Especial El Guardián del Bosque [Layla Hepburn]

Estado
Cerrado para nuevas respuestas

"さあ、往こうか"
Supermoderador
Offline


Ese día, Layla se había dirigido a la Central de Tamers de Holy Angel con la intención de averiguar sobre métodos para conseguir más Digivice para ella y su compañero. La información había sido clara: Había una Guild conocida como "Holders" que estaba dispersa por todo Folder, y cada uno de sus miembros se especializaba y era el que podía otorgar uno de los tipos de Digivice. Indagando más sobre el Holder que tendría la especialización en el Digivice que buscaba, la joven consiguió el nombre que buscaba, Owen Wright, que vivía en las afueras de la ciudad.

Decidida a conseguir un D-3, Layla salió de la Central junto a su compañero con un destino en mente: El Bosque Espiritual



"El Guardián del Bosque” [Especial]​
a) NPC que la solicita: -
b) Lugar donde debe ser tomada: Folder Continent - Holy Angel Citadel
c) Descripción de la misión: La actitud reservada de Owen Wright lo hace parecer un tanto misterioso. Muchos dicen que es él el que lleva los Digimental a las tiendas para que sean vendidos. Sin embargo, ¿De dónde vienen los Digimental? Muy pocas personas conocen la razón por la que Owen se ha recluido en un bosque de la Tierra Espiritual, y en cual bosque en específico se encuentra. Aquellas personas que lo saben son Holders, o portadores de los D-3 que él ha otorgado y todos han prometido guardar el secreto. Para obtener el D-3 es necesario adentrarse en los frondosos bosques de Folder, y encontrar al afamado experto de la "Armor Evolution"
d) Descripción del campo de juego: Tierra Espiritual
e) Objetivos a cumplir:
  • Recorrer los bosques de la Tierra Espiritual en busca de Owen
  • ???
f) Datos Extra:
  • Quest Progresiva: Los Objetivos y Datos Extra van cambiando a medida que se desarrolla la Quest
  • Quest disponible en modalidad Individual
  • En caso de fallida, no se podrá volver a tomar la Quest en un plazo de dos semanas.
  • En caso de superada, no se podrá tomar una Quest de Digivice en un Mes
  • Considerando que sólo aquellos que no revelarán el secreto son los que tienen el D-3, se puede asumir que ganarse la confianza de Owen es un paso vital para conseguir el Digivice
  • Layla lleva consigo su Digivice básico, aunque el que está activo en ese momento es el iC
g) Recompensa:
85 Puntos o más: D-3
Ficha: Layla Hepburn
NPC Owen Wright
Mínimo de post: No hay
Digivice: iC
Plazo: 14 Días

Audrey Reira puedes comenzar o3o
 

Serendipity~ ♥
Offline

Se permitió descansar diez minutos dejándose caer de nalgas al suelo casi a la altura de un acantilado, en lo alto, respirando el aroma a libertad que se dejaba arropar en aquel sitio. Por fin después de casi una hora de andar yendo y viniendo a lo largo del bosque, habían logrado salir del corazón del mismo. Desde su posición podía ver la extensión de mar abrirse paso muy cerca de la capital; los navíos comerciales entrar y salir de Folder desde File y otras islas aledañas.

No estás muy preocupada. ―Susurró Gabumon sentándose a un lado de ella; él también admiraba la cercanía, y el clima medio nublado no hacía más que propiciarles un buen día para relajarse.


¿Debería estarlo?

Pues la verdad es que no. ―Respondió dudando un poco. La seriedad de su tamer volvía a ella, oscilante y fugaz, acechando la relación que ambos estaban forjando. Recordar la dulce sonrisa de su compañera le llenaba de nostalgia, la madurez de los humanos era rara.

Estaremos bien, confío en ti y sé que encontraremos a ese tal Owen muy pronto. ―Le dio unas palmaditas en la espalda y le sonrió. La expresión que tatuaba en su cara no le pasaba desapercibida.


No hemos encontrado nada que nos lleve a él, Lay. Y ya tenemos una hora vigilando los alrededores.


La británica exhaló con fuerza recostándose bocarriba. Se dejó ir en pensamiento. El sonido de las olas la dirigía hacia un recuerdo cercano cuando arribó a la ciudad Holy Angel desde Star City. Las personas que la atendieron casi amablemente, y el ambiente completamente distinto de File. A veces le resultaba difícil pensar que ya no estaban más en la Isla del Inicio.

Ahora que lo pienso, sí que nos dieron pistas.


El lupino parpadeó sin comprender.



~~Dos horas antes.

Layla mecía sus piernas tarareando una canción pegajosa que no podía quitarse de la cabeza, se hallaba sentada en un sillón alto en una de las salas viendo al personal ir y venir. Tenía ya escasos diez minutos esperando fuera de las oficinas de la Central en Holy Angel Citadel y podía escuchar por el altavoz que muy pronto sería su turno para ser atendida. “Turno 24” pronunciaban delicadamente a través de la bocina encima de ella. Gabumon se removió a su lado sumido en un sueño profundo, ajeno completamente a lo que sucedía alrededor. La pelirrosa tomó el ticket que marcaba con números grandes un 30 y suspiró.
El mundo digital era un sitio lleno de secretos en toda su extensión; cada una de sus regiones eran la prueba viviente de ello, y la curiosidad por conocerle le fue venciendo cada vez más. Hasta que estalló después de lo ocurrido al ser transportada al Digimundo paralelo, decidiendo así tomar cartas en el asunto y empezar a descubrir zonas que se mantenían ocultas para sí.

Rememoró el día que dio a conocer su objetivo a sus compañeros de Guild; quienes ya habían visitado los distintos continentes le desearon mucha suerte, los demás la apoyaron sin mucho que aportar. Estaría lejos de sus amigos mucho tiempo pero suponía que era algo que debía hacer tarde o temprano.

Pasó una semana entera antes de partir entrenando junto a su compañero para soportar las caminatas largas, trabajó lo suficiente para conseguir dinero y poder pagar los pasajes necesarios. Incluso se aventuró en una de las bibliotecas en busca de información que pudiera serle de utilidad. Todo eso en lugar de hacerla retroceder, la motivó aún más. De hecho el saber los secretos de los propios digivice –tecnología más básica de los tamer-, era lo primordial en su cabeza hacia el final.

El sonido chirriante de una vieja puerta la hizo volver en sí, justo el altavoz indicaba un número antes que ella. Saltó al suelo y tomó a su lupino compañero en brazos para acercarse a los cuartitos que se enfilaban a lo largo de uno de los pasillos. Gabumon se removió un poco y nuevamente cayó en un nuevo sueño, olvidándose de la situación. Una parte de ambos se debatía entre tomar aquello como unas vacaciones de placer o realmente una investigación ardua.

“Ficha número treinta” La voz computarizada de mujer anunció su turno al mismo tiempo que en una mini pantalla le mostraban la letra D, indicando el cubículo al que debía acudir. A paso lento se fue moviendo entre el estrecho pasillo hacia el final. Estando ahí tocó un par de veces antes de que una amable voz le indicara pase.

Estando dentro se le vino a la mente una vieja oficina de correos que frecuentaba cuando era pequeña junto a su hermana, cuando decidían escabullirse con su nana para entregar aquellas cartas antes de Navidad. El sitio era muy pequeño, apenas con el espacio suficiente para tener un escritorio con computador, sillas, impresora, algunos retratos adornando las paredes improvisadas y el sonido de las máquinas funcionar.

¿En qué puedo servirte?


Verá, soy nueva en Folder y estoy buscando la Tierra Espiritual. Concretamente el Bosque de los Espíritus. He llegado preguntando qué Trailmon tomar hasta allá o de qué manera puedo moverme hasta allí, pero me han dado una ficha para que pasara con usted. ―Explicó removiéndose en su sitio. La mujer que la atendía asintió y empezó a teclear algo antes de imprimirle una imagen en una hoja de papel. Por detrás de ella, una Palmon de un tono verde oscuro, tomó la hoja y se la entregó a la británica con cuidado.


Star City, Holy Angel Citadel, Tierra Espiritual. ―Decía mientras recorría cada locación con la punta de un lapicero. ― Por el momento la única manera de llegar es caminando, y es primordial cruzar el puente que está al centro. Pero debo advertirte que la Tierra Espiritual no es un lugar para vacacionar, es un sitio sagrado, además de ser un verdadero laberinto.


Layla asintió; su interlocutora suspiró.

Supongo que vienes aquí para hablar con Owen Wright.


¿Quién…?


El muchacho “Ten Armor” del Bosque Espiritual.


Cuando el sobrenombre se dio a conocer, Gabumon se desperezó. Él había escuchado hablar alguna vez sobre un tamer que se encontraba recluido en el interior de un bosque, portando un gran secreto. Muchos lo describían como una persona antisocial, arisca y difícil de tratar, que no era un gusto conocer. Sin embargo, siempre había llamado su atención que aquel muchacho decidiera dar su vida en el mundo digital por estar bajo la sombra de una región sagrada.

Leí que dentro del Bosque podía encontrar una mejora para mi digivice. ―Se palpó las bolsas y obtuvo de ellas el pequeño artefacto casi cuadrado. Cuando se lo mostró, la mujer no parecía del todo convencida.


Después de todo, los secretos de aquellas tecnologías debían quedarse como tal.

Pues hayas venido o no a hablar con Owen Wright, déjame decirte que no puede ser posible. El chico no ha sido visto por el Digital Security las últimas dos semanas. Ni hay rastros de él.


Dando por terminada la asesoría, la amable mujer cambió su posición a una defensiva poniéndose de pie para abrirle la puerta, invitándola a salir. Layla acató la indirecta y agradeció el mapa que tenía marcada una N de Norte sobre una de las montañas.

Gabumon caminó a su lado aguantando un bostezo que le lloró los ojos.

"Owen", me gustaría conocerlo. ―Afirmó el menor en cuanto abandonaron la Central.


¿Sabes algo de él?


No mucho. De hecho, nada realmente importante. Pero muchos digimon hemos escuchado hablar de él en alguna ocasión.


En poco tiempo ya estaban perfilando la ciudad rumbo a la Tierra Espiritual. Era curioso encontrarse en un sitio diferente de su hogar, tan verde en comparación y con ese ambiente tan familiar al mismo tiempo. El sendero que se dibujaba frente a ellos se iba tiñendo más con el pasto a ras del suelo por la continua caminata de los tamer que pasaban por allí. Era como atravesar un largo jardín a un lado del río que desembocaba hasta el Océano Net.

Ni pensar que hemos gastado mucho en venir desde File hasta el puerto, y de allí hasta la capital. ―Suspiró ella abriendo el mapa ante sus ojos. ― Según las acotaciones, es ideal no perder de vista la montaña más alta del Valle de los Dragones para no perdernos entre los bosques.


Gabumon la miró contrariado. En un lugar cubierto por árboles grandes y entre tanta espesura sería muy difícil no perder seña de ubicación.

¡Mira, Gabumon! Por ahí pasamos cuando veníamos hacia acá. ―Del otro lado del río, podía verse la vía del Trailmon que habían abordado, que por cuestiones de emoción al ver las murallas de la ciudadela, pasaron por alto esos frondosos bosques a ambos lados.


Continuaron caminando hasta que se internaron en la arboleda. La sensación de ser abrazados por la humedad fue instantánea, junto con ese aroma a madera que caracterizaba a lugares como aquellos. Avanzaron lentamente esquivando las enormes raíces que emergían desde los sueños; en un par de ocasiones Layla estuvo a punto de tropezar, hasta que una tercera la hizo caer al suelo.

El trayecto prácticamente era ciego, así que para no perderse iban marcando con bultos de piedras los sitios por los que iban pisando, esperando no hacer una media vuelta y regresar sobre sus pasos. Cada diez pasos más o menos abrían un poco la tierra y ahí lo ubicaban, entonces continuaban. Les resultaba tedioso estar haciendo eso, pero no había más.

El sonido del río a un costado también les ayudaba a ubicarse en el mapa, por lo que procuraban elegir un sendero lo más cercano a este como fuera posible.

Para una próxima aventura recuérdame conseguir una brújula. ―Contuvo un suspiro y se dejó caer sobre una raíz para descansar.


¡Mira, Lay! Vamos por un buen camino. ―A unos pasos su lupino compañero señalaba hacia las nubes. Y es que justamente ahí, un rayo soleado caía desde el cielo para iluminarle. Luego de que diera un sorbo a una botella de agua que llevaba, se acercó para ver a lo que se refería con tanto ahínco.


Ahí delante de ellos, tan cercano como la sombra de la palma de su mano se los permitía, la imagen de una de la montaña del Valle de los Dragones se alzaba. Así que nunca dejaron de ir hacia el norte.

Siempre hacia el norte. ―Rectificó en medio de su cansancio.


Masaru Masaru
 

Serendipity~ ♥
Offline
[ L A Y L A ]


Nobody said it was easy.

No one ever said it would be this hard.

Oh, take me back to the start ~



En su cabeza una de las canciones favoritas de su hermana resonaba en una melodía suave, transformándose en voz que emitía tranquilamente mientras andaba por inercia. De vez en cuando se detenía para fabricar la montaña de rocas, y continuaba avanzando. La canción se repetía una y otra vez haciendo que incluso Gabumon empezara también a entonarla.

Inconscientemente jugueteó con la pulsera que portaba en su muñeca, delineándola con sus dedos. Sin poder evitarlo dejó escapar un par de lagrimillas que limpió con el dorso de su mano. Ante esa acción, la nueva tecnología que llevaba consigo chocó contra su mejilla. Hasta ese momento se dio cuenta de un destello débil que emitía el Armor Resonator, apenas perceptible entre la penumbra bajo los árboles y la luz solar.

¿Qué buscamos específicamente? ―La vocecilla de Gabumon la sacó de sus pensamientos y dio un respingo al escucharle.


¿Recuerdas el digimental de la esperanza que hemos comprado? ―El aludido asintió―. Pues bien, en uno de los libros de File hablaban un poco de ellos y me han llamado mucho la atención. Tal parece que en alguna parte de este lugar es donde son fabricados.


La confusión silenciosa del lupino la obligó a seguir.

Quiero descubrir los secretos detrás de la digievolución. ―Se detuvo de forma titubeante para quedar en cuclillas frente a su amigo. ― Hemos sido testigos que la falta de poder en este mundo, puede ser fatal. Y si hay forma en la que yo pueda ayudarte, quiero hacerlo.


Por eso…


Por eso quiero a conocer los secretos detrás de toda la tecnología que hay en el digimundo. Encontrarlos, hacerme de ellos.


Gabumon se mantuvo en silencio observando su semblante serio. Un mutismo que provocó ansiedad en la pelirrosa. Desconocía por completo lo que pasaba en la cabeza de su compañero, y aquello le hacía un poco de ruido en su mente; llevaban tanto tiempo juntos y aún no lograban compenetrarse uno con otro, no habían logrado a ese nivel de camaradería necesario para conocer lo que pensaba uno u otro en determinada situación. Le dio unas palmaditas en la espalda y él inspiró derrotado asintiendo, siguiendo su camino.

Espero no estar haciendo una locura ―aportó. La chica sonrió con melancolía a su espalda.


Tenían casi las dos horas recorriendo lo largo del Bosque Espiritual, y no habían encontrado ninguna pista que los llevara hacia el famoso Owen. Layla ni siquiera tenía la mínima idea de cómo era físicamente aquel muchacho; Gabumon menos. Se lo imaginaba como alguien alto, de músculos hipertróficos por la actividad física que debía llevar estando ahí, cabello oscuro y tez pálida por la falta de luz solar. Qué equivocada estaba.

Eso sí, se habían topado con varios digimon insecto por la redonda, algunos en etapa Adult que, curiosamente, no daban seña de atacarles y pasaban silenciosamente de ellos; incluso parecían evitarlos, el lupino había hecho el intento de entablar conversación con algunos y optaron por perderse entre la maleza. Además, existía ese picor extraño que se había instalado en su espalda, una sensación de estar siendo observada desde la lejanía que incrementaba conforme se iban internando. A Layla le había parecido escuchar una alerta desde su digivice en un par de ocasiones, pero en ambas desaparecía tan pronto daba por mirarlo; lo que negaba la posibilidad de que un tamer les estuviera siguiendo.

La colina del valle que habían visualizado antes, apenas y se había agrandado un poco; la distancia que mantenían hasta ella era aún muy larga.

Estoy exhausta. ―Se dejó caer en el suelo importándole poco ensuciarse sus ropas. ―Tomemos un descanso, Gabumon.


El tipo bestia la ignoró y continuó con su trayecto a través de los árboles obligando a la muchacha a seguirle los pasos. Se detuvo cinco metros más adelante cuando visualizó una elevación entre los bosques que se alzaba a su izquierda, a una distancia mucho más cerca de la correspondiente hacia el Valle de Dragones. Layla se apresuró a llegar a su lado para no perder detalle.

¿Quieres ir hacia allá?


Si logramos llegar a la cima podemos trazar una ruta dependiendo de lo que veamos. ―Rectificó.― En cambio, si tomamos el camino largo y decidimos ir hacia el Valle…


Tendremos que subir lo suficiente para hacer exactamente lo mismo y perderemos tiempo― comprendió. El azul asintió con un movimiento sutil de su cabeza. ― Cambiemos de ruta, pues. ―Finalmente suspiró derrotada.


El cambio repentino la mantuvo temerosa a perderse en aquel laberinto, y la embriagante sensación de ser presa de alguien no ayudaba mucho. De vez en cuando, en el momento en el que se detenían para marcar su camino, desviaba su vista a la derecha; allá a lo lejos continuaba el Valle que seguiría siendo su Norte.

Si seguimos derecho no tenemos por qué perdernos. ―Le dijo Gabumon a la tercera vez que repetía esa acción. Demostrándole que continuaba pendiente de ella, como siempre. La pelirrosa no dijo nada.


Intentando enfocarse en otra cosa que no fuera su miedo o cansancio, levantó su muñeca para observar nuevamente el colguije que su hermana le había obsequiado ya hacía mucho tiempo. El alebrije era azul en su mayoría con ciertos detalles rosados, rojos y naranjas; los colores cálidos le daban armonía.

A veces creo que mi hermana sabía de ti antes que yo. ―Dijo.


¿Podía ver el futuro? ―Cuestionó sorprendido ante la idea.


Claro que no, tontuelo. Sólo que ella siempre me decía que tenía un alma de lobo. ―Gabumon le miró extrañado.― Antes de morir, mi hermana deliraba ―explicó, terminando con un largo suspiro.


Ante el silencio del ambiente, él aportó un poco a su teoría.

¿Un lobo como Garurumon? A veces te vuelves muy osada y actúas mucho por instinto, así que estoy un poco de acuerdo con ella.


Layla lo atrajo hacia ella mientras descansaban otra vez. Riéndose al recordar un chascarrillo que su cuñado había hecho al respecto de las “almas de lobo”, en necesidad de aligerar los delirios de su esposa.

El par continuó cada vez más lento, desde minutos atrás habían estado comenzado un camino con cierta inclinación que les hacía descansar cada pequeña distancia y sólo entorpecía la vereda. El sonido del río se antojaba cada vez más lejano y la arboleada iba quedando atrás.

Prosigamos.


Esperemos un poco, Gabumon.


Si llegamos a la cima, podremos orientarnos más. ―Acotó él regresando su atención a la chica que le miraba suplicante. La colina se veía cada vez más cercana y el ruido de unas olas romper llegaban a sus oídos. ―Vamos Lay, no me mires así. Ya pronto estaremos arriba y entonces podremos descansar como Yggdrasil manda.


Hai, hai…


En poco tiempo dieron por terminado su recorrido, situándose en la parte más alta de la región para percatarse de que no llevaban ni un cuarto de aquella zona cubierta de bosques, al menos aún no era mediodía. Estaban casi al borde de un acantilado que colindaba con el mar y las plantas eran escasas. Bajo sus pies había más tierra y rocas que pasto, pero el cielo medio nublado les regalaba una generosa sombra para que se detuvieran.

Layla fue la primera en llegar aumentando su velocidad en el último tramo, su compañero se rezagó un poco pero pronto le dio alcance. La brisa que llegaba hasta ahí traía consigo ese olor a humedad que podían sentir gracias a la cercanía con el océano; todo era bello: El ruido del agua contra las rocas, el sonido de las hojas de los árboles al mecerse con la brisa.

Si trajera una cámara fotográfica podría sacar una imagen de esto, es tan hermoso.


Dio un giro de 360 grados y visualizó a lo lejos los navíos que llegaban al corazón de la isla, apenas como unos puntos negros que se mecían en el mar. Folder era realmente mucho más grande que File, tan grande que ni siquiera podía ver el fin de la misma desde donde se encontraba; paradójicamente el miedo se había esfumado con semejante pintura, se sentía libre y feliz. Haber subido a aquella zona le había hecho bien, el manto verde oscuro que los rodeaba parecía brillar con luz propia y le traía paz.

No pareces preocupada… ―Susurró Gabumon haciéndose escuchar apenas. Por el rabillo del ojo, la pelirrosa vio cómo cerraba sus ojos dejándose descansar.


¿Debería estarlo? ―Sin apartar la sonrisa de su rostro, se sentó sobre el suelo abrazando sus rodillas. A momentos se olvidaba de su objetivo, no veía necesario preocuparse con tal regalo de la naturaleza digital.


Pues la verdad es que no.


Estaremos bien, confío en ti y sé que encontraremos a ese tal Owen muy pronto.


Pero no hemos dado con alguna pista ―recordó―, y ya tenemos más de una hora vigilando los alrededores. Debemos pensar en algo más.


Ahora que lo dices, sí que nos dieron pistas. ― Tras escucharle, se recostó por completo sobre la baldosa de piedra en la que estaba y sostuvo en alto su Armor Resonator.


¿Cuáles? ―Él también se permitió recostarse también.


Como única respuesta, la chica le señaló la luz parpadeante del artefacto. Era algo que simplemente no había pensado, pero podía servirles para encontrar al famoso “Ten Armor”- como bien le había llamado la señorita de Central-. Hepburn empezó a presionar unos botoncitos de la especie de reloj hasta que logró enfocar en la pantalla rosada el digimental de la esperanza.

¿Quieres evolucionarme y atraerlo? ―Hipnotizado por el sonido que emitía, Gabumon no podía apartar la mirada de aquella luz.


Eso hizo sonreír a su tamer que podía imaginarse el porqué de su reacción. Una nueva digievolución que no habían probado estaba a la puerta de la esquina, claro que debía ser tentativo para cualquier digimon. Sin embargo, podía percibir una ansiedad negativa reflejarse en sus ojos.

¿Gabumon?


A pesar de llamarle un par de veces, su amigo continuaba sumergido en su ensueño.

¿Estás bien?


Layla llevaba tiempo observándolo de pie con una sonrisa tatuada en el rostro. El sonrojo simultáneo de sus mejillas enterneció a la chica que lo tomó nuevamente en brazos antes de decidir bajar por la vereda.

¿A dónde… a dónde iremos? ―Preguntó acalorado.


Awww me gusta que te pongas así, eres tan tierno. ―Respondió meciéndole entre risas. Gabumon no parecía muy cómodo, pero no dio gesto vocal de resistirse. No así sus músculos, que tensionados le delataron. Layla le soltó apenas unos segundos después para sacar de entre sus cosas, el mapa que amablemente les habían hecho llegar. ―De acuerdo a esto y a la situación de la ciudad, estamos en la zona oeste de la isla, opino que este día nos limitemos a pasear por los alrededores. Ya encontraremos algo.


Sacó un lápiz y marcó el recorrido que llevaban. Trazó un par de líneas por encima hasta que formó una especie de 8.

No parece que tengamos un plan ―musitó el menor.


No, pero no será correcto vagar a la deriva. Ya encontraremos señas de ese tal Ten Armor.


Debemos insistir en hablar con los digimon de la zona.


Sí, no hay otra manera. Y si llegáramos a necesitar combatir…


Pelearemos.


La británica asintió; tomaron un poco de agua antes de continuar.




Masaru Masaru
 

Serendipity~ ♥
Offline
[ G A B U M O N ]


Las almohadillas de sus garras comenzaban a dolerle a causa del suelo irregular de los bosques. Las raíces se atravesaban y era muy complicado maniobrar, aun así no podía quejarse con la chica que miraba de reojo. La británica tenía unas perlas de sudor recorrerle el rostro que delataban el cansancio y el calor húmedo que sentía, así que apoyar la idea de un descanso estaba descartado. Estaban a punto de rodear el bosque y llevaban un buen ritmo que no podían desperdiciar.

Juro que solamente beberé un poco de agua y ya. ―La voz de Layla lo hizo detenerse para regresar sobre sus pasos. La chica se había vuelto para descansar en una roca y sacar de su mochila una botella de agua que no tardó en compartirle.


Con atención observó el brazalete donde cargaba el digimental y un calorcito en oleada volvió a invadirlo. No pudo evitar sonreír. Le causaba curiosidad saber en qué digimon se transformaría cuando ella decidiera utilizarlo, era un ente digital después de todo. Sin embargo, sabía que hacerlo por pura curiosidad sería contraproducente, sobre todo cuando estaban en un bosque donde desconocía qué tipo de digimon vivían ahí y un ataque no estaba completamente descartado, aun cuando parecían querer evitarlos.

¿No sientes que nos observan, Gabu? ―Esperaba encontrarse con los ojos azules de la chica cuando levantó la mirada, pero por el contrario, la vio ponerse de pie buscando algo en la lejanía.


Desde que entramos, sí. ―Se limitó a contestar moviendo sus patitas para quitar la inflamación de sus plantas.


Puedo guardarte dentro del iC, ¿sabes?


Claro que había mentalizado esa posibilidad, pero dejarla sola en el bosque tampoco era opción. No, como su compañero digimon debía soportar la carga un poco más. Además no se trataba de un examen, siempre podían emitir alguna seña de auxilio… o incendiar el bosque con su fuego. Aunque lo último era demasiado extremo.

Estoy bien, Lay. Andando. ―Se adelantó siguiendo una corazonada, desviándose un poco de su trayecto trazado.


La tensión de su cuello aumentaba como avisándole de peligro, el escalofrío era evidente en su pelaje y su velocidad iba aumentando en tanto avanzaba por inercia. Los pies dejaron de dolerle cuando a lo lejos, justo en la dirección por la que iban, un grito de alguien se hizo escuchar elevando su adrenalina al tope. Se giró para encontrarse otra vez con la mirada de Layla y en un acuerdo silencioso, emprendieron una carrera.

A medida que se acercaban lograban escuchar como múltiples pasos se alejaban de aquella dirección, meciendo las ramas con las que debían toparse en medio del camino. Los sonidos entonces empezaron a invadir hacia el este. Y en medio de una explosión, un digimon emergió desde un poco más adelante batiendo unas grandes alas rojas.

Es un Birdramon. ―Aclaró corriendo más a prisa. Su voz se había vuelto grave, sentía su corazón desbordársele del pecho y su cuerpo entero temblaba. Estaba seguro que la chica no debía perder detalle del pájaron anaranjado, por lo que hizo un esfuerzo para no girar a verla y encontrársela asustada, eso le alteraría más.


Ensimismado con la corriente de ideas que surcaron su mente respecto a lo sucedido, no vio venir un digital que colisionó contra él en medio de un grito escandalizado. Cuando reaccionó, pudo ver que se trataba de un pequeño Wormmon, mucho más conservado que él a pesar de vivir en aquel sitio alejado de la sociedad.

¿Estás bien? ― Hepburn se detuvo estrepitosamente para regresar sobre ellos, auxiliándolos.. ―¿Qué ha sucedido? Escuchamos gritos y…


Auch, todo está bien. ―El sonido del digivice captó su atención pero pronto desapareció. El aparato se activaba en muy pocas ocasiones


Creo que esto se está atrofiando. ―Indicó la chica sacando su iC para observarlo un poco como buscándole alguna avería. Guardándolo casi inmediatamente para asegurarse que ninguno estaba herido.


Quizás no seas la única tamer que anda en busca de Owen. ―Apenas el nombre fue pronunciado de su boca, se dio cuenta de un cambio casi imperceptible en el semblante del bicho.


Quiso hacer un comentario, pero su tamer interrumpió alzando entre sus brazos al verdoso hasta verificar que estaba bien, lo mismo con el lupino.

¿Buscan a Owen? ―Preguntó receloso el primero, incorporándose. Layla tardó en reaccionar que siendo una criatura del bosque podría guiarlos a él. ―Lleva tiempo sin ser avistado por los alrededores. ―Terminó en un suspiro triste; la británica se viró hacia su compañero.


¿Le conocías? ―La pregunta salió por inercia por este.


El aludido afirmó en medio de una sonrisa.

Un muchacho poco convencional que vino a cuidar de nuestros bosques. ¡Cómo no conocerlo!


El brillo que emitía en su mirada era genuino, un habitante del mundo digital sintiendo aprecio por un humano del mundo real. Y por un instante, Gabumon se preguntó si él tendría la misma reacción cuando alguien le preguntaba sobre su tamer.

Qué mal. ―La escuchó decir. ― ¿No sabes dónde podemos encontrarle?


De alguna manera creía imposible que algún digimon pudiera indicarles el paradero de Owen. Todos, o en su mayoría, daban la sensación de respetarle y huir en cuanto se cruzaban con algún humano. Wormmon no sería la excepción; así que cuando se ofreció a ayudarles, su expresión no cabía en asombro.

La última vez que le vi fue cerca del río. Sin embargo, de eso ya tiene bastante.


Comenzaron a andar en dirección opuesta al presunto ataque de Birdramon. Gabumon no perdió detalle de su compañera dando una última ojeada a su espalda antes de emprender su caminata de regreso.

¿Birdramon atacó sin ningún objetivo? ―preguntó ella.


Es un Bosque muy especial, obviamente sí que tendría una razón.


¿Y cómo le echaron? ―Quiso saber el lupino repitiendo la acción de su tamer, recordando al enorme Adult sucar los cielos.


Uhmmm, el bosque tiene “formas” de ayudarnos. ―Titubeó, no agregó más.


¿No será conveniente ir a ver si hay más heridos? ―Layla no podía dejar de ocultar su preocupación respecto a los seres que pudieron ser atacados.


A por la expresión que pintaba en su rostro, Gabumon concluyó que el digimon insecto sabía mucho más de lo que aparentaba. Sin embargo, el hecho de no haberles atacado le daba cabida a dos vertientes de situaciones: O era un enemigo que les tendía una trampa, o se trataba de un ser bonachón que les ofrecía una solución.

¿A dónde nos llevas?


Pronto se percataron que a su espalda se alzaba la montaña más alta del Valle de los Dragones, y se estaban alejando más y más de ella. Estaban obteniendo todo lo contrario a lo deseado, además quedaba la incógnita del paradero de Owen. El azul desvió su atención a su amiga, encontrándosela absorta en sus pensamientos mirando con la vista perdida aquel artefacto parpadeante en su muñeca. No saber lo que pensaba le tensionó.

Llévame con Owen. ―Su frase fue directa, sin rodeos.


Su mirada se volvió dura en un segundo.

¿Eh? No sé dónde está…


Vio cómo la chica empezó a mirar de un lado a otro en busca de nada en particular, sosteniendo fuertemente en su otra mano el iC con un punto brillante que continuaba emitiendo un sonido en particular. Sin esperarse a que Wormmon terminara de explicar, ella emprendió una huida.

¡Espera!


Gabumon no podía perderla de vista de esa manera, intentó seguirle los pasos, pero vaya que la pelirrosa era rápida cuando se lo proponía. Ahora podía concluir que en efecto, aquella mujer mediana tenía un alma de lobo, moviéndose allá donde su corazón se lo pedía, a veces sin detalles ni un plan previamente preparado que creaba conforme a las situaciones. Cuando lo necesitaba, podía sacar esa valentía del fondo y hacerla relucir, a veces aparentando trabajar sola siendo todo lo contrario, y siempre al pendiente de su “manada”. A lo lejos alcanzaba a ver la espalda de la chica con su cabeza aparentemente viendo el cielo.

El chirrido del Birdramon salvaje le elevó al tope sus sentidos, el cansancio y la molestia en sus almohadillas desaparecieron de golpe para alcanzar a la chica. Estar en medio de la arboleda les impedía un poco el movimiento, pero alcanzaban a ver cómo la enorme ave naranja arremetía contra algo en el suelo.

¡Detente! ―Layla se apresuró esquivando algunas raíces. Los meteoros del Birdramon comenzaron a quemar algunas ramas gruesas.


Preocupado por ella, Gabumon le dio alcance para intentar protegerla de los ataques sin sentido que enviaba el enemigo. Buscaba algo, o a alguien.

¡¿Estás bien?! ―La voz de la pelirrosa sonaba alterada y entrecortada. Cuando llegó a ella, un sujeto de cabello blanco la apartaba de un manotazo justo cuando el pájaro planeaba cerca de la punta de los árboles, dejando una brisa fuerte, incapaz de acercarse más.


Debes salir de aquí. ―Fue lo que dijo él. El lupino reparó rápido en el digivice diferente que colgaba de su pantalón, y que reaccionaba estando cerca del de la británica.


Sin darles mucho tiempo para reaccionar, el hombre tomó a Layla por la muñeca arrastrándola consigo, siendo seguido muy de cerca por aquella bestia volando sobre sus cabezas.

Tsk. Sigue derecho y vete de aquí.


Más tardó en decirle, que en la chica desobedecer su orden para darle alcance. Birdramon continuaba en las alturas, y eso a Gabumon no le agradaba en lo más mínimo.

Quizás no haya sido buena idea… ―Wormmon había llegado a ellos y miraba con preocupación al chico.


No importa ya, lo mejor será perderlo de vista. ―Con el ceño fruncido, el azul miró cómo veía a Hepburn con cierto desconcierto, como culpándola de lo sucedido. Pero nadie hizo comentario alguno. ―Insisto, lo mejor será separarnos y tú debes salir de este bosque. ―Pronunciando sus palabras se dio a la fuga; el movimiento repentino hizo al ave reaccionar siguiendo su cabellera blanca.


Entonces, quizás presa de la adrenalina que la envolvía, Layla silbó lo más fuerte que pudo hasta atraer al ave de fuego. Inmediatamente después, ya había cambiado de objetivo hacia ella.

Corrieron tanto como sus piernas se los permitieron, incluso evolucionar a Garurumon hubiera sido una buena opción pero algo le decía que no era momento. Pararon sólo para tomar aliento, escondiéndose tras los tallos de unos pinos. Si el muchacho quería hacerlos salir, al menos podían serles de utilidad sacando a la bestia de su campo de visión.

Miró por el rabillo del ojo a su tamer juntar sus manos frente a su rostro susurrando palabras muy quedito; el pecho de ambos subía y bajaba haciéndose de la mayor cantidad de oxígeno posible.

Gabumon…


Los ojos de ella se cruzaron con los suyos cuando le habló con dulzura. Jamás, desde que habían conseguido el digimental, el Armor Resonator había brillado tanto como en aquel momento. El aura cálida que antes le había invadido, ahora le quemaba el centro de su corazón. Los ojos de ella se cristalizaron, y de algún modo, por aquel instante, sus almas salvajes se conectaron.

La luz de digievolución envolvió su cuerpo pequeño.



Masaru Masaru
Mirae Kiyoe (?)
 

Serendipity~ ♥
Offline
[ L A Y L A ]



Se trataba de un esplendor acogedor que acaparó todos sus sentidos. El digimon era unos cuántos centímetros más alto que Garurumon, y desprendía un halo muy diferente de él. Layla reconocía que no esperaba aquella forma; en su mente seguía dibujada la idea de un ser lobezno en conjunto. Aquel alce era simplemente, distinto.

¡Abajo! ―Incluso su voz tenía un matiz ajeno. Más jovial que el lobo mayor, más amigable, menos atemorizante.


Moosemon, como se había presentado, la alzó por la ropa con su hocico para cargar con ella y huir del campo de batalla, rumbo a la tan afamada salida que Owen les indicó. Ella continuaba perdida en el limbo sin recapacitar en los eventos a su alrededor, atendiendo el tacto del lomo de la bestia. El Armor Resonator vibraba de tal forma que empezaba a molestar en su muñeca. Lo revisó incorporándose, sosteniéndose fuertemente del pelaje, y no caer en medio del trote de su compañero. La tenue luz rosada de la pantalla había apagado su color, volviéndose a gris sin seña del digimental. Las evoluciones cada día la sorprendían más.

¿Moosemon?


Se detuvieron detrás de una roca que usaron como escudo. El graznido en el cielo les avisaba que continuaban siendo avistados, pero lejos del objetivo, así que Layla se permitió asomar un poco para ver detrás. Birdramon planeaba a unos metros de sus cabezas y ya había dejado de lanzar sus ataques a diestra y siniestra. Fue entonces que la chica se percató de una sombra sobre el lomo del ave.

Corrió hasta el otro extremo de la piedra situándose en un ángulo mejor, detallando la silueta que se alcanzaba a percibir. Se trataba de un muchacho de cuerpo atlético, espalda ancha, cabello oscuro y tez pálida; de alguna forma le recordaba al testarudo muchacho infame que había conocido durante su ascenso.

Espérame aquí, no te muevas. ―Ordenó a su amigo antes de escabullirse teniendo al digimon alado de espaldas. Moosemon dejó escapar un resoplido profundo antes de volver a su forma Child.


Afortunadamente el bosque era una trampa para cualquiera que no tuviera la suficiente habilidad para orientarse, un auténtico laberinto para quien osara adentrarse sin permiso. La media tarde empezaba a llegar, y con ella, una nebulosa que cubría los escasos rayos de sol que se filtraban. La curiosidad había matado un gato, pero para el par de “lobos”, aquello era apenas una metáfora sin sentido.

Aprovechemos que Birdramon se ha ido, Lay. ―Gabumon también se las había arreglado para seguirla. La roca continuaba en su sitio y el ave ígnea se iba alejando cada vez más.


Hay un tamer con ese digimon.


¿Qué dices?


Le vi, Gabumon. En su espalda llevaba la silueta de una persona; un muchacho de mi edad, creo. O al menos eso parecía. Birdramon es un compañero digimon de un humano y está buscando algo…


La chica se detuvo inmediatamente, recordando en un flashazo la razón por la que estaban ahí. El muchacho moreno y lo que había averiguado.

Lo mismo que nosotros.


Suspiró él.

A todo esto, ¿cómo es que perdiste tu evolución?


Mientras regresaban por el mismo sendero del que provenían –acuerdo mutuo de regresar a por el peliblanco-, Layla escuchaba atentamente la descripción que su amigo digital le brindaba. Se tomó el tiempo de explicarle desde la sensación de estar preparado, hasta la curiosa característica de sentir no gastar tanta energía como en una evolución convencional. Aquello era nuevo para sus oídos. Sin embargo, a decir por sus palabras, debía acostumbrarse paulatinamente a ella, hacerlo de buenas a primeras no había sido tan sencillo. Relató lo difícil que le había resultado moverse, hasta estar consciente de su propiocepción en el espacio. Su cuerpo era diferente, las patas más largas y un cuerpo más robusto que Garurumon. Al final, la británica se hizo una idea de lo que significaba una digievolución con un método distinto.

Se acercaron con cautela al corazón del bosque, poniendo sus sentidos alerta ante cualquier movimiento en los cielos. El tamer de Birdramon debía seguir por ahí acechando en la oscuridad, esperando que el peliblanco apareciera. Hasta el momento desconocían muchas cosas y se movían más que nada por instinto, seguidos por la sensación nula de ser observados como en un principio.

¿Ahora sí me puedes explicar lo que sucedió antes? ―Habían acelerado un poco decidiendo seguir con el trayecto trazado desde donde le habían dejado. Estaban ya muy cerca del río.


¿Te refieres a…?


Le dijiste a Wormmon que te llevara con Owen ―recordó.


Actuaba muy raro, y era una suposición. Mi digivice había estado vibrando mucho, la alerta no paraba de sonar, y apenas dimos media vuelta para seguirlo, me di cuenta que el sonido disminuía apagando el vibrado. ―Pensando en voz alta le daba la pauta para hilar una idea tras otra. ― Los dispositivos sólo reconocen otro dispositivo como tal, no humanos ni digimon. Wormmon nos alejaba de un “humano”.


Y se ponía nervioso si le nombrabas. ―Layla se volvió para mirarle, asintiendo quedito. Era un buen razonamiento desde su punto de vista.


Llegaron al río aprovechando para descansar sus piernas de tanto correr, y disminuir la inflamación en sus plantas por andar en el pasaje asimétrico. El agua era tan clara que se antojaba beber de ella, pero desistieron viendo cómo se reflejaban los árboles en el fondo, y la velocidad con la que acarreaba las ramas que desafortunadamente caían en medio.

¿Debemos cruzar? ―El miedo palpable en su voz no le pasó desapercibido.


Siempre puedo intentar nadar hasta la otra orilla, no lo veo tan complicado. ―Dijo ella yendo a por un bastón de madera.


Se acercó con cautela a ras de la tierra hasta quedarse sobre una piedra ancha. Usándola como silla, se sentó con las piernas hundidas al agua. Tomó la vara y la sumergió de golpe, su sorpresa no fue tanta al notar que en efecto, aquello era más profundo de lo que imaginaba.

¿Puedes acercarme aquella? ―El lupino le llevó una nueva de casi dos metros que utilizó para repetir el procedimiento. Con el mismo resultado, no tuvo más que desistir la idea de cruzar; además, un “crack” anunció el rompimiento de la misma siendo conducida entre la profundidad del agua hasta la desembocadura. ―Definitivamente, avanzar nadando no es opción.


El suspiro de felicidad de su compañero le causó gracia.

¿Qué? ―Espetó sonrojado.


Nada, nada. ―Extrajo otra vez el mapa para verificar la posición en la que se encontraban de acuerdo a la distancia que apenas podía contabilizar. El punto de cruce la “amable” mujer de la Central se lo había marcado con una cruz. Sólo había que caminar algunos metros más en dirección al norte para encontrarlo, no debían tener mayor problema para ello. ―Puedo llevarte en el iC ―insistió.


No, Layla. Estoy bien. ―Movió sus garras inferiores antes de ponerse en pie de un salto. ― Andando.


Se llevó al hombro su mochila y reanudaron su marcha deteniéndose un par de veces antes de llegar al puente para refrescarse, el sol estaba justamente encima de sus cabezas y en aquella zona los árboles habían desaparecido. Se podía ver claramente la muralla que delineaba la ciudad a sus espaldas y la enorme montaña del Valle que ya soñaban. Aceleraron sus pasos para abarcar el menor tiempo posible haciendo apenas quince minutos hasta el lugar.

El puente se hallaba construido a base de concreto y se apreciaba resistente; no obstante, la gran maraña de pasto alto que circulaba el sitio de entrada denotaba su bajo tráfico por ahí. Gabumon se adelantó a su compañera pasando una y otra vez por un extremo para tantear la firmeza del mismo.

Parece resistente. ―Susurró. Layla le dio la razón asintiendo mirando hacia el este, no era una distancia tan larga, sin embargo por alguna razón, se sentía cohibida para cruzarle.


¿Crees que él se encuentre cruzando…?


Mi Digivice no ha emitido nada en lo que llevamos caminando, desde que nos internamos nuevamente hasta ahora. ―Explicó verificando la hora. Reprimió un bostezo y continuó. ―Todavía no es muy tarde.


Gabumon encabezó la caminata a lo largo del piso suspendido, con toda la seguridad que le caracterizaba. Ni un minuto tardaron siquiera en atravesarlo, cuando el artefacto de la chica volvió a enviar señales puntiformes en su pantalla.

¿Indica hacia dónde caminar?


No, sólo que un tamer se encuentra cerca.


Ante aquella afirmación continuaron caminando, el suelo más consistente facilitaba en demasía su andar; no obstante, la alarma persistía haciéndose muy penetrante y molesta incomodando a la chica que deseosa de encontrarse con Owen, no alentaba sus pies. Prosiguieron con ese ritmo hasta toparse con las vías de los Trailmon, aquellas que los habían conducido hasta la ciudad.

Entonces algo en el ambiente les obligó a concentrar su atención hacia la derecha, por sobre el metal de las vigas, donde una vibración se condujo haciendo eco tras el golpe fortísimo contra una superficie dura.

Gabumon, ¿qué tan factible es que un Trailmon choque contra “algo” durante su trayecto? ―Preguntó sin apartar la mirada.


Es imposible, siempre están muy coordinados. ―Más tardó en responder que en su tamer comenzar a correr hacia el sitio de la colisión.


Las siluetas de los árboles cercanos se movían junto a ellos, como en un vaivén al ritmo de la brisa que se levantaba. Sincronizándose con sus movimientos, dando la apariencia de un oleaje, las ramas detuvieron su danza tan pronto llegaron. Un dinosaurio enano color azul y de rayas rojas estaba de pecho al suelo, mientras el vagón principal de Worm se hallaba volteado sobre un costado aparentemente herido.

¡Levántate Allomon! ―La voz autoritaria de un muchacho se alzó. ―¡Levántate pedazo de chatarra azul! ―Gritaba.


Al comprobar que estaban completamente solos, y relativamente fuera de peligro, se aproximaron al trío precipitándose sobre el ferrocarril digital. Layla le palpó con cuidado mientras Gabumon se mantenía impasible mirando al otro par.

¿Estás bien? ―Estaba preocupada.


¡¡Te dije que te levantaras, idiota!! ―Las exclamaciones llenas de rabia opacaban cualquier palabra del resto. ― Tsk, bendito digimon me vine a conseguir.


Tras un silencio y ver un poco noqueado al Worm, la británica se puso de pie.

¡¿Qué le has hecho?! ―Quiso saber llevando un pedazo de un emparedado al digital de costado, esperando que reaccionara frente a la comida, como la mayoría de los de su especie.


¿Y a ti qué te importa niña tonta? ―Espetó reparando en la mirada del lupino. ― Tú…


Tú debes ser el tamer de Birdramon. ―Afirmó Gabumon. Layla reconoció entonces la sombra que había visto antes en él. Los mismos rasgos: la tez pálida que apenas y visualizaba, el cabello oscuro, junto a una edad similar a la propia.


¿Y qué si lo soy? Ustedes fueron los que ayudaron a Wright a huir, ¿no es así?


¿Y qué si lo somos? ―Enfrentó ella, tocando el caliente AR en su muñeca. La lengua del Trailmon tanteó el suelo y acaparó todo el sándwich.


¿Te atreves a hacerme frente, estúpida?


A espaldas de él, el dinosaurio se iba incorporando con dificultad. Layla movió un poco el artefacto brazalete hasta que la luz nuevamente recayó sobre su compañero. La mirada furibunda del mismo no desapareció del alce una vez evolucionado. Un gesto altivo fue lo que encontró al verle de reojo.

¿Cómo te sientes? ―Preguntó quedito. El digimon simplemente sonrió.


¡Vamos Allomon! ¡Demuéstrame que vales la pena! ―La pelirrosa enfocó su atención en el chico logrando ver un destello cristalino en una de sus muñecas. Un Armor Resonator era el que había logrado aquella evolución.


¡Ten cuidado con su fuerza, Moosemon! ―Le preocupaba esa característica, haber derrumbado al vagón no debió haber sido cosa fácil, y no sólo eso, sino que aún podía levantarse y continuar luchando. Empezó a comerse las uñas con desesperación la bestia blanca hacía hasta lo imposible por quitarse del camino de la cabeza del dinosaurio, pero en un par de ocasiones lo logró embestir llevándolo hasta la corteza de un árbol hasta que logró partirlo en dos.


Quiso ayudarle, pero sabía que no podía, el iC parecía mantenerse inactivo frente a aquella forma.

Shht, shht… Tú, voltea. ―La voz ronca de Worm la hizo perder detalle de la batalla. ―Dile a tu amigo que lo traiga a mi alcance, necesito darle también una lección a ese mocoso y a su digimon. ―Layla parpadeó―. ¡Haberme molestado cuando tomaba una siesta, cómo se atreven!


Quiso decir algo pero justo en ese momento, el alce se levantaba por sus delanteras dando una patada doble con sus extremidades traseras, enviando al digimon a chocar contra el árbol que él mismo había destrozado antes.

Conocerás el infierno, bestia. ¡Layla, hazte a un lado! ―La chica no tuvo tiempo de dar a entender su recado cuando él tomó con los cuernos a un herido Allomon y lo lanzó a la cabeza del Trailmon. ― ¡Todo tuyo Worm!


De las mandíbulas del último, unas esferas ígneas salieron para impactarse contra el cuerpo del Adult. Casi de inmediato perdió su evolución hasta ser reducido a un ave de plumas rojas y cabeza blanca. La pelirrosa sintió compasión por su oponente pero no se acercó, no cuando se sentía extrañamente rara frente a una amenaza, mucho menos cuando el moreno optó por subirse a la espalda de Moosemon.

¡No! ―Vio cómo de entre sus cosas el muchacho sacaba una navaja de doble filo, amenazando con clavarla justo a la altura del cuello del digital. ― ¡¡NO TE ATREVAS!!


Un destello de luz, una ráfaga frente a sus ojos, sangre y desesperación. Layla se movió por inercia y corrió hasta donde Moosemon perdía la evolución volviendo a ser un digital Child, llevando un corte por detrás de su cuello de forma tan aparatosa que la chica no paraba de llorar ignorando el intento de pelea que se llevaba a cabo a metros de distancia.

Les dije que se fueran. A los dos. ―Ni siquiera la voz de un Owen recién llegado aliviaban su terror.



Masaru Masaru
 

Serendipity~ ♥
Offline
[ G A B U M O N ]



Su cuerpo pesaba más de lo normal, le era difícil inspirar como si una masa inerte se posicionara sobre él; palpó con sus garras a cada lado, había algo mullido bajo su espalda, y antes de poder identificar alguna otra cosa, un piquete de dolor se asentó sobre su cuello recordándole que no debía moverse tanto. Abrió sus ojos lentamente mientras recuperaba consciencia de su alrededor, inmediatamente pudo darse cuenta de la causa que le impedía respirar con facilidad; el cabello rosa de su compañera tapaba casi todo su campo de visión.

Veo que ya despertaste. ―Un escalofrío recorrió su cuerpo entero al toparse con la mirada gélida del peliblanco. El muchacho llevaba una bandeja en sus brazos, y muy de cerca Wormmon aguardaba con un par de botellas.


No les quitó la vista de encima y les vio moverse a lo largo de la habitación para dejar las cosas sobre un buró. Después se encaminó a ellos y con delicadeza, posó una de sus manos sobre la espalda de la británica. Layla fue despertándose poco a poco ante el tacto y las palabras que le dedicó con suavidad.

¿Dónde…? ―El lupino le sonrió cuando sus miradas se cruzaron. Los párpados de ella se mantenían inflamados sobre un recorrido de lágrimas secas en sus mejillas.


Un silencio solemne se habituó en ambos. El gesto de ternura que la chica le dedicaba le decía una y mil cosas; quizás sintiéndose culpable, quizás sólo preocupada por su salud.

¿Estás bien? ―Le preguntó rompiendo el silencio.


Idiota. ―Fue la respuesta que le dedicó ella antes de abrazarle para revolverle el pelo de su cabeza y ponerse de pie.


Tomen un poco, demasiadas emociones en un solo día. ―La otra persona les tendió un par de vasos para servirles el extraño licuado que el bicho cargaba, mientras le daba un sorbo a la otra botella.


Gabumon sintió cada una de la herbolaria utilizada en su paladar, nada grato a su gusto, pero el olor era gratificante, una mezcla de eucalipto con miel que refrescaba la suspensión. Un poco más relajado se permitió observar las paredes del sitio. Una choza en medio de los bosques que fácilmente podría camuflarse ahí, apenas un poco más pequeña que la habitación que compartían en Utopía, tenía ventanas con unas cortinas desgastadas por el tiempo y las lluvias; todo era de madera gruesa, la fragancia era inconfundible.

Uhmmm, supongo que en efecto eres Owen Wright, ¿o me equivoco? ―El moreno dio un sorbo a la bebida y asintió sin más. ―¿Dónde estamos?


La voz de Layla salía torpemente de sus labios, debía incomodarse por la presencia del chico ahí, sobre todo después de haber salido en su ayuda cuando estaban en desventaja. No obstante, el aura tranquila que desprendía él apaciguaba un poco y aumentaba su confianza. El lupino se reincorporó para observarlo mejor, ahogando un quejido de dolor ante una herida que le escocía por detrás de su cabeza, no debía ser más grande que su compañera a decir del rostro infantil que tenía, pero la tranquilidad con la que se desenvolvía hacía creer que era mucho más maduro que su amiga.

Deberías cambiarle los vendajes. ―El gusano se escabulló hasta ellos para pasarle un recipiente con más vendas y gasas, y demás material de curación a la pelirrosa. Gabumon se dejó hacer observando detenidamente a su compañera por el rabillo del ojo, se mostraba agradecida por tener algo que hacer en lugar de seguir conversando con el peliblanco.


Déjame ver. ―Con agilidad, y para mala suerte de Hepburn que esperaba mantenerse a raya, el chico se calzó unos guantes e inspeccionó la herida. ― En unos cuantos días cerrará por completo, no es muy profunda. Deberás lavarla diario para que no se complique.


¿Por qué nos ayudaste? ―Con el ceño fruncido se dirigió hacia él― Nos han estado siguiendo, ¿no es así?


Tenía asuntos pendientes con ese chico. ―Respondió ante la primera interrogante dejándose envolver en la bebida a la que le daba fin.


¿Por qué nos seguían? ―Pronunció con insistencia, Owen evidentemente evadía su necesidad de conocer información.


¿Qué es lo que quieren de mí?


Gabumon no sólo se fijó en cómo el peliblanco se tensaba mientras aguardaba por una respuesta, Wormmon también lo hacía desde una esquina de la cama. Como resolución, la chica se sacó de la muñeca el Armor Resonator y se lo tendió a él. La actitud apacible con la que lo recibió daba a entender que esperaba algo como eso.

¿Qué con esto?


Nuevamente la sensación cálida que había sentido cuando evolucionó lo envolvía de adentro hacia afuera, provocando una resonancia innata junto al digimental escondido en el artefacto. A diferencia de él, el bicho ya se había relajado y se limitaba a contemplar a su tamer en completo silencio.

Owen examinó la pulsera recargándose en una de las paredes. No se mostraba sorprendido.

Lo han mejorado desde la última vez que lo vi. ―Dijo regresándosela.


En File… ―Titubeó. ― En File encontré un archivo de la Biblioteca que hablaba sobre las distintas tecnologías del Mundo Digital. He comenzado mi búsqueda aquí, quiero hacerme de cada una de ellas.


El muchacho le miró de forma despectiva y soltó una risilla irónica. Gabumon se mantenía atento; afuera, el crepúsculo se asomaba para dar inicio a la noche. Hasta ese momento había perdido la noción del tiempo y de alguna manera se sentía inquieto, sobre todo cuando la luz parpadeante del digivice de su tamer no dejaba de emitir sonido.

Está reaccionando a tu dispositivo. ― Ella puntualizó lo obvio.


Te hacen falta muchas cosas por conocer de las tecnologías que ya posees. ―La forma en la que lo dijo hizo enojar al digimon azul, que inmediatamente se puso de pie para encararlo. Wormmon repitió su gesto con pesar.


Están heridos y agotados, deberían quedarse aquí o simplemente irse del Bosque. La salida la encontrarán yendo hacia el oeste hasta el río, y de allí hacia el sur. ―Les facilitó una brújula conforme explicaba. ― No intenten “ayudarnos” cuando ni siquiera pueden cuidarse ustedes mismos.


En cuanto abandonó el cuarto junto a su compañero, el lupino se dio a la tarea de investigar el área. La pelirrosa se mantuvo de pie frente a la puerta visualizando la única salida del sitio. El digital pasó por un lado atravesándola, encontrándose con un paisaje digno de ver. Estaban concretamente ubicados en lo alto de uno de los árboles más gruesos, el suelo se veía a mínimo tres metros de distancia y una escalera colgante se abría paso frente a ellos. El sol se había puesto, y una cortina anaranjada se cernía sobre ellos.

Ahora no pondrás “pero”, te resguardaré dentro de mi iC e iremos a seguir a Owen. ―La tintineante melodía del digivice captó su atención.


Supongo que no tendré de otra, ¿cierto?


Como respuesta, su cuerpo digital fue convertido en partículas para mantenerlo a salvo dentro del dispositivo. Layla completamente descansada tras una larga siesta, emprendió la huida de aquella casita en medio del Bosque, bajando con cuidado cada peldaño de madera. El inusual árbol era tremendamente grande, así como los que lo rodeaban; se encontraban en una parte del Bosque que debía resaltar frente a las demás.



Masaru Masaru
Primer Objetivo Listo.
PD: No pediré más prórrogas, he descuidado mucho esto y ya le debo poner empeño. Los siete días deberán ser más que suficientes. Gracias!
 
Última edición:

"さあ、往こうか"
Supermoderador
Offline
"El Guardián del Bosque” [Especial]​
a) NPC que la solicita: -
b) Lugar donde debe ser tomada: Folder Continent - Holy Angel Citadel
c) Descripción de la misión: La actitud reservada de Owen Wright lo hace parecer un tanto misterioso. Muchos dicen que es él el que lleva los Digimental a las tiendas para que sean vendidos. Sin embargo, ¿De dónde vienen los Digimental? Muy pocas personas conocen la razón por la que Owen se ha recluido en un bosque de la Tierra Espiritual, y en cual bosque en específico se encuentra. Aquellas personas que lo saben son Holders, o portadores de los D-3 que él ha otorgado y todos han prometido guardar el secreto. Para obtener el D-3 es necesario adentrarse en los frondosos bosques de Folder, y encontrar al afamado experto de la "Armor Evolution"
d) Descripción del campo de juego: Tierra Espiritual
e) Objetivos a cumplir:
  • Recorrer los bosques de la Tierra Espiritual en busca de Owen
  • Convencer a Owen de colaborar/ayudarlos en la búsqueda de conocimiento de Layla
  • ???
f) Datos Extra:
  • Quest Progresiva: Los Objetivos y Datos Extra van cambiando a medida que se desarrolla la Quest
  • Quest disponible en modalidad Individual
  • En caso de fallida, no se podrá volver a tomar la Quest en un plazo de dos semanas.
  • En caso de superada, no se podrá tomar una Quest de Digivice en un Mes
  • Considerando que sólo aquellos que no revelarán el secreto son los que tienen el D-3, se puede asumir que ganarse la confianza de Owen es un paso vital para conseguir el Digivice
  • Layla lleva consigo su Digivice básico, aunque el que está activo en ese momento es el iC
  • Es obvio que Owen sabe mucho más de lo que dice. Debe haber una forma de convencerlo que hable un poco
  • Luego de todo el viaje no se rendirán tan fácil. Tampoco es que sea buena idea adentrarse en el bosque con Gabumon lastimado
g) Recompensa:
85 Puntos o más: D-3

Audrey Reira una enorme disculpa por el retraso. 72 horas extra por mi responsabilidad, puedes continuar
 

Serendipity~ ♥
Offline
[ G A B U M O N ]


Su cansancio era mínimo, pero el dolor en su espalda persistía punzante y debilitante. Estando aun dentro del dispositivo le era posible proyectar esas sensaciones de su cuerpo, reflejando la imposibilidad de mantener un combate directo, aunque le mosqueara. Flotaba en medio de aquella zona iluminada con pixeles alrededor, no era la primera vez que Layla le resguardaba allí dentro, pero sí que era la única ocasión en la que le prestaba más atención a todo. Una parte de él quería observar el entorno de su tamer y advertirla si hubiese peligro, pero la otra prefería mantenerse ignorante a lo que sucedía sabiendo que no podía hacer nada para protegerla; confiaba en que sería precavida, y esperaba de alguna forma que la conexión que estaba formando con ella le diera señas frente al peligro, así que se dedicaría a investigar aquella zona desconocida del digivice.

A donde fuera el mismo panorama brillante se abría paso en un ciclo sin fin, distorsionándose a intervalos cortos y sumamente nítido en otros, en veces los cuadritos se aglutinaban creando una ventana hacia el exterior, lo que alertaba a Gabumon de sobremanera. Pero tal parecía que Layla presionaba algún botón por error, encendiendo el iC. Su voz susurrante hacia la nada, y la oscuridad reflejada por la luna, era lo único que se alcanzaba a apreciar por la pantalla; misma que se repetía si levitaba a gran velocidad hasta que el propio dispositivo se suspendía. Eso sucedió un par de veces más.

Gabumon. ―El llamado de la británica fue claro y suave, sin jadeos de cansancio ni tono aterrado. Le tranquilizó ― ¿Cómo estás?


Todo bien por aquí. ―Aseguró deteniendo su andar. ―¿Y por allá? ¿Has encontrado algo respecto a Owen?


No, aún no. ―Su expresión de derrota hizo sonreír al digital.


Ten cuidado.


La comunicación se cortó después de despedirse volviendo al ambiente cómodo y pacífico del dispositivo; así estuvo cerca de diez minutos más. Cuando de pronto un punto parpadeante apareció sobre su cabeza, se trataba de un foco de pixeles que se encendió primero de forma silenciosa y luego con un ruido tan chirriante que alertó al lupino. Pensando en peligro inminente de forma automática, su desesperación pidió a gritos hablar con su compañera. Sólo le bastó desearlo para que la ventanita se materializara frente a sus ojos.

¡Lay!


Estoy bien, estoy bien. ―Le susurró para calmarlo. ― Creo que hay alguien cerca… ¿Hay alguna forma de apagar esto? ―Los sonidos de clic llegaban a sus oídos con la imagen desesperada de la chica.


Investigaré por…


La imagen proyectada simplemente desapareció sin oportunidad de continuar hablando. Se escucharon ruidos perturbando el ambiente y todo se esfumó, como si el dispositivo hubiera caído de las manos de la chica quedando con el frente al suelo, esa oscuridad como único vínculo hacia el exterior. Gabumon se mantuvo estático tan sólo un par de segundos antes de reaccionar buscando una forma de salir por su propia cuenta. Comenzó a “volar” alrededor de aquella zona digital sintiendo esa desesperación interna. Las luces empezaron a atenuarse…

Hasta que la imagen volvió a materializarse desde debajo de la chica, quedando su rostro perfilado frente a sus ojos. Una voz masculina que le siguió lo puso en alerta extrema.

¿Tu amiguito sigue vivo…?


Silencio. Aquella voz era inconfundible, las parpadeantes luces que se tornaron rojas y mucho más insistentes, le cegaron, dejando sólo los sonidos a la imaginación. Persiguiendo una forma de huir de ahí e invocarse junto a su tamer, le llevó a viajar hacia las alturas.

Sí, supongo que sí. No alcancé a cortarle su cuello… Aunque estuve muy, muy cerca.


Siseaba sin cesar. Sus palabras pronunciadas eran más que veneno para la chica; y fue entonces que empezó a temer por ella. Layla era fuerte, pero su miedo persistía en algún lugar recóndito de su ser y desconocía si aquello sería suficiente para hacerlo regresar.

¡Aléjate! ―La ansiedad de su voz le dio la respuesta que necesitaba. No sabía lo que ocurría fuera, pero podía estar 100% seguro que la muchacha estaría a punto de flaquear.


¿No me piensas contestar?


Se fue acercando más. A Gabumon le llegaba con más sutileza su pronunciación, casi como un susurro cerca de sus oídos. Eso no ayudaba en nada.

¿Recuerdas esto…?


La respiración de la británica podía escucharla claramente, debía estar aferrándose el digivice con ahínco. La chica emitía palabras incoherentes en idiomas que el lupino no entendía, ni siquiera sabía que conocía, pero era tal su tono que una sensación de tristeza le apretujó el corazón.

Lay… ¡Layla! ¡Layla Hepburn! ―Llamó con toda la voz que tenía, esperando que llegara un poco de él hacia ella y le permitiera salir. No obstante, la ventana terminó por apagarse dejándolo en incógnita.― Eres fuerte, ¿lo recuerdas? El lobo en tu muñeca, y yo, somos testigos de ello. ―Terminó para sí.


Los segundos se convirtieron en eternidad mientras regresaba en su búsqueda, el dolor en su cuello persistía, pero lo sentía tan lejano que se antojaba ajeno. Era como atravesar en una crisis de despersonalización. Entonces, las puertas al Mundo Digital se abrieron invitándolo a pasar; no se lo pensó dos veces y las cruzó con rapidez. Estando a centímetros de caer al suelo, los delgados brazos de su tamer lo envolvieron.

Confundido y alerta, les ignoró buscando al causante de aquello, no encontrándoselo por ningún lado. Por el contrario, lo que “encontró” con horror, eran esos restos hemáticos que cubrían parte de los brazos pálidos de la chica.

No ha pasado nada. ―Se apresuró a confirmar ella. ― ÉL…. Sólo se ha ido. Sigamos buscando a Owen.




Masaru Masaru Pase (?)​
 

Serendipity~ ♥
Offline


[ L A Y L A ]

Parpadeaba una y otra vez para acostumbrarse a la falta de luz en aquella parte del Bosque. Los sonidos de la naturaleza se entremezclaban con los pasos que daban al andar. Envuelto en su mano empuñada, un colguije sobresalía con restos de sangre. El último encuentro aún la tenía un poco estresada y podía sentir su cuerpo temblar un poco a cada tanto. La cabeza le daba vueltas y su corazón palpitaba tan fuerte y acelerado, que temía que se saliera de repente. Gabumon en esa ocasión encabezaba la andanza confiando en su olfato, llevándola por zonas con la adecuada iluminación para poder caminar sin tropezar, y al mismo tiempo pasar desapercibido; el digivice había dejado de sonar un tiempo atrás, y ella estaba demasiado inquieta para concentrarse.

¿Te hizo algo? ―La combinación de preocupación y coraje no le pasó desapercibida a ella.


No, ya te lo he dicho. Estaba tan estresada que me he hecho daño yo sola. ―Le extendió la mano vacía con las uñas con manchas oscuras. Intentó sonreírle pero fue en vano.


Hai, hai… ―Regresó su atención al frente.


Caminar a lo largo de la Tierra Espiritual en medio de la noche, con la luna digital sobre sus cabezas, debía ser un privilegio que pocos podrían disfrutar. Pero para ella, sin haberse recuperado del último altercado, se transformaba en un martirio que terminaría en cuanto encontraran al Ten Armor. Le causaba ansiedad el creer que de un momento a otro alguien aparecería por un lado y los emboscaría, una sensación similar a la que tuvo cuando iniciaron aquella travesía. Ya ni siquiera podía recordar cuánto tiempo llevaban ahí.

El sonido del río fluyendo llegó a ambos al mismo tiempo sacándolos de sus pensamientos; ya iban de regreso al otro extremo de la isla. Sin embargo, no pudieron confirmarlo hasta que volvieron a llegar a las vías del Trailmon con las montañas del Valle hacia la derecha. Llegados a este punto, anduvieron en línea recta, encontrándose al final del camino al reflejo de la luna sobre el agua, y a Owen sentado a la orilla de la misma, con Wormmon en sus piernas.

Tardaron mucho. ―Dijo con la mirada hacia el cielo, volviendo a una tarea que habría estado haciendo tiempo atrás: acariciando el pelaje de su compañero digimon. ―Dime, ¿te gusta lo que ves?


Layla se mantuvo estática a su espalda, perpleja sin saber cómo responder. Estaba en shock, primero por encontrarlo de esa forma tan… sencilla, sin ningún tipo de resistencia, haciendo como si nada de lo sucedido hubiera pasado. Contempló entonces lo mismo que él y se dejó envolver un momento por el viento fresco que se dejaba sentir. Hacía frío; su cuerpo tembló por inercia al caer en la cuenta de ello.

Si continúas absorta en tus problemas, no podrás comprender lo que está frente a tus ojos… ―La pelirrosa le miró colocar al bicho a un lado, para sumergirse en la corriente poderosa del río.


Mientras le observaba hacer, ahogó un gritillo corriendo a la orilla para auxiliarlo, pero más tardó en percatarse, que en ver al muchacho emerger varios metros más adelante. Wormmon contempló con diversión lo sucedido y se aproximó a él.

¡Estás loco! ¡El agua debe estar helada y…! ¡Dios, ¿te has dado cuenta que pudiste ser arrastrado hasta la cascada del final…?! ―Su voz salió a trompicones, un poco grave, tanto silencio y el frío estaba haciendo mella en ella.


Toma, se te ha caído esto. ―Ignorando su preocupación, se acercó a ella alargando su mano con su puño bocabajo, esperando que Hepburn recibiera ese “algo”.


La chica abrió sus ojos desmesuradamente sintiendo cada perfil del objeto que caía sobre su palma, algo que se sabía de memoria aun sin haberlo tenido consigo. Mucho más tiempo que ninguna otra ocasión. Era el alebrije que su hermana le había obsequiado, al menos una parte de él… la otra mitad yacía entrelazada en su mano ensangrentada. En un desesperado intento de llevar a Gabumon inconsciente a donde Owen le indicaba, su preciado regalo había caído al suelo.

Si tanto significa para ti, no lo pierdas. ―Dio media vuelta y empezó a caminar pausadamente.


¡Espera!


Owen no detuvo su andar.

¿El muchacho de antes…?


Invadió terreno sagrado buscando lo mismo que tú. Deben entender que hay secretos que es mejor mantenerlos así, ya lo he repetido hasta el cansancio al personal de Central. ―Repuso con un poco de fastidio mal disimulado, masajeando sus sienes.


Así que la chica nos mintió… ―Haciendo obvio el comentario de la mujer de las Oficinas en Star City.


No sé con qué cosa les habrán salido, pero tenlo por seguro que sí.


Layla y Gabumon aceleraron un poco su paso para darles alcance y quedar hombro a hombro.

Por favor, sólo quisiera que me respondieras unas dudas…


El peliblanco sonrió como negándose a creer. Hepburn supuso que no sería la primera vez que se lo pedían, sin embargo ella sólo estaba por una sola razón y no, no quería saber los secretos del Bosque. Sólo deseaba saber cómo utilizar esos digimental de forma segura, de qué manera combinar las habilidades.

El muchacho no hizo por correrla, y continuó guiándolos silenciosamente entre el frondoso bosque, internándolos nuevamente en él. Ahora se dirigían más hacia el norte, los árboles en aquella zona se volvieron más gruesos y las raíces mucho más sobresalientes; era una proeza no tropezar con ellas. Layla y Gabumon tuvieron que vérselas complicadas cuando en cierto tramo se obligaron a escalar a través de las salientes en completa oscuridad. La pelirrosa reparó en lo que el chico llevaba consigo; unos pantalones cortos y una remera húmeda que había dejado de gotear, al hombro, el muchacho cargaba una mochila con lo que debía ser ropa seca y algunas mantas. De una de las tiras del bolso colgaba un dispositivo digital que Layla vio en algunos tamer en File, sus zapatos no estaban siquiera gastados por el uso.

En Central te llaman el “Ten Armor” ―Dijo ella intentando romper el hielo, puntualizando la poca información que tenía sobre él. ― ¿Tiene algo que ver la evolución con los digimental?


La Armor-evolución se logra con ellos, sí. ―Contestó escuetamente ayudando a Wormmon a descender por una pendiente.


¿A dónde vamos…?


El chico miró de reojo a Layla.

Ok, ¿a dónde se dirigen? ―Corrigió sabiéndose no invitada.


Como era de esperarse, el peliblanco respondió con un silencio. Gabumon resopló con cansancio; ambos sabían que era demasiado bueno para ser verdad.

Un poco más relajada con la presencia de Wright, Hepburn se dedicó a prestarle más atención a otras cosas, como por ejemplo, su AR ya no estaba tan caliente como la primera vez, pero sí que apareció el digihuevo cuando lo encendió, era amarillo con alas y el símbolo de un sol naciente grabado en él. Después enfocó su mirada en su compañero.

¿Cómo te sientes? ¿No quieres que te resguarde en el iC, otra vez? ―Preguntó observando detenidamente el parche que llevaba detrás.


No. Prefiero estar afuera y no dentro volviéndome loco por los nervios. ―Afirmó adelantándose unos pasos de ella.


Se fijó entonces en el bicho verde que seguía al muchacho y por su mente apareció la imagen del humanoide del mismo color que los había salvado. La velocidad que había utilizado la dejó flipando. Quizás debería enfocar en entrenar a Garurumon en una habilidad para ser tan experto como él. Apenas iba a preguntar por aquella evolución, cuando notó al mismo tiempo que Owen, cómo el iC volvía a encenderse. Inmediatamente el peliblando encendió su digivice orientándose en medio del bosque.

Perfecto. ―Dijo intercambiando miradas con su digital.


Layla no comprendía lo que sucedía, y apretó con mucha más fuerza el alebrije partido a la mitad hasta que el pinchazo de una de sus partes, la trajo a la realidad. Wright había comenzado una carrera cuesta arriba con su digimon sobre la espalda. Así que sin perder más tiempo, Hepburn atrapó también a su amigo para seguirles el paso. El iC aumentaba la intensidad de sus alarmas estresando más y más a la chica, hasta que llegaron al fin a la cima de la pendiente.

Estaban parados sobre un risco que daba hacia el mar, por ahí era más fácil ver el muelle a lo lejos en Star City, y a esa hora las luces eran las únicas que diferenciaban las ciudades de la Isla. Layla se abrazó a sí misma bajando a su amigo, hacía un frío extremo que le sorprendía no bajara los ánimos del muchacho.

Repentinamente un ave planeó con fuerza sobre ellos obligándolos a lanzarse al suelo. Se trataba de Birdramon, otra vez.

¿Quieres hablar? Hablemos. ―Pronunció Owen tan fuerte que difícilmente no sería escuchado por el aludido.


Layla sintió su cuerpo tensarse estando frente a él nuevamente.

El pájaro plegó un poco sus alas y cayó en picada hasta ellos después de tomar distancia suficiente. Actitud que parecía querer intimidarles, Layla cayó en su juego tomando su cabeza en manos; Owen se mantuvo estoico.

El pelinegro bajó majestuosamente de su “compañero” y caminó hasta el Ten Armor. En ningún momento reparó en la pelirrosa que estaba detrás, o le era invisible, o no era lo suficientemente importante para prestarle atención.

El dispositivo, dámelo. ―Exigió.


Silencio. Gabumon avanzó lentamente colocándose en posición defensiva. Wormmon había hecho lo mismo.

Tú lo perdiste…


¡Tú me lo quitaste! ―Se aproximó tan amenazadoramente a él que la británica temió por la integridad del moreno. Su cuerpo empezó a temblar recordando lo que había sucedido y se vio tentada a dejarse caer al suelo. ― Devuélvemelo ―siseó.


Yo no puedo regresarte algo que ya has perdido. ―Ante la respuesta, el extraño lo tomó por la solapa enseñándole un puño cerrado a centímetros de su cara. ― ¿Vas a golpearme?


Wormmon se movió apenas un par de centímetros conteniendo la calma. Hepburn creía que evolucionaría y utilizaría su velocidad para separarlos, pero apenas pensaba en ello, escuchó un golpe seco que dejó caer sobre la mejilla de Owen.

Wright cayó sobre su costado contrario escupiendo sangre, y se levantó sin cambiar su expresión. Su digital continuaba imperturbable, con la mirada puesta ahora sobre el ígneo acompañante rival.

Gabumon… ―Susurró quedito, soltando un poco el dije que cargaba. Se movió un poco buscando no llamar tanto la atención esta vez, y descendió hasta su amigo. En completo silencio, Layla deshizo el nudo de la bandana roja para colgarle junto a ella, el trozo de amuleto de lobo, quedándose con la mitad. ― ¿Podrás pelear?


El lupino observó el tesoro familiar de su tamer con él y sonrió antes de asentir.

Si te doy algo de energía con el iC, podría ayudarte un poco, ¿no crees?


A esas alturas, ir a lo seguro con su evolución original era lo más conveniente para ambos.

Sí.


Un segundo golpe escuchado a su espalda, la hizo percatarse del momento en el que estaban.

¿Ya has terminado? Puedes irte, entonces. ―Continuaba Owen, sacando de sus casillas al otro.


¡Ni una mierda! ¡Si no me lo regresas, mataré a tu bicho! ―Apuntó al insecto con su dedo índice; la expresión del peliblanco seguía igual. ― ¡Birdramon!


¿Planeas atacar a un digimon child que está desprotegido?


Si a ti no te importa… ―Sonrió con malicia.


El ave volvió a extender sus alas para alzarse en vuelo.

¡Gabumon! ―Layla cogió de sus energías para transformarlas en puño de datos, y dejarlo descargar sobre el iC, trayendo la evolución de Garurumon a la luz. El lobo se colocó por delante del gusano, que agradeció con una sonrisa.


Hepburn abandonó su sitio, algo confundida con la actitud del famoso miembro del gremio de tamer, para seguir a su amigo sobre la planicie en esa altura. La falta de árboles hacía mucho más propicio un combate terrenal. Intercambiaron ataques en un vaivén casi simultáneo, Garurumon obligado a esquivarlos por su estado actual y Birdramon volando en las alturas evitando descender lo menos posible para no ser presa del ataque congelado del can.

Las energías de ambos seres se mermaban con facilidad, la del azul mucho más rápido; pese a ello, prosiguieron con su combate. Owen los observaba sin perder detalle tampoco del muchacho pelinegro, quien se iba acercando cada vez más al perro como la vez anterior, salvo que en esta ocasión, Wright mantenía sus pupilas fijas en él, y su Digimon también.

De pronto, ambos Adults se enfrentaron disminuyendo la distancia entre ellos, haciendo estallar ambos ataques a escasos metros de sus cuerpos. Birdramon cayó sobre una roca, propulsándose por la explosión, Garurumon dio un par de volteretas sobre el suelo. Ninguno perdió su evolución. El resto de espectadores se mantuvo a distancia sintiendo la oleada de ráfaga que desencadenó.

Wormmon, prepárate. ―Anunció Owen. El aludido asintió.


¿Qué…? ―El enemigo parecía contrariado respecto a esa decisión.


Si siguen así, terminarán por destruir la periferia de esta zona. ―Explicó recibiendo también un interrogatorio mudo por parte de la chica. ― El bosque es mi hogar, y si se empeñan en destruirlo, tomaré cartas en el asunto.


A Layla le pareció percibir un atisbo de brillo en sus ojos que no reflejaban bondad, por lo que inmediatamente dio orden a su compañero de apartarse, el lobo sería víctima del fuego cruzado si seguían así.

¡Garurumon, aléjalo del Bosque!


El Ten Armor hizo gala de sus habilidades para atacar.



Masaru Masaru
 

Serendipity~ ♥
Offline


[ G A B U M O N ]

Cuando se entra en combate, se pierde la noción de lo que sucede alrededor para concentrarse al cien por ciento en el objetivo; eso fue lo que sucedió con Garurumon. El digital estaba tan inmerso en evitar ataques directos de parte del ave, que la voz de Layla era muda para él. Ni siquiera el intento desesperado de la chica por acercarse, surtió efecto. Había perdido tanto la percepción de todo que no fue hasta que una de sus patas traseras resbaló en el acantilado, que reaccionó de su posición sobre la tierra; de reojo observó cómo un par de piedras cayeron hasta unirse con el mar.
Aquella distracción le restó algo del tiempo que tuvo para esquivar otro de los ataques aéreos, en esta ocasión perpetuado por el tercer digimon que se unía a la batalla.

¡Coatlmon!


¡Owen, detente! ―Las palabras de su tamer ahora sí que tuvieron coherencia en su mente. La tercera pieza en juego daba una gran desbalance para ambos competidores. Un segundo viento lo obligó a sostenerse al suelo con las garras, de una forma tan firme que lastimó el borde ungueal de las centrales. ―¡Garurumon, no te quedes ahí, retrocede!


La imagen de la pelirrosa envuelta en un manto de adrenalina le llegó en un flashazo; el tono de su voz delataba sus emociones. Eso lo motivó a hacer un esfuerzo y continuar dentro, a pesar del temblor en sus patas que casi le obligaban a caer de bruces. No había dolor ni cansancio, sólo un deseo ferviente de mantenerse.

En una pauta de paz hacia él, se permitió ver hacia el cielo, sobre su cabeza continuaba el combate entre Birdramon y esa especie de serpiente alada que jamás había visto, que resultó ser la evolución del bicho de Owen; no era difícil saber de quién se trataba, sólo hacía falta echar una ojeada y ver quien faltaba en el escenario. La diferencia de poder era tremenda, a la Armor Evolution parecía serle tan sencillo, como patear una pelota, el arremeter en contra del ígneo; eso tomando en cuenta que ambos tenían la misma etapa.

Los tres

¡Garurumon!


Tsk… ―Después de haber noqueado al alado rojo, se dirigió a él a gran velocidad.


Sintió ese cosquilleo de la digisoul entrando en él que lo reanimó temporalmente, y aprovechó para alejarse usando todo lo que tenía de energías ocultándose dentro de la arboleda. De tal manera que la serpiente no pudiera dañarle, sin atacar indirectamente lo que parecían proteger.

Desde su escondite vio que Birdramon perdía su evolución y volvía a ser un pequeño Hawkmon, inconsciente y tirado en medio de la nada. Coatlmon rodeaba a Owen engulléndolo entre su cuerpo, esperando pacientemente por él.

Cerró sus ojos y respiró profundo, de alguna manera debía salir. Así que acortando el tiempo, se decidió por fin salir de aquella vergonzosa huida. Tanto el peliblanco como su digital le miraban de forma amenazadora que casi lo hacen retroceder. Layla gritó algunas cosas en contra del muchacho y se encaminó a paso rápido hacia él, hasta colgarse de su cuello. No obstante, continuaba esperando un tercer ataque; se sentía lo suficientemente listo para cargar con la pelirrosa y correr bosque adentro. Sin embargo, lo siguiente que presenció lo descolocó por completo.

Si profanas lugares sagrados, el castigo es absoluto ―recitó Owen centrándose nuevamente en el pelinegro y su digital. ―Así que no pretendas venir, exigirlo, y salir airoso de aquí.


En un movimiento rápido, la serpiente mostró su cola dorada y con una pequeña descarga, mandó a al muchacho a dormir. Por orden de su tamer, se las ingenió para cargarlo sobre su espalda, llevando en el hocico a su pájaro, para salir volando de ahí a un destino desconocido.

Lo más sensato sería sacarlos del Bosque, pero en ese momento todo era muy confuso para el lobo.

Owen pasó su mirada de la pelirrosa a su compañero, y se sentó sobre una roca masajeando su mejilla lastimada, mientras sacaba de su mochila un botiquín y procedía a curarse. La británica se mantuvo quieta observando cada uno de sus movimientos, Garurumon se acercó a él y se sentó sobre sus patas traseras esperando que hablara. La tensión que sentía en las reacciones de su tamer le ayudaba a comprender que aún no bajaba la guardia; así que él tampoco se relajó. Hasta el más sutil de sus movimientos era presa de su pupila.

El ataque nunca fue para mí, ¿cierto? ―Preguntó con esa voz grave que lo caracterizaba. Veía cómo tomaba un ungüento verdoso y lo untaba pacientemente en la piel de forma circular.


No, no lo era. ―Con un par de vendoletes cubrió unas heridas sangrantes de la punta de su barbilla justo después de limpiarlas.


¿Por qué? ―Ahora fue el turno de ella para cuestionar. ― ¿Por qué les has atacado? ¿Acaso ahora esperarás a que regrese tu digimon y continuar con nuestro combate? ¿De qué se trata esto? ¿Un juego? ¿Estaba todo planeado?


Garurumon sintió su respiración acelerarse esperando la peor reacción por parte de su interlocutor, pero fue todo lo contrario. El muchacho continuaba impávido, escuchando cada palabra que salía de boca de la pelirrosa; parecía saber lo que ella sentía.

Ya lo he dicho. Mi deber es mantener el bosque a salvo, su flora, su fauna y sus secretos. ―Enfatizó lo último regresando su mirada a ella.―Ahora dime, ¿qué es lo que quieres de mí?


Para el lupino y su amiga, aquello no era exactamente lo que esperaban. Quizás para Layla la imagen de un Owen enfurecido arremetiendo en contra de ambos era lo más parecido a la realidad, esa faceta tranquila que pretendía responder lo que ella le preguntara era un sinsentido; al menos para él lo era.

¿Querías encontrarme para preguntarme algo, o no es así?


Layla se sentó entonces en el suelo, acompañando a su lobo mientras le acariciaba las orejas, en una actitud que no salía de la sorpresa. Aquel gesto relajó al lupino que se permitió cerrar los ojos, descansando su hocico sobre los muslos de la chica. El picor de la herida le estaba molestando otra vez, pero prefirió guardarse las quejas para después, así que se limitó a escucharlos hablar.

¿Esto era algo que tenías planeado desde el inicio?


No exactamente ―respondió rápidamente. ― Pero creo que eso no es lo importante ahora, ¿cierto?


Era la primera vez que su tamer se encontraba frente a algún experto en el tema de tecnologías, aunque fuese sólo en un rubro, así que su tono de voz se fue volviendo más entusiasta conforme ganaba confianza. Como había creído en el último encuentro, aquello no se trataba más que una prueba a la que Owen sometía a quienes entraban allí. Sin pedírselo, el chico le habló un poco sobre los digimental, lo suficiente para saber que existía un árbol sagrado en el corazón del Bosque Espiritual, pero sin adentrarse tanto en su obtención directa. Cada una de esas evoluciones era única, y permitían conseguir habilidades diferentes de forma temporal; normalmente no soportaban mucho más tiempo que las convencionales, pero sí que eran menos fatigadas. Una de sus desventajas, era que la mayoría de los digimon sólo eran compatibles con un digimiental en el mejor de los casos, así que no se trataban de objetos que cualquiera pudiera utilizar.

Y algo que llamó su atención fue la explicación sobre el digivice que portaba, uno llamado D-3, capaz de guardar estos huevos digitales para usarlos en el momento adecuado permitiendo pasar de una evolución a otra; ya dependía del tamer la habilidad para combinar estas etapas.

En ese momento, Garurumon regresó a su cuerpo Child y Coatlmon llegó flotando hacia ellos, regresando a ser el gusanito verde de mirada simpática.

Ustedes…


Les hemos estado siguiendo la pista desde que llegaron, igual que a Hiroki. Aunque al primero ya lo habíamos visto antes.


Y sí que es persistente ―agregó Wormmon entre risas. Gabumon se enderezó viendo cómo se subía a las piernas de su tamer, y volteó para ver a Layla teclear algo en su iC.


Ahora que recuerdo, cuando comenzamos a andar por el bosque mi digivice captaba sus señales.


Te equivocas. No nos rastreaban a nosotros, sentían la presencia de Hiroki. Él los venía siguiendo desde que llegaron, y su Hawkmon era el digital hostil al que tu iC reconocía como peligro, por eso su activación…


Ahora comprendo por qué siempre había problemas cuando se prendía la alarma.


Escuchar hablar a Owen de forma tan fluida sobre el pelinegro y cómo se había dado cuenta que tanto él como Wormmon también le seguían la pista a la británica, le parecía sumamente extraño. De pronto toda la imagen del Ten Armor arisco que muchos describían se disipaba como una nube iluminada por el sol. El tamer de Hawkmon creía que encontraría a Wright si seguía la pista de Layla, así que la mayoría del tiempo iba pisándoles los talones; aquello hizo sonrojar a la chica.

Creí que el iC podía rastrear señal de otros digivice como el primero que me dieron. ―Ahora extrajo el pequeño y cuadrado dispositivo que se encontraba apagado. Owen lo tomó con delicadeza y lo examinó.


Los digivice son distintos entre sí, es algo que debes saber primordialmente. ―Se lo regresó y sacó el dispositivo propio. ― Los tres son diferentes en forma y habilidad. Cada uno esconde un secreto evolutivo distinto.


¿Ah sí? ¿Y me puedes explicar de cada uno…?


El muchacho sonrió por primera vez de forma sincera y se llevó ambas manos detrás de la nuca.

En eso sí que no puedo ayudarte, yo sólo soy experto en la Armor Evolution, nada más. Para más información deberás visitar el resto de los miembros de Holder.


La palabra “Holder” hizo ruido en la mente de Gabumon, intentando hacer memoria de ellos en algún archivo de la Biblioteca de File mientras revisaba junto a Layla, o comentarios que hubiera escuchado por allí. Pero Wright fue más rápido en su relato: en el Valle de los Dragones, había un tamer que podía hablarle de su digivice inicial, Ryuji Tezuka; en Metal Empire, Hye Mi le podría hablar un poco del D-Arc y el uso de cartas; en Holy Angel Citadel, tendría que visitar a Alexander Rickford para disiparle las dudas respecto al iC; en Star City se encontraría con Anisha Dhawan, la experta en espíritus digitales, y con Katherine Heinkel, la General de Holder.

Tras un intercambio de información útil, se mantuvieron en silencio contemplando el mar. Gabumon se había alejado para admirar el panorama que aquel sitio les brindaba; desde que habían llegado a ese lugar podían disfrutar de la maravilla vegetación que coexistía en los alrededores, pero por primera vez disfrutaba de la imagen sin presiones.

Es muy bello este lugar. ―Observó Hepburn poniéndose de pie para acercarse a la orilla junto a él.


Owen no respondió nada y sacó un bocadillo de la mochila que pronto tragó sin descaro, ofreciéndole otro a la chica.

¿Todos los miembros de Holder nos pondrán a prueba? ―Preguntó tomándolo con cierto recelo, partiéndolo por la mitad el alimento invitándole a su digimon; Gabumon imitó el gesto de ella, simplemente el aspecto vegano que presentaba no les resultaba apetitoso. Sin embargo su estómago se lo agradeció.


Oh, esto está delicioso ―observó comiéndoselo con prisa, relamiéndose las almohadillas.


Estoy casi seguro de ello. ―Respondió a la interrogante anterior con una sonrisa.


Terminaron de comer en otro corto silencio y permanecieron en la zona un momento más, hasta que la británica decidió tomar una nueva iniciativa de la misión.

Uhmm, ¿podrías llevarme hasta ese árbol?


¿Al Árbol de Doce Milenios? ¿Para qué quieres ir allí?


Gabumon supuso que se debía a simple curiosidad.

Nos gustaría conocerlo ―apoyó.


No creo que alguien a quien has tratado tan bien tenga el descaro de hacerle algo. Y en el remoto caso que eso ocurra, yo me encargaré ―aseguró Wormmon divertido por la propuesta. ―Además, no percibo malas intenciones de ellos, Owen. Ya verán cuan majestuoso puede ser. ―Se dirigió hacia el par.


El aludido suspiró profundamente antes de asentir, advirtiéndoles que no tenían un pase de regreso a casa asegurado si se atrevían a hacerle algo.

El azul se encontró con la mirada de la chica y sonrieron ante el comentario. Una chica ingenua al lado de un digimon cansado y herido, no eran rival para él siendo experto en el área.



Masaru Masaru
Objetivo completo.
 

"さあ、往こうか"
Supermoderador
Offline


Tanto Layla como Gabumon se mantuvieron estáticos, esperando el momento en que Owen los guiara hasta el árbol. No obstante, el joven no se movió de su lugar sino que tomó su Digivice, apuntando directamente a Wormmon. Un haz de luz fue liberado del dispositivo, transformando al insecto frente a ellos en una nueva criatura que podía ser descrita como un búho con un visor en su cabeza. El ave observó su nueva forma antes de enfocarse en su compañero, mientras que el par de viajeros esperaban, con algo de aprensión, una explicación a la evolución repentina.

- Que no los considere peligrosos no significa que vaya a guiarlos al árbol fácilmente - dijo, sacando un suspiro de Owlmon que había logrado adivinar hacia donde se dirigía con esas palabras - Si quieren que lo haga primero tendrán que probarse.

Layla miró a Gabumon, que a pesar de su condición parecía estar dispuesto a afrontar ese reto. La pregunta era: ¿Podría hacerle frente al nuevo Armor en su estado actual?

[/INDENT​


"El Guardián del Bosque” [Especial]​
a) NPC que la solicita: -
b) Lugar donde debe ser tomada: Folder Continent - Holy Angel Citadel
c) Descripción de la misión: La actitud reservada de Owen Wright lo hace parecer un tanto misterioso. Muchos dicen que es él el que lleva los Digimental a las tiendas para que sean vendidos. Sin embargo, ¿De dónde vienen los Digimental? Muy pocas personas conocen la razón por la que Owen se ha recluido en un bosque de la Tierra Espiritual, y en cual bosque en específico se encuentra. Aquellas personas que lo saben son Holders, o portadores de los D-3 que él ha otorgado y todos han prometido guardar el secreto. Para obtener el D-3 es necesario adentrarse en los frondosos bosques de Folder, y encontrar al afamado experto de la "Armor Evolution"
d) Descripción del campo de juego: Tierra Espiritual
e) Objetivos a cumplir:
  • Recorrer los bosques de la Tierra Espiritual en busca de Owen
  • Convencer a Owen de colaborar/ayudarlos en la búsqueda de conocimiento de Layla
  • Enfrentarse a Owlmon en combate
  • ???
f) Datos Extra:
  • Quest Progresiva: Los Objetivos y Datos Extra van cambiando a medida que se desarrolla la Quest
  • Quest disponible en modalidad Individual
  • En caso de fallida, no se podrá volver a tomar la Quest en un plazo de dos semanas.
  • En caso de superada, no se podrá tomar una Quest de Digivice en un Mes
  • Considerando que sólo aquellos que no revelarán el secreto son los que tienen el D-3, se puede asumir que ganarse la confianza de Owen es un paso vital para conseguir el Digivice
  • Layla lleva consigo su Digivice básico, aunque el que está activo en ese momento es el iC
  • Es obvio que Owen sabe mucho más de lo que dice. Debe haber una forma de convencerlo que hable un poco
  • Luego de todo el viaje no se rendirán tan fácil. Tampoco es que sea buena idea adentrarse en el bosque con Gabumon lastimado
  • Con Gabumon recién devolucionado y aún lastimado, es probable que no logre mantener una evolución por mucho tiempo. Una de sus dos posibilidades evolutivas lo cansará menos, es recomendable usar esa
  • Owen no pretende que lo derroten (algo que no sería posible de cualquier forma por la diferencia de experiencia, poder y estado) así que el propósito del combate es otro. Así mismo, aunque Owlmon no pretenderá lastimarlo más de la cuenta, eso no significa que se las dejará fácil.
g) Recompensa:
85 Puntos o más: D-3

Audrey Reira puedes continuar, 24 horas extra​
 

Serendipity~ ♥
Offline

[ L A Y L A ]


Instintivamente deslizó su pierna hacia atrás contemplando a su compañero al frente. El ambiente se tensó ante la sonrisa que mostraban aquellos dos, o al menos la que mostraba el peliblanco. El ave de plumaje café se identificó como Owlmon, “protector del amor”, haciendo una curiosa voltereta sobre el cielo dejando ver el símbolo de un corazón a líneas justo en la frente. De amoroso, pronto Layla se daría cuenta que no tenía nada. Gabumon entonces le susurró algo, pero no alcanzó a escucharle. Estaba retrocediendo lentamente sin darse cuenta.

Oh, vamos, ¿no querían conocer el árbol? ―Owen aprovechó la oportunidad para acercarse, mientras su compañero le seguía. ―Ya sabes lo que tienes que hacer ―dijo llevando su dedo índice al frente sin suavizar su gesto.


Layla se vio tentada a recoger a su compañero y escapar, el muchacho era mucho más que el doble de fuerte que ella, y su digimon ni se diga; vaya que estuvo a punto de huir pero Gabumon continuaba con su gesto atento a su contrincante. Si él no corría, ella no podía abandonarlo a su suerte. Además, se trataba de una prueba, ¿no? Su lobo parecía confiar en ello.

Tragó el poco aliento que le quedaba y dejó caer sus hombros ante la gravedad. Gabumon inició el combate lanzando ataques a diestra y siniestra, fallando todos y cada uno de ellos. Sólo le costaba al ave desviar un poco su trayectoria para que no le golpearan. Debía encontrar una manera de darle aunque fuese un poco de ventaja, pero tal parecía que tenían todas las de perder.

Tsk. ¡Gabumon, ven aquí! ―El lobo se dirigió a ella de forma sutil, retrocediendo casi al mismo tiempo. Podía leer en sus ojos cómo él le pedía que le permitiera continuar; pero su atención se desviaba a su herida y aquello no ayudaba en nada. Al final, tras apenas un par de segundos, asintió dejándose vencer, y ambos se fueron alejando paulatinamente del sitio. Para Owen aquellos movimientos no le pasaron desapercibidos. ―¡¡Corre!!


Esperaba que los ojos cálidos de su compañero pudieran leer en su mirada algo de las ideas que invadían su mente. Tenía fe en que lo haría de alguna forma y comenzó una loca carrera bosque adentro, una vez más.

Como era de esperarse, a Owlmon le fue sumamente fácil llegar a ellos, incluso podía escuchar los pasos veloces y seguros del muchacho a punto de pisarle los talones. En velocidad ella podría darle una buena carrera, pero en aquel sitio sólo se unió a la larga lista de víctimas del espeso bosque, tropezando poco antes que él les diera alcance. El ave, también acostumbrada a maniobrar entre las hojas, no le fue difícil tomar al pequeño con sus garras, inmovilizando sus brazos reptilianos; Lay activó entonces su Armor Resonator, esperando que su plan surtiera un poco de efecto.

No te confíes… ―Owen la tomó del brazo casi de forma simultánea intentando detenerla, recibiendo un puñado de tierra que ella le arrojó por inercia para zafarse de él, y así continuar con su carrera. Murmuró una especie de disculpa por la acción y se levantó sin pensar en otra cosa, alejándose de él. Activó nuevamente la evolución de su compañero tras la interrupción, y gracias al peso del alce, al pájaro le fue difícil mantenerlo a flote, por lo que no tuvo más que soltarlo.


Moosemon cayó en un ruido seco que apagó el silencio que los rodeaba. Hepburn se permitió girar para verlo venir, aprovechando a subirse a su lomo como la primera vez. Estando sobre él vio que la herida volvía a abrirse por el esfuerzo, con un sangrado en capas que le volvieron a nublar las ideas por la preocupación.

En completo mutismo recorrieron el mismo trayecto que antes habían llevado a cabo, casi a la par que los rieles del Trailmon, topándose al final de su camino con el rio fluyendo hacia ellos.

Les hace falta más habilidad para derrotarnos.


Owen se mostraba un poco agitado por la repentina carrera, algo que suponía, debía estar acostumbrado a hacer en esas circunstancias. La pelirrosa recibió un flashazo tras aquella última palabra, de su pelea frente a frente con el tamer de Birdramon; recordarlo la alteró, la sangre, el forcejeo, todo continuaba vivo en su memoria. Estando aún sobre Moosemon sintió que perdía el equilibrio y estuvo a punto de caer, pero se aferró con fuerza buscando no lastimarlo más.

Y de igual manera, el tiempo que tuvo para reaccionar fue escaso. El peliblanco dio una orden silenciosa a su digital para continuar, cabeceando ligeramente de arriba a abajo. Así que en escasos segundos, Layla caía de espaldas al suelo por un brusco movimiento del azul, justo cuando Owlmon volvía a la carga tras esconderse entre las sombras que abundaban gracias a la hora, atacando a su alce con sus garras afiladas, esto permitió que la herida se abriera un poco más, aquel corte que él mismo había hecho por sanar.

Aparecía sangre, nuevamente.

La pelirrosa se alarmó viendo que el pelaje blanco azulado se iba tiñendo de rojo, como sucedía con aquellos toros que asesinaban en el mundo real como deporte. Como había pasado con ella un par de horas atrás, quizás menos, el tiempo ahí corría de forma indescifrable, cuando había enfrentado a Hiroki. Rezaba porque aquel encuentro se detuviera apretando sus antebrazos con fuerza, en intervalos cortos se volteaba hacia el muchacho intentando averiguar la razón de aquel combate tan repentino.

¿Y si al igual que el pelinegro no lograba aprobarlo?

Cuando regresó su mirada al frente, Moosemon aprovechaba la cercanía de los ataques físicos del pájaro para girar su cuerpo y usar sus patas traseras para arremeter contra él en un ataque ciego. El golpe, para fortuna de los casi novatos, cayó a mitad de las lumbares. Owen pareció reaccionar de inmediato, pero se mantuvo estático en su posición sin apartar la mirada de su ave, que en esta ocasión parecía no poder reponerse.

No… ―La voz de la chica ni siquiera apaciguó el ambiente. Sentía la victoria tan cerca y tan lejana al mismo tiempo. La tensión incrementaba a cada segundo que transcurría, alargándose mucho más de lo que su deseo permitía. Entonces, el alce volvió a perder la evolución dejando a un más herido child tirado sobre el suelo

En otras circunstancias, siendo un tamer distinto, le animaría a seguir argumentando que su contrincante estaba sobre el suelo, pero no ella. Layla tomó su iC en manos y le encerró nuevamente cuando vio que el otro digimon se reponía y parecía querer continuar con su combate.

A sus ojos sólo existía una loca y única manera de escapar, pero no hizo nada. Simplemente se mantuvo de pie, justo en medio de Owen que se había cruzado de brazos caminando hacia ella, y Owlmon que permanecía atrás.

Fallé… ―Farfullaba una y otra vez apretando contra su pecho el iC cálido, con la pantalla encendida. ―Yo sólo quiero ayudarte, no quiero que te hieran. No puedo permitirlo de nuevo, no otra vez. ¡Maldita sea, debe haber una manera!


Los pasos dejaron de escucharse, Wright había detenido su andar a poco menos de dos metros de distancia. Sus oídos captaron que el ave sacudía sus alas a su espalda, pero no hacía más. Su mente fue un remolino de ideas, había estado tan cerca, y completamente convencida que por esa fortaleza de la que carecía, su compañero había resultado herido. Esperaba la orden del muchacho para que terminara con ella, y la llevara lejos, justo como el anterior.

Ahora se sentía avergonzada y triste. El sonido claro del río que emitía su corriente, estaba a tan pocos pasos de ella, burlándose, deseando ser tragada por él.


Masaru Masaru
 
Estado
Cerrado para nuevas respuestas
Arriba Pie