Evento Digimon Festival [20th]

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Amitiel

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VII.

El objeto que se nos mostró nos causó un curioso sentimiento de satisfacción...

—Aquí tienes. —sin mayor preámbulo el insectoide extrajo una pequeña caja, para entregársela después a Kyo— Por quince etiquetas recibes esto… Que lo disfrutes…

Examinando el premio, comprobamos que se trataba de un reloj de escritorio con un mecanismo similar a un péndulo (cuya forma era parecida a un Leafmon). No era un objeto muy vistoso, la verdad (para ser sincero, creí que la recompensa sería menor); sin embargo el pequeñuelo se mostraba muy contento con lo obtenido, saltando alegremente e intentando posar su cola en el péndulo del reloj (que era la hoja del Leafmon). Con algo de curiosidad, se me ocurrió preguntar por el método para la obtención de los demás objetos:

— ¿Cómo podría obtener esto? —señalé una chaqueta cuya leyenda atrajo mi atención, pues la misma rezaba: ‘Los espectros de Lucemon’ , dando a entender que se trataba de un conjunto de música rock (o eso era lo que creía).

— ¿Esto? —el abejorro respondió, señalando un grupo de cosas (entre las que resaltaba la chaquete, el taburete de pintura y una guitarra), claramente separadas y etiquetadas— Si obtienes cierta cantidad de etiquetas doradas podrás venir a canjear las mismas por alguno de estos objetos.

Alejándonos de aquel sitio, una nueva idea empezaba a asentarse en mi mente, ocasionado que observara con cuidado las atracciones del festival, para ver si alguna ofrecía el boleto mencionado por Funbeemon. Mis intenciones de participar estaban entorpeciendo las actividades que desarrollaba, llegando a tropezar en algunas ocasiones, y en otras, emitiendo ligeras disculpas ante digimon que había llegado a incomodar. Fue el bebé quien me pidió que nos detuviéramos cerca de una aglomeración de tiendas; pese a la extrañeza que me causaba su accionar, decidí esperar pacientemente.

— ¿Qué es lo que pasa, Gabo? Tú no eres así… —girando su cuerpecito, Kyo me observaba fijamente.

Incapaz de mentirle, respire hondo y confesé mis intenciones:

—Recuerdas los boletos que ganaste por participar en tu concurso… —inicié, a lo que el infante respondió asintiendo— Hay otros, de color dorado, que pueden ser canjeados por premios aún mayores… Sólo hay que encontrar tales sitios —concluí, ante la mirada ávida del cachorro, claramente interesado en ganar más objetos.

— ¡Me parece bien! —sonrió, tratando de acomodarse en mi cabeza (algo que no pensaba permitir) — ¡Vamos y comencemos a buscar!

He de admitir que me encanto bastante este periodo de convivencia con el cachorro, pues dimos bastantes vueltas buscando algunas atracciones que pudieran brindarnos al menos un ticket, aunque con resultados negativos (y algunos divertidos). Relativamente cansado por la búsqueda realizada, estaba a punto de rendirme, cuando pude escuchar la melodiosa voz del bebé:

—Y esta, ¿qué te parece, Gabo? —señalaba una tienda de color verde oscuro.

Ingresando a la misma, vimos que su único ocupante era un digimon perfect, que se dirigía a los transeúntes:

— ¡Venga y pruebe su fuerza! —altanero, un peculiar Nanimon (vestido con una chaqueta militar) trataba de atraer la atención de los concurrentes, a la vez que señalaba una variedad de instrumentos, útiles para hacer ejercicio— Pruebe su capacidad enfrentando cada uno de mis desafíos, y si vence los mismos, podrá llevarse algunos de estos “pequeños.” —con soberbia levantó una serie de estampas de color dorado.

Sintiéndome muy confiado (¿qué tan difícil podía ser?), me acerqué al digimon, sin imaginar el futuro que me esperaba…
 

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Agumon #2



A pesar de que la idea era que el par de monjas escoltaran y protegieran a Agumon en caso de alguna eventualidad, ver al trío avanzando por el festival podía dar una idea totalmente opuesta de los “roles” de cada uno. Agumon se mantenía rezagado, como si fuera él el que tuviera la responsabilidad de vigilar a las monjas que, sin pena o preocupación alguna, iban curioseando las distintas atracciones del festival como si estuvieran de visitas en un parque de diversiones. Noir, como de costumbre, era quién demostraba más abiertamente esto, saltando de un puesto a otro de manera un tanto infantil, señalando a los Child las cosas que más le llamaban la atención. En comparación con ella casi podía decirse que Blanc si demostraba el porte y solemnidad de una escolta, no obstante su jovialidad le hacía imposible resistirse totalmente a las tentaciones que su hermana le ponía en frente. El resultado era la imagen de dos chicas riendo y divirtiéndose con cada nuevo hallazgo que hacían, mientras el reptil líder de Gungnir observaba sus despliegues con una sonrisa llena de resignación en su rostro.

- Se lo toman con mucha calma – comentó Agumon tras unos minutos, mientras Noir se encargaba de adquirir bocadillos para los tres. Se alejó del puesto de comida balanceando platillos entre sus manos, entregándole primero uno a su hermana para luego pasarle al dragón una brocheta llena de trozos de carne asada, gesto que el Digimon aceptó con gusto – Gracias.

- Andar paranoico solo atrae problemas – comentó Noir, aprovechando que había liberado su mano para probar un poco de su propia comida: Un platillo de Dangos – Es un festival para ustedes, disfrútalo.

- Lo sé, solo no pensé que algún día necesitaría alguno – contestó Agumon, mordiendo la brocheta recibida – Me refiero, he estado con Masaki durante tres años, pero realmente nunca pensé que necesitara un trofeo por ello – Tras decir esto se detuvo un momento para acomodar sus ideas – No sé, la relación entre ambos y el poder que alcanzamos juntos siempre me pareció suficiente recompensa.

- Tener un Tamer debe ser agradable… - murmuró Blanc entre bocados. Aquellas palabras, apenas audibles entre la multitud, provocaron que ambos Digimon posaran su atención sobre ella, así como un poco de culpabilidad en el Child al notar que lo que había dicho, tal vez, había carecido de tacto.

- Disculpa, no lo decía por presumir ni…

- Ah, no es por eso – aclaró Blanc, tranquilizando al Digimon con una sonrisa – No me molesta no tener Tamer. De hecho, si lo tuviera posiblemente no los habría conocido a ustedes o habría tenido que alejarme de mi hermana…

- No te habría dejado – canturreó Noir para luego tomar un semblante que, si bien no era tenso, si demostraba que lo que diría a continuación era sinceramente sus sentimientos y opinión – A mi tampoco me molesta. El Digivice es una formalidad cuando te sientes unido a un Tamer como nosotras lo estamos a la Guild. Además, no es como si los chicos del gremio no nos hubiesen hecho más fuertes de todas maneras – La última acotación fue acompañada por una expresión un tanto enigmática, que tanto Blanc como Agumon pudieron entender a causa de lo que habían vivido recientemente en Star City.

- Estoy de acuerdo – corroboró la menor – No necesitamos un Digivice para querer estar con los demás o para sentir su apoyo en nosotras. Sin ellos nunca habríamos alcanzado nuestras nuevas formas.

- Blanc… Noir…

- ¡Así que si lo piensas, tenemos más Tamers que tú, Chuck! – concluyó la monja virus, portando de regreso su acostumbrada sonrisa – Puedes envidiarnos ahora~

Agumon soltó una leve risa, sintiéndose contagiado por el optimismo que ambas Sistermon exhibían entre ella y hacia él. Esa era una de las tantas cualidades que las había llevado a donde estaban ahora, juntos y como familia.

 

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#2

— Vaya, todo está realmente animado. — Dijo para sí mismo Guilmon, caminando por las calles de File.

Si bien el Child sabía lo que era un festival, sus expectativas para ese en particular no eran muy altas. Aquello era por el simple hecho de que esta vez la celebración era para y por Digimon. Probablemente habría humanos ayudando, pero en su mayoría solo serían los seres digitales los encargados de preparar los puestos y actividades, y a parecer del Child, los humanos eran los que usualmente aparecían con las mejores cosas, o por lo menos las más novedosas por inspirarse en su propio mundo. Pero todo aquello fue derribado por lo que el Virus tenían a sus alrededores.

Los locales y tiendas usuales de la ciudad mostraban llamativas ofertas especiales para Digimon. Restaurantes tenían menús únicos y otras tiendas también se jactaban de tener productos pensados para la ocasión. Más allá de todo aquello, puestos ambulantes se habían instalado, ocupando las vías públicas y decorándolas para darle un ambiente más alegre a la ciudad. Música se podía escuchar, la cual cambiaba cada cierta distancia, probablemente por la fuente de la que provenía. Ocasionalmente anuncios se dejaban oír, promocionando diferentes eventos que se tenían preparados.

— ¡Hey, tú!

Guilmon miró instintivamente a la voz que había resaltado sobre el resto, no porque sintiera que le hablaban particularmente a él, sino más bien por simple curiosidad. Resultaba ser que esta había provenido de un Palmon que sí se dirigía a él con una manzana especialente roja en un palo.

— Estamos dando manzanas confitadas gratis por el festival y no recuerdo haberle dado una a un tipo tan extraño como tú. — La honestidad del tipo planta era sorprendente, l suficiente para que Guilmon sonriera amargamente. No se lo tomaba a mal y tampoco negaba la descripción, pero no cualquiera lo hubiera dicho de esa forma.

— Gracias. — Replicó el saurio negro, recibiendo el dulce.

— ¿Vienes recién llegando? Deberías buscar alguno de los eventos de competencia. Pareces de la clase que le gustan las peleas.

Honesto y perceptivo. Aquel Palmon estaba dando en el clavo con todo, y el Digimon X no podía enojarse, después de todo, le habían dado comida gratis y si realmente estaban organizando competencias, no estaba de más buscarlas por lo menos para mirar. Antes de que Guilmon pudiera preguntar por más información a Palmon, este se fue corriendo, probablemente a repartir más manzanas y ser brutalmente honesta con otros.

El Virus continuó su camino. Bien podía encontrar la información que quería en otra parte, después de todo, con un evento tan grande debía haber un lugar que sirviera como guía para los visitantes.

— Seguro que algo así haría Dan. — Inconscientemente el Child soltó esas palabras y no fue hasta unos segundos después que lo notó. Usualmente jugaba con el hecho de que Walker lo influenciaba, pero a final de cuentas, algo de verdad había en ello. La imaginación de Guilmon comenzó a funcionar, a tal punto que este comenzó a pensar cómo sería el tener a un “mini Dante” diciéndole que hacer todo el tiempo.
 

Amitiel

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VIII.

Realmente fui muy ingenuo como para caer en este embrollo…

Si he de ser sincero, ingresé al ambiente con mucho entusiasmo, sin ser consciente de posibles rivales que hubiesen tenido la misma idea que yo… Sin embargo, ya adentro, me di cuenta de los diversos instrumentos que se encontraban desperdigados por los alrededores; ese aspecto no era muy preocupante, la verdad, pero cuando reparé en la puerta ubicada al fondo de la tienda, la misma que tenía características de haber sido recortada irregularmente…

Haciéndome una idea vaga de lo que me esperaba, crucé lentamente el umbral provisional, sorprendiéndome al encontrarme con lo que parecía un campo de obstáculos, los cuales parecían terminar al inicio de un grupo de árboles lejanos. Dándome cuenta (aunque tarde) de lo que debía hacer por los boletos, intuitivamente bajé mi mirada, encontrándome con los ojos claros de Kyo, quien parecía tan sorprendido como yo.

— ¿Sabes? Creo que sería bueno volver a buscar… —el tono indeciso del cachorro delataba la preocupación que lo embargaba al ver la pista de obstáculos.

Respirando profundo, respondí al infante, a la vez que sacudía negativamente mi cabeza:

—No te preocupes, no creo que sea difícil… —inicie, tratando de calmar al infante (a la vez que intentaba tranquilizarme) — Será mejor concluir rápidamente con el desafío…

— ¡Bienvenidos, valientes! —la voz de Nanimon resalto en el claro— No os preocupéis, pues el desafío no debería representar dificultad alguna si se encuentran debidamente entrenados. A la conclusión del recorrido, os estaré esperando para determinar a los ganadores… —concluyó, señalando la ruta a seguir.

Volteándome lentamente, pude observar a los competidores que —junto conmigo— anhelaban obtener las preciadas fichas, reparando en uno en especial, pues me recordaba mucho a un Terriermon que conocimos con mi tamer en nuestra primera misión, alejando aquella idea de mi mente (era imposible que aquél cachorro participe) decidí concentrarme en el desafío; depositando a Kyo junto con los espectadores (y luego de solicitar colaboración a un Elecmon cercano) partí inmediatamente, tratando de recuperar el tiempo que había demorado.

Sobra decir que aquel Nanimon cumplió a cabalidad su promesa… La prueba contaba con su grado de dificultad…

Luego de cruzar un pequeño espejo de agua (en el cual había enredaderas acuáticas) se arribaba a una planicie llena de trampas de diversos tipos, con las cuales tuve relativos problemas (en especial con aquellas disimuladas en la superficie del suelo); después de librarme del ultimo hueco en el que había caído, accedí al siguiente nivel mediante una escalera, llegando a divisar una especie de puente que colgaba de un precipicio rodeado por zarzas y espinas, y el que debía ser atravesado con la utilización de las manos.

Atravesando aquella sección me dispuse para bajar y acudir al siguiente nivel, cuando una sirena se escuchó por los alrededores de la planicie. Intuyendo que la prueba había concluido, rápidamente traspasé un segmento en cuyas paredes se encontraban dispersa mecanismos similares a lanzallamas (afortunadamente desconectados) y llegué al final del tramo, en el momento justo en que Nanimon estaba premiando a un Bearmon (con heridas y magulladuras) con los boletos dorados. Afortunadamente no todo fue en vano, ya que obtuve algunos tickets como premio consuelo.

— ¿Cuántos boletos obtuviste? —el bebé preguntó, curioso por los papeles que portaba.

—Creo que unos diez… —respondí, olvidando momentáneamente la frustración que sentía.

El felino calló y con una gran sonrisa repuso:

—Vayamos y canjeemos tu premio…


Aquella sonrisa me animó y —luego de limpiarme y estirarme un poco a causa del ejercicio— emprendimos el camino hacia el punto de canje…
 

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#3
— ¡Acérquense, acérquense! ¡Nuestra siguiente pelea está a punto de comenzar!

Gradas rodeaban un espacio circular de cerca de quince metros de diámetro en las cuales varios Digimon se encontraban sentados. En el centro de todo un Flamon bastante animado con un micrófono en una de sus manos anunciaba el próximo combate que allí se llevaría a cabo.

— A mi derecha tenemos a un practicante de las artes ninja, un peleador silencioso pero mortal. No me gustaría encontrármelo en un callejón oscuro. ¡Denle la bienvenida a Falcomon! — El público aplaudió bastante entusiasmado al pájaro digital que entró caminando con porte solemne. Entre ellos se encontraba Guilmon, que simplemente miró analíticamente al ave mientras le daba el último mordisco a su manzana confitada — Y a mí izquierda tenemos a un caballero de blanca armadura. Un Digimon de moral y lealtad intachables, unas que le han llevado a un estilo de pelea refinado y caballeresco. ¡Todos saluden a PawnChessmon!

El segundo contendiente apareció a la vista de todos, luciendo su blanca armadura y saludando con su lanza a aquellos que clamaban por su victoria.

Antes de que la batalla pudiera dar comienzo y mientras el par de Digimon en la arena comenzara a pelear, un Strabimon se le acercó a Guilmon con una sospechosa actitud.

— Hey, amigo, pareces ser de los que aprovechan una oportunidad cuando la ven. ¿Te interesaría participar en una apuesta?

No le tomó mucho tiempo al saurio entender lo que pasaba. Las peleas eran el evento principal, pero aquel Flamon y Strabimon tenían un negocio de apuestas detrás de bambalinas, aunque bien podía ser cosas solo del segundo mientras el primero no sabía nada.

“¿Qué haría Dante?” fue lo que pensó el del anticuerpo X, imaginándose inmediatamente a Dante sonriendo mientras arriesgaba unos pocos bits por uno de los contendientes.

— Le apuesto veinte bits al Falcomon. — Indicó el encapuchado, dándole el dinero al Beast Man, que se limitó a sonreír complacido para luego entregarle un ticket a Guilmon, prueba de su apuesta.

La batalla comenzó pocos segundos después. El primero en actuar fue el Pawnchessmon que se lanzó a la carga con su lanza por delante. La reacción de Falcomon no se dejó esperar, lanzando varios shuriken a su contrincante, pero este último se limitó a protegerse con su escudo y continuar hacia su enemigo. Antes que la puntiaguda arma hiciera contacto con su enemigo, el ninja dio un salto, poniéndose a la espalda del caballero que tardó unos segundos en notarlo, puesto que su escudo le bloqueaba parte de la vista.

Con un rápido movimiento de sus alas, el pájaro lanzó cuchillas de viento realmente difíciles de ver hacia la espalda de su oponente, las cuales dieron en el blanco, arrojando al de la armadura de frente al suelo. Pawnchessmon no estaba derrotado y dio una voltereta para reincorporarse rápidamente a la batalla.

— ¡Vaya que batalla! Pawnchessmon nos muestra su valía y fuerza resistiendo los ataques de Falcomon como si nada y continuando con la batalla, mientras que el ninja hace gala de sus tácticas de pelea. — Comentaba Flamon.

Por su lado Guilmon ya estaba viendo en su mente el final del combate y bufó. Se iría con unos bits extra de aquel lugar.
 
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Amitiel

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IX.

Mientras caminábamos, llevando nuestros obsequios, el fulgor de un rayo azulado nos tomó por sorpresa…

Luego de descansar brevemente, a la vez que atendíamos un pequeño “capricho” de Kyo (y mío), salimos del expendio de caramelos llevando algodones de azúcar que el bebé hábilmente consumía, ayudado con su cola; apoyado por el infante, pude comer algo del bocadillo, lo cual era algo difícil a causa de los paquetes que habíamos obtenido (pese a mis esfuerzos, sólo pude canjear mis boletos por una lámpara de escritorio cuya base era parecida a una D-terminal). Distraídamente, observé el bocadillo dulce, rememorando la época en que tuve acceso al mismo con anterioridad, siendo esta en un caserío solitario de Folder Continent, lugar poco conocido a causa de su ubicación pero al que llegué en mi periodo de viajero.

— ¡Hey! Ha pasado mucho tiempo... —un saurio azulado se acercaba velozmente, sacudiendo el morral que portaba, el cual producía bastante ruido para su tamaño.

—Oye, ¡yo te conozco!... —Kyo saltó alborozado entre mis brazos— ¡Tú eres el "dinosaurio loco" que vimos hace tiempo...

— ¡Kyo! ¡Qué te dije sobre…! —empezaba a regañar al infante (cuando llegáramos a casa le enseñaría algo de buenos modales), sin embargo sus palabras lograron confundirme— ¿A qué te refieres con “dinosaurio loco”?

— ¿No lo recuerdas? —el bebé insistió— Casi embistió a su tamer ni bien llego a City File, el pobre humano se llevó un buen susto…

¿City File? Fue entonces cuando lo evoqué… El saurio nos saludó alegremente mientras señalaba el bocadillo que devorábamos en ese instante; comprendiendo el mensaje que intentaba darnos, volvimos al expendio de caramelos, donde el digimon adquirió una cantidad surtida de dulces, guardándolos en su característico morral. Concluida la labor, nos alejamos del lugar entre charlas y risas; fue así que mientras dialogábamos descubrimos que su nombre era Charlie y que su tamer, Ethan, había decidido participar en las actividades de la Central, dejándole el día libre.

Continuando con nuestro dialogo, llegamos —sin proponérnoslo— al sector de entretenimiento mecánico, sitio donde maquinarias de diversos tamaños y colores se encontraban desperdigadas por los alrededores.

— ¡Vamos allá! —el felino empezó a saltar, señalando una gigantesca montaña rusa— Parece entretenido…

—No —fue mi escueta respuesta.

— ¿Por qué? Yo quiero entrar… —viendo como el infante empezaba a hacer pucheros, rápidamente decidí cortar su berrinche:

—Sabes que tú no puedes entrar, Kyo —respondí con un coscorrón al infante— Aunque quisieras, no podrías a causa de tu tamaño… —concluí, mirándolo fijamente…

— ¿Y si nos dirigimos a ese lugar? —en medio de nuestra discusión pudimos escuchar la voz de Veemon, quien observaba una rueda de la fortuna de mediano tamaño— Al parecer no hay mucha fila…

Obedeciendo nuestros impulsos, ingresamos alegres en la calesita… Grave error…

Ni bien salimos de entretenimiento, tanto Charlie como Kyo se dirigieron al baño, pues habían logrado marearse con el corto recorrido; esperándoles en la entrada del lavabo, me distraje observando nuevamente nuestros premios, hasta que por fin salieron del lavado. Observando con calma sus rostros abatidos —que todavía guardaban tonos verdosos— pude conseguir unos vasos plásticos con agua y ofrecérselos, la cual bebieron con parsimonia, mientras reposábamos en un banco cercano a las atracciones.

Ya más tranquilos, nos despedimos del saurio y mientras lo veíamos confundirse con la concurrencia, por un breve momento empezamos a cuestionarnos sobre las actividades que Gaia estaría desarrollando en ese momento…
 
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Krause

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#7


Dreiz sintió como algo dentro de él se iba haciendo añicos poco a poco; algo llamado, quizás, “autoestima” y “confianza”. No creyó, ni por todo el oro del mundo, que tanto Samali como Palmon estuvieran tan adelantadas a ellos. ¿Quién diría que sólo por un leve instante se emparejaron en nivel, para que pronto las féminas los rebasaran en cuestión de meses? Ha decir verdad no se sorprendía en lo absoluto, pues tanto él como su Tamer habían tomado muchos descansos en períodos extremadamente largos, incorporándose luego a la sociedad después de un tiempo bastante considerable. Era de prever que ambas chicas no perderían el tiempo y buscarían escalar en lo más alto de la cadena alimenticia, para no quedar rezagadas con el resto de sus compañeros de Guild -suponía- y poder estar listas para cualquier emergencia.


Esa motivación, ese coraje de seguir luchando; aquello era algo de lo que ellos carecían.


Sí, podían estar haciendo Quest, buscando el dinero y el poder, incluso la comprobación de sus teorías. Pero desde que la cabaña pasó a no ser más que una gran casa vacía, con la comida necesaria para subsistir después de la desaparición de Medaka, Alexander y Lauren, sus ánimos por seguir escalando y mejorando se vieron estancados. Antes, cuando Luxstar era la líder del gremio, los llenaba una motivación y fuero interno por estar a su par o, incluso, llegar a superarla para no tener que seguir bajo su sombra. Cuando Alexander también ascendió al mismo tiempo que ellos, fue el detonante para que quisieran conseguir mejores trabajos y así poder ser los primeros de su categoría en subir a Expert. Mas ahora no había nada de eso; su único empuje, por el momento, era el odio-rivalidad que Chris mantenía con Samali por cosas extrañas del destino. Por ello, si ella resultaba ser la portadora de Ranamon, eso significaría tener un nuevo propósito y rumbo en sus vidas; pero, mientras todo siguiera siendo un mero rumor, no es como que se pudieran poner el desafío de matar a la rubia para comenzar la caza a los portadores.


Suspiró.


-¿Cómo lo haces?-Aprovechó esos instantes para preguntar, pues Horo Horo ya se estaba removiendo entre sus brazos de forma más brusca, signo de que pronto despertaría. Sin embargo, la palmera no pareció entender del todo su pregunta.


-¿Hacer qué?


-Seguir, trabajar, tener misiones, exámenes. Escalar.-Carraspeó el dragón, no entrando del todo en contexto pero dando las suficientes pistas para que la fémina pudiera entenderle. Ciertamente, le daba algo de vergüenza declararse como falto de sentido en cuanto a la vida ante la chica. -Chris y yo no tenemos esa motivación. No al menos después de que nos abandonaron.-Completó para que Pal no se hiciera ideas raras; tampoco quería sonar como un pelele o alguien digno de lástima, esa no era su intención. Mas, sin quererlo, entró al ámbito personal. Sabía que Palmon no era la típica chica confianzuda y tonta, mas aun teniendo como antecedente el odio entre sus humanos; pero, quizás si empezaba por algún miedo o desánimo personal, la planta pudiera abrirse un poco más con él.

Mirae Kiyoe
 

Amitiel

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X.

Mientras descansábamos, pudimos observar como una estela de colores iluminaba el cielo oscurecido...

Pese a no haber participado en la mayoría de las atracciones presentes en el festival, realmente me sentía cansado; esta sensación correspondía ante todo al estrés que me causara ocuparme de Kyo por un día entero y, pese a que conté con bastante ayuda, empecé a darme cuenta de que necesitaba aprender muchas cosas más, si quería desempeñarme con eficiencia en ese nuevo campo… Fue curioso, pero llegué a apreciar la tarea que mi tamer desempeñaba al encargarse del infante… Obedeciendo finalmente a mi impulso, me apoyé plácidamente en el tronco de un árbol frondoso, mientras veía como algunos digimon empezaban a mover varios objetos cercanos a una pequeña carpa.

Kyo (quien se había sentado graciosamente sobre mi cabeza) miraba aburrido los preparativos de los encargados hasta que, bostezando ruidosamente, preguntó:

—Oye, ¿qué crees que estén haciendo aquellos tipos? —señaló con su cola al grupo de obreros.

—Espera y lo verás. —respondí, sin poder contener un bostezo.

—Pero… —el bebé empezaba a quejarse, pero afortunadamente una estrella multicolor resaltó en el cielo— ¡Qué lindo! Mira, Gabo, ¡son fuegos artificiales!

Podía comprender el embeleso del bebé con relación a las bengalas, por lo que decidí permanecer en dicho lugar para observar el espectáculo. Era una medida realizada para el bien de ambos, pues mientras Kyo se distraía, yo me encontraba reposando tranquilamente. Sin embargo, notando nuevamente un inusual silencio, asustado me levante, creyendo que el infante se había escapado nuevamente, pero cuál fue mi alivio al encontrarlo dormitando entre mis brazos.

Iniciando el camino a casa, pasamos por la guardería, la cual estaba atestada de humanos. Recodando a mi tamer, apresuré el paso y llegamos a la confitería, en el momento justo en que ella bajaba del dormitorio:

— “¡Mira lo que trajimos! Además, hoy hemos conocido…” —alegre, Kyo se apoderó del pizarrón de mi tamer, a la vez que empezaba a realizar un relato de las ‘aventuras’ (si se las podía llamar así) vividas en la jornada; por mi parte, deje que el pequeño se encargara de ese detalle mientras (estirándome) me dirigía al dormitorio; sintiendo un ligero roce en mi hombro, me di vuelta y vi a mi camarada que me observaba.

— ¿No piensas contar nada, Gabo? —la pregunta de mi tamer no se dejó esperar— ¿Cómo la pasaste el día de hoy?

—Por el momento no, Gaia. —respondí, escuetamente— Realmente quiero descansar… —concluí, sin poder evitar un bostezo.

“Descansar…”

Eso dije, pero horas más tarde, observaba el cielo oscurecido de la ciudad, pues el amanecer no había llegado. La brisa de la anterior jornada había desaparecido, siendo reemplazada por un viento gélido que lograba mover las hojas de los árboles cercanos. A lo lejos, se podían observar los últimos destellos del festival, el cual se extinguia lentamente ante la cercanía de la mañana. Mirando ese paisaje, todavía pensaba en la experiencia que había vivido el día pasado.

—¡Maldición! —mascullé frustrado, después de recordar algunos de los momentos que me tocaron vivir— Realmente me falta mucho para mejorar... —exhalé, sintiendo un escalofrío a causa del frio.

Y, dando una última mirada a los restos del carnaval, ingresé al interior del inmueble, con una sola intención: tratar (esta vez) de descansar. La mañana empezaba a levantarse, aunque el sol demoraria en hacer su aparición, debido a las densas nubes grisaceas que circulaban con curiosa rapidez, como si trataran de huir de algo…


 

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#4

Pese a los mejores intentos de Pawnchessmon, su oponente era extremadamente hábil, o al menos lo suficiente para esquivarlo en todos sus intentos de acercamiento y por desgracia, la especialidad del caballero era el combate cuerpo a cuerpo. Aquella diferencia había resultado en que el de la lanza fuera recibiendo y acumulando daño lentamente. Ahora, incluso con la alta resistencia de su cuerpo, el cansancio se veía claramente y sus movimientos habían comenzado a volverse más torpes.

Con un salto, Falcomon se colocó sobre el de la armadura, dejando caer trozos de bambú con mechas encendidas. Cuando el caballero entendió lo que estas eran sus ánimos desparecieron. Lo siguien que todo vieron fueron explosiones rodeando a Pawnchessmon y al mismo tirando en el suelo.

— ¡Vaya!, parece que Pawnchessmon ha agotado sus energías. ¡Nuestro ganador es Falcomon!

Un par de Agumon acompañados de un Cutemon aparecieron llevándose al de la lanza. Sus heridas no eran graves, pero aun así parecían encargarse bien de los derrotados. Falcomon cerró los ojos y extendió sus alas en una pose clásica de ganador esperando por la ovación del público, la que no tardó en dejarse escuchar. Si bien era el público no era tanto, lograba hacerse escuchar.

En aquel instante, el Strabimon que había hablado antes con Guilmon se acercó con una sonrisa.

— Pues le atinaste, amigo. Aquí tienes tu ganancia. — Le indicó el Beast Man, entregándole los bits que había ganado por su apuesta.

— Era lo más lógico. Un Falcomon tiene un estilo de pelea rápido y versátil, en cambio un Pawnchessmon se fía de su defensa para derrotar a su oponente, por lo que si no tenía un as bajo la manga para tomar por sorpresa a Falcomon lo más seguro era que perdiera. — Explicó Guilmon. Hacía tiempo que no podía lucir sus conocimientos, algo que en Folder no poseía, puesto que la mayoría de los Digimon de ahí eran desconocidos para él.

— ¿Eh?, pareces saber mucho de batallas. ¿No te interesaría participar en una?

La repentina oferta de Strabimon dejó sin palabras al Virus negro. Guilmon creía que las peleas ya estaban programadas, pero al parecer no era así. La idea de ir a pelear era tentadora. Strabimon malentendió el silencio momentáneo del encapuchado, por lo que agregó algo de sazón a la oferta.

— Si ganas o incluso si pierdes dando un buen show te podría llevar una buena paga, amigo.

— Si lo pones así, acepto. — A pesar de que el Digimon X ya había decidido participar, no estaba de más hacer pensar al Beast Man que solo lo había convencido con lo último.

— Bien. Le diré a Flamon que prepare una presentación para ti. — El peludo le dio una tarjeta de plástico a Guilmon, una que tenía un único logo dibujado en ambos lados — Ve con eso al lugar donde llevaron al Pawnchessmon y te prepararán para participar.

El Virus oscuro se dirigió al lugar que le habían indicado. Ahí uno de los Agumon que había visto antes lo detuvo, pero al ver la tarjeta le permitió la entrada, señalándole que lo llamarían pronto a pelear.

“Así que Flamon y Strabimon sí trabajaban juntos” pensó Guilmon mientras estiraba sus brazos. Su cansansio matutino se había desvanecido y estaba listo para cualquier cosa.
 

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Agumon #3
NPC: Falcomon



- ¡Pase, pase y pruebe su habilidad en un humilde juego de feria! – anunció a los cuatro vientos un Digimon con la apariencia de un arlequín que portaba una guadaña colgada en su espalda, apuntando con su mano al puesto del festival de su propiedad – Tú, niño, ¿quieres intentarlo?

Aquella invitación había sido hecha a un pequeño Digimon, un ave de plumaje negro y vestido con un chaleco que casualmente transitaba por ahí en ese momento. El Child miró a Jokermon, que le devolvió una sonrisa un tanto fingida, para luego comprobar que clase de juego estaba promocionando. Era un reto simple de puntería, con una diana apostada al fondo del local a cinco metros del mostrador. Sencillo, pero que daba mala espina considerando quién era su dueño.

- ¿Sólo es puntería?

- ¡Así es! – aseguró el payaso – Un intento, si das en el blanco te llevarás un premio. Son solo 100 Bits

Falcomon bajó la cabeza, meditando mientras echaba un vistazo fugaz a la pequeña bolsa con dinero que había recibido para disfrutar de la fiesta. Tras unos segundos asintió, entregándole el dinero mencionado al payaso que lo aceptó con la misma sonrisa que había demostrado antes. Se acercó a la línea de lanzamiento y visualizó el blanco, respirando profundo mientras preparaba su propia técnica.

- ¡Shuririnken!

Con una velocidad envidiable el ave saltó del suelo, batiendo sus alas de tal forma que una pequeña lluvia de shuriken voló directamente hacia el objetivo. El lanzamiento había sido ejecutado a la perfección, muy preciso incluso, sin embargo la mueca de Jokermon delató que tenía un plan bajo la manga. Con un chasquido el blanco se movió de su posición en el último momento, provocando que la lluvia apenas lo rozara antes de chocar contra la pared del local.

- Mala suerte – canturreó el arlequín – Pero estuvo cerca.

- ¿Qué? No dijiste nada sobre que el blanco se movería.

- ¿No? Se me debe haber pasado – contestó Jokermon, contando el dinero en su mano mientras perdía interés en lo que el Child decía – Si quieres intentarlo otra vez son 100 Bits, de lo contrario tienes que retirarte.

- Eso es deshonesto.

- A nadie le gusta un mal perdedor niño – escupió el payaso, perdiendo su fingida amabilidad – Ahora vete o…

- ¡Oooh, esto se ve divertido! ¿Puedo jugar?

La discusión entre ambos Digimon pronto fue cortada por la llegada de nuevos “clientes”. Jokermon carraspeó y se dispuso a atenderlo, recuperando su fachada mientras indicaba las reglas y precio a la potencial jugadora. Noir solo las escuchó a medias, asintiendo infantilmente y entregando los Bits mientras manifestaba una de las Anthony en su mano.

- ¡Entiendo! Solo tengo que dar en el blanco y el premio es mío~

- Señorita, este Digimon es un estafador… - La advertencia de Falcomon fue acompañada de una mirada fulminante hacia el arlequín, que disimuló su molestia ante el intento de “saboteo”. Sin embargo la monja de negro lo ignoró por completo, colocándose en posición y empezando a apuntar con una postura inexperta, como si nunca hubiese sostenido un arma en su vida – Señorita…

- Tranquilo – contestó Blanc, sin apartar la vista de su hermana y esbozando una pequeña sonrisa cómplice que llamó la atención del ave – Solo mira.

- ¿Ya puedo disparar?

- Claro, cuando…

- ¡Bang!

La voz sobreentusiasta de la monja fue acompañada por la detonación de su arma. Un estruendo que sobresaltó tanto a Jokermon como a Falcomon e hizo reír por lo bajo al líder de Gungnir. En tan solo un instante, donde había quedado el blanco ahora solo habían astillas retorcidas y quemadas, delatando un tiro perfecto que superó a los reflejos y las trampas del arlequín.

- ¡YAY, Gané!

- Espera, pero qué…

- Disculpe, creo que se nos pasó decirle que se contuviera – comentó Agumon, restándole importancia al asunto de tal manera que Falcomon comprendió que habían escuchado la discusión previa – Pero le dio en el blanco, así que ganó, ¿no?

- Eso no estaba…

- Awn, ¿hice algo malo? – interrumpió Noir con un fingido tono de aflicción – Puedo intentarlo otra vez pero no quedan objetivos… A menos que pueda usar tu cabeza como uno – Aunque el tono de la monja no había cambiado, su amenaza no podría haber sido más clara. Jokermon chistó y maldijo por lo bajo, entregando con brusquedad un peluche que tenía colgado del techo del local - ¡Yay! Esto es para ti, niño – dijo la monja, entregando el premio a la aún incrédula ave para luego despedirse - ¡Nos vemos!

Sin palabras, Falcomon solo pudo observar a ese trío alejarse mientras Agumon daba una reprimenda poco estricta a la Adult. No había duda, ellos eran…


 

Claire.

Lightning
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A TODO EL QUE LE INTERESE, ESTE POST Y EL SIGUIENTE RELATA UN SUCESO QUE OCURRE CERCA DEL FINAL DEL FESTIVAL -TRAVESURAS MALÉVOLAS DE DRACUMON(?)-

Dracumon

4. Dracumon no tardó nada en ejecutar el Eye of Nightmare sobre Keramon, que cuidaba la torre principal donde se manejaba todo el audio del festival y cualquier cosa que fuera transmitida a través de los altoparlantes que estaban regados por toda la zona donde se llevaba a cabo la fiesta para los Digimon, desde alegra música hasta cualquier anuncio de ofertas, concursos, torneos o alguna otra cosa que estuviera sucediendo en la festividad.

Kesh, kesh, ahora quiero que escuches con atención lo que te ordenaré ―dijo el vampiro en tono macabro al recién controlado―: baja de la torre y no permitas por ningún medio que tu amigo Gotsumon suba aquí ―se detuvo un momento meditando en sí ordenar algo más pero concluyó que lo mejor era que el actuara rápido y se encargara de los demás al finalizar la broma, tenía que terminar todo haciendo un gran alboroto y para eso necesitaría del mismo Keramon y de Gotsumon―. Ve― terminó y el otro obedeció rápido.

El Undead sonrió y se volteó, viendo el panel que tenía en frente que, por suerte, no era muy complicado. Solo tenía que presionar un botón y emitir su mensaje por el micrófono, de modo que se frotó las manos antes de comenzar. Lo que tenía planeado era un poco arriesgado pero estaba seguro de que perderse a sí mismo por unos minutos valdría la pena para lo que quería hacer.

Dracumon no perdió más tiempo, rápidamente cortó la música que sonaba en el lugar y encendió el botón que abría la comunicación con los altoparlantes, la interferencia del canal abierto pronto se escuchó por todo el festival y que se hubiera detenido la música llamó la atención de más de uno, que alzaron sus vistas a los altavoces esperando que esta se reanudará. En la torre, el diablillo de inmediato sonrió, sin pensarlo demasiado se cubrió la cara con las manos y soltó el Eye of NIghtmare sobre sí mismo, buscaba hipnotizarse y, de algún modo, crear una locura en sí mismo; no sabía si funcionaría, pero estaba a punto de descubrirlo.

Cuando la técnica acabó el Undead sintió que una extraña sensación se apoderaba de él, mareándolo y trabando levemente sus sentidos como si estuviera en un trance, pero aún se mantenía mínimamente consciente y recordaba bien lo que quería hacer. Bajo ese estado cualquiera que hubiera visto a Dracumon se habría espantado: parecía poseído por algún ente maligno que, aunque le dejaba cierto margen de cordura, lo tenía totalmente controlado desde el interior.

El virus extendió la mano al micrófono y se lo acercó a la boca, sonriendo suavemente y emitiendo un leve sonido ronco que asemejaba al rumiar de algún animal extraño. El audio de inmediato fue transmitido por los altoparlantes y el sigiloso y escalofriante sonido llegó a los oídos de todos, paralizando a más de uno por lo misterioso que se escuchaba eso y haciendo que la mayoría guardara silencio para escuchar mejor de qué se trataba, ¿acaso era una broma de mal gusto? En realidad era más que eso. Fue en ese instante cuando todos lo que estaban en el festival escucharon una gutural voz, hueca y escalofriante, que hizo que la piel de varios se achinara y un escalofrío les recorriera la espalda. Unos cuantos que comían dejaron su alimento y alzaron la mirada para prestar atención a la voz, atragantándose brevemente; otros más fruncieron el ceño ante el mensaje.

Ustedes… ― la voz sonaba cortada, agitada, pero tan profunda y disonante que rayaba en lo perturbador― todos ustedes… y sus Tamers… su sangre… sus órganos… sus corazones… serán devorados por mí… kesh... incluso su piel será rasgada de su cuerpo… tan lentamente… que el dolor experimentado… será un tormento eterno… ―el remitente rió bajo.

Donde estaba Dracumon este estaba simplemente dejándose llevar por lo más terrorífica visión que su infame mente había vislumbrado alguna vez hacer a humanos y Digimon por igual mediante torturas y sufrimientos. El Undead parecía fuera de sí, pero para su suerte aquel trance al que se sometió a sí mismo solo había vuelto más espeluznante su comportamiento. Su mensaje era corto, pero se aseguraría de dejar en la mente de todos una huella aquel día.



Tizza V.G.Tizza dos días este post en la ventana del foro solo esperando a que presionara enviar (?) falta uno más, lo subo tan pronto alguien más postee.
 

"さあ、往こうか"
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Agumon #4


- Pudiste habernos consultado antes de hacer eso… ¿Qué habría pasado si ese Jokermon te hubiese atacado?

- Habría jugado tiro al blanco con su cabeza, ¿no lo mencioné?

Tras dejar atrás al estafador arlequín, el trío había continuado su recorrido por el festival. Noir lideraba la marcha con los brazos detrás de su cabeza, mostrando una boba sonrisa de satisfacción por haber brindado karma a aquel No Level por su trampa. Tras ella, Blanc escuchaba atentamente la reprimenda que Agumon dada sin embargo, aunque su forma de ser y buen juicio le hacía estar de acuerdo con las palabras del Child, en el fondo ella también se sentía orgullosa y satisfecha por lo que su hermana había de hecho. Solo Agumon parecía considerar la gravedad de la acción, aunque en realidad solo estaba cumpliendo un protocolo como líder, algo que ambas monjas sabían. A la hora de la verdad, el dinosaurio también estaba consciente que aquel payaso se merecía lo ocurrido, aunque no pudiera admitirlo abiertamente.

- No lo repitas, pudiste haber causado un combate en plena calle…

- Sí, si jefe, no lo haré – canturreó Noir. Agumon suspiró, comprendiendo que no llegaría a nada tratando de dialogar con ella – Vamos, tienes que admitir que a ti también te gustó. Si hasta Blanc está sonriendo…

- ¿Eh? Y-Yo… también creo que fue peligroso – contestó la menor al ser involucrada en la discusión – Aunque si se lo merecía…

- Que lo mereciera no es razón…

- Nuestra labor es prevenir injusticias por el bien del Mundo Digital – recordó Noir. En realidad ese no era el lema de Gungnir, pero tomando en cuenta en qué consistían sus acciones, las palabras de la monja no estaban muy alejadas de la realidad – Además, ¿no viste el rostro de ese niño? Como no iba a ayudarlo~

- Noir, tú…

- ¡Más importante Chuck, cómprame algo! – imploró la monja, cambiando descaradamente el tema – Tu hermanita gastó su mesada en ese juego malvado~

- ¡No cambies el tema! ¿Y qué es eso de “hermanita” y “mesada”?

Mientras el par de Digimon continuaba su amigable “discusión”, Blanc cubrió su boca con su mano para disimular una risa, claramente disfrutando el ambiente familiar que se estaba formando a su alrededor. Aminoró un poco el paso para permitir que se le adelantaran y así observarlos, disfrutando de aquel momento que, como otros, se había vuelto poco común en los últimos meses. Se mantuvo así por unos segundos, hasta que finalmente algo llamó su atención: Un espejo en uno de los locales laterales le permitió ver lo que había tras su espalda, percatándose de la presencia de un Digimon qué, a causa del peluche que traía bajo un ala, era inconfundible para ella. Por alguna razón Falcomon los estaba siguiendo, un hecho que hizo que la Child detuviera sus pasos para meditar la situación. No consideraba a ese Digimon como uno peligroso, pero tampoco podía ignorar su presencia cuando su labor ahí era cuidar a Agumon. Además, ¿qué razón podría tener aquel búho para seguirlos?

- ¿Blanc? – llamó Noir, interrumpiendo su rutina de fastidiar a Agumon al notar las acciones de su hermana - ¿Pasa algo?

- Ah, pues… - Antes de contestar la menor miró otra vez el espejo, percatándose que Falcomon había desaparecido del reflejo. Creía imposible que lo hubiese imaginado, el Digimon había estado ahí un momento atrás. Lo más probable es que se hubiese escondido para no ser descubierto, lo cual lo haría aún más sospechoso si la monja estaba en lo cierto. Las miradas curiosas del reptil y la Adult ejercieron presión tácita sobre la más tranquila del grupo. Tal vez si debía decirles que había visto…


 

Claire.

Lightning
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Dracumon

5.
Escuchen la prueba de la muerte… ―mintió y a continuación se escuchó interferencia de nuevo, a continuación se separó del micrófono y, haciendo creer a todos que alguien más estaba con él, dio un zarpazo sobre el panel que provocó que los altavoces emitieran un particular chirrido que reventó los tímpanos de más de uno ―MUEREEEE ―declaró en un grito y entonces fingió él mismo un aullido escalofriante, un grito aterrador que salió desde lo más profundo de su garganta y que su mente bajo trance diabólico expulsó con fuerza, teñido de dolor, angustia, desesperación y sadismo.

Más de uno en todo el festival soltaron sus cosas, dejaron caer los platos, lloraron presas de pánico, gritaron aterrorizados también, o se aferraron con fuerza a los que tenían cerca y un silencio sepulcral se dio por unos instantes en el festival antes de que muchos estallaran en pánico y paranoia. Nadie estaba seguro de qué había sido eso, pero incluso los Digimon más “veteranos” presentes en el lugar se preocuparon, ¿era una broma? Porque si lo era, había sido de muy mal gusto. ¿Fue una amenaza real? ¿Quién lo había hecho? Las voces de los más valientes se alzaron de inmediato inquiriendo quien había sido el culpable y algunos voladores incluso se alzaron, buscando con preocupación por los alrededores al perpetrador de aquella desagradable intimidación.

En la torre de sonido, Dracumon se volteó luego de haber terminado su “discurso” y entonces, a paso tembloroso y algo desequilibrado abandonó el lugar. Mientras bajaba del lugar iba recuperando su cordura y cuando estuvo en el suelo ya estaba más en sus cabales, lo cierto es que aquella hipnosis o trance había funcionado en él más como aliciente que como controlante. Notó a Keramon a un costado y se acercó, solo para ver que en ese momento Gotsumon, el otro Digimon encargado del sonido, venía corriendo agitado y haciendo señas a su amigo.

Keramon, ¿qué rayos fue eso? ―el child de roca pasó por un lado de Keramon ignorando al acompañante de este para dirigirse al interior de la torre. El Undead actuó rápido aprovechando la confusión que aun reinaba en el lugar y asestó un zarpazo a la espalda de Gotsumon, haciendo que este cayera al suelo. Sin más se le echó encima y usó su hipnosis sin ninguna clase de compasión, obteniendo un segundo controlado.

Ve y esparce el rumor de que la cabina de sonido está cubierta de sangre y hay una humana decapitada y desollada dentro ―indicó deprisa ― ¡Corre! ―ordenó y el Child se marchó de inmediato. Dracumon pronto se volteó y lanzó la mano contra Keramon para volver a usar su técnica, esta vez cambiando la orden por la misma que le había dado a Gotsumon, logrando que el de los tentáculos se marchara a realizar el trabajo y esparcir la mentira.

El diablillo sonrió y comenzó a caminar con tranquilidad por el sendero que conducía a donde había mandado a Bokomon y Neemon antes, a su alrededor y por donde pasaba, los Digimon lloraban, gritaban aterrados, gimoteaban o estaban en pánico. Él, en cambio, sonreía complacido.

Kesh, kesh, kesh… KESH, KESH, KESH… ¡KESH, KESH, KESH!



Tizza V.G.Tizza ya xwx creo que hasta aquí llega el festival de Dracu(?)
 

I'll drive you like a hammer on a bed of nails
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12.
Los dos Digimon se lanzaron hacia el rival con fiereza, chocando en el centro de la arena con un fuerte impacto. Las flamas de Agnimon salieron despedidas hacia ambos lados pero no sirvieron para amedrentar a DinoHumon, quien movió ambos brazos armados de cuchillas para lastimar al oponente y conseguir que retrocediera primero.

— ¡Burning Salamander!

Las dos flamas en forma de dragón salieron desde sus puños contra el lagarto humanoide, quien las destruyó con hábiles movimientos de sus cuchillas sin recibir el menor daño. Hecho esto, soltó un rugido y se lanzó contra el Hybrid, quien lo contuvo hasta tres veces antes de lograr meterle una patada en el costado y alejarlo. DinoHumon no dejó que la distancia fuera mucha pues para él era más fácil luchar mano a mano, mientras que Agnimon aprovechaba los espacios para lanzar fuego.

— ¡Lyzard Dance!

Con rápidos giros y golpes, DinoHumon hizo retroceder a Agnimon una y otra vez hasta que, calculando su siguiente movimiento, el data sacó rápidamente su enorme Akinakes con un giro de su brazo para dejarlo caer con fuerza. El público soltó una exclamación de emoción y asombro, más todavía cuando Agnimon levantó su pierna y de una patada contuvo el golpe arriba, antes de recibir el impacto. DinoHumon se sorprendió de lo que había logrado y se apartó al ver que el rubio largaba llamaradas. Ambos se separaron y estudiaron desde lejos, jadeando por el esfuerzo.

—T-tus amigos parecen tener algo personal…—dijo Falcomon, emocionado a la vez que intimidado por la fiereza con que luchaban.

—Digamos que “amigos” no es una buena forma de definirlos…

—No lo haces mal—
reconoció el miembro de Ávalon sonriendo, preparando su arma para otro fuerte ataque.

—Me sorprende que no lo hagas mal—dijo Agnimon a su vez, prendiendo más fuego en sus puños.

Volvieron a encontrarse en el centro de la arena de batalla, soltándose puñetazos y patadas rápidas que acertaban la mayor parte del tiempo pues cada uno estaba más concentrado en acertar sus golpes que en eludir los del otro. Tanto el uno como el otro pudo probar los puños de hierro del oponente en el pecho o en la cara, las patadas demoledoras o las llaves de presión que buscaban arrancar un grito de dolor, pero ninguno cedió ante el rival y se contuvieron de demostrar ninguna clase de debilidad.

— ¡Salamander Break! —exclamó Agnimon, convirtiéndose en remolino de fuego para salir contra el verde.

DinoHumon puso su arma a modo de escudo, bloqueando tanto el fuego como la patada que intentaba alcanzar su cabeza. Cuando el otro dejó de girar, logró asestarle una cuchillada en un costado del brazo, aunque solo abriendo una herida de menor consideración. Agnimon apretó los dientes y metió un puño ardiente en el estómago del hombre lagarto, quien devolvió gran cantidad de saliva pero se contuvo de exclamar. Los dos se separaron para recuperar un poco de aire, quitarse la saliva o el sudor del rostro y volver a encontrarse en una encarnizada pelea. El público estaba mudo de asombro y emoción, muchos de ellos lucían boquiabiertos por la demostración que estaban dando esos dos adultos. Opossumon apenas podía comentar nada de lo enganchado que estaba de la pelea, y Ryudamon con Falcomon también estaban en vilo.

Por fin y después de largos minutos luchando intensamente, maltratándose el uno al otro, descargando todo lo que sentían en sus puños, rodillazos, cabezazos y patadas, los dos Digimon se lanzaron con un fuerte golpe directo a la mejilla del rival, chocando ambos mientras su puño se hundía en la cara del otro y sus piernas hacían un severo esfuerzo para no caer. Se quedaron así un largo instante, esperando a que el oponente fuera el primero en desmayarse, mirándose con tenacidad pero perdiendo ambos la consciencia para caer casi a la par al suelo, sin enterarse del resultado de su contienda hasta que despertaron casi una hora después en la enfermería, llenos de moretones, vendas y magullones.

— ¡Es un doble Knock out!
 

|><(((((ಠ> ... Deal with it!
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#5
— Su espíritu de lucha es casi tan ardiente como mis llamas, su instinto afilado como una espada. ¡Ahora entra a la arena Guilmon! — Exclamó Flamon, al tiempo que el Digimon encapuchado aparecía a la vista de todos.

“¿Esta es la forma de disfrutar del festival?” pensó para sí mismo el Virus, pero para él al menos eso era divertido, así que lo demás no importaba.

— ¿Y quién será mi oponente? — Preguntó el saurio a Flamon, pero la respuesta vino de otro.

— Obviamente yo, lagarto. — Habló Falcomon, que aún se encontraba en el campo de batalla.

— Oh. ¿Seguro que puedes?, sería aburrido ganar porque te termines cansando. — Replicó Guilmon con un tono sarcástico.

— Ese Pawnchessmon con suerte me sirvió de calentamiento. — Aseguró el ave, para luego dirigirle una mirada a Guilmon — O solo dices eso porque tienes miedo de enfrentarte.

Guilmon solo rio ante los intentos de provocación del ninja, algo que molestó bastante a este último. Flamon comentó el intercambio de palabras de los rivales. Sin duda saber que había roces entre los peleadores haría que el público se emocionara más por la pelea, y sin duda, Falcomon planeaba trapear el piso con aquel que se había atrevido a burlarse de él.

Bajo la indicación del comentador, ambos Child tomaron distancia. A lo lejos, el Virus negro pudo ver cómo Strabimon se movía por todas las gradas, probablemente vendiendo tickets de apuesta.

— Realmente Dan me ha mal influenciado. — Murmuró Guilmon para sí mismo. No había razón para haber molestado a Falcomon, pero en aquel instante había sentido la necesidad de burlarse. En completa negación de su propia forma de ser cambiando lentamente, era más fácil pensar que todo era por culpa de su tamer y del estilo de vida que llevaban ahora.

Cuando ambos peleadores se encontraban en posición, Flamon indicó el inicio de la pelea, momento en que Falcomon lanzó sus shuriken, tal y como en su pelea anterior. Guilmon predijo el movimiento de su oponente, esquivando rápidamente hacia un lado para luego comenzar a correr hacia el Digimon ave. Este último fue tomado por sorpresa por los ágiles movimientos del saurio, puesto que esperaba que fuera un simple peleador bruto.

El Virus oscuro lanzó un zarpazo cuando tuvo a Falcomon al alcance, uno que si bien fue esquivado por el Vacuna, solo era una finta para el verdadero ataque, una bola de fuego que impactó contra Falcomon cuando este pensaba que había evitado a su oponente. El ninja no dejó que eso le afectara, manteniéndose de pie frente al ataque del encapuchado, con su delantera chamuscada.

— ¡No creas que unas pocas brazas de un lagarto cualquiera me derrotarán! — Exclamó Falcomon agitando una de sus alas.

— No te preocupes, soy más que solo brazas. — Replicó Guilmon, mientras que en su mente se decía a sí mismo que dejara de hablar y comenzara a pelear en serio.

El saurio escupió fuego en sus garras, prendiéndolas en llamas. Aquello puso en alerta al Vacuna. Sin duda un golpe de esas garras no iba a terminar con un simple corte, puesto que las llamas permanecían encendidas de manera amenazante.
 

"さあ、往こうか"
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Agumon #5



Algunas miradas extrañadas fueron dedicadas a Falcomon en el momento en que se lanzó hacia el costado de uno de los locales del festival, sin embargo este no lo notó al tener cosas más importantes en mente. Su respiración era agitada, su corazón latía fuertemente y casi podía jurar que había sudado en ese momento. ¿Cómo era que él, un maestro del sigilo, había sido detectado por aquel trío? Ninguno había volteado en su dirección para hacerlo y él se había asegurado de mantener oculta su presencia. ¿Tan hábiles eran en la detección? Podría admitir que era de esperarse de los integrantes de ese grupo, pero él tampoco era un simple aficionado. Había usado sus cualidades de espionaje en múltiples ocasiones contra múltiples objetivos, sin dejar jamás una mísera pluma de evidencia. ¿Tal vez era su imaginación? En tal caso debía confirmar que el trío hubiese retomado su camino. Un acto que podría ser peligrosa, pero que por su honor de shinobi debía…

- ¡Bú!

Un sonoro y repentino graznido de sorpresa escapó traicioneramente de Falcomon al escuchar ese susurro en su oído, provocando que se sobresaltara y lanzara el peluche por los aires. Tras unos instantes se recuperó lo suficiente para ver a la monja de negro a su lado, doblada de risa y sujetando sus costados en un intento de tomar aire, una imagen que solo trajo vergüenza y deshonra al halcón al comprender que había sucedido. Tras ella, los otros dos Childs del grupo contemplaban lo sucedido de manera más taimada: Agumon con una expresión resignada y Blanc un poco más culpable, sonriéndole al ave al tiempo que atrapaba limpiamente el peluche que había sido arrojado.

- Noir, eso fue cruel – reprendió su hermana, para luego dirigirse a Falcomon – Disculpa, solo estaba bromeando y…

Salir de la impresión inicial fue lo único que Falcomon necesitó para reaccionar, dando un salto hacia atrás para tomar distancia mientras colocaba una de sus garras frente a él y otra en su espalda, una clara pose de combate que el grupo comprendió de inmediato. Ninguno reaccionó con hostilidad, sin embargo el cambio en sus expresiones mostraba que, al menos los de nivel menor, estaban alertas a lo que podía pasar.

- Awn, perdón por asustarte – comentó Noir – No tienes que ponerte así, solo bromeabamos.

- ¡Ustedes! ¿Qué quieren de mí?

- Nos preguntabamos lo mismo, considerando que nos estabas siguiendo – contestó Agumon que, si bien creía que ese Child no pensaba atacarlos, estaba preparado para contraatacar de ser necesario. Falcomon cruzó miradas con él y chistó, llevando una de sus patas hacia atrás.

- Como imaginé, su percepción es hábil – comentó para confusión del trío. Definitivamente ese Digimon estaba malinterpretando las cosas – Pero si creen que me han acorralado se equivocan. Uchi…

- ¿No es lindo? – Para desgracia de Falcomon, aquellas palabras solo habían gatillado a la monja, que había lograrlo atraparlo en un abrazo y levantarlo antes que este pudiera reaccionar – Perdón señor Ninja, no quisimos asustarte…

- ¿Señor Ninja? Qué estás… - masculló Falcomon, tratando de zafarse del fuerte agarre de la Adult - ¡Libérame! ¡No me harán hablar!

- Tranquilo, tranquilo – canturreó la monja, apretando su abrazo al tiempo que se acercaba para susurrar algo al oído del ave – Solo no vuelvas a intentar usar una técnica contra Blanc o Chuck, ¿está bien?

Aunque la sonrisa de Noir no había mermado, la frialdad con la que había entregado esas palabras fueron suficientes para congelar al búho, que por un momento creyó percibir vestigios de instinto asesino. La monja de negro lo alejó de su cuerpo y, a continuación, lo dejó limpiamente en el suelo, acariciando su cabeza un par de veces antes de volver a hablar.

- Si quieres decirnos algo, ¿por qué no vienes con nosotros? – susurró la Adult para sorpresa de los presentes – Mientras más mejor~

- Noir, ¿qué estás…?

- Vamos Chuck, un miembro más en la Party será divertido – argumentó Noir – Aparte, él es un buen chico, solo se asustó. ¿Verdad, Falky?

- ¿”Falky”?

- Estaremos aquí cerca, solo piénsalo~

Y sin agregar más la Adult dio media vuelta, regresando a la calle principal ante la mirada de los presentes. Agumon se rascó la mejilla un momento para luego seguir a la chaperona, apenas dedicando un gesto de despedida al ave. Blanc, por su parte, le devolvió el peluche para luego hacer una reverencia, disculpándose por todo lo sucedido con su hermana.

- Lo siento, le gusta bromear – explicó – Si quieres unírtenos estaremos por aquí.

Tras esto la Puppet se alejó, dejando al halcón más confundido que al inicio de todo. Lo habían invitado sin preocuparse por quién era o podría ser él, una oportunidad perfecta de acercarse y conocerlos. ¿Qué debía hacer al respecto?


 

Moonchild
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Palmon
#7


La pregunta tomó a la planta por completo desprevenida. No solo era una interrogante difícil de contestar, sino que la información personal que venía con ella la agarró en curva. ¿Abandonados...? Sintió cierta compasión, pero de inmediato procuró sacudirse el sentimiento; si el dragón lo notaba en su cara, podría ofenderse. Además, ¿no acababa de decirle él que pronto subirían a Expert? Ah... quizá llevaban mucho tiempo en Medium, ella qué sabía.


—Eh... no estoy segura —admitió, tras pensarlo un poco. —Supongo que depende de lo que quieras lograr con tu vida... Mi mayor interés es que Samali esté siempre a salvo y como el mundo es peligroso, yo necesito ser más fuerte para protegerla, por eso yo me esfuerzo en escalar.

Magno no le contestó inmediatamente. Él estaba de acuerdo con el deseo de proteger a su Tamer, él siempre quería lo mejor para él y ahora también para Horo Horo, pero que él tuviera alguna motivación por eso no quitaba que Chris no la tuviera...

—¿Y Samali? ¿Por qué lucha ella? —preguntó.

—Hmmm... supongo que Samali hace quests porque sentarse a mirar la miseria de los demás sin hacer nada es insoportable para ella —dijo finalmente. —Suena a tonterías altruistas pero... este mundo significa tanto para ella que no puede dejar que solo se caiga a pedazos.

—¿Nuestro mundo significa mucho para ella...?


Palmon solo le sonrió y no dijo más, explicarle ese significado era entrar en materia de su pasado, cosa que no haría jamás en la vida. Al no recibir respuesta, Dreiz se quedó mirando fijamente a un grupo de digimon que bailaban alrededor de un poste de madera, sujetando cintas que se entretegían en torno a la madera con sus movimientos. ¿Qué se hace cuando no tienes ningún deseo de ver al mundo mejorar? A Chris ciertamente le daba igual si lo empeoraba con sus acciones así que, ¿qué motivación le quedaba entonces?

—Supongo que se puede resumir a qué objetivo quieres lograr y cuanto trabajas para obtenerlo —dijo Palmon, interrumpiendo sus pensamientos-; ustedes dos deberían pensar en eso.

—Gracias —respondió Magno al cabo de un rato en el que estuvo demasiado sumido en cavilaciones para hablar.

—No hay problema.

Palmon le miró disimuladamente, casi preocupada; ella misma había probado lo que era que su humano perdiera totalmente la motivación y había sido espantoso, así que creía entender un poco al dragón, aún cuando Samali ya se estaba recuperando de eso. Iba a hacer otra pregunta, pero en ese momento Horo Horo bostezó, ya por fin despierto.

—Buenos días —saludó el pequeño. Dreiz carraspeó para sacudirse el ambiente tenso y melancólico que los había rodeado.

—Buenas tardes, dirás —le contestó la planta, acariciándolo. —¿Dormiste bien?

—Sí —
aseguró el bebé. —¿Ustedes tuvieron un rato romántico mientras estuve durmiendo?

—Eh...

—Vamos a jugar algo —
interrumpió el azulado, poniéndose de pie con el bebé en brazos.

Palmon lo siguió, algo aliviada de no tener que contestar a eso; aunque el puchero de Horo Horo hacía evidente que él no pensaba lo mismo. El trío se dirigió a los puestos de juegos a ver con qué cosa podían distraerse un rato. Ahora que el momento de confidencialidad había pasado, Vee se sentía un poco tonto por haberle dicho a Palmon que no tenían motivación... no sabía qué tan dañina fuera esa información en manos de la rubia. Eso pensaba él, pero la verdad es que a Winters probablemente le valdría tres hectáreas de pepino cualquier cotilleo sobre Pearce.

—Podrías ganarle otro peluche a Palmon allá —propuso, señalando un juego de encestar la pelota.

—Con uno es suficiente —aseguró Palmon, sonriendo nerviosamente; el Monzaemon que habían dejado en un área de lockers para que no estorbara era tan grande como ella, no sabía como iba a volver a casa si tenía que cargar otro.



Krause Krause gogogo
 
Última edición:

Belgium

Lovely~
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#3


Si alguien pudiera darle el Óscar a Belz, sin duda alguna se lo brindaría. El diablillo prácticamente gritaba de dolor, aludiendo que padecía de una fractura por un mal movimiento, de manera tan dramática que el noble Aegimon lucía desesperado, mirando hacia todos lados, llamando por ayuda; aquella escena provocó que Devien riera por lo bajo, había conseguido un buen aliado. El murciélago constató primero que nadie lo estuviera mirando, para así proceder posarse sobre la mesa y arrimar las botellas a un costado con una de sus alas; el compañero de Joy apretó el envase de pegamento para empezar con la base de la treta.

El volador comenzó a acomodar las botellas sobre la sustancia pegajosa que había desparramado en la superficie de madera, aplicando más si era necesario, aunque mantenía el cuidado que el pegamento no se notara; Devien apresuraba su labor, a la par que Belz impedía que lo tocaran, para que así no se dieran cuenta del teatro que armaba. El murciégalo ni bien terminó su parte del trabajo, se movilizó de manera sigilosa hacia un callejón cercano, y así continuar con el acto sin que sospecharan de ellos.

—¡Ese es mi amigo! —Exclamó PicoDevimon supuestamente emergiendo de una calle contigua. El alado se acercó raudo con la preocupación tatuada en su rostro—. ¡¿Qué le ha sucedido?!
—N-No lo sé —tartamudeó el fauno, agitando sus manos con nerviosismo—. Simplemente comenzó a exclamar de dolor.
—¿Le estas diciendo mentiroso?
—Claro que no, no he dicho eso —refutó Aegimon—. Hay que llevarlo al hospital más cercano...
—¡No! —Proclamaron ambos diablillos para sobresalto del albino.
—Sólo fue un estirón —informó Belz con lágrimas de cocodrilo deslizándose por sus mejillas, aparentando que podía movilizar el brazo con suavidad—. ¿ves?
—Pero decías sobre una fractura, no puedo dejar partir de esta forma.
—A veces es un exagerado —intervino Devien, posando su ala sobre el brazo del compañero de Mila.
—Insisto —pronunció Aegimon para preocupación de ambos traviesos, debían librarse de él, de alguna forma. El fauno estaba por tomar del brazo a Impmon para así llevarlo a un centro médico, pero al murciélago se le prendió el foco.
—¡Alguien está robando los premios de tu negocio! —Gritó Devien.

El albino se dirigió con prisa hacia su puesto para comprobar lo dicho por PicoDevimon, percatándose que los objetos se mantenían en su lugar y sin ninguna alma alrededor; Aegimon se rascó la nuca con confusión, e iba a voltear para informarle al alado que habría visto mal, dándose cuenta que no había rastro de ambos traviesos. El fauno estaba por ir a buscarlos, pero un Guilmon pidió intentar el juego.

Una risita emergían de cada diablillo, escondidos en un lugar seguro, divirtiéndose al apreciar cómo el dinosaurio rojo lucía frustrado, a pesar que estampaba la esfera contra los botellas; el fauno lucía incrédulo por lo sucedido, tratando de calmar al Guilmon. Aegimon se acercó hacia los envases para verificar qué pasaba, palideciendo al tomar las botellas, sin poder separarlas de la mesa, acción que no pasó por algo para el dinosaurio.


Mirae Kiyoe
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Moonchild
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Devien
#4

El Guilmon comenzó a reclamarle a Aegiomon por tener el juego trucado y a armar un escándalo tan tremendo que otros que no tenían nada que ver se metieron a defender a una u otra parte, mientras que el pobre fauno lucía ofuscado y confundido por el incidente. Desde su escondite, Devien y Belz no podían parar de reírse de la revuelta que se estaba causando; chocaron extremidades como celebración y disfrutaron cada segundo del resultado hasta que la llamada a personal de seguridad para arreglar el asunto les indicó que era hora de irse, no sea que al digimon de cabellos blancos le diera por sospechar de ellos. Se alejaron por la callejuela que habían elegido como escondite para dar un rodeo detrás de las tiendas y salir en otro sector del festival, donde podrían mezclarse de nuevo con la multitud y buscar alguna nueva fechoría que realizar.

—¡Excelente! —celebró Belz, muy satisfecho.

—Eres un gran actor —convino el murciélago. El pecho del diablillo se infló ante el cumplido.

—Por supuesto —dijo, sobrado de sí mismo.

—Le hablaré bien de ti a mi organización —aseguró el murciélago seriamente. —Podrían querer contratarte.

—Ya vale —
Belz lo miró con incredulidad, pero la cara de Devien era perfectamente seria.

—No miento, mi Tamer es miembro de cierta organización "de bajo perfil", si me entiendes —insinuó. Desde luego, solo le faltaba contarle una de vaqueros, pero como Belz no conocía a la Tamer de Devién y el volador lucía muy serio, perfectamente podía ser verdad.

—A Mila no le agradará... —comentó, indeciso.

—Siempre puedes engañarla con esos dotes actorales tuyos —sonrió— si es un encargo "ambiguo", te será fácil.

Belz sonrió y asintió, mientras que Devien ocultaba bien la risa y lo seguía en la búsqueda de nuevas víctimas. Recorrieron un largo rato la feria hasta que Impmon se interesó por un puesto de disparos donde se usaban armas de juguetes para derribar navecitas, sería un horror que alguien interfieriera con las armas y las sacara de control...

—Te toca a ti distraer —anunció, señalando el puesto.

—Será un placer —aseguró PicoDevimon con una sonrisa traviesa—. La próxima vez podríamos sabotear alguno de comida —añadió.

—Me parece perfecto.

El puesto estaba completamente solitario en ese momento y la Sistermon Blanc que lo cuidaba parecía aburridísima, pero con los premios faltantes, se notaba que había atendido mucha gente con antelación. Devien puso su mejor cara de angustia, casi a punto de llorar, y se acercó a la Blanc, clamando que había perdido a su hermanito Baby I por andar jugando en un puesto vecino y que no lo veía por ningún lado. Nerviosa, Blanc le sugirió que buscara a alguien de seguridad, pero el murciélago lloraba con que tardaría mucho en eso y que por favor lo ayudara a buscarlo. Incluso lloriqueó asomándose a los lados de las tiendas llamando a un tal Poochie; Blanc trató de ignorarlo, pero se sentía tan mal por el desespero del oscuro que terminó saliendo del puesto y preguntándole dónde había visto a Poochie por última vez y como lucía. Devien se secó lágrimas falsas mientras le agradecia y la guió lejos. Con eso, Belz puso manos a la obra.



Belgium Belgium <3
 

xx
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Gomamon -- 7


Desde aquella plataforma, los seres digitales podían observar la ciudad por entero: sus luces, sus edificios, sus habitantes. Detrás de ellos se erguía un dispositivo que funcionaba como una especie de ascensor; y en el punto más alto, los que festejaban el aniversario de veinte años tenían la opción de lanzarse hacia el vacío, a rappel o incluso abordar globos de transporte aéreo.

No podía recordar cuándo había sido la última vez en que compartiera su tiempo acompañado de tantas otras personas o Digimon -sin tomar en cuenta la presencia de su Tamer-, pero a ciencia cierta, Gomamon la estaba pasando bien. Sus enormes ojos brillantes, casi como esferas luminosas, y su sonrisa más amplia que una vagina no virgen -a palabras de la menolita putah aka Xayah ft. Bishamon-, no le permitirían mentir. Para acentuar más sus buenos ánimos, el Child se hizo de un algodón de azúcar color amarillo, de esos que Greymon degustara tiempo atrás, y acompañó la golosina con un refresco de naranja.

No es buena idea que comas todo eso —comentó Gabumon.
¿Por qué no? —la foca apenas le prestaba atención. La consistencia de su alimento era algo tan exquisito como misterioso; el ser acuático nunca había comido uno de esos en toda su vida. ¿En dónde los hacían? ¿Cómo los hacían? ¡Le llevaría uno a Dylan! A la germana le gustarían muchísimo. Enseguida dejó escapar un corto suspiro pensando en ella.
Porque si subimos a alguno de estos juegos, vas a vomitar encima.
Falacia.
Tan solo recuerda que te lo dije.

Al terminar con sus alimentos, el compañero de DTB intentó peinar como de costumbre su pelo naranja. Pero desafortunadamente, debido a que su piel era de naturaleza húmeda y también muy resbaladiza, no notó que sus garras se encontraban sucias con los restos de la golosina. Greymon rio casi de manera disparatada cuando descubrió los cabellos del autoproclamado ‘Verdadero Rey del Digimundo’ tan tiesos y erectos como un montón de césped mal cortado, y no solo eso, sino también de una coloración artificial similar a la del algodón de azúcar.

¿Por qué ríes, esbirro? —preguntó la foca. La figura del dinosaurio se arrugaba y se estiraba una y otra vez al no poder superar el momento cómico— ¡Ser inferior!
T-tu, t-tu ca-bello —intentaba hablar, pero le faltaba el aire.
¿Mi qué?
Tu cabello es indigno de un verdadero rey —intervino Simba, el más pequeño del grupo. Gomamon reaccionó llevándose ambas garras hacia su cabeza, arruinado con ello todavía más su peculiar cresta mohicana. El Champion estalló de nuevo en risas y las mismas se esparcieron como alguna especie de enfermedad terminal muy contagiosa, pues tanto Gabumon como Frimon también se estaban regocijando. El lobezno lo hacía de manera más disimulada, desviando su rostro y cubriendo sus fauces con el antebrazo.
¿Qué es tan gracioso? Les ordeno que me lo digan.
No puedes ordenarnos nada —saltó el Baby.
Claro que puedo.
No.
Lo hago ahora mismo.

No.


Los candidatos al trono se sumieron en otro debate sin sentido. Mientras tanto, el saurio y el otro cuernudo se rehacían para mirar a su alrededor. La enorme torre del reloj de File indicaba la hora: siete campanadas, una tras otra en tiempos alícuota. La noche era muy joven y el festival seguramente se extendería hasta que aparecieran los rayos de sol en un nuevo día.



Kira te tiro porque aún estoy usando a Gabumon (?)
 
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