Evento Digitama Party [20th]

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"さあ、往こうか"
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Masaki #6



- Raisa, huh… - Un asentimiento de parte del Juttoushi confirmó las sospechas del chico, llevándolo a soltar un suspiro – Sí, yo también pensé que en algún momento debía hablarlo con ella.

Tras admitir esto el chico perdió su mirada en la zona del parque frente a la mesa y él, incluso dejando a Relemon en segundo plano mientras contemplaba internamente tanto el panorama como la idea. Por supuesto, el solo relacionar los eventos con la rusa y Gabumon había sido suficiente para que él, desde el principio, pensara en hablar primero con ella al respecto; Algo que, por supuesto, no se había concretado. Una expresión complicada apareció en su rostro mientras recurría una vez más a su bebida para hacer tiempo, una distracción que Agnimon no iba a permitir por mucho tiempo.

- ¿Y bien?

- Pues, no es como si supiera dónde está…

- Si vas a decirme una excusa, tendrás que pensarla mejor – tajó con seriedad del Guerrero del Fuego, sacando una risa amarga del Tamer al tener que admitir, una vez más, su derrota.

- Está bien, está bien… - soltó, tratando de aliviar la tensión que su evasiva había provocado – Es verdad, durante la batalla contra Duskmon solo tuve que pedir su ayuda y no tardó en venir…

- Te lo dije. Ni Garurumon ni Beetmon se han alejado del todo. Por eso no aceptaré eso como una justificación.

- Persistente… – masculló el Elite, alborotándose el cabello con una mano mientras trataba de acomodar sus ideas, un gesto que provocó la curiosidad del Digimon bebé – Vale, solo es incómodo. No se como abordar el tema, menos cuando ha pasado cerca de un año de la última vez que nos vimos… Tal vez sea en general, creo que nunca he sabido bien como tratarla.

- ¿A qué crees que se debe?

- Ni idea – admitió el chico, encogiéndose de hombros - ¿Personalidades opuestas? Aunque a veces me recuerda a Hanz y a él lo entiendo mejor… - Se detuvo al tener ese pensamiento, notando que posiblemente había dicho más de la cuenta – Nunca digas que comenté eso… A ninguno de los dos.

- Procuraré olvidarlo – contestó el espíritu antes de retomar lo importante del tema – No hay que pensarlo tanto, es la naturaleza de ambos. Garurumon y yo hemos tenido una relación similar desde siempre. A decir verdad, incluso hoy no siempre entiendo que ronda por su cabeza y que lo calle tampoco ayuda.

- Entonces tenemos algo más en común – soltó el chico, volviendo a atender a Relemon que había empezado a rondar por la mesa, posiblemente aburrido de solo escuchar a su “cuidador” hablarle al aire.

- Pero aún así, nunca he dudado en que puedo confiar en él como guerrero y compañero – concluyó Agnimon, exhibiendo un poco de orgullo en sus palabras – Y creo que tu tampoco lo has hecho.

Masaki no podía negar eso. Incluso si pensar en Raisa traía recuerdos de roces y discusiones, algunos más fuertes que otros; también existían memorias de las muchas veces que habían coordinado en equipo. Batallas difíciles como las de Musyamon y Phantomon, que demostraban el trabajo en equipo entre ambos, resaltaban entre los casos más icónicos, aunque también existían otros momentos como aquel bien apreciado apoyo brindado en la batalla y captura de Duskmon. De hecho, ahora que el Elite rememoraba esa noche, no había tenido la oportunidad de agradecerle debidamente a la rusa por haberlo ayudado, ni tampoco de preguntarle varias cosas que habría querido, empezando con qué había estado haciendo todo ese tiempo. No obstante, aunque esa era una interrogante a la que Loge quería una respuesta, no tardó en aparecer otra que no había analizado hasta el momento: Esa noche, luego de la batalla y al despedirse, Raisa había tratado a Kyouko como si la conociera, sin cuestionar ni un momento porqué Löwemon estaba con ella. Masaki sacó entonces su D-Terminal, buscando entre sus contactos el correo de Sköll para enviarle un mensaje con la esperanza que, por casualidad, estuviera en la ciudad en ese momento.

- ¿Cambiaste de opinión?

- Tienes razón, no pierdo nada con escribirle – admitió el chico – Además, también quiero preguntarle algo sobre la pelea con Duskmon.

- ¿Duskmon? – El espíritu tardó unos instantes en asociar el nombre - ¿El que difamó a Sphinxmon?

- Sí. Sobre esa noche y Kyouko.

Tras decir eso el chico se sumió en silencio, concentrándose en teclear un mensaje para preguntarle su ubicación y si podría reunirse con él en aquel parque de File. Agnimon no le dijo nada más al respecto, sin embargo no pudo evitar soltar un comentario por lo bajo, enmascarado bajo una risa.

- Qué dije sobre las excusas…


Kira Kira enviado el mensaje~
 
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VIII.


No era mi intención, pero… Al parecer (sin proponérmelo), había perjudicado a mi acompañante…

Tanto el digimon (a quien cariñosamente empecé a llamar “Leaf”) como yo observábamos sin comprender totalmente el motivo de las reacciones en el rostro de la joven, aunque bien podía sospechar en un inicio que la misma estaba siendo reprendida por el ente con el que dialogaba por medio de su intercomunicador ubicado en su oreja izquierda, mientras esperaba pacientemente que la muchacha concluyera su labor, no me di cuenta que la mencionada cogió mi libreta de comunicaciones.

—“Fue agradable compartir contigo, pero ahora debo irme…” —me costó mucho leer, a causa de su escritura irregular— “Si no me apresuro, mis instructores se molestarán…”

Aquellas palabras me generaron un curioso sentimiento de culpa, por lo que —después de verificar el estado de Leaf— escribí rápidamente, queriendo averiguar algún método para colaborarla:

— “Si deseas puedo acompañarte…” —inicié, expectante a sus reacciones— “En caso necesario podría excusarte con tus superiores…”

— “No es necesario” —contestó, meneando su cabeza— “A lo mejor nos volveremos a encontrar…”

Levantándose, sacudió ágilmente su mano derecha, en señal de despedida, y acto seguido la caucásica se alejó, pero cuál fue mi sorpresa cuando vi que la infanta ingresaba velozmente al interior de la Central de Tamers. Con un extraño sentimiento de soledad, observé por instantes el cielo todavía azulado de la tarde, preguntándome por mis camaradas y esperando que ambos se divirtieran en la feria instalada en las afueras de la Sabana Engrane; bajando la vista, me di cuenta que el bebé estaba volviendo a llorar mientras pequeños espasmos recorrían su cuerpecito; intuyendo la posibilidad de que el infante tuviera hambre (a simple vista no parecía herido) me levanté del sitio donde descansaba, para dirigirme al sector de comidas de la ciudad y así poder merendar, ya que no estaba segura si mis compañeras de la confitería se encontraban en dicho lugar.

Afortunadamente la búsqueda no duro mucho, pues pude encontrar un sitio modesto donde ofrecían pasteles y bebidas calientes. Ingresando sin preámbulos al ambiente, tuve un inicial conflicto con algunos comensales y meseros a causa de la gran demanda existente, por lo que tuvimos que esperar un tiempo considerable para poder ocupar algún sitio; después de comer con apetito un emparedado de jamón con queso con una taza de té (y que Leaf bebiera un tazón de leche) estaba dispuesta a retirarme del lugar, pero al ver el rostro sucio del bebé cambié de idea, trasladándome al tocador para poder proceder a la limpieza (temporal) del infante, con el que tuve especial cuidado y lo limpié lo más que pude.

Concluida mi intención inicial salí del establecimiento dirigiéndome a la confitería, pues deseaba descansar y poder ocuparme mejor del digimon que llevaba. Caminaba algo distraída (pero siempre pendiente del pequeño) por las calles de la ciudad, cuando sentí como algunas gotas de agua empezaron a caer, elevando la vista me di cuenta del cambio del clima (detalle que había omitido) y siendo consciente de las complicaciones que dicha situación acarrearía en la salud de bebé, me dirigí lo mas rápido posible hacia la confitería.

Sin embargo, aquel detalle pasó a segundo plano, pues al llegar al establecimiento, Leaf fue envuelto por una luz enceguecedora, sin ser tconsciente de que —en ese momento— un cambio trascendental se estaba efectuando…
 

Violent noise
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Dylan Tanneberger -- 8


«Qué pereza.» Esa era una de sus frases favoritas. Y lo era por muchos motivos. Yacía sobre su cama meditando en lo curioso o caprichoso que era el destino por hacerle reencontrarse con su ex compañera, le agradaba la idea de poder reparar la relación entre ambas y convertirse en amigas más cercanas... Sin desearlo, la germana cayó dormida sobre su cama. Las horas transcurrieron sin mesura hasta la siguiente ocasión en que pudiese abrir sus ojos. Lo primero al despertar fue alcanzar su digivice para obtener una noción de ese tiempo. ¿Cuánto había transcurrido? Eran las 6:45. Su descanso se había extendido horas. Se levantó sentándose sobre el borde de la cama y observó su alrededor para llevarse una gran sorpresa: ese orden que tanto le gustaba mantener y que casi siempre imperaba en su habitación, se había ido al traste. El autor de tal infamia revoloteaba por todas partes causando más alboroto, dejando tras de sí objetos rotos y cosas fuera de su lugar; se trataba de Pitchmon. Dylan abrió sus ojos de sobremanera y luego pestañeó un par de veces. Cuando el ser digital estaba a punto de arrancar unas páginas de un libro que aun no terminaba de leer, se levantó de golpe y corrió para evitarlo.

¡Ese libro no! —dijo al arrancarle dicho objeto. Su tono de voz se había elevado como pocas veces, lo que hizo que el aún Baby se asustara y experimentara un leve respingo. Enseguida, el digital comenzó a soltar unas lágrimas— No. No llores por favor, n-no fue mi intención —Tanneberger se disculpó, pero ni eso fue suficiente para detener el siguiente llanto. Se llevó una mano hacia su rostro y suspiró largo

Los recuerdos de aquél momento en el cual la joven conoció a Gomamon acapararon su mente: sin saber por qué, Dylan se había motivado a rescatarle de un embrollo en una localidad pesquera. Tal vez ni siquiera estaban destinados a conformar un tándem desde un inicio, no obstante, esa intervención terminó por dinamitar todo. Después ella se vio forzada a ofrecerle refugio en su alcoba; esas habitaciones que se asemejaban más a celdas de cárcel -debido a la seguridad y aprisionamiento- en uno de sus tantos colegios, ya que no podía permitir que tal exótico ser anduviese exhibiéndose por las calles del pueblo. El susodicho, de inmediato, se inmiscuyó en su vida sin siquiera requerir aprobación; durante todos esos años, la humana no había tenido que esforzarse para forjar un lazo porque el pelinaranja, con su fuerte personalidad, lo abarcaba y lo hacía todo. Por lo tanto, ahora no sabía cómo lidiar con un nuevo compañero –provisional-, y menos con uno en forma deevolucionada.

La rubia estiró su brazo, un tanto temerosa al principio, pero segura después, para alcanzar al que flotaba en el aire y tocar apenas con la yema de sus dedos la cabeza del pequeño. Este último continuó llorando algunos segundos hasta que consiguió acostumbrarse al tacto de la tamer. Las lágrimas se detuvieron y de poco en poco, Pitchmon fue acercándose más a Dylan hasta restregarse en contra de su pecho. Ella no supo cómo reaccionar, ¿el bebé Digimon le estaba abrazando? Blasfemia, ¿qué se supone que debería hacer? Nunca había sido buena descifrando las emociones humanas, ya ni hablar de las emociones ‘digitales’. Luego de un momento perdido en confusión, la germana resolvió que ‘lo más correcto’ era abrazar con una de sus manos al pequeño de vuelta.

Instantáneamente el bebé se relajó, el mal momento había quedado atrás. Sin variar ni un poco en sus posiciones, Tanneberger se movió por la habitación recolectando los objetos sobre el suelo para ponerlos en su lugar y echando a la basura aquellos otros rotos. Se lamentó al encontrar una de sus tazas favoritas -una que le había regalado Austin- convertida en pedazos debajo de su escritorio. No podía culpar a nadie de los hechos más que a ella misma por haberle desatendido tanto tiempo.

Qué pereza.

 
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Amitiel

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IX.

¡Fue una fortuna nuestro encuentro!

Todavía pasmada ante el cambio que presenciaba, en primera instancia no supe cómo reaccionar, sentimiento que perduró una vez concluida la transformación. Ante mí, un nuevo ser reemplazó al bebé perteneciente a la familia vegetal, pues la forma del ente que observaba me recordaba más a la oruga de un insecto terrestre, llenándome de estupor y curiosidad a la vez. Ya más tranquila, fui consciente del cambio del clima (a causa de la brisa que se había tornado fría); por lo que rápidamente extraje la llave de la confitería (la cual se encontraba cerrada) y, luego de acomodar al infante, me dirigí a él mientras abría la puerta:

—Bienvenido… —sonreí, ingresando al ambiente— Será mejor que nos calentemos… —concluí, más cuando me volví hacia el pequeño, pude notar como el digimon hablaba (moviendo lo que parecía ser un pico), pero no podía entender nada… Debía buscar la forma de comunicarnos…

Nos acomodamos en los sofás de la sala y, luego de preparar dos bebidas calientes para ambos, se me ocurrió una idea, por lo que llevé la pizarra, con la intención de comunicarme con la larva. Sin embargo, lo que creí sería una tarea sencilla se complicó de sobremanera, pues el infante (al cual pude identificar como un Minomon) parecía no comprender la solicitud que realizaba, y lejos de intentar escribir algunas palabras en el pizarrón —objeto que miraba con curiosidad— ni siquiera podía sujetar firmemente el rotulador a causa de su pequeña boca… Observando aquella estampa me desanimé, y mientras revolvía el contenido de la taza, una nueva idea surgió: ¿y si mejor le preguntaba al alcalde Jijimon?… Él podría ayudarme en mi predicamento…

Con prisa salimos del local, guardando la esperanza de poder ubicar al burgomaestre y así poder recibir su orientación, sin embargo, cuál fue mi sorpresa cuando —tras recorrer una distancia considerable— sentí como chocaba con un ser pequeño, bajando la vista pude vislumbrar a Charles, el Bokomon al cual escoltamos en su camino al Bosque Amida; el humanoide se sacudió brevemente y observándome se alegró, comunicándose de manera fluida conmigo (algo que me sorprendió). Después de comentarle la situación en la que me encontraba (y luego de las presentaciones), a Charles no se le ocurrió mejor idea que acudir a la biblioteca; desconociendo totalmente el plan que el hombrecillo tenía, cambie el recorrido para dirigirnos al repositorio, mas no pude evitar preguntar sobre lo que había ideado:

—Será moroso, pero podría funcionar… —respondió, como si hablara consigo mismo.

Aunque algo complicado, debía admitir que el plan que tenía Charles contaba con relativa lógica… Utilizando el cartel de un alfabeto (de los que se usan para aprender a hablar), la dinámica consistía en anotar las letras que Nino (el bebé) señalara con sus brincos, sin embargo, dicho mecanismo nos dejó agotados en poco tiempo, por lo que tuve que solicitar al humanoide su ayuda para que sirviera de intérprete… Permanecimos durante un tiempo dialogando de esa forma, pero retorné al anterior mecanismo después de que el Bokomon se retirara.

Modificando sustancialmente la idea inicial, reemplacé la tabla con cartillas de silabas, las cuales repartí sobre el escritorio donde nos encontrábamos. Al parecer este sistema era de agrado del insecto, que saltaba con mayor velocidad, agilizando nuestro canal de comunicación…
 

Violent noise
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Dylan Tanneberger -- 9


Bukamon lloraba otra vez. La alemana se encargaba de tararearle una canción mientras le mecía entre sus brazos tal como toda una madre afectuosa para intentar calmarle. Si su compañero pelinaranja, Raisa o alguien más le viera haciendo aquello, moriría de vergüenza.

Por favor, Pitchmon, no llores. Tranquilízate —dijo la mujer, deteniéndose unos segundos para descansar. El Digimon, empero, ignoró sus peticiones— . Nunca he hecho esto...

Dylan cerró sus ojos, suspiró largo, y lo único que se le ocurrió en aquel momento, fue tomar su gabardina para salir a dar un paseo con el bebé digital.
Tal vez sentir el aire fresco y la presencia de más humanos y bebés lograría reconfortar al pequeño un poco. Tomó las escaleras para bajar del edificio de departamentos con su compañero provisional entre brazos y llegó hasta la vía pública, no contaba con una sombrilla de repuesto después de que su ex compañera se llevase sin opción la suya, pero afortunadamente las gotas de lluvia habían dejado de caer con brutal fuerza. Se puso la capucha, metió las manos en sus bolsillos y con el Baby sobre el hombro, comenzó a marchar cuesta abajo, hacia el centro de File City. El ambiente nuevo ante los ojos de su protegido ocasionó en él una especie de sorpresa, y la sorpresa –tras de sí- alegría. Tanneberger se sintió aliviada.

Qué complicado era aquello. Si hubiese sabido en un principio que velar por la seguridad de un bebé no sería tan fácil, se lo hubiese pensado tres veces –como mínimo- antes de aceptar el Digitama. Continuó caminando con el ser por las calles, al pasar cerca de un estanque de agua decorativo, notó que este se animaba más de la cuenta. Probablemente Pitchmon tendría una línea evolutiva como la de Gomamon, porque al parecer, tal como afirmara la rusa, sentía afinidad por el agua. La rubia buscó algún asiento seco junto al estanque, pero su protegido saltó de su hombro y comenzó a flotar en el aire, haciéndole saber con movimientos y gestos que prefería seguir andando para conocer más lugares en File. La germana se levantó y siguió su paso.

Reanudaron su travesía por aquella avenida. El Digimon se notaba más animado porque ahora que ya no venía asido al cuerpo de la Tamer, podía sentir las gotas de lluvia golpeando suavemente contra su cuerpo. La noche iba cayendo, el ambiente era ameno hasta que al pasar cerca de un supermercado, el bebé se detuvo para mirar los objetos en vitrina. Dylan se detuvo también para que el Digimon no se quedase atrás. El susodicho desdeñaba todo aquello con sus pequeñísimos y brillantes ojos tan contento, pero repentinamente algo le hizo cambiar de opinión. Las lágrimas se asomaron de nueva cuenta.

No. No llores, por favor —imploró Tanneberger, pero era demasiado tarde. La joven tomó de nuevo al recién nacido en su brazo y entró con él al establecimiento comercial. Quizá si el Digimon veía toda la gama de objetos coloridos y de diferentes tamaños que vendían dentro, terminaría animándose otra vez.

Recorrieron todos los pasillos de uno en uno y el digital sólo consiguió calmarse cuando pasaron cerca del área de alimentos congelados. Sus ojos se pegaron de nuevo a ese cristal.

¿Comida? —Pensó la humana— Entonces tienes hambre, ¿cierto? Por eso lloras —comprendió súbitamente.
¿A caso no sabes que ellos se alimentan así como nosotros? —irrumpió una voz seca. Dylan miró por encima de su hombro para descubrir quién era.
 

"さあ、往こうか"
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Masaki #7


Tras enviar el mensaje y con lo más importante de la conversación saldado, lo que caracterizó los siguientes minutos del dúo fue un silencio monótono, casi incómodo. Como era de esperarse el correo no sería visto o contestado de inmediato, por lo que el Elite había decidido simplemente esperar mientras atendía al Relemon que lo acompañaba. Los envoltorios de la confitería que el chico había ofrecido anteriormente habían sido juntados en una “pelota”, que fungía como un juguete improvisado para que el Tamer mantuviera entretenido tanto al bebé como a él. Era una fortuna que la mente del Digimon fuera tan inocente, ya que eso le permitía tomar cada lanzamiento y pase que el chico hacía con la bola de papel con ánimo y energía, como si le estuvieran ofreciendo un juguete de la más alta gama. Relemon daba saltitos en sus intentos de evitar que la pelota se cayera de la mesa, moviendo la cola con orgullo cada vez que lo lograba.

- Buen chico – halagó el chico al tomar la pelota de la pequeña boca del Digimon, acariciando su cabeza antes de repetir el lanzamiento – Debe ser agradable poder ser tan feliz con algo tan simple.

- ¿Melancolía?

- Nah, solo es un comentario – replicó el japonés, estirándose para ahuyentar la pereza que se le estaba acumulando – “Mente simple. Gustos simples”, ¿no?

- Como querer pasar el día acostado en el césped.

- Oi… - Aunque el comentario era sin duda una indirecta, el chico no se sintió ofendido al respecto. No solo estaba consciente de que no había mala intención tras las palabras del espíritu, también podía agradecer que este intentara alivianar el ambiente luego de haber discutido asuntos serios momentos atrás. Relemon llamó su atención en ese momento, empujando la pelota hacia él para que volviera a lanzarla – Tranquilo – Le dijo el chico al Digimon al complacerlo – No te voy a ignorar por hablar solo.

- Si este chico retiene sus memorias al evolucionar tendrás que darle explicaciones – comentó Agnimon, observando también al zorro para pasar el tiempo. Mientras lo hacía, su seño se frunció por un momento, al tener un pensamiento fugaz – Me pregunto de dónde habrá venido.

- ¿De dónde? – Masaki parpadeó confundido, tardando un poco en comprender – Ah... El Digitama…

Aunque en esencia aquella actividad organizada por la Central no tenía nada de especial, incluso siendo una “repetición” de un evento de años atrás, el contexto tras esta si era digno de mención. Un fenómeno nunca antes visto, de cientos de Digitamas siendo creados al unísono y lloviendo sobre File para sorpresa de sus habitantes. Aunque en teoría sonaba como algo inofensivo, el Elite no podía evitar sentir algo sospechoso tras ello. Después de todo, últimamente habían transcurrido muchos sucesos extraños en el Mundo Digital, en especial luego del Gjallarhorn.

- Me pregunto si todo lo que está pasando está conectado… Visiones, la Back Dimension, aquel viaje a la otra Isla File y ahora esto… ¿Esto era normal en tu época?

- Todo dejó de ser normal hace más de tres años – contestó el Juttoushi. Después de todo, para el Mundo Digital la mayor anomalía era la presencia y llegada de los Tamers. Pero mantengo lo que te dije cuando visitamos tu hogar… Todo esto pueden ser señales de lo que está por venir.

- Supongo… - Aquella idea de una batalla inminente anunciada con presagios era suficiente para tensar a cualquiera. No había manera de saber como o cuando pasaría. Solo quedaba estar mentalmente preparado y confiar en poder afrontarlo en cuanto llegara.


 

Amitiel

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X.

La noche empezaba a caer lentamente, siendo que el resplandor dorado que un agonizante sol emitía a la distancia no había conseguido que abandonara mi intención primordial… Levantando la vista, me di cuenta, muy tarde, de que el momento había llegado…

Con total parsimonia y entrecerrando mis ojos a causa del intempestivo brillo de las luces artificiales, abandoné el sitio que había elegido en la biblioteca de la ciudad, y luego de ver a la pequeña larva descansar dentro de su peculiar coraza, me preparé para emprender la última parte de mi curiosa misión. Un viento ligero empezaba a sentirse por los alrededores de la ciudad, lo que hizo que me arrebujara y cubriera lo más posible al Minomon, con la intención de que no pasara frio. Algunos destellos coloridos se podían observar en la distancia, dando muestra de lo que se estaba viviendo en el festival de digimon que se realizaba en las cercanías de Sabana Engrane.

Me detuve brevemente pensando en mis camaradas, sin embargo retome la marcha al sentir como el frio incrementaba. No obstante, al llegar a la guardería de City File, quede asombrada por la cantidad de tamers que estaban concluyendo su labor, haciendo que las encargadas se encontrasen sobresaturadas de trabajo. Abriéndome paso lentamente (precautelando el bienestar del infante), pude ubicar a una dependiente desocupada que —luego de regularizar la documentación pertinente— colocó a la larva sobre el escritorio contiguo, a la vez que llamaba a algún colaborador. Acércandome al digimon, me sorprendió mucho lo que estaba realizando…

— “¿Te… volveré… a… ver…?” —para asombro mío (y alegría), la pequeña larva se colocó en posición horizontal sobre una hoja ubicada en el escritorio de la asistente, y, cogiendo una pluma cercana con la ayuda de su boca, empezó a escribir lentamente— “Tú… me… agradas… mucho…”

Al ver esas palabras, diversos sentimientos se agolparon en mi interior, los cuales empezaban a acumularse a la par de diferentes dudas, sin embargo, resultaba evidente una cosa… ¡Al parecer había logrado comunicarme con el pequeño, pese a todo! Tratando de controlar la tristeza que me embargaba (después de todo me había encariñado con el pequeño ser), saqué mi cuaderno, con la intención de dar una respuesta:

— “Ya lo creo…” —inicié lentamente, pero me vi interrumpida por algunas lágrimas que cayeron de mis mejillas— “También mis amigos vendrán…” —concluí, observando al bebé (que saltaba de júbilo sobre la mesa), y con una última caricia, me despedí del pequeño.

Viendo como el infante era retirado por una ayudante, no pude evitar preguntar a la encargada superior:

— “¿Qué sucederá con él y los demás bebés? Todavía son muy pequeños…”

— “No te preocupes por ello.” —la joven respondió ágilmente (sin poder ocultar el cansancio que empezaba a hacerle mella) — “Aquí los cuidaremos muy bien, y a su debido tiempo, ¡podrán contar con un compañero humano!”

¿Así que un tamer? Meditaba en silencio mientras retornaba mi camino a la sede de la guild. Todavía me sentía triste pero, después de compartir con Gabo y Kyo mientras tomaba conocimiento de sus aventuras, lentamente esa sensación fue desapareciendo, siendo reemplazada por un esbozo de alivio y esperanza…

Ojalá que el pequeño encuentre un buen compañero, después de todo se lo merece…
 

Moonchild
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Samali
#7


La pregunta la agarró desprevenida. El concepto de “madre” era demasiado amplio para resumirlo en términos simples, por lo que la humana no pudo contestar inmediatamente; se le ocurrían muchísimas frases para describirlo y todas se quedaban cortas. Caprimon se la quedó mirando con expectación, curioso por la palabra nueva.

—Hmmm… —comenzó la rubia— pues, mami es una forma más cariñosa de decir madre. Madre es la persona que te dio a luz o que ha estado contigo desde muy temprano… es la persona que te vela por ti, te enseña y te guía… y es alguien que te ama incondicionalmente. Una madre siempre se preocupa por su hijo y aunque podría reprenderlo o castigarlo, siempre es con su bienestar en mente… la verdad es un concepto muy amplio y hay muchas formas de interpretarlo, pero supongo que eso sería lo básico…

Caprimon no dijo nada al inicio; se quedó viendo a los humanos calmando al bebé y al otro pequeñín comiendo como si el que su compañero llorara no fuera para nada importante. La chica sí parecía muy preocupada y atenta con el Digimon… volteó la vista a Samali, luego de vuelta al grupo de la mesa contigua y sonrió. En ese momento llegó el mismo Jokermon de antes con sus alimentos; la rubia le agradeció y dejó su plato un poco aparte.


—Abre la boca —
dijo, sosteniendo una cucharada de crema frente al baby.

—Sabe bien, ¿qué es? —preguntó la motita luego de un par de cucharadas.

—Crema de zanahorias —contestó la chica.

—¿Tú no vas a comer?

—Cuando termine aquí, es más importante que comas tú.

—Ah…


Cucharada tras cucharada el Baby se terminó toda la crema y prometió estarse quieto mientras la Tamer se comía el puré de papas con filete que era el especial del día.

—¿Puedo probar? —preguntó con curiosidad. Samali sonrió y le dio un poco de puré y luego un trozo de filete.

—¡El filete sabe genial! —sonrió, con los ojos brillando.

—Hmmm, supongo que si te lo hubiera picado en trozos pequeños, también habría podido pedirte un plato de esto —comentó ella, viendo que le gustaba tanto— pero bueno, las zanahorias son buenas para los ojos, después de todo.

Terminó de comer y salió de ahí con su motita en brazos, pensando en qué hacer a continuación, ya habían pasado un buen rato solo paseando, así que alguna actividad no les vendría mal. Mientras se movían a algún sitio más interesante, la bolita de pelos seguía muy interesada en el concepto de madre, hijo y familia, por lo que la rubia se pasó el rato explicándole; necesariamente lo que ella decía eran frases fragmentadas que el Baby tenía que unir hasta formarse una imagen con sentido; el concepto era algo inculcado desde el nacimiento, así que explicarlo era difícil.

—¿A dónde vamos? —preguntó el bebé al cabo de un rato.

—Busco alguna actividad que podamos hacer juntos, algo divertido para ti —explicó.

—¿Qué tal ese festival que hay?

—Los humanos no están permitidos, tendrías que ir solo y no puedo dejarte sin supervisión —le explico, acariciándole la cabeza. —Encontraremos otra cosa que hacer.




Joy

#7


Joy comenzó con movimientos muy básicos, más que todo orientados a evadir y luego se fue hacia ataques y cosas más complejas. Tenía un buen rato sin practicar, así que se absorbió en lo que hacía y casi no se dio cuenta del tiempo hasta que cuando lanzó una patada voladora Kyaromon comenzó a vitorear emocionado.

—¿Qué te pareció? —preguntó, recuperando un poco la compostura.

—¡Excelente! ¡Demasiado genial! —aseguró el pequeño, totalmente impresionado; Joy pensó que de tener un compañero de práctica, el bebé se subiría por las paredes de la emoción.

—Me alegra que te guste —sonrió, complacida.

Luego revisó la hora y notó que de hecho se les hacía un poquito tarde, por lo que tomó al bebé en brazos y comenzó a trotar en dirección al cine para no perder la película. Decidió ceder y comprar algunos dulces para disfrutar durante la película. La cinta en particular era de dos grupos de héroes peleando entre sí por algún problema legal; a ella le parecía que el líder millonario estaba siendo idiota, pero al menos las escenas de acción eran excelentes y los efectos especiales insuperables.

Tratándose de una película con digimon entre el cast de actores, resultaba mucho más sorprendente que una película del mundo real. Kyaromon parecía del todo absorto en las imágenes, con la mirada de quien acaba de encontrarse un diamante del tamaño de una casa. Comía los dulces a tientas, sin apartar la mirada de la pantalla para nada y llenándose de chocolate y caramelo.

Cuando la película terminó, el bebé era un pequeño desastre sin haber necesitado moverse de la silla. Con un suspiro la humana lo levantó y lo llevó al baño más cercano para tratar de quitarle los pegotes de encima. Le dio una ducha improvisada en el lavamanos, aprovechando su pequeño tamaño, y lo secó con toallas de papel hasta dejarlo bastante decente.

—¡Eso fue lo mejor! —exclamaba el pequeño en medio del baño y para cuando salieron aún seguía hablando al respecto con la pasión digna del fanboy más hardcore.

—Me alegra que te gustara tanto —sonrió— a mi me parece que estuvo entretenida.

A Kyaromon no le importó en lo más mínimo que su niñera no compartiera su emoción y Joy lo dejó continuar con paciencia mientras lo llevaba por las calles. No tenía un objetivo claro respecto a que hacer a continuación, puesto que le parecía que volver al INN de una vez sería aburrirse entre esas cuatro paredes. De momento, solo pasear por la cidad hablando trivialidades sonaba bastante bien.

Por un momento, Campbell se preguntó si así se sentía tener un compañero con el que hiciera buenas migas desde el principio; se sentía mil veces más cómoda con el Baby que con Devien, no había ni qué pensarlo. Quizá cuando Kyaromon evolucionara... apartó ese pensamiento de su cabeza; por lo que ella sabía, entregaría a la bolita de pelos al finalizar el día y probablemente no volviera a verlo.

—Sería genial conseguir a alguien con quien jugar —propuso el pequeño, mirando alrededor. No les costaría mucho encontrar a algún Baby para jugar, pero a ella no le emocionaba la idea de hablar con un completo desconocido.
 

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#6



Después del bochornoso espectáculo exhibicionista por parte de Chris, y la titánica labor de Paomon de dejar a File sin su ración de pizza; padre y bebé caminaron tranquilamente por las calles de la ciudadela, tratando de encontrar algo que les llamara la atención, pero sin éxito alguno. ¿Cómo encontrar algo que ni siquiera sabes que es? Ninguno de los dos tenía una idea exacta de lo que querían ese mismo instante, pero estaban seguro qué querían algo. Después de algunos minutos rebuscando su “santo grial” sin recompensa alguna, Chris decidió que lo mejor sería descansar y tener un tiempo de calidad padre-hijo para evitar que las situaciones anteriores se volvieran a repetir.


Así, el varón decidió que el lugar idóneo para sus planes sería el parque más cercano. Recordó el jardín que estaba cerca de la alcaldía cuando hizo su primera Quest en el mundo digital; cuando conoció a ese rubio oxigenado y a su Guilmon. Le traía recuerdos, ya lejanos, y lo llenaban de una alegría inexplicable. Sin duda alguna, sería un buen lugar para tomar una pequeña siesta y, si Paomon por milagros de la vida evolucionaba, narrarle al pequeño sus aventuras en el mundo digital y sus comienzos, empezando como punto de partida aquel lugar.


-Eres muy afortunado, ¿sabes?-Preguntó sin esperar respuesta, más que unos soniditos ininteligibles por parte del Baby, quién vio a su papá con ojos dormilones y entrecerrados.-Iremos a donde papá por primera vez se inició como Tamer.-Soltó una ligera risa al recordar a los enamorados y como sus acciones le causaban diabetes. Esperaba nunca tener que pasar por una situación similar, o que Dreiz pasara por ello. Sería todo un lío en caso de que eso sucediera.-También papá te contará sus vivencias en el mundo digital.


-Prrrr.-Ronroneó el Baby mientras se acomodaba mejor en los brazos del varón, procurando ponerse cómodo para cuando Chris comenzara a parlotear. No le gustaba ser grosero ni indiferente y sabía que su padre no le contaba esas historias para aburrirlo, pero no podía evitar sentir demasiado sueño con imaginarse los relatos del Tamer. Quizás todo derivado del hecho de que comió hasta hartarse y ahora lo único que quería era descansar sus ojos para volver a asaltar el próximo puesto de comida una vez se le abriera el apetito.


El camino hacia el parque no fue muy largo, afortunadamente, por lo que tanto Digimon como humano pudieron tomar asiento bajo un árbol cuya sombra era bastante generosa. Chris dejó a Paomon en el suelo mientras se sacaba su chaquetín y lo usaba como almohada para apoyar su espalda. Una vez terminó de acomodar la prenda como quería, ambos se acostaron, Paomon en las piernas del humano mientras lentamente cerraba los ojos y su respiración se hacía más calmada.


-Está bien, guardaré las historias para otro momento.-Sonrió el muchacho.-¿Sabes? Me gustaría que pudieras evolucionar para entenderte mejor…


Y, dicho y hecho, el pequeñín en su regazo comenzó a emanar de su cuerpecito una luz brillante. Sin que Paomon lo notara en lo más mínimo por estar sumido en un sueño profundo, su anatomía creció y se ensanchó, sus ojos se hicieron más chicos mientras cuatro patas adornaban sus costados; una boca mucho más formada reemplazó a la línea que le servía como hocico y una nariz negra hizo acto de aparición en su rosto.


Paomon -ahora Xiaomon- seguro tendría muchas preguntas para su padre cuando despertara.


 

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#3

Ciertamente era cómico que la rusa preguntara por el descamisado de Pearce, ganándose más de una mirada pícara, y hasta indirectas que tenía buenos gustos, provocando que Mila rodara los ojos con cansancio; a decir verdad, la universitaria poseía nulo interés por relaciones románticas, por lo que el tema empezaba a exasperarla, siendo que su motivo de buscar al moreno distaba de lo que las personas pensaban. Góluveb suspiró con tedio, frotándose el puente de la nariz, tratando de disipar la incomodidad para seguir preguntando, aunque el sonido de una canción, atrajo su atención; la rubia dirigió sus pasos hacia una calle sumamente concurrida, percatándose que se trataba de un conjunto de digimon que hacia gala de su talento musical.

Una pequeña sonrisa se posó en los labios de la amateur, al escuchar la música que creaban los seres digitales; antiguamente su vida se basaba en el silencio, desconocía lo que era la melodía de canciones desde el fallecimiento de su progenitora, aquella sublime mujer que cantaba y bailaba, contagiando su alegría a su hija. Y realmente Mila había renunciado a la música, en sí, empezó a rechazar cada cosa que le recordaba a su madre, hasta que conoció a cierta francesa que la volvió a envolver en las melodías.

—¿Eh? —Inquirió Góluveb al despabilar de sus pensamientos, debido a que el digitama comenzaba a agitarse en sus brazos—, ¿te gusta la música, pequeño? —Mila acarició la superficie del huevo, hasta el momento que el mismo empezó a brillar para atención de la rusa. La mirada azul acero resplandeció al tener entre sus brazos, una pequeña bolita peluda que la observaba con curiosidad.

Aunque el baby comenzó a ver a su alrededor, percatándose de la cantidad de personas y objetos desconocidos, sobresaltándose en su sitio, fijando nuevamente su mirada en quien reconocía como su mamá, acurrucándose en su pecho, y relajándose ante el abrazo que Góluveb le brindaba; Mila decidió alejarse del lugar concurrido, tal vez aquello intimidaba a Dodomon, y para calmarlo, decidió colocarle su gorra. Aquella acción provocó que la bolita morada alzara la vista hacia el rostro de la rusa, la misma que curveaba sus labios con nerviosismo, debido a que estaba por chillar tal cual fangirl, por la adorable imagen que le brindaba el baby, y aquello haría perder su porte neutral que siempre buscaba mantener; aunque terminó exclamando de emoción, por el hecho que Dodomon lamió su mejilla, a modo de mostrarle su afecto.

—Qué lindo~ —canturreó la rubia, rascando al felpudo que cerró sus párpados por el mimo. Empero, el olor de un puesto de comida cercano, provocó que se removiera de los brazos de Mila, hasta el momento que se liberó de ellos para dar un brinquito y posarse en el suelo—. ¿Pequeño? —Góluveb observó con atención, cómo Dodomon olfateaba en el aire, daba unos cuantos saltos y abría la boca—. ¡Ah! ¿Tienes hambre? —Ni bien la rubia preguntó, el baby se aventuró a tomar la delantera mediante brincos para gracia de Mila que con unos pasos, igualó el ritmo de la bolita.
 

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Raisa Nóvikova #7


Salió del departamento de la alemana y para su grata sorpresa la lluvia había cesado, por lo que retrocedió un poco para dejar el paragüas prestado en la puerta de Dylan, ya lo vería al salir de su cueva. Saliendo de los edificios departamentales y con el pequeño Sakuttomon siguiéndola a un lado, la rusa se detuvo a pensar qué hacer. Volteó a ver al de armadura dorada, se veía cómodo al poder finalmente caminar sin que la hoja de su frente le hiciera perder el equilibrio y rodar, y ella también se veía confortable con aquello, que el infante quisiera caminar en lugar de ir en sus brazos como cualquier otro era de agradecer. Sakuttomon, aún siendo un bebé, era muy parecido a la Elite, ambos disfrutaban el mantener cierta distancia, al menos por un rato.

Antes de decidir dirigirse a cualquier parte de la ciudad, Nóvikova volvió a tomar su D-Terminal para leer el último mensaje recibido. Quien lo envió era Loge, preguntándole su ubicación y si podían reunirse en un parque de File. ¿Para qué quería que se vieran? ¿Habría sucedido algo? De todas las posibilidades detrás de sus motivos, a Sköll no se le cruzó por la mente que simplemente era una reunión casual, para platicar después de tanto tiempo, y no por algo negativo. Pero su mente nunca pensaba en las cosas más sencillas de la vida, como una reunión amistosa entre amigos.

— ¿Vas a ir? —el espíritu se había materializado momentos atrás, leyendo el mensaje en la pantalla del dispositivo, mismo que no había visto antes porque quiso darles su espacio a ambas heroinas. — Tienen tiempo de no verse, creo que es un buen día para reunirse.

— Nos vimos no hace mucho —dijo, extrañando al infante pues parecía que la chica le hablaba al aire. Era verdad, semanas atrás había acudido a su llamado en el combate contra Duskmon, pero aquello había ocurrido tan rápido que no hubo mucho tiempo de conversaciones o de siquiera saludarse. — Sólo me pregunto qué querrá.

— ¿No te has puesto a pensar que simplemente quiere verte y ponerse al día? —aquello causó cierta risa burlona en la rusa.

— No soy el tipo de persona a quien alguien llamaría para platicar, o al menos no su primera opción —comentó de manera franca, pues no le perturbaba ese pensamiento, estaba acostumbrada a ello. No obstante, aparte de cuidar al bebé no tenía nada más que hacer ese día y, en el fondo, tampoco le desagradaba verse con Nakai.

— La relación entre ustedes es tan similar como la mía con Greymon —soltó de pronto en un aire más ameno y relajado, el comentario extrañó a la rubia, aún si no era la primera vez que escuchaba algo así y entendía el trasfondo de esa relación entre ambos y que, al parecer, ahora también había sido heredado a dos miembros de Gungnir. — Hablando de eso, ¿no había algo que querías conversar con Masaki?

La pregunta remontó a la Elite a un suceso ocurrido semanas atrás durante la Ceremonia a la que habían acompañado a ciertos historiadores. Desde entonces, una ligera inquietud había estado presente en su interior, misma que deseaba externarla, y al único a quien ese tema también le competía era al japonés. Ese momento era el ideal, quizás las cosas se habían acomodado para que ambos estuvieran presentes en la misma ciudad el mismo día; hecho que últimamente parecería imposible dado al paradero desconocido de Raisa y Gabumon. Decidió no responder el mensaje, pues el parque no estaba muy lejos de su ubicación, por lo que no le tomaría mucho tiempo llegar.

Fue entonces que recordó a Sakuttomon a sus pies y que el pequeño dorado seguramente la había visto hablarle a la nada. Bajó su mirada y lo tomó entre ambas manos, perfilando una ligera media sonrisa al de menor nivel.

— ¿Con quién hablabas? —preguntó el Baby, curioso por la acción de la humana.

— Sucede que recibí un mensaje de un viejo amigo y estaba debatiéndome conmigo misma si ir o no —explicó, mostrándole el D-Terminal al Digimon, quien seguramente se había comido el cuento de que a la humana que lo cuidaba le gustaba hablarse a sí misma. Aún con su porte sereno y cordial, Sakuttomon seguía siendo un infante con una mente inocente, y a esa pequeña mentencilla no iba a meterle historias sobre espíritus legendarios que él no podía ver.

— ¿Y vamos a ir?

— Sí, el parque no queda muy lejos de acá —dijo, comenzando a caminar, aún sosteniendo al Digimon Weapon entre sus brazos.

— Tengo una pregunta —soltó, viendo al frente a medida que la rubia se movilizaba — Cuando nací dijiste que cuidarías de mí por un tiempo, ¿por qué? ¿Ya no estaremos juntos mañana? —las cuestiones del pequeño tomaron por sorpresa a la soviética, quien no se esperaba tales preguntas o si quiera que Sakuttomon recordara lo que ella había dicho al primer segundo de su nacimiento.

— Seguramente no, al final del día regresaremos a la Central y ahí se encargarán de trasladarte a la Guardería. Es un buen lugar, eventualmente se te asignará un Tamer cuando llegue el momento —le explicó con la mayor claridad posible, era mejor decírselo de una vez antes de que el bebé llegara a encariñarse con ella, o viceversa. Sonaba muy duro, pero era la realidad.

— Oh, ya veo... —Raisa notó en sus brazos como el infante parecía bajar la mirada — pensé que sería tu compañero —aquel pensamiento externado por el bebé dorado le hizo sentir cierto nudo en el estómago a la rusa. Decirle a un pequeño que estaba equivocado no era una tarea sencilla y menos cuando en realidad Sakuttomon comenzaba a agradarle por su serenidad y tranquilidad.

— Lo siento, Sakuttomon, mi compañero se llama Gabumon... no está aquí porque se fue a un evento de la ciudad.

— ¿No puede haber dos compañeros? —volvió a interrogarla, con toda la curiosidad de un niño.

— Sí, hay casos especiales, pero... —si bien conocía de la existencia de Tamers con dos compañeros Digimon, ella no se veía con nadie más que con Gabumon. La idea no le resultaba atractiva, pues era con el lobo con quien había conpartido un sinfín de experiencias y juntos habían ido creciendo y apoyándose mutuamente. Y aunque Greymon era un Digimon que la acompañaba, no era lo mismo, pues no era a él a quien brindaba su poder en batalla ni despertaba con su ayuda sus evoluciones. Eran casos muy distintos y que no sabía cómo explicárselis en ese momento a Sakuttomon. Hablarle de la unión Tamer-Digimon era algo que con el tiempo él debía aprender por su cuenta y junto al compańero humano que le fuera asignado.

La conversación ya no continuó, pues sin darse cuenta habían llegado a su destino. Un amplio parque con distintas mesas de campo se distinguía al frente, no estaba muy concurrido y los presentes ahi parecían estar llevando un día tranquilo sin mucho alboroto. De inmediato buscó alguna cabellera verde entre los asistentes del parque y, pra su fortuna, no tardó mucho en dar con Loge, sentado en una de las mesitas en compañía de un Digimon de pelaje dorado y de Agnimon. Soltó un suspiro disimulado y comenzó a acercarse, aunque a esas alturas seguramente el Guerrero del Fuego ya habia advertido su presencia.




Masaru Masaru ya llegué~
 

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#4

Mila comenzó a meditar sobre el hecho, que al parecer los digimon bajo su cuidado padecían de independencia y aquella confianza que todo podían por sí mismos, ¿la razón? Dodomon insistía en movilizarse por su cuenta, a pesar que prácticamente tenía la lengua fuera, agitado por la caminata; aún así, proseguía con sus saltos, con destino a aquel puesto de hot dog que estaba a unas dos cuadras más. Los ojitos del felpudo se iluminaron, aunque inmediatamente saltó tras la pierna de Góluveb, por el hecho que la avenida estaba lleno tanto de personas como digimon.

—¿No te gustan las multitudes? —Preguntó la rusa, colocándose de cuclillas para estar cerca a la altura del baby. Sino mal recordaba, los digitama que debían de cuidar se trataban de antiguos digimon desviados, aquellos que se les consideraba como infames, ¿tal vez quedaban vestigios de manera inconsciente? La rubia negó con la cabeza, tenía entendido que eso no era posible; Góluveb atinó a acariciar la mejilla de la bolita para tranquilizarlo, hasta abrió sus brazos para que Dodomon se acurrucara en ellos, gesto que no rechazó—. No estoy segura que puedas comer esas cosas, pero por esta vez te voy a consentir —pronunció, colocando su índice en la nariz del felpudo, el mismo que lamió el dedo para gracia de Mila.

La universitaria se dirigió al puesto de comida, formando la fila necesaria y así tomar el pedido para el baby, quien olfateaba con más ahínco, cada vez que comenzaban a avanzar para ser atendidos; justamente un muchacho era el que tomaba orden, joven que curveó sus labios de manera galante para desconocimiento de la rubia, debido a que su mirada recorría el cartel de combos ofrecidos, simplemente pensando qué sería lo más sano para el pequeño que estaba en sus brazos. Graciosamente, a pesar que recién había eclosionado del digitama, Dodomon fijó sus orbes sobre el varón, gruñendo por lo bajo para atención de Mila.

—¿Es tu baby? —Inquirió el desconocido, buscando la manera de entablar conversación con la amateur.
—Se podría decir que sí —contestó de manera simple—. Quisiera el combo 3.
—Es muy bonito —comentó el pelirrojo, extendiendo su mano para acariciar la cabeza del felpudo, seguramente esperando ganar puntos con Mila, pero Dodomon tenía otros planes. Ni bien la diestra estaba por posarse en el digimon, el mismo abrió sus fauces para clavar sus colmillos en la mano masculina—. ¡Bola del demonio!
—¡Rawr! —Balbuceó el baby, invocando lágrimas que surcaban sus ojitos.
—¿Le has gritado a un bebé? —Preguntó la europea de manera seca, estampando su mano sobre el mostrador—. Quiero mi pedido ahora mismo, antes que llame al gerente por maltrato.
—¡Me mordió!
—Se habrá asustado —justificó Mila, dirigiendo sus orbes sobre el felpudo—. Deberías pedir disculpas, Dodomon. Sé que no fue tu intención —consoló la rubia, para asentimiento del baby que bajó la mirada a modo de arrepentimiento—. ¿Eso fue suficiente para ti? Mi pedido —exigió Góluveb, y tras un par de minutos, el varón a regañadientes extendió una bolsa que contenía el combo.

La hija del militar atinó a voltear sin siquiera dirigir otro vistazo al que atendía, aunque el que sí posó sus orbes sobre el joven, fue el baby que le sacó la lengua, acurrucándose con temor en Mila al ser fulminado por el pelirrojo.

—Tranquilo, ya nadie te grita —comentó la fémina, deteniéndose en su lugar—. Dónde debería llevarte... Al parecer hay muchas personas por la ciudad hoy, ¿tal vez un parque? —Dodomon ladeó la cabeza—. Sí, podríamos comer ahí, ¿de acuerdo? —El baby lamió la mano de Mila—. Lo tomaré como un sí.
 

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Sasha & Chicomon #1

Si bien supuso que sus palabras atraerían la atención de su receptora, quien hablara no se inmutó a devolverle la mirada porque le era más importante encontrar lo que estaba buscando en la gran nevera. Con rostro apacible leía cada etiqueta; no era absorta a los pocos rastros visuales que DTB realizaba al echarle un ojo y quitarlos de encima de forma fugaz un par de veces. Parecía estar formulando algo que no quería soltar, tal vez le fastidiaba pensar que tenía que responderle de regreso aunque no tuviese qué... y si no hubiese sido porque su bebé se quedó mirando cómo la 'entrometida' extraía una bolsa con tiras de carne, no lo hubiera considerado con seriedad.

Gaia giró hacia el lado en el que estaban la rubia y Pitchmon. Las humanas se vieron a la cara; enseguida, la de cabellera albina desvió sus ojos hacia el flotante bebé, mismo que tenía los ojos enormes y brillantes. No obstante, algo se removió entre los mechones de la peliblanca a la altura de su hombro. De ahí, una casi bolita azul con cola se asomó. Dylan cambió su facción ipso facto; entonces ella también podría estar haciendo lo mismo que su persona, tal vez... pensó.

Hubo silencio y nada de movimiento entre los cuatro, como si posasen para ser pintados o jugaran a congelados. Hasta que de repente, el bebé dragón empezó a soltar burbujitas en dirección al otro de su no tan parecida especie. Rápidamente, la alemana sacó del camino a Pitchmon con cierta brusquedad, tanta así que le sacó un par de lágrimas. Por su parte, Sasha tocó la cabecita del azul para hacerle saber que debía tranquilizarse. Ese no era el lugar para andar reclamando territorio, porque ya antes había tenido la misma experiencia (todo en un mismo día).

—Disculpa —la ucraniana avanzó rápido en pos de alejar a su amiguito de allí. No necesitaba que él crease problemas en un lugar tan público; sin embargo, la muchacha no nazi danzó sus ojos entre los pasos de la otra y la mirada tintineante de su Digimon a cargo. No brillaban por emoción, más bien porque el bebé sí tenía hambre, además de recibir el desagrado de la otra criatura digital sin razón.
—Oye —se arrepentiría de eso, pero todo sea por Pitchmon.
—¿Hmm? —Chicomon se mostró ligeramente incómodo. —No vayas a hacer nada —Gaia alzó un dedo a modo imperativo; el bebé tembló no por temor sino por respuesta desafiante. —¿Decías? —En su rostro se tatuó cierta urgencia que tenía por ¿marcharse? Si era así, no la molestaría con sus dudas; ya se las apañaría de algún modo para discernir qué cosas podría darle a su encargo. —Puedes darle biberón. En el pasillo para bebés venden distintas fórmulas con distintos sabores; prueba una. —¿Cómo supo que quería hablarle sobre eso? ¿Tan obvia era? Bueno, cómo no iba a atinarle si esa fue la razón por la que ella le habló.

Sin decir nada más y por presión del azul, al saltar sobre su hombro hasta alcanzar la corona de su cabeza, Sasha avanzó hasta caja para pagar por los utensilios que adquirió. No podría negar que pagar le dolía en cierto modo, pues no era como si tuviese todos los privilegios que tenía en el mundo humano; ella y su compañero, mismo que estaba en una fiesta especial, eran “austeros” hasta que pudiesen darse lujos.

Al salir del supermercado su próxima meta era encontrar un lugar calmado para alimentar al pequeño dragón que con el paso de los segundos empezaba a aumentar su incomodidad como si fuese un bebé de verdad… un niño de verdad… otra vez cayó en su pensamientos intrusivos hasta perderse en ellos. Por eso, no se dio cuenta que alguien iba entrando y que por no esquivarla su hombro chocó con cierta violencia con el ajeno.

—¡Hey! —Shura salió de su ensimismamiento instantáneo. Sus orbes azules se fijaron en los de la pelirrosa; lo que menos quería era meterse en problemas con gente desconocida.

Si Chicomon desease lo mismo, no hubiera roto las reglas que su compañera humana le impuso desde que le conoció pero el Digimon observó a la fémina y en lo que Gaia terminaba de pedir disculpas, él expelió burbujas en su dirección.


Verwest Verwest Hathaway Xayah xDDDDD
 

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#5

Dodomon brincó de los brazos de Mila, apenas divisó el hermoso paisaje que le brindaba el parque; un amplio campo verde, árboles que brindaban sombra, hasta soplaba una suave brisa que provocó que el baby cerrara sus ojos, disfrutando del aire. Tras unos segundos, dio un pequeño saltó hacia el pie de Góluveb, hundiendo sus fauces con suavidad y jalando la bota de la universitaria, como indicándole que debían adentrarse al lugar.

—Busquemos una mesa donde sentarnos y puedas comer —señaló la rubia platinada, dejando esta vez que el felpudo se desplazará por sí mismo.

El baby no tardó en dar brinquitos además de gesticular sonidos para que Góluveb le prestara atención, señalando a su manera un asiento lejano, al costado de un gran árbol. De igual forma, el digimon se mantuvo mirando fijamente a la tamer, quien extendió sus brazos para recibir al baby; seguramente su intento de caminar por sí mismo, había abierto más su apetito.

—Lástima que Impmon no esté, aunque no estoy segura si te hubiera aceptado del todo —comentó la rusa, tomando asiento junto a Dodomon que estaba sobre la mesa, saltando impaciente por el hot dog que comenzó a desenvolver Mila—. Hasta hubiera querido quitarte la comida.
—¿Rawr? —Inquirió el baby.
—Impmon, es mi... Compañero —trató de explicar la rubia, cruzándose de brazos además de ladear la cabeza para meditar sus palabras—. Es como tu, pero más grande —agregó.

Dodomon se observó a sí mismo, visualizando una versión más grande que él en su mente, pegando brincos de emoción. Aunque terminó calmándose en el instante que Mila le extendió un hot dog, mordiendo con rapidez para saciar su hambre, luciendo maravillado por el bocadillo probado; el digimon comenzó a devorar su comida, mientras Góluveb desviaba su atención hacia el resto del parque, perdiéndose en su mente.

Podía apreciar cómo distintas personas socializaban entre sí, hasta un trío había pasado a su lado pronunciando un tema de la guild que poseían, término que logró despabilar a Góluveb; desde un tiempo atrás, el tema del gremio atraía su atención, no tanto por el hecho de formar lazos con otros más, sino que era consciente que era una total novata en el mundo digital, y necesitaba ser guiada de una u otra forma. La rubia cerró sus párpados, apoyando su mentón sobre sus manos entrelazadas, no podía seguir fiándose de Belz; no porque no creyera en él, sino que él tampoco conocía tanto como otros que ya habrían empezado su aventura, y no quería exponerlo a un peligro innecesario, simplemente por demostrarle que él podía con todo cuando no era del todo cierto.

—¡Rawr! —La exclamación de Dodomon, despertó a Mila de sus ensoñaciones. La rubia estaba por dirigir su vista hacia su costado, donde se suponía estaba el baby, sobresaltándose en el acto al darse cuenta que no estaba ahí.

La fémina comenzó a mirar hacia todos lados, hasta el momento que su mirada se posó sobre el felpudito que dirigía sus brincos hacia una silueta que estaba durmiendo plácidamente debajo de un árbol; Mila logró reconocer a Chris a la distancia, aunque de igual forma tomó impulso, pero demasiado tarde.

—¡Grawr! —Chilló Xiamon, debido a que Dodomon había decidido morder una de sus orejas.

El grito del cachorro despertó a Aideen de un brinco, percatándose del baby morado que ahora poseía la mirada cristalizada, siendo mordido por el digimon bajo su cuidado.


Krause Krause
Listou~
 

"さあ、往こうか"
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Masaki #8



Ante la cercanía de su homólogo, una sensación más que familiar llegó a la mente del Guerrero del Fuego. El entender de inmediato lo que esto significaba hizo que voltearse fuera más una formalidad, sin embargo el espíritu igual lo hizo para así reconocer la llegada de sus compañeros a aquel parque. Tras hacerlo Agnimon se encargó de avisarle a su heredero, qué reaccionó de inmediato al levantarse de su asiento para recibir a la rusa. Al quedar uno frente al otro, un notable ambiente de incomodidad, honestamente esperado, apareció entre ambos Elites, provocando que ninguno dijera nada o mirara a los ojos del otro en esos segundos. Sin la presencia de sus respectivos Digimon en el lugar, la labor de romper el silencio recayó en los espíritus, que evitaron hacer comentario sobre ese deber a pesar que sus rostros mostraban una mezcla curiosa entre resignación y exasperación.

- Es bueno verte bien, Garurumon – comenzó Agnimon, hablando a su monólogo mientras lanzaba una mirada de reojo al par de Tamers. Su compañero respondió al gesto con un asentimiento y un saludo breve, sin embargo no hizo mayor esfuerzo en contribuir a su causa, prefiriendo que ambos herederos superaran el “obstáculo” por sus cuentas. A decir verdad esto habría sido un fracaso, de no ser por la oportuna intervención que, gracias a su inocencia, Sakuttomon hizo ese momento. El Digimon dorado apareció desde atrás a la rusa, mirando atentamente a Loge antes de hablar.

- Raisa, ¿pasa algo con esta persona? – La pregunta hizo que el chico bajara la mirada para reconocer la presencia del infante, sorprendiéndose al ser incapaz de identificar su nombre. Al mismo tiempo, su llegada provocó que Relemon saltara de la mesa para recibirlo, visiblemente emocionado de ver, por primera vez en su vida, un Digimon similar a él.

- ¿Y él es? – preguntó Raisa al ver como el zorro también aprovechaba la oportunidad para olfatear y restregarse afectuosamente de su bota, como si de un gato se tratara.

- Supongo que tuvimos la misma idea sobre qué hacer hoy – contestó Masaki, tratando de aliviar el ambiente con una leve sonrisa - ¿Nos sentamos?

Tras regresar a la mesa y, en el caso de Masaki, ir en busca de dos nuevas bebidas de la máquina expendedora, el dúo de Gungnir tomó asientos opuestos. Loge ofreció una de las latas a la mayor, quién la aceptó con un simple agradecimiento, rellenando el silencio posterior con el sonido del aluminio al abrirlo. Por unos segundos ninguno dijo nada más, hasta que finalmente el japonés intentó de nueva cuenta formar una conversación, esta vez sin tener que pedir la ayuda de los espíritus o los bebés que los acompañaban.

- ¿Cómo has estado? ¿Qué tal tu… viaje?

- Todo bien. Resolviendo unos asuntos – respondió Nóvikova con sencillez. Si iba a entrar en mayor detalle sobre lo que había estado haciendo, no lo haría desde un principio - ¿Y tú?

- Bien también… Todo en orden.

- ¿Cómo está la cabaña?

- Bien… creo – Raisa alzó una ceja ante esa repentina duda por parte del chico – No he estado mucho tiempo ahí últimamente.

- Ya veo… - Tras escuchar esto la rubia llevó su mirada a la lata en su mano. Por supuesto, le daba curiosidad saber el motivo, pero estaba consciente que en ese momento no era la más adecuada para cuestionarlo - ¿Por qué me llamaste? ¿Ocurrió algo?

- N-No, nada en especial – aseguró el japonés de inmediato, tratando de no mostrar una reacción en especial ante lo directa al punto que era su compañera de equipo. Después de todo, no solo era algo que él ya sabía de antemano, además estaba consciente que ser directo posiblemente era mejor que aquella conversación incómoda que, aunque nadie lo dijera, era dolorosa de presenciar – Sólo quería qué nos reuniéramos.

Ante esa respuesta Wolfmon soltó una risa disimulada en un carraspeo, que la rusa casi pudo interpretó como un “te lo dije”. Sentía escepticismo al respecto, pero prefirió no poner en duda las palabras de su compañero de Guild. Si no había ninguna emergencia, era mejor para todos.

- Aquella chica, Shinohara, ¿está bien? – Aquella pregunta sorprendió a Masaki, que no se atrevió a preguntar si el interés era solo por Löwemon o si también era en parte por su kohai. Lo que si le confirmaba, esta vez sin lugar a dudas, era que la rusa si la había encontrado anteriormente, ya que de no ser así le habría cuestionado acerca del Spirit o nisiquiera la habría recordado de la fiesta de Halloween.

- Si, le va bien – informó Loge, sin evitar sentir un poco de orgullo. Se sintió tentado de aprovechar para preguntar al respecto de su conexión con la Medium, pero prefirió dejarlo para después. Tampoco mencionó a Fairymon y que estaba con ella. Posiblemente solo complicaría más las cosas si la Elite no estaba al tanto de eso.

- Es un alivio – comentó, para luego dar paso al silencio una vez más. Aún si la rusa estaba “cooperando” a su manera, había un límite de qué tanto estaba dispuesta a prolongar la charla, algo de lo que Masaki estaba consciente también. Lo mejor sería pasar al tema principal, al menos al primero y más importante de ellos.

- La verdad si hay algo de lo que quería hablarte – comentó. Raisa lo miró, demostrando que le prestaba atención aunque no dijera nada – Hace unas semanas tuvimos una misión en la Tierra Espiritual… - Una sensación de deja vú atacó a ambos representantes de la Luz de inmediato – Acerca de unas ceremonia y ruinas acerca de los Juttoushi.



Kira Kira ~
 
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#7



El pequeño cánido no perdió tiempo para demostrarle a ese Baby recién salido de la nada, quién era el verdadero alfa. Inconsciente de su condición y su recién ganada fuerza, hizo que Xiaomon tirara a la pequeña bolita morada y le mordiera las orejas, para después, haciendo acopio de sus patas delanteras, lo hizo rodar y se posicionó sobre él, como si fuera una mera almohada en vez de un ser vivo. Dodomon comenzó a llorar, esperando que su madre pronto lo rescatara de aquel vil monstruo pachoncito.

-Quedate ahí, no te muevas.-Gruñó Xiaomon mientras trataba de mantener el equilibrio sobre el recién nacido. Fue ahí cuando se dio cuenta que podía hablar y que tenía muchas más extremidades que las que recordaba hace unos momentos.-¿Qué...?-Volteó a ver a Chris con súplica, esperando que su padre pudiera dar luz a sus asaltantes dudas.

-No me veas a mí. No tengo idea de cuando evolucionaste.-Comentó el varón, rascándose la cabeza en confusión. Ni él se había dado cuenta cuando el pequeño en sus brazos había adquirido su nueva forma; ¿fue acaso cuando estaban tomando una siesta bajo el árbol? ¿qué condiciones se tuvieron que cumplir que para que el hermoso Paomon diera el siguiente paso en la cadena evolutiva? Quizás el comer hasta hartarse tuvo algo que ver, pero Aideen no podía teorizar al respecto; no había estado consciente, así que eso sólo limitaba sus posibilidades.

Para su suerte o desgracia, una mujer interrumpió su corriente de pensamiento. Chris conocía ese acento nazi donde fuera, por más que sólo hubieran compartido una Quest juntos; alzó sus rubíes para encontrarse con Mila, quién lo veía con malos ojos, algo mezclado entre enojo y resentimiento. Al parecer, a la rusa se le olvidó para qué estaba buscando al varón, ver al pequeñín bajo ese bravucón activó sus instintos maternales, mismos que no sabía que tenía.

-Haz que se quite.-Demandó, señalando a Xiaomon, quién aún se negaba a bajar de la anatomía del moradito, imponiendo su reinado alfa sobre él, sin importarle que Dodomon estuviera lagrimeando bajo su cuerpo.-Ahora.

-¿Y por qué lo debería de quitar, nazi?-Cuestionó el irlandés con tono ácido y sarcástico.-No eres mi jefa, en todo caso, yo soy tu superior. Debiste vigilar mejor a esa bola de pelos antes de que molestara a mi hijo.-Soltó con veneno, alzando a Xiaomon entre sus brazos, no por la petición de Góluveb, sino porque este mismo estaba comenzando a llorar, contagiandose del estado anímico del otro Digimon.

-¿Qué es eso?-Cuestionó el cachorro, moviendo sus orejitas para tratar de ubicar el sonido de los llantos de Dodomon. Para él, esa criaturita era curiosa.

-Un Dodomon, un bebé, como tú. Al parecer, es el hijo de esta nazi.-Bufó Chris, apretando al pequeño entre sus brazos.

-No has cambiado.-Dijo Mila con tono neutro, obviando los insutlos de Pearce; al parecer, eso era lo único que podía salir de la boca del varón.-Me pregunto como alguien como tú puede tener un Baby siquiera a su cargo...-Rebatió, tomando a Dodomon entre sus brazos, meciendolo para darle algo de calma y así el pequeño dejara de llorar por culpa del otro ser digital.

-Eh... ¿señorita?-Llamó el can con voz tierna, captando la atención de la universitaria en pocos segundos.-Mi padre la llama nazi, pero no sé por qué... ¿Qué es un nazi, señorita?

 

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#2 Flash Back

De un día para otro, la ciudad empezó a llenarse de personas que venían de muchos puntos del Digimundo. Por lo que supo por boca de varios tamers era que en cuestión de días se llevaría a cabo una fiesta en la que cualquier Digimon estaba más que invitado. Desde que lo supo, Coronamon no dejó de hablar de lo que haría allí, si se vestiría —Gaia sonreía al escucharle— y qué estilo podría utilizar. Él como ella había aprendido a tener cierto tino para la moda pero en aquel mundo esas cuestiones no eran un tema para preocuparse. Eso sí, el Digimon bestia guardó los rollos vacíos que utilizaría en su cámara porque no perdería la oportunidad de sacar fotos de lo que sea.

El día llegó y no le costó mucho separarse de Vanya, lo que no es sinónimo de no extrañarle porque era todo lo contrario. Al poco tiempo su ausencia hizo mella en la ucraniana; le hacía falta algo de ruido, alguna entretención que pueda mantener su mente ocupada. A unas cuadras de donde dormía y de donde se realizaba la fiesta, vio una larga cola de personas; el letrero del sitio llamó su atención, mucho más el que la gente saliese con un huevo colorido. ¿Estaban regalando huevos de pascua? Pero si ni siquiera era tiempo para eso… además, esos huevos eran más grandes que los Pisanka. Tal vez era una costumbre de ese mundo, pensó después de caer en cuenta que era imposible que el calendario gregoriano se cumpliese allí.

Sin darse cuenta yacía más cerca del sitio, como quien dice en la fila para ver con sus propios ojos de qué se trataba aquello.

[…]

Vaya que quien hubiese dibujado esos huevos no tenía mucho sentido del arte, aunque quién era ella para juzgar; el arte podría ser cualquier cosa mientras exprese algo para alguien. Gaia depositó el digitama sobre su cama, considerando que debía tenerle en un lugar seguro. Al recibirlo le habían dado unas instrucciones muy puntuales, siendo la más importante de todas que debía tener muchísimo cuidado y que “lo que sea” que le tocase debía regresar sano. Así que de allí saldría una criaturita.

Con cierto sentimiento pesado se echó sobre su cama; las cortinas de la ventana que justo se encontraba detrás de su cabeza, rozaban la piel de su rostro al moverse por la brisa. De repente recordó algo que le hizo pensar el huevo Digimon a su lado: era casi igual a los que aparecían en los tamagochi. Tiempos aquellos en los que llegó a tener como cinco de esos aparaticos. Y si de esa forma era complicado tenerles bien cuidados, qué sería tenerlo de verdad.

—¿Qué estarás haciendo, Vanya? ¿Qué voy a hacer cuando este bebé nazca…? —Se sentó de golpe. Su melena se movió hacia adelante, casi cubriendo gran parte de su cara. Su mirada se quedó prendida del suelo. De repente, algunos episodios de su pasado golpearon su consciente y por inercia se abrazó a la altura de su vientre. ¿Por qué no podía olvidarlo y ya? No era la primera mujer ni la última a la que le sucediesen ese tipo de desgracias.

Además, ese Digimon no cargaba con sus genes.

 

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Tamer: Halsey Volk
Digitama: Botamon

#1

De no ser por lo acostumbrada que estaba la serbia a tener los reflejos activos en su máxima expresión, se hubiera llevado de lleno en la cara una lluvia de burbujas. Solo se limitó a moverse rápidamente en lateral, viendo como las burbujas pasaban de largo antes de ser explotadas por la brisa de la noche. Gaia suspiro muy bajo al notar que la desconocida no había recibido la ofensiva de Chicomon.

Un gruñido agudo sonó entre ellos. La albina siguió la dirección de la cual creía provenir el ruido, encontrándose con una pequeña bolita negra entre los brazos de la pelirrosa, tenía unos ojos amarillos que contrastaban con su oscuro color, además de mucho vello engrosado por su figura.

Sin pleitos. ―dijo la de menor estatura a su acompañante entre brazos― Perdón por tropezarte, no iba muy atenta. ―soltó una sutil risa para animar el ambiente. La ucraniana regreso el gesto con una sonrisa.
Yo tampoco, y perdón por lo del atrevido. ―Lo segundo lo entonó con carácter especialmente para Chicomon, de tal que forma que así le hiciera entender que lo que había hecho estaba mal. El azulejo solo se resignó a saltar de nuevo al hombro de la chica y esconderse con ayuda de sus largos cabellos, queriendo evitar ver por mucho más tiempo a Botamon y su dueña.
¿También estás cuidando un digitama? ―Halsey no perdió de vista como el pequeño se ocultaba entre los cabellos de su acompañante; Gaia por su parte asintió. ―Pensaba venir a comprarle algo de comer pero no sé exactamente con que alimentarlo.

Zaytseva sacó de su bolsa de compras el envase de la crema de arroz para mostrárselo a la chica.

Es una leche de fórmula para poder alimentar a los digitama, está en el pasillo de alimentación infantil.
¿Te gustaría acompañarme elegir el mejor para Botamon? Recién me mudé a la zona y es primera vez que vengo a este supermercado. ―Tal vez la manera de elegir las palabras correctas para Dean era lo mejor que le salía cuando interactuaba con otros.― Por supuesto, es solo si te apetece.

La ucraniana se quedó unos segundos en silencio meditando la pregunta, flexionó un poco con mucho cuidado su cuello y rostro para inclinarlos hacia un lado y poder observar a su amigo; Chicomon estaba dormitando, efecto de sentirse tan cómodo en esa parte del cuerpo de la mujer, rodeado de sus cabellos. Inicialmente, Shura había recurrido al supermercado para adelantarse a la situación en que el azulejo empezara a reclamar por comida, mas el verlo a punto de caer en los brazos de Morfeo le hizo saber que por eso momentos no parecía tener la suficiente hambre como para permanecer despierto y exigir alimentación.

Está bien, te acompañaré.
Genial, soy Halsey ―La montenegrina sonrió con carisma y mucha alegría, Botamon percibió su calidez hacia la otra fémina por lo que también se mostró amigable con ella haciendo unas especies de guguteos para su persona. ―, él es Botamon.
Yo soy Shura y el peleón dormitando entre mis cabellos es Chicomon.

Ambas entraron al supermercado a medida que la científica le daba unas cuantas caricias a la bolita negra. Halsey de inmediato se maravilló con lo grande que parecía ser el lugar, aunado a lo limpio que lucía. Habían más de treinta pasillos por recorrer para el deleite de cualquier aficionado a las compras de supermercado (? y fue en ese instante que se agradeció internamente así misma de haber decido pedirle a la otra joven que la guiara hasta el pasillo correspondiente.

Pasaron más de diez corredores para que mínimamente pudieran ver de cerca el letrero que indicaba el pasillo de interés para el dúo. Por el camino Volk ya le iba contando brevemente su mudanza a la otra joven, quien le informó que también vivía por la zona. Al final la pelirrosa decidió invitarla a comer en su apartamento como agradecimiento y para preparar las fórmulas de ambos bebé, a lo cual la ucraniana aceptó después de meditarlo.

Yo elegí este, según sus ingredientes y su información nutricional tiene la cantidad de sodio, potasio e hidratos de carbono más que suficientes para darle un crecimiento sano y efectivo a Chicomon.

Halsey miró con el ceño fruncido a la mayor, no por enojo o disgusto, más bien se sentía ligeramente extrañada (pero a la vez interesada) en su comentario. No es que no lo hubiera entendido, al contrario, solo no estaba acostumbrada a que una persona le soltara una frase sutilmente inclinada a la química de esa forma. Gaia notó su mudes por lo que despegó su vista del envase para notar como graciosamente Dean ahora le daba una media sonrisa con el ceño aún fruncido.

¿Pasa algo malo?
No, solo me dio curiosidad tu comentario.
¿Por qué?
Fue bastante específico… ¿Crees poder ayudarme a saber cuál es el adecuado para Botamon?

Sasha asintió mientras se disponía a buscarlo entre las diferentes marcas. Halsey aprovechó ese momento para observar más a fondo el corredor, encontrándose a lo lejos con una figura de cabellera rubia que le pareció conocida… ¿No era esa su vecina del frente?


Bishamon Bishamon Verwest Verwest andalaosa [?
 

I was lightning before the thunder
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#3

—¿Me disculpas un segundo? —Gaia apenas pronunció un sí cuando ya la serbia se movilizaba hacia el fondo del pasillo, donde estaba una muchacha de cuclillas y un Digimon bebé flotando cerca de ella.
—¿Todavía sigue aquí? —Se dijo la albina; justo Halsey la tomaba de sorpresa por la espalda provocándole cierto espanto y que lo que yacía entre sus manos corriera el riesgo de caer al suelo. Por suerte pudo evitarlo. Hasta la fémina que las miraba a lo no muy lejos respiró con alivio.
—¡¡Te he visto antes!! —Dylan la miró sin mucho entusiasmo o más bien nada. —¡Ah, tienes un Pitchmon! —Botamon movió sus orejitas ante el nombre de su compatriota bebé.
—Sí —respondió sumamente tranquila la rubia—. ¿Tú eres…?
—Soy tu vecina, te he visto varias veces en el edificio; estoy segura de que eres tú… un Gomamon anda contigo, ¿no? —Esa muchacha sabía demasiado para ser una desconocida, ¿acaso la espiaba o algo? Pese a sus pensamientos, Dylan asintió con su cabeza. —Mi nombre es Halsey —le extendió la mano con mucha simpatía, tal vez en exceso para alguien como su receptora. En vez de que fuese la alemana quien correspondiera el gesto, el bebé flotante palmoteo la mano de Dean con su aletita.

La pelirrosa soltó una carcajada corta, suficientemente agradable para Pitchmon pues él se movió con alegría y le hizo saber a su cuidadora que la muchacha le daba gracia. En vista de eso, DTB sonrió; mientras él estuviera contento todo estaría absolutamente bien.

—Me llamo Dylan —accedió a corresponder para no ser descortés.
—Bueno, si necesitas ayuda con lo que buscas puedes contar conmigo, ¿sí? —La rubia volvió a asentir en silencio.

Aquello parecía una despedida con una invitación adherida que podría aprovechar en vista de que llevaba más de diez minutos tratando de comprar una fórmula adecuada para su bebé. De reojo observó a la de destellos verdosos… su vecina, ¿eh? Debía ser ridículamente despistada del universo como para nunca haber notado su presencia. Hasta Pitchmon se quedó mirándola por unos minutos, o más bien no la miraba a ella en realidad y la de orbes verdes lo notó también: ¡la chica de cabellos blancos estaba con ella! Tanneberger abrió sus ojos un poquito más.

—Podrías comprar la misma que yo en vista de que Botamon es un dragón, ¿no?
—Sí, creo que sí —lo cargó entre sus manos para verle a la cara—, ¿verdad, precioso? —El bebé se movió contento, respondiendo así al mimo. Por encima del hombro de Halsey, Gaia echó un vistazo hacia la otra fémina que se ponía de pie. Dylan hizo ademán de girar en dirección a las otras dos cuando su mirada volvió a chocar con la azul de la peliblanca. A diferencia de la ucraniana, la amante de la soledad apartó su vista rápido, apretó la bolsa que tenía en una mano y tomó a su compañero provisional con la otra para marcharse de allí por fin. —¿Todo en orden?
—Sí —la pelirrosa volteó queriendo descubrir lo que habría puesto a su conocida así, “rara”, momentáneamente—. ¿Nos vamos? No quiero que Chicomon se despierte y empiece a lanzar burbujas por ahí.
—¿Siempre hace eso? Quiero decir, desde que nació…
—Creo que es por cuestión de territorio y cierta demanda de atención —hablando del rey de Roma, el azulejo volvió a aparecer; saludó a Gaia con un mimo a su mejilla y una especie de gruñido.
—¡¡Listo!! —En otra caja se encontraba la rubia. Tanto Halsey como Shura se dieron cuenta de su presencia y quien supiera lo que sucedió entre las tres (aunque no supiesen lo muy entrelazadas que estaban) diría que por lo menos DTB trataba de evitar el contacto con alguna de las dos.

Chicomon observó a la bolita negra con orejas y pelo con cierta seriedad, como si no le importase que estuviese allí, mirándole también. Mientras sus compañeras humanas charlaban al hacerse camino al departamento de la pelirrosa, los bebés no dejaron de prestarse atención pero más allá de lo visible lo que estaba realmente sucediendo era que si uno de ellos bajaba la guardia, el otro podría atacar. Así que más valía mantener el contacto visual como si nada alrededor de ellos se moviese porque ni siquiera parpadeaban.

Hubo un momento de silencio entre las muchachas. Gaia empezó a notar que algo estaba raro y no en mal sentido. Sin embargo decidió no hacer ningún tipo de comentario, ni siquiera cuando llegaron a los pies del residencial. Su expresión facial era de alguien impresionado y no porque el decorado de la entrada estuviese equilibrado entre colores y ornamentos. Además de que no se esperaba ver a la alemana junto a Pitchmon entrar unos minutos después al mismo ascensor que ellas cuando avanzó a toda prisa para poder llegar a su piso.

—¡Hola de nuevo! —Halsey soltó con cierta algarabía; las otras dos quedaron en silencio.

Zaytseva curvó su boca con ligereza. Era increíble cuando ocurrían ciertas coincidencias sin ninguna explicación lógica, como haber ayudado a la de mechones dorados hace rato, volverla a ver en su lucha por elegir la comida para su Digimon, que la chica con la que chocó al salir y que le pidió ayuda conociera a DTB de algún lado y que ambas féminas viviesen en el edificio de al lado al suyo e incluso en el mismo piso.

Ahora Chicomon no solo tenía en la mira a Botamon, también al otro. Cuando el ascensor sonó al llegar al nivel indicado, el azul empezó a expeler burbujas hacia los otros bebés.



Hathaway Xayah Verwest Verwest xDDDDDDDD
 

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Raisa Nóvikova #8


Claramente había situaciones que nunca iban a cambiar, la incomodidad y mutismo a la hora de intentar conversar entre ambos portadores era una de ellas. Incluso si con el tiempo esa aspereza había ido limándose poco a poco, era evidente que hasta cierto punto siempre sería así; ya fuera por las personalidades opuestas o porque así estaba dictaminado desde tiempos remotos de aquellos de quienes habían heredado sus poderes. Un recuerdo fugaz llegó a la mente de Sköll sobre cierta discusión que ambos habían tenido hace unos años en la isla, ¿tanto había ocurrido desde entonces? Su mirada bajó levemente hacia los infantes digitales que jugueteaban sobre la mesa, aunque fuera Relemon el único que en verdad buscaba divertirse con su homólogo. Aparentemente Sakuttomon no sabía cómo actuar en ese momento cada que el zorrito le daba pequeños golpecitos con la cabeza, incitándolo a jugar.

— Es curioso que lo menciones —continuó al cabo de unos segundos sin dejar de mirar a los infantes, — nosotros también estuvimos en la Tierra Espiritual por los mismos motivos —comentó con tranquilidad, depositando sus orbes dorados sobre los del japonés. La noticia sí había llegado a sorprender al peliverde, aunque en el fondo la impresión no fue tan grande, después de todo ya era muy común que ellos estuvieran rodeados de coincidencias. Agnimon intercambió miradas con el Guerrero de la Luz, quien le devolvió un asentimiento silencioso mientras se cruzaba de brazos. — Había un Baromon y muchas tribus de Digimon rindiendo homenajes.

— ¿Luchaste contra él? —fue la primera pregunta que salió de inmediato del Elite, deseando saber si todo había resultado igual que su propia experiencia.

— Gabumon lo hizo junto a Wolfmon —dijo sin dar más explicaciones al respecto, pues el punto más importante al que quería llegar era justo lo que había ocurrido después de la batalla ceremonial. — ¿Y ustedes? —preguntó, alternando su mirada sobre Masaki y el guerrero ígneo.

— Tal vez pensamos igual, pero lo mismo ocurrió en nuestro combate. Agnimon quiso intentar la Spirit Evolution con Agumon, era algo que no habíamos probado —explicó, intercambiando mirada con el espíritu de fuego a su costado.

— Y resultó en una experiencia muy interesante el unir mente y alma con un descendiente directo —Agnimon asintió orgulloso del resultado de dicha evolución, luego miró a su compañero — Imagino que te sentiste igual, Garurumon.

— Así fue —asintió con la serenidad de siempre — la sincronía fue prácticamente inmediata, aún siendo la primera vez.

— Al final, siempre estaremos rodeados de coincidencias, ¿no? —comentó, más como un pensamiento en voz alta, pero con la clara intención de que la escucharan, aún si sus ojos estaban fijos en los Digimon sobre la mesa. Nakai volteó a verla, no tuvo que preguntar la razón detrás de ese comentario, él la sabía y lo entendía.

— Eso fue lo que unió nuestros caminos desde un principio, ¿no? —esclareció el asiático, apoyando ambos codos sobre la mesa mientras buscaba la mirada de la rusa. Raisa pudo haber respondido algo más, pero meterse a hablar sobre los inicios de la Guild en ese momento sólo acarrearía un debate que deseaba evitar. La Elite no dijo más, prefiriendo enfocar sus pensamientos en lo que realmente la inquietaba hasta cierto punto.

— ¿Te ocurrió algo extraño al finalizar tu combate? —preguntó, finalmente yendo directa al punto al cual quería llegar y que esperaba que también fuera aquel del cual Loge buscaba hablar con ella.

— A decir verdad sí —confesó tras darle otro trago a la bebida en la lata — Tuve una... ilusión —dijo tras encontrar la mejor palabra para describirlo. — En ella no estaban ni Agumon, Agnimon, ni ninguno de los presentes en la ceremonia, tampoco cargaba conmigo ninguna de mis pertenencias —a medida que el líder de Gungnir relataba su experiencia, Nóvikova iba sintiendo cada vez más un dejavú compartido con el Guerrero de la Luz. — Pero apareció un Digimon del que sólo había escuchado en relatos hasta ese entonces.

— ¿Quién era? —aunque soltó la incógnita, en el fondo Sköll presentía que ya conocía la respuesta.

— Garmmon de la Luz —musitó, viendo expectante cuál sería la reacción de la soviética; pero la serenidad mostrada por la mayor le indicó que no era una sorpresa para ella.

— Vritramon del Fuego, a ese Digimon me enfrenté en un mismo escenario que el tuyo, Masaki —dijo seriamente, mientras analizaba internamente todo lo que eso podía llegar a significar en ese momento para los dos y para un futuro conjunto como Guild. — Aunque de inmediato supe que no era el Spirit Bestia real, cargaba con una vibra similar, pero al mismo tiempo era distinto. Supongo que también lograste identificar eso.

— Sí, me dio una sensación diferente a la que sentí al encontrar a Agnimon en el Templo —explicó, notando las enormes y marcadas similitudes que ambos habían tenido por su cuenta. No cabía duda de que eran una suerte de señales de lo que estaba por venir. — Y de algún modo pude evolucionar a Vritramon... ¿te ocurrió lo mismo? —Raisa asintió y no tuvo que corrobar que ella había adoptado la forma de Garmmon, pues todo indicaba lo obvio. Nóvikova tuvo la ligera curiosidad de saber si Masaki también había tenido complicaciones para adaptarse y poder manejar al Spirit Bestia, pero decidió evitar esa pregunta. Ella no había podido controlar bien a Garmmon, pensar que no había podido con un Spirit "falso" era de cierto modo preocupante y no deseaba exteriorizarlo por ahora.

— ¿Se te ocurre algún motivo por el cual ambos hayamos vivido lo mismo? —cuestionó tras quitarse esa nube de duda de la mente — ¿Sabes si a alguien más le ocurrió? —soltó refiriéndose al resto de Gungnir. El peliverde sólo negó con la cabeza respecto a lo último.

— He pensado que es alguna clase de señal de lo que está por venir. Después de todo, hay muchas conexiones entre nosotros, Raisa —la rubia se limitó a mirarlo, arqueando levemente una ceja ante su comentario — Me refiero a nuestros Digimon, nuestros Juttoushi, Fuego y Luz...

Era un tema que estaba ahí y era evidente, pero Raisa se había encargado de ignorarlo. La razón era simple: pensar en realizar alguna clase de evolución con Masaki y Agumon era una idea que veía distante dada la relación que poseía con el representante del Fuego. Seguían existiendo diferencias, las asperezas igual se habían limado un poco, y aunque sabía que era capaz de sacrificarse por él o por cualquier otro miembro de Gungnir si la situación lo ameritaba, era muy distinto a realmente poseer una conexión fuerte con el asiático. La rusa apartó su mirada a un lado, sin responder de inmediato a lo último dicho por Loge.

— Supe de una profecía mientras recorríamos las ruinas —musitó de pronto, llamando la atención del Elite, mientras sacaba su DigiWindow y tecleaba un nombre en el buscador. Luego deslizó el aparato sobre la mesa, siendo un curiodo Relemon el que siguió su andar agitando la cola. El japonés tomó el dispositivo y le echó un vistazo a lo que había en la pantalla. — ¿Lo reconoces?

Todo indicaba que su experiencia espiritual había sido en parte "idéntica" a la del menor, por lo que dedujo que hablarle de una profecía le resultaría familiar, pues era ese mismo augurio el que tenía que ver directamente con los elementos que ambos representaban: Luz y Fuego. Mostrarle la imagen de Susanoomon en el DigiWindow sólo aclararía más todo acerca del tema que ambos, internamente, deseaban conversar.



Masaru Masaru dale al speech (?)
 
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