Original Fic El año del dragón (FINAL)

I-AM-ROSY!!

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Empezamos con este nuevo fic owo de magia y espada, ambientada en el mundo oriental, espero les guste nwn.






El año del dragón se acercaba, el cual, durante generaciones se decía que traería grandes cambios, pero nunca se decía si serían de provecho o de terror. Cada nuevo gobernante, temía por que les depararía desde el día en que diera inicio ese año, por lo cual, muchas de las riquezas de los reinos eran gastados en hechiceros, videntes, shamanes, sabios, cualquier tipo de hombre o mujer sobrenatural que pudiera vaticinar el futuro, pero, ninguno era capaz de lograrlo, pues el mero intento por averiguar los sucesos de ese día, les causaba una muerte instantánea al estallar su corazón.

Aun con todo el miedo, una esperanza nació en dos reinos, una tras otra. En un mediodía, con un sol brillante pero tibio, al punto máximo de su paso por el cielo, nació una hermosa bebé de cabello negro y unos inusuales ojos azules, los cuales la familia Uesuto vio como una señal de divinidad, de bendición. Por el nacimiento bajó la luz del Sol en su punto, ella fue llamada Haruhime, Uesuto Haruhime, la princesa del Sol. En uno de los reinos vecinos, algo similar ocurrió a la media noche, justo en el momento en que la Luna brillaba en el medio del cielo nocturno, nació una preciosa bebé de esotérico cabello blanco y unos ojos dorados, que fue tomada también como un milagro para la familia Kore, y por su nacimiento bajó la luz de la Luna, fue nombrada como Tsukihime, Kore Tsukihime, la princesa de la Luna. Ambas niñas crecieron en sus familias con mucho cuidado y amor, pues pensaban que el nacimiento de ellas era la esperanza que necesitaban para superar el miedo al año del dragón.

Poco a poco, las dos, mostraron ser prodigios de rareza incomparable, Tsukihime era una niña muy inteligente, que por iniciativa propia se metió en las artes de la magia y adivinación, con tal habilidad que se convirtió en la consejera de su padre a sus diez años, pues sus visiones predecían con certeza sucesos próximos para su reino. Pero no era solo sus dotes en las artes oscuras, era una buena negociadora y con entrenamiento de su madre, quien fue una kunoichi, era capaz de defenderse por sí sola. Tsukihime era uno de los dos orgullos de la familia Kore, el otro orgullo, era su hermana, Seigi, su hermana mayor, quien era una excelente artista marcial y una gran organizadora de eventos que siempre aseguraban buenos negocios a la familia.

En la familia Uesuto, Haruhime creció y al poco tiempo, mostró una fiereza en el uso de las armas, su gran belleza era eclipsada por su habilidad con la espada y capacidad bélica, al punto de ser blanco de sus padres al decir que era una mujer con corazón de un fuerte hombre. De la misma manera que la otra princesa, en ella, nació una capacidad para predecir eventos importantes para su pueblo, por lo cual, era considerada como un oráculo de buena voluntad para el gobierno de Uesuto.

Todo era prosperidad para esas dos tierras, mientras sus princesas testificaran en sus sueños buenas fortunas y advirtieran calamidades, y para asegurarse de ello, ambas habían sido nombradas como ofrendas a los dioses, por lo cual, su castidad se mantendría y nunca serían dadas en matrimonio, su destino, era preservar el bienestar de sus reinos. Pero eso cambió cuando ambas cumplieron quince años, que sus visiones comenzaron a hacerles ver un futuro que parecía no poder ser cambiado. Desolación, muerte, masacre, la destrucción de dos reinos prósperos y aliados, a raíz de la muerte de dos princesas, el año del dragón empezaría con la muerte de ellas.


-Haru… Haru.. Haru.
–Susurraba una joven golpeando la pared de tablas viejas de un pequeño cuarto en el bosque, el lugar que disfrutaba la princesa como lugar de descanso, meditación y adivinación.- Haru… Haru. –

-Mmm… Itoko, te he dicho que no me molestes. –


-Perdón, pero tu madre preguntaba por ti, dice que no está bien que sigas durmiendo en este lugar, menos por la noche, como la princesa de la familia Uesuto, tú…-


-Ya, ya me sé de memoria los deberes que tengo.
– Habló molesta Haruhime, empezando a cubrir su desnudez con sus ropas de guerra. – Sabes que odio que me interrumpan en mi meditación. –



-Lo siento, recibiré el castigo que me ordenes. –



Haruhime salió de su pequeño escondite, encontrándose con una delgada joven con unas vestimentas cortas y atrevidas, pero efectivas para ataques rápidos y violentos, Itoko era una joven de la misma edad que la princesa, que había sido elegida como su guardiana personal, pero años atrás, Haruhime había logrado superarla, no obstante, la princesa pidió a sus padres respetar su lugar, pues le tenía una gran confianza como amiga.



-Disculpa que moleste tu sueño, Haru, tu madre quería verte, para saber si has podido ver cómo va el viaje de tu padre a las tierras de Kita.


-Mi padre está bien, el terrateniente de Kita es una persona amable, es de confianza.
– Habló la princesa acomodando aún sus vestimentas, siendo asistida por Itoko.

-Tus senos siguen creciendo, Haru, a este paso, tendrás que ordenar un peto nuevo. –


-Lo sé… -
Suspiró la princesa algo apenada, pues ella siempre quiso ser tratada como un hombre, como un guerrero, pero su cuerpo era demasiado femenino y curvilíneo que buscaba siempre como ocultarlo.

-Perdóname de nuevo por despertarte, te molesté mucho el sueño, ¿Verdad?-


-No, no es tu culpa… es una visión que he tenido…-


-¿Una visión?-


-No es nada… más bien, no sé si es una visión, pues nunca lo había sentido tan real. –


-Tal vez, es un sueño. –


-No… no es un sueño, por qué mis sueños nunca han terminado como eso que tanto me aterra.
– Habló la princesa terminando de acomodar sus ropas para empezar a caminar. – Itoko, ¿Qué sabes del reino de Kore?-

-¿Kore?...No mucho, solo sé que es un reino al otro lado de las montañas, no se han realizado negociaciones ni algún tipo de comercio con ellos desde hace muchas décadas, pues se retiraron a las zonas más alejadas de los bosques… ¿Por qué lo preguntas?-


-No es nada…
-Murmuró Haruhime caminando, pensando en la imagen de esa bella joven de iris negro y pupilas doradas y difuminadas, de cabello blanco como la nieve, tal como el sitio donde la veía en sus sueños. – Tsukihime… ¿Quién eres?-


En las tierras frías de Kore, una joven de cabello dorado dormía sobre un suave césped, arrullada por el sonido de las luciérnagas y grillos, su belleza al dormir era interrumpida por pequeños espasmos al estar teniendo visiones de algo que no sabía cómo evadir. Sus sensibles oídos le hicieron despertar al ser interrumpido el sonido de los insectos, por unos pasos humanos. Unos ojos rojos que estaban bordados en su kimono empezaban a moverse, observando quien venía, eran unos ojos mágicos que la princesa usaba para estar alerta al dormir. Tsukihime se levantó, mirando por su hombro a una joven con ciertos rasgos parecidos a ella, quien le sonreía al ver a su hermana menor descansando como siempre, en ese pequeño jardín que solicitó a sus sirvientes que le crearan dentro de una habitación en la cual solo las princesas podían acceder, ese escondite de meditación y paz que necesitaba para sus visiones.



-Perdón si te molesto, hermanita, mamá me pidió que te trajera algo de cenar, has pasado todo el día en tu habitación y sabes que no deja de preocuparse por tu salud. –




-Gracias…
-Habló Tsukihime, gateando sobre el césped lentamente para acercarse a la mesa, mientras su hermana le servía algo de té.

-Qué raro… no has anotado nada en tus pergaminos, siempre pones al menos uno o dos versos de lo que predices, ¿Te sientes cansada? –


-No es nada…-
Contestó la princesa tomando algo de té y comiendo una bola de arroz rellena de salmón y verduras, disfrutando cada bocado.


Seigi era la persona en la que más confiaba la princesita, su hermana mayor siempre la trató con amabilidad y normalidad, solía mantenerse lejos de la mayoría de las personas pues se sentía hostigada y asfixiada por la atención que recibía, ella solo había buscado ayudar a su reino, pero a veces, sentía que el reino se le venía encima en busca siempre de la solución a todos sus problemas. Seigi era amable, desde que ella nació, siempre la cuidó, como si fuese la única que comprendía lo que era sentirse tratada más allá de una humana. Por esa situación, Seigi era su guardiana y mejor amiga, estando siempre al lado de su hermana dos años menor que ella, con su peculiar carcaza roja donde guardaba distintas armas, venenos y otros artefactos secretos.


-Hermana…¿Cómo es Uesuto?-


-Mmm… no lo sé, dicen que es una tierra al Oeste de nuestras tierras, más allá de las montañas, mi padre dijo que hace mucho tiempo eran nuestros aliados, pero un par de generaciones atrás, el tatarabuelo quiso buscar tierras fértiles y alejadas de los problemas de otros reinos, fundando las tierras de Kore, pensé que te sabías esa historia también. –


-Solo quería reafirmarlo.
– Habló Tsukihime comiendo pacientemente, pensando en el cuerpo desnudo de una hermosa joven de ojos azules, quien le quitaba el sueño frecuentemente. - ¿Quién eres, Haruhime?-


Sin saberlo, ambas princesas soñaban lo mismo, un romance apasionado, real, intenso entre ellas, que finalizaba con la muerte de las dos, y una guerra sin fin entre sus reinos. El año del dragón, estaba más cerca que nunca.








owo Así empieza esta historia, aquí nuestras protagonistas, Uesuto Haruhime



Y Kore Tsukihime




nwn Espero les agrade.
 
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Pinta bien el comienzo. En este escrito especialmente me gustó la introducción y la manera de acomodar todo, creo que quedó muy bien hecho.
Muy buen fic, me gusta la introducción, la ambientación y los personajes, muy bien comienzo. :)
nwn Gracias, es un fic que ya tenía ganas de escribir, :3 alejado de la alegría que significa el universo Kaam y la gran fantasía en las sagas de Eternal.
 

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Continuamos con esta aventura nwn.


2



Dudas, miedos, poco a poco, sentían que algo las enloquecía no poder creer en sus propias visiones, en no poder concebir un final tras sus adivinaciones que siempre llevaban a la aniquilación. Tanto Tsukihime como Haruhime despertaban cansadas, gritando, sin poder explicarla la existencia de un futuro donde sus mundos acabarían por su propia existencia. Todo terminaba en un pensamiento mutuo, tenían que conocerla, a esa chica que condenaría a su pueblo, pero al mismo tiempo, invadiría su corazón, con tal fuerza, que ya estaban enamorada la una de la otra sin siquiera conocerse, pues sus recuerdos futuros eran tan reales, que conocían la sensación de la piel con la piel, el sabor de sus labios y el sonido de su voz.

Haruhime negaba su razón, se sentía víctima de sus propios poderes, sin una luz en su futuro, la muerte le esperaba y de la forma más cruel, sufriendo el frío en el corazón a causa de la chica a la que amaría, sintiendo la desesperación de una traición que no lograba averiguar quién cometería, esa chica o ella. Para Tsukihime, el dolor era igual, nunca había sentido miedo, nunca había despertada bañada en sudor, por primera vez, tenía miedo de soñar.

En sus reinos, pronto fueron notando la indiferencia que empezaban a mostrar las princesas, buscando animarlas, pues la armonía y dicha de cada uno de los pueblos dependían demasiado de los vaticinios de ambos oráculos. Fiestas, festivales, torneos de espada, arquería y caballería eran realizados, pero nada parecía animarlas, no sabían que lo único que tenían en sus mentes eran conocer a quien les arrebataría su vida y corazón.

En un día donde el Sol empezaba a esconderse, Haruhime, desesperada por lo que estaba devorando su calma, decidió dirigirse a las montañas, al lugar donde la conocería, esa choza abandonada en el centro del bosque, donde se verían, donde ellas se entregarían, donde morirían, tenía que asegurar que en verdad existía, que Tsukihime era real y no un demonio que se incrustó en sus pensamientos para volverla loca. Cerciorándose de que nadie la viera y de que Itoko estuviera distraída, tomó a Kuro, su yegua negra que había criado desde que era un potrillo, y con su bolso y espada en cintura, empezó su viaje, dejando una carta a su madre, la cual contenía una lista de todas sus predicciones con tres meses de adelanto y el motivo de su ausencia, tenía que encontrar a la mujer que amaba. Del otro lado de la montaña, Tsukihime hacía lo mismo, aprovechando que su hermana estaba en una ceremonia de té con varios comerciantes de su reino y que la seguridad se había enfocado a la reunión, salió a escondidas, con un bolso, comida y montando a Taiyou, un tigre blanco que crio desde cachorro, un regalo de su padre para que fuese su mascota y protector extra, y así como hizo la otra princesa, dejó todo dicho en una carta.

Por varios días, el viaje de ambas princesas no cesó, cabalgaron por ese enorme bosque desconocido, guiándose por sus sueños, que trazaban el camino como si ya hubiesen pasado por él una y otra vez, era tan extraña la situación para ellas, pues nunca habían tenido visiones tan reales, al punto de conocer cada árbol, cada trecho, cada escondite de algún animal visto, que ese bosque parecía más suyo y más propio que sus hogares.

Al cuarto día, las dos princesas llegaron a un sendero que bien conocían en sus mentes, un sendero que llevaba directo a esa casa vieja, donde verían a la otra. Ambas empezaron a cabalgar rápidamente, yendo a la par de la tarde que iba perdiéndose en el horizonte, hasta que, por fin, frente a esa choza olvidada por el tiempo, las dos se miraron. La respiración de las princesas era agitada, se miraban fijamente, con la expectativa y miedo de que ocurriría, pues no estaban seguras de que tan reales eran las premoniciones relacionadas a la otra.

Haruhime y Tsukihime se bajaron de sus bestias, cada una sujetando la empuñadura de su espada, pero, sin previo aviso, aquel tigre blanco se lanzó sobre la yegua de Haru, prendiéndose en su yugular, dándole una muerte casi instantánea. El coraje de la princesa del Sol fue tal, que, sin miramientos, corrió hacía el depredador, atravesando su sable en el cuello de la bestia, vengando a su caballo. La joven de cabello negro retiró su espada y sacudió la sangre que tenía antes de enfundarla, reaccionando al ver que la otra princesa se le quedaba mirando.


-No debiste matarlo, fue su naturaleza de depredador quien le hizo atacar. –


-Fue mi instinto de venganza quien me llevó a matarlo.
– Respondió Haruhime mirando detenidamente a Tsuki, quien caminó lentamente hacia su tigre, arrodillándose para empezar a orar, cosa que la otra princesa, por respeto, imitó.

– Por asesinarlo, lo mínimo que debes de hacer es darle sepultura, por favor. –


-Lo haré, pero también orarás por Kuro, quien murió por tu culpa, solo una inmadura tendría a un tigre como montura. –



Por unos minutos, ambas princesas oraron a sus bestias, tiempo después, Haruhime improvisó una pala con una rama gruesa y un pequeño escudo que incrustó bien en la madera, empezando a excavar un pozo lo suficientemente grande para cada uno de los animales. Con ayuda de Tsuki, jalaron a las bestias, enterrándolas y volvieron a orar por ellas, en agradecimiento al tiempo que compartieron. No hubo lágrimas, por alguna razón, sentían que habían visto la muerte de esos animales una y otra vez, no en sus sueños, pero sí, en sus corazones. Ya era noche cuando la sepultura de esos seres terminaba, Haruhime se paró y ofreció su mano a Tsukihime, quien quedó parada frente a ella, viendo la gran diferencia de altura entre las dos, a pesar de contar con solo un día de diferencia, Haruhime se había desarrollado más pronto que Tsukihime, pero parecía que eso era compensado con una mentalidad más centrada que la joven samurái.


-Haruhime, ¿Quién eres?-


-Eso mismo quiero saber yo sobre ti… ¿Acaso eres un demonio? –
Preguntó la princesa buscando provocar a Tsukihime.

-Lo mismo diría, solo un demonio mataría a un animal por actuar por instinto. –



Las dos seguían mirándose, con esa curiosidad y cautela que tuvieron desde que empezaron a soñarse la una a la otra, parecía que ninguna de ellas sabía que la otra poseía una habilidad similar. Unas gotas tocaron las mejillas de las princesas, la lluvia se aproximaba, no les quedó de otra que atreverse a entrar a esa casa vieja, la cual, en sus sueños sabían que, en algún momento, intimarían dentro de ella. Tsukihime empezó a quitar las gotas de agua con sus dedos, y miró como Haruhime se desfajó y le entregó su gran uwagi (chaqueta marcial) para envolver a la princesa, quedando ella solamente con el zubon (pantalón) y unos vendajes de algodón que cubrían el área de sus pechos hasta media cintura, y con mucho cuidado, preparó una fogata dentro de un plato de metal, con trozos de madera y hierba seca que había dentro de la casa.


-Gracias…-


-No me agradezcas. –
Dijo Haru buscando más trozos de madera para el fuego. – Eres una princesa, ¿Cierto? Debo tratarte como tal.-

-Así como tú lo eres. –


-Creo que sobran las presentaciones, ¿O no? Tsukihime. –


-Sí, Haruhime.
– Respondió la princesa de la Luna, mientras Haruhime se sentaba a su lado y ambas miraban fijamente la llama.- no puedo explicarlo, pero…-

-Algo te llamó aquí, como si fuese destinado encontrarnos. –



Tsukihime, por primera vez en su vida, se mostró sorprendida, que otra persona supiera lo que le ocurría era asombroso, solo había dos opciones, era una trampa que planeó Haruhime con algún tipo de magia o ella también era capaz de prever lo que sucedería. Nuevamente, la princesa enfocó su mirada en las llamas, escuchando el crujir de las ramas al quemarse, pensando en que decir.


-¿Te pasó lo mismo?-


-Sí… creo que sabes que pasará también. –


-Sí… se supone… que tú y yo … nos enamoraremos... y... me harás tu mujer...
– Dijo Tsukihime tapando su rostro con las mangas de sus ropas, pues el solo pensarlo le causaba sonrojo. – suena extraño, no sabía que podía existir amor entre mujeres, no de esta manera en que se supone nos amaremos. –

-Lo sé… aunque, viéndolo desde mi punto de vista…-


-Lo sé, sé que siempre te has sentido más hombre que mujer, por lo qué, sería natural para ti pensar que es más correcto desposar a otra mujer qué convertirte en la mujer de un hombre. –


-Me alegra que entiendas eso, de igual manera, es natural que entiendas tu posición, ¿O no?
-Complementó Haruhime sintiendo un rubor en sus mejillas- Yo sería el hombre en lo que pueda ocurrir entre las dos. –

-Lo sé… cuida bien de mí, por favor. –



Tsukihime se acomodó frente a Haruhime, arrodillándose y agachándose, bajando sus manos frente a ella en señal de respeto, acción que hizo sentir a la joven más alta algo incómoda, pues entre princesas había una jerarquía similar, pero, al pensar que ella estaba aceptando su posición, le hizo sentir calma.


-Ven, eres muy sensible al frío, lo sé bien.
– Ordenó Haruhime, recargando su espalda en la vieja pared de la casa, mientras Tsukihime obedientemente, se acurrucó entre sus brazos, sintiendo como ella le abrazaba.

-Gracias…-



Era una sensación extraña para las dos, no se conocían y al mismo tiempo sabían todo la una de la otra, todo menos una cosa, quien traicionaría a quien, cuál de las dos las llevaría a una muerte mutua, y peor aún, a cavar la tumba de sus naciones.






¿Qué les deparará en realidad a estas dos princesas? ¿El destino las estará probando?
¿Qué harán los reinos al no estar sus princesas presentes?
¿Qué sentirán las dos al pensar que sus destinos están condenados a la dicha y al dolor dentro del mismo camino?
 
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=3 Sigamos con este misterio misterioso xd.



3





Tsukihime despertó al escuchar unos golpes afuera de la pequeña choza, aún seguía cubierta por las ropas de Haruhime, y al no verla dentro, pensó que sería ella quien provocaba ese ruido. Envuelta con las ropas de esa princesa, se asomó, mirando a Haruhime vistiendo su zubon y vendas en su pecho, con el cabello recogido, esa hermosa joven, mostraba su fuerza al estar cortando trozos de leña, el aroma en el aire le hizo saber que ella ya estaba preparando un estofado bajo un fuego tenue. Haru se detenía de su labor, y se movía hacia el fuego, sacando con cuidado una sartén y meterla a una cubeta de madera pequeña, soltando un vapor, sorprendiéndose la princesa de la Luna al ver que de ella sacaba un buen número de clavos improvisados que ella empezaba a soplar.


-Buenos días. –


-Buenos días
- Respondió Haruhime soplando los clavos aún calientes, echándolos a una bolsa. – hice un estofado de liebre, espero sea de tu agrado. –

-Nunca he comido liebre… ¿Qué haces? –


-Tengo que reparar las paredes y el techo de la casa, si pensamos vivir aquí, no puedo quedar mal frente a ti y dejar que nuestra casa sea una pocilga.
– Contestó Haru mientras la pequeña princesa se sentaba sobre una piedra, tomaba un plato y se servía, sorprendiéndose por el sabor de la comida y por las palabras de Haruhime.

-Gracias por la comida....Sabe muy rico… Estoy algo molesta, debiste despertarme para ayudarte en algo. –


-No te molestaría, te dije que yo sería tu esposo, y como tu esposo, me aseguraré de que te sientas cómoda a mi lado. –



Tsukihime por algún motivo se sintió ofendida, estaba acostumbrada a tener todas las comodidades en su palacio, a pesar de ser alguien habilidosa e inteligente, suficiente para valerse por sí misma, le gustaba que los demás hicieran todo por ella para concentrarse solo en sus visiones, pero que esa princesa de su misma edad le dijera eso, le dolía. Tsuki terminó de comer y se acercó a Haruhime quien estaba clavando trozos de madera en las paredes para reforzarlas, la princesa de blanco empezó a desvestirse tímidamente, atando su cinturón de sus ropajes en su pecho para ocultar su busto y el cinturón de Haru en su cintura a modo de falda, dejando ver su piel blanca, y sin miedo, tomó una piedra del suelo y unos clavos y trozos de madera, empezando a clavar, haciendo sonreír a Haruhime.


-Si no puedes hacerlo, no te esfuerces. –


-Puedo hacerlo, no soy una inútil.
– Respondió Tsuki siguiendo con el trabajo, yendo a un ritmo más lento que Haru.


Entre las dos, avanzaron un poco en los arreglos de su hogar, ninguna le decía a la otra como es que sabían que pasarían muchas noches en esa choza, pero, sabían que las dos conocían que estaban predestinadas a estar juntas, la sensación de estar enamorada en el futuro de esa persona en el presente era más que extraña, no obstante, en su mente, estaba la idea de que, si estaban totalmente lejos de sus reinos, podrían evitar que ese destino cruel llegara en verdad.

Al acabar los arreglos, Haruhime vio las blancas manos de Tsuki muy sucias, así como su carita y cuerpo, y sin pedirle permiso, la cargó en sus brazos a lo que ella respondió abrazándole del cuello. La princesa varonil cargó a Tsukihime por unos minutos, siendo observada detenidamente por ella, las dos sabían en sus mentes que ese camino daba a un arroyo de poca profundidad, donde se bañarían, y donde se besarían por primera vez.

Haruhime bajó con cuidado a Tsukihime, y lentamente, empezó a desvestirla, mirando con detenimiento su piel blanca al desnudo, sus quince años no se notaban en sus pechos subdesarrollados y sus caderas recién curveadas, pero el color de su piel, su delgada complexión y sus ojos dorados eran muy excitantes. Para la princesa del Sol, ver a la mujer que amaría desnuda le causaba un rubor y excitación peculiar, pues ya en sus sueños conocía bien su cuerpo, así como las zonas más sensibles de él. Tras quedar desnuda Tsuki, llevó sus manitas a las prendas de Haru, ayudándole a desvestirse, y así como ella, conocía bien el cuerpo de Haru en sus sueños, pero no dejaba de sorprenderle su desarrollo físico, teniendo la misma edad, el cuerpo de Haruhime lucía espectacular, tan femenina, tan sensual, tan perfecta, incluso sus piernas y brazos algo musculosos la hacían verse más atractiva para Tsukihime, pues le causaba cierto éxtasis el recordar las veces que en sus premociones estuvo envuelta en esos fuertes brazos.

La princesa más grande, entró primero al agua, tomando de las manos a Tsukihime, para adentrarla a la fría agua, fue cuando los nervios de ambas empezaron a fluir. En la mente de ambas, venían las imágenes de como ellas se besarían, abrazarían, tocarían e intimarían en ese arroyo, pensar que habían hecho el amor en el futuro era algo atrevido, pues sabían que pasaría. Haruhime tomó la iniciativa y empezó a frotar el cuerpo de Tsuki con el agua, limpiando el polvo y tierra de su blanca piel, sintiendo un estímulo al sentir su tersa piel, la pequeña princesa, solo agachaba su mirada, era la primera persona además de su hermana que le bañaba, y a diferencia de su hermana mayor, sabía que Tsuki sentía libido por ver como mordía sus labios tratando de controlarse.


-¿Está muy fría el agua?
-Preguntó Haru al notar como la princesa de piel clara temblaba un poco, sin saber que eran sus nervios.

-No es eso… no me siento lista… sé que … que me harás tu mujer… aquí… pero… ¿Puedes esperar?-


-Puedo esperar
-Dijo Haruhime, levantando el rostro de Tsukihime, ambas mirándose fijamente. - ¿Cómo sabes que nos amaremos, Tsukihime?-

-La misma pregunta te hago, Haruhime… pero… no es preguntar, si nos amaremos, mi pregunta es… ¿Me amas en este momento?-


-Sí, te amo, aprendí a amarte desde hace mucho tiempo, sabiendo que te amaría algún día, es la respuesta que también tienes para mí, ¿Cierto?-



Tsukihime afirmó con su cabeza a esa pregunta, ninguna de las dos quería revelar el origen de sus conocimientos sobre el amor futuro que tendrían, aún existía la duda de quién traicionaría a quien, también, la otra podría tomar ventaja al saber de las habilidades de adivinación, todo era posible en ese futuro que terminaría abruptamente con la muerte de las dos.

Haruhime siguió limpiando el cuerpo de su princesa, rodeando su cintura y sujetando su nuca para aproximarla a ella, su mente era bombardeada con miles de imágenes de ellas, y su curiosidad se mezclaba con su morbo, tenía frente a ella la princesa que amaba, que amaría y que llevaría a la ruina a su reino. Podía hacer dos cosas, matarla y asegurar que su reino tuviese una ventaja a la guerra que se aproximaría.


-Eres mi mujer, esperaré a que te sientas lista, pero, eso no impide que te bese.
– Dijo Haru mientras Tsukihime sentía sus ojos dilatarse de la sorpresa, afirmando con su cabecita lo mencionado.


La princesa de cabello negro, acercó más el pequeño cuerpo de la princesa de blanco, y con toda la experiencia de sus visiones futuras, empezó a besar la boquita de Tsukihime, quien solo cerraba los ojos y aflojaba sus brazos, entregándose a los besos de quien sería su perdición. Haruhime había elegido la segunda opción, amar a Tsukihime y descubrir que las llevaría a traicionarse, y a como dé lugar, detener la guerra. Ella no lo sabía, pero, Tsuki había decidido lo mismo.

A un día de distancia, un jinete viajaba desde cada nación, Itoko desde Uesuto y Seigi desde Kore, ambas guardianas recorrían el trazo dejado por sus princesas, ayudándose con las aves para rastrearlas. Los sueños de las princesas parecían que no podían predecir todo, pues ellas no sabían que esas jóvenes se dirigían hacía su posición.








:3 Por fin un beso!!!!
¿Las princesas se amarán aún sabiendo que su destino es morir y causar el exterminio de sus pueblos?
¿Qué pasará con las guardianas de ellas al encontrarlas así?
¿Podrán las princesas cambiar su destino?
 

Merry Yuri X-mas~
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Ay, no, el final quedó muy bueno ;w;
Ahí empieza el mal, yo lo sé.

Por cierto, esto me recuerda un poco a Fuyu no Semi, una historia alternativa de mi manga yaoi favorito. Supongo que es por la ambientación.

quien solo cerraba los ojos y aflojaba sus brazos, entregándose a los besos de quien sería su perdición
Esto me gustó especialmente.
 

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Ay, no, el final quedó muy bueno ;w;
Ahí empieza el mal, yo lo sé.

Por cierto, esto me recuerda un poco a Fuyu no Semi, una historia alternativa de mi manga yaoi favorito. Supongo que es por la ambientación.

Esto me gustó especialmente.
:v Aunque son capis relativamente cortos, me esfuerzo mucho en los detalles y me alegro que les gusten. =3.
 

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nwn Seguimos



4




La noche trajo consigo una lluvia de besos y abrazos entre ambas princesas, Haruhime respetó la petición de Tsukihime, de no intimar hasta que ella se sintiera segura, pero eso no la detuvo a querer besarla y envolverla en sus brazos. Desde que empezaron los sueños, ambas desearon sentir despiertas esas caricias, esa cercanía, ese calor, ese temblor en sus cuerpos al estar al lado de la mujer que amaban inexplicablemente.

Al despertar, una sonrisa se dibujaba entre las dos, una sonrisa llena de complicidad y cariño, Haru sentía algo de calma por haber pasado la noche de manera tan afectiva con Tsuki, como si el peso del miedo de saber el futuro se había caído entre los suspiros que ella emanó con sus caricias, por su parte, Tsuki entendía que el afecto entre ellas era real, era presente, lo que sentirían en el futuro que vio ya lo estaba viviendo en carne propia.

Con un suave beso, las dos princesas se levantaron, ayudándose a ponerse sus ropas, siendo un sonrojo él que se asomó en las mejillas de la pequeña princesa blanca, al ser vestida con las prendas de Haruhime, quien siguió con sus vendajes y zubón. Tsukihime ayudó a la alta princesa a recoger su cabello, y con unas caricias en sus hombros, la mirada de ambas se cruzó nuevamente.


-Quédate aquí, buscaré algo de pescado para el desayuno. –


-¿Puedo ayudarte en algo?
-Preguntó la princesa de ojos dorados, mientras Haru sonrió ligeramente al ver que su semblante mostraba más calma.

-Hay unas patatas silvestres y hongos que encontré en el camino, puedes sacarlos de mi bolso e ir limpiándolos. –


-Traigo en mi bolso pimientos y otras especias, puedo cocinar un estofado. –


-No pensé que supieras cocinar. –


-Sé muchas cosas, te lo dije, no quiero que pienses que soy una inútil, no sería bien visto que tu esposa sea una desobligada. –



Haruhime sonrió por las palabras y rostro firme de Tsukihime, sacudiendo suavemente su cabello y separándose de ella para ir al arroyo. En el arroyo, Haru empezaba a pescar con un arpón improvisado con un cuchillo atado a una larga rama, sacando peces de mediano tamaño que arrojaba a una bolsa hecha de grandes hojas.

La princesa terminó su trabajo y con sus manos tomó algo de agua del arroyo para limpiar su rostro sudado, suspirando y disfrutando del aire fresco de la montaña. Haru miró a las nubes, cerró los ojos y disfrutó del sonido de las aves en ese paraíso, por primera vez en su vida, se sentía libre, estar lejos de la prisión que era su hogar, de los problemas del reino, se sentía egoísta por dejar a su pueblo a la deriva, pero, sentía que se merecía esa tranquilidad, más, cuando sabía que les esperaba un futuro caótico si ella no lograba averiguar cómo detenerlo. La princesa empezó a amarrar las hojas para cargar el pescado, cuando sintió una presencia y sujetó su cuchillo con cuidado, logrando reaccionar a un kunai que le había sido arrojado.


-Tu aroma…. Hueles como Tsukihime, pero no tiene sentido eso, solo ella tiene una piel con aroma a vainilla ¿Te atreviste a tocarla?. –


-Asómate, cobarde. –


-¿Cobarde? Secuestrar a una princesa, eso sí es cobarde ...¿Dónde esta?. –



Haruhime había dejado su espada en la casa, estaba tan tranquila lejos de todo que no pensó que alguien descubriría su ubicación, fue cuando reaccionó, Tsukihime estaba en peligro. La princesa guerrera empezó a correr en dirección a la choza, teniendo que esquivar los filos que le arrojaban y los hilos finos de cobre que eran extendidos, quedando con cortaduras y raspones en sus brazos, espalda y vientre, el ardor de esos cortes no le inmutaban, su preocupación por Tsukihime era tan grande que se le olvidaba esquivar, dejando que algunos kunais llegasen a encajarse en sus antebrazos y hombros.

Al llegar a su choza, no logró encontrar a Tsuki, empezando a desesperarse, el sonido de espadas chocando le hizo saber que había una pelea cerca, corriendo hacia el bosque nuevamente, logrando ver a la pequeña princesa contra un árbol, con el cuchillo de cocina en la mano que sujetaba una herida en su brazo derecho.


-¡Tsukihime!
-Gritó Haru llegando hacia ella, logrando detener un kunai que le era lanzado con su mano, aguantándose el dolor de su palma al ser atravesada.

-Haru… hime. –


-Tranquila, ya estoy aquí, yo te protegeré.
- Dijo la alta princesa, empujando suavemente con su cuerpo a Tsuki, quedando ella pegada al tronco de ese gran árbol, mientras ella estaba a la defensa con su cuchillo, soportando el ardor de las heridas en su cuerpo.

-¡Princesa!-


-¿Itoko?
—Preguntó Haru al escuchar una voz conocida, y de entre los arbustos, el cuerpo delgado de su amiga emergió.

-Cuidado Haruhime, ella fue quien me atacó. –


-Princesa, esa chica tenía su uwagi y pensé que…-


-¡Estúpida! Nunca debes de atacar alguien indefensa. –


-¿Indefensa? Esa chica no es para nada indefensa, solamente tú habías sido capaz de esquivar mis lanzamientos.
–Alzó su voz Itoko, quien no bajó su guardia al escuchar unos pasos.


Haruhime seguía cubriendo con su cuerpo a Tsukihime, mientras Itoko lentamente se acercó a ella. una figura de kimono blanco salió de entre la pastura, con una espada corta en mano y agujas en la otra, caminando lentamente con una mirada de odio hacia la princesa.


-¿Así que tienes aliadas? No me sorprende, no era fácil que tu sola lograras salir de Kore, pero no importa, las mataré a ambas sino me dicen dónde está Tsukihime. –


-Hermana…
-Habló Tsuki asomando su rostro por el costado de Haru, haciendo que el semblante de muerte de Seigi cambiara por una sonrisa cálida.

-¡Hermanita! ¿Estás bien? He venido a rescatarte. –


-¿Rescatarme? Pero no estoy en peligro, dejé una carta. –


-¿Cómo que estas bien? Si tu brazo está sangrando ¿Fueron ellas verdad?
- Exclamó Seigi preocupada por su hermana sin bajar sus armas.

-Fue una confusión. –


-Ven conmigo, nos iremos ahora mismo, nuestros padres están muy preocupados. –


-No se irá de aquí, ella es mi esposa, y decidimos vivir juntas. –
Dijo Haruhime respirando agitada, sorprendiendo tanto a su amiga como a la hermana de Tsuki.


Haru se desplomó frente a las tres chicas, había perdido mucha sangre por estar corriendo, Itoko sujetó a la princesa para tratar de llevarla a esa choza donde encontró a la pequeña de cabello blanco, sorprendiéndose al ver como esa chica le ayudaba a cargar a la princesa. Seigi dejó sus armas y al ver a su hermana tan preocupada por esa desconocida, no le quedó de otra que ayudarles.

Dentro de la choza, entre las tres empezaron a curar las heridas de la princesa, no había tiempo para explicaciones, Itoko tenía la preocupación de que su mejor amiga y a quien vio como ejemplo a seguir estuviese en riesgo por su culpa, Tsukihime temía que fuese el fin de esa historia que apenas iba a empezar, y que el ataque de su hermana fuera el detonante de la guerra que había visto en sus sueños, podría ser la traición que tanto soñó, y Seigi estaba nerviosa por el mismo asunto, si era la princesa de otro reino, su agresión podía considerarse una declaración de guerra y que estuviera su pequeña hermana involucrada encrudecía las cosas, ¿Qué si ella la veía como una asesina?

Tras media hora, la respiración de la princesa de negro se reguló y sus heridas dejaban de sangrar, Itoko decidió preparar los alimentos que las dos princesas estaban realizando, y Seigi empezó a tratar la herida en el brazo de su hermana, que no era más que un corte superficial por una navaja.


-Tsukihime, ¿Qué estás haciendo aquí? Eres la princesa de Kore, no puedes estar viviendo en esta pocilga. –


-No importa si es pequeña y sin lujos, es mi hogar, el hogar que elegimos Haruhime y yo.
– Respondió la pequeña princesa mientras su hermana terminaba de ajustar un vendaje en su brazo.

-No lo entiendo, ¿Quién es esta chica? ¿Por qué te estaba protegiendo y por qué te llamó su esposa?-


-También quiero saberlo. –
Preguntó Itoko trayendo el estofado al interior de la cabaña, empezando a servirlo, notando que había duda entre las chicas de cabello blanco, así que le dio un bocado al estofado. – no tiene nada, no me atrevería a hacerle mal a la esposa de Haruhime. –

-Hermana, ella y yo… -


Tsukihime apretaba las mangas del uwagi de Haruhime, buscaba las palabras precisas para explicarle a su hermana, sin revelar sus habilidades de clarividencia. Sentada sobre sus rodillas, se acomodó frente a su hermana, y se agachó en señal de reverencia, tomándola por sorpresa.


-Mi destino es ser la esposa de Haruhime, princesa de Uesuto, espero lo entiendas. –


-¿Hablas en serio?
-Preguntó impactada la hermana, mirando por un instante hacia otro lado con cierta molestia. – … si tú lo dices, tiene que ser verdad…pero… Es imposible, mis padres, que digo, el reino no lo aceptaría, ella es una completa desconocida y es una mujer, no puedes ser esposa de una mujer, eso no tiene sentido. –

-Así lo ha decidido el destino y así lo decidí yo, me entregaré a Haruhime como su esposa, como su mujer, y este será nuestro hogar. –


-Lo siento, Tsukihime, tal vez comiste algún hongo alucinógeno al estar en este bosque y por eso no estás del todo bien. –
Dijo su hermana tocando la frente de su hermanita. - ¿No sientes fiebre o algo, hermanita? –


Tsukihime retiró la mano de su hermana con cierto coraje, haciendo que ella le mirara extrañada, su hermanita que hasta ese momento siempre había sido de pocas palabras, recatada y obediente, se estaba comportando con desdén, algo rebelde y con una mirada de molestia a ella.

-Estoy bien, lo siento, hermana, no pienso volver a Kore, por el bien de nuestro pueblo, mi deber como su esposa es estar a su lado. –


-¿Acaso te amenazaron con atacar nuestro reino? Seguro es eso, ¿Cierto? Esta mujer te tomó como rehén para poder negociar con nuestro…-


-Guarda silencio… No vuelvas a insinuar eso de Haruhime, ella no es así, nunca arriesgaría a su gente por poder, por capricho, Haruhime quiere tanto al pueblo de Uesuto como yo quiero al pueblo de Kore, por eso, y para bien de nuestra gente, viviremos aquí. –


-¿Esas fueron las palabras de la princesa Haruhime?-


-Sí, ella fue quien me dijo que sería mi esposo.
– Respondió Tsukihime mirando fijamente a Itoko, quien estudiaba su rostro en busca de una mentira.

-Está bien, sí así lo dijo ella, lo respetaré. –


-Muchas gracias. –


-Pero no se quedará así, no está bien que vivan en una casa tan menesterosa-
Habló Itoko poniéndose de pie. – Me aseguraré de que les sean mandados diez carretas con tablas de bambú y diez carretas de alimentos y ropa para ustedes, y no aceptaré un no por respuesta. –

-Se lo diré a ella. –


-Voy a volver, le explicaré a mis señores que la princesa tomó una decisión y por el bien de nuestro pueblo, vamos a respetarlo.
– Dijo la joven ninja pensando en que si Haruhime había decidido eso, es por qué en verdad había algo de riesgo si ella no estaba ahí, solo le quedaba confiar en ella.

-Espera… mandaré diez carretas con bambú también, y tres caballos de los más finos, no dejaré que tu reino se tome la confianza de quedar bien frente a Tsukihime, ese también es su plan, ¿Verdad? Dejar a mi hermanita deslumbrada con sus riquezas y amabilidad para que decida irse con ustedes. –


-Hermana, por favor, no compliques más las cosas. –



Seigi cambió su rostro de molestia por una sonrisa cálida al ver que su hermana estaba mostrando un inusual rostro preocupado, no quería alterar a Tsukihime, esa mirada le hacía entender que tenía razón, si seguía peleando, complicaría las cosas, quizá, ese era el motivo de que su hermanita tomara una elección tan radical, tenía que tomar una decisión para asegurar que ese extraño reino y esa princesa herida no fuesen de riesgo para su nación, y en especial, para su hermanita.


-Tú, ¿Cómo te llamas?-


-Harima Itoko, protectora personal de Uesuto Haruhime. –


-Harima Itoko… Iré personalmente a tu reino, te pido de la manera más amable que me seas mi guía personal.
– Habló la hermana de Tsukihime mirando con seriedad a la ninja. – Debo asegurarme que las intenciones de su reino hacía el mío no son hostiles, y si es posible, formar una alianza. –

-No tengo las facultades para decidir que entre al reino, seño…-


-Está bien. –
Dijo con voz quebrada Haruhime, despertando de su sueño.


Tsukihime reaccionó al verla así, sentándose a su lado y recostándose con cuidado en su pecho para abrazarla, causando cierto celo en Seigi. Haruhime acarició el cabello blanco de quien ella veía como su esposa, sonriendo al sentir su preocupación real, cambiando su mirada hacia la hermana de ella.


-Eres bienvenida a nuestro reino… Itoko, escribe una carta para mi padre, donde diga que yo, Uesuto Haruhime, princesa de Uesuto, doy el permiso y bienvenida a… -


-Kore Seigi, princesa de Kore y mi hermana mayor. –


-Gracias… Kore Seigi, princesa de Kore, como huésped de honor, en busca de relaciones y una posible alianza con el reino.
– Habló la princesa recostada, mirando fijamente a Seigi. - ¿Con eso bastará?-

-Por ahora… volveré en tres días junto a las provisiones que prometí… espero que, en esos tres días, hallas cambiado de parecer, hermanita. -


-Esperare tu regreso, pero… no cambiaré de opinión, mi vida es al lado de Haruhime, hermana. –
Dijo Tsuki sin levantarse del cuerpo de quien veía como su esposo, causando mayor celo en su hermana mayor, quien se retiró de la choza.

-Princesa…-


-Llámame Haru, estamos en confianza. –


-Haru, ¿Es verdad todo lo que dijo ella?-


-Sí así lo he decidido, viviré aquí al lado de Tsukihime, yo soy su esposo. –
Respondió Haruhime sin dejar de abrazar a la princesa de la Luna. – no me olvido de mi reino, pero, hago más bien estando aquí que en el castillo. –

-Lo entiendo… volveré en tres días, traeré lo que prometí, y… sé que tus padres le darían la bienvenida a ella a nuestro reino, no necesitan aislarse. –


-Vivir aquí es nuestro destino
-Le dijo Haru mirando fijamente a su amiga, haciéndole entender que hablaba de sus profecías.

-Está bien, me retiro… señorita, dejé mi bolso lleno de hierbas y medicina, hay una nota de que debe de hacer para ayudar a curarse a la princesa de sus heridas y el veneno que le entró a su cuerpo por mis kunais, mil perdones por agredirla. –


-Está bien, fui yo quien debió explicar por qué usaba el uwagi de Haruhime. –


-Estaré bien, Itoko… y el veneno no me hará mucho efecto, después de todo, yo inventé esta mezcla, ¿Recuerdas?-


-Haru-
Suspiró Itoko soltando una sonrisa. – ser tu amiga me causa más problemas que ser tu guardiana, a este paso, tendrás que ayudarme a que me retire del servicio real muy pronto, ¿Entendido?. –


Itoko salió de la casa a toda prisa, para tomar su caballo y regresar a Uesuto, dejando a ambas princesas descansando en la casa. Haruhime respiraba calma, pensando que se había librado de iniciar una guerra, disfrutando de tener el cuerpo pequeño de Tsukihime cerca de ella y su rostro preocupado mirándole, pero, había algo más en su mirada, como una minúscula seña de celo.


-¿Por qué ella te llama Haru?-


-Itoko ha sido mi amiga desde hace mucho tiempo, me ve como su hermana mayor y yo como una hermana menor, por eso la confianza. –


-Quiero llamarte también así, ¿Puedo?-
Preguntó Tsukihime ladeando un poco su cabeza sobre el pecho de Haru, mirándole fijamente con esos enigmáticos ojos dorados.

-Está bien… puedes llamarme así, si me permites llamarme Tsuki, después de todo, ese es tu nombre, ¿Cierto? Hime es por nuestro título de princesa. –


Tsukihime ocultó su rostro con las mangas de su ropa, nadie se había atrevido a llamarle con su nombre, estaba acostumbrada siempre a que se le dirigieran con el apelativo que resaltaba su realeza. La princesa de la Luna asomó un poco su mirada, pensando que era justo que ella le llamara de esa manera, sí así, podía llamarle por su nombre.


-Está… está bien, Haru. –


-Gracias por cuidarme, Tsuki. –
Sonrió tenuemente Haruhime, haciendo que la princesa albina sintiera un escalofrío en su cuerpo.

Tsukihime no podía decirlo, pero, ver a Haruhime arriesgando su vida, protegiéndola sin importar sus heridas y veneno en su sangre, le había provocado un palpitar desconocido en su pecho en el presente, pero conocido en su futuro. Se estaba enamorando más y más, de esa princesa, de la chica que estar involucrada en la destrucción total de su reino.







:3 Hay amor en el aire.
Seigi parece estar celosa de que esa chica esté cerca de su hermana
OAO ESTUVO CERCA EL INICIO DEL AÑO DEL DRAGÓN!!!!!!!!!!!!!!
 
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:3 Sigamos con esta historia de amor.

5





Un golpeteo despertó a Haruhime, la joven princesa de negro, se levantó con cuidado aun adolorida de sus heridas, buscando a Tsukihime en el interior de la choza, pero el golpeteo parecía provenir de afuera de la casa. Al salir, se sorprendió al ver a esa pequeña chica de cabello blanco, tratando con dificultades de cortar la leña, Haru sonrió al mirar como el rostro Tsuki mostraba coraje, enojo, frustración, ese rostro que siempre veía sereno, dejaba ver un poco más de humanidad en ella, algo tan trivial como cortar la leña, parecía ser un acto de alto nivel para los brazos delgados que poseía.

Haru se acercó a ella, y con cuidado, sujetó el hacha antes de que golpeara otro trozo de madera, para quitársela de las manos y abrazarla por detrás con mucho cariño, haciendo que Tsukihime cerrara sus ojos antes de mirar por su hombro hacia el cielo, en busca de los ojos azules de la otra princesa.


-Deja ahí, ya corté mucha leña para estos días. –


-Solo un poco más, ve a descansar, yo terminaré. –


-Para… por favor. –
Dijo Haru dándole vuelta a la princesita, tomando sus manos mientras ella intentaba soltarse.


Tsukihime volteó a otro lado apenada, pues Haruhime pudo ver sus manos con raspones, moretones y cortaduras, era obvio que esa princesa por más que tuviese conocimientos marciales, carecía de fuerza o habilidades en actividades rudas.


-Estoy bien. –
Respondió Tsuki soltándose de Haru, para ocultarlas con sus ropas. – No es nada. –

-Eres más orgullosa de lo que pensé. –


-No es orgullo, solo, déjame ayudar más. –


-Ven aquí. –
Dijo Haru cargando por sorpresa a la princesita, aguantando el dolor de las heridas y caminando en dirección al arroyo, siendo por intuición de Tsuki abrazarla del cuello.

-Suéltame, por favor, no me hagas esto. –


-¿Hacerte qué?-


-Tratarme así, ¿Acaso piensas que está mal que tu esposa se ensucie las manos? ¿Crees que solo porque eres el hombre en nuestra relación yo debo de estar sentada sin hacer nada?-


-No se trata de eso.
– Respondió la princesa de negro mientras cargaba a Tsukihime, mirándole fijamente a sus ojos dorados. – me preocupo por ti, es por eso. –

-Haru…-


-Sé que intentas ayudarme, sé que quieres demostrar que no eres una carga, pero, no por eso debes de hacer cosas que te lastimen o te sean difíciles, por más fuerte que creas que eres, no dejas de ser una princesa. –


-A veces, creo que me miras como si fuera una niña. –


-No eres una niña, eres mi pequeña esposa. –
Sonrió Haru haciendo que Tsuki escondiera su rostro en el pecho de la joven quien se acercaba al arroyo.

-Bájame, tus heridas no han sanado, seguro te estas esforzando al llevarme así. –


-Aún me duelen un poco, pero, eres ligera, no te preocupes. –


Haruhime bajó a Tsukihime, quien se mostró algo apenada, ya que nuevamente, tendría que bañarse al lado de Haru, solo acercarse al arroyo le ponía nerviosa, pues en su mente, venía las imágenes de ellas dos, besándose, acariciándose y haciendo cosas que solamente una mente erótica se le ocurrirían hacer entre mujeres. La princesa alta se desvistió, quedando solo con sus vendajes, para después, desvestir a Tsuki, quien tapó sus zonas más íntimas con sus manos, tratando de mantener protegida su pureza virginal y buscando evitar ver el cuerpo tan atractivo de la princesa del Sol. Haru tomó las manos heridas de la princesita, llevándola a la fresca agua cristalina del arroyo, para empezar a lavarlas con suavidad, arrancando unas hojas de manzanilla que estaban a orilla del río, para alivianar el dolor y el ardor que seguro ella estaba aguantando.


-Tienes una piel de papel, no tienes por qué hacer algo que te pueda herir fácilmente
-Decía Haru a Tsuki quien miraba a otro lado, apenándose por la llamada de atención mientras sus manos eran curadas.

-¿Por qué me consientes así? Como tu esposa, debería de ser una mujer fuerte, no causarte problemas ni preocupaciones. –


-Sí, pero la fortaleza no es solo física.
– Dijo la alta princesa mientras soltaba las manos de Tsuki y la acercaba, abrazándola y haciendo que ella suspirara al sentir su mejilla sobre los blandos y grandes pechos de Haru. – tienes un fuerte carácter, sabes tus debilidades pero no te limitas a decir no puedo y tratas de demostrar que tienes razón.-

-Pero eso no sirve cuando alguien nos quiera agredir. -


-Aunque no tengas mucha fuerza, tienes habilidades y la inteligencia suficiente para defenderte por tu cuenta, te atreviste a enfrentar a una de las mejores asesinas de mi reino y no solo eso, le causaste problema. –


-Quiero ser más fuerte, debo serlo. –
Hablaba Tsukihime, atreviéndose a rodear la cintura de Haru, escondiendo su rostro aún más. – ser como tú, y poder defenderte también. –


Hubo un silencio entre las dos, Haru había sentido un pulso en su pecho al escuchar esas palabras de la pequeña princesa, su sinceridad iba de la mano con la delicadeza de su cuerpo, pensar que esa princesita era la perdición del reino de Uesuto era inconcebible. Haruhime levantó el rostro de Tsukihime suavemente, mirándole a los ojos dorados que ella poseía, notando en ellos algunas lágrimas, esa princesa de la Luna, estaba queriendo llorar.


-¿Qué tienes? ¿Te duelen mucho las manos?
-Preguntó Haru rodeando la cinturita de Tsuki, y con su otra mano, acarició su blanca mejilla mientras sus lágrimas empezaban a correr.

-Quiero ser más fuerte, para poder protegerte, Haru… no quiero que pase lo de ayer. –


-Tsuki…-


-Tuve miedo… nunca había tenido miedo, pensé que nunca conocería el miedo, pero… verte caer frente a mí, que hayas derramado tu sangre por mí, que murieras por mí, fue como si mi alma se hubiera salido de mi ser, como si arrancaran mi corazón junto a tu vida. –
Hablaba Tsukihime mirando a la princesa del Sol, mientras sus ojos no paraban de llorar. –No quiero volver a sentir eso, no quiero, no quiero que mueras por mí, y si vas a morir, quiero morir contigo para no sentir este dolor de nuevo. -


Haruhime quedó impactada por las palabras de Tsukihime, de entre las dos, Tsuki fue la primera en perder su razón por el amor, la princesa de blanco ya no pensaba en el año del dragón, sino, en la vida que podría estar al lado de Haru, si lograba revertir aquel destino escrito para las dos. La princesa alta, alzó un poco el cuerpo de Tsukihime aprovechando su ligereza dentro del agua, y sujetando su nuca, empezó a besar su boca suavemente, atreviéndose a incrustar poco a poco su lengua, jugueteando con la de ella en un gesto que provocó un gran rubor entre las dos, para después, separarse un instante y verse mutuamente.


-Haru… tengo miedo, por qué… siento que puedo ser feliz a tu lado, por primera vez, ser feliz de todo corazón… y … tengo miedo de que esa felicidad me la quiten.-


-No nos la quitarán, te lo juro.
– Respondió Haru para seguir besando a Tsukihime, quien no paraba de llorar. Era más que claro, Tsukihime estaba totalmente enamorada de Haru, se había enamorado de ella en sueños, y su amor creció, al ver a esa princesa ofreciendo su vida por ella.






:3 El amor, el amor, el amor :3
 

Merry Yaoi X-mas
Moderador

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Que hermoso capitulo, combina el dolor y amor es intenso, este dialogo fue que me encanto mucho. <3


-Quiero ser más fuerte, para poder protegerte, Haru… no quiero que pase lo de ayer. –

-Tsuki…-


-Tuve miedo… nunca había tenido miedo, pensé que nunca conocería el miedo, pero… verte caer frente a mí, que hayas derramado tu sangre por mí, que murieras por mí, fue como si mi alma se hubiera salido de mi ser, como si arrancaran mi corazón junto a tu vida. –
Hablaba Tsukihime mirando a la princesa del Sol, mientras sus ojos no paraban de llorar. –No quiero volver a sentir eso, no quiero, no quiero que mueras por mí, y si vas a morir, quiero morir contigo para no sentir este dolor de nuevo. -
 

I-AM-ROSY!!

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Que hermoso capitulo, combina el dolor y amor es intenso, este dialogo fue que me encanto mucho. <3
nwn Me alegra que te guste, como comenté otro día, aunque son capítulos cortos comparados a otros fics, me esfuerzo por hacer lo más lindos y detallados posibles. Las dos se enamoraron por lo que vieron en sus sueños, es un amor guiado por el destino, pero aun así, ambas se han enamorado por como es la otra y no por ese camino cruel al que son guiadas, Tsukihime se ve como alguien sin emociones, una princesa de porcelana, pero su corazón se abrió de golpe cuando Haruhime casi muere por ella, u3u y Haruhime en el capítulo pasado decidió arriesgar todo y tratar de evitar el destino que les depara, nwn esperemos que puedan, solo el destino (Y yo XD) lo sabemos.
 
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