Oneshot El Juicio

"The Heir of Chaos"
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Hace tiempo que no publico nada, a causa de mi tesis. Les traigo esta pequeña historia que hace tiempo quería publicar. Disfrútenlo.


El Juicio.

Yggdrasil había tomado una decisión. Las acciones de los humanos, la traición de dos de sus Caballeros Reales, eran acciones que no podía pasar por alto. Su decisión estaba tomada, y su veredicto se cumpliría: la destrucción del Mundo Real.



La desaprobación de los humanos y los digimon rebeldes no eran nada para él. ¿Qué valor tienen ante la palabra de un rey, de un Dios? Los digimon digievolucionaron a su máximo nivel, y osaron desafiarle; él no dudó en responder a su arrogancia. Fue entonces que tomó la decisión de acabar con el motivo de su lucha, y fue al Mundo Real.

Tras atravesar una capa de nubes, llegó a su destino. Sobre una montaña, estaba su otrora más fiel Caballero, sosteniendo el Digimndo con sus energías, las cuales, se estaban agotando. En las cercanías, estaba un Garudamon con una niña humana sobre su hombro, a quienes les restó importancia.

- Así que aquí estás, Craniummon. Te volviste un miserable traidor.
- Rey Yggdrasil…
- Tus esfuerzos serán en vano. Quédate aquí y observa como destruyo el Mundo Humano.

Lanzó sus cristales contras las ciudades, envolviéndolas en lamas para posteriormente borrar los datos. El Garudamon intentó detenerlo, pero fue en vano.

- ¡¿Cómo pudiste hacer eso?! –preguntó la niña-
- Todo digimon que ataca a su Rey es un traidor. ¿Por qué crees que el Mundo Humano está a punto de ser destruido? Lo que ha causado todo esto, fueron los perversos corazones de los humanos. Por eso, debo eliminar todo lo que existe en este mundo, para poder salvar al Digimundo. ¡Y tú también vas a desaparecer!

No pudo acabar con la niña: esos digimon traidores regresaron y se lo impidieron. No ofrecieron mucha pelea, y todos terminaron derrotados. Su juicio era justo: no olvidaría a los digimon inocentes asesinados por humanos cuyos corazones estaban llenos de odio e intolerancia. ¿Por qué los digimon no entendían sus acciones? ¿Por qué las emociones humanas evitaban el cumplimiento de su juicio?

Sus caballeros restantes habían venido, pero no cumplían sus órdenes: exigían respuestas. ¿Cómo osaban desafiar SU voluntad?

Sin previo aviso, una luz dorada apareció en la cima de la montaña, en medio de los humanos y los digimon caídos; los Caballeros Reales también se habían percatado de esa misteriosa luz surgida de la nada y de la cual emanaba un gran poder. Marcus y sus compañeros la veían asombrados y confundidos, esperando que no se tratase de alguna artimaña de Yggdrasil. Grande fue su sorpresa cuando la luz comenzó a tomar forma y a apagarse: en su lugar, había quedado una pieza rectangular de color negro tan intenso que era imposible definirle una textura; inclusive parecía ser un mero pedazo de pura oscuridad.

Fue entonces que tanto Yggdrasil como los digimon y los humanos quedaron atónitos al ver que de aquel monolito emergía una figura humanoide, que al tiempo de salir de aquella pieza oscura, ésta se desvanecía en el aire. La figura humanoide tenía dos metros y medio de altura, de aspecto aviforme, con plumaje color café semejante al de las águilas reales, una cresta de plumas apenas sobresaliente atravesándole la cabeza de la sien a la nuca, ojos rasgados semejantes a los de un mural egipcio, manos de cuatro delgados dedos y pies de tres dedos terminadas en garras y un par de alas color bronce con unas pequeñas garras doradas.

Su vestimenta se asemejaba a la de un tipo de sacerdote antiguo, unas túnicas de lino blanco con mangas, y con bordes de encaje de variados colores; portaba un peto dorado con decoraciones semejantes a las egipcias, un collar de oro con un medallón cruciforme y brazaletes dorados en sus muñecas y tobillos.


El ser dio unos pasos al frente para luego detenerse y observar toda la escena con tranquilidad y precisión analítica: miró a los humanos y a sus digimon. Después desvió su mirada a los caballeros Reales, quienes se sintieron incómodos al ser observados, como si los estuvieran juzgando. Luego miró a Yggdrasil, que no había pronunciado palabra alguna.

- Ya no necesitan esforzarse –pronunció el ser, en referencia a Craniummon, Marcus y sus amigos- El Digimundo no colisionará con la Tierra mientras yo esté aquí.

El digisoul de los humanos desapareció, y Craniummon sintió como el gran peso que soportaba se hacía más ligero hasta desaparecer. El Digimundo se alejó un poco del Mundo Real frenando totalmente su curso de colisión; tanto el equipo DATS como los Caballeros reales quedaron sorprendidos; aquel individuo no había movido un solo dedo y había evitado la colisión.

- Te has salido de tu programación, Yggdrasil.
- ¡N... Nibirumon! ¿Qué vienes a hacer aquí? ¡Esto no es de tu incumbencia!
- Todo lo relacionado a los digimon y a los humanos, ES de mi incumbencia. Me gustaría que me explicaras los motivos de tus acciones.
- Ni… Nibirumon. Oh, no…
- ¡Kudamon! –gritó Marcus, quien ahora libre de la carga del Digimundo, corrió a socorrer al digimon de Sampson- ¿Estás bien? ¿Conoces a ese sujeto?
- Algo así… -respondió el digimon sagrado- Es… el Escriba del Digimundo.
- ¿¿Escriba?? –se preguntaron Thomas y Yoshi- ¿Quieres decir que registra los sucesos del Digimundo o algo así?
- Si… Pero a decir verdad, casi nunca se lo ve. Creí que era una leyenda… pero está aquí.
- ¿Y qué piensa hacer ese digimon? –preguntó Kristy- ¿Ha venido a ayudarnos?
- No lo sé.

Mientras tanto, Yggdrasil explicaba con viva voz a Nibirumon sobre los acontecimientos ocurridos.

- Ya veo… -reflexionó el Escriba- Unos humanos entraron al Digimundo hace unos diez años y mataron a ciento de inocentes. Y tú haces justicia en su nombre.
- Para ello, debo destruir el Mundo Humano.
- Esa decisión no te corresponde a ti, Yggdrasil, sino a mí.
- ¿¿QUÉ FUE LO QUE DIJO?? –se dijeron los humanos y los digimon- ¿¿LE CORRESPONDE A ÉL??
- Esto no puede ser. –pensó Craniummon- ¿Acaso este digimon está… por encima de nuestro Rey?
- En vista de los hechos que me has contado, y de su veracidad, dictamino que tu juicio y tu sentencia son justos, y por lo tanto, que el Mundo Humano debe desaparecer.
- ¡¡ESO NO ES JUSTO!! –exclamó Marcus, airado- ¡¡¿¿DETUVISTE LA COLISIÓN DEL DIGIMUNDO SÓLO PARA DECIR ESO??!!
- ¡¡SÓLO ERES UN SIRVIENTE DE YGGDRASIL, MENTIROSO!!
- ¡¡NO PERMITIRÉ QUE DESTRUYAS ESTE MUNDO!!
- ¡¡NOSOTROS TAMPOCO!! –gritaron los Caballeros, siguiendo a Gallantmon-

Los Caballeros Reales, ahora libres de sostener el Mundo Real o de obedecer a Yggdrasil, no dudaron en abalanzarse contra el recién llegado; sin embargo, fueron incapaces de siquiera acercársele. Sin que él siquiera volviera a hacer algún movimiento, los había detenido a su alrededor, como si el Escriba tuviese una barrera protectora impenetrable e indestructible; inmediatamente lo Caballeros Reales cayeron al suelo, sintiéndose sumamente pesados, como si Nibirumon los estuviese reteniendo alterando la gravedad alrededor de sus cuerpos.

- Pelear es innecesario, Caballeros Reales: deben aceptar la voluntad de su Rey.
- ¡No permitiré que destruyas nuestro mundo!

Marcus corrió hacia el Escriba, con el puño en alto, listo para golpearlo. Sin embargo, para sorpresa tanto suya como de sus amigos, no sólo no lo golpeó, sino que lo atravesó como si se tratase de un fantasma, al punto que casi cae de cara al suelo. Intentó golpearlo de nuevo, peo esta vez, fue lanzado contra el suelo por una fuerza misteriosa, causándole considerables heridas en la espalda.

- ¡¡Jefe!! –corrió Agumon a socorrerlo- ¡¡Estás bien, jefe!!
- ¿Por qué? ¿Por qué no puedo golpearlo?
- Yo no soy como los digimon que tú o tus padres conocieron, Marcus Daimon –al joven e dio un escalofrío. ¿Cómo supo su nombre?- Yo soy… “diferente”
- ¿Cómo que diferente? ¿Y por qué no peleas? ¡¡Pelea como un hombre si es que te atreves!!
- Si no peleo… es porque no tengo intenciones de eliminarte.

Nibirumon se puso en medio de la cima de la montaña, mirando hacia el Digimundo y posteriormente dio un vistazo a la ciudad cercana sin prestar atención a las personas que estaban a su alrededor. Inesperadamente, Sampson, Megumi y Miki, así como los Pawnchessmon aparecieron junto a Marcus y los demás, preguntándose estos últimos si el digimon misterioso tuvo algo que ver.

- ¿Qué hacemos aquí? –preguntó Sampson; luego vio a Kudamon en los brazos de Marcus- ¡Kudamon! ¿Estás bien?
- Sí, estoy bien… Pero no sé por cuanto tiempo.
- ¿Quién es ese digimon? –preguntaron las chicas, señalando a Nibirumon- ¿Y qué piensa hacer?
- No lo sabemos –contestó Yoshi- Pero parece ser que es nuestro enemigo.

El digimon ave extendió sus alas y levantó su brazo izquierdo, con su dedo índice apuntando hacia arriba. Instantáneamente, cientos de haces de luz aparecieron a gran velocidad, originándose todos en un mismo punto, que era el mismo Nibirumon; pronto esos cientos de haces de luz se volvieron miles, y después millones, hasta que dejaron de aparecer.

- ¿Qué acaba de hacer ese digimon? ¿Acaso…? ¡¿ACASO MATÓ A TODOS LOS SERES HUMANOS?!
- No seas tonto, Marcus. Él no lanzó ningún ataque.
- ¿Qué dices, Thomas?
- Los rayos de luz no provenían de Nibirumon: veían hacia él.
- Señor, pero si eso es verdad. ¿Qué significa?
- Observa su mano, Gaomon.
- ¿Qué es eso?

Una diminuta esfera de luz dorada del tamaño de un guisante, y sumamente brillante, quedó suspendida sobre el índice de Nibirumon. Éste se limitó a manipular cuidadosamente la esferilla entre sus dedos, haciéndola levitar. Luego la colocó sobre la palma de su mano.

- ¿Qué fue lo que hiciste, Nibirumon? –preguntó Yggdrasil- Exijo saberlo.
- Seis billones cuatrocientos cincuenta y tres millones seiscientos veintiocho mil setecientos treinta y un seres humanos. La población de todo el planeta Tierra… en esta pequeña esfera.
- ¡¡¿¿QUÉ FUE LO QUE DIJO??!! –exclamó el equipo DATS-
- Acaba… de reunir a toda la humanidad en… en la punta de su dedo… –decía Thomas, completamente incrédulo ante lo que acaba de ver- Mi padre… mi abuela… mi hermana…
- ¡Mi familia! -exclamó Keenan- ¡Devuélvemela!
- ¡¡Mamá!!
- ¿Será posible lo que acaba de decir? ¿Reunió a todos los humanos en un solo punto?
- Algo me dice que no está mintiendo, Craniummon. –respondió el Caballero Carmesí- Ahora queda por saber qué hará.
- Bien hecho, Nibirumon. Ahora… destrúyelos.
- Aún no he terminado –dicho esto, la esferilla fue absorbida por el medallón que portaba en su cuello, ante los impotentes jóvenes de DATS y sus compañeros digimon, exigiendo justicia- Como ya hemos dejado en claro, el Mundo Humano debe desaparecer, y es exactamente lo que voy a hacer. –volteó hacia Marcus y los demás, mirándolos con curiosidad- Es por eso que he dejado a esos humanos y a sus digimon, para que sean testigos del fin de su mundo.
- ¡No puedo creer que no podamos hacer nada por detener a ese tipo!
- Lo lamento, jefe… lamento no poder ayudarte, ni a tu mamá.
- Agumon, no es tu culpa… Es culpa de ese sujeto.

Una extraña sensación envolvió a los presentes: era como si el espacio mismo se distorsionara a su alrededor, expandiéndose más allá del horizonte. Entonces, un campo de fuerza selló la cima de la montaña, encerrando al equipo DATS, a los Caballeros Reales y al mismo Yggdrasil.

Fue entonces que los humanos vieron algo insólito: todo a su alrededor se desplazaba a una mayor velocidad, como si alguien hubiera acelerado el transcurso del tiempo; sólo a duras penas podía percibirse el fugaz paso del día y la noche, pero pronto podían verse otros cambios: partes de la ciudad se habían inundado y los edificios mostraban un tono más verdoso, mas no presentaban mayores cambios. Entonces, el ciclo del día y la noche comenzó a desacelerarse, hasta que aparentemente, el tiempo volvió a correr normalmente.


- ¿Qué fue lo que hizo, Lalamon?
- ¡Aceleró el tiempo, Yoshi!
- ¿Significa que estamos en el futuro?
- Han pasado cinco años, joven Norstein. –Nibirumon hizo parecer un cronómetro digital sobre el cielo- Cinco años tras la desaparición de los humanos: la vida silvestre ha regresado a las ciudades, la vegetación cubre sus edificaciones, los cursos de agua que creían dominar anegan sus poblados, sus animales domésticos y sus cosechas se han extinguido, su tecnología informática ha quedado obsoleta. Sin embargo, su huella aún es visible en el planeta Tierra: debo avanzar más.

El tiempo volvió a acelerarse: los edificios se degradaban lentamente mientras la vegetación y el moho los cubrían; los cristales comenzaban a romperse. Algunos edificios incluso colapsaban. Fue entonces que los digimon comenzaron a sentir como sus fuerzas menguaban, sintiéndose algo cansados como para mantenerse de pie; incluso los Caballeros Reales lo sintieron en sí mismos, pero le restaron importancia. El cronómetro digital menguó su velocidad.

- Veinticinco años tras la desaparición de la humanidad: las ciudades han vuelto a ser frías, aquellas localidades costeras que dependían de la protección de diques y exclusas han sido inundadas. Los cristales de los rascacielos se han resquebrajado.
- ¿A dónde quiere llegar? –pensaba Thomas- ¿Hasta qué punto acelerará el tiempo? Gaomon, ¿Qué te pasa?
- No es nada, señor. Solo me siento algo débil.
- Yo también, Yoshi: no sé qué me sucede.
- ¿Tendrá algo que ver con ese digimon?
- Sigo sin entender el motivo de tus acciones, Nibirumon. ¿A qué quieres llegar?
- Sólo cumplir con tus deseos, Rey Yggdrasil.
- Dijiste que destruirías el Mundo Humano.
- Y eso estoy haciendo –respondió enfáticamente- Pero no dañaré el planeta Tierra; sus especies no pensantes no son culpables de nada. Es más, nos ayudarán a borrar la memoria humana de la faz de la Tierra.
- ¡¡¿¿QUÉ HAS DICHO??!! –exclamó el Rey- ¡¡ESAS NO ERAN MIS ÓRDENES!!
- Tú has dicho que destruirías el Mundo Humano. Mundo y Planeta son cosas muy distintas.

Nuevamente el tiempo volvió a correr a suma velocidad, los humanos veían como la naturaleza se apoderaba de su otrora ciudad, ahora deshabitada e invadida por las plantas; algunos edificios –principalmente los costeros- se derrumbaban, pero la mayoría seguía en pie.

Sin embargo, ahora los digimon parecían estar siendo afectados: la primera en notarlo fue Yoshi, al ver como el cuerpo de Lalamon se tornaba ligeramente más opaco; pero no solo era ella: Gaomon, Agumon, Falcomon y los demás también pasaba por lo mismo. De hecho, hasta a los Caballeros Reales los notó más pálidos. Estaba por mencionárselo a sus amigos, cuando…

- ¡Miren, al Digimundo le está pasando algo raro!
- ¿Qué ocurre Keenan? –Marcus miró hacia el cielo, corroborando las palabras de su amigo- ¡Es verdad: el Digimundo está cambiando?!

Mientras el equipo DATS veía un Digimundo ligeramente más opaco, comenzaron a caer estrellas fugaces por toda la Tierra. El fenómeno sin embargo, fue sumamente breve –al menos para sus ojos- y pronto, el tiempo volvió a correr a su velocidad normal.

- Miren el cronómetro –señaló Thomas- Han pasado cincuenta años.
- Todo se ve diferente, Señor. Pero dígame, ¿No cree que esto puede tratarse de una simple ilusión?
- ¡Eso debe ser! –exclamó Marcus- ¡Todo esto debe ser un engaño!
- No… No es un engaño: todo esto es real.
- Así es, joven Norstein. –habló Nibirumon- Todo esto que ven es real: están siendo testigos del fin de su mundo. Han pasado cincuenta años de su desaparición: sus estructuras de acero comienzan a caer rendidas ante la corrosión; los últimos vestigios de sus sistemas de telecomunicación han caído a la Tierra… Pero no es suficiente.
- Espera… -lo interrumpió Sampson- Esas estrellas fugaces eran lo que creo que eran…
- Sus satélites: ninguno ha quedado en órbita, ahora que no hay nadie para mantenerlos arriba.
- ¡Quiero que me respondas algo! ¡¿Hasta dónde piensas llevar esta locura?!
- Hasta que no quede ni rastro de su memoria, Marcus Daimon… y serán testigos de ello.

El reloj volvió a correr aceleradamente, los años pasaban en minutos, y el paisaje se volvía cada vez más ajeno a lo que recordaban los humanos. Más allá de los edificios desmoronándose y siendo borrados tras la creciente vegetación, ahora los digimon captaban la atención: todos mostraban señales de agotamiento, a pesar de no haber realizado esfuerzo alguno; sus cuerpos se tornaban pálidos y se volvían más torpes.

- ¿Qué nos está pasando? –decía Dynasmon, al que le costaba mantenerse en el aire, y terminó postrado en el suelo- Me siento… cansado.
- Es como… si nos quedásemos sin aire… Sin fuerzas.
- Ese digimon es el culpable, Gallantmon… -señaló Omegamon al Escriba- De alguna manera… nos está… robando nuestro poder.
- Pero no podemos… detenerlo… Lo intentamos, y nuestros ataques no sirvieron de nada.
- Algo debemos hacer, UlforceV-dramon. Algo debemos… ¡AGH!!
- ¡¡MAGNAMON!!
- ¡De repente… me siento… débil!!

Uno por uno, los Caballeros Reales terminaron postrados en el suelo: no solo ya no podían mantenerse en el aire, sino tampoco de pie. Además, al igual que los demás digimon, su palidez llegó a un nivel tal que comenzaban a volverse traslúcidos; incluso el Digimundo se tornó más árido, perdiendo casi todo rastro de vida o color. Para estas alturas, Yggdrasil comenzó a percatarse de ello, y las inquietudes afloraron en su mente.

- Jefe… Me siento mal…
- ¡Sé fuerte, Agumon! ¡Puedes soportarlo!
- Me siento… muy… débil…
- ¡Falcomon!
- Señor, ¿Qué nos está pasando?
- No lo sé, Gaomon…-le respondió Thomas, mientras lo sostenía entre sus brazos- Pero esto sin duda es obra de Nibirumon. –miró hacia el cronómetro- Doscientos años.
- Dos siglos tras la desaparición de los humanos. Comienza la Era del Colapso: las más grandes estructuras de concreto y acero del hombre, como puentes y rascacielos caen uno tras otro, sus antiguos medios de transporte hace tiempo que han desaparecido, sus más delicadas obras de arte han sido devoradas por los insectos y el moho… y casi todo registro en papel o celuloide de su historia, su cultura, su arte, ciencia o filosofía se han convertido en polvo. ¿Es que no lo ven, humanos? –enfatizó- ¿No ven como todo lo que han logrado, todo su progreso, su ciencia, su legado, es borrado por el mismo planeta que los vio nacer? ¿Comprenden ahora lo insignificante que es su existencia en tan vasto universo?
- Es suficiente, Nibirumon. Detente.
- Todavía no, Rey Yggdrasil. A pesar de todo, aún hay rastros de la presencia humana en este planeta: no es de extrañar, pues su civilización actual lleva más de diez mil años de existencia. Si fueron necesarios diez milenios para que los humanos dejaran su huella…
¡SERÁN NECESARIOS OTROS DIEZ MILENIOS PARA BORRARLA POR COMPLETO!
- ¡¡HE DICHO QUE ES SUFICIENTE!! –lo interrumpió Yggdrasil, dejando sorprendidos a los humanos- ¡¡ORDENO QUE TE DETENGAS EN ESTE MISMO INSTANTE!!
- Tú mismo lo has decretado, Yggdrasil: el Mundo Humano debe ser destruido, y cumpliré con tus deseos. Borraré todo rastro del Mundo Humano sobre la Tierra, y junto con él, haré desaparecer a los digimon y al Digimundo entero.
- ¡¡¿¿QUÉ HA DICHO??!!

Ni los Caballeros reales, ni los humanos, ni sus compañeros digimon o el mismo Yggdrasil cabían en su asombro: el equipo DATS inicialmente pensó que Nibirumon los ayudaría; Yggdrasil mismo dudó un instante, pero quedó convencido de que el digimon ave lo obedecería. Pero ahora resultaba que el Escriba tenía sus propios planes: no sólo eliminaría la huella humana sobre la Tierra, sino que también los digimon serían erradicados. ¿A que respondía esta decisión suya?

Esta vez, el tiempo se aceleró aún más: los años pasaban mucho más rápido, y muy pronto ya no quedó ningún edificio en pie de la ciudad, que ahora solo era una extensión del bosque natural que alguna vez ocupó su lugar. Días, semanas, meses, estaciones, años, décadas, pasaban volando ante los ojos de los humanos y de los digimon cada vez más débiles. Pronto el cronómetro cruzó la barrera del milenio, pero el Escriba seguía firme en su postura, viendo como los digimon amigos de los humanos y los Caballeros Reales se debilitaban cada vez más, y el Digimundo comenzaba de desaparecer de una forma muy similar a la que los Caballeros pensaban hacer con la Tierra. Sólo que esta vez, ante la impotente mirada de éstos y el equipo DATS.

Yoshi y Kristy tenían a sus digimon en brazos al igual que Miki y Megumi, quienes se sentían impotentes al ver como sus amigos se desvanecían ante sus ojos y no podían contener el llanto. Keenan lloraba por un translúcido Falcomon incapaz de levantarse, mientras que Sampson se mantenía estoico junto a un Kudamon muy débil sobre su hombro. Thomas miraba el cronómetro avanzar, cruzando ya el tercer milenio sin presencia humana, y empezó a sentir frío: al ver hacia donde estaba la ciudad, pudo constatar que surgían coníferas que reemplazaban a la vegetación de clima más templado, y la nieve se hacía más frecuente. ¿Una nueva era de hielo quizás? Gaomon se mantuvo al lado de Thomas para mantenerlo caliente a causa del repentino frío, causando que el joven austriaco derrama una lágrima por aquel digimon que a pesar de estar moribundo, aun se preocupaba por él.

Marcus vio a su débil compañero, impotente y lleno de rabia por no poder hacer nada por él. Luego vio a los Caballeros Reales, y quedó sumamente conmovido: aquellos digimon imponentes, que se habían vuelto sus enemigos, e incluso Craniummon, tan fuerte, leal y desafiante, ahora yacían en el suelo, moribundos, pálidos y desvaneciéndose lentamente. Algunos apenas movían los dedos de sus manos como única señal de vida o estiraban sus brazos suplicando ayuda… Y ahí estaba Yggdrasil, observándolo todo, igual de impotente que él, o tal vez más. Habían pasado cuatro mil años.

- S…Se….ñor...Yggdrasil… -suplicaba Craniummon, haciendo el esfuerzo de levantarse- Ayú..denos…
- Por favor… Señor… -decía Dynasmon, levantando su brazo en dirección a su dios- Si hay… algo que... pueda hacer… Hágalo…
- Por favor… Señ…ñor…
- ¡¡EXIJO QUE TE DETENGAS, NIBIRUMON!! –exclamó un airado Yggdrasil, lanzando un ataque contra el Escriba, pero los prismas se desintegraban apenas se acercaban a él: ni siquiera el Rey de los Digimon podía detenerlo- ¡¡HAS IDO DEMASIADO LEJOS!!
- No… TÚ has ido demasiado lejos Yggdrasil: condenaste a toda la humanidad por las acciones de un individuo que no la representaba, de alguien despreciable entre los de su propia especie. En cambio, tú, el Rey de todos los Digimon, sentencias a toda una especie y a su mundo a la destrucción, y ordenas a tus fieles Caballeros Reales a ejecutar tu sentencia, destruyendo ciudades y matando a inocentes. Estabas en lo cierto al condenar las acciones de Akihiro Kurata contra los digimon, y en decir que su perverso corazón fue el responsable de sus masacres: su ignorancia, su intolerancia, su soberbia. Pero tú has cometido el mismo error al juzgar y condenar a los humanos. ¿Qué se siente saber que has caído tan bajo, al punto de ser exactamente igual que aquellos humanos a quienes aborreces y de los que te crees superior? –el cronómetro marcaba cinco mil años- ¿Qué te hace pensar que tus acciones no pueden ser juzgadas así como tú has juzgado a la especie humana?
- ¡¡YO SOY EL REY DE LOS DIGIMON: MI AUTORIDAD ES ABSOLUTA!!
- Ningún rey está por encima de la Ley y la Justicia; ni siquiera los dioses escapan a ellas. Siendo así… a causa de tus acciones, y la de tus Caballeros, he sentenciado que tanto la especie digimon como el Digimundo deben desaparecer de la faz del Universo. Y una vez que ya no existan los digimon, ya no tendrás propósito alguno por el cual existir.
- ¡¡NO TIENES LA AUTORIDAD!!
- Sabes muy bien que la tengo… y Quién me la ha dado.
- ¡¡Por favor, Nibirumon: detén lo que haces!! ¡¡Agumon y los demás se están muriendo!!
- No es a mí a quien debes reclamar, Marcus Daimon… Sino al Rey Yggdrasil.
- ¡¡SUFICIENTE NIBIRUMON!! ¡¡BASTA!!

El reloj seguía corriendo, y el clima se volví más frio: poco quedaba para que los digimon desaparecieran por completo, y un Yggdrasil impotente y lleno de rabia yacía ahí, con su reino al borde de la destrucción y sus súbditos a pocos pasos de la extinción. De la ciudad de Yokohama no quedaba ya ningún vestigio, y alrededor de la Tierra casi no había rastros de la humanidad, salvo algunas construcciones gigantescas como las Pirámides o la Gran Muralla, o restos sumamente humildes de cerámica y loza. El cronómetro marcaba seis mil años, y seguía avanzando.

- ¡¡Yggdrasil, debes detener esto!!
- ¡¡No acepto órdenes de humanos!! –contestó el dios a Marcus-
- ¡¡¿¿Pero que no lo ves??!! –le gritó esta vez Yoshi, quien se levantó ante él y se armó de valor, con una agonizante Lalamon aún en brazos- ¡¡Los digimon, a quienes debes gobernar y proteger, están desapareciendo!!
- ¡¡Incluso tus Caballeros!! ¡¡¿¿No piensas hacer nada por ellos??!!
- S…se…ño…r…
- Ay...údenos… señor…
- Detente…
- ¡¡Yggdrasil, haz algo!!
- ¡¡DETENTE!!
- ¡¡Se…ñor… Yggdra…sil...Haga..al..go!!!
- ¡¡SILENCIO!! –volvió a replicar el dios, pero esta vez, su voz sonaba temblorosa- ¡¡YO SOY LA AUTORIDAD DEL DIGIMUNDO!! ¡¡YO NO RECIBO ÓRDENES DE NADIE!!
- Siete mil años…
- Adi…os, jefe…
- Agumon…
- Fue… un placer… conocerlo… señor.
- Ga…Gaomon…
- ¡¡DETENTE!!
- Ocho mil…
- Yoshi… Siempre…te recordaré…
- Lalamon…
- ¡¡DETENTE!!
- Hasta… siempre, Keenan…
- ¡¡Falcomon!!
- Nueve mil años…
- ¡¡POR FAVOR, NIBIRUMON: DETÉN TODO ESTO!! ¡¡TE LO SUPLICO!!

La voz de Yggdrasil sonaba quebrada, casi derrotada. Los moribundos y casi transparentes Caballeros jamás habían oído hablar así a su Rey, que siempre había mantenido una voz tan firme como su determinación. Pero ahora, había algo diferente: se sentía su dolor, su impotencia, su fragilidad: de alguna manera, habían tocado lo más profundo de su corazón. Reinó un tenso silencio al momento en que los humanos se dieron cuenta que el cronómetro se había detenido en 9500 Después de los Humanos.

- ¿Por qué has pedido que parara?
- Porque… yo… me equivoqué. Tienes razón: he tomado una decisión apresurada basándome en mis emociones, sin medir las consecuencias de mis actos.
- “Del amor al odio hay un solo paso”, dice el refrán. Hasta un rey o un dios se equivocan, y eso lo he visto incontables veces.
- ¿Qué harás ahora? –preguntó Yggdrasil, intrigado; no sabía cómo respondería el Escriba: si lo escucharía o retomaría a la destrucción- ¿Me destruirás?
- Creo que ya no será necesario. –respondió el Escriba, esbozando una sonrisa- Al menos por ahora.

Marcus y sus amigos aprovecharon para acercarse al Escriba y obtener algunas respuestas.

- ¿Qué hay de los digimon? –exigió Marcus- ¿Qué pasará con ellos?
- ¿Y qué pasó de los humanos?
- Están bien. –dijo Nibirumon, tomando su medallón, del cual emergió al esferilla de luz- No les he hecho nada. En cuanto a los digimon… -alzó su mano, y dirigió un rayo de luz hacia todos ellos: si bien no recuperaron su color, obtuvieron suficiente fuerza para poder levantarse e ir junto a él- No les haré nada… Por el momento.
- ¿Qué fue todo esto que acabas de hacer? –preguntó Miki, desconcertada por todo lo que acababa de ver, entre ellos, a su Pawnchessmon con sus fuerzas renovadas- ¿Cuál fue el sentido de todo esto?
- Queremos respuestas, Nibirumon. –exigieron los Caballeros Reales, ahora de pie como gigantes ante el Escriba, aunque le tenían sumo recelo, y hasta miedo por lo que acababan de ver-
- Esto ha sido un experimento de reflexión. Una prueba.
- ¿UNA PRUEBA? –se preguntaron todos- ¿Qué clase de prueba?
- Ha sido una oportunidad para descubrir los verdaderos vínculos que conforman la relación entre humanos y digimon.
- ¿A qué clase de vínculos te refieres? –preguntó Kristy-
- Los digimon están conformados por datos, datos que se originan de la información que producen ustedes los humanos.
- Del Internet, nuestras redes informáticas.
- El Internet es sólo la última y más reciente manifestación de todo el amasijo de conocimiento de los humanos, joven Norstein. Ese es el principal error de los humanos al considerar que los digimon dependen exclusivamente de sus redes informáticas. Sin embargo, ustedes llevan más de diez mil años produciendo información: desde el preciso instante que obtuvieron el don del raciocinio, han creado la información base de la que están hechos los digimon.
- ¿El Digimundo es tan antiguo?

- Mucho más antiguo de lo que piensan. Todo lo que ustedes han producido a lo largo de su civilización: su literatura, mitología, arte, historia, arquitectura, música, filosofía, ciencia, tecnología, todo aquello que forma parte de sus diversas culturas, ha estado creando la información que la que están formados los digimon, y de la que depende el Digimundo para su constante renovación. Haciendo una analogía entre su progreso tecnológico y su capacidad de crear, almacenar y divulgar el conocimiento con los digimon, lo entenderán: Al igual que los humanos, los digimon también presentan una línea evolutiva histórica con saltos importantes, entre los cuales, su desarrollo se ha mantenido relativamente estable.

El primer salto de los humanos fue el Neolítico, cuando aprendieron a cultivar la tierra y almacenar alimentos; para los digimon, su salto análogo fue la invención de la escritura, a partir de la cual se podía almacenar mucho mejor la información y conservarla para nuevas generaciones.

El siguiente fue la Primera Revolución Industrial –la del vapor, el carbón y el acero- para los humanos, aunque lo más símil para los digimon fue la invención de la imprenta: a partir de allí, el conocimiento comenzó a masificarse entre los seres humanos, cuando en siglos previos había estado reservado a una elite.

Luego siguió la Segunda Revolución Industrial –del petróleo y la electricidad- cuando mejoraron las técnicas descubiertas previamente y ampliaron su conocimiento del universo, y al mismo tiempo, crearon los principales medios masivos de comunicación que utilizan ahora. Imaginen cuanta información legó al Digimundo a partir de eso. Para los digimon, este fue otro salto.

Ahora, estamos en la Tercera Revolución: la digital. La cantidad de información que se produce es asombrosa, y está cerca de que sea accesible a toda la humanidad, y esto, desde luego afecta enormemente a los digimon.

- Es por eso que los digimon se debilitaban a medida de que avanzabas el tiempo hacia el futuro –concluyó Thomas- Porque los rastros de nuestra civilización eran borrados por la naturaleza.
- Exacto. Pero no es sólo ese tipo de información de la que dependen los digimon, y no sólo de aquella producción puramente intelectual. Una civilización no puede existir sin lenguaje, y desde que el ser humano ha aprendido a utilizarlo, lo ha empelado no sólo para intercambiar, compartir y divulgar ideas científicas, culturales o filosóficas, sino también pensamientos, emociones y sentimientos. ¿Qué es el arte, pues la manifestación de los sentimientos personales del artista, al tiempo que la expresión de su contexto cultural? Ustedes mismos –refiriéndose a Marcus y a sus amigos- han sido testigos del poder de sus propias emociones, y de cómo estas afectaban a sus digimon; en su caso, otorgándoles más poder.
- ¿Dices que nuestras emociones también brindan información a los digimon? –preguntó Marcus, a lo que Nibirumon respondió afirmativamente- ¿En qué nos convierte eso a nosotros los humanos?
- ¿Es que no se dan cuenta? –les preguntó- No son sus computadoras, ni sus redes informáticas lo que da sostén al Digimundo, ni mantienen con vida a los digimon: son ustedes mismos. Ustedes, los seres humanos, a través de sus constantes procesos de racionamiento y relacionamiento interpersonal, son la fuente de vida de todos los digimon a través de una interacción inter-especie de comensalismo. Son como la lluvia y la nieve que nutre un rio de montaña, cuyas aguas descienden y nutren de vida los valles. Sin humanos, no hay información; sin información, no hay digimon… y sin digimon, no hay propósito para Yggdrasil.

De todos los digimon, los más sorprendidos ante esta afirmación fueron los Caballeros Reales: éstos, que hace unas pocas horas estaban obedeciendo las órdenes de su Rey en destruir el Mundo de los Humanos, ahora no sabían que pensar al descubrir que esos seres aparentemente tan insignificantes, eran el principal motivo de su existencia. Y lo más indignante… es que todo parecía indicar que Yggdrasil lo sabía…

Pero antes de que pudieran reclamarle, el Escriba tomó la palabra.

- No veías con buenos ojos esta relación “biológica” entre humanos y digimon. ¿No es cierto? Sabías lo que pasaría una vez que los Caballeros acabaran su trabajo y no dijiste nada.
- Quería crear un nuevo mundo. Un nuevo Digimundo.
- Uno donde usarías tus conocimientos para crear otro tipo de digimon, que no dependan de los seres humanos; uno donde puedas tener TODO el control. ¿Eres consciente que ese plan no tenía futuro alguno? Tú no podrías crear la información necesaria para mantener con vida a esos hipotéticos seres: tu programación se limita exclusivamente a reunir la información del Mundo Real y distribuirla adecuadamente para el nacimiento de los digimon, así como estudiar y observar su desarrollo.
- Hablas de Yggdrasil como si se tratara de una máquina.
- ES una máquina, joven Fujieda. Concretamente una supercomputadora.
- Una a la que se le ha inflado el ego.
- ¡Marcus, no bromees! –lo zarandeó Thomas- ¡No es el momento!

Ignorando la pequeña discusión de su hermano con Thomas, Kristy fue junto a Nibirumon en compañía de Biyomon a hacerle unas preguntas. Se acercó al escriba y tiró cuidadosamente de la manga derecha de su túnica; al ave volteó a verla inmediatamente, sin cambiar su serena expresión.

- Oye… Quiero saber si mi mamá está bien. La tienes en esa esfera de luz, junto al resto de las personas. ¡Quiero verla!
- Ella está bien. –respondió- La traeré de inmediato.

De su collar salieron cinco haces de luz que se materializaron frente al equipo DATS: eran la madre de Marcus y Kristy, la familia de Keenan y la hermana de Thomas. Los cuatro jóvenes corrieron hacia ellos y los abrazaron como si no los hubieran visto en siglos… que en cierto modo, había sido así. Algunos de ellos no contuvieron las lágrimas.

- ¡Mamá, papá!
- ¡Santo Cielo, Keenan! ¿Qué te sucede?
- ¡Creí que no los volvería a ver!
- Pero si no nos fuimos a ningún la… -Kevin Crier miró a su alrededor- Querida, ¿Por qué estamos en esta montaña? ¿Y por qué hace frio? –miró hacia abajo, donde debería estar la ciudad- ¿Y ese bosque?
- ¡Relena! ¿Estás bien!
- Hermano, ¿Qué te sucede? Por qué lloras. Parece que no me habías visto en mucho tiempo.
- Para mi fueron casi diez mil años.
- ¿Qué? –preguntó confundida-
- Niños, ¿Dónde estoy? –preguntó Sarah a sus hijos por ese comportamiento tan extraño- ¿Y por qué ese abrazo que no es el Día de las Madres? ¿O si lo es?
- Sólo estamos felices de que estés bien, mamá.
- Creo que es suficiente.

Nibirumon extendió por última vez su brazo, en dirección a un Digimundo que para ese entonces guardaba más parecido con Marte que con la Tierra. Nuevamente, esa extraña sensación volvió a sentirse, y el tiempo volvió a acelerarse; sólo que esta vez, en sentido contrario: el cronómetro, que se había detenido en el 9500 D.H., ahora corría para atrás. Poco a poco, los cambios en el entorno se hacían más evidentes.

- ¿Que se supone que debemos hacer ahora? –preguntó Marcus- Ya sabemos nuestra relación con los digimon. ¿Ahora qué?
- Ahora que ya saben la verdad, depende de ustedes el mantener el equilibrio entre los dos mundos, y preservar esa relación tan valiosa que tienen.
- Hablas como si estuviésemos condenados a esa relación –habló Dynasmon- Depender de los humanos para nuestra supervivencia por siempre.
- Depende de cómo lo vean, y de cómo decidan encaminar su relación. Pueden tomar el camino del conflicto, como lo hicieron ahora… o tomar el camino de la cooperación. Sobra decir que es verdad que los seres humanos son capaces de exterminar a los digimon y viceversa, pero no tiene por qué ser así. Mutuamente pueden hacerse mucho daño, pero también pueden beneficiarse enormemente.
- ¿Qué pasaría si no logramos convivir? –preguntó Yoshi- ¿Qué pasaría si surge un problema semejante a este, o uno peor en un futuro?
- Entonces, tengan por seguro que regresaré… Y esta vez, tomaré las medidas adecuadas. –respondió con severidad; su voz comenzó a cambiar, escuchándose una especie de reverberación- "Porque a través del tiempo y del espacio, no encontramos nada más precioso que la mente: hemos esparcido las simientes de la vida, sembramos, y a veces cosechamos mentes aptas para el don del raciocinio. Y a veces, desapasionadamente, tuvimos que arrancar las malas hierbas." No sean malas hierbas.

Nadie dijo nada sobre las últimas palabras de Nibirumon: o bien no las comprendieron, o bien estas lo dejaron muy en claro. Brotaron las preguntas de a quienes se refería con “nosotros”, pero pronto se ahogaron en el silencio, mientras humanos y digimon contemplaban el tiempo retroceder hasta la época actual. El bosque y el mar retrocedían, comenzaron a resurgir los edificios: la vegetación finalmente retrocedió, dejando ver las edificaciones que casi por arte de magia parecían reconstruirse solas.

Finalmente, el cronómetro llegó a cero: la ciudad de Yokohama había regresado a la normalidad; incluso más de lo habitual, pues parecía ser que Nibirumon había reparado los daños causados por Yggdrasil y los Caballeros Reales. El Diigmundo en el cielo, ahora se veía como antes, con su coloración más viva y en un estado más saludable.

Acto seguido, la pequeña esferilla de luz salió del collar del Escriba, y dispersó los miles de millones de seres humanos, regresándolos a su lugar de origen. Sin embargo, el tiempo parecía estar detenido.

- La ciudad ha sido reconstruida. Eso significa que todo el daño que hemos causado al Mundo de los Humanos ha sido reparado.
- No todo, Magnamon. Hemos asesinado a miles de sers humanos a lo largo de este mundo, mientras cumplíamos las órdenes de Yggdrasil. Eso es imposible de recuperar.
- En eso tienes razón, Gallantmon. No se me tiene permitido revivir a aquellos que han sido asesinados, por lo que tendrán que cargar con esa culpa el resto de su vida. –los Caballeros comenzaron a sentirse apenados: ahora comprendían la verdadera magnitud de sus acciones-
- Creí que con tus poderes casi infinitos o algo así, podrías hacerlo.
- Puedo revivirlos, pero no se me lo tiene permitido. Yo tampoco estoy fuera de la Ley, Marcus Daimon. Sin embargo… -metió su mano derecha dentro de su túnica a la altura de su pecho, y sacó una especie de boleto dorado muy extraño- tengo un amigo que me ha facilitado la manera de resolver ese pequeño inconveniente.
- ¿Qué clase de amigo? –preguntó Keenan-
- Un digimon… inusual. Algún día, probablemente lo conozcan.

El ave lanzó el boleto dorado hacia el cielo, el cual se desmaterializó en una luz dorada que cubrió todo el firmamento, descomponiéndose en innumerables chispas que envolvieron el mundo. El equipo DATS lo ignoraba, pero esa energía, esa auténtica magia, estaba reviviendo a todas las personas asesinadas como “efecto colateral” del ataque de los Caballeros Reales, y a los digimon eliminados por Kurata durante los últimos meses. Lo que tardaron en notar, fue la reaparición de cuatro sujetos que no esperaban ver.

- A ellos no los traje de vuelta con el boleto, pero creí que querrían verlos de nuevo.
- ¡Lordknightmon, Duftmon! –exclamó Omegamon feliz al verlos- ¡Están vivos!
- ¡Es Bantyoleomon! –señalaron Thomas y Yoshi al verlo- ¡Regresó!

Pero fue la familia Daimon la más dichosa, al ver que Spencer había regresado: su esposa e hijos corrieron hacia él de manera automática al verlo sano y salvo, envolviéndolo en abrazos y lágrimas de felicidad. Agumon y Biyomon se alegraban al ver que la familia de sus amigos se hallaba por fin reunida.

- Señor Yggdrasil. ¿Qué debemos hacer? –preguntó Lordknightmon, que al igual que su compañero Duftmon estaba sumamente confundido tras revivir- ¿Continuamos con el ataque?
- ¿Qué harás ahora, Yggdrasil? –pensaba Spencer- ¿No ha sido suficiente?
- Lordkinghtmon, Yggdrasil ha…
- Vámonos.
- ¿Cómo? –preguntó el digimon estratega- ¿Dice que nos rindamos?
- He recapacitado, y he decidido que no tenemos nada más que hacer en este mundo; todo se ha dicho y hecho ya.
- ¿Señor Yggdrasil?
- No cuestionen mi decisión. –acató Yggdrasil, mientras se elevaba en dirección al Digimundo- Despídanse de los humanos si lo desean y regresen al Digimundo.
- Los digimon que se han amistado con los humanos –refiriéndose a Agumon y los demás- se quedarán junto a ellos si así lo desean, y serán libres de regresar al Digimundo cuando lo deseen.
- ¿Eso quiere decir que Gaomon y los demás…? –Nibirumon asintió- ¡Estupendo!
- Será como tú quieras.

Yggdrasil se elevó en dirección hacia el Digimundo, perdiéndose de vista. Los Caballeros Reales mientras tanto, se despedían del equipo DATS, entre ellos, cabe destacar a Craniummon, que tenía una última conversación con Spencer y el resto de su familia, además de Gallatmon y Kudamon; los demás, hicieron una reverencia y se dispusieron a marcharse. Quedaba alguien más de quien debían despedirse, pero les era incómodo dirigirle la mirada: es cierto modo, comenzaban a temerle. No por nada Yggdrasil se había retirado sin decir nada más: lo habían humillado, al Rey del Digimundo, de quien ahora no era posible confiar plenamente.

- Vigílenlo. –sentenció Nibirumon a los Caballeros- Así como yo los vigilo a todos ustedes. –los humanos no pudieron evitar sentirse aludidos- Siempre.
- Lo haremos.

Sin decir otra palabra, los ocho Caballeros Reales restantes siguieron el mismo camino de su rey y desaparecieron. Segundos después, el Digimundo se desvanecía junto al portal dimensional, dando a entender que la crisis causada por Kurata había terminado, y ambos mundos se habían salvado. Pero el enigmático Escriba seguía allí, quieto y estoico mientras observaba la ciudad a los pies de la montaña.

- ¿Qué pasará con la gente que murió asesinada? ¿Y con todas las personas que vieron estos acontecimientos? El Digimundo ya no es un secreto. ¿Les borrarás la memoria?
- Richard… ¿Qué caso tiene borrarles la memoria si mi objetivo era que aprendieran una lección? Si van a empezar una nueva relación con los digimon y su mundo, es necesario que los humanos sepan la verdad.
- Haremos lo posible para lograr esa armonía. –habló Spencer- Te lo prometo.
- Bien. Entonces será mejor que me retire.
- Un momento. Quiero saber una cosa. ¿Acaso tú…?
- Mmm… -el Escriba miró por sobre su hombro a humano y luego le dio la espalda, mientras se cubría por la misma luz dorada que lo vio venir- Tu deducción es la correcta, Thomas Norstein: en verdad eres un joven brillante. -en el acto, le arrojó un objeto a Thomas, quien lo agarró de inmediato: un enigmático collar dorado con un medallón en forma de sol alado- Espero conversar contigo próximamente.

De la misma misteriosa forma en que había venido, Nibirumon se había retirado, sin aclarar si volvería alguna vez. Apenas se fue, el tiempo regresó a la normalidad: el equipo DATS se halló en la cima de la montaña, en pleno atardecer, mientras a la distancia, las primeras luces de la ciudad comenzaban a despertar.

- ¿Qué era eso que quería preguntarle a Nibirumon, Señor? Se ve algo agitado.
- Algo de lo que me percaté. Todos estuvimos muy preocupados por ustedes y su bienestar, al punto que no nos fijamos en un detalle sumamente importante.
- ¿Cuál? –preguntó Gaomon-
- Thomas… ¿No será otra de tus locas teorías?
- No: es algo muy serio Marcus. Nibirumon dijo que los digimon estaban agonizando por la desaparición de nuestro legado, y de nosotros mismos. Pero… Pero él no se veía afectado en lo más mínimo.
- ¿Qué quieres decir?
- A lo que voy, Yoshi, es que mi teoría es la correcta, y él me lo acaba de confirmar: Nibirumon no es un digimon.
- Pero si no es un digimon… ¿Entonces qué es?
- Prefiero no saberlo, Gaomon.


______________________________

A un mes de los hechos acontecidos, la vida en ambos mundos aparentaba haber vuelto a la normalidad, mas nunca volvería a ser la misma. Más allá del hecho que toda la humanidad había sido testigo de la aparición de un extraño planeta en el cielo y de misteriosas criaturas atacando sus ciudades, y del hecho que algunas personas recordaban como sus ciudades quedaban destruidas y ahora parecían misteriosamente intactas, así como la falta de víctimas fatales, la vida transcurría casi con normalidad.

Había un cambio notable, sin embargo: la existencia de los digimon, y de DATS eran hechos mundialmente confirmados por todos los gobiernos, y ahora, en puertas cerradas, los líderes mundiales debatían en las Naciones Unidas sobre los pasos a seguir. En todas partes del mundo surgían voces a favor y en contra de la presencia de los digimon en la sociedad humana, algo con lo que el equipo DATS tendría que tratar.


En el Digimundo, las cosas no habían trascendido demasiado para los digimon: aparte del hecho de recordar haber visto otro mundo en el cielo, no recordaban haber estado al borde de la extinción. En los Caballeros Reales los más cambiados: ahora dudaban severamente de su rey, y lo vigilaban constantemente: habían aprendido la lección que tan dolorosamente les había inculcado el Escriba, pero de su Rey… ya no sabían que esperar.

Yggdrasil ahora estaba más callado, sintiéndose impotente, humillado, empequeñecido y solitario. Se había encerrado en sí mismo, resignándose a cumplir con su programación original: nunca más volvería a transgredir la Ley.

Seguiría observando la evolución de las criaturas que le fueron encomendadas, y su relación con los humanos, del mismo modo en que él era vigilado de más allá del Universo.

No había ninguna prisa: tenía todo el tiempo del mundo.



Un anexo:

Esperando sus dudas y post en las cajas de comentarios, me despido. Nos vemos

 
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Como siempre, tus escritos añaden una historia formidable para aprender más sobre los humanos pero lo más increíble es como los unes a un mundo ficticio. Si debo decir algo, es que no me gustó como Nibirumon se detuvo de repente porque sí; entiendo que quisiera darles una lección, pero me esperaba algo más que como si fuera una clase de Historia. Porque después de todo no ocurrió nada más, los digimon regresaron y la Tierra volvió a la normalidad.

Conociendo el odio que le tienes a Marcus, no me extraño que se diera un golpe al tratar de dar un puñetazo a lo loco. Usaste muy bien las personalidades de todos, pero debo llamar la atención de Yggdrasill, aquí sólo pudo gritar y estarse quietecito. Más que un Rey o un Dios, parecía un niño siendo regañado por su superior, al menos así se le bajarán un poco los humos.

Cuando leí el título, creí que sería la comedia que me contaste de Dynasmon y el rosita siendo abogados xD

Nos vemos
 

Adoro esta maldita serie
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Excelente OneShot.Las personalidades de los personajes son como en Savers,y la figura de Nibirumon me gusta,el como le enseña a Yggdrasil sus malas acciones.Obviamente la conclusión de Thomas es que Nibirumon es un dios,si mal no recuerdo mesopotamico.

PD:¿De donde sacaste le nombre,lo inventaste tu o cogiste un nombre y le pusiste el sufijo -mon?
 

El único campeón de Mortal Kombat.
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Según lo que me dijiste, Nibirumon estaba actuando, así que no le he encontrado errores a la historia como para remarcarlos.

Obviamente, esto hubiese sido mejor final de Savers que el patético final que tuvo.
Además, mostró una faceta que los RKs no sabían de sí mismos como entidades poderosas: Yggdrasil sólo debe observar y no actuar.
Touma fue listo al descubrir lo de Nibirumon, ya que el resto no se percató de esto al edtar concentrados en todo lo demás.
Nibirumon fue astuto al dejarle un artefacto a Touma para poder entablar charlas con él (¿Y ayudarle con su hermana, tal vez?).

Saludos.

PD: Pequeño error: Bantyo Liomon o Bacholeomon son los nombres utilizados.
 
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No se puede ver la imagen de Nibirumon.

Bueno despues de leer todo debo decir qe normalmente no me gustan los personajes invencibles o infinitamente poderosos. Pero en esta ocasion tuve qe hacer una excepcion. Qe Yggdrasil no pudiera ni tocarlo usualmente no me agradaria. Pero al seguir leyendo no se trataba solo de alguien mas poderoso sino tambien de mas autoridad. Y que no fuera realmente un digimon pues mejor aun.
El argumento qe usaste de transgredir la Ley fue lo qe mas me agrado. Es como un profeta del antiguo testamento.xd Se trataba de alguien con autoridad por encima del mundo humano del digital y de todos los mundos. Casi me parecio la referencia de un Jesucristo enviado por Dios.

Me sorprende qe no humillaras mas a Marcus considerando cuanto te desagrada este personaje.XD

Lo del tiempo transcurriendo me parece qe lo sacaste de aquel documental de "un mundo sin humanos".XD
 

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