Después de la fiesta | Epílogo | Nashla + Hikari & Kyoko

All we hear is "radio ga ga, radio blah blah"
Moderador
Nota: aunque la misión no haya recibido la etiqueta trama, por el contenido y los involucrados este RL lo será.


—He aquí el informe sobre lo sucedido en Las Rosas —sobre la mesa que separaba a la Nidaime del Agua de uno de los representantes de la moderadora de la Alianza, fueron depositados unos documentos timbrados, sellados y con el claro mensaje de que solo Ryuuranai podría abrirlo para ver el contenido—. Si siente que obvié algo, tal vez pueda corroborarlo con el Nidaime Hokage o bien preguntarme.

El sujeto inclinó la mitad de su cuerpo para proceder a retirarse. El transporte que le llevaría al puerto y consecuentemente al país del Té, estaba listo para partir. En ese estado de soledad, aprovechó para pedirle a Satoshi que no dejara que nadie más entrara a la oficina, salvo que fuese alguien muy cercano a ella. Apenas se daría el chance de cerrar los ojos para descansar, pues le esperaba algo todavía más intenso que el haber durado toda una noche redactando un informe detallado de lo acontecido en su misión.

En sus líneas claramente se leería que la victoria había sido del pueblo y definitiva. La dictadura no continuaría y los países que conformaban la isla no iban a fusionarse por ahora. Cada uno era distinto, muy distinto. Asimismo portaban heridas que entre sí no iban a sanar tan pronto. No obstante, para Uchiha no fue una victoria del todo. Lamentaba las pérdidas humanas, sobre todo de sus filas y de personas revolucionarias. Llegar al palacio del malvado Farkas y encontrar a la figura más importante de los levantamientos muerta fue duro. Mikage no paró de llamar a su hermana con gritos desgarradores; sus ojos no tardaron en volverse rojos y todo su cuerpo se volvió un manojo de nervios contagioso para los demás jóvenes de Hana.

Según Hikari, la muerte de la chica pudo haber sido provocada porque murió envenenada con cianuro. Y se le veía bastante dispuesta a luchar como para cometer suicidio. No obstante, Farkas también estaba en la misma habitación solo que rodeado por un charco de sangre. En la mano de la occisa encontraron un cuchillo tintado de rojo oscuro. Tan solo por la forma en la que fue amputado el miembro del dictador, el cual yacía en su boca, llegaron a la conclusión de que fue con esa arma que cometieron el asesinato. Pero... ¿por qué castrarlo?

No sorprendería a nadie el que el mandamás de Ren abusara de muchas mujeres, pero cuando sucedían actos de ese estilo y el violador resultaba ser la víctima, lo usual era intuir que más allá del afán de matarle por maltratar y aniquilar a casi todo un país, había un hecho que rozaba lo pasional. Vamos, que hasta el Hoshokusha que respondía al nombre de Toshin, fue empalado por haber ultrajado a quien fuere el líder de Kazetoshi antes de matarle.

Ojo por ojo.

Uno de los shinobi encontró a una mujer casi en posición fetal muy cerca de una habitación. La misma no podía emitir ni una sola palabra y su mirada no enfocaba un punto exacto. Era como si estuviese vacía y a la vez cargada de tormentos; sin brillo. Al tocarla se dieron cuenta de que en realidad la pobre muchacha estaba pasando por una crisis emocional que hizo que todo su cuerpo se paralizara. No era culpa de un genjutsu. Solo después de haber entrado a ese cuarto descubrieron la posible causa de su estado.

Lily había dejado de llorar. En su rostro se tatuó la angustia, el dolor y la culpa por haber cometido un crimen que jamás planeó, pero que creyó necesario porque de esa forma protegería a otros de la horrible ambición de su hermano mayor, una faceta desconocida para los guerreros de Hana que confiaban en Taki tanto como lo hubiese hecho Kotoko. Los shinobi no tuvieron problema alguno en constatar la causa de muerte del autor intelectual de varias barbaries: numerosos ataques algo incómodos por la posición de la homicida y de la víctima.

Para mantener a las personas lo más tranquilas posibles, por órdenes de los kage, sacaron a todos los que residiesen allí entre familiares del dictador y empleados. Los visitantes que disfrutaban del cumpleaños corrieron despavoridos hacia lugares de más confort, tal vez buscando la manera de no quedar involucrados en un acto que pasaría a la historia.

Los rebeldes intentaron quemar parte de la ciudad al saber que su máxima exponente había muerto, probablemente por culpa de un nativo de Ren. Kotoko para ellos tenía demasiado espíritu como para terminar con su vida cuando apenas volvería a empezar una nueva. En el frente hubo un choque de poder; los seguidores de Farkas tampoco se quedarían con los brazos cruzados, comenzando por el único hijo 'bueno' que le quedó. Bueno porque podía caminar, mas no razonar demasiado porque su impulsividad se lo impedía.

Sin más samuráis en el medio, fue sencillo poner un alto a los ataques furtivos de ambos bandos.

Los ninjas contaban con algo de tiempo para proteger a la población del centro y con ayuda de otros rebeldes menos dolidos se pudo contener las revueltas de las zonas exteriores. En la fortaleza de Monterrey yacía un gran número de soldados, tenientes y uno que otro general de Tetsu que no lograron escapar. Toshin yacía en una celda distinta a Kintana; el primero continuaba sin consciencia pero con el corazón latiendo y el segundo hubo aceptado su error. Si bien pudiera valerse de sus habilidades de sangre para armar un desorden y recuperar su espada Caldaria, no lo haría. Kaguya era un hombre de palabra y su misión para con el Shogun había fracasado. Merecía morir.

Lily también estaba recluida y Louise se encontraba con ella. La trabajadora solo después de varias horas logró recomponerse lo necesario para poder ayudar a su señorita. Logró limpiarle de la sangre de su fratría, al menos diluirla con agua porque de su memoria jamás se iría. La más joven tampoco era absorta de la realidad aunque lo pareciere. Si le preguntaban su nombre lo diría claro; solo que si trataban de hacerla contar lo que pasó, enmudecía.

El único que no estaba en una celda era el hijo enfermo del falso chivo. El más amado después de su hijo muerto, el mayor. Ese sí que no tenía idea de los acontecimientos, sin embargo sentía en su interior que algo muy malo sucedía y por alguna razón que jamás podrá explicar con el habla, juraba tener un hoyo en su pecho. Uno sentimental.

—¿Qué pasará con la isla? —preguntó uno de los varios shinobi a los mandatarios del Agua y el Fuego. Después de una jornada ayudando a los más necesitados en el hospital, Hikari se unió a Pecas en la residencia de Farkas. Ellos y los rebeldes se encontraban allí tratando de tener una junta.
—¡Los samuráis deberían ser ajusticiados frente a todos!
—Tal y como lo hicieron con nosotros durante mucho tiempo
—secundó otro joven de Hana—. En honor a Kotoko y Taki debemos hacerlo.
—Se sacrificaron por nuestra libertad, así como nuestros padres y demás familiares…
—dijo otro de misma procedencia con lágrimas en los ojos.
—Hay unos cuantos de Ren que también deberían morir en la plaza… —y así se inició un revoltijo de comentarios de muchos presentes con el corazón hinchado por tanto dolor de tantas heridas.
—No vamos a llegar a nada —el Hokage habló solo para que su homóloga le escuchara—. Están muy dañados por el tiempo que duraron siendo esclavizados.
—Yo no los culpo si quisieran despedazar a los samuráis y echarlos de comer a los animales salvajes
—Kyoko también trató de no hacerse escuchar demasiado—. Es lo mismo que nosotros sentimos.
—Pero hay algo que no podemos obviar
—Nashla no quitó la mirada del frente, donde se amontonaban los luchadores de la libertad—: conseguimos dos piezas valiosas del shogunato.
—Y por eso debemos destruirlas
—Hori apretó el espaldar de la silla que ocupara su esposo.
—No —Uchiha se puso de pie en pos de motivar a sus más cercanos a seguirla—. Si las destruimos le haríamos un favor al Hierro.
—Es verdad
—el rubio bajó la mirada como si le molestara admitir que la vida de los hijos del frío al final les sería de utilidad—. Pero no será fácil convencerles de… —no culminó de decir lo que pensase al respecto porque terminó por reflejarse en las pupilas zafiro de Yuusha—. Por supuesto. Estoy frente a la mejor ilusionista de Modan.
—¿Fuiste capaz de dudar de Nacha?
—La Koton levantó una ceja, quizás ambas al tratar de hacerlo con una.
—No —suspiró con pesadumbre—. Solo no me pasó por la cabeza que recurriríamos a esos métodos.
—Nuestros métodos
—la azabache recargó una mano sobre el hombro derecho del mandamás de Konoha—. Al final nuestra misión siempre se trató de ayudar a esta gente a deshacerse de los samuráis y eso hicimos y terminaremos de hacer.
—¿Sucede algo?
—Cintia había salido al pasillo acompañada del hermano de Kotoko, quien tuviera una expresión todavía adolorida por el luto. Uchiha negó a nombre de todos, explicándole que por la euforia de los presentes tuvo que salir brevemente junto con el otro líder de aldea y su esposa para comentarles algo que más pronto que tarde les haría saber a los demás.

[…]

Para no abusar del chakra, se pidió a varios shinobi que invocaran aves mensajeras hacia el país del Agua. Allí estaría esperando Hogaku y este podría gestionar la salida de varios barcos para que fuesen a recogerles a la isla. Tardarían días en llegar, tiempo que esperasen fuera suficiente para poder dejar las cosas más o menos resueltas respecto a la población. Todos los días, Hikari y un equipo médico trataba de hacer que Lily hablase… pero lo más lejos que llegaban era escucharle decir cosas básicas. A veces tenía pesadillas en las que gritaba con mucha desesperación que la dejaran en paz y solo en un par de ocasiones vociferó el nombre de su familiar.

Louise tampoco ayudaba mucho. Lo único que decía era que había dejado a solas a Lily con su pariente por ser hermanos; nunca hubo problemas entre ellos que requiriesen la atención de un tercero por si se desataba alguna riña. La mujer se convencía de que lo estaba haciendo cada vez mejor porque los de Modan siempre parecían quedar “satisfechos” con sus cuentos, no insistían ni le echaban en cara que estuviera mintiendo. Pobre ilusa, si la especialidad de un ninja en muchos casos era el arte de la mentira.

—Estamos perdiendo el tiempo, Hokage sama —el aludido lavaba sus manos para desinfectarlas antes de atender a la pequeña hermana de Francis—. Los barcos de Tensai podrían llegar en cualquier momento y no podemos irnos sin saber lo que pasó. Podemos hacerla hablar por la fuerza…
—Antes de marcharnos, te prometo que sabremos todo y por boca de la misma niña
—porque por alguna razón, Horu tampoco había usado sus habilidades en la chica invalida.

Por otra parte, Pecas trataba de recopilar información sobre el dictador a través de los empleados de la gran casa. Al mismo tiempo estaba pendiente del proceso judicial de los colaboradores más cercanos de Farkas, quienes igual debían cumplir una sentencia. Kyoko era la encargada de evitar que en la sala del juzgado no se armara un reperpero. Todos allí eran conocedores de los devastadores poderes de la kunoichi.

—Sugiero que solo se deshagan de los samuráis y que los ayudantes del tirano paguen en prisión —Cintia estuvo a punto de refutar la sugerencia de la Mizukage. Ambas mujeres conversaban fuera de la sala—. Sé que vas a decirme que el pueblo pide justicia y que esa justicia es matar a todos los que representen o les recuerden al dictador.
—Si lo sabe, ¿por qué me pide algo que no queremos hacer?
—Porque es lo que Kotoko pediría
—Nashla y la mujer semi calva echaron un vistazo al mismo lugar. Detrás de la Nidaime se asomó Mikage. Para la no ninja fue inesperado ver al muchacho allí, diferente para la kunoichi—. Sí queríamos venganza pero no una porque sí. Nuestra intención primera era terminar con el gobierno de Farkas y eso es lo que hemos logrado. Matarlo luego y ya no es necesario. Y que los ninjas nos liberaran de los samuráis… —dio los pasos necesarios para colocarse al lado de la Meijin—. Ren fue manipulada por ellos. Fueron víctimas también.
—Eres un crio sentimental…
—Él tiene razón
—tanto Mikage como Cintia miraron a la de Mizu—. En la solicitud que nos hiciera llegar Taki nos pedían explícitamente intervenir para liberarlos del poder del Shogun y eso hicimos.
—¿Qué quieres decir?
—No podemos inmiscuirnos en lo que decidan hacer con las personas allegadas a Farkas, pero sí en lo que pretendan hacer con los samuráis.


Y desde el interior de la sala de juzgados se escucharon varios gritos de una mujer que clamaba perdón por su marido sentenciado a morir guillotinado.

—Esos malditos nos hicieron mucho daño —miraba directamente a los ojos de la kage y esta le correspondía.
—Me lo dices a mí… pero ustedes depositaron su fe en Taki, confiando en sus movimientos —la calva apretó los dientes—. Confíen en nosotros ahora.
—Solo si no los dejan libres.
—Mizukage
—Mikage tocó el brazo más próximo de la mandataria—. Deben ayudarme a que no se cometan más homicidios solo por odio.
—Mejor retírate de este lugar
—Cintia le tomó de un hombro, llevándolo a dar pasos hacia atrás en pos de alejarlo de Uchiha.
—¡Por favor!

La salida de la tarde empezaba a gobernar el cielo, tiñéndolo de sus colores característicos dignos de ser proyectados en algún lienzo. Las calles continuaban apagadas, salvo por el ruido de los que se encargaban de rastrear a los que se escondían; la historia invertida. Antes de regresar al palacio de Farkas, Nashla decidió dar una vuelta por la fortaleza y muy cerca de la entrada una persona encapuchada interceptó su camino. La ninja no hizo ademán alguno ofensivo porque al ver parte del rostro de quien estuviera a su frente, supo que se trataba de la mujer que Kyoko y ella salvaron de la bijuudama.

—Quiero saber cómo está…
—Derrotado
—solo Jade mostró una expresión acongojada, porque lo que fuera Pecas nada podría sentir hacia ningún adepto del Shogun—. Esta no es la primera fechoría que Kintana comete en nombre de su líder —la otra terminó de agachar la cabeza—, por lo que deberá ser juzgado y luego…
—No lo maten, por favor…
—sus hombros comenzaron a temblar—. Él solo seguía órdenes…
—Esas órdenes perjudicaron a mi linaje, a mí y a tu pueblo, ¿no lo ves?
—Entonces la enfermera subió la cabeza, dejando ver sus mejillas empapadas. —Él siempre supo lo que hacía.
—No pido que no lo castiguen… solo que no lo maten
—Uchiha no sabía por qué ver el rostro de aquella mujer le resultaba muy incómodo—. ¿O es que los ninjas no han pasado por lo mismo? Todos tenemos derecho a rectificar nuestro camino…
—Por eso es que personas como tú no están al poder de alguna nación
—su receptora ahogó un suspiro, llevando una mano a su pecho—. De todos modos, tu manera de pensar es correcta.
—Y usted parece estar de acuerdo conmigo.


Nash no continuó la conversación, simplemente avanzó hacia el interior de la prisión y antes de alejarse por muchos pasos de Jade alzó una mano para indicarle que la siguiera.




Haré otro post después del tuyo Hevans~ Kari Walker
 
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