Rol Libre Día importante | Amayah Nomura

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Morpheus's Dream ♚
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Registro: Amayah Nomura.
Nombre del RL: Día importante.
Descripción del RL: El 29 de febrero es un día único que sólo se ve cada 4 años, hace 16 años nació su mejor amiga. Con permiso de la escuela, Maya se dirige a Tokio para celebrarlo como nunca antes lo había podido hacer... a pesar de que a Jesbell no le guste.
Modalidad: Privado.
 

Morpheus's Dream ♚
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Tenía prisa. Para los demás era un día común, pero para ella era demasiado importante. A pesar de ser martes y que el horario de clases apenas había terminado, Maya corría. Solía ser la última en salir del aula, tomándose su tiempo para recoger sus cosas sin prisa, pero ese día tiró todo sin orden dentro de su mochila y salió corriendo tan pronto el profesor dio el aviso de que la clase había acabado. Sus compañeros y el mismo maestro la miraron con asombro, pero no tenía tiempo qué perder, ya mucho había perdido asistiendo al ser tan responsable.

El orden en sus cosas le trajo calma, y la respuesta a la pregunta que todavía no se había formulado se materializó a su lado.

—¿Necesitas un aventón? —le preguntó Yael, divertido.

Amayah le miró. No solía correr muy seguido, por lo que el ejercicio le estaba costando bastante, sin embargo, el muchacho no tardó mucho en entender.


—Cierra los ojos y sólo sigue adelante —le aconsejó. Cerró los ojos.

Luego de sentir una caricia del viento los abrió y llevó la mano a la puerta de su habitación para abrirla, sin pensar en nada más. Tras entrar, se sacó el uniforme en tiempo récord.


—¿Por qué tienes tanta prisa?

Se habría sorprendido si no supiera que la puerta todavía tenía un resquicio minúsculo abierto que le permitía percibir las vibraciones del exterior. Era imposible que Yael fuera capaz de verla.

—Es el cumpleaños de Jesbell.
—¿En serio?


¡¿Por qué las yukatas debían tener tantas partes?! Al menos era
corta, porque todavía tenía que correr y necesitaba sus piernas libres. Le gustaría decir que llevaba los colores favoritos de su mejor amiga, pero aunque ella respetaba esa tradición familiar, solía valerle muy poco cuando tenían que ver consigo misma. Aun así, Maya le haría tributo… aunque fuera de una manera muy simple y con el intento más alegre.

Le alegraba mucho ser tan organizada. Tomó el pequeño bolso que había preparado con antelación y abandonó la habitación con la misma prisa con la que entró, dirigiéndose a las escaleras.


—¿Te llevo hasta el tren?
—Oh, no. Recuerda que tenemos prohibido usar nuestros quirks fuera del territorio de la escuela.
—Pero nadie lo sabrá.


Le dedicó una sonrisa.

—Yo sí. Muchas gracias por la ayuda, Yael, pero en serio tengo que irme. Nos vemos mañana, ¿sí?
—Seguro.


Lo dejó en las escaleras aunque lo correcto sería decir que él la dejó a ella, y tan pronto terminó de bajar corrió hacia las puertas de la academia. Tenía bastante control de las vibraciones a su alrededor para evitar todo obstáculo en su camino, no obstante…

—¡Ay!
—¡Uff!… Te tengo.


Amayah abrió un ojo antes de abrir también el otro. Estaba bien, no cayó al suelo… pero tampoco estaba muy lejos. Lo rozaba con los dedos de una mano. Tenía las piernas completamente estiradas, tensa, y todavía la tomaban de la muñeca. No tardaron en tirar de ella para que estuviera de pie. ¿Con quién se había chocado?

—Ah… Taishi… Lo siento.
—No, no. Perdóname tú.
—Iba con prisa, yo-
—Te ves muy bonita —
murmuró, apreciando la innata belleza física de su compañera, que aumentaba gracias a su vestuario.
—Uhm… gracias… pero tengo que irme —se giró para continuar con su camino.
—¿Te vas de Rengō? —el hermano gemelo del fastidioso Honō la siguió, curioso—. ¿Es importante?
—Sí, es importante —
suspiró, extrañada por el interrogatorio, ignorante del hecho de que cualquier cosa que el moreno pudiera saber sobre ella era información valiosa que negociar con su amigo árabe—… Es el cumpleaños de mi mejor amiga, Jesbell —ni siquiera sabía por qué se lo decía—. Creo que la conociste en mi cumpleaños.
—Oh… —
más sorprendido todavía, Taishi se quedó estático en su lugar—. En año bisiesto, qué curioso…
—Sí.
—¡Buen viaje!


La azabache se detuvo para verlo. Le preguntó con sinceridad, tal vez por eso le dijo la razón de su prisa, pero algo en sus vibraciones había cambiado. El peliblanco se veía bien, sólo que su expresión era un tanto…

—¡Maya!
—¡Ah, sí!


Aún sumido en su repentino pensamiento, Taishi fue capaz de capturar en vídeo la partida de su compañera de clases. Se veía demasiado bonita y conocía bastante bien a alguien que hasta le pagaría por ello.

—¿Todo listo? —el pelirrojo agradable que siempre la acompañaba llevó una mano a la espalda de la joven, instándola a avanzar.
—Sí. ¿Estamos a tiempo?
—Sí, no te preocupes por eso, vamos.


Y el vídeo se acabó cuando la perdió de vista. Al menos consiguió atraparla de perfil. Aunque haber tenido una foto de frente hubiera sido una victoria absoluta. El joven suspiró profundamente. ¿Maya sería de las chicas que publicaban fotos de su apariencia en sus redes sociales? Quizás así podría conseguir la foto en esa yukata para Rashidi… Presionó el pulgar contra su frente. “Conque el cumpleaños de Jesbell, ¿eh?”.


Lazy Lazy
 
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A pesar de que pudo grabar a su compañera antes de que se fuera, Taishi Honō se hallaba divagando por la información que Maya le había otorgado en ese momento. Sus pensamientos se encontraban centrados en lo que le habían dicho de la hermosa chica de ojos rojos que tuvo la dicha de conocer aquel día en el que Nomura cumplió los dieciseis. Tal vez… Tai suspiró con una sonrisa, lo que pensó podría ser demasiado loco y estúpido de su parte, por lo que simplemente decidió alejarse para ir a disfrutar de la tarde… Pero podrías… Las cejas se levantaron al igual que las comisuras de sus labios, la sonrisa en su rostro era un perfecto reflejo del entusiasmo que aquel pensamiento le generó.

Subió las escaleras rápidamente para ir a su habitación, todavía llevaba el uniforme de la escuela y si quería salir de la misma, entonces el muchacho tendría que cambiarse y usar un yukata. Tomó el primero que vio en el armario de su cuarto y luego lo dejó en la cama para posteriormente comenzar a desvestirse. No tenía prisa, pero de todas formas se apresuró para cambiarse la ropa, después de todo, tenía mucho que hacer en esa tarde. Cuando se cambió, el muchacho se miró en el espejo y se acomodó el cabello echándolo a un lado. Sonrió y caminó hasta la puerta para salir.

¿Vas a salir?

Rashidi apareció a su lado, caminando al mismo ritmo que él.

Sí, tengo algo que hacer.
Creí que ibamos a jugar futbol esta tarde con tu hermano.
Pues supongo que lo dejaremos para otro momento, Rah. En serio, lo que haré es mucho más importante —no quería decirselo, porque seguramente se lo contaría a su hermano y él sí armaría un escándalo, así que pensó en una forma de quitarse al curioso árabe de encima—. Saldré con una chica a un motel —Lalbay rodó los ojos, a veces olvidaba que ese par compartían ciertas tendencias.
¿Y ahora?
Nada —comentó el albino mientras llegaba al lobby de la residencia—, vas, juegan sin mí y se divierten como siempre.
No puedo creer que tú y tu hermano en serio prefieran una vagina a estar con sus amigos.
Rah… —Honō menor rió divertido—. Cuando consigas estar con Maya, y no dudo que lo logres, tú nos abandonarás.
Eso no es cierto —Rashidi frunció el ceño.
Amigo, estás enamorado claro que pasará.
Pero tú no estás enamorado de esa chica —fue ahí cuando Taishi subió la mirada, como si estuviera pensando en aquella posibilidad.
¿Quién dice? —Cuestionó con una sonrisa antes de apresurar el paso y dejar a su amigo atrás y con muchas preguntas.

Tras eso, Taishi salió de la residencia de la escuela con dirección a la parada de autobuses.

El viaje fue bastante beneficioso para él, pues le había servido enormemente para decidirse de una buena vez qué le daría a la bella chica en su cumpleaños. Estaba demasiado ansioso, parecía como si no fuera la primera vez que le obsequiara algo a una chica…. bueno, la verdad es que sí era la primera vez que regalaba algo como eso.

Verán, la familia Honō tiene una extraña costumbre en la que a las chicas se les regala un anillo. Puede tener varios significados pero el primordial, el único que no puede faltar es el de representar lo en serio que va el miembro de la familia en la relación. Pero… ¿cómo saber que la otra persona era la indicada? Fácil, instinto. El padre de los gemelos lo hizo con su madre y ahora Taishi lo haría con Jesbell. Lamentablemente, el único que no cumplía con la norma de regalar un solo anillo era Eishi, pues éste simplemente utilizaba esa tradición para cortejar con éxito a cualquier chica. Qué desperdicio, pensó el moreno mientras pensaba lo que hacía su hermano con una tradición tan inusual y bonita.

Suspiró, eso no era asunto suyo y ya había alguien que extrañamente se estaba haciendo cargo de su hermano.

El chico entró a la joyería del centro comercial e inmediatamente pidió que le mostraran la sección de anillos del local, pues su única intención era encontrar el objeto para la chica de hermosos ojos rojos. Habían tantos ejemplares y cada uno era tan o más precioso que el anterior, decidirse sería una tarea complicada pero no imposible.

¿Puedo sugerile que…?
Disculpe, me gustaría escogerlo yo —Taishi interrumpió a la dama frente a él y le sonrió—, es para una chica y sería más significativo si es cien por ciento de mi parte.
¡O-oh! Claro, disculpa.

La mujer calló y dejó al chico para que pudiera escoger tranquilo la joya para esa personita especial. Taishi volvió su atención a la vitrina y reaunudó su selección. A pesar de ser unos accesorios tan bellos y finos, ninguno llamaba la atención del muchacho. Estaba a punto de rendirse e irse a otra joyería para probar suerte, pero sus ojos se posaron sobre uno mucho más sencillo y menos sofisticado que el resto de los que se hallaban ahí bajo el vidrio de seguridad.

Quiero ese —exclamó el muchacho mientras la mujer de uniforme se le acercaba y tomaba la bandejita con las sortijas.
¿Lo quiere en caja o en una bolsita?
En una caja sería fantástico, señorita —le sonrió mientras sacaba su celular para pagar el monto del anillo.

Una vez pagado el regalo de Jesbell, Honō menor se dirigió a la correspondencia, pues no le iba a entregar a Maya un objeto tan valioso como ese y no porque desconfiara de la chica, para nada; realmente lo hacía así porque no sabía cuándo se verían aquel par de amigas. Quería que la joven Michiko tuviera su obsequio de cumpleaños lo antes posible.

¿Tienes la dirección?
¿Sirve la dirección de una escuela?
Mmm… sí, sólo tienes que colocar para quién está dirigido el paquete.
¡Oh! Por supuesto —exclamó Taishi sin preocupación—. ¿Disculpa? —El muchacho de gorra le miró—. ¿Puede darme un papel? Quisiera esciribirle una carta para que se envíe junto al regalo.
Claro, amigo —el empleado sacó de su escritorio un lapicero y una hoja de papel.


¡Eh! Probablemente este obsequio te llegue uno o dos días después de tu cumpleaños, pero seguirá teniendo el mismo sentimiento. Tal vez no me recuerdes y quizá te preguntes cómo me enteré de tu cumpleaños, pero es un secreto de estado, hermosa. Espero que pasaras tu día especial como esperabas, sobretodo porque tu día SÍ que es especial; que tu cumpleaños fuera tan maravilloso como espero y que lo disfrutaras junto a tus seres amados.

Espero que te guste mi regalo. Con mucho aprecio, T. H.

Tras firmar, Taishi entregó la carta y la cajita con el anillo a los encargados de hacerle llegar su regalo a preciosa cumpleañera.



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Morpheus's Dream ♚
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Cuando Maya llegó con Rowan a la parada de autobuses, se encontró una escena muy peculiar: el medio de transporte no podía moverse porque su otro guardaespaldas, Markus, se hallaba plantado frente a él con los brazos extendidos.

—¡Vamos, hombre! —le gritaba el chofer tras hacer sonar un par de veces la bocina—. ¡Tengo una ruta que cubrir!
—¡Sólo le pido que aguarde un minuto! ¡Es muy importante! ¡Hará muy feliz a una niña!
—¡Vamos! —
la urgió Tranum, sacándola de su ensimismamiento—. No hay tiempo que perder.

Amayah espabiló y se apresuró a la puerta del autobús, llamando la atención del conductor al tocarla. Éste se sorprendió un poco porque hacía unos instantes ahí no había estado nadie y de repente veía a una adorable jovencita haciéndole gestos para que la dejara entrar. El hombre abrió la puerta y la joven Nomura subió seguida de la dupla de pelirrojos.

—Muchas gracias por aguardar. Lamento haberle ocasionado molestias —la escuchó disculparse, haciéndole una agradecida reverencia. La acción lo dejó perplejo, ¿los adolescentes seguían siendo tan educados?
—N-No se preocupe, por favor póngase cómoda.
—Muchas gracias —
le sonrió previo a pasar su tarjeta para pagar el monto y así acceder a la parte de los asientos del vehículo. Markus y Rowan hicieron lo mismo después de dedicarle un gesto de agradecimiento al señor, cada uno a su manera.

Tuvieron el último asiento para ellos solos, por lo que pudieron sentarse cada uno a un lado de su pequeña protegida, que soltó un largo suspiro.


—No te preocupes —la reconfortó Rowan—, estamos a tiempo.

**

A tiempo era una expresión muy relativa. Podía llegar a tiempo para cuando saliera de clases o a tiempo de encontrarla en casa. Estar a tiempo para cuando estuviera lista para salir o a tiempo de salvarla de los fatídicos pensamientos en los que sabía que se sumiría apenas tuviese la oportunidad. No le gustaba la frase porque era consciente de que nunca iba a estar a tiempo.

—Fue muy bizarro —empezó a contarle Jes cuando se vieron—. Sé que en una escuela normal todos se conocen y van juntos hasta la graduación, y que probablemente haya sido raro para ellos no recordar haber celebrado ninguno de mis cumpleaños, pero tampoco era para que se unieran todas las secciones de primero a organizarme una fiesta. Fue tan… ¡asombroso! —intervino Bell, emocionada—. ¡Todos querían hacer algo conmigo! Organizaron muchas actividades y juegos aunque el receso sólo duraba media hora… ¡e incluso algunos maestros se unieron también! Con la excusa de que éste es un día especial y no se ve tan seguido~. Como si cada cuatro años no fuera algo muy seguido —bufó Jes—. Preguntaron por ti, Mayita —Bell se abrazó a su brazo—. Fue una fiesta muy solitaria sin ti.
—Pues suena a que te divertiste bastante —
comentó, entretenida.
—¡Sí! ¡Fue sensacional!
—Como te la pasaste tan bien… ¿me dejas estar con Jes?
—Seguro. ¡Gracias por venir! —
le besó sonoramente la mejilla.

Pero paulatinamente, lentamente, la chica de ojos rojos se desligó de su mejor amiga para caminar con normalidad. Maya no pudo evitar sonreír, deteniéndose sólo para abrazarla.


—Feliz cumpleaños, Jes —la presionó con suavidad.

La aludida no tardó en corresponderle el gesto, conociendo que mucho no lograba si trataba de rebatirlo.


—Muchas gracias, Maya…
—Tienes el pelo precioso —
le comentó al separarse, tomándole un mechón de cabello para sentir la suavidad en sus dedos—, pero me he enterado de que te quejas mucho del olor. Podríamos empezar por eso —bajó la mano a la de su amiga para empezar a caminar—, seguro encontramos un shampoo que te guste.
—¿Iremos de compras? ¿No es algo muy soso para un cumpleaños?


Yahra se detuvo para mirarla.

—¿Tienes algo mejor que hacer? Soy toda oídos.

La seriedad con la que esa oración fue comentada provocó en la cumpleañera un estallido poco usual de risa.

—¿En serio? —le cuestionó mientras recogía una lágrima con la mano libre—. Qué graciosa.
—¿Entonces? —
la joven Nomura mantuvo la expresión, sonriendo por dentro ante lo que había conseguido.
—No, sabes que no tengo nada mejor que hacer. En realidad, eso está perfecto.
—¡Entonces vamos por ese shampoo! —
extendió un brazo arriba con el puño cerrado, volviendo a caminar.

Jes sólo sonrió, consciente de que cualquier actividad con su mejor amiga, por más sosa que fuera, se volvía completamente especial.


—Ignoraremos todos los que tengan fragancia de fresas o frambuesas —comentó Amayah cuando llegaron al pasillo de productos para el cabello, tomando uno de los recipientes para abrirlo y acercarlo a su nariz—. Hmm… el coco huele bien —se lo extendió a su amiga, todavía buscando—, pero creo que la vainilla te gustará más. El aroma es muy sutil y si lo captas seguro no te molestará.

Michiko sólo se mantuvo observando, siguiendo con la mirada a la chica, recibiendo potes que tras oler debía cerrar. Rechazando unos y aceptando que la vainilla era el claro ganador.

—Bueno, podemos ir a tomar algo, ¿verdad? A menos que necesites algo más. ¿Pasamos por el departamento de ropa interior?

Sabía por qué lo hacía. Maya tenía influencia femenina en su vida: su madre, su hermana fashionista, incluso una amiga de la escuela de héroes; ella, en cambio, sólo tenía a Maya. Era la única persona con la que podía hablar de cosas de chicas, de todo lo que implicaba el cuidado y la belleza femenina. Y usualmente tocar el tema de forma tan directa la hacía sentir triste, especialmente porque ya no podía contar con Maya todo el tiempo.

—No, no necesito nada. Creo que puedo tomar algo dulce.

Yahra se detuvo para mirarla, extendiendo una mano a su frente para averiguar si sufría de fiebre.

—… ¿Te sientes bien?
—¡Sólo un poco! Tal vez se me bajó el azúcar.




—¿Eso es lo que consideras un poco de azúcar? —Amayah frunció el ceño, señalando la cantidad de crema batida que su mejor amiga tenía en el vaso.
Es un poco de azúcar —asintió. Sacó la pajilla para llevársela a la boca, probando así su
frappé de té verde y dándose cuenta de que ni se sentía la crema—. Comparándolo con tu bebida…
—¿Qué tiene mi bebida? —
se quejó Maya, observando su
malteada de chocolate blanco con menta.
—Te vas a dar un shot de azúcar. Te la dispararás por los cielos y no es una buena temporada, vas a recibir muchos dulces y te abarrotarás de chocolates. Te van a salir espinillas —le señaló el rostro— y no necesitas más calorías.
—¿De qué estás hablando? ¿Calorías? ¿Desde cuándo las cuentas?
—Desde que tienes mucho de esto —
bromeó, estirándose sobre la mesa para hincar un dedo en uno de sus pechos. La de ojos dorados emitió un ahogado sonido de sorpresa, cubriéndose con los brazos—. No necesitas inflarte más.
—¡E-Es-Estoy bien!
—Lo sé —
asintió, alzando las cejas mientras la miraba—, muy bien.
—¡Ya basta! —
se quejó, haciendo una bola con una servilleta para lanzársela.

Jes no evitó reír, entretenida. Desvió el proyectil para tomar de un plato frente a ellas una gyoza, llevándosela a la boca para darle una mordida. Andar por el centro comercial no le abrió precisamente el apetito, pero realmente se encontraba disfrutando de la tarde. Su mejor amiga también comía de las gyozas, pero tenían otro plato con onigiris que pidió para sí.


—Espero que todo esto te aplaque todo el dulce que tiene esa batida, no queremos que-
—¡Jes, ya para!




—Estuvimos en el centro comercial, ¿sabes que pudiste haber comprado algo de ropa?
—No lo pensé, ¿sí?


Jes dejó de mirar a Maya cuando ésta se sacó la yukata para ponerse una de sus camisetas, dirigiendo su atención a la pantalla de su tableta. Debía escoger una película, pero todas le parecían aburridas. Tras la pequeña compra y el improvisado almuerzo, terminaron yendo a casa, a la suya. Realmente no tenía idea de qué hacían Rowan y Markus en la sala, la cocina o el patio, pero andaban por ahí, y no importaba lo amigas casi hermanas que fuera con Maya, seguía incomodándola que estuviera en su casa, aquel espacio tan reducido y triste, especialmente si se comparaba con su preciosa casa.

—No hagas eso.

La mirada rojiza se elevó para ver a la susodicha acercándose a la puerta para cerrarla antes de acompañarla en la cama. La verdad era que sí parecían hermanas, eran físicamente muy parecidas. Aunque cualquier tipo de ropa, por más simple que fuera, le quedaba perfecta a Maya; esa camiseta y esos shorts podrían pasar como el último grito de la moda en ella.

—Hoy no vas a pensar en cosas tristes, ¿de acuerdo? —le besó la frente antes de acomodarse a su lado—. ¿Qué vamos a ver?
—Esa —
señaló un título al azar y su mejor amiga lo tocó en la pantalla para ponerla.

Amayah terminó durmiéndose contra su hombro a la media hora y en realidad no le sorprendía. Estuvo exponiéndose a muchas vibraciones y era consciente de lo difícil que era mantenerla “feliz”, realmente no sabía cómo lograba hacerla reír, mucho menos tan seguido. Era un esfuerzo considerable, un trabajo que las personas no entenderían ni apreciarían. La perfecta Nomura se encontraba allí sin importar que fuera día de semana y su escuela se encontrase en otra ciudad, sin tomar en cuenta las asignaciones o responsabilidades que tuvo que dejar de lado para ello. Su mejor amiga-


—¿Qué está pasando ahora? —murmuró, ahogando un bostezo.
—No tengo idea. ¿Sabes qué? Veamos otra cosa.



Mientras abría la sábana de su cama, Jes pudo ver a Amayah hablando con los gemelos pelirrojos a la puerta de su habitación. Estaba guardando el celular en su pequeña mochila roja, recordaba el momento en el que la compraron juntas, y luego la dejaba sobre el escritorio. Se sobresaltó cuando notó que Rowan la estaba mirando.


—Buenas noches, Jesbell. Feliz cumpleaños otra vez.
—Gracias —
se forzó a sonreírle por cortesía, enderezándose.
—Sé que no te gustan los regalos —Markus cambió lugares con su hermano—, pero…

Tuvo que moverse rápido para atrapar el sobre. Dentro habían dos cupones para canjear por dos platos de comida en su lugar favorito, uno para Bell y otro para ella. No recordaba nunca haber expresado abiertamente su preferencia por algún local, por lo que el detalle la conmovió.

—Muchas gracias —presionó el sobre contra su pecho, mirándolo. Él alzó una mano para despedirse.
—Nos vemos mañana.

—Adiós —Amayah cerró la puerta.
—Espera, ¿mañana? —miró a su amiga.
—Sí —se movió hacia la cama—, me pareció que sería más cómodo quedarme a dormir e irnos con el tren de la mañana a irnos a esta hora, así que…


Jes parpadeó, pero fue sobre ella para abrazarla con fuerza.

—No haremos ninguna pijamada, tenemos clases mañana.

—No lo haremos, lo juro.

La joven Michiko suspiró con suavidad, aliviada. Y no por las palabras de su amiga.

Dejó el sobre encima del escritorio antes de regresar a la cama. No era tan grande como para que las dos durmieran a gusto, pero ya se las arreglarían. La idea le traía buenos recuerdos.


—¿Todavía necesitas una canción para dormir? —la molestó mientras se metía bajo la sábana.
—Yo no sé tú, pero jamás callaré a mi mamá cuando está cantando.


Jes no pudo evitar reír.

—Lo acepto, yo tampoco.


Maya se había levantado para que su mejor amiga se acomodara. Jes sabía que, estando ella ahí, necesitaría ayuda para dormir. Estiró los brazos para servirle un poco como almohada, rodeándola con ellos cuando la de ojos dorados apoyó la mejilla contra su corazón. Eso le serviría.

—Puedo cantarte —le susurró mientras tomaba un mechón de su cabello—, pero no se lo puedes decir a nadie.


Maya ahora fue la que rio.

—¿A quién querría contárselo?


Entonces Jes le empezó a cantar.

**

Dos días más tarde, Jesbell se encontraba sentada en su escritorio mientras realizaba los deberes de la escuela. Tenía uno de los pies acomodado sobre la silla y el cabello recogido, sostenido con unos palillos. Como la puerta de su habitación estaba abierta, una mujer de tez bronceada pudo asomarse al pasar.

—Jesbell, te mandaron esto de la escuela.

—¿Uhm? ¿Qué?

La aludida se giró para verla con un pequeño sobre en la mano. Se levantó para ir a tomarlo, regresando a su silla después.

—¿De la escuela, dijiste?

—Sí. Dijeron que alguien lo envió para ti allá.
—Gracias, Sabirah.

La mujer continuó con su camino mientras Jes abría el sobre para vaciar el contenido en su mesa. Cayeron en ella una caja negra y una hoja de papel. Frunció el ceño, tomando la nota para leerla.

“¡Eh! Probablemente este obsequio te llegue uno o dos días después de tu cumpleaños, pero seguirá teniendo el mismo sentimiento. Tal vez no me recuerdes y quizá te preguntes cómo me enteré de tu cumpleaños, pero es un secreto de estado, hermosa. Espero que pasaras tu día especial como esperabas, sobretodo porque tu día SÍ que es especial; que tu cumpleaños fuera tan maravilloso como espero y que lo disfrutaras junto a tus seres amados.

Espero que te guste mi regalo. Con mucho aprecio, T. H.”

—¿Qué demonios…? ¿Quién diablos es TH?

Le costó mucho hacer memoria, pero al final Bell fue quien llegó a recordarlo primero.

—¡Oh! ¡Oh! ¡Ya sé! —tomó la cajita para abrirla, sorprendiéndose aún más al descubrir un anillo con un corazón en diamante azul en su interior—. ¿Qué demo-?

—Iug.

Jes tomó las tres cosas -el sobre, la nota y la caja- para tirarlas a la basura. Sin embargo, instantáneamente Bell se inclinó para atrapar al menos la caja al vuelo, estirándose más para sacar la nota de la papelera.

—¡¿Qué haces?! ¡Es un regalo!

—Es acoso. ¿Cómo rayos pudo saber-?
—¡No importa! Si tú no lo quieres, yo voy a quedármelo.

Jes bufó, llevándose una mano a la frente.

—¡Sería lo mismo! ¿Quién demonios es?

—Taishi Hono —rio tontamente—, lo conocimos en el cumpleaños de Maya, ¿lo recuerdas?

Una queja brotó de sus labios.

—¿Todo está bien? —Sabirah volvió a asomarse, con un rastro de preocupación en su expresión. Bell presionó la caja contra su pecho, riendo nerviosamente.
—Sí, no es nada. Lo siento.

—Está bien… —dejó nuevamente a la joven prácticamente bipolar sola.
—Entiendo que se vea aterrador y acosador, pero Jes, es-

—Un anillo. Los anillos implican un compromiso. No es alguien que conocemos, no tiene ningún sentido un obsequio de ese estilo. Suena más a una broma pesada.
—El diamante parece real —murmuró Bell mientras lo examinaba—, ¿quién gastaría tanto por una broma?
—No sabes de joyas.
—Bueno, ciertamente tú tampoco.
—Probablemente no lo volvamos a ver.
—En ese caso, ¿puedo quedármelo como recuerdo?

Jes rodó los ojos, fastidiada, y Bell se levantó de un salto mientras iba a su armario. Sacó de él una pequeña caja con accesorios que había ido obteniendo por amigas de la escuela o la misma Maya. Tomó una cadena para colgar en ella el anillo y así ponérsela al cuello, guardando la nota.

—Nadie tiene que saber que está ahí —lo colocó debajo de la ropa.

—Bueno… eso espero.
 
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