Quest D Dorimesticando [Matthew, Zubamon & Spadamon]

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"Dorimesticando”

- NPC involucrado: -
- Sinopsis: Un Tamer que recientemente perdió a su compañero ahora tiene problemas para tratar con su resurreción. Desde que nació y evolucionó a Dorimon, el Digimon se muestra exageradamente arisco y rebelde, al punto de no querer obedecer o tratar con el chico que ha gastado todos sus recursos e ideas para tratar de reparar el vínculo. Para empeorar las cosas, tal parece que este problema en su relación está repercutiendo en su Digivice, de forma que Dorimon no ha podido alcanzar su etapa Child. ¿Hay algo que esté ocurriendo en el subconsciente del pequeño? A este paso el lazo entre ambos se romperá, por lo que el Tamer desea que alguien le ayude a reconectarse con su querido compañero antes que eso ocurra
- Escenario: Ciudad
- Objetivos:
  • Reparar el lazo entre Tamer y Dorimon
  • [Opcional] Ayudar a Dorimon a alcanzar su etapa Child
- Notas:
  • La muerte del Digimon ocurrió durante una misión. Es un tema del que el Tamer no le gusta hablar, pero tal vez saber lo que pasó ayude a resolver el conflicto
  • Dorimon no parece recordar nada de su vida pasada o del Tamer. Insiste en que no conoce al chico y no quiere saber nada de él, al punto de morderlo o taclearlo si las cosas se ponen tensas.
Tamer: [Matthew]
Digivice: iC

everyday everyday veo que la llegada del segundo Digi no cambió el plan~
 

everyday

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Cuando Matthew se despertó lo primero que vio fue a un león blanquecino parado al lado de su cama, mirándole fijamente como si se tratase de la séptima maravilla del mundo. Obviamente, el canadiense sufrió de un susto que le hizo soltar una exclamación, para luego terminar lanzando la almohada al suelo. Spadamon de igual forma se sobresaltó ante la repentina acción del humano, retrocediendo tras saltar un grito de sorpresa. Durante los segundos subsecuentes humano y Digimon se quedaron callados, viéndose fijamente como si de caballeros a mitad de un duelo se tratasen. Por fin, el canadiense rompió el silencio al liberar un profundo suspiro de alivio.

—L-lo siento Ludo, me asustaste —se llevó la mano tras la nuca, ladeando la cabeza en gesto dudoso—. ¿Pero qué estabas haciendo ahí? —se acercó al borde de la cama.

—Te veía dormir —lo dijo con toda la tranquilidad del mundo, como si aquello fuera una actividad muy común. Ante la mirada de intriga del humano prefirió continuar con su explicación—. Sabía de la existencia de los humanos, incluso conocí a algunos durante mis viajes por Isla File. No obstante, nunca tuve la oportunidad de conocer sus costumbres y estilos de vida, así que ahora que estoy viviendo con uno, he decidido iniciar mis estudios sobre la especie humana —se cruzó de brazos y asintió energético.

—La verdad es que no creo que haya nada interesante que estudiar, Ludo… —Matt esbozó una sonrisa nerviosa.

En ese momento la puerta de la recamara se abrió de golpe, por ella entró un apurado Excalibur quien mantenía su cabeza inclinada, lo que a su vez le permitía estar preparado para lanzar un ataque con su espada. Paseó la mirada por todo el lugar, como si estuviese buscando a alguien o algo, cuando pareció concluir que todo estaba en orden adoptó una posición más relajada.

—Escuché gritos, pensé que estábamos bajo ataque —explicó, mirando a su homólogo y después a su Tamer—. ¿Qué sucedió?

—M-me asusté al despertar —Collins se apresuró a explicar, haciendo un ademán con su mano para restarle importancia al asunto. No se le hacía justo decir que Spadamon le causó aquella reacción, pues no había sido su intención después de todo. Zubamon se quedó pensativo un momento y después asintió, sin embargo, su rostro pronto reflejó sorpresa: como a quien se le acaba de ocurrir una idea.

—¡Ya se han despertado ambos! —pegó un salto—. ¿Saben lo que eso significa?

—¿Que es hora del desayuno? —Ludo parpadeó, confundido, aún no estaba acostumbrado a las costumbres que involucraban a los Digimon en compañía de humanos.

—¡Es hora de ir a tomar una Quest! —el vigésimo irradiaba energía.


[. . .]


Tras saborear un rápido desayuno, que consistió en cereal con leche porque Zubamon ni de broma iba a permitir que más tiempo se desperdiciara en la preparación de alimentos, el trío se dirigió a las oficinas de la Central de Tamers. Matthew le explicó a Spadamon la mentalidad de Excalibur: para el dorado, ir más temprano a las oficinas te ofrecía mayor posibilidad de encontrar una Quest “emocionante”, si bien esto no había sido demostrado científicamente, el canadiense creía que su compañero tenía parte de razón. Además, la ocasión sería de utilidad para que el albino comenzase a familiarizarse con Ciudad File, así como el proceso de toma y realización de una Quest que seguramente sería ahora parte fundamental de su día a día.

El canadiense prestó atención en que en la calle el león caminaba muy cerca de él y su mirada reflejaba un poco de desconfianza, sobre todo cuando pasaban por segmentos de avenidas muy concurridas y es que aunque fuese temprano la urbe más importante de la isla ya exhibía mucha actividad: mercaderes que gritaban al aire sus ofertas en un intento de atraer clientes, docenas de compradores que se movían de un negocio a otro buscando completar su lista de despensa al menor coste, Tamers junto a sus compañeros que ya estaban en vías de resolver alguna encomienda, o tal vez eran simples habitantes de la ciudad, que paseaban sin otra necesidad más que la de disfrutar un nuevo día en el Digimundo. Por todo esto Matt buscó las rutas más descongestionadas, era posible que Spadamon no estuviera acostumbrado a exponerse a multitudes tan grandes, menos aún con la presencia de tantos humanos.

Llegaron al edificio de la Central en pocos minutos, para fortuna de los tres el lugar estaba un tanto vacío, cosa que alegró a los tres de formas distintas: mientras que Spadamon agradecía no tener que exponerse a grandes multitudes y Matt se sentía alegre porque su compañero no tuviera que pasar por esto, Excalibur lo veía como menos competencia y mayor posibilidad de conseguir una misión interesante. Se pararon frente al gran tablón de anuncios.

—Aquí están todos los carteles de las Quest disponibles —explicó el dorado a su homólogo—. Están divididos en diferentes rangos, los más bajos son D, los más altos A y S, aunque de esta última rara vez se ven por aquí —remarcó.

—¿Y podemos tomar de cualquier rango?

—No exactamente, la Central suele poner restricciones para evitar que grupos poco experimentado se aventuren a Quest complejas.

—Por lo regular, va de la mano con el rango que el Tamer posea —añadió Matt—. En este momento soy Medium, así que las Quest recomendadas para nosotros van desde rango D hasta el B, podríamos tomar incluso una A —se rascó la mejilla—, pero solo si un rango Expert o superior nos acompañase… —Spadamon escuchaba con atención y asentía ocasionalmente mientras le explicaban todo aquello, se le veía bastante interesado en el sistema administrativo que regía las actividades de los Tamers y sus Digimon.

Mientras Collins le explicaba a Ludo qué importancia poseía el rango de un Tamer, más allá de las Quest que podía realizar, como la posibilidad de desencadenar Digievoluciones de mayor nivel en sus compañeros, Zubamon se encontraba en el proceso de buscar una encomienda que despertase su instinto. Había visto algunas tentadoras, pero ninguna lo suficiente jugosa. Al no encontrar nada de interés en los rangos B y C, bajó al D como su última alternativa, descartando la mayoría a una velocidad impresionante: todas eran solicitudes de personal de apoyo y él no estaba de humor para ser mesero o tendero ese día. Paró en seco al encontrar un anuncio que se salía de lo común, de hecho, la ayuda que se solicitaba era para solucionar un tema de lo más peculiar.

—Matt, mira esta —Zubamon soltó aquello casi en un susurro, tomando el documento entre sus garras y despegándole del tablero. A Collins se le hizo curiosa la reacción de su compañero, por lo regular solía emocionarse cuando una tarea llamaba su atención, en esta ocasión había optado una postura seria.

El canadiense leyó el volante y al igual que Excalibur se quedó perplejo: un Tamer solicitaba ayuda inmediata, su compañero había renacido recientemente y por alguna razón desconocida no le reconocía, actuaba de forma extraña e incluso era incapaz de volver a su etapa Child, haciendo que el chico temiese que el vínculo entre ambos estuviera debilitándose. Si bien Collins sintió un nudo en la garganta tras conocer ese triste escenario, no pudo evitar bajar la mirada y centrar su atención en Ludo.

—¿Sucede algo? —el león ladeó la cabeza.

—El Digimon de un Tamer al parecer perdió la memoria tras renacer —Ludo abrió los ojos de par en par—. Es algo similar a lo que sucedió contigo, Ludo.

—Si podemos comprender lo que sucedió con ese Digimon y ayudarlo a resolver su problema —Zubamon hablaba decidido a sus dos compañeros—, puede que encontremos una forma de ayudarte a ti también, Ludo.

Collins esbozó una ligera sonrisa al comprender que Excalibur había elegido esa misión en específico solo para ayudar de forma indirecta a su compañero, dejando a un lado su necesidad de adrenalina; pues, si bien el chico le demostró al vigésimo que incluso en tareas sencillas hay emoción y ayudar a los demás siempre será gratificante, no podía negarse que en ocasiones al dorado le apetecía ir por aventuras más agitadas.

Aunque Spadamon después dijo que aquello también pudiese servirse para Excalibur, pues técnicamente ambos buscaban sanar sus memorias dañadas, el dorado no soltó comentario alguno sobre eso, Matthew sospechaba la razón: sus dos compañeros poseían un problema en común, pero al mismo tiempo eran distintos en puntos clave. Ludo sí tenía memorias solo que algunas estaban entremezcladas, corruptas, todo a raíz de experimentar un renacimiento; Excalibur por su lado, no poseía el más mínimo recuerdo a partir de un punto en específico, además, él ya era un Child cuando sufrió amnesia. Dos escenarios similares, pero a la vez muy distintos debido a la causa que los inició; Excalibur comenzaba a sospechar, muy a su pesar, que debido a esto el método que ayudase a uno de ellos no tendría efecto en el otro…


[. . .]


El trío arribó a un edificio de departamentos en una zona residencial, Matt tuvo incluso que mostrar el documento emitido por la Central donde se aclara que el portador de dicha carta y los Digimon que le acompañaban estaban ahí para cumplir una Quest. El hombre les dejo pasar luego de analizar la hoja, casi con lupa. Después caminaron por un par de pasillos hasta que dieron con el cuarto donde vivía el chico al cual tendrían que ayudar.

—¿Quién es? —replicó una voz desde el interior después de que Collins llamara a la puerta.

—Venimos de parte de la Central para cumplir una Quest —contestó Zubamon con toda tranquilidad.

El sonido de cerrojos siendo removidos se escuchó y pronto un chico de cabellos rubios salió apresurado. Collins calculó que tenía uno o dos años más que él. Su rostro transmitía una mezcla de sorpresa, júbilo y nerviosismo. Lo que llamó la atención de los presentes fue que el chico poseía un brazo lleno de vendajes, desde la muñeca hasta el hombro. Se presentó como Jonathan y les invitó a pasar de inmediato sin realizar más preguntas, a pesar de que el pelinegro ya tenía preparada la carta de las autoridades, por si este la solicitaba para creer en sus palabras. El contratista se mostró un poco sorprendido al ver que el Tamer que le asistiría con su problema llevaba a dos Digimon, aunque no perdió mucho tiempo meditando sobre esto, por lógica alguno de los dos se trataría de algún Digimon que le acompañaba, ya fuera por motivación propia o por la promesa de una paga.

Al entrar a la sala de estar, casi a empujones del chico, notaron que esta era bastante amplia e inclusive tenía unos cuantos sillones de apariencia cómoda. El problema es que mostraban daños severos: alguien había mordido algunos de los cojines y logró extraer el algodón que se encontraba dentro. El mismo daño hecho por mordidas podía verse en alfombras, cortinas y algunos muebles. De no ser porque Jonathan se encontraba ahí, ese sitio bien podría tratarse de la escena de un crimen. Aun así, el chico les invitó a tomar asiento, el trío hizo lo mejor que pudo para encontrar un espacio.

—¿Por qué no nos cuentas lo que sucede? —preguntó Matthew, queriendo entrar de lleno al asunto—. En tu anuncio comentabas que tenías problemas con tu compañero…

—Sí —Jonathan asintió con pesadez—. Mi compañero, Dorumon, murió en nuestra última Quest —soltó en voz baja, casi un susurro—. Apenas y fui capaz de recuperar su Digitama, corrí tan rápido como pude para ponernos a salvo —suspiró con fuerza—. Después de eso, cuidé de él lo mejor que pude, hasta que renació —asintió—. Desde ese momento se mostraba extraño, muy arisco, no me hablaba y parecía ignorarme. Creía que se debía a su fase evolutiva, tengo entendido que los bebés no tienen gran capacidad de habla. Pero cuando llegó a la etapa Baby II las cosas se complicaron aún más —apuntó hacía los sillones y los muebles dañados—. Comenzó a hacer destrozos dentro de casa, cuando intentaba detenerlo me empujaba o incluso mordía. Y… —se quedó callado un momento, viendo hacía ningún punto en concreto, tragó saliva—, se niega a interactuar conmigo, dice que no me recuerda y que no soy su Tamer. Que él es libre y que debería dejarlo tranquilo…

Sus palabras salían atropelladas y con un peso que podía percibirse. En la garganta de Collins se formó un nudo que le impedía hablar, quería decir alguna palabra para consolar a su homólogo, pero ¿qué podía decirle?, ¿qué palabras podían sanar la obvia herida que tenía en su ser? No solo los Digimon se encariñaban con sus congéneres humanos, también los Tamers podían sentirse menospreciados y heridos si sus compañeros no les estimaban o apoyaban.

—Disculpa la pregunta, Jonathan —Zubamon se inclinó hacia adelante—. ¿Pero cómo era Dorumon antes del accidente?, es decir, ¿cómo era la relación de ambos?

La pregunta de Excalibur era muy válida, poco sentido tenía que ellos estuvieran ahí tratando de solucionar una relación que bien puede estar defectuosa desde el momento en que inició. No obstante, este no era el caso. Jonathan les explicó, con tono nostálgico, que él y Dorumon siempre se llevaron muy bien desde el momento en que se conocieron, él tuvo algunos problemas para aceptar que se encontraba en otro mundo tras su llegada, pero su Digimon lo ayudó a superar ese amargo trago y al final aceptó la encomienda desconocida por la cual fue traído ahí.

—No diré que no teníamos peleas o pequeñas diferencias entre nosotros —se acercó a un cajón, lo abrió y sacó una fotografía—. Pero, estoy consciente en que él me veía como su amigo y fiel compañero —le ofreció aquella imagen a Matt, el canadiense la tomó con sumo cuidado y la sostuvo de tal forma que Zubamon y Spadamon pudieran verla junto con él. En el retrato podía verse a unos sonrientes Jonathan y Dorumon en una de las plazas de la ciudad—. No sé qué fue lo que pasó… —su voz comenzaba a quebrarse, sus ojos se humedecieron—. Tal vez hice algo mal… o…

—No hiciste nada mal, Jonathan —Matt se puso de píe y sujetó al chico por los hombros. El otro Tamer parpadeó y algunas lágrimas lograron salir—. Estoy seguro de que Dorumon aún te recuerda, tal vez al haber renacido esas memorias quedaron atrofiadas, solo debemos hacer que vuelvan —le regaló una cálida sonrisa.

—No debes perder la esperanza, Jonathan —Excalibur pegó un salto para ponerse de píe—. Recuerda que Dorumon sigue siendo tu compañero y tú debes estar a su lado, pase lo que pase, ese es el deber de un verdadero amigo —asintió con orgullo. El aludido se limpió las lágrimas con su antebrazo sano y esbozó una ligera sonrisa.

—Gra-gracias por haber venido —agradeció con palabras sinceras, su ánimo se levantó gracias a las palabras que había escuchado.

—Ahora, ¿dónde está Dorumon? —la pregunta de Spadamon hizo que un silencio profundo dominase la sala.


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Dorumon, o más bien, Dorimon, era ni más ni menos que una bola de felpudo pelaje morado. Sus pequeñas patitas daban la impresión de apenas ser capaces de mantenerlo erguido. Agitaba su cola de un lado a otro mientras sus pequeñas fauces se clavaban en su pobre víctima, un par de pantalones que el Baby había conseguido descolgar del tendedero del patio trasero y arrancarle varios retazos de tela, dándole a la prenda un estado indeseable. Apenas Jonathan vio aquella escena soltó un grito de sorpresa y corrió rápidamente hacía su compañero para intentar apartar los pantalones, no obstante, cometió un grave error: sujetó una de las piernas y tiró de esta, a lo cual el baby respondió mordiendo otro extremo y tirando hacía él. El juego de tira y afloja comenzó, perdiendo el humano cuando la costura cedió y cada uno se quedó con un segmento de la prenda.

—¡¡Dorimon!! —llamó el chico con molestia—. ¡¡Estos pantalones eran nuevos!! —El aludido ni respondió, giró su cabeza con molestia y continuó mordiendo.

Matt parpadeó mientras caminaba lentamente hacia el baby, se puso de rodillas al lado de este provocando que la criatura le lanzara una mirada de duda. Los ojos del pelinegro estaban abiertos de par en par y sus pupilas parecían brillar de la emoción. En un veloz movimiento atrapó al pequeño entre sus brazos, solo para después frotar su mejilla contra su lindo pelaje.

—¡Eres adorable! —soltó Collins, cuyo corazón parecía estar a punto de derretirse ante semejante criatura. Dorimon se limitó a soltar ligeros gruñidos, sin dejar de masticar el pantalón que aún colgaba de sus mandíbulas.

—Matthew no creo que sea buena idea que hagas eso —Spadamon, alarmado, se acercó con las manos extendidas, con intención de atrapar a Dorimon: se detuvo en cuanto el Baby le lanzó una mirada asesina y le gruñó—. Po-podría morderte…

—Creía que sería más violento… —Excalibur ladeó la cabeza, estaba confundido. Se giró hacía el Tamer del bebé quien también veía con extrañeza la escena—. ¿No has intentado cargarlo antes, Jonathan?

—La verdad es que no se me había ocurrido —admitió con cierta vergüenza, rascándose la nuca—. Creí que no le gustaría.

—¿Por qué no le intentas? —Matt también pareció convencerse de que Dorimon no era tan agresivo del todo, tal vez solo necesitaba muestras de afecto.

En cuanto el morado se vio cerca de su Tamer, erizó su pelaje y sus gruñidos comenzaron a volverse más audibles, incluso movió su cola con más fuerza; todos estos factores hicieron que el Baby tuviese una apariencia más salvaje y peligrosa. En este punto, ninguno de los varones estaba seguro de que continuar con el plan sería buena idea, pues era más que claro que el pequeño no estaba cómodo y no dudaría en tomar represalias. Ante la duda de los humanos, el morado comenzó a moverse hasta que consiguió zafarse de los brazos del pelinegro, pegó un salto y aterrizó en el suelo para luego echarse a correr, aún con el pantalón en su poder. Jonathan bajó la mirada al suelo, se le veía derrotado.


[. . .]


—Cuando estaba en la aldea de Sabana Engrane, Leomon siempre buscaba hacerme recordar exponiéndome a cosas familiares —explicó Spadamon a sus amigos, quienes se habían tomado un tiempo para pensar la siguiente acción a realizar—. Recuerdo que una vez incluso me llevó al lugar donde ocurrió… el accidente... —se rascó la nuca y apartó la mirada, al parecer al Child tampoco le agradaba hablar de su propia experiencia.

—No creo que sea lo más adecuado —Matthew suspiró pesadamente—. Puede que a Jonathan no le haga gracia revivir lo acontecido, además, por el comportamiento de Dorimon no creo que siquiera podamos sacarlo de casa sin que haya problemas —se llevó la mano al mentón en gesto pensativo.

—Podríamos encerrarlo en una jaula y así transportarlo —opinó Zubamon.

—Eso solo empeoraría las cosas —negó con la cabeza—. Dorimon ya desconfía de Jonathan y el chico solo se ha limitado a tratar de interactuar con él, encerrarlo y moverlo en contra de su voluntad solo hará que Dorimon lo odie aún más.

—Y de paso, se enemistará con nosotros —añadió Spadamon.

Excalibur se quedó pensativo en ese momento. La sugerencia de Ludo parecía ser la más acertada, si los recuerdos de su Tamer seguían presentes en la memoria de Dorimon entonces solo necesitaban estimularlos, hacer que abandonasen las profundidades se su mente y llegasen a la superficie. Pero si ver y escuchar a Tamer no era suficiente para hacerle recordar, ¿qué lo sería? Los sentidos de la vista y oído eran para la Legend Arm los más importantes para generar un recuerdo, pero ¿Y si Dorimon era distinto?, ¿podría ser que los sentidos dominantes del compañero de Jonathan fueran otros?, en ese caso, debían intentar otras experiencias familiares que involucrasen distintos sentidos…

—Comida —el vigésimo se giró hacía sus compañeros—. ¿Por qué no probamos con comida?


[. . .]


Al principio, Jonathan no podía creer que los enviados de la Central estuvieran hablando en serio, pero tras escuchar sus palabras la idea sonó un poco lógica: si Dorimon era sometido a experiencias familiares que tuvieron gran importancia en el pasado, donde otros sentidos como el gusto se vieran involucrados, puede que fueran capaces de mover los engranajes de su mente y hacerle recordar algo. Para fortuna de los presentes, sí que había un platillo muy importante para Dorimon, pues conoció este en compañía de Jonathan: el pastel de carne. Mejor aún era saber que tenían un restaurante favorito en la ciudad donde gustaban comprar dicho alimento, así que solo bastó una visita al establecimiento para conseguir aquello que podría solucionarlo todo.


Colocaron el pastel de carne sobre la mesa del comedor, Matt y sus Digimon decidieron irse a la sala de estar y esconderse tras los sofás, todo con tal de que el Baby no se sintiera incomodado por su presencia, además, buscaban que aquel momento fuera lo más personal posible entre Jonathan y su compañero. El rubio tomó asiento frente a la mesa, la idea era sencilla: querían que Dorimon le viese y escuchase mientras saboreaba el alimento.

Los minutos pasaron y nada sucedía. El aroma del platillo infestaba la casa e hizo que Zubamon comenzara a salivar, al parecer el hecho de solo comer cereal en la mañana ya le estaba cobrando factura. Jonathan también parecía inquieto, no tanto porque tuviese hambre, sino porque sentía que aquello solo era pérdida de tiempo. Entonces un sonido se escuchó, algo cayéndose al piso en una habitación contigua seguido de unas pisadas en el pasillo. La bola de pelaje morado ingresó al comedor, olfateó el aire y se relamió el hocico. Saltó al asiento de una silla, solo para acto seguido volver a impulsarse y de esta manera llegar a lo alto de la mesa. Primero miró al pastel de carne en el centro y después al humano que estaba al otro extremo, a quien le dedicó una mirada fulminante. Con sumo cuidado comenzó a caminar hacía el alimento, abrió sus fauces y le dio una gran mordida. El rostro del Baby mostraba gozo y alegría mientras saboreaba la carne, era una imagen tierna que incluso hizo que Jonathan sonriera.

—¿Te está gustando, Dorimon? —preguntó el rubio, haciendo que el aludido solo pusiera sus orejas en punta, anunciando que estaba atento a las palabras, pero sin presentar ánimo alguno de responder—. ¿Recuerdas cómo disfrutábamos comerlo juntos?, teníamos la costumbre de comprarlo después de una Quest tediosa...

No hubo reacción. Dorimon seguía comiendo, pero sin siquiera despegar su mirada del preciado alimento. El pequeño solo apartaba su atención del pastel de carne cuando se relamía el pelaje, porque literalmente metía todo su rostro en el alimento. Sobra decir que el rostro del Tamer iba reflejando su tristeza al ver cómo, bocado tras bocado de su Digimon, aquel plan daba señales de estar fracasando. En un momento de desesperación, le lanzó una mirada a Matt como implorándole que le dijese qué hacer.

—Tra-trata de acariciarlo… —fue lo mejor que se le pudo ocurrir a Collins, si las palabras y el sabor del alimento no desencadenaban nada en el pequeño, puede que un gesto de ternura ablandase el corazón de la bestia.

Apenas la mano de Jonathan se acercó a Dorimon y entró en su rango de acción, el pequeño afiló su mirada y abrió la boca emitiendo un gruñido de advertencia. Con el corazón hecho añicos, Jonathan ignoró la señal de su compañero y aun así bajó su mano para acariciarle. El canadiense y las Legend Arm se quedaron pasmados, viendo la singular escena que tenían enfrente: Jonathan acariciaba el pelaje de Dorimon sin que este se apartase o gruñera. Pero aquella bella escena iba a terminar y de una manera nada agradable: el Baby abrió su boca tanto como pudo, pegó un pequeño salto y atrapó el antebrazo de su humano, Jonathan lanzó un grito de dolor y acto seguido el Baby le soltó para emprender un rápido escape.

Collins corrió de inmediato para asistir al chico, revisando la zona afectada. El ataque lo recibió en el brazo que no estaba vendado, solo había unas leves marcas en la piel ahí donde los dientes intentaron hundirse en la carne sin conseguirlo. No había rastro de sangre o moretón que sugiriese daño interno, así que el canadiense pudo suspirar de alivio. Sin embargo, pronto el gimoteo de Jonathan haría que esa sensación desapareciese. El chico estaba llorando. Era claro que sus lágrimas no eran por dolor físico.


[. . .]


Zubamon y Spadamon miraban desde la distancia a Jonathan, quien se había tirado sobre la mesa mientras liberaba su llanto. A su lado Collins trataba de calmarle, pero el chico apenas y podía hablar pues no sabía qué decirle para mejorar su estado, en su rostro también podía verse una mueca de profunda tristeza. Las dos Legend Arm también lucían cabizbajas, más pronto Excalibur negó con fuerza usando la cabeza y salió de la recamara. Ludo, curioso por conocer las acciones de su compañero, decidió seguirle.

—¿Qué haces, Excalibur?

—¿No es obvio? —bufó—. Voy a ir a hablar con ese Dorimon y hacerle entender que está lastimando a su Tamer.

—Las cosas no funcionan así. Dorimon no recuerda a Jonathan —frunció el ceño—, es normal que le tenga desconfianza.

—Eso no importa. Que no le recuerde es una cosa, pero eso no quita el hecho de que siguen siendo compañeros —encaró al de armadura azulina—. Los compañeros deben aprender a estar juntos y convivir en armonía —guardó silencio un momento—. De lo contrario…

—¿De lo contrario qué? —Ludo ladeó la cabeza, su mirada era de curiosidad.

—Cuando un humano o un Digimon no desean estar junto al compañero que el destino le asignó, el vínculo que los une se rompe —explicó—. Si eso sucede, ambos quedan libres para buscar a un nuevo compañero —cerró sus parpados—. Pero eso no siempre sucede.

—¿Y qué pasa con el humano si no encuentra a otro compañero? —Spadamon supo que la pregunta importante era esa, el Digimon estaba en su mundo después de todo y podría readaptarse a la vida que tenía antes de conocer a su Tamer.

—El humano es devuelto a su mundo, sin oportunidad de volver al nuestro.

Ambos Child guardaron silencio en ese momento. Ludo comprendía ahora el temor de Zubamon. A medida que el tiempo pasaba y esos dos no lograban recuperar una armonía en su relación, el lazo que los mantenía unidos iba deteriorándose hilo por hilo, era como en el juego de tira y afloja que presenciaron momentos atrás: mientras Jonathan tiraba para mantener el vínculo, Dorimon tiraba para independizarse. Aquel juego no iba a durar toda la eternidad, en algún momento las costuras se romperían, como ocurrió con los pantalones.

—Comprendo —asintió por fin Spadamon—. Pero debes entender que intervenir sin más tampoco los ayudará, es más, es probable que empeoremos la situación.

—¿Entonces qué sugieres?, Matthew está triste por Jonathan y lo entiendo —apretó sus garras, formando puños—. Pero no me gusta verlo así, a ninguno de los dos —se apresuró a aclarar.

El león albino se quedó pensativo en ese momento, tratando de comprender lo que ahí sucedía, más en un instante se vio metido en un callejón sin salida. Si el Baby tenía un problema en su mente, tal como ellos, solucionarlo podría llevarles días, semanas, meses y dudaba que la situación pudiese sostenerse por mucho más. Fue ahí cuando Spadamon se percató de algo. Desde el principio consideraron que Dorimon perdió sus memorias y le encasillaron creyendo que tenía un problema similar al suyo, ¿pero esto era verdad? ¿En verdad Dorimon perdió sus recuerdos?

—Hay algo que no me cuadra del todo —Spadamon chasqueó la lengua—. Dorimon se dejó abrazar por Matthew a pesar de que era un humano desconocido, luego, cuando Jonathan lo tocó hubo un lapso de tiempo en el que no le gruñó o si quiera intentó apartarlo, es más, su mordida no le dejo herida alguna.

—Bueno, es un Baby… sus ataques no son fuertes.

—Eso sería normal si el objetivo hubiera sido un Digimon. Los humanos son muy frágiles, sus cuerpos no son tan resistentes como los nuestros, incluso un Baby como Dorimon podría ocasionar heridas graves en sus cuerpos —agitó su cola, mientras caminaba en círculos. Su mente parecía estar trabajando a toda máquina—. Dorimon se contuvo en esa mordida.

—Entonces, ¿sospechas que Dorimon está fingiendo? —el vigésimo ladeó la cabeza.

—Sí, creo que Dorimon quiere que el vínculo entre él y Jonathan se rompa. Pero la pregunta aquí es, ¿por qué?


[. . .]


Dorumon nunca creyó que fuese a morir. Confiaba en sus habilidades y en las de su Tamer, de modo que creía con fervor que cualquier obstáculo podría ser superado por ambos sin problemas. Entonces sucedió la tragedia, durante una Quest de búsqueda se toparon con un Kuwagamon. El Adult arremetió contra ellos, a pesar de que usaron sus mejores estrategias fue herido mortalmente, en el proceso, Jonathan también resultó con lesiones en su brazo diestro. Lo último que Dorumon vio antes de morir, fue el rostro de su Tamer sumergido en el dolor y el miedo.

No supo que pasó a partir de ese punto. Solo recuerda haber tenido un sueño profundo, uno del cual parecía que no despertaría nunca. Ocasionalmente escuchaba la voz de Jonathan, lo cual le hacía sentir bien y, en cierta forma, le reconfortaba pensar que había conseguido escapar del escarabajo. Un día despertó. Fue capaz de sentir una vez más los rayos del sol calentando su pelaje, pero sin duda alguna lo que hizo que su ser vibrara de júbilo fue reencontrarse su Tamer.

Más esa emoción fue efímera apenas prestó atención a su alrededor. Estaban en un hospital. Jonathan descansaba en una camilla y la mayor parte de su brazo diestro estaba llena de vendajes. Con el paso del tiempo, supo que el chico casi murió tratando de llegar a la ciudad: no solo tuvo que arreglárselas para burlar a Kuwagamon, sino que también corrió hacía la ciudad mientras estaba al borde del desangramiento, mientras cargaba su Digitama. El Tamer se había jugado la vida y solo por un milagro se había salvado. Cosa que realmente preocupaba a Dorumon, pues la próxima vez la suerte podría no estar de su lado. Mientras Jonathan estuviera ahí, en el Digimundo, su vida correría peligro. Y como quedó demostrado, el portador del anticuerpo X no siempre podría ser capaz de proteger a su humano, pues no era invencible.

Dorumon tomó una decisión en ese momento, haría que Jonathan volviera a su mundo, solo ahí podría estar seguro. Rompería el vínculo que los unía y entonces su humano se vería forzado a volver aun en contra de su voluntad. Decirlo fue sencillo, pero hacerlo fue difícil, pues en el fondo quería que su humano se quedase y que siguieran siendo amigos; fue esta la causa por la cual no pudo romper el vínculo de buenas a primeras. Tuvo entonces que recurrir a la vía más dolorosa: fingir que no le recordaba y que deseaba independizarse de él a toda costa, de esta manera tarde o temprano algo pasaría: él convencería a su subconsciente que lo mejor era dejar ir a su humano, o Jonathan se cansaría de esa relación y terminaría rompiendo su Digivice.

—Perdóname Jonathan —soltaba Dorimon, mientras sollozaba en su escondite. Desde ahí escuchaba con claridad el llanto de Jonathan, el cual era la peor de las torturas—. Perdóname…


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—Chicos, lo que están diciendo no es cualquier cosa —Matthew confiaba en las palabras de sus digitales, pero dada la situación no creía que lo más conveniente fuera decirle a Jonathan que su Digimon estaba fingiendo aquella amnesia, menos cuando el chico aún se recuperaba del último roce con su compañero.

—¿Cómo llegaron a esa conclusión? —quiso saber el rubio, cuyos ojos se mostraban irritados por las lágrimas derramadas.

—En el pasado, ¿Dorimon te ha mordido? —ante la pregunta de Zubamon el chico asintió con pesar—. ¿Alguna vez sus dientes se clavaron en tu piel?, ¿logró hacer que brotase sangre? —Jonathan volvió a negar, solo que en esta ocasión lo hizo con cierto deje de duda.

—Cuando estuvimos en el patio trasero, noté algo —era Spadamon quien continuaba con la explicación—. Ahí solo hay una valla de madera que separa este departamento del exterior, incluso un Baby podría arreglarse para burlarla —se llevó una mano al mentón—. ¿Dorimon ha intentado escapar, por cualquier vía, en alguna ocasión? —de nuevo, el Tamer del Baby respondió con una negativa.

Ahora incluso Collins comenzaba a mostrar incertidumbre al escuchar a sus compañeros, todo lo que estaban exponiendo tenía coherencia. Si en verdad Dorimon repudiase a Jonathan y anhelase tanto su libertad, ¿no debería ya haber intentado escaparse aunque fuese una sola vez?, ¿y si le detestaba no debería haberle dejado ya una herida? Todo apuntaba a que el morado era un farsante. Sin embargo, saber que su compañero estaba realizando todo aquello a propósito tampoco pareció caerle del todo bien al rubio, pues solo evidenciaba que había un verdadero problema en la relación con su Digimon.

—De seguro debe tener un motivo para hacer todo esto —Matt le tranquilizó—. Solo hay que descubrirlo —suspiró. Algo le decía que encarar al Baby no los llevaría a ningún lado, si ya había mantenido su mentira por tanto tiempo sin muchos problemas, bien podría seguir fingiendo—. Se me ocurre una idea para saber si realmente aun te quiere como su Tamer —miró a Jonathan, su tono de voz reflejaba duda—. Pero, si lo hacemos, solo habrá dos posibles resultados.

El contratista miró al suelo en profundo silencio por varios segundos, comprendía a lo que Matthew quería llegar: el plan que había concebido los conduciría a un ultimátum, se resolverían los problemas entre ellos o se separarían de una buena vez por todas. El chico rubio sintió una punzada en el pecho al imaginar ambas opciones, una le causaba alegría y la otra pavor. Tomó un largo respiro antes de atreverse a hablar.

—Hay que hacerlo. De todas formas, no podemos seguir así —de nuevo, su voz se quebró. Era una decisión difícil, pero las opciones se acababan a medida que el tiempo pasaba y el vínculo entre ambos se desmoronaba.


[. . .]


Dorimon mordía los barrotes de la jaula en la cual era transportado. Habían colocado el resto del pastel de carne en la esquina de un pasillo, mientras Matthew se encontraba al otro extremo con la jaula lista para colocársela encima; fue sumamente sencillo, cuando el morado comía bajaba su guardia, por lo que Collins pudo atraparle sin complicaciones. Como aquel plan era el “ultimátum” al problema entre Jonathan y Dorimon, las consecuencias de usar o no una jaula dejaban de tener relevancia, así que decidieron usarla. Tras la captura, partieron juntos a las afueras de la ciudad. Una vez dejaron atrás las calles de File City y a sus habitantes, el canadiense entregó la jaula con el digital dentro al contratista.

—Lo lamento mucho, Jonathan —le dio unas palmadas en la espalda—. Pero creo que esto es lo mejor, para ambos —asintió con pesar.

—Hicimos lo que pudimos —añadió Excalibur—. Pero ya no tiene caso continuar.

—Muchas gracias de igual forma, gracias a ustedes he tomado mi decisión —el rubio se esforzó en sonreír, pero falló—. Yo me encargaré del resto —los enviados de la Central asintieron, dieron media vuelta y se encaminaron hacia la urbe mientras que él se adentraba al bosque.

Dorimon le dedicó una mirada de extrañeza a su humano, mientras veía con cierto recelo que se adentraban a tierras salvajes. Comenzó a mordisquear de nuevo los garrotes, esta vez con mayor intensidad que antes. Jonathan no se internó mucho en el bosque, solo lo suficiente para encontrar un espacio donde la maleza les rodease por completo y fuera difícil distinguir el camino de vuelta a la civilización. Entonces dejó con cuidado la jaula en el suelo y acto seguido se arrodilló junto a ella.

—Vivimos muchas cosas juntos, Dorumon —los ojos del chico estaban humedecidos, sus labios y manos le temblaban al hablar—. Fuiste un gran compañero, un gran y fiel amigo, nunca olvidaré lo que me enseñaste —apretó sus parpados y lágrimas consiguieron brotar—. Pero si en verdad ya no me recuerdas y no quieres permanecer a mi lado, no tiene caso obligarte a hacerlo —levantó la tapa de la prisión portátil, dándole la oportunidad de salir sin problema alguno al preso—. Adelante, ve.

Dorimon dio un par de pasos dudosos fuera de la jaula, olisqueó el pasto y después se giró hacía su humano. El chico no pudo evitarlo y en ese momento su llanto se intensificó, al punto en el que tenía que gimotear con tal de conseguir respirar. El Baby hizo acopio de toda su fuerza de voluntad para contener su llanto, apenas sintió que sus globos oculares se humedecían cerró sus ojos, dio media vuelta y comenzó a correr a toda velocidad hacía el interior del bosque.

<< —Discúlpame Jonathan —se dijo mientras sentía como las lágrimas brotaban ya de sus cuencas—. Esto es lo mejor… >>

Y entonces sucedió. Un atronador rugido hizo que el cuerpo del pequeño ser morado temblase. Detuvo su marcha en el momento y se giró hacia atrás. Paró sus orejas cuando la desconocida criatura repitió su gutural sonido: sea lo que sea, venía de la dirección de donde Jonathan se encontraba. El sonido de vegetación siendo agitada, por una bestia de gran tamaño, se escuchó alertando más al pequeño. A pesar de la decisión tomada, Dorimon fue incapaz de continuar su camino e ignorar que su Tamer podría estar en potencial peligro, regresó corriendo por el mismo camino que había seguido, solo que esta vez se movió aún más rápido.

Dorimon casi muere del susto. Jonathan se encontraba en el suelo, con sus ojos abiertos de par en par y siendo incapaz de moverse por el miedo, quedándole como única opción admirar la horrenda criatura que caminaba hacia él con lentitud, como si esta disfrutase de tener a su presa servida en bandeja de plata. Era un Death-X-Dorugamon quien caminaba hacía el rubio.

—¡¡Jonathan!! —El Baby corrió para ponerse delante del humano—. ¡¡Quédate atrás, yo te protegeré!! —El chico se quedó en shock por unos segundos.

—Dorimon… ¿tú me recuerdas?

—Claro que sí —soltó el Baby, siendo ahora incapaz de contener su llanto frente a él—. Yo sería incapaz de olvidarte Jonathan, sin importar cuantas veces muriese —negó con la cabeza—. Ahora quédate atrás —su mirada se afiló—. ¡Yo te protegeré!

El Digivice en el cinturón del chico soltó una poderosa luz, misma que envolvió al bebé hasta transformarlo en su versión Child, Dorumon. El portador del anticuerpo X agitó su cola y profirió un rugido para intimidar a la bestia que tenía delante, pero esta no presentó la más mínima reacción, se limitó a seguir andando a un paso lento. El morado entonces abrió su boca y comenzó a disparar bolas de metal. Uno a uno, los proyectiles golpeaban sin misericordia el rostro y cuerpo de la monstruosidad, quien no hizo el menor intento de defenderse. El castigo fue tal, que el Death-X pronto comenzó a desintegrarse tras los fieros ataques del Child.

—¡Jonathan! —el peludo se giró hacía su Tamer y le abrazó con fuerza, el humano correspondió en el acto semejante gesto—. Me alegra que estés bien.

—Y yo que aún me recuerdes —dijo entre llanto. Tamer y Digimon permanecieron así por varios minutos, escuchando solo los sollozos del otro.

—Me alegra que todo haya salido bien…

La voz de Excalibur hizo que el de pelaje morado se girase. Matthew y las Legend Arm salieron de entre el follaje, Zubamon se había convertido en una figura mucho más grande y cuadrúpeda lo que sugería que había Digievolucionado. El morado ladeó la cabeza en gesto pensativo y frunció ligeramente el ceño, detectando que el canadiense sujetaba algo en su mano, un lector de memorias. Poco a poco las piezas del rompecabezas fueron embonando en el sitio correcto, permitiéndole comprender lo que realmente acababa de suceder: el Digimon que supuestamente deseaba atacar a Jonathan fue en realidad una memoria, eso explicaba su paso lento hacía su Tamer y el hecho de que no intento defenderse cuando le atacó; en cuanto al rugido, este debió ser ejecutado por Zubaeagermon, puesto que los fantasmas digitales no poseen medio de comunicación. Todo había sido un engaño.

—¡M-me mintieron! —Dorumon lanzó una mirada de indignación a todo el grupo.

—Oh vamos, tú no eres el indicado para decir eso —Zubamon negó con la cabeza y se cruzó de brazos. El aludido agachó la cabeza, tratando de ocultar un intenso sonrojo.


[. . .]


De regreso al departamento Dorumon se sinceró con Jonathan, le contó sus más profundos temores nacidos de la cruda experiencia que vivieron. Él solo quería protegerlo, alejarlo de ese mundo tan peligroso que era el Digimundo. Aunque el rubio se tomó aquello como un gesto noble por parte de su compañero, no dudó en mostrarle su punto de vista al respecto: había tomado una decisión egoísta y demasiado drástica. Además, Jonathan reveló algo que el digital había ignorado hasta el momento, el chico estaba consciente del riesgo al cual se exponía al realizar Quest o por el simple hecho de vivir en ese mundo ajeno, era un conocimiento que tenía presente desde sus primeras aventuras a diferencia del digital, quien al parecer tuvo que experimentar tan cruda experiencia para quitarse la venda de los ojos.

—Y a pesar de saberlo, te quedaste —Dorumon recitó aquellas palabras con un tono de sorpresa y confusión—. ¿Por qué?

—Tú lo dijiste hace mucho, Tamer y Digimon tienen una misión importante que realizar juntos —el rubio se puso de cuclillas para estar a la altura del morado—. Y creo que nosotros aun no la hemos cumplido —acercó su mano y dio unas palmaditas en la cabeza del morado—. Lo que sucedió fue algo grave, pero no dejemos que esa experiencia arruine todo…

—Los errores suceden —Excalibur intervino en ese momento—. Algunos son simples deslices, otros provocan grandes consecuencias —Dorumon miró en ese momento el brazo vendado de Jonathan—. Pero al final, lo mejor que se puede hacer es aprender de esos tropiezos y mejorar.

—Estoy seguro de que la siguiente vez que estén metidos en un aprieto similar, podrán salir sin problema —Matt también quiso colocar su granito de arena—. Porque ahora tienen más experiencia y son más fuertes.

—Uno no puede avanzar si se queda encerrado tras cuatro paredes —Spadamon suspiró por lo bajo, recordando como él se había refugiado en aquel taller en la aldea de Leomon, en lugar de salir al mundo y buscar una solución para su propia amnesia—. Solo saliendo de tu zona de confort es como en verdad uno puede mejorar.

Dorumon guardó silencio, mientras digería las palabras que todos le dedicaron. Su humano decidió correr el riesgo de exponer su vida, aun sabiendo que los humanos no renacen, desde el primer momento en que aceptó su destino como Tamer. Él en cambio, apenas se presentó una cruda situación quiso correr a ocultarse e intentó devolver a Jonathan a su mundo para protegerlo. Su error había sido tomar una decisión que obviamente debía ser discutida entre ambos. Al final del día, el único que no había aprendido algo importante de esa amarga experiencia fue él, o al menos, así había sido hasta ese momento. Ahora Dorumon era consciente que el peligro estaba presente en cualquier rincón, pero en lugar de tener miedo sabía que su deber era enfrentar y superar los obstáculos que se presentasen junto a Jonathan, pues por eso eran compañeros en ese viaje al que llamaban vida.

—Perdóname por no haber hablado de esto antes, Jonathan —el portador del anticuerpo X volvió a abrazar a su compañero—. Perdóname por haber sido un tonto y haber actuado de forma tan cobarde.

—Te perdono, Dorumon —soltó a su vez el chico, al borde del llanto, correspondiendo el gesto del digital.

Zubamon y Spadamon intercambiaron una mirada, sonriendo ante la escena que estaban presenciando; después levantaron sus cabezas para ver a Matthew, quien también exhibía una mueca de sincera felicidad en su rostro. Habían tomado aquella encomienda creyendo que podrían conseguir información para revertir el mal presente en la mente de Ludo, al haber sido una farsa la amnesia de Dorumon se podría creer que toda esa aventura fue infructuosa, pero la verdad es que ninguno lo consideraba así. El trío se sentía afortunado y orgulloso de poder presenciar semejante escena, de ver cómo un vínculo al borde del colapso volvía a reconstruirse, esta vez más fuerte, más resistente.

Tizza V.G.Tizza finito o-o/
 

Reflejo
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Hmm, igual si me tardé más de lo que pensé xD Gracias por esperar everyday everyday , here we go.

En cuanto a tu escrito no tengo mucho que acotar. Muy limpio como siempre y perfectamente balanceado entre el narrador y los diálogos. Se te da bien relatar situaciones sin caer en el relleno innecesario, siendo esto algo que te permite ser muy detallista cuando más lo necesitas. El manejo de tus chicos también estuvo muy bien, aunque me gustaría que tuvieses algo más en cuenta para la próxima: En esta ocasión Matt y su grupo tomaron la misión con el objetivo de aprender más sobre la perdida de memoria, ellos perseguían un interés personal. Por eso en ciertos momentos de la Quest fue incapaz de transmitir seguridad a Jonathan, él no tenía un plan para solucionar el problema en cuestión. Afortunadamente Collins es de los tipos que trabajan mejor bajo presión, pero en futuras Quest deberás tener más cuidado a la hora de elegir una misión sin un plan de antemano, pues un fallo podría afectar la necesidad del cliente y la reputación de la Central. Siendo sinceros, esto no es un error en sí, pero si un detalle que debes trabajar (relatar) ya que sueles hacer una intro sobre cómo tus personajes terminaron en esa situación. En una misión más importante sí podría tener peso.

Respecto al desarrollo en sí y considerando los datos ofrecidos, existían dos caminos típicos: Que Dorimon estuviese enojado con su Tamer y lo culpase por su derrota, o que él estuviese preocupado por la seguridad de su compañero y fingiese amnesia. Vos elegiste el segundo y el que menos huecos argumentales dejaba, pese a que fue un poco predecible en algunos aspectos como la resolución, el desarrollo que le diste me dejó más que satisfecho. La tragedia de Jonathan y Dorimon no se sintió forzada en ningún momento, e incluso colaste ciertos momentos divertidos que me sacaron una sonrisa (Ludo stalkeando a Matt o los movimientos perrunos de Dorimon (¿tienes un perro, no? Me recordó mucho a esos pequeños por su actitud xD)). Realmente la definición de balance, por eso diré una vez más; sigue así.

Narrativa [25/25]
Interpretación [25/25]
Realismo [25/25]
Desarrollo [25/25]

Nota: [100/100]
Paga: 150 bits
EVO: +1
Fama: +1
Stats: N/A
Blast Gauge: N/A
Extras: N/A

Pagas asignadas.
 
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