Rol Libre By your side [Gaia & Dylan][+18]

xx
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Salieron del bar y Tanneberger se preparó para sujetar a Zaytseva en caso de que rompiera a llorar. Bajo la luz de la ciudad le tomó de los hombros y repasó la línea que perfilaba su mandíbula con uno de sus pulgares, mirándole como si fuese algo fascinante. Esperó unos segundos que se transformaron en minutos, pero su novia únicamente se quedó callada sin poder devolverle la mirada y arrugando el pedazo de periódico ucraniano entre sus manos temblorosas. Tras un rato le cedió el papel para caminar calle arriba con Vanya. Ni rastro había de las lágrimas que derramara con las palabras de Vladimir ni tampoco desgaste físico, aunque el impacto emocional seguro había sido de proporciones colosales.

—Gaia —le llamó al guardar el periódico en su bolsillo, caminando con prisa de alcanzarle.
—Quiero regresar a casa.
—¿Y ya está? —preguntó sorprendida—. ¿Qué sucede con lo que dijo ese hombre? —no obtuvo ni una pequeña señal que le hiciera pensar que su novia le había oído—. Gaia...
—Él está mintiendo.

Zaytseva lo aseguró con su tono habitual, como si se hubiese recuperado del golpe en tiempo récord. No hizo falta que le dijera a Tanneberger que la conversación había terminado ahí mismo y todos continuaron andando en silencio. Hasta Gomamon se sintió un poco inseguro de protestar, porque con un solo vistazo su Tamer le había pedido que respetara el duelo de la ucraniana. Después de eso, la rubia aceleró y tomó la mano de Zaytseva, estrechando sus dedos dentro de los suyos.

Se sentaron a solas en el sofá al llegar al piso de Volk con una tensión invisible sofocándolas. En todo ese tiempo, Tanneberger no quiso soltar la mano de Zaytseva ni por un instante. A veces apretaba más fuerte y creía que los nudillos de su novia iban a perder su coloración, pero si le desapretaba temía que fuese a escapársele como un volantín en el aire y sin cuerda. Zaytseva volaba demasiado alto, demasiado lejos, demasiado distante. Cabizbaja, tenía la mirada perdida entre unas manchas en la alfombra causadas por Gummy y Dex, y si no repasaba la situación en el bar, entonces seguro pensaba en algún remedio para sacarlas sin que Rain le tirara un rapapolvo a los Baby.

—¿Q-quieres que me quede contigo esta noche? —tuvo el atrevimiento de preguntar. Gaia sacudió la cabeza y se levantó sin una sonrisa, ni media, porque en otro momento su ofrecimiento habría sido bien recibido pero en ese no.
—Necesito descansar —dijo y se dio media vuelta.
—Espera —la ucraniana paró por su insistencia o porque aún no soltaba su mano—, ¿tienes hambre? —Se devolvió y le sorprendió con un rápido beso en los labios, al fin y al cabo. Fue corto y suave, casi rutinario, pero a Dylan le disparó los nervios y le ocasionó que el corazón le latiera en la garganta.
—Te veo mañana —su mano se destensó un poco.
—Okay.

Arrugó su frente y aguantó la taquicardia como toda una Heroína cuando sintió los dedos de la ucraniana deslizándosele con mantequilla. Le vio marchar lejos, despegando fuera de su órbita con un presentimiento extraño. Y aunque su tono indiferente tampoco pasó desapercibido, decidió confiar en ella.

...
..
.

La población de File despertó aquella mañana con la novedad de que una terrible nevada caía sobre la ciudad y era imposible salir de casa para actividades recreativas, únicamente estaba permitido salir a actividades esenciales. Dylan abandonó su habitación temblando de frío con su Digimon y tarareando una pegajosa canción «But, baby, it’s cold outside. I'll hold your hands, they're just like ice». A mitad del pasillo se topó con Halsey.

De pie en la entrada a la sala, Dylan, Gomamon, Rain y Halsey decidieron jugar a las estatuas mientras observaban en lo cual se había convertido dicho espacio de su vivienda, unos con más impresión que otros: todas las luces de colores, aureolas, ramilletes, más luces, esferas, guirnaldas navideñas y todavía más luces colocadas por Gaia, Vanya y Gummyta eran imposibles de ignorar. Para Halsey resultó un pequeño pedazo de un parque de diversiones en casa, Rain lucía contrariado y para Gomamon fue sorpresivo, estaba boquiabierto. A Dylan le costó un poco más adivinar lo que sucedía porque la sangre aún no irrigaba bien su cerebro, se restregó los ojos incrédula y dijo lo primero que pudo procesar:

—Parece que Santa vomitó por aquí —quizá su tono salió un poco más apático de lo normal, las festividades decembrinas no eran su fuerte.
—Es un mito urbano que el índice de depresión disminuye durante las fiestas —le informó Halsey mientras contenía pequeños saltitos de emoción—, resulta que más bien en Digital World aumenta.
—¿Qué? —inquirió confundida.
—Los expertos creen que es porque la gente siente más inclinación a deprimirse cuando no está rodeada de familia y amigos —entonces lo comprendió. Gracias a Ygg la sangre llegaba a tiempo para impedir una desgracia.
—¡Ella no está deprimida! —Renegó con la cabeza pero no se lo creyó mucho, entró en pánico—. ¿E-ella te dijo que está deprimida? —antes de obtener una respuesta, Gomamon tiró de la manga de su abrigo para captar su atención.
—¡Dyl! ¿Para qué son estos preparativos? —el acuático lo preguntó con un destello eléctrico en los ojos, a ella se le detuvo el corazón por unos instantes.

La navidad para Gomamon representaba el nacimiento mismo de Ygg, de un Rey, de un guerrero muy fuerte. Es decir, su propio nacimiento. El Digimon decidió adoptar esa fecha en las festividades pasadas y la rubia tenía que compaginar sus deseos de llevar a cabo una celebración por todo lo alto (digna del único y verdadero soberano de todo lo digital existente) con lo que sea que le estuviese sucediendo a su novia. Vio a Gomamon, después a Gaia en el centro de una linda postal navideña. Gomamon-Gaia-Navidad. Gomamon-Gaia-Navidad. Boom.

—¡DYL! —insistió el acuático— ¿Son para celebrar mi cumpleaños?
—S-sí —tosió muy confundida—, pero... —hizo una pausa porque Gaia le estaba mirando y no sabía cómo pretender que se sentía cómoda. Se le colorearon las mejillas.

Simplemente inexplicable. Ahí estaba su novia quien hacía siete días recibiera un mazazo emocional de dimensiones enormes y que según toda lógica debía estar devastada, pero no lo estaba. A Dylan no le entraba en la cabeza la facilidad con la que Gaia pasaba de ser una mujer cariñosa con sus seres cercanos a una mujer fría y libre de lazos emocionales con el resto de cuestiones en el mundo real y en Digital World. Era una dualidad que le estaba confundiendo bastante.

—Sé receptiva —Halsey le propinó un leve codazo en las costillas—. Perdió a su padre, estamos apoyándola.
—¿Qué les parece? —Comentó la ucraniana sonriente. Había algo gracioso en la manera en la que Gummyta y Vanya se repartían los adornos y ella lo disfrutaba divertida—. Sé que a veces puedo excederme.
—¡No, no, no! —renegó Halsey haciendo ademanes— ¡Nos encanta! ¡No podría ser mejor!
—Se ve bien —Dylan forzó una corta mueca.
—Es una decoración digna, mujer Cabellos de An... Gaia —inclusive Gomamon tuvo que aceptarlo. Le halagaba la pasión y dedicación que esa humana mostraba hacia él en su día más importante del año. Alzó la cabeza y se marchó a recorrer la habitación, a observar con mayor esmero lo que era un santuario; su santuario.
—Bien —Gaia curvó más los labios—. Quiero que estas fiestas sean especiales.
—¡Yay, claro! —asintió Halsey.
—Si tú lo dices —remató la rubia sin emociones.
—Deberíamos organizar una gran cena —Gaia lo propuso mientras terminaba de arreglar con la ayuda de Vanya una esfera que había quedado demasiado cercana a otra y desbalanceaba el conjunto de adornos. Asimetría imperfecta; error de los gordos, imperdonable—. Vanya y yo hornearemos panqués —el digital asintió con la cabeza. La rubia palideció y abrió otro poquito los ojos.
—Gaia, ¿más panqu... —se le atragantaron las palabras, pero no fue debido a un instinto natural sino por una rápida y atrevida mano de Halsey cubriéndole toda la carota y después la boca.
—¡Una cena suena genial! —dijo la balcánica—. ¡Mi querida amiga cocinando para nosotros! —se desplazó con su energía desbordante por la nueva fábrica de Santa y atrapó a Gaia en un fortísimo abrazo, de esos que son capaces de sacarte el aire si no tienes una buena condición física. La ucraniana le correspondió aunque no con el mismo grado de euforia y cruzó una mirada con la rubia.

Dylan se estiró el cabello con una mano peinándolo hacia atrás y acabó colocando el brazo detrás de la cabeza. Todo mientras intentaba no sucumbir ante los nervios. Cuando Gaia y Halsey se separaron, la primera continuó a lo suyo que era reparar los equilibrios cósmicos del árbol navideño y la segunda regresó dirigiéndose a la cocina.

—B-blasfemia, tenemos las estanterías repletas de panquecillos de todos los sabores desde hace una semana —dijo en un susurro cuando la chica de cabellera rosada pasó por su lado izquierdo—. Ya no recuerdo lo que se siente saborear una comida completa.

Durante días enteros, Zaytseva acaparó la cocina del hogar con Vanya y Gummyta, para hornear una complejidad de panecillos: cupcakes, muffins, donuts, bagels. Y todo en cantidades generosas. ¿Quién pensó que la ucraniana podía ser tan brillante y talentosa repostera? Nadie, sencillamente porque no estaba entre sus afinidades dedicarse a eso. A sus compañeras de piso les pareció que se trataba solo de una actividad transitoria con la cual ocupar su tiempo y olvidarse de sus preocupaciones. Esa era la manera de Zaytseva para desahogarse y no podía herir a nadie con una tanda extra, extra grande de bizcochuelos de vainilla y maple, ¿cierto? «Por Ygg, que sean de vainilla, que sean de vainilla». Deseó la alemana. Imaginarse otra dosis de chocolate oscuro o de mantequilla francesa y glaseado hizo que se le prensara el estómago.

—¿Hasta cuándo continuará preparando panecillos?
—Dylan, debemos apoyarla —le insistió Volk.
—Y ahora es todo acerca de navidad, no lo entiendo —suspiró—. ¿Por qué se desahoga de esa forma?
—¿Sabías que el pan es una gran fuente de energía que puedes quemar en la piscina? —tras darle unas palmaditas en la espalda continuó su andar con Rain. Esa mañana desayunarían otra vez panecillos con café, crema de maní y mermelada. Era un plato favorito del lobezno y todo plato que preparase Vanya, en realidad.
—No lo entiendo. Qué pereza...

Tanneberger se quedó ahí, a medio camino entre las luces que colgaban de la repisa donde presumían fotografías y la chimenea forrada de follaje verde con detalles rojos y blancos. Por una ventana inmaculadamente blanca, porque estaba cubierta de nieve, se asomó con curiosidad de las condiciones en el exterior. Desempañó el cristal con el largo de su manga izquierda haciendo círculos irregulares y ni así pudo ver algo, el alcalde de File iba a necesitar una legión de retroexcavadoras o Breakdramon para limpiar las calles. Pensaba en ello mientras dio un paso atrás, alcanzando a Gomamon en un sofá delineado con una guirnalda de esferas de color dorado. A simple vista, aquél era el único trono que encontraría en la fábrica de Santa y desde ahí le expresaba con pedantería sus inquietudes a su homólogo de especie.

—Fantoche en llamas, debes colocarte el gorro navideño para enorgullecer a tu rey —le dijo Gomamon a Vanya. Este se señaló la llama en el tope de su cabeza con una de sus garras.
—No es que no quiera honrar su apabullante presencia ni rendirle tributo a alguien tan importante como usted, su majestad —el tono de Vanya era bromista—, pero si es listo sabrá que podría ocasionar un accidente en casa.
—De ninguna manera puedo permitir que dañes el templo santificado del rey Gomamon —el acuático alzó un poquito más la cara—. Fantoche, te excuso por única ocasión.
—Se lo agradezco tanto, su majestad, no sabría cómo vivir sin su indulto.
—Ahora coloca esas botas navideñas un poco más alto, más alto.
—Esto es lo más alto que me permiten llegar mis piernas y brazos.
—Yo lo haré —dijo Gaia tomando el objeto navideño que tenía bordado el nombre de Gomamon. Lo levantó desde el antepecho de la chimenea hasta la parte superior del hueco que contenía las brasas con la mirada misteriosa del acuático encima.

A Gaia le provocó enarcar una de sus cejas tras unos segundos en los cuales Gomamon olvidó pestañear. No entendía su repentino interés en ella, pero sin duda era preocupante. Se movió hacia la repisa de las fotografías y colocó otra serie de luces de colores porque tres de tamaño extra grande sencillamente no eran suficientes, todo con el Digimon aun agobiándole. El aire se hizo más denso. Le miró de soslayo con intriga y cuando se movió hacia otro lado de la habitación, chocó de frente contra un agradable obstáculo humano. Volvió su vista encontrando aquellos ojos tan verdes y se perdió un poco en ellos.

—¿Es esta una Quest de Santa? —le preguntó Tanneberger sosteniéndole con una mano en su espalda baja—. ¿De dónde sacaste todas estas cosas?
—Ya sabes, las fiestas —hizo amago de esbozar otra sonrisa para que su novia desarrugara su entrecejo.
—Adoras las compras navideñas —le señaló—, eres una compradora compulsiva.
—No soy una compradora compulsiva —refutó bajando la mirada a sus manos que jugueteaban con los cordones del hoodie de su novia.
—Lo eres —Dylan le atrajo más hacia ella para hablarle al oído—. Mira nuestro árbol —debajo del pino navideño reposaba una veintena de cajas de diferentes tamaños, perfectamente envueltas con papel festivo y lazos de color rojo. Dexter y Gummyta corrían en círculos por el perímetro.
—No lo soy, sólo estoy con el humor de hacerlo —respondió en el mismo tono bajo, encontrando de soslayo a los Baby.
—Admítelo —insistió su novia.
—No —sorpresivamente tiró de los cordones del hoodie como si deseara estrangular a la rubia, pero lo único que quería era que enderezara su postura y quedase de cara a ella. Y lo consiguió. Dylan le miró como si sopesara por qué sus pupilas podían variar entre el azul y el gris y qué o cuál era el detonante para hacerlo.
—¿Quieres cenar conmigo hoy? —le propuso—. En casa —sería difícil salir del edificio.
—Hoy no voy a poder, lo siento —Gaia se disculpó ladeando un poco la cabeza. Cuando la rubia encogió los ojos, supo que no entendía el por qué—. Cupcakes de chocolate —le recordó. Esa noche tendría otra cita con el horno de gas, las boquillas decorativas, Gummyta y Vanya.
—C-claro —el estómago de Tanneberger se retorció de terror.


[...]


—¿Qué bebes?
—Ron caliente a la mantequilla.
—Muy Dickens.
—Es navidad.

Gaia le dedicó una diminuta sonrisa y a ella le pareció que todo era aún más gracioso con ese suéter de estampado navideño que usaba en combinación con el de Vanya. Tal vez no iban a sentarse en la mesa a disfrutar cualquier cosa sencilla que prepararan para una cena en casa, pero al menos podían estar juntas si Dylan se comprometía a aprender el oficio de ayudante número tres en repostería. Blasfemia. Revolvía unos incipientes en la estufa y sabía, porque estaba un poco distraída con algunas cosas que necesitaba decir, que un par de aquellos revueltos no serían firmes candidatos para acompañar lo que sea que saliera del horno.

—Dyl, este trabajo no es digno —Gomamon desde su espalda se asomó a ver los revueltos—. Debemos relegárselo a los seres inferiores —le echó un vistazo a Coronamon quien checaba que la temperatura del horno estuviese en un punto ideal.
—No está funcionando —dijo el ígneo—. Revisaré las tuberías, quizá se han congelado por culpa de la nevada —con una enorme sonrisa, encendió una flama en su mano izquierda y se marchó corriendo hacia el cuarto de instalaciones. Si aquellos conductos en verdad estaban rígidos y bloqueados a causa de las bajas temperaturas, entonces el único que sería capaz de repararlas sería él, pensó Dylan.
—Falacia, es muy digno —repuso después de un rato—. Recuerda que estamos cocinando para tus... admiradores —carraspeó un poco a media explicación. No estaba mintiendo. Los excedentes de comida irían para los Digimon sin Tamer o aquellos abandonados en las calles (así lo dictaminó Zaytseva). Seguro habría uno o dos que siguieran a ciegas el credo del Rey del Digimundo—. Ellos estarán felices de saber que el Rey preparó esto para celebrar su cumpleaños.
—Dylan, ¿de verdad lo crees? —le vio enarcar una ceja escéptica.
—No habrá alimento más digno que uno preparado por ti —remató con seriedad, un brillo se encendió como gasolina en los ojos de su amigo.
—¡Dyl! En ese caso, yo mismo revolveré la mezcla —Gomamon saltó sobre la barra de la cocina y ella le cedió el cucharón para que le relevase en su labor. Al final le agradeció aplastando un poco sus cabellos de escoba.
—Gracias.

Al darse la vuelta, encuadró a Zaytseva sacándose el delantal y los guantes de cocina para tomar un descanso. La chica le apremió por acercarse a ella con un cupcake que había terminado de decorar, era de tres chocolates y tenía pedazos de fresa en el tope. De pronto, Tanneberger se sintió parte de ese programa de tv que transmitían cada lunes llamado Cupcake Digi-Wars. Ella era un temible juez y su novia otro participante. Frunció su entrecejo y toda el área de los ojos tras la primera mordida que impregnó su paladar con un ligero sabor a hachís. Miró a Zaytseva y negó con la cabeza transmitiéndole desaprobación. Cualquiera diría que la ucraniana se había quedado tan dura e inexpresiva como una piedra, pero Tanneberger reconoció un desconcierto escondido detrás de sus pestañas ligeramente temblorosas y sus mejillas más rojizas de lo habitual. No pudo soportarlo y le devolvió una sonrisa.

—Estoy bromeando —confesó antes de estrellarse contra sus labios sin un aviso ni nada. La verdad es que aquel cupcake había superado sus temores, también sus expectativas. Su novia le recibió sorprendida primero y complacida después, y a pesar de que no eran de su gusto las bebidas alcohólicas, el sabor del ron mezclado con el chocolate resultó muy, muy agradable—. Nunca habías celebrado con tanta euforia esta época —dijo al separarse lo suficiente para charlar. Entre sus manos sostuvo las manos frías de Gaia y acariciaba su dorso con los pulgares. Las ideas que tan claras debía mantener en su cabeza se desdibujaban peligrosamente con cada roce, como cuando las olas borran con sus embestidas un mensaje escrito en la arena, así que se apresuró en continuar—. ¿Te sucede algo? ¿E-estás deprimida?

Zaytseva regresó a las prisas a su modo tan emotivo como una piedra, endurecida nivel diamante. A Tanneberger le iba a costar mucho más que un simple vistazo adivinar qué es lo que pasaba por su mente.

—La navidad hace que desees estar con la gente que quieres —respondió muy seria. No era un sí, tampoco un no, pero a la alemana le supo a lo segundo—. Hay un viejo proverbio que dice que no se puede elegir a la familia. Tomas lo que el destino te pone en frente y te agraden o no, los quieras o no, los entiendas o no, luchas por ellos —mientras hablaba se desplazó por la barra para rellenar por quinta ocasión su bebida. Dylan enfocó sus pasos y sus palabras pese a que en el fondo de su cabeza se preguntaba qué tanto más podría durar Gomamon con los incipientes y Coronamon con las tuberías—. Por otro lado, está la escuela de pensadores que dice que la familia en la que naciste no es más que tu punto de partida. Te alimenta te viste y cuida de ti hasta que estas listo para enfrentar al mundo y encontrar tu tribu —Gaia se sirvió un trago de ron sin mantequilla ni nada, sólo cuatro onzas y unos cubos de hielo, luego empinó el codo para beberlo hasta el fondo como si fuera agua—. Digital World nos empuja a convertirnos en lo segundo.
—¿Eres del primer tipo? —quiso adivinar.

Casi medio minuto con la pregunta colgada en el aire fue suficiente respuesta, porque para mentir a Gaia le hubiesen sobrado segundos. Se sostuvieron la mirada y Dylan rompió con el hechizo para sacar de su bolsillo el pedazo de periódico con letras ucranianas que guardaba desde la noche del bar. Lo colocó en la mesa frente a la chica y algo hizo crack en el ambiente; aquellos ojos grisáceos no volvieron a mirarle en un largo rato.

—Creí que debías saber que conozco a alguien que trabaja para la prensa —dijo Dylan—. Podemos analizar el periódico y descubrir si esa nota acerca de tu padre es real o falsa.
—¿Por qué haría eso? —inquirió en el paroxismo del descontento.
—¿No quieres... conocer la verdad?
—La única verdad es que Vladimir está mintiendo —finiquitó Gaia—. ¿Podrías bajar al supermercado de Monzaemon y traer azúcar? La que tenemos en casa no será suficiente.
—Okay.


[...]


«Sé receptiva, debemos apoyarla» escuchó la voz de Halsey cuando Gaia le pidió que fuera al supermercado por un paquete de azúcar glaseada y no lo dudó más. Si le hubiese dicho de ir hasta Freezeland o el círculo polar ártico, lo habría hecho. «Baby, it’s cold outside» tarareaba otra vez esa canción, la situación lo ameritaba bastante. Tomó su hoodie, su anorak, guantes, bufanda, Gomamon bajo el brazo y se lanzó al exterior bajo riesgo de contraer una nueva cepa del peor de todos los resfriados en la historia moderna de Digital World. Entre sus ganas de ser la novia más receptiva del universo y abrigarse como un esquimal, olvidó que para obtener artículos en el supermercado tenía que pagar. En su bolsillo llevaba la espléndida cantidad de veinte bits. Kuonrat Tanneberger estaría orgulloso de ella (sarcasmo). Y en ese mismo instante, una revelación sagaz le iluminó con la intensidad de cien mil soles: Dylan nunca había sido especialmente próxima a su padre. Cuando se trataba de definir si ella del tipo de los del viejo proverbio o del tipo de la escuela de pensadores, no tendría reparo en aceptar que era de lo segundo. Hasta iba a admitir que Digital World nunca le empujó, sino reforzó a ello.

Se paró en el lobby del edificio cabizbaja, muy apenada y con las manos en los bolsillos. Seguro se veía como toda una tonta. Desde aquella noche en el bar era incapaz de sentir empatía por Zaytseva y ahora sabía por qué.

—No será ningún problema para mí atravesar la nieve con mis filosas garras —le dijo su orgulloso Digimon. Ella estiró el cuello con mucha pereza.
—Olvidé los bits.

¿Por qué Dylan necesitaba esa clase de objetos mundanos para conseguir bienes materiales cuando a su lado tenía al mismísimo soberano de todo lo existente? Gomamon le ofreció consuelo. Pero por si acaso también le permitió que volviera a casa y él se adelantó, sugiriendo que haría que sus ‘esbirros’ del supermercado buscaran los artículos que necesitaba para que ella no se fatigara. Le agradeció y salió disparada en la dirección contraria.

...
..
.

Recorrió las cerraduras sin hacer mucho ruido y cuando abrió la puerta, el mundo dejó de girar por un momento... al menos el suyo. Dylan se quedó paralizada en cuanto vio a Gaia sollozando a solas frente al fregadero. La ucraniana era como una montaña rusa emocional o un termostato con solo dos temperaturas extremas: frío polar o calor tropical, muy feliz o muy triste, sin pasar por el medio. Las decoraciones navideñas a su alrededor hacían otro contraste. Tardó un poco en procesarlo y en cuanto lo hizo, todo la golpeó muy fuerte y de la peor manera posible. Con absurdas lágrimas incluidas. Gaia sacudía la espalda un poco arqueada con un llanto que venía desde dentro de su tórax, con las manos hechas puños al borde de la tina y con los labios apretados para no despertar la curiosidad de Halsey y Rain, ni de nadie que estuviera en casa. Algo se le atascó en el pecho provocándole un dolor muy difícil de explicar. Pensó que era porque le ponía incómoda ver a su novia angustiada, pero después supo que era simplemente porque no le gustaba verla mal. A lo mejor le dolía lo que a ella le dolía, aunque no llegase a experimentarlo. Se limpió la cara, se le acercó en silencio y contuvo la respiración al llegar.

—No hagas esto —le salió sin pensarlo, apoyando las manos en el fregadero para atraparle en el espacio entre sus brazos. Gaia dio un respingo y quiso recomponerse carraspeando, pero estaba demasiado agotada emocionalmente y no iba a poder seguirlo inhibiendo.
—¿Hacer qué? —preguntó con una voz más ronca de lo normal.

Cuando la modelo se dio la vuelta, lo hizo cabizbaja como si encontrara fascinación en la duela de madera. Tal vez pensaba que si no la miraba a la cara no se daría cuenta de que llevaba llorando un buen rato.

—No me mandes por azúcar para que puedas esconderte —respondió lidiando con un nudo en la garganta.
—No me estoy escondiendo —los ojos de Gaia dejaron de evitar los suyos para darle mayor veracidad a sus palabras.

Miró a su novia y aunque la veía un poco borrosa, seguía siendo la chica más linda en todo ese mundo y en el otro. A aquella distancia, el gris tornándose azul era lo más impresionante que había presenciado jamás.

—Tienes derecho a sentirte como lo necesites —se lo dijo abrazándola—. Discúlpame por no entenderlo —terminó en un susurro, sintiendo las manos de Gaia ceñirse a su espalda. A partir de entonces le prometió desayunar, almorzar y cenar lo que sea que saliera de su oficio repostero y ayudarle a colocar cien mil extensiones navideñas más, las que fuesen suficientes.

Enredó los dedos en su suave cabellera y se quedaron así unos minutos en los cuales la ucraniana fue recuperando tranquilidad. Cuando los sollozos terminaron, se desprendió de ella para asegurarse de que sus ojos no siguieran húmedos. Con el pulgar limpió la última inapropiada lágrima que cruzaba su mejilla de norte a sur y luego bajó la vista a sus labios en un gesto muy revelador. Gaia se quedó quieta experimentando un aceleramiento en sus latidos.

No era la primera vez que se miraban así, casi quemándose y sin tocar. Fue Gaia quien recortó la distancia y apresó los labios de la alemana en un movimiento rápido. Dylan se acercó un poco más para besarle mejor, pero tener a su novia contra su cuerpo con todas esas prendas de esquimal puestas no era suficiente, así que en un impulso la empujó contra el fregadero con fuerza, haciendo vibrar los utensilios de cocina. La escuchó soltar un quejido de dolor y después sintió su lengua acariciando la suya. Desenredó las manos de su cabellera para acordonarle de la cintura y al echar en falta el oxígeno, Zaytseva se apartó sin avisar. Ambas tenían los labios y toda el área de pómulos enrojecidos.

El termómetro seguía marcando cero grados, pero de repente la rubia tenía calor y unas energías patrocinadas por sus instintos más básicos, casi primitivos. Uno de sus dedos martillaba impaciente la espalda de su novia y tras mirar hacia un lado y después hacia el otro, las dos compartieron el mismo pensamiento: Vanya seguía trabajando con las tuberías y Gomamon podría entretenerse horas charlando con Monzaemon, un acérrimo admirador público. Tanneberger agarró a Zaytseva de la mano y la remolcó por medio piso de Volk hasta su habitación.

Merry Christmas :2929:

Dylan terminó de quitarse el abrigo impermeable y lo dejó en el suelo, después Gaia le tomó de la nuca con ambas manos y la obligó a dejarse caer sobre ella en la cama sin parar de besarse. El pelo de la rubia le hacía cosquillas a la albina en la cara y sus manos se paseaban por sus muslos por encima de la ropa. Le mordió el cuello mientras se reposicionaba mejor sobre ella y se movió directo contra su cuerpo. Al instante Gaia se retorció y soltó un sonido claramente sexual. Le revolvió el pelo y luego recorrió su espalda sintiendo la humedad de su lengua yendo desde debajo de su oreja hasta su quijada.

Las manos de Tanneberger desabrocharon los botones de la camisa de Zaytseva, la abrieron con algo de prisa y la arrojaron al piso. Esa prenda le quedaba bastante bien, pero estaba segura de que se le veía aún mejor desde muy lejos. Rindió unos segundos muy meritorios de dedicación a aquel escote y después pasó de lamer y morder a besar la piel a su disposición. Se entretuvo un poco en esa parte, los pechos de su novia estaban un poco al descubierto y se propuso delinearlos con la boca. Recorrió un camino descendente hasta su bajo vientre y la besó ahí. Gaia sintió un golpe de calor. Por lo menos cincuenta grados a la sombra. Dylan subió sus manos por sus costados acariciándole como si no la hubiese acariciado nunca y ella se reincorporó lo justo para tomarle otra vez de la nuca y traerla hasta su boca.

—Te sobra ropa, Aleksandra —escuchó a Dylan gruñirle agitada, después deslizó sus manos hasta su trasero y lo apretó contra su cuerpo. El resultado fue una presión muy placentera para ambas partes.
—Tu primero —le retó, sin intentar disimular que su corazón latía igual o más descarriado que el de ella.

De pronto, Dylan estaba arrodillada entre sus piernas sacándose la camisa. La mandó a volar al lado del impermeable y después le ayudó a quitarse los pantalones, de forma rápida sin parecer demasiado salvaje. La anticipación la estaba torturando, y su novia mirándole muy seria con la cabellera un poco despeinada y la cara totalmente roja mientras se deshacían de sus propios pantalones lo hacía todo peor. Sentir las palmas de sus manos recorriéndole las piernas desnudas activó una explosión de sensaciones y una necesidad de que le tocase de pies a cabeza, deteniéndose en sus puntos más álgidos. Se levantó, se quitó el sujetador antes de apoyarse de espaldas contra el cabecero de la cama y la miró de vuelta con el mismo carácter retador.

Los ojos de la alemana se desviaron solos hacia los pechos desnudos de Zaytseva y algo se le rompió por dentro, el envase de su hiperactividad, seguro, porque sintió un impulso súbito e irrefrenable de estrellar su cuerpo contra el suyo. La sujetó de los muslos, le ayudó a colocarse a horcajadas sobre ella y la presionó contra el muro. La ucraniana le rodeó el cuello con los brazos mientras la sentía tibia contra su abdomen, la miró a la cara y descubrió que sus ojos eran de un azul mucho más intenso, respiraba alterada a través de sus labios ligeramente separados. Gaia sacudió las caderas y ella se mordió el labio presionándola un poco más. Ambas refrenaron un gemido antes de compartir un beso que fue muy profundo desde el inicio.

Gaia comenzó a moverse contra el vientre de su novia de una forma hipnotizante, muy estimulante, y Dylan le sujetaba del trasero con ambas manos ayudándole a restregarse aún mejor. La rubia le besaba de forma intensa y ella le quitó el sujetador para sentirse en directo, tocándose con todo el cuerpo en cada movimiento. En algún momento abandonó sus labios y se golpeó la cabeza contra la pared al inclinarla hacia atrás. Dylan aprovechó para ensañarse con su cuello y ella la abrazó para acercarla aún más cuando sintió que descendía por su piel.

Dylan había atrapado uno de los pechos de Gaia entre sus labios. La sintió temblar un poco cuando le acarició con la punta de la lengua, luego la vio contener la respiración al deslizar una de sus manos en medio de sus cuerpos para poder tocarla sobre la ropa interior. Liberó el aire suspirando entrecortado cuando lo hizo. Ese sonido y la humedad en aquella prenda provocó que se sintiera muy húmeda también, porque sólo podía significar que su novia lo estaba disfrutando tanto como ella. Sin poder resistirlo, coló su mano en la ropa y deslizó los dedos entre sus pliegues explorando su intimidad. Casi de inmediato Zaytseva le tomó de las mejillas y le obligó a alzar la cara para besarle con urgencia, amortiguando un gemido contra su boca. Se besaron de forma demandante, frenética. A la rubia nunca le había gustado tanto el ron y desde la boca de su novia sabía mucho mejor. Deslizó la lengua sobre el labio inferior de Gaia y con la mano tanteó su entrada. Terminó con el beso para observar su expresión cuando comenzó a penetrarla.

Ambas se movían firmes y constantes. El cabecero de la cama comenzó a golpear contra la pared a intervalos regulares. De encontrarse en la habitación de la eslava, ese acto habría sido revelador para Halsey. Dylan perdió un poco la cordura cuando Gaia la abrazó del cuello y comenzó a jadear contra su oído; la ucraniana jamás gritaba, solo liberaba jadeos y pequeños gemidos en los momentos críticos. Estaba tan enloquecida que sintió necesidad de restregar su propia intimidad contra algo, y su novia debía conocerle bien o únicamente le resultó evidente porque rompió el jaque en su cuello y con una mano comenzó a tocarla. Los jadeos se convirtieron en algo colaborativo. Presionó a Gaia completamente contra la pared, un poco brusco, y entonces la sintió tensarse. Su novia acomodó la cabeza en el hueco entre su cuello el hombro y tres segundos después se corrió, soltando un único gemido muy largo. Un fuego sobrenatural invadió su bajo vientre y medio minuto después Dylan se corrió también, jadeando más fuerte y tendido que las veces anteriores.

Compartieron un sosegado abrazo en un universo post-orgásmico, con sus respiraciones perturbadas, latidos convulsos, cubiertas de sudor y aún en contacto piel con piel.

—Gaia —la alemana le llamó acariciando sus cabellos y dejándole cortos besos en la cabeza.
—¿Dyl? —contestó antes de empujarle para que cayera de espaldas en la cama, colocándose encima de ella.
—¿Q-quieres... —hizo una pausa para mirarle directo a los ojos y sonrió ante la ocurrencia en su mente de que aun en los momentos difíciles, juntas podían volverlo todo menos malo—. Cuando todo esté mejor, ¿quieres acompañarme a ver residencias?


Bishamon Bishamon
 
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This is the time of kingdoms falling
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―¿En serio? ―La germana fue desdibujando su sonrisa por la forma en la que su novia le estaba mirando, como si hubiera dicho algo descabellado. Sin embargo, antes de que aquel extraordinario gesto se esfumara del todo, Zaytseva le sujetó de la parte baja del rostro impidiéndole moverse con soltura. —Not now. —Se echó hacia adelante en la labor de plantar un beso sobre los labios de Dylan, que en un principio no pasó de ellos, mas no pasaron cinco segundos bien contados para que la germana los separara e iniciara la expedición. Todavía quedaban retazos del ron en el paladar de la eslava, lo que saboreara su persona favorita entre jugueteos y caricias con la lengua.

Los dedos de DTB se enterraron en el montón de hebras blanquecinas de su chica, a la vez que Gaia se hubo acomodado para casi subírsele encima. Lo que quería la medium era sentirse cómoda para besarle mejor, que cuando el oxígeno les faltara la rubia no dudara en besarle el cuello a modo de entretención por la espera.

El cosquilleo le sacó risillas coquetas a la modelo, quien moría por gritarle a Dylan lo mucho que le encantaba que palpara y paseara sus uñas por su dermis; le erizaba con facilidad y la sensación se le antojaba placentera. Lentamente, la eslava balanceaba su cadera a modo de respuesta, motivando a la otra fémina a hacerlo; tener sus fibras más sensibles muy vivas, de la pelvis hacia abajo, no era lo único que les funcionaba como gasolina. El busto desnudo de ambas, chocándose entre sí, les disparaba el calor que acarreaba el éxtasis.

Las manos de Tanneberger trazaron un viaje que inició en los hombros, brazos y al alcanzar las manos de Sasha, esta no tardó en entrelazar sus dedos y cual si fueran resortes, compuso su torso. Los besos quedaron interrumpidos.

Shura se relamió los labios. Hubiera querido quitarse los flequillos adheridos a su cara, mas si supiera que estando despeinada, así como estaba, se le antojaba muy atractiva a su novia. Parte de sus largos mechones yacían sobre su abdomen, cubriendo un poco su pecho; poco importaba. El deleite yacía en verlos moverse al compás de la danza de caderas que cada vez se acentuaba más. Pronto su cabello terminaría a un lado por efecto del vaivén.

Nunca sentirse tan sudada fue demasiado placentero.

Los dedos de ambas no podían apretar más los de la otra porque terminarían lastimándose. Que Sasha sonriera de esa forma tan ajena al pudor, como si disfrutara de provocarle espasmos orgásmicos a su persona favorita, como si supiera todo lo que en el interior de Dylan estaba enloqueciendo; crédula, poseedora del control... que mordiera su labio inferior, provocativa y poco cuidadosa del incendio que estaba generando, poco antes de sucumbir a los gemidos junto a la expert, volvió a abrir una caja de Pandora. DTB no pudo más.

En medio de la sensación alborotada en la intimidad de ambas, Dylan se las ingenió para atraerla hacia ella; con un giro limpio quedó encima. No se detuvo a perderse en los azules excesivamente brillantes de Zaytseva porque su boca era un vivo imán. DTB la besó desesperadamente; el roce de sus pechos avivaba la fiereza del contacto labial. Otra vez la cabecera de la cama volvía a chocar contra la pared.

Gaia apretó sus labios para no sonar tan desbocada, tan extasiada e incapaz de retomar el control, que total: no lo quería. Le gustaba ser “la presa”, que la boca de Tanneberger jugueteara en esas zonas que disparaban chispazos tan intensos que le hicieran sentir fuera de este mundo. Si buscaba mirar el cielorraso, le resultaba un poco complicado enfocarse. Peor desde que la germana se las ingeniara para que las dos pudieran rozar lo más íntimo que poseyeran; lo más palpitante, además del mismísimo alocado corazón. Dylan estaba frenética, aun así no gritaba. Gaia tampoco. La eslava se agarró de las sábanas cuando se sintiera a punto de alcanzar el orgasmo.

Dylan y Shura gimieron al unísono con la misma intensidad. Tan solo el golpe de cansancio que afectara a la alemana, fue el freno que quizás necesitaba para calmar su insaciable deseo de poseer y pertenecerle a su chica. A ambas les costaba respirar. Poco a poco DTB fue regresando hacia Gaia, siendo recibida con una amplia sonrisa. La modelo le retiró los flequillos rubios de su rostro enrojecido y sudoroso. La miró a los ojos, detallando la intensidad de su tono verde, encontrándoselo lo más hermoso de la vida; combinación perfecta con sus pestañas y cejas doradas. La heroína le besó en la boca, más tranquila. De allí le besó en la mejilla derecha, sabiéndose abrazada por la peliblanca, y con total confianza dejó caer su cuerpo sobre el de ella. DTB pareció buscar refugió en el hueco entre su cuello y hombro, una excusa para regalarle cortos besos que le hicieran restregarse por efecto.

―Si sigues ―hablaba la modelo, en medio de la sonrisa de acero que le dejara el haberse entregado a su novia―... no querré detenerme. ―Aquello sonó más a incitación que a advertencia para la expert, quien empezara a repartir besos por distintas partes. ―Dyl, ¡es en serio!
―Yo también voy en serio, Aleksandra. ―Le confesó cerca de su oído, causándole un escalofrío erótico a la ucraniana. ―Podemos quedarnos el resto de la noche así.
―Los panqués. ―Recordó sin destruir el abrazo, ni siquiera cuando la rubia levantara un poco el torso para poder verle a la cara. ―Seguro Vanya ya regresó.
―Espero que no. ―A Dylan le gustó la manera en la que le viera Sasha tras escucharle. ―Blasfemia. Espero que gomamon tampoco haya vuelto todavía.

Las dos rieron bastante resignadas. Desde que la germana se acomodara a su lado, agarró las cobijas y las echó encima de ambas bajo la mirada atenta, algo incrédula, de Zaytseva. Aprovechó haber hecho las gestiones para cubrirse del frío (que aún no sentían) para apoyar su cabeza sobre una de sus manos; como Gaia yacía totalmente recostada, de esa forma deleitarse con sus apetecibles labios, sus atractivos ojos, sus perfectos rasgos... le resultaría sencillo.

―Duerme conmigo. ―Dylan delineaba los labios de la modelo con su pulgar.
―¿Y qué acabamos de hacer? ―Sabía que su novia se estaba refiriendo a otra cosa, empero no quiso desperdiciar la oportunidad de ponerla a prueba.
―No, no me refiero a eso ―tragó fuerte; las mejillas de ambas yacían enrojecidas―. Quiero que te quedes conmigo. Esta noche.
―Y gomamon, ¿qué? ―El índice de la germana se entretenía repasando su nariz.
―Bueno ―hubiera querido levantar los hombros―, él tiene que acostumbrarse a esto.
―Se escucha tan fácil.
―No tengo que pedirle permiso. ―En eso tenía completa razón. Sasha le regaló una corta sonrisa. ―Blasfemia. Eres mi novia y quiero que te quedes aquí.
―Desnuda. ―La sonrisa se transformó en un gesto pícaro.
―Tranquila. ―Se dio la oportunidad de sonreír casi de igual manera. ―Ich bin der einzige, der dich sehen kann.
―¡Es trampa hablar en alemán!
Nicht für mich. ―Gaia tuvo que contener las risas desde que la germana se metiera debajo de las sábanas.

[…]

Vanya agradeció a un par de digitales que se ofrecieron a echarle la mano con las tuberías. El proceso le había costado más del tiempo esperado porque tuvo que buscar a quien fuera el encargado de mantenimiento o vigilancia del edificio. Solo ese digimon podía cerrar los suministros de gas. Para ampliar su gratitud prometió regalarles varios de los panqués que tuvieran hechos en casa. El par aguardó en el pasillo y desde que vieran los postrecillos perfectamente decorados se les iluminaron los ojos.

―Sí que les gusta la navidad ―díjole un gotsumon, apenas admirando lo poco que podía apreciar desde su lugar.
―Este postre ―interrumpió el otro digimon: un nanimon que solía cuidar el edificio los fines de semana―... ¡Es fantástico! ¡Una delicia! ¡¿Qué tipo de bebida contiene?! ¡Sé que está hecho con alguna! ―Vanya retrocedió un par de pasos. ―¿Puedes regalarme más?
―No sé qué le habrá puesto mi tamer ―lucía genuinamente consternado, aunque complacido de que a los digitales les hubiera gustado―. Seguro fue de lo que estaba tomando. ―Más que contestarle a nanimon, fue una reflexión.
―¡¡Tienes que decirme qué es!! ―Atentó con chocar su enorme cabeza-cuerpo contra la del felino, quedando en un intento frustrado gracias a la “oportuna” llegada del compañero de DTB.
―¿A qué se debe esta reunión de súbditos sin mi presencia?
―¡Su majestad, gomamon! ―Nanimon se tiró al suelo para rendir una reverencia; el otro par quedó levemente estupefacto. ―Discúlpeme. Debí haber estado en la estancia para ayudarle a cargar con su compra. ―Pues sí, coronamon reparó en la bolsa gigante llena de azúcar. Fácilmente le podía sacar más de cinco centímetros de alto.
―Tranquilo, puedo ser misericordioso. ―El acuático levantó el mentón. ―Mi fiel seguidor, monzaemon, se ofreció a cargar la bolsa con la apreciada azúcar de mi querida Dylan.
―P-pero todavía nos queda. ―bisbiseó el ígneo.
―Déjala aquí. ―Gomamon le indicó un lugar cerca de la puerta. No le apetecía dejar pasar a nadie para que nada osase en alterar el pulcro escenario del que se había apropiado por motivos de su cumpleaños. ―Mi querida Dylan te pagara tan pronto la encuentre.
―Oye, Vanya ―el aludido volteó hacia nanimon―. ¿Me regalas más de esos bizcochuelos alcoholizados?
―¡¿Qué?!
―Mejor vámonos, nanimon. ―Gotsumon empezó a tirarle de un brazo.
―¡¡Por favor, compartan sus deliciosos postres!!
―¿Bizcochuelos alcoholizados? ―preguntó la foca toda vez quedaran a solas, que incluso monzaemon se hubiera despedido y confiado en la palabra del acuático.
―Shura... ¿qué hiciste? ―Pasó sus manos por su rostro.

Ambos recorrieron lo que hiciera falta para alcanzar la cocina y el comedor, uno interesado en verificar los postrecillos que hubiera preparado la modelo, deseando preguntarle sobre los ingredientes utilizados y en cuáles hubo vertido alcohol a la mezcla; y el otro queriendo descubrir la razón de por qué su tamer nunca llegó al supermercado, si le sucedió algo muy grave, situación que quizás pudo solventar si él hubiera estado a su lado... gomamon empezaba a sentir preocupación, mas el sentimiento (pronto) fue reduciéndose al ver a Vanya en las mismas. Él también buscaba a su humana.
Los dos chocaron miradas.

―Si Dylan no está contigo...
―Bah. ―Gomamon le cortó la mirada e infló un moflete. No quería terminar de realizar la posibilidad de que su adorada tamer estuviera en compañía de sus papas fritas. ―Iré a buscarla a los aposentos reales. ―En ese entonces Vanya se encontraba olfateando el vaso de la modelo que contenía un poco de ron a la mantequilla, cuando escuchara de repente un―: ¡Cuidado con dañar lo que Gaia ha hecho para mí! ―Los orbes de felino centellaron. ¿Había escuchado bien? ¿O fue una maquinación de su mente? No estaba dormido ni padecía de alucinaciones, así que... el “¡oh, todo poderoso rey del Digimundo!” de verdad mencionó el nombre de Zaytseva. Tampoco dejó pasar otro detalle importante: ¿cómo es eso de que toda la decoración navideña fuese puesta para él?

Dejando la bebida a un lado, Vanya corrió detrás de gomamon. La puerta del cuarto de la germana yacía un poco abierta, en completo silencio. No le costó nada encontrar a la foca porque desde que ubicara la cama, el mejor amigo de Dylan se quedó paralizado. En otra ocasión, el de fuego hubiera pedido permiso antes de entrar.

―No vale la pena despertarlas. ―La perfecta imagen de fotografía, una que no sería tomada, quedaría grabada en la memoria de ambos digitales: una Tanneberger abrazando a una Shura que lucía muy confortable, con la cabeza apoyada sobre el pecho de la rubia. Las sábanas las cubrían bien. ―¿Estás bien? ―Gomamon tenía los ojos más brillosos de lo normal, las orejas levemente decaídas... Un aura constipada, digna de alguien que no había sacado todos sus sentimientos de su interior y por eso molestaba; para Vanya, gomamon tenía emociones fuertes atrapadas y en conflicto por lo que estaba viendo.
―He visto esto en mis películas favoritas. ―Habló casi mecanizado. Coronamon por igual lo había visto, ahora que lo mencionaba. ―¿Ya viste cómo está todo tirado? ―Su contraparte en elemento echó un vistazo alrededor. ―Eso solo puede significar una cosa.
―Sí, que no saben quitarse la ropa. ―Al cabo de un par de segundos, a ambos digitales se les pusieron los pelos de punta y los ojos blancos. Por poco lanzaban un grito de espanto. Fue como caer en cuenta de algo que no habían pensado a detalle ni por más que tuviesen la noción de lo que pudo haber sucedido gracias al parecido con esas películas de comedia romántica.

Ahora los dos, cuales huerfanitos hijos de la caridad, buscaban la manera de borrar la idea de lo que pasó entre sus humanas. Estaban sentados uno al frente del otro en medio del montón de decoraciones navideñas: las luces multicolores prendiendo y apagando, el sonidito particular que venía integrado en algún adorno, la diminuta gran villa del famoso Santa Claus funcionando gracias a unas baterías; ni siquiera tenían que encender las bombillas de la sala para iluminarse. Sería más deprimente quedar expuestos por tanta luz, porque sus facciones en exceso sorprendidas quedarían al descubierto.

―Tienes que aceptarlo. ―Vanya fue el primero en hablar. ―Shura ama a Dylan. ―Algo en el interior del ególatra hizo crack. ―Y Dylan parece feliz con eso.
―Mi querida Dyl no necesita a nadie más que a mí para ser feliz.
―Eres un digimon, tonto.
―¿Cómo me llamaste? Ser ordinario sin modales. ¡El rey no es tonto! ―Le miró con reproche.
―Eres tonto si crees que solo tú serás suficiente. ―Gomamon respingó. ―Los humanos son distintos. ―Él ya lo había pensado y dado la oportunidad de observar distintos comportamientos de las personas para poder entenderles mejor, sobre todo ser lo mejor de lo mejor para Sasha. Todavía había cosas que superaban su comprensión, mas no se cerraba a aprender. ―Necesitan de otros humanos para estar bien.
―¡Mi Dylan no es una humana ordinaria y común! ―Apartó la mirada. ―Acepto que le gusta mucho sus papas fritas... ―dijo con poca fuerza en su tono―. ¡Pero yo soy el cheeseburger! ―Declaró directo, mirando a la cara al ígneo que yacía extrañado por esas analogías. ―¡Soy la comida principal! ¡Ella me lo dijo!
―Si estás comparándote con una hamburguesa y a mi tamer con unas papas fritas ―el pelinaranja achicó los ojos―, no puedes negar que son perfectamente complementarios. ―Gomamon quedó boquiabierto. ―¿Has probado una hamburguesa al mismo tiempo que las papas? ¡Es una buena combinación!
―N-no es... blasfemia. ―No sabía qué decir.
―Admítelo.
―¡N-nunca!
―Shura ha hecho cosas para agradarte, no es justo.
―¡N-no me importa! ―Simplemente no tenía nada más que decir a pesar de no querer decir solo lo primero que le viniera a la mente. ―Bah, me voy a dormir. Esta conversación no tiene sentido para el rey.
―¿Por qué eres así? ―Gomamon se detuvo un breve instante al escuchar la pregunta de coronamon. ¿Debía responder? No. Y de tener que hacerlo tampoco lo haría. Vanya le dejó partir en silencio, esperando que no fuera tan egoísta y perturbara el sueño de las humanas.

Le preocupaba mucho Shura desde que supieron sobre la muerte del padre de esta. Ella no descansaba adecuadamente, tampoco comía como en cualquier otro día; para él fue muy desconcertante que la eslava quisiese hacer muchos panqués cuando él podía crear otros platillos exquisitos. Sin embargo, algo le hizo callar en vez de cuestionar para saber sus razones. No tenía que verle llorando a escondidas ni frente a sus narices; Zaytseva destilaba su tristeza cuales ondas que podían ser captadas por su instinto. Y al verla junto a Tanneberger, supo que allí se encontraba en paz.

[…]

Damn, boy! ¿Y qué se supone que haremos con tanta azúcar? ―Halsey no creyó lo que le contara coronamon mientras desayunaban, así que junto a Rain se asomó por el pequeño hall del apartamento. ―¿De verdad perezosa Dylan compró eso?
―Su majestad la trajo ayer. ―respondió el felino. El recuerdo de la germana recuperando sus pastillas para el control de su energía interna, por no decirlo a modo de diagnóstico, le vino a la mente junto a la inquietud que le causaba el no saber para qué requería tanto endulzante. Sería una bomba de tiempo.
―¿Y dónde están? Gaia y Dylan, ¿no despiertan aún?
―Al parecer no. ―Que Vanya contestara de esa forma, le permitió a la montenegrina hacerse una idea más clara del paradero de ese par. Dean manifestó una sonrisa llena de complacencia con unas cuantas gotas de orgullo por el logro de su rubia amiga. Definitivamente Dylan no era tan poco habilidosa con las cuestiones sociales que requiriesen empatía.

[…]

Eran las ocho de la mañana y el estómago del pequeño Dex lo sabía. El baby consiguió salir del digivice, echándose a correr por toda la habitación sin importarle tropezar con las prendas de las humanas. En una de esas se restregó encima del anorak de la alemana porque le causaba placer la textura del abrigo contra su pelaje, sobre todo en el área del lomo. De repente captó más de un aroma y la curiosidad le hizo saltar hacia la cama.

Producto de su natural efusividad, mencionó el nombre de la eslava cual grabadora descompuesta. Que se moviera de un lado al otro por encima de las piernas de las chicas les hizo moverse, mas no despertar; Gaia recogió sus piernas al darle la espalda a su persona favorita. Y Dylan sí que abrió los ojos, mas estaba tan atolondrada que lo único que atinó a pedirle fue que se comportara. Cual borracha del sueño volvió a rendirse ante Morfeo en lo que abrazaba a Sasha.

Dorimon quedó extrañado. Miró en dirección a gomamon y ni siquiera consideró despertarlo.

[…]

―Oye Vanya ―Halsey, gaomon y el aludido se hallaban acomodando los panqués en cajas de cartón―, Rain quiere hacerte una pregunta.
―¿Q-qué yo qué? ―El lobezno empezó a actuar torpe. Su tamer no le ayudó al reír por su reacción tan adorable, a consideración de la misma. ―Son inventos de Halsey.
―Vamos, no te puedo contestar la duda que tienes ―le animó, tratando de que él la mirara a la cara. Quería verle sonrojado.
―No es importante.
―Pregunta lo que quieras ―la simplicidad del ígneo al decirle eso, desencajó al de pelaje azul―. ¿Qué quieres saber?
―¿Alguna vez te has enamorado? ―Ambos digitales giraron el cuello hacia la pelirrosa. Vanya preguntó si aquella era la duda que tuviese el otro child, lo que intensificara el nerviosismo de Rain. No obstante, Dean aclaró rápido de quién era el interés por saber; la duda le surgió a ella.
―Pues no. ―Contestó muy pensativo. ―¿Y ustedes? ―Cherry rio demasiado audible para gusto de su digimon, quien negara casi imitando a un robot falto de aceite.

En esas se dieron cuenta de la llegada del peludo purpúreo. En seguida, Rain aprovechó aquella conveniente aparición para disipar los colores de su rostro al advertirle a Dex que tuviera cuidado de no hacer desorden. El pequeñajo le tenía tanto respeto al lobezno que perfectamente se confundía con miedo, así que guiado por ese instinto de alerta y necesidad de protección, corrió hacia la cocina. Ahí también podría encontrar algo para comer. Los panqués olían muy bien.

―Quiero, quiero, quiero.
―¿Cuáles son las palabras mágicas, pequeño Dexter? ―Él observó a la experta en películas muy confundido; su ceño se arrugó levemente.
―¿Quiero?
―No, Dex ―solo Rain no rio por las ocurrencias del baby―. Se dice por favor.
―Gracias. ―Soltó antes de empezar a correr de un lado a otro. ―Gracias, gracias, gracias.
―La foca engreída no le ha educado bien. ―Gaomon se cruzó de brazos. ―Tienes que pedir las cosas diciendo “por favor”.
―Okay. ―Se puso a dos patas, apoyado del desayunador. ―Bitte.
―¿Acaso eso fue alemán?
Ja. ―respondió el mismo Dex.

[…]

Despertar un día y mirarse al espejo pensando que todo está bien, que nada puede cambiar de un minuto a otro, hace que la impresión que surge al descubrir algo nuevo se desborde para mal porque no hay nada peor que una sorpresa no esperada e indeseada. Sasha se cubrió la boca. Sus grandes ojos azules de apoco perdían dicha tonalidad; si era cierto que los orbes eran la ventana del alma, los de ella transmitían lo impactada que estaba, sin esfuerzo. Su joven corazón empezó a latir sin estabilidad. Y le tembló el pulso cuando intentó agarrar parte de su cabello.

La voz de su mamá se hizo presente, de repente el tiempo volvió a correr hasta más de prisa de lo normal. Seguía en pijama; el uniforme colgando en la puerta del closet le avisaba que, si no apuraba sus pasos, sus padres se enojarían por la tardanza. Pero, ¿cómo lidiaría lo que le había sucedido con ellos? Ni siquiera ella entendía por qué.

Trató de ocultar el nuevo color que estaba adquiriendo su cabellera azabache, empero nada se le escapaba a su observadora mamá. La adulta era partidaria de cuidar cada detalle de la apariencia, de conservar las actitudes más respetuosas hacia las entidades que representaban formalidad como: los símbolos patrios, las figuras de autoridad, lo que significaba cualquier alma mater del saber. A la escuela no se iba con sombreros a menos que estuviera lloviendo, y el sol brillaba más fuerte que el día anterior.

La señora Zaytseva quedo enmudecida.

―¿Qué te hiciste en el cabello? ―Su expresión era dura de sobra.
―Nada, lo juro. ―Retuvo las lágrimas en el borde sus ojos.
―¿Sabes lo que significa esto, Lesya? ¡Uno de los atractivos por lo que te contrataron para realizar los comerciales fue tu cabello! ―Comentaba al aire, pero tan alto que su hija ni siquiera tenía que mirar su silueta de aquí para allá para captar el mensaje. Gaia dejó caer sus hombros junto con la inclinación de su cabeza. ―¡Andryusha, ¿puedes creerlo?! ―Aquel era el apodo del padre de la a medias peliblanca, quien se les uniera en el comedor para degustar el desayuno. Se detuvo en seco al ver a su hija y sin pensarlo dos veces se acercó, le tomó del rostro para preguntarle si se sentía bien, incrustando su mirada preocupada en la de ella. ―Nos iremos al hospital, ahora mismo.
―Me encuentro bien, papá.
―Quizás estés exagerando. ―Se lo dijo a la adulta. ―Solo es una decoloración.
―¿Y si se debe a algo orgánico o genético? Le sucedió de un momento a otro. ―Con pasos firmes y apresurados fue en busca de su monedero a la habitación.
―Papá ―el hombre volvió su vista a ella, mas sin esperar que dijera nada la envolvió en un abrazo que fue correspondido, incluso necesitado―. Perdón.
―Pero si no me has hecho nada ―besó su cabeza en medio de caricias sobre su cabello―. Tú sigues siendo lo más hermoso para mí.



―He sido pésimo para abordar ciertos temas contigo. ―Una Shura quinceañera se encontraba sentada frente a su padre, apenas separados por una diminuta mesa en una cafetería poco concurrida del sector donde residían. Una taza de chocolate caliente con un poco de especias les ambientaba el olfato. ―Pero es que no logro verte como a la jovencita en la que te estás convirtiendo.
―Siempre me pregunté por qué nunca tuvieron más hijos. ―El hombre dibujó una sonrisa. ―Sé que soy una bebé para ti, pero...
―Lo sé ―continuó para que su hija no tuviera que proseguir con las líneas que le correspondían a él―. Es que mírate. Eres tan hermosa. He sido muy despistado ―Shura rio por lo bajo―. Un día llegarás a casa con un muchacho del brazo y nos dirás: les presento a mi novio.



―Te presento a Iván. ―Andrei no necesitó más detalles para entender cuál rol ocupaba ese recién conocido en la vida de su hija. ―Tal vez, hubieras preferido que me quedara con él para siempre, papá. ―La eslava dedicó una mirada a quien alguna vez fuera su pareja; retiró su mano de la de él sin ningún tipo de remordimiento. Él tampoco lucía contrariado. A Andrei le pareció que sonreía por menos que pudiera vislumbrarlo. ―Pero...
―No estoy entendiendo, Sasha. ―La silueta de una cuarta persona entró en la ecuación, a quien la modelo le sujetara las manos bastante gustosa y poco pensante de las reacciones que podría ocasionar. ―Tú...
―Perdón, papá.
―Sasha...
―Papá.


Shura levantó los párpados como si le hubieran arrancado las ganas de continuar durmiendo. Por la posición en la que yacía, solo gozaba de un orbe al descubierto, aquel que fuera limpiado por el pulgar de su novia. Sentía su rostro un poco húmedo y una presión en el pecho que le resultaba más allá de molesto. Mantenía imágenes de su progenitor que aún conseguían disminuirle el ánimo. No obstante, el que Dylan le hablara al oído sosegó su corazón.

Ya más calmada con sus emociones, Zaytseva giró un poco en pos de ver a su chica a la cara sin tanta incomodidad. Le sonrió, antes de restregarse los ojos y estirarse.

DTB fue la primera en ponerse de pie, sintiéndose sumamente apenada por el desorden que hubiera dejado y que seguro causó tremenda curiosidad a su mejor amigo digital. Se puso la ropa interior a toda prisa; gomamon había salido del cuarto para darles espacio (sin muchas quejas, en verdad ninguna), puso las ropas que fueran de Gaia sobre la cama y en su camino al baño escuchó a la peliblanca hablar:

―Qué lindas piernas tiene, señorita.
―Blasfemia. ―Sus mejillas se encendieron.

Echarse agua en la cara no le resultaría para aplacar el ardor sobre sus pómulos, pues Gaia le abrazó por detrás y regaló un beso en su cuello y hombro. A través del espejo, mientras le mantenía atrapada entre sus brazos, observaba la ajetreada misión clase alta que llevara a cabo su persona favorita: cepillarse los dientes. En algún punto la modelo retrocedió, recostándose de la pared detrás. Al terminar, Dylan correspondió la mirada con la que estuviera siendo escudriñada por el reflejo sin tener que voltear.

Prosti menya. ―Hubo un breve momento silencioso, en el que pareciera que ambas estuvieran queriendo encontrar las palabras correctas para charlar. Zaytseva se había cruzado de brazos, casi simulando un abrazo. ―I was foolish. I… shouldn’t have lied to you. It’s just…
―Hey, está bien. ―Una de las sonrisas más genuinas de la germana fue aquella que le naciera producto de la gran calidez anidada en su pecho. ―Solo no lo hagas de nuevo. No me alejes de ti, Aleksandra. ―Al ver a la modelo curvear los labios al grado de mostrarle sus perfectos dientes blancos, DTB sintió cosquillas en el estómago.
Blagodarya.
―Toma ―díjole de repente a la modelo, sorprendiéndola, habiendo tomado un cepillo que tuviera de repuesto y extendido a ella―. Puedes dejarlo aquí ―hablaba en lo que Gaia lo agarraba e inspeccionaba, cuando lo que en verdad hacía era escuchar atentamente el discurso de la rubia―, y así... podremos dormir juntas más seguido.
―¿Lo tenías planeado? ―Se puso en la labor de limpiar sus dientes.
―No, pero puede ser un bonito regalo de navidad. ―Zaytseva le miró con una resignación “divertida”. ―Así como esta misteriosa toalla. Juro que no tenía nada de esto preparado. ―Sabía que su novia no le creía, así que tendría que recurrir a estrategias más efectivas que sus palabras.

Nada más esperó a que Shura cerrara el grifo para sujetarla por la cadera y atraerla a su cuerpo. Hizo caso omiso a las objeciones de la peliblanca y con el mismo grado de importancia que les diera a las quejas, le besó en los labios que yacían húmedos. Las gotas que caían desde el mentón de la eslava, murieron en el encuentro inminente de sus caras. Zaytseva se dejó guiar hasta la ducha o allí creyó que irían a parar, y no pudo abrir más los orbes al perder el equilibrio y caer dentro de una bañera llena de agua tibia.

―Dyl... ¿qué está pasando...! ―Tanneberger no chanceó nada; prácticamente se metió donde mismo y sobre su pareja, rumbo a continuar disfrutando de su boca y de ese sabor fresco, aditivo de su piel, que sacaba su lado más instintivo.

[…]

―Su majestad, ¿no desayunará? Contamos con una inmensa variedad de panqués, el menú es amplio. ―Gomamon no desapareció la expresión de pocos amigos que le gobernaba, ni porque la amante de las películas hiciera manierismos. A Vanya sí le pareció gracioso. ―Le advierto que no contamos con uno sabor alemán.
―¿Se supone que estás queriendo hacerme reír? Pelos de chicle.
―¡Deja de llamarla así! ―Gaomon se apoyó de la mesa, reclinando su cuerpo hacia adelante. Su puño derecho estaba preparado para impulsarse hacia la foca.
―Bah. No te escucho, soy de palo, tengo orejas de pescado. ―canturreó el pelinaranja.
―No discutan ―pidió el de fuego―. Su majestad no está pasándola muy bien. ―La revelación se le antojó muy interesante a Cherry.
―¿Se puede saber qué le sucede? ―El acuático negó ipso facto.

En esas, estaba a punto de suceder dos acontecimientos: las humanas restantes se presentaron ante el resto. Lucían sumamente relajadas, de repente risueñas; ver a la germana sonriendo por tanto tiempo era realmente espeluznante en el buen sentido. Gomamon no fue el único en reparar en lo contenta que estaba su querida humana, encima que yacía muy pendiente de lo que hiciera, dijera la ucraniana. ¡Él también merecía atención! Y cuando iba a demandarlo, pasó aquello que llevara a todos a moverse rumbo a la entrada del departamento. Dexter se encontraba enterrado en una pila de azúcar.

―B-blasfemia. ¿Qué es toda esa azúcar? ―Más de uno miró a la alemana denotando incredulidad. Solo Sasha se cubrió la boca en señal de asombro. ―¡Dex! ―Agarró al bebé, le limpió, pero este ya había consumido una gran cantidad del endulzante. Algo se disparó en él y similar a un torpedo salió corriendo; tras él su tamer y gomamon.
―Rain, Vanya, ¿pueden ayudarlos a atrapar al pequeño Dex? ―Al ígneo le hubiera gustado intercambiar unas cuantas palabras con su tamer, pero no se opuso a la petición de Cherry y entendió que la prioridad era ayudar a evitar que la euforia del baby fuera causante de desastres que pondrían a más de uno a lamentarlo.
―Lo haré por ti. ―Aseguró el de pelaje azul a Dean.
―Buscaré algo con que recoger todo esto.
―Espera, Gaia ―la ucraniana retornó unos cuantos pasos―. ¿Cómo te sientes?
―¿Respecto a?
―Amiga ―Halsey se paró justo en la división que uniera el hall y el salón, echó un vistazo a lo que estuvieran haciendo los demás y prosiguió. Fue como si quisiese cerciorarse de no tener a nadie demasiado cerca―. Dylan y yo tenemos días preocupadas por lo que te dijo ese... ―se ahorró el insulto hacia Vladimir―. No queríamos decírtelo porque necesitabas tu espacio y...
―Lo sé. ―Asintió, reforzando su afirmación. ―Gracias, por eso.
―¿Y? ¿Cómo estás?
―Todavía no doy crédito a lo que dijera ―el ruso parlante―. Acabo de recordar algo que Dylan me dijo ayer, sobre una persona que podría ayudarme a verificar si los artículos eran reales.
―Uy, superheroína Dylan al rescate. ―Le dio un par de codazos amistosos, consiguiendo que la ucraniana se sonrojara. ―¿Qué es lo que estoy viendo en tus mejillas? ¡La fría Shura tiene los cachetes calientes! ―La modelo negó por más inútil que fuera. ―¿Y todo gracias a quién? Me siento muy orgullosa de la perezosa.
―Lo dices como si fuera una niña que tuviera que demostrar sus capacidades para lograr algo.
―Gaia, eras fucking hetero. ¿Sabes cuántos hombres tenías detrás? ―Bisbiseó entre dientes y una carcajada a punto de surgir. Las dos fueron por una escobilla y un par de cubos en los cuales verter la azúcar. ―Por supuesto que me siento orgullosa de mi perezosa y poco sociable amiga. Son tan distintas que a la vez parece complementar.
―Supongo que nos estas halagando, gracias ―recogía lo que yacía en el suelo―. Nunca confirmé que fuera hetero. Pero sí, tienes razón en algo ―miró a la montenegrina a la cara―, no me había gustado ninguna chica antes. ―Halsey levantó una ceja a punto de decirle que tenía razón. ―Son cosas que pasan. Así lo veo.
―Enamorarte de Dylan fue algo que pasó. ―Quiso sonar burlona.
―Si cuestionas mucho al amor, terminarás desencantándote y nunca dando el paso.
―Por eso mucha gente comete errores.
―Y otras tantas tienen éxito.

Zaytseva le sonrió por última vez porque llevaría a la cocina parte del endulzante. La conversación le sirvió de confirmación (a la pelirrosa) sobre el estado en el que pudiera hallarse su amiga. Si algo podía decir que admiraba de ella era su fortaleza, porque de estar en su lugar al ciento por ciento... bueno, desde antes ya compartían una similitud ligada a la pérdida y dos de esas, de las de alto calibre, a veces resultaba inimaginable. Sin duda saldría adelante.

En algún momento aprovecharía para congratular a la germana, también.

[…]

Dexter se sintió tremendamente atraído por aquellos adornos luminosos y brillantes que cuando quiso dirigirse a unos que estaban colgando de alguna pared, su atención pasó a recaer al montón de regalos debajo del árbol, sobre los cuales se hubo lanzado; a gomamon estuvo a punto de darle un pequeño ataque cardiaco. Si no hubiera sido porque gaomon retuvo el árbol, su estrepitoso encuentro con el piso hubiera vuelto añicos el corazón de la foca. Algunas bolas coloridas cayeron y se esparcieron en rededor, lo que disfrutara el acelerado bebé.

―¡¡Ya basta, barbaján!! ―Fue hasta él, pero Dex lo esquivó de un salto. ―¡¡Te ordeno que te detengas!!
―¡Dex, detente! ―Casi que de burla, el peludo corría alrededor de la humana; pasaba por entre sus piernas por poco llevándola a tropezarse con sus propios pies.

Vanya tampoco pudo atraparlo debido a su impresionante agilidad para la evasión.

―Blasfemia. ―Era más fácil verle correr por ahí que perseguirle, sin duda. La pereza de DTB se extremaba ante el panorama y con ella el estrés de ver las consecuencias de aquel comportamiento incontrolable que por retazos momentáneos le recordaban a ella misma. Tan pendiente de todo y a la vez de nada. ―Buscaré el digivice.

Mientras tanto, Halsey y Gaia se pusieron de acuerdo para ir por lados opuestos. La intención era atajar al pequeñajo, lo que por suerte comprendieran el autoproclamado rey y Vanya; los cuatro formaron un pseudo cuadrado. Dex dudaba: ¿mejor por delante? ¿Mejor por detrás? Sus grandes ojos dilatados delataban su estado frenético; la ansiedad pronto le carcomería. No obstante, al mirar a la montenegrina, específicamente su cabello, los detalles verdes se reflejaron en sus pupilas. En su mente lucían como caramelos danzarines que le invitaban a saltar y comerlos, devorarlos. El baby se impulsó repentinamente; la fuerza con la que lo hiciera provocó que Dean cayera de pompas con él entre su regazo. Dexter se retorció.

―Déjamelo. ―La ucraniana aplicó fuerza al sujetarle, sin llegar a lastimarlo, tomó asiento en el sofá más largo y en determinadas partes de su diminuto cuerpo apretó usando las yemas. Lentamente se le vio bajar la guardia hasta volverse muy similar a un peluche de felpa por su inmovilidad. Sus párpados luchaban por mantenerse arriba. ―Ya puedes introducirlo. ―Se lo dijo a su novia. El baby estaba rendido ante el agotamiento, a la vez que relajado en exceso.

Todos respiraron aliviados.

―Arreglaremos el árbol, no te preocupes. ―Lo que dijera la eslava fue para la foca engreída. Era imposible olvidar la manera en la que él la estuvo observando mientras decoraba la residencia. Todavía no comprendía lo que hubiera sucedido para ganarse ese tipo de gesto visual de su parte, pues era ciertamente especial.
―Gracias. ―Dylan se dejó caer al lado de la peliblanca, enseguida tomándole una mano. ―Perdón por haberte dejado solo, gomamon.
―Bah... no importa, Dyl. ―Su expresión demostraba que estaba levemente decaído. ―Debo acostumbrarme. ―Gaia zarandeó la mano de la rubia; sin palabras le había aconsejado no dejar pasar mucho tiempo para hablar con su digimon. ―Espero que todo quede como antes. ¿Y qué haremos con los panqués de mis fieles seguidores? Tenemos que repartirlos.
―Cierto. ―Sasha se puso de pie. Fue entonces que cayó en cuenta de algo: muchos de los postres se encontraban empaquetados.
―Nosotros también quisimos formar parte del equipo de trabajo. ―Cherry pasó un brazo por los hombros de la modelo. ―No estás sola, amiga.

Gaia quedó sin palabras. Un nudo creciente a la altura de su pecho, su pecho emanando una inexplicable aunque agradable sensación hirviente la llevó a poner una mano sobre su busto, cerca de la zona donde los latidos fueran más punzantes. Le costó girar el cuello un par de centímetros para ver a su compañera de piso y propietaria de aquel departamento a sus ojos. Que su mano izquierda reposara en la espalda de Dean fue un modo de agradecimiento para la de tez más oscura.

―¡No te pongas celosa, Dylan! Desde ahora te aviso que un día de estos me la llevaré a una quest. ―declaró la experta en el cine tras darse la vuelta sin soltar a Gaia. La rubia hizo tripas corazón en pos de retener el sonrojo. Simplemente levantó las manos, declarándose inocente. DTB sabía que no tenía nada que temer, ya no más, sobre lo que tuviera con Zaytseva.

Esa chica era suya, en el sentido más romántico de la palabra.



Verwest Verwest en esto se van 10 pags y un chin más. B )
Tizza Tizza deme pase por fa.
 
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