Fanfic Digimon: La Revolución Olímpica

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Esos tres se dejan llevar por la rabia y por eso les sale mal casi todo. Que no hayan podido derrotar a un preso que ha estado tanto tiempo sin pelear demuestra que no están preparados para la guerra. La única que he visto más o menos capaz de lograr algo ha sido la diosa, porque Marsmon se deja llevar por la furia y sólo sabe dar golpes, y el último no es que hiciera gran cosa en este capítulo.

La narración me gustó. Pero me interesa más el capítulo siguiente, más que nada porque se trata de Dianamon y es mi diosa favorita.

Un asludo
 
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En este Minervamon a demostrado por qué es la diosa de la sabiduria, pero también que es ingenua.

Y sí, les sale casi todo mal. Deberían dejar que Venusmon les diera clases.
 
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Digital Hazard
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Por fin, después de tanta demora, el capítulo 24. Menciono a los interesados:
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Capítulo 24: Peticiones de una diosa a otra

Dianamon se despertó temprano. Muy temprano. Si acaso a eso se le podía llamar despertarse. No había pegado ojo en toda la noche. La tensión se había apoderado de ella completamente. A pesar de ello, debería acudir a la reunión lo más calmada posible, lo cual era prácticamente imposible.

Se levantó de su cama, y se aseó. Una ducha bien fría la sentaría bien. Cuando hubo terminado, se vistió y salió de cuarto. Atravesó rápidamente las estancias que la separaban de la entrada principal del castillo, dispuesta a abandonar la luna lo más rápidamente posible.

Sin embargo, apoyada en el marco de la puerta, se encontraba Queenchessmon, quien la detuvo.


-Buenos días Dianamon.- la saludó la princesa. -¿A dónde vas tan deprisa?-

-Ya te dije que hoy tenía tareas importantes que debía hacer sin falta.-
dijo ella, seria.

-Es cierto.- respondió ella, apartandose el pelo con la mano.- Lo había olvidado.-

-Como ya te dije, las Crescemon están a tu completa disposición.-

-Oh, ya.-
dijo ella, algo desilusionada.- A parte de luchar, ¿hay algo más que pueda hacer?-

-Dile a una Crescemon que te preste su libro de cabecera.-

-¿Su libro de cabecera?-
preguntó la princesa, extrañada.

-Sí, un libro que todas las cazadoras tienen. En el se recoge todo lo que se debe saber para ser una buena cazadora; así pues, deberías leertelo.-

Queenchessmon asintió con la cabeza. Recordaba haberlo echado un vistazo cuando era pequeña. Había un ejemplar en la enorme biblioteca del palacio del Reino de Chess.

-No pierdas el tiempo durante mi ausencia.- añadió Dianamon, mientras daba la espalda a la princesa, abandonando su castillo, en dirección al Valle de Deramon.

Dianamon sólo había estado dos veces en el Valle de Deramon. A diferencia de Ceresmon, o Neptunemon, no se llevaba muy bien con el monarca. En el pasado, habían tenido varias “pequeñas trifulcas” debido a la aficción de Dianamon por la caza. Así que a la olímpica no le hacía ninguna gracia que el valle fuera el punto de reunión.

Cuando llegó a la entrada más cercana de la florida zona, Ceresmon, en su forma Medium, ya la estaba esperando. Elevó su brazo derecho y agitó su gran garra a modo de saludo.


-Buenos días Dinamon.- dijo la olímpica con una amplia sonrisa maliciosa.- Llevo un buen rato esperandote.-

-He tenido que hacer un par de cosas antes de partir.-


-Traquila, lo importante es que hayas venido.- la sonrisa de Ceresmon se desvaneció momentáneamente. – Deramon está muy ocupado y no va a poder recibirte personalmente, aunque te envía saludos.- Dianamon asintió, mientras que Ceresmon no pudo evitar soltar una tremenda risotada.- Ese es el mensaje que me ha dicho que te transmitiera; pero y como ya te imaginaras, la verdad es muy diferente. En cuanto le comenté que debía reunirme contigo organizó un apresurado viaje al Sky Palace, con la excusa de mantener las relaciones diplomáticas con el territorio gobernado por Valkyrimon.-

-Para serte sincera, a mi tampoco me hacía mucha gracia volver a encontrarme con él.-

-Ya me lo suponía.-
Ceresmon cruzó los brazos.- No obstante, no dispongo de ningún otro sitio para realizar esta reunión. Por lo menos de momento. No tengo ninguna intención de permanecer aquí por mucho más tiempo.-

Dianamon volvió a asentir. Ceresmon le acababa de mandar una indirecta muy clara.

-Acompañame a nuestra mesa.- la indicó Ceresmon.- Los Kiwimon han preparado té.-

Ceresmon condujo, como buena anfitriona que debía de ser, a Dianamon a la exquisita mesa que los Kiwimon habían preparado para la ocasión. Era idéntica a la que habían montado para la visita de Neptunemon, aunque esta vez sólo había dos sillas, y no tres.

-Sientate.- dijo Ceresmon mientras ella misma tomaba asiento. Estaba deseosa de empezar la reunión.

Dianamon obedeció sin rechistar. Deseaba que aquello acabara lo antes posible. Se sirvió un poco de té, a ver si así conseguía calmarse. El aroma de la bebida era muy agradable. Lo probó. El sabor era exquisto.


-El té se elabora con las plantas que son cultivadas en estas tierras.- explicó Ceresmon. –Sin embargo, Deramon no deja que se exporten a otro lugar. Cómo mucho deja que sus invitados lo prueben y ya.-

Dianamon se limitó a asintir.

- Bueno, vayamos a lo que nos compete.- dijo al fin Ceresmon. Dianamon tragó saliva.- Yo entiendo que quisieras prevenir a tu gran amigo Cherubimon sobre el peligro que sobre él se cernía, pero como comprenderás, no está bien traicionar a tu familia. Además, personalemente, Cherubimon no me gusta. Quizás es porque me tuvo cautiva durante años... En fin...-

Tal y hacía siempre, Ceresmon comenzaba a irse por las ramas. Dianamon recordaba como en todas las reuniones de los olímpicos, Ceresmon terminaba elaborando un circunloquio sin fin hasta que, tras una larga espera, conseguía llegar al punto que quería tratar.

-Dicho todo esto, comencemos con mis exigencias. Deberás obedecerlas régiamente y seguirlas al pie de la letra si quieres que no diga todo lo que has hecho.- Dianamon asintió, mientras Ceresmon sacaba de su bolsillo un pequeño papel. Debía de ser una lista. No parecía muy larga, por suerte.- Lo primero, y como es obvio, en toda reunión de los olímpicos, deberás darme la razón y apoyar todas las decisiones que yo tome.- Era lógico que la pidiera aquello. Dianamon asintió: no parecía muy terrible.- Arrajatabla.- añadió Ceresmon, algo más seria.- La siguiente es algo más compleja, aunque de nuevo, se basa en que me proporciones tu apoyo incondicional y total sumisión.- La olímpica rió mientras pronunciaba las últimas palabras de la frase. Dianamon la miró con mala cara, y la diosa prosiguió.- Cómo ya te habrás dado cuenta, no me voy a pasar el resto de mi vida mendigando la caridad de Deramon.-

-Luego quieres tener un territorio que gobernar, como el resto.-

-Cierto.-
confirmó con una amplia sonrisa.- Pero no quiero pequeñas islas como Neptunemon o Venusmon. No quiero un palacio como Mercurymon. Quiero algo más grandes. Como tú.- clavó su mirada en Dianamon.

-“Como yo...- susurró la diosa... Si quería un territorio tan amplio como la luna, aquella petición iba a ser complicada.

-En la siguiente reunión voy a proponer la conquista de una nueva zona para mí.-

Dianamon frunció el ceño. Consideraba aquella medida sumamente mprudente. Si a Ceresmon se le antojaba una zona que ya estuviera ocupada, gobernada, o dominada por algún otro digimon relevante, lo más probable era que estallara una guerra, que fuera mucho más allá que el conflicto entre ángeles y olímpicos.

-¿Tienes alguna en mente?- se decidió a preguntar. Quizás, aunque sabía que finalmente, Dianamon tendría que hacer lo que su compañera quisiese, quizás podría aconsejarla.

-Lo cierto es que no. Esperaba que tú me dieras alguna sugerencia.-

-Ahora mismo no se me ocurre nada.-
respondió rapidamente.- Pero lo pensaré.-

-Tienes hasta el día de la reunión para sugerirme una varias zonas que me peguen...-
soltó una carcajada, emocionada.

-Entendido.-

-Y dicho esto...-
hizo una breve pausa.- Eso nos lleva al último punto... Tengo que enseñarte algo.- rebuscó entre su ropa hasta que encontró lo que buscaba. Lo estrujó entre sus garras, guardándolo como oro en paño. Abrió paulatinamente las garras, y un destello salió de ellas. Tenía un brillo entre rosado y púrpura, una onalidad que a amabas las resultaba familiar... Una lágrima comenzó a recorrer la mejilla de Ceresmon...

Flash Back:

La gigante figura verde, una vez hubo complido su cometido, huyó, camuflanjose en la espesura del bosque que rodeaba el valle en el que se encontraban...

Ceresmon se arrodilló ante la figura de su compañero caído, que había amortiguado el golpe que iba dirigido hacia ella. La herida era grande y profunda. Ambos sabían que no iba a salir de esta. Sus datos comenzaron a descomponerse lentamente, y Ceresmon comenzó a recogerlos antes de que se perdiesen en la inmensidad del valle y no pudiera recuperarlo...

Fin del Flashback


-¿Es lo que creo que es?- preguntó Dianamon, consternada.

-Quiero traerlo de vuelta Dianamon. Lo necesito.- se corrigió.- Lo necesitamos.-

-He de darte la razón Ceresmon. Aunque Minervamon sería más adecuada para dicho cometido. No sé si dispongo de los conocimientos necesarios para ayudarte.-

-Pues al menos intentalo.-

-Consultaré un par de libros.-

-Eso sí, no se lo comentes a Cherubimon. Tengo la certeza de que estás pensando en que, quizás, el pueda ayudarte con este trabajo. Pero no. Él no debe saber nada.-

-Lo comprendo.-
era imposible negar que era lo primero que se la había pasado por la cabeza.

-Puedes retirarte. No tengo nada más que comentarte, de momento.-

Dianamon asintió.

-¿Cuándo volveremos a encontrarnos?-

-En principio, el día de la reunión, a menos que se me ocurra algún otro favor que pedirte. No es conveniente que nos encontremos muy a menudo. Nunca hemos sido grandes amigas.-

-Yo nunca he sido gran amiga de ninguno de los olímpicos, Ceresmon.-


La diosa frunció el ceño y apretó sus garras metálicas.

-¿Y Apollomon?- preguntó consternada. La expresión seria que reflejaba su rostro no la pegaba. Contrastaba con su carácter distendido.

-Él es mi hermano. Es diferente.-

-Sigo sin comprenderte.-

-¿Acaso tú tienes verdaderos amigos entre los olímpicos?-

-Tengo a Neptunemon.-

-No cuenta, y sabes perfectamente por qué.-


Ceresmon asintió. Por su parte, Dianamon decidió dejar ese tema de lado. No sabía si Ceresmon conocía el matrimonio del olímpico. Y desconocía la reacción que la diosa podría adoptar. Seguro que ninguna muy agradable. Por ellos, lo mejor sería no ser la portadora de malas noticias.

-Lo dicho, puedes retirarte.-

Dianamon se levantó, y colocó la silla igual que antes de haberse sentado. Comenzó a caminar, tratando de andar a una velocidad moderada, pausada, a pesar de que estaba deseando marcharse.

-Me has dado mucho qe pensar Dianamon.- fue lo último que oyó a ceresmon decirla, antes de abandonar el Valle de Deramon...

Fin del Capítulo

Y en el siguiente, comineza la misión de Venusmon =)
 

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Dianamon dejándose chantajear, con lo orgullosa y fría que es debe de estar pasándolo mal. Por otro lado, la reina no parece aportar mucho al fic. Aparece algunas veces para charlar con Dianamon y ya está, no hace más. ¿Tienes algo preparado para ella? Por otro lado, Ceresmon se me hace algo hipócrita. Aquí todos los olímpicos quieren cosas y no están para nada unidos.

Hasta la próxima
 
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Dianamon dejándose chantajear, con lo orgullosa y fría que es debe de estar pasándolo mal. Por otro lado, la reina no parece aportar mucho al fic. Aparece algunas veces para charlar con Dianamon y ya está, no hace más. ¿Tienes algo preparado para ella? Por otro lado, Ceresmon se me hace algo hipócrita. Aquí todos los olímpicos quieren cosas y no están para nada unidos.

Hasta la próxima
No dudes que Dianmon lo está pasando mal. Pero me parece que aporta mucho a la trama. Con respecto a la reina, aunque para mí es una princesa, sí tengo cosas pensadas para ella. Se te ha escapado el detalle del libro, que está introducido completamente a propósito.

Menciones:

A Acero_la12 C CrazyAristocracy NoKyubimon y Soncarmela Soncarmela

Por otro lado, pasemos al capítulo 25:

Capítulo 25: La Primera Hija

Venusmon se despertó con una sonrisa en los labios. La brisa marina acariciaba sus perfectas facciones, despertandola; con el efecto renovador que tenía todos los días.

Todos los pasos meticulosos que había dado, la habían salido a la perfección: Ophanimon estaba segura con Apollomon, y Seraphimon estaba comiendo de su mano. Además, había conseguido la información que le había pedido Mercurymon, y más. Hoy vería si tenía tanta suerte como hasta ahora y podía cumplir la misión que ella misma se había encomendado. No iba a dejar que el ciertamente incompetente Mercurymon la llevase a cabo.

Se levantó rapidamente con un grácil movimiento. Bajó a la playa y contempló su reflejo en el mar. Se pasó la mano por el peinado, el cual seguía con la misma belleza y elaboración que siempre. Sólo habia un par de imperfecciones de las cuales, sólo ella sería capaz de percatarse.

Regresó al interior de su morada, y cogió el mapa que había dejado preparado la noche anterior. Se encontraba enrollado en una mesita a la entrada, y atado con una cinta dorada. Deshizo el lazo y desenrolló el plano. Era un mapa geográfico del Mundo Digital, aunque con un tamaño mucho menor que el que Mercurymon tenía en el Palacio de los Espejos. Ello lo hacía más manejable.

La olímpica observó con atención todos los continentes hasta que localizó los dos puntos a los que tenía que ir hoy y mañana, puesto que lo más probable era que hoy solo pudiera localizar a una de las hijas de Ceresmon.

Señaló con el dedo sus destinos. No sabía quien de las dos se encontraba en cada uno. Pero aquello tampoco la importaba. Iría al primero, y localizaría a una. Luego, iría al segundo, y encontraría a la otra. Fácil, al menos, en apariencia. Pero, si llevaban ocultas tanto tiempo, debían de estar muy bien escondidas. Es difícil pasar desapercivido durante tanto tiempo.

Había decidido ir primero al archipiélago de Proxy Islands, pertenecientes al Continente Twilight. Había elegido dicho destino porque era el que se encontraba más lejos de su isla, y por la corazonada que tenía. Estaba convencida de que ahí iba a estar la hija que Mercurymon no le había mandado buscar. Al dirigente de la revolución le molestaría enormemente que empezase a buscar a alguien que ni le iba ni le venía, pero Venusmon tenía sus razones. Una de ellas, era el sumo placer que la daba imaginarse a Mercurymon encolerizado. Podía oir su aspera voz gritando: “¿Cómo? ¿No has hecho lo que te he pedido?” Además, el segundo destino la atraía bastante menos.

Se dispuso a recoger todo lo que necesitaría para la expedición, además del mapa. Lo había dejado todo preparado la noche anterior, guardándolo en el interior de su concha, quien, junto con su paloma, eran sus compañeros fieles de viaje.

Una vez hubo cogido su concha, y la paloma se hubo posado en su hombro, puso rumbo hacia las islas. La travesía duró unas horas. El Continente pillaba bastante lejos, y la diosa no quiso ir deprisa. No la convenía cansarse a destiempo.

Proxy Islands era un archipiélago compuesto por cinco pequeñas islitas, y las turquesas aguas cristalinas que la rodeaban. En ellas, había numerosas calas, pequeñas playas rocosas con acantilados, así como arrecifes de coral. También había alguna pequeña zona de foresta, pero eran mínimas y de mera importancia. Por su gran belleza y tranquilidad, era un frecuente destino turístico. Había dos grandes hoteles de lujo. Uno, terrestre, junto a la cala este de la isla mas grande. El otro, un hotel bajo el mar, situado casi en el centro trozo de mar que separaba las cinco islas.

Sin embargo, a Venusmon no le interesaban las zonas turísticas. Seguramente, quien buscaba estaría oculta en una de las zonas inhospitas de la isla. Una en la que apenas hubiera habitantes. Y en aquellas islas apenas había digimon, y, la mayoria de ellos, se dedicaban al turismo.

Por la naturaleza de a quien buscaba, dudaba que su escondrijo se encontrar dentro aquellos bosquejos, aunque no podía descartarlo tan fácilmente. La experiencia la decía que, a veces, lo que buscas se puede encontrar en un lugar inesperado. Así que se dispuso a ir allí en primer lugar.

Los bosquejos de las cuatro islas pequeñas eran insignifcantes y Venusmon tardó poco en registrarlos, ayudada por su paloma blanca. Para la diosa, ni siquiera merecián ser considerados bosques, apenas había una docena de árboles y unos cuantos arbustos. Ello la desanimó, y, por un momento, pensó en no revisar el último bosque. Mas, por si acaso, lo hizo.

Entro por la parte sur de la isla. No quería pasar por delante del hotel. La reconocerían, y, aunque Venusmon era una de las pocas olímpicas que seguía haciendo frecuentas apariciones en publico, en medio de una misión, no la convenía llamar la atención.

El último bosque, situado en una zona elevada del terreno, estaba compuesto por un mayor número de árboles y era bastante frondoso, mas la luz del sol penetraba sin problemas entre las hojas, verde esmeralda, que daban forma a la foresta.

Acarició el plumaje, suave y bien cuidado, de su paloma, indicándola que buscara cualquier elemento sospechoso. Alzó el vuelo, y mientras, la diosa comenzó a caminar, a paso lento pero seguro, fijando cualquier detalle que a la paloma pudiera pasarse por alto.

No obstante, al cabo de unos minutos, la paloma regresó a dónde se encontraba Venusmon con un vuelo acelerado. Había encontrado algo inusual. Venusmon, emocionada, la siguió, avanzando deprisa pero sin dejar de fijarse en el entorno.

Cuando hubo llegado a la zona deseada, la paloma se detuvo, y Venusmon frenó elegantemente. La paloma se posó de nuevo sobre su hombro. La olímpica miró alternativamente a un lado y al otro, tratando de localizar lo que había captado la atención de su compañera.

Tardó un rato en percatarse de los brillos que las telarañas enredadas de manera discontinua por los árboles, emitían al entrar en contacto con la luz del sol.

Las miró con detenimiento analizándolas. Pese a que no tenían ninguna forma, y no estaban continuadas, estaban situadas en puntos estratégicos por todos los árboles de aquella zona, para tener el control perfecto de la misma. Venusmon estaba convencida de que aquella estructura no era natural, sino que algún digimon la había creado adrede. Ningún digimon que habitase por la zona era un insecto. Nadie habitaba los bosques. A menos, reguarlmente. Lo que no entendía es por qué nadie se había percatado de ellos antes. Tenía entendido que en algunos bosquejos se realizaban actividades organizadas por los hoteles...

Se quedó un rato contemplando los detellos que provenían de la telaraña, hasta que, llegó a la conclusión de que no guarban ninguna relación con la misión que la había traido hasta allí. Así que prosiguió con su camino, hasta que terminó de explorar el bosque, sin percartarse de los pequeños Kodokugumon que no la quitaban ojo desde su escondrijo. No se esperaban ver a nadie por allí, y menos a una olímpica. Debían informar sobre ello inmediatamente.

Tras el fracaso de Venusmon por los bosques, algo que se temía, decidió explorar la zona acuática. Dejó a su paloma merodeando por la zona, y se sumergió hasta que tocó el fondo marino. El océano era poco profundo y sus aguas cristalinas la permitían contemplar perfectamente lo que la rodeaba, pero también la hacía a ella más visible, y, por tanto, más vulnerable.

Decidió no acercarse a la zona del hotel subacuático, de nuevo, por motivos obvios. Nadie sería tan tonto de esconder a alguien en los alrededores del hotel. Porque, según le había comentado Seraphimon, estaban sumidas en un profundo sueño, y no sabían si quiere que estaban cautivas.

Atravesó el arrecife de coral, no sin antes pararse a contemplar su hermosura. A Ancientmermaimon le hubiera encantado ver aquello. La había oído comentar algo de que tenía ganas de visitar el archipiélago en la que ahora mismo se encontraba. Sonrió para sus adentros al recordar a su amiga. Era una de los pocos seres cercanos a los olímpicos en los que podía confiar. Lo cierto es que se había ganado la confianza de Venusmon, y Venusmon la suya.

Desde su posición podía observar el hotel submarino. Era una construcción no muy grande, de dos plantas cuyas paredes de piedra gris estaban cubiertas en la parte inferior por algas. No parecía muy lujoso, pero tenía cierto encanto rústico. Venusmon prefería el otro hotel, sin duda.

Terminó rapidamente la revisión del fondo marino. Allí no había ningún lugar para esconderse. De eso estaba totalmente convencida. Pero se la empezaban a agotar las ideas, y aún no había encontrado a quien buscaba. Decidió volver a la isla principal, desde la cual tendría una visión periférica del lugar.

Se situó en un acantilado, el cual daba a una de las calas de la isla por un lado, y al bosque por el otro. Se puso la mano en la cabeza, y se retiró las primeras gotas de sudor que invadían su perfecto rostro. Hacía calor. No como el calor de la forja de Vulcanusmon, que te sofocaba al instante, sino un calor persistente, que te desgastaba poco a poco sin que te dieras cuenta.

Oteó el horizonte. Sus primeras suposiciones no habían sido muy acertadas. Y lo cierto era que no había muchos más sitios en los que buscar. Que ella supiera, solo la quedaba registrar los hoteles, mas, de nuevo, la idea de que se encontrara allí la parecía improbable. ¿Estaría escondida en algún lugar secreto? ¿O acaso Seraphimon la había mentido? No, eso era imposible. Seraphimon ahora la temía, y no iba a arriesgarse a fallarla, conociendo las consecuencias...

Su paloma comenzó a revolotear alrededor suyo. No estaba nerviosa. Venusmon la contempló. El suave aleteo alternativo de sus alas indicaba que estaba algo aburrida.


-“Bueno, habrá que pasar al plan b...”- pensó ella, desilusionada. Sacó su concha y esta aumentó de tamaño. Se abrió, y Venusmon metió el brazo en ella, hasta que cogió la cuerda que había depositado en ella. Ató un extremo al árbol qe se encontraba más cerca del acantilado, y con el resto se envolvío la cintura. Hizo un buen nudo, y comenzó a descender por las paredes rocosas que constituían la isla. Su paloma descendía con ella, de nuevo, contemplando todo aquello en busca de algo sospechoso.

Sin embargo, fue Venusmon la primera que se percató de la extraña grieta en forma triangular en medio de la nada. Las rocas del acantilado estaban desgastadas por la marea, y había otras grietas, pero esta estaba perfectamente elaborada y pulida. Era algo artificial, y eso lo sabía con certeza.

Introdujo su mano y presionó la roca con todas sus fuerzas. Entonces el mecanismo se activó y la ranura comenzó a expandirse, hasta dar lugar a una pequeña puerta.

Venusmon se balanceó por el aire hasta ue su tacón golpeó la puerta de piedra. Repitió el proceso hasta que, al cabo de unas veinte patadas voladoras, la puerta comenzó a abrirse.


-“Conque aquí todo se abre por presión... Interesante”.-pensó la diosa. Quizá el escondrijo de la segunda hija funcionara de la misma forma. Era un dato a tener en cuenta.

Con un leve toquecito más, la puerta se abrió de par en par, y Venusmon y su paloma pudieron pasar a la siguiente estancia: un paisillo largo y estrecho de piedra; una caverna. Había poca luz, y la poca que había estaba proporcionada por las antorchas que colgaban del techo. Como es que estaban encendidas despues de tanto tiempo, era un misterio. Se lo preguntaría a Minervamon. Seguro que ella lo sabia.

Lo recorríeron lo más rapidamente posible. El sonido de los pasos de Venusmon inundó la estancia, rompiendo el silencio sepulcral que había reinado durante años. Parecía que sólo había otra sala a parte de esa, que se comunicaba al pasillo por un vano vacío: un arco de medio punto con dovelas de color azul y verde. Tenía que ser esa el lugar donde se encontraba presa. No había duda alguna.

Expectante, y con algo de temor por posibles trampas, avanzó hasta colarse en la sala, considerablemente pequeña. Se esperaba algo más grandioso, dado que albergaba a una de las hijas de Ceresmon. Sin embargo, si la función era que permaneciera oculta y pasara desapercibida, no era lógico que se detenieran a construirla nada. A pesar de merecerselo. Para Venusmon, aquella sala en la que, colgada como si fuera un murciélago, se encontraba quien había estado buscando, le parecía una desfachatez. Todo debería tener su lado de gracia, su faceta hermosa. Y aquello, lo más hermoso que tenía era el arco por el que se entraba a la sala.

Preocupada aún por posibles tretas, sacó su concha de nuevo, extrayendo de ella un saquito de pequeñas perlas. Las arrojó sin ningún cuidado por el suelo, y se puso a cubierto. No obstante, no pasó nada.

Algo más confiada, avanzó hasta el centro de la sala, de dónde se encontraba colgada la presa. Lo primero que hizo Venusmon due examinarla el rostro, el cual había permanecido imperturbable con el paso de los años. Efectivamente, era la que ella pretendía, y no la que Mercurymon buscaba.

Su paloma examinó el nudo que hacía que permaneciera atada. Picoteó de acá para allá, deshaciendolo poco a poco en lo que Venusmon agarraba la cuerda para bajarla suavemente.

Una vez ésta tocó tierra firme, Venusmon se dispuso a despertarla. Sabía, por cosas del pasado, que aquel tipo de somnífero que la habían proporcionado duraba hasta que se suministraba el antídoto. Había estado el día anterior de gestiones para conseguirlo, pero, al final, tirando de su lista de contactos, lo logró. Podría haberselo pedido directamente a Seraphimon, pero dudaba que lo tuviera. Ni si quisera creía que fuese capaz de conseguirlo. Además, así, si Mercurymon intentaba rescatar a otros olímpicos por su cuenta, no podría despertarlos sin su ayuda. Era así de simple.

La abrió la boca y vertió el líquido del frasquito en ella, el cual comenzó a deslizarse lentamente por su garganta. La olímpica esperó a que la hija de su compañera abandonase el letargo en el que se encontraba. Apenas tuvo que esperar unos minutos. Comenzó a desperezar sus alas azul claro, emitiendo una melodía angelical. Estiró su cola, se puso sobre sus dos patas, y alzó el vuelo, sin percatarse de lo que pasaba. Cuando hubo abierto los ojos, miró fijamente a Venusmon, sin decir nada.


-Buenos días Sirenmon.- saludó ella cordialmente. Apenas se conocían. Sirenmon no respondió.- Llevas mucho tiempo dormida, y, supongo que no te acordarás de lo que ha pasado.- la aludida negó con la cabeza, aún más confusa.- Los olímpicos dejamos de estar en el gobierno, y algunos desaparecieron. Entre ellos tu madre. A ti también te capturaron.- Sirenmon asintió.-Sin embargo, tu madre ha regresado. Y yo he sido quien te ha rescatado.-

La sirena contemplaba desde su posición a la diosa, quien parecía tener buenas intenciones. No era amiga de su madre, pero era de la familia. No reconocía aquella cueva en la que se encontraba, y tampoco parecía que Venusmon la estuviera mintiendo.

-Supongo que querrás reunirte con ella, pero antes deberás venirte conmigo. Tenemos asuntos de los que hablar, y soy la más indicada para ponerte al día de una forma imparcial.-

-¿Me llevarás a tu lago, Venusmon?-
preguntó la joven. Era la pequeña de las hijas de Ceresmon.

-Hace mucho que mi lago ya no es mío.- dijo, con un deje de tristeza.

-¿Luego a dónde me quieres llevar?-

-Al que ahora es mi hogar, mi pequeña isla.-

-Entonces... ¿nada es como antes?-

-No, pero yo me encargaré de que pronto vuelva a serlo.-


Y hasta aquí el capítulo 25.
 
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asta que terminó
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Paso a comentar...

Al final va a resultar que Venusmon es la más importante de los olímpicos. Nadie la chantajea, está a sus anchas. Quizás no sea la más fuerte pero tiene todo muy bien manejado. Lo cierto es que eché de menos un poco de acción, como que encontrar a la hija de Ceresmon fue fácil. Supongo que no querrás poner a pelear a Venusmon ya que no es la adecuada para ello.

De todas formas, la hija de Ceresmon no debería confiar en nadie. Tarde o temprano se dará cuenta de ese detalle.

 
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Paso a comentar...

Al final va a resultar que Venusmon es la más importante de los olímpicos. Nadie la chantajea, está a sus anchas. Quizás no sea la más fuerte pero tiene todo muy bien manejado. Lo cierto es que eché de menos un poco de acción, como que encontrar a la hija de Ceresmon fue fácil. Supongo que no querrás poner a pelear a Venusmon ya que no es la adecuada para ello.

De todas formas, la hija de Ceresmon no debería confiar en nadie. Tarde o temprano se dará cuenta de ese detalle.
Dioooooos falta garrafal ¿dónde esta que lo corrijo ahora mismo?

Lo de poner a Venusmon a pelear va a ser un espectaculo, ya lo veras, puesto que sucedera dentro de poco. Pero teniendo en cuenta que era la hija mejor y menos importante, pues, tampoco iba a extenderme mucho.

Pense que me ibas a decir que te esperabas a otro digimom como hija... O que ibas a decir algo de laa arañitas
 

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Se quedó un rato contemplando los detellos que provenían de la telaraña, hasta que, llegó a la conclusión de que no guarban ninguna relación con la misión que la había traido hasta allí. Así que prosiguió con su camino, asta que terminó de explorar el bosque, sin percartarse de los pequeños Kodokugumon que no la quitaban ojo desde su escondrijo. No se esperaban ver a nadie por allí, y menos a una olímpica. Debían informar sobre ello inmediatamente.
Aquí está.

Bueno, lo que comento es lo que me llama la atención xD Y me pareció muy adecuada esa digimon como hija de Ceresmon, si hubiera sido al contrario, estaría criticando.
 
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Venusmon, versión Lara Croft.

Creo que si Venusmon puede ir tan a sus anchas es porque nadie la considera una amenaza, y por lo tanto no piensan en ella como un objetivo prioritario. Aunque parece que en esta aventura la han descubierto, y quizás tenga consecuencias negativas.

Dioooooos falta garrafal ¿dónde esta que lo corrijo ahora mismo?
Parece que a veces vas bastante rápido a la hora de escribir y no te das cuenta de lo que escribes. Quizás alguna revisión más antes de publicarlo acabe con esos problemas.
 
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Bueno mis queridos lectores A Acero_la12 ; Soncarmela Soncarmela y C CrazyAristocracy por fin nuevo capítulo.


Capítulo 26: Charla entre hermanos

Aprovechando la marcha de Minervamon, Marsmon y Mercurymon, Apollomon había tomado una decisión irrebocable. Aquellos días había estado reflexionando sobre demasiadas cosas: la teoría del topo Minervamon había propuesto ante el refuerzo de la seguridad del castillo, la llegada repentina de Ceresmon y demás cosas que le alteraban. Finalmente, había llegado a la conclusión de que necesitaba hablarle de sus inquietudes a su hermana. Ella siempre había tenido un punto de vista distinto al suyo, muchas veces más claro aún. Además, y pese a que no tuviesen la relación perfecta, era en quien más confiaba.

Había reflexionado sobe el modo de acometer la reunión. No podía llamar a Dianamon allí: jamás aceptaba venir a Bright Zone. La traía malos recuerdos. No podía tampoco solicitar la reunión en una zona neutra, pues se enteraría Mercurymon de una forma u otra. Debido a todo esto, le tocaría ir a él a la residencia de su hermana.

Otro tema del que no debía olvidarse era la presencia de Ophanimon. Podría dejarla sola en Bright Zone, pero después de la angustia por la que el olímpico tuvo que pasar cuando casi les descubrían, pensó que lo más indicado sería llevarsela con él. Quizás así se ganaría la simpatía de Ophanimon, y viera su cautiverio de otra forma.

Cuando, una hubo estado completamente seguro, comunicó la noticia a Ophanimon, ésta fue incapaz de disimular su sorpresa.Aunque Apollomon no la había desvelado los motivos que le impulsaban a realizar la travesía, no la parecía extraño que quisiera ver a su hermana. Otra cosa era traerla a ella. Podría haberla dejado perfectamente allí. Ello la impulsaba a creer que quizás Dianamon quisiera verla a ella.

-No le comentes nada del trato que Venusmon, tú y yo hemos hecho.- le repetía constantemente Apollomon.- ¿Me has entendido?-

Ella siempre asentía, insistiendo que no tenía por qué preocuparse. En el tiempo que llevaba residiendo con Apollomon, había llegado a la conclusión de que el olímpico, a parte de ser algo idealista, se dejaba dominar por las mujeres, pese al tener él el verdadero control. Venusmon lo manejaba como una marioneta. Por Dianamon sentía una gran admiración, pese a los choques fraternales que tenían. Y a ella, pese a ser su prisionera, siempre la consultaba y la agasajaba en cuanto podía. La causaba cierta curiosidad ver como se relacionaba con su hermana en vivo y en directo. Había oído por boca de Cherubimon alguna cosa, y quería saber que estaba en lo cierto.

Una vez el olímpico hubo preparado todo lo necesario para el viaje, abandonaron Bright Zone por un extraño túnel subterráneo. Recorrieron el angosto pasillo toscamente excavado hasta llegar a una gran sala, sellada por una puerta metálica.

-Date la vuelta.- exigió Apollomon. Su tono esta vez era mucho más autoritario. Fue entonces cuando supo que debía obedecer.

El olímpico tecleó el código en el panel de la puerta y esta se abrió instantáneamente, produciendo un tick metálico.

-Ya puedes volverte.- la indicó Apollomon. – Adelante.-

Ophanimon contempló asombrada la sala que se encontraba al otro lado de la puerta. Era más grande, tanto en ancho como en alto, que el castillo de Apollomon. En el centro, un gran cohete color llama se alzaba imponente.

-Antes de que preguntes nada, deja que me explique.- dijo el olímpico antes de que Ophanimon pudiera decir nada.- Éste es el sistema de evacuación de Bright Zone. Teniendo en cuenta que era el encargado de la prisión, era posible alguna fuga, motín o cualquier cosa que pusiese en peligro mi seguridad y la de mis siervos. La puerta está hecha de Chrome Digizoid, así que sin el código no se puede pasar. Éste es el modo de huída más perfecto. Afortunadamente, no he tenido que usarlo nunca con esos usos.-

-Lo utilizas para ver a tu hermana.-
dedujo Ophanimon.

-Su función ha quedado reducida a eso, gracias a Yggrasil.-

Apollomon hizo un par de ajustes en las máquinas que había en la sala, poniendo el cohete a punto. La puerta del mismo se abrió, y el olímpico indicó a Ophanimon que subiera. Ésta obedeció, tomando asiento en uno de los numerosos asientos de los que disponía. El interior del mismo era muy amplio, y parecía adecuado al plan de evacuación.

Apollomon, una vez hubo terminado, entró en el cohete, cerrando la puerta. Se dirigió hacia el panel de control del mismo e introdujo las coordenadas de su destino.

-El piloto automático hará el resto.- anunció Apollomon mientras tomaba asiento frente a Ophanimon.-

-El despegue tendrá lugar en cinco minutos.- anunció una chirriante voz pregrabada.

Los motores comenzaron a calentarse, y el rumor que los mismos provocaban interrumpió el silencio que se había formado. Ophanimon deslizó sus manos por el asiento y lo apretó, nerviosa. Prefería medios de transporte más tradicionales. Sabía que no la iba a pasar nada malo, pero no podía evitar tener esa desagradable sensación en el estómago que surgía siempre que probaba algo nuevo.

El despegue fue rápido y el mal trago acabó pronto, una vez el vuelo se estabilizó, todos sus temores desaparecieron.

-¿Cuánto tardaremos en llegar?- preguntó Ophanimon, impaciente.

-El navegador ha calculado que sobre media hora. Lo cierto es que el motor que ideó Vulcanusmon es asombroso.-

-¿Lo hizo él?-

-En efecto. Prefiere los trabajos más artesanales, pero la tecnología también es lo suyo. Aunque para este proyecto necesitó también de los conocimientos de Minervamon, si no recuerdo mal.-

-Minervamon sabe de todo ¿no?-

-Sabe un bastante de muchos temas, sí. Es su misión, al fin y al cabo.-


-¿Misión?- preguntó ella, entendiendo como una obligación el término empleado.

-Te recuerdo que no hace mucho era la consejera y estratega de él.-

-No me acordaba.-
se disculpó el ángel.- Entonces, ella era la guardiana del conocimiento, como ahora Cherubimon ¿no?-

-No conozco muy a fondo los cometidos de Cherubimon, pero si tú lo mencionas, supongo que sí.-

-¿Entonces ella guardaba antes el oráculo?-


Apollomon rió campechanamente.

-El Oráculo era mi ocupación.- negó el olímpico. –Ahora empleáis otro nombre para designarlo, ¿no?-

-Vosotros empleabais aquel término por una de sus funciones. Nosotros le cambiamos para designar la que Cherubimon más emplea: Túnel de la Historia.-


-Antes de nosotros apenas había historia. Los datos que se iban recopilando, pese a interesantes, no tenían mucha importancia en la mayoría de los casos. Nosotros construíamos la historia a cada paso que dábamos.-

-A Cherubimon esta función le sirve de mucho, según dice.-

-¿No le plantea preguntas?-


-Jamás.- negó ella, rotundamente.- Conocer el futuro es peligroso.-

-No dice respuestas exactas. Sólo acertijos orientativos. Casi nadie es capaz de interpretarlos correctamente.-

-¿Tú sabeshacerlo, acaso?-

-Debería. En la mayoría de los casos, no me supone mucho problema. Me he habituado ya a ese lenguaje prosaico y a la divagación que le caracteriza.-


Aquella respuesta les sumió a ambos en una profunda reflexión. ¿Para que habrían utilizado los olímpicos el poder del oráculo? Se preguntaba Ophanimon. Por su parte, Apollomon pensaba acerca de la moral de Cherubimon. Según tenía entendido, era un ser compasivo y ciertamente inocuo una vez volvió a ser quien era. No obstante, había una posibilidad bastante alta de que lo hubiera usado cuando estuvo fuera de sí...

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando comenzó el aterrizaje. El ruido del motor resonó momentáneamente hasta que tomaron tierra. Fue entonces cuando Apollomon hizo una señal a su acompañante para que se quitara el cinto de seguridad y demás artilugios para su protección durante el viaje.

Las compuertas se abrieron y Apollomon salió, seguro, poniendo pie en el campo de cultivo sobre el que habían aterrizado. Las Lunamon y Lekismon que allí se encontraban trabajando observaron como el olímpico ofrecía su mano para ayudar a bajar a Ophanimon, sorprendidas. Las visitas de Apollomon a su hermana eran raras, aunque no infrecuentes. Pero la presencia de uno de los tres Grandes Ángeles era un acontecimiento sumamente extravagante y que rompía completamente con lo establecido. Sólo una vez había estado Cherubimon en la luna, y no había vuelto a pisarla desde la destitución de los olímpicos.

-¿Necesita que le acompañemos al castillo señor Apollomon?- se atrevió una de las Lekismon a preguntar.

-Agradezco su ofrecimiento, mas no es necesario. Me acuerdo del camino hasta la morada de mi hermana.-

Las trabajadores observaron cómo ambos abandonaba la escena, perdiéndose en el horizonte de camino hacia el castillo. Ellas debían continuar su trabajo. Ya se enterarían más adelante del motivo de la visita de Apollomon.

[…]

-¿Qué vamos a hacer mañana?- preguntó Queenchessmon, interesada.

Durante la ausencia de su maestra se había leído el libro recomendado y una Crescemon la había hecho un pequeño examen sobre el mismo, del cual desconocía la nota. Entre medias, había estado entrenando en el gimnasio y había tomado una larga ducha. La ausencia de Dianamon se la había hecho eterna, pero no había sido infructífera.

-Tenía pensamientos de hacerte un examen para comprobar como manejas tu maza. Y luego enseñarte unas técnicas de combate cuerpo a cuerpo en caso de que quedes desarmada.-

-Me parece una idea estupenda. ¿Y después?-

-Supongo que una vez domines eso, pasaremos al arte del rastreo y del arco.-


-Probé el arco una vez, pero no salió bien.- comentó la princesa al recordar el pequeño incidente en el que hirió por error a uno de sus Pawnchessmon.- No te esperes mucho.-

-Eso es porque no has tenido aún una maestra tan buena. Te aseguro que todas las cazadoras saben usar el arco perfectamente.-
Dianamon soltó una campechana carcajada que se contagió a Queenchessmon rápidamente.

Entonces llamaron a la puerta.

-Adelante.- indicó la olímpica.

Una Crescemon hizo acto de presencia. Su semblante era serio, más que de costumbre. Ambas supieron que no traía buenas noticias.

-He de informarla de que Apollomon ha venido a visitarla.-

-Condúcele a la sala de conferencias y dile que espere un momento.-
la interrumpió Dianamon, extrañada. ¿Qué querría su hermano?

-Viene acompañado.- prosiguió la cazadora.- De Ophanimon.-

-¡Qué!-
exclamó Queenchessmon, petrificada. No comprendía que pintaba ella allí. ¡En la luna! Si a ella ya la había costado esfuerzo y dinero encontrar a alguien que la llevara,en un viaje largo y arduo... ¿Cómo había llegado ella hasta allí, tan rápido y con tan pocos días de diferencia? ¿La estaría siguiendo?

-Llévales allí a ambos. Yo iré en un momento.-

-Entendido. Eso haré.-
obedeció la cazadora, marchándose a cumplir su cometido.

-No lo entiendo...- murmuró Queenchessmon. –Esto no formaba parte del trato...-

-Sé que no es agradable en tu caso saber de la presencia de Ophanimon, pero no hace falta que os encontreis. No tiene por qué saber que estás aquí.-

-¿Es que acaso no lo sabe ya? ¿Por qué ha venido aquí sino?-


-En realidad no es por eso, aunque es una historia demasiado larga como para contártela ahora. Me están esperando. Sólo te diré que ha venido aquí porque no la queda más remedio. Tiene que acompañar a Apollomon.-

Queenchessmon se pensó entonces que sólo lo decía para calmarla. No encontraba ninguna conexión aparente entre Ophanimon y el olímpico. Según tenía entendido, los olímpicos en general no soportaban a los Tres Ángeles.

-En fin, ya tendré tiempo luego de explicártelo con más detalle. Me reclaman y he de marchar ahora.- se disculpó Dianamon mientras abandonaba la sala.

Queenchessmon cogió lo primero que encontró y lo arrojó contra la puerta. Afortunadamente resultó ser un insignificante cojín. Lo recogió para arrojarlo bruscamente hasta donde originalmente se encontraba y regresó a su habitación, enfadada. No saldría de allí hasta que Ophanimon abandonara la Luna Azul en la que ambas se encontraban.

[…]

La sala a la que Crescemon les había llevado no era desconocida para Apollomon. En las ocasiones en las que los olímpicos se habían reunido en la morada de Dianamon, había sido allí. Era una estancia de planta ovalada, amplia y que daba a un gran ventanal por el que entraba la luz. En las paredes rocosas, además, se encontraban dispuestos pequeños farolillos que podían ser encendidos en caso de necesitar más luz. El centro de la habitación estaba coronado por un pilar de piedra que se extendía a lo ancho, actuando a modo de mesa. Alrededor suyo, catorce tabuteretes estaban dispuestos de manera más o menos regular. Dianamon había insistido en tener más de doce, no fuera que a alguna reunión de los olímpicos asistiera algún invitado extra. Hasta entonces no habían sido usados, o por lo menos Apollomon no tenía constancia de ello.

Ophanimon se encontraba mirando hacia fuera, distraída, cuando Dianamon entró. Los ventanales daban a un patio interior. En él, el agua brotaba por una fuente de metal a través de las bocas de dos Rabbitmon.

-Es obra de Vulcanusmon.- comentó Dianamon. Ophanimon, al percatarse de su presencia, se giró.- Me la regaló tras hacerle un pequeño favor.- tornó la olímpica hacia su hermano.- Debe de ser algo muy importante para que corras el riesgo de traerla aquí. ¿Vamos a hablar a solas, o por el contrario, todo lo que quieras decirme puede ella escucharlo?-

-Quizás no debería estar presente.-
reflexionó Apollomon. –Aunque como comprenderás, no podía dejarla sola.-

-¿No podías dejarla sola en Hell’s Field?- preguntó Dianamon, extrañada.

-Paso mucho tiempo con ella ahí abajo. Me daba pena dejarla sola.- arregló el olímpico su metedura de pata.

-No te diré como hacer tu trabajo, aunque la responsabilidad será tuya en caso de que algo salga mal.- Dianamon salió momentáneamente de la habitación y llamó a sus Crescemon.-Conducid por favor a la señorita Ophanimon al patio.- las indicó. Las Crescemon se acercaron al ángel, quien les siguió sin rechistar. Sabía que no podía hacer nada en la posición en la que se encontraba.

Una vez Ophanimon se hubo marchado, Dianamon se sentó junto a su hermano, mirándolo fijamente de frente. Éste estaba ausente, ido, desde la marcha de Ophanimon.

-Puedes comprobar que no se escape desde el ventanal, hermano.- dijo ella, en un tono suave y tranqulizador.- Aunque no creo que lo haga: tiene aún demasiado miedo.-

-¿Lo notas?-

-Yo en su caso, si tuviera poder, lo haría notar de alguna forma. Ella no ha opuesto ni la más mínima resistencia. Aunque bueno, el que mejor la conoces debes de ser tú.-

-Supongo que sí.-
se limitó a responder el digimon ígneo.

Dianamon se cruzó de piernas, nerviosa. Aún no había superado la tensión sufrida por su reunión con Ceresmon y aquel encuentro sorpresa con Apollomon no hacía más que aumentarla. Trataba de aparentar seguridad de manera natural, sin dejar que su hermano vislumbrara el torbellino de emociones que ella sentía en aquel momento.

-Volviendo a lo que nos compete... Supongo que habrás usado tu cohete para venir hasta aquí...- Apollomon asintió.-Así que ahora dime... ¿qué te trae hasta aquí?-

-Tengo mis dudas... sobre muchas cosas... Sobre demasiadas...-
comenzó a decir Apollomon, entrecortado. Lanzó una mirada al ventanal y pudo contemplar como Ophanimon se encontraba sentada en uno de los bancos del patio, mirando fijamente a la fuente.

-¿Dudas de qué?-

-De todo.-

-¿No confías en Mercurymon? ¿Crees que lo que estamos haciendo esta mal?-

-Creo que estamos haciendo lo correcto, peo quizás no del modo idóneo.-
hizo una breve pausa.- Además, he encontrado ciertas incongruencias.-

-No entiendo a qué te refieres.-

-Me explicaré. Quizá este siendo paranoico, pero me parece que alguno de nosotros nos está traicionando.-


Dianamon tragó saliva.

-El día del rapto de Ophanimon, la seguridad del castillo había sido reforzada. Para Minervamon, ello quiere decir que lo más probable es que hubiera un topo.-

-Quizás sí que estés siendo un poco paranoico.- dijo ella, más confiada, sabiendo que su hermano no sospechaba de ella.- Para mí lo más probable es que Mercurymon se equivocase. No sería la primera vez que sucede algo así.-

-También me parece sospechosa la repentina aparición de Ceresmon. ¿La habrán soltado para que nos espíe? ¿La habrán vuelto contra nosotros?-


-Ceresmon tiene unos impulsos demasiado revolucionarios como para haberse cambiado de bando.- negó Dianamon.- Aunque he de admitir que su encuentro fue una sorpresa. La actuación estelar de Neptunemon al recuperarla es digna de elogio. Pero los motivos que le llevaron a ello siguen siendo un misterio.-

-El regreso de Ceresmon le va a traer más problemas que alegrías a Neptunemon. ¿Cómo crees que reaccionará Ceresmon cuando se entere del matrimonio de su antiguo amante?-


-Te aseguro que su reacción será peor que la que tendría Vulcanusmon en caso de enterarse de tus escarceos amorosos con Venusmon.-

-Eso es otra historia.-

-Otra historia más que no apruebo. Yo aconsejé a él que casara a Venusmon con Vulcanusmon para que su esposa estuviera tranquila, y no histérica como de costumbre. Jamás pensé que mi pequeño consejo pudiera desembocar en tales tropelías...-

-Tú no ves las cosas de manera objetiva. No entiendes, sigues siendo doncella.-

-Y por siempre lo seré.-
sentenció ella.- No me hace falta nadie para sentirme bien. No necesito esa clase de relaciones de dependencia.-

-Quizás no ha sido tan buena idea venir aquí.- se levantó e hizo ademán de marcharse.-

-Sólo no lo ha sido por poner en peligro tu cometido como carcelero. Por lo demás, creo que has hecho bien en confiarme las cosas.-
Apollomon volvió a sentarse, lanzando otra mirada al ventanal.-

-Te da pena, ¿no?-

-Bastante. No creo que ella tenga la culpa. Ni siquiera estaba entre los grandes círculos de los ángeles hasta hace poco. Cherubimon y Seraphimon ya lo estaban.-


-Por eso no quise empezar esto desde un principio. No es bueno remover viejas heridas. Aunque quizá sea hora de cerrarlas.-

-¿Cómo?-

-Tú deberías saberlo. Eres el dios de la adivinación.-

-Desde que perdí el contacto con el oráculo no uso esa clase de poderes.-

-Lo decía en sentido metafórico. Ni hace falta que los uses. El futuro es demasiado peligroso e incontrolable.-

-El futuro que nos espera con esto será o glorioso o trágico. Y no me hace falta utilizar mis poderes para saberlo.-

-Esta claro que esta vez no va a haber medias tintas como la vez anterior.-

-Esta vez tu amistad con Cherubimon no servirá de nada.-
entonces, se sumió en la más profunda de las reflexiones.-Llama a Ophanimon.- ordenó Apollomon, levantándose.- No tenemos nada más de que hablar.

Dianamon se asomó al ventanal e hizo una seña a las Crescemon, indicando que subieran a Ophanimon. Una vez estuvieron todos reunidos, Apollomon dio media vuelta y se marchó junto con Ophanimon sin mirar. Había concluído lo siguiente: su hermana era la traidora.
 

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CHAN CHAN CHAAAN *Música chunga de telenovela*

La cosa se pone tensa.
 
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Un capítulo muy interesante. Sigo diciendo que Dianamon me encanta, y no la veo como una traidora, más bien como alguien que, como el conejo rosa, no quiere tener peleas peligrosas. Aun así, estoy muy intrigada en saber cómo actuará ahora Apollomon al haber descubierto la verdad sobre su hermana. Son familia, pero parece tener más relación con el equipo en sí que con ella. ¿Hará algo para llevarla a otro sitio o la encerrarán para que no cuente más de lo necesario?

Esperaré el próximo capítulo. La charla ha sido estupenda.
 
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Digital Hazard
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Después de esa gran intriga y tensión generada entre Apollomon y Dianamon, cambio radical. Por fin el nuevo capítulo. Me ha costado bastante que las musas acudieran a mí y me ha sorprendido lo cómodo que me he encontrado con Marsmon en la última parte. Hay pequeños detalles para lectores atentos.

Cito a mis lectores: Soncarmela Soncarmela C CrazyAristocracy NoKyubimon A Acero_12

Capítulo 27: Encuentros con viejos amigos

Mercurymon y Marsmon habían cargado con Minervamon hasta el ascensor y, tras activarlo, habían ascendido hasta la planta superior por la que habían entrado.

Las heridas de Minervamon y sus quemaduras era bastante graves. El riesgo de desangramiento también era alto, y, sí seguía así, no tardaría en empezar a perder digicódigo y desparecer. Ante aquella situación, Mercurymon había ordenado a su compañero que dejará a Minervamon en el suelo y que los dejara solos.

Marsmon entonces comprendió lo que iba a acontecer. No era la primera vez que Mercurymon empleaba sus poderes para curar a alguno de los olímpicos. El chamán prestaba aquella clase de servicios en casos de extrema urgencia, y siempre en privado. Por algún extraño motivo, Mercurymon se negaba a que el resto contemplara el proceso de curación. Los demás habían asumido que les iba a ser imposible descubrir los entresijos que envolvían a aquel misterio.

Una vez Marsmon hubo abandonado el templo dispuesto a montar guardia por si Gulfmon volvía a hacer acto de presencia, Mercurymon comenzó el ritual. Cogió su colgante y miró a su espejo, admirando su reflejo. Entonces y con un delicado movimiento, enroscó el colgante al cuello de Minervamon. Al entrar en contacto con ella, el espejo emitió un fulgor. Ante aquella señal, Mercurymon se arrodillo junto a ella y colocó las palmas de sus manos juntas, en pose ceremonial. Los espíritus se materializaron entonces. Los recién llegados se movían ritmicamente siguiendo las indicaciones que Mercurymon les daba entre murmuros. Sus manos se movían al compas de sus palabras, examinando las heridas de Minervamon, las cuales iban desapareciendo paulatinamente. Aún le llevaría un rato terminar, pero la olímpica se salvaría.

[…]


Cuando Minervamon abrió los ojos de nuevo se encontró a Mercurymon retirando el colgante de su cuello. Mareada, cerró de nuevo los ojos hasta encontrarse preparada para abrirlos. Cuando sintió que Mercurymon se encontraba algo más alejado de ella, hizo ademán de levantarse, aún con los ojos cerrados. El olímpico ayudó a la herida a incorporarse. Había dejado de sangrar y las heridas se habían cerrado pero seguía encontrandose extenuada por el cansancio y su piel seguía magullada. Agradecida por la ayuda que recibía, entreabrió los ojos y caminó apoyada en Mercurymon, quien avanzaba a paso lento pero constante.

-Se ha marchado con el Código Corona.- anunció Marsmon cuando se reunió con el resto de integrantes de la expedición. Contempló a Minervamon, sorprendido por la eficacia del tratamiento de Mercurymon. –“Con el tiempo adecuado y actuando inmediatamente, el chamanismo funciona.”- pensó el dios de la guerra. No era la primera vez que fallaba y no le hubiera sorprendido haber perdido a Minervamon allí mismo.

-Nuestra prioridad ahora es llevar a Minervamon a un lugar seguro.- decretó el líder.- Ya me encargaré de dar una orden de búsqueda a mis mensajeros.-

-Como tus Sepikmon te informen tan bien como de la seguridad del castillo de Ophanimon...- le reprochó Marsmon.- Llevemos a Minervamon a mi morada. De los puntos que controlamos es el más cercano.-

La diosa asintió. Era consciente de todo lo que pasaba, y aunque su cabezonería la haría sugerir que la llevaran a su propia morada, prefería reservar sus energías en caminar que en entablar una discusión innecesaria.

-Iremos por el camino corto antes que por el discreto.- anunció Marsmon. Mercurymon aceptó la propuesta pesea que el tono autoritario del dios de la guerra hacía que se asemejara más a una orden. –Hemos tardado mucho en llegar aquí solo para pasar desapercibidos.-

Mercurymon se mordió una vez más la lengua. Si hubieran tomado la vía directa a la primera y los ángeles hubieran mandado vigilar los caminos, podrían haber sido descubiertos fácilmente. No obstante, en aquel momento no les quedaba más remedio. Que las heridas de Minervamon se hubieran curado no significaba que la olímpica ni el propio curandero estuvieran a salvo. La curación había consumido gran parte de las energías de Mercurymon y la diosa necesitaba además reposo tras el ritual curativo.

Avanzaron turnandose para cargar con Minervamon, quien, tras hacer un esfuerzo por caminar hasta el final de Prision Land, cayó sumida en un profundo sueño.

-¿Crees que nos será posible localizar a Gulfmon y recuperar el Código Corona? Me refiero, ¿crees que con tus mensajeros será suficiente?- preguntó Marsmon. Quería saber lo que pensaba su líder al respecto.


-No creo que sea suficiente.-
admitió Mercurymon.- Tu ya lo habrás pensado pero un preso que lleva tanto tiempo cautivo puede comportarse de diferentes formas.- comenzó a explicar el olímpico. –O bien busca la venganza inmediata y se deja ver, sembrando el caos. O bien se esconde y planea un gran golpe.- Marsmon asintió, comprendiendo a la conclusión a la que Mercurymon quería llegar.- ¿Tú crees que alguien que ha esperado tanto tiempo se dejará atrapar tan fácilmente?-

-Si tuviera mi carácter sí.- rió Marsmon. Se encontraba complacido porque su hermano y él pensaran igual. Mercurymon se limitó a asentir, sin cambiar su expresión facial. Seguía sin entender su retorcido humor.


-¿Te importaría que me desviara a mitad del camino?-
preguntó al fin Mercurymon. –Me he dado cuenta de que debería hacer una última gestión antes de regresar al Palacio de los Espejos.-


-¿De qué gestión se trata?
- preguntó Marsmon, interesado.

-Espionaje y refuerzos.- respondió el olímpico.

-¿Refuerzos?- la confusión por parte de Marsmon era evidente.

-Sí, refuerzos. Otros que luchen de nuestra parte.-


-¿Acaso otros que no son olímpicos están dispuestos a apoyar nuestra causa?-


-Hay más de uno que guarda cierto recelo a la gestión de los ángeles.-
mintió Mercurymon. Quería ocultarle a toda costa que había quedado de nuevo con Venusmon para saber el resultado de su primera misión.

-Será todo... más o menos legítimo... ¿no?- preguntó su hermano, alarmado.- No queremos mezclarnos con cierta clase de digimon... criminales... malignos...-

-Sé lo que hago.- sentenció Mercurymon.

-Eso espero Mercurymon... Eso espero...-

Ambos se sumieron en un sepulcral silencio. Ninguno tenía más que decir.

[…]


Sirenmon despertó envuelta en unas sábanas de seda blanca. Durante el viaje a la isla de Venusmon se había sentido confusa, turbada a la par que cansada y no había hablado mucho. La diosa lo había entendido perfectamente. Tampoco la había forzado a escucharla siquiera. Sólo la había pedido que por favor la acompañara a su morada, el único lugar seguro en el que podía estar de momento. Dado que la había rescatado, Sirenmon no había tenido problema alguno en confiar en la palabra de la olímpica. Venusmon y ella nunca habían tenido una relación cercana, pero no dejaban de ser familia.

El olor del té matutino le abrigó el estómago. Miró a un lado y, junto a la cama que Venusmon la había proporcionado, sobre la mesilla , había una taza de té con unas pastas. Se incorporó y cató la bebida. Sin duda, estaba buena, aunque a su juicio era peor que el té que Deramon preparaba.

Echó un vistazo a su alrededor en busca de la diosa. La composición abierta de la estancia la permitía ver el mar a través de un ventanal. El ruido de las olas la había permitido deducir lo cerca que se encontraba de él, pero no se había dado cuenta de hasta que punto. Por un momento se había olvidado que se encontraba en una recóndita isla en medio del Ocean Net.

Desayunó rápido por lo hambrienta que estaba y buscó a Venusmon con la mirada. Sólo encontró estatatuas y más estatuas de ella decorando las columnas que sostenían la estructura de tan maravilloso templo. Aquellas cariátides eran sin duda hermosas, mas en aquel momento le eran indiferentes. Dudaba si levantarase e ir a buscarla sería lo correcto, o si por el contrario lo adecuado sería esperarla allí. Muchas incógnitas la carcomían por dentro. ¿Cuánto tiempo había estado sumida en aquel letargo? ¿Cuál era la situación actual? ¿Estaban todos juntos u otroscomo ella habían sufrido la misma condena?

Antes de que pudiera decidir nada, Venusmon apareció de la nada, como si de un fantasma se tratara.

-Buenos días.- la saludó la diosa.- Estaba arriba, pero te encontrabas tan absorta en tus pensamientos que ni te has percatado de que bajaba las escaleras.- hizo una breve pausa.- ¿Cómo te encuentras?-

-Confusa.- se limitó a responder la sirena.-

-Quizás yo no sea la más adecuada para responder a tus preguntas.- admitió la olímpica.- Por eso he concertado una pequeña reunión con Mercurymon hoy.-

Sirenmon permaneció en silencio, asimilando la información.

-Él es quien nos dirige ahora.- informó Venusmon.- Supongo que es el que mejor te puede aportar una visión global de la situación.-

La sirena frunció el ceño. ¿Mercurymon el líder? Sería de los últimos en los que habría pensado para desempeñar dicho puesto. No obstante, si quería obtener la información que necesitaba saber, no la quedaría más remedio que tener una audiencia con el “líder”.

-¿Cuándo partimos?-


-En cuanto estés lista. Nos esperará en el Palacio de los Espejos.-


-Entonces marchemonos ya, por favor.- pidió la rescatada.- No puedo esperar a plantearle mis dudas.-


-Que así sea.-
sentenció la diosa, comenzando a caminar hasta la terraza.- Planteame algunas por el camino si quieres, aunque no esperes que sea imparcial.-


-Nunca lo eras.-


-Nunca lo soy.-
rió la olímpica. –En marcha.-

Sirenmon alzó el vuelo desde la terraza sin pausa pero sin prisa. Venusmon iba a su lado, flotando grácilmente al lado de su paloma. Hablaba con ella y está asentía, complacida por la compañía de la diosa.

Sirenmon se preguntó si, después de tanto tiempo, los únicos acompañantes de la diosa serían su paloma y su concha. A excepción de las visitas ocasionales de sus amantes y de su marido, Venusmon debería sentirse muy sola. Quizás demasiado... pensaba la sirena.

[…]

-¿Qué hace la señorita Minervamon aquí?- preguntó Agnimon, sorprendido. Para él era frecuente que Marsmon lo visitara de repente, pues siempre que pasaba por el Continent Xross hacía escala en Coliseum Zone. Mas nunca traía a otros olímpicos. Ni siquiera cuando Coliseum Zone habría sus puertas al público para que Agnimon realizara su espectáculo con las fieras. Pero aquello parecía una situación extraordinaria y, aunque se moría de ganas por indagar en todos los morbosos detalles, se limitó a plantear una sencilla pregunta.

-Ha sido herida en una misión de reconocimiento.- le informó el olímpico. Las grandes puertas del coliseo se habían abierto ante él, reconociendo su particular llamado. En parte había cierta verdad en lo que había dicho, pues sabía que tras años de trato su aprendiz detectaba cualquier mentira que tratrara de soltarle a la cara.

-¿Les ofrezco alojamiento como siempre?-

-Si me haces el favor.- pidió Marsmon. Era la zona más segura de todo el continente, sus paredes de piedra eran infranqueables y, a menos que estuvieras tan loco como para tratar de superar el reto de las fieras, no es posible entrar sin cita o invitación. Allí Minervamon podría reposar tranquila y marcharse una vez se recuperara. Él mismo podría pasar la noche allí, velándola.



-Sígueme.- le indicó Agnimon. –Te conduciré a los aposentos de siempre. Minervamon podrá descansar en los contiguos.-



Las enormes puestas del coliseo se cerraron de un portazo una vez el guerrero del fuego activó el mecanismo. Marsmon pasó a al interior del véstibulo y dejó de Agnimon le guiara pese a que él mismo conocía el camino. Hacia ya tiempo que se lo había cedido a su aprendiz, dejándole incluso al cargo de dicha zona.

Recorrieron los pasillos subterráneos que es donde se encontraban las mejores estancias. La parte superior del tremendo edificio era la destinada para la recepción, la arena y las gradas, así como una pequeña zona anexa de entrenamiento de las bestias. En el primer nivel bajo tierra se encontraban las jaulas de los Firamon, aunque la mayor parte del tiempo andaban sueltos por aquel piso. Ello servía como una especie de medida extra de seguridad ante aquellos que tuvieran la osadía de colarge en el interior del coliseo. En el nivel inferior eran donde se encontraba el comedor y las otras estancias.


La decoración de aquella planta seguía tal y como Marsmon la recordaba. La luz artificial emanada por los conductos de neon pegados al techo y al suelo ofrecía una visibilidad casi perfecta. Una alfombra roja que había comprado tiempo atrás en el lejano Mercado de Akiba recorría todo el suelo, enlazando las diferentes habitaciones. Contaba con diez, sin tener en cuenta el comedor: los aposentos del propio Agnimon, los designados a Marsmon cuando venía y los otros de refuerzo en caso de que el olímpico trajera a otros aprendices para superar el reto de las fieras. Sin embargo, esto no sucedía desde hacía ya bastante tiempo.


Pasaron a la estancia, suntuosamente decorada con una escultura de un Firamon. El resto de la equipación de la habitación era más bien pobre: una cama, un armario y la mesilla de noche.

-Ésta solía ser mi habitación cuando era tu aprendiz y tú ocupabas mi cuarto.- murmuró Agnimon, nostálgico.

Depositaron a Minervamon delicadamente sobre la cama. No parecía tener intención de despertarse. Agnimon seguía sorprendido por la inconsciencia de Minervamon y la gravedad de su estado teniendo en cuenta que sólo podía apreciar a simple vista unas cuantas magulladuras. Mas le intrigaba la misión que habían estado realizando en el continente Xross. Sin embargo, se limitaría a preguntar sólo lo imprescindible. Sabía que si inquiría de forma inadecuada o presuntuosa, el enfado de Marsmon sería terrible pese a que con él fuera incapaz de manifestarlo.


Agnimon pasó a su maestro su block de notas y un bolígrafo que llevaba siempre para anotar sus pensamientos para que éste le escribiera una nota a Minervamon por si se despertaba. Ninguno de los dos quería que la olímpica se levantara confusa e histérica, sin saber dónde se encontraba, y su alter ego tomara el control.

Con una caligrafía que dejaba bastante que desear el dios de la guerra redacto:

“Minervamon:


Después de nuestra escaramuza con Mercurymon, nos hemos despedido de él y te he conducido a Coliseum Zone para tu descanso y recuperación. Es el lugar más seguro al que podíamos acudir. Si precisas de mi presencia, me encontraré o en el cuarto contiguo o en el comedor.


Tu hermano Marsmon”

El olímpico decidió obviar cualquier detalle innecesario de la nota. Sabía que en cuanto Minervamon la tirara a la basura, Agnimon la rescataría para leerla una vez estuviera solo. La vena cotilla del guerrero ígneo era frenada por el sumo respeto que profesaba a su maestro, que había sido un padre para él. Sin embargo, la admiración que por él sentía a su vez le producía la más inaudita curiosidad sobre todo lo que le concernía a él o a su familia.

-¿Quieres tomar algo antes retirarte a tus aposentos?- ofrecío Agnimon.

-Un café no me vendría nada mal.- admitió Marsmon. Si iba a tener una de sus largas charlas con su aprendiz, necesitaría beber algo que lo mantuviera despierto.


Pasaron al comedor, donde tomaron asiento después de que Agnimon prepara una taza de café para su mentor. La gran mesa de formar elíptica contaba con unos diez asientos a su alrededor y la cocina se encontraba tan bien equipa y organizada como Marsmon recordaba. El orden era una de las cosas que mejor había inculcado a Agnimon.

-Y dime...- comenzó el dios la conversación. -¿Cómo va el espectáculo?- inquirió. Faltaban apenas tres meses para que se celebrara la siguiente exhibición en el coliseo, un acontecimiento anual que, al igual que todas las viejas tracidiones, se encontraba de capa caída.

-Suficientemente bien como para poder mantener el coliseo.- informó el encargado de la zona.- Los habituales siguen viniendo. Algunos críos piden a sus padres asistir. Y la popularidad entre los humanos de Cyber Land se mantiene.- hizo una breve pausa.- Ya sé que no es cómo tus exibiciones mensuales en el Great Coliseum del Contiente Twilight... pero menos es nada.-

Marsmon tragó saliva. Aquellos combates para el entretenimiento de los humanos de Sunshine City habían sido un acuerdo para mejorar la popularidad de los olímpicos entre los humanos. Le servían para darle algo de fama, sí, pero, como había comprobado en sus anteriores misiones, eran meras exhibiciones y le habían hecho acostumbrarse a combates pautados y con reglas de contención de fuerza. Nada tenían que ver con las batallas en la vida real.

-Y pensar que todo este rito de iniciación de las fieras y el espectáculo que otorga cierto renombre a esta zona sea sólo fruto del azar.- comentó el olímpico, nostálgico.- Y todo por aquel enfrentamiento fortuito que tuviste que librar contra ese Lynxmon del Old Canyon.-

-Aquel viaje al Continente Story fue la experiencia que marcó mi aprendizaje.-

-También fue aquello que marcó un punto de inflexión en mi tutela como mentor.- admitió Marsmon, bebiendo el primer sorbo ahora que su café había abandonado la abrasiva temperatura a la que se encontraba.

-Te volviste mucho más selectivo con los aprendices.-

-Me di cuenta de que no todos eran capaces de cumplir mis expectativas. Les dejastes el listón muy alto Agnimon.- hizo una teatral pausa.- Puede que no fueras el primero, pero siempre fuiste el único que logró comprenderme, quien de verdad supo lo que era el trabajo y el esfuerzo.-

-Has tenido muy buenos aprendices.- restó importancia el guerrero del fuego.- Los Angemon del coliseo de Heaven Zone poseen una fuerza superior al promedio de los de su especie, por ejemplo.-

-Ya, pero nadie puede compararse a ti.- replicó Marsmon.-Bueno, ninguno de mis otros aprendices me refiero.-

-Los olímpicos siempre habéis hecho una gran labor de tutela.- alabó Agnimon. La última aseveración de su amo le había recordado un enigma que le rondaba la mente desde hacía ya demasiado tiempo.- ¿Por qué lo dejasteis?-

-En mi caso simplemente no hay voluntarios para esta misión suicida a la que denomináis tutela.- bebió otro sorbo de su taza.- Supongo que le pasa lo mismo al resto de olímpicos que acogían a aprendices.-


-¿Y Mercurymon? Él solo tuvo un único pupilo.- Era el alumno de Mercurymon con quien le había comparado Marsmon momentos antes.

-Para ese caso en particular, habría que conocer los motivos que le llevaron a acoger al joven Labramon.-


-¿Y qué le llevó a tutelar al que luego fue deva?-
trató de indagar Agnimon.

-Eso es un secreto que haría más mal que bien ser desvelado. Nos lo llevaríamos hasta la tumba si fuera preciso.- se terminó la taza de café de golpe.- Me encuentro demasiado cansado como para continuar esta amena charla. Será mejor que me retire a mis aposentos.- se levantó.- Una vez más te agradezco tu hospitalidad. Nos vemos mañana.-

El olímpico caminó rápido hasta abandonar la cocina, dejando sólo a Agnimon. El guerrero del fuego recogió el vaso de su maestro antes de retirarse él también a sus aposentos. Había sobrepasado esa línea una vez más.

[…]


Cuando Mercurymon llegó al Palacio de los Espejos, Venusmon y su acompañante ya se encontraban esperándolo. El olímpico no podía creer a quien tenía ante sus ojos, pues si bien no era a quién quería ver, era asombroso tenerla tan cerca después de tantos años. Más asombroso aún le resultaba comprobar la eficacia de Venusmon al cumplir su objetivo satisfactoriamente.

-Buenas tardes Venusmon. Buenas tardes vieja amiga.- saludó entre jadeos.

El sol del atardecer iluminaba la colosal estructura en la que vivía el dios de los mensajeros. Los reflejos hacían aquella repentina aparición mucho más espectacular.

Abrió las puertas de su palacio y las invitó a pasar. Tenían muchas cosas que discutir y muy poco tiempo para debatirlas.

Y hasta aquí el capítulo de hoy, con un nuevo personaje y más intrigas. Os invito a buscar todos los detalles
 

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Qué tensión.
:6565:

He captado detalles, aunque no sé si son a lo que te referías. Lo he leído con atención, así que quizás.

Es agradable ver un nuevo lado de Marsmon.
 
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Digital Hazard
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Después de milenios... Y cuando digo milenios casi se cumple, al fin traigo el capítulo 28... Convoco a mis lectores habituales: C CrazyAristocracy Soncarmela Soncarmela A Acero_12 Espero que lo disfruten:

Capítulo 28: Preparativos Necesarios

Mercurymon no podía aún creerse que la hija de Ceresmon y Neptunemon estaba allí presente, delante de él, sentada junto a Venusmon en la sala de reuniones; ahora casi vacía ante la ausencia del resto de olímpicos. Su perplejidad era patente tal y como evidenciaba la expresión anonadada de su rostro, que incomodaba a la sirena mientras que complacía a la diosa del amor. Venusmon sabía que Mercurymon no había apostado por ella. Y, a pesar de los éxitos, seguía dudando de que el líder de la revolución le entregara al fin su confianza.

Sirenmon se había cruzado de brazos y escuchaba atentamente el monólogo de Venusmon. La olímpica estaba elaborando un rápido correlato de la expedición y localización de la perfect, siendo bastante escueta y dedicándose única y exclusivamente a enaltecerse a sí misma. No obstante, la finalidad propagandística de sus frases no caló en el dios, quien aún seguía contemplando con asombro los rasgos alados de Sirenmon. Su atenta mirada escudriñó el gorro rojo que la recién rescatada lucía. Anteriormente se encontraba bastante sucio pero ahora estaba impoluto. Después sus ojos se posaron en su adorno musical, al que habían sacado brillo. Venusmon no solo se había preocupado por salvarla, sino también por dejarla presentable para la entrevista.

-Lo importante es qué va a ser de ti ahora.- la interrumpió Mercurymon a su compañera una vez salió de su trance.- Pese a que Venusmon puede ofrecerte todo tipo de comodidades en su isla, supongo que es mejor que te quedes aquí. Te sentirás más segura.-

Venusmon frunció el ceño. Aquello estropeaba sus planes. No veía justo que después de haber hecho todo el trabajo sucio se la arrebatara el premio en forma de compañía que tanto anhelaba. Sirenmon, por su parte, interpretó la aseveración como una orden y no una sugerencia: una orden que estaba dispuesta a atacar con ciertas condiciones.

-Me parece muy adecuado.- respondió la que recientemente había sido rescatada.- Sin embargo, sólo bajo la condición de reunirme y mudarme con mi madre lo antes posible.-

-No veo inconveniente en ello.- contestó el líder.- No obstante, Ceresmon aún no goza de territorio propio. Se encuentra acogida por la hospitalidad del Rey Deramon según tengo entendido. Te hospedarás en el palacio de los espejos por motivos de protección hasta que tu progenitora se asiente definitivamente.- Mercurymon no quiso proponer que se mudara con su padre. Descuadraría toda la vida conyugal de su tío, felizmente recién casado.

-¿Vamos a conquistar un territorio para Ceresmon?- inquirió la diosa anonadada.

-Ella me pidió que lo consultase en audiencia en la siguiente reunión. Y eso es justo lo que voy a hacer. Si cuenta con suficientes apoyos, se pasara a elegir el territorio y ocuparlo. Si no, se pospondrá.- el carácter irascible de Ceresmon hacía que la negativa total y absoluta no entrara en su vocabulario. Posponerlo era una forma amable de decirla que no.

-Si Ceresmon mueve a los demás para ocupar algún lugar, creo que todos tenemos derecho a proponer tomar otros.- afirmó la olímpica, molesta.

-Ceresmon no tiene hogar, tu sí.- replicó Mercurymon.

Sirenmon calló. No quería entrometerse en la discusión.

-Ceresmon no ha hecho nada por la revolución. Yo sí.-

-No lo niego.-
para él en aquel momento eso era irrefutable.- Sin embargo, tu lago se fue, Venusmon. Está fuera de tu alcance. Se encuentra en una zona muy complicada. No podemos acceder allí.- aseveró, leyéndola el pensamiento.

-Aún.- sentenció ella, con la imagen de su antiguo paraíso en mente. – Créeme: lo lograremos.-

A Mercurymon no le convenció aquel plural sociativo. Ella quería decir que lo conseguiría con o sin el resto de su familia. Aquellas técnicas de discurso barato eran un progreso en el habla de la diosa, mas no engañaban a un experto orador como él.

-Por otro lado, aunque Sirenmon se mude aquí, necesitaría seguir empleando este castillo para mis encuentros con Seraphimon.- terció la diosa. Sabía que de su otra propuesta no iba a sacar nada en claro. Al menos no de momento.

Sirenmon abrió los ojos como platos. ¿Venusmon tenía otra aventura, esta vez con Seraphimon? Pensaba que con sus escarceos libertinos con Marsmon y Apollomon para ella era suficiente. Si supiera el pobre Vulcanusmon el casco de Olegmon que lleva sobre su cabeza... Sin embargo, lo que más le extrañaba era el colaboracionismo de Mercurymon. Por lo que llevaba escuchando de conversación, no eran amigos. La relación se limitaba a un compañerismo forzado.

-¿Y eso a qué se debe?- preguntó el de la máscara de lobo. – No me parece adecuado ahora que tenemos una inquilina en el castillo.-

-Al menos deberás dejarme este último encuentro. Ya he enviado la carta citando a Seraphimon aquí mañana.-

-Imposible. Tengo reunión con los mensajeros. Tendrás que buscarte otro sitio.-


Venusmon fue a decir algo, pero antes de que pudiera proferir una protesta, Mercurymon volvió a refutar su alegato.

-He dicho que me es imposible, Venusmon. Entiéndelo. No es nada personal como comprenderás.-

-¿Y a qué se debe esa repentina reunión si puede saberse? Si es algo rutinario podrías posponerlo.-
preguntó la olímpica, molesta. A continuación soltó un largo suspiro, esperando la respuesta de su compañero.

-En realidad es para reunir las informaciones que mis Sepikmon traen.-

-¿Espionaje?-
preguntó Sirenmon, confundida.- Pensaba que tu servicio de mensajería se limitaba a eso.-

-Digamos que ante las medidas extraordinarias que estamos tomando, mis mensajeros han ampliado sus funciones al reconocimiento de terreno y recopilación de información.- explicó Mercurymon eligiendo cautelosamente los términos empleados, como de costumbre.

-Entiendo.- se limitó a contestar. Se notaba que habían cambiado muchas cosas desde su misteriosa partida.

-Creo que no tenemos ningún asunto que tratar más hasta la reunión. Mi misión ha sido satisfactoria como puedes comprobar y en un par de días me dispondré a partir en nuestro próximo objetivo.-

-Eso espero.-
espetó Mercurymon, más brusco que de costumbre.- Sabes que nos interesa tenerla pronto.- dijo, recordando que obtenerla de vuelta era la condición para la alianza con su otro tío.


-Deseo que la misión en Prisión Land haya ido conforme lo espera...- Mercurymon negó con la cabeza. Venusmon asintió. Ya se lo explicaría todo en la reunión. Sabía que si inquiría de más el líder se enfadaría, así que prefirió evitarle otro chasco. Para eso ya estaba Marsmon.- Y ahora, si me disculpas, me voy a solventar mis asuntos. Que no me dejes este castillo me complica un poco las cosas, pero como de costumbre, me las apañaré.-

Tanto la sirena como el dios acompañaron a Venusmon a la salida del castillo. Los grandes portones de cristal se abrieron de par en par para dejar a marchar a la olímpica, quien no se demoró en marcharse. Aún estaba a tiempo de llegar a su próximo y repentino destino si se daba prisa.

-Volveré a visitarte, no te preocupes.- aseveró la diosa antes de marcharse. Se despidió con la mano antes de que el pórtico de cristal se cerrase ante ella. No perdió tiempo y abandonó el lugar. Todos sus planes se habían trastocado, pero podía arreglarlo.

Mercurymon se decidió entonces a enseñarle a su nueva inquilina su dormitorio. El palacio había sido diseñado con una función más defensiva y utilitaria que descuidaba el confort, de ahí la ausencia de elementos decorativos superfluos y otros ornamentos que perjudicaran la verdadera función del cristal y los espejos. La sobriedad se extendía por todas las estancias, incluidas las propias dependencias del olímpico, contiguas a las que Sirenmon ocuparía. Cuando más cerca de él la tuviese, más controlada y protegida estaría.

La sirena examinó la estancia con ojo crítico. Apenas había una cama, que ocupaba gran parte del espacio de la habitación, y un armarito. La luz de la luna penetraba por el ventanuco cuadrangular que había en la pared sobre la que se apoyaba el cabecero de la cama. Parecía que toda la fuente de luz que iba a recibir era aquella: no había ni interruptores, ni lámparas, ni siquiera velas que proporcionaran algo más de luminosidad.

-Todas las habitaciones son similares.- aseguró Mercurymon.- Sin embargo, ésta es de las pocas que cuentan con un lugar en el que poder guardar tus cosas.- Sirenmon se preguntó a qué clase de cosas se refería, pues no conservaba nada desde que había caído sumida en aquel profundo sueño.

-¿Tus dependencias donde se encuentran?- se atrevió a preguntar.

-Situadas al lado de las tuyas.- explicó el dios.- Así, si necesitamos cualquier cosa el uno del otro, no tendremos problemas en encontrarnos: el palacio es más grande de lo que parece.-

Pese a que era cierto que las dimensiones de la sala la hacían confortables, aquello no era más que otra excusa para tenerla controlada.

-Supongo que estarás cansada por la travesía.- Sirenmon asintió, confirmando la obvia suposición de Mercurymon. –Mañana madrugaremos y te enseñaré las principales dependencias y los alrededores.- El olímpico no quería que su invitada se sintiera atrapada. Debía mimarla y cuidarla, de esta forma podría ganarse su confianza. La posible influencia que podría ejercer Venusmon sobre ella le preocupaba. Había demostrado ser hábil cuando se lo proponía, pero el colaboracionismo no era lo suyo: algún motivo oculto tenía y su nueva misión era descubrirlo.

La sirena realizó otro solemne gesto afirmativo con la cabeza. El dios se despidió y abandonó la estancia. Sirenmon esperaba que la cerrara con llave, mas el olímpico no lo hizo. Quizás aquello era una prueba de confianza que el olímpico la había puesto para probar su impaciencia. En otro momento probablemente se hubiera atrevido a hacer frente a la autoridad de su anfitrión, no obstante, los ojos se le cerraban por momentos. Lo mejor que podría hacer era dormir, y esperar que el tour que Mercurymon le diese fuera lo más completo posible.

[…]

-Seraphimon, tiene una visita inesperada.- anunció Sorcerymon, aún incrédulo porque una olímpica se hubiera atrevido a personarse en el castillo del ángel. Comunicar aquel mensaje era una tarea complicada y debía proceder con cuidado.

-Di que espere o que vuelva en otro momento.- espetó el gobernante. –Ya sabes que estoy ocupado.-

-Eso ya lo he hecho e insiste en que se la reciba inmediatamente.- El pronombre dio una pista a Seraphimon de quien se trataba.

-¿Lleva mucho esperando?-

-Un rato, y no parece contenta.-

-Oh, vaya...-
se lamentó el ángel.- Hazla pasar ya. Dejaré esto para otro momento.-

A Sorcerymon le sorprendió la pasividad de su señor, mas se limitó a abandonar la estancia y realizar el mandato sin darle más vueltas al asunto. Los olímpicos seguían siendo un grupo elitista más o menos relevante y Venusmon era quien hacía más apariciones en público. Quizás la hubieran designado como relaciones públicas en aquella ocasión.

Seraphimon guardó los últimos documentos con prisa, pues el taconeo que oía indicaba que la olímpica se encontraba cerca. Sorcerymon abrió las grandes puertas una vez más y dejó entrar a la diosa y, una vez la figura de Venusmon fue visible para el ángel, el hechicero las cerró para volver a sus ocupaciones.

-Buenas tardes.- saludó Venusmon cortésmente. Estaba ya atardeciendo y pronto daría la noche.- Siento personarme tan de repente, pero me temo que nuestra reunión tendrá que adelantarse a este preciso momento.-

-¿Debido a qué si puede saberse?-
inquirió el gobernante, curioso.

-Mercurymon no me cede su castillo por motivos que desconozco.- admitió la diosa. Seraphimon asintió, sorprendido: parecía que la olímpica no tenía un control total sobre su compañero, al contrario de lo que él había pensado en un primer momento. –Así que los asuntos que quería comentarte los trataremos ahora.- sentenció, tajante. No quería que Seraphimon le dejara de tomar en serio.

El ángel tragó saliva. No tenía ni la más remota idea sobre qué disparatado plan iba a hablarle. El pensamiento de Venusmon para él era un completo misterio. No llegaba a entender cómo alguien tan vanidoso y egocéntrico podía preocuparse por organizar todo tipo de disparatadas tretas y así coordinar el trabajo en equipo de los olímpicos.

-Lo primero que quería comentarte es cuando he organizado tu reencuentro con Ophanimon.- al ángel se le iluminó la cara, aunque Venusmon no pudo percibirlo por el casco que cubría el rostro del gobernante. Se decidió a escuchar atento, convencido de que había algún tipo de trampa. –Debido a los últimos acontecimientos, he decidido adelantarlo a mañana, siempre y cuando te parezca bien.- Esperaba que a Apollomon no le importara que se presentaran de improvisto.

-Por supuesto. Arreglaré unos asuntos y partiré hacia allí en cuanto me digas.-

-Perfecto.-
sonrió. –Aunque como supondrás, esto tiene un par de condiciones.- Seraphimon tragó saliva de nuevo: ahí venía la trampa.- Lo primero es bastante simple: debido a las horas intempestivas a las que he llegado y mi cansancio, necesitaré quedarme aquí esta noche. Así podremos partir juntos temprano.- Seraphimon asintió. Aquella petición era fácil de conceder.- Lo siguiente es, evidentemente, el secretismo de esta reunión y la “excursión” de mañana.- dijo la diosa con retintín.- En caso de que sospeche algo sobre una posible conspiración para rescatarla o si revelas a alguien el acuerdo, éste quedará roto. Y ya sabes perfectamente qué terribles consecuencias traerá aquello.- El anfitrión asintió una vez más, alicaído. No tenía pensado incumplir su palabra, pues solo imaginarse el castigo de Venusmon le aterrorizaba.- Y por último, una te reencuentres con tu amada y compruebes las buenas condiciones en las que está, me acompañarás en mi expedición para rescatar a la primera hija de Ceresmon.-

-Explícate.-

-La primera expedición con tus informaciones y una investigación previa fue redonda: ahora Sirenmon está a salvo y reunida con su familia de nuevo.-
Seraphimon se quedó atónito. Él conocía sólo las ubicaciones y algunos detalles vagos sobre el escondite, más nunca habría podido imaginar que en el tiempo tan escaso que había pasado desde su último encuentro, los olímpicos ya habrían realizado el rescate.- Sin embargo, esta misión es demasiado peligrosa como para hacerla yo sola y creo que será mejor si me acompañaras.-

-¿Fuiste tú sola a Proxy Islands y rescataste a la presa?-

-Me llevó un día entero localizar el escondrijo pese a las pistas con las que partía. Por lo demás, no había ninguna trampa, salvo el sueño en el que estaba sumida la infanta. Sirenmon sólo fue castigada por las acciones de su madre, no se tomaron muchas molestias a la hora de esconderla. Aunque claro, con su hermana es otra historia distinta.-


-Sí, ella tuvo un papel mucho más activo.-

-No me refería exactamente a eso.-
Venusmon negó con un dedo, divertida. Seraphimon no había analizado bien los castigos de la anterior contienda.- Fue castigada para completar la pena de Ceresmon, pero sobre todo para mantener controlado al marido de la pobre incauta. Desde entonces está alicaído y no ejerce sus funciones.-

-Sitiéndolo mucho, no podré acompañarte.-
negó el gobernante, para sorpresa de la diosa. –Me reúno ese día con un grupo de monarcas del diversos continentes. Su travesía ha sido ardua y el asunto es vital, por lo que no puede aplazarse.-

-En ese caso...-
se paró un momento, dubitativa. El asunto de la rebelión debía quedar en la sombra: si se supiera, los ángeles y demás enemigos podrían ganar apoyos rápidamente, lo cual no convenía. –manda que un sirviente me acompañe. Alguien fuerte y discreto.-

-Creo saber quién será el acompañante perfecto para tan delicada misión.-


Seraphimon llamó a Sorcerymon para coordinarlo todo. El hechicero condujo a la olímpica a la que iba a ser habitación aquella noche. Siempre tenían un cuarto disponible para invitados inesperados. Venusmon no puso pega alguna a la estancia que le había sido asignada. Tampoco quería ocasionarle molestias a Seraphimon: ya se las causaría mañana.

Una vez la olímpica se hubo acomodado en la habitación, el hechicero cerró la puerta con delicadeza y regresó junto a su amo. Seraphimon estaba hablando con un Patamon, indicándole que debía anular todas las reuniones y pleitos que tenía previstos para el día siguiente. El sirviente abandonó el despacho en cuanto hubo recibido todas las instrucciones pertinentes, dejando solos a Sorcerymon y a su jefe.

-Convoca a Garudamon para dentro de dos días.-

-Pensé que se encontraba en una misión especial.-

-Pues ahora se le asignará otra. Mucho más importante.-

-¿Consideras que estás preparado?-

-Considero que es el único que podrá soportarla. No a la misión, sino a ella.- sentenció el ángel.

Sorcerymon asintió, aún dubitativo. Puede que Garudamon fuera un leal siervo, muy paciente y comedido, pero otra cosa era que fuera lo suficientemente fuerte como para mandarlo a una misión, seguramente suicida. La olímpica no había dicho de qué se trataba exactamente la exploración que tenía pensada hacer. Le molestaba tener que convocar a Garudamon sin saber los detalles del trabajo que se le había asignado. Pero él no era quién para cuestionar las decisiones de su amo. Siempre había obrado conforme a sus férreos principios y atendiendo a lo mejor para el Mundo Digital. Lo único que esperaba es que no se equivocara, por el bien de Garudamon.

 

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Venusmon pierde unas cuantas ventajas, pero creo que por ahora le seguirán saliendo las cosas bien, a menos que... Bueno, nada, lo dejo para más adelante, a ver si pasa. Quiero que salga segunda hija de Ceresmon, aunque quizás no pase hasta dentro de unos capítulos.

Noté un par de problemas cuando lo leí, aunque quizás entendí yo mal las cosas. Utilizaste la palabra correlato como si significase lo mismo que relato, pero no soy capaz de encontrar ningún ejemplo en el que sea así. Al final me dio la impresión de que Sorcerymon sabía un poco demasiado, como que la misión que Venusmon tiene para Garudamon es de exploración, aunque señalas que no tiene todos los detalles, y quizás Garudamon sólo se dedique a ese tipo de misiones, así que quizás no sea realmente un problema.
 
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Venusmon pierde unas cuantas ventajas
No todo iba a ser color de rosa para la diosa. Ni lo será en un futuro, obviamente.

Quiero que salga segunda hija de Ceresmon, aunque quizás no pase hasta dentro de unos capítulos.
Calculo que bastantes. Quedan unos cuantos eventos hasta la aparición de la 2º hija (Cronológicamente, mayor que Sirenmon, por cierto)

Menciono por si acaso, ahora que por fin puedo publicar el 29 capítulo:
C CrazyAristocracy Soncarmela Soncarmela A Acero_12

Capítulo 29: Planes a corto plazo

Garudamon recibió el llamado de Sorcerymon no exento de sorpresa. Ya se encontraba en una misión en aquel momento y era la primera vez que se le pedía que aplazara su ocupación actual para así encargarse de una nueva tarea.

El mago le había informado en su escueto comunicado de los detalles mínimos: labor de escolta de un personaje ilustre así como exploración de un área recóndita. El resto de datos se los proporcionaría el propio Seraphimon una vez se reuniera con él en persona. Seguramente el hechicero estuviera tan solo algo más informado que él, como solía pasar: Sorcerymon conocía todos los detalles en lo que se refería al papeleo del tribunal de Justicia, así como de la agenda personal de Seraphimon, mas su señor le mantenía alejado de otro tipo de actividades que no le competían.

Aún extrañado por la decisión de su señor, abandonó Insect Jungle y puso rumbo desde aquella facción del continente Story para dirigirse a la morada de su superior. Las arañas que lo vigilaban se alegraron de que aquel molesto explorador abandonara su reino y se dispusieron a informar a su señora.

Con su alta velocidad de vuelo y sin hacer muchas escalas, llegó a su destino a la hora precisada. Sus alas carmesí, aún envueltas en llamas refulgían frente al puro y purpúreo cristal del que se componía el castillo. El hechicero fue el encargado de recibirle.

Los saludos fueron cortos como de costumbre. Pese a la tendencia de Sorcerymon a enrollarse, sabía que Garudamon era de aquella clase de digimon a los que debía tratar de manera directa y sin rodeos. El mago no obstante insistió en la necesidad de discreción que precisaba aquella misión. Garudamon, de no haber contemplado el nerviosismo en el que estaba sumido Sorcerymon, se habría sentido ultrajado: él sabía perfectamente como llevar a cabo su trabajo.

Llegaron a la sala de reuniones, donde tanto la diosa como el ángel les esperaban. Garudamon supuso entonces que la anormal intranquilidad de Sorcerymon se debía a la presencia de la olímpica. No dijo nada y se limitó a esperar sus instrucciones. Meditó en lo que Venusmon y Seraphimon terminaban la conversación que mantenían sobre el objetivo de la misión. Lo más probable era que, o bien tuviera que localizar algo para ella, o bien escoltarla. No era la primera vez que le tocaba hacer de guardaespaldas, aunque no de alguien tan importante como la diosa.

-Estoy contenta.- anunció Venusmon, de tal forma que sólo su interlocutor pudiera escucharla. Sonrió. –He oído hablar de él y me parece una opción muy acertada. Además ha llegado antes de lo esperado.- Era cierto, Sorcerymon había tenido que despertar a Venusmon para informarle de la inminente llegada de Garudamon.

-Es el mejor en estos asuntos.- afirmó Seraphimon, contento por el agrado de la diosa. –Además es muy discreto, tal y como nuestras circunstancias lo requieren.-

Venusmon, sin más dilación, se acercó a Garudamon. Hizo además de estrecharle la mano, pero las proporciones se lo impedían. El ente alado se dio por recibido. Seguía esperando permiso para hablar.

-Buenos días Garudamon. Como ya sabrás, soy Venusmon. Encantada.- Garudamon asintió solemnemente. –La misión a la que nos enfrentamos, bajo la supervisión de Seraphimon, -Seraphimon tragó saliva. En realidad, era Venusmon la que tenía el control. Sin embargo, apreció que cara a su súbdito él siguiese al mando.- es bastante más compleja en comparación de los trabajos a los que te has enfrentado.-

Garudamon sintió ganas de echarse a reír, pero sus modales se lo impidieron: sin duda alguna la olímpica desconocía su amplio currículo en operaciones encubiertas.

Seraphimon proyectó con el mando que tenía en las manos un mapa del Continente Twighlight en la pantalla. Sorcerymon no tardó en percatarse de que tenía un punto señalado.

-Por las barbas de Quiglongmon...- murmuró. Acto seguido, miró con el rabillo del ojo a Garudamon. Él también parecía haberse dado cuenta.

-Os dirigís a Shadow Abyss, la zona volcánica del continente. Es una labor de exploración del lugar y localización de...- Venusmon interrumpió al gobernante.

-Lotusmon.- anunció sin preámbulo alguno. Una imagen de la desaparecida apareció remplazando al mapa.- Según tenemos entendido, la hija de Ceresmon está encerrada en algún lugar de ese infierno.-

Garudamon hizo un gesto afirmativo con la cabeza. No era una misión suicida, aunque si se encontraba entre las de mayor riesgo. Le carcomía la curiosidad por saber qué se les había perdido allí. Si nadie había preguntado por Lotusmon en tanto tiempo, ¿por qué ahora? Incluso según tenía entendido, la propia Ceresmon estaba desaparecida.

-¿No sería mejor pedir refuerzos?- sugirió Sorcerymon.- Elaborar un pequeño equipo y...-

-No hay tiempo.- sentenció la diosa. Contó los días hasta la siguiente reunión de los olímpicos. –Tenemos tres días, y la travesía es larga.-

-No veo ningún inconveniente.- Sorcerymon volvió a mirar a Garudamon. Era valiente, eso estaba claro, pero consideraba que no había valorado bien los riesgos de la misión.- Podemos partir cuando te convenga. Yo te escoltaré.-

-En realidad, tu misión no es escoltarme: sé defenderme sola.- le cortó Venusmon, visiblemente molesta. Compuso una forzada sonrisa.- Solo me ayudarás con la exploración y la huida.-

-¿Huida?- preguntó Garudamon, contrariado.

-Hay digimon salvajes en la zona.- informó Seraphimon.- Algunos de grandes poderes. Es posible que estén guardando inconscientemente la prisión de Lotusmon inconscientemente.-

-Sea como fuere, debemos proceder con agilidad y discreción.- insistió la olímpica. –Si nos preguntan diremos que hemos iniciado una travesía hacia el balneario de Highlight Heaven. En caso de tener que desplazarnos allí para cubrir nuestra coartada, mi amiga Angewomon no dudará en hacernos un hueco.-

El hecho de pensar en el lujoso complejo citado hizo que el hechicero se replanteara tomarse unas vacaciones. Sin embargo, no podía permitirse, al menos no aún, emplear el dinero ahorrado para hospedarse en aquel paraíso terrenal.

-¿Y si nos sorprenden en Shadow Abyss?- inquirió el explorador.

-Entonces diremos que estamos atajando para ir a las Proxy Islands.- respondió rápidamente la diosa.- Neptunemon y Ancientmermaimon van a pasar allí su luna de miel.-

La simple mención a la sirena agravó la ansiedad que el ángel sufría. Se preguntó por el estado de la pobre incauta y en qué pensaría de él. El fin justificaba los medios, y eso siempre había formado parte de su justicia, mas se arrepentía de haber utilizado a una inocente para sus medios.

Garudamon estaba complacido ante la resolución de Venusmon. Parecía tener bastante bien calculado el viaje, o al menos los preámbulos necesarios para iniciarlo.

-Y ahora si nos disculpáis, Seraphimon y yo debemos ultimar otros detalles ajenos a la misión.- demandó la olímpica, autoritaria. Sorcerymon y Garudamon abandonaron la sala tras la intensa reunión.

El secretario seguía tan alterado como el día anterior, y su nerviosismo había aumentado con la temprana llegada de Garudamon. Ahora comprendía mejor los motivos que habían guiado a la diosa a personarse ante su superior, pero la desinformación y secretismo que envolvían la misión le inspiraban desconfianza. Venusmon, a pesar de la inteligencia demostrada para el encuentro, no le parecía la más adecuada de los olímpicos para realizar aquel trabajo. Quizás la coartada del balneario era fundamental y por ello Venusmon era la indicada.

-¿Qué opinas del encargo?- se dispuso al fin a preguntar el mago.

-No es lo peor a lo que me he enfrentado.- contestó el alado. Prefería reservarse sus pensamientos para sí mismo.

-¿Y de tu compañera de equipo?-

-Sorprendente.- se limitó a contestar. Sorcerymon le lanzó una mirada en la que inquiría más detalles. -Nunca he tratado con nadie así.- admitió.- Más no estoy preocupado.-

-No sé cuales serán los dotes de Venusmon para el combate, pero no debe de ser mala.- comentó el secretario.- Oí que hace tiempo derrotó a una Rosemon en combate.-

-Fue un escándalo bastante sonado en su momento, por parte de Rosemon, digo.- dijo Garudamon, recordando el incidente. - Jamás se volvió a verla, mientras que la popularidad de la diosa aumentó. Pero hablamos de cuando los olímpicos aún gobernaban.-

-Fue en los últimos años de su reinado, cierto. Ambos debíamos de ser aún jóvenes. Yo desde luego no había ocupado aún mi cargo.-

-Yo llevaba algo de tiempo entrenando, pero aún no había recibido ningún encargo oficial. Sí que ha llovido desde entonces, sí...-

En el interior de la sala, Seraphimon escuchaba con atención el discurso de Venusmon. La diosa, sumamente cordial, le había agradecido su diligencia a la hora de cumplir las órdenes, así como alabado a su compañero de misión. Parecía conocer parte de las acciones llevabas a cabo por Garudamon, o al menos todas aquellas que habían sido desclasificadas. Sin embargo, el ángel había agudizado el oído al llegar a la parte que más le interesaba.

-Lo prometido es deuda, así que te permitiré ir a ver a Ophanimon.- anunción al fin la diosa. -Sin embargo y como comprenderás, hemos de retrasar el reencuentro hasta que yo vuelva.- Seraphimon asintió. Protestar era inútil en aquel caso. -Como comprenderás es imposible que la veas de no ser bajo mi supervisión.-

-Lo comprendo.- afirmó solemnemente el ángel.- Al menos podrás informarme de su estado.-

-Está estupendamente.- confirmó Venusmon con una sonrisa de oreja a oreja.- Apollomon es un buen compañero y guardián. Goza de toda clase de entretenimientos con él. Además, a mi compañero le viene bien alguien que le haga compañía: apenas sale de Bright Land.-

-“Así que se encuentra en Bright land...”- murmuró Seraphimon para sus adentros. Podría mandar una gran brigada y arrestar al olímpico y rescatar a Ophanimon, pero no merecía la pena. En primer lugar, el castigo de Venusmon sería inevitable, al menos hasta que encontrara algo con lo que chantajearla. Pero debía ser algo que apreciara tanto como él a su amada: ser un chivato ante su marido Vulcanusmon era demasiado fácil y no creo que le importara mucho el resultado, al menos a ella. En segundo lugar una movilización masiva pondría en peligro toda la tapadera y en riesgo el gobierno. Si las fuerzas del mal se enteraran de la flaqueza que sufrían por una crisis por los olímpicos, podrían aprovechar para atacar.

-No hagas nada de lo que te arrepientas en mi ausencia.- advirtió la diosa. -Lo primero, porque te estoy vigilando de cerca y lo segundo porque ya sabes las consecuencias de tus acciones.- Seraphimon asintió solemnemente. No sabía si en realidad Venusmon le espiaba, pero la amenaza de las consecunecias de su desobediencia le era suficiente.

-¿Volverás sana y salva?- preguntó, tratando de relajar la tensión del momento. Se sentía gratamente agradecido y por un momento había incluso olvidado el chantaje.

-Sé que no lo parece, pero sé cuidarme sola.- Venusmon sonrió: aquella pregunta la daba pie a explicarse. - No soy ni mucho menos la más inteligente ni la más fuerte de los olímpicos.- admitió. El ángel se sorprendió ante la sinceridad de la diosa: con lo orgullosa que era le extrañara que admitiese esos defectos.- De los que estamos aún presentes, creo que tú bien sabes quienes ocupan esos puestos.-

-Minervamon es la que más conocimientos tiene, aunque en inteligencia aplicada Dianamon es quizás más útil. Marsmon es el de mayor fuerza física, Apollomon en ataques a distancia...-

-Y Neptunemon en potencia si se enfada.- completó la diosa.- ¿Entonces donde quedo yo?- Seraphimon se encogió de hombros. No entendía muy bien aquel discurso de Venusmon.- Yo soy la más resuelta y la que pasa más desapercibida. Ello me proporciona una libertad de actuación que otros olímpicos no tienen.-

-Es cierto que eres impredecible.-

-Me lo tomaré como un cumplido.- rió, complacida. Seraphimon había admitido que no conocía su modus operandi. En realidad no le resultaba extraño: ni siquiera sus familiares la conocían realmente. Aún así, le gustaba oírlo. La hacía sentirse poderosa. -Sin más dilación, será mejor que vaya a prepararme. Sigue mis instrucciones y tendrás un feliz encuentro con Ophanimon.-

Seraphimon asintió solemnemente mientras Venusmon se marchaba. La diosa intercambió unas rápidas palabras con el ente alado y el hechicero, indicando que la travesía era inminente. Garudamon también se dispuso a prepararse. Hell’s Field los esperaba

---

Minervamon despertó y soltó un inminente grito de sorpresa. Marsmon la miraba fijamente con una sonrisa de oreja a oreja. Por fin se había despertado.

-Mo hace falta que me recuerdes lo que ha pasado.- fue lo primero que dijo la olímpica. -Que fuera una ingenua no significa que no me acuerde de todo.-

-Esta bien.- farfulló el dios de la guerra.

-¿Mercurymon está a salvo?-

-Sí, ha regresado al Palacio de los Espejos. Tenía una reunión.-

-Fue él quien me curó, ¿no?- Marsmon asintió solemnemente. - Le debo una.-

-Gulfmon escapó con el Código Corona. Habrá que capturarle. Es peligroso.-

-Puede serlo, aunque no creo que nos haga nada. No busca venganza contra nosotros. Aunque claro, puede sembrar el caos, y ello puede repercutirnos negativamente. Al fin y al cabo, fuimos nosotros quienes lo liberamos.-

Se hizo un incómodo silencio.

-Te estarás preguntando dónde estamos...- dijo al fin Marsmon.

-Es obvio que estamos en Colosseum Zone. Es la única zona relacionada con tu persona en el continente Xross. Además, pillaba cerca y en mi estado no podíamos andarnos con miramientos de volver a nuestras moradas. ¿Me equivoco?-

-Tan aguda como siempre, hermana.- Mivervamon trató de esbozar una sonrisa burlona, pero le seguía doliendo y prefería ahorrar fuerzas para hablar. Además, no era momento de soberbias: había sido ella quien había fastidiado la misión.

-Será mejor que comas algo.-

-No tengo hambre.-

-Me da igual: has de reponer fuerzas.- respondió él, autoritario como de costumbre.- Y antes de que lo preguntes, nos quedaremos aquí hasta que te repongas. Mercurymon retrasará la reunión.-

-Lo siento.- dijo con voz lastimera.-

-No te sientas culpable. Sin ti no hubiéramos llegado hasta Gulfmon.- admitió el dios de la guerra. Ahora lo importante es que te repongas. Voy a por algo que te gustara.-

Marsmon abandonó la habitación y se encontró a Agnimon merodeando.

-Estaba esperando a que se levantaran.- dijo, con disimulo. Le daba vergüenza haber sido descubierto.- ¿Cómo se encuentra Minervamon?-

-Mercurymon hace milagros, pero todavía tiene que reponerse.-

-¿Gozaré de su presencia aquí hasta que se recupere?-

-Efectivamente.- confirmó su maestro.- Voy a la despensa a por eso. Seguro que la sienta bien.-

-¿Necesita ayuda con eso señor Marsmon?-

-No es necesario Agnimon. Tu encárgate de alimentar a las fieras. Luego hablaremos.-

Marsmon se marchó y Agnimon se decidió a cumlir su cometido: los leones tendrían hambre.

Minervamon no tardó en ver a su hermano aparecer con algo de pan y una jarra. Tenía inscrita un grabado con el símbolo del fuego y el símbolo del valor a modo de decoración.

-Espero que sea agua y no vino Marsmon.-

-Ninguna de las dos cosas. Bueno, al menos no es un vino ordinario.-

-¿Insinúas que se trata de néctar?- Marsmon asintió, orgulloso.- Se nos prohibió beberlo una vez perdimos nuestros cargos... ¿No habrás sido capaz de guardarlo?-

-Agnimon guardó una pequeña reserva antes de que todo fuera requisado. Lo reservo para ocasiones especiales.-

-¿También tienes ambrosía?- inquirió la inválida, conmocionada.

-No. En el caso de la ambrosía sí que se cercioraron bien de que no tuvieramos acceso a ella.-

-¿Algún secreto más que debiera saber?-

-Ninguno en el que caiga ahora. Al menos no por mi parte.- aseguró Marsmon. Minervamon adoptó una expresión severa. -No te pongas así Minervamon. Todos tenemos secretos.-

-Yo no.- sentenció ella, rotunda.

-Alguno tendrás.- replicó su hermano. - En fin, no rechaces mi ofrenda. Sabes que te irá bien.-

Minervamon, a regañadientes, bebió de la jarra que Marsmon inclinaba ante ella. El néctar siempre tenía en ellos una función revitalizadora, a parte de la alegría y buen humor que les proporcionaba. No era una droga, al menos no para ellos, que eran dioses.

-¿Agnimon ha probado el néctar?-

-Jamás. Se lo prohibí. Y es tan obediente como entrometido.- admitió el maestro del aludido. Marsmon esperaba que así Agnimon dejara de escuchar por detrás de la puerta. - Lo importante ahora es... ¿Te sientes algo mejor?-

-Un poco. Al menos de ánimo.- su hermano sonrió al oírle decir eso.

-Eso es.- dijo, saboreando cada palabra.- Será mejor que duermas unas horas más. Luego, prueba a incorporarte y si eso damos un paseo. El aire puro de la superficie te vendrá bien.-

Minervamon asintió, complacida. La verdad es que el trato de Marsmon era mejor del esperado. Pensaba que se pondría hecho una furia por haber fastidiado la misión. Quizás hubiera pagado su enfado con Mercurymon y así saciado su ira. Mejor para ella. Ahora lo que tenía que hacer era descansar y reflexionar sobre la ambrosía.

Marsmon abandonó la habitación cuando se percató de que su hermana empezaba a cerrar los ojos. Sorprendentemente, Agnimon no se encontraba por allí. Se dirigió hacía las jaulas de las fieras para reunirse con él. Se encontraron a medio camino.

-Ya las he dado de comer, pero de ellas quería hablarte antes.-

-Soy todo oídos.-

-Sé que este año ya has dado tu espectáculo anual en el Great Coloseum... - Marsmon captó rápidamente la indirecta, pero dejó a Agnimon explicarse.- Pero había pensado que quizás podríamos aprovechar tu estancia aquí, ya sabes, mientras Minervamon se recupera, para dar otra exhibición. Los leones están en buena forma y podrían ofrecer un buen show a los espectadores, como de costumbre. Pero tu presencia sería el atractivo principal.-

-No es una mala idea.- admitió el olímpico. - Daríamos algo de vida a la zona, y supongo que los ingresos serían notables.-

Agnimon frunció el ceño. Sí que era cierto que las entradas se venderían mejor si era Marsmon el que combatía, pero él había pensando ya los usos posibles para dichas ganancias extras.

-Había pensado adquirir laguna fiera más, algo de limpieza de las actuales instalaciones y quizás edificar en el resto de paraje: está desolado.-

-Mi comisión no creo que influya mucho en esos gastos. Aunque edificar, no creo que sea buena idea. A menos que con ello quieras añadir algún mecanismo de defensa.-

-¿Debería?- preguntó el pupilo, extrañado.

-Deberías.- dijo, pensando en todo lo que Mercurymon había iniciado.- Aquí guardamos varios útiles que han de ser protegidos. Además, en un continente tan peligroso como el Xross, es posible que los digimon salvajes de territorios lindantes causen estragos por la zona.-

-Admito que algún digimon ajeno a la zona se ha colado en mis dominios, pero nunca ha sido ningún problema.-

-Además, si adquieres algún digimon más, deberías instalar alarmas. Tú te criaste con las fieras y ya te respetan, pero no creo que una nueva adquisición sea tan... sumisa...-

Agnimon ató cabos y supuso que Marsmon guardaba algún motivo oculto para tanta insistencia en el refuerzo de la seguridad. De todas formas, si con ello accedía, lo aceptaría de sumo gusto. Él sólo quería ver combatir a su maestro: el resto de sus proyectos tendrían que posponerse.

-Inicia pues la campaña publicitaria Agnimon: La semana que viene, el gran Marsmon actuará en directo para todos los espectadores que acoja el coliseo.-

 
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Bueno, este un Fanfic, que precede al interfic-> Digimon: La Amenaza de Arkadimon.

Un breve (MUY BREVE) resumen:
Los Olímpicos antes gobernaban el Mundo Digital. Sin embargo, sus errores les costaron la destitución de su cargo, siendo remplazados por los Tres Grandes Ángeles. Ahora, buscan venganza, y recuperar el lugar que les pertenece. ¿Lo lograran?

*NOTA*:
Este Fanfic esta siendo publicado en Fanfiction.net y en Foros Pikaflash a la vez. (dónde están mucho más avanzados) Me decidí publicarlo también aquí para umentar el nº de lectores. Además, el fic se empezó a escribir cuando sólo estaban revelados 8 de los 12 olímpicos (olympus twelve). Además, los capítulos iran siend comentados paulatinamente en el blog que llevo con un amigo: Digimon Travel (para que os pase el link, mandadme un mensaje al perfil)

HE AQUÍ EL PRÓLOGO:

Prologo: Cuando la Bondad Torna Odio

Todos estaban reunidos. Ocho figuras portentosas se encontraban sentados cómodamente en sus respectivas sillas. Estaban perfectamente colocados para envolver completamente la mesa. Sobre ella, cada uno tenía colocada una copa de vino: algunas ya completamente vacías, otras por la mitad, a excepción de una que seguía intacta.

Presidiendo, se encontraba una figura imponente. De su cara, solo se podía vislumbrar levemente su boca, pues su máscara lobuna le cubría el resto del rostro.

Levantó su rudimentario cuchillo, y lo depositó de un golpe en la mesa. Dio un puñetazo firme contra la madera de la misma, haciendo saltar los restos de vino de su copa.

El resto de los presentes no se inmutaron, le conocían: demasiados años gobernando juntos el Mundo Digital.

Carraspeó, lo que significaba que iba a comenzar su gran discurso. A pesar de la forma tan ruda de hablar que solía utilizar, en muchos de sus discursos, utilizaba palabras elocuentes, que incitaban a seguirle allá a dónde vaya. Sabía conectar con la gente.

-Os he convocado aquí por un motivo. Todos los sabéis. Hemos pasado demasiados años a la sombra. Antes, éramos la ley. Gobernábamos de forma eficaz e implacable. Pero la codicia y ambición de los que ahora son nuestros enemigos, les hizo revocarnos del cargo. No sin antes librar una cruenta batalla, de la que conseguimos escapar ilesos. Ahora somos más fuertes. También más sabios. Es hora de contraatacar.-

Hizo una breve pausa, esperando el cese de la ovación general. Contempló satisfecho los gestos afirmativos del resto de los asistentes.

-Para que nos vamos a engañar. – prosiguió. – Actualmente, solo poseemos pequeños territorios. Pesad en aquellos reinos que alguna vez fueron nuestros. Éramos imparables. Y podemos volver a serlo. Pero para ello, debemos actuar. Es por eso por lo que os he reunido aquí, en mi Palacio de los Espejos.-

Una de ellos hizo ademán de levantarse, pero su compañero la agarró firmemente y la sentó.

-Siéntate. Aún no ha terminado.- dijo tajantemente. Su melena rubia quedó al descubierto. Cayó como una cascada, pero enseguida la apartó. Le parecía una falta de respeto.

La mujer que había intentado abandonar la sala le miró directamente a los ojos. Se respetaban, más no se llevaban muy bien. Eran opuestos: Sol y Luna, Agua y Fuego... No podrían sobrevivir el uno sin el otro, pero tampoco juntos.

Una risita resonó por toda la estancia. Los presentes miraron a una de las esquinas de la mesa. Junto a una copa de vino intacta, sus botas estaban apoyadas en la mesa. Lucía una sonrisa burlona, cabe decir infantil.


-Volviendo con el tema, abriremos el debate. Decidme dioses, ¿lucharemos por lo que es nuestro?-

-¿Estás seguro de lo que propones? ¿Estás dispuesto a originar una guerra, Mercurymon?-
dijo la figura que había intentado marcharse.
-Sería divertido Dianamon.- alguien añadió desde la esquina de la mesa. - Mi alter ego podría salir de nuevo a la luz.-

-Aguarda hasta el momento oportuno, querida Minervamon. Solo debes adoptar esa forma en batalla. Es muy descontrolada.-
dijo Mercurymon.
-Estoy de acuerdo.- admitió Dianamon. – Es cierto que nos lo han arrebatado todo. Pero habría que controlar nuestros métodos. –

-¿Alguien más quiere dar su opinión?-
preguntó Mercurymon.

No hubo respuesta.

-Apollomon, tú deberías ser el más interesado. Piensa en tus antiguos territorios. Ahora piensa en Bright Zone... Es una pena, no crees. Incluso Dianamon esta de acuerdo. Y si no fuera por ti, sabes que se habría marchado hace mucho. ¿Qué me dices?-
-Suena tentador la verdad...-
contestó.

-Bien...- exclamó el revolucionario.
-Yo tengo una duda.- exclamó otra figura, que hasta entonces no había tomado parte en el debate.

Se levantó y comenzó a pasearse por la sala. A pesar de la oscuridad en la que se encontraban, podía distinguirse de los demás casi con suma facilidad. Su cuerpo esbelto de bailarina se dirigió finalmente de puntillas a Mercurymon. Acercó su cara al oído del olímpico. Una de sus cintas les cubrió, para que los demás no les entendieran.


-¿Y eso nos conviene?- murmuró.

-Por supuesto.- entonó Mercurymon.

Tras oír su respuesta, amagó hasta donde se encontraba Apollomon, pero regresó a su sitió. Varios presentes la lanzaron miradas preocupantes: no les gustaba lo que acababan de presenciar.

-Vulcanusmon, ¿podrás hacer nuevas armas?-

El viejo dios cruzó todos sus brazos. Sin duda, era el más mayor de los presentes, no por mucho tiempo, pero lo era. Los años no se le marcaban en el rostro cubierto de vendas, pero lo hacía notar en su carácter.

-Me plantearé tu propuesta: depende de cómo sucedan los acontecimientos siguientes.- contestó.
-Siento decirte que me opongo a tus planes Mercurymon.-
-¿Qué? Neptunemon, rey de los mares, ahora que estas felizmente casado vas a renunciar a todo, para gobernar una pequeña isla. Me decepcionas.-


Las palabras de Mercurymon le calaron en lo más hondo.


-Island Zone, no es solo una pequeña isla.- afirmó Neptunemon.
-Pero dominaste todos los océanos. Nos han relegado a todos a un cargo por debajo de nuestras posibilidades. Tendrás que admitir que tengo razón.- respondió Mercurymon.

Neptunemon asintió. Estaba empezando a recordar aquellos tiempos antes de que las Bestias Sagradas les relegaran. En aquellas arcaicas eras, eran felices. Más que ahora. Eran grandes. Mucho más que ahora.

-Solo quedas tú.- dijo Apollomon señalándole. - Mercurymon ha hecho bien convocándonos aquí. Todos hemos hablado, salvó tu persona.-

Sentado en un extremo, como si con él no fuera la cosa, se descubrió la última figura. Los grandes colmillos de su máscara relucieron por un instante. Mostraba indecisión. Miró al resto de Olímpicos. Al final, todos se habían decidido por él camino de la venganza.

ÉL ya lo había propuesto la primera vez, con desastrosas consecuencias. Pero el paso del tiempo parecía haber borrado la herida en algunos. Estaba convencido de que si él hubiera echo esa misma propuesta, no la hubieran aceptado.

-Lo estoy deseando.- admitió.

-Eso me gusta más.- exclamó Apollomon.

Ellos siempre habían sido amigos, para que ocultarlo. Tenían muchas cosas en común. Y eso era lo que les había echo inseparables.

-Ahora que nos hemos puesto de acuerdo, finalizaremos aquí la reunión. Meditad sobre lo que hoy hemos hablado. Nos reuniremos dentro de unos días. Yo me encargo de todo.- dijo Mercurymon, despidiéndose.

Todos fueron abandonando poco a poco la sala en la que se encontraban. La cantidad de pasos confusos de los que buscaban la salida, parecía rayar el cristal del que estaba hecho el suelo.

Cuando todos hubieron salido del palacio, Mercurymon abrió el gran ventanal que conducía a la terraza. Caminó con paso firme hasta la barandilla.

Observó como los demás se dispersaban en la oscuridad de la noche. Hoy era el nuevo comienzo. Hoy era el principio del fin. Pues como él decía: cuando la bondad torna odio, no se puede encontrar arma más poderosa.

FIN
Hast aquí el prólogo. En breve publicaré el capítulo 1, así pues, espero muchos comentarios.

Gracias por leer:
Digimon263


---------- Mensaje agregado el 23/09/2013 a las 16:32 ----------

Bueno, parece que nadie se ha animado a responder aún... Así pues, un incentivo, el capítulo 1...

Bueno, este es el cap. 1 Espero que les guste.

Capítulo 1: Tácticas de Seducción de una Diosa

La mañana posterior a la reunión, se despertó entusiasmada. Sabía que el "conflicto bélico" que iban a originar, iba a ser catastrófico. Tanto para sus enemigos, como para ellos.

Si no habían conseguido solucionar sus "pequeñas disputas" del pasado, estaba convencida de que no iban a poder combatir juntos. Pero como Minervamon había dicho: "sería divertido".

Hay que decir que ella había sido la causante de muchas ellas, y los que no se veían involucradas en ellas, siempre se lo recriminaban, pero la vida es así.

Dianamon la había advertido muchas veces que sus dotes no se debían utilizar de esa forma. Pero ella no la comprendía. Bastante tenía Dianamon con lidiar con Apolomon. Así pues, nunca la había hecho caso.

Retiró las sabanas de seda que la cubrían y se levantó de la cama. Miró por la ventana: hacía un día espléndido. Y estaba sola, que era lo mejor de todo. Vulcanusmon ya había partido hacía su forja.

Nunca había entendido por qué se había casado con él. En cierto modo, el resto de olímpicos la habían obligado. Él la había convencido. ÉL tenía la culpa. Y Dianamon, pues fue ella, quien se propuso unirles.

Todo tenía sus ventajas, hay que admitirlo. Vulcanusmon tenía buena mano para las joyas. Y gracias a eso, ahora poseía unas cuantas. Él la veneraba. Como ella se merecía.

Aun así, no buscaba eso.

Se arregló rápidamente. Fue bailando hasta la salida de su mansión.

Tras la "caída" de los Dioses, se había creado su propio paraíso. No podía compararse con los dominios que anteriormente poseía, pero era espléndido. Era una gran casa de piedra, aunque se asemejaba más a un templo. De estilo grecolatino, el techo estaba sostenido por miles de columnas con cabezales dóricos, jónicos y corintios, que se sucedían en una serie infinita. El interior estaba decorado por estatuas de ella misma en diferentes poses, además de los frescos que decoraban las paredes y techos de las diferentes estancias –siete en total-.

Descendió las escaleras del podium, y contempló el acantilado que rodeaba su hogar. En efecto, gobernaba una pequeña isla paradisíaca en medio del océano.

Levemente, alzó el vuelo, y como si descendiera unas escaleras invisibles, acabó en la playa. Originalmente era una plataforma de abrasión, pero usando sus poderes, la había convertido en su cala privada.

Cogió un puñado de arena y lo dejo caer. El aire lo arrastró. Sonrió. Entonces, comenzó a sumergirse, con cuidado de no arrugar su vestimenta.

Al cabo de un rato, ya había alcanzado tierra firme. Hacía bastante que no visitaba Bright Land. Era un lugar sobrecogedor para ella. Excesivo calor y tierras casi infértiles, en las que solo crecían malas hierbas. Eso sí, tenía un brillo especial. ÉL sol lucía de diferente forma, y de cuando en cuando, lanzaba destellos que iluminaban la zona.

Se dirigió rápidamente, procurando no ser vista por los pocos digimons que habitaban la zona. Fue directamente al Castillo de Apollomon.

Era una construcción gigantesca, aunque comparada con la suya, tosca y sin mucho estilo. Era medieval, hecho de piedra volcánica y rodeado por un foso de lava. Desde el suelo se levantaban dos grandes columnas, que envolvían el pórtico, haciéndolo la única entrada accesible. Por encima de él, se levantaba otra pequeña estructura. Esta, poseía un balcón desde el cual se podía observar toda la zona. Allí es dónde se reunía con Apollomon.

Sobrevoló el foso y llamó a la puerta. No hubo una respuesta inmediata, pero el olímpico no tardó en recibirla.

Con aquella luz tan radiante, su larga melena de león adquiría miles de reflejo color fuego, imposibles de captar en otras circunstancias.

Hizo un gesto con sus garras para que pasara. Como respuesta, la diosa le tendió la mano. Se la agarró con firmeza y la condujo al salón.

Las vistas eran tan impresionantes como las recordaba.

-Dime... ¿A qué viene esta inesperada visita?- preguntó Apollomon.

-"Una pregunta estúpida".- pensó. Se limitó a sonreír. Al fin y al cabo, era una de las cosas que mejor se la daba hacer.

-Simplemente, me quede con ganas de saludarte en el consejo de ayer...- dijo mientras se acercaba al olímpico.

Paulatinamente fue aumentando el contacto. Apollomon trató de resistirse, pero sabía que era inútil.

-¿Sabe Vulcanusmon que estás aquí?- preguntó.

-Ni lo sabe, ni lo sabrá. O por lo menos eso espero. Ahora esta en la forja.- respondió, sin dejar de sonreír.

-No es propio de una diosa escaparse a escondidas.- comentó Apollomon.

-Pues no es la primera, ni la última. Tú lo sabes mejor que nadie.- matizó. Tenía una respuesta para cada comentario de Apollomon.

-Deberías irte.- dijo Apollomon.

-Lo dices con la boca pequeña. Si por ti fuera, estaría aquí presa toda la vida. Además, aunque me digas eso, sabes que no me marcharé.-


Hubo un incomodo silencio.

-Antes esto no era así, ¿qué ha cambiado?- preguntó la diosa.

-Yo.- respondió Apollomon.

-Lo dudo mucho. Nadie podrá cambiarte.- dijo, mientras hacía que Apollomon la rodeara.

-Mi querida Venus...- fue lo único que pudo decir.

Entonces se preguntó por qué siempre caía en la misma trampa. Ella era como veneno. Siempre lo ha sido. Un veneno dulce, procedente de la flor más hermosa del mundo...

Comenzó a divagar. Alejo esos pensamientos momentáneamente.


-"Por lo menos hasta que ella se vaya".- pensó.

Trató de mirarla a los ojos, pero se topó con su cinta. Lo había olvidado momentáneamente. Muchos de los olímpicos no mostraban sus ojos. ÉL era uno de los pocos.

Paso a contemplar el paisaje. Era el que contemplaba cada día, pero junto con Venusmon parecía especial.

-Si el plan de Mercurymon sale bien, podrías dar un poco de vida a esto.-


-¿A qué te refieres?- preguntó Apollomon, confundido.

-No se... Digimons, flores... vida.- respondió.

En eso tenía razón. La zona estaba bastante desierta después de las última batalla librada allí. Apenas había un par de Flarelizardmon y algún Salamandemon rondando por allí. Antes, había muchos digimons viviendo allí apaciblemente. Sin contar con su ejercito.

-Sabes perfectamente que no me llevo muy bien con las flores, pero sí. Tienes razón.- admitió.

La encantaba que la dieran la razón.

Se puso de puntillas para poder mirarle frente a frente. Apollomon la contempló, embelesado. Su pelo rubio, antiguo canon de belleza griego, su tersa y perfecta piel...

Sus caras estuvieron a punto de encontrarse en un beso, cuando Venusmon colocó uno de sus dedos, a un palmo de sus labios, separándoles.

Esto decepcionó en gran medida a Apollomon.

-No estropeemos el momento.- susurró la diosa mientras se marchaba.

Su caminar era lento, como si la costara marcharse. O por lo menos esa era la impresión del olímpico.

Mas Venusmon sabía lo que se hacía.


-"Misión cumplida"- pensó.

Abrió el pórtico y, flotando, se deslizó por él. Antes de cerrarlo completamente, se giró y contempló a Apollomon. Este la observaba detenidamente. Como si estuviera analizándola.

Le lanzó un beso robado, y finalmente se marchó.

Apollomon, mientras la miraba, se había fijado en una cosa. Venusmon lucía alrededor de su cuello un precioso colgante, el cual llevaba incrustado un rubí. Cortesía de Vulcanusmon.


-"Otra vez he vuelto a caer"- pensó. Mas sabía, que no seria la última.

Una vez Venusmon hubo regresado a su isla, Vulcanusmon estaba esperándola en la sala principal.


-Buenos días.- dijo la diosa, sonriendo.- ¿Qué tal el trabajo hoy?-


-Agotador.- respondió. – ¿Dónde has estado?- preguntó.

-Con la esposa de Neptunemon. Es una mujer encantadora.- mintió.

-Muy bien. Solo venía a ver como estabas. Vuelvo a la forja. Luego nos vemos.- dijo Vulcanusmon.

Pasaba demasiado tiempo en su forja, pero era su trabajo. Además, tenía una sorpresa preparada para su esposa. Se la entregaría esa misma noche.

FIN
*NOTA*:

Cómo ya advertí, sigue siendo un poco corto. Bueno, vamos profundizando en la historia, concretamente en Venusmon y Apollomon, los cuales tendrán un tortuoso romance, a lo largo del Fanfic. ¿Qué pasará en el siguiente capítulo? Lo descubrirán dentro de poco... En cuanto comenten...


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