Fanfic CONFESIONES DE UNA MALA ESTUDIANTE

Relatos Hentai

problem8D

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Mi nombre es Diane, soy es una estudiante de secundaria, una pésima estudiante de secundaria. Todos los años, pasé los cursos a duras penas, pero al menos los pasaba. El problema está en que el año actual no lo pude pasar, me confié demasiado y no alcancé la nota mínima. No sé qué hacer, mamá va a matarme, me advirtió que, si no mejoraba en la escuela, ya no me daría dinero ni me dejaría salir durante las vacaciones.

Llevo días pensando acerca de lo que me recomendó una amiga, no estoy segura de atreverme a hacer eso, nunca hice algo así, ni siquiera con mi novio. Pero el día de la entrega de las calificaciones se acerca y no tengo muchas opciones. Me da asco de sólo pensarlo, me hace sentir sucia, será bastante humillante, pero no tengo otra salida. Tendré que visitar a los maestros.

EN CASA DEL MAESTRO DE QUÍMICA:
Por fin logré dar con su casa, gracias a que un compañero de clases averiguó las direcciones de todos. Otra vez estoy dudando, además tengo miedo de qué pasará si no sale como lo tengo planeado. Respiro hondo y toco el timbre, oigo pasos acercándose y veo la puerta abrirse. El maestro me mira sorprendido, obviamente no se esperaba que una alumna lo visite. Lo saludo haciendo un gesto con la mano, él me invita a pasar. ¿Cómo logré que lleguemos a éste punto? Eso es lo de menos, lo importante es que lo logré. Él, sentado en su sillón favorito y yo, de rodillas, dando la primera mamada de mi vida. Sé que no lo pude estoy haciendo bien, verlo en películas pornográficas es una cosa y hacerlo es otra, sólo espero que sea suficiente para convencerlo. El maestro jadea, suspira, me acaricia el cabello, supongo que sí lo disfruta, aunque yo no lo hago. Y menos ahora, que acaba de correrse en mi boca, odio la textura del semen, no entiendo cómo algunas mujeres lo tragan, pero ahora me toca a mí hacerlo. Aguanto la respiración y poco a poco bebo el esperma que inunda mi boca. Al menos puedo decir que el sacrificio valió la pena, ya que el maestro aceptó cambiar mi calificación.

EN CASA DEL MAESTRO DE MATEMÁTICAS:
Creo que odio ver al maestro incluso con ropa, es bastante obeso, siempre está sudando y su respiración agitada es repulsiva. Ésta situación es cien veces peor, tengo que verlo desnudo, tengo que estar de rodillas frente a él, chupándole el miembro, aguantando el olor de su sudor, sobre todo el de su ingle. Su pene tiene un pésimo sabor, es salado, avinagrado, no sé cómo explicarlo, sólo puedo decir que es repugnante. Me siento humillada al tener apoyada su prominente barriga sobre la cabeza mientras engulló su falo, casi vomito cuando suelta su semen en mi boca, no soy una experta pero sé que deben haber corridas con un mejor sabor. Tragarla es lo más difícil que he hecho en mi vida, pero todo sea por la calificación.

EN CASA DEL MAESTRO DE GIMNASIA:
El entrenador me dejó bastante sorprendida, su miembro es gigantesco, es incluso más grande que muchos que vi en internet. No tuve que tomar la iniciativa, apenas le dije que necesitaba una buena calificación, insinuó que puedo convencerlo de alguna manera. No puedo chupar su pene por completo, cosa que él me pide, siento arcadas y sólo voy engullendo la mitad. Además, también es bastante grueso, sin mencionar que parece no lavarlo todos los días. Se lo mamo lo mejor que puedo, intento hacerlo acabar lo más pronto posible, pero no es nada sencillo, parece tener bastante energía. El maestro me agarra de la cabeza y me jala hacia él, quiere meterlo por completo, o quizá oír cómo me atraganto lo estimula. Coge mi mano y la lleva hacia sus testículos, me pide que los acaricie, que los masajee, incluso que los apriete. La sensación en mi garganta es bastante extraña, es como si intentara tragar un gran pedazo de carne y se quedara ahí. El entrenador cumplió su cometido, logró meter todo, mi nariz siente cosquillas al rozar su vello púbico y mi labio inferior se hunde en su escroto. Mis ojos lagrimean y mis fosas nasales aspiran la mayor cantidad de aire posible, aire con olor al pene del maestro. Pero si su gran tamaño me sorprendió cuando se bajó el pantalón, su corrida es increíble. No sé de dónde sale tanto, pero además de inflarme las mejillas, el espeso semen se sale por mi nariz. Me veo obligada a retroceder un poco, el semen sigue saliendo y cae sobre mi rostro. El maestro sonríe al verme en cuclillas, con la cara cubierta por una capa blanquecina. Me siento como una vulgar ramera, mi orgullo está lastimado, pero al menos me salvaré de repetir el año.


EN CASA DEL MAESTRO DE HISTORIA:
El maestro de historia es un hombre de avanzada edad, debe tener unos 60 años aproximadamente, no creo tener muchos problemas con él, aunque será raro mamar su arrugado pene. Ya sé, para excitarlo y que se corra más rápido, me levantaré la blusa. No soy de alabarme a mí misma, pero tengo las tetas bastante grandes para mi edad, además mi culo es envidiado incluso por mujeres adultas.
Toco el timbre y levanto mi blusa, mostrando mis tetas sujetadas por el sostén para sorprenderlo. Pero la sorprendida soy yo, cuando la puerta se abre, me quedo boquiabierta ante lo que veo en en interior del departamento: Todos los maestros están ahí, sonriendo lujuriosamente. No consideré que entre ellos se contarían acerca de mis visitas.
- ¿Qué pasa, Diane? - me pregunta el maestro de historia - ¿Viniste a verme por algo?
No sé qué decir, sigo sin salir de mi asombro. Quiero correr, pero a éstas alturas no serviría de nada, ya todos saben lo que hice, sin mencionar que avancé demasiado con el plan como para echarme para atrás.
- Pasa, Diane - me pide otro maestro - todos en la plana docente hemos estado hablando y llegamos a la conclusión de que no todo has esforzado lo suficiente para que consideremos cambiar tus calificaciones.
- Y ésta vez tu boca no será suficiente... - advierte el entrenador, toqueteándose el gran bulto formado en su pantalón - Veo que hay un hermoso culo bajo esa falda jejeje.
Es lo que me temía, por eso les chupé los penes lo mejor que pude, ahora debo usar otras partes de mi cuerpo. Maldición, no debí hacer caso a ese plan. Los maestros siguen esperando mi reacción, sé que pueden hablar con mi madre si no hago lo que me piden. Cometí un gran error y ahora les pertenezco.
- ¡Qué pasa, pequeña perra! - me grita el entrenador, impaciente por probarme - ¡Trae tu culo aquí!

Odio que me traten así, me gustaría decirles un par de cosas, pero no me conviene hacerlo, tengo todas las de perder. Cierro los ojos, respiro profundamente y suelto un suspiro, pongo un pie dentro del departamento, miro a los maestros una vez más y luego pongo el otro. Cierro la puerta mientras muerdo mi labio por la impotencia de tener que someterme a ellos y ruego porque mi culo pueda soportar todo lo que le espera.





Espero que hayan disfrutado el relato, además me gustaría que lo compartan y recomienden. Les recuerdo que pueden pedir sus relatos personalizados, escribiéndome a mi correo para conversar sobre los detalles y el precio: [email protected]




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