Quest C Cobradores [Enoshima & Malheur]

Estado
Cerrado para nuevas respuestas

Reflejo
Moderador
Registrado
4 Feb 2009
Mensajes
7,391
Ubicación
Dirac Sea
Offline
"Cobradores"
- NPC involucrado: Hagurumon
- Sinopsis: Cada quien busca la manera de ganarse la vida en el Mundo Digital; Algunos obtienen préstamos para "despegar" y tener una base, otros son los que prestan este dinero. Hagurumon pertenece al segundo grupo, teniendo un pequeño "negocio" donde él le tiende la mano a la gente en tiempos difíciles a cambio de unos generosos intereses a la hora de cobrar. Ha llegado el fin del mes y es la hora de que el Digimon máquina cobre su dinero, sin embargo nunca faltan los clientes irresponsables que "le pagarán todo la semana que entra". Nuestro cliente es muy pequeño para resultar intimidante o convincente, por lo que necesita gente que actúe como cobradores, obteniendo el dinero que le deben de los clientes atrasados.
- Escenario: Ciudad
- Objetivos:

  • Reunirse con Hagurumon
  • Ir hacia los hogares de los deudores y cobrar el dinero
- Notas

  • A Hagurumon le importa poco la forma en que "convences" a los deudores, siempre que él obtenga su dinero. Sin embargo, ya que su negocio está en la delgada línea de lo legal, trata de evitar meterlo a él en problemas con DS (lo que a ti te pase le da igual)
  • Algunos Tamers y Digimon se pueden mostrar muy renuentes a pagar
  • Para el final del día debes haber obtenido el dinero de al menos tres clientes
Tamer: Llednar Malheur & Haru Enoshima.
Digivice: iC [Llednar] / Adventure [Haru]

Asta. Asta. Soncarmela Soncarmela esto será interesante de ver o,o adelante gente~
 

Asta.

Kill. Me. Slowly~♡.
Registrado
10 Dic 2015
Mensajes
1,272
Offline
Simplemente le costaba creer la escena frente a sus ojos, una situación que incluso desconcertaba al tímido dragón que lo acompañaba. Habían querido comenzar esa mañana con el pie derecho, dirigiéndose a la Central de Tamers para tomar algún encargo con el cual distenderse. Sin embargo, al llegar al edificio y encaminar hacia el tablón de solicitudes, se encontraron a aquel peculiar dúo. Era un diablillo que estaba arrastrando por el suelo a su compañera humana, como si de una bolsa de patatas se tratase. La chica, lejos de quejarse, solo miraba el techo del lugar, como si la agresión no le importara en lo más mínimo.

Varias personas intentaron acercarse esporádicamente, pero eran repelidas ya sea por el fiero ceño del Impmon, o porque la adolescente levantaba la mano y negaba con el rostro, indicando que no necesitaba ayuda. Llednar pensó en que lo mejor sería hacer la vista gorda e ignorarlos, pero pronto notó que el inconveniente con esa tarea era que se hallaban pegados al tablón. Rodó los ojos y avanzó, decidido a fingir que ese par no existía… Hasta que los escuchó discutir.

¡Vamos, Chiquilla! — Se le escapó aquel sobrenombre, se encontraba demasiado exasperado para guardar las apariencias. — Tenemos que seguir trabajando… Debo volverme fuerte.
Ño, ño, ño. — Negó con el rostro, inflando las mejillas. — Estos encargos son muy sencillos, así jamás obtendremos buenos drops. ¡Tenemos que tomar misiones peligrosas! ¡De alto nivel! Los ratios serán mejores.

Una gota de sudor frío cayó por el cuello de Llednar, quien a medias entendía la charla de la chica. No entendía lo que decía respecto a equipamientos, artefactos o constelaciones, pero podía desprender la esencia de la queja: Deseaba tomar tareas peligrosas creyendo que todo saldría bien por fuerza mayor. Le recordaba un tanto a él cuando era un novato, queriendo abarcar más de lo que era capaz de cargar. ¿Acaso era correcto hacerse el sordo? Era casi como ser cómplice de su suicidio. Lanzó un suspiro plagado de consternación, incapaz de creer lo que iba a hacer. Sus dedos se extendieron hasta arrebatarle la tarea al Child, ojeándola rápidamente mientras este se giraba para increparlo.

¿¡Qué crees que haces!? ¡Eso es nuestro! — Ya era la segunda vez que alguien les robaba el encargo de improviso, ¿tan competitivo era ese mundillo? Tendría que empezar a hacerse valer allí también.​
Con que Cobradores, ¿eh? — Ni siquiera prestó atención al reclamo, alzando una ceja. — Justo la misión que estaba buscando.
¿En serio? Genial, quédatela, nos vemos. — La Amateur lanzó todo en una rápida sucesión, complacida de quitarse ese papel de encima. — Bueno, Akuma, busca algo como la gente.
Esperen… — Salió de la boca del varón, quien se quedó a cuadros al ver como para la muchacha era un alivio darle el portazo. No sabía cómo continuar, simplemente era muy malo socializando.​

La chica entonces se dignó a levantarse del suelo, sacudiéndose la ropa para eliminar cualquier rastro de polvo en las prendas. Si su Digimon no iba a cooperar en encontrar una tarea interesante se encargaría ella misma, y con eso se refería a que iría a la recepción a que les asignen un compañero que haga todo el trabajo. Hubiera preferido no optar por dicha táctica, después de todo tenía que insistirle a la recepcionista hasta que accediera, y cada vez era menos eficaz su cara de puchero. No llegó a dar el primer paso en las baldosas cuando el agarre del diablo se cerró en su muñeca, arrastrándola forzosamente lejos del varón.

¿Qué crees que haces, Chiquilla? — La pregunta incomodó un tanto a la Amateur, quien estaba por recalcar una quinceava vez que esa misión no le interesaba. Aunque Akuma la atajó antes de que comenzara. — ¿Has visto a ese Digimon que va con él? Es un Hackmon, es increíblemente raro. Es la primera vez que veo uno.
¿Ah?... ¿En serio? — Finalmente sus ojos recuperaron algo de brillo, encendiéndose esa llama de interés en sus orbes. — ¿¡Eso significa que esto es un evento especial para desbloquear su Digimon como personaje jugable!?
Errrrr… Sí. Eso digo. — Aquella mentira escapó de sus labios, simple y llanamente porque deseaba dejar de hacer el ridículo en la Central.​

Quien lo tiró entonces fue la nipona, en una muestra categórica de descaro. Dando saltitos se acercó al muchacho, quién no pudo evitar preguntarse por qué volvía. El varón se sintió incomodo al verla sonreír, ¿y si el motivo de su regreso era para reprocharle que le quitase la misión?, eso seguramente daría lugar a una situación bastante áspera. Lo que nunca esperó fue sentir las pequeñas manos jalarlo de su camisa, obligándolo a encorvarse. Mostrándole una cara digna de un perro mojado le pidió que la dejase acompañarlo, ya que ella era una “simple Amateur sin la menor idea sobre ese mundo”. En un primer instante el germano no supo cómo responder, hasta que recordó que ese era el plan inicial, por lo que terminó aceptando.

Al llegar el mostrador el chico extendió el papel a la recepcionista, la cual no tardó en preguntar los datos de ambos. El adolescente dejó que ella se identificara primero, constatando que era una Amateur como decía. Luego dio él su correspondiente aviso, señalando que poseía el rango Expert. Un exagerado jadeo provino entonces de la boca de la novata, quien se tapaba la boca con ambas manos. Llednar se sintió confundido, reacción que no compartía con Akuma, quien entendía por completo a su retorcida Tamer: Debía sentirse bendecida al haber hallado un pobre diablo que haga todo el trabajo por ella. Y como guinda del pastel no parecía estar loco, una increíble mejoría si comparaba sus últimas tareas.

[]

No tardaron más que unos minutos en salir de la Central, impulsados por una japonesa que parecía estar con las pilas a tope. Esto se debía a una amplia gama de razones: Tenía que dar una buena imagen, quería quitarse ese encargo de encima, deseaba poder aprender todo lo posible de ese muchacho, y obviamente no le daría tiempo de retractarse de llevarla con él. Mientras caminaban no dejaba de atosigarlo con preguntas, las cuales eran más propias de un videojuego que otra cosa, lo cual descolocaba en gran medida al varón por lo punzante e incómodas que se tornaban. “’Pareces de mi edad, ¿es tan fácil ascender?”, “¿Dónde has conseguido a ese Hackmon?”, “¿Cuáles son los mejores lugares para farmear?”, y demás cuestiones por el estilo. En un intento por recuperar un control que nunca tuvo decidió carraspear, indicándole que se centrara en la tarea, que luego habría tiempo de sobra para charlar.

La primera parada era el local que el usurero utilizaba para desempeñar su negocio, una tienda que se encontraba en pleno centro comercial. A Akuma le pareció extraño que tratando asuntos tan escabrosos fungiera su sede a plena luz del día, aunque se consoló pensando en que quizás el prestar dinero no era tan malo… Si no los métodos utilizados para recuperarlo, y de los cuales pronto serían conocedores. Estando frente a la puerta Llednar intentó abrirla, pero la menor se le adelantó y entró primero, buscando de buenas a primeras al engranaje flotante. Una vez lo divisó fue y lo encaró, presentándolos a todos como el grupo encargado de ayudarlo en esa ocasión.

Dos parejas, ¿eh? Esto costará bastante… — Flotó de un lado al otro, meditando sobre si valía la pena pagar el doble. Finalmente, suspiró y golpeó con una de sus “extremidades” el mostrador. — Está bien, el dinero que me deben es más importante. Además, debo enviar un mensaje para que no se torne costumbre.
Bueno, con eso solucionado. ¿Qué tal si nos cuenta el problema? — Fue el alemán quien puso la cuestión sobre la mesa. — El encargo solo dice que tenemos que ir a cobrar el dinero, ¿por qué no lo hace usted mismo?
Verás… No soy muy intimidante con este aspecto. Digamos que mi fuerte son los negocios, no la fuerza de los brutos. — Comentó como si fuera obvio, con un tono tan soberbio que solo le faltó agregar “idiota” al final para cabrear al Expert. — Entonces al ver mi tamaño simplemente se ríen o me dan vueltas… Como te imaginarás, no hay muchos organismos que deseen poner en prioridad un negocio como el mío, el cual consideran que roza lo ilegal. Por eso recurro a vuestra ayuda.
Ya veo… — Comentó el varón, asintiendo. — Está bien, nosotros nos encargaremos. Denos las direcciones y haremos todo lo posible.

Impmon no podía creer la ingenuidad del chico, quien parecía no haberse dado cuenta de que el Child le decía la verdad solo a medias. ¿Por qué motivo no podría acudir a las autoridades si todo marchara en un marco legal? ¿A qué clase de gente le prestaba dinero que necesitaba 2 parejas para reclamar lo que le correspondía? Y más importante, ¿cuánto había de por medio que les iba a pagar a ambos como una misión de categoría C? Toda esa información indicaba que omitía varias cosas, pero él no iba a ser quien se lo dijera. Era la oportunidad perfecta para trabajar con alguien de rango superior, y no iba a permitir que se le escurriera entre los dedos la oportunidad de ganar reconocimiento. Haru, por su parte, se hallaba sentada en una silla con rueditas, dando vueltas en ella hasta marearse. El diablillo se mordió el labio inferior al observarla. No, definitivamente no podía desperdiciar esa chance.

Hagurumon no tardó en pasarles una hoja con la lista de deudores y su locación, buscando darles salida lo antes posible para evitar preguntas incómodas. El alemán tomó el papel y se lo entregó a Impmon para que él se lo pasase a su Tamer y ambos se pusieran al tanto, cerrando los últimos detalles respecto a horario y entrega con el contratante. Una vez cerrados esos pormenores salieron del local, bajo la advertencia final de que por nada del mundo lo involucraran si se excedían con los métodos que utilizaban. Al Expert le desconcertó un tanto ese aviso, preguntándose internamente qué querría decir. Más no tuvo mucho tiempo para centrarse en ello, puesto que una voz chillona llamó su atención.

¡Aquí vamos! — Clamó Haru, deseosa de demostrar lo comprometida que estaba con el encargo. Echó entonces a andar en una dirección al azar, como si fuera la líder del grupo.​
¡Espera, Tamer! — Detrás de él fue el Child, visiblemente enojado. — Ni siquiera sabes las calles de la ciudad, ¡te volverás a perder!

El dúo Expert se miró entre sí, preguntándose si lo que veían era medianamente normal. ¿Realmente había sido buena idea decidir ayudarlos?

Soncarmela Soncarmela
 

Soncarmela

Moderador
Offline


Impmon logró controlar a su “chiquilla” antes de que avanzara más de la cuenta. Si quería aprender de un Tamer veterano como el pelirrojo, lo mejor era que Haru también se aplicara el cuento. Quizá la influencia de un muchacho responsable -aunque inocente- le venía bien. Tampoco era como que quisiera un cambio brusco, puesto que si lo pensaba fríamente, tener a la otaku como amiga, con sus nulos ideales y una mentalidad abierta a actos no tan correctos, era mucho más recomendable para él que contar con la “ayuda” de alguien que estuviera cada dos por tres dictándole como actuar. Para su suerte, la japonesa deseaba dar una gran impresión, por lo que en esa ocasión se comportó como una buena chica: amable, agradable, curiosa e incluso se animó a participar en la misión. Ella misma se adelantó y llamó a la puerta del primer cliente, tocando la puerta con los nudillos dos veces, sumando una tercera cuando después de un minuto esperando, nadie tuvo intención de abrir.
Hackmon se mantuvo en silencio. Si bien por dentro radiaba de felicidad porque al fin había conseguido traspasar la barrera de la evolución, no podía soltarlo a los cuatro vientos debido a su timidez. Notó, sin embargo, que Llednar parecía interesado en conocer a la chica. ¿Habría alguna razón detrás de esto? ¿Acaso la impulsiva Haru llamaba su atención porque le recordaba demasiado a sus andadas? ¿A lo mejor veía en ella un reflejo de lo que no debía hacerse por culpa de la ignorancia? El Expert no era una persona que socializara, mucho menos con completos desconocidos, y si encima estos hablaban por los codos o soltaban frases sin sentido, todavía se retraía más. Pero... ahí estaba, con las manos en los bolillos y permaneciendo lo más tranquilo posible. Probablemente, de no ser una Amateur, estaría gruñendo por su actitud infantil.
No tiene pinta de que vayan a abrir —mencionó Enoshima finalmente, encogiéndose de hombros—. Probemos suerte en la siguiente dirección.
Un momento —dijo Impmon en voz baja. Indicó con la cabeza a los presentes que le siguieran. Y entonces se escondieron detrás de otra casa, aunque un poco asomados para tener la puerta del deudor en su línea de mirada—. Esperad unos segundos.
El diablillo sabía cómo reaccionaba ese tipo de gente. Lo había visto un montón de veces en los barrios bajas, sólo que aquellos que llamaban a la puerta eran más brutos y en la mitad de ocasiones, terminaba con la entrada destrozada y la persona involucrada en muy malas condiciones. Ellos no podían -y no debían- tomar esa ruta tan agresiva. Sin embargo, también se le pasó por la mente que los clientes de Hagurumon serían más “normales” que los vecinos que residían en la zona ilegal de la ciudad. Sus sospechas se confirmaron cuando un varón, de unos veinte años, con el cabello desaliñado y unas marcadas ojeras debajo de sus ojos, abrió lentamente e inspeccionó sus alrededores. A su lado, verificaron que se hallaba un Falcomon, que a diferencia de su Tamer, negó con la cabeza, como si no estuviera de acuerdo con las acciones del muchacho.
Antes de que se atreviera a encerrarse, Impmon y Hackmon se adelantaron, con el dragón demostrando una velocidad muy superior del otro Child. Se plantó delante de los clientes en dos segundos, y antes de que le cerraran la puerta en sus narices, colocó la pata y evitó que ocurriera. El humano no podía comparar su fuerza a la de un Digimon, por lo que a parte de no poder completar su deseo de librarse de ellos, también se golpeó a sí mismo por el movimiento brusco, cayendo de culo en el suelo. Falcomon abrió los ojos al máximo y se encaró contra el digital, mas se detuvo cuando comprobó que no venía solo. Las llamas de Akuma brillaron en sus dedos, efectuando una advertencia muy fácil de comprender.
¡Oh! ¡Así que sí estabais en casa! —exclamó Haru cuando ella y el pelirrojo alcanzaron a sus compañeros. Apuntó con un dedo acusador al asustado joven— ¡Eres malo! ¡Nos dejaste esperando!
Yo... Yo no quería... —La mirada seria y casi amenazante de Llednar le obligó a cerrar los labios y no emitir sonido alguno.
Le debes dinero a Hagurumon —Las palabras del Expert fueron directas y concisas. Sacó un papel, encontró la dirección indicada y se lo plantó en la cara—. 650 bits. Han pasado ya tres meses desde que te lleva pidiendo que se lo devuelvas. Es el momento.
Sabías bien que veníamos para esto —agregó Akuma, con los dedos todavía en posición de ataque por si a Falcomon se le ocurría pasar a la ofensiva. Aunque, pensándolo bien, probablemente no tendría oportunidad alguna contra ese dragón. Su instinto le gritaba que era un oponente peligroso—. Por eso estás asustado. Por eso sudas. Y por esa misma razón no has querido abrir. Esta situación la ibas a tener que afrontar tarde o temprano.
Haru le levantó el dedo pulgar a su camarada, a pesar de que este no fue consciente de ese detalle. <<¡Ese es el Akuma que conozco! ¡Mi buen amigo! ¡El mago de fuego! ¡Revienta adc sin que se den cuenta!>> pensó ella. Seguro que con esa participación, el chico de la criatura legendaria tendría una mejor visión de ellos.
¡Lo devolveremos! —chilló el Digimon, hablando por su Tamer— ¡Pero ahora no lo tenemos!
¿Cuánto tiempo necesitáis? —indagó el alemán, frunciendo el ceño.
Nuevamente, Impmon se quedó extrañado. ¿Acaso no percibió que el humano miró hacia atrás, como si quisiera esconder algo que visiblemente ellos no eran capaces de contemplar desde allí? ¿Cuánto tiempo llevaría en el Digimundo?
Ah... —Falcomon se frotó las plumas que fungían como mano— En... En unos días...
¿Cuántas veces habéis dado la misma excusa? —Akuma dio dos pasos al frente. Hackmon continuó con la pata en la puerta: era prácticamente imposible que tanto humano como Digimon pájaro le desplazaran del sitio. El diablillo quería sonar duro, pero también digno a ojos de un Tamer con buena fama. En otras circunstancias, ya habría quemado el hombro del chico, puesto que su nerviosismo le delataba— Si lo que Falcomon ha respondido es cierto, imagino que no tendréis problemas en que echemos un vistazo por la casa. Quizá no hay dinero, pero sí objetos de valor que se puedan comparar a los bits.
¡No! —Se le escapó al muchacho. La voz apenas fue un chillido suplicante.
Entonces Impmon no miente —A Llednar se le acabó la paciencia. Tampoco era como si tuviera mucha—. Hackmon.
No hizo falta que añadiera nada más. El dragón aplicó más fuerza en su pata y abrió por completo. Falcomon, por su parte, en cuanto se atrevió a alzar una de las alas, Impmon le atizó una palmeada. Echar fuego con esa cercanía habría sido un error, no deseaba que Haru o el otro Tamer salieran heridos.
La vivienda estaba hecha un desastre. Habían acumulado bolsas de basura en la cocina, se alimentaban de comida barata y lo que era peor, averiguaron que el dinero se gastaba en el casino, puesto que encontraron piezas similares a las que se pagaban en esos lugares. El ludópata se echó a llorar de rodillas, suplicando para que no se llevaran la cantidad que había ganado en esos días... Y aunque no comentó dónde, el diablillo se hizo una idea de que no eran trabajos legales; mucho menos enviados por la Central.
¡Hoy me siento con suerte! —declaró, cogiendo la mano de Haru. Llednar se puso a su derecha y le arrebató su agarre sin miramientos— ¡Sé que ganaré! —continuó, con los ojos rojos— Tendré el dinero de Hagurumon. Venid mañana, os lo prometo.
Jhon... —susurró el ave, avergonzado. Era evidente que no era la primera vez que presenciaba la misma escena. Siempre se humillaba de ese modo... Entrecerró los ojos: prefería no tener que pasar por algo similar otra vez.
Lávate, pide ayuda a la Central y conviértete en un hombre de provecho —El pelirrojo recogió el dinero justo de Hagurumon y le entregó lo poco que sobraba.
Se marcharon de la casa sin mirar atrás. Haru se despidió con una sonrisa, como si no fuera consciente de la situación. Para ella era un número que sumaba al contar de clientes de los que tenían que pagar la deuda, nada más; y, de paso, mantener un buen ritmo con el muchacho. Ahora que ella -más bien, Akuma- habían hecho el primer trabajo, lo justo era que él se hiciera encargo de los siguientes, ¿verdad? Después de todo, era el veterano, el que tenía experiencia, el que servía como ejemplo para los novicios. Estiró los brazos hacia arriba y silbó una canción hasta que se aburrió de esperar de que el otro comentara algo.
Pues vamos estupendamente, ¿eh, Senpai? —Puso su mejor cara de niña buena al brindarle una expresión de felicidad absoluta.
No creo que tengamos tanta suerte en los próximos —contestó, frío y sin dar más charla al tema en cuestión—. Centrémonos.
Y dime —prosiguió Haru, dando saltos para mantenerse entretenida—, ¿de dónde sacaste a tu compañero?
Por el gesto en la cara de Llednar, Impmon adivinó que su Tamer acababa de tocar un asunto espinoso.
No te importa —El propio varón tuvo que reprimir una respuesta más borde. Respiró hondo y se calmó: era una novata, no sabía nada de su pasado. Se trataba de una pregunta curiosa, inocente. Fue por ello que, tras tragar saliva, agregó—. Nació de un Digitama.
—Oh... Jo, Akuma —La japonesa infló las mejillas—. ¿No pudiste nacer tú también con ese aspecto de dragón con capa de héroe?
Uno no elige —Impmon ya la conocía lo suficiente como para no sentirse ofendido por el comentario—. Cuando sales del huevo, pues tienes tu forma de bebé y luego evolucionas. No hay mucho más misterio. Aunque sé que es posible cambiar con alguna magia de Witchmon.
¡¿En serio?! —Los ojos de Haru brillaron con ilusión— ¿Qué te parece si...?
No pienso probarlo —tajó rápidamente, adivinando sus pensamientos—. Me gusto tal y como soy.
Por un momento, Llednar esbozó una escueta sonrisa que duró no más de un segundo, pero que no pasó desapercibida por Hackmon, el cual correspondió y también dibujó ese gesto en su cara. Sin lugar a dudas, no había sido una mala idea ir con ese dúo tan pintoresco.
Pero el día no había hecho más que comenzar.




Asta. Asta.
 

Asta.

Kill. Me. Slowly~♡.
Registrado
10 Dic 2015
Mensajes
1,272
Offline
El grupo avanzó por la ciudad contento por el acierto inicial, lo cual parecía haber propulsado la confianza del dúo Amateur, algo que alegró al Expert. A pesar de que lo descolocaba un tanto la perorata que era capaz de soltar la nipona, no dejó pasar la oportunidad para felicitar al Impmon por su idea, quien infló el pecho de orgullo al ver reconocidas sus capacidades. Sin embargo, dudaba que las cosas se mantuvieran tan sencillas. Después de todo, por algo la Central de Tamers había aceptado conceder la segunda categoría a un encargo dentro de la ciudad, indicando algún peligro peor que un ludópata desaliñado.

Con esos buenos ánimos fue que avanzaron a la siguiente locación, donde se dieron un tortazo en toda regla. Nada más llegar fue que se dio la primera anormalidad: Haru, quien tan buena predisposición estaba mostrando, se dirigió a una banca, sentándose en ella y jugando a mover los piecitos, observándolos con un gesto que claramente gritaba “¡buena suerte, muchachos!”. Akuma fue capaz de sentir su estómago revolverse, dirigiendo su mirada al alemán, quien se veía evidentemente desconcertado. Sin embargo, hizo un esfuerzo para no tomárselo a mal, diciéndose para sí mismo que probablemente deseaba aprender a través de la observación, lo cual era bastante válido. Echándole un ojo al diablillo hizo un gesto con la cabeza de que lo acompañase, lo cual fue acatado de inmediato por el aludido.

Una, dos, tres y hasta cuatro veces golpearon la puerta sin resultado alguno, a pesar del paso de los minutos. El trío no tardó en teorizar que estaban repitiendo la misma metodología del deudor anterior, por lo que optaron por retirarse a ver si algún movimiento acontecía después de su “partida”. Esta vez la suerte no los acompañó, puesto que casi un cuarto de hora se les pasó y no fueron capaces de divisar la más mínima señal de vida, por lo que no les quedó de otra que optar por rendirse. Entonces fue que se dieron cuenta que el tiempo era una gran limitación, ya que no podían esperar indefinidamente para emboscar alguna presa, por lo que un duelo de paciencias se hallaba descartado desde un principio. Sin duda era una desventaja, pero también una lección.

Otra lección fue lo que obtuvieron cuando intentaron recaudar en una tercera locación, en la cual se repitió el patrón de que nadie los atendiera al tocar el timbre o la puerta. Esto ya no era ninguna sorpresa, al no ser de extrañar que supusieran para qué podían estarlos buscando… Tampoco sabían a ciencia cierta a cuántos acreedores debía cada deudor, por lo cual podía tratarse hasta de su tónica normal de cada día el evitar a los cobradores como ellos. Pero esto no era motivo suficiente para convencer al grupo de cesar en su labor. Así decidieron que mientras Akuma seguía llamando en la entrada, el dúo Expert intentaría rondar la morada en busca de alguna ventana o algo que les permitiera ver dentro. Esta táctica no tardó más que unos minutos en mostrarse inviable, al ver como un oficial que rondaba la zona les llamó la atención.

¡Oigan! ¿Qué creen que hacen? — Exclamó a viva voz, alertando al trío que quedó congelado en el lugar. — ¿Hay algún motivo por el cual ronden esta casa?
Venimos como cobra-. — Hackmon no logró acabar la frase, puesto que su Tamer tapó su mandíbula con el brazo.​
Bueno… Verás… — Necesitaban una excusa y ya. Recordaba claramente que no podían lanzarle el muerto a Hagurumon, y que este les advirtió que a él le daba igual lo que les sucediera a ellos. — Somos de la Parroquia del Santo Suspiro de Angewomon. Estamos intentando llevar su palabra a nuevos feligreses, ¿gustaría de escuchar su llamado?

“No hay una chance en un millón de que esto cuele”, fue el pensamiento que pasó por el cerebro de Akuma, quien parecía no contar con la aversión inherente de los humanos a los abordamientos religiosos. El oficial hizo un rápido gesto con las manos, más concentrado en evitar ser víctima de un credo que en llevar de forma eficiente su labor, y dejándolos marcharse bajo la advertencia de que no podían invadir así la propiedad privada. El grupo lanzó un pesado suspiro al verse a salvo. Por lo visto, no era muy difícil llamar la atención cuando intentaban abordar a uno de sus objetivos, por lo que la insistencia no era una solución viable tampoco. La misión comenzaba a tornarse pesada luego de un inicio demasiado ideal, acabando del tirón con los buenos ánimos de momentos atrás. Con cierto aire derrotista volvieron con la Amateur, quien, ajena a la situación, los esperaba sentada en un banco bebiendo un refresco. Al verlos y escuchar lo acontecido Haru alzó el pulgar, con una sonrisa.

Ta’ bien. Ya lo lograrán. — Comentó como si nada de eso tuviera que ver con ella, generando una vena en la frente del Expert y de su Digimon.​
Mocosa… — Masculló el Child, intentando reprimir las ganas de quemarla con su fuego.​

[]

Para el siguiente intento el grupo decidió tomarlo con calma y analizar la situación en la que se encontraban. Se sentaron en una de las bancas de la ciudad y comenzaron a leer con detenimiento la lista entregada por Hagurumon, observando que existían más de una docena de deudores, desperdigados a lo largo y ancho de File City. Ante la sugerencia de la Amateur de encargarse de los más cercanos el Expert negó, ya que eso no les aseguraba nada. El Digimon de la japonesa entonces aportó otra idea: ¿Y si mejor buscaban a los que debieran menor cantidad de dinero? Llednar asintió con aprobación, señalando que ellos serían probablemente los que mayor predisposición tendrían para pagar.

Pronto hallaron a su “víctima”, quien para su suerte vivía a tan solo unos minutos de su posición. Según pudieron comprobar su deuda ascendía a la suma de 485 Bits, lo cual no era para nada exagerado si lo comparaban con ciertos especímenes que ascendían a los cinco dígitos. Llednar le preguntó al resto si estaban de acuerdo con abordarlo a él, y una vez obtuvo las correspondientes afirmaciones fue que pusieron marcha al lugar en cuestión. Mientras avanzaban fue que Hackmon soltó un comentario al aire, pero que sin duda contenía un dato que valía la pena sopesar.

¿Y si mentimos como al oficial? — Comentó en un tono de voz bastante bajo. — Quizás si es algo agradable en vez de malo hay más posibilidades de que nos reciba…
— Un silencio entre diablo y adolescente, quienes admitían que no era una mala idea. Sin embargo, la tranquilidad se acabó cuando una voz chillona aturdió a todos.​
¡Que pequeño más inteligente! Seguro si usan su idea tendrán menos problemas. — Comentó Enoshima agachándose para acariciar los metálicos morros del dragón, ganándose otra mirada de desprecio de su propio compañero. ¿En serio pensaba lanzarles el muerto y ya? — Vamos Akuma, podrías aportar un poco más como él.
Ya verás qué voy a aportar…

[]

Luego de un “ligero” altercado entre los miembros del dúo Amateur continuaron su camino, con el demonio un tanto cohibido por la desfachatez de su compañera, mientras que Haru inflaba las mejillas por el descontento de haber sido regañada. Llednar no pudo evitar que una sonrisa se dibujase en sus labios cuando ellos no lo veían, recordándole que tiempo atrás su dinámica era muy similar a la que ellos mostraban. Habiendo esfumado el pesimismo de sus hombros fue que llegaron a destino, con las energías recargadas para buscar un nuevo éxito. Esta vez no dejarían que se les escapase de las garras.

Antes de encarar la vivienda, sin embargo, decidieron retirarse a la cuadra de enfrente, para repasar el plan. Todos convinieron en que necesitarían un señuelo para llamar la atención, aunque Hackmon pronto se arrepintió de dar su consentimiento, porque sintió un par de ojos cernirse sobre él. Haru, aprovechando que discutían los detalles se escabulló para mirar todo desde la sombra de un árbol. Mientras el dragón, muerto de vergüenza, se dirigía a la puerta del deudor fue que Llednar se acercó a la Amateur, recomendándole acercarse y ayudarlos. La japonesa no tuvo problemas en deshacerse de él, diciéndole que prefería mirarlo con cierta distancia por el respeto que le imponía su rango y que por ese motivo necesitaba su espacio para no ser un estorbo. Esa excusa parecía funcionar de momento, más no sabía cuánto podría seguir extendiendo el chicle.

B-Buenas… — Golpeó el Child la puerta con cierta timidez. Recordaba claramente cada palabra que se suponía que debía decir, pero simplemente no podía pronunciarlas de corrido por culpa de la vergüenza. ¿Cómo iba a ser capaz de mentirle a un desconocido? — S-Soy un Hackmon… Y… Y… Por Yggdrasil, estoy tan perdido, esto me da demasiado pena.
Maldición, lo arruinó… — Comentó Akuma golpeando el rostro con la palma de la mano. ¿En serio era posible ser tan honesto? Que vamos, que se jugaban el pan de cada día. Sin embargo, aquel inverosímil día parecía no querer dejar de darle sorpresas.​
Espera… — Comentó el alemán.​

Lentamente la portería se abrió, dejando ver la silueta de un humano a través del portal. Aquel rubio cuadraba perfectamente con el perfil descrito en la lista de Hagurumon: Arriba del metro setenta, contextura delgada y apariencia desaliñada. Cuando un Wormmon se acercó detrás suyo fue que confirmaron que se trataba de su objetivo. Tanto el Expert como el Child se apresuraron a encararlo, logrando ver cómo el varón intentaba abducir al plateado de ingresar en su morada. Según fueron capaces de escuchar él había interpretado los quejidos del dragón como un pedido de ayuda, rogándole a un Tamer de “versada experiencia” que lo asistiera. ¿Lo de “demasiada pena”? Era una clara indicación que le mortificaba tener que encarar a alguien tan reconocido como él. Llednar fue quien lo sacó de sus ensoñaciones, poniendo su diestra sobre su hombro, a la vez que Akuma ponía su pie en el zócalo de la puerta para que no pudiera intentar dar un portazo.

¡Hey! ¿Qué creen que hacen? — Comentó intentando retirar el agarre con cara de pocos amigos. — ¿Acaso no saben quién soy? Soy uno de los novatos estrella de File City, Bjorn Adalsteinn del rango Medium.
Rango Expert. — Fue todo lo que dijo el alemán, jalándolo hasta casi pegar su rostro al ajeno. — Y venimos a cobrar lo de Hagurumon. Así que ve pagándonos antes de que se me ocurra preguntarte qué planeabas hacerle a mi compañero.
Imbécil… — Fue lo único que dijo aquel Wormmon, cubriéndose el rostro con las patas delanteras.​

No pasaron más de 5 minutos antes de que el pelirrojo saliera de la morada con una bolsa repleta de Bits, la cual le lanzó a Haru para que guardase en su mochila. Para Akuma eso no era una mala idea. Después de todo, si su compañera no pensaba ser de utilidad, que por lo menos sirviera de monedero… Aunque no tardó en remarcarse que antes de cruzarse con Hagurumon debería contar bien el dinero, no vaya a ser que la japonesa decidiera hacer de las suyas.

Soncarmela Soncarmela
 

Soncarmela

Moderador
Offline


Bien, para agilizar el trabajo, creo que sería adecuado que nos dividiéramos —dijo Llednar después de que se marcharan de la última vivienda. Sus ojos estaban clavados en los papeles de los deudores, y los pasaba con un dedo, observando el dinero que pedían en cada caso. Por ese motivo no fue consciente de la mirada de Haru—. Este nos ha llevado mucho tiempo, y tampoco ha sido un peligro, por lo que la teoría de que aquellos que deben menos son personas normales y corrientes, se acerca a la realidad. Así que haremos esto —Bajó el brazo junto a varias hojas—, prueba con los bajos y yo me ocupo de los otros. Nos reuniremos en dos horas en la plaza principal y consultaremos quién ha tenido suerte y cómo proceder si ninguno logró cobrar lo indicado.
Su mano se quedó suspendida en el aire. La japonesa se mantuvo con el ceño fruncido y la mejilla derecha levemente inflamada. Impmon se le adelantó y cogió los papeles que el muchacho les tendía.
Quieres que... ¿Yo haga algo... otra vez? —preguntó Enoshima, confundida.
Los dos trabajaremos para que la misión se complete antes —contestó el pelirrojo, directo y preguntándose si no se había explicado con claridad al inicio—. ¿Tienes alguna duda? Si resulta que un cliente es de muy alto nivel para ti, estamos en medio de la ciudad, chilla, patalea o retrocede rápidamente. Pero no creo que ocurra con los casos que te he entregado.
Pero eres un Expert... —insistió, tozuda.
Por esa misma razón me encargaré de los cobros más pesados. Aunque tenga que usar unas medidas más drásticas para que no me tomen el pelo, te aseguro que traeré algo sea como sea.
Y quieres que yo haga algo...
Tanto Llednar como Hackmon colocaron una expresión de duda en sus rostros. El diablillo, por su parte, sí sabía lo que estaba intentando su Tamer, haciéndose la tonta para que el otro no le pidiera algo tan simple como participar en una misión donde ella misma también tenía que obrar un milagro.
Entendido —habló Akuma, sujetando la mano de la chiquilla para apretar -sin mucha fuerza- e indicarle que cerrara la boca—. Gracias por preocuparte por nuestro bienestar. Estaremos atentos por si el cliente es una amenaza.
Vale, pues... —El joven se rascó la frente. No era muy apto para mantener conversaciones largas— Eso es todo.
Nos vemos —se despidió el dragón, alzando una pata para moverla de un lado a otro.
Cada dúo tomó un camino distinto porque las direcciones de las casas eran muy diferentes entre sí. El pelirrojo tenía que marcharse a zonas más alejadas, mientras que ellos contaban con la ayuda de las personas o Digimon que paseaban por las calles, si bien, Impmon prefería otros lugares. Enoshima no tardó en soltar un bufido cuando ninguno de los dos fue capaz de distinguir la figura de su compañero de Quest más adelante.
No lo entiendo, Akuma. ¡Es un Expert! ¡Él tendría que hacerlo todo! —Abrió ambas manos, y clavó su mirada escéptica en la criatura digital— ¡Se supone que soy una novata!
Así es, chiquilla, se “supone” —Echó un vistazo a su alrededor y usó un tono de voz suave para no llamar la atención—. No acabas de llegar, dentro de nada alcanzarás el rango de Medium, y entonces no podrás continuar comportándote como una niña que requiere de ayuda cada dos por tres, porque no te tomarán en serio. Y si ansiamos poder, hay que obtenerlo, aunque no sea un camino de rosas.
¡Ni siquiera eres capaz de evolucionar todavía! —le acusó, cruzándose de brazos.
Pero me he hecho más fuerte desde que abandonamos los barrios bajos —protestó, muy seguro de sus palabras—. Mi fuego arde más intensamente, mis reflejos se han desarrollado y mi velocidad y resistencia también son superiores. Eso significa que en cualquier momento tendré la tan buscada evolución. Lo justo es que ambos pongamos de nuestra parte para ello, ¿no? Somos Tamer y Digimon, y esta es una misión que hemos aceptado. ¿Quieres darle una buena impresión a ese chico para que nos permita ir con él a labores más complicadas y que otorguen más dinero y fama? ¡Pues ponte las pilas, chiquilla!
Ay, Akuma, suenas tan convincente —No lucía realmente afectada por el diálogo de su compañero. Dejó escapar aire entre sus dientes—. Bueno, ya que te pones así, lo tomaré como una misión historia que debemos completar para desbloquear lo que mencionas. ¡Más te vale que no sea una mentira! ¡O me quedaré una semana entera tumbada leyendo mangas!
¡Eso ya lo haces! ¡Con o sin mi permiso!
¡Pues serán dos semanas! ¡¿Qué te parece?! —sonrió, triunfante.
Como sea... —Apretó los puños para aguantar las ganas de arrastrarla—, haz tu trabajo, actúa como una Tamer y busquemos casas alejadas.
¿Alejadas? —repitió Haru, esbozando una sonrisa cómplice.
Akuma sabía perfectamente cómo tratar con deudores, siempre y cuando tuviera el poder necesario para intimidar y obligar a pagar. Con Llednar y Hackmon, dos miembros respetados del Digimundo, no pensaba mostrar sus verdaderas intenciones y cualidades, pero con la japonesa era muy diferente. A ella no le importaba que utilizara otros métodos para lograr el cometido. De todas formas, tampoco iba a matar a nadie, porque el cliente principal de la misión así lo quería.
La persona que buscaban era un hombre de unos treinta años, de estatura media, castaño, ojos azules y piel morena, que tenía como camarada digital a un PicoDevimon. Debía la poca cantidad de 290 bits, la cual sólo había aumentado veinte en intereses por falta de pago desde hacía dos semanas. Impmon no conocía la esperanza ni la suerte, pero sí los cálculos y la estrategia. A lo mejor ese Tamer había querido comprarse unos objetos útiles en la tienda para una misión, o alguna carta para su Digimon, por lo que ya contaría con el dinero suficiente para entregarlo. O en caso contrario, se lo arrebataría. Por las buenas o por las malas.
La casa tenía una luz encendida en el piso superior. <<Error de novato>> se dijo el Virus, asintiendo a sus propios pensamientos. Le susurró a Haru el plan a seguir. Dieron unos cuantos pasos y se plantaron en la entrada de la puerta. Akuma pinchó en el timbre y esperaron cinco segundos antes de que esta se abriera. Les recibió justamente el individuo, con una sonrisa amigable y bien vestido.
Hola, ¿qué os trae por aquí? No he pedido comida a domicilio —Se rio con su broma.
Verá, estoy ayudando al dueño de una tienda de cartas para vender su producto rebajado —Impmon estaba completamente seguro de que la voz robótica de la fémina era a propósito para molestarle y fastidiar la misión, ya que en vez de encargarse él mismo, le había pedido ayuda. De no ser por la situación, la habría fulminado con la mirada—. Su local cada vez va a peor y no le ha quedado más remedio que quitarse los objetos de encima para sacar algo. ¿Le gustaría contribuir? Las cartas que normalmente cuestan 600, ahora están por 290.
<<¡Chiquilla!>> Algo se rompió dentro del diablillo. ¡Se suponía que no tenía que mencionar la cantidad! ¡Era demasiado evidente!
Oh, debes de ser una Tamer Amateur para estar haciendo estas cosas —Haru asintió automáticamente a la duda no formulada del hombre. Prácticamente lo había confirmado—. Ya veo. ¿Y en concreto 290 bits? Vaya, es muy buen precio. ¿Qué cartas tienes?
<<¿Se lo ha tragado?>> Impmon colocó los brazos hacia atrás para invocar los espíritus de distintos elementos. Ante cualquier ataque sorpresa, estaría preparado.
Oh —Eso no entraba en las escenas inventadas por el Child—, pues no me sé la lista entera, pero las saco y compras la que te interese.
En el preciso instante que Akuma ladeó la cabeza para observar a la humana quitándose la mochila de la espalda, algo le golpeó en la nuca a una velocidad sobrehumana. Su ojo no lo detectó para nada, y de repente perdió la conciencia por culpa de ello. Antes de desplomarse en el suelo, alcanzó a ver la figura de un Digimon humanoide azulado, con capa y patines, pero su mente no estaba en condiciones de darle el nombre exacto del monstruo. Meneó la mano con la poca fuerza que tenía y lanzó el espíritu de fuego invocado a una maceta cercana, chamuscando flores... Ojalá el mensaje llegara.
Niña —Enoshima no consiguió articular palabra cuando el hombre le sujetó la cara con ambas manos. Arriba de él, PicoDevimon apareció y clavó sus ojos hipnóticos en ella, enviándola a dormir sin que pusiera resistencia.
¿Ya está? —preguntó una voz desde atrás: otro varón de la misma edad. Su aliado asintió y recogió a la humana y al diablillo— Bien. ¡Rinkmon! ¡Entra antes de que te vea alguien!




Asta. Asta.
 

Asta.

Kill. Me. Slowly~♡.
Registrado
10 Dic 2015
Mensajes
1,272
Offline
Un pesado suspiro se escapó de la boca del alemán, quien volvía al punto de encuentro arrastrando los pies. Era incapaz de creer que no hubiera podido conseguir progreso alguno aún después de haberle asegurado a la Amateur que lo lograría, “menuda confianza inspiraba como Expert” era lo que se reprochaba insistentemente. Hackmon intentaba consolarlo, diciéndole que seguramente el otro dúo había podido salir airoso al tener a los deudores menores, pero el germano dudaba de que siquiera lo estuvieran intentando al recordar la predisposición mostrada por la japonesa antes de separarse. Otro acceso de frustración hizo presencia en él, pateando un guijarro que se hallaba en la calle.

Si era sincero consigo mismo no podía echarse tanta culpa por todo el asunto, puesto que había conseguido toparse con varios de los deudores. Entonces, ¿cuál era el problema? Nunca barajó la chance de que realmente fuera gente incapaz de pagar: Ya fuera por montos exorbitantes, acumulación de muchas deudas de varios acreedores, o que incluso ya no tuvieran nada que pudieran embargar a fin de saldar las cuentas. Definitivamente fue un error decidir tan tarde lanzarse por quienes debieran más, hubiera sido más sensato dividirse entre los dos grupos la cantidad de morosos menores… Pero ya era demasiado tarde, y ahora la misión corría un gran peligro.

Al llegar al punto de encuentro se llevaron su primera sorpresa: No había rastros del dúo Amateur. Según los cálculos del varón eso era bastante extraño, pues no solo les tocaron zonas más cercanas, sino que él hubiera apostado a que ante la primera negativa la chica tiraría la toalla. ¿Acaso seguía intentándolo? Lo dudaba, su lista no era tan larga para empezar, y a ello debía sumarle ya había pasado un tiempo considerable. No hizo falta más que algunos minutos para que la cabeza del chico comenzara a barajar distintas opciones, cada una tan descabellada como la anterior. Después de todo, no tenía forma de comunicarse con ella, debiendo confiar en su palabra de que volvería.

¿Y si la muy idiota se marchó confiando en que lo lograría? — Fue la primera teoría que exteriorizó, con cierto titubeo. Sin embargo, hacerlo fue como si abriera un grifo, puesto que otras comenzaron a salir de sus labios. — ¿Se habrá escabullido con el dinero? ¿O buscará reclamar la recompensa del encargo para ella misma? Sino… ¿Cómo puede ser que tarde tanto?
Len… ¿Y si les pasó algo? — Cuestionó Hackmon con voz suave, intentando que su compañero no lo tomara como que lo antagonizaba. El varón se giró a verlo con una ceja levantada, deseaba que explayara más su punto. — Según vimos… Ninguno de los dos posee los mejores modales, e Impmon tiene arranques un tanto… Rudos. ¿No sería posible que se metieran en problemas? Después de todo... Son gente que debe dinero, pueden reaccionar de cualquier forma al verse arrinconados, ¿no?
Vamos, Hack… Estamos en File City, ¿en serio crees que puede haberles pasado algo en plena ciudad? — Zanjó la discusión con esas palabras, volteando el rostro.​

El pelirrojo decidió esperarlos un rato más, aunque las palabras de Hackmon no dejaron de resonar en su cabeza. Quería mostrarse calmado, como si la posibilidad ni siquiera le interesara, pero su pie empezó a puntear el suelo con un ritmo que solo sabía ascender, denotando su impaciencia. Finalmente se paró de un tirón, indicándole al dragón que irían a buscarlos. Se sentiría como un tonto si al final el dúo Amateur solo se había dado a la fuga, pero eso era mucho mejor a dejarlos a su suerte si realmente estaban en peligro. Podían ser un incordio, pero eran sus compañeros.

[]

Definitivamente ese era uno de los momentos donde agradecía la gran memoria que poseía, puesto que sin la lista con las direcciones dependía totalmente de ella para poder buscar a la chica. El problema, sin embargo, era adivinar a cuál locación fue, una cuestión que lo obligó a pararse en seco para meditar la respuesta. Lo lógico sería buscar a quien debiera menor cantidad, y si fuera posible en una zona poblada, a fin de no correr riesgos. Estuvo a punto de mover los pies cuando cayó en cuenta del error en la premisa, el cual residía en las palabras dichas minutos antes por el Child.
Hack, dime. ¿A dónde crees que irían ellos? — Necesitaba saber la opinión del dragón, puesto que parecía tener otros enfoques distintos a los suyos. — Dijiste que el demonio era bastante tosco para actuar…
Hm… Creo que él buscaría a alguien débil. — Respondió, rascándose la barbilla con una de las garras. — Probablemente lo intimidaría como al primer cliente, viendo que eso dio resultado.
Eso significa que buscarían a alguien en una zona alejada y no tan poblada, ¿verdad? — Al decir esto el Child asintió repetidas veces, como si fuera obvio.​
Para que no los interrumpan… Al menos es lo que creo…

Las últimas palabras salieron con cierta timidez, como si no quisiera sonar prepotente al dar una opinión que contradecía a su Tamer. Llednar, por su parte, extendió su diestra y acarició su lomo, mostrándole una gran sonrisa. Si juntaba las teorías de ambos ya sabía a dónde tenía que dirigirse, dado que existía un “objetivo” que cumplía ambas condiciones. Lo único que esperaba era no llegar demasiado tarde.

[]

Al llegar a la zona notó algo que le llamó poderosamente la atención, haciéndolo olvidar en un primer momento de encarar la casa del deudor: En una viviendo cercana se podía ver a una chica junto a su compañero removiendo pasto y flores completamente quemados. Según parecía un fuego se había extendido por su propiedad, echando a perder todo su jardín. En condiciones normales lo hubiera pasado por alto, pero teniendo en cuenta que su Digimon era un Palmon, y que su casa estaba intacta no pudo evitar mostrar cierta sospecha. Lentamente se acercó a ella, notando la tristeza que cubría su rostro.

Disculpe, ¿se encuentra bien? — Mientras realizaba aquella pregunta dobló ligeramente las rodillas, intentando no ser demasiado invasivo… Ni evidente con sus intenciones. La mujer por suerte no parecía demasiada en analizar su actuar, dado que estalló apenas lo vio.​
¿¡Qué parte de esto te parece que es “encontrarse bien”!? — Se notaba que estaba al borde del llanto, algo lógico si le hubiera tenido un mínimo de cariño a patio. No hizo falta preguntarle más del asunto, ella misma comenzó a despotricar. — Este barrio es un asco, se ha llenado de cada basura y la Digital Security nunca hace nada… Estoy harta de vivir aquí.
Disculpe, ¿es normal que esto suceda? —Ahora era Hackmon quien se aventuró a dirigirle la palabra. — ¿Tiene idea quién hubiera podido ser?
¡Fueron los de la casa de enfrente! Siempre andan en negocios raros, y unos minutos antes de que mi patio ardiera lo escuché decir “Bien. Rinkmon, entra antes de que te vea alguien”. Sé que son ellos, estoy segura.

Ya no necesitaban indagar más. Si analizaban aquel testimonio era obvio que algo extraño sucedía, en especial con lo bien que encajaba las suposiciones que manejaban. Rinkmon no era un Digimon con la capacidad de generar fuego, aunque Impmon sí lo era. También era una realidad que en un enfrentamiento contra un Adult el dúo tendría todas las de perder, lo que explicaría el porqué no volvieron al punto de encuentro. La gran cuestión recaía ahora en dónde se hallaba Haru, ya que no existía rastro de ninguno de los dos. Solo quedaba el ir a confrontar al deudor, para exigirle una explicación.

Despidiéndose rápidamente de la afectado fue que se dispusieron a cruzar la calle, donde la luz encendida del segundo piso delataba la presencia de habitantes. El muchacho golpeó la puerta un par de veces, intentando mostrar tranquilidad en su semblante. En ese momento el bienestar de su compañera había tomado prioridad sobre la misión, dado que, a pesar de todo, ella solo era una novata. Un puñado de segundos fueron los necesarios para que el umbral se abriera, mostrando al propietario del lugar. La sonrisa y el gesto despreocupado pusieron en alerta al alemán, dado que se le hacían en extremo falsos.

Buenas, ¿en qué les puedo ayudar tan tarde? — Sus manos se dirigieron a su propia cintura, analizando de pies a cabezas al adolescente.​
Estamos buscando a nuestra amiga. Castaña, pálida… Ruidosa. — Intentó enumerar lo mejor posible lo que él veía como las características principales de la fémina. — Uniforme escolar.
No, no la he visto. Buenas noches. — Quiso dar el portazo, pero el pie del alemán se interpuso. Por este acto el alemán se ganó una mirada de soslayo, que denotaba gran desagrado.​
¿Seguro? La vecina de enfrente nos ha dicho que la vio entrar aquí. — Con esas palabras su sonrisa se esfumó, así como pudo notar las venas de su cuello tornarse más notorias. — Mejor dicho, me dijo que la metieron a la fuerza.
Bueno, bueno, bueno… La verdad es que sí, ha venido aquí. — Admitió, mostrando otra vez aquella sonrisa, pero esta vez tenía un condimento de burla en ella. — Pero ha entrado por propia voluntad. Se veía encantada cuando le dije que podía ayudarnos a hacer dinero con su cuerpo. Como te decía, buenas noches.

Y empujando con su propio pie el contrario fue que completó el portazo, esta vez de manera efectiva. Llednar ni siquiera opuso resistencia, principalmente porque en su cabeza no dejaba de retumbar las palabras que había escuchado. Poco a poco los músculos de su cuello se fueron tensando, a la par que apretaba su mandíbula con todas sus fuerzas. ¿Qué demonios planeaban hacer con la japonesa? Una sola mirada bastó para que su Digimon supiera qué debían hacer, debido a que de un único topetazo reventó la cerradura de la puerta, abriéndola de par en par. El moreno abrió los ojos, sin dar crédito a lo que observaba.

¡Hey, ¿qué crees que haces?! — Sin embargo, no tuvo oportunidad de increpar al varón, puesto que Rinkmon hizo acto de presencia, interponiéndose entre ambos.​
Vete al fondo, yo me encargo.

El Adult se lanzó entonces contra ellos, confiando en su fuerza para poder reducir al varón, como ya lo había hecho con Akuma anteriormente. No tuvo oportunidad alguna. Apenas salió por el umbral se aventó contra el dragón, más este lo estaba esperando y no tuvo problema en esquivarlo. El contrataque no tardó en acontecer, puesto que un brutal impacto en su cabeza lo obligó a rodar por el asfalto de la ciudad. Llednar le dirigió una escueta mirada al Armor, antes de hablarle al Child.

Cuando termines con él ven a darme apoyo dentro. No te tardes, ni te contengas.

De esta manera fue que se adentró a la vivienda, sin mirar atrás.

Soncarmela Soncarmela
 

Soncarmela

Moderador
Offline


A Impmon le costó varios intentos despejarse por completo. La cabeza le daba vueltas y tenía la vista borrosa, a parte sentía un dolor agudo en el cuello, producto del golpe que le dieron para que no fuera a contraatacar. La primera vez, cuando abrió los ojos, le pareció ver que Haru se hallaba delante de un espejo, con la atenta vigilancia del señor que les abrió la puerta. Tenía sentido que ella no pataleara ni probara a escaparse, ¿verdad? Sería un suicidio estando sola, sobre todo con dos Digimon presentes...
En la segunda -aunque en esa ocasión creyó que estaba soñando-, se topó con su Tamer haciendo poses extrañas, vestida con una forma peculiar que no reconocía a sus ropas casuales. Un fogonazo de luz impactó en la sala y le obligó a cerrar los párpados.
Finalmente, para cuando pudo recobrar la consciencia por definitivamente, se encontró con una escena que le asustó. El tipo que les habló en la puerta estaba tratando de quitarle la ropa, pero Haru pataleó y se negó rotundamente a continuar con ese “trabajo”, palabras textuales de ella. Aún tardó un poco en centrar la vista, pero para entonces, su reacción se antepuso a sus diálogos. Comprobó que PicoDevimon aleteaba por la habitación y que se acercaba a su Tamer, probablemente para sumirla en un sueño y permitir que el sujeto hiciera lo que quisiera con la muchacha... Y eso... eso no podía permitirlo. Sería inmadura, irresponsable, quejica y le sacaba de sus casillas, pero era su apoyo, su carta... Su única amiga.
Su cuerpo se incorporó y se arrojó como una lanza en dirección del murciélago. Sus manos rodearon las alas del Digimon y lo tiraron al suelo, sorprendiendo a la criatura y también al hombre, quien abrió los ojos y soltó las prendas. PicoDevimon gruñó, mas le fue imposible quitarse de encima al demonio o devolverle un ataque, dado que en esa posición, ni siquiera le alcanzaba con sus garras. Los dientes arañaban la tarima de la sala con cada intento de acción, inútilmente.
¡Akuma! —exclamó Enoshima con una sonrisa, como si aquello no fuera un trauma para ella. Dirigió su mirada a su compañero y luego a la esquina, donde la mochila reposaba tranquilamente encima de más prendas. No iba a poder ayudarlo con cartas.
Sin embargo, el otro Tamer sí tenía su colección a disposición. Metió las manos en los bolsillos, sacando los naipes y el lector correspondiente. Y cuando estuvo a punto de deslizar dos por el aparato, la puerta de la habitación se abrió de un portazo, revelando la figura de un pelirrojo con expresión de pocos amigos. Y detrás de él, su aliado, el humano de Rinkmon, que yacía sentado en el pasillo, dormido. El fantasma de Bakumon desapareció después de acatar la orden de su invocador, cumpliendo su labor y despejando parte del peligro.
¡Desgraciado! —bramó el otro. Una carta se le escapó de los dedos, pero la siguiente se llevó a cabo.
El efecto se materializó alrededor de la criatura voladora, otorgándole el cuerno de Lightdramon, el cual activó y electrificó a Impmon. El Digimon, recién despertado y herido de antes, sintió todo su cuerpo temblar y desplomarse hacia atrás. Un pensamiento fugaz cruzó por su mente, tratando de sacar fuerzas de donde pudiera, obligándose a luchar con la poca energía que le quedaba... Pero aunque no deseaba por nada del mundo que Haru se involucrara en problemas de adultos, él todavía no tenía el poder necesario para protegerla...
Y entonces, el puño de Llednar brilló intensamente de un color rojizo y se clavó en la mejilla del Child. El hombre esbozó una sonrisa narcisista, a la espera de que su Digimon se riera y le mandara un ataque directo, pero el gesto se le borró rápidamente cuando, en vez de eso, se aturdió de tal manera que no logró mantener el vuelo y aterrizó, incapaz de usar nuevamente el efecto chispeante.
¿Quién... eres tú...? —murmuró el captor, asustado, echándose hacia atrás hasta que su espalda tocó una estantería.
¿Qué te han hecho? —Su voz y ojos se dirigieron a la muchacha, aunque tenía los puños apretados.
¿A mí? —Haru se señaló a sí misma. Llednar asintió— Fotos. Muchas fotos. Pero todas horribles, no tienen ni idea de sacar fotografías decentes. Y encima mezclan la ropa de los personajes, ¿te lo puedes creer? Ya en la última me he tenido que negar, qué bochorno ponerme algo de un villano y un héroe al mismo tiempo, eso no se hace.
El pelirrojo frunció el ceño. Le había dado de repente demasiada información que no guardaba relación con sus pensamientos iniciales.
(. . .)
La velocidad de Rinkmon era su cualidad más preciada. Solía deslizarse de un lado a otro para marear a su rival, hasta que de la nada, aparecía y conectaba un puñetazo o una patada en su espalda. Así había sido desde que evolucionó. Entrenando y mejorando su rapidez hasta que ningún enemigo de su nivel -o inferiores- pudieran hacerle frente. Y funcionó a la perfección, su Tamer se alegró muchísimo y el tipo con el que trabajaba, aunque Amateur, se encargaba de comprar lo necesario y persuadir a las chicas.
Al menos, así había sido durante muchos meses. Nada ni nadie los había interrumpido hasta entonces. Incluso cuando pidieron dinero para un adelanto, estaban seguros de que conseguirían devolverlo, pues solían sacar beneficio de sus fotos. No obstante, la mala suerte trajo consigo el rechazo de las féminas, que no querían colaborar con algo tan asqueroso y vergonzoso.
¿Qué se suponía que harían ahora? Debían dinero. Y su reputación no era precisamente la mejor para acercarse a la Central de Tamers. Cuando Haru llamó a la puerta y se hizo pasar por una vendedora, vieron la oportunidad perfecta para arreglar todos los problemas. Quizá no fue el mejor método, lo reconocían, a lo mejor hacerse pasar por malos, con un carácter irascible y comentarios bordes, les había dado una imagen que no era, pero ya era tarde.
Y Rinkmon lo confirmó cuando en vez de hacer daño con su ataque, se topó con la muralla de una espalda física inmóvil, y quedó él magullado. Hackmon se dio la vuelta y trató de propinarle un cabezazo, pero el superhéroe veloz retrocedió y analizó bien la situación. ¿Qué clase de Digimon era? ¿Estaba en su etapa Child, cierto? ¿Entonces cómo era posible que se midiera con él? No... ¿Cómo era posible que no le hiciera ningún rasguño?
Repitió la estrategia. Giró en círculos y encontró un hueco por donde entrar. O eso había creído... Porque en vez de impactar en el pecho del dragón, se encontró con su pata.
Lo siento —dijo el pequeño sin alzar la voz— Tengo prisa.
Le aplicó un zarpazo en las piernas, inutilizando totalmente sus carreras repentinas, y luego un golpe directo de su frente, noqueándolo. Rinkmon ni siquiera respondió, sus ojos se pusieron blancos y se desplomó de lado, convirtiéndose en un Kokuwamon.
(. . .)
Ey, tío, podemos hablarlo —El chico levantó los brazos y abrió las manos—. ¿Es tu amiga? Pues te la puedes llevar, no haremos nada para evitarlo.
Técnicamente nos hemos conocido hoy, pero... —Haru meneó un dedo de izquierda a derecha. Daba la sensación que para ella sólo era un juego— ¡Sí! ¡Somos muy buenos amigos!
¿Qué estáis haciendo aquí? —interrogó el Expert, cogiendo con cuidado una memoria y mostrándosela al individuo. Leyó: Blitzmon en la tarjeta. La nuez se le movió al tragar saliva.
Fo... Fotos... Sólo hacemos fotos —respondió lentamente, echando un vistazo de reojo a su compañero digital. Su expresión se suavizó al saber que el derribo y el aturdimiento empezaban a desvanecerse del Digimon—. Eso es todo, te lo prometo. No la he tocado en ningún lugar indebido.
Aunque me estabas obligando a ponerme algo que no quería. Y no recibí una invitación dulce para ingresar en la vivienda —protestó la japonesa, señalándole con el mismo dedo de antes.
¿Eso es cierto? —Cada pregunta de Llednar reflejaba su enfado y molestia. A pesar de su corta edad y de que seguramente el secuestrador le superaba en tamaño, sus ojos denotaban madurez y peligro.
Bueno, sí... Es cierto, pero no es como te lo está contando. Hay un cliente que justamente buscaba una imagen diferente, quería mezclar el atrevimiento de un villano con la luz de un héroe. Se lo he explicado... —Su cuello se movió en dirección de la única fémina— ¿Verdad?
Me sigue sin convencer esa explicación. El cosplay es más importante de lo que se dice, no es solamente comprar ropa de tu personaje favorito... ¡Es ser tu personaje favorito! ¡¿Y sabes lo qué significa eso?! —Le arrojó las alas del demonio en la cara— ¡Que no puedes ir con dos al mismo tiempo! ¡Se pierde todo el encanto! ¡Y si lo que buscas es un personaje con doble personalidad, tienes muchos donde elegir! ¡Dile a ese cliente que no tiene ni idea de gustos!
<<Haru... ¿Haru está gritando?>> Los dedos del pie de Impmon revelaron que estaba consciente. Se esforzó en colocar las palmas sobre el suelo y entonces se incorporó lentamente, ignorando las chispas y el dolor que recorría cada fibra de su cuerpo. Y gracias a eso, ubicó a PicoDevimon, regresando a la normalidad y alzando el vuelo, listo para completar un placaje en el humano. <<No... No te dejaré...>> El chico le daba lo mismo, pero si se hallaba ahí, significaba que venía a ayudarlos, y si él caía después de aquello, sólo quedaría el dragón. No pensó, actuó. Se propulsó con las piernas y se lanzó en plancha, al mismo tiempo que la figura de Hackmon hacía acto de presencia y ejecutaba la acción de su aliado.
Los tres Tamers observaron, entre confusos y asombrados, la escena, con tres cuerpos golpeándose entre sí y aterrizando malamente encima de papeles, ropa y una cámara de alta tecnología. Akuma y el otro Child se desmayaron, pero el dragón se mantuvo arriba, saltando para que su peso no le diera más problemas al diablillo.
Llednar recuperó la compostura y llamó a la seguridad de File City para que capturaran a los secuestradores, no sin antes recibir su parte, buscando por toda la casa y consiguiendo reunir la cantidad indicada. Los hombres chillaron para dar explicaciones de lo sucedido, pero el pelirrojo no quería escuchar a unos criminales, sólo cumplir con su labor y salvar a la... ¿Asustada fémina? Haru no se comportaba como alguien que había sufrido el trauma de estar en un lugar que no quería, haciendo cosas que jamás creería, ¿no?
Lo cierto era que lo que ocurrió ese día no fue tan horrible como el muchacho se imaginó. Era cierto que la obligaron a entrar y la arrojaron ropa para que se vistiera, pero prometiendo que después de unas fotos, entregarían la paga de Hagurumon y así todos saldrían ganando. Esta gente poseía una clientela peculiar, hombres y mujeres que tenían gustos distintos sobre personajes famosos de la tele, ya fueran series, cantantes o incluso anime. Y Haru aceptó con una sonrisa, encantada de posar con trajes de caricaturas que conocía bastante bien. Pero su vena otaku salió a florecer cuando le instaron a utilizar unas alas de demonio con una aureola de un ángel, reflejando el bien y el mal en una imagen. ¡Y no, no estaba dispuesta a ello!
Impmon y Hackmon quedaron con la idéntica expresión al escuchar la disparatada historia de boca de la chica. Pero Llednar, inocente y preocupado, no la creyó en un principio, repitió una y otra vez si estaba bien, dado que tenía la creencia de que mentía por miedo a ser rechazada después de haber sufrido un secuestro y abusos.
Todo se hubiera complicado si llegan a ser una Rogue Guild —mencionó el Expert una vez salieron de la tienda del engranaje. El Digimon apenas habló con ellos, les dio las gracias y dio por concluida la misión.
¿Rogue Guild? —repitió Enoshima ladeando la cabeza. Ya llevaba su ropa normal y la querida mochila en la espalda.
Es un grupo de gente que se encarga de aceptar y realizar las misiones que otros no cogen, porque estas tienen como objetivo actos... indecentes —resumió Akuma, ojeando con atención el gesto de los presentes—. Dicho de otro modo para ti: son los malos.
<<O no tan malos... Es relativo>> pensó para sí mismo, mas no lo agregó en voz alta. Si un cliente pagaba bien y te pedían intimidar a otro sujeto, ¿qué problema había? Para él era cuestión de volverse fuerte, por lo que no le quitaba el sueño el hecho de ayudar a unos u otros. Lo de ese día sólo significaba que le faltaba poder.
Mmm... Un momento... —Haru se paró en seco— ¿Me estás diciendo que también existen Guilds de Héroes?
Los hay —respondió automáticamente el pelirrojo, sin añadir otro comentario.
¡Akuma! —Por las mejillas infladas y en tono de voz, era evidente que lucía molesta— ¡Nunca me hablaste de esto! ¡Podríamos habernos unido a un grupo para que nos hiciera ca...! ¡Para hacer muchos amigos!
No salió el tema —se excusó, cruzándose de brazos. No veía a ninguna “Guild” queriendo aceptar a una chica perezosa e inmaduro y un Digimon oscuro.
¿Tú perteneces a alguna? —quiso saber la joven con los ojos brillosos.
No.
¡Pero eres un Expert! —Le apuntó con los brazos— ¡Seguro que puedes crearla desde cero! ¡Yo te ayudaría a invitar a otros! —Su cabeza ya giraba a toda velocidad para formar un equipo que le hiciera el trabajo difícil.
No me interesa... Estoy mejor solo —Hackmon le dedicó una breve mirada.
Una chica amateur como yo aprendería mucho de un Tamer veterano como tú —Enoshima puso su mejor cara de niña buena. El pie hacía círculos en el suelo—. No caería en trampas de malhechores, porque a la siguiente estaría preparada, e iría con más seguridad en cada misión. Y si encima se une más gente, seríamos como una familia, con confianza, ayudándonos... ¡Labrándonos una gran reputación, que seguro nos da recompen...!
Ya lo has oído, Haru; no le hagas incomodar —tajó Impmon, cogiendo a la chica de la mano y tirando de ella—. Lamento las molestias. Os agradecemos mucho la ayuda de hoy con la misión, y también por rescatar a mi Tamer.
No... No ha sido nada. Cuida de ella —Hackmon le picó con la pata en la rodilla. Sus ojos decían más que mil palabras. Respiró hondo y alzó la voz— ¡Esperad! —El diablillo y la castaña se giraron— Yo... ¡No prometo nada! ¡Pero me lo pensaré!
¡Arigato, senpai! —Se despidió con una radiante sonrisa.
No sé si esto va a ser buena idea... —murmuró, llevándose una mano a la cabeza. Sus cejas bajaron al recordar una palabra— ¿Cómo me ha llamado?
Senpai —memorizó el dragón, igual de extrañado.
<<Lo ha dicho para quedar bien>> Akuma se encogió de hombros. A su lado, la japonesa iba dando saltos de alegría <<Para que Haru no insistiera más. No le volveremos a ver>>
Estaba muy equivocado.




Tizza Tizza Listo por aquí
Asta. Asta. Primer paso completado

Cartas usadas:
- Lightning Blade (Enemigo)
 

Reflejo
Moderador
Registrado
4 Feb 2009
Mensajes
7,391
Ubicación
Dirac Sea
Offline
Esto tenía que caer ayer, y mucho antes también xD siento la espera gente, no más genshin retrasos... por ahora.

Narrativa
Los dos tuvieron un desempeño muy bueno como de costumbre. Hubo algunas mejorías en otros rubros, y cuando eso ocurre también es gracias a que vuestra capacidad de narrar se ha refinado, así que veo bueno recalcarlo. Errores de tipeo solo encontré uno en cada caso:
Soncarmela Soncarmela : barrios bajas>bajos
Asta. Asta. : demasiada>o (concentrada) en analizar

Ambos [25/25]

Interpretación
Todos tuvieron su oportunidad de brillar en esta Quest, incluso el más tímido del grupo, Hackmon. Saben que me gustan mucho las interacciones entre sus personajes, especialmente con Haru, porque todos se desenvuelven de una manera muy natural alrededor de ella. Mordo, hubieron algunos cambios que sentí bruscos en la actitud de Llednar de un post para el otro, pero esta vez sí justificaste más su razonamiento, bien hecho.

El manejo del ambiente también estuvo bien y llevaron a cabo correctamente los objetivos de la Quest.

Ambos [25/25]

Realismo
Lo de secuestrar a alguien para obligarla a vestir cosplay quizás fue estirarla mucho, pero entiendo que era necesario para disipar la expectativa pesimista de la situación. En esta ocasión lo sentí bien justificado, pero sepan que ahí estuvieron en la línea.

Ambos [25/25]

Desarrollo
Me ha gustado cómo balancearon el contenido de la Quest con la historia personal de ambos Tamers, esto la convierte en una misión de peso que no descuidó ninguno de los objetivos y que sirve para fortalecer más las tramas futuras. Fue interesante que Llednar diese el primer paso en esta relación y se dejara influenciar tanto por una chica extraña, así como Impmon se esforzaba por mantener la fachada, sin mucho éxito realmente. Haru estuvo de troll, pero genuinamente satisfecha y Hackmon se animó a participar de una manera más activa, además de pelear claro. También elogio que se aprovecharan de los datos extras, especialmente el que indicaba que debían cobrar a tres deudores. Poner más cantidad de encargos fue una decisión inteligente que les permitió eludir a los clientes más difíciles sin fallar con el pedido de Hagurumon. Bien hecho.

Ambos [25/25]


Total [100/100] / Quest (C) Aprobada

+300 bits ambos
+2 Fama ambos
+1 STR Hackmon

Pagas Asignadas
MT Asignado (Haru)
 
Última edición:
Estado
Cerrado para nuevas respuestas
Arriba Pie