Evento Digimon Festival [20th]

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ORKKRO

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-¿Realmente vas a pasar todo el día ahí recostado?- preguntó finalmente Strabimon tras varios minutos de silencio.

-Si lo hago o no, es algo que no te interesa- contestó el cachorro antes de girar su cabeza en la dirección contraria a la que se encontraba su acompañante.

-Yo solo digo que como mínimo podrías ponerte a leer algo- recomendó el lupino antes de concentrarse de nueva cuenta en su libreto, pues creía que el sagrado simplemente se limitaría a ignorarlo.

-¡Claro! Como puedo tomar objetos- respondió sarcásticamente el cachorro, quien quería iniciar aunque fuera una leve discusión para quitarse el aburrimiento que tenía en ese instante.

-Afuera hay un montón de actividades que podrías realizar sin importar tu forma- comentó el lupino, quien de nueva cuenta había dejado su lectura de lado para concentrarse en la conversación, esto debido a que creía que era capaz de convencer al sagrado de salir aunque fuera un rato.

-Aquí también puedo hacer un montón de cosas- argumentó el Holy al mismo tiempo que se levantaba del suelo para estirarse un poco.

-Caminar y recostarse, todo un mundo de posibilidades- comentó el lupino a modo de broma, aunque a su colega solo le había causado cierta cólera -. Sabes que solo estoy diciendo la verdad- aclaro, mas esta vez con un tono un poco más serio.

-Di todo lo que quieras, pero que sepas que yo me estoy entreteniendo mucho aquí- se defendió el cuadrúpedo antes de comenzar a caminar un poco para desentumir sus patas.

-Entonces será mejor que te deje en paz, no vaya a ser que por estar hablando conmigo te pierdas de toda esa diversión- se bufó de nueva cuenta el Hybrid, únicamente para después concentrarse de nueva cuenta en su texto, pues ya daba por sentado que el sagrado no saldría de su obstinación.

-Por cierto, ¿sabes qué hora es?- cuestionó Plotmon, esperando que ya hubieran pasado al menos un par de horas desde su llegada.

-No lo sé- respondió Strabimon -, pero supongo que no deben ser más de las dos- complementó, generando con ello que el blanquecino lanzara un fuerte suspiro a forma de quejido, únicamente para después recostarse de nuevo, dando con esto fin a la conversación.

Los próximos minutos transcurrieron casi en total silencio, cosa que comenzó a molestar un poco al descendiente de los Juttoushis, ya que si bien, había aceptado pasar todo aquel día con el canino, no quería estar todo el rato metido en esa biblioteca. Por otro lado, el sagrado había decidido por mejor usar su tiempo para planear que cosas haría en su próximo viaje de exploración, aunque sin su libreta, era bastante complicado hacerlo de una forma ordenada.

-Bueno, ya fue suficiente- dijo tras varios minutos el Hybrid al mismo tiempo que cerraba el guion que leía y lo guardaba, cosa que hizo creer al Holy que simplemente se estaba refiriendo al estudio de este. Desafortunadamente para él, pronto sintió como era levantado del piso contra su voluntad.

-¡Oye!- exclamó el canino entre un tono de sorpresa y fastidio -¿Qué demonios crees que haces?- interrogó a la par que comenzaba a forcejear un poco para que su acompañante lo soltara.

-Joe me pidió que te trajera aquí para que socializaras un poco y es un hecho que aquí eso nunca pasara, así que te llevare afuera- comentó el purpura sin más -. Y por cierto, baja un poco la voz, recuerda que estas en una librería- sugirió al mismo tiempo que mejoraba su agarre para también cubrir la boca del blanquecino, pues según parecía, estaba a punto de gritar otra cosa. Posteriormente, salió del lugar rápidamente en dirección a una de las cafeterías que había en el lugar.
 

Belgium

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#4

Con Devien distrayendo a la monja, Belz pudo darse el privilegio de disparar un par de veces con la pistola de juguete, verificando su funcionamiento y la forma de sabotear otro negocio más; el diablillo se mantuvo pensativo, girando el arma entre sus manos para hallar la forma que se adaptara a lo que planeaban. Impmon estaba por reptar hacia un juego mecánico para baby, y tomar la caja de herramientas de un Starmon que al parecer era el encargado del negocio, pero el tiempo apremiaba y pudo escuchar a lo lejos, los llantos más efusivos de PicoDevimon, tomándolo como señal que Sistermon Blanc no tardaría en acudir a la seguridad, y así encontrar al supuesto Pochie.

—Tch —masculló por lo bajo, hasta el momento que su dedo se posó sobre el gatillo. Belz sonrió al encontrar la solución, apretando aquella parte del arma de manera insistente, aplicando fuerza hasta el momento que sonó como un crujido.

El digimon de Mila comenzó a hacer lo mismo con cada arma disponible, jalando con delicadeza los gatillos para que no lucieran alterados por alguna mano traviesa; con el trabajo hecho, ahora sí podía dar la señal que indicara al murciélago que era hora de partir.

—¡Hermano! ¿Dónde estás? —Exclamó el virus de manera llorosa y dramática, atrayendo la atención de Devien.
—¡Pochie! —Respondió el volador, agitando sus alas con prisa hacia la dirección donde se hallaba el dizque baby.
—Cualquiera dice gracias —se quejó la sagrada, aunque por lo menos había roto su rutina del día. Sistermon se dirigió a su puesto, analizando lo poco que le quedaba por terminar y sinceramente, ya deseaba ir a casa a descansar, no vendría mal una oferta para apresurar su anhelo—. ¡Dos por uno! ¡Dispare al objetivo y lleve premio doble!

Los digimon no tardaron en rodear el negocio, siendo un Lopmon el primero en pagar el intento. El conejo tomó una de las pistolas para apuntar un peluche en forma de Babumon, apretando el gatillo sin que disparara ni un proyectil; tanto la monja como el orejudo, observaron con confusión el arma. Blanc estaba por tomar el objeto para verificar su funcionamiento, aunque Lopmon se le adelantó, sacudiendo la pistola y hasta dándole golpecitos, ocasionando el desastre.

—¡Cuidado, agáchense! —Bramó Sistermon, lanzándose al suelo, debido a que el arma del conejo comenzó a disparar tal cual ametralladora.

El orejudo comenzó a girar por la potencia de la pistola en sus manos, chillando y pidiendo disculpas a cada proyectil dirigido a algún inocente. Starmon se agachó para eludir una bala de plástico, aunque debido a ello, uno de los disparos dio de pleno al botón de la ruleta que albergaba ciertos baby; los llantos de los pequeños no se hicieron de esperar, debido al aumento de velocidad, para escándalo de los que cuidaban de los seres digitales.

—Nuestro trabajo está hecho~ —canturreó Devien para asentimiento de Belz, el mismo que lucía bastante gustoso de la vuelta a sus viejos hábitos.

—¿Entonces? ¿Un puesto de comida? —Inquirió Impmon.

—¡En marcha!

Ambos diablillos nuevamente se retiraron hacia otra zona de la feria, y así librarse de las sospechas. Justamente se toparon con un negocio de alimentos, y para buena suerte del par, el Agumon encargado se encontraba verificando el pedido de insumos que le habían traído. Sería una lástima que alguien entreverara el azúcar con la sal.


Mirae Kiyoe
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Moonchild
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Devien
#5

Ese par no tenía la menor intención de detenerse pronto. Al paso que iban, dejarían todo el festival sumido en el caos. Aún mientras caminaban hacia el puesto de comida, podían escuchar los ruidos que las victimas de la última fechoría que hicieron, para satisfacción de ambos pilluelos. Al frente, el Agumon que recibía los pedidos estaba encorvado revisando una caja de contenido desconocido, gruñendo algo para sí mismo.

—Señor, deme una orden de dangos —solicitó Belz con su mejor voz angelical.

—Dame un minuto, chico, estoy revisando algo —pidió el Agumon por encima del hombro.

—Qué mal servicio —se quejó el diablillo con un puchero. —La comida igual debe ser mala.

—¿Qué has dicho? —
preguntó el Agumon, volviéndose con ligera molestia. —Solo te he pedido que esperaras un momento, no hay necesidad de ser tan grosero.

—No se ofendería si fuera mentira —
dijo Impmon, sacándole la lengua.

—Virus tenías que ser...

—¡¿Cómo?! —
se exaltó el aludido, frunciendo el ceño.

Seguro de que Belz hacía enojar al vendedor lo suficiente para que no reparara en él, Devien voló bajo hasta los ingredientes y comenzó a examinarlos. Intercambió la harina, el azucar, la maizena, la sal y cuanta cosa en polvo encontró. Cada vez que Agumon intentaba terminar la discusión Belz insistía, diciendo alguna otra cosa para hacerlo molestar más, lo que dio tiempo a Devien de ponerse a juguetear con los extractos, la leche, el vino y otras cosas similares. Estaba a punto de irse cuando vio un bote de salsa y se le ocurrió la brillante idea de materializar una de sus jeringas y mezclar el contenido con la salsa; con el veneno tan diluido, nadie comería suficiente para estar en peligro, pero sí le daría malestar. Sonriendo ampliamente el murciélago se alejó del puesto y silbó, avisando a Belz que podía retirarse.

—Creo que ya no quiero los dangos —comentó este alegremente, dándose media vuelta.

—¡¿Para qué fastidias tanto entonces?! —le espetó el Agumon, pero el diablillo ya se había perdido entre la gente.

Cuando el dúo se encontró, hicieron un high five y luego el alado ayudó al diablillo a encaramarse a lo alto de un puesto hecho de metal, desde donde tenían buena vista de lo que pasaba dentro del puesto de comida. Agumon estaba intentando preparar más de sus productos, pero por algún motivo las masas le quedaban hechas un pegote raro, las carnes sabían dulces y el vino se había vuelto blanco. Ya estaba frustrado cuando apareció un cliente pidiendo dangos; Agumon se los sirvió, los bañó con un poquito de salsa y el Floramon comenzó a comerlos ahí mismo; iba por el segundo dango cuando de pronto se puso de un color raro y vomitó justo frente al puesto, para alarma del vendedor.

—Supongo que al final sí era mala la comida —se burló Belz con sorna. Devién solo se rió, mirando al Agumon correr para ayudar al otro digimon.

—¿Qué le pusiste?

—Virus de mis jeringas.

—Me agrada como piensas —
sonrió Belz.

—¿Continuamos?

—Creo que necesito que algo se derrumbe —
propuso el diablillo.



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ORKKRO

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-¿Se puede saber qué diablos se supone que estás haciendo?- gruñó de pronto Plotmon apenas el Hybrid lo soltó a las afueras de la librería.

-Ya te lo dije, solo sigo las instrucciones de Joe- comentó Strabimon, quien se veía notablemente más alegre por encontrarse en lo que él consideraba el verdadero Festival.

-¡No me importa qué demonios te dijo Joe que hicieras, bájame!- gruñó de nueva cuenta el sagrado antes de soltarle una fuerte mordida al purpura, no obstante, debido a que su defensa era bastante más grande que la de los ataques del Child, este casi ni se inmuto.

-¿Quieres dejar de pelear y gritar?- interrogó el bípedo.

-Dime un solo motivo por el cual debería de hacer eso- contestó el blanquecino, el cual comenzó a moverse de forma más brusca para soltarse del agarre.

-Porque estas molestando al resto de los visitantes- respondió el morado, consiguiendo con esto que el Holy finalmente viera los alrededores, solo para ver que varias personas se encontraban viendo de mala manera al dueto (especialmente al Hybrid).

-Juro que te hare pagar por esto- susurró en un tono de voz apenas audible.

-Hazlo si quieres, pero que sea después de comer algo- fue lo último que dijo Strabimon antes de comenzar a caminar hacía una de las cafeterías del lugar.

Durante el camino, el sagrado comenzó a vislumbrar los alrededores en búsqueda de un lugar donde pudiera correr apenas el Hybrid lo bajara. No obstante, esto pareció ser una tarea casi imposible, pues todos los lugares que veía estaban a más no poder de Digimon, cosa que lo hizo soltar un muy fuerte suspiro de resignación, ya que eso quería decir que quisiera o no, tendría que soportar a desconocidos un rato más antes de regresar a la biblioteca. Por otro lado, el morado había estado caminando sin un rumbo fijo realmente, puesto que lo único que buscaba era alejarse lo más posible de los lugares aburridos.

-¿Aún no has encontrado algún lugar que te guste?- interrogó el sagrado finalmente tras varios minutos de caminata sin sentido.

-¡Oye! Yo sigo una dieta bastante especifica- contestó el bestia, quien había mentido para no revelar que en realidad no había estado viendo ni siquiera los lugares de comida.

-¿Y qué tipo de dieta sigues?- continuó con su entrevista Plotmon, esto debido a que no le había creído nada.

-Solo como platillos hechos completamente con carne- respondió el lupino -, y por el momento, todos los lugares que veo venden platillos basados más en vegetales- complementó, esperando que el sagrado no hubiera visto algún lugar que contradijera su historia.

-Eso explica lo gordo que estas- molestó el cuadrúpedo entre risas, provocando con ello que un leve rubor de molestia cubriera la cara del aludido.

-¡No estoy gordo!- exclamó esta vez desviando un poco la vista –Necesito comer carne porque mis evoluciones necesitan demasiada energía y esos platillos me ayudan a obtenerla- explicó.

-Claro- fue lo único que dijo el cachorro, aunque en un tono que dejaba entender de manera muy evidente que no le había creído nada.

-¡Amargado!- comentó por último el lupino antes de concentrarse nuevamente en sus alrededores, esta vez sí buscando algún sitio con el que pudiera encubrir la mentira que acababa de decir.
 

Belgium

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#5

Ambos diablillos se mantuvieron en su posición para poseer una panorámica de la feria, paseando sus miradas en direcciones opuestas para encontrar con mayor rapidez el siguiente objetivo que se acoplara al pedido de Belz; Devien fue el encargado de rozar con su ala al digimon de la rusa, el mismo que dirigió sus esmeraldas hacia donde el murciélago le señalaba, tratándose de un juego de tipo inflable que resaltaba debido a su forma de castillo.

—Podríamos empezar por ahí —propuso PicoDevimon.
—De acuerdo —contestó el travieso—. Aunque debemos encontrar agujas.
—No creo que sea problema —. El alado realizó un movimiento a la izquierda con la cabeza, indicando sobre un puesto que estaba comandado por Babamon, la misma que enseñaba a tejer a otros digimon.

El par abandonó el asiento temporal, para así dirigirse donde se abastecerían de herramientas. Debido a sus dotes de actores, los child no tardaron en unirse al taller sin alzar ningún tipo de sospecha, al contrario, la anciana los recibió de buena guiza; ambos aparentaban escuchar las indicaciones de la mayor, mientras echaban agujas de tejido a una bolsa de comida que habían traído consigo.

Pero, claro está, no se iban a ir sin realizar alguna fechoría de por medio. Una Cutemon sentada en una silla, trataba de tejer una bufanda de color rosa, enredando sus manos con la lana que intentaba acomodar; Belz no tardó en acercarse para ofrecer su ayuda, mientras Devien se colocó tras la tipo hada, de manera agazapada.

—Es peor si te mueves, yo te desenredo —explicó Impmon, jalando de la lana y pasándolo por lo bajo a PicoDevimon, quien ahora formaba un moño con la tela brindada, prácticamente atando a la coneja.
—¡Gracias! —Exclamó la rosada, prosiguiendo con su bufanda, concentrándose de tal manera que ni se había dado cuenta que Belz se había desvanecido. Hasta el momento que se percató que no podía jalar más de la lana, impidiendo que prosiguiera con el tejido; Cutemon frunció el ceño, jalando con fuerza de la tela, dándose con la sorpresa que su cuerpo se fue hacia atrás con todo y silla—. ¡Ayuda! —Proclamó para escándalo de Babamon que se acercó con prisa.

El dúo de traviesos inmediatamente dio a la fuga, debido a que la hada sí que podía inculpar al diablillo por lo menos, y realmente no se equivocaban en ello, debido a los gritos y acusaciones que la coneja proclamaba a los cuatro vientos, señalando a un mentiroso virus como el causante del incidente. De todas formas apresurando el paso y camuflándose entre el gentío, no dio chance a que si acaso intentaran atraparlos en el acto; Belz y Devien no tardaron en llegar hacia el castillo inflable, el que era supervisado por un Puppetmon que animaba a child pequeños a adentrarse al juego.

Ambos intercambiaron una mirada, ¿destruir o disfrutar primero? Los diablillos asintieron al mismo tiempo para escalar el castillo, aunque Puppetmon fue el encargado de detener al digimon de Joy, señalando el detalle que poseía garras en vez de pies, y aquello podría provocar más de un incidente. PicoDevimon infló los mofletes, definitivamente se lo pagaría.


Mirae Kiyoe
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Gomamon -- 8

La foca y algunos de sus nuevos amigos subieron por la estructura que se encontraba a sus espaldas gracias a un pequeño ascensor. Greymon –desafortunadamente- no cabía en él, por lo cual fue el único que optó por no seguirles el paso. ¿Qué sería lo siguiente? ¿Saltar desde lo alto? ¿Viajar en globo? ¿Bajar a rappel? ¿Lanzarse por una tirolesa? Gomamon se veía motivado por realizar todas y cada una de las actividades. Al llegar al nivel más alto de la torre, cada uno de ellos decidió tomar algo diferente.

Si me transformara en Zudomon podría bajar de aquí con mi martillo fácilmente —presumió el ser marino.
Pues si yo me transformara en Metalgarurumon podría volar sin necesidad de este transporte —el lobezno señaló con su garra diestra el transporte multicolor. Friimon ya se encontraba haciendo fila para entrar en él.
¿Puedes digievolucionar hasta tu etapa mega? —preguntó Goma.
—asintió Gabumon— . Raisa es rango Elite.

El cuernudo corrió para alcanzar a Simba y la foca corrió en la dirección contraria, a donde se encontraban las cuerdas y poleas que funcionaban como tirolesas. El compañero de Dylan se hizo espacio entre los seres digitales que formaban una fila esperando su turno, y sin importarle nada más, tomó uno de aquellos dichos objetos para lanzarse desde la plataforma hacia otro edificio. Mientras se deslizaba, el Child pudo sentir la brisa fresca de la noche golpetear sus mejillas, era algo muy parecido a aquello que sentía cuando se sumergía en el agua para nadar a grandes velocidades. Sus garras se aferraron más a la polea y cuando al fin estaba por llegar al otro lado de su trayecto, se soltó repentinamente, cayendo al menos unos diez metros hasta conseguir aterrizar sobre la terraza de otra zona del edificio. Sus rodillas le habían dolido un poco con aquella inesperada maniobra, pero no importaba casi en lo absoluto porque ese dolor era mitigado por otro más fuerte, uno que provenía de su cabeza y de su corazón; Gomamon no podía evolucionar siquiera a su etapa Champion. ¿En qué momento el lobezno se había vuelto más fuerte que él? Sabía el por qué, también cómo, y sin embargo, no se arrepentía de nada.

El pelinaranja saltó a la terraza del nivel inferior al que se encontraba y de esa manera fue bajando hasta que pudo alcanzar la tierra firme, las calles de File. Una vez en ese lugar, miró hacia arriba, hacia en donde se encontraba previo, conviviendo con otros Digimon, comiendo, disfrutando. Si se marchaba ahora, ya no tendría oportunidad de pasar más tiempo con ellos; lo sabía bien. El vacuna se mantuvo en silencios unos segundos como si con eso pudiese despedirse de aquellos en su mente, después giró media vuelta y caminó con decisión hacia el centro del festival. Él no se lamentaría nada, ese no era su estilo ni su forma de lidiar con las cosas. Él haría algo al respecto porque esa era la única manera de prosperar y alcanzar sus objetivos. Se puso sus gafas oscuras aún cuando ya no había luz solar, se ganó algunos con ello algunos comentarios entre burlescos y también despectivos, pero hizo oídos sordos con facilidad porque su atención se encontraba volcada hacia un local muy específico...


 
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Krause

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#8

La insistencia de Kormon era tal, que el dragón tuvo que acceder a la petición del pequeño, por más que a él también le incomodara el hecho de estar regalandole cosas de forma incesante a Palmon. Pero debían seguir actuando, ya no había lugar para los errores, pues eso sólo acarreraría el llanto y disgusto del pequeño; cosa que la chica no quería volver a presenciar. Por parte de Magno, si bien a él le importaba mucho su "hermanito menor", estaba en total desacuerdo en cumplirle todos su caprichos y fantasías, pues pensaba que eso le haría de un caracter débil y manipulable.

El juevo lo administraba un Gomamon, quién al ver al trío sonrió de forma triunfante y sacó el pecho; era conocido por toda la feria por ser un galán, no despreciaba a ninguna chica que se acercara a su atracción, así que, cuando vio a esa Palmon acompañada de un dragón azul amargado y un bebé, no pudo evitar ponerse en su actitud más galante cuando la fémina fue la primera en acercarse y preguntar en que consistía el dichoso juego.

-Es muy fácil participar, linda.-Gomamon le guiñó el ojo, esperando que la planta cayera ante sus encantos baratos.-Sólo tienes que encestar quince puntos en un límite de tiempo de un minuto. Pero, por ser tú, te daré cualquier premio que quieras para que no te lastimes tus bellas manos ni hagas esfuerzos innecesarios.-Sonrió la foca, tomando entre sus patas una de las manos de Pal, besando su dorso para así darse más aires de chulo.

-¡Eh, deja a la novia de mi hermano!-Saltó Koromon ante tal despliegue de galantería por parte del otro Child. Que su hermano fuera un amargado sin remedio no le daba derecho a esa foca escuálida y flacucha el derecho de meterse en relaciones ajenas.

-Koromon...-Palmon trató de hablar para esclarecer la situación y evitar algún otro malentendido. Se suponía que sólo a ojos del bebé eran pareja; ciertamente, no quería que el rumor se esparciera por toda al área o que de alguna forma llegara a los oídos de Samali. Su actución no debía durar más de lo pactado ni extenderse hasta perjudicarlos.

-¿Así que la novia de tu hermano?-Gomamon hizo una mueca de desagrado, acercandose a Dreiz para chocar su frente contra la del dragón; una mirada de enojo y reto se podía presenciar en sus orbes.-Un maldito amargado como éste no debería tener una novia tan hermosa.-Escupió, tratando de obtener una reacción por parte del susodicho.

-Ella no es...-Dreiz trató de calmar la situación. No estaba de humor para pelear y mucho menos por una mujer. Mas la mirada penetrante de la bola rosa le hizo cambiar sus palabras.-No me conoces, felpudito.

-¿Ahora mi insultas?-Ciertamente ese Gomamon era un jodido caso. No se decía por qué actitud tomar, cosa que ya estaba cansando al dinosaurio.-Tú y yo, el primero en alcanzar los quince puntos tiene derecho a salir con la chica. Además de llevarse el mejor premio.-Propusó, extendiendo su pata para cerrar el trato.

-Las mujeres no son un premio, amigo.-Alegó V-mon con el ceño fruncido. Él no era un romántico ni mucho menos, pero le jodía de sobremanera que alguien viera a las chicas como siemples objetos que debían ser ganados.-Así que no, no entraré a tu juego.
Mirae Kiyoe ggogo
 

|><(((((ಠ> ... Deal with it!
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#6
Los ataques iban y venían, pero ninguno de los contendientes daba un golpe definitivo o que por lo menos creara una oportunidad para uno. Ligeros cortes se veían en el manto de Guilmon, algunos que aunque no se notara, habían llegado a su piel. Por su parte, las plumas de Falcomon se encontraban notoriamente chamuscadas, y otras directamente rotas. El ave chasqueó la lengua, puesto que no esperaba tener una pelea tan difícil contra el saurio. Este último no daba oportunidad para que su oponente tomara distancia, y aunque la diera, él también contaba con técnicas para defenderse.

Fue en aquel instante que el Virus dio un salto hacia atrás, sorprendiendo al ninja.

— ¡¿Qué pretendes?!

“Es un combate, no una exposición” pensó el saurio, pero no lo vociferó. Falcomon podía desperdiciar la oportunidad, pero no él.

Chispas de electricidad aparecieron en las piernas de Guilmon. Lo siguiente que supo el emplumado fue que tenía al Virus en frente y luego, dolor. Una oleada de puñetazos de las duras garras de Guilmon acompañados de constante electricidad impactaron el cuerpo del Vacuna.

El público y Flamon se quedaron en silencio hasta que el brutal ataque se detuvo y el saurio le dio la espalda al cuerpo de su oponente con una garra levantada.

— ¡P-pero qué fue eso! ¡De un momento a otro Guilmon se movió y arrasó con Falcomon! — Exclamó el Beast Man, recuperando su compostura — Al parecer nuestro misterioso peleador tenía un as bajo la manga.

El público estalló en gritos. Cuando lograron procesar lo que había sucedido alabaron al encapuchado que ahora se mostraba victorioso. Los Agumon volvieron a aparecer llevándose a Falcomon, seguidos muy de cerca por Guilmon.

En el espacio reservado para los contendientes se encontraba Strabimon. En cuanto este vio al saurio negro le hizo una seña a modo de saludo con la mano, acercándose a este.

— Vaya, amigo, si me hubieras dicho que eras así de fuerte tal vez te hubiera enfrentado yo. — Indicó el de pelaje purpureo con una sonrisa que mostraba sus afilados dientes. Si bien Strabimon se mostraba amigable, sus palabras llevaban sin duda algo de verdad en ellas.

— Oh, eso podría haber sido divertido. — Replicó el del anticuerpo X.

— ¡Hey! ¡Eso fue increíble! — Flamon entró al lugar tan energético como cuando comentaba sus batallas, con la diferencia que ahora no usaba su micrófono — Strabi, tienes que darle una invitación.

— Eso estaba por hacer. — Contestó el lobo humanoide rascándose la cabeza, para luego mostrar una expresión molesta — Y no me llames Strabi, me quita lo intimidante.

— ¿Invitación? — Repitió Guilmon con curiosidad.

— Veras. Este evento de pelea y todo es para ganar dinero, pero también para ver si encontramos peleadores fuertes e invitarlos a nuestro… esto, llamémoslo club de lucha. — Explicó Flamon.

— Algo me dice que no es exactamente legal.

El comentario del saurio provocó unas risillas en el par de Beast Man, confirmando sus sospechas. Strabimon le explicó que la organización a la que pertenecían tenía cedes en varias ciudades del mundo digital y que la tarjeta plástica que le había entregado antes le serviría para que le permitieran la entrada.

— Creo que a Dan le gustará esto. — habló Guilmon.

— Ese Dan, ¿es tu tamer? — Preguntó Strabimon.

— Sí, ¿algún problema?

— Claro que no. La organización la dirigen humanos y yo mismo tengo un tamer, pero si nos enfrentamos algún día espero que sea sin su apoyo. — Sonrió el peludo, recibiendo la afirmativa del saurio.
 
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Moonchild
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Palmon
#8


Lo dicho por el azulado fue otra cosa que sorprendió a Palmon; la planta se había esperado que el dúo se pusiera a competir estúpidamente por alguien que al cabo no iba a salir nunca con ninguno de los dos, pero la respuesta tan madura de Vee la hizo sonreír.

—Gracias Dreiz —dijo, con una amplia sonrisa alegre.

Koromon casi suelta gritos fanboy al ver la reacción de Palmon y lo "cool" que era su hermano. Al final quizá no todo estuviera perdido para él, aún podía tener gestos bonitos por su chica. Magno parpadeó, sorprendido por la reacción tanto de ella como de su hermanito y se apenó un poco, ¿tan raro era?.

—Eh... no es nada —dijo torpemente.

Gomamon, por su lado, no estaba nada impresionado y se maldecía internamente por haber dejado que pusieran el ridículo frente a la bella chica; trató de pensar en alguna forma de voltear la situación a su favor, pero no se le ocurría mucho.

—Claro, hazte el "cool", eso no quita que seas un amargado —dijo, ocultando la rabia. —A las chicas no suelen gustarle los gallina como tú, ¿verdad, preciosa?

La planta no supo qué contestar, no estaba a punto de decir en voz alta cuales eran sus gustos ni de pronunciar nada que confirmara una relación inexistente entre ellos dos, así que optó por salirse por la tangente.

—Mejor vamos a otro juego —dijo por fin, tomando a Koromon entre sus brazos y dándose media vuelta. A Gomamon no le agradó nada ser ignorado y era un galán bastante insistente.

—Eh, pero en otros puestos no te darán premios solo por ser bella —le dijo, jalándola del brazo para alejarla de Magno. Palmon casi suelta a Koromon del jalón y por tomar bien al bebé, perdió el equilibrio.

—¡Ah! —se quejaron ambos planta y bebé.

El dragón azulado reaccionó tomándola por la cintura y jalándola contra sí para evitar que cayera al suelo y luego alejó al Gomamon de un golpe con el otro brazo.

—¿Estás loco? Esto ya es acoso —le reprochó. Una cosa era ofrecerle cosas a una chica y otra bastante diferente era querer obligarla a quedarse.

Gomamon intentó devolver el golpe, pero Palmon lo envolvió con sus lianas y lo lanzó contra su puesto. Fue totalmente casualidad, pero el acuático terminó pasando por el aro.

—Oh, creo que eso vale máximo premio —comentó la planta con inocencia, haciendo que Dreiz se desternillara de la risa. Cuando volteó a ver a la planta, se dio cuenta de que seguían muy cerca y la soltó de golpe, nervioso.

—Perdona, sé que...

—Shhh, está bien —
le interrumpió Palmon, antes de que se le ocurriera mencionar el pacto frente a Koromon. —Mejor solo vamos a otro sitio y ya.

—De acuerdo.


—¡Eso estuvo genial! —gritó Koromon, con los ojitos brillantes; ahora se daba cuenta de que Palmon no era la damisela en peligro. —¡Pal, eres como Bong Soon! —le dijo. La planta no le entendió nada, pero por el nombre, supuso que se refería a uno de sus dramas.

—Muchas gracias, Koromon —le dijo, acariciándolo. —¿No te hice daño cuando perdí el equilibrio?

—Nop, tranquila.



Devien
#6


No había que ser ningún genio para darse cuenta de que Devien estaba indignadísimo; no era posible que no le permitieran pasar a divertirse por sus características físicas, ¡discriminación! Ah, pero ya se las pagaría ese papanatas, vería su castillito reducido a nada y él se aseguraría de que le cayera encima al derrumbarse. Belz, sonriéndole burlonamente, subió al castillo y gozó saltando de aquí para allá los veinte minutos que duraba la actividad, mientras el alado solo lo miraba desde afuera, sujetando la bolsa de agujas con las garras. Pasado el tiempo, Belz salió, riéndose, y se desvió cuidadosamente hacia un lado hasta rodear el castillo; Devien lo siguió por el aire.

—¿Te divertiste? —preguntó Deviene en un tono claramente enfurruñado e infantil.

—Muchísimo, pero tranquilo, luego podemos ir a algo que sí puedas usar —le dijo el diablillo. Aquello aplacó un poco al otro oscuro.

—¿Tu por abajo y yo por arriba?

—Me lees la mente.


Con una sonrisa, Impmon tomó la mitad de las agujas entre sus manos y comenzó a recorrer el castillo, clavándolas en sitios estratégicos en el grueso plástico, mientras que Devien hacía lo mismo por lo alto. Los pequeños agujeros que dejaban las agujas no bastaban para que el castillo se desinflara, pero los pequeños ya lo habían previsto: amarraron un trozo de la bola de lana que también habían robado al extremo de cada aguja y cuando las tuvieron todas unidas, tiraron bruscamente hacia abajo; la punta ganchuda se enredó en el plástico, impidiendo que el instrumento se desalojara y este en su lugar rasgó el material, haciendo sendos tajos verticales por toda la superficie.

El aire escapó del golpe, desestabilizando a Devien, que casi choca contra Belz, y desde dentro del castillo se escuchaba el grito de todos los Childs que sentían la estructura venírseles encima repentinamente. El murciélago, sin embargo, no se olvidó de su venganza; voló hasta lo alto comenzó a tirar del castillo hacia adelante, de forma que este terminó cayendo todo sobre Puppetmon, enterrándolo tanto como a los clientes que saltaban dentro.

La seguridad del lugar ya se acercaba a ver qué sucedía y el pequeño dúo se alejó a la carrera antes de ganarse otra acusación en contra. Desde un sitio seguro admiraron los esfuerzos por retirar el pesado saco y sacar a los Childs antes de que se sofocaran ahí debajo; Puppetmon logró salir por su cuenta, arrastrándose y medio sofocado por la presión del plástico calentado por el sol.

—No lo rompan... solo levántenlo —pidió a los de seguridad en medio de jadeos para recuperarse. El castillo ya estaba roto, así que daba igual, pero él no sabía eso todavía. —Tal vez... el motor dejó de funcionar —suspiró.

—Haber quemado el motor también habría servido —comentó Devien, sonriendo ante la idea. Cuando parecía que el caos estaba bajo control, el dúo se alejó para hacer líos en algún otro sitio.

—Me está dando hambre —comentó Belz, y esta vez no hablaba de una travesura sino que de hecho tantas aventuras le habían abierto el apetito. Claro, solo sería una descansito antes de volver a las diabluras.



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I'll drive you like a hammer on a bed of nails
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Después de retirar a los dos contendientes noqueados, las batallas siguieron con normalidad durante la próxima hora y media. Pasaron al enfrentamiento entre ultras, rookies, adultos, ultra nuevamente y así hasta que sucedió un encuentro inesperado. Metiendo la mano en la caja con las esferas que iban quedando, Opossumon anunció a los siguientes retadores.

— ¡Los próximos peleadores en defender su lugar en el torneo Digimon son los números 55 y 78!

— ¡Me toca de nuevo…! —
estaba diciendo Falcomon muy feliz, cuando vio que su amigo no se emocionaba de nada.

Fija la mirada en las gradas al otro lado del estadio, Ryudamon observaba ceñudo al Digimon que sería el rival de su nuevo compañero. Hagurumon se levantó con un deje de soberbia y esa extraña sonrisa que llevaba desde que había iniciado el torneo. Flotó para ir hasta la arena de combate y Falcomon dio un respingo al ver de quién era el número con que le tocaba luchar.

—Ow…es tu otro amigo…—dejó salir, tragando saliva.

—Mira, Falcomon—dijo Ryudamon, volviéndose enteramente hacia él con expresión severa—, Hagurumon es tan fuerte como cualquier rookie, pero su mayor fortaleza radica en su inteligencia—se dio un golpecito en la sien con su garra—. Es muy, muy listo y sabe aprovechar al máximo sus capacidades. Tú tienes grandes habilidades con las que podrás contrarrestarlo, solo debes jugar bien tus cartas.

El ave oscura asintió con seriedad a sus palabras, le estiró la mano y sonrió, agradeciéndole por su apoyo. Ryudamon perdió el aire severo y sonrió, estrechándole la mano también.

—Me alegra mucho haberte conocido en este festival, Ryudamon. Eres un Digimon estupendo.

—Je…gracias.

—Daré mi mejor esfuerzo y ganaré, para que nos enfrentemos en las siguientes rondas.

— ¡Claro! ¡Estoy esperando por ello!


El otro asintió, abrió las alas y se dejó caer hasta la arena de combate en su lugar, a varios metros de Hagurumon. El robot le observó con su gesto malicioso y tranquilo, mientras Falcomon tomaba su posición de pelea: una muy marcial y erguida.

—Apuesto a que Ryudamon te dio algún consejo para vencerme—dijo Hagurumon.

—Tal vez.

— ¡¿Listos ambos participantes?! —
preguntó Opossumon, al tiempo que el público rugía emocionado por otra pelea que empezaba— ¡Comiencen!

Pero ninguno de los dos Digimon se movió. Solo se miraron fijamente unos largos y silenciosos segundos, mientras los espectadores se quedaban callados ante la extraña quietud de los contendientes. Por fin Hagurumon fue el primero en volver a hablar:

—Lo que sea que te dijo te recomiendo que lo olvides: no va a funcionar—sonrió.

—Eso lo veremos—respondió Falcomon, sin dejarse manipular por la soberbia del otro.

Abrió los brazos lanzando numerosas shuriken, las que Hagurumon derribó en el aire produciendo cargas eléctricas en sus manos y lanzándolas hacia las estrellas metálicas, haciéndolas caer a tierra. El volador bufó impresionado por la facilidad con que le contrarrestaron, pero tenía otros trucos bajo la manga. Batió las alas, tomó un poco de altura y agitó con fuerza los brazos produciendo un jutsu de viento; aquello no podría verse afectado por electricidad alguna.

“¡Bien, Falcomon!”—felicitó Ryudamon.

Hagurumon dejó de sonreír, modificó un comando en su sistema gravitacional y dejó de flotar para volverse muy pesado, hundiéndose en la tierra. Recibió el Fuujin no Jutsu de cualquier manera, pero evitó salir disparado con ello. Al revertir el comando y volver a elevarse en el aire, el robot vio que el ninja volaba rápidamente contra él para embestirlo. Él se volteó como una rueda y giró hacia él en respuesta, chocando ambos en medio de la arena con fuerza y un estruendo, haciendo gritar al público de emoción.

— ¡Ah! ¡Qué mejor defensa que una buena ofensa…! —estaba diciendo Opossumon, cuando de pronto Falcomon empezó a gritar y a sacudirse— ¿Pero qué…?

Los espectadores vieron asombrados que Falcomon era golpeado por cargas de electricidad que lo hicieron caer a tierra, tembloroso. Hagurumon dejó de girar y producir corriente, enderezándose y mirando al otro abajo. Ryudamon se puso de pie nervioso y llamó a su amigo a levantarse:

— ¡Sal de ahí, Falcomon!

—Fue un buen intento—
felicitó Hagurumon, levantando las manos que rotaban a gran velocidad para soltarle una nueva descarga.

Golpeó con ellas a Falcomon, quien soltó un grito apagado ¡y desapareció en una nube de humo! El virus se sorprendió y retrocedió al instante, mientras el público soltaba una exclamación de incredulidad.

—Gracias—dijo Falcomon a su espalda, sorprendiéndolo y molestándolo por la facilidad con que había cambiado de sitio gracias a sus jutsus—, pero todavía no he terminado.

Los espectadores gritaron emocionados y aplaudieron al rookie oscuro, quien sonrió a pesar de sus heridas. La rueda mecánica soltó un chasquido y empezó a sacar nuevas cuentas de cómo deshacerse del otro. Falcomon disparó una lluvia de shuriken contra el oponente, quien volvió a cargar corriente para deshacerse de ellas antes de que le alcanzaran. Sin embargo, Falcomon no iba a repetir la misma táctica sin haber aprendido de su primer fallo. Desgraciadamente Hagurumon también había pensado en esto.

— ¡Uchitake Otoshi! —exclamó el ninja, haciendo que los bambúes disfrazados de estrellas comenzaran a explotar, creando una gran cortina de humo.

Voló rodeando la nube de humo y fue hasta el lugar en donde sabía que estaba Hagurumon. Se lanzó en picado con su Falco Rush: esta vez no podría chocarle pues caería por su espalda. Desgraciadamente el ave no logró impactar a su oponente y se vio a sí mismo metido entre el humo, extrañado de que el otro no estuviera.

— ¿Pero ¿dónde…? —dejó salir, confundido.

— ¡Está afuera! —escuchó que le gritaba su amigo de coraza desde lejos.

Falcomon ahogó una exclamación de incredulidad y se apresuró a salir de la nube de humo. ¡El robot usó su propia trampa para cazarlo a él! En cuanto el ave salió de la cortina oscura, Hagurumon lo tuvo en su mira y salió despedido contra él con un violento Makikomi que arrojó a Falcomon contra el suelo. El robot flotó a bastante altura durante un instante esperando a que el otro se desvaneciera igual que antes, pero para su impresión, realmente había cazado al ninja por sorpresa sin darle tiempo a crear otro de sus jutsus de intercambio. No iba a desaprovechar aquella oportunidad.

— ¡Darkness Gear! —exclamó, abriendo su cabeza y soltando una única rueda dentada que chocó en la espalda de Falcomon, combinándose con su data y arrancándole un grito ahogado al ave.

El público contuvo el aliento esperando a ver qué pasaba. Ryudamon se quedó absorto esperando que su amigo pudiera resistirlo, pero todo se terminó para Falcomon cuando Hagurumon ordenó:

—Command Imput.

El ave perdió totalmente el sentido y cayó desmayada al suelo. Hagurumon comenzó a descender mientras otra vez su sonrisa maliciosa aparecía en su rostro. Cuando estuvo cerca del suelo, Falcomon se puso de pie haciendo que el público gritara emocionado, ovacionándolo por su tenacidad para luchar. Ryudamon era el único que no celebraba.

— ¡Fantástico! ¡El peleador Falcomon nos ha demostrado que es todo un guerrero…! ¿E-eh?

Para asombro de todos, el Digimon ninja levantó los brazos y empezó a moverse de extraña forma, como si estuviera bailando…la gente se quedó muda sin comprender qué se suponía que estaba haciendo, mientras Hagurumon se reía por lo bajo cada vez más fuerte, haciendo que el rival diera una vuelta sobre sí mismo, siguiera moviendo los brazos y levantara una pierna. Lo hizo dar vueltas y bailar para su entretenimiento largos segundos, hasta que se cansó y lo dejó caer desmayado al suelo. Para todos fue entonces muy obvio lo que había sucedido, lo que produjo cierta tristeza en varios de los que se habían prendado de las ingeniosas habilidades del ninja volador. Ryudamon apretó con fuerza las garras y mandíbulas, cerró los ojos y negó con la cabeza: lo había hecho otra vez.

— ¡Y el ganador de la ronda es Hagurumon!
 

ORKKRO

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Varios minutos de caminata más tarde, el dueto finalmente encontró un restaurante especializado en carnes. No obstante y para mala suerte de ambos, el olor que desprendía aquel lugar era más que nauseabundo, cosa que hizo que el lupino se planteara el hecho de revelar que solo estaba mintiendo.

-¡Ni loco me harás entrar a ese lugar!- exclamó el sagrado repentinamente, logrando con esto que el lupino solo se alegrara internamente.

-¿Entonces donde sugieres que comamos?- interrogó posteriormente el Hybrid, quien fingió un tono de voz molesto para que la historia que había creado fuera coherente.

-Sí tu quiere comer aquí, hazlo- comentó el canino en un intento por hacer que su acompañante lo dejara solo un rato para poder escapar de él -. Yo te esperare aquí afuera- terminó de decir, ganándose con ello una mueca de desagrado por parte del aludido.

-¿Qué tan tonto crees que soy como para caer en eso?- cuestionó, pues sabía de antemano que apenas lo perdiera de vista un segundo, correría a esconderse en una zona lejana.

-¿Por qué nadie es capaz de confiar en mí para estas cosas?- preguntó el cachorro molesto, intentando crear un pequeño drama para que el otro accediera a dejarlo solo unos minutos.

-¿Crees que me harás sentir culpable con una actuación tan miserable? No me hagas reír- bufó el bestia, logrando con esto que un leve rubor se apoderara de la cara del blanquecino, dado que por un momento se había olvidado de que trataba con un actor.

-En serio que eres un dolor de cabeza- gruñó el sagrado en un tono de voz bajo, ya que a pesar de estar molesto, no quería atraer la atención de todos los de su alrededor.

Una vez terminado aquella pequeña discusión, el dueto se movilizó de nuevo hasta llegas a un pequeño puesto de comida, el cual parecía ser “bastante apropiado” para el lupino, pero sin llegar a ser desagradable. Ya ahí, el descendiente de los Juttoushis pidió un filete de carne con papas a la francesa, mientras tanto el sagrado, simplemente se limitó a una ensalada de frutas.

-¡Vaya! Jamás pensé que comieras tan poco- comentó Strabimon una vez se llevaron las cartas de la mesa.

-Es que yo si cuido mi peso- respondió el sagrado, el cual únicamente buscaba vengarse de su compañero por haberlo llevado literalmente por la fuerza.

-Ya te dije que no como solo carne por gusto- argumentó el Hybrid antes de llevarse un vaso de agua a la boca.

-¡Cierto! Disculpa por ser tan PESADO con esto- continuó molestando el Holy, solo provocando que el aludido rompiera su vaso por apretarlo con brusquedad.

-¿Quisieras dejar de una vez este asunto de lado?- interrogó molesto el purpura mientras arrejuntaba los trozos que se habían caído al piso.

-¿Me dejaras en paz lo que resta del día?- contestó el sagrado en un tono pícaro, creyendo que por fin había encontrado un punto débil que podría explotar en caso de que la respuesta fuera una negativa.

-Y te atreves a decir que yo soy el dolor de cabeza- dijo el Hybrid mientras un leve tic se apoderaba de su ojo, esto gracias a que sabía de antemano que estaba condenado a un día lleno de comentario con respecto a su peso, todo por la promesa que le había hecho a su camarada y al peliverde.
 

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#6


A pesar del caos que podrían implantar el dúo de terribles, también poseían necesidades básicas y el hecho que el estómago de Belz gruñera, seguido de Devien que estaba por burlarse de ello, indicaba aquello. Ambos intercambiaron una mirada, decidiendo en silencio hacia dónde se dirigirían para saciar el hambre que los embargaba; cada uno miró por su lado, hasta que Impmon señaló una pizzería a unos metros de ellos.

El dúo se adentró al pequeño restaurante, sentándose cerca de la salida por si necesitaban huir rápido, mejor prevenir que lamentar. Una mesera se acercó a dejar el menú del día que se trataba de tallarines a la bolognesa, y los diablillos no tuvieron la necesidad de ver el resto de la carta, ambos señalaron al mismo tiempo el plato ofrecido, recibiendo un asentimiento de parte de la muchacha.

—Dijiste que a Mila no le agradaría mis buenas intenciones de hablar sobre ti para mi organización. Debo suponer que es tu tamer —mencionó Devien para atención de Immon.
—Sí, ella es tamer —respondió el de pañoleta con una sonrisa, hasta le brillaba la mirada esmeralda tan sólo por hablar de la rusa con otro digimon. Esto no pasó por alto el murciélago, realizando un mohín disimulado, al recordar su relación con Joy.
—Seguro es la típica persona con complejo de héroe. Lástima —siguió Devien para confusión de Belz.
—No... Realmente no —contestó el child, recordando aquella quest B. Góluveb sólo intervino para resguardar a aquel miembro inocente, pero no hizo nada por el resto que murieron debido a la masacre cometida hacia White Tiger.
—¿Ah no? —Aquello había atraído la atención de PicoDevimon.
—Mila sigue lo que considera correcto desde su perspectiva —explicó Belz—. Entonces, es mi turno de preguntar —mencionó el virus, incentivando a que mil mentiras comenzaran a formularse en la mente de Devien—. ¿Cómo es tu tamer?
—Mi tamer... —PicoDevimon estaba a punto de contestar que Joy era Satanás mismo, empero, el plato de cada uno fue posado sobre la mesa.
—¡Comida! —Exclamó Belz, dirigiendo su atención a los fideos.

Cada uno empezó a saciar su hambre, y sí que la tenían, no tardaron en pedir un segundo plato que ahora sí comían de manera pausada, aunque al parecer aquello había sido una mala decisión. Los dos estaban repletos y no tuvieron más opción que dejar la mitad del contenido de la vajilla; ambos decidieron reposar un momento, por el hecho que sentían que si se colocaban a realizar travesuras, arrojarían todo lo que habían consumido.

Impmon pidió la cuenta para así pudieran retirarse, introduciendo su mano hacia su pañoleta, exaltándose al no hallar su pequeño monedero hecho collar por Mila, la rusa había decidido que el mismo Belz cargara con parte de los bits, por si se presentaban emergencias; de igual manera, Devien comenzó a revisar su anatomía en monedas que juraba tenía consigo, después de todo, a veces extraía dinero de los ahorros de Joy.

Ambos se observaron espantados, dirigiendo sus miradas hacia la cocina donde seguro los harían lavar platos hasta el amanecer, debían encontrar una solución para el imprevisto. Devien empujó a Belz, provocando que el diablillo jalara del mantel para no caerse, aunque por ellos, las albóndigas salieron volando hacia otros digimon; las quejas no se hicieron de esperar, pero aquello no era todo.

—¡Guerra de comida! —Exclamó el murciélago debajo de la mesa.


Mirae Kiyoe
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ORKKRO

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Durante la comida, el sagrado continúo molestando a su acompañante con el tema referente a su peso, todo con el fin de hacerlo enojar a tal extremo de que lo dejara finalmente solo, ya que en serio, no soportaba estar mucho tiempo al lado del lupino. Aunque debía admitir que en parte había sido bueno que estuviera a su lado, ya que de no ser por eso, muy probablemente aún seguiría aburrido en la biblioteca.

-Bueno, ya hemos terminado. Ahora vayamos a un sitio con menos gente- comentó el Holy apenas terminar su ensalada, no obstante, fue rápidamente detenido por el Hybrid -¿Ahora qué ocurre?- interrogó molesto.

-¿Crees que te iras así como si nada?- comentó Strabimon, el cual se escuchaba notablemente alterado –Ahora me asegurare de que este sea el peor día de tu vida- amenazó a la par que dejaba algo de dinero en la mesa, solo para después levantar al cachorro e irse del lugar en dirección al centro de la plaza, lugar donde se estaban llevando a cabo los juegos del evento.

-¿Acaso no eres capaz de soportar una simple broma?- cuestionó Plotmon al deducir que era lo que buscaba hacer el morado, llevarlo a la zona más poblada de todo el festival.

-¿Así que fue solo una broma?- respondió el bípedo de manera un tanto sarcástica, dejando en claro con ello que no le estaba creyendo en lo absoluto al blanquecino -. Pues entonces lo mío no seré nada más que un simple juego de niños- comentó mientras aceleraba su marcha.

-¡Maldición!- dijo esta vez para sus adentros el Holy al ver que no podría convencer al otro de que sus insultos no habían sido con malicia.

Un par de minutos más tarde, el dueto finalmente llegó a la zona en donde se estaban llevando a cabo las competencias deportivas, entre las cuales, se encontraban varias que debían de llevarse a cabo en conjunto. Al notar esto, Plotmon comenzó nuevamente a poner resistencia ante el agarre del morado, esta vez no importándole si llamaba o no la atención.

-¿Quieres quedarte quiero de una buena vez?- interrogó el lobo, quien comenzaba a sentirse acosado por las miradas del resto de asistentes.

-¿Por qué diablos debería hacerlo?- contestó el vacuna antes de lanzar una fuerte mordida contra su agresor.

-Porque si no lo haces, le diré a Joe que escapaste y él te evolucionara a tu forma Baby- advirtió el aludido, consiguiendo con esto que su acompañante le lanzara una mirada afilada, solo para justo después quedarse quieto de una vez por todas.

-¡Juro que me vengare por esto!- gruñó por último el sagrado antes de llegar al lugar en donde se estaban llevando a cabo las inscripciones. Una vez ahí, el Hybrid se encargó de realizar todo lo necesario para meterse en la mayor cantidad de eventos posibles, cosa que no hizo más que aumentar la cólera de Plotmon, quien había comenzado a plantearse el hecho de que ser un Baby no era tan malo.

-¿Estás listo para esto?- interrogó de forma ironica el lupino con una leve sonrisa vengativa, solo para recibir en respuesta un fuerte gruñido por parte del aludido, quien tenía planeado hacer pasar el peor momento de su vida a su acompañante.
 

Krause

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#9
-Esperen un segundo.-Sonrió el dragón, antes de dar unos pasos hacia atrás, justo donde se encontraba el Gomamon atrapado en su propio juego.-Como buen caballero, no creo que te retractes de tus palabras.-Se burló, comenzando a rebuscar con su mirada el mejor premio de todos, pues planeaba tomarlo para darsélo a Palmon.

-¡Maldito hijo de...!-Vociferó el acuático, pero antes de que pudiera terminar su insultante oración, V-mon encontró el mejor peluche y el más grande entre los premios, el cuál poseía una etiqueta que decía "para el ganador del juego con la mejor puntuación".-¡Eso es robo!

-Las reglas del juego son: quién llegue a quince puntos o más en menos de un minuto, gana el mejor premio. ¿O no?-Dreiz sonrió al ver como la foca se removía entre las redes, tratando de buscar alguna excusa para que el dragón no se llevara aquel juguete.-Entonces, no es robo. Ella lo ganó justamente.

-¡Eres un aprovechado!

-Yo no soy el que se hace el galán chulo con todo lo que tenga género femenino y posea piernas. Así que, si me disculpas.-Palmeó la cabeza del otro Child con descaro, disfrutando enormemente cuando Gomamon rechinó los dientes y se removió más de rabia contra su la cesta, sin poder impedir que el dragón se fuera con el peluche.

Palmon vio llegar a Dreiz con el premio, sorprendida y hasta cierto punto, confundida; Dreiz no tenía por qué ir a reclamar un premio, ni mucho menos entregarselo. Ya tenía suficiente con el Mozaemon como para que el dinosaurio pasara más molestias para conseguirle otro regalo.

-Te lo mereces, después de todo, alcanzaste el máximo puntaje.-Le sonrió el varón mientras le hacía entrega de su premio.-Además, uno más no te hará daño.-Le guiñó el ojo por mera inercia. Después de todo, ni Samali ni Chris tenían porque enterarse que pasaron toda la tarde juntos, seguro les daría algún tipo de paro cardíaco.

-¡Ese es mi hermano!-Exclamó Koromon, dando saltitos de júbilo ante tal muestra de afecto. ¡Hasta que al fin su hermano se dignaba a ser algo más considerado y dulce con su novia!

-Gracias pero...-Palmon iba a réplicar, inventarse alguna excusa para no tomar el peluche entre sus brazos. Sin embargo, el dragón adivinó sus intenciones; con un brazo tomó a Horo Horo y con el otro depositó el Garmmon entre los palmas de la chica.

-Ahora no puedes decir nada.-Rió, sintiéndose más liviando y feliz como nunca. Si bien era cierto que al principio todo era una fachada, lo cierto es que se divertía al ver las expresiones de terror de la planta al tener que pensar en las explicaciones que le debería proporcionar a su Tamer una vez el festival hubiera acabado. Y bueno, si buen la idea parecía algo lejano en su mente, quizás cortejar a la planta no fuera mala idea. Claro, sólo hasta comprobar sus teorías y salir satisfecho de aquella interacción.

-¿Estás bien, Dreiz?-Cuestionó la chica, preocupada por el repentino cambio de comportamiento de su acompañante. No supo si fue alguna técnica, o un efecto colateral de algo, pero de cierta forma aquella transformación era algo que no se esperó. Y menos viniendo de ese dragón tan distante y frío para con todos.
Mirae Kiyoe
 

ORKKRO

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-¡Atención invitados, nuestro próximo evento está a punto de comenzar!- informó una voz a través de los altoparlantes, indicando con ello al dueto conformado por Plotmon y Strabimon, que sus respectivas torturas estaban a punto de comenzar.

-¿Listo para comenzar con tu castigo?- interrogó el lupino con una sonrisa un tanto macabra en su cara.

-Por supuesto- respondió el cachorro, logrando con esto alertar un tanto al lobo, ya que se le hacía sumamente raro que el sagrado hubiera dicho tales palabras sin pelear tan siquiera un poco.

Terminado aquel breve dialogo, el dueto se acercó rápidamente a la arena en donde se llevaría a cabo la carrera de relevos, la cual era apenas una de las muchas competencias en las que se había inscrito el Hybrid. Una vez ahí, el licántropo se colocó en la línea de salida, pues era en ese lugar donde podría tener una mayor visión del cachorro; por su lado, el Holy se posicionó sin más en la raya que indicaba la mitad del camino, lugar donde extrañamente se quedó quieto.

-¿Qué es lo que está planeando esta vez?- se preguntó el lobo al ver que su acompañante finalmente parecía estar accediendo a lo que él quería hacer. No obstante, antes de que se pudiera plantearse alguna respuesta, una voz desconocida lo hizo concentrarse de nuevo en la realidad.

-¿Preparados?- dijo el Guilmon encargado del evento -¿Listos?- prosiguió, haciendo que varios de los que se encontraban al lado del lupino se colocaran en una posición de arranque -¡YA!- indicó finalmente.

Escuchado el disparo de inicio, los diversos competidores comenzaron a correr a máxima velocidad para tocar a sus respectivos compañeros, acción que no les llevó a mucho más de diez segundos. No obstante, poco después de este momento el evento sufrió un percance, el cual fue ocasionado nada más y nada menos que por Plotmon, ya que había usado su aullido paralizador para obtener un poco de ventaja.

-¡Ustedes dos, están descalificados!- informó rápidamente el encargado de la prueba, cosa que hizo finalmente deducir al bestia que era lo que realmente buscaba su colega.

-¡Disculpa! No creí que eso nos fuera a traer problemas- dijo el cachorro en tono burlón apenas estar lo suficientemente cerca de su compañero, quien solo le lanzó una mirada desaprobatoría.

-¿Estás seguro de que quieres hacer esto? Porque solo te ganaras una pésima reputación con esto- interrogó Strabimon en un intento de hacer cambiar de opinión al Holy.

-Una mala reputación hará que todos se alejen de mí, por ende, deberé de tratar con menos extraños- razonó el aludido, el cual parecía estar completamente dispuesto de seguir con el auto saboteo para que los descalificaran de todas las pruebas.

-¡En serio que eres imposible!- declaró el Hybrid antes de retirarse molesto del lugar, rompiendo finalmente el acuerdo que había hecho de estar con el cuadrúpedo durante todo el día.

-¡Por fin!- exclamó alegre el cachorro al verse libre de su niñera –Ahora a buscar un sitio donde pueda estar solo un rato- comentó a la par que comenzaba a buscar en los alrededores un sitio en el que pudiera estar completamente solo.
 

Moonchild
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Palmon
#9


Aquel Garmmon de peluche era más grande todavía que el Monzaemon y se le dificultaba un poco caminar con esa cosa entre los brazos. Koromon parecía sumamente feliz viéndola ir con el regalo de su hermano, pero la planta tenía problemas para leer la expresión de Dreiz. ¿Qué rayos le había dado para regalarle algo de buenas a primeras? Horo Horo no se habría quejado de ellos haberse ido sin jugar luego del incidente, así que no creía que fuera por complacer al Baby.

Por su parte, ahora que la posibilidad de cortejar a Palmon sólo para acercarse más al spirit que era posible que estas tuvieran le había pasado por la cabeza, Dreiz tenía varias cosas que considerar para que el engaño llegara a buen puerto, por lo que se sumió un poco en sus pensamientos. ¿Debería intentar llevar las cosas por ese camino ahí mismo? ¿O esperar a la próxima vez que se vieran? ¿Quizá pedirle su D-Terminal? No, todos los mensajes que llegaran pasarían sin duda por los ojos de Samali...

—¿Dreiz? —inquirió Palmon, frunciendo el ceño con preocupación, ya que el dragón no le había contestado.

—¡Hermano!

—¿Huh? ¿Si? —
dijo este con un sobresalto, dándose cuenta de que hablaban con él.

—¿Está todo bien? De pronto te quedaste ido —inquirió la planta; el dragón le sonrió, cosa que se unió a la pila de sorpresas que ya llevaba.

—Sí, todo está bien, solo se me ocurrió algo, pero no es importante —aseguró, señalando con una mano que continuaran caminando.

Al frente, Palmon vio un puesto de máscaras con la cara de distintos digimon; le pareció divertido, así que se acercó con el par de varones a la espalda. Examinó las máscaras hasta encontrar una de RizeGreymon y se la puso a Koromon.

—¿Cómo me veo? —preguntó el bebé; la máscara lo ocultaba del todo y se veía la mar de gracioso.

—Muy guapo, Horo Horo —aseguró la planta.

Luego se volvió y buscó otra para sí misma, eligiendo una de Lilithmon que se puso de inmediato. Nada más verla con la máscara de la digimon demonio, el dinosaurio se quedó frío, sería genial si Palmon evolucionara a un ángel o demonio...

—¿Qué tal?

—¡Te ves hermosa!

—B-bien, te queda muy bien —
dijo este, aún sorprendido. Palmon alzó la máscara para ver a Dreiz con confusión, ¿había tartamudeado?

—Allá hay una de Ulforce para mi hermano —dijo Horo Horo, señalando una de las más altas.

Palmon la bajó con sus lianas y se acercó para ponérsela al dragón, pero luego de lo pensó mejor y solo se la dejó en la mano, dando un paso atrás de inmediato. Dreiz se colocó la máscara también y pasó de preguntar cómo se veía. Ulforce y Lilithmon no sonaba nada mal, pero Dreiz tenía que espabilar o Palmon terminaría por creer que estaba enfermo. Luego de constatar que no tenían que pagar por ser un festival auspiciado, el trío se fue con sus máscaras a algún otro sitio. Entre la máscara y el peluche gigante, Palmon no veía muy bien a donde iba.

—Hey, deberíamos llevar al señor Garmmon a los lockers donde dejamos a Monzaemon, no puedo caminar con esto —pidió, dejando el peluche en el suelo momentáneamente.

—Vale, te ayudo en lo que llegamos allá —se ofreció Magno, acercándose.



Devien
#7


Hasta cuando no se lo proponían el dúo de diablillos terminaba desencadenando un pandemonio. Impmon rodó debajo de la mesa con todo y mantel y Devien le siguió con sigilo. Al principio no pasó nada, pero finalmente un infantil Plotomon saltó sobre el borde de un plato, haciendo que se volcara y lazara todo el contenido sobre un camarero que iba pasando en dirección a los afectados por el tropezón de Belz. A la Sistermon Noir que estaba en la mesa contigua se le llenaron los zapatos de salsa y respondió lanzándole un puñado de ravioles al cachorro, que saltó a un lado, de forma que estos terminaron cayendo sobre un Agumon que estaba más allá. El Agumon se molestó y así poco a poco se fue armando una batalla campal de comida volando en todas direcciones, gente gritando y empleados desesperados.

Aprovechando que nadie tenía el más mínimo interén en ellos ahora, el duo se arrastró hacia la puerta que tenían prácticamente al lado y desapareció entre la multitud del festival. Una vez solos y lejos de sospechas, el par se echó a reír, divertidos de ver cómo había resultado su pequeña treta para no tener que escapar. Tanto la gente como el suelo del local era un desastre mayúsculo y para la cantidad de comida embarrada en los manteles, haría falta comprar nuevos porque esos ya no volverían a quedar blancos. Al rato los empleados comenzaron a buscar a quienes habían iniciado la pelea, pero por supuesto que no encontraron ni un alma en esa mesa.

—Perdí mi monedero —dijo Belz, chasqueando la lengua.

—¿Donde se te puede haber caído? —preguntó Devien; él era posible que hubiera dejado sus bits en casa, así que no le preocupaba mucho.

—No sé, en cualquiera de los sitios en los que estuvimos.

—Ah... no sé tú, pero yo no quiero toparme con nadie al que le hayamos jugado una broma.


PicoDevimon no tenía la menor intención de ser atrapado por seguridad, por lo que regresar a las escenas del crimen en busca de un monedero estaba fuera de toda contemplación.

—No tenemos que acercarnos tanto —dijo Belz— solo un poco para mirar alrededor... Mila no estará feliz si pierdo los bits.

—Hmmm... Bueno, vale, pero rápido —
suspiró el murciélago.

Y así es como se pusieron en camino para darle un recorrido a todas sus fechorías anteriores, teniendo mucho cuidado de no ser pillados por las pobres víctimas. Probablemente ambos terminarían causando algún problema en el camino, se lo propusieran o no, pero ahora el objetivo principal era no ser atrapados y recuperar ese monedero.

—Comencemos por el principio —dijo Belz—, el puesto ese de botellas, así damos tiempo a que el Puppetmon del castillo inflable se calme y no nos reconozca.

—Me parece perfecto —
acordó PicoDevimon con una sonrisa.

También tenía que cuidar mucho de no encontrarse al Terriermon de la obra o, peor aún, al Ogremon que Impmon había burlado al principio, pero eso había pasado hacía ya varias horas, así que no era tan peligroso como las diabluras más recientes. En su mente, el par de Childs ya estaba pensando que clase de travesura podría servirles como finale.



Krause Krause Belgium Belgium we can do this~
 

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Gomamon -- 9


Sus garras se movían acorde a sus patas, pues la foca era un ser cuadrúpedo. Firme, decidido, lleno de alegría. El dolor de había ido y en lugar de él se había dejado contagiar por un espíritu combativo salido de quién sabe dónde. Gomamon se sacó las gafas al llegar al lugar al cual quería llegar, sus ojos brillaron casi con la misma fuerza que las farolas especiales que condecoraban la calle: los campos de entrenamiento. Desde que comenzara la celebración de los veinte años, nuevos recintos para el adiestramiento de Digimon se habían creado no sólo para luchar, sino también para el entretenimiento. El Child esperaba que uno de estos espacios fuese de temática acuática; cuando a su Tamer le carcomían los nervios o sentía que sus trastornos estaban a punto de desatarse, recurría a la piscina privada del lugar en donde vivían para hacer un par de kilómetros nadando. La fatiga posterior conseguía relajarle y disipar sus impulsos.

Esbirro, ¿cuál es el precio por entrar? —preguntó Goma en el lobby del lugar. El aludido, un Betamon, le miró con sus enormes ojos desde lo alto de un escritorio que fungía como recepción.
El acceso es gratis debido al festival del veinte aniversario.
Bien. ¿Qué tipo de zonas de entrenamiento tienen?
¿Tipos?
Sí. Dime qué tipos.
Pues —el acuático de escamas verdes dudó un segundo— , puedes anotarte en una lista de espera y nosotros te asignaremos algún maestro o compañero de combate, o puedes ingresar por tu cuenta a cualquier campo y retar a alguien.
Prefiero entrenar solo.
También es opción.
Pero, ¿qué tipo de zonas de entrenamiento tienen? —Insistió la foca. La secretaria Betamon no estaba seguro de qué es lo que su camarada le estaba preguntando, por lo tanto decidió rebuscar entre los papeles del mueble y alcanzó un folleto colorido, doblado en tres partes iguales y se lo facilitó a su cliente.
Tal vez esto consiga responder tus preguntas —el verdoso estiró su diestra, apenas podía sostener el pedazo de papel debido a la forma de sus garras: uni-garras. El otro Child lo notó así que tomó el objeto enseguida— . Es toda la información que tengo.
Buen trabajo, ser inferior —aquella era su forma típica de decir ‘muchas gracias’.

Gomamon examinó el folleto y descubrió en él un mapa del lugar: las instalaciones eran amplias, y tal como lo supuso, había campos de batalla con diversas temáticas. El acuático tenía intenciones de relajarse en el agua, así como lo hacía su Tamer, para poder pensar en la manera más rápida, más eficiente de desarrollar sus habilidades. Si conseguía salir de aquel festival y volver a casa con la buena noticia de que, por al menos, ya podía avanzar a su forma de Ikkakumon, Tanneberger se alegraría y también se sorprendería. La foca cuadrúpeda caminó por lo largo de un pasillo habitado por muchos otros Digimon sin despegar su vista de aquel plano.

Lo lograré, seré el mejor otra vez —se dijo para sí mismo— . Seremos los mejores otra vez.

El olor a cloro impregnó sus fosas nasales; se encontraba cerca de su hábitat artificialmente natural (¿). Sonrió mostrando sus largos colmillos y sus pies avanzaron más rápido sin siquiera proponérselo.
 
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ORKKRO

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Plotmon y Strabimon

-¡Vamos, Plotmon!- dijo el sagrado para sus adentros, pues un fuerte sentimiento de culpa se había apoderado de él desde que se separó de Strabimon –Lo que hiciste fue completamente necesario- argumentó, en un intento de convencerse de que todo lo que había hecho estaba bien.

-¿Te ocurre algo, P?- llamó de pronto una voz desconocida a las espaldas del cachorro.

-¿Qué?- interrogó rápidamente el aludido al reconocer ese timbre de voz, pues era el perteneciente al compañero de uno de los Xenedis.

-Te dije que no lo interrumpieras, Flame- comentó de pronto una segunda voz, la cual era proveniente de Trabis.

-¿Y exactamente desde cuando tengo que hacerte caso?- preguntó el primer “extraño”, el cual había resultado ser Flame.

-¿Qué diablos hacen ustedes aquí?- interrogó molesto el cachorro, pues por fin había conseguido librarse de su niñera como para que ahora llegaran ellos.

-Trabis insistió por un extraño motivo que teníamos que venir aquí y encontrarte- respondió el tipo fuego, ocasionando con esto que el mencionado solo se llevara una mano a la cara de manera un poco brusca.

-Te dije que no debías de decirle eso- reprendió el lupino.

-En serio, hay más de mil digimon en esta área y se tienen que empeñar en buscarme a mí, ¿Por qué?- cuestionó el cachorro, aunque esta vez con mucha más molestia que antes.

-No puedo decírtelo, al menos ahora- contestó el bestia, consiguiendo con esto que el tipo fuego solo soltara un leve suspiro de resignación.

-Sera mejor que te abstengas de hacerle todas esas preguntas, yo llevo intentando eso desde ayer y aún no consigo sacarle nada- dijo Flame antes de tomar al pequeño cachorro por el cuello para aplicarle un pequeño roce con su mano.

-Fue Joe quien los mando, ¿no es así?- interrogó rápidamente el Holy, quien había deducido que su colega le había encomendado más de un vigía para asegurarse de que todo estuviera bien.

-No- contestó sin más Trabis, consiguiendo con esto sorprender en gran medida a Plotmon, pues el lobo no era alguien exactamente conocido por mentir –Solo te diré que no era exactamente a ti a quien buscábamos, si no al compañero que supuestamente debería de estar contigo- admitió el morado.

-¿Cómo sabes que alguien me acompañaba?- interrogó rápidamente el sagrado, quien se encontraba un tanto sorprendido de que el morado supiera ese detalle, esto debido a que hace ya un buen rato que nadie lo había visto con el otro lupino.

-Lo siento, pero no puedo revelarles nada por separado. Si quieren saber todo, necesitamos encontrar al Strabimon que te acompañaba- informó el purpura, solo asustando más al cachorro por saber incluso de que especie era a la que pertenecía su colega.

-¡Oye! Dijiste que me contarías todo cuando lo encontráramos a él- recordó el tipo fuego, quien solo se tiró molesto al piso por el cansancio que ya tenía para ese momento.

-Lo siento, pero pensé que estarían juntos- se disculpó el lobo.

-Ni loco buscare a ese tipo de nuevo, me costó demasiado trabajo deshacerme de él- exclamó ahora Plotmon, quien sentía que estaba siendo completamente ignorado por los otros dos.

-Sabía que esto sería mucho más difícil de lo que me imaginaba- comentó simplemente el lupino -. En fin, supongo que no me queda más opción que contarles esto. Tanto Joe y Hefesto puede que se metan en un gran problema si no llegamos al lugar que me dijeron antes de las siete de la tarde- informó.

-¿Y qué tiene que ver ese tipo con ese dichoso problema?- cuestionó el sagrado, ya que aún dudaba de la información que el Hybrid le estaba dando.

-Ese sujeto tiene la dirección del lugar en donde deberíamos de presentarnos, yo solo tengo la hora- comentó el purpura, consiguiendo con esto alertar un poco al dueto de oyentes.

-¿Y porque diablos no empezaste por ese punto?- interrogó Flame antes de comenzar a mirar atentamente a sus alrededores en búsqueda de algún Strabimon. No obstante y como era evidente, al ser un evento exclusivo para Digimon, había más de uno en toda el área.

-Era efectivamente por ese motivo que no te había dicho nada- confesó el bestia al ver la alterada actitud de su colega -. Lo que tenemos que hacer ahora es relajarnos y pensar una forma factible para encontrar a tu compañero- indicó mientras dedicaba una mirada al sagrado.

-¡ese tipo insoportable no es mi compañero!- aclaró el sagrado, dado que no quería que lo identificaran para nada con ese ser.

-Ese no es el punto ahora- habló esta vez el humanoide, el cual era el más afectado de los tres por la noticia del peligro.

-¿Plotmon, hay algún lugar que hayas visto que le llamara la atención a Strabimon?- interrogó Trabis, esperando que esas pistas pudieran llevarlos directos a la ubicación de su objetivo,

-Lo único que vi que le gustara fue ese asqueroso restaurante de “solo carne”- respondió el canino, esto gracias a que no sabía que todo ese asunto había sido solo una vil mentira.

-Ese parece un buen sitio para comenzar con nuestra búsqueda- comentó Flame, quien sin pensarlo comenzó a caminar sin rumbo alguno por varios segundos.

-¿Crees que se pueda encontrar ahí?- interrogó Trabis, quien como siempre parecía mantener la calma incluso ante esa extraña situación.

-No creo, hace poco comimos en una cafetería cercana a este lugar- admitió el sagrado.

-¿Y qué hicieron después?- prosiguió con su entrevista el licántropo.

-Me obligo a participar en un evento por parejas, pero lo hice molestar y se fue a un sitio desconocido- respondió el cachorro al mismo tiempo que el de pelaje naranja regresaba con una expresión confusa.

-Ehm. ¿Exactamente dónde está ese dichoso restaurante?- interrogó el recién llegado, provocando con ello que los otros dos solo soltaran un leve suspiro.

-Plotmon, llévanos al lugar en donde tuvo lugar esa competencia y después indícanos a qué lugar se retiró Strabimon. Quizás eso nos dé una pista de a qué lugar fue después de separarse de ti- pidió el purpura, consiguiendo con esto confundir un poco al tipo fuego, pues eso no era la respuesta que el buscada.

-¿Realmente tengo que hacer esto?- interrogó el canino con una mueca de poco convencimiento, recibiendo en respuesta un leve asentimiento por parte de ambos descendientes de los Juttoushis -¡Esta bien! Síganme- exclamó molesto el cachorro mientras se daba la media vuelta para caminar en dirección a la arena de competencias.
 

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Gomamon -- 10


No tenía una noción del tiempo. No quería, empero, que aquel momento terminara. Almas ninguna a su alrededor serían capaces de molestarle porque seguramente todos seguían disfrutando en el exterior, en el festival, al mismo tiempo en que él había decidido recluirse para aclarar su mente. Sus necesidades eran peculiares porque él no era un Gomamon normal.

Su cuerpo flotaba de allá hacia acá mientras observaba con detenimiento el techo del lugar. La piscina estaba en un lugar más apartado de los demás y resguardado por ese domo altísimo que podía removerse, en caso de que los usuarios desearan nadar ‘al aire libre’. Cuando ya no hubo nada más interesante qué examinar, el héroe movió suavemente sus brazos y enseguida se sumergió en el agua como en cámara lenta, hasta que ni una sola parte de su cuerpo quedase fuera.

«Lo siento pero no soy la mejor, ni si quiera algo cercano. Nunca doy todo.»
«Yo si soy el mejor, me agradas y sé que cuando me conozcas yo también te gustaré. Sólo tienes que poner la mitad y yo me encargaré el resto.»

Mientras caía hacia al fondo, los recuerdos más atesorados en su memoria comenzaron a surgir de manera abrupta, así como cráteres haciendo erupción en la zona volcánica más activa del planeta. No sabía si es que quería revivirlos o no, pero sea como fuese no tenía opción. Cerró sus ojos con mucha fuerza, casi lastimándose en ello y apretó sus garras sintiendo ganas de golpear a ‘algún ordinario cualquiera’.

«¡Soy un guerrero de Odin! Dime, tú ¿de qué te jactas? ¡Cobarde!»
«Somos nadie hasta que alguien cree que somos alguien. Yo creo en ti.»

A pesar de todo ese tiempo lejos de la civilización humana y digital para borrar sus heridas, el pelinaranja no conseguía olvidarlo. En alguna ocasión él había sido fuerte, muy fuerte, temido y poderoso. Las batallas de antaño no tendrían punto de comparación con las tareas insulsas que ahora desempeñaba junto a su Tamer. Y una parte de él se encontraba confundido, contrariado, porque si su actual condición era una que la susodicha siempre había anhelado –un bajo perfil, desconocimiento por parte de la sociedad, ni un sólo combate más-, y él tan sólo quería cumplir sus deseos, entonces no tendría por qué estar sintiendo ganas de morder la manzana del pecado.

«¿Estas herido por mi culpa? »
«Sí, pero no importa porque daría mi otro brazo, inclusive mis piernas, mi cabeza, mi cuerpo entero si con eso soy capaz de traerte de vuelta. »

¿Qué significaba aquello? ¿Acaso Tanneberger y él estaban creciendo por caminos distintos? ¡No! Tal vez nunca habían tenido diferencias muy remarcadas, pero cualquier pareja, cualquier tándem o equipo suele tener sus conflictos de vez en cuando; y siempre hay una primera vez para todo. No sabía cómo se lo tomaría la germana, pero tenía qué decírselo. Era imperioso.

Necesito decírtelo, Dylan. Quiero sentirme de nuevo como un guerrero divino —mostró sus dientes y abrió sus orbes de golpe, justo antes de alcanzar el final del contenedor— . Solo así seré capaz de protegerte —¿Había despertado ya? Todo aquel tiempo se sentía como si hubiese estado en reposo, dormido como una bestia muy apacible, domable, tranquila. Tenía qué decírselo cuanto antes: Gomamon tenía sed de batalla.
 

|><(((((ಠ> ... Deal with it!
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#7
Las heridas de Guilmon fueron curadas por el Cutemon que se encontraba en el lugar antes de que el saurio se fuera. Los sonidos de otro combate se escuchaban en la arena, pero el encapuchado ya había tenido suficiente de aquello, además, debía ver dónde iba a reparar su manto rasgado. Ni Strabimon ni Flamon habían considerado a un Digimon que usara ropajes, por lo que no tenían a nadie que se encargara de eso en su grupo.

A lo lejos y desde las gradas, Strabimon se despidió de Guilmon, este último replicó el gesto antes de alejarse.

— ¡Maestro! — Una voz se dejó escuchar y no fue necesario que el saurio viera quién había hablado para saber la identidad de este.

— Linus. Ya decía yo que te iba a encontrar por aquí. — Habló Guilmon, mirando al Koromon recién llegado.

— Así que sí era usted, Maestro. — Dijo el Baby con una gran sonrisa — Estuve vigilando todas las atracciones que tenían que ver con peleas para ver si lo encontraba. En cuanto escuché que en una había aparecido un Guilmon negro supe que era usted y vine corriendo, pero no alcancé a verlo pelear. — Se lamentó Linus, bajando la mirada.

— Ya habrá otra oportunidad. — Consoló el Virus — Hey, ¿qué tal si vamos a ver esas otras atracciones de pelea que mencionas?

— ¡¿Enserio?!

Los ojos del Koromon brillaron ante la proposición. Lo cierto es que algo de compañía le venía bien a Guilmon para disfrutar el resto del festival de una manera más relajada, además del hecho de que había conseguido un dinero extra para gastar e incluso, llevar de vuelta a su tamer.

Mientras caminaba por las calles de File junto a Linus, el Virus extrajo de sus ropajes la tarjeta que Strabimon le había entregado. El intrincado símbolo en ésta le llamaba la atención al saurio, que no había visto algo parecido antes, por lo que no le hacía ningún significado. Tal vez Dante podría hacer sentido del objeto si se lo enseñaba, e incluso tal vez le interesaría aquello de un club de pelea.

— ¿Qué es eso, Master? — Preguntó Linus viendo la tarjeta.

— Nada importante, solo suvenir para Dan. — Dijo Guilmon, guardando nuevamente el objeto.

— ¿Para el Boss? ¡Eh!, yo también quiero un regalo.

El saurio se limitó a reír antes de continuar caminando. Mientras el par de Digimon andaba paseando, el Virus no pudo evitar preguntarse qué estaría haciendo Walker en aquel momento. Si bien andaba sólo, no era imposible que el peliblanco se metiera en algún problema, o más bien, que se le ocurriera una idea problemática, aunque él mismo no era quién para hablar, después de todo, había participado en una pelea y se había involucrado en algo que no parecía precisamente legal.

Un suspiro escapó de la boca de Guilmon mientras pensaba en el asunto, y aunque en el fondo sabía que había hecho todo por sí mismo y sin que nadie le influyera, prefería repetir algo que se estaba convirtiendo en su mantra.

— Todo esto es culpa de Dan.
 
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