Oneshot Blackout

"The Heir of Chaos"
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31 Ago 2010
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Muy buenos días, tardes o noches. Aqui les presento un OS que se me ocurrió en estos días, mientras craneo sobre mis otros fics. Es un X-Over con una serie llamada Revolution (aparentemente cancelada), pero de la cual como conozco poco, me limité a hacer un OS porque el concepto se me hizo interesante. Esperando que es guste, me despido:

Blackout.


Era un día como los demás… Al menos así lo recordaría Gabumon tiempo después.

El pueblo en el que vivía, Villa Palomino, era pequeño y modesto, ubicado en las inmediaciones de una laguna tan grande que aparentaba ser un lago, rodeado de bosques y tierras de cultivo. Un pueblo con pequeñas viviendas, pequeñas tiendas a lo largo de la plaza del merado, un pequeño tiemplo dedicado a Yggdrasil y un estación de Trailmon, única conexión con el mundo exterior aparte de las solitarias carreteras que cruzaban el bosque.

Uno esperaría que en tan privilegiada ubicación, el ambiente fuera fresco, templado y agradable, mas no era así: el aire cálido y seco era más propio al de un desierto que al de un pueblo a orillas de un cuerpo de agua; las cosechas eran escasas. Incluso las flores eran poco comunes. Para Gabumon era de lo más normal, pero otros digimon -la mayoría del pueblo- decían que algo andaba mal: que todo se sentía diferente, que “faltaba algo”. Una sensación de incertidumbre los agobiaba, y el joven Gabumon no entendía el porqué: las cosas siempre habían sido así desde que nació hace poco más de diez años, y no concebía que fueran de otra forma.

Ese día fue al mercado por unas provisiones para su casa… y como todos los días, escuchaba siempre lo mismo:

— Otro día como todos, ¿No? -preguntó un XV-mon a un Stigmon-
— Así ha sido desde hace quince años.
— ¿Qué crees que fue lo que pasó?
— Ni idea. Sólo pasó.
— Aún recuerdo cuando las flores olían mejor.
— Lilamon; las flores son las mismas.
— ¿Cómo que las mismas, Lillymon? ¿A que no lo has notado? ¡Huelen diferente!
— Yo no lo he notado.
— Te falta ser detallista, amiga.
— Recuerdo la última buena cosecha de frutas antes de… eso. -comentaba un Honeybeemon a otro- Las cosas no han ido bien desde entonces.
— La calidad ha bajado. Dicen que en San Quintín, el pueblo vecino, las cosas están mejor.
— Nah, es mentira. -agregó una metiche Witchmon que vino a comprarle su mercancía- Yo estuve allí hace unos días: es igual que aquí. Sólo tienen más campos.
— Oh, vaya.

Conversaciones como esas era tan comunes que Gabumon las equiparaba con el canto de los pájaros, el canto de los grillos o el murmullo de las hojas de los árboles cuando sopla el viento: música ambiental sin sentido alguno. Siempre las oía, y siempre les daba el característico suspiro de indiferencia y falta de curiosidad propia de su persona. ¿Algún día dejarían de quejarse? ¡Qué viejos tan amargados! Eran palabras que resonaban en su cabeza.

Ese día sin embargo, la curiosidad saldría victoriosa ante el pequeño digimon de aspecto de lobezno. Todos los días que iba al mercado, no olvidaba se cruzarse con un amigo suyo, varios años mayor que él, pero que no vivía lamentándose de los tiempos pasados… al menos no tanto como los demás. Entró a una pequeña tienda de tallados de madera, que era de su propiedad a saludarlo.

— Hola, Strikedramon. ¿Cómo van las cosas?
— Van como siempre, amiguito -le contestó con un ademán de su mano derecha desde su asiento, donde se reclinaba peligrosamente hacia atrás mientras apoyaba sus pies en el mostrador- Aburridamente bien.
— No hay muchos clientes, ¿Eh?
— Bah, lo de siempre: gente que pasa a curiosear, a preguntar cuánto cuesta aquello y luego se despide con un “Muchas gracias, veré cuando lo compro”. -Strikedramon se cruzó de brazos mientras reclinaba su cuerpo hacia adelante, colocando la silla en posición normal- Te sorprendería saber cuánta gente ha vuelto.
— Ehm… si, me imagino. -se limitó a responder. A Gabumon le causaba mayor curiosidad y asombro que un digimon tan bueno en las artes marciales como Strikedramon, y que era bastante bueno en realidad, se dedicara a vender los productos de su hobby favorito: el tallado en madera, a lo que también era bueno. ¿O podría ser por falta de modales al atender la clientela? ¿Quién le compraría algo a alguien que pone sus pies sobre el mostrador? Nadie, de seguro- Espero que tengas mejor suerte el día de mañana.
— Opino igual. -suspiró- ¿Y qué te trae aquí? ¿Al fin te decidiste a comprarme algo?
— Quizás mañana. -contestó; Strikedramon dejó salir una rápida mueca de disgusto: Gabumon siempre decía eso y nunca lo hacía. Igual no podía enojarse: le caía bien el pequeño a causa de su actitud y amabilidad- La verdad es que… yo…. Ya no puedo soportarlo.
— El baño está atrás.
— ¡No es eso! -exclamó ruborizado- Es que… quería saber… Que fue lo que pasó hace quince años.

Si Gabumon hubiera podido ver los ojos de Strikedramon, los habría visto abiertos por completo a causa de la sorpresa. El digimon dragón conocía lo suficiente al pequeño Gabumon, frecuente transeúnte de su tienda y amigo desde hace un par de años como para haber aprendido que no le gustaba que mencionaran “aquello”. La supuesta nostalgia por tiempos pretéritos basada en presentimientos abstractos y poco convincentes lo irritaba. Y ahora, sin más, deseaba de verdad saberlo.

— Oh… -dijo Strikedramon, dejando que la prolongación de esa monosilábica palabra y su boca abierta dejaran más claro lo que pensaba- ¿Y a qué se debe ese interés?
— Creo que mi curiosidad me ganó… Eso o escuchar “las cosas eran diferentes antes” millones de veces sin saber por qué. Tú eres un digimon listo y confiable. ¿Me lo puedes explicar por favor?
— Mmm…

Strikedramon no dijo nada: de manera mecánica fue a la entrada de su tienda y bajó la puerta metálica de su tienda. De todos modos, nadie más pasaría por allí, y era poco probable que le compraran algo. Después trajo una jarra con agua de un pequeño refrigerador junto al mostrador y sirvió dos vasos para ambos. Se sentó en si silla nuevamente e invitó a su amiguito a hacer lo mismo.

Gabumon obedeció y se sentó frente al digimon dragón luego de ver la enigmática actitud al cerrar la tienda y aquella mirada enigmática cargada de misterio. Tenía un mal presentimiento: ¿Por qué tanto secretismo?

— A decir verdad, Gabumon… No puedo decirte que fue exactamente lo que pasó. Simplemente pasó.
— Creo que tú sabes algo. O no habrías cerrado la tienda.
— Sé lo mismo que los demás… -su cola se movía de izquierda a derecha, de manera instintiva y casi al acecho- O tal vez algo más.
— No des tantos rodeos, por favor.
— Yo tenía tu edad cuando pasó -recordaba Strikedramon mientras se visualizaba a sí mismo en el momento y lugar exactos- Es difícil de explicar: hay que sentirlo. ¿Recuerdas cuando talaron ese viejo árbol de la plaza? ¿Lo extraño que sentía estar allí sin él?
— Si, lo recuerdo. Yo no vi cuando lo talaron; pero cuando fui allí después de que lo hicieran, sentí que algo faltaba.
— Exacto. -asintió Strikedramon; Gabumon parecía estar empezando a comprender- Es eso lo que pasa, lo que todos los que estuvimos en ese tiempo sentimos: Que falta algo. Y ese algo, o la falta del mismo, cambió el Digimundo: el clima ha cambiado mucho en estos quince años; las cosechas ya no producen tanto; ni la lluvia, ni las flores, ni el aire mismo se siente igual. Créeme que aquí antes no se sentía este aire reseco: podías olfatear la humedad de la laguna o los aromas del bosque. Ahora ya no.
— Pero no estamos en sequía: la laguna sigue aquí y los bosques y las cosechas no se han secado.
— Pero no se sienten los mismos. Además… -Strikedramon rebuscaba en su memoria: había una escena, una que recordaría por siempre, y que por el resto de sus días se preguntaría ¿Alguien más lo habrá visto? ¿O nadie se atrevería de decirlo?- Ese día, yo vi algo… en el cielo.
— ¿Qué fue lo que viste? -preguntó un Gabumon cada vez más intrigado-
— No sé que fue lo que lo causó… Vi un resplandor, un flash… un destello. Como una aurora. Duró unos pocos segundos… y después… El cielo se oscureció… pero tanto que las estrellas parecían apagarse también. Duró muy poco… pero juro que lo vi. -Strikedramon abandonó sus recuerdos y se volvió hacia su amigo- Hay algo más, que seguro no has oído de la gente en la calle… Pero yo tengo amigos fuera del pueblo, y me han dicho que hay otro detalle extraño. ¿Sabías que antes era común ver seres humanos en el Digimundo?
— No, no lo sabía.
— Pues… Desde que pasó “eso”, no se ha visto a ninguno. De hecho, me han dicho que los trailmon ya no van al Mundo de los Humanos. Ya no más.

Esa sí era una novedad, una por la que nunca había pensado. ¿Por qué no venían más humanos al Digimundo? ¿Por qué los Trailmon ya no iban a su mundo? Gabumon no era particularmente curioso por el Mundo de los Humanos… pero en ese detalle había algo raro que valía la pena investigar. Aun así, seguía pareciéndole extraño que por ese detalle, haya cerrado la tienda.

— No creo que sea suficiente motivo para que hayas necesitado tanta… privacidad.
— Hay otra cosa, Gabumon. -continuó, esta vez, con un tono más bajo de voz, de manera a no llamar la atención afuera- Un amigo de una ciudad vecina, un Blackweregarurumon, me dijo algo llamativo hace un mes. Me dijo que en el monte Zume, encontró una puerta.
— ¿Una puerta? ¿Adonde?
— ¿A dónde crees? -susurró- ¡Al Mundo de los Humanos! El viaje al monte toma seis horas en un trailmon, y luego hay que escalar unos metros hasta llegar a una cueva. Según mi amigo, allí está la puerta. -se levantó de su asiento, y miró fijamente a Gabumon- Y pienso ir a averiguar qué está pasando: allí hallaré respuestas. Estoy seguro.

Sabía que Strikedramon podía ser algo excéntrico, pero eso era salirse del sentido común; algo muy impropio de Gabumon. ¿Dejarlo todo para ir a un viaje del que no sabía si había retorno? O tal vez exageraba: El Mundo de los Humanos no era tan peligroso para los digimon… O al menos no lo era antes. ¿Y si ahora…?

— Pienso partir mañana a primera hora… Tardé un mes en decidirme a hacerlo y prepararme física y mentalmente, y si bien creo que es algo irresponsable de mi parte, tal vez no sea mala idea que… te invite a acompañarme.
— ¡¿Qué dices?! ¿Acompañarte? ¡Sería un estorbo!
— Serás enano, pero un amigo no es un estorbo. No pienso dejarte abandonado. ¿Y bien? ¿Me acompañarás?

La respuesta más racional y casi automática a semejante sugerencia sería un seco y rotundo “no”, y Gabumon lo sabía; lo sabía de maravilla y debía de haber respondido eso. Y sin embargo, no le era fácil negar la aceptación. ¿Por qué? ¿Sólo por ser su amigo? ¿O había algo más? Antes de que pudiera siquiera balbucear, Strikedramon continuó:

— Te conozco, amiguito. Sé que tiendes a permanecer en tu zona segura, ser lógico y racional. Hasta podría decirse algo conformista.
— No soy un miedoso, si a eso te refieres.
— No dije eso. Sólo digo que no eres de los que toman riesgos innecesarios.… Pero he aquí tu curiosidad que te carcome. Eres diferente a los demás en este pueblo en medio de la nada: sé que quieres saber la causa de aquella nauseabunda nostalgia abstracta y sin sentido del que están embriagados todos los digimon de este pueblo, incluso yo. Siento lo mismo que tú; no quiero ser como ellos, y tú tampoco. Por eso te invito a acompañarme.
— Quiero saber la verdad… En serio. -respondió dubitativamente- Pero...

Estaba siendo convencido por Strikedramon. ¡Rayos! ¿Por qué justo hoy? Podría decirle que no, y todo se acabaría, y con suerte volvería a verlo tiempo después. ¿Por qué dudaba tanto?

— Pero mi sentido común me dice que algo podría salir mal. Y… también me dice que no debo dejarte solo.
— ¡JA! ¡Por mí no te preocupes; no moriré, si eso piensas! Agradezco tu preocupación de todos modos. Salimos mañana a primera hora; nos vemos en la estación de trailmon.

Así sin más, Gabumon había quedado en acompañar a Strikedramon. ¡Ni siquiera había dicho que sí y el dragón asumió que irían juntos! ¡Qué descaro! De todos modos podría dejarlo plantado en la estación y dejar que vaya solo a su loco viaje mientras el sigue con su cómoda vida, ¿Verdad?


______________________________


A la mañana siguiente, Gabumon se encontró a si mismo caminando hacia la estación de trailmon pocas horas después del amanecer. Si bien había dormido bien, sus preocupaciones acerca de todo este viaje no lo habían abandonado: seguían allí, acosándolo paso a paso a medida que se acercaba a su destino. Ni siquiera cuando vio a su amigo Strikedramon en el andén, saludándolo amistosamente, pudo ser capaz de alejar esa negatividad que lo atormentaba; en respuesta, Gabumon saludó con un ademán de su mano en alto y una sonrisa que trató de ser lo menos triste posible, sin mucho éxito.

Cuando se subió al andén, pudo comprobar que su compañero de viajes se había preparado bastante bien: llevaba una mochila de excursionista bastante llena a sus espaldas. Se había tomado su preparación muy en serio. El trailmon no tardaría en llegar.

— ¿Dormiste bien, amiguito?
— Eh… Si, bastante bien. -respondió: en realidad había dormido con sus preocupaciones carcomiéndole la conciencia, pero no quería incomodar a su amigo- Pero sigo preocupado.
— Tranquilo, amigo. -dijo Strikedramon a manera de consolarlo mientras le rascaba la cabeza; normalmente a Gabumon lo incomodaría, pero en este momento, esto lo hacía sentir mejor- Dije que te protegería, y pienso cumplir mi palabra.

El trailmon no tardó en llegar: uno tipo Worm sería el que los llevaría hasta su destino; cuando les preguntó a donde querían ir, y Strikedramon le respondió, el trailmon al principio no se lo tomó muy en serio. Finalmente, aceptó resignado y los dejó subir a los vagones; apenas adentro, ambos digimon se acomodaron en los asientos e iniciaron su viaje.

Gabumon se limitó a fijar su mirada hacia la ventanilla la mayor parte del tiempo, intercambiando en raras ocasiones palabras con Strikedramon, quien miraba por su ventanilla con una mirada serena, tranquila, apacible…. Algo que Gabumon envidiaba, y hasta detestaba. ¿Cómo podía estar tan tranquilo a pesar de lo riesgoso que podía ser semejante aventura? ¿Acaso no evaluó los riesgos? O si lo hizo, lo mantenía bien oculto, pensó: él mismo tenía una expresión que trataba de mostrarse tranquila, pero reflejaba sus inseguridades.

Soy un pésimo compañero de viajes. -pensó- Espero no me deje abandonado por considerarme una carga.

Los paisajes por la ventanilla desviaron su atención de los riesgos, pero no del todo. Nunca había abandonado Villa Palomino, y este viaje no lo había entusiasmado de hacerlo: a dos horas de viaje y el entorno no variaba de ser la misma llanura salpicada de praderas, campos y bosques, con alguna que otra villa ocasional o un solitario arroyo que interrumpía brevemente la monotonía de la llanura. Pero había algo diferente: un aroma dulzón proveniente del exterior que Gabumon pudo percibir a lo largo del camino. Era la vegetación del exterior.


— ¿Hueles eso?
— Sí. -respondió el digimon dragón- Incluso eso es diferente. -se volteó para ver a Gabumon- Lo siento: es casi mecánico.
— Descuida.

Cuando había llegado la hora de comer, un Hamburguemon había pasado con un carrito de almuerzo ofreciendo sus productos; ambos compraron para sus respectivos almuerzos y comenzaron a comer, intercambiando pocas palabras entre ellos. No habían llegado a la mitad cuando un estruendo interrumpió el silencioso almuerzo en el vagón.

Gabumon volteó hacia su ventanilla y vio la causa: había estado tan enfocado en el entorno en el suelo que no se había dado cuenta que el cielo se había nublado. Esa mañana había amanecido con un cielo radiante y parcialmente nublado, pero a lo largo del día se había nublado por completo, tornando el cielo en una tonalidad platinada, empañando el brillo del sol hasta volverlo casi mortecino. Ahora, a lo lejos, se desataba una violenta tormenta con rayos y truenos que destellaban entre las nubes. ¿Podría arruinar el viaje? Una parte de su persona así lo deseaba; su otra parte…

— Strikedramon, mira. -señaló en dirección a los rayos-
— Una tormenta eléctrica -respondió indiferentemente, como si le afectara en absoluto- No me la esperaba.
— Podría arruinar nuestros planes.
— No lo creo; no ocurre hacia donde nos dirigimos, y además, es una tormenta seca. ¿No hueles el aire?
— ¿El aire? -preguntó confundido- ¿Qué tiene que ver el aire?
— No se huele la humedad de la lluvia, así que no lloverá. Lo único que hará es lanzar rayos y truenos y algún que otro ventarrón. -se acomodó en su asiento tras acabar de comer y se recostó- Descansa un poco.

Tenía razón: no podía sentir la humedad del aire: era una tormenta seca, y aparte de eso, horas después, la tormenta había amainado a lo lejos, mas el cielo continuaba encapotado y el aire continuaba cálido y seco; Strikedramon tenía razón. Odiaba que tuviera razón. ¿Es que no podía equivocarse en algo? El resto del viaje fue sumamente aburrido, sin nada emocionante que destacar.


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El trailmon se había detenido en una estación a las afueras de una pequeña ciudad llamada Santa Rena, hogar del amigo de Strikedramon. Santa Rena era un pueblo mucho más grande que Villa Palomino, pero pequeña en comparación a las grandes ciudades del Digimundo. A lo lejos, se podían ver edificios de hasta cinco pisos de altura; enfrente, se erguía el monte Zume.

Al llegar, Gabumon creyó que el nombre “monte” era exagerado. Luego de ver que la cima era apenas un cerro rocoso cubierto de vegetación, muy bonito, sí. Pero poco imponente e impresionante como para llamarlo monte.


— Bien, andando.
— ¿Eh? -exclamó un sorprendido Gabumon por la directa orden de Strikedramon; se había distraído tanto reflexionando sobre la correcta toponimia de aquella elevación que se había olvidado del propósito del viaje- Si, sí. Vamos; yo te sigo.

La subida empezó atravesando los densos bosques que cubrían la base del cerro; esta parte del trayecto fue sumamente tranquila, donde el canto de los pájaros, de los grillos, el sonido del viento y el aroma de las plantas sobrecogían los sentidos. Poco después empezó la verdadera subida, bastante suave en realidad, donde se debía sortear los arbustos, árboles y lianas en busca de un sendero imaginario hacia la cima; ni Gabumon ni Strikedramon tenían problemas en subir. Hasta Gabumon comenzó a disfrutar de la excursión: era divertida, sí. Se estaría mintiendo a sí mismo si lo negaba.

Finalmente el bosque quedó interrumpido por un obstáculo aún mayor: un enorme muro de piedra sumamente áspera y dura. En realidad, era una de las faldas de dicho cerro, y sumamente vertical a decir verdad, como si hubiera sido tallada. ¿Dificultaría el viaje? No: Strikedramon sacó una larga cuerda de su mochila y se la ató a su cintura, luego hizo lo mismo con la cintura de Gabumon, teniendo cuidado de no apretarla demasiado.

— Escalaremos esta pared de roca. -dijo, para posteriormente señalar con una de sus garras una cavidad ubicada a casi cien metros de altura- ¿Ves ese agujero de allí? Según Blackweregarurumon, esa es la cueva donde halló la puerta al Mundo de los Humanos.
— ¿Cómo sabe tu amigo que es una puerta a ese lugar? Podría ser cualquier cosa. Una puerta a cualquier otro mundo -pensó Gabumon-
— Él conoce de estas cosas, y sabe reconocerlas. No se atrevió a cruzarla solo; íbamos a hacerlo juntos, pero tuvo otros asuntos. Yo iniciaré la escalada y tratarás de seguirme el paso. Si te sueltas, la cuerda es resistente, y no te dejará caer. Pero debes tener cuidado de no golpear las rocas. ¿Entiendes?
— Si, entiendo.
— Todo va a estar bien, amiguito. -le dijo, rascando su cabeza por segunda vez en un intento por tranquilizarlo- Dije que te protegería… Además, dudo que seas débil.

¿Por qué había dicho eso? ¿Creía que Gabumon se veía como un digimon débil? Cierto que no se veía como un digimon excepcionalmente fuerte, pero tampoco sumamente inútil. Capaz lo dijo para tranquilizarlo, en vista que esa pared vertical lo ponía nervioso. Sea como sea, apostó por creer en la palabra de Strikedramon.

La escalada resultó más rápida de lo que hubiera esperado: para Strikedramon y sus garras, sumado a su agilidad, era sumamente fácil escalar dicha pared rocosa; Gabumon no estaba preparado físicamente para ese tipo de esfuerzo, pero hacía lo que podía. Hubo dos incidentes en los que Gabumon se había soltado, pero gracias a la cuerda, no había caído al vacío y todo continuó con normalidad.

Al llegar al borde de la cueva, Strikedramon se aseguró de subir con cuidado la cueva para ayudar a Gabumon a llegar; una vez los dos hubieran llegado, dieron un vistazo a la entrada: era algo pequeña, casi del tamaño justo para que digimon como Strikedramon o Blackweregarurumon cupieran sin mayores problemas; había unas pocas plantas trepadoras junto a la entrada y algunas ramas secas. Gabumon tomó una de aquellas ramas y usó su Fuego Azul para crear una antorcha.

— Muy buena idea, amigo. -le sonrió el dragón-
— Se hace lo que se puede.
— Nunca mejor dicho. Entremos.

Aparte de una profunda oscuridad disipada por la luz ambarina de la antorcha y algunos insectos, no había señales de que nadie ocupara dicha cueva actualmente. Como en el viaje en el trailmon, el camino se realizó en silencio, buscando cualquier cosa que se asemejara a un portal.

No tardaron en hallarlo: al final de dicha cueva, estaba un resplandor esférico de luz blanco-verdosa con varios haces por todas direcciones; también se podían ver algunos pixeles blancos y negros alrededor a modo de una especie de bruma o neblina, un tipo de velo o cascarón para dicha puerta.

— Aquí está. -dijo Strikedramon; si estaba asombrado, no lo demostraba- La puerta. ¿Lo ves, Gabumon? Blackweregarurumon no nos mintió.
— Si, lo veo. Y vamos a cruzarla, supongo.
— Pues… Estaba pensando que irías tú primero.
¿¿YO?? ¿Por qué yo?
— Porque eres pequeño y adorable. Yo en cambio soy algo… monstruoso para los humanos, y si los asusto, no dirán nada y se limitarán a huir como gallinas.
— ¡¿Me trajiste hasta aquí sólo por ser “lindo y adorable”?!
— Que aparte de listo, precavido y racional, tengas esas otras cualidades, no es mi culpa, ni la tuya. Vamos, no te enojes. ¿Ves que sigues teniendo la cuerda? -Gabumon bajó la mirada a su cintura; en efecto, seguía atada a su cuerpo, y Strikedramon portaba la mayor parte a un lado de su cintura- Si algo malo ocurre, tirarás la cuerda y yo iré por ti. ¿De acuerdo?
— ¿Sabes? Esto no será como ir por un laberinto: hablamos de cruzar a otro mundo, otra dimensión. ¿Crees que una simple cuerda serviría en este caso?
— Hay que averiguarlo, ¿No?

Discutir era inútil, aparentemente. Había llegado muy lejos, ¿Se atrevería a dejar todo atrás y volver a su vida normal? ¿Se olvidaría de las posibles respuestas? La puerta estaba allí, llamándolo, instándolo a continuar, a seguir adelante, a desentrañar sus misterios. La entrada de la cueva estaba detrás, instándole a todo lo contrario: a regresar, volver a la comodidad, a dejar sepultado el misterio. ¿A quién escucharía?

Tal vez no pensó lo suficiente, o tal vez se dijo que era demasiado tarde para tirar la toalla. Lo que si es cierto, es que Gabumon corrió hacia la puerta, desvaneciéndose en ese haz de luz.


______________________________


Cruzar un portal entre dos mundos no es algo de todos los días, y era difícil para Gabumon expresar lo que se sentía atravesar uno de ellos. Lo más cercano sería decir “sentirse como plastilina” o “estar en un sueño”. Luego recordaría caer al suelo y estar aturdido unos segundos.

Al recobrar la conciencia, sintió algo sobre su espalda; cuando se lo sacó de encima, descubrió que era una silla giratoria. Tras ponerse de pie, dio un rápido vistazo a la habitación: todo parecía indicar que estaba en una especie de oficina, con escritos, gavetas y computadoras; probablemente Gabumon chocó contra una silla giratoria al salir de una de las computadoras. De hecho, una de ellas aun mostraba un tenue resplandor y la cuerda que atravesaba de manera muy bizarra el monitor; por lo demás, el resto de la habitación estaba a oscuras -salvo por unas ventanillas elevadas que dejaban pasar algo de luz- , y con la apariencia de estar largo tiempo abandonada.

En vista de que no había nadie allí, abandonó la oficina y pasó a un pasillo, que mostraba los mismos indicios de abandono… y algo más. No sólo estaba todo a oscuras, sino que había mucho desorden, polvo, telarañas y papeles tirados por doquier. ¿Los humanos habrían abandonado repentinamente el lugar o se armó un alboroto que obligó a todos a huir? Incluso el aire se sentía diferente: odiaba reconocerlo, pero podía sentir la humedad en el ambiente. Un lugar de trabajo como ese no debería de estar así de húmedo, ni frío. ¿Cuánto tiempo había permanecido olvidado ese lugar? ¿Quince años? Era una posibilidad.

— ¡¡Hola!! ¡¡¿¿Hay alguien aquí??!! -gritaba por los pasillos- ¡Vengo en son de paz! ¡¿Hay alguien?! ¡Por favor, responda!

Sin respuesta: probablemente nadie estaba por allí. A medida que avanzaba, también comenzaba a sentirse algo extraño: repentinamente sentía un lento pero progresivo decaimiento de sus fuerzas. ¿No había comido lo suficiente? No, no podía ser por eso: había almorzado bien y se sentía satisfecho; ni siquiera había tenido hambre antes ni se había esforzado mucho al escalar la montaña. ¿Entonces por qué comenzaba a sentirse débil?

Al final del pasillo había una puerta, la cual abrió. El resplandor diurno lo encandiló momentáneamente; eso sumado a su creciente languidecimiento, le impidieron ver con mayor detalle que había allí inicialmente. Cuando la luz dejó de enceguecerlo, pudo reconocer mejor el nuevo ambiente: era otra oficina, pero esta vez tenía amplios ventanales de cristal por los que pasaba la luz del sol y se podía ver una ciudad. No alcanzaba a distinguir bien los edificios, por lo que se centró en la oficina: estaba igual de abandonada y desordenada que la otra, con papeles, mugre e incluso hojas tiradas por todas partes, pero brindaba mejores detalles que la anterior; sin embargo, su estado empeoraba, y le costaba cada vez más mantenerse de pie.

Antes de caer al suelo, reconoció en una de las paredes un calendario que decía 2012, y que marcaba el mes de septiembre, más en específico una fecha. ¿Cuál era? ¿16, 17? No podía recordarlo: estaba demasiado débil como para pensar en ello. Su sentido común volvía a hablarle, diciéndole que tire de la cuerda, llame a Strikedramon y regrese de inmediato al Digimundo; pero había otra voz que lo alentaba a continuar, que había más por descubrir.

Por primera vez en su vida, Gabumon optó por ser más imprudente de lo que se lo permitían las circunstancias y avanzó hacia los ventanales arrastrando su cuerpo contra el suelo con suma dificultad. Era una actitud ilógica, irracional y sin sentido... y aun así continuaba. ¿Por qué? ¿No quería demostrar que era débil? ¿A quién se lo tenía que demostrar? ¿A Strikedramon? ¿A los demás de su pueblo? ¿A sí mismo? Era por mero capricho, y lo sabía; ni siquiera cuando descubrió horrorizado que su brazo comenzaba a volverse traslúcido, o a sentir un fuerte hormigueo por todo su cuerpo se detuvo.

Finalmente había llegado al borde de los ventanales, dejando caer su hocico por el borde de la cornisa. Como algunos paneles de cristal estaban rotos, dejaban pasar el aire frío y húmedo del exterior; Gabumon apenas y podía sentirlos ahora mientras sentía como algo lo estaba consumiendo. Con las fuerzas que le quedaban, dirigió su mirada hacia la ciudad que tenía en frente: los edificios lucían abandonados e incuso parecían estar siendo invadidos poco a poco por la vegetación; a lo lejos reconoció una figura solitaria en medio de un océano que ahora lograba definir. Una estatua, con un brazo en alto… con una… antorcha. Era… ¿Sería posible?

— La… Estatua de… la Libertad… ¿Esto en… Nu… Nueva York?

Cualquier digimon con algo de conocimiento humano básico reconocería la Estatua de la Libertad y la ciudad de Nueva York; el Digimundo también tenía su propia Estatua y su propia ciudad, como si fueran unas réplicas exactas. Ambas ciudades eran conocidas por ser muy ajetreadas y prósperas… al menos la del Digimundo era así. ¿Por qué entonces la de los humanos, la original, yacía en aparente estado de abandono?

Luego bajó su mirada al suelo, a las calles; las veía extrañas, como… movedizas. No tardó en darse cuenta que en realidad, lo que estaba viendo era agua. ¡Las calles estaban inundadas! ¿Habría sido eso? Si la ciudad estaba inundada, capaz eso obligaría a los humanos a abandonarla… pero…


Era demasiado para él; sus fuerzas estaban por agotarse, sus extremidades se volvían cada vez más transparentes. Tiró repetidas veces de la cuerda, y rogó para que Strikedramon viniera a su rescate.


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Cuando sintió los constantes tirones de la cuerda, Strikedramon se sobresaltó, y corrió directamente hacia el portal. ¿Le había pasado algo a Gabumon? ¿Estaría bien? ¿Había encontrado algo… o a alguien? Por el momento no importaba nada más que el bienestar de su pequeño amigo.

Tras cruzar la puerta, se estrelló con unas sillas giratorias y un estante, destrozándolos. No perdió tiempo en darle un vistazo a la oficina y siguió el rastro de la cuerda. Si se percató del estado de abandono del edificio, pero se dijo a sí mismo cavilar en ello una vez Gabumon estuviese a salvo. Tampoco tardó en sentirse cada vez más lánguido y agotado, como si sus fuerzas lo abandonaran. Al llegar al final del pasillo, derribó la puerta de una patada haciéndola añicos, llegando a una oficina con amplios ventanales, algunos de los cuales estaban rotos: allí, al borde de la cornisa, estaba tirado su amigo, y para colmo de males, se veía sumamente pálido… no: más que pálido, alarmantemente transparente.

— ¡¡¡GABUMON!!! -corrió de inmediato a socorrer a su amigo; al cargarlo se sentía terriblemente ligero, casi como si se esfumara- ¡¡¿Qué te pasó?!!
— …
— ¡Te llevaré al Digimundo! ¡Allí estarás mejor!

A pesar de su promesa, Strikedramon comenzó a creer que no podría cumplirla: ahora se sentía cada vez más débil, y para colmo, lo que le pasaba a Gabumon lo afectaba a él también. Apenas podía mantenerse de pie, y tampoco podía caerse en el piso; acabó por arrastrarse contra las paredes lo más rápido posible hacia la puerta. Entonces recordó… que él tenía la cuerda, y no la había atado a nada en la cueva. ¿Y si la puerta era solo de ida? Se quería matar… ¿Cómo no había pensado en eso antes? Ahora el pobre Gabumon acabaría…

— ¡¡¿¿QUÉ DEMONIOS ESTÁN HACIENDO USTEDES AQUÍ??!!

Esa voz tan atronadora y cargada de autoridad hizo estremecer al dragón digimon… y era para menos. La fuente de la misma era un Dynasmon… ¿De los Caballeros Reales quizás? ¿Eso tenía importancia ahora? Sea de la Orden o no, podía matarlo sin problemas… y si él no lo mataba, lo haría lo que estaba carcomiéndolo a él y al pequeño Gabumon.

— ¡Ayúdanos por favor!
— ¡¡VENGAN CONMIGO, AHORA!!

Sin más opciones que en confiar en Dynasmon, Strikedramon lo siguió con todas las fuerzas que le quedaban mientras cargaba a Gabumon, que apenas y podía verse ahora. Dynasmon derribó una de las puertas del pasillo y entraron a una oficina; era la misma por la que Gabumon y Strikedramon habían llegado. El dragón comprobó que el monitor por el que habían llegado estaba completamente apagado, como los demás: no había señales de la puerta. ¿Cómo escaparían?

En ese momento, acabó de rodillas, con Gabumon a punto de caérsele de las manos. Dynasmon reaccionó al verlo y lo sujetó con cuidado.

— No te me vayas ahora. Estamos por volver a casa. -hizo una pausa- Espera un poco.

Aún tenía fuerzas como para observar lo que Dynasmon haría a continuación: de su cuello tomó un extraño pendiente plateado, y lo oprimió delicadamente. De la nada, todos los artefactos electrónicos se encendieron: las luces, las radios, las máquinas de fax, las computadoras. Todo. Curiosamente, en ese momento, el hormigueo que lo incomodaba había desaparecido.

Dynasmon extendió su mano y abrió una puerta al Digimundo a través de una de las computadoras.

— ¡Vamos, entren! ¡No podemos quedarnos aquí mucho tiempo!

Strikedramon no necesitó pensarlo dos veces para obedecer. Era cuestión de ida y muerte; no sólo de la suya, sino la de Gabumon.


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Aun sentía mareos y hormigueos a lo largo de su cuerpo, pero sabía que eran producto de su mente, recuerdos de aquello que había contraído a su visita a… ¿A Nueva York podía ser? Sí; era esa ciudad: no lo había soñado. Había visitado esa ciudad humana, y estaba en estado de abandono. ¿Qué había pasado?

Tras abrir los ojos se dio cuenta que estaba en una modesta cama, en una habitación sencilla con dos camas y una pequeña mesa de luz con una bandeja sobre la cual había dos vasos de agua; Strikedramon, quien yacía en otra cama, descansando. El dragón digimon le dirigió una mirada triste y cargada de culpa. Al menos lo reconocía, pensó Gabumon; tampoco lo había abandonado. Pero se habían salvado de puro milagro.

— Lo siento, amigo. -habló por fin Strikedramon sin levantarse de la cama- No quería meterte en una situación así. De haberlo sabido…
— No lo hubiésemos sabido si nadie hubiera cruzado en primer lugar. No es tu culpa.
— Siento que quieres estar enojado conmigo; tienes todo el derecho.
— Debería de estarlo… Pero no puedo; es… es tan complicado.
— ¿Para alguien racional y precavido como tú? Seguro… -asintió con la cabeza- Pero insisto: si no quieres volver a hablarme…
— Strikedramon, ¿Cómo llegamos aquí? -preguntó, interrumpiendo su frase; Gabumon no quería perder tiempo en cosas superfluas como a quien culpar. A veces las personas podían ser muy cursis, entre ellos, Strikedramon- ¿Dónde estamos?
— Dynasmon nos rescató.
— ¿Qué?

El susodicho acababa de entrar a la habitación, permaneciendo de brazos cruzados y una severa mirada tras cerrar la puerta y apoyarse sobre ella. Si algo debían reconocer, era que Dynasmon no era el mejor de los anfitriones; empero, podría ser peor.

— Veo que están mejor… Otros no podrían decir lo mismo.
— ¿Qué?
— Oí de otros digimon que se aventuraron al Mundo de los Humanos y no regresaron: ustedes son los afortunados. Si no hubiera encontrado esa puerta secreta en aquel cerro…
— ¿Tú sabías eso, Strikedramon?
— No; eso no lo sabía… -gruñó- Cierto lobo negro me debe algunas explicaciones.
— No es el único -mencionó Gabumon, refiriéndose a Dynasmon; Strikedramon estaba de acuerdo- ¿Eres un Caballero Real? -Dynasmon respondió afirmativamente- ¿Estamos en el Castillo Kernel?
— No: están en mi casa, en las montañas Altai, en el continente Server. Vengo aquí a entrenar, y a estar a solas ¿No creerán que a los Caballeros se nos niega el derecho a tener nuestra vivienda privada, o si?

Eso de por sí ya era extraño: si habían cometido algún atropello contra las leyes de Yggdrasil, ya estarían en su castillo. En cambio, estaban en la casa de Dynasmon. ¿Por qué?

— ¿Podrían decirme que estaban haciendo en el Mundo de los Humanos? ¡Es sumamente peligroso: no debieron haber ido!
— No hubiéramos ido, si hubiésemos sabido que es peligroso. -contraatacó Gabumon- ¿Y cómo sabes tú que es peligroso? ¿Hay algo que tú sepas y los demás no?

Ese era un excelente razonamiento, sumamente brillante, que Strikedramon aplaudió: Dynasmon podía ser superpoderoso, pero no era particularmente brillante.

— También está lo de ese pendiente que tienes -señaló Strikedramon al extraño objeto que colgaba del cuello de Dynasmon- ¿Qué es y para qué sirve?
— Hmph… -suspiró resignado- Supongo que no tengo otra alternativa que decírselos… O podría matarlos también, pero no me atrevo a matar niños.
— Más te vale… -chistó Gabumon; Dynasmon frunció el ceño por semejante tono insolente- Perdón. Continua.
— Muy bien… Hace quince años, pasó algo extraño y sumamente terrible en el Mundo de los Humanos: hubo un apagón.
— ¿Un apagón? -preguntó el digimon lobezno- ¿En Nueva York?
— No, en todo el planeta: toda la Tierra fue afectada por el apagón: todos los artefactos electrónicos, motores, baterías... Sencillamente TODO dejó de funcionar, regresando a los humanos a una era pre-industrial. ¿Se imaginan? La electricidad era usada para todo, era la base de modo de vida… y sencillamente desapareció: muchos murieron; otros abandonaron las ciudades. Fue un caos.
— Entonces… lo que vi en el cielo ese día… -recordó Strikedramon- fue el Apagón Global. O algo así.
— Ahora entiendo por qué la ciudad estaba abandonada e inundada. -reflexionó Gabumon- Pero sigo sin entender en que nos afecta a los digimon.
— Todo lo que le ocurre a la Tierra termina afectando al Digimundo de una u otra manera. -respondió- Si la Tierra estornuda, el Digimundo se resfría. Si bien no dependemos por completo de sus redes, el Digimundo se acostumbró demasiado pronto al empleo de la informática en el Mundo Humano. Y con el Apagón… el flujo de información se hizo más lento: las cosas en el Digimundo cambiaron drásticamente. Eso se pude sentir en el clima, en el ambiente, en el aire. Lo han sentido, supongo.
— Yo no. -dijo Gabumon- Para mí las cosas siempre han sido así.
— Es natural, si naciste años después del Apagón. Pero para la mayoría de los digimon, las cosas se sienten diferentes a cómo eran antes.
— ¿Y por qué no lo sabíamos?
— Yggdrasil no quería alarmar a nadie; por eso tampoco permitió a los trailmon regresar al Mundo Humano: temía que si algún trailmon era descubierto, los humanos se apoderarían de él para sus necesidades. O peor: vendrían al Digimundo a vivir aquí como una especie de refugiados.
— Tiene sentido para mí. -añadió Strikedramon- Nadie quiere caos en este mundo. -suspiró- Supongo que nos pedirás te guardemos el secreto.
— Más bien se los ordeno.
— Te faltó un detalle. -señaló Gabumon, específicamente apuntaba a aquel triángulo plateado y de lados curvos que colgaba del Caballero- ¿Y ese pendiente?


Fue entonces que Dynasmon se mostró más reacio a hablar, como si hubieran tocado un punto sensible. No tenía caso: debía decírselos. Matarlos era una salida rápida pero poco honorable a semejante aprieto.

— Lo que les pienso decir… no se lo digan a nadie más, ¿Entendieron? O me veré obligado a matarlos... y esto va en serio.
— Lo prometemos. -juraron ambos de manera automática-
— Bien… Fui yo el que descubrió lo del Apagón. Yggdrasil me envió a investigar luego de que un trío de Knightmon fueran enviados antes y no regresaran. Vi el caos en que se había sumergido el Mundo Humano: la anarquía, el desorden… Al igual que a ustedes, también sentí ese hormigueo, esa languidecimiento. A eso le llamé “marabunta”, porque se siente como una horda de hormigas que te devora.
— ¿Y que es “marabunta”?
— La causa del Apagón. -señaló- Eso me lo dijo un con un humano al que me encontré, y que me salvó la vida.

¿Un humano salvándole la vida a un Caballero Real? ¡Eso sonaba tan asombroso como patético! Seguro por eso Dynasmon se guardaba tan celosamente el secreto. Pero Gabumon no creía que fuera por eso. Debía haber algo mucho más relevante para los digimon en dicho secretismo.

— ¿Cómo se llamaba? -preguntó Strikedramon-
— No lo sé: se presentó como "Usuario 8397/37". Estaba en la calle de una ciudad cuando sentí como me desvanecía; entonces este sujeto vino, hizo algo con su pendiente y de repente volví a sentirme bien. Me dijo:

— Toma. -dándole un pendiente- Con esto anularás sus efectos en un rango de tres metros. Así estarás a salvo.
— ¿Pero de que hablas? ¿A salvo de qué?
— De nuestro mayor error.

— ¿Su mayor error?
— Los nanobots. Ese sujeto me dijo que trabajó junto a otras personas en un proyecto secreto sobre nanotecnología. Los nanobots que crearon estaban programados para dos cosas: multiplicarse, y absorber electricidad.
— Por eso usaste el pendiente para encender esa computadora. -recordó Striekdramon- Para anular los efectos de esas máquinas ¿Pero qué tiene que ver con nosotros?
— Absorben electricidad. ¿No lo captas?

Gabumon sí que lo captó, y sintió un terrible escalofrío recorriendo su cuerpo: ese hormigueo, ese decaimiento, esa sensación de ser devorado. No, no era mera casualidad…

— Aun cuando nos materialicemos en el Mundo de los Humanos, y nuestros cuerpos repliquen proteínas símiles a las de su mundo, seguimos siendo susceptibles a sus señales de radio, a los pulsos electromagnéticos, a las descargas eléctricas, a la radiación. Incluso una bomba nuclear podría matarnos: no por el calor, sino por la radiación y el pulso electromagnético generado como subproducto de la explosión. Somos así de sensibles.
— Los nanobots nos consideran una fuente de electricidad, ¿Verdad?
— Exacto, niño: cuando estaban allí, esas nanomáquinas literalmente los estaban devorando; lo mismo intentaron hacer conmigo cuando fui la primera vez. Y estoy seguro que eso fue lo que les pasó a los Knightmon que mandamos antes. -suspiró, quedó en silencio por unos segundos para continuar- Sólo yo sé lo de los nanobots: si Yggdrasil se enterara, creería que los humanos los crearon para exterminarnos. Diablos, hasta yo mismo lo creo a veces.
— No creo que lo hayan eso con esas intenciones, Dynasmon. -dijo Gabumon con una fe en la humanidad poco vista en él- Fue un accidente.
— Es posible. Pero no me arriesgaré: además, si lo descubre, intentará tomar represalias, y nos enviaría a nosotros.
— Sería una masacre. -dijo Strikedramon-
— Si… para nosotros -completó Dynasmon- Sin estos pendientes, seríamos devorados por esas cosas.
— ¿No piensas compartir ese pendiente con tus compañeros? -preguntó Gabumon; la respuesta fue negativa- ¿Por qué?
— No pienso contribuir a una masacre. Ya no... Lo mejor para todos nosotros es que nada ni nadie entre o salga del Digimundo... y menos esos nanobots. -terminó de responder; luego abrió la puerta- Será mejor que tomen algo de aire fresco; después los regresaré a su pueblo.

Era un buen consejo: después de aquella avalancha de información, era lo primero que necesitaban para poner sus ideas en orden. Un Mundo Humano en colapso, nanobots devoradores de electricidad, digimon en potencial peligro de exterminio, un Caballero Real guardándole secretos a sus compañeros y a su líder… Había sido un día de revelaciones interesantes.

La casa de Dynasmon era modesta, pero peligrosamente emplazada el borde de un acantilado; seguro que él no sufría de vértigo por poder volar, pero Gabumon y Strikedramon tenían el inconveniente de no tener alas. La vista sin embargo era magnífica: las montañas lucían espléndidas e imponentes con sus cimas cubiertas de nieve, las rocas oscuras y el cielo de un límpido azul; la brisa era fría, casi gélida, pero por alguna razón no se sentían incómodos. Era como si ese lugar los animara a liberarse de toda preocupación.


— Por algo escogí este lugar para construir mi casa. -añadió Dynasmon- Es silencioso y pacífico.
— Ya veo… -asintió Gabumon-
— Amigo, ¿Y qué opinas de todo esto?
— ¿Que qué opino? Opino que ahora si siento el aire diferente a como era antes.
— Pero si nunca has vivido los tiempos previos al Apagón.
— Lo sé; es un presentimiento nada más. Pero aún tengo una duda.
— ¿Cuál? -preguntaron Dynasmon y Strikedramon-
— Ya que lo sabemos todo… ¿Qué pasará ahora?

Era una muy buena pregunta formulada con la sapiencia y la inocencia de un niño. Por desgracia, ni Dynasmon, ni Strikedramon tenían una respuesta. Nadie en el Digimundo la tenía.

Dependía de los humanos el saber contestarla…


 
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Reacciones: Azel

Digimon Tamer/Pokemon Trainer/Tensaigakure Shinobi
Bueno, no tengo mucho que decir. Me agrado el escrito y es una buena forma de explicar como afecta lo que sucede en el mundo humano al digimundo. Me es curioso ver el comportamiento de Dynasmon, me imagino que el gesto de ese humano lo ablando un poco xD
 

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Bien pues me parece bueno el argumento y hay algunas cosas que me resultan curiosas, pero tengo una pregunta ¿cuanto tiempo tardaste en escribir esto?
 

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¡Buen OS! :) Me gustó la historia, lo que está pasando y cómo describes el escenario; le das un toque muy apocalíptico que me gusta bastante. Además, la lectura se hace bastante amena y fácil de leer.
¡Saludos! :D
 

El único campeón de Mortal Kombat.
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Hay algo que he de reconocer y es que la historia está mejor narrada que muchas otras. Parece que esos consejos que Sil y yo te dimos te vinieron bien, ¿eh? XD.

El OS es bastante bueno, por algo nunca dudo en decir que sos el mejor haciendo crossovers (yo los hago para el cu...). Bueno, a comentar un poco la historia.

Pasaron quince años de un "apagón" que causó algunos estragos en el Mundo Digital. Los digimon que vivieron antes y después sienten un cambio repentino, donde presienten que todo es ¿muerto? sí, creo que es una buena palabra para describirlo. Se sienten muertos en vida.
Gabumon y su amigo Strikedramon deciden ir después de una charla al Mundo Humano, gracias a un portal que encontró un amigo de éste último. Gabumon entra y siente un cosquilleo, el cual se convierte en casi su muerte, de no ser salvado por Dynasmon.
Al final, Dynasmon cuenta la verdad de todo y se mantiene recluído. ¿Habrá una salvación? No se sabe. ¿Dynasmon dirá la verdad? Tampoco se sabe.

Es una historia que posee un gran argumento, desde la inocencia de niño de Gabumon hasta la inultilidad de Dynasmon, quien pecó de tonto. Más allá de todo, me sorprende que Yggdrasil no sepa la verdad siendo un "dios", cosa rara la verdad. Es extraño que Dynasmon sea tan cobarde; me extraña que difiera de su ser real, el cual le era muy leal a su jefe.

No tengo mucho más que decir.

¡Saludos!
 

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6 May 2010
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Pues este OS me gusto mas qe el otro. Un planeta en ruinas por un colapso de electricidad es un argumento muy interesante o como afecto al mundo digital y creo qe un buen toque es qe no hubiera ningun humano en la historia como personaje fuera de ese flashback quien sabe como lo estaran pasando en una era pre industrial. Tal vez invadan al digimundo para obtener energia de los cuerpos de los digimons. Eso lo dejan en misterio.

Curioso qe eligieras este RK para esta historia. No tiene antecedentes de ser alguien muy compasivo por la violencia.XD

Me agrado la personalidad de Gabumon y el misterio al principio del OS sobre lo qe paso hace 15 años aunque es raro qe nadie le gustara hablar de eso publicamente como si estuviera prohibido.

Nunca vi revolution pero no parece necesario para entender la trama.
 
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