Fanfic Batallas en la Tierra FF (Terminado)

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J.M.: Bien sabes, ya que lees todos los capítulos, que el ritmo es lento. Por lo que todavía haré algunos capítulos antes de desenmascarar todo. Además de que poco a poco se descubren nuevas cosas. Y sí, creo que le estoy dando demasiada importancia a lo de Matt, cuando en realidad tendría que centrarme en otras cosas. Pero la historia es un poco de todo, por lo que espero que no moleste que insista tanto en ese tema.
Que empiece el capítulo:

Capítulo quince:

(Narrador externo)

Los cuatro se sienten inquietos, como si algo no fuera del todo bien. Esa sensación la tenían cada vez que el digimon malvado que controla a los frontiers intenta hacer algo de las suyas. Pero dudan de que ese sea el motivo. No hace mucho que ha atacado y mandado a uno de los suyos y normalmente espera un tiempo para volver a poner su plan en marcha.

De repente uno se da cuenta de lo que pasa en realidad.

—El digimundo—dice Henry, moviéndose—. ¡Alguien ha entrado al digimundo!
—Henry, eso es imposible—interviene Takato—. Solo nosotros podemos entrar. Y además, el digimon malvado ya está dentro, solo sale a menudo.
—¿Te acuerdas de la alarma que pusimos por si acaso? —insistió—. No ha saltado, pero de todos modos algo va mal.

Rika y Ryo se miran un momento, tratando de decir algo para quitar el nerviosismo de Henry. Él siempre tenía la razón en la mayoría de cosas, y si decía que algo iba mal no le llevarían la contraria, pero sus hipótesis eran muy raras. Hacia mucho tiempo que nadie intentaba entrar al mundo digimon.

—Espera—Henry se detiene—. Esos niños elegidos que conocimos—se pone la mano en la barbilla—. Claro, deben ser ellos.
—Dudo mucho que ellos entren—murmuró Ryo—. Recuerda que su mundo digimon no es el mismo que el nuestro…
—A menos que “nuestro” mundo digimon necesite ayuda y ellos hayan intentado entrar—dijo Henry, pensativo—. Vamos, quiero ver. Entraremos y buscaremos explicación a mis presentimientos.

Ninguno de los tres tenía ganas de volver al mundo digimon. Acababan de irse y por fin iban a irse a casa para descansar, pero Henry sería capaz de entrar el solo para saber lo que sucede, y ellos son sus amigos y no quieren que le pasa nada malo. Como bien han dicho antes, el digimon malvado está ahí dentro y en cualquier momento puede mandar a alguno de los suyos.

(Mimi)

Siento un fuerte dolor de cabeza.

No sé lo que ha sucedido, pero cuando esa luz salió de la pantalla de ordenador de Izzy parecía que me iba a quedar ciega. Pero la cosa no sucedió así, el ordenador pareció que me obligaba entrar a dentro. Claro está, eso es prácticamente imposible. Y sería así, si ahora mismo no hubiera tenido un aterrizaje tan forzoso como este.

Abro los ojos e intentó descubrir donde me encuentro. Pero este mundo es totalmente desconocido, y el dolor de los músculos y fuerte de la cabeza no ayudo mucho. Además de que me encuentro totalmente sola y hace demasiado calor.

—¡Hola! —grité.

Nadie contesta.

De repente alguien cae encima de mí y suelto un dolor. Esa cosa ha caído con fuerza y velocidad, como si le hubiera pasado lo mismo que a mí. Enseguida intentó tirarlo de encima de mí y me levantó para saber quien es.

Me quedó con la boca abierta de la sorprendida.

—¡Palmon! —me abalancé hacia ella y la abracé.
—¿Mimi? —está confusa, como yo cuando me he caído—. ¿Dónde estamos?
—Buena pregunta—me separo—. ¿Qué haces aquí? Pensé que estabas en el mundo digimon y no podías salir.
—Sí…—se toca la cabeza—. Pero es que de repente algo me obligó a entrar a un portal de luz. No entiendo que ha pasado, pero hace unos minutos me encontraba en el mundo digimon y ahora…
—A mí me pasó lo mismo, pero con la pantalla de ordenador de Izzy.

Me levanté y miré lo que se extendía hacia mí. En un principio había pensando que sería el mundo digimon, pero al saber que Palmon tampoco tenía ni idea de donde nos encontrábamos, me quité esa idea de la mente enseguida. Tendría que buscar una explicación a todo esto. Y con la hora que era no es que mi cabeza estuviera del todo centrada para estas cosas.

De pronto me puse alerta, había jurado escuchar mi nombre.

—¿Has oído eso? —preguntó Palmon.
—¿Tú también?
—Era tu nombre—murmuró.
—Lo sé—asentí—. Yo lo he escuchado igual. No entiendo nada…

Nos quedamos quietas, intentando escuchar de nuevo esa voz que había pronunciado mi nombre. Pero solo escuchábamos el lejano ruido de una tormenta. Eso me impresionó un poco, ¿y si la tormenta llegaba hasta aquí?

—¡Mimi! —gritó de nuevo una voz—. ¡Mimi! ¡Mimi! ¡Mimi!
—¡Es izzy! —dijo Palmon.
—Cierto…—sonreí—. ¡Izzy! ¿Me escuchas?

No respondió enseguida. Aunque lograba escucharle, era como si estuviese muy lejos. Tendría que intentar hacer algo para saber que pasa, ya que todo esto sobrepasa en mis límites de chica con cordura. Como siga en un mundo desconocido que no tengo ni idea de que hacer, me voy a empezar a asustar.

—¡Sí! —contestó finalmente—. ¡Te escucho! Tus palabras me llegan como tarde, o al menos eso es lo que he deducido. Bien, bien… ¿dónde estás?
—¡Eso mismo te iba a preguntar yo!
—Es que todavía no logro ver nada en mi pantalla—¿qué? —. Está igual que como te fuiste, con esa luz, pero no tan fuerte. Llego a poder abrir los ojos e intentar hablar contigo. Si no puedo verte o manipular mis ordenadores estoy bloqueado.
—¡Pues que bien! —repliqué, enfadada—. ¡Haz algo, aunque sea sin ordenador!

Escuché como Izzy farfullaba algo, pero no llegué a entender a quien estaba maldiciendo. Bueno, sé que él se enfadaba con facilidad cuando no sabe que hacer y tiene miles de preguntas en la cabeza, pero tampoco es para ponerse así… ¡Él no es quien está en un mundo desconocido!

No sabía que hacer. Por el momento me mantenía quieta sin hacer nada. Levantada y mirando al horizonte para ver si llegaba a ver algo que reconociera. Si no era el digimundo, ni tampoco la Tierra. ¿Qué lugar podría ser este?

Palmon se acercó a mí y me empezó a mover la chaqueta.

—¿Qué pasa? —pregunté.
—Algo se acerca…—murmuró ella.
—No digas tonterías—repuse—, aquí no hay nadie vivo. No hay vida, todo está vacío. ¡Completamente vacío! ¡Izzy, sácanos de aquí!
—¡Espera un poco! —gritó él.

(Matt)

Me preparé algo sencillo para cenar. Hasta ahora no había llegado a casa y tampoco es que tuviera mucha hambre, pero algo tendría que comer o Gabumon insistiría. Si seguía diciéndome que tenía que cuidarme iba a parecer mi padre, y yo me había ido de casa para ser independiente y no escuchar las reglas de los padres.

Le di un plato de comida a Gabumon y él se lo comió gustoso. Había olvidado que llevaba varias horas sin comer, pero mi amigo fiel no había dicho nada. Era un buen amigo, y ahora mismo se podía decir que el único que me quedaba. Sin contar los de la banda, que siempre estarán a mi lado hasta que nuestras canciones no llamen la atención a la gente y dejen de comprar nuestros discos.

Gabumon no había mencionado en ningún momento a algunos de los niños elegidos. Había entendido que no tenía ganas ni necesidad de hablar de ellos ni con ellos. Ahora quería relajarme y vivir mi vida sin tener que relacionarme con mis antiguos amigos. Yo solo me cuidaba bien.

Pero estaba claro que, aunque sabía que no quería hablar de tema. Él intentaba que mi cabeza empezara a funcionar de otra manera.

—Deberías hablar con Sora—dijo.
—No.
—Y con Tai.
—No.
—Y con todos.
—No.

Me miró y negó con la cabeza.

—Estoy seguro de que si entrarás en razón te darías cuenta de tu parte de culpa.
—Ya dije todo lo que tenía que decir—repliqué—. Ahora no tengo nada de culpa.
—¡Matt! ¡Le has hecho daño a Sora! —soltó.
—¿Y qué?
—Pues que pensé que erais amigos…
—La vida cambia—me encogí de hombros—. Eres un digimon, no lo entiendes.
—No, Matt—se levantó—. Eres tú el que no entiende muchas cosas. Y no es que la vida cambie, sino que la persona puede llegar a dar un cambio radicar. Y eso es lo que en realidad te ha pasado a ti—me miró, serio—. No te reconozco.

Me dejó solo en la cocina con el plato de comida en la mesa. Pues bien, si él pensaba todas esas cosas de mí, ¿para qué tener amigos? Ahora podía decir que la amistad no sirve para nada. Tai solo me estaba engañando ya que él lo sabía todo y solo se comportaba de una manera diferente porque se lo pidió Sora.

Respiré hondo y empecé a comer. Todavía no había probado nada.

De nuevo apareció Gabumon, y llevaba en sus manos una fotografía. La dejó sobre la mesa y me dejó un momento para que la viera. Se trataba de la foto que nos hicimos todos juntos antes de irnos del digimundo. Y en ese entonces yo era muy joven, de eso había pasado mucho tiempo.

—¿No dices nada? —preguntó él.
—¿Qué quieres decirme con esta foto?
—Está claro. Quiero que vuelvas a ser esa persona.
—¿Quieres saber lo que opino sobre este tiempo y esta foto?
—Sí…—algo en su rostro me hico dudar.
—¿De verdad?
—¡Qué sí! —exclamó.

Se lo iba a tomar mal, pero a mí me había molestado mucho que trajera esta foto para que recordara como era hace muchos años. ¿No se daba cuenta que todo había cambiado? ¡Todos hemos cambiado! Solo que algunos más que otros.

Cogí la foto, y ante su cara de incredulidad la rompí por la mitad. Luego, dejándole de nuevo en la mesa se la acerqué y señalé la parte en que estaba yo, por donde exactamente había partido por la mitad.

—Así es como me siento—dije—. Dividido.
—¿Dividido? —preguntó, sin entender.
—No tengo ganas de dar explicaciones—murmuré, cortante—. Me voy a descansar.
—No has comido nada…
—Ya comeré mañana.

Gabumon me estuvo mirando hasta que desaparecí de la cocina.

(Mimi)

Me senté en el suelo. Ya me había cansado de escuchar a Palmon que alguien se acercaba, y a Izzy que no conseguía hacer nada. ¿Tan difícil es hacer algo bien aquí? Y a poco a poco el sueño se está apoderando de mí. Como sigamos así me voy a acostumbrar a este lugar y me dormiré unas cuantas horas hasta que Izzy consiga una solución a esto.

Palmon saltó y vino corriendo hacia mí.

—¡Levántate! —exclamó, cogiéndome del brazo—. ¡Viene alguien! Y ahora están más cerca, mucho más cerca. Mimi, por favor… ¡Que te levantes!
—Palmon, ya hemos hablado sobre eso y…
—¡Mira!

No tuve otro remedio que mirar. También era verdad que el tiempo estaba cambiando y que algo en el ambiente era extraño. Pero cuando vi quieren eran los que venían lentamente me quedé muy sorprendida. Esos cuatro digimons que nos habían ayudado antes… y el digimon rojo que vimos peleando por primera vez cuando salimos del hospital.

—¡Mimi! —llamó Izzy—. ¿Qué está pasando?
—Pues que tus amigos están aquí—contesté.
—¿Qué amigos?
—Pues esos digimons que nos ayudaron cuando apareció ese ataque de otra parte.
—¿Están ahí? ¿Cómo es posible?
—¿Y yo que voy a saber? —repliqué—. Espera un poco, se están acercando.

Finalmente los cuatro llegaron hasta nosotras y se detuvieron. Me fui difícil ver el rostro de digimon verde (El gran oso) ya que era demasiado alto. De todos modos, me interesaba el primero. El rojo con el escudo, que ya era la tercera vez que le veía. Luego había un digimon amarillo, que estaba un poco apartada de los demás, como si mi presencia le molestara.

Me centré en los otros tres.

—Nos habéis ayudado una vez—dije—. ¿Quiénes sois?
—¿Están a tu lado? —preguntó Izzy.
—Sí, espera un poco—le pedí—. Estoy haciendo unas preguntas.
—¿Cuáles?
—¡Qué te esperes!

Los cuatro se miraron entre sí. Parecía que querían escuchar con más atención las palabras de Izzy. Claro, a mí me hubiera sucedido lo mismo si de repente escucho algo desconocido en mundo donde esa persona no está. De todos modos, no tenía tiempo de explicárselo y quería la respuesta a mi pregunta.

Uno de ellos, el rojo de nuevo, asintió y, poco a poco, empezó a… ¿convertirse en humano? Si, exactamente, del cuerpo de ese digimon aparecieron dos cosas. El humano que, según sabía, se llamaba Takato y su compañero: Guilmon.

—¿Esto es producto del sueño? —me pregunté a mi misma.
—¿Se puede saber que pasa? —escuché a Izzy, impaciente.
—Yo os lo explicaré—interrumpió Takato.

Palmon estaba a mi lado, pero podía ver como su sorpresa se mostraba en sus ojos.

Nos explicó, en pocas palabras, que en la última digievolución de sus digimons, ellos, los humanos, se fusionaban con ellos. Yo no sé que cara tendría Izzy en su casa, pero la mía era un poema. ¿Fusionarse con su digimon? ¿Cómo sería si yo me fusionara con Palmon? Sacudí la cabeza. Estaba claro que nuestros digimons cuando llegaban a su último nivel lo hacían ellos solos, como Agumon y Gabumon.

—Vaya, es… increíble—murmuré, impresionada.
—Es distinto a vuestros digimons—dijo él—. Pero lo que pasa, y no es agradable en un principio para la Tierra, es que vuestros digimons no puedan digievolucionar a la forma final para protegerla. Por eso queríamos hablar de vosotros, para intentar solucionar ese problema.
—¡Perdonad! —gritó Izzy—. Siento interrumpir, pero tengo una duda. Según he entendido. Todo es diferente de vosotros y nosotros. Sois niños elegidos, pero todo es diferente. Entonces, ¿Mimi se encuentra en, por así decirlo, vuestro mundo digital?
—Exacto—asintió Takato, aunque Izzy solo escucharía su palabra.
—¡Vaya! —Izzy no podía esconder su asombro—. Tenéis que contarme mucho más de vuestro mundo y esa digievolucion fusionada—rodé los ojos, ¡eso no era lo más importante ahora—. Por cierto, este rayo de luz que no me deja ver nada, ¿es algo de vosotros?

Takato miró un momento al digimon verde. Este enseguida, pareció entender lo que pasaba y, al igual que su amigo, se volvió humano. Todavía no me acostumbraba a ver eso, pero bueno, de igual, ahora lo que más me interesa es volver a la Tierra, a mi casa, a mi cama y olvidarme de todo.

—Es una especie de alarma—explicó Henry—. Conseguimos hacerlo por si a alguien se le ocurría entrar a nuestro digimundo o, por otro lado, intentaba ver lo que sucedía. Aunque por mucho que pongamos alarmas y está nos avisen de que alguien ha entrado o hace algo desastroso. El digimon malvado, del cual nombre desconocemos, logra hacer cualquier cosa para eliminar una parte de esta tierra. Y ahora, encima, también sabe como llegar hasta la Tierra. Por ello necesitamos vuestra ayuda. Ahora mismo te quitamos ese rayo de luz para que consiga ver.

Henry cerró un momento los ojos, como si desde su mente pudiera encender y apagar “algo” que hacía que Izzy no pudiera ver nada. No sabía como iba todo esto. Pero de todos modos, me quedé callada y esperé.

—¿Ya consigues ver? —preguntó Takato.
—Sí, gracias—contestó Izzy, y ahora se le escuchaba mejor—. Vaya, es cierto. Ese mundo no lo conozco para nada. Mimi, debes de haberte asustado en estar en ese lugar tu sola. Al menos, ahora, estás junto a Palmon.
—¡Pero yo no quiero estar aquí! —grité—. Hazme volver.
—Hum, sí claro. ¿Me podéis ayudar? No tengo ni idea de como hacer que vuelva.

No me tranquilizó para nada como Takato y Henry se miraron entre ellos.

—¿Cómo ha venido? —preguntó Henry—. Solo hay una manera…
—No lo sabemos con certeza—respondió Izzy—. Cuando encendí el ordenador, apareció esa luz y se tragó a Mimi. Y cayó en vuestro mundo digimon.
—¿De verdad? —Henry abrió los ojos—. Eso es nuevo. No te preocupes Izzy, enseguida le hacemos volver.

Pero entonces escuchamos como algo caía en la habitación de Izzy. Y no solo en la habitación de mi amigo, sino también en este mundo. Esas rocas volvían a aparecer, y está vez con más violencia. Y una chica de mi edad y dos chicos parecidos venían con ellos.

—¿Qué significa todo esto? —pregunté.
—Problemas—respondió Takato.
—¿Izzy? ¿Qué ves? —preguntó Henry.
—¡Las rocas! —gritó—. ¡Están cayendo de nuevo! Y hay tres digimons cerca, destruyendo edificios. ¡Llamaré a los demás para que vengan!

¿Podía ser? ¿Esas rocas podían caer en dos sitios diferentes a la vez?

Takato y Henry enseguida volvieron a digievolucionar junto a sus digimons. Ahora volvían a ser dos digimons. El oso gigante verde y el digimon rojo con el escudo y su mano, en forma de lanza gris.

Menuda problema. Izzy tenía que lidiar con el ataque de las rocas, y mientras aquí, tendría que ver que pasaba.

Solo esperaba, que a ninguno de nosotros nos pasara nada.
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No sé cuando podré actualizar. Me repito bastante con esto, por lo que me voy a otro asunto.
!Estoy el huelga! xD. Aquí en España estamos tan mal que incluso los colegios tenemos que cerrar un día. (Ojalá fuera una semana entera...) Tengo tantas cosas por delante. Bueno, que me enrollo demasiado con mis cosas.
Hasta el próximo capítulo :)
PD: Como sé que gusta bastante la comedia, estoy empezando a escribir un fic de digimon de ese género. Lo que pasa es que me cuesta bastante poner algo que de gracia. En este, que intenté ponerle drama, los primeros capítulos me salieron cómicos, y ahora que intento hacer uno de verdad así, no me sale... En fin, me veré series de comedia.
Nos vemos.
 
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Muy bueno sigue asi :sonrisota: Pobre Mimi, gran idea la de poner una alarma en el Digimundo jaja. Desde que lei hace unos meses lo que le paso a T.K con manolo y su "Amigo" el rifle cuando mis amigas me molestan con algo de hace años las amenazo con que voy a traer a mi amigo manolo y a su rifle jaja
 

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Este capítulo si me agradó. La verdad no tenía idea de que ibas a utilizar literalmente el argumento de los dos tipos de digimundo. ¿Eso significa que el digimundo de los de Frontier también es otro? ¿En cual exactamente está el enemigo?
Y lo más importante de todo, ¿en que digimundo exactamente arán su primer viaje como grupo? Si todos los digimundos están en peligro eso significa que el enemigo principal es más interesante de lo que creí. Quizá sea uno nuevo, o quizás no.
Lo bueno es que consluiste el capítulo con una obvia continuación con acción para el próximo.

Te deseo suerte con tu fic de comedia, no existen muchos que se centren en ese género, así que ojalá te vaya bien...
 

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Animefan: Desde que quedó claro que Palmon no podía ir a la Tierra, dejaba claro que Mimi representaría un papel importante en el fic. Y eso implica tanto como cosas buenas y malas.

J.M.: Están los tres digimundos. Si no te diste cuenta, en uno de los capítulos deja claro que ahora el de los frontiers es un mundo de tinieblas, ya que ha sido conquistado por el malvado. Y menos mal que te gustó, ya que no sabía como estaría.

El capítulo dieciséis.

Capítulo dieciséis:

(Tai)

Me levanté de la cama y cerré la ventana de la habitación. Empezaba a entrar un frío incomodo, y no me dejaba dormir tranquilamente. Aunque, a decir verdad, no era ese el primer motivo por el cual mi mente no dejaba de pensar y me dormía. Había otros más, mucho más importantes y preocupantes. Y eran esos problemas los que hacían que me moviera de la cama todo el rato, que no encontraba la posición correcta y que en ningún momento pudiera dejar la mente en blanco.

Miré por la ventana un momento. Para hacer tiempo y no volver a la cama. Para que mi mente se alejara un poco de esas preocupaciones, de esos recuerdos, de tantas palabras que, a medida de tiempo, me daba cuenta de que muchas de ellas habían sido grandes tonterías.

Finalmente, y sintiendo como se me cerraban los ojos me fui a la cama. (Seguramente por mala leche, o que mi mente me hacia una mala jugada, ya que estaba completamente seguro de que, en cuanto me acostara e intentara cerrar los ojos, de nuevo vendría ese rostro) Pero tampoco podía estar toda la noche en pie, sin dormir nada. Al día siguiente estaría igual, y me preguntarían y yo no tenía ninguna respuesta valida a la gran idiotez que había hecho hacia algunas horas.

Me tapé un poco con la sabana y cerré los ojos lentamente. Y, como me había imaginado, Sora apareció delante de mí. Con los ojos llorosos y rojos y sin hacer ningún movimiento. Y acto seguido, aprovechando de su debilidad, me acercaba a ella y le daba un beso. Y ese beso sería la destrucción total de nuestra amistad, por no haber podido controlar mis sentimientos.

¡Qué puedo hacer! Tengo unas ganas terribles de coger el móvil y llamarla, aunque esté dormida y pedirle perdón por lo que he hecho. Por ese maldito impulso que me llevó a hacer esa tontería. ¿Por qué lo había hecho? Si sabía con certeza que Sora todavía no había logrado olvidado a Matt, o al menos eso pensaba yo…

Abrí los ojos enseguida al notar como el vibrador de mi teléfono se notaba cerca de mi brazo. ¿Quién llamaría a estas horas? Me senté con cuidado para apoyarme en la pared y encender la lámpara que tenía al lado, y cogí el móvil enseguida antes de que la otra persona colgara por la larga espera.

Esperé a que la otra persona hablara primero.

—¡Tai! —era la voz de Izzy—. Necesito tu ayuda… La de todos.
—¿Qué? —mi mente, algo adormilada, no recibía las órdenes y palabras de Izzy enseguida. Tardé un poco en concentrarme en lo que intentaba explicarme.
—Verás. Por extrañas circunstancias, Mimi ha sido absorbido por mi ordenador a un mundo nuevo. Ese mundo, es nada más ni nada menos el digimundo de los chicos que conocemos recientemente, ¿me sigues?
—¿Qué le ha pasado a Mimi?
—¡Tai! ¡Despierta de una vez! —chilló, parecía angustiado—. ¡Estoy en peligro! Necesito la ayuda de todos o mi casa quedara destruida. El ataque de las rocas ha vuelto, y hay tres digimons desconocidos. ¡Llama a los demás! ¡Ven corriendo! No te pediría esto si de verdad lo necesitase, lo sabes—respiró hondo—. Lo siento, estoy preocupado. Tengo que colgar.

Y eso hico. Me dejó con el móvil en la oreja como si lo tuviera pegado en la mano. Y de nuevo, como me pasó apenas hace unos segundos, mi mente tardó en analizar lo que sucedía. Lo que le pasaba a Izzy en estos momentos. ¿Qué había dicho de Mimi? ¿Qué ella estaba en peligro? No… ¿Él estaba en peligro…?

Me desperecé por completo y me puse la chaqueta y los pantalones vaqueros para salir corriendo ha casa de Izzy. Hasta que me acordé que tenía que llamar a los demás, despertar a Davis, Veemon y Agumon. No tenía tiempo para hacer todo, sobretodo si quería llegar pronto a casa de Izzy.

Solo me quedaba una cosa. Primero despertaría a Agumon, él me podría ayudar a llegar antes a casa de Izzy. Y por otro lado, Davis también puede llegar pronto con su digimon digievolucionado.

Me acerqué primero a la habitación de Davis.

Entreabrí la puerta con cuidado y me metí dentro cogiéndole de los hombros. El me sostuvo la mirada un momento y luego dejó caer la cabeza. Veemon tampoco se enteraba de nada. Y podría jurar que los dos roncaban como si no se hubieran dado cuenta de que alguien había entrado a su habitación.

—¡Davis! —grité y le pegué una bofetada, algo fuerte, pero no pude evitarlo; incluso con este método, este no se despertó—. ¡Davis! ¡Davis!
—¡Tai! —exclamó Veemon, que estaba de pie en la cama—. ¿Qué pasa? ¿Qué son esos gritos…?
—Despiértalo—le urgí—. ¡Tenemos que ir a casa de Izzy cuanto antes! Yo iré a despertar a Agumon, él todavía está dormido en mi habitación. ¿O en el sofá? ¡De igual! ¡Lo buscaré!

Salí de la habitación y me detuve un momento. Todavía me quedaba llamar a los demás, exceptuando a Matt, por supuesto. Pero no tenía tiempo, ya les llamaría mientras iba corriendo a casa de Izzy. Lo primero es lo primero. Me acerqué a mi habitación y encendí la luz.

Agumon no estaba allí.

—¡No! —Me cogí la cabeza—. ¿Dónde estará?
—¿Tai? —escuché su voz detrás—. ¿Qué haces… vestido?
—¡Pero… pero…. ¿De dónde sales tú?!
—Del baño, claro está—contestó—. ¿Sucede algo?

Al mismo tiempo salía Davis de la habitación. Podría decirse que seguía completamente dormido. Con la camisa y los pantalones al revés. Con los ojos cerrados, y lo único que le mantenía bien recto y que no se pegara contra nada era Veemon, que luchaba para despertarle.

Hacía mucho tiempo que no hacía esto para despertar a alguien, pero no tenía otro remedio. Corrí hasta la cocina y llené dos vasos de agua hasta arriba. Luego, de nuevo corriendo volví al salón. Algunas gotas de agua, por no decir la mitad de cada vaso habían caído al suelo, pero no importaba.

Y se lo tiré a la cara. Veemon se hico a un lado para evitar que las patadas de Davis no le dieran. Cuando por fin estuvo completamente despierto, me miró, furioso.

—¡¿Por qué has hecho eso?! —gritó, señalándome con un dedo.
—No hay tiempo de explicaciones. ¡Vamos!

Cogí a Agumon, que se había quedado dormido apoyado en la pared y con la cabeza caída, y salí de la casa corriendo. Supe que Davis me seguía cuando escuche otras pisadas detrás de mí. Y también porque no paraba de maldecirme una y otra vez por haberle tirado unos vasos de agua.

Mientras que bajaba las escaleras, le mandé un mensaje a Izzy explicándole todo lo mejor resumido posible. Y pidiéndole también que llamara a los demás y se diera prisa en llegar a casa de Izzy.

(Izzy)

Las rocas ya no solo caían al suelo de la carretera, sino también en mi terraza. No con la misma fuerza, pero conseguía lo suficiente para que no me acercara y pudiera ver que estaba sucediendo. Hasta ahora había conseguido ver a tres digimons. Uno azul y amarrillo, el otro era el mismo que peleó contra Gallantmon la primera vez que le vimos, y el último parecía un oso polar con hachas.

Tentomon se encontraba a mi lado, preocupado. Sabía que si esos tres digimons conseguían entrar (que podían hacerlo en cualquier movimiento, me preguntaba porque todavía no habían entrado) no podríamos hacer nada. Tentomon solo puede digievolucionar a un nivel, y ese nivel no conseguiría vencerlos.

Me encantaría volver a mi estudio y ver que sucede con Mimi, pero ahora me preocupa más lo que le pasa a la Tierra. Y sé que está en buenas manos, esos cuatro son fuertes y podrán protegerla perfectamente, mejor que yo encontrándome aquí, alejado de ese otro digimundo.

—¿Por qué Tai tarda tanto? —preguntó Tentomon.
—A lo mejor no le dejan pasar…—comenté—. Oh, no. ¡Es cierto! Para venir hasta mi casa primero tendrá que pasar por esos tres digimons, y, aunque consiguió que Agumon digievolucionara nada nos indica que pueda hacerlo ahora.

¿Qué podía hacer? ¡No tenía ni idea!

—¡Izzy! —Escuché a Mimi—. ¡Ven! ¡Henry tiene una idea!

Estaba entre quedarme cerca de la terraza y localizar a mis amigos, o acercarme un momento a mi ordenador y sabía cual era ese “plan”. Podía hacer las dos cosas, dándome prisa y yendo primero donde Mimi. Pero algo me dijo que mis amigos estaban todavía lejos y que me daría tiempo a todo.

Me acerqué y me senté en la silla mirando la pantalla. Las rocas caían en el suelo y Mimi estaba siendo protegida por el gran oso gigante verde. Palmon se encontraba a su lado, y mientras, los otros tres, luchaban contra tres digimons e intentaban defenderse de las rocas. Lo más alucinante era como esas rocas traspasaban el cuerpo de los otros digimons. No les afectaba, y eso les daba una gran ventaja contra nuestros amigos.

—¿Estás ahí? —preguntó Mimi; recordé entonces que ella a mí no podía verme.
—Sí, estoy aquí—respondí—. Dime, ¿qué idea tiene ese chico?
—Vamos a intentar abrir un pequeño portal de este mundo en tu habitación—explicó el digimon verde—. Así tu digimon podrá absorber datos y digievolucionar a más nivel. Los demás tendrán que subir hasta tu habitación para hacer lo mismo, ya que el portal no podrá moverse y si yo estoy herido desaparecerá.
—Comprendo…
—Y otra cosa más—prosiguió el digimon—. Recuerda que este digimundo no es el mismo que el que conocéis. Estos datos son el doble que los vuestros. Así que, seguramente, los digimons podrán digievolucionar a más nivel.
—¿Te refieres a que Tentomon, por ejemplo, podrá llegar al mismo nivel que Wargreymon?
—Sí. Así es.
—¿Y cómo sabes todo eso? —me sorprendí—. Sois completos desconocidos. Sabéis la diferencia de datos de un mundo a otro. Conocéis a nuestros digimons más que nosotros mismos. Y además parece que controláis muy bien lo que sucede a nuestro alrededor. ¿Quién os ha dado toda esa información?
—Una persona—contestó, tras una pausa—. Y no tengo tiempo de explicarte nada más Izzy. Date prisa, esos digimons no tardarán en atacarte y tienes que protegerte. Recuerda que están siendo controlados y que no tendrán piedad a la hora de matarte a ti o algunos de vuestros amigos. Nos veremos más tarde.

Esto cada vez era más lioso. Tantas preguntas. Tantos enigmas. ¿Cuándo sabría lo que pasaba de verdad? Esas personas tenían las cosas más clara que nosotros mismos, y eso que durante todos los años de mi investigación del digimon no había encontrado casi nada. Y, sin embargo, ellos… ellos lo sabían todo.

De pronto me di cuenta de que ninguno de mis amigos habría avisado a Matt sobre lo que pasaba. Desde que este se atrevió a confesar la verdad sobre lo que pensaba el día que dejó a Sora, ninguno le habló, solo le dirigió malas miradas. Y él era de gran ayuda, su digimon había conseguido digievolucionar sin necesidad de absorber datos. O al menos eso era lo que sabía.

Saqué el móvil del bolsillo y le mandé un mensaje: “Matt. Sé que ahora mismo te da todo igual, que no te importamos. Pero de nuevo estamos siendo atacados, y la Tierra te necesita. Te pudo, por favor, que vengas. Aunque luches a solas, al menos estaremos todos juntos de nuevo para pelear contra el mal. Izzy”

De repente mi móvil empezó a sonar. Le eché un vistazo para averiguar de quien se trataba, ya que era totalmente imposible que Matt marcara tan rápido. Además, seguramente no me llamaría. Seguirá pensando en lo sucedido, y ahora mismo todo le dará igual. Espero que venga…

Pero no, era el de Tai.

—¡Izzy! —chilló—. ¿Estás bien? ¿Estás solo?
—Sí, estoy bien. Por ahora esos tres digimons no han intentando entrar. Y no entiendo el motivo, pero bueno, mejor así—cambié de tema—. Tenéis que subir a mi casa.
—No vamos a poder…—contestó; lo que me había temido en un principio—. Está vigilada por esos dos digimons que mencionas. Y te recuerdo que no podemos hacer digievolucionar a nuestros digimons.
—Intentadlo volando…
—De igual, nos verían—interrumpió—. Están atentos. Es como si ya supieran que iban a venir. Uno de ellos, el último de los tres está arriba, en la azotea. Estamos escondidos a parte para que no consigan encontrarnos. Somos demasiados. Si nos movemos aunque sea solo un poco nos descubrirán.
—¿Está Matt con vosotros?
—No, claro que no—noté la ira contenida—. Ni se me ocurro llamarlo.

No contesté a esas palabras. También el motivo fue para observar el pequeño núcleo que se estaba formando en mitad de mi habitación. No se parecía a ninguno de los portales que había visto hasta ahora. Este era muy pequeño, no cabría ningún digimon de los nuestros. Al menos sería suficiente para atraer los datos y conseguir que digievolucionaran para enfrentarnos a los otros digimons.

—¿Izzy? —Se me había olvidado que estaba hablando por teléfono—. ¿Estás ahí?
—Hum. Sí—seguía admirando ese pequeño portal, minúsculo pero muy servible—. Enseguida estaré ahí abajo, dame tiempo.
—¿Cómo…? ¡Estás loco!

Colgué y lancé el móvil en una de las mesas. Desvié la mirada del portal y me centré un momento en la batalla donde se encontraba Mimi. Ahora que lo pensaba, ¿por qué no utilizaba a Palmon? Ahora que estaba allí podría conseguir que digievolucionara. Siempre había sabido que a Mimi las batallas no le gustaban, pero en estos momentos eso era lo menos importante.

—Mimi—no me prestó atención; su vista, y todos sus sentidos estaban centrados en las rocas que se precipitaban en el suelo a gran velocidad y ferocidad—. ¡Mimi!
—¡Qué! —se giró, aunque estaba claro que ella no sabía a donde mirar exactamente. No lograba verme como yo la veía a ella—. ¿Qué quieres?
—Haz que Palmon digievolucione. Será de ayuda.

Al ver su rostro descubrí que ni siquiera se le había pasado por la cabeza esa idea. Se había puesto roja como un tomate, por la vergüenza. Se giró y se acercó a Palmon. Seguramente para contarle lo que acababa de decirle. Bueno, al menos allí estarían con más ayuda. Ahora me tocaba actuar a mí.

Me levanté de la silla y me acerqué al pequeño portal. A simple vista y contacto humano no era gran cosa, pero se llegaba a ver como dentro se movía gran cantidad de datos. Más datos, según ellos, que había en nuestro digimundo.

—Tentomon, intenta absorber estos datos—dije, mirándole.
—A lo mejor es peligroso—opinó él—. No es de donde provengo…
—¡Inténtalo! ¡No tenemos nada mejor que hacer!
—De acuerdo…

Se puso debajo de ese portal y esperó. No sabía que iba a pasar. Para mí todo esto era algo nuevo e extraño. ¿Qué digimons vinieran a la Tierra como si fuera algo pasajero? ¿Qué se lanzaran ataques de meteoritos dirigidos desde otro sitio? ¿Qué hubiera otros niños elegidos? ¿Qué además de nuestro mundo digimon, donde fuimos cuando éramos niños, hubiera más? Demasiadas preguntas.

¿Cómo estarían los demás ahí abajo?

(Tai)

Desde que llegué, junto a Davis, había evitado mirar a Sora. No quería estar cerca de ella, ni siquiera que alguien nos juntara para comentar algo. No sabía si ella le había dicho algo a sus amigas, esperaba que no. Yo tampoco se lo iba a decir a nadie, ya que me avergonzaba bastante yo solo.

Sora me miraba de vez en cuando. Sí, ese momento, en que levantaba la cabeza para mirarla, para encontrar algún rastro de odio o cualquier cosa por lo que hice. Pero nada, solo me devolvía la mirada y esperaba a que yo la volviera a bajar. No sabía como aceptar eso. ¿Qué significaría?

—Tai, ¿qué hacemos? —me preguntó Davis, cruzándose de brazos.
—No lo sé—admití.
—¡Pues algo tendremos que hacer! Somos muchos más, podremos derrotar a esos tres como si fuera alimento para comer.
—Que comparación más rara—comenté.

Pero sí, tenía que admitir que Davis tenía razón. Algo teníamos que hacer para llegar hasta la casa de Izzy. ¿Por detrás? No, si pasábamos cerca de la entrada de su casa nos mirarían. Y por arriba también están vigilando. Podría mandar a dos o tres para ver si algo funciona, pero sería demasiado arriesgado.

Además, aquí el único que me toma como el jefe del grupo es Davis. Y eso no significa que de verdad lo sea. Los demás seguramente pensaran cada uno distinto, con planes diferentes. Davis siempre me ha tomado como alguien que lo sabe todo en el peor momento, pero sigo siendo humano como todos. Eso es algo que nunca puedo hacerle entrar en razón, ya que siempre piensa igual de mí.

Entonces algo, veloz y azul pasó por nuestro lado y corrió por la entrada de Izzy. Había visto a ese digimon muchas veces, y más al humano que iba montado. Pero como yo no mencione el nombre, lo hico otra persona por mí.

—¡Es Matt! —dijo Joe—. ¿Quién lo ha llamado?

Nadie contestó. Una de dos. O alguno de nosotros mentía y no quería decirlo por vergüenza. O por algún sexto sentido ese idiota había logrado saber que algo pasaba cerca de casa de Izzy y había venido para descubrirlo. Pero no lo necesitaba, y yo nunca haría esa locura.

Pero funcionó. Ya que los dos digimons que hacían guardia se miraron un momento y fueron detrás de Garurumon. Menos mal que ese digimon era veloz y podría distraerlos unos cuantos minutos para que nosotros entráramos. Pero seguía siendo estupidez y le costaría caro.

—¡Vamos! —grité, para que todos me escucharan—. ¡Es el mejor momento!

Empezamos a correr hasta llegar a la entrada, pero entonces el digimon que estaba arriba pegó un salto y se puso delante. Entonces me di cuenta que se trataba del mismo que luchó con el que nos ayudó el otro día. Vaya, nunca pensé que le volvería a ver de nuevo.

—Hola, niños elegidos—me impresionó escucharle más; pero lo peor fue el tono de burla con lo que lo expreso las últimas palabras: “niños elegidos”
—¿Quién eres? —preguntó Yolei.

El digimon se quedó un momento quieto. Entonces, para sorpresa de todos nosotros, se convirtió en un joven. Un joven de nuestra edad que llevaba en la mano un dispositivo digital. Aparecieron unos datos en su mano y los chocó contra el digivice. Un tornado de fuego se torno alrededor de él y nos obligó a echarnos hacia atrás.

Cuando el tornado desapareció. Ya no era el digimon de antes, sino uno distinto que se parecía un poco al anterior. Algo me decía que este sería peor y más poderoso y que no nos dejaría entrar tan fácilmente a la casa de Izzy.

—Me podéis llamar Aldamon—dijo.

Esto iba de mal en peor. ¿Cómo íbamos a llegar a casa de Izzy?
_________________________________________________________________________
Lo dice en el fic de comedia, pero aquí lo hago también. No tengo internet, y no sé cuando volveré a tenerlo, por lo que este capítulo lo pongo por la compensación de que no sé cuando volveré a actualizar.
Nos vemos.
 

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Pues que raro, no me di cuenta sobre el mundo de Frontier, igual estuvo bueno.

Ahora. Pues esto fue como una introducción de la pelea que habrá más adelante. Ahora me tiene intrigado si las digievoluciones a nivel mega de tentomon y los otros.
Ahora todo el equipo está más o menos unido. Pero no creo que les vaya bien con los de Frontier.
Supongo que después de esta pelea, por fin habrá la reunión de los de Tamers con los de adventure y quizá también no esté lejos el primer viaje a uno de los digimundos de todo el grupo.

Bueno eso es todo, ojalá pronto tengas Internet...
 

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Capítulo diecisiete:

(Matt)

Tenía que conseguir que esos dos no me cogieran. Mi digimon era rápido, pero no podríamos soportar mucho más. Casi no llevábamos ventaja, y parecía que esos dos nunca se agotaban. Tenía que pensar en algo rápido.
Y ni siquiera sabía con certeza que hacia aquí. No tendría que haber cogido el móvil y mirar quien me había mandado un mensaje. ¡Con lo fácil que hubiera sido haberme quedado dormido sin importarme nada! Aunque, a decir verdad, el móvil lo había abierto Gabumon e instintivamente me lo había enseñado. Y también me había obligado a que me vistira y viniera hasta aquí.
¡Lo sabía! Seguramente no mee habría dado cuenta porque estaba dormido, pero toda la culpa de que viniera aquí y a la batalla de antes, cuando también caían las rocas, era de Gabumon. Y él conseguía que fuera a los sitios que no quería. Sé que quiere que me arregle con mis amigos, pero ahora quiero estar solo. Solo quiero una compañía, esa compañía que nunca me molestara: yo mismo.
—¿No te quedan datos para digievolucionar a más nivel? —le pregunté.
—Lo siento, los gasté todos el otro día…—respondió—. ¡Cuidado!

Gracias a sus palabras me agaché para esquivar una de las hachas que no paraban de lanzarme. Era ese digimon en forma de oso blanco que iba más deprisa que el otro. Aunque claro, el azul tampoco se quedaba corto. Me lanzaba unas bolas de rayo que en un momento me habían rozado el brazo y ahora lo tenía paralizado.

—No aguantaremos mucho más—suspiré—. ¿Qué podemos hacer?
—Algo se me ocurrirá—dijo él—. Ahora tengo que intentar correr más rápido.
—¡Yo no quería venir! —grité.
—Matt…

Y entonces una silueta en el suelo nos hico detenernos y mirar. El digimon blanco había pegado un salto tremendo, y ahora se interponía entre nosotros delante. Intentamos ir hacia atrás, pero el azul también se había detenido y nos apuntaba con sus brazos.

—¿Y ahora qué hacemos? —susurré.
—Esperar para ver cual es su próximo movimiento—me respondió él.
—Que plan más genial—mascullé—. Yo tengo uno mejor. ¡Correr a la izquierda o derecha!
—Nos cogerían igual—repuso Garurumon, tranquilamente—. Espera…

Él era más veloz que yo. Si echáramos a correr ahora todavía tendríamos tiempo para escapar. Pero demasiado tarde, mi digimon se ha quedado quieto mientras que los otros dos se acercan lentamente. Parece que, aunque son más fuertes y lo saben quieren ver mi siguiente movimiento.

De repente el cielo se cubrió de una gran sombra. Miré hacia arriba y me encontré a un gran digimon. Lo que más me sorprendió fue ver a Izzy montadoa él y que le dirigía donde tenía que ir.

—¿Tentomon? —murmuró Garurumon.
—Imposible—pude decir yo.

(Izzy)

Vaya, seguía sin poder creerme que de verdad Tentomon hubiera llegado al nivel Mega. Ahora tenía un nombre diferente, pero para mí seguía siendo mi amigo y compañero fiel: Tentomon. Estaba ansioso de ver sus nuevas habilidades, su resistencia, todo. Pero ahora me encontraba en un dilema.

Me había subido encima de HerculesKabuterimon. Y todo para poder ver en un mejor ángulo que estaba pasando. En un principio me hubiera gustado quedarme para ver como le iba a Mimi en ese mundo, pero en el fondo tenía la certeza de que no le sucedería nada.

Y ahora no sabía a quien ayudar primero. Matt estaba en más peligro, teniendo a dos digimons a cada lado sin dejar que pudiera huir, ni un hueco para salir. Y su digimon ya no podía digievolucionar al nivel Mega. Y por otro lado estaban los demás, con un digimon que parecían más fuertes que los anteriores. Me encontraba en un apuro que no sabía que hacer.

La mirada de Tai se me clavaba como si fuera una aguja. Sabía lo que estaba pensando. Que como fuera a ayudar primero a Matt no lo olvidaría. Para él todo lo que tuviera relación con nuestro amigo de la amistad se dejaba a un lado para lo último, pero por mucho que lo intentara, mis pensamientos no eran iguales que a los de Tai.

Cuando el digimon blanco lanzó una de las flechas hacia Garurumon y este cayó al suelo, estuve seguro de que tenía que hacer.

—¡Ayuda a Matt! —grité, para que los demás me escucharan y se protegieran.
—De acuerdo—dijo mi digimon, mirando hacia el otro lado.

En ese momento Garurumon volvía a su estado normal, pero en el suelo. Ese ataque le había hecho bastante daño. Y ahora Matt estaba totalmente desprotegido con dos digimons acercándose.

Pero entonces mi compañero digimon atacó.

HerculesKabuterimon: ¡Tijeras gigantes!

En medio de sus dos tijeras empezó a formarse un rayo espectacular. Los dos digimons sintieron esa luz y se giraron para encontrarse con un digimon gigante en los cielos. Ahora no prestaban atención a Matt y este pudo coger a Gabumon y salir corriendo, escondiéndose detrás de una pequeña casa. Sabía que si en un momento volvía hacia atrás y miraba a Tai, este me devolvería la mirada bastante enfadado.

El rayo de luz salió disparado hacia uno de los digimons. Este, intentando evitar el golpe, saltó hacia otro lado, pero entonces el ataque de mi compañero, como si cobrara vida propia, salió dirigido hacia el otro digimon, el azul. Que este fue lanzado hacia un árbol y, poco a poco, cambió su forma.

Ahora era un muchacho inconsciente. Lo más alucinante fue que un portal se abrió arriba de él y empezó a absorberlo. Y enseguida ese muchacho desapareció, como si jamás hubiera estado en la Tierra.

El digimon blanco se quedó quieto, comprobando si tenía alguna oportunidad para derrotarnos. Pareció que creía que tenía alguna oportunidad, ya que lanzó sus dos flechas hacia nosotros con intención de que yo cayera. Su mayor prioridad, según veía ahora, era eliminarnos a nosotros. A los humanos.

Pero entonces mi digimon se giro y las flechas pegaron en sus tijeras. El ataque del digimon blanco cayó lentamente al suelo y el suelo emitió un sonido sordo, como si se hubiera roto una gran parte.

Entonces el digimon blanco miró asustado al otro, el que ahora mismo había cogido a Veemon de la cabeza y lo estrangulaba con fuerza. Pero al notar la mirada preocupante de su amigo se giró y soltó a Veemon, lanzándole hacia Davis, que los dos cayeron al suelo.

—Vete—dijo el digimon rojo—. Yo me ocuparé de todo. Ayuda a Zoe y los otros dos, allí te necesitarán más.

Y como sucedió antes, un pequeño portal apareció encima de él y lo absorbió por completo. Me giré un momento para ver que hacía Matt, pero no lo encontré. Seguramente se habría ido corriendo a casa a no poder hacer nada más aquí. Igualmente agradecía su ayuda, ya que había servido de bastante.

Bajamos hasta abajo y nos pusimos al lado de nuestros amigos. Bajé con cuidado para ponerme a su lado, pero en cuanto llegué, Tai, sin hacer caso a lo que pasaba a nuestro alrededor, me tiró al suelo.

—¡Idiota! —siseó—. ¿Por qué le ayudas? ¡No merece nuestra palabra!
—No me obligues a pensar igual que tú, Tai—advertí, levantándome—. Tengo unas ideas diferentes a las tuyas, y deberás respetarme. Estoy completamente seguro de que de todos nosotros, solo una pequeña parte piensa como tú. Así que lo siento mucho, pero yo, junto a Mimi, creemos que Matt tiene un gran problema.
—Ah, ¿así que ahora te has unido a la tonta princesa? —inquirió él.
—¡Tai! —su hermana llegó, cogiéndole del brazo—. Creo que te estás pasando bastante. Izzy tiene razón, cada persona puede tener una manera diferente de pensar en lo que respecta a lo que pasó con Sora y Matt. Así que, por favor, pon tu opinión, pero deja que los demás pongamos la nuestra sin tener miedo a tu reacción.

Tai se zafó de su agarré y miró hacia otro lado, molesto.

—Además—añadió su hermana, sin bajar la cabeza—. Yo también pienso igual que Mimi. Y otra cosa, hermano. Lo que sucedió entre Sora y Matt es cosa de ellos, no nuestra ni tuya.
—No me lo puedo creer—negó Tai—. ¿Es que todo el mundo va a proteger al insensible de Matt?
—Kari tiene razón—murmuró Joe—. No es cosa de nosotros. Era su relación. Y si Sora fue capaz de perdonar a Matt y seguir hablándole, creo que todos nosotros podremos hacer lo mismo.
—¡Estúpidos humanos! —gritó el digimon rojo, apretando los puños—. ¡Tenéis delante de vosotros a un enemigo y os ponéis hablar como abuelas marujas! ¿La inteligencia humana de ahora ha llegado así? ¿Es qué todos los jóvenes de este tiempo solo piensan en ideas estúpidas como vosotros? ¡Estáis en medio de una batalla, pelead contra mí, idiotas sin cerebro!

Todos nos giramos para mirarle. Estaba de pie, en medio de la entrada de la casa con los ojos llameantes, de furia. Las alas se le movían lentamente de arriba abajo y el pelo le ardía como si fuera una vela con mucha potencia.

—¡Espérate! —pidió Davis—. ¿No ves tú que estamos ocupados? Esto es algo muy serio para nosotros, Aldamon. Necesitamos un poco de tiempo para resolverlo, y luego, más tarde, peleamos, ¿vale?
—Ah, perdón—murmuró el digimon. Su enfadó había desaparecido.
—No hay nada más que hablar—interrumpió Tai—. ¡Ya me ha quedado claro que tipo de amigos tengo! Así que tranquilos, que me voy y no os molesto más.

Agumon y le miró, tratando de tranquilizar a Tai, pero este no hico caso. Mascullando algo sin sentido empezó a caminar rumbo a su casa, y Agumon, mirándonos a todos con tristeza, le siguió cerca. Sora se frotó las manos y parecía que iba ir detrás de él, pero al final bajó la cabeza y se quedó con nosotros.

—Tenéis que subir a mi casa—susurré, para que me escucharan—. Allí hay un pequeño portal que está lleno de datos para que nuestros digimons lleguen a digievolucionar. Id. Deprisa. Yo mientras intentaré que ese digimon esté concentrado en mi compañero.

—¡Ahora! —grité a mi digimon.

HerculesKabuterimon cogió a Aldamon con sus tijeras y lo lanzó hacia atrás. Este se repuso enseguida, disminuyendo la velocidad de la tirada con sus alas y empezó a luchar contra mi digimon. En ese momento mis amigos empezaron a entrar a mi casa corriendo, mientras que yo intentaba que el enemigo no se diera cuenta de que ahora solo estaba yo en la calle.

Ahora que me daba cuenta, las rocas que antes iban cayendo al suelo habían desaparecido. Como si no hiciera falta que un ataque mandando de otro mundo nos hiciera daño. A lo mejor el digimon malvado piensa que somos débiles. No sabe cuando se equivoca…

(Mimi)

Las rocas ya no caían del cielo. Y eso ayudaba a que los digimons que antes eran más o menos nuestros nuevos amigos tuvieran más facilidad para combatir. Uno de ellos, de los enemigos, era más fuerte que los otros más. El digimon amarillo, combatía contra otro digimon. Algo me dijo que eran femeninas, ya que su forma de pelear no parecía a de los otros.

Gallantmon y Justimon se encargaban de uno que, al transformarse, había recibido el nombre de: Beowolfmon. Y sin duda luchaba de una manera bastante diferente a sus dos compañeros. Conseguía que Gallantmon tuviera que estar todo el rato echándose hacia atrás y defendiéndose de su escudo para protegerse.

Y entonces, de un portal pequeño, apareció otro digimon. Era como un oso grande de color blanco, con dos hachas en las manos. Miró a un lado a otro, intentando ubicar donde se encontraba y entonces pegó un saltó y empezó a atacar a MegaGargomon. Bueno, ahora que lo miraba de cerca, se supone que nosotros éramos más, pero incluso así no ganábamos.

—Palmon, tenemos que ayudarles…—susurré, nerviosa.
—Si ayudo solo estorbaría—replicó ella—. ¡No puedo digievolucionar!
—Tampoco lo hemos intentando—hice notar.
—Solo llego al nivel ultimate, Mimi—inquirió ella—. No podría hacer nada.
—¡De igual, quiero hacer algo! ¡Nos están protegiendo y dando su vida en esa batalla, y les ganan en mayoría! Si lo único que podemos hacer es quedarnos aquí quietas, pues me levantaré y aunque sea humana haré algo.
—Has cambiado, Mimi—sonrió ella—. Antes detestaba las peleas…
—Y lo sigo haciendo—interrumpí—¸pero me doy cuenta de que ahora no podemos quedarnos quietos. Si el enemigo quiere pelea, pues eso tendrá. ¡Adelante, Palmon!

Ahora que lo recordaba, esos digimons habían mencionado algo de que los datos de este mundo eran el doble de lo que conocíamos. A lo mejor Palmon llegaba al nivel Mega, como Agumon y Gabumon. Entonces sí podríamos ayudar en esta batalla.

Palmon empezó a cubrirse de una fuerte luz. Estaba digievolucionando. De repente sentí una sensación extraña, de como si jamás le hubiera visto. Y era verdad, ya que se suponía que su aspecto tendría que ser de un cactus gigante con guantes de boxeo, pero en vez de eso era diferente. Parecía una flor en aspecto humana, con dos látigos.

—Esto es…increíble—musitó ella, mirándose.
—El nivel Mega es alucinante—añadí yo—. ¡Vamos, ayudales!
—¿A quién de todos? —preguntó.

Pero entonces un nuevo digimon entró en escena. Se trataba de un digimon negro, con tres ojos en la cara. Unas alas que le salían de la espalda y una gran arma como uno de los brazos. Cuando Gallantmon le vio, giró y asintió.

—Bienvenido a la pelea, Beelzemon—dijo, en forma de saludo.
—¿Necesitáis ayuda? —preguntó—. Veo que sí.
—Ayuda a MegaGargomon, nosotros podemos apañarnos—dijo Gallantmon.

Por un momento me había asustado al imaginarme que podía ser amigo del enemigo. Pero me tranquilicé al ver como Gallantmon le conocía. Ahora podía responder a la pregunta que me había echo Palmon hacía unos minutos, aunque primero me interesaba otra cosa.

—Oye, Palmon, ¿ahora como debo llamarte?
—Rosemon—respondió.
—Ah. No es un nombre muy original. Ya que está claro que eres una flor—dije.
—¿Hablamos de nombres? El tuyo… ¿Mimi? Tus padres no pensaron mucho antes de ponerlo.
—Mejor me callo—murmuré, bastante molesta—. Ayuda a la digimon amarilla.

Rosemon empezó a correr hacia la batalla de digimons.

(Matt)

Gabumon seguía con los ojos cerrados. Pero notaba como podía respirar tranquilamente. Me había asustado mucho al ver como esa hacha iba dirigida a mi digimon para matarlo, y me había quedado completamente anulado.

Lo primero que pensé fue en que me la clavara a mí, pero el hacha fue más rápida que mis pensamientos. Menos mal que Izzy había ayudado a Gabumon antes que a los demás. Pero me hubiera dado igual, sé que ahora mismo todos piensan de mí como si fuera basura.

Ahora me dirigía casa. Ya no podía hacer nada más en esa lucha, y Izzy había conseguido que su digimon llegara al mismo nivel que MetalGarurumon, así que no había nada de que preocuparse. Por un momento crucé la mirada con Sora, pero ella se giró enseguida al notar mis ojos.

Y había salido corriendo para no ver a ninguno de ellos, sobretodo a Tai. Seguiría enfadado y con ganas de golpearme, y aunque ahora mismo si le hubiera correspondido a los golpes, estaban en medio de una batalla y por eso no hbaía ido hasta allí para vengarme por los puñetazos que todavía tienen marca en mi rostro.

Giré en una esquina y de repente caí. Había tropezado con alguien. Gabumon cayó cerca de mí y sus ojos se abrieron de par en par, como si el golpe le hubiera despertado de su sueño. La herida del hacha no estaba, así que solo era esperar un poco para que se recuperara.

La otra persona también se había caído, pero escuché como se levantaba.

—¿Estás bien, Tai? —preguntó una voz familiar: Agumon.
—Sí…—masculló este—. ¿Y la otra persona que se ha cruzado con mi camino?

Me levanté enseguida antes de que Tai se diera cuenta de que era yo y empezará a golpearme. Si eso sucediera, quería ser yo el que le sorprendiera y empezara esta lucha sin sentido.

Cuando Tai se levantó por completo y observó de quien se trataba la otra persona, sus manos abiertas se convirtieron en puños y su mirada, clavaba en la mía, pedía la sangre de mi cuerpo en sus manos.

—Esta vez—dije—, no seré el único en recibir.
—Mejor—replicó él—. No quiero pegar a alguien que no se defiende.
—¡Tai, no! —gritó Agumon.
—Matt, detente…—susurró Gabumon, desde el suelo.

Pero ninguno pudo impedir que yo empezara y le golpeara a Tai en la tripa.

De nuevo, habría pelea. Como hacía muchos años en el mundo digimon.
__________________________________________________________________________
Aquí traigo un nuevo capítulo. Nos vemos.
 

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Bueno, no tengo mucho tiempo para comentar, así que ahora lo hago rápido.

Lo que me agradó es que está vez Izzy y tentomon brillaron especialmente con su digievolución mega.

Me da ganas de entrar al fic y estrangular a Tai. Cada vez se está volviendo más quejoso y llorón. ¿Ahora empuja a Izzy solo porque no dejó que Matt muriera? Que patético. Si tienes que poner parejas hasta preferiria que fueran las oficiales de la serie porque en este momento solo quisiera que Tai se quede solo por ser un niñito llorón.

Bueno, por ahora no puedo comentar más. Al menos pude aprovechar la noche de este domingo. Adiós...
 

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Buenisimon :eek:
Realmente me encanta como viene el Fic, concuerdo con J.M Tai se esta comportando como un Niñito lloron.
Bueno no tengo mucho mas que decir implemente que espero que lo continues pronto
 

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Primero respondo a los comentarios.

J.M.: Izzy es uno de mis personajes favoritos y por eso en este fic es el más importante, aunque creo que de eso ya te diste cuenta. Dejó a Tai como un inmaduro, a Matt como un amargado y los demás... pues casi no tienen papel. Pero se trata de ver el digimundo desde una visión diferente, y cada uno de los personajes se toma la vida de los digimons de una forma distinta. Pero ya te irás dando cuenta poco a poco cuando siga la historia.

Animefa: Me alegro, de verdad. Y veo que a los dos no os gusta el comportamiento de Tai, y yo pienso lo mismo xD. Pero luego cambiará, o eso espero...

El capítulo (dieciocho ya, vaya...)

Capítulo dieciocho:
(Sora)
Muchas veces he tenido que decidir algunas cosas. Y en algunas ocasiones he escogido la incorrecta. Pero la vida es así. Te equivocas, o por el contrario, puedes elegir la correcta y tener unos años buenos, hasta que la burbuja de felicidad explota. Sí, esa persona te la pincha in algo afilado y te destruye todos tus sueños.

Cuando Matt me pidió salir, para mí fue el mejor día de mi vida. Claro está no tenía ni idea de lo que me iba a esperar en un futuro con él. Los primeros días fueron especiales. Únicos. Nuestros. De nadie más. Compartíamos sentimientos, ideas, asiento de tren… se podía decir que estábamos disfrutando de unas citas de unos completos novatos en la palabra: Pareja.

Hasta que, sin poder hacer nada, Matt cambió. Cuando fui al mundo digimon. Tai y Matt eran mis mejores amigos. Bueno, Tai y yo nos conocíamos de antes, jugando a fútbol y por ello siempre le tuve como un amigo muy cercano. Por eso acudí a él el día en que encontré a Matt con otra, ya que era el único que quería ver en esos momentos. Contarle mis problemas y que, por supuesto, me prometiera que no se lo diría a nadie.

Y ahora, como si fuera una cura, me eh olvidado de lo ocurrido con Matt. Pasó hace un tiempo, y aunque me costó bastante hacerme a la idea que la persona que más quería en esos momentos me había engañado, puedo levantarme. Tai me ha ayudado ha superar este reto. A estado a mi lado en todo momento y siempre que he tenido algún problema, un bajón de recordar ese día, él me sacaba de casa y me llevaba al parque de atracciones, a olvidarlo todo.

Por eso, cuando me besó de repente en mi casa, no supe como reaccionar, Me quedé bloqueada completamente, solo pensando en que Tai, mi mejor amigo, el que había tomado como un hermano, me había besado.
Pero lo que más miedo me dio, es que no me resultó desagradable.

—Sora—me llamó Yolei, haciendo que volviera a la realidad de nuevo—. Venga, vamos, eres la última. Todos nosotros ya hemos puesto a nuestros digimons debajo de ese portal y ahora probaremos su nuevo digievolución.
—Enseguida. Estoy algo perdida. Ya sabes… adormilada.
—Claro, claro. ¡Deprisa! —me urgió—. Izzy nos está esperando.

Empujé suavemente por la espalda a mi Biyomon y ella se acercó al pequeño portal negro. No me daba buena espina, pero todos ya habían absorbido los datos sin ningún problema, eso indica que ese portal es seguro y, que en realidad, es algo mandado por los digimons que, ahora mismo, estoy viendo como ayudan a Mimi. Además, acabo de ver la nuevo digievolucion de Palmon y me he quedado bastante sorprendida. Al igual que el digimon de Izzy.

Me pregunto en que se transformara mi digimon.

Y, entonces, mientras que Biyomon estaba debajo del portal, sentí un mal presentimiento. Como cuando sabes que algo malo está sucediendo pero no le haces caso, o como cuando vas hacer algo y sabes de antemano que luego vas a acabar mal. Bien, ahora no tiene nada que ver conmigo.

—Chicos—murmuré—. Tengo que irme.
—¿Pero qué dices? —replicó Davis.
—No sé… creo que… tengo que irme—repetí—. Vamos, Biyomon.

Biyomon se puso a mi lado dispuesta a seguirme. Pero cuando iba a bajar de nuevo por las escaleras que daban a la calle, Yolei fue detrás de mí y me cogió del brazo. Me giré y me la encontré. Sus ojos, tras las gruesas gafas, me miraban extrañada.

—¿Qué te sucede, Sora? —preguntó, soltándome.
—Lo siento mucho, Yolei—dije—. Pero algo o alguien necesitan de mi ayuda y no me puedo quedar aquí. Sé que vosotros podréis ayudar a Izzy sin problemas. Por qué me vaya no se notara. Lo siento…
—No te preocupes—sonrió ella—. Nosotros nos ocuparemos.
Era un alivio poder irme sin remordimientos encima. Biyomon empezó a volar detrás de mí y yo me di más prisa. Algo me decía que ese presentimiento de antes había empeorado. Por ello no podía quedarme quieta mientras que sentía eso en el fondo de mi corazón.

Cuando salí del edificio, unas gotas me cayeron en el rostro. Levanté la mirada y descubrí una lluvia. No era muy fuerte, pero nos mojaría totalmente a todos nosotros. De todos modos volví a correr en dirección por donde, minutos antes, se había ido Tai para alejarse de todos nosotros.

(Tai)

Ni siquiera me daba cuenta de la lluvia que caía encima de nosotros. Ahora mismo, intentaba quitarme a Matt de encima. Su furia y la violencia de golpes me sorprendían. Cuando confesó todo sus sentimientos delante de nosotros, no se protegió. Dejó que le pegara. Pero ahora era él quien se estaba devolviendo.

Y todo porque me había cogido por sorpresa, ya que si no ahora mismo le dejaría otras marcas en el cuerpo. De todas formas, conseguiría pegarle de nuevo. Gabumon y Agumon intentaban, sin ninguna oportunidad, separarnos, pero nosotros correspondíamos con empujones.

—¡Ya basta! —gritó Gabumon—. ¡Se van hacer daño!
—Gabumon…—murmuró Agumon—. Eso es lo que pretendes. ¿No lo ves?
—Pero son amigos—insistió Gabumon—. ¡Quietos!
—¡Que ahora mismo lo único que quieren es golpearse! ¿No llegas a comprender que los dos están cegados por la furia? No entenderán nuestras palabras, sus oídos están sordos a ellas. Lo único que podemos hacer es separarlos, pero tampoco, ya que nuestra fuerza no llega a tanto. Y está claro que no podemos utilizar nuestros poderes y atacarlos, ya que son nuestros compañeros.
—Pues digievolucionemos—comentó Gabumon.
—No podemos hacerlo si ellos no quieren, ¿recuerdas?
—¡Algo tendremos que hacer! —explotó el digimon de Matt.

Por fin logré coger a Matt de la camisa y apartarle hacia un lado. Rápidamente me levanté, pero al pisar el suelo mojado por la lluvia volví a caerme hacia atrás. Momento que Matt aprovechó para pegarme una patada en el estómago. Me sujeté la tripa con las manos y me mordí la lengua para no chillar de dolor. En vez de aguantarme y esperar a que otro golpe viniera hacia a mí, le pegué una patada en la pierna y el cayó hacia atrás.

Estaba empezando a notar como el frío se colaba por mi piel. Toda mi ropa estaba mojada, y lo único que sentía era los golpes y heridas que tenía provocados por los insaciables puñetazos de Matt. Mi vista se volvía nublosa poca a poca, y no sabía si se debía a la lluvia o que de verdad me estaba empezando a marear.

—Cuando uno no se protege no eres tan fuerte, ¿eh, Tai? —dijo él.
—¡Me has cogido desprevenido, cobarde! —grité yo.
—¿Me llamas cobarde a mí? —se fue hacia atrás, cojeando—. Te recuerdo que estas heridas fueron cuando me golpeaste de repente y no me protegí. ¡Tendrías que haberte detenido al ver que no me movía! Pero no te preocupes, que ahora mismo te estoy devolviendo cada golpe tuyo.

Volvió a arremeter contra mí con un puñetazo en mi pómulo izquierdo. Me echó hacia atrás y si no fuera porque me sujete a la farola, me habría caído de nuevo al suelo. Gabumon se puso en el medio, pero Matt le apartó y siguió caminando hacia a mí con los puños levantados.

Cuando estuvo a pocos centímetros, me cogió del cuello y me levantó un poco.

—No sé como los demás piensan que te sucede algo…—susurré, respirando entrecortadamente—. Está claro que eres el mismo. Solo que te has vuelto un insensible e idiota que ni siquiera ha sabido como disfrutar de alguien como Sora.
—¿Es eso lo que te molesta? —me apretó más—. ¿Qué me eligiera a mí?
—¡Claro que no! Lo que me cabrea es, que encima que te da su corazón, tu lo destrozas como si fuera un puzle para tirar a la basura—respondí.
—¡Tai, no tiene ni idea!

Me tiró al suelo y me golpeé la cara contra este. Por un momento toda mi vista se quedó negra. Los golpes que ahora Matt me daban en la cabeza los notaba lejano. Sabía que en un momento u otro me desmayaría, pero nunca había sabido que uno se sintiera así antes de que sucediera eso.

—¡Matt, no! —gritó una voz; los golpes de Matt se detuvieron de pronto.

Y yo perdí la consciencia.

(Davis)

Ahora todos los digimons tenían la etapa mega, menos lo nuestros. Pero tampoco era tan malo, cada uno había usado el DNA digievolución y ahora podía ver de nuevo a Paildramon. Solo que dentro de poco lo haríamos más fuerte, ya que con ese nivel dudábamos de verdad que pudiera hacer algo frente a Aldamon.

Imperialdramon en modo guerrero estaba delante de nosotros. Me quedé con la boca abierta. Hacia tanto tiempo que no le veía de esa forma. Tan fuerte. Tan increíble. Tan poderoso. Si alguna vez me hubieran dicho de repetir mis aventuras en el mundo digimon, habría aceptado a cambio de cualquier cosa.

Luego estaba Silphymon. Es una extraña fusión. Pero bueno, al menos nos podrá ayudar. Claro está, Kari hubiera podido digievolucionar a su digimon ella solo y que esté al nivel Mega, pero ella es bastante amable y para que Yolei aporte algo en esta batalla ha preferido fusionar a su digimon. Si llego a ser yo dejó a la novia de Ken fuera, por borde.

Y por supuesto, todos los demás tenían a sus digimons en sus nuevas formas. Todavía recuerdo la cara de asombro de todos en el momento de ver las nuevas formas. Sobre todo la de Joe. Porque la de Mimi no la he visto. Sora no está y Matt y Tai ya la vieron hace bastante tiempo.

Gomamon, el digimon de Joe, ahora recibía el nombre de Plesiomon. Parecía que solo se podía en el mar, pero estaba en Tierra y se movía rápidamente. Ahora Joe estaba con los ojos pegados a ese digimon.

HerculesKabuterimon se encargaba de Aldamon sin problemas. Pero era muy grande, y Aldamon conseguía confundirle muy a menudo. Al ser pequeño tenía más rapidez y muchas veces se escondía. Pero no podría hacer nada contra todos nosotros. Ya que él estaba solo.

—Silphymon, ves tú—dijo Yolei.
—¿Por qué? —discutí, acercándome a ella.
—No creo que sea necesario que todos nosotros vayamos para derrotarlo—respondió.
—Entonces es mejor que te quedes aquí y no molestes.
—Comprendo que el niño quiera jugar con sus muñecos, pero estamos en la vida real y los bebes no deben jugar—sonrió con malicia—. Deja estas cosas a los mayores.
—¡Chicos, ya! —Apareció Kari—. No es momento de pelear. Vamos a ir todos.

Ken también estaba al lado de Kari, mirándome. Sabía lo que significaba que sus ojos se clavaran en los míos como dos agujas: que dejara en paz a Yolei. Se había vuelto muy sobreprotector cuando se trataba de ella. ¡Es qué no veía que siempre era ella quien empezaba a molestar! Y siempre era ella quien terminaba las últimas palabras.

Todos nuestros digimons iban a atacar Aldamon cuando sucedió algo. Un fuerte sonido empezó a recorrer el lugar como si fuera una orquestra mal ensayada. No, mucho peor. Nos tuvimos que tapar los oídos para que nuestros tímpanos no se destruyeran como una fina hoja de folio.

—¿Qué es… eso? —musité, cayendo de rodillas al suelo.
—Viene del cielo—comentó Joe—. Es… una voz.

Y el médico tenía razón. De pronto una voz completamente desconocida, pero con un matiz terrorífico y tranquila, susurro en nuestras mentes como la mayor de las pesadillas. El único que estaba en calma y, para nuestra sorpresa, sonriendo, se trataba de nuestro enemigo, que se erguía en pie mirando orgulloso hacia arriba.

—Mi señor—anunció, mirándonos—. ¿Qué quiere que haga?
—No voy hacer acto de presencia, Aldamon—contestó esa voz, en todas nuestras mentes; y también en la de Aldamon, que asintió instintivamente—. Pero te voy a hacer un regalo por atreverte a luchar contra todos estos humanos y compañeros digimons sin ninguna ayuda.
—Se lo agradezco.

De repente Aldamon empezó a duplicarse. Ya eran dos, tres, cuatro… y al final, cuando terminó había diez iguales. Y estaba claro que no eran simples copias, ya que ese ser maligno había logrado atacar desde otro mundo, tele transportar a digimons a la Tierra con pequeños portales y ahora, también, conseguía hacer eso.

—Estamos listos—dijeron todos a la vez.

Y empezaron a ataca uno a uno a todos los digimons que estaban con ellos. Fueron tan rápidos que fue difícil detectarlos y consiguieron hacerles daño.

Imperialdramon se encargaba de dos a la vez. Los tres luchando por los aires, lanzándose sus mejores ataques. Pero Imperialdramon tenía una desventaja, ya que él intentaba no dañar ningún edificio, en cambio los otros hacían todo lo que querían, sin preocuparse por nada.

Teníamos que hacer algo, o esta vez perderíamos.

—Necesitamos a Tai y Sora—murmuré yo.
—Alguno tendría que ir a por ellos…—contestó Joe.
—Iré yo—se ofreció Yolei—. Intentaré venir cuanto antes, aguantad.

Salió corriendo enseguida. Ken se quedó entre ir con ella o esperarla. Pero sabiendo que de verdad estábamos en apuros, se giró para no verla y se centró en la batalla.

—Mierda. También faltan Cody y TK. ¡En qué momento uno se fue a otro país y otro se cayó por las escaleras! —grité, apretando los puños.
—Y Matt—añadió Kari, a media voz.
—Dudo que él venga—dijo Ken.

(Mimi)

Esto cada vez iba a mejor. Al menos nosotros ya íbamos mejorando y parecía que los otros empezaban a agotarse. Además de que el nuevo digimon que había venido para luchar a nuestro lado, era bastante bueno. Aunque tenía una agresividad que no me gustaba, al menos lograba ayudar a todos.

Rosemon me sorprendió. Debería estar preocupada, ya que nunca la había visto de esa forma, pero para mí seguía siendo Palmon. Además de que pensaba que no le volvería a ver, y sin embargo, aunque no puede volver a la Tierra como los demás, ahora la tengo delante de mí, luchando.

Gallantmon y Beelzemon acabaron finalmente con uno de los digimons. Y uno a uno fuero acabando con todos. Para mí sorpresa, después de ser derrotados se convertían de nuevo en humanos y eran tragados por pequeños portales.

—Ahora tenemos que ayudar a tus amigos—comentó Gallantmon.
—¡Claro, Izzy!
—Vamos—de repente el digimon me cogió y desaparecimos de ese lugar.
—¡Rosemon! —grité, antes de ver todo negro.

No había podido despedirme de ella.

Aterrizamos en la habitación de Izzy y lo primero que hice fue correr hasta la pantalla del ordenador para ver si lograba volver a ver a Palmon. Pero la pantalla ahora estaba apagada, y por mucho que la intentaba encender no pasa nada.

Había llegado a pensar que volvería conmigo.

—Mejor que te quedes aquí—dijo la digimon amarilla.
—Sí…—susurré.

Y todos salieron de la habitación para ir a ayudar a mis amigos, algo que yo no podía hacer, ya que solo era una humana y su compañera digimon no podía venir a la Tierra

______________________________________________________________________
Iba a cortar ya la pelea, pero al parecer se ha alargado más de lo que imaginaba. El siguiente no tengo muy claro como hacerlo, ya que tengo varias ideas; solo me queda una semana para terminar el instituto y después de tanto sufrimiento xD, vacaciones... así que podré continuar mis fics más recientemente.

Nos vemos, amigos.

 
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Lo siento, la verdad no tenía ni idea de que habías actualizado este fic, creo que me distraje.XD

Las cosas están mejorando para los elegidos en la pelea. Aunque no se podría decir lo mismo de Tai. Creo que ya se merecía una buena golpiza para que reaccione y deje de ser tan llorón. Ahora no se sabe que pasara con laintervención de Sora, o quizá pase directamente cuando Tai despierta o puede que sus heridas sean graves... la verdad no sé.XD
Me gustaría un capítulo donde los protagonistas fueran los de Tamers o los de Frontiers.

Ojalá pronto te desocupes y continues con este y los demás fics...
 

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J.M.: ¿Suerte? Que extraño, y yo que procuro que se coman la cabeza para que siempre estén en un enigma. Y no te preocupes, el siguiente a este es directamente un capítulo de los Tamers, con sus personajes. Ya me dirás que grupo te gusta más.

Capítulo diecinueve:

(Matt)

No entendía que hacía yo aquí, en el hospital, junto a Sora y esperando noticias sobre el estado de Tai. Los médicos se habían sorprendido bastante al verle, aunque había tenido que llevar yo hasta allí. Todavía me preguntaba porque había hecho caso a todas las peticiones de ella.

Por otro lado, los doctores también habían tratado de verme a mí, ya que mi rostro sangraba y algunos músculos no funcionaban correctamente, pero no dejé que me tocaran. No quería ser el responsable de la espera eterna de Sora, que se había sentado y miraba a la puerta por donde hacia una hora se habían llevado a Tai en una camilla, ya que él estaba inconsciente.

Me levanté. Era de noche, pero por lo menos podría hacerle una rápida visita a mi hermano menor. Aunque mañana ya le daban el alta, seguro que Kari le había contado todo y sabía los problemas de Tai, míos y Sora.

Ella ni siquiera me miró para preguntar donde iba. Su vista estaba fija en esa puerta. Tampoco es que le hubiera respondido, ya que desde que me detuvo por los golpes de Tai y me obligó a traerlo hasta aquí no habíamos hablado de nada.

Cuando llegué hasta la habitación de mi hermano, uno de los médicos me echó una rápida mirada y me pidió el nombre y apellido. Tuve que engañarle y decir que mi apellido era como el de mi hermano, ya que no tenía ganas de explicarle porque nuestros apellidos eran diferentes.

Y entré cerrado la puerta.

Mi hermano abrió los ojos súbitamente y se relajó un tanto al ver que se trataba de mí. Pero al comprobar todas las heridas y lo que me costaba sentarme sin sentir dolor, se incorporó y me miró serio.

—¿Cómo te encuentras? —le pregunté.
—Te iba a hacer la misma pregunta—respondió él—. ¿Qué te ha pasado?
—He tenido una pelea—me encogí de hombros—. Nada importante.
¿Con quién? —con ese tono tan arisco era difícil dejar de pensar que mi hermano me estaba haciendo un interrogatorio, mas creo que no se preocupa por las heridas que tengo por el rostro, que son visibles.

Kari… Kari… ella le habría contado todo a mi hermano, y si es ella, la hermana de Tai, pues le habrá dado la vuelta a todo. Aunque también es verdad que toda la culpa la tengo yo… Y pensar que durante este poco tiempo he tenido la idea de…

Sacudí la cabeza, no iba a volver a hacerme esa idea.

—Tai—contesté—. Me he peleado con Tai.
—No te entiendo, hermano—dijo T.K—. Si tienes algún problema, sea el que sea, puedes contármelo, lo sabes.
—¿Por qué todo el mundo piensa que tengo problemas? —espeté—. ¡Estoy mejor que nunca! ¡Mi música se vende, todos los fines de semana me voy de fiesta! Y tengo unos nuevos amigos que me comprenden.
—Eso lo dices más para convencerte a ti mismo que a tu hermano—contestó, audaz.
—¿Y por qué iba a hacer eso?
—Porque sí que tienes problemas—me miró—. Matt… déjame ayudarte…
—No necesito la ayuda de nadie, porque no tengo ningún problema—sentencie.

De pronto me di cuenta que Patamon estaba dormido. Y Gabumon nos miraba a los dos, pero más bien a mí. Él también estaba seguro que tenía problemas y que por ello estaba tan alejado de mis amigos de siempre.

—Creo que no has venido solo aquí para verme, ¿verdad? —preguntó entonces.
—Te dije antes que me había peleado con Tai y ahora le están viendo los médicos.
—¿Qué? —gritó—. ¿Hasta donde vais a llegar, hermano? ¿Peleando todos los días hasta que alguna de los dos le pase algo grave de verdad?
—Me de igual—me encogí de hombros.
—¡No mientas! ¡Estás mal, tienes problemas! ¡Por mucho que trates de inculcarte lo contrario, la realidad es esta, Matt!

¿La realidad? ¿Para qué vivir en la realidad? Si vivir el día a día sintiendo que tienes problemas o que has hecho cosas malas es una mierda. Lo mejor es pasar de todo, olvidarte del pasado y estar en un presente. Un presente divertido y emocionante, donde las cosas difíciles no existen.

—Espera… ¿has traído a Tai? —sonrió T.K—. Bueno, al menos parece que…
—Lo trajo Sora—corté—. Y me obligó a que le acompañara. Supongo que he sido un idiota al ayudarles, a los dos. Pero me de igual, ahora mismo volveré a casa y no voy a ayudarles nunca más. A ninguno.
—No hay remedio contigo…—murmuró.
—Sois vosotros, que intentáis ayudar a alguien que no tiene ningún problema.
—Lo que tú digas, hermano—se rindió finalmente.

Me quedé allí un rato más, pensando en mis cosas. Pero cuando mi hermano empezó a dormirse y ya no hablábamos sobre ese tema, me levanté de la silla y, pasando por la silla donde estaba sentada Sora, fui hasta casa para acostarme en mi cama y dormir hasta el día siguiente.

(Izzy)

De repente aparecieron cinco digimons. Uno de ellos no lo conocía, pero si estaba con los otros significaba que también era un amigo que venía a ayudar contra esas copias de Aldamon que tenían el mismo poder que el de verdad.

—¡No os rindáis! —gritó Davis—. ¡Vamos Imperialdramon!

Ahora que habían venido los otros, la lucha iba a nuestro favor. Por muchas multiplicaciones que su gran “amo” le proporcionara, nunca conseguirían ganarnos a todos. Además de que esta solo, todos sus amigos se habían ido, destruidos. Y seguramente no podrían volver aquí.

Miré hacia arriba. Mimi estaba en el balcón de mi casa, mirando la batalla. Pero sabía que se le pasaba por la cabeza en esos momentos. Su digimon no estaba en la Tierra, no podía venir y por tanto no podía ayudarnos en esta batalla. Me hubiera gustado ir hasta arriba y decirle que no pasaba nada, que estábamos bien y que con su sola presencia ya nos sentíamos ayudados, pero tenía que estar quieto.

Aldamon empezaba a cabreare y a darse cuenta de que no iba a poder hacer nada. Además de que según iba disminuyendo su poder, las copias desaparecían una a una. Y nosotros éramos muchos más. Ahora el digimon malvado podía ver como derrotábamos finalmente a uno de sus secuaces que estaban bajo su yugo.

Finalmente solo quedaba el Aldamon verdadero. Gallantmon se acercó a él y puso su lanza en el cuello del digimon.

—Estás derrotado—dijo.
—¡Jamás podréis vencernos! —rugió—. ¡Somos los más fuertes, tenemos un poder que nunca podréis entender! Nosotros, los frontiers, somos y seremos siempre los más poderosos de todos vosotros.
—¿Eso es lo que os prometió vuestro jefe? —Preguntó Gallantmon—. ¿La fuerza absoluta? Sois solamente seis, no podéis hacer nada contra todos nosotros…
—Que seamos más o menos da lo mismo, somos más fuertes—bramó—. Y cuando tengamos el poder infinito no podréis vencernos nunca más.
—¿De qué poder hablas?
—A ti te lo voy a decir—río el digimon.

Pegó un salto y se metió en un portal que ninguno nos habíamos dado cuenta de él. Y entonces desapareció. Su risa todavía resonaba cuando todo terminó. Nosotros nos quedamos todos quietos, alucinados de haber vencido de verdad, de que nuestros digimons hubiera podido digievolucionar a tanto nivel.

El silencio se rompió cuando mi móvil empezó a sonar.

Cuando lo saqué de mi bolsillo comprobé que era el número de Sora.

—¡Sora! Estamos bien, no haces falta que…—comencé.
—Me alegro—cortó ella—. Pero tenéis que venir al hospital cuanto antes.
—¿Le ha pasado algo a T.K? —pregunté; Kari me miró de pronto.
—Ah…no, bueno no he ido a verle, pero seguro que está bien—le hice un gesto a Kari para que se tranquilizara—. Se trata de Tai.
—¿Tai? —de nuevo la hermana del nombrado se puso tensa.
—Cuando me fui porque sentía que algo iba mal, me encontré con Matt y Tai—explicó—. Ambos se estaban peleando, pero en ese momento ya se habían hecho bastante daño. Tai estaba inconsciente, por lo que le pedí a Matt que le llevara al hospital y yo les seguí. Y ahora estamos aquí—finalizó.
—¿Cómo se encuentra?
—Los médicos no me han querido decir nada todavía—murmuró.
—Bien, no te preocupes. Tai es fuerte, seguro que no le pasa nada—estas palabras también iban dirigidas a Kari, que me agarraba del brazo para saber información—. Enseguida vamos, ya hemos terminado.
—Os espero—y cortó.

Les conté a los chicos lo que había sucedido.

—¡Tai tenía razón, Matt solo da problemas! —siseó Davis.
—Los dos son iguales—murmuró Joe—. Si se han visto, no tenemos ni idea de quien comenzó la pelea, pero está claro que, por mucho que intentaran verse, alguno de los dos iba a pelearse. No son de mantener una conversación por una disputa.
—¿Pero quién está en el hospital, eh? —Insistió Davis—. ¿Quién ha provocad que uno de nosotros esté malherido?
—Davis, el otro día fue Tai quien golpeó a Matt y este ni siquiera se defendió—dijo Kari—. Así que eso da igual. Si Tai está así, es porque los dos son igual de cabezotas. Y es una suerte que Sora los encontrara, o ahora ambos estarían en el hospital heridos.

Los dos empezaban a enfadarse. Davis nunca se había enfrentado de esa manera a Kari, pero al parecer, desde que ella tenía novio y además le había tenido engañado, le daba igual que fuera la misma chica que le gustaba.

—¿Proteges a la persona que ha herido a tu hermano? —gruño Davis.
—Solo estoy siendo justa.
—¡Está claro que toda la culpa la tiene Matt!
—Davis, si mi hermano se hace homosexual de pronto, tú dirás que está bien. Si se hace enemigo de un grupo de música, dirás que está bien. ¡Y si los dos tienen la culpa, tú dirás que mi hermano es la victima y así será siempre! —finalizó Sora.
—¿Has… llamado gay a tu hermano? —se puso una mano en la boca.
—¿Eso es todo lo que has escuchado?

No tuve otro remedio que meterme en el medio.

—Ya vale, ahora mismo todos al hospital—interrumpí.
—¿Desde cuando eres el capitán de este grupo? —rugió Davis.

Negué con la cabeza y empecé a caminar hacia el hospital. Los demás que hicieran lo que les daba la gana, pero yo quería saber como estaban Tai y Matt. Tenía que darle las gracias, ya que había venido para ayudarnos y encima le estaban echando la culpa cuando no tenían ni idea de lo que había pasado en realidad.

Llegamos al hospital en una media hora. Vimos a Sora sentada en las sillas de espera, con la cabeza agachada y las manos sobre las rodillas.

—¿Cómo estás? —preguntó Mimi, abrazándola.
—Yo estoy bien, pero Tai…—sollozó.
—No te preocupes, saldrá bien—sonrió Yolei.

Henry y los demás estaban detrás de todos. Al no ser todavía del grupo se mantenían alejados de los demás. Y también estaba el hecho de que estaban cansados, habían tenido que proteger a Mimi y luego a nosotros. ¿Estábamos en tan poco nivel, o entrenamiento, que siempre necesitamos la constante ayuda de ellos?

Eso me hacía replantearme algunas dudas. ¿De verdad somos los niños elegidos que los tamers necesitan? ¿Acaso hemos logrado algo con nuestra ayuda? ¿Qué hemos averiguado, aparte de lo que ellos nos han contado? Y lo peor de todo es que nuestro grupo ya no está con unido como lo era antes. Algunos están en sus cosas, además de que en nuestro equipo se ha dividido en dos grupos. Uno de ellos es Tai, el otro Matt y la que está en el medio es Sora.

Y todo eso es un gran problema. Tenemos que pensar en la batalla, y no en estas tonterías de celos, peleas y romances que han tenido problemas en un pasado. Lo de Sora y Matt ocurrió hace tiempo, y creo que Tai se está metiendo en cosas que no debe. Si Sora decidió perdonar a Matt, es porque quiso.

—¿Estás bien? —preguntó Mimi, tocándole el hombro para llamar mi atención.

Mimi era, en estos momentos, la única que de verdad me comprendía. Si me daba cuenta, ella estaba alejada también de todos. Se sentía mal porque nunca podía ayudar-tampoco es que nosotros hiciéramos mucho en las peleas-, pero era la verdadera persona que pensaba antes de entrar en una lucha. Desde un principio nunca le habían gustado las luchas entre digimons, y por eso se fue. Y ahora con la pelea de ese trío amoroso, tenía razón conque todos ellos tenían problemas.

Por eso era la persona ideal para ayudarme en que todos estuviéramos unidos.

—Vamos fuera—pedí—. Tengo que hablar contigo de algo serio.
—De acuerdo—asintió ella.

Cuando íbamos a irnos, Takato me cogió del brazo y me indicó con la cabeza que le siguiera a un lugar apartado para hablar. Le dije a Mimi que enseguida iría, ella aceptó y se fue hacia fuera.

—¿Qué sucede? —pregunté, en cuanto nos encontrábamos en las cafeteras, y ambos disfrutábamos de un café caliente y fuerte.
—Estamos preocupados por tu amigos, pero hay cosas que requieren de nuestra atención—contestó—. Rika empieza a enfadarse con vuestras estúpidas peleas. Ella tiene claro que ahora mismo tenemos un problema mayor que las cosas que os estén sucediendo en la vida personal.
—Comprendo…—tenía mucha razón, pero no me atrevía a decir nada más.
—Por eso no podremos volver a vernos hasta que lo arregléis—finalizó; me quedé mucho ante la sorpresa, ¿tan poco servíamos? —. Necesitamos vuestra ayuda, pero en estos momentos creo que lo único que hacéis es pelear y pensar más en vuestros problemas que en los digimons que vienen recientemente a nuestro mundo para destruirlo.
—Es cierto que estamos teniendo algunos líos, pero intentaré solucionarlo.
—Nosotros nos podemos ocupar por ahora de estos asuntos—murmuró Takato.
—¿Cómo que por ahora? —ahora sí que estaba perdido.
—Ahora mismo no puedo contártelo, ya que no requiero del tiempo necesario, pero otro día, cuando volvamos a vernos, te explicaremos todo—hico un gesto con la mano—. Queremos averiguar algunas cosas, y tenemos poca información. Será mejor que nos vayamos ya.
—No sé cuanto tardaré en que todos estemos bien—susurré.
—Te pido que lo intentes de verdad, ya que si no, no podremos hacer nada—rogó Takato—. Recuerda que no tenemos todo el tiempo del mundo, y que cuando más tardemos, los frontiers y su jefe se hacen más fuertes.
—¿Qué…? ¡Eso no me lo dijiste! —le reproché.
—Te vuelto a repetir que ahora no te lo puedo contar todo…—murmuró—. Es verdad que hemos escondido muchas cosas, pero cuando hablamos con vosotros es como si no prestarais atención. Antes de volver a unir fuerzas, hazte unas preguntas, Izzy. ¿Queréis salvar el digimundo, como sucedió hace mucho tiempo?

Takato me dejó con la respuesta en la boca. Aunque sabía que, cuando tocara el momento de contestar a esa pregunta, tendría que ser después de pensarla con claridad. Además de que ahora mismo tenías otros problemas que resolver.

Me terminé el café, y saló del hospital para hablar con Mimi.

Ella me estaba esperando sentada en uno de los amplios bancos blancos que rodeaban todo el hospital. Varia gente había fuera, pero en esos momentos tenía otras cosas en la que pensar. Todos mis amigos estaban preocupados por Tai, pero Takato había tenido mucha razón al decir que había otros problemas, mucho más importante que pelas de celos.

—Te veo preocupado—comenzó Mimi—. ¿Qué te ha dicho ese chico?
Mimi era la persona que me podía ayudar, por lo que resumí en pocas palabras lo que me hacía contado.

—Ya no somos niños…—murmuró Mimi.
—¿A qué te refieres? —pregunté—. Aunque no seamos críos que han ido de repente al digimundo, no significa que esa etapa da nuestra vida se haya olvidado. Por lo menos para mí… he dedicado toda mi vida a estudiarlos, a volver a verlos y ahora que lo he conseguido, solo he traído problemas.
—Izzy, ese es el problema—contestó—. Los demás se habían olvidado del digimundo. Sí, estaban contentos de ver a nuestros digimons, pero no para volver a luchar. Y creo que es ese el problema que tienen los demás. Tai piensa más en su vida de adolescente, por eso está tan enfadado con Matt y no se da cuenta de los verdaderos problemas. Todo lo contrario cuando era pequeño…
—¿Cómo no me he podido dar cuenta? —susurré.
—Pero hay alguien que sí quiere ayudar al digimundo—dijo Mimi.
—¿Quién? Quiero decir, aparte de ti.
—Matt—contestó, y abrí los ojos—. Si te das cuenta, siempre que estamos peleando contra un digimon, el viene y da todo lo que puede para ayudar. Aunque luego se vaya y quiera hacerse a la idea de que solo había venido por otras cosas, de verdad quiere ayudar a su digimon y a todos nosotros.


Mimi tenía razón. Y ahora tenía clara una cosa. Si conseguía que Matt cambiara y volviera a tener una buena amistad con Tai, puede que él consiguiera que todos nosotros volviéramos a ser un equipo de verdad.

Mimi apoyó su cabeza en mi hombro y suspiró.

—Todo eso me supera—murmuró.
—A mí también—confesé.
 

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Este capítulo estuvo más corto pero creo que fue mejor así porque pude comentar rápido.

A mí me vale que Tai sea un adolescente y que por eso no pueda preocuparse por otras cosas. Literalmente todos los mundos, incluyendo la tierra corren el peligro de ser destruidos, eso no es problema de adolescentes... eso es ser un estúpido. Este es uno de los pocos fics donde me hace odiar a Tai y que por otro lado Izzy pueda brillar, eso si me gusta, muchos dejan de lado a Izzy y Joe. Y en la segunda generación Cody es el ignorado predilecto, aunque en este último es dicícil hacerlo resaltar.

Finamente los de Tamers les dijeron sus verdades, aunque me dio lástima que se lo dijera solo a Izzy. Rika debió gritarles a todos los que estaban ahí y que dejaran de llorar por el llorón.XD

Estaré esperando los capítulos de las otras temposradas.
 

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Respuesta a los comentarios:
J.M.: Tai cada vez está cayendo peor, según veo. Por eso cree este fic, para que los personajes de siempre queden fatal xD, y en cambio los que nunca tuvieron protagonismo aquí sean los únicos que tienen las cosas claras.

Aquí tienes, por fin, un capítulo de los tamers:

Capítulo veinte:

(Rika)

Salimos del hospital para ir directos a la entrada del digimundo. Sí, ese lugar donde Takato escondía a Guilmon para que sus padres no le vieran. Todas las noches íbamos hasta allí y entrabamos al digimundo para encontrar nuevas pistas; y eso no podrímos hacerlo si nuestros padres o familiares estuvieran vivos…

No entendía para nada el ridículo comportamiento de las personas que según nos indicaron eran los elegidos para poder salvar el digimundo. Sin embargo, lo único que hemos conseguido con su ayuda es… ¡Nada! Me gustaría soltarle cuatro palabras, pero Henry ya me avisó de que me callara. Eso sí, como sigan comportándose de esa manera infantil, no me aguantaré.

Renamon no andaba lejos. Aunque no se dejaba ver por precaución, y también por si desde donde se encontraba lograba ver si algún digimon malvado venía a por nosotros. Por eso estábamos a salvo por el momento. Hasta que el jefe que está controlando a los frontiers se aburre y use su poder para hacer portales y mandar a uno de sus peones.

—Recordad, en cuanto entremos digievolucionaremos—dijo Henry.
—¿Por qué tenemos hacer todo esto…? ¿No deberían ocuparse ellos de su propia Tierra? —solté—. Se supone que en esta época nosotros estamos muertos. Y aquí nos encontramos, ayudando a una panda de críos con cuerpo de adolescente.
—¡Rika! —regañó Takato.
—Estoy cansada de estar lidiando con los problemas de los demás—justifiqué.

Ninguno de los chicos me hico caso. Aunque desde que llegamos aquí, todos hemos estado un poco confusos. Un nuevo lugar, y encontramos la entrada a nuestro digimundo gracias a una persona, que nos contó que hace mucho tiempo existía un parque donde los niños jugaban, y donde hubo muchos problemas. No nos costó mucho averiguar que era el lugar que necesitábamos.

Entramos por el túnel. El primero en lanzarse al portal era Ryo, que como siempre tenía que hacerse el héroe y demostrar que no pasaba nada; ese era el principal motivo pro el cual no le soportaba, aunque al menos era mucho mejor que los otros elegidos.

Renamon apareció a mi lado en cuanto nos tocó el turno de saltar.

—¿A qué esperas? —me preguntó ella.
—A nada—contesté, saltando sin su ayuda.

Caímos en el desierto de nuestro digimundo. Lo único que teníamos que hacer para volver, era llegar antes de que pasaran tres horas. Era sencillo, pero algunas veces se nos habían pasado los minutos y habíamos tenido que esperar una semana hasta que el portal volviera abrirse.

Por eso ahora siempre alguien se quedaba cerca de la entrada, por si acaso pasaban las horas y tenía que volver. Luego entrar y así mantener el portal abierta un tiempo más.

—Hoy me quedaré yo—dijo Henry—. Tengo cosas en las que pensar.
—Pero eres la persona que más necesitamos—replicó Takato—. Sabes como manejar los ordenadores, y desde que ese digimon malvado está aquí, el digimundo está muy cambiado. Todo es diferente… no puedes quedarte aquí.
—Pues entonces me toca a mí—sentenció Ryo.

Tomada la decisión, nos pusimos rumbo al lugar de siempre.

Cuando llegamos, sucedió lo de siempre. El escudo de color naranja rodeaba todo ese lugar, bloqueándonos el paso y sin dejarnos avanzar. Me gustaría descubrir donde se encontraba los objetos que conseguían que ese escudo siguiera ahí, todos los días y sin ningún rasguño.

Lo habíamos intentado. Atacar todos a le vez, usar bombas de los ejércitos (lo hicimos solamente pensando que, tal vez, a ese escudo solo le afectaba nuestros ataques) pero siempre sucedía lo mismo. Henry lo había investigado a fondo, pero nunca conseguía descubrir como destruirlo.

—¿Y ahora qué hacemos? —pregunté.
—Lo de siempre, intentar quebrantarlo—respondió Takato.
—Eso lo hemos intentando como cuatro veces y siempre da el mismo resultado—replicó Henry—. Esta vez optó por buscar en todas partes hasta encontrar un signo de que es algo que hace que el escudo sea tan potente.
—No va a ser sencillo y solo tenemos dos horas y media…—le recordé.
—¿Puede ir alguno de los y avisar a Ryo para que, cuando lo vea necesario, entre y salga? —preguntó Henry.
—¿Acaso nos vamos a quedar aquí hasta que encontremos algo? —Repuse—. Y eso suponiendo que de verdad se aun objeto lo que le sostiene, ya que puede ser el poder del mismísimo malvado.

Henry ladeó la cabeza, algo enfadada por mis insistentes contestaciones. Estaba yendo por la negativa todo el rato, pero una se cansaba de intentar hacerlo todo e incluso así no conseguir nada.

—Enseguida vuelvo—dije, dando a entender que iba yo.
—Nosotros te esperaremos, tenemos que ir juntos todo el rato por si acaso hay algún peligro—murmuró Henry.
—Sí, por eso voy yo ahora sola hasta donde se encuentra Ryo—ironicé.
—Está cerca, y en cuanto llegues Ryo puede ayudarte si tienes un problema—dijo Takato.
—No necesito la ayude de nadie, y solo lo he dicho para que os deis cuenta de que estamos en un constante peligro—objeté—. ¿Y sabes quién tiene la culpa de que sigamos aquí, sin poder avanzar? ¡Tus estúpidos amigos! —espeté a Henry.

Henry no me contestó.

Hice digievolucionar a Renamon a Kyubimon y empezamos a ir hacia la entrada. Todo está tranquilo. Demasiado. Y eso me hacía pensar que alguien nos estaba espiando, o por el contrario de verdad hemos ganado esa batalla y tienen que reponer fuerzas.

Cuando llegué, Ryo hablaba con Cyberdramon de algo. Al verme, se giró y me saludó con un movimiento rápido de la mano.

—¿Has venido a hacerme compañía? —sonrió—. Que encantador…
—No, idiota, es por algo serio—mascullé—. A Henry se le ha metido en la cabeza que puede que haya objetos que sostengan ese escudo…
—Eso es imposible—me interrumpió Ryo.
—Ya, pero por intentarlo…—suspiré—. Pues eso, que si ves que tardamos más de lo acordado entres y vuelves a salir. ¿No es una tarea muy difícil, verdad? ¿O prefieres que te la explique de nuevo?
—Aunque estés enfadada con los elegidos, no cargues el enfado a otros—murmuró.
—Ya me has oído—finalicé.

Volví a subirme a mi compañera, sin despedirme y salimos corriendo de nuevo hacia el lugar donde se encontraban Takato y Henry. Pero, entonces, de repente algo lanzó a Kyubimon hacia atrás, y caí al suelo golpeando en la cabeza. No sabía lo que era, pero me había sonado familiar ese golpe…

—¡Rika! —Gritó Ryo—. ¡Levántate!

Kyubimon ya se había levantado, y me defendía del peligro. Intenté levantarme, pero la cabeza me dolía y tenía la miraba borrosa. Ni siquiera llegaba a reconocer al digimon que nos había hecho esto. Lo que sí escuché fue a Ryo, ya digievolucionado a Justimon, combatiendo contra el enemigo.

Poco a poco mi conciencia fue mejorando. Arranqué la manga entera de la camisa y me hice una pequeña venda en la cabeza, para que no saliera la sangre. Entonces le pedí a mi compañera que volverá a ser Renamon.

Y pronto me fusioné con mi digimon, convirtiéndome en Sakuyamon.

Ahora podía ver perfectamente quien era mi enemigo. Pero no llegaba a creérmelo. Si bien había visto hacia unas horas, ese digimon era el mismo que uno de los elegidos. Y sin embargo ahí estaba, combatiendo contra Justimon y logrando hacerle daño.

—¿Cómo es posible? —murmuré.
—¡Es una copia! —Respondió Justimon—. ¡Al verlo y tomar datos sobre este digimon, ha logrado hacer un robot perfecto para que tenga los mismos poderes y que esté bajo su mandato!
—Pero… entonces vamos a tener todavía más amigos—susurré.
—Sí, así es—contestó—. Y si no contamos con la ayuda de los elegidos, nunca podremos vencer y ayudar a la Tierra.
—Bueno, pues mañana elegiremos ataúd.

Justimon fue lanzado por los aires, y el digimon lanzó un ataque hacia él. Cuando le golpeé, sentí como gruñía de dolor. Lo peor de todo fue el duro golpe que dio cuando, tras un fuerte golpe del digimon enemigo, cayó al suelo a mucha velocidad.

Cuando se cansó de él, volvió su mirada hacia mí y empezó acercarse. Si Justimon tenía razón, tenía el mismo poder o incluso más que el verdadero. Y por tanto tendría que pensar muy bien mi siguiente movimiento; mientras tanto Justimon trataba de levantarse para poder ayudarme en esa batalla.

Para nuestra sorpresa, el digimon se movió a una velocidad de vértigo y consiguió cogernos a los dos. Sentimos una descarga eléctrica por todo nuestro cuerpo, y entonces desaparecimos de ese lugar. Cuando nos dimos cuenta, nos encontrábamos en la Tierra y ese digimons nos tiraba hacia los edificios.

—Quieren destruir la Tierra a toda costa—dijo Justimon.
—No se lo permitiremos—gruñí—. ¡Vamos!
—Tenemos que avisar a Henry y Takato—murmuró Justimon.
—No hay tiempo, tendremos que acabar con este digimon nosotros solos—contesté.

Intenté recordar el nombre de nuestro enemigo… pero dándome a entender que era uno de los de los elegidos. Se trataba de Imperialdramon… un digimon que antes había demostrado que era bastante poderoso. Solo esperaba que de repente el digimon cobrara un poder increíble y nos derrotara.

Justimon no pareció pensárselo dos veces. Saltó del edificio y usando uno de sus ataques, se abalanzó hacia el enemigo. Yo usé uno de los míos para crear una cúpula a su alrededor y así protegerlo de los daños del enemigo. Tal vez conseguía aguantar un poco, pero cada vez que el digimon golpeaba a Justimon, sentía como mis fuerzas se desvanecían.

Pero gracias a esa defensa, Justimon, sintiendo mi energía y mi protección, empezó a moverse con más facilidad. Atacando hacia todas las partes e intentando ir hasta arriba para atacar con libertad. Lo malo de ese digimon es que es muy grande, ya que para Justimon es más complicado.

Cuando de pronto, el enemigo cogió a Justimon con las dos manos y empezó apretarle, la única que sentía dolor era yo. Él estaba protegido, pero ahora estaba siendo machacada por dos fuertes manos.

—Rika…—susurró—, elimina la defensa.
—¡No! ¡En cuanto logres soltarte… ya no sentiré dolor! Además—intenté sonar sincera—, no siento tanto daño.
—Que orgullosa eres—murmuró Ryo.

Un rayo de luz apareció de repente y chocó en las manos que apresaban a Justimon. Cuando lo recibió, no tuvo otro remedio que soltarle. Justimon, al sentirse liberado, cayó con elegancia y me miró, preocupado.

Vimos, arriba del todo, a MegaGargomon y en su hombro a Gallantmon. Los dos habían venido a ayudarnos. Creo que cuando no estamos todo el equipo, nunca conseguimos vencer en una pelea. Aunque bueno, por eso somos un equipo.

—Al ver que tardabas, algo no común en ti, venimos enseguida—explicó Henry.
—Estamos bien—dijo Ryo.
—Vamos a acabar con esa copia—afirmó Henry.

Eligiendo una buena táctica, cada uno se puso a un lado de ese digimon. MegaGargomon en frente, Gallantmon detrás. Y justimon y yo a los lados. Justimon y Gallantmon no podían volar, por ello les había ayudado con mi protección, que también incluía el movimiento por el aire.

—¡Ahora! —gritó Gallantmon.

Todos atacamos al mismo tiempo…

—¡Sable real! —de la lanza de Gallantmon salió un rayo de luz azul.
—Patada justiciera—Justimon fue por su lado para no recibir nuestros ataques, mientras usaba el suyo propio para dañar al enemigo.
—¡Izuna! —ese fue el mío, con toda la potencia posible.
—¡Misiles gigantes! —los cañones osos de MegaGargomon salieron de sus hombros para salir disparados con rapidez.

Para nuestra sorpresa, todos los ataques rebotaron en su cuerpo como si fuera un cristal y eran lanzados de nuevo hacia nosotros, con distinta dirección. Justimon salió volando él mismo por los aires, por lo que no atacó a nadie. El ataque de Henry iba directo hacia Gallantmon, el mío hacia MegaGargmon y a mí me tocaba defenderme del rayo de luz de Takato.

Miré a todos los dados, pensando en algo rápido y efectivo. Entonces se me ocurrió algo perfecto, podía ser algo muy peligroso, pero no tenía otra cosa que intentarlo. Después de todo, esta batalla estaba empezando a dañarnos de verdad.


Cerré los ojos y llamé a todo mi poder para sacarlo al exterior.

Al abrirlos, noté como los ataques de los tres estaban apunto de herirnos. Por lo que alcé mi vara y grité con todas mis fuerzas:

—¡Esfera de cristal!

Y todos los ataques que ese digimon había dirigido hacia nosotros con su propio poder, fueron impulsados de nuevo hacia él. El digimon pareció estar algo bloqueado, pero entonces empezó a volar hacia arriba. Estuve un poco asustada, ya que si los ataques no iban hacia él, solo quedaba un edificio repleto de personas.

Pero entonces llegó Justimon y usando su ataque de antes, impulsó los tres ataques hacia arriba, donde se encontraba Imperialdramon.

El digimon no explotó ni nada. Al ser una copia, cuando recibió todos los ataques desapareció por completo sin dejar rastro. Lo único que había sido perjudicado para la Tierra, eran dos agujeros que se habían formado cuando Ryo y yo fuimos lanzados hacia allí.

Bajamos hacia abajo al mismo tiempo que volvíamos a ser humanos. Estábamos agotados, y seguramente no podríamos volver a digievolucionar si estábamos en peligro.

—¡Irresponsables! —Rugió Henry—. ¿Cómo se os ocurre enfrentaros vosotros solos ante esa copia increíblemente fuerte?
—No teníamos otra opción…—murmuró Ryo.
—¡Siempre la hay! Podríais haber ido hasta nosotros y así no hubiera sucedido esto—contestó—. Tenemos que estar unidos. Recordad que no tenemos tanta vida como los demás… incluso tenemos un cronometro de tiempo. No podemos arriesgarnos de esa manera.
—Si hemos venido aquí para hacerles las tareas fáciles a los niños elegidos, prefiero morir de una vez—mascullé.
—¿Cómo puedes decir eso? —murmuró Ryo, perplejo.
—¡Estamos muertos! —grité—. ¿Acaso ya habéis olvidado que en realidad estamos aquí solo para ayudar a esos idiotas? Para salvar la Tierra y así poder descansar en paz. Pero no, vosotros tenéis en mente que estáis vivos. ¡Y estáis completamente equivocados!

Me levanté, enfadada, y empecé a caminar hacia delante. Los chicos se quedaron parados, hasta que Henry se levantó y me detuvo.

—Si logramos eliminar al malvado, sabes perfectamente que ya no estaremos muertos, porque no habrá destruido nuestro mundo.
—¿Y, según tú, podremos vencerle? —inquirí.
—Solamente con ayuda de los elegidos de este lugar—contestó.
—Pues como le dije antes a Ryo, mañana iré a elegir un ataúd. Al menos, aquí moriré con un poco de honor—reí, sin ninguna gracia, pero era para no llorar.

Me solté de su agarré y volví a caminar. No tenía ningún lugar a donde ir, pero siempre dormíamos en un hostal. Teníamos dinero y lo bueno de estar muertos en el pasado, es que nunca tienes hambre.

—Lo único que podemos hacer es confiar en ellos—susurró Henry.
—Si te das cuenta—dije, antes de que mi voz no se escuchara allí—, eres el único que sigue con la esperanza de que esos chicos nos ayuden. ¡El único!

Y empecé a correr para no escucharlos más.

(Henry)

Nos quedamos allí los tres, arrodillados y mirando el cielo. Sin poder hacer nada más, ya que estábamos muy cansados y nuestros digimons necesitaban dormir urgentemente.

¿Rika decía la verdad? ¿Solamente yo seguía pensando que esos niños elegidos nos ayudarían en esta guerra con la oscuridad? Puede que tenga razón, y que finalmente no nos quedé otra que rendirnos y esperar a que todo termine. La lucha que estamos haciendo no sirve de nada si no obtienes un poco de ayuda de la otra parte.

Ryo se acercó hasta mí con su tranquila sonrisa.

—No le hagas caso, ya sabes como es Rika—murmuró.
—¿Y tú que piensas de todo esto? —pregunté.
—En parte me siento un poco decepcionado con esos elegidos—confesó—. Pensaba que serían más maduros, que nos ayudarían sin reparos. Sin embargo, han estado estos días como unos idiotas, sin hacernos caso y al parecer no parece que nuestras palabras les haya afectado lo más mínimo.
—Ese chico… Izzy, sí que nos está ayudando—dijo Takato, acercándose.
—¿Y qué va a hacer él solo? ¿Cómo va a conseguir que todos los demás estén atentos a la verdadera guerra que está delante de nuestros ojos? —preguntó Ryo.
—Solo esperemos que lo consiga—respondió Takato.

Nos quedamos en un cómodo silencio. Solamente mirando el cielo y recuperando un poco las energías. Tendríamos que ir hasta un hostal, aunque no había muchas ganas de ir hasta allí caminando.

—Rika tiene sus motivos para enfadarse—admitió Takato.

De pronto recordé al digimon que habíamos visto detrás del escudo. La única digimon que había conseguido traspasarlo sin problemas.

—Takato… el digimon de esa chica llamada Mimi, estaba detrás del escudo.
—Ya.
—Izzy comentó algo de que era la única que no podía tener su digimon en la Tierra—memoricé—. Eso era muy extraño, pero creo que acabo de descubrir el porqué.
—¿Y qué es? —preguntó Ryo.
—No estoy completamente seguro, por lo que tendré que estudiarlo. Vayamos a la sala de ordenadores, allí investigaré a fondo—contesté.
—¡Tenemos que dormir! —objetó Terriormon.
—No hay momento para eso—murmuré.

Y salí corriendo hacia la sala de ordenadores que había comprado en cuanto llegamos aquí. Tenías muchas cosas que hacer y que descubrir.
 
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Finalmente Rika actuó como suele actuar Rika.XD

Y veo que no es la única. odos los tamers parecen estar de acuedo en que los alegidos de Adventure actúan como unos post pubertos fracasados, sin mencionar que ya son bastante mayorcitos para eso.

Ahora si se ve algo intersante en la trama de los de Tamers, aparentemente su presencia no tan obvia como creí. Ya me estoy dando algunas ideas de la conexión que quieres hacer pero prefiero ver que sucede después.

Supongo que luego pondrás un capítulo de los de Frontier. A fin de cuentas a ellos también les hace falta una explicación. Especialmente con lo del enemigo principal.
 

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Esto cada vez me da mas intriga y cada vez se pone mas emocionante.
bueno no tengo mucho mas que decir. Sigue asi!!! te esta quedando genial :cool:
 

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Respuesta a los comentarios:
J.M.: La presencia de los tamers; lo de Palmon; Los frontiers. Son las tres cosas que pensé en un principio para que esta historia tuviera un poco de misterio. Los primeros capítulos no se centraba para nada en esta acción de estos capítulos, pero ahora casi siempre están peleando xD. Sobre lo de un capítulo para los frontiers, no lo voy hacer; ya sé que es un enigma el saber como consiguió controlarlos, incluso descubrir quien es finalmente el malvado, pero lo dejaré para el final.

Animefan: Gracias por leer. Eso intento.

Sin más esperas, que empiece el capítulo veintiuno:

Capítulo veintiuno:

(Kari)

Tres días después de aquella noche en que todos estábamos nerviosos por saber que pasaba con Tai. Ahora estaba con Sora en casa, viendo una película de Terror. Mientras que los digimons se tapaban con los cojines cada vez que aparecía el asesino. En realidad, estas películas me aburrían, pero como necesitaba pensar, no había replicado a la hora de que la otra se pusiera de acuerdo en verla.

TK había salido del hospital hacía dos días. Llevaba muletas, pero al menos podía estar en casa y recuperarse sin estar encerraros en una habitación del hospital. Davis cuidaba de mi hermano, mientras que Yolei y Ken estaban de vacaciones un par de días. Como desde ese día no había habido problemas con digimons malvados, todos suponíamos que por ahora todo iba bien.

Joe estudiaba. Los únicos que seguían con sus investigaciones eran Mimi e Izzy. Ahora ella estaba todo el día en su casa ayudándole. No sé que querrán hacer, pero ahora no hay peligro, podrían disfrutar de estos días aburridos y tranquilos.

—Hecho de menos otra fiesta…—murmuré.
—Después de lo que sucedió, ¿de verdad te apetece? —preguntó Sora.
—¿Te refieres a lo de TK?
—Supongo que no hiciste nada más en la fiesta que pudiera hacer enfadar de esa manera a tu hermano—replicó—. Kari, estás más descentrada de lo costumbre. No estamos para fiestas. Puede que todo esté tranquilo… pero nunca se sabe.
—Por eso tenemos que disfrutar ahora—sonreí.
—Vamos a ver la película, anda—negó ella.

No me apetecía ver la película por más tiempo, por lo que se lo comuniqué a Gatomon y las dos nos fuimos de casa. Sora siguió allí, con su digimon, mientras que quitaba la televisión y sacaba un libro de la mesa que estaba en el centro de los dos sofás.

Mientras que caminábamos por las calles de la ciudad, pensaba en algo que pudiera hacer. Pero por mucho que lo intentara, no sabía si requerían de mí en algún lugar. Me gustaría ir hablar con TK, pero sé que él está muy ocupado con su hermano, e intentando saber que le pasaba de verdad.

De repente mi móvil empezó a vibrar en el bolsillo del pantalón. Era un mensaje, por lo que no tuve necesidad de cogerlo todavía. Quería disfrutar del suave viento y también de la tranquilidad del día. Pues era domingo, y la mayoría de las personas estaban en sus casas, esperando al día siguiente para volver a ir a trabajar.

Cuando me quise dar cuenta, me encontraba en la casa donde convivían con las chicas. Al parecer, al no tener nada que hacer aparte de caminar, había tenido la idea de volver de nuevo.

No encontré las llaves, por lo que llame varias veces al telefonillo. Para mi sorpresa, nadie me contestó. Lo primero que se me vino a la cabeza fue la posibilidad de que Sora se hubiera quedado dormida, pero sería extraño. Ella nunca dormía la siesta y si lo hacía era por que estaba mal o triste… aunque también era cierto que durante estos días no era la misma de siempre.

No me quedó otra opción que sentarme y esperar a que Sora se despertara, o por otro lado viniera de donde hubiera ido.

—Si quieres yo puedo abrir la puerta—dijo Gatomon.
—¿Y cómo lo vas hacer? —pregunté.
—A diferencia de los humanos, nosotros no tenemos puertas en nuestras casas, pero no creo que sea muy difícil abrir esto—señaló a la puerta—, además, yo tengo unas garras muy afiladas.
—Inténtalo—me encogí de hombros—. Por probar…

Gatomon se puso al lado de la puerta, y metiendo una garra por dentro consiguió que esta se abriera lentamente. Creo que durante estos días he estado más centrada en mis cosas, que en tener de nuevo a Gatomon a mi lado. Cuando era pequeña siempre me preocupada por ella, incluso miraba cada dos por tres por si era una imaginación y de repente desaparecía.

—¿Estás bien, Kari? —preguntó mi digimon.
—¿Crees que he cambiado, Gatomon? —quise saber.
—Todos habéis crecido y cambiado—contestó ella—. ¿Te refieres a eso?
—No… sé que me estoy comportando contigo de una manera diferente—murmuré—. Lo que quiero es saber si me estoy centrando en estas peleas, en lo que está ocurriendo en el digimundo y en que de repente haya más niños elegidos. No es extraño esto último, pero es que sus digievoluciones no son iguales…
—Eres más mayor y a lo mejor por eso ya no te implicas tanto en mí y en el digimundo. Ya que es algo que te sucedió cuando eras solo una niña—Gatomon me sonrió—. No te preocupes, poco a poco te acostumbrarás a esto de nuevo.
—Sí, eso espero—dije, sinceramente.

Alguien estaba llamando al móvil, lo cogí enseguida.

—¿Dónde estás, por qué no vienes? —preguntó TK.
—Esperando a que Sora me abra…¿sucede algo? —contesté.
—¿No has recibido el mensaje de Izzy? Estamos todos en su casa, Kari.
—¿Pero qué pasa? —insistí.
—Mira el mensaje y ven cuanto antes—dijo y colgó.

¿Qué le pasaba? Ese comportamiento de TK no era normal. Parecía preocupado y algo triste, como si hubiera llorado. Incluso escuché a alguno de mis amigos cerca, hablando entre ellos.

Miré el mensaje, quedándome muda.

De Izzy: Chicos, es un mensaje para todos… no puedo llamaros ya que no me salen las palabras. Mimi está conmigo y ni siquiera puede escribir, ya sabéis como se pone ella cuando sucede algo así.
Cody ha tenido un accidente de avión al volver y… ha muerto.
Venid cuando antes, tenemos que hablar de ese asunto entre todos y apoyarnos.

Se me cayó el móvil al suelo y Gatomon lo recogió, asustada. Me había quedado con la vista fija en la nada, sin saber muy bien como reaccionar. Seguía con las palabras del mensaje de Izzy en la cabeza. Creyendo que era una broma, pero entonces TK no se había puesto de esa manera.

—¿Qué pasa? —preguntó Gatomon.
—Cody ha muerto—contesté, diciéndolas también para escucharlas yo mismo.
—Oh… no… Armadillomon…—susurró ella.
—No me lo puedo creer, no…—cerré los ojos—. ¿Cómo es posible? Ahora que necesitamos su ayuda para esta batalla contra los digimons enemigos, recibimos la noticia de que ha muerto. ¡No! ¡Cody!

Me levanté y empecé a correr hacia la casa de Izzy.

(Takeru)

Me senté en el sofá y miré a los demás. Izzy había dejado su investigación del ordenador y consolaba a Mimi, mientras que esta no paraba de llorar y decía cosas que nadie entendía debido a sus lagrimas. Por otro lado, Davis intentaba comunicarse con Ken para contarles lo que había sucedido. Pero tanto el teléfono de él y de Yolei estaban apagados o fuera de cobertura.

Joe y Gomamon estaba al lado de Armadillomon. Este no podía creerse de verdad que su compañero estuviera muerto. Todas las cosas que habían pasado juntos y ahora recibir esa noticia de golpe, es demasiado doloroso.

Mi hermano no había querido venir, pero me dijo que le contara donde sería el entierro, por lo que en cuanto me enteré le envié un mensaje. No me veía con fuerzas de hablarle sin llorar.

Tai se mantenía alejado de Sora, como si tuviera vergüenza de hablar con ella, por lo que estaba todo el rato junto a Davis, intentando al igual que él llamar a los otros dos. Yo ya me había ocupado de avisar a su hermana, por lo que supongo que Kari no tardara mucho en venir…

Llamaron a la puerta y me levanté enseguida para abrir. Se trataba de Kari, que en cuanto entró a la casa me abrazó y empezó a llorar. Patamon y Gatomon se pusieron hablar entre ellos y fueron hasta Armadillomon para consolarle también.

—Me hubiera encantando que fuera una mala broma—susurró Kari.
—Y todos—contesté yo.
—Pero… ¡Por qué! ¿Qué ha pasado? No me creo que de verdad haya tenido un accidente de avión. ¿Quién se lo contó a Izzy?
—Sus padres… llamaron, ya que saben que somos sus amigos y se lo dijeron—suspiré—. Nos han dicho que mañana va a ser el entierro… pero que prefieren que nadie vea el cuerpo antes de meterlo bajo tierra.

Acordamos que todos quedaríamos en la casa de Davis, que era la más cercana al cementerio, para ir al entierro al día siguiente. Teníamos que levantarnos temprano, aunque todos sabíamos que esa noche no dormiríamos.

Kari y yo fuimos hasta un parque para sentarnos y pensar con claridad. Mimi se había ido con Sora hasta su casa, y Yolei había llamado para decir que llegaría mañana para el entierro.

—Cuántas cosas nos están pasando—murmuró Kari.
—El que peor lo está pasando es Armadillomon—susurré—. No se hace a la idea de que su compañero se haya ido. Que no lo haya vuelto a ver desde que conseguimos matar al digimon oscuro… y ahora, nunca más lo podrá volver a ver.
—Yo me niego a pensar que ha muerto.
—Pero es la verdad, Kari—insistí—. Es la verdad…
—¡La verdad siempre es dolorosa! —se quejó—. La sinceridad es algo que llega a dañar a los demás. Pero saber que uno de tus amigos ha muerto, es mucho peor… cuando leí el mensaje me sentí tan débil y triste.

Estuvimos un rato allí, en el parque, sin decir nada. Viendo como algunos niños venían a jugar al fútbol y pasárselo bien. Ahora recordaba los días en que estábamos en el digimundo, con Cody, cuando mi digimon se fusionó con el suyo. Todos esos recuerdos que a partir de ahora serán dolorosos, ya que tienen que ver con la persona que acaba de morir.

Dejé a Kari en la casa de las demás y me fui a la mía. Sabía que ella estaría bien con el apoyo de todas sus amigas. Aunque esperaba que no se pusieran a llorar y a comer tarrinas de chocolate para poder estar bien. Mañana sería un día difícil para todos, y creo que muchos nos derrumbaremos a la hora de ver el ataúd de Cody.

Mi hermano estaba en su habitación, tocando con su guitarra. No se enteró cuando llegue a casa, por lo que no quise decirle nada. Necesitaba estar a solas para pensar un poco, por lo que fui hasta mi habitación y me tumbé en la cama.

Tras algunos minutos de relajación y cuando sentía que los parpados me caían, mi hermano llamó a la puerta y entró sin preguntar.

—Hola, Matt—saludé—. ¿Has acabado con la canción?
—Eso ahora es lo menos importante—murmuró él—. Debes estar mal de verdad, hermano. Y me gustaría mucho ir mañana al entierro, pero no voy a ir con todos vosotros, me esperaré a que os vayáis y entraré yo solo… no me apetece ver a Tai y a Sora en estos momentos.
—¿De verdad crees que ahora pensaran en lo ocurrido de hace tres días?
—No lo sé, pero tampoco quiero descubrirlo—contestó.
—Mañana va a ser el peor día de todos—dije, incorporándome—. Incluso peor que cuando luchamos en un lugar diferente contra Apocalymon…aunque claro, no se compara para nada.
—Cuando peleamos contra Apocalymon, todos estábamos unidos y logramos vencerlo juntos—susurró mi hermano—. Ahora cada uno estamos en una parte diferente. Cada uno tiene su vida y claro está, nadie se preocupa por los digimons, ni por las batallas que hemos tenido que realizar aquí en estos pocos días y tampoco en que estará sucediendo en el digimundo.
—¿Qué quieres decir? —pregunté.
—¡Qué los digimons necesitan nuestra ayuda y nosotros no se la damos! —soltó.

¿A qué venía esto? Teníamos un entierro dentro de unas horas y mi hermano me venía con eso. Ahora mismo no estaba para pelear, por lo que me volví a tumbar en la cama y le hice un movimiento con la mano para que se fuera.

—Los digimons no necesitan nuestra ayuda o ya la hubieran pedido—murmuré.
—Ellos quieren que nos demos cuenta… pero al parecer no todos tenemos la misma versión de los hechos—suspiró—. Hablaré con Izzy y le prestaré toda mi ayuda. Ahora que Tai está ocupado recuperándose, no tendré que verle.
—Lo que tú digas—contesté, sin hacerle mucho caso.

Matt se largó dando un portazo. Genial, y ahora encima me enfadaba también con mi hermano. Con esto, ya estaba el día completo.

Patamon se puso a mi lado, tumbándose en la cama con las alas plegadas.

—¿Tú necesitas mi ayuda? —le pregunté.
—Siempre la he necesitado—respondió—. Eres mi compañero.

Los digimons si requieren la ayuda de nosotros tienen la confianza de pedirla. Por lo que estoy seguro de que mi hermano está sacando las cosas de quicio.

(Izzy)

Hablé con Tentomon toda la noche, mientras que bebía café e investigaba desde el ordenador el avión donde Cody había viajado. Por mucho que los padres me hubieran llamado llorando contándome lo que sucedía, no me creía que las cosas hubieran resultado de esa forma, por lo que no tenía otra opción que buscar información.

Y sabía que las cosas no podían ser así por dos motivos. Uno que todos los aviones que había visto ese día, solamente uno de ellos salía a Japón y fue muy temprano. Los padres de Cody me habían llamado por la tarde, y me habían dejado claro que su hijo había muerto hacia unas horas. Y luego estaba el hecho de que Cody hubiera avisado, ya que le pedí que viniera enseguida.

También estaba el hecho de que los padres no quisieran que nosotros viéramos el cuerpo. Respeto su decisión si ellos no quieren hacerlo, pero tengo el presentimiento de que esconden algo… ya veremos lo que sucede esta mañana en el entierro.

Me puse un traje gris y salí de casa para dirigirme a la de Davis. Cuando llegué, solo faltaba TK, que todavía no estaba preparado. Todos los demás estábamos nerviosos, e incluso algunas llorando. Yolei intentaba sonreír para animar a las demás, pero incluso ella estaba con los ánimos bajos.

Cuando por fin llegó TK, todos fuimos hacia el cementerio. Me llevé una gran sorpresa cuando no vi a nadie. Ni a al gente que se supone que tiene que enterrar el ataúd, ni a los padres de Cody o algún familiar.

Me acerqué a la persona que vigilaba las tumbas.

—¿Me podía decir a que hora ha sido el entierro de Cody Hida?—pregunté.
—Ha sido hace dos horas, muchacho—contestó.
—¡Eso es imposible! —solté—. ¿Cuál es su tumba?
—Ahí la tiene, muchacho—señaló a un lugar un poco alejado—. Pero si era algún familiar o amigo, me parece de muy poca vergüenza no haber venido a la hora requerida. Sus padres estaban muy mal…

No le vi la necesidad de contestar a ese hombre borde. Me volví donde estaban los demás y le conté lo que había sucedido.

—Entonces los padres de Cody te mintieron, ¿puede ser eso? —preguntó Tai.
—Es extraño—murmuré.
—No pensemos en eso, busquemos su tumba y… bueno, despidámonos—dijo Yolei.

Estábamos ya delante de la tumba. Me hubiera gustado ver lo que había dentro, solo para saber con exactitud si de verdad Cody había muerto. Pero ese hombre miraba hacia aquí como si tuviera que vigilarnos, y eso que no éramos los únicos que habíamos decidido visitar a sus familiares.

—Adiós, hasta siempre, Cody—musité yo.

En ese preciso momento recibí un mensaje al móvil. No era el mejor momento para sacarlo, pero algo me decía que era importante.

De Henry: Izzy, me pongo en contacto contigo para avisarte de algo importante. El digimon malvado juega sucio, y no solo lanza ataques de sus digimons. Tened cuidado y recuerda: Nada es lo que parece…

Uno a uno fuimos despidiéndonos de nuestro amigo y niño elegido.

(Narrador Externo)

Cogieron al muchacho de los dos brazos y lo tiraron hacia la celda. Entraron y empezaron a reírse.

El muchacho se palpó la cabeza. Le habían drogado o algo, ya que no se sentía para nada bien y todo le daba vueltas. Lo único en que podía pensar era en su móvil, que se lo habían cogido antes de que tuviera la oportunidad de llamar a alguien.

—¿Quiénes sois? —preguntó con una voz débil.
—Bueno, a mí me puedes llamar capitán—río uno—. Capitán Takuya.
—Y a mí Koji—dijo el otro—. Y por órdenes de nuestro gran jefe tenemos que mantenerte en este lugar. No te preocupes, que no estarás solo mucho tiempo, enseguida vendremos a descubrir algunas cosas…
—¿Cómo? ¿De qué habláis?

Los dos jóvenes se miraron y pegaron al otro muchacho en la cabeza. El chico no pudo soportarlo más, y con lo mareado que estaba y cansado, se rindió al sueño y se quedó inconsciente en la fría piedra.

—Vamos a contárselo al señor—dijo Takuya.
—Le encantara saber que tenemos a uno—asintió el otro.
—Fue fácil hacer la voz de dos padres, eh—río—. Y ese hombre como se le ocurra decirle la verdad a esos idiotas, más le vale despedirse de su familia.

Se fueron, riendo por los pasillos.
________________________________________________________________________
De acuerdo. Seguro que todos al principio, cuando ya puse que había muerto Cody os quedasteis con una cara de gracia; pues ni siquiera había salido en un capítulo y ya directamente lo mato; pero como ven, no es así. No quería que de nuevo hubiera un enigma, por lo que he puesto esa pequeña parte donde dejo claro que le han secuestrado.
Hasta la próxima.

Por cierto. Esto todavía no lo he preguntado, pero quiero saber sus opiniones. ¿Por que creen que Palmon no puede ir a la Tierra todavía?
 

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Esto se pone cada vez mas interesante
Te juro que cuando leí la parte del mensaje de Izzy casi me muero, no lo podía creer, justo cuando lo leí tenia un pedazo de chocolate y al leer esa parte se me cayo al piso jaja, me dejaste mas tranquila al saber que al parecer Cody no estaba muerto como parecía, cuando Izzy estuvo averiguando lo del avión entre a sospechar :master:
Hasta ahora vas muy bien, me encanto :cool: sigue asi :neko:
 

PataGato Fan #1
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me dejaste mas tranquila al saber que al parecer Cody no estaba muerto como parecía, cuando Izzy estuvo averiguando lo del avión entre a sospechar
No solo eso. Revisa la escena del Capitan Takuya y Koji y ahi veras otra pista muy importante que nos comprueba que Cody no esta muerto ;)

Esto se pone bastante interesante sin duda. Aunque nunca me imaginé ver a Takuya y Koji de malos o.o
 

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La muerte de Cody si me sorprendió. El mensaje de Izzy fue demasiado repentino por no decir instantaneo, y es obvio que desde un punto no tenía sentido. Pues de una forma u otra esa muerte tendría que tener conexión con los digimons porque de lo contrario solo lo hubieras matado porque no te daba ganas de ponerlo en el fic.XD
Cuando Izzy dijo que esa muerte era algo sospechosa pues ya me di cuenta de que en realidad no estaba muerto. Y al fnal se comprobó en un cien por ciento.
Ahora ¿que va a pasar con Cody? ¿Se va a quedar encerrado hasta que lo rescaten? Espero que al menos le des medio capítulo de protagonismo porque hasta ahora no he visto nada de él.

¿Porque Palmon no puede ir al mundo real?
Lo mismo he preguntado en todos los capítulos.XD No tengo ni la más mínima idea a menos que dejaras pistas que no vimos o que tenga que ver con eso de los datos.
 
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