Misión D Conservación de la belleza natural

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Oiseau rebelle
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Fue el propio Iden quien decidió presentarse ante la dirección de la academia el día posterior a su examen privado; el remordimiento lo carcomía al saber las razones por las que le permitieron retirarse, y ahora, más que considerar ocultar su condición, buscaba redimirse; nadie se fiaría de ausencias oportunas, ni mucho menos de otra excusa, lo único viable restaba en refrescar su impresión. Era la primera vez que se hallaba motivado a hacer algo por el simple hecho de enmendar sus accidentes, y muy a diferencia del resto de oportunidades, el miedo sí existía, era latente y persuasivo, pero su firmeza era propia de algo más instintivo que emocional, una respuesta al miedo más propia de un animal intentando intimidar que de un ser con amplio raciocinio y paranoia. Así, marchó desde su recámara hasta las oficinas del complejo, hasta encontrar el cuarto donde se solicitaban las misiones del mayor calibre a las que alguien de su edad podría asistir.

Dentro, un profesor desconocido para él dialogaba con Tenshi; no hizo falta mucha suspicacia para percatarse de que claramente el extraño se encontraba en una posición mucho más cómoda dentro del intercambio. El hombre de cabellos blancos y mirada rojiza se retiró en cuanto vio al muchacho pasar, tan grácil y silente como la mirada que le dedicó antes de partir. TK contempló la puerta ahora sin visitante, calmando un ceño fruncido demasiado inusual en su persona; ver a su estudiante le exigió respirar hondo y reincorporarse en la silla frente al escritorio.

—Cuéntame —soltó de un suspiro. No recibió respuesta—. Oye.
—Quiero participar en las misiones especiales que pueda darme —le tomó por sorpresa. De por sí, era extraño que un estudiante le abordase personalmente en aquellas alturas del curso, en especial cuando los exámenes de ascenso estaban a la vuelta de la esquina y existían varios supervisores encargados de que cada futuro ninja tuviese la posibilidad de acceder a las tareas necesarias. Sólo un estudiante capaz de rechazar todas y cada una de las que se le habían propuesto tendría razones para presentarse ahí. Al tratarse de Tsuiho, todo cobró más sentido.
—¿No tienes asignaciones pendientes?
—Ninguna —Era demasiado cortante, hasta para tratarse de Iden—. Quiero tomar las que estén disponibles —El tutor le miró de reojo, intentando evitar hacer obvia su preocupación; como tal, no tenía razones lícitas para impedirle al muchacho realizar cualquier tarea, pero sí que prefería mantenerlo al margen mientras permaneciera en la aldea.
—Te puedo asignar de una en una; si te va bien, ven y pídeme más —entregó una hoja de pergamino pequeña que llevaba en una de sus esquinas el sello característico de las termas Tsuki, de las mejores en La Niebla—. Cumple con ello y te otorgaré más.


Conservación de la belleza natural (D)

Los encargados de las aguas termales han dado acceso a los estudiantes que quieran realizar su trabajo especial en sus instalaciones, permitiéndoles ser los que mantengan el rededor de las piscinas naturales reluciente; sin hojas que estorben, animales rastreros, basuras, etc. Estas labores se llevan a cabo en horas de la mañana, varias horas antes de admitir la entrada a clientes.

Objetivos:
-Limpiar el área común y la piscina misma antes de la hora de apertura del lugar.

Notas:
-Pueden aparecer distintos tipos de animales entre reptiles e insectos dentro y fuera del agua.
-Sí habrá intervención de uno de los sensei en cualquier momento de la tarea.
 

Oiseau rebelle
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La prontitud del joven al presentarse tan temprano en las oficinas le permitió presentarse al primer encargo ese mismo día. Tuvo que pedir un mapa antes de pensar siquiera en averiguar si sería necesario llevar algún limpiador especial para los relieves de cada alberca; moverse sólo por las calles de Kirigakure era una frase de connotaciones muy dispares entre el pasado y aquel presente: la bruma en esos días era mucho más liviana gracias al calor permanente de varias industrias; por lo mismo, perderse resultaba menos probable, aunque no imposible, para los turistas. Había oído hablar del pasado conflictivo de La Niebla, sin mencionar algunos libros en casa de la señora Oan que relataban batallas históricas en aquel país. A su entender, una aldea así no distaba mucho de las demás, al menos en apariencias.

Una vez que logró dar con el mapa, figuró un camino bastante sencillo entre los callejones; el balneario no quedaba a más de un kilómetro de la academia, el verdadero peligro yacía en algunos vientos provenientes de la costa, inusuales, pero lo suficientemente poderosos para generar escalofríos y hasta dificultades para mantener la vista. Tenía algo de nervios, como cualquiera que debiera moverse entre calles desconocidas, pero nada parecido a lo que realmente temía. Se sacudió, notando cómo un bulto en su mochila parecía reaccionar ante el movimiento: Hani se escabulló desde la mañana entre su equipaje; por más tranquilo que se sintiera, la distracción no le abandonaría por nada. El animal se asomó por un brevísimo instante, dedicándole una mirada profunda y volviendo a escabullirse entre los materiales de la bolsa.

—Pareces un marsupial —soltó.

Les queda poco, menos de una cuadra y la entrada del lugar se hacía evidente: paredes de un ébano cuidadísimo, estampadas con ornamentos de jade que afirmaban el nombre del lugar: Tsuki se leía desde la distancia y fue su faro para acercarse corriendo. Una mujer canosa les atendió; su cabello yacía marchito, como el de una anciana moribunda, pero su piel y rostro parecían más bien los de una joven. La señora se llamaba Jushi, así indicaba el broche del mismo color en su blusa negra; para tratarse de un simple balneario, el tema de la identidad empresarial se lo tomaban muy en serio. La mujer no pronunció palabra, simplemente colocó su diestra a hombros de Tsuiho para guiarle al interior; cruzaron una puerta corrediza para llegar al sector de damas.

La integridad del sector se hallaba en condiciones deplorables para tratarse de un lugar que se limpiaba recurrentemente: el moho se ceñía a las bases de los tablones que separaban ambos sectores, sin mencionar que también recorrían parte de las rocas y hasta algo, similar al musgo pantanoso, se adhería a la superficie del agua como una película de putrefacción. Lo menos preocupante eran las hojas, y en aquella época otoñal hasta brindaban algo de brillantez en medio de la peste que se mezclaba con el vaho de la humedad, pues aún con tal cantidad de suciedad, las aguas permanecían calientes, incapaces de disolver los residuos indeseables. Intercambió miradas con su guía, casi pidiéndole que dijera “aquí tienes la aspira todo”. La mujer no movió su expresión serena, simplemente le guió hasta un pequeño baúl en medio de los sectores donde guardaban los productos de limpieza: en efecto, contaban con una sopladora que a su vez conectaba con un tanque de agua caliente y espumosa, la receta ideal para acabar rápidamente con la suciedad.

Se dispuso a tomarla, pero la diestra de la mujer volvió, esta vez para interponerse e indicarle con un mero gesto para qué servía aquella cosa en realidad: en una pequeña etiqueta, se leía: “sólo para reemplazo de agua”. Las piedras debían ser talladas a mano para evitar cualquier posible daño a largo plazo. No podía quejarse, se trataba de la primera cosa que tendría que hacer. Esperó hasta que la mujer se retirara y lanzó la manguera del dispositivo al agua, halando una palanca de madera que mientras filtraría el agua estancada. Al final, sólo terminaría saliendo la propia agua natural de sus cauces, y terminando por mezclarse con la limpia, sólo lo suficiente para mantenerla higiénica.

Lo dicho a continuación, corresponde más bien a una ensoñación de Iden sobre lo que sucedió durante la tarea: recuerda bien haberla terminado, pero hay detalles que ni él mismo se explica cómo terminaron sucediendo.

Según su memoria, procedió con una esponja áspera y varios trapos limpios hacia las rocas, cuidando de no caerse. Tras pasar más de dos horas tallando y tallando, llegó hasta el borde limítrofe entre los sectores, comenzando a encargarse de los tablones; cree recordar haber escuchado una voz, pero la sucesión de imágenes le resultaba demasiado difusa. Lo importante, y para lo que logró recuperarse, surgió tras escuchar un grito desagradable, no sólo por la cantidad de ruido que producía, sino porque claramente provenía de una persona con algún tipo de problema en el tono de su voz, más que errático y ensordecedor. De repente, y como si todo hubiese sido un sueño, se sacudió la cabeza, justo a unos metros de la entrada del balneario, encontrándose nuevamente con Hani, esta vez en su hombro, ojeando el papel firmado que logró distinguir recién entonces: la tarea yacía cumplida y firmada según las preferencias de Tsuki.


Lo que realmente sucedió en el balneario se explicará en una futura misión (aún no sé si una MH u otra que tengo en lista).
 
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