡Corre! —le dije a Kari—. ¡Me de igual si va con arma, no pienso dejar que mate a mi hermano!

Bajamos todo lo deprisa que podíamos, aunque estábamos cansados y algo mareados podíamos hacer estas cosas cuando había peligro. Al bajar, nos encontramos con una escena bastante calmada.

—¿T.K? —pregunté, asustado; mi hermano estaba en brazos del hombre completamente desmayado, mientras que el rifle reposaba en el suelo.
—Joven, tu amigo se ha caído por las escaleras—avisó el hombre, que estaba serio—. Llama a una ambulancia, se ha torcido el pie. Y tendrá otras lesiones más.
—Enseguida—dijo Kari, que ya tenía el móvil en la oreja.

Me acerqué a mi hermano que estaba completamente inconsciente. Hace unos minutos había salido corriendo debido al hermano de Kari, luego por este hombre y al final acaba con un accidente de escaleras. Tenía algunas heridas en el rostro, así que había caído recto.

—Espero que se den prisa—susurré—. ¿Voy arriba y aviso a los demás?
—Ya les avisaremos cuando estemos en el hospital—dijo Kari—. Ahora lo primero es la atención de Takeru, ha sufrido un accidente.
—Tienes razón.
—Vayamos fuera—dijo el hombre—. Así en cuanto la ambulancia llegue podremos dejar al chico en una camilla.
—Me parece bien—asintió Kari.

Antes subí a la casa de Tai, que todos estaba durmiendo, y cogí unos pantalones para ponérselos a mi hermano. No quería que ningún médico viera que estaba en calzoncillos.


Todo esto había sucedido hacia un par de horas. Al final habíamos decidido que llamaríamos a los demás más tarde, para no preocuparlos. Primero queríamos saber en que estado se encontraba mi hermano, así poder dar más información a nuestros amigos, que estaban ausentes a todo esto.

Noté como Kari temblaba. Estaba a mi lado y los primeros minutos que habíamos venido hasta aquí no había parado de llorar. Me di cuenta que quería mucho a mi hermano y sonreí para mis adentros. Takeru había encontrado una buena chica para él.

—Tranquila—dije—. Seguro que se pondrá bien.
—Se ha dado un fuerte golpe—susurró ella—. Yo lo escuché desde arriba…
—Mi hermano es fuerte—aseguré—. Se recuperará.
—Pero ya hace una hora y media que se lo llevaron—replicó—. ¿Qué están haciendo? ¿Acaso se han olvidado de que estamos aquí afuera?
—Kari, tranquila—puse una de mis manos en su hombro—. Estarán viéndole, enseguida saldrán a decirnos algo.

Me levanté para ir a la máquina y traer un par de cafés. Lo primero para quitarme el mareo que tenía y luego para vencer al suelo. No había dormido nada desde hacía mucho tiempo y echaba de menos mi cama.

—Toma—le di uno a Kari—. No sabemos cuanto tiempo vamos a estar aquí.
—Gracias—intentó sonreír—. Quiero que nos llamen de una vez.
—Ya…
—Y que nos digan lo que le pasa.
—Ya…
—¡No tienes otra cosa que decir! —se alteró y me miró—. Eres su hermano, deberías estar intranquilo por saber que le pasa.

Estaba igual o más intranquilo que ella. Pero si me ponía a llorar o a decir que mi hermano podía pasarle algo, me iba a venir abajo y ella también.

—Estoy seguro de que está bien—susurré; aunque esas palabras también era para decírmelas a mí—. Solo es una caída de escaleras… se hará un esguince o algo, pero nada más.
—¿Y si se ha dado en la cabeza? —preguntó.
—¡Kari! ¡No le va a pasar nada! —acabé gritando yo—. Estate tranquila, eres tú la que me está poniendo de los nervios.
—Lo siento…
—No pasa nada—me senté—. Esperaremos hasta que alguien salga.

Ahora las palabras de Kari me estaban sonando bastante reales. Era cierto, ¿y si se había dado un fuerte golpe en la cabeza? Habíamos visto que se había torcido el pie, pero… ¿y si ese daño solo era el más débil?

De repente uno de los médicos que había cogido a Takeru antes salió. Primero se levantó Kari, que seguía temblando. Yo dejé el café en una de las pequeñas mesas que había y me puse a su lado para escuchar la información que nos traían.

—¿Familiares de Takeru Takaishi? —preguntó, mirándonos.
—Yo soy su hermano.
—Y yo su novia.

El médico asintió y se puse a mirar las hojas que llevaba encima. Me puse algo nervioso, ya que quería saber de una vez lo que le pasaba a mi hermano. Finalmente, el doctor levantó la vista y nos miró.

—Bueno, ¿nos podían decir cómo se ha caído de las escaleras? —preguntó.
—¿Es importante? —pregunté yo.
—Por supuesto—asintió el hombre—. Si sabemos que tipo de caída a sido, de cuantos metros y como de deprisa iba el paciente, podríamos tener más información para tratarle.

Bueno, no preguntaba directamente porque había salido corriendo, ya que eso había sido muy vergonzoso. Y tampoco me había visto capaz de contarle que mi hermano salía corriendo para que el hermano de su novia no lo matara.

—Es una caída fuerte—empecé a contestar yo—. Lo escuchamos desde arriba del todo. No sabemos con exactitud de cuantos metros se cayó, pero tal vez cinco metros—miré a Kari, pero ella tampoco estaba segura—. E iba corriendo.
—¿A qué velocidad? —preguntó.
—¿Hay tipos de velocidades? —me estaba hartando.
—Por supuesto—volvió a asentir el hombre—. La lenta, la normal, la rápida y la muy rápida. Y la muy rápida puede ocasionar un fuerte golpe en accidentes.
—Pues no sé—suspiré—. Se podía decir que muy rápida, supongo.

¿De verdad todas estas preguntas eran necesarias? ¿La velocidad, los metros, las escaleras? Estoy pensando que esto es una cámara oculta y nos están gastando una broma. Sino fuera porque mi hermano de verdad se ha caído de las escaleras y Kari y yo estamos muy, pero que muy nerviosos.

—Díganos ya que le pasa a mi hermano—pedí.
—No he terminado con las preguntas…
—¡Qué nos diga de una vez que le pasa a Takeru! —gritó Kari, cogiendo las hojas que llevaba el médico—. Vamos a ver. Matt, detén al médico, yo veré que le sucede a T.K.
—Devuélvame eso, muchachita—ordenó el médico—. O llamaré a seguridad.
—Cógele y tápale la boca—dijo Kari—. Mmm, así que lesión fuerte en el brazo derecho…

El médico intentó gritar, pero le puse una de mis manos en la boca. Estaba igual que Kari de nervioso y quería saber que le pasaba a mi hermano.

—¡Devu… segu…jove…irres…!—el médico gritaba cosas inteligibles.
—Ah, cállese de una vez—pedí—. Quiero escuchar que le pasa a mi hermano.
—¡Ustedes! —gritó otro médico, que acababa de aparecer—. ¿Se puede saber que hacen?
—¡Solo queremos saber que le pasa a mi hermano! —respondí—. Y este médico solo nos está haciendo preguntas tontas—le solté—. Kari, dale las hojas a este doctor que parece más decente.

(Kari)

Asentí. Había intentando leer lo que ponía en el papel, pero era bastante difícil para alguien que no tenía dotes para medicina. Si Joe hubiera estado con nosotros… él si hubiera podido explicar perfectamente.

El médico al cual Matt había cogido y tapado la boca se fue indignado, sin duda le habíamos molestado. Además de que el otro doctor tampoco había hecho nada para pedirle disculpas.

—Bueno, vamos a ver—murmuró el médico, mientras miraba las hojas—. Una caída, ya veo… ¿Había tenido algún accidente anteriormente?
—No… no que yo sepa—respondió Matt—. ¿Tú sabes algo, Kari?
—Sí, algo sé.
—¿El qué? —me preguntaron los dos a la vez.
—Fue en el partido de básquet del otro día—murmuré—. Uno de los cuales fui yo a verle. Uno le hico una falta y cayó al suelo, dándose en la cabeza. El entrenador le dijo que parara, que si hacía falta podía salir otro, pero él se negó. Y le volvieron a hacer otra falta con el mismo resultado… ¿A eso se refiere, doctor?
—Sí—asintió—. La lesión más grave es detrás de la cabeza.

Matt y yo nos miramos.

—¿Se recuperará? —pregunté.
—Por supuesto—el hombre sonrió—. Es un muchacho joven y fuerte, un accidente así no provoca la muerte. En un par de días estará perfecto para irse a casa.
—¿Se tiene que quedar aquí? —preguntó Matt.
—Aunque solo sea una caída, sus heridas son algo graves—se puso serio—. Queremos que se quede unos días para ver como va evolucionando de sus daños. Luego se podrá ir.
—¿Podemos pasar a verle? —Matt estaba ansioso por ver a su hermano.
—Sí, pero solo una persona—respondió—. Cuando deciden quien va a pasar ir a la habitación 37, ahí está Takeru Takaishi.
—Gracias doctor—dijimos al unísono.

El doctor se despidió de nosotros y se fue de nuestro lado.

—Pasa tú—dije—. Yo iré a llamar a los demás.
—Gracias, Kari.
—Es tu hermano—sonreí—. Es normal que tengas tantas ganas de verle.
—Luego nos vemos—se despidió con la mano—. Y saludo a los demás de mi parte.
—¡Se los daré!

Como sabía que no se podía llamar dentro del centro médico fui hasta afuera. Por las montañas ya empezaba a salir un tímido sol, que me hico recordar que no había dormido nada en toda la noche. Menos mal que Matt me había traído un café antes.

El viento soplaba suavemente. Y me vino bien como me despejaba un poco. Me senté en uno de los bancos y me sorprendí de toda la gente que estaba afuera esperando a los demás pacientes.

Saqué el móvil. ¿A quién iba a llamar primero? Izzy seguiría enfadado, pero seguro que en estos casos se le iba el enfado y vendría a ver como estaba su amigo. Davis y mi hermano estarían dormidos, pero les despertaría.

Marqué el número de mi hermano.

—¡Quien llama a estas horas! —tuve que apartarme el móvil del oído.
—Hermano, soy yo—dije, después de unos segundos con el móvil alejado.
—¡Kari! —de nuevo gritando…— ¿Qué quieres? No recuerdo nada de anoche. Me he quedado sin memoria desde que empecé a gritar encima de las mesas en la fiesta.
—¿No recuerdas nada de nada? —pregunté, sonriendo; que suerte que no me veía.
—Pues no—masculló—. ¿Paso algo de lo que me tenga que enterar, Kari? Yo confío en ti y sé que me contarías todo.
—No paso nada malo, hermano. Nos lo pasamos bien en una fiesta y luego nos fuimos. Bueno… a Izzy le hicieron la broma de las plumas.

Mi hermano empezó a reírse. Sí, las bromas era su tema favorito.

—¡De verdad! —se río otra vez—. ¿Y quiénes fueron?
—Según tengo entendido: Sora y Mimi, y luego tú también—respondí.
—¿Ellas? ¡Imposible! No serían capaces…
—Pues lo hicieron—suspiré—. Quería contarte una cosa, además.
—Dime—se puso serio—. ¿Ha pasado algo malo, verdad?
—T.K se cayó por las escaleras y está en el hospital—lo solté—. Han dicho que tiene graves daños en la cabeza y el pie torcido. Se tendrá que quedar un par de días aquí…

Tai se calló. Lo bueno que tenía mi hermano, es que podía llegar a ser muy maduro en momentos como este. Le encantaban las bromas y las risas, no iba a negarlo, y eso le hacía un hermano especial, pero también podía ser una persona madura y responsable.

—Despierto a Davis y vamos para allá—avisó.
—Gracias, hermano—me aguanté las lágrimas—. Enseguida te veo.
—¿Cómo está Matt? —preguntó.
—Un poco decaído, pero está bien. Acaba de entrar para verle. Te manda saludos.
—Enseguida estoy allí. Nos vemos, hermana.
—Adiós…

Llamé a todos los demás que aseguraron que enseguida venían. Cody dijo que no podía venir, ya que estaba en otro país en un torneo de Kendo. Este chico se había centrado demasiado en ese deporte, y no había nada ni nadie que le sacara de ello. Izzy no me cogió el teléfono, así que le dejé un mensaje.

Aunque todos habían dormido poco, les importaba mucho T.K. Sora fue la primera en decirme que me tranquilizara, fue la única que notó que estaba muy nerviosa. Pero Sora siempre había tenido un sexto sentido que le decía que les pasaba a sus amigos.

Después de un rato sentaba en el banco, empezaron a venir mis amigos. Primero llegó Tai y Davis, ya que fueron los primeros a los que llamé. Luego Joe, que se había puesto hablar de accidentes (Cómo se notaba que él sí sabía del tema) y esta vez nosotros si que le escuchamos, ya que nos interesaba.

Más tarde llegaron todos los demás. La última fue Mimi, pero porque tuvo que llevar a Michael hasta su casa, ya que el chico estuvo todo el trayecto dormido. Era extraño, pero a algunas personas les afectaba más el alcohol y se dormían enseguida.

Todos entramos al hospital, en el mismo momento en que Matt salía de la habitación de T.K. Se le veía más contento y eso alegró a todos.

—¿Cómo está? —preguntó Tai.
—Estaba despierto hace unos minutos—contestó Matt—. Yo le veo muy bien y te manda saludos, Kari. Dice que mañana vengas tú a verle.
—Lo haré—aseguré—. ¿El daño en la cabeza… ha perjudicado algo?
—Tiene una venda alrededor de la cabeza. Pero el doctor me ha informado que se la quitaran en una semana. Se recuperará, estoy seguro.
—Nosotros también—dijo Yolei—. A T.K no puede pasarle nada. Todos juntos somos los niños elegidos.

De repente mi móvil empezó a sonar. No esperaba la llamada de nadie, ya que todos estaban aquí.

—¡Izzy! —puse el altavoz—. Pensé que como estabas enfadado no me cogías el teléfono…
—Claro que no—se escuchó su voz—. Pero el móvil estaba en la cama y yo estaba en el ordenador…
—¿No has dormido? —interrumpió Ken.
—No, tenía algo importante que hacer—río—. ¿Cómo está T.K?
—En un par de días se recuperara—respondió Matt—. Cuando te vea cara a cara te contaré lo que han dicho los médicos.
—Vale. Y ahora… ¿podéis salir fuera del hospital? —preguntó.
—¿Estás fuera? —pregunté.
—Sí, con una sorpresa para todos—contestó—. Y para T.K, pero él lo verá más adelante.

Colgué el teléfono. Nos miramos entre todos. No entendíamos que quería enseñarnos Izzy e incluso era sospechoso. Pero finalmente decidimos salir y encontrar a Izzy.

Recibí un mensaje al móvil: Estoy detrás del hospital, es que no quiero que toda la gente lo vea. Aunque la gente ya no se asusta, prefiero que sea en privado. Os espero a todos.

—¿Qué nos va a enseñar? —preguntó Yolei.
—Ni idea—contestó Mimi—. Izzy puede llegar a ser muy misterioso.
—Bueno, vayamos de una vez a ver que tiene.
—¡Seguro que es una tontería! —exclamó Davis.
—Yo creo que no—aseguré.

Tuvimos que dar la vuelta entera para llegar hasta donde estaba Izzy. Además de que se había escondido muy bien, ya que tardamos bastante en encontrarle. Pero sin duda había sido una buena idea buscarle por todo los lugares.

—¡Sorpresa! —gritó él—. He conseguido traerlos a la Tierra.

No sé que cara tenían los demás, pero yo estaba empezando a tener muchas ganas de llorar. Después de tanto tiempo, poder ver a mi digimon frente a frente era algo demasiado bonito para ser verdad.

—¡Gatomon!
—¡Agumon!
—¡Gabumon!
—¡Gomamon!
—¡Biyomon!
—¡Veemon!
—¡Hawkmon!
—¡Wormmon!

Patamon y Armadillomon se quedaron a un lado. Luego le explicamos que Cody estaba en otro país y que T.K había sufrido un accidente. Los dos lo entendieron y los abrazamos también, para que no se sintieran tan solos.

—¿Y Palmon? —preguntó Mimi.
—A ella no he podido traerla—dijo Izzy, serio—. Por algún motivo, me niega el acceso a que vuelva a la Tierra. Es como si el mundo digimon quisiera retenerla allí.
—¿Por qué…?
—No lo sé.

De repente escuchamos un fuerte ruido. Miramos hacia atrás para ver que sucedía, y lo que vimos nos dejó de piedra. Había dos digimons en el aire. Desde aquí no se llegaba a ver quienes eran para poder reconocerlos, pero algo era seguro: Estaban peleando entre ellos dos.

—¿!Qué!? —exclamó Tai, sorprendido—. ¡Es imposible que haya digimons en la Tierra! Se supone que solo los niños elegidos podremos abrir el portal.
—Pues es real, Tai—dijo Izzy—. Esos digimon están en la tierra.
—¿Una batalla en la Tierra? —Davis miró de nuevo a los digimons—. No entiendo nada.
—Yo tampoco—aseguro Izzy—. Pero algo me dice, que esos dos digimons y que a Palmon no haya podido traerla tienen alguna relación.

Todos le miramos, sin entender nada.
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!Siento mucho la tardanza! He estado enferma y casi no he podido escribir, pero aquí vengo con otro capítulo.
Por fin aparecieron los digimons. La verdad, no sé si poner a Cody o dejarle en su campeonato de Kendo por toda la eternidad, jaja. No... tiene que salir, aunque sea más tarde.
Hasta la próxima.
 
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