Canción de Hielo y Fuego I | Epílogo | +18 [Canon]

All we hear is "radio ga ga, radio blah blah"
Moderador
Ninguno movió sus labios.

Tye aferró con mayor recelo aquella mano traviesa, que se aventuró a desbrochar el sostén de la pelirroja, en su espalda, uniendo su pecho aún cubierto con el apenas ligeramente descubierto de Miyazaki. Por su parte, ella sujetó la cabeza del varón a cada lado, en la parte baja, casi rozando sus uñas con los lóbulos de sus orejas. Lo primero que hicieron fue saborear la lengua del otro; enseguida iniciaron las caricias labiales sin nada de gracilidad.

Jugar a devorarse no impediría que el amante de los climas crudos moviese sus manos por todo el torso de su supuesta víctima, de quien buscara vengarse aunque no lo pareciera… más bien parecía traicionarse a sí mismo por lo poseído que actuaba; sus movimientos labiales eran fieros; ansiosos, desesperados. El oxígeno pendía de un hilo entre los dos y los dos no se cohibieron de manifestar a través de jadeos lo que les provocaba estar así. Para Einarr fue sencillo desprenderse de la boca de Habanero desde que fuese delineando su recorrido por la comisura izquierda de su sus labios, descendiendo hasta su barbilla rumbo a su próxima meta: su cuello. No lo pensó dos veces al lamerle en vertical de abajo hacia arriba, lo que la hizo doblar un poco su cabeza producto de la sensación eléctrica del erótico y básico gesto.

Para entonces Pecho Frío pasaba sus manos por cada lado del busto de la kunoichi con tanta devoción, así fuese fingida; no así, no mentiría al decirse que moría por tocarles de esa forma, de restregar sus manos plenamente sobre ellos y comprobar por enésima vez cuán firmes eran. Entonces aumentó el frío en su tacto; era tan despiadado que no contuvo su sonrisa típica mientras debilitaba a la fémina beso tras beso, lamida tras lamida sobre la piel de su cuello. Además, yacía motivado a continuar con su juego táctil desde que Hiiro se aferrara con fuerza a su nuca, casi clavándole las uñas detrás de sus hombros; y que posara su cabeza sobre la suya, presa de cada gota de placer que despertaba en ella.

Su respiración sonora no podía controlarla, pues el calor en su cuerpo iba en aumento bastante rápido para su gusto; ni siquiera el aura gélida del varón podía ser capaz de menguar los efectos. Chihiro se mordió el labio inferior. Su corazón latía a mil por hora; terrible que no solo eso fuese lo que palpitara, ¿o no? De repente sintió una mordida del peligris sobre su hombro izquierdo. Lanzó un leve grito quejumbroso; en respuesta encajó sus uñas en los hombros del varón.

Tye subió su cabeza, manteniendo su nariz y boca muy cerca de la músico. Se relamió los labios al verla colorada, al descubrir sus labios enrojecidos… muy húmedos; y esa mirada reprobatoria pero llena de lujuria. Le gustaba saber que era el dueño de las emociones de Habanero porque así podría hacerla sufrir con más libertad de la esperada; de repente apretó un poco sus pechos. Hiiro respingó mas le llamó por su nombre con enojo; ¡qué estaba haciendo? Al querer sacárselo de encima, Einarr la apresó entre sus brazos. Ejerció un poco de fuerza, exagerando en las ganas de querer cortar toda distancia entre sus cuerpos. Estaban tan ridículamente cerca que la intimidad de la jounin chocaba con la de él, pues ella no podía mover sus piernas por la ahora incómoda posición.

Quería que le viera sonreír cual ególatra.

—Suéltame, Tye —el aludido negó a través de un sonido y el movimiento de su cabeza—. ¿Qué quieres ahora?

No hizo falta emitir palabra. La tomó con brutalidad desde la parte trasera de su cabeza para atacarla con un beso violento, profundo; bebió de su saliva de inmediato, queriendo apaciguar la sed que su cuerpo disparó sin compasión. El movimiento de sus labios era rápido, así como lo fue el pedante al deslizar las tiras del sujetador de Hiiro hasta el inicio de los codos. Con la misma brusquedad la hizo recostar su cuerpo sobre la mesa, siéndole fácil subirse en ella con tal de no soltar a la fémina. Estando así, a punta de reacciones sus cuerpos correspondían a cada sensación con movimientos sugerentes.

Entonces Ice tomó cada tirante, haló de ellos como si fuese nada y al romper el sostén dejó caer al suelo cada parte del mismo. Hiiro se estremeció más de lo que ya estaba; no podía hacer nada respecto a eso porque Tye no se lo permitía: sus manos descendieron por los brazos de la jounin con posesividad, su cuerpo yacía sobre el de ella y aún con ropa puesta se imaginó a los dos totalmente desnudos; él, destrozándola al chocar con frenesí su cadera contra la suya, sin piedad, sin vergüenza; sin importarle si le causaba dolor.

Soltó su boca de golpe, llevándose consigo un suspiro de Miyazaki. Ésta tragó seco; Einarr evitó que se cubriese el busto al atajar sus muñecas detrás de su cabeza. Parecería estúpido pero confiaba en sus fuerzas, mismas que estaban tan reducidas como las de su presa. Los dos respiraban fuerte.

La mirada azulina de Ters por fin se aparcó sobre los atributos superiores de Vendetta. Se deleitó en demasía al verles; tiernos, pues se notaba que Hiiro no andaba jugando por ahí a tener sexo a diestra y siniestra; apetecibles, en su ideología pretensiosa y pedante se creía merecedor de ellos y que ellos gritaban su nombre para que pasase su boca por ahí. Otra vez se lamió los labios. Después dedicó unos segundos a los orbes violetas de la fémina, a ver su cara impaciente y a la vez cuasi frustrada. Estaba incómoda, pero a él le gustaba.

—Me pregunto —Chihiro tragó en seco—, ¿están erectos por lo que te provoco —sonrió con arrogancia extrema— o por el frío? —Le mostró sus dientes.
—Ya cumpliste tu sueño, ahora suéltame —trató de liberarse pero estaba agotada, más bien sus fuerzas no respondían con decencia. Por su intentona, su pecho se movió con graciosidad para disfrute del peligris. —¡Deja de mirarme así!
—Vamos, continua moviéndote así, cabezona
—soltó unas cuantas risillas; en medio de su falsa burla sintió una fuerte punzada entre sus piernas. Su rostro reflejó una pizca de molestia…
—No es justo; Deberías también dejarme ver…
—¿Ahora quieres ver, eh?
—Sí, disimulaba muy bien la presión de su erección—. Ya sabía que te mueres de ganas por verme desnudo, escuálida —Hiiro levantó tu pecho por culpa de la lamida de Ters sobre uno de su busto.
—¡¡Tyyyyyeeeeee YUKI!! ¡No seas tan hijo de puta! —Al varón se le escapó tremenda carcajada por la forma en la que Habanero mencionara aquello, pues su tono de voz se debatió entre la rabia y la… ¿sensualidad? ¿Excitación?

La frustración casi inexistente de la más pequeña fue diluyéndose al momento en el que Ice-T soltara sus muñecas para colocarse sobre sus rodillas. Las piernas de Habanero continuaban sujetas a las caderas del varón, suponiéndose que en ese instante las tenía ligeramente hacia arriba. Al querer componer su cuerpo, su compañero de aventuras siniestras empezó a subir su camisa, lanzándosela a la cara tras quitársela. Una vez más, Hiiro tragó fuerte; no obvió el aroma de Yuki impregnada en ella. Sus mejillas se encendieron al ritmo de su acelerado corazón.

En la única ocasión que tuvo la dicha de ver a Tye semi desnudo (y ni siquiera podía considerarse así) fue en la guerra, después de que su escorpión le rescatara a él y a Tadeo. Su espalda se encontraba lastimada, así que la instrumentalista no tuvo de otra más que curarle un poco las heridas, viendo a medias su tatuaje. ¡Eso! Ni siquiera recordaba que el ojiazul tuviese uno en todo el esplendor de su espina.

Chihiro apenas se encontraba sentada aun con Ters entre sus piernas; impaciente, le arrebató su propia camisa de la cara para lanzarla por ahí, donde no estorbara. Gruñó al encontrarse cara a cara con ella. Habanero respingó; ipso facto se cubrió el pecho con sus manos, empero no duraría mucho así… su “rival” fue llevándola a descender su torso lentamente, manteniendo la misma distancia entre sus pechos sin apartar la mirada; Pecho Frío tampoco dejó de sonreír. Mordió un poco su labio una vez Hiiro recostase su espalda de la mesa y que sus caras quedasen parejas. Apoyado sobre sus brazos, mismos que ubicó a cada lado de Miyazaki, bajó la temperatura solo para molestarla. Por su parte, si quería sentirse bien consigo mismo implicaría llegar a unos niveles extremos bajo cero porque desde hacía rato que el hielo con el que cubría su piel, para mantenerse fresco, se hubo tornado agua… algunos flequillos yacían adheridos a su frente; y lo que no quería reconocer como sudor, pronto se mezclaría con el de la músico.

Al sentir su pecho desnudo rozar con sus manos, la de Kumo percibió un cosquilleo que viajó desde lo más recóndito de su cabeza hasta sus pies. Por alguna razón no quería desviar su mirada de la de Einarr; se dio cuenta que podía reflejarse en ella, así la expresión del hombre no fuese la más angelical del mundo… ni cerca de ser romántica. Igual le era suficiente; no se podía engañar… Tye le atraía mucho; le gustaba demasiado lo que sentía con él estando así, en esa postura y situación comprometedora a la vez que libre de compromisos al no existir ninguno entre los dos. Poco a poco fue liberando su busto del abrazo que se brindó con ahínco y atisbos de protección… ansiaba recargar sus manos en los brazos del gélido, ignorando lo muy frío que estuviese.

Despacio e intencionadamente, Vendetta movió una de sus piernas; hizo lo que pudo para rozarle una a él con un pie. Tye movió un brazo hasta aquella atrevida extremidad. Por su posición su mano recayó al inicio de su rodilla, de inmediato arrastrándola hacia abajo… rumbo al paraíso. Allí sintió cómo la piel de la mujer se erizaba con cada roce de sus dedos fríos, con cada muestra de sus claras e indudables intensiones. Chihiro cerró sus ojos cuando Ters alcanzara el borde de sus bragas, sin embargo escuchó un gruñido. No tardó en saber que Ice demandaba su atención; quería verle la expresión en la mirada cuando acariciara su intimidad sobre la ropa interior, percatándose de lo húmeda que estaba. Habanero se sobresaltó.

—Qué pasaría si… —enfrió la palma con la que tocaba su zona más sensible; Hiiro ahogó un gemido con todas sus fuerzas pese a que su cuerpo entero se estremeció. Incluso encogió sus pies, apretó hasta los dedos inferiores. Quiso pedirle al de Kiri que no hiciera ese tipo de cosas pero, hablar era uno de sus mayores retos. El rostro de la kunoichi le demostró a Tye que aquello aumentaba la excitación en ella, a la vez que la molestaba como no podía imaginárselo. Tener su cara tan cerca a la suya le transmitió mayor placer, mayor confianza y mayores ganas de poseer a la escuálida. En una de esas, Chihiro echó hacia atrás su cabeza… gimió a viva voz; Yuki se acercó a su cuello y empezó a besarle.
—T-tómame —díjole entre jadeos cargados de deseo; quería llegar tan lejos como fuese posible con él—. Anda, hazlo —insistió luego de que sus labios tocaran los de Ice.
—¿Y si no quiero? —Le susurró con cinismo antes de darle un beso cerca de sus labios y así sobre su cuello; después para lamer el lóbulo de su oreja al introducirlo en su boca.
—E-entonces —detuvo sus manos a cada costado de Ty—, déjame ir… —igual susurró, solo que cerca del oído del varón.

Sus palabras detuvieron al chuunin cual si fuese un chasquido de dedos; Einarr separó su cabeza de la de ella queriendo que observase su cara: para Hiiro no era nuevo verle molesto, solo que había en ella algo que no siempre podía ver… justo sobre sus pómulos, bajo esa mirada de reproche y por culpa de lo blanca que era su piel, los mofletes de Yuki yacían colorados.

Una diminuta gota descendió desde su sien hasta caer por su barbilla sobre el cuerpo de Miyazaki.

«¿Qué mierda estás esperando, Ters? ¿Por qué no la coges y ya? Maricón de mierda»

Yuki giró levemente su cabeza en busca de no ver a los ojos a quien tenía debajo. Guiado por sus pensamientos, sus propias voces recriminatorias más lo que sentía dentro de sí (entre excitación e incomodidad), se separó totalmente de Hiiro hasta ponerse de pie. Presa del desconcierto, ella compuso su torso queriendo agarrarle la mirada y con ella preguntarle qué sucedía. Ice pasó una mano por sus cabellos, revolviéndolos más de lo que estaban; cerró sus ojos por unos instantes, incluso se acercó a la pared más próxima para reposar la frente en ella.

Inevitablemente, la kunoichi se preguntó si ya no quería tener nada con ella; su cambio y sus nuevas repentinas actitudes la desencajaban y volvía todo más confuso. Con mayores ganas deseaba entender al frígido, saber lo que pasaba por su cabeza y comprender aquello que le hacía comportarse muy extraño. No era la primera vez que Tye se mostraba con afanes intensos de ser rudo, cruel, patán, ¡un animal con ropa! Con ella… al mismo tiempo que de a poco, casi imperceptible, se convertía en alguien opuesto sin rozar la bondad, pues Pecho Frío jamás sería bondadoso. Más bien, se transformaba en alguien que no pareciere tenerle rencor alguno a la pelirroja.

Al estar lejos de Einarr, Habanero se sintió afectada por la temperatura del ambiente. Se frotó los brazos, evitando titiritar por el frío. De repente, sus ojos púrpura se toparon con los azulinos claros del peligris. Chihiro no sabía qué expresión mostrar; dentro de ella había una mezcla de muchas y todas hacían la lucha por sobresaltar, así que se mantuvo neutral. No obstante, se bajó de la mesa; avanzó algunos pasos abrazándose a la altura de su busto y detuvo su andar. Antes de que Yuki se girara hacia ella, aprovechó para visualizar mejor la pintura sobre su espalda; también reparó en las marcas que poseían los brazos del varón… eran muchas para ser un chuunin, apenas. En cambio, ella no tenía ni una mínima cicatriz siendo jounin; hasta en eso eran distintos e irónicamente iguales dentro de lo opuesto.

Inconscientemente extendió su mano izquierda hacia la espalda del varón. Hiiro percibió la reacción de Tye al contacto, creyendo que se giraría con violencia y la acusaría por tal osadía mientras la rellenaba de insultos como pavo de acción de gracias pero, él solo abrió un poco más sus párpados. Aquel tacto era cálido; rompía su barrera gélida, traspasando toda protección psicológica. Habanero quedó prendida de su tatuaje, pues con sus dedos comenzó a delinearle sin prisa. Sin embargo, el contacto sutil se tornó brusco cuando Einarr se giró y le tomó de la muñeca con fuerza. Esa fue su forma de pedirle que parara, también de enfrentarla y arrebatarle esa proyección de calidez maldita que despertaba sus demonios; sin quererlo del todo, su mirada bajó hasta el busto de la fémina; volvió a sus ojos, luego a su boca, otra vez hacia el par de atributos que Hiiro no intentó cubrir, pues sería inútil. Finalmente miró la única ropa interior que le quedaba… su miembro palpitaba.

Soltó la mano de Vendetta con claras muestras de enojo.

De inmediato, agarró el botón de su pantalón zafándole rápido, así como se deshiciese de él para dar un paso más hacia su objetivo, uno que estuvo postergando por sus terribles ansias de hacer sufrir a la músico; posiblemente, hacer eso y descubrir que la menor no se mostraba afectada en lo absoluto, fuera lo que le hiciera sentir rabia consigo mismo. En un santiamén privó a Habanero de dar otro paso hacia atrás al tomarla de su cintura, de ponerla de puntillas a la fuerza y besarle; ella se agarró de sus brazos por inercia; en medio del beso hizo un sonido a modo de queja por su accionar desmedido y por cómo lo estaba haciendo. Le costó varios segundos seguirle a buen ritmo. Einarr enfrió la mano que yacía sobre la espalda de la pelirroja, mientras que con la otra bajaba las bragas de la fémina al tiempo que la obligaba a dar pasos hacia el lugar que quería llevarla.

Mordió una y otra vez sus labios sin dejar de besarlos; al sentir su pelvis casi desnuda, Hiiro llevó sus manos hasta los interiores de Tye; no quería ser la única que se quedase expuesta… solo que no continuó gracias a que el varón la hiciera chocar contra una pared. El golpe se sintió fuerte en su espalda, sentimiento que varió drásticamente por culpa de las manos indiscretas del pedante al agarrar su parte trasera como un objeto que pudiera apretar porque sí. Chihiro le recriminó ahogando un gemido leve en medio, pues sabio regresó a su boca para interrumpirle.

Tye se pegó tanto a ella que adrede hizo un movimiento con su cadera en pos de que sus intimidades empezaran a conocerse; él aún poseía su bóxer. Escuchar los jadeos de la jounin era música para sus oídos; sentir que su pecho se movía con cierto frenesí al chocar con el suyo, le incitaba a no parar a partir de ese punto. Pero nuevamente estaba prolongando una de las más grandes fechorías que cometería contra ella… se estaba dejando llevar por lo que la artista le provocaba.

—N-necesito tomar aire —apenas pronunció cuando tuvo la oportunidad, pero a Tye no le daba la gana de otorgarle ningún chance sobre nada, volviendo a atrapar su boca, dándole de su saliva por enésima vez; degustándola. Chihiro gimió cuando volvió a sentir el miembro de Yuki más cerca de su zona más sensible. Yuki sonrió en medio del contacto labial.

Casi receloso delineó el torso de la jounin, dejando su marca personal (escarcha) sobre su piel caliente; en un dos por tres dejó caer las pantaletas de la músico. Hiiro abrió su boca como si fuese a tomar una bocanada de aire mas al tener a Tye besándola, mordiendo sus labios con los suyos simulando que les rasgaba, no tuvo de otra que arañarle un poco la parte baja de la espalda… sus piernas y su intimidad como tal estaba húmeda. El ególatra ensanchó su sonrisa.

«Penétrala ya, Ters; que grite como loca. Que mencione tu nombre una y otra vez… acábala, destrúyela»

Se separó de su boca solo porque ya requería respirar. Maldito calor; parecía que estaba dentro de un asador. Las manos de Chihiro volvieron a caer sobre el bóxer de Pecho Frío, queriendo imitarle al sacar con ímpetu sus bragas pero le avergonzaba… sí, quería ver y al mismo tiempo no; Ters le dio un beso apretado en la boca sin cruzar su inicio, abrupto tomó las manos de Habanero y sin previa preparación mental las llevó casi adentro de sus interiores. Se había dado cuenta de que ella moría por tenerle en las mismas condiciones.

—¡Q-qué haces? —Puso objeción.
—Quiero que me toques, escuálida.
—N-no…
—sus piernas comenzaron a temblar en equivalencia al enfado de Ters en medio de su fogosidad.
—¡Que lo hagas, maldita sea! —Hiiro encorvó un poco su torso aun tirando de sus manos. —Si tienes experiencia como dijiste, ¡mastúrbame! —le cuasi gritó con mucha exigencia.
—¡No quiero, Tye! ¡Déjame! —Endemoniado la tomó de la barbilla para hacerla erguir y que le mirase a la cara; apretó aquella parte de su rostro, incluso la jaloneó un poco. Todo el cuerpo de la pelirroja temblaba sin control y no por el frío. —No sé qué me pasa… —confesó con algo de dificultad.
—Lo que te pasa es que eres una hija de puta, virgen maldita —no le supuso ningún problema darle la vuelta a Habanero para tenerla de espaldas. Ejerciendo presión evitó que se moviera de su lugar entre las peticiones y negaciones de la kunoichi, pues sabía lo que sucedería producto de la locura del frígido.

Él se mofó en un gesto ladino y cruel; era justo lo que le hacía falta a ese encuentro para sentir que se trataba verdaderamente de una pseudo venganza. A fuerzas quería engañarse y convencerse de que la de Kumo simplemente era alguien que ansiaba poseer, usar y luego desechar. Quería destruir cada céntima de su moral para tener formas de cómo abordarla y hacerle daño emocional; que sucumbiera ante el poder de su verbo, de su acoso, de su burla… de lo fácil que fue tener sexo con ella, como si fuese una cualquiera; una puta más.

Ella seguía insistiendo; apenas pudiendo mover un poco sus piernas. Tye expuso su miembro, listo para introducirse en la fémina y romper con su pureza cual si fuese lo más frágil del universo.

Entonces Habanero abrió una de las puertas celestiales.

.

….
……

Ambos protagonistas ocupaban un extremo de la habitación. Sus miradas enseriadas se encontraban perdidas entre sí, cada uno bajo sus propios pensamientos al respecto. Einarr pudo alejarse de ella antes de que Chihiro hiciese algo que pudiera lastimarle; la misma no tardó en apaciguar su chakra para volver a la normalidad. Tardó solo unos segundos para encararle y al doblarse hacia Ice, le encontró en iguales condiciones: sin ropa.

Por primera vez en todo el tiempo que llevaba compartiendo con la bestia de Yuki, no sintió vergüenza de estar así frente a su persona. Tampoco dejó que sus emociones extrapolaran sin control al ver su hombría… por lo menos Tye no se jactaba de ella en vano.

«Te encanta, admítelo; esa maldita mirada, su seguridad, su cuerpo… sobre todo su cuerpo. Lo quieres para ti, Ters. Quieres poseerla»

Pecho Frío curveó su boca a favor de sus propios pensamientos.

—Es mejor irnos. —Él subió un poquito más una de sus cejas. —Ya no quiero hacerlo…
—¿Y a mí qué?
—Hiiro no se inmutó. —No lo hago por ti, ilusa. No te creas importante.
—Qué bueno que hables claro
—la burla de Tye se apagó de un golpe—. Porque veo que te creíste importante para mí. —¿KO? Einarr endureció su facción.
—Jódete.
—Eso haré, pero sin ti
—sonreía con suma confianza.
—Maldita —pronunció por lo bajo.

[…]​

Por la ubicación del lugar donde fue “secuestrada” junto a Yuki, el tiempo de recorrido hacia su villa fue más corto de lo que se hubiese imaginado. En el trayecto no dejó de pensar ni un instante en lo último que vivió con el frígido; hasta se sentía bastante desanimada, fuera de su centro… desconcentrada de la realidad. En algún momento acarició sus propios brazos, como si la brisa fría marítima pudiese afectarle con la misma intensidad que las ventiscas y bajas temperaturas provocadas por Einarr.

Por muy poco se entregaba a ese patán. Pensativa, se convenció de que la atracción que sentía hacia él continuaba latente. Le hubiera encantado que sucediese mas no como él pretendía hacerlo; de algún modo cruzó un límite incómodo que llevó a la músico a ir contra la corriente de sus impulsos y deseos carnales.

—¿En qué piensas? —No miró al emisor.
—No es importante —mintió—. Gracias por venir.
—Dijiste que tenías algo que decirme
—Chihiro compuso su cuerpo en el asiento que ocupaba, llevándolo hasta el frente del sujeto que la acompañaba.
—Hace rato que no tenemos nada, Ian.
—No sabía que quisieras ser más constante
—le acarició un poco el rostro.
—Solo… —la imagen de Tye llegó de golpe.
—¿Hmm? —Hiiro se acercó a su rostro, repentinamente dándole un beso en los labios; fue dulce y no duró nada. —Así fue como empezamos —casi susurraba—, luego de contarme sobre ese tipo de la guerra.
—No lo menciones
—mantuvo la posición—. No lo arruines.
—No soy tu juguete, Chihiro.
—No lo eres
—se separó lo necesario para verle a los ojos—. Te quiero, Ian.
—¿Y a él?
—Hastiada por la presencia indirecta de Einarr, Habanero se puso de pie para darle la espalda al varón. ¿Es que no podía dejar de mencionarle? Quería olvidarlo, sacarlo de su mente… no que se lo recordaran, como si fuese una condena eterna o una cuenta a pagar.

Mientras ella ideaba la respuesta para la pregunta de Ian, en Kirigakure Tye no cruzó palabra con ninguno de sus hermanos. Ignoró a Ruura cuando le exigió una justificación por su desaparición repentina y le importó una mierda que denotasen cuán molesto estaba.

Como una bala llevó sus pasos hacia el único sitio donde podría desencadenar la rabia que le carcomía. Bastó una mirada cargada de rencor y odio, un movimiento de su cabeza y que soltara varios Ryos hacia el suelo antes de desbrochar su pantalón.

—¿Qué esperas, puta? Te he pagado para algo, perra inmunda.

—¿Le quieres, Chihiro?
—repitió Ian.
—Respóndete —y dejó caer el vestido que llevaba puesto.



Raving George EdwardCullen #Wepa
 
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All we hear is "radio ga ga, radio blah blah"
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Epílogo de esta misión: Misión B - Conjunta - Mi querida hija | Bitácora de un secuestro | Miyazaki Ft. Yuki - Naruto World | Foros Dz

— Viniste a ayudarnos —la de ojos violáceos le miró mientras adoptaba esa pose con las manos a cada lado de sus caderas y sonrió burlándose un poco del mismísimo burlón.
— Ni lo sueñes, escuálida. Vine por este pedazo de mierda —se cruzó de brazos y señaló de reojo al muerto. La mujer alzó sus cejas. De repente, Einarr notó que se encontraban a solas en medio del bosque; no habría manera de que alguien con nombre 'Chie' (?) pudiese interrumpirles. Rio por lo bajo con cinismo.


Chihiro suspiró con resignación. A veces no entendía por qué esperaba cosas de Tye que sabría no cumpliría; en medio de sus cavilaciones echó un vistazo fugaz por el sendero que ella y Pecho Frío tomaron tras perseguir a Bourbon, y cuando digo fugaz es porque literalmente así fue: el varón llegó hasta ella tomándola por la espalda, con un movimiento hizo que se pusiera de puntillas y que sus pechos se encontraran.

Einarr afianzó su mano a un costado, a la altura de la cadera de la fémina, enfriándola un poco.

—¿Qué haces?
—¿Estás ciega, cabezona?
—Hizo su sonrisa más ancha. —Voy a cumplir el desafío que me impusiste. —Hiiro no dijo nada con palabras, pero con su expresión facial dijo lo suficiente para saber que comprendió lo que Yuki le había dicho; además, puso una mueca muy típica al pensar si el peligris estaría bromeando.
—¿Representa un desafío tener relaciones conmigo, Tye? —Le sonreía con burla para luego sentir cómo el aludido la abrazaba con más fuerza en respuesta a su provocativa pregunta. —No pienso hacerlo aquí.
—¿Quién te pidió opinión respecto a eso?
—De inmediato inclinó su cuerpo lo necesario para poder besar su cuello; se acercó con brusquedad, obligándola a doblar un poquito su cabeza.
—Tengo derecho a decir lo que quiera —con sus manos sobre el pecho del hombre, buscaba empujarle—. ¡Detente! —Tye negó con un sonido; para provocarle más molestia bordeó sus hombros con su brazo restante, sujetando el más cercano a su mano. Le acarició con el tacto bien frío, finalmente retirando los cabellos de Habanero que cubrían parte de su cuello y nuca. Entre muecas que denotaban cuán divertido se encontraba, avanzó con su boca hasta la parte trasera de la oreja derecha regalándole una lamida de abajo hacia arriba. Chihiro se estremeció.
—No puedes decir que no lo deseas, escuálida —susurró en su oído; las mejillas de la jounin yacían más encendidas de lo habitual porque no solo debía lidiar con el cosquilleo que le provocaba el aliento y el olor a menta de Ice, sino su mano fría paseándose por debajo de su ropa (sobre su espalda) también formaba parte del combo—. Aquí solo estamos tú y yo.
—Y tu perro
—díjole con tono bajo; el animal estaba muy ensimismado con los restos de la pierna de Tukukita, extremidad que pudiera devorarse de un bocado pero él prefería sin prisa para disfrutarle más—. Tu invocación es extraña. —Tye rio aun cerca de su oreja.
—Es otro pedazo de mierda, solo que más útil y fiel.
—Es ridículamente carnívoro…
—¿Quieres que sea como él?
—Hiiro ahogó un leve grito quejumbroso después de que el frígido mordiera su cuello repentinamente. Si no hubiese sido porque la fémina también le hubiese mordido, solo que el hombro, Einarr hubiera logrado dejarle una marca muy notoria. En consecuencia a lo hecho por la de Kumo, el de Kirigakure se despegó de ella al tomarla por la cabeza; la miró con cierta impresión que se convirtió en diversión. —Hey, ¿con que sabes jugar así, eh?
—Hay cosas que no sabes, idiota.
—¿Ya no eres una virgen maldita?
—Aquel apodo despectivo se lo colocó el pedante al momento en que la pelirroja se resistiera a jugar con su miembro como él se lo ordenó hacía tiempo atrás, situación vivida en una extraña actividad donde se vieron obligados a convivir por un corto período que les bastó para experimentar ciertas cosas, entre buenas y malas.

Yuki se jactó al ver la mirada de Habanero, misma que expresaba algún tipo de reproche y cómo no, si le había recordado algo que la hizo molestar bastante; peor, mató todas ganas de estar con él. En esta ocasión no sucedería lo mismo, mas evitar la misma sensación le sería un poco difícil a la jounin. Sus ojos púrpura se abrieron en demasía cuando Pecho Frío se acercó a ella para darle un beso sobre los labios, presionando su cabeza contra la suya durante breves segundos. A la primera oportunidad se separó de él siendo ella la que retrocediera unos cuantos pasos, lejos de su alcance.

—¿Recuerdas aquel día? —Chihiro no dijo nada pero su mirada le delataba que sabía a qué se estaba queriendo referir. —¿Quieres saber qué fue lo que hice al llegar a la Niebla? —Ella respondió con un “no” bajo. Con pizca de desagrado llevó su mirada al suelo al tiempo que se cruzara de brazos. No había que ser un superdotado para imaginarse lo que Ice diría así fuese mentira; le encantaba la sola idea de fastidiarla, de crearle imágenes mentales originadas por sus detalladas descripciones, y mientras tuviese la oportunidad no la desperdiciaría. —Tuve sexo con una puta.

Chihiro se sonrojó; todavía mantenía su mirada prendida de la tierra.

—Una puta pelirroja. —Y lo miró de golpe, encontrándose con esa sonrisa maldita.

Vendetta lo miró directo a sus azules trabajando sus pensamientos para que no ganaran demasiado terreno sobre su raciocinio. Parecía analizar lo que sea que pasara por la mente de Tye, más allá de lo evidente que fue que le había confesado algo tan personal buscando la manera de calarla. ¿Pero qué se podía esperar de un idiota? Lentamente fue curvando sus labios; al sentir que su seguridad yacía al tope, soltó tremenda mofa que desencajó al amante de los inviernos.

—A ver si te entendí —posó su codo derecho sobre su brazo restante solo para adoptar una pose cínica al tocar su barbilla—: regresaste a Kirigakure con ganas, le pagaste a una prostituta pelirroja para que tuviera relaciones contigo por… ¿despecho? —Tye la miraba con molestia. —¿Y pelirroja? ¿Tantas ganas me tienes, Tye Yuki? —Él apretó sus dientes.
—¡Sí! —Escucharon los dos a cierta distancia; el ególatra aumentó su aura gélida producto de su desazón por la grandiosa ayuda que le brindaba Bourbon. Maldito perro. Chihiro empezó a reír. —Estoy seguro que se toca pensando en ti.
—¡Cállate, hijo de mil perra! ¡Puto bastardo de mierda, traga penes!
—Hiiro continuaba descojonándose en risas.
—Di lo que quieras, Einarr —Bour se acercó al cuerpo de Tukukita—. El maricón eres tú que no te has podido coger a tu amiga.
—¡Qué te calles la maldita boca, hocicón de mierda!
—El perro empezó a retirarse a su antiguo lugar arrastrando al occiso. —Espero que se te congele lo poco de cerebro que tienes, hijo de puta.

El can le dio la espalda al par en pos de ignorar las palabrotas de un cabreado chuunin pues tenía asuntos más importantes que hacer. Eso sí, antes de centrarse en su manjar frío entre gruñidos advirtió que algunas personas se acercaban. Habanero II dejó de reír, enseguida buscando los azulinos del frígido preguntándole con la mirada qué debían hacer. Rápidamente se reprendió internamente por buscar soluciones donde seguro no las habría (¿?) empero Ty la tomó de una muñeca exigiéndole por lo mismo, irónicamente. Fue así como sus orbes violetas intercalaron entre los de Ice-T y los labios azulinos del varón.

Recordó las anteriores provocaciones y el fastidió que logró enervarle al considerarla una inexperta, sí, a Chihiro le fastidiaba que él la creyese incapaz de llegar lejos o de hacer cosas que seguro entiende serían en extremo morbosas para ella. Entonces tragó fuerte; la mano que sujetaba Einarr terminó por agarrar la suya al escuchar la petición de la jounin: «volvamos al puerto y allá veremos que ocurre, ¿sí?» Tye gruñó; los pasos que dio hacia ella la hicieron caminar hacia atrás mas no por mucho, pues él le impidió que se siguiera alejando al atraerla a su cuerpo.

—No pienso regresar sin haber hecho nada —declaró con tono grave; en ocasiones como esas, que no eran muchas, a Hiiro le vibraba algo en su interior que le hacía desear con más ganas al de Kiri.
—Y no te dejaré ir —apenas pudo pronunciar con algo de concentración.

Bourbon les dio un último aviso: sus conocidos se encontraban a cien metros de distancia. Los dos escucharon al can fuerte y claro, solo que nuevamente pareció no importarles encontrarse en medio de una situación que podría tornarse problemática si continuaban desafiando al destino (por más novelero que suene). El primero en separarse fue Ice pese a todas las ganas que tenía de causarle el peor de los malestares al hermano de la taijutsuka y si podía hacerle lo mismo al pescador, ¿por qué no? No obstante le convenía llevar la fiesta en paz con la mujer que deseaba poseer y jugar a ser el antihéroe podría costarle muy caro.

Vendetta suspiró. Contó hasta diez buscando la forma de espantar cualquier pensamiento que la llevase a sentirse fuera de su centro, el llamado por su nombre de pila la hizo girar hacia su emisor —que se detuvo al ver al canino masticando y destrozando el cuerpo de alguien—; Hiiro avanzó hasta su hermano e Ian. Éste último llevaba a Octobah sobre su espalda.

—¿Se está devorando a extranjero san? —Hiiro respingó un poquito.
—Ya quisieras, maricón —Todos (con excepción de la niña no tan niña) observaron hacia arriba, exactamente hacia la rama de uno de los tantos árboles altos.
—¿Por qué no regresaron?
—Porque el perro de Tye arrastró al criminal hasta aquí y…
—No tenías nada qué hacer detrás de él, Hiiro san
—la aludida inclinó su cabeza a modo de no entender del todo lo que dijo su hermano, más que nada el tonito que empleó.
—Entonces —Ian interrumpió una posible conversación intensa entre los familiares—, ¿ese es… —la pelirroja asintió—. ¿Al menos pudieron sacarle alguna información?
—Nada que te importe, pescador de quinta
—vociferó Einarr desde las alturas—. Lo que requería saber ya lo sé y no les concierne a ninguno de ustedes, idiotas.

Técnicamente el de Kiri tenía razón respecto a eso, pero había algo más en su mirada y gesto que hizo sentir rara a Habanero II, pues de burla y afanes de tratar mal a su hermano y conocido, pasó a enseriarse justo con la palabra “información” más “antes de morir” y ese “al menos” también jugaba un papel importante en la interacción. Ella escuchó lo último que le dijo Tukukita a Tye y se dio cuenta de que esa fue la razón por la que el frígido lo matara, detalle que ignoran los recién llegados porque creen que quien le asesinó fue Bour.

—Tuviste suerte de que pudiera salvar a Octobah.
—Meh
—Ters cayó al suelo con gracilidad—. Todos los maricones deberían morirse. —Chie estuvo a punto de responder a eso, sin embargo Ian le detuvo al sujetarle de un hombro.
—¿Tu perro puede llevarnos?
—No
—miró al pelirrojo mayor con molestia—. Tu olor a pescado le molesta.
—Tye
—le llamó la músico, viéndola de inmediato con la misma expresión. Sería inútil hablar con el de poderes de hielo, así que la pelirroja optó por llegar hasta Bourbon con cierto cuidado y muchísimo respeto (¿?). Para entonces se hallaba limpiándose las patas y sus uñas y cuando torció la mirada hacia la fémina ésta se paralizó brevemente.
—Será inútil, estúpida —sonrió con burla.
—No le digas así —le respondió Chie.
—¿Y tú qué, maricón de mierda?
—Cuanto te largues más rápido de aquí, mejor…
—las palabras de Habanero I fuesen más impactantes si dejara la monotonía a un lado, cosa que debía empezar a ensayar si quería causar efecto en la gente despreciable, porque a Tye le resbalaba como aceite cada palabra que dijese. No podía tenerle ni una pizca de respeto, ni siquiera fingido.
—Gracias, Bourbon, ¿así te llamas, no? —Y los hombres miraron hacia la artista y el can.

El de pelaje blanco se puso de pie para avanzar hacia Ian y así permitirle subir a Octobah —se encontraba dormida—. Pecho Frío no podía creer lo que estaba sucediendo frente a sus ojos, cual descaro; ¿qué se creía ese maldito perro? ¿Por qué lo desafiaba de esa forma? Sintió aún más el peso cuando el canino le miró de reojo como si se burlara por la cara patética que tenía Ters en ese instante; un tic nervioso se apoderó de uno de sus ojos y la garganta le ardía tanto como le carcomían las manos producto de sus ganas de destrozar lo que sea a golpes.

Los protagonistas se encontraban descendiendo por un sendero parecido al que llegaron a la extinta Tranzagakure; sobre el animal de tres metros iban solo las mujeres del grupo, pues fue la única condición que puso la invocación para poder llevar a Octobah cómodamente. Hiiro cuidaba de que nada le pasase a la hija del cliente del encargo, mientras revisaba en su libreta los versos que hubo escrito cuando trataban de pensar como los criminales que secuestraron a la víctima de esta historia; repasando en todo lo acontecido entre el rescate y que por poco se convertía en la nueva adquisición del extraño Tukukita llegaron otros versos repentinos que no tardó en escribir.

Por las fachas de Octobah no podía discernir a qué tipo de familia pertenecía pero si alguien quiso desposarla desde tan lejos seguro era porque valía la pena, algo conseguiría a través de ella, ¿no? Eran suposiciones, ideas que hacían que Chihiro se preguntara más a fondo cómo podría ser la vida de quien tenía dormitando al frente. En medio de los recuerdos también le llegó la imagen de Tye a punto de negociar su libertad intercambiándose con ella; maldito. Le miró desde las alturas y el peso de su mirada atrajo la suya… Habanero II sonrió divertida. Ty le mostró el dedo mayor de su siniestra, a lo que la fémina se llevó el mismo dedo de su derecha a los labios para delinearlo mientras le insultaba sin verbo. Entonces Yuki formó un círculo con los dedos de su mano restante para introducir su dedo en él y moverlo de forma sugerente, de adentro hacia afuera. La músico entrecerró sus ojos al inflar sus mejillas sonrojadas; esa reacción fue dulce para el varón de la Niebla, expresándolo con una sonrisita ruin y pícara.

Como iba del lado contrario del can, Ian y Chie no podían ver al ególatra muy bien y viceversa. No obstante, el pelirrojo menor se percató de que Pecho Frío poseía la cabeza inclinada hacia arriba como si mirase hacia algo en esa dirección, dudando de que ese algo fuese el cielo. Inconscientemente Habanero I cerró su mano dominante en un puño pero era tan débil que pudo percatarse de la fuerza que le hacía falta si quería partirle la madre o el padre, tal vez la familia entera, a Ty.

—¿Cuándo le dirás a Chihiro lo de Yuki? —El cuarto integrante sacó de sus pensamientos al robot humano (¿?) El tono de voz que empleó no fue tan alto para que los demás no pudiesen escuchar, aunque dudaba que la conversación pasase desapercibida por el perro.
—¿Qué debería decirle?
—Las intenciones de por qué le besaste.
—No tiene que saberlo, Ian san
—él no lo denotaba tal cual pero su receptor podía percibir molestia en todo su ser. Chie estaba muy incómodo.
—Yo creo que sí —y por como lo dijo, Habanero I sintió curiosidad.
—¿Hay algo que yo no sepa?
—No
—mintió—. Solo no me gustaría que la relación que tienen como hermanos se vuelva conflictiva.
—El único problema es Tye san
—sus orbes rojos se posaron al frente, por lo que no pudo ver la facción de Ian. El mayor yacía con una cara que a todas luces gritaba que sí sabía algo que el diestro en cuerdas desconocía—. Cuando se vaya a Kirigakure, todo volverá a la normalidad. Estoy seguro, Ian san.
—Eso espero
—con su mano izquierda alborotó un poco los cabellos de Chie.

[…]
Desde el secuestro de la adorada hija del señor Tupito Tepika ya habían pasado algunos días, mismos en los que los Habanero I y II disfrutaban de unas cortas vacaciones antes de regresar a las labores de lleno. El rango que poseían les llenaba de muchas más responsabilidades, sobre todo en la academia. No obstante, algo extraño era perceptible alrededor de Hiiro y Chie. Quien no les conociera demasiado no pudiera darse cuenta, mas a su otro trillizo no podrían engañarle por más que fingiesen que todo estaba bien.

De hecho, todo comenzó desde el día que regresaron al puerto por el que arribó el de la Niebla.

—¿Terminaste la canción? —Chiho espabiló a su hermana de sorpresa, no pudo escucharle llegar a su habitación. Enseguida se cubrió el hombro que tenía al aire libre porque la manga de su camisón se había deslizado un poco. —¿Eso era un moretón?
—¿Qué cosa?
—Hiiro se movió para quedar frente a su hermano.
—Lo de tu hombro, muéstrame —intentó bajar la manga pero Habanero II golpeó su mano, reprochándole con la mirada—. ¿Quién te lo hizo?
—No sé de qué hablas
—se puso de pie para darle la espalda. Caminó hasta su escritorio, reposó su libreta allí y le abrió justo donde yacía la canción por la que había preguntado Chi—. La tengo completa… ¿quieres escucharla?
—No sé cómo no me di cuenta antes
—Vendetta giró un poco su torso solo para verle por encima de su hombro—. ¿Con quién te acostaste?
—¡¿Qué?!
—Abruptamente se acercó a él para taparle la boca. —¿De qué hablas, idiota? —Chiho señaló su mano sobre su boca para que la quitara si quería que le respondiera.
—A mí no me engañas; tienes más cadera, más busto —la fémina se abrazó—; hasta caminas distinto.
—Qué tonto, Chiho.
—Y ese moretón
—de repente le agarró de un brazo, subiéndole la manga con la misma velocidad. Su rostro fue un poema al lado del molesto de su hermana; la músico tiró de su extremidad para nuevamente abrazarse. —¿Quién es? ¿Es Ian? ¡Responde!
—¡No!
—Le gritó. Habanero III esperaba más información, se la exigía con todo su ser incluyendo su aura. Asimismo se dio cuenta de que la pelirroja dejó caer sus hombros un poco, pero más le sorprendió el cambio en su actitud: era relajada. —Fue inevitable, ¿okay? —El varón continuó con su cara de querer saber más. —No me lastimó intencionalmente; digamos que sus poderes se descontrolaron.
—¿Y qué era, un animal ultra salvaje?
—Hiiro rio un poquito.
—Es una bestia —Chiho no sabía cómo interpretar esa interesante descripción de una palabra; ¿era una bestia como persona, realmente era una bestia o era una bestia en el sexo? Sea como fuese Chihiro le miró a los ojos antes de dedicarle una sonrisa cálida a su hermano. —Yo quise que pasara.
—Al menos dime si le conozco.
—Ella negó con su cabeza.
—Es de Kirigakure.

Raving George EdwardCullen K Kari Walker H Hevans~
 
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All we hear is "radio ga ga, radio blah blah"
Moderador
La nana la despertó a las seis con cuarenta y dos
La nena arruga los ojos pa’ que no entre la luz
Recita la oración de siempre para cumplir con Dios
Acto seguido en el pecho se dibuja una cruz

Al poco tiempo de encontrarse en el puerto, la brisa marina sirvió de alerta para el más diestro del cuarteto sobre asuntos del clima; Tye no podía marcharse aún porque se aproximaba una tormenta justo por el trayecto que debía tomar para ir al Agua. El afectado chasqueó la lengua, no agradeció por el dato. Octobah se puso [email protected]; quería llegar cuanto antes a casa, los malos recuerdos en el Rayo continuaban muy latentes. No obstante, Chihiro le dijo que en el restaurante más famoso del pueblo había un teléfono.

—Puedes avisar a tu padre que estás bien —la niña no niña la miró con brillo en sus ojos. Como no podía caminar por sí sola, Habanero II se ofreció a ayudarle. Antes de marcharse Chihiro miró a Tye: —¿No avisarás a Nashla? —Él se encogió de hombros. —O quizás a esa tal Ruura… —la cara del peligris cambió drásticamente.
—¿No sabes quién es Ruura san? —Octobah tomó la palabra. Inmediatamente el ególatra camufló sus ganas de callarle la boca al sin género definido con su intención de ayudar a Hiiro a llevarle hacia el interior del restaurante. Tye dejó que el maricón se sujetara de su espalda. —Es respetada en la villa.
—Es todo lo que necesita saber —mencionó bastante serio él.
—Igual no hay mucho que contar —dijo con un poco de dificultad, queriendo reír.

Cuando por fin quedaron a solas, rodeados de comensales que degustaban algún platillo del sitio, ninguno de los ninjas dijo nada hasta pasado al menos un minuto. Hiiro alzó su vista, girándose lo necesario para encarar a Einarr. Él solo tuvo que mirarla de reojo, hacia abajo, sin cambiar un ápice de su postura; entonces la jounin regresó su vista hacia abajo por corto tiempo, porque volvió a observar al más alto con la misma intención del principio: quería saber más sobre esa persona misteriosa.

—Es mi mamá.
—¿Qué? —Habanero II se colocó frente a él. Ice subió y bajó sus hombros ante el desconcierto de la fémina.
—Si quieres conocer a mi mami, tendrás que tener sexo conmigo antes… no sé —Chihiro le pegó en el pecho sin ejercer fuerza.
—Deja las bromas —él sonrió con cinismo—. El sujeto que mataste dijo que…
—Es mentira.
—Dijo que podría carbonizarte si quisiera.
—Eso es… —Hiiro insistió con su mirada pero Tye solo hizo silencio porque no sabía muy bien qué decir ante eso. En realidad Ruura podría hacerlo si quisiera, pese a ser la mejor usuaria del elemento hyoton. Lo quemaría a su estilo único, perverso y desgarrador… él conocía muy bien hasta dónde podía llegar la matrona de su clan. Pensar en esa posibilidad le generó mucha rabia interna; algo dentro suyo comenzó a surgir, una sensación sin nombre muy parecida a un montón de termitas comiéndose un pedazo de madera en segundos.
—¿Tye? —La jounin le sujetó un brazo.


De quién es el auto que espera dos cuadras al sur
Armada con libros de texto la lleva el chofer
Mamá la despide en la puerta agitando los brazos
La nena tiene nueve años cómo iba a saber
Que hace más de cuatro meses que le siguen los pasos
Y el auto que espera a dos cuadras enciende el motor

—Ya he avisado a mi familia y están contentos —Einarr hizo una mueca de desagrado total al escuchar por enésima vez esa voz provenir de ese cuerpo. Cuando el pedante se dispuso a marcharse a otra parte para tomar un poco de aire, Chie e Ian iban de entrada.

Habanero I y Pecho Frio se retuvieron la mirada aun pasándose por el lado. Si de ellas se desprendieran chispas, sería muy probable que sucediese con ambos. Fue el más adulto de los protagonistas que motivara al jounin a continuar hacia su hermana y Octobah, evitando algún problema innecesario.

Lo primero que dijo el pelirrojo mayor fue que debían buscarle algún hospedaje a la joven o al joven (¿?) ya que si fuera por Ters, le dejaría a la intemperie. Chie sugirió que reservaran la misma habitación para Octobah y Tye, para lo que la primera mencionada no puso ninguna objeción a diferencia de Hiiro, quien trató de explicar por qué era mejor que no estuvieran juntos, basándose en el tosco temperamento de Yuki. Lo malo fue que en medio de sus justificaciones, la músico gagueó lo suficiente para que por lo menos Ian se diera cuenta de que se estaba preocupando demasiado por la persona equivocada.

—Yuki no podrá hacerle daño si no quiere problemas con la Mizukage.
—Ian san tiene razón —continuó el dueño del Shamisen—. Además es lo más asequible y disponible.
—Vale, yo solo quería evitarle un disgusto a los dos —resopló.
—No representa ningún problema para mí —aseguró Octobah muy contenta.
—Claro que no…
—Todo estará bien —Ian le dedicó una sonrisa. Seguido Chie también sonrió un poquito, no dejándole más remedio a la fémina de Kumo que mostrar el mismo gesto así fuese el más falso del mundo.
—Nosotros debemos volver a Kumogakure ya.
—¿Qué? —La pelirroja miró a su fratría con inquietud; eso no era cierto.
—Si partimos ahora la tormenta no nos caerá encima.
—No quiero irme aún —miró por la ventana del local hacia el mar—; puedes irte tú solo. —Chie abrió su boca formando una pequeña o. Levemente su frente mostró algunas arrugas, no le agradaba en absoluto que la única mujer de entre sus hermanos dijese que se quedaría; ¿por qué lo haría? Si no tiene razones para ello. Sin dejar de pensar en eso, miró también por la ventana por si veía a alguien o algo que le ayudase a aclarar su atormentada mente.
—Octobah, es mejor que descanses —Ian se ofreció a ayudarle para ir a la habitación que consiguieron. La verdadera razón de por qué se había dispuesto a hacer eso fue para darles un espacio a los Miyazaki. Era obvio que ambos hermanos tenían cosas qué decirse pero ninguno quería dar el paso al respecto.


Un tiro en la sien al chofer, la nena va a la deriva
Un árbol detiene la inercia, ellos la tienen rodeada
Su frente dio contra el cristal y le ha abierto una herida
Los vecinos se encierran con llave, nadie ha visto nada
Y la mano que mató a su chofer ahora le opaca los gritos
La nena es un uno con ceros a partir de hoy

Cerca de los parientes había una mesa disponible, por lo que prefirieron tomar asiento aunque fuese una decisión tomada solo por la fémina. Se sentaron frente a frente con la mirada puesta en el otro y expresiones serias por más normal que fuese para Chie estar así. Esta vez su facción decía mucho para el que supiera lo que sucedía dentro suyo: toda una revuelta de emociones.

—Chie…
—Hiiro san —los dos se llamaron al mismo tiempo. El varón asintió con su cabeza para darle paso a su fratría de que hablara primero, siendo así Vendetta respiró hondo.
—¿Por qué no dijiste nada sobre… —apretó un poco su suéter—, ya sabes. Lo que quiso hacer Tye…
—¿Tenía que decirte algo?
—P-pues claro —Habanero II arqueó una ceja—. Tuvo que ver conmigo.
—Pero él fue quien quiso forzarte.
—S-sí, pero…
—Extranjero san es una muy mala persona, Hiiro san. No dejaré que te haga nada —Hiiro recostó su espalda del asiento, sintiéndose levemente afligida por las palabras de su pariente.

Sabía que su hermano mayor por minutos no tenía un mal corazón y que sus palabras siempre surgían con mucha más honestidad de la que cualquiera pudiera pedir; que sus intenciones y la preocupación que sentía eran motivadas por el amor que sentía hacia ella, su sangre. De algún modo, Chie siempre buscó la manera de protegerla desde pequeños, muy a diferencia de Chiho. Incluso podría decir que aquel que yacía a su frente era el hermano que más admiraba, quería y seguro en el que más confiaba… por eso, probablemente, su corazón se encontraba apretujado. No merecía lo que su familiar quería brindarle. Chihiro trató de enumerar las veces que Tye y ella se besaron luego de que ella rechazara el beso que quiso robarle por andar resacado. Recordó la conversación que tuvo con el frígido cuando le pegó tremendo susto en el bosque, en la que le confesó que también tenía muchas ganas de estar con él sin importar qué… y así cada escena indecorosa que Habanero I ignoraba.

—¿Por qué le besaste? —Preguntó de golpe en medio del sin número de pensamientos que revoloteaban en su cabeza. —Si es tan malo como dices, ¿por qué?
—¿Te molestó que lo hiciera? —Ella no dijo ni hizo nada, solo espero una respuesta. —No quise hacerte enojar, Hiiro san.
—No has respondido —Chie la miró a los ojos, descubriendo en ellos lo mismo que captó después de que provocara a Pecho Frío con el contacto labial; ¿continuaba molesta? Entonces pensó sobre las relaciones afectivas entre dos personas. Si entre Vendetta y Ty no había nada, que él le besara no tenía por qué afectar a la jounin en lo absoluto; si Ian le había recomendado hablar con ella para explicarle sus sentimientos hacia el chuunin, mismos que no existían salvo los negativos, era porque debía haber algo dentro de Hiiro que merecía ser aplacado… ¿pero qué? ¿Sentimientos hacia el gélido muchacho? Chie no encontraba más explicación que esa ante tantas cadenas enmarañadas entre sí sobre el tema en cuestión. Trató de justificar el malestar de su hermana inventando razones, solo que todas terminaban en un mismo punto… y ese punto le provocaba mucha molestia: ella sí sentía cosas por Ters.
—¿Por qué no quieres regresar a Kumo hoy?
—¿Eso qué tiene que ver?
—Dime, Hiiro san —aunque se sintiese mal por dentro, su tono continuaba apacible.
—No tengo por qué responder eso —le miró con dureza.
—Entonces yo no tengo por qué responder lo del beso.
—Tienes razón —se puso de pie bajo la mirada inquisitiva del trillizo mayor—. Pero toma mi consejo: no te metas con Tye.

Antes de poderle preguntar sobre eso, la músico se echó a andar rumbo al exterior. De sentirse mal por comportarse como lo estaba haciendo, a espaldas del monótono, pasó a sentirse molesta por su actitud. Podría ser su hermano y querer cuidarla pero no tenía por qué meterse en sus asuntos; ¡no era su padre! Y tampoco era mayor que ella como para atribuirse ese rol. En ese momento quería estar sola, apaciguar su mente y relajarse. Las nubes negras todavía no manchaban el cielo azul que se situaba sobre el pueblo, así que pensó que le vendría bien caminar por la costa.


La nena ya no arruga los ojos, no ha visto la luz
En la sucursal del infierno no existen ventanas
Su suerte cotiza en billetes de otro país
Su vida es un trueque vulgar parecido a la muerte
La nena no va a ir esta tarde a su clase de inglés

Hiiro escribió aquella estrofa al pensar en lo que había vivido Octobah y lo que estuvo a punto de vivir en carne propia en Tranzagakure. Además de que las imágenes mentales de otras personas siendo maltratadas y tratadas como mercancía, sin poder hacer nada para ayudar, también le sirvió de inspiración.

La marea ya se mostraba fiera y la brisa se esforzaba por empezar a cantar. En su recorrido caminó tanto, sin darse cuenta, que al mirar hacia atrás no pudo encontrar al pueblo. Su sentido de protección le indicaba que lo mejor era regresar a la de ya pero en el fondo no quería hacerlo; no le daba miedo estar por ahí, sola… tampoco le asustaba una tormenta; tenía cosas más importantes por las cuales sí preocuparse, así que sus pasos se giraron hacia el lado opuesto de la civilización: buscaría algún refugio por ahí.

En la posada donde descansaba Octobah, Chie se apresuró en preguntar si su hermana había rentado alguna habitación en la recepción pero no. Tampoco Ian tenía certeza sobre dónde podría encontrarse. Ambos varones pensaron en la misma persona que podría ser responsable de la desaparición de Chihiro: Tye. No obstante, se sorprendieron a distintos niveles cuando le vieron entrar con su típica cara de pocos amigos. Iba bañado en agua de lluvia, con algunos mechones pegados al rostro así como la ropa al cuerpo. De golpe congeló todo rastro líquido para secarse.

Su mirada azulina se topó primero con la rojiza del torpe y luego con la ambarina del pelirrojo mayor.

—¿Qué sucede, par de maricones?
—Nada —respondió Chie, pero…
—Chihiro no está por ningún lado —el músico desaprobó lo dicho por Ianmaru; Einarr subió un poco más su ceja izquierda.
—¿Y a mí qué me importa? —Soltó sin pensar, porque después de haberlo dicho recordó lo que ambos tenían pendiente. Mierda, si la cabezona estaba por ahí… el pedante chasqueó la lengua. —La iré a buscar.
—Iré contigo —Miyazaki dio algunos pasos mas una sonrisita descarada del de Kiri le detuvo en seco.
—Ni de coña —a Habanero I no le importó escuchar eso, prosiguió con su paso hasta que el chuunin le sujetó por el cuello de su camisa con brusquedad—. Ya te dije que no, maricón de mierda.
—¡Hey, suéltale! —Ian agarró a Ters del brazo, inmediatamente percibiendo cómo éste le enfriaba en demasía para que le soltase, y no lo hizo hasta que Chie quedara libre. —No vuelvas a hacer eso.
—¿O qué? ¿Me vas a pegar con un pescado? —Se mofó sonoramente.
—Es mi hermana e iré contigo quieras o no.
—A mí me vale infinitas hectáreas de mierda que sea quien sea —intimidante avanzó hasta el robot humano—; yo tengo a los perros y yo, maricón, iré por ella —con un índice le pegó en un hombro.
—Chie, déjale —Ian colocó una mano sobre el hombro derecho de su receptor.
—Lo detesto, Ian san.
—No va a pasar nada —Pero al varón artista no le tranquilizaba eso… ¡ni nada! Solo ver a su familiar allí, a su lado.

El cielo yacía totalmente oscuro. Solo los relámpagos y uno que otro rayo lograban alumbrar por breves instantes el rededor. Ice invocó un perro (no a Bourbon) que no le causase problemas en el trayecto al verse afectado por la fuerte brisa y la lluvia que caía como dardos sobre los dos. Lo bueno de todo eso fue que el can no paró de correr desde que hubo captado la esencia de Vendetta, así que desde ese momento Einarr comenzó a preparar unos cuantos insultos por su osado accionar.


La nena es un bulto amarrado en un Chrysler café
Un zapato le oprime la espalda, un pañuelo la boca
La nena está muerta de miedo y no entiende porqué
La nena no sabe que a veces también Dios se equivoca
La nena es desvelo y noticia… la nena no está

Los truenos se hicieron más constantes, generando malestar en sus oídos sensibles al sonido. Cuando solo quedó la lluvia golpeando la arena y el mar, Hiiro captó los ladridos de un perro muy cerca de su ubicación; avanzó hasta el inicio de la cueva que encontró entre una pared rocosa y abajo encontró no solo a quien ladrara sino que sus violetas cayeron de golpe sobre los brillantes orbes azules de Einarr. Su corazón dio un salto brusco; rápidamente tomó su cable retráctil para ayudarle a subir, terminando por mojarse bajo la lluvia durante el tiempo que se tomara el varón para lograr escalar a contra ventisca.

—¿Puedo saber qué mierda tienes en la cabeza? ¿Qué haces aquí? —Los dos entraron a la cueva.
—Quería estar sola, ¿no es obvio? —le miraba a los ojos. —¿Quién te mandó?
—Nadie —muy cerca cayó un rayo que hizo que Hiiro se cubriera los oídos por unos segundos—. ¿Le temes a una mariconada como esa? —Mostró una sonrisa burlona.
—No es miedo; me molesta.
—Por cierto —avanzó un poco más al interior de la cueva—, ¿querías escapar de mí? ¿Pensaste que lo lograrías, cabezona?
—No —Tye se giró sobre su eje así solo viera la espalda de la músico—. Sabía que vendrías. —Ahora fue ella quien se virara en su dirección. Sus mofletes adquirieron un color más intenso, sin saber por qué también le regaló una sonrisa al frígido. Realmente “ella era algo” y algo le decía que no se arrepentiría de haberse arriesgado en la búsqueda, mucho menos de que estuviera en un lugar tan metido en la nada y lejos de todo.
—Estás húmeda, escuálida —pronunció tras pasear su mirada de arriba hacia abajo y detenerse justo en la zona que se ciñó más a la ropa: su pecho.
—Tú también —Y antes de avanzar o que él llegase hasta ella, Habanero se sacó el suéter porque no dejaría que Tye lo rompiese. Yuki se lamió los labios tras el movimiento de su busto. ¿Acaso estaban más grandes que la última vez que le vio desnuda? Vaya joya. —¿Qué esperas? —Se detuvo antes de sacarse el pantalón para mirarle a la cara.
—Qué seca, dulce Habanero —cortó la distancia entre los dos lo necesario para poder llevar una mano sobre el rostro de la aludida; no pretendía brindarle caricias, pues no tardó en deslizar sus dedos por el lado derecho de su cuello hasta el tirante del sujetador—. ¿A dónde se fue la mariquera cursi que sirve de antesala?
—Queremos tener sexo, no hacer el amor, Tye… —él rio con mucha diversión; las mujeres hoy en día esperaban una súper mega correspondencia por parte de los hombres y ésta tipa, en específico, era del uno por ciento que lograba dislocar a cualquier sujeto por su forma de ser.
—¿Eso le dices a los hombres con los que te acuestas? —Inclinó su cuerpo para darle un beso en el cuello.
—Solo he estado con Ian —no le dio nada de vergüenza ni pena confesarlo. Yuki la miró a la cara con atisbos de asombro, aunque en el fondo le daba muy igual.
—Has caído muy bajo, dulce Habanero —le dio otro beso más cerca de su boca—, pero descuida —se separó de ella solo para sacarse la vestimenta superior y tirarla por ahí—, te ayudaré a recuperar el honor.

Con brusquedad y anhelo agarró la cabeza de Hiiro para llevarla hasta la suya y que sus bocas se encontraran, y así sus lenguas. Por inercia, la fémina sujetó los brazos de Ters inicialmente con la intención de impedirle que fuese tan salvaje pero terminó cediendo al beso al mover sus labios. Sus movimientos estaban cargados de deseo, voracidad y una extraña necesidad por no apartarse el uno del otro; querían llegar a sentir dolor por el movimiento de sus labios. Aunando a eso, parecían dos adolescentes primerizos que nunca se habían besado y morían por hacerlo; pero ese era el efecto de saber que estaban cerca de complacerse.

Einarr bajó sus manos hasta los pechos de Hiiro, allí la abrazó con más fuerza; apretó su boca todavía más, queriendo inspeccionarlo todo con su lengua así como tomar de su saliva e intercambiarla con la suya. Vendetta se abrazó a su cuello llevando sus dedos hasta la nuca del frígido; no se quedaba atrás ante los lujuriosos deseos de Ters, pues le permitió separarse de su boca para que besara su barbilla, luego su cuello y finalmente lamiera el poco espacio que había entre un seno y otro antes de que él desbrochara el sostén.

Hiiro se estremeció por completo cuando Ice la alzase un poco solo para jugar con su pecho haciendo uso de su boca. Pecho Frío la aprisionó entre la pared más cercana (valiéndole una mierda si la espalda de ella salía lastimada) y su cuerpo; ella rodeó su cadera con sus piernas. Mientras se introducía en su boca uno de los senos cual si fuese el más dulce de los caramelos, con una mano agarraba el restante; le resultaba aditivo al tacto por la firmeza a la vez la suavidad del mismo. La respiración de la fémina era por demás sonora; todo su cuerpo ardía, una vez más impidiéndole sentir el manto frío de Yuki… que tal vez tampoco le funcionaba a él, porque Tye no tenía ganas de prestarle atención a más nada que no fuesen sus necesidades. Entonces apretó el seno entre su mano al mismo tiempo que mordía un pezón. En medio de un gemido, Miyazaki maldijo a Ters.

Yuki fue subiendo su cabeza al lamer todo el centro del pecho de Hiiro en pos de llegar a su boca. Mordió su labio inferior primero; ella acercó su boca a la suya, volviendo a besarle voraz. Las manos de Ice delinearon su torso como si no quisiese perderse de absolutamente nada de ese cuerpo; se aparcaron sobre los interiores de la jounin para en un, dos por tres tirar de las pantaletas a cada lado y romperlas. Hiiro se quejó en medio del beso y él simplemente demostró lo divertido que le resultaba hacer eso. De repente Einarr la despegó de la pared e hizo que bajara sus piernas al lanzarla con intenciones de que cayera sobre el suelo pero, la kunoichi pudo valerse de sus reflejos al momento de salir expelida hacia el frente del varón.

Los dos no podían respirar por la nariz.


Su planeta cambió de tamaño y mide cuatro por tres
Su sol es la luz que se cuela debajo de una puerta
La nena ya no ve diferencia entre un día y un mes
La nena no sabe si duerme o se mantiene despierta
La nena ya lleva tres meses buscando un porqué

La mirada de ambos era impaciente; por más que Tye buscara mantener a raya el calor que desprendía su cuerpo y que emanaba la escuálida, le era imposible. Al menos no era tan nefasto estar así mientras tuviese una valiosa razón. Bajo la mirada pretenciosa que le dedicaba a Habanero, quiso quitarse el pantalón para escalar a un siguiente nivel. No obstante, la fémina se le colocó en frente pidiéndole que la dejara ser quien hiciera el resto… Ters sonrió con sorna; ¿de verdad lo haría? Abrupto, le dio un beso en los labios, agarrándolos con los suyos para que no se separara sino que lo volviese profundo. Se dio cuenta cuando Chihiro quitó el broche del pantalón, bajó la cremallera y le dejó caer para que él terminara el trabajo.

La temperatura entre los dos aumentaba en contraste con la frescura y el frío natural de la cueva producto del fuerte aguacero; Einarr y Chihiro mantenían un duelo entre sus lenguas que les hacía producir sonidos placenteros. Entre el jugueteo de sus bocas, la fémina fue introduciendo sus manos en el bóxer de su nuevo amante, respingando un poquito al primer contacto entre sus dedos y el miembro del varón. Éste la abrazó por la espalda atrayendo su cuerpo con fiereza; pasando la yema de sus dedos por aquella piel suave con recelo, proyectando lo que en su interior estaba sintiendo pues no solo se trataba de simplemente disfrutar de la posibilidad de hacer lo que le placiera con el cuerpo de Habanero… ella empezó a masturbarle tal y como se lo pidió en los juegos malditos de hacía meses.

Ters tragó fuerte; ahogaba a base de tripas corazón lo que el masaje erótico estaba despertando en él. Por un momento separó su boca de la de la pelirroja, la miró a los ojos —demostrando cierta debilidad— y encontró en su mirada la misma seguridad que le encantaba de ella, solo que ella también era presa de la excitación. Einarr reposó su cabeza entre el cuello y hombro de Vendetta, restregándose allí mientras jadeaba muy cerca de su oído, expeliendo su aliento contra su piel… Chihiro también gemía. Más que sentirse perder fuerzas, estaba segura que pronto ninguno de los dos resistiría mucho tiempo de pie, pues resultaba incómodo estar así si querían llegar todavía más lejos. Ice-T se aferró más al cuerpo de la menor al sentir su miembro punzar fuerte antes de eyacular pero… apenas compuso su cabeza para mirar las manos de Hiiro: la escuálida detuvo su esperma, tan solo dejando escapar unas cuantas gotitas que corrieron por sus dedos.

Un rayo cayó en las inmediaciones.

—Funcionó —díjole entre respiros forzados. Manteniendo su misma expresión confiada y segura, subió la mirada hacia el rostro de Ty. Hiiro se sorprendió al ver que sus mejillas yacían coloradas, en sí casi toda su piel había adquirido un color atípico para lo usual en Ice; se dio cuenta de que él no poseía su aura gélida alrededor, que su cuerpo estaba tan sudado como el suyo y que las ganas de proseguir estaban en aumento. Entonces se acercó al pecho de Ters, besándole ipso facto.

Él no la dejó besarle demasiado porque con una mano subió su cabeza para poder sellar su boca con la suya, así opacando sus gemidos. De sus pies empezó a surgir hielo, a una velocidad increíblemente lenta para lo que estaba acostumbrado Yuki, mas cuando supo que sería suficiente lo que había cubierto con su elemento predilecto hizo que la fémina terminara en el suelo debajo suyo. Chihiro se estremeció, como si una corriente eléctrica hubiese azotado su cuerpo por completo.

Ty se retiró sus interiores con ayuda de Habanero; su nariz quedó en paralelo a la de ella, así como sus miradas perdidas en la iris del otro. Chihiro se agarró de la espalda de Ters casi clavándole las uñas; el gemido más sonoro hasta entonces se escapó de sí con la penetración.


Seis kilos de menos, la nena tiene yagas rosadas
Papá casi loco, mamá de nuevo en los hospitales
Se pacta la entrega con una voz manipulada
La misma que ha venido ofreciendo suvenires corporales
Y el miedo se ríe de todos y se frota las manos
El futuro pone cara de perro si se le da la gana

Kirigakure

Un ANBU apareció de repente frente al escritorio de la Mizukage, inmediatamente depositando una misiva frente a ella para que la leyera sin perder tiempo. A Nashla no le gustaba eso de que los enmascarados aparecieran sorpresivamente en su despacho pero entendía que a veces sucedían situaciones que requerían de atención cuasi urgente. La carta rezaba lo siguiente: «mi hija ya apareció; su ninja hizo un buen trabajo, le pagaré muy bien por el rescate. Desgraciadamente, Yotekomo Tukukita murió». Uchiha alzó la mirada hacia el ninja que poseía su mismo rango.

—¿Sabes lo que significa esto?
—¿Quiere que investigue?
—Quiero que le pidas a Chihiro Miyazaki que venga… —soltó el papel al terminar de leer sobre la tormenta en el país del Rayo—. Mierda… con ese sujeto muerto no podremos probar nada.
—¿No quiere ver a Tye Yuki?
—Tye sabía que debía traerlo vivo, que le matara solo me deja a pensar una cosa —se puso de pie para avanzar hacia el centro de la oficina—. La está ayudando.
—Pero dijo que no lo sabía al asignarle la misión.
—¿Y si sí lo sabía? —El ANBU no respondió. —No me sorprende si de verdad está cubriéndole la espalda…

Y efectivamente, Ters llenó de escarcha la piel Habanero al pasar sus manos por su espalda con fervor mientras la hacía mover sus caderas al ritmo de las suyas. Yuki no midió la rapidez con la que se movía, tampoco si eso molestaba a la mujer; solo quería descargar toda su frustración en ella, sentimientos guardados tras cada intento de poseerla y no poder lograrlo. Chihiro echó hacia adelante su pecho, dándole pase de besar y morder su cuello cuanto quisiera mientras arañaba su espalda, hombros y brazos.

La lluvia opacaba cada atisbo de éxtasis en sus audibles jadeos.

Si no fuese por algún reloj, sería difícil saber la hora exacta. Habanero I no se apartaba de la sala de entrada del motel bajo las ansias de ver a su hermana cruzar por ahí. Ian tampoco se alejó demasiado del varón, pues no quería dejarle solo en un momento algo crítico para él; a su momento no quiso admitirlo porque podría ocasionarle más problemas al mayor de los trillizos pero, basado en su experiencia, sabía que existía una alta probabilidad de que si Tye iba a buscar a Hiiro, ninguno volviera cuanto antes.

Menos si ese “tipo, del que empezó a sentirse atraída en la guerra”, era Ters.

—Chie, ¿puedo darte un consejo?
—No le diré a Hiiro san lo de extranjero san, Ian san.
—No… —tomó asiento a su lado—. No tienes que preocuparte demasiado por tu hermana; sabe cuidarse sola.
—No pedí el consejo, Ian san. —Éste se dio cuenta de que el pelirrojo menor no cambiaría su actitud ni su postura cuasi tiesa sin importar qué.
—¿Qué harás si no regresa hoy?
—Esperar aquí.

Hiiro y Tye yacían uno al lado del otro; él la sujetaba por una de sus piernas, casi debajo de su muslo derecho, casi obligándola a mover sus caderas si no fuera porque ella daba su total consentimiento de ser quien la guiara. Sus piernas en sí yacían entrelazadas; ella le acariciaba con uno de sus pies, deteniéndose de vez en cuando por culpa de las penetraciones y cada cosquilleo con el que reaccionaba su cuerpo. En esas permitió que ella se colocase arriba en pos de ganar mayor placer, pues Ice se deleitaba con la rotulación leve que hacía Vendetta con su cadera, del vaivén de su pecho y al ver toda su piel erizada, vívida presa de la locura.

La de Kumo llevó sus manos abiertas hasta el abdomen del varón justo antes de que se viniera dentro de ella; el cuerpo de los dos cimbró por el orgasmo y para terminar de soltar todo lo que tenía para darle, Einarr la hizo girar quedando de vuelta debajo de su cuerpo; sus últimos movimientos fueron lentos mas bastante apretados. Chihiro se agarró de sus hombros aun temblando por tanta intensidad, además del increíble frío que hacía allí dentro. Ters se dejó caer sobre ella; pese a ser menos sonoro, ninguno dejó de jadear hasta pasados unos minutos, no así pudiendo respirar con normalidad porque el corazón de cada uno latía como loco.

Habanero miraba hacia el cielorraso; parecía totalmente ajena a la realidad. No pensaba en nada ni en nadie que no fuese en lo recientemente vivido; asimismo se sentía por entero embriagada por el olor natural de Ters: menta. Él respiraba muy cerca de su cuello, y solo tras ser más consciente de lo que había hecho y lo que había provocado Ice sin darse cuenta fue que sintió teriquitos por su aliento al encuentro con su dermis. Hiiro ahogó un grito cargado de asombro.

—¿Tye?
—¿Hmm?
—Deberías —no pudo continuar porque el amante de los inviernos subió parte de su torso solo para quedar frente a ella; en su boca se dibujó una sonrisa socarrona, así como su mirada se volvió profunda, lasciva; en un intento por terminar lo que decía, Tye la silenció con un corto beso correspondido—; deberías darte la vuelta —susurró.


La nena ya no arruga los ojos, no ha visto la luz
En la sucursal del infierno no existen ventanas
Su suerte cotiza en billetes de otro país
Su vida es un trueque vulgar parecido a la muerte
La nena ya lleva diez meses sin ir al ballet

—¿En qué piensas? —Chihiro le miraba a la cara al estar recostada de lado.
—Debo regresar cuanto antes a la Niebla —compuso su cuerpo para empezar a vestirse; la lluvia había cesado, los truenos y rayos ya se escuchaban tan solo en la lejanía.
—Ya sé que no te cae bien pero… ayuda a esa chica a llegar a casa.
—¿Al maricón? —La miró con una sonrisa de burla. Como su suéter estaba cerca de él, le tomó y le olió antes de lanzárselo a su dueña. —Mientras no me moleste en el camino.
—Tye…
—Hiiro —era la segunda vez que le escuchaba llamarle por su apodo (en realidad era la tercera vez en todo el tiempo que llevaba conociéndola que la nombraba así) —, quiero que quede claro que porque hayamos tenido sexo y que increíblemente lo hagas mejor que muchas con las que he estado —Habanero entrecerró los ojos—, no significa que a partir de ahora serás especial para mí.
—Eso lo sé —Einarr le lanzó su pantalón—. ¿A qué viene tu aviso?
—A que si me da la gana de volver a verte solo para esto, no te ilusiones demasiado.

La pelirroja no pronunció nada.

—El pescador —retomó la palabra al ponerse de cuclillas frente a ella—, te enseñó muy bien.
—Gracias —Tye sonrió con cinismo.

Habanero terminó de vestirse y se cercioró de que nada se quedase por ahí antes de tomar el camino de regreso hacia el pueblo junto a Ters. Ninguno de los dos tenía noción de la hora pero supusieron que ya debía ser algo tarde al encontrar varios locales con las luces apagadas (tomando en cuenta la tormenta y la suspensión de actividades diarias y comunes realizadas en la zona); como Hiiro sabía en cuál motel se estaba hospedando Octobah, encaminó a Einarr hasta allí impresionándose al ver a su hermano recostado en un sillón de la estancia.

Ante el ademán de la fémina de acercarse a él para avisarle de su regreso, el ególatra la detuvo al agarrarla por su muñeca derecha; Hiiro tiró de su extremidad, logrando soltarse rápido mas hubo observado la sonrisa arrogante del varón de Kiri… justo lo que él quería. El jounin abrió sus ojos con pesadez al sentir el roce de una mano sobre su brazo derecho, escuchar la voz de su hermana terminó por quitarle a Morfeo de encima y una vez sentado en el sillón pronunció su nombre con el sufijo de todos los días.

—Volvamos a Kumo, dentro de unas horas. —Chie asintió con su cabeza.
—¿Dónde está extranjero san? —Su fratría le miró como si estuviese resignada respecto a algo.
—No lo sé —Tye ya no estaba por ahí.

Chihiro terminó por recostar su cuerpo sobre el de su hermano (su cabeza yacía sobre el hombro de Habanero I). Al quedar dormida no sintió el tacto de su familiar cuando éste la rodeó con un brazo en un intento de cobijarla con su propio calor, pues la taijutsuka emanaba mucho frío… era tanto para ser normal y eso solo le hacía pensar en el maldito ninja de Kirigakure.

A primera hora los ninjas de la Nube estaban listos para regresar a su villa, tan solo esperaban que Octobah abordara el barco que le llevaría de regreso a los brazos de sus adorados padres. Esta vez Ianmaru no sería quien les llevara, pues el muchacho tenía cosas que hacer con otros navegantes de la zona. De hecho se despidió de los hermanos mucho antes de que el sol saliese.

De repente, a ambos Miyazaki les golpeó una brisa sumamente fría por la espalda haciéndoles abrir el paso en el centro tal y como esperaba que sucediese Yuki. Quería pasar en medio de los músicos precisamente para provocar malestar en el varón y mirar con complicidad a la kunoichi.

—Tye —le agarró de la muñeca; Chie miró lo hecho por su hermana y su pecho retumbó—. No pierdas la cabeza y ayúdala a llegar a casa.
—Deja de darme órdenes, escuálida —Hiiro miró en dirección al barco, donde se encontraba la pobre víctima de la misión. No obstante, Ters la tomó de la barbilla y fugaz le plantó un beso en los labios. Habanero I abrió sus orbes en demasía, sin pensarlo se sacó el Shamisen de la espalda pegándole tremendo golpazo al de la Niebla. Los mellizos quedaron desconcertados a niveles distintos; Tye hizo puf al tratarse de un clon de sombras. Unas risotadas cargadas de cinismo y mucha burla se escucharon desde el transporte marítimo.

Ice miró a Chie con mucha arrogancia. Con lo que había hecho le había declarado la guerra al de mayor rango, tanto así que el monótono estaba muy dispuesto a llegar al barco para encararle como un hombre. Y para más inri, Ters se lamió los labios luego de echarle una mirada pretenciosa a la fémina.

—Vámonos, Chie.
—No quiero volverlo a ver por aquí —a medida se alejaban del puerto la atención de la de mirada violeta fue haciéndose más ajena; aquel beso no pareció uno de despedida y le agradaba saber que tal vez no sería la última vez que viera al frígido—. Ni cerca de ti, Hiiro san —concluyó el varón.


[…]

El día indicado el dinero está debajo de un puente
La nena por fin sale del cuarto donde estuvo guardada
Todo marcha como pactaron, no hay ningún pendiente

Por aviso del capitán los de Kirigakure se dieron por enterados de que yacían en territorio del país del Agua y que sería cuestión de algunos minutos para atracar. Einarr no le dirigió la palabra en ningún momento al maricón para el que fungía de escolta, pues si quería cumplir con la petición de la cabezona era mejor mantener la distancia.

Pero repentinamente recordó lo que le dijo Tukukita sobre Ruura. Al final había un detalle que se escapaba de su conocimiento y jamás podría recuperarlo en vista de que había matado al maldito criminal bocón. Con parsimonia se puso de pie tratando de mantener su mente en blanco y si bien no había ninguna imagen en su cabeza, las palabras de su mentora no paraban de taladrarle la consciencia: “un Yuki debe ser eficaz”.

Al ver una sombra detrás de sí, Octobah se dio la vuelta a la espera de descubrir de quién podría tratarse… sin saber que hacerlo le llevaría a morir con una sonrisa en los labios, una que quedó bajo el agua al caer su cabeza por la borda. Einarr congeló el cuerpo del sin género antes de lanzarlo al agua y verle perderse en las profundidades. Su mirada yacía carente de brillo, ni siquiera parecía humano; si de cumplir promesas se trataba (aunque no fuese una) Habanero II no podría reprocharle nada, pues técnicamente la ayudó a llegar a casa. Octobah murió en aguas de su país.


De pronto el jefe irrumpe en la casa sin cubrirse la cara
La nena reconoce en el rostro a alguien familiar
Los planes después del incidente han debido cambiar

Algunos ninjas salieron disparados desde la oficina de una de las concejales más conocidas en la villa luego de recibir un informe detallado respecto a la misión en la que su nombre salió a relucir. Einarr no se lo pensó dos veces para avisar a su madre lo peligrosa que podría tornarse su situación si los shinobi enviados por Nashla llegaban antes que los de ella a un mismo destino.

—Bien hecho, Ters.


Kumogakure

Después de cantar su nueva canción frente a un pequeño público de un restaurante y de recibir aplausos por ella, alguien con bandana se acercó a ella para entregarle una carta que portaba el sello de Kirigakure. En lo primero que pensó fue en Ice-T y en la privacidad de un camerino provisional le abrió tan rápido como le permitieran sus dedos.

«Supe que acompañaste a Tye Yuki en su misión en el país y que también fue tu hermano. Pero como te conozco más a ti, he optado por enviarte la misiva de manera personal para pedirte un favor; necesito que vengas a Kirigakure cuanto antes y te reúnas conmigo. Es cosa de un día y es muy importante que te vea.»


Chihiro dobló la carta. No todos los días la Mizukage enviaba mensajes a otros ninjas… pero lo más interesante era que Habanero jamás imaginaría que las letras de su canción se hubiesen vuelto realidad.



Vaina más larga :56::56::56::56::57::57::57::57::57:
Raving George EdwardCullen K Kari Walker ambas son libres de seguirle con lo que deseen (?)

Y sí, lo hice a modo de one shot-songfic (?) la canción se llama Bitácora de un secuestro y es de Ricardo Arjona :58:
 
Última edición:

All we hear is "radio ga ga, radio blah blah"
Moderador


I know that we are young
And I know that you may love me
But I just can’t be with you like this anymore…

Las personas se habían repuesto de su somnolencia inducida por un genjutsu y con la aparición de una fémina detrás de una pantalla que solo hacía visible su cuerpo, ovacionaron la retomada del concierto. El manto proyector se encendió en llamas al ritmo que iniciaba la música, dando paso a quien fuese la cantante del evento.

She’s not broken
She’s just a baby
—Se encontraba en la parte más cercana al público en la tarima y mientras cantaba echaba miradas y movía su mano libre—
But her boyfriend’s like a dad, just like a dad
And all those flames that burned before him
Now he’s gonna fire fight, gotta cool the bad
—Dando saltos gráciles mientras avanzaba hasta un grupo de acompañantes bailarines, se posicionó en medio de todos ellos… casualmente con el Sharingan activo—
You know that I love you boy
—Ellos repetían sus movimientos—
Hot like Sunagakure, rejoice
At this point I’ve gotta choose
Nothing to lose

Don’t call my name
Don’t call my name
—El público se encargó de mencionar el respectivo nombre a coro; mientras tanto, la artista se acercó a uno de sus ayudantes al punto de permitirle que pasara sus manos por su cintura—
I’m not your babe
I’m not your babe
—Empujando al sujeto reaccionó a otro que la agarró por detrás e hizo lo mismo con sus manos—
Don’t wanna Kiss
—Evitó un posible beso al mover su cabeza—
Don’t wanna touch
—Se alejó de él como si lo rechazara—
Just smoke my cigarette and hush
Don’t call my name
Don’t call my name
—La gente culminó la frase sin ayuda de la fémina—
Con pasos coreografiados a ojos de cualquiera, los bailarines se guiaron de la fémina para moverse al compás de ella. No tenían tiempo para preparar un número pero por algo eran ninjas, ¿no? Además no necesitaban tener demasiada destreza en el campo del arte porque bastaba que usasen su doujutsu para hacerlo ver, incluso, más exótico. Unos cinco tipos se acercaron lo suficiente a Miyazaki para simular algunos toques lascivos y encender más a la gente: dos acariciaron sus piernas uno la abrazó desde atrás, plantando su mano abierta sobre su vientre, apretando su ropa y otros dos tiraban de ella por los brazos mientras seguía cantando.

Stop, please
Just let me go
Just let me go

Y como si hubiese abierto una de las puertas celestiales, envió el grupo de hombres a volar, demostrando su poderío. Por supuesto que no les lastimó. El escenario se oscureció; de repente se iluminó cual flash de cámara para volver a quedar a oscuras. El proceso se repitió un par de veces hasta que Hiiro se deshiciera de parte de su vestimenta hasta quedar simplemente en interiores.

Oh-oh-oh-oh-oh! Oh-oh-oh-oh-oh-oh!
Caught in a bad romance

No fue la única que pronunció la frase desde que empezara con el cuasi estribillo; alrededor suyo apareció un manto neblinoso que se tornó escarcha y al empezar la música se giró a medias, dedicándole una sonrisa a su público mientras movía su parte trasera.

Rah-rah ah-ah-ah!
Ro mah ro-mah-mah
Gaga oh-la-la!
Want your bad romance

De repente dejó de cantar para darles oportunidad a los demás de hacer escándalo; se escuchó el sonido de unas cuantas explosiones que dejaron a su paso humo de distintos colores. Al diluirse quedaron a la vista varias mujeres vestidas con trajes de látex color negro, como si fuesen femme fatales. De forma audible, Habanero hizo un conteo regresivo antes de que volviese a estallar el estadio en música y efectos especiales. Justo se dio la vuelta para quedar de frente y empezar a mover sus caderas en conjunta a sus brazos y piernas.

I want your horror
I want your design
‘Cause you’re a criminal
As long as your mine
—Su mirada violeta se dirigió hasta un lado de la multitud donde se concentraban varios shinobi espectadores, entre ellos yacían los hijos de Ruura pero solo coqueteó con uno de los dos—
I want your love
—Hizo la seña de un corazón con sus dedos—
Love-love-love
—Y simuló la palpitación del mismo junto a las bailarinas—
I want your love
—Sonrió con provocación antes de acercarse a sus ayudantes en la pista, posicionándose para hacer unos cuantos movimientos sugerentes—
You know that I want you
And you know that I need you
(‘Cause I’m free bitch, baby!)
—Se acercó a una bailarina casi al punto de rozar su nariz con la de ella y enseguida hizo lo mismo con otra solo que con su boca, simulando una mordida—
I want it bad, your bad romance
—Al colocarse una detrás de la otra comenzaron a moverse en sincronía, sobre todo lo que respecta el movimiento de las extremidades inferiores—
I want your love and I want your revenge
You and me could write a bad romance
—Las féminas coreaban el trasfondo para darle más realce a las letras; separándose todas, prendieron en llamas sus brazos tras hacer con disimulo sellos manuales—
I want your love and
All your lovers revenge
You and me could write a bad romance

Con un soplo fuuton, algunas hicieron que las llamas se alzasen como si hubiesen echado algún aceite inflamable; una vez con las extremidades libres, Vendetta invocó su yari en modo compacto tan solo para hacerle girar con destreza. Gracias al efecto de asimilación de chakra pudo hacerle brillar para cautivar más a la fanaticada con un jutsu raiton.


Want your bad romance
—Y chocó el yari contra el suelo con fuerza, para demostrar quién tenía el poder ahí; al darse media vuelta apuntó hacia Khalf y Einarr; el dilema era descubrir a cuál de los dos era—

Estaba sumamente sudada pero, ¿qué le importaba? De esa forma atraía más a la multitud, irónicamente la extasiaba. Agradecía enormemente que Nashla la hubiera dejado tomar las riendas del concierto y no por desprestigiar a la cantante original, sin embargo sentía que lo hacía mil veces mejor. Cosa de ego. De todas maneras debía ser agradecida también con Kunoichi Gaga, pues ella misma dio su consentimiento para que la de Kumo hiciera un tipo de tributo a su persona y porque, por seguridad, era mejor que una kunoichi (que casualmente tenía voz, cuerpo y aptitudes vastas) la supliera.

Can’t read my
Can’t read my
No he can’t read my poker face
—Pronunció en la oscuridad; la gente continuaba enloquecida—
I wanna roll with him a hard pair we will be
—Ahora su cabello yacía recogido en una cola alta—
A little gambiling is fun when you’re with me
(I love it)
—Movió sus hombros con graciosidad—
Kiri’s roulette is not the same without a kunai
—Lo hizo a propósito para gusto de su público—
And baby when it’s love if it’s not rough it isn’t fun, fun
—El escenario se iluminó para mostrar un gran grupo de personas que estarían detrás de la jounin para bailar con ella—
Can’t read my
Can’t read my
No he can’t read my poker face
(She’s got me like nobody)
—Hiiro hacía intercambio entre sus facciones mostrándose sonriente, de repente sumamente seria y sexy—
Can’t read my
Can’t read my
No he can’t read my poker face
P-p-p-poker face, p-p-poker face
—Los bailarines empezaron a aplaudir en conjunto a la lírica, logrando que las demás personas les siguieran el paso también—
P-p-p-poker face, p-p-poker face
Mum-mum-mum-mah

Muchos papeles de colores habían surgido de las esquinas del escenario y desde el cielorraso, así como copos de nieve que la gente quiso atrapar con sus manos mientras se mostraban sumamente enérgicas, eufóricas y encantadas por el concierto. Aquel evento no podía darse por completo por la hora que era, además de que varios de los shinobi que ayudaron estaban agotados por la batalla contra la obsesiva de Nori Uchiha. De todos modos el esfuerzo empleado les sería retribuido.

Hiiro se despidió de la gente mientras escuchaba cómo insistían en que volviese a cantar pero ya no podía; le dolía no poder complacerlos, mas estaba cansada también. Gracias a Dios el estadio estaba tan frío que pese al calor podía sentir la frescura.

No hubo uno que tras bambalinas la felicitase por su actuación aunque hubo una que otra queja por ahí porque no todos querían aparecer en escena. No obstante, ese fue el castigo que impuso la Mizukage por haber secundado una broma como la del beso entre ella y Ruura. Pobres, víctimas de la misma Miyazaki y el demonio de Ters.

Cuando apenas quedaban pocas personas en los camerinos, Habanero terminaba de refrescarse un poco y secar su sudor hasta vestirse. Su cabello era un total desastre para cualquiera amante del buen estilo. Bueno, no podía esperar más luego de una actividad ridículamente movida. De repente sintió una sensación similar a la adrenalina: estaba lo que le seguía a contenta por lo que hizo; ¡no lo podía creer! Su asiento era del tipo que se usan en las oficinas, así que dio un par de vueltas en él hasta detenerse… recargó su espalda de la silla y suspiró. Amaba mucho la música.

En ese instante, alguien había entrado al espacio destinado para los artistas y sin importar la fuerza que emplease cerró la puerta al grado de espantar un poco a la jounin.

—¿Qué haces aquí? —Se puso de pie ante su sorpresivo visitante.


Raving George Verwest :56::57::56::57:
Toc toc
¿Quién es?
El Ángel :54:
 

Scatter you in art forms, admire the whore
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— ¿Qué haces aquí? —Se puso de pie ante su sorpresivo visitante.

Alzando su dedo índice, el varón delineó a corta distancia el perímetro de la puerta, sellándola con hielo para que los agentes de seguridad no pudiesen interrumpirles. Al terminar, rodó su mirada por toda la habitación reconociendo cada cosa, cada espacio. Jamás había entrado antes a los camerinos de las estrellas famosas; aquella era la primera ocasión en la cual una artista, y además extranjera, conseguía captar su interés. Avanzó un par de pasos y asimismo, el ambiente en torno a su cuerpo se volvió tan frío que los espejos en los cuales se miraba la fémina se empañaron por completo. Khalf rió con su voz grave.

¿Qué haces? —insistió Miyazaki. Su mano diestra se encontraba sobre el cajón en el cual guardaba algunos artículos ninja, sólo por si era necesario hacer uso de ellos. Había pocas cosas que conocía acerca del hermano de Tye y su rango shinobi no era una de ellas.
Vine por un autógrafo.
¿Para ti?
Claro que no, cabeza hueca —La pelirroja encogió los ojos— . Es para mi hermana, ella es admiradora tuya —el de Kiri esbozó una media sonrisa y miró a Habanero de soslayo antes de derrumbarse sobre un sofá— . Aunque voy a confesar que tu espectáculo no fue tan repugnante como dijo Einarr que sería.
¿Einarr?
Sí, Einarr.

Inconscientemente, Chihiro había querido indagar en el peligris porque deseaba saber si es que él había visto también su exhibición. Pero quizás sus reacciones y el tono de su voz le delataban; el de cabellos azabaches no dejaba de mirarle directo a los ojos, ampliando de poco en poco su maldita sonrisa. Vendetta tomó aire y se llevó su mano izquierda hasta sus caderas, después giró media vuelta y se desplazó para conseguir un trozo de papel de su escritorio. Complacería a su acompañante si es que con ello conseguía que le dejase en paz. La jounin acuñó el bolígrafo con su puño cerrado, escribió unas palabras con una caligrafía nada estética y luego notó que era debido a que sus manos estaban temblorosas.

Deja de hacerlo.
¿El qué?
Ese truco que usan los Yuki para descender la temperatura.

El hijo de Ruura se levantó del asiento y, en un abrir y cerrar de ojos, se colocó detrás de la mujer para robarle el poco de calor que le quedaba restante. El cuerpo de la kunoichi amenazaba con reproducir leves espasmos, de no ser porque ella misma se obligaba a no hacerlo para no lucir débil. Apretó sus propios puños y se mantuvo firme mientras volteaba para encarar al infame.

Veo que conoces al bastardo bastante bien —pronunció Khalf. Su figura erguida era tan alta como la de Ice-T, motivo por el cual se tenía que encoger para alcanzar los oídos de la fémina— . Ese maldito maricón de mierda se copia mis trucos y siempre ha deseado lo que yo tengo.
¿Tye tomaba tus Ninja Steel? ¿Rompió su Shinobistation? —Miyazaki se burlaba, pero el hombre apenas le prestó atención. De manera repentina, Yeti se agachó un poco más e invadió su espacio, acercándose a su cuello y exhalando suavemente una ventisca helada que terminó por quebrarle: la de la Nube vibró a causa del frío y dio un paso atrás abrazándose a sí misma. El ojiazul rio de nuevo.
¿El hijo de perra también hace esto? —Dijo entre risas.

Hiiro continuaba un tanto boquiabierta, sorprendida por la maniobra ya que la consideraba un atrevimiento. Entre tanto, el cínico tomó la hoja en la cual escribiera ella antes y la leyó con suma tranquilidad, verificando que todo estuviese en orden para poder marcharse: la noviecilla de Ters sabía el nombre de su hermana puesto que la nota iba con dedicatoria hacia ella. ¿Qué tanto más sabía esa extranjera sobre su familia? Khalf se dirigió a la puerta sin despegar la mirada del papel y derrumbó la salida congelada con una certera patada que hizo molestar otro poco a la pelirroja. Su camerino estaba deshecho, cubierto de nieve y escarcha por todas partes.

Antes de que te vayas, pasa a despedirte al barrio Yuki —el varón del otro lado del marco de la puerta hablaba con tal autoridad, como si tuviese derecho a darle órdenes. Habanero solo le miró de reojo— . Einarr, tú y yo. Podremos divertirnos —concluyó y se marchó.



Bishamon Bishamon
 
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All we hear is "radio ga ga, radio blah blah"
Moderador
Un minuto más tarde y apenas reaccionaba a la visita-burla del hermano de Tye; apretó uno de sus puños y golpeó con fuerza el tocador. Ejerció tanta que pudo romper el hielo que cubría la zona afectada e incluso hacer temblar el espejo más próximo. Tenía que gritarlo, tenía que deshacerse de lo que estaba sintiendo pero no lo haría en ese lugar. No era tonta como para exponerse por un impulso colérico. Así que recogió sus cosas y salió de allí rumbo al hotel donde se estaba hospedando. Uno de los pocos shinobi que se encontraba en el estadio intentó acompañarla de regreso, gracias a la espesura de la niebla a esas horas pero estaba tan enfadada que simplemente alzó su mano derecha para impedirle cualquier intención. Por supuesto que él no entendía qué le pasaba… ni de dónde había adquirido la escarcha que cubría parte de su cabello y ese temblor en su cuerpo; estaba extraña.

Habanero avanzó por el camino sin siquiera pensar si estaba yendo por el lado correcto. Qué le importaba; en lo único que estaba atenta era en la mil y un maneras de hacer añicos a Khalf Yuki porque nadie, ¡nadie! ¡NADIE! Se salía con la suya y quedaba ileso. Y no, no señor, él no sería la excepción. Por más que se “parezca al maldito de Ters”, cielos… ¡maldito Einarr! ¡Maldita sea! Cuánto lo odiaba sin razón en ese momento que hasta cambió radicalmente de tema. Lo odiaba tanto porque él merecía que le odiaran; ah, recordó que justo esa clase de sentimientos era lo que él deseaba que ella sintiera, pues, adivinen qué: lo odiaba. Y quería restregárselo y también golpear a su maldito hermano hasta el hartazgo.

De repente se detuvo para mirar en todas las direcciones. A los segundos volvió a sentirse molesta, solo que consigo misma. Estaba tan irritada que podría enojarse hasta con Dios, con el perro del vecino, con la vieja de la esquina… por decir que con cualquiera. Como una niña pequeña golpeteó el suelo con sus pies antes de respirar hondo un par de veces. Contó hasta diez, despacio, muy despacio.

—¡Oye, tú! —El ninja de antes la miró de inmediato; Hiiro había regresado. Traía una cara de pocos amigos pero menos enfadada que hacía unos cinco minutos. —Es mejor que me guíes.
—¿Ya se arrepintió de… —que ella gruñera le sirvió de advertencia para mejor cortar las bromas.
—Rápido porque estoy agotada.
—¿Quiere que la lleve en mi espalda? —Otra broma que Hiiro supo aprovechar muy bien para mala suerte del sujeto, pues sin pensarlo se le subió encima y ordenó de vuelta que se diera prisa.

Ni siquiera pudo agradecerle de forma decente a quien le hiciera el favor porque desde que se vio en la comodidad de esa espalda, Chihiro fue cayendo presa del sueño. Con cierta dificultad pudo llegar a su habitación, abrir y cerrar la puerta para caer sentada con la espalda pegada a esta. Vaya día. Sus hombros descansaron al bajar; la temperatura allí era súper adecuada para retomar el control de su cuerpo. Más tranquila, quizá por andar embobada del sueño, recordó lo que hiciera el primogénito de Ruura y lo que éste le dijera mientras buscaba hacerla sentir horrible. En efecto: todo lo que hizo lo había vivido con Ters. ¿Entonces sí le copiaba o Khalf le copiaba al otro? ¿O ambos eran retrasados? Rio como estúpida al preguntarse lo obvio. Pero hubo algo que el entrometido de Yeti no hizo y que su hermano haría sin pensarlo dos veces o ninguna porque no tenía neuronas —volvió a reír por eso—; Einarr no perdía el tiempo para regodearse con su calor.

Sí, sabía que Ice odiaba mucho esa emanación tonta de la que él siempre se quejaba. Claro que cuando estaba cerca de él, su cuerpo traidor se encendía como fogón (tal vez un poco menos). O tal vez su cuerpo era naturalmente troll. Era un deleite hacerle enojar, provocarlo, que se pusiera a vociferar cosas sucias sin control… era un tremendo idiota bocón —Chihiro fue acercándose a su cama—. Y con todo y todo, con esa boca inmunda, besaba rico —Vendetta suspiró tras confesar aquello en voz alta—. Podría ser aquella una razón para permitirle tanta cercanía a un patán como él o siempre sí Tye le gustaba… —se recostó boca abajo, tomando una almohada entre sus brazos para abrazarla mientras hundía a medias su rostro en otra—. Le gustaba…

¡PERO JAMÁS LO DIRÍA!

Producto del enorme cansancio, la de Kumogakure no supo cuántas horas habían pasado desde que despertase con un hilo de baba escapándose por la comisura derecha de sus labios, y con una postura algo incómoda (sensación que no percibía al estar sumamente dormida). Miró el reloj, ¿era de noche otra vez? No le sorprendía. Al ponerse de pie para buscar algo de comer en el refrigerador, encontró una nota frente a la puerta. Luego de un bostezo rastrero la tomó y abrió; iba a nombre de Kunoichi Gaga.

«Querida Chihiro, gracias por tu grandiosa presentación tributo. Me sentí bastante honrada y no quería irme sin darte algo más que mi gratitud. Es por eso que te he enviado un cupón para que puedas tomarte un descanso bien merecido porque ser shinobi no es cosa fácil —Habanero buscó el regalo y con solo ver el nombre del sitio sus pupilas se tornaron diminutas; el poco sueño que sentía se esfumó—. Puedes invitar a otra persona o a todo el que quieras, en realidad, pero tres son multitud, ¿no? —Pudo imaginarse algún gesto burlesco ahí—. Está todo incluido durante el fin de semana. ¡Disfrútalo!»

Chihiro tomó asiento.

Salir de la estupefacción le tomó unos cuantos minutos, siendo lo primero que hiciera tomar su móvil para ver qué día era. Esbozó una gran mueca de asombro al descubrir que había dormido más de veinticuatro horas. También se dio cuenta que tenía algunos mensajes, incluyendo los analfabéticos de Ice-T aunque de éste no eran tantos y no decían nada importante. Estaba dispuesta a ignorarlo, a ignorar a su familia; no quería topárselos pero tampoco podía quedarse encerrada allí si debía verse con Nashla… ¡Cierto! Lo había olvidado por completo.

Era una total lástima que ella y el papanatas de Pecho Frío no hubiesen llegado a un acuerdo. ¿Qué le podría suceder si decía todo lo que Nashla quería escuchar?

[…]

«Las cosas se salieron un poco de control en el país pero todo volverá a la normalidad en poco tiempo; regresaré dentro de una semana. ¡Ah! Estoy bien, no se preocupen por mí pero sí extráñenme. Dile a Chiho que todavía no se libra de mí.»

Aquella carta debía llegar a manos de su hermano mayor por minutos para que se mantuviera tranquilo dentro de lo posible, pues le conocía y seguro que ya hasta estaba planeando viajar a Mizu a buscarla. Chihiro llevaba prácticamente un mes en Kirigakure, solo dos días habían pasado desde que la guerra contra el Horizonte se interrumpiera de forma estrepitosa, por demás extraña. La única explicación que dieron fue que la Mizukage había aparecido.

La puerta de la habitación que ocupaba, resonó dos veces. Por el diminuto espacio debajo, un sobre fue deslizado con gracilidad. Para cuando Habanero se acercó no había nada más que el mensaje; quien sea que le hubiese llevado se había retirado. Lo tomó y abrió enseguida pronunciando las líneas que se encontraban en él en voz medianamente baja. ¡Por fin Miyazaki tendría su encuentro con la mandataria! No sabía sin pensar lo mismo respecto a la posición que ocuparían los Yuki con su declaración, sobre todo después de la no muy cortés conversación entre la matriarca y ella antes de partir a Shimitsu.

Guiada por sus pensamientos, apretó un tanto el papel entre su mano derecha. No le gustaba sentirse a merced de nadie. Recordar todo lo que le dijera Ruura le hervía la sangre, pero todo era culpa de Ters. Bueno, también era su culpa pero él era más responsable aún por andar dándole cuentas a su “mami”, sobre sus aventuras en las azoteas administrativas de la Niebla. ¡Estúpido! No podía creer que de verdad se lo dijera, ni porque habían pasado unos poquitos días desde entonces.

Su cita sería en la torre Suijin en horas de la tarde. ¿Qué haría mientras tanto? Como si hubiese pedido una respuesta divina, su celular vibró producto de un mensaje de texto entrante; Tadeo la invitaba a dar una vuelta. No era mala idea, pensó. Así que aceptó la propuesta y en unos quince minutos se encontró con el varón en la estancia del edificio de hospedaje. Hiiro se impresionó un poco al verle con vestimenta para nada ninja y él halagó su atuendo e incluso le dijo que el peinado que llevaba era un tanto distinto a lo usual: su cabello yacía recogido en dos anchoas.

—Hola, te queda muy bien esa ropa —ella no se guardaría el comentario e hizo sonrojar levemente al muchacho—. ¿Cuál es el plan?
—Supongo que no has conocido la villa aún, ¿no? —afirmó—. Entonces te daré un tour.
—Antes —interrumpió la caminata de su acompañante, haciéndole que la viera a los ojos—, ¿podríamos ir a comer?
—Claro, ¿qué se te antoja?
—He escuchado que el sushi de la aldea es uno de los mejores de Modan —se mostraba pensativa al mirar ligeramente hacia arriba con una mano en el mentón.
—Seguro que sí, pero el mejor de todos se encuentra en un sitio que seguro no querrás pisar.
—¿Por qué?

[…]

Ni bien posara la suela de su botín en el piso, el hielo que le cubría hizo crack para desconcierto de la fémina extranjera. Sus mejillas se inflaron por la frustración, tornándose más coloradas para graciosidad de Hozuki; su expresión la hacía lucir tierna. Así es, el mejor puesto de sushi de Kirigakure yacía en el sector de los hijos del hielo, mismos que se agasajaban de ello y hasta cierto punto volvían el restaurante extremadamente exclusivo, pues cuando más de dos Yuki se reunían allí, no había quien aguantara el ambiente crudo y hostil; bueno, eso siempre ha sido un rumor interno en la villa, mas los subordinados de Ruura se aprovechaban de eso para dar pie a las ideas del pueblo.

—A esta hora es probable que nos encontremos con varios de ellos almorzando ahí, ¿no te impor… —no terminó la pregunta gracias a que la jounin continuó la caminata hacia el interior del barrio, ignorando cómo rompía la capa gélida y así evitando sentirse en conflicto por no saber andar en hielo—. Chihiro, te están observando —en medio de sus palabras reía con nerviosismo—. Deberías ser más cuidadosa con su suelo…
—Es una pena —subió y bajó sus hombros—, y no me importa estar aquí. Si este es el mejor puesto de sushi, entonces compremos para llevar al menos.
—Es una buena idea —lo era, porque no quería socializar con ningún Yuki.

Fue imposible evadir las miradas taladrantes de los residentes del sitio al ver a la mujercita de llamativa cabellera y aura imponente; alguien así atraía la atención hasta del que estuviese en la última mesa del rincón. Ella y Tadeo pidieron un menú, mas quien preparara los sushi les interrumpió al llamar a la muchacha con algún seudónimo. El hombre sonreía a sus anchas, era extraño; su tono de voz era entusiasta pero había algo pícaro en él, sobre todo en lo que estaría a punto de decirle a Vendetta: «¿No fuiste tú quien hizo un concierto en el gran domo de hielo que creó Ruura sama y algunos de sus plebeyos?» La de mirada violeta le observó por unos segundos, le ignoró al no decir nada y centrarse en los distintos platillos del local. Alguien desde una mesa vociferó “que hiciera algo”, otros tantos secundaron la propuesta. Entre ellos parecían divertirse y les hacía mucha ilusión poder saciar sus ganas de burla con una extranjera. Tadeo suspiró por las tantas voces molestas.

—Hiiro, es mejor retirarnos de aquí.
—No seas maricón —el chef afilaba sus cuchillos predilectos—. Aprende de la niña. Es más fuerte que tú.
—Ya sé lo que voy a pedir —dijo de repente la pelirroja—; quiero rollos de cangrejo, de pescado, de calamar, camarón y tiburón; diez rollos de cada tipo —el Yuki cocinero y Hozuki abrieron sus ojos de más—. También un servicio de sashimi, grande; le echa salsa anguila, ¿vale? No le coloque wasabi, yo me encargo de eso. Y no se olvide de la salsa de soja. ¡Ah! También quisiera cinco onigiri —con inocencia llevó una mano hasta su mentón—. También quisiera takoyaki.
—¿Estás jodiéndome, niña?
—No. Quiero todo eso y lo quiero gratis si logro hacer lo que sea que me pida hacer. —Los comensales se giraron hacia el trio, algunos con la boca llena a medio masticar. El encargado de Kaitenzushi soltó una carcajada tan sonora que terminó por atraer toda la atención de sus clientes. Al tiempo que parecía divertirse por la insólita propuesta bastante descarada de la menor, la miraba a la cara como si esperase que su reacción burlona le afectara pero los segundos pasaban y Hiiro continuaba con su cara de perra (porque eso fue lo que el sujeto pensó al detener sus risas).
—No puedo darte todo eso gratis, mocosita.
—Yo digo que sí —y tanto él, Tadeo y Habanero observaron a quien entrase y cruzase sus brazos tan solo para demostrar superioridad… un poco más de la que ya podía tener.
—Joven Khalf… —Hiiro rodó los ojos—. Es una locura lo que ha pedido esta niña, perdería mucho dinero.
—No lo harás, tarado —él caminó hasta la extranjera, obviando olímpicamente la compañía de esta; le gustaba tener sus ojos violetas puestos en los suyos—. Porque si ella gana, yo pago todo —varios soltaron un sonido de impresión—. ¿Qué dices, Chi-hi-ro?
—Chihiro, no vale la pena hacer esto —el primogénito de Ruura miró con desdén a Hozuki y de un empujón lo apartó de al lado de la pelirroja para queja de ésta. Cuando quiso hacer algo para evitarlo, Yeti cerró su paso al atajarla con un brazo. —¿Qué te pasa, idiota?
—Haz silencio, puto. Estas en mi territorio —sonrió con demasiada confianza—; si me diera la gana te congelaría hasta hacerte reventar.
—¿Cuál es la apuesta? —Vendetta había fruncido el ceño con ligereza; en serio que ese tipo la hacía enfadar, sobre todo si se metía con personas con las que no debía.
—Juguemos a tu modo —al intentar tocarle la barbilla, Chihiro agarró su mano rastrera. Tuvo que soltarla casi de inmediato porque Khalf bajó su temperatura—. Qué grosera eres; no sabes tratar a tus fans —casi le escupió en la cara.
—Tú no lo eres, imbécil —se mantuvo inmutable.
—La apuesta es esta, enana —se alejó de ella unos pocos centímetros para que todo Yuki presente le escuchara y viera—: tú y yo tendremos un duelo de baile —de repente, Miyazaki comenzó a reír con incredulidad extrema: ¿acaso él sabía bailar? —.Y si ella gana —la señaló con su mano dominante cual presentador de programa de televisión—, obtendrá lo que desea de este restaurante pagado por mí pero, si yo gano —se tocó el pecho y detuvo su verborrea sobre actuada para deleitarse con la mirada exótica de la fémina—, deberá besarme en público, en el centro del barrio donde todos nos puedan ver —ni siquiera tras eso la kunoichi se mostró afectada, lo que distaba en su interior ya que no podía creer lo que captaba con sus oídos; Tadeo abrió su boca y ojos en demasía—. Incluyendo tu noviecito —le cuasi susurró para expeler su aliento… obviamente, no se refería al chuunin que la acompañaba.

Kaitenzushi se sumió en un frívolo silencio cargado de tensión tan perceptible como la mismísima baja temperatura. Como podía llegar a ella sin la indeseada intervención de Ice K, Tadeo sujetó el brazo más próximo de la jounin para intentar hacerla entrar en razón e irse de allí de una vez por todas. Él le decía una y otra vez que no valía la pena caer en sus juegos; no quería entrar en difamaciones sobre cómo eran los miembros de aquel clan mas buscó la manera de hacerle saber a Hiiro que cualquiera cosa que sucediese en ese suelo sería para beneplácito de ellos. Porque así eran todos. Ahora, todo eso tendría sentido si Miyazaki al menos le hubiera prestado atención a su cuerdo amigo. Estaba tan absorta en los gestos del hijo de Ruura, en sus palabras y en sus intenciones que solo escuchaba sus propias reflexiones al respecto. Era cierto: podía negar el absurdo, darse la vuelta, pedir un servicio normal de sushi y salir de allí pero…

—Acepto —la expresión del hermano de Tye cambió a una más excitada; Hozuki soltó su brazo con resignación. Era cosa de orgullo y Tadeo no lo entendía…

Dentro de Kirigakure, Khalf tenía su séquito de amigos-lame suelas por ser el hijo primero de la gran líder del clan. Estos sujetos le hacían la barba al azabache porque de esa forma su ego recibía alimento. Todo aquel que se diera por enterado de lo que iba a suceder, salió para ver; no importó si estuviesen recién despertando: ¡no podían perderse el espectáculo de Yeti! Algunos iban específicamente por la instrumentalista con excepción de las mujeres que aporraban al primogénito de Ruura.

Desde el segundo piso de algún edificio cercano, Fiora prestaba atención a los hechos como si fuese un tipo de espectadora VIP. Entre sus manos yacía el papel en el que se encontraba la firma y mensaje de la pelirroja… increíble que su hermano se lo diera así fuese hecho bolita (de todos modos se lo lanzó a la cabeza a modo de juego). Era increíble, además, que todavía tuviese el autógrafo consigo después de un buen rato.

Por otra parte, Einarr había culminado su sesión de entrenamiento e iba por un poco de sashimi a Kaitenzushi cuando se encontró con el cúmulo de personas hablándose entre sí. Al principio no le dio ninguna importancia aunque le pareciere “extraño”; seguro era el hijo de puta de su hermano haciendo una de las suyas… alguna payasada. Al entrar al local ordenó su platillo favorito para llevar, claro, añadiendo uno que otro imperativo más unos cuantos insultos en medio. Como no había recibido respuesta, Ters golpeteó el mostrador para que el chef le mirase: qué se creía ese mal parido para ignorarle.

—¡Que me des una orden para llevar, cabeza de huevo! —El aludido titubeó un poco antes de tomar el pedido de Ice. Por muy poco cerraba sus ojos mientras reposaba su cabeza sobre su mano izquierda. Aquel día había practicado un tanto distinto a lo usual por cuestiones ligadas al sello maldito… debía encontrar la forma de que esa cosa le beneficiara, no que lo jodiera.

Cerca pero no precisamente a su lado, escuchó el sonido de alguna canción que escucharía Khalf a todo volumen. Sería el colmo que se paseara por todo el sector alardeando de ella; qué maricón, pensó. También escuchaba a las personas “seguirle” al ritmo de la canción o más bien ovacionar un algo… esos malditos, pensó de nuevo. Le fastidiaba como casi todo (¿?) el que las personas de su propio clan dieran tanta atención a un cabrón como el primogénito de la matriarca. La condena de ser el adoptado.

—Aquí tienes, Einarr —iba a tomar el paquete cuando se dio cuenta de un detalle pequeño pero curioso.
—¿Desde cuándo me llamas por mi nombre, gordinflón?
—Ah… ¿qué? —Era obvio que estaba distraído; Pecho Frío miró hacia atrás, lo que atrapaba horriblemente la atención del chef—. No sé de qué hablas, maricón.
—¿Qué mierda está sucediendo ahí? —Ya no le parecía normal porque no era inusual que su egocéntrico y arrogante hermano pavoneara sus destrezas en pos de aumentar su valía a punta de buenas críticas sociales. Se puso de pie con el servicio y se lo pensó un poco antes de mezclarse con los idiotas de su clan que disfrutaban de lo que veían. En una de esas, mientras empujaba importándole una mierda las quejas, su mirada azul se encontró con la de Hozuki… ¡ah! ¿Pero qué coño hacía el maldito Caldo ahí? Y ni siquiera tuvo que tirar del cuello de su camisa para preguntarle cuando el silencio del público le hizo girar su cabeza hasta lo que necesitaba ver.


La contienda entre Khalf y Hiiro iba algo pareja porque en cuanto a pasos de hip hop ninguno se quedaba atrás; hasta llegaron a parecer como si hubiesen montado alguna coreografía. No obstante, hubo una ocasión en que la de Kumogakure hiciera algo que hiciera sentir en peligro al azabache. ¡Odiaría perder delante de sus futuros esclavos! Y como buen patán que podía jugar a romper las “reglas no existentes”, Yeti cubrió todo el suelo con hielo haciendo que Habanero terminara por caer, doblándose un tobillo.

—Ups —le mostró sus dientes en una amplia sonrisa socarrona.
—¡Hiciste trampa! —vociferó molesta—. No debías aumentar la capa de hielo porque…
—¿Por qué no? —Continuaba sonriendo—. Puedo hacer lo que me plazca para mi presentación; si tú no sabes andar en hielo es tu puta culpa —la pelirroja sintió sus mejillas arder por el enfado—. O mejor dicho —de reojo miró a Ters entre la gente—: es culpa de tu noviecito.
—¡Cállate!
—No uses las palabras incorrectas conmigo —y sin importarle nada la sujetó de ambas muñecas llevándola de bruces contra el pavimento congelado; Tadeo la llamó por su nombre. Hizo lo posible para interferir pero los amigos de Khalf le impidieron el paso. Asimismo, Tye no quitó la mirada de encima de ellos dos. Él había escuchado lo de “noviecito” y sabía que se refería a él, el hijo de perra—. Me debes.
—Suéltame, hiciste trampa.
—No te escucho —se burlaba al repetir y cambiar su tono de voz.
—Eres un —hizo su mayor esfuerzo para empujarle pero sus palabras fueron cortadas sin piedad al momento en que Yeti uniera su boca con la de ella.
—¡Chi-Chihiro…! —Los otros gélidos soltaron al chuunin en pos de reírse de su patética expresión.
—Puta… —fue lo único que susurró para empezar.


Raving George Verwest :56:
 
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