Película Canción del sur

Yukino's boyfriend
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Juanín viaja con sus padres y su niñera, la tía Blanca, a la hacienda que su abuela posee en el sur. Nada más llegar, el padre se marcha por cuestiones de trabajo y esa noche Juanín decide partir en su busca; pero el tío Remus, un bondadoso y viejo negro que trabaja para la abuela de Juanín, persuade al chiquillo de su propósito contándole una de las historias del conejo Rabito.

Canción del sur es un filme azucarado como un pastel de merengue, con una visión falsa e idealizada de las plantaciones del sur de los Estados Unidos en el siglo XIX y una presentación estereotipada y paternalista de las gentes de color -sale Hattie McDaniel, la niñera de Escarlata O'Hara en Lo que el viento se llevó (Gone with the wind, Victor Fleming, 1939)-: los negros son bonachones y sumisos, hablan con el típico acento zumbón y se pasan el día cantando espirituales como un verdadero coro de ángeles. Esto no significa que la película no tenga virtudes, que las tiene: una de ellas la constituyen los efectos especiales, de asombrosa perfección técnica para una obra que tiene más de setenta años a sus espaldas y que fueron nominados al Oscar, mientras la canción "Zip a dee doo dah" obtuvo la estatuilla; la otra es que, si se contempla con benevolencia, se encuentra en ella al menos parte de ese encanto que hace imperecederos la mayoría de los productos Disney -los niños, que todavía no se ven afectados por los tontos prejuicios de los adultos, pueden disfrutar mucho con su visionado-.

La parte animada de la historia corresponde a los tres cuentos que el tío Remus -James Baskett- relata a los niños, aunque la mayor parte del metraje está presidida por la imagen real. Las peripecias del Hermano Rabito -¿una mala traducción de Rabbit?- son pura fantasía animada, aunque también se mezclan en tres ocasiones los actores de carne y hueso con los dibujos: en el prólogo de los dos primeros relatos aparece el tío Remus paseando por un hermoso bosque pintado, como dieciocho años después lo harían Julie Andrews y Dick van Dyke en Mary Poppins (Mary Poppins, Robert Stevenson, 1964), y relacionándose con diversos insectos y animales de encantador aspecto; en el epílogo de la película, son el conejo Rabito y otros animales los que abandonan el escenario natural para hacer acto de presencia en el bosque real que rodea la hacienda y alternar con el tío Remus y los niños, si bien al final el bosque se transfigura en un bosque animado.

El tono ejemplar preside todo el filme, que se articula en torno a las tres historias del conejo Rabito y sus moralejas: "No se puede huir de las penas" -primera-, "El uso de la inteligencia compensa la falta de fuerza" -segunda- y "Todo el mundo tiene en su interior un lugar para el buen humor, pero ha de molestarse en buscarlo" -tercera-. Lo que se cuenta en estas pequeñas historias encuentra su correspondencia -y, por tanto, su aplicación- en la realidad. Así, Juanín es el conejo Rabito y su malévolos vecinitos son el Hermano Zorro y el Hermano Oso, empeñados en comerse a Rabito; pero, como este, Juanín sabrá salir airoso del enfrentamiento. Todas estas moralejas se completan con un mensaje final de cariz claramente conservador: "La felicidad está en el propio hogar".

EEUU, 1946. Título original: Song of the South. Directores: Wilfred Jackson, Harve Foster. Autor (relatos originales): Joel Chandler Harris. Guionistas: Dalton S. Reymond, Bill Peet, Ralph Wright, Vernon Stallings, Morton Grant, Maurice Rapf. Productor: Walt Disney. Música: Daniele Amfitheatrof, Charles Wolcott. Intérpretes: Ruth Warrick, Bobby Driscoll, James Baskett, Luana Patten, Lucile Watson, Hattie McDaniel, Erik Rolf, Glenn Leedy, Mary Field, Anita Brown. 94 minutos.
 
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