Rol Digimon Generation Slayers: ROYAL KNIGHTS/ELEGIDOS VS GENERALES [ultimos posts]

Dama Oscura
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Según los informes quedaban 7 generales de Chronomon en pie y entre ellos estaba Dorumon. Masajeo su sien ahora con la llegada del gremio de los Royal Knight tenían más ventaja que Chronomon, pero era consciente que el poder que emergía en Chronomon era poderoso y el de sus generales de igual manera manifestaban tal poder, aunque tenían la ayuda de los guardianes del antiguo digimundo no podían bajar la guardia de ninguna manera. Clavo la mirada hacia los recién llegados que se instalaban en la reunión entre ellos su nieta que venía con un semblante sumamente serio. La situación se había salido de las manos y ahora su compañero, no mejor dicho su mejor amigo, Dorumon se encontraba bajo el poder de Chronomon.

- ¿como sigue?

- sigue dormido -respondio a secas la joven Targaryen para recargarse sobre la pared esperando el inicio de la reunión en conjunto con el resto de sus compañeros y el nuevo grupo de digimons que formarían parte de vencer a los generales de CHRONOMON. Lestat afirmo con la cabeza seguido observo a todos los presente para dar inicio con la reunión. Aeris resoplo en esos instantes su mente solo se mantenía en su amigo, apretó sus puños, ella no era la persona de desesperarse o perder paciencia eso no iba con ella, pero en ese caso, su Dorumon se encontraba bajo las manos enemigas y por su estúpida debilidad Dorumon fue el que pago el precio. La reunión prosiguio por una hora seguido a la mañana siguiente las ordenes de Lestat era que los Royal Knights custodiaran las afuera de Teraria por si el enemigo apareciera, lo importante ahora era encontrar las dos últimas esferas, aunque las otras diez aun no daban señas de las otras dos. ¿porque motivo?

Por los pasillos de la mansión Targaryen Yammato se encontraba caminando por los pasillos a solas meditando las palabras de su maestro, muchas veces su maestro solía siempre dejarlo con incognitas. Alzo la mirada y pudo divisar a su amiga que caminaba con dirección hacia de donde venía.

- Aris -llamo Yammato notándo aquel semblante distinto frío y poco emocional en su amiga sintió como está lo miro y pudo darse cuenta en su mirada culpa y enojo consigo misma. No pudo evitar sentirse de la misma manera, verla de esa forma no era común, era como si estuviese perdiendo esa caracteristica esencial en ella. Ahora que lo pensaba por causa suya Aeris había perdido a Dorumon, pero incluso él tenia temor de volverla a perder y que se volviera una vez más parte de los generales de Chronomon

La ahora pelioscura soltó un suspiro y volvio a mirar al castaño viendo que este permanecio silencioso y con la mirada hacia abajo. Su amigo no tenía culpa de lo que estaba ocurriendo con Dorumon, era ella quién habia decidido avanzar con Dorumon a la boca del lobo y ambos se habían quemado en el instante. Coloco una mano sobre el hombro del castaño y esbozo una sonrisa.

- todo está bien Yammato -agrego ella con su usual despreocupación.

- sabes que no es cierto -dijo con seriedad en su rostro el castaño seguido tomo la mano de la chica para empezar a caminar rapidamente los pasillos.

- oe, Yammato ¿donde me llevas? -pregunto confundida la joven de ojos azules dejándose llevar por el ojiverde.

Base de Chronomon.

El hombre de largos cabellos oscuros recosto su cabeza sobre su mano derecha recostando asi su codo sobre su sila y miro divertido a sus generales que discutían quién se encargaba de hacerse cargo de los elegidos, miro de reojo al segundo general que estaba a su lado izquierdo y vio que este se mostraba neutro. Entrecerro los ojos y volvio su mirada hacia al frente.

- veo que aún no te acoplas a tus compañeros

- mi deber es protegerlo y cuidar de usted -agrego con tono serio- no estoy para complementarme con nadie, ni mucho menos hacer amigos.

Chronomon sonrío de medio lado y cerro los ojos para hacer un simple movimiento de mano llamando la atención de sus generales.

- por lo que veo aun no se deciden -dijo este con su usual sonrisa- entonces yo me haré cargo de escoger -dijo este para señalar a tres de sus generales- Ghoulmon, Seika y Lilithmon -apunto a los tres- vayan a Teraria y traiganme a Aris Targaryen y las esferas; destruyan a los Royal Knigts principalmente a Omegamon y Dukemon.

Un leve ceño se hizo presente por unos segundos en el joven de cabellos purpuras que mostraba esa expresión seria y pudo percibir la mirada de Jupitermon sobre él, vio que este sonrío de manera que lo hizo volver a fruncir el ceño intentando ignorar esa sonrisa. Chronomon extendio su mano derecha y trono sus dedos de forma que observo como el suelo era abierto por varios agujeros logrando que los generales observaran la presencia de otros digimons que hicieron aparecimiento y se arrodillaron frente a él.
Fujinmon

Raijinmon

Suijinmon

- mi señor -dijeron a coro los digimons frente al joven que se levanto de su trono y observo al grupo.

- ha pasado tiempo grupo especial -dijo el pelioscuro bajando las escaleras para abrir la palma de su mano y mostrar unas pequeñas bolas oscuras que se elevaron para colocarse frente a los tres digimons- les tengo un regalo muy especial, cuando el momento se dé, usenlo -dijo con una sonrisa sobre sus labios ante la expresión de confusión en sus generales.
 

Digimon Tamer/Pokemon Trainer/Tensaigakure Shinobi
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Se avecinaba una guerra. Eso V-mon lo sabía perfectamente y también sabia iba a morir gente. La reunión finalmente había terminado y tanto como Aeris y Yamato se había ido por su cuenta a una charla privada. El azulado por su cuenta, iba caminando junto a su compañero humano en busca de uno de los trece caballeros reales que se encontraban en la ciudad: era tiempo de recuperar lo que faltaba de sus poderes.

-Omegamon –llamó V-mon al caballero real, encontrando esperando en uno los patios del lugar. Ian por su cuenta parpadeó un par de veces al ver como el poderoso digimon se inclinó ante la presencia de V-mon. –No es necesario que tu o los demás hagan eso, viejo amigo –señaló el de cabello azul, sonriendo levemente ante el gesto de Omegamon.

-Lo sé…pero usted saber que todos en la orden respetamos a aquel que nos unió como grupo en los tiempos antiguos –contestó Omegamon, levantando su cabeza al ver que el humano de cabello azul tomó la forma de Imperialdramon Fighter Mode.

-V… ¿Qué diablos sucede aquí? –preguntó el cabellos rojos al ver como Omegamon se levantó y desenvainó la Grey Sword de su brazo de War Greymon, dibujando en el aire una especie de círculo color blanco.

-Te lo dije una vez Ian…he visto el al amanecer y el atardecer de muchas épocas y leyendas –habló Imperialdramon con seriedad, observando a su elegido con una expresión cargada de sabiduría obtenida por los tiempos. –Hoy simplemente recuperare aquel poder que deje atrás para poder ver sin ninguna molestia el desarrollo del mundo –contestó el dragon man a su elegido.

Antes de que Storm pudiera decir algo, una espada de color blanco apareció del circulo que Omegamon había dibujado en el aire. Imperialdramon dio pasos hacia adelante, quedando frente a frente de la espada que flotaba en el aire.

-Fue un honor y un placer haber guardado esto durante tanto tiempo –espetó Omegamon al ver como el otro digimon tomó la espada en sus manos.

Un enorme resplandor cubrió la área, cegando temporalmente la visión de Ian y de Omegamon. Finalmente, cuando la luz se disipó la figura de Imperialdramon había cambiado su apariencia: su armadura ya no era negra: ahora era un brillante y puro color blanco. En sus garras sostenía la misma espada de color blanco.

-Nunca imagin que el mundo volveria a necesitar de Imperialdramon Paladin Mode –expresó el caballero antiguo, observando su espada que sería empuñada por ultima vez: Porque el sabia…sabia que no volvería vivo de esa batalla que se avecinaba y que tampoco volveria a reencarna como digitama.

Si…Imperialdramon Paladin Mode sabia que aquella seria su ultima guerra…


mimi_sakura mimi_sakura Kirari Kirari Y Yue208 Dark Fallen Angel Dark Fallen Angel terminemos esto(?)
 
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La tranquilidad que ahora se sentía era extraña y a pesar de que ahora tenía la oportunidad de relajarse no evitaba sentir una opresión en su pecho que le negaba pensar con claridad. Hikard había estado dando de vueltas de un lado a otro por cada rincón del castillo con la intención de conseguir despejar su mente, para su mala suerte nada parecía funcionar.

Tamer. — Ryudamon sujetó a la joven de negra cabellera antes de que se estrellara contra el suelo ante un desnivel de tierra en los jardines.

Muchas gracias, Ryu. — Se compuso y miró el lugar donde casi caería.

Está muy distraída.

Mentiría si lo contradijera.

Últimamente le daba vueltas a todo lo que estaba ocurriendo, su pasado, su presente y claro, su futuro. Había pasado tiempo desde que las cosas habían comenzado, recordó fugazmente sus preocupaciones estudiantiles con las que había lidiado en el pasado; uno o dos exámenes comunes de Historia eran su mayor inquietud e incluso no podría ser llamado así, no para ella, no cuando había sido testigo de la mayoría de los hechos que narraba aquel libro de texto.

Todo había cambiado desde entonces.

Incluyéndola.

¿Tamer?

¿Te gustaría entrenar, Ryu? — El rubio pareció no comprender del todo, todos parecían estar involucrados en su propia manera de hacerse más fuertes—. Enfréntate a mí.

¿Perdón?

¿O soy muy poca cosa para ti? — Sonrió de oreja a oreja. Ryudamon negó efusivamente.

Avanzaron hasta donde había un tramo de espacio lo suficientemente extenso como para no dañar o destruir algo en el proceso. Hikard se sorprendió de sobremanera al notar la extensión con la que contaba la mansión de la familia de Targaryen e hizo memoria de la magnitud que tenían las tierras, sin dudar era un reino poderoso el que pronto pasaría a su poder.

Ella había crecido en un lugar parecido.

Ryu ¿Sabes usar una espada?

No exactamente. — Hikard asintió, Ryudamon empleaba dagas y golpes certeros a distancia, no era usual verlo defenderse cuerpo a cuerpo—. No espadas. — Hikard lo observó dubitativa—. Sé usar una katana. — A pesar de que ella asintió no era una mentira que hasta la fecha no comprendía exactamente la diferencia entre el uso de un arma a otra.

Bien, funcionará. — Extendió su mano a un costado. El círculo mágico representante de su familia apareció alrededor de su muñeca y se agrandó haciendo aparecer aquella espada que había estado con ella desde el comienzo.

Tamer ¿hablaba en serio? — Hikard sonrió con dulzura.

No soy un digimon, pero creo poder defenderme. — Empuñó su espada. Ryudamon la observó en silencio. Algo estaba diferente en la forma en como lucia aquella mañana.

Hikard enfocó su mirada en la empuñadura de su espada donde el sello de su familia sobresalía. Desde que habían vuelto de Nibelheim y los Royal Knight habían arribado al castillo sus recuerdos se habían ido magnificando, pasó de recordar pequeñas cosas a tener recuerdos vividos con mayor duración y más significativos.

Había creído que se debía a que recientemente había escuchado a su padre o era que quizás en la adrenalina de la batalla había alucinado pero esa sensación en su interior de que las cosas iban mal no podía desaparecerlas. Chronomon era un ser despiadado que no tenía miramientos al momento de arrasar con todo lo que se interpusiera en su camino, sabía que sino ganaban el destino de Teraria sería el mismo que tuvo Cyril; devorado por la guerra.

Ahora recordaba eso y era lo que menos deseaba.

Movió la espada con la mayor velocidad que pudo y aun así sintió que no bastó para conseguir detener la daga que Ryudamon le había lanzado, no había sido demasiado fuerte, Ryudamon estaba seguro de que había tenido cuidado desde el principio del combate y ver a su elegida trastabillar lo sobresaltó.

¡Tamer, disculpe! ¿Usé demasiada fuerza?

Ryudamon se acercó y tomó la mano con la que había empuñado su arma inspeccionándola y verificando que no había herido a la elegida.

Desde que habían vuelto todos parecían haber desaparecido, parecía que todos buscaban la forma de fortalecerse de alguna manera y a diferencia de ellos Hikard sentía un particular enfriamiento en los huesos, un dolor que cruzaba su cuerpo y un ardor que le picaba la mente; y eso le daba una mala espina.

No es nada, Ryu. Estoy perfectamente. — Meneó los dedos de su mano para demostrarlo.

Ryudamon pareció sentirse aliviado pero eso no evitó que la escaneara para verificarlo, aun cuando se había moderado le llamó la atención su reacción, sabía que Hikard era capaz de soportar ataques de mayor fuerza y lo había verificado no solo cuando había combatido con ella durante su corrupción sino también en la pelea en que había tenido con Matt.

¿Segura?

Completamente. ¿Aun quieres intentarlo?

[ . . . ]

¿Espiando a la pequeña rosa? — Rió cuando su receptor brincó.

¿Te han dicho lo molesto que eres cuando apareces así, LordKnightmon? — Dukemon retomó la compostura y lo miró de soslayo.

Pero un Caballero siempre debe tener cuidado con los alrededores, Dukemon, parece que estar en los interiores de este castillo te hacen bajar la guardia. — Dukemon viró la vista a la construcción que de alguna forma transmitía seguridad.

¿No deberías estar custodiando tu lado?

Despejar la mente un rato es lo que se necesita en una guerra como esta. — Volteó a verlo pero Dukemon ya estaba adentrado en el reciente entrenamiento que se llevaba a cabo entre Ryudamon y Hikard, no se le hizo extraño, desde que la niña había entrado a su vida gran parte de su atención iba siempre a ella, era irónico que quien más resentimiento le tenía a los humanos ahora estaba tan encariñado con uno de ellos—. ¿Qué crees que será de ella ahora? — Dukemon lo miró interesado.

¿A qué te refieres?

Técnicamente esa pequeña rosa ya no florece para nadie, ahora que nuestro mundo fue totalmente eliminado en parte su existencia pasó a ser obsoleta.— Dukemon se crispó levemente irritado, en ocasiones como esa, LordKnightmon era demasiado sincero en su manera de expresarse a tal punto en que podía herir sentimientos ajenos, quizá sin notarlo.

Y no era que no fuera consciente de ese hecho. Dukemon sabía mejor que nadie que ahora que el antiguo digimundo no era más que historia en los libros de texto la copia de Dios no era del todo necesaria, Hikard no tenía ya un mundo al cual ir o una misión directa con ellos, incluso los mismos Royal Knight ya no le servían a ese Dios, pero también sabía que el término “Yggdrasill” implicaba más que un Dios Informático.

Hikard tiene un reino al cual volver.

Un reino consumido por la guerra. — Corrigió. El caballero permaneció en silencio observando al rubio que chocaba filos con la elegida.

Pero hay un pueblo. — El caballero de armadura rosada lo observó dubitativo—. Aun si no tiene un mundo el cual regir o un reino al cual volver, hay gente que formó parte de ellos ¿no es eso lo único que necesita un gobernante? — El receptor asintió complacido con su reacción.

Acabas de darme una buena respuesta para saber qué hacer cuando esto termine. — Hizo una pausa y extendió la mano a los rosales—. En este mundo no nos necesitarán, cuando la guerra termine cada quien podrá tomar su rumbo sin remordimientos, claro, siempre respondiendo al llamado de Alphamon durante guerras como esta donde nuestra especie está involucrada, de no ser así ellos siempre tendrán a esos jóvenes guerreros.

¿Y piensas hacer, LordKnightmon?

Seguir a la joven rosa. — El aludido elevó su mano derecha donde una rosa recién cortada se posaba—. ¿Es qué lo olvidaste, Dukemon? La tarde en que algunos de nosotros juramos lealtad a la niña. La primera vez hace tantos años que demostró tener valor para nosotros.

[ . . . ]

Dime, Ryu. — El rubio viró su vista a la joven que afirmaba de nueva cuenta su espada al frente—. ¿Quieres intentarlo ahora? — El digimon no necesitó más palabras para leer lo que decían sus ojos. Ryudamon negó—. Bien, Gaioumon deberá esperar un poco más. — Desapareció su espada y avanzó hasta su digimon. Ryudamon se relajó y Hikard observó de reojo la katana que comenzaba a desaparecer.

Ian usaba espada, Aeris usaba espada y estaba casi segura que nunca había visto a Yue empuñar alguna arma pero Matt usaba una katana, bastante diferente a la de Ryudamon, tanto en forma como en filo y fuerza pues tenía un leve recuerdo de cuando habían peleado, eran diferentes y a pesar de parecer frágiles eran sorprendentes.

Algún día le pediré me enseñe a usarla.

¿Perdón?

Nada, Ryu, deberíamos entrar al castillo, esa pesada sensación que se acerca me desagrada.
 

Necro Angel
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Caminaba por los pasillos observando todas las actividades de los demás elegidos. A pesar de haber regresado, nadie le había prestado mucha atención, todos estaban concentrados en sus propios entrenamientos. Hikari tuvo un leve encuentro con Ryudamon, Ian descubría que su digimon era uno de los mas grandes caballeros reales, Matt y Aeris... bueno, ellos hacían sus cosas en privado.
La atmósfera era pesada, y ahora con los sentidos aumentados del albino podía sentirlo aun mas, aquel poder que se avanzaba hacia el castillo, le hacían hervir la sangre de emoción.
-Parece que esta sera una de las ultimas batallas compañero- menciono el Luna, mientras su digivice emitía una fuerte luz, dándole salida a Skullgreymon en forma humana.
-Hay que volvernos locos jeje, tu nuevo poder también me hacen mas fuerte, la fuerza del tamer en parte ayuda a aumentar la fuerza de su digimon- el pelinegro sonreía tranquilamente.
Todos estaban nerviosos por el enfrentamiento que se aproximaba, pero no era necesario, ellos darían todo de si, el destino del mundo seria decidido en las próximas horas, mas que estar nerviosos, deberían de disfrutar estos momentos... o quizás esos solo fueran los retorcidos pensamientos del luna.
-¿Asustada?- el Luna apareció a un lado de Hikard, la cual se sorprendió un poco, había notado su presencia por el castillo, pero estaba distraída y no noto el momento en que este se acercó.
-Yue... yo, no lo se, es solo que siento esa desagradable presencia que se acerca y me distrae un poco- la pelinegra permanecía con la cabeza agachada.
-Tranquila, todo estará bien, pero... si le temes a la muerte... puedes unirte a mi- abrazándola suavemente por la espalda y colocando sus colmillos sobre la blanca piel de la jovencita, para luego retirarlo entre una leve risa.
-¿Yue, que haz hecho? -la pequeña pregunto algo preocupada- note que habías cambiado tu aura un poco, pero... no me imagine que...- Hikard titubeaba un poco sus palabras.
-¿Que abandonaría mi humanidad y me convertiría en un vampiro inmortal?, bien... créeme que no estaba en mis planes, pero era la única forma de obtener el poder suficiente para enfrentarme a los generales. Con esto, tengo acceso a una cantidad de magia mucho mas elevada y no hablar de la regeneración jeje- el albino bromeaba sobre su condición actual, sin darle mucha importancia, hasta que sintió una fuerte presencia.
-¡Están aquí! -menciono la pelinegra, para luego escuchar una fuerte explosión en la parte de fuera, en la zona este.


Algo pequeñito. Que alguien de comienzo a los combates, que no estoy muy seguro de como comenzarlos xD
 

Dama Oscura
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Observo desde el balcón la enorme Ciudad de Teraria, su ciudad, reconocida a nivel mundial y respetuosa por las demás regiones e incluso lugar regente de su familia por generaciones antiguas y que en un futuro tomaria a cargo siendo como la última pura sangre de la familia mas respetada entre magos y humanos comunes, LOS TARGARYEN.

Aquel viento movió sus largos cabellos finos de color platinos que habían vuelto a la normalidad hace horas atrás, su mirada azulada se perdia en los enormrs edificos o casas de la gran ciudad, reposo sus brazos en aquel banco. La voz de alguien llamó su atención, se había perdido en sus pensamientos que habia olvidado por unos instantes que no estaba sola y que habia sido llevada por su amigo a la zona más alta de la mansión..

- sigues pensando en Dorumon. Te aseguro que lo regresaremos a como era antes.

- Matt.

- por eso no te preocupes.

- Yammato... necesito que Ian y tu se encarguen de los generales que restan junto con algunos de los Royal Knights. Además yo soy quien debo encargarme de Dorumon.

-¿que dices? -exclamo exaltado el castaño-sabes que Chronomo aun sigue teniendo interes por ti -dirigio toda su atención en ella, para nada seguro con el plan de su amiga.

- lo se -afirmo ella mirando fijamente a su amigo castaño y no pudo evitar sonreír- yo estare bien. Recuerda que mi deber es regresar a Dorumon y activar las esferas, no olvides que a mi lado estara omegamon y otros Royal knights.

El castaño gruño con molestia para mirar a otro punto para nada de acuerdo, no se perdonaria si algo le volviese pasar a su amiga.

-Matt... estare bien hasta que llegues donde me encuentre -hablo la targaryen con ese carácter despreocupada hacia su amigo- ustedes solo encarguense de darles unas palizas a los generales.

-tonta... -mascullo el castaño para tomar por el brazo a su amiga y acurrucarla en sus brazos- siempre tratas de tomar las cosas a la ligera.

- disculpame -pidió ella con la mirada hacia al frente- siempre te hago preocupa más de la cuenta, pero te aseguro que esta sera la última vez.

- no digas tonterias, yo siempre me preocupare por ti, porque tu...-no pudo evitar sonrojars de modo que la joven lo miro curiosa.

- ¿sucede algo? Te ves algo rojo -inquirio la Targaryen tocando la frente de su amigo, por si tenía algo de gripe o fiebre.

- no... yo solo -volvio a callar se le hacia dificil confesarse- lo mejor será que cuando todo termine te lo diga.

- creo que yo tambien tendre que decirte algo cuando todo acabe -afirmo ella sonriente.

- ¿es una promesa?

- promesa de Targaryen.

~ Sin embargo aquel destino para ello estaba implicado a no cumplir aquella promesa~

1 HORA ANTES

- ¿ como te sientes? -pregunto Aris mientras tomaba asiento en la cama en la que se encontraba recostado su gemelo que al verla se levanto para sentarse.

-mucho mejor -respondio el peliplateado esbozando una leve sonrisa- la medicina y magía han logrado hacer su efecto en mí.

-me alegro -dijo con alivio ella apretando su mano con la de su gemelo que la miro y supo que esa mirada representaba arrepentimiento- no te disculpes, eramos niños en aquel eeeentonces, además ya paso.
o
El peliblanco solo recargo su cabeza en el hombro de su gemela y no pudo evitar desahogarse al no poder estar en los momentos que mas lo necesitaba su hermana en aquel tiempo.

Observo desde la ventana al gran caballero Omegamon conversar con Duftmon permanecio con la vista clavada en ambos digimons. Ahora que lo pensaba con más detenimiento Alphamon habia cedido asu lugar a Omegamon hasta que este regresara de su encomienda, ese era el relato de au abuelo, pero debido a cierto incidente Alphamon habia olvidado su labor como líder de los Royal Knight, convirtiendose en un digimon sin memorias. Sin embargo su abuelo tambien le habia comentado que Alphamon buscaba algo y ese algo tenia relación con el pasado, hasta que su encuentro fue destinado a volver encontrarse ella reencarnada como Aeris Targaryen y por ende reencarnación de la princesa Seiren, quién tiempo atrás tomó papel importante en la batalla de hace 500 años atrás. Vió como Duftmon desapareció a la vez que Omegamon se dio la vuelta dirigiendo su atención hacia ella, se sobresaltó más no desvió su mirada viendolo fijamente, que tipo de pensamiento tenían los Royal Knight hacia su antiguo líder, al saber que este ahora era parte del enemigo.

- Aris.

- abuelo -reconoció la voz del hombre sin quitar su mirada en omegamon que se encaminaba a otro lado de la mansión.Giró sobre sus talones para dirigir su atención hacia su abuelo y verlo con determinación- ya se dobde se encuentra las dos útimas esferas -informo con sinceridad logrando .sorprender a su tutor- por eso quiero pedirte algo.

RUINAS ANTIGUAS DE FANELIA.

Aquel hombre de largos cabellos oscuros caminaba con pasos lentos en aquel antiguo lugar que le hacia recordar cierto sucesos inolvidables. Dio la vuelta para dirigir su atención hacia el unico general que yacia consigo y una sonrisa surco sobre sus labios para dar varios pasos y colocar una mano sobre el joven de cabellos purpuras que permanecia inexpresivo

- La guerra ha comenzado.

Diversas explosiones se escucharon por las zonas boscosas y deserticas del territorio Terariana. La batalla habia dado inicio al frente se encontraba de brazos cruzados montado en su digimon, el peliplateado juno a ellona at. nta pelioscura junto a su digimon que estaba en su forma humana. Frente a ellos y con un gran ejercito tres generales encapuchados.

-asi que ya nos esperaban-dijo con sorna de burla Ghoulmon que dió un paso al frente.

- recuerdad las ordenes de nuestro señor -hablo la mujer debajo de su capucha observando al enorme grupo de digimon liderado por dos elegidos.

- si, ya lo sé -gruño con molestia- espero que estos dos me den buena batalla, porque con quienes luchar es con aquellos dos a quienes el maestro quiere exterminar por irrumpir sus planes al llevarse a la princesa.

- Ghoulmon... no te descuides esos dos y sus compañeros tbien son fuertes -reonocio el tercer general

- eso lo veremos -esbozo una sonrisa el pelioscuro- ya que espero utilizar mi verdadera forma y ultimo nivel si me dan la talla
.

ZONA INTERIOR DE LA CIUDAD DE TERARIA

- todos estan en posición -anuncio el castaño de ojos verdes a su amigo- Ian, crees que Hikard y Yue

- ellos estaran bien, nosotros debemos preocuparnos por los otros dos generales, los más fuertes del grupo

- Neptunemon y Jupitermon, los dos generales desde hace mucho tiempo atrás. Son dos hermanos que sobrevivieron a la guerra de hace 500 años atrás

- y por ende son en conjunto los más estrategicos en batallas y no poseen misericordia a la hora de batalla

- Aris.

- La capacidad de ambos hermanos ha superado niveles considerados, no se confien Yammato, Ian -dijo la de ojos azules seria.

- descuida ganaremos.

- nadie morira.

- tienen razón, nadie lo hará -dijo mirando hacia el cielo- ha sido muy divertido haber tenido eata gran aventura con ambos -coloco sus dos manos sobre los hombros de ambos chicos- les encomiendo el cuidado de Teraria a los dos

Ambos chicos abrieron leve sus ojos para dirigir su atención hacia su amiga.

- ¿ esta lista?

Aeris solo miro a sus dos amigos que permanecian quietos soltando una sonrisa sobre sus labios se deposito en los.brazos de Omegamon

- por el mañana, por todos.. luchen hasta el final. Mis queridos amigos.

Bien comienza las batallas de los personajes, corto o largo como quieran.
 

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Las explosiones que se generaban alrededor del castillo de Teraria solo confirmaba lo que ya todos sabían: La verdadera guerra se estaba desencadenando y nada ni nadie podría salvarlos.

O eso pensaban los ciudadanos que luchaban frenéticamente por ponerse a salvo. Lo que desconocían era que un grupo de anónimos héroes peleaban con aún más fiereza para poder salvarlos.

A ellos y al futuro.

Ghoulmon no había llegado solo a enfrentar al par de elegidos que se encontraban en la Zona Este del castillo sino que tras sus fuertes pisadas un ejército lo escoltaba directo a la victoria.

Yue y Hikard observaron atónitos la enorme cantidad de digimon que lo presidían, sus digimon no tuvieron una reacción muy distinta. Hikard tembló por un impulso y dudó de su poder, no quería volver a ver a todos sus amigos caer en batalla, ni deseaba volver a presenciar la sangre corriendo por la tierra y el dolor en las miradas. Yue, quien notó su vacilación, apoyó su mano en el hombro de la chica ganando su atención.

No te preocupes, linda. ― Guiñó un ojo―. Es solo una pelea más que ganaremos. ― Comentó con confianza. Von Drasil deseó creerle desde lo más profundo de su corazón, pero sabía que la verdad estaba muy lejos de ser esa. Yue también lo notó y suspiró―. No vas a morir. ― Confesó―. Ni tú ni ninguno de nosotros. ― Apoyó la mano en la cabeza de la chica―. Te voy a proteger por esta vez, pero no demores demasiado. ― Admitió sonriente avanzando directo a los enemigos, su digimon, bañado en la sagrada luz, evolucionó a su etapa máxima y avanzó a su par.

Hikard observó la espalda del peliplateado alejarse y sus rodillas temblaron sin contenerse, esa misma escena la había visto en el pasado cuando Blake le aseguró que las cosas marcharían bien.

Y en ese entonces se había equivocado.

La mirada de Chronomon cruzó violentamente su mente y perforó en cada mínimo rastro de fuerza y esperanza. Sentía que todos y cada uno de ellos iban directo a una muerte segura de la que jamás regresarían y más que inseguridad sentía culpa, de no detenerlos y escapar aún con sus vidas.

Seiren, Blake y Gale habían muerto hace ya más de quinientos años y ahora sus reencarnaciones iban al mismo destino.

Hikard creyó que sería lo suficientemente fuerte para enfrentarlos, no solo a sus enemigos sino también a sus dudas y temores, pero estaba equivocada y su estado actual era la prueba irrefutable de ello.

Apretó sus manos en sus costados, envuelta en su propia frustración ¿qué estaba pasando con ella?

Es normal tener miedo, pequeña rosa. ― Confesó una voz a su espalda. Hikard tembló al escucharla. El caballero portador de una armadura rosilla la observaba desde lo alto. LordKnightmon afiló uno de los listones que lo rodeaban formando una singular espada―. Solo no permitas que te domine. ―Hikard se crispó―. Oh, vaya, sí que son demasiados.

¿LordKnightmon? ― El aludido comenzó a avanzar―. ¡Espera! ¿Dónde vas?

A protegerla, naturalmente. ― Sinceró deteniéndose y volteando a verla.

Tu mundo ya no existe, mi razón de ser para contigo ya no existe. No debes protegerme.

Hikard creyó escuchar una risa proveniente por debajo de la armadura.

Le juré lealtad ¿no lo recuerda? ― El corazón de Hikard palpitó―. Recuerde, joven rosa. Su existencia involucra más que mi pequeño y olvidado mundo.

Y voló velozmente alejándose. Sus dudas incrementaron cuando sobre su cabeza Dynasmon y Duftmon cruzaron el cielo siguiendo a LordKnightmon.

¿Por qué?

Ellos no solo pelean por Teraria. ― Pronunció Dukemon, apareciendo a lado de Von Drasil―. Pelean porque creen en ustedes, en unos niños que pueden cambiar todo como lo conocemos― hizo una pausa―, en el pasado solo Alphamon y Omegamon creyeron ciegamente en un futuro donde humanos y digimon coexistieran y solo nuestro líder depositó la esperanza en una joven princesa que firmó la amistad eterna.

En la familia Targaryen. ― Susurró Hikard. Dukemon asintió.

Luego llegó usted, afirmando las creencias locas de Alphamon que solo cumplíamos por su ordenanza. ― El arma del digimon brilló―. Ahora nosotros peleamos por convicción y no por obligación.

De la misma forma que los demás caballeros, Dukemon voló directo al campo de batalla.

Hikard observó a los Royal Knight y a Yue pelear. Hikard los observó afianzándose desesperadamente a un solo pensamiento: Ganar, sobrevivir y celebrar.

Ryu. ― Llamó al rubio que hasta ese punto se había mantenido en silencio.

¿Sí?

¡Adelante!

Ryudamon sonrió satisfecho y una luz cegadora lo rodeó mostrando a Ouryumon surgir de ella. Hikard correspondió la sonrisa, llevó la mano a un costado, sujetando una empuñadura invisible dentro de una funda invisible y tiró de ella. Conforme ella jalaba su espada familiar refulgía desesperada por ser envainada.

«Demoraste»; Escuchó en su mente la voz de Gale. Von Drasil sonrió.

No van a capturarme. ― Se puso de pie―. No van a matarme. ― Afirmó el mango de su espada que comenzó a bañarse de un aura azulada―. ¡Esta vez no destruirán lo que amo!

Ouryumon voló hasta los enemigos y Hikard le siguió, utilizando magia por debajo de sus plantas para impulsarse; sin embargo su seguridad se esfumó en un segundo.

SkullGreymon bramó y su atención fue directa a donde el digimon se había interpuesto entre Ghoulmon y el antes humano. Ouryumon acudió al auxilió y atacó ferozmente, alejando al digimon virus de sus aliados. Hikard volvió a temblar y eso le bastó para salir disparada presa de un ataque enemigo. Apoyó su espada en el suelo ayudándose de ella para incorporarse, sus enemigos la rodearon hábilmente, buscando capturarla pero una onda surgió de su cuerpo, empujándolos. Al incorporarse afirmó su espada y volvió a avanzar hasta donde estaba Yue; sin embargo un grupo de enemigos la retuvo antes de llegar hasta Ghoulmon y chocó con fuerza su espada, reteniéndolos. Sus ojos irradiaban demostrando el gen innato heredado por su linaje pero estaban muy lejos de demostrar grandeza o poderío, más bien estaban llenos de preocupación y miedo.

Ghoulmon arremetió contra Yue y el cuerpo del elegido cruzó el cielo. Hikard brincó y capturó el cuerpo del elegido antes de que se estrellara contra el suelo, a su pesar, el peso del elegido superaba por mucho el de la chica y ambos cayeron unos metros más lejos. Hikard expresó un quejido de dolor cuando su cuerpo se estrelló contra el suelo y Yue tuvo una reacción parecida.

Hikard, ¿estás bien? ― Inquirió Luna retirando su peso de la joven, la aludida asintió.

Eso debería preguntarlo yo. ― Susurró observando el cuerpo herido del elegido quien sonreía. Von Drasil aún no sabía de donde sacaba la fuerza para mantenerse tan calmo en esos momentos.

Quizá era porque él ya no podía morir.

Yue se incorporó y extendió la mano a la chica, ayudándola a incorporarse. Ella notó que antes de que sus heridas fueran más notorias comenzaron a cerrarse, una a una pero en un punto la curación se detuvo.

Tus heridas, no están sanando. ― Yue se miró sin importancia en el asunto y una sonora explosión le evitó responder.

Hikard buscó la información referida a seres inmortales en su mente. Hace quinientos años, cuando aglomeraban, había conocido algunos a la par de sus viejos camaradas e intentó averiguar el porqué del repentino detenimiento en la curación.

Yue inconocedor de sus pensamientos, comenzó a movilizarse de nuevo al campo de batalla. La mente de Von Drasil conectó lo que necesitaba y sorpresivamente lo detuvo antes de que continuara.

¿Hace cuánto bebiste sangre? ― Inquirió. Luna se descolocó por un momento.

¿Qué clase de pregunta es esa? No creo que este sea el momen

¿Hace cuánto, Yue? ― Repitió con más desición que la primera vez―. Sé el costo de tu inmortalidad, Yue, y también sé que tus heridas no están sanando completamente por la misma razón.

El chico sonrió.

Sonar como una anciana te reduce atractivo, linda.

Hikard sonrió por igual.

Así que tengo razón.

Una explosión más sacudió el piso de ambos jóvenes y su atención se centró en Ghoulmon quien, afortunadamente, parecía más debilitado que hace unos momentos. Sus digimon eran fuertes y todo el tiempo juntos no había sido en vano, ambos agradecieron mentalmente haber entrenado duro todo ese tiempo.

No te dejaré volver a la batalla así. ― Pronunció Von Drasil observando a Ouryumon atacando.

Estás sugiriendo algo muy descabellado. ― Sinceró con una media sonrisa el albino.

Esta guerra es descabellada.

Hikard se inclinó y sacó del interior de su bota una daga. La misma que le habían entregado con la finalidad de asesinar a Matt, cuando ella se recuperó Ryudamon se la entregó diciendo que la había recogido de la pelea y Hikard optó guardarla como un singular recordatorio.

Mi sangre no va a repelerte. ― Confesó observando el filo―. Después de todo la tuya me salvó. Así que no debes preocuparte.

No es eso lo que me preocupa. ― Sinceró―. No podré sanarte si te hieren en batalla. ― Pronunció haciendo hincapié en que la chica no podía sanarse a sí misma y que, de otorgarla su sangre o magia como la vez pasada correría la misma suerte inmortal que es.

No permitiré que me hieran entonces. ― Sonrió y generó un corte limpio en la palma de su mano―. Adelante, antes de que nuestros preciados compañeros salgan heridos. ― Extendió su ahora mano cortada al chico.

Los ojos de Yue soltaron un brilló carmesí y apoyó su mano sobre la herida de la chica, cubriéndola.

Parece que no sabes mucho de nosotros. ― Comentó tirando la mano de la joven―. El cuello es el mejor punto para obtener sangre.

Antes de que Hikard pudiera refutar algo los colmillos del chico se clavaron en la curvatura de cuello. Von Drasil se crispó por inercia y afirmó su mano libre en el brazo del chico oprimiéndolo con dolor. La sensación de ardor era abrumadora y no precisamente en el buen sentido de la palabra. Por un momento su fuerza decayó e intentó alejar al albino de sí, sin éxito.

Yue… ― Pronunció susurrando sin obtener respuesta. Hikard buscó cada racimo de fuerza de su interior gritó―: ¡Yue!

El chico reaccionó ante el empuje y se alejó de golpe del cuerpo de la chica. Hikard cubrió la herida en su cuello con su mano y lo observó de manera reprobatoria.

Lo siento, Hikard. Tienes justo ese tipo de sangre embriagadora. ― Sonrió divertido, limpiando la sangre que manchaba su boca con el dorso de su mano.

No quieras culparme a mí. ― Reprochó.

Ciertamente. ― Medio sonrió.

Hikard enfocó su mirada en las heridas que ahora estaban cerradas y se reconfortó. Yue centró sus ojos carmesí en la batalla.

Gracias, Hikard. Ahora tienes la seguridad de que volveré sano y salvo. ― Exclamó y voló hasta donde se encontraba Ghoulmon.

Hikard se crispó una vez que lo vio lejos. El dolor en su cuello y el sentimiento de cansancio estaba más arraigado en ella que antes. Chasqueó la lengua, en ese estado no serviría de nada en el campo de batalla. Una luz surgió de la mano cortada por la daga y la apoyó sobre la herida de mordedura hecha por Yue, no era capaz de sanar heridas de gran magnitud pero al menos unos pequeños cortes podría sanarlos en ella.

Von Drasil observó el castillo a su espalda. Durante su búsqueda de información referente a Yue, había recordado un par de detalles que Wisemon le enseñó durante la crianza que ellos le habían dado y les agradeció por sus buenas enseñanzas.

Al menos sería útil de una manera.

Corrió en el sentido contrario a la batalla dejando a Ouryumon atrás, pero confiaba en ellos y en su fuerza, sabía que Ghoulmon era un general fuerte, pero no lo era más que Luna y sus digimon.

Y serían aún más fuertes una vez que colocara sus pies dentro del castillo de Teraria.

A pocos metros de llegar a Castillo una explosión la sacudió y trastabilló. Aquella no pertenecía a su lado del campo de batalla, sino del contrario donde Matt, Ian y posiblemente Aeris se encontrarían combatiendo, a menos que la última hubiera ido sola a pelear contra Chronomon, tal como acostumbraba.

Porque de la misma forma que Aeris, Seiren prefería mil veces atacar sola que ver morir a un camarada.

Reanudó la marcha al castillo llegando con éxito a él, en su interior estaban algunos sirvientes escondidos por debajo de mesas y muebles esperando que el castillo no se derrumbara sobre ellos y, aunque salir era una buena opción para salvarse de un derrumbe, sabían que el exterior estaba en peores condiciones que el interior.

Hikard cruzó los pasillos. Se detuvo sorpresivamente cuando llegó a la habitación que buscaba, en su interior Lestat observaba el combate desde la ventana de la habitación.

Abuelo Targaryen. ― Susurró la pelinegra observando al hombre voltear a verla.

Llamarme anciano me hace sentir más viejo de lo que soy en realidad. ― Confesó centrando su atención en ella―. Al final viniste aquí, de alguna forma sabía que lo harías. ― Hikard afirmó la mirada.

¿Lo sabe?

Me hago una idea, la vejez otorga sabiduría y eso ayuda de sobremanera en estos momentos. ― Avanzó hasta la chica―. Yamato ya me odia por la muerte de Arathorn. No me imagino lo que hará si su camarada muere y no muevo un dedo para evitarlo.

Podría hacerlo en otro sitio, la habitación no es del todo necesaria. ― Pronunció con seguridad.

Y aún así viniste aquí a hacerlo. ― Hikard se crispó. Lestat tenía razón y la había descubierto en plena mentira.

Debo hacerlo, abue―hizo una pausa― ¿Rey? ― Lestat carcajeó.

Lestat basta, las formalidades no son necesarias, en cualquier caso debería ser al revés.

Una explosión sacudió los cristales y Hikard tembló.

Eres la miembro más antigua de la Orden de Caballeros de la Luz por no decir la única que queda viva.

Quedaba. ― Lo corrigió, interrumpiéndolo. Lestat asintió.

Matt ahora lo es oficialmente; sin embargo hay cosas que aún no conoce. Secretos dialectos y hechizos; como el que piensas hacer ahora.


Los Generales son fuertes, sus ejércitos también, sé que ellos son aún más fuertes pero Chronomon es diferente, su fuerza va más allá de sus Generales o de nosotros
― apretó sus puños recordando las heridas de Yue hace unos momentos, los incontables cortes que sanó de Matt y las profundas fracturas en el cuerpo de Ian―, si no hago esto, podría perderlos de nuevo. No pienso arriesgarme a eso.

¿Y cómo crees que reaccionarán cuando sepan que el incremento de poder en sus cuerpos te costó la vida? ― Cuestionó. Hikard no menguó ni un poco la determinación en sus ojos y Lestat suspiró―. No pienso detenerte, no soy quien para detener a un guerrero. ― Avanzó hasta quedar a lado de la chica y apoyó su mano sobre su cabeza―. Pero debes recordar que antes que ser una guerrera eres una compañera, amiga y hermana. ― Sacudió sus cabellos. Sus palabras la calaron por un segundo―. Y aun eres muy joven para morir. ― Salió de la habitación.

Hikard permaneció inmutable por unos momentos hasta que los gritos de la servidumbre del exterior del cuarto perforaron sus oídos, solo entonces reaccionó. Avanzó hasta el centro de la habitación y observó el punto medio del particular mosaico del suelo, nadie sospechó jamás que ese se trataba de un cirulo mágico.

Y nadie lo sabría a menos que hubiera vivido todo el tiempo que ella lo hizo.

Susurró unas palabras y un anillo refulgió tras invocarlo. Bañado en oro blanco, grabado en dialecto antiguo y con una imagen predominante en él; aquella era la sortija que identificaba a los Guardianes de la Luz, misma que ella olvidó poseer.

Con cuidado lo tomó y lo deslizó en su dedo anular de su mano izquierda. Lo observó por un instante, quizá aquella sería la última vez que lo usaría pero lo necesitaba para que el círculo funcionara a causa de que en el pasado Seiren se encargó de bloquear su magia para que solo los Guardianes de la Luz fueran capaces de usarlo.

Apoyó su mano que aún mantenía el corte en el centro del mosaico y meditó sus palabras antes de pronunciarlas.

Aquella era la mejor alternativa.

¿Verdad?​

Resumen:
Ah~ Ya fueron más de seis meses desde mi último post. Me siento sucia y mala por abandonarlo tanto tiempo, pero... ¡Regresé! Aunque creo que casi nadie está ahora(?)
Yue, BlackWarGreymon y Ouryumon están peleando contra un ya muy debilitado Ghoulmon.
Hikard fue al Castillo para hacer una invocación que aumentaría el poder de sus alíados. Ella tiene mucho miedo de que sus amigos vuelvan a morir y es por ello que está dispuesta a sacrificarlo todo.
Esto parece relleno, pero no lo es(?)
 
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