Fanfic El Despertar - Season 2 [Capítulo 4: Suerte] [3/1]

Merinare

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Disclaimer: Pokémon y sus personajes no me pertenecen.
Clasificación: Rated M (+16) - No recomendado para menores de 16 años.
Personajes: Ash, Lillie, Gladion, Serena.
Género: Misterio, Romance, Acción.


EL DESPERTAR

PRÓLOGO: Aether, el nuevo paraíso

Gladion
El pensamiento de aquella misteriosa esfera redondeada daba vueltas en mi cabeza, tan intensamente que me impedía seguir la conversación que estaba teniendo con mis amigos, juntos como cada sábado en un bar, antes de salir a bailar por ahí.

Sabía que ahí dentro había un Pokémon. Mis superiores me lo habían dicho, pero deberíamos esperar hasta el inicio de una nueva semana para saber cuál sería. Mientras tanto, debíamos cuidarlo como si la vida nos fuera en ello.

¿Cuál me habrá tocado a mí, y a mis cinco amigos? ¿Tendrían el potencial de defenderme de aquella misteriosa secta, o serían una especie de mascotas, como un Pikachu o un Eevee? Sólo el tiempo lo diría. Mientras tanto, sólo quedaba esperar...

O quizás no. Sentado en la barra, y luego de mirar hacia todos lados, saqué la Pokéball de mi bolsillo. Era tan pequeña como una canica, y no tenía indicios de llevar algo en su interior. Sabía que si apretaba el botón central ésta se agrandaría, y nos habían dado órdenes explícitas de mantenerlas escondidas y a salvo. En su lugar la agité un poco, e inmediatamente escuché las risas de mis compañeros, sentados del otro lado de la mesa.. Malpensados...

—¡Guarda eso, antes de que te la vean!— dijo uno de mis amigos a mi lado, Hau, ocasionando aún más risas.

—Relájate, el bar está vacío a excepción de nosotros. Y nadie nos está prestando atención de todas formas.

Luego de dudarlo un momento, el también sacó la suya de su cinturón, y la observó por largo rato. Si tan sólo pudiéramos ver lo que hay dentro de ellas... Todo sería mucho más simple para nosotros.

Una voz del otro lado de la barra nos sacó de nuestros pensamientos. Al parecer, uno de mis amigos había escuchado de una discoteca llamada Oricorio, y estaba ansioso por ir.

—¿No es eso el nombre de uno de esos ridículos Pokémon bailarines?— pregunté extrañado.

— Exacto— respondió el otro con excitación—. A lo mejor conocemos a alguien importante allí. ¡Quién sabe!

Caminamos unas cinco manzanas hasta llegar al lugar, que estaba abarrotado de gente a más no poder. Dando un par de vueltas por el perímetro del local, intentando buscar una alternativa a la fila de más de ochenta metros que se estaba formando, hasta que encontramos la solución. Un solo guardia de seguridad, con un extraño símbolo en forma de “S” estampada en su uniforme de color negro.

—Déjenmelo a mí— susurró Hau, y se acercó al guardia.

Este lo miró con cara de pocos amigos, mientras mi amigo le decía algo al oído, nos señalaba, y finalmente, le mostraba disimuladamente la Pokéball que llevaba en la cintura. El efecto fue inmediato. El guardia se hizo a un lado, y nos dejó el paso con una sonrisa. Fue tal la capacidad de convicción de Hau, que ni siquiera tuvimos que pagar las entradas: nos dejaron entrar directamente.

El lugar era como cualquier discoteca, lleno de gente y con la música a todo volumen. Apenas nos escuchábamos los unos a los otros, mientras nos abríamos paso hacia la pista de baile, felicitando a Hau por su espectacular actuación.

— ¿Cómo rayos has sabido que ese tipo era de los nuestros?— le pregunté a los gritos, por encima de la música.

— ¡Por el símbolo de la camiseta! Está por todos lados, no me digas que tu no lo has visto también...—alcancé a oír. —¿Verdad que soy un genio? —se mofó, y fijó sus ojos en un grupo de chicas que bailaban cerca.

Me dediqué a mirar con desdén cómo Hau se acercaba a ellas, cuando de repente una de ellas se acercó a mí. Miré hacia abajo con un poco de nerviosismo, sin embargo, hice de tripas corazón y decidí invitarla a bailar un rato, comenzando con la pregunta más obvia del mundo.

—¿Cómo te llam-? —pregunté levantando la vista, sin embargo la chica ya no estaba por ningún lado.

En su lugar se encontraba Hau, que me tomó del brazo apresuradamente. Me resistí un poco, pensando que trataba de gastarme una broma, hasta que vi su cara, pálida como el cemento.

—Debemos salir de aquí. ¡DEBEMOS SALIR DE AQUÍ AHORA MISMO!

Perplejo, traté de calmarlo y preguntarle qué demonios estaba pasando, pero ya era muy tarde. Pude observar como éramos acorralados rápidamente por un grupo de hombres corpulentos, que sujetaron al mismo tiempo a todos mis amigos de los brazos, inmovilizándolos. A todos menos a mí. ¿Por qué? La respuesta fue simple. El enorme grupo de chicas obstaculizaba al último guardia, y no le permitían alcanzarme. Me giré petrificado a ver a mis amigos, y mis ojos encontraron los de Hau, que estaban desorbitados por el pánico. Esa mirada sólo quería decir una cosa.

"CORRE".

Empujé con fuerza al grupo de chicas, que empezaron a gritar escandalizadas, y comencé a abrirme paso a los tropezones, mientras notaba como todos los ojos se posaban sobre mí. Luego de un minuto de pánico, llegué a la salida. Pude ver como el guardia de la entrada me miraba, sorprendido, y trataba de atraparme.

Sin embargo, la dosis de adrenalina era muy fuerte, por lo que instintivamente lo esquivé agachándome por debajo de su brazo, y di un salto por encima de la barrera de contención de la discoteca. Caí en la acera estrepitosamente, por la que no pasaba ningún auto, y me deslicé por el primer callejón que vi.

Sintiendo el calor de la sangre en mis manos al haberse despellejado en la acera, lo entendí.

Supe que tan buscados eran aquellos artefactos como el que llevaba en el cinturón.

Lo increíblemente peligroso que era...

...tener un Pokémon en tu poder.


Para futuras referencias, la historia se sitúa 5 años después de XY y es canon a la serie.
 
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Merinare

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Aquí está la guía de capítulos para una lectura más fácil.

PRIMERA TEMPORADA
CAPÍTULO 1: Persecución nocturna

Eran aproximadamente las cuatro de la mañana. Una figura de complexión mediana corría apresuradamente por un callejón estrecho y mal iluminado, en la encrucijada de calles del centro de la ciudad de Aether. Sus pisadas retumbaban en el silencio, y su respiración agitada era cada vez más rápida, producto de los esfuerzos por mantener el ritmo y tropezando debido al estado deplorable en el que estaban las calles. Repentinamente, se detuvo en un cruce, miró hacia atrás y luego a los lados. Una farola iluminó la figura completamente.

Se trataba de un chico pálido, de no más de quince o dieciséis años. Tenía un extraño corte de pelo en puntas y, a pesar de todo lo que había corrido, éste se encontraba perfectamente peinado y conservando su estilo. Sus ojos verdes, desorbitados de pánico, se reflejaban en la luz de la farola, y el resplandor de la diminuta luna creciente arrancaba débiles destellos a su cabello. Por su forma de vestir, una camiseta negra lisa con un chaleco a juego y unos jeans ajustados con cortes por aquí y por allá, había pasado la noche bailando en uno de las numerosas discotecas de la ciudad, como la mayoría de los jóvenes de su edad hacían los sábados a la noche. Miró el cartel que indicaba el nombre de las calles. Se encontraba en la intersección de Pasaje Hala, por el que había venido, y Avenida Zyra, una calle mucho más ancha y de pendiente pronunciada, aunque igual de poco iluminada. Luego de tomar aire un momento, dobló hacia la izquierda y echó a correr por la avenida, corriendo a largas zancadas por la calle en bajada. Si bien esto le daba un poco más de velocidad, también incrementaba el ruido que producían sus pasos.

Al cabo de unos diez segundos, un numeroso grupo de personas apareció corriendo por el angosto callejón. Se detuvieron en la oscuridad, para no ser vistos; sin embargo, el resplandor de la luna los iluminaba débilmente. Eran en total 6 jóvenes, un poco más grandes tanto en estatura como en edad que el chico rubio. Vestían completamente de negro, y el conjunto de sus canguros junto con un pañuelo que llevaban en el rostro ocultaban todas sus facciones. Cuatro de ellos se apelotonaron rápidamente en una ronda, mientras los otros dos les daban la espalda: sin duda estaban vigilando ambos lados de la calle. Simultáneamente, ambos vigilantes se llevaron las manos a los bolsillos, y sacaron cada uno un objeto brillante. Dos pistolas plateadas de nueve milímetros, probablemente armas reglamentarias robadas de las fuerzas de seguridad hicieron un leve chasquido al ser comprobadas por sus dueños, para comprobar si estaban cargadas.

Luego de discutir durante unos momentos, el grupo rompió la ronda, y se separó en tres, de dos personas cada uno. El primer grupo continuó por el pasaje, y los dos restantes fueron cada uno hacia los dos sentidos de la Avenida Zyra. Al ser más altos, y teniendo las piernas más largas, no le costó mucho al par que bajaba por la calle más ancha alcanzar al joven de ojos verdes; su pelo puntiagudo no le ayudaba a camuflarse en las sombras. Luego de correr detrás de él por unos setenta metros, vieron como doblaba hacia la izquierda nuevamente, hacia otro callejón. Ambos perseguidores se detuvieron en seco, y se sonrieron triunfantes el uno al otro al ver el letrero que el joven no había alcanzado a leer, debido a su desesperación por alejarse del área. Se trataba de una calle sin salida. Los encapuchados comenzaron a acercarse sigilosamente, y prepararon sus armas de fuego.


Gladion

Sabía que me perseguían. Mientras bajaba por Avenida Zyra alcancé a atisbar por el rabillo del ojo sus oscuras siluetas, corriendo por el callejón. No me quedaba más remedio que alcanzar el próximo cruce lo más rápidamente posible, y esconderme con la esperanza de que pasaran de largo. Era mi última opción. Corrí con todas mis fuerzas, sintiendo dolores en los tobillos cada vez que caía con todo mi peso sobre uno de mis pies en aquella manzana estúpidamente larga, acompañado de fuertes punzadas en el costado. Cuando sentía que mis piernas no podían más, observé una luz roja, a unos 4 metros de altura. ¡Un semáforo! Eso significaba un cruce, y una esperanza de salvación. La pequeña luz titilante me dio renovadas fuerzas, por lo que logré llegar a la intersección y, sin dudarlo, giré en la calle perpendicular.

Estaba incluso aún más oscuro que las anteriores dos calles. No había siquiera una farola, y sólo alcancé a ver un par de contenedores de basura verdes iluminados por la luz de la luna. Inmediatamente eché por tierra todas las posibilidades de meterme en uno de ellos, ya que harían demasiado ruido, y ni siquiera me creía capaz de levantarlos. Así que me aplasté contra la pared al lado de uno de ellos, e intenté respirar por la boca, haciendo el menor ruido posible. Al chocarme con la pared, noté cómo mi cuerpo hacía un sonido hueco. Estaba de espaldas a una puerta de madera pequeña, sin picaporte y muy disimulada. Intenté empujarla, pero fue en vano. Desesperado como estaba, decidí golpearla varias veces rápidamente, con la esperanza de que alguien la abriera. Sin embargo, nada sucedió.

¿Qué podía hacer? Saqué de mi cinturón aquella extraña esfera de colores rojo y blanco, la causa de todos mis problemas, y apreté furiosamente varias veces el botón central que este tenía. Aparte de agrandarse y empequeñecerse un par de veces, eso fue lo único que sucedió. ¡Maldita sea! ¿Por qué buscaban con tanto ímpetu una cosa que ni siquiera funcionaba?

Pasaron unos veinte segundos en completo silencio, que fueron interrumpidos por un sonido que me puso los pelos de punta, incluso más de lo que ya estaban: un disparo. Me encogí un poco más en mi escondite, tratando de controlar los escalofríos que recorrían mi cuerpo; sí todas las historias que contaban acerca de los "desaparecidos" eran ciertas, no me esperaba un final feliz.

— Sabemos que estás aquí— susurró un encapuchado, con una voz grave— Sal con las manos en alto y no te haremos ningún daño.

Y no intentes nada estúpido, o nos veremos obligados a dispararte— añadió el segundo. A juzgar por su tono de voz, era una chica— Y eso no te va a gustar, chiquitín.

Tenía dos opciones: Una era saltar de improviso, y enfrentarme a mis perseguidores. La otra era salir corriendo en la dirección contraria, y rogar que los disparos no den en el blanco. Ambas eran unas ideas estúpidas, por lo que opté por quedarme agachado y no hacer nada. A lo mejor no sabían que estaba ahí, quizás sólo habían dicho eso para comprobar que no hubiera nadie.

— ¿Tú también lo viste entrar aquí, verdad?— susurró el hombre.

— Claro que sí, idiota— respondió la chica, también susurrando— No tiene escapatoria, debe estar escondido por ahí.

Una luz resplandeciente iluminó el oscuro callejón: habían encendido una linterna. Ahora sí estaba perdido. Podía escuchar sus pasos, se acercaban cada vez más, aguanté la respiración, cerré los ojos y esperé el golpe de su arma en mi cabeza... pero éste nunca llegó. En cambio, dos estallidos más, a escasos metros de donde me encontraban, retumbaron en el pasaje. Sentí dos golpes sordos en el piso, como si acabaran de tirar dos bolsas de papas enfrente de mí... Abrí los ojos.

Mis perseguidores estaban desplomados en el suelo. La linterna de uno de sus teléfonos iluminaba directamente a sus rostros. Tenían los ojos inexpresivos, y un pequeño agujero de bala en la cabeza cada uno. Estaban muertos. Un pequeño charco de color rojizo comenzó a formarse donde yo estaba agachado, petrificado de terror. Entonces, repentinamente la puerta detrás de mí se abrió, y sentí como dos manos me tapaban la boca con las manos, y otras dos me arrastraban hacia adentro. La puerta se cerró, y me quedé en una completa oscuridad.

— No te preocupes— dijo una de las voces. Sonaba como a niña pequeña— No vamos a hacerte daño... Sólo quédate quieto.
CAPÍTULO 2: Compañeros de piso

Serena

Aún era de noche, cuando me desperté sobresaltada. Me encontraba despatarrada en el suelo; al parecer me había caído del pequeño sillón-cama en el que nos habíamos apretujado para ver la televisión la noche anterior. Se trataba de un aparato pequeño, de unas catorce pulgadas y con una antena vieja para captar alguna señal, ya que la casa no tenía televisión por cable. El origen de mi despertar fue el cántico inicial de nuestro himno nacional, que indicaba el comienzo de la transmisión. Me levanté rápidamente, y giré una perilla de aquel aparato antiguo, para silenciarlo. No quería despertar a mis amigos, y menos a esa hora de la madrugada.

Según mis cálculos y a juzgar por la televisión, deberían ser aproximadamente las cinco de la mañana. Hacía mucho frío, y la falda que llevaba puesta no me ayudaba a calentarme en absoluto. Así que decidí desperezarme, y luego de bostezar un par de veces, me dirigí hacia el comedor, con la intención de prepararme un café y así entrar en calor. Sin embargo, algo me distrajo completamente: el sonido de unas pisadas apresuradas en la calle. Alcancé a correr la cortina y asomarme con cautela en la ventana, justo a tiempo para ver cómo alguien desaparecía por el callejón sin salida, al costado del departamento. Unos segundos después, noté un golpe sordo en la puerta de la sala de estar donde se encontraban mis compañeros de piso durmiendo.

El temor se apoderó de mí: me acerqué al sillón y comencé a sacudir insistentemente a ambos, con la intención de despertarlos y advertirle que corríamos peligro, ya que alguien trataba de entrar en la casa. Debíamos salir de allí lo antes posible, o estaríamos acorralados.

— ¡Ash! ¡Lillie! ¡Despiértense ya!— susurré, aterrada. Sin embargo, nada sucedió. Los sacudí a ambos con insistencia y temblando de pies a cabeza, hasta que Ash abrió un ojo.

— ¿Qué sucede?— murmuró al fin Ash, medio en sueños. Se trataba de un joven de unos diecisiete años. Su pelo color azabache era una maraña que se asomaba entre los cojines. —Todavía es de noche, déjanos dormir un rato más —añadió, y volvió a cerrar los ojos.

Parecía como si no les importara en absoluto que estuviéramos a punto de ser allanados por unos desconocidos. Di un par de zancadas, atravesé la pared derrumbada que comunicaba la sala de estar con el comedor y agarré una taza para el desayuno, vieja y descascarada. Mientras la llenaba de agua rápidamente en el grifo de la cocina, alcancé a escuchar unos golpeteos insistentes en la puerta. Regresé a la sala y se la vacié en la cabeza al joven de ojos castaños, que se levantó de golpe del sillón, empapado y desconcertado. Estaba a punto de ponerse a armar un escándalo, así que le tapé la boca con la mano que me quedaba libre, lancé la taza al sofá para que no se rompiera, y me llevé un dedo a los labios.

— ¿Se puede saber qué gracia le encuentras a tirarme un litro de ag-?— comenzó a susurrar, enfadado, pero se interrumpió de golpe al escuchar un estruendoso ruido, que retumbó en toda la casa.

Se trataba de un disparo. Unas voces se hicieron oír claramente en el callejón, a unos tres metros de nosotros, sólo separados por una pared. Lillie se despertó, sobresaltada, pero yo fui veloz: me lancé sobre el sofá y le tapé la boca a ella también, para que no hablara con aquella voz tan aguda suya y nos delatara a todos. Comenzó a retorcerse, pero no fue muy difícil mantenerla callada puesto que era bastante más pequeña en complexión que yo. Sus pupilas verdosas se contrajeron mientras intentaba comprender la situación. Con mi mano libre apunté hacia la pequeña puerta de la sala, y gesticulé exageradamente a Ash para darle a entender que había alguien.

Como si de un rayo se tratase, Ash se sacó su teléfono del bolsillo y en un veloz movimiento de la muñeca encendió la linterna. Se acercó a la mirilla de la puerta con la luz en alto, observó durante unos segundos, y luego se tiró rápidamente abajo del sillón en el que estábamos Lillie y yo, mirándolo desconcertadas.

— ¿Qué rayos est-? —comenzó a decir Lillie en voz baja, pero el joven ya había salido de debajo del sillón, con algo brillante en las manos. La niña ahogó un grito: ninguna de las dos sabíamos que Ash portaba un arma.

—Arrástrenlo adentro luego de mi señal
—dijo crípticamente el chico. Cruzó la pared derrumbada, y salió por la puerta del comedor que daba hacia la avenida, y la cerró detrás de él, con un leve chasquido.

El conjunto de emociones que cruzaban mi cuerpo estaba por acabar con mi estabilidad mental. Me sentía asustada por el disparo, preocupada por Ash, confusa por lo que había dicho, y encima debía mentir e intentar infundir seguridad en mí misma, para no poner a Lillie nerviosa. Decidí imitar los pasos de mi amigo: encendí la luz de mi teléfono e iluminé la mirilla de la puerta, donde al parecer no había nadie aún. Sin embargo, al enfocar hacia los lados y hacia abajo, observé como una débil sombra se proyectaba desde la puerta; había alguien agachado, del otro lado de la misma. Quizás nos estaba esperando agazapado a que abriéramos la puerta, o a lo mejor era a quien Ash nos había dicho que arrastremos dentro de la casa. Sí, eso debía ser. Sólo me quedaba esperar su "señal", fuera la que fuera.

Lillie estaba a mi lado mirándome con completo desconcierto, así que me agaché y comencé a explicarle velozmente la situación, mientras escuchaba nuevamente voces en el callejón. Su cara pasó de confusión a una expresión de determinación y emoción por lo que estaba sucediendo; en cambio yo estaba aterrorizada, y fue ella la que tuvo que taparme la boca a mí cuando dos disparos más se escucharon en el callejón. Temí por la vida de Ash: sin él estábamos perdidas. Y entonces, luego de unos segundos, se escucharon golpes en la puerta: un golpe, pausa; cuatro golpes rápidos, una pausa más larga y luego dos golpes más. Era la señal que hacíamos todos los días para que Lillie nos abriera la puerta de casa; nosotras dos y Ash éramos las únicas que la conocíamos.

La rubia fue más veloz que yo: abrió la puerta e intentó a arrastrar a un joven con un extraño corte de pelo mientras le hablaba con su voz chillona, y trataba de tranquilizarlo. Yo la ayudé y juntos logramos meterlo dentro de la casa. Sin embargo, cuando salí al callejón para ver qué había sucedido, me paré en seco frente a una imagen horripilante.

Ash se encontraba parado inmóvil, con su campera azul abierta ondeando al viento y el arma en la mano izquierda. En el suelo había dos siluetas oscuras tiradas, y la luz de un teléfono iluminaba sus rostros y parte del piso, cubierto de sangre. Miré hacia ellos, sólo para asegurarme: estaban muertos, no había ninguna duda. Mi amigo era un asesino. Los oídos se me taparon por el shock mientras intentaba retroceder, horrorizada, cuando mi bota resbaló en el empapado suelo. Sentí como mi cabeza golpeaba contra el borde del contenedor de basura que tenía al lado, y todo se oscureció de golpe.
CAPÍTULO 3: Justicia por Mano Propia

Ash
El aire frío de la mañana me dio de lleno en cuanto salí del departamento, en medio de una oscuridad absoluta. A pesar de estar frío, y sentir el rocío helado de la mañana en mi cara, me hervía la sangre por dentro. Eran ellos, no podía creerlo. Su insignia se había quedado grabada en mi cabeza después de esa horrible noche, la noche en la cual mis amigos se sumaron a la lista de desaparecidos.

Fue hace casi dos meses. Era el cumpleaños de Shauna, una amiga de Serena que vivía en el centro de la ciudad de Aether. Al quedar en una distancia similar a la de todo nuestro grupo de amigos decidimos fijarla como punto de encuentro para todos. La cantidad de comida y bebida que habíamos comprado era como para darse un festín, y entre el ambiente y la música todos nos empezamos a ir un poco de la lengua. Desafortunadamente, comenzamos a hablar del único tema del que estaba prohibido hablar en la ciudad:
El Team Skull.

El Team Skull eran un numeroso grupo de personas que compartían las ideas políticas de su jefe, un tal Guzma; estaban de acuerdo en que la ciudad se estaba cayendo a pedazos, y que la única solución era tomar el poder a la fuerza. Esto significaría destituir al actual gobernador, Faba, un hombre astuto, egocéntrico y corrupto el cual había llegado al poder mediante la influencia de la organización más fuerte de la ciudad, la Fundación Aether,

Luego de mucha controversia y discusión, el golpe al fin se había llevado a cabo y, si bien el gobernador no había sufrido ningún daño, éste fue expuesto públicamente en la plaza principal de la ciudad por sus crímenes y luego encarcelado.

Semejante acto de rebeldía fue aprobado y rechazado a igual medida por la población: muchos hablaban de si realmente el cambio era para bien, y no significaba el comienzo de una tiranía. Políticos, artistas y periodistas comenzaron a dar su opinión sobre la forma de actuar del Team Skull, sin embargo, aquellos que hicieron críticas negativas
comenzaron a desaparecer misteriosamente. Jamás se los volvió a ver, y sus familiares comenzaron a publicar su desaparición por las calles y en los periódicos, aunque fue todo en vano.

Esa noche, nos habíamos puesto a discutir sobre quién realmente aprobaba el gobierno de Guzma, y llegamos a la conclusión de que ninguno estaba de acuerdo con su violenta forma de actuar, y preferíamos al antiguo y pacífico, aunque inútil y corrupto gobernador. Ése fue nuestro gran error. Al abrir la puerta principal para salir, unas diez personas irrumpieron en la casa. Dijeron que sabían lo que planeábamos, y comenzaron a hostigarnos hasta el hartazgo.

O al menos a mis amigos. Por una de esas casualidades del destino me encontraba justo en ese momento en la terraza con Serena... recordando viejas épocas. Vimos desde arriba cómo la pandilla allanaba la casa, y oímos los aterrados gritos de mis amigos salir por las ventanas abiertas de par en par por el intenso calor veraniego, tratando de explicar las cosas sin éxito. No tuvimos más remedio que huir de la zona, saltando por los tejados como si de saqueadores nos tratásemos. Llamamos a la policía inmediatamente, pero cuando las fuerzas de seguridad llegaron, nadie estaba en el lugar. Nos negamos a prestar declaratoria ante los medios y decidimos simplemente dejar una denuncia en la comisaría más cercana: si alguien sabía dónde habíamos estado esa noche, estábamos muertos.

A pesar de haber hecho lo que creíamos correcto, eso no impidió que rápidamente, mis noches se vieran interrumpidas por unos horribles sueños; las voces desesperadas de mis amigos me atormentaban, y muchas veces me despertaba sobresaltado, con un sudor frío recorriéndome la cara. A Serena le sucedía lo mismo, y fue por eso que tomamos la decisión de vivir juntos, al menos por un tiempo: cuando uno tenía pesadillas, el otro se encargaba de tranquilizarlo.

Sus súplicas fueron transformándose con el pasar de los días en un sentimiento de culpa creciente: cubiertos de sangre, me acosaban cada vez con más frecuencia, señalándome y obligándome a vengarme… hasta tal punto que lograron convencerme. Si las historias que todos contaban eran ciertas, ellos probablemente ya estarían muertos, y hubieran sido arrojados a una fosa común, junto con otros cientos de inocentes.
El Team Skull debía pagar con la misma moneda.

La débil luz de la luna reflejó el símbolo plateado que aquellos individuos llevaban estampados en la espalda de sus atuendos. Era una “S”, el símbolo del Team Skull. Las manos me temblaban descontroladamente cuando apunté hacia la cabeza del más alto; quité el seguro de mi arma con el pulgar, y gatillé con éxito. El retroceso del arma fue impresionante, sin embargo logré sujetarla con la punta de los dedos, apuntar y disparar de nuevo en el momento en que el segundo se volteaba con un destello de pánico en los ojos. Ambos se desplomaron en el suelo, como dos marionetas a las que les hubieran cortado los hilos.

Lo había hecho.
¡No podía creerlo, lo había hecho! Mi respiración se agitaba cada vez más, pero supe mantener la cabeza fría. Los próximos minutos serían cruciales: sus compañeros vendrían en poco tiempo, atraídos por el sonido de los disparos. Pasé rápidamente por encima de ellos, observé al aterrado chico que había visto previamente por la mirilla de la puerta, aplastado contra uno de los contenedores. Golpeé la entrada en una combinación que sólo mi hermana y mi amiga conocían. Mientras ellas arrastraban al joven dentro de la casa, comencé a investigar las pertenencias de mis víctimas. Ambos llevaban unas billeteras de cuero sencillas, y la figura más pequeña, que resultó ser una chica, llevaba su teléfono encima. Tenía pensado arrojar los cuerpos a los contenedores de basura, para que no los encontraran tan fácilmente, pero descarté rápidamente la idea: se trataba de dos personas de más de sesenta kilogramos cada uno. Me sería imposible alzarlos y echarlos yo sólo, y no pensaba pedirle ayuda a Serena, y menos a mi hermana Lillie. Me puse de pie para recoger el teléfono que estaba tirado en el piso, cuando la joven salió del departamento.

Era una chica de 16 años, tan solo un año menor que yo. Tenía el pelo castaño largo recogido en una coleta, y los ojos azules como dos pedazos de cielo. Sin embargo, esos ojos se encontraban desorbitados de terror. E inmediatamente me di cuenta que el origen de su miedo era yo, ya que me encontraba parado con un revólver en las manos entre dos personas muertas. No había contado con que una de las dos saliera; agradecí infinitamente que no fuera mi hermana, sin embargo...

La joven retrocedió sin decir una palabra, trastabilló, y su cabeza impactó contra uno de los bordes del contenedor; se quedó inmóvil, al igual que mis víctimas.

—¡Serena!— grité aterrorizado, al ver que la chica no se movía.

Guardé apresuradamente las pertenencias de los militantes en mis bolsillos y me agaché junto a ella. La sacudí por los hombros, intentando despertarla. Fue en vano, se encontraba completamente desmayada por el golpe. No tuve más remedio que arrastrarla adentro de la casa, donde se encontraban mi hermana y el joven de ojos verdes, que se encontraba en estado de shock.

—¿¡Qué le pasó a Serena!?— preguntó mi hermana, alarmada. Tenía un vaso con agua en las manos, y trataba de hacerle tomar un trago a nuestro invitado, sin éxito.

— Está bien, no te preocupes —respondí, intentando ganar tiempo para inventar una excusa. La joven arqueó las cejas. —Sólo está inconsciente, parece que la presión del momento pudo con ella —completé intentando parecer seguro.

—Si tú lo dices...
—comenzó a decir su hermana, pero se interrumpió, y sus ojos se abrieron de golpe— Ash, ¿¡ESO DE AHÍ ES SANGRE!?— gritó con voz chillona, y no supe que excusa inventar. Era hora de decirle todo.

— Muy bien, Lillie: es hora de contarte la verdad —suspiré resignado. —Pero primero, ayúdame a despertar a Serena.
CAPÍTULO 4: El Prototipo de la Fundación

Lillie

—Está bien, Lillie: es hora de contarte la verdad —dijo Ash con aspecto de derrotado—. Pero primero, ayúdame a despertar a Serena.

—Eso va a ser muy simple —repliqué, sonriendo forzosamente; la verdad me encontraba bastante preocupada por aquellas manchas rojas que Serena tenía en las piernas. Me acerqué a mi amiga, y sin dudarlo, le vacié el vaso de agua fresca que llevaba en las manos en la cara.

La joven abrió los ojos inmediatamente: parpadeó un par de veces, aturdida, y miró hacia arriba, sólo para encontrar una preocupada expresión en el rostro de mi hermano. Sin embargo, algo raro sucedía con ella: su respiración comenzó a agitarse, y los ojos se le abrieron de par en par, en una expresión de terror. Serena tenía la misma cara que nuestro desconocido inquilino de cabellos en punta: ¿Qué rayos había sucedido ahí afuera?

Me acerqué decidida hacia la puerta que daba al callejón, curiosa por saber qué le resultaba a todos tan espeluznante, pero justo en el momento en el que estiraba la mano para abrir el picaporte, aquel extraño joven se interpuso, con los brazos extendidos, impidiéndome el paso.

—Créeme, no quieres ver lo que hay ahí fuera— dijo con voz cautelosa.

Apenas alcancé a oírlo, sin embargo, pues Serena había comenzado a chillar de una manera horrible, como si la estuviesen torturando cruelmente. Al darme la vuelta, observé con sorpresa como ambos forcejeaban de una manera un tanto peligrosa: la chica intentaba zafarse de los brazos de mi hermano, sin parar de gritar, mientras que Ash hacía grandes esfuerzos por amortiguar sus gritos con un brazo y al mismo tiempo evitar que se le escurriera por la única extremidad que le quedaba libre.

Súbitamente, con un veloz movimiento de la pierna, mi hermano le hizo una zancadilla a su amiga, y ambos cayeron al piso. La inmovilizó colocándole una mano descaradamente entre los pechos, le tapó la boca con la otra mano y le susurró algo al oído, que no alcancé a oír.

Corrí hacia ambos con intención de separarlos, y embestí a Ash con todo mi cuerpo, quién no vio venir el golpe y salió rodando por el piso. Me acerqué a Serena e intenté tranquilizarla. Ella abrió la boca, dispuesta a seguir gritando y despertar a todo el vecindario; sin embargo al enfocar con sus ojos azules los míos enmudeció, y poco a poco comenzó a calmarse.

—¿Te encuentras mejor?— le pregunté al cabo de un minuto, aproximadamente. Ella asintió, temblorosa. La ayudé a levantarse, y la senté en el desvencijado sillón. Ash se mantuvo lejos, cerca de la pared derrumbada: al parecer no quería acercarse demasiado, por si se ponía a gritar de nuevo. En cuanto al chico desconocido, seguía obstaculizando la salida. Eso me hizo recordar lo que había dicho.

—¿Qué se supone que hay allí afuera, que no debo ver? —le espeté, un poco molesta. Al fin y al cabo, ni siquiera era su casa.

—Nada —respondieron al unísono los tres, y acto seguido se produjo un silencio incómodo. Miré furiosa a mi hermano, justo a tiempo para ver cómo trataba de esconder un objeto destellante detrás de él. Su pistola.

Comencé a atar cabos rápidamente: el arma de fuego, las voces desde afuera, los disparos, la sangre y las expresiones de horror en todos, excepto en él.

—Ash, me prometiste que me ibas a contar todo —le dije, muy seria. —Dime que acabas de hacer, ahora mismo.

Mi hermano se deslizó por la pared, se sentó en el piso y se pasó las manos por la cabeza, con una expresión de consternación en el rostro. Respiró profundamente un par de veces y entonces comenzó a hablar: contó cómo un grupo de gente misteriosa, llamada "Team Skull" secuestró a sus amigos, y cómo ambos habían logrado escapar de milagro, sin poder hacer nada por ellos. Serena se cubrió la cara con las manos y comenzó a sollozar en silencio, corroborando la historia de mi hermano.

—...y entonces hoy, reconocí esas voces en el callejón —continuó Ash. Su voz tenía un dejo de arrepentimiento. —Eran ellos, Serena, no tengo ninguna duda. La justicia ya no existe en esta ciudad. Tenía que vengarme, por nuestros amigos —añadió, mirando fijamente a la chica, con los ojos brillantes. Ella asintió, mientras las lágrimas se le escurrían por los dedos. Me senté junto a ella, y le pasé un brazo por los hombros, para confortarla.

Así que eso es lo que nadie quería que viera, a unos escasos tres metros de nosotros, y separados por aquella vieja pared de ladrillos vistos. Reprimí un escalofrío, y toda mi curiosidad por verlos desapareció de golpe, al recordar los gritos y la expresión de horror de mi amiga.

Repentinamente, una gran duda me asaltó: ¿Qué teníamos a hacer con los dos cuerpos? ¿Íbamos a dejar que se pudran en la calle? ¿O quizá debíamos enterrarlos? La sola idea de ello me produjo náuseas.

—Sé lo que estás pensando— me dijo mi hermano—. No te preocupes, sus compañeros se encargarán de llevárselos. Son un grupo muy unido: no van a permitir que nadie los encuentre, se armaría un escándalo—. Dicho esto, sacó varias cosas de sus bolsillos—. Revísalas— me dijo, y me lanzó dos objetos.

Se trataba de dos billeteras, viejas y mojadas. Abrí la primera, y saqué dos objetos: el primero era una pequeña fotografía de una chica de pelo azul y nariz pequeña, de unos veinte años; el segundo era una especie de tarjeta de negocios, con un símbolo extraño impreso en el centro y una leyenda debajo. "Team Skull: ¿Qué rayos estás mirando?", citaba la tarjeta. Aparte de muy poco de dinero, no había nada más.

En cambio, la segunda billetera estaba a rebosar de efectivo: me sentía bastante mal por andar revisando las pertenencias de gente muerta, pero mi curiosidad era aún superior. Al revisarla más detenidamente encontré una tarjeta de identificación: el nombre del dueño había sido tachado con un marcador negro, y era imposible leerlo. Mientras intentaba descifrar su nombre colocándolo al resplandor que emitía el viejo televisor, escuché un chasquido proveniente de la zona en la que Ash se encontraba.

Me di la vuelta en el sillón para ver que hacía: tenía dos teléfonos en las manos, ninguno de los cuales era el suyo. Estaba retirando el chip de ambos equipos, para que no pudieran recibir llamadas ni ser rastreados. Al ver que lo observaba, encendió la pantalla de uno, y lo giró hacia mí: la pantalla pedía un código de desbloqueo: era imposible acceder a él. Chasqueé la lengua, y volví a girarme. Sin embargo, al darme vuelta, mi mirada se cruzó con la de Serena: me miró fijamente, con los ojos un poco enrojecidos por el llanto, e hizo un gesto con la cabeza, hacia el callejón: aquella menuda figura seguía plantada en frente de la puerta, y tenía los brazos cruzados en un gesto de no saber muy bien qué hacer.

— Espera, creo que nos ha quedado un cabo suelto, hermanito— le dije, poniéndome de pie con cierta cautela, y haciendo énfasis en la última palabra. El chico arqueó las cejas—. ¿Quién demonios es él, y por qué nos hiciste meterlo dentro de la casa?— pregunté, señalando al extraño chico.

— Es verdad, hermanita— dijo Ash, usando el mismo tono de voz, y se incorporó del suelo. —Ya que acabo de salvarte la vida, creo que deberías explicarnos por qué te perseguían esos sujetos —lo increpó, con un tono de voz quizá demasiado hostil.

El joven retrocedió un poco, y se mordió el labio inferior, dudando si realmente podría confiar en nosotros. Luego de un tenso silencio, se llevó una mano a la cintura, y sacó un pequeño objeto redondo que llevaba adherido al cinturón.

—Me perseguían por esto— dijo con seriedad, mostrándoselo a Ash. Estiré el cuello para ver qué era. Se trataba de una diminuta esfera bicolor, hecha de un material similar al plástico, del tamaño de una canica grande, y con una especie de botón en el medio. El chico lo apretó, y la esfera se agrandó hasta alcanzar un tamaño un poco más grande que una pelota de tenis—. Esto es el prototipo inicial de la Fundación Aether: su nombre es "Pokéball".
CAPÍTULO 5: Una ventana al pasado

Gladion

— Esto es el prototipo inicial de la Fundación Aether: su nombre es "Pokéball"— completé, muy seriamente.

Muy en el fondo, dudaba si realmente podía confiar en estas tres personas: sin embargo, me encontraba en deuda con ellos por haberme salvado la vida, así que había decidido contarles la verdad.

— ¿Eso que portas es un arma, o algo así?— preguntó el joven de ojos castaños y, para mi sorpresa, dio un paso hacia atrás y se llevó la mano izquierda a sus bolsillos. Sin embargo, no encontró nada: había dejado tirado su revólver a unos cinco metros, mientras trataba de esconderlo de su hermana.

—¡No, no es un arma! No pienso hacerles daño, y aunque quisiera, no tengo la más remota idea de cómo hacerla funcionar— dije apresuradamente, con intención de tranquilizarlos: no quería terminar como mis desafortunados perseguidores.

Repentinamente, aquella chica alta de ojos azules se paró rápidamente sobre el sillón, colocó las dos manos sobre el respaldo del mismo, y dio una voltereta. Cayó elegantemente sobre el suelo, y con un pie pisó el arma; el chico se quedó pasmado frente a la sorprendente velocidad de su amiga.

—No más armas, Ash— dijo secamente. Para sorpresa de todos, el joven soltó una carcajada.

— Maldigo el día en el que decidiste ser artista… de lo que sea que eras— replicó dubitativamente—. Está bien, no más armas. Entonces...— añadió, mirándome con recelo —...si eso no es un arma, ¿para qué sirve?

—Para guardar Pokémon— dijo rápidamente la jovencita de ojos verdes, con voz excitada, antes de que pudiera abrir la boca. Su hermano la miró extrañado, con una ceja arqueada.

—¿Tú sabes cómo funciona? ¿Y qué rayos es un Pokémon? —dijo con sorpresa.

Lillie se paró, temblando de emoción, y cruzó la pared destrozada, en dirección al comedor. Reapareció unos segundos después, con una fotografía en las manos. Parecía antigua, a juzgar por el color amarillento de la misma.

—Parece un animal de peluche, pero es bastante feo para serlo— dijo el joven de pelos azabaches, observándola con el ceño fruncido— ¿Dónde has encontrado esta foto, Lillie? —agregó, un poco desconcertado.

La encontré hace unos días aquí mismo, juntando polvo en una de las mesas de noche —respondió Lillie, mientras se acercaba a Ash y señalaba detrás de la fotografía. Él la dio vuelta con un sencillo giro de la muñeca y entrecerró los ojos para leer lo que estaba escrito detrás de ella. Serena se acercó con curiosidad, e hizo lo mismo: sin embargo aún pisaba con fuerza el revólver con cierta desconfianza.

"Gracias por todo, Wimpod. ¡Eres mi Pokémon favorito! – G, 12/5/2002"— citó Ash, y al voltear la imagen nuevamente, una mirada seria se dibujó en el rostro de ambos, que se miraron y asintieron— Estoy comenzando a pensar que lo que nos estás contando son patrañas— dijo con enojo.

—Pienso lo mismo— añadió la tal Serena, a su lado— ¿Cómo podemos estar tan seguros de que no has dejado ésta foto a propósito, para tendernos una trampa? — dijo con escepticismo, tomando la foto y apuntándola hacia mi cara.

En la imagen podía verse un jovencito de no más de diez años, de pelo negro corto y sujetando el supuesto Wimpod entre sus brazos, que lo miraba con adoración. El chico parecía maltratado.

—Incluso a mí me pareció difícil de creer al principio...— suspiré, antes de que sacaran conclusiones erróneas—...pero realmente funcionan: he visto a varios trabajadores de la Fundación Aether sacar de ellas unos perros y gatos que no había visto en mi vida: al parecer son las especies de Pokémon más dóciles, mas no es tarea simple controlarlos. Muchas veces atacan a sus dueños, e incluso se rehúsan a regresar a los prototipos— completé, intentando parecer informado y así convencerlos.

Al parecer no tuve mucho éxito en mi objetivo. Los dos jóvenes intercambiaron miradas nuevamente, y con horror observé como el chico comenzaba a agacharse lentamente para recoger su pistola. Pero antes de alcanzarla, la chica de ojos verdes se colocó a mi lado, y se dirigió a su hermano.

—Pues yo creo que él dice la verdad— dijo, defendiéndome, y sentí un alivio increíble recorrer mi cuerpo: al menos alguien me creía—. Quizá debido a todo lo que está pasando estés un poco desinformado, pero yo, encerrada en esta casa todo el día, sola y con un televisor viejo, estoy al tanto de todo lo que sucede en la ciudad— prosiguió, y me dirigió una sonrisa tranquilizadora— Su historia concuerda con los rumores de que la Fundación Aether está utilizando animales en sus experimentos: incluso ha habido manifestaciones en contra del maltrato animal, y creen que intentan desarrollar nuevas especies.

—Es verdad, ahora que lo mencionas, yo también he escuchado esas historias— dijo su amiga a su lado— Además, si lo piensas detenidamente, es lo único fuera de lo normal que lleva encima. Quizá es algo demasiado importante como para que el Team Skull lo esté persiguiendo...—agregó dubitativamente.

Serena, luego de pensarlo unos segundos, pateó el arma que tenía a sus pies, a escasos centímetros de las manos de su amigo, en dirección al comedor: la misma se deslizó unos diez metros, atravesó la sala completa y terminó debajo del refrigerador, fuera del alcance de todos. El chico soltó una maldición.

¡Está bien!— gritó mientras se reincorporaba. —Supongamos por un momento que lo que dices es cierto. ¿Cómo un chico de no más de quince años termina con algo tan valioso en su poder? ¿Acaso la robaste?— me preguntó acusadoramente.

Dieciséis, para tu información y no, no la robé. La gente de la fundación me la otorgó, a mí y a otros cinco reclutas, todos amigos míos— les expliqué, sintiendo un pinchazo de dolor al pensar en dónde estaría Hau ahora mismo. Formábamos parte del nuevo pelotón de los Salvadores de Aether: un grupo de gente que pretenden luchar contra la tiranía impuesta por el actual gobierno de Guzma, para tomar ellos el poder.

—Eso no los hace mejores. Si ustedes logran derrocarlos, se convertirían en unos tiranos, como ellos— replicó el joven, con los ojos castaños centelleantes.

Quizás sí, pero nuestros métodos de actuar son mucho menos violentos que los de ellos— le respondí seriamente— Básicamente, nuestro objetivo es unir a más y más gente a nuestra causa, con las promesas de democracia, igualdad y prosperidad para la sociedad. ¿Por qué los de arriba tienen que elegir quiénes son los que estarán al poder en esta ciudad, como al gobernador Faba? ¿Por qué es necesario recurrir a un golpe de estado y a la violencia para tomar su lugar, como hizo Guzma? Los ciudadanos de Aether deberían poder elegir a sus representantes, y eso es lo que Los Salvadores buscamos.

Al parecer mis palabras tuvieron un leve impacto, ya que se hizo un silencio en la sala, un tanto incómodo. Ash se acercó a su amiga, y se pusieron a cuchichear un buen rato. Luego de unos tensos segundos, que se me hicieron interminables, el chico emitió su veredicto.

—Está bien— comenzó a decir, luego de soltar un largo suspiro —Si la historia que nos estás contando, y a juzgar por la forma en la que mi hermana te defiende, es verídica, confiaremos en ti. ¿Qué planeas hacer ahora? ¿Tienes algún lugar a donde ir? Podemos mantenerte en esta casa un par de días: después del alboroto que ocasionamos, lo ideal sería que desaparezcas por un tiempo, hasta que las cosas se calmen y dejen de buscarte. Al fin y al cabo, lo más probable es que piensen que tú acabaste con ellos— dijo, haciendo un gesto con la cabeza hacia el callejón. —Y hablando de "ellos"...

El joven de pelo azabache atravesó la sala, y observó durante unos momentos la mirilla de la pequeña puerta de madera, con el semblante serio. Rápidamente sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa: los cuerpos ya no estaban.

—¡Oh, espera un momento!— saltó la chica de pelo rubio, alarmada— ¡Aún no nos has dicho siquiera cómo te llamas! —añadió, con una sonrisa.

—Mi nombre es Gladion, y es todo lo que necesitan saber —dije con seriedad —. Ya saben: en el estado en el que se encuentra la ciudad, ya es suficientemente peligroso decirles mi nombre de pila.

—¡Gladion! Yo soy Lillie. ¡Encantada de conocerte! —replicó la rubia, sonriendo y extendiéndome la mano.

Se la estreché con un poco de incomodidad, sintiendo las miradas de Ash y Serena clavadas en mi nuca. Sin embargo, en el momento en que mis ojos se encontraron con los de Lillie, una extraña sensación electrizante me recorrió desde la cabeza hasta la punta de los pies.

¿Acaso… nos habíamos conocido anteriormente?
CAPÍTULO 6: Ningún lugar es seguro

Serena

—¿Puedes ayudarme con el desayuno? —me llamó Ash desde el otro lado de la pared derrumbada.

La verdad era que esa pared comunicaba dos apartamentos completamente diferentes de la planta baja del edificio en el que vivíamos. Sin embargo, dado que la casa contigua a la nuestra estaba completamente abandonada, Ash decidió tirarla abajo para tener más espacio para los tres. No lo consideramos un allanamiento ni nada por el estilo: la casa llevaba sin dueño desde me mudé allí, y habíamos escuchado a varios vecinos discutir sobre el mal estado en el que ésta se encontraba y que existían varios problemas judiciales que no permitían que nadie viva en ese lugar.

De esta forma, decidimos instalar en el salón principal de la segunda casa nuestra sala de estar, mientras que en nuestra casa original reacomodamos la cocina y el comedor. En cuanto a las habitaciones, colocamos tres camas individuales apretujadas en una de ellas, y las demás las dejamos libres; dormir juntos me transmitía una mayor sensación de seguridad al saber que tanto Ash como Lillie estaban a mi lado.

Entré en la cocina en la que mi amigo se encontraba calentando agua para el café; me senté en una de las banquetas altas a su lado y me pasé ambas manos por el pelo, intentando desperezarme. Al ver que aún tenía aquellas manchas rojas en las piernas me sentí asqueada; Ash pareció notarlo por mi expresión, ya que suspiró un poco, mojó un trapo con agua tibia, se arrodilló a mi lado y me las lavó. Se me erizó la piel al sentir el contacto del húmedo material, sin embargo no me moví: esperé hasta que mi piel quedó suave y brillante, y me sorprendí al ver que no estaba lastimada en absoluto.

Estaba a punto de preguntarle a Ash si veía alguna herida, cuando éste se paró de golpe, con su cara a escasos centímetros de la mía. Me ruboricé un poco, y quise echarme hacia atrás, sin embargo mi espalda golpeó contra la mesa del desayunador. Sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo cuando se acercó a mi oreja izquierda, que se puso roja como un tomate.

— ¿Vamos a dejarlo con Lillie mientras hacemos las compras del mes?— me susurró con preocupación.

Maldita sea, sólo quería hablar del chico nuevo, que se encontraba en ese momento en la sala charlando amistosamente con la rubia. Un poco malhumorada, y sintiendo cómo rápidamente se me bajaban los humos del momento, lo sujeté de los hombros y lo empujé un poco hacia atrás, con seguridad.

— No creo que tengas muchas alternativas. Tú no vas a ir solo; yo no pienso quedarme aquí con la duda de saber si vas a regresar a salvo o no. El chico no va a salir de la casa, y a Lillie no la has dejado salir ni a la calle durante casi un mes— le dije secamente— Quédate tranquilo, confío en él; y si tanto te preocupa la seguridad de tu hermanita, déjale tu revólver en caso de emergencias, aunque no creo que ella vaya a usarlo jamás— añadí con un poco de fastidio, y salí de la cocina.

El chico se quedó parado, un poco aturdido por mi reacción, pero no me importó mucho. Me dirigí a las habitaciones, cerré la puerta con llave y me cambié de ropa: no era mi costumbre quedarme dormida con la ropa de calle, pero la película de anoche era terriblemente aburrida. Salí luego de unos minutos, me acicalé tranquilamente en uno de los baños, y regresé al comedor, donde ya se encontraban los tres sentados, desayunando. Luego de una, un tanto silenciosa comida, Ash llamó en privado desde la sala al joven de ojos verdes, y se pusieron a conversar en voz baja; así que aproveché ese tiempo para hablar con Lillie.

— ¿Sabes qué día es hoy?— le pregunté despreocupadamente.

— Sí— me respondió un tanto decaída— Hoy es primero de mes. Les toca hacer las compras, lo que significa que voy a estar aquí encerrada todo el día...— se interrumpió, y sus ojos verdosos se desviaron rápidamente hacia el par, que conversaban en el sillón — Espera, ¿por eso están hablando esos dos, verdad? Gladion se va a quedar aquí todo el día también. ¿No se lo van a llevar con ustedes, qué pasaría si lo reconocen?

—Eso es exactamente lo mismo que estoy pensando— le repliqué guiñándole un ojo, mientras mordía la punta de mi cucharilla de té y miraba a Ash expectante, que cruzado de brazos conversaba muy seriamente con el rubio— No parece alguien peligroso, y aparte es un chico bastante flacucho: yo creo que incluso tú le ganarías en una pelea— añadí riendo.

— ¿Oh?— susurró Lillie, entrecerrando los ojos y sonriendo con picardía— ¿Acaso le has dicho algo a mi hermanito para que cambie de opinión con lo de no dejar entrar a nadie? ¿O quizás has hecho algo? ¿Hace cuánto tiempo me habías dicho que se conocen, de todas formas?

— ¡Nunca te lo he dicho! —exclamé, sintiendo como las orejas comenzaban a arderme nuevamente— ¡Y yo no he hecho nada, en t-todo caso p-pregúntale a él! —añadí, pensando inmediatamente en el momento que habíamos tenido en la cocina hace unos minutos, mientras Lillie se limitaba a sonreír, mofándose de mí. A juzgar por su mirada y el súbito cambio de tema, estaba más que claro que nos había estado observando todo el tiempo.

El bochorno que me estaba haciendo pasar la rubia se vio interrumpido cuando los chicos, terminada su plática, regresaron al comedor. Ash se encontraba serio y preocupado; mientras que a Gladion se lo veía un poco nervioso

—Muy bien. Tenemos que hacer las compras del mes, Lillie— dijo el joven seriamente— Te quedarás aquí con “Gladio”, o como sea que te llames. Recuerda las reglas: no salir, no abrir la puerta, no atender el teléfono. ¿Entendido?

—Entendido— dijeron al unísono los dos jóvenes, Gladion con un poco de recelo. Claramente no le gustaba que Ash le diera órdenes, aunque quizás el hecho de que éste le hubiera salvado la vida hace no más de una hora lo mantenía callado y obediente.

—De acuerdo, entonces vamos— dijo, dirigiéndose a mí esta vez. Agarró las llaves, su billetera y su teléfono, y salimos al exterior. Sin embargo, antes de cerrar la puerta a mis espaldas, le dijo a Gladion una última frase, que por más que no quisiera, me puso un tanto celosa.

—Cuídala, es la única familia que me queda.

Lillie

— ¡Somos libres!— bromeé alegremente. El chico sonrió un poco: aún parecía un poco receloso de mí, así que me senté a su lado y le di unas palmadas amistosas en la espalda— ¿Quieres ver la televisión? O también tenemos un portátil, podemos ver algo en internet— le dije; sin embargo, al escuchar la palabra "portátil", los ojos se le iluminaron.

—¿Por qué no me dijiste que tenías un portátil?— me dijo con los ojos abiertos de sorpresa; yo me crucé de brazos sin saber qué responderle— Soy bueno con estas cosas, aunque no lo parezca. Quizá incluso podamos liberar estos teléfonos— afirmó, mirando los equipos con curiosidad.

Colocamos el portátil, los dos teléfonos y un cable USB que tomamos prestado del cargador del teléfono de mi hermano y nos pusimos manos a la obra, sin embargo pasados varios minutos en silencio, me di cuenta que no iba a ser una tarea precisamente sencilla. Estuvimos muy atareados con el trabajo que habíamos decidido hacer, pero al parecer el Gladion era una especie de fanático de la tecnología y se encargó de borrar los datos de los teléfonos, recuperar los números y desbloquear las pantallas para que puedan utilizarse de nuevo. Quedé fascinada ante la facilidad con la que parecía encontrar los programas adecuados para realizar el trabajo, que parecía increíblemente difícil de hacer para alguien que no tenía la más mínima idea de computación.

—¡Increíble trabajo!— lo felicité, dándole nuevamente unas palmadas en la espalda— ¿Dónde aprendiste a hacer todo eso?— le pregunté con curiosidad.

—Mi tía Lusamine me enseñó a hacerlo, pero nunca lo había logrado sin su ayuda. Ella es la...— comenzó a decir, sin embargo dejó la frase en el aire, y soltó una risa forzada— Quiero decir, es una especie de as en la tecnología— completó evasivamente.

Como sea, habíamos estado un buen tiempo para arreglar los equipos. Miré la hora en uno de ellos: eran pasadas las doce del mediodía. Según mis cálculos, Serena y Ash deberían estar de regreso cerca de las tres de la tarde, acompañados de dos docenas de bolsas de la compra. Me rugía el estómago del hambre, así que le propuse a Gladion preparar el almuerzo, y cocinamos unas hamburguesas que quedaban en el refrigerador. Era una de las pocas comidas que sabía hacer, y afortunadamente las cociné al punto.

— ¡Están riquísimas!— dijo el chico, con la boca llena— Supongo que en el futuro tendré que pagarte por el alojamiento y la comida, pero ahora mismo no tengo dinero: al parecer se me cayó la billetera anoche, en la persecución —completó, y un escalofrío le recorrió el cuerpo.

— Es cierto, probablemente no has dormido en toda la noche— dije un poco preocupada— Si quieres puedes recostarte un par de horas: hay un par de habitaciones vacías por allí— le ofrecí, señalando la pequeña habitación al fondo de la sala de estar

— No te preocupes, no tengo sueño— respondió forzando una sonrisa— Preferiría ver un rato la televisión: nunca creí que me interesarían tanto las noticias hasta después del golpe de estado— añadió, y su ceño se frunció un poco.

Terminamos de comer, y nos recostamos en el sillón a ver el noticiero de la tarde. Luego de escuchar las noticias principales, en las que destacaban las de un accidente múltiple de automóvil entre los que, por suerte, no se encontraba mi hermano, y la inauguración de una nueva plaza a unas diez cuadras de donde estábamos, comencé a escuchar la respiración lenta y acompasada de Gladion, que se había quedado dormido. Bajé el volumen del viejo televisor, y, poco a poco, el sueño comenzó a apoderarse de mí también.

No sabía ni cuánto tiempo había pasado cuando un golpe terrible se escuchó en toda la casa. Ambos nos despertamos sobresaltados, e identificamos rápidamente el origen del sonido: alguien trataba de tirar abajo la puerta que daba al callejón.

—¡Sabemos que estás ahí dentro, chico!— gritó una voz desde afuera, y ahogué un grito— ¡No nos hagas tirar la puerta abajo!

Me paré de golpe, y comencé a corretear frenéticamente por la sala, sin saber qué hacer. Mis ojos pasaron de los teléfonos recién arreglados, al arma que aún se encontraba debajo del refrigerador, y finalmente al chico de ojos verdes, que trataba de empujar con todas sus fuerzas el sillón hacia la puerta. Reaccioné rápidamente, y juntos lo movimos hasta barricar completamente la entrada.

Un torbellino de preguntas se arremolinó en mi mente: ¿Cuál sería nuestro siguiente paso? Buscar el revólver nos llevaría mucho tiempo: lo ideal sería escapar de ahí lo antes posible. Y por otra parte, ¿Cómo rayos sabían que Gladion estaba aquí dentro? Lo pensé unos segundos, y la adrenalina del momento me dio la respuesta: mi hermano arrastrando a Serena, y las manchas de sangre en sus piernas. Que estúpidos, como no pensamos en ello: ¡Habíamos dejado un rastro evidente que indicaba aquí dentro!

— ¿Cuántas salidas tiene esta casa?— la pregunta de Gladion me sacó de mis pensamientos.

— Tres: la del callejón y las dos de entrada— respondí en voz baja, y de golpe, una luz se encendió en mi cabeza— ¡El techo! ¡Huyamos por los tejados, como hizo mi hermano aquella vez!

Agarré los teléfonos y los metí apresuradamente en la mochila donde guardaba el portátil, que había dejado tirada en la sala. Gladion metió el portátil mismo, se puso la mochila en la espalda y comenzó a seguirme en dirección a la salida; sin embargo, con el apuro por escaparme me resbalé con un objeto pequeño: la fotografía antigua. La tomé sin pensarlo demasiado, y juntos corrimos hacia una pequeña habitación que hacía la función de lavadero, en la que se encontraban empotradas unas pequeñas escalerillas de mano. Las trepé velozmente, golpeé la portezuela de madera que daba al tejado, que se abrió con un chasquido y subí al tejado.

Ayudé rápidamente a subir a Gladion, y comenzamos a saltar los tejados blancos que nos cegaban por la fuerte luz del sol: por la altura en la que éste se encontraba, debía de ser la hora de la siesta, probablemente el horario más tranquilo un día domingo, y el momento ideal para allanar una casa, mientras todos descansaban apaciblemente en sus casas. Luego de correr y saltar frenéticamente durante unos cinco minutos y agradeciendo que los callejones fueran tan angostos y nos permitieran saltar calles completas, nos escondimos en una especie de casucha de ladrillos, que protegía las cañerías del depósito de agua del sol y el calor.

— ¿Y ahora qué hacemos?— le pregunté, respirando agitadamente— Déjame llamar a mi hermano, no puede llegar mientras ellos siguen allí.

—Tranqulízate, Lillie— dijo el chico— Los teléfonos no tienen crédito para llamar, ya que también cambié los números. La única opción... —comenzó a decir, con muchas dudas— Es ir a casa de mi tía. Ella sabrá que hacer.

—¿Tu tía? ¿La loca de la tecnología?— dije con incredulidad. ¿Cómo rayos iba a ayudarnos a librarnos de un grupo de militantes?

—No sólo eso— dijo Gladion, apretando los puños con cierto resentimiento. —Mi tía, Lusamine, es la presidente de la Fundación Aether.
CAPÍTULO 7: La Presidenta de la Fundación Aether

Gladion

Mi tía, Lusamine, era una mujer bella y extravagante, aunque siempre me pareció un poco rara. Ella misma fue la que me contó, hace ya largo tiempo, como había abandonado la pequeña ciudad de Aether luego de terminar su carrera universitaria en búsqueda de una mejor calidad de vida en el extranjero.

Luego de pasar por numerosos trabajos temporales, ninguno de los cuales supo satisfacer su sed de conocimientos, conoció a un
grupo de jóvenes estudiantes que pretendían crear una empresa de tecnología, con productos e invenciones innovadoras que ellos mismos desarrollarían.

Motivada por la forma de pensar de aquellos jóvenes, y viendo una excelente oportunidad de trabajo en su pequeña ciudad natal, decidió tomar la decisión más importante de su vida: regresó a Aether, se endeudó hasta las nubes y convenció a aquellos jóvenes de
conformar la empresa de sus sueños.

Así nació la Fundación Aether, la causa principal del desmesurado crecimiento de nuestra pequeña ciudad en los últimos quince años. El proyecto fue un éxito, y al ser mi tía la única dueña de la empresa, logró un beneficio económico exagerado. Numerosas empresas fabricantes de insumos electrónicos se instalaron en la ciudad también, formando así un pequeño monopolio tecnológico que alcanzó un gran poder no sólo a nivel económico,
sino también político.

Al ser la principal empresa de la ciudad y una de las mayores fuentes de ingresos del gobierno, era capaz de obtener los beneficios que ella quería, retrasar las leyes que no quería que fueran aprobadas, y evitar los castigos que realmente merecía por la contaminación que generaban sus fábricas.

Rápidamente,
Lusamine se fue convirtiendo en una mujer poderosa y temible. Tenía toda la ciudad a sus pies, y lograba toda meta que se proponía. Sin embargo, luego del golpe de estado y la destitución del gobernador Faba, un hombre que ella había designado junto a sus ayudantes, una nueva idea surgió por su mente: si ella se hacía cargo del problema civil de Aether y lograba instalar una democracia con el apoyo de la gente, sería vista como una heroína, e incluso podría llegar a convertirse en la gobernadora.

Así fue como comenzó a tomar nuevos reclutas para tomar control de la ciudad y ponerla de su lado. Y así fue como nacieron
los nuevos prototipos, las Pokéballs. Eran la nueva generación de armas biológicas: tener la capacidad de convocar a criaturas con poderes elementales y hacerlos batallar a tu lado era una oportunidad demasiado increíble como para pasarla por alto.

Nadie conocía de dónde Lusamine había sacado la idea de los “Pokémon” precisamente, pero los había a centenas: grandes, chicos, fuertes, lindos… de todos los tipos y tamaños que pudieran existir. No existía ningún tipo de información sobre ellos hasta que la Fundación Aether los creó, así que no hubo más remedio que aceptar que la creatividad de Lusamine y sus ayudantes era simplemente magnífica.

Sin embargo, pensé mientras seguía recostado recuperando el aire después de la frenética huida, mi Pokéball no funcionaba. Me la desenganché del cinturón y la giré entre mis dedos. ¿Qué es lo que debía hacer, cuál era la clave para abrir ese artefacto? La voz de Lillie me sacó de mis pensamientos.

—Entonces, ¿cómo encontramos a tu tía?— me preguntó, un tanto confusa.

—Ella vive actualmente en el Palacio Iolani— le contesté con seguridad— Sí, ya sé lo que estás pensando. Esa construcción es un museo de arte, pero antes solía ser una vivienda como cualquier otra. Deberíamos dirigirnos allí.

Tenía mis dudas. No había hablado con mi tía desde que era pequeño, pues al estar tan atareada con la fundación jamás había tenido mucho tiempo para cuidarme: quizás incluso no fuera capaz de reconocerme con el pasar del tiempo. Por otra parte, nos sería imposible colarnos en aquella propiedad: siendo alguien tan importante como mi tía, la seguridad allí debe ser una locura. Jamás dejarían que un intruso entre en ese lugar como si nada: nos atraparían en cuestión de segundos, y la excusa de ser un nuevo recluta de aquella empresa no nos serviría de nada, pues había perdido la billetera con las credenciales en la frenética persecución de la noche pasada.

Mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando Lillie se puso de pie, respiró profundo mirando al Sol y dejó que el viento hiciera revolotear sus cabellos dorados, con los ojos cerrados y una sonrisa de alivio en su rostro. Y entonces lo recordé: aquella joven de pelo castaño, Serena había dicho que Lillie había estado enclaustrada en esa casa durante un mes, debido a los temores de su hermano sobreprotector. Debíamos ir a casa de mi tía urgentemente: todavía me encontraba en deuda con Ash por haberme salvado la vida; llevar a su hermana sana y salva parecía un buen trato a cambio.

Nos pusimos en marcha, bajando de los tejados por una pequeña escalinata de hierro que había cerca de un edificio de apartamentos. El palacio no se encontraba muy lejos, sin embargo saber que nos perseguían
al menos una docena de pandilleros del Team Skull no era algo muy bello en qué pensar. A mi lado, Lillie no parecía preocupada en absoluto: caminaba alegremente por las calles tarareando por lo bajo y sonriendo despreocupadamente. Sin embargo, la tranquilidad no duró mucho: al girar en una esquina, observamos como dos pequeños grupos de personas encapuchadas avanzaban por ambos lados del cruce. No nos quedaba otra alternativa: agarré la mano de Lillie y juntos echamos a correr de vuelta por el callejón en el que veníamos. Segundos después, comenzamos a oír voces y gritos: se acercaban. Nos encontrábamos sólo a unos escasos diez metros del próximo cruce, cuando un tercer grupo nos cortó el paso, acorralándolos.

—Oh no, oh no… —susurré aterrorizado. A mi lado, la rubia se escondió detrás de mí, y me apretó con fuerza el hombro. Giré la cabeza frenéticamente, buscando encontrar una salida, una escapatoria; los edificios a ambos lados eran altísimos, y aquellas personas nos atraparían antes de que hiciéramos un movimiento. ¿Realmente era nuestro fin?

— Parece que al fin te tenemos, chico —dijo uno de ellos. Reconocí aquella voz: era la misma que nos había amenazado en la antigua casa, mientras trataban de echar la puerta abajo. —No te preocupes, aunque no lo sepas, eres alguien bastante valioso tanto para nosotros como para Guzma.

— ¡Oh, pero qué adorable! —Dijo una joven a su lado, riendo con sorna. — ¿Quién es ella, Gladion? ¿Tu novia? —soltó, y varios rieron—. Es una lástima: de seguro mis amigos se divertirán con ella una vez te atrapemos.

Lillie emitió un grito ahogado, y me apretó aún con más fuerza que antes. Me hervía la sangre de rabia e impotencia; podían hacer lo que quisieran conmigo, pero no era justo que Lillie pagara por mis acciones. Pero, ¿Qué podía hacer? Necesitaba comprar un poco más de tiempo, elaborar un plan de huida. Tomé aire, y encaré a la chica que se burlaba de nosotros.

—Pero mira quién habla de relaciones amorosas— comencé, con la voz temblorosa, pero tratando de infundir seguridad. —Si es Plumeria, la chica más fácil de toda la ciudad. Seguro la mitad de tus amiguitos aquí presentes ya se habrán acostado contigo, ¿verdad? —completé. La chica se ruborizó de vergüenza y rabia y algunos de sus compañeros rieron como idiotas, pero fue un momento bastante tenso.

Conocía a Plumeria: era la hija de uno de los ayudantes de Lusamine, por lo que solía juntarse conmigo y los vecinos de los alrededores cuando éramos más chicos. Era un poco más grande que yo, por lo que en el vecindario todos la tratábamos como la hermana mayor del grupo. Sin embargo, había desaparecido hace tiempo; rápidamente corrieron los rumores de que se había unido a las filas del Team Skull. Siempre quise pensar que no era cierto, que ella era demasiado buena para ello, pero al tenerla frente a frente, vestida de blanco y negro y con aquella medalla en forma de “S”, no pude sentir más que decepción.

—Vas a pagar por esto, Gladion. ¿Quién rayos te crees que eres? —dijo con furia la chica, y se llevó una mano a las caderas—. ¡Salazzle! —dijo, arrojando un objeto al aire.

Así que ella tenía una Pokéball. ¿De dónde rayos la habría sacado? Observamos aterrorizados como el pequeño objeto que había lanzado se abría por la mitad, y de él salía una especie de destello rojo, que se materializó en frente de nosotros. Una criatura bípeda de color negro y de aspecto venenoso comenzó a deslizarse amenazadoramente hacia nuestra dirección, sacando su lengua bípeda de vez en cuando. Retrocedimos rápidamente, sin embargo ambos grupos a nuestros lados comenzaron a cerrarse, hasta dejarnos a unos escasos cinco metros del Pokémon.

—Tenemos órdenes específicas de no hacerte ningún daño, pero no escuchamos ninguna regla acerca de divertirnos con tus amigos. Veremos si dejas tu actitud arrogante cuando mi Pokémon se coma a tu amiga— dijo con malicia. Sus amigos se quedaron plantados, sin saber muy bien qué hacer.

Me puse entre mi amiga y el Pokémon Salamandra, tratando de protegerla. Sin embargo, luego de una simple orden por parte de Plumeria, el feroz Salazzle se lanzó sobre mí, y me embistió con la cola a la altura del pecho, cortándome la respiración y con tal fuerza que el Pokémon salió despedido contra la pared Se deslizó reptando hacia el piso y esta vez encaró a mi amiga, soltando un grito agudo que resonó en todo el callejón.

—¡Salazzle, usa Cola Dragón en esa estúpida niña! —gritó sin compasión señalando a Lillie, que cerró los ojos y se cubrió la cara con los brazos. La criatura saltó.

—¡Nooooo!

Súbitamente, un destello rojo, similar al que había salido de la Pokéball de Plumeria, iluminó mi cuerpo, y otra criatura interceptó al Salazzle en el aire, y lo mandó a estrellarse contra la pared contraria. Avanzó rápidamente, golpeó con sus patas delanteras el muro y realizó un giro de ciento ochenta grados, deteniéndose a mi lado a una velocidad espectacular. En la confusión del momento y con la nube de polvo que había levantado la salamandra al chocar, agarré de la cintura a la aterrorizada Lillie y la alcé por encima del Pokémon que había salido de mi esfera. Acto seguido me subí yo también y me sujeté fuertemente de
una especie de collar en forma de cruz que la criatura tenía en el cuello.

Ésta emitió un gruñido de queja, bastante incómoda por llevar encima dos humanos, sin embargo echó a correr rápidamente, en dirección al grupo más pequeño de pandilleros, que se abrió apresuradamente al ver que se les veníamos encima. Cruzamos numerosas calles con el pelo ondeándonos al viento, y observé como la poca gente que había en las calles se quedaba atónita al vernos escapar tan deprisa: algunos intentaban grabarnos con sus teléfonos, pero para el momento en el que lograban encender la grabación, nosotros ya estábamos demasiado lejos.

Súbitamente, mientras atravesábamos una plaza desierta, la criatura se paró en seco, y nos sacudió de encima. Rodamos en el césped bien cortado, sin sufrir ningún golpe. Ayudé a Lillie a pararse, que se encontraba en estado de shock y me acerqué al Pokémon. Parecía una especie de rejunte de varios animales: sus patas delanteras parecían garras, su cola era similar a la de un pez, y una cresta de pelo blanco alcanzaba a asomarse por encima de su cabeza, que estaba oculta por lo que parecía un casco de batalla en cuyo costado alcancé a leer una inscripción tallada a mano.

“Type:Null”

Le di las gracias, sin saber muy bien si entendería el lenguaje humano. El Pokémon se limitó a levantar su pesada cabeza con orgullo, y desapareció en un destello rojo, de regreso a mi esfera. Giré la cabeza hacia los lados, intentando orientarme. Nos encontrábamos en una plaza antigua, cuyo nombre no conocía, la cual poseía una especie de monolitos cuadrados de piedra caliza rodeando una parte central, donde se extendía el césped. En aquellas estructuras se encontraban docenas y docenas de graffitis de queja, que pedían tanto por la búsqueda de personas desaparecidas como por la destrucción de la Fundación Aether. También alcancé a ver algunos que clamaban por la muerte al Team Skull, sin embargo éstas se encontraban tapadas por aerosol negro, y eran muy difíciles de ver.

Mientras Lillie se sentaba en un banco de piedra, intentando recobrar la compostura, trepé una de aquellas piedras enormes, y miré por encima de los árboles hacia el exterior de la plaza. Se encontraba en medio de una rotonda, por la que pasaban muy pocos automóviles, y numerosas calles se ramificaban de ése lugar. Sin embargo, mi corazón se aceleró al ver que, en una de las esquinas, una mansión blanca, enorme se alzaba por encima de los árboles. Tenía varios pisos de altura, y numerosos ventanales podían verse aquí y allá. Por el diseño de la estructura, tenía una arquitectura europea, digna del Siglo XVIII. Se trataba del
palacio Iolani, el hogar de mi tía.

Descendí rápidamente, le conté las buenas noticias a Lillie y juntos nos apresuramos en dirección al palacio. Cruzamos la calle, y comenzamos a rodear el perímetro rodeado de rejas, en busca de una entrada. Aunque lo sospechaba, me sorprendí al ver la seguridad que tenía el lugar. Las rejas tenían más de cuatro metros de altura y se encontraban rematadas en la punta por un conjunto de finos alambres que sin duda, se encontraban electrificados. Por otra parte, al ver al interior del complejo, detecté numerosas cámaras de seguridad ocultas entre las estatuas de decoración exterior y los arbustos ornamentados. Para terminar, había numerosas casetas de vigilancia apostadas por todo el perímetro, todas con un guardia de seguridad dentro.

Finalmente encontramos la entrada: un portal enorme y bellamente ornamentado, con una pequeña edificación a su lado que daba al exterior. Nos asomamos a la única ventana de vidrios oscurecidos que veíamos: estaba cerrada de par en par. Luego de dudarlo unos segundos, golpeé la ventanilla con los nudillos. La ventanilla se abrió. Un hombre de unos cuarenta años, con gafas de sol y una gorra negra, nos miró con cara de pocos amigos.

— ¿Qué quieren? —preguntó secamente.

—Venimos a hablar con Lusamine. Es urgente —respondí con seriedad. No me gustaba la actitud de aquel hombre.

—Aquí no vive ninguna Lusamine. El museo está cerrado. Lárguense de aquí. —el hombre comenzó a cerrar la ventanilla, sin embargo la intercepté con un brazo. El guardia se sorprendió, e intentó cerrarla con más fuerza, atrapándome la extremidad a la altura del codo

—¡Dile que su sobrino Gladion se encuentra en peligro! —le grité.

El hombre me empujó a la altura del omóplato, y logró cerrar la ventanilla, mientras yo trastabillaba y caía al suelo. Lillie me ayudó a levantarme, y juntos nos quedamos plantados frente a la entrada, esperando una respuesta. Luego de unos cinco minutos sin que nadie sucediera, y cuando nos estábamos por dar por vencidos, las portezuelas de la mansión se abrieron, y un pequeño grupo de personas salió en camino hacia nosotros.

Seis guardias uniformados, con armas de fuego en una mano y Pokéballs en la otra, salieron del establecimiento. Sus uniformes eran blancos como el cuarzo, a excepción de pequeños detalles en dorado aquí y allá. Al observarlos detenidamente, observé que sus prototipos eran diferentes a todos los que había visto.
Mientras que mi esfera era roja y blanca, la de aquellos sujetos era de color azul, y tenían unas franjas rojas por encima. Se colocaron en formación, dibujando un semicírculo, y luego de unos segundos una mujer alta salió: Lusamine.

La mujer tenía una presencia imponente. Además de ser bastante alta, llevaba unos zapatos de taco alto negros que combinaban con los detalles de su vestido blanco. Su rubia y extensa cabellera ondeaba en el viento, en un magnífico corte de pelo. Caminó con seguridad junto a sus subordinados, y en una muda orden, hizo que abrieran los portones de hierro. Se acercó a nosotros, y me miró inquisitivamente con sus ojos color aguamarina durante unos segundos. Luego de un tenso silencio, la mujer sonrió por primera vez.

— Bienvenido de vuelta, Gladion. Mis guardias me dijeron que estabas en peligro, por lo que aquí me encuentro. Supongo que querrás pasar —me ofreció, sin embargo se paró en seco al ver a Lillie, que estaba escondida detrás de mí— N-no te molestará que los revisen ¿Verdad? Es simple protocolo. —agregó con un pequeño temblor de la voz, y chasqueó los dedos.

Dos de aquellos guardias se acercaron velozmente a nosotros y nos palparon los hombros, la cintura y las piernas. Al detectar mi Pokéball, el guardia me la quitó de inmediato. No quise protestar: lo más importante era entrar en la mansión a salvo. Aquel hombre le entregó mi esfera a Lusamine, la cual la observó por un momento, y luego me la devolvió.

— ¿Te gusta mi invento?— preguntó entrecerrando los ojos— Supongo que sabes cómo funciona, al fin y al cabo, siempre fuiste un chico muy astuto, Gladion—. No respondí nada, y la mujer suspiró. —Está bien, entremos de una vez.

Avanzamos por el jardín mientras las rejas se cerraban nuevamente, sintiendo como una decena de cámaras de seguridad ocultas se enfocaban en nosotros, y juntos entramos en la ostentosa mansión.
CAPÍTULO 8: Los Siete Pecados

Ash

Eran cerca de las cinco de la tarde. Habíamos vuelto de hacer las compras. Llevábamos el coche bastante cargado de alimentos, numerosos productos de belleza que Serena había insistido en comprar y uno que otro artículo de limpieza, para que nuestra casa no se convirtiera en una pocilga. No me preocupé por nuestro presupuesto: al fin y al cabo, habíamos "tomado prestado" todo el dinero de las billeteras que esos sujetos portaban. Cuando nos encontrábamos a unas diez manzanas de nuestra casa, detecté que el medidor de combustible estaba en un nivel alarmantemente bajo: era una sorpresa que el vehículo no se nos hubiera parado en medio de la calle. Tomé un desvío, y paramos en la estación de servicio más cercana. Allí fue donde notamos el primer indicio de que algo iba mal.

Nos bajamos del coche mientras cargábamos combustible, sólo para estirar las piernas y nos apoyamos en el capó. Moría de ganas de comprarme algo para comer en el pequeño bar que se encontraba en la estación, pero Serena tenía el sobrante de dinero que había quedado de las compras. Al comentárselo a mi amiga, ésta chasqueó la lengua en señal de desaprobación.

— Ya comerás cuando lleguemos a casa— dijo la joven, cruzando los brazos— Hemos comprado un montón de cosas innecesarias para ti, podrás comértelas todas cuando lleguemos. No seas impaciente.

— Y qué hay de ti, y todas esas cremas y cosas de maquillaje— repliqué con una sonrisa, rebuscando un caramelo dentro del coche y comenzando a desenvolverlo— ¡No me vas a decir que eso no es innecesario!

—Una chica siempre tiene que verse linda—replicó entrecerrando los ojos, y alcancé a ver un rubor esparcirse por sus mejillas— ¿Qué más da, si conseguimos todo ese dinero extra de ya-tú-sabes-donde?

Estaba a punto de preguntarle cómo Lillie era capaz de verse siempre linda sin necesidad de ninguno de esos productos raros cuando algo extraño nos sacó de la conversación: en la calzada, a unos metros de nosotros, un grupo de personas corría cuchicheando algo que no alcanzamos a oír. Y no era el único; aquí y allá pequeños grupillos de tres y cuatro personas se desplazaban bajando por la avenida, algunos con rostros emocionados, otros preocupados. Ante la duda, me dirigí hacia el encargado de la gasolinera que se encontraba vigilando la manguera de carga con rostro aburrido, y le pregunté si había pasado algo raro.

—Nada de qué preocuparse— nos dijo cortésmente— Se incendió un edificio abandonado en una esquina no muy lejos de aquí, pero al parecer no hubo ningún herido. Seguro todos esos quieren ver el espectáculo de llamas, y cómo los bomberos controlan el incendio— agregó, señalando a un grupo de chicas de unos catorce años que corrían emocionadas.

Le di las gracias apresuradamente, pagué y nos subimos velozmente al vehículo, que arrancó con renovadas fuerzas. Serena permanecía muda, apretando la butaca del coche con las uñas; ambos estábamos pensando lo mismo. ¿Edificio abandonado en una esquina?
¿¡NO MUY LEJOS DE AQUÍ!? Recorrimos a toda velocidad los metros que faltaban, y súbitamente, la vimos. Nuestra casa ardía hasta los cimientos de una forma espeluznante, y temibles lenguas de fuego salían de las ventanas rotas y ennegrecían las paredes de ladrillos, mientras una multitud se amontonaba alrededor, observando con preocupación.

—¡Ella estará bien! —alcancé a oír a mi amiga; sin embargo, la sangre se agolpaba en mi cabeza y apenas me dejaba pensar con claridad.

— Esto no puede estar pasando—dije, con la voz ronca de la desesperación. Bajé del auto sin importarme las bolsas del supermercado, la puerta o Serena y me abalancé en dirección a la puerta de entrada, que se encontraba abierta destrozada. Sin embargo, unos brazos fuertes me sujetaron de los hombros, y me bloquearon el paso.

—¿A dónde crees que vas, chico? ¿Acaso no ves las llamas? —me giré para ver quién era el estúpido que me estaba obstaculizando, y me encontré con un hombre de unos cuarenta años, con un mono de bombero y un casco de protección antiincendios.

—Mi hermana está ahí dentro, ¡Tiene que sacarla de allí ahora! —le supliqué desesperadamente.

—Tienes que tranquilizarte—me respondió con dureza, mostrando su control acerca de la situación. — Aún no sabemos que causó el incendio, y no podemos permitirnos que te arriesgues ahí dentro. Yo mismo entré en ese infierno, y puedo asegurarte que no había nadie allí dentro: ni vivo ni muerto.

La última frase me hizo estremecerme. En mi mente se dibujó el pequeño cuerpo de Lillie, con su vestido blanco ardiendo y atrapada entre las llamas. Los ojos me ardían producto del horror, el calor y el humo, y me derrumbé de rodillas en el piso tapándome la boca con las manos y temblando descontroladamente. Luego de unos minutos que se me hicieron interminables, noté que alguien se agachaba a mi lado, y unas manos delicadas se posaron en mis hombros. Abrí los ojos. Serena se encontraba al lado mío, mirándome llena de seguridad con sus ojos azules en una mirada de seguridad.

—Escúchame. Ella no estaba. Ninguno de los dos estaba. Levántate y ayúdame a buscarla entre la gente— acto seguido se paró, y me ayudó a enderezarme.

Al ver que seguía tembloroso y desorientado, me tomó de la mano y comenzó a guiarme por la fuerza entre la multitud, preguntando en voz alta por una chica de pelo rubio y un sencillo vestido blanco. Yo apenas les prestaba atención: seguía pensando en entrar en esa casa, y rebuscar cada esquina hasta encontrar una prueba, algo que me asegurara que Lillie no seguía allí dentro. Y entonces, unos gritos me hicieron volver en sí.

— ¡Fue un dragón! ¡Un dragón anaranjado y enorme que escupía fuego incendió el edificio! —vociferaba un viejo entre la multitud, que reían y lo miraban con miradas escépticas. —No me crean, pero yo lo vi: ese bicho enorme salió de dentro de la casa, destrozando la entrada, y escupió una llamarada hacia dentro. ¡Sólo miren la entrada! ¿Quién podría haber hecho un agujero tan grande?

Me paré en seco, y Serena casi cae al suelo por la sacudida que el súbito tirón que sintió su brazo. La dejé seguir escuchando la historia del anciano, y noté como sus ojos se abrían de par en par por la sorpresa. Nos acercamos a él, mientras las historias de los “Pokémon” de Gladion encajaban en todo lo que decía.

—…terrorífico, y desapareció en un instante luego de un destello rojo cegador —dijo golpeándose las manos en señal de certeza, pero la gente no hacía más que reírse de él.

Sin embargo, la mirada de ese anciano no parecía buscar atención; sólo buscaba alguien que corroboraba su historia, para asegurarse de que no hubiera perdido la cabeza. Sintiéndome un poco más seguro al tener una pista, arrastré a Serena a una parte alejada de aquel grupo, mientras empezaba a atar cabos lentamente: sólo la gente de Aether podría tener acceso a esas criaturas.

Era imposible que ese chico Gladion supiera controlar semejante monstruo, caso contrario la habría utilizado contra sus perseguidores la noche anterior. Pero entonces, ¿de quién era el dragón? Quizá descubrieron el escondite del joven, y esa criatura los haya ayudado, o quizá el rubio había logrado liberar a la criatura de su prisión. Sin embargo, eso no explicaba por qué incendiaron la casa, o cómo se las había arreglado para meterlo de vuelta. Le conté todo esto a Serena intentando que lo viera desde otra perspectiva, pero ella se quedó mirándome desconcertada, sin saber muy bien qué responderme.

—Supongo que lo único que nos queda por hacer es esperar. Si ella está a salvo, lo cual estoy segura, intentará comunicarse con nosotros. Caso contrario… —comenzó a decir, pero dudó. La miré incitándola a continuar, y suspiró—. Deberíamos esperar que apaguen el incendio antes de decir nada, el bombero quizás nos diga la causa del fuego.

Y allí nos quedamos, sentados en silencio, observando el trabajo de los bomberos, mientras el Sol descendía lentamente a nuestras espaldas, y la multitud comenzaba a disolverse. Luego de un par de horas aproximadamente, el trabajo quedó terminado, y nos permitieron ingresar en la propiedad. Esta se encontraba en un estado incluso peor visto desde dentro. El sillón había quedado reducido a un montón chamuscado de alambres y algodón ennegrecido, y las sillas y banquetas de madera eran sólo pequeños trozos de madera en el suelo. Sin embargo, y pese a que buscamos por toda la casa, no había ningún rastro de Lillie, ni de Gladion.

Mi mirada se cruzó con la de mi amiga, que se encontraba igual de confusa que yo, y luego de discutirlo unos momentos, nos pusimos de acuerdo. Teníamos que encontrar un lugar donde pasar la noche, de lo contrario nos quedaríamos en la calle. Un golpe de ira me invadió cuando el bombero que me había detenido se quitó el casco en señal de disculpa, ya que no habían podido determinar que había causado el fuego: habíamos estado perdiendo el tiempo.

Nos habíamos subido al coche dando un portazo de enfado, cuando mi teléfono comenzó a sonar. Atendí la llamada con desesperación, alcanzando a leer que la pantalla dibujaba las palabras "número privado" y lo coloqué en altavoz, para que Serena pudiera oír también.

— Buenas tardes— dijo una voz.

— ¿Lillie? —fue mi primera respuesta, pero sabía que no era ella. La voz era de mujer, pero no de una adolescente.

—Tu hermana está a salvo, con nosotros. Sabemos lo que sucedió, por lo que estás cordialmente invitado a pasar la noche, tú y tu hermana en el Palacio Iolani, en el centro de la ciudad. Puedes traer a tu… acompañante, pero a nadie más. Bajo ninguna excusa— la mujer colgó rápidamente, sin siquiera darme tiempo a responder. Sin embargo, eso no detuvo mi felicidad. Abracé en un impulso a la joven a mi lado, la cual me tomó de los hombros, extasiada al escuchar que no había ningún peligro.

Lillie

—…Bajo ninguna excusa —dijo la mujer, y colgó.

Nos encontrábamos en el salón principal de la mansión. Tanto Gladion como yo nos encontrábamos sentados en sendas sillas ornamentadas y antiguas, frente a aquella misteriosa mujer de mirada imponente. Al principio me sentí un poco aterrada por su presencia, pero luego de ofrecernos un par de tazas de chocolate caliente, y una bandeja llena de masas finas comenzó a agradarme un poco más.


— Cuánto tiempo sin verte, querido
— comentó al aire, tomando un sorbo de una copa de vino tinto que llevaba en las manos. — ¿Cómo están tus padres y ese amigo tuyo, Hau? Hace mucho que no tengo noticias de ellos…

— Desaparecidos— contestó secamente Gladion, desviando la mirada. La mujer se quedó inmóvil unos segundos, y una mirada sombría se apoderó de su rostro, aunque pudo recuperarse rápidamente.

— Está bien, supongo que no querrás hablar del tema. ¿Les gustan las obras de arte?— intentó desviar nuestra atención hacia las paredes del lugar, que se encontraban llenas de cuadros enmarcados bellamente. Pasamos unos cinco minutos observándolas, mientras Lusamine nos las describía brevemente. Sin embargo una de ellas me llamó completamente la atención: me levanté de mi silla, y me acerqué rápidamente a ella.

Se trataba de una pintura enorme, en la que aparecían retratadas siete criaturas, que asumí serían Pokémon. Había algo curioso en ellos: todos parecían pintados de una forma exageradamente realista, sin ningún estilo artístico como las demás obras. Sólo verlos me indicaba que había algo extraño en ellos… no era capaz de relacionarlos con nada de este mundo.

—Sabía que esta te llamaría la atención. Representan los pecados capitales —comenzó a decir, señalándolos uno a uno en orden. —Buzzwole, la Ira; Pheromosa, la lujuria; Guzzlord, la gula; Celesteela, la pereza; Nihilego es la envidia, Xurkitee es la avaricia y finalmente Kartana es el orgullo. Es probablemente mi obra favorita de todo el museo.

—Parece haber una silueta dibujada detrás de ellos —comentó Gladion, que se había acercado a nosotros para observar. —Justo aquí. ¿Existen siquiera más de 7 pecados capitales?

La mujer intentó replicar, pero antes de que pudiera decir una palabra, una puerta se abrió en la otra punta del salón, y de allí aparecieron Ash y Serena, con una expresión de alivio en el rostro. Ash corrió los últimos metros que nos separaban, y me abrazó con fuerza. Le devolví el abrazo feliz de volver a verlo y le hice saber que todo estaba bien, que no había de qué preocuparse. Luego de separarnos, Lusamine se presentó: saludó a mi hermano, quien le agradeció inmensamente por cuidar de mí, y luego le extendió la mano a Serena, la cual trató de estrechársela con cortesía; sin embargo, en el momento en que sus manos lograron el mínimo roce,
un chispazo blanco cegador las envolvió a ambas, que salieron despedidas en dirección contraria a una velocidad increíble: Serena salió rodando por el piso de mármol, mientras que Lusamine se estampó contra el cuadro que estábamos observando, el cual se desprendió de la pared, y su vidrio estalló en mil pedazos que cayeron sobre la mujer. Mientras yo ayudaba a Serena a levantarse, Ash corrió hacia Lusamine con intención de ayudarla, mas un par de guardias de seguridad lo interceptaron rápidamente apuntándolo con sus armas. Sin embargo, una rápida orden de la mujer los detuvo.

—Interesante… Muy interesante —dijo la dueña de la mansión, mirando intensamente a mi amiga.

— ¿Qué rayos ha sido eso? —preguntó Gladion que se había quedado parado entre medio de ambas, sin reaccionar.

—Eso querido, es un fenómeno realmente extraño — le dijo, sin despegar los ojos de la chica. Mis ayudantes y yo lo llamamos Efecto Shiny.
CAPÍTULO 9: El Efecto Shiny

Lusamine

Interesante. Sumamente interesante. Según mis ayudantes y yo, la posibilidad de encontrar a una persona con aquellas propiedades era de una entre ocho mil, aproximadamente. Y aquel pequeño porcentaje se disminuía aún más al considerar cuáles eran las chances de que estas dos personas hicieran contacto físico. Si bien había escuchado a algunos de mis seguidores haber encontrado a personas así, jamás había tenido una prueba tan clara al frente mío. No paraba de clavarle la mirada a esa curiosa muchacha cuando la voz de Lillie me sacó de mis pensamientos.

— ¿Efecto qué?— preguntó dubitativa. Le sonreí amistosamente, un poco dolorida por el fuerte golpe que me había dado contra la pared.

— Efecto Shiny, pequeña— le respondí con dulzura, tratando de no parecer demasiado falsa. Como me esperaba, Lillie se estaba ganando mi confianza muy fácilmente. Al ver unas espectaculares caras de desconcierto en Gladion y sus amigos, cerré los ojos y suspiré. Los niños me sacaban de quicio.

— Como su nombre lo indica, este fenómeno es un efecto secundario producido por el contacto físico de dos personas con capacidades especiales— comencé a explicarles—. Aún no sabemos a ciencia cierta qué es lo que los produce, pero conocíamos de antemano el efecto que producían; como ya has visto, al encontrarse dos personas realizando contacto, aunque sea un simple roce, serán repelidos el uno al otro a una fuerza increíble. Tienen bastante suerte de que sólo su amiga posea esta propiedad, de lo contrario no sé si siquiera podrían permanecer juntos en la misma habitación —hice una pausa, y tomé un trago de mi copa de vino. Los jóvenes permanecían en silencio, escuchando atentamente.

— La verdad jamás había escuchado esa enfermedad, fenómeno o como quiera llamarlo. ¿Cómo es posible que no la hayamos oído en las noticias ni estudiado en clases? —intervino aquel joven de pelo negro— En una gran población, una de ocho mil personas es algo bastante común. ¿Es una especie de afección nueva o algo así? —completó cruzándose de brazos.

Fijando mis ojos verdes en él me sorprendí al ver cómo apenas se inmutaba. La mayoría de la gente se sentía bastante intimidada ante mi presencia. Quizá sea por la vestimenta formal, por ser una mujer alta y esbelta, por mi forma de actuar, por el simple hecho de que tenga un centenar de guardias a mi disposición, o por todo aquello a la vez. Sin embargo, este chico no tenía un pelo de cobarde. Que grupo tan curioso tenía en frente de mí...


— No lo han escuchado en ningún lado porque el efecto Shiny solo se da si una de las dos personas posee un prototipo — dije, mientras sacaba del interior de uno de los bolsillos de mi majestuoso abrigo una Pokéball de color negro, con líneas rojas y amarillas alrededor. Se trataba de una Lujo Ball, que mis ayudantes habían hecho específicamente para mí. —Y la forma más simple de detectar si alguien es poseedor del fenómeno Shiny, es observando a su Pokémon. Les recomendaría que den unos pasos hacia atrás —advertí, mirando desafiante al joven de pelos azabaches.

Aunque tanto Gladion como las dos jóvenes se echaron hacia atrás, éste no cedió un centímetro. Ese era el momento de comprobar si el chico era valiente, o simplemente estúpido. Cerré los ojos con cierta satisfacción, y lancé al aire mi esfera en un elegante movimiento de la muñeca. Reí por lo bajo al sentir un destello rojo a través de mis párpados y oír el golpe de un pesado cuerpo caer sobre el piso de mármol.

Abrí los ojos en el momento exacto en el que mi Gallade, cayendo con elegancia, lanzó un bramido que hizo temblar las paredes y que reverberó en los cristales de la mansión. El sonido fue tan fuerte que hizo ondear la parte inferior de mi vestido y agitó mi largo pelo rubio. La pequeña soltó un grito aterrado, y su hermano se interpuso en frente de sus amigos y mi Pokémon echándolos hacia atrás: sin embargo, una mirada de terror atravesaba su rostro, que se encontraba pálido. Con eso me bastaba.


—Tranquilo, Gallade. No son ninguna amenaza. —lo llamé calmándolo. Al girarse y reconocerme, su actitud se tranquilizó un poco. Se acercó a mi lado y ahí se quedó plantado, como si de un guardaespaldas se tratase. —Siento haberlos asustado. No era mi intención— mentí descaradamente.

—Los Gallade por naturaleza tienen parte de su cuerpo color verde, mientras que éste, como pueden ver, es azul. Mi Pokémon es variocolor o "Shiny", como le dicen mis ayudantes. Poseen habilidades especiales, que ya descubrirán en su debido momento. —dije enigmáticamente, girándome hacia mi Pokémon mientras mi cabeza maquinaba a toda velocidad. Aquella joven de pelo castaño, Serena, era muy valiosa y no podía perderme la oportunidad de reclutarla. ¿Pero cómo demonios podría convencerlos?

Los observé atentamente, con el objetivo de encontrar algo, un dato sobre aquella joven. Y lo encontré. Serena poseía una debilidad: y esa debilidad se encontraba en este momento preguntándole si se encontraba bien. Ella no desperdició la oportunidad de enterrarse bajo sus brazos, con un leve rubor en las mejillas, y ambos se dedicaron a confortar a la pequeña Lillie, que ahora mismo se había convertido en una pieza clave de mi plan. Para convencer a Serena, debería convencer a su amigo Ash. Y para convencer a su amigo, que mejor opción que lograr que su querida hermana se ponga de mi lado.

Regresé mi preciado Pokémon a su esfera e invité a todos a tomar asiento, disculpándome nuevamente por el susto que les había ocasionado. Preparé dos tazas de café para los jóvenes, que las aceptaron con cierta inseguridad, y mientras me alejaba un poco y fingía que trabajaba ocupadamente con mi teléfono, me dediqué durante los siguientes minutos a escuchar su conversación, que me dejó realmente sorprendida.

Al parecer Gladion había sido emboscado en la casa de sus amigos mientras dos de ellos estaban fuera; el Team Skull había incendiado la casa con ayuda de un Charizard como acto de venganza, y tanto Gladion como Lillie habían escapado de las fauces de un Salazzle gracias a la sorpresiva actuación del Pokémon del joven. Luego de haberme tomado yo sola tres cuartas partes de la botella de vino importado que se encontraba sobre la mesa, finalmente Gladion se dirigió a mí.


— ¿Tía Lusamine, cómo es posible que existan Pokémon en poder del Team Skull? —preguntó mi sobrino, con extrañeza.

—Esos son Pokémon robados —respondí, sintiendo un acceso de ira repentino. —Los trabajadores de la Fundación poseen distintos rangos, siendo el más bajo el de recluta, que recibe un Pokémon de baja categoría. Sin embargo, he recibido numerosos informes de nuevos reclutas siendo... atacados, y así es como sus prototipos pasan a manos de ellos.

—Ese dragón que incendió nuestro hogar no parecía para nada de "baja categoría" —intervino la joven Serena en voz baja, y su amigo asintió.

Mi rabia se acentuó, y un leve dolor de cabeza producto del alcohol comenzó a ocasionarme molestias. Noté en mi bolsillo como mi Lujo Ball se agitaba, corroborando mis sentimientos.
—Ese Charizard pertenecía a uno de mis más fieles seguidores. Definitivamente fue un duro golpe para nosotros haberlo perdido. Ahora mismo se encuentra desaparecido: no tenemos idea de dónde se encuentra. —respondí, cerrando los ojos e intentando serenarme; estos chicos comenzaban a saber más de lo que deberían. Debía terminar la conversación por las buenas:

— Dime, pequeña— intenté preguntarle, pero la niña me interrumpió.

—Mi nombre es Lillie —dijo con desenfado.

—Está bien, Lillie —comencé nuevamente, intentando no fruncir el ceño por la interrupción— Déjame hacerte una propuesta: ¿Te gustaría tener tu propio Pokémon, cuidarlo, y entrenarlo en la vida real? —los ojos de la rubia se iluminaron de la emoción; esto sería pan comido. Estaba a punto de responder cuando su hermano intervino.

—De ninguna manera. Ya hemos visto la destrucción que esas criaturas generan, y el peligro que conlleva tener una de esas cosas encima. —dijo, señalando a Gladion— Mi hermana no se unirá a ninguna secta para que la persigan y la maten. —finalizó cortante, y me miro con fiereza. Mi dolor de cabeza se acentuó, junto con mi malhumor. Si había algo en lo que sobresalía, era en mis habilidades para convencer a la gente. Ese arrogante chico estaba a punto de probar de qué era capaz.

—Discúlpame, eh... "Ash" —completó el joven con su nombre. — ¿Podemos hablar un momento a solas? —dije, y le hice un disimulado gesto con la cabeza en dirección a Lillie. El chico captó la indirecta, le susurró unas palabras a su amiga de ojos azules y me acompañó a una sala continua. Una vez allí dentro, lo encaré con ferocidad.

—Escúchame bien, como sea que te llames. Diré la verdad: Pretendía convencer a tu hermana de unirse a nosotros, con el objetivo de reclutarte a ti. —mentí descaradamente. —Eres un joven inteligente, fuerte y valiente. Tienes todas las cualidades para poseer un Pokémon igual de fuerte, y está a tu alcance ahora mismo.

— ¿Y para qué rayos necesito una criatura de esas a mi lado? Gladion nos contó que muchas veces se resisten, e incluso atacan a sus dueños. —dijo con seriedad, fuertemente cruzado de brazos.

— Por si no lo sabías, el objetivo de entregarles prototipos a los nuevos reclutas es lograr que ellos aprendan a defenderse ellos solos del Team Skull. Tu casa fue incendiada hasta los cimientos. Tu hermana casi muere. ¿No crees que es necesario que aprendas a defenderte?

El joven descruzó los brazos, mientras la duda se hacía presente en su mirada. Al cabo de unos segundos, respondió, con sus ojos destellando con un inquietante brillo rojizo.

—Puedo defenderme por mí solo. Además, no confío en usted. Me acaba de confesar que intentó utilizar a una niña de catorce años para conseguir un recluta nuevo. —dijo con recelo; sin embargo, yo ya tenía preparada una respuesta.

—Quisiera verte tratar de defenderte tú solo de mi Pokémon; estarías acabado en cuestión de segundos. Incluso las armas de fuego no tienen efecto en mi Gallad: las balas rebotan en su cuerpo. Y en cuanto a lo segundo, supongamos que la utilicé: es y sigue siendo la opción más segura. Para aprender a controlar estas criaturas se necesitan horas y horas de entrenamiento. ¿Prefieres dejar a tu hermana indefensa y sola durante gran parte del día, o tenerla a tu cuidado todo el tiempo en los campos de entrenamiento? —le respondí, sonriendo por dentro. Al parecer ni una botella casi completa de vino añejo me impedía pensar con claridad; estaba más despierta que nunca.

—Sigue siendo muy arriesgado. Tu "fantástico" prototipo puede fallar, así como anoche no funcionó en tu sobrino, y estaríamos muertos de todas formas. —sonrió irónicamente, y sentí otra punzada en la cabeza al oírlo mofarse de mis inventos.

—Según mis informes, Gladion recibió su Pokéball el día viernes a la tarde, junto con otros cinco reclutas. —dije, luego de corroborarlo rápidamente en mi teléfono de última generación. —Ni siquiera tuvo su primera sesión de entrenamiento, y todavía no logro comprender cómo demonios logró que su Pokémon lo rescatara: aun así, deberías estar agradecido, de lo contrario ese Salazzle hubiera despedazado a tu hermanita. ¿Comprendes ahora por qué son tan útiles?

La mirada de Ash destelló nuevamente con un brillo asesino al mencionar a su hermana y al Pokémon salamandra. Por otra parte, tanta información iba a terminar saturando al chico así que, suponiendo que mis argumentos serían suficientes, decidí terminar la conversación.

—Los llevaré a sus aposentos para que descansen, y quiero que pienses lo que te he propuesto. Gladion y tu hermana, en el caso que decidas que entrene contigo, comenzarían mañana mismo... Y tu amiga también está invitada a unirse. Su capacidad especial podría serles de mucha ayuda. —Comenté despreocupadamente, intentando quitarle importancia. —Tú primero —lo invité a salir, y juntos regresamos al gran y ostentoso salón central.

Serena

La Luna se encontraba en su mayor esplendor, enorme y brillante. Estábamos en un bello y cuidadosamente ornamentado cuarto de invitados, la cual poseía dos camas matrimoniales en la que fácilmente entraríamos los cuatro. El débil reflejo de la Luna hacía resplandecer la habitación, en la que nos encontrábamos discutiendo nuestros próximos pasos. Ash ya nos había contado todo lo que Lusamine le había dicho, y al parecer ya había tomado una decisión.

—De ninguna manera —dije resuelta. —No sé qué más te habrá contado esa mujer para convencerte tan fácilmente, pero yo no caeré en esa trampa. Y tu hermana tampoco, ¿verdad, Lillie? —pregunté, girándome hacia ella, quien bajó la mirada al suelo, un poco avergonzada.

—Es que, verás… —la rubia no sabía por dónde comenzar. —Jamás creí que sería posible, pero esas criaturas existen, Serena. Existen de verdad. Simplemente no puedo dejar pasar la oportunidad de descubrir más acerca de ellos. Además, como mi hermano ha dicho, el estará con nosotros. Nada malo puede pasarnos. —me enfurecí con Lillie por su respuesta, pero no repliqué nada. Me senté sujetándome con fuerza en el borde de una de las magníficas camas. Al parecer mi opinión iba a quedar invalidada: eran tres contra uno a favor de unirse. Ash se sentó a mi lado, y me pasó un brazo por los hombros, intentando tranquilizarme.

—No lo haría si no pensara que es la mejor opción. Ya no tenemos dónde vivir, y no sabemos cómo enfrentarnos a esas criaturas. Debemos aprender a defendernos por nosotros mismos: además, con nuestro amigo aquí al lado —susurró, señalando con la cabeza a Gladion que examinaba su Pokéball con el entrecejo fruncido — puede que incluso aprendamos un poco más de lo reglamentario.

Lo miré a los ojos, aún enfurecida, y al fijarme él con los suyos, tranquilos y apaciguadores el enojo se me fue de golpe. La verdad no era una mala idea: definitivamente no existía un lugar más seguro en todo Aether que ésta mansión. Por otra parte, no estábamos completamente perdidos: todo indicaba a que Gladion sabía de qué iba todo esto. Suspiré: me sentía como si estuviera a punto de dictar mi propia sentencia de muerte:

—Está bien, nos uniremos a la Fundación. —dije, sonriéndole forzadamente a mi amigo, el cual me devolvió la sonrisa; la rubia saltó de alegría, y corrió a abrazarnos, interponiéndose entre los dos ¿Cómo podía haberme enojado con ellos?

Gladion

Unas horas más tarde, nos encontrábamos en la penumbra de la habitación, con Ash a mi lado y las chicas durmiendo en la otra cama. A pesar que debía ser bastante tarde, estaba completamente despejado. Me senté, apoyando la espalda contra los barrotes de la cama, y tomé uno de los teléfonos pirateados que había dejado sobre la mesita de noche para ojear las noticias. Luego de un rato inmerso en el mundo de internet, encontré una petición que me dejó horrorizado. Un conjunto de adultos se había reunido en el centro de la ciudad, en una marcha por la búsqueda de sus hijos desaparecidos. Reconocí las imágenes en las pancartas que llevaban. En una de las fotografías se podía ver claramente la cara de Hau, pasándose una mano por la nuca y con aquella característica sonrisa suya.

Se me hizo un nudo en la garganta, y lágrimas de rabia se agolparon en mis ojos. Me había tapado la cara con las manos intentando contenerlas cuando escuché un ruido extraño, a la altura de los pies de mi cama. Giré el teléfono, para que el resplandor de la pantalla iluminara la habitación, y entonces el corazón se me subió a la garganta. Quise gritar, pero el miedo había paralizado mis cuerdas vocales. Mis seis amigos desaparecidos se encontraban parados, de una forma terrorífica, al frente mío. Estaban vestidos con las mismas ropas que la noche anterior, pero había algo extraño en ellos. El lúgubre brillo del teléfono iluminaba sus caras, que se encontraban desfiguradas por los golpes. Sus ropas se encontraban ensangrentadas y desgarradas, y sus ojos, vacíos de expresión, se fijaban todos en mí.

—¿Por qué no nos rescataste, amigo? —dijo Hau, haciendo énfasis en la última palabra. —Podrías haber llamado a la policía, o haber pedido auxilio. Ahora mismo estaríamos a salvo, contigo.

—Tú sabías de qué iba todo eso —me acusó uno de los jóvenes a su lado. —Nos has tendido una emboscada. ¡Todo es tu culpa!

—No… —quise responder, pero las palabras simplemente no salían de mi boca. Los seis comenzaron a acercarse lentamente, cercándome todas las vías de escape y entonces, súbitamente, uno de ellos se me lanzó al cuello, apretándomelo con fuerza con sus manos. Me lo quise sacar de encima, pero era demasiado fuerte. El aire me empezó a faltar, y lo último que escucharía serían las risas desquiciadas de mis amigos, en búsqueda de venganza…

Desperté de golpe, enderezándome a una velocidad sublime, con el corazón latiendo desaforadamente y respirando con agitación. Todo había sido una pesadilla. No era real. Sin embargo, y en contra de todo instinto de supervivencia volví a agarrar el teléfono, y alumbré la habitación: no había nadie además de nosotros. Me senté en el borde de la cama temblando, con cuidado para no despertar a Ash que estaba tirado cubriendo más de la mitad del colchón, y mis ojos se encontraron con los de Lillie, que me miraba lúgubremente desde la otra cama.

—Estoy bien— susurré un poco enfadado conmigo mismo. —Sólo un mal sueño.

—Tienes la misma cara que la de Ash cuando tiene esas pesadillas— comentó por lo bajo. Y esto siempre les suele funcionar.

Ante mi sorpresa, la rubia se levantó y atrayendo mi cabeza contra su pecho, me abrazó por un largo rato, acariciándome el pelo como una madre que trata de calmar a su hijo pequeño. Me sentí un poco incómodo al principio, pero había algo en la fragancia de esa chica que me resultaba familiar. Ese sentimiento otra vez. Estaba seguro que conocía a esa chica, pero no era capaz de reconocer de dónde.
¡Era tan malditamente frustrante!

Mi cabeza se hizo un remolino intentando ubicar ese recuerdo enterrado en lo más profundo de mi cerebro, pero no fue capaz de encontrarlo. Lo intenté con todas mis fuerzas, pero la respiración acompasada y los latidos del corazón de aquella chica me fueron adormeciendo cada vez más, hasta que perdí la noción del tiempo y la somnolencia me venció por esa noche.
Capítulo 10: Soul Link

Lillie

Cuando abrí los ojos, la luz del Sol entraba a raudales por las blancas e impecables cortinas semiabiertas. Me desperecé tranquilamente en la gigantesca cama, comprobando inconscientemente que solo yo me encontraba en ella. Me giré en la cama, y solté una risita al ver a Ash y a Serena, abrazados de una manera un tanto romántica, solos en una cama matrimonial. No los desperté: se veían tan adorables, durmiendo apaciblemente.

Me estiré lo más que pude para agarrar el teléfono de mi hermano, que se encontraba en la otra punta de la cama y comprobé la hora. Eran las nueve de la mañana; definitivamente valía la pena dormir un par de horas más. No éramos precisamente las personas más madrugadoras del mundo. Estaba a punto de enterrarme nuevamente bajo las suaves sábanas de seda, cuando el picaporte giró sobre sí mismo, y alguien entró en la habitación.

Se trataba de Gladion, que entró dificultosamente de espaldas: llevaba consigo una gran bandeja de plata, con todo lo que uno podría imaginarse para desayunar: café, leche, té, jugo de naranja, galletas, frutas, tostadas, mermelada y mantequilla, masas finas similares a la que Lusamine nos había ofrecido la noche anterior; incluso había un pequeño plato térmico con tocino y huevos revueltos, todo con su correspondiente utilería de porcelana a juego. El chico dejó la bandeja sobre una mesa de vidrio que se encontraba en el centro de la suite, y echó un ojo a la habitación: al ver que estaba despierta, sentada sobre la cama sujetándome las rodillas con los brazos, me saludo silenciosamente con la mano, y acto seguido se sirvió una taza de chocolate hirviendo.

Me levante muy a mi pesar de la cama, con la intención de ir al baño y vestirme; sin embargo, la silla donde había dejado la ropa la noche anterior no estaba.

—Oye Gladion… ¿Dónde rayos esta nuestra ropa? —le pregunté, al ver que él también se encontraba en ropas de dormir.

—Ah, no te preocupes —susurró, agitando la mano despreocupadamente. —Mandé nuestra ropa a lavar hace una media hora. Debería llegar en unos minutos. Mientras tanto, —dijo, se acercó a un armario, y saco una bata de terciopelo rosa que hacia juego con mi pijama. —puedes usar esto.

Me la puse inmediatamente y me serví la misma bebida que el rubio tenía en las manos. Mientras tomábamos en silencio, noté como echaba un ojo a la cama en la que Serena y mi hermano dormían, y dio un resoplido de exasperación.

—No me digas que estás celoso de Ash —le dije en broma.

—No sé de qué estás hablando —me respondió, un poco confuso. —Pero tú también estarías un poco enojada si te hubieran tirado de la cama en la que dormías. ¿Por qué crees que estoy despierto desde tan temprano?

— ¿No crees que deberíamos despertarlos?
—pregunté, dubitativa. Al fin y al cabo, el desayuno se enfriaba rápidamente.

—No te preocupes, ya lo has hecho. —dijo Ash con la voz amortiguada por las sabanas.

— ¿Se divirtieron anoche? Al fin y al cabo, eran camas muy grandes... —dije con picardía: hoy estaba imparable. Gladion se atragantó con el chocolate, y yo solté una carcajada. Sin embargo, a Ash no le hizo una pizca de gracia.

—No seas estúpida. Serena tuvo pesadillas de nuevo ¿No es cierto? —dijo con el entrecejo fruncido, y procedió a sacudirla suavemente para despertarla.

Alcancé a percibir como la joven despertaba, y sonreía embobada al ver a Ash; sin embargo, al percatarse de que todos la mirábamos, se enderezó rápidamente en la cama, y buscó en vano su ropa de calle. Gladion, luego de explicar nuevamente donde se encontraban sus vestimentas les preparó rápidamente un par de capuchinos, y durante los próximos minutos solo se oyó el entrechocar de los cubiertos.

—Así que… —comenzó Gladion cruzándose de brazos— ¿Cómo precisamente terminaste en la otra cama, Serena? ¿Cama de la que prácticamente me empujaron?

La castaña se ruborizó rápidamente, e incluso su ropa de dormir roja perdió color ante el de su cara. Quiso replicar, tartamudeando de los nervios, cuando un golpe se oyó en la puerta. Al abrir, me encontré con una mujer regordeta y amable que nos entregó nuestra ropa doblada y planchada; a estas alturas, El Palacio parecía más un hotel cinco estrellas que un museo.

Terminamos de desayunar, nos turnamos para vestirnos y acicalarnos en el baño adyacente a nuestra suite, y cuando el reloj dio las diez, estábamos todos listos y preparados para comenzar el día.

—Muy bien, veamos que tiene Lusamine preparado para mostrarnos el día de hoy —dijo mi hermano, y juntos nos dirigimos al salón principal.

Lusamine

Por fin habían aparecido esos chicos. Me dirigí rápidamente a ellos; vestía esta vez con unos pantalones de botamanga ancha color negros y una sencilla blusa blanca que contrastaba con mis botas de cuero negras. Al darse cuenta de mi presencia, los saludé jovialmente.

—Espero que hayan pasado una tranquila noche —dije cordialmente—. Y bien, ¿qué han decidido?

—Nos uniremos —dijo secamente Ash, mirándome fijamente—. Los tres.

— ¡Magnifico! —exclamé con notoria emoción: al ver las caras de sorpresa en los chicos, recobré la compostura.

—Muy bien —carraspeé a modo de disculpa—. El proceso de pre-entrenamiento es muy simple, por eso les pido que hagan silencio y escuchen —ordené, y saqué mi fiel teléfono, en el que tenía una copia de los pasos necesarios para adquirir nuevos reclutas: al fin y al cabo, muy pocas veces era yo personalmente la que se encargaba de este asunto. Lo coloqué boca abajo sobre mi palma, y reproduje la grabación, con el volumen al máximo.

(...)

¡Bienvenido a los Libertadores de Aether, nuevo recluta! Esta es una guía práctica para la inclusión de nuevos miembros a nuestra organización. Deberás seguir estos cinco sencillos pasos:

Primer paso: se debe llenar el Formulario de Adhesión a los Libertadores de Aether.
Segundo paso: se procederá a completar el cuestionario de personalidad que determinará su criatura correspondiente.
Tercer Paso: Se le realizará un segundo análisis con el Lector Psicológico, y se extraerán muestras de sangre.
Cuarto Paso: Se les enviará a realizar los exámenes de condición física, mientras el equipo se encarga de comparar los datos del L.P. y del cuestionario, para comprobar que hayan respondido todas las preguntas honestamente.
Quinto paso: Si se encuentra todo en orden, se procederá a su inserción en los campos de entrenamiento.


Ante cualquier duda, siéntanse libres de preguntárselas al portador de este mensaje. Muchas gracias.

(…)

Bloqueé mi aparato con un dedo enmarcado en una uña bellamente pintada de color dorado y los miré expectantes, incitándolos a preguntar lo que quisieran. La pequeña Lillie levantó la mano.

— ¿Qué es un Lector Psicológico? —preguntó con extrañeza. Como respuesta, saqué un artilugio similar a las pistolas que se utilizan en los supermercados para controlar los precios de los artículos.

— Otro de los geniales inventos de mi compañía —dije, quizás pecando un poco de presunción. —Obtiene datos básicos acerca de una persona con sólo enfocarlo unos segundos. Como ya escuchaste en la grabación, nos sirve como prueba para comparar si se ha contestado el cuestionario con sinceridad.

— ¿Para qué necesitan nuestra sangre? —preguntó Serena, aquella chica tan importante para mí.

— Se trata de simple proceso de rutina —contesté, restándole importancia—. Verás, existen muchas; demasiadas personas en esta organización. Su tipo de sangre nos ayuda a administrar a nuestros empleados. Además determina la rareza del Pokémon que se les será asignado. —completé, y escuché a la joven dar un respingo: seguramente su sangre era poco común, pensé con satisfacción.

Pasaron unos segundos en silencio, en los que me dediqué a examinarme las uñas. Entre mis dedos, observaba atentamente a los jóvenes. Al parecer, Gladion se encontraba en una especie de debate interno. Finalmente alzó la mano.

—Ya sé que no es una pregunta relacionada directamente con la grabación, pero ¿cómo funcionan exactamente estas esferas? ¿Cómo es posible que podamos convocar un Pokémon sin necesidad de electricidad, ni materia? Es como si salieran de la nada.

—Esa es una muy interesante pregunta, querido —le respondí fijando mis ojos cuidadosamente delineados de rímel en él. —Sus Pokémon son ustedes, y ustedes son sus Pokémon.

Carraspeé nuevamente, un poco irritada ante la espectacular cara de confusión de los chicos.

—Los prototipos absorben toda la esencia de sus dueños, y la proyectan en un Pokémon. Es un concepto un tanto difícil de entender: al salir de sus Pokéball, cada Pokémon es una parte del cuerpo de su dueño. Si éste resulta herido en combate, ustedes también lo serán. Por otra parte, ellos utilizan las energías de su cuerpo. Esto quiere decir que si no han comido en varios días, o simplemente han mantenido a sus criaturas peleando durante demasiado tiempo, comenzarán a sentirse débiles y mareados. Nunca ha pasado, pero mis ayudantes creen que si una persona se esfuerza más de lo que su cuerpo le permite, incluso podría morir. Mis ayudantes llaman a esta capacidad de establecer lazos con nuestros Pokémon "Soul Link", lo que viene a significar "Enlace de Almas".

Al notar los semblantes de preocupación que se habían formado en sus rostros, añadí:

—No estoy tratando de asustarlos, solo de advertirles. Lo máximo que hemos presenciado ha sido un par de desmayos, y nada más. No tienen de qué preocup-…

—Espera un momento —me interrumpió el joven de pelos azabaches, con una mirada perspicaz en sus ojos —Anoche me has dicho que pasaríamos horas en los campos de entrenamiento, sin embargo ahora dices que podríamos morir si entrenamos mucho. Las versiones se contradicen: ¿Qué nos está ocultando?

—No les estoy escondiendo nada —respondí suspirando: maldito sea ese chico y su desconfianza. — El problema está en dónde se encuentren ustedes: mientras estén en el mundo real, se aplicarán las reglas del Soul Link como a cualquier otra persona; sin embargo, en nuestros especializados campos de entrenamiento, ustedes tomarán la forma de su Pokémon, y aprenderán a moverse y combatir bajo ese cuerpo. Al encontrarse en este estado, su cuerpo no será compartido con ningún otro ente, ya que ustedes serán los Pokémon. Esto les permitirá adquirir todo tipo habilidades sin ningún tipo de riesgo, y aplicarlas luego en la realidad —expliqué: sabía que no me creerían, y lo notaba por las miradas de incredulidad que se echaron el uno al otro. Al fin y al cabo nadie lo creía al principio. —Solo esperen y verán.

Luego de esta última frase, el Salón quedó en silencio. Observé las caras de los jóvenes con suma atención: la niña parecía muy emocionada por lo que estaba por suceder, junto con mi sobrino; mientras que los mayores se veían aún preocupados. Sin embargo, luego de un minuto completo sólo oyendo el trino de las aves, decidí terminar la sesión de preguntas. Los acompañé a una sala contigua, en la que les entregué la papelería necesaria que debían completar.

Gladion

—Tía Lusamine —comenté en el medio del trámite— yo ya he completado todo esto hace unos días.

—¡Ah, es cierto! En ese caso —dijo mi tía con seguridad— puedes entrar directamente en los campos. Seguro que lo estás deseando, ¿verdad? —Lusamine esperó mi respuesta, mientras me acompañaba fuera de la sala donde mis amigos se encontraban respondiendo esas aburridas preguntas.

—La verdad, preferiría que entráramos todos juntos: escuché que los campos son gigantescos, y es fácil perderse en ellos. A todo esto, ¿en qué lugar de Aether se encuentran? —pregunté con interés: la ciudad era una completa metrópolis, y apenas si existían una decena de plazas y lugares naturales en total.

—Los campos no se encuentran en Aether —respondió Lusamine con tranquilidad, y comenzamos a alejarnos en dirección al exterior de la mansión —. Son completamente virtuales; sin embargo, una vez que te encuentras allí dentro, créeme, no quieres salir jamás. Mis ayudantes lograron su objetivo de diseñar una isla paradisíaca, donde se pudiera entrenar de la manera más cómoda posible. Como ya he dicho antes, espera y verás.

Acto seguido sacó su teléfono del bolsillo y se alejó un poco, realizando un par de llamadas a las que no les presté mucha atención. Mi cabeza estaba en otro lado, imaginándome cómo sería convertirse en aquel Pokémon con forma de quimera. Ese casco debía de ser muy molesto de llevar encima, aunque quizás me sirva como armadura o algo. Mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando, súbitamente, una persona chocó contra mí.

Caímos al suelo; al parecer ambos nos encontrábamos sumidos en nuestros pensamientos y no vimos el camino. Al observar más detenidamente, me di cuenta que se trataba de una chica de pelo rubio, tan largo que le cubría el rostro y un poco más alta que yo. Me levanté del suelo, le pedí disculpas y le tendí una mano para levantarse. La joven me dio las gracias mientras la izaba con una mano, y se quitó los mechones de cabello con la otra, dejando al descubierto un rostro de facciones afiladas y unos ojos ámbar que se abrieron de terror al verme.

Ella me reconoció y yo a ella también, de la sorpresa le solté la mano y la chica cayó al suelo nuevamente: se trataba de Plumeria. Miré desesperado a mi alrededor, buscando a mi tía entre los arbustos podados con formas de animales; sin embargo, no la vi por ningún lado. Estaba a punto de salir corriendo, cuando la joven habló, aún desde el suelo.

— ¡Gladion, cuánto tiempo sin vernos! —dijo sonriendo falsamente, y echó una mirada fugaz a una de las cámaras de seguridad que en ese momento se encontraba enfocándonos directamente. —¿Serías tan amable de ayudar a levantarme? —añadió, tendiéndome una mano.

Así que quería armar una escena al frente de las cámaras. Muy bien, si eso era lo que quería, veamos qué tal le sentaba que le saliera el tiro por la culata. Descubriría su tapadera ahora mismo. Me acerqué a ella nuevamente, utilizando exactamente la misma sonrisa falsa, y dije en voz bastante alta, mientras la ayudaba a levantarse:

— ¡Plum, que alegría verte de nuevo! ¿Disfrutando tu juego a dos bandas con Aether y el Team-? —la joven se había enderezado por completo, e interrumpió mi frase de la manera que menos hubiera esperado.

No fue ni con un golpe, ni siquiera tapándome la boca con las manos. Simplemente se echó hacia delante, pasó sus brazos por detrás de mi cuello, y sus labios carmesíes se estamparon contra los míos en un beso que me dejó petrificado allí donde estaba, con los ojos abiertos de par en par por la sorpresa. La descarada actuación de la chica duró unos cinco segundos, sin embargo, para el momento en el que mi cerebro reaccionó, un desmesurado grito de sorpresa hizo que varias aves salieran volando de los ornamentados arbustos.

— ¡Gladion, no sabía que tu novia también era parte de la Fundación! —la voz emocionada de mi tía logró separar a la chica de mí: me quedé parado como un estúpido, con la mente en blanco de la impresión. —Bienvenida de vuelta, Plum —la saludó amablemente.

—Buenos días, Madame Lusamine —respondió la chica con zalamería, haciendo una especie de reverencia —Me tendrá que disculpar enormemente, pero mi sesión de entrenamiento comenzó hace ya más de veinticuatro horas. La pondré al tanto de las novedades al anochecer —dijo rápidamente, y salió corriendo en dirección al palacio; no sin darme un abrazo para susurrarme por lo bajo: —Arreglaremos esto otro día.

Una vez se fue y recobré la compostura, decidí contarle a mi tía con todo lujo de detalle el incidente del día anterior. Lusamine se dedicó a escuchar con suma atención mi historia con el ceño fruncido, y una vez terminé de hablar, se quedó parada en silencio un largo tiempo, pensando.

—Verás, Gladion —habló al fin. — Plumeria es y ha sido una de mis más fieles seguidoras desde que se nos unió, hace casi un año. Ha probado su valía en numerosas ocasiones, y fui yo personalmente quien le otorgó la capacidad de evolucionar a su Salandit. Anoche, luego de escucharte hablar con tus amigos acerca de un Salazzle atacándolos, supe inmediatamente de quién se trataba. Esa misma noche contacté con ella, con el fin de aclarar mis dudas.

¿Qué dudas? — respondí furioso— Esa chica intentó matar a una niña de catorce años, ¡al frente de mis ojos! ¡Está más claro que el agua que es una traidora!

—Plumeria es una agente doble. Finge trabajar junto al Team Skull para así obtener información acerca de sus movimientos. Lamentablemente, se vio forzada a hacer lo que debía hacer —suspiró, con una mirada de dolor en sus ojos grisáceos. — Tu amiga Lillie debería haber muerto ayer, como venganza del Team Skull por haber matado tú a dos de sus compañeros. —Quise replicar que yo no había hecho nada, pero ella levantó una mano, pidiendo que no la interrumpiera. —Eras tú o ella, y, déjame decírtelo, eras demasiado importante para ellos y para mí como para matarte de una manera tan simple. Querían secuestrarte y utilizarte para extorsionarme. Sin embargo, tu Type:Null los salvó, y debo decir que me tranquiliza que eso haya sucedido: la pequeña no merecía pagar por las acciones de otros. Es el mundo en el que vivimos.

El teléfono de mi tía sonó una vez más, anunciando que los estudios de mis amigos habían finalizado. Regresamos sin perder un momento a la sala en la que se encontraban, donde los encontramos conversando tranquilamente: observé que todos tenían un pequeño vendaje en sus brazos, producto de los análisis de sangre. Al verme, Lillie me sonrió, y yo sentí un retortijón en el estómago, producto de la culpa. Se me acercó, con una mirada extraña en sus ojos, y me ofreció un pañuelo de papel descartable, que sacó de uno de sus bolsillos.

La niña soltó una carcajada al preguntarle para qué necesitaba el pañuelo. —
Tienes pintura en los labios —dijo riendo; me puse rojo como un tomate, y me limpié rápidamente. Alcancé a escuchar una risa detrás de mí, que fue disimulada con un sonoro carraspeo.

—Parece estar todo en orden —dijo mi tía, aclarándose la garganta. —Acompáñenme a los pisos superiores: ya hemos perdido suficiente tiempo, y créanme cuando les digo que el mío vale oro.

Ascendimos las escaleras del salón principal, y Lusamine nos guió al ala este de la mansión, del lado contrario a la suite en la que habíamos pasado la noche anterior. Atravesamos unas puertas de roble con decorados de piedras preciosas, e ingresamos en una sala espaciosa y bien iluminada, repleta de maquinarias y tableros de control, y con una especie de plataforma central,
en cuya base se encontraban grabados los números "01". Mi tía se acercó a uno de aquellos extraños tableros, e hizo que uno por uno, mis amigos pulsaran un lector de huellas digitales. Aquel aparato hizo que tres Pokéball se materializaran en la otra punta de la sala.

—Agarren sus prototipos e ingresen en la central —dijo mi tía, señalando con un vago movimiento de la muñeca la plataforma en el medio de la sala. —No teman si sienten calor, una luz intensa, o incluso una pequeña punzada de dolor. Se acostumbrarán a ello. ¿Qué están esperando?

Lillie fue la primera en avanzar, emocionada por lo que estaba por suceder. Su hermano se apresuró a seguirla, seguido inmediatamente de Serena. Por último ingresé yo, y allí nos quedamos los cuatro, parados de una forma un tanto estúpida. La castaña me tomó la mano al escuchar las indicaciones de la mujer, y lo mismo hicieron los demás. Alcancé a verla un último momento, sumamente ocupada ordenando una serie de comandos en una terminal cuando súbitamente una luz blanca, cálida y cegadora nos envolvió, y un fuerte dolor en la cabeza me hizo cerrar los ojos mientras sentía como mi cuerpo caía en un vacío infinito.

SEGUNDA TEMPORADA
CAPÍTULO 1: Transformaciones

Ash

Sentía cómo giraba descontroladamente, mientras caía en un vacío interminable. Si bien había tomado con fuerza las manos de Serena y mi hermana, éstas se me resbalaron rápidamente mientras nos envolvíamos en ese ciclón de luces y destellos. El dolor en mi ojo izquierdo aumentaba de a momentos, cuando súbitamente, noté como mi cuerpo caía con fuerza sobre tierra firme. El impacto hizo que mi cabeza se estrellara contra el suelo, la cual provocó que numerosos granos de arena cristalinos salieran despedidos en todas direcciones. Me quedé tumbado allí, completamente desorientado, mientras el cálido ambiente y la fuerte luz del Sol inundaban mi cuerpo. Luego de respirar profundamente un par de veces, y cuando mi cabeza dejó de dar vueltas, decidí abrir los ojos.

Me encontraba en una magnífica playa, la más bella que jamás había visto. La arena era lisa, limpia y suave al tacto, y era sumamente fina, como si la hubieran filtrado por un colador. A mi derecha podía visualizar un bosque de enormes proporciones, con árboles altísimos y delgados, que apenas si dejaban espacio para caminar libremente. Sin embargo, yo sólo tenía ojos para el fantástico panorama que tenía a mi izquierda.
Una criatura marina de color azulado gigantesca, navegaba lentamente por el agua, perfilándose con el horizonte y proyectando una sombra enorme producto del Sol, que se encontraba apenas asomándose, allí donde sólo se veía un mar infinito. Mientras la observaba embobado, aquella figura emitió un grito con una voz aguda y hermosa, que llegó hasta mis oídos.

—Jodidamente magnífico, ¿no es verdad? —dijo una voz, a unos tres metros por encima mío.

Al levantar la cabeza, observé que quien me había dirigido la palabra era nada más ni nada menos que un pájaro de plumas marrones con partes beige, que descendió suavemente, planeando en círculos, con las alas desplegadas al máximo. Aterrizó con elegancia justo a mi lado, y me sorprendí al comprobar su verdadero tamaño: era mucho más grande que yo y tenía una una bella cresta de color rojizo que lo hacía parecer imponente.

Ese Lapras canta todos los días al amanecer, cuando apenas sale el Sol. Es por eso que vengo a la playa todos los días —dijo, sin prestarme mucha atención. — ¿Eres nuevo por aquí, Froakie? —me preguntó, súbitamente.

—Sí —le respondí, con bastante desconfianza. —Y mi nombre no es Froakie. —Ante mi sorpresa, el ave trinó en una especie de carcajada.

—Por supuesto que no te llamas Froakie. ¿Qué clase de estúpido se llamaría así? —comentó, intentando aguantar la risa. Aquel pájaro me empezaba a caer bastante mal; sin embargo, quizás él supiera algo acerca del paradero de mis amigos.

— ¿Qué demonios es un Froakie? —le pregunté con seriedad, y el ave dejó de reír.

—Tú eres un Froakie. ¿Acaso no sabes nada de los Pokémon? —al ver mi cara de desconcierto, suspiró. —Eres un tipo agua, y te especializas tanto en combate físico como especial. También eres bastante veloz, por lo que deberás aprender a esquivar bien los golpes, o estarás acabado en cuestión de segundos.

Mientras mi emplumado compañero hablaba sin parar, yo me había acercado lentamente al borde de la playa, con la intención de ver mi reflejo en las aguas cristalinas: una criatura de color azul con enormes ojos amarillentos me devolvió la mirada. Mi cuerpo se notaba resbaladizo y flexible, y me notaba mucho más ágil. Noté, además, una especie de bufanda hecha de espuma alrededor de mi cuello. Era esponjosa, pero mis manos podían sujetarla sin quedarse pegadas.

—...y, según lo que he leído, eres incluso capaz de usar movimientos fuera de lo normal. —continuaba aquel Pokémon a mi lado —¿Te importaría probarlo conmigo, compañero? Sólo tienes que arrojar un poco de tu espuma hacia mí, y yo intentaré esquivarlo. Por cierto: mi nombre es Paul, y como has visto, soy un Pidgeotto.

—No tengo tiempo para esto —le respondí secamente. —¿Sabes si alguien más ha despertado por aquí cerca? —el ave frunció el entrecejo, claramente ofendido, y comenzó a caminar alejándose de mí.

—La verdad, sí he visto un par de Pokémon ingresar en la isla—respondió con desdén. —Sin embargo, como eres un maleducado y un irrespetuoso, quizá deberías buscarlos tú solo. —completó, y extendió sus alas.

— ¡Espera! —realmente no tenía tiempo para juegos de niños, pero el Pidgeotto me había dado la pista que necesitaba. Me llevé las manos al cuello, y como si de bolas de nieve se trataran, le lancé unas cuantas al Pokémon pájaro, que giró sobre sí en el aire esquivándolas. Sorprendentemente, los proyectiles volaban con extrema precisión, exactamente hacia donde quería.

—¡Eso es, vaya que tienes puntería! —gritó en el aire, mientras las burbujas de espuma rozaban sus plumas y dejaban restos pegados, que ralentizaban sus movimientos— ¡Suficiente, suficiente!

El Pidgeotto bajó nuevamente, quitándose el resto de mis disparos con el pico y acomodándose las plumas.

—¿Nada mal, eh? Como sea, has cumplido tu parte del trato, así que ahora te diré la mía. Verás, la parte Sur de la playa es el punto de entrada y salida a la isla. Mientras volaba hacia aquí, he visto a alguien inconsciente en la arena. Parecía un Furfrou, pero era mucho más pequeño. Puedo mostrarte el camino, si quieres —agregó, levantando un ala y haciendo una especie de reverencia.

¿Qué demonios era un Furfrou? No alcancé a preguntarle, pues Paul había tomado carrerilla y salió volando con una agilidad sorprendente. Al comenzar a correr detrás de él, me sobresalté al percibir la velocidad a la que nos desplazábamos. Los árboles a mi derecha desaparecían uno tras otro, sin embargo la playa no parecía tener fin. Definitivamente la isla era mucho más grande de lo que me imaginaba. Al fin y al cabo, la Fundación Aether tendría que haber creado un lugar con espacio suficiente para que todos pudieran entrenar sin problemas.

Serena

Me encontraba cómodamente tirada en la arena, tomando el sol tranquilamente en aquella magnífica playa. Estas eran las vacaciones que necesitaba. No me importaría quedarme allí todo el día, metiéndome al agua de vez en cuando, para refrescarme. Pero algo raro pasaba. Por más que mi cuerpo estuviera sereno y cálido, mi mente no paraba ni un segundo de dar vueltas y vueltas.
¿Qué rayos estaba haciendo en esta isla? Súbitamente, como si de un rayo se tratase, todo volvió a mi cabeza: Mis amigos. La ciudad. ¡Los Pokémon! Abrí los ojos y me enderecé con velocidad en la brillante arena, sin embargo, noté cómo mi columna se arqueaba en un ángulo extraño, casi como si hubiera olvidado como sentarme correctamente. Y entonces, una vez mis ojos se acostumbraron al cegador ambiente, di un salto de la sorpresa.

Tenía una cola. ¡Una cola sedosa, enorme y esponjosa sobresalía por entre mis piernas! Al pararme, noté como mi cuerpo me empujaba hacia abajo, y su estructura me obligaba a estar constantemente en cuatro patas. Al observarme más detenidamente, figuré que me había convertido en un
pequeño zorro peludo, con una especie de bufanda de pelo estúpidamente gruesa y blanca como la nieve. Mis orejas eran largas y puntiagudas, y era capaz de escuchar incluso los más mínimos sonidos. Mi meticulosa examinación de mi nueva forma se vio interrumpida, cuando sentí una especie de ligera descarga eléctrica que me puso en suma alerta: no tenía idea de cómo lo sabía, pero alguien se acercaba a donde me encontraba en este momento, y debía esconderme lo antes posible.

Corrí lo más rápido que pude en dirección a los árboles más cercanos, y me agazapé detrás de uno de ellos. Si bien no alcanzaba a cubrir mi cuerpo entero, era lo suficientemente pequeña como para que el alto césped sí lo hiciera. A pesar de aquella fuerte dosis de adrenalina, me mantuve inmóvil, sin apenas respirar. Y entonces los vi: un pájaro enorme, seguido de cerca por un extraño anfibio de color azul, cruzaron a toda velocidad la isla, mirando por todas partes: sin duda estaban buscando algo… o a alguien. Pasaron uno, dos, tres minutos desde que aquel par se había perdido en el horizonte, mas mi sensación de inseguridad no desaparecía.
¿Acaso estaban por volver? La respuesta se encontraba justo detrás de mí.

— ¡Sorpresa! —me gritó una voz a unos centímetros de la oreja. Di un nuevo salto, esta vez tan grande que quedé aferrada al árbol en el que me escondía, a unos dos metros del suelo, mientras escuchaba numerosas carcajadas desde abajo. Y entonces lo reconocí: un enorme casco en la cabeza, un cuerpo que parecía armado con varios animales…

— ¿Gladion, eres tú? —pregunté con desconfianza mirando al Pokémon, que asintió sin parar de reír.

—No puedo creer que seas un Eevee, Serena —respondió entrecortadamente. Acto seguido apoyó sus patas delanteras sobre el árbol, acercando su cabeza hacia donde me encontraba. —Baja de ahí, y súbete a mi lomo. Te llevaré con Lillie en menos de lo que canta un gallo. Y no te preocupes, mi arma no hace daño a no ser que yo quiera —añadió, refiriéndose a ese extraño collar en su cuello.

Me deslicé con dificultad, y me encaramé en su cuerpo. Su pelaje grisáceo se confundía con el mío, y me resultaba bastante resbaladizo. Comenzamos a avanzar a paso ligero, mientras fulminaba a mi amigo a preguntas.

— ¿Que es un Eevee? ¿Y cómo me reconociste? —le pregunté en la oreja, mientras hacía todo mi esfuerzo por no caerme.

—Un Pokémon bastante curioso. Es capaz de evolucionar en un amplio abanico de posibilidades, debido a su genética inestable. En cuanto a lo segundo, fue simple deducción. Tu cara de sorpresa cuando Lusamine habló de todas esas tonterías sobre la sangre me hizo pensar que serías un caso especial, y siendo Shiny, las probabilidades de confundirte eran muy pocas.

— ¿Dónde está Lillie? ¿Está Ash con ustedes? —me preocupaba no encontrar a mis amigos, al fin y al cabo ni siquiera conocía sus nuevas formas: encontrarlos sería cuestión de pura casualidad.

—Cerca de aquí, y no, no lo he visto. Igual, no te preocupes: tu amigo sabe defenderse por sí sólo. Y Lillie está disfrutando el haberse convertido en Pokémon, al igual que yo. Ahora mismo está en la playa, pero no está sola: ¿Puedes creer que la primera persona que nos hemos encontrado la conoce? ¿Cuáles eran las posibilidades?

Me quedé pensando un pequeño rato, intentando adivinar quién podría ser aquella persona. ¿Un familiar, tal vez? Gladion tampoco parecía saber la respuesta, así que decidí cambiar de tema.


— ¿Qué es evolucionar?


—Realmente no tienes idea de los Pokémon —dijo mi amigo, suspirando, y comenzó a hablar. —Prepara bien esas nuevas orejas tuyas, esto nos llevará un buen rato.
CAPÍTULO 2: La isla de Alola

Lillie
Mi cuerpo se encontraba completamente tensionado por los nervios. Éste era mi primer combate, y debía ganarlo a como dé lugar. Observé a mi oponente, que se encontraba en posición de ataque. Se trataba de un un Pokémon semejante a un conejo que caminaba a dos patas. Solo verla acomodarse en su posición de pelea me dio un escalofrío: no parecía ninguna novata.

—Adelante— dijo, con educación y esbozó una sonrisa—. Te dejaré atacar primera, ya que eres nueva en esto.

Mi cerebro comenzó a dar vueltas sin parar. Sentía el frío que rodeaba mi cuerpo; no era molesto. Se sentía casi como flotar en agua fría un día de verano. ¿Y acaso no había dicho Gladion que eran criaturas elementales?

Comencé a correr en dirección a mi contrincante, quien se quedó parada tranquilamente, esperando mi ataque. Me acerqué sintiéndome una estúpida y dirigí un ataque… o más bien un estornudo. No pude dar crédito a mis ojos cuando una pequeña ventisca se creó a partir de mi boca.

El Pokémon trastabilló unos cuantos metros hacia atrás, pero se recompuso rápidamente, y empezó a correr en mi dirección: estaba lista para esquivarlo, cuando súbitamente dio una voltereta y golpeó la arena con sus dos enormes orejas. La fuerza del ataque hizo que me elevara unos cinco centímetros, lo cual fue suficiente para dejarme indefensa y recibir de lleno el impacto de uno de sus puños, que me atacó a una velocidad sorprendente.

Esta vez fue mi turno de salir despedida, rodando en la arena. Logré sujetarme a duras penas e intenté cargar nuevamente hacia ella, pero un súbito resplandor rojo en su pelaje me paralizó del miedo.

—Yo que tú no me acercaría con la guardia baja esta vez— me dijo mientras sus puños comenzaban a brillar. —No sabes lo mucho que he entrenado mi Puño Incremento hasta perfecc-

El Pokémon se vio interrumpido cuando una criatura emplumada dio de lleno en su costado, y ambos salieron rodando hasta terminar en el agua. Caí irremediablemente, sin embargo alguien me atrapó en medio vuelo. Parecía una criatura azul bastante pequeña. A pesar de que teníamos casi el mismo tamaño, se las arregló para caer ágilmente en la arena sin recibir ni un rasguño.

—¿Estás bien?— me preguntó con caballerosidad, y me sentí bastante incómoda: incluso debajo de aquellas formas, el Pokémon parecía un príncipe azul rescatando a su princesa de caer en el vacío.

— S-Sí...— comencé a decir con incomodidad, sin embargo, justo en ese momento, mi cerebro asimiló su voz—. ¿¡ASH!?— me bajé rápidamente de encima de él: unos segundos después mi hermano me reconoció y me abrazó, claramente preocupado por mí.

—¿Quieres que te maten, Lillie? ¿Qué rayos hacías peleando con ese conejo enorme tan sólo unos segundos después de aparecer en este mundo? ¿Estás loca?— Ash parecía enojado, preocupado y a la vez feliz de verme a salvo. Su sermón se interrumpió de golpe cuando mi contrincante lo embistió, aunque sin hacerle ningún daño: ambos cayeron en la arena, y mi hermano quedó tumbado en el suelo, con los hombros sujetos por las orejas de la coneja.

—¿Eres quién yo pienso que eres?— le preguntó sonriendo, y girando la cabeza. Ash no supo que responder: se encontraba realmente confuso, así que me decidí a terminar con tanta duda.

—Hermanito, ella es Dawn. ¿Te acuerdas de ella?— dije sin rodeos.

—¿Dawn?— mi hermano la miró inseguro, pero comenzó a sonreír.

—¿Ash?— le siguió el juego la chica.

—¡Dawn! ¡Cuánto tiempo sin verte!

—¡Lo mismo digo, han pasado años!


Ambos se levantaron del suelo, y la chica se explicó rápidamente: yo misma era quien le había pedido realizar un combate de práctica, para acostumbrarme a mi nuevo cuerpo. Aquel bicho emplumado, que resultó ser un Pidgeotto, se subió volando a la cabeza de Dawn.

—Él es Paul—dijo, señalando a su cabeza—. Es mi... amigo, por decirlo de alguna manera. Tiene que corregir su forma de hablar, pero es una gran persona. Además sabe muchísimo de este mundo.

—Lo siento por interrumpir su feliz reencuentro —dijo Paul con sarcasmo —pero, ¿de dónde se conocen? Es más, ¿no te conozco yo de algún lado? —enfocó claramente con sus ojos a Ash, el cual se llevó una mano a la cabeza con cierta incomodidad.

—Dawn y yo solíamos ir de vacaciones juntos a una región llamada Sinnoh— explicó mi hermano, rascándose la cabeza—. Pero no recuerdo mucho de ese lugar. Quizá éramos muy jóvenes como para incluso acordarnos. ¡Es más, creo que Lillie ni siquiera había nacido!

Nuestra charla se vio interrumpida cuando vimos, a lo lejos, una extraña figura cuadrúpeda correr hacia nosotros. Tanto Ash como Paul se pusieron alerta, pero yo ya sabía de quién se trataba. Por supuesto que era Gladion, y aquel minúsculo zorro grisáceo que se encontraba subido a su cabeza, y sujeto a su collar como si de una rienda se tratara, era nada más ni nada menos que Serena. Luego de reencontrarnos, y presentar a nuestros nuevos amigos, pasamos un par de agradables horas en las cuales nos sentamos los seis con tranquilidad en la arena, bromeando sobre nuestras nuevas formas, y contando nuestra historia a Dawn y Paul, a la vez que ellos contaban la suya.

— ¡...y entonces, éste sale de detrás del escenario, a la salida de mi concurso y me salva la vida! —dijo la Lopunny riendo y señalándolo con una pata. —Así fue como nos conocimos, y aún le debo ese favor. Me juré a mí misma no despegarme de este pesado hasta que no estemos a mano. Aunque lo que todavía no entiendo, es por qué lo hizo. Apenas nos habíamos hablado hasta ese momento.

—Realmente, ¿qué pretendías que hiciera? No iba a dejar que esos idiotas le hicieran algo a una chica indefensa. Y no exageres las cosas: esos estúpidos sólo querían molestarte, y les di su merecido—. Acto seguido, el Pidgeotto se bajó de la cabeza de Dawn, y comenzó a dar patadas al aire, de una forma un tanto ridícula. Al escuchar mis carcajadas, se detuvo y me miró con enojo—. Tienes suerte de no andar a cuatro patas, Vulpix.

No te pongas así —le respondí aguantando las ganas de soltar otra carcajada. —¡Pero eres como ver una película! ¿Acaso practicas algún arte marcial en la vida real?

El Pidgeotto quiso replicar, pero dudó. Se quedó mirándonos un rato con seriedad; luego voló nuevamente hacia la cabeza de su amiga, y le susurró algo en la oreja. Se quedaron cuchicheando un pequeño rato, visiblemente preocupados. Al cabo de un rato, Dawn habló.

—¿A qué te refieres con "vida real", exactamente?— preguntó mirándome fijamente.

—A nuestra vida. En la que somos humanos, en la que debemos comer, beber y dormir para sobrevivir. Esto sólo es un mundo virtual, un juego: la misma Lusamine nos lo dijo.

—¿Y a dónde crees que va tu cuerpo mientras está aquí? Ustedes están aquí, y déjenme decirlo, estarán aquí varios días, ya que eso es lo que duran las sesiones de entrenamiento. —levantó una pata, mostrando cuatro dedos cubiertos de pelo color beige. —Cuatro días, de Lunes a Jueves, todas las semanas.

—Entonces, por lo que nos estás diciendo, tendremos que cazar y recolectar frutas en esta isla… ¿como animales salvajes?— interrumpió Serena súbitamente. Reaccionó tan sorpresivamente que Dawn dio un salto, haciendo que su compañero se tambaleara y cayera de su cabeza.

—Tranquilízate, por el amor de… —dijo Paul, sacudiendo las alas nerviosamente—. Existe toda una economía en esta isla, la moneda corriente se llama "Poké". Lo único que necesitan hacer es conseguir un trabajo: nosotros podríamos cubrirlos esta noche, pero nuestra casa no es muy grande que digamos… —comenzó a explicar: dudó un segundo, pero luego continúo —Verán, nosotros formamos parte de un Equipo de Exploración de Alola: en pocas palabras, somos la policía de la isla. No tendríamos problema en agregarlos a nuestro equipo, pero las leyes de la Central establecen que no deben formarse grupos de más de dos personas, o Pokémon, exceptuando casos especiales. Así que deberán formar sus propios equipos. Si miran con atención —señaló con un ala, hacia el punto norte de la isla, donde alcanzaba a verse un camino de piedra labrada asomarse entre la arena —ese paso lleva hacia la Aldea. La Sede de la Central se encuentra allí.

—Está bastante cerca de aquí, y tiene una cafetería estupenda. ¡Vamos, ésta vez invito yo! —exclamó Dawn, y su amigo lo miró con una sonrisa ladeada. —Por favor Paul, no es lo que estás pensando…

—A Dawn le gusta el dueño del café —dijo sin rodeos, esquivando por unos centímetros las patas de la Lopunny y alzando el vuelo.

La veloz Lopunny salió corriendo a gran velocidad, desparramando arena en todas direcciones, intentando alcanzar al Pidgeotto que reía sin parar. Los cuatro nos miramos, un poco confundidos, y sin más dilación comenzamos a seguirlos por el interminable y brillante mar de arena.
CAPÍTULO 3: Sin Escapatoria

Gladion
Mis pies comenzaron a dolerme un poco al comenzar a caminar por el estrecho sendero de piedra que comunicaba la gigantesca playa y la Aldea. Al adentrarnos en el bosque, noté cómo los frondosos árboles nos ocultaban rápidamente de la enceguecedora luz del sol. A pesar de que todos se encontraban conversando animadamente, no me encontraba seguro entre aquellos troncos y la semioscuridad, donde cualquiera podría esconderse fácilmente y emboscarnos de repente. Recordé como Serena, gracias a su habilidad como Eevee, era capaz de anticipar cualquier peligro.

—Serena —la llamé por lo bajo, con cuidado para no alertar a nadie.

—Si quieres disculparte por el terrible susto que me diste hace rato, ni te molestes. Tengo muchas otras cosas de las cuales preocuparme por el momento —respondió cortantemente. Tenía las orejas gachas y observaba con mucha desconfianza los alrededores del camino, al igual que yo.

—Tú también lo sientes, ¿verdad? Esa sensación de que nos están observando. La chica me miró súbitamente, con una expresión de sorpresa en sus brillantes ojos negruzcos. —Eres un Eevee. Una de las habilidades de tu clase es Anticipación, que permite detectar posibles amenazas.

—No sabía que los Pokémon tenían habilidades. En ese caso, ¿cuál es la tuya? —me preguntó un poco confundida.

Suspiré y cerré los ojos, intentando recordar. Jamás creí que me convertiría en tutor de tipos, ataques y habilidades. Type:Null… estaba seguro que habíamos hablado de ese tipo en nuestro entrenamiento.

—No estoy completamente seguro —respondí exprimiéndome la cabeza, —pero tenía que ver con algún tipo de suerte— comencé a explicar, sin embargo Paul, que volaba cerca de nosotros nos interrumpió.

—¡No me digas que eres un Pokémon Afortunado! —dijo sorprendido, y el resto del grupo se dio vuelta para ver de qué estábamos hablando— En ese caso, deberías participar del sorteo que realiza Kenny cada semana, quizá tengas suerte de principiante. Dawn y yo hemos participado varias veces, pero nunca hemos ganado nada —dijo un tanto fastidiado, mirando a su amiga.

—¿Quién es Kenny? —preguntó Lillie, que caminaba alegremente junto al Froakie. Al observarlo más detenidamente, me di cuenta que no estaba prestando la más mínima atención a la conversación: se encontraba igual de alerta que Serena y yo.

—El dueño de la cafetería, y el amor platónico de Dawn —interrumpió Paul rápidamente, antes de que su amiga hablara. —Es un Gallade, y uno de los mejores que he visto. Pero para ella, es su príncipe azul con dotes para la cocina. Se la pasa allí, suspirando cada vez que pasa cerca.

—¡Cierra el pico, estúpido pollo! —le dijo su amiga enfadada; como respuesta sólo obtuvo una carcajada.

—Ah, ¿así que con juegos de palabras ahora? Vamos, Dawn. Todo el mundo que te conoce se ha dado cuenta. Estoy hasta sorprendido que él no lo haya notado aún. ¿O quizá sólo está jugando contigo, haciéndose el tonto?

—Basta, Paul —lo interrumpió Ash, mirándolo con furia. Todos lo miramos un poco sorprendidos. —¿Por qué le dices esas cosas?

Paul se quedó estático en el aire, impactad por las palabras de la rubia; todos volteamos a verlo excepto Dawn, que siguió andando lentamente, sin disminuir el ritmo.


—Es una broma, no tienen que ponerse así
— dijo agachando la cabeza un poco enojado, y se acercó volando a su amiga, que se alejaba poco a poco — ¡No te enojes, Dawn! Sólo estaba jugando contigo —gritó, aunque no recibió respuesta. — ¿Dawn?

Como si de una cadena se tratase, poco a poco todos fuimos percibiendo la sensación de peligro. La primera fue Serena, quien se estremeció de golpe, y los pelos se le pusieron en punta. Comencé a girar la cabeza frenéticamente en todas direcciones, intentando encontrar al disparador de su habilidad. Los siguientes fueron Ash y Paul, que reaccionaron simultáneamente al ver las actitudes tanto mías como de Dawn, que se había quedado estática,
mirando un punto fijo entre los árboles. Finalmente, por contagio social, Lillie se calló, y miró con temor los alrededores. Numerosas sombras se movían entre los árboles, que ninguno alcanzaba a distinguir.

De la nada, una bola de fuego se dirigió a toda velocidad contra Paul. Éste intentó esquivarla, sin embargo las llamas alcanzaron una de sus alas y lo mandaron directo al suelo, girando en círculos. El desagradable olor a plumas chamuscadas llegó a mi nariz: debíamos huir de allí inmediatamente. Le hice una seña con la cabeza a Ash, quien cargó rápidamente en sus brazos a Lillie, y yo agarré con los dientes la espesa bufanda de pelo de Serena, que se encontraba agachada aterrorizada entre mis patas delanteras; lo mismo hizo Dawn con Paul, que lo sujetó del pescuezo con una mano.

Estábamos a punto de salir corriendo, cuando alguien nos interrumpió. Se trataba de un Scrafty, que nos cerró el paso con una maquiavélica sonrisa bajo su capucha. Detrás de nosotros, dos Persian salieron de entre los árboles, moviendo las colas con molestia y ronroneando por lo bajo: sus ojos rojos como la sangre destellaban de malicia mientras se acercaban lenta pero incesantemente, cerrándonos cualquier vía de escape posible.

—Bandidos —susurró Dawn con cautela. Depositó con cuidado a su amigo detrás de ella, y encaró con fiereza al Pokémon siniestro, que no retrocedió en absoluto. —¿Qué es lo que quieres?

—Acaso no me recuerdas, conejita? —susurró el Scrafty, asomándose sonriente entre sus extremidades. —Tú y tu pollo gordo nos la jugaron la semana pasada en el Monte Nevado. Por su culpa perdimos un alijo completo de Eviolitas! Ahora nos la pagarás. ¡Persian, a mi señal! —le indicó a los felinos a nuestras espaldas, que se encorvaron adoptando una posición de combate.

Al mismo tiempo, ambos Pokémon felinos saltaron en dirección a nosotros. Tuve que girar la cabeza para que uno de ellos no partiera a Serena por la mitad, sin embargo sus fauces se cerraron en mi cuello, causándome un punzante dolor. Giré sobre mí mismo, y el felino salió despedido en la dirección en la que había atacado. Una corriente de aire helado me indicó que el ataque de Lillie habían dado en el blanco: la Vulpix se había liberado de los brazos de su hermano, y ambos luchaban codo con codo contra el otro felino.

A nuestras espaldas, Dawn estaba en problemas. El líder del grupo era demasiado veloz para ella, y sus ataques no surtían mucho efecto frente a la velocidad innatural del Scrafty. Un rápido giro de su contrincante la mandó a volar, estrellándose contra Paul, el cual se encontraba inconsciente en el camino. Quise ayudarlos, pero tenía mis propios problemas. Alcancé a ver por el rabillo del ojo como mi enemigo cargaba nuevamente hacia mí: supe enseguida que no tendría tiempo para esquivarlo, por lo que simplemente cerré los ojos y esperé el impacto; sin embargo Serena reaccionó justo a tiempo.

Levantándose sobre sus patas traseras,
creó una Protección transparente que hizo al Pokémon rebotar: la Eevee no salió impune, pues la fuerza del ataque la hizo retroceder unos metros; desafortunadamente, su cabeza golpeó contra la afilada saliente de un árbol y la dejó fuera de combate inmediatamente.

— ¡Serena! —escuché a Ash gritar de pánico al ver el ensangrentado tronco: aquel momento de distracción fue crucial para el Persian, quien agachó la cabeza, y un poderoso rayo de energía color rosa pálido se formó en la gema que llevaba en su cabeza, impactando en el Froakie y mandándolo a volar hacia unos arbustos lejanos, donde quedó tendido, inmóvil.

Éramos tres contra tres ahora, y nuestras probabilidades de victoria estaban cayendo en picada. Me acerqué a Lillie, quien sólo me ofreció una mirada de terror: estaba enmudecida por la conmoción; los felinos eran dos veces el tamaño de ella, y se acercaban incesantemente a nuestra posición.

—Nunca deberían haberse metido con nosotros —sentenció Dawn con furia; sus orejas se levantaron en el aire, y sus ojos parecían destellar mientras uno de sus puños se veía envuelto en llamas. Ésta colisionó contra uno de los ataques del Scrafty, ocasionando que numerosas chispas salieron volando en todas direcciones: tanto Lillie como yo alcanzamos a esquivarlas, sin embargo ambos Persian y el Pidgeotto no tuvieron tanta suerte.

Paul

Sentía un calor inexplicable, mezclado con un leve pero insistente dolor. ¿Qué demonios había pasado? Sólo recordaba mi estúpida sensación de culpa por haberle gastado una simple broma a Dawn. Un resplandor anaranjado sumamente molesto me traspasaba los párpados, y no me dejaba pensar con claridad, por lo que decidí abrir los ojos. Aquel resplandor no era el sol. Era yo. ¡Me estaba incendiando! Me sacudí enérgica y desesperadamente con las alas para apagar las llamas, y miré a mi alrededor.

Tanto Gladion como Lillie se encontraban peleando encarnizadamente contra un par de Persian: el Type:Null recibía la mayoría de los golpes para proteger a su amiga, mas no aguantaría mucho; ¿Dónde estaban los otros dos? Y entonces, al darme vuelta, la vi: Dawn estaba de espaldas a mí, y su cuerpo temblaba con esfuerzo para mantenerse de pie frente a los numerosos e incesantes golpes de un enorme Scrafty. Dawn. Mi amiga, mi compañera de armas en esta jodida isla llena de idiotas. No podía permitir que alguien le hiciera daño. Ella no era más fuerte que yo, por mucho que quisiera, y por eso mismo... era mi deber protegerla.

Óyeme, estúpido gángster —le grité desde los aires. El Pokémon levantó la cabeza, y detuvo sus golpes un momento. —Sólo ella puede llamarme "pollo" y salir impune —vociferé, mientras caía en picada, con las alas plegadas para alcanzar la máxima velocidad posible y mi pico brillando de color plateado, listo para atacar.

Sin embargo, no sólo mi pico destellaba: mi cuerpo entero estaba recubierto de un aura plateada. Mis alas se ensancharon, mis porosos y livianos huesos de ave se alargaron sorpresivamente sin producirme ningún dolor y mi cabeza creció de tamaño, mientras me dirigía furiosamente y sin pausa en dirección al cráneo del Scrafty, que me miró atónito, sin saber que estaba a punto de asestarle un golpe fatal. Y así fue.

Extendí las garras justo a tiempo para incrustarlas en su pecho, y mi afilado y mortífero pico atravesó su esternón limpiamente. El Pokémon perdió la estabilidad, y un río de sangre comenzó a formarse rápidamente en el suelo, cuando lo lancé hacia un costado con fiereza. Los felinos, al ver a su líder abatido, huyeron rápidamente sin pensárselo dos veces. Sin embargo, no tenía ánimos de perseguirlos: mis ojos sólo miraban con impotencia al magullado Lopunny que se encontraba tumbado en el suelo detrás de mí.

—Nos la han jugado, Paul— musitó débilmente, y su cabeza golpeó el suelo para no levantarse más.

Lillie y Gladion me explicaron rápidamente lo sucedido. Volé sin demora hacia donde se encontraban sus amigos: la Eevee tenía un feo golpe en la parte trasera de la cabeza, que sangraba profusamente;
necesitaría atención médica urgentemente al igual que Dawn. Y si bien el Froakie seguía desmayado, sus heridas no parecían mucho más graves que las mías y las de Gladion, por lo que no me preocupé demasiado. La única que parecía ilesa era la Vulpix, que había sido cubierta tanto por su hermano como por su amigo en combate. Nos las arreglamos para cargar cada uno con uno de los heridos, y comenzamos la larga procesión hacia el pueblo. Sólo deseaba que nadie más decidiera tropezarse con nosotros, o ese sí sería nuestro fin.

Luego de aproximadamente veinte minutos de sufrimiento, divisé con alegría un cambio en el camino. El sendero empedrado desaparecía para dar paso a un fantástico claro entre los árboles donde un numeroso grupo de Pokémon caminaba de aquí para allá despreocupadamente, conversando entre sí y preparándose para una nueva semana en la isla. Varias construcciones se elevaban aquí y allá: estaban hechas de materiales bastante básicos, como madera, arcilla y paja, y asemejaban de una manera increíble a sus inquilinos: sabía que los encargados de construirlas tenían una especie de afición con la arquitectura moderna, y se empeñaban en hacer casas con forma de Pokémon.

Tiré con fuerza del cuerpo de Dawn, e intenté dar un par de pasos más hacia el hospital, pero mi cuerpo no pudo soportarlo. Mis patas cedieron, el cuerpo de mi amiga cayó encima de mí, y finalmente cerré los ojos. Lo único que escuché antes de perder el conocimiento eran gritos y advertencias, y finalmente como unos fuertes brazos me alzaban del suelo, mientras el viento sacudía mis plumas.
CAPÍTULO 4: Suerte

Lillie
¿Qué demonios ha pasado aquí? —preguntó al aire un muy preocupado Gallade, una vez llegó hacia donde nos encontrábamos: tenía un impecable delantal blanco por encima de su delgada figura, y mantenía cruzados los brazos en señal de indignación. Miró la escena durante unos segundos hasta que nuestras miradas se cruzaron. Sus rojizos y penetrantes ojos se clavaron en mí, exigiendo una explicación.

—Yo… —miré implorante a mis amigos, pero en ese momento supe que estaba sola.
Todos se encontraban en un terrible estado, y comencé a sentirme muy culpable por ser la única ilesa. —Somos nuevos en la isla. Paul y Dawn —indiqué señalándolos con un gesto de la cabeza —fueron emboscados por unos bandidos, y nosotros simplemente nos vimos envueltos en la situación. Se los ruego... ayúdennos.

Sentía que no podía manejar la situación. Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos mientras éstos pasaban de las heridas que Gladion tenía en el cuello, a la masa ensangrentada de pelo en la que se había convertido la cabeza de Serena, para finalizar con la imagen de mi hermano, Paul y Dawn desmayados. El único que estaba consciente, aunque desplomado de costado por el agotamiento, era Gladion: tenía los ojos cerrados, y le explicaba con voz débil la situación a un Machoke, que se encontraba con su cabeza a escasos centímetros de la suya, haciendo esfuerzos por oírlo. El Gallade se ablandó un poco al verme llorar, me dio una palmada en la cabeza y
me arrastró en dirección al café, intentando consolarme, y diciendo que todo iba a estar bien.

Me dejé llevar, pero no sin antes girar la cabeza en dirección a mis amigos: El Pokémon luchador alzó sin ningún tipo de esfuerzo a Ash y a Serena, mientras un Electabuzz y un Magmar se ocuparon de los demás, y el grupo se los llevó en dirección a una
estancia con forma de huevo, que supuse sería el hospital. Sin embargo, no pude ver más: unas puertas se cerraron detrás de mí, y una alegre melodía invadió el ambiente.

—No te preocupes, nuestros amigos estarán bien —me tranquilizó el chico: él también se veía alterado, pero intentaba disimularlo. — ¿Cuál es tu nombre, chica?

—Me llamo Lillie —respondí, sin dar muchos rodeos. —Y tú debes ser Kenny. Dawn nos ha hablado de ti. Al mencionar su nombre,
percibí cómo la mano que apoyaba sobre mis hombros se sacudía ligeramente.

—Estás en lo correcto —afirmó carraspeando. —No te haré revivir lo que has pasado en esta última hora, así que sólo siéntate en una de las mesas y relájate. Te prepararé una bebida: pareces ilesa, así que un trago caliente debería bastar para ti.
No te preocupes —añadió, al intentar replicarle —, la casa invita.

La cafetería era cálida y agradable: si bien carecía de ventanas, el techo de cristal era suficiente para iluminar el lugar. Numerosas mesas se repartían por todo el lugar, y en vez de sillas, una especie de nidos de paja servían como lugar donde sentarse. En la parte derecha del monoambiente se encontraba la barra, donde un par de siniestros Pokémon tomaban sus bebidas, y en la izquierda, en un pequeño escenario de madera, se encontraba el origen de la melodía.
Una pequeña, delicada y elegante Meloetta cantaba con pasión, mientras su audiencia la miraba anonadada: mucha gente se paraba de vez en cuando y depositaba unas brillantes monedas de oro en una bolsa de cuero, que tenía un cartel con la insignia "Cambio" pegada delante. Deseé tener un par de esas monedas en mi poder para obsequiarle a la artista: su voz era increíble, y su canto llegaba al corazón. No supe si pasaron diez minutos o diez horas, cuando otra voz me sacó de mis pensamientos. Kenny había regresado, y traía consigo una especie de bol con un líquido amarillento espeso.

—Espero que te guste: es un zumo de baya Uvav: si bien es amarilla, su sabor es exactamente igual al de las uvas, suave y dulce, aunque con un ligero sabor ácido al final. Tiene una pizca de Ocac, para combatir el calor. ¿Estás disfrutando la música? —añadió mirando a la cantante. —Al parecer hoy se levantó de buen humor,
tiene a todos embobados viéndola.

Le agradecí, y él se sentó al lado mío. Estuvimos en silencio un pequeño rato, que interrumpió al mostrarme un brillante objeto.
Tenía forma de disco, y era de color plateado. Él me explicó que se trataba de una Máquina Técnica: unos artefactos bastante extraños, que poseían la capacidad de ampliar tus habilidades de combate. Ésta en especial era "Cola de Acero", y pretendía sortearla en la tómbola que organizaría hoy.

— ¿Quisieras ayudarme con el sorteo? —me preguntó con una sonrisa que me esforcé por devolverle. —Si me ayudas,
puede que el dueño te dé una doble chance de ganar —agregó, guiñándome un ojo.

No pude negarme: había hecho bastante por mí, y quería devolverle el favor. Además, sería una buena forma de distraerme por lo sucedido. Lo acompañé a la barra, y observé cómo hacía sonar una campanilla, que interrumpió a la Meloetta y sacó a todos los Pokémon del café de
una especie de trance.

—Damas y caballeros, bienvenidos a otra semana en la isla de Alola. Como bien saben, cada semana otorgamos un fantástico premio a nuestros fieles clientes, y cómo no, ¡esta no será una excepción! —exclamó el Gallade, y unos cuantos silbidos se oyeron. —Para la gente nueva que no sepa las reglas, es muy simple: colóquense en una fila, y digan su nombre. Mi ayudante y yo nos encargaremos de anotarlos, y sólo podrán participar una vez. El premio de hoy es… ¡Esta misteriosa Máquina Técnica, que permite aprender Cola de Hierro, un poderoso ataque tipo Acero! Por favor, no se empujen —se quejó, pues al ver el premio, numerosos Pokémon se habían levantado apresuradamente para participar.

La cafetería fue un pandemónium durante la próxima hora: una enorme y curva fila de Pokémon altos, bajos, gordos, flacos, pequeños y grandes se empujaba para un lado y para otro con el fin de participar.
Kenny se paró delante de la fila, y cerró los ojos: me explicó por lo bajo que sus poderes psíquicos eran capaces de detectar posibles engaños, y de esa forma descubriría a cualquiera que quisiera participar dos veces, o disfrazarse de otro Pokémon.

Me entregó un bolígrafo, y me encargó la tarea de escribir cada nombre. Como me di cuenta muy tarde,
los zorros no saben escribir. ¿Cómo se supone que iba a…? Di un salto hacia una de las banquetas detrás la barra, y comencé a escribir con una pata: los músculos que rodeaban mi pierna se sentían exactamente igual que una mano, aunque con sólo cuatro dedos. Comencé a escribir con dificultad, y poco a poco la fila fue disminuyendo. Félix, Giselle, Gray, Benny, Marie, Ralph, Jessica… la lista era infinita. Y entonces, en un momento determinado, el Gallade interrumpió:

—Zoey —dijo una voz de mujer. Estaba tan atareada con los nombres, que ni levanté la vista para verla.

Lo siento, no puedes participar —dijo Kenny, aún con los ojos cerrados.

—Kenny, soy yo, Zoey. ¿Me vas a dejar participar, o vas a hacerme cambiar? —se trataba de Meloetta, y parecía sumamente molesta.

—Preferiría que así lo hicieras. Además, todo el pueblo sabe que eras tú la que cantaba. Tienes una voz maravillosa, no sé por qué tienes que esconderte bajo otro Pokémon —halagó la Gallade, abriendo un ojo y esbozando una sonrisa.

— ¡Muy bien! —replicó la tal Zoey, ofendida. La cantante dio una voltereta en el aire, y un destello con los colores del arcoíris
dejó entrever a un pequeño zorro grisáceo, de ojos azules y con mechones rojizos. Se trataba de una Zorua. — ¿Ya estás contento?

—Muy contento —le respondió Kenny, y se dirigió hacia mí. Ponle dos boletas, Lillie. Es una buena amiga.

Luego de aproximadamente una hora, el último nombre fue escrito. Un Pachirisu, que parecía diminuto visto desde la barra dijo su nombre y salió corriendo en cuatro patas, en dirección a la mesa donde se encontraban sus amigos.

Con ayuda de Kenny, colocamos todas las boletas en la urna, y la agitamos un poco, ante la mirada expectante de docenas y docenas de Pokémon: parecía que toda la Aldea estuviera allí. El silencio podía cortarse con un cuchillo, mientras el Gallade sacaba un pequeño trozo de papel, y me lo entregó, para que lo lea en voz alta. Sin embargo, antes se dirigió a los participantes.

—Como siempre, sé que habrá un par de listos que se harán pasar por el ganador. Si descubro que están mintiendo, y créanme que lo haré, mi Psíquico los mandará a volar por la puerta de entrada, y eso no les va a gustar para nada. Así que no pierdan el tiempo:
esto es un juego justo. Adelante, Lillie —dijo en voz baja, dándome ánimos.

—El ganador es… —comencé a decir, mientras desdoblaba con cuidado el papel: cuando lo leí, no podía dar crédito a mis ojos: ¿Ash? No, eso era imposible, simplemente había leído mal. Mi letra era terrible. Tomé aire y exclamé: — ¡Alan!

Escuché un asomo de aplauso salir de una de las mesas del fondo, que fue opacado por muchos quejidos de decepción. Yo también me encontraba igual: sin duda ese artefacto hubiera sido valioso para nuestro grupo, pero no había nada que pudiera hacerse. Kenny comenzó a aplaudir, y el resto del café finalmente lo imitó,
mientras un Lucario se acercaba a la barra, y se dejaba analizar por los ojos psíquicos de Kenny. Una vez le dio el visto bueno, se la entregué.

— ¡Felicitaciones, Alan, por ser el ganador de esa fantástica Cola de Hierro! —exclamó el dueño, bajo los aplausos frustrados del resto del café.
Yo que tú la utilizaría ahora, no queremos que nadie te la robe.

—No es necesario que lo repitas —contestó el Lucario, y se llevó la Máquina Técnica a la frente.

Ésta se iluminó un momento, para luego apagarse nuevamente. Ante los pedidos de la gente,
Alan probó su nuevo ataque, dando una voltereta y golpeando con fuerza el suelo de madera, que hizo temblar la cafetería entera. Los gritos de la gente fueron opacados por los de Kenny, que lo echó inmediatamente sumamente alterado, aunque Alan no opuso resistencia.

—Vamos, no te pongas así, Lillie. —dijo el Gallade más tarde, al ver mi cara de decepción. Recuerda que a veces, no conseguir lo que quieres puede llevar a un maravilloso golpe de suerte —citó, y señaló la entrada, donde cinco Pokémon, entraban, envueltos en vendas pero sonrientes, para reencontrarse conmigo.
 
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travesuras

La vida me trolea Xd

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Buenas...bro, ¿qué tal va todo?

Me parece ver un buen fic y me animé a comentarlo jejeje...no tengo nada que aportar en cuanto a algún aporte técnico a la historia, en lo que a mi respecta está bien escrito y la ortografía va por la misma senda. En cuanto a cómo va a ser el carácter de Ash dentro de la historia u otro personaje en cuestión queda a criterio del autor, aunque uno como lector pueda manifestar su opinión lo importante es que tú sientas que la personalidad del personaje sea coherente dentro de la historia que uno trata, y si eso se logra no hay más que añadir, al menos eso es lo que yo pienso. En cuanto al emparejamiento no he visto mucho AshxLillie, pero supongo que es material disponible para hacer uso de este.

Hay dos cosas que me llamaron la atención, la primera es que posteas el prólogo y el capítulo 1 el mismo día, pese a que es muy probable que ya tenías ambos ya escritos; la velocidad que usas para actualizar la historia es algo para tomar en cuenta, después de todo no creo poder seguir ese ritmo jajaja...lo segundo que quería hacer mención es sobre la breve sinopsis en la que explicas que centraras tu historia en los ultraentes-actualmente, la última serie de pokémon salida de la fabrica de nintendo; que según lo que he visto están que se salen del estado(esas estadísticas xD)-me llamo la atención me huele a que se le puede sacar mucho jugo a estos personajes.

No me extiendo más.

Espero la actualización y a ver cómo evoluciona la historia.

Saludos y suerte.
 
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Hola !! en términos generales me ha gustado, tiene como esa temática de pandillas, lo que hace bastante realista el concepto del team skull ( Bueno según lo que leí me pareció que eran los del Team Skull los que perseguían a Gladio y todo ) en fin, has estado muy bien, creo intuir que es Ash el que mató a los rufianes en el callejón ?, si es así tienes razón te quedó muy Out of Character, pero va muy acorde a la temática de estos primeros capítulos. Saludos !! vas muy bien sigue escribiendo :)
 

Merinare

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Les estoy infinitamente agradecida por el apoyo inicial que ha tenido el primer capítulo. ¡Son los mejores! :13::03:
Me encanto Cuando va
¡Muchas gracias! Supongo que quisiste escribir "cuando vas a continuarla" (espero), pero por las dudas: Las actualizaciones serán cada Lunes y Viernes.

Buenas...bro, ¿qué tal va todo?

Me parece ver un buen fic y me animé a comentarlo jejeje...no tengo nada que aportar en cuanto a algún aporte técnico a la historia, en lo que a mi respecta está bien escrito y la ortografía va por la misma senda. En cuanto a cómo va a ser el carácter de Ash dentro de la historia u otro personaje en cuestión queda a criterio del autor, aunque uno como lector pueda manifestar su opinión lo importante es que tú sientas que la personalidad del personaje sea coherente dentro de la historia que uno trata, y si eso se logra no hay más que añadir, al menos eso es lo que yo pienso. En cuanto al emparejamiento no he visto mucho AshxLillie, pero supongo que es material disponible para hacer uso de este.

Hay dos cosas que me llamaron la atención, la primera es que posteas el prólogo y el capítulo 1 el mismo día, pese a que es muy probable que ya tenías ambos ya escritos; la velocidad que usas para actualizar la historia es algo para tomar en cuenta, después de todo no creo poder seguir ese ritmo jajaja...lo segundo que quería hacer mención es sobre la breve sinopsis en la que explicas que centraras tu historia en los ultraentes-actualmente, la última serie de pokémon salida de la fabrica de nintendo; que según lo que he visto están que se salen del estado(esas estadísticas xD)-me llamo la atención me huele a que se le puede sacar mucho jugo a estos personajes.

No me extiendo más.

Espero la actualización y a ver cómo evoluciona la historia.

Saludos y suerte.
¡Gracias por la review! A decir verdad, tengo unos 20 capítulos en la lista de espera, pero me he impacientado un poco al ver que el prólogo no tenía mucho apoyo y he metido el primer capítulo también. Sin embargo actualizaré una o dos veces por semana, hasta ponerme al día.


Hola !! en términos generales me ha gustado, tiene como esa temática de pandillas, lo que hace bastante realista el concepto del team skull ( Bueno según lo que leí me pareció que eran los del Team Skull los que perseguían a Gladio y todo ) en fin, has estado muy bien, creo intuir que es Ash el que mató a los rufianes en el callejón ?, si es así tienes razón te quedó muy Out of Character, pero va muy acorde a la temática de estos primeros capítulos. Saludos !! vas muy bien sigue escribiendo :)
Efectivamente, tus ideas están en punto: El Team Skull es una parte importante de esta historia, y me he tomado muchas libertades con el OoC, aunque mientras sea coherente y lo explique en un futuro todo debería ir bien. ¡Gracias por pasarte!

a tiraniter le parece genial espera conti
Por supuesto que habrá una continuación, pásate el lunes para seguir leyendo este fic. Harán su aparición unos cuantos personajes nuevos, así que estate atento.

Oh, me esperaba una crítica un poco más extensa de una de las caras (que ironía) más conocidas de DZ, pero aún asi, ¡gracias por leer y seguirme!
 

Mario Uzumaki Fanfics

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Les estoy infinitamente agradecida por el apoyo inicial que ha tenido el primer capítulo. ¡Son los mejores! :13::03:

¡Muchas gracias! Supongo que quisiste escribir "cuando vas a continuarla" (espero), pero por las dudas: Las actualizaciones serán cada Lunes y Viernes.


¡Gracias por la review! A decir verdad, tengo unos 20 capítulos en la lista de espera, pero me he impacientado un poco al ver que el prólogo no tenía mucho apoyo y he metido el primer capítulo también. Sin embargo actualizaré una o dos veces por semana, hasta ponerme al día.



Efectivamente, tus ideas están en punto: El Team Skull es una parte importante de esta historia, y me he tomado muchas libertades con el OoC, aunque mientras sea coherente y lo explique en un futuro todo debería ir bien. ¡Gracias por pasarte!


Por supuesto que habrá una continuación, pásate el lunes para seguir leyendo este fic. Harán su aparición unos cuantos personajes nuevos, así que estate atento.


Oh, me esperaba una crítica un poco más extensa de una de las caras (que ironía) más conocidas de DZ, pero aún asi, ¡gracias por leer y seguirme!
Es que yo ayudo
No soy asi de criticar, porque se que uno puede crecer y ser uno con grandes sueños que se puede realizar
 

Kuro Kirishiki

Mago Paladin

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Okey...me anime a leer por el titulo (vaya forma xD), asi que dare mi opinion de la intro y el capitulo 1:

Prologo: La narracion en primera persona desde el punto de Gladio me parecio muy interesante, explica como inicio su persecución, la narración quedo muy bien e incluyendo lo que sentia...

Capitulo 1: ¿Que puedo decir?, excelente te quedo...y si, me gusto el cambio de tercera a primera persona pero avisando poniendo el nombre de Gladio al momento de cambiar, pocos hacen el cambio de tercera a primera y ni avisan; igual la narracion de cada suceso que pasa alrededor estuvo genial

Sin duda le veo buen futuro este fic y ya conseguiste otro lector que seguira este fic

Espero que continues
 

oswaldo prime

No dire nada, porque no hay nada que decir

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¿Oswaldo, tienes algo que decir del prologo?
...
¿Tienes algo que decir del cap 1?
... ... ... !ME ENCANTARON AMBOS¡, el prologo, me encantan las narraciones en primera persona sin cambio; el cap 1, te deja una curiosidad o mas bien, te deja una intriga que no puedes alimentar hasta el lunes, ¿y de donde viene esa curiosidad?, bueno, pues saber que es Ash el que disparo no es tan misterioso como suena en una primera vez, pues con lo que se dijo de que iba a regresar mas "Macho pecho peludo gamer pro lince +10" rapidamente te haces una idea, lo que deja con misterio es querer averiguar si es Lillie o Serena la que abrio la puerta, y tambien saber si Ash ayudo porque tiene algo en contra del Team Skull, si quiere ayudar a Gladio, si tambien quiere la pokeball y saber que les paso a los amigos de Gladio, pero como no hay manga o anime de este fic, solo queda esperar Greninja, lo siento amigo, hasta el lunes; Sin mas que decir...
NOS LEEMOS LUEGO
 

Emilion

¡He regresado para una nueva ronda en el foro!

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Bueno relatando lo que he leído en el prólogo y primer capítulo debo mencionar que fueron emocionantes :2323:, y la manera en que Gladion escapaba de sus perseguidores fue asombrosa :9600:. Aunque quiero pensar sobre la chica que lo salvó de una muerte segura y lo mas seguro es que su personalidad ha cambiado completamente :ian:. Sobre una critica de tu fanfic, lamento decirte que no soy muy bueno explicando detalles de la historia :4646:, pues la que se encarga de ese trabajo es mi compañera Platinum que le encanta dejar comentarios muy largos :5151:, pero ella detalla muy bien la narración de tu historia a su propia manera :1616:. Bueno no tengo mucho que decir, pues esperaré el próximo capítulo con ansias. ¡¡Nos vemos!! :7676:

Psodata: ¡¡Al fin un fanfic al igual que el mío que junta Amour y Aurelia!! :1010:
 

Merinare

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Okey...me anime a leer por el titulo (vaya forma xD), asi que dare mi opinion de la intro y el capitulo 1:

Prologo: La narracion en primera persona desde el punto de Gladio me parecio muy interesante, explica como inicio su persecución, la narración quedo muy bien e incluyendo lo que sentia...

Capitulo 1: ¿Que puedo decir?, excelente te quedo...y si, me gusto el cambio de tercera a primera persona pero avisando poniendo el nombre de Gladio al momento de cambiar, pocos hacen el cambio de tercera a primera y ni avisan; igual la narracion de cada suceso que pasa alrededor estuvo genial

Sin duda le veo buen futuro este fic y ya conseguiste otro lector que seguira este fic

Espero que continues
¡Muchas gracias por el feedback! Siendo un escritor mucho más veterano que yo, no te cortes a la hora de comentar, que de verdad ayuda un montón.
Espero seguir cumpliendo tus expectativas con mi historia :D

¿Oswaldo, tienes algo que decir del prologo?
...
¿Tienes algo que decir del cap 1?
... ... ... !ME ENCANTARON AMBOS¡, el prologo, me encantan las narraciones en primera persona sin cambio; el cap 1, te deja una curiosidad o mas bien, te deja una intriga que no puedes alimentar hasta el lunes, ¿y de donde viene esa curiosidad?, bueno, pues saber que es Ash el que disparo no es tan misterioso como suena en una primera vez, pues con lo que se dijo de que iba a regresar mas "Macho pecho peludo gamer pro lince +10" rapidamente te haces una idea, lo que deja con misterio es querer averiguar si es Lillie o Serena la que abrio la puerta, y tambien saber si Ash ayudo porque tiene algo en contra del Team Skull, si quiere ayudar a Gladio, si tambien quiere la pokeball y saber que les paso a los amigos de Gladio, pero como no hay manga o anime de este fic, solo queda esperar Greninja, lo siento amigo, hasta el lunes; Sin mas que decir...
NOS LEEMOS LUEGO
Ah pues, ¡sorpresa!, porque he decidido tomarme la pequeña libertad de actualizar un día antes. Mhm, en unas horas tendrán un nuevo capítulo, así que tus dudas serán respondidas.

Bueno relatando lo que he leído en el prólogo y primer capítulo debo mencionar que fueron emocionantes :2323:, y la manera en que Gladion escapaba de sus perseguidores fue asombrosa :9600:. Aunque quiero pensar sobre la chica que lo salvó de una muerte segura y lo mas seguro es que su personalidad ha cambiado completamente :ian:. Sobre una critica de tu fanfic, lamento decirte que no soy muy bueno explicando detalles de la historia :4646:, pues la que se encarga de ese trabajo es mi compañera Platinum que le encanta dejar comentarios muy largos :5151:, pero ella detalla muy bien la narración de tu historia a su propia manera :1616:. Bueno no tengo mucho que decir, pues esperaré el próximo capítulo con ansias. ¡¡Nos vemos!! :7676:

Psodata: ¡¡Al fin un fanfic al igual que el mío que junta Amour y Aurelia!! :1010:
Qué decirte, la elaboración de tu respuesta ha sido de las mejores. Y la oportunidad del trío amoroso es DEMASIADO BUENA como para dejarla pasar. ¡Espero verte por aquí de vuelta!

Que puedo decir excelente!!:666::5555:
Esos emojis me lo dejan más que claro. ¡Muchísimas gracias por leer!
 

Merinare

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A decir verdad, la edad de unos protagonistas de 15-17 años se me ocurrió luego de ver Digimon Tri, donde "los pibes" están más crecidos que nunca.

Capítulo 2: Compañeros de piso

Serena

Aún era de noche, cuando me desperté sobresaltada. Me encontraba despatarrada en el suelo; al parecer me había caído del pequeño sillón-cama en el que nos habíamos apretujado para ver la televisión la noche anterior. Se trataba de un aparato pequeño, de unas catorce pulgadas y con una antena vieja para captar alguna señal, ya que la casa no tenía televisión por cable. El origen de mi despertar fue el cántico inicial de nuestro himno nacional, que indicaba el comienzo de la transmisión. Me levanté rápidamente, y giré una perilla de aquel aparato antiguo, para silenciarlo. No quería despertar a mis amigos, y menos a esa hora de la madrugada.

Según mis cálculos y a juzgar por la televisión, deberían ser aproximadamente las cinco de la mañana. Hacía mucho frío, y la falda que llevaba puesta no me ayudaba a calentarme en absoluto. Así que decidí desperezarme, y luego de bostezar un par de veces, me dirigí hacia el comedor, con la intención de prepararme un café y así entrar en calor. Sin embargo, algo me distrajo completamente: el sonido de unas pisadas apresuradas en la calle. Alcancé a correr la cortina y asomarme con cautela en la ventana, justo a tiempo para ver cómo alguien desaparecía por el callejón sin salida, al costado del departamento. Unos segundos después, noté un golpe sordo en la puerta de la sala de estar donde se encontraban mis compañeros de piso durmiendo.

El temor se apoderó de mí: me acerqué al sillón y comencé a sacudir insistentemente a ambos, con la intención de despertarlos y advertirle que corríamos peligro, ya que alguien trataba de entrar en la casa. Debíamos salir de allí lo antes posible, o estaríamos acorralados.

— ¡Ash! ¡Lillie! ¡Despiértense ya!— susurré, aterrada. Sin embargo, nada sucedió. Los sacudí a ambos con insistencia y temblando de pies a cabeza, hasta que Ash abrió un ojo.

— ¿Qué sucede?— murmuró al fin Ash, medio en sueños. Se trataba de un joven de unos diecisiete años. Su pelo color azabache era una maraña que se asomaba entre los cojines. —Todavía es de noche, déjanos dormir un rato más —añadió, y volvió a cerrar los ojos.

Parecía como si no les importara en absoluto que estuviéramos a punto de ser allanados por unos desconocidos. Di un par de zancadas, atravesé la pared derrumbada que comunicaba la sala de estar con el comedor y agarré una taza para el desayuno, vieja y descascarada. Mientras la llenaba de agua rápidamente en el grifo de la cocina, alcancé a escuchar unos golpeteos insistentes en la puerta. Regresé a la sala y se la vacié en la cabeza al joven de ojos castaños, que se levantó de golpe del sillón, empapado y desconcertado. Estaba a punto de ponerse a armar un escándalo, así que le tapé la boca con la mano que me quedaba libre, lancé la taza al sofá para que no se rompiera, y me llevé un dedo a los labios.

— ¿Se puede saber qué gracia le encuentras a tirarme un litro de ag-?— comenzó a susurrar, enfadado, pero se interrumpió de golpe al escuchar un estruendoso ruido, que retumbó en toda la casa.

Se trataba de un disparo. Unas voces se hicieron oír claramente en el callejón, a unos tres metros de nosotros, sólo separados por una pared. Lillie se despertó, sobresaltada, pero yo fui veloz: me lancé sobre el sofá y le tapé la boca a ella también, para que no hablara con aquella voz tan aguda suya y nos delatara a todos. Comenzó a retorcerse, pero no fue muy difícil mantenerla callada puesto que era bastante más pequeña en complexión que yo. Sus pupilas verdosas se contrajeron mientras intentaba comprender la situación. Con mi mano libre apunté hacia la pequeña puerta de la sala, y gesticulé exageradamente a Ash para darle a entender que había alguien.

Como si de un rayo se tratase, Ash se sacó su teléfono del bolsillo y en un veloz movimiento de la muñeca encendió la linterna. Se acercó a la mirilla de la puerta con la luz en alto, observó durante unos segundos, y luego se tiró rápidamente abajo del sillón en el que estábamos Lillie y yo, mirándolo desconcertadas.

— ¿Qué rayos est-? —comenzó a decir Lillie en voz baja, pero el joven ya había salido de debajo del sillón, con algo brillante en las manos. La niña ahogó un grito: ninguna de las dos sabíamos que Ash portaba un arma.

—Arrástrenlo adentro luego de mi señal
—dijo crípticamente el chico. Cruzó la pared derrumbada, y salió por la puerta del comedor que daba hacia la avenida, y la cerró detrás de él, con un leve chasquido.

El conjunto de emociones que cruzaban mi cuerpo estaba por acabar con mi estabilidad mental. Me sentía asustada por el disparo, preocupada por Ash, confusa por lo que había dicho, y encima debía mentir e intentar infundir seguridad en mí misma, para no poner a Lillie nerviosa. Decidí imitar los pasos de mi amigo: encendí la luz de mi teléfono e iluminé la mirilla de la puerta, donde al parecer no había nadie aún. Sin embargo, al enfocar hacia los lados y hacia abajo, observé como una débil sombra se proyectaba desde la puerta; había alguien agachado, del otro lado de la misma. Quizás nos estaba esperando agazapado a que abriéramos la puerta, o a lo mejor era a quien Ash nos había dicho que arrastremos dentro de la casa. Sí, eso debía ser. Sólo me quedaba esperar su "señal", fuera la que fuera.

Lillie estaba a mi lado mirándome con completo desconcierto, así que me agaché y comencé a explicarle velozmente la situación, mientras escuchaba nuevamente voces en el callejón. Su cara pasó de confusión a una expresión de determinación y emoción por lo que estaba sucediendo; en cambio yo estaba aterrorizada, y fue ella la que tuvo que taparme la boca a mí cuando dos disparos más se escucharon en el callejón. Temí por la vida de Ash: sin él estábamos perdidas. Y entonces, luego de unos segundos, se escucharon golpes en la puerta: un golpe, pausa; cuatro golpes rápidos, una pausa más larga y luego dos golpes más. Era la señal que hacíamos todos los días para que Lillie nos abriera la puerta de casa; nosotras dos y Ash éramos las únicas que la conocíamos.

La rubia fue más veloz que yo: abrió la puerta e intentó a arrastrar a un joven con un extraño corte de pelo mientras le hablaba con su voz chillona, y trataba de tranquilizarlo. Yo la ayudé y juntos logramos meterlo dentro de la casa. Sin embargo, cuando salí al callejón para ver qué había sucedido, me paré en seco frente a una imagen horripilante.

Ash se encontraba parado inmóvil, con su campera azul abierta ondeando al viento y el arma en la mano izquierda. En el suelo había dos siluetas oscuras tiradas, y la luz de un teléfono iluminaba sus rostros y parte del piso, cubierto de sangre. Miré hacia ellos, sólo para asegurarme: estaban muertos, no había ninguna duda. Mi amigo era un asesino. Los oídos se me taparon por el shock mientras intentaba retroceder, horrorizada, cuando mi bota resbaló en el empapado suelo. Sentí como mi cabeza golpeaba contra el borde del contenedor de basura que tenía al lado, y todo se oscureció de golpe.

Fuck it. Porque había que meter acción rápido. El OoC es intencional. Algún día se hará canon.
 
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Kuro Kirishiki

Mago Paladin

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wow, en serio wow...en serio que buen capitulo y creeme, que haya OoC es mejor ya que nunca se puede esperar a lo que hara un personaje (Que haya variedad)

Pues a ver que sucedera en el siguiente capitulo
 

travesuras

La vida me trolea Xd

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Oh... habemus continuación.

Alegro de ver que un buen fic atraiga tanta atención, eso significa que tendremos una autora contenta y motivada para seguir escribiendo, un pulgar para arriba del maestro rochi(mi avatar de turno). Este capítulo me dejo atrapado, en serio. Me gusta la trama y la manera en que narras, no obstante, como me estoy dando cuenta de que escribes mejor que la mayoría de lo que he estado viendo en el subforo(y me incluyo...no soy un asco, pero me hace falta mejorar bastante) voy a tomarme la prerrogativa de ser un poco más quisquilloso con tu historia. En pocas palabras, significa que ahora leo tu historia con más detenimiento y me he dado cuenta de varios detalles que necesitas pulir. No quiero decir que sea algo así como un experto, pero creo que puedo aportar con mi granito de arena a tu historia. Si te interesa que te mencioné las cosa que he observado lo haré de buena gana, aunque prefiero que sea por mp. Es algo tedioso escribir un testamento de post. Sino igualmente te has ganado un lector que hará el esfuerzo de comentar cada vez que pueda.

Ash transformado en un asesino rayos, aquí si que hay OCC. Es lo usual rara vez se ve a alguien que trabaje con Ash in character. Quisiera ver la explicación que tienes reservada para justificar el radical cambio de rol que el personaje ha sufrido.

Ya me extendí demasiado. Espero la actualización.

Saludos y suerte.
 

oswaldo prime

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Pues esto no es lo que me esperaba, al menos, no del todo, sabia que Ash era el, bueno, macho pecho peludo no, pero si asesino pro +10 que mencione antes, y sobre Lillie, si esto fuera manga o anime ya estaria ansioso de ver que cara pone la rubia al ver que era su hermano quien tocaba la puerta.
Mi teoria sobre los asesinatos cometidos por Ash es que el Team duSkull le hizo algo a el o a alguien querido por el, y por eso no disparo a fin de inmovilizar, ahora la gran pregunta es, ¿Serena denunciara a su amigo o lo protegera de ir a la justicia?; Sin mas que decir...
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Lillie, Ash y Serena juntos :P eso no podía ser más... zukulento, jejeje, vas muy bien, sabía que Ash era quien mataba a los malandros del Team Skull, espero ver mas del desarrollo de estos personajes en capítulos siguientes, saludos, vas muy bien :)
 
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