Fanfic Civil War [Capítulo 2] (31-3)

Arki

Adolescente idiota y rencoroso
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Buenas, amigos lectores.

No voy a matarme en introducciones. Todo el mundo sabe que pronto saldrá Capitán América 3: Civil War, y que enfrentará a los superhéroes entre ellos, divididos en dos bandos. Estaba un poco aburrido y dije "Eso podría hacerse con los Elegidos", y ¡BUM!, esto es lo que salió. Empecé a escribirlo ayer y dije "¿Por qué no publicarlo?". Así que esta es mi humilde adaptación del evento de cómics que pronto ha de estrenarse a la gran pantalla.

Ojalá les guste.



— ¡No te escaparás! —Gritaba Robbie, con una gran sonrisa en su rostro, sintiendo con gusto el sol de la tarde.

No sonreía por las razones que lo hace cualquier chico de trece años. No lo hacía por una broma, ni por estar jugando con amigos. Sonreía porque le encantaba volar. Era una sensación alucinante, incluso si técnicamente no fuera “volar”. Más bien caía con estilo, como el comisario Woody definía en Toy Story. Pero cuando tienes trece años y viajas en la espalda de tu grandioso león de fuego que puede dar saltos de doscientos metros, sientes que estás volando.

Así que disfrutaba la persecución, pues sabía que no había forma de que ese idiota de Mercurymon pudiera escapar de su compañero, el poderoso Apollomon. Robbie era parte de la primera camada de Elegidos que habían aparecido luego de que David Motomiya y sus amigos vencieran a MaloMyotismon. Desde entonces, algunos grupos de niños a lo largo del mundo habían recibido sus compañeros digitales. No era algo globalizado ni mucho menos. No más de treinta países habían reportado la presencia de un grupo, el cual rara vez superaba los cuatro integrantes. Por supuesto, rastrearlos era casi imposible, mucho menos identificarlos.

Sus amigos y él habían escapado muchas veces de las autoridades. Ahora volaban a su lado, Zoe sobre Dianamon y Bruce sobre Machinedramon, siguiendo a Mercurymon por el cielo de Tokyo. Habían recibido noticias de que un digimon sobrevolaba la capital japonesa, y no dudaron en acudir al llamado. Robbie era el líder de la primera nueva camada que aparecía en Japón. Sabía que existía al menos una generación más, la que había iniciado todo, pero no los conocía. De lo que estaba seguro era que él y su equipo iban a cambiar la historia.

— ¡Cañones Giga! —Gritó Machinedramon, lanzando dos poderosos misiles a Mercurymon.

El digimon metrosexual, como lo había definido Robbie —“¿por qué sino llevaría tantos espejos encima?”—, evitó con gracia los proyectiles, los cuales explotaron en el aire algunos centenares de metros más allá en el cielo.

—Rayos, es muy bueno —se lamentó Bruce.

—Tranquilo —comentó Zoe, muy cómoda en la espalda de Dianamon—. Estoy segura de que Robbie encontrará la forma de vencerlo, tal como contra Barbamon.

Robbie se sonrojó ante el comentario de su amiga y le dedicó una sonrisa. Si todo salía como quería, esa misma noche se declararía. Pero primero lo primero: acabar con ese malnacido de Mercurymon.

Continuaron volando, alejándose de la zona céntrica y urbana de Tokyo, y entrando en lo que parecía ser una zona residencial. Más allá empezaba a verse el Monte Takao. Robbie era inteligente, un gran estratega, por lo que entendió enseguida por qué escapaba hacia allí. Un tipo tan ágil e inteligente como Mercurymon encontraría muy fácil perderse en ese paisaje natural, con los accidentes geográficos y la vegetación tan densa. Y si su plan era escapar era porque a) había una misión que cumplir que era más importante que luchar contra un trío de elegidos o b) sabía que perdería si entraba en combate. Cualquiera fuera el motivo, Robbie estaba decidido a frustrarlo.

— ¡Zoe, ven conmigo! ¡Dianamon es la más rápida, que intercepte a Mercurymon mientras Machinedramon lo ataca sin descansar!

Los digimon actuaron de inmediato. Dianamon dejó a Zoe (quién se aferró desde atrás a Robbie) y se lanzó a toda velocidad. Machinedramon lanzó unas pequeñas bolas de energía que no pretendían dañar sino ralentizar. Mercurymon perdía valiosos segundos maniobrando para evitar los ataques, permitiéndole a Dianamon alcanzarlo fácilmente. Una vez que se colocó delante, la digimon atacó con su arma. Mercurymon debió frenar en seco, y los dos digimon comenzaron un intercambio de golpes, demostrando sus habilidades marciales.

Machinedramon y Apollomon dejaron a los Elegidos sobre la azotea de un pequeño edificio y se lanzaron a la lucha. Machinedramon activó unos propulsores ocultos para poder alcanzar a Mercurymon y Dianamon (quienes sí tenían la capacidad innata de volar), mientras que Apollomon se conformó con quedarse en medio de la calle y lanzar bolas de fuego, eventualmente dando un súper-salto para llegar y propinar un golpe.

—Lo tenemos —dijo Robbie, confiado. Los tres digimon estaban dándole una verdadera paliza a Mercurymon.

Sin embargo, justo cuando parecía que lo tenían, de los antebrazos del digimon salieron dos poderosos rayos de energía que impactaron en Machinedramon y Apollomon. El primero recibió un impacto directo en el pecho que hizo que se estrellara en una casa. Robbie rezó porque no hubiera nadie dentro en esos momentos. Apollomon lo recibió en el hombro, y acabó en medio de la calle, creando un cráter al caer.

— ¡Dianamon, tú puedes! —Gritó Zoe, dando un paso hacia delante.

Entonces los Elegidos escucharon el ruido de una multitud. Acercándose un poco hacia la cornisa de la azotea vieron decenas y decenas de niños de distintas edades, todos con el mismo uniforme escolar. Miraban sorprendidos y asustados a la batalla en el cielo. Varios de ellos sacaron sus teléfonos celulares y empezaron a grabar la batalla.

—Esto está mal —dijo Bruce—. Hay mucha gente aquí. Debemos llevar la batalla a otro lugar.

—Estamos demasiado cerca del Monte Takao, si llega allí lo perderemos, y quién sabe qué es lo que busca este digimon en nuestro mundo.

—Robbie tiene razón —comentó, dedicándole una última sonrisa a su amigo—. ¡Dianamon, acaba con él!

Siguiendo las instrucciones de su tamer, Dianamon preparó y lanzó una poderosa flecha de energía. La flecha viajó con toda la energía de un digimon nivel mega. Se dirigía directamente al pecho de Mercurymon. Estaba a punto de acabarlo.

Y entonces Mercurymon sonrió. Extendió uno de sus antebrazos, y la flecha fue absorbida por el espejo que allí se encontraba. Inmediatamente salió expulsada por su otro antebrazo, directo hacia donde él había apuntado.

Para Robbie, el mundo entero se detuvo en ese instante. Ya no escuchaba a los niños de la escuela, ni los gritos que parecían venir de la casa donde Machinedramon se había estrellado, ni las sirenas que empezaban a oírse a lo lejos. Ya no sentía el hermoso sol de la tarde, ni la brisa otoñal. Sus pulmones dejaron de respirar y su corazón se olvidó de latir. Parpadeó una, dos veces, mientras sus piernas comenzaban a temblar. Quiso gritar, pero parecía estar viendo una película, pues su cuerpo no respondió en absoluto mientras veía a Zoe, de pie con una flecha del tamaño de una lanza atravesándole el estómago.

La flecha se desvaneció en segundos, y Zoe cayó boca arriba. El hoyo en su estómago era del tamaño de una bola de handball, y la sangre comenzó a salir en cantidades que Robbie no sabía que existían. Fue ligeramente consciente de que Dianamon perdía al instante su evolución, siendo acabada segundos después por un despiadado Mercurymon. Machinedramon se lanzó a la carga en un frenesí de ira. Bruce gritaba y lloraba, sus pulmones doliendo por el esfuerzo y la intensidad de su llanto. A Robbie le hubiera encantado poder hacer lo mismo. Llorar hasta que se le salieran los ojos y su garganta se desgarrara. Pero lo único que pudo hacer fue caer de rodillas sobre el charco de sangre y contemplar el cuerpo de su amiga, de su primer amor.

Apollomon apareció instantes después a su lado, observando el cuerpo inerte de Zoe. El rugido de dolor del digimon fue oído desde toda la ciudad. Volteó a ver a Mercurymon, que de nuevo envió a Machinedramon hacia ellos, aunque afortunadamente pudo detenerse antes de estrellarse en la escuela.

— ¡ERES UN MALDITO! —Rugió Apollomon, mientras reunía todo su poder, el cual era comparable con una erupción volcánica, y lo concentraba en la esfera ígnea de su espalda. Los niños comenzaron a correr, sintiendo ese calor insoportable, imposible de ver directamente—. ¡GOLPE DE NOVA!

Una esfera del tamaño de un camión de mudanzas salió disparada hacia Mercurymon. El digimon simplemente extendió sus manos.

— ¡Reflejo de Contrarresto!

Aquella inmensa masa de fuego fue absorbida en un instante. En ese momento el calor sofocante se extinguió, y una fresca brisa acarició a los Elegidos y los niños de la escuela. Solo para que segundos después Mercurymon devolviera aquella implacable marea de fuego.

Robbie fue ligeramente consciente de los gritos de terror de los niños, y claramente sintió la ola de calor acercándose a él. Extendió su brazo y acarició el rostro inerte de su amiga.

—Todo esto es mi culpa —alcanzó a decir.



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Tai prácticamente tiró su bicicleta en la entrada de la casa de Mimi. No se molestó en guardarla ni asegurarla. Giró el picaporte, y por suerte estaba abierta. Teniendo cuidado en cerrarla, avanzó corriendo hacia la sala, sin esperar a que Mimi o alguno de sus padres lo recibieran. Cuando llegó a la sala ya se encontraban allí Mimi, Matt, Sora, TK, Kari y los padres de Mimi.

— ¿Es cierto? —Preguntó, casi sin aliento.

Ninguno volteó a mirarlo ni se molestó en responderle. Estaban absortos mirando la televisión. Allí, una reportera visiblemente afectada por la noticia que se encontraba relatando estaba de pie en medio de una calle. Se podía ver multitud de medios de comunicación, varios camiones de bomberos, ambulancias y policías. En el fondo, una columna de humo que se elevaba lentamente hacia el cielo. Por lo que podía verse, el fuego se había extinguido, pero aquella columna de humo no parecía cercana a disiparse.

—...más de 4000 °C, cercano a la temperatura de la superficie del Sol —explicaba la reportera, con el tono de voz más triste que Tai hubiera escuchado alguna vez—. Según los expertos, eso implica una muerte por incineración instantánea e indolora. Quizás el único consuelo que puedan encontrar las familias de los trescientos veintidós alumnos y profesores que se encontraban en la escuela al momento del desastre. Ampliaremos en cuanto tengamos más noticias. Por ahora, nuestros corazones y pensamientos están con los familiares de las víctimas de esta catástrofe.

Tai se derrumbó en una silla vacía. Se llevó las manos al rostro, cubriéndolo por completo. Escuchó que alguien cambiaba de canal (¡Click!), y la voz de un nuevo reportero informando.

—...la manzana entera, con la escuela como único edificio. Luego se produjo una onda de choque y calor que destruyó las ventanas de las casas en un radio de ciento cincuenta metros, provocando tres heridos que ya fueron trasladados al hospital general y están fuera de riesgo. Acerca de los monstruos que ocasionaron esto, testigos afirman que desaparecieron junto con la explosión. Y no les sorprenderá saber que más de uno espera que hayan muerto también.

¡Click! Cambio de canal.

—…recuerdan a lo sucedido en Odaiba hace cuatro años, y a Hikarigaoka hace ocho. Las autoridades han instaurado el Estado de Sitio, decretado duelo institucional por una semana, y no se descarta que el Presidente anuncie el implemento de la Ley Marcial. ¿Estará de acuerdo el pueblo japonés en reducir sus libertades con tal de atrapar y detener a estos monstruos?

¡Click!

—...como no se veía desde Hiroshima y Nagasaki. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha convocado a una reunión de emergencia a realizarse mañana en el Pentágono. Parece ser que las potencias mundiales están por primera vez en mucho tiempo de acuerdo en un tema: la amenaza de estos monstruos es la principal preocupación en la agenda de los Estados.

¡Click!

—Y entonces miro hacia el cielo y veo cuatro… cosas, que se movían a toda velocidad. Se detuvieron en la escuela y comenzaron a pelear. Yo estaba lejos, pero me pareció ver que uno llevaba niños encima. Pelearon unos minutos, y enseguida hubo una llamarada. Tuve que desviar la mirada, era demasiado intenso. Y enseguida escuché la explosión. Todos esos niños… Todos ellos…

¡Click!

— ¿...el inicio de una nueva guerra?

¡Click!

— ¡¿Dónde está el ejército cuando se lo necesita?! ¡Todos los vimos cruzar el cielo casi una hora antes de ese desastre! ¡Un misil a esas bestias y hoy no estaríamos llorando a las pobres criaturas que estaban estudiando!

¡Click!

— ¡Mis niñas! —Gritaba una mujer, llorando desconsoladamente frente a la cámara mientras un hombre la sostenía para que no cayera—. ¡Mis princesitas estaban ahí! ¡Estaban estudiando, mis niñas! ¡Nueve años! ¡Nueve y siete años! ¡Mis niñas!

Y quien fuera que tenía el control de la televisión decidió apagarla. Se quedaron en silencio. Ninguno de los Elegidos emitió palabra alguna. Sólo se oían sus entrecortadas respiraciones y el suave sollozo de la madre de Mimi. Finalmente Tai se levantó y comenzó a caminar en círculos por la sala.

—Esto no puede estar sucediendo —se repetía a sí mismo, tratando de controlar sus nervios.

El resto no estaba para nada mejor. Mimi y Sora tenían los ojos vidriosos, controlándose para no llorar. Matt decidió desquitarse y lanzar su armónica contra la pared, destruyéndola en el proceso. Kari estaba abrazando a TK, su novio, con la cabeza hundida en su hombro.

Tai se detuvo de repente.

—Hay que llamar al resto de los chicos. Tenemos que ir a Tokyo.

Sus amigos voltearon a verlo.

— ¿Ir allí? ¿Para qué? —Preguntó Sora.

—Hay que averiguar qué sucedió. ¿Qué ocasionó la explosión? ¿Estaba luchando contra un digimon? ¿Qué hacía un digimon en Tokyo? Nada de esto tiene sentido.

—Todos los medios del país, quizás del mundo estarán allí. El ejército tendrá el lugar vigilado. Estamos en Estado de Sitio, no podemos hacer lo que queramos. Nos matarán si nos acercamos siquiera —dijo TK, bastante afectado por toda la situación.

—En este momento los líderes del mundo están buscando la forma de acabar con los digimon. No van a detenerse hasta lograrlo, a menos que descubramos qué es lo que sucedió y resolvamos el misterio.

Tai iba a continuar pero su teléfono comenzó a sonar. Era Izzy.

—Izzy —saludó—, ¿dónde estás? ¿Estás viendo la…?

— ¡PON EL CANAL 12! —Gritó, lo suficientemente fuerte como para que el resto de los chicos lo oyeran. Encendieron la televisión y vieron el titular del noticiero.

UN NIÑO Y SU MONSTRUO SOBREVIVEN AL ATENTADO: ESTAN BAJO CUSTODIA







Quizás soy demasiado empático, pero siempre me llegó el incidente de Stamford, lo que ocasiona el conflicto en el cómic. Quise hacerle homenaje en mi fic. Pues nada, como ven no creo que sean capítulos demasiado largos, aunque puede ser que con alguno me entusiasme y no lo sepa cortar antes de tiempo, jajaja. En fin, cuéntenme si les interesa la idea, impresiones sobre lo que leyeron, todas las cosas que haya que mejorar, lo de siempre.

Me gusta siempre agregar en el primer mensaje de un tema un índice, donde está el listado de capítulos con links directos al post del capítulo correspondiente. En el otro fic que publiqué (ayer), Una nueva Era, lo dejé preparado para ir editándolo a medida que publique los caps. Pero en este me da flojera hacerlo por el momento, jajaja, así que esperaré hasta tener el primer cap. Eso es todo por ahora. Hasta la próxima.

¡Saludos!

 
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Valeeeeeeeeeeeeeee, pensé que no me ibas a impresionar en este, pero veo que me equivocaba. La piel de gallina y más de un escalofrío con la elegida fallecida y la noticia de los cientos de niños en su misma situación. Desde la comodidad de mi cama te aplaudo porque no puedo hacer otra cosa jajaja. Creo que, además de disfrutar mucho con tus fics, voy a aprender varias cosas con respecto a la escritura, si no te importa. Serás algo así como una especie de maestro indirecto y a distancia. Pero don't worry, tú solo tienes que seguir haciendo lo que haces, ya yo me encargo de aprender lecciones :D

Aparte de mi repentino "fangirleo", la historia me interesa bastante y, debo decirlo, no me he visto Capitán América ni tengo intención de ver las películas próximamente, pero aún así me quedo a ver esto. Buen comienzo y, sobre todo, buen final. Espero el próximo capítulo, a ver qué pasa con el pequeño.

¡Saludos!
 

Arki

Adolescente idiota y rencoroso
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Sombra&Luz Sombra&Luz Bueno, muchas gracias, de nuevo, jajaja. Temo que me estás dando demasiado crédito, aunque ciertamente no voy a andar quejándome. Obviamente puedes tomar las cosas buenas que veas de mi y anotar lo que no te guste para no cometer los mismos errores. Siempre digo que para saber escribir hay que leer mucho. Sólo leyendo, leyendo y leyendo es que uno mejora a la hora de escribir. Espero que de este cap puedas sacar cosas buenas, o aunque sea más cosas buenas que cosas malas, jajaja.

Llega el segundo capítulo. La verdad es que este fic lo escribo como para divertirme. Para estresarme tengo el otro. En este sencillamente abro el procesador de texto y dejo que fluyan las palabras. Y me divertí bastante escribiendo este cap, sobre todo porque comencé a escribir sabiendo dónde empezaba y dónde quería terminar, pero el proceso fue casi involuntario, jajaja. Tomenlo como una lectura para pasar el rato.

Aún con todo el dolor que se sentía en el ambiente, era difícil no encontrar cierta poesía en el hecho de que el cielo estuviera cubierto de nubes y cayera una fina capa de lluvia. No era una lluvia pesada, con ráfagas de viento que volaban los paraguas y gotas que golpeaban con la fuerza de una pequeña bala. Era una fina capa de agua que los cubría. Incluso si no estabas a cubierto, te mojarías, sí, pero unos segundos después dejarías de sentir que las gotas caían sobre ti, tan suave lo hacían. Era como si el cielo llorara junto a ellos.

Al día siguiente después de la tragedia, el gobierno de Japón había organizado y financiado un funeral para las víctimas de la tragedia. Lo hacían en la catedral de Santa María, una de las más grandes de Tokyo. Una catedral imponente, cuyo interior con hormigón armado a la vista y la esplendorosa luz cenital que parecía descender desde el cielo daban a la ceremonia una impresión mucho más solemne de lo que ya era. Se encontraban reunidas muchas más personas de las que allí entraban. No había lugar para moverse, hasta el último espacio ocupado por personas de pie. Y aún así muchos se habían quedado fuera, reunidos en la vela de los inocentes.

Los Elegidos, que gracias al padre de Mimi habían conseguido un vuelo privado y alojamiento en la ciudad para que investigaran, se encontraban dentro de la Catedral, aunque alejados del altar con las fotos de todas las víctimas. Pese a que no habían llevado trajes, lograron vestirse completamente de negro para no llamar la atención y por respeto a los familiares. Mimi y Sora trataban de consolarse entre ellas, intentando no llorar. TK tenía su brazo alrededor de la cintura de Kari, quien miraba hacia el altar con dolor. Ken y Yolei estaban en la misma situación. Joe tenía los ojos cerrados y sus labios se movían casi imperceptiblemente. Rezaba. Izzy parecía estar a punto de llorar, pero estaba contenido, al igual que Cody, quien se mostraba sumamente respetuoso en aquel lugar. Finalmente, Davis, Matt y Tai se miraban entre ellos y examinaban el lugar, nerviosos.

—...y pedimos al Padre misericordioso que reciba en su gracia las almas de los niños que perecieron —dijo el clérigo—. Que en la gracia de nuestro Señor Jesucristo encuentren la paz que esta vida no les permitió, y descansen junto a tu sagrado trono por los siglos de los siglos. Amén.

<<Amén>> respondió a coro toda la catedral.

—Y rezamos también por quienes por un descuido ocasionaron esta tragedia. Que tu misericordia nos abrace y sepamos perdonar, y reciban ellos tu justo juicio llegado el momento. Ayúdanos, Padre, a superar entre todos esta tragedia y a comprender el significado del Sacramento de la Reconciliación. Amén.

En esta ocasión, cerca de la mitad de las personas callaron. Y Davis dio media vuelta y salió de la catedral, empujando a la menor cantidad de gente posible. El resto de sus amigos lo siguieron.

— ¡Davis! —Lo llamaba Ken, pero el chico no se detuvo hasta arrodillarse frente a una fuente.

Los Elegidos lo rodearon.

—Esto no puede estar pasando —dijo, mientras trataba de ver su reflejo en el agua, pero las gotas de lluvia sólo le devolvían una imagen distorsionada—. Nunca se habían metido de esta forma con nuestro mundo.

—Davis, escucha —trató de hablarle TK, pero el líder de la segunda camada de Elegidos, golpeó la superficie del agua.

— ¡Nunca atacaron de esta forma! ¡Jamás fueron a este extremo! —Gritaba.

—Estás llamando la atención —le recordó Yolei.

—Un digimon ocasionó esto —dijo, volteándose para dirigirles una mirada de odio y determinación que refulgía incluso a través de las lágrimas—, y quiero saber por qué.

Matt fue quien se acercó a él y colocó una mano en su hombro. Luego levantó la vista hacia Tai. Los dos se miraron unos instantes y asintieron al mismo tiempo.

—Entonces preparemos todo —anunció Tai—. Esta noche lo averiguaremos.

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Los restos de la escuela habían sido estudiados y recorridos en las últimas cuarenta y ocho horas por cuantas organizaciones existieran. La policía, los bomberos, la unidad antiterrorista, paramédicos e incluso algunos cascos azules de la ONU, que habían creado un perímetro. No estaba claro el por qué estaban allí, pero los canales de televisión especulaban con que era una señal de que la ONU como organismo se hacía eco del desastre.

Sin embargo, el lugar en aquellos momentos se encontraba vacío. Prácticamente abandonado. Siendo de noche, sólo las luces de la calle ofrecían algún tipo de visibilidad. La lluvia seguía cayendo y había apagado los cientos de velas que la población había acercado al lugar de la tragedia junto a flores, retratos, pancartas y demás señales de afecto.

—Debería haber al menos una patrulla —dijo Izzy.

Él, Matt, Tai y Davis se encontraban en la azotea de un edificio de tres pisos en una manzana cercana. A través de unos binoculares observaban la situación. El resto de los Elegidos se habían quedado en el hotel donde se alojarían hasta que todo se resolviera, ya que no querían llamar la atención.

—Yo no veo a ninguno. ¿Quizás decidieron reforzar otra zona? ¿Habrán decidido que los digimon no regresarán? —Sugirió Matt.

—Es poco probable. No lo sé, no me gusta.

—No sé ustedes, pero esto es exactamente lo que yo quería encontrar —dijo Tai—. Si no hay ningún agente vigilando la zona podremos investigar con mayor libertad.

—Aún así hagámoslo lo más rápido posible. ¿Cuánto tiempo crees que te lleve, Izzy? —Preguntó Matt.

—Ya pasaron casi dos días, la huella debe estar muy dispersa. Unos quince minutos, aproximadamente.

—Que sean diez —dijo Tai, levantándose e ignorando la mirada nada amigable que le dirigió el Elegido del Conocimiento.

Unos minutos más tarde se encontraban en lo que hasta hace unos días era la entrada de la escuela. De lo que era la entrada propiamente dicho sólo quedaban ahora las dos columnas que sostenían el portón de acceso, del cual apenas si quedaban algunos restos dispersos por el suelo. Cruzaron las cintas que prohibían el acceso y se internaron entre los escombros, tratando de alejarse de las luces de la calle. Debieron reunir un gran valor para siquiera atreverse a entrar allí. La escuela se había derrumbado por completo, ni una pared había permanecido completamente de pie. La estructura metálica se había fundido por el calor extremo, y podían ver restos de columnas y vigas doblados como si fueran de gomas, y convertidos en pequeños charcos metálicos. Ladrillos sueltos y bloques cerámicos se encontraban dispersos por todo el suelo. Les recordaba horriblemente a las imágenes que habían visto de cómo quedan las ciudades tras un ataque nuclear.

Pero lo peor de todo era que sentían como si caminasen por una playa. Había una capa de dos centímetros de cenizas cubriendo toda la superficie del suelo, dificultando ligeramente el traslado. Izzy les aseguró que seguramente se trataba de lo que había quedado de toda la madera, las puertas, marcos de carpintería, sillas, mesas, pizarras, escaleras, suelos. Lo que todos evitaban pensar era que quizás algunas de esas cenizas fueran restos de los niños.

Se adentraron entre los escombros, perdiendo un poco de valor con cada paso, hasta llegar a donde parecía ser el epicentro de la explosión. Una circunferencia despejada desde la cual parecían salir despedidos todos los escombros. Se quedaron allí, contemplando la destrucción.

—Qué desastre —dijo finalmente Matt.

—Saben, creo que estoy arrepintiéndome de haber venido —admitió Davis.

—Izzy, hazlo.

El pelirrojo asintió. Dejó su mochila en el suelo y extrajo su computadora, junto a un extraño aparato que parecía una pequeña antena. Encendió el ordenador, conectó el aparato y comenzó a tipear. Al cabo de unos segundos, la punta de la antena comenzó a brillar tenuemente.

—Muy bien, la computadora está trabajando —anunció Izzy—. En el Digimundo los datos se dispersan con facilidad, ya que son absorbidos prácticamente por todos los digimon y elementos digitales. Sin embargo, en nuestro mundo no existe nada que pueda absorber los datos, por lo que quedan en el aire. Un ataque capaz de causar esta destrucción debe ser muy poderoso, y por lo tanto haber dejado una inmensa cantidad de datos residuales. Han pasado dos días, pero aún deben quedar rastros. La computadora los recolectará y quizás pueda decirnos algo acerca de lo que sucedió.

—Excelente. Sólo esperemos que sea rápido.

—Ya les dije, denme quince minutos.

Davis se quedó junto a Izzy, haciéndole preguntas acerca del proceso y sobre la información que podrían llegar a obtener. Tai y Matt se alejaron un poco, contemplando las ruinas.

— ¿Sabes? Este solía ser uno de mis mayores miedos —admitió Tai—. Que gente inocente saliera lastimada por nuestra culpa. Antes no pensaba en ello, pero ahora lo veo más claramente. Causamos mucha destrucción cuando eramos niños.

—Se destruyeron muchos edificios, pero salvamos el mundo —dijo Matt, tratando de tranquilizar a su amigo—. Nosotros no trajimos la lucha, respondimos a ella y evitamos que conquistaran el mundo. Fuimos héroes.

— ¿A qué precio? La ciudad quedó devastada. Millones y millones de dólares en gastos de reconstrucción. Gente que se quedó sin trabajo, empleados de Fuji TV que perdieron todo. Cuarenta y seis personas murieron aquella vez, Matt. Pienso en eso todos los días.

—Todos lo hacemos. Pero no fuimos nosotros quienes derrumbamos los edificios, ni nosotros secuestramos a todos los adultos de la ciudad. Nunca olvides quién fue responsable de ello.

—Myotismon lo hizo, sí, pero no supimos detenerlo. No pudimos evitarlo.

—Por Dios, deja de comportarte como si fuera nuestra culpa —espetó el rubio, irritado—. Hicimos todo lo que pudimos, dimos todo lo que tuvimos para detener a ese malnacido. ¿Hubo bajas? Pues claro que sí. Es por eso que nos hemos vuelto más fuertes, más inteligentes a la hora de pelear, y es por eso que seguiremos luchando. Para que cosas como esta no vuelvan a suceder. Puedes salvar el mundo, pero nunca podrás salvar a todas las personas.

Tai volteó a verlo. Sentían entre ellos la tensión.

—No pienso conformarme con el bien mayor.

— ¿Pondrías en riesgo la seguridad del mundo para salvar a unos pocos?

— ¿Aceptarías sacrificar personas inocentes para salvar el mundo?

Se quedaron mirándose fijamente.

En ese momento escucharon el ruido de múltiples camionetas conduciendo a toda velocidad y frenando de repente alrededor de la escuela. Vieron las camionetas negras abrir sus puertas, y comenzaron a salir soldados armados con ametralladoras. Un reflector se encendió desde la azotea de un edificio cercano, apuntándolos directamente.

— ¡Demonios, nos rodearon! —Gritó Davis, poniéndose de pie.

Izzy se apresuró y apretó un botón en una pulsera que llevaba en su muñeca izquierda. Una pequeña luz comenzó a titilar en ella.

Antes de que pudieran reaccionar, se encontraban rodeados por más de cuarenta hombres uniformados y apuntándolos con sus armas. A juzgar por el equipo que poseían y por la rapidez y eficiencia del despliegue, debía tratarse de algún tipo de escuadrón de elite, una unidad especial del ejército.

— ¡Manos arriba! ¡Aléjense de la computadora! ¡Rápido!

Los cuatro muchachos obedecieron de inmediato, sin presentar resistencia.

Dos soldados salieron del círculo y se acercaron a ellos, apuntándolos con sus armas. Uno los revisó, asegurándose de que no tuvieran armas. Tomaron sus teléfonos celulares y los guardaron en una bolsa. Por suerte no se acercaron a la computadora de Izzy, que se encontraba sobre la mochila donde los chicos habían dejado sus digivices.

—Niños, este no es lugar para jugar —dijo una voz.

Algunos soldados se movieron a un lado, abriendo un pasillo a través del cual pasó un hombre que parecía sacado de una película de espías. Medía más de un metro ochenta y tenía la contextura de un jugador profesional de fútbol. Tenía el cabello corto, recortado, blanco por las canas. Su rostro era cuadrado, severo, con arrugas y unos ojos verdes apagados, sin emoción. Era la viva imagen de un hombre que había visto demasiadas atrocidades, y probablemente realizado alguna. Vestía un uniforme militar, azul oscuro, con un chaleco lleno de bolsillos y compartimentos. En su cinturón llevaba enfundadas dos pistolas del tamaño de una zapatilla de un jugador de baloncesto. No parecía muy amigable. Se detuvo a unos diez metros de ellos.

—Soy el Agente Especial Reynolds, de la Agencia de Seguridad Nacional. En estos momentos el Estado me ha concedido facultades extraordinarias y el permiso de hacer lo que considere necesario para proteger al país. Tienen treinta segundos para convencerme de que no son una amenaza —comentó, mientras daba una sugestiva palmada a una de sus pistolas.

—No somos una amenaza —se apresuró a decir Davis—. Somos inofensivos. Mi hermana me gana cuando peleamos.

—Sé que no tendríamos que estar aquí, Señor —dijo Izzy—. Pero teníamos conocidos aquí. Necesitábamos ver el lugar.

Lo dijo con tal tono de dolor que sus amigos comenzaron a preguntarse si en efecto no habría tenido algún conocido en el lugar del accidente. El agente Reynolds, alejó su mano de la pistola.

—Oh, lo lamento mucho. No tenía idea. Yo también perdí un amigo, una vez. Fue terrible… Está bien, pueden quedarse, pero que sea… ¡No me vengas con estupideces, chico! —Gritó de repente—. Ahora, más vale que me expliquen qué es lo que hace esa computadora que tienen ahí, porque déjenme decirles que parece una maldita bomba, y díganme por qué han venido sin sus monstruos antes de que los arreste y lleve a la bahía de Guantánamo.

— ¿Monstruos? ¿De qué habla? —Dijo Matt, que al igual que sus amigos estaba comenzando a ponerse nervioso.

—Sabíamos que alguno de ustedes iba a regresar a la escena del crimen. Hay múltiples testigos que vieron a varios niños viajando junto a los monstruos, y en los últimos atentados de Odaiba hace algunos años también hay relatos de niños involucrados con los invasores. Sabemos que hay una relación, y sé que ustedes son parte de ese grupo. ¿Por qué otro motivo habrían estado analizando la escena del crimen desde aquel tejado durante casi una hora antes de venir aquí e instalar un equipo?

<<Genial>> pensó Tai. <<Caímos directo en la trampa. Nos estaban vigilando>>.

—Señor, puedo explicarles todo, pero dígale a sus hombres que bajen las armas. No me siento tranquilo sabiendo que están apuntándome a la cabeza.

—Sorpresa, niño —dijo el agente con frialdad—, ya nadie vive tranquilo. Y es gracias a ustedes. Ahora, voy a contar hasta cinco, y si no me dicen lo que hace esa computadora, voy a arrestarlos. Uno. Dos.

— ¡De acuerdo, de acuerdo! —Gritó Izzy—. Esa computadora está analizando el área. Está comparando la información que recolecta con los datos que tenemos de los digimon hasta encontrar una coincidencia.

— ¿Digimon?

—“Digital Monster”. Así es como se llaman esas criaturas. Queremos saber cuáles fueron los que estuvieron presentes y qué fue lo que hicieron. Con suerte también sabremos los motivos por los que ocurrió el enfrentamiento en primer lugar.

— ¿Y para qué querrían saberlo?

Hubo una breve pausa en la cual Izzy trataba de encontrar la forma adecuada de expresarse. Finalmente Tai se le adelantó.

—Para que los responsables sufran las consecuencias de sus actos y asegurarnos de que no vuelvan a causar daños.

El agente se les quedó mirando desde la distancia, como estudiándolos. Comenzó a caminar en círculos alrededor de ellos, tratando de descifrar si decían la verdad o no.

— ¿Quieren responsabilizar a los culpables? —Preguntó.

—Por supuesto.

— ¿Qué les importa a ustedes la seguridad de nuestros ciudadanos? Son ustedes quienes confabulan con las criaturas responsables de la destrucción.

—Te equivocas —respondió Matt—. No todos los digimon son hostiles. La gran mayoría sólo quiere vivir en paz, como nosotros. Y muchos son nuestros aliados. Nos ayudaron a salvar Odaiba hace cuatro años, cuando un digimon maligno llamado Myotismon comprometió la ciudad.

—Hablas de alianzas, monstruos malignos y paz. Esos son términos de guerra, chico. Una guerra en la que la humanidad no se ha involucrado, y sin embargo ha pagado el precio.

—Escuche, es una historia larga y difícil de explicar. Le juro que estamos de su lado, nosotros queremos lo mejor para nuestro mundo —dijo Tai, dando un paso hacia delante, lo cual ocasionó que lo apuntaran mucho más behementemente con sus armas—. Nos encargaremos de que los responsables por esta crisis sean castigados. Pero debe dejarnos ir.

El agente Reynolds rió y se acercó a Tai.

—Hijo, creo que no comprendes la gravedad de lo ocurrido. Estamos parados sobre la tumba de cientos de niños. Jóvenes con toda la vida por delante, arrebatados de nuestros brazos en un segundo por culpa de la batalla entre una criatura que no pertenece a nuestro mundo y un grupo de niños con mascotas poderosas. Hace años que sabemos que no somos los únicos en este mundo, y ahora también sabemos que no somos los más fuertes tampoco. Los líderes de las naciones independientes están reunidos en este momento en la ONU, preparando una declaración formal de guerra contra estos monstruos. Pronto se revelará todo lo que sabemos sobre ellos, archivos que los gobiernos han mantenido ocultos del alcance de la opinión pública para que no cunda el pánico. No sé cuál es su rol en todo esto, pero algo es seguro: la gente los culpará a ustedes cuando sepa la verdad.

— ¡Nosotros no tenemos la culpa! —Se quejó Davis—. ¡Salvamos el mundo más veces de las que puedo contar! ¡Luchamos por protegerlos!

— ¡Ese es el problema! —Gritó el agente, colocándose justo delante de Davis—. ¡Son niños, no están preparados para luchar! ¡No saben lo que es estar en una guerra! ¡No tienen entrenamiento, disciplina, táctica! ¡Son unos críos jugando con armas de destrucción masiva! ¿Ven esto? ¡Esto es lo que pasa cuando no tienen idea del daño colateral que causan sus acciones!

Volteó y se alejó, dándoles la espalda. Permaneció en silencio durante varios segundos, considerando las opciones. Finalmente volvió a mirar a la cara a los Elegidos.

—No sé cuáles son sus motivos. No sé si están de nuestro lado. Ni siquiera entiendo cuál es su rol en todo esto. Pero aún con todas sus falencias, noto una voluntad por hacer lo correcto. Se está debatiendo en la ONU un plan militar como represalia contra estos monstruos. Sin embargo, también hay otras alternativas que se barajan.

— ¿Qué alternativas? Preguntó Matt.

El agente Reynolds dio un paso hacia delante.

—La alternativa es crear un equipo de respuesta especializado. Lo cierto es que no conocemos las capacidades de los monstruos, ni tenemos algún arma de campo que sea capaz de contrarrestarlos. Si realmente quieren ser útiles a su país y al mundo, pueden unirse a este escuadrón.

— ¿Que nos unamos a un escuadrón? —Preguntó Matt, sintiéndose casi ofendido—. ¿Quiere que nos convirtamos en unos empleados del gobierno? ¿Que trabajemos para un grupo de hombres sentados en un escritorio? Eso no es lo que hacemos.

—Imagino que normalmente están más ocupados quemando escuelas —respondió con ironía—. La realidad es que no podemos dejar que un grupo de niños ande por allí destrozando lo que sea que se cruce en su camino. Deben ser regularizados y entrenados.

—Es que no lo entiendes —dijo Davis, negando con la cabeza—. Nosotros fuimos elegidos para ser lo que somos por los dioses del Digimundo. Si hay que rendirle cuentas a alguien, tiene que ser a ellos.

El agente Reynolds arecía a punto de decir algo —probablemente dar la orden de arresto—, pero entonces escuchó un ruido electrónico, un pitido intermitente bastante agudo.

— ¿Qué es eso? —Preguntó, buscando con los ojos el origen del sonido; finalmente vio la pulsera que Izzy llevaba en su muñeca y que había activado hace ya varios minutos—. ¿Qué demonios es eso?

Extrajo su pistola y apuntó directamente hacia Izzy, mientras uno de los soldados que estaban a su lado comenzó a examinarla.

—Bueno, verán —comenzó a explicar el pelirrojo, haciendo todo lo posible para no mirar a su izquierda—, suponíamos que las cosas podían ponerse feas, así que nos aseguramos de tener apoyo.

— ¿Apoyo? ¿De qué estás…?

— ¡ANGEMON! ¡ANKYLOMON! ¡DNA DIGIVOLVES A SHAKKOUMON!

Una gran luz brilló en el cielo a unos cien metros de distancia. Todos los soldados voltearon hacia allí, y vieron con espanto a lo que parecía ser un buda metálico gigante acercándose volando. Comenzaron a dispararle, pero las balas simplemente rebotaban contra el acero. Shakkoumon quedó suspendido por encima de todos los agentes y comenzó a lanzar unos discos desde una ranura en su abdomen, los cuales causaban pequeñas explosiones al impactar en el terreno.

Esto sirvió para asustar y obligar a los agentes a que se dispersen.

— ¡Izzy!

Desde el cielo, Yolei, Cody y TK descendían, todos llevados por Aquilamon. Bajaron junto a sus amigos.

—Me alegro que recibieras la señal —dijo el Elegido del Conocimiento, señalando la pulsera—. Bien pensado en traer a Shakkoumon, es el más resistente de nuestros digimon.

—No hay tiempo que perder, ¡trae tu computadora! —Gritó Cody, viendo el desastre que era todo.

Izzy tomó rápidamente su computadora y la antena, y regresó con sus amigos. Davis le dijo a Aquilamon que le arrebatara la bolsa con sus teléfonos celulares al soldado más cercano —que estaba demasiado ocupado disparando a una tetera gigante como para prestar atención a sus espaldas— y regresó rápidamente a su forma de Hawkmon. Izzy colocó la computadora frente a Yolei.

— ¡Shakkoumon, cuando nos vayamos toma la computadora y piérdelos! ¡Nos encontraremos más tarde! —Gritó TK.

—De acuerdo —respondió el digimon, lanzando rayos de sus ojos para intimidar a los soldados. Vaya que funcionó.

— ¡Puerta al Digimundo, ábrete! ¡Niños Elegidos, vámonos! —Gritó Yolei, y un instante después los Elegidos y Hawkmon habían desaparecido del campo de batalla.

Shakkoumon tomó la computadora, la cual quedó tirada en el suelo, lanzó una ráfaga de ataques para levantar una nube de polvo y cenizas y se alejó volando a toda velocidad, desapareciendo del rango de los soldados en un santiamén.

El Agente Reynolds quedó de pie en medio de las ruinas, mientras sus soldados se reagrupaban y recuperaban. Una sola de esas criaturas era capaz de volver completamente inútil al pelotón de soldados mejor entrenados de Japón.

Sonrió ante las posibilidades.




TL;DR :

Un agente del gobierno les presenta la opción de que los Elegidos se registren y respondan al gobierno antes de actuar en el Mundo Real. ¿Aceptarán los Elegidos? ¿Rechazarán la oferta?

¿Tú qué harías?
 
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¿Sonrió ante las posibilidades? ¿En serio? ¿SONRIÓ ANTE LAS POSIBILIDADES? Me da la impresión de que este hombre les va a causar más problemas que nunca a los elegidos... Y eso me gusta :6060:. Para ser un fic que usas solo para divertirte, sin ningún tipo de empeño en que salga especialmente bien, es genial. Vamos, que puedes divertirte lo que quieras, no hay problema xD.

En serio, la historia me parece muy interesante y bastante bien elaborada. Por cierto, ¿oyes eso? Es mi corazón quejándose cada vez que mencionas lo de los niños muertos <3 Ay.
 
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