Original Fic Custodem Sanctorum.

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Los dos aprendiz.

Año del señor 795.


La antigua Ciudad de Florencia, en el Gran ducado de la Toscana.


Una fuerte lluvia caía sobre la ciudad, y muy pocas personas caminaban por las veredas que habían dejado los romanos. Un jinete entró a la ciudad, montando su caballo de pelaje café claro, y con una línea en forma de flecha de color blanca que cruzaba la mitad de su cabeza, el jinete un hombre de piel blanca, la estatura del sujeto era de unos 1. 80 metros, cuerpo esbelto y atlético, pelo oscuro y corto, un parche en el ojo izquierdo que ocultaba un corte profundo en aquel lugar, y la pupila de su ojo sano de color azul claro.

El sujeto llevaba puesta una túnica de color café oscuro, una capucha que le cubría su cabeza, calzado de cuero y sus manos estaban cubierta por unos guanteletes de acero, llevaba enfundada y amarrada en sus cadera una spatha, una espada utilizada por los soldado del antiguo imperio romano, pero esta a diferencia de los modelos originales, está versión estaba hecha de acero.

El hombre llegó frente a un monasterio y se bajó de su caballo, se dirigió a la puerta de aquel lugar y la tocó, a los segundo después la puerta se abrió, un monje vestido de una túnica café oscuro, apareció delante del jinete viajero.

—¿Qué quieres? —Pregunto el monje.

—Fui enviado por la orden—El jinete sacó un pergamino el cual tenía diseñado la insignia de la orden.

La insignia que se observaba en el pergamino era un escudo, en el cual se podía observar en su centro un castillo, sobre ese mismo escudo habían diseñado dos cabezas de águilas, una observaba a la izquierda y la otra a la derecha, y a los lados del escudo se podía apreciar un toral de trece espadas. El sacerdote al ver aquella afamada insignia dejó entrar al jinete, el cual guardo el pergamino antes de pasar al monasterio.

—Disculpe tan grosero recibimiento, pero los sucesos actuales han obligado que seamos muy precavido con nuestros visitantes—El monje le comento al jinete, y agrego mientras cerraba la gran puerta de madera—Desde la llegada de aquel niño, una variedad de persona han querido entrar a este monasterio.

—Me puede contar sobre lo sucedido—El jinete observó al monje y agrego—Tengo entendido que un niño dice poder ver a ángeles.

—Mejor dicho el puede ver algo que se podía describir como ángeles, y cosas que nosotros pensamos que son oscuros demonios—Le contesto mirando los ojos del recién aparecido y agrego—Su nombre es Alessandro Greco, es un hijo bastado que fue reconocido como hijo por uno de los señores de Florencia.

El monje se encaminó por el patio del monasterio, mientras era seguido por el representante de la orden.

—Alessandro fue concebido por unas de las sirvienta de aquel señor, pero no fue reconocido hasta los cuatro años de edad, no se la razón de ese cambio tan repentino—El sirviente de Dios le explicó a su invitado, cuando llegaron a una puerta de madera y siguió su explicación—Pero lo importante está en que hace dos año, cuando el chiquillo tenía cinco, su comportamiento, había cambiado, el padre de Alessandro nos explicó que había comenzado hablar solo, cuando se preguntaba al niño con quienes estaba hablando, el describía seres de luz que parecían ángeles, y seres de sombras que nosotros definimos como demonios.

—Esos seres de luz y de sombras, en nuestra orden son espíritus elementales, espíritus de luz y espíritus caóticos, no son ángeles y demonios—El enviado de la orden explico al monje y agrego sacando un mango de espada oxidado—Si es como usted dice, este niño podrá ver la hoja de esta espada.

El monje abrió la puerta que tenía delante de él, y él enviado de la orden entró al cuarto en que tenía recluido al pequeño, un sitio hecho de piedra, de alfombrado rojo, una cama con sábanas azules, el lugar estaba iluminado por una ventana. El enviado observó a un niño de cuerpo delgado, piel blanca, pelo rojizo y corto, ojos azules oscuros, el estaba hablando con una especie de mujer hecha de agua, mientras que para el monje el niño hablaba con la nada.

«Claramente este niño puede ver a los seres espirituales», pensó el jinete y volvió a pensar observando la empuñadura,« ¿Pero su potencial será tan fuerte para ver la hoja?»

El jinete se acercó al niño, la figura hecha de agua desapareció al percatarse del hombre, el sujeto le mostró la empuñadura.

—¿Ves la hoja de la espada? —Pregunto el sujeto al niño.

El niño primero observó al sujeto que tenía delante suyo, y luego miró la empuñadura, que enviado sostenía en su mano, el enviado noto el asombro en los ojos del niño, el podía ver la hoja de la espada, la cual era una gran llamarada que formaba la hoja de una espada.

—¿Entonces la vez? —Pregunto de nuevo el hombre al chico.

El chico afirmó con su cabeza y describió la espada justo como era, el sujeto guardo la espada, había encontrado a un potencial para la orden.

A los minutos después un caballo salía de la ciudad de Florencia, el animal estaba montado por el jinete y un pequeño niño pelirrojo.

Año del señor 797, Año 218 después de la hégira del profeta.

En algún lugar de Egipto.


Una mujer de esbelto cuerpo, caminaba por un pueblo en medio del desierto, la mencionada era de piel morena clara, pelo negro que le llegaba hasta la cintura, tenía trenzados los lados con adornos dorados, las pupilas de sus ojos eran de color verde claro, la vestimenta de la mujer consistía en una túnica de color blanco que le llegaba hasta los tobillos, sandalias que protegía sus pies, llevaba colgando sobre su cuello un anj dorado o cruz egipcia.

Las personas del pueblo al ver a dicha mujer, la cual portaba el símbolo de una religión extinta e infiel, cerraron las puertas y no salieron de sus casa, ellos no toleraba ver a aquella persona, pero debía aguantar su parecencia, ya que era la única persona en los alrededores que podía enfrentar a los seres extraños que hacían peligrar a la aldea. La mujer sabía la repugnancia que le daba a los aldeano, pero a ella no le importaba.

Ella paro frente a una casa la cual tenía forma cuadrada, un techo plano, y las ventanas eran espacios que eran tapadas por cortinas viejas, una especie de trapo grande era el remplazo de la puerta. El dueño de la casa abrió la cortina y vio a la mujer.

—Gracia a Ala, que usted vino—El hombre se acercó a la mujer y agrego—Espero que sus dioses profanos, nos ayuden con esto.

—Soy una sacerdotisa, mi misión es servir a los dioses y ayudar a los humanos—Le contesto la mujer al hombre y agrego—Según tengo entendido, una niña apareció de repente en su habitación, y ella actúa como si fuese una especie de animal salvaje.

—Si, la niña parece está poseída por algún tipo de espíritu maligno, y actúa como si fuese una leona protegiendo su territorio—El hombre le comento a la sacerdotisa.

La sacerdotisa entró a la casa y guiada por el dueño del lugar, fueron a la habitación en donde se encontraba la niña. Al entrar a la sala, la sacerdotisa observó a una pequeña niña que parecía tener 7 años de edad, la cual caminaba como un animal, utilizando sus manos como patas, de piel media morena, pelo largo y desordenado que le llegaba hasta los tobillos, la pupila de sus ojos era de un amarillo dorado, no llevaba ropa encima, su largo cabello era que tapaba sus partes íntimas, a pesar de mostrase feroz el rostro de la pequeña, mostraba una niña frágil, adorable y tierna.

—Ya entiendo—La sacerdotisa al ver a la pequeña, se dio cuenta del problema y agrego—No es un espíritu maligno, tampoco puedo decir que sea bondadoso.

La sacerdotisa se acercó a la niña y alzó su mano para que sea olfateada por la pequeña, la niña se acercó con precaución y en vez de olfatear, mordió aquella mano, los diente de la pequeña no era tan fuerte para causar alguna herida a la sacerdotisa, o para que la mujer se queja se del dolor.

—Tal parece pequeña niña que Sejmet, te eligió como un recipiente de un fragmento de su corazón—La sacerdotisa entendió el problema de la niña y le sonrió a la pequeña.

La niña dejó de morder al ver el comportamiento de la mujer que tenía frente suyo, y miró con cierta confusión a la sacerdotisa. La sacerdotisa se sacó su amuleto del cuello y se lo dio a la pequeña niña, la cual al tener el anj amarrado en su cuello, se comportó de una manera dócil, incluso sus ojos se volvieron normales, ya que las pupilas pasaron del color dorado a ser de color verde oscuro.

La niña de pronto callo al suelo y cero sus ojos, la sacerdotisa observó mejor a la pequeña, se fijo que en la espalda tenía una marca de nacimiento bien extraña pero conocida para su religión, era un círculo parecido al que tenían los dioses sobre sus cabezas. La sacerdotisa tomó a la niña.

—¿Qué piensa hacer con la pequeña?—Pregunto el dueño del hogar a la sacerdotisa.

—La tomaré bajó mi tutela—Le contesto la sacerdotisa a la pregunta del hombre, y le preguntó —¿Tiene alguna ropa para esta pequeña? .
 
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Problema en el valle.


Año del señor 805, año 226 después de la hégira del profeta.

Ta iset maat o Valle de los reyes, Egipto.



Hace algunos días un grupo de personas, habían entrado a una de las tumbas de los últimos faraones, que se había construido en el valle, la misión de estas personas era saquear aquella cripta. Los ladrones de tumbas han estado desde que el primer faraón, había construido la primera pirámide, la mayoría eran los mismos trabajadores, ellos conocía muy bien el lugar, y habían hecho mapa para seguir, los cuales han sido utilizados por otros ladrones.

Los ladrones estaba explorando aquella tumba, buscando lo más valioso para tomarlo y venderlo, como siempre hacían, pero en esa ocasión descubrieron algo que no estaba en los planos, una puerta de madera que conectaba a un piso subterráneo. Los ladrones observaron aquel piso, se preguntaron porque ese lugar no estaba en los planos, pero no dieron importancia a esas dudas, y bajaron pensando que había una habitación con un gran tesoro.

Al llegar a la planta inferior, se sorprendieron al ver que aquella nueva habitación, estaba iluminada con antorchas que parecía recientes, entonces surgió un pensamiento apresurado en los pensamientos de los presentes, se había adelantado y habían tomado los objetos de valor de aquella habitación, pero aún así decidieron revisar en caso de que la competencia, hubiese dejado algo atrás.

Observando mejor la habitaciones, los ladrones se dieron cuenta de algo impresionante, el piso era dorado como si fuera hecho de oro, el descubrimiento impresionó a los presentes, así que decididos a obtener grandes riquezas comenzaron a picar el suelo, entonces sin que se dieran cuenta habían caído en una trampa. Los asalta tumbas no se habían percatado de la verdadera naturaleza de aquel lugar, al final de la noche casi todos perecieron.

De los saqueadores que se habían atrevido a ingresar, hacia lo más profundo de la habitación, sólo uno había sobrevivido, el había sido encontrado por un grupo de beduinos nómades. Al preguntarle que le había pasado, el había comenzado hablar incoherencias, pero entre todas las frases sin sentidos que hablo, se pudo entender una de estas, “Cadáveres caminantes”.

Los rumores del levantamiento de los muertos en el valle de los reyes, se esparcieron de boca en boca y llegaron hasta los oídos de la sacerdotisa de los antiguos dioses egipcios, la cual decidió investigar aquel rumor. La mujer santa llamada Tiye, fue hacia el valle de los reyes, junto con ella iba su hija adoptiva y aprendiza, Kiya y dos guardias o medjay, los cuales protegían a las sacerdotisas de enemigos humanos como asaltantes, asesino y fanáticos religiosos.

Kiya la hija adoptiva de Tiye, fue la niña que había rescatado la sacerdotisa, a pesar de que en su encuentro la niña se comportaba de forma salvajes, la sacerdotisa había logrado controlar esa parte de la chica colocándole un anj sobre el cuello de esta, y desde aquel día la niña había sido educada por la santa mujer. Kiya había crecido y en aquel momento era una joven de 14 años, pronto cumplir los 15 años.

La chica había crecido, su cuerpo era esbelto, su piel era morena y clara, su cara era bien proporcionada y encantadora, sus ojos de un color verde oscuro, su pelo corto que le llegaba hasta el cuello de color negro, un peinado hacia atrás, y dos trenzas con adornos dorados dos a cada lado de su cara, tenia sus ojos pintados con negro y al estilo egipcio, llevaba puesta una túnica blanca al igual que su madre adoptiva, a parte del anj que restringida su otro yo, también llevaba puesto un colgante dorado, como calzado llevaba sandalias.

Al llegar a su destino los guerreros que acompañaban a la sacerdotisa, ayudaron a las dos mujeres a descender de sus trasportes animales. Al bajar de los animales, las dos chicas caminaron un par de metros por el valle, hasta que la sacerdotisa mayor que estaba adelantado algunos pasos se arrodilló y comenzó a sudar.

—¿Qué le sucede? —Kiya corrió hacia su madre adoptiva, preocupada por lo que le estaba sucediendo.

—No camines ni un paso más—Tiye le ordenó a su hija, mientras se paraba con cierto esfuerzo y agregando le contó a su aprendiza—Este lugar está siendo invadido por una energía, que para ti sería muy peligrosa, tal parece que alguien está perturbando a la duat.

—¿Sacerdote muerte? —Pregunto Kiya a su madre adoptiva.

Tiye miró a su aprendiza, la sacerdotisa observó a su hija, la chica a causa de su pasado salvaje no podía hablar bien. Tiye respondió a la pregunta de su aprendiza con una afirmación, y retrocedió hasta llegar a donde se ubicaba su hija no sanguínea, y después de tocar el hombro de la chica, le comento que la energía que se sentía en aquel lugar, era muy peligrosa, y que conocía a personas que podían ayudar a combatir el origen de tal fuerza.

El calor que sentía en aquella habitación echa de madera, hizo que se despertarse antes de llegar a su destino, así que se sentó sobre su cama y después suspirar se levantó y abrió la puerta que separaba la habitación del pasillo. Se encaminó hacia una escalera hecha de madera y la subió, abrió la escotilla y salió hacia la parte superior del barco. El se acercó a la proa y se quedó observando el inmenso mar.

—Vaya, ya te has despertado, Alessandro—Escucho la voz de su maestro

El maestro un sujeto de piel blanca, cuerpo esbelto, atlético, hombros ancho, su pelo oscuro y corto, un parche En el ojo izquierdo, y su ojo sano mostraba el color del ojo daño, un color azul claro, la medida de su cuerpo era mucho más alto que el promedio de la gente, y vestía con una chaqueta echa de cuero, pantalones rojo, un calzado que consistía en la greba y el escape de una armadura y cubriendo su manos, unos guanteletes y manoplas, enfundada sobre su espalda llevaba su spatha.

—Maestro—Alessandro observó al sujeto que consideraba su tutor y maestro.

Alessandro Greco, el hijo ilegítimo de uno de los señores más importante de la antigua ciudad de Florencia, el mismo niño que había sido recogido por la orden, el creció siendo entrenado por la orden, en el arte del uso de la espada mediana, el fue tan talentoso que incluso podía utilizar las doble espada, siendo el segundo en poder utilizar esa clase de talento, su arma favorita es la gladius romana, espada inspirada en las utilizadas por los celtas de iberia, y muy utilizada por los gladiadores en el antiguo imperio Romano.

El cuerpo del joven era atlético y ágil, aunque no era tan alto como su maestro, la altura de su cuerpo sobrepasaba por diez centímetros al promedio de la gente, su piel era blanca, su cabello era corto y de color rojo, vestía con una camisa echa de tela de color blanco y de manga corta que mostraba los músculos de sus brazos, portaba un pantalón de color verde, el cual estaba echo de de tela y calzado de cuero café claro, además llevaba a cada lado de cintura su dos espada enfundada, ambas eran gladius romanas.

—Es bueno que estés despierto, chico—El maestro le comento a su discípulo y agrego— El vigía nos digo que ya estamos llegando al puerto de Alejandría.

—Tengo una duda, ¿por qué la ciudad se llama Alejandría?—Pregunto el joven Alessandro a su maestro.

—Es por el conquistador Alejandro, el grande—Una persona salto desde el mástil del barco, y luego se acercó al maestro y al aprovechar aprendiz—El conquistador, lucho contra los persas por las tierras de egipcio, y cuando logró la conquista de ese país, los habitantes encontraron en Alejandro a un hijo de sus dioses, y lo trataron como si fuese un faraón, nombrando en su honor la ciudad a Alejandría.

La persona que le había dado el resumen de la historia de la ciudad, era una joven muchacha de piel media morena, ojos verdes claros, pelo oscuro que le llegaba hasta los hombros y que tenía amarrado con una cola de caballo, cuerpo atlético, rostro fino y limpio, vestida con una túnica verde claro, calzado de piel, una capa de color verde oscuro, la cual tenía el diseño de una media luna dorada y una estrella de color dorada al lado del diseño principal, además llevaba enfundada a cada lado de la cintura unas cimitarras.

—Señorita Zaida, buenas mañanas—Saludo Alessandro a la chica.

—Buenas mañana para ti también, Alessandro—Zaida le sonrió al chico.

Zaida una chica de veinte años, origen árabe, la más joven de los treces del círculo, y considerada una de las más talentosas guerrera de la orden, ella maneja las cimitarras o espadas árabes, ella es la primera en poder manejar las dobles espadas con maestría, la joven fue enviada pues tenía experiencia en esas zonas. Aunque Zaida es parte del círculo no tiene discípulos, ya que ella misma no se considera buena maestra
 
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