Conjunta Bodas de Muerte [Chihiro & Sho]

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スパークル
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Kuro miró el pergamino de nuevo, estaba enrollado sobre la mesa, no parecía tener intenciones de leerlo por quinta vez. ¿Tendría que trabajar con alguien de otra aldea? Era la primera vez que le encargaban algo por el estilo, no se le daban muy bien relacionarse con otros y por lo mismo prefería hacer cosas en solitario, pero ahora ese encargo había caído en sus manos. ¿Qué se supone que debía hacer? No tenía la más puta idea de cómo tratar con esa situación, ¿qué esperaban que hiciera? ¿Por qué lo enviaban a él a esa misión? Habiendo tantos ninjas en la aldea.
Joder. ─ Se revolvió el pelo casi desesperadamente, sorprendiéndose cuando Neo le saltó directamente a la cara; el petauro de azúcar aterrizó en dicha zona, mirando directamente hacia los ojos del chuunin que se esforzaba cuasi juntando sus ojos para poder enfocar a su acompañante animal.
No deberías tener miedo.
Te he dicho que no te lances a la cara… ─ Murmuró, con su voz siendo amortiguada por el cuerpo del pequeño ser. ─ Y no tengo miedo.
Sí lo tienes. ─ Neo saltó hacia la mano ahora elevada de Sho, acomodándose en la palma y mirando más fijamente al varón. ─ No quieres hacerte cargo de esto.
En realidad no quiero, no me llama la atención, suena bastante aburrido y tendría que lidiar con una persona extraña. ─ Desvió la mirada como si estuviera altamente ofendido, Neo se paró sobre sus patas traseras y estiró las delanteras, provocando que un sonrojado Kageyama acercara su propia mano hacia su rostro. El petauro apoyó sus patitas sobre la mejilla del taijutsuka y acarició su propia cara contra aquella zona del muchacho.
La compañía no le hace mal a nadie~ ─ Canturreó, el varón bufó audiblemente.
La gente está sobrevalorada… ¡Y la misión es aburrida! ─ Exclamó lo último con extremo fastidio, ¿quién siquiera estaba a favor de los matrimonios arreglados? Esas cosas eran ridículas desde su punto de vista, forzar a alguien a casarse con otra persona que no conocía… Joder, aunque la conociera, forzar a alguien a casarse era una cosa que estaba completamente fuera de su entendimiento. Las relaciones que llegaban a ese punto era algo que no entendía, ¿cómo podría vivir con eso? Posiblemente sería incapaz de perdonar a sus padres si alguna vez le hicieran algo de ese estilo. ─ No culparía a nadie que hiciera algo así…
¿A qué te refieres?
Yo odiaría que me obligaran a casarme con alguien…
¿Entonces crees que es culpable?
No tengo la más mínima idea, ni me interesa, pero si acaso fuera culpable… En realidad, no juzgaría. Debe ser algo jodidamente frustrante. ─ Suspiró y se apoyó en la mano contraria, donde no se encontraba el animal, para poder descansar el peso de su cabeza en el brazo. Miró de reojo la carta que llevaba más de quince minutos esperando a ser leída, ¿estaría mal pedir algo de comer mientras su compañera de misión llegaba? Se encogió de hombros, en realidad no importaba.

La mesera llegó apenas unos cinco minutos más tarde con una bebida y un pequeño aperitivo, los cuales fueron ingeridos por el albino apenas tocaron la mesa. Su mirada se notaba cada vez más aburrida con el pasar de los minutos, ¿cuánto tardaría en llegar su compañero de misión? Bostezó y se sintió tentado a recostarse sobre la mesa, aunque su mente le incomodaba pensando demasiado las cosas, suponiendo que sería mal visto que hiciera eso en medio de un sitio lleno de gente donde, en teoría, se iba a comer y beber. Miró hacia los lados, hasta ahora es que se percataba de que el sitio estaba lleno de gente con no muy buena pinta, le provocaba muchos nervios y ansiedad, había demasiada gente a su alrededor. Quería terminar eso cuanto antes y volver a la soledad de su habitación.

Bodas de Muerte (C)

Descripción de la misión: En estos tiempos los matrimonios arreglados se han vuelto comunes, ya sea por intereses políticos o económicos. Este último es el caso de los Yoshino, de Kumo, con los Mogami de Kiri; ambas son pequeñas familias de comerciantes que esperaban crecer mediante la unión concertada de sus hijos mayores... Y sí, 'esperaban', en pasado, porque algo trágico ocurrió la noche antes de la boda: Kakeru Mogami fue asesinado mientras dormía, y las sospechas recaen en Ami Yoshino. Ella jura que no tuvo que ver en tan terrible acto, ya que le tenía cariño al hoy occiso aunque todo fuera arreglado, pero no hay nadie más que haya tenido motivos para hacerlo, o eso creen los Mogami porque los Yoshino confían plenamente en la inocencia de su heredera. Como son clanes relativamente pequeños, no es probable que su disputa afecte realmente la relación entre ambas villas, no obstante, los representantes de las mismas no quieren dejar las cosas así y están dispuestos a intervenir en el asunto para que todo llegue a buenos términos. Es por esto que La Nube ha decidido enviar a La Niebla (lugar donde ocurrió todo) a Chihiro Miyazaki, una de sus mejores ninjas, debido a que conoce muy bien el sitio; su rol será descubrir la [HASHTAG]#VerdadOculta[/HASHTAG] y demostrar la inocencia de Yoshino. Será ayudada por un chuunin de Kiri porque los de mayor rango estaban ocupados y pues ni modo (?).

Objetivos de la misión:

Chihiro:
-Llegar a Kirigakure y encontrarse con Sho Kageyama.

Sho:
-Esperar a que Chihiro se encuentre con él (?).

Ambos:
-Resolver el misterio del asesinato y demostrar la inocencia de Yoshino si es que no es la culpable.
-Atrapar al verdadero asesino.

Notas:
-Por el momento, Ami está recluida en unas celdas provisionales dentro de la misma Kiri, pero pueden hablar con ella si lo desean.
-Los Yoshino están en la villa también.
-Los Mogami están muy recelosos (por obvias razones), así que les será complicado hablar con ellos.
-El joven fue asesinado con un cuchillo de cocina, por lo que es poco probable que haya sido causado por un ninja o guerrero.


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Últimamente su hermano mayor por minutos la estaba cuestionando en demasía sobre sus viajes fuera de Kaminari, algo que irremediablemente a Hiiro le molestaba más allá del significado de la palabra… pero no se lo decía porque no quería entrar en conflictos con Chie. A veces era de sabios ignorar y para el caso esa era una buena opción, por los momentos.

Durante el traslado en barco aprovechó para leer el perfil de la familia Yoshino, de quienes prácticamente sería abogada en vista de la culpabilidad de la heredera al liderazgo de la misma tras la muerte de quien iba a ser su esposo. “Comerciantes, dueños de unas cuantas pequeñas empresas que se dedican a la formación de empleadas domésticas”, leía. Algo así como que preparaban a las muchachas para que pudieran brindar un excelente servicio como ama de llaves o de casa (¿?), pues que supiera hacer quehaceres diversos. Y por una nota ubicada debajo de la descripción del oficio familiar, parecía ser que estaban planeando abrir un local en Kirigakure.

—¿Se te ocurre algo de lo que pudo haber pasado? —Le preguntó Mabí. Aunque en su cabeza rondaran algunas historias hipotéticas que rozaban la exageración como lo más simple del mundo, negó para su amigo panda.
—Cuando pueda leer a qué se dedica la otra familia quizás pueda empezar con las suposiciones.
—Es una lástima que te toque trabajar con alguien más —Vendetta se encogió de hombros—, y que no sea Tye —se burló.
—¡Oye! —Su rostro se tornó más enrojecido de lo normal. —No digas esas cosas por aquí; algún pelele puede decirle algo a Chie, ya sabes cómo es.
—El hermano celoso —se había recostado frente a la fémina con su cabeza apoyada en una pata a lo Rose de Titanic—, la chica a la que le gusta el peor tipo del universo y el peor tipo del universo que se aprovecha de la atención y belleza de la chica con fama —suspiró.
—¿Y a ti qué te pasa?
—¿Es un buen tópico para una novela, no? Algo cliché pero yo la volveré original.
—¡¡Mabí!!

[…]

Chihiro (quien resguardó su apariencia tanto como pudo) y su panda rojo se valieron de algunos transportes para avanzar “cómodamente” rumbo a la Niebla gracias a que el manto natural que la caracteriza se encontraba espeso. A cambio del aventón, ella brindaría protección en caso de aparecerse algún ladrón iluso de camino.

Ya en Kirigakure buscó el famoso restaurante donde ponía la nota que estaría su compañero desconocido. Le anexaron una imagen del muchacho, cosa que Mabí utilizó muy bien para molestarla con bromas sobre que tenía algún ligero parecido con Einarr; y tras preguntar unas dos veces por fin se encontró sobre el tapete de bienvenida del puesto, lugar que emanaba una pinta no tan agradable para ella. El sonido particular de los cubiertos chocando contra los platos y el murmullo de un montón de conversaciones que chocaban entre sí, lo hacía un restaurante en el que ella no reposaría sus pompas en una silla para comer.

Mabí apuntó hacia una cabellera blanca que sobresalía del resto de comensales en esa fila de mesas, la de la esquina; el varón señalado yacía sentado en la última. Qué mal que estuviera sentado dándole la espalda a la entrada, pues para empezar si estaba esperando a alguien desconocido debía tomar asiento con miras hacia la puerta.

—¿Sho? —Le vio alzar un poquito los hombros; el amiguito que le acompañaba asomó su cabeza para ver mejor a la emisora de voz dulce. Animal al fin, también se percató de la presencia del panda rojo.
—Soy yo —él se dio media vuelta sobre el asiento; su contacto visual con la kunoichi fue tan breve como una estrella fugaz, pues prefirió mirar hacia abajo pero allí sus orbes se aparcaron sobre Mabí.
—Hola.
—Hola.

Hiiro no pasó por alto el que el varón ni siquiera se molestara en verla a la cara para empezar, bueno, en su mente no faltaban los pensamientos sobre su capacidad para dejar sin habla a mucha gente pero no había excusa esa vez; Habanero mantenía su apariencia tan protegida que solo sus ojos y algo de sus cabellos estaban expuestos. Por unos segundos esperó a que el de Kiri dijera algo más sin saber que Sho se preguntaba si debía decir alguna otra cosa o si lo haría ella; Mabí miró a Hiiro, luego a Kuro, otra vez a su amiga y de nuevo al peliblanco.

—¿Serás la compañera de Sho? —El petauro fue el héroe que destruyera el incómodo silencio.
—Eso parece o es lo que pone en el pergamino de misión.
—Hubiera preferido trabajar solo —volvió a darle la espalda a una cuasi ofendida jounin.
—Sí, yo también lo hubiera preferido, ¿sabes? —Neo era el único que sabía que su amigo no lo había dicho con la intención de molestar a la muchacha. —Pero resulta que estaremos juntos en esto aunque no nos agrade —tomó asiento al frente del shinobi—; aunque si lo prefieres podemos trabajar cada quien por su lado; odio quedar mal en mis misiones.
—No quiero ser una molestia.
—Entonces cambia esa actitud ahora o lo serás durante todo el encargo. —Sho trató de sonreír pero… terminó sintiéndose un poco más incómodo que antes. —¿Qué es lo que sabes sobre los Mogami? ¿A qué se dedican? ¿Cómo son sus negocios? —Con calma, Kuro pasó el informe donde ponía todos esos datos relevantes ya que prefería que ella los leyera a tener que hablar al respecto; si las cosas iban a ser así, Habanero hizo lo mismo al pasarle la información que tenía sobre los Yoshino. “Tienen varios locales en Mizu orientados a la venta de juguetes sexuales”, los pómulos de Hiiro se encendieron, “la víctima sería el futuro dueño de la empresa familiar” y así continuó leyendo. Ella y Sho apartaron la mirada de las letras del informe casi al mismo tiempo. —Debemos ir a hablar con Ami Yoshino primero para que nos cuente su versión.
—Se me ocurre que mientras hablas con ella yo puedo tratar de obtener su declaración de los hechos.
—Es buena idea, así sabremos si coincide su versión —Kuro movió su cabeza para decir que sí—. No eres tonto o muy tonto.
—Gracias.
—Tampoco te estoy halagando —Sho suspiró; la jounin se puso de pie primero a la espera de que él lo hiciera y fuera el guía que los llevara hacia los separos.


Blair Sphinx
 

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El de cabellos albinos dirigió a la chica hasta donde debía, tras lo que la de Kumo fue acompañada por un miembro de la comisaría hacia las celdas donde tenían a la joven ex – novia, Sho por su parte se dirigió hacia la segunda planta del lugar, sitio donde yacía una oficina con papeleo oficial sobre los casos que se estaban investigando. El manipulador de la energía de vacío observó con incomodidad la gran cantidad de actividad que había dentro de aquel lugar, era algo intenso y que a él le desagradaba. Demasiadas voces, gente moviéndose rápidamente, teléfonos sonando, todo a la vez, era un bullicio desagradable para sus oídos.

─ ¡Oi! ─ Los orbes violetas fueron a caer completamente sobre el uniformado que había hecho aquel sonido, percatándose que, por el gesto fastidiado del aludido, le había estado hablando por unos segundos que hubieron aparentado ser eternos.

─ ¿Qué cosa?

─ Que, si necesitas algo, joder. No es un lugar para estarte paseando, ¿quién demonios te dejó pasar hasta acá? ─ Kageyama sacó torpemente el pergamino el cual le había sido entregado, con sello oficial y todo para comprobar su valía, el uniformado chistó por lo bajo antes de llamar a otro de su misma rama de trabajo. Le lanzó el pergamino y luego le hizo un gesto con la cabeza al shinobi para que siguiera al segundo varón, el albino se movió tímidamente, notablemente ahogado entre todo lo que acontecía a su alrededor.

─ Te llevaré a una sala al fondo, puedes leer los documentos allí, pero bajo ningún motivo pueden abandonar este lugar, ¿entendiste? ─ La voz fue firme y amenazante a la vez, el chuunin se encogió en su sitio, inseguro de si cualquier cosa que dijera podría provocar que se negaran de darle la declaración de la joven. Eso sería desastroso, pues involucraría no recibir paga y por ende no poder comprar sus antojos por un tiempo.

─ Vale… ─ Atinó a contestar luego de recibir una mirada durísima del oficial. Entró a la habitación mencionada y un folder fue lanzado frente a él con tremenda fuerza, como si todo mundo odiara que siquiera estuviera allí presente; acto seguido, otro intenso estruendo lo hizo sobresaltarse, el uniformado había dado un portazo al salir del lugar, dejando a Sho sólo con papeles y Neo.

─ Qué carácter… ─ El pequeño animal salió de entre los ropajes del taijutsuka, buscando con la mirada los ojos violetas de Kuro, éste parecía estar completamente sin energía de un momento para otro.

─ ¿Por qué me convertí en ninja? Pudiendo hacer tantas cosas distintas…

─ Porque ellos te aceptan como eres y no te botan de la aldea, ¿no?

─ Era una pregunta retórica… ─ Un aura depresiva rodeó instantáneamente a Kageyama a la par que abría el folder, leyendo el documento con una lentitud ridícula. Si Chihiro estuviera ahí posiblemente ya le habría arrancado los papeles de las manos, resolviendo todo el misterio en cuestión de minutos mientras que él se hundía en sus inseguridades. Sacudió la cabeza un par de veces para evitar quedarse dormido, el encargo era por demás aburrido y además exigía mucha energía que él no tenía en esos momentos, estar dentro de esa base policial significaba escuchar gente constantemente y con demasiado frenesí que él no podía tolerar.

Entrecerró los ojos intentando prestar atención a lo que estaba leyendo y finalmente alzó los hombros, cosa que llamó la atención del animal que le hacía compañía.

─ ¿Pasa algo?

─ No sé, es raro…

─ ¿Raro?

─ Hay demasiados hoyos en su historia, lo quería mucho, pero no hay modo de comprobar nada… De las personas interrogadas, nadie concuerda en nada. Algunos dicen que sí parecían quererse, otros que no, ella jura que siempre le mostraba afecto fuese donde fuese… No lo sé. De entrada, hay conjeturas de los policías diciendo que un ninja no podría haberlo hecho porque se usó un cuchillo de cocina, pero ¿no es todo eso muy conveniente? Bien pudo haber sido ella, bien pudo haber contratado a alguien para que lo hiciera… Pero de ese modo, como todo sucedió, solo terminaría perjudicada ella… ¿Alguien más se habrá involucrado? Haciendo que el asesinato fuera justamente de noche, antes de la boda, cuando nadie podía asegurar de ningún modo que ella estaba en otra parte haciendo lo que fuera, además de usar un cuchillo de cocina que sacaba de la vista a todo asesino experimentado que podría usar otro tipo de herramientas…

─ Hiciste que mi cabeza diera vueltas…

─ Lo siento… Quizá lo estoy pensando demasiado. ─ Tanto había estado metido en sus propios pensamientos y conjeturas al aire, que no se percató del tiempo que había pasado o de que, quién sabe hace cuanto, la kunoichi de Kumo había llegado a la puerta y de paso escuchado todo su monólogo. La chica se sentó en la silla contigua y tomó los papeles, obligándolo a darse cuenta de que estaba allí.​


Bishamon Mimikyu
 

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Una mirada seria fue suficiente para que el guardia que la había llevado hasta la celda de la fémina las dejara a solas unos minutos. Al principio Yoshino se mantuvo quieta, absorta de la presencia de la kunoichi al no poder dejar de pensar en su difunto novio; Habanero hizo un sonido con su garganta y lo primero que vio la reclusa fue la insignia de Kumogakure, sorprendiéndose. Su sentir se extendió más al saber que quien estuviera atendiendo su caso era alguien sumamente reconocido, sobre todo en el país del Rayo.

—Yo no lo maté, tienes que creerme —se aferró a los barrotes—. Lo amaba demasiado para haberle hecho eso.
—Tranquila —alzó sus manos—. Si quieres salir de aquí tendrás que contarme todo lo que sepas.
—¡Ya lo hice! ¿Me ven cara de disco para estarme repitiendo? —Hiiro cruzó sus brazos—. No veo que nadie haga algo más que intentar que yo me equivoque dando mi versión… —entre ese lamento había dicho algo que llamó la atención de la artista; Ami terminó sentándose en el suelo todavía apretando las barras aunque con menos fuerza—. Ese truco nunca les funcionará porque soy inocente.
—¿Quiénes crees que quieren que te equivoques? —La jounin apoyó sus brazos de sus piernas al ponerse de cuclillas.
—Mi suegro o quien iba a ser mi suegro; seguro que ya convenció a su esposa…
—¿Te llevabas mal con él? —La otra encogió sus hombros. —Dime lo que sepas.

«Ese día fui a inspeccionar el negocio que abriría mi familia aquí, en la Niebla; no me encontraba con Kakeru porque él tenía otros asuntos que atender, me dijo que era importante verse con un cliente. Somos —respiró hondo al percatarse del error—, éramos comerciantes, por favor. No iba a dudar de él ni un momento; cuando regresé a nuestra casa, la que ocuparíamos al casarnos, lo encontré muerto —su llanto reinició junto al temblor de sus manos—. Me acerqué, le llamé, lo toqué… estaba frío, había sangre por todas partes. Minutos más tarde, su padre llegó y al verme ahí me acusó; no me dejó explicarle nada… él hizo que me encerraran.»

Tal cual se lo había dicho la detenida, Chihiro lo replicó para que Sho lo escuchara. Con su proceder parsimonioso recapituló lo que había leído en los testimonios, casualmente encontrando uno del progenitor de Kakeru en donde exponía que el amor entre los dos no era tan grande como se pensó al principio. Chuunin y jounin chocaron miradas.

—Tenemos en la lista al papá del muerto este y al supuesto cliente que vio rato antes de fallecer.
—¿Cómo vamos a saber cuál cliente fue? Su lista debe ser muy extensa —se rascó la cabeza, denotando cuánto pesar le causaba tan solo imaginárselo.
—No nos queda más que ir a la casa de su familia —el peliblanco suspiró; su pequeño animalito le dio palmaditas en la mejilla en lo que le decía “ánimo”.

Dispuestos a retirarse, Sho dejó los papeles sobre la mesa y casi llegando al umbral fue detenido por la pelirroja, quien extendiera un brazo solo para señalarle con la mano que trajera los documentos; vaya torpeza. El varón intentó disculparse. Su poco deseo de estar ahí haciéndole de detective le estaba jugando chueco, pero sus razones no eran de importancia para la mujercita; de sí o sí tenía que trabajar sin entorpecer el encargo. De sus actos dependía muchísimo la libertad de una persona.

Al bajar las escaleras escucharon a unos cuantos hombres hablar en el área de la recepción. Como Miyazaki gozaba de un mejor sentido del oído, hizo que su compañero provisional detuviera la marcha detrás de ella al colocar su diestra sobre su pecho. Sho se contrajo inconscientemente, ¿qué estaba pasando? Se preguntó. Guardó silencio después de discernir por unos segundos que si Chihiro no le había dicho ni pio era por algo.

—Roudoku —pronunció cuasi susurrando la de Kumo; cerró sus ojos, buscando concentrarse tanto como se le hiciera posible. Cualquier ruidito inaccesible para el oído humano entró por sus orejas. Hubo un pequeño lapso dentro del uso de la técnica que la hiciera sonrojar un poco más de lo que naturalmente estaba, pues no solo podía captar con mejor precisión los latidos del corazón de Sho… lo escuchaba también. De la nada retiró su mano del pecho del albino bajo un rostro confundido por parte de él. Entonces después captó la conversación llevada a cabo a pocos metros. —Transfórmate —fue lo primero que le surgió decir con exabrupto, anulando la técnica.
—¿Eh?
—Que te transformes en alguien.
—¿Qué, por qué? —Vendetta gruñó; sin pensarlo demasiado tomó a Kuro de las mejillas, le acercó a su cara al tiempo que ocultaba la suya lo necesario para que cuando uno de los sujetos pasase por su lado no pudiera reconocerles. Fue inevitable que se guardara un comentario desaprobatorio para con dos adolescentes que se besuqueaban en la comisaria. Con discreción, por encima del hombro del peliblanco, la jounin observó los pasos del supuesto papá de Kakeru.

Aquel hombre se había identificado como tal y solicitó ver a Ami después de tener una plática interesante con algunos policías de turno, en la que les proponía repatriarla lo antes posible y anularle el permiso de comercio en el país por asesina. Si todo pasaba así, en Kumogakure la mantendrían en prisión por muchos años. Lo interesante de todo era que el sujeto lo estaba negociando; ya con Sho mirándola a la cara, supo más o menos qué hacer. El varón a su frente se hallaba totalmente enmudecido gracias a que lo vivido le disparó el termómetro de la vergüenza (conste que no llegaron a besarse).

—¿Me escuchaste? En medio de toda esa cháchara, esos guardias le dijeron que había ninjas investigando —los dos saltaban de techo en techo, la mujer siguiendo al conocedor de la aldea rumbo a la residencia de los Mogami.
—Por eso hiciste lo que hiciste —le tranquilizaba saber sus motivos—. Y supongo que quieres que hablemos con la mamá del muerto.
—Claro, hay algo que dijo Ami que me llamó la atención: el señor debía convencer a su esposa para culparla también —aterrizaron frente a un pequeño lago cubierto con flores de loto—. Seguro se encuentra dubitativa.
—Como yo en estos momentos —mencionó en voz baja antes de presionar el botón de timbre—. Hasta donde sé, esta es la residencia.
—¿Estás seguro? —Puso sus manos sobre sus caderas; no lo creería si se hubiera confundido.
—Sí, aquí mismo tienen la tienda —apuntó al local cerrado.
—Oh —de repente su mirada se tornó picarona—, alguien ha venido a comprar juguetitos.



Blair Sphinx tal vez no haremos el mínimo xDDD pero tampoco nos pasaremos de lanza (?)
 

スパークル
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El color pálido de la cara de Sho se vio eclipsado abruptamente por una tonalidad rojiza que obvió la pena que sintió, Kageyama, además, dio varios pasos hacia atrás de manera muy cómica, a la vez que agitaba sus brazos exageradamente de izquierda a derecha y movía la cabeza del mismo modo, negando completa y rotundamente lo dicho por la menor.

─ ¡No es lo que piensas! ¡Lo juro! ─ El bochorno era incontenible y no tenía la más puta idea de cómo convencer a la de mayor rango de que decía la verdad, la chica, sin embargo, ya estaba charlando con una persona que atendió, ignorando por completo la reacción del nervioso chuunin.

─ Buenas tardes ─ saludó la de Kumo, la mujer que estaba del otro lado del umbral tenía una cara pésima, cómo no tenerla, luego de la muerte de su hijo todo había sido un infierno para ella; entre policías, las preparaciones para el entierro, las tensiones de ambas familias y su propio marido, sentía que no tenía ni un poco de tiempo para tratar adecuadamente consigo misma lo que ocurría; para bien o para mal, un par de ninjas se habían sumado a la mezcla ─. ¿Usted es…?

─ ¿Vienen por lo del asesinato de mi hijo? ─ Interrumpió con voz dolida y una cara triste, Hiiro asintió a la par que Kuro se acercaba, un tanto más recompuesto luego del momento incómodo por el cual había pasado gracias al comentario de su compañera de misión. ─ Ya he dicho todo lo que sé. ─ Soltó, a modo defensivo, estaba harta y cansada de los interrogatorios. ─ ¿Por qué no buscan la información en la comisaría?

─ Queríamos escucharlo de usted. ─ Agregó con calma la originaria de Kumogakure, el albino simplemente estaba a un lado escuchando la conversación, como si él no tuviera nada que ver en el intercambio de palabras, o bien, no quería formar parte del mismo, pero tenía que estar ahí.

─ Adelante… ─ Medianamente derrotada o bien, resignada, la mujer se hizo a un lado para permitir que ambos ninjas entraran a su hogar. Sho esperó a que Vendetta pasara primero, aunque la chica iba a hacerlo de todos modos, rápidamente el albino se percataba de qué tan polos opuestos eran y se preguntaba qué clase de cosa había hecho mal en su vida pasada para merecer la tortura de ir a una misión con una persona como ella. Suspiró audiblemente y se introdujo en los aposentos de la madre del occiso.

Las preguntas comenzaron y la historia dada por la madre fue casi igual a la que ambos ninjas hubieron leído en el reporte, sin embargo, algo llamó la atención del aburrido taijutsuka, el cual entrecerró los ojos ligeramente. No tenía nada más que hacer además de ver los adornos de la casa y escuchar el intercambio de preguntas y respuestas entre ambas mujeres, no se tomaba en serio nada de eso, pero al menos tenía ahora algo con qué sacarse el aburrimiento de encima, por lo menos un poco.

─ Espere ─ ambas féminas giraron sus rostros para ver al hasta ahora callado Sho, Habanero ya se estaba imaginando mil y un cosas imbéciles que podía decir el torpe de su compañero mientras éste parecía formular en su mente la forma correcta de decir lo que pensaba ─… Ummm… ¿Ha dicho que no le han dejado ver el cuerpo?

─ Eso dije.

─ ¿Y eso a qué se debe? ─ Esta vez la pregunta vino de parte de Miyazaki, quien nuevamente tomaba las riendas de la conversación, Kageyama no se quejó, prefería no tener que hablar demasiado y sentía que al menos ahora había hecho algo.

─ Pues… La policía dijo que al ser algo que debían investigar, no podía verlo. Sólo mi marido lo ha hecho e insiste en que no debería… Pero tengo que ver a mi hijo, aunque sea una última vez. ─ Se mordió el labio, apretó los puños y luchó fervientemente para evitar que las lágrimas se escaparan de sus ojos; el de menor rango recargó la nuca en el sillón para ver el techo, pensando en todo y nada. Algo de todo eso se escuchaba… mal. Pero no estaba seguro de qué cosa, además de que quizá sólo estaba rebuscando demasiado con tal de mantenerse ocupado y distraído. Luego de unos diez minutos más, el dúo salió de la casa de la mujer y se quedó en la calle por unos minutos.

─ Me parece muy extraño que no le hayan dejado ver el cuerpo.

─ A menos que esté hecho pedazos, cosa que no dice en ninguno de los reportes, no veo porqué harían algo así. ─ Comentó él, sin darse cuenta de que la pelirroja estaba simplemente pensando en voz alta; cuando notó aquello, debido a una mirada proveniente de la jounin, retrocedió un paso y se tapó la boca con ambas manos.

─ ¿Dónde tendrían el cuerpo? ─ Esta vez la pregunta sí iba dirigida hacia él.

─ ¿Quieres verlo? Si ni a la madre le dejaron…

─ Tenemos qué, algo está fuera de lugar.

─ Supongo que en el hospital, resguardado por policías, eso si es que planean hacerle una autopsia… O en la comisaría, aunque eso es mucho menos probable, sería muy raro. ¿Piensas que…?

─ Todo este secretismo, es como si intentaran ocultar algo.


Bishamon Mimikyu
 

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A varios metros de donde estaban analizando la situación nuestros protagonistas, la silueta apurada del supuesto padre del occiso avanzaba en dirección a ellos pero no para ir a donde estaban. Quería llegar a su residencia. De todas maneras atinaron a moverse rápido para ocultarse en un callejón, desde ahí podrían ver hacia la vivienda. El pequeño amigo de Sho asomó su cabecita entre la ropa del varón, siendo el primero que se diera cuenta de algo que podrían dejar pasar los humanos.

—Mira —golpeó con graciosidad la mejilla del peliblanco, y lo que quería que viese era la aparición de una segunda persona que se cubría con una gabardina, sombrero y lentes. La misma había llamado al hombre, pues este se detuvo justo antes de dar un paso hacia el interior de su casa. A continuación, Habanero volvió a realizar su jutsu para escuchar. No obstante, como si el hombre lo hubiera percibido, agarró a la otra persona del brazo con cierta brusquedad para tirar de ella por la misma dirección que llegó. Ese movimiento causó que el sombrero del misterioso ser saliera volando, dejando al descubierto una cabellera larga.
—¿Pensaste lo mismo que yo? —Hiiro no cambió la expresión quieta de su rostro al preguntarle a Sho algo con significado aunque fuese pequeñito.
—Sí. —También fue neutral en su tono de voz. —Gracias —díjole a su diminuto amigo—. Creo que deberíamos seguirlos.
—Estoy de acuerdo.

¿Se estaba entusiasmando al final? Quién sabe, pero lo que sí era seguro era que no quería parecer un bueno para nada todo el tiempo ante la fémina. Por otro lado tenían mucha suerte de que la bruma les estuviera jugando a favor al no descender a nivel del suelo. Los shinobi subieron al edificio más próximo y desde las alturas se movieron a donde sea que fuese el par; al final les vieron girar directo a un pequeño callejón sin salida y sin iluminación, pues las estructuras que lo formaban estaban tan cerca como para impedir que la luz del día hiciera su labor diaria.

Pero, ¿quién necesitaba verles? Sho y Hiiro se detuvieron justo en el tejado del edificio donde reposaba la espalda de la misteriosa mujer. Otra vez Habanero utilizó su jutsu y mientras se concentraba para escuchar lo que esos dos dijeran, su compañero se mantendría alerta del rededor. Después de saber que uno de los guardias de los separos le comentó que había ninjas metiendo las narices en el caso, podrían intentar entorpecer su trabajo y el único que podría ser entorpecido era el que fuese turbio.

—Te dije que no me buscaras hasta pasado un rato y yo te avisara.
—Necesito saber cómo van las cosas y no puedo acercarme a los separos…
—¡Ni lo intentes!
—Entiéndeme… te extraño y tengo miedo.
—No vayas a abrir la boca y ya vete.

Por un sonidito quejumbroso, Chihiro asumió que le había hecho algo. El chuunin confirmó la retirada del hombre sin la otra persona y por el rostro sonriente de la mujercita supo que lo que había escuchado era valioso. Y sin cruzar palabra con el varón, la artista extrajo de su portarmas una diminuta bolita de color azul cielo para dejarla caer con cierta graciosidad… casi como si hubiese sido un accidente. Era una bomba somnífera.

—Tenemos que llevarla a un sitio seguro —él se había asomado para ver hacia abajo—, como tu casa.
—¿Qué? No, no. —Habanero se cruzó de brazos. —Debe haber otro lugar…
—¿No lo has comprendido? Estamos ante algo sumamente misterioso y una persona puede estar en riesgo de ser castigada sin razón —Sho tragó en seco sin poder evitar el ligero sonrojo que apareció en el área de sus mejillas ante la cercanía de su emisora—. Ella y el papá del muerto son amantes.

Los dos decidieron bajar para recoger el cuerpo durmiente de la misteriosa. Estando más cerca pudieron descubrir algo interesante: estaba embarazada. Los shinobi chocaron miradas. Lo que seguía después era interrogarla una vez despierta, averiguar cómo llegar hasta el occiso y entender por qué razón las autoridades inmiscuidas se comunicaban de forma sospechosa con el señor padre de Kakeru. Por suerte, trasladarla hacia la residencia de Kageyama no sería un problema si lo hacían ver natural, pues tratándose de una aldea ninja no era muy raro para la gente ver que alguien cargase con un cuerpo entre los brazos.

—No podemos quedarnos sin hacer nada —en lo que hablaba con el dueño del pequeño apartamento, caminaba de un lado hacia el otro mirando supuestamente el decorado—. ¿Por qué no vas a buscar a Nashla —que mencionara el nombre de la kage de esa forma le pareció raro al peliblanco— o alguien que te pueda autorizar visitar la morgue? O cualquier otro sitio donde realicen investigaciones forenses.
—¿Y tú qué harás? —Ni sabía para qué preguntaba porque la respuesta le llegó un segundo después de haber dicho la mitad de la interrogante. —Digo, ¿simplemente vas a esperar a que despierte?
—No —Vendetta colocó ambas manos en su cadera—. Yo buscaré otras pistas en la casa del crimen, aparte esta —refiriéndose a la pseudo rehén—, debe tener alguna identificación por ahí, algo que nos ayude a investigar más sobre su vida.
—¿Quién va a cuidarla entonces? —Y sus dudas se disiparon al ver a Habanero hacer los sellos del Kage Bunshin.
—Vamos, Sho, prometo no husmear… dudo que tengas algo que me interese.

La de Kumo (no réplica) no se molestó en esperar que respondiera a su cruda afirmación al ser la primera en cruzar la puerta. Sin embargo, vociferó el nombre del shinobi al ver que éste no le seguía los pasos de cerca y lo que menos tenían para perder era el tiempo. Él echó un suspiro a la nada, otra vez sintiéndose con algo de pesadez.

[…]

Miyazaki se había aprendido la ubicación de la casa allanada al leerla en el informe pericial. Bueno, tuvo que hacer unas cuantas preguntas haciéndose pasar por alguien que no fuera ella para que no la reconocieran por dos razones: en Kirigakure ya sabían sobre su talento aparte de ser kunoichi; segundo, qué tal y preguntaba a alguien disfrazado de civil que estuviera detrás de sus pasos. La pelirroja no era tonta; sí sabía que preguntar por dicha residencia encendería la llama de la intriga en varios. Pero para esos varios ella era simplemente una amiga del hoy muerto Kakeru.

Con sus orbes morados repasaba el exterior de la casa que ocupaban él y su futura esposa. Tenía buena pinta, estaba en un barrio moderno donde había otras casas del mismo estilo; una lástima que la cuadra se azarara por la mala pasada del destino. Quería creer que era culpa de eso… en algún lado de su interior, muy en el fondo. Aunque no podía negar que siempre era más delicioso encontrar un culpable.

Sin problema abrió la entrada frontal y con la misma determinación, todavía con el Henge, se atrevió a pisar el tapete mas alguien había tocado su hombro izquierdo. La kunoichi se giró en su eje para encontrar al interruptor de sus acciones.

—No puede estar aquí, joven.
—¿Es que en serio no vive nadie? —Apuntó la casa con su pulgar al llevarlo hacia atrás por encima de su hombro.
—Y no solo eso. Está prohibido el paso y solo policías o personas con un permiso especial pueden acceder.
—Entiendo… no puedo creerlo —ahora miró hacia la vivienda—. Eran mis amigos. Tenía mucho tiempo de no verles…
—Qué pena —la verdad no lo sentía y por alguna razón Hiiro se sintió molesta por sus falsas palabras—. Debe marcharse.
—Ya lo sé.

De repente agachó la mirada fingiendo sorpresa al decir que había encontrado algo en el suelo, justo a los pies del sujeto. Por supuesto que no había nada, no obstante esa fue la manera en la que la artista pudiera dar inicio a sus planes. Hiiro se colocó de cuclillas simulando que iba a recogerle al mismo tiempo que el hombre reclinaba un poco su cuerpo hacia adelante para poder ver eso que no existía; cuando menos se lo esperó, la fémina alzó su pierna dominante pegándole tremenda patada en la barbilla gracias al Kage Buyo. A continuación apareció detrás de su víctima para aplicar una que otra patada en el aire producto del Shishi Rendan y así estamparlo contra el suelo. Fue un movimiento arriesgado pero necesitaba dejarle tan inconsciente como le fuese posible. De todas maneras se apresuró a entrar a la casa antes de que aparecieren más entrometidos.

Debía encontrar cualquier cosa que fuese útil y llevarla a casa de Sho para poder atar más cabos sueltos.


Puedes hacer tu último post y yo termino la misión :p
 
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スパークル
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El shinobi, mientras tanto, avanzaba por las calles de la Niebla con rumbo hacia donde, suponía, podría encontrarse con la líder de la aldea; no tenía la más mínima idea de si la susodicha se encontraba en Kirigakure en esos instantes o si tan siquiera podría recibirlo para cumplir con la petición que cargaba el varón, pero si quería evitar salir regañado por la de Kumogakure eso era lo que tenía que hacer.

Soltó un suspiro largo y tendido, obviamente causado por la cantidad de emociones que esa misión le estaba provocando: eran exhaustivas. Su energía estaba muy por debajo de la media y sentía que en cualquier momento caería al suelo incapaz de levantarse nuevamente, ni siquiera Neo era capaz de levantarle el ánimo en esos momentos, lo cual era preocupante para el pequeño animal que buscaba por todos los medios posibles sacarle una sonrisa a su humano.

─ ¿Tanto te cuesta estar cerca de ella? ─ Kageyama suspiró casi al instante.

─ Es muy intensa, siento que va a comerme en cualquier momento… Me cansa estar cerca. ─ Se quejó, arrugando el entrecejo de paso y dejando libre otro suspiro exasperado, definitivamente no era lo suyo eso de socializar, menos estar en un equipo improvisado de manera tan repentina. Comenzó a abrir y cerrar sus manos en una especie de tic a través del cual buscaba liberar la tensión de su cuerpo, no era algo que fuera extremadamente funcional, pero si lograba relajarlo, aunque fuera un poco, en definitiva se sentiría mejor.

Llegó finalmente a la torre donde Pecas se la pasaba la mayor cantidad de tiempo encerrada siempre que no se encontraba fuera por misiones, pidió encontrarse con la mandataria y para su suerte, cosa rara, la azabache sí se encontraba en el lugar. Tuvo que esperar unos quince minutos antes de encontrarse con ella, pero al menos le había sido posible hacerlo; entró con nerviosismo a la oficina, entrelazando sus propias manos para tratar de disimular sus emociones a través de apretones que se daba él mismo. Ahora que estaba frente a ella, ¿qué demonios era lo que debía hacer?

─ ¿Qué necesitas? ─ Uchiha alzó la vista desde un montón de papeles que había sobre el escritorio, Kageyama tragó saliva.
─ Yo…
─ ¿Mmm? ─ La mujer insistió cuando el silencio se prolongó más de un minuto, parecía como si el chuunin se hubiese quedado mudo repentinamente.
─ Que-ría permiso para inspeccionar la morgue o cualquier otra institución en la que se lleven investigaciones forenses… ─ Su voz se fue apagando a la par que recitaba, medio al pie de la letra, las palabras dichas por la kunoichi de Kumo. ─ Es para una misión, Lady Mizukage… ─ Agregó con desgano, casi parecía que la sola memoria de Habanero le descargaba la energía por completo.

─ ¿Cuál misión? ─ El chico hizo su mejor esfuerzo por describir el misterio que trataba de resolver, dando los detalles que hubieron descubierto a lo largo del día y finalizando la historia con las extrañezas que rondaban alrededor del caso. Allí yacía el motivo por el cual querían tener permiso de entrar a la morgue, uno que no podía ser negado por cualquiera, si venía de parte de la mismísima Mizukage, nadie podría decirles que no tenían permiso de hacer equis cosa.
─ Es, es importante. ─ Tartamudeó, se estaba poniendo cada vez más nervioso de tan solo estar frente a Pecas, era demasiada interacción social para un día.

─ Resuelvan el caso, ¿vale? ─ Ella sonrió con calma, demasiada, una que sacó de onda al inexperto ninja. Con extrañeza tomó el papel otorgado por Uchiha mujer, estaba firmado, sellado, tenía toda la pinta de ser un documento oficial que no podía ser negado, obviamente los permisos tenían limitantes y aquella mágica hoja de papel que fungiría casi como una llave maestra solo podía ser usada durante ese día. Básicamente, tenían que resolver eso ya, aunque no era algo que él no supiera.

[…]

El chuunin había ido a parar a la morgue antes de llegar a su apartamento, quizá la de Kumo le reclamaría por eso luego, pero bien ella era quien había estado apurándolo constantemente por hacer todo lentamente. Utilizó la llave maestra en forma de papel y el guardia no tuvo de otra que dejarlo pasar, guiándolo directamente hacia donde yacía el cuerpo del casi marido; el joven lo miró detenidamente, en silencio, lo volvió a observar, se puso en otro ángulo, luego en uno distinto. Repentinamente, un policía distinto entró en el lugar y casi a gritos lo echó de ahí, muy a pesar de que Kageyama tuviera consigo el documento de la Mizukage.

El varón arrugó el entrecejo a la par que salía a empujones del lugar, con la puerta cerrándose tras de sí y un millón te interrogantes acumulándose repentinamente en su cabeza, ¿Qué demonios? Se apresuró a llegar a su apartamento y encontrarse con la jounin.

─ ¿Trajiste el permiso?
─ Fui a la morgue.
─ ¿Sin mí?
─ Tenías prisa, ¿no? Aunque es probable que si volvemos a ir el cuerpo ya no esté ahí… ─ Su voz fue disminuyendo a una velocidad intensa, al grado que para cuando la oración terminó, casi había sido imposible escucharlo. La artista le miró con severidad, entrecerrando los párpados, cosa que provocó otra sensación incómoda en el inadaptado social.

─ ¿Encontraste algo o solo nos complicaste más el problema? ─ El aludido hizo una mueca y se encogió en su sitio, se sentía intimidado.
─ No fue un asesinato… ─ Murmuró, nervioso.
─ ¿Ah? Habla más fuerte.
─ Que no fue un asesinato. ─ Repitió, su voz amenazando con atorarse en la garganta y no salir de allí bajo ninguna circunstancia.
─ ¿Por qué lo dices?
─ Fue un suicidio. ─ Confirmó, incómodo, a la par que se pasaba los dedos por la venda de su mano contraria.


Bishamon Mimikyu
 

All we hear is "radio ga ga, radio blah blah"
Moderador
Más allá de molestarse por la actitud tan apagada y sin chiste de Kageyama, Chihiro colocó una expresión de desconcierto; ¿un suicido, huh? Volvió a repetirse en su cabeza. Tanto el chuunin como Neo esperaban que ella dijese algún reproche pero continuaba sin suceder. Lo único que atinó a hacer fue mover su índice diestro en dirección a la rehén. Al mirarla, la misma continuaba durmiendo.

—Revisé sus pertenencias y tiene una credencial donde se ve su nombre y el nombre de la compañía donde trabaja —ella se la extendió al de menor rango y en lo que leía Habanero pronunció el nombre.
—¿Qué no es el nombre de...
—Así es —Sho echó un vistazo hacia la otra mujer—. Es subordinada de Yoshino. Una empleada doméstica a sueldo.
—Sigue luciendo raro que... —rascaba su cabeza de vez en cuando en lo que desviaba la mirada—, que todo fuese un suicidio y que exista tanto secretismo, ¿no?
—Esperemos a ver que encuentra mi verdadero yo y desde que esta despierte —la miró antes de terminar—, la interrogamos.
—¿En plural? —Había respingado un poquito.

[…]

Habanero no había optado por entrar por la puerta grande hacia la residencia confiscada, más bien optó por alguna ventana de la parte trasera que tuvo que forzar con algo de fuerza para abrirla. Fue veloz y cuidadosa al dejarla tal cual estaba, pues para saber que estaba abierta debían probar ventana tras ventana. Eso le daría algo de tiempo para revisar tanto como le sea posible.

Había caído en la cocina, misma que estaba muy limpia y ordenada. Al salir al pasillo miró en todas las direcciones, tomando la que le llevara a la habitación más próxima: un baño. Si algo tenía bien en claro era que no podía subestimar nada, porque en el lugar menos pensado podría estar lo que anhelaba encontrar; ese “algo” que evitaría que una inocente pague por otro. Enseguida tomó otro rumbo al no hallar nada importante; el salón de estar era jodidamente amplio, mas guardó sus impresiones. En vez de revisar los cajones de los varios estantes primero, levantó cada posadera del sofá de látex. De repente se detuvo pegándose en la cara con su palma derecha. ¡Estaba actuando como estúpida! Mordió su pulgar e invocó a varios osos y a Mabí, también a unos cuantos escorpiones.

—Lo que sea que encuentren mientras sean papeles puede servir —Y los animales se esparcieron, quedándose el panda rojo con la fémina.
—Vas a tener problemas muy pronto —Hiiro chistó; el animal había pronunciado sus palabras poco menos de un minuto antes de que pudieran escuchar a varias personas hablando en el exterior. Tenían suerte de que las cortinas estuvieran abajo, aunque no tanta porque apenas la luz del día cruzaba por ellas.
—Aquí no hay nada —pronunció echando un soplo a la nada después. Había revisado hasta las revistas que yacían reposadas sobre una mesa de centro.
—Aquí tampoco hay ningún papel o sobre —bajó del librero donde buscaba.
—¡¿Es que nadie tiene la llave!? —Chihiro y Mabí miraron al mismo lugar.
—Tenemos permiso de tirar la puerta si es necesario —mencionó otro hombre.
—¿Por qué no le avisas a tu compañero que venga?
—Qué tonto —tras espabilarse, avanzó hacia otra habitación junto con el panda—. No tengo forma de hacerlo.
—Los tontos son ustedes, entonces —Miyazaki rodó los ojos—. Háblale a Tye.
—Hoy estás dando unas buenísimas ideas —abría una gaveta de un escritorio—. Deberías seguir pensando en vez de hablar.

Al agacharse para revisar la última gaveta de la mesa e incluso por debajo de la misma (todo el que haya visto “El Cuaderno de la Muerte” (¿?) sabría que en los escritorios pueden existir ciertos trucos), Mabí extrajo algo de uno de los bolsillos de la pelirroja sin que ella viera qué.

«Hola, Tye. Stoy en Kiri. Necsito ayuda… urge» El rojizo presionó enviar. Lo que había tomado prestado era el móvil de la extranjera.
«Lla te arrepentiste, cabesona? Te rrecuerdo k me dejaste votado!!!!!! Estupida.» Mabí miró a su dueña con cara de intriga.
«Olvida lo k pasó. T prometo hacer lo que quieras… pero ayúdame, corre!!! Busca a Sho». Enviar. Qué difícil era hablar por esos aparatos.
«Kien es ese maricon? Saves k NOOOOOOO le boi a los trios, o es mujer?»
«Tye, t necsito, búscalo… en c-rio hago lo que tú quieras…»
«NO, jodt».

Caso perdido. Era demasiado desgastante intentar convencer a un idiota como Yuki y peor, sin tener ni pizca de idea de lo que hubiera pasado entre él y su amiga humana. Si supiera borrar conversaciones lo haría para no meterse en problemas… ojalá no lo descubra. Por muy poquito, Hiiro se pegaba en la cabeza al salir de debajo del escritorio y justo su mirada encontró a uno de sus otros pandas de Quiling que apuntaba hacia afuera del cuarto. Al pasar por el umbral, todos escucharon una de las puertas abrirse con brusquedad; aun así, la artista hizo más caso a su invocación y fue a ver lo que quería que viese: sus escorpiones entraban y salían en fila hacia debajo de la cama de una habitación que no parecía ser la principal.

Lo primero que atinó en hacer la kunoichi fue cerrar el cuarto con seguro; por suerte todos sus animalitos estaban ahí. Al levantar la cama encontró a los venenosos sobre unos documentos dentro de un sobre de manila, lo tomó y abrió. Su mirada se iluminó. Había una foto en la que estaba la mujer que yacía en casa de Sho. También había una carta.

—¡¡Si no sales de ahí, estarás en problemas!! —Alguien hubo golpeado la puerta.

[…]

Su mirada violeta no se desprendía de la espalda de quien estuviera atada en una silla. Sho no lo expresaría pero estaba muriéndose de la ansiedad que le generaba el tan solo imaginarse frente a la mujer aquella para interrogarla, sobre todo porque tendría la pesada mirada de Miyazaki sobre él. En realidad, creía que todo su nerviosismo interno era provocado por la kunoichi. Ella era demasiado intensa para él.

—Vamos a despertarla.

La jounin ya no esperaría un segundo más a que la “bella durmiente” se decidiera por abrir los ojos de una buena vez, así que se puso de pie y ni bien alzó su mano derecha para abofetearla, la mujer apretó sus párpados. Fue como si se hubiese presentido el golpe que nunca llegó, para alivio de Kageyama. Su mascota le dio palmaditas de reconforte al verle tan angustiado en su haber.

—¿Dónde… dónde estoy? —Antes de enfocarse en la pelirroja, la amante de la historia movió sus ojos de un lado hacia el otro. Al final se detuvo apuntando el vientre de la ninja y después la miró a la cara; respingó. —¡¿Quién eres?! ¡¿Qué hago aquí?! ¡Suéltenme!
—Es tu turno… —Sonrió y de repente desapareció cuando su mirada violeta se encontrara con la abrumada del peliblanco, mismo que no reaccionara hasta segundos después sobre la desaparición del clon de Chihiro. Su corazón empezó a latir más rápido ante los gritos de la mujer cautiva… ¿acaso ese era el plan de Habanero? No, pero no lo sabía. Con cierta desesperación cubrió su cara y con un poco (o mucha) motivación por parte de Neo, paseó sus manos por sus cabellos y respiró hondo. ¿No podía simplemente huir y olvidarse de todo?
—T-tengo que hacerte varias preguntas.
—¡¿Y tú quién eres!? Déjame ir, no hice nada.
—M-me temo… —hablaba tan bajito que la tipa no escuchaba bien, así que cuando vio la mueca que ella hizo, Sho supo que no estaba siendo captado—, ¡Me temo que sí hiciste algo! —Casi gritó, mas no fue exagerado. Eso había funcionado para sorprender a la mujer. —Estabas con el papá de… —rascó su cabeza—, Kakeru. El tipo que se suicidó… —la vio palidecer—. Si colaboras, no te pasará nada.
—Y-yo no hice nada, lo juro —sus ojos se habían iluminado por culpa de las prontas lágrimas que derramaría por el nuevo estado de ansiedad—. ¡Hice lo que me pidieron, nada más! Y-yo no quería que pasara nada de eso, créeme… no quiero ir a la cárcel.
—Cuéntame qué fue lo que sucedió…

Agradecía infinitamente que ella se pusiera hablar con facilidad. Eso le ayudó a recobrar parte de su paz, a sentirse más calmado y ligeramente confiado, capaz de mantener bajo control la situación.

[…]

Sin tener que pedirlo, sus osos (menos Mabí) regresaron a su hábitat; los escorpiones aguardaron ocultos por si se ofrecía cualquier cosa. Ni siquiera un segundo llamado fue emitido cuando la puerta se viniera abajo por una gran patada. A Habanero no le tembló el pulso, más bien no tardó en extraer su yari en versión compacta para atacar al susodicho. Este solo pudo esquivar, que en realidad se debía a que la muchacha fallaba sus fintas a propósito.

—Es mejor que no te metas conmigo —ella sonrió ladina.
—Como si le tuviera miedo a una babosa niñata.

Avanzó hasta ella con los brazos abiertos queriendo atraparla, empero Hiiro logró escabullirse aprovechando su pequeño tamaño en comparación con el sujeto, a quien le metió el pie para que cayera golpeándose con la base de la cama. Otro tipo había llegado a la escena con kunai en mano. Lanzó varios, uno detrás del otro, nada complicado para la jounin; todos los bateó con el yari. Esa brecha de segundos sirvió para que el ileso extrajese unos hilos e intentara apresarla.

Chihiro usó la vara para enrolar la fina cuerda; grácil lanzó el yari hacia el extremo opuesto horizontal del cuarto, clavándose en la pared. Sin que se lo esperara el manipulador de hilos, la kunoichi saltó sobre la línea, llevándolo a tropezarse tras el tirón. El otro varón que quiso atraparla, intentó de nuevo golpearla mas lo evadió al echarse hacia atrás y a un lado (no pisando ya el hilo), lo que hiciere que el tipo se volviera a tropezar al no ver la pequeña trampa improvisada. Qué patéticos.

Sus escorpiones aparecieron en escena, rápidamente abordando a los dos hombres para picarles. Sus gritos se escuchaban a lo lejos, atrayendo a los demás que yacían en el interior de la vivienda y que no se habían asomado porque optaron por esperar a que esos dos atraparan a la frágil artista. Sin embargo, ver la fatídica situación en la que estaban sus compañeros, les llevó a usar una carta maestra cuasi infalible: detuvieron el accionar de Chihiro diciéndole que sus actos podían perjudicar la relación de Kiri y Kumo si continuaba afectando los procesos “legales” de la Niebla. Ella y Mabí chistaron; ¡no existía tal procedimiento legal! Empero sería más inteligente que esa balsa de idiotas y dejose atrapar para caer en la escena que quería.

Su panda rojo lo observaba todo desde debajo de la cama y allí escuchó cuando le dijeron que la llevarían a los separos y peor (o mejor): cuando sin poderlo prever, golpearon su nuca para desmayarla. Ese golpe había sido sucio.

[…]

Sho tocó una vez el timbre de la casa de los Mogami. Un rápido recordatorio sobre el comentario de la extranjera kunoichi le hizo esbozar un leve sonrojo al mirar de reojo la tienda de juguetes sexuales. Neo había asomado parte de su cuerpecito para comunicarse con su amigo, más bien para insistirle en que tocara de nuevo porque una sola vez no sería suficiente. Por supuesto que el chuunin se negó; prefería ser paciente, así le llamaba él a su desgano, pero nunca tanto. Su animalito saltó hacia el timbre con la intención de presionarlo y provocar que el varón se moviera ágil para atraparle.

—¿Otra vez tú? —La mamá de Kakeru había abierto la puerta, no obstante se hubo dado cuenta de que no regresó con la misma muchacha… esa que acompañaba al ninja se le hacía bastante familiar.
—Disculpe —bajó su mirada para mantener la poca confianza en sí mismo—. Venimos a hablarle de algo serio y necesitamos su ayuda…

La madre de luto rodó los ojos. Era comprensible que estuviera harta de recibir visitas en un momento tan duro; no era placer del shinobi estar lidiando con esa incómoda situación, aunque fuese por razones distintas. Aun así, era ella quien podría detener todo lo que estaba sucediendo si se enteraba de la verdad… y qué mejor que una de las responsables para decirle qué estaba pasando. Claro, a la amante del esposo de esa otra señora (¿?) no se le hacía nada fácil tener que enfrentarla, pero sabiendo su temor de ir a parar a la cárcel (detalle que el peliblanco supo usar a su favor), la convenció para “minimizar sus cargos” o librarse de toda responsabilidad.

—Tiene que escuchar —repitió Kageyama sin pizca de motivación.
—No quiero… mi esposo es quien se está encargando de todo…
—Su esposo lo está… —tomó aire, por un instante fugaz la hubo mirado a la cara—, lo está complicando más, señora.
—¿Qué? —Frunció el ceño y miró a la que no había dicho ni media palabra todavía. —¿Y tú qué? ¿También debes decirme algo?
—Y-yo… yo… no sé… —el varón la miró de reojo y ella notó cómo apretó el puño que le quedaba a la vista. Tragó en seco.

En ese instante, un shinobi había aparecido buscando al taijutsuka.

[…]

—Está todo listo para deportar a Ami Yoshino a Kumogakure y la prohibición de sus negocios.
—Qué eficientes —aquel era el papá de Kakeru que hablaba con uno de los policías no ninja. Por radio se habían enterado del enfrentamiento con Habanero, quien yacía en la misma celda que su nerviosa homóloga de aldea.
—¡¡Sáquenme de aquí!! —Hiiro golpeaba las rejas con una de sus armas sin importarle cuánto escándalo estuviera haciendo. Eso le valió para que el padre del occiso y otro militar se aparecieran en pos de silenciarla por entrometida. —¡Usted es culpable de todo esto!
—¿Qué dices, estúpida? No maté a mi hijo —se acercó a las rejas—. Lo hizo esa hija de puta.
—El hijo de puta eres tú —Vendetta clavó su mirada en la del hombre.
—Tan bonita y tan boca sucia, qué mal ejemplo das de tu aldea, niña —fingió indignación.
—Me vale un montón de hectáreas de mierda; ¡asesino! —Hizo que el papá de Kakeru apretara la frente.

En ese momento se escuchaban voces desde el recibidor, todas conocidas por quienes estuvieran allí salvo el militar. Sin aguantarse, la jounin vociferó el nombre de su compañero de misión para no dejar que esos gandayas se salieran con la suya por si le decían que ahí no se encontraba la de la Nube. El ninja tuvo que aplicar la fuerza para apartar a quienes no les dejaban pasar; muy pocas veces en su vida, tal vez, hubo hecho algo como eso. Asimismo, el señor quedó anonadado al encontrarse con su esposa y amante una al lado de la otra como si nada, claro, la primera bastante enojada y decepcionada y la segunda apenada y temerosa.

—Todo se aclarará pronto —él no miraba a la pelirroja, así que no pudo ver la amplia sonrisa de la muchacha de tan solo verle ahí parado.
Por más esfuerzos por evitar que la verdad saliera a la luz, el papá de Kakeru terminó siendo el apresado junto a los policías involucrados en maquillar la situación a favor del aludido anterior. Lo que realmente sucedió fue lo siguiente, narrado por la amante:

«Eran personas muy ocupadas por sus trabajos de comerciantes (Ami y Kakeru). Yo… empecé a trabajar en la compañía Yoshino hace menos de un año y vine con la señora Ami porque me había ganado su confianza a través de mi desempeño… como abrirían una sucursal aquí (en Mizu). Sucede que… Ami y su prometido querían enfocarse más en la empresa de ella porque a ella nunca le agradó eso de vender juguetes… ya saben. Desde que la conozco, nunca la he visto ser tan suelta. Su suegro —miró a quien fuere su amante con mucho miedo—, les había propuesto fusionar las empresas para crear un tipo de negocio de damas de compañía… obviamente se negaron y Kakeru sobre todo. Lo sé porque en la despedida de soltero que se hizo un mes antes de todo esto, él me lo contó. Estaba ebrio… —miró a Ami, quien separó un poco sus labios por la impresión—. Pero él no hizo nada raro… siempre se mantuvo recordándola a ella (a Ami) y hasta se quedó dormido. Con quien sí tuve algo fue con… —y volvió a mirar al papá del muerto; este empezó a discutirle a su propia mujer después de haber maldecido a la amante, pues su esposa le reclamaba sin parecer cesar—. Unas semanas más tarde supe que estaba embarazada… —madre y nuera se sorprendieron más—. Y él (papá de Kakeru) me propuso hacer algo para poder reconocer a mi bebé… —esnifó para no dejar caer los mocos por sus prontas lágrimas—. Me dijo que hiciera responsable a su hijo de mi bebé para evitar que se casara con ella (Ami) y así no entrar en líos con su hijo y negocios. Yo acepté y le mandé una carta a su hijo… le dije que en la fiesta había pasado algo entre nosotros —Ami empezó a llorar con desconsuelo—, le mandé la prueba de mi estado —lo que Hiiro había encontrado y dado al nuevo responsable del caso— y lo amenacé con decirle a ella (Ami) lo que estaba pasando… después de eso murió.»

Estaba temblando. Ni siquiera el papá de Kakeru se esperaba ese desenlace y recordarlo le sentaba bastante mal. Aquí fue cuando Sho tuvo que añadir lo que había encontrado tras varios empujoncitos de la pelirroja: mostró el permiso que le dio Nashla para ir a la morgue y después explicó la forma de la herida mortal, concluyendo con suicido. Lo explicaba tan bien que hasta daba miedo, según Hiiro, como si fuese un experto.

Sin más remedio, el papá del occiso confesó que quiso culpar a Ami para que se marchara de una buena vez de Kirigakure y Mizu; entendía que el que su hijo se matara era más culpa de ella que suya, pues Kakeru no pudo aguantar la culpa de haberle sido infiel cuando en verdad no pasó nada comprometedor.

El caso ya quedaría en manos de otras autoridades mayores.

Los shinobi salieron del edificio administrativo para despejar un poco la mente. Mabí esperaba a Hiiro en la calzada, así que desde que la vio corrió en su dirección.

—Supongo que esto ha sido todo —habló ella primero. Él asintió con su cabeza—. Te puedo ahorrar la despedida si quieres.
—Ah… lo siento.
—¿Qué sientes? —Lo miró tan de repente que Sho dio varios pasos hacia atrás, evadiendo su mirada.
—Solo lo siento…
—Eres demasiado raro —continuaba viéndolo—, muy raro, bastante raro…
—Ya lo sé —dejó caer sus hombros.
—Pero creo que me caes un poco mejor… ahora —Y sin previo aviso, llevó una mano hasta la barbilla del albino al inclinar un poco su torso y así poderle mirar a la cara desde abajo—. Cuídate, Sho.

Él no supo cómo reaccionar, menos cuando vio su sonrisa que combinaba perfectamente con lo radiante de sus ojos y el rojo de sus mejillas. Los había notado antes; eran constantes. Al verla alejarse no pudo pronunciar palabras para despedirse o tan siquiera desearle lo mismo… en serio debía trabajar su inteligencia interpersonal.

[…]

—Oye Mabí, ¿me puedes explicar qué carajos significa esto? —Con los mofletes inflados y los ojos en blanco, Habanero señaló la conversación que tuvo el panda con Einarr.
—Uy…
—Estoy esperando —estaba consternada, mientras leía una y otra vez todo lo platicado.
—¿Y qué haces revisando tus conversaciones con Tye? —Ella entrecerró sus ojos. —¿Acaso lo extrañas? —Otra vez había adoptado la pose a medio lado de Rose en Titanic. —¿Pensaste que te había escrito?
—¡No! Equis. Nada que ver… Einarr es tan importante como todos los números a la izquierda del cero.
—¿Ahora le llamas Einarr? —A Hiiro le salía humo por las orejas y nariz.
—Mabí, me estresas.
—Solo sé honesta —miraba las nubes moverse una vez se acostó boca arriba—. Yo solo me divierto.
—Te odio.
—Sigues mintiendo.

Qué caso con el panda. Hiiro le dio la media espalda para cortar el tema. Los dos yacían en el barco que les llevaría de regreso a su país. Permitiéndose disfrutar de la brisa marina al mecer sus cabellos con delicadeza, Vendetta volvió a leer los mensajes que su invocación tuvo con Ters. Una sonrisita se formó casi sin desearlo, sobre todo al leer la parte en la que el peligris le dijera que “escribía bastante mal”. Qué maldito cínico, pensó y su sonrisa se hizo más grande. A los segundos recayó en la aparición de Sho en los separos… ¿cómo supo que estaba allí? Mabí no hablaba con nadie si no le tenía confianza, ni siquiera en el peor de los casos. Abrió sus ojos, estupefacta.

—Lo hizo de nuevo —refiriéndose a “haberla ayudado”; de repente soltó una risilla al tiempo que recostaba su cuerpo en el suelo. Había llevado su móvil al pecho—. Te detesto, Tye.

Mentía.


Blair Blair listillo. Te dejo a ti pedir la corrección por si no quieres paga automática. A mí me la pueden aplicar.
 

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