Actividad [digimon263 & NoKyubimon]

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Y la lista de historias presentadas para Merry Christmas? aumenta con esta humilde y de momento no-tan-corta creación. A D digimon263 y a mi nos complace presentar una nueva versión de una historia mundialmente conocida (¿cuál será?) Como esa quedó incompleta en ciertas partes, decidimos remediar eso (al estilo digimon, obviamente).

El último vals

-... y recordadle que este año no se acerque al árbol para no repetir el desastre del año pasado –Phelesmon pronunciaba las palabras con la máxima claridad posible, ninguna orden debía ser pasada por alto–. Los aperitivos deben empezar a pasar a la mesa del salón junto con las bebidas frías, pero solo eso. La cocina tiene un estricto programa para esta noche y los invitados deben llegar a la cena con apetito. Ahora revisaré todo el castillo, así que estad atentos a cualquier nueva orden. En cuanto acabéis, mandad a un grupo a las puertas del castillo –los miró ceñudo–. ¿Ha quedado claro?

-Sí, señor –afirmaron con vehemencia.

-Retiraos entonces.

-Eh, ¿señor? –Phelesmon alzó una ceja–. ¿Qué hacemos con la pequeñina?


El mayordomo se ahorró el gruñido. Aquella noche tan ajetreada iba a acabar con él.


-De eso me encargaré yo.


Con un asentimiento inmediato, los otros dos digimon se alejaron, dispuestos a acatar las órdenes. Phelesmon los siguió enseguida. Con ojo crítico revisó todos los pasillos. Habían empezado a limpiarlos desde primera hora de la mañana para que todo estuviese perfecto a tiempo. Muchas partes del pasillo no iban a ser accesibles para los invitados, obviamente, pero los accidentes y los imprevistos por desgracia ocurrían, y Phelesmon prefería estar preparado. Así que el suelo había sido barrido, fregado y encerado; habían quitado el polvo a lámparas y mobiliario, lustrado barandillas y sacado los manteles nuevos.

Giró en la siguiente esquina y entró en el salón de baile. Era la sala a la que más se habían dedicado, ya que sería el centro de la fiesta. Varios digimon los saludaron al verlo entrar para volver enseguida a sus labores.


-¡Está pi-pi-pirfecto! –una voz chillona aseguró a su espalda.

-Piximon –la saludó Phelesmon.

-¡Me he encargado pi-pi-pirsonalmente de que toda la sala esté asombrosa! –aseguró–. Este es el árbol más grande de todo el bosque.


Phelesmon observó la alegría de la pequeña digimon mientras esta lo conducía hasta el árbol de Navidad. Tampoco habría hecho falta, aquel símbolo navideño era lo primero que se veía al entrar. Llegaba hasta el techo, y sus ramas ocupaban un gran espacio, pero dado que estaba cerca de la pared y se encontraban en la sala más grande del castillo, era un lujo que se podían permitir. Debían de haber estado horas decorándolo, porque habían eliminado todo rastro de nieve del tronco y hojas para evitar que el suelo acabase mojado. En su lugar ahora había dos largas cadenas de luces y guirnaldas que se cruzaban y enroscaban alrededor del árbol y una perfecta bola roja en la punta de cada rama. También habían colocado varios regalos de pega al pie, rodeando el tronco, sobre un colchón de nieve artificial.


-¿El más grande?

-¡El más enorme! –exclamó Piximon emocionada, dando vueltas en el aire.


Phelesmon dudaba seriamente que lo fuese, pero no sacaría nada contradiciéndola. Se perdió en medio de la explicación de Piximon sobre algún problema que habían tenido con la estrella que culminaba al abeto. Algo sobre que era demasiado pequeña o no brillaba lo suficiente. Él con tanto trabajo y la digimon hablando de aquellas tonterías. Hacía poco su línea evolutiva había cambiado ligeramente, hecho que no era común, pero tampoco demasiado extraño. Y aquello le había cambiado la personalidad. Pero Phelesmon tenía que admitir que seguía siendo competente en su trabajo; después de todo, tenía un nivel de responsabilidad semejante al suyo. La observó gesticular con intensidad cada cosa que decía, mientras el bastón que la digimon siempre cargaba – ahora decorado con múltiples cintas de colores – se balanceaba peligrosamente de lado a lado.


-... y yo le dije que no le diese de comer, pi-pi-piro no me hizo caso y...

-Piximon –la interrumpió.

-¿Sí?

-¿Y el resto del castillo?

-Pi-pi-piro el resto no es tan bonito como el árbol –Phelesmon frunció el entrecejo–. Que aburrido eres.


Piximon se cruzó de brazos, resignada.


-Ya está terminado –aseguró, ante de recordar algo que, para temor de Phelesmon, parecía hacerle mucha ilusión–. ¡Tienes que ver lo que tengo listo para la pi-pi-pista de baile!


De nuevo lo arrastró por toda la habitación, aunque esta vez el recorrido solo duró la mitad. Todos los sirvientes estaban viendo divertidos la tortura a la que la pequeña le estaba sometiendo, pero un rápido gesto bastó para que volviesen al trabajo. Piximon apuntó emocionada hacia el techo, donde colgaba la gran lámpara de araña. Aunque Phelesmon no la recordaba cubierta de todas esas hojas.


-¿Qué has hecho?

-Pi-pi-piro tonto ¿No lo ves? ¡La he cubierto de muérdago! –dio un gritito–. Esta noche un montón de digimon van a tener que besarse.

-Piximon, – Phelesmon suspiró con pesadez– eso no va a pasar.

-¡¿Pi-pi-pir qué?! Eres muy injusto...

-No soy injusto. Es que eso no es muérdago, es acebo. Te lo digo todos los años, el acebo es el rojo, el muérdago es el blanco.


Piximon calló durante un momento. Levantó la cabeza hacia la gran lámpara y la contempló.


-Pues entonces lo cambiaré –dijo convencida.

-Déjalo como está Piximon.

-Pi-pi-piro es que es rojo.

-Y así está muy bien –empujó a la pequeña hacia la salida de la sala–. ¿Por qué no vas a comprobar como van en la cocina?

-¿Dónde están todas las tartas, pi-pi-pisteles y turrón?


Phelesmon no tuvo tiempo de responder, porque la pequeña pareció tomarse muy en serio su nueva tarea, y empezó a aletear hacia la cocina. El mayordomo solo tuvo tiempo para recordarle que se comportara adecuadamente. La amenaza que venía después murió en su garganta al tiempo que la otra daba la vuelta a la esquina, así que hizo una nota mental para decírselo más tarde. Ya que Piximon iba a “encargarse” de la cocina y ya había revisado la pista de baile, el siguiente punto en su lista era la entrada.

El camino no era demasiado largo, pero aún así estaba perfectamente señalizado. Comparada con las que había en el resto del castillo, la alfombra que habían usado para ello resultaba muy llamativa e invitaba a averiguar que podría haber al final del camino. Phelesmon sabía que aquel cambio no era estrictamente necesario, sobretodo porque a su amo el nuevo color no le había gustado demasiado, pero había preferido hacerlo por el bien de los invitados. Muchos tenían pies sensibles y desnudos, y “frío” era el mejor adjetivo para describir a aquel castillo.

Bajó los tres peldaños que daban paso al vestíbulo sin que el digimon que allí se encontraba se diese cuenta. Habían colocado a un DemiDevimon junto a las puertas del castillo para que se encargase de recibir a los invitados y, en caso de que fuesen importantes, los anunciase. En realidad aquella tarea no era nueva para él. Cuando se trataba con esta clase de invitados era necesario que el criado en cuestión los conociese a todos y, si era posible, que ellos también lo conociesen a él. Así que el pequeño había desempeñado aquella labor por varios años ya. El problema es que siempre se ponía igual de nervioso que el primer día.


-¿Y si confundo al Stingmon del bosque con el de la familia de criadores? No se llevan bien entre ellos... Sería un desastre, un tremendo desastre... –DemiDevimon se golpeaba la cabeza contra las grandes y oscuras puertas de madera maciza. Phelesmon suspiró resignado, pero el pequeño pareció no oírlo–. Y Arukenimon suele estar de muy mal humor en estas fechas ¿Y si la hago enfadar? ¡No quiero estropear la fiesta! El amo y Phelesmon se enfadarían conmigo –se golpeó de nuevo–. No puedo hacer esto, no puedo.

-DemiDevimon.

-¡Phelesmon, señor!


El pequeño brincó en el aire, dándose la vuelta y golpeándose la cabeza contra la puerta en el proceso. Pero ese dolor no pareció reflejarse en su rostro. Habría sido difícil ya que el miedo le había dejado una mueca de disgusto semipermanente en el rostro. Para ser sinceros, Phelesmon no sabía dónde acababa el temor al trabajo que se le presentaba y dónde empezaba el susto que acababa de darle.


-¿Ya estás como la última vez? –preguntó exasperado, conteniéndose de añadir “y como la anterior, y la anterior, y la anterior,...”.

-¡Pero esta vez mis temores están fundamentados! –aseguró–. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que recibí a gente en el castillo. Estoy algo oxidado.


En eso no mentía, su amo cada día estaba más desagradable que el anterior, y aunque en años anteriores las fiestas habían sido un evento social muy usual ahora a penas se limitaban a abrir las puertas en las festividades más señaladas. Pero aún así lo de DemiDevimon eran solo exageraciones.


-Harás tu trabajo, DemiDevimon. Y lo harás bien –si aquello era una orden o palabras de aliento, DemiDevimon no lo supo. Pero si algo le quedó claro es que no debía insistir, Phelesmon no parecía de mejor humor que Arukenimon–. ¿Han llegado ya los Knightmon?

-Sí señor, pero como a mediodía estuvo nevando han salido a limpiar el camino. Deben estar a punto de llegar.

-Muy bien. En cuanto lleguen asígnales sus puestos. ¿Cuántos son?

-Cinco, señor.

-Pues que dos se queden fuera para hacerse cargo del posible transporte y que los otros tres recojan los regalos o cualquier otra pertenencia con lo que no quieran cargar. ¿Sabéis cuál es la sala para esas cosas?

-Sí, señor.

-Bien.


Con un par de zancadas alcanzó la argolla que abría una de las dos pesadas puertas y tiró de ella. DemiDevimon tuvo que hacer un giro violento para no ser golpeado otra vez. Fuera el cielo empezaba a oscurecerse y por suerte las nubes a marcharse. Por lo menos sabían que no volvería a nevar en unas horas. Los laterales del jardín delantero estaban cubierto por una gruesa capa blanca y tan solo los setos que cerraban el recinto y los grandes árboles eran visibles. Si bien tenían dos hileras de arbustos a cada lado del camino que los Knightmon habían conseguido despejar, el devastador invierno les había arrancado hasta la última hoja, así que con la falta de luz era complicado verlos.

Al fondo, junto a la verja, tres Knightmon estaban limpiando los últimos metros y echando la nieve fuera del recinto. Los otros dos estaban cepillando con brío lo anterior, dejando así el camino impoluto. Phelesmon asintió conforme ante el resultado del trabajo e inclinó el cuerpo hacia delante. Comprobó además que Piximon no solo se había encargado de que cubriesen cada barrote de la verja con oropel esponjoso plateado, sino que además habían colocado dos grandes maceteros a ambos lados de las puertas con un frondoso arbusto cada uno, que hacía de pequeño árbol de navidad.

Phelesmon llamó a uno de los Knightmon, que dejando el escobón a un lado, acudió enseguida a su llamado. Cada uno abrió completamente una de las puertas y movieron los maceteros para dejarlas en esa posición. Mientras el caballero volvía a su trabajo Phelesmon entró de nuevo.


-¿Crees que tendrás frío así? –preguntó, señalando a las puertas abiertas de par en par.


DemiDevimon miró hacia el exterior, aunque el aire que entraba ahora era más frío, el viento se había ido con las nubes, así que con que se mantuviese un poco alejado de las puertas no necesitaría abrigarse.


-No, señor.

-Me pasaré por aquí de nuevo cuando lleguen los invitados –anunció, dando por terminada su revisión.


El pequeño murciélago dudó si volver a la carga con sus preocupaciones, pero acabó por asentir y observar como Phelesmon se marchaba.


[...]


Myotismon estaba recostado cual largo era en el diván granate de su cuarto. Se había tirado allí hacía ya más de media hora y no tenía la menor intención de volver a levantarse. Es más, a cada minuto había ido ajustándose mejor al asiento y por fin tenía la postura ideal. Su capa había quedado colocada de cualquier modo – siempre y cuando no le estorbase le daba igual si se arrugaba – y su habitual traje estaba medio abierto.

No estaba dormido, pero cuando Phelesmon abrió la puerta le habría gustado estarlo. Así tendría una excusa más para no levantarse.


-Amo, los invitados están a punto de llegar –le anunció.

-Pues que se diviertan –respondió Myotismon, aunque su tono no acababa de casar con su deseo.

-Amo –lo volvió a llamar Phelesmon.


Myotismon se apoyó en sus codos e incorporándose a medias miró enfadado a su mayordomo.


-No pienso bajar.

-Señor, no puede organizar un evento y luego...

-¡Tú lo has organizado, no yo! –le recordó.


Hacía tiempo que todo aquello había perdido la gracia para el gran digimon. Estaba harto de todas esas tonterías y si sus criados ya lo molestaban día a día, estas fiestas eran todavía peores, porque el bullicio se multiplicaba. Si no conociese a Phelesmon desde hacía tanto tiempo, su paciencia se le habría acabado mucho antes y el demonio rojo quizás ya habría renacido del digitama en que lo habría convertido.


-Solo serán un par de horas, amo –le aseguró Phelesmon, intentando negociar–. Con tantos invitados no notarán que se ha ido.

-Pero has organizado una cena también –masculló Myotismon, que aunque se había sentado no tenía intenciones de incorporarse todavía más.

-Podemos excusarlo en cualquier momento –propuso–. Además, así se asegurará de que se vayan temprano.


Aquello no lo convencía en absoluto. Todos aquellos digimon molestos invadiendo su castillo. Algunos osarían traer infantes, que serían más inquietos y habladores que los adultos. Se vería obligado, además, a charlar durante largos e interminables minutos con aquellos nobles e intelectuales digimon. Sus conversaciones eran aburridas y repetitivas. No es que los considerase demasiado incultos y a sus conversaciones insípidas, todo lo contrario, lo que le molestaba es que se interesasen en todas esas cosas tan aburridas. Una batalla como las de antaño sería un entretenimiento más ameno.

Por eso prefería pasarse toda la noche en su habitación. Durmiendo, fingiendo que dormía y volviendo a dormir otra vez. Y cuando Phelesmon estuviese demasiado ocupado con alguno de esos trabajos que tenía él y no lo estuviese vigilando, ordenaría al servicio que le subiese la comida. Con el paso del tiempo había conseguido amueblar su habitación precisamente para tener que salir lo menos posible. La cama había podido dejarla como estaba, tan larga y ancha que podría meter a dos Unimon en ella y al girarse por la noche nunca los tocaría. Había quitado las estanterías y el sillón destinado a la lectura, que Phelesmon tontamente había colocado años antes. En su lugar había colocado el diván sobre el que estaba sentado y una mesa que movía a su antojo para poder comer en cualquier parte de la habitación. El escritorio también lo había dejado, ya que al liberarse de todas las estanterías con libros y artilugios diversos había perdido espacio donde apoyar ropa sucia y basura que fuese acumulando. El mueble más novedoso de la sala era su armario, no porque necesitase una ampliación o porque no le gustase el viejo, sino porque en un ataque de furia había roto el antiguo. Su siguiente proyecto era eliminar todos los cuadros que colgaban de las paredes. No le acababan de convencer.


-Si no les deja entrar, no podremos recoger los regalos que traigan, amo –le recordó Phelesmon.


Myotismon lo miró durante largos segundos, considerando ese punto. Al final se levantó, pero sus modos seguían siendo claramente desganados. Phelesmon murmuró algo sobre lo mal colocado que tenía el atuendo, así que se encaminó decidido al armario, preparado para una larga hora – porque conociendo a su amo, no sería menos – de quejas y exigencias de Myotismon sobre la ropa que el mayordomo trataba ponerle.


[...]


-Es un honor verla de nuevo, señorita Arukenimon –saludó DemiDevimon, con la reverencia más exagerada que fue capaz, mientras uno de los Knightmon recogía con rapidez el pequeño regalo que la mujer araña amenaza con tirar al suelo.


Desde luego, Arukenimon hacía tiempo que había dejado de parecer una señorita, pero había una larga lista de cosas que la hacían gritar enervada, y su edad era una de ellas. Arukenimon miró con desprecio al pequeño DemiDevimon, pero solo emitió un claro y escalofriante gruñido. En aquel momento, Phelesmon y Myotismon cruzaron por delante de ellos, en dirección al salón.


-¿Por qué está la puerta abierta? –murmuró fastidiado Myotismon, echando mano de su capa.

-No podemos recibir a los invitados con la puerta cerrada, amo.

-¡Myostimon, muchacho! –Arukenimon le llamó, adelantándose de pronto hacia él–. Tengo que hablar contigo.

-¿Y tiene que ser ahora?


Arukenimon no pareció escuchar su contestación, y si lo hizo, no quiso darle importancia.


-Señorita Arukenimon –la saludó Phelesmon, haciendo una corta reverencia y tendiéndole el brazo–. Es un placer tenerla aquí esta noche. ¿El viaje le ha resultado muy cansado?


Al principio la araña se vio algo reacia a hablar con él en vez de con Myotismon, pero viendo como el anfitrión se adelantaba a ellos y ella, en efecto, estaba cansada del viaje, optó por apoyarse en el mayordomo y responder a sus preguntas. No olvidando, obviamente, soltar sus gruñidos de enfado de vez en cuando.


-¡Es muy grande!

-¡Es enorme!


Las voces de Patamon y Tsukaimon se oían por encima de las de los demás digimon, que en los minutos anteriores habían llegado a la fiesta. Ambos miraban asombrados el gran árbol de Navidad que había en el salón de baile del castillo de Myotismon. Su familia había sido invitada por segundo año consecutivo, pero esta vez era la primera que podían asistir. La otra vez apenas llevaban unas semanas fuera del digitama. Sin ninguna preocupación cogieron altura y comenzaron a mirar cada uno de los adornos, hasta llegar a la estrella que coronaba el árbol. Sus miradas se cruzaron y Tsukaimon fue el primero en sonreír travieso.


-¡Cógela si puedes!


Rápidamente atrapó el adorno y comenzó a volar lo más rápido que pudo por toda la sala, seguido de cerca por su hermano, que intentaba darle alcance. Algunos adultos miraron hacia arriba, buscando la causa del alboroto, y observaron molestos a los digimon. Pero al final nadie dijo nada, y los padres de ambos tampoco parecieron darse cuenta de lo que estaban haciendo.

El ambiente en general estaba bastante animado. Con la llegada de los invitados un gran grupo de Chicchimon habían empezado a cantar una dulce melodía de ambiente en un escenario colocado especialmente para ellos. Una Swanmon los dirigían, moviendo sus alas con movimientos exactos y simétricos, exceptuando los momentos que movía su ala derecha para señalar a aquellos a los que les tocaba entrar o que tenían que cambiar de parte. La mesa con todos los aperitivos ya llevaba un tiempo preparada y algunos invitados ya habían empezado a acercarse, algunos porque eran demasiado glotones, otros porque con el tema del viaje hacia mucho que habían salido de sus hogares y el resto porque era un buen sistema para alejarse de los conocidos pesados. Las amplias y lujosas fuentes estaban repletas de pequeñas tostadas con mermeladas amargas o pequeños canapés de muy diversos sabores. Habían evitado usar frutas, bayas o cualquier alimento demasiado dulce que pudiese cerrar el apetito. Por eso el ponche había sido descartado cuando el menú fue creado, pero los cocineros se habían encargado de que las bebidas sustitutas estuviesen a la altura, y a un buen ritmo las enormes garras iban siendo vaciadas. Un par de Knightmon esperaban cerca de las puertas del salón, vigilando que nada ocurriese y otro, no demasiado lejos, vigilando que platos, vasos y bebidas iban escaseando en cualquier momento para llevarlos y reponerlos rápidamente en la cocina.

Nadie había empezado a bailar todavía, normalmente esperaban a que el anfitrión tomase la iniciativa. Pero viendo como se comportaba Myotismon últimamente, dudaban que fuese a hacerlo. En realidad, ese era el tema más comentado de la velada, como lo había sido también en las anteriores y otras muchas reuniones. Aún así, el ánimo no decaía, y todos permanecían alegres y llenos de espíritu navideño. Una de las largas canciones de los Chicchimon terminó y aprovecharon para anunciar que cantarían la última antes de empezar con otras más bailables.

Con ese ambiente, Myotismon, Phelesmon y Arukenimon entraron en el salón. Los más cercanos a la puerta se acercaron para saludar y a Myotismon no le quedó más remedio que devolverles los saludos y murmurar algún monosílabos ante las conversaciones en las que poco a poco se estaba metiendo. Arukenimon viendo el corro que se estaba formando alrededor del anfitrión soltó a Phelesmon y se unió al bullicio con un tono que amenazaba gritos.

El mayordomo suspiró, se arregló sus ropas y empezó a recorrer la sala, comprobando que todo estuviese en orden. No le costó mucho descubrir a los dos traviesos digimon que sobrevolaban a los invitados, pero parecía que Piximon ya los estaba persiguiendo enfadada. Solo esperaba que aquello no durase demasiado, o tendría que buscar algún argumento para calmar a su amo, y cada día resultaba más agotador. A mitad de su camino, y a la altura del árbol una mano enjoyada lo detuvo.


-Señorita Bastemon –la saludó Phelesmon, inclinándose–. ¿Cómo se encuentra?

-Muy bien, gracias –respondió con una sonrisa–. ¿Está Myotismon ya aquí? No lo he visto.

-Sí, el amo llegó hace unos minutos –respondió señalando hacia la puerta–. Ahora se encuentra hablando con varios de los invitados.

-¿Hablando él? –Bastemon se asomó sobre el hombro de Phelesmon–. Lo dudo.


Phelesmon prefirió no darle la razón, aunque ambos sabían que la tenía.


-Había ido a buscarlo, pero no pude subir las escaleras –comentó Bastemon, refiriéndose al Knightmon que le había repetido varias veces que no se permitía el acceso a aquella zona.


-Disculpe, pero es que no queríamos que nadie se perdiese por estos pasillos.


-Está bien, solo quería algo de diversión –la gata agitó la mano.

-¿No se lo está pasando bien?

-Disfruto más con la compañía de Myo –respondió ella.


Bastemon y Myotismon se conocían desde hacia varios años. Aunque Phelesmon sabía que no se les podía considerar realmente amigos, había que reconocer que Bastemon había sido de las que mejor había llevado el cambio de actitud de su amo. Aunque más que nada se debía a sus constantes intentos por ver cuánto podía enfadar a Myotismon.


-¿Falta mucho para que empiece el baile?


Phelesmon le dedicó un vistazo al escenario con los Chicchimon y luego revisó su reloj de bolsillo.


-No creo que mucho. Si Swanmon ya ha avisado no alargará demasiado esta canción.

-Bien, entonces le pediré a Myo que baile conmigo –al ver la cara de sorpresa de Phelesmon, sonrió–. Si él no viene a pedírmelo, tendré que ir yo.


El mayordomo dudaba seriamente que su amo fuese a aceptar. Es más, no creía ni que la declinación fuese amable, pero no podía perseguirlo durante toda la fiesta. Esbozó una pequeña sonrisa y deseó suerte a Bastemon. Ella lo miró con una ceja alzada, pero se encogió de hombros y comenzó a caminar hacia el anfitrión. Notó alguna mirada posada sobre ella mientras se acercaba a la puerta, contoneando las caderas, como era habitual en ella, pero decidió no detenerse. Corría el riesgo de que Myotismon intentase escapar mientras ella lo buscaba.

Sin embargo, lo encontró donde Phelesmon le había dicho, rodeado de varios invitados. En realidad, los únicos que llevaban allí desde el principio eran Myotismon y Arukenimon, el resto se habían ido acercando y alejando con el paso de los minutos. Aún así, parecía que la mujer araña no había parado de hablar, y a Myotismon lo maleducados que habían sido los aldeanos del pueblo más cercano con Arukenimon no parecía importarle lo más mínimo.


-¡Myo! –Bastemon cortó su conversación.


Varios invitados suspiraron aliviados cuando Arukenimon detuvo su historia para mirar con rabia a quién la había interrumpido. En ese momento la música paró y todos los invitados se giraron hacia los Chicchimon. Junto a ellos había ahora cuatro Swanmon más, cargados cada uno con un instrumento diferente. Se acomodaron durante unos segundos, siempre bajo la atenta mirada de todos los presentes. Y la música empezó.


-¿No vas a sacarme a bailar? –preguntó Bastemon con una sonrisa coqueta.


Myotismon la observó de arriba abajo. No tenía muchas ganas, pero la idea de seguir escuchando un segundo más a Arukenimon lo impulsó a coger a Bastemon por la muñeca y arrastrarla hasta el centro de la pista, que había sido despejada en cuanto las alas de Swanmon habían marchado el inicio del vals. Bastemon dibujó una sonrisa de satisfacción en su rostro y se apresuró a seguir los pasos de Myotismon cuando este empezó la danza con cierta brusquedad.

Con cada compás, una nueva pareja se iba incorporando al baile, y pronto la mitad de los invitados estaban dando vueltas y vueltas casi al unísono. Demasiado acostumbrados a estos eventos, ninguno chocaba con los demás y nadie se quejó de ser pisado por su pareja. Algunos aprovechaban para susurrarse, esperando que el vecino no pudiese oírlos, y otros se limitaban a mantenerse la mirada. En el caso de Myotismon, tenía la mente en otro lado, aunque sus pies seguían moviéndose solos. Su expresión se había relajado notablemente, pero aún así seguía sin compartir el entusiasmo navideño con los demás. Bastemon inició varios temas, sin preocuparse de bajar demasiado la voz, pero las secas respuestas de su compañero hicieron que se acabase rindiendo. Ni las provocaciones habían funcionado, así que trató de disfrutar al menos del vals.

La canción se extendió durante largos minutos y las faldas de los vestidos no dejaron de moverse en ningún momento. La música mantuvo su ritmo constante, y los devotos de aquellos cantos prefirieron acercarse a los Chicchimon en vez de a la pista. Las notas y acordes empezaron a marcar el final, hasta que la última, mucho más larga que las anteriores, cerró por fin la pieza. Bastemon ya estaba preparada para retener a Myotismon durante un baile más, pero enseguida sus planes se vieron truncados.


-Amo, lo necesitamos un momento –Phelesmon había parecido a su lado al acabar la pieza.

-¿Tiene que ser ahora? –protestó Bastemon a nadie en particular–. Eres muy injusto, Phelesmon –le dijo cuando vio como Myotismon empezaba a alejarse.

-Eso me han dicho –Phelesmon se despidió de la gata antes de seguir a su señor.


Myotismon no reprimió un bostezo mientras se acercaban de nuevo a la puerta. Un paso por detrás lo acompañaba Phelesmon, y a sus espaldas iban quedando todos los invitados, animados por la fiesta y todos los cotilleos que estaban recolectando en esta, sin advertir de la escapada del anfitrión.


-¡El señor BanchoLeomon y acompañantes! –anunció de pronto DemiDevimon, abriéndoles las puertas a los últimos invitados.


Myotismon se encontró de pronto cara a cara con su invitado más importante. El otro no reprimió su sonrisa y enseguida le dio un par de palmadas amistosas.


-¡Myotismon! Hacía tiempo que no nos veíamos –lo saludó alegre–. Disculpa que no haya venido las últimas veces, pero por allá hemos tenido unos cuantos problemitas con unos rebeldes, pero ya está todo bajo control –al ver la expresión de Myotismon frunció el ceño–. ¿Estás enfadado porque he llegado tarde? Lo siento amigo, pero es que el viaje es largo y es difícil prever imprevistos.

-Tengo prisa –respondió Myotismon secamente.

-¿Eh? ¿Vas a salir? –Bancholeomon le indicó a sus acompañantes que se fuesen incorporando a la fiesta–. No importa, voy contigo.

-Lo siento señor, pero es realmente importante –intercedió Phelesmon por su amo–. Pero no se preocupe, le he reservado el sitio junto al amo en la mesa del comedor.


Aquello le dejó claro al león que Myotismon no iba a volver al salón en las horas que quedaban antes de cenar, pero viendo que no le iban a dar detalles aunque intentase preguntar más, asintió y se fue a buscar a otros conocidos. Myotismon salió inmediatamente sin comprobar siquiera si Phelesmon lo seguía, aunque conociéndolo era bastante probable.


-No te des prisa en llamarme.


Y con eso se perdió en el pasillo.

[...]


Al final aunque Phelesmon hubiese querido llevarlo de vuelta temprano, habría sido casi imposible. Hacía un cuarto de hora que todos tenían que estar sentados en la mesa, pero mientras no encontrase a su amo no podía hacerlos pasar. Era una suerte que los cocineros no tuviesen problemas para mantener la cena caliente mientras él recorría todo el castillo. Había ido convencido a su habitación, pero para su sorpresa lo había encontrado vacío. Ninguna de las otras habitaciones había dado un resultado distinto. Myotismon tampoco había optado por tomar un baño o visitar las cocinas. Le había preguntado a los criados con los que se había encontrado, pero ninguno lo había visto. Estaba considerando la alocada idea de buscar en la biblioteca cuando recordó el patio trasero.

Apuró el paso, bajó un par de pisos y abrió con fuerza la pequeña puerta al exterior. Al contrario que la parte delantera, el segundo jardín estaba repleto de plantas con hojas. Varios setos a la altura de su cadera dibujaban en el centro un pequeño laberinto, que al ir avanzando hacia el fondo aumentaban su altura drásticamente, de forma que creaban zonas protegidas de miradas indiscretas. En los laterales había árboles alineados de troncos finos y apariencia frágil, pero que sin embargo eran capaces de soportar el crudo invierno. Y lo que más resaltaba eran los rosales. Ese sin duda era el motivo principal del jardín – y, en realidad, lo que siempre había caracterizado a aquel castillo-. Las rosas rodeaban cada una de las bases de los árboles, se erguían en las estatuas que adornaban el laberinto, cubrían los muros protectores y presidían el resto de las zonas en las que ninguna otra planta había sido colocada.

Aunque los bancos habían sido colocados estratégicamente por todo el jardín, los más elaborados y amplios eran los cuatro que rodeaban la fuente central, aquella que separaba el laberinto diminuto del más grande. En esa época del año la fuente no emanaba agua, ya que toda permanecía congelada, así que Myotismon no había tenido ningún problema para tumbarse en uno de esos cuatro bancos.


-Va a coger frío aquí fuera, amo.


Myotismon no comentó nada. Miró a su mayordomo, a pesar de que trataba de mantener su sonrisa cordial, el cansancio por el trabajo duro ya se iba haciendo evidente. Había conseguido mantener la larga chaqueta negra que utilizaba como uniforme lisa e impecable, pero fruto del nerviosismo había acabado remangándose. Ahora sus guantes estaban completamente a la vista. Además, ya había varios mechones luchando contra la gomina. Myotismon se levantó, volvió a colocarse bien la capa y con un gruñido empezó a caminar.


-Espero que esto acabe pronto.


A pesar de sus palabras, no apuró demasiado el paso. Phelesmon ordenó a uno de los Knightmon que se encontraron por el camino que avisase a todos los invitados y a la cocina de que la cena sería servida enseguida, y así poder dirigirse directamente al comedor. El digimon no desperdició ni un segundo y reclutando a otro compañero fue a cumplir su cometido. Los invitados no se hicieron de rogar, así que a pesar de que eran muchos más, llegaron al mismo tiempo que Myotismon y su mayordomo, y todos comenzaron a tomar asiento. La fiesta le estaba resultando espléndida, así que tenían grandes expectativas de la cena.

Al igual que el salón, habían decorado con esmero aquella sala, pero esta vez Piximon había dejado las bolas y el oropel y había utilizado replicas de estrellas de los copos de nieves para decorar las dos pequeñas lámparas de araña que iluminaban el comedor. Myotismon se dirigió hacia la cabecera, donde BanchoLeomon ya lo estaba esperando. Phelesmon, por su parte, ya se estaba acercando a la puerta que conectaba con la cocina cuando la puerta se volvió a abrir.



-¡Señor!



Todos callaron para mirar a DemiDevimon sorprendidos, mientras el pequeño se tapaba la boca avergonzado y se dirigía hacia Myotismon con un vuelo nervioso.


-¿Qué ocurre? – preguntó Phelesmon, que se había vuelto a acercar, intrigado.

-Lo siento, señor, no quería interrumpir de esta forma –se disculpó atropelladamente DemiDevimon – pero es que hay alguien en la puerta. No... no logro recordar quién es –dudó un momento–. Yo creo que no le han invitado, pero es que no para de insistir en que tiene que hablar con usted, amo.

Fin de la parte primera


Y hasta aquí. La forma de hablar la ama de llaves, Piximon, es como habréis podido adivinar un ejemplo más de esa costumbre que tienen muchos digimon en la serie de modificiar sus frases en base a su nombre (en este caso, remarcar el pi- de Piximon al principio de las palabras que empiezan por "p") o de usar muletillas.

P.D.: Si alguien tiene curiosidad, Piximon recuperó la estrella xD.
 

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Curioso inicio. Nunca esperé ver a un Myotismon como protagonista y más aun con esta trama en la que parece un duque organizando una fiesta de la edad del renacimiento.XD
Está muy bien escrito. Al principio creí que sería una fiesta de demonios pero lo descarté al ver otros tipos de digimon. Solo falta ver que hará este soñoliento y aburrido Myotismon para que su fiesta se destruya, a menos claro que sea otro el que lo arruine.XD

Suerte a ambos, aunque seamos competencia es divertido leer lo que todos escribieron.:D
 

Moderador
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Diría que es un gran inicio con un perfecto desenlace. No sabemos quién entrará por esa puerta, pero será el momento en que todo se arruine. Que ganas de que pongáis pronto la segunda parte para enterarme. Me ha gustado el detalle de usar digimon que apenas colocamos en nuestras historias.

Debo reconocer que tienes una forma de describir y narrar muy buenas. He podido imaginarme la cena y cada pasillo con lujo de detalles. Y un gusto comprobar que colocas pequeñas partes de los invitados, como fueron las dos patatas voladoras. Piximon me encantó como la hiciste.

Espero la próxima.
 

Digital Hazard
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Aquí mi fragmento

Los invitados siguieron comiendo e interactuando de ellos, sin apenas percatarse de la ausencia del anfitrión y del mayordomo, quienes habían puesto rumbo hacia la entrada inmediatamente después del aviso de Demidevimon. Lo cierto era que la mayoría de ellos habían venido allí, no sólo por los vínculos que les unían con Myotismon, o por la elevada posición social que ocupaban, sino por la comida y el entretenimiento gratuito: algo que no abundaba por aquellos lares. Sin duda, el pueblo que había colina abajo no proporcionaba esa dosis de diversión que ellos necesitaban.

Las únicas excepciones a esta regla eran tanto Bastemon como Arukenimon. La mujer araña pretendía compartir con el vampiro el malestar que siempre la abordaba durante estas fechas; mientras que la gata trataba, como todos los años, de disfrutar de la compañía de aquel viejo amigo al que se le había agriado el carácter.

Se miraron la una a la otra. El imperfecto rostro de Arukenimon desvelaba el aburrimiento al que se encontraba sometida. Las cuidadas facciones de la gata dejaron vislumbrar una cálida sonrisa. Decidieron acercarse y ponerse a charlar, en lo que esperaban a que el anfitrión regresara a su lado.

El coro seguía creando armonías en la nueva canción que los Swanmon les habían indicado tocar, mientras los Knightmon empezaban a pasearse con unas bandejas cargadas de de canapés, los cuales perseguía Piximon con un afán ciertamente obsesivo. En cuanto pillaba la bandeja a su alcance, lanzaba su jabalina para picar el canapé más suculento de todos, asustando al resto de invitados que se disponían también a tomar uno. El hada podía de aprovechar la ausencia del mayordomo para divertirse un rato.

[…]​

La situación al otro lado de la puerta era muy distinta. El frío aire invernal se colaba por los vanos del gran pórtico abierto. Aquel soplo de viento helado era familiar para todos los que contemplaban la singular escena, y, en cierto modo, era aquella brisa invernal la que había marcado la entrada del intruso.

Demidevimon se había quedado atónito al contemplar aquella sombría figura, envuelta en capa verde de los pies hasta la cabeza, y apoyada en una cachaba, sacudiéndose los restos de nieve en la impoluta entrada del castillo.

El sirviente le había rogado que se identificase; mas éste había respondido con el silencio. Ya bastante turbante era para Demidevimon no recordar de qué invitado se trataba como para que cayeran en el vacío el eco de sus palabras. Cuando hubo vuelto a preguntar, el visitante contestó. con la cabeza gacha, que necesitaba ver al dueño y señor inmediatamente. Aquella era la voz de una mujer tocada por los años. ¿Una muy vieja amiga quizá? Sin duda, nadie que hubiera asistido a las últimas fiestas allí dadas. Decidido, había llamado tanto al mayordomo como al anfitrión, para que tomaran ellos la decisión más oportuna. Al fin y al cabo, su misión era anunciar a los invitados que conocían, y no a extraños que se presentan delante de la puerta, con fines desconocidos.

Para Phelesmon, la llegada de aquella intrusa sólo le suponía un quebradero más de cabeza. Todos los años en aquel tipo de fiesta, le surgía algún inconveniente ante el cual no se había preparado. El año pasado fue la borrachera de BanchoLeomon; el anterior, la acalorada discusión entre Arukenimon y otra invitada; la cual, por supuesto, no había vuelto a asistir a ningún otro evento. Parecía que aquella aparición inesperada iba a ser lo que pusiera a prueba sus dotes de organizador, pacificador y mediador.

El que se encontraba más turbado, sin lugar a dudas, era Myotismon. El vampiro se encontraba algo atrasado, observando atentamente, protegido por la figura del demonio rojo. Sentía en aquel momento, un cúmulo de sentimientos que no tardarían en estallar. En él se mezclaban el estrés de una fiesta que no quería dar, el infantil enfado que sufrían los nobles cuando alguien osaba interrumpirles, y aquella repugnante curiosidad: esa que provocaba la cólera de su poseedor si el conocimiento que descubría era banal, insuficiente, o simplemente innecesario. Pero al fin y al cabo era curiosidad, y, por ende, era necesario saciarla.

Fue el mayordomo quien se decidió a hablar primero, convencido completamente de que era capaz de solventar el problema sin que rodaran cabezas.

-Demidevimon, hazme el favor, y vete a comprobar el estado del resto de los invitados.-

-Se refiere a que compruebe si el comportamiento de Piximon es adecuado, ¿no?-


El demonio asintió, y Demidevimon, aliviado, marchó para vigilar al hada rosa, con una sonrisilla de oreja a oreja. No podía evitar acordarse de la vez que ésta había realizado un número de imitaciones de los distintos invitados. Pese a resultar inadecuado, había sido simplemente tronchante.

-Y en cuanto a usted…- prosiguió Phelesmon- ¿Podría informarme de los motivos que le han llevado a hacer acto de presencia?- Su tono reflejaba una clara superioridad, acorde con su innata confianza. Trataba de aparentar tener el dominio de la situación, la cual, en realidad, ni tan siquiera conocía.

-Y que se baje la capucha.- añadió Myotismon.- Me incomoda enormemente disponerme a dialogar con alguien que oculta su rostro.-

-La llevo puesta por el frío, que es también el motivo que me mueve hasta aquí. Mas, si insistís, me la quitaré.-
explicó, mientras acataba la orden dada.

Sin la capucha verde, asomaba un gran moño, que trataba de agrupar una maraña de pelos grises sin éxito. El flequillo que la anciana lucía seguía cubriéndole los ojos, pero ahora los presentes podían contemplar esa sonrisa pícara de remendados jirones, como si de un muñeco de vudú se tratase.

-Mi nombre es Babamon.- se presentó la anciana.- Inicié un viaje hace muchos años, y necesito un lugar que me cobije del frío esta noche. Las humildes gentes del poblado son incapaces de proporcionarme un lecho dónde dormir, y me han aconsejado ir hasta aquí a pedir hospedaje.-

Phelesmon no pudo evitar dejar escapar un suspiro. Sólo una peregrina en busca de un lugar donde pasar la noche: aquello no parecía nada de lo que preocuparse…

[…]​

La música del coro, ahora más relajada, seguía sonando para acompasar la cena. Tras una ronda de aperitivos, los Knightmon habían puesto orden, y todos los invitados habían tomado asiento en la gran mesa que ocupaba la mayor parte del amplio espacio del que disponía el comedor. Mantel rojo, servilletas blancas, todas ellas ornamentadas con motivos navideños, continuaban la armoniosa decoración establecida.

Bancholeomon y sus camaradas habían ocupado un lugar cercano a dónde se encontraba Piximon, esperando que el hada representara otra de sus cómicas obras. Además, el hada controlaba que a la panda no se le suministrase demasiado vino; y, a su vez, Demidevimon controlaba que aquella bolita rosa con alas, aparentemente inocente, no dijera nada que fuera el propicio del desastre.

Bastemon y Arukenimon se habían sentado la una al lado de la otra, para continuarla amena charla que habían iniciado. Ambas conocían al anfitrión desde hacía ya tiempo, y sabían de sus pequeñas manías y de su agrio carácter, pero esos aspectos de la personalidad del vampiro también eran bien sabidos por el resto de los invitados. Ellas podían ir más allá. Habían iniciad un pequeño debate sobre los antiguos pasatiempos de Myotismon, y, habían concluido, que el único que le seguía satisfaciendo era la jardinería.

-Pone mucho empeño en mantenerlo perfecto, incluso en invierno.- aseguraba Arukenimon.- Yo no soy capaz de preocuparme por cosas tan caducas como las rosas.-

-La verdad es que requiere de demasiado tiempo y paciencia.-

-Y dinero. ¿Te piensas que Myotismon se encarga personalmente de regar y podar?-

-Supongo que no.-
admitió Bastemon, apesadumbrada.- Aunque él me insistió una vez de lo mucho que trabajaba en el jardín.-

-Hace años llegué a la conclusión de que le gustaba “perderse” por el jardín; dar largos paseos, ya sean nocturnos o diurnos; y avisar a Phelesmon si veía cualquier planta en mal estado.-

-Entonces, más que jardinero, será el vigilante del jardín.-


Arukenimon rió ante la broma de la gata. Ella siempre había tenido un punto de vista muy crítico y cínico ante las acciones de todos, y, por primera vez, se encontraba con alguien, a parte de Myotismon, que no se lo reprochaba.

-¿Qué opinas de la comida?- preguntó Bastemon, cambiando de tema. No quería entrar en la dinámica de silencios incómodos como le pasaba con el resto de invitados.

-Creo que Myotismon siempre escoge una variante del menú del año pasado.-

-Opino lo mismo, mas discrepo en quien los elige.-

-¿Phelesmon también?-

-En efecto. O por lo menos esome confesó Piximon en la fiesta del año pasado.-


Arukenimon fue a replicar algo, pero sus palabras se vieron interrumpidas por un griterío vago, proveniente de la entrada, seguido del sonido chirriante del gran pórtico cerrándose…

[…]​

-Tú pareces ser le que manda, así que eres tú quien debe concederme el permiso necesario para hospedarme esta noche.- dijo la anciana, señalando con la manga izquierda, que cubría por completo tanto si brazo como su mano, al demonio rojo.

Phelesmon no pudo evitar sentirse alago, mas, cuando cayó en la cuenta del peso de la afirmación de la anciana, ya era demasiado tarde.

-Phelesmon, puedes retirarte.- dijo cordialmente Myotismon.

El demonio acató la orden, como de costumbre, temiendo la suerte de la peregrina. Que los demás no tuvieran en cuenta la autoridad del vampiro era algo que sumamente enervaba a su amo. Sin duda, de una u otra forma, la anciana iba a pagarlo. Para él, estaba claro que no iba a ser posible que pasara la noche en el castillo.

Una vez solos, Myotismon puso los puntos sobre las íes.

-Quiero que, ante todo, quede clara una cosa. El esplendor que puedes abarcar con tus ojos, si es que aún te funciona correctamente la vista, es todo gracias a mí. Sin mi persona, nada de esto sería posible.-

-Lamento haberlo juzgado mal, y no haberme percatado de que era usted la máxima autoridad, no de estos castillos, sino también de todos estos lares.-
contestó Babamon, con un deje de ironía.

El sarcasmo irritó aún más al anfitrión. Sus facciones se tensaron, mas trató de mantener una pícara sonrisa.

-Pero claro, qué va a saber una vieja chocha… Qué va a saber. Y más aún una viajera, que pasa por estas tierras como si nada. Sí esto es solo un alto en el camino, y no vas a mostrar gratitud alguna por lo que puede ofrecerte una figura tan elevada como yo, debes marcharte.-

-Así que por fin muestras tu verdadero carácter, bestia. Vives rodeado de opulencia y vanidad. Ya no te importa apenas nada. Has perdido no solo los motivos para vivir, sino también el afecto hacia las gentes que te rodean. Todo lo que amas es mortal, y, en realidad, ni siquiera te preocupas por ello: dejas que tus criados se encarguen de ello.-


La expresión de Myotismon tornó más seria. Sumándose al sentimiento de furia contra aquella intrusa en sus dominios, ahora se sentía ciertamente dolido, y, lo que era más, confuso. Creía que, estar viviendo de forma cómoda, rentista, no tenía nada de malo. Al fin y al cabo, él se lo merecía. Sus antepasados habían trabajado duro, y él mismo se encargaba de continuar su esplendorosa obra.

Mas las palabras de Babamon eran duras, ásperas como el frío que helaba la sangre de la anciana. Le revelaban una verdad que, para él, llevaba muchos años oculta. Mas, ¿cómo iba a aceptarla, si venía de una menesterosa viajera? Si se lo dijera Phelesmon, quizás hubiera reflexionado algo sobre sus palabras, antes de que cayeran en el vacío de su inconsciente. Así que, aunque tuviera razón, lo cual no pensaba, lo consideraría como una ofensa.

-Hablas desde el desconocimiento. No sabes de mi persona, ni entiendes la mentalidad de alguien de posición superior. Después de semejante ofensa, no merece la pena desperdiciar mi valioso tiempo charlando.-

Dio el anfitrión media vuelta y chascó los dedos, indicándoles a los Knightmon que cerraran las puertas.

-¡Escúcheme bien todopoderoso señor! Para que sopeses más el peso de tus palabras y el desdén de us acciones; mostraré al mundo como eres realmente. Haré que sobre tu persona caiga la mayor de las desgracias, sobre los tuyos, la mayor de las miserias, y sobre tu castillo, la ruina eterna.- maldijo Babamon mientras las puertas se cerraban.

Myotismon tornó, para contemplar, complacido, cómo Babamon ya no se encontraba ante su vista. Sus últimas palabras, para él, habían caído en el olvido. Delirios de una vieja chocha, pensaba. Eso sí, ahora, tenía algo más de ganas de disfrutar de la fiesta. Recorrió los pasillos, hasta encontrar, en el salón, a Phelesmon.

-No me preguntes por aquel ser detestable Phelesmon. Ya le he echado, después de aclararla un par de cosas.-

-No iba a preguntar señor.-
admitió el mayordomo. Sabía que era mejor dejar las cosas correr.- Los invitados ya están terminando la cena. Los entrantes, los primeros y los segundos ya han sido servidos. Sólo falta el postre.-

-Entonces puedo retirarme a mis aposentos y cenar después.- dijo, satisfecho. Hizo ademán de marcharse, al conocer de antemano la respuesta.

-Sí, mas no obstante…- Myotismon tornó para escuchar a su siervo.- Sería conveniente que luego bajara a despedir a los invitados. Además, los fuegos articificiales que ha conseguido Piximon serán un espectáculo digno de contemplar.-

-En ese caso, avisame dentro de un rato.-
cedió el vampiro, mientras abandonaba la estancia y ponía rumbo a su cuarto.

Phelesmon suspiró. Había oído todo lo que Babamon había proferido. Y no le había gustado nada esa amenaza. No era porque la pobre viajera no tuviera razón, que en parte la tenía, sino porque temía que esta vez las acciones de su amo iban a tener consecuencias. Quizás el mal presagio fueran imaginaciones suyas, pero no iba a estar tranquilo hasta que no hubiera terminado la fiesta.

Ordenó a los Knightmon que montaran los fuegos artificiales y se dirigió al comedor para buscar a Piximon. El hada debía coordinar todo el espectáculo que ella misma había insistido en montar.

[…]​

-Y entonces Phelesmon me dijo: “No Piximon, no eso no es muérdago…”- prosiguió Piximon con su historia, mientras estallaba una carcajada generalizada.

Habían convencido a Demidevimon de relajarse un poco, y, al final, fue el híbrido el que se hubo bebido la mayor parte del vino; dejando a sus anchas a Piximon. El hada había iniciado, a petición de Bancholeomon, un relato sobre los preparativos de la fiesta. Los dotes de Piximon como narradora eran notables, así como su habilidad para poner las voces de los protagonistas, lo hacían un espectáculo digno de contemplar. Incluso Bastemon y Arukenimon habían dejado su amena conversación a un lado para escucharla, mientras disfrutaban del postre que acababan de servir: tarta de queso con confitura de frambuesa.

-No es mi culpa que lo confundieses, Piximon.- interrumpió Phelesmon el relato.- Y ahora, si nos disculpáis, por favor, ven conmigo.-

-Pi-pi-piro…-
replicó Piximon.

-Tienes que preparar eso.-

-Cierto, cierto.-
contestó el hada, al darse cuenta de lo que tenía que hacer.

Se levantó torpemente, y siguió a Phelesmon hasta que ambos hubieron abandonado la estancia.

Los murmullos no se hicieron esperar. ¿Qué sería aquello que Piximon debía preparar? Y lo más importante para Bancholeomon: ¿cómo terminaba el relato? ¿Acaso Phelesmon les había interrumpido a propósito para evitar que Piximon contara alguna metedura de pata del mayordomo?

La música siguió sonando y ellos siguieron bebiendo y disfrutando de la maravillosa trampa. Al fin y al cabo, era lo único que podían hacer hasta que vinieran a buscarles…

[…]​

Uno de los Knightmon fue a buscar a Myotismon cuando todo estuvo preparado. Había estado echando una ligera cabezadita mientras esperaba. Lo cierto era que no se encontraba muy bien. Desde que había subido a su habitación, sufría de vértigos, así como un dolor incesante de cabeza y náuseas. Pero se sobrepondría y quedaría bien con sus invitados.

Bajó las escaleras, escoltado por el caballero. El pórtico estaba abierto de nuevo, y Phelesmon le esperaba en la entrada. Piximon había terminado de montar su gran invento, e iba a ser ella quien los disparase.

Los invitados no tardaron en presentarse allí, abandonando ordenadamente el comedor mientras los Knightmon comenzaban su labor de limpieza.

Demidevimon, embriagado, se había excusado diciendo que iba a quedarse a supervisar la labor de los Knightmon, pero en realidad se había retirado a dormir detrás del árbol de navidad. Debido a ello, Phelesmon sería el encargado de presentar la sorpresa.

-Antes de nada, y como colofón a esta gran fiesta; hemos preparado una pequeña sorpresa. Así que, les ruego que, por favor, esperen un segundo en el jardín.- anunció el demonio rojo.

Ello desmintió las sospechas de Bancholeomon, quien, aún más intrigado si cabía, se puso en primera fila dentro de la maraña de invitados que se agrupó a la entrada del castillo.

Phelesmon dio una señal a uno de los Knightmon, quien fue a avisar a Piximon. En pocos minutos, comenzó el espectáculo. Primero, dos haces de luz, uno rojo y otro verde, iluminaron el cielo. Luego, tres bolas luminosas estallaron, conformando distantas figuras en el cielo.

Todos estaban demasiado pendientes de los fuegos artificiales que Piximon había montado que ninguno se percató de como Myotismon se tambaleaba hacia delante, alejándose un poco de la multitud.

Necesitaba aire, se ahogaba. Se arrodilló y se llevó las manos al cuello, desatando la capa que le oprimía y le dificultaba la respiración. Soltó un gritó, en lo que la última tanda de fuegos ascendían por el cielo nocturno, y pensó que todo había terminado para él…

[…]​

Los invitados se dispusieron a marcharse una vez hubo terminado el espectáculo. Los que tenían más prisa, o los que no tenían nada que decir, abandoran el recinto del castillo, ávidos. El restp, quería agradecerle al anfitrión la gran fiesta que había montado, mas no le veían por ninguna parte.

-Dile que esta vez se ha superado.- insistía Bastemon.

-Es cierto, salvo por el menú, que es muy similar al del año pasado, lo demás, ha sido perfecto.- añadió Arukenimon.

Phelesmon se molestó al escuchar aquel comentario sobre su exquisito menú, pero sonrió. Piximon, la cual empezó a preguntar por las impresiones sobre su maravillosa idea.

-Ha estado bien, pero tus monólogos son mejores, mucho mejores.- comentó Bancholeomon. Acto seguido, soltó una gran risotada. Fue contagiosa, y en seguida el resto comenzó a reirse.

Pero una risa comenzó a sobresalir por encima de las del resto. Phelesmon no tardó en reconocer de quién se trataba: era Myotismon. Tornaron todos los presentas hacia dónde provenía la risa, y se encontraron al vampiro acurrucado en el suelo. Antes de que ninguno pudiera acercarse,la risa cesó y su cuerpo se transformó en una ola de murciélagos, que, sobrevolaron el cielo.

El resto pensó que se trataba de una broma, hasta que estos comenzaron a agruparse. Más y más entes voladores venían, dando forma a aquella colosal bestia. Una vez concluida la obra, todos contemplaron el desastre.

Myotismon había dejado de ser el que era, y había adoptado una forma mucho más terrorífica y diabólica. Su tamaño, enorme, era casi tan alto como el castillo, y sus facciones, giantes y desproporcionadas. Mantenía su máscara y su sonrisa burlona, pero ahora, de su pelo rubio, algo más pálido, al igual que su piel, salían dos enormes cuernos rojo carmesí. Estos presentaban la misma tonalidad que su musculado abdomen y las grandes garras que ponían fin a sus aparentemente interminables brazos. La parte inferior de su cuerpo, peluda, mantenía el icono del murciélago, además de añadir a la floritura cuatro ojos rojos. En sus rodillas, asomaban, no se sabía si trozos de hueso o dientes, pero desde luego, nada bueno. Como colofón final, unas alas esqueléticas, no ap`tas para el vuelo, que agitaba constantemente como campanas que tintinean para anunciar las horas en punto.

Arukenimon lo tuvo claró y salió huyendo por patas, pero aquel ente diabólico la tomó con una de sus garras, apresándola. Piximon ascendió, y trató de dialogar con él.

-Pi-pi-piro… señor, ¿qué le pasa?-

Pero el vampiro había perdido la capacidad de raciociocinio, y, con la otra garra que le quedaba libre, le asestó tal manotazo, que el hada salió disparada hasta la boca de la bestia, quien se la tragó sin masticar.

-Adios Piximon…- susurró Phelesmon, convencido de que la maldición de la peregrina era la causante de todo.

El demonio rojo trató de evitar que cundiera el pánico más de lo debido, e indicó a los Knightmon que evacuaran al resto de los invitados. Bancholeomon, por su parte, volvió dentro, para localizar a los niños, Patamon y Tsukaimon, quienes se habían quedado dentro, jugando cerca del árbol de Navidad.

Una vez les localizó, molestando al pobre Demidevimon; tomó a los tres entre sus brazos, y salió corriendo como alma que lleva el diablo, hasta reunirse con el resto.

Venommyotismon avanzaba paulatinamente, abandonando el recinto del castillo, sin que nadie pudiera hacer nada por evitarlo. Algunos Knightmon se habían interpuesto en su camino, bien para frenarle, bien para evacuar a los invitados. El resultado siempre era el mismo: fundidos por los tóxicos rayos que lanzaba, pisoteados, y, los menos afortunados, habían sufrido el mismo trágico destino que Piximon.

Arukenimon profería toda clase de maldiciones, mas Venommyotismon no la soltaba: sólo se limitaba a aumentar la presión que su garra ejercía sobre el cuerpo de la araña. Al final, la presión fue tanta que la pobre víctima no pudo soportarlo y, finalmente se desintegró.

Venommyotismon, quien se había quedado sin juguete, visualizó su objetivo: Babamon. Puso rumbo entonces, camino abajo, hacia el poblado dónde seguramente la anciana había ido a pedir refugio.

-¿Es que no piensas hacer nada?- le reprochaba Bastemon al mayordomo. Pero éste negaba con la cabeza.

-Ahora mismo es imparable, y sólo una persona puede solucionarlo.-

-¿Quién?-

-La causante de todo esto.-


Ninguno de los presentes, salvo el mayordomo y el semi ausente Demidevimon comprendían lo que de verdad había sucedido.

-Estamos a salvo, al fin y al cabo.- les decía el demonio rojo, para tranquilizarles.

-Yo no me quedo tranquilo aquí parado.- aseguraba el león. Pero sabía que era una muerte segura salir en busca de aquel malvado ente. Y alguien tendría que cuidar de Bastemon y de los niños, pero eso era otra historia…

Quedaron todos ellos contemplando como el anfitrión marchaba, sembrando la desrucción a cada paso. Lo que había comenzado como una fiesta navideña, había terminado como la peor de las catástrofes. Y lo peor estaba aún por llegar, aunque claro, ellos no podían saberlo.

[…]​

Aquella noche, el pequeño poblado colina abajo, estaba sumido en una profunda calma. Por las calles, iluminadas por luces de colores, no había nadie. Todos estaban, o bien durmiendo, o bien celebrando su pequeña fiesta con los familiares en su propia casa.

Mas la calma pronto se vio interrumpida por la llegada de la bestia. Convencido desde lo más profundo de su ser, de que Babamon andaba por aquellos lares, gritaba,mejor dicho, rugía su nombre, en un alarido constante que despertó a todo el pueblo.

Los habitantes, digimon child y adult en su mayoría, salieron de sus hogares para ver que ocurría. Cuando observaban al monstruo que se acercaba a ellos, no veían al noble que vivía colina arriba, sino a una bestia que amenazaba con destruir todo lo que amaban, todo lo que habían construido. Al fin y al cabo, era lo que Venommyotismon estaba haciendo.

A casa paso que daba, una casa quedaba destruída, un camino bloqueado, o unas luces que ardían. Los digimon no sabían si lo más prudente era permanecer en su domicilio, esperando a que todo pasase, o salir corriendo y alejarse de la ciudad, que, si Venommyotismon seguía como hasta ahora, antes de que acabara la noche quedaría en ruinas.

Los Hawkmon que habían dado refugio a Babamon, no tardaron en entregarla, expulsandola de su casa y proclamando a los cuatro vientos que allí se hallaba, antes de salir huyendo despavoridos con la llegada del vampiro.

El maldito la retuvo con una de sus garras, y la elevó hasta la altura de la cabeza, para que lo mirara a los ojos. Podía acabar con ella en aquel instante, pero algo en su interior, resquicios de su antiguo yo, le hicieron mantenerla con vida el tiempo suficiente para escucharla.

-Te advertí que mostraría tu verdadero rostro, bestia.- comenzó así su discurso Babamon.- Si me matas, lo cual no dudo que harás, no solucionarás nadie, pues soy yo la clave que puede sacarte de este embrollo.- la presión que el monstruo ejercía con su garra se redujo.- Yo también estoy maldita, como tú.- admitió la anciana, recordando su pasado como Rosemon.- Y ello me ha enseñado muchas cosas.- tomó de su cuello su medallón.- ¿Ve este amuleto? Es un Tiferet. Es la clave de tu maldición.-

Venommyotismon observó con cierto interes el medallón con forma de rosa. Tenía algo mágico en él, de eso estaba convencido. También algo oscuro, como él y como Babamon.

-Por cada día que pase, este amuleto se irá resquebrajando, hasta desaparecer. Es entonces cuando la maldición se hará eterna, al igual que pasó con la mía. Sí logras demostrarme, no a mí, sino al amuleto, que las razones por la que te maldije son erróneas, volverás a recuperar tu forma.- explicó la viajera.- Pero recuerda que no puedes enmendar el daño que ya has hecho. -

Venommyotismon miró a su alrededor y contempló la destrucción en la que había sumido al pueblo. Se encontraba orgulloso de ello, pero en su interior, algo le decía que no encajaba allí.

Soltó a Babamon, quien se sacudió el polvo de su vestimenta, e inició de nuevo su marcha. Apoyada en su bastón, dio la espalda al que una vez había sido Myotismon. Había hecho lo que tenía que hacer. Y estaba convencida de que su maldición sería eterna. Jamás dejará de valorar las cosas materiales. Jamás conseguirá amar a nadie de verdad. Y lo mejor de todo. Jamás conseguirá amarse a sí mismo.

La viajera había sido la que había maldecido al noble, pero el noble había sido el que había segado las vidas y condenado a la miseria a todo aquello que le rodeaba, tal y como Babamon había predicho.

Venommyotismon, en un atisbo de lucidez, decidió regresar a su castillo. Quizás, cuando estuviera más calmado, a Phelesmon se le ocurriría algo. Así que, tomó el camino de vuelta, continuando la destrucción con su paso.

Los sueños de aquella navidad habían sido rotos. Quizás también consiguiera romper la maldición. Al fin y al cabo, ahora se le daba bien romper cosas.

FIN
Espero que os haya gustado nuestro super OS para esta actividad. Muchas gracias a todos los que se tomen la molestia de leer. Para terminar, unas aclaraciones.​
Aclaraciones:
-Ya editado por colores
-También prometo, responder a todas las reviews que hagais de mañana en adelante (supongo que Noky también querrá hacer lo mismo)
-Usamos a Arukenimon en vez de Archnemon porque Noky la nombró primero así. Lo mismo con Myotismon en dez de Vamdemon.
-En la frase en la que mencionamos a Demidevimon como un híbrido, es porque su diseño es una mezcla entre cuervo, murciélago y rata.
-Efectivamente, y como anunciamos, es un remarke digimon con nuestro estilo de la maldición de la Bestia (de la bella y la bestia of course)
-Por último, un Aviso: soy leísta y laísta (toda mi región lo es, y es inevitable) Si algún le o la no os encaja, no me lo tengaís en cuenta (en una quest de DW lo hicieron y me sentó como una patada en el culo)
-Resto de dudas resueltas en los comentarios de abajo.
 
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Ok, debo admitir que este vuelco de la trama de tu mitad me tomó por sorpresa.

Considerando la primera parte, yo esperaba un final ligeramente inclinado a la comedia. Pero fu todo lo contrario. Optaste por lo dramático, supongo que ese es tu estilo. En ese caso me alegra que tu pareja pusiera poca comedia en su primera mitad, de esa manera no hay un cambio demasiado brusco.

Final triste para Myotismon... considerando que incluiste a Babamon ya me imaginaba que estabas inspirándote en la bella y la bestia. Desde el inicio sabía que las cosas no terminarían bien para Arukenimon.XD

Toda la narración me recordó al renacimiento. Buen toque.


Buena combinación entre ambos. Les deseo suerte.
 

Moderador
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Desde el inicio sabía que las cosas no terminarían bien para Arukenimon.
Arukenimon es un desperdicio de personaje, cada vez que aparece la mata un ser grande xD

Bueno, damos fin a esta historia, y la verdad es que me ha gustado, pero también me esperaba algo más para el final. Que Babamon diera un discurso y la dejara en paz enseguida... Yo creí que se había convertido en alguien irracional. También me reí un poco de que el mayordomo se quedara tan tranquilo.

Y Banchou... creí que iba a tener más importancia en el relato, pero ha sido un mero espectador que salió huyendo en cuanto se presentó el enemigo. Ya que esto es digimon, una pelea con buena acción destrozando castillos y aldeas habría quedado bien. O será que a mí me gusta ese género.

Pero ha sido un placer leerlo.

Suerte
 

New Legend
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Considerando la primera parte, yo esperaba un final ligeramente inclinado a la comedia.
Espero no haberos engañado demasiado. Más que mi forma de escribir ese humor que había en la primera parte (así como los "movimientos de cámara", hacia otros personjes) era mi forma de ser en general, pero me alegra saber que el contraste no fue muy grande.
Y lo de la fiesta de los demonios (seh, esto debería haberlo comentado antes), precisamente Piximon fue para rebajar un poco eso. Y al final fue hasta divertido escribir sobre ella y todo, y es bueno saber que agradó.
Desde el inicio sabía que las cosas no terminarían bien para Arukenimon.
Arukenimon es un desperdicio de personaje, cada vez que aparece la mata un ser grande xD
No sé digimon263, pero yo no había pensado en ese detalle xD Es más, debo reconocer que fue el único digimon medianamente relevando que escogí a dedo.
Muchas gracias por los comentarios y observaciones =) Será un placer volver a concursar con vosotros en otra ocasión (aunque solo si hay tiempo libre, solo si hay tiempo libre).
¡Feliz 2015!
 

Digital Hazard
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Ahora que ya hice edit, y esas cosillas, respondo:

Ok, debo admitir que este vuelco de la trama de tu mitad me tomó por sorpresa.

Considerando la primera parte, yo esperaba un final ligeramente inclinado a la comedia. Pero fu todo lo contrario. Optaste por lo dramático, supongo que ese es tu estilo. En ese caso me alegra que tu pareja pusiera poca comedia en su primera mitad, de esa manera no hay un cambio demasiado brusco.

¿Acaso la maldición de la Bestia acaba bien? Teniendo en cuenta que era un remarke, había que ceñirse un poco a ello. Para la bestia, transformarse en lo que es fue dramático, y no hay lado bueno de las cosas. Me agradó el sorprenderte de todas formas.

Y con respecto a lo de que es mi estilo... no sabría que decirte. Es cierto que yo, en este OS, quería hacer drama. También es cierto que en las 2 últimas actividades a las que me he presentado mis OS o drabbles tuvieron un giro dramático... pero mi estilo... no sé. En mi defensa diré que traté de meter pequeñas notas de humor... (yo me imagino a Piximon revoloteando por ahí pinchando los canapés y me parto la caja.)

Final triste para Myotismon... considerando que incluiste a Babamon ya me imaginaba que estabas inspirándote en la bella y la bestia. Desde el inicio sabía que las cosas no terminarían bien para Arukenimon.XD
Babamon era el digimon más adecuado (sobre todo porque ella misma estaba maldita xD) Y Myotismon... no sé que me ha dado por Myotismon últimamente (para Pump Fest también lo elegí) Aunque esta vez lo elegí por Venom y no por él en sí. Arukenimon... comento abajo, cuando cite a Noky.

Toda la narración me recordó al renacimiento. Buen toque.
Buena combinación entre ambos. Les deseo suerte.
Gracias (lo del renacimiento en sí no se pretendía, si soy sincero perooo...) y lo mismo.


Arukenimon es un desperdicio de personaje, cada vez que aparece la mata un ser grande xD

De nuevo, comento abajo.
Bueno, damos fin a esta historia, y la verdad es que me ha gustado, pero también me esperaba algo más para el final. Que Babamon diera un discurso y la dejara en paz enseguida... Yo creí que se había convertido en alguien irracional. También me reí un poco de que el mayordomo se quedara tan tranquilo.

Y Banchou... creí que iba a tener más importancia en el relato, pero ha sido un mero espectador que salió huyendo en cuanto se presentó el enemigo. Ya que esto es digimon, una pelea con buena acción destrozando castillos y aldeas habría quedado bien. O será que a mí me gusta ese género.

Pero ha sido un placer leerlo.

Suerte
Vamos por partes:

El final era complicado, de nuevo, por el hecho del remarke. Según tengo entendido, la "mendiga" no muere, y en ningún momento la Bestia sale a matarla. Queríamos respetar eso. Pero claro, a la vez también queríamos que se encontraran y les explicará por qué (yo por hablar de la joya y Noky porque quería la destrucción del pueblo) Además, piensa que la Bestia en el cuento es irracional, pero no del todo (algo piensa) y que Babamon le diga que acabar con ella no sirve de nada... podría hacer la maldición irrevocable.

Con respecto al león, creo que ya te lo comenté por el perfil: la frase de los niós y Babamon lo dice todo. Ello explica por qué no actuo (y además deja para la imaginación de casa uno -BanchoLeomon x Bastemon es una pareja que se me ocurrió mientras escribía y me gustó)

Y que el mayordomo se quedara tan tranquilo... es por su propio carácter: Él esta convencido de que es tan importante para Myotismon que no le ocurrirá nada. Además, es incapaz de admitir que se le ha ido todo de las manos. Tambiñen aporta algo de humor absurdo (a mí personalmente me recuerda a esa clase de personas que dicen... bah, ya se solucionará)

De nuevo muchas gracias y suerte!

Espero no haberos engañado demasiado. Más que mi forma de escribir ese humor que había en la primera parte (así como los "movimientos de cámara", hacia otros personjes) era mi forma de ser en general, pero me alegra saber que el contraste no fue muy grande.
Y lo de la fiesta de los demonios (seh, esto debería haberlo comentado antes), precisamente Piximon fue para rebajar un poco eso. Y al final fue hasta divertido escribir sobre ella y todo, y es bueno saber que agradó.

No sé digimon263, pero yo no había pensado en ese detalle xD Es más, debo reconocer que fue el único digimon medianamente relevando que escogí a dedo.
Muchas gracias por los comentarios y observaciones =) Será un placer volver a concursar con vosotros en otra ocasión (aunque solo si hay tiempo libre, solo si hay tiempo libre).
¡Feliz 2015!
Nokyubi, tú eras la única que no se imaginaba que Arukenimon iba a morir!!!! En cuanto la escogiste, me dije a mi mismo, la mato para hacer un guiño a Digimon 02 (aunque esta vez fue Venom y no Belial -o Malo-)

Con respecto a los personajes en general, fueron elegidos de mutuo acuerdo, sin conflicto y con propuestas por ambas partes. (si están interesados en que digamos quien escogió a quien, lo decimos)

Muchas gracias a todos por leer (espero que se pase alguien más) pero sobre todo gracias a mi compañera N NoKyubimon Ha sido un placer trabajar contigo.

Feliz año a todos!
 

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En un principio creía que Babamon se iba a transformar en Rosemon delante de Myotismon, pero la forma en que lo habéis solucionado tiene más sentido.
Solté un pequeño "noooo" cuando Arukenimon murió. Era agria, pero ahí estaba su encanto :6363:
 
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