Fanfic Digimon: La Revolución Olímpica

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Poco puedo decir. La batalla me gustó, tal vez hubiera esperado un poco más de pelea, pero el monstruo pudo con Vikemon de manera vergonzosa para el vikingo.

Se notaba que Vikemon quería morir, o al menos eso pensé, pero seguramente se alegrará después de estar a salvo, y se lo debe a Minervamon. Tal vez no ahora, y nunca le de las gracias, pero se debe dar cuenta que era el único método para salir bien de aquella batalla.

Esperaré el próximo capítulo.
 

Digital Hazard
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Poco puedo decir. La batalla me gustó, tal vez hubiera esperado un poco más de pelea, pero el monstruo pudo con Vikemon de manera vergonzosa para el vikingo.

Se notaba que Vikemon quería morir, o al menos eso pensé, pero seguramente se alegrará después de estar a salvo, y se lo debe a Minervamon. Tal vez no ahora, y nunca le de las gracias, pero se debe dar cuenta que era el único método para salir bien de aquella batalla.

Esperaré el próximo capítulo.
Totalmente de acuerdo: has captado la esencia del capítulo.

Bueno, he aquí el siguiente. Hoy descubriremos quien es la extraña visitante de Dianamon. Su nombre no se dice hasta el final, pero se da alguna que otra pista para que lo adivineis.


Capítulo 15:La princesa entra en acción

Dianamon observó curiosa a la visitante. Hacía años que no se sabía nada de ella. Todos daban a aquella princesa por muerta. Bueno, todos salvo su padre. El cotilleo de su huía había sido uno de los más sonados del Mundo Digital. Con el tiempo se había dejado de hablar de ello.

Pero aquello lo cambiaba todo. Allí estaba, frente a ella, con un sonrisa pícara, mirándola de reojo.

La visitante presentaba una figura esbelta, y lucía su armadura metálica, con una combianación de negros, grises claros y oscuros. Los complementaba con otras partes, también metálicas, pero rosas, que la cubrían el busto, los hombros, y que formaban unas especie de falda con las espadas que utilizaba en combate. Hacíendo juego con estos accesorios, estaba su yelmo; el cual dejaba espacio para que cayera su pelo, casi blanco, en forma de cascada. Además, portaba una capa, a modode ornamento. Sin duda, era hermosa.


-Sí, sé quien eres.- respondió la olímpica a su pregunta.- Lo que no sé es por qué has venido.-

-Lo que en verdad te preguntás es dónde he estado todo este tiempo.- respondió.

Era cierto. La diosa tenía mucha curiosidad por el pasado de la princesa. Pero consideraba inapropiado preguntar. Así que, a menos que ella se lo confesase, se quedaría sin saberlo.

-Lo siento pero es un secreto.- contestó.- Pero respondiendo a tu pregunta, he venido para que me adiestres como una cazadora.-

-¿Quieres convertirte en una de mis cazadoras?- preguntó la olímpica, extrañada.

-En efecto.-

-Hace mucho que nadie que no viva en esta luna quiera hacerse cazadora. Actualmente la orden esta formada por Lekismon y Crescemon en su mayoría.-

Dianamon reprimió un “Ya no es como antes”. En el pasado, el grupo de cazadoras era numerosísimo. Sin embargo, tras la caída de los olímpicos, las cazadoras fueron desapareciendo, así como las solicitudes de admisión, por llamarlas de alguna forma.

-No tengo ningún inconveniente en aceptar tu solicitud.-

-Sólo te pido que esto quede en secreto. No quiero que se revele mi paradero. Todavía no, al menos.-
dijo la princesa.

-Repite conmigo el juramento. “Yo, juro solemnemente...-

-“Yo, juro solemnemente...”- comenzó a decir.

-“lealtadad a Dianamon y a las cazadoras...”- prosiguió Dianamon.

-“lealtad a Dianamon y a las cazadoras...”- repitió.

-“practicar la caza...”-

-“practicar la caza...”-


-“Y mantenerme doncella, renunciando al amor por siempre.”- finalizó Dianamon.

-Espera un momento.- replicó la visitante.- Yo no puedo renunciar al amor: por amor hago todo esto.-

-Es la condición fundamental para convertirte en cazadora.-

-En ese caso no puedo.-

-“Es una lástima.”-
pensó Dianamon. La hubiera gustado pasar más tiempo con ella. Tenía un aire... enigmático.

-¿No podríamos llegar a una clase de acuerdo?- preguntó la visitante.

-¿Qué acuerdo?- preguntó Dianamon, sorprendida.

-Yo he venido aquí por el entrenamiento al que se someten las cazadoras, no ha convertirme en cazadora.- comenzó a explicar.

-Lo suponía.- respondió Dianamon.

-Entonces, ¿por qué no simplemente me entrenas?-

-¿Y por qué debería hacerlo?- preguntó Dianamon.

-Porque se que estás deseando hacerlo.- contestó firmemente.- Se que hace mucho que no tienes cazadoras que no seán digimons conejo. Además, nunca has entrenado a nadie de mi especie. Ni a nadie tan especial como yo.- dijo mientras se pasaba la mano por el pelo.

De nuevo, era cierto. La mayor parte de sus cazadoras estaban ya entrenadas de sobra. Los conocimientos se los pasaban de unas a otras, sin que Dianamon tuviera que intervenir.
Y de nuevo, la curiosidad de Dianamon ganó:


-Puede que me interese. Pero deberás ganartelo.- contestó Dianamon.

-Lo suponía. Me pondrás a prueba. Estoy de acuerdo.-

-Si demuestras ser digna del entrenamiento, conseguirás tu proposito. En caso de que falles, volverás por dónde has venido.- explicó la olímpica.

-Es un trato justo. ¿En qué consistirá la prueba?- preguntó.

-Un combate contra una de mis cazadoras.-

Dianamon dudaba que una persona como ella, estuviera hecha para el combate. Seguro que en su reino, gozaba de otra clase de actividades, mucho más entretenidas. Pero para Dianamon, ser una cazadora, implicaba... no solo fuerza de voluntad, sino también espíritu de lucha, y dotes para el combate.

-¿Cuándo será el combate?-

-Ahora mismo, si tienes suficientes fuerzas.- contestó Dianamon.

-Estoy lista para todo.- contestó firmemente. Parecía convencida de que iba a ganar.

-Sigueme.- dijo Dianamon, mientras salía de su despacho. La visitante obedeció.

Dianamon la condujo a una sala muy amplia, pero vacía. Las paredes de piedra, estaban insonorizadas, y el suelo, cubierto por colchonetas.


-Parece un gimnasio de época mediaval.- murmuró la jóven.

-Sitúate al fondo de la sala.- ordenó Dianamon. La visitante obedeció inmediatamente.

Al poco tiempo llegó una Crescemon. Sin duda, era una de las cazadoras de Dianamon, e iba a ser su oponente. Caminaba a paso ligero, y segura, como si tuviera claro que iba a vencer.

Dianamon la observó atentamente. Presentaba una figura esbelta, al igual que la que iba ha ser su contrincante. Su cuerpo, femenino y humanoide, lucía una tez rosa pálido, cuyo color tornaba más oscuro cuanto más se acercaba a sus puntiagudas orejas de conejo. Su cara, pequeña en comparación con su cuerpo, estaba recubierta por un fino yelmo, y la parte superior de su torso, por una ligera armadura. Del resto de su cuerpo, descubierto, destacaban unas fuertes y musculadas piernas.


-Ella va a ser tu contricante.- anunció Dianamon.

-Que sorpresa...- murmuró la princesa.

-Que comience pues el enfrentamiento.- dijo Dianamon.

Crescemon fue dando grandes saltos hasta llegar a donde se encontraba su contrincante. Intentó asestar un golpe con sus cuchillas en forma de luna, pero la visitante las esquivo con relativa facilidad.
La princesa intentó asestarle un golpe con su mazo, pero Crescemon las frenó el golpe con sus cuchillas. El impacto hizo que saltaran chispas, y Crescemon tuvo que alejarse.

La visitante dio un golpe con su mazo al suelo, provocando un temblor que obligó a Crescemon a arrodillarse. La cazadora se levantó rápidamente, y asestó al dos golpes con sus cuchillas, que provocaron dos haces de color turquesa que se dirigían hacia su oponente. Esta se agachó, y los haces impactaron contra la pared, la cual se congeló.

Dianamon observaba el combate, entretenida. Quizás había sido algo mala, al elegir a na de sus mejores cazadoras, sin embargo, no quería que la prueba fuera fácil: y menos sabiendo los fines egoístas que perseguía la princesa.
Crescemon seguía lanzando esas cuchilladas al aire, obligando a la princesa a esquivar los golpes para evitar ser congelada. Se estaba cansando: creía que la táctica utilizada por Crescemon era de cobardes, así que se lanzó al ataque.

Empezó a correr hacia Crescemon. Esta la lanzó otro haz turquesa. La princesa congió una de las espadas de su falda y lo partió en dos. Instantaneamente, su espada se congeló.

Estaba lo sufientemente cerca de Crescemon, así que estiró los brazos, y le asestó un gran mazazo. Crescemon trató de pararlo con sus cuchillas, pero no llegó a tiempo. Sus brazos cedieron y el golpe de la princesa la hizo arrodillarse de nuevo.

Crescemon se levantó. Hizo el mismo movimiento de antes, y creó dos haces de energía. Sin embargo, esta vez presentaban una tonalidad morado oscuro. Se dirigieron hacia la visitante. Esta trató de apartarse, pero esta vez no pudo evitar el ataque. Desenvainó otra de sus espadas y partió un haz en dos. El otro la impactó en su pierna derecha, provocando que se derrubara.
Entonces, la princesa supo que no iba a poder vencerla de ese modo. Crescemon presentaba una mayor resistencia a los golpes. Sin embargo, tuvo una idea. Podría sacarla del aprieto satisfactoriamente.


-Crescemon, lucha de verdad.- dijo, provocandola.- Esos trucos baratos no funcionan conmigo. Demuestra para que sirven las cazadoras.-

Crescemon se sintió insultada y se dirigió al ataque. Corrió a gran velocidad hasta encontrarse frente a frente con la visitante. Crescemon era algo más alta que ella.

-Repitelo.- dijo Crescemon, con aire amenazante.

-Lo siento, perdiste.- dijo la visitante. Colocó su mano estratégicamente en el hombro de Crescemon.

Instantaneamente, Crescemon se notó distinta. Algo la había cambiado. No podía continuar. Su espíritu de lucha se había extinguido.

Se acercó a Dianamon.


-Ha ganado.- le dijo Crescemon a Dianamon.

-Bien.- respondió la olímpica.- Acercate.- le ordenó a la princesa.

Esta obedeció y se posicionó a su lado.


-Recibirás tu entrenamiento como cazadora, Queenchessmon, como te prometí. Te hospedarás aquí hasta que tu entrenamiento finalice.-

-Sí.- respondió Queenchessmon, emocionada. Sabía que lo conseguiría.

-Y sobretodo, no hagas que me arrepienta.-

-Descuida.-


Dianamon hizo una seña a Crescemon. La susurró algo al oido.

Crescemon cogió de la mano a Queenchessmon y se la llevó a su habitación. Ambas estaban agotadas por el reto.


Nota:
Sí, es Queenchessmon (una de los personajes importantes de Digimon: La Amenaza de Arkadimon) y la protagonista del OS: La Fuga


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Lo malo de tus capítulos es que son cortos y se centran en pocas cosas, así que a veces me quedo sin mucho que comentar XD

Dianamon me sigue encantando su comportamiento, pero sigo diciendo que en algún momento descubrirán que los está traicionando, no de manera directa, pero contando los secretos de sus amigos sí.

¿Por qué aparece de repente Queen? Y usó algún truco para ganar.

Oye, tu otro fic, ¿está aquí? ¿O piensas ponerlo? Me gustaría leerlo

Nos vemos
 

Digital Hazard
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Lo malo de tus capítulos es que son cortos y se centran en pocas cosas, así que a veces me quedo sin mucho que comentar XD

Dianamon me sigue encantando su comportamiento, pero sigo diciendo que en algún momento descubrirán que los está traicionando, no de manera directa, pero contando los secretos de sus amigos sí.

¿Por qué aparece de repente Queen? Y usó algún truco para ganar.

Oye, tu otro fic, ¿está aquí? ¿O piensas ponerlo? Me gustaría leerlo

Nos vemos
La verdad es que tienes toda la razón. A diferencia de mis otros fics, en los olímpicos los capítulos están mucho más centrados en un suceso.ç

Dianamon debe andarse con ojo. Esta jugando con fuego, y aunque de momento no la va mal, nunca se sabe...

Queenchessmon, como ves, tras la fuga, uno de sus destinos es la luna, para entrenarse. En alguno de los capítulos siguientes se dirá el por qué. Y sí, utilizó un truco para ganar. Digamos que es una de las habilidades ocultas de Queenchessmon. (también se desvelará en los capítulos venideros)

Con respecto al Fanfic Digimon: La Amenaza de Arkadimon. Tengo el prologo ya revisado. Trataré de subirlo esta tarde, o si no, a lo largo de la semana que viene. Eso sí: ya vereís como es muy diferente a este...

Bueno, aquí el siguinte capítulo de los Olímpicos...


Capítulo 16:La presa se queda sola

Ophanimon acababa de despertarse, y se había dirigido a la cocina. Según la había dicho Apollomon, se encontraba en la planta baja. Bajo las escaleras que comunicaban la segunda planta con la planta baja, y se dirigió hacia allí.
Todavía seguía afectada por la visita de Venusmon el día anterior; pero sabiendo que su situación era más o menos segura, se encontraba algo más tranquila.

La cocina era mucho más moderna de lo que Ophanimon había esperado. Era una sala bastante amplia, cuyas paredes conservababan el mismo tono que las del resto del castillo. A la derecha se encontraba una gran mesa, repleta de sillas de madera; las cuales se utilizarían a modo de comedor. A la izquiera, se enontraban toda clase de elctrodomesticos, que rodeaban a una gran isla con encimera gris de granito. Además, pegados al techo, o a un nivel algo más bajo de él, había estantes y cajones con todo lo necesario para cocinar.


-“Me preguntó dónde estará cada cosa.”- pensó en voz alta Ophanimon, dispuesta a preparse el desayuno.

No sabía si Apollomon seguía allí, con ella, o si habría salido con Venusmon. Dudaba si prepararle algo de desayuno. Al fin y al cabo, a pesar de ser sus “enemigos”, él personalmente se había portado bien con ella.


-“Ya tendré tiempo para plantearmelo.”- dijo para sus adentros.

Caminó hacia la derecha. Abrió el primer cajón con el que se encontró. En él se encontraban todos los cubiertos, ordenados según su categoría. Sacó un cuchillo y un tenedor y una cucharilla para el café que tenía pensado prepararse; y los dejó encima de la isla.

Cogió un poco de pan de un estante. Era una baguette: parecía recién hecha. La apoyó sobre una pequeña tabla y partió el pan. Buscó en todos los cajones, hasta que encontró un plato para depositar las porciones que había partido.

Se dirigió hacia el frigorífico. Lo abrió. El aire gélido provocó que la diera un ligero escalofrío. Buscó la mantequilla y la mermelada. Cuando las encontró, las depositó encima de la encimera.

Pusó el pan a tostar. Se hizo enseguida. Depositó los trozos calientes sobre el plato, y se dispuso a huntar la mantequilla y la mermelada con el mismo cuchillo con el que acababa de cortar el pan.

Se sentó en un taburete que había junto a la isla. Estaba realmente cómoda.
Se llevó la primera tostada a la boca. Sabía muy bien, aunque todo salía bien con hambre.


-Buenos días Ophanimon.- saludó Apollomon desde la puerta.

Ophanimon cogió una servilleta, y se limpió los labios, aun manchados de mermelada. Esperó a no tener la boca llena y contestó:


-Buenos días, Apollomon.-

Apollomon se acercó a ella, cogió un taburete, y se sentó enfrente suyo.

-¿Has descansado?- preguntó el olímpico.

Sabía que Ophanimon debía de estar pasandolo mal: la había oído llorar. Era duro estar allí cautiva, pero era mucho mejor que estar presa en Hell’s Field. Y muchísimo mejor que la muerte, por supuesto.


-Sí.- se limitó a decir Ophanimon. Prefería no entrar en detalles. Estaba adaptada a las comodidades de su castillo.

Además, echaba de menos su rutina. Si no estuviera presa; después de desayunar, se iría a ver a Seraphimon. Luego, iría a algunas reuniones sociales. Después, iria a ayudar a los más desfavorecidos. Y por último, algo de papeleo y a la cama.


-Dime, ¿qué se puede hacer aquí?- preguntó Ophanimon. Necesitaba desesperadamente matar el tiempo.

-Bueno, yo suelo practicar tiro con arco. He montado un pequeño campo de tiro. Se encuentra al otro lado del foso, en los campos que rodean el castillo.

“Campos” no era la palabra adecuada para describir lo que rodeaba al castillo de Apollomon. Sólo eran tierras estériles, llameantes, y cargadas de azufre, dónde no crecía planta alguna.

-Quizás lo pruebe.- respondió Ophanimon.- ¿Alguna actividad más?-

-No sé que decirte. Hace mucho que este lugar dejo de ser divertido.-
respondió Apollomon.

Cuando los olímpicos gobernaban, aquel era un lugar lleno de vida. Ahora, en cambio, no. Y eso era lo que más martirizaba a Apollomon.


-¿Va a venir Venusmon a hacerme una visita?- preguntó Ophanimon.- Dijo que volvería a verme pronto.-

-Me temo que no.- contestó Apollomon.- Venusmon ya tiene otros planes para hoy.-

Ophanimon se preguntó si esos planes también implicarían a Apollomon. Resistió las ganas de preguntar directamente, intentando sonsacarle información al olímpico.

-¿Y cuales son tus planes para hoy?- preguntó.

-De momento, desayunar.- contestó, mientras se levantaba para servirse una taza de café.

Había sido un buen modo de evadir la preguntar.

La conversación concluyó. Ophanimon se terminó sus tostadas, mientras Apollomon bebía su café. Todavía salía humo de la taza.

Cuando hubieron terminado de desayunar, Ophanimon volvió a la carga.


-¿Y bien?- preguntó.

-¿Él qué?-

-Mi pregunta de antes. Ahora que ya has desayunado, qué vas a hacer.-

-Pues de eso quería hablarte.-
dijo Apollomon. Estaba esperando el momento oportuno para contarselo. No quería ser brusco, y soltarselo nada más levantarse.

-Soy toda oidos.-

-Pues bien, dentro de un rato partiré al Palacio de los Espejos.-


Ophanimon sabía que aquel lugar era la morada de Mercurymon. Intuyó que iba a suceder.

-Entonces... ¿os reunireis todos los olímpicos?- preguntó.

-Todos los que estamos.- contestó Apollomon.

Era cierto. Sólo ocho de los doce originales estaban presentes. Cuando los Tres Grandes Ángeles habían ascendido al poder, se dejó de hablar de la desaparición de aquellos olímpicos. La verdadera que Ophanimon no tenía ni idea de su paradero: desconocía si estaban vivos o muertos; aunque Cherubimon y Seraphimon si que conocían alguna información. Eso sí: ella nunca preguntó a sus compañeros.


-¿Y qué teneis pensado hacer?- preguntó, de nuevo. Toda la información que pudiera sacarle la vendría bien.

-No lo sé. Es Mercurymon quien organiza esta clase de eventos.-

Llamarlo “eventos” había sido una forma muy, quizás demasiado elegante para designar a las reuniones. Aunque Apollomon las veía así; a él le gustaba ver a toda su familia reunida, si es que se les puede llamar de tal forma.

-¿Decidireis mi futúro en dicha reunión?- preguntó ella. Fingió estar alarmada. Hacerse un poco la víctima no la vendría mal para ganarse la confianza de Apollomon.

-En absoluto.- contestó el olímpico.- Ya te conté cual va a ser tu cometido en todo esto.-

Ophanimon vio que a no podría obtener más información. Había escogido las preguntas más adecuadas. Cherubimon hubiera estado orgulloso de ella, aunque él, seguro que podría haber recopilado muchos datos más útiles.

Por su parte, Apollomon se encontraba tenso. No sabía cuanta información debería dar a Ophanimon. Y además, su presencia le incomodaba. Salvo las visitas esporádicas que hacía Venusmon a su castillo, nunca, ninguna mjer había residido con él. Ni siquiera Venusmon había pasado una noche entera allí.

Entonces, se dio cuenta. Apollomon recayó en las similitudes entre su amante y su provisional compañera de piso.

Venusmon ya le había comentado la noche anterior que debía tratar a Ophanimon lo mejor que pudiera. Sus palabras exactas habían sido “cómo si de mí se tratara." El olímpico la había preguntado, la diosa había respondido: “no somos tan diferentes como parece.”

Venusmon siempre irradiaba, a parte de esa belleza exuberante, un gran aura de misterio. La encantaba dejar las cosas a medias, y torturarte, tratando de resolver los enigmas que ella misma planteaba. Venusmon en sí, era una enigma.


-Debería partir ya.- dijo Apollomon. – El Palacio de los Espejos pilla lejos.-

-Lo comprendo.-

-Una última advertencia.-
El tono de Apollomon tornó más serio.- No te escapes. Aunque no te esté vigilando. Tu huída, no sólo te pondría a ti en peligro. Sino también a Venusmon y a mí.-

Estaba en lo cierto. Ophanimon no se había planteado aquella posibilidad.

-Y a los que más quieres.- continuó Apollomon, aún cuando Ophanimon creía que la advertencia había terminado.- Los olímpicos no se andan con tonterías: Venusmon y yo siempre hemos sido más benebolentes que el resto.-

Aquella amenaza causó una gran conmoción. Si se escapaba,los olímpios podrían empezar a cometer atrocidades. Debería tener cuidado en lo que hacía.

-Me marchó ya. Regresaré al anochecer.- dijo sin más dilación; mientras abandonaba la cocina.

Se dirigió a la entrada, abrió la puerta y salió. No estaba tenía ni idea de lo que podría pasar en su ausencia.

Nota:
Así concluye el capítulo de hoy. Como supondreís, el siguiente capítlo es la nueva reunión de los olímpicos: y no va a dejar indiferente a nadie.


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Ahora a leerlo... me doy cuenta que ya lo había hecho y se me había olvidado comentar XD

Bueno, sigue siendo lo mismo, cada capítulo algo distinto. No sé que pensar de Apollomon y Venusmon -me fío menos de la segunda-, y no sé porque tratan tan bien a Ophanimon. ¿No deberían sacarle un poco de información que les viniera bien? Lo que me extraña es que Seraphimon no esté haciendo nada para rescatar a su esposa.

Esperaré el próximo capítulo.
 

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Ahora a leerlo... me doy cuenta que ya lo había hecho y se me había olvidado comentar XD

Bueno, sigue siendo lo mismo, cada capítulo algo distinto. No sé que pensar de Apollomon y Venusmon -me fío menos de la segunda-, y no sé porque tratan tan bien a Ophanimon. ¿No deberían sacarle un poco de información que les viniera bien? Lo que me extraña es que Seraphimon no esté haciendo nada para rescatar a su esposa.

Esperaré el próximo capítulo.
Bueno, que he de decir, muchas gracias por comentar de nuevo, Soncarmela. Como te prometí, en cuanto comentaras, publicaría nuevo capi, así que...

Tienes razón en desconfiar en Venusmon. No es trigo limpio, pese a no ser mala... Y dentro de poco descubriremos por qué Seraphimon no va a hacer nada, jajaja. Sin más dilación, el siguiente capítulo:


Capítulo 17: La novena silla

Mercurymon esperó a que todos se sentaran para comenzar la reunión. Según le había avisado con anterioridad Neptunemon, debería poner nueve sillas alrededor de la mesa esta vez. Se preguntó si el digimon marino habría informado a su esposa, y esta, habría querido asistir al evento.
Les esperó impacientemente, hasta que al final todos los asistentes previstos se acomodaron en sus asientos. La novena silla que había colocado, seguía vacía.


-Buenos días.- comenzó saludando enérgicamente, tal y como lo haría todo líder que se precie.

-Buenos días.- respondieron los olímpicos cordialmente.

Todos sabían, o tenían una ligera idea sobre los temas que se iban a tratar: primero, un breve resumen sobre el secuestro de Ophanimon; y posteriormente se hablaría de su siguiente objetivo.

Marsmon agitaba la copa de vino que sostenía. No parecía ser el único que se había percatado de la silla inocupada, la cual le separaba de Neptunemon. Si planteaba las preguntas adecuadas sobre ella, podría ridiculizar a Mercurymon durante un buen rato.


-Antes de que comiences con tu genial discurso, Mercurymon.- entonó Marsmon, con firmeza. Su voz grave rompió el silencio sepulcral en el que se encontraba sumida la estancia. -¿Quién nos va a acompañar hoy? Lo pregunto, puesto que hay una silla vacía, y estamos todos.-

-Es una sorpresa.-
contestó Mercurymon. Estaba acostumbrado a las preguntas trampa de Marsmon.

-¿Ha sido idea tuya?- le presionó Marsmon. Intuía que iba por el buen camino.

-No. Neptunemon podrá informarte mejor.- se rindió Mercurymon. Más valía una retirada a tiempo, que una derrota estrepitosa.

-No creo que tarde en venir.- salió Neptunemon a su rescate.-

-Continuando con el punto que nos corresponde, he de decir que podemos estar satisfechos con el resultado de nuestra primera operación. Además, debo felicitar a Minervamon, sin la cual no habríamos podido obtener esta victoria.- comenzó a decir Mercurymon.

Marsmon fulminó a la olímpica con la mirada. Odiaba estar en un segundo plano.


-Sin embargo, he detectado un... desajuste en nuestras capacidades.- prosiguió Mercurymon. Los olímpicos le miraron, confundidos.- Me refiero ha que hemos olvidado el arte de combatir. Y debemos recordarla a base de entrenamiento.-

-“Yo no.”- quisó decir Minervamon, pero reprimió el impulso. Ella entrenaba dura y diariamente. Estaba incluso en mejor forma física que en el pasado.

Venusmon se quedó consternada. Ella, no era precisamente la mejor combatiente de los olímpicos. Y tampoco es que la gustase entrenar. Ella prefería emplear otro tipo de facultades, y realizar otra clase de funciones. Eso sí, si era neceario, lo haría. Además, hoy tenía pensado demostrar lo que valía, costara lo que costase.


-Y para concluir con este tema, y cercionarme personalmente de la seguridad de Hell’s Field; tras terminar la reunión, acompañaré a Apollomon a Bright Zone, para así comprobar el estado en el que se encuentra Ophanimon.- concluyó Mercurymon.

Apollomon ahogó un grito. Si Mercurymon lo acompañaba, descubriría a Ophanimon danzando a sus anchas por su castillo. Podría ser su fin.
Lanzó una mirada furtiva a Venusmon, quien miraba al vacio. A su lado, Vulcanusmon le sonrio.


-“Pobrecillo.”- pensó Apollomon. Pero esos pensamientos se alejaron rapidamente. Tenía que encontrar una solución a su problema.

Venusmon se percató entonces de todo. Comenzó a mover sus labios. Presentaban un color rosa pálido en aquella ocasión. Apollomon trató de captar las palabras que decía.


-“Yo entretendré a Mercurymon. Tú regresa rápidamente y encierra a Ophanimon.”- llegó a entender.
Apollomon asintió levemente. Eso sería lo que harían.


-Por otro lado, deberemos elegir nuestro siguiente objetivo.- continuó Mercurymon.- ¿Seraphimon o Cherubimon?-

Los murmullos afloraron. De nuevo, un tema delicado y una decisión difícil.

-Seraphimon es más fuerte. Pero Cherubimon es más sabio.- reflexionó Minervamon en voz alta.- Así pues, hay que elegir entre maña o fuerza.-

-Viendolo de ese modo... La opción más inteligente en estos momentos es Cherubimon. No estamos en condiciones para enfrentarnos a Seraphimon.- sentenció Mercurymon. Nadie puso ningún pero.- Dianamon, tú que le conoces bién. ¿Se te ocurre algún modo de vencerle?-

Dianamon meditó sobre lo que iba a decir. Ya había bastante tensión entre ella y Cherubimon. Sin embargo, en aquel momento, no podría oponerse.

-Ahora mismo no.- hizo una breve pausa.- Pero lo pensaré.-

-Bien.- dijo Mercurymon, orgulloso. Pensaba que se estaba ganando la confianza de Dianamon. Nada más lejos de la realidad.

-Y por último.- dijo Mercurymon, cambiando de tema.- Vulcanusmon: ¿cómo va el trabajo en la forja?-

Todos centraron la atención en el olímpico. Solía ser siempre una figura recatada, reservada, y que pasaba inadvetida. Tanta atención lo abrumaba.

Miró a Venusmon, para que le diera animos. Y entonces comenzó a hablar:


-He realizado unas cuantas copias de las armasque todos poseemos. Así que no os preocupeis si las perdeis en combate, o si se rompen.-

Minervamon frunció el ceño. No tenía pensado cambiar a su Olympia por nada del mundo.

-Además.- prosiguió Vulcanusmon.- Estoy trabajando en nuevos diseños.-

Aquella afirmación causó un gran revuelo entre los olímpicos. Nunca pensaron que Vulcanusmon accedería a la petición que le realizó Mercurymon. Se equivocaban.

Dianamon miró a Venusmon. Pensaba que había tenido algo que ver. Está, consciente de lo que pensaba su compañera; negó con la cabeza.


-“Yo no he tenido nada que ver esta vez, Dianamon."- susurró, de manera casi imperceptible.

Dianamon se fio de su palabra. Estaba segura de que en aquella ocasión, Venusmon no mentía.


-Eso sí.- continuo Vulcanusmon, cruzando todos sus brazos entre si.- Debereís esperar para ver los resultados.-

-Lo comprendo.-
contestó Mercurymon.- Una obra de semejante embergadura, lleva su tiempo. Creo que no hay nada más que decir.-

-Parece que nuestro invitado sorpresa no ha venido.-
dijo Marsmon, maliciosamente.

-Invitada.- le corrigió Neptunemon.- Y llegará ahora: estoy convencido de ello.-

-¿Es Ancientmermaimon?- preguntó Venusmon. Tenía una buena relación con la esposa del olimpico.

-No.- negó rotundamente.

-“¿Entonces quién podrá ser?”- se preguntó Venusmon.
Dianamon poseía la respuesta. Conociendo tal y como conocía a Neptunemon, habría ido a rescatar a Ancientmermaimon, y se habría topado con Ceresmon. La habría liberado, y, en aquel instante, ella se encontraba de camino hacía allí. Iba a tener que dar muchas explicaciones en el caso de que apareciera.


-Debo marcharme.- dijo, intentando huir, antes de que Ceresmon llegará.

- Tengo ocupaciones pendientes.-

-¿Qué clase de ocupaciones?-
preguntó su hermano, sentado a su lado.

-Una nueva cazadora. Muy especial. No puedo dar más detalles.- respondió Dianamon.

Venusmon se mordió el labio inferior. Ella hacía mucho tiempo que no tenía digimons bajo su tutela. Y que Dianamon fera a entrenar a una nueva cazadora la mortificaba.


-Eso puede esperar.- sentenció Apollomon.

Dianamon se quedó quieta en su asiento. No merecía la pena siquiera levantarse: Apollomon se lo impediría, como hacía siempre.
Esperaron unos minutos en silencio hasta que empezaron a oir pasos. Provenían del balcón, el cual estaba abierto y comunicado con la sala en la que se encontraban.

Ante ellos se encontraba una figura femenina, que mediría alrededor del metro setenta; un poco más si acaso. Llevaba casi todo el rostro tapado, por un casco con motivos florales; cuya parte superior parecía pétalos de color naranja. La parte superior de su torso, iba prácticamente al descubierto, sin contar las hombreras compuestas por flores azules y moradas, y el sostén que cubría sus pechos, el cual hacía juego con el pántalon verde y negro que llevaba puesto. Por último, sus manos y sus pies, lucían garras de dorado; y bastante grandes: desporporcionadas para el tamaño de la criatura. Sin embargo, era capáz de levantarlas con facilidad.


-Buenos días a todo el mundo.- saludó Ceresmon mientras tomaba asiento.- ¿Cómo va todo por aquí?-

Mercurymon no salía de su asombro. No se esperaba que estuviera ella aquí. El resto, salvo Neptunemon, también parecían sorprendidos. Dianamon trató de fingir su asombro, y, entre la confusión del momento; ninguno reparó en la extraña y falsa expresión de su rostro.

-Ceresmon, ¿dónde has estado todo este tiempo?- se decidió a preguntar Mercurymon.

-Retenida.- contestó ella.

-Quizás será mejor que lo explique yo, si no te importa.- la interrumpió Neptunemon.

Ceresmon le dejó continuar.


-Hace poco me infiltré en la cárcel del Castillo de Cherubimon, y rescaté a Ceresmon; la cual debe de llevar presa allí desde la última batalla.-

-En efecto.- afirmó ella, complacida por encontrarse de nuevo con sus compañeros.
Neptunemon obvió el motivo que le había llevado allí. Quería que el secuestro de su esposa fuera un secreto; sobre todo para Ceresmon.


-¿Había algún olímpico más allí?- preguntó Marsmon. Preguntaba precisamente por Él. Los demás le daban igual.

-En lo que duró mi breve visita, no me topé con nadie más.- respondió Neptunemon.

-No había ningun olímpico más.- contestó Ceresmon, distraida. Miraba de reojo a Dianamon. Días antes de su rescate, ella había ido al Castillo de Cherubimon. Era conocida su amistad, pero, en la situación en la que se encontraban no lo consideraba adecuado. Estaba al corriente de todo: había estado sobrevolando el castillo, escuchando todo lo que decían sus compañeros. Sin embargo, no conocía el motivo que había llevado a Neptunemon a infiltrarse en el castillo del ángel. Debía de ser muy importante; con el revuelo que había armado. Tenía muchas ganas de hablar con él en privado.

Dianamon la miraba directamente. Sabía que Ceresmon la había descubierto. Lo peor de todo es que no sabía que iba a hacer. Dianamon solía conocer muy bien a todos los olímpicos, pero nunca llegó a comprender muy bien a Ceresmon. Además, con el cautiverio que había sufrido, seguro que habría cambiado. O quizás seguiría teniendo esas mentalidad... tan suya: una mentalidad que Dianamon no sabría como describir. En el pasado, Ceresmon pasaba de lo racional a lo ilógico, de lo sensato a lo temerario en cuestión de segundos. Era muy abierta, pero presentaba unas cuantas ideas inamovibles en su código moral. Era todo un personaje.


-¿Conoces bien el castillo de Cherubimon, Ceresmon?- preguntó Mercurymon.

-Las mazmorras sí. Trate de escaparme varias veces, hasta que me encerraron en aquella estúpida jaula, que bloqueaba mi forma humanoide.- respondió la diosa.

-Entonces, eres capaz de guiarnos por allí.-

Ceresmon no supo si era una pregunta o una afirmación. Decidió asentir con la cabeza.

-Entonces, si todos estamos de acuerdo, dentro de tres días, iremos al castillo de Cherubimon y le haremos una visita.- dijo Mercurymon orgulloso.

-¿Y dónde le esconderemos? ¿O vamos a matarlo?- preguntó Minervamon, la cual había estado callada durante toda la reunión: estaba preocupada por el estado de Vikemon.

-En Hell’s Field.- contestó Mercurymon.

Apollomon puso cara de horror. Entonces, tuvo una idea.


-Si encerramos juntos a Ophanimon y a Cherubimon, es probable que encuentren la forma de escapar.-

-En ese caso... no queda más remedio. Conquistaremos Prision Land.-


Todos miraron a Mercurymon, desconcertados. Prision Land era una zona muy compleja, y que nunca habían visitado. Se había usado como cárcel hacía mucho tiempo, y aparentemente estaba abandonada. Pero todos decían que era una zona muy peligrosa.

-Me parece que no queda más remedio.- dijo Marsmon. Odiaba darle la razón a Mercurymon, pero en aquella ocasión estaba en lo cierto.

-Para tener algo más de tiempo para prepararlo todo, la conquista de Prision land será dentro de tres días, mientras que el asalto al castillo, dentro de seis.- dijo Mercurymon, con una sonrisa.

Los olímpicos asintieron.


-¿Voluntarios?- preguntó el olímpico.

Los de siempre levantaron rápidamente la mano. Además, Ceresmon se presentó voluntaria.


-Sólo hay que ir allí, y encontrar el Código Corona de la zona, así que no creo que debamos ir muchos: hay que reservar fuerzas para el asalto. Ceresmon, será mejor que descanses: serás una parte clave para atrapar a Cherubimon, por lo que no es conveniente que vayas a Prision Land.- la informó Mercurymon.

Ceresmon frunció el ceño, e hizo notar su enfado dando un fuerte golpe sobre la mesa. Acababa de llegar, ya la estaban dejando de lado. Luego, se lo pensó mejor, y se calmó. Tendría tiempo para hablar con Neptunemon. Además, iba a ser la guía por el Castillo de Cherubimon. Sin ella, no podrían hacer nada. A menos que Neptunemon fuera el que les guiara, cosa que dudaba. Siempre había sido una persona poco violenta; a menos que se le provocase.


-Y, por otro lado, Apollomon, debes quedarte vigilando a Ophanimon. Así que, iremos Marsmon, Minervamon y yo.-


Todos estuvieron conformes.

-Entonces, se levanta la sesión.- dijo, dando un golpe con su cuchillo, a modo de mazo.

Los olímpicos se fueron levantando de sus asientos. Apollomon salío corriendo de la sala, sin que Mercurymon se diera cuenta: debía conducir a Ophanimon de nuevo a Hell’s Field. Esperaba que Venusmon consiguiera entretenerle el tiempo suficiente.

Por su parte, Dianamon se acercó a Ceresmon. Esta la estaba esperando en el balcón, observandola complacida con la cabeza ladeada.


-Gracias.- dijo Dianamon.

-Me debes una. Ya hablaremos más adelante.- se limitó a decir Ceresmon, mientras se dirigía a la salida para hablar con Neptunemon.

Ceresmon le dio un golpecito en la espalda para que el olímpico se girara. Era algo más alto que ella.


-¿Podemos hablar?- preguntó.

-Hoy no. Tengo ocupaciones pendientes en Island Zone.- respondió Neptunemon.- ¿Te viene bien mañana?-

-Sí. Me podrás localizar en el Valle de Deramon. Nos vemos.- Agachó la cabeza, y salió del castillo. Se transformó en su otra forma, y alzó el vuelo.

-“En menudo lío me estoy metiendo.”- pensó Neptunemon, mientras también abandaba el lugar.- "Si Ancientmermaimon se enterase...”-

En la estancia ya solo quedaban Mercurymon y Venusmon. La diosa le había dado una torpe escusa a su marido, el cual hacía rato que ya se había marchado: tenía mucho que hacer en la forja. Ahora que estaba trabajando en las nuevas armas, además de sus tareas habituales, estaba más ocupado que de costumbre. Esto le daba a Venusmon mucho tiempo libre.

Caminó hacia Mercurymon, quién estaba recogiendo para marcharse con Apollomon.


-¿Y Apollomon?- preguntó el olímpico, confuso.

-Me ha dicho que te esperará en Bright Zone. No te preocupes.- respondió Venusmon, luciendo su mejor sonrisa.

-Qué quieres, Venusmon. – preguntó. Puede que sus juegos funcionaran con Apollomon y con Marsmon, pero él no sentía nada. Sí le parecía hermosa, y muy seductora, pero nada más.

-Me gustaría comentarte algo.-

-Dime.-

-Tengo un plan para que Seraphimon deje de darnos problemas. ¿Te gustaría oirlo?-


Mercurymon no se podía creer lo que estaba oyendo. Por mucho que pensará, no se le ourría ningún método para derrotar al ángel.

-Soy todo oídos...-

Nota:
Con este suspense termina el capítulo 17. Me ha venido muy bien que sacaran la forma humanoide de Ceresmon (Ceresmon Medium) Os voy a plantear dos preguntas, que me gustaria plantearos unas preguntas, a las que me gustaría que respondierais a traves de vuestras reviews (que no os cuesta nada):
-¿Por qué creeís que Neptunemon no ha querido nombrar el secuestro de Ancientmermaimon?
-¿Qué creeis que les aguarda en Prision Land?-

[MENTION=517717]Soncarmela[/MENTION]
[MENTION=1040012]NoKyubimon[/MENTION]
 

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La reunión de los olímpicos siempre trae algunas discusiones. Todos tienen sus propios secretos que pueden perjudicar a los otros, de verdad que no sé como pelean juntos si algunos se llevan mal... Cada vez estoy más segura de que acabarán batallando entre ellos y así terminará el fic, con el fin de los olímpicos por ellos mismos.

Bueno, centrándome en este capítulo. Dianamon tiene problemas. Van a por Cherubimon, ¿de qué bando se pondrá ella? Se notó en los anteriores capítulos que desconfía del conejo, pero ¿hasta que punto? Si de verdad llegara a pensar que Cherubimon le ha traicionado, no tardaría en contar todo lo que sabe. Es una pieza vital para ganar a los ángeles.

Venusmon no será la mejor en la lucha, pero es inteligente y muy audaz. Tener a tres olímpicos babeando por ella le ayuda bastante. A saber que tramará ahora.

¿Por qué creeís que Neptunemon no ha querido nombrar el secuestro de Ancientmermaimon?
No estoy segura. ¿Tal vez para que no atacaran a Seraphimon tan pronto? O para que no le insistan en pelear.

¿Qué creeis que les aguarda en Prision Land?
Puede que haya algún Demon Lord o que el propio Seraphimon se haya adelantado y quiera controlar esa zona también.

Nos vemos
 

El único campeón de Mortal Kombat.
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Como ya sabes, no comento aquí porque leo en FF. En fin, contestaré ambas preguntas:

-¿Por qué creeís que Neptunemon no ha querido nombrar el secuestro de Ancientmermaimon?

Es algo obvio: Neptunemon no quiere estar tan involucrado en la guerra. O en su defecto, desea una pelea a muerte contra Seraphimon.

-¿Qué creeis que les aguarda en Prision Land?

Nada bueno, eso es seguro.
 

Digital Hazard
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La reunión de los olímpicos siempre trae algunas discusiones. Todos tienen sus propios secretos que pueden perjudicar a los otros, de verdad que no sé como pelean juntos si algunos se llevan mal... Cada vez estoy más segura de que acabarán batallando entre ellos y así terminará el fic, con el fin de los olímpicos por ellos mismos.

Bueno, centrándome en este capítulo. Dianamon tiene problemas. Van a por Cherubimon, ¿de qué bando se pondrá ella? Se notó en los anteriores capítulos que desconfía del conejo, pero ¿hasta que punto? Si de verdad llegara a pensar que Cherubimon le ha traicionado, no tardaría en contar todo lo que sabe. Es una pieza vital para ganar a los ángeles.

Venusmon no será la mejor en la lucha, pero es inteligente y muy audaz. Tener a tres olímpicos babeando por ella le ayuda bastante. A saber que tramará ahora.



No estoy segura. ¿Tal vez para que no atacaran a Seraphimon tan pronto? O para que no le insistan en pelear.



Puede que haya algún Demon Lord o que el propio Seraphimon se haya adelantado y quiera controlar esa zona también.

Nos vemos
Como ya sabes, no comento aquí porque leo en FF. En fin, contestaré ambas preguntas:

-¿Por qué creeís que Neptunemon no ha querido nombrar el secuestro de Ancientmermaimon?

Es algo obvio: Neptunemon no quiere estar tan involucrado en la guerra. O en su defecto, desea una pelea a muerte contra Seraphimon.

-¿Qué creeis que les aguarda en Prision Land?

Nada bueno, eso es seguro.
Bueno [MENTION=517717]Soncarmela[/MENTION], que decir, como siempre tienes razón y captas muy bien la esencia de los personajes. Eso sí, con las preguntas, no vas muy bien encaminada.
[MENTION=497372]Acero_la12[/MENTION] que decir, gracias por comentar. Tu ya sabes la respuesta a la segunda pregunta, así que chitón. Y con la primera, no creo que sea tan evidente. Además, tu ya habiendo leído capítulos posteriores, deberías haberte dado cuenta de una cosilla...

Bueno, aquí el siguiente capítulo:


Capítulo 18: Planes y sospechas

-“Un plan para acabar con Seraphimon...”- pensó Mercurymon, complacido, aunque no seguro. Venusmon nunca se encargaba de tramar planes. Siempre cumplía funciones más triviales en el grupo de los olímpicos. Normalmente, Minervamon era la estratega. En algunos casos, Marsmon, o él mismo, se encargaban de esa clase de maquinaciones. Eso sí, todo idea podría ser buena, y merecía ser escuchada.

-No te creas que es una victoria inmediata. Es un plan a largo plazo y que no solo permitirá neutralizar a Seraphimon, sino también, obtener información valiosa.- le aclaró Venusmon. Mercurymon tenía una mente bastante simple para ella. Los planes que había trazado consistían en infiltrarse en las moradas de los ángeles, y luchar con ellos. Había tenido algún acierto, como el mapa en el que cuidadosamente había marcado los objetivos, pero poco más.

-¿En que clase de información estas pensando?- preguntó él, confuso. Pensaba que Venusmon iba a ir directa al grano. Sin embargo, la diosa buscaba entretenerlo el mayor tiempo posible. Eso sí, era verdad que tenía un plan.

-Échale imaginación Mercurymon. ¿Qué clase de información nos podría interesar?-

El olímpico estuvo un rato reflexionando, pero nada. Estaba en blanco, bloqueado por la tensión del momento. Las reuniones le ocasionaban un gran agotamiento mental.

-Por ejemplo, ubicaciones de los nuestros; si es que Seraphimon sabe alguna. Aunque con la llegada de Ceresmon, es muy probable que lo sepa.-

-¿Entonces cual es tu genial plan?- dijo Mercurymon, ansioso. Se le estaba agotando la paciencia.

-Tengo pensado, con tu permiso, reunirme con él aquí.- Mercurymon la miró con incredulidad.- En privado.- añadió.

-¿Y cómo piensas traerle hasta aquí, Venusmon?- pensaba que estaba loca.

-Le enviaré una carta en tu nombre. En ella, se le explicará que si quiere recuperar a Ophanimon, deberá venir hasta aquí. Seraphimon sabrá que es una trampa, pero vendrá.-

-Y entonces qué. Seraphimon llegá aquí, y le atacamos todos a la vez, y la derrotamos, ¿verdad?-

-¿Cómo quieres que haga eso, Mercurymon? Además, te he dicho que pienso exprimirle toda la información que tenga y que todo esto es a largo plazo.- remarcó estas últimas palabras.- Seraphimon vendrá aquí esperando encontrarse contigo, pero estaré aquí, en tú lugar.Yo sola.- volvió a remarcar la última frase.-

-Entonces el luchará contra ti, y te sonsacará la ubicación de Ophanimon. La rescatará y todo se irá al garete.-

-Qué equivocado estás, Mercurymon. No llegará a ponerme la mano encima.-

Mercurymon se imaginó a Venusmon tratando de seducir al ángel. No lo lograría: está demasiado enamorado de Ophanimon.

-¿Piensas utilizar tus encantos?- preguntó, para cerciorarse de sus suposiciones.

-No, en absoluto.- negó Venusmon. Lucía una sonrisa de oreja a oreja. No podía creerse que Mercurymon fuera tan estúpido.- Utilizaré mis poderes.-

Mercurymon asintió, aunque no sabía realmente a que clase de habilidades suyas se refería. No la había visto combatir ninguna vez. No iba a seducir a Seraphimon. No tenía ni idea de las otras funciones que desempeñaba Venusmon en los olímpicos.

-“No tiene ni idea de como voy a ganarme el favor de Seraphimon.”- pensó Venusmon, al observar la cara de Mercurymon. En el rostro del olímpico, se podía aprecir una gran confusión.

-Entonces... ¿me harás el favor de dejarme tu castillo?- preguntó la diosa.

-Por supuesto.- Confiaba en ella, aunque estaba seguro de que su plan iba a fracasar. Si por el contraría, salía todo bien, pues perfecto.- Eso sí, todo bajo tu responsabilidad.-

-Todo está controlado, así que tranquilo.- afirmó Venusmon.- Ya tengo escrita la carta para Seraphimon.- dijo, mientras se sacaba un sobre. Era de papel blanco, muy sobrio, pero a la vez bonito. Muy del estilo de Venusmon.

Mercurymon se acercó, y trató de arrebatarselo, pero Venusmon lo guardó antes de que pudiera cogerlo.


-¿Es que no te fías de mí?- preguntó la diosa.

-Confio en ti. Además, en caso de que no confiara en ti, no te dejaría usar mi castillo. Lo único que me gustaría saber el contenido del sobre.-

-Dentro del sobre hay un folio de papel, en el que se le pide cordialmente a Seraphimon que acuda al Palacio de los Espejos, si quiere ver a Ophanimon.-

-¿Nada más?-

-Tu firma.-
añadió Venusmon.- Me ha quedado perfecta.-

Mercurymon no supo como había sido capaz de falsificar su firma.

-“Quizás, después de todo, Venusmon tenga alguna otro habilidad, por insignificante que sea.”- pensó el olímpico.

-¿Cuándo piensas enviar la carta y usar mi palacio?-

-La carta será enviada esta misma tarde. Así pues, lo necesitaré mañana.-

-Entendido.-
respondió Mercurymon.- Ahora, si me disculpas, he de ir a Bright Zone. Te acompañaré a la salida.-

Ambos comenzaron a caminar, Venusmon lo más lentamente que podía. Esperaba que aquel tiempo extra le sirviera a Apollomon.

Cuando hubieron llegado a la puerta principal, Mercurymon la cerró, se despidió de ella, y corrió en dirección a Bright Zone. Venusmon, por su parte, puso rumbo a la forja. Tenía curiosidad por saber que armas estaba construyendo su marido. ¿Habría fabricado alguna para ella?

Mientras tanto, Apollomon acababa de llegar a Bright Zone. Conociendo la velocidad de Mercurymon, tendría el tiempo justo para llevar a Ophanimon de vuelta a Hell’s Primero revisó los campos de tiro, por si Ophanimon había decidido visiarles. Había pisadas en la arena que indicaban que había estado allí recientemente, pero que había regresado al castillo.

Puso rumbo hacia allí, y en unos minutos se encontraba ante la enorme puerta de su morada. La abrió y se dirigió el cuarto que le había asignado a Ophanimon.

La encontró allí, sumida en un profundo sueño. La levantó y la llevó en brazos hasta el pasadizo que conducía a Hell’s Field. Bajo las escaleras que conducían a la prisión. El olímpico apenas notaba el peso de Ophanimon. Estaba acostumbrado a llevar grandes cargas, además de coger a Venusmon en brazos.

La depositó en el suelo, y la sacudió un poco, para despertarla.
Ophanimon abrió los ojos lentamente, y la intensa luz que iluminaba aquella
cárcel la impactó de lleno. Se fortó los ojos con las manos.


-¿Qué hacemos aquí?- preguntó Ophanimon, confundida.

-Viene Mercurymon. Quiere hablar contigo.- contestó Apollomon.- Descuida, sólo será un momento.-

Apollomon comenzó a subir las escaleras lentamente. Ophanimon observó como el olímpico se marchaba. La molestaba enormemente estar allí, pero era mejor que Mercurymon no se enterara de la pequeña treta.
Apollomon cerró el pasadizo, y se sentó en las escaleras de la planata baja a esperar Mercurymon. No tardaría en llegar.

Mercurymon había tomado el camino más directo a Bright Zone. El mismo que había tomado Apollomon al salir del Palacio de los Espejos. Había recorrido rapidamente las zonas del continente Xross que separaban su palacio del de Apollomon, y ya se encontraba en la entrada principal del mismo.
Hacía bastante tiempo que no visitaba Bright Zone. En el pasado; sus visitas eran más frecuentes, pues la prisión oficial se hallaba allí. Sin embargo, ahora, prácticamente no pasaba por allí, a menos que tuviera un buen motivo; como el que hoy traía.

Llamó a la puerta. Pensó que se abrirían inmediatamente; pero tuvo que esperar a que Apollomon le permitiese pasar.

Los dos olímpicos se saludaron cordialmente.


-Dime Apollomon: ¿cómo está nuestra presa?- preguntó Mercurymon, impaciente.

-No me ha dado problemas hasta ahora.- respondió el olímpico. Estuvo a punto de decir “nos”, incluyendo a Venusmon en su tarea.

-Llevame hasta ella.- ordenó Mercurymon.

Acto seguido; Apollomon abrió el pasadizo hasta Hell’s Field. Descendieron las miles y miles de escaleras, y se encontraron con Ophanimon a los pies de las mismas.

Presentaba un aspecto mucho mejor de lo que Mercurymon había esperado. Aunque su armadura estaba algo rasgada; y su cara sucia por el polvo del suelo; parecía serena, y descansada: Mercurymon no pensó nunca que Ophanimon podría dormir a gusto, dadas las circunstancias.


-Buenas tardes.- saludó cordialmente Mercurymon.

-Buenos tardes.- le devolvió el saludo Ophanimon.

-Sabemos que esta prisión no es de vuestra condición; pero es lo único que tenemos.- dijo el olímpico. Parecía compasivo; incluso podía mostrar atisbos de culpa.- ¿Apollomon te esta tratando bien?-

Apollomon permació en silencio. Esperaba que la charla durara poco y Mercurymon se marchara cuanto antes.

-Todo lo bien que me puede tratar estando aquí encerrada.- respondió Ophanimon, tratando de parecer enfadada.

-Buena observación.- Mercurymon creía que estaba todo bajo control.- Apollomon, conduceme hasta la salida, ¿quieres? Tengo otros asuntos que tratar antes de irme de vuelta a mi palacio.-

-“¿Ya está?”- se preguntaba Ophanimon.- “Tantas molestias para nada.”-

Apollomon y Mercurymon recorrieron el camino de vuelta. No dijeron nada mientras ascendían las escaleras.

-No creo que trate de escapar. Sabe lo que la conviene.- dijo Mercurymon, saliendo por la puerta principal. – Por el contrario, no te confies: es una mujer de armas tomar.- añadió el olímpico.

-Lo sé.- contestó Apollomon.

Mercurymon se despidió de su compañero y se dirigió hacia el norte. Antes de la reunión, había quedado con otra persona.

Apollomon abrió de nuevo el pasadizo y le indicó a Ophanimon que podía pasar. El ángel ascendió y se dirigió directamente a su cuarto.


-No ha sido tan terrible como esperaba.- comentó Apollomon. –Pesé que iba a interrogarte a fondo.-

-Tenía mucha prisa. Eso era evidente.-
añadió Ophanimon.- Ha venido aquí por obligación; para quedar bien con los olímpicos.-

-Estas en lo cierto.-

-Por cierto... ¿es buen lider Mercurymon?-
preguntó Ophanimon. – De todas los olímpicos que hay, no es de los que me imaginaba dirigiendoos.-

-No sabría que decirte. Tiene sus aciertos, y sus inconvenientes.-
respondió Apollomon.- ¿Tú a quién te imaginabas como lider?-

-De los que estáis... pues surgen varios nombres. Marsmon tiene esa capacidad de lider que ha heredado de su padre; pero es demasiado irascible en mi opinión.-

-Marsmon quiere ser el lider. Trata de hacer que Mercurymon se derrumbe para ocupar su lugar.-

-“Conflictos internos entre los olímpicos.”-
pensó Ophanimon. Era un dato interesante.

-¿Quién más?-[/COLOR] preguntó Apollomon, ansioso. Se preguntaba si ophanimon le veía como buen lider.

-Minervamon es buena combatiente y estratega. Es muy sabia, según lo que he oido. Sin embargo, su carácter infantil hace que no se la tome muy en serio...- continuó Ophanimon. Apollomon asintió levemente.- Y por último; y creo que sería la mejor opción, y con la que yo, personalmente me quedaría... Neptunemon. Es sabio; pero prudente; sobre todo ahora que se aleja de los ramalazos revolucionarios de su juventud. Respetado entre los olímpicos. Y poderoso.-

-Neptunemon ahora esta poco centrado. Con eso de su boda; y la vuelta de Ceresmon...-

-Espera un momento... ¿Ceresmon ha vuelto?- preguntó Ophanimon.

-Sí.- afirmó Apollomon. Se le había escapado aquella valiosa información. Ahora no podía negarlo. De todas formas, Ophanimon estaba atrapada. No podía comunicarselo a nadie.

-Creo que será mejor que me vaya a descansar. Ha sido un día largo y duro.- dijo Ophanimon, tratando de despedirse.

-Espera un momento.- la interrumpió Apollomon.- ¿Cómo es que sabes tanto de los olímpicos?-

-Lo que me cuenta Cherubimon. Nada más.- respondió, mientras iba cerrando la puerta de su habitación.- Hasta mañana Apollomon.-

-Hasta mañana.-
se despidió él también.

Había algo que no encajaba. Era imposible que Cherubimon supiera detalles tan intimos de los olímpicos. A menos que alguién se los contara. Había gato encerrado; y creía saber quién no era trigo limpio. Iba a tener que hacerle unas cuantas preguntas a Dianamon...

Nota:
Aquí concluye otro capítulo de los olímpicos. Algo más corto que él anterior, pero muy interesante. Dejando algunas preguntas en el aire, cómo ¿cómo son las armas que Vulcanusmon está haciendo? O ¿con quién se va a reunir Mercurymon? De nuevo; Dianamon tiene problemas... pobrecilla...

 

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Disculpa el retraso.

Pues no tengo ni idea de lo que planea Venusmon. Está resultando ser la más inteligente, pero me da la sensación que todos la toman como una prostituta que se encarga del enemigo con otros... tipo de movimientos XD Vaya equipo si deja que uno de los suyos haga eso. Pero en fin, los olímpicos tienen secretos entre ellos, no van a durar mucho juntos.

Apollomon nunca le vi que quisiera ser líder y ahora de repente le hubiera gustado saber que los ángeles pensaban que era uno. Pero este olímpico se le escapó mucha información, se nota que está solo y necesita alguien con quien hablar cuando no le visita Venusmon, eso sí cuando viene ésta hablan...

El final la verdad me ha confundido un poco. En vez de darme a entender que Apollomon ya sabe que es Dianamon, quiere hablar con ella para descubrir quien es y entre los dos hacer algo. Al fin y al cabo son hermanos.

Nos vemos
 

Digital Hazard
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Disculpa el retraso.

Pues no tengo ni idea de lo que planea Venusmon. Está resultando ser la más inteligente, pero me da la sensación que todos la toman como una prostituta que se encarga del enemigo con otros... tipo de movimientos XD Vaya equipo si deja que uno de los suyos haga eso. Pero en fin, los olímpicos tienen secretos entre ellos, no van a durar mucho juntos.

Apollomon nunca le vi que quisiera ser líder y ahora de repente le hubiera gustado saber que los ángeles pensaban que era uno. Pero este olímpico se le escapó mucha información, se nota que está solo y necesita alguien con quien hablar cuando no le visita Venusmon, eso sí cuando viene ésta hablan...

El final la verdad me ha confundido un poco. En vez de darme a entender que Apollomon ya sabe que es Dianamon, quiere hablar con ella para descubrir quien es y entre los dos hacer algo. Al fin y al cabo son hermanos.

Nos vemos
La verdad es que Venusmon es más inteligente de lo que muchos piensan. Quizás no tanto como Minervamon, Neptunemon o Dianamon, pero si que lo es. Además, a lo largo de estos años, se ha esforzado esforzando... para acabar con los machismos... y esta es su gran oportunidad para lograrlo. Aunque no creo que para lograrlo utilice esa clase de movimientos...

Apollomon tiene sus carencias. Ocupa una posición bastante discreta en elos olímpicos, y ha perdido a todos los digimons a los que protegía. Y eso, sumado a su personalidad sensible, le hace vulnerable. Por eso, en cierto modo, buscaba ver si Ophanimon le veía como buen líder.


Aquí llega otro capítulo de los olímpicos; esta vez, centrado en Neptunemon; con apariciones de Ancientmermaimon y Ceresmon, por supuesto.

Capítulo 19: Una Taza de Té en el Valle de Deramon

Ancientmermaimon se despertó con los primeros rayos de sol que penetraron en la habitación en la que se encontraba. Estaba tumbada, y algo mareada. Recordaba vagamente lo que había pasado. Había recibido un potente ataque de Seraphimon; y había caído, inconsciente.
Se levantó. Miró a su alrededor. Curiosamente, se encontraba en galeón. Era bastante extraño que estuviera allí. Examinó las distintas posibilidades que le ofrecían una explicación lógica. La primera que le vino a la cabeza era que Seraphimon habría hecho un trato con Neptunemon; y la había intercambiado por Ophanimon; lo cual era peligroso. Ahora, todos los olímpicos estarían en su contra. La segunda, menos plausible; era que alguien hubiera interrumpido el rapto en el último momento. Quizás algún habitante del Valle de las Sirenas. O incluso el propio Neptunemon. Sin embargo; Ancientmermaimon recordaba como Seraphimon la cargó en brazos. Aquella sensación... el roce frío de sus escamas contra la régia armadura del ángel... jamás se la olvidaría.

Decidió salir al exterior, y comprobarlo por ella misma. Hablaría con posibles testigos... Seguro que alguien tenía que saber algo.

Cuando salió del barco, Mermaimon la estaba esperando en la puerta. Estaba apoyada en el mascarón del navío, con aire expentante.


-¿Qué haces aquí?- preguntó Ancientmermaimon, sobresaltada. No esperaba que estuviese allí.

Mermaimon abrió los ojos como platos: algo muy típico en ella. Su segunda de abordo siempre había sido... enigmatica... misteriosa... e irremediablemente irritante.

-Montaba guardia.- contestó firmemente Mermaimon. Su tono mostraba molestia. La hubiera gustado enormemente estar al mando durante más tiempo. Incluso la hubiera gustado que Ancientmermaimon desapareciera para siempre.- Tal y como ordenó Neptunemon.- añadió. Pero debía serla fiel, al fin y al cabo.

-¿Neptunemon ha estado aquí?- preguntó la gobernante.

-No. Lo ordenó nada más marcharse, durante tu ausencia. No ha vuelto, desde entonces.-

-Entonces... ¿quién me ha traido hasta aquí?-

-Eso.-
contestó su segunda de abordo; señalando hacia la parte de atrás del galeón.

Ancientmermaimon se acercó más, para comprobar a qué se refería. Desde su posición, se podía aprecia una enorme sombra, pero nada más. Su gran tamaño la asustaba. Claramente, era un monstruo marino. Sin embargo, tenía un buen presentimiento.

Cuando estuvo suficientemente cerca, lo observó todo con claridad. Ante ella, se encontraba un Plesiomon X. Los Plesiomon era una especie poco común; practicamente extinta. Ella sólo conocía a uno; el que habitaba en una equeña cueva en Island Zone...

Empezó a atar cabos. ¿Era posibe que el Plesiomon que ella conocía, y aquel ser primitivo fueran el mismo? Neptunemon podría haberlo utilizado para rescatarla. No tenía ni idea de dónde había podido su marido sacar el Anticuerpo X. Era lo único que ponía en duda su teoría.

Volvió hasta dónde se encontraba Mermaimon.


-¿Qué vamos a hacer con él?- preguntó la sirena, alarmada.

-Será nuestro protector. Para que no vuelva a pasarnos nada.- Hizo una seña a Plesiomon X. La bestia le hizo caso. Debía de recordar su vida pasada.- Manda construirle una guarida. Preferiblemente cubierta. Bajo nuestros dominios. Así, nadie salvo nosotros sabrá de su existencia.-

-Entendido.-
respondió Mermaimon, mientras se marchaba a cumplir sus ordenes. Estaba convencida de que algún día; aquel lugar sería suyo. Sólo tendría que esperar.

Ancientmermaimon regresó a su morada. Seguramente, Neptunemon no tardaría en aparecer. Habría tenido alguna reunión con los olímpicos... Cómo odiaba esas reuniones... No era porque alejasen a su marido de casa... Los olímpicos eran su familia; y entendía que Neptunemon deberia pasar también tiempo co ellos. Era porque... allí, se tramarían esas maquinaciones, que en cualquier momento podrían volverse contra ellos. Y si Neptunemon se veía implicado en ellas... podría sucederle algo terrible...

Neptunemon no tardó en llegar. Iba con prisa. Comprobaía el estado de Ancientmermaimon, y se marcharía para su encuentro con Ceresmon. No le hacía mucha gracia tener que hablar con ella en privado. Pero, en cierto modo, era su deber. Además, sólo buscaría desahogarse. Tantos años de cautiverio... Debía de haber sido horrible.

Neptunemon se acercó a su esposa y la abrazó. Fue un abrazo corto; pero intenso y sincero.


-¿Cómo estás?- preguntó el olímpico, preocupado.

-Mejor de lo que yo esperaba. Sobre todo ahora, que estoy en casa y veo que estás a salvo.- respondió Ancientmermaimon. – Me tienes que explicar muchas cosas.-

-Es cierto. Dejame que empiece por el principio; como ha de ser.-
dijo Neptunemon para comenzar su relato.- Regrese al Valle de las Sirenas tras terminar mis ocupaciones en Island Zone. Me dirigí a casa, nada más llegar, como siempre. Entorno al galeón, Mermaimon había convocado una reunión. Así me enteré de tu secuestro. Y decidí actuar. Me traje a Plesiomon de Island Zone; y me dirigí al Castillo de Cherubimon. Mientras Plesiomon distraía a los guardias; yo me colé en la prisión, my te liberé. Luego; ordené a Plesiomon que te llevara de vuelta a casa.-

-Eso explica muchas cosas. Sin embargo; no resuelve por qué Plesiomon ha
sido infectado por el Anticuerpo X.-

-Ancientmermaimon, cariño; eso es algo que no puedo explicar.-

-Puedes; pero no quieres.-

-Déjame llevarme este secreto conmigo. Te lo ido por favor.-

-¿Acaso nuestro matrimonio se va a basar en secretos y mentiras?-
le reprochó a su marido.

-No me vengas con esas. Sabes perfectamente que yo te quiero; y que haría cualquier cosa por ti.-

-¿Entonces por qué tienes que ocultarme cosas?-

-¿Tú sabes el peligro que implicaría que se supiera que todavía hay acceso al Anticuerpo X?-

-Entonces hay más. Y seguro que no es la primera vez que lo usas...-

-Es la primera, eso te lo aseguro. Y ha sido por una buena causa. En otras circunstancias, no lo habría utilizado.-


Entonces Ancientmermaimon supo que su marido no estaba mintiendo. Y decidió que no quería saber más. Cuanto más se acercaba al mundo de los olímpicos, más peligroso se tornaba todo.

-Vete.- le ordenó.- Necesito reflexionar; y estar sola.-

-Como gustes. Yo también tengo otras cosas que hacer. He quedado con otro olímpico. Trataré de volver antes del anochecer.-
dijo Neptunemon mientras se alejaba del galeón hundido. El enfado de Ancientmermaimon le daba la oportunidad de alejarse de su rutina habitual; y poder dirigirse a su encuentro con Ceresmon.

Ancientmermaimon se quedo con la palabra en la boca. La hubiese gustado preguntar con qué olímpico había quedado. Pero no pudo. Neptunemon se había marchado rápidamente para evitar cualquier pregunta comprometedora.
Cuando Neptunemon llegó al Valle de Deramon; ya estaba atardeciendo. Era una zona que se encontraba en medio del continente, muy alejada del Valle de las Sirenas. Era una zona verde, plagada de plantas y flores; además de los árboles que rodeaban la zona, a modo de muralla. El interior, servía de morada para miles y miles de pequeñas aves, la mayoría Kiwimons; que seguían las directrices del rey Deramon. El monarca, era un viejo amigo de Ceresmon; así que no era de extrañar que la olímpica se hospedara allí.

Ceresmon ya le estaba esperando en la entrada. Se encontraba en su forma Medium. Neptunemon supuso que su otra forma sería demasiado grande para la pequeña zona.

Ceresmon le condujo más adentro. La vegetación, se volvía más verde y frondosa conforme se acercaban al trono de Deramon. El asiento en el que el monarca se encontraba sentado, era de lo más original. Tenía forma de sillón, al igual que cualquier trono; pero estaba formado por ramas doradas, que se entrelazaban y brillaban con la luz del sol.

El rey se levantó y saludó efusivamente con una de sus alas. Deramon era un digimon de pequeño tamaño; más ancho que largo, llegando a la altura del pecho de Ceresmon.


-“Minervamon es un poco más alta.”- pensó Neptunemon.

Deramon iba atabiado con su corona; objeto del que no se desprendía nunca; y de una pequña pajarita de color rojo alrededor del cuello. Su plumaje azul turquesa contrastaba con su cola; compuesta por un gran matorral verde oscuro, plagado de flores; que presentaban una tonalidad rosa palo.


-Buenas tardes, Neptunemon.- saludó Deramon. Su pico dorado se movía animadamente al hablar, reflejando el carácter jovial del monarca.- Ceresmon ya me que vendrías hoy a verla.- No parecía sorprendido con lo que acababa de decir. Tampoco parecía consternado por la repentina aparición de Ceresmon.

-Buenos tardes.- le devolvió el saludo Neptunemon. En el pasado, él y Ceresmon habían pasado muchas tardes con el monarca. Sin embargo, tras la desaparición de la olímpica, ya no había nada que unirera a Deramon con Neptunemon; y perdieron el contacto. Ahora eran meros conocidos.

-Me ha contado Ceresmon que has sido tú quien la ha rescatado.- dijo Deramon, con tono sarcástico.- ¿Por qué has esperado tanto para salvarla?-

-La verdad es que la encontré de casualidad. No conocía su ubicación hasta entonces.-
contestó Neptunemon. El rey tenía un setido del humor retorcido.

Deramon soltó una estridente carcajada.


-Quería preguntarte qué hacías en el Castillo de Cherubimon; ya que estamos hablando del tema. Es muy extraño encontrar a alguien paseando tranquilamente por la prisión.- interrumpió Ceresmon. Estaba ansiosa por intervenir.

-¿Por?- preguntó Neptunemon; antes de responder a la pregunta que Ceresmon le había planteado.

-El sistema de seguridad es muy eficiente. Los Goatmons hacen guardia día y noche por los diferentes pisos. Mi jaula estaba adaptada para encerrame en mi otra forma. La vez que logre escaparme; conseguí llegar a la planta baja; que se encuentra por encima del piso más elevado de la prisión. Tuvistes suerte de que toda la seguridad se centrase en detener a tu monstruo.- dijo, refieriendose a Plesiomon X.- De no haber sido así; te hubieran detenido. Menudo espectáculo montaste. - respondio Ceremon. La vez que había tratado de escapar, casi lo consigue. De no ser por la intervención directa de Cherubimon. Recordaba lo bien que se sintió al estar tan cerca de la libertad. Y la desesperación que la abordó cuando la volvieron a atrapar. Ahora que estaba libre, no tenía por qué volver a preocuparse de eso.- Ahora, responde a mi pegunta.- insistió Ceresmon.

-Tenía la sospecha de que había algún olímpico preso en el Castillo de Cherubimon. Era una pregunta que siempre había rondado mi mente; y ahora que estamos en plena revolución; me decidí a comprobarlo.- mintió Neptunemon.

-Me alegra oir eso. Pensé que tras mi marcha; te habrías vuelto un soso de nuevo.- dijo Ceresmon, con una sonrisa.

Ceresmon tenía la habilidad de encender una mecha en Neptunemon; de sacar su lado, inquieto, impulsivo; incluso a veces, radical.


-Si quereís que os deje sólos, decidmelo. Seguro que teneís mucho de que hablar.- intervino Deramon; soltando otra carcajada.

-No es necesario.- contestó Neptunemon rápidamente. Temía enormemente lo que podría pasae si se quedaban a solas.

-Entonces, ¿qué os parece una taza de té?- propuso el monarca.

Al oirla palabara té, Neptunemon recordó viejos tiempos. La sensación agradable de la brisa. El sabor dulce del té... Las carcajadas de Deramon surcando la mesa blanca que los Kiwimons había preparado...

Deramon dio una palmada con sus alas, y los Kiwimons aparecieron.


-Ya sabeís lo que teneís que hacer.- dijo. Los Kiwimons asintieron, y en unos minutos; a tenían una mesa con tres asientos preparada.

Tal y como Neptunemon recordaba, los asientos eran las sillas plateadas que Deramon siempre usaba cuando tenía visita. Y la mesa, también plateada; y con adornos de motivos florales; hacía juego con ella. Las tazas, de porcelana, estaban exquisitamente colocadas, y unas pastas con forma de corazón, estaban servidas en un cuento en el centro de la mesa.

Los dos olímpicos tomaron asiento y Deramon se situó entre ambos. Le complacía enormemente tener visita. Desde que se marchó Ceresmon; apenas las recibía. Y sin sus visitas; sólo le quedaban sus ocupaciones como rey... Él era un buen rey... pero sus ocupaciones podían definirse como rutinarias y tediosas... Eso había que reconocerlo...

Ceresmon cogió su taza, y dio el primer sorbo. Aquella maniobra le resultaba extremadamente difícil con sus garras de acero; pero tenía bastante práctica.
La olímpica meditó sobre lo que le iba a decir a Neptunemon. No quería asustarle, siendo directa; pero tampoco podía esperar. Además, la presencia de Deramon, lo dificultaba aún más. A pesar de que se había ofrecido a irse; no podía echarle y menos teniendo en cuenta todo lo que ha hecho por ella. En cuanto llegó al valle, la acogió con los brazos abiertos.


-Dime Neptunemon... ¿qué a pasado últimamente? ¿Y por qué Mercurymon está al mando? El poder no le pega nada. El siempre ha estado en un segundo plano.- dijo Ceresmon.

-¿A qué te refieres?- preguntó Neptunemon. Creía saber la respuesta, y lo que Ceresmon estaba insinuando, pero quería oirlo. Deseaba oirlo.

-Me refiero justamente a lo que he dicho. Hasta ahora, él ha estado en un segundo plano. Podíamos haber elegido otro lider más preparado...-

-Fue Mercurymon quien lo organizó todo. Lo justo es que él lo organice todo.-

-Es inexperto. E inmaduro. Busca aprobación. Lo sabes perfectamente.-

-¿Estás insinuando que se lo vas a poner difícil?-


-Estoy diciendo lo que estoy diciendo Neptunemon. Yo no soy la mala del cuento; ese papel ya lo tiene Marsmon y se le da muy bien. Yo me limitó a decir la verdad.-

Ceresmon había calado completamente a Mercurymon desde el momento en que lo vio en la reunión. Y también a Marsmon. Al resto, no. Ceresmon no conocía que rol desempeñaban los demás olímpicos. Eso sí; le interesaba que Neptunemon creyera que ella conocía el papel de cada uno.

-Tú podrías desempeñar ese papel mucho mejor...- dijo Ceresmon mientras se echaba otro poco de té en su taza.

-Lo dudo Ceresmon; lo dudo.-

Deramon escuchaba la conversación, entretenido. Estaba al corriente de que los olímpicos iban a intentar algo; aunque no sabía el que. Esperaba poder averiguarlo aquella tarde.

-No dejes que el miedo te nuble el juicio, Neptunemon... Tú podrías llegar a hacer grandes cosas; siempre y cuando te esforzaras un poco. - continuó Ceresmon. Esperaba tocarle la fibra sensible a Nepunemon.

-Aquí la única que trata de nublarme el juicio eres tú, Ceresmon.- protestó el olímpico.- Yo apoyó la revolución; pero a mi manera.-

Ceresmon se hizo la dolida.

-Eso a sido un golpe bajo.- murmuró la diosa.

-Esta a punto de anochecer; y debería regresar a Island Zone. Me están esperando.- se excuso Neptunemon, mientras se levantaba.- Una agrabable velada, Deramon; ha sido un placer verte de nuevo. Ya nos veremos, Ceresmon.-

Neptunemon abandonó el valle lo más rápido que pudo. Sabía que el encuentro con Ceresmon sería desastroso. Y aún así había accedido. Eso demostraba lo dificil que era borrar los errores del pasado...
Deramon sonrió a Ceresmon. Esperaba que Ceresmon se trajera a algún olímpico más al valle.

Pero Ceresmon no estaba por la labor. Neptunemon siempre había sido su único objetivo. Y así seguía siendo...


Nota:
*Como me gusta dejar los finales plagados de misterio...*
De nuevo; dejo a lo largo del capítulo preguntas sin resolver. Tales como: ¿qué errores cometió Neptunemon en el pasado?
En el próximo capítulo; descubriremos a quién visita Mercurymon para pedir refuerzos...

 

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Bueno, lo cierto es que no entiendo porque Neptunemon no le puede decir a su esposa lo del anticuerpo, lo usó para rescatarla porque estaba muy preocupado. En fin, tendrá sus razones.

Una nueva olímpica, Ceresmon, va a traer más problemas al grupo de Caballeros. Sabe lo de Dianamon, tiene muy buena amistad con Neptunemon y sería capaz de hacer de todo para que la cosas salieran como ella quiere. Tal vez debieron dejarla en prisión... Vale no XD

Me imagino que los errores del pasado es que no se controlaba, era totalmente distinto a lo que es ahora.
 

Digital Hazard
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Bueno, lo cierto es que no entiendo porque Neptunemon no le puede decir a su esposa lo del anticuerpo, lo usó para rescatarla porque estaba muy preocupado. En fin, tendrá sus razones.

Una nueva olímpica, Ceresmon, va a traer más problemas al grupo de Caballeros. Sabe lo de Dianamon, tiene muy buena amistad con Neptunemon y sería capaz de hacer de todo para que la cosas salieran como ella quiere. Tal vez debieron dejarla en prisión... Vale no XD

Me imagino que los errores del pasado es que no se controlaba, era totalmente distinto a lo que es ahora.
Lo del anticuerpo... Tienes que pensar en lo siguiente: el anticuerpo X fue una plaga que el propio Dios mandó exterminar. Tú imaginate que se supiera que hay alguien que posee anticuerpos...

Ceresmon es de mis olímpicos favoritos (en general, tengo en más estima a las Olímpicas que a los olímpicos) y es un personaje cuya personalidad la tengo muy bien definida en mi cabeza, aunque no sé si logro manifestar... Aunque creo que con la parrafada que soltó Dianamon describiendo su modo de ser quedó bastante claro.

Dicho esto, pasemos al siguiente capítulo. Es muy cortito, pero desvela ciertas cosas a aquellos que aten cabos y lleven a cabo una lectura activa...


Capítulo 20: Charla Infructuosa

Mercurymon había tardado un día en llegar a su destino, como había previsto. A pesar de ir rápido sin detenerse, la distancia que separaba Bright Zone del lugar en el que se encontraba, era enorme.

Ante él sólo se alzaba la inmesidad del vacío que envolvía con un ara oscura el lugar. El suelo de piedra formaba una cuesta, que descendía hasta las profundidades de una caverna.

Mercurymon la bajó a paso firme. Nadie había visitado aquel lugar en mucho tiempo. Ni siquiera él recordaba con exactitud cómo era lo que le esperaba abajo. Sus pasos resonaban en la inmesidad de aquel espacio; como el aleteo de los buitres que asolan a su presa durante sus últimos segundos de vida. Era un sonido aterrador, provocado por sus pesados zapatos y la nada del lugar.
Mercurymon no tenía miedo. Sabía que esas sensaciones eran producidas por su propia mente; y era un truco barato para alejar a los extraños del lugar. Pero él no era un extraño; aunque hicíera mucho que no pasara por allí.
Se detuvo. Ante él se alzaba una inmensa puerta de metal negro que le cortaba el paso. El olímpico se detuvo a admirar los multiples gravados y relieves que había en ella. Eran imágenes confusas y desgastadas por el paso de los años. Mercurymon creyó apreciar la figura de un perro, pero podían ser imaginaciones suyas.

Agarró las anilas de oro, y llamó a la puerta. Tres veces, tal y como le habían enseñado que hiciera.

La puerta se abrió instantaneamente y paso a la siguiente estancia. Era una habitación única, muy amplia, escavada en la roca negra que componía la cueva. El techo, sujeto por columnas de piedra blanca, contrastaba con las oscuras tonalidades del resto del moviliario, y con la propia oscuridad de la sala. A los pies de las escaleras que conducían a un imporvisado trono, yacían tres digimons, camuflados con las sombras. Eran tres Dobermons.
Se acercó a ellos. Hacía demasiado tiempo que no les veía, así pues, no sabía si se acordarían de él.


-No les toques.- dijo una voz, desde lo alto del trono. – Acaban de dormirse.

Mercurymon asintió, y comenzó a subir las escaleras. Se paro a unos peldaños del trono, en señal de respeto.

-Buenas días.- saludó coordialmente Mercurymon.

-Buenos días.- contestó desde el trono. No estaba muy seguro si en el exterior sería de día.

Desde la oscuridad que lo envolvía, Mercurymon no podía vislumbrar la figura de quien lo acompañaba, pero estaba seguro de que era a quien había estado buscando.


-Hacía mucho que no venías. ¿A qué viene este honor?- preguntó.

-He venido a pedirte un favor.-

-No me extraña. No tienes ningún otro motivo para estar aquí.-
hizo una breve pausa.- La respuesta es no, te la digo de antemano. Ya puedes irte.-

-Por lo menos escucha mi propuesta.- dijo Mercurymon, tratando de calmarle.

-Tienes cinco minutos.- contestó. Le gustaba que hubiera venido a visitarle. Hacía mucho que no le visitaba nadie. Sólo tenía la compañía de sus Dobermons...

-Es algo difícil de contar en cinco minutos, así que trataré de resumirlo. Hemos iniciado una revolución. Vamos a recuperar nuestros antiguos cargos. Volveremos a ser importantes. Y quiero que participes, por supuesto.- explicó el olímpico.

-Con que ahora los olímpicos me necesitan... Qué sorpresa...- [/COLOR]dijo, resentido. – Me sigues sin convencer vuestra “noble causa” No os apoyé en la primera, cuando estaban todos, ¿porqué iba a hacerlo en esta?-

Mercurymon sabía que iba a preguntarle eso. Y, como siempre, había preparado un discurso.

-Lo primero y ante todo, has de saber que hacemos esto por recuperar nuestra honra, la cual nos fue vilmente arrebatada; y no por fines egoístas, como tú piensas...- hizo una breve pausa. Quería que aquel discurso fuera lo más épico posible.-Pero ya sé que quieres saber cómo puedes beneficiarte... Y esa parte es bastante simple... Hemos rescatado a Ceresmon. Eso implica, que también podemos encontrarlos a todos. O eso espero. ¿Sabes lo que te quiero decir?-

-¿Estas hablando de...?-


-Sí.- afirmó rotundamente Mercurymon.- Podrías recuperar todo lo que has perdido en el anterior conflicto. Porque, como ya sabes, ser neutral no evitó que te arrebataran a tus seres queridos...-

-¿Insinúas qué recuperaré a mi esposa?- Su esposa... cuanto la echaba de menos...

-No lo insinúo, lo sé. Podrás recuperar no solo a tu esposa, sino a tus ayudantes, y podrías resurgir tu imperio...- Mercurymon no estaba muy seguro de lo que decía, pero procuró que no se notara.

-No sé, no sé.- dijo, dudoso.- Me atraen las ideas que dices... pero me sigue sin convencer ciertas cosas. ¿Estan el resto de olímpicos de acuerdo en que os ayude?-

-La verdad es que ellos no saben que estoy aquí.- Mercurymon pudo apreciar como su acompañante fruncía el ceño.- Sin embargo, no habrá inconveniente...-

-¿Estás seguro?-

-Sí. A lo mejor Marsmon se opone, y alguno le sigue, pero nada más...-
explicó Mercurymon. Pensar en Marsmon le alteraba. Alejó aquellos oscuros pensamientos y prosiguió.- Además, tú siempre has sido uno de los nuestros...- Mercurymon reprimió un “lo quieran o no”, a pesar de salirle del alma.

Hubo un incómodo silencio. Mercurymon había terminado su genial discurso, y esperaba respuesta. Meditó si había hecho algo mal, o se había comido una parte. No, lo había hecho perfecto. Su actuación había sido magnifica. Entonces... ¿por qué no oía el sí que tanto ansiaba?

Mercurymon necesitaba desesperadamente una respuesta.


-Tengo que verlo con mis propios ojos, para convencerme por completo.-

-Ven a la siguiente reunión. Y así comprobarás que lo que he dicho es cierto.-
propuso Mercurymon.

-No.- sentenció.

Su voz grave resonó por toda la estancia, despertando a los Dobermon. Los tres corrieron escaleras arriba, y se posaron envolviendo el trono.


-¿Entonces qué es lo que quieres?- preguntó Mercurymon, desconcertado.

-Encuentra a mi esposa y demuestrame que es cierto todo lo que prometes. Entonces, hablaremos.-

Mercurymon se enfureció. No es esperaba aquella respuesta. Era peor de lo que imaginaba. Tendría que encontrarla a ella... para poder acceder a él... En el fondo, le entendía. Todos los olímpicos, a su entender, se movían por fines egoístas. Incluido él.

-La encontraré. De eso estate seguro.-

-No me hago ilusiones. La he estado buscando durante todos estos años, sin resultado. Dudo que tú la encuentres de la noche a la mañana.-

-Soy mucho más eficiente de lo que tu crees.-

-De eso estoy convencido, Mercurymon. Pero mi perspectiva siempre ha sido más realista que la de los olímpicos. Y lo sabes.-


-Me marchó.- anunció Mercurymon.- Volveré cuando la haya encontrado.-

-Entonces no volveremos a vernos.-

-Te equivocas. Nos veremos mucho más pronto de lo que esperas. Adios.-


Mercurymon se marchó por dónde había venido. Tenía una nueva misión. Pero la aplazaría, al menos por el momento. Ahora tenía que volver a su palacio, y descansar un poco. Además, debía trazar la estrategia para invadir Prision Land. No sabía que misterios les aguardarían allí.

Nota:

Parece que Mercurymon no ha conseguido su objetivo... Y bueno, de nuevo, preguntas en el aire... ¿Quién es el extraño digimon con el que Mercurymon habla? ¿Y quien es su esposa?
Por otro lado, el próximo capítulo volveremos con Dianamon.





[MENTION=517717]Soncarmela[/MENTION]
 

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Parece que Mercurymon es inteligente, ya está buscando nuevos aliados para la batalla contra los ángeles. Pero no lo ha conseguido como él quería, solo falta esperar que de verdad cumpla su promesa y rescate a la esposa de... Sí, preguntaste quién era, y estoy segura que se trata de Plutomon, más que nada por la pista de los perros guardianes XD

La esposa si no tengo ni idea de quién podría ser.

Nos vemos
 

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Parece que Mercurymon es inteligente, ya está buscando nuevos aliados para la batalla contra los ángeles. Pero no lo ha conseguido como él quería, solo falta esperar que de verdad cumpla su promesa y rescate a la esposa de... Sí, preguntaste quién era, y estoy segura que se trata de Plutomon, más que nada por la pista de los perros guardianes XD

La esposa si no tengo ni idea de quién podría ser.

Nos vemos
[MENTION=517717]Soncarmela[/MENTION] Muchas gracias por comentar de nuevo. Un comentario muy acertado además. Lo de la esposa será un misterio hasta que alguien la localice...

Bueno, pues pasemos al siguiente capítulo... Se aleja un poco de lo escrito hasta ahora, y el único hecho remarcable es justo lo que sucede al principio. Eso sí, espero que la prueba les haga pensar y les de a conocer un poco más cómo es la Luna Azul en la que reina Dianamon.


Capítulo 21: La Primera Prueba

Tras volver de la reunión, sumamente alterada, se había retirado a sus aposentos, y había ordenado que nadie la molestara hasta el día siguiente. Se había tumbado en su cama aterciopelada, y había tratado de conciliar el sueño, sin éxito; pasándose despierta hasta que llamaron a la puerta.

Con paso torpe, Dianamon abrió la puerta, aturdida. Cuando lo hizo, se encontró frente a una de sus Crescemon.


-Queenchessmon desea empezar con su entrenamiento, tal y como usted la prometió.- anunció.
-Además, ha recibido una carta.-

Dianamon estiró la mano para alcanzarla, extrañada. No esperaba recibir ninguna carta. Era un sobre plateado de exquisito gusto.

-Muy bien. Dila que espere un segundo en lo que me preparo y que me espere frente a la puerta principal del castillo.-

Crescemon asintió y dio media vuelta. Dianamon cerró la puerta y se apoyó contra ella. Se fue deslizando lentamente hasta sentarse, desesperada. La verdad era que no se acordaba. Y tampoco tenía muchas fuerzas para hacer nada en debidas condiciones. Pero lo había prometido, y debía cumplirlo. Además, seguía sintiendo curiosidad por la princesa: no había hablado con ella desde su primer encuentro.

Dianamon se decidió a abrir el sobre antes de irse. Estaba intrigada, aunque le aterraba lo que pudiera contener. Dentro del sobre se encontraba un folio de papel blanco, liso, con detalles florales en los márgenes. Dianamon adivinó de quien se trataba y se dispuso a leer:


“Querida Dianamon:

Te escribo esta carta con motivo de aclarar un asunto que nos concierne a ambas. Tras meditarlo mucho, ya sé en que podrás ayudarme. Tengo varios asuntos en mente; algunos de los cuales, llevan atormentandome desde tiempos inmemoriales. No te preocupes, no es nada malvado, ni amoral. Ningún acto irá en contra de tus regios principios. O eso espero. Además, por la cuenta que te trae, tampoco podrás negarte. O sí no... el resto conocerá la verdad. Y podría ser tu fin. Reúnete conmigo mañana por la tarde en el Reino de Deramon; mi lugar temporal de hospedaje. Si faltas a la cita, lo desvelaré todo. Así pues, ya sabes. Siento haberme puesto tan seria durante este escrito; es algo que, como ya sabes, no me carácteriza. Pero los asuntos que debemos tratar si que lo son.

Hasta mañana. Atentamente:

Ceresmon”


Dianamon soltó un largo suspiro. Ceresmon tenía una mentalidad tan abierta y tan... perturbada... Podía pedirla cualquier cosa. Era tan impredecible...

Se levantó y comenzó a caminar. Esos oscuros pensamientos no iban a abrumarla. Al menos, no por el momento. Cuando Ceresmon la comunicara con qué “asuntos” debía ayudarla, ya tendría tiempo para plantearse esos dilemas.
Cuando llegó a la puerta principal, Queenchessmon ya la estaba esperando. La princesa estaba cruzada de brazos, y apoyada contra la pared del castillo, con gesto aburrido. Debía de llevar un rato esperando.


-Llegas tarde.- la reprochó la princesa.- Llevo un buen rato esperando. Las Crescemon insistieron en que esperara al momento oportuno y que ellas irían a buscarte...-

-Siento el retraso.- se disculpó Dianamon. La princesa la devolvió una sonrisa, complacida.- He tenido una cosa que hacer antes.-

-¿Tiene que ver con la carta que has recibido?- preguntó, curiosa.-

-No es de tu incumbencia. Espera aquí un momento, en lo que preparo una pequeña cosa para tu entrenamiento.- dijo Dianamon mientras la dejaba sola.

Queenchessmon miró, perpleja, como se alejaba. Pensó que tras el tiempo que llevaba esperando, estaría todo ya preparado. Había hecho un largo viaje hasta allí. Y deseaba, necesitaba aprovecharlo. Aquel entrenamiento debería servirla para encontrarse así misma, así como mejorar sus habilidades.
Dianamon no tardó en volver, escoltada por tres Crescemon.


-Primero, para calentar, una pequeña prueba.- explicó Dianamon.- Todas las cazadoras deben de ser expertas en el rastreo y la búsqueda, tanto de objetos, como de digimons. Por ello, hemos escondido a una Lunamon en algún lugar del interior o el exterior del castillo. Como no cuentas con un olfato que te permita seguir el rastro, deberás usar tu intelecto. Estas Crescemon te darán una pista cada una. Y deberás encontrar a Lunamon en menos de diez, quince minutos.-

-Muy bien. No parece complicado. ¿Cuáles son las pistas?- preguntó Queenchessmon.

-Está en el lugar más cálido si está encendido.- dijo la primera Crescemon.

-Está en un lugar de trabajo.- dijo la segunda.

-Esta en el exterior del castillo.- concluyó la tercera.

-Además, una de ellas te ha mentido.- añadió Dianamon.- El tiempo comienza ya.-

Queenchessmon comenzó a correr, sin saber muy bien hacia donde ir. De vez en cuando se iba girando, hatsa que las figuras de Dianamon y las Crescemon se fueron difuminando.

Cuando estaba segura de que nadie la observaba, se paró. Yendo hacia ninguna parte, no superaría la prueba. Pensó en las diferentes pistas que la habían dado.

Una de ellas debía de ser falsa. Iría probando hasta resolver el enigma. El ensayo-error siempre daba resultado. Queenchessmon sospechaba que era la primera. La luna en la que residía Dianamon no es que fuera un lugar muy cálido. Es más, hacía bastante frío, hasta que uno se acostumbraba. Entonces; primero buscaría en un lugar de trabaja en el exterior del castillo.
Queenchessmon no conocía bien la luna, pero las posibilidades eran muy limitadas. La mayor parte de las actividades laborales se ejercían en el interior de castillo.

Tuvo una idea: Los campos de cultivo que se encontraban detrás del castillo, y que se veían desde la ventana de la habitación que la habían asignado.
Se puso en camino. Apenas tardó un momento en llegar. El campo de cultivo era una pequeña extensión de terreno por detrás del castillo, en el que las cazadoras trabajaban cultivando trigo, entre otros cereales. Muchas vainas habían crecido. Según Queenchessmon había oido, el suelo de aquel lugar era bastante fértil, a pesar de las malas condiciones ambientales.
La princesa oteó el horizonte. Había varias Lekismon y Crescemon trabajando. Sus armas de combate las servían como útiles para aquella tarea. Ninguna Lunamon por allí.

Parecía haberse equivocado. Cambió de rumbo, y se dirigió al pueblo. Era el único lugar que quedaba fuera del castillo. El pueblo en sí estaba compuesto por un par de casitas de madera desperdigadas por el terreno que había frente al castillo. No había nadie por allí. Dudaba que las casas estuvieran ocupadas en aquel momento.

Queenchessmon entonces se percató de que la ercera pista era falsa. Se dirigió hacia el castillo. La Lunamon tendría que estar escondida en alguna de las estancias dónde se trabajaba.

Paso por la puerta principal, y entró al castillo. Ni Dianamon ni las Crescemon se encontraban allí.

Decidió empezar por la planta baja e ir subiendo. Durante la noche que había pasado allí, había investigado las diferentes estancias que componían la morada de Dianamon. Sin autorización, por supuesto. Nadie la había interrumpido en aquel proceso, así que conocía más o menos la ubicación de las salas más relevantes.

Caminó hacia la sala de costura, la cual se en el ala este de la planta baja. Cuando Queenchessmon pasó por delante de ella de noche, estaba cerrada. Y sólo supo que se trataba de una sala de costura por el letreto que tenía pegado en el marco superior de la puerta.

Llamó dos veces a la puerta, y giró el picaporte de madera. Se llevó una gran decepción. Aquello no se parecía en nada a lo que su imaginación alcanzaba a imaginar. Era un cuartucho pequeño, compuesto por un telar, una mesa baja que abarcaba el centro de la sala, y unas estanterías que cubrían tres de las cuatro paredes, y que estaba cargadas de ovillos de distintos colores.

Varias Lunamon la saludaron. Evidentemente, no era ninguna el digimon que andaba buscando. Queenchessmon no había caído la cuenta de que debía utilizar dos de las tres pistas... Y si había descartado la del exterior... sólo le quedaban la primera y la segunda...

Tuvo una revelación. Abandonó la sala con paso torpe y se dirigió hacia el piso superior. Comenzó a subir las escaleras apresuradamente. Dio un pequeño traspies. La princesa maldijo por lo bajo. Estaba segura de haber comprendido el enigma. Pero iba corta de tiempo.

Giró a la derecha, y no paró hasta llegar al final del pasillo.

Leyó el cartelito colgado en la puerta. Ponía: “Cocina”. Entró.

La cocina era una estancia amplia, pero cargada de electrodomésticos que limitaban la capacidad de movimientos. Los utensilios de cocina estaban colgados del techo, o en pequeños estantes pegados por las paredes, así como la vajilla, colocada perfectamente en un pequeño armarito de puertas cristalinas.


-“En mi reino, la cocina es mucho más moderna”.- pensó la princesa. Lo echaba de menos. Pero no podía volver. No, todavía no.-“Pero la vajilla tiene algo especial”.- se paró un momento a contemplarlo. -Probablemente, es de porcelana.- dedujo. Se fijó los relieves y grabados de los bordes. Desde la posición en la que se encontraba, no alcanzaba a distinguirlos con claridad. Sólo podía apreciar líneas curvas y dispares que los componían.

Oyó un pequeño murmullo procedente del horno. Se agachó y abrió la puerta del mismo.

Allí, agazapada, se encontraba la Lunamon que estaba buscando. El pequeño digimon la sonrió y salió por su propio pie del horno. Lanzó un leve silbido, y correteó hasta la salida de la cocina. Acto seguido, Dianamon entró y le hizo un gesto para que saliera.

Queenchessmon obedeció, y ambas abandonaron la cocina. Al salir, se topó de nuevo con las tres Crescemon que escoltaban a la olímpica.


-Podeís retiraros.- indicó Dianamon. Sus siervas se marcharon, dejándolas solas.- Te estaban vigilando para que no hicieras trampas...-

-¿He cumplido con el tiempo establecido?-

-Te has pasado unos tres minutos, pero no está mal.-
informó la olímpica. Queenchessmon se decepcionó un poco.- Has ido dando tumbos al principio; hasta que descubriste la mentira. Eso sí, descartaste la primera pista muy pronto. Ese error te enseñará una valiosa lección.-

-“¿Cuál?”-
se preguntó la princesa. No tenía ni idea de a qué se refería.

-Si quieres podemos ir a una sala más tranquila y sentarnos a hablar un poco.- propuso la olímpica.

Queenchessmon asintió. Estaba desconcertada. Pensaba que iba a seguir entrenando. Eso sí, agradecía el descanso. La falta de sueño la estaba afectando; aunque procuró que no se notara.

Dianamon la condujo a una pequeña salita en el ala noroeste. Estaba compuesta por un par de sillones y sofás; situados alrededor de una mesa redonda.

Ambas tomaron asientos.


-¿No vamos a seguir entrenando?- se decidió por fín a preguntar la princesa.

-Creo que por hoy a sido suficiente.- sentenció la olímpica.- Podemos hablar un rato, y luego, tumbarte a descansar.- dijo, lanzándola una mirada pícara.

-Entiendo.- murmuró Queenchessmon. La había descubierto.- ¿Y en qué consistirá el entrenamiento de mañana?- preguntó, interesada.

-Mañana tendré que ausentarme durante tiempo indefinido. Así pues, podrás hacer lo que te plazca. Tendrás a tu disposición el gimnasio, y una de mis Crescemon te estará esperando para prácticar.- la informó Dianamon.- No quiero que uses el truquito del otro día.-

-¿A qué te refieres?- preguntó Queenchessmon, haciendose la tonta. Sabía exactamente a qué se refería, pero quería averiguar que pensaba Dianamon al respecto.

-La lucha acabó porque Crescemon perdió su espíritu de lucha.- comenzó a explicar Dianamon.- Y lo perdió, debido al uso de uno de tus movimientos. Muy pocos digimons poseen esa capacidad...- su tono mostraba curiosidad y cierta admiración.- Sin embargo, te prohíbo que la uses durante los entrenamientos.-

-Pero has de reconocer que fue una forma impresionante de acabar el combate...-


Dianamon no lo admitiría jamás, aunque pensara que tuviera razón.

-Se te ve cansada.- cambió de tema Dianamon. – Ha sido un día largo. Deberías retirate a tus aposentos.-

-Es un sabio consejo.- respondió la princesa.- Nos vemos.- se despidió.

Dianamon se quedo sola en la pequeña salita. Ella también debería retirarse a descansar. Mañana sería una jornada díficil. Seguía sin saber lo que Ceresmon pretendía... y eso era lo que más la asustaba.


Nota:
Bueno, ha comenzado el entrenamiento de Queenchessmon con una sencilla prueba. En el siguiente capítulo, descubriremos si dará resultado el plan de Venusmon Espero más y más comentarios.
 

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Pues poco puedo decir, lo más interesante de este capítulo fue la carta de Ceresmon, que por cierto es muy inteligente. Dianamon no tendrá otra opción que aceptar.

Parece que la reina y Dianamon se van a llevar bien. La chica hizo bien su entrenamiento, pero me esperaba un poco más de acción.

Hasta la próxima
 

Digital Hazard
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Pues poco puedo decir, lo más interesante de este capítulo fue la carta de Ceresmon, que por cierto es muy inteligente. Dianamon no tendrá otra opción que aceptar.

Parece que la reina y Dianamon se van a llevar bien. La chica hizo bien su entrenamiento, pero me esperaba un poco más de acción.

Hasta la próxima
Ya anticipé que la carta era lo más importante. En el 24 veremos que pasa con Ceres y Diana.

EL entrenamiento... ciertamente, me quedo algo soso en el apartado de acción. No obstante, no todo iban a ser luchas y combates. También tiene que haber desarrollo intelectual. Mas prometo que en el siguiente habrá más acción.

Y hoy, uno de los capítulos que más me ha gustado su resultado final.


Por fin descubriremos en que consistía el plan de Venusmon. Que nervios…

Capítulo 22: Y todo salió bien...

Seraphimon no podía dejar de pensar en Ophanimon. Ya había terminado sus ocupaciones por hoy. Había revisado y juzgado los casos más complicados, había recibido visitas de los digimons con peticiones y sugerencias, y hasta había ordenado su despacho. Aquella última tarea podía haberla hecho cualquiera de sus empleados, pero había decidido hacerla el mismo, para matar el tiempo.

Suponía que Neptunemon ya habría caido en la cuenta del secuestro de Ancientmermaimon, y que no tardaría en ponerse en contacto con él. Le extrañaba enormemente que no lo hubiera hecho ya. Pero suponía que el olímpico estaría tratando de buscar el modo y momento adecuado para actuar.

Sorcerymon entró en su despacho, acelerado. Sabía lo alterado que estaba su amo, y sabía que lo que tenía que decirle le alteraría aún más.
Se paró frente al escritorio de cristal, y dejó una carta.


-Ha llegado esto para ti.- dijo, de forma seca.

Seraphimon levantó el pequeño sobre. Era blanco, y sobrio, pero bonito; de buen gusto. Supuso que era de Neptunemon. Lo abrió sin contemplaciones.

Observó su contenido meticulosamente. Estaba escrito a mano, con letra de hombre. Lo leyó, interesado. Sorcerymon le observó mientras leía.


“Buenos días Seraphimon:

Te mando este escrito para comunicarte que Ophanimon está bajo nuestro poder, sana y salva. Si quieres volver a verla, y recuperarla; reunete hoy conmigo, en el Palacio de los Espejos. Ven sólo, y no nos tiendas una trampa, o sino, las consecuencias serán irremediables.

Atentamente:

Mercurymon”


Seraphimon dejó caer el sobre sobre la mesa. No se esperaba que aquella fuera la respuesta de los olímpicos. Citarle en el propio Palacio de los Espejos era una trampa segura; pero debía ir. Salvaría a Ophanimon. Costara lo que costase. Además, en el mejor de los casos, sólo sería un mero intercambio: Ancientmermaimon por Ophanimon. Aunque lo dudaba.
Se levantó, firme y seguro, y abandonó la estancia. Sorcerymon comenzó a seguirle.


-¿Qué ha pasado?- preguntó Sorcerymon, preocupado.

-Nada.- respondió tajantemente el ángel.

-¿A dónde vas?- preguntó el hechicero.- A esa pregunta al menos me podrás responder... ¿O no?-

-Me dirijo al Palacio de los Espejos.-
contestó Seraphimon, de mala gana.- Si dentro de tres horas no he vuelto; da la voz de alarma y avisa a Cherubimon.-

Sorcerymon asintió solemnemenete.

-Pero si es una trampa, y lo sabes. ¿Por qué te diriges directamente hasta ella?-

-Las cosas que hace un loco enamorado, sólo las puede comprender otro loco enamorado, Sorcerymon.-


Sorcerymon volvió a asentir. Era lo único que podía hacer. Seraphimon debía de estar delirando. Pero había tomado una decisión y era irrevocable. Y sólo le quedaba esperar que saliera bien.

Acompañó a su señor a la puerta y se despidió de él. Puede que fuera la última vez que lo viera.

A media tarde, Seraphimon llegó al Palacio de los Espejos. Nunca había estado allí, y la verdad es que nunca había enido ganas de estarlo. Aquella magnifica contrucción de mercurio perfectamente pulido, para él no era más que un reflejo del gran ego que Mercurymon poseía.
Se acercó a la puerta, y observó su reflejo en ella. Gozaba de una figura portentosa que impondría a cualquiera. Su propio reflejo le infundía reflejo a él mismo. Irradiaba poder. Esperó que esa fuera la primera impresión de Mercurymon.

Llamó a la puerta. Sólo una vez, con fuerza. Aquel sonido interrumpió el monótono silencio en el que se encontraba sumido el lugar. La verdad era que, entorno a aquella maravillosa construcción, no había nada. Sólo páramos desolados con digimons sedientos de sangre.
La puerta se abrió, y Seraphimon pasó al interior del castillo. Observó el recibidor. Estaba vacio. El suelo brillaba intensamente, pero la sala no estaba bien iluminada. Cualquiera de los olímpicos podría estar escondido en cualquier escondrijo.

Seraphimon escrutó los rincones más probables dónde podría haber enemigos. El techo en forma de cúpula gozaba de huecos estrategicos dónde figuras pequeñas como Minervamon podrían estar acechandole en esos mismos instantes. Pero, a parte de eso, nada más. Entonces se percató de que alguien bajaba las escaleras.

Levantó la vista, y allí se encontraba ella.

Con un taconeo dulce y suave, Venusmon se posicionó frente a él. A pesar de que Venusmon era alta; con una estatura de metro setenta y tres, Seraphimon la sacaba algo más de una cabeza.


-Buenos días.- saludó la olímpica. Estaba entusiasmada: iba a comenzar la función.

-Jamás me hubiera esperado que fueras tú quien fuera a recibirme.- confesó el ángel.- ¿Acaso ahora eres la relaciones públicas de los olímpicos?-

Venusmon obvió su pregunto.

-¿Quién esperabas que te recibiera?-

-Neptunemon o Mercurymon, principalmente.-
Seraphimon no tenía problemas en contestar a sus preguntas. Venusmon no le imponía –para nada-. Es más, podría decir que es inofensiba para él.

-Neptunemon debe de estar extremadamente furioso en estos momentos... Menudo numerito montasté. Y encima para nada. Ancientmermaimon ya está a salvo con su marido.- le informó Venusmon.

Seraphimon se quedó a cuadros. Si era cierto lo que Venusmon decía; su plan no había servido para nada: Ancientmermaimon había sido rescatada. Por eso Neptunemon no se había puesto en contacto con él. Lo que no entendía era por qué Cherubimon lo le había dicho nada.


-Y Mercurymon me ha cedido hoy su castillo. Así que, estamos solos.- prosiguió Venusmon.

-Eso es imposible. Mercurymon me envió una carta diciendome...-

-Esa carta te la envié yo, citandote aquí.-
reveló Venusmon. Seraphimon no daba crédito a lo que oía.- Si te hubiera citado utilizando mi nombre, ambos sabemos que no habrías venido.-

En eso tenía razón.

-Entonces, qué quieres, Venusmon.- preguntó Seraphimon. No le gustaba que jugaran con él.

-Quiero negociar contigo, eso es todo. Seguro que podemos llegar a un acuerdo.-

Seraphimon meditós obre las palabras de la diosa. Debía de ser un truco. Un truco barato. Venusmon trataría de seducirle con sus encantos, para que luego otro olímpico le asestase el golpe final.

-Venusmon, si estas tratando de seducirme, no va a funcionar. Mi corazón sólo pertenece a Ophanimon.- argumentó el ángel.

A Venusmon se le escapó una escandalosa carcajada.


-Por favor Seraphimon. No me hagas reir.- hizo una breve pausa. –No sabía que tenías ese retorcido sentido del humor.- volvió a hacer una breve pausa, y se alejó un poco de él. Quizás así se sintiera más cómodo. –Déjame que me explique.-

Seraphimon asintió. No entendía por qué Venusmon se había reído por aquello. Era una idea plausible.

-Mira, sé la ubicación exacta de Ophanimon. Antes de que preguntes, no te la voy a decir, por que sino irías directamente a por ella, y esto no serviría de nada.-

-¿Y sí yo te obligo a decirmela?- dijo Seraphimon, adoptando una pose amenazante.

-Escuchame primero, y te darás cuenta de que eso no es posible.-

Seraphimon la miró con incredulidad. Estaba loca. Podría matarla allí mismo, en aquel mismo instante. Sin embargo, no ganaba nada con eso. Y tenia curiosidad por saber lo que Venusmon pretendía.

-Yo me estoy asegurando de que Ophanimon este sana y salva, y que disfrute de muchas y variadas comodidades, en vez de estarse pudriendo en una cárcel. Y eso podría seguir siendo así, si tú me ayudas. Incluso podría mejorar sus condiciones aún más, si cumples tu trabajo eficientemente.- informó la diosa.

-Me alegro de que estes haciendo todo eso por Ophanimon. Pero no voy a hacer nada. La encontraré, la rescataré y asunto zanjado. Así pues, díme dónde la reteneis.-

-Me vas a hacer caso, por tu propio bien.-

-Dame una razón de peso para ello.-

-Pensaba que eras más inteligente Seraphimon. Esta es otra razón para que retomemos las riendas los olímpicos.-


En ese momento, Seraphimon no pudo soportarlo más, y se abalanzó sobre Venusmon. Esta, esquivó ágilmente el golpe del ángel. Seraphimon chocó su puño contra la pared, y el palacio tembló momentaneamente.

-A Mercurymon no le va a gustar esto...- comentó Venusmon.- Ya que no sabes la respuesta de lo diré yo.- prosiguió.- Yo soy la diosa del amor. En todas las relaciones del Mundo Digital he tenido algo que ver, directa o indirectamente.- se acercó a Seraphimon, y posó su codo sobre el hombro del ángel.- En tu caso, mi intervención fue bastante directa. ¿Sabes ya a dónde quiero llegar?-

Seraphimon lo sabía perfectamente. Pero no, no podía ser así. No podía ser cierto. No, no de esa forma ni de aquella manera.


-No te creo.- dijo, tratando de engañarse así mismo.

-Oh, venga Seraphimon. Tú y yo lo sabemos.- soltó una risilla baja. Le divertía ver a un ser tan omnipotente como Seraphimon rendido a sus pies.- Tú antes de conocer a Ophanimon, tenías una relación, más o menos estable. En aquel romance yo apenas tuve nada que ver: sólo un poco.-

-No trates de inventarte cuentos.-

-Luego, un día, de repente, apareció Ophanimon en tu vida. Y saltaron chispas...-
soltó un largo suspiro.- ¿Y tú crees que fue de casualidad?-

-Sí.-

-Pues no, Seraphimon, no.-
alargó la última o.- Tu antigua relación te estaba matando, te estaba comiendo por dentro. Era un amor tortuoso de esos que sólo acaban en tragedia. Así pues, decidí arreglarte la vida, y puse a Ophanimon en tu camino. Controlé vuestras emociones, e hice que os enamorarais.-

Seraphimon acabó creyendo las palabras de Venusmon. Sabía que no mentía. Pero no quería darla la satisfacción de hacerla pensar que le tenía a sus pies.

-Supongamos que te creo.- comenzó a decir Seraphimon.- ¿Cuál sería el trato?

-Yo hago la estancia de Ophanimon lo más cómoda posible. Incluso podríamos organizar alguna visita...-
sonrió.- Y tú a cambio, me haces algún favor, me proporcionas información, y esa clase de cosas.- le retiró el codo del hombro, y le tendió la mano.- ¿Hay trato?-

-¿Y si me niego?-
preguntó Seraphimon.

-En esa caso... con un chasquido de dedos haré que te olvides por completo de Ophanimon.- amenazó Venusmon. Sus poderes eran mucho más complicado que aquello, pero serviría para amedrentar a Seraphimon.

-Esta bien, acepto.- dijo. No le quedaba más remedio. Le estrechó la mano a Venusmon.

-Muy bien. Tal y como yo esperaba.- murmuró.

-¿Qué es lo que quieres?- preguntó Seraphimon, al fin.

-Creo que el primer favor que te pediré será uno muy sencillo. Quiero que me digas cual es la ubicación de las hijas de Ceresmon.- explicó Venusmon.

-No lo sé, Venusmon. En eso no puedo ayudarte.- trató de mentir Seraphimon. Aquella información, a pesar de saberla, no podía revelarla.

-No tienetes a la suerte, Seraphimon. Sé con certeza que conoces su ubicación.-
No lo sabía con certeza, para nada. Pero el farol funcionaría. De eso estaba convencida.

Para dar más sentido a su amenaza, Venusmon juntó sus dedos, como si fuera a chascarlos. Seraphimon agarró rápidamente su mano, para evitarlo; con tanta fuerza, que hubiera sido capaz de dislocársela.


-No por favor. Te lo diré, pero no lo hagas.- su voz, ahora débil, pedía misericordia. Venusmon no pudo evitar sonreir de nuevo. Se acercó a Venusmon, y le dijo al oído lo que ella quería oir.
Venusmon asintió, complacida.


-Muy bien.- estaba sorprendida por lo que la acaban de revelar.

-No sé en qué ubicación está cada una.- dijo, apenado. Todo esto lo hacía por Ophanimon, y esperaba que mereciera la pena.- Pero por lo menos ahora tienes la información que querías.- hizo una breve pausa.- ¿Para qué la vas a utilizar?-

-Eso no es de tu incumbencia.- espetó la diosa.- Puedes marcharte.-

Agachando la cabeza, Seraphimon se dispuso a abandonar la morada de Mercurymon.


-Espera.- le detuvo repentinamente Venusmon.- No hemos fijado nuestra siguiente “cita”.- Seraphimon se detuvo frente a la salida.- Estos días, estaré algo ocupada; así pues, nos reuniremos dentro de cuatro días. Pero esta vez seré yo quien visite tu castillo. ¿Entendido?-

-Sí.- contestó él, de forma sumisa. Sabía que aquel era el fin de su libertad. En cuanto se fuera, comenzaría atramar un plan que solucionará aquel problema; pero hasta entonces, debería servir a Venusmon.

Seraphimon se marchó antes de que Venusmon le piediera algo más. Ya había tenido suficiente por hoy.

Al final todo había salido bien para la diosa.

Venusmon se sentó en las escaleras a esperar a que Mercurymon regresara. No tardó en volver. Había estado merodeando por allí hasta que Seraphimon había abandonado el Palacio de los Espejos.


-¿Y bien?- preguntó el olímpico, interesado.- ¿Te ha dicho dónde se encuentra?-

-Pues claro.- respondió Venusmon.- ¿Acaso lo dudabas?-

La verdad era que sí que lo había dudado. En todo momento además.

-Para nada.- mintió Mercurymon.- Dímelo.-
-No.- negó ella.-

-¿Por?- preguntó él, desconcertado.

-Porque esta información la he obtenido yo.- se acercó a Mercurymon.- Tú nunca lo hubieras averiguado. Y sabes que tengo razón.- hizo un amago, y se alejó poco a poco de Mercurymon.- Además, tú mañana debes partir a Prision Land. En lo que estás ocupado, yo me encontraré de encontrarlas.-

-¿A quienes?-

-A las hijas de Ceresmon, por supuesto.-

-Yo sólo te pedí a una, Venusmon.-

-Pero así mato dos pájaros de un tiro. –
se acercó a él, y puso su mano para taparle la boca.- Bueno, creo que ya ha va siendo hora de que me vaya. Ya te he robado mucho tiempo; y tienes que estar descansado para la gran misión de mañana.-

Venusmon comenzó a caminar antes de que Mercurymon pudiera replicarle cualquier cosa. Se despidió con la mano, y cerró la puerta con delicadeza.

Mercurymon se quedó pensativo por un instante. No tenía ni idea de cómo había podido averiguar Venusmon aquella información. Ni siquiera sabía que Seraphimon conocía aquellas ubicaciones...

Sin embargo... no tenía tiempo de pensar en aquello. Mañana partiría hacía Prision Land para encontrar su Código Corona. Y no tenía ni ida de lo que le esperaba allí.




[MENTION=517717]Soncarmela[/MENTION]
 

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Creo que Venusmon está superando las expectativas de todos los demás personajes. Sabe aprovecharse muy bien de cuánto la infravaloran, y es curiosamente uno de los olímpicos que más éxito está teniendo, pese a nunca participar en las misiones, y sin necesidad de usar "sus encantos". Se nota que disfrutas al hacer sus capítulos.
 

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Lamento la tardanza, pensé que ya había comentado.

Al final va a resultar que Venusmon es la más inteligente del grupo. Hizo muy buen sus jugadas, ahora tiene a Seraphimon comiendo de su mano. Al parecer en realidad no está enamorado de su querida Ophanimon, ¿quién lo iba a decir? Lo que no sé es por qué tienen interés en las hijas de Ceresmon.

Nos vemos
 

Digital Hazard
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Creo que Venusmon está superando las expectativas de todos los demás personajes. Sabe aprovecharse muy bien de cuánto la infravaloran, y es curiosamente uno de los olímpicos que más éxito está teniendo, pese a nunca participar en las misiones, y sin necesidad de usar "sus encantos". Se nota que disfrutas al hacer sus capítulos.
@CrazyAristocrazy

Bueno, efectivamente. En esta historia, como bien ya sabrás, estoy intentando cambiar un poco la visión que se tiene de este digimon (aunque evidentemente, los tópicos y temas mitológicos han de mantenerse, y me gusta que esto sea así) Además, es de mis olímpicos favoritos (por no decir la que más, porque me gustan tanto todos...) Los encantos de Venusmon son solo para (*lista larga*)

Lo cierto es que con sus capítulos siempre consigo clavar lo que quiero expresar. Con ellos y con los de la loca de Ceresmon.

Lamento la tardanza, pensé que ya había comentado.

Al final va a resultar que Venusmon es la más inteligente del grupo. Hizo muy buen sus jugadas, ahora tiene a Seraphimon comiendo de su mano. Al parecer en realidad no está enamorado de su querida Ophanimon, ¿quién lo iba a decir? Lo que no sé es por qué tienen interés en las hijas de Ceresmon.

Nos vemos
Soncarmela Soncarmela


No te preocupes por la tardanza. Encima que te molestas en comentar. Yo no diría que es la más inteligente, pero sí la más observadora. Me refiero: "sabe de que pie cojea cada uno". Y Seraphimon si que esta completa y totalmente enamorado de Ophanimon. ¿El problema? La intervención de Venus en su amorío.

Las hijas de Ceresmon jejeje. Ojo al dato: son dos.
A Acero_la12


Ya está al día esto con FF.net a partir de ahora.

PASEMOS AL SIGUIENTE CAPÍTULO:



Capítulo 23: El Preso

Mercurymon, Minervamon y Marsmon caminaban en fila india por el desolado valle que debían atravesar antes de llegar a Prision Land. La zona a la que se dirigían se encontraba en la parte central, y más profunda del continente Xross. Hacía ya rato que habían pasado Dragon’s Land, y ahora sólo les quedaba atravesar aquel pequeño trecho para llegar a su destino.

Llevaban toda la mañana caminando, y ya era mediatarde, aunque parecía de noche. Una bruma espectral, cubría con su tupido manto el cielo, impiendo que la luz del sol penetrase con facilidad. No se oía ni un alma. El silencio sólo se rompía con el cregido de las ramas secas bajo sus pies; o cuando Minervamon paraba para quejarse.


-¿Falta mucho?- preguntaba la olímpica. Si hubiera ido montada en Coaltmon, ya estaría allí.

-No.- respondía tajante Mercurymon.-

-¿Pero cuanto falta exactamente?- volvía a la carga la diosa.

-Un poco.- la contestaba siempre Mercurymon.- Un poco.- repetía, para tranquilizarla.

-¿Y cuánto es un poco?- les preguntó, de nuevo.

Marsmon no podía evitar soltar un bufido cada vez que la conversación se repetía. Le exasperaban las tonterías de niña pequeña de Minervamon. Era la más jóven, sí, pero ya era mayorcita. Podría emplear el tiempo que usaba para quejarse en cosas más productivas. Observar el paisaje, por ejemplo.

Marsmon se arrepintió de haberlo pensado. Aquel paisaje no tenía nada de espectacular: cuatro árboles grises, a punto de morirse, y piedras en medio de un camino que hacía más de medio siglo que no se transitaba.

Quizás debería ser él quien comenzara a quejarse.

Avanzaban con rapidez, tal y como Mercurymon les exigía a sus compañeros. Él estaba acostumbrado a caminar rápido, y con prisa. Era bastante impaciente. Además, estaba nervioso. Nadie sabía nada de Prision Land desde hacía años. Y sólo con ver los digimons que se trasadaron desde ahí a Hell’s Field, uno se preocupaba.

Sin embargo, Mercurymon trataba de parecer tranquilo. Su máscara de lobo le ocultaba los ojos, el espejo de su alma. Y daba gracias por ello todos los días. Sus ojos, siempre le delataban; y siempre lo harían. Era algo que no podía evitar.

Giraron en el que parecía el decimo quinto árbol solitario, y el camino se ensanchó en una gran curva. Comenzaron a descender. La pendiente era bastante acusada, casi vertical.

Minervamon tomó la iniciativa, y fu la primera en comenzar a descender. La escalada era una de sus actividades preferidas y uno de los ejercicios que debía hacer en su entrenamiento diario. Rápidamente, Mercurymon la sobrepasó, corriendo sobre aquella pared de piedra iregular. Había estado practicando después de la penosa actuación de los olímpicos en el castillo de Ophanimon. Iba a recuperar la velocidad que tenía antes, costara lo que costase. Marsmon, por su parte, bajaba despacio, y con más cautela. No estaba acostumbrado a esa clase de ejercicios. A él le iba más el combate cuerpo a cuerpo y esa clase de cosas.

Merucyrmon y Minervamon esperaron a que Marsmon terminara de descender para proseguir con la travesía. Se encontraban en un gran agujero, que continuaba abajo, por medio de unas historiadas escaleras de caracol. Su color era blanco puro, por lo que debían estar hechas con roca caliza, produciendo un fuerte constrante con la onalidad grisacea, casi negra, de las rocas del lugar.

Descendieron por las escaleras de caracol hacia lo más profundo del abismo. Prision Land se encontraba just allí, en lo que casi parecía un universo diferente bajo tierra. Para su sorpresa, no encontraron oscuridad total, sino una iluminación excesiva, que nublaba sus sentidos, y volvía todo el lugar blanco y negro.

Miraron hacia arriba, en busca de cualquier tipo de llama, instrumento que pudiera producir semejante luminosidad, pero no encontraron nada. La arcáica mágica que conformaba el lugar era la causante de aquella sensación. Minervamon lo sabía. Aquel lugar había sido construido hacia milenios, y su construcción, a parte de como prisión, era un monumento a la luz en la oscuridad; para que los malvados allí encerrados lu tuvieran siempre presente. Formaba parte del castigo que los presos sufrían en aquella época.

Minervamon quiso comentarselo a sus compañeros, pero estos la hicieron caso omiso: Mercurymon ya había comenzado la marcha, y Marsmon le seguí con paso firme, dispuestos a dejar a la diosa sola si esta no se ponía ya en marcha.

Hasta que no avanzaron unos cuantos metros, no pudieron vislumbrar las primeras celdas. Estas estaban excavadas en la propia roca caliza, y sus tamaños eran diferentes. Minervamon supuso que estarían hechas especialmente para cada uno de los presos.

Mercurymon se acercó, curioso, a una de ellas. Estiró la mano, y trató de pasar a su interior, mas no pudo. Una extraña fuerza se lo impedía.


-Minervamon, ¿cómo es que no puedo pasar?- preguntó, confuso.

-Supongo que seran campos de energía. Mágicos, además.- comenzó a explicar Minervamon.- Esta cárcel fue construida hace tiempos inmemoriales, cuando los diez guerreros legendarios, antes de que nosotros ascendieramos al poder.- hizo una breve pausa.- En aquel momento, se contaba con una mágica ancestral, proporcionada por el propio Yggrasil. No sé mucho más acerca de ello.-

Mercurymon frunció el ceño. Si el Código Corona se encontraba en alguna de las celdas, lo cual era una posibilidad, les costaría mucho acceder a ellas y conseguirlo.

Siguieron caminando, parandose a revisar cada una de las celdas. Mercurymon se iba parando en cda una de las celdas, y observaba si había dentro algo sospechoso. Nunca encontraba nada. Cada una de las celdas tenía una composición similar, sin embargo, sus dimensiones variaban considerablemente. Debían de estar adaptadas para los digimons que debieron de estar allí encerrados.

Minervamon caminaba con la cabeza agachada, distraída. Al principio, lo hacía porque sus ojos no se habían acustumbrado a la gran luminosidad del lugar. Sin embargo, ahora, se mantenía sumida en sus oscuros pensamientos.

En primer lugar, se preguntaba cómo se encontraría Vikemon, y si el “monstruo” atacaría de nuevo. Había ordenado a Coaltmon que la mantuviera informada, pero mientras estuviera en aquella misión, no se enteraría de nada. Además, estaba furiosa consigo misma, debido a que sus investigaciones sobre la identidad del “monstruo” no habían dado resultado. Tambiñen había estado investigando sobre Prision Land, sin éxito. Aquel lugar era tan antiguo, que ni siquiera en sus más arcaicos libros no aparecía.

Marsmon, por su parte, cuando Mercurymon proseguía con la marcha, se detenía, y volvía a revisar cada una de las celdas; esperando que se hubiera equivocado. Ansiaba con todas sus fuerzas que cometiera un error. Así, si el se alzara victorioso, ya tendría un argumento más para coronarse lider de la revolución, y trasladar a Mercurymon al papel secundario que se merecía.

El pasillo se fue ensanchando, hasta que llegaron a una sal circular. En el centro de la misma, había una escultura de Yggrasil. Podría haber funcionado de fuente tiempo atrás. El suelo, además, estaba plagado de extrañas inscripciones, formando arcos inconexos que proseguían hasta llegar a la estatua.

Minervamon trató de identificar el significado de aquellos símbolos. No era la primera vez que los veía. Era una arcáica nomenclatura digital, ya en desuso y por todos olvidada. No la recordaba con exactitud, pero pudo identificar algunos símbolos sueltos. Parecían instrucciones para utilizar le escultura, pero no acababa de entender el para qué.

Mercurymon observó con atención a la diosa. Él también sabía que aquellos símbolos servían para algo, pero no tenía ni idea de para qué. Esperaba que Minervamon lo averiguase. Si alguien podía hacerlo, era ella. Pero para conseguirlo, nadie debía presionarla.

Marsmon, sin estar pendiente de lo que sucedía a su alrededor, se entretenía encendiendo y apagando una pequeña llama con la ayuda de sus dedos. Ni tenía idea de aquel lenguaje antiguo, ni esperaba tenerla. Con que se encargaran Minervamon y Mercurymon, le bastaba. Eso sí, dudaba que lograran algo, sobre todo este último. No dejaba de ser un inútil.

Minervamon dejaba pasar el tiempo en silencio, mientras merodeaba de un lado a otro, analizando los símbolos del suelo. Había observado ciertas similitudes y repeticiones en algunos, y creía saber el significado de otros.

Mercurymon, harto de observar como la olímpica se paseaba de un lado al otro de la sala, la detuvo.


-¿Has averiguado algo?- la preguntó, sin más rodeos.

-Creo que sí.- dijo esta, antes de comenzar a explicarse.- Parece que esta sala es una plataforma a un nivel inferior, como se puede observar en estos símbolos.- dijo, señalando a los que tenía tras ella.

Mercurymon asintió, tratando de parecer que comprendía lo que Minervamon queria decirles.

Marsmon se acercó un poco más, para escuchar a la diosa, sorprendido por su hallazgo. Jamás pensó que tardaría tan poco tiempo en descubrirlo. Tampo sabía si él hubiera sido capaz de hacerlo. Lo cierto era que ninguno de sus compañeros solía tomar muy en serio a Minervamon, debido a su carácter infantil; a pesar de momentos de lucidez que presentaba a veces. Este era uno de ellos.


-También indican que hay que utilizar la escultura para activarla.- prosiguió Minervamon. Mercurymon volvió a asentir.-

-¿Y cómo se emplea?- preguntó Mercurymon, interrumpiendola.

-La verdad es que no estoy segura.- respondió la olímpica, haciendo una breve pausa. Mercurymon agachó la cabeza, frustrado.- Pero creo que sólo hay que encender una llama en la parte superior.- Mercurymon levantó la cabeza.- Y para eso ya tenemos a Marsmon. Sólo hay que probar.-

-Marsmon, ¿te gustaría hacer los honores?-
preguntó Mercurymon. Detestaba con todas sus fuerzas que Marsmon tuviera un papel importante.

-Por supuesto.- contestó el otro olímpico, orgulloso.

Acto seguido, Marsmon pegó un gran salto, y lanzó una llamarada a la cúspide de la escultura. Aterrizó de rodillas, y notó como el suelo comenzaba a temblar. La estuatua torno de un color rojo vivo, y los símbolos del suelo se iluminaron uno a uno con llamas azuadas, a modo de fuego fatuo. La plataforma soltó un crujido, como si hiciera mucho que no se usara, y comenzó a descender.

Los olímpicos se reagruparon en el centro de la plataforma, junto a la estatua. No sabían que les podría aguardar ahí abajo. La plataforma no tardó en detenerse, con yun golpe seco. Parecía haber tocado fondo.

Observaron atetntamente el nuevo nivel. Era muy similar al anterior. Estaba compuesto por un amplio pasillo que se abría con cada paso que se daba. A ambos lados del mismo, había celdas y más celdas. Todo ello junto, parecía infinito y aportaba una creciente sensación de desesperación a los dioses: parecía que no iban a acabar nunca.

Mercurymon dio un paso a delante, decidido, y comenzó a inspeccionar todas las celdas con las que se topaba. Marsmon, detrás suyo, seguía revisando si su compañero cometia algún error o se le escapaba algo. Minervamon, por su parte, se quedó quieta, apoyada en la estatua.

Había algo que no la cuadraba. Había alguien más allí. En el anterior nivel, no había detectado ninguna presencia como la que notaba ahora. Pero si aquella prisión llevaba abandonada más de un siglo, ¿Quién podría encontrarse allí?

Se decidió por fin a avanzar y se puso a la altura de sus compañeros: ya habían revisado la primera decena de celdas, todas ellas vacias. No sabía si debía comunicarles su descubrimiento. No quería alarmarles, y menos, sabiendo que a lo mejor eran imaginaciones suyas.

Prosiguieron la travesía, hasta que, de pronto, los temores de Minervamon cobraron sentido.


-Vaya, oigo pasos. ¿Cómo es que hay alguien más aquí?- murmuró una voz, grave, desde el fondo del pasillo.

Minervamon, pensó que estaba todo en su cabeza; pero al comprobar que sus compañeros también lo habían oido, se convenció de que aquello era real. Había otro digimon con ellos.

Mercurymon les hizo una seña, indicandoles que avanzaran hacía dónde provenía la voz.

Pasaron varias celdas de largo hasta llegar a dónde se encontraba aquella criatura. El interior de su celda estaba más oscura que el resto, impidiendoles en un principio apreciar con claridad al individuo que moraba en ella.

Mercurymon se pego a aquella barrera transparente que los separaba, y pego sus manos contra sus ojos, para mejorar la visibilidad. El individuo se acercó, para facilitarle la tarea. Mercurymon comprobó que, tal y como cabía esperar, era un digimon oscuro. Sus cuatro fuertes patas sostenían un robusto cuerpo, cubierto de un grueso pelaje morado. Su torso, era musculoso, a pesar de lo delgado y ciertamente esquelético que pudiera parecer. Sus brazos eran largos y finos como un palillo, al igual que sus afiladas garras. Su cara, chupada, era pequeña en comparación con sus grandes y retorcidos cuernos.

La criatura ladeó la cabeza, observando con curiosidad a Mercurymon. El olímpico pudo apreciar en su rostro una sonrisa.

El olímpico hizo una seña a sus compañeros para que se marcharan. Aquel ser no podría traerles nada bueno.


-Me presentaré.- dijo el preso, tratando de evitar que se fueran.- Soy Gulfmon.- hizo una reverencia.- Y soy lo único que queda aquí.-

La utilización del “lo”, en vez de “él” llamó la atención de Minervamon.

-“Se acaba de hacer referencia a él mismo como un objeto.”- pensó Minervamon.

Aquella afirmación la planteaba muchas preguntas. Habia oido hablar de guardianes, o custiodadores del Código Corona. Además, también había oido hablar de digimon que guardaban en su interior el propio código. ¿Podría ser aquel digimon uno de ellos?

-Espera Mercurymon. Puede que este digimon pueda ayudarnos.- dijo Minervamon, deteniendo a su compañero.

Mercurymon observó con cierta repulsión a la criatura. La sonrisa maliciosa que lucía solo podía declarar malas intenciones.

-Muchas gracias.- dijo Gulfmon, mirando fijamente a Minervamon. Luego, hizo una leve reverencia.- Supongo que habeís venido aquí en busca de algo. Si es un preso, podeis daros por vencidos: sólo quedo yo, y no creo que sea lo que estais buscando.- hizo una breve pausa.- Si lo que estáis buscando es un objeto… sólo queda uno…-

Minervamon asentía, con interés. Marsmon, no escuchaba lo que aquel monstruo decía. Según lo que su experiencia le había mostrado, aquellos seres eran rastreros y sólo miraban por su propio beneficio.

-¿Y sabes la ubicación del objeto que andamos buscando?- preguntó Mercurymon, deseando acabar cuanto antes con la conversación. Aquel digimon no le ofrecía ni la más mínima confianza.

-Si os referis al Código Corona, sí, por supuesto.-

A Mercurymon se le iluminaron los ojos momentaneamente.

-Dinoslo.- exigió el olímpico.

-¿Y qué recibo yo a cambio?- preguntó la bestia. –¿Me liberareis?-

-Sólo cuando nos digas la ubicación del Código Corona y lo tengamos en nuestras manos.- contestó Marsmon, firmemente. No tenía pensado liberarle: en cuanto supieran la ubicación y obtuvieran el misterioso artilugio se marcharían, dejandole allí hasta los últimos días de su existencia.

-¿Y cómo sé que vais a cumplir vuestra palabra?- preguntó Gulfmon, en tono burlón.

-Tendrás que fiarte.- respondió rapidamente Marsmon.

-¿Y por qué he de fiarme yo de vosotros y no vosotros de mí? Sois vosotros los que estais más desesperados…- argumentó el digimon.

A Marsmon se le estaba acabando la paciencia. Se acercó a la barrera invisible que le separaba de la celda, y miró fijamente a los ojos de Gulfmon.


-¿Cómo quieres que nos fiemos de un preso, que lleva aquí tantísimo tiempo? Seguro que has perpretado toda clase de atrocidades. Si te liberamos, te estamos haciendo un favor: somos tu única opción para escapar.-

-Y yo soy vuestra única opción para encontrar el Código Corona.-

Marsmon golpeó con sus puños la barrera, lleno de ira. Aquel juego no llevaba a ningún sitio. Gulfmon sonrió con malicia. Minervamon miró con preocupación a Marsmon.

-Apartate.- le ordenó la diosa.

Marsmon no comprendía lo que acababa de ocurrir. Miro de un lado a otro, confuso, hasta que la explosión le impacto de lleno.

Gulfmon salió de su celda, aquella en la que había estado tantos años recluidos… Se estiró, y miró hacia dónde se encontraba Marsmon, el cual se estaba levantando.


-La barrera es muchísimo más débil en el exterior de la celda.- informó la bestia.- Gracias por hacer ese pequeño agujero con tu arrebato de furia, Marsmon. Llevo muchos años debilitando la barrera, pero tu ataque ha sido el golpe de gracia, nunca mejor dicho.-

-Ahora que te hemos liberado, dinos dónde está el Código Corona.- exigió Mercurymon.

-¿Te refieres a esto?- dijo Gulfmon, mientras la gran boca de su torno se abría de par en par. Introdujo su garra en ella, y sacó un pequeño artefacto, brillante, con rebordes grises, y en el centro, una imagen verde boscoso. – Lo llevo guardando mucho tiempo. Y aun lo sigo necesitando. Así pues, no os lo voy a dar. Me voy. Muchas gracias por todo.-

Gulfmon comenzó a caminar lentamente en direccción a la salida, esperando a que los olímpicos cayeran en su macabro juego…

Marsmon se acercó a él, con intención de arrebatarle el Código Corona. Sus puños se encendieron, y golpeó el suelo con fuerza, provocando que Gulfmon se detuviera. Mercurymon y Minervamon se aproximaron para proporcionarle apoyo durante la batalla. Pero sabían que Marsmon no les dejaría intervenir: para él, esto era algo personal.

Gulfmon se giró, y observó como Marsmon le clavaba una mirada de furia. Sus ojos estaban tan encendidos como sus puños, y todo su cuerpo estaba envuelto, casi en su totalidad, por llamas.

Sin embargo, Gulfmon no estaba preocupado. Se había enfrentado a nemigos tan, o incluso más poderosos, que Marsmon, y había salido victorioso. Es más, había disfrutrado acabando con ellos.

Marsmon dio una voltereta en el aire, y colocando sus puños a modo de martillo, trato de golpear a Gulfmon. Este, con grandes reflejos, se desplazó milimetricamente hacia la derecha, y Marsmon acabó golpeando el suelo, realizando un gran boquete, y haciendo temblar toda la estructura.

Gulfmon aprovechó entonces para ejecutar su ataque. Su gran boca se abrió, y comenzó a acumular energía oscura. Hacía bastante que no utilizaba los poderes del Dark Area a su favor; pero se acordaba perfectisimamente de cómo hacerlo.

La gran bola de energía oscura habría impactado sobre el cuerpo de Marsmon, de no ser porque Mercurymon le había ayudado a esquivar el ataque. Marsmon, aunque no fuera a admitirlo, agradecía enormemente la ayuda de Mercurymon. Aunque conservaba su fuerza bruta, el paso de los años le había rebatado la agilidad y la precisión, dos habilidades que a Mercurymon no le faltaban.

Minervamon analizaba la precisa y pulida técnica de Gulfmon. Era capaz de almacenar materia oscura en su boca, darla forma y lanzarla en milesimas de segundo. Y empleaba eso a su favor, obligando a los olímpicos a adoptar una postura defensiva. Minervamon se encontraba tranb una columna, mientras que Mercurymon, se movía de un lado a otro como un loco, tratando de evitar los ataques de la bestia; arrastrando consigo a Marsmon.


-En cuanto puedas, Mercurymon, lanzame contra Gulfmon.- le indicó Marsmon a su compañero.- Yo sabré lo que hacer.-

Mercurymon no pudo evitar sonreir. Aquella técnica era una de las favoritas de Marsmon para el combate; y la había ejecutado millones de veces, algunas de ellas junto a Mercurymon.

El olímpico asintió, mientras esquivaba otro ataque dirigido hacia ellos. Cambió de rumbo bruscamente, posicionandose detrás de Gulfmon. Este trató de darse la vuelta, mientras Mercurymon, con todas sus fuerzas, daba impulso a Marsmon.

El olímpico salió disparado con la sufiente fuerza como para que a Gulfmon no le diese tiempo a protegerse del ataque. Su puño, en llamas, impactó sobre la cara de la criatura, haciendola retroceder un par de metros.

Gulfmon les miró, sorprendido: aquel ataque le había dolido de verdad. Tambaleandose, se dirigió hacia dónde se encontraba Minervamon.


-Me habeis vencido. Toma.- dijo, estirando su garra. En ella, Minervamon pudo apreciar el Código Corona.

La olímpica se acercó, confiada, a recoger el artefacto que les había traído hasta allí. Estaba tan ilusionada, que ni si quiera cayó en la cuenta de que Gulfmon estaba preparando su ataque final.

Marsmon y Mercurymon corrieron para avisarla, pero ya era demasiado tarde: la olímpica estiró la mano, a la par que otra bola de energía oscura impactaba sobre su cuerpo, arrastrandola hasta el fondo del largo pasillo.

Sus compañeros corrieron a atenderla inmediatamente. Un ataque como aquel, y recibido sin ninguna protección a esa distancia tan corta, podría resultar mortal.

Gulfmon se despidió tal y como les había saludado: con una pícara sonrisa y una reverecia. Tenía lo que quería: su ansiada libertad, y nadie iba a arrebatarsela.

Les dejo allí, sólos, atendiendo a la herida Minervamon. Su cuerpo estaba lleno de magulladuras. Algunas de ellas eran heridas graves, como la que tenía en el costado. Además, presentaba algunas quemaduras, también repartidas por todo el cuerpo.


-¿Estas bien?- le preguntaron a Minervamon.

Esta no respondió. Tenía la mirada ausente, y parecía estar a punto de desfallecer.

Mercurymon y Marsmon se miraron. Aquella osadía por parte de Gulfmon no quedaría impune: nadie hacia daño a los olímpicos sin pagar por ello.

Acto seguido, levantaron entre los dos a Minervamon, ya inconsciente. Debían llevarla a un lugar seguro antes de que su estado empeorase.

Nota:

Bueno, el capítulo me quedo algo más corto de lo esperado (pensé que llegaría a las 10 páginas en un word…) pero no esta mal. En el próximo capítulo, nos centraremos en Dianamon y Ceresmon…
 
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