Oneshot Corazón Herético

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Una conclusión que no está dispuesta a aceptar - Corazón Herético

Seri siempre fue una persona conflictiva. Cuando le dijeron que era demasiado joven para ser entrenadora a los once años, su respuesta fue: "No" y huyó de casa. Cuando le dijeron que nadie podía escalar el Monte Plateado, dijo: "No" y se infiltró de noche en la caseta de verificación, evadiendo a los guardias. Su padre a menudo bromeaba diciendo que su primera palabra fue: "No", y le había gustado tanto que no dejaba de repetirla. Es cierto que no le dieron su licencia de entrenadora sino hasta los trece (dos años antes de lo estipulado) y que no subió a más de cien metros en el Monte Plateado antes de tener que bajar de vuelta cuando un Tyranitar que trató de capturar resultó ser demasiado fuerte para ella; había hecho de su vida un desafío constante por probar que tenía la razón o, más a menudo, que tenía derecho a equivocarse rompiendo las reglas.

Y cuando le dijeron que estaba muriendo, su respuesta fue la misma que daba a todos los demás problemas: "No". Pausó su recorrido en busca de las medallas y partió en busca de lo desconocido.

Los bosques de la región eran peligrosos, pero contaba con la ayuda de sus pokémon. Su acompañante principal era Ariados: un pokémon nocturno que había capturado poco antes cuando aún era un spinarak. Al igual que a ella, le quedaba poco tiempo; los pokémon bicho no vivían mucho de todas formas. Pero era fuerte, aprendía rápido y podía defenderla en la oscuridad.

—¿Y quién lo decidió? ¿Por qué no podemos hacer lo mismo que todos los demás?

Lo sabía. Reunir las tres medallas restantes iba a tomarle meses. Después estaba el torneo de la conferencia, el desafío al Alto Mando y al campeón, todo para intentarlo después en el Frente Batalla… ella no tenía tanto tiempo para lograr todo eso; los doctores se lo habían dicho y Ariados probablemente estaría muerto en unos pocos meses, antes siquiera de ver la conferencia de la Liga.

—Nuestros cuerpos no están hechos para esto —dijo a su Ariados mientras atravesaban el bosque— Pero eso no significa que tengamos que rendirnos. Siempre, SIEMPRE hay algo que podemos hacer, ¿no crees?

Ariados, estoico, no dijo una sola palabra. Su silencio transmitía su determinación.

Ya anochecía cuando llegaron a su destino. Seri contuvo el aliento mientras pasaba bajo el enorme arco de madera que antaño señalaba la entrada a la ciudad. El pavimento de las calles se había levantado aquí y allá, cediendo paso a hierba oscura que luchaba por salir a la superficie. Las casas, de estilo tradicional, habían sufrido mucho más por el paso del tiempo; ninguna de hallaba completa, y solo las más afortunadas conservaban sus tejados de láminas semiderruidos, mientras que otras consistían en una o dos paredes. La construcción más entera era el Centro Pokémon, que sólo lucía abandonado y vandalizado con sus vidrios rotos pero paredes intactas. Donde debía estar el Market, sin embargo, sólo encontraron escombros.

—Vamos —suspiró, y su voz se propagó como un eco ominoso. Incluso Ariados se movía con aprehensión; esperando alerta a un enemigo en la oscuridad.

Ni siquiera el viento se atrevía a soplar. Todo parecía envuelto en una calma solemne, casi imperativa. Como si estuviera prohibido perturbar la paz de la muerte. Pero era la muerte lo que Seri temía y deseaba combatir.

Se adentraron más y más, hasta el corazón de la ciudad en ruinas. Las paredes a medio caer de un monumento se abrían como una flor. Bajo una gruesa máscara de cenizas se adivinaba el tenue brillo plateado que tuvo alguna vez. Seri dejó que sus labios se curvaran en una sonrisa; una expresión que no se permitía desde hacía mucho, y bajó acompañada de Ariados al interior del templo. Había tres estatuas fundidas e irreconocibles en el piso inferior; una especie de sótano de piedra lleno de restos de madera quemada y podrida. Pero eso era justo lo que buscaban. Justo lo que necesitaban.

—Ahora —se dijo—, viene el ritual.

Tomó una pokéball de su bolsillo y la arrojó, liberando un zorro amarillo de brillante pelaje erizado.

—Jolteon.

Voló una segunda ball. Esta vez emergió un anfibio bípedo de suave piel azul y un remolino en su vientre.

—Poliwhirl.

Tomó la tercera. La sostuvo entre sus dedos antes de lanzarla.

—El agua. El rayo. Y ahora…

—Ya basta por ahora.

Su corazón se detuvo por un momento. No esperaba encontrar a alguien más en aquel cementerio del pasado. Volvió la vista para encontrarse con la, hasta entonces, más extraña aparición que había visto en su vida.

Parecía estar hecho de papel, como los amuletos para la buena suerte que había visto en templos a lo largo de la región. Un papel blanco y anaranjado doblado varias veces hasta asemejarse a una figura humana, muy vagamente. Tenía piernas puntiagudas y cortas, brazos largos, pero cruzados en torno al pecho; una cabeza plana con una abertura en forma de rombo que podía ser un ojo, o su boca; Seri no lo sabía. Caminaba muy lentamente, como si le costara mantenerse en pie. Lo juzgó por un largo momento, mirando de arriba a abajo a la criatura. Tal vez era peligroso, tal vez podía vencerlo. Pero al menos trataría de resolver las cosas en paz primero.

—¿Tú proteges este templo?

—Esto no es un templo —replicó en un tono monótono, aburrido y (a su parecer), un poco triste—, pero en lo demás tienes razón.

—Escuché que aquí vive un pokémon legendario, el gran…

—Escuchaste bien —la interrumpió, como tratando de proteger aquel nombre de ser mencionado—, pero te dijeron mal. Como puedes ver, nadie vive aquí.

—¿Ni tú? —preguntó con ironía.

—Ni yo —respondió ajeno a su sarcasmo, lo que le provocó otra sonrisa.

—Según la leyenda, el pokémon no vive aquí desde hace siglos, pero puede ser invocado por medio de un ritual.

Por respuesta, el ente de papel giró su cabeza en dirección a Jolteon y Poliwhirl, y después negó con decepción.

—Así que tú también quieres realizar ese ritual… me temo que no puedo dejarte. Y antes de que llames a tu tercer pokémon, voy a detenerte aquí y ahora.

Extendió uno de sus largos brazos y apuntó en dirección a ella. Seri respondió en la forma en que solía hacerlo.

—No.

Chasqueó los dedos, y sus dos pokémon entraron en alerta.

—¡Jolteon, Voltiocambio!

Con un aullido, se convirtió en una corriente relampagueante que atravesó las ruinas en zigzag e iluminaba todo a su paso. Desconocía el tipo de su oponente, pero Jolteon serviría para hacerse una idea de su resistencia, o al menos eso creía. Sin alterar su postura en lo más mínimo, el extraño ente de papel bajo su brazo generando una profunda fisura en el suelo que Jolteon evadió en el último instante.

—¡Es rápido! —se quejó, pero Seri aún tenía un plan.

—¡Hidrobomba!

A su orden, Poliwhirl infló los carrillos y expulsó un poderoso torrente de agua en dirección al enemigo que este cortó con suma facilidad.

—¡Rayo! ¡Rayo Hielo!

Ambos atacaron a la vez, y esta vez se dedicó a esquivar, dejándose llevar por las tenues corrientes de aire que los pokémon provocaban.

—Ese cabello dorado —reprochó—, esos ojos malva… hasta tus ropas son similares a las suyas. Eres igual a él.

Finalmente se cansó de defenderse y cuando pasó a la ofensiva, la batalla terminó: Elevó su brazo derecho a la altura de su hombro, dejando una imagen espectral a su paso; y un instante después, tres enormes haces de luz revelaron al mismo tiempo tres impactos simultáneos en tres objetivos diferentes.

El primero en caer fue Jolteon. Después, Poliwhirl. Sólo entonces sintió un largo corte atravesar su pecho. Luego su conciencia se desvaneció.



Por alguna razón, no estaba herida. Aquél pokémon (porque estaba segura de que era un pokémon) la había atravesado de lleno con esas hojas capaces de cortar el suelo y desviar hidrobombas, pero ella había salido sin un solo rasguño.

—Debería estar muerta —se dijo—, pero no lo estoy. Esa cosa me mató. Las personas mueren cuando son asesinadas, pero yo estoy viva… ¿por qué?

Volvió la vista hacia Ariados, quien la miraba con cierta condescendencia.

—Tienes razón. No es momento para hacer preguntas estúpidas. Es lo que causan las experiencias cercanas a la muerte.

Se sacudió el polvo de las rodillas, alisó su falda y empezó a elaborar su próximo plan. Era poderoso, demasiado para ella, pero eso no significaba que no pudiera burlarlo de un modo u otro.

—Creo que tengo una idea…




Lo vigiló por días y noches para aprenderse sus patrones de conducta. Siempre hacía guardia, tanto de día como de noche, a veces sobre una piedra o sobre la hierba. No dormía, no comía y no hacía otra cosa que deambular por el terreno para ahuyentar a cualquier visitante, como ella. Lo mismo podía ser una máquina que un pokémon.

Su primer plan consistió en utilizar la Hipnosis de Poliwhirl para dormirlo y pasar a través de su guardia. Por desgracia, la precisión del anfibio distaba mucho de ser brillante y tampoco era realmente sutil, por lo que el espadachín lo encontraba y neutralizaba con un ataque antes de empezar a sentir los efectos. Su segundo plan consistió en dejar que Ariados rodeada el campo de Púas Tóxicas para impedirle el paso o que cayera intoxicado cuando tratara de detenerlos; pero el pokémon caminó por encima de ellos sin inmutarse y fue Seri quién tuvo que retirarse cuando una de esas púas atravesó su zapatilla y pasó los próximos dos días luchando contra el envenenamiento. Cuando empezó a quedarse sin opciones, pensó en sobornarlo, pero dejando de lado la cuestión de que no tenía demasiado dinero para empezar; tampoco sabía para qué podría usarlo un pokémon que, aparentemente, ni siquiera respiraba.


—Ya basta —dijo cuando tuvo suficiente, agitando un Pañuelo Blanco atado a la rama de un árbol en señal de rendición.

—¿Qué significa eso? —preguntó el pokémon de papel cuando la vio acercarse.

—Significa que tú ganas. Me rindo.

—Tu anterior mensaje tenía símbolos extraños…

—Eso era una carta de amenaza —suspiró—. Decía que yo y mis cinco mil subordinados íbamos a invadir tu territorio si no te rendías y nos dejabas pasar.

—Eso significa que las figuras humanas hechas con ramas de árboles detrás de los arbustos eran…

—Eran mis falsos subordinados.—Había sido derrotada por un pokémon que no sabía leer. Hasta Jolteon sabía leer—. Pero ya tuve suficiente. Hoy sólo vengo a platicar contigo.

—¿Quieres convencerme?

—No. —Se encogió de hombros—. Quiero escucharte lo que tienes que decir. Tampoco te creas que vine con las manos vacías. —Alzó una botella de aquel licor de arroz que era tan popular en la región. Su tolerancia al alcohol era nula dada su condición, pero esperaba que aquel pokémon tampoco soportara mucho.

Extendió una manta entre los dos y se sentaron frente a frente. Puso la botella en el centro y sirvió en dos pequeños vasos. Rozó el suyo con los labios, mientras que el pokémon lo levantó torpemente con sus dos manos y bebió de golpe por la abertura en forma de cruz de su cara.

—Así que es tu boca…

—¿Qué?

—No, nada —carraspeó—. Mi nombre es Seri. Vengo de Ciudad Azulona y tengo dieciséis años. ¿Quién eres tú?

—Kartana. No mido mi tiempo en años y no voy a ningún lugar.

Al menos tenía un nombre. O quizás era el de su especie.

—¿Por qué proteges este templo?

—Porque nadie debería venir. En el pasado fue un lugar de oración, pero eventualmente tu gente trató de despertar al pokémon legendario para sus propios fines.

—¿Entonces, de verdad está aquí?

—No.

—Mientes —le sonrió.

—¿Por qué lo buscas, Seri de Azulona?

—Si te digo, ¿me dejarás verlo?

—No.

—Entonces no te digo. —Hizo una pausa y llenó de nuevo el vaso de Kartana—. ¿El pokémon legendario te pide que lo cuides?

—El pokémon legendario ni siquiera está aquí.

—Ya sé. Para eso es el ritual.

—Ese ritual no debe llevarse a cabo.

—Si realizo el ritual, ¿el pokémon legendario vendrá?

Kartana permaneció en silencio por un largo minuto. Seri finalmente empezaba a romper su persistencia. Bebió el segundo vaso con la misma rapidez que el primero.

—Nada bueno saldrá de ese ritual.

—Si lo intento de nuevo, ¿vas a detenerme?

—Sí.

—Está bien.

—¿No temes por tu vida?

—No te temo a ti. —Señaló con una mano su propio pecho—. Ni un rasguño. Mis pokémon y yo hemos tratado de entrar todo el mes a este templo, y siempre nos detienes sin hacernos daño. Conozco ese movimiento: se llama Falsotortazo. Sólo lo usan los pokémon cuando no quieren lastimar a su oponente. Creo que eres buenito. Creo que de verdad quieres lo mejor para el pokémon legendario.

—Y aún así insistes en pasar…

—Es que yo no voy a hacerle daño. Yo también soy buenita.

El vaso volvió a llenarse.

—¿Dices que no quieres al pokémon legendario por razones egoístas?

—No, no. Nuestras razones son muy egoístas. Mías y de Ariados. —Tomó una pokéball de su bolsillo y liberó al arácnido para abrazarlo después—. Pero sólo queremos su ayuda por un ratito. Menos de una hora tal vez.

El vaso volvió a vaciarse. Kartana se tomó su tiempo en responder.

—¿Qué es lo que buscas?

—Quiero tener aventuras. Muchas. Hay un montón de cosas que quiero hacer y descubrir. Quiero ser campeona. Mejor que nadie más.

—¿Para eso quieres al pokémon legendario? ¿Por su poder?

—No me estás entendiendo —suspiró, llenó el vaso por última vez; agotando el contenido de la botella, y se lo ofreció al ente guardián—. No quiero capturar al pokémon legendario, sólo quiero su ayuda.

—¿Para qué?

—Tengo un problema. —Se llevó una mano al pecho—. Una parte de mí no está funcionando bien. Es una enfermedad peligrosa que hace que mi cuerpo haga más de lo normal. Esa cosa me está matando. ¿Sabes? En Ciudad Azafrán tienen un hospital increíble. Se llevaron todo mi dinero, me hicieron exámenes, me dieron medicinas; me conectaron a una máquina por varias semanas y yo no entendía nada de nada. Dicen que tienen la mejor tecnología y que pueden curar lo que sea. Que yo era prometedora y que tenía esperanzas. Que me iban a curar.

»Después me dijeron que tenía mucha suerte, que la ciencia médica ha avanzado mucho en los últimos años. Que personas en mi situación, con los cuidados correctos y si no descuidan su salud, pueden vivir hasta otros quince años. Solo tengo que tomar las medicinas y pasar un tiempo en el hospital todas las semanas. No hacer cosas peligrosas ni nada… mira qué bien, ¿no crees? Que te digan que ya viviste la mitad de tu vida. Que no podrás hacer nada de lo que siempre soñaste. Que se te acabó el tiempo porque sí. Que así son las cosas y debes dar las gracias por morir lento y no rápido. ¿Qué haces?

Puso una mano sobre la cabeza de Ariados.

—Él es diferente a mis otros pokémon. Jolteon puede vivir otros veinte años. Poliwhirl, tal vez treinta. Pero Ariados solo tiene semanas; a lo mejor un mes. Viajamos todos juntos por la región porque teníamos un sueño en común, y luchamos juntos contra los gimnasios y entrenadores. Pero él no va a estar ahí cuando suceda. Su tiempo de vida es más corto que el de nosotros, hasta que el mío.

»No es justo, ¿no crees? No es justo para nada. Yo no soy una enferma nada más. Soy una entrenadora pokémon y resuelvo las cosas como tal.

—El pokémon legendario…

—En el pasado, él revivió a tres pokémon y les dio vida eterna. Yo no pido tanto. Solo quiero que nos cure y nos dé un poco más de tiempo. Si pudo hacerlo antes, puede hacerlo de nuevo.

Kartana la miró a los ojos, y ella miró a la cruz en mitad de su cara de papel.

—La respuesta sigue siendo no.

Los labios de Seri se curvaron hacia arriba. Parecía una sonrisa, pero no transmitía nada similar a la alegría. Emitía rabia y dolor.

—Tú no decides eso.

Como si hubiera recibido una orden, Ariados disparó una red de seda púrpura de sus mandíbulas que atrapó a un descuidado Kartana.

—Hilo Venenoso. Cuando pisaste las púas tóxicas de Ariados, no sufriste daño ni las absorbiste. Así descubrí que eres un tipo acero.

Tomó la botella casi vacía con una mano y vertió su contenido sobre la manta.

—Junté polvo de somnífero de los butterfree del bosque con el licor. Ya deberías estar dormido… a menos que seas inmune. Como si fueras un tipo planta. Mis planes salieron mal, pero aprendí mucho sobre ti.

—¿Y qué con ello? —prosiguió en su tono monótono.

—Que te puedo ganar. No quería llegar a esto, pero si sigues diciendo "No", voy a empezar a decirlo yo también. —Llevó una mano a su bolsillo y tomó una pokéball; la más vieja de su equipo. La rozó con sus dedos y la lanzó al aire.

—Charizard,
Lanzallamas



Para quien sienta curiosidad de leer más al respecto, acá desarrollo el tema un poco más: Pokemon Fanfic | Oscilaciones — Standby Phase | PokéCueva
 
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