Misión S Clash of ninja | Alianza Vs Otogakure | Escape: parte III

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where's the fun in playing fair?
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Una bola de fuego, dos bolas de fuego, tres, cuatro y ¡cinco! La jounin que estaba frente a Kiseki no iba a perder tiempo con juegos de niños, no, ella buscaba aniquilar por completo al sonoro y a la pequeña que lo acompañaba. La pequeña se introdujo en una sombra inmediata a ella, cosa que fue fácil debido a la iluminación de la madrugada avanzada y las llamas residuales que hacían un buen trabajo en el departamento de brillos, sin mencionar el kunai lumínico que aún sostenía Masha. La batalla se volvió un uno contra uno casi instantáneamente, aunque Michibiki ya tenía claro su siguiente movimiento.

El Haran Banshou se elevó desde el suelo justo a tiempo para detener los proyectiles que iban a impactar con el albino, frustrando nuevamente el ataque de Kimi, quien no perdió tiempo en moverse hacia un lado buscando evadir el resto de la cascada que ahora se movilizaba sin obstáculo alguno. El intercambio de jutsus elementales siempre saldría a favor del sonoro si la jounin de Kiri no hacía algo al respecto, por lo que al evadir el agua, sonrió para sí sabiendo que con veloces pasos podía encerrar a Monban en un combate cuerpo a cuerpo, pues no había lugar donde esconderse en medio del campo abierto donde estaban luchando.

- Ven aquí - suspiró la muchacha, corriendo directamente hacia el modista, quien se sorprendió ante la velocidad de la atacante.
- Preferiría no hacerlo - le sonrió antes de que su cuerpo se sumergiese en el suelo, como si el mismo césped lo succionase.
- ¡No huirás así como así! - Gritó la neblinosa formando sellos.
- ¡Nadie huyó, tonta! - La voz de Nila hizo que se diera la vuelta justo a tiempo para ver como una esfera oscura impactaba de lleno con su abdomen. La emanación de sombras fue inmediata y los gritos de frustración de la pelirroja se volvieron bastante audibles. La pequeña regresó a esconderse pues en cuestión de segundos se pudo apreciar como, desde el manto oscuro, comenzó a salir disparado fuego de intenso color carmesí. - ¡Kisechii! - Llamó al aparecer en otro lado, en modo de advertencia, pensando que su superior podía estar cerca de ese peligro.
- Siempre estás preparada - escuchó la voz familiar de su compañero, quien emanaba a sus espaldas desde el fértil suelo. ¡No había huido con su teletransportación! - Aprovechar que un enemigo te subestima es bueno, aunque no confíes que siempre te toparás con gente que sólo quiere matarme.
- ¡Claro que no! - Replicó, inflando sus mejillas.
- ¿Siempre te vas a molestar cuando hablen mal de mí? - Le preguntó mientras sus ojos se fijaban en las llamas que eran disparadas de un lado al otro.
- Yo...
- Dame, un momento, querida - indicó, formando sellos y emanando de su mano una pequeña semilla que lanzó a toda velocidad hacia un punto cercano de la mujer que aún yacía imposibilitada visualmente.

La explosión subsecuente dejó atrás flores y un cráter.

¿Kimi? Estaba viva, aunque la potencia de la bomba natural la lanzó bastante lejos. Curiosamente, la alta temperatura del estallido no le hizo daño, confirmando la teoría del floreado: esos pelirrojos no podían ser quemados de ninguna forma.

- Vaya - dijo, invocando a Yojimbo nuevamente. - Tendremos que jugar a algo diferente entonces.
- No parece que la pitorecnia le haga daño - asintió Mini Toy
- Pirotecnia, querida, pirotecnia - la corrigió riéndose suavemente. - ¿Y la adorable Masha? - Preguntó el mayor al notar su ausencia.

Nila señaló el aire, cerca de donde había caído la mujer tras ser empujada por la potencia, ahí se encontraba el murciélago, dejando caer algo ligeramente brillante.

Boom.

Al Devorador le comenzaba a gustar cada vez más esa niña.


Bishamon C. Underwood hay que atraparla y sacarle la info <3
 

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¿Su día no podía ser peor? Los estaban alcanzando el Alba y a penas habían salido un poco más allá de los arrozales de Kawakami. Ahora en frente suyo un fenómeno de circo que era inmune al fuego, según Souh ellos parecían los malos de la película que los buenos. ¿Incendiar unos pobre cultivos para atraparlos, no saben que eso costaba dinero y esfuerzo?

── ¿Un Terumi? ──se preguntó para sí el joven de ojos amarillos. El pelirrojo no podía usar su segunda habilidad sanguínea porque estaba Arata en el lugar, pero tenía algún tipo de idea para poder sacarle ventaja a su fortaleza con el fuego. Flanqueó por el lado derecho mientras Arata hizo lo mismo pero por el izquierdo haciendo que tuviera que ver a dos personas y estar pendiente, el de las suturas con un Kunai y el ex-miembro de Hoshigakure no Sato con Sekki. Saltó y realizó una cadena de sellos para luego crear una especie de pelota de goma que atrapó a Souh y de esa manera concentrarse con el otro miembro del sonido──, necesito salir de aquí ──pensó al verse enredado en un circulo pegajoso que dejó a Sekki entre eso y afuera. Con algo de suerte podría cortar la pelota pero duraría algo de tiempo.

Arata al ver que ahora se hallaba uno contra uno en una zona que solo estaba luchando con él, Souh no lo miraba pero sabía que debía moverse o sería peor. Lo comprendía exactamente. Suspiró para luego esquivar el corte del chico pelirrojo mientras lanzó una bomba de luz segando momentáneamente al enemigo, en ese momento la mascara de su cuerpo se separó creando un segundo aliado que lo ayudaría a poder luchar contra el de Kiri. Le ordenó que se escondiera hasta que fuere prudente mientras él esperaría el instante preciso para atacar.

Souh se había librado tras un forcejeo la espada para cortarla por la mitad tras haberla debilitado lo suficiente. Al ver que el de las suturas peleaba con el Terumi realizó unos sellos tras lo cual permitió que un dragón apareciera en el campo de batalla (Hoshiton: Doragonhōru) viajando por encima del suelo a unos 24 m/s llegó a donde estaba el enemigo de los sonoros usando sus garras para llevárselo contra la pared de tierra creando un segundo temblor desde su aparición y debilitando la pared de tierra (posiblemente de rango A) pero más aún, creando quemaduras en el cuerpo del chico por primera vez, leves pero persistentes. El dragón luego se elevó en el aire con el chico apresando aún para luego caer en picada contra el suelo.

──Vamos Arata, es nuestra ventaja ──le gritó Souh al chico para que reaccionara a la instrucción del pelirrojo, era su momento de acabar con él. ¿O no? Podría haber algún tipo de obstáculo que no se lo permitiera, quizás, ¿sanguíneo? Había sobrevolado por la muralla llevándoselo al cielo para luego descender, eso seguro que lo notaría los del otro lado.


Bishamon C. Underwood Zim F. Underwood Angelo. Angelo.
 
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All we hear is "radio ga ga, radio blah blah"
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Aunque la segunda detonación no iba a causarle mayor daño a su integridad física, funcionó para aturdir a la jounin. Niló se movilizó entre las sombras ocasionadas por el sol y al avanzar lo necesario para aparecer detrás de la de mayor rango, tomó su vara y le pegó de lleno en la espalda.

Fujimori no solo buscaba atacarla, más bien sellar el chakra de la fémina por unos importantes segundos para que así Kiseki aprovechara el jardín que creó alrededor y sobre Kim con su semilla bomba. Él se desplazó en un santiamén, apareciendo a su frente. La de Kiri abrió los ojos con estupefacción y a su intento de pegarle con el puño limpio, como reacción natural, sintió que algo se lo impedía también. Otra vez la maldita sombra y otra vez la desconcentración de segundos que le sirvió a Monban para usar sus tentáculos.

Como ya la tenía bajo su merced, Nila deshizo su habilidad para tomar un respiro. Ahora se permitía asombrarse con mayor fuerza porque nunca había visto una demostración de poderes tan abismal, considerando que Mini Toy no ha explorado para nada el mundo.

En palabras de Michibiki, era mejor que no estuviera cerca para no llevarse una gran y mala impresión sobre los efectos de su habilidad degenerativa. Pero lo que quería en realidad era evitar que Niló escuchara su conversación, pues según dicen por ahí: 'los niños repiten todo lo que escuchan' y de ser así, es porque los niños gozan de una increible captación de información... así no entiendan nada.

-Espero que Arata esté vivo.
-No te preocupes tanto; seguro lo está.
-¿Cómo lo sabes, Rosa? -Miró hacia el punto donde se llevaba la contienda del aludido y Souh.
-Porque puedo percibirlo. -La Peque la miró a ella esta vez, haciendo una expresión de extrañeza.


No había más que hacer en verdad xD la interrogación te corresponde a ti, Angelo. Angelo.

Zim F. Underwood te menciono porque en los últimos diálogos hablo de Arata xDDDD
 
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Padre Fundador
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El ninja de Kiri chocó poderosamente contra el muro de Doton, produciendo una estrella de fisuras en la zona de impacto. Acto seguido, comenzó a caer con aparente sumisión a tierra firme, ante las atentas miradas del dúo sónico.

Arata frunció el ceño, aunque su máscara imitación de Nagare lo ocultara. Más bien, su gesto era una epopeya a la angustia, conminado como estaba a revelar su criatura de suturas para dar el golpe de gracia a Terumi. ¡Por supuesto! La alternativa de atacar él mismo a un adversario con cualidades probas en el Taijutsu era la opción menos eficiente.

La cuestión era que Terumi seguía descendiendo, Arata seguía indeciso y Souh seguía gritándole (la distancia le impedía llegar al lugar indicado en el momento adecuado). Hasta que finalmente, el peliazul tomó una decisión. La más torpe, con tal de postergar la revelación que él creía tan terrible, que probablemente sobrevaloraba.

Se armó de un kunai y corrió a todo dar hacia el área donde caería Terumi. La tarea era sencilla, consistía en rematarlo y si era posible con estética, tomando en cuenta que el pobre diablo parecía incluso inconsciente.

Pero la guerra es el arte del engaño, y las peores lecciones salen a flote en los momentos más apremiantes. Terumi no estaba soñando con los angelitos ni mucho menos: simplemente estaba actuando para hacerles bajar la guardia.

Cuando Zukaku llegó frente a él, el ninja de Kiri extendió una pierna para pisar el suelo, y con la misma flexión girar sobre su propio eje. Un segundo después, la cuchilla oculta del pelirrojo salió disparada desde su muñeca y se encajó en el pecho de Arata, obligándolo a soltar su arma por la debilidad que cundió en su cuerpo.

Kido maldijo por lo bajo a su propio compañero por su estupidez, y se disponía a ir a su auxilio cuando percibió una fuerte onda de viento a su izquierda. Una extraña criatura negra como de su tamaño le pasó de largo casi a ras del suelo, dirigiéndose velozmente a los dos shinobi.

Ahora solo queda tu compañero, que por lo que veo solo conoce el Katon ―se burló Terumi, de pie frente a Zukaku (a este le temblaban las piernas)―. Adiós.


Esa era la frase estilizada favorita del aliado para matar a sus oponentes, pero lo que sucedió después estaba totalmente fuera del libreto. Arata, que se suponía estaba agonizando por la puñalada, lo agarró por los hombros con ambos brazos y le devolvió la mirada. Solo entonces Terumi distinguió los bordeados de la máscara, por cierto.

No eres el único con habilidades raras.


Terumi estaba consternado, más aun cuando la bestia de suturas entró en su ángulo de visión, disparada en su dirección. Súbitamente, la criatura se elevó justo detrás de Arata, presumiendo una esfera lumínica delante de su máscara. ¡Fuego!, pensó el muchacho de la Niebla entre risas. Cualquiera que fuera esa invocación no podría hacerle daño, y además tenía al enmascarado como escudo.

Pero recuerden: la guerra es el arte del engaño. Y más importante: ambos contrincantes estaban muy próximos al muro de Doton. Ese fue el objetivo del Katon: Goukakyuu no Jutsu, que embistió tan fuerte que fue suficiente para reventar la pared tan maltrecha.

Una enorme pila de escombros comenzó a caer fatídicamente sobre Arata y Terumi, apresurando a este último a extraer su cuchilla de su adversario y moverse. Sin embargo, le fue imposible hacerlo por culpa de unas suturas que se habían amarrado a la hoja. Tampoco podía huir porque el genin lo sujetaba con todas sus fuerzas, así que no le quedó más remedio que recurrir a medidas barbáricas.

Le dio un puñetazo en la cara, resquebrajando la protección. Ni aun así lo soltó, y lo último que vio fue ese “horrendo rostro lleno de suturas” antes de que la bestia de la misma composición absorbiera a su amo cual abrigo. Después, el derrumbe los dilapidó a ambos.

¡Arata! ―exclamó Souh, llegando frente a la pila de rocas.


King logró mover unas cuantas piedras, pero su fuerza era verdaderamente lamentable. Por fortuna, algo desde adentro comenzó a ejercer presión hasta conseguir por dónde salir; se trataba de la marejada de hilos negros, presta a sacar a su invocador de aquel atolladero.

Cuando Zukaku finalmente emergió del caos, Souh lo sostuvo del brazo para ayudarlo a levantar.

Las marcas del genin, por supuesto, lo consternaron, pero no era asunto suyo y no lo iba a mencionar. Arata estaba tan consciente del asunto que su mayor preocupación fue darle la espalda casi de inmediato, aunque no ayudó que la criatura se introdujera violentamente en la zona alta de su espalda, ahora al descubierto, dejando la máscara característica allí.

Ve si tiene algo médico ―pidió Zukaku, señalando el cadáver de Terumi. La mitad de su cuerpo sobresalía del derrumbe, justo la mitad donde estaba su bolso―. Las heridas no son mortales pero no pude salir ileso. Además, creo que la cuchilla estaba envenenada… ―Esto último lo dijo en virtud de que sentía su cabeza dar vueltas, lo cual era impropio de una lesión corriente.

Fue muy arriesgado ―se quejó el mayor, inspeccionando las pertenencias del occiso. Encontró un botiquín de primeros auxilios y un antídoto. Supuso que Terumi guardaba una pócima por si se cortaba a sí mismo―. Tienes suerte.

En esas llegaron Kiseki y Nila desde el otro lado de la muralla destruida.

Bishamon C. Underwood Lionel Lionel Angelo. Angelo. Finish this.
 

Moonchild
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Satoru golpeó a la que estaba en el suelo justo en el momento en que Hoshi emprendía el vuelo de retirada. El puño del taijutsuka le alcanzó en el hombro, sacándole un gruñido, y justo después tuvo que retroceder a toda prisa para esquivar la patada que le lanzaba la otra chica; por poco no le acierta en la boca. La pelinegra usó el impulso de la patada fallida para arrojarse al suelo y rodar a un lado, esquivando por los pelos el shuriken del varón y el latigazo de la ninja médico.

Ambas jóvenes no tardaron nada de tiempo en ponerse de pie a unos dos metros de ellos, tensas como dos lobas arrinconadas. Salvo por el color muy diferente de cabello, parecían gemelas y la placa del Sonido brillaba en sus frentes bajo la creciente luminosidad del amanecer ya muy próximo. Ellas parecían entre fastidiadas y dudosas, tenían órdenes estrictas de marcharse ahora que la aldea estaba bajo ataque y ahora por no seguir a sus superiores e intentar un camino alterno, habían terminado ahí con ellos. Los ojos de la de cabello negro pasaron de uno a otro con suma rapidez, midiendo el rango de cada uno, tratando de tomar una decisión.

Amaya fue la primera en romper la brevísima inmovilidad. Si pudiese hablaría con ellas, pero nadie en su sano juicio confiaría en fuera cual fuese el acuerdo al que consiguieran llegar y ella, en todo caso, tenía órdenes claras de pelear contra quienes huían. Su compañero tenía las mismas y él no parecía tener las mismas dudas que ella. Quizá Satoru estuviese cómodo en esa distancia tan corta, pero ella no podía luchar así, de forma que saltó hacia atrás, asiendo fuertemente el mango de su látigo y observó, preparada para apoyar a su compañero en cuanto lo necesitase.

La pelirroja no esperó más, tras unos sellos rapidísimos sus brazos se envolvieron en llamas y ella comenzó a correr hacia el varón, con la intención de abrasarlo con sus llamas. La pelinegra, por su parte, en su lugar optó por atacar a aquella que claramente no quería entrar en un combate directo. Sus kunai pasaron volando junto a su compañera con una puntería certera dirigida a la albina. Una sacudida del látigo desvió tres de los cuchillos, pero el cuarto le golpeó el costado del muslo antes de pasar de largo, arrancándole un grito. Antes que pudiese reaccionar más la otra chica ya había cruzado la distancia de dos grandes saltos y se le venía encima. Si conseguía eliminar rápido al eslabón más débil, podría ayudar a su hermana a deshacerse del otro.

La de cabellos de fuego estaba bombardeando al varón con golpes cubiertos de llamas que él se veía obligado a esquivar de la mejor forma posible. El jutsu ígneo no pasa desapercibido, trozos de la alta hierba se prenden en fuego cada que la muchacha los roza. Sus jutsu de viento no le servirían mucho contra ella, así que se valía de su velocidad y, en cuanto veía una ventana, trataba de lanzarle un golpe a las piernas para desestabilizarla. Sin embargo, ella no estaba solo empujándolo a lo ciego; de tanto retroceder el varón llegó al inicio de una de las plantaciones de arroz y la súbita depresión del terreno le hizo perder el equilibrio. Ese mínimo espacio fue todo lo que ella necesitó para asestarle un golpe al pecho y enviarlo al suelo justo antes de que sus llamas se extinguiesen por fin.

Cayó de espaldas sobre el suelo inundado de la plantación y las aguas le empaparon la quemadura del pecho, sacándole un gruñido. En lugar de intentar arrastrarse lejos, lanzó un Daitoppa justo en el momento en que la chica se le venía encima de nuevo, golpeándola de lleno y obligándola a protegerse. Ese espacio fue todo lo que necesitó para ponerse en pie y contraatacar, imbuyendo su cuerpo en viento para ser más rápido.

No muy lejos de allí, Amaya no lo estaba pasando muy bien; casi toda su pelea se basaba en rehuir los golpes y forzar a la pelinegra a alejarse con su látigo. Tch, habría preferido haberse encontrado con un genjutsuka o con otro médico. En parte, esperaba cansar a la chica lo suficiente como para quedar algo más igualadas, pero su resistencia no iba a durar para siempre tampoco. La herida en el muslo la traicionó y trastabilló, llevándose una patada en la mandíbula que la tiró al suelo. Antes de que pudiese reaccionar la tenía sentada sobre el pecho y le estaba apretando el cuello con las manos. La del sonido se permitió un sonrisa de satisfacción, la médico no tenía fuerza suficiente para quitársela de encima y todo aquello acabaría pronto; sin embargo, Narukami de improviso se volvió un erizo de sangre que explotó en todas direcciones antes de aparecer, metros más allá, de pie entre dos plantaciones de arroz.

Jadeó para recuperar el aliento, veía puntitos de colores flotando en el aire. Se apoyó en la pierna sana y trató de ver donde estaban amigos y enemigos. Su contrincante ya la había ubicado y lanzó hacia ella un Doro Hoshi no Jutsu; sin tiempo suficiente para reaccionar, la chica solo se arrojó a un lado y esquivó parcialmente el jutsu, que le bañó la piernas. Desde el aire ubicó a Satoru, que estaba con los pies en el agua luchando contra la pelirroja. Detrás de ellos los pequeños fuegos se estaban convirtiendo en un incendio en toda regla. Aterrizó pesadamente entre matas de arroz y comenzó a hacer sellos de inmediato, sin molestarse en chequear dos veces. La chica de tierra ya venía hacia ella seguramente.

—¡Satoru! —gritó ella, no para pedirle ayuda sino como advertencia.

El varón acababa de derribar a la de fuego al suelo de un combo de patadas, en cuanto escuchó su nombre se giró y, localizando a la albina, corrió hacia ella. El dúo enemigo estaba ya preparado para una nueva ofensiva cuando en todo alrededor de ellas aparecieron burbujas, las cuales estallaron un segundo después, arrancándoles gritos de dolor y llevándolas al suelo. El de cabello color arena le tendió una mano a su compañera para ayudarla a levantarse y ambos miraron con cautela hacia donde estaban las otras dos. La pelinegra estaba acostada en medio del agua, jadeante; la pelirroja estaba sentada y estaba haciendo sellos de manos.

—Corre —murmuró el taijutsuka.

Para cuando la chica comenzó a expeler el Katon: Goukakyu no Jutsu, ellos ya habían comenzado a alejarse a la carrera. En lugar de ir todo recto se desviaron hacia un lado; uno de los caminos estaba cerca, treparon por encima y se lanzaron a la pendiente del otro lado, rodando por la tierra hasta aterrizar en otra parcela de arroz.

 
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Entrelazada entre tentáculos, la pobre chica no podía hacer mucho más que gemir adolorida por el ardor que esas extensiones le producían al tocar su piel, sin mencionar que cada segundo que pasaba la hacía sentir cansada y débil debido al drenaje de chakra que estaba sufriendo. Ella, como buena guerrera, no paraba de mirar iracunda a Kiseki, como si sus ojos pudiesen matarlo con más intensidad que sus llamas. Lamentablemente para Kimi, su tiempo acababa y debía aprovechar los últimos instantes de su vida para hacer algo que valiese la pena, al menos para ella.

- Vamos, pequeña, no me hagas ser rudo contigo. ¿De verdad no hay nada lindo que puedas decirme? Apreciaría cualquier tipo de información, por más insignificante que fuese - le sonrió, aflojando ligeramente los apéndices cerca de su hermoso y pálido cuello. - ¿Gente involucrada? ¿Ninjas cercanos? Algo debe saber una jounin como tú, ¿no? Nashla debe tener gente de buen calibre a su lado para ser exitosa en sus asuntos políticos.
- No menciones su nombre, traidor. - masculló la mujer, irritada por completo, dispuesta a morir en silencio si eso es lo que debía hacer para salvaguardar a las personas de su aldea y de su alianza. No podía ceder ante las artimañas de un hombre como Michibiki, sabiendo perfectamente de lo que era capaz. - Mátame de una vez, infeliz. No pierdas tu tiempo.
- ¿Matarte? Oh, no... no planeo hacer eso. - la miró alegre. - Ya sufrirás mucho con la muerte de quien asumo que es tu hermano menos, ¿no? - los ojos de la mujer se abrieron de par en par, intentando girar la cabeza para vislumbrar alguna pista del genin. - Shhh, no es momento para preocuparse por si vive o no, ya lo averiguaremos los dos en cuestión de minutos.
- ¡Hijo de pu...! - Sus palabras fueron cortadas por un tentáculo que tapó su boca.
- Esto es lo que haremos, dulce fogosa. Dadas las extraordinarias circunstancias que azotan nuestras vidas, me veo en la posición de ofrecerte a ti y a nuestra apreciada Nashla algo que de verdad considero que les interesa. ¿En quién pueden confiar durante los extraños tiempos que corren? No deben ser muy abiertos con sus relaciones porque, ténganlo por seguro, hay más de un traidor a la vista... y créeme que la mayoría no trabaja conmigo, de lo contrario ya hubiese conquistado Modan mientras dormía.
- ¡Mnnnph!
- Shhh, escucha atentamente lo que diré. Si tú me dices algo que valga la pena escuchar, no sólo te dejaré vivir, sino que también te diré algo a ti que puedes llevar de regreso a Kirigakure para mantener a la villa alejada del desastre que pronto vendrá por todos los shinobi de este mundo. Claro, puedes no creerme, como muchos hacen, pero no veo que tengas muchas opciones, ¿no?

Silencio. Infinidades de pensamientos bombardearon la mente de la fogosa, ¿debía hablar? ¿debía arriesgarse? ¿podía confiar en él? Todo era un desastre, no podía permitirse morir ahí, de esa forma, mucho menos si su hermano la necesitaba. A la mierda el honor, a la mierda el orgullo, ahora había más cosas de por medio que una simple cuestión familiar. Aunque... ¡él había matado a su hermana! ¿Qué debía hacer? El miedo paralizó sus piernas, sus ojos se aguaron, estaba frustrada, furiosa, llena de sentimientos nuevos y potentes que iban de arriba a abajo, de un lado al otro, en todas direcciones. ¡Que infierno! La Mizukage confiaba en ella, ¿verdad? Sería deshonroso que intercambiase información con ese hombre, ¿VERDAD?

Lentamente, la extensión que cubría la boca de la chica se retiró, mostrando marcas de deterioro en su dermis.

- Sé... sé... - titubeaba.
- Habla, pequeña, no le tengas miedo a las arañas - le sonrió.
- Hay otro grupo... sí... ya están dirigidos al Sonido, si no es que ya están allá.
- Prosigue - el sonoro se vio interesado, aunque esas noticias no le eran sorpresivas.
- Sé que Rinha Pawa está allá... junto con su compañera.
- Ah, la luciérnaga feroz
- Sí... Yin y Yang juntas en un mismo espacio podría determinar el desenlace de todo... de todo esto - tosió adolorida.
- Veo entonces que mi pequeño informe no sirvió de mucho para detener su paso - asintió, recordando lo que uno de sus clones vegetales había hecho cuando la manipuladora de oscuridad había hecho equipo con el Tsuchikage. - Bien, querida, ahora me toca darte a ti un regalo, así que escucha bien.

El albino aclaró su garganta y se acercó a la mujer sin su característica expresión alegre.

- Cuando esta tonta y torpe pelea entre ideologías termine, el verdadero juego comenzará. Ya debe haber gente en tu lado del campo que piensa de cierta forma sobre ciertas personas y ciertos asuntos... si las cosas son como dices, y ya hay gente en Otogakure, me temo que podría haber una pequeña explosión de información no deseada para muchos de tus compañeros en la Alianza. Ahora, lo último que quiero, aunque te cueste creerlo en tu diminuto sentido de la vida, es que Kiri caiga en medio de estos terribles y ciertamente catastróficos problemas que surgirán. Tú regresarás viva a la Niebla y personalmente le dirás a Nashla que algo importante se acerca, ¿entiendes? Dile que no se entrometa con ningún bando, porque los habrá, y eso le asegurará mantenerse al margen de lo que suceda, por más difícil que parezca en ese momento. Si alguna vez ella requiere de mi ayuda, ya sea un informe o un trabajo de los míos, sólo coméntale que con poner peonias en las ventanas de su torre bastará. Yo me enteraré y me encargaré del resto.
- ¿...peonias?
- Me recuerdan a sus ojos.
- Pero... - intentó hablar, pero sus párpados le eran muy pesados.
- Shhh, a dormir, pequeña llama, cuando despiertes estarás muy adolorida, pero eso es lo que vale la pena sentir después de saber que pude haberte devorado sólo para transformarte en un hermoso jardín, ¿no?
- Y... yo...
- Dulces sueños - la sonrisa y los ojos ámbar de Monban fueron lo último que ella vio antes de caer inconsciente y en estado casi crítico.

. . .

- ¿Nos vamos? - Preguntó Kiseki, viendo al resto de los genin ya libres del peligro, aunque rodeados de un paisaje poco estético. - Sé que falta otro de los novatos, pero seguro está bien, no dudo que alguno de los ANBU lo esté siguiendo de cerca - rió un poco.
- ¿Y la chica? - Nila intervino
- Durmiendo - le sonrió. - Hizo un buen trabajo y se ganó un premio-
- Pero, ¿no intentó matarnos? - la niña infló las mejillas, confundida.
- Sí, pero, como todos aquí aprenderán, la misericordia es un arma mucho más poderosa que cualquier tortura imaginable. Morir es una bendición para muchos, mientras que vivir en agonía, tanto física como emocional, es algo que casi todos temen de alguna manera.
- ¡Yo no tengo miedo! - La pequeña alzó el pecho, orgullosa. - ¿Verdad, Arata? - Ignorada.
- Oh, querida... todos tenemos miedo - subsecuentemente, el pelilargo vio hacia el horizonte. - Vamos, todos, a correr... aún tenemos camino que cubrir y algo me dice que pronto habrán visitas por esta zona - dijo, viendo como a lo lejos, entre la grama, se movía el débil cuerpo de Kimi, semi inconsiente.

¿Sus palabras tendrían efecto?

Por primera vez en mucho tiempo, Kiseki intentaba darle un lindo gesto a la Uchiha de la Niebla... ¿funcionaría?


Bishamon C. Underwood Zim F. Underwood Lionel Lionel listolín... aprendimos algo lindo, ¿no?
 

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Souh se detuvo a recoger también unos guantes protectores que tenía el Terumi para luego encontrarse directamente con Nila y Kiseki. Arata se colocó al lado del chico de la espada para luego cruzar miradas con la pequeña.

──Deberíamos seguir, ¿no? ──Kido preguntó en manera sarcástica al dueto pero dejando ver una realidad. Seguían en Kawakami, ¿cuánto tiempo estarían allí? Ya la luz del sol había salido por lo que podían ser divisados por los de la Alianza. Además, hacer maniobras sería más dificultoso incluyendo tratar de retrasarlos con otra trampa Absurda.

──Sí, creo que debemos darnos una apresurada ──expresó Nila mientras Kiseki realizó un jutsu de agua para apagar el fuego que le estaba impidiendo seguir de largo. A pesar de que estaban rodeados, debían seguir en una dirección fija para poder llegar al lugar donde tenían que ir, que aun era desconocido para el pelirrojo pues a veces ignoraba la geografía del nuevo país. Dado eso, prosiguieron adelante.

No pasó mucho para encontrarse con algunos cuerpos de la Alianza y compañeros sonoros tirados en el suelo. Parecía que habían librado un pequeña batalla en el lugar, pero la Alianza había perdido más miembros por lo que supusieron que los de Otogakure habían sido los vencederos.

──Parece que los superamos en esta ocasión ──musitó el modista para luego ver a Souh quien se detuvo a tomar un chaleco de uno de los Jounin o Chuunin que estaban muertos en el suelo. En ese momento Nila pareció haberlo regañado por el acto.
── ¿Ahora eres saqueador de muerto? ──a ella no le gustaba mucho Kido, pero él tampoco pudiere decir que le agradaba. Sin embargo, a veces podían congeniar.
──No creo que lo vaya a usar de nuevo ──denotó la salvedad de la circunstancia──, quien lo encuentra se lo queda, no es lo que dicen. ──tras decir aquellos Kiseki procedió a calmarlos.
──Chicos, aun debemos seguir adelante.

Bishamon C. Underwood Zim F. Underwood Angelo. Angelo.

Souh consiguió unos guantes protectores y un Chaleco Chuunin.​
 
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Moonchild
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—¿Estás bien? —preguntó Satoru, jadeando audiblemente sin importarle estar sucio de pies a cabeza y empapado.

—Sí, ¿y tú? —contestó la joven.

El dúo con el que habían peleado seguía con vida, pero quizá no se atrevieran a perseguirlos. Amaya no tenía ningún deseo particular de matarlas. Ambos tenían numerosos golpes y magulladuras; además, el varón tenía una quemada en el pecho y la chica un corte en el muslo. Se arrastraron fuera del agua hasta una franja de tierra que delimitaba las parcelas y miraron alrededor. El sol ya casi había salido y donde algunos fuegos se habían apagados otros nuevos ardían. Aquí y allá había escaramuzas y peleas, aunque aquello no debía de ser nada comparado con el pandemonio de Otogakure.

—Los estábamos buscando —dijo una voz masculina que al principio los sobresaltó, pero luego se dieron cuenta de que era bastante conocida.

—Kizashi-senpai —saludó Amaya, soltando una sonrisa aliviada.

—Saotome-senpai —añadió Satoru. —¿Buscándonos?

El ANBU era casi tan reconocido y respetado en la aldea como las fundadoras y el Jounin que lo acompañaba también tenía excelente reputación, sobre todo por ser un muy buen maestro. Los dos hombres bajaron el terraplén para acercarse a sus pupilos. No parecía que ellos hubiesen estado peleando recientemente; o habían llegado hacía poco o se estaban reservando por si aparecía algún pez gordo que realmente ameritase que ellos entraran en combate.

—Estábamos organizando a todos los de Arashi para estar coordinados —
explicó Kiza. —Pensamos que quizá alguno de alto rango trate de escapar y como Sao y yo no podemos estar en todas partes a la vez, comunicarnos por radio serviría.

—Ah, perdonen, nos fuimos precipitadamente —
se disculpó Narukami, apenada.

—No, en realidad comenzamos a organizarnos al llegar aquí, todo está bien —sonrió Saotome.

Rengar y Hamasaki comprobaron que el dúo no tuviese ninguna herida de gravedad. Kiza se encargó de la quemadura del varón y la maestra sangre curó su propio corte, luego concedieron unos minutos más de descanso. Por sugerencia del médico de mayor rango, la Genin encontró un arbusto lo bastante grande del cual pasar unos minutos nutriéndose para recuperar algo de chakra. El dúo de más alto rango instó a los menores a permanecer con ellos y una vez dejaron de jadear, decidieron comenzar a moverse. Los menores se colocaron los radios.

No llevaban mucho tiempo moviéndose cuando los cuatro recibieron ruido de transmisión por los auriculares de sus respectivos aparatos comunicativos. Tras un segundo de estática, una voz femenina casi en un susurro les informa que identificó un pequeño grupo al este de Kawakami que se movilizaba hacia el sur. La chica les avisó que se acercaría un poco para verificar a los miembros e hizo oídos sordos a la advertencia de Kizashi al respecto. Ninguno de los cuatro movió ni un músculo mientras esperaban.

—Son cinco… el que parece a cargo va de traje y tiene cabello blanc… —las palabras se interrumpieron de pronto, pese a que Amaya le gritó a su compañera para que contestase. Al poco rato escucharon un grito y nada más.

—Vestido de traje, cabello blanco… —recapituló Sao— debe se…

—Vamos —
dijo Kizashi sin dejarle terminar, poniendo rumbo al este.

Los otros tres lo siguieron con un nudo en el estómago. No estaban muy lejos de la zona señalada por la chica, así que no les tomaría mucho tiempo llegar; sin embargo, si la habían descubierto como pensaban, el grupo pondría pies en polvorosa, por lo que veían venir una persecución. Conforme se acercaban, el de cabellos plateados activó su Byakugan, para detectar al grupo que buscaban y vigilar hacia donde se movían. No tardó mucho en dar con un grupo de cinco figuras que huían al sur, más allá de todo el conflicto que se estaba desarrollando en Kawakami.

Conforme pasaban los segundos el de mayor rango iba corrigiendo el rumbo para no desviarse y terminar lejos de su objetivo en movimiento. Iban corriendo siempre que podían por encima de los caminitos que separaban una parcela de arroz de otra y chapoteando por los campos anegados cuando ya no era posible. Esquivaron fuegos que habían tomado todo lo que no estuviese lleno de agua y eventualmente alcanzaron de nuevo una planicie de hierba alta.

—Si se trata de quien pensamos —comenzó Kizashi cuando ya estaban muy cerca. El grupo apareció a la vista hasta para los que no tenían dojutsu y ellos sin duda ya se habían percatado de su presencia también. —, no dejen que los bese.

—¿Besarnos? —
se sorprendió Amaya, pero su JE no explicó nada más. Como un shinobi de alto rango incluido en el libro Bingo, la peculiaridad del médico Otogakurense de besar para obtener información era conocida, sobre todo por aquellos que ostentaban el mando.

Por un momento pareció el grupo de Otogakure fuese a continuar la huida sin más, escapando también del grupo que los interceptaba, pero finalmente optaron por detenerse y esperarlos. Ritan estaba en el centro, rodeado de otros cuatro shinobi de varios rangos menores al suyo. Vestido con su impecable traje oscuro de siempre, tenía una sonrisa afable en la cara y parecía perfectamente relajado, como si solo estuviese esperando a unos amigos que venían a tomar el té. No tenía nada que perder de ese encuentro, el contenedor ya no estaba con él y, por lo demás, podía salir de allí hablando o, si llegaba el caso, peleando. Sus acompañantes no parecían ni de lejos tan cómodos.

Kizashi se detuvo a una distancia prudencial de los otros, con Saotome a su lado y los dos menores detrás de él. Aún tenía el Byakugan y examinaba atentamente a los contrincantes. En la carrera habían terminado más al sur que al este y el sol ya asomaba su cabeza dorada a la izquierda de ambos grupos.

—Vaya, Kizashi del Byakugan —habló Ritan, extendiendo aún más su amplia sonrisa. —¿qué te trae por aquí?

—Pensé que alguno de ustedes trataría de huir —
contestó el de cabellos plateados, tenso. La labia del médico también era conocida, él no pensaba dejarse engatusar, pero sus pupilos no estaban tan bien informados. —Desde luego, no lo vamos a permitir.

Los otros cuatro comenzaron a prepararse para luchar, pero Ritan alzó una mano y los detuvo con un elegante gesto.

—¿Permitirnos? Me sorprendes, no creí que fueras tan arrogante como para pretender denegar permisos a otros —dijo, con gesto de estar profundamente decepcionado. A Amaya se le encogió el corazón, decepcionar a ese caballero de pronto parecía incorrecto. A su lado, Satoru se removió, incómodo. Kizashi se tensó más, si eso era posible. —Ni yo ni mis compañeros hemos hecho nada incorrecto… son ustedes, la “Alianza” los que han venido a atacarnos en nuestros hogares, a quemar nuestros campos y a maltratar a nuestros inocentes campesinos. Nosotros no albergamos ningún deseo de lucha, por eso nos vamos, no queremos dañar al prójimo como nos dañan ustedes. Mira a tu alrededor y piensa bien de quien es la culpa de esta guerra. Queman, destruyen, invaden y luego se creen con el derecho de impedir que quien no desea prolongar el conflicto unidireccional se retire.

—Kizashi-senpai —
murmuró la albina y se le quebró la voz. ¿De verdad lo que estaban haciendo estaba mal? Era cierto que esos campos de arroz no producirían nada comestible hasta que fuesen restaurados… ¿cómo viviría la gente?

—¡No lo escuches! —le dijo el JE, mirándola intensamente. —No tiene razón en nada de lo que dice, solo intenta confundirnos.

Ni Amaya ni Satoru eran un gran peligro para él, pero si caían en su juego y se unían a la manipuladora serpiente con piernas, sin duda podían darse por muertos y él no podía permitirlo. Saotome no estaba en el mismo peligro de caer en sus redes, a él le habían explicado todo lo que sucedía y por qué se estaba atacando, así que se mantendría firme pese a que también estaba preocupado por el porvenir de las simples gentes que vivían en Kawakami.

—Vaya, ¿tu mejor excusa para desestimar todo lo que digo es que intento confundirlos? —dijo el albino—; pobre señorita atrapada con traidores mentirosos que ni siquiera pueden dar un justificación creíble a sus atrocidades.

Amaya tragó saliva y miró al suelo, pensando en Taiga y en sus compañeros de entrenamientos. Lo que Ritan decía sonaba tan correcto, tan cierto, parecía que era el colmo de la locura no estar de acuerdo con él inmediatamente, que era un pecado no seguirlo y tratar de ganarse que dijese algún elogio dirigido a ti. Pero ella no podía traicionar a su sensei, nunca, de ninguna manera. Taiga solo quería lo mejor para su gente y ella lo sabía, por eso había optado por aprender de ella. Hacía lo que hacía por un motivo, aunque no le explicase cual era... ¿cierto? Satoru no movía ni un músculo, ni siquiera parecía que estuviese respirando; probablemente él estaba enfrentándose a los mismos conflictos internos que su compañera, aunque sus motivos para resistirse a las palabras del enemigo eran ligeramente distintos.

Kizashi decidió que ya había tenido suficiente de esa labia absurda. Tenía que lograr que Ritan cerrase la boca, aunque fuese por la fuerza. Se colocó en posición defensiva y aferró un kunai, buscando una abertura por la cual atacar. Saotome le imitó mientras los otros dos permanecían inmóviles como borregos. Los cuatro enemigos restantes también se prepararon para combatir, mientras que entre ellos Ritan suspiraba con expresión de profunda tristeza. Ante eso, la Genin cerró con fuerza los ojos, gritándose internamente que el médico no tenía razón, que todo lo que estaba diciendo estaba mal. Con esfuerzo, logró romper su inmovilidad y colocarse en posición de combate. Tenía que hacer oídos completamente sordos a cualquier otra cosa que dijese el albino. A su lado, Satoru pareció tomar coraje y también él se preparó.
 
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Moonchild
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Estaban en desventaja numérica. Además de que no conocían los rangos de todos los enemigos; Ritan sin duda era el más peligroso de ellos, pero de todas formas. El ANBU comenzó a moverse hacia un lado, sin dejar de encarar a sus enemigos, si le lanzaban un jutsu e intentaba esquivarlo, estar delante de sus pupilos era una pésima idea. Sao se movió en la dirección opuesta, Amaya retrocedió de un par de saltos y Satoru se quedó donde estaba, aferrando un kunai y mirando a sus enemigos. Los cuatro enemigos se movieron también, distribuyéndose para atacar. Ritan fue el único que permaneció donde estaba, como si ese conflicto no fuese con él.

Desde donde estaba, Amaya vio a tres de los enemigos venir en dirección a donde estaban ellos, sin duda pensando en acabar primero con los eslabones más débiles. Eran dos hombres y una mujer. El cuarto enemigo se quedó donde estaba, encarando a Hamasaki. Kizashi apretó los dientes, vigilando al trío en movimiento, él podría defender a sus pupilos, pero sabía que si se descuidaba con Ritan, lo pagaría caro. La fémina optó morderse el pulgar y realizar un invocación. Al instante frente a ella aparecieron tres enormes leones, quienes de inmediato descubrieron los dientes, vigilando los alrededores. La chica les pidió que le prestaran su fuerza en esa batalla, en lugar de solo ordenarles luchar.

El primero de los enemigos chocó directamente con Satoru, blandiendo una katana que el chico detuvo con su kunai. Tuvo que clavar los talones en el suelo, su oponente tenía bastante fuerza. Otro fue a atacar al varón por un costado y tuvo que retroceder ante el zarpazo que lanzó uno de los leones. La mujer evidentemente quería llegar hasta donde estaba Amaya, pero se había detenido y estudiaba a los felinos con un chasqueo de lengua. Narukami no hizo ningún intento por disuadirla de pelear, dudaba que alguien pudiese conseguirlo cuando con una palabra Ritan podía desbaratar los progresos.

Satoru empujó hasta destrabar su filo del de su enemigo y retrocedió a toda prisa, esquivando por los pelos un tajo horizontal de parte de la katana, que tenía un alcance mucho más amplio. El león a su lado se enfrentaba al otro shinobi, lanzando zarpazos que el humano a duras penas podía esquivar. Estaba sorprendido, aquel animal tenía una velocidad equiparable a la de un Chuunin, pero la chica que lo había invocado parecía una mera Genin, a juzgar por su tembloroso comportamiento.

Se rodeó de aire para aumentar su velocidad y lanzó una patada al felino, asestándole en el costado y sacándole un lamento agudo. El animal clavó las garras en la tierra para no caer y se agazapó, gruñendo. Tomando fuerza, saltó y cayó encima de su oponente, clavándole las garras en el pecho y abriéndole profundos surcos; el Chuunin resistió el dolor y movió sus cascabeles, creando una suave melodía. El león aflojó la presión, súbitamente desorientado al comenzar a ver doble; aquello fue todo lo que el hombre necesitó para enterrarle un kunai en una pata haciéndole un corte profundo que lo obligó a retroceder para evitar más daño.

El jutsu no solo había afectado a ese animal. Amaya cayó de rodillas, totalmente mareada y los dos felinos que aún la defendían sacudieron la cabeza, incómodos. A Satoru también le afectó y se llevó un corte profundo en un costado, que no pudo evitar por estar viendo triple. Como el efecto no se pasaba fácilmente, el muchacho comenzó a retroceder, entrando en un modo totalmente esquivo para tratar de evitar otros ataques, aunque hasta eso lo hacía torpemente.

La mujer que aún no estaba en combate aprovechó eso para saltar hacia los leones, hiriendo a uno en el hombro; este había intentado morderla, pero en su desorientación sus dientes pasaron junto a ella sin causarle daño. El otro bicho tuvo algo más de suerte y le lanzó un zarpazo que le acertó en el brazo, aunque lastimó también a su camarada en el mismo movimiento. La mujer dejó el kunai enterrado en el hombro del animal y saltó por encima de este, dirgiéndose a Amaya, cuando aterrizó invocó una pared de piedra delante de ella, la cual justo apareció debajo de la albina, mandándola por el aire y ocasionando que se golpease contra el suelo. Aún mareada, la genin movió las manos y extrajo sangre del enemigo más cercano; no necesitaba saber cual de las mujeres era la real para hacerlo, así que pudo proveerse del líquido y lo movió para cortar con él a su dueña.

El efecto se pasó y todo volvió a la normalidad cuando el de cabellos color arena ya había acumulado otro corte y jadeaba, poniendo más distancia con el enemigo. Volvió a hacer uso del Daitoppa cuando su oponente intentó acercarse de nuevo y sonrió cuando un gruñido indicó que tal vez le había roto algo. El aludido se movió un poco para comprobar la extensión de los daños a sus costillas e hizo muecas, pero aún así preparó la katana para atacar de nuevo.

Cuando el león que peleaba solo se recuperó, el chuunin contra el que se enfrentaba ya estaba en medio salto hacia el, dispuesto a cortarle la cabeza de un tajo; el animal se movió y esquivó el golpe a duras penas, aprovechando la posición en que había aterrizado el humano para volver a atacarle desprevenido. Lanzó un zarpazo que le rastrilló todo el brazo del hombro a los dedos y este perdió la movilidad en la extremidad. Envolviendo las piernas en llamas le dio una patada al león, haciéndolo rodar por el suelo en medio de quemaduras hasta que desapareció en una nube de humo. Mareado por la pérdida de sangre, el enemigo cayó de rodillas y se miró las heridas de brazo y pecho; con lo extensas no podía hacer mucho por detener el sangrado. Probablemente Ritan podía curarlo, pero estaba ocupado en su propio enfrentamiento. Unos segundos después, se desmayó.

Saotome había comenzado la batalla contra su enemiga ejecutando un Kuno, que dejó a la chica con una expresión de confusión y temor mientras examinaba los alrededores. El jounin no había hablado, así que ella tardó en darse cuenta de que la voz que le hablaba sobre los peligros circundantes debía provenir de su enemigo. Reuniendo coraje ejecutó un Kai y se liberó de la ilusión, aunque para ese momento al joven ya le había dado tiempo de ejecutar un Suishouha que voló hacia ella, golpeándola de lleno y arrastrándola a su interior antes de soltarla por los aires.

La joven no iba a quedarse atrás y, cuando cayó a tierra, lo hizo en cuclillas y con el puño impactando en el suelo. El terremoto que provocó lanzó al de la Tormenta contra el suelo en medio de violentas sacudidas. Con la muñeca sentida por haber tratado de parar la caída, el varón se puso en pie, haciendo una mueca. Ambos se examinaron mutuamente antes de volver a atacar; ella ya estaba en sobre aviso respecto a los genjutsus de su enemigo y él solo sabía de ella que usaba Doton.

Ritan y Kizashi se habían alejado un poco de los demás. La sonrisa y los perfectos modales del peliblanco seguían ahí, y este solo podía lamentar el tener que arruinar su traje, no era ropa adecuada para enfrentarse a nadie. El de cabellos plateados se había obligado a dejar de prestar atención a sus compañeros para concentrarse del todo en el aristócrata. Fue el primero en atacar, lanzando varios kunai hacia su contrincante. Ritan se movió y los cuchillos solo lo rozaron, haciéndole cortes en los brazos y costado, aunque ninguno grave. Kiza dudó, había planeado atacar inmediatamente después, mientras estaba distraído en esquivar los proyectiles, pero la intuición le decía que el peliblanco habría podido esquivar los kunai completamente de haber querido y se esperaba una trampa.

Hizo bien; la sangre que manó de los cortes se evaporó y el de Oto se lanzó hacia su contrincante, acercándose con el veneno que producía su sangre. El JE comenzó a sentir dolorosos espasmos en todo el cuerpo e instintivamente se cubrió la cara con los brazos, al tiempo que usaba un Shoukyo Kuuki para poner más distancia entre los dos. En lugar de intentar acortar la distancia de nuevo, Ritan la mantuvo y colocó las manos en el suelo, haciendo surgir una cascada de agua que golpeó al ANBU contrario de lleno, pues este aún sufría espasmos.

El tiempo de efecto de la LS pasó inmediatamente después y Kizashi se puso en pie, jadeando. Nada de provocar que el aristócrata sangrara, era contraproducente. Cambió su posición de defensa para usar el Juuken en lugar de otros jutsu que causarían heridas externas y se concentró en su proximo movimiento. Ritan le sonrió, divertido, al menos le había tocado un enemigo inteligente. Su siguiente ataque fue un Raikurai dirigido directamente al usuario del Byakugan. Él, en lugar de apartarse, liberó el Hakke Kuushou que había comenzado a preparar; la onda de vacío repelió el rayo y se estrelló contra Ritan, golpeando sus puntos de chakra.

El médico del sonido retrocedió junto con la onda y quedó jadeando de dolor por el daño a sus órganos internos aunque, por supuesto, su LS emprendió de inmediato la reparación de los mismos. Kizashi no quería matarlo, sabía que podía obtenerse información muy útil de él así que el mejor curso de acción era capturarlo y llevarlo a Arashi para su interrogación. Así, su estrategia era dejarlo inconsciente lo más pronto posible.

Satoru estaba ya casi completamente derrotado, aunque había conseguido hacerle bastante daño a su contrincante, este seguía siendo superior. Más allá de él, Amaya ordenó a uno de los felinos que fuese a apoyarlo, mientras el otro se quedaba con ella para enfrentar a la mujer restante. La joven tenía quemadas en diversas partes del cuerpo y jadeaba, mientras que sus felinos ya estaban algo maltrechos, aunque su contrincante al menos estaba en una situación similar.

El felino que iba a apoyar al varón tomó impulso y saltó hacia el nuevo contrincante dando un zarpazo, este se apartó y le clavó los primeros 10 centímetros de la katana detrás de la pata delantera; el gato grande se movió bruscamente, arrancándole el arma de las manos y se tambaleó, comenzando a ver borroso. Sin la katana para estorbarle, Satoru se cubrió de viento otra vez y saltó, golpeando a su enemigo repetidamente en un corte que tenía en el costado, agravando la herida. Este aulló y se derrumbó, tratando inútilmente de quitárselo de encima. El gato herido se acercó y le mordió la garganta, luego se echó al suelo, jadeando, antes de desvanecerse. Satoru cayó también al suelo, incapaz de moverse más.

Amaya esquivó una embestida de la kunoichi, recurriendo a convertirse en un erizo de sangre para apartarse de ella, y desde su nueva posición atacó con el látigo, enredando el arma alrededor de su pierna, aparte del dolor lacerante del cuero en sí, el tirón que siguió la desequilibró, llevándola al suelo. La muchacha rodó, se puso en pie y atacó de nuevo, solo para tener que esquivar los colmillos del león que aún permanecía ahí. Gruñendo su irritación, retrocedió de nuevo y examinó a ambos enemigos. La conejita no habría durado mucho tiempo contra ella de no haber tenido a sus invocaciones respaldándola y ahora estaba cansada y sus aliados ya habían caído, a excepción de Ritan, que estaba en su propia burbuja contra el otro ANBU.

Atacó con un Doryusou que la más joven no se vio en condiciones de esquivar y las estacas la golpearon de lleno, arrancándole un grito. El león se arrojó sobre la atacante con las fauces abiertas y le mordió el brazo, casi arrancándoselo. La bestia sacudió la cabeza, zarandeándola de un lado a otro y la arrojó al suelo varios metros más allá. Ciega de dolor, la mujer intentó levantarse y no lo consiguió. Terminó por quedar inconsciente justo cuando el león se le venía encima de nuevo y no escuchó la voz de la Genin que le pedía a su invocación que no matara.

Quemada, magullada y dolorida, Narukami se puso en pie y miró alrededor. Satoru claramente necesitaba atención, pero ella no creía estar en condiciones de hacer un jutsu B en ese momento. Se acercó a él, pensando que podría al menos vendarle las heridas. Más allá, Saotome estaba en las etapas finales de su enfrentamiento con la jounin que le había tocado; tenía los labios manchados de sangre luego de un ataque que le había hecho escupirla, pero no parecía llevar las de perder.

Hacia la derecha y algo lejos de ellos, Kizashi estaba teniendo problemas contra Ritan; el terreno había sufrido muchas alteraciones producto del enfrentamiento entre ambos, pero el de Oto era superior en fuerzas y Kizashi comenzaba a gastarse. Saotome también se había dado cuenta y parecía cada vez más tenso en su pelea contra la mujer, que se tenía mucho cuidado de no mirarlo para evitar caer en un genjutsu. Finalmente encontró un brecha para hacer tropezar a la mujer y cuando esta se desconcentró en un intento por parar la caída, el varón se lanzó al suelo y entró en su campo de visión. Utakata tomó efecto, arrancándole un gemido de dolor a la chica mientras veía como su piel se desgarraba, antes de que tuviese tiempo de salirse del genjutsu, Saotome la derribó y la dejó inconsciente de un golpe en la nuca.

El Jounin se levantó, respiró muy profundo y luego corrió a asistir a su superior; estaba cansado y herido, pero algo podría hacer. En lugar de entrar directamente en combate, se detuvo en una distancia prudencial, de forma que ninguno de los dos se diera cuenta de su presencia, y comenzó a ejecutar Dai Nehan Shoja no Jutsu, procurando establecer el área de efecto de una forma que no afectara a Kizashi. La somnolencia comenzó a tomar efecto en ese mismo momento, pero esquivar el jutsu Raiton que acababa de lanzarle Hatake ocupó su atención casi de inmediato; por el genjutsu, reaccionó con algo de torpeza, pero fue capaz de esquivar el ataque del todo. Segundos después, la ilusión terminó de tomar efecto y Ritan se quedó inmóvil. Kizashi tardó un poco en reaccionar, sorprendido.

—Su habilidad en genjutsu debe ser muy mala —comentó Saotome en voz alta. —Solo durará unos momento, eso sí.

Sonriendo al darse cuenta de lo que había pasado, Kizashi se acercó al ANBU dormido y rebuscó sus ropas hasta sacar un pergamino vacío. Sabía que solo llevárselo inconsciente no iba a servir, le resultaría sencillo escapar.

—Fuuin: Ura Shishou —murmuró, sosteniendo el pergamino en la mano. Hilos de tinta salieron del mismo durante un segundo y luego una esfera de vacío de extendió para en seguida implosionar y absorber todo en su interior. El suelo quedó completamente desprovisto de los resto de hierba, agua y rocas que antes lo cubrían y Ritan desapareció. Tan pronto como se completó Kizashi se fue de espaldas, jadeando. No estaba en peligro de muerte, pero sí había gastado muchísimo de su chakra. Si por casualidad le tocaba pelear de nuevo, estaría en serios problemas, pero no creía que fuese el caso. Saotome se permitió sentarse también y miró alrededor. En dirección a Kawakami ya no se veía el resplandor de ningún fuego.

-muere-
 
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All we hear is "radio ga ga, radio blah blah"
Moderador
Había mucho que esquivar en medio de la travesía. Ni en sus mejores años, Noah había visto Los Campos del Arroz padecer de tanto en tan poco tiempo; no sentía lástima por el gran pedazo de tierra que gobernaba el peor de los feudales, porque sin duda ese señor no se comparaba a sus homólogos. Si hasta recordó perfecto cómo hacía negocios con su difunto padre cuando creó Otogakure. Y hablando de esos orígenes, si de algo debía estar agradecido era de no estar en el lugar de Hokuto y sus perros falderos. Era más divertido ver cómo les achacaron sus males y los hicieron pagar por ellos.

Shiro continuó moviéndose entre los sembradíos que quedaban. No había ningún alma fuera de sus casas y a juzgar por lo intacto del rededor, supuso que la gente yacía oculta. En eso, un halo lumínico cruzó de un lado hacia el otro, cayendo unos cien metros más adelante. El zorro supo que eso no traería nada bueno, así que se movilizó varios segundos antes de que la onda expansiva de aquel jutsu arrasara con una gran parte de la hectárea. Noah se valió de una de sus habilidades prestadas para cubrirse a ambos con un gran peñasco.

Un minuto después dejó caer el enorme pedazo de tierra y lo que vio le hizo esbozar una gran sonrisa; su mirada violeta se paseó por cuanto pudiera visualizar. Todo era sinónimo de destrucción.

—¿Crees que valga la pena seguir buscándolos?
—Por supuesto —Fujimori apuntaba con la vista el punto donde coalicionó el pseudo misil raiton—. Vayamos a ese lugar.
—¿Estás loco?
—Tú solo obedece —el animal no dijo más, limitándose a escuchar en medio de la labor—. Si alguien lanzó un ataque tan potente como ese, es porque allí debe haber algo importante.

Antes de alcanzar dicha ubicación, Noah bajó del canino para que este se camuflara mientras él avanzaba con sigilo. Shiro se mantenía muy cerca de todas maneras y siempre que fuese pertinente le avisaba al ANBU sobre algún peligro. El ataque había dejado un gran cráter, sumado a eso la desertificación de varios metros a la redonda, donde pudo apreciar más de diez shinobi afectados. Fuesen del bando enemigo o fuesen de los supuestamente buenos, Fujimori relamió sus labios al imaginarse el banquete que podría darse si tan solo tomara una que otra parte no dañada.

Pero cerró los ojos con fuerza y sin querer y no saberlo, la imagen de Taiga apareció como ventana emergente. Rascó su cabeza con frustración al grado de despeinarse antes de ponerse en marcha con el zorro. En esas, el lamentoso sonido de alguien pidiendo ayuda llegó hasta sus oídos. Justo lo que necesitaba, ¿no?

—¿De qué lado estás? —El caníbal atajó el cuerpo del malherido con el suyo al poner a cada lado sus piernas y casi sentarse sobre su espalda; lo que hiciere, además, fue tocar su cuello con un kunai.
—A-Alianza… —casi pronunció imperceptible, así que Noah le agarró del cabello con fuerza e hizo que girara su rostro un poco más. El sujeto gruñó; salían lágrimas de sus cansados ojos—. N-no me mates… en verdad soy de Otogakure.
—Yo creo que no apoyas a nadie —susurró cerca de su cara—. Como yo —carcajeó y soltó los sudados cabellos del herido—. Si eres del Sonido puedes decirme perfectamente…
—¿N-Noah sama? —El aludido miró a su invocación. —¿E-es usted d-de verdad?
—Solo alguien de Otogakure me reconocería así, por mi voz —le comentó a la invocación aunque pareciera más una auto reflexión. —¿Qué ha sucedido exactamente? Desde que me fui.

El caníbal había arrastrado al sujeto a un lugar menos llamativo sin importarle demasiado que en el proceso le dolieran las heridas. Sabía que el rastro de sangre podía representar un problema, así que pidió al zorro que actuara como buen imitador de perro y echara tierra sobre la huella. Eso podría retrasar cualquier proceso de rastreo.

El shinobi herido miró al cielo y respiró hondo. Nunca antes le había costado tanto inhalar, mas Noah no sería condescendiente y una vez más pidió una explicación. 《Hokuto fue muy obvia en sus procederes》, hizo una mueca de dolor por la presión en uno de sus costados. 《No sé, no sé exactamente qué planes -respiró hondo con dificultad- tengan... Pero supe que no todos de la maldita -apretó los dientes en ese momento- aristocracia iban a enfrentarse a los ninjas de la Alianza.》Fujimori entrecerró sus ojos. Ninguno de ese grupito falaz le era desconocido y hasta se podría decir que mucho habían durado sin clavarse los cuchillos a traición. Algo les unía.

A continuación invocó a varios animales para detectar a quienes deseaba encontrar más rápido. Por lo que entendió del informante, ya no le podía brindar más datos así que trató su herida y le dejó a su suerte en ese lugar apartado. A Noah no le convenía mostrar la otra cara de su moneda con gente que parecía seguir confiando en él.

Por instinto miró hacia el sur, por donde llegaría a la que alguna vez fue su villa. No sentía nostalgia; jamás fue apegado a esa tierra a diferencia de sus hermanas y padre, pero allí había gente de su genuino interés. Entonces recordó lo que le había pedido a Ruigetsu. Si el colíder del Horizonte no cumplía con su parte, sabría que entre él y Taiga no había más que una historia enmarañada con muchos nudos. Sería tonto juzgar a otro por lo que él mismo solía hacer, hasta con sus más cercanos, pero eso le hacía entender las cosas más claras pues, comparándose consigo mismo, entendía que Hozuki no distaba mucho de su forma de ser, actuar y quizás pensar y que es por esa razón que detrás de esa relación había solo puro interés propio.

Pero qué podría querer de Tasmania.

—Parece que dimos con varias personas.
—Andando. —La característica más importante del grupo que buscaba era que en él estuviera una niñita de cabellos azules y un murciélago rosado. Qué peculiar.

En medio del trayecto, Fujimori ayudó a varios ninjas de Oto a pelear contra los supuestamente protagonistas que luchaban por la erradicación de los sonoros. A veces, si lo creyó muy necesario, apoyaba a los de la Alianza para mantener las apariencias y en otras circunstancias, recreaba un escenario en el que ambos bandos se matarían entre sí mientras él salía con las manos lavadas.

Casi en la frontera de Kawakami con una carretera que guiaba al norte, encontró al grupo de ninjas que estaba buscando. El sonido de su invocación espabiló a los de menor rango, empero Michibiki ya presentía que alguien relevante se estaba acercando. Que Yojimbo estuviera en modo despertado lo delataba.

—¿Tendremos que luchar contra ti también? —King y Arata no apartaron la vista del de cabellera blanca y corta. El primero estaba a punto de sacar su arma predilecta al no entender el meta mensaje de Monban.
—¡Noah! —Niló avanzó hacia él con soltura. Desde que supiera que era su familiar, ya lo veía con ojos distintos. Eso hizo que Souh se relajara un poco más. —¿Trajiste mis cosas?
—Sí pero te las entregaré en otro momento —sin dificultad, la Peque saltó para poderse subir al zorro. Este avanzó lo que hiciera falta para cortar distancia—. La guerra no ha terminado aún.
—¿Qué tan intensa está? Aparte de lo obvio -ese fue Kido.
—¿No te has hecho una idea aun? Vas tarde, querido —Kiseki hizo un gesto con su índice dominante—. Y si nos quedamos aquí, no la podremos seguir contando. Llegaste en buen momento, Noah.
—¡Sí, sí! —Niló alzó los brazos.
—¿Cuál es el plan?

Había preguntado para ponerse al corriente de la situación y echado a andar junto con otros dos zorros aparte de Shiro. Kiseki iba en uno solo y los genin en el restante, con excepción de Nila y Masha. La Araña Blanca había contado cuanto sabía y pudiera compartir entre los presentes de bajo rango. En medio de su cuento, Fujimori hombre echó un vistazo a los otros dos varones. Souh no se inmutó ni se le hizo difícil retenerle la mirada al caníbal, lo que permitió a Noah discernir que era alguien con un temple fuerte y hasta asfixiante por su intensidad (la carga en su expresión). Inmediatamente miró al suturado, que ya se encontraba más compuesto y aunque su máscara de Nagare estuviera rota, prefería mil veces usarla así a dejarse ver. Curioso. El albino ANBU reconoció el estilo de esa careta de demonio japonés, sin poder aguantar las ganas de sonreír tras un fugaz recuerdo. O más de uno. Por el giro de su cuello, supo que Zukaku no estaba mirando en su dirección. Era ligero, pero de fácil interpretación: era como si no le quisiera ver directamente.

—¿Quiénes son ellos? —Nila miró hacia 'ellos'.
—Souh y Arata, ambos genin —contestaba Michibiki—. Por lo que entendí, parece que son piezas importantes para lo que está ocurriendo.
—O sea que tienen potencial —volvió a mirar hacia ellos y esta vez Arata respingó, hundiéndose en su timidez.
—El de la máscara es bastante especial.
—Arata tiene una colección de máscaras —declaró la niña. Y por la mente del médico cruzó la palabra 'colección'. Ese tipo de personas siempre solían ser interesantes de algún modo. —Oh... pero la que lleva puesta se rompió. —Fujimori adulto dio varias palmadas en la cabeza de Nila.

Aprovechando el encuentro de maleza y un bosque que se alzaba en el camino, a los lados del sendero, los tres zorros se adentraron en este para iniciar la marcha con más velocidad. Por instinto se dieron cuenta que aquella zona no había sido tan obstruida por los invasores y por las estructuras que podían vislumbrar entre los espacios que dejaban las hojas entre sí, se dieron cuenta de que allí todavía había algo de paz. Eso significaba que se encontraban en otro pueblo, más cerca de su destino.

 
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