Rol Libre El Cascanueces | Rashidi, Amayah & Kana

Morpheus's Dream ♚
Registrado
12 Abr 2015
Mensajes
1,479
Ubicación
Medium Coeli
Offline
Estaba demasiado nerviosa, pero tenía que afrontarlo. Maya tomó el broche de rosa que le obsequió Rashidi y se lo colocó en el cabello de manera que éste no le cayera en el rostro, el tallo quedando oculto bajo algunos mechones mientras que los rubíes llamaban la atención por ser el toque de color.

—Eso no es todo… —balbuceó el árabe con el corazón acelerado—. Tengo dos entradas para una función que hay esta noche… Creí que te gustaría ir conmigo.


Le mostró las entradas. La familia Alberona daba El Cascanueces esa noche a las afueras de Osaka. Había una Alberona en su clase, tal vez…


Tocó apenas el tallo, sonrojándose al recordar lo que aquellas palabras escritas significaban.

Lo primero que hizo luego de que todos sus compañeros se dispersaron fue escanear la oración para recibir su significado:


“Creo que eres el ángel más bello del cielo.”

Ahora se encontraba fuera de su habitación, vistiendo una yukata negra que tenía detalles en dorado y pequeñas flores rojas, sonrojada y con pena. Era la hora de la reunión, por lo que acudiría, y no perderían tiempo porque todavía tenían que llegar a Osaka. No sabía cuándo consiguieron el permiso de la academia para salir esa noche, pero no tenía que preocuparse por nada más que asistir.

Con el pulso acelerado, Maya se encontraba alcanzando a Rah en la entrada de las residencias. Estaba tan inquieta que era incapaz de percibir sus vibraciones. Aclaró suavemente su garganta, bajando la mirada para evitar lo mayor posible que notara su sonrojo.


—L-lamento la tardanza, R-Rah… —murmuró.

Pero sólo hubo silencio. Cuando se atrevió a alzar los ojos lo descubrió igual de sonrojado, con los ojos brillantes y los labios entreabiertos. Al cruzarse sus miradas espabiló, abochornado.


—¡A-ah! Estás preciosa, Amayah.
—Gracias… —
regresó su atención visual al suelo, tocando apenas la punta de un mechón de su cabello.
—¿Ya nos vamos?
—S-sí…
—Por casualidad —
habló el extranjero luego de unos segundos tras empezar a caminar—, ¿sabes quiénes son esos dos pelirrojos que están mirándonos desde las puertas de la academia?
—¡Oh! —
la azabache alzó instantáneamente la cabeza, olvidando su vergüenza—. ¡Son mis guardaespaldas! Van a acompañarnos.
—... ¿Qué?


Amayah se apresuró para alcanzarlos y saludarlos, balanceando su pequeña mochila roja en una mano.


Lazy Lazy
 
  • 1Lo amo
Reacciones: Lazy

Lazy

I'm Morpheus, owner of a dream
Registrado
22 May 2016
Mensajes
2,816
Ubicación
por ahí marico
Offline
Su corazón latía como loco. Nunca en su vida imaginó que tendría la oportunidad de salir con la chica de sus sueños en tan poco tiempo de haberla conocido, agradecía internamente a los dioses antiguos por haberle dado aquella idea tan ingeniosa a su querida compañera de clases, Kana Alberona. Realmente estaba muy emocionado y, cuando la vio parada frente a él luciendo tan preciosa como siempre, se sintió totalmente ido. Todo el conjunto que llevaba le hacía ver como la persona más bella de la tierra, si es que ya no lo era. Incluso el broche/marcapáginas que había creado en la madrugada le quedaba precioso sobre su sedoso cabello.

Sin embargo, sintió como el disco en su cabeza se rayaba tras escuchar que no compartirían la cita en completa soledad. Ver a aquellas dos personas saludando a Maya le desilusionó un poco, pero no lo suficiente como para evitar acercarse para poder saludar al dúo de guardaespaldas que inmediatamente le miraron curiosamente.

Tú debes ser… ¿Ramili?
Rashidi, Rowan —corrigió la fémina con una sonrisa.
¡Oh! Vale, gracias Amayah —exclamó el de mirada serena al momento de extender su mano para estrecharla con la del muchacho—. Mucho gusto, Rashidi. Mi nombre es Tranum Rowan.
El gusto es mío —correspondió el saludo con una sonrisa un tanto similar a la del pelirrojo, algo en él le transmitía seguridad y confianza.

Rashidi pasó rápidamente a la figura del otro alto pelirrojo, encontrándose con un semblante tan taciturno e indiferente que por un momento sintió que estaba frente a una estátua. Rowan carraspeó la garganta para llamar la atención del árabe.

Disculpalo, no es muy adepto a las presentaciones —expresó el gemelo más social.
Creo que lo estoy notando un poco...
Bueno —la voz de Amayah hizo que Rashidi despegara la atención del silente guardaespaldas—. Continuemos, tenemos que llegar a Osaka antes de que inicie la función.
Sí.

Tras eso, los estudiantes siguieron su camino para salir de la academia y dirigirse a la estación de trenes más cercana. Mientras caminaban, Rashidi no pudo dejar de pensar en lo extraño que era la situación. Se sentía tan vigilado que el nerviosismo le fue carcomiendo la cabeza hasta el punto de sentirse un tanto incómodo por la presencia de los guardianes de su amada compañera. Aquel par se hallaba una distancia lo suficientemente prudente como para cuidar del tesoro más jóven de los Nomura; y aún con eso, Lalbay se encontraba presionado por las imponentes miradas de los pelirrojos.

Amayah no tardó mucho en darse cuenta de lo que sucedía en el interior del muchacho a su lado, así que decidió ayudarlo un poco. Pidió amablemente a sus acompañantes que retrocedieran un par de pasos más y, aunque no entendieron la razón de la orden, Rowan y Markus decidieron no objetar ante la petición de su protegida.

Gracias, ángel —exclamó un poco más tranquilo el muchacho, ignorando por completo el cómo Amayah había descubierto lo que sentía.
No hay… de qué... —el calor en sus mejillas la hizo mirar al otro lado de la calle—. No deberías sentirte presionado —musitó—. Ellos sólo están haciendo su trabajo.
Lo sé —Rah llevó una mano a su nuca—. Sólo me estaba preguntando el por qué la razón de que tuvieras guardaespaldas.
Bueno, mis padres son héroes y temen que me pase algo por eso mismo —expresó, tranquilamente la chica de hermosos ojos dorados.
Sí pero… sus identidades están resguardadas, no sabrían que eres su familia.

La respuesta del muchacho le incomodó por la verdad de sus palabras. Había intentado desviar el tema lo mejor posible y aún así su intento no fue suficiente, ¿cómo le diría a su acompañante que la verdadera razón por la que Rowan y Markus les acompañaban? Hablar de ese tema siempre había sido un conflicto que traía muchas emociones negativas a su ser.

Es un tema... un poco más personal —respondió sin muchos ánimos de seguir con la conversación.
Entiendo.

La respuesta y el tono empleado por Nomura le hicieron entender al imán de que, realmente, era un tema demasiado delicado como para hablarle en un momento como ese. Así que decidió dejarlo pasar, no sin antes responderle con una de sus ocurrencias, quería alejar un poco ese sentimiento pesado en el semblante de su amada acompañante.

¿Sabes? Es bueno que estén acá —Amayah volteó lentamente para ver el rostro ligeramente sonriente de su locutor—. Imagina que venga un villano de la nada y nos ataque.
… ¿Cómo?
Quiero decir que no podría yo solo contra un villano —respondió ampliando su sonrisa.

Nomura rió suavemente por lo descabellado del asunto.

¿Por qué un villano nos atacaría a nosotros, Rah? —Cuestionó con un deje de curiosidad.
No lo sé, quizá quiera secuestrarte —nuevamente esa risilla hermosa resonó en los oídos del muchacho.
¿A mí? ¿Por qué? Creí que mi identidad estaba protegida.
Lo está pero eres increíblemente hermosa, Amayah.

El hijo de Egipto sonrió, pasando por alto el hecho de que había pensado en voz alta.


LadyAzulina LadyAzulina
 
Última edición:

Morpheus's Dream ♚
Registrado
12 Abr 2015
Mensajes
1,479
Ubicación
Medium Coeli
Offline
¿Por qué Lalbay Rashidi la avergonzaba tanto? No era como que el hecho de que fuera hermosa escapara a su conocimiento, Amayah era perfectamente consciente de su aspecto físico, el asunto empezaba a azorarla un poco cuando los demás también lo notaban. Abrió la boca para decir algo, aunque en verdad no tenía idea de qué planeaba decir, sin embargo, el alivio llegó en la forma de un autobús. Era el que debían tomar para llegar a la estación del tren. Cuando alcanzaron la parada, éste seguía esperándolos. Rashidi le hizo un gesto a Amayah para que subiera primero.

—Gracias... —susurró ella antes de hacerlo—. Muchas gracias por esperarnos —le hizo una leve reverencia al conductor, que fue correspondida con una sonrisa.

Pasó su tarjeta junto al lector para pagar la tarifa del viaje y, tras ella, la imitaron el árabe y sus guardaespaldas. Se dirigió, echándoles un rápido vistazo por encima del hombro, al primer par de asientos libres que ubicó, yendo Rah a sentarse a su lado. Rowan y Markus caminaron hasta estar cerca de la puerta de salida, preferían que otros ocuparan los asientos y se mantuvieron de pie junto a unos agarres.

El trayecto comenzó en silencio, pero luego de unos largos segundos Amayah habló, para sorpresa de su compañero.


—No sabía que eras amigo de Alberona.
—¿Amigos? No lo somos, al menos no todavía. Fue una buena fortuna y un inmenso detalle que me obsequiara estas entradas —
confesó.
—Entonces Rah aprecia los pequeños detalles —pensó la chica—. ¿Buena fortuna? ¿Crees en la suerte y en el destino?
—¿De qué otra manera se puede explicar que nos hayamos conocido? Fue el designio de los dioses.
—¿De los dioses?
—Ellos querían que te cruzaras en mi camino.
—¿Yo? ¿Por qué yo? —
inclinó ligeramente la cabeza con curiosidad.
—No lo sé, pero es un designio que me encanta porque lo puedo compartir contigo, ángel.

Amayah fue incapaz de hacer otra cosa más que observarlo mientras el sonrojo se apoderaba de su rostro. Lo giró bruscamente hacia la ventana, permitiendo que su cabello funcionara como una cortina entre los dos. ¿Por qué tenía creencias tan intensas si apenas se conocían? Se sobresaltó un poco con la risa entre nerviosa y divertida de Rah.

—¿Qué? —se quejó suavemente, negándose a mirarlo.
—Eres adorable.

La joven Nomura se llevó las manos al rostro, sacudiendo un poco la cabeza.

—¿Por qué?
—Tus reacciones son-
—¿Por qué quieres compartirlo conmigo? —
le interrumpió, con la cabeza ladeada hacia él pero con la mirada clavada en la mochila sobre sus piernas.
—Porque... —suspiró con una pequeña sonrisa, ella pudo sentirlo—. Va a sonar raro porque apenas soy capaz de pensar lo que quiero decirte, pero... debajo de toda esta capa de vergüenza y nerviosismo... me siento muy cómodo contigo y… tengo el sentimiento de que puedo contarte cualquier cosa —Rashidi volvía a mirarla con esa intensidad que ya conocía bien. Se tomó el atrevimiento de inclinarse hacia ella para susurrarle en el oído:—. Junto a ti… me siento capaz de hacer lo que sea.

Tras esa confesión el viaje en autobús pasó en silencio. Los jóvenes se sentían inmersos en la misma burbuja, aunque cada uno estuviera en su mundo; si se le pudiera dar un color sería roja, por las emociones contenidas, y tan cálida como sólo podían serlo los sentimientos salidos de lo más profundo del corazón. Se encontraban nerviosos y avergonzados, pero no incómodos; en ese momento estaban incomprensiblemente a gusto.


Lazy Lazy
 

Lazy

I'm Morpheus, owner of a dream
Registrado
22 May 2016
Mensajes
2,816
Ubicación
por ahí marico
Offline
De no ser por la bonachona voz del conductor, tal vez Amayah y Rashidi no se hubieran percatado del momento en el que el cómodo autobús se detuvo frente a la estación de trenes; la inmersión que cada uno tenía sobre sus pensamientos los había vuelto ajenos a cualquier suceso en su entorno. El dúo de aspirantes a héroes se levantaron de sus asientos sin mediar palabra alguna y siguieron su camino hasta la salida del vehículo, no sin antes agradecerle al hombre por su servicio. Rowan y Markus salieron justo detrás de ellos.

Una vez afuera, Rah pudo notar con ligera impresión la poca actividad que estaba teniendo el terminal en esa noche; algo bastante normal, pues en esas fechas lo que hacía la gente era viajar para encontrarse con familiares y amigos con los que pasar las festividades del mes.

Amayah sólo se limitó a suspirar de alivio, una de las cosas que más le incomodaban de usar un transporte tan concurrido como el tren, era el movimiento de la gente. Que estuviera tan sola la estación fue una especie de bendición, ¿acaso los dioses a los que se refería Rah le estaban protegiendo? Miró a su compañero de clases y sonrió por pensar en aquella posibilidad tan curiosa e inusual.

Mientras pasaban los torniquetes holográficos y seguían las indicaciones que los llevarían hasta la línea de Shinkansen, Rashidi pensaba en lo agradable que sería el viaje con la ausencia de tantas personas en el tren. Para él significaba la oportunidad perfecta de tener un poco más de “privacidad” con la hermosa chica a su lado.

Nuestro tren saldrá en diez minutos —comentó la de ojos dorados tras observar una de las pantallas que mostraba el horario de los trenes—. Deberíamos apresurarnos un poco para alcanzar a Nozomi.
¿A quién? —Rashidi se mostró un poco confundido, ¿alguien más les acompañaría? Si era así entonces la cita estaba perdiendo la intimidad que le quedaba. Su semblante pasó de ser uno sonriente a uno totalmente preocupado.
¡Oh! Pensé que lo sabías —Amayah se vio ligeramente impresionada, pensaba que en todo ese tiempo, Rashidi se había informado y acostumbrando a todo lo referente con su tierra—. Te explico. Nozomi es el nombre de nuestro tren, es el más rápido de la línea Shinkansen y sólo se detiene en ciertas estaciones.

Escuchar la explicación de Amayah lo relajó mucho y, guiado por la curiosidad, decidió continuar con el tema.

¿Y por qué no se detiene en todas las estaciones?
Supongo que es porque no está abierto al turismo y se utiliza mayormente por la gente que trabaja.
¿Y por qué los nombres?
No lo sé, pero Nozomi es un tren muy bonito.
Y por lo que dices bastante rápido.
—asintió con una bella sonrisa dibujada en su rostro—, y también es puntual... Así que debemos apresurarnos si no queremos perderlo.

Con la pequeña clase terminada, Amayah y Rashidi decidieron apresurar un poco el paso para poder montarse en el lujoso tren bala que se hallaba estacionado a la espera de que la hora de partida llegara. Los estudiantes saludaron al hombre de traje que cuidaba la entrada del vehículo y, como era de esperarse, entregaron los boletos de ida a Osaka.

Una vez dentro, Rashidi pudo contemplar con sus ojos a lo que se refería su compañera minutos antes de abordar el vagón que les correspondía. El ambiente vintage se sentía por todo el lugar. Entre los asientos había bastante espacio, el suficiente como para que una persona normal pudiera inclinarse hasta quedar recostado. Las ventanas eran enormes al igual que el pasillo. El hijo de Egipto silbó por la impresión, acción que llamó la atención de Nomura.

¿Qué sucede?
Nada, es bastante bonito como dijiste —comentó, sonriéndole a su amada compañera, quien no tuvo de otra más que apartar la mirada y seguir caminando entre los asientos.

Cuando hallaron sus asientos, los chicos se sentaron al igual que la dupla de pelirrojos, quienes decidieron tomar dos asientos de distancia.

No pasó mucho para que el conductor les informara a sus pasajeros que ya estarían en movimiento, con un cordial “disfruten el viaje” se despidió y el tren arrancó.

Los protagonistas de ésta historia pudieron sentir la suavidad con la que el tren comenzó a andar por las vías eléctricas. Inmediatamente, Amayah pasó su vista hacia la gran ventana en la cual pudo observar con fascinación los bellos e iluminados edificios de Nagoya. De por sí era una ciudad bastante hermosa, pero verla con el fondo negro de la noche le hacía verse indescriptible. Para cuando los edificios dejaron de ser lo único que se podía ver en la ventana, Amayah suspiró tranquilamente con el pensamiento de que en menos de una hora estarían recorriendo Osaka y disfrutando del espectáculo orquestado por la familia Alberona. La idea le emocionaba, no sólo porque podría gozar de una obra en la que saldría una de sus compañeras sino también porque estaba siendo una experiencia nunca antes vivida junto a…

Ángel.

La voz, la mirada intensa y el tono suave de Rah fueron suficientemente fuertes como para romperle la burbuja mental en la que se hallaba. ¿Cuántas veces más iba a sonrojarse en ese día? ¿Por qué Rashidi mostraba un afán en subirle las pulsaciones cada que le iba a decir algo? Ni siquiera podía mirarlo fijamente sin titubear.

… ¿Sí?
¿Por qué traes un bolso contigo?


LadyAzulina LadyAzulina
 

Morpheus's Dream ♚
Registrado
12 Abr 2015
Mensajes
1,479
Ubicación
Medium Coeli
Offline
La expresión de Amayah fue indescriptible, la emoción y los pensamientos que se fueron acumulando en su interior desde el momento en el que la llamó cayeron como una torre ante la pregunta. No sabía cómo sentirse al respecto o si aquello era mejor que haber recibido cualquier pregunta o palabras comprometedoras. Tras el desconcierto llevó la mirada a su mochila.

—Porque ahí está la ropa que usaré en Osaka. ¿Dónde está la tuya? —lo miró.
—Uhm… La tengo puesta.

La chica bajó la mirada a su pecho, como si pudiera ver a través de su yukata la remera que tenía debajo, y era que, en cierto modo, podía. Su análisis puso a Rah ligeramente nervioso, provocando que cambiara su posición en el asiento. ¿Por qué tenía que observarlo de esa manera? Sin embargo, las únicas palabras de ella al respecto fueron:

—¿Y dónde vas a guardar la yukata cuando te la quites? Porque la necesitarás al volver a Nagoya.
—Pues… —
el hijo de Egipto se rascó la nuca con una mueca—. Honestamente no lo había pensado.

Maya echó un vistazo alrededor, usualmente habían vendedores de todo tipo en los trenes, pero tal vez no en uno privado. Le dirigió una mirada a sus guardaespaldas antes de volver a su compañero, pensando en probabilidades.

—No te preocupes, ya lo resolveremos.
—Lo siento, estaba tan emocionado con la cita que no me dio tiempo de pensar qué haría con la yukata.
—No tienes que disculparte —
empezó a negar—, nosotros- —parpadeó mientras la palabra “cita” atravesaba su mente y opacaba todo lo demás—… ¿Cita? —su voz no llegó a atravesarle los labios, por lo que la palabra nunca salió de ellos.

La joven Nomura apoyó sus dedos flexionados suavemente contra su boca. Nunca había tenido algo ni remotamente parecido a una cita, por lo que era, incluso en la teoría, vergonzosamente inexperta. No sabía qué tenía que hacer, tampoco cuáles eran las expectativas de una, lo único que consideraba más o menos seguro era el hecho de que solía ser una actividad que llevaban a cabo las parejas… y Rashidi y ella no eran una pareja. Si se dejaba llevar por la lógica, entonces tampoco era una cita. Pero en ese caso…


—¿Maya?

Fue casi aterrador verla recluirse en sus pensamientos sin haber terminado lo que estaba diciendo. ¿Fue su culpa? ¿Qué había dicho mal? ¿Qué pensaba decir después de "nosotros"? ¿Qué significaba aquella expresión? El corazón de Rashidi empezó a galopar hasta dejarle el pecho casi adolorido, y no precisamente porque se veía devastadoramente tierna. ¡¿Qué estaba pensando?!

Amayah parpadeó con sorpresa al sentir algo diferente. No le costó nada averiguar de dónde procedía, pero eso la confundió incluso más.


—¡Rashidi! —lo tomó por el brazo con una mano, llevando la otra hacia su pecho con la intención de darle un suave masaje relajante. Se ‘desconectó’ sólo por un segundo, ¿qué había pasado?—. Hey, tranquilo —le habló con suavidad, sonriéndole al recibir su atención—. No pasa nada, todo está bien.
—¿Qué…? —
apoyó una mano sobre la que ella tenía en su pecho—. ¿Qué ibas a decir antes? —la expresión del ángel se tornó confusa mientras observaba sus manos—. Además de que no tenía que disculparme, que nosotros…
—¡Oh! —
Yahra acomodó un mechón de su cabello con la mano libre y el árabe deseó haberlo hecho en su lugar—. Decía que nosotros encontraremos algo en dónde poder llevar tu ropa, sólo debemos llegar a Osaka.
—Oh, está bien.


Maya se mantuvo recibiendo la intensa mirada de Lalbay a escasa distancia porque no se atrevía a mover sus dedos, a alejar su mano para recuperar el espacio que le otorgaba su asiento. No entendía lo que significaba, su tacto era suave, no estaba obligándola ni forzándola a dejar su mano allí, ella sólo-. Se inclinó hacia atrás para luego levantarse, dejando la mano del moreno suspendida en lo que había sido la mitad de camino hacia su rostro. Estaba acercándose demasiado, demasiado rápido.

La azabache percibió las miradas de sus guardaespaldas, además de la de su acompañante; tenía que decir algo antes de que lo culparan de algo.


—Ahm… —levantó inconscientemente su pequeña mochila—. Iré a cambiarme ahora, no falta mucho para llegar a Osaka.
—Está bien…


Tras ello, Amayah se dirigió al baño de ese vagón. Sin pensar en lo que había sucedido, vació su bolso antes de empezar a retirarse la yukata, acomodándola de la forma en la que iría poniéndosela más tarde, luego se vistió.

Rah, todavía en su asiento, se encontraba insultándose por haber sido tan tonto y espantado a la chica de sus sueños, aunque al menos las cosas no podían estar tan mal si regresaría y no buscaría la manera de saltar del tren. Se rio de sí mismo e iba a frotarse el rostro con la mano cuando recordó que con esa había tocado la de ella, el pensamiento cliché de que nunca se la lavaría atravesó su mente por un instante, aunque inmediatamente llegó a la realización de que ella no estaba a su lado, por lo que aprovechó para sacarse la yukata sin recurrir a la necesidad de utilizar algún baño, después de todo tenía su ropa debajo y no habían moros en la costa… bueno, tal vez dos.

El hijo de Egipto dobló lo mejor que pudo su yukata, dejándola sobre su regazo. Ahora no tenía nada más que hacer que esperar el regreso de su ángel. El tiempo pudo haber pasado muy lento, pero al mismo tiempo lo sintió muy rápido cuando volvió a verla. Y entonces se ralentizó otra vez.

La vio pasar junto a sus asientos para hablar con el dúo de pelirrojos, y la vio regresar. Las botas negras llegaban hasta sus tobillos y unas largas medias del mismo color cubrían la totalidad de sus piernas; con una falda azul marino que tenía un bordado dorado al final, una camisa blanca acompañada con un lazo, un suéter negro y una capa negra sorprendentemente majestuosa que funcionaba como abrigo. Sobre su cabeza, llamando la atención hacia su rostro, una boina roja de la que sobresalía la rosa. Y, debido a su intensa mirada, un sonrojo en sus adorables mejillas.


—¿Por qué me miras así? —susurró mientras se sentaba a su lado, como si no tuviera idea de lo bella que era.


Lazy Lazy
 
  • 1Lo amo
Reacciones: Lazy

Lazy

I'm Morpheus, owner of a dream
Registrado
22 May 2016
Mensajes
2,816
Ubicación
por ahí marico
Offline
¿En serio tenía que explicar el porqué de su sonrisa boba? No había palabra en el mundo que pudiera describir lo preciosa que se veía, podía utilizar todos los adjetivos en japonés y en árabe que conocía y aún así no serían suficientes.

Te ves hermosa —susurró tenuemente mientras observaba como el sonrojo acentuaba su hermosura y ternura.

Amayah no supo qué hacer, más allá de mirarle unos segundos antes de bajar la cabeza y aferrar sus dedos a los bordes de la falda. Debía responderle pero aunque quisiera no podía, pues las palabras no salían de su boca gracias al nudo que se formó por la intensidad de la mirada ajena. Para ella, era demasiado a pesar de todas las veces que el muchacho de tez oscuro le dedicó su atención, ¿algún día podría acostumbrarse? No lo sabía. La joven sensora no comprendía lo que le sucedía al árabe, estaba segura de que no era para tanto y aún así…

Gr-gracias… —alcanzó a decir con un esfuerzo enorme—. Tú también... te ves bastante bien… Rah —exclamó, levantando un poco el rostro para poder verle, sorprendiéndose un poco al notar el tenue rojo sobre los pómulos ajenos.

Ahora era él el que poseía el rostro lleno de vergüenza, escucharla decir aquellas palabras había sido algo que no esperaba de ninguna manera. Su conjunto -a diferencia del suyo-, no se escogió con el mismo cuidado que el de ella, que pensara eso de lo que traía puesto le relajó aunque no sintiera ningún tipo de presión. Le sonrió con esfuerzo antes de agradecerle con bochorno y centrar nuevamente su mirada en ella, sólo que esta vez lo hizo en el regalo con forma de rosa. El accesorio no le restaba protagonismo alguno, pero verla usarlo le generaba un agradable calorcito en el pecho que, a su vez, le producía un sentimiento de satisfacción enorme, había hecho la elección correcta al seguir el consejo de su madre.

Afortunadamente para Amayah, el conductor dio el comunicado habitual de la llegada a la estación de Osaka, agradeciendo a todos los pasajeros en el tren por ser tan pacientes y esperando que hayan disfrutado del ameno viaje. Los gemelos guardaespaldas fueron los primeros en levantarse de sus asientos, seguidos evidentemente de la dupla de estudiantes. Los pelirrojos se colocaron cerca de la salida más cercana y, cuando la puerta se abrió de par en par, les dieron el permiso a los chicos para salir del vagón.

La impresión en el rostro de ambos jóvenes fue algo graciosa para el más calmado de los guardianes. Los dos se hallaban algo desubicados y no porque estuvieran en una de las estaciones más grandes de todo Japón y que la misma diera un aire bastante imponente como también vanguardista ¡para nada! Lo que realmente les dejó un poco anonadados fue la actividad que había en esa fecha y durante esa hora a comparación de Nagoya, era un contraste cuasi perfecto el que tenían las dos terminales ferroviarias, ya que la primera presentaba un poco más de vida que la última. Con todo, el ambiente no fue tan pesado para la sensora de hermosos ojos dorados; a pesar de haber una cantidad de personas un poco considerables, las ondas que recibió durante el camino a la salida no fueron tantas como esperaba recibir.

Fue un alivio, por un momento pensó que aquellos dioses anteriormente mencionados por su compañero en el autobus, le habían echado una mano. Una ligera sonrisa se formó en sus labios al momento que pasaba su vista al extranjero.

¿Mm? ¿Qué pasa, Ángel?
¡Oh! ¡Nada! —respondió rápidamente y volteándo su vista hacia al frente, evitándo así que el muchacho no pudiera ver su rostro enrojecido, aunque eso no valiera de nada pues ya Rashidi se había acostumbrado a esos tiernos y bellos colores—. S-sólo pensaba... que debíamos buscar una mochila para ti —exclamó, tratando de enfocar la atención del chico en otro tema que no fuera ella—. Seguramente debe haber una máquina expendedora de mochilas cerca.
Por allá, Maya.

Rowan se acercó a ambos para posteriormente señalar con un dedo hacia dónde debían mirar. El aparato se hallaba situado justo a un costado de la salida del terminal y, como todas las máquinas expendedoras, contaba con un gran número de artilugios que se podían comprar dependiendo de la necesidad de cada quien. El cuarteto se acercó al artefacto y lo que pudieron notar es que tan solo quedaban tres morrales: uno negro con rojo, otro negro con dorado y el último que era dorado con azul. Rah posó su vista en las tres que habían en venta y supo de inmediato cuál quería, sin embargo, su mente decidió hacer algo mucho más interesante.

¿Y bien? —Nomura le miró, alegre de que se hallara una solución al “problema”.
Sabes, Ángel, prefiero que la escojas tú.
¿Y-yo?

Maya se sintió asombrada y un deje confundida, ¿por qué le pedía a ella que escogiera algo que era para él? No había forma que lo entendiera y más porque ella bien podía equivocarse en su elección y entregarle una mochila de un color que no le gustara. Su semblante pasó a ser uno de duda y luego a otro de disgusto por la presión que el imán humano le colocó sin querer sobre los hombros.

¿E-estás seguro?
Sí, Ángel —le sonrió tranquilo—. No importa cuál escojas, a mi me gustará —confesó, tranquilizando ligeramente la ansiedad de la bella muchacha y alzando su mano para que tomara su tarjeta con la cual pagaría.

Nomura tragó fuerte, tomó el plástico con sumo cuidado y posó sus ojos en las tres mochilas. Todas eran bonitas por separado y cada una seguramente le quedaría bien al de mechón rojo, pero debía escoger la correcta, la que dijera “soy de Rashidi”. Paseaba sus ojos en forma de tríangulo por los tres bolsos. La indecisión crecía en su cuerpo, porque cada que se decidía por uno de los ejemplares otra duda aparecía en su cabeza, parecía un bucle interminable. Aún así, Amayah se tomó el tiempo para despejar toda esa niebla de dudas para poder tomar la decisión que ella consideraba adecuada. Suspiró e introdujo la tarjeta ajena luego de marcar el código del morral. La máquina hizo lo suyo y dejó el bolso en el compartimiento para que la sensora lo tomara y se lo pudiera entregar a su compañero junto al plástico con el que pagó.

Rashidi le miró con una sonrisa.

Dioses, Ángel —la susodicha le miró con incentidumbre—. ¿Cómo sabías que ésta era la que quería? —las palabras del hijo de Egipto la relajaron enormemente ya que no se había equivocado en su elección.

Tras dejar sus ropajes dentro del bolso negro con rojo, Rah le comentó a Maya que debían apresurarse, para llegar a la función.

Nomura tomó los boletos y encontró que el circo se hallaba sumamente cerca de la estación, simplemente debían tomar un autobus para llegar a la carpa donde estaría Kana esperándoles.

Caminaron hasta la parada y esperaron con un poco de impaciencia a que el siguiente bus llegara y, cuando lo hizo, los cuatro no tardaron en repetir el mismo proceso que emplearon en Nagoya. Esta vez el viaje fue un poco más tranquilo que los dos anteriores, Amayah y Rashidi hablaban con tranquilidad de diversos temas, muchos centrados en sus trabajos y en la escuela. Markus y Rowan seguían vigilando al muchacho desde la distancia, a pesar de que su trabajo era proteger al retoño de los Nomura a toda costa y que ese hecho les llevara a desconfiar hasta de las plantas, el dúo pelirrojo sentía que el chico era una buena persona, un joven al que simplemente se le presentó la oportunidad de salir con la chica de sus sueños… con todo, seguirían velando por la seguridad de Yahra.

Llegar a las afueras de la ciudad no tardó demasiado, quizá un par de minutos. Antes de bajarse, los aspirantes a héroes pudieron observar la gran carpa de colores y las extravagantes luces por la ventana de sus asientos. Se despidieron del conductor y luego bajaron del camión, sólo para seguir el camino que los llevó hasta la fila de la entrada.

Amayah parecía emocionada mientras esperaba y Rah no podía hacer otra cosa más que contemplar su aire alegre. Realmente se veía preciosa cuando estaba con ese ánimo tan vivo. Inconscientemente y sin ningún rastro de verguenza o de pudor, Rashidi tomó la mano de Amayah segundos antes de entregar el par de boletos.


LadyAzulina LadyAzulina Beauty
Nya Nya Perdona la tardanza DX ahora sí puedes darle c:
 
Arriba Pie