Oneshot El mejor regalo

Jandie

Nagini
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El mejor regalo
Las luces de colores no hicieron algún acopio de su inesperada visita. En esa ocasión no se contuvo en querer usar algo que no fuera el mismo traje típico que acostumbraba llevar, por esa acción se animó ha utilizar accesorios ajenos a su personalidad; vaya manera de intimidarse con todo ese asunto de querer arreglarse aún más.
La hermosa joven de anteojos y caballeros azabaches cerró los ojos con sumo temor, su corazón latió con fuerza una vez que vio la nieve caer sobre ella, tarde o temprano tenía que acercarse o al menos aceptar la invitación que su amiga Hikari se esmeró en hacerle para esa importante reunión claro que también le anunció que tenía una sorpresa que darle para que sus ánimos volvieran al de antes. Y es que después de lo ocurrido con su querida Meicoomon las cosas habían tomado un color opaco en su vida, ya nada era lo mismo ni siquiera cuando intentó adaptarse a su nueva forma de existir.

Desde hace un año se alejó de Japón para mudarse a Italia con el fin de comenzar de nuevo.

—¿Hace demasiado frio? —le preguntó Takeru, el cual se aseguró en que ella viniera a la fiesta de Navidad. Tal vez Hikari desconfiaba de que la chica decidiera venir—. ¿En Italia es más bajo la temperatura?

—Definitivamente, ha de ser que es el cambio de climático.

—Por lo menos has llegado con bien.

Meiko metió las manos dentro de sus bolsillos para asegurarse que las llaves de su departamento no se le hubiera extraviado, por lo menos Takeru tuvo la cortesia de ir por ella, de hecho, fue el único que la recibió en el aeropuerto con todo ese movimiento telurico de la Navidad.

—¿Y los demás?


—Están en casa de Taichi, habrá una buena reunión y me pidieron escoltarte si es lo que quieres saber.

—Ah, pues, solo era curiosidad.

—No pienses que se han olvidado de ti, eres parte de nuestro grupo, una niña elegida como nosotros.

“Niña elegida” ¿Para qué exactamente lo era? ¿Para soportar el incidente de su querida Digimon? Simplemente todo aquello aun estaba fresco en su corazón y mente, dolía extremadamente pues podía aún oír la voz de Meicoomon. No importase cuanto tiempo pasara, ese recuerdo era tan vivo como su propia existencia, y aquello dolía.

—Él ha estado preguntando por ti.

La chica de anteojos se detuvo, dejando de marcar la nieva con sus botas de cuero, solo alzó la cabeza para encontrarse con una sonrisa amable de Takeru. Detestaba que fuera tan obvia, pero le alegró que solo él se diera cuenta de ello.

—Ha sido más de un año.

—Y sigue esperando el momento. ¿No dijiste que se han comunicado seguidamente?

—Desde hace un mes que no hemos platicado—Meiko siguió el camino, empañándose sus anteojos y recordando la ultima vez que ese joven le dejó en visto los mensajes—; antes de llegar, quisiera saber si tiene a otra persona. Quien sea, yo estaré lista.

Takeru no era bueno mintiendo, pero si un excelente confidente y amigo, tal vez porque Meiko era la única que entendía sus sentimientos por la hermana menor del aquel idilio de hombre que la chica de antejos sentía. Ambos compartían el mismo gusto por aquellos hermanos y, esporádicamente, se entendían mejor que nadie.

—¿Te ha dado motivos para que así sea? No, no me digas que solo por que dejó de hablarte sea la razón.

—Esperaba decirle lo que siento, que ya no podemos seguir siendo amigos. Y ahora con esta Navidad…, al menos…

—Mei, si no hablas, las cosas podrían salir de la manera en que no mereces.

—Es que aun siento un vació en mí, y tal vez hablar con él fue motivo para no sentir esa tristeza—Meiko desvió la mirada, herida tal vez—; lo siento, su presencia aún me duele y pensé que él podía ayudarme.

—Taichi es capaz de ayudar a quien sea, esa es su cualidad. El valor que rige en su alma.

Meiko quería aceptar esa respuesta, matar sus miedos y confiar en Taichi, aquel joven con el cual mantuvo una comunicación diaria desde que se mudó a Italia, o más bien después de lo acontecido en aquella ocasión en que Meicoomon desapareció de su vida. Su querida Digimon, su gran amiga y confidente era lo que más amaba en esos momentos y deseaba ver.

Navidad se había convertido en la fecha predilecta porque siempre estaba Meicoomon para pasarla a su lado, no existía regalo en el mundo que se comparara con ella, pero tampoco había pena en el mundo que se asemejara a su sufrimiento.
“Mei….Ta…da”, eso era lo que más recordaba y lo que más palpitaba en su mente. Las ultimas palabras de Meicoomon antes de desaparecer de su vida; cómo la extrañaba y en esas fechas era más palpable su ausencia.

—Vamos con los demás, volverás a sonreír. Lo prometo.

Se dejó llevar por su confidente amigo, pero su mente estaba empañada en recordar los episodios magníficos que pasó a lado de Meicoomon, ni siquiera ese intenso apego que sentía por Taichi se comparaba a la ausencia de su Digimon.
La nieve siguió cayendo, muchos niños yacían en las calles jugando o algunos ayudando a sus padres a terminar de adornar el árbol o luces de Navidad, todos ellos aprecian demasiado felices algo que envidió Meiko pues tampoco tenia a sus padres para pasar unas hermosas fiestas. Cada uno tomaron rumbos distintos después de lo acontecido en Japón además de que su padre se dedicó plenamente a la investigación olvidándose completamente de la familia.
Sin embargo, entre estar mirando a su alrededor, no pudo evitar golpearse con Takeru, el cual le había dicho que llegaron al edificio donde los hermanos Yagami orquestaron una fiesta navideña pues aprovechando que sus padres decidieron ir a vacacionar a otra ciudad de modo que la casa estaba completamente a disposición de los jóvenes.

—No estoy tan segura de entrar, hace un año que no nos vemos—dijo Mei al ver las puertas del elevador cerrarse frente a ella—. Ni siquiera tuve tiempo de traer los obsequios.

—¿Crees que eso importe? Somos un equipo y siempre vamos a velar por la felicidad del otro—Takeru le palmeó el hombro—. Eres parte de nuestra familia y por eso esta fiesta lo hemos hecho especialmente para recibirte.

—¿Por qué son tan buenos conmigo? Después de todo fui causante de ese problema

—Por favor, no digas esas cosas, tú solo cree en mí.

Y eso intentaba hacer, más cuando Takeru llegó a la puerta del departamento, tocó el timbre y esperó unos segundos, algo que para Mei fue una eternidad. Había pasado más de un año sin verlos por lo tanto no sabía exactamente cómo debía de actuar, aunque esperó que notaran que ya no era tan huraña ni falta de moda con su vestuario, por lo menos quería ver si los conejos de Mimi serían efectivos.

Ese momento llegó cuando abrieron la puerta y fue recibida con algarabía por parte de Hikari y los otros niños elegidos. ¿Poca emoción? No, todo lo contrario, fue como si hubiesen transcurrido años sin verse.

—¡Es perfecto tener aquí! —Mimi la estrechó con fuerza casi dejando sin aire a Mei.

—Creo que ahora si estamos todos reunidos, como debe de ser—habló Sora al mirar de soslayo a Yamato, un gesto cómplice que Meiko no descartó—. Es una dicha tenerte aquí.

—Lamentamos no haber ido a recogerte, pero estábamos terminando de arreglar nuestra sorpresa—Koushiro sonrió, aunque se sonrojó luego de recibir un codazo por parte de Mimi.

—Sería mejor guardar ese comentario—bromeó Joe después de un par de copas se le fue la tajante forma de hablar.

Los chicos fueron de uno en uno a saludar a Mei, y a pesar de que ella les devolvió el gesto no parecía tan feliz pues había alguien ausente que en realidad deseaba ver por lo menos en esos momentos. Y el cual estaba allí, esperando que todos hablaran su pequeño discurso, mirando con calma el cielo oscuro sin evitar sentir la nieve.
Los nervios querían traicionarlo.

Para nadie era novedoso que él guardara sentimientos por Meiko, desde hace un año había sido así y Sora fue la que más se dio cuenta de ello. Tal vez por esa razón se vio motivado a realizar lo que seguramente nadie seria capaz de hacer, y todo para que ella sonriera una vez más. Porque Taichi estaba enamorado de Meiko, y esperaba decírselo en Navidad.

—¿No vas hacerlo? —preguntó su hermana, cómplice de ese extraño amor.

—Se lo diré, pero antes necesito darle su obsequio.

—Es el mejor de todos y estamos todos listos, por favor, no lo arruines.

—¿Tan poca fe tienes en mí?

—Eres mi hermano, y te conozco.

Taichí gesticuló una expresión de insatisfacción, pero Hikari tenía toda la razón. Miró hacia su habitación donde varios pares de ojos brillaron, muy ansiosos por la sorpresa. Sí, Taichi estaba seguro que iba no solo ser el mejor regalo sino su mejor momento. Iba a declararse a Meiko aun si todos fueran testigos de ello.
Unos minutos más, la chica se quedó sentada en el sofá inquieta por el extraño comportamiento de sus amigos, hasta que Hikari se animó hablar.

—Sé que estas preguntándote porque actuamos como si algo pasara y es que la verdad algo sucede—dijo la chica, mirando a cada amigo y luego a Mei—; será mejor que lo disfrutes ahora, es un regalo que hemos hecho y hemos logrado cumplir.

Meiko estuvo inquieta mirando a cada uno, y no fue hasta que Taichi se dejó ver. Ella se puso colorada al darse cuenta que él provocaba esos sentimientos extraños que Takeru le comentó. Sí. Estaba muy enamorada de ese chico, aunque no sabía aun los sentimientos de este.

—Hola Meiko—tuvo poco valor, ¡increíble! Hablar a una mujer era un tema riesgoso—. Yo solo quería darte tu obsequio, claro, es algo hecho por todos y esperamos que te guste además…

—¿En serio vas a repetir todo lo que nos dijiste? Nos estamos aburriendo ¿sabes?

De pronto la vocecita de un dragoncito enano dejó anonada a la chica. Agumon estaba allí, saliendo de una habitación, muy sonriente tocándose la panza, y a ello le siguieron el resto de Digimon.

—¿Ustedes…?

—¡Hola Mei! —saludaron las pequeñas criaturas que no esperaron para lanzarse sobre ella.

—Amigos, pensé que no volvería a verlos.

—¿Enserio? ¿Qué no sabes que nosotros podemos ir y venir a este mundo gracias a Koushiro? —indagó Tentomon dejándose acariciar por la chica—. Además, regresamos porque hay alguien que hemos traído para ti.

—Se supone que Taichi debe decirlo, tonto—gruñó Tailmon soltándole un golpe al insecto ser.

Y el susodicho solo se encogió de hombros bastante sonrojado, no tuvo reparo en arreglar la sorpresa por lo que tuvo que improvisar de modo que se acercó a Meiko y la sujetó de los hombros. Sí, estaba muy ansioso.

—Mei…yo…nosotros…quiero decir, los muchachos y yo hemos traído algo para ti y…—maldijo internamente al darse cuenta que se veía como un idiota al tartamudear.

—Ta…da…Mei-chan.

De pronto unas patitas golpearon la cabeza del chico y Meiko quedó pasmada al ver lo que jamás pensó lograría visualizar. ¡Era su pequeña amiga!

—¡Mei! ¡Mei! —lloró la chica al sujetar con fuerza a su Digimon—¡¿Cómo fue posible?! ¡Mei!

—Eso es uno de los milagros de los Digimon, y este es tu regalo—dijo Taichi conteniéndose las ganas de declararle sus sentimientos, tal vez luego habría tiempo para eso—. Fuimos por ella a la Villa del Inicio y la encontramos, ahora está contigo y así será para siempre.

—Feliz Navidad, Meiko—dijeron los chicos.

Todos fueron testigos de mejor regalo que Meiko pudo recibir, y eso fue no solo ver al chico que le gustaba sino volver a sentir a su pequeña Meicoomon.
 

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Me preguntó por qué nadie Habrá comentando el tema aún , me pareció bastante sorprendente en primera que fuera Meiko la protagonista de cierta forma, es raro que el fandom la tomé sobre todo por todo el rage que originó , por otro lado el establecimiento de las relaciones entre ella y el grupo principal me gustó sobre todo su acercamiento a Takeru como hermanos de la misma pena, me pareció genial el OS
 
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