Original Fic Don't give up on me [3/??]

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¡Buenas tardes! Hacía años que no pasaba por esta página y vete tú a saber cómo, me he vuelto a acordar. ¿Así que por qué no volver a participar?

Sinopsis

Ella es un misterio que cualquiera quisiera descifrar. Algunos intentan llegar hasta el final, otros fracasan nada más comenzar.
Becca es una estudiante que se encarga de la cafetería famiilar, junto a su madre. Un robo de madrugada hace que su mundo vuelva a tambalear, pero estaba más que acostumbrada a saltar cada uno de los obstáculos que en su camino se interponían.
Quizás fue el azar, quizás el destino o algún ser superior que quería divertirse a su costa. Pero aquella chica de ojos azules que Becca conoció era mucho más que un obstáculo. Quizás aquella chica no era como los demás, y quién sabe, si conseguiría llegar hasta el final.
¿Quieres descubrirlo?




Capítulo 1​



- ¿Puede volver a narrarme los hechos?

- Abrí la cafetería a las seis de la mañana, como siempre. – Realizó una pequeña pausa. – Fue entonces cuando vi que la caja registradora estaba destrozada, todo el dinero había desaparecido y aquél cristal de allí, hecho pedazos. – La castaña se encogió de hombros, miró a su madre temblar mientras hablaba con otro agente de policía y apretó sus puños de manera inconsciente. - ¿Quién coño roba una cafetería en plena madrugada? – Bufó molesta y coló sus dedos entre las hebras castañas que caían por su rostro.

- Tenemos que hacer inventario sobre aquello que han roto, así como la cantidad de dinero que se han llevado. – La agente de policía mantuvo la compostura, apuntando en una libreta de color negro todo aquello que la otra le decía.

- La caja registradora, ese cristal de ahí… - Suspiró y bajó su mano desde la parte trasera de su cabeza hasta la nuca. - Hay algunas estanterías de la despensa que están destrozadas…

- ¿Y el dinero?

- Afortunadamente sólo se llevaron lo que efectuamos ayer. – Realizó unas pequeñas cuentas con sus dedos y finalmente contestó. – Unos… mil euros. – La policía alzó el ceño y la castaña frunció el suyo.

- Ayer fue un buen día, tuvimos una comida de empresa y una excursión escolar.

- Está bien. – Apuntó. - ¿Qué pasó con la alarma?

- Simplemente no sonó. Parece ser que la desconectaron.

- No me extrañaría. – La policía pasó una mano por su rostro, colocando un mechón rebelde tras su oreja. – Hay una gran oleada de robos últimamente. Y todos siguen el mismo patrón.

- Quizás he tenido suerte de no estar dentro cuando atracaron. – La castaña ladeó la mirada hacia su madre, a la cual le habían preparado una tila para calmar los nervios. La castaña notó una mano sobre su hombro, ejerciendo algo de presión.

- No pienses en eso, ¿Vale?

- No soy yo la que me preocupa… - Volvió a mirar a su madre y bajó la vista, suspirando.

- ¿Cómo te llamas?

- Becca. – La castaña dirigió su vista al frente y observó que la policía tenía una placa identificativa sobre la parte izquierda de su pecho. “Jones, L.” - ¿Necesita algo más, Agente Jones? – La morena alzó el ceño, enmarcando una pequeña sonrisa.

- Por ahora, no. – Guardó la pequeña libreta tras su pantalón y paso una mano por su coleta, la cual recogía un largo cabello lacio. – Nos pondremos en contacto con vosotras si encontramos algo. O si necesitamos algo más de información. – La castaña asintió y se dirigió, junto a la Agente Jones, hacia donde se encontraba otro agente, interrogando a la madre de la menor. – Señora, necesitamos sus datos personales, junto a los de su hija, para poder formalizar la denuncia. – Esta vez fue el otro agente el que habló, intentando transmitir calma a la mujer que todavía seguía nerviosa.

- Tranquila, mamá… Saldremos de esta. Como siempre.

La policía intercaló una curiosa mirada entre la castaña y su madre, analizando la situación. Parecía que aquellas dos habían pasado por alguna situación traumática y de ahí las palabras de la menor.

- Rebecca y Madeleine Hale. – La menor se colocó a su lado y colocó una mano sobre su hombro. – 22 y 45 años.

- Necesitaremos la licencia de la cafetería, junto con los papeles del seguro… y unos cuantos datos más.

- Lo que sea. – La joven hizo un gesto de dejadez y suspiró, agotada. – Yo iré, mamá. – Colocó una mano sobre el hombro de la mujer y ejerció algo de presión, indicando a la mujer que no se levantase. - ¿Jones? – La policía alzó el ceño, captando totalmente su atención al pronunciar su apellido. – Los papeles están por aquí.

- Te sigo. – La agente siguió los pasos de la castaña, manteniendo una pequeña distancia tras ella. No quería invadir su espacio personal en una situación como ésta. La acompañó hasta un pequeño despacho situado al lado de la despensa.

- Creo que todos los papeles relacionados con la cafetería están aquí. – Le tendió una carpeta de color azul, algo abultada por su contenido y esbozo un gesto triste. – Les echaré un vistazo…

- No es necesario. – La mayor colocó una mano sobre la carpeta. – Yo misma echaré un vistazo en comisaría. Creo que… ya tienes demasiado trabajo como para ocuparte de esto. – La castaña la miró, manteniendo contacto entre sus miradas.

- La cafetería… es lo único que tenemos mi madre y yo. – Hizo una pequeña pausa. – Es nuestra única fuente de ingresos. Me da miedo que… le pase algo. Sufrió un infarto hace no mucho tiempo. – La castaña bajó la mirada y suspiró, volviendo a elevarla. – Gracias por ocuparte de esto.

- No tiene importancia.

- Es lo más que han hecho por nosotras en mucho tiempo. – Sonrió, pero no expresaba felicidad. – Así que, gracias. – La morena vio mucho más que agradecimiento en el fondo de los ojos de la castaña, la cual salió por la puerta rozando ligeramente el brazo de la agente. La morena se quedó en el mismo sitio, observando la carpeta. Para después seguir los pasos de la castaña hasta la sala principal.

- Ya tenemos todo lo que necesitamos, Harley. – El otro agente de policía levantó el rostro, tenía una mano sobre el hombro de la mujer, intentando tranquilizarla.

- Buen trabajo, Jones. – Se levantó sin romper el contacto con la mujer y volvió a ejercer algo de presión. – No se preocupe, la llamaremos en cuanto sepamos algo. Esta tarde vendrán a reponer el cristal.

- ¿Estaremos con el cristal destrozado hasta esta tarde? No son ni las ocho de la mañana. – La castaña avanzó un par de pasos. – Sólo falta que nos roben las mesas y las servilletas. – Ironizó.

- Espero que sea antes de la tarde. Pero estas compañías de seguros necesitan primero ver la denuncia formalizada para que la repongan y ustedes no tengan que pagar nada. Hay que probar que fue un robo. – Finalizó.

- ¿Quién se robaría a sí mismo? – La castaña sintió una mano sobre su hombro.

- Te sorprendería… las cosas que hemos visto. – Los ojos azules de la agente Jones se oscurecieron, haciendo tragar saliva a la castaña. – Y tan sólo llevo dos años en el cuerpo policial. – Esto último lo dijo en un susurro que erizó el vello de la castaña que todavía tenía de espaldas a ella. La castaña se giró levemente, conectando su mirada con la azulada de la morena. Era más alta que ella, por lo que tuvo que alzar el rostro para desafiar a la agente. Iba a decir algo, pero se acalló.

- ¿Algo más, Jones? – La agente parpadeó varias veces, la mirada desafiante de la menor había cambiado bruscamente a una totalmente inocente.

- Deberíamos retirarnos ya, Harley. – Siguió mirando a la castaña y frunció el ceño. Becca se limitó a sonreír de manera cínica. – Nos mantendremos en contacto. – Agarró su gorra y realizó una pequeña reverencia, al igual que Jones, que no dejaba de mirar a la castaña.

- Tranquila, mamá… - Colocó ambas manos sobre sus hombros y colocó su frente sobre la parte de atrás de su cabeza. – Nos recuperaremos en un par de días.

- Tienes que ir a la universidad… y estudiar. No puedo tenerte aquí cada día.

- Le diré a Sidney que tome los apuntes por mí. – Volvió a ejercer algo de presión sobre los hombros de su madre. – Sólo será un par de días. No tienes que preocuparte por ello.

- Pero…

- Ve a casa a descansar. Yo me ocuparé de limpiar todo este desastre. – Sonrió enérgica, intentando borrar cualquier signo de preocupación en su madre. – Llamaré a Kevin y a Sarah para que me echen una mano.

- Yo me quedaré y os ayudaré. – Se levantó con algo de dificultad, sus piernas temblaban.

- Ve a casa. – Ordenó. – No permitiré que te de otro infarto por el estrés.

- Si necesitáis cualquier cosa…

- Está todo controlado, mamá. Ve a casa a descansar. ¿Vale?

Recogió los cristales más grandes con sus manos, llevando sumo cuidado, barrió los cristales más pequeños y miró con fastidio la gran abertura hacia la calle. Esperaba que la repusieran pronto, sino su querida cafetería sería todo un foco para los ladrones de la zona. Eran apenas las diez de la mañana cuando sus amigos, Kevin y Sarah, aparecieron.

- ¡Ei, Becs! ¡Ya estamos aquí! – Asomó la cabeza por la despensa, observando a sus dos amigos cotilleando la zona. – ¿Alguna noticia de los ladrones?

- Ninguna.

- Entonces será mejor que nos pongamos manos a la obra, ¿Dónde nos necesitas?

- Yo me quedaré en la cocina. – Dijo con simpleza. – Os necesito como camareros. De vez en cuando saldré a echaros una mano.

- No hará falta. – Sarah sonrió. – Con este cuerpazo sirviendo como camarera duplicaremos lo que os robaron. – Guiñó su ojo y Kevin rodó los ojos.

- Eres la prueba viviente de por qué soy gay. – Ambos compartieron un duelo de miradas que fue interrumpido por la risa de Becca. Ambos la miraron con el ceño alzado para después sonreír cómplices.

- Gracias… por venir. Sé que tenéis que ir a la universidad y…

- Eh, para. – Sarah atrapó uno de sus hombros, ejerciendo algo de presión. – Tú también tienes que ir a la universidad, ¿Recuerdas?

- Los tres nos estamos sacrificando porque la cafetería se recupere. – Kevin sonrió, reconfortando de nuevo a la propietaria. – Sino, ¿dónde iríamos a desayunar al volver de fiesta?

- ¡Si dices eso lo vas a estropear! – Sarah le regañó. - Simplemente di que la ayudamos porque es nuestra mejor amiga, cabeza de melón.

- No se te ocurra insultarme, barbie-camarera.

- ¿A quién llamas tú Barbie?

- ¡Chicos! – Becca suspiró. – Necesito… que os centréis un poco. En menos de una hora comenzarán a venir los clientes.

- Podemos pelearnos después. Ahora tenemos que trabajar. – El moreno le dio un leve empujoncito a la rubia, compartiendo una sonrisa cómplice. - ¿Te ocupas tú de la barra y la terraza? Yo me ocuparé del salón. – La rubia asintió y se repartieron las tareas de manera equitativa, ofreciendo un gran apoyo a la pelinegra que se desvivía en la cocina.

Pasaron un par de horas desde que la clientela comenzó a llegar, la cafetería estaba casi a rebosar y los trabajadores se esforzaban al máximo para cumplir cada una de las comandas y de las órdenes de Becca.

Apenas hubo media hora de descanso en lo que los trabajadores pudieron tomarse un respiro. Todavía había mucho que hacer. Becca no paraba ni un segundo y ni Kevin ni Sarah se permitían ser menos, querían estar a la altura de su amiga.

- A este paso, acabará volviéndose loca…

- Es Becca, sabes que no parará hasta conseguirlo. – Sarah recogió un par de vasos que se encontraban en la mesa y los colocó sobre la bandeja que sostenía con su mano izquierda. – Sólo espero que… acabe bien. Que lo consiga, pero… que ella esté bien. Ya sabes cómo es cuando se encierra en su mundo y en sus problemas.

- No dejaremos que lo haga. – Kev suspiró, acercándose a Sarah. – No… otra vez.

La castaña no tomó ningún descanso, se mantuvo dentro de la cocina durante toda la jornada exceptuando cuando vinieron a cambar el cristal. Ese fue el único momento en el que Becca se dejó ver. La tarde fue mucho más tranquila que la mañana, por lo que Becca tuvo la oportunidad de salir a la barra a tomarse un café junto a Sarah, la cual también descansaba mientras Kev se hacía cargo de las últimas mesas.

- Tienes mala cara.

- Me duele mucho el cuello. – La castaña masajeó levemente sus cervicales, soltando algún que otro gemido de dolor.

- Deberías ir a descansar, nosotros cerraremos la cafetería.

- No hace falta, estoy bien.

- En serio, Becca, ve a casa. – Kev se acercó, colocando unas cuantas botellas sobre la barra. – Nosotros nos encargamos de todo. – Suspiró ante la insistencia de sus amigos y simplemente se rindió. Colocó las llaves sobre la mano de Sarah y sonrió débilmente.

- Gracias…

- No hay de qué. – La rubia se acercó y besó su frente. – Ve a descansar.

- Nos vemos mañana, chicos. – Se acercó a la puerta y devolvió su vista hacia atrás. – Y…

- Como vuelvas a dar las gracias te juro que te arrepentirás. – El moreno se giró y sonrió . – No tienes por qué darlas. – Becca sonrió y se despidió con un gesto agradecido.

La brisa de la noche acariciaba su rostro como si de un regalo se tratase. Agradecía desde lo más profundo de su corazón aquél momento de tranquilidad. Pasó por el lado del mirador del puerto y se apoyó en la barandilla de madera, observando el mar. Volvió a masajear su cuello y miró hacia el frente, emitiendo un sonoro suspiro.

- ¿Día duro?

- Nada que no pueda soportar… - Respondió la castaña con simpleza.

- Tu cuello no parece decir lo mismo. – Rio irónicamente y Becca giró el rostro.

- Nada que no se pase con algo de reposo. – Volvió a contestar, provocando una sonrisa en la mayor.

- He pasado por la cafetería, veo que han cambiado el cristal. – Becca asintió sin ni siquiera girar el rostro.

- ¿Te doy lástima?

- ¿Cómo dices?

- Que si te doy pena, Jones. – El gesto de Becca se endureció. – No creo que ningún policía vaya a comprobar por su cuenta el estado del local al que roban. No después de haber formalizado la denuncia y tomar todos los datos.

- Tu cafetería me pilla de camino a casa. – Explicó con tranquilidad. – No me das pena, Becca. Tienes la suficiente determinación como para que eso pase.

- ¿A qué te refieres?

- No dudaste en ningún momento en ponerte al frente del negocio y tomar las riendas. – La miró de reojo y su gesto se tornó serio. – No creo que deba de sentir pena ni lástima por ello.

- Cualquiera en mi situación lo hubiera hecho. – Becca se giró y se apoyó de espaldas a la barandilla.

- No creo que sea así. – La agente se limitó a mirarla desde su posición, apoyada en la barandilla con sus brazos. – Tienes mucho mérito.

- Como si tuviese otra opción… - Sus dedos se deslizaron hasta rozar ligeramente la espalda de la agente. – Adiós, Jones.

- Espera, es tarde. ¿No quieres que te acompañ…? – La Agente se giró, esperando una respuesta, pero Becca ya no estaba. Solamente el silencio de la noche y las olas del mar chocando contra la arena de la playa. – Esta chica es... todo un misterio.





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Espero que este primer capítulo llame lo suficiente la atención como para ir continuando, el capítulo 2º estará en unas pocas horas.
Gracias y hasta más leer!
 
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O-O- Mmm... Policias y universitarias, que rico jajaja. Me agradó como empezó todo, es cierto que muchas autoridades judiciales llegan a menospreciar a las personas y creen que dependen de ellos o de alguien más para sentirse seguros y seguir adelante, me encantó.
 

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Y como lo prometido es deuda... ¡Hoy 2x1! Sólo con un capítulo no basta para enganchar a los más críticos lectores ;)



Capítulo 2​



El olor a café recién hecho se expandía por cada rincón de la cafetería. Era apenas las 7 de la mañana cuando los primeros trabajadores pasaban por aquel establecimiento a llenar sus cuerpos de cafeína para aguantar la jornada laboral. La castaña colocaba las primeras tazas de café sobre las mesas. Recibía gestos agradecidos por parte de los clientes y ella mantenía una perfecta sonrisa.

- Dos cafés con leche para la mesa 2, prima. – Una segunda camarera, más bajita que Becca, dejó una de las comandas sobre la mesa. – Dicen que tienen prisa.

- Gracias, Erika. – Revisó el papelito que su prima acababa de dejar y se dispuso a preparar el café lo más rápido que pudo. En apenas dos minutos aquellos deliciosos cafés ya estaban siendo degustados por aquellos comensales. La castaña se masajeó el cuello y se apoyó sobre la barra cuando observó que cada una de las mesas estaban servidas y ningún comensal necesitaba nada más.

- ¿Me pondrías un café solo con hielo? – La castaña se giró, reconociendo la voz a sus espaldas.

- ¿Jones? - Alzó el ceño.

- Te dije que la cafetería me pillaba de camino a casa. – Sonrió y colocó su gorra policial entre sus manos, apoyándola sobre la mesa. – También paso por aquí al ir al trabajo. – Dijo de manera obvia y apoyó su mentón sobre la palma de su mano. – Mi turno empieza a las 7:30, así que… he venido a desayunar.

- Entonces... - Dijo bajando la guardia y relajándose, tratándola como una clienta más. - Deberías probar los buñuelos de crema que hace mi madre. – Se giró hacia la cafetera y comenzó a servir, junto a un vaso con hielo, el café de la Agente. – Invita la casa, por ser la primera vez y... por ayudarnos ayer. – Colocó dos pequeños buñuelos rellenos de crema en un plato junto al café, y se lo sirvió de manera elegante. – Que aproveche, Jones.

- Erika, ¿Hace falta algo por ahí? – La castaña se escabulló hacia la cocina junto a su prima, sintiendo los ojos de Jones en su espalda.

- Oh sí, ya te digo yo que sí. – La atrajo hacia sí y la apoyó contra la pared con una sonrisa ladeada. - ¿Quién es esa chica? – Carraspeó. - ¿Quién es esa policía tan atractiva con la que hablas de forma amigable? – La castaña rodó los ojos y atrapó su mirada.

- Es una de los policías que vinieron ayer a ver el robo. – Caminó, zafándose de su agarre. – No te montes películas.

- Pensaba que… habías vuelto a las andadas. – Sonrió, apoyándose sobre una de las estanterías.

- Estoy fuera del mercado. – Suspiró, pasando una mano por su cabello. – Tengo demasiadas cosas en las que pensar ahora mismo. La cafetería, mi madre, el pago de las facturas… - Siguió enumerando. – Ah, sí, y en sacarme la carrera. Que por si no lo has olvidado, estoy en la universidad. – Tragó saliva, intentando focalizarse en la cafetería, olvidando todo lo demás.

- Por eso lo digo… que necesitas un respiro. – Colocó sus manos sobre los hombros de su prima, masajeándolos levemente. – Y hablando de respiros… Mira quién está ahí. – Alzó la vista y vio cómo Sidney entraba en el establecimiento. – Alguien te echa de menos en la uni. – Se apoyó en la barra, junto a Jones, la cual degustaba su café.

- ¿Becca? – La pelirroja alzó la voz, captando mi atención y la de la agente, la cual se dedicó a observar la escena.

- ¡Sid! – La castaña salió con paso rápido. - ¿Qué haces aquí tan temprano? ¿Está todo bien?

- Sí, todo bien. – Suspiró al ver a su amiga. – Sólo quería verte. – Becca sonrió, mirando a su amiga con una dulzura que no había visto antes la agente Jones, que seguía con interés la conversación. – Y… a dejarte unas cosas de la universidad. – Colocó una carpeta repleta de apuntes y algún que otro libro encima de la barra. – Llevas una semana sin pasar por clase y necesitas ponerte al día. – Colocó las manos sobre los apuntes y suspiró. – Y esto no es una opción. Es una obligación, Becs. – Alzó el ceño al ver el gesto decidido de su amiga y sonrió de lado.

- Me tendrás por ahí antes de lo que esperas.

- Y antes de que lo esperes tú misma. – Becca alzó el ceño e intentó analizar el gesto de Sidney.

- La semana que viene tenemos examen de Anatomía General. – Rio al ver la cara desencajada de la castaña. – ¡Ah! ¡Y se me olvidaba el trabajo de Química! - Becca boqueó, ¿De verdad en una semana había dado tiempo a todo aquello? Sí, definitivamente sí. - ¿Ves? Ya tienes un motivo por el que ir a clase.

- P-pero…

- Y otra cosa más…

- ¿¡Más!?

- Un café para llevar. – Becca resopló mosqueada por la actitud de Sidney y hasta Jones soltó una pequeña risa. La castaña fulminó a la agente con la mirada y se dispuso a servir ese café.

- Pasa un buen día en la Uni, pelirroja. – Le tendió el café caliente y lo puso entre sus manos, junto a una sonrisa.

- Alex te echa de menos. – Sidney soltó de golpe, provocando un escalofrío en la castaña. – Por si te interesa saberlo.

- Vete. A. La. Universidad. – Se cruzó de brazos y atrapó los apuntes entre sus manos, les echó un rápido vistazo y suspiró profundamente, no pasando desapercibido para la agente que degustaba su café.

- ¿Mucho trabajo atrasado? – Se atrevió a preguntar.

- Demasiado. – La dueña del establecimiento ni la miró, se limitó a seguir leyendo aquellos apuntes que Sidney le había facilitado. - ¿Qué tal están los buñuelos? – Cambió de tema de manera tan radical que la agente enarcó una ceja.

- Riquísimos. Y calóricos. – Admitió con una sonrisa.

- Suerte que en tu trabajo lo quemarás rápido. – La castaña se aventuró a echarle un rápido vistazo a la Agente, metida en su uniforme policial. – Llegarás… tarde a trabajar. – Dijo en cuanto se dio cuenta que quizás, y solo quizás, la estaba mirando demasiado.

- S-sí. – La Agente se sobresaltó un poco. - ¿Cuánto…?

- Nada. – Se giró, dándole la espalda. – Como ya te he dicho antes, invita la casa.



La mañana de la agente no fue muy ajetreada, más bien monótona. Tramitar un par de denuncias, dar alguna que otra vuelta por la ciudad verificando que todo estuviera en orden… un accidente de última hora en la carretera principal de la ciudad en el que, afortunadamente, no había heridos. Miraba el reloj con ansia como si fuera a avanzar más rápido sólo por ello. Le gustaba su trabajo, pero no soportaba pasar horas y horas sentada. Necesitaba movimiento.

- Jones, una pelea callejera. – Anunció su compañero, asomándose por la puerta tras colgar el teléfono.

- ¡Por fin, algo de acción!


...


- ¿Ya están peleando otra vez? Menudos pesados. – Dejó las tazas que acababan de salir relucientes del lavaplatos y echó un rápido vistazo a la calle. Dos hombres de mediana edad, peleaban borrachos a las 3 de la tarde, no se qué del fútbol. La castaña nunca entendía que dos personas pudieran llegar a las manos discutiendo qué equipo era el mejor. Sólo sabía que aquellos dos hombres se dejaban tanto dinero, que era capaz de llegar a fin de mes sólo con lo que ellos gastaban.

- Un día acabarán matándose. – Respondió Sarah, siguiendo la conversación de su mejor amiga.

- Mientras lo hagan fuera de la cafetería… - Sarah la miró con un gesto de reproche.

- ¿Qué? – Se quejó la castaña. – Dos personas que pelean por ese motivo… no me interesan para nada.

- Parece que a ellos sí. – Sarah gesticuló, señalando con un gesto a las personas que se aproximaban. – Alguien habrá llamado para que viniesen.

- He sido yo.

- ¿No habías dicho que no te interesaban para nada?

- Tampoco quiero que acaben matándose, dejan mucho dinero en la cafetería. Además, ¡espantan a los clientes!

- Ya, claro… - El ceño de Sarah se alzó. - ¿Y esa Agente? – La castaña alzó rápida la mirada, dándose cuenta de que Jones estaba allí.

- Es… una de las agentes que vinieron ayer a tomar los datos del robo. Y ha venido esta mañana a desayunar.

- Qué callado te lo tenías.

- ¿El qué?

- Que has ligado con una Agente de policía. Y menuda agente. – La castaña rodó los ojos, ignorando a su amiga.

- No he ligado con nadie. – Se giró, mirando a través del cristal la escena policial, donde la Agente Jones reducía sin dificultad a uno de los borrachos, mientras su compañero se llevaba al otro hacia el coche.

La castaña hubiera jurado que cruzó su mirada con la de la Agente Jones cuando ésta miró hacia delante y atravesó con sus ojos el gran cristal de la cafetería, el cual dejaba ver casi la totalidad del establecimiento. La castaña pensó, que quizá, y solo quizá, la Agente Jones era extremadamente atractiva.

- No me importaría que me arrestara.

- ¿Pero tú no eres hetero? – Preguntó Becca, con una sonrisa.

- Yo por ese culo uniformado soy lo que ella quiera.


Había pasado casi una semana desde el robo en su cafetería. Becca trabajaba durante casi todo el día, compaginaba como podía la universidad y pasaba las noches estudiando. Las ojeras de su rostro cada vez eran más notorias, despertando la preocupación entre sus seres queridos y amigos más cercanos.

- Necesitas un descanso, Becs. Vas a desfallecer si sigues así. – La castaña no daba a basto, tenía que atender a los clientes y al mismo tiempo, ignorar los comentarios que su prima hacía sobre ella. - ¿Me estás escuchando?

- Dos desayunos especiales en la mesa 14 y otro desayuno sin gluten para la 12. – Becca ni miró a su prima, estaba tan metida en atender a todos, que no se dio cuenta de cómo su prima la atrapó de la muñeca y tiró de ella hasta la cocina.

- ¿Se puede saber qué haces?

- No. ¿Se puede saber qué haces tú? – Alzó la voz, haciendo que Becca callara. – Llevas una semana sin parar, no comes bien, no duermes. – Reprochó. – Tienes un examen en dos días y tengo dudas de si vas a llegar viva hasta él. Incluso has perdido peso. ¿Acaso no puedes pensar en ti durante un segundo?

- Tengo unas facturas que pagar. – Dijo con agresividad.

- Yo te ayudaré a todo lo que necesites. – Atrapó su rostro y la obligó a mirarla. – Ve a casa y descansa, prepara el examen, come… ¿Vale? Olvídate de la cafetería aunque sea un puto día.

- Pero…

- Cállate si no quieres que te golpee con una sartén. Lo digo muy en serio.

- Si necesitas algo, llámame. - Respondió derrotada, si algo caracterizaba a su primera era lo gran cabezota que era.

- Tranquila, la cafetería no se vendrá abajo porque te vayas un par de horas. – La castaña suspiró rendida. Se sentía fatigada, su ansiedad había crecido en tan solo unos pocos días, y además, sentía en su estómago una angustia que le impedía probar bocado. Había sufrido algún mareo en alguna ocasión debido al estrés y a la falta de cuidar de sí misma, pero no le importaba. Lo único que quería era que la cafetería siguiera su ritmo, para poder así pagar las facturas y hacer que su madre no se preocupara. Debía estar al día con la carrera, no podía dejarla de lado con lo que le había costado llegar hasta allí. Muchos problemas, altibajos, que no llegaron a detener nunca a la joven castaña.

Sintió de repente una punzada en el pecho, que hizo que su vista se nublara. Tuvo que apoyarse en la barra del bar y sostener su rostro entre las manos. Se sentía mareada, como que le faltaba el aire. Levantó la mirada y distinguió un uniforme de color negro que le resultaba más que familiar.

- ¿Becca?

- J-Jones…

- ¿Estás bien? – La castaña trató de tomar una gran bocanada de aire, pero le resultó imposible al volver a sentir otra punzada en su pecho, y esta vez otra en la cabeza.

- N-no estoy… segura. – Se dejó caer hacia delante cuando sintió que sus piernas la traicionaban y chocó contra el cuerpo de la Agente, que no dudó en sostenerla con fuerza.

- ¿¡Becca!? – La voz de la Agente se perdió en el aire, estaba todo muy oscuro para Becca, quizás demasiado. Ni sus brazos ni sus piernas respondían a sus órdenes, sintió cada vez más pesadez en sus extremidades, y simplemente se dejó llevar por aquella sensación, arrastrándose a través de una oscuridad en la que, ya ni escuchaba la voz de la Agente llamándola con desesperación.


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Muchas gracias por gastar vuestro tiempo en mí ;)
¡Hasta más leer!
 
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O-O- Mmm... Policias y universitarias, que rico jajaja. Me agradó como empezó todo, es cierto que muchas autoridades judiciales llegan a menospreciar a las personas y creen que dependen de ellos o de alguien más para sentirse seguros y seguir adelante, me encantó.
Desde luego que sí! Afortunadamente nuestra Agente de policía no será así... ¿verdad? ;) Solo queda una manera de descubrirlo y es seguir leyendo!!
Gracias por dejar un comentario y gastar tu tiempo en leer mi pequeña creación!!
<3
 

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Va bien la historia O-O- te pido que revises que en algunos momentos haces los diálogos y las acotaciones en primera persona y eso te saca del texto por un instante.
-O-O Huele a sexo sucio y cochino entre la policía y la universitaria jaja.
O-O- No es gastar tiempo sino aprovechar el tiempo para leer.
 

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Va bien la historia O-O- te pido que revises que en algunos momentos haces los diálogos y las acotaciones en primera persona y eso te saca del texto por un instante.
-O-O Huele a sexo sucio y cochino entre la policía y la universitaria jaja.
O-O- No es gastar tiempo sino aprovechar el tiempo para leer.
Gracias por decírmelo, porque mira que reviso y reviso... y siempre se me cuela alguna cosa en primera persona! Es que apenas he escrito en tercera persona y sin querer, se me cuelan...
De nuevo, gracias por volver a leerme y habrá que esperar a ver qué pasa entre ellas ;)
 

Bendy~ ♥
Moderador
Apenas leí el primer capítulo y creo que empieza bien. Tiene buen ritmo y prometen mucho las dos chicas que (creo) tendrán algo que ver.
Además, me ha dado curiosidad saber qué ha pasado con la protagonista (a lo largo de su vida o algo así jaja) porque hay varios detalles que indican que algo debe haber ocurrido.

Comentaré de nuevo cuando lea el segundo capítulo :3
 

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¡Buenas noches! Vengo con el tercer capítulo! Por fin he tenido un hueco con los exámenes finales... ¡A disfrutar!




- Que estoy bien. – Repitió la castaña con pesadez. – De verdad.

- Un desmayo puede parecer inofensivo, pero también podría indicar problemas a la larga… - La doctora volvió a examinar las pupilas de la castaña. – Tendremos los resultados de tu análisis en un segundo. Mientras tanto, ¿podrías esperar en la sala?

- Claro. – La castaña cerró la puerta tras de sí, acercándose a la agente, que esperaba impaciente apoyada en las paredes blanquecinas de aquel hospital. – No tendrías por qué haberte quedado… - La morena levantó el rostro, encontrándose con la mirada de la castaña.

- ¿Estás bien?

- Sí… - Guardó sus manos en la parte trasera de sus vaqueros y encogió sus hombros. – Tengo que esperar a unos resultados y ya me podré ir a casa.

- Bien. Esperaremos a esos resultados. – La morena se cruzó de brazos y en su mirada se veía la decisión, no pensaba moverse de allí. - ¿Quieres llamar a alguien?

- N-no. Puede esperar. – Se sentó al lado de la policía y colocó sus manos en las rodillas, inquieta. Se sentía nerviosa por la presencia de Jones, al fin y al cabo, apenas se conocían. – Oye… ¿No tienes otra cosa mejor que hacer? – La policía la miró, con el ceño alzado. – Quiero decir… o sea, ¿No tienes que patrullar o vigilar las calles, o algo… así? – Rectificó rápidamente, no quería comportarse como una imbécil con la policía.

- Tranquila. – Dijo con simpleza. – Pero si quieres… puedo irme. Entiendo que estés incómoda. – La morena se levantó, y de manera casi automática, atrapó la muñeca de la policía con su mano derecha.

- Lo siento. – La retiró rápidamente. – Pero no quería decir eso…

- Apenas nos conocemos, es normal que te sientas así. Todavía ni nos hemos presentado formalmente. – Se volvió a sentar y extendió su mano. – Soy Lara. – La castaña alzó el ceño y sonrió de lado.

- Becca. – Aceptó la mano de la morena y por un momento, sus miradas conectaron durante unos segundos.

- ¿Becca Hale? – La enfermera la llamó, subió las gafas por el puente de su nariz y miró directamente a la castaña. – La doctora quiere hablar contigo. Ya tenemos los resultados.

- ¿Eso… no ha sonado muy bien, no?

- ¿Quieres que te acompañe?

- ¿No será un poco raro que entres conmigo vestida así? Pensarán que soy una delincuente.

- A mí no me importa lo que piensen, ¿y a ti? – La castaña miró a la agente por unos segundos y mantuvo una sonrisa ladeada.

- No. La verdad es que no.

Los ojos marrones de la doctora viajaban desde los resultados hacia los ojos de Becca. Una y otra vez. Una y otra vez. Se quitó las gafas y las dejó encima de la mesa. La Agente y la castaña intercambiaron una mirada dudosa.

- Ha sido un bajón de tensión. Nada grave. – Sonrió y por fin la castaña pudo sentirse aliviada. – Come bien, descansa mejor, y… tómate las cosas con calma. Puedo ver desde kilómetros la carga que llevas a tus espaldas. Por cierto… - Volvió a coger los papeles que anteriormente había dejado y su gesto se tornó serio. - Veo que tienes antecedentes en tu familia de problemas cardíacos. Además… naciste con un soplo en el corazón.

- Nada grave según dijeron los médicos.

- Y no parece que lo sea, pero estas cosas es mejor tenerlas bajo supervisión. – Colocó su estereoscopio en el cuello y se acercó a la camilla. - ¿Podrías quitarte la camisa y dejar que te eche un vistazo?

- Claro… - Dijo no muy segura. Desabotonó los botones de su camisa y la agente intentó mirar hacia otro lado, para no incomodar a la castaña que se desvestía. El encaje negro del sujetador comenzó a asomar, resaltando la blanquecina piel de la castaña.

- Tranquila, puedes mirar. – Susurró conforme rebasaba a la Agente, que permanecía estática en un lado de la habitación.

- Inspira profundamente. – Colocó el instrumento sobre su pecho, moviéndolo ligeramente por la pare izquierda. – Suelta el aire muy despacio… ¿Alguna vez tienes dificultades para respirar? ¿Palpitaciones anormales?

- Nada fuera de lo normal, la verdad. – Intentó restarle importancia, volviendo a colocarse la camisa al mismo tiempo que la doctora volvía a su mesa.

- Bien… Vendrás en unos meses a hacerte un par de pruebas coronarias. Es mejor tener vigilado ese soplo que tienes en el corazón. Por lo demás… - La doctora miró directamente a los ojos color avellana de Becca. – Tómate las cosas con más calma, preocúpate por ti, no te exijas demasiado, ¿de acuerdo? – La castaña emitió un pequeño suspiro.

- No prometo nada. – La castaña acabó de abotonar su camisa y cogió los papeles que la doctora le tendía. – Gracias, Doctora Reyna. – La castaña se giró y la agente intercambió una mirada de preocupación con la doctora. Parecía que aquella profesional intentaba transmitirle a la Agente, que cuidara de la otra.

Sin decir nada, ambas llegaron al coche de la Agente Jones, la castaña montó e inmediatamente perdió su mirada en el horizonte mientras la morena conducía. Simplemente abrió la boca para pedirle que la llevara de vuelta a la cafetería.

- ¿No deberías descansar? – La morena la miró cuando pararon en un semáforo en rojo.

- Y llevar la cafetería. Y estudiar. Y… joder, demasiado.

- Tienes demasiado peso sobre tus hombros…

- No es nada, Jones. No tienes que preocuparte por mí. – Volvió a romper el contacto entre sus miradas y dirigió su vista a la carretera. – Por cierto, el semáforo está en verde.

- Tu prima ha dicho que tenías un examen en dos días. ¿Segura que no quieres ir a casa y…?

- ¿Vas a comportarte como mi madre, o algo así? – Jones la miró con el ceño fruncido, sorprendida por lo que acababa de decir. – Lo siento, tengo mucho estrés acumulado… - Rectificó antes de comenzar una discusión de la que Jones no tenía la culpa.

- A la cafetería entonces. - Terminó por anunciar la mayor.

Llegaron en apenas cinco minutos y la castaña miró aterrada a través de la ventana.

- ¡CORRE, JONES, ACELERA!

- ¿Qué es lo que pasa?

- ¿¡SE PUEDE SABER QUÉ HACES AQUÍ!? – La puerta del copiloto se abrió abruptamente y la cabeza de Erika se adentró de sopetón. - ¿QUÉ PARTE DE: VETE A CASA A DESCANSAR, NO HAS ENTENDIDO?

- Eh… ¿Todo?

- Jones. – Se dirigió con fiereza a la agente. – Lleva a esta mentecata a su casa. ¡Por dios te lo pido!

- ¿Eso no crees que debería decidirlo…?

- Que te calles, Becca. – La mirada de su prima Erika se endureció de tal forma que la castaña sintió sus piernas temblar. – Te juro que como te vuelva a pasar lo de…

- ¡Sí, sí, sí! Está bien. – La acalló, antes de que pudiera acabar, despertando el interés de la agente, que se limitaba a mirarlas discutir. – Volveré mañana.

- ¿Mañana? Ni de puta coña, prima. Volverás a la cafetería cuando acabes ese examen tan importante que tienes en la universidad. Hasta ese momento, me encargo yo de la cafetería. Y ni se te ocurra abrir la boca si no quieres que te atice con la puerta del coche. – Cerró la puerta, sin ni si quiera dejar que Becca se defendiera, ni si quiera que pudiera abrir la boca.

- Espero no pelearme nunca con tu prima. Joder, qué intensidad.

- Es demasiado exagerada. – Dijo recostándose sobre el asiento. – Muy, pero que muy exagerada.

- Tiene razón. – Los ojos azules de la morena se desviaron hacia la castaña. – Tienes que cuidarte. -Le brindó una pequeña sonrisa y Becca rompió el contacto.

- Y tú tienes que volver al trabajo. Así que iré andando a casa. – Abrió la puerta y la agente intentó detenerla.

- Puedo llevarte, no es ninguna molestia.

- Vivo cerca de aquí, no te preocupes. – Y le cerró la puerta sin dejar que la agente volviese a responder. Suspiró agarrando el volante y se quedó fría, preocupada, con una sensación extraña en su estómago. ¿Había hecho algo que había incomodado a la castaña? ¿Había insistido demasiado? La puerta del copiloto volvió a abrirse, por lo que la morena giró su rostro confusa.

- Gracias por todo, Lara. – Y cuando la castaña volvió a desaparecer, arrancó el coche dirección: a la comisaría. Esta vez con una pequeña sonrisa.

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- ¿Has visto quién está ahí? – Erika apareció de la nada, dejando una nueva comanda en la cocina. Becca la miró con el ceño alzado, sin tener ni idea de qué pasaba. - ¡Alex!

- ¿Qué? – Preguntó rápidamente. - ¿Qué hace aquí?

- Pues tomar un café, desayunar… es una cafetería. – Dijo de manera obvia. – O… podría haber venido para verte a ti.

- No me jodas.

- Siempre puedes decirle que se largue por donde ha venido. – Respondió con simpleza. - ¿Quieres que se lo diga yo? ¡Estaré encantada de hacerlo!

- ¡Eh, eh! ¡Para! – La agarró de la muñeca tirándola hacia ella. – Iré yo.

- ¡Si necesitas un par de puños más, házmelo saber!

- Tranquila, sabré manejarla. – La pelirroja sonrió nada más verla aproximarse a ella.

- Te escapaste después del examen, no puede ni preguntarte qué tal te fue.

- Bien, como siempre. Gracias por preguntar. – Sonrió y esbozó una sonrisa condescendiente. - ¿Qué te pongo?

- Uf… Esa pregunta tiene muchas respuestas posibles. – Tiró su pelo a un lado y miró a Becca, comiéndosela con la mirada. – Lo primero de todo… muy cachonda.

- Alex… estoy trabajando.

- Lo sé, perdona. – Mantuvo su sonrisa ladeada y recorrió a Becca con la mirada. – Un capuccino y un trozo de tarta de zanahoria.

- Enseguida. – Se escabulló con rapidez hacia la cocina, encontrándose de bruces con Erika.

- ¿Muy cachonda? ¿En serio? Es que la voy a matar.

- Ya sabes cómo es, no sé de qué te sorprende. – Suspiró con pesadez y movió su cuello haia un lado, masajeándolo.

- Es una zorrona.

- Me encanta que os llevéis tan bien. – Ironizó. – Ha pedido un capuccino y un trozo de tarta de zanahoria. ¿Te ocupas tú?

- Claro, lo rociaré con matarratas y estará listo en un segundo.

- ¡Erika!

- Te voy a quitar un gran peso de encima, ¡No sé por qué te quejas! – No hizo falta que le dijera nada, una simple mirada le bastó. – Ay, que sí. Yo me encargo. Ve a atender a tu querida policía, que acaba de entrar por la puerta. Está cañón, eh.

- ¿Lara?

- Uh, ¿ya no es la Agente Jones? – Se movió de manera insinuante y curiosa hacia Becca. – Qué cercanas os habéis vuelto.

- No la he visto desde el incidente en el hospital. – Encogió sus hombros, restándole importancia. – Encárgate de lo de Alex, iré a por lo de Jones. – Recalcó el apellido y Erika se burló de ella con una mueca.

- ¿Día libre? – Preguntó al acercarse y comprobar que la morena vestía de manera casual.

- Así es. Por fin. Llevaba dos noches seguidas de guardia.

- Eso explica tus ojeras. – Sonrió de lado y la agente la miró con sorpresa.

- ¿Tengo…?

- Es broma. Estás muy guapa, Jones. O sea… - La morena alzó el ceño y Becca se limitó a apartar la mirada durante unas milésimas de segundo. - ¿Qué quieres tomar? – Terminó por preguntar, con vergüenza.

- Un café estaría genial. Sólo, por favor.

- Enseguida. – Giró sobre sus pies y comenzó a moverse con agilidad, manejaba la cafetera como si fuera una extensión más de sus brazos.

- ¿Qué tal el examen? – La castaña giró, mirando a Jones con expectación. – Tenías uno, ¿verdad? Hace dos días… creo.

- Sí, sí. Sólo… me sorprende que preguntes. Como si te…

- ¿Importara? – Sonrió. – Te he acompañado al hospital, incluso entré contigo a la consulta. - ¿Acaso eso no nos hace íntimas? – Soltó una pequeña risa y Becca se quedó prendada de la divertida mirada que Jones le propinaba.

- Salió bastante bien. Gracias por… preguntar. – Giró y rellenó una taza de café, ofreciéndoselo a la morena.

- No hay de qué… Por cierto, ¿Cómo te encuentras? Me quedé algo preocupada cuando el otro día…

- Becky. – La castaña alzó el rostro, dirigiendo su mirada detrás de Jones. – Estaba todo muy bueno. ¿Me cobras?

- Sí, claro. – La rubia se apoyó sobre la barra, mirando de soslayo a la morena que previamente mantenía una conversación con Becca. Jones sonrió levemente, volviendo a degustar su café. La mirada de Alex sobre ella comenzaba a incomodarla.

- Te echo mucho de menos en la universidad, Becky.

- No me llames Becky, por favor. – La castaña giró, dándole el cambio a la pelirroja que seguía mirándola con una sonrisa ladeada. – Aquí tienes, gracias por venir. – Hizo caso omiso al comentario anterior, no quería comenzar una discusión ni montar una escena en medio de la cafetería, ni mucho menos delante de Jones.

- ¿Cuándo te dejarás ver por clase? – Insistió la pelirroja, ganandose un suspiro de Becca.

- Pronto, Alex, pronto. – Intentó zanjar la conversación.

- Te veo muy tensa. – Volvió a atacar. – Ya sabes dónde encontrarme si quieres relajarte. – Se insinuó de manera exagerada, lo que incomodó a Becca.

- Eh, tú, arpía. Aléjate de mi prima. – Erika se hizo presente en la conversación, colocándose delante de Becca y bloqueando su campo de visión.

- Ya tardaba en salir el bulldog. Becca, te he dicho mil veces que no le sueltes la correa.

- ¿Pero quién te crees que eres, zorra estúpida? ¡No sé cómo mi prima pudo tener algo contigo!

- Pregúntale a ella si tantas dudas tienes. – Ambas se quedaron mirando a Becca, en busca de respuestas.

- Estáis montando un auténtico espectáculo en medio de la cafetería. No molestéis a los clientes. – Erika esbozó una sonrisa victoriosa. – Y hablo por las DOS. – Erika rodó los ojos. – Sois unas pesadas. – La pelirroja hizo un gesto de burla hacia Erika, la cual no dudó en responder.

- Erika, ve a atender a los clientes que acaban de llegar. Y tú, Alex, deberías ir a la universidad.

- Ha sido un placer verte, como siempre.

Se formó un extraño silencio en el aire, seguido de una tensión que incomodaba a todo el que presenciaba la escena, sobre para Becca.

- Eso ha sido… intenso. – Se atrevió a decir Jones, dejando con cuidado la taza de café. - ¿Una exnovia?

- No llegamos a tanto. – Aclaró la castaña. – Simplemente tuvimos un par de encuentros casuales.

- Y la muy zorra se ha enamorado de mi prima. – Atacó Erika.

- Yo no diría que…

- Está obsesionada contigo, que es todavía peor. – Extendió la nueva comanda e inmediatamente Becca comenzó a preparar otro par de cafés. - ¿Tan bien le das al tema, que no puede dejarte ni un día en paz? – Jones miraba la escena con expectación, sin perder detalle de las expresiones que la castaña iba adoptando en su rostro.

- No me gusta presumir pero… - Vaciló Becca, ganándose una pequeña risa de su prima.

- ¿Y tú, Jones? ¿Tienes alguna admiradora detrás de ti? Los uniformes pueden llegar a ser muy irresistibles.

- ¡Erika! – Llamó la atención de su prima. – No incomodes a Jones.

- No es como si la estuviera obligando a contestar. – Miró con carita de cachorro a Jones, casi rogándole porque contestara a su pregunta.

- Que yo sepa… no, no por el momento. – Admitió con una pequeña sonrisa que Becca no pasó desapercibida.

- Entonces ponme la primera en la lista. – Dijo Erika rápidamente, ganándose una mirada divertida de la Agente. – Porque ese culo merece ser adorado como dios manda.

- ¡ERIKA!

- No te preocupes, Becca. No me molesta. – La morena rió con las ocurrencias de la rubia. – No creo que sea para tanto, Erika. Pero gracias por subirme la autoestima. – Acompañó la morena con una sonrisa.

- Soy hetero y te juro que por ti cruzaba la acera. – Terminó por admitir con una sonrisa vacilante, desapareciendo hacia la cocina para preparar los pedidos.

- Eres demasiado buena, no tendrías por qué haber aguantado eso. – Se disculpó con vergüenza. – Lo siento, mi prima es un poco… descarada.

- Es una chica muy animada. Me cae bien.

- Se nota que no la tratas todos los días, eh. Seguro que te acabaría cansando.

- ¡Te estoy oyendo, Becca Hale! – Vociferó Erika desde el fondo de la cocina, arrancando una risa en la garganta de la morena.

- Lo que yo te decía, una completa descarada. – La morena miró el rostro de la castaña, la cual no dudó en esbozar una sonrisa al seguir escuchando a Erika quejarse. – Y… ¿Llevas mucho tiempo en la ciudad? – Intentó romper el hielo al observar que la morena no dejaba de mirarla.

- Apenas dos semanas. Y a decir verdad, entre el trabajo y la mudanza… no he tenido mucho tiempo de verla. – Admitió con algo de pena en su voz.

- ¿Has dejado muchas cosas atrás? – Preguntó con interés, intentando no adentrarse en el terreno personal de la agente.

- Una relación que no iba a ningún sitio… y una vida monótona y rural en el campo. – Mantuvo la mirada de Becca con la suya y ladeó su sonrisa. – No me malinterpretes, me gusta vivir en el pueblo y eso, pero… necesitaba un cambio. Retos, aventura… Adrenalina. – Becca juraría haber visto una intensidad increíble en los ojos azules de Lara. Estaban llenos de vida, de ganas. De tantas ganas, que incluso removió algo dentro del estómago de la castaña. – Quizás por eso me hice policía. Cada día es algo nuevo y excitante…. Nunca sabes qué va a pasar. – La mirada azulada de la morena atravesó por completo a Becca, casi analizandola por completo. – En cambio a ti… - Becca alzó el rostro, sintiendose en alerta. – Te gusta tener todo bajo control.

- No me gustan las sorpresas.

- A veces son inevitables… - Extendió el dinero de café hacia la mano de Becca, la cual tardó un poco en reaccionar. Se levantó y giró sobre sus pies, con la atenta mirada de la castaña sobre su espalda. – Por cierto… - Volvió el rostro y su mirada se intensificó, pero transmitía una sensación dulce y tierna que sacudió a la castaña. – No te esfuerces demasiado, lo estás haciendo genial. – La morena volvió a reanudar su paso hacia la salida y la castaña no pudo ni reaccionar, comprobando que quizá, y solo quizá, el culo de Jones sí era digno de adorar.
 
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