Fanfic Campamento Unsei (segunda subida)

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Hace como un año que empecé esta historia. Sin dar explicación alguna dejé de publicarla aquí, por lo que supongo que habré perdido algunos de mis lectores. Como la retomé hace poco, pensé que debía dejar un capítulo en este foro, pero como no puedo comentar en el post de mi historia he decidido abrir uno nuevo con un perezoso resumen de los siete capítulos anteriores, que podéis leer aquí:

https://forosdz.com/fanfics-digimon-160/campamento-unsei-39635/

RESUMEN
Sora, Tai y Matt son tres amigos que están pasando las vacaciones en un campamento de verano. Todo transcurre con monotonía hasta que unos extraños incidentes despiertan su curiosidad y deciden iniciar una investigación que tiene como principal sospechosa la directora de la escuela, la señora Tachikawa, cuya hija desaparece misteriosamente antes del baile que se celebra todos los años. Los tres amigos asisten al evento solo para contemplar con horror como una siniestra llamada Grimmo devora y mata sin piedad a todos sus compañeros. Consiguen escapar por los pelos al bosque gracias a Izzy, un misterioso chico que les explica que la masacre de alumnos había sido pactada para satisfacer el hambre del monstruo mientras el resto es conducido en unos autobuses hacia el corazón de la montaña, la sede de una organización secreta cuyos planes están todavía por descubrir. Lo que comenzó como un juego de niños se ha convertido en una lucha por la supervivencia.





La noche que no se acaba


Llegado un momento dejaron de conversar. Nadie supo exactamente porqué. Sora se cruzó de brazos y caminó por el pequeño claro sin alejarse demasiado. Todo lo que se oía era el murmullo de sus pasos y el amodorrante canto de los grillos. Consiguió distinguir la superficie oscura de uno de los insectos, que brillaba débilmente a la luz de la luna menguante.

Sus recuerdos la trasladaron por unos instantes muy lejos de allí. Tenía siete años y jugaba al escondite en algún lugar boscoso donde habían instalado canchas deportivas. Trataba de aguantar el máximo tiempo posible escondida tras un árbol. Sabía que el chico que le había tocado contar no andaba muy lejos de allí. Casi todos sus compañeros se habían salvado y por entonces charlaban en la pista de tenis bajo la intensa luz de los focos blancos, pero desde su posición no podía ver ni un resquicio de aquella luz, ni tampoco escuchar la conversación que estaban manteniendo al otro lado del complejo deportivo. Su corazón latía con más y más fuerza a cada paso que daba el chico por encontrarla. Aguantó la respiración, deseando que su oponente se marchara de allí para poder correr y salvarse por ella y todos sus compañeros o que al menos la descubriera cuanto antes para que todo acabara. Tenía la certeza de que pasara lo que pasase, iba a terminar con ella sobresaltada. Y así ocurrió al posar sin querer una mano sobre un grillo encaramado al tronco.

Avanzó unos pasos para darle un manotazo al bicho, que se recuperó del impacto en el aire y consiguió aterrizar sano y salvo en la tierra húmeda.

−¿Por qué te ha dado por pegar grillos? −Preguntó Tai a su lado.

Sora arrugó la frente, todavía mirando el punto donde había caído el insecto. Movió la cabeza a un lado y a otro en señal de negación y lanzó a Tai una mirada que ni ella misma sabía lo que trataba de transmitir.

−Izzy dice que hay un sitio donde podemos descansar, no muy lejos de aquí. Él hará la guardia.

El lugar en cuestión era una oquedad situada en la falda de la montaña. Estaba a desnivel sobre la tierra, y un montículo la mantenía semioculta en la parte de la obertura. El primero en entrar a inspeccionarla fue Izzy. Estaban convencidos de que no había ni un alma allí, pero se sentían más seguros si alguien lo confirmaba. Sora atisbó el rostro imperturbable del chico saliendo de la penumbra para comunicarles que podían entrar. De no haber asistido en el momento oportuno a la fiesta todos estarían muertos, y había tantos motivos de agradecimiento por ello como razones para desconfiar de él.

Joe fue el primero en echarse sobre la superficie rocosa de la cueva. Colocó la bolsa con medicinas en su regazo y la abrazó con fuerza. Acto seguido hundió el rostro en sus manos y se puso a llorar.

Sora entró luego con Tai, escudriñando la vista para hallar el lugar más acogedor que no estuviera demasiado cerca de la salida. Se sentó cerca de una roca mohosa, en un sitio alejado de la entrada, pero no lo suficiente para que pudiera ver el techo de roca gris. Matt y su hermano se acomodaron frente a ella. T.K seguía pálido y sin habla, y no parecía especialmente atento a las palabras tranquilizadoras de su hermano, que tensaba su mandíbula en un intento de sonrisa.

−Ey, Sora −Tai se puso de cuclillas frente a ella−. ¿Te ocurre algo?

Tenía la misma certeza de que los iban a descubrir como el día en el que perdió jugando al escondite.

−Pensé que era valiente −musitó.

−Sí que lo eres. No tanto como yo, pero lo eres.

Sora soltó una risa nerviosa y se frotó las piernas desnudas.

−¿Tienes frío?

−Un poco −suspiró−. Y solo tengo este estúpido vestido −añadió asqueada−. Debimos hacerte caso cuando dijiste que esa mujer no era de fiar.

−No hubiera servido de mucho −dijo quitándose la chaqueta y ofreciéndosela.

−No hace falta −gruñó Sora, aceptándola y envolviendo sus hombros con ella a modo de manta−. Oh, si ya la tengo puesta −observó, quitándosela de nuevo.

Tai se levantó y le hizo una seña para que no la devolviera.

−Ni hablar, no puedes ir tan fresca por el bosque −repuso−. ¡Qué diría tu madre!

−Se suponía que era verano y no iba a hacer frío −murmuró Sora, cabizbaja.

Matt había dejado de hablar con T.K y ahora se encontraba discutiendo con Izzy en la entrada de la cueva. Mientras se acomodaba junto al pequeño de los Ishida, Tai pudo oír como Matt empleaba ese tono pausado pero amenazador que solo utilizaba cuando le quitaban el gel fijador o alguien le sacaba de sus casillas.

−Vamos a morir, ¿verdad? −Inquirió T.K en un murmullo acongojado.

Tai se dio unos golpecitos en el pecho a sí mismo.

−Vamos, tío, ¿cómo puedes dudar de la capacidad de liderazgo de un alguien como yo? Solo tienes que mirarme.

Sacó de su bolsillo unas aparatosas gafas que a T.K le recordaron a las que usaban los carpinteros para evitar que se les metieran restos de madera en los ojos.

−Además tengo esto −dijo.

−¿Eso qué es?

−Mis gafas de líder, por supuesto −y se las colocó en los ojos.

−Así das mas miedo que el monstruo −rió T.K.

−Que no se atreva a venir entonces. Mira, ya regresa tu hermano −se incorporó y miró muy serio a Matt, quien relevó su cargo.

Izzy se había sentado en la entrada de la cueva, apoyado contra la pared de roca. Tenía los ojos más abiertos que de costumbre y las piernas separadas mientras hundía una mano en la tierra y con la otra hacía crujir una hoja seca. Tai pensó en una marioneta sin cuerdas. En cuanto Izzy lo vio acercarse adoptó una postura más tensa, encogiendo las piernas y cruzándose de brazos.

−Supongo que tú no tienes frío −dijo Tai.

−Hay una temperatura de 18º en el aire−contestó sin devolverle la mirada−. Vuestras cuerpos se han enfriado por la descarga de adrenalina que habéis experimentado.

−Vaaaaale. Solo venía a darte las gracias por lo que has hecho por nosotros.

Eso pareció llamar su atención. Se le quedó mirando por diez largos segundos hasta que finalmente dijo:

−Gracias.

−¿Por qué me dices gracias? −Se extrañó Tai.

Hubo otro incómodo silencio en el que Izzy pareció meditar profundamente sobre la pregunta que acababa de formular.

−Te agradezco que me hayas dado las gracias.

−En ese caso tendrías que haber dicho "de nada" −le corrigió, acomodándose junto a él−. Tío, ¿tu no hablas mucho, verdad?

−No.

−Eres un personaje.

−¿Un personaje?

−Déjalo.

Tai cogió una rama y comenzó a dibujar figuras geométricas en la tierra.

−No deberías mostrarte tan abierto con un desconocido −con una piedra puntiaguda, Izzy cerró el círculo que había empezado a dibujar Tai−. Soy el responsable de la muerte de treinta y dos personas.

−Ya −Tai tragó saliva y eliminó el "tío" de la frase−. A veces necesito no tomarme las cosas demasiado en serio. Es eso o me cago del miedo.

−¿Ahora mismo tienes miedo?

Tai asintió.

−Eres bueno ocultándolo. ¿Tienes miedo de mi? El resto lo tienen.

−Das un poco de mal rollo −admitió−. Esta noche has hecho algo horrible… Cuando te vi pensé que eras el tipo de persona que… Uf, no sé, todavía estoy flipando por lo que ha pasado.

−Deberías dormir −propuso Izzy.

−Creo que eso haré −Tai se desesperezó, estirando los brazos hacia el cielo estrellado−. Solo me queda una cosa clara de ti, Izzy: eres casi tan buen actor como yo. Solo te falta ganar algo de naturalidad. O quién sabe, a lo mejor es que simplemente eres raro, que no tiene nada de malo. Sora lo es.

−Te estoy oyendo, Tai −susurró ésta con voz somnolienta desde el interior de la cueva−. Eres un capullo.

−De cualquier manera, tenemos tiempo de sobra para conocerte −bostezó−. Tres semanas. Menuda locura.

()()()()()()()()()()()()()()()()()

Kazuo Ibuza, el socorrista de la piscina de Campamento Unsei, miraba con inquietud como las agujas de su reloj marcaban las diez de la noche. Habían pasado cuatro horas desde que había reunido al grupo de los campistas más benjamines en uno de los autobuses rojos, y tan solo cinco desde que se hubiera percatado de que el trayecto que había cogido el conductor no los estaba dirigiendo a la ciudad, sino al corazón del bosque. De cualquier manera, no se había atrevido a formular ninguna pregunta a la flamante señora que se había sentado junto a él; ni si quiera osaba tocar a la directora Tachikawa mientras se maquillaba delicadamente el contorno de sus mejillas. Por ello permanecía postrado contra la ventana. La vibración del frío cristal hacía que su frente también temblara, provocándole dolor de cabeza.

−¿Hay una mujer importante en su vida? −Preguntó de repente la directora Tachikawa con pícara curiosidad, mirándolo por el rabillo del ojo mientras terminaba de colorear el labio inferior de rojo.

Kazuo dio un respingo. Los ojos color chocolate de la directora brillaban con una intensidad abrumadora, y su sonrisa era lo suficientemente pronunciada como para endulzar su rostro sin afearlo lo más mínimo. La única arruga visible era una pequeña en su nariz que le otorgaba un aspecto encantador.

−Sí, voy a casarme dentro de dos meses −contestó llevándose la mano a la frente, no supo si para protegerse del hechizo de la directora o para resultar interesante a sus ojos−. Estoy muy enamorado −aseguró.

−Eso es fantástico −Tachikawa pestañeó seductoramente−. Supongo que el dinero te vendrá de perlas para pagar los gastos.

−Sí, bueno, faltaba por comprar el regalo de mi suegra −dijo tratando de resultar gracioso.

En ese momento los lloriqueos de una niña comenzaron a sonar por encima de la canción de The carpenters que sonaba entrecortada desde el viejo reproductor de música. Kazuo reparó por primera vez con inquietud de que la impoluta superficie exterior de los vehículos no se có a Kazuo que arrancara las hojas de un cuaderno pequeño en el que apenas habían comenzado a escribir los resultados de una partida de cartas y las repartiera junto con una cajita de lápices de colores para que pudiesen escribir. Al regresar a su asiento, la mano de Kazuo tocó sin querer uno de los dedos de la directora y sintió una sensación electrizante en la boca del estómago.

−¿Desde dónde vamos a enviar a las cartas? −Preguntó, turbado.

−Desde ningún sitio.

−Entonces…

−Es para que se entretengan.

Kazuo asintió. Era una respuesta desconcertante, pero en los apetecibles labios de la señora Tachikawa sonaba como el más convincente de los argumentos.

Y aún así, no podía evitar seguir preguntando.

−¿Qué haremos con las cartas que escriban?

−Quemarlas.

Se hizo el silencio entre los dos. Kazuo apoyó el codo en la ventanilla y miró el oscuro paisaje del exterior. Aquello ya no sonaba tan convincente.

−Señora −dijo.

−No vuelvas a decirme señora −contestó con frialdad, para inmediatamente después, como si de una ilusión se tratara, volver a su tono dulce y encantador−. Llámame Ume.

−Bueno, resulta que…

−¿Sí?

−Me gustaría… si es posible… cancelar la oferta.

La directora Tachikawa se inclinó hacia detrás, sorprendida.

−Lo siento mucho, de verdad. Si, es solo que… Yo no me siento cómodo.

−Lo comprendo, Kazuo −dijo con calma−. No te preocupes. Hoy mismo dejarás de trabajar para nosotros.

En ese momento algo enorme y monstruoso se estampó contra el lateral derecho del autobús con tanta fuerza que por unos segundos el vehículo permaneció suspendido sobre dos de sus cuatro ruedas. El autobús emitió un chirrido ensordecedor, y un niño que instantes antes se encontraba en el pasillo hablando con un amigo salió despedido y perdió la consciencia al impactar de cabeza contra una barra de apoyo.

Kazuo se asomó a través del cristal en busca de aquello con lo que habían chocado. No vio ningún coche. Solo a la señora Tachikawa, que había salido rápidamente del autobús aprovechando el desconcierto de todos. Vio como caminaba con elegancia a través del camino pedregoso hasta que se perdió en la oscuridad.

−Has estado a punto de matarnos, desgraciado −escupió la directora a la masa patética que se hallaba junto a una de las ruedas traseras del coche.

Grimmo abrió mucho sus ojos enrojecidos y le sacó una lengua girs y pastosa. El ser humano mutado en perversidad estaba impregnado de sangre desde la punta de sus botas hasta el enmarañado cabello, y despedía un olor nauseabundo que atraía a las moscas.

−La chica no estaba −murmuró enseñándole los colmillos ensangrentados.

−¿Es que no has comido suficiente ya? Eres asqueroso…

−No me insultes, serpiente. Sabes que me lo prometiste. ¿Dónde está ella? Quiero saborearla −al pronunciar la "s" el monstruo emitía unos sonidos silbantes, como el aire al escaparse por entre las ramas de los árboles.

−Cállate. Ha sido culpa tuya.

−¿Cómo te atreves? −Grimmo hizo un amago de avanzar hacia la directora. La mujer permaneció inmóvil en el mismo sitio.

−Ha sido Izzy −afirmó convencida.

−Ese saco de huesos −rugió dando un puñetazo a la puerta y clavando sus uñas en ellas, provocando un revuelo en el interior del autobús−. Cuando lo encuentre le sacaré los ojos con mis uñasssss.

−Es por eso que todo te sale mal, estúpido. Si tratas al chico como tu saco de boxeo, llegará el momento en el que te desobedezca. ¿Pero cómo pedir sutileza a una bestia indigna como tu?

−Si quiere me pongo a mandar besitos como una colegiala en celo −su rostro se contrajo en una mueca de dolor y rugió de nuevo−. Deme algo para comer. Quiero mássss.

Tachikawa suspiró.

−En fin, te conseguiré un postre, pero no perturbes a mis niños.

La directora Tachikawa entró de nuevo al bus, se acercó a Kazuo, que estaba tratando de calmar a la chica del gorro estúpido y, regalándole la más radiante de sus sonrisas, le preguntó si podía salir un momento afuera con ella.
 
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Que alegría verte y poder leer de nuevo el fic. Recuerdo bastante bien lo otros capítulos, así que me ha sido fácil entender el capítulo.

Me ha sorprendido que enseguida confíen en Izzy, si bien él los rescató, tiene algo que ver con ese monstruo y la organización. Me gusta la actitud de Tai, se lo toma todo muy bien.

Esperaré el próximo
 
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Que alegría verte y poder leer de nuevo el fic. Recuerdo bastante bien lo otros capítulos, así que me ha sido fácil entender el capítulo.

Me ha sorprendido que enseguida confíen en Izzy, si bien él los rescató, tiene algo que ver con ese monstruo y la organización. Me gusta la actitud de Tai, se lo toma todo muy bien.

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Que alegría verte y poder leer de nuevo el fic. Recuerdo bastante bien lo otros capítulos, así que me ha sido fácil entender el capítulo.

Me ha sorprendido que enseguida confíen en Izzy, si bien él los rescató, tiene algo que ver con ese monstruo y la organización. Me gusta la actitud de Tai, se lo toma todo muy bien.

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Correcto. Mi ordenador está constipado.

Solo quería agradecer tu comentario y dejar nuevo capi.

EL PRIMER DÍA

Los últimos retazos de la pesadilla del día anterior se manifestaron en forma de manos ensangrentadas, caras desencajadas y chillidos de horror. El rojo intenso destacaba sobre el fondo negro de la mente de Sora. De repente, los primeros rayos de luz del día acariciaron sus párpados y tres grandes círculos de colores cambiantes interrumpieron la inquietante sucesión de escenas como cuando se estropea una película de tinta y la pantalla en la que se proyecta se vuelve borrosa.

Sora tanteó con una mano el suelo donde dormía para comprobar que, en efecto, se encontraba en la cueva a la que habían escapado el día anterior. Abrió los ojos y vio que Joe había dormido cerca de ella. Sus gafas de montura cuadrada habían resbalado hasta pender de la punta de la nariz. Sora pensó que probablemente habría dormido con ellas por si tenían que huir en medio de la noche.

Se incorporó con dificultad, arañándose las palmas de las manos con las piedrecitas del suelo, sintiendo todos los músculos de su cuerpo agarrotados.

−Es como si me hubiera pasado un camión por encima −dijo frotándose el brazo dolorido que había aguantado todo el peso del cuerpo mientras dormía.

−Pues has dormido nueve horas, bella durmiente −le informó Tai, acercándose y ofreciéndole una lata de atún en conserva que rechazó con un gesto de asco. Todavía tenía el estómago revuelto−. Por cierto, pareces una chiflada con esos pelos.

Sora se palpó la cabeza para descubrir que el lado izquierdo de su cabezo era un caos de mechones tiesos que apuntaban en direcciones diferentes. Intentó aplastarlos con la mano, pero las hebras rojizas se negaron a curvarse lo más mínimo.

−Y tú el loco de la colina −contraaatacó al ver los dos grandes matojos de pelo rebelde del chico, que sobresalían como dos grandes cuernos−. Bueno, no, tú siempre tienes ese aspecto.

−Será mejor que comas, Sora −dijo Izzy al ver a Sora dejar la lata en la piedra junto a las demás. Era el único cuyo aspecto no se había visto alterado lo más mínimo−. Si no desayunas…

−Me aguantaré −insistió la chica mientras empezaba a contar las latas.

−Hay poco más de veinte −contestó Izzy−. Podemos aguantar unos cuantos días.

Todos quedaron en silencio. Sora trató de apartar de su mente una película en la que un grupo de escaladores se quedaban atrapados en la nieve y terminaban devorándose unos a otros. Trató de consolarse pensando en que, antes de morir de hambre, los soldados de esa organización probablemente los encontrarían y ejecutarían, si no lo hacía antes esa criatura monstruosa de la que habían escapado por los pelos, hasta que reparó que era un consuelo estúpido.

−¿No hay bayas o algo de eso por aquí? −Preguntó Matt mientras abría vacilante una lata de berberechos.

−Es posible −respondió Izzy−. Aunque no sé si Grimmo habrá dejado algo.

Ante la mención de aquel nombre, Sora tragó saliva y decidió que podría aguantarse hasta la noche sin comer. Tenía el estómago revuelto.

−Podríamos ir a averiguar si podemos cazar algo −propuso Tai.

−¿No es peligroso con esa cosa rondando por ahí? −Inquirió Joe con temor.

−Vaya, ¿qué ha sido de ese chico intrépido y curioso que conocí?

Joe bufó y se encogió de hombros.

−Me gustan las teorías conspiranoicas hasta que se convierten en algo real −admitió con una sonrisa triste.

−¿Y si pescamos algo? −Preguntó Sora, poniéndose en pie−. ¿Hay un río por aquí cerca? No sé exactamente donde, pero podemos buscar.

−Ésa es la vieja Sora que yo conozco −Tai puso una mano en su hombro desnudo−. No sé cómo piensas pescar sin caña, pero no es una mala idea.

−De vieja nada −contestó dándole una palmadita en la mano para que la apartara.

−Auch, me has clavado las uñas.

Como estaban sedientos, todos acordaron en que lo prioritario era localizar un lago cuanto antes.

Caminaron en silencio durante un cuarto de hora bajo la sombra de los pinos y acacias, a la espera de divisar un animal que pudieran cocinar o algo peor asomarse por entre los arbustos. Todo lo que se oía era el sonido de sus pasos aplastando las hojas.

Tai cogió un palo grueso y largo del suelo y lo enarboló como si fuera una espada.

−Si viene a visitarnos esa cosa, creo que podría hacerle daño con esto.

−No digas tonterías, Tai −murmuró Matt.

A pesar de que no habían andado demasiado, parecía muy cansado. Movía sus piernas torpemente, y a juzgar por su rostro ojeroso, no había dormido muy bien.

−Solo está bromeando, Matt, no seas tan borde −le recriminó su hermano.

−¿Bromeando? No sabes con quién estás hablando. Como ese Grimmer, o Grimmo o como sea que se llame ose aparecer, le partiré la cara con esto −y agitó el palo con fuerza, batiéndose con un enemigo invisible−. Aunque no soy más peligroso que Sora cuando alguien se mete con su gorro de esquimal.

−No es un gorro de esquimal, idiota −se quejó la chica−. Y no me lo cogistes simplemente, ¡vomitastes en él!

Todos excepto Izzy rieron al unísono. Sora se alegró de ver como Matt, que había estado muy serio y taciturno desde la noche anterior, se interesaba por el tema y le preguntaba más detalles al respecto.

Izzy, cuyo agudo sentido del oído había detectado el rumor del río antes que nadie, los guió por un sendero que cada vez se hacía menos agreste y más pedregoso. Sora, que todavía llevaba puestos los tacones de la fiesta, tuvo dificultades para no caerse al pisar las piedras del camino.

En cuestión de minutos el sol llegó a su punto más alto y el calor se hizo insoportable. Sora se abanicaba con la palma de la mano, deseando que el lago no estuviera mucho más lejos. Por suerte, Izzy había metido un par de botellas de coca-cola en la bolsa y pudieron repartir la bebida hasta que llegaron al río.

Afortunadamente, el lugar parecía lo suficientemente resguardado para que pudieran beber agua sin ser vistos desde la lejanía. Estaba situado en una pequeña depresión flanqueada por pinos altos, donde la corriente era suave y podían bañarse sin temor a ser arrastrados río abajo.

−Vale, pero no te alejes mucho −le dijo Izzy cuando ésta propuso lavarse.

Sora decidió zambullirse no muy lejos de allí, pero se ocultó tras unas rocas para evitar miradas indiscretas. Se metió con el vestido puesto en las aguas transparentes, gimiendo de placer al sentir como el agua fresca aliviaba su cuerpo dolorido y sudoroso. Una vez allí, se quitó el vestido y la ropa interior, la dejó encima de una roca y esperó a que se secara.

Los chicos ya se habían secado casi por completo cuando regresó. Tai le recibió con una sonrisa intrigante que, por inercia, le hizo fruncir el ceño.

−Enséñaselo, Izzy.

El chico tenía sujeto por la cola una magnífica y carnosa trucha que se enorgulleció de mostrar.

−¿Cómo la habéis atrapado? −Las cejas de Sora subieron un par de centímetros en su frente−. No tenemos cañas.

−Díselo a éste −Tai le pegó un codazo amistoso a Izzy, que se apartó a un lado con rapidez−. La ha cogido con las manos. Es un crack.

−¿Un crack? −Preguntó Izzy con curiosidad.

−Sí, una persona que mola mucho.

−¿Qué mola?

−Jo, tío, me caes bien, pero eres un poco cortarrollos, ¿sabes?

−Lo que Tai quiere decir en su lenguaje limitado y pasado de moda es que debes de ser alguien extraordinario para haber logrado atrapar a ese pez sin caña.

−¡Habló la ilustrada!

−No es bueno que os confiéis tan rápido −terció entonces Matt, muy serio−. Os recuerdo que no es un santo.

−Matt tiene razón −convino Izzy, reanudando la marcha sin decir nada.

()()()()()()()()()()()()()()

Aquel día olvidaron momentáneamente sus escasas posibilidades de supervivencia. Habían atrapado una trucha, y Sora tenía la impresión de que, si confiaban en Izzy, todo acabaría saliendo bien.

Mimi no sabía lo que estaba pasando. Había pedido un sándwich mixto y le habían traído una cosa churruscada con patatas en vinagre. No obstante, tenía tanta hambre que consiguió darle un bocado. Una nausea instantánea le revolvió el estómago hasta hacerla vomitar.

Se encontraba en una habitación de paredes de roca, con un pequeño tocador, una cama de patas metálicas que chirriaba y una pequeña ventana. A través de ella veía una porción de vegetación que no había visto en absoluto.

Quizás se encontraba al otro lado del bosque, pero cómo iba a saberlo si se había quedado durmiendo en el coche mientras su madre conducía hasta ese lugar. Ésta había permanecido muy silenciosa durante todo el trayecto, mirando el reloj a cada minuto y contestando con monosílabos hasta que Mimi, enfurruñada, apoyó la barbilla cerca de la ventanilla y se dedicó a contemplar como los árboles se oscurecían hasta que cayó dormida. Al despertar se encontró al pie de una gran montaña en la que habían excavado unas instalaciones muy rudimentarias. Gente uniformada andaba de aquí para allá, sujetando cachivaches metálicos y hablando de patrones y cosas raras. Algunos incluso llevaban pistolas guardadas en el cinturón. Preocupada, había exigido respuestas de su madre.

−Te prometo que no te ocurrirá nada −le había dicho mientras alisaba sus cabellos y plantaba un beso en su frente−, pero me marcharé por unos días.

−¡Pero mamá! −Protestó con su tono más infantil−. ¿Por qué me has sacado del campamento para llevarme a este cuchitril?

−Tendrás una habitación para ti sola, pero no debes adentrarte más allá del pasillo donde te asignen. No te preocupes, no tardaré en volver. Si tienes alguna queja por parte del personal, házmelo saber a mi regreso.

Al menos estaba limpio. ¡Pero no porque viniera la criada! Ella misma había tenido que pedir un trapo para limpiar la capa de polvo que impregnaba el espejo del tocador y la ventana.

Lo más inquietante de todo no era el servicio fantasma. Tras permanecer varios días en su habitación aislada del mundo y sin ninguna recreación, Mimi había empezado a preguntarse qué clase de cosas hacían allí. Era el típico lugar de película donde trabajaban científicos con malignas intenciones. Pero su madre, al parecer, estaba a cargo de todo, por lo que tenía que tratarse un parque de atracciones o algo así. Lo que no comprendía era por qué demonios no se lo había dicho.

Al menos estaba lejos de su novio. Sentada en la cama chirriante y abrazada así misma se preguntaba qué había sido de él. Después de que hubiera amenazado al chico misterioso del bosque del que se había enamorado contra su voluntad lo había tratado con frialdad en los días subsiguientes hasta que finalmente estalló.

−Necesito saberlo de una vez −había dicho−. ¿Me quieres?

−Sí.

−¿Entonces por qué estás así? ¿Por cómo he tratado a ese imbécil? ¿Es eso lo que te molesta, no?

Su silencio de después evidenció lo que intuía su novio.

−¿Te gusta, verdad? −Preguntó con asco.

−No me gusta que pegues a la gente como un maleante.

−¿De qué hablas? Nunca te quejaste cuando le di su merecido al gordo de los granos, ni al chico del parque que te miraba mal. ¿Por qué este es diferente?

En ese momento trató de marcharse, pero Takashi la aferró del brazo y la obligó a quedarse pegada a la pared, inmóvil. Apoyó sus brazos a ambos lados de su cabeza para no dejarla escapar y la fulminó con la mirada.

−Necesito saberlo −repitió, con lágrimas en los ojos−. ¿Te gusto o no?

Mimi nunca había pasado tanto miedo en su vida, por lo que había asentido con la cabeza sin pensárselo.

−Pues demuéstramelo −exigió su novio−. Necesito probar tus labios otra vez.

Entonces su novio acercó su rostro al suyo, pero Mimi trató de evitar el beso. Le cogió de la barbilla y la obligó a besarle mientras que con la otra mano trataba de desabrocharle la camisa. No pudo abusar mucho más de ella, porque de repente apareció su madre que, entre gritos de furia, lo arrastró fuera de la habitación tirando violentamente de su cresta de macarra. Desde entonces, no había vuelto a saber nada más de él.i ordenador está constipado. Primero quise responder, pero no me dejó. Luego traté de citar, pero tampoco.
 

Moderador
Como ese Grimmer, o Grimmo o como sea que se llame ose aparecer
Ahora es cuando me entero que los personajes de digimon juegan o ven pokemon (?

Bueno, los chicos tienen que sobrevivir en una mala situación. Me extrañó que no pasara nada malo, será que el monstruo se está divirtiendo en otro lugar. Izzy sigue siendo un misterio. Y Mimi no tiene idea de nada. Al menos ya no tendrá que aguantar a su novia, literalmente xD

Nos vemos en el siguiente capítulo
 
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